Viernes, 23 Mayo 2014 06:26

Conciliar y disciplinar

Conciliar y disciplinar

Después de tantos cuentos mediáticos y otro capítulo de la telenovela vaticana Francisco subtitulada De cómo Jorge Bergoglio escogió su nuevo nombre (con la actuación especial del cardenal brasileño Claudio Hummes: ¡no te olvides de los pobres! y llena de suspensos: ¿fue sólo por Francisco de Asís o también por aquel misionario jesuita?), los guionistas de la Santa Sede hicieron remake de la misma historia.


Ahora resulta (starring: el cardenal italiano Loris Capovilla, ex secretario de Juan XXIII), que no iba a ser Francisco, sino Juan XXIV –¡sic!– (Vatican Insider, 13/3/14).


Claramente esta filtración formaba parte de los preparativos para la doble canonización de Juan XXIII/Juan Pablo II (27/4/14).


Por las semejanzas con Wojtyla quizás mejor le hubiera quedado Juan Pablo III (véase: Canonizar y disciplinar, en: La Jornada, 9/5/14), aunque algunos analistas insistían (siguiendo a los spin doctors vaticanos) en la –supuesta– continuidad con Juan XXIII (Angelo Roncalli).


Stanislaw Obirek, ex jesuita polaco: (...) incluir a Juan XXIII no era sólo una medida para equilibrar la balanza (entre renovadores y conservadores) o para contrarrestar las críticas por la canonización de Wojtyla. Con su figura, Francisco quería subrayar la línea principal de su papado: la renovación. Todo lo que hace confirma su cercanía con Juan XXIII y con las esperanzas antes del Concilio. Juan XXIII es la antítesis de la política de cerrar filas de Juan Pablo II, y Francisco señala así que lo que importa en la Iglesia no es sólo la disciplina, sino también el diálogo y la apertura, (Krytyka Polityczna, 27/4/14).


Aunque algunos gestos –acercamiento personal con los teólogos de liberación, disposición al diálogo sobre algunos temas puntuales– lo diferencian del dúo Wojtyla/Ratzinger, la disciplina es justamente uno de sus principales objetivos.


Claramente Francisco no usa las mismas herramientas disciplinarias que Juan Pablo II; mientras éste se movía en los registros grandes, la especialidad de aquél es la racionalización utilitaria del detalle (Foucault): pequeñas medidas, gestos sencillos, constante flujo de mensajes y filtraciones controladas.
La misma doble canoniz

ación fue una medida para disciplinar (y conciliar) diferentes fracciones de la Iglesia; para suavizar las contradicciones y homogenizar su imagen. Además, el argumento de la cercanía con Juan XXIII parece confundir el estilo con el contenido (de Francisco, hasta ahora, sólo hemos visto lo primero), olvidar la historia e ignorar la naturaleza de ambos personajes.


Si bien en los tiempos del Concilio Vaticano II (1962-1965) Bergoglio era apenas un joven clérigo, simpatizaba más con los círculos integristas que temían la apertura y los cambios.


Luego se situó junto a la mayoría de la Iglesia argentina, afín a la dictadura y reacia al aggiornamiento, en las antípodas de los curas tercermundistas que mediante la acción social implementaban al espíritu del Concilio (aunque más tarde se inscribió a la llamada teología popular, una lectura conservadora de éste).


Mientras la grandeza de Roncalli residía en que se dejaba llevar y permitía actuar a otros, Bergoglio siempre ha sido más personalista. Mientras Roncalli con su buena fe caía víctima de intrigas y complots (por ejemplo cuando era nuncio apostólico), en Argentina fue Bergoglio quien armaba complots y jugadas políticas.


Si bien convocando al Concilio, Roncalli era igual de conservador que Bergoglio (tanto que se habla hoy de una necesidad/posibilidad de uno nuevo), los contextos de ayer y hoy son bien diferentes.


Hace 50 años la Iglesia estaba en crisis por un conflicto y lucha entre tradicionalistas y aperturistas.


Hoy la crisis no es fruto de un conflicto interno (Wojtyla y Ratzinger ya limpiaron la Iglesia de los círculos progresistas), sino de una atrofia e implosión por escándalos y rivalidades en la cúpula.


A diferencia de aquella renovación desde adentro (¿desde abajo?), la de Francisco, fiel a su estilo bonapartista –lo que lo asemeja a Juan Pablo II, el Napoleón de la Iglesia–, será más bien (si se da...) una renovación desde arriba.


Pero mientras el conflicto desde abajo puede traer cambios refrescantes, la conciliación desde arriba solo traerá disciplina.


Apenas al día siguiente de la doble canonización, Francisco tuiteó: La desigualdad es la raíz de los males sociales (@Ponitifex, 28/4/14).
Para algunos fue una prueba de crítica radical del capitalismo y diferencia sustancial con Juan Pablo II (The Guardian, 29/4/14).
Sólo que... Wojtyla también censuraba las desigualdades y su crítica del capital era mucho más profunda que la de Francisco (¡sic!).
Destacaba de hecho en los 90, mientras hoy ya casi todos se dicen críticos, sobre todo de las desigualdades (hasta que se volvió un sinónimo del anticapitalismo, y no lo es).


Incluso Benedicto XVI fustigaba la creciente brecha entre ricos y pobres, (News.va, 1/1/13).
La crítica de Francisco no es nada radical, más bien moral (muy diferente de la crítica estructural de la teología de la liberación).
Su objetivo es disciplinar no sólo a los pobres (conteniéndolos, en vez de empoderarlos), sino también al capital, para que regrese bajo el techo de la Iglesia.


Su carta a la élite de Davos, donde la disciplinaba de manera clásica aplaudiendo su capacidad de innovación –¡sic!– y regañando por perder de vista a la gente (The Guardian, 9/3/14), su llamado a una movilización ética mundial contra la injusticia y la pobreza, más allá de las diferencias de credo u opiniones políticas –¡sic!– (El País, 9/5/14), o Evangelli gaudium (2013), su primer documento que toca las cuestiones económicas, evidencian que su programa no son cambios fundamentales al sistema, sino el viejo sueño corporativista de la Iglesia (León XIII, Rerum novarum, 1891) y de una parte de la burguesía, una falacia de conciliar el trabajo con el capital (que significa supeditar el primero al segundo).


Sin embargo no es la conciliación, ni el consenso (elevarse por arriba de las diferencias) lo que nos puede sacar de donde estamos, sino el conflicto y la lucha según las divisiones ya existentes, que son una palanca de la acción política.


Lo mismo se aplica al futuro de la Iglesia y la suerte de su renovación

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Viernes, 09 Mayo 2014 06:02

Canonizar y disciplinar

Canonizar y disciplinar

Mientras la mayoría de los comentarios (casi todos) acerca de la doble canonización de Juan Pablo II/Juan XXIII (27/4/14) se centraban en la figura del primero y su merecida crítica, muy poco (casi nada) se dijo sobre el segundo, e igualmente poco (aún menos) sobre qué nos decía del papa Francisco esta decisión y de la lógica de su pontificado.


Entre lo poco, con razón, se habló de la bipolaridad –o ambigüedad– del actual pontífice (¿juntar un papa que abrió la Iglesia con otro que la cerró?), característica que data de los tiempos en que Francisco aún era Bergoglio.

Pero otra bi o unipolaridad era criticar a Juan Pablo II sin mencionar a Francisco, cuando la relación entre ellos se entiende más por las similitudes, la cercanía y la continuidad que por las (supuestas) rupturas y diferencias.


Ya lo dijo también –pero desde la derecha– George Weigel, el biógrafo del papa polaco, hablando de una continuidad directa –Juan Pablo II/Benedicto XVI/Francisco– y llamando a no confundir el estilo con el contenido (The Wall Street Journal, 28/11/13).


Recordemos: en el cónclave de 2005, Bergoglio salió segundo; claramente los cardenales ungidos por Juan Pablo II también lo veían digno de seguir sus pasos.


Si bien el efecto Francisco se nutre del (aparente) contraste con Benedicto XVI (aunque el actual papa mantiene excelentes relaciones con el papa emérito que concelebraba la doble canonización; el teólogo que más cita es Joseph Ratzinger; su primera encíclica – Lumen fidei– fue coescrita con su predecesor, etcétera), su otra fortaleza son las reminiscencias de Juan Pablo II.


Para devolver la confianza y la legitimidad, la Iglesia necesitaba un Juan Pablo II bis, que pudiera cautivar a las masas con el mismo canto (doctrina), sólo a un ritmo más vigoroso.


En el imaginario popular la franciscomanía de Bergoglio es heredera de la papamanía de Wojtyla.


Un franciscomaniaco común: Con Juan Pablo II hubo un avance que se paró en seco con Benedicto XVI. Si hubiera llegado antes Francisco, la Iglesia estaría ya mucho más cerca de la gente –¡sic!– (El País, 13/4/14).


