Martes, 13 Noviembre 2018 07:59

La ciencia y su existencia

La ciencia y su existencia

La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina organizó un encuentro en el que se debatirá a quién sirve, si al capital y las empresas, o a la sociedad. La Uccsnal exigió la prohibición del glifosato.

Ciencia para transgénicos o para campesinos. Investigaciones para explotar litio o trabajar junto a comunidades kollas. Académicos para extraer petróleo o para un modelo no contaminante. ¿Ciencia para quién y para qué? Son algunos de los planteos y preguntas que se debatirán hoy y mañana en el “Encuentro por la Ciencia Digna”, en Rosario, donde confluirán académicos que rechazan el modelo científico vinculado a las empresas. En septiembre pasado, el mismo grupo de investigadores exigió la prohibición total del herbicida glifosato.


La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (Uccsnal) se conformó en junio de 2015, en homenaje a Andrés Carrasco (científico que en 2009 confirmó los efectos letales del glifosato) y retoma el legado de otros académicos, como Oscar Varsavsky.


La Uccsnal se propone como espacio de encuentro, reflexión e intervención para fortalecer una ciencia al servicio de los pueblos. En ese marco, hoy y mañana martes, durante todo el día, será el “Encuentro por la Ciencia Digna”, en el edificio Anexo de la Universidad Nacional de Rosario (Corrientes 2001).


“Vivimos un tiempo en el que los ahogos presupuestarios y las políticas oficiales empujan a los vínculos con las corporaciones para poder trabajar en investigación. Hay quienes no aceptamos ese rol de empleados del poder de turno y definimos, contra viento y marea, construir conocimiento científico para los pueblos, entendiendo que la salud de los seres humanos depende de la salud de la madre tierra”, explicó Damián Verzeñassi, del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario, coorganizador del encuentro junto a la Red de Salud y Ambiente de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames) y la Fundación Rosa Luxemburgo.


Participarán decenas de científicos de Argentina, Brasil, Paraguay y Argentina. Alicia Massarini, investigadora del Conicet y de la Maestría en Política y Gestión de la Ciencia de la UBA, explicó que el encuentro busca reunir a académicos que trabajan en una ciencia alternativa y también dar cuenta de los impactos de la ciencia hegemónica, impulsada por empresas y gobiernos. “Interpelamos la idea dominante que presenta a la ciencia como una actividad neutral, objetiva, estrictamente racional, como un espacio para verdades comprobadas, posicionada erróneamente en un lugar de autoridad. Esa tecnociencia no mide los impactos y daños de sus intervenciones y tiene la impunidad de presentarse como motor de progreso, de modernidad, de bienestar. Cuando en realidad sólo está al servicio del mercado”, afirmó Massarini.
En septiembre pasado, la Unión de Científicos emitió un documento donde exigió la prohibición total del glifosato. “En países como Argentina, Brasil y Paraguay tenemos registros de tasas elevadísimas de cáncer, linfomas, leucemias, enfermedades autoinmunes, malformaciones genéticas y otras enfermedades en habitantes de comunidades rodeadas por campos de soja transgénica, donde se realizan aplicaciones intensivas de glifosato”, recordaron los académicos.


“Por si no fuera suficiente, hay evidencia científica de que el glifosato persiste en los suelos agrícolas, alcanza los cuerpos de agua, también se dispersa a través de la lluvia, y sus residuos permanecen en los cultivos, llegando así a los alimentos que consumen personas aún a grandes distancias de los campos de cultivo”, afirmaron desde la Unión de Científicos.


La Unión de Ciencia cuestiona el ideario de que la ciencia pareciera tener la verdad y es la que salda las controversias. Aclaran que el conocimiento científico es un saber más, ni mejor ni peor que otros conocimientos (campesinos, indígenas, sociales). Hablan de una “ecología de saberes”, donde confluyen y se complementan de forma horizontal distintos conocimientos.


Leonardo Melgarejo, de Brasil, cuestiona también que los medios de comunicación reproducen sin problematizar a la ciencia empresaria y que, incluso, no respeta los derechos humanos al justificar que se usen agrotóxicos con consecuencias en la salud de la población. “Necesitamos una ciencia, de medios de comunicación y de poderes ejecutivos, legislativos y judiciales pautados por la ética y atentos a lo que está ocurriendo en la llamada ‘ciencia instrumental’, la ciencia hegemónica está mayoritariamente al servicio del capital financiero y actúa en el sentido opuesto de los intereses de la población”, cuestionó el científico brasileño.


Massarini destacó que América Latina experimenta una nueva “etapa de saqueo” en la cual la ciencia juega un papel central en la investigación y justificación de actividades “que afectan la salud de madre tierra y nuestra salud, que son lo mismo”. Cuestionó el rol de científicos al servicio de la minería a cielo abierto, el fracking, la pesca intensiva, el monocultivo forestal, transgénicos y agrotóxicos, entre otros. “Son modelos que hacen estragos en nuestros pueblos”, cuestionó.


Desde 2011, cada dos años el Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Rosario organiza una semana de jornadas referidas a ciencia, universidad, extractivismo y movimientos sociales. Este encuentro (de lunes y martes) es la antesala del nuevo congreso, en junio de 2019, donde se reforzará en vínculo entre la academia y las organizaciones sociales, en defensa del territorio.

"La inteligencia artificial puede repetir los sesgos, o incluso amplificarlos"

¿Qué podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático? ¿Queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros? Según el tecnólogo y filósofo David Weinberger, "dejaremos que la inteligencia artificial 'decida' por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas".


La necesidad de abordar la tecnología y su impacto en nuestras vidas necesita ser abordada desde todos los puntos de vista que ppodamos imaginar. David Weinberger, tecnólogo y doctor en Filosofía por la Universidad de Toronto (Canadá), reflexiona sobre lo que podemos esperar de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.


De visita en el MediaLab de Madrid (en el marco de la Semana de la Ciencia y la Innovación), Weinberger —coautor del célebre Manifiesto Cluetrain, de 1999, sobre cómo funcionaría la conversación en internet— ahora investiga en el Berkman Klein Center for Internet & Society de la Facultad de Derecho de Harvard.


A continuación será ponente en el Foro de la Cultura de Burgos (del 9 al 11 de noviembre), en donde tratará de abordar la cuestión de si seremos capaces de controlar la inteligencia artificial. Weinberger responde para los lectores de Público a una serie de cuestiones acerca de la creciente automatización de nuestro entorno.


¿Realmente queremos que las máquinas tomen decisiones por nosotros?


La inteligencia artificial es capaz de hacer evaluaciones probabilísticas de cómo clasificar las cosas, por tanto puede hacer predicciones probabilísticas. Dependerá de la situación concreta si queremos que realice esas evaluaciones sin intervención humana.


Solemos usar simples ordenadores de esta forma todo el rato. Hay un millón de ejemplos, como convertir la escritura a mano en letras. Ahora, la inteligencia artificial en forma de aprendizaje automático está haciendo lo mismo. La diferencia es que hasta ahora los humanos tenían que decirles a las máquinas qué buscar para identificar la escritura a mano: si ve una línea vertical con un punto encima, esa es una "i", etc.


Con el llamado "machine learning" no necesitas introducir en el ordenador ese tipo de reglas, sino que se alimenta de miles de ejemplos de escritura a mano y descubre los patrones que se corresponden, estadística y probabilísticamente, a las letras. Resulta que, en muchos casos, el aprendizaje automático funciona mejor que la forma antigua de programar estas reglas. No hay ningún problema ético en particular con esto, ¿verdad? Tampoco veo que exista ninguna decisión en sentido literal.


Del mismo modo, si un sistema de aprendizaje automático le dice a su médico que usted tiene un 63% de probabilidades de desarrollar diabetes, la máquina no está tomando una decisión: nos está alertando de una probabilidad estadística. Usted —más bien, su médico— decidirá qué quiere hacer al respecto, tal como lo haría si hubiera notado un aumento en el nivel de azúcar en la sangre, que podría indicar una susceptibilidad a padecer diabetes.


