Estudio revela que Colombia importa el 30 por ciento de sus alimentos

Según Greenpeace, este es un porcentaje alarmante que afecta las redes de producción local de las que se benefician los campesinos.

 

Según la organización no gubernamental (ONG) Greenpeace, Colombia importa el 30 por ciento de los alimentos que consumen sus habitantes, lo que significa que la dependencia del país en este sector está bastante comprometida. Este dato representa que, al menos 12 millones de toneladas de alimentos son traídas del exterior, entre los que destacan los que son a base de maíz, trigo y azúcar de caña. Esta información fue revelada y sustentada por la entidad en un informe sobre comida y sostenibilidad, titulado ‘Nueva Cultura Alimentaria’, publicado este 4 de marzo.

“La dependencia alimentaria de Colombia, y especialmente Bogotá, a alimentos importados es alarmante, más aún en crisis sanitarias como la actual que ponen en primera plana a la vulnerabilidad en las cadenas de abastecimiento”, asegura Tatiana Céspedes, miembro del equipo de campañas de Greenpeace Colombia.

La ONG explica que en estos momentos, cuando el mundo ha llegado a colapsar por la pandemia del covid-19, se evidencia el problema que representa importar alimentos. Las fronteras entre países se han visto afectadas en varias oportunidades, hecho que impacta la comercialización de los productos. Además, señala que para que la comida llegue desde otros países, incluso otros continentes, debe recorrer kilómetros en transportes contaminantes que ponen en riesgo la salud.

Otro de los argumentos que expone Greenpeace, y que señala como el más fuerte para disminuir los índices e importación de comida tiene que ver con la afectación que sufre la producción local, sobre todo campesina.

Según el informe, solo en Bogotá hay más de 3.000 familias campesinas productoras de alimentos. Y, teniendo en cuenta cifras de la Encuesta de Cultura Política del Departamento Administrativo Nacional de Estadística realizada en 2019, al menos el 31,8 por ciento de la población se identifica como campesina. En el departamento del Cauca esta cifra llega casi a la mitad (48,7 por ciento), mientras que en la región Oriental es del 44.3 por ciento, en el Pacífico del 34 por ciento, en la región Central del 36.4 por ciento y en el Caribe del 32.2 por ciento.

A pesar de estos porcentajes, Greenpeace asegura que la economía de esta población no está protegida. El promedio de intermediarios por los que pasa un alimento antes de entrar a la ciudad es de tres personas o entidades, lo que significa que los productores venden muy barato su producto y los consumidores lo compran mucho más caro.

En Colombia se conocen más de 400 especies de plantas nativas comestibles y el 10 por ciento de la biodiversidad del mundo está albergada en el país. Además, solo Bogotá cuenta con más de 16.000 productores locales, pero la tasa de importación es elevada debido al fenómeno que explica la organización. Esto crea una falsa percepción de que el producto local es más costoso que desincentiva el consumo de estos alimentos.

Greenpeace asegura que, la agricultura campesina, familiar y comunitaria juega un papel fundamental en el abastecimiento alimentario de la población global, pero aún faltan medidas que la protejan y potencien. Teniendo esto en cuenta, la organización pidió al Gobierno que implemente mejores estrategias que permitan fortalecer el sector.

“El país está en mora de diseñar políticas públicas y programas específicos para impulsar este modelo de agricultura, que más allá de ser la principal fuente de producción de alimentos, contribuye a la protección de la biodiversidad agrícola, al uso sostenible de los recursos naturales, a la salvaguarda de las tradiciones culturales, a la generación de empleo y a la construcción de tejido social”, explica Céspedes.

Como una forma de contribuir a ese cambio, Greenpeace lanzó un ‘Manifiesto por una Nueva Cultura Alimentaria’, que busca renovar la manera como los ciudadanos se relacionan con los alimentos, para que entiendan que esto no está desvinculado de las personas que lo producen. La propuesta contiene ocho puntos y cada uno de ellos está relacionado a la compra de productos campesinos, el fortalecimiento del comercio local, la mitigación del impacto ecológico, la disminución de desperdicios, entre otros.

5 de Marzo de 2021

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Política agroalimentaria para un mundo saqueado

Hay un debate relevante planteado sobre la agricultura que tiene posibilidades (o no) de alimentar a un mundo sobrepoblado. Y hay fundamentalmente dos modelos que se contraponen con modalidades intermedias: la agroindustria global, heredera de la revolución verde del siglo pasado, y la agroecología, con un enfoque sistémico integrador y diverso.

Sobre esto, una reflexión previa. La biología, que es la ciencia de la vida, se acerca a la naturaleza desde distintas ópticas. De modo integrador y sistémico, analizando la naturaleza como una sutil red de relaciones complejas que implican tanto componentes vivos como inertes y su interacción con la energía solar que activa el funcionamiento de la biosfera. O de modo no integrador sino reduccionista, como hace la biotecnología, que se aplica, como si fuese una ingeniería, a corregir, recombinar y reprogramar los componentes genéticos de la vida para crear organismos mas eficaces y útiles al servicio de la humanidad.

En base a estos enfoques en el análisis y estudio de la vida (biología o biotecnología), podemos decir que se llega a prácticas agronómicas bien diferentes.

En Agricultura, los biotecnólogos moleculares experimentan con formas de modificar la información génica de los cultivos insertando genes o, editando genomas. El objetivo es conseguir cultivos más nutritivos, o que resistan a herbicidas, plagas, bacterias y hongos. Se asume que todo gira alrededor del organismo cultivado. El éxito del sistema es altamente dependiente de insumos externos como energía, fertilizantes y fitosanitarios con un uso pautado y efectos muy predecibles, usando al suelo como soporte de la actividad o prescindiendo de él.  Es una agricultura basada en el control. Mientras que una agricultura basada en una aproximación ecológica desarrolla un manejo que aprovecha los recursos endógenos del sistema: agua, suelo y diversidad, reduciendo así la dependencia de insumos y energía externa. El control es menor al ser el sistema y su manejo más complejos, pero es menos dependiente de insumos y preserva los servicios ecosistémicos. Éstos servicios son recursos o procesos de los ecosistemas naturales que nos benefician, como agua potable limpia; o procesos como la descomposición de desechos.

La agroecología aplicaría este modelo, añadiéndole el elemento social imprescindible, siendo los agricultores depositarios y corresponsables de la diversidad cultivada. En contraposición, la agricultura industrial derivada de la revolución verde y su versión más biotecnológica basada en la aplicación de los Organismos Modificados Genéticamente (OMG), priman la producción y el control, considerando los alimentos como mercancías.

Añadamos que los derechos de propiedad intelectual que se aplican sobre semillas, especialmente las modificadas genéticamente por biotecnología, suponen también una limitación al uso y gestión de un recurso básico para los agricultores, que es la diversidad cultivada, necesaria para asegurar el derecho a la alimentación.

Son de suma importancia en el uso de OGMs los marcos normativos. Y estos marcos, surgen de la aplicación de distintas políticas nacionales e internacionales, no sujetas a control ciudadano. En especial, aquellas políticas relacionadas con la existencia y aplicación de Tratados de Libre Comercio. Siendo esto así, resulta evidente que el debate sobre el papel de las plantas transgénicas en agricultura trasciende ampliamente el marco de las disciplinas biológicas, de la investigación, de la I+D y de una supuesta neutralidad científica, ya que tienen consecuencias que van mas allá. Esta es una de sus perniciosas derivadas.

Al respecto, hay que decir que la ciencia es un sistema potente de generación de conocimiento. Pero no es neutral. Entre otras causas porque no lo es su financiación, ni las reglas que operan en la comercialización de sus derivados, o la aplicación de derechos de propiedad intelectual, como las patentes. Rigen por encima, las reglas de mercado.  Reglas que se aplican a la agricultura y la producción de alimentos. Y cuando entra el mercado, sale fuera la soberanía alimentaria de los pueblos.

El modelo de producción agrícola industrial regido por un mercado global donde los productos agrícolas viajan miles de kilómetros desde sus lugares de producción a los de consumo, tiene una insostenible huella de carbono, y, aunque el coste económico y ambiental no se considera, lo pagamos todos. Grandes superficies de cultivo a nivel mundial y dependientes de gran cantidad de insumos, -la mayoría monocultivos-, son las que tienen más valor de mercado para el desarrollo de semillas transgénicas. Esto implica alejarse de la sostenibilidad de los ecosistemas agrarios. Se han hecho estimaciones sobre la inversión necesaria para poner una planta transgénica en cultivo comercial y suponía una inversión de 136 millones de dólares y unos 13 años, en un cálculo hecho para el periodo entre 2008 y 2012. Estos datos son bastante elocuentes respecto a los intereses que mueve.

Son varios los cultivos transgénicos que llevan tiempo en producción por lo que se puede ver lo que ha supuesto su introducción. Sirva de ejemplo el cultivo de la soja. Los principales productores son EEUU, Brasil y Argentina y el porcentaje de plantación proveniente de semilla transgénica es del 90% o superior. El 75% de la producción mundial se dedica al forraje animal, a pesar que se sabe que las dietas basadas en ingesta de proteína animal son perniciosas por la huella hídrica y el uso de suelo requerido por caloría consumida. Este modelo favorece la destrucción de grandes superficies del Bosque Atlántico y de la Amazonía brasileña. La intensificación de su cultivo ha producido deterioro de suelos, disminución de la cantidad y calidad del agua, y efectos negativos evidentes en biodiversidad. Además, han aparecido malezas resistentes al glifosato y se han desarrollado variedades transgénicas con resistencias a más de un herbicida. Ninguno de estos efectos es aceptable, si asumimos que necesitamos una agricultura resiliente y que nos permita contrarrestar las emisiones de GEI causantes del cambio climático, además de alimentarnos.

Si metemos en la ecuación cuestiones socioeconómicas y siguiendo con la soja, se constata que las explotaciones dedicadas a su producción, en Norte y Sudamérica, son mayoritariamente de escala industrial propiciándose una concentración de la tierra en menos manos. Esto ha desplazado a los pequeños y medianos propietarios. En relación al empleo, en algunas regiones argentinas se estima que la conversión a la soja ha destruido cuatro de cada cinco trabajos agrícolas (ver informe de 2014 de WWF «El crecimiento de la soja, impacto y soluciones» y citas en él contenidas). Transcurridos 6 años de ese informe, el deterioro de ecosistemas y de empleo es mayor.

Hay quien piensa que los transgénicos no son el principal problema, lo son quienes ostentan el control de su uso y hacen negocios con los OGM. Admitir esto es un primer paso. El siguiente es constatar el poder del oligopolio que concentra la producción de material vegetal de reproducción, y el sistema de patentes que rige y controla la industria biotecnológica. Añadamos los diferentes tratados comerciales firmados al amparo del proceso de globalización desde los 90 del siglo pasado.

Si un investigador decidiera por su cuenta, poner a libre disposición del mundo, plantones de fresas transgénicas con frutos de textura mejorada, sería muy improbable que lo consiguiera. La razón es el empleo de ideas, métodos y materiales que otros han patentado internacionalmente, de manera que, aunque permitan investigar y publicar en el tema, si el desarrollo logrado pretende entrar en producción, aparecerá la reclamación de los derechos de propiedad. Tendría que negociar y pagar a obtentores de varias patentes, desde las metodológicas hasta las que tienen que ver con el empleo de los genes. Se tiene patentado el uso de todas sus aplicaciones prácticas conocidas.

También se patenta la naturaleza. Se ha permitido patentar semillas como si fueran un invento, una nueva máquina. Las semillas cultivadas, además de seres vivos, son un recurso renovable, como el agua y el suelo. Los tres son imprescindibles para la producción de alimentos. Desde el punto de vista de su gestión, las semillas cultivadas encajan en la categoría de bienes comunes, tal como se refiere a ellos la premio Nobel de Economía 2009, Elinor Oström. No son ni del estado ni del mercado, y su custodia y protección son necesarias. Tienen en común con el agua, que son un recurso que fluye en el tiempo y en el espacio. Las semillas de uso agrícola, algunas cultivadas miles de años por generaciones de campesinos, ofrecen diversidad de especies y variedades como resultado de las decisiones de los agricultores al seleccionar semillas para el siguiente cultivo, además de cruces genéticos fortuitos, de los procesos de adaptación de los cultivos a manejos y condiciones ambientales locales, intercambios, etc. Esta agro-biodiversidad está en grave peligro por un efecto colateral de la revolución verde del siglo pasado que concentró sus esfuerzos en muy pocos cultivos y variedades que desplazaron muchas de esas especies y variedades tradicionales al ser menos productivas cuando los insumos no son limitantes o por no tener mercado suficiente. Y ahí es donde operan los OGM.

