Martes, 19 Mayo 2020 06:30

El capital en su laberinto

El capital en su laberinto

 Nunca le hagas cosquillas a un dragón dormido. (Emblema de la Escuela de Hogwarts)

 

Todo era previsible con la Covid-19. Ocurrió como en cualquiera de las grandes pestes que asolaron a la humanidad, muchas de oriente a occidente también. Entre tantas cosas –cuarentenas, muertes, consternación-, hasta la incertidumbre era predecible, por más que parezca un contrasentido. Es difícil saber hacia dónde vamos. La crisis de sistemas sanitarios alimenta dudas sobre la hora final y el alcance real de la pandemia. Los estragos en la economía, evidentes pero con curso indeterminado, agravan la ansiedad.

El destino de cada nación está sujeto como nunca al rumbo sanitario y económico global. Y las previsiones de la economía mundial inquietan tanto como la caldera social de calles y aeropuertos vacíos, millones de desempleados y el apiñamiento humano ante tiendas, hospitales y cementerios.

Los gobiernos de no pocos países intentan reiniciar actividades económicas sin haber acorralado aún a este coronavirus. En gesto de desesperación, le han dado un giro a las políticas de confinamiento social. Se debaten entre pérdidas de vidas y pérdidas económicas. Y corren el riesgo de precipitarse en ambos sentidos. Un repunte de la epidemia sería costoso en términos financieros también.

Nada nuevo. El azote económico es una carta habitual de las plagas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé en 2020 contracciones récords del PIB en las economías líderes: zona euro (-7,5 por ciento), Estados Unidos (-5,9 por ciento) y Japón (-5,2 por ciento). Cinco de las principales economías europeas (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España) caerían entre un 6 y un 9 por ciento. El PIB de China apenas crecería un 1,2 por ciento. Con tal lastre, la economía global perdería un 3 por ciento.

Otros expertos pronostican desplomes mayores por la contracción simultánea de producción y consumo, de oferta y demanda. El economista Paul Krugman calcula que en EEUU “el PIB puede llegar a caer, aunque de forma temporal, entre un 20 y un 30 por ciento”. Este estudioso de recesiones de la historia, Premio Nobel de Economía, cavila que “posiblemente esta crisis será entre tres y cinco veces peor que la crisis financiera de 2008” . La mayoría de los expertos equipara la actual contracción con la Gran Depresión de los años 30.

Y eran previsibles las respuestas. Las grandes economías capitalistas volvieron a una fórmula aplicada en EEUU y la zona euro durante la crisis que comenzó en 2008: imprimir billetes sin miramientos. Ante las primeras señales de recesión con signos de Covid-19, los bancos centrales de las principales economías abrieron las compuertas de dólares, euros, yenes y libras esterlinas.

Mediante las llamadas inyecciones masivas de liquidez, la Reserva Federal planea agregar 2,3 billones de dólares a la economía estadounidense. El Banco Central Europeo (BCE), tradicionalmente mucho más cauteloso, no demoró esta vez para aprobar la inyección de 1,1 billones de euros. Esos montos equivalen a alrededor del 10 por ciento del PIB de EEUU y de la eurozona, respectivamente.
De manera casi simultánea, las autoridades monetarias de otros países, incluidas las economías con divisas de referencia -Reino Unido, Canadá, Japón y Suiza-, aplicaron una pauta similar.

Los bancos centrales no encuentran otra salida ante la contracción generalizada de ventas e ingresos, la ruptura de cadenas globales de valor y la paralización casi total de grandes empresas, como las aerolíneas. Se persignan por el peligro inflacionario latente en el aumento desproporcionado de la masa monetaria, pero confían porque después del 2008 la inflación nunca estalló, ni siquiera amenazó a pesar de que la Reserva Federal inyectó 3,8 billones de dólares entre ese año y 2014 mediante la denominada “flexibilización cuantitativa”. En la rancia Europa los indicadores de inflación se mantuvieron más bien deprimidos a pesar de aplicar igual recurso monetario. Es previsible que en esta oportunidad se arriesguen a inyectar montos de dinero mayores en sus economías.

Con esa droga monetaria, los impresores de dinero prometen socorrer a empresas, gobiernos y consumidores. Pero si la partitura es la misma que interpretaron después de 2008, los verdaderos beneficiados serán los grandes bancos y empresas que integran el gran capital, mientras el resto de la sociedad permanece narcotizado.

 

Neoliberales en confinamiento temporal

 

La mayoría de los gobiernos han adoptado planes para socorrer a empresas, autoridades territoriales, hospitales, desempleados y familias. Unos les llaman eufemísticamente programas de estímulo económico, pero en casi todos los casos se trata de planes de emergencia o sobrevivencia. El límite de los montos depende del nivel de endeudamiento que tenían cuando el Sars-Cov-2 entró en escena, pero las economías dominantes en la red financiera global no conocen de frenos.

En EEUU este programa fiscal llegó a casi 3 billones de dólares en abril, cuatro veces el paquete aprobado tras la recesión de 2008. Los gobiernos europeos también han movilizado volúmenes inéditos de dinero en planes de emergencia. Pero los expertos prevén que la crisis económica y sanitaria se tragaría el socorro fiscal en pocos meses. El protagonismo mayor quedará entonces para los bancos centrales y sus políticas monetarias ultraexpansivas, como después de 2008. O para programas de gasto fiscal más agresivos, acorde con el manual que popularizó John M. Keynes en la Gran Depresión de los años 30.

Después de ser desplazados por la tendencia neoliberal durante casi medio siglo, los economistas de la escuela keynesiana han encontrado una oportunidad de oro con la crisis de la Covid-19 . Krugman, uno de los más conocidos, aboga incluso por duplicar el monto previsto en el programa de emergencia fiscal de EEUU frente a la pandemia. Piden compensar la caída del gasto privado con un aumento del gasto gubernamental, dirigido a inversiones en infraestructura, proyectos de investigación y desarrollo (I+D) y programas de asistencia social. Es el recurso para levantar economía y empleo en medio de la crisis.

Krugman admite, sin embargo, que se convertiría en una “gran bomba de tiempo fiscal”, al gravitar sobre una economía con alto endeudamiento y un peligroso déficit presupuestario ya. La deuda pública de EEUU trepó a poco más del 100 por ciento del PIB en 2019 y puede llegar al 131 por ciento este año, según el FMI.

A pesar de que esta fórmula traslada las amenazas para el futuro, los economistas de casi todas las escuelas postulan la intervención protagónica del Estado ante la actual crisis. El francés Pierre-Olivier Gourinchas habla de medidas o “candados de seguridad” disponibles por los gobiernos para aplanar la curva de la pandemia primero, limitar los daños económicos y levantar luego la economía de manera gradual. Este estudioso delinea una inteligente relación entre solución de la pandemia y recuperación económica, en que el apuntalamiento del sistema de salud, la protección de los desempleados y el sostén de la actividad crediticia serían prioridades para el fisco.

El británico Michael Roberts acepta esa idea, aunque advierte que fuera de las economías del G-7 quedan pocas posibilidades de maniobra a países con elevado endeudamiento y alto déficit fiscal. Como buen marxista, Roberts tuerce el timón más a fondo que los keynesianos: “Esta depresión solo puede revertirse con medidas similares a las de la guerra, a saber, la inversión masiva del gobierno, la propiedad pública de los sectores estratégicos y la dirección estatal de los sectores productivos de la economía”.

Hasta los neoliberales aprueban esta vez la intervención de los gobiernos para apagar un incendio sanitario, económico y social ante el cual el mercado se mostró incompetente.

¿Una derrota del pensamiento neoliberal? Sería ingenuo creerlo. Si hablamos en términos militares, se trata apenas de un repliegue táctico, similar al adoptado en 2008. Aquella vez, ante la incapacidad del mercado para enfrentar los riesgos que amenazaban con congelar a la economía mundial, el recurso fue “obligar a los Estados a asumirlos”, razonó el filósofo John Gray.

 Asustados por la quiebra de uno de los bancos aparentemente imbatibles de la época, el Lehman Brothers, las economías neoliberales tocaron a la puerta de los estados, y postularon las peligrosas inyecciones de liquidez con el fin explícito de salvar de la ruina a otros bancos y empresas de gran porte.

El beneficio mayor de los billones de dólares y euros que la Reserva Federal y el BCE inyectaron a partir del 2008 quedó en las cajas fuertes de Goldman Sachs, Bank of America, Citigroup y otros grandes bancos y empresas financieras. A las inversiones productivas, a la economía real, llegó muy poco. Tras provocar la crisis financiera con el festín de las hipotecas subprime o hipotecas basura, el gran capital global tomó los préstamos casi regalados de los bancos centrales para limpiar sus balances contables y hacer nuevos negocios, pero sin salir de su paraíso bursátil.

La recompra de acciones y el juego sucio de los llamados derivados financieros se generalizó en las bolsas de valores después de 2008, como un hueco negro que absorbía el dinero que imprimían los bancos centrales. Las grandes empresas financieras y no financieras emiten nuevas acciones para recomprarlas y elevar artificialmente su valor, fieles a la sacrosanta lógica capitalista: ganar más, con el menor gasto posible, en el menor tiempo posible. En mercados cada vez más desregulados por la pauta neoliberal, la especulación financiera resulta más tentadora que las inversiones a mediano y largo plazo en producciones o en el desarrollo de tecnologías.

Empresas mundialmente conocidas por su liderazgo tecnológico amasan sus ganancias más jugosas a cuenta de la llamada financiarización: recompra de acciones, de títulos de deuda y derivados financieros. Alphabet (dueña de Google), Facebook, Amazon, Hewlett Packard, IBM, Motorola, Xenox y Symantec (NortonLifeLock ahora) invierten más en la especulación financiera que en el desarrollo tecnológico. Microsoft se enganchó en 2019 con una recompra de acciones por valor de 40.000 millones de dólares. Entre dos tercios y tres cuartas partes de los activos de Apple, Oracle y Ebay son créditos a otras empresas: piden préstamos a la gran banca para ofrecer a su vez préstamos con tasas de interés más altas a otras compañías de mayor riesgo. General Electric, General Motors, Ford y Pfizer también se sumergen en laberintos financieros cada vez más retorcidos, para mantener las ganancias que se les escapan en los mercados de la economía real.

“En el mundo imaginario del sistema capitalista enseñado en los manuales de economía –concluía Eric Toussaint ante tales evidencias-, las empresas emiten acciones en Bolsa para recaudar capital a fin de invertirlo en la producción. En el mundo real, las empresas capitalistas piden prestado capital en los mercados financieros o a los bancos centrales para recomprar sus acciones en Bolsa a fin de aumentar la riqueza de sus accionistas y dar la impresión de que la salud de la empresa es excelente”.

