Jueves, 29 Agosto 2019 06:20

Contra el silencio y el olvido

Contra el silencio y el olvido

Después de más de un año de la rebelión cívica en Nicaragua, y de la despiadada ola represiva que dejó centenares de muertos, heridos, encarcelados y exiliados, el régimen se encierra en sí mismo para negar toda posibilidad democrática. Su aspiración parece ser la de prolongarse en una "normalidad" forzada, que haga a la comunidad internacional acostumbrarse a convivir con una dictadura más en América Latina, de las muchas a lo largo de la historia.

El férreo control único, policía, fiscales, tribunales, diputados, magistrados electorales, apunta a ganar tiempo y silencio para llegar a las elecciones del año 2021, y bajo las mismas reglas fraudulentas del sistema electoral viciado, y quizás apenas retocado, conseguir de nuevo la relección de Ortega, que empezaría su quinto periodo acercándose a los ochenta años de edad.

Un país convertido en el reino del olvido, sujeto a la mediocridad cotidiana, del que nadie se acuerde, como el Paraguay del doctor Francia, en la primera mitad del siglo XIX, que describe en colores tan sombríos Augusto Roa Bastos en Yo el Supremo.

Si los niveles de deterioro siguen progresando, las condiciones económicas habrían devuelto a Nicaragua en ese año de 2021 al Producto Interno Bruto que tenía a comienzos de los años sesenta del siglo pasado. Un país situado en la cola del desarrollo, ese territorio de allá atrás desde donde los ruidos llegan confusos y amortiguados.

Y más exiliados, jóvenes sobre todo. Ya hay centenares de miles en Costa Rica, en el resto de Centroamérica, en Estados Unidos. El primer producto de exportación de Nicaragua son los nicaragüenses: las remesas de los emigrantes se colocan ya muy por encima del café, o de la carne, o del oro.

De acuerdo a esa visión arcaica, los aliados internacionales de Ortega son ahora casi todos lejanos y fantasmagóricos: Abjasia y Osetia del Sur, los dos territorios del Cáucaso que Putin arrancó a Georgia; Sudán del Sur, sometido a la guerra civil y las hambrunas, con el que Ortega ha establecido recientemente relaciones diplomáticas; Irán, cuyo canciller, Mohamad Javad Zarif, estuvo hace algunas semanas de visita oficial en Managua; y, hasta cuando dure, la agónica Venezuela de Nicolás Maduro.

Pero Nicaragua es, por el contrario, un país vital y abierto, que resistirá el aislamiento y la parálisis, y que no dejará nunca de demandar libertad y democracia, como lo ha hecho a lo largo de su historia. Y que pugnará siempre para que no se olvide que por debajo de la losa de silencio que se trata de imponer, y por encima de la arbitrariedad cotidiana, está latente la rebeldía, que es la que al fin y al cabo se impondrá.

Las arbitrariedades llegan a volverse cómicas, pese a la cauda trágica que arrastran. Este es el único país del mundo donde los colores de la bandera nacional, azul y blanco, convertidos en símbolos de resistencia por la gente, están prohibidos, y exhibirlos o desplegarlos es penado con golpizas y prisión: como en una novela de Jorge Ibargüengoitia, a un ciudadano que pintaba las paredes de su casa de azul y blanco la policía le decomisó la brocha y los botes de pintura, y luego, manu militari, fue vuelta a pintar de verde y amarillo, colores que la autoridad estimó que la casa de este ciudadano debería tener: los gustos y colores están confiscados.

Que no se olvide, fuera de nuestras fronteras, que la empresa de televisión 100% Noticias sigue silenciada, sus oficinas y estudios ocupados por fuerzas policiales, y su director, Miguel Mora, pasó preso medio año en una celda de aislamiento.

Las instalaciones de la empresa de comunicaciones que publica el semanario Confidencial y emite los programas de televisión Esta Semana y Esta Noche, también se encuentran ocupadas, y su director, Carlos Fernando Chamorro, fue forzado al exilio en Costa Rica, igual que otros periodistas de esos medios.

Los únicos dos diarios de Managua, La Prensa y El Nuevo Diario, están siendo estrangulados por la retención arbitraria de papel y tinta en la aduana lo que los obliga a salir con un reducido número de páginas, y hace inminente el cese de su publicación.

Un país donde los jóvenes, con inmensa sabiduría y madurez, han renunciado a la lucha violenta y buscan una salida democrática sin más derramamiento de sangre, merece ser escuchado, y no ser sometido al silencio y al olvido que la dictadura pretende, convirtiendo en normal lo anormal.

Lo que la gente quiere, y se impondrá al fin y al cabo, es un país con alternabilidad democrática, sin posibilidad de relección, ni de sucesión familiar; donde los votos sean contados limpiamente, donde impere la separación de poderes, donde los jueces fallen de manera independiente, donde la política no sea el refugio de los mediocres, los actos de corrupción deban ser castigados, y todos puedan expresarse libremente; un país libre de la mentira oficial.

Y es lo que Nicaragua conseguirá.

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Martes, 27 Agosto 2019 11:46

¿Reír o llorar?

No sabe uno si reír o llorar. Este ambiguo sentimiento es lo que genera el discurso de Iván Duque, quien ahora funge como presidente de Colombia, con motivo del bicentenario de la república. Para nuestros propósitos, enfocaremos su lectura a partir del intertítulo “Los siguientes 200 años”.

¿Reír o llorar? También puede ser perplejidad al comprobar sin tapujos que al frente del país está empotrada una clase, un sector de la misma, que sólo le desvela el control del poder, su violenta concreción como mecanismo para negar toda voz de disidencia, y para concretar negocios –los ‘legales’ y los que rompen toda regla. Esa clase, ese sector, carece de proyecto de país soberano, así como de dignidad o nada que se le parezca; tampoco de memoria y mucho menos de visión futurista.

Para que no queden duda ni sospechas sobre lo anotado, veamos el correspondiente y aludido apartado del discurso: 

 

“Los siguientes 200 años”

 

Hoy, apreciados amigos, tenemos el desafío de aprovechar la oportunidad única del bicentenario para reflexionar y mirar hacia adelante, mirar hacia la Colombia que queremos construir para los 200 años siguientes.

Nuestro país debe consolidar el Pacto por la Equidad; debe consolidar ese sendero hacia el cierre de las brechas y también afincar la justicia social.

Debemos apostarle a una de las grandes características de la personalidad de lo que es y ha sido Colombia: esa vocación empresarial, esa vocación que algunos llaman rebusque pero que se transforma también en la posibilidad de crecer y generar empleos; de llegar a otros países, de posicionar nuestras marcas, nuestro diseño.

Hoy debemos continuar el legado de los primeros años de la República y desterrar para siempre la violencia, construyendo un país donde reine la legalidad y donde se materialice ese maravilloso lema de nuestro escudo, que dice: Libertad y Orden.

Debemos apostarle al futuro de una Colombia sostenible, consciente de su riqueza y su diversidad ambiental, con energías renovables, conscientes de nuestra responsabilidad para mitigar los efectos del cambio climático”.

Sí, esto es todo lo que despertó y proyectó en el cerebro y el ánimo de quien(es) hoy controlan el gobierno colombiano, el reto implícito en la frase “Los siguientes 200 años”, lo que deja al desnudo el proyecto de poder que representan –y han significado para el país por décadas–, explicación también del desastre social en que sobreviven millones de connacionales.