Claramente el papa argentino no dice lo mismo que el papa polaco, pero dejar atrás, por ejemplo, el discurso de la civilización de la muerte (La Civiltà Cattolica, 19/8/13), pilar ideológico de Juan Pablo II/Benedicto XVI, no fue novedad teológica de Francisco.


Fue urgencia provocada por los curas pederastas: la Iglesia ya no podía continuar con un discurso de condena a la promiscuidad de la vida sexual consentida/heterosexual, cuando sus funcionarios seguían violando a menores.


Con Wojtyla lo une el don de actuar: mientras aquél fue un actor y dramaturgo, Francisco es un político que dominó a la perfección el arte del detalle: manejo de gestos y símbolos.


Rubén Dri, el teólogo y ex cura tercermundista, dice en una entrevista (Krytyka Polityczna, 1/2/14):


"–Cuando Wojtyla llegó a Argentina, en el sur se reunió con mapuches. Éstos llegaron con una Biblia, diciendo que con ella en la mano los conquistadores les quitaron sus tierras. ¿Qué hizo Wojtyla? Le quitó el sombrero a uno, se lo puso en la cabeza y dijo: ¡Ahora tienen a un papa mapuche!


"–Con un 'papa mapuche' ya no duele tanto la tierra perdida, dice el entrevistador...


"–¡... exacto! Lo mismo hizo Bergoglio en Brasil durante una reunión con los indígenas del interior: a uno le quitó el sombrero y se lo puso..."
Los mismos gestos, las mismas prácticas.


Veamos sólo lo de la pederastia (incluso sin ahondar que, canonizando a Juan Pablo II, Francisco encubría al encubridor de Marcial Maciel et al.).


Juan Pablo II en su tiempo, en vez de castigar, premió al cardenal Bernard Law, el encubridor serial de Boston, poniéndolo al frente de la Basílica de Santa Maria Maggiore (Roma); hace poco Francisco lo removió –sin más consecuencias–, sólo para premiar luego al otro encubridor, ex obispo de Santiago, Ricardo Ezzati, protector de Fernando Karadima, el Maciel chileno, haciéndolo un purpurado.
¿Y no que Francisco pidió el histórico perdón por los abusos de los sacerdotes pederastas?


Juan Pablo II también pidió perdón por varios crímenes de la Iglesia –por ejemplo por la Conquista–, sin que se haya hecho la más mínima justicia a sus víctimas.


Deteniendo el aggiornamiento, Juan Pablo II revivió la beatificación y la canonización (los modos de legitimar las opciones ideológicas y conductas en la Iglesia), prácticas religiosas premodernas, que en el siglo XX ya perdían significado.
Los convirtió en unas de las principales actividades del papado (condujo 147 ceremonias para proclamar mil 338 beatos y 51 para hacer 482 santos).


En 2000 también mató dos pájaros de un tiro: beatificó juntos a Pío IX y Juan XXIII.


Francisco lo sigue: no sólo canoniza al mismo Juan Pablo II –un ejemplo ideológico para hoy, ¡sic!– (lo de Juan XXIII merece una mirada aparte), sino va por el récord.


A pocas semanas de la elección beatificó a 58 sacerdotes víctimas de la Guerra Civil española ( Página/12, 29/3/13); en octubre añadió a 522 –¡sic!– católicos muertos por las fuerzas republicanas, en una ceremonia bañada en un discurso ahistórico y reaccionario (Counterpunch, 21/1/14).


¿Y los padres Mugica, Murias o el obispo Angelelli, asesinados por la dictadura argentina, ahora que resulta que Bergoglio también luchó con la junta? Silencio.


La canonización y la beatificación son ante todo herramientas del poder disciplinario: promueven e imponen modelos y conductas deseadas.
Disciplina –hoy, en los tiempos de la crisis– es uno de los principales objetivos del nuevo papa y su neo-franciscanismo (véase La Jornada, 21/6/13).


Su austeridad personal, gestos y símbolos –disciplina como anatomía política del detalle– parecen sacados de las páginas de Vigilar y castigar (1976), donde Michel Foucault disecciona el poder disciplinario y sus modestos aparatos.


De la misma manera que las luces que han descubierto las libertades también inventaron la disciplina –escribe Foucault (p. 225)–, Francisco vino a liberar la Iglesia y a disciplinarla.


Juan Pablo II, enfrentando a su enemigo mortal –el comunismo–, necesitaba una Iglesia obediente: reprimía las conductas no deseadas y se hacía de la vista gorda sobre los casos de pederastia para mantener la unidad.


¿A qué encubrimientos y aberraciones llevará la disciplina del papa Francisco?

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La ONU equipara el abuso sexual de sacerdotes católicos con la tortura

El Comité de la Organización de Naciones Unidas contra la Tortura comparó hoy el abuso sexual cometido por sacerdotes con actos de tortura y criticó los intentos del Vaticano por evadir su responsabilidad jurídica en los casos ocurridos fuera de su territorio, así como sus métodos para castigar a los religiosos involucrados.

Los cuestionamientos del comité que se encarga de supervisar la Convención de la ONU contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes –adoptada por la organización mundial en 1984– se hicieron durante la presentación del primer informe del Vaticano sobre la materia, 12 años después de que ratificó el protocolo.


El arzobispo Silvano Tomasi, embajador del Vaticano ante la ONU, enfrentó las críticas del comité con el argumento de que sólo se aplican las disposiciones de la convención dentro de los límites de ciudad del Vaticano, que tiene menos de mil habitantes y cuya área es de unos 800 metros cuadrados.


La santa sede piensa concentrarse exclusivamente en la ciudad-Estado del Vaticano, dijo el nuncio. Las autoridades estatales están obligadas a proteger y, en caso necesario, perseguir a personas que estén en su jurisdicción.
Asimismo, el embajador aseguró que el Vaticano trabaja actualmente para poner la casa en orden, en respuesta a la ola de denuncias surgidas en los últimos 15 años.


Ha habido, en varias áreas documentables, una estabilización e incluso una disminución en la cantidad de casos de pederastia, afirmó Tomasi, quien recibió una lista de preguntas elaboradas por los miembros del comité, que lo citó para este martes con el fin de que responda al cuestionario, vinculado a temas de jurisprudencia y legalidad.


Los expertos de la ONU preguntaron por qué el informe de la santa sede sobre la implementación del tratado se había demorado casi una década, y por qué el Vaticano cree que su responsabilidad en cuanto a la protección contra la tortura sólo aplica dentro de su territorio en Roma.


¿Cómo garantizan ustedes que la prohibición a la tortura en la ciudad del Vaticano abarque a todos los individuos sobre los cuales tienen jurisdicción?, preguntó la jurista estadunidense Felice Gaer, miembro del comité.


Gaer apuntó que, en cualquier caso, todos los representantes y funcionarios de un Estado, incluso fuera de sus fronteras, están sujetos a las leyes de su país de origen.


El Estado del Vaticano es una subdivisión de la santa sede, así como el cantón de Ginebra es una subdivisión de Suiza, afirmó Gaer.
Su afirmación de que los representantes de la Iglesia católica fuera del Estado del Vaticano están excluidos de la Convención nos preocupa y no es conforme a nuestros procedimientos, indicó.


El comité solicitó también a la delegación del Vaticano que publique las medidas adoptadas contra los clérigos acusados de abuso sexual y que se garantice que fueron suspendidos de sus funciones.


Gaer pidió además que se notifique sobre el número exacto de sacerdotes suspendidos, así como de las investigaciones y juicios abiertos contra presuntos autores de delitos.


En caso de que el comité concluya que el abuso sistemático equivale a tortura, las consecuencias legales para la Iglesia católica podrían ser significativas, en virtud de que en la actualidad enfrenta litigios civiles en varias partes del mundo, derivados de denuncias por violación y vejación de menores por religiosos. Los expertos de la ONU tienen previsto publicar sus conclusiones el 23 de mayo próximo.
Katherine Gallagher, abogada de derechos humanos en el Centro de Derechos Constitucionales, un grupo sin fines de lucro con sede en Nueva York, dijo que ese hallazgo podría desencadenar una catarata de demandas por abusos cometidos durante décadas, porque no hay prescripción para los casos de tortura.


Gallagher, cuyo grupo representa a las víctimas de abusos sexuales del Vaticano, dijo que la violación puede constituir legalmente una forma de tortura debido a sus elementos de intimidación, coerción y explotación de poder.


Las preguntas del comité sobre tortura versaron realmente sobre violencia sexual y violación, y dejan en claro que estos actos caen dentro de la definición de tortura y de las obligaciones del Vaticano según la convención sobre la tortura, explicó Gallagher después de la audiencia, a la que acudieron representantes de diversas organizaciones civiles, incluida Barbara Blaine, de la organización de Sobrevivientes de Abusos de Sacerdotes de Estados Unidos (SNAP, por sus siglas en inglés).


