Para Trump, los Altos del Golán son de Israel

Estados Unidos rompe con décadas de consenso mundial y se convierte en el primer país en reconocer la soberanía de Israel sobre una área siria que ocupa desde 1967.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó ayer un decreto por el que reconoce oficialmente la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. El mandatario justificó esa medida por lo que calificó como las agresivas acciones de Irán y de grupos terroristas contra Israel. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió, sin embargo, que la decisión estadounidense no cambia en absoluto el estatus internacional de esta zona arrebatada a Siria en 1967.


“Esto es algo que debería haberse hecho hace muchas décadas”, dijo Trump al rubricar la proclamación presidencial, junto al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en la Casa Blanca. “Las acciones agresivas de Irán y de grupos terroristas siguen convirtiendo al Golán en una plataforma de lanzamiento de ataques contra Israel”, denunció el magnate neoyorquino. Estados Unidos se convierte así en el primer país en reconocer la soberanía de Israel sobre un área siria que ocupa desde la Guerra de los Seis Días de 1967, y que se anexionó en 1981 en un gesto que la población rechazó y la comunidad internacional no reconoció.


Netanyahu celebró como histórica la formalización de esa medida, que Trump ya había adelantado el pasado jueves en un vía Twitter. “Su proclamación llega en un momento en que el Golán es más importante que nunca para nuestra seguridad”, dijo a Trump el primer ministro israelí. “Para mí era muy importante venir aquí, a la Casa Blanca. Israel ha tenido la suerte de tener a muchos amigos dentro del Despacho Oval durante muchos años. Pero Israel nunca ha tenido mejor amigo que usted”, disparó el premier, quien se vio obligado a acortar su visita a Estados Unidos -inicialmente prevista para dos días- por nuevas tensiones en la Franja de Gaza (ver aparte). Netanyahu afirmó, asimismo, que su país nunca renunciará a su soberanía sobre los Altos del Golán. “Nunca renunciaremos a ellos”, sentenció.


Sin embargo, la ONU subrayó que la decisión del presidente estadounidense no cambia el estatus internacional de esta zona arrebatada. “Para nosotros, el estatus del Golán ocupado está consagrado en las resoluciones del Consejo de Seguridad. La postura no ha cambiado”, dijo a los periodistas Stéphane Dujarric, el portavoz del jefe de la organización, António Guterres. “Para el secretario general está claro que el estatus del Golán no ha cambiado a pesar de la decisión de Trump”, agregó.


No obstante, de cara a las elecciones del 9 de abril en las que Netanyahu se juega su puesto, el primer ministro puede presumir cuando vuelva de Washington de otra victoria diplomática (que se sumaría al reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital de Israel por parte del gobierno de Trump). La decisión del mandatario republicano le cae, entonces, como anillo al dedo a un Netanyahu que podría ser acusado en los próximos días de corrupción en tres casos. Por el momento, en la carrera hacia las elecciones, el líder del derechista Likud, en el poder desde hace diez años, ve sus posibilidades de reelección recortadas por el candidato centrista Benny Gantz, un general retirado, quien se presenta como un serio adversario.


Con la firma de este decreto, Estados Unidos rompe con décadas de consenso internacional, al transformarse en el primer país en reconocer la soberanía de Israel sobre un área estratégica que ocupa a Siria desde la Guerra de los Seis Días de 1967 y que se anexionó en 1981. Esa anexión nunca fue reconocida por la comunidad internacional. En 1981, el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad una resolución que declaraba nulas y sin efecto jurídico internacional las decisiones de Israel de imponer sus leyes y su administración en ese territorio. La ONU tiene desplegada desde 1974 una misión de paz en el Golán, que se encarga de mantener el alto el fuego entre Israel y Siria y de vigilar la implementación del acuerdo de retirada. Actualmente, dicha área está poblada por unos 27.000 sirios de mayoría drusa. Está compuesta por cuatro pueblos árabes -Majdel Shams, Ein Qiniyye, Masade y Buqata- además de una treintena de asentamientos judíos, que son considerados colonias por la comunidad internacional.


El gobierno sirio rechazó la decisión de Washington. “En un ataque flagrante a la soberanía e integridad territorial de Siria, el presidente de Estados Unidos reconoció la anexión del Golán sirio”, dijo una fuente del ministerio de Relaciones Exteriores, citado por la agencia de noticias estatal SANA. “Trump no tiene el derecho ni la autoridad legal para legitimar la ocupación israelí”, añadió esta fuente de la diplomacia siria.


Por su parte, Rusia, aliada del gobierno de Bashar Al Assad, dijo temer una nueva ola de tensión en la región.“Desgraciadamente,eso puede conducir a una nueva ola de tensión en Medio Oriente”, advirtió la portavoz de la diplomacia rusa Maria Zajarova, según informaron las agencias de prensa rusas.

 


 

“El Golán es un territorio sirio ocupado” comunicó el organismo

 

La Liga Arabe condenó la decisión de EE.UU.

 

La Liga Árabe condenó ayer la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado desde 1967. El secretario general de ese bloque, Ahmed Abulgueit, dijo en un comunicado que esa decisión “no es válida en su forma y su contenido” y refleja una “violación de la ley internacional”, además de “disminuir la posición de Estados Unidos en la región y en el mundo”. Abulgueit agregó que no cambia el estatus legal de los Altos del Golán: “El Golán es territorio sirio ocupado, ningún país reconoce la soberanía de Israel sobre el Golán y hay resoluciones del consejo de seguridad (de la ONU) adoptadas por unanimidad que así lo confirman”.


Asimismo, señaló que “legitimar la ocupación es una nueva tendencia de la política estadounidense”, que marcha a la par con “las posiciones y los deseos israelíes”. “No se pueden otorgar derechos ni conceder privilegios por la fuerza, la ley internacional no está constituida por un solo estado, independientemente de su posición”, añadió el secretario general.
En la nota declaró que la Liga Árabe “respalda con fuerza el derecho de Siria a sus tierras ocupadas” y que eso se reflejará en las posturas que adopten en la cumbre del organismo el próximo fin de semana en Túnez.


Por su parte, el ministro de Exteriores de Jordania, Ayman Safadi, rechazó la decisión de Trump y advirtió de que va a aumentar las tensiones en la región de Oriente Medio. “Jordania tiene una actitud firme y clara, y rechaza cualquier decisión que reconozca la anexión de Israel de los Altos del Golán ocupados”, dijo Safadi en un comunicado.


También el Ministerio de Exteriores libanés mostró su rechazo a la medida de Trump y aseguró en un comunicado que el Golán “es una tierra árabe siria y ninguna decisión podrá cambiar este hecho”, informó la Agencia Nacional de Noticias (ANN) del país de los cedros.


El propio gobierno sirio calificó de “violación” la decisión de Washington y aseguró que no afectará a la realidad sobre el terreno. “No podemos permitir la legitimación de la ocupación de los Altos del Golán”, dijo asimismo el presidente Tayyip Erdogan, quien se opone al presidente sirio Bashar al-Assad, en un discurso en una reunión de la Organización de Cooperación Islámica en Estambul. Tanto Irán como Rusia han desplegado fuerzas en Siria para apoyar a Assad durante el conflicto sirio.

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Planta de Abengoa en Chile. Imagen del Gobierno de Chile.

En este artículo dividido en dos partes, abordamos los tratados de inversión y sus respectivas cláusulas ISDS (Investor-State Dispute Settlement), también conocidas como los tribunales privados de justicia. Estos organismos poco transparentes pueden dirimir en disputas entre Estados soberanos y empresas internacionales, potencialmente dando la razón a estas últimas a costa de medidas sociales, sanitarias o regulaciones medioambientales.


En un contexto de globalización al servicio de los intereses privados de una minoría, se tratan de una gran amenaza para la defensa del derecho a la energía. Quién sabe, para el cese de la nuclear al afectar a los beneficios de las compañías del oligopolio

Un punto caliente que está sangrando nuestras arcas públicas, y que está impidiendo que se puedan llevar a cabo inversiones en otros ámbitos tales como la lucha contra la pobreza energética son los tratados de inversión y sus respectivas cláusulas ISDS (Investor-State Dispute Settlement), firmados por nuestro país.


