Más de 500 detenidos por las protestas contra el cambio climático en Londres

Miles de personas se han sumado esta semana al movimiento promovido la organización ecologista Extinction Rebellion por en un intento por forzar al Gobierno a tomar medidas para hacer frente al calentamiento global.

Más de 500 personas han sido arrestadas esta semana y 10 han sido acusadas desde que comenzó la protesta de Extinction Rebellion para reclamar a las autoridades británicas medidas drásticas para frenar el cambio climático, según el último balance que ha proporcionado este miércoles la Policía Metropolitana.

Activistas de la organización ecologista Extinction Rebellion han alertado al diario local The Guardian de que los detenidos estarían siendo trasladados a comisarías a las afueras de la capital británica. "Los que han sido detenidos están siendo llevados a muchas partes, incluso fuera de Londres", ha indicado un portavoz.

Miles de personas se han sumado esta semana al movimiento en un intento por forzar al Gobierno a tomar medidas para hacer frente al calentamiento global. "La gente no quiere esto pero la inacción por parte del Gobierno ante este tipo de emergencia nos deja sin alternativa", ha explicado la organización.


El martes las manifestaciones se extendieron a las zonas de Marble Arch, Waterloo Bridge, Oxford Circus y Parliament Square, lo que provocó atascos en las áreas colindantes.
Este miércoles se proponían paralizar también el metro de Londres, si bien no han conseguido su objetivo porque, entre otras cosas, se han desplegado efectivos adicionales y se ha bloqueado la señal WiFi. La anécdota de esta tercera jornada la han protagonizado cuatro activistas que se han encadenado a la valla de la casa del líder laborista, Jeremy Corbyn, de acuerdo con la cadena de noticias BBC.

Varios de los manifestantes ubicados en el puente de Waterloo, según ha podido saber la corresponsal de Público en Londres Cristina Casero, llevaban protestando desde el lunes para solicitar al gobierno medidas urgentes para acabar con la crisis climática. Según los activistas, los agentes han procedido a su detención alegando que estaban interrumpiendo el tráfico, una información confirmada por uno de los policías allí presentes. Asimismo, los activistas han confirmado a Casero que, una vez puestos en libertad, volverán al mismo sitio a continuar con la protesta.


La organización Extinction Rebellion

Extinction Rebellion asegura que cuenta con 331 grupos de acción afiliados en 49 países distintos y denuncia que 222 de sus activistas han sido detenidos en todo el mundo en acciones de desobediencia civil no violenta. En noviembre fueron detenidas 85 personas en Londres cuando miles de activistas, familias y pensionistas bloquearon cinco puentes del Támesis.

En Reino Unido, Extinction Rebellion exige al Gobierno emisiones cero de gases de efecto invernadero para 2025 y un plan de emergencia ciudadano similar al impulsado durante la Segunda Guerra Mundial.


Casi un centenar de intelectuales han suscrito un manifiesto de Extinction Rebellion publicado en octubre en The Guardian. "Se ha roto el contrato social y por consiguiente no solo es nuestro derecho, sino también nuestro deber moral puentear la pasividad y flagrante dejación de funciones del Gobierno y rebelarnos para defender la vida", explica el texto.

18/04/2019 11:27 Actualizado: 19/04/2019 10:12
PÚBLICO / AGENCIAS

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Lunes, 15 Abril 2019 07:03

El mensaje y el mensajero

El mensaje y el mensajero

El régimen encabezado por alguien que tiene entre sus consignas que los medios son "enemigos del pueblo" acaba de proceder penalmente contra Julian Assange, director fundador de Wikileaks. Este es un ataque contra todos los que ejercemos este oficio en el mundo (incluidos los que trabajamos en este periódico), pero también para cualquiera que considera que el pueblo tiene derecho de saber lo que los gobiernos hacen en sus nombres.

Noam Chomsky opinó que el arresto de Assange es "escandaloso" por la aparente colusión entre gobiernos –Estados Unidos, Inglaterra, Ecuador y Suecia, en este caso– para “silenciar a un periodista que estaba produciendo material que la gente en el poder no deseaba compartir con las multitudes… Wikileaks estaba revelando cosas que la gente debería saber sobre los que están en el poder. A los que están en el poder no les gusta eso, por lo tanto, lo tienen que silenciar… es un escándalo que ocurre una y otra vez”. También es escandaloso, comentó en un foro en Boston moderado por Democracy Now, que una vez más se demostró el alcance extraterritorial de Estados Unidos "para controlar lo que otros están haciendo en otras partes del mundo, eso es espantoso" (vale recordar que Assange no es estadunidense, sino australiano).

“Assange cometió los pecados imperdonables de avergonzar al establishment… Y ahora será castigado por nuestros pecados”, argumentó Jonathan Turley, profesor de leyes en la Universidad George Washington en un artículo publicado en USA Today.

Sin embargo, Assange es detestado por buena parte de los políticos demócratas que uno supondría defenderían la libertad de prensa. No perdonan que Wikileaks haya divulgado miles de correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata durante la contienda presidencial de 2016 y que según ellos dañó la candidatura de Hillary Clinton (ella mismo declaró hace un par de días que Assange debe enfrentar "lo que se merece").

Neera Tanden, directora del Center for American Progress, un think tank encabezado por clintonistas, acusó en un tuit que "Assange fue el agente de un Estado proto-fascista, Rusia, para minar la democracia. Ese es comportamiento fascista. Todos en la izquierda deberían de repudiar lo que hizo, no celebrarlo". No mencionó que lo que fue revelado fue que Clinton y su equipo mintieron al público y sus trampas contra la campaña de Bernie Sanders para asegurar su nominación como candidata.

Otros "liberales" y demasiados periodistas justificaron el no defender a Assange con el argumento de que los cargos presentados por el Departamento de Justicia no tienen que ver con el ejercicio periodístico y/o que él no es periodista. Otros expresaron su antipatía contra el personaje por su megalomanía, su arrogancia o hasta por su comportamiento personal.

Pero como señala Alan Rusbridger, el ex editor ejecutivo de The Guardian, quien colaboró con Assange (y con quien se acabó peleando), publicar los archivos secretos oficiales obtenidos por Chelsea Manning y entregados a Wikileaks, no es el punto. En un artículo publicado en el Washington Post argumentó que “las leyes que protegen la libertad de expresión no deberían depender de la simpatía, salud mental o higiene personal de aquellos que están en la línea de fuego… aquí se tiene que considerar las implicaciones para la libertad de expresión”. Concluyó: “si creemos que la luz del día es una condición necesaria para la democracia…entonces la defensa de reporteros de investigación, a pesar de qué tan difíciles y hasta equivocados podrán estar, es importante”.

Por ahora, los responsables de violaciones a los derechos humanos, engaños y atentados contra las libertades civiles no han enfrentado la justicia, mientras Manning, Edward Snowden, Daniel Ellsberg, junto con periodistas (incluido el proyecto de Wikileaks) que entregaron los mensajes sobre todo esto al público son criminalizados y declarados "enemigos del pueblo". Ese es un truco antiguo, culpar al mensajero para intentar anular el mensaje.

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Domingo, 24 Marzo 2019 05:34

La represión ya está en marcha

La represión ya está en marcha

Para contener a los 3.000 manifestantes de París, hubo muchos policías y símbolos como el recurso al Ejército francés.


