Sábado, 28 Septiembre 2019 05:13

El caso Greta

El caso Greta

Fachada, idiota útil, zombie, instrumento de Soros y muchas otras variantes son usadas para destruir el desafío de la adolescente sueca que moviliza a todo el planeta. Qué se juega en el debate sobre el calentamiento global.

 

Se podría hablar de “El caso Greta”, y no precisamente por su síndrome de Asperger, que fue una de las negaciones que esgrimieron muchos repentinos críticos que aparecieron en las redes sociales y en los comentarios de los diarios. En todo el mundo. Cuando hablemos de la grieta es hora de adherirles a las cuestiones domésticas la conciencia de que la polarización es global. Y en ese sentido es bueno lijarla, lustrarla, hacerla menos cortante; la lógica amigo-enemigo no es la nuestra.

Las burlas y las subestimaciones no vinieron solamente de ese extremo, con notas de color, trolls y posteos desde otras posiciones políticas. La gretafobia ve en la adolescente sueca, en el mejor de los casos, a una idiota útil, a alguien que no sabe lo que dice, a un instrumento de Soros o Rockefeller, cuando no a una “zombie”. “Es mentira que tiene Asperger, el Asperger es mentira”, decía un comentario que me dejaron en mi muro. Como advirtiéndome que lo de la niña de enojo expresionista que miró a Trump con ojos irritados y habló con la voz temblorosa por la indignación es pura “fachada”.

Escribí hace poco sobre la teoría de la fachada, inventada por el divulgador abusivo de Darwin, Thomas Huxley. Fue la piedra basal de una de las corrientes filosóficas que se fueron extendiendo con diversos matices a los largo de estos últimos siglos. Consiste básicamente en creer que la condición humana es lo malo, que el pez grande se come al chico, que el hombre es el lobo del hombre, en fin, que cualquier cosa que nos sea propuesta basada en buenas intenciones o en solidaridad es, básicamente, una “fachada”, una careta, algo que simula ser bueno pero que es malo. “Rásquese la espalda de un altruista y se verá brotar la sangre de un hipócrita”, dejó escrito un discípulo de Huxley, un especialista en babosas.

Ese fue uno de los mecanismos que comenzaron a llover el lunes, después de que Greta hablara en la ONU. La nota que este diario publicó nuevamente el martes --un perfil que resistía muy bien los meses-- había sido escrita en marzo, cuando por acá nadie hablaba de Greta Thunberg. Yo la había descubierto esa misma semana. Su imagen, tan nítida, con esas trenzas escandinavas, ya circulaba desde antes, pero no la alcanzaba el contenido. Recién en marzo ese contenido llegó, porque no se trataba de Greta sola sino de lo que políticamente ya había provocado: lo que dos años antes había comenzado por una nena rara que había decidido hacer huelga ella sola faltando a la escuela todos los viernes, en marzo explotó en las manifestaciones de estudiantes secundarios de más de cien países. Vi las fotos de las marchas en muchas ciudades. Algunas eran grandes, otras no tanto, pero las había no sólo en las capitales sino también en otras ciudades chicas y en pueblos pequeños. Esta vez fueron multitudes. Miles de caras nuevitas ya involucradas en el movimiento Viernes por el Clima, estaban reclamando que se tuvieran en cuenta los datos científicos que la propia ONU admitió como eje de su último Informe sobre el calentamiento global.

Greta y cada uno de esos chicos lo dicen claramente: lo que piden es que los gobiernos escuchen a los científicos, a los especialistas, a los que vienen alertando sobre una necesaria decisión política en relación a la emisión de gases tóxicos. Van hasta ahí, pero es obvio que esas decisiones políticas tan radicales como las que está demandando el aceleramiento de las extinciones y las catástrofes deben considerar un cambio en el modelo de desarrollo. Y si una cadena lógica, un camino hacia un desarrollo sustentable o sostenible (¿Cuántas veces escuchamos esto y no pasa nada, porque es una frase que ya está vaciada de significado?), y no tardaremos en llegar a la discusión sobre el tipo de sistema en el que queremos vivir. La primera y básica respuesta es: en uno que nos permita vivir.

Eso solo, eso simple, eso casi obvio, intentó ser obturado por miles de mitos que salieron a destrozar la figura de Greta (que usó pañales de bebé, que comió algo envuelto en plástico, que denunció a la Argentina entre otros países porque es una agente imperialista, en fin, la lista es larga), es lo que trajo a la orilla esa adolescente que irrita tanto a tanta gente, porque es sueca, blanca, logró hablar en los estrados del poder: insisten en que es una distracción o una nueva grieta. Le dieron de lo lindo tallando ellos mismos esa nueva grieta inexplicable, porque del calentamiento global duda Trump, duda Bolsonaro, dicen que es un invento de la izquierda, en fin, hay ahí abajo una construcción de fake news y líneas argumentales tan débiles que es increíble que prendan como soja.

Se han burlado de su síndrome de Asperger con una crueldad inconcebible. Así como Le Figaro divulgó en marzo el comentario que decía que “Da vergüenza ver a tantos jóvenes dejarse conducir por una zombie”, aquí no faltaron los comentarios equivalentes. Me imagino a los familiares de niños son ese síndrome o a esos mismos niños leyendo “zombie”. Y me imagino la armadura que debe sostener incólume a esa niña, que lo toma con humor pero que está a la vista: sufre.

Greta es rara y ella lo dice y cuenta cuándo fue que se lo diagnosticaron, dice que se asume como una persona común pero que a veces es diferente. El rasgo más directo de ese síndrome es la imposibilidad de metaforizar. La literalidad con la que afrontan el lenguaje. El lunes, cuando habló con ira, con un enojo que se le salía por los ojos y le hacía temblar la voz, ¿qué había ahí? ¿Una fachada?

Me quedo con lo que Greta (haya usado o no pañales descartables cuando era un bebé, se haya sacado o no una foto con Lagarde), trajo a la superficie y no lo estamos tomando porque estamos discutiendo si Greta es o no una impostora. A esa pregunta nos inducen los verdaderos hipócritas. Deberíamos usar el tiempo en escuchar a los científicos para tener una idea más clara de lo que significa hoy la emisión de gases, qué relación tiene eso con los incendios en la Amazonía, cuántas especies están extinguiéndose ya, cómo será la aceleración de las próximas extinciones, y qué alternativas puede haber a la contribución al desastre. Y habrá que discutirlo y dar debates honestos y lo más justos para todos.

Lo que no se puede negar es que el calentamiento gobal existe, que no es un invento de la izquierda. Existe como el hambre que niegan y como los muertos que niegan. Y las nuevas generaciones hacen bien en ponerse este tema al hombro, porque en principio ya han logrado su primer cometido. En un mundo plagado de medios de comunicación que financian los que han ocultado todo lo que ellos mismos han hecho, hoy este tema es el principal que nos atañe como especie, porque de él depende el futuro sin metáforas, literalmente. Miles de activistas latinoamericanos, muchos de pueblos originarios, están siendo asesinados. Greta no habló de “los suecos” sino de los que sufren y mueren por causas derivadas de un modo de producción.