Existe, por supuesto, una amplia gama de casos. Para el análisis de escritura a mano, las preguntas son relativamente fáciles.También para la inteligencia artificial que traza las rutas para que un automóvil llegue a un destino. Pero también es posible la inteligencia artificial para actuar sin intervención humana. Los ordenadores —ojo, no la inteligencia artificial, que yo sepa— aterrizan aviones con bastante frecuencia; los pilotos a veces no intervienen porque las máquinas suelen ser mejores que los humanos para esa tarea. Ése es un caso en el que habitualmente permitimos que una computadora "decida" un asunto. Digo "decidir" entre comillas porque las computadoras no son conscientes y, por lo tanto, no pueden decidir nada.
Del mismo modo, permitiremos que la inteligencia artificial conduzca nuestros coches si la inteligencia artificial lo hace mejor que los humanos; por ejemplo, los vehículos sin conductor pueden actuar sobre de datos recogidos en un rango de 360 grados y su tiempo de reacción es mucho mejor que el de los humanos. Así pues, permitiremos que existan los coches sin conductor si en las pruebas y en un despliegue cuidadosamente monitoreado resultan ser más seguros que los vehículos con conductor humano.


¿Queremos, por ejemplo, que la inteligencia artificial determine las sentencias judiciales?


Bueno, podemos decidir no hacerlo porque creamos que disminuirá la confianza en el sistema judicial. Por otro lado, los jueces humanos son propensos a sesgos —al fin y al cabo, como todos— y, por tanto, podría ser que la inteligencia artificial sea más justa en ciertas sentencias. Personalmente, creo que vamos a tener problemas para aceptar un sistema de inteligencia artificial en el ámbito de la jusricia; su uso en el sistema judicial de los Estados Unidos es problemático, por decirlo de alguna manera.


Mi punto de vista es que dejaremos que la inteligencia artificial tome "decisiones" por nosotros cuando los resultados sean mejores que los surgidos de las decisiones humanas, y somos los humanos los que podremos decidir qué consideramos como "mejores decisiones". Esto no es nada inusual en la historia de la computación. Variará según el entorno y la aplicación, y dependerá de muchos factores.


Puedo ver que las compañías y los expertos nos "venden" algoritmos como algo "blanco", inofensivo, pero en general el mundo del software es oscuro, no transparente. ¿Qué piensa sobre esto? ¿Cómo puede alguien decidir si algún sistema de inteligencia artificial es preciso o no antes de los resultados de su comportamiento?


Existe una controversia entre los científicos informáticos sobre si la inteligencia artificial tiene que ser opaca, y hay mucha investigación sobre cómo hacerla más transparente. Pero, por el momento, supongo (y no soy científico informático) que al menos algunos sistemas van a generar resultados a través de procesos que son simplemente demasiado complejos para que la mente humana los comprenda. Puede haber aplicaciones en las que queramos insistir en que sean transparentes, incluso si eso significa que sus resultados sean menos precisos.


Imaginemos, por un momento, que los coches sin conductor son controlados por la "caja negra" de inteligencia artificial, es decir, por unos modelos que los humanos no pueden entender. Pensemos, además, a raíz de ello las muertes en el tráfico disminuyen en un 90% (una estimación común que podría estar muy equivocada). Ahora, imaginemos que hacer que la inteligencia artificial sea "comprensible" se traduce en una reducción de las muertes sólo en un 50%. Eso significaría que miles de vidas que se hubieran salvado se pierden. ¿Querríamos, como sociedad, hacer ese intercambio entre transparencia y salvar vidas? Creo que no lo haría, pero esta es una pregunta que tendremos que responder.
Sin embargo, insistir en la transparencia de los algoritmos no es la única forma de controlar la inteligencia artificial. Por ejemplo, en algunos casos, podríamos controlarla insistiendo en la transparencia sobre los datos que se utilizan para entrenar el sistema; podríamos exigir, por ejemplo, que esos datos no estén sesgados, que representen el rango de personas afectadas, que los marginados y vulnerables no hayan sido excluidos, etc.


O bien, podríamos insistir en que los resultados sean transparentes. En el caso de la "caja negra" de inteligencia artificial para coches sin conductor, esto significaría transparencia sobre los resultados que deseamos: menos muertes, más ahorro ecológico, tiempos de transporte más cortos, viajes más cómodos, etc. También se puede exigir transparencia sobre cómo cumple su función la máquina: si los vehículos no cumplen con sus objetivos declarados públicamente, podríamos requerir que los fabricantes los ajusten para que lo hagan. Este tipo de control no requeriría la transparencia de los algoritmos.


La transparencia no es en sí misma un bien. Por eso tenemos cortinas para nuestras ventanas, o un derecho al olvido en Europa. La transparencia es una herramienta que es útil en algunas circunstancias. En mi opinión, deberíamos acordar como sociedad lo que queremos o esperamos de determinados sistemas de inteligencia artificial, y luego encontrar los mejores mecanismos para garantizar que se obtienen los resultados deseados. A veces, la transparencia de los algoritmos será el enfoque correcto, pero no siempre. Entonces, relacionado con esto, ¿por qué deberíamos confiar en inteligencia artificial?


Deberíamos confiar en una aplicación de inteligencia artificial cuando tengamos pruebas convincentes de que funciona. Dependiendo de la aplicación, esto podría requerir pruebas y más pruebas, algunas exhaustivas y en algunos casos, no tanto.


En su opinión, ¿puede la inteligencia artificial amplificar nuestros defectos?


Sin lugar a dudas. La inteligencia artificial aprende de los datos que le damos. Es decir, analiza esos datos ampliamente, y encuentra correlaciones complejas y patrones estadísticos y probabilísticos. Los datos reflejan prácticas y creencias humanas. Por lo tanto, la inteligencia artificial puede repetir los sesgos que existen en los datos, o incluso amplificarlos.
Por ejemplo, si las mujeres están subrepresentadas en la alta gerencia empresarial, los datos reflejarán eso, y la inteligencia artificial puede aprender de esa información que existe una correlación negativa entre ser mujer y ser una alta directiva. La consecuencia, por ejemplo, es que quizá el sistema termine por no recomendar a las mujeres para tales trabajos. El problema, por supuesto, puede ser mucho más sutil que eso. Ésta es una cuestión bien conocida y seria.


En su opinión, ¿existen los algoritmos 'sesgados'? ¿Cómo podemos detectarlos?


Sí, como ya he explicado. Hay una gran cantidad de investigación sobre cómo detectar sesgos en la inteligencia artificial y sobre cómo eliminarlos o, al menos, minimizarlos. No soy un científico informático, pero estimo que una forma de detectar sesgos es observar los resultados. Si un sistema de inteligencia artificial para clasificar las solicitudes de empleo rara vez recomienda a mujeres solicitantes, es evidente que existen razones para pensar que está sesgado. Pero insisto, el asunto puede ser mucho más sutil que eso.


Una forma de detectar el sesgo es examinar directamente el modelo que inteligencia artificial utiliza para tomar "decisiones". Eso requiere entender el modelo, y algunos pueden ser demasiado complejos para los humanos. Otra forma, que sugieren algunos investigadores de las universidades de Harvard y Oxford, es enviar la misma información al sistema, pero con ligeras variaciones en los datos: si cambiar un punto en esos datos altera el resultado de alguna manera significativa, es una señal de que ese punto de datos es importante. Si ese punto de datos es, por ejemplo, el género o la raza de la persona, eso es una prueba de que el sistema está sesgado. Claro que esto que explico es una gran simplificación ya que, como dije antes, no soy un científico informático.


Finalmente, ¿hasta qué punto puede ser peligroso (o no) un sistema de inteligencia artificial diseñado para realizar predicciones?


La inteligencia artificial puede hacer falsas predicciones. De hecho, todas sus predicciones conllevan un nivel de confianza, de la misma forma que los meteorólogos afirman que hay un 60% de probabilidad de lluvia. Los errores pueden ser peligrosos si las falsas predicciones son peligrosas: decir que mañana estará despejado cuando en realidad llueva por la tarde no es peligroso generalmente pero, por otro lado, un mal diagnóstico médico puede ser fatal. Al igual que con cualquier otra cosa, dependeremos de la inteligencia artificial en tanto en cuanto constatemos su precisión en casos anteriores y midamos la gravedad de las consecuencias de estar equivocado.


