Viernes, 10 Abril 2015 06:22

Francisco o las ambigüedades

Francisco o las ambigüedades

Pedro o las ambigüedades es una novela experimental de Herman Melville. Publicada aún en el aura del éxito de Moby Dick, en principio fue rechazada, por su enigmático e inaccesible estilo (y motivos homosexuales); décadas después fue redescubierta por la crítica y tratada como una joya de ficción sicológica.


Con el papa Francisco (heredero de San Pedro) ocurre algo al revés: desde el principio (casi) todos aplaudieron su estilo y lenguaje directo; pero conforme pasa el tiempo –el 13 de marzo se cumplieron dos años desde su investidura– sus pronunciamientos resultan cada vez más confusos y sus gestos cada vez más efímeros.


Mucha de esta ambigüedad viene de los tiempos cuando Francisco aún era Bergoglio (véase: El Papa de todas las ambigüedades, en La Jornada, 7/4/13), una particularidad que en vez de desaparecer con el cambio de nombre se volvió recurrente en su pontificado.


A pocos días del cónclave, Juan Gelman (1930-2014), el poeta argentino a contrapelo de la euforia que contagió aun a la gente antes crítica a Bergoglio (como Adolfo Pérez Esquivel), recordó una rara historia que tuvo con él en los años 90, cuando aún era arzobispo de Buenos Aires.


Tratando de averiguar algo sobre la suerte de su nieto (o nieta, aún no sabía; en 2010 por fin encontró a Macarena) fue a entrevistarse con él. Su respuesta: No puedo hacer nada. Pero más tarde, declarando como testigo en el juicio por el robo de bebés, Bergoglio puso a Gelman como ejemplo de sus amplios esfuerzos en la búsqueda de los nietos, y aseguró que seguía en contacto con el poeta.


Nunca volví a verlo y por ninguna vía supe de sus presuntas gestiones ni de su falta de éxito, escribió Gelman, poniéndole un nombre a esta actitud –ambigüedad– y lamentando que tan fácil pasan al olvido los costados oscuros del papa Francisco (Página/12, 25/3/13).


Decir una cosa y luego otra. O no decir nada. También le pasa.


Como eso de que este gran defensor de los derechos humanos –que siempre hacía todo para boicotear la búsqueda de justicia en Argentina– nunca dijo nada (¡sic!) sobre los 30 mil desaparecidos durante la guerra sucia (1976-1983). Aún no se ha enterado, dice Rubén Dri, teólogo y ex cura tercermundista (Agencia Paco Urondo, 8/1/14).


O decir demasiado.


Como eso de que se animó a justificar lo injustificable saliendo en defensa de Pío XII, que nunca dijo nada sobre el Holocausto y la suerte de los judíos exterminados por los nazis: Fue el contexto de su tiempo, dijo ( La Vanguardia, 12/6/14).
¿Hablaba sólo del silencio de Roncalli, papa germanófilo para quien Stalin, no Hitler, fue la principal amenaza a la civilización europea? ¿O fue también una voz en su propio caso de silencio ante el genocidio a manos de los militares-trogloditas que –según ellos– defendían del comunismo a la civilización occidental? Desde luego también fue el contexto de su tiempo.
Hasta aquí la historia. Miremos al presente:


• Si bien todos (casi) aplaudieron su apertura hacia los homosexuales (Quién soy yo para juzgar...), pocos notaron que no tocó en absoluto la doctrina sobre el tema; o que comparó las personas trans, con... las armas nucleares –¡sic!–, ambos igualmente peligrosos para la humanidad, o llamó a abolir la ley del matrimonio igualitario en Francia (2015), cosa que no logró parar en Argentina (2010).


• Si bien hay quienes dicen que este es un papa feminista (¡supersic!), su visión hacia el papel de la mujer es igual de progresista que la de... Juan Pablo II; o peor, juzgando por lo que piensa de la teoría de género (el nuevo bogeyman de la Iglesia): una colonización ideológica comparable con nazismo y fascismo (¡sic!).


• O esto: Nadie ha hecho más que la Iglesia en la lucha contra la pederastia, dice Francisco ( Corriere della Sera, 5/3/14), a lo que se antoja contestar simplemente que nadie ha hecho más para generar y luego encubrir estas prácticas.


• Y – last but not least– una frase que sintetiza el maquiavelismo de Bergoglio y su afán de reinventarse en la piel de Francisco: Jamás he sido de derechas ( La Civiltà Cattolica, 20/9/13). ¿No? ¡Viejo zorro! Los engañaste a todos. A la junta que pensaba que eras uno de los duros, al kirchnerismo que pensaba que eras un líder de la derecha peronista y a los curas tercermundistas que creían que estabas en contra de sus ideas cuando hoy resulta que a escondidas simpatizabas con ellos.


Pero lo más ambiguo de Francisco es la brecha entre las expectativas que genera y los hechos. ¿Tiene más razón la gente como Dri que asegura que la suya es la misma Iglesia de Juan Pablo II y Benedicto XVI, sólo con otro ropaje ( idem), o los que dicen que la suya es la misma Iglesia del Concilio Vaticano II (1962-1965) y sus principios renovadores?


Hasta ahora tuvimos el sínodo de obispos donde Francisco orquestó un crash test entre conservadores como él y los sectores más retrógrados –en la Iglesia post wojtyliana ya no hay izquierda– pero el resultado fue sólo mucho polvo y vaguedades; él mismo aseguró que no fue tocado ningún punto de la doctrina de la Iglesia ( La Nación, 7/12/14). Falta la segunda ronda (en octubre), pero ¿de veras alguien cree que por ejemplo en las cuestiones de la sexualidad Bergoglio irá más allá de la encíclica Humanae vitae (1968) con la que Pablo VI frenó la apertura post concilio?


Para eso –y en general para reformar la Iglesia– se necesitaría un debate y una efervescencia teológica como la que hubo en los años 60, que Francisco no es capaz, ni está dispuesto a suscitar. No es un teólogo (ni tiene buenos teólogos); es un pastor que ofrece sólo gestos y soluciones ad hoc (como el trato más humano a los homosexuales).


No es poco, pero no alcanza para cambios duraderos. Él mismo dice que su pontificado será breve de cuatro o cinco años ( El País, 13/3/15); y después de dos apenas, sigue preparando su asalto al poder. Así su apertura corre riesgo de quedarse en lo anecdótico.


Y ahora un golpe así: la prensa italiana revela que el Papa, este campeón de austeridad personal... engordó; too much pizza y postres argentinos ( La Jornada, 3/4/15). Parece que por fin los lobos de la curia se infiltraron al hotel de Santa Marta (y su cocina), dejando al desnudo –de una vez por todas– a Francisco y/o sus ambigüedades.