 Todos los activistas primero pelean por eso: por lograr que el problema esté en la agenda. Como eso ya está, ahora a defenestrar a Greta. Vimos muchas veces la misma película. Deberíamos saber más sobre cuál es el proyecto de la derecha para esta región, que ya está arrasada y en llamas, y por qué están asesinado a los líderes ambientalistas de la región. Eso también forma parte de la agenda que trae Greta, trae a los activistas asesinados, deja servido todo para que lo abordemos, pero no lo abordamos porque Greta aparece en una foto saludando a Al Gore, al que le montaron la cabeza de Soros. A Cristina le contaban las carteras o le inventaban joyas de Bulgari. Pero según parece, no terminamos de comprender que cuando el aparato global de acción psicológica sale al ruedo, es porque le teme al que está demonizando, porque roza alguna verdad que lo incomoda.       

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Viacarra acusó a la oposición de  utilizar el Parlamento “para buscar impunidad” frente a cargos de corrupción. Imagen: EFE

El presidente anunció que le pedirá a ese Congreso un voto de confianza, el cual si le es negado le permitiría cerrarlo y llamar a elecciones legislativas.

“Está en peligro la democracia”, señaló el presidente Martín Vizcarra en un breve mensaje al país dado ayer, refiriéndose así a las últimas decisiones del Congreso controlado por el fujimorismo. Ha sido una acusación directa a la mayoría parlamentaria formada por el fujimorismo y sus aliados, a los que acusó de utilizar el Parlamento para actuar en contra de la democracia “para buscar impunidad” frente a cargos de corrupción. Después de lanzar esa grave acusación, el presidente anunció que le pedirá a ese Congreso un voto de confianza, el cual si le es negado le abriría las puertas para cerrarlo constitucionalmente y llamar a nuevas elecciones legislativas. Pero congresistas de la mayoría pretenden negarle esa facultad. Conversaciones por chat entre legisladores fujimoristas filtradas a la prensa, revelan sus intrigar para dar un golpe parlamentario que destituya al presidente.

La reacción de Vizcarra contra el Congreso se dio un día después que la mayoría parlamentaria archivara en comisiones, sin siquiera debatir en el pleno, el proyecto presidencial para adelantar -de 2021 a 2020- las elecciones legislativas y presidenciales, y de la decisión del Congreso de elegir este lunes, en un procedimiento express marcado por serios cuestionamientos, a seis nuevos miembros de los siete magistrados que integran el estratégico Tribunal Constitucional (TC), una maniobra del fujimorismo denunciada como un intento de copar el TC, cuestionamiento al que se sumó Vizcarra. Pero en su mensaje, esperado desde el jueves cuando el Congreso rechazó su propuesta de adelantar las elecciones generales, el presidente no dijo una palabra de este tema, que todos suponían sería el asunto central de ese pronunciamiento. Un silencio sorpresivo, y revelador de la falta de respuesta del Ejecutivo frente al duro golpe que le encajó el Congreso en este tema, que el propio presidente había definido como crucial.

Vizcarra anunció que el pedido del voto de confianza al Congreso irá amarrado no a una insistencia para adelantar las elecciones, como muchos esperaban, sino a una propuesta para cambiar el mecanismo de elección en el Congreso de los magistrados del TC. Con esto pretende bloquear la cuestionada elección de sus nuevos miembros, programada para este lunes. Legisladores de la mayoría parlamentaria, con el apoyo de algunos constitucionalistas amigos, reaccionaron rápidamente desconociendo las facultades presidenciales para pedir un voto de confianza relacionado a este tema. Congresistas que no forman parte de esa mayoría y otros expertos han opinado en sentido contrario y han pedido que el Congreso suspenda el proceso de elección del Tribunal Constitucional. La mayoría asegura que no cederá en su intención de elegir un nuevo TC. Se abre un nuevo escenario de enfrentamiento y grave crisis política.

El TC está llamado a ser el árbitro en cualquier controversia entre el Ejecutivo y el Legislativo sobre asuntos constitucionales, como la legalidad o no del pedido de un voto presidencial de confianza respecto a determinado tema y por lo tanto sobre la procedencia o no de un eventual cierre del Congreso como resultado de la negativa de ese voto de confianza. Con un TC bajo su control, la mayoría parlamentaria se asegura para qué lado decidirá ese árbitro.

Pero este tribunal, última instancia jurídica, también es clave en la lucha contra la corrupción. En el TC está pendiente de resolverse un pedido de Keiko Fujimori -procesada por lavado de activos en relación al financiamiento ilegal de su campaña electoral con dinero de Odebrecht- para que se anule su prisión preventiva. Una actual magistrada del TC ha denunciado que le ofrecieron continuar en el Tribunal si votaba a favor de la libertad de la jefa del fujimorismo. Los fujimoristas presionan, pero no tienen la seguridad de ganar la libertad de Keiko en el actual TC. Si no lo consigue, podrían presentar una nueva solicitud en ese sentido para que resuelva el nuevo tribunal conformado a su medida. Y también se vendrían para ese nuevo TC pedidos para liberar a otros políticos procesados por corrupción e incluso una solicitud para liberar al ex dictador Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

En medio de esta guerra de poderes, al presidente Vizcarra le ha faltado decisión y capacidad de reacción para defender su propuesta de adelanto de elecciones. Para el fujimorismo y sus aliados era clave bloquear el adelanto de elecciones porque eso habría significado perder un año antes de lo previsto su actual mayoría parlamentaria, desde la cual actúa para blindar a sus dirigentes acusados por corrupción. Eso ya lo consiguieron. Ahora van por más.

Como trasfondo de esta lucha de poderes está una ciudadanía indignada contra una clase política envuelta por los escándalos de corrupción. Una ciudadanía que exige “que se vayan todos” y que dirige su bronca principalmente contra el Congreso. Horas después de conocido el cajoneo del proyecto de adelanto de elecciones, manifestantes se movilizaron en rechazo a esa decisión del Congreso. Las encuestas revelan que el adelanto de elecciones tiene un respaldo mayoritario del 70 por ciento, mientras el Congreso que archivó esa posibilidad tiene una aceptación de apenas el ocho por ciento. Se anuncian nuevas marchas de protesta para el lunes, día clave en el que el fujimorismo pretende elegir un Tribunal Constitucional a su medida, un objetivo central para sus intereses de ganar poder e impunidad, y arrinconar al presidente Vizcarra.