Con todas estas consideraciones ¿qué modelo de agricultura promoveremos? Urge que, desde la responsabilidad política no se hurte este debate fundamental.

Por Carmen Molina Cañadas | 02/05/2020 

Fuente: https://blogs.publico.es/ecologismo-de-emergencia/2020/05/01/politica-agroalimentaria-para-un-mundo-saqueado/

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  Foto: Paula Cruz

 «El Gigante Agroalimentario mantiene su necedad mientras los niños y adolescentes desde Entre Ríos (Paraná, Argentina) hasta Jalisco (México) y los pueblos campesinos de América Latina son fumigados. Sin estas niñas y niños, sin semillas y sin producción campesina nuestro futuro está siendo fumigado».

Los gigantes agroalimentarios se multiplican en América Latina dejando a su paso destrucción y desolación en el continente para la población en general, mermando la vida rural y campesina, el medio ambiente y la salud de grandes poblaciones. Así sucede desde Chile o Argentina hasta México, pasando por Paraguay, Perú, Ecuador y Centroamérica. El que no es “líder” es “potencia” agroindustrial.

Estos impulsos oficiales se recrudecen con la firma de Tratados de Libre Comercio con la Unión Europea, Estados Unidos o multilaterales como el TPP-11 (Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífica) que impactan todas las esferas de la vida pública de los países imponiendo procesos y disposiciones legales en muchos sectores, incluido el agropecuario.

En el acuerdo entre la UE y México se dispone la cooperación en el sector agropecuario donde “Las Partes se comprometen a fomentar el desarrollo y la cooperación en el sector agrícola, agroindustrial y rural” y “Las disposiciones para armonizar las normas y las medidas sanitarias, fitosanitarias y medioambientales, con vistas a facilitar los intercambios comerciales, teniendo en cuenta la legislación en vigor en esos ámbitos para las dos Partes y de conformidad con las normas de la OMC”. En el T-MEC acuerdan “la importancia de alentar la innovación agrícola y facilitar el comercio de productos de la biotecnología agrícola” lo que se traduce en producción de mercancías agropecuarias ajenas por completo a alimentar a la población.

La serie de adecuaciones legales se apegan a las normas internacionales de la producción agropecuaria, pero son normas que homogenizan la producción industrial de alimentos en cualquier parte del mundo: desregularizan la propiedad social de la tierra y la acaparan por compra, renta, invasión, desalojo, contaminación; rodeándola de agroindustria o quitándole el agua. Establecen normativas de privatización de las semillas según los estándares de UPOV y reservorios para marginar y folclorizar la agricultura campesina. Todos mecanismos de control de productos y procesos bajo pretexto de la inocuidad y la estandarización.

En Jalisco, México, los campesinos enfrentarán las consecuencias de la recién aprobada “Ley Agroalimentaria del estado de Jalisco”. Ésta plantea “Asegurar al estado de Jalisco un abasto agroalimentario nutritivo, suficiente y de calidad”; “prevención fitozoosanitaria y el fomento de la inocuidad agroalimentaria”; “implementar los instrumentos, mecanismos y regulaciones necesarias para contar con un sistema promotor y clasificador de las calidades de los productos del sector agroalimentario”; “ejecutar en cualquier tiempo y lugar, las diligencias necesarias para la práctica de inspecciones, verificaciones y certificaciones de establecimientos, instalaciones, productos, procesos y servicios en materia agroalimentaria para comprobar el cumplimiento de esta Ley y las disposiciones técnicas que de ella deriven”.

En septiembre de 2011 Cristina Fernández, entonces presidenta de Argentina, pregonaba a los medios de comunicación que “Argentina es ya un líder mundial agroalimentario capaz de producir alimentos para 400 millones de personas”. Argentina cuenta con unos cuarenta millones de habitantes y vive desde entonces una profunda crisis económica y alimentaria. Ella se refería a la producción y exportación de soja, biodiesel, maíz, aceite de girasol, trigo, ajo, jugos de manzana y de limón, entre otros productos de producción industrial que afectan el empleo y benefician a unas cuantas industrias del agronegocio.

La pérdida de variedad y calidad de la alimentación rápidamente se pierde en las regiones donde invade el sistema agroindustrial. En Jalisco, su “innovadora” disposición legal se orienta al control de plagas siendo que por sus monocultivos es la propia agroindustria la generadora de resistencia y propagación de plagas. Dicha ley establece instancias en las que están plenamente presentes las empresas y el sector público, sin considerar de ninguna manera al sector campesino y ciudadano. Abre la puerta a contratos y convenios con instancias educativas y de capacitación de las mismas empresas que producen y comercializan agroquímicos y semillas patentadas con el pretexto de promover “buenas prácticas en el manejo de agroinsumos” ligadas al control de sus plagas, pero muy ajenas a la producción real de alimentos sanos y libres de contaminantes químicos agrotóxicos.

Tal ley de sanidad no considera la emergencia ambiental, alimentaria y de salud que ya provocó el “Gigante Agroalimentario” en la región. El gobernador, secretarios y políticos en turno continúan embebidos con los falsos números de las exportaciones, sin considerar que esos ingresos son insuficientes para enfrentar la emergencia multifactorial. Entretanto los niños en las poblaciones cercanas a regiones agroindustriales son intoxicados por múltiples venenos con alarmantes síntomas. Capacitadores corporativos les enseñan a usar, como cosa de gracia, los trajes “de astronauta” para el buen uso de agrotóxicos violando toda su esfera de derechos a la salud, a un ambiente sano y el respeto a toda su emocionalidad.

Simultáneamente se pretende aprobar la “Ley Federal de Variedades Vegetales”, algo que la Red en Defensa del Maíz califica de “grave intento de privatizar, acaparar semillas comerciales y no comerciales en general, y criminalizar las semillas campesinas en agravio contra la soberanía alimentaria” ya que pretende “asegurar la propiedad intelectual de las transnacionales semilleras”.

“La reforma propuesta es explícita en adherirse a los planteamientos de lo que se conoce como Acta de la Unión para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV) en su versión 91, que ya es parte sustancial de todos los tratados de libre comercio puesto que con ella las empresas semilleras buscan monopolizar la producción y comercialización de las semillas. Se prepara entonces el arribo del nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hoy rebautizado T-MEC, un acuerdo que se hizo a espaldas de campesinas y campesinos y sin consultar a nadie”.

Con estas y otras leyes se corre el peligro de dejar en la “ilegalidad” todas las prácticas agrícolas tradicionales y agroecológicas que producen alimentos sanos, nutritivos y diversos en todas las regiones.

Dicen los miembros de la Red Agroecológica de Loja, Ecuador, en su cartilla “Nuevas leyes de sanidad e inocuidad, ¿Promover o devastar el sistema alimentario local?” elaborada para analizar comunitariamente la ley orgánica de sanidad agropecuaria aprobada en junio de 2017 tras la firma del TLC entre Ecuador y la Unión Europea. “Esta andanada de acuerdos y leyes hechos para cumplir los intereses de las empresas transnacionales pretenden promover una sola forma de producir alimentos sin pensar en la población y manteniendo el sistema productivo agroindustrial que genera altísimos niveles de calentamiento global, contaminación y graves efectos en la salud”, que en esta región afecta la ancestral producción artesanal de lácteos y ganado.

En cualquier país estas políticas provocan las mismas emergencias de salud, contaminación y ataque a la vida campesina y rural.

“Con esta ley se pretende imponer requisitos que se deben cumplir para sacar a vender semillas y productos alimenticios en el mercado. A esto se suma la prohibición de usar insumos no registrados y no autorizados. Se ponen trabas para el desposte de animales y el transporte a los mercados locales para la venta”. Imponen “participar en programas obligatorios de uso de pesticidas y agrotóxicos en cultivos (Art. 22 y 25), a pretexto de prevención, control o erradicación de plagas y enfermedades”.

“Avanza un modelo de agricultura industrial, de monocultivos y monocrianzas de animales, basada en semillas certificadas, fertilizantes, pesticidas, alimentos balanceados, antibióticos y vacunas”.

Pero subsiste la agricultura campesina diversa, en pequeñas propiedades con un bajo uso de insumos comerciales, practicando una agricultura diversificada, con tendencia a una agricultura ecológica e integral con insumos producidos y mejorados en la propia finca.

En los pueblos y comunidades hay principios básicos, como la agricultura, que guían las decisiones, y son siempre la posibilidad de construir una forma de vida y convivencia que se va corrigiendo en la práctica o el camino, con la asamblea y la experiencia.

Históricamente se ha insistido en que los campesinos modifiquen sus cultivos en función de los intereses de las grandes industrias. Así vastas regiones se convirtieron en productoras de monocultivos.

Se ha buscado desenraizarles imponiendo las condiciones para usar su mano de obra en el agronegocio y otras industrias. Muchas políticas proponen sacar a los habitantes del campo, y ya no incluirlos en los sectores productivos agrícola o industrial sino mandarlos directamente al sector servicios —definitivamente desconectados de las actividades relacionadas con sus tierras y territorios, prisioneros en el ámbito de la especulación del ecoturismo, el folklor, los servicios ambientales; proveedores de insumos para las industrias (minera, petrolera, construcción) según los planes de manejo y programas oficiales-empresariales, ajenos a las actividades y decisiones comunitarias. Y que sólo quede en el campo la producción automatizada.

En Jalisco, en las asambleas y talleres regionales contra la agroindustria y las afectaciones ambientales y a favor de la agroecología se dice: “sólo queremos vivir bien y que se reconozca lo que es nuestro, nuestra tierra y nuestro trabajo”. “Desde hace cientos de años llegaron los hombres de empresa con el fin de progresar ellos mismos a costa del trabajo y la riqueza de los pueblos campesinos e indígenas. Y no han cesado de imponer su dominio. Pero los pueblos se han levantado siempre y han buscado sembrar la tierra como lo hicieron sus padres y de esa forma han trasmitido su sabiduría y han logrado resistir”.

El movimiento Basta es Basta en Argentina (que surgió ante el hecho de que 700 mil niños y adolescentes de escuelas rurales corren riesgo por las fumigaciones con agroquímicos sin control en los campos aledaños a los centros educativos, frente a una agroindustria que fumiga escuelas y comunidades rurales), denuncia: “en dos años obtuvimos cinco sentencias judiciales que ampararon nuestras escuelas rurales y permitieron discutir si queremos una provincia envenenada o producir alimentos sanos para nuestro pueblo. Sin embargo, el gobierno en vez de fomentar una transición para los productores ahogados por un modelo agotado apeló contra los derechos humanos y ambientales […] en vez de escuchar un reclamo razonable, justo y con respaldo científico y propuestas de solución, nos obligó a llegar hasta la Corte Suprema de Justicia para defender nuestra salud y nuestro territorio”.

En diciembre de 2019 el movimiento denunció: “ante un probable decreto por parte del gobernador Bordet que disminuye las distancias de fumigaciones con agrotóxicos a 100 metros las terrestres y a 200 metros las aéreas contrariando el fallo del Supremo Tribunal de Justicia que ordena alejar las pulverizaciones a mil metros y 3 mil metros respectivamente de cada escuela rural de Entre Ríos, desde la Coordinadora por una Vida sin Agrotóxicos: ¡Basta es Basta! advertimos: señor gobernador, los intereses de niños, niñas y adolescentes son considerados superiores por tratados internacionales supraconstitucionales”.

