Los desafíos del décimo tercer año del gobierno de Evo Morales

Ampliar su legitimidad y crecer por encima del 4 por ciento representan los dos desafíos más importantes del presidente Evo Morales en un año que, como el mismo ha reconocido, será bastante duro.

 

Tras alcanzar en 2017 un rendimiento económico menor al proyectado -pero que no le quita al país su condición de líder en crecimiento de la región-, y de enfrentar una avalancha de conflictos políticos, con expresiones de resurgimiento de la violencia y el racismo, Evo Morales inicia este 22 de enero su décimo tercer año consecutivo como presidente de Bolivia –el más largo de la historia nacional-, con el objetivo de superar el 4% de crecimiento y, mucho más importante que lo anterior, de ampliar su legitimidad en la perspectiva de las elecciones de 2019.


Para lograr ambos objetivos, en un año que será decisivo en la construcción de relaciones de fuerza para el gobierno y la oposición, el titular del Estado Plurinacional estima continuar con el ambicioso plan de inversión que desde 2015 se ha propuesto ejecutar hasta 2020, estimado en unos 50.000 millones de dólares, para potenciar la economía nacional. Avanzar en la industrialización de los recursos naturales, mantener el ritmo en la construcción de carreteras, creación del empleo juvenil y la otorgación de servicios, donde los programas de acceso a agua potable y riego son esenciales, figuran en los planes gubernamentales.


En realidad, aunque los economistas partidarios de la escuela de Chicago se esfuerzan en desconocer y descalificar de manera más o menos sostenida, Bolivia ha conquistado por quinto año consecutivo el sitial de país con mayor crecimiento de la región sudamericana gracias a la dinámica de su demanda interna, lo que ha compensado los bajos precios de las materias primas. En 2018, Morales aspira que Bolivia sea la primera economía en crecimiento de toda América Latina.


Lo que no se conoce todavía es qué hará Evo Morales en el campo de lo político, donde parecen concentrarse los mayores problemas del gobierno. Desde el 21 de febrero de 2016, cuando la propuesta de modificar el artículo 168 de la Constitución fue derrotada por estrecho margen en un referéndum en el que la oposición, asesorada por Estados Unidos- basó su campaña en una estrategia de la mentira que tuvo como hilo conductor del relato a un inexistente hijo del Presidente, la iniciativa política –empleando similar estrategia y método- está de lado de las fuerzas que se oponen al proceso de cambio. Esto se nota, por ejemplo, en el uso político del nuevo Código del Sistema Penal que, a pesar de los problemas de redacción en varios de sus artículos-, expresa un paso adelante en la búsqueda de eliminar la retardación de justicia. La modificación parcial de su gabinete político apunta a resolver el vacío dejado por el ex ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana en enero de 2017.


En realidad, la causa principal de las movilizaciones propiciadas por la oposición desde diciembre pasado es el rechazo a la candidatura de Morales en 2019, luego que el Tribunal Constitucional Plurinacional diera curso a un Recurso Abstracto de Inconstitucionalidad contra cuatro artículos de la Constitución que limitan la aplicación del derecho preferente.


Las reacciones ante el fallo del TCP, al que la oposición rechaza por desconocer el resultado del referéndum del 21 de febrero, han sido duras y en las calles en un primer momento, aunque luego tomaron forma en la movilización, principalmente de médicos, contra el código penal. Pronunciamiento conjunto de una parte de la oposición, agresión contra varias instituciones del Estado en Santa Cruz, comunicado del Departamento de Estado de EEUU, intervención de una congresista cubano-americana en el Congreso de ese país, llamados a desatar la guerra en varios columnistas de los medios hegemónicos, resurgimiento de las acciones de racismo como en Santa Cruz y Beni, así como decir que “prefiero una dictadura de botas y no de ojotas” de parte de una diputada, representan apenas una rápida descripción de la tensa situación que Morales enfrentó desde diciembre.


Morales ha encontrado en las redes sociales su principal flaqueza y el arma que mejor emplea la oposición para atacar su gestión. La aseveración no está fuera de foco, en un país en que el predominio en el manejo de las redes sociales está principalmente en manos de los sectores no populares, a lo que coadyuva el papel de la mayor parte de los medios de comunicación, periodistas y analistas.


Lo que sí, la interpretación de Morales -que en realidad hace referencia al enorme impacto de la llamada Guerra de Cuarta Generación en la manipulación de la subjetividad de la gente-, se matiza al observar el fortalecimiento de las corrientes de ultraizquierda en los movimientos sociales que, como en la década de los 70 y 80, fueron un factor de desestabilización y caída de los gobiernos populares de Juan José Torres y Hernán Siles Suazo.


La explicación de este momento difícil, en el que la alta aprobación de Morales no condice con la intención de voto, aunque sigue en primer lugar en las preferencias si las elecciones fueran ahora, parece centrarse en la ausencia de trabajo político de sus flácidas organizaciones en la sociedad, que es donde se construye hegemonía, como señala el teórico italiano Antonio Gramsci y al que el vicepresidente Álvaro García Linera lo citó varias veces.

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Sábado, 20 Enero 2018 09:27

El año que ya fue y el que llegó

El año 2017 no dejó beneficios para los marginados, aunque sí enseñanzas; entre el incumplimiento de sus compromisos firmados con diversidad de movimientos sociales y el direccionamiento económico de acuerdo con la regla fiscal, con el favor del gobierno los ricos prosiguen abultando sus bolsillos, apropiando sólo para ellos lo producido por las mayorías nacionales.

 

El año 2017 fue fuerte en protestas en Colombia: más de 100 movilizaciones sociales con eco nacional y 44 consultas populares así lo atestiguan. De las primeras, las acaecidas en Buenaventura y el Chocó (territorios con historia y población común), desprendieron los ecos más fuertes sobre el conjunto nacional; de las segundas, las votaciones a través de las cuales en nueve municipios dijeron no al extractivismo minero sobresalen por su significado y potencial.

 

Desde el establecimiento

 

El presidente Juan Manuel Santos, en su discurso de final de año (31 de diciembre), afirmó que el 2017 fue de transición en términos de paz, economía, sociedad y política; enfatizando que su gobierno trabajaba para que la paz fuera un “árbol frondoso que diera sombra a todos” y admitiendo que su mandato no ha sido ni es perfecto, pero que en los 7 meses que le quedan seguirá trabajando para garantizar una vida mejor a todos los que aquí habitamos.

 

En su discurso, claro está, dejó a un lado el coletazo de la reforma tributaria, cuyos efectos comprimieron al extremo la economía y las posibilidades de sobreviviencia en infinidad de familias populares de todo el país; tampoco aludió a las más de 200 mujeres muertas por violencia feminicida, ni a los operativos del Esmad que dejaron un rosario de heridos por todo el país, así como varios muertos; menos aún aludió a los 63 líderes y lideresas que perdieron la vida por defender lo justo, como tampoco recordó los falsos positivos judiciales y los miles de jóvenes para los cuales es cada vez más difícil ingresar a la educación básica y universitaria.

 

Es extraña la manera de ver la realidad de quienes detentan el poder, su prisma funciona de manera similar a la ley del embudo: acercan al ojo la parte ancha del utensilio, de suerte que su visión se reduce para ver solo lo que quieren observar, lo demás no existe –o al menos así lo consideran y quieren que el resto de connacionales también reduzcan su visión–, es por ello que afirman que su gestión es impoluta así la realidad indique lo contrario; es por ello que Santos tampoco retomó los incumplimientos de su gobierno con lo firmado con diferentes movimientos sociales tras las duras luchas que estos se vieron obligados a entablar en diversos territorios nacionales para obligar a los de arriba a respetar los derechos básicos y fundamentales de los de abajo.

 

¿Derramamiento de sangre?

 

Cada año, el Gobierno y su modelo, dan razones suficientes para que las comunidades decidan irse a la protesta, al paro, salgan a movilizarse y accionen jurídicamente para hacer respetar sus derechos fundamentales. Protesta que no es fácil concretar: los esfuerzos por parte de los actores alternativos para ganar el consenso social a favor de la resistencia activa son grandes, sobre todo en tiempos en que las comunidades están dispersas, algunas despolitizadas, vulnerables ante el accionar intimidatorio o violento por parte del Estado colombiano.

