Lunes, 26 Diciembre 2016 08:42

La batalla por un pelo

La batalla por un pelo

Ya me he acostumbrado a recibir ciertas visiones coloniales de Cartagena en la que hay “gente de bien”, emprendedores, cívicos y cultos y una masa grande de “gente”, usualmente negra, que vive en los barrios populares, que es la causa fundamental de los grandes problemas por su comportamiento poco cívico y que si no progresan es porque simplemente se beben todo el dinero que ganan.

 

Algún tiempo atrás, en medio de una fiesta, terminé sentado un buen rato al lado de uno de los miembros de una de las familias más poderosas de Cartagena, de las que tienen, de lejos, mayor incidencia en su vida económica y política. De tanto escuchar en distintos escenarios a hombres y mujeres de esas familias ya me he acostumbrado a recibir ciertas visiones coloniales de la ciudad en la que hay “gente de bien”, emprendedores, cívicos y cultos –unos cuantos repartidos en los mejoresbarrios– y una masa grande de “gente”, usualmente negra, que vive en los barrios populares, que es la causa fundamental de los grandes problemas por su comportamiento poco cívico y que si no progresan es porque simplemente se beben todo el dinero que ganan.


Aquella fiesta se llevaba a cabo en una discoteca gigantesca ubicada en la calle del Arsenal, en Getsemaní, convertida con los años en el epicentro de la fiesta paga en la ciudad: tres manzanas sobre lo que antes fue el puerto y el mercado popular, retirado de allí en los años setenta, llenas de bares, discotecas y restaurantes.


Hablábamos de cosas intrascendentes cuando algo que le escuché me obligó a quedarme en suspenso, escuchando la continuación de una frase que dicha en sus labios me pareció luminosa: “es que la negra es una subcultura...”.


Por primera vez escuchaba que alguien de una familia así pudiera enfocar el tema con una categoría conceptual que, al menos, ayuda a pensar de otra manera. Aquello significaba un atisbo de comprensión, el comienzo de otro enfoque. Alcancé a imaginar que hablaría de las subculturas urbanas, quizás del hip hop local, muy arraigado en Cartagena.


Abrí los ojos, los oídos y el espíritu para escuchar lo que seguía. Él pareció notarlo y completó con mayor énfasis el resto de la frase: “... sí, por eso tenemos que trabajar para subirla al nivel de la cultura”, dijo haciendo con las manos la mímica de elevar, para seguir luego con el tópico de esas conversaciones sobre cómo esa “gente” bota el papelito de la empanada en la calle y de volver sobre la idea de que la administración de una ciudad de un millón de habitantes, con los peores índices de necesidades básicas insatisfechas, pasa por el tema fundamental de recoger el papelito. El alcalde como un operador de las basuritas en los barrios tradicionales. La cultura como sinónimo de un civismo recortado a su mínima expresión.


Sí, todo eso en Getsemaní, el que fuera el barrio de los esclavos, el de mayor tradición negra de la ciudad. Nosotros, unos extraños, de cabello liso: unos advenedizos.


* * *


Hace algunos años un grupo de amigos reparó en que Pedro Romero no tenía rostro. Fue el único negro líder en la lucha local por la independencia de España, en el temprano siglo XIX, como en buena parte del continente. Sin embargo, era el único prócer cuyo busto de mármol no figuraba, ni aun hoy lo hace, en el Camellón de los Mártires, el paseo insignia de la ciudad, flanqueado a lado y lado de severos y heroicos hombres blancos. Al parecer nunca estuvo. Nunca hubo un mármol para él ni tampoco un óleo, carboncillo o dibujo en alguna parte. Se rastreó pero ¡nada! De los otros sí que había.


Ideas en mano, se propusieron hacer un colectivo a medio paso entre lo social y lo artístico para darle rostro al héroe sin rostro. Le pusieron pelucas afro a aquellos mártires y a otras estatuas ilustres, como la del fundador de la ciudad, el muy español don Pedro de Heredia, que quedó orondo y quieto con sus pelos rizados ondeando al viento caribe, inmune a la previsible oleada de indignación que ese acto simple desató entre los defensores de la tradición cultural, sea lo que eso signifique para ellos.


Su intervención más exitosa fue intentar ponerle una cara, de la mano de la gente, a Pedro Romero. Cada año tomaban una calle en forma de L bastante deteriorada en Getsemaní, el viejo arrabal de negros. Proveían a niños y adultos de pintura para que lo dibujaran según les diera la imaginación y la inspiración.


Luego unos muchachos bogotanos, del interior centralista del país, andinos cargados de buenas intenciones –de esas mismas que está empedrado el camino al infierno, según la tradición– pensaron en hacer algo para protestar por la gentrificación (esa horrible palabra sin equivalente en lengua castellana, aunque se le ha llamado elitización residencial) de Getsemaní. Aquí hay que recordar que Cartagena es la meca del turismo en Colombia y la ciudad de las segundas casas de la clase con más medios económicos del país. Una especie de patio trasero vacacional para muchos chicos de clase alta que la conocen mejor que muchos locales, de los que viven en las periferias y para quienes el centro amurallado es otra ciudad.


Los muchachos bogotanos de esta historia pensaron que una posibilidad era intervenir con grandes pinturas murales las viejas paredes del barrio. En efecto, si el lector malpensado intuyó que de todas las posibles calles la que escogieron para hacer su intervención fue aquella L deteriorada, está en lo cierto: a nadie le preguntaron y nada les sugirió ese rostro negro pintado de tantas maneras y en tantas versiones, como una obsesión.


Simplemente lo borraron con sus buenas intenciones.


* * *


En Cartagena el aliser es un artículo de primera necesidad. Cada tres o cuatro meses miles de mujeres se someten a un potente tratamiento químico que les cuesta entre 15 y 50 dólares para mantener aplacado el afro. “Cada tres o cuatro meses iba sagradamente a ser menos negra”, me dice una de las que ya saldó cuentas con esa nueva esclavitud: la de blanquearse, no solo en lo físico sino también, y principalmente, en lo mental.


Si es temporada de graduaciones en colegios y universidades hay que reservar con tiempo en los salones de belleza o comprar con antelación porque los botes de crema pueden de-saparecer por días de los estantes. “Y yo cómo voy a ir allá con este ‘paraco’” es el tipo de frase que se escucha cotidianamente, con la mujer señalando los rizos desordenados. El cabello liso es a ellas lo que la corbata a un japonés de oficina. Desmontar una tradición así, de casi cinco siglos, no se logra de la noche a la mañana.


Cirle Tatis Arzuza lo está intentando. Hace siete meses creó Pelo Bueno, una iniciativa para hablar del cabello afro y por esa vía inocular temas de fondo sobre ser negra en la ciudad. En tan corto tiempo ha logrado más de 11 mil seguidores en su página de Facebook, es entrevistada con frecuencia, está nominada a un premio nacional de la cultura afro, hace videos con mensajes fuertes sobre el autorreconocimiento de las mujeres negras. Con una mezcla de emprendimiento digital y activismo social, ha logrado meter en la conversación temas como descolonización, discriminación o autoestima al mismo tiempo que habla del pelo “rucho” y del aceite de coco para embellecerlo en sus rizos naturales, en lugar del aliser.


Junto con otras emprendedoras sociales, como las creadoras de Belleza en Rizos y Rosa Caribe, cuyos nombres se explican por sí mismos, se juntaron para crear Afroaquelarre, un colectivo como aquel de Pedro Romero, pero con otro enfoque. Hace un par de semanas abrieron las actividades públicas de una gran biblioteca barrial con un taller al que asistieron unas setenta mujeres, desde niñas hasta abuelas, que terminaron hablando de sus propias vivencias de discriminación a partir de su color de piel, incluso las infligidas por ellos mismos. Aquello surgió como respuesta a una mamá del barrio que señalaba la cabellera muy rizada de su niña e insistía que era “su decepción”.