Los acuerdos internacionales para la protección de las inversiones, ya sean de carácter bilateral o multilateral, específicos sobre inversión o parte de un tratado comercial, han sido unos de los incentivos que los Gobiernos de los países en vías de desarrollo, o del sur global, y políticamente más inestables, han usado tradicionalmente para atraer las inversiones foráneas y dotarse de infraestructuras (como hospitales, carreteras, centrales hidroeléctricas, etc.). Ello ha contribuido a la expansión internacional de las empresas transnacionales que tienen, en estos acuerdos, un instrumento más que eficaz para proteger sus intereses.


Esta figura comenzó a generalizarse en los años cincuenta cuando el Estado anfitrión garantizaba al inversor extranjero (empresa, multinacional generalmente) un alto estándar de protección asegurándole que no sería objeto de trato discriminatorio, siendo tratado de manera justa y equitativa. Para la eventual violación del tratado por parte del Estado receptor, estos tratados solían llevar aparejada, como garantía adicional, una cláusula de resolución de diferencias mediante arbitraje internacional o ISDS, dando la opción a la empresa inversora de acudir a los tribunales del Estado anfitrión o a un tribunal de arbitraje internacional, pero no a los dos a la vez. En teoría, todas las partes ganaban. Las empresas tenían derecho a un árbitraje neutral en el caso de que surgiesen problemas y podían reclamar la correspondiente compensación por el perjuicio económico causado.


Actualmente existe un buen número de estos tribunales privados de arbitraje internacional como el Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, el Instituto de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Estocolmo o la Comisión de Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (UNCITRAL). La Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (con sede en París), la Corte Permanente de Arbitraje (con sede en La Haya), el Sistema de Solución de Diferencias de la OMC o el Centro de Arbitraje Internacional de Hong Kong son otros de los tribunales arbitrales internacionales. Los conflictos son dirimidos por árbitros, en principio, imparciales y resueltos mediante laudos arbitrales.


Sin embargo, las supuestos beneficios de estos tribunales privados de justicia, auténtico sistema paralelo al poder judicial, dista mucho de lo que pregona la propaganda que les rodea. Se argumenta en su favor la seguridad jurídica de las resoluciones que son vinculantes para las partes, rapidez al haber menos instancias, imparcialidad y menor coste económico. Pero ninguna de estas características son ciertas.


Respecto a la seguridad jurídica, esta es más que dudosa. El sistema es muy opaco, las resoluciones no son públicas y, por tanto, no hay manera de saber con seguridad los argumentos jurídicos empleados por las partes.


En cuanto a la agilidad, si bien es verdad que no hay tantas instancias a las que recurrir dado que los laudos arbitrales no son recurribles y solo pueden ser anulados por defecto de forma, la media para resolver un caso se sitúa en cuatro años y medio. Así se indica para el CIADI en el trabajo Justicia privatizada. El Estado español y los mecanismos de resolución de controversias inversor-Estado, Ecologistas en Acción, 2016.


Por lo que se refiere a la imparcialidad, es preocupante que en muchos casos la mayor parte de los árbitros han actuado como asesores jurídicos en otras disputas, con el conflicto de intereses que puede surgir. Se habla de corrupción generalizada en estos ámbitos.


A todo ello le acompaña el escandaloso gasto que supone, pues si bien las estadísticas hablan de dos millones de euros en concepto de gastos para resolver un conflicto en una corte internacional, los laudos reflejan un coste que puede superar los ocho millones de euros. Así, la factura solo del presidente del tribunal del CIADI, en el primer laudo dictado frente a España por una demanda interpuesta por un fondo de inversión por la modificación de la normativa sobre renovables, fue de 232.796 euros en concepto de honorarios, más de 80.000 euros en concepto de gastos administrativos y 238.000 euros de gastos directos en concepto de mensajería, impresión y copias del laudo.


Pero lo realmente grave es que se trata de un sistema en el que las compañías multinacionales pueden llevar ante la justicia internacional a Estados soberanos y doblegarlos haciéndoles cambiar normas de gran calado social, económico, cultural o medioambiental porque tengan un efecto restrictivo sobre sus beneficios privados y sean contrarias a sus intereses. Es la instancia que garantiza el cumplimiento de la Lex Mercatoria, es decir, las miles de normas contenidas en los acuerdos de inversión, tratados comerciales, contratos y normas de comercio. Es la instancia que privilegia a escala planetaria los intereses de las grandes empresas y sus accionistas frente a los derechos de las personas, los pueblos y del medio ambiente.


Como ejemplo, señalar el caso de la corporación estadounidense Cargill, que en 2009 demandó al Estado mexicano por la creación de una tasa que el Gobierno había impuesto a las bebidas azucaradas por una cuestión de salud pública. La demanda ganada ante el CIADI le hizo embolsarse 66 millones de euros. O el de las españolas Abengoa y COFIDES, que también demandaron al Gobierno mejicano en 2009 por haberles impedido la puesta en funcionamiento de una planta dedicada al almacenamiento y gestión de desechos industriales peligrosos en Zimapán, en el estado de Hidalgo, percibiendo 31,14 millones de euros. Alegaron que la medida atentó contra “sus derechos de inversionistas”.


El presidente del Tribunal Supremo de Estados Unidos, John Roberts, ya dijo en 2014: "Es alarmante que puedan cambiar las leyes de una nación o anular las resoluciones de Gobiernos y jueces. Además, operan en cualquier parte del mundo y juzgan actos soberanos".

Por Cecilia Sánchez
Ecologistas en Acción

publicado
2019-03-25 06:40:00

 

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El factor Venezuela en el enfrentamiento Estados Unidos-Rusia

Aparte de las múltiples hipótesis que se han analizado para evaluar el alcance del conflicto venezolano, valdría la pena considerar también el posible impacto estratégico-militar de esa situación, que sorprendentemente se puede enmarcar en el enfrentamiento político y militar entre Estados Unidos y Rusia, que se ha agudizado después de la reciente denuncia de ambos al Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) firmado en 1987.

Al respecto, podemos comentar que Washington ha intensificado su presencia militar en nuestro continente, con la finalidad de evitar, entre otros objetivos, que países latinoamericanos o caribeños que le sean hostiles y hayan desarrollado alianzas con Rusia o China, pudieran llegar a convertirse en plataformas para un eventual ataque directo contra territorio estadunidense, es decir, la repetición de una situación como la crisis de los proyectiles emplazados en Cuba que en ese caso frenaron una invasión estadunidense a la isla.


Recordemos sobre el particular, que el vínculo militar entre Venezuela y Rusia se inició en 2005 bajo la presidencia de Hugo Chávez, que fue el año en que Estados Unidos comenzó a bloquear, cuando empezaron las discrepancias políticas entre ambos, la provisión de repuestos y refacciones para la flota de aviones caza bombarderos F-16 que la fuerza aérea venezolana había adquirido en 1983.


Asimismo, Venezuela, que veía clara la amenaza de una invasión, empezó a adquirir armamento de última generación de Rusia iniciando con 24 aviones caza rusos de última generación Sukoi 30-MK2 e importantes partidas de rifles de asalto AK 103 para remplazar los antiguos fusiles belgas FNFAL que usaba su ejército.


Ya en el poder el presidente Maduro, sucesor de Chávez, negoció con Rusia la compra de helicópteros de combate MI-17V5 y consolidó su defensa con un sistema antiaéreo móvil ruso S300VM, capaz de interceptar toda clase de objetivos, entre ellos misiles subsónicos, drones o aeronaves en un rango de 200 kilómetros.


Por su parte, la presencia militar estadunidense en América Latina se ha incrementado dramáticamente, ya que de las 177 bases militares que la potencia continental tiene en el mundo, 76 están en América Latina y entre las más conocidas resaltan 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, nueve en Colombia, ocho en Perú y otro significativo número en Centroamérica y el Caribe, además de importantes acuerdos de cooperación militar con Argentina, Brasil, Perú y Ecuador, entre otros.


Sin excluir el uso de la fuerza armada, en forma muy abierta, Estados Unidos ha señalado que sus fuerzas de tarea conjunta para América Latina tienen como objetivos la defensa del Canal de Panamá y el área del Canal de Panamá (lo cual, por cierto, no está previsto en el Acuerdo con Torrijos para devolver el canal a sus dueños); operaciones de control de migración (sin que aclaren a qué se refieren en ese delicadísimo tema aún sin resolver); asistencia humanitaria y respuesta ante desastres naturales. Además de operaciones militares unilaterales, bilaterales o multilaterales, con lo que nuevamente surge el fantasma de la creación de una Fuerza Interamericana de Paz que México ha rechazado una y otra vez, por su preocupación de que se convierta en una fuerza intervencionista sin base legal clara, sin que afortunadamente en ningún momento hablen de protección a los derechos humanos que ahora alegan para intervenir en Venezuela, quizá porque prácticamente Washington no ha ratificado ningún acuerdo regional sobre esa importante materia.