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 La directora designada del FMI, Kristalina Georgieva, el miércoles en Washington con el ministro de Economía de Argentina, Hernán Lacunza. @KGeorgieva

Las obligaciones en divisa representan el 58% del PIB y condicionan al Gobierno que surja de las elecciones de octubre

 

La deuda externa es lastre muy pesado para la economía argentina. Según datos oficiales, los vencimientos en dólares se duplicaron desde 2017, hasta representar el 58% del Producto Interior Bruto (PIB) del país sudamericano. Con los mercados de crédito cerrados, la subida de la deuda corresponde en su mayor parte al rescate de 57.000 millones de dólares que el FMI dio a Argentina el año pasado. El peso de la deuda será el principal condicionante del Gobierno que asuma el 10 de diciembre próximo.

Según las estimaciones del INDEC, la oficina de estadísticas oficiales, la deuda en dólares representaba hace dos años el 30,4% del PIB; en 2018, esa relación subió hasta el 43,2% y al 58% en junio de este año, hasta los 283.500 millones de dólares. La CEPAL ya había advertido a mediados del año pasado que sumados los vencimientos en moneda local la deuda pública argentina superaba el 80% del PIB. Desde entonces, esa relación ha empeorado.

El escenario no puede ser más complicado. La subida de la deuda coincidió con una bajada de la actividad económica (este año el PIB argentino caerá más de 2%) y la pérdida de valor del peso frente al dólar. En septiembre de 2017 se necesitaban 17,7 pesos para comprar un dólar, contra 59 de la última cotización del mercado. Días después del triunfo del peronismo en las elecciones primarias del 11 de agosto, un ensayo general de las presidenciales del 27 de octubre, el Gobierno de Mauricio Macri asumió que no podría pagar los vencimientos inmediatos de la deuda y pidió más tiempo al FMI. Lo llamó “reperfilamiento”.

La estrategia ha chocado hasta ahora con los técnicos del FMI. Tras una serie de reuniones en Nueva York y Washington con los enviados argentinos, el director interino del organismo, David Lipton, dijo que cualquier renegociación deberá esperar al resultado de las elecciones. El Fondo quiere saber con quién tendrá que negociar durante el año próximo. Ese hombre será, casi con seguridad, el peronista Alberto Fernández, ganador de las primarias con más de 4 millones de votos de ventaja sobre la candidatura de Macri.

Fernández limitó hasta ahora sus referencias a la deuda externa como un lastre que deberá cargar desde el primer día de su eventual Gobierno. Dijo además que cumplirá con los compromisos, pero sin dar detalles. Algo de su plan se develó el jueves, durante un discurso que dio ante los integrantes de la Fundación Mediterránea, un grupo de pensamiento creado por el exministro de Economía Domingo Cavallo, padre en la década del 90 de la convertibilidad del peso con el dólar. El escenario elegido fue todo un dato político.

El candidato peronista dijo que buscará para la deuda argentina una salida “a la uruguaya”, esto es con extensión de plazos pero sin la quita de capital que caracterizó al canje de bonos impuesto durante el kirchnerismo. "No va a ser tan difícil hacer lo que hizo Uruguay” en 2003, dijo Fernández. “He hablado con varios fondos de inversión: es ganar tiempo y no hacer quitas (…) Necesitamos ganar tiempo para crecer”, explicó. Para Fernández, Argentina se encuentra en “default”, como insisten las calificadoras de riesgo, aunque se lo quiera ocultar detrás de un “reperfilamiento”. “En el fondo, lo que decimos es que no podemos pagar”, dijo.

Uruguay estaba en 2003 muy golpeado por el colapso económico de Argentina. Su deuda en dólares y en moneda local ascendía entonces al 100% de su PIB y el Gobierno del presidente Jorge Batlle consiguió posponer durante cinco años todos los vencimientos del 40% de los bonos, al mismo interés y sin quita de capital. A cambio realizó un ajuste durísimo, con devaluación de la moneda, déficit fiscal cercano a cero y hasta un impuesto del 10% a los salarios públicos y privados. El plan logró ordenar las cuentas a largo plazo, pero en el corto le costó el poder al partido Colorado, que sólo un año después perdió las elecciones ante el Frente Amplio de Tabaré Vázquez. El debate en Argentina es hasta donde el país está preparado para algo semejante.

Buenos Aires 27 SEP 2019 - 13:50 COT

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Viernes, 27 Septiembre 2019 06:13

Las vueltas del neoliberalismo

Las vueltas del neoliberalismo

La crisis del pensamiento crítico, o sea nuestra forma de comprender el mundo para poder actuar transformándolo, ha llevado a los analistas a multiplicar conceptos poco precisos que suelen ser más descriptivos que analíticos, por lo que inducen a confusión. Neoliberalismo es uno de los conceptos que están siendo utilizados de manera menos rigurosa.

Entre muchos profesionales de la política y del pensamiento se ha difundido una idea que asocia el neoliberalismo a un tipo de gobierno "fundamentalista del mercado", cuando su acepción debería apuntar en una dirección estructural: es el capitalismo en el periodo en el que la acumulación por desposesión se ha convertido en hegemónica.

El geógrafo marxista David Harvey, quien acuñó el concepto de acumulación por desposesión/robo, asocia esta modalidad del capital a las políticas neoliberales promovidas por el Consenso de Washington: las privatizaciones, la dominación del capital financiero, la distribución regresiva de la renta y la generación de crisis para acelerar los tres procesos anteriores.

En América Latina el neoliberalismo tuvo un primer periodo privatizador, en el cual fueron desguazadas buena parte de las empresas estatales, traspasadas a precios muy bajos a multinacionales del norte. Las privatizaciones fueron enfrentadas por una amplia alianza de los sectores populares y las clases medias, generando una oleada de movilizaciones que se tradujo en la caída de una docena de gobiernos derechistas, desde el Caracazo de 1989 hasta la segunda guerra del gas en Bolivia en 2005.

Deslegitimadas las privatizaciones y las dirigencias políticas que las promovieron, el neoliberalismo trasladó el núcleo de la acumulación por despojo a otros terrenos que ahora llamamos extractivismo: agronegocio, minería a cielo abierto, obras de infraestructura y especulación inmobiliaria urbana. Estamos ante lo que la socióloga Maristella Svampa denominó “consenso de las commodities”, aunque suelo optar por una definición desde abajo que la nombra como "cuarta guerra mundial".

El problema que observo, es que muchos analistas sostienen una definición mucho más restringida de neoliberalismo, que asocian a la mayor o menor participación del Estado en la economía y en la sociedad. De ese modo, se suele sostener que cuando asume un gobierno "estatista", real o discursivo, ya entraríamos en un periodo "posneoliberal".

Definir las cosas de este modo, creo que induce a confusiones. Los cambios de gobierno no afectan al modelo neoliberal, sino tocan apenas aspectos laterales del mismo. Por ejemplo, se suele mentar que las políticas sociales compensatorias son parte del nuevo periodo posneoliberal. Sin embargo se ignoran dos hechos centrales.