Aquella pequeña, de 7 años, retraída y con necesidad de reforzar su propia imagen, resultaba uno más de muchos casos cotidianos, en esta ciudad de más de un millón de habitantes, con uno de los mejores indicadores de ingreso per cápita del país, que se quedan en el papel al contrastarlos con los datos de inequidad y de necesidades básicas insatisfechas, entre los peores de las 13 grandes ciudades de Colombia.


Lo último que se les ocurrió fue un “afropicnic navideño” en el único parque verde del Centro. Al llegar, el pasado domingo 18, fue fácil reconocerlas, con una imagen que sería demasiado cliché si no hubiera sido real: recortadas entre las palmeras, un cielo deliciosamente azul, con la clásica postal del atardecer frente al mar Caribe, se destacaban un montón de pelos afros a la distancia. Cuando ya habían comenzado el evento alcancé a contar más de ochenta personas, casi todas mujeres de todas las edades: pieles negras de todos los tonos, incluso casi blancas, con afros de muy diversas formas y colores que llegaban hasta el rubio platinado o mechones de un azul eléctrico.


Hablaron las fundadoras del colectivo, hasta que al final Cirle tomó la palabra. Empezó por decir que resultaba absurdo hablar en Cartagena de gente blanca, cuando todos tienen un ancestro en su sangre, así sea escondido, de un racismo estructural, de los estereotipos y los procesos de blanqueamiento más allá de la piel, de reivindicación, de cómo las esclavas escondían entre el afro las semillas que llevarían al palenque donde, libres, podrían sembrarlas para dar la primera cosecha. “No lo olviden, este pelo tiene historia”, dijo.


Todo eso en las goteras de la histórica muralla: a poca distancia del Camellón de los Mártires, sin su Pedro Romero; cerca de las zonas de bares o discotecas donde, de cuando en cuando, vuelve a surgir un nuevo escándalo porque se hizo demasiado evidente la actitud de no franquearle la puerta a gente afro; cruzando la calle, el puerto de aguas mansas por donde entraron los miles de esclavos que son sus antepasados, que hoy sirve de puerto turístico y en el que suelen permanecer atracados un par de barcos con aires de la Colonia, que ahora solo sirven como escenario para matrimonios y fiestas dando algunos giros por la bahía de otra Cartagena, llena hoy de esbeltos edificios de un casi invariable blanco con ventanería azul: una apretada Miami del otro lado del Caribe.


Parece otro momento de la larga historia de unos modos sociales que aún no terminan. Ya se verá.

 

Por José Luis Novoa S., cronista colombiano y habitante de Cartagena. Es director de Programas de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano.

 

 

Publicado enColombia
'Esos idiotas peligrosos': los medios progresistas, Trump y los estadounidenses de clase obrera

Los partidarios de Trump no son la caricatura que presentan los periodistas. Sarah Smarsh, una periodista de origen humilde de Kansas, critica los estereotipos y el clasismo que se cuela en las redacciones
"Los medios han presentado a los blancos de clase trabajadora como un todo y han creado un imaginario caduco y traicionero que resulta muy conveniente para el capitalismo. Según este mensaje, los pobres son unos idiotas peligrosos"

 

En marzo mi abuela Betty, una anciana de 71 años, hizo tres horas de cola para poder votar a Bernie Sanders en el caucus del Partido Demócrata en el estado de Kansas. Era la primera vez que votaba en unas primarias y aunque fue un suplicio, en ningún momento se planteó regresar a casa sin haber votado. Betty, una mujer blanca que no terminó sus estudios de secundaria, que tuvo a su primer hijo a los dieciséis años y vivió en la más absoluta pobreza la mayor parte de su vida, quería votar.


Esperó su turno a pesar de sus debilitadas rodillas; las mismas que en el pasado la mantuvieron de pie durante horas en una fábrica. Esperó su turno a pesar del enfisema pulmonar provocado por el tabaquismo y de la dentadura postiza que ha lucido desde que era una veinteañera, dos señales claras de la clase social a la que pertenecemos. En la década de los sesenta, antes de la sentencia Roe contra Wade, la mujer que esperó su turno pagó a un desconocido para que le introdujera un gancho de alambre en el útero tras descubrir que estaba embarazada de un hombre del que huyó después de que le rompiera la mandíbula.


Durante muchos años, Betty trabajó como funcionaria de libertad condicional para el sistema judicial de Wichita, en Kansas. Su trabajo consistía en hacer un seguimiento de violadores y de asesinos. Por eso, está curada de espantos. Sin embargo, no ha dudado en afirmar que el candidato republicano Donald Trump es un sociópata “con la boca llena de mierda”.


Nadie detesta a Trump más que ella. El candidato dijo que debe castigarse a las mujeres que aborten y ha dicho cosas horribles de colectivos que ella conoce desde su infancia y con los que ha trabajado codo a codo. Su estilo pomposo e indecente ofende su sensibilidad humilde y del medio oeste americano.


La clase trabajadora, integrada por personas como Betty, se ha convertido en la obsesión de todos aquellos que cuando comentan estas elecciones presidenciales hablan de “clases”: ¿Quién está detrás de esta bestia feroz y por qué apoya a Trump?


Los votantes de Trump no son tan pobres


Las cifras cuantitativas ponen en duda, o niegan de plano, la tan regurgitada teoría de que el nivel de educación o de ingresos permite predecir el apoyo a Trump, o la afirmación de que la clase trabajadora blanca lo apoya desproporcionadamente.


El mes pasado, el resultado de una encuesta elaborada por Gallup sobre una muestra de 87.000 personas dejó entrever que los partidarios de Trump no tienen más problemas económicos o derivados de la inmigración que aquellos que se oponen al candidato republicano.


Según este estudio, sus seguidores no tienen ingresos más bajos o una tasa de desempleo más alta que otros estadounidenses. La información relativa a los ingresos se pierde elementos importantes: aquellos con ingresos altos también pueden tener problemas de salud o ser propensos a empeorar económicamente.


Sin embargo, la mayoría de encuestados no se aferraban a trabajos que podrían perder. Uno de los analistas de Gallup explicó que, sorprendentemente, “parece no haber ningún tipo de relación entre sufrir la amenaza de la competencia comercial con otro país y apoyar políticas nacionalistas en Estados Unidos”.


El típico grandullón que amenaza a personas todavía más débiles que él y que amenaza a las personas de color para que huyan del pueblo, insulta a las mujeres y utiliza pistolas de aire comprimido para disparar contra gatos. Así sería Trump si hubiera nacido donde yo nací.


A principios de año, los sondeos que se llevaron a cabo antes de las primarias mostraron que aquellos que votaron a Trump tienen un mayor poder adquisitivo que el resto de estadounidenses, con unos ingresos familiares de 72.000 dólares, lo cual supera los ingresos de los que votaron a Hillary Clinton o a Bernie Sanders. El 44% tiene un título universitario; en comparación con la media nacional, que es del 29% para el conjunto de la población, o del 33% en el caso de la población blanca.


En enero, el politólogo Matthew MacWilliams indicó que uno de los factores que permite predecir el apoyo a Trump es una cierta tendencia al autoritarismo , mientras que los ingresos, la educación, el género, la edad o la raza no son factores determinantes.


Sin embargo, todos estos hechos objetivos no han servido para que los expertos y los periodistas dejen de repetir hasta la saciedad que la clase obrera blanca ha decidido apoyar a un demagogo que se distingue por su grandilocuente verborrea.


Para explicar correctamente por qué parte de la ciudadanía se siente atraída por Trump, una cobertura mediática equilibrada debería incluir más reportajes sobre el racismo y la misoginia en los barrios acomodados donde viven algunos votantes de Trump. O, en el supuesto de que se esté valorando la amargura de la clase trabajadora causada por la situación económica, también deberían publicarse reportajes sobre legisladores demócratas que en las últimas décadas han decidido destruir la red de bienestar, se subieron al carro de Wall Street y se olvidaron de los trabajadores estadounidenses cuando negociaron acuerdos comerciales internacionales.


