La Organización Mundial del Trabajo calcula que se han perdido 500 millones de empleos en cuatro meses

La Organización Mundial del Trabajo aumenta en cien millones la previsión de pérdida de empleos proyectada en junio.

Redacción El Salto

24 sep 2020 06:13

El primer síntoma de la crisis económica derivada del covid-19 es la pérdida de empleos en todo el mundo. Son ya 500 millones de trabajos perdidos en el segundo cuatrimestre del año en comparación con los meses de septiembre a diciembre de 2019. La cifra aumenta en cien millones las pérdidas que la Organización Mundial del Trabajo estimó el pasado mes de junio.

En el segundo cuatrimestre del año se perdieron un 17,3% de las horas trabajadas en el mundo en el periodo anterior al covid-19, si bien las diferencias entre áreas geográficas son significativas. En el sur europeo la pérdida de horas fue del 23,9%. En esta zona se han perdido 23 millones de puestos de trabajo en lo que va de año. 

La evolución de la crisis sigue poniendo en solfa el trabajo en todo el mundo. Los continentes americanos son los más afectados en el tercer cuatrimestre. Se perderán casi un 20% de las horas de trabajo realizadas en el último tramo de 2019. La caída, no obstante, se apacigua en todo el mundo: se pasa del 17,3% al 12,1% en el porcentaje de horas perdidas.

Para la OIT, el escenario optimista para el último cuarto del año incluye una pérdida de solo el 5,7% respecto al mismo periodo del año anterior. El escenario base sitúa las horas en un -8,6% y el escenario pesimista estima un nuevo récord en la destrucción de empleos: una pérdida del 18% de las horas trabajadas. Es decir, se produciría una destrucción de 515 millones puestos de trabajo en una jornada base de 48 horas semanales.

España es el decimoprimer país en el que se han perdido más empleos, por detrás de Moldavia y nueve países americanos (EE UU, Brasil, Canadá, México, Chile, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Perú por orden de menor a mayor pérdida). En todo caso, la OIT estima que el 92,2% del empleo perdido en España se ha producido como inactividad —es decir, a través de mecanismos como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo— y solo un 7,8% se acumula al paro ya existente.

La caída masiva de las rentas y salarios es otro de los aspectos más preocupante de la evolución de la crisis: se han perdido uno de cada diez dólares desde enero.

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La covid-19 precipita a América Latina a otra década perdida: 45 millones más de pobres en 2020

 

La Gran Pandemia -sanitaria y económica- ha desembarcado con especial virulencia en la comunidad latinoamericana, donde varias decenas de millones de personas se verán inmersas en la extrema pobreza. Unos 45 millones sólo este año, según cálculos de Cepal, la agencia de la ONU para el desarrollo económico de la región.

21/09/2020 07:18

DIEGO HERRANZ

El año de la pandemia será otro ejercicio maldito para América Latina. Unos 45 millones de personas pasarán a sobrevivir en situaciones de pobreza extrema en una de las latitudes con uno de los diferenciales de riqueza más acusados del planeta. Un reciente estudio de Cepal, la agencia de Naciones Unidas, advierte de un repunte substancial de ciudadanos de la comunidad latinoamericana que soportarán los rigores de la pandemia. Con más de una tercera parte de su población bajo una amenaza real de perder sus empleos y el yugo de que la inseguridad alimenticia impacte directamente sobre su estabilidad familiar.

También por el déficit de fondos que han puesto en marcha los gobiernos de la región. Frente a las inversiones próximas al 40% del PIB que ha movilizado Europa para combatir la doble crisis, sanitaria y económica, los planes de gasto instaurados por las autoridades latinoamericanas no alcanzan, ni de lejos, el 10% de su capacidad productiva anual. Para la secretaria ejecutiva de Cepal, la diplomática mexicana Alicia Bárcena, el escenario es de suma gravedad. Hasta el punto de asegurar que el Hemisferio Sur de América se enfrenta a una década perdida. La covid-19 ha puesto a sus países ante la disyuntiva de articular medidas como la renta básica, los subsidios a los productos alimenticios y una táctica geoestratégica en toda línea de renegociación de sus, cada vez, más voluminosas ratios de deuda si desean tener éxito en la instauración de un ciclo de negocios sostenible en el tiempo. En otro diagnóstico de situación, la Cepal y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dan por descontado que "sólo si se logra revertir la curva de contagio de la pandemia se podrán reactivar las economías de la región".

Para lo cual, ambas instituciones proponen un enfoque en tres fases, que incluye una agenda reformista con políticas sanitarias, económicas, sociales y de índole productivo dirigidas a reactivar, con salvaguardas de protección, una reconstrucción de sus patrones de crecimiento que favorezcan la prosperidad y la distribución inclusiva de riqueza. El coronavirus aterrizó en América Latina el 26 de febrero, cuando Brasil confirmó el primer caso en Sao Paulo. Desde entonces, certifica uno de cada cuatro casos de contagio en el mundo. Tras superar, a comienzos de mes, los 7,5 millones de afectados y los 280.000 fallecidos. Con Brasil, -más de 4,2 millones de contagiados y más de 130.000 muertes-; Perú (más de 657.000 casos y 29.000 decesos); Colombia (unos 624.000 enfermos y unas 20.000 defunciones); México (más de 606.000 casos y más de 70.000 fallecidos) y Argentina (428.200 infectados y 8.971 decesos) entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

El coste humano "continúa siendo demasiado alto, inaceptable, porque se certifican casi 4.000 muertes al día en nuestra región", afirma la directora de la OPS, Carissa Etienne. La epidemia "ha afectado profundamente, no sólo a la vida diaria de las personas en la región, sino también sus medios de vida", además de dirigir al conjunto de Latinoamérica a "la recesión más abrupta de su historia". Según Cepal, el receso de actividad en 2020 será del 9,1%, con un alza del desempleo que superará la barrera del 13,5% de la población activa en la totalidad de sus territorios y un repunte de la tasa de pobreza de 7 puntos básicos, hasta alcanzar al 37,3% de la población, que se traducirá en un empeoramiento notable de la brecha social. Por si fuera poco, ambas organizaciones señalan otro foco de tensión con daños colaterales directos sobre las sociedades civiles de la región: "Sus sistemas de Salud, ya infradotados financieramente y muy fragmentados" antes de la covid-19, se enfrentan a una respuesta incierta ante la pandemia por las debilidades de gestión de sus rectores".

El gasto público en Sanidad apenas registra de promedio el 3,7% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la OPS. Lo que supone que una tercera parte de la población todavía enfrenta algún tipo de barrera para acceder a los servicios de salud que necesita.

América Latina contabiliza uno de cada cuatro contagios del planeta, con Brasil, Perú, Colombia, México y Argentina entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

Sistemas sanitarios débiles

"Los elevados niveles de desigualdad, junto a las altas tasas de pobreza, la lacra estructural de unas economías con grandes dosis de informalidad -contratación opaca y actividad sumergida- y el limitado acceso a una atención médica de calidad, explican -a juicio de Cepal y la OPS- los cuantiosos costes sociales que la epidemia está teniendo en la región". Además del fenómeno de urbanización y metropolización -más de un tercio de la población habita en ciudades de un millón o más habitantes- y de los déficits acumulados en las capitales del área latinoamericana en materia de hacinamiento e infraviviendas, falta de servicios públicos esenciales como el agua y sus instalaciones de saneamiento o un transporte urbano atestado. Todo ello se suma a la gran fragilidad histórica de sus modelos sanitarios, que ha contribuido a su vulnerabilidad. En materia de salud, "los hogares financian más de un tercio de los gastos en atención de salud con pagos directos; cerca de 95 millones de personas han afrontado desembolsos familiares por covid-19 y casi 12 millones se han empobrecido por ello. Además, y según la OCDE, "la disponibilidad de médicos y de camas hospitalarias no llega ni a la mitad de la que tienen países más desarrollados.
El estudio habla de varios grupos sociales especialmente vulnerables: las personas mayores (85 millones), trabajadores informales (54% del empleo regional), mujeres (mayoría en actividades informales, con trabajo no remunerado aumentado y mayor exposición a violencia doméstica), pueblos indígenas (60 millones y con comunidades que pueden desaparecer), afrodescendientes (130 millones de personas en 2015), con discapacidad (70 millones de personas) y migrantes.