Uno: esas políticas no las inventaron los gobiernos progresistas o posneoliberales, sino el Banco Mundial para desarticular los movimientos antisistémicos. Dos: las políticas sociales benefician al sector financiero, al promover la bancarización de los beneficiarios. En ambos casos, refuerzan el neoliberalismo: debilitan a quienes pueden enfrentarlo y fortalecen al capital financiero.

Pero lo más importante es que el neoliberalismo, siendo la fase actual del capitalismo, no puede ser derrotado votando, eligiendo nuevos gobernantes, sino desarticulando las bases sobre las que se asienta: el poder concentrado del capital financiero que utiliza el aparato estatal como escudo y espada, más allá de los gobernantes de turno.

Sostengo que salir del neoliberalismo implica una crisis fenomenal, porque el poder construido por el capital es tan sólido que sólo puede ser derrotado en un largo periodo de autorganización de los pueblos, recuperando los mediosde producción e instituyendo formas devida no capitalistas, con poderes no estatales que las defiendan.

Una de las consecuencias más nefastas del neoliberalismo es que ha consolidado el poder de uno por ciento. Este poder amurallado en las instituciones estatales como las fuerzas armadas, que ha sometido a sus intereses al narcotráfico y otras formas de la acumulación por despojo, no puede ser desarticulado sin un cambio radical en la relación de fuerzas. Algo que nunca se consiguió votando, ni en plazos cortos.

El capital en el periodo neoliberal se ha blindado, aprendiendo las lecciones de las revoluciones triunfantes. Por eso no será nada sencillo desalojarlos del poder, tarea en la que han fracasado tanto las opciones electorales como las armadas. ¿Acaso China y Vietnam no son neoliberales?

Un problema adicional es el que denuncia Darío Aranda en una brillante nota (https://bit.ly/2mDPbbU). El extractivismo, el neoliberalisomo, son política de Estado. Los gobiernos conservadores pactan con las empresas multinacionales la entrega de los bienes comunes. Los progresistas hacen lo mismo.

El modelo extractivo primario exportador, es la continuidad entre unos y otros. Aunque los progresistas aseguren que al llegar ellos al gobierno ya no hay neoliberalismo. Que le pregunten a los pueblos.

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¿Sueñan los niños con vengadores eléctricos?

Fue en Jerusalén donde nació Amos, en 1939, en el barrio de Kerem Abraham (polvorientos tejados de fibrocemento, cardos rencorosos). Su casa era muy pequeña, no más de 30 metros cuadrados, tenía una habitación que ejercía de dormitorio, comedor y recibidor, y un pasillo que parecía haber sido excavado con cucharas de postre, para unir la cocina con la letrina. Dentro de un cubo de alambre, una bombilla esparcía virutas de luz sucia. Todavía no existía el Estado de Israel.

Leandro nació 62 años más tarde, en 2001, en Ciudad Oculta, Villa 15, Lugano, Ciudad de Buenos Aires (baldes con agua sobre jazmines en latas de choclo, cacerolas enganchadas en los primeros pisos de ladrillos huecos sin revocar, el Elefante Blanco --Perón lo soñó como el hospital más grande de Latinoamérica, la “Libertadora” lo abandonó y Macri lo demolió--, que miraba desde sus doce pisos, como un soltero sin dientes y despechado). La casa, 30 metros cuadrados, tenía dos habitaciones, una cocina y un baño sin ducha. La electricidad no faltó nunca, porque estaban “colgados” a la red de suministro. La pasta base, el “paco”, acababa de incorporarse a la vida cotidiana.

Amos era menudo, parecía vacío de músculos. A veces se escapaba con sus amigos a la zona de descarga de Tnuva, donde los pioneros bajaban desde las montañas con camiones hasta el tope de tomates y de naranjas. Ellos vivían una vida desmedida, olían a lejanía, tenían una idea de cómo hacer un mundo mejor y combatían al fuego de los asaltantes extranjeros con su fuego insobornable.

Leandro, el “Peti”, siempre fue chiquito, con una cara apenas ovalada donde sobresalían los ojos, con sus pestañas sumisas. Solía hacer caminando las 35 cuadras que hay hasta la orilla del Riachuelo, y allí, con sus amigos, jugaban a construir puertos, a desafiarse el uno al otro con empresas viscosas, como cruzar a nado hasta Villa Jardín, Lanús (agua marrón grisácea, jaspeada de verde petróleo, indolentes tarros de insecticida). Aprendió rápido a decir “te voy a matar”, sin que sonara como cosa de nene.

Entre las paredes de su casa de Jerusalén, Amos soñaba con ser --de grande-- un libro de tapas duras, forrado con piel de cabra y coloreado de rojo cereza, con un gran sello dorado. El piso de losas era el mar Mediterráneo; una estantería, la costa europea; la mesa sería África; algunos naipes, Chipre, Sicilia y Malta; una libreta mutaba en portaaviones y tres o cuatro grapas, sigilosos submarinos. Batallaba, moría combatiendo y luego regresaba a la vida, ya en otra escena, como el vengador ansiado, rubicundo y gesticulante.

El “Peti” nunca jugó a las escondidas con sus amigos. Se iba “de caravana” por la villa, miraba con codicia las armas de los mayores, con sus ojos tímidos y negros como la turmalina; ya vivía con su madre en Villa Jardín, Lanús. Soñaba con comprarle una casa más grande. Con un televisor que había pispeado en un negocio. Con armar la familia que nunca había tenido. Le fue quedando más cerca la Beretta 92 que la pelota de 32 gajos. Cuando cumplió los 7 años, le enseñaron a tirar. A los 8 aprendió. A los 9 lo mandaron a robar. No tuvo necesidad de vengarse de su padre, por los maltratos a su mamá: ya lo habían matado cuando tenía 5 años, en un ajuste de cuentas.

Una noche --Amos andaría por los once años-- su madre insomne retiró la manta, se acostó a su lado y lo abrazó y lo besó hasta despertarlo. Jugarían a contar historias, un ciclo ella, luego él. Ternura y tibieza, mientras sobre Jerusalén pasaban salvas de truenos roncos y al ras. “Cuando Zeus supo que Prometeo había conseguido robar para los hombres una chispa del fuego que el dios les había negado como castigo” (la voz dulce y sonriente de la madre), “...y luego salieron del ánfora de Pandora las enfermedades, la soledad, la injusticia, la crueldad y la muerte” (el niño, ensoñado y vehemente). El niño que quería ser un libro cuando fuera grande. Con los años los escribió, entrelazando caleidoscopios con mazorcas calientes de maíz, collares de coral con fantasmas empecinados.