Sin embargo, para los medios de comunicación nacionales, integrados, en su mayoría, por progresistas de clase alta o de clase media, eso supondría tener que mostrar los rostros de sus semejantes.


Si bien es ciert o que los rostros que los periodistas muestran en televisión –rostros enfurecidos que hacen comentarios sexistas cerca de una bandera de la Confederación– se merecen algún tipo de cobertura mediática, no son un reflejo de las comunidades que yo conozco tan bien. El hecho de que los medios de comunicación hayan ignorado comunidades como la mía ha creado una falta de comprensión tan grave que con un primer vistazo a un blanco con problemas económicos parece servir para describir a la totalidad.


El ejemplo antropológico de JD Vance


Un vistazo a la actualidad nos lleva hasta JD Vance, autor de una autobiografía que ha sido éxito de ventas, Hillbilly Elegy (Elegía del palurdo) . Es la historia de un abogado de éxito que creció en una pequeña ciudad siderúrgica de Ohio y cuya familia, a pesar de ser de clase media, lidiaba con la precariedad. El libro nos habla del caos que suele perseguir a una familia que ha quedado atrapada en un ciclo de pobreza durante generaciones.


Vance se autodefine como conservador y afirma que no votará a Trump. Sin embargo, intenta comprender por qué muchas personas de clase trabajadora sí lo harán. Tiene que ver con una ansiedad cultural que surge cuando muchos amigos consumen opiáceos y mueren por sobredosis y la casta política ya te ha dejado claro que no te ayudará. Si bien su experiencia es extrapolable a la de otras personas de zonas concretas, los periodistas de la Costa Este han convertido a Vance en portavoz de toda la clase obrera blanca.


Los entrevistadores y los críticos literarios parecen sentirse aliviados por el hecho de haber encontrado a alguien que tiene unas opiniones que confirman las suyas. The Run-Up, el podcast de las elecciones del The New York Times, afirmó que la autobiografía de Vance también es un estudio de antropología cultural de la clase obrera blanca que ha apoyado la candidatura de Trump (al tuitear la crítica del libro, el The New York Times ironizó con la pregunta: ¿Quieren saber más sobre las personas que le han dado alas a Donald Trump?”.

 

Fuente: theguardian

22/10/2016 - 19:28h

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Las grandes corporaciones de EEUU esconden 1,4 billones en paraísos fiscales, según Oxfam


Apple, General Electric y Microsoft se encuentran entre los primeros puestos de la lista elaborada por la organización


Un informe de Oxfam denuncia que grandes empresas estadounidenses como Apple, Walmart y General Electric, han desviado 1,4 billones de dólares hacia filiales situadas en paraísos fiscales, a pesar de que reciben billones de dólares del contribuyente.


Oxfam señala que esta cantidad, que supera el rendimiento económico de Rusia, Corea del Sur y España, se oculta a través de una red opaca y hermética de 1.608 sociedades filiales con sede en otros países. La organización benéfica ha publicado el informe sobre la realidad financiera de las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos coincidiendo con la filtración de Los papeles de Panamá, que ha generado un intenso debate en torno a los paraísos fiscales.


El informe ilustra que se cometen abusos masivos y sistemáticos del régimen fiscal mundial. El gigante tecnológico Apple, la segunda mayor corporación del mundo, ocupa el primer lugar en la lista que Oxfam ha elaborado de empresas con dinero offshore o "deslocalizado", con unos 181.000 millones de dólares canalizados a través de tres filiales con sede en el extranjero.


Los ricos y poderosos no cumplen con sus obligaciones fiscales y los demás tenemos que pagar la factura, y esto no puede seguir así. Es necesario que los gobiernos lleguen a un consenso para terminar con los paraísos fiscales"
General Electric, con sede en Boston y que según Oxfam recibió 28.000 millones de dólares del contribuyente, ocupa el segundo puesto de la lista, con 119.000 millones de dólares depositados en 118 filiales con sede en paraísos fiscales.


El gigante informático Microsoft se sitúa en tercer lugar, con unos 108.000 millones de dólares. Otras multinacionales que se encuentran entre los diez primeros puestos de la lista son el gigante farmacéutico Pfizer, la sociedad matriz de Google, Alphabet, y Exxon Mobil, la mayor petrolera mundial que no pertenece a un Estado productor de petróleo.


Oxfam compara la suma de 1,4 billones de dólares desviada hacia filiales offshore con los impuestos pagados por las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos entre 2008 y 2014, que ascienden a 1 billón de dólares. También señala que en el mismo periodo, estas compañías se beneficiaron, en conjunto, de préstamos federales, rescates y garantías crediticias por valor de 11,2 billones de dólares.


"Abuso masivo y sistemático"


Al ocultar parte de los beneficios a través de filiales en paraísos fiscales, estas empresas estadounidenses no pagaron el tipo impositivo real aplicable a unos beneficios de 4 billones de dólares (35%) sino que la tasa efectiva de impuestos fue del 26,5%.


La organización indica que estas multinacionales se han gastado miles de millones de dólares en presionar al gobierno de Estados Unidos y obtener más préstamos fiscales, rescates y garantías crediticias pagadas con el dinero del contribuyente. Entre 2008 y 2014, las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos destinaron 2.600 millones de dólares a esta labor de presión.


"Por cada dólar gastado en cabildeo, estas compañías recibieron en su conjunto exenciones fiscales por un valor de 130 dólares y préstamos federales, rescates y garantías crediticias por un valor de 4.000 dólares", indica Oxfam.


Robbie Silverman, asesor fiscal de Oxfam, señala que "una vez más tenemos constancia del abuso masivo y sistemático del régimen fiscal mundial. Los ricos y poderosos no cumplen con sus obligaciones fiscales y los demás tenemos que pagar la factura, y esto no puede seguir así. Es necesario que los gobiernos lleguen a un consenso para terminar con los paraísos fiscales".


Oxfam calcula que la evasión de impuestos de las grandes compañías estadounidenses tiene un coste para la mayor economía del mundo de unos 111.000 millones anuales. La evasión de impuestos también incrementa la brecha mundial entre ricos y pobres ya que para los países en vías de desarrollo supone una merma de 100.000 millones de dólares.


"La evasión de impuestos por parte de las corporaciones empeora la peligrosa desigualdad que está socavando nuestro tejido social y bloqueando el crecimiento económico", afirma el informe. Oxfam también menciona a los territorios británicos de ultramar, como las Bermudas, por su popularidad entre las empresas estadounidenses que quieren "transferir beneficios" y pagar menos impuestos.


La organización señala que en 2012 las filiales de estas compañías en las Bermudas declararon unos beneficios de 80.000 millones de dólares, una cifra que supera la suma de los beneficios obtenidos por Japón, China, Alemania y Francia, cuatro de las cinco mayores economías del planeta.


Oxfam pide a Estados Unidos que apruebe una ley que pondría fin a los abusos que se realizan en los paraísos fiscales (Stop Tax Haven Abuse Act), y que obligaría a las compañías a una contribución fiscal en cada país. De hecho, muchas organizaciones no gubernamentales y benéficas recomiendan la información desglosada por países ya que consideran que así se podría impedir que las compañías reduzcan artificialmente la base imponible en los países más pobres.

 

Por The Guardian - Rob Davies

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El Papa, J’Tatik y los indígenas: ambigüedades

¿Qué tal la gira del papa Francisco por México?

Una decepción, dicen unos. Un incumplimiento, dicen otros. Y yo digo que son apenas unos eufemismos.


Francamente –recordando el histórico acomodo de Jorge Mario Bergoglio con la dictadura en Argentina, a la cual como provincial de los jesuitas le ofreció su silencio, y su presente ambigua condición de jefe de Estado y líder religioso, cuyo objetivo es restaurar el liderazgo político y espiritual del Vaticano y no apoyar la efervescencia social en el mundo (como esperan algunos)–, no había que tener ningunas ilusiones.