El nombre del partido presidencial La República en Marcha se volvió ayer “La Represión en Marcha”. Los chalecos amarillos que, en toda Francia, participaron en la décima novena jornada de manifestaciones pusieron al frente de sus marchas ese cartel en signo de repudio al denso operativo policial con el que, esta vez, el Ejecutivo decidió impedir que se repitieran los saqueos de la semana pesada. Para contener a los 3.000 manifestantes de París hubo no sólo muchos policías sino, además, muchos símbolos. El más pesado es el recurso al Ejército francés. Los incendios y las depredaciones del sábado 16 de marzo en la Avenida de los Campos Elíseos, la convergencia entre los chalecos amarillos más radicales y los Black Blocs y la destrucción de las insignias bandera de las marcas del lujo mundial (el restaurant Le Fouquet’s, de Hugo Boss, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp, Zara) desencadenaron una purga inédita entre los altos mandos policiales, la prohibición de manifestar en ciertos barrios de París y otras ciudades así como la implementación de un red represiva sin precedentes. A medio día, más de 5.000 “controles preventivos” habían sido realizados por las fuerzas del orden. Capitales provinciales como Niza, Toulouse o Burdeos prohibieron a los chalecos toda manifestación en los centros donde se encuentran las boutiques de lujo. En París, los Campos Elíseos, los alrededores del Palacio presidencial y de la Asamblea Nacional fueron vedados a los manifestantes por los 6.000 miembros de las fuerzas de seguridad desplegados en París.


La imagen más impactante es, sin embargo, la presencia del Ejército francés cuya primera misión, el operativo Centinela diseñado en 2015 para proteger de los ataques terroristas los lugares públicos, fue ampliada ahora a la represión. El muy cuestionado Ministro de Interior, Christophe Castaner, dictó la consigna “impunidad cero”. La democracia macronista ha sido incapaz de resolver la crisis de los chalecos amarillos y terminó desplazando al Ejército para resguardar los símbolos de la ostentación y la riqueza. La imagen del gobierno se ha ido degradando a la par de la de los chalecos amarillos. El movimiento paga el tributo de las escenas de violencia y destrucción que las manifestaciones dejan a su paso. En los últimos días, una encuesta de opinión realizada por Odoxa demuestra la erosión de los chalecos: el 58% de los encuestados considera que la violencia le ha restado mucho crédito a los chalecos amarillos mientras que un 55% anhela que se terminen las manifestaciones. Las cifras son igualmente adversas para el gobierno. 76% cree que el Ministro de Interior no podrá mantener el orden público, 70% siente que Emmanuel Macron es igualmente incapaz y 67% piensa lo mismo del Primer Ministro Édouard Philippe. Cuatro meses de crisis debilitaron a todos los actores. El movimiento comenzó el 17 de noviembre con dos identidades permanentes: una, a lo largo de la semana, con la ocupación de las rotondas: la otra, el sábado, con las manifestaciones en las ciudades. Los intentos oficiales de desactivar la tensión no se completaron. Incluso si los chalecos se dividieron y fueron perdiendo impacto y respaldo (en un momento 76% de la población los apoyaba), la onda amarilla prosiguió su ruta. El telón que tapaba la Francia desértica se desplomó. El decorado de la felicidad liberal quedó al desnudo y, desde entonces, los chalecos han ido sembrando su propia agenda ante la impotencia política del gobierno y el presidente.


“Emmanuel Macron, el vértigo autoritario”, escribe el portal de información Mediapart. Unos 350 universitarios firmaron este fin de semana un texto contra “el grave peligro que corre la población con la política del gobierno”. La derecha, en cambio, se posiciona en contra de los chalecos amarillos. Uno de sus portavoces más camaleónicos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, acusa a los chalecos de encarnar un “nihilismo mortífero”. Ese “vértigo” se explica por la obsesión de evitar que los sectores más duros del movimiento hagan causa común con los Black Blocs, tal y como ocurrió a mediados de marzo. Con el paso de las semanas, los grupos políticos radicales se mezclaron con los chalecos amarillos. El último que subió al escenario fue Black Bloc. Estos radicales vestidos de negro y pasamontañas están constituidos por una mezcla de antifascistas, anarquistas y los llamados autónomos. En un bar de París, uno de los Black Bloc explica a PáginaI12 que la situación insurreccional creada por los chalecos amarillos resultó un terreno de acción propicio y, sin que haya habido ninguna coordinación previa, “se plasmó en la calle de forma irremediable porque nadie acepta que la respuesta a una demanda social sea la represión salvaje”. Julien es un Black Bloc miembro del llamado “Comité invisible” que en 2007 publicó un famoso ensayo, “La Insurrección que viene” (La Fabrique Edition). Este libro, en sus primeras línea, constata que “cualquiera sea el ángulo desde el que se lo mire, la situación presente no tiene salida”. Por ello postula que la “insurrección no es sólo necesaria, sino también ineluctable”. A su manera, para ellos, los chalecos amarillos han sido el tambor que activó el nacimiento de esa insurrección.


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Minga indígena y popular. Retos y aprendizajes: El sur occidente colombiano intenta poner freno al gobierno de Duque, ¿Lograrán sus objetivos?

En medio de asesinatos sistemáticos de líderes y lideresas sociales –226 durante el 2018 y alrededor de 30 en lo corrido del 2019–, reactivación del conflicto armado, políticas económicas, ambientales, sociales y militares que afectan la vida de millones de colombianos, el pueblo indígena nasa, en unión con organizaciones sociales del departamento del Cauca, dan un empujón para superar la somnolencia imperante en amplios sectores de la sociedad colombiana, y confrontar el gobierno de Iván Duque, ¿Qué le espera a la Minga por la defensa de la vida, el territorio, la democracia, la justicia y la paz luego de más de 10 días de movilización? ¿Cuáles son las lecciones para las organizaciones y los movimientos sociales del país?


El domingo 10 de marzo miles de indígenas Nasa, agrupados en el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), acompañados por campesinos del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (Pupsoc), el Coordinador Nacional Agrario (CNA), y distintas organizaciones sociales, ambientales y populares de esta parte del país, decidieron darse cita en el resguardo “Las Mercedes” ubicado en la vereda “El Pital” del municipio de Caldono, Cauca, para dar inicio a la “Minga por la defensa de la vida, el territorio, la democracia, la justicia y la paz”, tras el propósito de un diálogo político alrededor de temas fundamentales para el país con el gobierno encabezado por Iván Duque.

 


La movilización fue masiva y su peso se sintió de inmediato. Con anterioridad el Cric había invitado al gobierno nacional ha llegar a este sitio para entablar el diálogo y la negociación pretendida. Tras dos días de espera, el 12 de marzo, ante más de 15 mil personas, llegó la ministra del interior, Nancy Patricia Gutiérrez, el comisionado de paz, Miguel Ceballos, el ministro de agricultura, Andrés Valencia, y otros funcionarios, con quienes se instaló una mesa de diálogo para acordar la agenda de trabajo con el presidente.


Terminada la agenda, sin el logro de acuerdos claros, que se cumplan –sin vivir los incumplimientos que hoy resaltan en infinidad de agendas firmadas en otras Mingas– en tanto comprometen a todo el gobierno, cuya cabeza se niega a dialogar en directo con las comunidades, y firmar los compromisos a que de lugar, la comunidad allí reunida insiste en la demanda de que el Presidente asuma con su presencia la negociación. Un reiterado no, es lo único que obtienen. Ante tal reiteración deciden cerrar La Panamericana (vía principal que conecta el sur del país). El peso de su decisión empieza a sentirse casi de inmediato, con la larga fila de camiones, buses y automotores que a lo largo de kilómetros, y en ambas direcciones, congestionan la autopista.

La respuesta que llega desde Bogotá es la misma de siempre: represión. El Esmad entra con toda fuerza a reprimir, pero los miles allí reunidos resisten. Los primeros choques dejan ahogados, algunos contusos menores, y la vía en igual situación.


Mientras esto sucede, delegaciones de otros pueblos indígenas y de otras organizaciones sociales llegan al sitio de concentración y potencian la Minga, entre ellas delegaciones de la Organización Indígena de Antioquia (OIA), del Comité de Integración del Macizo Colombiano (Cima), del Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec), del Consejo Regional Indígena del Huila (Crihu) y otros cabildos del Valle del Cauca.


