Sábado, 11 Julio 2015 18:32

Evo, la hoz y la cruz

Evo, la hoz y la cruz

Al Papa Francisco le gusta dejar marcas a través de actos simbólicos, como los que hasta ahora le vienen generando tanta gran popularidad en todo el mundo. Y Evo Morales es en ese sentido una de las hormas de sus zapatos. El presidente boliviano ha construido su carrera sindical y política a fuerza de símbolos, cuya motorización le permitió llegar al Palacio Quemado como el primer presidente aymara de Bolivia. Fue Evo uno de los principales artífices, por ejemplo, de la transformación de los cultivos de coca, bajo el fuego de las políticas de erradicación con apoyo de Estados Unidos, en "hoja sagrada" (lo era en el mundo andino pero no con tanta potencia simbólica) y enemblema de la dignidad "contra el imperio". Kawsachun coca, wañuchun, yanquis (viva la coca, mueran los yanquis), era la consigna. Todos recuerdan cuando apenas ganar, Evo resonó al presentarse sin complejos frente al rey Juan Carlos vestido con una chomba (suéter) a rayas, fuera de todo protocolo. Mario Vargas Llosa lo consideró una genialidad de un operador de marketing, pero fue más bien el azar de una maleta hecha a las apuradas. O cuando le regaló un charango forrado de hojas de coca a Condolezza Rice, o un retrato de Bolívar a Álvaro Uribe hecho con collage de esas hojas por el pintor Gastón Ugalde (el colombiano respondió "ojalá la coca solo sirviera para esto").

 

El Papa es peronista, pero Evo también puede ser "peronista" cuando quiere...

 

Si Francisco pasó por Ecuador, donde lo recibió el presidente Correa, un devoto católico social, y la noticia fue la gran cantidad de público, en La Paz, la novedad además de las masas en las calles fue que Morales le obsequió, entre varios regalos, una cruz sobre una hoz y un martillo, una réplica de la construida por el cura hispano-boliviano Luis Espinal. Pero quién era el autor de esa obra se sabría después de cataratas de opiniones en las redes sociales.

 

Francisco lo recibió con sorpresa y - según parece - balbucear en los videos que circulan por la web dice "eso no está bien" (ver: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=B4bFGdmwLkI).

 

 

Más tarde, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó hoy que el papa Francisco "no tuvo una particular reacción negativa". El jueves, todos los diarios –y sitios de noticias– de todo el mundo tienen la noticia de la "cruz comunista". Algunos, en las redes, hablan de una "cruz blasfema", y todos tardaron en encontrar el sentido a ese gesto de Morales que tiñó la visita de Francisco a La Paz, entre un baño de multitudes, y con un discurso que el diario El País consideró "un espaldarazo" para el jefe de Estado boliviano, precisamente cuando empieza a sonar la posibilidad de que busque un cambio constitucional para poder volver a presentarse en 2020 y cuando el país está pendiente de la decisión de la Corte de La Haya, que debe decidir si acepta o rechaza la demanda marítima boliviana contra Chile. Evo metió el tema en su discurso: "Bienvenido, hermano Papa, a una parte de la patria grande a la que se le ha mutilado su acceso al mar". Y el pontífice respondió, en uno de sus discursos: "Estoy pensando en el mar. Diálogo. Diálogo". Música para los oídos a este lado de los Andes y alarma del otro... como escribió Sergio Molina en un artículo en la revista Nueva Sociedad, la cancillería chilena –desde que se anunció su viaje a Bolivia– temía palabras como esas.

 

Evo nunca tuvo demasiada simpatía por la Iglesia católica. En algunos momentos se acercó a los metodistas para marcar distancias y en otras ocasiones la acusó de aliada de la oligarquía o de colonial, pero los lazos –como en otros casos– mejoraron con el Papa argentino. Pese a esa distancia de la curia, o precisamente debido a ella, Evo siempre colocó al cura Espinal en el panteón del nuevo Estado Plurinacional. En su discurso de investidura lo nombró junto a Túpac Amaru, Túpac Katari, Bartolina Sisa, Ernesto Che Guevara y el diputado socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz (también asesinado por paramilitares en 1980). Se trata en todos los casos de líderes/víctimas, a los que a veces suma al presidente Gualberto Villarroel, asesinado y colgado de un farol de la Plaza Murillo en 1946.

 

Muchos escribieron sobre esa cruz en las redes sin saber de dónde venía esa "polémica" cruz. El dibujante Liniers posteó en twitter "Ateísmo comunista + Jesús + Evo + Papa = Post post post modernismo". Una "señora católica" (tal su nombre de twiter) dijo que "Por cosas como esta, Dios le quitó el mar a Bolivia". Otros acusaron de "ignorante" a Evo ignorando ellos el origen de esa cruz.

 

Lucho Espinal fue poeta, periodista, cineasta y jesuita. "Era casi medianoche cuando lo secuestraron en La Paz. Luis Espinal Camps volvía del cine a pie y le faltaba una cuadra para llegar a su casa, pero lo montaron en un jeep. Era casi medianoche cuando lo secuestraron en La Paz. Quiso la accidentada historia de América Latina que Espinal y el obispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero fueran asesinados con un margen de dos días: el primero el 22 y el segundo el 24 de marzo de 1980", recuerda el periodista boliviano Boris Miranda en un artículo publicado en la BBC. Francisco paró su comitiva para hacerle un breve homenaje en las afueras de La Paz (donde fue encontrado su cuerpo). "Espinal predicó el evangelio y ese evangelio molestó. Por eso lo eliminaron", dijo el Papa. El evangelio que molestó no era, sin duda el oficial.

 

Hacia el final de sus días, Espinal fue director del mítico semanario Aquí. Además de quedarse definitivamente en Bolivia, comprometió su vida con las luchas obreras, en las que los mineros eran la vanguardia indiscutida. Su muerte ocurrió poco antes del "golpe" de Luis García Meza, quien suele ser asociado al crimen, que quedó impune. En esa narcodictadura el ministro del Interior Luis Arce Gómez recomendó a los díscolos "andar con el testamento bajo el brazo". El golpe fue en julio pero desde antes los paramilitares comenzaron a asesinar activistas vinculados al movimiento popular y a la izquierda. García Meza dejó sus memorias en el libro Yo dictador.

 

Espinal también se dedicó al producción y a la crítica cinematográfica. En 2007 –recuerda Miranda– el Evo Morales decretó la fecha de su secuestro como el día del cine boliviano. Desde Aquí denunció las injusticias y combatió el orden social, al tiempo que se ponía al servicio de las luchas por la democracia en un periodo marcado por breves gobiernos y brutales golpes de Estado. Sus oraciones eran a quemarropa, como se titula uno de sus libros que compilan sus intervenciones. En uno de sus editoriales escribió: "El periodismo oficial es un periodismo para el consumo; por esto su base es el sensacionalismo; los hechos más llamativos y vistosos; la historia se concibe solamente como narración y espectáculo. Por el contrario, un periodismo popular y progresista va de cara al cambio; y lo que busca es lo más importante, lo más significativo (aunque no sea vistoso) dentro de la dinámica de la historia que se está haciendo. Aclarar la actualidad histórica es indispensable para una ubicación correcta dentro de la acción histórica y política" (Luis Pedrajas, ¡Lucho Vive!, 1999).

 

 

Pero además, Espinal hacía tallados en madera. "Los tallaba sobre todo en fines de semana, con frecuencia para regalarlos a diversos amigos; y siempre con temas adecuados a su situación o reflejando ideas centrales de sus propias vivencias espirituales, cotidianas y políticas", escribió hace poco el también jesuita Xavier Albó. "El tallado de mayor tamaño es sobre la huelga de hambre (por la democracia), con multitud de rostros, simplemente delineados, un hambriento esqueleto en el centro y, en las cuatro esquinas, en diagonal, dos cabezas de animales feroces, una flor y una estrella". Otro fue "la nueva cruz que Lucho acopló al Cristo de sus primeros votos, con un martillo vertical y una hoz horizontal para expresar el necesario pero huidizo diálogo cristiano marxista, con los obreros y campesinos. El que lo hiciera con el Cristo de sus votos muestra cuán adentro sentía la urgencia de tal diálogo". Esta es la cruz de la polémica.

 

Como toda performance, el regalo incomodó al Pontífice. Como toda performance se puede discutir sobre su "oportunidad". Pero al menos trajo al presente a este cura incómodo que escribía cosas como estas. En su escritorio, después de su asesinato, se encontró este texto, "No queremos mártires":

 

"El país no necesita mártires, sino constructores. No queremos mártires, así se queden vacías las horas cívicas. El mártir es un personaje vistoso, demasiado emotivo; es el último refugio para los 'héroes' revolucionarios, sobre todo si proceden de la pequeña burguesía. El mártir es demasiado vistoso, y los personajes vistosos no sirven para el socialismo; piensan demasiado en sí mismos. El mártir es el último aventurero; en otro siglo, pudo haber sido una pirata o un negrero. El mártir es un individualista, equivocado de lado. El mártir es un masoquista; si no puede vencer en el triunfo, procura sobresalir en la derrota. Por esto, le gusta ser incomprendido y perseguido. Necesita al torturador; e inconscientemente lo crea. ¿El mártir no será un flojo? No tiene la constancia para vivir revolucionariamente; por esto quiere morir, en espera de convertirse en personaje de vitrina. Porque el mártir tiene algo de figurón y de torero. El grupo político desplazado tiende a la mística del martirio; procura sublimar la derrota. En cambio, el pueblo no tiene vocación de mártir. Cuando el pueblo cae en el combate, lo hace sencillamente, cae sin poses, no espera convertirse en estatua. Por ello, necesitamos videntes, políticos, técnicos, obreros de la revolución; pero no mártires. No hay que dar la vida muriendo, sino trabajando. Fuera los slogans que dan culto a la muerte. Alguien dijo: 'El peso lo llevan los bueyes, y no las águilas'. Para la revolución social desconfiamos del entusiasmo adolescente. Los mártires son adolescentes. Y hay adolescentes de 50 años de edad. La revolución es algo demasiado serio para tomársela a la ligera. La revolución es violenta: es una operación quirúrgica social; por esto no hay que entusiasmarse con el bisturí. Dicen que la revolución es laica; pero si nos descuidamos podemos caer en todos los mitos idolátricos de culto a la personalidad, al esfuerzo, al melodrama... Pero, revolución y melodrama no combinan. Porque la revolución necesita hombres lúcidos y conscientes; realistas, pero con ideal. Y si un día les toca dar la vida, lo harán con la sencillez de quien cumple una tarea más, y sin gestos melodramáticos".