 

Es así, por medio de la violencia institucional y los incumplimientos de lo firmado, como quien termina su mandato en agosto próximo demostró a lo largo del 2017 que no está dispuesto a poner en riesgo los intereses políticos y económicos de los dueños del país, así tal decisión les cueste la vida a miles de colombianos. Dando fiel evidencia de los intereses que representa, abrió mayores canales de inversión para que el capital nacional e internacional profundice su presencia, esta vez en territorios que por décadas estuvieron, como efecto de la guerra, por fuera de la economía capitalista. Lo que vendrá en los próximos años será una lluvia de dólares y euros por efecto de los cuales miles de campesinos se verán obligados a continuar monte adentro o emigrar a los cascos urbanos de sus municipios a las capitales del departamento.

 

Al tiempo que esto sucede, la guerra contra las drogas mantendrá en su foco a los pequeños cultivadores, mientras los industriales del ramo siguen en la sombra, favorecidos por la banca, la industria y el comercio, vías para el lavado de sus fortunas.

 

Es todo un contubernio entre los poderes económicos, político, militar, nacional e internacional. Contubernio que favorece la dilación de la investigación que pesa sobre su gobierno por haber aceptado los dineros provenientes de la multinacional Odebrech, los que potenciaron sus campañas electorales que lo llevaron en dos periodos consecutivos a la Casa de Nariño.

 

Mientras esto sucede y pese a lo expresado el 31 de diciembre en cadena nacional, los pronósticos para 2018 no son los mejores, no hay duda: en su primera semana se registró el asesinato de dos líderes sociales ¿año nuevo, muerte segura?

 

Muerte que desde ya anuncian lo que recurrentemente ocurre en Colombia cada que hay campaña electoral con proyección nacional, acontecer que pondría al filo la débil paz hasta ahora lograda: de ahí que nos preguntemos: ¿tendremos un frenesí de violencia –popular– en el curso de la coyuntura electoral que marca el primer semestre del año que ahora empieza a dejar pasar sus horas?

 


 

Recuadro 1


Algunos retos al frente


El afán de expoliar aún más el bolsillo popular late entre los gremios que reúnen a los dueños del país, de ahí que sus propuestas para supuestamente “mejorar la economía nacional” retomen las medidas que ya están en marcha en Brasil, Argentina y otros países que siguen a ojo cerrado las recomendaciones de los organismos multilaterales: reformar las pensiones –aumentando la edad para acceder a la misma, así como las semanas por cotizar–; poner en marcha una nueva reforma tributaria y privatizar todo bien público que aún permanezca como tal (¿seguirá otro porcentaje Ecopetrol en la lista?).

 

Dicen por ahí que al que no quiere sopa le dan dos tazas. Pues bien, si el conjunto social no logra reunirse como una sola voz en el año que empieza, los oligarcas cumplirán con sus propósitos, ahora, o en el 2019, o en el 2020, o en el año que sigue, concretando una de las dos medidas estructurales que pretenden, o las dos, y continuarán con otras privatizaciones.

 

El reto que tienen ante si los excluidos y negados, los que trabajan por cuenta propia, pero también los contratados a término indefinido o por años, además del resto del país nacional, es cerrar el paso, como un solo cuerpo, a éstas y otras medidas de tufillo oligárquico.

 

En las semanas que siguen, de intensa campaña electoral, todos los candidatos a la presidencia, unos y otros dirán que no ejecutarán estas reformas, pero con seguridad una vez elegidos procederán por vía contraria. Ante el canto de las sirenas, como Ulises, hay que taparse los oídos, en este caso con los tapones de la experiencia. El modelo es uno sólo, por ello quien entre a administrar el establecimiento está sometido a las decisiones del capital internacional y los intereses de sus aliados criollos.

 

¡No pasarán!, hay que decir desde ahora.

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Irán eleva a cuatro los muertos en las masivas protestas contra el gobierno de Rohaní

Las protestas contra las políticas económicas estatales también han dejado fallecidos y heridos en la ciudad de Ize. 

 

Otras dos personas han muerto y varias resultaron heridas anoche en la ciudad de Ize, en provincia de Juzestán, en el sur de Irán, durante las masivas manifestaciones contra la política económica del Gobierno, el coste de la vida y la corrupción. Las dos víctimas de Ize elevan ahora a cuatro el número de fallecidos desde el inicio de las protestas el 28 de diciembre, las mayores contra el Régimen de los ayatolás desde la ‘Revolución verde’ de 2009.

 

El diputado de la localidad, Hedayatolá Jademí, ha informado este lunes que "el pueblo de Ize, como algunas otras ciudades de Irán, se manifestó contra las políticas económicas del Gobierno”. La movilización “lamentablemente acabó con la muerte de dos personas y varias resultaron heridas", ha agregado según la agencia local de noticias ILNA. Las dos personas fallecidas la jornada anterior participaban en las protestas de Dorud, en la provincia occidental de Lorestan.

 

Jademí lamentó la muerte de estas dos personas y aseguró que todavía desconoce si el tiroteo fue iniciado por la Policía o los manifestante. Según las justificaciones del diputado, en la región mucha gente cuenta con armas de fuego. Ha defendido que la multitud "rompió los cristales de los bancos y continuaron las manifestaciones hasta medianoche, cuando la Policía entró en acción para restablecer el orden", afirmó Jademí. Aunque no ha ofrecido ninguna cifra de detenidos, ha detallado que la Policía intervino explosivos al registrar las viviendas de los detenidos.

 

Las protestas contra las políticas económicas del Gobierno del presidente iraní, Hasan Rohaní, comenzaron este jueves y esta Nochevieja sumaron su cuarta jornada consecutiva, pese a que el Ejecutivo había bloqueado las redes sociales para minimizar el alcance de las convocatorias. La red social Telegram, la más usada y popular entre los iraníes, donde se llevaban a cabo los llamamientos a participar en las protestas ha dejado por completo de funcionar.

 

Asimismo, la policía se empleó a fondo para reprimir las manifestaciones del sábado en Teherán, donde al menos 200 personas fueron detenidas, según cifras oficiales.

 

El presidente Hasan Rohaní valoró este domingo por primera vez las movilizaciones y, aunque reconoció que los iraníes tienen derecho a protestar y criticar al Gobierno, sus acciones no deben generar violencia ni daños a la propiedad pública. “Los iraníes entienden la delicada situación de Irán y la región y actuarán en función de sus intereses nacionales”, dijo.

 

El dirigente criticó los recientes tuits del presidente estadounidense, Donald Trump, en los que expresaba su apoyo las protestas. “El que llama terrorista al pueblo iraní no tiene derecho a simpatizar con nuestro pueblo”, declaró Rohaní. En referencia a Arabia Saudí, agregó que tampoco pueden simpatizar con los iraníes “los países árabes de la región que durante estos años se han esforzado en actuar en contra del pueblo iraní”.

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Viernes, 15 Diciembre 2017 07:05

El peor momento para la gestión de Macri

El peor momento para la gestión de Macri

Cambiemos quiso forzar el debate sobre el ajuste a los jubilados pero tuvo que levantar la sesión. Luego Macri amagó con dictar un DNU para saltear al Congreso pero el rechazo de Carrió y la advertencia de la CGT de un posible paro obligaron a dar marcha atrás. 