En cambio, uno podría preguntar si usar la inteligencia artificial para alguna tarea en particular es más peligroso que confiar en los métodos anteriores. Si la inteligencia artificial está haciendo predicciones más precisas que las realizadas hasta la fecha, entonces, aun existiendo un riesgo, las consecuencias serán menos peligrosas que las arrojadas por el método que reemplaza. En tal caso, podemos preferir la inteligencia artificial.

Por Pablo Romero
@pabloromero

El filósofo Will Kymlicka con Sue Donaldson, coautora del libro 'Zoópolis, una revolución animalista'

 


Kymlicka ha ofrecido en el CCCB de Barcelona la charla Derechos de los animales. El fin de la supremacía humana, sobre la teoría que ha desarrollado con Sue Donaldson en su célebre libro Zoópolis, una revolución animalista, publicado recientemente en España por la editorial errata naturae: no basta con reconocer el estatus moral de los animales si no encontramos la manera de otorgarles un estatus político


Publicamos una entrevista con el filósofo, precedida de una reseña de Zoópolis

 

Zoópolis es probablemente una de las más deseables apuestas de traducción a la lengua castellana sobre temática animalista. El libro constituye el primer intento sistemático de transferir el debate sobre la consideración moral de los demás animales a un marco estrictamente político. Esto no implica, al contrario de lo que pueda parecer, una ruptura con la teoría de los derechos animales tal y como se ha hecho hasta el momento. Kymlicka y Donaldson aceptan la premisa básica del planteamiento de los derechos de los animales como una extensión natural del concepto de igualdad moral entre individuos. Los animales no humanos, en función de su condición sintiente, deben ser reconocidos como titulares de ciertos derechos inviolables.


Sin embargo, les autores consideran que este planteamiento ha sido, en gran parte, ineficaz, permaneciendo a día de hoy injustificadamente marginal en el ámbito político. Esta es la razón por la que necesitamos “una teoría ampliada sobre los derechos de los animales” que, reconociendo, como hasta ahora, los derechos básicos universales de todos los animales sintientes -en particular, “a no ser poseído, asesinado, confinado, torturado o separado de la propia familia”-, añada a la ecuación la existencia de deberes positivos hacia los individuos de las demás especies. En particular, deberes de cuidados, alojamiento o reciprocidad acorde a las relaciones generadas entre humanos y no humanos. La propuesta política de Zoópolis es, así, mediante la teoría de la ciudadanía, diseñar un mapa antiespecista que, en función de coordenadas geográficas e históricas, acomode derechos y responsabilidades diferenciados hacia los no humanos, desde los que se encuentran bajo cuidado humano hasta los que viven distantes e independientes en el medio salvaje. En la práctica, ampliar los derechos animales vía la teoría de la ciudadanía conlleva el reconocimiento de ciudadania para los animales domesticados, cuasi-ciudadania para los animales liminales y soberanía para los animales salvajes.


Zoópolis constituye una oportunidad excelente para repensar viejas cuestiones sobre las relaciones entre humanos y no humanos, pero sobre todo llena un vacío moral importante en lo que toca a nuestras obligaciones hacia un número abrumador de animales que han sido hasta la fecha prácticamente ignorados por la teoría tradicional de los derechos animales. Estos son, quizás de forma sorprendente para muches, animales libres de explotación humana, aunque no libres del sufrimiento que implica la vida en los límites de las comunidades humanas o en la precariedad de la naturaleza. Y aunque Zoópolis sea un libro que en ocasiones peque de optimista, sobre todo en lo que toca al nivel de bienestar global de las poblaciones de animales que viven en la naturaleza (según determinadas posiciones, más bien caracterizados como “estados fallidos”), es encomiable el esfuerzo intelectual y el compromiso ético que exige escribir un libro así. Un libro que no solo pone al descubierto el prejuicio especista de prácticamente toda la filosofía política contemporánea, sino también de prácticamente toda la teoría de los derechos animales.


Son razones más que fuertes para leerlo de inmediato, y nos impulsaron a entrevistar para El caballo de Nietzsche a uno de sus dos autores, Will Kymlicka, quien el pasado 5 de noviembre ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).


Zoópolis. Una revolución animalista, libro que usted co-escribió con Sue Donaldson, ha sido traducido recientemente al castellano. Se podría decir que el libro explora, como ningún otro hasta la fecha, la idea de que necesitamos pasar de la teoría moral a una teoría realmente política de los derechos de los animales. ¿Por qué cree que este cambio de perspectiva es necesario?


La idea de que los animales tienen un estatus moral es ahora un debate cada vez más extendido y está cada vez más aceptada, pero esto aún no ha tenido ningún impacto en la forma en la que pensamos y hablamos sobre conceptos políticos, como democracia o soberanía. Los animales todavía son invisibles en las teorías contemporáneas de la democracia y de la autodeterminación, como si fuera inconcebible que los animales pudieran tener un interés legítimo en ser representados en los procesos democráticos o en ejercer sus propias formas de soberanía. Reconocer el estatus moral de los animales tendrá poco impacto en sus vidas si no encontramos una manera de otorgarles un estatus político.


Necesitamos vincular los derechos de los animales con debates más amplios sobre el significado de la democracia, de la representación y de la autoridad legítima. Creemos que esta perspectiva más política no solo sería más eficaz a la hora de garantizar la justicia para los animales, sino que también ayudaría a aclarar lo que de hecho exige la justicia. Las teorías morales de los derechos animales han tendido a centrarse exclusivamente en lo que les debemos a los animales en virtud de su estatus moral intrínseco, pero diferentes categorías de animales tienen diferentes relaciones con las comunidades políticas humanas, y estas relaciones son importantes. Del mismo modo que tenemos diferentes obligaciones hacia ciudadanos y extranjeros, aunque todos los humanos tengamos el mismo estatus moral intrínseco, también tenemos diferentes obligaciones con los animales domesticados y con los animales salvajes, aunque tengan el mismo estatus moral intrínseco. Un enfoque político puede dar cuenta de estas obligaciones diferenciadas.

Zoópolis examina por primera vez de forma sistemática uno de los temas más descuidados en la teoría de los derechos de los animales: nuestras obligaciones positivas hacia los animales salvajes. ¿Por qué cree que es importante introducir los animales salvajes en el enfoque antiespecista?

La teoría de los derechos de los animales ha dicho tradicionalmente que nuestra obligación con los animales salvajes es simplemente "dejarlos estar", es decir, respetar sus derechos negativos a no ser capturados o asesinados. Pero para que los animales salvajes puedan desenvolverse [ flourish], necesitan derechos positivos; por ejemplo, derechos territoriales y derechos de movilidad. Necesitamos reconocer que parte del territorio les pertenece a ellos, no a nosotros, y que tienen el derecho de pasar por áreas de asentamientos humanos. Esto, a su vez, nos obliga a pensar en nuestras relaciones con los animales salvajes en términos más políticos: ¿qué se considera una división justa del territorio, cómo se deben trazar los límites y qué se considera una distribución justa de los riesgos (dado que les imponemos riesgos y viceversa)?


Este es el tipo de preguntas que surgen en el derecho internacional en el caso humano y sugerimos que nuestras relaciones con los animales salvajes pueden considerarse relaciones con "otras naciones" u "otros pueblos". Un principio fundamental del derecho internacional es el respeto por la autonomía de otras naciones/pueblos, por lo que, en general, no debemos interferir con las formas de vida de los animales salvajes, pero también puede haber casos en los que pueda estar justificada algún tipo de "intervención humanitaria” para reducir su sufrimiento, si esto puede hacerse sin violar sus derechos al territorio y a la autonomía. Para abordar estos problemas difíciles sobre territorio, riesgo e intervención, necesitamos ir más allá de las consignas sobre "dejarlos estar”.

A pesar de la amplia acogida que el libro ha tenido en el mundo académico, me parece que no ha recibido la atención que merece en el activismo común en defensa de los animales. ¿Cree que esto es así y que les defensores de los animales podrían beneficiarse de su lectura?

Muchas personas que defienden a los animales se centran en campañas urgentes para prohibir ciertas prácticas opresivas en zoológicos, laboratorios médicos o granjas. Nuestro libro no ofrece muchos argumentos nuevos sobre por qué estas prácticas son injustas: las teorías tradicionales sobre los derechos de los animales ya han hecho un buen trabajo al explicar por qué el cautiverio, la experimentación y la ganadería son injustos. En cambio, nuestro libro se centra en una pregunta a largo plazo: si rechazamos la idea de que los animales existen para servirnos, ¿cómo debemos relacionarnos con ellos? ¿Qué tipo de relaciones deberían sustituir a los zoológicos, los laboratorios y las granjas? Algunos activistas creen que especular sobre estas relaciones futuras es un lujo que no pueden permitirse dada la urgencia de sus campañas inmediatas. Entendemos perfectamente esa reacción.