Un reconocimiento del comité de tortura de que este es uno de los delitos más significativos podría abrir realmente las puertas a un nuevo nivel de procesos y demanda de responsabilidad, afirmó.


La comparecencia del nuncio Tomasi, en Ginebra, es la segunda ocasión este año en la cual un representante de la Iglesia católica es interrogado sobre los abusos a menores por religiosos.


El informe del Vaticano sobre la tortura fue presentado casi tres meses después de que la ONU interrogó a sus representantes y divulgó un informe sobre los derechos de los niños en el que señaló que la Iglesia católica no tomó las medidas necesarias para tratar los casos de menores abusados sexualmente por sacerdotes.


El papa Francisco, que tras su designación el año pasado dejó el tema de lado, pidió en abril perdón a todos los afectados por los abusos de religiosos. En marzo el pontífice argentino nombró a un grupo de ocho personas –cuatro hombres y cuatro mujeres, entre quienes está una irlandesa víctima de abuso– para que lo asesore en este asunto. El sábado anterior, los integrantes de esta comisión dijeron tener el propósito de crear protocolos claros y efectivos para que los obispos rindan cuentas si encubren a sacerdotes, aunque no hablaron de medidas jurídicas vinculantes.

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Si la Iglesia quiere cambiar debe denunciar a sacerdotes pederastas

Los gobiernos nacionales manifiestan una actitud que deja mucho que desear frente a las denuncias de los niños y niñas víctimas de curas pederastas, ya que las autoridades suelen alinearse con las respectivas conferencias episcopales de sus países y sólo acatan lo que éstas deciden ante las acusaciones, sostuvo la vicepresidenta del Comité de los Derechos del Niño, Sara Oviedo. Estas autoridades –incluido el Estado mexicano– nunca toman partido por sus ciudadanos en estos casos y siempre aseguran la impunidad de los religiosos que cometen abusos sexuales.


Oviedo advirtió también que si la Iglesia católica quiere seguir siendo reconocida como líder moral en el mundo debe cambiar y ponerse a la cabeza de las denuncias en contra de los sacerdotes criminales y ponerlos en manos de la justicia.


Dos meses y medio atrás, un informe de este comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que preside la noruega Kristen Sandberg, reclamó duramente al Vaticano no haber tomado medidas contra los religiosos que han abusado de menores, forzar a los clérigos a un código de silencio para encubrir a los pederastas dentro de la institución y protegerlos de la acción penal de las autoridades correspondientes. Ayer el informe fue debatido en un foro en la Cámara de Diputados para analizar su impacto. La diputada perredista Verónica Juárez, organizadora del debate, lo calificó de histórico.


En su turno, el ex sacerdote Alberto Athié explicó uno de los impactos más significativos en México, ya que un grupo de abogados internacionalistas estudia actualmente las implicaciones jurídicas contenidas en el informe de la ONU sobre los cauces que se pueden seguir ante la justicia penal internacional las demandas, que siempre quedaron sin efecto en el país, de víctimas en contra del fallecido fundador de los legionarios de Cristo, Marcial Maciel, e incluso contra el cardenal Norberto Rivera, señalado por encubrimiento.


Se analiza si tenemos elementos jurídicos para fincar ya no sólo responsabilidad institucional en términos genéricos a la Santa Sede, sino a quienes, en la Santa Sede o quienes dependen de la Santa Sede, son responsables de encubrimiento, señaló Athié.


Participaron representantes de organizaciones de víctimas de México, Estados Unidos y República Dominicana, sacerdotes críticos, legisladores, organizaciones no gubernamentales como Católicas por el Derecho a a Decidir y expertos en derecho canónigo.


Sara Oviedo, quien fungió como relatora en el debate que sostuvo el comité con la delegación vaticana previo a la emisión del informe, lamentó que aun bajo la batuta del papa Francisco la Iglesia católica ha tenido una actitud defensiva y omisa ante las recomendaciones de las Naciones Unidas.


Activista de larga data del Movimiento Mundial en Defensa de los Derechos de la Niñez, esta ecuatoriana, que participó directamente en la redacción del informe del comité, recordó que desde que se abrió el debate entre el CDDN –organismo encargado de vigilar el cumplimiento de la convención para la protección de los niños– y el Vaticano en 2013, el Estado que representa al papado desplegó una estrategia contradictoria y evasiva. Aunque desde los inicios los representantes del Vaticano aceptaron la existencia de pederastas entre el clero, esa postura fue usada a la postre para evitar profundizar en la discusión y evitar asumir medidas concretas.


Siempre nos respondieron que ya estaban actuando ante el problema, pero nunca nos dieron la información concreta sobre los nombres, el paradero y el efectivo retiro de sacerdotes acusados de sus puestos.


El Informe a la Santa Sede expone que la Congregación de la Doctrina de la Fe, que tiene exclusiva competencia sobre los casos de pederastia denunciados desde 1962 hasta 2001, declinó proporcionar al organismo de la ONU los datos sobre abusos a menores y sus procesos judiciales que le fueron solicitados.


Si no es verdad que el Vaticano elude informar con la verdad, retó Oviedo, que alguien me diga dónde está esta información que le solicitó el comité.


En lugar de abrir los archivos que le fueron solicitados, recordó la defensora, a petición de las instancias religiosas en varios países se levantó un movimiento de recolección de firmas de católicos en defensa por el supuesto ataque contra la Iglesia por parte de este organismo de la ONU. Como oradora principal el foro, denunció que en el Vaticano imperó el interés de mantener su reputación y defender su imagen por encima de los derechos de los niños.


Defendió el informe del Comité por los Derechos de los Niños, lanzado con gran cobertura mediática el 31 de enero, como una posible y excelente hoja de ruta para que la Iglesia católica enfrente esta situación si logra poner, por encima de cualquier otro interés, el interés del niño.

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"La pederastia está tan enraizada que la Iglesia teme una hecatombe"

Sara Oviedo Fierro (Ecuador, 28 de julio de 1952) fue elegida en 2012 vicepresidenta del Comité de la Convención de Derechos del Niño en la ONU ante el que compareció el Vaticano el pasado 16 de enero. La socióloga ecuatoriana, que empezó a los 13 años a defender los derechos de los indígenas, las mujeres y los niños, fue testigo de las respuestas esquivas y de la negativa de los portavoces de la Santa Sede a ofrecer datos y hechos concretos sobre los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia. Como coautora del durísimo informe emitido tras la comparencia, en el que la ONU exige a la Iglesia que entregue a los curas pederastas y que proteja a los niños, Oviedo afirma en esta entrevista, a través de videoconferencia, que el tema de la pederastia está "tan enraizado en las bases de la Iglesia" que sus autoridades tienen miedo a enfrentar el problema.

 

Pregunta. Hasta ahora nunca nadie había conseguido interpelar a la Santa Sede. ¿Fue difícil sentar al Vaticano?
Respuesta. Lo que hicimos fue cumplir con el procedimiento de realizar exámenes a todos los países firmantes del tratado de los derechos del niño, pero la diferencia es que teníamos la convicción de que había que hablar de la pederastia. El diálogo con la Santa Sede se dio en un momento en el que era factible. Existe una mayor apertura de la Santa Sede y existe una necesidad latente de las víctimas y la sociedad de reconocer este tema.


P. ¿Cumplirá el Vaticano los compromisos?
R. Yo insisto en que ya hay cosas que hemos logrado. La primera es reconocer el problema de la pederastia en todo el mundo. Hasta ahora ninguna autoridad, como la ONU en este caso, lo había verificado como un problema importante que existe y que debe ser tratado. Y otra cosa es reconocer el dolor de las víctimas, que han tenido en su ser esa sensación de culpabilidad y de no ser oídos. El Comité tuvo valentía y consistencia, sé que ellos sintieron en nuestras palabras esa posición madura al pedirles que muestren los datos que nunca han dado, que den cuenta de las acciones que están haciendo y que entreguen a los sacerdotes criminales a la justicia común.


P. ¿Cómo valora las respuestas de los portavoces ante el Comité?
R. La comparencia de ese día fue una suerte de sainete. Ellos plantearon que es un hecho que hay pederastas, que están muy avergonzados y que están haciendo una serie de medidas para evitarlo. El diálogo a la larga fue un tira y afloja. Nosotros insistíamos en conocer casos concretos y en decirles medidas que se deberían hacer. Ellos decían que sí, que hay que hacer cosas, pero no hechos concretos. No entregaron una lista de sacerdotes sacados del sacerdocio por pederastia. Como resumen, yo no les creo. O están haciendo muy poco o no están haciendo. Fue una situación bien ambigua, muy confusa.


P. ¿Cómo definiría su actitud?
R. Yo advertí mucho miedo, la inseguridad propia de quien es cogido en falta y de quien sabe que está defendiendo lo indefendible. Quien contesta así sabiendo todo el daño que se ha hecho a tantas vidas humanas tiene mucho cinismo.