Twitter: @periodistapl

 

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Sábado, 04 Abril 2015 07:16

Boicot al odio

Boicot al odio

El 7 de agosto de 1930 tres jóvenes aforestadounidenses fueron linchados en Marion, Indiana. El horror del crimen fue capturado por un fotógrafo local. La imagen de los cuerpos colgados y ensangrentados de dos de estos tres jóvenes es una de las más icónicas del sombrío archivo de linchamientos documentados en Estados Unidos. La mayoría de las personas asocia el linchamiento con el sur profundo, los vestigios de la esclavitud y la aplicación de las leyes de segregación racial. Sin embargo, esto sucedió en el norte. Marion está en el norte de Indiana, a mitad de camino entre Indianápolis y Fort Wayne y a alrededor de 240 kilómetros de Chicago. La intolerancia no conoce fronteras.


En la fotografía se ve, parada debajo del árbol de arce de la plaza de los Tribunales de Marion, a la multitud de hombres blancos responsables del linchamiento de los jóvenes. Algunos sonríen a la cámara. Un hombre señala al cadáver de Abran "Abe" Smith, colgado junto al de Thomas Shipp. La tercera víctima, James Cameron, sobrevivió. Era el menor de los tres. Fue golpeado y arrastrado hasta el tronco del árbol, debajo de sus amigos muertos y llevaba una soga alrededor del cuello. Por algún motivo no lo mataron. Posteriormente, fundó cuatro grupos locales de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés), así como el Museo del Holocausto Negro de Estados Unidos en Milwaukee. Fue también director de la oficina de derechos civiles de Indiana.


Sin duda, Indiana no quiere ser recordado por este terrible crimen ni como bastión del odio. Entonces, ¿por qué el gobernador de Indiana, Mike Pence, legalizó una nueva ola de intolerancia al promulgar la controvertida "Ley de Restauración de la Libertad Religiosa"?


Quienes apoyan la ley afirman que defiende la libertad religiosa; quienes se oponen la califican de un ataque apenas encubierto a los derechos de las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero (LGBT). La ley permite a individuos, empresas y comercios negarse a atender a personas LGBT únicamente por motivo de su orientación sexual o identidad de género. Ello ha provocado una ola de fuertes reacciones negativas a nivel nacional. Muchas celebridades, grandes empresas y gobiernos de ciudades y estados condenaron y boicotearan a Indiana. Charles Barkley, ex jugador de básquet de la NBA y comentarista deportivo dijo en una declaración: "Mientras exista legislación contra las personas homosexuales en un estado, creo que los grandes eventos como los 'Final Four' y el 'Super Bowl' no deberían realizarse en ciudades de esos estados". Indianápolis, capital del estado de Indiana, será anfitrión de las semifinales y de la final del campeonato de básquet universitario, conocidos como 'Final Four', que se celebrarán del 4 al 6 de abril.


El entrenador del equipo de básquet masculino de la Universidad de Connecticut, Kevin Ollie, no asistirá a los partidos, en cumplimiento de la prohibición que rige a los empleados públicos del estado de viajar a Indiana con fondos públicos, impuesta por el gobernador Dannel Malloy. Pat Haden, ex jugador de fútbol americano y actual director de deportes de la Universidad del Sur de California, anunció que boicoteará una reunión de fútbol universitario que se realizará en Indianápolis al mismo tiempo que los 'Final Four'. Haden publicó en Twitter: "Soy padre orgulloso de un hijo homosexual. En su honor, no asistiré a la reunión del comité de CFP en Indiana esta semana. Apoyemos la diversidad (#EmbraceDiversity)". Si la Asociación Nacional de Deportes Universitarios (NCAA, por sus siglas en inglés) trasladara a otro estado los partidos finales de la liga universitaria de básquet sería un desastre para Indiana desde el punto de vista económico y destruiría la reputación del gobernador republicano Pence.


Hablando de hijos, Asa Hutchinson, gobernador de Arkansas, donde la legislatura siguió los pasos de Indiana al aprobar esta semana una ley similar a la Ley de Restauración de la Libertad Religiosa, afirmó que no la promulgará. Hutchinson mencionó en su argumentación que su propio hijo firmó una petición en contra de la ley. Supongo que el hecho de que Walmart, la empresa más grande del mundo, se manifestara en contra de la ley debe haber contribuido a su decisión.


La propia Asociación de Deportes Universitarios ha expresado fuerte preocupación con respecto a la ley de Indiana. Pero las reacciones no se limitan al básquet. Hasta la Asociación Nacional de Carreras de Automóviles" (NASCAR, por sus siglas en inglés) anunció que estaba "decepcionada por la legislación recientemente aprobada en Indiana. No apoyaremos ni participaremos en la exclusión ni en la intolerancia. Estamos comprometidos con la diversidad y la inclusión en nuestro deporte", sostuvo NASCAR.


Nueva York y Washington se sumaron a Connecticut en la prohibición a que se realicen viajes a Indiana financiados con fondos públicos, al igual que los gobiernos de las ciudades de Nueva York, Denver, Seattle y San Francisco. Empresas como Nike, Apple y Marriott denunciaron la ley. Angie's List, el popular sitio web de recomendación de servicios para el hogar, decidió no avanzar con la expansión de su sede en Indianápolis, un proyecto que estaba valuado en 40 millones de dólares.


Ante la fuerte presión y tras su rechazo inicial, Pence ha solicitado a la legislatura que "enmiende" la ley y "aclare" que su redacción no permite la discriminación por motivos de orientación sexual. Quienes se oponen a la ley afirman que no se conformarán con menos que su derogación absoluta. Como decía un cartel de protesta: "El odio no tiene aclaración".


La imagen del linchamiento de 1930 en Marion, Indiana, inspiró la canción de Billie Holiday "Strange Fruit". Bob Dylan comienza su famosa canción de 1965 "Desolation Row" con palabras inspiradas en el incidente: "Están vendiendo postales del ahorcamiento". El sobreviviente del linchamiento, James Cameron, es citado en el sitio web del Museo del Holocausto Negro: "El odio es un veneno que corroe por dentro al que odia". Tanto dentro como fuera de Indiana, personas de diversos ámbitos están demostrando que la acción organizada es el antídoto para el odio.