El analista Brian Reynolds estima que desde 2009 la recompra de acciones ha sido la "única fuente neta de dinero que entra en el mercado de valores". Otro economista estadounidense, William Lazonick, calcula que estas recompras equivalen al 52 por ciento de todas las ganancias corporativas, con dividendos en acciones que representaron otros 3,3 billones de dólares en 2016 y 2017, monto muy cercano, por cierto, a los 3,8 billones que la Reserva Federal inyectó entre 2008 y 2014 en samaritano socorro de Wall Street.

¿Renunciarán estas empresas a ese pastel ahora? ¿Quién garantiza que no se repita la historia cuando se diluyan los nubarrones de la Covid-19? ¿O se estará repitiendo ya, en plena tormenta, mientras la población global delira tras una vacuna que ponga fin a la catástrofe sanitaria?

 

Bomba de tiempo: la deuda global


El juego sórdido de las bolsas tiene el atractivo del bajo riesgo para los mayores especuladores. Cuando los enredos de un gran banco o empresa no financiera se van de rosca y llegan a un punto de quiebra y crisis como la de 2008, cuentan con la protección de un banco central dispuesto a inyectar, prestar, imprimir, inventar dinero, bajo el criterio de que la quiebra de un gigante pondría en riesgo al resto de la economía. “Too big to fail” (demasiado grande para dejarlo fracasar) es la filosofía pública de la Reserva Federal y del BCE.

La especulación, por tanto, no tiene frenos ni miedos. Las respuestas de las autoridades monetarias tampoco. En forma de títulos de deuda soberana y otros activos, los mayores bancos centrales del mundo imprimen dinero con fervor que deja como niños de teta a los asaltantes de la popular serie española Casa de Papel.

Entre 2008 y 2014, la Reserva Federal triplicó la base monetaria en EEUU y llevó las tasas de interés casi a cero. Pero el efecto sobre la economía real fue pobre. En la zona euro y en EEUU, las políticas monetarias cayeron en esos años en un saco roto que Keynes definió como trampa de liquidez en la década del 30: ni las inyecciones masivas de dinero ni las tasas de interés reducidas a mínimos consiguieron reanimar la actividad crediticia ni la economía empresarial. Los analistas más agudos observan que el alza de las bolsas en esos años tuvo expresión mínima en la industria y el comercio de EEUU y la eurozona. China también dio señales de desaceleración.

Ante evidentes síntomas de agotamiento de la economía –visibles antes de la pandemia-, la Reserva Federal tuvo que acudir a fines del 2019 a otra inyección de liquidez, justo cuando se suponía que debía maniobrar para retirar del mercado las anteriores. Ni los bancos prestaban, ni las empresas invertían. Optaban por conservar el dinero líquido en cuentas de ahorro o en negocios bursátiles sin impacto en la economía real. Los bancos centrales de otros países acudieron a igual salvavidas monetario.

Las mayores economías no han logrado salir de esa trampa de liquidez por más que inyectaban billones y más billones. El BCE ha recortado actualmente las tasas de interés por debajo de cero, para presionar a los bancos comerciales a que no escondan en sus cuentas o negocios los recursos financieros que reciben.

Pero con la severa contracción global de oferta y demanda que generó la Covid-19 es poco probable que las empresas se arriesguen en inversiones en la economía real. El sentimiento empresarial dominante en una coyuntura de crisis alienta a reducir gastos, suspender inversiones, reducir créditos. Los billones de dólares y euros que se están sumando a una circulación monetaria que ya estaba desbordada en 2019 corren el riesgo de permanecer en un limbo bancario, si no se los traga la especulación bursátil de nuevo y en particular la recompra de acciones, como advertía en abril una investigación publicada por el Wall Street Journal.

La economía se contrae en el mundo, el dinero se desborda sin límites y la deuda global crece a escalas incontroladas.

El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) alertó en un reciente informe que la deuda global había escalado en 2019 hasta 255 billones de dólares, equivalente al 322 por ciento del PIB del planeta, o sea, más de tres veces la dimensión de la economía mundial. Y teme que ascienda a 342 por ciento en 2020 en un contexto de recesión en que la mayoría de las economías no encuentran otra alternativa que no implique mayor endeudamiento. En abril, la emisión de deuda trepó a 2,1 billones de dólares, frente a una media mensual de 700.000 millones entre 2017 y 2019, según el IIF.

Para mayor conflicto, las tasas de interés ancladas en cero en las mayores economías favorecen que las grandes empresas financieras y no financieras se refugien en el negocio de vender y revender deuda.

Toussaint, opuesto a echar las culpas de la actual crisis económica a la pandemia, advirtió el año pasado sobre el peligro de estallido de la burbuja especulativa que se ha formado en el mercado de valores por las políticas de los bancos centrales. “La deuda pública contraída para rescatar a los bancos es claramente ilegítima”, concluyó.

El bombillo rojo lo perciben no solo los analistas de izquierda. El Banco de Pagos Internacional (BPI), con sede en Basilea, Suiza, advirtió a mediados de 2019 el peligro de una nueva crisis financiera , esta vez a cuenta de la abultada deuda corporativa. Esta suerte de comisario de los bancos centrales del mundo alertó por el sobrecalentamiento visible en el mercado de préstamos “apalancados”, como le llaman a los préstamos a empresas endeudadas en exceso. Sectores económicos completos, como la industria del petróleo y el gas y el comercio minorista en EEUU, están totalmente amarrados a este respirador artificial, estimado en 3,5 billones de dólares.

La filosofía capitalista dominante ya resolvió el problema: ha optado por dejar a las generaciones políticas del futuro la solución del peligroso enredo financiero.
Si la historia se repite, la gran banca mundial y las mayores empresas volverán a hacer su agosto bursátil con el mar de dinero barato que les proporcionan los bancos centrales. Las bolsas resistirán como refugio perfecto, en momentos en que el colapso global de la producción y del comercio arrastra a las economías de menor porte –países y empresas que no saben contar todavía en escala de billones.

Con sibilina habilidad para flotar y ganar siempre, el gran capital financiero quedó como principal beneficiado en la crisis financiera que provocó en 2008. Y apunta a serlo de nuevo, en este desastre de salud y de economía causado, más que por un coronavirus, por la destrucción previa de sistemas sanitarios a cuenta de la doctrina neoliberal que tiene al gran capital como defensor mayor. Todo es previsible con la Covid-19.

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A seis meses del golpe de Estado, Bolivia se sigue desangrando

Ni la emergencia por coronavirus le pone un freno a las peores miserias del régimen

El gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez reacciona a las urgencias de las clases populares con la misma receta de siempre: represión salvaje, oídos sordos y distorsión de la realidad.

Ni la emergencia por coronavirus puede ponerle un freno a las peores miserias del gobierno de facto de Bolivia. El golpe de Estado iniciado el 10 de noviembre de 2019 para desplazar del poder al expresidente Evo Morales deja, hasta el momento, un triste saldo de 35 muertos, 800 heridos, más de 1.500 detenidos y cientos de exiliados. Seis meses después de su acto inaugural, las masacres de Sacaba y Senkata , el régimen encabezado por Jeanine Añez reacciona a las urgencias de las clases populares con la misma receta: represión salvaje, oídos sordos y distorsión de la realidad. La pretendida reconversión económica del país, impropia de un gobierno de transición que sin embargo pretende aferrarse al poder, ha llevado a miles de bolivianos a violar la cuarentena para salir a las calles, organizando cacerolazos y marchas espontáneas en distintas regiones. Hoy, la mayoría de los trabajadores, acostumbrados a subsistir día a día, se ven forzados a optar por una trágica disyuntiva: morir de coronavirus o morir de hambre. Página/12 contactó a cuatro figuras representativas de la coyuntura boliviana que analizan este duro presente e intentan desmembrar la lógica operativa del régimen.

"Estos seis meses de gobierno de facto arrojan un balance negativo, como no podía ser de otra manera. Su rasgo principal es el predominio casi absoluto del aparato del Estado (fuerzas armadas, policía y magistratura) sobre el resto de la institucionalidad. Y dentro del aparato del Estado, la policía mantiene un fuerte predominio sobre las fuerzas armadas". Quien habla es Hugo Moldiz, exministro del gobierno de Bolivia (2015) que permanece asilado en la residencia de la Embajada de México en La Paz. La feroz interna entre policías y militares se vio reflejada la semana pasada cuando oficiales subalternos de las fuerzas armadas, asignados a la ciudad de El Alto, denunciaron mediante una carta dada a conocer por la cadena televisiva ATB graves irregularidades cometidas por la policía nacional. 

Pero Moldiz no menciona otra arista de ese aparato ideológico que cumplió un rol fundamental en la consumación del golpe: la jerarquía eclesiástica. "Se ha utilizado el fundamentalismo de las iglesias para profundizar el racismo, la estigmatización de las personas no sólo vinculadas al Movimiento al Socialismo (MAS) sino de las personas indígenas que han construido el proceso de cambio", advierte Adriana Guzmán, activa militante social e integrante del colectivo Feminismo Comunitario Antipatriarcal. Una de las imágenes más simbólicas de la autoproclamada presidenta Jeanine Añez fue su ingreso al Palacio Quemado sosteniendo una enorme Biblia entre sus manos, en un país que desde 2009 se declara laico.

El hambre del pueblo 

"Uno de los problemas relacionados con la aplicación a punta de bota militar y policial, y persecución judicial por parte del régimen, es la cuestión del hambre del pueblo. Muchos sectores de la población, hombres y mujeres del campo y la ciudad que viven del día a día, se han visto en una situación muy precaria y ahora están en una contradicción terrible entre infectarse y morir por el coronavirus o morir de hambre", advierte desde Cochabamba el sociólogo Boris Ríos, en diálogo con este diario. La situación para la mayoría de la población de Bolivia es dramática desde el inicio del golpe, y se agravó en el contexto pandémico: una de las ciudades más afectadas por la crisis sanitaria es Cochabamba, donde muchos habitantes ya no tienen forma de alimentar a sus familias y exigen que se flexibilice la cuarentena.

"Las clases populares viven del día a día por las características estructurales de la economía boliviana. Más de un 70 por ciento vive de la economía no formal, y esto ciertamente está generando un peligroso clima social que el gobierno trata de minimizar", afirma Moldiz. La respuesta del régimen ha sido nuevamente la represión de la protesta y la persecución política, apuntando al Movimiento al Socialismo (MAS) como promotor de las movilizaciones, y al expresidente Evo Morales como cabeza de un supuesto complot que vienen denunciando hace seis meses. "Días pasados han habido 21 arrestados por el hambre, de los cuales algunos son incluso acusados de terrorismo", agrega Ríos.