La situación descrita, es decir, la combinación de factores militares en el desarrollo de la región, aconsejaría, sin duda, que México, con su tradición en la lucha contra el armamentismo, tanto nuclear como convencional, reiniciara los esfuerzos que llevó a cabo con cierto éxito en 1977 para lograr un convenio regional que identificamos en la negociación como (Tlatelolco II) que prohibiera la presencia de tropas extranjeras en nuestros territorios y limitara la posesión de armas convencionales ofensivas –las nucleares ya están prohibidas mediante el Tratado de Tlatelolco– cuidando siempre el equilibrio estratégico-militar que requieren los países de la región, con la finalidad de lograr que América Latina y el Caribe llegue a ser en breve una zona de paz bajo claros parámetros de vigencia.

Sergio González Gálvez. Embajador emérito de México, escribe a título personal

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Sábado, 23 Marzo 2019 06:17

Bye Bye Unasur

Bye Bye Unasur

La dramática situación en Venezuela –producto de fenómenos fundamentalmente internos y dinámicas complementarias internacionales que la han agudizado al máximo– tuvo un efecto devastador para la diplomacia sudamericana: contribuyó al derrumbe de Unasur a una década de su creación. Un conjunto de factores diversos convergieron en una coyuntura muy particular y ello hizo posible el deterioro y posterior desplome de aquel organismo de concertación sub-regional que tuvo, en sus primeros años, éxitos que merecen reconocerse y subrayarse. Desde 2014 se manifestaron cuestiones que facilitaron la irrelevancia y el declive de Unasur: a) el gradual desinterés de Brasil –durante el segundo mandato de Dilma Rousseff primero y aún con la breve presidencia de Michel Temer después– de invertir recursos diplomáticos en América del Sur; b) la desafortunada elección del ex presidente Ernesto Samper al frente de la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas; c) la acefalía en la conducción de Unasur desde principios de 2017 en medio de distintas estrategias simultáneas de diferentes países destinadas más a la obstrucción de candidaturas que al logro de un candidato de consenso; d) el fracaso de las gestiones de buenos oficios auspiciadas por Unasur con la participación de los ex mandatarios José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, ante la profundización de la crisis en Venezuela en el marco de irresponsabilidades compartidas por parte del gobierno y de la oposición; e) el establecimiento del llamado Grupo de Lima en agosto de 2017 con el fin de debilitar, cercar y aislar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela; f) la mediocre presidencia pro témpore de la Argentina entre abril de 2017-abril 2018 que nunca citó una cumbre de mandatarios, de cancilleres o de ministros de Defensa; g) la suspensión de la participación de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay en el bloque sudamericano justo cuando la presidencia pro témpore pasaba a Bolivia; y h) la salida definitiva de Colombia (agosto 2018) y Ecuador (marzo 2019) del mecanismo de concertación.

En breve, el comportamiento concreto de la mayoría de los participantes de Unasur llevó a su descrédito y ocaso. Es como si los principales protagonistas hubieran optado, contra sus intereses de largo plazo para sostener un ámbito de acción conjunta con una voz unificada ante cuestiones regionales y globales, por una lógica de corto plazo dictada por cálculos político-electorales domésticos y por imaginar la quimera de una presunta “relación especial” individual respecto a Estados Unidos.


La sepultura de Unasur –a la que, repito, muchos contribuyeron– se materializó con la propuesta de los presidentes Piñera y Duque (foto) de crear Prosur. El cónclave de hoy 22 de marzo en Santiago de Chile será el lanzamiento formal de esta iniciativa; iniciativa bastante inoportuna, aún ambigua y que parece una nueva fuga hacia adelante del multilateralismo regional que se caracteriza por su alta formalización y baja institucionalización. En los escasos pronunciamientos de sus proponentes se ha invocado que el propósito principal es la “defensa” de la democracia y de la economía de mercado, al tiempo que se ha puesto de manifiesto su vocación expresamente ideológica como producto del avance de las derechas y el retroceso del progresismo en el área.


¿A qué apunta esta propuesta todavía indefinida? Se inscribe, de algún modo, en un cambio de eje geopolítico del Atlántico al Pacífico en momentos en que el gobierno de Donald Trump acentúa los elementos de contienda, en desmedro de los de colaboración, en relación a China. Dos actores medios de la región –Colombia y Chile– aprovechan el vacío de dirección y credibilidad del Brasil de Bolsonaro y de la desorientación estratégica de la Argentina de Macri. Es sorprendente que el otrora poderoso eje Buenos Aires-Brasilia haya quedado supeditado a las confusas aspiraciones de Santiago y Bogotá. Los postulados de corte neoliberal de los convocantes parecen generar una adhesión inmediata como si ello fuese funcional a un modelo de desarrollo productivo, inclusivo y competitivo de la región en medio de fuertes polarizaciones a nivel de todos los países de América del Sur. Habrá que ver, asimismo, en que traduce la idea de “defensa” de la democracia y de la economía de mercado.


La actitud hasta ahora poco constructiva –en el sentido de la ausencia de un aporte concreto a salidas pacíficas– de los participantes del nuevo foro respecto a la angustiosa crisis venezolana, la resignada aceptación sin cuestionamiento a las sanciones materiales impuestas por Washington a Caracas y la desconsideración de alternativas exploratorias de diálogo político como las sugeridas por el Mecanismo de Montevideo (México y Uruguay más el Caricom), el Grupo Internacional de Contacto para Venezuela (involucrando países de Europa y Latinoamérica) y aún por el Vaticano, insinúan que Prosur está más inclinado a seguir al Norte que mirar al Sur.


En síntesis, asistimos a la inauguración de otra experiencia de comunidad sub-regional que sin un mínimo balance del precario estado de la integración en el área, se auto-postula como una modalidad novedosa de aglutinación a pesar del sesgo ideológico que lo caracteriza. Y lo hace en momentos en que Estados Unidos vuelve a proclamar la vigencia de la vetusta Doctrina Monroe y usar el discurso propio de la “diplomacia de las cañoneras”.


Juan Gabriel Tokatlian: Profesor plenario de la Universidad Di Tella.

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El encuentro entre Jair Bolsonaro y Donald Trump. ¿El inicio de una nueva época?

La reunión entre Donald Trump y Jair Bolsonaro el pasado martes representa un hito de la actual ola conservadora que vive la región y el mundo. Si bien lo acordado debe ponerse en standby, a la vista de los antecedentes de Trump con Emmanuel Macron y Kim Jong-un, lo más importante de la cumbre presidencial es la sombra proyectada sobre los procesos que viven Latinoamérica y el mundo. En tal sentido, el presente análisis intenta ir más allá del aspecto coyuntural, para entender el significado global del encuentro.


EL ABANDONO DEL AUTONOMISMO.


En primer lugar, la visita de Bolsonaro a Estados Unidos dejó en claro la intención deliberada de abandonar las pretensiones autonomistas del Estado brasileño. La autonomía internacional es un objetivo más o menos sostenido de la política exterior de Brasil desde la época de Vargas, apenas relegado en la primera década de la dictadura y puesto en primer plano por los gobiernos del Partido de los Trabajadores.
Este cambio fue explicitado por Bolsonaro en sus primeras declaraciones al llegar a Estados Unidos, cuando afirmó que, “por primera vez en mucho tiempo, un presidente brasileño que no es antiamericano llega a Washington”. A nivel bilateral, el abandono de la búsqueda de autonomía y la aceptación orgullosa de una posición subordinada a Estados Unidos se evidencia en algunos gestos previos al encuentro presidencial: la exención no recíproca de la necesidad de la visa para los ciudadanos estadounidenses y sus principales socios globales (Australia, Canadá y Japón); la habilitación concedida a Estados Unidos para usar la Base de Lanzamientos Aeroespaciales de Alcántara; el “ofrecimento” de Bolsonaro al secretario de Estado Mike Pompeo de instalar una base militar estadounidense en Brasil (rápidamente retractado a intervención expresa de los militares brasileños) y la inédita visita del mandatario a la sede de la Cia, agencia que venía de espiar mediante escuchas telefónicas a la predecesora de Bolsonaro Dilma Rousseff.