En una entrevista en Foreign Policy, Bárcena explica más pormenorizadamente los efectos de la pandemia social, derivada de la sanitaria y, por supuesto, de la económica, con datos sobre la década perdida que se avecina en la región. "El PIB per cápita volverá a los niveles de 2010 y se retrocederá 14 años en términos de tasa de pobreza -cuantitativamente, se pasará de 186 a 231 millones de los 630 de su censo poblacional, con 44 millones de personas fuera de los mercados laborales". Al menos 491 millones tendrán que sobrevivir con menos de 500 dólares al mes. Pero también pasa revista a las tensiones con productos de primera necesidad como la alimentación. Bárcena hace referencia, sobre todo, a las naciones caribeñas. "Por ejemplo, Bahamas importa el 60% de su consumo y Antigua y Barbuda, el 55%; así que algo de vulnerabilidad existe también en este ámbito", explica.

Al igual que en materia de malnutrición. "Otro gran problema en estos países y en América Central, incluido México". Muchos de ellos relacionados con la obesidad y que son factores que empeoran los contagios por covid-19, afirma Bárcena.

La Cepal alerta de que el PIB per cápita volverá a los niveles de 2010 y se retrocederá 14 años en términos de tasa de pobreza; al menos, 491 millones tendrán que sobrevivir con menos de 500 dólares al mes

Soluciones de cooperación internacional

La máxima autoridad de la Cepal precisa la ayuda multilateral. El FMI, con sus recursos contra el coronavirus, por las que ha desplegado 88.000 millones de dólares por todo el mundo, ha hecho llegar a veinte naciones latinoamericanas 51.000 millones. "Pero dispone de mayor margen de asistencia financiera. A través de una ampliación de sus derechos especiales de giro, la moneda de la institución. Podría alcanzar los 275.000 millones que inyectó en 2009 para contener el daño colateral del credit crunch. Esa debe ser su prioridad número uno".

Una segunda opción sería la búsqueda de fórmulas para capitalizar créditos multilaterales. En principio, mediante los bancos que operan con préstamos a la prosperidad de la región. Todos ellos pueden llegar a mayores arsenales financieros. En tercer término, incentivando un proceso de renegociación de la deuda. Para las naciones caribeñas, con exigencias de adaptación jurídica para combatir el cambio climático. La mayor parte de ellas tienen una losa de endeudamiento que les impide un crecimiento inclusivo. Y, finalmente, promoviendo instrumentos de innovación, con objeto de sufragar las capacidades económicas de la comunidad latinoamericana.

Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del FMI, según la denominación de la jerga multilateral, incide en un reciente blog personal en que el desconfinamiento de la covid-19 precisa de soluciones "guiadas por la ciencia y los datos empíricos" si quiere dejar de ser el epicentro de la pandemia y animar con suficiente brío la recuperación. "La distancia social y las medidas de prevención están íntimamente relacionadas con el despegue de la actividad en este segundo semestre del año", asegura. Y restablecer los indicadores de comercio y generación de empleo.

A su juicio, las políticas monetarias a lo largo y ancho de la región pueden aún reducir el precio del dinero y recortar así los riesgos financieros, demasiado elevados, y contribuir con ello a una corrección de los niveles de desigualdad. Y, desde la órbita fiscal, activar medidas para llegar a los estratos más débiles de las sociedades. Para, más tarde, a medio plazo, adoptar mecanismos de consolidación presupuestaria combinadas con políticas activas de empleo; en especial, la de los desempleados de larga duración. Pero, en estos momentos, la urgencia es activar todos los recursos precisos para evitar una segunda oleada de contagios. Porque la coyuntura se ha deteriorado con suma rapidez.

El FMI reclama a los bancos centrales rebajas más agresivas de tipos y a los gobiernos medidas dirigidas a los estratos más desfavorecidos porque la urgencia es evitar una segunda oleada; a medio plazo, consolidación fiscal

Una región en recesión sincronizada

Argentina. El FMI espera una recesión del 10% en 2020. Con crecientes riesgos. Porque el Fondo admite que se revisará a la baja, dada la prolongada cuarentena impuesta por Buenos Aires, así como la drástica pérdida de demanda externa y el descenso del precio de las materias primas y las dudas que levanta el proceso de reestructuración de su deuda, que resta confianza inversora.

Brasil. Las proyecciones de comienzo del verano hablan de unos números rojos del 9% y de una reactivación del 3,6% en 2021. Ensalza los programas fiscales y la política monetaria, pero afirma que la retirada de ayudas podría perjudicar el crecimiento del próximo ejercicio. Tras un ciclo de negocios demasiado corto, tras la contracción de 2015-2016. Una agenda de reformas sociales y económicas de carácter estructural será ineludible si la mayor economía regional desea volver a su potencial de prosperidad.

Chile. Caída del PIB del 7,5% y rebote del 5% el próximo año. Con el punto de inflexión en el tercer trimestre. A pesar de las impredecibles medidas fiscales, monetarias y financieras que se han implantado en el país.

Colombia. Tampoco eludirá su primera recesión en dos décadas. Del 7,8%, aunque con un alza del 4% para 2021, si la emergencia sanitaria se estabiliza. Su banco central ha cumplido con unos precios del dinero laxos. Pero el gobierno no ha seguido sus pasos. Ha suspendido dos años los recursos previstos para, en teoría, proveer de mayor flexibilidad a la respuesta sanitaria y la crisis económica.

México. La contracción de la segunda economía regional responde a un compendio de factores. Desde la caída de los precios del petróleo, a la volatilidad de los mercados de capitales, pasando por la interrupción de las cadenas de valor empresariales, la debilidad de la confianza del sector privado o el descenso de inversiones. El PIB mexicano retrocederá un 10,5% con un despegue modesto el próximo año. El banco central tiene margen de maniobra para bajar tipos y devolver su poder de atracción de capitales foráneos. También el Ejecutivo, que ha activado el programa fiscal más pobre entre los socios del G-20. Un riesgo para frenar la contracción y facilitar un ciclo de negocios dinámico. Los esfuerzos de protección social por la pandemia requerirán un proceso de consolidación fiscal creíble a medio plazo capaz de corregir la brecha de desigualdad del país.

Perú. La crudeza de la epidemia y la baja demanda externa dirige su PIB a una recesión del 14%. A pesar del "significativo respaldo económico" del Gobierno, el desempleo se ha disparado. Aun así, el FMI espera una reactivación notable para 2021, del 6,5%. Un despegue que depende más que en ningún otro país de la región de que se logre frenar la pandemia y se reactive la economía global.

América Central, República Dominicana y Panamá. Todos sus países tienen como denominador común unas profundas contracciones este año con graduales recuperaciones en 2021, una vez pueda superarse las trabas al turismo, se reanime el comercio y vuelvan a entran remesas de su población en el exterior. El freno de los flujos comerciales está teniendo un impacto mayor en Panamá, El Salvador y Nicaragua. El colapso del turismo, en República Dominicana y Costa Rica y el parón de entrada de remesas en el triángulo del norte centroamericano y Nicaragua. En esta zona también tienen un efecto negativo los desastres naturales, particularmente, en El Salvador. Todos ellos han elevado sus tasas de vulnerabilidad social, ante la interrupción de ingresos en la órbita familiar. Los tipos de interés bajos, las garantías crediticias y el apoyo financiero al sector privado con recursos presupuestarios han relajado las condiciones prestamistas.

Países caribeños. Son los que han logrado doblegar la curva de contagios de la covid-19. Pero sus coyunturas no lograrán eludir la recesión. Esencialmente, por el freno turístico. Volverán a sus niveles de renta per cápita y capacidad productiva en tres años. El descenso de cotización del crudo ha dañado su vigor exportador y ha hecho mella en las arcas de sus Haciendas. La caída de recaudación fiscal también se ha interrumpido por la estación de huracanes.

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Francia: una huelga inaugura la confrontación social en pleno rebrote

El impacto económico y sanitario del coronavirus

Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

 

El nuevísimo gobierno del primer ministro Jean Castex estrenó este jueves 17 de septiembre su primer movimiento social con una serie de huelgas y manifestaciones que se prenden en el horizonte incierto de la crisis sanitaria en plena resurrección. Huelgas y manifestaciones convocadas por la CGT y organizaciones juveniles inauguran la confrontación social con un Ejecutivo trastornado por la amenaza de una “segunda ola” de contaminaciones cuya gestión responde al imperativo fijado por el presidente Emmanuel Macron: “vivir con el virus” sin adoptar medidas drásticas como, por ejemplo, un segundo confinamiento generalizado. Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

No se percibe, por el momento, un clima de revuelta, aunque si de exasperación en el cual la sociedad busca sus marcas. Hay dos lecturas de la situación y los sindicatos apostaron por la segunda: la primera apunta a que las restricciones en vigor y lo ignoto y plural de la crisis disuadan todo intento de manifestación masiva: la segunda radica en que, pese a ello, la gente asiste al cierre de empresas que se acumulan, al desempleo y la nebulosa cada vez más extendida que ha dejado el virus. 