El Gigante Agroalimentario mantiene su necedad mientras los niños y adolescentes desde Entre Ríos (Paraná, Argentina) hasta Jalisco (México) y los pueblos campesinos de América Latina son fumigados. Sin estas niñas y niños, sin semillas y sin producción campesina nuestro futuro está siendo fumigado.

Pero la Vía Campesina, organizaciones, ejidos, comunidades y municipios de toda América Latina comienzan a declararse agroecológicos. 

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Publicado enEconomía
Miércoles, 25 Abril 2018 10:36

Crema de quinua y mazorca con arroz chaufa

Crema de quinua y mazorca con arroz chaufa

Crema de quinoa

 

Para 4 personas.

- 500 gr/ 1 lb de mazorca tierna
- 20 gr. panela.
- 1 und. de cebolla cabezona.
- 250 gr de quinua.
- 2 dientes finamente picados de ajo.
- 150 gr de papa criolla.
- 200 pesos de cilantro.

 

Preparación:

1. Lavar la mazorca desgranada, cocinándola a fuego medio, con panela y una pizca de sal.
2. Picar finamente la cebolla cabezona, el ajo y el cilantro.
3. En una olla sofreír todo hasta que tenga una apariencia dorada, pero no dejar quemar.
4. Agregrar la mazorca tierna y la quinua, revolver.
5. Agregar agua hasta que cubra todo dentro de la olla; agregar la papa criolla pelada.
6. Dejar cocinar por 30 minutos, hasta que la quinua abra completamente y la papa criolla esté blanda.
7. Antes de servir, licuar la mitad de la sopa para dar consistencia.
8. Al final, agregar orégano fresco, finamente picado –al gusto.

 

Arroz chaufa

 

Para 4 personas.

- 400 gr de arroz.
- 1 cebolla cabezona.
- 1 pimentón rojo.
- 1 pimentón verde.
- 1 zuchinni amarillo.
- ½ bandeja de raíces chinas.
- 1 brocoli
- ½ lb. de tofu.
- Salsa de soya
- Panela
- Jengibre
- Semillas de sésamo (Ajonjolí)

El chaufa es una variedad de arroz salteado al wok, proveniente de China, pero modificado en occidente con ingredientes locales. Es un plato de arroz muy popular en la gastronomía casera del país oriental.

Preparación:

1. Cocinar el arroz blanco en técnica común (pilaf), con dos partes de agua por una de arroz, sin absolutamente ningún tipo de guiso y sasonador, unicamente agua y arroz, hasta que éste realice su proceso normal de cocción.
2. Picar en cubos medianos la cebolla, el pimentón y el zuchinni (aproximadamente de 1 cm x 1 cm)
3. Hidratar ½ bandeja de raíces chinas en agua fría.
4. Cortar los arbolitos del brocoli, y cocinar en agua con sal por 3 minutos. Cortar 250 gr de Tofu, y marinar por 2 horas mínimo en salsa de soya y especias.
5. Para la salsa: cocinar salsa de soya (300 ml) con panela y jengibre (cocinar hasta que la panela se disuelva y quede una salsa de sabor agridulce)

Para finalizar:

En un wok o sartén caliente, agregar aceite y saltear rápidamente la cebolla, el pimentón y el zuchinni, hasta que tengan una cocción media y empiecen a botar sus jugos.

- Agregar el brocoli y las raíces chinas, mezclar.
- Agregar el tofu y mezclar.
- Agregar el arroz a la preparación y mezclar hasta homogenizar los ingredientes.
- Agregar la salsa al arroz y finalizar con semillas de ajonjoli.
- Para servir, se puede acompañar con tortilla de huevo (u otro complemento, según el gusto).

Publicado enEdición Nº245
14 desafíos ante el asalto a la salud y a la soberanía alimentaria ligados al tema de las plantas medicinales

 

La historia de las plantas medicinales y alimentarias es inseparable de la vida de las comunidades indígenas, negras y campesinas, y ha estado ligada a una visión integral, cósmica y espiritual. Forma parte de las ceremonias y rituales de “los condenados de la tierra” desde el nacimiento, el desarrollo pleno, el sufrimiento y hasta la muerte.


Esa historia de dignidad ha sido violentada por quienes nos han dominado, han expropiado la cultura y han deformado la verdad. El saber popular ha sido saqueado y secuestrado por los que tradicionalmente han robado nuestros recursos en el pasado y que ahora, en el presente, vulneran al ser social con las políticas neo-colonizadoras del capitalismo globalizante y excluyente más atroz; son asaltantes de la soberanía alimentaria y medicinal y su conducta se manifiesta en un mundo de patentes, multinacionales farmacéuticas, tratados desiguales, plaguicidas y el negocio de los organismos modificados genéticamente, conocidos como “transgénicos”. Sus políticas empobrecen cada vez más a los campesinos, a los indígenas y a los trabajadores cuyos productos, sin embargo, alimentan a la humanidad.


Las consideraciones que se presentan en esta ponencia sobre las plantas medicinales están inmersas en el contexto de la soberanía alimentaria y medicinal; en consecuencia son holísticas e integrales y toman en cuenta esa relación dinámica y contradictoria que se desarrolla entre el conocimiento de una ciencia y técnica “sin conciencia” y una sabiduría popular e histórica con conciencia de liberación.


El primer desafío es el cuidado y defensa de la Madre Tierra


Esta concepción de amor se refleja al respetar la vida, la biodiversidad, la sanidad de las aguas, los aires, los suelos y los bosques en el marco de la interacción, la comunicación y el balance comunitario. Este principio es inherente a todas las formas de vida animal, vegetal y humana y al mismo tiempo, si se rompe ese balance, algunas especies mueren o desaparecen o se desarrolla un cúmulo de enfermedades. Por eso, los lugares más armónicos son aquellos que han mantenido el principio del balance sustentado por las sabias lecciones de los abuelos y las abuelas y por los movimientos de liberación de nuestros pueblos.


En tierra sana crecen plantas, animales y seres humanos sanos; por ello las tierras más cuidadas en el siglo XXI siguen siendo aquellas preservadas por los pueblos nativos o autóctonos. Sin embargo, esas tierras son las más ambicionadas por los intereses multinacionales articulados a los sectores poderosos y a los gobiernos opresores. Esto se refleja en la gran destrucción de los bosques por parte de las empresas madereras y mineras, la refinerías con desechos del petróleo y la agroindustria con las grandes plantaciones de monocultivos que destruyen la biodiversidad y producen monotonía; desaparece la diversidad y al final la tierra muere. De allí que los megaproyectos, incluyendo las represas hidroeléctricas, explotaciones mineras y petrolíferas; las políticas de la Organización Mundial del Comercio, el Plan Puebla Panamá, los Tratados de Libre Comercio y la proliferación de parques industriales o de maquilas; las plantaciones de monocultivos como el banano, caña de azúcar, palma africana, las plantaciones para biocombustibles y la industria camaronera destructora de los manglares figuren, junto con sus estrategias de enriquecimiento multinacional, entre las principales causas de la desaparición de todo tipo de plantas medicinales, de la riqueza genética y del patrimonio cultural.


En Honduras estos hechos se manifiestan con los desalojos violentos y despojos de la tierra en contra de indígenas, garifunas y campesinos, condenando con ello a los pueblos a la más terrible miseria. En innumerables ocasiones hemos dado nuestro testimonio médico acerca de la brutalidad policial y militar contra las manifestaciones de protesta del Consejo de Organizaciones Populares Indígenas (COPIN), y de las organizaciones chortíes, garífunas y campesinas. De manera heroica estos pueblos han resistido luchando contra el despojo de sus tierras, el divorcio de la vida comunitaria con las plantas, los animales y los seres humanos.


Hemos sido testigos de cómo en comunidades campesinas han sido demolidas sus casas con tractores y “bulldozers”; sus maizales y frijolares arrasados por los cuerpos policiales y militares y quemadas sus viviendas, tal como ha ocurrido en los campos banaeros (Tacamiche), La Paz, Las Limas y en Nuevo Despertar, en La Sabana en las proximidades del Lago de Yojoa. También hemos sido testigos y actuantes en la resistencia a la explotación minera en el Valle de Siria, en San Andrés; La Labor de Ocotepeque, Comayagua, Aramecina, Güinope, El Paraíso y otras. En igual forma, hemos sido parte de las denuncias del asesinato de campesinos y ecologistas defensores del bosque.


Se ha relatado esta historia de violencia contra nuestros pueblos porque también es una agresión a las plantas medicinales y el primer desafío es la defensa de la biodiversidad como parte de la salud integral. Sin tierra no hay vida, no hay dignidad, no hay cultura.


El segundo desafío es la salvación de las semillas


La preservación de las semillas de maíz, papa y fríjol o frijol ha servido para alimentar a gran parte de la humanidad. En igual forma, se hace necesario conservar las semillas de las plantas medicinales; existe un sinnúmero de plantas que tienen ambas funciones: ser nutrientes y ser sanadoras. Por otra parte, la ciencia moderna desconoce aun las propiedades de la mayoría de las semillas, hojas, y tallos de las hierbas llamadas “salvajes o silvestres”, quizás porque han resistido a través de los siglos las agresiones químicas.


Es necesario desarrollar la costumbre de compartir semillas entre las comunidades locales y también entre las comunidades hermanas de Meso América, América Latina, África y Asia; sería una forma de compartir la soberanía alimentaria entre las comunidades y de aprender a cómo preservarlas. Hay que organizar los bancos de semillas para conservar el tesoro genético que tenemos pero que ignoramos. Proceder por lo tanto a hacer un inventario de las semillas y plantas y educar a las poblaciones para que no participen en la extinción de las especies de animales (pájaros, murciélagos, monos, insectos) y la diversidad del bosque que mantiene la vida de las semillas. Sin embargo, los bancos de semillas debe ser componente de la seguridad por parte de las comunidades organizadas, porque los biopiratas multinacionales están, como depredadores, continuamente al acecho.


Contrastando con este espíritu, se encuentra la lógica del capital que se está apoderando de patentes no sólo de plantas medicinales sino de animales e incluso de caracterizaciones genéticas de los seres humanos. Resulta, por lo tanto, injusto que tengamos que importar semillas híbridas de plantas medicinales o bien de aquellas que crecen en climas y ambientes diferentes. Esto crea dependencia externa y empobrece a nuestros agricultores.


En el marco de la biotecnología y de la violación a la soberanía alimentaria se han desarrollado los transgénicos u organismos modificados genéticamente, que además de causar viejas y nuevas alergias y otras enfermedades, están alterando el futuro de las especies animales y de plantas de uso alimentario y sobre todo están ocasionando hambre y miseria entre los campesinos y grupos étnicos, ya que el costo de esta tecnología no está al alcance de los trabajadores de la tierra.


Como consecuencia directa de tratados comerciales sin equidad económica y social, se han presentado novedosos fenómenos de cuasi extinción cultural; tal es el caso de la tortilla de maíz, que siendo la base ancestral y milenaria de alimentación de nuestro continente mestizo, ahora no se encuentra a disposición de la gente más vulnerable por el acecho del hambre, por la simple razón de que no pueden comprar el caro maíz transgénico norteamericano; ello con el agravante de que el fenómeno ya se ha extendió a los otros países mesoamericanos, hacia el sur del continente.


El tercer desafío es el agua


El área mesoamericana es abundante en agua, dulce y salada; somos una zona de huracanes y tormentas tropicales, y sin embargo el agua ha dejado de ser libre en su intercambio con los seres vivientes. Los que menos tienen acceso al agua son los pobres, los desplazados. Las empresas no se apoderan de cualquier suelo, sino de las mejores tierras, o sea las que tienen agua disponible en abundancia para sus cultivos. Los países ricos dominantes cada vez disponen menos de agua dulce y siendo previsores y colonizadores, para tener un mejor control del vital líquido, han privatizado el agua en las naciones dominadas.


La falta de agua altera la biodiversidad, menoscaba la producción agrícola de las comunidades y vulnera el crecimiento y la reproducción de las plantas medicinales y alimentarias. Existen megaproyectos que encarcelan el agua en las llamadas represas, desplazando a pueblos enteros, despojándolos de su tierra y de su cultura. Desde luego, existe resistencia contra la construcción de represas tales como la de El Tigre, entre Honduras y El Salvador; y la de El Patuca II, en la zona nororiental de Honduras.