A nivel regional, esto es simbolizado por la decisión de que la primera visita oficial del recién asumido presidente no sea a Argentina, como hicieron todos los predecesores de Bolsonaro en la sexta República. A ello se agrega que los siguientes destinos sean Chile e Israel: el primero, uno de los principales socios estables de Estados Unidos en Sudamérica y principal resistencia a las iniciativas regionalistas desde la década del 80; el segundo, el principal socio en los embates unilaterales estadounidenses al orden multilateral.


A nivel del sistema internacional, esta tendencia a relegar el objetivo autonomista se refleja en la solicitud brasileña de adherir a la Otan y a la Ocde. El argumento es reforzado al considerar la condición impuesta para proceder a solicitar el ingreso a la segunda: la renuncia unilateral de Brasil al estatuto de país en desarrollo en la Omc, que le permitía acceder a un “tratamiento especial y diferenciado” en los acuerdos comerciales suscritos bajo el paraguas del organismo multilateral.


Se relega así la disputa instaurada por los cepalinos y planteada con ahínco por Brasil en los últimos años sobre la relación entre el desarrollo y el subdesarrollo ligada a la dinámica centro-periferia. En términos gramscianos, con esta decisión Brasil cede varios lugares en la guerra de posiciones en torno a la cuestión del desarrollo. Para ejemplificar el punto, pensemos que el estatus de país en desarrollo era esgrimido por el país sudamericano para defender la producción masiva de medicamentos genéricos sin el pago de patentes, lo que le granjeó importantes triunfos en disputas comerciales.


También a nivel sistémico, la solicitud de ingresar a la Otan y a la Ocde refuerza el alejamiento de Brasil de la alianza con China. En fin, habrá tiempo hasta la próxima cumbre de los Brics, que se realizará en noviembre en Brasil para valorar las reales consecuencias, pero la solicitud no debe de haber caído bien a sus socios en el bloque de potencias emergentes.


REALINEAMIENTO CONTINETAL.


En segundo lugar, la visita dejó clara la intención de Bolsonaro de retornar al histórico rol brasileño como garante del orden panamericano y del alineamiento de los países del continente en la hegemonía estadounidense.


El encuentro entre Trump y Bolsonaro es un reencuentro entre el líder hemisférico y su follower predilecto en Latinoamérica. Se ratifica así el alcance hemisférico de la ola conservadora, que renueva la sentencia contra los países díscolos, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. Al respecto, el encuentro previo de Bolsonaro con el secretario general de la Oea, Luis Almagro, con quien abordó las situaciones cubana y venezolana, ya dio la pauta sobre las reminiscencias panamericanistas de la visita. Luego, en la cumbre presidencial, el tema de Venezuela fue uno de los puntos centrales. Si bien Bolsonaro evitó decir públicamente qué posición asumiría en caso de una intervención militar liderada por Estados Unidos, claramente evitó rechazar esa opción y dijo que contaba con Estados Unidos para “liberar al pueblo venezolano”. De todos modos, más chocantes fueron las palabras de Trump al afirmar que “llegó la hora final del socialismo en nuestro hemisferio”, con la explícita voluntad de volver a azuzar el anticomunismo para realinear a los países del continente.


TIEMPOS OSCUROS.


Tal vez, lo más novedoso del encuentro fue observar cómo el entendimiento entre Trump y Bolsonaro nos deja frente a una renovada comunión de tinte oscurantista, basada en el fanatismo religioso, el belicismo y el predominio de lo personal y familiar por sobre lo institucional. El cierre de Bolsonaro en la conferencia de prensa conjunta lo dejó claro al repasar los elementos de afinidad con el presidente estadounidense: “Respetamos la familia tradicional, somos temerosos de Dios, contra la ideología de género, de lo políticamente correcto y de las fake news”. Por supuesto que no hay en este discurso posicionamientos que no conozcamos de ambos líderes. Pero lo que asusta es cómo estos elementos comienzan a proyectarse en la política internacional.


En relación con la religión, es fundamental dimensionar el rol que puede tener la oleada evangélica que sufre América Latina (y también el África subsahariana) en la política internacional. Ya lo vimos en el marco del referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia. Este elemento está también detrás del acercamiento de Bolsonaro con Israel.


Por último, es ilustrativo el rol que tuvo en toda la visita el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente brasileño, quien suplió al canciller y para quien Trump pidió un aplauso en medio de la conferencia de prensa. Recordemos que algo similar ha hecho el mandatario estadounidense con su yerno, quien se encarga de los vínculos con México e Israel. Si preocupa el creciente peso que la religiosidad y el belicismo tienen en la nueva dinámica de las relaciones interamericanas, más lo hace la posibilidad de ver la proyección internacional del séquito familiar como forma premoderna de la política.

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Bolsonaro en EEUU: el placer de la sumisión

Mientras la Bolsa de Valores de Sao Paulo bate todos sus récords históricos, superando los 100.000 puntos, el presidente Jair Bolsonaro aceleró el paso de la subordinación de Brasil a la Casa Blanca, y al Pentágono en particular, al liberar la base de cohetes de Alcántara para ser utilizada por EEUU, además de otros países.

 

La visita de Bolsonaro y algunos de sus ministros a Washington tuvo perfiles casi grotescos. El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, dijo a los empresarios estadounidenses:
"Tenemos un presidente con cojones para controlar el gasto público". Siguió de largo:"Tenemos un presidente que adora la Coca-Cola y Disneylandia", para finalizar la tirada comparando el gasto público con el 'estatismo soviético'.


Días antes de la visita de Bolsonaro a EEUU, el presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco, se despachó con una frase que muestra lo que están pensando en el Gobierno: "Como liberales, somos contrarios a las empresas estatales. Petrobras privatizada y el BNDES extinto, serían mi sueño".


La comitiva presidencial se deshizo en elogios y expresiones de 'amor' a EEUU, con este tipo de declaraciones que nunca conforman al oyente, precisamente porque muestran la baja estatura del interlocutor. Mantuvo una reunión con Steve Bannon y una polémica e innecesaria visita a la sede de la CIA en Virginia, la primera que realiza un presidente brasileño.
El hijo del mandatario, el diputado Eduardo Bolsonaro, dijo a los medios que la CIA es "una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo" y que la visita pretendía "abordar asuntos de la región". En sus encuentros afirmó que EEUU tiene la capacidad militar y económica para "liberar Venezuela", contradiciendo la posición expresa de las Fuerzas Armadas de Brasil.


Más allá de los dislates dialécticos, el presidente firmó un acuerdo largamente acariciado por el Pentágono, como es la autorización para usar la base de cohetes de Alcántara "con fines pacíficos", con lo cual EEUU obtiene ventajas, al estar situada muy cerca de la línea ecuatorial, lo que permite abaratar costos de lanzamiento.


En la reunión con Trump, Bolsonaro se negó a descartar la opción de una invasión armada a Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, en evidente contraste con la posición adoptada por el vicepresidente, general Hamilton Mourao, que descartó esa posibilidad en la reunión del Grupo de Lima en Bogotá a fines de febrero.


Brasil está a la deriva. La estrecha alianza con EEUU es apenas una muestra del desconcierto que ya empieza a calar entre los propios militares. Las declaraciones de los altos cargos resultan aún más desconcertantes. No solo proponen privatizar Petrobras y el banco de desarrollo (BNDES), sino también el Banco do Brasil. Se asegura que Vale —la segunda minera del mundo— en realidad no es privada porque está bajo control de los fondos de pensiones de empresas estatales, y pretenden 'reprivatizarla'. Llegan incluso a barajar la idea de reducir hasta el 50% el funcionariado estatal, apostando a la digitalización para no sustituir a quienes se jubilan


El diplomático Paulo Roberto de Almeida, dimitido del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales, asegura que el canciller Ernesto Araújo está tutelado, y probablemente lo esté todo el Gobierno, por parte de los militares.


"Se estableció una especie cordón sanitario en torno al canciller y a la propia Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil), porque el canciller subvirtió la jerarquía de mando del ministerio, algo que los militares consideran inaceptable". Concluye afirmando que "para los militares es inaceptable la subordinación a EEUU".


Entiendo que Brasil está en una encrucijada. Los militares tienen los principales resortes del Gobierno en sus manos, pero carecen de una orientación definida sobre el papel que el país debe jugar en el mundo y en la región, y un mínimo proyecto de nación que involucre a toda la población, no solo a las clases altas.