La respuesta del régimen 

Desde que hace dos meses se conoció el primer caso de coronavirus en Bolivia comenzó un constante tira y afloje entre el ministerio de Salud, que busca liderar el combate a la pandemia, y los servicios departamentales, que defienden su autonomía. Los desencuentros fueron creciendo hasta generar destituciones de personal jerárquico, incluyendo el alejamiento del propio ministro de Salud, Aníbal Cruz. En ese sentido, Guzmán revela datos de la corporación médica que muchas veces escapan al análisis: "Los médicos han estado más de 60 días en paro antes del golpe de Estado. Por ende, el sector médico ha sido parte del golpe. Si no se han transformado las condiciones en salud ha sido porque los médicos permanentemente se han opuesto a las transformaciones para beneficiar a sus clínicas privadas, pero también por su profundo racismo y colonialismo".

Las pocas pruebas que se realizan en el interior del país tardan días en llegar a algún laboratorio ubicado en La Paz, epicentro del sistema de salud. Las clínicas privadas cobran hasta 11 mil bolivianos por día (más de 1.500 dólares) si el paciente tiene coronavirus, y sólo aplicar el test implica un costo de entre 700 y 1.000 bolivianos. En tanto, el sistema público de salud carece sistemáticamente de reactivos, kits de pruebas clínicas, equipos e insumos. Hasta el momento, son 4.088 los casos confirmados y 169 los muertos por la covid-19 en Bolivia. "No han podido desarrollar una acción planificada y ordenada en el manejo de la pandemia", concluye Pérez, quien además es el primer refugiado político en la provincia de Córdoba tras la asonada militar en Bolivia. 

En el medio, las presidenciales

Bolivia tendría que haber celebrado elecciones el pasado domingo tres de mayo, pero éstas fueron aplazadas por la emergencia del coronavirus. El gobierno de facto salió a escudar su decisión bajo el pretexto de que "la salud es lo primero". Hasta el momento, no hay una fecha estipulada para volver a las urnas, pese al plazo de noventa días aprobado por el Parlamento. Por eso, los temores y especulaciones crecen en torno a una figura impredecible como Añez, que asumió el gobierno para ejercer una gestión transitoria, mientras toma medidas estructurales que impactan en la población a corto y largo plazo. Como si fuera poco, la exsenadora de derecha decidió postularse a la presidencia, aunque las encuestas la sitúan muy lejos del favorito candidato del MAS y exministro de Economía, Luis Arce.

"El pedido de fecha de elección no sólo es un pedido de la población en su mayoría, sino también de los exsocios de este gobierno transitorio que se han dado cuenta que si no se acelera este proceso pueden encontrarse con un rechazo que también los alcance y un apoyo al anterior gobierno", expresa Pérez. En tanto, Guzmán considera que Añez, al contar con escasas chances de triunfar en los comicios, apostará a "seguir alimentando la fragmentación y el racismo en la sociedad para que (el expresidente) Carlos Mesa sea la opción de centro supuestamente, por más que sea también cómplice del golpe y culpable de la Masacre del Gas". Por último, Moldiz teme que la postergación de estas elecciones se deba a una casi segura victoria de la fórmula Luis Arce - David Choquehuanca. "Sería demasiado nefasto para la historia democrática de Bolivia", alerta. Aunque al interior del realismo mágico diseñado por Añez y sus amigos, nada parece imposible.

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Lunes, 18 Mayo 2020 06:13

La vida es bella en cuarentena

La vida es bella en cuarentena

La concepción previa de una sociedad individualista en la que el otro es contagioso o peligroso se materializa. Y contamina la visión del sí mismo: “yo soy potencialmente contagioso o peligroso, o sea, culpable”. Una cuarentena de enfermos y sanos transforma a todos en potenciales enfermos o enfermantes. Poner a toda la humanidad en cuarentena obligatoria es posible porque la humanidad globalizada ya viene entrenada a las respuestas masivas, uniformes, dirigidas, calculadas. Esta vez la consigna es unificada, no selectiva según el nivel socioeconómico del receptor. Porque la consigna es para todos: cuidarse del contagio de un virus altamente peligroso por la rapidez de su transmisión.

La efectiva reacción de un Estado en indicar el aislamiento cuando resulta la única respuesta posible evita el desastre de un contagio incontrolable. Pero no podemos dejar de inquietarnos ante el destino futuro de esta práctica. Porque más allá de las consideraciones sanitarias, podemos vislumbrar que el hombre aislado es más fácil de controlar y manejar. La desconfianza y la denuncia se ponen al orden del día tiñendo las interacciones cotidianas. La convicción de estar luchando contra el virus desde el encierro, como una gesta patria gloriosa, es un modo de negar que esta detención implacable de las agendas, esta “desaceleración” radical, es consecuencia de que la conducción planetaria no ha tomado a tiempo las medidas para evitarla. Y que estamos padeciendo las consecuencias, no como héroes ni culpables por no haber sabido lavarnos las manos. Sino como víctimas.

Los virus aparecen, naturalmente, por accidente, por actos deliberados. Cumplen su ciclo destructivo, desaparecen. ¿Es un castigo bíblico ante la ambición consumista o un derivado inevitable del neoliberalismo salvaje que ni siquiera se frena y acepta tomar la única medida de protección conocida hasta ahora, el aislamiento? Si existieran prevenciones e inversiones en sanidad, los dañados y los muertos serían menos. Si se contara con suficiente presupuesto destinado a la investigación, si hubiera cuidado ambiental y alimentario, el futuro sería más previsible y manejable. Son decisiones políticas. Se ha parado el mundo y es difícil saber cuáles serán las consecuencias económicas, psicológicas y físicas. ¿Cuántas más muertes como efecto colateral? La ruptura del equilibrio ecológico trae consecuencias siniestras en la naturaleza, ¿y en la vida humana? ¿Cómo impactarán tantas bodas y funerales interrumpidos?

La economía empuja cada vez más a la perversión, la política se convierte en aliada o se ve obstaculizada cuando intenta torcer el camino. En el desconcierto, puede surgir de pronto de las masas, como Freud ya lo descubriera en su genial “Psicología de las masas” un liderazgo impersonal que conduce a la masa con impensables derivados económicos y afectivos, trocando la incertidumbre por certezas a través del autoritarismo, buscando protección en la persecución. El miedo también es una cuestión política: asustar para convertir la supervivencia en principal y único motivo. Se acallan las protestas por la injusticia distributiva, por las desigualdades y atropellos de todo tipo. Sobrevivir es lo único que importa, y el poder que no se ve aplaude.

Desde la sabiduría popular que dice “al mal tiempo buena cara” hasta la pretensión del film “La vida es bella” de introducir la risa en un campo de concentración hay un largo trecho. La cuarentena masiva es cosa seria pese a los cantos o bailes en los balcones. La supuesta “enseñanza” que nos puede dejar este acontecimiento no es la de ser más solidario o higiénico. Se trata de hacer consciente y revelar, como en un psicoanálisis, las fuerzas que nos manejan y están provocando un daño global. A partir de allí, quizás, será posible un cambio.

18 de mayo de 2020

Diana Litvinoff es psicoanalista.

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Cómo hacer del decrecimiento un movimiento social de masas

La crisis climática lleva a la humanidad a un túnel oscuro. Echar el freno de mano del crecimiento turbocapitalista es una necesidad requerida por la propia ciencia. Sin embargo, de fondo hay un reto mayúsculo; el de cambiar la cosmovisión individualista y tejer una conciencia comunitaria capaz de poner la vida en el centro.

 

Es difícil escapar de las evidencias de la crisis climática cuando, cada poco tiempo, un temporal inunda pueblos enteros. Deslizar argumentos negacionistas choca con la realidad de los veranos más largos. Las fotografías aéreas de unos polos derretidos podrían servir, en este mundo del símbolo, para reforzar la verdad de la ciencia. Sin embargo, pese a los numerosos informes, la conciencia ecológica no despega lo suficiente como para despojar a la sociedad del peso del individualismo. La historia del tiempo presente es la de la desigualdad, la del neoliberalismo y el consumo vertiginoso. Todos ellos, elementos que imposibilitan frenar –más bien mitigar– las consecuencias de la crisis ecosocial.

Actuar es necesario. Así lo reclamaba Hoesung Lee, presidente del Panel de Científicos Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), en la pasada cumbre del clima. Pero para que el problema se ataje de lleno también se requiere un discurso capaz de revertir la espiral ideológica sobre la que se asientan los principios del individualismo neoliberal; reforzar lo común se presta esencial si se quiere afrontar el reto climático con aspiraciones de triunfo. "Somos una cultura que no se siente ecodependiente y no es capaz de entender hasta que punto dependemos de la naturaleza. Se pone en práctica el antropocentrismo; el no sentirse dependiente de la tierra", expresa Yayo Herrero, antropóloga ecofeminista.

Es, en definitiva, "el triunfo de la individualidad", apunta Jordi Mir, doctor en Humanidades y experto en filosofía política. Y este es un principio esencial de un sistema basado en el crecimiento exponencial y de un modelo socioeconómico que no atiende a la evidencia de que la riqueza material choca con los límites biofísicos del planeta. "Detrás de estas ideas dominantes hay una clara idea de imponer ciertos pensamientos en la agenda. Por ejemplo, el tema del transporte público frente a la libertad individual de poseer un transporte privado: las compañías de automoción son muy activas en promover la necesidad de crear un derecho a comprar un coche, pero no porque sean malas ni perversas, sino porque ese es su modelo de negocio".

Sin embargo, esos anhelos de poseer riquezas materiales podrían chocar, desde una perspectiva climática, con los derechos comunes y, en definitiva, con el devenir de una sociedad que, ante todo, aspira a sobrevivir. "La crisis ecológica o la crisis que vivimos ahora de la covid tienen en común algo básico, que nos afectan como como especie y no como individuos. No hay salidas individuales; sabemos que anualmente hay miles de personas que fallecen por enfermedades relacionadas a la contaminación y no existe una solución individual a ese problema", agrega Mir, evidenciando cómo la denominada libertad individual de consumir o tener ciertas conductas pueden ir en contra de lo común.