Y así actúan, no porque no conozcan el país y la sociedad que controlan y oprimen sino porque proponerse construir una sociedad en justicia y felicidad, como en su tiempo reivindicó Simón Bolívar, para aterrizar el discurso en la realidad, tendría el sistema que romper la concentración de riqueza y dejar como desagradable asunto de la memoria la injusticia real que cabalga entre nosotros. Únicamente así se podría encarar el tema de la equidad a que aluden, al que no se arribará por acuerdo, pues no les asiste la voluntad para ello. Y no porque tengan mala disposición sino –simplemente– porque esa es la esencia del capital: acumular, oprimir, negar, especular, dominar… La voluntad violenta ya es una particularidad de la clase que por dos siglos les ha negado a las mayorías algo esencial y simple: vida digna.

Concentración de la riqueza que en nuestro país alcanza indicadores simplemente vulgares: siempre en índice Gini, tenemos que la concentración de la tierra es de 0.863, pero entre propietarios de ésta asciende a 0.886; para la riqueza equivale al 0.81, en concentración accionario es del 0.98.

Pero estas realidades no son de ahora. El asunto es de doscientos años, a lo largo de los cuales las mayorías siguen careciendo de un real acceso a la tierra, privilegiando la violencia para impedirlo. La reforma agraria, tantas veces reivindicada, y proclamada como bandera para despertar esperanzas nunca satisfechas, con sus adjuntos de integralidad que la hacen más que un simple asunto de tierra, sería el conducto para ello. Sin embargo, el país se desangra precisamente porque terratenientes, militares y aliados en gremios de todo orden, así como multinacionales de diverso origen e intereses en la tierra, se niegan a ello.

La tierra. Esta reivindicación está asociada hoy, con todas sus implicaciones, al reto de un ambiente integral, equilibrado, mediante la valoración de la naturaleza como un todo –no una mercancía–, con derechos pero también asociada al asunto no menor de la soberanía alimentaria, todo un contrasentido en la abyecta decisión de las clases dominantes de abrir el país a la producción agrícola elaborada por las potencias, en particular los Estados Unidos, a costa del hambre, el desempleo, el desplazamiento, de millones de campesinos colombianos.

Ambiente. Estudiado desde la ecología, la biología y otras ciencias, que al decir de Leonardo Boff identifica la pobreza como el principal reto ecológico de nuestros países. ¿Podrá la clase en el poder, y su vocero de turno, decir algo sensato acerca de las relaciones entre pobreza y crisis medioambiental, pobreza y cambio climático? Al parecer, apenas lugares comunes, palabras huecas para cumplir con el registro de los medios masivos de comunicación, pero nada inteligente, lo cual sería más exigente entre nosotros, en cuanto país caracterizado como uno de los que contienen mayor vitalidad natural, que se constituye por sí sola en uno de nuestros mayores potenciales para proyectarnos e integrarnos al mundo de hoy, y al de los próximos siglos, tiempo en el cual los países como hoy los conocemos –aislados y divididos por fronteras– serían cosa del pasado, llegando a la integración como especie, en un territorio único que todos podrán habitar en el lugar que mejor le plazca. En esa ruta, ¿en qué forma liderará Colombia, como nación, tal prospecto en la América toda?

A este potencial habría que llegar por común acuerdo entre los pueblos de todos aquellos países registrados como tales en la ONU, entidad que deberá sufrir una drástica reforma en las próximas décadas, dejando de ser el instrumento de control de las potencias para pasar a ser el espacio real de concertación global que requiere la humanidad para vivir en paz, compartiendo potencialidades y redistribuyendo los frutos del trabajo humano, de manera que allí donde haya más de lo necesario se comparta sin mezquindad con quienes tienen déficit en cualquiera de los campos que implican vivir en bienestar.

Vivir en armonía con el resto de nuestra especie demanda hacer de la paz entre nosotros una realidad, para lo cual la violencia debe dejar de ser el recurso por excelencia del poder para imponer sus designios. Empezar a transitar tal camino, un reto de hoy, para ya, es imprescindible que el establecimiento garantice la vida de los líderes sociales, que el derecho a la protesta sea más que letra muerta, que la disidencia sea derecho y que los desacuerdos internos tengan siempre una mesa dispuesta para ser tramitados.

Nada de aquello es posible sin que la clase en el poder renuncie al terrorismo de Estado, postulado y práctica tan querida por el establecimiento. El primer paso para ello es el control y la desaparición del paramilitarismo; el segundo, la reforma integral a las Fuerzas Armadas –empezando por separar a la Policía de tal estructura, desmilitarizándola–; el tercero, la reformulación de la doctrina que la guía –superando el concepto de enemigo interno–; el cuarto, la reducción de su tamaño y su presupuesto; el quinto, la separación de su sometimiento a la doctrina y el mando efectivo proveniente desde los Estados Unidos.

Vivir sin violencia, en paz, exige reconocer un mal histórico de Colombia: la militarización de la política, rompiendo con ese escollo, camino hacia lo cual se requiere abrir el Estado a la participación múltiple de la sociedad, sin restricciones ni controles que hacen de la igualdad de oportunidades una quimera, al tiempo que se abran espacios de todo tipo para que los millones que somos podamos vivir fruto del trabajo, no del rebusque, un recurso al cual acuden millones ante el signo trágico del desempleo y el desamparo estatal. Únicamente así podemos avanzar, creando espacios a fin de conseguir lo necesario para vivir, fruto del trabajo estable y bien remunerado, en que cada persona realice sus sueños, y por tanto el trabajo deje de ser el castigo que para una inmensa mayoría significa hoy. Así, todos y cada uno de los connacionales sentirían que son parte de una sociedad en la cual debe y puede participar de su organización. De otra manera, la política seguirá siendo asunto de algunos pocos, aquellos que encuentran en ello una profesión, incrustándose por esa vía en una burocracia que reproduce el mismo sistema que administran, prolongando desigualdes y exclusiones.

Son estas, como otras muchas proyecciones posibles de dibujar entre el conjunto nacional, lo que no pasa por la cabeza de quienes se niegan a aceptar que el país de hoy no es el requerido por la inmensa mayoría de la sociedad colombiana. Son estas proyecciones, no los lugares comunes de un discurso lleno de formalidades, lo que debemos discutir para sentirnos parte de la humanidad, y para saber que hoy podemos construir un país distinto del heredado tras doscientos años de exclusiones y violencia estatal.

Son estos sueños y estas proyecciones, hoy más que nunca, los factores para que el chalán que impone su poder a sangre y fuego termine su ciclo, y el sub que lo secunda pase a pronto y buen retiro. Así, el llanto y la risa serán por motivo de alegría y no por perplejidad.

Publicado enEdición Nº260
Iván Duque, un año de gobierno y todo como si nada

Cumplimos un año de gobierno en Colombia del presidente Iván Duque. Aún no vemos significativos avances ni una muestra evidente de su talante como Jefe de Estado. Su gobierno se ha visto debilitado por su inexperiencia y por reducir la agenda a modificar y/o atacar los Acuerdos de Paz. Las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que no fueron aprobadas en el Congreso de la República, evidencian el desgate sufrido por este gobierno al oponerse a la Justicia Transicional creada para garantizar los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la garantía de no repetición. 