El politólogo José Luis Fiori detalla los principales desafíos que enfrenta Brasil en esta era de profundos cambios geopolíticos: la plena integración y ocupación de la Amazonia; la defensa de los yacimientos marítimos de petróleo en el Atlántico Sur; la expansión económica hacia el Pacifico, ya que China es su principal socio comercial; construir alianzas en su 'entorno estratégico', o sea Suramérica y la costa occidental de África; y finalmente, la proyección internacional del país.


Sin embargo, Brasil va en la dirección opuesta. En lo interno, 53 millones dependen aún del plan Bolsa Familia que traspasa alimentos y subsidios a los más pobres y el 50% de la fuerza de trabajo recibe menos de un salario mínimo. Está entre los diez países más desiguales del mundo y en proceso de desmontar servicios educativos y de salud, entre otros.


La vulnerabilidad interna que provocan las disparidades sociales, regionales y raciales, puede estallar en cualquier momento haciendo trizas la respetabilidad de los uniformados. Aún quienes no comulgamos con la dictadura militar brasileña (1964-1985) ni con el anticomunismo que inspiró su gestión, debemos reconocer que en esas dos décadas Brasil se industrializó, se realizaron obras de infraestructura vitales, millones de pobres dejaron las áreas rurales para integrarse como empleados en las grandes ciudades.


Aquellos militares tenían un proyecto de nación, crearon y defendieron las empresas estatales en las áreas consideradas estratégicas. ¿Hacia dónde va un país que pretende privatizar sus empresas decisivas, poniendo en jaque la soberanía nacional? ¿Estarán los militares dispuestos a aceptar la privatización de Petrobras, o de sus áreas más importantes, perdiendo una herramienta clave para orientar la economía y el país?


En esta era de turbulencias globales, cuando la superpotencia pierde su hegemonía y el centro del mundo se traslada de Occidente hacia el continente asiático, amerita debates serios y profundos sobre el papel que debe jugar cada nación y cada región. No es con bravatas machistas contra el 'marxismo cultural' como podrá ponerse de pie Brasil. Cuando soplan vientos de conflictos mundiales, no hay otro camino que aferrar con fuerza el timón y mantener el norte para llegar a buen puerto.

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Bolsonaro realizó una visita sorpresa a la CIA

El gobernante brasileño fue acompañado por Sergio Moro, quien antes anunció un acuerdo con el FBI. EE.UU. podría dar el estatus a Brasil de aliado extra OTAN.

El presidente Jair Bolsonaro alteró su agenda en Estados Unidos para realizar una visita sorpresa a la CIA un día antes de la reunión de hoy con Donald Trump en la Casa Blanca. Alrededor de las 8 horas de Washington su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, anunció que se modificaba el programa de actividades para priorizar la visita a “una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo”. El mandatario fue en compañía de su ministro de Justicia y Seguridad Pública Sergio Moro, el ex juez de la causa Lava Jato. Previamente Moro anunció un acuerdo para intercambiar informaciones secretas con el FBI.

Bolsonaro y los funcionarios de la CIA al parecer analizaron la situación en Venezuela. La reunión fue “una excelente oportunidad para conversar sobre temas internacionales de la región”, tuiteó el diputado Bolsonaro electo la semana pasada como jefe de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara baja.


El hijo presidencial es el enlace permanente con funcionarios de la Casa Blanca y grupos de interés que van desde el lobby de las armas, los grupos judeo-evangélicos ligados al secretario de Estado Mike Pompeo, hasta el poderoso pool formado por los anticastristas de Florida.


Seguramente Venezuela estará en el temario a ser tratado hoy por Bolsonaro y Trump durante los veinte minutos que tendrán a solas en el Salón Oval.


Al escoger a Washington como uno de sus primeros destinos internacionales Bolsonaro rompió la tradición respetada por los presidentes civiles que lo precedieron que a poco de asumir embarcaron hacia Argentina. Ese ritual diplomático simbolizó el fin de las desinteligencias geopolíticas que campearon durante las dictaduras, tensiones atizadas por la disputa nuclear.
Bolsonaro asumió el primero de enero, tres semanas después embarcó a Davos, Suiza, donde participó en el Foro Económico Global y hoy cumple su promesa de visitar en primer lugar a Trump. Inmediatamente después viajará a Chile y a fin de marzo partirá hacia Israel.


El ex capitán del ejército habló en Washington de su intención de iniciar un nuevo (viejo) tiempo diplomático y político en su país durante la cena celebrada en la noche del domingo en la embajada brasileña.


“Estamos viviendo una revolución, tenemos que desconstruir muchas cosas (..) si puedo servir para ser un punto de inflexión eso me dejaría muy feliz”.
Junto a Bolsonaro estaba el invitado especial de la velada: el ideólogo de ultraderecha Steve Bannon, inspirador de la estrategia electoral sucia de Donald Trump en 2016. Y consejero del equipo de Bolsonaro el año pasado.


“Lo que siempre soñé fue liberar a Brasil de la ideología nefasta de izquierda”, recitó el gobernante casi en los mismos términos de su discurso de toma de posesión cuando aseguró que su país vivió bajo el yugo comunista durante los últimos treinta años.


“Es con mucha alegría y satisfacción que visito Estados Unidos, me estoy sintiendo casi en casa, y con toda certeza ese sentimiento será materializado en nuestro encuentro con el presidente Donald Trump”.


“Siempre tuve mucha admiración hacia el pueblo norteamericano, en muchas cosas siempre me sirvió de ejemplo”.


Bolsonaro parecía cautivado, incluso posteó que Trump tuvo una deferencia especial al alojarlo en la residencia Blair House, algo concedido a “poquísimos mandatarios”. Por cierto allí fueron hospedados los exmandatarios Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff y Fernando Henrique Cardoso, informó el diario Estado de San Pablo.


La mayoría de los observadores estima que hoy los presidentes firmarán acuerdos en materia de Defensa. Ayer, en la Cámara Americana de Comercio el canciller Ernesto Aráujo y el ministro brasileño de Ciencia y Tecnología Marcos Pontes firmaron la autorización para quee satélites norteamericanos puedan ser lanzados desde la base espacial de Alcántara, en el estado de Maranhao, nordeste brasileño.


No se descarta, asimismo, que Estados Unidos conceda a Brasil el status de “aliado estratégico extra OTAN”, similar al obtenido por el gobierno de Carlos Menem a fines de la década del noventa.


La eventual inclusión en la lista de países “extra OTAN”, grupo en el que ya hay 17 miembros, permitirá que Brasilia adquiera armamento y acceda a eventuales informaciones secretas.
Otro de los rumores que ganó fuerza desde la semana pasada es el de las tratativas para que empresas norteamericanas puedan extraer uranio en Brasil, y que se firme un acuerdo para proyectos conjuntos en ese rubro.


Franquicia


Bolsonaro volverá de Estados Unidos consagrado como una de las figuras rutilantes del Movimiento, esa hermandad de extrema derecha inventada por Steve Bannon cuyo correlato en España son los neofranquistas de Vox, en Francia el Frente Nacional y en Italia la separatista Liga.


La singularidad del caso brasileño es que, a diferencia de sus primos europeos Bolsonaro se asume como una franquicia de Trump, sin medias tintas. Dispuesto a aceptar todo tipo de imposiciones.


La ultraderechista Marine Le Pen, del francés Frente Nacional, y el ministro del interior italiano Matteo Salvini, líder de la Liga, se han reunido con Bannon, y adhieren a los planteos del Movimiento, sin que por ello acepten abrir sus economías, renuncien a los eventuales acuerdos económicos con China o de energía con Rusia.


En cambio Bolsonaro, en su afán por establecer relaciones intensas con Trump, realiza concesiones inauditas. Como endurecer su posición frente a China por razones ideológicas que derivarán en una reducción de las exportaciones de soja. Ese achique causará perjuicio al agronegocio brasileño y favorecerá a los farmers estadounidenses.


Ayer, en vísperas de la cumbre de la Casa Blanca, Bolsonaro decretó que los viajeros norteamericanos pueden ingresar sin visa a Brasil sin exigir igual trato a los brasileños que viajan a Estados Unidos.