El poder de la industria cultural ha sido clave para generar esta necesidad de construir una identidad en torno al consumo. "Desde los años ochenta, se llevó adelante un discurso neoliberal muy intenso para desprestigiar lo público, eliminarlo si fuera posible, lo que incentivó una tendencia humana a buscar reconocimiento. Esa tendencia puede tomar formas buenas para el conjunto de la sociedad, pero también negativas como diferenciarse competitivamente a través del consumo, lo cual no es puramente espontáneo, sino fruto de un desarrollo discursivo muy apoyado por todos los medios que nos rodean, también desde la ficción", valora Alicia Puleo, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Catedrática de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valladolid.

"Cuando vemos ficción no nos damos cuenta de como interiorizamos el modelo de consumo. En cambio, lo publico, lo común y ecológico, es presentado de una forma estereotipada, como algo negativo y fantasioso. También se ha representado como algo antiestético o, incluso, como algo que responde a algún tipo de patología mental", añade la filósofa y autora de Claves ecofeministas

 

Hacia lo común

 

Superar esa construcción cultural que vincula el éxito a lo material es, quizá, el gran reto social del siglo XXI. "Tenemos tres ejes claros para superar ese afán de lujo privado. Por un lado, necesitamos una organización basada en la suficiencia económica. Luego, el principio de reparto, es decir, la redistribución de a riqueza y la lucha contra la riqueza excesiva. Por último, potenciar lo común y el cuidado como práctica política", razona Herrero. El desafío, por tanto, gira hacia la necesidad de "crear vidas lujosas en un clima de suficiencia" para poder asumir que "materialmente la vida debe ser mucho más sencilla".

Mir apunta a la necesidad de alejar los discursos del clima de confrontación, en tanto que "el escario nunca debe ser una opción", sobre todo cuando la cosmovisión material e individualista responde a un modelo sociedad que deriva en una serie de malas prácticas que son inconscientes por la mayor parte de la población. "Detrás de todo está la idea de que tenemos libertad y derecho a consumir o, por ejemplo, viajar en avión tantas veces como queramos. En el fondo, el mensaje de 'compra billetes low cost para viajar barato' va ligado a una serie de incentivos económicos de los que depende mucha gente, porque nuestras sociedades se articulan en torno a ello", profesa el humanista. "Nosotros planteamos algo muy diferente. Ante esta idea de libertad para decidir qué, cómo y cuánto consumir, debe haber una respuesta que sea capaz de concienciar". Se trata al fin y al cabo de hacer más evidente las contradicciones del sistema con la sostenibilidad de la vida en todas sus formas

"¿Qué sociedad es más libre: aquella en la que puedes comprar billetes low cost o la que restringe estos viaje por el problema ecológico? ¿Dónde se es más libre: en un lugar en el que se regulan unas condiciones materiales de vida mínimas, o dónde la libertad sólo consiste en poder luchar de manera individual contra la precariedad? ¿Somos más libres cuando permitimos que cada entidad contamine lo que crea oportuno, o cuando se interviene para restringir las emisiones?", plantea Mir. "Parece que la libertad de todos se tendrá que construir desde una dimensión colectiva, porque nuestras diferentes libertades individuales puestas a competir ponen en peligro la sostenibilidad de la vida".

Revertir este paradigma y hacer de todos estos valores cercanos al decrecentismo un movimiento social de masas es un reto que viene a revertir una construcción cultural afianzada con décadas de dominio neoliberal. "Una de las claves es que el discurso ecológico sea positivo, basado en el ideal de justicia y en un modelo alternativo de vida que sea atractivo. Si el discurso es el de la renuncia y la austeridad, va a ser muy difícil conseguir algo", arguye Puleo. "Habría que insistir en otro paradigma de felicidad: no se trata de ser más pobres o tener la vida más reducida, sino en descubrir nuevas posibilidades que no estén basadas en el consumo destructivo de la naturaleza", agrega, poniendo como ejemplo la ética epicúrea: "Es muy adecuada para estos problemas, ya que es hedonista, porque no renuncia al placer, sino que se centra en aquellos que no están vinculados en los lujos materiales"

El escritor británico George Monbiot hablaba en una columna en The Guardian de hacer del lujo privado un lujo común. Es decir, hacer que los esfuerzos que los individuos ponen en poseer objetos materiales vayan destinados hacia la construcción de servicios públicos de calidad. Prescindir, por ejemplo, del coche para generar un transporte público de calidad y basado en los criterios de igualdad. "Hay objetos individuales que irremediablemente nos llevan hacia injusticia social, pero que repensadas en torno a dinámicas cooperativas pueden ser válidas", expone Herrero. "Se me ocurre, por ejemplo, que ante las olas de calor el aire acondicionado no pueda ser extensible a toda la población, pero si se pueden crear espacios colectivos refrigerados".

 

Cuando lleguen los "extraterrestres"

 

El deseo de cambiar el modelo nace del decrecentismo, no como ideología, sino como fenómeno del que la humanidad no escapará, ya que el colapso del planeta fruto de una actividad económica basada en el crecimiento parece, según advierte la ciencia, cada vez más inevitable. "La clave es cómo decrecer: ¿por una vía fascista y autoritaria que conlleve recorte de derechos o por una vía democrática?", se pregunta Herrero. La dificultad de generar una conciencia global de planeta es uno de los primeros obstáculos ya que el cambio climático lleva siendo denunciado desde los años setenta del siglo XX y los pasos resolutivos, desde entonces, han sido escasos. 

En cierta medida, existe un paralelismo con la crisis de la covid-19 actual. Así lo entiende la atropóloga ecofeminista, que señala cómo el parón de la economía y las decisiones del confinamiento se han efectuado principalmente porque la vida estaba en juego. Este riesgo mortal es algo común con la situación de emergencia ecológica que experimenta la sociedad en su conjunto, sin embargo, en este caso, "la mayor parte de la gente no tiene esa percepción de riesgo".

"Hasta que no lleguen los extraterrestres e invadan el planeta no habrá una reacción conjunta", ironiza Mir, realizando un paralelismo metafórico con los efectos devastadores de la crisis climática. "Parece ser que el ser humano necesita una concreción dramática para poder reaccionar". No en vano, para el humanista la crisis del coronavirus sirve para evidenciar cómo en ocasiones lo colectivo prevalece a lo individual, incluso en una sociedad como la actual, lo cual genera ciertas esperanzas.

En cualquier caso, ese reto de articular un discurso potente, capaz de generar conciencias sociales en torno a un cambio de paradigma, se presta como un paso necesario para que la sociedad pueda tener cierta resilencia ante el colapso climático. Para Puleo, conseguir que el movimiento decrecentista o ecologista tenga cierto calado requiere de "un discurso positivo" e integrador basado en "pactos de ayuda mutua". Es decir, "acuerdos entre movimientos sociales con cierto parentesco –feminismo, ecologismo, animalismo, pacifismo, antirracismo... – que a veces tienen ciertos roces inútiles. La idea es enriquecer cada movimiento con las sensibilidades de los otros. Creo que esta una clave para tejer un decrecentismo exitoso", zanja la filósofa.

 

Un cambio global

 

Articular cambios sociales conlleva riesgos. La desvirtuación de un movimiento se puede pagar caro, en tanto que la historia muestra como el poder ha tenido a bien teñir de progreso lo que termina desembocando en desigualdad. El camino de la utopía ecosocial, en ese sentido, no queda libre de curvas y desvíos perversos. El denominado green washing, el lavado de cara verde, es una realidad que se observa ya en el presente, cuando compañías que durante décadas apostaron su crecimiento al petróleo y la expansión materialista de la riqueza, comenzaron a invertir en campañas de marketing o en negocios aparentemente libres de contaminación. 

La transición ecosocial podría derivar en un aumento de las brechas que separan el Sur Global, estancado en una pila de injusticias sociales, y el Norte Global, que ha basado su supremacía en la extracción de recursos de Estados en desarrollo. "En el siglo XVIII había naciones muy avanzadas en materia de derechos humanos, pero en el fondo, mantenían la esclavitud en sus colonias del caribe. Se podría dar una situación así, en la que los países del norte cambiaran el paradigma verde a costa de mantener sucios otro territorios. Esto es algo que ya ocurre actualmente", advierte Puleo.

"Cualquier propuesta verde que no sea consciente del reparto y del derecho de todo el mundo a acceder a lo mínimo corre el riesgo de derivar en autoritarismos", dice Herrero. El ejemplo de Le Pen es válido para la antropóloga, que recuerda cómo su discurso de autosuficiencia y relocalización productiva se asienta en el rechazo y la criminalización. "Sería un error pesar en una organización de ciudades verdes que descansan sobre el flujo de materiales y energías que vienen de otros territorios", incide. 

Por tanto, la encrucijada de la humanidad pasa, no sólo por desmaterializar las aspiraciones vitales y potencial los valores comunitarios, sino por hacerlo de una forma global, sin generar nichos territoriales de falsa sostenibilidad.

madrid

17/05/2020 08:50

Actualizado: 17/05/2020 11:11

Alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
Coronavirus en Perú: el modelo entró en terapia intensiva 

La pandemia desnudó un programa  neoliberal que se jactaba de exitoso por sus buenas cifras macroeconómico

 

Desde Lima. El Perú fue el primer país de la región en decretar una cuarentena total a nivel nacional, el 16 de marzo, pero se ha convertido en el segundo país de Latinoamérica, después de Brasil, con más casos de contagio de covid-19. Son 88.541 contagios reportados y 2.523 fallecidos. En el último día hubo 4.046 casos nuevos, la jornada anterior habían sido 3.891, y 131 fallecidos, el día anterior fueron 125 las muertes. Optimista, el presidente Martín Vizcarra ha señalado esta semana que “ya se ha llegado a la meseta de contagios, ahora comenzará un lento descenso, necesitamos persistir en el esfuerzo”. La afirmación ha desatado un encendido debate. El ministro de Agricultura y once congresistas están entre los infectados.

El gobierno reaccionó rápido al decretar una temprana cuarentena cuando los casos eran 71 y no había un solo fallecido, pero en un país con 70 por ciento de informalidad, muchos que viven del día a día, y un Estado poco eficiente, incapaz de hacer llegar oportunamente las ayudas -en dinero y alimentos- dispuestas para la población más vulnerable, hacer cumplir una rigurosa cuarentena ha sido complicado.

Precarios y desordenados mercados populares donde compradores y comerciantes con un alto índice de contagio detectado se aglomeran y que recién ocho semanas después de estar en cuarentena se intentan ordenar, largas filas en los bancos para cobrar los bonos repartidos desorganizadamente por el gobierno y el transporte público, se han convertido en los principales espacios de transmisión del virus durante esta larga cuarenta.

El coronavirus se inició en los barrios limeños de clase media y alta con personas llegadas de Europa -el primer caso se presentó el 6 de marzo- pero ahora, a través de estos tres focos de contagio, se extiende en los barrios populares, donde millones viven hacinados en precarias viviendas, muchas sin agua. Un ambiente propicio para la expansión del virus.