Pero según nuestra experiencia, hay activistas que están interesados en esta pregunta a largo plazo y que piensan que puede ayudar a la defensa de los animales. Por ejemplo, algunos teóricos de los derechos de los animales han defendido que, dado que la domesticación implica la cría de animales para fines humanos, los animales domesticados son inherentemente degradados, serviles y antinaturales. Esto tiene el efecto perverso de reforzar los prejuicios populares contra los animales domesticados, y hace imposible pensar en ellos como seres capaces de llevar una vida buena. Para contrarrestar estos prejuicios contra los animales, debemos imaginar un mundo en el que los animales domesticados sean agentes y coautores de sus relaciones con nosotros. Muchos defensores de los animales sienten la necesidad de encontrar formas de hablar sobre los animales que van más allá de presentarlos como víctimas que sufren, al igual que varios movimientos de justicia social en el caso humano han necesitado ir más allá de marcos de victimización en el sufrimiento.

Uno de los desafíos más fuertes a los que se enfrenta el antiespecismo proviene de lo que algunas personas consideran tensiones insuperables entre los intereses no humanos y los derechos de ciertas “minorías". ¿Cómo responde a esta preocupación en el contexto de su trabajo más general en filosofía política?


La percepción de que las “minorías” (no occidentales) maltratan a los animales tiene una historia específica de la que debemos ser conscientes. En los siglos XIX y XX, los europeos utilizaron el tratamiento de los animales como una señal de "civilización". Los colonizadores europeos consideraban las prácticas animales no europeas como "atrasadas" o incluso "bárbaras", mientras que presentaban sus propias prácticas como "civilizadas". Por lo tanto, la caza indígena era "bárbara", mientras que la caza británica del zorro o la caza de trofeos era "civilizada". Esto era completamente hipócrita: las prácticas europeas implicaban con frecuencia imponer un sufrimiento mucho mayor a los animales por beneficios humanos más triviales, y ha dejado una percepción en gran parte del mundo de que la preocupación por los animales es una cortina de humo que los grupos dominantes utilizan para justificar la marginación y estigmatización de los pueblos y las culturas no occidentales.


Desafortunadamente, esto no es sólo un fenómeno histórico. Incluso hoy vemos ejemplos de grupos de derechas que luchan contra el sacrificio ritual, no porque se preocupen por los animales sino porque quieren hacer perjudicar la vida de los musulmanes. El movimiento de defensa de los animales debe tener mucho cuidado con esto. Ningún grupo étnico o religioso debe estar inmune a la crítica por la forma en la que tratan a los animales, pero la crítica nunca debe formularse de una manera que se base en o reproduzca los estereotipos colonialistas de culturas civilizadas frente a culturas bárbaras. Y la mejor manera de asegurar esto es enfocar nuestras energías en las prácticas del grupo dominante. En todas las democracias occidentales, la gran mayoría de los daños injustos que se causa a los animales son cometidos por la mayoría, dentro de las instituciones convencionales, como granjas, laboratorios y zoológicos. En otras palabras, la verdadera tensión insuperable a la que nos enfrentamos es entre los intereses no humanos y las prácticas de la mayoría.

El pasado día 5 usted ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) titulada Derechos de los animales. El fin de la supremacía humana. ¿Puede exponer brevemente sus argumentos?


Para muchas personas, la idea de "derechos humanos" está ligada a afirmaciones de supremacismo humano: se nos deben estos derechos básicos precisamente porque los seres humanos son superiores a los animales. De hecho, eso se afirmó de manera bastante explícita cuando la ONU adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Pero existe una tradición alternativa que defiende los derechos humanos sin ningún compromiso con la supremacía humana. Desde esta visión alternativa, debemos tener derechos humanos porque somos sujetos encarnados vulnerables, y en la medida en que los animales también son sujetos encarnados vulnerables también pueden merecer tales derechos básicos. En mi charla, trato de trazar la batalla entre estas dos formas enfrentadas de entender los derechos humanos, desde 1948 hasta hoy. También sostengo que la visión alternativa es mejor, no solo para los animales, sino también para los seres humanos. Existen cada vez más evidencias de que vincular los derechos humanos con las ideologías del supremacismo humano en realidad empeora, en lugar de mitigar, los prejuicios hacia los grupos humanos marginados.


¿En qué está usted trabajando en este momento y cuáles considera que son los temas más importantes en los que enfocarse quienes quieran seguir una carrera académica en la teoría de los derechos de los animales? De igual modo, ¿cuáles cree que son las áreas más apremiantes en las que enfocar el activismo en defensa de los animales?


¡Hay tantos temas en los que debemos trabajar! Por ejemplo, a medida que los humanos se apoderan más y más del planeta, hay cada vez menos espacios donde los animales salvajes pueden evitar el contacto humano, y así cada vez más animales se están convirtiendo en animales "liminales" que viven entre nosotros, en lugar de animales "verdaderamente salvajes” viviendo en la naturaleza apartados de los seres humanos. Esta amplia y creciente categoría de animales no domesticados que sin embargo viven entre nosotros plantea muchas preguntas que no están siendo bien abordadas por las teorías tradicionales, que generalmente operan en función de una dicotomía simplista entre animales “salvajes” y animales “domesticados”. Estos animales liminales a menudo se ven como "plagas" que no tienen lugar entre nosotros, por lo que son sometidos a exterminio. Necesitamos, por el contrario, desarrollar nuevos modelos de convivencia. Así que ese es un vasto terreno que necesita de exploración intelectual real, así como de estrategias prácticas de activismo.
Sin embargo, como la mayoría de los activistas por los animales, Sue y yo diríamos que un tema central para el movimiento sigue siendo el tratamiento de los animales de granja, ya que sufren la mayor parte de la opresión humana. Y así, en nuestro trabajo, tratamos de pensar más en lo que la justicia requiere de nosotros en nuestra relación con los animales de granja y, en particular, qué tipo de relaciones (si las hay) quieren tener estos animales con nosotros en un futuro más allá de la ganadería. También estamos interesados en el papel que los santuarios de animales de granja pueden jugar como lugares para explorar estas nuevas relaciones y para construir una verdadera "comunidad multi-especie”. Todavía tenemos mucho que aprender sobre cómo los animales quieren relacionarse con nosotros, si es que realmente lo quieren, y los santuarios son de los pocos lugares donde podemos hacer esta pregunta.

 

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"El Florero". Entre la Democracia, el Democratismo y la Oligarquía

Hay que notificarles a algunos…que ya es otro México y que yo no voy a ser florero…yo traigo un mandato de los mexicanos.
Andrés M. López Obrador, Presidente electo de México


1. La Naturaleza del Florero


El florero es, por definición, un ente delicado. Por su misma fragilidad, su prioridad de sobrevivencia es el equilibrio. Para tal fin debe cumplir con dos condiciones: la individual, que exige mantener el sentido del equilibrio (equilibriocepción), para no caerse; y la sistémica, cuando las condiciones objetivas, su base, se sacuden cual placas telúricas. Si "el florero" conduce relaciones de importancia, debe mantener el equilibrio dinámico del sistema. Esto requiere el Arte de la Política: hacer alianzas que logran la anulación mutua de las fuerzas contrarias que actúan sobre él. El curriculum de sus asesores no puede prescindir, por lo tanto, del estudio obligatorio de la ciencia de los equilibrios: mecánicos, químicos, de la termodinámica y de Nash, entre otros. Influencias sectaristas o amarillistas serían fatales para manejar los inevitables cambios de vectores de poder que sufrirá su proyecto histórico.