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Martes, 24 Marzo 2015 14:41

Sacar la fe de las iglesias

Sacar la fe de las iglesias

Hubo un método de comunidades cristianas en sectores empobrecidos que hizo pelechar esperanzas por toda América Latina. Esperanzas y acciones. Acciones y procesos. Procesos y revoluciones. La revolución sandinista, por ejemplo, la que derrocó en Nicaragua una dictadura de varias décadas, tuvo ese método como acicate y motor. Llegó de Francia y en nuestras comunidades encontró suelo fértil. Era el final de los años 60 del siglo veinte, efervescentes y revolucionarios. El método juntaba celebración, vida, historia y tarea política, denominada revisión de vida y tenía tres elementos claves: ver, juzgar y actuar. Las iglesias se entendían como grandes comunidades de pequeñas comunidades.

El sujeto del método revisión de vida era una pequeña comunidad estrechamente ligada por circunstancias de vida: pobres, vecinos, se apreciaban, tenían problemas comunes, muchas de las preguntas que planteaban ante la vida les eran enteramente familiares. Se reunían cuando empezaba la noche, arrastrando el cansancio de la jornada, cantaban un poco o conversaban informalmente; sucedía en la vereda o en el barrio, en una piecita de la casa pobre o en un salón de la escuela; se alumbraban con una vela o con un bombillo de poca luz; el grupo era acompañado por un sacerdote, una religiosa, un pastor, un seminarista, una mujer o un hombre de la comunidad con formación para ese servicio. El encuentro tenía lugar, habitualmente, una vez por semana.

El momento del VER. Cada uno contaba, sin detalle, como quien enumera cosas de la vida, un hecho que le había marcado la semana o el tiempo transcurrido desde el último encuentro. Sin juicios, sin opinión, sólo se planteaban, sin demasiado detalle, hechos que habían marcado la semana: una situación con un vecino, un problema con un juez, un acuerdo de convivencia, el atropello de un policía, un maltrato de un empleador, el embarazo de la niña de 13 años, la fiesta del fin de semana, un desalojo, la minga para arreglar la toma del agua o el camino vecinal, la huelga recién iniciada, cómo un compañero o compañera resolvió una situación de injusticia.

El momento del JUZGAR. La persona que animaba el encuentro movía al grupo a seleccionar uno solo de los hechos relatados. No se trataba del hecho más grandioso o espectacular, o del más bien contado, o del relatado por la persona que tenía más influencia o del que más opinión movía. Se escogía el hecho que más importancia tenía para comprender la vida que estaban viviendo y para descubrir la tarea que tenían que asumir, juntando fuerzas, en el momento presente. Una vez seleccionado el hecho sobre el que iban a profundizar, se pedía al compañero o compañera que lo había dado a conocer que lo presentara con mayor detalle: por qué se dio, quiénes lo protagonizaron, en qué circunstancias ocurrió, cómo se resolvió, cómo lo reflexionaron, qué fuerzas se juntaron para afrontarlo, qué consecuencias estaba produciendo. Para juzgar el hecho –y aquí es muy importante la formación del animador o animadora del grupo– se buscaban algunos textos que pudieran dar nueva luz sobre el asunto con preguntas como ¿qué hubiera dicho y cómo hubiera actuado Jesús?, ¿conocemos algún texto del evangelio que nos pueda iluminar para dar un juicio sobre lo sucedido?, ¿qué dicen los teóricos al respecto: los científicos sociales, políticos, defensores de derechos?, ¿alguien puede leer algún otro texto, un cuento, una noticia, un poema, etcétera, que nos dé luces para un buen juicio?. Así equipado, el grupo podía empezar a juzgar con preguntas como, ¿qué conexión tiene lo vivido con la realidad social, política y económica del resto del país?, ¿cómo se conecta ese hecho con lo que sucede en América Latina y en el mundo?, ¿se hubiera podido actuar de otra manera?, ¿conocemos algún movimiento u organización política o social que nos pueda acompañar en el abordaje de hechos similares?, ¿esto les sucede a los más ricos o solamente nos pasa a los empobrecidos?, ¿esto podría ser de otra manera?

El momento del ACTUAR. La pequeña comunidad se declaraba suficientemente iluminada y fuerte espiritual e interiormente para asumir compromisos concretos en relación con los juicios dados al hecho revisado. Era el momento de plantear preguntas por la acción: ¿Cómo vamos a hacer frente a hechos similares en lo sucesivo?, ¿cómo vamos a fortalecer la unidad de vecinos para resolver hechos parecidos?, ¿podemos hacerles frente con eficacia si nos quedamos solos?, ¿qué aliados vamos a buscar?, ¿esos aliados están en las esferas del poder establecido o en las organizaciones populares?, ¿cómo nos podemos articular con otras experiencias de organización del pueblo? Después de estas preguntas, se tomaban unas decisiones concretas que seguirían siendo coordinadas y evaluadas por la propia comunidad.

Pues te cuento, querida lectora, querido lector, que eso sí era una fe viva. La gente solía comentar "¡con razón decía Jesús que llegará un día en el que la verdadera oración no se hará en los templos sino en las calles, en las casas y donde la gente se reúne y lucha!". Lo habitual era terminar la reunión tomando juntos algo sencillo pero acogedor, una aguapanela caliente y un pedazo de pan, comiendo y cantando juntos y evocaban la presencia de Jesús: "Cuando hagan eso, acuérdense que yo estoy en medio de ustedes". Se abrazaban y volvían a sus casas y sentían que algo nuevo había empezado a crecer en sus corazones.

* Animador de Comunión sin fronteras.
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"El Estado no puede tutelar los cuerpos de las mujeres"

"Si mañana me encuentran muerta, dirán que me lo merezco por puta", rezaba uno de los carteles de la Marcha de las Putas que se desarrolló este sábado en Quito, capital de Ecuador. La peculiar convocatoria denuncia la violencia de género y reivindica la libertad sexual y estética de las mujeres y de la diversidad sexogenérica. Cientos de mujeres y actores queer (todos aquellos que se oponen a la heteronormatividad) se asumieron "putas" durante la jornada de hoy como un sinónimo de autonomía.


Con sus cuerpos pintados y ropa llamativa (algunos sin ella), caminaron por el centro norte de la capital, la zona de mayor atractivo turístico. La Policía, a diferencia de años anteriores, obligó a todos los desnudos a vestirse. A un hombre que iba solo con un delantal de cocina lo conminaron a ponerse ropa interior para continuar. Él vestía así porque era parte de su performance: iba limpiando el machismo con un paño y lejía.


El rechazo al Plan Familia Ecuador, nombre de la estrategia de planificación familiar que se estrena este año y que propone la vuelta a los valores, a la familia, y el retraso de las relaciones sexuales, se evidenció en muchos de los carteles que llevó la gente: "Plan Familia no, plan puta sí" o "ni Dios ni Estado". Virginia Gómez de la Torre, del colectivo de Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos, explicó que "la pedagogía del no" generará más problemas entre los adolescentes y que "el Estado no puede tutelar los cuerpos".