“Una primera razón por la cual el Perú tiene más casos de coronavirus registrados que la mayoría de países de la región es porque es el país de la región que más pruebas para detectar el virus está haciendo (se han hecho más de 630 mil pruebas), y a más pruebas más casos detectados, cifras más reales, menos subregistro”, le declaró a Página/12 el médico Eduardo Gotuzzo, miembro de un equipo de expertos que asesora al gobierno.

El doctor Gotuzzo hace un balance de la cuarentena: “En un inicio tuvimos problemas para detectar y aislar los primeros casos y la enfermedad se diseminó. La vigilancia epidemiológica en ese inicio no fue la mejor. Eso se ha superado. Un grave error ha sido poner un toque de queda muy temprano (a partir de las seis de la tarde y desde el lunes pasado corrido a las ocho de la noche), lo que redujo el tiempo de atención en bancos y mercados, generando más aglomeraciones que propagan el virus. La cuarentena ha servido para reducir los contagios, sin cuarentena serían muchos más, y se ha aprovechado este tiempo para mejorar el precario sistema de salud”.

Mejorar el deficiente sistema de salud, descuidado y desfinanciado a pesar de las últimas dos décadas de importante crecimiento económico, es una carrera contra el tiempo y el avance del virus. Se está al límite. Y en algunas regiones del país ya ha colapsado, con pacientes que mueren en los pasillos de los hospitales esperando ser atendidos. Personal de salud protesta exigiendo equipos de protección.

El lunes pasado se volvió a prorrogar la cuarentena por otras dos semanas, pero esta vez con una apertura parcial de algunas actividades económicas, como la minería, construcción, industria textil, servicio de restaurantes por delivery. Con esta apertura volverían al trabajo 1,4 millones de personas y la actividad económica, reducida a un 44 por ciento con la cuarentena, debe subir a un 70 por ciento. Hay temor sobre el impacto de esta apertura en la propagación de la covid – 19.

El gobierno ha destinado unos 30 mil millones de dólares (el 14 por ciento del PIB) para responder a la emergencia por la pandemia y sus efectos. Se ha creado un bono equivalente a 220 dólares para 6,8 millones de familias -75 por ciento del total de familias del país- pero hasta ahora se ha repartido menos del 40 por ciento de ese bono, se ha postergado el pago de impuestos, para las empresas se están dando préstamos avalados por el Estado con intereses entre uno y dos por ciento y hay subsidios parciales a los pagos de planillas. Pero a pesar de estas ayudas, las empresas han dado hasta ahora licencias sin paga a más de 200 mil trabajadores.

Diversos expertos indican que este año la caída del PIB sería mayor a 10 por ciento, después de haber crecido 2,2 por ciento en 2019 y tener antes de la pandemia una proyección de 4 por ciento de alza para este año. Según Cepal, la pobreza en el Perú subiría de 20,2 por ciento a entre 23,3 y 25,2 por ciento. Esto significa entre 950 mil y 1,6 millones de nuevos pobres. Hay otro 32 por ciento que está fuera de la línea de pobreza monetaria (que es de un ingreso mensual de unos 400 dólares para una familia de cuatro miembros), pero en condición de vulnerabilidad. Analistas estiman que entre 700 mil y 1,3 millones perderían su empleo este año.

Ante a la propuesta para crear un impuesto a la riqueza, que gatilló las presiones en contra de los grupos de poder, el presidente Vizcarra señaló que en este momento de crisis “es necesaria la solidaridad de quienes tienen más”, pero su ministra de Economía, María Antonieta Alva, una joven economista de 35 años salida de la tecnocracia neoliberal, ha marcado distancias con la propuesta.

“El costo económico de esta crisis para el país será grandísimo y estimo que tardaremos por lo menos dos años en recuperarnos. Después de la pandemia tendremos una economía más concentrada, más oligopólica, porque en estos días el gobierno ha suspendido la entrada en vigencia de una ley antimonopolio”, le señaló a este diario el economista Humberto Campodónico, catedrático de la Universidad de San Marcos y columnista del diario La República.

“Esta pandemia está revelando que en el Perú con la Constitución de 1993 (dada por el régimen autoritario de Alberto Fujimori) que redujo al Estado a un rol subsidiario de lo privado, lo que hemos tenido es una modernización de escaparate, con algunas instituciones estatales útiles para el modelo neoliberal que se han desarrollado, pero lo que tiene que ver con el bienestar de la población, como la salud, la educación o el transporte público, no se ha desarrollado. No hay una base industrial diversificada, por eso tenemos una alta informalidad laboral. Esta pandemia ha puesto en evidencia que el modelo neoliberal que tenemos hace agua”, reflexiona Campodónico.

El coronavirus ha desnudado dramáticamente las profundas desigualdades y exclusiones de un modelo que se jactaba de exitoso por sus buenas cifras macroeconómicos, pero que escondía sus pésimas cifras sociales. 

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La Educación Virtual. ¿Una oportunidad de inclusión social para personas en condición de discapacidad? El caso de la Institución Maestro Guillermo Vélez Vélez.

El presente artículo recoge el análisis de la experiencia asociada a los procesos pedagógicos que recientemente adelanta la Institución Maestro Guillermo Vélez Vélez con población discapacitada en la ciudad de Medellín, en la que participa el equipo interdisciplinario de profesionales e instructores cuya intervención, se ha desarrollado bajo el enfoque de la formación por proyectos.

En tal sentido se aborda el alcance de los procesos de intervención ejecutados en la Institución en el componente pedagógico-ocupacional como producto del cambio que implica, transitar de un modelo de educación presencial a uno de educación virtual debido básicamente a la contingencia suscitada por la rápida expansión del Covid 19 que dio origen, a un estado de cuarentena indefinida en la población.  

Se examinan las estrategias implementadas para dar respuesta a la gestión pedagógica y ocupacional bajo la metodología de proyectos a partir de los esfuerzos formativos desplegados por el equipo de instructores y de profesionales en los programas prelaborales, laborales ocupacionales y de inclusión a la vida laboral de los jóvenes, bajo las directrices del equipo directivo de la Institución.

La ruta de trabajo implementada para adoptar el modelo de educación virtual involucró la ejecución de dos estrategias de especial interés y beneficio para la comunidad educativa:

Estrategia 1: Diagnóstico de Caracterización Tecnológica Se efectúo un diagnóstico del estado del arte en cuanto al uso y manejo de herramientas tecnológicas y condiciones de conectividad que comprendió dos acciones específicas:

  • Una encuesta de caracterización tecnológica dirigida a la población en condición de discapacidad que identificará el estado de disponibilidad de equipos informáticos y las condiciones de acceso y manejo de las herramientas tecnológicas de los aprendices inscritos en los diferentes programas de la formación.
  • Una encuesta de caracterización de manejo de herramientas tecnológicas orientada al equipo de instructores (técnicos, transversales y complementarios) y equipo de profesionales (psicólogos, terapeutas ocupacionales, educadores especiales y trabajadores sociales).

Teniendo en cuenta los resultados de esta caracterización, se procedió a implementar un plan de trabajo dirigido a mejorar las competencias en el manejo de las herramientas tecnológicas de los actores involucrados en la formación (aprendices, equipo de profesionales e instructores) para lo cual, se orientaron diferentes capacitaciones.

De igual forma se realizaron diferentes encuentros para evaluar el alcance del proceso de capacitación y las mediaciones complementarias (ajustes razonables) que se debían adoptar para que los instructores y equipo de profesionales, lograran un manejo adecuado de cada herramienta tecnológica cuyo dominio conceptual y práctico fue transferido a los aprendices.

 

Estrategia 2: Gestión de la Formación Pedagógico-Ocupacional por Proyectos mediante encuentros virtuales.

 

Con el objetivo de orientar una intervención educativa virtual de calidad y con amplia cobertura vinculada al diseño curricular definido en cada uno de los programas, se organizaron equipos de trabajo (educadores especiales, instructores técnicos y terapeutas ocupacionales) que bajo un enfoque de transversalidad e integralidad, estructuraron proyectos formativos de área para cada uno de los grupos que asisten a los encuentros virtuales; favoreciendo así la interacción dinámica entre los conductores de la formación, los aprendices y sus acudientes.  

El alcance de las acciones pedagógico-ocupacionales se puede apreciar a través del indicador de asistencia de los aprendices a los diferentes encuentros programados:

En la semana de pilotaje inicial o de prueba comprendida entre el 20 al 24 de abril, participaron 35 aprendices de 42 inscritos en los programas de Pre laboral (15) y Logística Laboral (20) dando como resultado una asistencia del 83,33%.

En la semana del 27 al 30 de abril, asistieron a los diferentes encuentros 63 aprendices de 102 inscritos en los programas de Pre laboral E (12), Pre Laboral F (15), Logística Laboral (16), Confección Laboral (3), Cocina Laboral (6) y Cocina Inclusión (11) arrojando una cobertura del 61,7%.

Pero ¿qué significado adquiere el indicador de asistencia a los encuentros virtuales de la población en condición de discapacidad inscrita en los programas de la formación ofrecidos por la Institución Maestro Guillermo Vélez Vélez?

En primer lugar la posibilidad de extender un puente para favorecer el reencuentro de los aprendices y sus acudientes con los instructores (conductores e la formación pedagógico-ocupacional) y equipo de profesionales, lo que desato todo tipo de reacciones positivas entre los participantes.

En segundo lugar la metodología por proyectos bajo la cual los aprendices tienen la oportunidad de apreciar y capturar los elementos más significativos de cada taller; ha resultado ser atractiva en el sentido en que ha logrado, movilizar recursos de participación interesantes entre los diferentes actores (instructores, educadores especiales, terapeutas ocupacionales y aprendices), debido fundamentalmente a los dispositivos didácticos desplegados (Caja de herramientas de trabajo diversificado).

En tercer lugar la rápida adaptación al manejo de las herramientas tecnológicas de aprendices e instructores y equipo de profesionales, ha favorecido el alcance de los objetivos de la formación previstos en cada taller lo que a su vez, ha posibilitado una rápida sistematización de los alcances del proceso en Guías Metodológicas y Formatos de Sistematización Pedagógica.

De esta forma la Institución Maestro Guillermo Vélez Vélez está dando respuesta a los retos de Inclusión Social Educativa de importantes segmentos de la población discapacitada en la ciudad de Medellín.