 

* Doctor en Historia, economista y periodista. Actualmente se desempeña como Jefe de Redacción de la Revista Nueva Sociedad (Fundación Friedrich Ebert). Fue director de Le Monde Diplomatique-Bolivia y miembro del consejo editorial del semanario Pulso. Es coautor de La revolución de Evo Morales (Capital Intelectual), de Debatir Bolivia (Taurus) y Los inconformistas del Centenario. Intelectuales, socialismo y nación en una Bolivia en crisis (1925-1939) (Plural).

 

@ PabloAStefanoni

Panama Revista

http://panamarevista.com/2015/07/10/evo-la-hoz-y-la-cruz/

Publicado enCultura
Domingo, 05 Julio 2015 11:07

Francisco ante el reto latinoamericano

Francisco ante el reto latinoamericano

Quito. El papa Francisco regresa de nuevo a su continente. Hoy inicia una gira en la que visita tres países, del 5 al 13 de julio, precisamente los más pobres de Sudamérica: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Naciones de grandes contrastes, desigualdades y con fuertes raíces indígenas. Francisco estará 48 horas en cada uno, hará siete traslados aéreos, 22 alocuciones y un sinnúmero de reuniones en las que establecerá contacto con miles de personas con un intenso programa. Será su noveno viaje internacional, el tema global anunciado es: unificando la alegría de proclamar el Evangelio en las diversas realidades humanas.


En Ecuador hay un doble sentimiento. Por un lado una gran alegría y expectativa popular de ver, oír y tomar contacto con el admirado Francisco y, por otro, impera la tensión social y política. Tanto gobierno como oposición quieren aprovechar la visita del Papa para posicionar sus trincheras y querellas. Los sindicatos, en especial el poderoso Frente Unitario de Trabajadores, han multiplicado sus protestas tomando las calles; el presidente Correa denuncia un intento de desestabilizar y derrocar su gobierno; mientras la jerarquía llama a no politizar la visita, demanda una tregua estos días. Monseñor David de la Torre, vocero de la conferencia de obispos ecuatorianos, exclamó que el Papa no viene al país para consagrar ninguna ideología y régimen político, sino a anunciar a Jesucristo. Que no es el momento de manifestar ideas o proyectos políticos, ni de armar polémicas ni división.


Francisco está al tanto de las tensiones. Usará la experiencia diplomática milenaria de Roma para entrar con asertividad en contextos tirantes, como hizo en Brasil. Por otro lado, se dará tiempo de masticar hojas de coca en La Paz, Bolivia, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar. También visitará a uno de sus grandes amigos en Guayaquil, en Bolivia visitará una cárcel ciudad de alta peligrosidad y en Paraguay tendrá un particular encuentro con líderes de la comunidad gay.


El pontificado de Francisco ha cambiado la lógica de la presencia del Papa, más que una geopolítica eclesial prioriza la geopastoral. Ha elegido tres países relativamente marginales, son naciones de fuerte tradición católica que en las últimas décadas se han visto sometidas al crecimiento de nuevos movimientos evangélicos y en el caso de Bolivia del resurgimiento de religiones indígenas, como la aymara, movimiento cultural con fuerte respaldo del gobierno de Evo Morales. La tradición de la Iglesia ha tenido gran relevancia en la historia moderna de estos tres países, sin embargo, en los últimos 15 años disminuyó la relevancia de las instituciones eclesiásticas en el debate público. El objetivo de Francisco, será fortalecer a sus Iglesias frente a los cíclicos enfrentamientos de las jerarquías católicas de Ecuador contra Rafael Correa y de Bolivia con el indigenista Evo Morales. En Paraguay aún resuenan ecos del presidente obispo Fernando Lugo, quien se vio obligado a renunciar en medio de escándalos y un polémico juicio político ante reproches de la jerarquía católica.


El papa Francisco ha sido un pontífice que ha roto protocolos y que, a diferencia de sus antecesores, que dieron prioridad a la agenda moral de la Iglesia Católica, ha centrado su interés en la agenda social, que refiere la defensa de los pobres, los derechos humanos y la justicia social. Por ello su interés explícito en gente que se encuentra en la periferia de la vida moderna: los indígenas, pobres, migrantes, los campesinos sin tierra, mujeres, los ancianos excluidos y los jóvenes sin trabajo, vulnerables a crímenes como tráfico sexual. En una entrevista reciente en el centro televisivo vaticano, su secretario de Estado, Pietro Parolin, expuso el sentido de este viaje: América Latina es un continente en pleno cambio, aquí frente a estos nuevos escenarios, la Iglesia ha elegido el camino de conversión pastoral, ha elegido el camino del misionero, el compromiso misionero y, en este sentido, también puede convertirse en un paradigma para muchas otras partes del mundo. Y yo diría que este es el aporte y también vemos que en el magisterio del Papa: este magisterio que tiene sus raíces correctas de Aparecida y que se propone hoy a toda la Iglesia universal. En especial, se guarda gran expectativa a la presencia de Francisco en el segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares en Santa Cruz, Bolivia, grupos cercanos al altermundismo contestatarios al elitismo de los cenáculos de Davos; al mismo tiempo, se recuerda el elocuente el mensaje final, del primer encuentro realizado en Roma en 2013.


La geopastoralidad del papa Francisco busca actualizar a la Iglesia ante cultura, identidades y tecnología de las sociedades contemporáneas. Las iniciativas reformadoras de Francisco parecen no ser acompañadas por su curia romana. ¿Hasta qué punto los episcopados locales pondrán en práctica las iniciativas de Francisco? ¿El papa Bergoglio animará a las iglesias locales a dar continuidad a las recomendaciones de la reunión de Aparecida en 2007? Francisco se presenta como promotor de cambios, pero desde arriba y enfrenta a la inercia de estructuras religiosas conservadoras. Actores reacios a cambiar, porque están instalados en una zona de confort y privilegio. Todo esto hace muy interesante la gira del Papa por estos tres países con sólida presencia católica, que durante las dictaduras militares de los años 70 las Iglesias locales alcanzaron un papel importante en la defensa de los derechos humanos, sin embargo, ahora viven bajo competencia y presión de los nuevos movimientos religiosos que se han expandido por el continente.

Publicado enSociedad
Viernes de terror por los ataques jihadistas

Tres atentados en el mismo día y en tres continentes: una decapitación en Francia, una masacre de turistas extranjeros en Túnez y el asalto a una mezquita chiíta en Kuwait. El "gran enemigo" de los tiempos de Bush se reencarnó con una eficacia letal.


Desde París


Un hilo de sangre de origen jihadista dejó su primera huella en Francia, se expandió en Túnez y terminó en Kuwait. Europa, el Mediterráneo, el Golfo Pérsico, en total, la jornada de viernes dejó un saldo de 63 muertos. El horror irrumpió durante la mañana en la localidad de Saint-Quentin-Fallavier, cerca de la ciudad de Lyon. Yassin Salhi, un hombre de 35 años, señalado por su inclinación a la radicalización islamista, ingresó en la empresa transportadora de gas donde trabajaba, Air Products, y decapitó al gerente. El atacante habría también intentado hacer explotar el auto con el cual accedió al establecimiento. Otras tres personas resultaron heridas durante este operativo al que el presidente francés, François Hollande, calificó de "ataque de naturaleza terrorista". Dentro de la empresa, las autoridades encontraron banderas islamistas y, sobre el cuerpo de la víctima, una serie de inscripciones aún no reveladas.


Las circunstancias completas de lo que, por ahora, parece ser un acto solitario, no se conocen totalmente. Yassin Salhi fue detenido de inmediato por un bombero. Según reveló el ministro francés de Interior, Bernard Cazeneuve, el supuesto terrorista había sido fichado y catalogado en 2006 con la mención "S", es decir, proclive a la radicalización. La mención "S" desapareció de su legajo a pesar de que, en 2011, se lo vinculó con los círculos salafistas de la región de Lyon. Por esta razón, Yassin Salhi fue objeto de vigilancia entre 2011 y 2014. Según el diario L'Est Républicain, el individuo se habría radicalizado tras entrar en relación con un predicador híper virulento de la mezquita de Pontarlier, en la región de Doubs. El ministro del Interior precisó no obstante que el hombre "no era conocido por mantener lazos con actores terroristas". En la localidad de Saint-Priest, donde vivía el agresor, nadie puede creer que ese vecino "sin historias, amable y con hijos muy educados", haya podido cometer un acto semejante. Hasta ahora hay cuatro personas detenidas: Yassin Salhi, su esposa, su hermana y una persona más sobre la cual no se ha suministrado información.


Después de Francia, el horror eligió el Mediterráneo como región y Túnez como objetivo. El único país que después de las revueltas árabes de 2011 logró construir una alternativa democrática fue atacado por segunda vez en lo que va del año. El pasado 18 de marzo, un operativo contra el Museo Bardo, situado en la capital, terminó con la muerte de 21 turistas. Ayer, 26 de julio, a las 11 de la mañana, un individuo abrió fuego contra los huéspedes de dos hoteles ubicados en la región de Susa, junto al puerto de El-Kantaui. Treinta y siete personas, entre ellas varios turistas alemanes, belgas y noruegos, resultaron muertas y hay decenas de heridos. Uno de los hoteles, el Imperial Marhaba, pertenece al grupo español Riu. La información de que se dispone es muy imprecisa. Las agencias de prensa hablan de un comando de tres individuos que desembarcó en la playa antes de abrir fuego. Uno de ellos, el asaltante, murió en el tiroteo mientras que otros dos sospechosos fueron detenidos. El principal protagonista no estaba señalado por los servicios de seguridad. Se trataría de un estudiante oriundo de la región de Kariouan, una de las ciudades santas del Islam, ubicada en el centro del país, que escapó a los radares de los servicios secretos.