Aun así, ¿quizás algo para rescatar?


Según algunos críticos, sí: la parada en San Cristóbal de Las Casas (lo mejor y lo más concreto de su visita).
Siento decepcionarlos (aún más).


Haciendo un poco de memoria histórica, separando el estilo del contenido y la realidad de la mercadotecnia (que hace milagros posicionando a Francisco como la principal voz de los excluidos), también esta parte resulta discutible, revelando una paradoja: todas sus ambigüedades –que datan de cuando aún era Bergoglio– son más visibles no en sus tropiezos (que igual no faltaron), sino en sus mejores momentos, cuando parece cumplir las expectativas.


• Un momento así fue la misa para los pueblos indios en San Cristóbal (15/2/16), que el Papa concelebró con clérigos indígenas (incluyendo un salmo en tzotzil y otras referencias locales) y concluyó entregando el decreto que autorizaba ceremonias en sus lenguas y ordenación de diáconos permanentes.


Todo tal como se esperaba.


Francisco reivindicó a los pueblos indígenas y la Iglesia autóctona, junto con su figura principal, Samuel Ruiz – J’Tatik (1924-2011), padre en tzotzil, antiguo obispo de la ciudad, cuya tumba visitó posteriormente–. Incluso homenajeó a la combatida y perseguida teología de la liberación y/o india, coincidieron observadores.


Luis Hernández Navarro apuntó bien en este contexto la historia de la “compleja dialéctica en que la Iglesia católica latinoamericana –en medio de la guerra de exterminio contra los ‘nativos’– era herramienta de dominación y espacio de resistencia”.


Recordó que esa entidad fue un momento autocrítico de la conquista (Bolívar Echeverría) y alabó –con razón– a la Iglesia de Chiapas, que nació rebelde (Andrés Aubry), el mejor ejemplo de esta tendencia, anotando que por lo visto durante su visita el Papa es quizás (¡ojo!) también parte de ella (La Jornada, 16/2/16).


¿Y qué tal si por lo mismo (o sea, por lo visto) cambiamos el quizás por el no?


Es que... su adjudicamiento a la Iglesia que cobijó y fomentó la lucha indígena es y puede ser solo ex post y superficial: no porque venga de otra realidad (urbana), sino de otra Iglesia (no rebelde, sino acomodadiza con el poder).
¡Y qué decir ahora!


... su enfoque hacia los pobres fue y sigue siendo conservador y opuesto a la teología de la liberación (Michael Löwy), que como provincial combatía y perseguía (para él son objetos de atención, no sujetos de su propia liberación).
¡En el discurso en San Cristóbal les tuvo puras generalidades y banalidades!


... su opción preferencial por los pobres es ajena a la de J’Tatik, para quien los indígenas eran actores de su propia historia y a quienes ayudó a despertar la conciencia, usando entre otros la narrativa del Éxodo (y la larga marcha hacia la Tierra Prometida mediante la auto-organización y la autoemancipación).


¡Francisco citó aquel texto (sus gestos, ¡puf!), pero como pura referencia cultural!


Más que una muestra de la comunión de ideas, todo esto se vislumbra como otra de sus simulaciones ideológicas.
Más que un acto de reconocimiento o justicia tardía, hay que verlo como parte de su política de guiños a diferentes alas de la Iglesia y de su estrategia de disciplina (luego en Morelia hizo uno ojo a sectores más retrógradas y canonizó a un mártir cristero).


No es que la Iglesia autóctona –o el ala izquierdista– le sea particularmente cara; es útil e instrumental para imponer su hegemonía conservadora sobre los ultraconservadores (lo que no quiere decir que el decreto que entregó no sea importante, pero así sólo arregló el error de Benedicto XVI –su autoridad teológica–, que lo prohibió en 2006 desconociendo el fundamento pastoral de J’Tatik; además de ser una medida pragmática ante el avance de los evangélicos).


• Otro momento así –esperado y aclamado– en que como sombras se veían lo conservador de su presente y lo incómodo de su pasado fue cuando durante el mismo acto Francisco pidió perdón a los pueblos indígenas por ser incomprendidos y excluidos de la sociedad.


Ya hizo algo así durante su viaje a Bolivia, país mayoritariamente indígena (Telesur Tv, 9/7/15).


Si bien el gesto fue celebrado –ayer y hoy– como un acto de justicia, la práctica de los perdones en realidad es opuesta a la justicia (y a la política) y sirve como algo en vez de ella.


A la Iglesia la introdujo Juan Pablo II –a quien Francisco emula no sólo en este aspecto–, que pidió perdón por más de 100 crímenes y/o errores de ella (también por la conquista), sin que se haya hecho la más mínima justicia a sus víctimas.


Es más: apremiando también a los gobiernos a aprender a pedir disculpas Francisco se situó en las antípodas de los teólogos de la liberación, que no hacían gestiones ante los de arriba en nombre de los pobres, sino apoyaban sus luchas y construían alternativas desde abajo.


Hacer gestiones personales, interceder ante los poderosos/ricos, siempre fue la estrategia de Bergoglio hacia los pobres, como cuando pedía clemencia ante la junta militar por dos de sus jesuitas (los mismos que había delatado anteriormente).
Después del histórico encuentro y perdón en Bolivia, Francisco se fue a EU y canonizó a Junípero Serra (1713-1784), un monje franciscano en cuyas misiones –campos de concentración premodernos– por cada convertido morían dos candidatos (LA Times, 24/1/15).


Según las organizaciones indígenas estadunidenses, con esto canonizó el genocidio y el colonialismo (Página/12, 24/9/15).


Después del histórico encuentro y perdón en San Cristóbal, ¿quién será el siguiente agente del exterminio indígena declarado santo por el papa Francisco?


Continuará


Por Maciek Wisniewski*Periodista polaco
Twitter: @periodistapl

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Martes, 09 Febrero 2016 06:52

La inocuidad del voto

La inocuidad del voto

Un reciente mapeo de la desigualdad mundial muestra la paradoja de eso que, con supina inocencia, insistimos en llamar democracia. Mientras los estudiosos neoclásicos hacen elegantes campanas de Gauss para mostrar que los votantes buscan posiciones intermedias, quienes investigan la pobreza y la desigualdad retratan un mundo polarizado entre unos ultra-ricos y una extensa mayoría de pobres, y hablan de una democracia secuestrada (Oxfam, 2015).

La gran paradoja del sufragio universal consiste en que una inmensa mayoría de los votantes son pobres absolutos o relativos, y pese a ser mayoría no han logrado que la ínfima minoría de ultra-ricos ceda para democratizar la riqueza o, al menos, para hacer menos aberrante la existencia del pobrerío. Dicho con otras palabras: eso que aún llamamos democracia no ha resuelto el problema de la desigualdad. En uno de sus más recientes textos (Sen, 2009), a su manera, advierte tal problema.


La inocuidad del voto ocurre, básicamente, porque la sociedad está dividida en dos clases sociales, a saber: los dirigidos y la dirigencia. Los dirigidos con la mayoría dispersa y desmesuradamente cuantiosa (millones) de ciudadanos rasos, sean pobres absolutos o relativos (la denominada clase media). La dirigencia es una ínfima minoría organizada, que está compuesta por unos pocos miles de opulentos, quienes monopolizan o tienden a concentrar poderes militares, económicos, organizativos, e ideológicos. Esto ya había sido, advertido, en cierto modo sutil, por autores como (Schumpeter, 2008) y (Olson, 2001).


En términos económicos la clase dirigente es lo que Veblen (Veblen, 1953) denominó como clase ociosa, y está integrada por capitalistas y rentistas (perceptores de beneficios y diversas rentas); la clase de los dirigidos está integrada por quienes perciben salarios (desde los proletarios más empobrecidos hasta las clases medias), y por los pobres absolutos (indigentes y miserables que no perciben ingreso alguno, más que las limosnas públicas y privadas).