P. ¿Mintieron los portavoces del Vaticano durante la comparecencia?
R. Yo no creo que hayan mentido. Sí creo, como dicen, que están preocupados y que han tomado tibias medias, pero el problema es ese, que creo que lo hacen para contentarnos y para que bajemos la presión. Usaron esa forma ambigua tratando de que nosotros cayéramos en el juego y que al final les dijéramos: "Qué bien que están pensando en todo eso y gracias". Pero no caímos, les dijimos claramente que no les creíamos, con diplomacia y en buen ambiente, sin gritos: "No les creemos, no se ve lo que hacen. Las víctimas siguen esperando respuestas".


P. ¿La Iglesia se siente impune?
R. Si analizamos sus respuestas ese día no les veo síntomas de sentirse impunes, aunque en los hechos sí han actuado así, con la lógica de seguirlos protegiendo [a los pederastas]. Si un militar es evidenciado en situaciones de este tipo se lo entrega a la justicia común, no se entiende por qué ellos no lo hacen. La única conclusión que saco es que el asunto de la pederastia es estructural y que está tan enraizado en las bases de la Iglesia que hace temer que si esto se comienza a enfrentar ocurre una hecatombe y salen comprometidas todas las estructuras y sus autoridades. Por la protección con la que tratan el asunto nos hacen pensar que el tema es muchísimo más grande.


P. Los portavoces del Vaticano les han acusado de interferir en la libertad religiosa ¿qué opina?
R. Yo pienso que eso fue una salida por la tangente para poder disminuir la presión. Quisieron decir que no solo estábamos siendo duros e injustos con el tema de la pederastia, sino que interferíamos en otros como el aborto, la homosexualidad o la cuestión de género, pero ellos saben que no hubo insistencia sobre esos asuntos.


P. ¿Cómo valora el silencio del papa Francisco tras el informe?
R. A mí me gustan las personas que hablan un poco tarde, pero con consistencia y con la verdad. Me parece coherente que no haya hablado, él debería hablar con hechos y para presentar las propuestas. Si hablase ahora para decir lo que están diciendo los portavoces de la Santa Sede defraudaría a mucha gente. Creo que se está tomando su tiempo para ofrecer respuestas concretas.


P. Para las víctimas esto ha sido una gran victoria. ¿Qué sigue ahora para ellas?
R. Las víctimas son las que tienen la sartén por el mango. Creo que nosotros cumplimos de manera madura y consistente. Ahora les corresponde a ellas hacer las demandas en sus países de origen, volver a la carga y proponerse agendas bien claras para ver cómo conseguir que en la práctica se vayan concretando los hechos que la Santa Sede reconoció ante el Comité que hay que hacer.


P. Las asociaciones mexicanas piden que se juzgue al Vaticano por crímenes de Estado, ¿cree que hay elementos para ello?
R. Yo no sé sinceramente cuáles son los elementos necesarios para eso, a mí eso ya no me compete juzgarlo.


P. El portavoz del Vaticano ante la ONU dijo que hay pederastia en la Iglesia igual que en otras profesiones.
R. Justamente ellos como guías espirituales están obligados a dar ejemplo. Además, no porque lo hacen los otros se justifica, son ellos los que han asumido ser guías espirituales y han asumido el celibato. La protección a los sacerdotes criminales ha creado ahí un lugar casi morboso, con situaciones muy insanas donde la sexualidad humana está absolutamente deformada.


P. ¿Cree que algún día se hará justicia a las víctimas?
R. Yo creo que el ser humano va avanzando y esa humanidad va a poner el límite a quien haya que ponérselo. Tal vez nosotros no lo veamos, pero sí llegará la justicia.


P. ¿Es usted creyente?
R. Es complicado. Yo creo en Dios, pero en el Dios de los pobres. A mí me cuesta mucho creer en la institución Iglesia, que ha cometido tantos errores y que está siempre del lado de los que tienen el poder. No me nace creerle.

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Domingo, 09 Febrero 2014 08:14

Chiquitos y la música

 

Los primeros jesuitas que llegaron a este lejano rincón del Oriente boliviano vieron que las viviendas de los indígenas tenían puertas tan pequeñas que bautizaron a toda la comarca con el nombre de Chiquitos. El padre José de Arce y el hermano Antonio de Rivas pisaron por primera vez estas selvas a fines de 1691. En vez de armas, traían instrumentos de música; sus experiencias en Perú y Paraguay les habían enseñado que el lenguaje de las flautas, los violines o las cítaras facilitaban la comunicación con los naturales del nuevo mundo. Pero aquellos primeros misioneros nunca pudieron imaginar la manera como los pueblos chiquitanos se apropiarían de aquellos instrumentos y de la música que acarreaban desde Europa, incorporándolos y adaptándolos a su propia cultura. Al extremo de que cuatro siglos después se puede decir que la Chiquitania (o Chiquitanía: se acentúa de las dos maneras) es una de las regiones más melómanas del mundo, donde la música barroca sigue tan viva y actual como en el siglo XVIII, matizada y coloreada de sabor local por unas comunidades cuya idiosincrasia concilia, de manera admirable, lo tradicional y lo moderno, lo artístico y lo práctico, el español y la lengua aborigen.


Esto ha sido para mí lo más sorprendente en este recorrido de pocos días por la vasta región que separa la ciudad de Santa Cruz de la frontera brasileña: descubrir que, aquí, a diferencia de otros lugares de América donde florecían importantes culturas aborígenes, los 76 años de evangelización —hasta 1767, cuando la expulsión de los jesuitas— habían dejado una huella muy profunda, que seguía fecundando de manera visible a aquellas comunidades a los que los antiguos misioneros ayudaron a integrarse, a defenderse de las incursiones de los bandeirantes paulistas que venían a cazar esclavos, y a modernizar y enriquecer, con aportes occidentales, sus costumbres, sus creencias, su arte y, sobre todo, su música.


A partir de 1972 comenzó la rehabilitación de los templos de Concepción, San Javier, San Ignacio, Santa Ana, Santiago y San José —son los que visité pero entiendo que hay otros— con sus preciosos retablos barrocos, sus gallardos campanarios, sus tallas, frescos y enormes columnas de madera, sus órganos y sus recargados púlpitos. La labor que llevaron a cabo el arquitecto suizo Hans Roth, quien dedicaría treinta años de su vida a esta tarea, y sus colaboradores, ha sido extraordinaria. Las iglesias, bellas, sencillas y elegantes no son museos, testimonios de un pasado escindido para siempre del presente, sino pruebas palpables de que, en Chiquitania, aquella antigua historia sigue vivificando el presente.

 

No sólo la música que venía de allende los ríos y los mares impregnó y pasó a ser parte indivisible de la cultura chiquitana; también el cristianismo llegó a constituir la esencia de una espiritualidad que en todos estos siglos se ha conservado y ha sido el aglutinante primordial de unas comunidades que manifiestan su fe volcándose masivamente a todos los oficios, con sus caciques, cabildos y mamas al frente, bailando, cantando (¡a veces en latín!) y cuidando los lugares y objetos de culto con celo infatigable. A diferencia de lo que ocurre en el resto de América Latina y el mundo, donde la religión parece ocupar cada vez menos la vida de la gente y el laicismo avanza incontenible, aquí sigue presidiendo la vida y es, como en la Europa medieval, el medio ambiente en el que los seres humanos nacen, viven y mueren. Pero sería injusto considerar que esto ha mantenido a los chiquitanos detenidos en el tiempo; la modernidad está también en estas aldeas, por doquier: en los colegios, en sus talleres, artesanías, las técnicas para trabajar la tierra, la radio, la televisión, los celulares e Internet. Y principalmente en la destreza con que niños y jóvenes aprenden en las escuelas de música locales a tocar el contrabajo, la guitarra o el violín, tan bien como la tambora y la flauta tradicionales.


En los años en que el arquitecto Hans Roth trabajó aquí fue encontrando más de cinco mil partituras de música barroca que, luego de la expulsión de los jesuitas, los chiquitanos preservaron en polvorientos arcones o cajas que languidecían entre las ruinas en que se convirtieron sus iglesias. Todo ese riquísimo acervo está ahora clasificado, digitalizado y defendido con aire acondicionado en el Archivo de Concepción, donde, desde hace muchos años, un religioso polaco, el padre Piotr Nawrot, los estudia y publica en volúmenes cuidadosamente anotados que son, al mismo tiempo, una minuciosa relación de la manera como la música barroca arraigó en la cultura chiquitana.