Aunque huelgas y Covid se han combinado en un espacio con mucha confusión, la movilización social ha sido más bien tímida y muchos analistas se preguntaban qué le pasó por la cabeza a la CGT para activar una protesta social en un momento de arenas movedizas. La confusión es un elemento muy arraigado, tanto más cuanto que las informaciones pueden ser percibidas como contradictorias. Cada semana hay más y más contagios, pero estos no tienen por ahora el impacto de antes. Hoy hay 796 personas en reanimación en los hospitales contra 7.000 en el peor momento de la pandemia (abril de 2020). Con todo, se contabilizan entre 7.000 y casi 10.000 nuevos casos por día. 2.100 clases fueron clausuradas y 81 estabelecimientos escolares cerrados, lo que representa un 0,13% de los 6.0000 existentes. A su vez, la Organización Mundial de la Salud no cesa de advertir sobre “la alarma” implícita en la progresión constante de infecciones en Europa. La zona Europa de la OMS comprende 53 países con Rusia incluida y en esa área se registraron 5 millones de casos oficiales y 227.000 mil muertos provocados directamente por la covid-19.

Antes que imponer una salva de restricciones el Ejecutivo decidió apoyarse en el argumento de la responsabilidad colectiva para contener el empuje de la pandemia. También optó por mejorar los dispositivos vigentes, particularmente el triángulo de las pruebas, la trazabilidad de los contagiados y su aislamiento. La otra opción hubiese sido activar protocolos y prohibiciones cuyo impacto político y económico no habría tardado en ser negativo. La sociedad ha tomado conciencia de que el virus permanecerá activo mucho tiempo más y el gobierno también advirtió que el plan de reactivación económica que presentó al final del verano europeo tenía un aliento muy corto. El consejo científico que asesora al gobierno ya consideró que la estrategia de contención elegida había sido “un fracaso”. Como en muchos otros lugares el mundo, en Francia también se filtra una lectura científica y otra política de la situación. En el medio se meten un ejército de charlatanes, pseudo científicos y comentaristas cuyas opiniones no hacen más que incrementar la sensación de un barco a la deriva. 

El delirio es la palabra clave. Cualquier apresurado sale con sus previsiones al mejor estilo Nostradamus, cuando no son los mismos médicos quienes siembran desconfianza y temor. Un clérigo de expertos patentados dice un día una cosa y al otro día un clérigo del otro bando afirma lo contrario. El pasado 11 de septiembre unos 30 investigadores, médicos y universitarios se pronunciaron en el diario Le Parisien para criticar el discurso del gobierno “tendiente a inducir”, y hasta pusieron en tela de juicio la legitimidad del consejo científico. El epidemiólogo Laurent Toubiana afirmó que “en este momento la amenaza no existe, sino que la fabrican”. Dos días después, en otro diario, Le Journal de Dimanche (ambos populares), un grupo de médicos hizo un llamado contrario: "hay que permanecer atentos frente la segunda ola que se anuncia y limitar los desplazamientos”. Delirios, manipulaciones, batalla de egos y de circuitos científicos, la cacofonía es otro de los espectáculos de una actualidad indigerible. En este contexto, el ministro francés de Salud, Olivier Veran, adelantó nuevas medidas y protocolos sanitarios destinados a las escuelas, así como esfuerzos suplementarios que se concentrarán en las ciudades de Paris, Lille, Toulouse, Rennes, Dijon y dos regiones del sur. Es allí donde la covid-19 circula con más frecuencia.

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Dani Rodrik propone un "nuevo Estado de Bienestar"

Definiciones del economista turco en la Universidad Di Tella

Si bien es crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. 

 

“Restituir las estrategias de desarrollo a través de un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial”, es el camino que se debería adoptar a nivel global para evitar la ruptura del contrato social, afirmó el reconocido

Rodrik es uno de los economistas más influyentes del mundo. De origen turco, es profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y tiene una posición muy crítica sobre el rumbo que adoptó el capitalismo desde comienzos de los ´90. "No generó más consumo ni diversificación, sino crisis más frecuentes y más dolorosas. La globalización de las finanzas no implica nada bueno en término de las cosas que más importan", indicó en una charla organizada por la Universidad Torcuato Di Tella que tuvo como moderador a Eduardo Levy-Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de ese centro de estudios.

Si bien Rodrik es muy crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, también advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. En cambio, plantea que el desafío es más complejo, ya que el futuro del empleo no radicaría en la manufactura sino en los servicios y considera que el Estado no debe solo asegurar educación, salud e ingresos mínimos sino también involucrarse junto al sector privado en la generación de conocimiento y empleos para evitar el "dualismo productivo", uno de los grandes problemas de economías como la Argentina.

El dualismo está dado por un nicho muy productivo que genera poco empleo y otra gran cantidad de sectores poco productivos que emplean a mucha gente.

La pandemia aceleró problemas

Para Rodrik, la crisis de la pandemia del coronavirus profundizó tendencias pre-existentes que venían poniendo en jaque la sostenibilidad de la actual organización de la economía mundial.

En primer lugar está la caída del comercio mundial, que no comenzó con el coronavirus sino hace más de diez años, después del estallido de la crisis financiera de 2008. “Esto rompe con la tendencia que comenzó a principios de los ´90, de creciente integración comercial. La retracción se explica en primer lugar por la dramática caída de las exportaciones chinas en relación a su producto bruto interno, del 35 por ciento en 2007 al 20 por ciento en la actualidad. Algo similar a lo que ocurre en la India”, explicó Rodrik.

El economista también subrayó la “creciente tensión entre los supuestos beneficios de la hiper-especialización productiva y la diversificación”. La especialización radica en que cada país del mundo ocupe un rol en la cadena de valor según su mayor ventaja comparativa (bajos salarios, tecnología o recursos naturales, por ejemplo) mientras que la diversificación supone protección comercial para que el aparato productivo nacional amplíe el rango de actividades que abarca. Sucede que el neoliberalismo extremo y sus instituciones globales como la OMC y el FMI hacen énfasis en el supuesto beneficio de la especialización y en el perjuicio de la política de protección comercial y otras medidas regulatorias. Pero está claro que el capitalismo globalizado en su organización actual genera creciente desigualdad y exclusión social, considera Rodrik.

Vinculado a lo anterior está la tendencia a la desmejora en la distribución del ingreso, que también es previa a la pandemia. “Cada vez es más evidente que es imposible compensar a los ‘perdedores’ con las ‘ganancias’ de la hiperglobalización”, dice Rodrik.

El gran problema: la falta de autonomía

El mayor problema es la falta de autonomía que tienen los países para poder aplicar políticas tendientes a mantener el contrato social y apuntar al crecimiento”, explica el economista, y advierte que esta falta de grados de libertad para la política pública es una de las grandes diferencias frente al período de Bretton Woods, que rigió entre el final de la segunda guerra mundial y la disolución de la URSS.

Para Rodrik, hay un “buen escenario” posible en la post pandemia que consiste en lo siguiente: “un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto como para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial, para poder restituir las estrategias de desarrollo”. El “mal escenario” sería un endurecimiento del conflicto comercial, similar a la etapa que siguió a la crisis del ´30.

Un nuevo Estado de Bienestar

“América latina sufre un dualismo productivo, con sectores que tiene alta productividad pero no generan empleo y sectores muy atrasados que generan mucho empleo. Esto achica oportunidades para la franja de ingresos medios. El Estado de Bienestar tradicional plantea que con mayor educación y salud pública, los trabajadores pueden acceder a mejores trabajos y así elevar su condición de vida. Pero esto ya no funciona, porque no está disponible la oferta laboral de buenos trabajos. Hay que cambiar la perspectiva”, explica Rodrik.

Para el economista, el “nuevo Estado de Bienestar” debe involucrar más políticas de producción, con fuerte integración del sector privado. Indica que es una prioridad mejorar las habilidades de los trabajadores para que puedan maniobrar la tecnología pero también acomodar la tecnología a las habilidades de los trabajadores. En este sentido, elogió el camino institucional recorrido por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“La mejora de la productividad no tiene que venir únicamente del crecimiento de los sectores de punta. Teniendo en cuenta el grado de atraso de gran parte de la sociedad, simplemente sacar a la gente de la informalidad en favor de empleos de productividad media ya mejoraría mucho la situación”, considera Rodrik.