Cuando no hay ternura, falta una viga maestra en la matriz primaria de un sujeto. ¿De dónde, entonces, saca el individuo el sujeto? El “Peti” cometió su primer homicidio a los 11 años. “Yo disparé primero, sino me iba a matar él”. Cuando algo falta, se desmorona lo que debía sostener. ¿Cómo puede haber consciencia de un acto, donde no hay todavía persona que lo lleve a cabo? El problema de las drogas es que las drogas nunca son la respuesta al problema. Un comisario de Villa Diamante dijo que “...solía andar con pistolas de alto calibre. Y no dudaba: disparaba. Era chiquito, tenía cara de asustado. Ni siquiera demostraba rebeldía, parecía más bien sumiso”.

Amos Oz murió en 2018 a los 79 años. Dejó una veintena de libros, traducidos a 42 lenguas. Inició su carrera durante los ’60 y fue premiado con el “Príncipe de Asturias de las Letras”. Candidato al Nobel, se hizo célebre por “Una historia de amor y oscuridad”, novela que llevó al cine la directora y actriz Natalie Portman.

 El “Peti” murió por una venganza en 2018, 4 encapuchados, 3 balazos 9 mm, en la manzana 12 de la Villa 15, en Ciudad Oculta. Se había escondido allí luego de aterrorizar Villa Jardín, de que le probaran dos asesinatos y le adjudicaran una decena más. Tenía 17 años.

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Viernes, 27 Septiembre 2019 05:52

Cambio climático mental

Cambio climático mental

Nietzsche lanza un desafío pretendiendo cambiar el valor del movimiento partiendo del niño que juega a orillas del mar, imagen del niño como representante de la regresión, del retorno al origen, emergencia de la concepción de ‘‘un después”, un porvenir, una plenitud por alcanzar; giros que se ‘‘redimen” y el olvido como regalo de la memoria.

El niño que ‘‘juega” con el mundo, dice Rovatti, tiene un aspecto ultrahumano, cada uno de nosotros puede rememorar de sí mismo un tramo, detener la imagen, percibir en ella un cierto valor de permanencia que pertenece al acervo de las cosas sencillas, aquellas sencillas maravillas que acontecen cotidianamente como el brillo del sol, el murmullo del mar, la lluvia que cae, y yo agregaría la voz de un cande andaluz que dice: ‘‘como el rayo de luna, yo sólo quiero caminar, como corre la lluvia en el cristal, como el río corre hacia el mar”. Eso que hemos perdido y trato de rescatar mentalmente.

Y así entre la lluvia y el mar, la memoria y el olvido evoco las palabras de Nietzsche: ‘‘Inocencia es el niño y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí sola, un primer movimiento, un sagrado decir de sí que sí” (Así hablaba Zaratustra, ‘‘De las tres metamorfosis”).

Pero al mismo tiempo en todos nosotros se ocultan muchos falsos niños. Más el niño de ‘‘verdad” no se avergüenza de su llanto y lo torna risa, porque sus ojos son capaces de adivinar, y sonreír por ello, al distinguir y presentir las nuevas conchillas que la próxima ola le obsequiará. Ese niño de ‘‘verdad” me parece a mí el niño aquel del poema de Federico García Lorca:

‘‘El niño busca su voz. (La tenía el rey de los grillos). En una gota de agua / buscaba su voz el niño”. Y así como dice Guillén, haciendo alusión a la obra de García Lorca:

El niño que existe en el poeta –y los dos son uno– dispone las palabras en combinaciones caprichosas, como si estuviese jugando en una playa con piedras y conchas. Así jugaba Federico, entre su imaginación y sus manos, con el mundo.

¿Existirá la posibilidad del cambio climático y que nuestros descendientes jueguen a la orilla del mar en este juego de los países compitiendo a ver quién llega primero al infierno?

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Jueves, 26 Septiembre 2019 16:14

Una investigadora perdida en la Amazonía

Una investigadora perdida en la Amazonía

Mi primer viaje a los llanos del Yarí lo realicé en el año 2006. En ese momento cursaba sexto semestre de Derecho y mi interés por el sur colombiano estaba orientado a comprender los órdenes jurídicos que surgían en medio de un contexto de ausencia estatal y presencia guerrillera. Quería conocer cómo vivía una sociedad al margen del Estado, cómo se regulaba, cuáles eran sus mitos, su cotidianidad, cuál era la incidencia de la guerrilla de las Farc en el día a día de la gente.


Me fui a buscar la magia en la manigua, quería sorprenderme con los mitos de la selva; con los cananguchales, a los que los llaneros iban en las noches para aprender las canciones de sus arpas, copiando los trinos de los pájaros; con los jaguares que podían sentir la presencia de alguien a kilómetros de distancia; y con las manadas de cajuches que si te atrapan no tienes más opción que subirte a un árbol. Quería sorprenderme con la selva en su conjunto, la que regula la producción de lluvia en la Tierra, con su ecosistema profundamente frágil y poderoso a la vez.

En mi primer viaje mis padres estaban muy asustados. Me fui para la frontera, para ese territorio donde viven los “salvajes”, coqueros, guerrilleros, narcotraficantes, y donde además se estaba librando una cruenta guerra. Yo me creía fuera de estos estigmas, sin embargo, viajaba al Yarí con cierto morbo de investigadora, y preguntaba por lo que no se debe preguntar: la guerra y la presencia de la guerrilla, preguntas incómodas que generaban largos silencios en mis interlocutores.

Este acercamiento al territorio, a partir del extrañamiento absoluto, o de comprender a los otros como opuestos totales, seres con los que no se tiene ninguna conexión, es el primer estadio de la investigación al que he llamado investigación de zoológico, esta forma de investigar peca de algunas ingenuidades, ya que, como mujer de ciudad, consideraba a los campesinos como seres perfectos, cayendo en otro estereotipo perverso, el del “buen salvaje”.

En este primer acercamiento intentaba mantener una neutralidad forzada, nunca manifestaba mis posiciones políticas, ni mostraba aprobación o desaprobación a los comentarios de los campesinos y campesinas. Se supone que así garantizaba mi seguridad, en un territorio en el que todos eran sospechosos.

Esta forma de acercamiento se vio modificada cuando la guerra afectó directamente a algunas personas con las que había convivido en mis viajes. A este momento de mi vida lo he llamado investigación consciente, o cuando te das cuenta de que el fuego quema.

Un día del año 2008, una persona con la que había intercambiado un tinto en una cafetería de uno de los caseríos en la Y (entre la Macarena y San Vicente del Caguán), y a quien había hecho una entrevista, decidió desmovilizarse. Este campesino, a quien se le conocía en el pueblo como buche de cebo, no había hecho parte de la estructura guerrillera, sin embargo, las promesas de dinero y mejores condiciones que creyó tendría tras su desmovilización, así como las múltiples deudas que tenía con habitantes de este caserío, lo llevaron a manifestar a la Brigada del ejército que él era un miembro importante del Bloque Oriental de las Farc. Diez días después de la supuesta desmovilización de buche de cebo, el caserío fue copado por helicópteros, con hombres que descendían por largas sogas; más de 700 efectivos del ejército, CTI y fiscalía llegaron y lo rodearon, apresaron a todos los que el desmovilizado señalaba como colaboradores de la insurgencia, y que, según rumores locales, eran todos aquellos a quienes buche de cebo les debía dinero.