Las melodías y composiciones que contenían aquellas partituras venidas del fondo de los siglos se escuchan ahora en todas las aldeas de la región, interpretadas por orquestas y coros de niños, jóvenes y adultos que las tocan y entonan con la misma desenvoltura con que bailan sus danzas ancestrales, añadiéndoles una convicción y una alegría emocionantes. Creyentes o agnósticos sienten un extraño e intenso cosquilleo en el cuerpo cuando, en las estrelladas y cálidas noches de la selva cruceña, donde todavía quedan jaguares, pumas, caimanes y serpientes, advierten que Vivaldi, Corelli, Bach, Chaikovsky, además de italianos, alemanes o rusos, también son chiquitanos, pues las grandes creaciones artísticas no tienen nacionalidad, pertenecen a quien la ama, las adopta y expresa a través de ellas sus sufrimientos, anhelos y alegrías. Varios de estos jóvenes han obtenido becas y estudian ahora en Buenos Aires, Madrid, París, Viena, Berlín.


Hay una abundante bibliografía sobre las misiones jesuíticas en Bolivia, donde, parece evidente, el esfuerzo misionero fue mucho más hondo y duradero que en el Paraguay o Brasil. Para comprobarlo nada mejor que el libro de Mariano Baptista Gumucio, Las misiones jesuíticas de Moxos y Chiquitos. Una utopía cristiana en el Oriente boliviano. Es un resumen bien documentado y mejor escrito de esta extraordinaria aventura: cómo, en un rincón de Sudamérica, el encuentro entre los europeos y habitantes prehispánicos, en vez de caracterizarse por la violencia y la crueldad, sirvió para atenuar las duras servidumbres de que estaba hecha allí la vida, para humanizarla y dotar a la cultura más débil de ideas, formas, técnicas, creencias, que la robustecieron a la vez que modernizaron.


Baptista Gumucio no es ingenuo y señala con claridad los aspectos discutibles e intolerables del régimen que los jesuitas impusieron en las reducciones donde la vida cotidiana transcurría dentro de un sistema rígido, en el que el indígena era tratado como menor de edad. Pero señala, con mucha razón, que ese sistema, comparado con el que reinaba en los Andes, donde los indios morían como moscas en las minas, o en Brasil, donde los indígenas raptados por los bandeirantes eran vendidos como esclavos, era infinitamente menos injusto y al menos permitía la supervivencia de los individuos y de sus culturas. Una de las disposiciones más fecundas, en las misiones, fue la obligación impuesta a los misioneros de aprender las lenguas nativas para evangelizar en ellas a los aborígenes. De esta manera nació el chiquitano, pues, antes, las tribus de la zona hablaban dialectos diferentes y apenas podían comunicarse entre ellas.


Ningún país que, como muchos latinoamericanos, tiene en su seno culturas distintas, una moderna, poderosa y occidentalizada, y otra u otras más primitivas, ha sido capaz de establecer un modelo que permita a estas últimas desarrollarse y modernizarse sin perder los rasgos que la constituyen: sus costumbres, sus creencias, sus lenguas, sus mitos. En todos los casos —los más flagrantes son los de Estados Unidos, Japón y la India— el desarrollo ha significado la absorción —y a veces la extinción— de la más débil por la más poderosa, la occidental. Desde luego que hay una injusticia terrible en estos procesos; pero ninguna sociedad ha sido capaz todavía de establecer un sistema en el que una cultura pequeña y antigua puede acceder a la modernidad sin renunciar a esa suma de factores materiales y espirituales que la definen y diferencian de las otras. En América Latina, donde el problema se vive dramáticamente por lo menos en media docena de países, tenemos la obligación de encontrar un modelo en el que aquel acto de justicia sea posible en términos prácticos. ¿Dónde buscar ejemplos que nos orienten? En las aldeas chiquitanas hay enseñanzas provechosas para quienes quieren ver y oír. Las mujeres y los hombres de esta tierra no han perdido eso que se llama la "identidad", tienen vivo su idioma, sus danzas, sus atuendos; y sus costumbres y creencias han ido evolucionando de modo que pueden participar de las oportunidades de la vida moderna, sin dejar de ser lo que fueron, lo que siguen siendo en ese marco multicultural que son Bolivia y todos los pueblos andinos. Visitar la Chiquitania muestra a los visitantes que Beethoven y los taquiraris, o la silueta del jaguar y los arpegios de una cítara, pueden entenderse, coexistir y transubstanciarse. Eso han hecho los chiquitanos y por eso hay que aplaudirlos e imitarlos.

 

Mario Vargas Llosa

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La ONU exige al Papa que entregue a los pederastas y blinde a los niños

Ya no son las víctimas, ni los periódicos, ni siquiera el propósito de enmienda —tímido y tardío—que Benedicto XVI ensayó en la agonía de su papado. Ahora es nada más y nada menos que la Organización de Naciones Unidas (ONU) la que, a través de un durísimo informe de la Comisión sobre los Derechos del Niño, acusa al Vaticano de haber dejado solos a los niños en manos de los sacerdotes pederastas. La ONU acusa a la Santa Sede de no haber reconocido jamás "la magnitud de los crímenes sexuales" cometidos por parte de sus religiosos y de "no haber tomado las medidas necesarias para proteger a los menores". El resultado, según la comisión, es espeluznante: los abusos "se siguen cometiendo de forma sistemática mientras la inmensa mayoría de los culpables disfruta de total impunidad". La Comisión sobre los Derechos del Niño exige al Vaticano que "destituya de sus cargos y entregue a la policía a todos aquellos que sean culpables de abusos sexuales a menores", para lo cual pide que haga público el contenido de sus archivos


Hay párrafos del informe, dado a conocer ayer en Ginebra, que señalan directamente a la jerarquía católica como responsable de las "decenas de miles de casos" que se han producido y se siguen produciendo. Según asegura la ONU ahora, y ya antes habían denunciado hasta la saciedad —y ante la sordera de la Iglesia— las víctimas de pederastia, el Vaticano ha utilizado desde hace décadas la táctica de transferir "de una parroquia a otra, o a otros países, a abusadores de niños bien conocidos, en un intento por encubrir sus crímenes". Una práctica "documentada por varias comisiones nacionales de investigación" que, además de revestir a los culpables de total impunidad, provoca un efecto aún más devastador: "La movilidad de los responsables", explican los expertos del Comité sobre los Derechos del Niño, "ha permitido a muchos sacerdotes mantenerse en contacto con menores y continuar abusando de ellos. Hay todavía muchos países donde los niños siguen padeciendo alto riesgo de abuso sexual. Se ha reportado —insiste el informe— que decenas de responsables de abusos sexuales siguen en contacto con niños".


La presidenta del Comité, la noruega Kirsten Sandberg, realizó unas declaraciones a la altura de la dureza del informe: "El Vaticano infringe la convención sobre los Derechos del Niño, porque no hizo todo lo que tendría que haber hecho para proteger a los menores. Y no estamos hablando de simples recomendaciones de buenas prácticas, sino de que el Vaticano viola la Convención —a pesar de haberla ratificado en 1990—porque no protege a los niños a pesar de que existe la posibilidad de hacerlo. Frente al escándalo de la pederastia, las autoridades eclesiásticas impusieron un código de silencio y prefirieron preservar la reputación de la Iglesia y proteger a los responsables por encima del interés supremo de los niños".


El informe se produce dos semanas después de que el representante de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, acudiese a Ginebra para declarar ante la comisión, pero ni aportó datos ni mostró una preocupación acorde con la gravedad del problema y con las directrices que, al parecer, ha cursado el papa Francisco. Tomasi dijo entonces que sí, que se trata de "un hecho especialmente grave", pero que abusadores también hay "entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo". Ayer, al conocer el contenido del durísimo informe, monseñor Tomasi declaró: "La primera reacción es de sorpresa porque parece que ya estuviera preparado antes del encuentro de hace dos semanas entre el comité y la delegación de la Santa Sede. En el informe falta una perspectiva correcta y actualizada de la actuación de la Iglesia, que ha realizado una serie de cambios en relación a la protección de los niños difícil de encontrar al mismo nivel en otras instituciones o Estados (...). Se habla de 40 millones de casos de abusos sexuales a niños en el mundo. Por desgracia, algunos de ellos afectan a personas de la Iglesia. ¡Pero la Iglesia ha respondido y reaccionado! ¡Y lo seguirá haciendo!". Por su parte, el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, aseguró durante su visita a Madrid que "en los próximos días o semanas", el Vaticano explicará el funcionamiento de una nueva comisión creada al efecto por mandato del papa Francisco.


Una nota de la oficina de prensa del Vaticano, sin embargo, informó de que el Vaticano "lamenta ver en algunos puntos del informe un intento de interferir en las enseñanzas de la Iglesia católica sobre la dignidad de las personas y el ejercicio de la libertad religiosa", si bien aseguró que "toma nota" y reiteró el "compromiso de defender y proteger los Derechos del Niño, en línea con los principios promovidos por la Convención".
A este respecto, uno de los expertos de la ONU, Benyam Mezmur, puso de manifiesto las contradicciones del Vaticano: "Por un lado dicen que no pueden ser responsables por cada delito que cometen los católicos en el mundo, pero al mismo tiempo se niegan a cooperar con las autoridades de cada país. No se puede actuar por ambas vías. O se tiene influencia sobre el clero o no. Y la evidencia demuestra que sí hay influencia".