¿Cuáles son los temas de diálogo que plantea la Minga?


Para las organizaciones actoras de esta Minga, la agenda de diálogo político con Iván Duque debe tocar múltiples aspectos, enmarcados ellos en cuestiones sectoriales, regionales y coyunturales de la realidad del país, entre ellos: derechos humanos (desmonte del paramilitarismo, atención y respuesta sobre los cientos de líderes y lideresas sociales asesinados y amenazados, reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, entre algunos de los ítems que integran este subpunto). Del mismo modo está la bandera ambiental (modelo de desarrollo actual y las políticas que afectan los páramos y zonas estratégicas de aguas en el país, la ley Zidres, el uso de glifosato y el modelo extractivo minero energético que da vía libre al Fracking en Colombia; respuesta al crimen ambiental del Río Cauca con Hidroituango, entre otras).


En cuanto a temas sociales, resaltan: el del Plan Nacional de Desarrollo, Código de Policía, la ley de financiamiento (reforma tributaria), incumplimiento a la implementación de los acuerdos firmados con las Farc, las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz. De igual manera está la exigencia del cumplimiento del decreto 1811 de 2017, que fija mecanismos para el cumplimiento de alrededor de 1.500 acuerdos y renegociaciones entre los pueblos indígenas del Cauca con el Estado y que han sido incumplidos, los que a la fecha suman 3,6 billones de pesos para ser implementados y que comprenden temas de salud, educación, compra de tierras y otros.

 

 


La agenda es integral, y ante la misma el establecimiento se escuda en que las propuestas de discusión de la Minga no son de su competencia, pues para ello existe el Congreso de la República como el lugar para dar y posicionar estas discusiones; sostiene, asimismo, que los indígenas confunden sus peticiones con su ideología; se escuda el Gobierno, además, en que las exigencias de los indígenas ya están saldadas en el Plan Nacional de Desarrollo donde hay comprometido un presupuesto de 10 billones de pesos para ellos y por ejecutar durante los próximos cuatro años. Tema que increpan los indígenas al indicar que el engaño a la Mesa Permanente de Concertación con los pueblos indígenas es lo realmente realizado por el Gobierno, toda vez que en el presupuesto presentado por éste al Congreso los referidos 10 billones no tienen asignación presupuestal, por lo que están agregados en anexos, lo que quiere decir que son opcionales para su ejecución e implementación.


Tratamiento de guerra a la movilización social


La respuesta de Duque luego de su negativa a desplazarse hasta el Cauca para dialogar fue enviar al Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad), Escuadrón Móvil de Carabineros (Emcar), Policía Nacional y Ejército; helicópteros, gases lacrimógenos, papas bomba, tiros recalzados, disparos y ráfagas de fusil son los principales “negociadores” del Gobierno.

 

 


Ante tales “negociadores”, la vía Panamericana se transformó en el escenario de prolongados enfrentamientos entre el Gobierno y la Minga. Desde la madrugada de cada día comienza la pugna por el control de la vía, y cada día que pasa el escenario se pone más complicado pues ya son varios los heridos con armas no convencionales y de fuego. Aún no hay un reporte oficial de heridos, pese a que todo subió de tono con la muerte del policía Boris Alexander Benítez –adscrito al Esmad–, quien perdió la vida, según el Gobierno, producto de disparos realizados por disidencias de las Farc.


Con este antecedente, y tomando en cuenta la larga experiencia de protestas sociales y las violentas respuestas desplegadas por el establecimiento, con procedimientos paramilitares tras bastidores, no es de extrañar que esta Minga, como otras, quede estigmatizada y/o criminalizada, justificando con ello procedimientos violentos que afecten la vida de sus protagonistas.


Retos y discusiones para el conjunto del movimiento social


Aunque es claro que esta movilización se presenta en medio de la parálisis social propiciada, entre otros factores, por la persistente política autoritaria y de terror que reina en Colombia, también lo es que esta Minga prende una chispa de aliento y esperanza para superar la atomización social, pero también el miedo producido por el prolongado desangre, procesándolo, haciéndolo consciente y, por tanto, precisando canales para superarlo.


Esta Minga, por tanto, factor positivo y luz en el horizonte, invita a una reflexión al interior de las organizaciones y movimientos sociales del país, la misma que debe ser concretada sin dilaciones.

 

 


¿Elecciones o vía armada? Esta es la vieja discusión sobre el quehacer político de organizaciones, movimientos y partidos, que generalmente enmarcan todas sus fuerzas en una u otra de estas dos formas de lucha, centrando todo su quehacer alrededor de la captura del poder, en un caso, y en otro en el ascenso al gobierno. En ambos casos el Estado es el referente central, y éste es quien determina la agenda política y las acciones de quienes pretenden confrontarlo. Las consecuencias de este dilema, y la concentración de fuerzas en una y otra opción, hoy muestran su desgaste y límite.


Por un lado, quienes optaron por las armas, militarizan la política y llevan a sus activos a concentrar todas sus energías en fortalecer el aparato militar. El poder es lo real, y ese poder descansa en las armas, en el potencial de fuego que cada día debe ser mayor. Disciplina y acriticidad se imponen. Todo cuestionamiento puede terminar en un debate de fuerza y no de razones. El respeto al mando no permite el debate libre y desprevenido, por lo cual el aparato termina primando sobre la realidad, es decir, sobre el mismo entorno que pretende transformar.


En estas circunstancias, el accionar social termina condicionado o determinado por el facto fundamental –el armado–, lo que finalmente desnaturalizar la autonomía y el potencial y alcance de la protesta social.


En la lógica armada, tras el poder, por una parte (los insurgentes), y su protección, por otra (el establecimiento), se impone una lógica de acción-reacción, que no tiene límite: el Estado incrementa su aparato y accionar militar, y la contraparte no puede quedarse atrás, adquiriendo más poder de fuego y alistando más integrantes a sus filas, no importa su real consciencia de clase ni la comprensión profunda de lo que hacen y para qué lo hacen. Al final, lo que se tiene es tropa –quien haga y obedezca– pero pocos liderazgos con capacidad de Estado. No es extraño, por tanto, que ocurran desmanes, irrespeto a las decisiones de la comunidad, y que se imponga una moral y ética que no corresponden al sueño de un cambio profundo de las estructuras sociales.


Mientras esto sucede en el/los proyecto/s armado/s, quienes optan por lo electoral no recorren caminos muy diferentes, ya que todo el esfuerzo de sus organizaciones –del conjunto de su militancia– está enfocado a fortalecer la capacidad del aparato, en este caso para capturar votos. Parece una exageración, pero en este proceder político también todas las acciones de mediano plazo están predeterminadas: las elecciones, lo que termina por determinar y someter la acción social, pues más allá de sus particularidades y afanes deben garantizar el mejor resultado electoral posible.


Es una deformación de la acción política que lleva al extremo de romper las dinámicas sociales, a determinar sus ritmos, a tal punto que entre elección y elección –en época fría– con participación directa y dinámica de las comunidades las agendas de lucha social ganan tono, pero una vez llega la coyuntura electoral lo que se traía queda a un lado para poder atender la coyuntura proveniente desde el establecimiento, la misma que, supuestamente, lleva al máximo la “participación social” y, con ella, la “vida democrática”. Sin duda, todo un contrasentido.


El paso del tiempo, y las experiencias vividas en distintas partes del mundo, parecen confirmar que entre estas dos formas de lucha, al final, en su más estrictas pretensiones y procederes, no existe mucha diferencia. La captura del poder y el ascenso al gobierno, sin el debido alzamiento social, el cual debe mantenerse siempre como parte sustancial de una transformación cultural que rompa de base la razón capitalista, que rompa el Estado y el mismo gobierno, termina en lo mismo: la reconstrucción capitalista.