El futuro del empleo

“Puede haber protección para que determinadas industrias se modernicen. Pero no creo que los empleos manufactureros vayan a volver, no creo que ese sea el futuro en la economía. Los grandes generadores de empleo serán los sectores de servicios, salud, educación y retail”, analiza el economista.

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Lunes, 03 Agosto 2020 06:29

Oro

Oro

El carácter tan particular de la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus exhibe que “cuando la economía se queda sin consumidores se pone de manifiesto que nada se sostiene sin la gente”. La aseveración (de David Trueba, El País, 28/7/20) parece obvia y, sin embargo, enunciarla así de modo directo le confiere una contundencia argumentativa que no debe perderse de vista.

Ahora, no se trata de una caída del gasto total por las razones usuales asociadas con el comportamiento cíclico de la acumulación del capital; las distorsiones que suelen provocar los déficits públicos; los efectos de la inflación que puede desbocarse, o bien los recurrentes excesos financieros que generan crisis.

Lo que ocurre hoy es el desplome de plano del consumo por efecto del confinamiento para enfrentar la pandemia. ¡No hay quién gaste! Las ventas y la producción en sectores enteros de la economía se han derrumbado de tajo. Eso tuvo que compensarse con gasto público, con recursos asignados directamente a las personas y empresas que perdieron sus fuentes de ingreso.

La pandemia y la gestión de los gobiernos ha provocado que ese gasto, enorme en muchos casos: más de 2 billones ( trillions) de dólares en Estados Unidos hayan sido insuficientes y ahora se debata un nuevo presupuesto de ayudas. Lo mismo ocurre en la Unión Europea.

Por eso hay premura por reabrir la actividad económica y retomar el proceso de ingreso-gasto, pero la cosa no sale bien, pues se provocan rebrotes de contagio y se tiene que dar marcha atrás. Ese dilema está ocurriendo ahora por todas partes, en unas mucho más que en otras, como sucede en México, donde el reconocimiento oficial explícito de la magnitud de la crisis económica está ausente.

Esta situación debería provocar un vuelco en el pensamiento acerca del proceso económico y las políticas públicas, o sea, cómo generar ingresos para la población, ganancias para las empresas, crédito para consumir y producir e impuestos para que recaude el gobierno. El arreglo no se va a dar de modo automático y, de cualquier modo, va a tardar mucho tiempo.

Mientras tanto, la caída del nivel de la actividad económica ha sido brutal en el segundo trimestre del año en todas partes. Muchas actividades económicas cambiarán de modo significativo su estructura y muchos participantes desaparecerán.

Una de las expresiones de la crisis que provoca profundas distorsiones ocurre en las actividades financieras. Desde hace largo tiempo se extiende como reguero una creciente especulación y, a la par, la mayor concentración de la propiedad y la riqueza.

La pandemia refuerza su efecto adverso en el mercado, que se hace cada vez más monopólico y también modifica buena parte de las formas de consumo, de comunicación e interacción social. Esto se advierte, por ejemplo, en el caso de las grandes empresas, en el campo de la tecnología (Amazon, Google, Facebook, Apple) y otras en las que se ha inflado su valor hasta el exceso.

La actividad financiera se distancia de la inversión que crea empleos e ingresos; se aleja de la producción y de la generación de riqueza asociada con mecanismos socialmente eficaces de tipo distributivo.

Los gobiernos en Estados Unidos y Europa están creando dinero a borbotones para incitar la recuperación económica. El precio del crédito es prácticamente cero, cuando no negativo. El dinero no tiene valor ni poder intrínseco, sólo vale lo que representa: capacidad de compra.

Cada dólar, euro o peso mexicano debería apuntar a que sea usado, en algún lado, para producir una unidad de riqueza mediante la producción. El crédito creado por los bancos debería significar que en algún lugar y de alguna manera un dólar, euro o peso mexicano está en proceso de crear producción; para repetir, riqueza.

Pero las finanzas están perdidas en su propio mundo, distanciadas del proceso de generación de riqueza productiva, del proceso que crea recursos que pueden ser distribuidos. En este sentido es una forma de desperdicio social.

La especulación es la reina y cuando ésta misma se convierte en fuente insuficiente de recursos o en un mecanismo con riesgos que se consideran excesivos resurge el atesoramiento. El dinero se puede usar para consumir o ahorrar. El ahorro se entiende como la parte no gastada del ingreso, pero queda disponible para que otros lo gasten o inviertan productivamente.

Cuando el riesgo percibido de las transacciones dinerarias crece en demasía se recurre al atesoramiento, sacarlo del circuito productivo. Una forma primordial es tener oro; una indicación de la esencia atávica del valor del metal y lo primitivo de la esencia humana.

Se admite que puede fluctuar mucho su valor, no es fácil deshacerse de él; preferiblemente debería tenerse de modo físico y no mediante un título que ampare la propiedad y esté guardado en alguna bóveda suiza al cuidado de alguien cuya reputación es finalmente desconocida. Eso está ocurriendo ahora de nuevo con el oro, signo de la desconfianza radical en las condiciones económicas y políticas en el mundo.

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Nouriel Roubini: "Es demasiado lo que se ha venido abajo"

El famoso economista norteamericano Nouriel Roubini es uno de los analistas más polémicos del mundo. Lo llaman el Doctor Doom (‘Doctor Muerte’). No suele traer buenas noticias. En esta entrevista hace añicos toda esperanza de una rápida recuperación de la economía.

 

A sus 62 años, Nouriel Roubini es uno de los economistas más prominentes y polémicos del mundo. Profesor en la Stern School of Business de Nueva York, anticipó el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y la crisis financiera de 2008. También fue de los primeros en anunciar el hundimiento de la economía por la crisis del coronavirus.

 

XLSemanal. La pandemia ha puesto de rodillas a la economía mundial, millones de personas han perdido su empleo. ¿Esta crisis es tan grave como la Gran Depresión de los años treinta?

Nouriel Roubini. La debacle es aún mayor que entonces. Aquella vez, la verdadera dimensión de la crisis solo se empezó a vislumbrar años después del crack de 1929. Comparada con la situación actual, fue como una caída a cámara lenta. Esta vez, la economía mundial ha colapsado en cuestión de semanas, 40 millones de personas se han ido al paro solo en Estados Unidos. Muchos creen que la recuperación será igual de rápida, pero es una falacia.

 

¿No cree que vaya a producirse una recuperación en forma de uve, a pesar de los importantes paquetes de estímulo que se están aprobando? Sin ir más lejos, en mayo se crearon 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo en Estados Unidos…

N.R. Sí, pero eso después de que 42 millones de personas hayan perdido el suyo. Como es lógico, veremos una recuperación en la segunda mitad del año, pero no será una recuperación real, será solo una ilusión. La economía se ha desplomado de tal manera que es prácticamente inevitable que acabe repuntando otra vez, pero esa recuperación no compensará en absoluto la caída. A finales de 2021, la economía estadounidense todavía seguirá por debajo de los niveles de 2020, es demasiado lo que se ha venido abajo. La tasa de desempleo oscilará entre el 16 y el 17 por ciento, mientras que durante la pasada crisis financiera se quedó en un máximo del 10 por ciento.

 

Los mercados de valores parecen verlo de otra manera, las acciones cotizan casi al mismo nivel que a comienzos de año.

N.R. Los mercados se engañan. Los inversores están apostando por que habrá más paquetes de estímulo y una recuperación de los beneficios, pero eso, aquí, a la gente de la calle no le dice nada.

 

¿Que a los norteamericanos les da igual la Bolsa? Eso sí que sería una novedad.

N.R. Matizaré mi afirmación: en Wall Street, las que marcan el rumbo son las grandes empresas; en particular, los bancos y las tecnológicas. Ellas sobrevivirán a la crisis porque el Estado nunca dejará que se hundan. Despedirán a trabajadores, reducirán costes y al final tendrán más poder que antes. Pero lo que conocemos como Main Street, es decir, las pequeñas y medianas empresas, no pueden hacer lo mismo, estas simplemente irán a la quiebra. Calculo que la mitad de los restaurantes de Nueva York acabarán teniendo que echar el cierre, pero McDonald’s sobrevivirá. Y eso no es todo.

 

¿Qué más hay?

N.R. El 10 por ciento de los norteamericanos más ricos son dueños del 90 por ciento del capital bursátil, mientras que un 75 por ciento no tiene ni una sola acción. Hay un estudio de la Reserva Federal que dice que el 40 por ciento de los estadounidenses no dispone ni de 400 dólares en efectivo para afrontar posibles emergencias o imprevistos. Y una emergencia es lo que estamos viviendo en estos momentos. El sistema está enfermo, y por eso la gente está echándose a las calles.