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" "El capitalismo está poniendo en riesgo la existencia misma del planeta, pues las desigualdades sociales son más lacerantes que nunca. Ante esto la izquierda tiene que recuperar un discurso contundente, radical, que frene este avance de la derecha porque la solución no puede venir de ahí; de hecho, va a empeorar las cosas", afirma Arnaldo Otegi".Foto Luis Castillo

El líder abertzale fue el artífice de la renuncia de ETA a la violencia // Sostiene que el procés catalán es irreversible y no tiene otra solución que su independencia // En el País Vasco la cuestión del referendo pactado será una constante en los próximos años, subraya

 

Como los independentistas catalanes, los abertzales anhelan llegar en un futuro a la creación de una república vasca, y Arnaldo Otegi, coordinador del partido Euskal Herria Bildu (EH Bildu) y artífice de los pactos que culminaron con la renuncia de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) a la lucha armada, la define en términos muy llanos, inspirados por los independentistas irlandeses: "Una república de iguales".

Convencido de que el procés catalán es "irreversible" y que no tiene otra solución más que su independencia o el referendo pactado, considera que en Euskadi en los próximos años la cuestión de la consulta popular va a ser una constante.

Otegi, que pasó 14 años de su vida en la cárcel (tiene 60), cubre una apretada agenda de actividades en Ciudad de México estos días. En entrevista con La Jornada analiza las razones por las que la desaparición de ETA y las armas de la ecuación vasca no llevaron la esperada normalización a la vida política en la región. Habla también de sus orígenes, su familia materna y paterna, su juventud influida por la Iglesia católica y su decisión de militar en el independentismo de izquierda. Y de cómo los abertzales, como él, tienen en su horizonte el saber que algún día pueden caer presos. "La diferencia entre vascos y catalanes es que nosotros ya sabemos de lo que es capaz el Estado".

Fue bajo el liderazgo de Arnaldo Otegi que la principal fuerza política del independentismo vasco tuvo la visión y el empeño de forjar por décadas una estrategia de acuerdos y negociaciones entre el gobierno español y la organización armada ETA. Tras numerosas rupturas, ofensivas y entradas y salidas del dirigente de la cárcel, culminó con el anuncio del grupo de cesar definitivamente su actividad armada (2011) y de disolver todas sus estructuras (2017).

Desde entonces el partido que dirige, EH Bildu –que en décadas pasadas adoptó diversos nombres para sortear las ofensivas judiciales en su contra: Herri Batasuna, Batasuna, Euskal Herritarok, Sortu, Bildu– ha llegado a ser la segunda fuerza electoral, "con entre 20 y 25 por ciento de los votos", después del Partido Nacionalista Vasco (PNV, conservador). “Y esta tendencia va a seguir. En el País Vasco y en Navarra los partidos abertzales (independentistas) van creciendo y los nacionalistas españoles van decreciendo”.

Catalanes y vascos; misma meta, caminos distintos

–En Cataluña los resultados electorales de los partidos independentistas y el retroceso de los nacionalistas españoles fue uno de los factores que empujaron con mucha fuerza el proceso, ¿cierto?

–Si, lo que hizo Cataluña, a la postre, fue poner en crisis al Estado y puso en el contexto internacional sobre la mesa el debate real. Es un debate democrático, un debate en el que catalanes, vascos y otras naciones tenemos una posición de fortaleza, que es que la solución tiene que ser un referendo pactado.

"En el proceso catalán ya no sólo se habla de soberanistas y españoles, sino que habla de construir una realidad política para que la vida de la gente mejore. Y yo creo que este es el camino por el que el independentismo y el nacionalismo vascos también tienen que tener cita. La única posibilidad que tenemos, por relación de fuerzas, de construir una alternativa en el País Vasco, es siendo una república independiente. Seguir atados al gobierno y al Estado español es seguir atados a unas fuerzas que son terriblemente reaccionarias y que no nos llevan al siglo XXI sino al siglo XIX."

–Hay diferencias entre Cataluña y el País Vasco. Una de ellas es la presencia masiva, en las calles, de los independentistas catalanes. Esto no se han visto todavía en el País Vasco; no en esas dimensiones.

–No todavía, pero en el País Vasco se ha dado un fenómeno importantísimo para el independentismo y es que nosotros llevamos 40 años sembrando unos valores que ahora se han vuelto mayoritarios. Por ejemplo, se están dando enormes movilizaciones de jubilados que defienden sus pensiones. Y en el debate de fondo que se trasluce es: si seguimos perteneciendo a España nuestras jubilaciones van a estar en riesgo, si las gestionamos aquí, no.

“Hay una explosión del movimiento feminista vasco, centenares de miles de mujeres ocupando las calles. Están habiendo manifestaciones masivas demandando la libertad de los presos, en favor del derecho a decidir, en favor de la autodeterminación. Todo eso está ahí. En el momento en que todo esto conecte con la idea de la república veremos la masividad del movimiento como ocurrió en Cataluña, en demanda de la república.

–¿Cómo imaginan una república vasca?

–Nosotros la resumimos en una forma muy fácil de entender: una república vasca de iguales. Me gusta esta idea que es de los independentistas irlandeses: una república de iguales.

–¿Qué posibilidades existen de que en el País Vasco se llegue a un referendo?

–Nosotros hemos alcanzado con el PNV un acuerdo en torno a unas bases de un nuevo estatus político. Las grandes construcciones sociales no pueden estar sólo suscritas por los partidos políticos, sino que tienen que estar firmados por la gente. Hace tiempo tenemos una convicción: no podemos ir a Madrid a negociar como partidos, sino como pueblo. Vamos a preguntar a la gente si está de acuerdo. Si la gente en votación dice que está de acuerdo, ya no iremos a Madrid con el texto de unos partidos, sino con el texto de la gente.

"Por eso nosotros pensamos que la cuestión del referendo va a estar presente en la vida política vasca en los próximos años. Con los acuerdos que sean necesarios, con la paciencia que sea necesaria, pero los vascos también vamos a votar qué queremos ser."

"Los vascos sabemos de lo que es capaz el Estado español"

–En el procés catalán se vive la reacción represiva del Estado español, que ha terminado con una docena de los líderes y artífices de la proclamación de la república independiente en la cárcel. ¿No es un foco rojo para el País Vasco?

–La diferencia entre vascos y catalanes es que nosotros ya sabemos de lo que es capaz el Estado. A los compañeros catalanes les decíamos: no tengan ninguna duda de que aunque el proceso sea democrático el Estado va a responder con violencia. Al principio no nos creían. Hoy saben que es así.

–Muchos no quisieran ver a Otegi preso de nuevo…

–Yo tampoco (risas).

–Hablemos de sus años en la cárcel…

–En distintos periodos en total he estado 14 años de mi vida en la cárcel. En el más reciente estuve seis años y medio (entre 2009 y 2016). Ellos tuvieron un objetivo. Sabían que estábamos potenciando un cambio de estrategia en la lucha independentista, que queríamos sacar la lucha armada de la ecuación política vasca, algo que a ellos no les interesaba y lo que hicieron fue sacarnos seis años y medio de circulación.

“Hace algunas semanas el Tribunal Judicial de Estrasburgo determinó que ese fue un juicio injusto. En la experiencia de los vascos, pasar por la cárcel siempre ha estado dentro de nuestro horizonte. El objetivo es quebrar nuestra moral y nuestros principios. Pero nosotros siempre hemos aprovechado la cárcel para estudiar. Para la familia siempre es más duro. Yo les digo a los militantes abertzales: los funcionarios cuando terminan su carrera política muchas veces tienen al final un premio: algún buen puesto en algún consejo de empresa, algo así. A nosotros lo más probable es que nos toque la cárcel. Pero tenemos algo que ellos no tienen: el cariño de la gente.”
Una familia típica y Franco como suma de los miedos

Arnaldo Otegi Mondragon, nacido en Elgoibar, Guipúzcoa, viene de lo que llama "una familia típica en el País Vasco", un padre ligado al nacionalismo vasco, de familia religiosa, más bien conservadora, y una madre de familia republicana, anarquista. "Se conjugan las dos vertientes: por eso soy independentista y de izquierda".

Desde su infancia, el caudillo Francisco Franco representó "la encarnación de todos los miedos de mi familia y de todo mi sector. Fue el que bombardeó Guernica, el que prohibió nuestra lengua, el que prohibió nuestros símbolos nacionales y fue con quien nos hicimos antifascistas, por lo que empezamos a luchar en defensa de nuestro país".