Tomando y enriqueciendo el planteamiento de (Bobbio, 2000), se puede afirmar que los tomadores de decisiones públicas en la mal llamada democracia son los políticos y tecnócratas, quienes son los representantes o delegados (o simples mandaderos) de los opulentos (con sus gremios y poderosos grupos de presión). No pocas veces líderes políticos y notables tecnócratas son integrantes de las minorías opulentas. Y esos mismos tomadores de decisiones son nada más que unos fiduciarios de la ciudadanía rasa, a la que seducen y engañan con seductoras promesas pre-electorales para obtener sus votos.


En términos de una relación contractual, el delegado o representante obedece (o al menos está obligado a obedecer) el mando imperativo de su elector; en tanto que el fiduciario no está atado por tal restricción contractual y puede manejar a su antojo la confianza y los activos que le han confiado sus electores.


En una democracia directa y plenamente participativa, hay una ciudadanía activa y total: cada ciudadano tiene injerencia directa, con voz y voto, en la toma de decisiones colectivas (en todos sus detalles). En un ámbito de soberanía popular, la ciudadanía escoge una política deseable y, además, elige a unos delegados o representantes que deben cumplir su mandato ciudadano. En las llamadas democracias representativas (o indirectas), los ciudadanos rasos (los peor situados) escogen a unos políticos que dicen ser sus representantes y defender el bien comùn y el interés público pero que son nada más que fiduciarios de sus inocentes y confiados electores.


No existe en este mundo un Estado que pueda satisfacer plenamente y por igual a toda la ciudadanía. Y cuando la sociedad está dividida en las dos mencionadas clases, la toma de decisiones públicas constituye un juego de suma cero, con perdedores y ganadores.


A esto se agregan los nada deleznables problemas de la asimetría de información y la incertidumbre que, obviamente, juegan más en contra de los votantes rasos. El votante raso sabe por quien vota (conoce su nombre y, en el mejor de los casos, sus antecedentes y hoja de vida), pero ignora o prefiere ignorar los intereses a los que sirve o representa tal líder y, obviamente, desconoce lo que el político hará una vez elegido ante eventos no previstos, o no ventilados públicamente en época de elecciones.


Las mayorías de ciudadanos rasos constituyen la masa social que habita en el inframundo de la pobreza o en la vulgar medianía y persistente inestabilidad de la denominada clase media. La ínfima o nula intensidad de sus preferencias electorales permite que cada uno de sus anónimos y cuantiosos miembros tenga nada más que un voto. Y tal voto (sin voz) se reduce al ejercicio de kínder elemental, consistente en marcar una X sobre el rostro de su candidato preferido, cada dos o cuatro años (dependiendo del tipo de escogencia electoral). Tal mayoría habita en el mundo de "mediocristán" (1): un mundo regido por la ley de los grandes números, en el que cada votante es nimio e insignificante, y no puede alterar el curso de los acontecimientos.


Las minorías organizadas de ultra-opulentos, habitan las elevadas cumbres del poderío económico, social, militar, organizativo e informativo. Sus preferencias electorales son tan desmesuradamente intensas, que sus votos (acompañados de su voz de mando imperativo) son proporcionales a la magnitud o peso de su riqueza: ellos mandan a sus delegados, sean políticos o tecnócratas, para que diseñen y ejecuten unas políticas hechas a la medida de sus intereses y caprichos. La minoría estratégicamente aliada de ultra-ricos, políticos y tecnócratas, habita el mundo de "extremistán", tienen a su favor información y suficiente poder económico, político, organizativo y militar para alterar el curso de la historia.


Muchos votantes rasos han optado por dos escogencias racionales: unos han preferido optar por la pasiva e indiferente pereza (no ir a votar, dado que su voto es nimio e insignificante); otros, a sabiendas de que los políticos no cumplen sus promesas y el voto resulta siendo un regalo, prefieren venderlo al mejor postor (y con ello resolver alguna carencia en el corto plazo).


Algunos sectores de la ciudadanía pobre pero activa y organizada, han optado por soluciones más políticas como el voto en blanco (que de ser masivo quiebra la normalidad de las elecciones y, al menos, permite convocar a unos líderes algo más decentes), y otras modalidades más confrontacionales y de abierta insumisión: objeción de consciencia, desobediencia civil y resistencia civil.

 

*Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor Titular de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad del Rosario.

 

 1 La crítica a la campana de Gauss (a la estadística tradicional) y los términos de Mediocristán y Extremistán se nutren del maravilloso libro de (Taleb, 2007)

 


 

Bibliografía:

 

Bobbio, N. (2000). El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica.

Olson, M. (2001). The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups. London: Harvard University Press .

Oxfam. (19 de January de 2015). Oxfam.org. Obtenido de Oxfam International : https://www.oxfam.org/en/pressroom/pressreleases/2015-01-19/richest-1-will-own-more-all-rest-2016

Schumpeter, J. (2008). Capitalism, Socialism and Democracy. New York : Harper Perennial Modern Classics.

Sen, A. (2009). The Idea of Justice. Cambridge Mass: Harvard University Press.

Taleb, N. (2007). The Black Swam. New York : Random House.

Veblen, T. (1953). The Theory of the Leisure Class: an Economic Study of Institutions. New York : The MacMillan Company .

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Lunes, 11 Enero 2016 06:58

Lágrimas

Lágrimas

La imagen de la semana (bueno, hasta que fue superada el fin de semana por la de Sean Penn y El Chapo) fue la de las lágrimas del presidente Barack Obama.


El presidente, famoso por mantener bajo control sus emociones, presentó una serie de medidas ejecutivas mínimas para abordar lo que algunos consideran una epidemia de violencia con armas de fuego –en este rubro, este es el país avanzado más sangriento del mundo con más de 30 mil muertes cada año. Ante la absoluta imposibilidad de promover reformas a las leyes cada vez más permisivas sobre la compra y uso personal de armas de fuego –algo que muchos consideran derecho sagrado y protegido por la Constitución–, por la férrea oposición en el Congreso, Obama buscó hacer algo en torno a imponer un poco más control.


Al abordar el tema de los incesantes incidentes de violencia, sobre todo los multihomicidios con armas de fuego en muchos casos adquiridas legalmente, se refirió entre otros sucesos sangrientos al ocurrido en una primaria de Connecticut en 2012, donde un joven armado mató a 20 niños y seis adultos. De repente interrumpió su discurso, le tembló la voz y soltó unas lágrimas. En la escena televisada se escucha en esos momentos el ruido de decenas de cámaras haciendo miles de tomas de esa imagen. La nota fue: Obama lloró.


De inmediato hubo reacciones de todo tipo. Comentaristas conservadores en el medio más poderoso de la derecha, Fox News, se burlaron, preguntaron por qué no había llorado por las víctimas del terrorismo en California y una hasta sugirió que era puro teatro y que seguro tenía una cebolla bajo el podio para provocar las lágrimas. Liberales, enfurecidos por tales sugerencias, defendieron el llanto presidencial y aseguraron que era real. Otros que a estas alturas no le creen nada a ningún político lo vieron como un acto más en la obra de teatro en la que los actores lloran de verdad, pero saben hacerlo profesionalmente.


Pero ¿por qué es difícil sentir solidaridad con sus lágrimas, sean reales o no?


La misma semana que lloró, estaba implementando políticas para poner la vida de cientos de niños en riesgo. El periódico más importante del país, el New York Times, publicó un editorial en repudio a las redadas de madres e hijos centroamericanos impulsadas y justificadas por Obama, y comentó: un presidente que habló de manera tan conmovedora sobre las muertes violentas de niños causadas aquí por las armas ha asumido la tarea de enviar a madres e hijos en viajes sin retorno a los países más mortíferos de nuestro hemisferio.