 

Continuidad al servicio del capital privado

 

El primer año de Duque mostró que su gabinete, venido en su mayoría del sector privado y del empresariado, está conformando un Estado corporativista, privilegiando el interés privado en detrimento del  público. Veamos algunos algunos particulares: la Ministra de Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, viene de representar el gremio de la telefonía móvil –Asomovil–, el Ministro de Agricultura, Andrés Valencia, representante de la Federación Nacional de Avicultores –Fenavi–; Sylvia Constain, ministra de Tecnología de la información y las comunicaciones, trabajaba con las grandes empresas tecnológicas Facebook y Apple en Colombia, y el Ministro de Defensa Guillermo Botero, quien viene de representar a la Federación Nacional de Comerciantes –Fenalco–. Este perfil del Gabinete evidencia la efectiva privatización del aparato de Estado –para mayor beneficio de unos pocos–  que desde la apertura económica propulsada por el entonces presidente César Gaviria, realizan en Colombia en contra del Estado Social de Derecho. 

A lo anterior se suma, la línea ideológica de extrema derecha en la cual se ha ubicado el presidente Iván Duque desde que fue congresista por el Centro Democrático, partido dirigido por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, reconocido por sus acciones en contra de las clases populares, de las comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes y trabajadoras del país. A pesar del distanciamiento existente entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el gobierno uribista por el tema del acuerdo con la Farc, tal distanciamiento no se refleja en materia económica. Las coincidencias existentes entre ambos gobiernos permiten a Duque continuar con algunas políticas heredadas, líneas estructurales del poder en beneficio del capital privado, nacional e internacional. 

Como parte de ello, la firma de tratados de libre comercio y la admisión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –Ocde–, no distan mucho entre los gobiernos Uribe-Santos. A esto se suma el desmonte de la legislación agraria y rural, en perjuicio de los derechos del campesinado, indígenas y afrodescendientes.  A su vez, la búsqueda de la limitación de los mecanismos de participación ciudadana también está en la agenda actual del Gobierno, tanto las consultas populares, como las consultas previas, libres e informadas para pueblos indígenas, afros, rom, palenqueras y raizales están en la mira para su modificación, todo ello enmarcado en el modelo de desarrollo extractivista privilegiado por los últimos gobiernos: explotación de minerales, hidrocarburos y agricultura, extensiva como forma de generar mayores ingresos para unos cuantos. 

 

Represión y profundización del modelo neoliberal y extractivista

 

El pasado mes de marzo se realizó en el suroccidente colombiano una movilización que duró más de 29 días, la denominada Minga por la Vida, el Territorio, la Democracia, la Justicia y la Paz. Las organizaciones movilizadas en el departamento del Cauca exigían al actual Gobierno, entre otras, el cumplimiento y la implementación de los acuerdos históricamente firmados por los diferentes gobiernos con las organizaciones, incluído el Acuerdo de Paz firmado con las Farc; el desmonte del paramilitarismo y medidas efectivas de protección a los líderes sociales; la no fracturación hidráulica (fracking) para la extracción de hidrocarburos; la negativa a la autorización de minería en páramos; el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos; la no intervención en países extranjeros, y un diálogo franco y abierto entre las organizaciones y el gobierno nacional para discutir  asuntos de suma importancia para el país, entre otras demandas. 

La respuesta del presidente Iván Duque no se hizo esperar, por un lado instalaba las mesas de negociación y por el otro reprimía la movilización social. Después de avanzar en los diálogos y de firmar una vez más acuerdos, el diálogo entre Duque y las organizaciones no se pudo dar. Según el exFiscal General de la Nación, Nestor Humberto Martínez, detectaron “un posible atentado contra el mandatario”, hecho que frustró el encuentro entre las partes.   

De manera simultánea, en el Congreso de la República se discutía el Plan Nacional de Desarrollo, derrotero del gobierno hasta el 2022, Plan que condensa el modelo de país y de desarrollo que el actual Gobierno quiere para Colombia. Muchas críticas recibió el trámite y la aprobación del mismo, por lo que ya cursan demandas de inconstitucionalidad de algunos de los artículos aprobados. Se introdujo en el texto una seria de reformas que por la forma como fueron discutidas y presentadas, vicían su aprobación. Cabe resaltar que, como lo han señalado académicos, investigadores, analistas y congresistas de la oposición, el Plan de Desarrollo es una muestra más de la profundización del modelo neoliberal y extractivista imperante desde gobiernos anteriores. 

 

Afectaciones para las poblaciones y territorios rurales

 

La política de desarrollo rural y agraria de Duque no es distinta a la implementada por el gobierno anterior. El Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad”, sentó con claridad cómo se va a enfocar en grandes gavelas para el capital nacional e internacional. Por su parte, para los campesinos, afrodescendientes e indígenas este Gobierno plantea más de lo mismo, y mayor regresividad en los derechos. 

En el caso de los pueblos indígenas, el artículo 338 es una muestra de cómo el Estado se baja de sus funciones como garante de derechos y se los cede a los sectores económicos y empresariales, en este caso el derecho fundamental a la Consulta Previa, libre e informada. Según el texto aprobado, a partir de ahora serán las empresas interesadas en proyectos a desarrollarse en territorios colectivos quienes financien los procesos y gastos en los cuales deban incurrir para la garantía del derecho a la Consulta Previa. Es decir, juez y parte. Este artículo es un vil ataque a los derechos de los pueblos indígenas, afros, raizales, palenqueros y rom, que verán una vez más sus territorios explotados y sus comunidades divididas y amenazadas por intereses externos. 

A lo anterior se suma la grave situación para el campesinado y víctimas del conflicto armado, pues en este periodo se termina la vigencia de la ley de víctimas y restitución de tierras, ley 1448 de 2011. Durante el gobierno de Iván Duque no se han visto mayores avances en su implementación y, por el contrario, a través de la bancada del Centro Democrático se ha presentado una iniciativa para cambiar el sentido de la ley en beneficio de quienes se aprovecharon del despojo a las víctimas. Como bancada de oposición y de la paz buscaremos, a través del legislativo, no sólo rechazar la propuesta del Centro Democrático sino que se prorrogue por un tiempo más esta ley, hasta que se haga efectiva la restitución de las tierras a las víctimas. 

No es alentador el panorama del agro colombiano con el actual Gobierno. Los paros de los productores de panela y café evidencian cómo se están llevando a cabo los planes del Gobierno en materia agropecuaria. Las importaciones, debido al desmonte de aranceles, la no existencia de subsidios para la producción nacional, potenció una crisis sin atención desde el Ejecutivo, y sin esperanza que gire en su actitud. Asimismo, la gran cantidad de hectáreas sembradas de coca y recientemente de marihuana, debido entre otras cosas al no cumplimiento con los planes de sustitución firmados por las comunidades, muestra también la poca atención que las poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes reciben desde el Gobierno.

Una realidad persistente, a pesar de existir una oposición cercana a las problemáticas de los habitantes pobres del campo colombiano, pues sigue existiendo y dominando en las mayorías del Congreso terratenientes, además de personas asociadas a ellos, asi como a los intereses de empresarios que no permiten realizar cambios estructurales en el modelo económico colombiano. La tendencia no parece cambiar, lo reafirma, como otra evidencia, la Reforma Tributaria –Ley de Financiamiento– aprobada a inicios de este Gobierno, otra muestra de los ataques a la clase media y popular. 

 

¿Alternativas?

 

Las movilizaciones del año pasado, realizadas por estudiantes, así como las lideradas por indígenas y campesinos, son la muestra que la lucha seguirá siendo en las calles. No ha sido de otra manera como este y anteriores gobiernos toman nota de las demandas del país nacional.

Por ello, todos y todas en unidad debemos estar atentos para movilizarnos en contra de las políticas que benefician al gran capital extranjero y nacional, y en defensa de los derechos que siguen desmontando en nuestro país. Es momento de exigir al gobierno nacional que genere políticas de empleo, coloque dique a la devaluación del peso, a la carestía de los alimentos, así como de los combustibles, al tiempo que despliegue políticas efectivas de empleo digno. 