Cuando se mantiene la biodiversidad y el bosque y se preservan el suelo, las cuencas de los ríos y las micro cuencas, el agua respeta a la vida, porque ella es la vida misma. Los árboles amarran la tierra y aunque llueva torrencialmente o existan huracanes, los daños son menores; pero cuando se deforesta el bosque y se destruyen los manglares, se pierde la biodiversidad y por lo tanto se extinguen especies animales y vegetales.


Cuando el agua está encarcelada ya no está viva, está enferma y es lugar donde crecen los mosquitos que transmiten la malaria y el dengue. Otro caso corresponde al agua contaminada por plaguicidas; por residuos tóxicos y metales pesados de la industria minera. En esta agua no hay vida y en términos científicos estrictos ha dejado de ser agua, porque está muerta. El agua de un manantial con todas sus especies vivientes si no está contaminada podemos beberla y no nos hace daño.
En el caso de las plantas medicinales necesitamos agua sana porque si hidratamos las hierbas con agua encarcelada tenemos más bien plantas prisioneras por bacterias y hongos y por lo tanto enfermas, que también al consumirlas hacen daño a la salud. Por eso, en las “represas” las aguas están encarceladas y, tal como su nombre lo indica, han vuelto a ser “presas”. El agua libre y sana es fundamental en el crecimiento y preservación de las plantas medicinales.


El cuarto desafío es la conservación y protección de los suelos


El suelo está en contacto directo con el agua superficial y el aire atmosférico. Los humanos, al igual que las plantas, dependemos de esta íntima relación. Inmediatamente debajo del suelo, entre éste y el agua subterránea se encuentra un área que no está saturada de agua y que recibe el nombre de zona “vadosa”. El suelo es una mezcla compleja de fragmentos de rocas, residuos orgánicos que provienen de plantas y animales, agua y miles de millones de organismos vivientes, entre ellos bacterias, hongos, lombrices que remueven la tierra y otras especies. El suelo es responsable por el crecimiento de las plantas y el ciclo de los nutrientes transformados por los microbios.


Son cinco elementos los que forman el suelo: los minerales, los cambios climáticos, los organismos (plantas y microbios), la topografía y el curso del tiempo en el espacio.


La polución del suelo y la erosión son ocasionadas por la minería, los residuos tóxicos de otras industrias, los plaguicidas, los fertilizantes y la deforestación. A la erosión del suelo contribuyen las corrientes de agua y del viento.


Sin agua y sin microorganismos no es posible un suelo sano. Los plaguicidas, fertilizantes, residuos tóxicos y metales pesados de las industrias mineras asesinan a nuestros pequeños hermanos y hermanas las bacterias y lombrices, y por lo tanto las plantas no nacen, se mueren o se extinguen y esta misma situación es aplicable a las hierbas medicinales que deben crecer en suelos sanos o de lo contrario, pueden causar enfermedades.


Algunas plantas tienen la propiedad de acumular metales pesados, tales como el mercurio; una de ellas es el culantro o cilantro (Coriandrum sativum); por lo tanto hay que consumir culantro, pero a condición de que crezca en suelos sanos.


El quinto desafío es la protección de las especies animales y el bosque


Cuando ocurre la deforestación o la quema del bosque y la biomasa, uso de plaguicidas o se alteran los ciclos de vida de los animales o plantas, se producen serios trastornos en los ecosistemas y la biodiversidad ocasionando cambios climáticos en el micro o macro-clima con las consecuentes enfermedades infecciosas o parasitarias llamadas “emergentes”; o bien se ocasionan mutaciones y resistencias a los antibióticos, antiparasitarios y plaguicidas.


Ejemplo de esta situación es el caso de la enfermedad de Chagas, que afecta el corazón y el intestino grueso con el agrandamiento del colon (megacolon). La chinche picuda, chinche besucona o triatoma es un vector o sea que transporta el parásito Tripanosoma cruzi, agente de la enfermedad de Chagas. Esa chinche, al no encontrar alimento en la sangre de los pájaros, marsupiales y otros animales porque se ha deforestado el bosque, migra entonces a las casas de los campesinos o indígenas para succionar la sangre humana. Y cuando los humanos migran a su vez del campo a la ciudad, las chinches no encuentran sangre y la buscan en la sangre humana de las ciudades.


Cuando se produce el asesinato de aves o el secuestro de pájaros, éstos son debilitados, resultan menos resistentes a las enfermedades virales y transmiten enfermedades como la encefalitis que daña el cerebro. En igual forma, cuando son matadas las culebras, proliferan los ratones y estos son capaces de ser vectores de enfermedades como la leptospirosis y el Hanta Virus.


Esto nos enseña que el uso masivo de plaguicidas como el DDT y los órgano fosforados para controlar los vectores de la malaria y el dengue ha sido un fracaso a largo plazo. Además de ocasionar enormes gastos, han contaminado el ambiente y creado resistencia en los vectores. Por tanto, favorecer la biodiversidad y mantener un bosque sano y el agua libre, ayuda al control de estos agentes de enfermedades y a preservar las plantas medicinales.


El sexto desafío es el desarrollo de los cultivos orgánicos


Los cultivos orgánicos resultan fundamentales puesto que no se concibe que las plantas medicinales sean manejadas mediante plaguicidas y fertilizantes de origen industrial. Existen los cultivos orgánicos, mediante los cuales las propias plantas se comportan como plaguicidas naturales: ejemplos de ello son el ajo, el madreado y la cebolla.


Los plaguicidas de la industria química alteran profundamente la biodiversidad y son causa importante de resistencia, alterando los ecosistemas y causando dolencias e intoxicaciones agudas y crónicas. Estos productos químicos, al no ser producidos en nuestros países, contribuyen al aumento de la pobreza, la enfermedad y la dependencia económica y cultural


Lo importante es recordar que los plaguicidas no sólo matan las plagas, sino que afectan progresivamente al agricultor, a la familia y a la comunidad. En cambio, los cultivos orgánicos ayudan al proceso de reciclaje de la materia orgánica y en consecuencia al ahorro de la energía.


La creación de cooperativas populares de productos orgánicos es por ello un excelente paso para mejorar la alimentacion y la salud.


El séptimo desafío es la relación de las plantas medicinales y la energía


Todo cultivo de plantas medicinales debe estar en función del clima y la energía. Hay plantas que crecen en la sombra y otras que requieren mayor energía solar. Cualquier cultivo de plantas medicinales en forma intensiva o de monocultivo altera la biodiversidad y cuando esa especie no es nativa de la zona o es extraña puede afectar la existencia de otras plantas importantes para la salud.


Un ejemplo claro es la introducción de árboles de eucalipto, que tienen un crecimiento rápido y por lo tanto requieren mayores nutrientes y energía para su desarrollo afectando el desarrollo mismo de otras plantas. En Honduras hace una década se quiso derribar un millón de pinos y sembrar eucaliptos por parte de la empresa “Stone Container Corporation”, pero afortunadamente con el pueblo organizado nos opusimos a este diabólico proyecto.


El balance energético está relacionado con la economía política. Las emisiones de anhidrido carbónico, metano y óxido nitroso dependen mucho de la estrategia política de los gobiernos y del grado de sometimiento de los pueblos.


En Honduras, por las presiones de la industria automovilística internacional, no ha sido posible resucitar el sistema de ferrocarriles ni tampoco desarrollar el ciclismo como el más sano medio de locomoción y transporte.


El octavo desafío es el divorcio o articulación entre la sabiduría ancestral y el desarrollo científico y tecnológico de la medicina


El conocimiento ancestral ha sido negado y hasta rechazado por una visión colonialista y neocolonizadora de la medicina occidental. No obstante que las bases de farmacia y la farmacología descansan en las medicinas indígenas, ayurvédica, chinas y africanas. El conocimiento fundamental de la industria farmacéutica, tanto ortodoxa como homeopática, partió precisamente de las medicinas nativas de América Latina. Ejemplo de ello son los anti-maláricos como la quina con los incas de El Perú y las propiedades relajantes del curare con los indígenas de América del Sur que marcaron un hito en el desarrollo de la anestesia y por tanto de la cirugía. La quina misma fue inspiración para el surgimiento de la Homeopatía.


Todavía existen cazadores del conocimiento de las plantas nativas al servicio de multinacionales a través del control de patentes, del mercado y la propiedad intelectual. Es en extremo una rareza que sea reconocido el conocimiento de un sanador o sanadora de nuestros pueblos oprimidos; nunca es citada esta información en la literatura científica.


El reconocimiento de un medicamento por parte de la industria farmacéutica sólo es posible en aquellos países con una infraestructura multimillonaria. Esta producción no es posible en los países de escasa industrialización. El problema esencial es que la medicina se ha convertido en una mercancía en la que interesa más la ganancia en la venta de productos farmacéuticos de mezclas químicas que en el reestablecimiento de la salud.


Las inversiones económicas para producir un producto farmacéutico son elevadas y casi incompatibles para un mercado local. Cuando no puede o no conviene sintetizarse químicamente el producto con el principio activo, se requiere enormes cantidades de plantas y el desarrollo de monocultivos.


En el enfoque de la sabiduría ancestral la planta es algo sagrado; hay que pedirle permiso a la Madre Tierra para cortar parte de ella o su totalidad: la preparación es sencilla y de aprendizaje rápido y puede ser realizada sin una gran infraestructura. Existe una experiencia acumulada y milenaria acerca del uso de las plantas medicinales, las cuales efectivamente contribuyen en la curación de las enfermedades.


Nuestra posición no es negar o rechazar la sabiduría cultural y popular; por el contrario, sin idealizarla, hay que rescatarla para que nuestros pueblos se apropien de ella. Hay que crear las escuelas o universidades donde sean rescatados íntegramente estos conocimientos y sean parte del patrimonio cultural. Estos centros de educación destinados a la prevención y promoción de la salud bajo una visión ecológica y social, deben ser protegidos y estar bajo el control de las propias comunidades, tomando en cuenta los aspectos éticos de la vida para evitar que se apoderen aquellos grandes intereses que comercian con las medicinas.


No se puede negar el avance científico y tecnológico y es importante que los pueblos también aprendan este conocimiento y se articule la visión científica y técnica de la medicina con la sabiduría cultural. Lo fundamental es que las comunidades desarrollen conocimiento para resolver sus propios problemas de salud y que también puedan saber cuándo acudir a la medicina ortodoxa, porque ambos conocimientos, cuando están basados en la vida y en la ética, son necesarios.
El noveno desafío es cómo resistir o superar las relaciones de poder dominante sobre nuestros pueblos


En este sentido, la educación es fundamental y debe comenzar con los arriates o jardines de plantas medicinales y nutricionales sembrados en los patios de cada casa o en áreas colectivas comunitarias. Este acercamiento nos educa para proteger el ambiente y a vincularnos a nuestra cultura.


La resistencia es contra el despojo de las tierras, por la protección de la biodiversidad, las semillas, los bancos genéticos, el bosque y las fuentes de agua; y por respirar un aire sano. Pero también se trata de resistir ante las prebendas y sobornos de las multinacionales.


El saber es una forma de poder porque en este caso está ligado a la cultura y a la forma de resistir no sólo a la enfermedad, sino también en cómo las plantas medicinales y nutricionales nos dan fortaleza para vivir y ser libres y aprender que debemos vivir en una comunidad nacional e internacional unida contra la injusticia ambiental y el irrespeto a los derechos humanos.


El décimo desafío es entender que existe una estrecha relación entre las plantas medicinales y los alimentos


Por lo general toda planta alimenticia es medicinal. El consumo de estas hierbas también nos ayuda a mantener los ecosistemas de los intestinos y de las vías respiratorias. En este caso, el alimento también son los aromas de las flores, el bosque y el ambiente que respiramos; porque el olor es la introducción de sustancias en forma de moléculas gaseosas que entran en contacto no sólo con la piel, la nariz, el olfato sino también con el cerebro.