Mucha de la indignación que se vio esta tarde se debe a las declaraciones que esta semana hizo el Secretario jurídico de la presidencia, Alexis Mera, en un periódico. "El Estado debe enseñar a las mujeres que es preferible que retrasen su vida sexual y que retrasen la concepción para que puedan terminar una carrera", dijo y añadió que hay un problema de valores en la sociedad y que "las mujeres no se valoran adecuadamente, y se dejan violentar".


Margarita Carranco, reconocida feminista que ahora trabaja por la inclusión y la igualdad en el Municipio de Quito, dijo que "hay que agradecerle a (Alexis) Mera por sus declaraciones porque nos permiten reflexionar sobre nuestros derechos". Explicó también que Quito resistirá a la política nacional sobre sexualidad con el programa del ayuntamiento "Saber pega full", que da información sobre sexualidad y acceso a métodos anticonceptivos para que los adolescentes y jóvenes tomen decisiones acertadas.


Las declaraciones del funcionario público también provocaron que centenares de mujeres salieran a la marcha del pasado 19 de marzo, cuando los sindicatos y movimientos sociales convocaron a una movilización nacional por la pérdida de libertades.


El manifiesto final de la manifestación de este sábado rechazó frontalmente el femicidio, que según los datos de la Fiscalía deja un promedio de 200 víctimas cada año en el país. Para frenar este problema el Estado incluyó en el Código Penal penas de 22 a 26 años de cárcel, pero las sentencias aún son escasas. La sociedad civil ha evidenciado algunos casos a través de las redes sociales como "Justicia para Vanessa", que todavía busca castigo para el hombre que en 2013 golpeó a esta joven con un bate de beisbol hasta matarla.


La Marcha de las Putas es una marca a nivel mundial. Nació como una respuesta indignada al policía canadiense Michael Sanguinetti que soltó un comentario machista en una charla sobre seguridad en 2011: "Las mujeres deben evitar vestirse como putas, para no ser víctimas de la violencia sexual". En Ecuador la marcha se ha realizado desde 2012 y cada vez se han sumado más demandas y más colectivos que aprovechan el mes de marzo, mes de la mujer, para llevar sus reivindicaciones a la calle. Este año también se sumaron trabajadoras sexuales y transexuales.

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Lunes, 16 Marzo 2015 16:52

Un ejército religioso en formación

Un ejército religioso en formación

Gritan como los soldados de las películas. Se retiran marchando, firmes, marciales los días de misa, sábados y domingos. Son los Gladiadores del Altar de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una de las más importantes iglesias pentecostales de Brasil.

 

Meten miedo, ingresan en plena misa, formando filas, marcando el paso. Cuando llegan frente al estrado, se detienen hasta que una voz les indica: "Firmes". Hacen la venia, levantan el brazo hasta la altura de los hombros, todo en perfecta sincronía. Gritan como los soldados de las películas. Se retiran marchando, firmes, marciales. Los feligreses aplauden frenéticamente. Son los Gladiadores del Altar de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una de las más importantes iglesias pentecostales de Brasil.


Decenas de chicos marchan y hacen ejercicios en parques de las principales ciudades, pero sobre todo se movilizan los días de misas, sábados y domingos. Algunos los confunden con pelotones de las escuelas militares, porque los ejercicios son muy similares.


El programa Gladiadores del Altar fue lanzado dos meses atrás y ya cuenta con 4.300 miembros, todos varones jóvenes, que además de las prácticas participan en escuelas de formación sobre la Biblia todas las semanas. Programas similares estaría llevando adelante la iglesia en Argentina y Colombia.
La polémica no se hizo esperar y forzó a la iglesia a sacar de su página los videos de los gladiadores. El diputado federal Jean Wyllys, del Psol, pidió la intervención del Ministerio Público ante lo que calificó de "fundamentalismo religioso" y destacó que la sociedad "no debe cerrar los ojos ante estas cosas" (Zero Hora, 5-III-15).


Un comunicado de la Iglesia Universal destaca que el proyecto Gladiadores del Altar busca rescatar a los jóvenes en situación de riesgo y prepararlos para "servir exclusivamente al Señor". Sin embargo, no son pocos los que, observando los videos, creen que se está forjando una suerte de "dictadura evangélica" y estiman que los comportamientos de los gladiadores, incluyendo su escudo, son similares a los que practicaban los nazis y también los miembros del Estado Islámico.


La polémica está servida. Quien quiera formarse una opinión propia, puede cliquear "Gladiadores do Altar" o mirar el video en Youtube en https://www.youtube.com/watch?v=w9zmcAS_9JA

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La administración social de la sexualidad y las religiosidades en América Latina

El libro, "La administración social de la sexualidad y las religiosidades en América Latina", reúne y articula tres ensayos significativos para asumir la actividad política popular en América Latina.

En la introducción el autor examina la permanencia de la derecha política latinoamericana como dato permanente de su sensibilidad cultural. Los dos siguientes, Economía libidinal y Religiosidades se ocupan de introducir una discusión acerca de los marcos categoriales e imaginarios que permean y obstaculizan las prácticas populares. El énfasis está puesto en el carácter constitutivo de lo político (economía, sexualidad, existencia cotidiana) y la crítica de su 'naturalidad' ideológica. La propuesta incluye la transformación, en un mismo y complejo movimiento emancipador, de subjetividades (espíritu personal y colectivo) y de lógicas que hacen de las instituciones instrumentos de discriminación y dominación.

Lunes, 23 Febrero 2015 16:30

Las iglesias cuentan cuentos

El poder de las iglesias estriba, no en la posesión de la verdad –cosa que nadie posee en el complejo peregrinar de la historia–, sino en su capacidad de inventar cuentos, de contarlos con fuerza de verdad y de imponerlos con el refuerzo de amenaza de castigos ultrahistóricos. Jesús, el de Nazareth, no contaba cuentos. Lo de él eran las parábolas que son cosas bien distintas de los cuentos. Las parábolas de Jesús eran analogías pedagógicas para ilustrar conceptos complejos o lecturas de la realidad ajenas a la mentalidad semita que era la suya y en la que él se movía y predicaba: que la justicia de dios se parece a..., que el reino de dios se parece a..., que la misericordia es como..., que el amor auténtico es como tal o cual..., que la nueva ley de libertad se parece a... Me gusta la definición de parábola que da Abbagnano: "argumento que consiste en aducir una comparación o un paralelo, como cuando Sócrates afirma que no se deben elegir al azar los gobernantes, así como no se eligen al azar los atletas para una competencia".1.