Es momento que Duque gobierne y el pueblo sea quien le exija, porque no puede ser que llevemos ya un año y todo siga como si nada, y antes se agudicen los problemas que el colombiano y colombiana de a pie sienten diariamente, sin un Ejecutivo que reaccione ante las necesidades más sentidas de la población colombiana. 

 

*Senador de la República por el Movimiento Alternativo Indígena y Social-MAIS

Publicado enEdición Nº260
Martes, 27 Agosto 2019 09:21

Egan Bernal: un sueño realizado

Egan Bernal: un sueño realizado

Al ganar el Tour de Francia, la competencia de los pedales más importante en el mundo, Egan Bernal ha elevado al ciclismo colombiano, sin lugar a dudas, a lo más alto de este  deporte, y él mismo se ha situado para siempre como uno de sus grandes exponentes.

Un logro que da cuenta de unas cualidades físicas especiales, pero insuficientes para explicar su triunfo, pues además de su talento y capacidad también está el equipo al que pertenece, el poderoso Ineos.

Un triunfo que es una hazaña, la de materializar el sueño buscado por los casi cien pedalistas colombianos que han participado en esa justa, desde Cochise Rodríguez hasta Nairo, y Egan, el más joven entre todos ellos, lo logró. Coronarse es una recompensa a tanto sacrificio y lucha de los escarabajos salidos de la entraña popular del país, donde se pedalea todos los días, hombres y mujeres están obligados a ello para trabajar, pasear, competir. 

Un deporte, que en una primera instancia se vivía como recreación, luego en competencias nada o poco mercantilizadas, hasta quedar sus practicantes como profesionales del oficio, integrando equipos financiados por grandes monopolios. En otras palabras, obreros de la bicicleta, con sueldo mensual, sometidos a jornadas laborales claramente establecidas –prácticas deportivas sobre la cicla, en el gimnasio y otros espacios–, labor que desempeñan bajo un régimen laboral acordado con cada una de las empresas que financian los equipos, y en los cuales se reglan, de igual manera, el sueldo según prestigio de cada uno de los integrantes del equipo, las temporadas de competencia y la distribución de lo que ganen en cada una de ellas.

 

El negocio

 

Los equipos, por regla general, son propiedad o son patrocinados por grandes monopolios. Por ejemplo, el Bora es un consorcio alemán fabricante de placas de cocina y de extracción de humo y el segundo patrocinador es Argón, empresa canadiense de bicicletas. 

En los días que cursan, Ineos es el equipo de ciclismo más poderoso del mundo; cuenta a su haber con campeones como Cris Fromm, Egan Bernal y Gerait Tomas. 

Su dueño y patrocinador es Ineos Oil & Gas UK, antes British Sky Broadcasting, un monopolio británico que registra entre las dos empresas más grandes del mundo en insumos químicos, petroquímicas, gas y Fracking. En el 2018 generó ventas por 60.000 millones de dólares. El actual dueño de este emporio es partidario de un Brexit duro –o sin acuerdo con la Unión Europea–, por lo que requiere del equipo, entre otras cosas, para visibilizar más ampliamente sus negocios en otros continentes y mercados. 

En Ineos hay un colombiano que no suena para nada: Iván Ramiro Sosa, quien pedalea junto a su compatriota Sebastián Henao, y que seguramente en un par de años será visible como un posible ganador de grandes competencias.

Otros equipos movidos por el gran capital son el CPT o CCC Polsat Polkowice Team de Polonia, firma de calzado y bolsos, antes era el equipo de EEUU BMC Racing, y el Movistar Team, del gran monopolio Telefónica de España.

El equipo de ciclismo AG2R Le Mundiale, una empresa aseguradora que compitiendo en el Tour de Francia, desde 1997, ha elevado su visibilización en un 30 por ciento; invirtió en el equipo 8 millones y sacó 60 millones de utilidades, en su mayoría por publicidad, pues este año solo recibió 55.140 euros por participar.

En este tipo de competencias la publicidad es una mina de oro para las empresas y magnates. Las ciudades se pelean el “privilegio” de ser parte de la salida o llegada de una etapa, pues el cubrimiento por TV les da rentabilidad. Una ciudad paga 100.000 euros por ser punto de salida de etapa y 60.000 por ser punto de llegada, lo que recuperan y multiplican con turismo. 

Publicidad que también está regada por las autopistas. La más reciente edición del Tour la vieron en las carreteras más de 15 millones de personas. Grandes firmas pagan por llevar sus logos en los carros y camionetas, como Skoda o Vittel. La empresa francesa de galletas Saint Michel regaló tres millones de Magdalenas, pero triplicó ventas.

 

Los triunfadores

 

Pero en el Tour de Francia (como en el Giro o en La Vuelta) ganan todos, los ciclistas, los equipos y los técnicos.

Ejemplos. Egan recibió bonificaciones especiales, así: 500.000 euros, algo así como 1.800 millones de pesos colombianos, por ser el campeón del Tour de Francia; por clasificar como el mejor joven recibió 20.000 euros o sea, 72 millones de pesos; por registrar como segundo en la montaña le correspondieron 15.000 mil euros, es decir, algo más de 45 millones, en total 1.917 millones de pesos.

Esto parece mucho, pero no es como aparenta, ya que la regla de oro en los equipos, y en este tipo de competencias, es que lo ganado por un ciclista se reparte por igual entre los que  integran el equipo. Es decir, lo ganado por Egan se divide entre nueve, lo que significa que a cada uno le corresponden algo más de 200.000 mil euros. Además, el equipo recibió otros 800 mil, los cuales también se reparten por igual entre sus integrantes.

Un triunfador de etapa se embolsa 11.000 euros o 39.600.000 pesos, que es lo ganado por Nairo Quintana por entrar de primero en la etapa 18. 

En este mundo globalizado, donde el capital financiero considera todo como ganancia máxima, el ciclismo de elite no escapa a esta lógica capitalista.

 

Un futuro a sus pies

 

De acuerdo a los especialistas, la mejor época de un ciclista va de los 27 a los 30 años, lo cual quiere decir que hay Egan para rato. Sin duda, es verdadera locura que a los 22 años haya ganado el Tour de Francia, algo excepcional. 

En estas condiciones, y sometido a las presiones del mercado, se requiere entrenamiento, sacrificio, voluntad y mucha cabeza fría, así como madurez mental, para aguantar las luces del espectáculo, y un entorno que casi siempre daña. 

De esta manera, con juventud y equipo, con capacidad física y disposición para esta labor, Edgar Bernal lo tiene todo a sus pies, lo único por evitar es que el dios dinero lo extravié en su camino de previsibles triunfos en los años que vienen.

Publicado enEdición Nº260
Viernes, 23 Agosto 2019 06:27

La tercera expansión del zapatismo

La tercera expansión del zapatismo

Pese a estar rodeadas por el Ejército mexicano, las bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Ezln) han conseguido romper el cerco militar, mediático y político que pesaba sobre ellas. En un comunicado librado el 17 de agosto y firmado por el subcomandante Moisés, indígena convertido en vocero del movimiento zapatista luego de la “muerte” simbólica de Marcos, se anuncia desde las montañas del sureste mexicano la creación de siete nuevos “caracoles” y cuatro municipios autónomos, que se denominan en adelante “centros de resistencia autónoma y rebeldía zapatista”.