Para Túnez es una catástrofe y un golpe mortal al turismo, un sector del que depende la economía tunecina y ya muy afectado por el atentado de marzo pasado. En 2011, el derrocamiento popular del dictador Zine Al Abidine Ben Ali, que dio lugar a las demás revueltas árabes, abrió un período de esperanzas. Túnez fue la única nación de las que se sublevaron contra sus dictaduras que logró salir airosa de la Primavera Arabe. Después de un período de inestabilidad, el país organizó elecciones libres donde participaron todos los grupos políticos y las tendencias confesionales. Túnez se convirtió en un modelo de reconstrucción democrática para todo el mundo árabe. En diciembre de 2014, Túnez eligió al laico Béji Caïd Essebsi como presidente de la república. El jefe del Estado incluyó en su gobierno al movimiento islamista moderado Ennahda y el modelo mostró signos de mucha eficacia y tolerancia mutua. Pero el terrorismo lo sentenció. En los últimos cuatro años este país perdió casi el 50 por ciento del turismo –21 por ciento de enero a junio de este año con un pico de menos 62 por ciento de turistas franceses–. El presidente tunecino dijo ayer que Túnez no podía luchar sola contra el terrorismo e interpeló a la comunidad internacional para que se adoptara una "estrategia global". "Estamos ante un movimiento internacional. Túnez no puede enfrentar solo a los jihadistas. El mismo día, a la misma hora, Francia fue blanco de una acción paralela. Y Kuwait, también. Esa es la prueba de que necesitamos una estrategia global, donde todos los países democráticos unamos nuestras fuerzas." Túnez tiene, además, otro problema, representado por un núcleo muy duro de islamistas radicales. Con 3000 combatientes en el terreno es, por ejemplo, el país de donde proviene el mayor número de combatientes extranjeros que pelean en Siria e Irak junto al Estado Islámico, EI.


Si el atentado en Francia parecía hasta ayer un acto aislado, el de Túnez y el de Kuwait tienen características similares: son blancos emblemáticos y atentados de masa.


En Kuwait, un grupo ultrarradical que se presenta como una rama del Estado Islámico reivindicó el atentado perpetrado dentro de la mezquita Al-Imam al-Sadeq, en Kuwait City. El día, la hora y el lugar no podían ser más simbólicos: el segundo viernes del mes de ayuno del Ramadán, el día y el momento en que los fieles participaban en la plegaria de los viernes. El atentado terrorista fue reivindicado por una extensión del Estado Islámico en Arabia Saudita, la Provincia de Najd. La reivindicación alega que se trataba de atacar un "templo de los renegados". Ese el término con el cual los radicales sunnitas califican a los chiítas.


La extensión de la influencia del Estado islámico, su objetivo declarado de castigar a los chiítas, está desembocando en un trastorno mayor en las regiones de Medio Oriente y del Golfo Pérsico. A diferencia de lo que ocurre en Arabia Saudita, los chiítas de Kuwait (un millón y medio) tienen relaciones tranquilas con el poder central. El Islam sunnita, mayoritario en Arabia Saudita, y el chiíta, de peso global en Irán e Irak, se están ahora confrontando con, como telón de fondo, la guerra sosegada y costosa entre dos potencias regionales y confesionales que son Irán y Arabia Saudita. El salafismo más radical está conduciendo la región a un escenario de sangre y horror.


Tres atentados en el mismo día y en tres continentes distintos y durante la jornada de la plegaria musulmana es enorme. El impacto no puede más que multiplicarse. Aunque nada dice que exista una coordinación previa a estos ataques. Desde hace ya muchos años, el jihadismo no responde más a una estructura vertical ordenada sino a un modo desestructurado de pasar a la acción. La organización de Al Qaida dio lugar a células aisladas o a individuos que protagonizan los ataques, cuando quieren y según el blanco que les resulta más apto. En 2004, uno de los dirigentes de Al Qaida conceptualizó este tipo de operativos con el nombre de "la tercera jihad". En ese documento de 1600 páginas escrito por Abu Mussab al-Souri se preconiza una guerra total, desprendida de toda coordinación operativa central. La realidad muestra la eficacia de esa teoría. Los responsables del atentado contra el semanario satírico francés Charlie Hebdo operaron así. Al Qaida antes, el Estado Islámico ahora. El "gran enemigo" designado por el ex presidente norteamericano George Bush y sus aliados occidentales se reencarnó con una eficacia decisiva, alimentado por los errores garrafales de Occidente y sus "aliados" regionales de las monarquías del Golfo Pérsico, que los financian y alientan mientras las grandes potencias les venden a esos aliados armas, tecnología, clubes de fútbol y hoteles de lujo. La gran cruzada contra el terrorismo ha dejado miles de muertos inocentes y fructuosos contratos en las arcas de Occidente.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


 

El mal Dios


Manuel Jabois 


Tras los atentados asistiremos hoy, entre otros espectáculos, a uno particularmente tóxico: el de ensalzar a las religiones, o sea el de alabar a Dios, para que entre las víctimas no haya daños colaterales en la comunidad islámica. Es una acción rutinaria que suele tener éxito. "Los violentos no son verdaderos gallegos", decía Quintana, como si hubiese una raza superior que solo praticase amor. "No son vascos, son hijos de puta", se cantaba para desligar a los etarras de lo que les llevaba a asesinar, que era el País Vasco. O "esto nada tiene que ver con el fútbol" porque aficionados de dos clubes de fútbol aprovechen un partido para apalizarse.


La tentación es aislar al violento, despojarlo de sus circunstancias y presentarlo en un iCloud junto a otros de su especie para salvar a las almas puras. Cuando Rajoy dice que la "lucha contra el terrorismo nada tiene que ver con las creencias religiosas", emparenta con su antecesor Zapatero, que propuso la Alianza de Civilizaciones, o sea un pacto de dioses, o el arzobispo que después del asesinato de dos militares en Afganistán dijo que aquello "había enfadado a Dios", cuando precisamente se hizo en su nombre.


Debe de ser tan extraño relacionar violencia y religiones que el primer impulso de los gobernantes es llevarse las manos a la cabeza y decir que esto no es cosa de creyentes, el colectivo más pacífico de la historia. Pero el Estado Islámico es una organización de gente que cree en Dios, y el deseo de ese Dios es ver a los infieles sin cabeza. La lucha contra el fanatismo es la lucha contra esa interpretación de la religión, como hay otras tantas interpretaciones que promueven el amor y la piedad, dos aspectos para los que también están dotados los ateos. A esas no hace falta combatirlas, pero tampoco conviene decir lo buenas que son. Porque no son buenas.


En atribuir las buenas acciones a la voluntad de Dios o hacerlas bajo su amparo, o convertir la conducta propia en una especie de transmisión divina según la cual es la religión la que te hace buena persona, hay algo de subterfugio moral, un salvoncoducto de consecuencia escandalosa: si no creyeses en Dios, ¿harías lo contrario? No, Dios no es bueno. Y sí, Dios está detrás del IS, y lo ha estado de la mayoría de horrores de la Historia, y al contrario de los biempensantes de hoy, cuando escucho religión veo violencia, desde la interpretación judeocristiana del Génesis, con un asesinato entre hermanos, hasta Alá en manos de los terroristas.


Un mundo sin Dios sería un mundo objetivamente mejor. Sería, para empezar, un mundo sin coartadas. Tanto para hacer el mal como para hacer el bien.

Publicado enInternacional
Sobre la inútil beatificación de "San Romero de América"

Lo sucedido el domingo 23 de mayo de 2015 en la plaza El Divino Salvador de la capital de la república de El Salvador no fue, como dijeron los apologistas del poder religioso católico, un acto de magnanimidad del gobierno de la iglesia de Roma. Me refiero al acto de beatificación del arzobispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la misa, por orden del mayor Roberto D'Aubuisson, posterior fundador del partido ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista.

 

La beatificación de Romero obedeció –indudablemente– a la política adoptada silenciosa y sigilosamente por el cardenal Argentino Bergoglio desde el momento mismo en el que, elegido Papa, empezó a llamarse Francisco. Para Jorge Mario Bergoglio, cuando ejercía como arzobispo primado de Buenos Aires, la teología de la liberación era un asunto de muchas sospechas y sus seguidores, sujetos del máximo cuidado. Al entonces Cardenal siempre le preocuparon los pobres pero no desde el proyecto de liberación del cual eran y son llamados a ser sujetos, sino desde la pasión porque no le sean seducidos y sustraídos del rebaño sumiso por los proyectos políticos de izquierda. Él siempre miró con malos ojos los proyectos revolucionarios en cocción en el continente latinoamericano. Hoy, al frente del Vaticano, no le preocupa menos que los pobres latinoamericanos, engañados por los papas; polaco y alemán, y por la imposibilidad de hacer históricas liberaciones desde la militancia en credos religiosos, abandonen continuamente su iglesia, para agruparse bajo las toldas políticas de movimientos políticos de tinte revolucionario. El suyo –del papa Francisco– no es el proyecto histórico de la liberación sino el proyecto de recuperación masiva de efectivos católicos. Para lograrlo utiliza, y no sin maestría, la semiótica de las gestualidades y la demagogia de la simplicidad, cosa que en él, desgarbado natural y hombre de pocas vanidades, es asunto que fluye elementalmente y con apariencia de virtud.

 

Las mayorías empobrecidas de El Salvador llevan décadas esperando justicia. Fueron y son muchos sus muertos por obra y gracia de la acumulación de riquezas y tierras en pocas manos, y de los ejércitos oficiales y paramilitares. En tiempos de Romero, lo afirman los analistas del momento, eran 12 las familias poseedoras de todas las riquezas de la nación. Con la bendición del silencio de Roma, las tiranías asesinaron a los líderes e intelectuales católicos que acompañaban las luchas del pueblo. Con permiso del papa Wojtyla, que entendía el asunto como una defensa católica contra el monstruo del comunismo, los pobres, católicos, indígenas y campesinos, cayeron por decenas de miles, sin piedad alguna. La Iglesia que los acompañaba fue silenciada, sus pastores sobrevivientes fueron removidos de sus cargos, contra el derecho mismo de la Iglesia, prematuramente. En su lugar pusieron jerarcas probadamente proclives a los intereses de la ultraderecha criminal. Ese pueblo, con todo, y aunque a las puertas de la desbandada, continúa siendo mayoritariamente católico. La estrategia de número tenía que hacerles una mínima concesión; ésa debía ser, a todas luces, la beatificación de su santo Romero.