 

A dos años y dos meses de sus respectivos triunfos electorales, Cambiemos provocó ayer su primera gran crisis de gobierno. El oficialismo desató una brutal represión que derivó en el fracaso de la sesión convocada para aprobar la reforma previsional. En ese contexto, desencadenó un conflicto interno con sus principales socios y abrió una línea de confrontación con los gobernadores peronistas y con la CGT, que amenazó con paro general. La decisión de avanzar con el ajuste en los haberes jubilatorios terminó con decenas de heridos de balas de goma, unas 30 personas detenidas y el presidente, Mauricio Macri, titubeando sobre la posibilidad de dictar un Decreto de Necesidad y Urgencia tras la derrota parlamentaria. El rechazo público de Elisa Carrió y la advertencia de la CGT parecieron forzar anoche la marcha atrás del Ejecutivo Nacional. En horas de la tarde el jefe de Gabinete, Marcos Peña, había salido a acusar a sectores de la oposición por los hechos de violencia y ratificar el respaldo oficial a la iniciativa. A última hora fuentes de Cambiemos adelantaban la posibilidad de volver a sesionar el lunes.


Desde la mañana las afueras del Congreso estuvieron militarizadas, con un despliegue de fuerzas de seguridad del que no se tenían recuerdos ni siquiera en la crisis de 2001. “Connie, sentalos a todos. ¡Que no se pare nadie!”, le ordenó Nicolás Massot, jefe del bloque de Diputados del PRO a su compañera Cornelia Schmidt Liermann. Eran las casi las dos de la tarde y los diputados de Cambiemos comenzaban a salir del Salón Delia Parodi y cruzaban unos pocos metros hasta el recinto de la Cámara Baja con la intención de iniciar el tratamiento de la reforma previsional. De a poco empezaban a llegar las primeras noticias de la fuerte represión con balas de goma y gas pimienta y las imágenes de los heridos, entre ellos diputados nacionales como Mayra Mendoza y Matías Rodríguez, del FpV-PJ. Algunos legisladores que estuvieron afuera hasta ese momento, ingresaron al Palacio e intentaron vencer la resistencia de los hombres de seguridad. “¡Soy yo! ¡Correte! ¡Somos diputados, dejanos pasar!”, le gritaba el chubutense Santiago Igón al personal que bloqueaba el acceso al hemiciclo. Atrás suyo se agolpaban, entre otros, Felipe Solá, Axel Kicillof, Daniel Filmus, además de asesores y periodistas. Agustín Rossi acababa de pasar, también a los empujones.


Minutos más tarde y en medio de un escándalo que incluyó un intento del presidente de la Cámara de golpear al diputado Leopoldo Moreau, Carrió pidió que se levante la sesión. “Monzó, decidite, sos el presidente de la Cámara o el jefe de la policía”, le había dicho Moreau al titular del cuerpo, que se paró de su silla y le lanzó sin éxito un puñetazo al grito de “¿a mi me venís a decir, Moreau?”. Asesores y otros legisladores tuvieron que intervenir para tranquilizar la situación que recién se descomprimió cuando Cambiemos aceptó que no podía continuar.


Operativo y represión


Desde la mañana, varias cuadras a la redonda del Congreso estaban valladas y completamente cubiertas por un enorme operativo de seguridad ordenado por el ministerio a cargo de Patricia Bullrich. Se preparaban para la movilización convocada por la dos CTA, movimientos sociales y organizaciones políticas, acompañadas por la CGT. Según se informó extraoficialmente, intervenían más de 1500 efectivos entre Gendarmería, Prefectura, Policía Federal. Además, se sumaron camiones hidrantes que en reiteradas oportunidades lanzaron agua mezclada con gas pimienta sobre los manifestantes. El Cels advirtió que también había en la zona un camión del Ejército. En horas de la noche, según la Correpi existían al menos 30 personas detenidas. Manifestantes, periodistas, fotógrafos y dirigentes políticos sufrieron disparos, golpes, palazos y empujones. El jefe de Gabinete responsabilizó a los diputados opositores por esos hechos, al igual que lo había hecho Carrió durante su intervención en el recinto. “Esa violencia comenzó con ataques a los funcionarios que fueron a exponer sobre el proyecto de ley en las reuniones de comisión y vimos hoy, como ayer, también la búsqueda de violencia primero desde la calle y después desde el propio recinto, cruzando una raya que no se había cruzado en el último tiempo”, sostuvo Peña. La líder de la Coalición Cívica había dicho que los diputados “tienen que tener cuidado de no avasallar a las fuerzas del orden”.


El desafío del quórum


La sesión especial de ayer estaba pautada para las 14 mientras que los manifestantes comenzaron a concentrarse en algunos puntos de la ciudad a partir de las 11. La tensión política y social había comenzado en la reunión de comisión del martes, en la que también se habían producido incidentes, tanto entre diputados como entre un grupo de jubilados y algunos funcionarios públicos como el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.


El objetivo principal del oficialismo era lograr que ayer se sentaran en sus bancas 129 diputados, el quórum suficiente para sesionar. Después, sostenían, sería más sencillo aprobar la reforma porque necesitarían juntar solo la mayoría de los legisladores presentes. Cambiemos llevó 106 propios y se estiró hasta los 128 con diputados del Frente Cívico por Santiago del Estero, los misioneros del Frente Renovador de la Concordia y un grupo del interbloque Argentina Federal que responde a los gobernadores peronistas. Si bien Diego Bossio y la mayoría del BJ no se sentó, sí lo hicieron los tucumanos Gladys Medina, José Orellana y Pablo Yedlin, el sanjuanino Walberto Allende, los chaqueños Juan Mosqueda y Elda Pértile y los cordobeses Martín Llaryora, Juan Brügge, Alejandra Vigo y Paulo Cassinerio.


A las 14.35, el tablero de la Cámara de Diputados marcó por un instante 129 presentes y 128 ausentes. Antes de que Emilio Monzó terminara de decir “con la presencia de 129 señores diputados, queda abierta la sesión especial conforme el requerimiento efectuado por los señores diputados, número reglamentario...”, el tablero volvió a marcar un diputado por debajo del quórum. Un grupo de legisladores del Frente para la Victoria se acercó a los gritos a la presidencia, le dejó sobre el escritorio a Monzó varios cartuchos de balas de goma recogidos de la represión que continuaba afuera. Horacio Pietragalla, Máximo Kirchner, Guillermo Carmona, Martín Doñate, Carlos Castagneto, entre otros, se trenzaron en una discusión con Monzó sobre el quórum que duró varios minutos. También Victoria Donda, de Libres del Sur, se acercó con muletas y la pierna lastimada por la mordida de un perro de Gendarmería en la represión del martes.


La oposición denunció que los 129 diputados se habían logrado con “diputruchos”. Se referían al legislador electo Jorge Enriquez y a Astrid Hummel, reemplazante de la macrista Ana Martínez, quienes todavía no habían jurado. Horas después Enriquez y otros integrantes del oficialismo desmintirían categóricamente esa versión, que calificaron como una “infamia”. En las filmaciones, imágenes y testimonios no se pudo probar que alnguno de ellos hubiera ocupado efectivamente una banca. En medio de la confusión y mientras Monzó intentaba arrancar la sesión, por un momento el tablero marcó 130 diputados presentes. Fue también fugaz. Nunca más el oficialismo logró conseguir el quórum. Carrió, el jefe del interbloque Cambiemos, Mario Negri y Monzó, mantuvieron una pequeña reunión en la que acordaron, con el consenso de la Casa Rosada, levantar la sesión.


Fuentes del bloque oficialista le admitieron más tarde a PáginaI12 que si bien ellos no habían cometido ninguna irregularidad, “el número no estaba cerrado” y que eso influyó en la decisión de dar marcha atrás. Tampoco descartaban que algún diputado opositor se hubiera sentado “accidentalmente” en su silla.


Los diputados del FpV-PJ, el Frente Renovador, el Movimiento Evita, el Bloque Justicialista y hasta el Frente de Izquierda festejaron la derrota del oficialismo.


Por la tarde, mientras continuaba la represión y las detenciones, Macri se reunió de urgencia con Peña, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y el de Hacienda, Nicolás Dujovne. Dejaron trascender que firmaría un DNU con la reforma previsional y, además, un “bono” de compensación para que los jubilados y pensionados no perdieran ingresos por el “empalme” en el cambio de la fórmula de actualización de los haberes. “Carrio y la Coalición Cívica juraron respetar la Constitución Nacional y no la van a violar bajo ningún concepto. Un DNU violaría gravemente la Constitución Nacional”, advirtió Lilita en su Twitter. “Si hay DNU, hay paro nacional”, afirmó Héctor Daer, triunviro de la CGT, minutos más tarde.