El problema no es que las iglesias cuenten cuentos y obliguen a creerlos con fuerza de disciplinado mandato. El problema está en que lo público se construya y se explique desde el absurdo de los obligatorios cuentos. Y en que los colectivos humanos pretendan hacer historia y hacer política desde la carencia de lógica de los cuentos eclesiásticos. Y en que los individuos sacrifiquen el pensamiento en el altar de los cuentos.

En los "círculos de conversación"2 que animamos con niñas, niños y adolescentes en cualquier empobrecido rincón de las breñas antioqueñas, sucedió algo que es bien ilustrativo y lo voy a relatar: yo mismo animaba un círculo con 14 niñas y niños entre 10 y 11 años. Como es habitual en aquellos espacios, solté la consigna "háblame de vos". Chicos y chicas me miraron a los ojos con un brillito de malicia que parecía decir "como que tengo ganas, como que me da susto...". Uno se atrevió y dijo "cuando vivíamos en la finca, mi abuelito nos contaba que las ánimas conversan por las noches en las cascadas y que por eso uno debe pasar sin detenerse a mirar, puede convertirse en estatua o enloquecer por el miedo...". Obviamente, me percaté de que ese era el cuento. Pero la historia, lo que a mí como investigador me interesaba, ¿dónde estaba la historia? Ah, claro, la historia estaba agazapada en esa forma copretérita de los verbos vivir ("vivíamos") y contar ("contaba"). Sin castigarle el cuento que produjo erizamientos en los compañeritos, me enfoqué en la historia y le pregunté "¿y por qué ya no viven en la finca?"; el niño respondió "porque nos sacaron a la fuerza y nos tocó venirnos con pocas cosas a donde unos parientes que nos recibieron aquí" "Ah, le dije, ¿y por qué ya el abuelo no les cuenta cuentos?"; el niño, con inocultable pesadumbre, respondió "porque a él lo mataron".

¿Por qué a las iglesias no les interesa que las comunidades descubran y cuenten sus historias? Porque, como dice Paulo Freire, el que descubre su historia y se percata de que es una historia de opresión que le ha sido impuesta por los opresores, se convierte en un sujeto de liberación pues descubre la pregunta ¿y mi historia no puede ser distinta? Y, a partir de esa pregunta, empieza el camino político, con otros y otras, de la transformación de la misma. Lo corriente es que quien se zafa del cuento, se zafa también de quien le ha mantenido adormilado en el cuento y resignado en el sometimiento. Las iglesias, -a menos que sean porciones de iglesia comprometidas con las liberaciones históricas de la humanidad-, han sido y son en América Latina, o bien opresoras ellas mismas, o bien aliadas incondicionales e ideológicas de los opresores y no se resignan a que sus seguidores cultiven la fuerza del pensamiento. El que piensa, deja de creer en cuentos. Y deja de gobernar su vida por la irracionalidad de los cuentos. La persona que piensa, como decimos en Colombia, ya no come cuento.

Hay cuatro cuentos absolutamente aberrantes y alienadores que hacen de soportes del poder de las iglesias y que nosotros tenemos –como insoslayable compromiso político– que descodificar, interpretar y falsear. Cuento 1: "Es querer de Dios que nosotros mantengamos y defendamos los poderes establecidos porque devienen directamente de sus santísima voluntad". Según ese cuento, en Colombia Dios es de derecha, de ultraderecha, es neoliberal y patrocina el saqueo de la tierra, la acumulación de las riquezas en poquísimas manos y la muerte de los empobrecidos. Cuento 2: "Los que tocan a los ministros de lo sagrado son pecadores que deben morir porque los ministros de dios son de una masa distinta de la masa humana". Según ese cuento, hay que agachar la testuz ante los atropellos que muchos ministros del altar hacen a los derechos de las personas, a la vida y a la libertad. Cuento 3: "Las iglesias provienen directamente de la expresa voluntad de Dios y por eso sus dogmas, sus códigos de moral y sus liturgias no pueden ser controvertidas". Quiere decir, según ese cuento, que dios es inmovilidad, quietud mortal, resignado fatalismo, aliado esencial de todos los mecanismos de aniquilación y muerte. Cuento 4: "Las iglesias, por querer de Dios, son dueñas de los cuerpos y tienen el derecho y el deber de restringirlos, normatizarlos, castrarlos e impedirlos". La fatalidad de este cuento, del cual se derivan tantísimas neurosis, no necesita más comentarios.

Yo no me siento quién para proponerte, querida lectora, querido lector, fórmulas mágicas para liberarse del fatal poder de los cuentos eclesiásticos. Pero sí puedo decirte que he descubierto y practicado por largos años de mi vida una alternativa a la fe vivida en las estrecheces de las iglesias: la fe vivida, gozada, celebrada, madurada, cantada, bailada, conversada, racionalizada, criticada y comprometida en pequeños círculos hermanados que conversan e idean estilos de vida en libertad y dignidad y asumen las opciones políticas que sean coherentes con esa forma de apasionarse por la vida.

 

* Animador de "Comunión sin fronteras". Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


1 Abbagnano, Nicola, Diccionario de filosofía. Fondo de cultura económica, México, 1994, p. 888
2 Prometo enviar este texto a quienes lo soliciten expresamente por correo electrónico o a través del periódico desde abajo, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enEdición 210
Miércoles, 04 Febrero 2015 06:38

Más cruel que Gengis Kan

Más cruel que Gengis Kan

Así que lo quemaron en el fuego del infierno. Eso es lo que el Estado Islámico quería mostrar al mundo. Una crueldad al estilo Gengis Kan.


Primero el Estado Islámico obligó a los jordanos y a los japoneses a reconocer su poder –ofreciendo un periodista japonés como señuelo de negociaciones– y luego mostró al rey jordano y al primer ministro japonés lo que pensaba de ellos.


Los jordanos habían demandado pruebas de que el teniente Muath Kasaesbeh estaba vivo. Y les dieron la evidencia de que lo estaba cuando fue conducido a su jaula de fuego. El ejército sirio pudo haber advertido al rey Abdalá lo que podía esperar: meses atrás, el Isis prendió fuego a soldados sirios cautivos y luego asó sus cabezas en video. Y nadie dijo una palabra.


Para el rey Abdalá, quien había ofrecido a la fallida atacante suicida Sajida Rishawi en pago por la vida del teniente Kasaesbeh, podría haber alguna terrible ventaja en que hayan quemado vivo al joven piloto, sea que haya perecido mucho antes o no. Esas decenas de miles de musulmanes sunitas jordanos que exigían la libertad del teniente Kasaesbeh saben ahora lo que sus correligionarios musulmanes en Siria e Irak tenían en mente para él. Pero ¿quién entre los árabes no cuestionará también el costo de apoyar la guerra estadunidense contra el Estado Islámico?