 

El pueblo siempre llega primero

 

Los relatos bíblicos aseguran que en momentos cruciales en los que la opresión de los egipcios arreciaba, y ciertas normas religiosas no operaban para encarar al enemigo, el pueblo conversaba, deliberaba y producía cambios. Moisés que era la personificación de la autoridad en nombre de Dios, luchaba contra esas transformaciones y las combatía con pasión hasta cuando se convencía de que el pueblo no volvería atrás lo decidido y puesto en marcha. Era esa el momento en el que el legislador se subía a lo alto para ser visto y oído por todos y con hierático porte de autoridad, decía "a partir de hoy manda Dios..." y le daba estatuto de legalidad a lo ya transformado por el soberano querer de la gente. El pueblo debía reírse del "mandato" legitimador a posteriori; y se reía porque sabía que no eran ni Dios, ni el legislador quienes mandaban, era el pueblo el que hacía los cambios según su talente y las urgencias históricas.

 

Esta ha sido una constante de la humanidad. Hoy y entre nosotros también es así. El lunes 24 de marzo de 1980, por ejemplo, no había caído el sol y ya todo el pueblo salvadoreño tenía declarado santo a Oscar Arnulfo Romero. Y al martes siguiente toda América Latina le rezaba letanías de esperanza "San Romero de América, ruega por nuestras luchas". Sin piruetas burocráticas, sin permiso de poder alguno, sin las manipulaciones mediáticas de milagros inventados, sin pagar un centavo a las curias, sin pudor, sin dudas, el pueblo estaba convencido de que Romero era santo. Santo suyo. Y le rezaba.

 

Los centros de poder siempre llegan tarde y mal

 

El Vaticano llegó con 35 años de tardanza. Y llegó muy mal. Cuando empezó la romanísima misa de beatificación, una coral de estilo español o italiano cantó, y bastante en su versión original, el canto de entrada de la "Misa salvadoreña", la misma que acompañó las luchas en los momentos considerados como el comienzo de la liberación. El mundo escuchó al pueblo entero unido en una sola voz emocionada "Vamos todos al banquete, a la mesa de la creación; cada cual con su taburete, tiene un puesto y una misión". Pero, ¡qué va!, fue un engaño para atraer espectadores y cautivar audiencia. La misa siguió al más puro estilo romano, sin moverse ni un tris de los ritos preestablecidos, romanos, curiales, hieráticos, verticales, incontaminados de emoción. En un primer plano, como un centenar de obispos; en un segundo plano, un millar de sacerdotes. Todos, machos y con ornamentos romanos. Eso no era la beatificación de un hombre del pueblo sino un desfile de machos ensotanados. El pueblo, el de Romero, por el que dio la vida, aquel cuyo lenguaje aprendió a hablar tardíamente, el pueblo cuyas luchas asumió como propias y hasta la sangre, ese pueblo, cuidadamente, calculadamente, estaba bien lejos; ni las mejores cámaras pudieron o quisieron enfocar por un solo momento a las gentes del pueblo que, según se oía, como un grito lejano y silenciado, gritaban consignas de liberación y de justicia. Y ni una sola mujer. Ni una monja, a pesar de que monjas hubo que dieran su sangre por la liberación del pueblo; ni una indígena, ni una campesina, y ellas fueron siempre guardaespaldas del pastor en riesgo y cuidadoras de la revolución.

 

La santidad que vivió y anunció Jesús

 

Jesús, el maestro que ha inspirado la entrega y la lucha de muchas mujeres y hombres en América Latina, moviéndolos a una articulación necesaria entre fe y revolución, vivió y predicó la santidad de otra manera muy diferente a como la conciben los centros de poderes religiosos. Dos testigos cercanos a Jesús traigo a la memoria: Juan y Santiago. Ambos escribieron evangelio y cartas para las comunidades que crecían en memoria del mártir Jesús. La santidad de éste, según el apóstol Santiago, es –y esto nos evoca mucho el principio del "amor eficiente" de nuestro Camilo Torres Restrepo– la entrega eficiente a la causa de los pobres1: "Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de ustedes les dice: Vayan en paz, caliéntense y sáciense, pero no les dan las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?". Juan, por su parte, entiende la santidad predicada por Jesús como una manera de abordar la existencia terrena y las relaciones de amor entre los humanos2: "Si alguien dice: "Yo amo a Dios," pero aborrece a su hermano, es un mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve".

 

Contra las equivocadas lógicas de las iglesias bien montadas y económicamente financiadas y aseguradas, lógicas que concuerdan solamente con las de los centros de poder económico, militar y político excluyentes, tienen los y las creyentes la tarea de desarrollar la liberadora dimensión de la fe que no es otra que su articulación con lo político. Y lo político no puede ser para el creyente honrado, cualquier tipo de políticas sino la del bien común, la que hermane pueblos y naciones, culturas, lenguas, fenotipos, edades, la que afirme los plenos derechos de todos y todo lo existente, incluidos humanos, animales, plantas, tierra, suelo y subsuelo, aire y agua, la que garantice justicia y equidad, cuidado del mundo y racionalidad en el uso de los bienes. Por esa santidad, sobre todo en los dos últimos años de su vida, Óscar Arnulfo Romero se jugó entero en el altar de los pobres y humillados de su patria, y en todos los altares de los empobrecidos de América Latina. Este hombre fue un santo que no necesita ser canonizado.

 

* Animador de comunión sin fronteras Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
1 Santiago 2, 14-17
2 1 Juan 4, 20

 


 

Recuadro

 

San Romero de América, pastor y mártir nuestro

 

Obispo Pedro Casaldáliga
Sao Felix do Araguaia, Brasil

 

El ángel del Señor anunció en la víspera...

 

El corazón de El Salvador marcaba
24 de marzo y de agonía.
Tú ofrecías el Pan,
el Cuerpo Vivo
-el triturado cuerpo de tu Pueblo;
Su derramada Sangre victoriosa
-¡la sangre campesina de tu Pueblo en masacre
que ha de teñir en vinos de alegría
la aurora conjurada!

 

El ángel del Señor anunció en la víspera,
y el Verbo se hizo muerte, otra vez,
en tu muerte; como se hace muerte,
cada día, en la carne desnuda de tu Pueblo.

 

¡Y se hizo vida nueva
en nuestra vieja Iglesia!

 

Estamos otra vez en pie de testimonio,
¡San Romero de América, pastor y mártir nuestro!
Romero de la paz casi imposible en esta tierra en guerra.
Romero en flor morada de la esperanza incólume de todo el Continente.
Romero de la Pascua latinoamericana.
Pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa.

 

Como Jesús, por orden del Imperio.
¡Pobre pastor glorioso,
abandonado
por tus propios hermanos de báculo y de Mesa...!
(Las curias no podían entenderte:
ninguna sinagoga bien montada puede entender a Cristo).

 

Tu pobrería sí te acompañaba,
en desespero fiel,
pasto y rebaño, a un tiempo, de tu misión profética.
El Pueblo te hizo santo.
La hora de tu Pueblo te consagró en el kairós.
Los pobres te enseñaron a leer el Evangelio.

 

Como un hermano herido por tanta muerte hermana,
tú sabías llorar, solo, en el Huerto.
Sabías tener miedo, como un hombre en combate.
¡Pero sabías dar a tu palabra, libre, su timbre de campana!

 

Y supiste beber el doble cáliz del Altar y del Pueblo,
con una sola mano consagrada al servicio.
América Latina ya te ha puesto en su gloria de Bernini
en la espuma-aureola de sus mares,
en el retablo antiguo de los Andes alertos,
en el dosel airado de todas sus florestas,
en la canción de todos sus caminos,
en el calvario nuevo de todas sus prisiones,
de todas sus trincheras,
de todos sus altares...
¡En el ara segura del corazón insomne de sus hijos!

 

San Romero de América, pastor y mártir nuestro:
¡nadie hará callar tu última homilía!

Publicado enEdición Nº 214
"El Estado Islámico promete revancha"

Esterle desmenuza múltiples factores sociales interconectados: los valores republicanos con la discriminación y exclusión de jóvenes de los suburbios y los jóvenes profesionales de clase media que se van a combatir a Siria.


El gobierno de Francia impulsa un proyecto de seguridad en el que todo ciudadano es pasible de ser espiado al estilo Acta Patriota norteamericana, resolución creada por Bush en respuesta a los ataques contra las Torres Gemelas en el 2001. La nueva ley prevé la vigilancia masiva de comunicaciones por celulares y computadoras, afectando el derecho a la privacidad y convirtiendo a todo el mundo en virtual sospechoso. El ataque a la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo, en enero pasado, puso en evidencia fallas de coordinación y prevención de los servicios de seguridad. Para entender el trasfondo del atentado, la socióloga francesa Maryse Esterle desmenuza múltiples factores sociales interconectados, donde se cruzan los valores de la república francesa con una situación de discriminación y exclusión de jóvenes de los suburbios, y el fenómeno de los jóvenes profesionales de clase media que se van a combatir a Siria. La profesora honoraria en la Universidad de Artois dialogó con Página/12 en su visita a Buenos Aires, a donde vino a dar conferencias.


Esterle es autora del libro La pandilla, el riesgo y el accidente, donde estudió a jóvenes entre 18 y 25 años de París con tendencia a la delinquir o cometer accidentes de tránsito. Fue un trabajo de campo en los años noventa, cuando ya planteó una problemática que sigue vigente. Desde el 2000 Esterle se desempeñó como docente e investigadora en el instituto universitario de formación de maestros. Hace doce años escribió el artículo "Cómo se reconoce a un alumno musulmán", a partir de ver que en el colegio se les daba de comer pescado a niños que por su apariencia se creía que eran musulmanes y los demás comían cerdo. "Si se le atribuye a un niño una religión, él va a levantar esa bandera. Planteé que debíamos ser más prudentes y no calificar a una persona con una supuesta pertenencia religiosa por el color de la piel o por tener un apellido árabe", afirma la profesora.