 

¿Quiere decir que las revueltas provocadas por la muerte violenta de George Floyd también tienen un trasfondo social?

N.R. Por supuesto. En la zona en la que yo vivo, Bowery, en el Bajo Manhattan, las tres cuartas partes de los manifestantes son blancos. Muchos de ellos son jóvenes y forman parte del precariado urbano: empleados a tiempo parcial, autónomos, personas que trabajan por horas a pesar de que bastantes cuentan con estudios superiores. La mayoría de los trabajadores que no tienen contrato a jornada completa deja de recibir transferencias estatales pasados tres meses. Ya no pueden seguir pagando el alquiler ni la factura del teléfono, les cortan el agua y la electricidad.

 

Esta situación reducirá considerablemente las posibilidades de que Donald Trump salga reelegido, ¿no es así?

N.R. Sí, así es. Pero Joe Biden tendrá que ganar con una diferencia enorme para que Donald Trump se marche de Washington él solo. Y no creo que eso sea lo que vaya a ocurrir. Veo dos escenarios diferentes: o bien Trump conserva el cargo por poco margen -a pesar de que se está desvaneciendo el respaldo que tenía de las clases trabajadoras blancas-, o bien pierde por poco y se niega a aceptar el resultado.

 

¿En serio cree que se atrincherará en la Casa Blanca?

N.R. Por supuesto que sí. Si los resultados son apretados en algunos distritos, Trump no irá a los tribunales para exigir un recuento de votos, lo que hará será culpar a China, a Rusia, a los negros o a los emigrantes, y actuará igual que el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores a tomar las armas; de hecho, ya hay muchos fascistas blancos armados sueltos. Por eso cita tantas veces la Segunda Enmienda, la que permite portar armas.

 

En la enumeración de presuntos culpables ha olvidado usted mencionar a la Reserva Federal. Trump quiere que baje aún más los tipos de interés.

N.R. La Reserva Federal ya ha hecho todo tipo de cosas que no tenía que hacer. Ha rescatado bancos, fondos de riesgo, a inversores financieros y a gestores de fondos patrimoniales inundando de liquidez los mercados. Ha sido una medida correcta a corto plazo para evitar el peligro de deflación, pero la deuda pública es tan elevada que los gobiernos y las empresas solo pueden refinanciarse si los tipos se mantienen ultrabajos. La Reserva Federal tiene que asegurarse de que esto sea así comprando deuda y, por lo tanto, impulsando las cotizaciones y ejerciendo presión a la baja sobre los tipos. A largo plazo no funciona. En ese sentido, la Reserva Federal se encuentra en la misma situación que todos los grandes bancos centrales del mundo.

 

¿Quiere decir que los bancos centrales han perdido su independencia?

N.R. Totalmente. Mire, en diciembre de 2018, Jerome Powell -el presidente de la Reserva Federal- anunció que subiría los tipos de interés y reduciría el balance del banco central suspendiendo la compra de deuda. La respuesta de las Bolsas fue una fuerte caída. Powell tuvo que dar marcha atrás rápidamente, y hoy el balance general de la Reserva Federal es el doble que entonces. A largo plazo, esta situación conducirá a una subida de la inflación.

 

¿Cómo es eso posible, con tanta gente sin empleo y con la economía sin terminar de despegar?

N.R. Porque tendremos un shock de oferta negativo. Puede que suene muy técnico, pero es fácil de explicar.

 

Pues adelante.

N.R. La globalización ha mantenido los costes laborales y de producción muy bajos durante años, aunque solo haya sido por los 2500 millones de trabajadores baratos que hay en la India y China. Pero la globalización ya dejó atrás su punto más alto durante la última crisis financiera, y la pandemia del coronavirus no ha hecho más que reforzar esa tendencia. Últimamente estamos asistiendo a episodios de renacionalización, al desmantelamiento de cadenas de suministro, a un conflicto comercial entre China y Estados Unidos…

 

¿Y por eso es por lo que espera una subida de precios en todos los frentes?

N.R. Tomemos el caso del 5G, por ejemplo. Nokia y Ericsson son en torno a un 30 por ciento más caras y un 20 por ciento menos eficientes que Huawei. Por lo tanto, si un país no se decanta por Huawei para desplegar su red 5G -decisión para la que hay buenas razones de política de seguridad-, automáticamente suben los precios de todo tipo de productos finales, desde tostadoras hasta microondas, porque el 5G va a estar en todas partes. Y eso, en última instancia, acaba derivando en inflación.

 

Pero entonces los tipos de interés tendrían que subir.

N.R. Según los manuales de economía, sí, pero no es lo que va a pasar, porque entonces los estados y las empresas verían saltar por los aires sus presupuestos y balances.

 

¿Le sorprende la enorme cantidad de dinero que los europeos están movilizando para estabilizar sus economías?

N.R. No, realmente no. De lo que se trata en el fondo es de mantener unida la eurozona. Sin un acto de solidaridad, algunos países, especialmente Italia, colapsarían y tendrían que salir de la zona euro. Y entonces todo se habría acabado.

 

Olaf Scholz -el ministro alemán de Finanzas- dijo, con respecto al paquete de ayudas de 500.000 millones de euros que Berlín y París quieren cerrar, que era el momento Hamilton de Europa, en referencia al primer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Alexander Hamilton, el hombre que sentó las bases financieras de la república. ¿Cree que Scholz exagera?

N.R. Claro que exagera. Es un buen paquete de ayudas, pero todavía faltan dos requisitos para poder hablar de unos Estados Unidos de Europa. El primero, la mutualización de las obligaciones: la deuda de Italia sigue siendo la deuda de Italia. Y el segundo, un presupuesto común con un montante significativo, de entre el 20 y el 30 por ciento del PIB, y no del uno por ciento como en la actualidad.

 

Parece que esta vez Alemania está tomando decisiones revolucionarias.

N.R. No se puede decir siempre que no a todo. Berlín no puede oponerse a que el presupuesto europeo crezca y el Banco Central Europeo tenga un papel más relevante y al mismo tiempo sorprenderse si todo se va al garete. Si no se hace nada, Europa está muerta. Por suerte, la canciller Merkel se ha dado cuenta a tiempo de lo mucho que está en juego. Y en estos momentos goza de una popularidad tan alta que es capaz de sacar adelante estas propuestas. Dudo mucho que siga siendo posible con su sucesor, da igual quién acabe siendo presidente de su partido y canciller federal.

 

A todo esto se une que ya hay otra crisis esperando a la vuelta de la esquina: la del brexit. ¿Cree que los británicos acabarán solicitando una prórroga del periodo de transición?

N.R. Hablo mucho con representantes del Gobierno británico y tengo la impresión de que van a optar claramente por un brexit duro. Londres no quiere un acuerdo de libre comercio como el que existe entre la Unión Europea y Canadá, lo que quiere es cortar amarras de una forma nítida. Y eso, obviamente, es una auténtica locura. Los camiones se amontonarán en las aduanas, las Bolsas de Europa se hundirán, la economía británica también, igual que la europea, aunque no con la misma intensidad.

 

¿Hay algo que le haga albergar esperanzas?

N.R. ¿Esperanzas? Déjeme que lo piense… Me parece positivo que los gobiernos hayan reaccionado de forma rápida y enérgica a la pandemia. ¿Pero al margen de eso? Me temo que la próxima década va a estar marcada por la ruina y el desastre. Puede que al final la economía global acabe siendo más sostenible, pero por el momento lo que va a ser es más sombría.

Roubini nació en Estambul hace 62 años. De origen judío-iraní, ha vivido en Irán, Israel e Italia. Doctor en Economía Internacional por Harvard, hoy es ciudadano de Estados Unidos. Trabajó en el Departamento del Tesoro, fue docente en Yale y ahora en Nueva York, donde preside Roubini Global Economics Monitor, una firma de consultoría y análisis financiero.

 

Fuente: https://www.xlsemanal.com/personajes/20200721/nouriel-roubini-crisis-economica-coronavirus-recuperacion.html

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Miércoles, 29 Julio 2020 06:18

Proyecciones preocupantes de la CEPAL

Proyecciones preocupantes de la CEPAL

Con información hasta el 30 de junio del 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, actualizó el impacto regional de la situación económica, afectada por el receso derivado del COVID19. [1] Señala el informe, con base en el Banco Mundial, que “La economía mundial experimentará su mayor caída desde la […]

Con información hasta el 30 de junio del 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, actualizó el impacto regional de la situación económica, afectada por el receso derivado del COVID19. [1]

Señala el informe, con base en el Banco Mundial, que “La economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% de los países, en un proceso sincrónico sin precedentes”.