Como han denunciado líderes religiosos, líderes inmigrantes, organizaciones de derechos humanos y libertades civiles y hasta la principal asociación nacional de abogados, la American Bar Asociación, de 400 mil miembros, estas medidas no sólo se realizan de manera brutal (en las madrugadas llegan oficiales a hogares cazando a madres y sus hijos, ya de por sí traumatizados por las condiciones de las cuales huyen), sino violan principios legales nacionales e internacionales, sobre todo para quienes son refugiados. Ni una sola lágrima.


A lo largo de los últimos años, Obama ha ordenado cada vez más misiones de asesinato a control remoto –con aeronaves conocidas como drones– contra objetivos terroristas. Aunque hay un debate intenso sobre si estas operaciones son más precisas y limitan los daños colaterales más que otras misiones con tropas y bombardeos, el hecho es que agrupaciones de derechos humanos y otras han logrado documentar un número creciente de civiles, incluidos niños, que han perecido en estas misiones. Algunos cálculos varían desde 400 a casi mil civiles sólo en Pakistán (otros países donde se realizan estas misiones son Afganistán, Somalia y Yemen), incluidos algo así como 200 niños, o sea, 10 veces más de los que fueron abatidos en Connecticut.


Ex operadores de drones comentaron a The Intercept que hay grandes cantidades de víctimas civiles y que a veces se refieren a niños que matan como terroristas tamaño diversión (fun-size terrorists).


Es imposible imaginar a una madre que día y noche escucha el ruido de un dron, esperando, rezando para que no maten a sus hijos sin intención en una de estas zonas de operación en varios países, y los mares de lágrimas que estos pueblos han llorado en las guerras más largas de la historia estadunidense. Nadie sabe cuántos niños han muerto, nadie sabe quiénes son, nadie sabe qué soñaban. Ni una lágrima para estos daños colaterales.


Tampoco para las familias destruidas y los 2.7 millones de niños, uno de cada 28 en este país, que tienen al padre o a la madre en prisión por un sistema de justicia que ha logrado tener la población encarcelada más grande del mundo (per cápita), gran parte de los cuales son detenidos por delitos no violentos relacionados con la droga, o sea, cientos de miles de víctimas de la guerra contra las drogas, casi siempre pobres y en su mayoría afroestadunidenses y latinos. Según cálculos, uno de cada 110 niños blancos tienen un padre encarcelado, pero para los afroestadunidenses, es uno de cada 15, y para los latinos uno de cada 41. Pero no, ni una sola lágrima.


Ni hablar de la mayor desigualdad económica desde antes de la gran depresión y sus efectos nocivos, a veces devastadores, para millones de familias que, a consecuencia de la avaricia protegida del 1 por ciento más rico –no es un punto ideológico, es empírico– tienen que aceptar el fin de sus sueños no sólo para ellos, sino para sus hijos. O peor, ver a sus hijos padeciendo de hambre (uno de cada seis), o si uno es minoría, vivir con miedo a los que supuestamente están ahí para protegerlos, ver cómo políticos nacionales proponen perseguirlos, y ver cómo los logros de las luchas por los derechos básicos de las mujeres y de minorías son minados, hasta desmantelados. Ante todo esto, los ojos del presidente se quedan secos.


Es para llorar.

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Una democracia de los ricos para los ricos

ALAI AMLATINA, 30/09/2015.- "Por primera vez en la historia, el Congreso está dominado por una mayoría de millonarios que son, como promedio, catorce veces más ricos que el estadounidense medio... nuestros representantes están totalmente desconectados de la lucha diaria de la mayoría de los estadounidenses, que viven -de un cheque a otro- atrapados en la agotadora lucha por sobrevivir día a día".

Así lo observa John W. Whitehead, Presidente del Instituto Rutherford, en su libro "A Government of Wolves: The Emerging American Police State" ("Un gobierno de lobos: el estado policial estadounidense que emerge").

"De hecho, aunque se supone que Estados Unidos sea una república representativa, estas personas ganan salarios de seis cifras y habitan un mundo exento de multas, con gimnasio gratuito y atención sanitaria que no es segunda de nadie, sólo tienen que trabajar dos o tres días a la semana; hacen 32 viajes por carretera completamente reembolsados cada año, viajan al exterior, reciben descuentos en restaurantes y están exentos de impuestos en las tiendas de Capitol Hill, con aparcamiento reservado en el aeropuerto nacional de Washington, flores frescas gratuitas en los jardines botánicos y asistencia también gratuita en la preparación de sus informes de impuestos sobre la renta. Ellos ni representan ni sirven al pueblo estadounidense. En vez de eso, se han autoproclamado nuestros amos".

Según informa Dan Eggen en el diario The Washington Post: "las nuevas cifras ponen de relieve una larga tendencia de acumulación de riqueza en el Congreso, que está integrado mayoritariamente por millonarios y casi millonarios que poseen a menudo varias casas y otros bienes fuera del alcance de la mayoría de los votantes que representan".

"Muchos de nuestros políticos viven como reyes. Pasean en lujosas limusinas, vuelan en aviones privados y consumen comidas gourmet, todo pagado por los contribuyentes estadounidenses, bien alejados de aquellos a quienes se supone que representen. Por su lujoso estilo de vida, resulta difícil identificarles con el ciudadano común que vive cheque a cheque y mantiene al país con su dinero duramente ganado con el sudor de su frente".

Como escribe el renombrado economista Joseph Stiglitz en la revista Vanity Fair, "prácticamente todos los senadores de Estados Unidos y la mayoría de los representantes de la cámara, integran el 1 por ciento cuando llegan, son protegidos en sus cargos por el dinero del 1 por ciento y saben que si sirven bien al 1 por ciento serán recompensados por el 1 por ciento cuando dejen sus cargos. Por lo general, las autoridades claves del poder ejecutivo en materia de política comercial y económica también integran el 1 por ciento.

Lamentablemente, dice Whitehead, la política electoral ha sido tan profundamente corrompida por el dinero corporativo que hay pocas posibilidades de que, incluso una persona bien intencionada, pueda promover un cambio real en el Congreso. El camino de las urnas, ya sea a la Oficina Oval o al Congreso, es caro, y sólo los ricos, o aquellos apoyados por los ricos, son capaces de llegar siquiera a la línea de partida.

En el ciclo de las elecciones presidenciales de 2012, ambas partes gastaron mil millones de dólares para intentar obtener la elección de sus candidatos.

Una vez electos, estos burócratas ricos ya privilegiados entran en una vida de privilegio aún mayor, vergonzosamente a expensas de los contribuyentes estadounidenses. Ya sean demócratas o republicanos, todos ellos aprovechan al máximo lo que un informe de prensa describe como "una montaña de ventajas con las que la mayoría de las fortunas mayores del mundo no podrían rivalizar".

Incluso los consejeros más cercanos del Presidente Obama son millonarios, los de su gabinete de quince miembros incluidos. Y luego están los grupos de presión (lobbys), con un estimado 26 cabilderos por congresista, fuente de mucha corrupción y trasiego de dinero en Washington.

Esta presión, dice Whitehead, es alentada a su vez por un estilo de vida del Congreso que exige que los congresistas pasen la mayor parte de su tiempo recaudando fondos para campañas, en vez de respondiendo a las necesidades de sus electores. "Cuando la mitad de su tiempo la dedican a pedir dinero a individuos ricos y a otros intereses especiales, no hay manera que puedan responder a los problemas que están presentes en el país".

Según el representante demócrata por Carolina del Norte Brad Miller, "a lo que nos enfrentamos es a un gobierno oligárquico, uno de los ricos, por los ricos y para los ricos. Si nos propusiéramos la supervivencia de nuestro supuesto gobierno representativo, lo primero que debíamos hacer es arrebatar su control de la élite adinerada que lo dirige".