Si me alimento en forma sana conservo salud. El metabolismo es intercambio de energía y materia entre el ser vivo y la naturaleza; pero este intercambio es de formación y destrucción. Nosotros producimos desechos o más bien materia orgánica; así, en la orina tenemos la urea que es un fertilizante natural y en las heces materia que nutre el suelo. Un alto porcentaje del peso de las heces corresponde a su contenido en bacterias. Bien manejados, estos residuos contribuyen al reciclaje de materia y energía en el metabolismo de todos los seres vivos. No es para nada casual que en pueblos considerados “incultos” por parte del “occidente civilizado” el abono más efectivo para las tierras sea el de los desechos vacunos y caballares, para no mencionar el riquísimo abono producido por los desechos de los murciélagos.


Al comer, por lo tanto, se mantiene la biodiversidad del intestino. Por eso las lombrices huyen cuando se ingieren ciertos alimentos como ajo, orégano, semillas de ayote, papaya u hojitas de apazote. Mi experiencia como científico me ha enseñado que consumir estas plantas nos mantiene a salvo de las amebas y lombrices.


El undécimo desafío


Reconocer y respetar el conocimiento, la sabiduría y la contribución de la mujer sobre las plantas medicinales y las diferentes terapias desde una perspectiva de género, vinculada a la movilización política de la conciencia por una sociedad justa en el marco de una transformación sustantiva del sistema opresor de nuestros pueblos.


El décimo segundo desafío 


Es necesario implantar una política del Estado que proteja y contribuya al desarrollo del conocimiento popular y cultural, y permita la libertad de las comunidades, para que conforme a sus tradiciones y cultura puedan ejercer prácticas terapéuticas de bien común en correspondencia con los valores éticos comunitarios. En consecuencia, es imperativo que no se ejerza la persecución o estigmatización sobre sanadores(as), parteras, yerberos, sobadores; botánicos del pueblo y otros terapeutas; por el contrario, que este conocimiento sea considerado de manera permanente parte del patrimonio cultural. El acercamiento entre el tratamiento por plantas medicinales y la llamada medicina académica constituye uno de los mayores desafíos, tanto para las comunidades como para la visión ortodoxa occidental. Sin embargo, se vislumbran cambios de actitud y práctica de ciertos profesionales de la medicina que son cada vez más abiertos a la medicina alternativa; sin embargo, me refiero a aquellos que tienen bien claro un compromiso ético serio con la liberación de nuestros pueblos.


El décimo tercer desafío es la reflexión teórica y crítica, histórica y filosófica, cultural y científica sobre la salud


Y la enfermedad con un enfoque de totalidad social dinámica donde los individuos, familias y comunidades están enfermos o sanos no sólo bajo una concepción abstracta y universal de le enfermedad, sino que su estado y proceso mórbido es resultante del contexto social, político y económico donde se vive, la clase social, la injusticia ambiental, la negación de los derechos humanos al considerar la salud y la atención médica como una mercancía. Este desafío nos demanda la necesidad de plantearnos las discusiones colectivas, la participación y movilización social para lograr la transformación de la realidad que estrangula las esperanzas y secuestra los sueños de libertad en el planeta tierra.


El décimo cuarto desafío es el ético y espiritual, negado por la globalización neoliberal


La espiritualidad se manifiesta en el ideal de vivir en comunidad y hermandad entre los sujetos humanos y todos los demás seres vivientes. Es el sentido de amor y respeto a la vida planetaria. En consecuencia, el uso de las plantas medicinales no debe estar basado en un fin utilitario, sino en una ética de liberación articulada con la vida, el respeto al género, a los derechos humanos y a la dignidad de nuestros pueblos.


Juan Almendares Bonilla, médico dedicado a las causas populares en Honduras. Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Director ejecutivo del Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT) , Director del Movimiento Madre Tierra Honduras, miembro de Amigos de la Tierra Internacional (ATI) y exdecano de la Facultad de Ciencias Médicas UNAH Honduras. Integrante del Movimiento M4

Publicado enSociedad
Viernes, 02 Febrero 2018 17:53

Alimentos ultra-procesados

Alimentos ultra-procesados

En los últimos años se ha encontrado una relación entre el consumo de alimentos ultra-procesados y la obesidad, consistente con el perfil obeso-génico de estos alimentos. En Europa, la más baja prevalencia de obesidad (7-8 %) está en relación a un menor número de alimentos ultra-procesados (Francia o Italia, por ejemplo), y una taza mayor de obesidad corresponde a la ingesta mayor de alimentos ultra-procesados (como en el Reino Unido).


El procesamiento de los alimentos surgió como una manera de conservarlos. Una buena cacería o cosecha hicieron que se buscaran maneras de conservar los alimentos en un estado consumible por más tiempo. Desde los días de Nicolás Appert (quien invento el enlatado) o Luis Pasteur (quien invento la pasteurización) hasta nuestros días, los alimentos procesados han evolucionado mucho. En la segunda mitad del siglo pasado los alimentos listos para comer, fácil de calentar, que modificaron la dieta y los patrones alimentarios, empezando en los Estados Unidos. La comida rápida se ha extendido a nivel mundial, sin dejar a un lado los supermercados. Mucha de la comida que allí se vende llama nuestra atención, nos seduce, nos invita a probarla con el riesgo de volvernos adictos a ella (además de ser bombardeados con la publicidad).


En los últimos años se ha encontrado una relación entre el consumo de alimentos ultra-procesados y la obesidad, consistente con el perfil obeso-génico de estos alimentos. En Europa, la más baja prevalencia de obesidad (7-8 %) está en relación a un menor número de alimentos ultra-procesados (Francia o Italia, por ejemplo), y una taza mayor de obesidad corresponde a la ingesta mayor de alimentos ultra-procesados (como en el Reino Unido). Los alimentos ultra-procesados más de las veces aportan del 40 al 60% de la energía total de la dieta, con un alto índice de obesidad también. La obesidad se determina por varios factores, no solo por el consumo de alimentos ultra-procesados. Un factor es el poder adquisitivo, ya que estos alimentos son más caros que los alimentos frescos o sin procesar. Desde luego que el sedentarismo y falta de ejercicio aumentan el índice de obesidad. Es decir, los hábitos alimentarios y la búsqueda de una vida más sana deben ser los principales factores que mantengan a la obesidad, y enfermedades crónicas asociadas, lejos de nosotros.


¿Qué es un alimento ultra-procesado? Hay una clasificación de alimentos llamada NOVA. La clasificación NOVA categoriza los alimentos de acuerdo a la extensión y propósito del procesamiento, más que por el contenido nutricional, en base al significado del procesamiento industrial, particularmente los métodos e ingredientes desarrollados o creados por la moderna industria, sobre la naturaleza de los alimentos y el estado de la salud humana. Hay entonces cuatro categorías NOVA:


NOVA 1. Alimentos mínimamente procesados o alimentos naturales. El proceso de implica remover partes no comestibles, secado, exprimido, molido, filtrado, tostado, hervido, pasteurizado, refrigerado, congelado, empacado al vacio, o fermentado (no alcohólica) de los alimentos. Ninguno de estos procesos implica la adición de sal, azúcar, aceites o grasas al alimento original. El objetivo es extender la vida de anaquel de alimentos sin procesar, permitiendo el almacenamiento. Contienen aditivos que preservan las propiedades originales, como antioxidantes.
NOVA 2. Ingredientes culinarios procesados. Son substancias obtenidas directamente del grupo 1, o por procesos naturales como prensado, refinado, triturado o molido, o secado por aspersión. El propósito es hacer productos que se utilizan en cocinas para preparar, sazonar y cocinar los alimentos del grupo 1, de manera que sean más sabrosos y se disfruten al ser preparados en casa (sopitas, caldos, pan, ensaladas, bebidas, postres, y otros). Ingredientes como el vinagre, aceites vegetales, grasas como mantequilla, pueden contener también algún conservador como antioxidante.
NOVA 3. Alimentos procesados. Son productos simples hechos mediante la adición de azúcar, aceite, sal, y tienen de dos a tres ingredientes. El proceso incluye varios métodos de preservación o cocimiento, como en el pan o queso, o fermentaciones. Ejemplos de estos son los vegetales envasados, nueces y semillas, carnes curadas o ahumadas, enlatados, frutas en almíbar, queso y pan. Pueden contener aditivos para conservar sus propiedades originales o resistir la contaminación microbiana. La cerveza, la cidra y el vino están en este grupo.
NOVA 4. Alimentos ultra-procesados. Son formulaciones industriales y tienen típicamente 5 o más ingredientes, utilizados en alimentos procesados como azucares, grasas, aceites, sal, antioxidantes, estabilizadores y conservadores. Hay ingredientes utilizados solo en este grupo que no son usados en la preparación culinaria, e incluyen aditivos para imitar características sensoriales del grupo 1, o disfrazar sensaciones no agradables del producto final. Caseína, lactosa, suero de leche, gluten son derivados que se encuentran en estos alimentos. Grasas hidrogenadas o aceites interesterificados, proteínas hidrolizadas, aislado de proteína de soya, maltodextrina, azúcar invertido, o jarabe de alta fructosa son utilizados. Colorantes, estabilizadores de color, saborizantes, mejoradores de sabor, edulcorantes e ingredientes como emulsionantes, anti-apelmazantes, humectantes, también están presentes. Procesos industriales como extrusión, moldeo, freído profundo son también utilizados. El principal objetivo de es crear productos listos-para-comer, beber o calentar, reemplazando a los alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Son altamente agradables al paladar, sofisticados, atractivos en el empaque, y tienen una fuerte publicidad. Las bebidas carbonatadas, helados, chocolates, pan empacado, margarina, barras de energía o fibra, yogurts, salsas o sopas instantáneas, nuggets, salchichas y hamburguesas y otros re-estructurados, queso procesado envasado o en rebanadas, son de este grupo. Dicen ser saludables, no engordar o estar fortificados. Cuando los del grupo 1 o 3 tienen sabores artificiales o edulcorantes, pasan a ser ultra-procesados. Las bebidas destiladas caen aquí también. Tienen una larguísima vida de anaquel y un perfil nutricional de energía muy denso y están diseñados para ser consumidos en donde sea y cuando sea.


*Doctor en Alimentos

UNAM Global

Publicado enMedio Ambiente
Miguel Barreto: “Existe una vinculación directa entre seguridad alimentaria y migración”

El director del Programa Mundial de Alimentos para América Latina, Miguel Barreto, reflexiona en una entrevista para Público sobre los retos de la humanidad para acabar con el hambre, el cambio climático y el papel de la institución a la que representa en las crisis humanitarias.


Según datos del Programa Mundial de Alimentos, alrededor de veinte millones de personas en Yemen, Somalia, Nigeria, Sudán del Sur... se encuentran en riesgo de inanición; alrededor de 600.000 niños morirán si no reciben asistencia. En el Día Mundial contra el Hambre, Público entrevista al director del Programa Mundial de Alimentos para América Latina, Miguel Barreto.


¿Cuáles son los mayores retos de la humanidad para acabar con el hambre en el mundo?


Definitivamente, alcanzar el hambre cero, y ojalá para 2030. Y eso implica, no solamente generar sistemas de producción de mayor alcance para la población, que permitan ampliar el consumo de productos que generalmente no se consumen. Implica trabajar mucho en generar posibilidades de acceso a alimentos a la población más vulnerable o en situaciones de conflicto, a nivel internacional. Y significa reducir, o erradicar, los niveles de malnutrición en general, particularmente en las poblaciones más vulnerables que son los niños y las niñas.


¿Cómo afecta el cambio climático o los conflictos a los niveles al hambre?


De manera directa, porque los conflictos y los desastres naturales tienen un impacto directo en los sistemas de producción de alimentos o en las posibilidades de las personas para acceder a empleos que les permitan comprar alimentos. O en las carenas de alimentos, al no permitirles a estas personas acceder a alimentos nutricionalmente adecuados durante un cierto periodo de tiempo.