Estamos ante el tercer empuje organizativo de los pueblos mayas que integran el Ezln. Las fechas son 1994, 2003 y 2019. En la primera, anunciaron la creación de los municipios autónomos rebeldes zapatistas, en medio de fraudes electorales y del caos instalado con el gobierno del histórico Partido Revolucionario Institucional (Pri). En la segunda, abrieron cinco caracoles para ejercer la autonomía, cuando el parlamento mexicano, incluidos tanto los partidos de derecha como los de izquierda, rechazó la que ya habían negociado y firmado con delegados oficiales.

Los 27 municipios autónomos (inicialmente eran algunos más) se superponen a los municipios oficiales y en ellos se agrupan representantes de las comunidades de la zona de influencia. Los caracoles, por su parte, articulan sus regiones y albergan las Juntas de Buen Gobierno, que se encargan, de forma rotativa, de gobernar una media docena de municipios (en promedio) y cientos de comunidades.

La zona zapatista no es homogénea. En las comunidades y en los municipios (que se autogobiernan por consejos autónomos) conviven familias zapatistas y no zapatistas, con la particularidad de que estas acuden a las clínicas y centros de salud creados y dirigidos por aquellas, y de que prefieren la justicia autónoma que administran las Juntas de Buen Gobierno, que no les cobran ni son corruptas, como sucede con la justicia del Estado.

Las familias no zapatistas se benefician de la ayuda de los gobiernos federal y del estado de Chiapas, con alimentos, materiales para las viviendas y planes sociales, que ahora el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha ampliado con proyectos asistenciales, como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro. Los zapatistas no sólo no reciben esos planes, sino que, por influencia de las mujeres, tampoco toman alcohol, ya que ellas consideran que fomenta la violencia machista.

Los caracoles son “ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera”, mientras que las Juntas de Buen Gobierno “funcionan mediante los principios de rotación, la revocación de mandato y la rendición de cuentas” y son “verdaderas redes del poder de abajo”, en las que se articulan los consejos municipales. Se han convertido en formas de poder donde “los gobernantes pasan a ser servidores”, como recuerda el sociólogo Raúl Romero (La Jornada, 17-VIII-19).

SALTO ADELANTE.

Lo más importante del anuncio del pasado 17 de agosto es que varios de los nuevos centros se encuentran más allá de la zona de control tradicional del zapatismo, mientras que otros son linderos y refuerzan la presencia que tiene en la región desde el alzamiento de 1994, cuando recuperó cientos de miles de hectáreas de los grandes terratenientes. Ahora ya suman 43 los centros zapatistas.

Como señala el director de opinión de La Jornada, Luis Hernández Navarro, “la expansión de la autonomía zapatista a nuevos territorios desmiente la versión de la supuesta deserción de sus bases sociales como resultado de programas asistenciales”. Realizaron cientos de asambleas, “desdoblándose como fuerza político-social, a través de movilizaciones pacíficas sui generis, que cambiaron el campo de confrontación con el Estado, llevándolo al terreno en que las comunidades son más fuertes: el de la producción y reproducción de su existencia” (La Jornada, 20-VIII-19).

El paso siguiente es el llamado a la sociedad a contribuir en la construcción de los nuevos espacios, además de la convocatoria a los colectivos urbanos para crear una “red internacional de resistencia y rebeldía”, advirtiendo a quienes participen que renuncien “a hegemonizar y homogeneizar”. Además, convocan a intelectuales y artistas a festivales, encuentros, semilleros de ideas y debates.

UNA NUEVA CULTURA POLÍTICA.

El aspecto más interesante de esta expansión del zapatismo consiste en los modos en que lo hicieron, el cómo de su acción política. Porque revela una cultura a contrapelo de la hegemónica, anclada como está en instituciones estatales o en oenegés y en la afirmación de la grieta entre quienes mandan y toman decisiones, y quienes obedecen y cumplen.

En el comunicado firmado por Moisés, así como en la literatura anterior zapatista, hay un claro desmarque del vanguardismo, pero también de la cultura jerárquica de los partidos. Fueron las mujeres y los jóvenes los que salieron de sus comunidades a dialogar con otras comunidades, y se entendieron pronto “como sólo se entienden entre sí quienes comparten no sólo el dolor, pero también la historia, la indignación, la rabia”.

El papel central fue el de las mujeres: “No sólo van delante”, explica Moisés, “para marcarnos el camino y (que) no nos perdamos: también a los lados para que no nos desviemos; y atrás para que no nos retrasemos”. Ellas encarnan la cultura comunitaria, que pone por delante lo colectivo a lo individual, la dignidad y la cosmovisión a las ventajas materiales. Por eso se equivocan feo los gobiernos que piensan –como el de Amlo, pero también los demás progresistas– que con planes económicos pueden hacer que pueblos enteros desistan de sus identidades.

Se trata de una cultura política que sólo puede entenderse en clave comunitaria. Quienes visitan las regiones zapatistas suelen sorprenderse cuando se dirigen a sus principales “enemigos”, las bases del Pri, como “hermanos priístas” o, ahora con relación al partido de gobierno, como “hermanos partidistas”. Unos cuantos de esos hermanos son los que ahora dieron el paso de rechazar las limosnas de arriba para volverse zapatistas: el modo que encontraron para seguir siendo pueblos originarios.

Por Raúl Zibechi

23 agosto, 2019

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La economía boliviana impulsa a Evo Morales hacia su reelección

El 43% de los ciudadanos cree que está "un poco mejor" que hace un año, pero los especialistas advierten de la necesidad de reducir el déficit comercial

La percepción económica de la población impulsa el proyecto del presidente de Bolivia, Evo Morales, de reelegirse por cuarta vez en octubre, cuando se celebrarán unas elecciones presidenciales en las que parte como gran favorito. Según una encuesta de Ciesmori publicada por el diario El Deber, el 36% de los bolivianos piensa que la situación económica del país hoy es “buena” y el 27%, que es “regular”. Pese a la crisis de Argentina y Brasil, y al débil comportamiento de las economías sudamericanas en general, el PIB boliviano crecerá más del 4% en 2019, una tasa algo más baja que en años anteriores, pero todavía capaz de despertar ilusiones. El 40% de los consultados para el sondeo considera que su situación personal y familiar estará “un poco mejor” dentro de un año, frente al 15% que cree que estará “mucho mejor” y el 13% que considera que estará “igual”.

Estas previsiones contrastan agudamente con las advertencias de los analistas opositores respecto al callejón sin salida al que supuestamente se encamina la economía boliviana. Un último informe de la Fundación Milenio, de corte liberal, asegura que la pérdida de casi 2.000 millones de dólares anuales causada por el déficit comercial del país (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones), que a su vez se debe a la caída de los precios internacionales del gas, deteriorará en los próximos años el nivel de las reservas de divisas -uno de los talones de Aquiles de muchas economías de la región- hasta un punto peligroso para la estabilidad financiera del país. Para evitarlo, dice, el próximo Gobierno debería “ajustar”, es decir, reducir, la inversión pública y disminuir las importaciones —en su mayoría de productos industriales—, lo que a su vez ralentizaría el crecimiento.

Intención de voto del 37%

El factor que contará para el voto de octubre será, sin embargo, las percepciones de la gente y no las de los expertos de los centros de investigación. Y el 43% de la gente cree que hoy está “un poco mejor” que hace un año (10% mucho mejor; 21%, igual). Estos datos constituyen una parte de la explicación de por qué el desplome de la imagen de Evo Morales, pronosticado por muchos hace un tiempo, no se ha producido finalmente. Aunque el líder nacionalista ya no logra una intención de voto superior al 50%, como hizo en sus primeras postulaciones, casi todas las encuestas permiten pronosticar que ganará estas elecciones en la primera vuelta, para lo que la ley le exige obtener más del 40% de la votación y una diferencia de diez puntos porcentuales sobre el segundo, el expresidente Carlos Mesa. El sondeo de Ciesmori le da a Morales una intención de voto del 37% y a Mesa, una del 26%.