En el operativo fueron capturadas 15 personas, entre ellas doña Esperanza, la esposa del mecánico del caserío, y don Eulises, el esposo de la panadera del pueblo; todos los capturados se encontraban en sus casas realizando sus oficios cotidianos, sin embargo, fueron presentados a la prensa nacional como miembros de uno de los anillos de seguridad del finado jefe guerrillero Jorge Briceño, alias elmono jojoy. Algunos de los acreedores o enemigos de buche de cebo pudieron huir, pero después de este incidente el caserío ya no fue el mismo.

Yo viajé a la Y quince días después y la mayoría de las personas tenían una expresión adusta; el mecánico estaba sumido en una profunda tristeza tras la captura de su esposa, y estaba buscando dinero para pagar su costosa defensa, que según nos contó, no bajaría de 20 millones de pesos. Doña Lina, la panadera, había enfermado por el impacto de la captura de su compañero, con quien había llegado hacía 30 años al Yarí, a abrir monte para buscar un mejor futuro para su familia.

Al principio me sentí triste, la mayoría de habitantes del caserío se mostraban recios a hablar conmigo, pensé que su alejamiento y rabia se debía a mis imprudencias, o algún posible error cometido y que no acertaba a recordar, sin embargo, después comprendí que yo hacía parte de un nosotros que los excluía a ellos.

Encontré explicación a esto también en la poesía, que tiene la capacidad de resumir de una manera sencilla y profunda nuestras sensaciones. El poema de José Manuel Arango, “Grammatic Certant”, resume un poco lo que sucedía cuando asumía la posición de investigadora zoológico: El nosotros/ lo saben los gramáticos/es un curioso pronombre/ Quiere decir tú y yo/ sin él / y también él y yo/ sin ti /y también él y yo / contigo y contra el resto/ En todo caso excluye siempre a alguien /De esta parte nosotros/ de la otra los otros que nosotros.

 

En este sentido mi cautela al relacionarme con ellos, mis estereotipos, mi ingenuidad, hacían parte de la larga historia de exclusión que han sufrido los pobladores de las fronteras. Yo creía estar desarrollando un proceso investigativo colaborativo y colectivo, al “atreverme” a internarme en las peligrosas selvas del sur de Colombia, para explicarle a la centralidad lo que allí sucedía, cuando en realidad sólo era una transeúnte del dolor que implica para estas comunidades ser la otredad, el revés; y en momentos de crisis como la que acabo de relatar, las diferencias entre una citadina, universitaria, que se sorprende y toma fotos a todo, y ellos, campesinos y campesinas en medio de la guerra, se vuelven más marcadas.

Comprendí que los habitantes del Yarí eran tan humanos como los habitantes de Nueva York, Medellín o Neiva, y que acaecían en ellos todas las contradicciones humanas. Comprendí que no eran ni ángeles ni demonios, y que si quería acercarme a su humanidad no debía mirarlos a través de categorías librescas, sino que debía mirar mi propia humanidad, mis contradicciones, mis miedos, mis búsquedas; esto me sirvió para sentirme emparentada con ellos y ellas, y para construir relaciones más fraternas; así mismo, dejé a un lado la coraza de la neutralidad que me había acompañado hasta ese momento.

En el Yarí conocí a Isa, guerrillera, yo, investigadora. Nos volvimos amigas en la casa de don Pachito, y desde entonces nos encontramos en nuestras alegrías y dramas cotidianos. En el 2013 conocí también a Erika, feminista, yo, comprendiendo el feminismo. Y nos volvimos amigas. Con las dos me aventuré a apostarle a este relato, con las dos he descubierto también la magia y me encanta que hagan parte de mi vida.

En el 2016 me convertí en madre del bello Yako Simón, algo que cambió completamente mi cotidianidad, pero también mi visión como investigadora. La maternidad me hizo entender de otra forma los afanes y las angustias de los habitantes de las regiones de guerra en Colombia; comprendí la urgencia de tener un pedazo de tierra, las reglas comunitarias que garantizaban la existencia de una escuela en cada vereda y el acceso por vía carreteable. Comprendí que la insistencia de vivir en lugares lejanos, inhóspitos y donde la guerra campea, es la insistencia de la vida por permanecer.

Con la maternidad comprendí más profundamente las angustias y los sueños de estos campesinos y campesinas. A este momento de la investigación lo denomino investigación vivencial, que me hace seguir aquí, en la amazonía colombiana, perdida en la manigua.

*    Decirle a una mujer que es una perdida es decirle que ha incumplido con todo lo que se esperaba de ella, así que nosotras queremos reivindicar ese perderse de las mujeres, porque han fracturado el molde patriarcal que las acecha. En Relatos de Mujeres Perdidas presentaremos tres historias, en tres tiempos y tres territorios del país: la selva, la ciudad y el páramo, donde las tonalidades del conflicto armado se han sentido en distintos niveles.

                Estas narrativas están hiladas como un tritono disonante y subversivo. Esa figura musical se ha considerado siniestra desde el Medioevo, y las mujeres que aquí tejen sus historias, se han hecho cada vez más feministas y más siniestras. En sus historias perdidas encontraron algo de conexión con su identidad y potencia, así que aquí está la primera entrega.

Publicado enEdición Nº261
Martes, 24 Septiembre 2019 06:07

La incoherencia de los otros

La incoherencia de los otros

No siempre pero, por lo general, las discusiones políticas no conducen a nada. Cada vez menos, porque la cultura del disenso civilizado se ha perdido casi completamente (probable efecto de sustituir las tertulias de café, cara a cara, por el barbarismo semianónimo y a distancia de las redes sociales) y la política se ha convertido en una pasión de fútbol, en un acto de fe religioso contra cualquier evidencia. En el hemisferio norte se ha deteriorado aún más rápido que en el sur y ya desde hace tiempo campea el tribalismo. Como todo, o casi todo, aquí siempre ocurre primero y se realiza más rápido. Pera peor, algunos andan a la búsqueda de (¿cómo decirlo?) un “tenis dialéctico” y no sé cómo hacen pero logran meterte en su juego.

Más o menos la cosa fue así:

—¿Vio que Daniel Martínez, el candidato socialista a la presidencia de Uruguay, tiene una hija estudiando aquí en Estados Unidos? —me dijo un visitante de Uruguay.

—No sabía. Pero muchos chinos son comunistas y tienen cientos de miles de hijos estudiando aquí. También nuestros estudiantes estadounidenses van a estudiar a Cuba, aunque el gobierno de aquí no les permite mucho tiempo. Por no hablar de los votantes de Trump que pasan sus vacaciones en Cancún o se jubilan y se van a vivir a Ajijic en México.