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Sábado, 16 Mayo 2020 06:26

Tres historias berlinesas

Jóvenes alemanes celebran la reunificación del país frente a la Puerta de Brandeburgo en la ciudad de Berlín en octubre de 1990 / Foto: Afp, Gilles Leimdorfer

A 30 años de la reunificación alemana.

Mientras la Rfa completaba la anexión de la Rda, la vida de los alemanes cambió para siempre. Un punk, una estudiante y un soldado recuerdan cómo vivieron aquellos días turbulentos y reflexionan sobre la herencia agridulce de aquel proceso de unión, que aún condiciona a la Alemania actual.

 

Desde Berlín

A lo largo de 1990, las dos Alemanias suscribieron una serie de acuerdos que concretaron su reunificación tras la caída, el año anterior, del Muro de Berlín. El 18 de mayo se cumplirán 30 años de la firma del tratado de unión monetaria, económica y social, que significó que la República Democrática Alemana (Rda) adoptara la economía de mercado y el marco alemán. Separada por 45 años después de la Segunda Guerra Mundial, Berlín, testigo y protagonista de esta historia, conserva las huellas del pasado como si fueran tatuajes en el cuerpo: un diario de vida estilizado que se expone orgullosamente ante los demás.

 

UN REBELDE COOL DE BERLÍN ORIENTAL.

 

Sven Marquardt también concibe sus propios tatuajes como un diario de vida: una manera de llevarse imágenes y citas hasta el día de su muerte, según expresa en su autobiografía Die Nacht ist Leben (La noche es la vida), publicada en 2014. Sven Marquardt es portero del legendario club (discoteca) berlinés Berghain, conocido por su estricta política de admisión. También es fotógrafo y hasta el día de hoy se mantiene fiel a su preferencia por los retratos. Si alguna vez Berlín fue declarada “la ciudad más cool de Europa”, eso también se debe a figuras emblemáticas como Sven Marquardt.

Nacido en Berlín Oriental en 1962, Marquardt forjó su juventud en la Rda. “Pasé mucho tiempo en los llamados Interhotels de Berlín [Oriental], en el Metropol y el Berolina. El ambiente allí era cosmopolita, porque entre los huéspedes había alemanes occidentales y otros extranjeros que traían moneda fuerte. Me despertaba a menudo en una cama de hotel. Los hombres con los que me iba voluntariamente tenían 30 o 40 años, el doble de mi edad”, cuenta.

Si bien la homosexualidad en la Rda fue tempranamente despenalizada, en 1968, a los homosexuales se les impedía tener locales propios, asociaciones y revistas, y todavía en los ochenta la Stasi los vigilaba como si fueran criminales. La moral del Partido Socialista Unificado (Sed, por sus siglas en alemán) quería familias nucleares con padre y madre trabajadores. La patria no eran los homosexuales. Marquardt, además, era un joven punk en el Berlín Oriental de los años ochenta. Debido a sus intentos de suicidio, el Ejército lo declaró “inútil” (en alemán: ausgemustert) y así pudo evitar el servicio militar obligatorio. “Nueva York está donde nosotros estamos” era una de las máximas en su grupo de amigos, recuerda. Como no podían viajar a la vibrante atmósfera de la metrópoli estadounidense, reinventaron una actitud ante la vida inspirada en ella y vivieron de la forma menos convencional posible en su propia ciudad. Jóvenes punks en la Rda, el Estado de los trabajadores y los campesinos.

 

BERLÍN OCCIDENTAL Y EL LUGAR DEL OTRO.

 

Distinta era la situación del otro lado del muro. “Berlín era considerado un espacio de libertad, incluso algo exótico para muchos jóvenes de Alemania Occidental. Era una ciudad de jóvenes y jubilados, prácticamente sin sectores medios, cuya agitación política y diversidad cultural no hubiera sido posible sin la existencia del muro”, me explica Susanne Klengel en su despacho del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, donde hoy es catedrática de literatura latinoamericana.

Nacida en Múnich en 1960, Klengel llegó a Berlín Occidental en 1980. Allí participó activamente en el movimiento feminista, en los incipientes círculos de interés sobre América Latina (como la todavía existente librería Andenbuch, fundada por el germano-uruguayo Thomas Rübens en 1986). Cuando su presupuesto de estudiante se lo permitía, tramitaba la visa para cruzar la frontera. “Había cierto voyerismo occidental al visitar Berlín Oriental, sin dudas, pero también había una apertura y una curiosidad sinceras. No éramos meros turistas. Percibíamos algo muy extraño y muy cercano del otro lado del muro”, recuerda y se levanta para poner un letrero en la puerta de su despacho que dice: “Prüfung, bitte nicht stören!” (examen, por favor, no moleste). “Para que no toquen más a la puerta”, me dice y sonríe

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LA CAÍDA DEL MURO.

 

Poco antes del 9 de noviembre de 1989, Sven Marquardt cruzó a Berlín Occidental. Tuvo la oportunidad de viajar al sur de Francia para un festival de fotografía a través de la Asociación de Artistas de la Rda. Sin embargo, no llegó más que a Kreuzberg: “Estar de pronto del otro lado tenía algo melancólico y algo bastante absurdo. Me dije a mí mismo: imagináte quedarte acá, sin poder volver nunca más a casa”. ¿Por qué debería viajar al sur de Francia si ya tenía bastante con entender su propia ciudad dividida? Marquardt volvió a la parte este. Unos meses después, se caía el Muro de Berlín: “Esa misma noche tuvo lugar el estreno de Coming Out en la Rda, una película de Heiner Carow que trata de un joven profesor gay de Berlín Oriental. […] Desde la perspectiva actual, el título de la película tuvo una gran connotación para ese día. Porque también un país entero se destapaba el 9 de noviembre. Coming Out fue el título para una nueva era”.

A las siete de la tarde fue cuando Susanne Klengel, en Berlín Occidental, vio por televisión la histórica conferencia de prensa en la que Günter Schabowski anunció sorpresivamente la apertura de la frontera amurallada. “Lo escuché, pero no podía creerlo. Para mí, eso era algo tan irreal que luego apagué la televisión y me fui a dormir. Al día siguiente fui al centro de la ciudad y el subte estaba repleto de gente. De pronto una persona se me acercó y me preguntó, con un inconfundible acento berlinés, cómo ir a Ku’damm. ¿Qué hace un berlinés preguntando cómo llegar a una de las avenidas más famosas de la ciudad?, pensé. Ahí me di cuenta de que el muro se había caído.” El encuentro presagiaba la reunificación.

La caída del muro fue un evento que ni la propia Rda pudo prever. Así me lo cuenta Jan Steffen, quien, al contrario de Sven Marquardt, sí ingresó al Ejército de la Rda. En 1988 se enroló, con 18 años, en las Grenztruppen, las Tropas de Frontera. Me reuní con él en un café de Prenzlauer Berg, su barrio natal en Berlín, y allí me contó cómo vivió ese día histórico: “El 9 de noviembre, mi turno iba hasta las diez de la noche. Volví al cuartel y nadie se había enterado de la conferencia de prensa. A la una de la mañana nos despertaron con alarma, nos ordenaron vestirnos y buscar el arma porque algo había sucedido en la frontera, pero no recibimos ninguna información de los oficiales. Mientras esperábamos para salir, encendimos la radio y finalmente comprendimos que la frontera había sido abierta. Sin embargo, a las seis de la mañana tuve que salir a patrullar y desde allí divisé una inmensa fila de autos que iba hacia Berlín Occidental. Fue en ese momento cuando sentí que se había hecho posible aquello que nunca lo había sido. Ahora sí habría un cambio”. Steffen me narra detalladamente cada uno de los sucesos y escucha atentamente mis preguntas, aunque a veces yo me demore un poquito más de la cuenta expresándome en alemán. Desde hace más de 20 años Steffen enseña su idioma materno como lengua extranjera.

 

¿LA RECONCILIACIÓN DE DOS PAÍSES?

 

Poco tiempo después de la reunificación, aún quedaba mucho tiempo por delante para que los alemanes se re-conocieran a sí mismos. Steffen me relató la ocasión, a mediados de los noventa, en la que fue a un cumpleaños en Wuppertal (Alemania Occidental) donde sólo había alemanes del oeste. Era el 2 de octubre y, en determinado momento, se dieron cuenta de que el día siguiente era feriado y todavía debían hacer algunas compras. Alguien preguntó qué feriado era, pero nadie supo la respuesta. Steffen nunca lo olvidará: “Para ellos, el 3 de octubre, el Día de la Unidad Alemana, era un evento muy lejano”. Al mismo tiempo, era algo que él no les podía reprochar, porque “para ellos sólo se agrandó su país”.

En 1993 conoció a su ahora exesposa, oriunda de la Renania del Norte, y así empezó a viajar a Alemania Occidental para visitar a su nueva familia. Eso le dio la oportunidad de conocer aquel país que había imaginado tantos años desde el otro lado de la Cortina de Hierro. “Muy conveniente: la mayoría de mis amigos de Alemania Oriental sólo viajaban por una o dos semanas de vacaciones, pero no conocieron realmente Alemania Occidental”, comenta Steffen irónicamente. ¿Reconciliación entre dos países? A Steffen no le parece acertada la palabra “reconciliación”. En cualquier caso, lo que sí hubo fue amor interalemán.

BAILANDO LA REUNIFICACIÓN.

La vocación artística de Sven Marquardt experimentó una ruptura con la reunificación. Tras la caída del Muro de Berlín, el entonces joven de 27 años trabajaba ocasionalmente como fotógrafo, pero rápidamente perdió el interés en su oficio y se entregó por completo a la vida nocturna de la capital reunificada. Allí encontró un refugio para aplazar los desafíos impuestos a su nueva identidad. “La Rda dejó de existir. ¿Significaba eso que tenía que reinventarme también? ¿Qué nos deparaba ese nuevo país, cómo sería nuestra vida? Con la misma vehemencia con que el tiempo pasado llegaba a su fin, el nuevo lo relevaba. No hubo período de prueba para nosotros”, reflexiona Marquardt en su autobiografía.

A través de su hermano Oliver, que tocaba en los clubes de la capital, Marquardt consiguió su primer trabajo como portero en un boliche. A comienzos de los noventa, sin escasez de viviendas, gentrificación ni turismo masivo, como en 2020, Berlín era un espacio anárquico con edificios desocupados y bloques de apartamentos en ruinas. En ese mundo surgió la Clubkultur berlinesa, la cultura de clubes nocturnos que ha redefinido la identidad de la ciudad desde el cambio de milenio. Desde hace 15 años, Marquardt controla el ingreso al club de música tecno (en alemán: Techno-Club) más famoso de esa movida, el Berghain. Sin embargo, hace ya un cuarto de siglo que él es parte de ese mundo. Tal vez allí las metamorfosis de su vida –el rebelde cool de Berlín Oriental, el joven que experimentó su coming out en la Rda, el artista–no sucumben a la exigencia de presentar una síntesis biográfica como identidad propia hacia los demás. “La noche, embarazada de drogas y euforia –explica Marquardt– nos permite experimentar a la gente de forma pura. Las máscaras caen, hay dramas y comedias.” La vida nocturna también fue una manera de experimentar la reunificación.