¿Dónde está la democracia y el poder? Con frecuencia se dice que el poder está en las calles, que es la sociedad la base fundamental de la democracia, sin embargo todo este discurso queda cuestionado cuando las acciones demuestran que la visión del poder y democracia dominantes giran en torno a las instituciones estatales, haciendo el juego a lógica de los funcionarios gubernamentales que dejan claro que “las discusiones que plantea la Minga son asuntos formales que se discuten en el Congreso de la República”.


Es una lógica no consciente pero sí producto de esa lógica de la política que pone a girar todo alrededor del Estado y el gobierno, sin preocuparse, de manera debida, por la construcción de un contrapoder que garantice autonomía a las comunidades. Desmontar esta lógica, es desestructurar la idea que el poder es el aparato –cualquiera sea– y no la misma comunidad. No hay que olvidar que el Estado es una construcción social, y así como nació así también puede –debe– morir.


Proceder dominante que no significa que a pesar de hacer contrapoder las comunidades y las organizaciones que las representen no puedan entablar periodos de negociación con el establecimiento, pero tal dinámica no es el centro de su accionar, que sí lo es la defensa y el cultivo de la vida, de lo cual no sabe el Estado ni el gobierno, artífices de la muerte –en toda la extensión de tal significado: agrotóxicos, latifundio, fracking, imposición, cárcel, etcétera.
Tal vez, de así proceder, logre romperse el círculo poco virtuoso que maniata a los movimientos sociales: movilización-negociación-incumplimiento-movilización-renegociación-incumplimiento, lo que es igual a centrar todas las fuerzas en el poder, el aparato y lo que él mismo pueda resolver, cuando la misma historia muestra que son las propias comunidades las que han construido y resuelto lo básico de todo aquello que les garantiza la vida: vivienda, sembrados, trazados de calles, protección de fuentes de agua, construcción de centros de salud, etcétera.


Estamos, por tanto, ante el reto de observar en profundidad lo realizado en el largo plazo como comunidades para resolver la vida, y las limitantes en que caemos cuando nos preguntamos por el Estado y el poder en su forma clásica. Romper esta visión invita a valorar el potencial que concentra y significa cada comunidad cuando se identifica como tal, abordando el mismo reto de la democracia, más allá de lo formal –electoral– para reivindicarla como el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 


Un reto que implica tejer lazos de acción entre diferentes grupos humanos y comunidades, para ir más allá del entorno donde cada una se ubica, a la par de construir entre todas y todos, producto del intercambio de ideas siempre abierto, el sentido de la vida por el cual propugnamos.


Es una estructuración-desestructuración de lo que hemos entendido por política, poder, Estado, gobierno, sociedad, etcétera, que no se logra de la noche a la mañana; es un proceso que tomará un largo tiempo, más largo aún si postergamos los primeros ejercicios en tal dirección.


Toca por ahora, revisando la agenda social que por estos días ha tomado curso en el país, cuestionarnos por qué no logramos articular de manera dinámica las múltiples agendas de los actores sociales. Es el caso del paro que también tuvo como epicentro al Cauca, en esta ocasión en cabeza de la Asociación de educadores del Cauca (Asoinca) y de la “Mesa de derechos humanos en defensa de la vida y el territorio”, con participación de los campesinos de esta parte del país reunidos en la Anuc, que desde el 25 de febrero y hasta al 9 de marzo hicieron sentir su protesta con un paro, producto del cual lograron un acuerdo sobre agricultura, tierras, vivienda urbana-rural y temas centrales para la organización sindical.


Así mismo, en las ciudades se plantearon jornadas de velatón el 6 de marzo, y los días 12 y 18 de marzo se realizaron marchas para defender la JEP; los días 19 y 20 de marzo los maestros de Fecode salieron nuevamente a las calles en un paro de 48 horas y para el 25 de abril se tiene proyectada una jornada de paro nacional a la que seguramente no asistirán los que hoy o ayer se movilizaron.


Son las realidades de una acción política desarticulada, y sin una agenda común, dependiente de una visión tradicional sobre el poder, en todas sus variables, como producto, también, de disparidad de visiones sobre el qué y cómo hacer.


Estamos ante retos mayúsculos. Las exigencias y debates que plantea la Minga tocan temas profundos del país que sin el apoyo de la mayoría nacional quedan limitados y sesgados. Resalta de ello que los movimientos sociales tienen un reto ante sí: lograr construir una respuesta que convoque y aglutine al país nacional, para el aquí y el ahora, como para el mañana, de manera horizontal, honesta, sin amarres, pedagógica, con metodologías de encuentro que hagan sentir que vale la pena estar ahí, donde se discutan los problemas y se vislumbren las soluciones para la vida digna en Colombia, y de esta manera superar esta realidad caótica que ahoga cada día a millones de connacionales.


El debate y la discusión están abiertos, ¿Cómo superar esta atomización?


Fuentes consultadas
https://www.youtube.com/watch?v=Qle2CP6Xn2M
http://www.asoinca.com/circulares/504-circular-281-historica-huelga-mesa-de-derechos-humanos-en-defensa-de-la-vida-y-el-territorio
https://www.lafm.com.co/colombia/nancy-patricia-gutierrez-dice-que-indigenas-confunden-sus-peticiones-con-sus-ideologias?fbclid=IwAR1RcQpquYVDqrygcOsz2jCF_9OGw6gWXAGegdUHilScGva1MaapCgp_Npg
https://nasaacin.org/en-que-consiste-la-minga-social-que-se-realiza-en-el-suroccidente-colombiano/
https://nasaacin.org/pronunciamiento-aclaratorio-frente-a-los-medios-de-comunicacion/
https://www.semana.com/nacion/articulo/cuanto-vale-el-paro-indigena-del-cauca/605491
https://colombia2020.elespectador.com/territorio/la-minga-indigena-le-responde-al-presidente-duque
https://www.onic.org.co/comunicados-regionales/2855-tratamiento-militar-a-la-minga-social-del-suroccidente
https://www.cric-colombia.org/portal/comunicado-a-la-opinion-publica-nacional-e-internacional-ante-ataques-indiscriminados-del-esmad-emcar-y-ejercito-nacional-contra-comuneros-as-de-la-minga-por-la-defensa-de-la-vida-el-territorio-la/
https://www.semana.com/nacion/articulo/paro-indigena-en-el-cauca-ya-causo-un-muerto-y-seis-heridos/606103

 


 

Cuadro

 

Comunicado a la opinión pública nacional e internacional ante la masacre de la guardia indígena en Dagua Valle


21 marzo, 2019

Los pueblos indígenas, organizaciones sociales, procesos populares del sur occidente colombiano concentrados en territorio ancestral de Sa’th Tama Kiwe en el Pital, Caldono, Departamento del Cauca que participan de la Minga Social por la Defensa de la Vida, el Territorio, la Democracia, la Justicia y la Paz

 

DENUNCIAMOS.

 

Ante la opinión pública nacional e internacional, defensores y organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, y ante la comunidad en general, que hoy 21 de marzo de 2019 se ha presentado una masacre que deja ocho guardias indígenas fallecidos y cuatro gravemente heridos, los cuales estaban encargados de la adecuación logística para sumarse a la movilización que se adelanta en el sur occidente colombiano en el sector de la Delfina.

Teniendo en cuenta que el sitio de la Delfina era pequeño para atender a más de cinco mil indígenas que iban a llegar, las autoridades decidieron buscar otro espacio en el corregimiento de Juntas, resguardo indígena de Papitas municipio de Dagua.