Morales es cuestionado por haber trastornado las leyes bolivianas para poder postular indefinidamente, pero este asunto parece haber perdido peso en la opinión de los electores. En cambio, alrededor del 40% de la población aprueba la gestión gubernamental, centrada en el crecimiento de los distintos sectores de la economía, la construcción de infraestructura, el aumento del gasto y el ingreso público, así como en la redistribución de la riqueza colectada por el Estado mediante innumerables programas sociales de diverso grado de eficiencia.

El Gobierno publicita los logros de su gestión con una campaña de comunicación de grandes alcances, que satura los espacios comerciales de los canales de televisión, mientras la Ley Electoral prohíbe a los partidos poner anuncios políticos hasta septiembre. Esta desproporción fue denunciada por los candidatos opositores al Tribunal Electoral, sin lograr que este organismo reaccionara.

Resistencia en las grandes ciudades

El apoyo a Morales se explica también por otras razones, además de las puramente económicas. El presidente no estaría tan bien situado en esta campaña si solo votaran los habitantes de las principales ciudades, que es donde encuentra más resistencia. En cambio, el voto rural continúa respaldándolo con cifras de 80 y 90% de adhesión. En general, se puede decir que los bolivianos que se reconocen indígenas y que tienen bajos ingresos -lo que incluye a la inmensa mayoría de los que viven en el campo- constituyen el electorado constante y “duro” del primer presidente indígena de la historia nacional.

Todavía existe alrededor de un 10% de votantes “indecisos” que podrían cambiar los resultados de modo que Morales se viera obligado a concurrir a una segunda vuelta o “balotaje”, que sería una contienda mucho más difícil para él, ya que permitiría la unificación de la oposición, ahora dividida en varias facciones. En el hipotético caso de que se sumaran los votos de Mesa con los de quien aparece tercero en las encuestas, el candidato de la próspera región de Santa Cruz, Óscar Ortiz, entonces una segunda vuelta sería un hecho. En cambio, Ortiz decidió atacar a Mesa para elevar su porcentaje de 10%. Las cosas pintan bien para el hombre que algunos consideran un dictador en ciernes y otros, un héroe de la lucha desarrollista que ha obsesionado a Bolivia a lo largo de toda su historia. Igual de bien que lo que se pinta la economía, en el presente, para la mayoría de los bolivianos.

Por Fernando Molina

La Paz 21 AGO 2019 - 11:33 COT

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La masculinidad de las élites y la ceguera de la izquierda

 

 

El concepto de masculinidad se encuentra directamente relacionado con ser élite o aspirar a serlo. La falta de visión de conjunto de la izquierda es un obstáculo para elaborar estrategias globales.

Vivimos una etapa de crisis de la masculinidad que se ha visto acentuada por la crisis económica. El hombre de la sociedad neoliberal está asistiendo con ansiedad a la ruptura de todas las promesas que se le hicieron. Le prometieron ser el primero, sin embargo, ser el primero no suponía tener buenos derechos sino que los que estén por detrás los tengan peores.

En el pack de la hombría iba incluida la necesidad de tener como plan de vida subir en la escala social pero el ascensor social que iba a llevar a muchos trabajadores a la clase media-alta a base de su esfuerzo está averiado. La escala social no es solo una serie de compartimentos separados en función de su renta sino que también entiende de género. Subes para obtener más poder y obtienes más poder aumentando tu renta o aumentando tu virilidad. Dicho de otro modo, para trepar por la escala social tienes que ser más rico y/o más hombre.

WINNER-LOSERS, COMPETICIÓN ENTRE HOMBRES COMO FORMA DE VIDA

En este momento que nos ha tocado vivir el hombre tiene que ser un winner y, cuando no lo es, está frustrado o se siente fracasado en algún aspecto de su vida laboral y económica, le surge la necesidad de reafirmar su masculinidad por medio de cualquier otra característica de las que identifica como propias del hombre.

¿Cuántos hombres habrán tenido hijos solo para sentirse completos como hombres, porque sentían que era algo que estaban obligados a hacer? De entre esos hombres, ¿cuántos quieren realmente tener hijos? El hombre es el que lleva dinero y comida a casa, el que provee, y para cumplir con ese rol tiene que ser padre. Sería bien difícil calcular la cantidad de paternidades forzadas que irremediablemente pueden dañar a los hijos.

¿Alguien que ha sido padre por obligación va a ser un buen padre? Tal vez sí, pero tiene muchas papeletas para que no se dé el caso. El primer referente (para bien o para mal) de un hijo siempre es su padre, esta figura es la que proporciona al niño las primeras nociones de lo que se espera de un hombre en nuestra sociedad. Si el padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo, ¿como iban a ser buenos esos cimientos si en muchos casos se fuerza la paternidad?

La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias

De entre los valores más representativos del género masculino destaca la competitividad. Cuando el hombre siente su virilidad atacada necesita dejar claro que es más hombre que los demás y, si no puede serlo, humillar al que sea menos hombre que él. La competitividad extrema entre hombres puede llevar a que uno se considere un triunfador siendo un currante de clase baja y humille a un compañero que está en las mismas circunstancias pero que encaja peor en el modelo de masculinidad hegemónica. Porque un hombre no puede ser un nadie, tiene que ser más que los que le rodean.

LA MASCULINIDAD FRENTE A LA POLÍTICA DE LAS EMOCIONES

La política tiene que dar salida a los sentimientos del pueblo para lograr seguir viéndose legitimada ante él. El hombre está frustrado y cuando una emoción es compartida se puede decir que es una frustración política.

La respuesta a este sentimiento hasta ahora se ha visto monopolizada con bastante éxito por opciones políticas que van desde la derecha anti-establishment y populista, como Trump o Le Pen, a una derecha ultraconservadora renovada —Vox en España— que prometen una visión de país en la que 'el hombre vuelva a ser hombre', devuelto a sus esencias después de haber sido desnaturalizado por las denominadas “ideologías de género” o el “lobby LGTB”.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo

Desde la izquierda ha faltado analizar toda esta situación desde la nueva ola de activismo feminista que barre el país cada 8M. Se ha contentado con decir a las feministas un simple 'vale', 'adelante', 'seguid por ahí que nosotros, los hombres, nos encargamos del resto' demostrando una enorme ceguera.

La estructura del género y la estructura de clases son dos pilares de un mismo sistema. Las luchas LGTB y feministas no son políticas sectoriales por mucho que desde algunos altares de la izquierda las miren casi como si de un hobby se tratara. Desde esos enfoques unos se encargan de sus luchas personales, de sus 'cosas de maricas' o sus 'cosas de mujeres', mientras que otros, aquellos que se llenan la boca de clases sociales, se dedican a cambiar el mundo, a derrumbar el sistema.

La mala costumbre de separar en compartimentos estancos diferentes luchas provoca que se obvien las relaciones entre ellas. El error está en pensar que género y clases sociales son cosas diferenciadas cuando se trata de dos conceptos entremezclados difíciles de separar y para acabar con la opresión que ejercen es necesario tener visión de conjunto. No se trata de mujeres contra hombres, no es la "guerra de los sexos" sino que es una lucha por el poder.