En Occidente, donde casi hemos agotado los lugares comunes referentes al odio, describiremos esta versión de Isis de la ejecución en la hoguera como bárbara, abominable, inhumana, apocalíptica, bestial, etc. Los musulmanes podrían reflexionar en que entre los primeros versos del Corán hay una advertencia sobre el doloroso castigo que se infligirá a quienes sólo fingen creer, los monafaqin, que se mienten a sí mismos y no son creyentes verdaderos.


Desde luego, existen los verdaderos creyentes y los no creyentes. Pero también están los simuladores, quienes sufrirán –y aquí uso la más reciente traducción de Tarif Khalidi del libro sagrado del islam– un doloroso castigo. Del cual –y los clérigos del Medievo europeo estarían de acuerdo– los fuegos del infierno son lo más terrible.


Muchos musulmanes podrían ver en la terrible acción del Estado Islámico una pavorosa distorsión del mensaje de Dios. Porque es Dios quien debe infligir el castigo a los simuladores. Dios será el juez en el Día del Juicio. No Abú Bakr Bagdadi ni los miembros del Isis que filmaron la jaula y al pobre hombre retorciéndose en el tormento bajo el torrente de gasolina. Por supuesto, queda al mundo musulmán decidir sobre esta extraña interpretación, pero habrá montones de líderes despiadados –viene a la mente Bashar Assad de Siria, ahora que hemos concluido que sus enemigos son aún más horribles que él– que se beneficiarán de esta crueldad.


Mucho antes de que el Isis masacrara al ejército iraquí y a los chiítas de Irak, y pusiera en fuga a los pueblos cristianos y yazidíes, desmembraba los cuerpos de los partidarios del gobierno sirio y enviaba videos de su decapitación a sus familias antes de mostrarlos a un público que en su mayoría prefería mirar hacia otra parte. No es el Estado Islámico el que ha cambiado. Somos nosotros.


Nuestra intolerancia de los autócratas de Medio Oriente –de los Sisi y los Assad, de la monarquía hachemita, de los vacilantes príncipes del Golfo, incluso del supremo líder de Irán, el ayatola Jameini– está cambiando a la vista del califato. Todos deben volverse nuestros moderados una vez más, los que quieren unirse contra el terror, ahora que presenciamos los fuegos infernales en Raqaa y Mosul.


Para el Estado Islámico, sus enemigos musulmanes deben ser, por definición, traidores a la fe. Y por eso podríamos leer la traducción de Khalidi con especial cuidado. "Y si alguien les dice, 'No siembres la discordia en la tierra', contestarán: 'Sólo buscamos unir a la gente'. Que es lo que dicen los moderados, desde luego. Y el pobre teniente Kasaesbeh en su agonía.


Traducción: Jorge Anaya

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Viernes, 30 Enero 2015 10:24

La islamofobia y el islamofascismo

La islamofobia y el islamofascismo


Disculpen la enésima paráfrasis, pero hay nuevos fantasmas que recorren Europa.

Bueno, no tan nuevos, pero después de los ataques en París rondan recargados de fuerzas nuevas, dominando la agenda oficial.

Y sus nombres son: la islamofobia (cuyo trato varía desde ninguneo, verdadero motivo de preocupación, hasta una legítima reacción a la amenaza musulmana) y el islamofascismo (léase: fundamentalismo/yihadismo).

Era de esperar. Algo de veras huele mal. Sólo que en las entrañas del mismo viejo continente, donde se descomponen la democracia liberal con su modelo de (no)representación política y el sistema capitalista-neoliberal, con su modelo de inclusión – pardon, exclusión– social.

Un fétido viento de racismo recorre Europa, escribe Shlomo Sand, académico israelí que vivió años en Francia, apuntando a inmigrantes musulmanes relegados a los peores empleos y a la vida en guetos ( Counterpunch, 16-18/1/15).

Alain Gresh, de Le Monde diplomatique, es aún más categórico: Islamofobia empieza a ser un racismo no declarado del Estado francés ( Middle East Eye, 14/1/15). Solo el premier Manuel Valls no está enterado: para él no existe islamofobia; es un término del que abusan los apologetas del islam para acallar las legítimas críticas a esa religión (sic), dice colgándose del debate suscitado hace tiempo por Salman Rushdie (véase: The Atlantic, 16/1/15).

¡Qué chulo! Algo que con el... antisemitismo –recordemos–, un término del que abusan los apologetas de Israel para acallar las legítimas críticas al sionismo (pero que sí existe).

¡Doble estándar at its best!

Algo de lo que pecaba también... Charlie Hebdo (sic) nutriéndose de asociaciones fáciles islam/terror, cuando ya nadie se atreve a hacer lo mismo con el cliché judaísmo/dinero (Sand dixit).

No es el único cambio: hoy islamofobia –reconocida por la ONU como una forma de racismo (¿ve, monsieur Valls?)– parece sustituir al antisemitismo (mejor: antijudaísmo) en su papel sistémico de un recipiente vacío para depositar el descontento por la crisis económica y el avance del capital.

También funciona en otros niveles:

a) Como herramienta del imperialismo post-89 (en vez de anticomunismo), mecanismo estratégico de odio y deshumanización de los musulmanes; b) parte del discurso antiterrorista post-9/11 y del aparato represivo interno (Arun Kundnani, The muslims are coming!: islamophobia, extremism, and the domestic war on terror, 2014), y c) bandera de xenofobia –otra vez en lugar de antijudaísmo–, hoy centrada en los migrantes-musulmanes, un cuerpo extraño en la civilización judeo-cristiana (¡sic!), que sustituye el enfoque biológico nazi por uno cultural (Pegida/Alemania, Frente Nacional/Francia, etc.).

Uno de los motivos de François Hollande para abrazar el nuevo papel de presidente de guerra (bueno, no tan nuevo: miremos la escala del intervencionismo francés...) es controlar y gobernar estos miedos (y neutralizar la base del FN). Pero así sólo le tiende la mano al fascismo –según Jacques Rancière, no hace falta que el FN despliegue una estrategia determinada: el Estado ya lo hace por ellos– y cava cada vez más honda la tumba de la socialdemocracia.