En este lugar se realizó el trabajo logístico, una vez terminada las labores de adecuación del sitio, la guarida se encontraba descansando dentro de una casa cuando minutos después ocurrió una explosión aproximadamente a las 3:00 de la tarde. Según el consejero de Derechos Humanos de la ORIVAC manifestó que “presuntamente una persona lanzó un artefacto explosivo, causando la muerte de ocho guardias indígenas y dejando gravemente heridos a tres de los guardias pertenecientes al pueblo Waunan, Nasa y Embera”.

En estos momentos la comisión de derechos humanos de ORIVAC, Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC y organismos internacionales están en el ejercicio de verificación para identificar los cuerpos y determinar la cantidad de daños causados en materiales.

Por lo anterior, se exige al Gobierno Nacional que atienda e investigue estos lamentables hechos acaecidos en medio de la movilización y acate los estándares en el marco internacional de los derechos humanos, para garantizar el ejercicio del derecho fundamental a la protesta pacífica contenido en nuestra Constitución Política y en tratados e instrumentos internacionales de derechos humanos y que protegen los derechos de los pueblos indígenas.

Hacemos un llamado a los organismos defensores de DD.HH. nacionales e internacionales, al Alto Comisionado para los DD.HH. de la ONU, a la Comisión Interamericana de DD.HH., a la Misión de Verificación de la ONU, a la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA, a la Comisión Nacional de DD.HH. del Senado de la República, a la Defensoría del Pueblo y a la Procuraduría General de la Nación, para que, en el marco de sus funciones y competencias acompañen a las comunidades y familias afectadas por este hecho que enluta la Minga social del Sur Occidente Colombiano, enviamos un mensaje de solidaridad a nuestros hermanos indígenas, familiares y organización indígena ORIVAC en estos momentos difíciles.

 

Pueblos indígenas, organizaciones sociales y procesos populares

Minga suroccidente colombiano

 

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El gobierno de Macron, en la encerrona amarilla

Los meses pasan y el presidente francés Emmanuel Macron no termina de salir de la pesadilla política e institucional que surgió en noviembre de 2018 cuando estallaron las primeras manifestaciones de los chalecos amarillos. Sábado tras sábado, con mayor o menor éxito, la ola amarilla no se disuelve. El Ejecutivo empezó a respirar con alivio durante las últimas semanas cuando se notó claramente que la movilización amarilla perdía su fuerza. Pero este fin de semana la convergencia en la Avenida de los Campos Elíseos entre los chalecos amarillos y los llamados “black bloc” derivó en un nuevo episodio de escenas de violencia y destrozos espectaculares cuyos objetivos fueron los símbolos de la riqueza ostentativa: los grupos de violentos aprovecharon la manifestación de los chalecos para saquear y destruir uno de los emblemas mundiales de la opulencia y el signo distintivo de los Campos Elíseos, el restaurant Le Fouquet’s. También arremetieron contra el local central de Hugo Boss, un banco, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp o Zara. La gran Avenida donde se concentran los comercios más caros del planeta atraviesa uno de los barrios más acomodados de la capital francesa. Desde el principio de las manifestaciones, los chalecos amarillos hicieron de esa exquisita zona urbana su plato de resistencia. El 24 de noviembre y el primero de diciembre de 2018 hasta el Arco de Triunfo y su Tumba del Soldado desconocido fueron saqueados. El impacto de las últimas imágenes ha sido enorme y el gobierno tuvo que salir a apagar el incendio político que se le venía encima por su incapacidad de mantener el orden público. El Primer Ministro francés, Édouard Philippe, anunció que, en adelante, las manifestaciones en el barrio y en la misma Avenida de los Campos Elíseos estaban prohibidas. Luego del anuncio cayó la primera cabeza: Philippe adelantó la destitución del Prefecto de París, Michel Delpuech. 

El Jefe del gobierno le reprochó a los responsables policiales que la “estrategia” que se había elaborado en la contención de los manifestantes esta vez no se aplicó “en condiciones satisfactorias”. El problema radica en que esas “condiciones satisfactorias” implican el uso reiterado de un arma represiva, el BLD, la cual, en estos cuatro meses de protestas, dejó decenas de personas mutiladas con ojos, pies y manos arrancadas por los proyectiles BLD. El poder traslada así su gestión aproximativa de esta crisis hacia la actuación de la policía. No queda alternativa: si reprime demasiado son unos salvajes, y si no lo hace no cumple con su deber. El uso desmedido de la fuerza por parte de las unidades policiales motivó incluso una advertencia de las Naciones Unidas. El pasado seis de marzo, La Comisaria de la ONU encargada de los Derechos Humanos, la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, interpeló a las autoridades francesas para que se llevara a cabo una “investigación profunda sobre el uso excesivo de la fuerza”.


Toda la construcción política diseñada por la presidencia para salir de la crisis amarilla se vino abajo. El poder inventó un “debate nacional” entre los franceses durante el cual se debía discutir sobre los grandes problemas del país, entre ellos los planteados por los chalecos amarillos. Macron participó en persona y hasta la indigestión en esos debates transmitidos por la televisión. La receta pareció dar sus resultados. El “Presidente de los ricos” descendió a las arenas del pueblo al tiempo que, entre divisiones internas, cierto cansancio, infiltraciones radicales y violencia, los chalecos amarillos perdían su movimiento ascendente. Emmanuel Macron reencarnó en Francia el perfil de nuestro Domingo Faustino Sarmiento: “la espada, la pluma y la palabra”. Con la espada reprimió, con la pluma se dirigió a Francia para convocarla al debate y con la palabra instauró un diálogo con la sociedad. La invariable lógica que se instituyó en esta confrontación no varió y el gobierno vuelve a estar en la encerrona amarilla. Las manifestaciones nunca fueron extraordinariamente masivas pero si muy extendidas y violentas. El último fin de semana de vandalismos en los Campos Elíseos los Black Bloc se infiltraron entre los chalecos amarillos y repitieron las escenas que habían protagonizado el primer de mayo de 2018 en el distrito 5 de París cuando destruyeron un McDonald’s. Los Black Bloc están compuestos por activistas de la ultraizquierda y otras corrientes oriundas de horizontes políticos diversos. Aunque la gran mayoría de los chalecos amarillos no son ultra violentos, estos episodios tienen una doble consecuencia: al mismo tiempo que apuntan a la inoperancia del gobierno también empañan la imagen de los chalecos y los arrincona en el espacio público.


El poder no encuentra la salida, tanto más cuanto que, en lo esencial, no ha expuesto sus respuestas a la triple crisis que lo acecha: política, social e institucional. Ese es el diagnóstico que hacen todos los comentaristas, desde la derecha hasta la izquierda. En su último editorial, el vespertino liberal Le Monde escribió: “es la eficacia del Estado y de su jefe así como la de los poderes públicos la que está en tela de juicio”. Le Monde sugiere que, a partir de los chalecos amarillos, es “el mandato de Macron lo que está en suspenso”. Esa es la sensación que subsiste: la de una leve pero persistente sombra amarilla que perturba el sueño del gobernante, lo mantiene en “suspenso” sin que este acierte con la ventana que lo extraiga de la pesadilla.


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Los movimientos que disputan con la nueva derecha

La energía social emancipadora no desaparece ni se esfuma. Se transmuta, se transforma y se convierte en algo diferente, capaz de impulsar nuevos movimientos, sin perder sus rasgos básicos aunque se presente de maneras nuevas e inéditas. Algo así está sucediendo en los países donde los pueblos necesitan pelearle el día a día a unas derechas de nuevo tipo, tan demagógicas como autoritarias.

Quisiera presentar brevemente tres casos que acontecen estos días en Brasil y Argentina, en frontal resistencia a sus respectivos, que enseñan que sí se puede, que pese a la "correlación de fuerzas" desfavorable, podemos tomar iniciativas y avanzar.