Anoche los responsables de la negociación política con los gobernadores adelantaban que intentarán sesionar nuevamente el lunes, luego de buscar un nuevo acuerdo con los mandatarios provinciales para que les garanticen el respaldo de sus legisladores. Será un intento por revertir, al menos en parte, la peor crisis del gobierno de Mauricio Macri desde su llegada al poder.

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Martes, 05 Diciembre 2017 17:03

Luna llena de Honduras

Luna llena de Honduras

 

La luna roja de diciembre por la ventana
(llena en la noche larga)
sonríe por sus adentros.
Las corridas furtivas del toque de queda
la llenan de orgullo.

 

 

 

Nadie lo sabe pero en Honduras
se prepara el mejor café de Centroamérica
y las mujeres salen a la calle
para vender rábanos y lanzar consignas
defienden hijas y mueren por montones
Son lencas y la luna les sonríe porque ama el agua
son chortís, garífunas, mestizas
todas tienen niñas ancestrales en el río Gualcarque.
Son las que resisten a las masacres
y están locas, locas de pinturas y versos.

 

¿Puede una copla lo que la prensa calla?
En el universo de neón de las noches urbanas del norte
las pantallas titilan en la nada
de pronto es caliente el trópico a oscuras
las ametralladoras erizan la piel de miedo.
Los cuerpos de agua de la luna roja
se van secretos porque el ejército dispara
en los ojos de una muchachita en el torso de un hermano
son cuerpos de mujeres y cargan antorchas
por las calles de Tegucigalpa.

 

 

Inmensas, unen el fuego del norte y el agua del sur
las que piden favores a la luna
y gritan se enojan se ríen a carcajadas
desparajientas.

 

Nadie lo sabe pero la tierra de Honduras
es la más firme del istmo que corre de Belice a Panamá
roca que congrega el magma de sus hermanas.
La prensa calle que Honduras no es un portaviones
no es una estrategia geopolítica
no es sólo maquila. Honduras es una pacifista
que se viste de guerra como su Morazán
y cultiva zanahorias, se enfrenta a la palma de aceite
a la riqueza que empobrece.
La luna roja de diciembre descansa en la roca firme de Honduras.

Francesca Gargallo Celentani
2 de diciembre de 2017

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El Gobierno hondureño ha decretado el toque de queda en todo el país ante las protestas ciudadanas.

Las protestas en Honduras por un supuesto fraude electoral en perjuicio del candidato presidencial de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, Salvador Nasralla, han causado al menos siete muertos y más de una veintena de heridos, informan hoy medios locales.


El portavoz de la Policía de Honduras, Jair Meza, no confirmó la cifra de víctimas. "Dicen que hay muertos, pero no pueden ser reconocidos con autoridad pública", señaló Meza.


Según los medios hondureños, tres de las víctimas se produjeron anoche cerca del Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula, norte del país, debido a las heridas de bala que recibieron durante un supuesto enfrentamiento con policías militares.


Los cadáveres de dos personas que supuestamente fallecieron durante las protestas en el sector de Choloma ingresaron anoche en el departamento de Medicina Forense del Ministerio Público de San Pedro Sula, según apuntan algunos medios hondureños.


Por otro lado, un hombre falleció la noche del jueves en la ciudad de La Ceiba, en el Caribe hondureño, según informaron algunos medios, mientras que la séptima víctima es una adolescente de 14 años, quien murió también anoche en Tegucigalpa, supuestamente por heridas de bala que sufrió durante una manifestación.


"No puedo ocultar la verdad que sale en los medios, pero en los datos oficiales no tenemos y no es porque los queremos ocultar, sino porque no ha habido el reconocimiento legal debido", explicó el portavoz policial.


Las protestas de los simpatizantes de la Alianza de Oposición contra la Dictadura se han registrado desde el miércoles en las grandes ciudades como Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba, entre otras.


El Tribunal Supremo Electoral de Honduras (TSE) aún no ha anunciado al ganador de los comicios presidenciales del domingo pasado, de los que Nasralla y el actual gobernante y aspirante a la reelección, Juan Orlando Hernández, se proclamaron vencedores.


La votación en Honduras está muy cerrada. Hernández suma 1.333.264 votos, mientras Nasralla 1.286.572 con el 94,31% de las actas escrutadas, según datos publicados por el TSE en su página web.


Las manifestaciones también dejan alrededor de una veintena de lesionados, incluidos militares y policías, en varias ciudades del país.


El portavoz policial indicó que más de un centenar de personas han sido detenidas en las últimas horas por actos vandálicos en Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba.


Para frenar la violencia desatada en las calles, el Gobierno hondureño decretó anoche el estado de excepción durante 10 días, mientras el TSE espera iniciar este sábado un escrutinio especial de más de un millar de actas para definir al nuevo presidente.


Durante la vigencia del decreto queda "prohibida la libre circulación" entre las "6 de la tarde y las 6 de la mañana en todo o parte del territorio nacional", aunque de esto se exceptúa a los miembros y todo el personal del Tribunal Supremo Electoral, los representantes de los partidos políticos, observadores y periodistas acreditados por el organismo de comicios.


Los hondureños votaron el pasado domingo por un presidente, tres vicepresidentes, 128 diputados para el Parlamento local, 20 para el Centroamericano y 298 alcaldías municipales.


En Honduras no hay segunda vuelta electoral y gana el aspirante que obtenga más votos.

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Honduras: Paro Cívico contra el Fraude Electoral

ALAI AMLATINA, 30/11/2017.- Algo que era imposible en materia estadística, a criterio de analistas y futurólogos del Partido Nacional, caso de Chano Rivera y Ebal Díaz, se está dando en Honduras. El Partido Nacional de Honduras con Juan Orlando Hernández (JOH) a la cabeza, presenta documentación donde él gana las elecciones generales del 26 de noviembre y no Salvador Nasralla de la Alianza Opositora contra la Dictadura, aun cuando después de haberse escrutado el 60% de las actas válidas, el triunfo le favorecía a este último por un margen de 5%.

Después de la primer declaratoria sobre las elecciones en Honduras por miembros del Tribunal Nacional Electoral (TNE), su presidente, David Matamoros Batson, militante de dicho partido político, anunció que ya no se darán más resultados hasta que se tenga el 100% de las actas, lo que sucederá el jueves 30 de Noviembre de 2017; hoy se habla que puede ser la semana próxima. Sin embargo, en las páginas del TNE siguieron aparecieron actas cuyos resultados dan como ganador a JOH con un margen de menos de 1%. El Ingeniero Salvador Nasralla denunció que David Matamoros autorizó solo la promulgación de actas donde los resultados le favorecen a JOH, dejando para nueva orden aquellas que le favorecen a él, caso de los departamentos y centros de mayor población urbana y joven.

Salvador Nasralla de buena Fe, firmó un acuerdo con miembros de la OEA encabezados por el golpista Jorge Quiroga, donde se compromete a respetar los resultados del TNE siempre y cuando se respeten los números de las actas en poder de todos, pero seguidamente los miembros del Tribunal Electoral conformado por miembros del Partido Nacional, Democracia Cristiana (cuyo dueño es Arturo Corrales Álvarez, el Gurú caído, Unión Democrática y el Partido Liberal), no así por representantes de miembros de los Partidos de la Alianza ( LIBRE, PINU-SD y del PAC robado a Nasralla), anunciaron que el sistema se cayó, por lo que no ingresaran nuevas actas, que para los militantes de la Alianza Opositora corresponden a departamentos y municipios donde se gana holgadamente la casilla presidencial.

El argumento de Salvador Nasralla para suscribir dicho acuerdo sin el consentimiento de las bases de la Alianza, es que JOH, una vez que alcanzara y superara a Nasralla, el TNE lo declararía Presidente. Ello, además, fue denunciado por autoridades del Partido Alianza contra la Dictadura, por lo que han llamado a todos los militantes para que se vengan a la ciudad capital a defender el triunfo de Nasralla, ya que se lo quieren robar con un fraude.