—Incoherencias. Como ese Rafael Correa, el expresidente de Ecuador. ¿Lo conoce? Se recibió de economista aquí en Estados Unidos… ¿Sabía?

—Sí, una buena parte de los yanquis dicen lo mismo: las universidades están infestadas de progresistas. Hace años, tal vez dos décadas, copié el artículo “¿Por qué el socialismo?” de Einstein, de cuando daba clases en Princeton University, y lo publiqué en un foro con otro nombre. El texto recibió una lluvia de insultos. “Idiota” y “Retardado mental” fue de lo más amable que escribieron los genios. Tal vez el hombre estaba equivocado, pero retardado mental… Las universidades se caracterizan por reclutar tontos de todas partes del mundo. Hice lo mismo con otro texto del Dr. Martin Luther King, sobre su socialismo y contra la guerra de Vietnam. “Traidor” y “antipatriota” fueron de las acusaciones favoritas…

—¿Es usted socialista?

—Nunca supe qué soy, exactamente, y no creo que sea importante. Cuando era niño los militares me arrastraron de un brazo por no obedecer órdenes y un par de profesores en la secundaria me expulsaron de clase por preguntar qué entendían ellos por democracia y derechos humanos. Pero rebelde sería un título muy grande. Inconformista, tal vez. Sí, suena menos pretencioso y no llega a ser un insulto.

—Yo no me avergüenzo de decir que yo sí siempre supe quién soy y sé quién es quién cuando lo escucho hablar.

—Bueno, prefiero que no me lo diga. Para eso están los vómitos y comentarios a pie de página. Ahora, si le sirve de consuelo, en Estados Unidos hay más zurdos que en la mayoría de los países del Sur.

—A mí lo que me jode es la inconsistencia. Le repito, esa de Martínez…

—¿No es usted capitalista y neoliberal y vive en Uruguay, “gobernado por quince años por socialistas y tupamaros”, como dice usted mismo? A mí no me parece que eso sea una incoherencia. Sería sospechoso si todos pensaran como Mujica o como Tabaré Vázquez. Más que sospechoso, sería una secta de tres millones de individuos.

—No todos somos…

—Aquí tampoco somos todos… Mucho menos una secta de trescientos millones, aunque es lo que quisieran los autoproclamados patriotas, nacidos aquí o recién llegados, que se creen dueños de todo un país. ¿O también van a proponer una limpieza ideológica, país por país y comarca por comarca?

—Pero si se dicen socialistas deberían por lo menos vivir como Mujica, en una cueva. Al viejo tupamaro no lo trago, pero al menos vive en una cueva.

—Es lo que quisieran, que todos los que piensan diferente vivan en una cueva. Pero de verad no creo que el objetivo del socialismo sea la pobreza sino todo lo contrario. El hombre vive como quiere vivir no porque sea socialista sino porque es un poco hippie, medio Thoreau. Igual eso no lo salva de los insultos. En julio estuve en Uruguay y una señora, que hablaba igualito a Mujica, me quería convencer de “todo lo que se había robado Mujica”. Le faltó decir que por eso vive en un palacio.

—Socialistas ricos como Maradona hay muchos.

—No me interesa la vida privada de Maradona ni la ningún otro ejemplo particular, pero si es una incoherencia ser un socialista rico también lo es, y peor, ser un capitalista pobre, y de éstos no hay solo ejemplos y excepciones. Son la norma.

—Dele todas las vueltas que quiere darle al asunto. Pero al pan, pan y al vino, vino. Si uno es socialista no debería estudiar en Estados Unidos.

—Y todos deberían comer solo McDonald’s, mirar “beisbol” e ir a la iglesia los domingos por la mañana a lavar los trapos sucios…

—No caricaturice.

—¿Usted es capitalista y recurre al maldito Estado dos por tres? ¿Dónde está la coherencia, entonces?

—¿Yo? Yo pago mis impuestos. Es el Estado el que vive de mí.

—Pues muy bien, con toda esa plata que le paga de impuestos al Estado, intente pagar la policía que cuida de sus propiedades; las escuelas, la salud y la jubilación de sus hijos o de sus empleados; las ayuda a los más pobres para que no afeen la ciudad ni el frente de su casa ni las puertas de las iglesias; intente rescatar las grandes empresas capitalistas, generalmente insaciables, que cuando se hunden le van a llorar al gobierno de turno para que las salve… Haga cuentas y luego me dice si le alcanza.

—Si los privados invirtiésemos el dinero de los impuestos en fondos de inversión y nos organizáramos, podríamos hacer todo eso.

—Pues, justamente eso se llama Estado.

Publicado enCultura
Domingo, 22 Septiembre 2019 05:52

Thomas Piketty, contra la propiedad privada

Thomas Piketty, contra la propiedad privada

El economista francés, gran teórico de la desigualdad, publica ‘Capital e ideología’, un monumental ensayo que propone “la circulación de bienes” para “superar el capitalismo”

No es la lucha de clases, ni la mano invisible del mercado, ni menos aún la historia de los grandes líderes y batallas lo que mueve el mundo, sino las ideas, según el economista francés Thomas Piketty. Y el aleph que a casi todo da sentido, la llave de la evolución de las sociedades es la propiedad privada. Quién posee qué y en nombre de qué.

Las desigualdades crecientes de ingresos y patrimonio, que Piketty diseccionó en una obra anterior, el superventas El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica, 2014), son producto de una ideología. Cada momento tiene su justificación, un argumento que lo sostiene, y transformar el mundo obliga a cambiar de ideas. “Dar un sentido a las desigualdades, y justificar la posición de los ganadores, es una cuestión de importancia vital. La desigualdad es ante todo ideológica”, escribe en Capital e ideología, recién publicado en Francia y que lanzará Deusto en castellano.

El nuevo libro es ambicioso. Empezando por las dimensiones: 1.200 páginas. Abarca siglos, desde la Edad Media hasta hoy. Se extiende por cuatro continentes. Desborda las disciplinas académicas: de la economía a la historia, de la ciencia política a la teoría de la justicia y a la literatura. Las novelas de Jane Austen, Balzac o Carlos Fuentes ofrecen tanta o más información que una batería de gráficos y tablas, unas 170, sobre la historia de la propiedad privada y su efecto en las desigualdades.

“Hoy afrontamos una lógica de acumulación sin límite y de sacralización del derecho del propietario”, dijo esta semana Piketty en un encuentro con corresponsales en la Paris School of Economics, donde codirige el Laboratorio Mundial de la Desigualdad. “Y olvidamos que los grandes éxitos del siglo XX en la reducción de las desigualdades, pero también en el crecimiento económico, se obtuvieron re-equilibrando los derechos del propietario con los del asalariado, el consumidor. Se hizo circular la propiedad”.