Esterle investiga las raíces de lo que sucedió con el ataque llevado a cabo por los hermanos Cherif y Saïd Kouachi, de 34 y 32 años. Ambos tenían nacionalidad francesa y contaban con un prontuario por terrorismo jihadista. Cree que el fuerte descontento que viven los jóvenes de la periferia de París es sólo la punta del iceberg. "Es evidente que la situación socioeconómica de una capa más desfavorecida de la juventud, que proviene de abuelos o padres de origen magrebí, que no tiene trabajo, es un terreno fértil que permite que crezca en ellos la desesperanza. Es un segmento muy discriminado en el ámbito del trabajo y del ocio." Para la experta, éste es un primer grupo minoritario de jóvenes atraídos por la propaganda del Estado Islámico. "Encuentran en el Estado Islámico una promesa de revancha social, de reconocimiento, la posibilidad de pertenecer a un grupo guerrero con ideología de dominación, ultraviril, que les promete llegar al paraíso al morir como mártires."


Francia quedó en estado de perplejidad por el ataque a los dibujantes y periodistas de Charlie, seguido por una toma de rehenes en un supermercado kosher al día siguiente, una secuencia que interrumpió la tranquilidad parisina habitual. "No vivimos en dictadura, a los periodistas no los matan, hay libertad de expresión", destaca la socióloga francesa y agrega otro dato: la estigmatización de los jóvenes de origen magrebí se acentuó por el contexto internacional y pasaron a ser sospechosos de terrorismo.


Pero existe una realidad de pobreza y falta de integración social. "Cada vez que en Francia tenemos un problema queremos que se respeten los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Desde de mi punto de vista, debemos hablar de la discriminación, pobreza, problemas en la escuela, en las cárceles –donde hay hacinamiento–, en lugar de poner los valores de la república", afirma Esterle.


En el 2006 Charlie Hebdo reprodujo unas viñetas del profeta Mahoma que habían sido publicadas por un periódico danés. "Los que se sienten excluidos se enojan de que se rían de ellos. Estos factores se entrecruzan y llevan a una situación explosiva."


El otro grupo de jóvenes que se sienten atraídos por los jihadistas proviene de la clase media, sin vínculos previos con la religión musulmana y sin origen extranjero. "Hay jóvenes de familias ateas o protestantes que han hecho carreras universitarias y que lo han dejado todo para ir a Siria a combatir con el Estado Islámico. Un perfil que no corresponde al de los agresores de Charlie."


En Francia hay cinco millones de musulmanes, medio millón de judíos, y un movimiento de ultraderecha en ascenso. Los atentados ¿cuánto impactan en el crecimiento de los ultraconservadores? "Impacto tiene, más aún cuando no se plantean los problemas realmente. Después de los atentados pensaba que algunos barrios habitados por inmigrantes magrebíes iban a ser amenazados o atacados. Y no sucedió. Todavía las instituciones funcionan y las personas mantienen su autocontrol."
Ante la aprobación de una ley que apunta al control generalizado del contenido de los mensajes de mails y de celulares, sin necesidad de autorización judicial, la socióloga cree que plantea un problema adicional: a quién le va a servir esta masa de datos y, sobre todo, quién los va a examinar. "Se necesitan agentes más formados, capaces de hacer indagaciones que serían mucho más útiles que millones de datos poco utilizables."


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Domingo, 24 Mayo 2015 06:45

Santa pasteurización

Santa pasteurización

Arnulfo Romero fue canonizado por disposición del Papa Francisco, luego de un proceso de pasteurización. Se ocultan su nexo con la teología de la liberación y el rol que cumplió en su muerte el cardenal Quarracino. Alberto Methol Ferré fue el nexo entre Quarracino, quien rescató a Bergoglio del exilio interior que le había impuesto la Compañía de Jesús, y el actual pontífice. Documentos secretos y el diario de Romero señalan el nefasto papel de Quarracino.


La beatificación del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, en una ceremonia organizada ayer por el Opus Dei, forma parte de una audaz reescritura de la historia y omite por completo la intervención del cardenal Antonio Quarracino en los acontecimientos que culminaron con su asesinato, el 24 de marzo de 1980. El martirio de Romero fue reconocido por un decreto del Papa Francisco, cuya carrera eclesiástica fue impulsada por Quarracino y por el papa Juan Pablo II, quienes lo rescataron del exilio interior al que lo había condenado la Compañía de Jesús por sus posiciones contrarias a la teología de la liberación durante su desempeño como Superior Provincial y Rector del Colegio Máximo. Quarracino propuso, y el Papa Wojtyla firmó la designación de Jorge Bergoglio como obispo coadjutor de Buenos Aires con derecho a sucesión.
Romero, Yorio y Jalics


El asesinato del salvadoreño tiene ostensibles puntos de contacto con el secuestro en la Argentina de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jálics, quienes recuperaron la libertad en octubre de 1976, luego de ciento cincuenta días de privaciones y torturas, en la ESMA y en una casa operativa de la Armada. En marzo de 1977, cinco meses después de la liberación de Yorio y Jálics, los escuadrones de la muerte salvadoreños asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande y a dos campesinos que lo acompañaban. Como el gobierno no investigó el crimen, Romero se negó a oficiar en cualquier ceremonia oficial y a partir de allí asumió un compromiso con los pobres y la teología de la liberación, que además de la ira oficial provocó resistencias en el resto del Episcopado centroamericano y en la Nunciatura Apostólica. Este año, en cuanto se anunció la canonizacion de Romero, su ex secretario y biógrafo monseñor Jesús Delgado, dijo que el beato "de la Teología de la Liberación no supo nada", que esos libros quedaron sin abrir en su biblioteca porque "no quiso informarse de eso, él se fue abriendo el camino con el Evangelio a una teología de Dios presente en los pobres", dijo Delgado.


Cuando el periódico de la diócesis de San Salvador, "Orientación", criticó el asesinato de inocentes en la Argentina por las "fuerzas llamadas de seguridad", la embajada argentina reclamó ante el gobierno salvadoreño.1 Para el embajador argentino Julio Peña, los medios críticos eran "voceros de grupos terroristas".2 El nuncio Emanuele Gerada le informó que sugeriría al Papa el reemplazo del arzobispo Romero, "ante su actitud hostil con autoridades y apoyo a izquierda subversiva". Con el mismo propósito viajó a Italia el canciller salvadoreño. Ambos cuestionaron a Romero por sus "homilías incitando a la rebelión contra el gobierno", su "enfrentamiento con otros obispos" y "la colaboración de sacerdotes con grupos subversivos".3


Ante la creciente hostilidad y las amenazas que recibía, Romero recurrió a Pablo VI. Lo recibió el 21 de junio de 1978, cuando la declinación del Papa Montini, quien estaba por cumplir 81 años, era evidente. Pablo VI le dijo que había que ayudar al pueblo a lograr sus reivindicaciones "pero jamás con odio ni fomentando las violencias" y que las dificultades con las fuerzas dominantes y con los propios colaboradores sólo podían superarse con el amor. Montini le tomó la mano entre las suyas, lo consoló con palabras de afecto, llamó al fotógrafo para que registrara ese momento y le indicó que tratara los problemas concretos con los distintos dicasterios de la curia romana. Esto no era muy alentador. Romero había encontrado en ellos "un criterio negativo, que coincide exactamente con las fuerzas muy poderosas que allí en mi Arquidiócesis tratan de frenar y desprestigiar mi esfuerzo apostólico". El domingo 25 de junio, Romero analizó la situación salvadoreña y la posición vaticana con el Superior General de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, quien "tiene mucha experiencia en las malas interpretaciones que se suelen hacer de las obras de los jesuitas" y le ofreció toda su cooperación, "como de hecho la estamos recibiendo".4

 

En 1975 el papa Pablo había fijado límites a la teología de la liberación en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, que Bergoglio cita con insistencia. Pero Montini murió un mes y medio después de la audiencia con Romero. Su sucesor, Juan Pablo II, convirtió esa crítica en una declaración de guerra a la teología de la liberación. Veía el mundo a través del cristal del anticomunismo polaco. No percibía la diferencia, o no le importaba que la hubiera, entre Mitteleuropa, donde el comunismo llegó tras las orugas de los tanques soviéticos, y Centroamérica, en cuyas luchas populares participaron sectores de la Iglesia Católica, en especial jesuitas. Coincidiría en esto con el gobierno estadounidense de Ronald Reagan, con quien celebraría una estrecha alianza. Según su biógrafo Georges Weigel, Wojtyla criticó ante la asamblea anual de presidentes de la Conferencia Jesuita la actuación de muchos de sus miembros en movimientos latinoamericanos que consideraba de izquierda y con las posiciones críticas de algunos de sus teólogos. 5 El giro que Juan Pablo II decidió imprimir a la Compañía de Jesús era el respaldo que Bergoglio necesitaba para seguir su propia línea de profilaxis ideológica en la provincia argentina de la Compañía de Jesús sin subordinarse al ya muy golpeado Arrupe.


Al mes de la coronación de Wojtyla, la XXXVIII Asamblea Plenaria del Episcopado argentino dispuso que Quarracino redactara el capítulo político del documento que se proponían difundir. El entonces secretario del departamento de laicos del CELAM argumentó que la Asamblea Episcopal nunca había condenado "la campaña exterior adversa al país" ni la "lamentable presencia" de laicos, clérigos y religiosos/as en la guerrilla, y las imprudencias de "varios venerables pastores".6


Quarracino presentó un esquema interpretativo de censura a los que llamó "ataques externos a la imagen del país" y a quienes dentro de la Iglesia vieron "la violencia como solución". 7 Esa era la línea que venía de Roma, donde nadie conocía o se preocupaba por la incongruencia de Quarracino, quien fue el obispo que con mayor insistencia predicó años antes el camino de las armas que ahora fulminaba.