Han habido protestas en todo el país, denunciado esta nueva maniobra del Partido Nacional en contubernio con miembros del Tribunal Electoral (se excluye a Ramiro Lobo de la UD) y algunos representantes de los observadores internacionales que, según el argumento de las autoridades de la Alianza, todavía no se pronuncian sobre la falta de ingreso de las actas procedentes de los departamentos y municipios donde le dan el triunfo a su candidato. Los observadores hablan y exigen mayor celeridad al TNE, pero solo se procesan actas donde JOH ganó. Nasralla exige un contento aleatorio, para evitar y no permitir un fraude electoral que solo beneficia a JOH y su grupo.

Al parecer, la suerte está echada, y el TNE con apoyo de la OEA, iglesias evangélicas fundamentalistas, cierto grupo de la empresa privada ligada a la industria maquiladora y empresas extractivas, dirigentes campesinos corruptos y la mayor parte de los medios televisivos, darán a conocer resultados donde JOH gana por poco margen, pero gana. En el caso de la Embajada Americana, llama la atención su silencio cómplice, y es de esperar que reconozca a JOH como presidente de Honduras por segundo periodo consecutivo aunque sea una elección ilegitima, y su gobierno haya sido cuestionado por actos de corrupción.

Todos estos elementos, permiten argumentar que en Honduras se está fraguando un fraude electoral de magnitudes insospechables para la economía y sociedad hondureña. El calificativo político es el de Golpe Técnico o de Mano Blanda, ya que lo poderes seguirán funcionando pero la voluntad popular ha sido de nuevo burlada. Muestran además una institucionalidad electoral viciada y corrupta, que responde al interés de grupos y poderes fácticos, más que a los deseos y manifestaciones de los electores.

Si este robo de una elección presidencial se consuma, los dirigentes de la Alianza Opositora deben convocar a un Paro Cívico a toda la población hondureña para protestar de dicha forma en contra del fraude. Igualmente, en aquellos casos donde existe alteración de actas, pedir un conteo público por urna y municipio con representación de ellos y observadores independientes. El paro cívico es una forma de protesta pacífica de la mayor parte de la población que rechaza el continuismo ilegitimo de JOH y el robo de las elecciones a Salvador Nasralla. El coteo, para demostrar que su lucha ha sido limpia.

Este fraude y las denuncias que vienen de todo el país, deben ser documentados y trasladados a la Fiscalía General de la Republica, para que proceda de oficio, igual a la Corte Suprema de Justicia. A criterio de miembros del equipo antifraude del Partido de Alianza contra la Dictadura, no importa que dichas instituciones sean controladas por el Presidente de la Republica, lo que importante es mostrar la evidencia del zarpazo a la democracia y que sirva de evidencia para que el mundo se pronuncie en contra de esta práctica corrupta y antidemocrática.

Tegucigalpa, DC, 30 de Noviembre de 2017

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:45

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Dos canciones para la navidad en Casablanca

Para mi amigo Carlos

 

Cuando llegué a uno de los Centros Locales de Artes, ubicado al occidente de Bogotá, lo escuché cantar con su voz afectada por la gripa, y al fondo las voces de los niños en coro. Se trataba de un poema de José Goytisolo llamado El lobito bueno, que Paco Ibañez había musicalizado: «Érase una vez/ un lobito bueno/ al que maltrataban/ todos los corderos./ Y había también/ un príncipe malo,/ una bruja hermosa/ y un pirata honrado./ Todas estas cosas había una vez./ Cuando yo soñaba/ un mundo al revés». Seguí el rastro de las voces hasta un salón donde lo vi de pie, rodeado por seis niños que lo acompañaban en la tonada. El día era claro y el sol entraba por la puerta del centro local de artes dibujando siluetas sobre los azulejos del pasillo. Él estaba sonriente, batiendo sus manos dirigiendo al pequeño coro, pero cuando me fijé en sus ojos, abultados ya, quizás atrapados tras una red de lóbregos recuerdos, observé aquella mirada que en una navidad de treinta y seis años atrás brillaba tras los barrotes y en medio de la oscuridad de una celda de la cárcel La Modelo.

 

Se hace llamar Carlos Mayo, pero bien podría llamarse Carlos Abril o Carlos Diciembre, tiene sesenta y ocho años y es escritor, aunque yo prefiero llamarlo poeta. Trabaja como artista formador de creación literaria para los niños de la ciudad. Tiene dos hijos, una madre a la que cuida de acuerdo al turno que le sea asignado, sus manos son grandes y fuertes, recorre la ciudad en una pequeña bicicleta niquelada que soporta el peso de su maleta que siempre va atiborrada de libros. Su ser es tranquilo y anda por el mundo diseminando sus sonrisas, su lucha incansable por la justicia y por supuesto, sus poemas.

 

Días atrás Carlos había empezado a relatarme su historia y aquella mañana, luego de su clase salimos hacia una panadería donde pedimos café y retomamos la conversación. Su historia o parte de la que me había contado caló tan hondo en mí que le pedí me refiriera los hechos ocurridos en aquel diciembre de 1981, cuando él tenía treinta y dos años y las fuerzas intactas para la lucha. El día era claro, las copas de los árboles brillaban y el viento pasaba liviano por nuestros rostros. Encendí un cigarrillo y Carlos luego de aprobar el sabor del café de una cabezada continuó.

 

Fue en los albores de la navidad del 81. Carlos se encontraba en su casa cuando una escuadra del ejército llegó hasta allí para apresarlo. Inicialmente se negó a ir con ellos, mientras su hijo de tan solo dos años se aferraba a su pantalón para que no se lo llevaran. Sin embargo, el capitán que dirigía a los militares extrajo una hoja donde había escritos alrededor de sesenta nombres de civiles, buscó el de Carlos, tapó los demás y se la enseñó. Se trataba de una orden de arresto firmada por el mismísimo presidente de la república Julio César Turbay Ayala, en la que se le acusaba de conspiración y se explicaba que era una detención preventiva para frenar el paro cívico que germinaba en algunos sectores, y para evitar los desmanes que pudieran ocurrir tras el supuesto paro.

 

Por aquellos días en todo el país no era extraño que se apresara a la gente de esta forma. El Estatuto de Seguridad Nacional, eufemismo utilizado para hablar del Estado de Sitio o en nuestro tiempo de la Seguridad Democrática, creado en 1978 por el general Camacho Leyva y Turbay Ayala le confirió poderes especiales a las fuerzas armadas para detener a cualquier civil sospechoso de ser enemigo de la patria, de desaparecer a personas pertenecientes a grupos armados ilegales o simplemente a opositores y críticos del gobierno, también impedía la reunión de más de dos personas, las manifestaciones y marchas, y hasta cubrirse el rostro era considerado un delito. Por tanto, cuando el gobierno supuso, según sus fuentes de información secretas, que se avecinaba un paro cívico, imaginó que sería igual o peor al ocurrido en 1977 y decidió evitarlo enviando a la cárcel a estudiantes, trabajadores, sindicalistas y reconocidos líderes sociales. Es la ley natural del más fuerte la que utilizaba el Estado, me dice Carlos, matando siempre al más impetuoso y bravo y dejando a los más débiles para manipularlos a su antojo.

 

Pero a Carlos no solo lo acusaban de algo que no había alcanzado a hacer, como era llevar a cabo el paro cívico y participar activamente en él, sino que se encontraba reseñado, o quizás podría decirse que se encontraba signado o marcado por el destino desde que era un niño y su padre le hablaba sobre la justicia, sobre la igualdad, sobre la corrupción, y cuando aprendió a leer y accedió a Marx y a Mao Tse Tung, y cuando a los ocho o nueve años, todos los sábados en la tarde caminaba hasta el bebedero de su barrio y se sentaba sobre los bultos de papa para escuchar las historias de los viejos que escanciaban botellas de cerveza y para escuchar a los tríos que llegaban a cantar sus canciones de amores fallidos y de guerras en los campos de su país. También estaba signado por el destino cuando en su juventud hizo parte de la Junta de acción comunal de su barrio y quiso hacer cosas diferentes a conseguirle votos a los congresistas, porque él sabía y sabe aún, que el verdadero cambio en el país, para que haya justicia y conciencia política, se da en los hábitos de las personas, y que son la cultura y el deporte los que pueden brindarle otras formas de ver el mundo a la sociedad.