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El Papa Francisco y la economía política de la exclusión

ALAI AMLATINA, 02/01/2014.- Quien escucha las distintas intervenciones del obispo de Roma y actual papa se siente en casa y en América Latina. El Papa no es eurocéntrico, ni romanocéntrico ni mucho menos vaticanocéntrico. Es un pastor "venido del fin del mundo", de la periferia de la vieja cristiandad europea, decadente y agónica (sólo el 24% de los católicos son europeos); proviene de un cristianismo nuevo que se ha ido elaborando a lo largo de 500 años en América Latina con rostro propio y con su teología.


El Papa Francisco no ha conocido el capitalismo central y triunfante de Europa sino el capitalismo periférico, subalterno, agregado y socio menor del gran capitalismo mundial. El gran peligro nunca fue el marxismo sino el salvajismo del capitalismo no civilizado. Ese tipo de capitalismo ha generado en nuestro Continente latinoamericano una escandalosa acumulación de riqueza en unos pocos a costa de la exclusión y de la pobreza de las grandes mayorías del pueblo.


Su discurso es directo, explícito, sin metáforas encubridoras como suele ser el discurso oficial y equilibrista del Vaticano, que pone el acento más en la seguridad y en la equidistancia que en la verdad y en la claridad de la propia posición.


La posición del Papa Francisco a partir de los pobres excluidos es clarísima: «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten» esta opción ya «que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (Exhortación nº 48). De forma contundente denuncia: «el sistema social y económico es injusto en su raíz» (nº 59); «debemos decir no a una economía de exclusión y de desigualdad social; esta economía mata... el ser humano es considerado, en sí mismo, como un bien de consumo que se puede usar y después tirar; los excluidos no son "explotados" sino desechos, "sobrantes"» (nº 53).


Además no se puede negar que este tipo formulaciones del Papa Francisco recuerdan el magisterio de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968), Puebla (1979) y Aparecida (2005) así como el pensamiento común de la teología de la liberación. Ésta tiene como eje central la opción por los pobres, contra su pobreza y en favor de la vida y de la justicia social.

Hay una afinidad perceptible con el economista hungaro-norteamericano Karl Polanyi, que fue el primero en denunciar la "Gran Transformación" (título del libro de 1944) al hacer de la economía de mercado una sociedad de mercado. En esta todo pasa a ser una mercancía, las cosas más sagradas y las más vitales. Todo es objeto de lucro. Tal sociedad se rige estrictamente por la competición, por la prevalencia del individualismo y por la ausencia de cualquier límite. Por eso no respeta nada y crea un caldo de violencia, intrínseca a la forma como ella se construye y funciona, duramente criticada por el Papa Francisco (nº 53). Ella ha tenido un efecto atroz. En palabras del Papa: «ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos» (nº 54). En una palabra, vivimos tiempos de gran inhumanidad, impiedad y crueldad. ¿Podemos considerarnos todavía civilizados, si por civilización entendemos la humanización del ser humano? En verdad, estamos regresando a formas primitivas de barbarie.

Conclusión final que el Pontífice deriva de esta inversión: «ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado» (nº 204). De este modo ataca el corazón ideológico y falso del sistema imperante.


¿Y dónde va a buscar alternativas? No va a beber de la esperada Doctrina Social de la Iglesia. La respeta pero observa: «no podemos evitar ser concretos para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie» (nº 182). Va a buscar en la práctica humanitaria del Jesús histórico. No entiende su mensaje como una regla petrificada en el pasado sino como inspiración abierta para la historia siempre cambiante. Jesús es alguien que nos enseña a vivir y a convivir, a «reconocer al otro, a curar las heridas, a construir puentes, a estrechar lazos y a ayudarnos "mutuamente a llevar las cargas"» (nº 67). Personalizando su propósito dice: «a mi me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista, indiferente y egoísta, puedan liberarse de esas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por esta tierra» (nº 208). Esta intención se asemeja a la de la Carta de la Tierra que apunta valores y principios para una nueva humanidad que habita con cuidado y con amor el planeta Tierra.


El sueño del Papa Francisco actualiza el sueño del Jesús histórico, el del Reino de justicia, de amor y de paz. No estaba en la intención de Jesús crear una nueva religión ya que habia muchas en su tiempo, sino personas que aman, se solidarizan, muestran misericordia, sienten a todos como hermanos y hermanas porque todos son hijos e hijas en el Hijo.


Este tipo de cristianismo no tiene nada de proselitismo pero conquista por la atracción de su belleza y profunda humanidad. Tales valores son los que puden dar un otro rumbo a la sociedad mundial. (Traducción de Mª José Gavito Milano)


 

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Los movimientos populares latinoamericanos junto al Papa Francisco

ALAI AMLATINA, 16/12/2013.- El pasado 5 de diciembre se produjo un acontecimiento sin precedentes. Las organizaciones populares pudimos hacer oír nuestra voz en el Vaticano, puntualmente en la Pontificia Academia de Ciencias, en el marco de un coloquio titulado "La Emergencia de los Excluidos"(1). La actividad fue coordinada por el canciller de la Academia, Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, a pedido del propio Francisco.


Después de la apertura del coloquio a cargo del Cardenal Peter Turkson, el compañero Juan Grabois (Movimiento de Trabajadores Excluidos -- Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), co-organizador del evento, abrió la discusión con su ponencia "Capitalismo de Exclusión, periferias y movimientos populares"(2). Durante su intervención, Grabois denunció la existencia de un modelo económico de exclusión basado en la búsqueda irresponsable de la ganancia, la primacía del capital financiero especulativo, la cultura consumista del derroche, la usurpación de la naturaleza y la claudicación de los estados nacionales frente al capital mundial. En ese marco, señaló, se desarrollan los fenómenos de injusticia social contemporáneos como la de los 1500 millones de compañeros viviendo en condiciones inhumanas en villas miseria o la degradación del trabajo que arroja a más de la mitad de la clase trabajadora global a situaciones de total informalidad y extrema precariedad.


Por su parte, el compañero Joao Pedro Stedile, del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST--Vía Campesina), recalcó la importancia de comprender las causas de la multiplicación de los excluidos en el mundo y no detenerse exclusivamente en las consecuencias. Entre ellas, indicó, algunas características del capitalismo contemporáneo como la ofensiva del capital sobre la naturaleza, dónde se pretende privatizar todos los bienes comunes de la humanidad: la tierra, el agua, el subsuelo e incluso el aire. También señaló la insuficiencia de la democracia formal para permitir la participación de todas las personas, especialmente de los trabajadores y los humildes y bregó por formas participativas de democracia. Finalmente, denunció la existencia de monopolios mediáticos que pretenden controlar la prensa y la cultura mundial al servicio del modelo consumista y las estructuras de poder hegemónicas.


Otros panelistas, entre los que se encontraban Romano Prodi --ex Presidente de Italia de orientación socialdemócrata- y Jeffry Sachs --economista de orientación neoliberal durante la década de los noventa que ha virado a posiciones de mayor sensibilidad social-, con independencia de su filiación ideológica, coincidieron en la gravedad del problema y señalaron diversos aspectos del mismo como la impotencia de los partidos políticos frente al poder económico, el escándalo de la evasión impositiva de los ricos y la imposibilidad de recaudar los fondos para los programas sociales de la ONU por la mezquindad de las grandes potencias.


De especial interés fue la ponencia de Veerabhadran Ramanathan, uno de los principales expertos del mundo en cambio climático, quien señaló con contundencia la responsabilidad de las grandes empresas y los países desarrollados en esta situación que, paradójicamente, afectan principalmente a los más humildes por la vulnerabilidad económica y habitacional que padecen. Indicó que, de no realizarse los cambios necesarios, la temperatura se elevará irremediablemente 4 C en los próximos 50 años con consecuencias catastróficas para toda la humanidad.
El coloquio cerró con una discusión general en la que no faltaron contrapuntos entre los presentes, siempre en un marco de respeto y diálogo. Todos los participantes hicieron reiteradas referencias a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium(3) que contienen categóricos y esclarecedores conceptos sobre la situación de los excluidos y la matriz excluyente de la economía global.