El feminismo es la pelea de un colectivo oprimido, el de las mujeres, contra la estructura del género como autoridad, como poder. No hay lucha más antisistema que el feminismo.

EL FEMINISMO Y LAS ÉLITES

A menudo se presenta el debate en el feminismo sobre los 'techos de cristal'. Se acusa a quienes centran sus reivindicaciones en este concepto de estar utilizando el feminismo como mera herramienta para que un pequeño porcentaje de mujeres se incorpore a la élite. Si bien la crítica es legítima y cargada de verdad, este discurso liberal puede ser útil para los discursos más radicales. Del mismo modo que unas pocas mujeres privilegiadas malvenden la lucha feminista por aumentar su cuota de poder, también la masa feminista puede aprovecharse de esta élite.

Si una mujer privilegiada, en nombre del feminismo, rompe el techo de cristal adquiere una cuota de poder que el sistema tenía reservada para los hombres. Con esto abre la posibilidad de cuestionar la lógica hombre=poder. Si el poder ya no es una característica propia y exclusiva del hombre, de aquel que cumple todos los requisitos de la masculinidad hegemónica, entonces se puede cuestionar por qué tenía ese poder previamente y por qué debería seguir teniéndolo. Se cuestiona el derecho a existir de la élite.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos

La masculinidad hegemónica es la mayor representación del poder porque el que lo ostenta no solo tiene que tener la capacidad de aplicarlo, sino que necesita ser percibido como poderoso. Los roles de género en el caso del hombre pueden servir para ser identificado como superior a los demás, te da tu lugar en la jerarquía de clases sociales. La masculinidad encuentra su utilidad como performatividad de las élites y el mejor instrumento de legitimación del sistema de clases.

Ese objetivo recurrente de la izquierda que es la unidad popular, apelar a las luchas colectivas... se vuelve complicado de articular cuando la mitad de la población tiene metido en la cabeza desde niño el principio imperativo de luchar para ser superior que tu hermano, tu vecino o tu compañero de trabajo. Las prácticas de género asientan las clases sociales.

¿Cómo pretendemos tener una clase trabajadora organizada contra las élites si la masculinidad dice a los hombres que deben aspirar a ser élites? La falta de empatía, la competitividad, el individualismo, el egoísmo... Todas características que definen por igual a la masculinidad hegemónica que a las élites poderosas.

Independientemente de que exista la posibilidad real de hacerlo, subir por la escala social es una necesidad inculcada en los hombres que condiciona todos sus posicionamientos políticos.

Cualquier movimiento o ideología que aspire a construir un contrapoder y deje al margen el análisis de la masculinidad se encontrará con que será incapaz de crear sujetos políticos mayoritarios que se encuentren cómodos en una lucha de clases.

Por David Arribas

elsaltodiario.com

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Cientos de miles de manifestantes ─cerca de dos millones, según los organizadores─ marchan en una protesta que, a pesar de desbordar las previsiones de la Policía, transcurre sin incidentes.

De manera organizada y pacífica, cientos de miles de manifestantes ─cerca de dos millones, según los organizadores─ han marchado por la isla de Hong Kong, en una protesta que la policía había autorizado solo como concentración en Victoria Park, el parque más grande de la ciudad, pero que transcurrió sin incidentes.

La riada de manifestantes desfiló desde las 14.00 hora local (06.00 GMT) bajo sus paraguas para protegerse de la lluvia en la región administrativa especial e inundaron avenidas y calles adyacentes, sin un destino claro. En torno a las 18.00 (10.00 GMT), el cuerpo antidistrubios de la policía se fue desplegando en varios puntos de la ciudad, incluida la Oficina de Enlace del Gobierno de China, aunque a las 21.00 hora local (13.00 GMT) no había noticia alguna de enfrentamientos.

La manifestación, que culmina una semana turbulenta en Hong Kong (cancelaciones masivas de vuelos por las protestas en el propio aeropuerto y maniobras militares chinas al otro lado de la frontera), estaba especialmente bajo el foco, después de que circularan rumores de que habría chinos de la parte continental del país infiltrados con el objetivo de crear problemas. Asimismo, también existían miedos ante una posible respuesta policial violenta, y una televisión local informó de que dos vehículos con cañón de agua se habían desplazado a la zona de las protestas.

Precisamente la policía protagonizó el lema de la marcha, que buscaba "Erradicar el caos policial". Los manifestantes han criticado con dureza las acciones policiales de los últimos meses a la hora de disolver las concentraciones. Estas actuaciones antidisturbios han dejado cientos de heridos entre los civiles, mientras que, según la policía, en los enfrentamientos han resultado heridos casi 180 agentes.

Uno de los líderes del convocante Frente Civil de Derechos Humanos, Wong Yik-mo, criticó durante la manifestación las actuaciones policiales y su aparente posicionamiento en contra de quienes protestan para reclamar un mejor funcionamiento democrático en Hong Kong. "La Asociación de Jóvenes Oficiales de Policía y algún diputado pro-Pekín han llamado varias veces 'cucarachas' a los manifestantes. Eso trae al recuerdo dolorosas imágenes de genocidio", dijo.

Durante el genocidio ruandés (1994), en el que en tres meses murieron masacrados casi un millón de Tutsi y Hutu moderados, los Hutu más radicales llamaban a los Tutsi "cucarachas". "Poco a poco -agregó Wong-, la policía de Hong Kong está destruyendo la imagen internacional de un Hong Kong civilizado".  Horas antes, el Gobierno de Hong Kong envió un comunicado a los medios de comunicación en el que lamentaba que el lema de la manifestación tuviera como objetivo a la policía.

Ante el masivo desfile de gente, no autorizado por el cuerpo, la policía se vio obligada a cortar varias calles. Los manifestantes se han arriesgado así a enfrentarse a cargos de asamblea ilegal, que pueden comportar hasta 5 años de cárcel.

Este fin de semana, el undécimo consecutivo de manifestaciones en Hong Kong, comenzó el viernes con un mitin para pedir apoyo internacional a los manifestantes, y el sábado registró varias protestas, una de ellas de apoyo a los Gobiernos de Pekín y Hong Kong que logró reunir a 476.000 personas, según los organizadores (108.000, según la policía).

Las protestas en Hong Kong comenzaron en marzo frente a la iniciativa de las autoridades locales de promulgar una ley de extradición que, según sus opositores, podría servir para que disidentes políticos y sectores críticos con el régimen comunista fueran llevados a China para ser juzgados sin garantías.

Bajo la fórmula "Un país, dos sistemas", Pekín se comprometió a mantener la autonomía de Hong Kong y a respetar una serie de libertades de las que no gozan los ciudadanos de la China continental hasta 2047, tras recuperar la soberanía del territorio de manos británicas en 1997.

Las manifestaciones movilizaron a cientos de miles de personas a partir de junio y han estado acompañadas de represión policial para aplacar los intentos de los manifestantes de afectar el curso normal de la ciudad con huelgas y ocupaciones de edificios oficiales, comisarías, estaciones de metro o el aeropuerto.

A pesar de que la polémica propuesta de ley de extradición fue declarada "muerta" por las autoridades hongkonesas a principios de julio, los manifestantes han sumado una serie de demandas al Gobierno local para mejorar los mecanismos democráticos de la ciudad y, en definitiva, oponerse al autoritarismo chino. Pekín asegura que detrás de las protestas existe una "mano negra", y apunta con frecuencia a Estados Unidos como responsable.