 

Por supuesto, las viejas herencias de la politiquería colombiana, aferradas hasta los más bajos niveles del poder como las juntas de acción comunal, lo señalaron y lo expulsaron pues lo veían como enemigo de los principios de corrupción que nos han gobernado durante los pocos siglos en que nuestro país es un país. Carlos, que había estudiado odontología en la Universidad Nacional, siguió trabajando por la comunidad a cuenta propia y desvinculado de cualquier grupo, atendiendo de forma gratuita a las personas que no podían pagar las consultas y tratamientos, y de vez en cuando, viajando de forma clandestina hasta los confines del país, y en medio de las selvas, atender a los campesinos y guerrilleros que tampoco tenían acceso a un servicio de salud.

 

Fue así como años después la misma comunidad lo eligió presidente de la Junta de acción comunal de su barrio, ubicado en la localidad de Kenedy. Fue allí donde en la década de los sesentas él le propuso al hijo del presidente de la junta cambiarle el nombre al barrio para que pasara a llamarse Camilo Torres, en honor al prócer de la independencia. Allí su vida dio un giro vertiginoso y al voltear de los días que se abrían como calles inciertas, se encontró con la literatura al fundar junto con los vecinos más jóvenes el primer periódico comunal del sector. Aprendió el oficio de escribir, de contar sucesos, de lanzar injurias, de polemizar por medio de la palabra, además les dio un espacio en el mundo a esos jóvenes extraviados de su comunidad. Luego hizo parte del paro cívico nacional del 77 y continuó con su trabajo social sin detenerse a pensar en los beneficios que obtendría. Por todo lo anterior, estaba reseñado y por eso lo apresaron aquel diciembre del 81.

 

Por eso me encarcelaron de nuevo, me dice Carlos sonriendo con melancolía como quien recuerda hechos dolorosos que jamás volverán a ocurrir. Los militares lo llevaron a la cárcel La Modelo de Bogotá a la que él llama Casablanca con ironía y lo encerraron en la sección de Recepción. Lo que más me dolía en ese momento era tener que pasar la navidad sin mi hijo, sin mi esposa y sin mi comunidad, porque la navidad es para compartir en comunidad y lo que buscaba mi apresamiento y el de todos los presos políticos era individualizarnos, alejarnos de la sociedad para reducirnos hasta nuestra más mínima expresión, comenta con tranquilidad y con la mirada pegada a su segundo café que bebe a sorbos lentos.

 

Allí le atrapó la tristeza del 24 de diciembre. En aquella ocasión compartió su celda con siete hombres más, entre los que había sindicalistas, estudiantes, revolucionarios intelectuales, artistas, trabajadores del común y un profesor de literatura que se convirtió en su gran amigo y al que no ve desde esos días. Esa navidad fue terrible, refiere Carlos con la voz quebrada por la gripa y la evocación, cuando estaba llegando la medianoche los reclusos empezaron a golpear las puertas y las rejas de sus celdas, gritaban, lloraban, otros rezaban, entretanto la desesperación crecía desaforadamente. Carlos se puso de pie y se aferró con fuerza de los barrotes, intentó sacar la cabeza de la celda para mirar lo que ocurría pero la oscuridad todo lo devoraba, así que imaginó los rostros descompuestos de aquellos hombres que él no conocía y que se encontraban en Casablanca, rostros de ojos famélicos, desfigurados por la tristeza y muertos por la soledad. Volvió su mirada y vio las siluetas de sus compañeros de celda arrojados en aquel minúsculo espacio, fumando y otros acostados en posición fetal. Pasada la medianoche un silencio profundo, tenebroso y tajante se adueñó de Casablanca, estaba conmocionado, me dice Carlos a quien se le escapan dos lágrimas, seguía mirando hacia los pasillos y hacia el barrio que circundaba la cárcel por entre las rejas que dejaban entrever el techado laminado de la penitenciaría y donde vio las luces de los fuegos artificiales restallar en medio de la noche y de su pecho.

 

De repente sintió una mano que lo tomaba para abrazarlo y una voz que le cantó la misma canción que ahora escucho en esta mañana gris de junio, treinta y seis años después, y que me estremece, mientras imagino a Carlos joven, encarcelado y abatido. Era su amigo, el profesor de literatura, un hombre de treinta años de edad, moreno, alto, venido de la Costa Atlántica quien le entonó Memorias de una vieja canción que yo reproduzco a estas tempranas horas en la voz de Horacio Guarany, entretanto recuerdo a Carlos tomar su bicicleta luego de abrazarme, echar a andar por el mundo sorteando las bofetadas de la vida y tarareando la misma canción: «Este día sin sol es todo mío,/ golpea mis ventanas tanto frío./ Una vieja canción en mi guitarra,/ una vieja canción no tiene olvido./ Es la misma que un día nos uniera,/ en las playas lejanas de tu viejo país./ Y el otoño al ver caer sus hojas,/ viene hasta mí y me moja con su llovizna gris./ Por qué no olvido tu canción/ será porque tanto te amé,/ que aquí sentado en esta pieza/ sobre esa misma mesa/ anoche te lloré./ Por qué no olvido tu canción,/ si el río va y no vuelve más/ Reloj eterno de las horas y esta canción que llora/ sobre mi ventanal».

Publicado enEdición Nº239
Venezuela: El retroceso “nacional-estalinista”

Tras un viaje en 1920 a la Rusia revolucionaria, junto con un grupo de sindicalistas laboristas, el pensador británico Bertrand Russell escribió un pequeño libro –Teoría y práctica del bolchevismo– en el que plasmaba sus impresiones sobre la reciente revolución bolchevique. Allí planteó con simpleza y visión anticipatoria algunos problemas de la acumulación del poder y los riesgos de construir una nueva religión de Estado. En un texto fuertemente empático hacia la tarea titánica que llevaban a cabo los bolcheviques, sostuvo que el precio de sus métodos era muy alto y que, incluso pagando ese precio, el resultado era incierto. En este sencillo razonamiento residen muchas de las dificultades del socialismo soviético y su devenir posterior durante el siglo XX.

 

A cien años de esa gesta libertaria, no está mal volver sobre estos problemas. Sobre todo porque la tensión entre democracia y revolución sigue vigente, aunque, por lo general, la vigencia se manifiesta a menudo más como farsa que como tragedia, al menos si leemos algunos análisis sobre la actual coyuntura latinoamericana. El caso venezolano es el más dramático, ya que se trata de la primera experiencia autodenominada socialista triunfante luego de la Revolución Sandinista de 1979. Solo por eso, ya amerita prestarle atención. Pero, además, es posible que su derrota tenga consecuencias similares o peores que la derrota electoral sandinista de 1990. No obstante, los análisis escasean y son habitualmente reemplazados por discursos panfletarios que no son más que el espejo invertido de los de la derecha regional.


La convocatoria a una incierta Asamblea Constituyente parece una fuga hacia delante de un gobierno, el de Nicolás Maduro, que fue perdiendo apoyo popular tanto en las urnas como en las calles. Es cierto que las protestas tienen más intensidad en algunos territorios que en otros, pero la afirmación de que son solo los ricos de Altamira o del este de Caracas quienes se oponen al gobierno es desmentida por la aplastante derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones parlamentarias de 2015. Por eso después ya no hubo elecciones regionales (ni sindicales en el caso de la estratégica petrolera PDVSA). Y por eso la Constituyente fue diseñada de tal forma que el voto ciudadano se combinara con el territorial y el corporativo, en una viveza criolla revestida de principismo revolucionario. Que este domingo hayan ido a votar (lo que equivalía a votar por el oficialismo) más electores que en los mejores momentos de la Revolución Bolivariana habría sido, en efecto, un “milagro”, como lo denominó Nicolás Maduro, incluso considerando la enorme presión estatal sobre los empleados públicos y quienes reciben diversos bienes sociales mediante el Carné de la Patria.