De nuestra parte, como representantes de movimientos populares señalamos que debemos primero analizar las causas de la multiplicación de los excluidos en el mundo, para después buscar las verdaderas salidas, y entre las causas enumeramos:


a) Hay una ofensiva mundial del capital financiero y transnacional para privatizar y apoderarse de todos los bienes de la naturaleza: minas, tierra, biodiversidad, agua, vientos y hasta el aire, con los títulos de crédito de carbono. Eso va contra toda la lógica de desarrollo de la humanidad de que los bienes de la naturaleza pertenecen a todos/as y deben cumplir una función social de generar bien estar para todos/as. Privatizar la naturaleza y transformar los alimentos solo en mercancías, donde solo puede ascender quien tiene dinero, es poner en riesgo la vida humana.


b) La concentración económica. El mundo económico es rehén de no más de 300 empresas transnacionales que controlan el 58% del PIB mundial, y dan trabajo a solo 8% de la población económicamente activa. Ellos son los que controlan la economía y los gobiernos. Por eso los gobiernos se reúnen, pero no deciden nada.


c) La democracia formal o burguesa ha fallado. Las formas de representación están en crisis y no responden a los intereses de los pueblos. Porque en todos los países hay mecanismos de financiamiento de las campañas por las grandes empresas, de control de la opinión pública, que fue distanciando los poderes judicial, legislativo y ejecutivo de la voluntad real de los pueblos. Hay necesidad urgente de desarrollar nuevas formas de participación popular en los tres poderes y nuevas formas de representación política, en todo el mundo. Una democracia que, además de formal, sea real.


d) Hay una revolución tecnológica en curso, con la informática e Internet que amplió el acceso a la información. Pero eso no llevó a la democratización del acceso a la educación formal para todos los jóvenes. Los niveles de acceso, se quedan en la enseñanza primaria y secundaria, en la mayoría de los países los jóvenes no entran en las universidades, y tenemos millones de trabajadores adultos no alfabetizados, al margen de la modernidad. ¡El pobre analfabeto, no es ciudadano mientras no conozca las letras!


e) Hay un control de las ideas, los deseos y la opinión pública por la concentración del poder mediático en todos los países del mundo. La construcción de una democracia, necesita democratizar en primer lugar los medios de comunicación

Finalizada la jornada, Stedile y Grabois mantuvieron una prolongada reunión con el Cardenal Turkson, presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, en la que intercambiaron opiniones sobre distintas cuestiones sociales y discutieron alternativas para darle continuidad al diálogo entre Iglesia y movimientos populares.


Al día siguiente, en el marco de una audiencia privada con el sumo pontífice, Grabois le entregó al Papa Francisco dos obsequios: un cuadro de semillas elaborado por una campesina del MST y un barco de cartón reciclado realizado por los cartoneros del MTE. Asimismo, Francisco filmó un mensaje para los campesinos(4) y otro para los cartoneros(5) en el que expresa su solidaridad con ambos sectores y su respaldo a su lucha por el trabajo, la tierra, la vida comunitaria y el ambiente.


Por su parte, Stedile participó de una serie de reuniones con organizaciones campesinas y sociales italianas como el Comité de Apoyo al MST y el espacio autogestionado STRIKE donde se reúnen jóvenes precarizados. Asimismo, brindó una extensa conferencia en el Teatro Ocupado Valle ante gran cantidad de militantes sociales italianos.


Tanto Stedile como Grabois expresaron que regresaban a sus respectivos países con renovada sensación de que los trabajadores, los excluidos, los pobres de la tierra, y sus organizaciones, tienen un importante apoyo en su lucha por la Justicia Social y que se abre una nueva etapa en la unidad global del campo popular.


- Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) -- Vía Campesina


- Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP)
Notas:


(1) http://www.casinapioiv.va/content/dam/accademia/booklet/booklet_excluded.pdf
(2) http://www.casinapioiv.va/content/dam/accademia/pdf/sv123/sv123-grabois.pdf
(3) http://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf
(4) El Papa Francisco, en su mensaje a los campesinos dice: "Un saludo a los que están participando de la asamblea de la Vía Campesina, que expresa de alguna manera el amor a la tierra, que hay una relación entre quien cuida la tierra y quien cultiva la tierra...y que la tierra como que responde dando su riqueza y sus frutos, cuidar la tierra, no abusar de ella, trabajar la tierra, pero a la vez trabajarla en comunidad, trabajarla como hermanos, esa relación entre la creación que Dios nos dio, entre la hermandad que Dios quiere con nosotros, nos va hacer bien a todos, no maltratar la tierra, no maltratarnos entre nosotros , y seguir adelante, que dios los bendiga..." (https://docs.google.com/file/d/0B_yUztFLNxbfYkJMeEs5QWJnNzg/edit?pli=1)
(5) http://www.youtube.com/watch?v=Bkm88broxUE&feature=youtu.be
Galería de fotos (http://www.flickr.com/photos/[email protected]/sets/72157638710143626/)

Documento Relacionado:
A nuestro querido Francisco, pastor de la Esperanza! - Joao Pedro Stedile (http://alainet.org/active/69866)

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Domingo, 15 Diciembre 2013 05:50

"Llegó la primavera con sus frutos"

La ternura y la inteligencia juntas son armas muy disuasivas. Escuchando hablar al teólogo brasileño Leonardo Boff se entiende rápidamente por qué su amigo Joseph Ratzinger lo apartó de la Iglesia cuando se publicó uno de los libros fundadores de la Teología de la Liberación escritos por Boff, Iglesia, carisma y poder. Mucho antes de ser papa, Ratzinger fue amigo de Leonardo Boff, pero en cuanto el severo teólogo alemán empezó a trepar la escalera del poder vaticano no dudó en levantar la mano para sentar a Leonardo Boff en el mismo sillón donde, muchos siglos antes, la Santa Sede juzgó a Galileo Galilei. Leonardo Boff pagó el tributo de sus ideas. Perdió el derecho de ejercer el sacerdocio.


Han pasado muchos años y muchos combates y Leonardo Boff no perdió ni un ápice de esa inteligencia que envuelve las cosas en una mezcla de racionalidad y revelación juvenil. El paisaje que rodea su casa de Petrópolis es idílico, frondoso y absorbente como las ideas que este intelectual de 75 años va exponiendo con la frescura de un adolescente. Con el título "El papa del pueblo", la revista Time eligió al papa Francisco como personalidad del año. "Lo que hace a este Papa tan importante es la rapidez con la que capturó la esperanza de los millones de personas que habían abandonado toda esperanza en la Iglesia", escribe Time.

Leonardo Boff no está lejos de pensar lo mismo. Se acaba el año de la elección de Bergoglio como primer papa no europeo de la historia. En esta entrevista con Página/12, Leonardo Boff hace un balance de las esperanzas suscitadas por Francisco, de las perspectivas de transformación que se levantan en el horizonte, de los actos ya cumplidos y de los que vendrán. El teólogo brasileño está convencido de que, con Francisco, llegó mucho más que un hombre que viene de lejos: en su visión, con él llegaron al Vaticano otra filosofía de la vida, de la política, otra práctica pastoral, otra sociología y otro cristianismo inspirados en la raíz misma del continente.


–Pasan los meses y, a su manera, el papa Francisco sigue dando sorpresas. ¿Cómo analiza usted este momento particular del catolicismo a través de una figura que está desplazando casi todos los centros de gravedad del Vaticano?

–Estamos en una situación totalmente nueva. Nosotros venimos de un invierno muy duro y riguroso con Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora sentimos la primavera con sus flores y sus frutos. Francisco es un papa que sorprende, que cada día inventa cosas nuevas. Es la primera vez que un papa no viene de la vieja cristiandad europea, sino de la periferia, o sea de América latina. Las iglesias de América latina eran iglesias espejo mientras que las iglesias de Europa eran iglesias fuente. Ahora, después de 500 años, nuestras iglesias se han convertido en iglesias fuente. Nuestras iglesias tienen sus tradiciones, sus reflexiones, sus liturgias, han creado un estilo de cristianismo ligado a la liberación, al compromiso social. De ese caldo espiritual, político y religioso viene el papa Francisco. El nuevo papa tiene otro tipo de mensaje, no es el cristianismo viejo, doctrinario, disciplinar. Se trata de un cristianismo de profunda comunión con todas las personas, libre de doctrinas castradoras, con un mensaje basado en la sencillez y la pobreza. Eso es inédito en la historia del papado. Hay que tener en cuenta que sólo 24 por ciento de los cristianos está en Europa, 62 por ciento en América latina y los demás en Asia y Africa. Esto significa que, hoy, el cristianismo es una religión de Tercer Mundo. Tuvo sus raíces en el Primer Mundo, pero eso ya pasó. Francisco es muy consciente de esto. Por eso tiene la fantasía creadora y es capaz de decir "hay que cambiar". Y creo mucho en su fantasía, en su libertad, en su corazón, en su libertad espiritual. La Iglesia necesita corazón, no poder. Donde hay poder no hay amor ni compasión. Francisco tiene amor y compasión. Y no quiere saber nada de poder ni de tradiciones.


–Para usted entonces Francisco es un papa de combate.