LIBERTAS MAGISTRA VITAE.

Poco antes de la reunificación, el entonces canciller, Helmut Kohl, prometió que el este de Alemania se transformaría en blühende Landschaften, “paisajes florecientes” de rápido crecimiento económico. Pero la promesa tuvo un impacto negativo. Según el informe anual que hace el gobierno sobre la unificación, la economía de Alemania Oriental sigue demasiado fragmentada y las tasas de desocupación todavía son mayores que en Alemania Occidental. El 57 por ciento de los alemanes del este aún se consideran ciudadanos de segunda clase, porque tienen peores sueldos, peores jubilaciones y están subrepresentados en muchos ámbitos de la sociedad, incluso en las altas esferas de los negocios y la política. La equiparación de los niveles de vida entre el este y el oeste necesita más tiempo, pero, de todos modos, el progreso alcanzado ya es bastante importante.

Sin embargo, hoy el problema es otro. Los índices de aprobación de la democracia en Alemania del Este son “preocupantes”, destaca el informe oficial. El descontento de la población también se manifiesta en los resultados electorales de los últimos años. La mayoría de los votantes de Alternativa para Alemania (Afd, por sus siglas en alemán), el partido de ultraderecha con representación en el Bundestag desde 2017, proviene de los estados del este. Me pregunto si no es una ironía de la historia que muchos de esos votantes, cuyas biografías aún albergan el pasado de la dictadura del Sed, hoy se decidan por un partido marcadamente autoritario como Afd. Treinta años después, ¿acaso aquella sensación de libertad tras la caída del muro no se les ha vuelto en su contra?

Susanne Klengel es más escéptica al respecto: “Sinceramente, no sé en qué consistía ese sentimiento de libertad. ¿En poder viajar o comprar cosas con la nueva moneda? ¿En decir abiertamente lo que se piensa? La libertad tiene distintos niveles. Y si hoy está constreñida en algún sentido; yo más bien diría que por razones materiales. El problema es la desigualdad”. Jan Steffen, por su parte, reflexiona sobre la libertad en su dimensión más personal: “Cuando por primera vez estuve en el extranjero ‘de Occidente’, en Suecia, Dinamarca y luego en París, me di cuenta de que si la Rda hubiera seguido existiendo, probablemente yo no hubiera tenido la posibilidad de conocer y estudiar en otros países, como efectivamente la tuve años después. Eso sólo se logra con libertad. Con la caída de la Rda y la reunificación obtuve libertad personal. Y, con el paso de los años, he comprendido lo valiosa que es esa libertad para mí”.

Por Mateo Dieste

15 mayo, 2020

Publicado enInternacional
Teich y Bolsonaro, en tiempos mejores, antes de que el ministro renunciara este viernes.  ________________________________________ Imagen: AFP

Por "incompatibilidades con el gobierno" respecto a la crisis sanitaria

Se agudiza la crisis política del presidente brasileño, que enfrenta un complicado panorama judicial por presunto encubrimiento de actividades delictivas que involucran a sus hijos.

 

El ministro brasileño de Salud renunció el viernes por "incompatibilidades" con el presidente Jair Bolsonaro en la lucha contra el nuevo coronavirus, profundizando una crisis política de proporciones con la salida del segundo titular de la cartera en menos de un mes, la ruidosa renuncia del otrora “superministro” de Justicia Sergio Moro y la denuncia judicial contra el presidente por presunta injerencia en investigaciones policiales que involucran a tres de sus hijos. Todo esto se da en un contexto de crisis económica severa y en medio de la incertidumbres de una población sometida a órdenes contradictorias en pleno auge de la pandemia, mientras la cifra de contagios y muertes se dispara . El oncólogo Nelson Teich, de 62 años, había reemplazado el 17 de abril había reemplazado a Luiz Henrique Mandetta, otro médico, favorable a medidas de aislamiento social que según Bolsonaro pueden ser peores que la enfermedad, debido a sus consecuencias económicas.

Teich "pidió ser exonerado del cargo esta mañana. Por la tarde anunciará una conferencia de prensa", indicó una nota del ministerio, sin mayores explicaciones. Una fuente ministerial dijo que la dimisión se debió a "algunas incompatibilidades" con Bolsonaro en la estrategia contra la pandemia, que hasta el momento dejó casi 14.000 muertos en Brasil. Al asumir, Teich había prometido un "alineamiento total" con el mandatario ultraderechista, pero en los últimos días las discordancias entre ambos se hicieron manifiestas. 

El ministro había sufrido un serio desplante la semana pasada, cuando Bolsonaro incluyó, sin consultarlo, a los gimnasios y peluquerías en la categoría de "actividades esenciales" que podrían permanecer abiertas en estados donde los gobernadores impusieron medidas de cuarentena o aislamiento social. Teich se enteró de la medida al ser consultado por periodistas durante una conferencia de prensa en la que se lo vio sorprendido por la decisión del mandatario. Según la fuente ministerial, la gota que hizo desbordar el vaso fue la presión de Bolsonaro para que el ministerio autorizase el uso de la droga cloroquina en el estadio inicial del tratamiento a pacientes contagiados por el nuevo coronavirus, pese a que las pruebas con ese medicamento no se revelaron concluyentes.

"La vida es hecha de elecciones y hoy elegí salir", dijo Teich en un pronunciamiento público tras su renuncia, en el que no terminó de aclarar las razones de su salida. Sin embargo, aunque Teich no lo precisó, su renuncia ocurrió un día después de que el mandatario anunció que iba a "cambiar el protocolo de la cloroquina", reservada por el Ministerio de Salud para casos críticos, e imponer su uso hasta en pacientes con síntomas leves de COVID-19, a lo que el ministro se resistía.

Teich dijo que deja un "plan listo" para "auxiliar" a estados y municipios en el combate al coronavirus, que a nivel local implica diversas medidas de aislamiento social adoptadas por gobernadores y alcaldes y censuradas por Bolsonaro, quien sostiene que el "desastre económico" que vendrá con esa parálisis será "peor" que la pandemia. 

Por el momento, Teich será sustituido por el general Eduardo Pazuello, viceministro de Salud, quien tiene apenas un mes en ese puesto, acompañó al oncólogo en su pronunciamiento y le aplaudió junto los funcionarios del despacho, así como ocurrió con la salida de Mandetta, quien tenía apoyo de casi el 70 por ciento de los brasileños.Mandetta se pronunció inmediatamente después de la renuncia de su sucesor. "Oremos. Fuerza SUS (Sistema público de Salud). Ciencia. Paciencia. Fe. Quédense en casa", escribió en una red social.

De esa manera, pareció reflejar lo que considera la mayoría de los analistas políticos y expertos sanitarios del país, que está convencida de que el negacionismo de Bolsonaro, que ha llegado a calificar al coronavirus de "gripecita", ha puesto a Brasil en rumbo de colisión con la ciencia.

El gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, que promueve medidas de aislamiento, lamentó la salida de Teich y afirmó que Brasil se encuentra a la deriva. "Otro ministro de la Salud, que cree en la ciencia, deja el gobierno de Bolsonaro. En el momento en que la curva de muertes por coronavirus se acelera, Brasil pierde con la salida de Nelson Teich. El barco está a la deriva. Que Dios proteja a Brasil y a los brasileños", tuiteó Doria.

La Bolsa de Sao Paulo, que operaba sin tendencia definida, se orientó a la baja tras la renuncia de Teigh, con pérdidas de más del uno por ciento a inicios de la tarde. Según las últimas previsiones del gobierno, el PIB de la mayor economía latinoamericana se contraerá este año un 4,7 por ciento. El FMI lleva esa proyección a -5,3.

En una reunión con empresarios el jueves, Bolsonaro pidió "jugar pesado" contra el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, que apoya las medidas de confinamiento, alegando que se trata de una "guerra. "Un hombre está decidiendo el futuro de Sao Paulo, está decidiendo el futuro de la economía de Brasil. Ustedes, con todo respeto, tienen que llamar al gobernador y jugar pesado, jugar pesado, porque la cuestión es seria, es guerra. Es Brasil en juego", dijo Bolsonaro.

El presidente ve inevitable que haya cierto número de muertos para evitar el colapso económico del país, en una línea similar a la del estadounidense Donald Trump."Tenemos que tener coraje para enfrentar el virus. ¿Está muriendo gente? ¡Está! ¡Lo lamento! Pero va a morir mucha, mucha, mucha más si la economía continúa siendo destrozada por esas medidas", dijo el jueves.

Las crisis sanitaria y económica en Brasil alimentan la crisis política que explotó tras la renuncia en abril del entonces ministro de Justicia, Sergio Moro, la figura más popular del gobierno. El también exjuez denunció tentativas de Bolsonaro de interferir en investigaciones policiales. Esas denuncias dieron paso a una investigación que podría conducir a una acusación de Bolsonaro por crímenes comunes, y acentuaron la presión para que el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, acepte alguno de los numerosos pedidos de impeachment que se acumulan contra el jefe de estado.

 #ForaBolsonaro piden desde los balcones


La partida de Teich, con menos de un mes en el cargo, generó nuevos pedidos de renuncia contra Bolsonaro y gritos desde los balcones en varios barrios de Río de Janeiro y São Paulo. "Bolsonaro es un irresponsable, que está llevando a Brasil a un pozo sin fondo", cuestionaron.

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Personas hacen fila para recibir comida en el Gran Depósito de Alimentos de Chicago, en el barrio Auburn Gresham.Foto Ap

Los costos del manejo político de la pandemia por el gobierno de Donald Trump continúan manifestándose en el ámbito económico y de salud, con otros casi 3 millones de desempleados en la semana previa y más evidencia de que no sólo se podría haber evitado que Estados Unidos fuera el epicentro mundial de contagio, sino nuevas advertencias de expertos de que una "reapertura" del país antes de tener bajo control la pandemia, tal como desea el presidente, implicará aún más sufrimiento y muerte.

Otros casi 3 millones de trabajadores se registraron para obtener beneficios de desempleo durante la semana anterior, reportó el gobierno federal, con lo cual ahora suman 36.5 millones de desempleados en sólo ocho semanas de esta crisis, que es comparada en algunos rubros con la Gran Depresión.