Si el populismo tiene un irreductible núcleo democrático pese a que suele tensar las instituciones, este refiere a un apoyo plebiscitario del electorado. Sin eso, el poder depende cada vez más del aparato militar, como ocurre hoy en Venezuela (si Maduro tuviera la mayoría, podría convocar a un revocatorio, ganarlo y cerrar, al menos transitoriamente, la crisis política, como lo hicieron en su momento Hugo Chávez y Evo Morales). En Venezuela, el agravante del poder militarizado es que los militares forman parte de esquemas de corrupción institucionalizados que incluyen acceso a dólares al tipo de cambio oficial (para luego cambiarlos en el mercado paralelo con gigantescas ganancias) o el contrabando de gasolina o de otros bienes lícitos y posiblemente ilícitos.


Y, para peor, la gestión del Estado devino en un autoritarismo caótico, con desabastecimiento, cortes de luz, violencia urbana descontrolada y degradación moral del proceso bolivariano. Atribuir todo a la “guerra económica” resulta absurdo. Nunca puede explicarse por qué Bolivia o Ecuador sí han podido manejar sus economías razonablemente bien.


No obstante, una parte de la izquierda regional defiende al madurismo en nombre de la revolución y de la lucha de clases. El análisis empírico desapareció y es reemplazado por apelaciones genéricas al pueblo, al antiimperialismo y a la derecha golpista. Retomando a Russell: digamos que estamos dispuestos a pagar el precio de los métodos represivos de Maduro, ¿qué resultado esperamos? ¿Qué esperan quienes, desde posiciones altisonantes, anuncian que el domingo 30 de julio fue un día histórico en el que triunfó el pueblo contra la contrarrevolución? ¿Qué cielo queremos tomar por asalto? Resulta sintomático que la Constituyente no esté acompañada de un horizonte mínimo de reformas y que se la justifique únicamente en nombre de la paz, lo que deja en evidencia que se trata de una maniobra y no de una necesidad de la “revolución”.


Resulta difícil creer que, luego del fracaso o la marginalidad de las diferentes experiencias “anticapitalistas” ensayadas desde 2004 (cuando Chávez abrazó el socialismo del siglo XXI), pueda emprenderse hoy algún tipo de horizonte nuevo de cambio social. No es la primera vez, ni será la última, que en nombre de la superación de la “democracia liberal” se anule la democracia junto con el liberalismo. No es casual tampoco que gran parte de la izquierda que sale a festejar la “madre de todas las batallas” venezolana sea admiradora de Kadafi y su Libro verde. En Libia, el “líder espiritual” llevó al extremo el reemplazo de la democracia liberal por un Estado de masas (Yamahiriya) basado en su poder personal –aunque no tenía cargos formales– y en una eficaz policía secreta que resolvía el problema de la disidencia.


Se trata de una izquierda que podríamos denominar “nacional-estalinista”. Un tipo ideal que permite captar un más o menos difuso espacio que junta un poco de populismo latinoamericano y otro de nostalgia estaliniana (cosas que en el pasado se conjugaban mal). De esa mezcla sale una especie de “estructura de sentimiento” que combina retórica inflada, escasísimo análisis político y social, un binarismo empobrecedor y una especie de neoarielismo frente al imperio (más que análisis marxistas del imperialismo, hay a menudo cierta moralina que lleva a entusiasmarse con las bondades de nuevas potencias como China o con el regreso de Rusia, por no hablar de simpatías con Bashar al-Assad y otros próceres del antiimperialismo). En la medida en que la marea rosada latinoamericana se retrae, el populismo democrático que explicó la ola de izquierda en la región pierde fuerza y esta sensibilidad nacional-estalinista, que tiene a algunos intelectuales en sus filas –varios de los cuales encontraron un refugio en la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad– gana visibilidad e influencia en los gobiernos en retroceso o en las izquierdas debilitadas. El nacional-estalinismo es una especie de populismo de minorías que gobierna como si estuviera resistiendo en la oposición. Por eso gobierna mal.


Hoy es habitual que se compare la Venezuela de 2017 con el Chile de 1973. Claro que los gobiernos democrático-populares enfrentan reacciones antidemocráticas de las derechas conservadoras muchas veces apoyadas por Estados Unidos y es necesario enfrentarlas, lo que puede incluir estados puntuales de excepción. Pero la comparación pasa por alto algunos “detalles”. Primero, Salvador Allende se enfrentó a unas fuerzas armadas supuestamente institucionales pero hostiles, de las que salió Augusto Pinochet. En Venezuela, pese a la existencia de sectores antidemocráticos en la oposición (hay que recordar el golpe fallido de 2002), las fuerzas de seguridad están hasta hoy del lado del gobierno. Y su capacidad de fuego sigue intacta.


Por otra parte, el gobierno chileno no estaba atravesado por la ineficacia y la corrupción interna en los niveles en que lo está el chavismo actual, donde hoy son estructurales. Quizás la comparación con Nicaragua puede ser más enriquecedora: allá sí la injerencia imperial fue sangrienta y criminal, y erosionó muy fuertemente el poder sandinista. ¿Es comparable con esa ofensiva criminal una sanción económica a Maduro, quien, sospechamos, no tiene cuentas en EEUU, o la estrategia de los “golpes de cuarta generación”, que consistirían en la aplicación de un libro del casi nonagenario Gene Sharp que se puede descargar de internet? El imperio conspira en todos lados, pero en otros países de la ALBA más o menos bien administrados no faltan los alimentos en los mercados y, por ejemplo, en el caso de Bolivia, las cifras macroeconómicas son elogiadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Mientras los gobiernos mantienen las mayorías, el populismo democrático mantiene a raya a los nacional-estalinistas porque conserva los reflejos hegemónicos y democráticos activos y resiste el atrincheramiento autoritario.


Lo que sí permite trazar puentes entre el sandinismo tardío y el neochavismo actual es la corrupción como mecanismo de erosión interna y degradación moral, que en el caso nicaragüense terminó primero en derrota y luego en un retorno –contra la mayoría de la vieja guardia sandinista– del matrimonio Ortega-Murillo, hoy atornillado en el poder tras su conversión al catolicismo provida y a una nueva y estrambótica religiosidad estatal, combinada con un pragmatismo sorprendente para hacer negocios públicos y privados –cada vez más imbricados en Nicaragua–. El precio a pagar en Venezuela ¿sería para tener una especie de orteguismo con petróleo? ¿En favor de eso algunos intelectuales le reclaman a Maduro mano dura contra la oposición?


Claro que para la izquierda es importante diferenciarse del antipopulismo –con sus aristas antipopulares, revanchistas, clasistas y también autoritarias–, pero despreciar la perspectiva de la radicalización democrática, acusando de liberales a quienes observan los déficits democráticos efectivos y operando en favor de formas de neoautoritarismo decadente, solo favorece nuevas derechas regionales. En lugar de dar una disputa por el sentido de la democracia contra las visiones que la reducen a la libertad de mercado, la pospolítica o un republicanismo conservador, los nacional-estalinistas la abandonan y se atrincheran en una “resistencia” incapaz de regenerar la hegemonía que la izquierda conquistó en la “década ganada”. Lo que se argumentaba en nombre de un “socialismo del siglo XXI” acaba en una parodia setentista.


Articular socialismo y democracia sigue siendo una agenda pendiente para la izquierda: el riesgo contrario, que ya vivimos, es la defensa de la democracia sin contenidos igualitarios ni proyectos reformistas capaces de erosionar los procesos actuales de des-democratización. Por eso, en relación con Venezuela, parte de la socialdemocracia latinoamericana tampoco puede decir algo que vaya más allá de su apoyo a la oposición nucleada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Una salida pactada en Venezuela no puede basarse únicamente en la normalización de la democracia política: debe incluir también una defensa de los derechos económicos populares (una agenda de democracia económica) frente a quienes, desde la oposición, buscan una salida tipo Temer en Brasil.