Inició su militancia independentista por la vía de la cultura, del aprendizaje de su lengua. Y también por la histórica conexión entre cierto sector de la Iglesia católica vasca y su formación a la sombra de las juventudes obreras vascas propiciadas por los curas. “Ahí nos formamos en la historia –cosa que agradeceré siempre– estudiando desde los romanos hasta ETA, en las historias del socialismo, Cuba, Vietnam, las ideas del mundo”. Estudió filosofía y derecho.

–Ha escrito mucho sobre la actual crisis del Estado español…

–Es que es imposible entender lo que pasa en el Estado español si no se entiende que vive una crisis estratégica profunda. Son tres los factores que han llevado al Estado a esta situación. El primero, una crisis económica profunda. La última crisis demostró que España no tiene una economía competitiva frente a los mercados internacionales y con los niveles de endeudamiento y de corrupción brutales no tiene solución estratégica. Es un Estado que no puede aguantar una segunda crisis, que ya está en ciernes en todo el planeta.

“Lo segundo es que la ofensiva independentista catalana pone a prueba el régimen constitucional que se instala en el 78, la reforma franquista. El tema catalán hace saltar todas las costuras de una estructura territorial que no reconoce la plurinacionalidad del Estado español ni el derecho a la autodeterminación y que ya no tiene encaje en términos democráticos.

"Y el tercer factor es la desaparición de la lucha armada de ETA, que se había convertido en ese enemigo interno que permitía ocultar todas las grandes deficiencias del gobierno."

–¿Por qué el fin de la lucha armada debe representar un factor de crisis y no lo contrario, la oportunidad de transitar por una vía de normalización?

–Porque el Estado español construyó un gran edificio político y jurídico antiterrorista que se le cae con la desaparición de ETA. Entonces tiene que entrar en el juego del debate político; pero ahí no tiene una propuesta que hacer. Cuando en la mesa lo que está es el debate de las ideas, ellos no tienen otra idea que mantener unido al Estado español por la fuerza. Y esto es lo que le lleva a esta crisis.

–Es notorio el avance de la extrema derecha, en parte como continuidad del franquismo pero con nuevos elementos. ¿Cómo entender el posicionamiento del partido Vox?

"¿Dónde están los franquistas? En Vox"

–Eso que llamaron transición democrática sin ruptura con el franquismo para nosotros son dos cosas: impunidad con los crímenes del franquismo y defensa a ultranza de la unidad de España y la propiedad privada. Hubo una época en que nos preguntábamos ¿dónde están todos esos que apoyaban a Franco? Estaban en el Partido Popular. Pero ahora surge Vox porque en el contexto de la crisis económica y financiera, de la incertidumbre total, hay sectores que buscan certidumbres. A Vox lo apoya gente que siente incertidumbre por la migración, por la crisis económica, porque se rompe la unidad de España. Son sectores que no tienen certidumbre en el trabajo, en el futuro de sus hijos. Si la izquierda no ocupa esos espacios, los va a ocupar la extrema derecha.

–Es un fenómeno que se ve más en el sur de España. ¿Sucede lo mismo en el norte, en el País Vasco?

–No, somos un pueblo con una gran tradición antifascista. La diferencia es que la izquierda vasca y catalana fueron antifascistas. La española, no.

–El movimiento abertzale ha llamado a establecer alianzas con los partidos nacionalistas de todas las regiones y todas las ideologías. Esto incluye al Partido Nacionalista Vasco (PNV). ¿Cómo va esta estrategia?

–Hemos estado haciendo llamados a las grandes alianzas y lo que nosotros hemos llamado "acuerdos de país". Es evidente que las grandes naciones se construyen sobre estos grandes acuerdos. Independientemente de si gana la derecha o la izquierda, deben existir mínimos que no se puedan tocar: un sistema educativo progresista, laico, igualitario; un acuerdo sobre la vertebración del país; acuerdos sobre la política energética. Desgraciadamente hoy hay líderes del PNV que decían que sin ETA el trabajo entre los abertzales (independentistas) y los nacionalistas iba a ser posible, han desplazado su política de alianzas hacia el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Pero nosotros vamos a seguir insistiendo.

–Hace poco menos de un año sale el Partido Popular (PP) del gobierno y llega Pedro Sánchez. ¿De qué manera cambia el clima político del país con el PSOE en la presidencia?

–La izquierda abertzale dio su voto en favor de la moción de censura al PP porque nosotros siempre vamos a dar nuestro voto gratis contra la derecha autoritaria. Es una cuestión de principio. Dicho esto, hay que recordar que nuestra experiencia, ya muy larga, con el PSOE, no es muy gratificante. El PSOE no tiene mucha palabra. Entró a la transición diciendo que España no entraría a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y nos metió; ha hecho reformas económicas contrarias al interés de la gente y respecto al problema vasco siempre ha mostrado una cara de flexibilidad en el exterior pero en el interior siempre ha sido tímido a la hora de las decisiones. Por ejemplo, decía que ya sin ETA los presos políticos ya no tendrían razón de ser y no ha sido así. Nuestra expectativa hacia ellos no es muy halagüeña.

–En el contexto europeo también hay un deslizamiento hacia la derecha. ¿Cómo afecta esto a partidos del signo como EH-Bildu?

–Yo veo a las izquierdas muy despistadas, instaladas en la defensa de valores culturales, de libertades civiles, democráticas, con algunos avances como los que se han consolidado en la lucha por los derechos LGTBI. Pero creo que lo que debe recuperar la izquierda es su discurso sobre el mundo, volver a lo fundamental. Para mí es que el capitalismo está poniendo en riesgo la existencia misma del planeta, que las desigualdades sociales son más lacerantes que nunca. Ante esto la izquierda tiene que recuperar un discurso contundente, radical, que frene este avance de la derecha porque la solución no puede venir de ahí; de hecho, va a empeorar las cosas.

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Razones y sinsentidos del ingreso al Comando Sur

El hecho de que un general del ejército de Brasil se integre al Comando Sur, una dependencia del Pentágono de Estados Unidos, es una decisión con la suficiente trascendencia como para mover a fondo el tablero geopolítico regional. Se trata de la alianza entre las dos fuerzas armadas más poderosas del continente.


“¡Tiemblen, vecinos!”, podría ser la conclusión que saquen países como Venezuela, Cuba y otros del Caribe y Centroamérica ante la tremenda decisión de las fuerzas armadas de Brasil y Estados Unidos. De hecho, es la primera vez en la historia que un general del ejército brasileño se integra al Comando Sur. Pero el hecho más llamativo fue el lugar y la forma en la que se hizo público: una comisión del Senado en Washington, donde compareció el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, el 7 de febrero.


El informe rendido por Faller sostiene que hay tres países sudamericanos con los cuales el Pentágono tiene lazos especiales: Chile, Colombia –el segundo es el primer socio latinoamericano de la Otan, mientras el país trasandino se ha integrado a través del Anillo del Pacífico a “la mayor marina de guerra del mundo”– y Brasil –que fue el primero en firmar un acuerdo para la utilización pacífica del espacio–, con el que se completa el trío de alianzas estratégicas del Pentágono en la región (Valor, 13-II-19). El hecho de que el anuncio se haya concretado en los mismos días en los que la administración Trump lanzaba una potente ofensiva sobre el gobierno de Nicolás Maduro no pudo pasar desapercibido para ningún observador.


El propio Faller dejó traslucir las intenciones de su gobierno cuando afirmó en el Senado que existen seis países definidos como “amenazas” a los intereses estadounidenses: Rusia, China, Irán, y, en paralelo, aseguró que cuentan con “aliados autoritarios” en la región, en referencia a Cuba, Nicaragua y Venezuela.


Siguiendo los pasos de su presidente, Faller criticó los préstamos de China a esos tres países, que en su opinión se proponen el control de los puertos y conseguir presencia en la infraestructura vinculada al canal de Panamá. En cuanto a Rusia, su principal preocupación es el apoyo militar de Moscú a Caracas, en particular con modernos sistemas de misiles antiaéreos, que podrían neutralizar la indudable superioridad de la fuerza aérea de Estados Unidos, la que mantiene un control casi exclusivo de los cielos de la región.


VOCES CONTRARIADAS.


Los principales medios de Brasil, como Folha de São Paulo, destacaron que las primeras críticas surgieron de Itamaraty, la poderosa cancillería con la que el presidente Jair Bolsonaro mantiene tensos lazos desde que nombró a un fundamentalista como Ernesto Araújo a cargo de las relaciones internacionales. Según las fuentes, los funcionarios de carrera “mostraron preocupación con la posibilidad de que un cargo en la jerarquía de las fuerzas armadas de Estados Unidos venga a legitimar una eventual intervención militar en la región” (Valor, 13-II-19).