La Reserva Federal detalló en un informe que los más perjudicados económicamente son los más vulnerables, con casi 40 por ciento de los hogares con ingresos menores a 40 mil dólares al año afectados por el desempleo.

Mientras se divulgaban las cifras más recientes de los costos económicos de la crisis, en la Cámara de Representantes, Rick Bright –quien encabezaba la agencia responsable de vacunas e investigación biomédica y que recientemente fue reasignado como consecuencia de su crítica a propuestas médicas del presidente– alertó que Estados Unidos enfrentará "el invierno más oscuro de su historia moderna" si el gobierno no procede urgentemente con la elaboración de un plan nacional integral para enfrentar el coronavirus, que aún no está bajo control.

Bright argumentó que si desde un inicio el gobierno hubiera actuado siguiendo las recomendaciones de los expertos, incluyéndolo a él, se hubieran salvado muchas vidas. "La ciencia, y no el politiqueo o el amiguismo, debe encabezar el camino para combatir a este virus fatal", sentenció.

Trump lo descalificó aun antes de iniciar su testimonio, señalando en un tuit que nunca había conocido a Bright, "pero para mí es un empleado descontento, quien no es querido ni respetado por gente con quien he hablado y quien, con su actitud, ya no debería estar trabajando para nuestro gobierno".

A principios de esta semana, el doctor Anthony Fauci, el experto oficial de mayor perfil del equipo que coordina la respuesta de la Casa Blanca a la pandemia, advirtió del grave peligro de reabrir el país –o sea, suspender las medidas de mitigación– de manera prematura, ya que aún se está propagando el virus. Eso tendría "consecuencias serias", declaró ante una audiencia en el Senado. Subrayó que reabrir las escuelas podría tener efectos aún desconocidos en los estudiantes.

Pero para Trump la reapertura del país es su prioridad y por lo tanto no tardó en regañar a uno de sus principales expertos médicos. En comentarios con reporteros, Trump expresó que la respuesta de Fauci no sólo lo "sorprendió", sino que "para mí no es una respuesta aceptable, especialmente cuando se trata de las escuelas". Agregó que Estados Unidos "tiene que regresar (al trabajo) lo más pronto posible y no considero que nuestro país haya regresado si las escuelas están cerradas".

En tanto, sindicatos nacionales de maestros, trabajadores de aviación y movimientos sociales de los más vulnerables están llamando a frenar cualquier reapertura hasta que los científicos y expertos médicos –y no los políticos– den luz verde.

Trump viajó este jueves a un centro de distribución de mascarillas médicas N95 en Pensilvania, donde dio un discurso de elogio a la respuesta de su administración. Los trabajadores y su comitiva (con la excepción de su jefe de gabinete) usaban mascarillas, menos él, violando las recomendaciones de su propio gobierno. Ahí celebró a los doctores y enfermeras que están en las trincheras del combate contra el coronavirus: "Están corriendo hacia la muerte al igual que soldados corren hacia las balas. Veo eso con los doctores y las enfermeras y toda esa gente que entra a esos hospitales. Es increíble y es algo hermoso verlo".

Palabras, comentó una observadora, que hubieran hundido a cualquier otro presidente.

Todo mientras el número de muertos por Covid-19 supera 85 mil y el total de contagiados confirmados llega a 1.4 millones en Estados Unidos, el epicentro mundial de la pandemia.

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Victor Serge (su apellido de nacimiento era Kibaltchiche) en su legajo de la Cheka.

En el tremendo Año Uno de la Revolución Rusa pasaban cosas como ésta: una mañana de febrero de 1918, un hombre se presentó en la puerta del Soviet de Petrogrado y dijo “Soy Malinovski, el traidor. Arréstenme”. Eran tiempos de guerra civil, sabotajes, complots, atentados, ejecuciones y fusilamientos diarios, y aquel desconocido que pedía ser arrestado encarnaba en sí mismo toda esa vorágine: Rodino Malinovski había sido el hombre que transmitía en Rusia las palabras desde el exilio de Lenin, el principal representante bolchevique en la Duma (el Parlamento zarista), el militante de impecable trayectoria, de la clandestinidad a la cárcel y del presidio a la conferencia bolchevique de Praga en 1912, luego al Comité Central del Partido y de allía la Duma.

El pequeño detalle es que Malinovski era a la vez agente de la Ojrana, la policía secreta zarista. La Ojrana llegó a tener cuarenta mil agentes en sus filas, entre infiltrados, espías, soplones y vigilantes. Fue la colaboración en las sombras de la Ojrana lo que permitió a Malinovski acceder a la Duma, como reconocimiento por haberles entregado a Miliutin, a Noguin, a María Smidovich y hasta al propio Stalin (es famosa su foto de frente y perfil en los archivos carcelarios zaristas). Asombrosamente, los bolcheviques no sospechaban de él, pero Malinovski aprovechó los humos de la guerra en Europa para esfumarse. Capturado por los alemanes, recuperó su ardor revolucionario en el campo de prisioneros y, en cuanto fue liberado, retornó a Rusia, pero no a sumarse a la Revolución sino a que la Revolución lo juzgara. “He sufrido mi existencia dual. No comprendí cabalmente, me dejé ganar por la ambición. Merezco ser fusilado. Pero con la Revolución en mi corazón”, dijo en el estrado. El tribunal le concedió su pedido: lo condenó a muerte. Esa misma noche, cuando era trasladado por los pasillos, Malinovski recibió un balazo en la nuca. No por condenarlo a muerte iban a darle el gusto de fusilarlo: lo mataron como mataban a los traidores.

El caso de Salomón Ryss es su contracara exacta: Ryss organizó, por órdenes de la Ojrana, un grupo terrorista sumamente audaz. Tan literal fue en el cumplimiento de sus órdenes que terminó realizando verdaderos atentados antizaristas, que adjudicaba a otros grupos cuando informaba de ellos a la Ojrana. La Ojrana llegó a organizar su evasión de la cárcel cuando Ryss cayó en una redada, pero se les fue de las manos. Ryss fue finalmente capturado en el sur de Rusia, cuando sus propios compañeros terroristas desconfiaban de él. La Ojrana se les adelantó, lo entregó a la Justicia del Zar y Ryss fue juzgado y condenado a muerte, al mismo tiempo que recibía in absentia el mismo veredicto por un tribunal revolucionario. A diferencia de Malinovski, Ryss sí fue fusilado: tuvo una muerte “digna”.

Víctor Serge descubrió estas historias cuando, en aquel frenético Año Uno de la Revolución, se sumergió en los archivos de la Ojrana con orden de “informar públicamente al pueblo soviético” sobre lo que hallara en las entrañas de la bestia. Tres años más tarde, Serge publicó en el Boletín Comunista un informe titulado “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión”. El Fondo de Cultura Económica acaba de reeditarlo, es cortito e impresionante. Serge disecciona el método tela de araña de la Ojrana, cuenta que cada uno de sus funcionarios redactaba un informe pormenorizado de cada uno de sus casos, que se hacían imprimir en ediciones de únicamente dos ejemplares: uno era para el zar, el otro quedaba en el Gabinete Negro, una sala secreta de la Ojrana que contenía aquella biblioteca de ejemplares únicos. Tan únicos eran aquellos informes que, en manos revolucionarias, anunciaba Serge al público soviético en 1921, podrían servir para reconstruir la historia del movimiento anarquista en Rusia, “algo extraordinariamente difícil, a causa de la dispersión e insularidad de los grupos anarquistas y de las pérdidas inauditas que sufrió el movimiento hasta su desintegración”.

Aún eran tiempos en que aquellos que habían dado su vida por la Revolución eran héroes y el propio Serge era todavía apreciado por el régimen bolchevique, a pesar de su pasado anarquista. Década y media después, acusado de disolvente y contrarrevolucionario, sufriría cárcel y exilio en Siberia, hasta que el clamor europeo por su liberación agotó a Stalin. Serge había nacido en Bélgica, de padres rusos exiliados, y había militado y vivido en la clandestinidad y sufrido cárcel en Francia, Holanda y Alemania, antes de llegar a Rusia y ponerse a disposición de la Revolución. De todo eso, desde su niñez proletaria en Bruselas hasta su caída en desgracia y sus solitarios años finales en México, donde murió en 1947, habla Serge en sus Memorias de un revolucionario, un libro emocionante, único.

En aquel largo informe publicado en 1921 en el Boletín Comunista, Serge se refería a la Ojrana del Zar casi en los mismos términos en que veinticinco años después, en sus Memorias, hablaría de la Cheka, la policía secreta soviética creada por el implacable Félix Dzerzhinsky (con el tiempo convertida en GPU, luego NKVD y finalmente KGB). Cuenta Norman Mailer en El fantasma de Harlot, su libro sobre la CIA, su mejor libro, que los primeros CIA boys estudiaban vida y obra de Dzerzhinsky (literalmente: era una materia) en su curso de adiestramiento. Algo sugestivamente similar contaba Víctor Serge sobre la Ojrana en su informe de 1921: decía que sus funcionarios enseñaban y tomaban examen a sus agentes sobre teoría e historia revolucionaria, antes de soltarlos en las calles. Por esa misma época, en las cárceles zaristas siberianas, los guardianes decían que, de cada dos presos que se fugaban, uno era un prisionero político y el otro un converso: en los pabellones carcelarios, en las horas muertas de encierro, los veteranos transmitían a los novatos lecciones sobre historia y praxis de la revolución, casi con las mismas palabras que usaban los jefes de la Ojrana con sus agentes, en los sótanos del edificio de Fontanka 16, Petrogrado.

En el final de su informe de 1921, Serge decía que la creación de la Ojrana y su posterior crecimiento habían causado la caída del Zar. Veinticinco años después, en el final de sus Memorias, decía que una de las causas principales del fracaso de la revolución en Rusia fue la creación de la Cheka. La Cheka fue, como la Ojrana, un Estado dentro del Estado, resguardado por el secreto de guerra, un organismo enfermo que sirvió de modelo para los organismos enfermos que vigilan nuestra vida hoy. Recordémoslo siempre, es bien sencillo de recordar: la Cheka se basó en la Ojrana, y la CIA se basó en la Cheka. Y recordemos, también que quien nos lo enseñó fue Víctor Serge, a quien ningún país europeo quiso dar pasaporte cuando Stalin lo expulsó de Rusia en 1937, y por eso murió apátrida, y por eso sigue apátrida hasta el día de hoy: porque nadie lo reclama como propio, a pesar de su singularidad, o por culpa de ella.

15 de mayo de 2020

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