El primero es el Movimiento Pase Libre (MPL) de Sao Paulo, que en el mes de enero realizó cinco manifestaciones contra el aumento del pasaje de Metro y autobús (¡¡23 pesos mexicanos cada trayecto!!). El MPL nació durante el Foro Social Mundial de 2005, fruto de una nueva camada de militantes, se expandió por las principales ciudades de Brasil y tuvo un protagonismo decisivo en junio de 2013, al precipitar la salida a la calle de 20 millones de personas en 353 ciudades, en respuesta a la represión de la policía militar.

Cuando la nueva derecha ganó las calles ese mismo mes, desplazando a los movimientos populares, el MPL se retiró del centro y se concentró en los barrios. Sus miembros se dispersaron por un tiempo, pero siguieron activos en los años siguientes en la lucha contra la reforma educativa, impulsando las ocupaciones de más de 2 mil centros durante la gestión conservadora de Michel Temer (2016-2018).

En las convocatorias de enero, participaron entre 500 y 15 mil jóvenes, acosados por cientos de policías, pero fueron capaces de retomar las calles, con muy pocos medios, mientras las grandes organizaciones sociales perdieron la iniciativa (goo.gl/WujJU7). No es fácil salir a la calle durante el primer mes del gobierno de Jair Bolsonaro, pero con esa ofensiva están señalando el camino para los próximos años, que pasa por enfrentar a la ultraderecha, que ya no puede convocar millones como hizo años atrás.

El segundo caso ilustra la potencia del movimiento de mujeres, capaz de "ingresar" hasta en los más recónditos recovecos del patriarcado. Un grupo de mujeres policías de toda Argentina, emitieron un comunicado donde señalan que quieren "frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la institución" y además piden no ser enviadas a marchas de mujeres, porque "no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras" (goo.gl/rdCngm).

Agregan que en caso de acudir a una manifestación de mujeres, será "para levantar el cartel Ni una menos, acompañando, jamás reprimiendo". Como trabajadoras que se sienten, decidieron formar una red y aseguran que están "totalmente en contra de la represión a organizaciones feministas" y advierten que "ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas, y pedimos que denuncien los abusos de poder".

La fuerza del movimiento feminista y la lucha antipatriarcal en Argentina, están involucrando a un amplio abanico, desde las actrices hasta las policías. Nunca habíamos imaginado que sucederían hechos como los mencionados, en cuerpos represivos donde se ejerce un minucioso y férreo control jereárquico/patriarcal.

El tercer caso sucede también en Argentina, donde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) acaba de sufrir una estúpida pero intensa represión de la policía de Buenos Aires, a sus "verdurazos", ventas de productos agrícolas en plazas y calles. La UTT agrupa alrededor de 10 mil familias de productores rurales en todo el país, cuya producción la venden en por lo menos tres grandes almacenes en la capital argentina. Cultivan alrededor de 120 hectáreas y venden a precios por debajo de las grandes superficies.

Dos semanas atrás, la venta de verduras en Constitución (terminal de transportes) fue duramente reprimida por orden del gobierno de la ciudad (goo.gl/bTQ3u3), pero esta semana volvieron con otro "vedurazo" en la céntrica Plaza de Mayo, reclamando mejoras para los pequeños productores. La UTT movilizó 5 mil trabajadores rurales y anunció la donación de 20 mil kilos de hortalizas frescas "para combatir el hambre" (goo.gl/Uid1Hj).

La UTT es hija del movimiento piquetero. Proviene del Frente Darío Santillán y quizá por eso 80 por ciento está en las periferias de Buenos Aires, formando un inédito y creativo movimiento "rur-urbano". Una parte de las familias que integran la organización son migrantes de Bolivia, expertas en la producción agrícola. Ocupan tierras para producir, se orientan hacia la agroecología y se organizan territorialmente en grupos de base.

Habría mucho más para decir. Los movimientos se están rearticulando, creando las condiciones anímicas y organizativas para resistir y lanzar nuevas ofensivas. Sólo queda estar atentos y confiar en los abajos.

 

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Jueves, 28 Febrero 2019 15:50

La esquina

La esquina

La luz que se colaba por el ancho ventanal reveló el comienzo de un nuevo día. Su mirada se posó en el techo recorriendo las grietas e imperfecciones que tal vez le mostrarían el lugar donde se encontraba. Las paredes de la mina eran angostas y en los paneles el ruido se amplificaba apabullante. Con una bocanada de aire reafirmo que no estaba bajo tierra: ya no habitaba el infierno de Potosí.

 

Los socavones habían devorado a su padre y a su abuelo que trituraban la piedra para recoger la piltrafa del cobre. Su madre empujó el pesado vagón hasta que un día sus pulmones exagües se negaron a respirar el aire malsano y rencoroso. Todo se lo había arrebatado. Incluso ese fantasma se apoderaba de sus sueños ahogándolo en la incertidumbre de no saber si era libre o estaba enterrado en vida.

 

Cruzó la frontera hacia el sur. Ahora en una ciudad que no le pertenecía le arrancaba a las calles algunos pesos, que si bien no eran muchos, le permitían el privilegio del sol acariciando su espalda y a veces una comida digna. Había vendido de todo: cigarrillos a las afueras de los salones de baile, dulces en los cinemas, agua en el cruce de los semáforos y calendarios en las rutas de los colectivos. Recorría mil veces las intersecciones y avenidas voceando las noticias de algún periódico o tratando de perder de vista a los policías que le perseguían por su doble delito: vender en el espacio público y ser un extranjero.

 

–Cuidado negro, a Claudia le quitaron toda la mercancía ayer, vos sabés, la cosa no está para bromas. La aporrearon fuerte y se la llevaron en una patrulla hasta la comandancia en el centro.


–No te preocupes, yo mido a ojo la distancia de los policías y además corro fuerte. Algo bueno me dejó el trabajo en la mina.


–El problema no es el calabozo, es que te saquen del país. Ya vez que por eso de la guerra la gente se pone delicada.


–Si te contara cuantas veces me han echado a Bolivia no me lo crees. La última me pasé seis semanas en la frontera, parece que había problemas con una gente que quería cruzar para escaparse… pero aquí estoy negro pero cariñoso.

 

La calle atestada lo recibió entre el trajín de unos y la indiferencia de otros. Sus grandes hogazas de pan entrelazadas en un canasto anunciaban el sustento del día. A su lado una mujer joven vendía agua y más allá otra ofrecía café en grandes termos. En la acera del frente las notas de un bandoneón crepitaban con nostalgia mientas un viejo entonó con voz gastada Arrabal amargo… El ruido y el movimiento de la urbe impregnaron cada espacio de monotonía. Lejos de ser un caos sin forma todo evocaba una sinfonía compuesta por sonidos opacos, voces alegres, notas musicales y el transcurrir incesante de los automóviles. La vida estaba presente en cada elemento, en la dureza del metal y los árboles que generosos daban su sombra a la mitad del pavimento.

 

–Negro corre…que se viene la policía.

 

Todos a uno recogieron sus cosas armando grandes macutos y trataron de perderse entre la multitud.

 

Las calles se apretaban como un laberinto el cual recorrió echando nerviosas miradas hacia atrás. Desandando varios trechos trató de superar una empinada acera pero dándose por vencido decidió girar por la esquina hacia el abasto principal. A lo lejos avistó un hombre a caballo… sintió que no tenía escapatoria.

 

El tercer camión casi lo golpea de frente. Era una fila casi inagotable que abarcaba toda la carretera y se extendía hasta donde permitía la mirada. En los ojos de los militares no se anunciaba la victoria. Uniformes desgastados, caras pálidas y barbas de varios días, manos temblorosas que intentaban articular un símbolo de despedida.

 

–Che negro, por favor regálanos un pan, tenemos hambre.