2. Equilibrista en un mundo bipolar


De la misma manera, la educación en política de los cuadros y ciudadanos ha de girar inevitablemente en torno a ese concepto. Cuando se trata del temible intento de dirigir una transición democrática-social en un contexto antidemocrático y dependiente, como Lula, el proyecto centrista de transformación se debatirá a priori entre la vida y la muerte, es decir, entre la democracia y la clase dominante. El campo de actuación nacional y global es binario o bipolar y limitado en el tiempo (por el sistema electoral). La nación hoy día es un subsistema sometido al más brutal socialdarwinismo global. Cualquier otra idea sobre el campo de lucha de las ideas, las clases y la política, es ilusionista; una patraña de los profesores de las universidades burguesas. En el mundo real sólo decide el poder, que se manifiesta en cuatro modalidades básicas: el político, el militar, el económico y el cultural. La evidencia forense de esa propiedad socialdarwinista-criminal del capitalismo global es abrumadora: desde Lula en las mazmorras brasileñas, hasta el encadenamiento prometéico ad calendas grecas (eternamente) de la cuna de la democracia participativa en Grecia, a los usureros del capital financiero global, y la impune destrucción de Estados soberanos (Siria, Yemen, Irán) por el imperialismo occidental.


3. El Democratismo


El democratísmo es la actitud que pretende actuar democráticamente en un entorno que es antidemocrático y decidir todo asunto de Estado por votación formalizada. Esta actitud, cuando no es populismo o interés caciquil, se basa en la buena voluntad y el romanticismo de la inmediatez, que no acepta que los grados de libertad (opciones) de cualquier subsistema son determinados por el sistema superior (macrosistema). Los milenaristas cristianos, que querían el reino de dios de inmediato; la ultraizquierda, los sectaristas y los anarcoides, que pretenden instalar la sociedad democrática en un salto cualitativo, independientemente de las condiciones objetivas; los maestros que entran a su primera clase con sus sueños antroposóficos de Rousseau y Steiner y el discurso de la comunicación simétrica de Habermas, son víctimas de esa falacia. La exitosa praxis libertadora es hija tanto de la voluntad ética propia como de las condiciones antidemocráticas imperantes. No mediar ambos aspectos de manera realista, garantiza el fracaso. Un nuevo gobierno, por ejemplo, no es, como piensa la ultraizquierda, el "dueño del poder", sino simplemente un subsistema del Estado existente y su clase dominante. No es un Dios omnipotente, que puede sustituir por decreto una ortodoxia establecida por otra rebelde, sino una agencia co-participadora en la administración del poder nacional y global. Si se quiere, es una franquicia de libertad condicionada, válida para cuatro a seis años. En este sentido, por ejemplo, las fuerzas transicionales tienen que ponderar muy bien, si un "mandato revocatorio", como el que introdujo Hugo Chávez mediante la Constitución Bolivariana, es un instrumento democratizador real o desestabilizante.


4. Fractales y democracia


Nosotros somos hijos del universo y desde que Benoit Mandelbroit desarrolló la teoría de los fractales (1975), entendemos matemáticamente que la organización de macrosistemas requiere funcionalmente de la verticalidad. O, para expresarlo en un lenguaje más preciso, la auto-similaridad de sus elementos básicos a toda escala. Esta ley universal es uno de los dos obstáculos fundamentales para la construcción de una sociedad democrática participativa. La imprescindible verticalidad funcionalidad de nuestras gigantescas sociedades y macro-Estados jerarquizados, excluye, que todos los niveles del sistema tengan el mismo poder de decisión. Un grupo de vecinos no puede tener la misma jerarquía fáctica que un municipio, y éste no puede igualar en capacidad de decisión y autonomía a un estado o al Estado nacional. Se trata, de hecho, de una función dependiente de las leyes de escala del universo (laws of scale), con la cual se pueden hacer compromisos, pero que no se puede anular sin destruir el macro-sistema mismo. La decisión sobre un megaproyecto de impacto nacional, por ejemplo, no puede ser decidido sólo sobre la opinión de los que están involucrados directamente, porque la decisión trasciende el ámbito local. La decisión sobre cada caso, dentro del respeto a las leyes fractales, tiene que ser casuística, porque se basa finalmente en un juicio de valor que tiene que equilibrar ética y pragmatismo.


5. Ejecutivo, Legislativo y Vanguardia


Y aquí entra el concepto de la "prerrogativa" de John Locke. La separación constitucional de poderes (Montesquieu), argumentó Locke, no significa que toda decisión del Ejecutivo tiene que ser avalada por el poder legislativo, cuando es por el bien de la sociedad. Hay situaciones de emergencia que justifican una decisión autónoma anticipada del Ejecutivo. Y lo mismo, como vimos en lo referente a la ley organizativa universal de los fractales y las leyes de escala, es válido, cuando la trascendencia del acto ejecutivo público trasciende el ámbito local.


6. Bismarck y el Arte de la Política


El canciller alemán Otto von Bismarck definió a la política como "el arte de lo posible", es decir, el arte de las alianzas. Al construirse un muy meritorio proyecto de reforma transicional, como él de Andrés Manuel López Obrador, es fundamental que no se desvíe de este sabio axioma en la América Latina monroeista, oligárquica, despolitizada, desorganizada y antidemocrática de hoy. Localismos indebidos, ataques sensacionalistas, soluciones utópicas desde el escritorio, son un peligro para la nación, como reflejan los destinos de Salvador Allende y Lula da Silva.


¡Toda persona seria y ética, sea de izquierda o derecha, debería participar en esa gran construcción del futuro para lo que el presidente uruguayo José Mujica alguna vez llamó con toda razón: "El maravilloso pueblo de México"!

Por Heinz Dieterich | Viernes, 09/11/2018 11:14 AM

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Viernes, 09 Noviembre 2018 06:05

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

La extrema derecha actual es hija del extractivismo/cuarta guerra mundial, mientras el fascismo fue parido por el capitalismo monopolista en competencia por los mercados mundiales, por el colonialismo e imperialismo en su deriva racista, como señaló Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Comprendo que en los debates apasionados contra esa derecha machista y racista que crece exponencialmente, hablemos de "fascistas" o "fachos" y utilicemos adjetivos similares. Muchos lo hacemos como forma de fustigarlos. Sin embargo, el análisis sereno que expide el pensamiento crítico debería ir más al fondo de la cuestión.

Una porción importante de tales analistas desgajan el crecimiento de esta ultraderecha de la realidad económica, social y cultural que vivimos, y atribuyen este proceso a la influencia de los medios, al papel del imperialismo y a otras cuestiones generales que no consiguen explicar el fenómeno y lo atribuyen o bien a causas exógenas o a fenómenos como las redes sociales que no explican nada. La Revolución Francesa no fue consecuencia de la expansión de la imprenta, ni la rusa fue hija de la electricidad o del cine, aunque estos desarrollos tecnológicos tuvieron su influencia.

Por otro lado, el capitalismo no fue siempre igual. No siempre pretendió eliminar a camadas enteras de la sociedad, como aspira hacerlo en estos tiempos. Hubo periodos en los cuales las clases dominantes buscaron integrar a las "clases peligrosas", y a esa política la denominamos estados del bienestar. Ahora se trata de explicar porqué han pasado de la integración a la segregación, para fantasear luego con el exterminio.

Para comprender el nazismo y el fascismo, Karl Polanyi se remontó a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, analizando en detalle el cercamiento de los terrenos comunales (enclosures) en favor de los terratenientes. Ese proceso fue clave para promover la modernización, "liberando" a los campesinos de la tierra de la que fueron expulsados, sin más opción que ofrecer sus brazos a la naciente industria.

Pero la proletarización del campesinado fue un proceso traumático, que desarticuló la sociedad inglesa, como destaca Polanyi en La gran transformación, publicado en 1944. Con datos económicos, sociológicos y antropológicos, el autor concluye que el liberalismo económico y su "mercado autorregulado", destruyeron los cimientos materiales y espirituales de las sociedades.

En sus propias palabras, la economía de mercado procedió a "la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra", y de las ruinas de la vida comunitaria nació la tentación fascista.

Las ultraderechas actuales tienen otra genealogía, aunque es evidente que hay puntos en común. Quiero destacar algunos aspectos que muestran las diferencias con el fascismo de los años 30 del siglo pasado y señalan también la necesidad de hurgar en nuestras sociedades para entender la deriva en curso.

Uno, el extractivismo expulsa a la mitad de la población (según regiones más o menos) de una vida digna, incluyendo salud, educación, vivienda, agua y seguridades mínimas. Esa población a la intemperie, debe ser controlada con nuevos modos: masificación de cámaras de seguridad, militarización, feminicidios, bandas de narcotraficantes, milicias parapoliciales, entre las más conocidas formas legales e ilegales.