Leída en esta clave la nueva novela del islamófobo confeso Michel Houellebecq – Sumisión (2014)..., lo que en árabe quiere decir islam– cuya primera edición coincidió con los atentados, resulta bastante interesante. Su distopía –donde el país se convierte en un régimen islámico tras las elecciones en 2022– puede desarrollarse solo en una Francia como la de hoy: gobernada por la socialdemocracia agonizante, sumergida en el marasmo, sin una verdadera izquierda, dónde el único elemento vital son los identitarios y/o religiosos.

Pero para que no quede duda acerca de su reaccionismo, Houellebecq no abandona el papel de vocero de la ideología: Islamofobia no es una forma de racismo, repite ( El País, 8/1/15). ¿Y el islamofascismo? Igual que islamofobia, es producto del cambio post-89.

Acuñado en Gran Bretaña, fue popularizado en Estados Unidos por Christopher Hitchens, llegando a ser parte del discurso del mismo George W. Bush, que legitimaba su guerra al terror usando la ecuación fundamentalismo=totalitarismo y metiendo en el mismo saco a Al Qaeda, Hermanos Musulmanes o Hamas, herederos de nazismo y comunismo a la vez –¡sic!– (Stefan Durand, en: Le Monde diplomatique, ed. polaca, 10/06). También hoy sigue siendo la herramienta del imperialismo para justificar las intervenciones en cualquier sociedad retrógrada (Alex Callinicos, en: Socialist Worker, 13/1/15).

En este sentido, extraña que ante la a-histórica táctica de nazificiación del enemigo sucumbiera también –como Hitchens– Umberto Eco, que habla de ISIS como nuevo nazismo ( La Jornada, 9/1/15).

De veras: ni ISIS ni Al Qaeda –laxas redes y alianzas– tienen nada del fascismo/nazismo si recordamos bien sus orígenes y anatomía (véase: Enzo Traverso, La violencia nazi, una genealogía europea, 2003).

Lo más cercano fueron tal vez Saddam o Kadafi ( vide: el aparato estatal, etc.), removidos, de hecho, por Occidente para abrir el campo a... los mismos dizque islamofascistas, o incluso hoy Erdogan en Turquía (véase: Telesur, 26/1/15).

Pero islamofascismo funciona también como parte del discurso crítico que apunta al vacío dejado por la izquierda secular en Medio Oriente y ocupado por fascistas religiosos (véase: Slavoj Zizek, en In These Times, 23/8/13), análisis que aplica también al auge de la derecha y falta de la izquierda en Europa.

Como en Francia, atrapada entre los neo-pétainistas con su islamofobia y los islamofascistas (fundamentalistas –o musulmanes en general– cuyo peso político es muy exagerado), ambos síntomas de la crisis de la democracia liberal. Houllebecq puede tener razón caricaturizando la condición actual de Francia, pero se equivoca en su visión del futuro (que sólo calienta la campaña del FN); si todo sigue igual, el próximo presidente no será un musulmán, sino un fascista. Por más atentados yihadistas en el suelo europeo, la verdadera amenaza para el viejo continente siempre fue –y sigue siendo– la extrema derecha.

*Periodista polaco

Twitter: @periodistapl

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Jueves, 29 Enero 2015 15:11

Libertad de expresión y tolerancia

Libertad de expresión y tolerancia

El caso Charlie Hebdo nos recuerda lo poco que en general problematizamos respecto de las cuestiones vinculadas a la libertad de expresión, y en especial, lo poco que se forma y se debate sobre libertad, derechos humanos, tolerancia y secularización. Tal vez por ello nadie parece entender lo que está pasando.

 

El asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo ha disparado todo tipo de análisis, al punto de poner varios conceptos relativos a la libertad de expresión en el debate global. Irónicamente, los periodistas silenciados han desatado la posibilidad de hablar sobre el significado de la libertad de expresión a lo largo y ancho del mundo, tal vez como nunca antes. Esto nos recuerda lo poco que en general problematizamos respecto de las cuestiones vinculadas a la libertad de expresión, y en especial lo poco que se forma y se debate con los más jóvenes sobre libertad, derechos humanos, tolerancia y secularización.


Tal vez por ello nadie parece entender lo que está pasando. Brevemente, parece buena cosa repasar las funciones que cumple la libertad de expresión en una sociedad democrática, la cuestión sobre sus límites y si, como algunos han llegado a proponer, sería sensato limitar los discursos ofensivos hacia las creencias religiosas, en aras de fomentar la tolerancia.


La libertad de expresión es central en una sociedad democrática porque permite desarrollar el pensamiento individual, debatir ideas, buscar y difundir información. En definitiva posibilita a cada uno buscar su estilo de vida, y en algún punto "su" verdad. Pero la libertad de expresión tiene también una dimensión colectiva y social. La protección de otros derechos no es posible sin la libertad de buscar, difundir y recibir información. ¿Cómo podríamos asociarnos por cualquier causa legítima, defender los derechos sindicales, protestar, hacer docencia, periodismo, humor, arte en todas sus manifestaciones, sin un ambiente respetuoso de la libertad de expresión?


Por ello, la libertad de expresarse sin barreras es el principio general. Al análisis hay que sumar que los instrumentos internacionales protegen algunos discursos en forma privilegiada o reforzada: los asuntos de interés público y de gobierno, las personas públicas, los funcionarios y todo aquello que busca o merece formar parte del espacio público caen bajo la crítica abierta, porque esos discursos tienen una protección especial. En ese marco, las creencias que movilizan a millones de fieles y en cuyo nombre se promueven comportamientos, conductas y causas compartibles o condenables, son objeto también del derecho que tienen las personas a manifestarse a favor o en contra, a criticarlas o incluso a ridiculizarlas.


Promover una sociedad abierta al debate y sin cortapisas no significa convocar a la intolerancia. Todo lo contrario, las sociedades abiertas, tolerantes y seculares son aquellas que están en condiciones de promover el multiculturalismo, aunque la convivencia no sólo es una cuestión de libertad de expresión, también requiere igualdad económica y social, integración y otras decisiones de política pública no menores.


La libertad de expresión tiene dos vías: puedo expresarme pero también debo soportar la crítica en el espacio público. No olvidemos que quienes hoy combaten el humor ofensivo también utilizan las leyes de blasfemia para suprimir los puntos de vista de otras minorías religiosas, los creyentes disidentes y los no creyentes, como ya han denunciado más de una vez los relatores de libertad de expresión de todos los sistemas de protección de los derechos humanos.


Se ha dicho que los periodistas asesinados provocaron la barbarie con sus blasfemias. No lo creo. Es igual a decir que la mujer provocó al violador porque usaba minifalda o que los disidentes en cualquier parte merecen la cárcel o la muerte porque son subversivos. En última instancia, la blasfemia no debería ser nunca una conducta criminalizada, porque también las religiones y sus dirigentes están sujetos a ser cuestionados y criticados en un Estado de derecho que garantiza estas libertades. Pero sobre todo las religiones, por tratarse de creencias, no tienen una reputación o un honor que proteger.