 

Andrés se acercó mientras su mano generosa alargaba una hogaza.

 

–Héroe, ¿de dónde vienes y a dónde vas?


–Me llamo Leonardo soy de Chivilcoy y todos venimos de las Malvinas.


–No había comida… frío, mucho frío… atacaban con bombas…yo traté de salvarlo… tenía miedo… la noche asustaba… todos venían de un infierno congelado en las Malvinas.

 

Nunca supo cuántos camiones recorrió o por qué lo hizo. Los panes se multiplicaban junto con los abrazos y las manos que le agradecían. Los nombres de provincias, pueblos pequeños y ciudades se entrelazaban con apellidos y calles donde los que volvían deseaban regresar. Lágrimas o solo silencio, ojos que perdidos en la nada daban testimonio de una guerra donde todo se había perdido desde el principio.

 

Hay cosas que uno termina de entender con el tiempo. A veces porque una nota o un libro cae en tus manos y te revela un detalle, un dato que antes parecía nimio, una epifanía que recoge las piezas que no encajaban y las llena de sentido. En ese momento podemos reconstruir imágenes y recibir una respuesta que tal vez antes nadie nos dio.

 

Recordó la jaula que llevaba los mineros a la entrañas de Potosí. Una mina que asesinaba a los hombres o los devolvía convertidos en escoria. La guerra era igual, solo los muertos o los generales se cubrían de gloria, los demás sobrevivían para repetir en sus cabezas los horrores y pasar noches enteras recordando los nombres de los que no estaban.

 

Los camiones comenzaban a perderse en el horizonte. Las sonrisas devolvieron a esa calle un poco de dignidad antes de que todo volviera al silencio. Ese día Puerto Madryn se quedó sin pan.

 

El sol se ocultó silencioso, indiferente.

Publicado enEdición Nº254
Las pistolas 'flash-ball', símbolo de la brutalidad policial contra los 'chalecos amarillos' en Francia

El uso del arma que dispara con balas de goma para dispersar protestas está prohibido en la mayoría de los países europeos.

Activistas de la ONG francesa Liga para los Derechos Humanos (LDH) enviaron esta semana una apelación al Consejo de Estado en busca de la prohibición del uso por la Policía de las 'flash-ball' (LBD), armas que disparan balas de goma, contra los manifestantes. "La falta de garantías suficientes en la ley francesa socava el derecho constitucional a la vida y el respeto hacia la seguridad física", argumentaron.


Anteriormente, el Consejo de Estado rechazó las peticiones de los defensores de los derechos humanos, dictaminando que las 'flash-ball' son necesarias y "particularmente adecuadas" para contrarrestar la violencia durante las protestas.


Arma urbana


Descritas como "menos letales" o "no letales", estas armas, desarrolladas por la empresa francesa Verney-Carron, pueden causar graves lesiones y están prohibidas para el uso policial durante las protestas en la mayoría de los países europeos. El actual modelo, LBD 40, dispara proyectiles de 40 mm con una velocidad de hasta 100 metros por segundo.


Según un estudio de 2006, pese a que están diseñadas para evitar la penetración en la piel, las 'flash-ball' "incluso pueden causar heridas mayores con graves lesiones asociadas en los órganos internos".


Otro estudio de 2015 se centró en el caso de un hombre de 34 años, a quien le dispararon en la cabeza durante una protesta. El hombre sufrió "graves" lesiones cerebrales y daños en el cráneo, que requirieron dos meses de tratamiento y rehabilitación. Los investigadores describieron la 'flash-ball' como "potencialmente letal" y peligrosa, sobre todo si apunta a la cabeza.


Esta arma "menos letal" fue utilizada durante los disturbios de 2005 en París, y con los años varias personas murieron tras el impacto de sus balas. En 2010 falleció Mustapha Ziani, quien sufrió un paro cardíaco después de que un policía le disparara en el pecho con una 'flash-ball' durante un altercado en su casa en Marsella. El agente recibió una condena suspendida de seis meses por homicidio involuntario.


La sangre de los 'chalecos amarillos'


Desde que en Francia se desataron las masivas protestas antigubernamentales de los 'chalecos amarillos' en noviembre del año pasado, la Policía ha utilizado las 'flash-ball' más de 9.200 veces. Los enfrentamientos se saldaron con numerosos heridos de ambos lados. En las recientes protestas los franceses salieron a las calles para denunciar el uso de estas armas, que se han convertido en el símbolo de la brutalidad policial.


Según el grupo contra la violencia policial Désarmons-les!, al menos 20 personas perdieron la vista por el impacto de las 'flash-ball' o la metralla de granadas. El grupo documentó más de 120 personas que afirman haber sido heridas por las armas "menos letales", en su mayoría por LBD 40 o granadas instantáneas de gas lacrimógeno GLI-F4. Muchas de ellas quedaron con las cara desfigurada.


Una de las 'caras' de la brutalidad policial durante las protestas de los 'chalecos amarillos' es Fiorina L., de 20 años, que perdió su ojo izquierdo tras una explosión de una granada de gas en la avenida parisina de los Campos Elíseos en diciembre.


Otro manifestante, Jérôme Rodrigues, una figura prominente de las protestas que fue herido en el ojo por un proyectil y puede perderlo, comentó a RT que los franceses salen con tres reivindicaciones generales: "poder vivir dignamente" de su salario, "crear una nueva forma de democracia" para poner fin al actual "sistema arcaico en las instituciones francesas" y "poner fin a los privilegios" de la clase gobernante.


"¿Por qué un diputado puede enterrar dignamente a sus familiares y tiene dinero suficiente para eso, mientras que nosotros debemos pedir un crédito, la gente gracias a la que Francia existe y se desarrolla? Y nosotros nos vemos obligados a sufrir para hacer los funerales", comentó Jérôme.


 Un líder de los 'chalecos amarillos' enumera las tres reivindicaciones clave del movimiento 

Una de las prominentes figuras de los 'chalecos amarillos' Jérôme Rodrigues, que hace dos semanas fue hospitalizado tras recibir en un ojo el impacto de un proyectil supuestamente lanzado por agentes antidisturbios, ha explicado a RT cuáles son las tres principales reivindicaciones del movimiento.

Lo que buscan los manifestantes, según Rodrigues, es "vivir dignamente" de su salario en Francia; tener una nueva forma de democracia —pues el sistema actual es "arcaico"—, y también poner fin "a los privilegios", bajo los cuales un diputado puede "vivir dignamente" con su sueldo, mientras que el pueblo, los jóvenes que "hacen crecer al país", tienen que pedir créditos y pagar los intereses bancarios.


A estos reclamos se suma el de prohibir el uso por las fuerzas de seguridad de armas que lanzan proyectiles de goma (LBD) y poner fin a "esta negación de la democracia que está creando Emmanuel Macron", asevera el Rodrigues, que prometió "seguir marchando" hasta que se les escuche.


• Los manifestantes y la Policía han protagonizado choques este sábado en la 13.ª semana de protestas del movimiento 'chalecos amarillos'.


• Los agentes han utilizado gas lacrimógeno para dispersar a la multitud antes de que estallaran los primeros enfrentamientos, en los que uno de los manifestantes ha perdido la mano por el estallido de una granada de gas.

Publicado: 9 feb 2019 23:19 GMT | Última actualización: 9 feb 2019 23:24 GMT

 

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Jueves, 17 Enero 2019 06:58

Contrainsugencia progresista

Contrainsugencia progresista

Ahora que se cumplen cien años de los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, vale preguntarse: ¿quién fue el responsable de los crímenes? ¿quién o quienes apretaron el gatillo y con qué autorización lo hicieron?