Romero no volvería a escuchar palabras amables en la Santa Sede. Una de las primeras decisiones de Wojtyla fue enviar a San Salvador una misión investigativa de las denuncias contra el diocesano. Ese encargo fue asignado a Quarracino, quien luego de su visita de una semana a San Salvador, informó al Vaticano, pero también a la dictadura argentina, que las denuncias contra el arzobispo eran fundadas, que tal como decía el nuncio Gerada, Romero estaba enfrentado con el gobierno y con los demás obispos salvadoreños, que sus homilías incitaban a la rebelión y que sus sacerdotes colaboraban con grupos subversivos. Así se desprende del facsímil que ilustra esta nota, del 22 de diciembre de 1978. El paso de Quarracino por El Salvador no fue registrado por la prensa del país, según el relevamiento que realizó a mi pedido el especialista en comunicación Oscar Pérez, quien fue colaborador de monseñor Romero. Pero sí es mencionado en el diario personal de Romero, como el hombre que predispuso al nuevo Pontífice en su contra.


Disparen contra los jesuitas


El ascenso de Quarracino se hizo irresistible durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionó al mes siguiente, en enero de 1979. En cuanto su avión despegó de Roma, el Papa convocó a los periodistas y se despachó contra la teología de la liberación porque distorsionaba el Evangelio.8 Y al llegar a Puebla de los Angeles dijo que "esta concepción de Cristo como político revolucionario, como el subversivo de Nazareth, no se compagina con la catequesis de la Iglesia".9 También impugnó tanto la violencia como las desigualdades sociales, con ricos más ricos a expensas de pobres más pobres. Este es el discurso del populismo conservador que reaparecerá en Roma con el papa Francisco.


El diario mexicano Uno más Uno publicó en aquel momento una carta del cardenal conservador colombiano Alfonso López Trujillo al líder de la minoría conservadora del Episcopado brasileño, Luciano Cabral Duarte, muy despectiva contra Arrupe por su apoyo a la teología de la liberación. El obispo salvadoreño Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla acusó de la violencia en su país a los jesuitas que habían viajado a Puebla para argumentar a favor de Romero. Arrupe se reunió una vez más con Romero para analizar los riesgos que estas acusaciones causaban a los jesuitas,10 en una situación de inocultable parecido con la que habían enfrentado en Buenos Aires Yorio y Jalics. El 15 de febrero, el embajador Peña informó que el recibimiento apoteótico a Romero, sería utilizado "por elementos católicos tercermundistas izquierda subversiva".11


Con el apoyo del prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, cardenal Sebastiano Baggio, López Trujillo reemplazó al cardenal brasileño Aloisio Lorscheider en la presidencia del CELAM y Quarracino lo acompañó como Secretario General. Ambos se opusieron a incluir en la declaración final de Puebla la denuncia contra los gobiernos dictatoriales de El Salvador y de Nicaragua pedida por sus respectivos arzobispos. Quarracino escribió que ya no sería posible confundir el significado de "liberación, iglesia popular, evangelización e ideología, las relaciones básicas entre tarea evangelizadora y promoción humana, cristianismo y política".12


El 7 de mayo de 1979 Juan Pablo II recibió en Roma al arzobispo Romero, quien le entregó pruebas de la complicidad oficial con los escuadrones de la muerte y la persecución a la Iglesia13 y una foto tremenda del sacerdote Octavio Ortiz, con el rostro destrozado por un tanque que el Ejército hizo pasar sobre su cabeza. De regreso a San Salvador, durante una escala en Madrid, narró a una profesora de la Universidad Centroamericana el diálogo con el Papa:


–Le recomiendo mantenerse en los principios, con equilibrio y prudencia, porque es riesgoso caer en errores o equivocaciones al hacer las denuncias concretas –le dijo el Papa.


–En casos como éste hay que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto –insistió Romero mientras señalaba la foto del sacerdote.


–Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero...


–¿Y acaso no lo era? –contestó, frío, el Pontífice.


Luego lo instó a lograr una mejor relación con el gobierno de su país porque esa armonía, "es lo más cristiano en estos momentos de crisis".


–Pero, Santo Padre, Cristo en el Evangelio nos dijo que él no había venido a traer la paz sino la espada.
–¡No exagere!14


El Papa le reveló que Quarracino había recomendado la intervención al Arzobispado, como Romero consignó en su diario, preocupado por advertir "que influía una información negativa acerca de mi pastoral".15 Luego de analizar la situación con los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, Romero objetó en una carta al cardenal Baggio "la sugerencia de monseñor Quarracino de nombrar un administrador apostólico, sede plena", porque demostraría "desconfianza acerca del propio obispo".16


Por su parte, el nuncio Gerada le comentó al embajador Peña que "lamentaba que el Vaticano no hubiera tomado aún las medidas propuestas por el obispo de Avellaneda, monseñor Antonio Quarracino, en el sentido de que Romero debía ser llamado al Vaticano para alejarlo de esta arquidiócesis".17


También la embajada argentina en Costa Rica seguía con interés cada paso de Romero. En octubre de 1979, el embajador Arnoldo Listre (un radical balbinista) informó que el arzobispo de San José, monseñor Román Arrieta, le dijo que su colega de San Salvador estaba "copado por elementos extremistas, dentro de los cuales se incluye un grupo de jesuitas radicalizados".18 Romero volvió a Roma en 1980. El 30 de enero asistió a la audiencia general del Papa, donde antes de recibirlo en una salita que utilizaba para audiencias especiales, Wojtyla lo hizo esperar que terminara la actuación de un circo y de un coro polaco. Ya a solas le reiteró sus críticas al papel de la Iglesia salvadoreña.


–No deben tener en cuenta sólo la defensa de la justicia social y el amor a los pobres, porque el esfuerzo reivindicativo popular de izquierda puede dar por resultado también un mal para la Iglesia –le advirtió.


De allí, Romero fue a la casa generalicia de la Compañía de Jesús, donde Arrupe le reiteró su solidaridad y el apoyo de los jesuitas. Al día siguiente, Romero fue recibido por el nuevo Secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli, quien le comunicó "que el embajador de Estados Unidos había venido a verlo con cierta preocupación de que yo estuviera en una línea revolucionaria popular, mientras que Estados Unidos apoya el Gobierno de la Democracia Cristiana". También le advirtió que la defensa de los derechos humanos y las reivindicaciones del pueblo no debían "suponer una hipoteca de la Iglesia y de los sentimientos cristianos ante las ideologías".19


Ya no habría paz para Romero. Listre, cuya principal tarea era presionar para que se clausurara la radio Noticias del Continente, que transmitía en onda corta informaciones sobre la situación represiva en toda la región, informó a su gobierno que monseñor Romero había anunciado que esa emisora de Montoneros transmitiría su homilía dominical en la que denunció amenazas contra su vida.20 El informe omitió que se trataba de una solución de emergencia porque la radio del Arzobispado había sido inutilizada por un atentado explosivo.


El nuncio en Costa Rica, el húngaro Lajos Kada, le recomendó a Romero que estuviera alerta porque había sido condenado a muerte. Kada fue el emisario que Juan Pablo II escogió como nuevo visitador apostólico luego de Quarracino. Reunido con los seis obispos salvadoreños, el 12 de marzo, Kada exigió que Romero cediera en sus posiciones para facilitar la unidad episcopal.

Romero aceptó un equilibrio de sectores, que incluía otorgar la presidencia al vicario castrense, José Eduardo Alvarez Ramírez, acompañado como vice por el único amigo de Romero en el Episcopado, Arturo Rivera y Damas. Pero al momento de la decisión, Rivera y Damas fue soslayado y resultó elegido Aparicio y Quintanilla, quien en una reunión previa había enrostrado a Romero que su "predicación era violenta, subversiva, que estaba dividiendo al clero y a las diócesis" y que sembraba ideas izquierdistas en el Seminario.21


Esta nueva humillación a Romero fue la definitiva. Abandonado por sus hermanos y por la Santa Sede, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en la capilla del Hospitalito, un francotirador lo asesinó con un disparo al corazón. Durante su funeral en la Catedral, explosivos y disparos de metralla causaron otras decenas de muertes y centenares de heridos. No fue un hecho aislado. Dos días antes, paramilitares bolivianos secuestraron, torturaron y asesinaron en La Paz al jesuita español Luis Espinal, director de un semanario y de una radio, que la embajada argentina calificó "de extrema izquierda".22


En 1993 una comisión de la verdad presidida por el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Thomas Buergenthal, y cuya directora ejecutiva fue la experta argentina Patricia Tappatá de Valdez, esclareció que el crimen de Romero fue ejecutado por el escuadrón de la muerte que respondía al ex mayor del Ejército Roberto D'Aubuisson, líder político de la ultraderecha salvadoreña. Cinco días después se dictó una ley de amnistía, convalidada por la Corte Suprema. En 2000, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado salvadoreño había violado el derecho a la vida de Romero y había faltado a su deber de investigar y sancionar a los responsables23 y en 2004 un juez de California, condenó al ex capitán de la Fuerza Aérea salvadoreña Álvaro Saravia a indemnizar con 10 millones de dólares a la familia del asesinado Romero.24


Pero los jesuitas y la teología de la liberación habían recibido un golpe demoledor. Concluido el proceso de pasteurización, Bergoglio puede elevar a Romero sin riesgo a los altares.