El dato es en sí mismo muy grave porque afecta al orden mundial emergente en la segunda posguerra, con preminencia del dólar y el poderío ideológico y militar de EEUU.

No se trata de un problema circunstancial, sino y más allá de la disputa con China, como hemos sostenido en varias ocasiones, se constituye en un problema civilizatorio, que trasciende a la economía. No es solo la dominación lo que se discute, sino que la propia supervivencia del planeta y la humanidad está en cuestión por la afectación de la Naturaleza.

Queda claro que, si el tema es global, entonces, la región nuestramericana se ve también afectada, más aún cuando el COVID19 toma a la región como epicentro.

No solo es Brasil o México los que preocupan, con casi 87.000 y 43.000 fallecidos respectivamente, sino que tomando muertes por millón de habitantes encabeza la lista Perú, seguidos por Chile y recién Brasil y México.

Enfatizo este dato, porque ambos países andinos, Perú y Chile, han sido destacados en el último tiempo como los “modelos económicos” a seguir, tomando sus procesos de liberalización económica como paradigmas a imitar.

Las consecuencias de la mercantilización se hacen notar ahora en la pauperización de la población y el deterioro de la salud pública, que recae sobre la población más desprotegida.

Proyecta el informe de CEPAL:

“para el conjunto de la región, una caída promedio del PIB del 9,1% en 2020, con disminuciones del 9,4% en América del Sur, el 8,4% en Centroamérica y México, y el 7,9% en el Caribe, sin incluir Guyana, cuyo fuerte crecimiento lleva el total subregional a una caída del 5,4%”.

En ese marco, es Sudamérica la zona más afectada, con datos por encima del promedio para Brasil con una baja del -9,2%, la Argentina con una caída del -10,5%, Perú del -13% y Venezuela en las peores condiciones del -26%.

Hay que destacar para el caso venezolano, que más allá de los problemas locales, las sanciones y el bloqueo estadounidense perjudican seriamente el funcionamiento económico.

Sobresalen algunos datos sobre la recesión en curso, en especial se menciona que:

“La producción industrial en México cayó un 29,3% interanual en abril, mientras que la actividad total de la economía en el mismo período disminuyó un 26,4% en la Argentina, un 15,1% en el Brasil, un 14,1% en Chile, un 20,1% en Colombia y un 40,5% en el Perú.”

No se trata de la especificidad de una economía, sino que a los problemas locales se suma una situación agravada mundialmente por el coronavirus.

Dimensión social del problema

El impacto es fenomenal para buena parte de la población en Nuestramérica.

“La fuerte contracción en 2020 se traducirá en una caída del PIB per cápita regional del 9,9%. Después de que hubiera prácticamente un estancamiento entre 2014 y 2019 (cuando el crecimiento promedio anual fue de solo un 0,1%), esta caída del PIB per cápita implica un retroceso de diez años: su nivel en 2020 será similar al registrado en 2010.”

Recordemos que, para la década del 80 del siglo pasado, la CEPAL popularizó la frase de la “década perdida”, a propósito de la crisis de la deuda mexicana de 1982 y las secuelas derivadas de la generalización de la hegemonía neoliberal.

Es la década, bajo el liderazgo de Fidel, en la que se intenta crear el Club de los países deudores, para enfrentar al de los acreedores, que estaba bajo la gerencia del FMI.

Se trataba del estancamiento económico en un decenio caracterizado por políticas de ajuste y reforma estructural, las que se generalizaron y popularizaron bajo el designio del Consenso de Washington en los 90.

Así se impusieron las privatizaciones, la desregulación, la liberalización y el aliento a la iniciativa privada con normas orientadas al ajuste fiscal.

Ese saldo se proyectó en el último decenio del Siglo XX como una “media década perdida”, que se sumaba a la anterior.

Los primeros 10 años del Siglo XXI aparecen como de repunte, con crecimiento y distribución del ingreso, producto de la combinación de precios internacionales de exportación en alza y una voluntad política para la mejora en la distribución del ingreso.

El clima de cambio político en toda la región indujo la extensión de las políticas asistenciales, más allá de la orientación a izquierda o derecha de los diferentes gobiernos.

Por eso, resalta el hecho que la CEPAL nos recuerde ahora que el 2020 lleva a la región al nivel registrado en 2010, por lo que consolida otra década perdida, que supone un impacto social regresivo en materia de empleo y pobreza, agravando y consolidando la desigualdad.

El mercado laboral será fuertemente impactado, al comentar la CEPAL que:

“…la tasa de desocupación regional se ubique en alrededor del 13,5% al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (2 puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril de 2020 y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019 (8,1%).”

Afirma que:

“Con la nueva estimación, el número de desocupados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desocupados).”

Agrega que:

“Estas cifras son significativamente mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desocupación se incrementó del 6,7% en 2008 al 7,3% en 2009 (0,6 puntos porcentuales).”

En rigor, no es novedad, ya que la OIT contempla una escalada del desempleo y la informalidad en el ámbito global, con mayor perjuicio hacia las mujeres y los jóvenes.

Así, en un marco de ofensiva del capital contra el trabajo, las condiciones de la recesión mundial y regional consolida la iniciativa capitalista que en la coyuntura aceleró una demanda demorada por el trabajo a distancia, remoto o teletrabajo.

Es parte de la búsqueda por disminuir el costo de producción laboral, transfiriendo a las trabajadoras y trabajadores parte del gasto en mantenimiento de los instrumentos y medios de trabajo.

Por eso no hay que sorprenderse que el mercado laboral haga evidente el costo en términos de ingreso y empleo que demuestran los datos de la CEPAL.

Más grave aún resulta el tema en términos de pobreza e indigencia.

“La CEPAL proyecta que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total de personas en situación de pobreza pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población latinoamericana. Dentro de este grupo, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al 15,5% del total de la población.”

Señala el informe que:

“Los mayores incrementos de la tasa de pobreza (de al menos 7 puntos porcentuales) se producirían en la Argentina, el Brasil, el Ecuador, México y el Perú.”.

Para el caso de la Argentina, la pobreza extrema pasa de 3,8% al 6,9%, con una variación de 3,1 puntos porcentuales de crecimiento; y la pobreza pasa del 26,7% al 37,5%, con 10,8 puntos porcentuales de incremento.

Hace tiempo que la región nuestramericana llama la atención por los niveles de desigualdad, que son crecientes y este informe corrobora.

En esta ocasión no se difunden los datos de la concentración del ingreso y de la riqueza, que agravan la situación de inequidad que configura a Latinoamérica y al Caribe como el territorio de mayor desigualdad en el sistema mundial.

Propuestas de la CEPAL

Sostiene en el informe cuatro líneas de acción:

  1. a) un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social;
  2. b) un bono contra el hambre;
  3. c) el apoyo a las empresas y los empleos en riesgo;
  4. d) el fortalecimiento del rol de las instituciones financieras internacionales.

Parece poco, y discutible, para un diagnóstico tan crudo, aun cuando sustenta medidas urgentes que promueven buena parte de los perjudicados social y económicamente.

Son demandas, las tres primeras, que se sostienen desde las organizaciones sociales y políticas que agrupan en el territorio a los sectores más desprotegidos.

Las dos primeras son sugerencias para la emergencia social y la tercera apunta a contener el entramado de pequeñas y medianas empresas, incluso las “micro”, que son en conjunto, el principal sustento del empleo en todos los países.

Más difícil resulta la última, que remite a un fortalecimiento de organismos que debieran incluirse más como parte del problema que, como solución, más aún cuando detrás del diagnóstico aparece la dependencia financiera y el sobreendeudamiento de varias de las economías con problemas.

Sin ir más lejos, el caso argentino es paradigmático en la coyuntura, cuando se encuentra discutiendo el refinanciamiento de su deuda con grandes Fondos Financieros y con un FMI que hundió al país con un préstamo impagable que condiciona el presente y futuro de la economía y su pueblo.

Es tiempo de pensar en una perspectiva civilizatoria en contra y más allá del capitalismo.

Nota:

[1] CEPAL. Informe especial COVID19, 15/07/2020, en:  https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45782/1/S2000471_es.pdf

 

Por Julio C. Gambina | 29/07/2020 

Julio C. Gambina es presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP

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Un centro religioso acoge enfermos de Covid-19 en Santa Cruz, Bolivia (Juan Carlos Torrejón / EFE)

La región se enquista como principal foco de contagio del virus en el mundo

 

América Latina acumula ya cerca de cuatro millones y medio de casos de coronavirus y se aproxima a las 200.000 muertes. Más de una cuarta parte de los positivos se encuentran actualmente activos, por lo que la región sigue siendo el principal foco de contagio de la pandemia en el mundo. A pesar de que muchos países baten récords de casos y fallecidos, sus gobiernos continúan desescalando el confinamiento por una prioridad económica.