En términos reales, es muy importante que cualquier programa vinculado a la seguridad alimentaria tenga componentes de adaptación al cambio climático para ser exitosos, particularmente en zonas altamente vulnerables a desastres naturales. Y obviamente, el objetivo de reducir los conflictos va a generar también una mejora de la situación alimentaria y una reducción de las corrientes de migración. Porque existe una vinculación directa entre seguridad alimentaria y migración.


¿Ha tenido la llamada crisis migratoria de los últimos años un impacto en el trabajo por la seguridad alimentaria, y particularmente, en los proyectos del Programa Mundial de Alimentos?


A nivel internacional existe una vinculación directa entre las corrientes de refugiados y la situación de falta de acceso a alimentos. Históricamente, las mayores migraciones humanas se han debido a crisis en los sistemas de producción de alimento. Y más concretamente en mi región, nosotros hemos acabado un estudios sobre vinculación entre migración y seguridad alimentaria en América Central y lo que sale son cifras bastante complejas. Por ejemplo, el 47% de las familias entrevistadas, son familias que tienen al menos un miembro que emigró, se encuentran en situación de seguridad alimentaria. Es decir, la migración no resuelve el problema de seguridad alimentaria de las personas que se quedan. De otro lado, ha habido un incremento notorio de las corrientes migratorias cuando ha habido una sequía. Por ejemplo, en América Central durante 44 años, el nivel de migración se incrementó notablemente. Otro elemento importante es que más del 70% de las familias entrevistadas se encontraban en situaciones de emergencia, donde se reducen las dietas o se consumen los últimos recursos de la familia.


Existe una diferencia jurídica entre migrante y refugiado, sin embargo, en muchos casos la migración es, entre otras cosas, consecuencia de políticas sociales y económicas excluyentes. ¿Cómo atacar los problemas en origen de la migración que es en realidad forzada?


Yo no creo que la gente huya porque quiere. La gente huye por alguna razón o alguna causa que la obliga a buscar mejores horizontes. En el caso de América Latina y el Caribe, las razones de migración están particularmente ligadas al a la violencia; están vinculadas a la falta de oportunidades, que tiene que ver con esquemas de gobernabilidad y desarrollo nacionales; está vinculada a la inseguridad alimentaria o el cambio climático y tiene una fuerte relación con la reunificación familiar, gente ya migró y que quiere que sus familias los alcancen donde ellos se encuentran. La migración tiene causas multidimensionales no solamente en términos políticos, sino sociales y económicos.


Están trabajando especialmente en los países afectados por los huracanes que han azotado América Latina en los últimos meses. En este sentido, en lo relativo a los desastres naturales, es importante trabajar para que los países afectados no se conviertan en dependientes de la ayuda humanitaria. ¿Cómo trabaja el Programa Mundial de Alimentos en este sentido?


Hay tres áreas principales en las que nosotros nos centramos en América Latina que están muy vinculadas a los temas que usted menciona. Uno de ellos es todo el trabajo de preparación y prevención para emergencias. Eso significa no solamente adaptar a la gente sino fortalecer los sistemas de respuesta de los Estados. El segundo punto es el tema de cómo volver a comunidades que son vulnerables, que puedan prepararse para una situación vinculada a un desastre natural.


Estamos trabajando mucho para adaptar a grupos poblacionales al cambio climático, a través de cambios de cultivo que no requieran mucha agua, a través de la asistencia técnica que permita el acceso a nuevos mercados... Y también el tercer punto, que es fundamental en este esquema, es el fortalecimiento de programas de protección social de los Estados.


Como los programas de protección social, y no me refiero solamente a aquellos programas de transferencias financieras para reducción de pobreza, puedan tener también componentes de desarrollo local y de adaptación al cambio climático. Y al mismo tiempo es importante pensar en cómo hacer que estos programas lleguen a la gente de manera más efectiva. Es decir, por ejemplo, que la gente pueda ir a los centros de salud; que los niños tengan acceso a la escuela, no solamente primaria... Si logramos que todos estos elementos funcionen, los riesgos van a disminuir. No solamente en términos de inseguridad alimentaria, sino que va a incrementarse la posibilidad de desarrollo.
Pero aparte de eso, América Latina tiene otra seria de situaciones que se están visibilizando cada vez más en el área de seguridad alimentaria. Normalmente, el problema es básicamente el acceso, cuando dinero tengo en el bolsillo para ver qué compro. Pero lo que estamos viendo es que no basta con que la gente salga de la extrema pobreza, sino que la gente aprenda a consumir mejor. Es decir, a medida que más gente deja de ser pobre, hay más malnutrición, se come peor. Y esto está generando, particularmente en los centros urbanos, una situación muy grave, en términos de salud pública, porque los niveles de obesidad, de hipertensión, de diabetes... están creciendo en la región.


Hemos avanzado mucho en términos de desnutrición crónica, estamos retrocediendo en términos de malnutrición general. Es decir, obesidad, pero también falta de determinados nutrientes como el hierro. Lo cual genera altos niveles de anemia entre la población, no solamente infantil y no solamente en el quintil más bajo, sino en toda la población y, particularmente grave, en mujeres jóvenes en edad de gestación. Entonces tenemos que trabajar mucho en políticas públicas, en información nutricional, en sistemas de comunicación masiva que permitan a la población acceder a productos nutricionalmente adecuadas, pero al mismo tiempo, tenemos que tener políticas públicas y legislación para mejorar el etiquetado, la información. Y también tenemos que trabajar con el sector privado para mejorar la calidad de los alimentos.


Es decir, el trabajo para garantizar la seguridad alimentaria es definitiva un trabajo multidimensional, ¿no?


Es un trabajo multidimensional porque la seguridad alimentaria tiene tres aspectos. El aspecto de acceso al alimento, la capacidad de ingreso. Y en esto trabajamos con pequeños productores para que puedan acceder al mercado de manera competitiva y aumentar sus niveles de ingresos. El tema de la productividad, es decir, qué disponibilidad de alimentos hay en el mercado y qué alimentos, que cumplan una función no solo comercial sino en el desarrollo humano. Y el tercer elemento, que es el más importante, es el de utilización biológica. Es decir, la nutrición en sí misma. Y ahí es donde tenemos que trabajar mucho, especialmente en los primeros mil días de vida. Los niños, desde la gestación hasta los dos, tres años, es la etapa clave para generar la capacidad de poder enfrentarse después al crecimiento.


Lo que ocurre es que no necesariamente todos los países tienen una estrategia global, en las tres áreas. Pero si entiendes de lo que estamos hablando, podrás entender el impacto que tiene en la salud y en la educación de la población. Tenemos que trabajar mucho en nutrición si queremos tener programas de educación adecuados; tenemos que trabajar mucho en nutrición si queremos tener una salud pública mejor.


Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible acordados en 2015 es el Hambre Cero, ¿cree usted que objetivo, con las herramientas asociadas al mismo y sabiendo que no sin legalmente vinculantes, es suficientemente ambicioso? ¿Cree en el compromiso de los Estados para alcanzar el objetivo?


Yo creo que a diferencia de los Objetivos de desarrollo del Milenio, los Objetivos de Desarrollo Sostenible tienen un apropiamiento una transversalidad mucho más efectiva en términos de seguridad nacional. Y los Estados se han obligado a sí mismos a establecer programas de desarrollo para alcanzar esas metas. Va a depender mucho, no solamente de la voluntad política, sino también de las corrientes financieras tanto a nivel internacional como nacional, para priorizar las áreas en las cuales existen las brechas. Un tema muy importante es que primero los países tienen que entender cuáles son sus brechas y ese ejercicio se está haciendo de manera muy lenta.


Nosotros en PMA (Programa Mundial de Alimentos), por ejemplo, para desarrollar toda la estrategia en los países, hemos desarrollado lo que llamamos Revisiones Estratégicas de Seguridad Alimentaria, que no hacemos nosotros, sino el gobierno o entidades especializadas. Y eso nos permite saber luego cuáles son las brechas en las que podemos colaborar. Ese es un ejercicio que debería hacerse con todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible para entender cuál es la brecha, que es lo que le falta a cada país. Los países que puedan entender esas brechas, probablemente van a tener más posibilidades de alcanzar la meta. Aquellos que van a repetir lo que están haciendo probablemente tengan menos posibilidades de hacerlo.


Está en Bruselas para reunirse con altos oficiales de diferentes instituciones europeas, ¿cuál cree que debe ser el rol de la Unión Europea en la lucha contra el hambre?
Estoy, no solo para reunirme con el Servicio de Acción Exterior (europeo), sino también, con DEVCO (Dirección General de Cooperación Internacional y Desarrollo de la Comisión) y ECHO (la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión) para hablar de cooperación, de la Unión Europea que maneja el PMA en América Latina y el Caribe. La Unión Europea es uno de los principales actores y donantes del Programa Mundial de Alimentos pero además cumple un rol estratégico y político efectivo a nivel mundial. Sin duda, es un actor que tiene que ser consultado y debe actuar ante cualquier circunstancia que se presente. Para nosotros, como PMA y como América Latina, cumple un rol fundamental no solamente en el financiamiento sino también en la coordinación conjunta para poder influenciar a nivel nacional en las políticas públicas relativas a la seguridad alimentaria y nutricional. Por tanto, la relación y la coordinación son permanentes, tanto a nivel Bruselas como a nivel de cada país.

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Sábado, 22 Julio 2017 06:58

Feminismo campesino y popular

Feminismo campesino y popular

Ayer fue mi último día en la Séptima Conferencia Internacional de La Vía Campesina y he llegué unos minutos tarde al salón de actos. Al entrar me pareció que se había transformado, ya no era una sala con 800 sillas ocupadas por campesinas y campesinos, cada quien con su vestimenta, cada cual con su pieles, estaturas, rostros; rodeados de unas cuerdas donde han estado, como tendidas a los vientos, las banderas de los más de 80 movimientos y organizaciones representadas. La sala esa mañana era un rectilíneo campo de matas de lavanda de la Provenza francesa en el mejor momento de su floración. Porque cada una de las personas participantes llevaba puesta una camiseta violeta que explicaba cuál sería uno de los ejes temáticos del día.

La camiseta lleva escrito el lema de una de las campañas de La Vía Campesina: "Basta ya de Violencia Contra las Mujeres". Las mujeres campesinas sufren muchas desigualdades de género (sin acceso a la tierra, con salarios más bajos que los hombres, discriminadas en los espacios organizativos, etc.) y también muchas formas de agresión, violación, acoso y malos tratos. En estos tiempos de migraciones forzosas, las mujeres que hoy nos han dado su testimonio, han insistido en cómo muchos de estos viajes son finalmente un episodio de mercantilismo, secuestradas en redes de trata de mujeres.

¿Cuál ha sido entonces la temática? ¿La lucha contra las desigualdades? ¿Los conceptos de género? Sí, decididamente. Como han dicho interpelando a sus compañeros, es urgente un compromiso verdadero por parte de (nosotros) los varones. Pero aún más, han apuntado –y será uno de los temas a interiorizar y profundizar en los próximos años– que de estas luchas nace una estrategia, un pensamiento propio, y un objetivo final de transformación de la sociedad, y que tiene un nombre y muchas expresiones: el feminismo.

Iridiani Seibert es brasileña, y cuando tenía 14 años empezó acompañar a su mamá a las reuniones del Movimiento de Mujeres Campesinas de Brasil. Aunque ahora ella ejerce como coordinadora de esta organización, se define como campesina. Jugueteando con su anillo de semilla de tucum, una palmera nativa de la Amazonia, nos dibuja la casa que tienen allá, cerca de la frontera de Argentina, donde cultivan todo lo que necesitan, sin venenos, para la familia y para los vecinos. "Nuestra forma de pensar como mujeres campesinas es radicalmente opuesta a la hegemónica". Mientras la sociedad patriarcal habla de explotación nosotras hablamos de cuidados. Mientras se aspira y se insiste en la necesidad de poseer más y más tierras hasta el acaparamiento total, nosotras hablamos de disponer de lo necesario y equitativo. Mientras nos represan los ríos, nosotras los abrazamos. Mientras nos venden semillas preparadas para ofrecer grandes cosechas, nosotras conservamos aquellas semillas que puedan reproducirse. Iridiani pone en su boca los argumentos de un feminismo campesino que, como vemos, habla de olvidar paradigmas de nuestra sociedad como el productivismo o el extractivismo a partir de una relación diferente entre los seres humanos y la naturaleza a la que pertenecemos. La economía crematísitica es una fórmula equivocada si lo que deseamos es asegurar una vida digna de ser vivida a todas las personas de este planeta.