Fuentes de la cancillería destacaron que la integración de oficiales en el ejército estadounidense es contrario a los documentos aprobados por el Congreso en Brasilia, que promueven las relaciones multilaterales sin privilegiar a una sola nación, en referencia a la Estrategia Nacional de Defensa definida en 2008 bajo el gobierno de Lula.


Celso Amorin, diplomático y buen conocedor del ambiente militar, ya que fue ministro de Defensa con Dilma Rousseff, dijo que el nombramiento de un militar brasileño en el comando de interoperabilidad del Comando Sur servirá para “legitimar una eventual intervención militar de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, y conferirle a una unidad de aquel país un papel similar al de la Otan, sin que ningún tratado haya sido firmado con tal objetivo”.


Apenas una semana después, el almirante Faller se reunió con la plana mayor de las fuerzas armadas, en una visita de dos días al país, en la que debatió con sus pares el candente tema de la “ayuda humanitaria” a Venezuela y sacó tiempo para visitar el astillero donde se debería construir el primer submarino nuclear, que Estados Unidos no ve con buenos ojos.


El ex presidente Fernando Henrique Cardoso terció en la polémica, al criticar de manera frontal al canciller Araújo. Cardoso escribió en su Twitter que “nuevas elecciones libres son el camino para el futuro democrático en Venezuela”, porque “las intervenciones militares no conducen a la democracia” (Valor, 4-III-19).


El canciller lo insultó. Dijo que Cardoso “defiende tradiciones inútiles de retórica vacía”, que él –en cambio– “desprecia abiertamente”. Fue mucho más lejos y cuestionó la tradición de 25 años de política exterior brasileña, por estar basada en el “consenso” que, en su opinión, fue el que permitió “el predominio creciente del bolivarianismo en América del Sur”. Sin ironía y con una frase que mueve a risa, aseguró que en el caso de la crisis con Venezuela “no fue Brasil quien siguió a Estados Unidos, sino al contrario”.

MILITARES MIRANDO A CHINA.


Parece evidente que los militares brasileños se encuentran en una posición muy delicada. Tienen demasiado peso en el gobierno de Bolsonaro como para no preocuparse por los dislates del presidente y del canciller. Recordemos que Bolsonaro le había prometido a Trump una base militar del Pentágono en Brasil, hasta que los uniformados dijeron nones, siempre por boca del vice Hamilton Mourão, el imprescindible apagafuegos en estos dos primeros meses en el cargo.


Un fracaso del gobierno Bolsonaro puede golpear fuertemente el prestigio de las fuerzas armadas, que tienen más de cien cargos en el gobierno, desde ministerios hasta grandes empresas como Petrobras y Eletrobras. Mourão se empeña en tomar distancias de su presidente y de la familia, que todas las semanas twitea algún disparate, o sube a las redes videos obscenos o publica frases que resultan chocantes, incluso para sus más fieles aliados.


El enfrentamiento público con el secretario general de la presidencia, Gustavo Bebianno, que fue dimitido por el presidente, fue quizás el más notorio escándalo, al punto que algunos medios y analistas especulan con la renuncia del presidente y la asunción de Mourão, porque le daría más estabilidad al gobierno.


Pero el tema central es qué va a suceder con la tradición nacionalista de la que siempre se enorgullecieron las fuerzas armadas. Bajo la dictadura militar, nunca hubo un alineamiento automático con Estados Unidos, aunque militaban en el mismo campo ideológico contra el comunismo. Ahora las cosas son mucho más complejas que medio siglo atrás, porque el comercio exterior de Brasil depende de exportar soja y mineral de hierro a China.


Los militares brasileños no parecen sentirse cómodos participando en una acción militar contra un país de la región. Mourão ya dijo que los militares brasileños no van a participar en ninguna acción armada contra Venezuela. Brasil ha auspiciado algunos golpes de Estado en la década del 70, en particular en Bolivia. Otra cosa sería quedar entrampados en una acción militar que no decidieron y que tiene a China entre sus objetivos estratégicos.

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Exxon y Chevron al rescate del fracking en EU

Los medios cercanos a la industria petrolera no podían quedarse callados cuando dos de las magnas trasnacionales de Estados Unidos (EU) Exxon y Chevron "apuestan a largo plazo al auge del gas/petróleo lutita en la cuenca del Pérmico" –en la parte occidental de Texas y el sureste de Nuevo México: "confían en superar los desafíos técnicos y financieros (sic)", según Financial Times (07/03/19), cercano a los banqueros Rothschild con fuertes intereses en British Petroleum (BP) (https://bit.ly/2Cf1ArF).

Exxon es la joya trasnacional de EU (https://amzn.to/2gqobZy). Su anterior director ejecutivo Rex Tillerson fue secretario de Estado con Trump, mientras que en Chevron, Condoleezza Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Baby Bush, pertenece a su consejo directivo.

A juicio de Ed Crooks, Exxon y Chevron “han incrementado sus expectativas de producción en la Cuenca Pérmica para la primera mitad de la década de 2020 (FT; 05/03/19)”: el primero pasaría casi al doble de 600 mil barriles al día a un millón en 2024, mientras el segundo pasaría de 650 mil barriles al día a 900 mil en 2023. Ed Crooks apuesta a que los "anuncios de Exxon y Chevron fueron una señal de que el auge continuará".

Una ventaja de Chevron radica en que es propietaria de la mayor parte de los terrenos en el Pérmico,por lo que evita pagar derechos de extracción. ¿No habrá contado Chevron con información privilegiada debido a sus contactos directos con el nepotismo dinástico de los Bush que nunca cesó de ser petrolero?

Exxon y Chevron se disponen a pasar al liderazgo en el Pérmico después de haber tenido un papel mínimo cuando en forma darwiniana devoraran a las medianas empresas de exploración y producción que se encuentran al borde de la insolvencia.

El virtual rescate de los gigantes petroleros de EU llega en un momento crucial para el futuro del gas/petróleo lutita extraído por el polémico fracking (fracturación hidráulica) que exhibe sus limitaciones técnicas y financieras cuando las empresas petroleras son subsidiadas por la Reserva Federal y los megabancos de Wall Street (https://bit.ly/2F0ZCgu).

Las dificultades del fracking se ensombrecen con el desprendimiento de los billonarios "fondos soberanos de riqueza" de Noruega que anunció la venta de sus activos debido a potenciales riesgos financieros: "reducir la vulnerabilidad a un declive permanente (sic) del precio del petróleo" (https://bit.ly/2NVVtx5)”. ¡Declive "permanente"!

Los "fondos soberanos de riqueza" de Noruega comportan 40 mil millones de dólares de acciones en las tres trasnacionales petroleras anglosajonas Exxon, Chevron y British Petroleum.

Mientras “Wall Street ha perdido su fe (sic) en el gas/petróleo lutita (https://bit.ly/2TLBXJi)”, Bob Dudley, mandamás de BP, contaminadora del Golfo de México, juzgó que el gas/petróleo lutita de EU es "un mercado sin cerebro" y "al contrario de Arabia Saudita y Rusia, que ajustan su producción en respuesta a la abundancia o escasez en el abastecimiento del petróleo, el mercado de lutita de EU responde puramente a sus precios".

Martin Sandbu del FT (08/03/19) juzga que los fondos soberanos de riqueza "permanecerán invertidos en las grandes empresas de energía" y que Noruega "se asegura del precio del petróleo". Juzga que la "desinversión será de limitado significado cuantitativo" ya que "alrededor de 6 por ciento de su portafolio está en empresas energéticas" y que "solamente una fracción será vendida" cuando la desinversión se aplicaría a las empresas de exploración y producción y se mantendrá en British Petroleum y Exxon.

Martin Sandbu arguye que el "precio futuro del petróleo enfrenta un significativo riesgo a la baja" cuando la "revolución lutita y la generación de energía renovable se han desarrollado mucho más rápido".

Por cierto, BlackRock, máximo banco de gestión de activos del mundo, en 2013 era el principal accionista tanto de Exxon (22 por ciento) como de Chevron (15 por ciento), por lo que se descuenta que las dos gigantes trasnacionales petroleras de EU no sufrirán las dificultades financieras de los liliputienses al borde de la quiebra en el Pérmico (https://econ.st/2CdG7zs).

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