La ONU y distintas oenegés alertan de que las consecuencias sociales pueden ser devastadoras para una población de 630 millones de personas, gran parte de las cuales nunca salió del pozo del subdesarrollo. La tragedia humanitaria causada por la insuficiencia alimentaria ya se empieza a notar en el llamado corredor seco de Centroamérica, Haití, Venezuela, algunas islas caribeñas, zonas rurales andinas de Perú, Ecuador o Bolivia; barrios urbanos con hacinamiento en ciudades como São Paulo, Buenos Aires o Lima; o en situaciones particulares, como la concentración de migrantes venezolanos en Colombia o comunidades indígenas urbanas y rurales de la Amazonia.

 

Los ricos, más ricos

 

El último toque de atención lo dio ayer la oenegé Oxfam al publicar un informe que vaticina que 52 millones de personas caerán en la miseria en el subcontinente como consecuencia de la crisis sanitaria, lo que haría retroceder quince años el combate contra la pobreza. Hace unos días el Programa Mundial de Alimentos de la ONU hablaba de “pandemia de hambre” para referirse a los efectos provocados por la paralización económica a consecuencia de las distintas cuarentenas, en un territorio donde la mitad de la población depende de la economía sumergida y una quinta parte vive en una casa precaria.

“La opción es exponerse al contagio o morir de hambre”, dice el informe de Oxfam. “Para la gran mayoría de la ciudadanía, los confinamientos han acabado por ahogar los magros ahorros o mostrado la vulnerabilidad de unos servicios públicos que no alcanzan a garantizar cobertura ni derechos”, continúa. Paradójicamente, la oenegé denuncia que la brecha social está aumentando y que la renta de los más ricos –los 73 latinoamericanos que poseen una fortuna superior a mil millones de dólares– creció 41.000 millones de euros desde que en marzo se inició la pandemia en el continente. Es más, en estos cuatro meses han surgido ocho nuevos mil millonarios .

“Esta crisis es enormemente compleja”, dice a La Vanguardia Pablo Andrés Rivero desde La Paz. Rivero, uno de los portavoces de Oxfam en Latinoamérica afirma que la pandemia está evidenciando los “problemas estructurales del sistema”. La mayoría de ayudas que están otorgando los diferentes gobiernos a sus ciudadanos para capear el temporal son en forma de créditos, lo que puede agravar la situación incluso después de la pandemia. “Todo eso es una deuda que se va a tener que pagar”, sostiene Rivero.

El estudio de la organización alerta de la pérdida de servicios públicos en una región que ya adolecía de ellos, como queda demostrado ante el desbordamiento de los sistemas de salud de Ecuador o Perú. La pérdida de ingresos fiscales que la oenegé estima para este año en Latinoamérica, de unos 100.000 millones de euros, equivale al 59% de la inversión médica en el subcontinente. Por ello, Oxfam propone establecer de forma inmediata “un impuesto al patrimonio neto de entre el 2 % y el 3,5% a quienes tengan más de un millón de dólares” gracias al cual “los gobiernos latinoamericanos podrían recaudar hasta 14.200 millones de dólares, que podrían ser invertidos en salud pública y protección social”.

Robert Mur, Buenos Aires. Corresponsal

28/07/2020 06:00 | Actualizado a 28/07/2020 10:47

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La trastienda de la negociación de los líderes del bloque para superar las diferencias entre el norte y el sur

Qué significa el histórico acuerdo de la Unión Europea para enfrentar la crisis

Surge una Europa más solidaria, que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados por la pandemia. 

 

Siempre hace falta un primer día para que haya historia. Este martes 21 de julio fue ese primer día, o mejor dicho, el último de 90 horas de transas, portazos, diatribas, insomnios y hasta arrebatos de pugilato que desembocaron en un acuerdo histórico entre los miembros de la Unión europea destinado a reactivar las economías de los 27 países y enfrentar la galopante recesión que dejó la covid-19. Recién en la madrugada del martes las dos fracciones hostiles superaron lo que, hasta el lunes por la noche, se había calificado de “posiciones inconciliables”. Por un lado, la mayoría de los Estados a cuyo frente estaban París y Berlín, ambos partidarios de una ayuda consistente a los países más afectados por la crisis (Italia, España, Grecia, Portugal); por el otro el eje de los llamados “cuatro frugales” compuesto por Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca, más un aliado, Finlandia. Se los llama “frugales” justamente por su inclinación a la disciplina presupuestaria y su oposición radical a una Europa más federal e integrada. 

Cuatro días de negociaciones pugilísticas dieron como resultado eso que los frugales no querían: una Europa que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados donde se incluyen unos 390.000 millones de euros en transferencias directas (subvenciones, de hecho). Muy inspirado en las propuestas franco- alemanas presentadas el pasado 18 de mayo, el plan adoptado diseña a partir de ahora una Europa que antes no existía: al mismo tiempo que se esgrime como una respuesta económica de masa a la crisis de la pandemia, también esboza los contornos de una Europa más federal, más solidaria e integrada. Curiosamente, hasta no hace mucho, esa era la Europa que la canciller alemana Angela Merkel rechazaba. Sin embargo, la agudeza de la pandemia-crisis la llevó a evolucionar en su posición y a aceptar el plan. Si bien es menor a los 500.000 millones solicitados bajo forma de subvenciones directas, el monto no se queda lejos:390.000 millones y, el resto hasta los 750 mil, en préstamos.

El paso no tiene referentes en la historia y, con justa razón, debe estar arrancando lágrimas de bronca en Grecia. Durante la crisis griega, a Atenas le impusieron una troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) y Memorandos de Entendimiento a cambio de un plan de rescate tortuoso. Los 27, juntos, apartaron esa opción y combinaron dos fuentes de financiación: los préstamos y una emisión de la Comisión Europea en los mercados que pagará entre 2026 y 2058. ”Esas noches de negociaciones fueron tórridas y expuestas a todos los golpes”, contaban ayer en la prensa quienes participaron en las maratónicas cesiones. El primer encontronazo se plasmó entre el grupo frugal y los demás en torno al monto de las subvenciones: Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca y su aliado finlandés no querían que las subvenciones superaran 350.000 millones mientras que París y Berlín ponían un piso nunca inferior a 400.000 millones.

Los Países Bajos, por ejemplo, propusieron incluso que el monto no llegase ni siquiera a 100 mil millones. Se consiguieron los 390 mil mencionadas y el grupito rebelde no se fue con las manos vacías: rebaja en sus propias contribuciones financieras, reducción de las subvenciones en el presupuesto 2021-2027. En el medio hubo gente que se levantó de la mesa, que dio un par de puñetazos en la misma y que amenazó con abandonar las negociaciones. La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, tuvo que aplazar su matrimonio por culpa de la cumbre. Según cuentan los testigos, en una de las reuniones Mette Frederiksen se mostró tan cáustica que Macron y Merkel se retiraron de la sala. Antes de este episodio todos participaron en una cena ya retratada como “envenenada” por el clima y otro antagonismo interno cuyos protagonistas fueron los bad boys de la UE, o sea, el Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, y su no menos radicalizado colega de Polonia, Mateusz Morawiecki. El plan de reactivación contenía un mecanismo de salvaguarda por medio del cual se condicionaba la entrega de las ayudas al respeto del Estado de Derecho, principio de cuyos ideales la Polonia y la Hungría actual están muy lejos. Orbán dijo que le querían imponer “una dictadura comunista”. El plan final dejó el tema entre brumas (“un sacrificio doloroso” dijeron algunos) y con la promesa de volver a tratarlo. Se evitó así que Orbán vetara el texto en discusión. Todo era tan incierto que el sábado 18 de julio, a las tres de la madrugada, Merkel y Macron saboreaban un vaso de vino blanco y dudaban realmente si iban o no continuar con las negociaciones.

Apostaron por el sí cuando la fisura entre el Norte y el Sur de Europa parecía más profunda. Por un lado Países Bajos y su insolente y despreciativo Primer Ministro Mark Rutte, por el otro Roma, Atenas, Madrid y Lisboa, considerados por Rutte como incapaces y gastadores. La construcción europea es hija de un compromiso y el de estos días restaura esa regla y, al mismo tiempo, inaugura otra: uno, es la primera vez que la Comisión Europea se endeuda en nombre de los 27 por un monto tan abismal. Antes, la Comisión había emitido deuda en los mercados, pero nunca por más de 100 mil millones: dos, de los 750.000 millones, 360.000 podrán ser prestados a los Estados que lo pidan y son esos mismos Estados quienes devolverán el dinero. Los otros 390.000 millones se transferirán de aquí a 2023 bajo forma de subvenciones, las cuales serán reembolsadas por los 27 países. Con este mecanismo, los europeos mutualizaron la deuda, se endeudaron juntos por 30 años y asumieron así una suerte de conducta práctica y no retórica de solidaridad que los liga más allá de sus sueños….y pesadillas.