Capital e ideología contiene tres libros en uno. El primero y más extenso —las 800 primeras páginas— es una historia detallada de lo que el autor llama los “regímenes desigualitarios” o “de desigualdad”. Comienza por el Antiguo Régimen y la desigualdad “trifuncional” de las sociedades divididas en el clero, la nobleza y el tercer estado. Si aquel sistema perduró durante siglos, fue porque una ideología lo sostenía, disfrutaba de una legitimidad: se justificaba por la necesidad de seguridad, que debía garantizar la casta guerrera, y de sentido, del que se encargaba la casta sacerdotal.

De la ideología “trifuncional”, Piketty pasa a la “sociedad de propietarios”. La Revolución francesa de 1789 abolió los privilegios, pero no la propiedad privada, que podía incluir a los esclavos. Entre 1800 y 1914, las desigualdades se disparan y superan los niveles del Antiguo Régimen. “El argumento de la época era que, si se cuestiona el derecho de propiedad, adquirido en un marco legal, nunca sabremos dónde parar, y el caos se impondrá”, explica Piketty.

El periodo de entreguerra en el siglo XX es una transición entre el “propietarismo” desigualitario y no regulado del siglo XIX, y la era socialdemócrata de la posguerra mundial. Estados Unidos y Europa adoptan entonces fiscalidad progresiva con tipos impositivos que superaron el 80%, sistemas de protección social avanzados y el acceso a la educación. Deja paso a partir de los ochenta, con la revolución reaganiana y la caída del bloque soviético, a lo que Piketty denomina el “hipercapitalismo”. La ideología desigualitaria, lo que en este periodo, que es el nuestro, legitima el statu quo, sería la meritocracia, “la necesidad de justificar las diferencias sociales apelando a capacidades individuales”.

La “izquierda brahmán”

Aquí termina el primero de los tres libros. El segundo, que ocupa las 300 páginas siguientes, es un estudio sobre la evolución del sistema de partidos en Europa y Estados Unidos. En unos años los socialdemócratas han pasado de ser el partido de la clase trabajadora al de la élite con diplomas universitarios, y han abrazado las ideologías de la desigualdad. Son los cómplices necesarios del “hipercapitalismo”, según Piketty, que acuña el término de “izquierda brahmán” (por el nombre de la casta sacerdotal hindú). Esta domina la élite política junto a la “derecha mercader” (las élites económicas y empresariales). Es un eco de la sociedad “trifuncional” del Antiguo Régimen que deja a las clases populares en la intemperie política y a la merced de los mensajes nacionalistas y racistas.

El tercer y último libro dentro de Capital e ideología es el más breve, menos de cien páginas, pero el más debatido en Francia. En este capítulo, Piketty lanza su programa de “socialismo participativo” para “superar el capitalismo y la propiedad privada”. El objetivo es convertir la propiedad en “temporal” y “organizar una circulación permanente de los bienes y la fortuna”. Defiende una integración federal de la Unión Europea. Y aboga por un impuesto sobre el patrimonio con un tipo máximo del 90% para los supermillonarios, por una cogestión de las empresas en las que los trabajadores compartan el poder, y por una especie de herencia para todo joven de 25 años de 120.000 euros.

“El hipercapitalismo del siglo XIX, previo a 1914, se estrelló contra la competencia muy fuerte entre países, que eran potencias coloniales. De tanto acumular activos en otras partes del mundo, acabaron destruyéndose mutuamente”, concluyó Piketty en la citada conversación. “Hoy no ocurrirá lo mismo. Pero lo que puede ocurrir es que este divorcio con las clases populares conduzca a una explosión de la Unión Europea y a un repliegue en las identidades nacionales”.

MARC BASSETS

París 22 SEP 2019 - 02:37 COT

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Domingo, 22 Septiembre 2019 05:36

Volvieron los chalecos amarillos 

La policía reprime  en la protesta de los chalecos amarillos en Bordeaux.  Imagen: AFP

La convocatoria coincidió con las movilizaciones de sindicatos que se oponen a la reforma jubilatoria impulsada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y movimientos ambientalistas. El saldo: represión, gases lacrimógenos y 160 detenidos.

Los chalecos amarillos volvieron a salir a las calles en París, en una jornada de protesta en la capital francesa. Ese mismo día también convocaron sindicatos que se oponen a la reforma jubilatoria impulsada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y movimientos ambientalistas. Esto encendió la alarma del gobierno francés que desplegó un mega operativo con 7.500 policías en las calles. Los agentes no dudaron en reprimir las movilizaciones que tuvieron un saldo aproximado de 160 detenidos.

Los chalecos amarillos intentan volver a tomar fuerza en la que fue su 45ª jornada de protestas. Se concentraron en varios puntos de la capital francesa, como en la plaza de la Madeleine, para manifestarse contra las políticas del presidente francés La jornada no había sido autorizada por el gobierno, pero sus integrantes la mantuvieron y acabaron siendo dispersados con gases lacrimógenos en distintos puntos de la ciudad. 

El colectivo indicó en su cuenta en las redes sociales "Le nombre jaune" (El número amarillo), creada para ofrecer sus propias cifras, que la participación se elevó a un mínimo de 91.430 personas. También formaron parte de la jornada los denominados “black blocs”, grupos de personas que visten completamente de negro y apoyaron a los “chalecos amarillos”. En medio de un gran dispositivo de seguridad que blindó la capital francesa, los agentes también reprimieron a los manifestantes que se dirigían hacia la avenida de los Campos Elíseos. El operativo policial comenzó el viernes por la tarde, cuando acordonaron barrios enteros del centro de la capital. Durante toda la jornada policías de uniforme y de civil cachearon a los asistentes.

Las movilizaciones de los chalecos amarillos comenzaron en noviembre del año pasado en oposición a la suba de los impuestos al gasoil. En diciembre alcanzaron su punto más álgido con las protestas contra la represión que sufrieron en movilizaciones anteriores. La presión ejercida por este grupo obligó al presidente Macron a anunciar un paquete de medidas económicas para mejorar las condiciones de vida de la clase media y trabajadora. Sin embargo muchos de sus miembros las consideraron insuficientes y reanudaron la toma de las calles. El movimiento se extendió, aunque en menor medida, a países como Bélgica, Holanda, Alemania y España.

Esta movilización coincidió con otras dos. Por un lado el Frente Obrero llamó a salir a las calles contra la reforma del sistema jubilatorio que promueve el ejecutivo francés. También convocaron a una marcha grupos defensores del medio ambiente, un día después de la histórica “huelga mundial por el clima", que en Francia no resultó muy importante (en torno a 10.000 personas en París). En otras partes de Francia también se organizaron este sábado manifestaciones por la "urgencia climática y social". En Lyon (centro-este), unas 5.000 personas se congregaron por la mañana en el centro de la ciudad, según la prefectura. "Stop al ecocidio", se leía en la pancartas. Ante los enfrentamientos con la policía paricina, las oenegés Grenpeace y Youth For Climate, que convocaron, instaron a los manifestantes a abandonar la marcha.

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