–Creo que Francisco combina dos cosas: la ternura de Francisco y el rigor del jesuita. Es franciscano en la forma de vivir humilde, popular, pero es un jesuita de la racionalidad moderna: analiza los fenómenos, identifica la causa principal y, cuando descubre, interviene con mucha determinación. Creo que el Papa es una combinación feliz entre ternura y vigor. Eso es lo que necesitamos en la Iglesia. Hacia afuera es un pastor, hacia adentro es muy riguroso. Cuando estuvo en Río de Janeiro, el discurso más duro que pronunció fue para los obispos y cardenales. Les dijo que no eran pobres ni interiormente, ni exteriormente, que eran duros con el pueblo y que no fueron capaces de hacer la revolución de la ternura, de la compasión, de la compenetración con el pueblo. En Roma dice lo mismo: los ministros de la Iglesia tienen que salir de la fortaleza hacia el pueblo, y el pueblo debe poder venir y sentirse en su casa. La Iglesia no está para condenar a nadie sino para acoger, perdonar, suscitar esperanzas y tener compasión con quienes tienen problemas. Esa es la característica más bella y evangélica de Francisco.
–Usted cree que Francisco puede realmente reformar la Iglesia.


–Yo creo que Francisco, antes de reformar la curia y la Iglesia, ya reformó el papado. El estilo del Papa es otro. El papado tiene un ritual, en las vestimentas, en los símbolos del poder. Francisco renunció a todo eso e hizo el trabajo contrario: logró que el papado se adaptara a sus convicciones, a sus hábitos. Por eso renunció a todos los símbolos de poder. Dijo: "la Iglesia tiene que ser pobre como Jesús". ¡San Pedro no tenía un banco y Jesús no entendía nada de contabilidad! Jesús era un profeta que traía fe, esperanzas. Francisco rescata la tradición más vieja de la Iglesia y rehúsa llamarse papa. Papa es un título de los emperadores. Francisco se considera un obispo de Roma que gobierna la Iglesia en la caridad, no en el derecho canónico. Eso cambia todo. Francisco es más que un nombre: es un proyecto de Iglesia, de una sociedad más sencilla, solidaria, es el proyecto de una simpleza voluntaria, de una sobriedad compartida. Posiblemente, esto va a crear una crisis entre los obispos y cardenales. Ellos se creen príncipes de la Iglesia y el Papa no quiere nada de eso. Francisco quiere que se renueve el pacto de las catacumbas cuando, al final del Vaticano II, 30 obispos se reunieron en las catacumbas e hicieron votos de vivir en la pobreza, abandonar los palacios y vivir en el medio del pueblo. Esa es la propuesta para toda la jerarquía de la Iglesia. Esa será para mí la gran revolución de Francisco.


–¿Con qué fuerzas Francisco podrá cambiar las malas tendencias profundas de la Iglesia? Por ahora hemos oído un mensaje pastoral muy entusiasta, pero para llegar a la trasformación completa hay un gran paso. ¿Acaso se apoyará en la Teología de la Liberación, tan reprimida por Juan Pablo II y Benedicto XVI?


–Es un papa muy inteligente. Francisco criticó mucho a los conservadores. El 11 de septiembre aceptó encontrarse con Gustavo Gutiérrez (el otro inspirador de la Teología de la Liberación). Eso me parece muy importante para apoyar esa teología que es, además, en cierta forma, el lugar de donde él viene. La Argentina tiene una Teología de la Liberación propia, que es la teología de la cultura popular. Francisco se apoyó en esa teología que se diferencia de la teología de la liberación común porque no trabaja en torno del conflicto de clases, sino en torno de la cultura dominante, la cultura dominada, cultura del silencio que hay que liberar. El está en esa línea. Y de allí viene su novedad. Ya eligió ocho cardenales de todo el mundo para crear una instancia de decisión. Sería fantástico si Francisco invitara a mujeres a dirigir los destinos de la Iglesia en la perspectiva de la globalización. Hasta hoy, el cristianismo era algo occidental que se fue convirtiendo en algo cada vez más accidental. Tiene que ser ahora globalizado. Para ser global, tiene que tener otras dimensiones. La Iglesia no encontró su lugar en la globalización. La Iglesia es muy romanizada, eurocéntrica. Pero Francisco tiene la visión del jesuita San Francisco Javier, misionero de China, según la cual la Iglesia tiene que salir. Para mí la mejor manera es crear una red de iglesias y comunidades que se encarnen en las culturas y tenga rostros chinos, japoneses, africanos, latinoamericanos. Es otro tipo de presencia de la Iglesia, no como poder, sino como una instancia de apoyo a todo lo que es humano. El cristianismo se suma a otras religiones, a otros caminos espirituales, y renuncia así a su privilegio de excepcionalidad, como si fuera la única Iglesia verdadera, la única religión válida. No. El cristianismo está junto a las demás para alimentar valores humanos, para salvar a nuestra civilización, que está amenazada.


–Sin embargo, el discurso tradicional del Vaticano aún se mantiene.


–Sí, yo creo que él seguirá manteniendo el discurso tradicional de defensa de la vida, contra el aborto, pero con una diferencia: antes, los temas de la moral sexual, familiar, del celibato de los sacerdotes o del sacerdocio de las mujeres, eran temas prohibidos, no se podían discutir. Ningún cardenal, obispo o teólogo podía hablar de esto. Francisco no, él dejó abierta la discusión. El va a abrir una amplia discusión en la Iglesia y va a recoger elementos que se pueden tornar universales. Francisco abrió muchos espacios. No sé hasta qué punto podrá avanzar con esto, pero sí habrá una amplia discusión en la Iglesia. Posiblemente se logre permitir que las iglesias locales, por ejemplo en Africa, donde hay otras culturas tribales, otra relación con la sexualidad, puedan actuar de otra forma ante la utopía cristiana, una forma que no sea sólo la occidental. Ahora tenemos una sola manera de ser cristiano, pero hay otras. En América latina estamos demostrando que es posible un cristianismo afro-indígena-europeo, una mezcla de tres grandes culturas. Por eso aquí la Iglesia tiene otro rostro, es más abierta, más comprometida con los cambios que benefician al pueblo. Tenemos que universalizar esto porque la injusticia mundial es muy grande. Y este papa es muy sensible ante los últimos, los invisibles. Ahí está su centralidad.


–Ya ha pasado cierto tiempo luego de la renuncia del papa Benedicto XVI. Ese hecho fue un enorme terremoto para los católicos del mundo. ¿Cuál es hoy su análisis sobre ese momento de fractura sin el cual el papa Francisco no hubiese llegado al sillón de Pedro?

–Yo creo que cuando Benedicto XVI leyó el informe de más de 300 páginas sobre la situación interna de la Iglesia, sea lo que concernía los problemas del banco del Vaticano, sea los escándalos sexuales que implicaban a obispos y cardenales, creo que eso lo golpeó profundamente. Benedicto XVI sintió que no tenía fuerza física, ni psíquica, ni espiritual para enfrentar un lío semejante. Ese problema no venía desde afuera, del mundo, de la sociedad, no: el problema venía desde dentro de la Iglesia, de su parte más central que es la curia romana. Eso lo escandalizó. Benedicto fue muy humilde al reconocer que otra persona debía venir con más fuerza, con más y determinación y otra visión de la Iglesia para crear un horizonte de esperanzas y credibilidad que la Iglesia había perdido totalmente.


–El banco del Vaticano y todos los escándalos ligados a él fueron uno de los desencadenantes de la renuncia de Benedicto XVI. Apenas asumió, las primeras medidas que adoptó el papa Francisco atañen justamente el banco. ¿Cree usted que podrá llevar a cabo la reforma final de esa institución financiera comprometida con la mafia y la circulación de dinero opaco?


–En el banco del Vaticano hay mucho dinero de la mafia, apoyada y comprometida con altas figuras de la curia romana. En este sentido, hay un riesgo que pesa sobre el Papa. Cuando la mafia se siente agredida es capaz de cometer crímenes, de eliminar personas. Por eso es muy inteligente que el Papa no viva en los departamentos pontificiales sino en una Casa de Huéspedes, es muy inteligente también que no coma solo, sino con muchas personas. Francisco dijo en broma que así era más difícil envenenarlo. Pero más allá de esto, creo que Francisco va a inaugurar una dinastía de papas del Tercer Mundo, de Africa, de Asia, de América latina. Con eso se enriquecerá el catolicismo con valores de otras culturas que nunca fueron respetadas sino colonizadas. El cristianismo de América latina es un cristianismo de colonización. Hicimos muchos esfuerzos para crear un cristianismo nuestro, con nuestros santos, nuestros mártires. Nuestro cristianismo tiene su propio rostro, que no es el viejo rostro europeo. Esto va a facilitar que el cristianismo sea una propuesta buena para la humanidad, no solamente para los cristianos. Nuestro cristianismo tiene otro elemento de ética, de humanidad, de espiritualidad para un mundo altamente materializado, tecnológicamente sofisticado. Francisco encarna ese contrapunto, esa dimensión. Su propuesta tiene futuro.

por Eduardo Febro
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