 


(1) Carta del embajador Julio Peña al arzobispo Romero, del 31 de agosto de 1977, y nota a la cancillería Nº 340/77 ESALV, del 7 de septiembre de 1977, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(2) Secreto. Nota 250/78 del embajador Julio Peña a la Dirección de Prensa y Difusión de la Cancillería.
(3) Cable 144, Secreto, del embajador en El Salvador Julio Peña, 17 de mayo de 1977. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(4) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 21 y 25 de junio de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL),
(5) "A los 20 años del controvertido padre Arrupe", Intereconomía, España, 9 de febrero de 2011.
(6) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, carta de Quarracino, 11 de octubre de 1978, caja 26, carpeta XXI, documento 17.520, ACEA.
(7) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, esquema propuesto por Quarracino, caja 26, carpeta XXI, documento 17.612, ACEA.
(8) Apuntes personales de Marco Politi, en Carl Bernstein y Marco Politi, Su Santidad. Juan Pablo II y la historia oculta de nuestro tiempo, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996, p. 218.
(9) Juan Pablo II, homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México durante la solemne concelebración con los participantes en la Conferencia de Puebla, 27 de enero de 1979, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1979/january/documents/hf_jpii_spe_19790127_messicoguadalupesacrelig_sp.html.
(10) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 3 de febrero de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(11) Secreto, San Salvador, 8610, del embajador Peña a la Cancillería, 15 de febrero de 1979. Archivo de Culto.
(12) Antonio Quarracino, "Después de Puebla", Clarín, 22 de marzo de 1979.
(13) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(14) María López Vigil, "Piezas para un Retrato", UCA Editores, San Salvador 1993.
(15) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(16) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/03.html
(17) Secreta, 410/79, del embajador Peña al Canciller, 5 de septiembre de 1979, archivo de Culto.
(18) Cable secreto 622/625 del embajador Listre, 16 de octubre de 1979, Culto.
(19) Ibid, 31 de enero de 1980, http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/05.html
(20) Cable secreto N 123 del embajador Listre, 26 de febrero de 1980, Culto.
(21) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/06.html
(22) Cable secreto 288, del 24 de marzo de 1980, DEL EMBAJADOR José María Romero, Culto.
(23) Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe N 37/00, caso 11.481, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, El Salvador, 13 de abril de 2000.
(24) "Condenado en EE UU uno de los asesinos del arzobispo salvadoreño Oscar Romero", El País, Madrid, 5 de septiembre de 2004.
(25) "Segundo Encuentro Latinoamericano sobre Pastoral Castrense", Vicariato Castrense, N 53, abril de 1977, p. 16.
(26) Penny Lernoux, Cry of the People, Penguin Books, Nueva York, 1991, p.,420.
(27) Carta Pastoral País y Bien Común, del 15 de mayo de 1977.
(28) Alberto Methol Ferré, "Análisis de las raíces de la evangelización latinoamericana", Stromata, N 33, 1977, pp. 93-112.
(29) "Después de Puebla", La Nación, 16 de febrero de 1979.
Documento secreto de la Cancillería. Quarracino condenó a Romero ante el Vaticano.

Publicado enSociedad
Viernes, 22 Mayo 2015 15:37

El cura, de parrillero

El cura, de parrillero

En casa del pastor Joel

 

Joel y Sandra hacen una linda pareja. Él, costeño de convencida raigambre, pastor evangélico, teólogo, lingüista, hijo de un luchador de la vieja Anuc. Ella, delicada e inteligente campesina del nordeste antioqueño, teóloga también, licenciada en educación y especialista en animación de grupos. Fue muy rico estar en su casa hace unos días. Debate, proyectos conjuntos y mesa. Sandra me recibió con un lozano "ya era hora de que almorzara en mi casa un cura católico, por aquí han pasado cargas de pastores evangélicos". Cuatro hijos, cientos de feligreses y la convicción de que un día "el reino de Dios" se instalará en la tierra. "¡Cura!, me dijo Joel al son de un tinto, yo sé que vos trabajás con diversidades sexuales y eso a mí no me llega..., no, no me llega a la cabeza". Yo le animé con una figura del mismo talante, "dejá que primero te llegue al corazón" como hacía Jesús de Nazaret con toda la gente y serás capaz de derribar los mitos de la cultura. Conversamos horas, o mejor, yo conversaba, él sólo me escuchaba con el cuerpo, con los ojos, los oídos y con el alma abierta, y me hacía preguntas de todos los tamaños y calados...

 

La historia del cura parrillero

 

Con Joel se conversa sabroso porque, siendo, como es, un hombre muy espiritual, es al mismo tiempo un hombre de alta racionalidad, de buen humor y afinado sentido crítico y convencido de que tiene que darse en todo momento una articulación comprometida entre fe y política desde los empobrecidos. Y porque cuando habla deja que la vida le fluya entre anécdotas y experiencias. Discurre despacio pero sin titubeos y celebra con entusiastas carcajadas de costeño lo que va relatando. Me contó, por ejemplo, que cuando hacía una especialización en Estudios Bíblicos en la Universidad de Antioquia, desarrolló una buena y académica amistad con curas católicos. Pero ninguna como la amistad que entabló con el cura Andrés, joven, extrovertido y pobre todavía pues aún no le habían dado parroquia. Un día el cura católico se le acercó resuelto y le soltó "hombre Joel, llevame en tu moto, yo también trabajo en Bello". Por dos años, el padre Andrés fue el parrillero del pastor Joel. ¡Y nada raro pasó!, ningún templo se deplomó, no chirriaron los techos de sinagoga alguna. Lo triste, remata Joel, fue cuando a Andrés lo nombraron párroco de un santuario grande y emblemático de la ciudad, y a partir de ese momento nunca más quiso abrir a Joel las puertas de su casa parroquial. Tampocó volvió a contestarle al teléfono. Ahí murió lo que el pastor pensaba que era una linda, sincera y "ecuménica" amistad nacida sobre el lomo de una moto.

 

El síndrome del Padre Andrés

 

Joel está convencido de que lo de Andrés no es su culpa. Asegura que su amigo de antaño es víctima, como la mayoría de pastores y curas, de dos factores eminentemente políticos y geopolíticos que tienen muchas manifestaciones enfermizas en los comportamientos de las personas de iglesia y en las iglesias mismas, sobre todo en nuestra América Latina, el factor "extra ecclessiam" y el "factor Rockefeller". La iglesia romana, para justificar sus políticas colonialistas y expansionistas, se fabricó un postulado pseudoteológico que le operó muy bien y favorablemente por siglos –y Joel lo evoca en latín–, "extra ecclesiam catholicam non erit salus –fuera de la iglesia católica no habrá salvación". Por más que pasaron fenómenos como el concilio Vaticano II de los años sesenta del siglo veinte, la iglesia de Roma no quiso bajarse de ese carro ideológico que le ha dado tantas aparentes victorias y que ha puesto en tanta desventaja a las iglesias no romanas.

El segundo factor es el que empezó a suceder en el continente después de 1969, cuando Nelson Rockefeller vino en "visita de amistad" a Centro y Suramérica. "Y nosotros sabemos bien los muchos males que desatan las visitas de amistad de los gringos por todo el mundo", anotó Joel con picardía. Como consecuencia de las recomendaciones del gringo al finalizar la "visita", tomó forma una oleada imparable de multiplicción de iglesias y movimientos contrarios al pacto de las jerarquías católicas a favor de la liberación socio-política de los empobrecidos en el continente, firmado en la asamblea general de obispos en agosto de 1968 en Medellín. Iglesias de todos los pelambres y de todas las alienaciones imaginables, ninguna a favor de la liberación de nuestros pueblos, todas "made in USA" en laboratorios creados para tal fin. Sólo por graficar un poco el problema, lo denominamos "síndrome del padre Andrés", denominación que no parece muy técnica pero que sí retrata muy bien el fenómeno que se resume en "pastor no junta con cura y cura no junta con pastor".

 

Pero es la realidad la que nos junta

 

Discurriendo, discurriendo, fuimos encontrando la salida que habíamos ido a buscar para precavernos ante las muchas y muy activas amenazas del "síndrome del padre Andrés": es fatalmente absurdo que, ante los enormes desafíos políticos que vive el pueblo colombiano en la hora actual, nosotros, cristianas y cristianos, sigamos llevando al cuello, inconcientemente, las pesadas cadenas de la división que nos impusieron; por lo demás, haciendo historia de los comienzos de la que llamamos "fe cristiana", tenemos que reconocer que no fue otro que un campesino pobre de Nazaret el que nos habló de Dios y de sus proyectos para con la humanidad. Ese campesino pobre, Jesús, enseñó básicamente un asunto que se convierte en base y soporte de las luchas libertarias de los pueblos cristianos: que sin hacer justicia a los pobres es imposible conocer a Dios. Y en esa búsqueda de lectura y comprensión de realidades, en la pregunta por el pobre y por quién lo ha vuelto tal, quién lo ha conducido a esa condición de empobrecido, encontramos nuestros caminos comunes, caminos que nos hemos dejado cortar por el "extra ecclesiam" y por el gringo Rockefeller. Quedamos en el compromiso de leer a Jon Sobrino y su tesis de que no es "fuera de la Iglesia" sino "fuera de los pobres" donde "no hay salvación"**. Con ese nuevo equipaje de argumentos volveremos a vernos. Tal vez en mi casa.

 

Noviembre, oportunidad para saldar deudas

 

Justamente lo de noviembre era nuestro tema central. Porque en noviembre nos vamos a juntar en Medellín, y por tres días, en el II Encuentro nacional de la "MEP –Mesa Ecuménica Nacional por la Paz"–, unas mil personas provenientes de todas las formas posibles de vivencia religiosa que hoy en día conviven en Colombia. Nos vamos a reunir en ambiente celebrativo, animados por la presencia mística de los muchos hombres y mujeres mártires de la liberación de nuestro pueblo, con vocación de convocatoria amplia y de articulación política plural de todos los sectores, movimientos y fuerzas de base social del país, con varias preguntas obligatorias y urgentes en el corazón y en los debates: 1) ¿Cuál es la praxis política coherente con la fe cristiana que nos demanda a cristianas y cristianos la insostenible ausencia de democracia en Colombia desde hace varios siglos? 2) ¿De qué manera inteligente y dinámica nos vamos a articular por todo el país, en una gran red de veedurías populares al proceso y posibles acuerdos de paz, las organizaciones de creyentes de base? 3) ¿Cuál es la práctica celebrativa que vamos a adoptar para mantener activa la vigilancia crítica a otras trampas divisionistas que podrían pretender contra nuestra fuerza de unidad? 4) ¿Cuál va a ser nuestro papel y compromisos organizados en la propuesta "otra democracia es posible" que ya suena por todos los rincones y luchas de la geografía nacional?

Lo de noviembre 2015 va a necesitar muchos cerebros pensando en sintonía, y muchas manos trabajando en coordinación, y una radical vocación de unidad popular o, si se quiere leer así, de vital e invencible reedición de la camilista propuesta de un "frente unido".

Tal vez el cura quiera acomodarse de nuevo en la moto del pastor o, sencillamente, asumir un papel y un lugar en la lucha organizada de nuestro pueblo, con vocación de poder popular.

 

* Animador de "Comunión sin fronteras", Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** Sobrino, Jon, "Fuera de los pobres no hay salvación". En: www.envio

Publicado enEdición Nº 213
Tribunal de Egipto condena a muerte al ex presidente islamita Mursi

El Cairo.