La respuesta es tan clara como dramática: el gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert, aliado con los paramilitares Freikorps (“cuerpos libres”) en respuesta al levantamiento obrero en toda Alemania, en una coyuntura revolucionaria como la que atravesaba buena parte de Europa al finalizar la I Guerra Mundial.


Los Freikorps estaban integrados por ex soldados del ejército alemán, con un fuerte sentimiento anti-comunista y anti-obrero, y participaron en los años siguientes en numerosos choques con obreros socialistas y comunistas en huelga. Ante la “revuelta espartaquista” en Berlín en enero de 1919, los Freikorps fueron inducidos por el ministro de Defensa, el socialdemócrata Gustav Noske, para reprimir a los obreros y a los comunistas, incluyendo a Liebknecht y Rosa Luxemburgo el 15 de enero de 1919.


Poco después apoyaron al gobierno para aplastar la República Soviética de Baviera y con los años muchos de sus miembros comenzaron a acercarse al nazismo, ingresando al Partido Nacional Socialista alemán y a su milicia, la SA (grupos de asalto).


La deriva de la socialdemocracia alemana hacia la represión que abrió las puertas al fascismo, comenzó en realidad mucho antes, bajo el gobierno del canciller Otto von Bismarck en la década de 1880. En esos años las clases dominantes estaban obsesionadas por la posible repetición de una revolución como la de 1848 (recordemos que Wallerstein plantea que se trató de una de las dos revoluciones mundial que cambiaron el mundo) y de la Comuna de París de 1871.


Para evitar esa posibilidad, un político conservador como Bismarck comenzó a dar los primeros pasos para la construcción de un amplio sistema de cobertura social que luego fue seguido por otros países del continente. En consecuencia se aprobaron leyes de Seguro de Enfermedades (1883), Seguro de Accidentes de Trabajo de los Obreros y Empleados de Empresas Industriales (1888) y durante 1889 la del Seguro de Invalidez y Vejez. El espíritu de la legislación social se desprende de un célebre mensaje de Bismarck: “La superación de los males sociales no puede encontrarse exclusivamente por el camino de reprimir los excesos socialdemócratas, sino mediante la búsqueda de formulas moderadas que permitan una mejora del bienestar de los trabajadores”.


En el mismo período en el que el canciller Bismarck innovaba con la construcción de una amplia legislación de protección social, la primera en el mundo capitalista, impuso las llamadas “leyes antisocialistas” (prohibición de actividades y partidos de signo socialista, de prensa y recaudación de fondos), entre 1878 y 1888, con el objetivo de debilitar al partido socialdemócrata y a las organizaciones de la clase trabajadora que contaba con cooperativas, bibliotecas, periódicos y una infinidad de asociaciones culturales y sociales.
A un siglo de distancia, no sólo debemos mostrar nuestra indignación por los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, sino extraer alguna enseñanza para iluminar las resistencias actuales.


La primera es que la socialdemocracia (el progresismo o la izquierda) en el gobierno, se atreve a hacer aquello que la derecha no tiene posibilidad de realizar. Porque el progresismo al mando del Estado tiene mayor legitimidad y puede sustituir a la derecha en el trabajo sucio, como hizo en 1919.


La segunda es que para asumir el mando del aparto estatal, las diferencias entre izquierda y derecha han debido diluirse hasta desaparecer completamente. La socialdemocracia alemana no sólo es responsable de los crímenes señalados, sino también de haber alfombrado el camino del nazismo, al destruir a los únicos que podían evitar que llegara al poder: la clase obrera organizada. La cuestión no es la actitud de tal o cual dirigente, sino una política que colocó en el centro la ocupación del Estado, desde donde no hay otra posibilidad que hacer lo que hicieron. Es un tema estructural, no de coyuntura o de personas.


Lo sucedido un siglo atrás no es sólo historia. En América Latina el progresismo está transitando, pasos más o menos, un camino muy similar: las políticas sociales y la represión forman parte de un mismo proceso.

14 enero 2019 0

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Ortega pone en marcha una nueva oleada represiva contra la prensa independiente de Nicaragua

Una semana después de que la policía asaltase la redacción del 'Confidencial', los agentes allanan el canal 100% Noticias y detienen a su director, Miguel Mora, su esposa, Verónica Chávez, y la jefa de información, Lucía Pineda Ubau



La policía de Nicaragua, bajo el control del presidente Daniel Ortega, asaltó la noche del viernes las instalaciones del canal 100% Noticias, uno de los más críticos con el Gobierno que dirige el líder sandinista. En el asalto fueron detenidos su director, Miguel Mora, su esposa, Verónica Chávez, y la jefa de información, la periodista Lucía Pineda Ubau. El ataque al canal es el segundo que se produce en Nicaragua tras la ocupación de la redacción del diario Confidencial la semana pasada. Este periódico es dirigido por el periodista Carlos Fernando Chamorro, hijo de la ex presidenta Violeta Chamorro.


Oficiales de la policía ocuparon las instalaciones del canal, cuya emisión fue interrumpida por las autoridades. Telcor, el ente regulador de las comunicaciones de Nicaragua, emitió un comunicado la noche del viernes en el que informa que a partir de las 21.00 hora local “queda sin autorización de transmitir en el sistema la entidad jurídica Primicias S. A.”, el nombre legal del canal, a nombre de Mora. La entidad no da explicaciones sobre la cancelación del permiso y tampoco se conocen los motivos del asalto policial a la redacción.


El canal 100% Noticias es uno de los medios más críticos contra el Gobierno de Ortega en Nicaragua. Desde el 18 de abril, cuando comenzaron las manifestaciones contra el presidente, el medio de comunicación mantuvo una programación de 24 horas continuas informando sobre las protestas y la respuesta violenta del Gobierno. Varios de sus reporteros y cámaras fueron agredidos en la cobertura de las manifestaciones y su director, Miguel Mora, denunció el asedio en su contra, su familia y vivienda. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), emitió medidas cautelares a favor de Mora y varios integrantes de su equipo como forma de protección.


Este medio de comunicación mantuvo este viernes una cobertura intensa sobre el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la OEA, que presentaron en Washington un demoledor informe sobre la represión de las protestas en Nicaragua, en el que acusan al presidente Ortega de cometer delitos de lesa humanidad y recomienda una investigación contra el mandatario y altos funcionarios de la Policía Nacional.


El asalto al canal se dio horas después de que se conociera ese informe, que debió ser presentado el jueves en Managua, pero que tuvo que ser pospuesto porque Ortega expulsó el miércoles del país a los integrantes del GIEI y a los representantes de la CIDH que reunían denuncias de los familiares de las víctimas de la represión.


El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), la patronal nicaragüense, se pronunció la madrugada del sábado sobre el asalto al canal. A través de Twitter el COSEP repudió lo que denominó como un "allanamiento ilegal" a las instalaciones de la cadena y la detención arbitraria de su director. Además dijo que "representa un claro atropello a la libertad de prensa, el libre ejercicio de las actividades empresariales y un irrespeto a la propiedad privada". También exigió "la inmediata liberación de Miguel Mora y el restablecimiento a la señal de 100% Noticias" y afirmó que "es indispensable y urgente que cese el Estado policial y se respeten los derechos fundamentales de todos los nicaragüenses".


La policía nicaragüense asaltó la semana pasada la redacción del diario Confidencial, el medio de periodismo de investigación más reconocido del país. Su director, Carlos Chamorro, puso una denuncia contra la policía por “crimen organizado”. La redacción de este periódico sigue ocupada por agentes de la policía, mientas que los periodistas mantienen viva la publicación en un hotel capitalino y los programas Esta Semana y Esta Noche, dirigidos también por Chamorro, se graban desde el estudio del Canal 12, que los ha prestado para ese fin.
Ortega cumplirá en enero 12 años gobernando Nicaragua con mano dura, controlando las instituciones del Estado, las cortes y la Policía Nacional.

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