Dos, el tipo de Estado que corresponde a este sistema de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, es el Estado policial, con sus correspondientes campos de concentración para los de abajo. Quien crea que exagero, que observe los entornos de la gran minería, de las megaobras de infraestructura y de los monocultivos, donde esto ya funciona. ¿Qué son las barriadas de las periferias urbanas, sin agua pero con abundancia de hombres armados, sino campos de concentración?

Tres, este sistema desborda violencia estructural, machista y racista, por todos sus poros. Sugiero dos lecturas. El reportaje de Katrin Beenhold en The New York Times sobre los varones de extrema derecha en Alemania del este (goo.gl/Y98L51), donde la violencia machista tiene un claro motivo sistémico; y "El laboratorio social de China en Xinjiang", en II Manifesto (goo.gl/bH9JTk), donde el poder ejerce "un control capilar" y diabólico sobre la población.

Los varones, desde Alemania hasta Brasil, no se vuelven feminicidas por su genética, sino porque perdieron muchas cosas, como consecuencia de un modo de acumulación que no reconoce fronteras. Entre lo que perdieron, está el "mandato de masculinidad", que analiza Rita Segato.

Cuatro, este sistema extractivo de guerra no puede ser desmontado paso a paso, ni desde adentro, porque sus instituciones no funcionan para la sociedad sino contra ella. No son las instituciones que conocimos durante el periodo del desarrollismo y el estado del bienestar que protegían a los ciudadanos. Las de ahora lo parasitan, en particular a quienes viven en la zona del no-ser: pobres y descartables, mujeres y jóvenes.

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Miércoles, 07 Noviembre 2018 06:21

El odio y la guerra en Estados Unidos

El odio y la guerra en Estados Unidos

Donald Trump y Barack Obama advirtieron en repetidas ocasiones que las elecciones legislativas de este pasado martes en Estados Unidos serían las de mayor consecuencia en la historia de ese país. Tenían razón. Pero cuando se apuntó que los comicios serían una especie de referéndum nunca se dijo que el tema más profundo, el de la guerra y la paz, estaría ausente de esta jornada electoral.

Unos días antes de las votaciones para renovar el Poder Legislativo en Estados Unidos, el economista Paul Krugman señaló que el odio estaría en las boletas electorales. Ganador del Premio Nobel de Economía, Krugman tiene una columna en el New York Times y es una de las voces más influyentes en su país. Sin duda tenía razón, pero paradójicamente le faltó agregar que las guerras de su país no tienen cabida en el debate electoral. Ese hecho revela que en la sociedad estadunidense el patriotismo se ha convertido en una enfermedad que ha infectado a demócratas y republicanos por igual.

En el más reciente informe sobre operaciones bélicas dado a conocer por la Casa Blanca, se señala que las fuerzas armadas de Estados Unidos están peleando siete guerras. (El informe). Las operaciones van desde Afganistán e Irak, hasta Siria, Yemen, Somalia, Libia y Níger. Esas intervenciones se llevan a cabo bajo la Autorización para el empleo de la fuerza armada, promulgada en 2002, a unos meses de los atentados contra las Torres Gemelas. Según la Casa Blanca, las operaciones se llevan a cabo en contra de Al Qaeda, las fuerzas del Estado islámico (ISIS), Al-Shabaab y, por último, la red de fuerzas fieles al talibán. Las hostilidades ocupan todo el territorio de lo que la administración Obama definió como el "arco de inestabilidad".

Al día de hoy, las bajas militares sufridas por las fuerzas estadunidenses en Afganistán (desde que se inició esa guerra en 2001), llegan a 2 mil 415. En Irak las bajas alcanzan 4 mil 497 muertes y más de 32 mil heridos. Los decesos de civiles iraquíes ascienden a 1 millón 455 mil 590. No existe una cifra confiable sobre las muertes de civiles en Afganistán, pero esa guerra es ya la de mayor duración en la historia de Estados Unidos. Y según cualquier indicador que quiera usarse, Washington no está "ganando" la guerra en Afganistán. Habría que decir que ya nadie sabe bien lo que significaría una victoria en ese conflicto.

Pero cuidado con dirigir algo que se parezca a una crítica a estas operaciones bélicas, porque en Estados Unidos el tema del patriotismo y los jóvenes en uniforme es sacrosanto. El pueblo simplemente ha sido acondicionado para adorar a los héroes que llevan el uniforme. Basta observar el fervor patriotero en cualquier encuentro deportivo para darse cuenta. Hasta la sátira política de Comedy Central y Saturday Night Live, tan aguda como irreverente, se cuida mucho de criticar el despliegue militar del imperio para no despertar la furia del público.

El presupuesto militar en Estados Unidos, aprobado en agosto, es de 717 mil millones de dólares (mmdd). Es el más importante en la historia de ese país y nadie dice nada sobre este tema. Aun recortándolo a la mitad, ese gasto militar sería superior al de Rusia, China, Irán y Corea del Norte juntos. Solamente el incremento de 200 mmdd autorizado por Trump podría garantizar educación pública gratuita a nivel universitario a toda la población escolar de Estados Unidos. Los principales beneficiarios son las grandes compañías, como Raytheon, Boeing, Northrop-Grumman, Lockheed-Martin y General Dynamics. El desvío de recursos hacia la industria militar ha contribuido en el pasado a la pérdida de competitividad de la industria estadunidense, pero a nadie se le ocurre cuestionar la política exterior de Washington basada en la idea de un estado de guerra permanente.

Al electorado estadunidense le preocupa primordialmente el régimen de acceso a la salud, los impuestos y los migrantes. Aquí es donde Trump ha echado leña a la hoguera, infundiendo miedo con el espectro de una caravana de unos 5 mil migrantes centroamericanos que lentamente se abre paso a través del territorio mexicano rumbo a la frontera con Estados Unidos. El delirante Donald no escatima recursos retóricos y habla de hordas y hasta de una invasión que amenazaría la integridad de la frontera sur de su país. Su desplante electorero de enviar entre 5 mil y 15 mil efectivos armados a la frontera sur puede llegar a costar más de un centenar de millones de dólares. Pero la preocupación de los demócratas fue más por el efecto sobre las elecciones que sobre el tema del empleo del ejército, no fuera a ser que el electorado llegara a pensar que están criticando a los chicos y chicas en uniforme que luchan por "la patria".

Los dirigentes del Partido Demócrata han criticado a Trump por promover el odio y por sus políticas que provocan mayor división. Pero nadie critica las guerras del imperio. Pueden criticar el odio, pero no la guerra.

Twitter: @anadaloficial

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Martes, 06 Noviembre 2018 06:22

La tímida reacción de la izquierda

La tímida reacción de la izquierda

Tradicionalmente, en Estados Unidos las elecciones parlamentarias suelen ser una expresión crítica sobre el presidente, por lo cual el partido de la oposición casi siempre recupera el terreno perdido en las elecciones anteriores. Sin embargo, debido el hecho de que los representantes y los senadores sirvan períodos diferentes (dos años unos, seis los otros), rara vez los cambios son masivos, ya que nunca es todo o nada, como puede serlo en las elecciones presidenciales.

Este año se espera que los demócratas recuperen la cámara baja y los republicanos mantengan el control de la cámara de senadores, más allá de que pierdan votos (foto de candidaturas de la oposición). La verdadera sorpresa sería que los demócratas recuperen el control de la cámara alta.


Estas elecciones dejarán claro cierto hastío de un creciente número de estadounidenses, sobre todo jóvenes, hacia las políticas y la nueva cultura literaria del presidente Trump, algo que ya había comenzado muchos años antes con las movilizaciones del Tea Party.


Entre las políticas y los temas sociales que han comenzado a movilizar sectores anti-Trump está todo lo relacionado a las minorías y a la lógica misma del tejido social. Desde los movimientos de mujeres (feministas o no) hasta el resurgimiento del racismo abierto contra los negros y, especialmente contra los inmigrantes pobres, no europeos, pasando por la tendencia mundial a la violencia religiosa que nos está sumergiendo rápidamente en una nueva Edad Media.