Con Perla Álvarez, campesina dirigente de la Conamuri de Paraguay, coincido en el comedor. Es una estudiosa de la lengua guaraní, y mientras nos divertimos enumerando palabras de este idioma que ahora están en la lengua castellana, que si el jaguar, que si la mandioca o el ñandú, me explica que la sociedad guaraní era una sociedad igualitaria y que, por ejemplo, la palabra "jefe" no existe porque no se necesitaba; a excepción de cuando hay una guerra o batalla donde la comunidad designa a un líder provisional. De hecho, hoy día, dice Perla, en guaraní a los mandamases se les trata de tú. Aunque se les haga corregir, por la autoridad competente. Una explicación que me permite entender que, de nuevo, mirando a algunas sociedades campesinas, rurales o indígenas, aprenderíamos a cambiar también las relaciones entre los seres humanos, deshaciendo jerarquías firmemente instaladas, como los privilegios del hombre frente a la mujer, del patrón frente a sus subordinados o también de los mayores frente a los menores.

Esta es la propuesta que se abre paso aquí en Derio, en el País Vasco: el feminismo campesino popular. El movimiento al completo acepta el reto de analizarla y desarrollarla. Las tres palabras que dominan el mundo, capitalismo, patriarcado y racismo, ya no caben en los nuevos diccionarios.

La lluvia ha acompañado durante estos tres días. Asegurando cosechas.


Feminismo campesino y popular


Silvia Ribeiro*

De más de setenta países y 164 organizaciones llegaron mujeres campesinas a la Asamblea de Mujeres de La Vía Campesina (LVC) en el País Vasco, este 17 y 18 de julio. Con perspectivas y propuestas que sacuden lo establecido, no sólo en el injusto mundo que vivimos, también dentro de su propio movimiento. Feminismo campesino y popular llaman a esta identidad en construcción, que desafía al capitalismo y al patriarcado al mismo tiempo, rechaza todos los racismos, violencias, discriminaciones y xenofobias.

Es la quinta vez que se reúnen como mujeres de este movimiento –la articulación campesina global más extensa que haya existido– que del 19 al 22 de julio sostiene también su séptima conferencia mundial. Tanto jóvenes como mujeres han ido construyendo su espacio propio, convocándose en asamblea los días anteriores a la Conferencia de todo el movimiento. Desde allí discuten colectivamente sus aportes específicos, antes de integrarse como delegadas y delegados a la Conferencia general.

Muchas llegaron a esta V Asamblea de Mujeres por primera vez. La expectación y el entusiasmo se siente a flor de piel. La dedicación, casi magia, del colectivo autogestionario de intérpretes coatí, hizo posible la traducción simultánea en 11 idiomas: árabe, bahasa indonesia, castellano, coreano, euskera, francés, inglés, japonés, portugués, ruso y tailandés. Entre muchas otras cosas, esta arquitectura que hace posible tender puentes solidarios de comunicación entre tantas lenguas, permite una diversidad de miradas y experiencias que nutre y fortalece no sólo a las mujeres, sino a toda la Vía Campesina.

Son mujeres de todas las edades, campesinas, indígenas, trabajadoras del campo, pescadoras, pastoras, artesanas, migrantes. Todas trabajan por la soberanía alimentaria, todas tienen que luchar contra la discriminación y la violencia, que se manifiesta de muchas maneras. Desde los salvajes feminicidios y ataques a las campesinas que resisten en Honduras –ocho muertas en la lucha y mil 800 criminalizadas, detenidas, violentadas en años recientes– a la discriminación laboral y política en Europa, el silencio impuesto a muchas mujeres en regiones enteras, la persecución y desposesión de tierras, cultivos y casas a las mujeres en Palestina; el arco de injusticias se expande globalmente. Es una situación que afecta a las mujeres, no sólo campesinas.

Pero aquí la particularidad es la construcción de un feminismo campesino y popular, que por primera vez plantean asumir como tal en toda LVC. Un feminismo desde las mujeres del campo, con identidad campesina y desde la identidad y luchas de los pueblos.

Varias de las fundadoras de la Vía Campesina recuerdan que al origen, hace poco más de 20 años, había una sola mujer en el comité coordinador internacional (CCI). Era Nettie Wiebe, de la National Farmers Union de Canadá, con la energía de las muchas que la apoyaban. Llegó a la V Asamblea, a compartir su experiencia y también lo que considera los mayores desafíos. Recuerda que comenzaron pidiendo "mayor participación" para las mujeres en todas las instancias de La Vía Campesina. Los compañeros se fueron más allá y acordaron que las mujeres debían ocupar el 50 por ciento de los lugares en las instancias de coordinación y decisión (porque en LVC el cuerpo colectivo y pensante es mucho más que la suma de sus partes, muchas de las cuáles aún siguen en proceso de entender y asumir las reivindicaciones de género). La regla de paridad se hizo rutina en toda la organización. Sin embargo, debaten en esta Asamblea, la paridad no era una meta, apenas un camino. A muchas aún les cuesta ocupar los espacios que reclamaron, porque para poder hacerlo se requiere que todo el trabajo, tanto productivo como reproductivo y las tareas militantes sean compartidas, algo que muchas organizaciones locales y nacionales campesinas necesitan entender, integrar y apoyar. Entre los grandes desafíos, plantea Nettie Wiebe, está definir posiciones comunes frente al poder, definir más profundamente entre todas las regiones y diversidades de LVC qué es el feminismo campesino y qué tipo de lucha eligen como mujeres. Perla Álvarez, de la organización de mujeres campesinas e indígenas Conamuri de Paraguay, agrega: "el patriarcado repliega nuestro trabajo al ámbito privado, el capitalismo no lo reconoce, el racismo niega todas nuestras identidades". Por eso, continúa, "no es posible separar la lucha contra el capitalismo de la lucha contra el patriarcado y el racismo."

Una lucha que parte de reconocer las diversidades, geográficas, culturales, de género, por eso ya hay también sectores LGBTI en varias organizaciones campesinas, como el MST de Brasil y organizaciones de Vía Campesina en Europa. La diversidad sexual y de género también tuvo su espacio en el programa de la VII conferencia de LVC.

Las asambleas anteriores de mujeres de la Vía Campesina establecieron campañas globales por las semillas y contra la violencia, campañas que siguen y donde los ataques en éstos y otros temas recrudecen todo el tiempo. La V Asamblea de Mujeres decidió llamar a la primera conferencia internacional de mujeres del campo, no sólo para organizaciones de la Vía Campesina sino para establecer lazos de análisis, alianzas y caminos de lucha con muchas más mujeres rurales. Será todo un reto, que desde ya asumen con la misma energía, cariño y rebeldía que cultivan en este espacio.

*Investigadora del Grupo ETC

Publicado enInternacional
La ONU advierte que los plaguicidas pueden tener consecuencias muy perjudiciales sobre derecho a la alimentación

 

* "Sigue existiendo una falta general de conciencia sobre el peligro que suponen ciertos plaguicidas, la cual se ve exacerbada por los esfuerzos de la industria para restar importancia al daño provocado", asegura el informe

* Los principales productores mundiales defienden la necesidad de su producto y aseguran que el informe está plagado de afirmaciones "infundadas y sensacionalistas"

* "La afirmación de que los pesticidas son esenciales para alimentar al mundo no es más que un mito propagado por la industria", asegura una responsable de la Red de Acción en Plaguicidas

 

Un informe realizado por dos relatores de Naciones Unidas acusa a la agroindustria de utilizar "tácticas agresivas y poco éticas" a la hora de promover el uso de plaguicidas y de "negar sistemáticamente la magnitud de los daños provocados por estas sustancias químicas". Esta es una de las muchas conclusiones que se pueden leer en el documento presentado en la 34ª reunión del Consejo de Derechos Humanos celebrada en Suiza el pasado 7 de marzo.

Los autores reconocen que los plaguicidas han contribuido mantener la producción agrícola, pero aseguran que "ello se ha logrado a costa de la salud humana y el medio ambiente". Según el informe estos productos "se han promovido de manera agresiva" y "generan preocupación a nivel mundial en lo concerniente a los derechos humanos".

El documento califica "el modelo agrícola dominante", basado en el uso de plaguicidas, como "sumamente problemático", no solo por el daño que causan los productos utilizados, dado que según algunas estimaciones se producen hasta 200.000 muertes por intoxicación aguda al año, sino también por "los efectos en el cambio climático, la pérdida de diversidad biológica y la incapacidad para asegurar una soberanía alimentaria".

En este sentido, los relatores atacan "el argumento promovido por la industria agroquímica" que asegura que los plaguicidas son necesarios para mantener la seguridad alimentaria, afirmando que "no solo es inexacto, sino que además resulta peligrosamente engañoso".

El informe, realizado por la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación Hilal Elver y el Relator Especial sobre productos tóxicos Baskut Tuncak, asegura que "hay suficientes alimentos para alimentar a la población mundial" y que el mayor obstáculo para el acceso a esos alimentos "son los sistemas no equitativos de producción y distribución".

Por último, el informe asegura que "el método más eficaz a largo plazo para reducir la exposición a estos productos químicos tóxicos es abandonar la agricultura industrial", orientando la producción hacia la agroecología.

 

Un informe "sensacionalista" según la industria

 

La contundencia del informe ha provocado reacciones diversas desde distintos estamentos. Desde la asociación CropLife International, que reúne a los principales fabricantes de plaguicidas a nivel mundial, entre los que se encuentran los tres grandes conglomerados del sector: Bayer-Monsanto, Syngenta-ChemChina y Dow-Dupont, han criticado el documento, asegurando que está plagado de afirmaciones "infundadas y sensacionalistas".

Will Surman, director de comunicación de esta organización, ha asegurado a eldiario.es que sin los actuales plaguicidas los agricultores podrían perder hasta el 80% de sus cosechas y que una limitación arbitraria de estos productos "repercutirá en el suministro de alimentos, aumentando sus precios y haciendo más difícil el derecho de todos los ciudadanos a acceder a alimentos asequibles".

Sin embargo, la Coordinadora Internacional de la a Red de Acción en Plaguicidas (PAN, por sus siglas en inglés), Medha Chandra, se mostrado en total desacuerdo con la posición de esta institución y ha asegurado a eldiario.es que "la afirmación de que los pesticidas son esenciales para alimentar al mundo no es más que un mito propagado por la industria". Según Chandra, "el análisis más completo de la agricultura mundial hasta la fecha nos dice que lo que está alimentando al mundo hoy en día es la agricultura a pequeña escala, que no depende de los pesticidas".

Desde esta ONG, cuyo objetivo es la reducción del uso de plaguicidas a nivel mundial, se han mostrado muy favorables al informe y a través de un comunicado han afirmado que apoyan "sin reservas" las recomendaciones de los relatores e "instan a la comunidad internacional a que comience rápidamente el proceso de negociación de un nuevo tratado", dado que los mecanismos que se encuentran actualmente en vigor "no han logrado una reducción significativa de los envenenamientos por plaguicidas".

Por su parte, Surman ha asegurado que si los plaguicidas "se usan de manera responsable y de acuerdo con las instrucciones de su etiqueta, no deben representar ningún riesgo para la salud humana o el medio ambiente" y ha insistido en que desde su institución "apoyan el trabajo de los reguladores gubernamentales para revisar y controlar el uso de plaguicidas, con el objetivo de identificar posibles efectos negativos sobre la salud humana y el medio ambiente y tomar medidas apropiadas para restringir o eliminar los productos que supongan algún riesgo".

 

Lagunas legales

 

Aún así, el informe señala la ausencia de mecanismos que permitan aplicar la actual legislación con más rigor y critica duramente "la autocomplacencia de los Gobiernos, que a menudo afirman, llevando a engaño, que los marcos regulatorios y la legislación vigentes ofrecen protección suficiente".