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Lunes, 10 Agosto 2015 06:42

Entre pesadillas y sueños

Entre pesadillas y sueños

A veces ese incesante torrente de noticias y sucesos en Estados Unidos tiene el efecto de provocar una especie de sonambulismo, en el cual uno no se puede dormir, pero tampoco despertar. Si de repente uno intenta sacudirse para ver qué esta pasando, se toparía con cosas como estas:


Estados Unidos es sólo una oligarquía, con el soborno político ilimitado como la esencia para obtener las nominaciones para presidente o para elegir el presidente y de los otros puestos electorales. Por lo tanto, hemos visto una subversión completa de nuestro sistema político, declaró nadie menos que el ex presidente Jimmy Carter la semana pasada.


Un grupo reducido de multimillonarios ejerce cada vez más poder sobre el proceso electoral: menos de 400 familias son responsables de casi la mitad de los fondos recaudados hasta la fecha para el ciclo electoral presidencial de 2016, una concentración de donantes políticos sin precedente en la era moderna, reporta el New York Times.


Donald Trump explicó de manera sencilla cómo funciona todo: cuando los políticos le hablan, él les da dinero, "¿y saben qué? cuando necesito algo de ellos dos, tres años después, yo les hablo y ahí están por mí... (a) Hillary Clinton, le dije que estuviera en mi boda, y vino a mi boda. No tenía opción porque yo doné a una fundación (la de los Clinton)".


Eric Holder, el recién retirado procurador general de Barack Obama que nunca procedió penalmente contra los ejecutivos bancarios responsables del masivo fraude que detonó la crisis financiera de 2007, regresó a su chamba en el poderoso bufete de abogados Covington & Burling, que se especializa en... defender a Wall Street. Ah.


Mientras tanto, más niños viven ahora en la pobreza que antes de la gran recesión; un total del 22 por ciento (más de uno por cada cinco) y casi el doble de ese porcentaje son menores afroestadunidenses e indígenas en el país más rico del mundo.


Hablando de niños: abogados del gobierno de Obama están apelando del fallo de una juez que libera a miles de inmigrantes menores de edad y sus madres, encarcelados en centros de detención, algunos por más de un año, en condiciones calificadas de deplorables por la juez.


Hablando de ley y orden, julio fue el mes en que se registraron más homicidios por policías en Estados Unidos en lo que va de 2015: el total llegó a 118, según reporta The Guardian. A la vez, no cesan los casos de policías blancos que matan a civiles afroestadunidenses desarmados (seis más en las últimas semanas).


Hablando de comportamiento sicótico: la Asociación Estadunidense de Sicología –incluido a su director de ética– colaboró con el Pentágono y la CIA para justificar las técnicas de interrogación extremas –léase tortura– empleadas por el gobierno de George W. Bush, según una investigación interna. Prometen no hacerlo más.


Hay incontables cosas más: Obama, quien no se cansa de hablar de la paz, continúa ordenando misiones de bombardeo en por lo menos siete países; se intensificó la guerra de los políticos conservadores contra las mujeres (en particular contra su derecho al aborto) y contra las minorías (no sólo en cómo son tratados por el sistema de justicia, sino con la dramática erosión del derecho básico al voto); sigue la ofensiva incesante contra los sindicatos, sobre todo el del magisterio; los políticos continúan nutriendo el clima antimigrante, entre otras.


Ante este panorama, pareciera que casi todo sigue igual que la última vez que uno hizo el intento de abandonar el estado medio zombi, o sea, que las pesadillas siguen azotando a todos los despiertos y a los que padecen insomnio (¿por qué será?)
Pero a la vez, también hay cosas que invitan a soñar:


En Portland, Oregon, una coalición de ambientalistas obstaculizó la salida rumbo al Ártico del buque rompehielos de la poderosísima empresa petrolera Shell con una flotilla de kayaks y con gran talento acrobático, suspendiéndose del puente sobre la salida del puerto en protesta por el inicio de operaciones de perforación en una de las zonas ecológicas más vulnerables del planeta.


El legendario roquero Neil Young presentó su último disco, The Monsanto Years, que condena al mundo empresarial e incluye a la famosa trasnacional de agroindustria por su destrucción ambiental y agraria.


Trabajadores del sector de comida rápida lograron un triunfo al obligar al estado de Nueva York a aprobar un incremento de 70 por ciento del salario mínimo que percibía ese sector, parte de un movimiento que ya lleva triunfos parecidos en varias ciudades y estados.


Desde Selma, sitio de una famosa marcha por los derechos civiles en los 60 encabezada por Martin Luther King, arrancó una marcha de 40 días hacia Washington en demanda de recuperar los derechos básicos –humanos– de afroestadunidenses. También hubo más movilizaciones en torno al movimiento de Black Lives Matter por todo el país.


La gran mayoría –casi 60 por ciento en una encuesta de CBS News– de los estadunidenses desea que el gobierno haga mucho más para reducir la creciente brecha entre ricos y pobres, tema central político de este ciclo electoral, algo que, en parte, es legado del movimiento Ocupa Wall Street.


La candidatura presidencial de Bernie Sanders, senador independiente de Vermont, quien no teme identificarse como socialista demócrata, está sorprendiendo a la cúpula política con sus actos de campaña, cuya asistencia es mayor a los de cualquier otro candidato hasta la fecha.


Indígenas apaches hicieron un plantón en el centro de Times Square, Nueva York, como parte de su cruzada por el país, en protesta por un proyecto de ley federal que busca entregar tierras sagradas en Oak Flat, Arizona, a la minera trasnacional Resolution Copper, cuyos dueños son Río Tinto y BHP Billiton.


Mientras tanto, Estados Unidos se volvió el segundo país de hispanohablantes en el mundo, superando a España y sólo detrás de México, algo que augura cambios mayores en el futuro de este país y que asusta a las fuerzas ultraconservadoras.
Todo esto ofrece promesas de un posible amanecer. Entre estas pesadillas y sueños, puede ser que uno sigue medio dormido, pero queda claro que es hora de despertar.

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"La mayoría no sabe lo grande que es la diferencia con los más ricos"

El economista de la Universidad de Berkeley señala que "sea cual sea el crecimiento de la productividad, la ganancia se redistribuye cada vez más hacia el 10% con más ingresos"


David Card (Canadá, 1956) es un peculiar buscador de tesoros. Su recompensa son los filones de datos que proporcionan las situaciones reales, que explota con herramientas econométricas. Así encuentra pistas de cómo funciona el mercado laboral, ya sea cuando se aplica el salario mínimo o cuando incorpora inmigrantes. Pistas que abundan en los últimos estudios del Fondo Monetario Internacional sobre desigualdad. El catedrático de la Universidad de Berkeley estuvo en Madrid hace unas semanas para recoger el Premio Fronteras del Conocimiento que le otorgó la Fundación BBVA, junto al británico Richard Blundell, en la categoría de Economía.


Pregunta. Estados Unidos va por delante en la recuperación del empleo, pero allí y en España, el tipo de trabajo que se crea es de baja calidad y peor pagado. ¿Es una respuesta temporal a la crisis, o cree que hay algo más?


Respuesta. Desde hace 15 años, antes incluso de la recesión, las condiciones del trabajo no mejoran. En Estados Unidos se han ofrecido varias explicaciones, como la pérdida de empleos en la industria por la irrupción de China, o el débil crecimiento de la productividad. Y luego está la cuestión de que, sea cual sea el crecimiento de la productividad, la ganancia se redistribuye cada vez más hacia el 10% con más ingresos. Las condiciones de los trabajadores de bajos ingresos, una definición que incluye cada vez a más gente, no van bien. Los salarios reales de ese colectivo apenas crecen en los últimos 15 años.

P. ¿Cree que el cambio tecnológico influye?

R. Puede ser parte de la historia, pero no creo que nadie sepa aún en qué medida. En lo que sí creo es en la relevancia del marco institucional en la fijación de salarios, y aquí hay fuerzas más débiles que en los años ochenta. En Estados Unidos, los sindicatos casi han desaparecido, el salario mínimo se ha reducido o eliminado, los empresarios han tenido gran discrecionalidad para fijar sueldos. Hice un estudio sobre Alemania hace un par de años. Y algo parecido empezó a ocurrir allí más tarde, a partir de los noventa.