Los frecuentes atentados motivados por el odio tribal, como la más reciente matanza en la sinagoga de Pittsburgh, están basados en las proto teorías de los nacionalistas blancos y neonazis que consideran que los judíos están ayudando a los pobres de Honduras a invadir este país para continuar el “extermino blanco”. La idea popular de un “white genocide” (genocidio blanco) lleva a lunáticos como el asesino Robert Bowers, reunido con otros cientos de miles en su propia burbuja de las redes sociales (en este caso, Gab.com) a realizar su propio extermino.


De esta forma, se produce la aparente (y solo aparente) paradoja de que Trump y su base evangélica es radicalmente pro-Israel al tiempo que es antisemita, antijudía (otra contradicción explosiva que también observamos y advertimos hace dos años). Diferente a los judíos en países como Argentina o Uruguay, en Estados Unidos esta comunidad (dejemos de lado la minúscula y poderosa elite de los lobbies) siempre han apoyado a la izquierda y a las causas de las minorías, incluso contra las políticas de Israel en Palestina.


En este momento, la guerra semántica es lo más importante y donde se define el futuro del mundo. Siempre fue importante (es la idea central de nuestro estudio de 2005 sobre la lucha por los campos semánticos), pero ahora, más que nunca, vuelve a revelarse en todo su drama. Las palabras valen, y mucho. Hace un par de días los militares en Nigeria masacraron manifestantes que se atrevieron a arrojar piedras. Días antes Trump había afirmado que era totalmente legítimo que los militares estadounidenses usen armas de fuego si algunos en la caravana de refugiados hondureños se atrevían a lanzar piedras. Algo que, en la práctica no es ninguna novedad (basta con echar una mirada a lo que pasa diariamente en Gaza), pero que lo diga el presidente de Estados Unidos es una forma de legitimación de la barbarie. De la misma forma, en muchos otros temas, desde los sexuales hasta los raciales.


Desde ese mismo punto de vista narrativo, los republicanos tienen a favor una economía que, en sus números macros (PIB, desempleo, etc.) se encuentra en su mejor momento de los últimos cincuenta años. El pasado viernes se reportó la creación de 250 mil nuevos puestos de trabajo, y los dos cuatrimestres pasados tuvimos crecimientos del PIB de 4,2 y 3,2 por ciento, casi tan altos como dos cuatrimestres de la era Obama en el 2014. Obviamente que, si miramos todas las gráficas económicas, esos valores que se repiten en los discursos (con exageración trumpiana típica “nunca antes en la historia”) ya habían comenzado a mejorar en el primer año de la administración Obama. Cada gráfica sólo muestra la perfecta continuación de tendencias anteriores. Hay que agregar otro factor: el recorte de impuestos aprobado en el año 2017, el cual benefició ampliamente a la minoría más rica de la población y algo, como efecto colateral, a los trabajadores, lo que sólo ha confirmado esas mismas tendencias.


De la misma forma que en el 2016 dijimos, en diversas entrevistas, que los recortes de impuestos a las grandes empresas, que la desregulación de los bancos, que el aumento del gasto militar y que las tentativas de privatizar lo que todavía estaba en manos del Estado iban a darle más oxígeno a los números macroeconómicos durante los primeros años de la administración Trump, también era de esperar que la historia de esos modelos económicos ya empleados por presidentes como Carlos Menem y George Bush podrían indicarnos que luego de la fiesta venía el funeral. La Argentina de Macri ya está en su funeral propio, pero Estados Unidos todavía está de fiesta. Dejemos de lado el detalle que Argentina no puede imprimir dólares ni puede enviar barcos de guerra a intimidar a la competencia comercial, como sí puede hacerlo Estados Unidos. Claro, si leemos los indicadores macroeconómicos y no atendemos a la creciente desesperación de los de abajo (podríamos detenernos en los problemas de educación, salud y desigualdades sociales), la cosa ha mejorado. Nada nuevo bajo el sol. Ni siquiera la desmemoria del pueblo.


Estas elecciones de hoy significarán un leve, tímido giro de Estados Unidos hacia los de abajo. Deberemos analizar si el 2020 será un año de ruptura o, apenas, un capítulo en un proceso mayor. Lo que sí me animaría a predecir desde ya, como ya lo hemos hecho antes de las recientes elecciones de Brasil, es que, en un par de años, Estados Unidos estará a la izquierda de Brasil.
* Escritor uruguayo-estadounidense, autor de La reina de América y Crisis, entre otros libros. Profesor de International Studies en la Jacksonville University.

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Martes, 06 Noviembre 2018 05:59

Nadie merece nada

Nadie merece nada

En lo que se refiere a la inmigración, suscribo todas las banalidades vagamente humanistas que conforman el ideario del progre acomodado

De noche veíamos sus sombras, como fantasmas. Caminaban lentamente. Las noches eran frías pero luminosas: el cielo del desierto es como una explosión de estrellas. De día marchaban en pequeños grupos silenciosos. Venían de muy lejos e iban hacia muy lejos, cada uno con su historia asombrosa. De esto hace ya años. Este corresponsal acampaba con un biólogo junto a la costa del Sáhara mauritano para escribir un reportaje sobre las focas monje que habitaban la zona.


Las pequeñas focas estaban en peligro de extinción. Las personas, en cambio, abundaban. Y abundan. ¿A quién le importaba esa gente que se dirigía hacia el norte? Casi todos eran hombres que se habían lanzado a una aventura terrible, llena de fatiga, riesgos y ansiedad. No sabían cuánto tardarían en llegar a Marruecos, ni qué les ocurriría allí, ni a qué distancia estaba Europa, ni si la pisarían algún día, ni qué desastres y humillaciones les esperaban aún en el camino. Hay aventuras humanas que sobrecogen. Pero estábamos allí por las focas.
En lo que se refiere a la inmigración, suscribo todas las banalidades vagamente humanistas que conforman el ideario del progre acomodado. Me indigna que el Mediterráneo se convierta en una fosa común de proporciones cósmicas. Me indignan las mafias que trafican con personas. Me indigna la chulería con que el italiano Salvini cierra las puertas a esa pobre gente. Me indigna el uso que hace Trump de esa variopinta caravana hondureña, convertida en un peligro para la primera potencia mundial. Ah, la indignación. Qué sentimiento reconfortante: es el escalofrío de los buenos, de los justos.


También suscribo lo de que el inmigrante debe someterse a las leyes y usos del país de acogida. Y cuando me dicen que la capacidad de absorción de inmigrantes tiene un límite, asiento. Es verdad. No todos los africanos caben en Europa. No todos los americanos del sur caben en la América del norte. Puedo perorar bastante rato sobre la necesidad de un comercio más justo, sobre la conveniencia de fomentar el desarrollo de los países pobres, sobre la iniquidad de unas guerras alimentadas por nuestra industria de armamento. Y puedo seguir tranquilamente con mi vida.


Por supuesto, no creo ni en mi tibia indignación ni en los tópicos insustanciales sobre integración, límites y medidas razonables. No. Ni por un momento. Esa es la nana que arrulla mi sopor de ciudadano europeo. Tengo derecho a vivir tranquilo, ¿no?


Lo incómodo es pensar en el asunto. ¿Qué haría yo si fuera el otro? Resulta evidente que estoy de este lado, el lado confortable, por la simple razón de haber nacido aquí. Cuesta atribuirse mérito alguno en este hecho tan decisivo. Si hubiera nacido allí, ¿qué sentiría?, ¿qué haría?


Creo que sería una persona furiosa y creo que jamás podría aceptar la injusticia del azar: nacer pobre en un país pobre. Creo que no confiaría ni por un minuto en el milagro estadístico, ese que convierte en ciudadano próspero a quien nació sin apenas perspectivas y que esgrimimos como prueba de que quien quiere, puede: falso. Creo que sentiría la necesidad de cobrarme algún tipo de venganza. Creo que querría incendiarlo todo. Y creo que estaría justificado.


Supongo que no ardemos todos porque ellos son mejores que los bobos indignados como yo.

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Lunes, 05 Noviembre 2018 07:12

De regreso

De regreso

El entusiasmo que pudo haber generado la presidencia de Lula da Silva en Brasil entre 2003 y 2010 se derrumbó desde hace tiempo. Y, ahora, con él en la cárcel, con la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y el breve mandato de Temer, que desmanteló las políticas instrumentadas por ambos, se ha elegido a Jair Bolsonaro como nuevo presidente.