El ex presidente egipcio y líder de la Hermandad Musulmana Mohamed Mursi fue condenado a muerte por atacar a la policía y fugarse de prisión durante la rebelión de 2011 contra el gobierno del derrocado Hosni Mubarak. Horas después de esta condena, criticada por Amnistía Internacional y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, dos jueces y un fiscal egipcios, así como su chofer, murieron a balazos en el primer ataque contra magistrados cometido en la península del Sinaí.


El Tribunal Criminal de El Cairo enviará ahora las sentencias a la máxima autoridad legal islámica del país, el gran muftí, para que emita una opinión no vinculante, como establece la legislación. La sesión para confirmar las sentencias tendrá lugar el 2 de junio. El fallo se puede apelar.


Además fueron condenadas a muerte otras 16 personas por conspirar con la organización palestina Hamas y la libanesa Hezbolá para desestabilizar el país. Entre ellas están Jairat al Shater y Mohamed Beltagi, miembros de la cúpula de la Hermandad Musulmana, organización ahora prohibida en el país.


El nombre de Mursi no figuraba entre esos condenados, aunque también el ex presidente estaba acusado de conspirar con esas organizaciones extranjeras.


Mursi pareció estar de buen ánimo mientras estuvo parado en una sala improvisada, en una escuela de policía en las afueras de El Cairo.


En total fueron condenados a muerte más de un centenar de personas, muchas de ellas miembros de Hamas y Hezbolá a los que se dictó la pena capital en ausencia. Amnistía Internacional calificó de farsa el veredicto y afirmó que la pena de muerte se ha convertido en la herramienta favorita de las autoridades para eliminar a la oposición política.


El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, también criticó la decisión: Desgraciadamente, el presidente electo por el pueblo de Egipto, con 52 por ciento de los votos, fue condenado a muerte. Para Erdogan, lamentablemente Occidente sigue haciéndose de la vista gorda.


Mursi ya había sido condenado a 20 años de cárcel en abril, en un primer proceso, por incitar a reprimir a manifestantes opositores el tiempo que estuvo en el poder, entre 2012 y 2013.


Por otra parte, tres jueces fueron asesinados a balazos en la península egipcia del Sinaí, informó una fuente de seguridad.
Los magistrados fueron atacados mientras viajaban en un vehículo por la capital provincial Al Arish. En el incidente también pereció el chofer. Otros dos jueces resultaron heridos. Por el momento no está claro si el atentado está relacionado con las condenas a muerte.

Publicado enInternacional
El humanismo que desestabiliza el poder de las iglesias

A la memoria de
Carlos Gaviria Díaz

Aunque parezca extraño, yo que me he debatido en aguas teológicas, que he sobrevivido en movedizos pantanos eclesiásticos y que he luchado desde las izquierdas cristianas, estoy rindiendo un tributo convencido de valoración y aprecio a la vida, el pensamiento, el compromiso, la coherencia y la radicalidad ética de Carlos Gaviria Díaz.

En un encuentro académico de hace unos tres años con el investigador chileno Patricio Rivas Herrera, en Medellín, él estaba convencido de que "los críticos, los disconformes, los revoltosos, los rebeldes han recorrido un camino que ya lleva siglos" y de que ésos, los esperanzados no conformes, "en sus formas más modernas se agruparon en disciplinados partidos que estallaron hacia el final del siglo XX". Rivas constataba que los disconformes vuelven a articularse disciplinadamente porque la rebeldía de muchos de ellos se había transformado "en un encierro"; y se habían encerrado, justamente, porque, aparentemente, "se habían resignado"**.

Carlos Gaviria es uno de los bastante escasos espíritus lúcidos colombianos que no se permitieron caer en la trampa del encierro, ni en la trampa de la resignada desesperanza, ni en la trampa de la fe acrítica en el sistema que nos regía y rige. Esa alerta militante lo movió a ensayar siempre nuevos y aventurados caminos. Podríamos tal vez decir que uno de sus más osados caminos fue el de haberse movido dentro del sistema, creyendo –como creía– que todo él estaba putrefacto e inoperante y de que debía ser revolucionariamente transformado. Tal vez sea ésa la característica de Gaviria Díaz que más lo perfile como un profeta laico del actuar político desde la perspectiva de las mayorías excluidas. Ésa y la de su alta coherencia entre pensamiento y acción, entre vida privada y pública.

Era un colombiano con probada salud ética, capaz de combinar su crítica a los espíritus sumisos conservando, al tiempo, la disposición para reconocer la dignidad y los plenos derechos de todos, incluidos los de los sumisos.

Siempre se profesó agnóstico pero, al mismo tiempo, nunca ni por motivo alguno, perseguidor de creyentes. Tuvo claridad meridiana, y así lo manifestó ante múltiples auditorios, de que para promover convivencialidad y constitucionalidad en Colombia, tendríamos que radicalizar la diferencia filosófica entre "razón privada" y "razón pública". De acuerdo con la razón privada, una persona o una familia, por ejemplo, podrían profesar, según él, confianza en apariciones de espíritus, de vírgenes y de santos y aún gobernar su vida de acuerdo con los que creían mensajes de la divinidad. Pero si esas personas, influidas en su vida privada por creencias derivadas de su razón privada, llegasen a encontrarse en tareas públicas como educar, administrar, gobernar, legislar, juzgar o controlar, no podrían en modo alguno hacer el ejercicio de lo público de acuerdo con esa su razón o lógica privada. Y tendrían el mandato ético no negociable de cumplir con su encargo público de acuerdo con la lógica o "razón pública" que corre, necesariamente, por caminos diferentes a los de la razón privada. Acorde con eso y como constitucionalista, nunca aprobó ni dio vía libre a la intromisión de la religión, de religión alguna, en los asuntos públicos. Esto se lo cobraron duro, injusta y arbitrariamente periodistas, políticos, legisladores, gobernantes, jueces, controladores y, sobre todo, jerarcas de las grandes iglesias y de pequeños movimientos de creyentes. Gaviria, con dignidad, pagó el costo de su coherencia ética pero jamás transigió con la mediocridad filosófica. ¡Hombre ético nuestro Carlos Gaviria Díaz como casi ningún dirigente religioso o político de Colombia se ha dignado ser! Fue un auténtico profeta laico cuya voz se elevó y se eleva, más que nunca, sobre nuestra Colombia tan enteramente degradada.

Por eso era un colombiano libre y libertario, hombre al que le cupieron en la cabeza, en el corazón, en el razonamiento y en la defensa constitucional, todas las diferencias humanas que puedan habitar a nuestra Colombia. Y la defensa, hasta poner su vida en la picota pública, de los plenos derechos de esos plurales rostros y de esas plurales formas de ser, sentir y existir los individuos y sus colectividades en Colombia. No puedo evitar en este punto, como lectura de cristiano, la comparación de este talante con el de quienes han liderado y lideran iglesias y congregaciones de creyentes a lo largo de la geografía y de la historia de Colombia; éstos suelen ser mezquinos y excluyentes por principio, ungidos para la excomunión y la discriminación, para la persecución y la amenaza, para la bendición de lo que produce males y muertes y para la condena de lo que puja por las libertades plenas; suelen ser palabra y gesto de estigma a lo que mancilla sus moralismos pacatos y a lo que se sale de sus normalizaciones patriarcales, confesionales, occidentales, monoteístas, ortodoxas y heterosexuales de la vida y las costumbres. Gaviria Díaz, como profeta laico –insistimos– fue y es una presencia que perfectamente debería desestabilizar los perversos ordenamientos del mundo impuestos y defendidos a fuego y sangre por las iglesias en Colombia.

Era de izquierda pero no de claustro y por eso supo zafarse a menudo, sin reatos de conciencia política, de los purismos doctrinarios y de las verticalidades disciplinarias de la izquierda que tanta división han provocado en el quehacer libertario del pensamiento crítico y rebelde de Colombia. Para Gaviria primó siempre la causa por sobre las disciplinas de partido. Y primó siempre la conciencia por sobre las conveniencias pragmáticas de los pactos políticos. Y primó la radicalidad filosófica por sobre el espíritu de lucro o ganancia personal. Y primó la vida, la vida de cada viviente humano de esta colombianidad maltrecha, por sobre las seguridades o el reconocimiento de méritos individuales.

¡Si los creyentes fueran como ese buen agnóstico! Si los creyentes católicos, cristianos, judíos, musulmanes, animistas, naturalistas de Colombia y sus jerarcas, guías, gurúes, sacerdotes o pastores fueran como este agnóstico y honrado filósofo que no se atrevía ni a afirmar ni a negar a Dios, estaríamos a las puertas de una transformadora revolución ética del vivir colombiano. Y se anunciaría un nuevo y buen vivir para todas las formas de la vida entre nosotros.

 

* Animador de Comunión sin fronteras, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** Rivas Herrera, Patricio. El sujeto disidente y la probabilidad de sus nuevas alegrías. Conferencia pronunciada ante la alianza de Maestras y Maestros gestores de nuevos caminos, Medellín, 2010.

Publicado enEdición Nº 212
Viernes, 10 Abril 2015 16:26

En torno a El Anticristiano de Nietzsche

En torno a El Anticristiano de Nietzsche

El presente libro muestra que El Anticristiano de Nietzsche –según la traducción propuesta por Gutiérrez Girardot– se inscribe en la "muerte de Dios" que el filósofo alemán proclamó en La Gaya ciencia (aforismo 125), el cual no es preponderantemente un panfleto polémico contra los dogmas o la liturgia cristiana, sino una confrontación con toda la civilización cristiano-occidental, su metafísica y su moral de esclavos que denigra de la vida. En este sentido, “El anticristiano o la muerte de Dios” representa, en verdad, el final de una época y el inicio de una nueva: la era post-cristiana. Esta nueva era es posible por la "rehabilitación de la carne", la recuperación de la sensibilidad que defendieron Feuerbach y Marx, entre otros; el auge de las ciencias naturales y el "desencantamientod el mundo" producto de la sociedad burguesa. 

 

Por estas razones, este es un texto de suma actualidad sobre Nietzsche y tal vez sin par en lengua española, acompañado en esta ocasión de un Estudio introductorio sobre el importante legado intelectual de Rafael Gutiérrez Girardot para la cultura Hispanoamericana.

Publicado enCoediciones