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Italia contará con casi 209 mil millones para su recuperación económica 

 

Europa ayuda a Italia con una montaña de euros

Por Elena Llorente

Después de casi cinco días de durísimas negociaciones, los 27 países de la Unión Europea llegaron a un acuerdo sobre el llamado Fondo de Recuperación, las ayudas destinadas a las naciones europeas en serias dificultades económicas a causa de la covid 19, aprobando un total de 750 mil millones de euros. El gobierno italiano, que recibirá casi 209 mil millones, se mostró muy satisfecho por los resultados que ayudarán a relanzar la economía italiana, una de las más afectadas en Europa por la pandemia.

Se habla de que la Unión Europea sufrirá la recesión más grande de su historia y de que la crisis será la más profunda desde la gran depresión de 1929. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), sólo por dar un ejemplo, la desocupación podría llegar a un máximo histórico del 9,4% en promedio a fines de 2020 en los 37 países miembros de esa organización, entre ellos varios europeos, latinoamericanos y asiáticos.

Para Italia, el futuro se presenta más complicado. Las estimaciones de la OCDE hablan de la desocupación en torno al 12,4% a fines de 2020. Pero si la cuarentena debe reimponerse por una nueva agresiva presencia del virus, como se prevé para el otoño-invierno europeo, no habría muchas mejoras en la ocupación italiana. Para el 2021, según la OCDE, y pese a que Italia estaría un poco más preparada para afrontar una nueva cuarentena, se calcula que la desocupación podría llegar al 11.5%. Los fondos europeos negociados esta semana estarán destinados en buena parte a crear fuentes de trabajo.

La insistente oposición llevada adelante por los gobiernos de centro-derecha de Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, entre otros, no impidieron que la UE aprobara el total de 750 mil millones de euros para restaurar la economía europea, 390 mil millones en calidad de subvenciones y 360 mil millones como préstamos. Todo se hará a través de la emisión de Eurobonos.

“Hemos conservado los 81,4 mil millones de euros a fondo perdido que nos había destinado la Comisión Europea en su primer programa, pero hemos incrementado notablemente el importe destinado a los préstamos, que pasaron de 91 mil millones de euros a 127,4 mil millones”, explicó el primer ministro Giuseppe Conte a la prensa sobre los 208,8 mil millones que Italia recibirá. El gobierno italiano está muy satisfecho de los resultados calificados por Conte como “un momento histórico para Italia y para Europa”. El primer ministro anunció además que se creará una comisión especial para un rápido y eficaz uso de ese dinero que para Italia significa el 28% del total del dinero aprobado por la UE. “Tendremos una gran responsabilidad: con casi 209 mil millones de euros Italia puede partir con fuerza y cambiar su aspecto. Pero tenemos que correr”, subrayó el primer ministro.

También el presidente de la República, Sergio Mattarella, manifestó su satisfacción por el “importante resultado del Consejo Europeo que refuerza la Unión y contribuye a la creación de condiciones que permitan a Italia disponer rápidamente de un concreto y eficaz programa de intervenciones”. Y el ministro de Economía, Roberto Gualtieri, del Partido Democrático (PD), contó: “Estamos trabajando para elaborar un programa que relance la economía italiana, que afronte problemas históricos y haga aumentar las inversiones en infraestructuras y digitalización, entre otras cosas”. Según Gualtieri se está elaborando un plan “preciso y detallado” en este sentido, que debería partir en octubre. “El gobierno sale reforzado de estas negociaciones”, concluyó Gualtieri.

El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) -que junto con el PD integran el gobierno de Conte- se dijo igualmente satisfecho. “Es un resultado fundamental para nuestro futuro, fruto del trabajo del primer ministro Conte, de todos los ministros que participaron y del cuerpo diplomático al que agradezco -escribió por su parte en Facebook el ministro de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio, ex máximo dirigente del M5S -. Hoy Europa ha demostrado que ha cambiado: piensa en el interés común de todos los estados miembros. Esto demuestra que es posible una Europa diferente”.

El centro derecha italiano no parece del todo contrario al acuerdo logrado en la UE. Para Silvio Berlusconi, de Forza Italia en efecto, “La de anoche ha sido una noticia positiva para Italia. Pero el camino es todavía largo. Hay que hacer un plan que esté dirigido hacia el futuro y no de tipo asistencial. Y esta vez pedimos al gobierno que la oposición pueda participar de esas decisiones , declaró.

El que se manifiestó contrario, como siempre, a todo lo que hace el gobierno, fue el líder de la ultra derechista Liga, Matteo Salvini. “La Liga ilustrará en breve cuánto dinero llegará de Europa, en cuánto tiempo y para hacer qué cosas. Y así “evitar una estafa grande como una casa que se alcanza a vislumbrar al final del túnel”, dijo Salvini en tácita alusión a eventuales maniobras no transparentes del gobierno y de la UE a la que él combate, como el resto de los derechistas europeos. El líder de la Liga -primer partido de Italia con el 25% de los votos pese que ha perdido algunos puntos según las últimas encuestas mientras el PD ha crecido- se prepara así a las elecciones que se llevarán a cabo en siete regiones italianas, en principio a mediados de septiembre, y en las que se podrá apreciar claramente qué piensan los italianos del gobierno que ha combatido una crisis sin precedentes como la del covid, y de la Liga que se ha limitado a estimular el ultra nacionalismo y la discriminación en todas sus críticas. 

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La Cepal aseguró que el coronavirus podría dejar a casi el 40 por ciento de Latinoamérica en la pobreza

El informe estima que el número de personas en esta situación se incrementará en 45,4 millones en 2020

 

El 37,3 por ciento de toda la población latinoamericana podría verse en situación de pobreza en 2020 debido al impacto de la pandemia del coronavirus, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicado este miércoles.

El informe, titulado ‘Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones’, estima que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, por lo que el total de personas en esa condición pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones este año.

Dentro de este grupo, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al 15,5 por ciento del total de la población.

El documento, presentado por la secretaria ejecutiva del organismo de Naciones Unidas, Alicia Bárcena, plantea que la caída en la actividad económica es de tal magnitud que llevará a que, al cierre de 2020, el nivel del PIB per cápita de América Latina y el Caribe sea similar al observado en 2010. Esto significa que habrá un retroceso de diez años en los niveles de ingreso por habitante.

“Se prevé ahora un aumento también mayor del desempleo, que a su vez provocará un deterioro importante en los niveles de pobreza y desigualdad”, dijo Bárcena.

En concreto, se espera que la tasa de desempleo regional se ubique alrededor del 13,5 por ciento a final de 2020, lo que representa una revisión al alza de dos puntos porcentuales de la estimación presentada en abril y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019, un 8,1 por ciento.

Con la nueva estimación, el número de desempleados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019, cuando se situó en 26,1 millones de desempleados.

El trabajo destaca que estas cifras son "significativamente" mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desempleo se incrementó del 6,7 por ciento en 2008 al 7,3 por ciento en 2009, es decir, 0,6 puntos.

MEDIDAS

El informe de CEPAL reconoce que los países de la región han anunciado grandes paquetes de medidas fiscales para hacer frente a la emergencia sanitaria y mitigar sus efectos sociales y económicos.

Así, las acciones de los bancos centrales de la región han estado encaminadas no solo a atenuar los efectos de la crisis y sentar las bases para una eventual reactivación, sino también a la preservación de la estabilidad macrofinanciera de las economías.

"Los países de la región han anunciado medidas muy importantes, en la medida que se extiende el confinamiento se requieren esfuerzos adicionales para satisfacer necesidades básicas y sostener el consumo de los hogares", ha señalado Bárcena.

No obstante, ha recordado que CEPAL ha propuesto la implementación de un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social y varias iniciativas de apoyo a empresas y trabajadores en riesgo, entre otras medidas.

"Para la implementación de cualquiera de estas líneas de acción es necesario fortalecer el rol de las instituciones financieras internacionales de forma que puedan apoyar mejor a los países", ha concluido Bárcena, que también ha aludido a la necesidad de la cooperación internacional en este sentido.

(Con información de Europa Press)

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