Bolsonaro ha dejado en claro qué quiere hacer. Con antecedentes militares y de talante autoritario va afirmando el vuelco que pretende provocar. El ministro de finanzas que se anuncia para el gobierno a partir del primero de enero del año entrante es Paulo Guedes. Representaría, según dice el diario Financial Times, un "momento Pinochet" en la economía más grande de América Latina.

Se refiere al regreso de la escuela de Economía de Chicago, protagonista de la implantación del modelo neoliberal, empezando la década de 1980 con la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.

Recordemos someramente los postulados del modelo económico de Chicago en Chile. Y cuando se hace referencia al modelo económico debería entenderse que este es parte constitutiva del modelo político.

Un ajuste del tamaño del que se hizo en Chile no hubiese sido posible sin el gobierno militar. No hay políticas económicas neutrales. Todas tienen destinatarios, unas de manera explícita y otras de modo implícito.

Los neoliberales consideran que la condición más importante de la libertad individual es, precisamente, el libre mercado. Por ello, el alcance del ejercicio del gobierno debe limitarse estrictamente; la democracia puede ser un factor deseable, pero tiene que restringirse cuando sea necesario para proteger las libertades que se despliegan en el mercado.

Las medidas económicas se orientan, pues, bajo la óptica de que el mercado, mientras más desarrollado esté, constituye el sistema económico más productivo y que, por ello, es emulado en todo el mundo. Proponen, extendiendo esta concepción de la sociedad, que en la medida en que el mercado se propaga, las fuentes de los conflictos sociales tienden a reducirse. Como se sabe, estas ideas llegaron a considerar, después de 1989 y la caída del comunismo, que en el marco de un mercado libre global la democracia y la paz se impondrían en todas partes.

La política neoliberal pretendió en Chile una reformulación radical de la economía, la sociedad y la política para sobrepasar la experiencia del anterior gobierno socialista. Se trataba de que, apoyándose en el poder militar, se allanaran los obstáculos y las distorsiones que impedían el funcionamiento eficaz de los mercados.

Menos gobierno llevaría a menores presiones de distintos sectores para conseguir concesiones especiales. El desarrollo del mercado de capitales alinearía los intereses económicos y provocaría apoyos políticos. La apertura económica alentaría la competencia y la rentabilidad disminuyendo los subsidios y los aranceles. La liberación del mercado laboral acotaría el poder de negociación de diversos grupos de presión. La finalidad en materia monetaria era reducir la muy elevada inflación y, en materia fiscal reducir el gasto y el déficit público.

El vuelco político en Brasil, conseguido con una fuerte mayoría electoral de Boslonaro, ocurre en un escenario de severo estancamiento productivo y grandes presiones fiscales y de deuda.

El producto apenas crece y eso contiene el aumento de los precios en el orden anual de 4 a 5 por ciento; la tasa de desempleo rebasa 12 por ciento, el déficit fiscal es casi 8 por ciento del producto y la deuda pública supera 74 por ciento del mismo.

El gobierno electo tiene que aplicar un ajuste; eso es lo que indicaron que quieren los electores, aunado a un clamor generalizado en toda la región en contra de la corrupción.

Todo esto se reconoce, me refiero a la reiteración de situaciones económicas críticas que imponen ajustes con costos que necesariamente se distribuyen de manera inequitativa entre la población. Argentina atraviesa de nueva cuenta por otra crisis y nuevos ajustes.

Cada uno de los episodios de crisis tiene su propia explicación y siempre hay algún experto que la proponga. El caso es que no se consigue asentar un programa de crecimiento económico y de mejoramiento del bienestar social que cierre las brechas que existen y que se sostenga.

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La elección intermedia, referendo sobre Trump y la democracia en EU

En juego, 435 curules de la cámara baja; 35 escaños del Senado y 36 gubernaturas; se espera votación récord

Nueva York. Siempre dicen que "son las elecciones más importantes" de la década, del siglo, de toda la historia, pero en este caso, puede que tengan razón: las intermedias del 6 de noviembre son un referendo sobre Donald Trump y sus políticas, pero también sobre si aún funciona la luz de este país que se proclama el "faro de la democracia".

Más aún, definirán la configuración de la contraparte del gobierno entrante en México para los próximos dos años.

En estas elecciones intermedias está en juego el control del poder político en Washington, ahora bajo dominio republicano subordinado a Trump, donde están en juego las 435 curules que conforman la Cámara de Representantes, y 35 del Senado. El mismo día también culminan contiendas para gobernador en 36 de los 50 estados.

Las encuestas y analistas electorales coinciden en que los demócratas son favorecidos para reconquistar la cámara baja y que los republicanos mantendrán la mayoría en el Senado. Pero encuestas y analistas fracasaron monumentalmente en sus pronósticos de la elección presidencial de 2016, algo que tienen que reconocer una y otra vez en esta, su primera oportunidad para tratar de recuperar su confiabilidad.

Por lo tanto, aún es posible que el partido subordinado a Trump triunfe en ambas cámaras, con lo cual los próximos dos años se consolidaría no sólo el poder del presidente, sino que su agenda no enfrentaría ningún obstáculo. Igual, no se puede descartar la posibilidad de una derrota total de Trump y su partido, con los demócratas logrando la mayoría en ambas cámaras.

Casi todos afirman que esta elección es sobre todo el primer referendo sobre la presidencia de Trump. El propio presidente ha promovido eso, con su mensaje de que "voten como si yo estuviera en las boletas", y advirtiendo sobre consecuencias desastrosas para el país si gana esa "turba" demócrata que promoverá propuestas "socialistas" y abrirá las fronteras a los inmigrantes que llegarán no sólo a robarse empleos, sino que amenazarán al país si no por ser criminales, sí por votar.

El eje de la estrategia electoral promovida por Trump incluye la retórica y acciones antimigrantes, y Trump está apostando a que esto logrará mantener el control republicano del Senado por lo menos.

Trump no ha dejado de advertir que se aproxima una "invasión" de caravanas centroamericanas y que eso, combinado con "demócratas radicales", ponen al país en riesgo. Este domingo festejó cómo los soldados que está enviando están colocando un "bello alambre de púas" en la frontera.

Por su parte, Barack Obama, rompiendo con el protocolo de un ex presidente, ha reaparecido en actos de campaña para apoyar a su partido, afirmando que el "carácter mismo de nuestro país" está en juego y deploró que Trump y los suyos utilicen el temor a una caravana de pobres como "una amenaza existencial", como parte de su estrategia electoral.

Tanto los candidatos como un amplio espectro de ex políticos, figuras famosas de diversos sectores, desde las artes hasta los derechos civiles, argumentan que lo que está en juego en esta elección no es sólo el control del Congreso, sino la defensa de los fundamentos de la democracia en este país bajo asalto por Trump y sus aliados.

En gran medida en reacción a Trump, el elenco de contendientes tanto en las elecciones legislativas federales como en las estatales es el más diverso jamás visto: más mujeres candidatas que nunca, pero también más jóvenes, más musulmanes, más indígenas y más candidatos gay que nunca.

Ya se registra lo que se pronostica será un nivel récord de participación en una elección intermedia, algo que suele favorecer a los demócratas. Algunos datos preliminares indican que los jóvenes están votando en cantidades sin precedente en este tipo de comicios.

Pero tal vez lo más alarmante es que después de casi dos años de Trump, la oposición no sea aún más abrumadora.

Trump continúa con un bajo índice de aprobación; 41.9 por ciento en el promedio de las principales encuestas calculadas por FiveThirtyEight de ABC News. El campeón de la mentira y el engaño –según el conteo del Washington Post ha hecho 6 mil 420 declaraciones falsas en unos 650 días– Trump ha multiplicado su promedio de cinco mentiras por día a 30 durante las pasadas semanas, en la culminación el ciclo electoral.

Pero aun con las trampas, trucos, engaños, la apatía y sobre todo el dinero (ésta será la elección intermedia más cara de la historia), millones se movilizan en estos comicios para repudiar tal vez el asalto más brutal contra los derechos y las libertades civiles, las mujeres, las minorías, los migrantes y los medios en tiempos recientes en este país. La elección intermedia no sólo será un referendo sobre Trump; también medirá la fuerza de la resistencia a su régimen.

 

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