Es cierto que no hay derechos absolutos. La cuestión pasa por definir el límite a la libertad de expresión para los casos en los que está involucrada la religión o las creencias de las personas. Ese límite debe buscarse en los discursos de odio que incitan a la violencia o a la discriminación en razón de un credo o religión. El espacio de esta columna no alcanzaría para definir cuáles son las condiciones que distinguen un discurso irreverente y ofensivo de aquel que incita al odio y a la violencia. No creo que viñetas –ya sean de buen gusto o mal gusto, contra políticos, deportistas, artistas o religiosos– alcancen para caracterizar un discurso como de odio o violencia.


Finalmente, no le podemos pedir a la libertad de expresión que resuelva todos los problemas de convivencia. Seguramente Occidente enfrenta un desafío mayor con respecto a la integración de amplios sectores que profesan el islam, y los propios creyentes de esa y otras religiones deberían reconocer que tienen problemas, entre otros con los derechos de diversos grupos históricamente discriminados, como es el caso de las mujeres, las personas gays, lesbianas, transexuales o intersexo, las otras minorías religiosas o la educación laica, por poner sólo algunos ejemplos.


Por ello, el terrible caso de Charlie Hebdo también renueva la necesidad de promover la separación del Estado de cualquier iglesia (católica, musulmana, judía o umbandista, la que sea), como complemento de la libertad de expresión.
La laicidad permite a cada cual profesar sus ideas y no inhibe que el creyente defienda las suyas, pero el Estado no debería asumir ninguna confesión, tan sólo garantizar la libertad de cultos y buscar la integración en la tolerancia. Los terroristas fueron a la escuela en Francia, pero no incorporaron la libertad y la tolerancia que caracterizan al país que los recibió. Los mantuvieron y se mantuvieron al margen, en una especie de gueto cultural, y no asumieron que la libertad de expresión y el secularismo son valores centrales para una sociedad abierta, lo mismo que la igualdad de género y la no discriminación por cualquier motivo (raza, sexo, nacionalidad).
Aunque el conflicto parezca lejano, también deberíamos preguntarnos qué pasa en la educación uruguaya con estos temas. Tengo un hijo adolescente y no he visto que sean temas centrales en la educación de Uruguay.

Hemos confundido laicidad con omisión. La escuela no se mete en problemas y por eso no habla de nada de lo que pasa en el mundo real, ni nada que pueda tener tanto que ver con las personas como los derechos humanos o la importancia de la libertad de expresión y la tolerancia. Sencillamente se ignoran.
Como leí en alguna de las tantas columnas que se han escrito por estos días: no comparemos el grafito de un lápiz con el plomo de las balas..., no es lo mismo. No hay justificación para las causas atroces, sólo hay explicaciones.


Por Edison Lanza, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 

Apostillas


En Estados Unidos, "si a alguien se le hubiera ocurrido publicar en algún campus una revista como Charlie Hebdo no hubiera durado ni 30 segundos", escribió la semana pasada en el New York Times el editorialista David Brooks. "Los propios estudiantes lo hubieran acusado de proferir un discurso de odio y las autoridades la hubieran cerrado", apuntó. La tradición satírica existe, por supuesto, en el país, pero está lejos de parecerse a la francesa, que remonta a siglos, y en materia religiosa prevalece "una mezcla de autocensura, causas históricas y respaldo explícito a la religión de parte de la sociedad", dijo a su vez el profesor de ciencias políticas Robert Speel a la agencia Afp: "Yo hago un curso sobre la laicidad en Francia y en las discusiones los estudiantes se oponen en nombre de la libertad de religión a leyes francesas que prohíben el porte del velo" o la exhibición de signos de pertenencia religiosa en lugares públicos. De hecho, esos tabúes culturales operaron para que no hubiera medio de comunicación en Estados Unidos (como tampoco en Gran Bretaña, donde operan principios similares ligados al modelo "multiculturalista" de integración entre comunidades) que publicara las caricaturas de Charlie Hebdo.
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Ayer jueves en Madrid comparecía ante un tribunal que juzga delitos de terrorismo el humorista Facundo Díaz, animador de La Tuerka News, un programa cómico en formato digital promovido por el partido político Podemos. "Facu", como lo llaman, había aparecido encapuchado ("cual etarra") anunciando la disolución del Partido Popular como consecuencia de escándalos de esos que pululan en la península. El gobierno español –que elevó al parlamento una ley que limita, por la vía de sanciones económicas híper gravosas, la expresión de ideas que puedan ser tachadas de apología del terrorismo, y ahí entran incluso llamados a manifestaciones contra bancos, por ejemplo– consideró que Facu había "humillado a las víctimas del terrorismo". "Llevar a un humorista a un tribunal que juzga a terroristas es un sketch en sí mismo", dijo Facu. Mariano Rajoy, el jefe del gobierno español, estuvo en la marcha de París del domingo pasado invocando la defensa de la libertad de expresión.
También marcharon en París representantes del gobierno de Egipto. El mismo domingo, una corte de ese país condenaba a un ciudadano a tres años de prisión por haber dicho en Facebook que era ateo. Tres periodistas de la cadena Al Jazeera están presos en El Cairo y decenas de otros denunciaron persecuciones.
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A una "marcha de luto" por los asesinatos de París convocó en la ciudad alemana de Dresde el movimiento de ultraderecha Pegida, que se opone a la "islamización de Occidente" (véase Brecha de la semana pasada). Caricaturistas franceses y alemanes consideraron que Pegida "representa todo aquello contra lo que luchaban" sus colegas de Charlie Hebdo y llamaron a que nadie que piense así pueda "evocar la memoria" de los dibujantes muertos.
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"Como editor pienso que fue extremadamente triste lo que sucedió con una publicación que representa la gran tradición francesa de la caricatura. Pero hoy tenemos que mirar adelante y tratar de pensar qué pasó y cuál debe ser la reacción. Hay que entender que cada día se está produciendo una masacre de esa magnitud en Irak y otros países del mundo árabe. Y esto ha sucedido gracias a los esfuerzos desestabilizadores de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Francia ha participado en el suministro de armas en Siria, Libia y la recolonización del Estado africano de Mali. Esto ha estimulado el ataque, en este caso usando un objetivo fácil como Charlie Hebdo." (Declaraciones de Julian Assange, fundador de Wikileaks, a Página12, desde la embajada de Ecuador en Londres, donde está refugiado.)

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