Según Elver y Tuncak, "no faltan leyes nacionales e internacionales", sin embargo, éstas "no están logrando proteger a los seres humanos y el medio ambiente", ya que "presentan lagunas en materia de aplicación, cumplimiento y cobertura", con lo que no logran aplicar de manera efectiva el principio de precaución, ni ponen freno a muchas prácticas comerciales a nivel internacional.

A pesar de la existencia de un Código Internacional de Conducta para la Gestión de Plaguicidas creado por la ONU, el informe hace especial hincapié en la falta de instrumentos eficaces para hacer frente al carácter transfronterizo del mercado mundial, criticando "la práctica generalizada, y a menudo permitida por ley, de exportar plaguicidas altamente peligrosos a terceros países".

Los relatores ponen como ejemplo el caso del paraquat, un plaguicida prohibido en muchos países europeos, pero que se sigue distribuyendo desde Suiza a países fuera de la UE. Igualmente, destacan también como la Agencia de Protección Ambiental de EEUU "restringe, pero no prohíbe, la exportación a terceros países de plaguicidas no aprobados o no registrados".

Para intentar terminar con estas prácticas, los relatores aseguran que hay que establecer mecanismos que impidan este "doble rasero" que se aplica a distintos países y que "perjudica particularmente a los países con sistemas regulatorios más débiles".

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Miércoles, 22 Febrero 2017 08:54

Estados Unidos quiere envenenar el mundo

Estados Unidos quiere envenenar el mundo

Existen diversos medios efectivos para controlar a grandes cantidades de población. Desde el “poder blando”, es decir a través de medios culturales e ideológicos hasta el uso de la fuerza desmedida, utilizando costosos despliegues militares. Dentro de esta escala existe una modalidad basada en el control de la producción y distribución alimentaria que ha afectado a millones de personas en el mundo. En efecto, un puñado de empresas en su mayoría de origen estadounidense, se han encargado del diseño de semillas genéticamente modificadas (o GMO por sus siglas en inglés) que tienen el propósito de limitar la producción de alimentos y acabar con la soberanía alimentaria en regiones como América Latina.

 

Para el gobierno de los Estados Unidos es una prioridad estratégica apoyar la investigación de empresas que trabajan con la transformación de los alimentos. La razón fundamental es que esto significa una intervención directa sobre la salud y la dieta de las poblaciones. En otras palabras, es un arma poderosa que silencia a millones de personas en el mundo sin necesidad de utilizar las armas. Como estrategia de superioridad global, las GMO son para las empresas norteamericanas un negocio redondo en la medida en que no sólo producen las semillas modificadas, sino que además venden los “antídotos” contra las plagas. Si un campesino compra las semillas de empresas como Monsanto está obligado a gastar también en los herbicidas e insecticidas de la misma corporación.


El objetivo de empresas como Monsanto, Dupont o Bayer es dirigir un ataque en contra de la cultura y las tradiciones de millones de campesinos. De hecho, para muchas comunidades la semilla es sinónimo de fertilidad, diversidad y multiplicación de la vida. Concepto que ha sido desechado por las denominadas semillas “terminator” que a causa de su modificación están diseñadas para que no tengan una reproducción futura. De este modo, el cambio en los alimentos ha generado la pérdida progresiva de la soberanía alimentaria, esto es, la autonomía de los pueblos para definir su propia política agraria sin tener que luchar en contra de empresas que buscan monopolizar la producción de los alimentos (http://www.nadasantosobremonsanto.com/soberania-alimentaria/).

 

Esta ha sido justamente una lucha constante en diversos países de América Latina. La llamada “ley Monsanto” que promueve los derechos de autor en la propagación de semillas con transformaciones genéticas, ha ocasionado en muchos casos la criminalización de los campesinos. La paradoja se basa en que la utilización de semillas patentadas de Monsanto por parte de agricultores que no declaren su uso, pueden ser castigadas, incluso con cárcel. ( http://www.jornada.unam.mx/2007/02/08/index.php?section=sociedad&article=047n1soc ). Esto sugiere a todas luces una estrategia de control sobre aquellos que se encargan de alimentar a millones de personas en el mundo. Los grupos económicos buscan restringir al máximo la diversidad y riqueza de los alimentos para que decidir sobre la salud de la población. Lo peor y más preocupante es que las empresas tienen a su favor la ley y la fuerza para cumplir con sus disposiciones.


Una de las grandes amenazas para los países de Latinoamérica es no poder definir su política alimentaria. Cada gobierno debe diseñar una estrategia para alimentar a su población de acuerdo a criterios de equidad y distribución. Sin embargo, con el advenimiento de empresas estadounidenses que buscan el control en la producción alimentaria, los términos de la seguridad y la soberanía han ido disminuyendo considerablemente. A Estados Unidos ya no le basta con el control fáctico sobre el territorio mediante la instalación de bases militares, sino que ahora ha buscado nuevas estrategias para generar presión económica y política a través de la regulación de procesos agroindustriales y la creación de una compleja legislación que protege a sus multinacionales.

 

El propósito de las grandes empresas de alimentos es mostrar la utilidad y beneficios que supuestamente las GMO pueden traer al mundo. Según los primeros estudios, estas semillas “mejoradas”, aumentaban la fertilidad y reducían ciertos gastos de producción. No obstante, en un estudio elaborado a largo plazo por científicos latinoamericanos se ha demostrado todo lo contrario. En primera medida, la calidad de la tierra ha disminuido dramáticamente, incluso perdiendo su uso y nutrientes. En segunda instancia, los científicos comprobaron que los productos de Monsanto y empresas similares traen daños irreversibles para la salud de las personas, evidenciándose incremento en casos de cáncer, malformaciones congénitas, daños genéticos, entre otros ( https://www.grain.org/bulletin_board/entries/5555-latin-american-scientists-reject-letter-from-nobel-prize-laureates-in-support-of-gmos ). Así pues, las aparentes ventajas de las semillas tratadas genéticamente no se comparan con los daños y perjuicios que le han causado a la salud humana y a la biodiversidad de los ecosistemas.


En un acto de soberanía, científicos del subcontinente latinoamericano enviaron una carta al comité del Premio Nobel que fue otorgado a investigadores por su avance en las semillas genéticamente modificadas, hecho que ha sido inadmisible para quienes consideran los grandes daños que estas empresas han traído a América Latina ( http://www.march-against-monsanto.com/prominent-latin-american-scientists-say-bill-gates-gmo-golden-rice-is-a-total-failure/ ). Pero las críticas no sólo han sido dirigidas por parte de científicos latinoamericanos, la Universidad de Virginia en Estados Unidos realizó un estudio en el que se comprueba que los herbicidas e insecticidas producidos por Monsanto han causado importantes daños ambientales, incluso en el crecimiento de plantaciones de maíz ( http://sustainablepulse.com/2016/09/18/largest-ever-gmo-crops-study-shows-massive-environmental-damage-in-us/#.WDl7FObhC01 ).


Pese a todas las denuncias realizadas en contra de las multinacionales, estas siguen empeñadas en continuar con “investigaciones” que favorezcan al capital privado. De hecho, Monsanto invierte millones de dólares al año en abogados para evitar un decrecimiento en las ventas. El negocio es redondo pues no sólo limitan la producción alimentaria, criminalizando a todos aquellos que intercambien semillas, sino que reducen el mercado para que sean unas pocas empresas las que se lleven todas las ganancias. De este modo, regiones tan ricas en biodiversidad como América Latina que, por poner un ejemplo cuentan con más de 4000 variedades de papa, han visto cómo sus campesinos tienen que iniciar movilizaciones para evitar que la diversidad sea llevada a la cárcel.


Por esa razón, bajo una lógica criminal empresas como Monsanto, Dupont, Cargill y Bayer se han apropiado del patrimonio intelectual e inmaterial de millones de generaciones de campesinos cuyo legado ha sido reducido a unas cuantas semillas modificadas genéticamente que generan graves enfermedades. Algunas ONG como Pesticide Action Network International (PAN) han denunciado constantemente los daños de los químicos usados por estas empresas. En un completo estudio realizado por la asociación, se demostró las consecuencias del uso del glifosato para erradicar plagas ( http://pan-international.org/wp-content/uploads/Glyphosate-monograph.pdf ). Esto demuestra que Monsanto está empeñado en continuar con la comercialización de sus productos a pesar que se han comprobado efectos desfavorables para la salud de las personas y para los ecosistemas de distintos países. Lo que estas empresas están haciendo es envenenar el mundo a cambio de cuantiosas sumas de dinero.


Por si fuera poco, en septiembre del presente año, se realizó un anuncio que estremeció al mundo. Las multinacionales Monsanto y Bayer han decidido fusionarse para crear un megaimperio en la producción y distribución de alimentos ( http://www.commondreams.org/news/2016/09/14/five-alarm-threat-our-food-supply-monsanto-bayer-merger-advances ). Con el pretexto de estar preocupados en torno a cómo se van a alimentar 3000 millones de personas para el año 2050, las corporaciones han puesto en común un capital que asciende a 66 billones de dólares. El objetivo de fondo es poner en marcha un plan para el dominio mundial que arrasará con la multiplicidad de especies animales y vegetales y que pondrá a millones de personas a consumir productos químicos, previamente diseñados en laboratorios.

 

Si Estados Unidos logra que la legislación de países latinoamericanos apruebe el uso de semillas GMO como lo ha hecho hasta ahora, se podría hablar de un control hegemónico sobre un recurso vital como la alimentación. Esta circunstancia superaría con creces otras formas de dominio dirigidas por el Pentágono, pues ello implicaría que Washington podría disponer a su antojo de la población mundial. En efecto, después de la cadena de fusiones y absorciones similares a de Monsanto/Bayer como es el caso de Dow/Dupont, el mercado de semillas ha quedado acaparado por unas tres megacorporaciones que tienen el monopolio mundial de agroquímicos y semillas transformadas ( http://www.commondreams.org/views/2016/06/03/six-questions-monsanto ). Detrás de estas empresas están los intereses del gobierno de los Estados Unidos por no perder la supremacía mundial. Los costos para ello serán, sin embargo, gigantescos pues la Casa Blanca está promoviendo el envenenamiento gradual del mundo.


Como en muchas ocasiones, América Latina se ha convertido en el laboratorio de Estados Unidos. Todas las políticas del gobierno del norte han tenido fuertes impactos en élites políticas condescendientes que han permitido el ingreso de leyes que atentan en contra de los derechos de los campesinos. Por esa razón, múltiples asociaciones como La Vía Campesina han iniciado una importante lucha para evitar que Monsanto y sus socios sigan destruyendo el medio ambiente ( https://viacampesina.org/es/ ). No obstante, como se ha mencionado con anterioridad, la lucha por parte de los campesinos no ha sido fácil, toda vez que las multinacionales tienen a su favor la ley, la autoridad y la represión. De hecho muchas de las manifestaciones han terminado con las fuerzas del orden a favor de multinacionales que poco o nada las benefician.


Además, muchos campesinos se han visto abocados por la falta de alternativas, a utilizar esta serie de productos nocivos. Así pues, las corporaciones crean un círculo vicioso de dependencia hacia sus insumos, pues una semilla Monsanto sólo puede germinar a partir de ciertos fertilizantes y controlados con determinados insecticidas. El acuerdo con Bayer sin duda tendrá que ver con la creación de nuevos productos que sólo podrán ser utilizados en el campo si se compran las semillas de la multinacional, pues de lo contrario se estaría violando las patentes y creando un peligro para el capital de estas empresas. La supuesta ventaja de los productos de Monsanto son su durabilidad en el tiempo, con lo cual, las personas pueden consumir un alimento en largos periodos, solucionando el problema de acceso a los mismos. Empero, ¿qué efectos secundarios podrían tener alimentos rociados con glifosato? De ahí que antes que la cantidad de alimentos, los gobiernos deberían preocuparse por no envenenar a las poblaciones con productos genéticamente modificados.

 

 

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