P. Los organismos internacionales coinciden ahora en advertir que el aumento de la desigualdad puede dañar el propio crecimiento económico, ¿coincide con esa apreciación?

R. Sí, hasta el FMI está preocupado (risas). Lo que sí se puede ver claramente en muchos países es que las familias con más bajos ingresos están cada vez más alejadas de la política, no piensan que el debate político les afecte, que afronte sus problemas. Y muchos creen que sus hijos van a tener menos oportunidades que ellos. Yo creo que eso es más importante que el efecto económico. En realidad, hay mucha más desigualdad de lo que la gente piensa, no creo que la mayoría sepa realmente lo grande que es la diferencia con los más ricos. Las élites deberían pensar en esto mucho más de lo que lo hacen ahora. Hubo momentos como éste en otros periodos de la historia y el resultado no fue nada bueno.

P. En España, la reforma laboral persigue dar más poder de negociación a las empresas para ajustar las condiciones laborales a la situación económica.

R. Lo que quiere decir que los trabajadores con menos ingresos van a recibir un golpe considerable. En Alemania, sufrieron un recorte muy importante. En términos relativos, la mitad de la población con ingresos más bajos en Alemania está mucho peor pagada ahora que hace 20 años. En esas dos décadas, su salario real no ha crecido en absoluto. Y eso es realmente llamativo.

P. Pero con esas reformas, Alemania vadeó la crisis con un 5% de paro, mientras España enseguida se fue al 25%.

R. No sé si esa aproximación es correcta, soy bastante escéptico al respecto. Pero entiendo que sea convincente para mucha gente. Y desde luego los alemanes creen que eso es lo que España debería hacer. Pero, en realidad, yo diría que el aumento de la desigualdad salarial apenas acaba de comenzar aquí.


P. En Alemania, ese aumento de la desigualdad que describe no parece haber generado mucha contestación social.


R. Durante un tiempo, nadie se dio cuenta de que ese proceso estaba en marcha, no hubo reacción. En parte porque los sindicatos alemanes son bastante pasivos en este tema, históricamente han estado más preocupados por los empleos que por los salarios. Y con la incorporación de Alemania del Este, grandes compañías llevaron su producción allí y luego a República Checa, Hungría o Rumanía, en una carrera de costes a la baja. Pero acaban de establecer un salario mínimo generalizado en Alemania, lo que creo que es una señal de que esto empieza a preocupar.


P. Entonces, menos poder sindical y menos salario mínimo, ¿se traduciría, según usted, en más desigualdad?


R. En el aumento de la desigualdad influyen muchas cosas, el cambio tecnológico, la globalización, pero sí, son dos factores importantes para el 15% o el 20% de trabajadores con menos ingresos. Es más difícil de concluir si hay efecto en la clase media, que es a donde dirigen los políticos la mayoría de sus mensajes.


En el euro, los ajustes se pagan caro


Una de las investigaciones más citadas de Card es aquella en la que relacionó ingresos con nivel educativo. "Todavía sigue siendo mejor tener un alto nivel de educación para lograr un trabajo mejor pagado. Aunque también es cierto que cada vez más jóvenes licenciados en la Universidad solo logran trabajos basura", matiza el investigador norteamericano. El catedrático de Berkeley cree que el aumento de la economía sumergida "es un indicador de cómo de pobres son las oportunidades de trabajo", ya sea en España o en EE UU.


Sobre la diferencia en el ritmo de recuperación a ambos lados del Atlántico, Card subraya que los creadores del euro minusvaloraron la importancia de que los países perdiesen la opción de devaluar la moneda para reaccionar en tiempos de crisis. La única alternativa, añade, es ajustar precios y salarios. "Y siempre es más fácil pagar menos a quien logra un nuevo trabajo", acota sobre lo que ocurre en el mercado laboral español.

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Francisco: "Los pobres son la deuda que aún tiene toda América Latina"

Nada más aterrizar en el aeropuerto de Quito, el papa Francisco ofreció al presidente de Ecuador, Rafael Correa, "el compromiso y la colaboración" de la Iglesia católica para que "los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos". El Pontífice, que durante los próximos ocho días visitará Ecuador, Bolivia y Paraguay, pidió a Correa que ponga "especial atención" en los "hermanos más frágiles". "Los pobres son la deuda que aún tiene toda América Latina", dijo.

El presidente ecuatoriano recibió a Jorge Mario Bergoglio con un fuerte abrazo, un discurso de marcado carácter político en el que destacó los logros de su Gobierno y un agradecimiento por la encíclica papal sobre la ecología. "Si alguien intenta acallar sus palabras", le dijo el presidente Correa a Francisco, "las piedras las gritarán".

La primera etapa del viaje del Pontífice —aunque circunscrita al recibimiento en el aeropuerto— ya dejó constancia de las líneas por las que transitarán unas jornadas que se esperan con máxima expectación. Es la primera vez que Bergoglio visita como Papa la América de lengua española, donde se fraguó la opción preferencial por los pobres que ahora quiere servir de guía a toda la Iglesia. "Francisco", subrayó el jesuita Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, "tendrá además la oportunidad de expresarse en su propio idioma, lo que con toda seguridad lo llevará a improvisar sobre las intervenciones ya previstas". El tercer aspecto que con toda seguridad marcará la diferencia será el calor del recibimiento al primer papa latinoamericano.
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En su discurso ante el presidente Correa, quien en las últimas semanas ha sufrido una gran contestación social a sus reformas, el Papa aseguró que en el Evangelio se pueden encontrar "las claves para afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias y fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones". Bergoglio, que reconoció los avances logrados por un país cuyo PIB ha crecido a un ritmo superior al 4% anual en la última década, resaltó, no obstante, la necesidad de que el progreso alcance también a los más vulnerables. "Para esto, señor presidente, podrá contar siempre con el compromiso y la colaboración de la Iglesia".

Liderazgo de Obama

Durante el vuelo entre Roma y Quito, Bergoglio saludó uno a uno a los 75 periodistas presentes en el vuelo papal fletado por Alitalia y que en los próximos días cubrirá más de 25.000 kilómetros entre Ecuador, Bolivia, Paraguay y el regreso a Roma el próximo lunes. Además del liderazgo moral reconocido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y de su capacidad para corregir la derrota de la Iglesia, el Papa demostró tener más paciencia que el santo Job. Unos enviados se conformaron con saludarlo o intercambiar algunas palabras, pero otros se apuntaron sin complejos a los cansinos autorretratos con el móvil, las largas confidencias familiares o los ya habituales encargos para que bendiga el retrato de la abuela o una colección de rosarios. Una periodista le dijo que se tomará con calma un viaje tan largo y que incluye una etapa en La Paz, a más de 4.000 metros de altura. "No pasa nada", le contestó Bergoglio, "mascaré coca".

El Ecuador que recibe la visita del papa Francisco no es solo aquel país que cuenta con un 81% de católicos —según el Instituto Nacional de Estadística y Censos—. El Estado andino vive una polarización acentuada por las recientes movilizaciones en contra del presidente Correa, que han durado casi un mes. Los intentos por gravar las herencias y la plusvalía extraordinaria de bienes inmuebles activaron a la población, y aunque el primer mandatario retiró temporalmente estos proyectos de ley, el malestar ciudadano persiste. En su camino desde el aeropuerto de Quito al centro de la ciudad, decenas de personas rodearon el autobús en el que viajaba el Papa gritando consignas contra Correa.

La crispación de una parte de la población ha puesto en peligro la imagen de Ecuador que Correa quería vender al mundo durante la visita del Papa. Tan seguro estaba de su éxito como anfitrión que el 2 de junio invitó a sus homólogos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños a la misa campal en Quito. Ahora se ha bajado el perfil a estas invitaciones y según el Ministerio de Exteriores solo los presidentes de Honduras y Haití asistirán, informa Soraya Constante.

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