Pero frente a los peligros de “temerización” de Venezuela, los nacional-estalinistas pueden resultar contraproducentes: el creciente desprestigio del socialismo, gracias al desgobierno de Maduro y la vuelta de la asociación entre socialismo, escasez y colas, hace que las salidas promercado ganen terreno y apoyo social. No obstante, la tentación de construir el socialismo a palos –”si no es con los votos, será con las armas”, Maduro dixit, o “con el mazo dando”, como Diosdado Cabello bautizó a su programa de televisión–, en nombre de un pueblo abstracto o contra un pueblo manipulado, sigue captando la imaginación y el entusiasmo de parte de la izquierda militante continental. Para colmo, no hay ningún socialismo. Pero los “filtros burbuja” de las redes sociales confirman convicciones y posverdades, de manera bastante parecida a como operan los (violentos) espacios de sociabilidad antipopulistas.


Lamentablemente, sin una izquierda más activa y creativa respecto de Venezuela, la iniciativa regional queda en manos de las derechas. Analicemos estos procesos con sentido crítico y hagamos todo lo posible para que Caracas no sea nuestro Muro de Berlín del siglo XXI.

Pablo Stefanoni
Editor de la revista Nueva Sociedad.
Fuente:
http://nuso.org/, agosto de 2017

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Venezuela. Cuatro claves para entender lo que se esconde tras el supuesto alzamiento militar

¿Sublevación militar o ataque terrorista? ¿Militares o paramilitares? ¿División en el Ejército? Repasamos algunas de las incógnitas que se han sucedido tras el asalto al fuerte militar de Paramacay, en el estado de Carabobo.


Venezuela se despertaba este domingo con un vídeo en el que 15 personas con uniforme militar y portando armas largas se declaraban en rebeldía contra "la tiranía asesina de Nicolás Maduro". Al frente de esta supuesta rebelión militar se encontraba Juan Carlos Caguaripano Scott, que se autodenominaba “Comandante de la operación David Carabobo” e instaba a los militares de todo el país a sumarse a su rebelión "para restablecer el orden constitucional".


¿Estamos ante un intento alzamiento militar?


La mayoría de medios de comunicación internacionales hablan de "alzamiento" y "sublevación militar", algo que no está nada claro a juzgar por el reducido grupo de personas que han asaltado el fuerte de Paramacay, en la ciudad de Valencia, la tercera del país, en el estado de Carabobo (centro-norte).
En efecto, se ha producido un asalto al cuartel por parte de un grupo de personas armadas. Fuentes oficiales de las Fuerzas Armadas aseguran haber abatido a dos de los asaltantes y herido de gravedad a otro, además de haber detenido a siete personas. Posteriormente, el presidente, Nicolás Maduro, elevaba a dos los muertos y a diez los detenidos en el ataque.


Sin embargo, un comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana habla de "ataque terrorista de tipo paramilitar" y que "los sujetos capturados han confesado haber sido contratados en los estados Zulia, Lara y Yaracuy por activistas de la extrema derecha venezolana en conexión con gobiernos extranjeros". Aseguran que los insurrectos son "delincuentes civiles portando prendas militares" y que entre los detenidos sólo hay un "teniente en situación de deserción".


Un militar expulsado, al frente del asalto


Al mismo tiempo, el cabecilla de este asalto es Juan Carlos Caguaripano Scott, un antiguo capitán de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB, policía militarizada), que en 2014 hizo pública su oposición a la revolución bolivariana por la represión a las protestas antigubernamentales de entonces, que se saldaron con 43 fallecidos, según datos oficiales. Caguaripano fue destituido en 2014 y un tribunal militar había ordenado detenerle por su implicación en una intentona golpista anterior conocida como "operación Jericó", en la que fueron detenidos tres generales de la Aviación y un capitán retirado de la GNB.


La FANB afirma que Caguaripano fue separado de la institución por traición a la patria y rebelión hace tres años, cuando "huyó del país y recibió protección en Miami, Estados Unidos". No consta que él esté entre los arrestados por el asalto al fuerte ni entre los fallecidos


¿Qué buscaba el asalto?


El mismo Caguaripano dejaba claro que no se trataba de un golpe de Estado, sino de un levantamiento cívico-militar en el que instaba a otros militares a defender la Constitución. El llamamiento ha prendido en Valencia, la ciudad del fuerte asaltado y la tercera del país. Decenas de personas han colocado barricadas en las calles y ha protagonizado enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad del Gobierno.


Un líder opositor del estado de Carabobo ha muerto por arma de fuego en estas protestas, según fuentes de la oposición. De confirmarse, sería la primera muerte que ocurre en el país durante las manifestaciones después de siete días y añadiría más leña al fuego en un país totalmente dividido en el que las partes no reconocen la legitimidad institucional del contrario.


¿División en el Ejército?


El asalto a esta base militar ha sido vendido por la oposición y por los medios como una muestra de la división en las Fuerzas Armadas de Venezuela en cuanto a la lealtad al Gobierno de Maduro. El presidente del Parlamento venezolano, el opositor Julio Borges, insisite en hablar de "militares" sublevados y tilda de "cuento chino" la versión oficial. Al mismo tiempo pide al Gobierno una "profunda reflexión", pues, a su juicio, "es muy claro" que "la Fuerza Armada es un ejemplo de un país que quiere un cambio". El vicepresidente del Parlamento, Freddy Guevara, aseguró este domingo que lo sucedido refleja que el malestar de lo que pasa en el país "llegó a los cuarteles. Y, en la misma línea, el candidato a la Presidencia, el opositor Henrique Capriles, insinuaba en un acto de la oposición que "lo que explusa la cúpula militar no es lo que opina todo el Ejército".
Sin embargo, el número dos del Gobierno de Maduro, Diosdado Cabello, aseguró tras retomar el control del fuerte de Valencia, que la situación en los demás cuarteles era de "total normalidad". Tras la publicación del vídeo y la intervención en el cuartel, no se han tenido noticias de otros movimientos en las bases militares.


La Fuerza Armada insiste en que "permanece incólume, unida monolíticamente, aferrada a sus convicciones democráticas, con la moral en alto, apoyando de manera incondicional" al presidente Nicolás Maduro y a la Asamblea Nacional Constituyente instalada el viernes pese al rechazo de buena parte de la comunidad internacional.
"Después de 25 años, Venezuela late expectante a un golpe de Estado", titulaba la agencia EFE su análisis al cierre de las ediciones del domingo. Un texto que incide en las reestructuraciones recientes de todos los mandos militares y los cambios en la Comandancia de la Guardia Nacional, Ejército, Aviación, la Armada y la Milicias Bolivarianas y que recuerda el golpe de Estado fallido del propio Hugo Chávez en 1992, que desembocó finalmente en su victoria en la urnas años después.


¿Por qué ahora?


La reivindicación principal del grupo que ha asaltado sin éxito el cuartel era "restablecer el orden constitucional", justo un día después de que la Asamblea Nacional de Venezuela fuera remplazada por la nueva Asamblea Nacional Constituyente tras las elecciones de la pasada semana a las que no quiso concurrir la oposición.


La primera medida de esta Asamblea Nacional fue la de destituir a la fiscal general del país, crítica con el Gobierno y con el propio proceso electoral, pero que siempre fue una firme defensora del chavismo hasta hace relativamente poco. Su destitución poco tiene que ver con la supuesta misión de esta Asamblea: redactar una nueva Constitución.


Este asalto armado ha servido para captar un día más toda la atención internacional en un momento en el que el Gobierno de Maduro sufre una dura presión mediática e institucional. El sábado, Venezuela fue expulsada de Mercosur, la Unión Europea no reconoce la nueva Asamblea Nacional Constituyente y prepara sanciones internacionales en la misma línea de las aplicadas ya por EEUU

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