 

18/08/2019 20:43 Actualizado: 18/08/2019 20:43

Por Shirley Lau (EFE)

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Miércoles, 14 Agosto 2019 05:23

La cocina del Big Data

Walter Sosa Escudero es economista (UBA) e Investigador del Conicet.  Imagen: Sandra Cartasso

¿Se puede predecir una elección presidencial o el podio de un mundial de fútbol? Este investigador matiza el énfasis revolucionario del fenómeno y afirma que la verdadera transformación vendrá cuando las personas generen nuevas preguntas.

 

Tenemos, como nunca, un montón de información disponible y ello nos entusiasma pero también nos obnubila. Por un lado, el futuro se aproxima como un auténtico paraíso; lo que antes valía horas de bibliotecas, hoy se resuelve en cuestión de segundos. Sin embargo, tanta potencia tecnológica tiene su reverso: accedemos a muchos datos pero a cambio dejamos los nuestros. Cuando colocamos una dirección en el GPS, enviamos un correo o cenamos con amigos en algún bar, imprimimos nuestras huellas en el ciberespacio. Nos tornamos geolocalizables aunque nadie nos busque y nos volvemos predecibles aunque poca gente aprecie nuestra intimidad. La era global es así, nos bambolea entre el confort y el pánico, en cualquier tiempo y sin importar el lugar. En los intersticios, se teje una gran transformación cultural que sabemos que existe pero todavía no somos capaces de poner en palabras. Lo bueno es que no estamos solos, tenemos jinetes que custodian el terreno, utilizan sus largavistas y nos ayudan a comprender las cosas en su justa medida y por anticipado. Walter Sosa Escudero es economista (UBA), profesor de la Universidad de San Andrés e Investigador del Conicet. Acaba de publicar “Big Data” por la editorial Siglo XXI y coloca paños fríos a una situación que aparenta volar de fiebre.

--¿Qué es el Big Data?

--Lo primero, lo rápido, lo Wikipedia, sería definirlo como un fenómeno de profusión de datos masivos e instantáneos; producidos de manera espontánea y de expresión anárquica a través de sistemas que están interconectados entre sí. En la actualidad, a menudo, pensamos que cuánto más datos relacionamos es mejor y no siempre es así. No se pueden comparar los datos que arrojan 1000 encuestas bien equilibradas, o bien, los 60 que se manipulan en un experimento de laboratorio elaborado de manera concienzuda, con los 300 mil que surgen de responder a un multiplechoice en twitter. Para no celebrar el Big Data como si de una revolución se tratara, me gusta decir que lo importante no es trabajar con muchos datos sino que estén bien curados. Seguramente, serán mucho más informativos que aquellos extraídos sin ningún criterio.

--¿Cómo utilizar tanta información a favor?

--Hablar de Big Data se parece mucho a hablar de cerveza artesanal. El reverso de los datos, históricamente, fueron los métodos que se emplean para estudiarlos. Cuando al triángulo de datos-métodos-ideas se le quita una pata, éste se desploma. Tener más información es una buena noticia siempre y cuando existan preguntas que reclamen la necesidad de ser respondidas. En el futuro, la condición de posibilidad para una revolución de los datos tendrá que ver, sobre todo, con la capacidad de las personas para generar preguntas y discutir ideas.

--¿No hay preguntas que reclamen ser respondidas?

--Hay pero no en la proporción en que hubiésemos querido. En los últimos 15 años hubo una explosión de datos y métodos, pero no de ideas. Predecir quién ganará un mundial o quién triunfará en las próximas elecciones sigue siendo igual de difícil que siempre. En las épocas de los algoritmos y del Big Data, no estamos realizando mejores predicciones deportivas ni políticas. Basta con ver lo que ocurrió con la emergencia de Donald Trump, el derrotero del Brexit y, sin ir tan lejos, la aparición de la fórmula Fernández-Fernández. Con machine learning de por medio, nadie vio la jugada. Nadie. Lo que no advertimos es que fenómenos tan complejos como la economía o la política poseen una dificultad intrínseca que no tiene nada que ver con la falta o el exceso de datos.

--Si bien los datos no pueden predecir grandes fenómenos, son útiles para inducir decisiones. De hecho, el mercado publicitario se estructura de ese modo.

--Absolutamente. Si me preguntaras cuál es el mayor rédito de todo esto, te diría que reside en la capacidad inductiva, descriptiva, ordenadora y clasificatoria del Big Data. En el pasado uno hablaba de “el votante” y hoy se puede trabajar con una granularidad muchísimo más grande: “el votante que tiene entre tantos y tantos años, que vive en el barrio x con su pareja y asiste a la universidad x”. En la publicidad ocurre lo mismo, hubo algo por lo que McDonald’s se diversificó y existen McCafés; evidentemente, alguien con buen ojo se dio cuenta de que los chicos eran llevados por padres que preferían tomarse un café después del cine y no comer un combo.

--Ahora que sabemos sus potencialidades, ¿para qué no sirve el Big Data?

--No sirve para explicar, porque eso es mucho más difícil. Mucha gente piensa que como se puede clasificar mejor, estamos en mejores condiciones de explicar. Un ejemplo burdo: si puedo conseguir los datos de ventas de paraguas en diferentes regiones, podría llegar a estimar cuáles son los puntos geográficos en los que más llueve. Si se venden más en Rosario que en Antofagasta (Chile) debe ser que hay más precipitaciones en la primera que en la segunda. Ahora bien, esto no ayuda a entender por qué llueve ni tampoco contribuye a resolver una sequía o una inundación. No podría asesorar a los que comercian paraguas ni tampoco a los que quieren cultivar la tierra. Como no me permiten entender las razones, entonces no puedo cambiar la realidad. Hay un trecho enorme entre medir la pobreza y entenderla, diseñar una política y evaluar su impacto favorable. Los datos podrían funcionar como una herramienta para ganar una elección pero no son definitivos porque requieren de un trabajo interpretativo y creativo de los analistas.

--Con la exposición de nuestros datos en redes sociales vivimos cada vez más controlados. ¿Perdimos libertad, existen nuevas formas de libertad, o bien, la libertad nunca existió?

--A los efectos de no sembrar rastros, cada vez que salgo al trabajo debería dejar el celular en mi casa. Pero eso me complica la vida; no puedo chequear el tránsito, no sé si me conviene moverme en medios de transporte públicos, usar la bici o ir caminando. Tampoco tengo datos del tiempo atmosférico y no puedo saber cómo vestirme. Al acceder a los servicios que brinda internet, me beneficio de un montón de cosas y alguien cobra por ello. Como pasa con cualquier tecnología, el asunto es hacer la cuenta entre las ventajas y las desventajas. El obstáculo con el Big Data y la capacidad predictiva de los algoritmos es que hoy ese balance no arroja un resultado certero. El límite con la privacidad individual se sostiene en un terreno fangoso. No me gustaría enterarme por un robot cosas del tipo: “hoy estuviste tomando un café con un amigo y muy probablemente tiene cáncer”. El sistema puede saber mucho de nosotros, incluso, podría saber cosas que ni siquiera sabemos nosotros mismos de nosotros.

--El asunto requiere de un abordaje matemático y estadístico, pero también posee ribetes filosóficos...

--Sí, porque nos lleva a pensar cuestiones que creíamos olvidadas. El Big Data está a mitad de camino entre la revolución y convertirse en más de lo mismo. Con las redes sociales sucede parecido: nos plantean un nuevo modo de interacción, pero ello no quiere decir que antes no nos relacionábamos. La chica del barrio que te guiñaba un ojo cuando salía a andar en bici hoy es el “Me gusta”. Siempre hubo mecanismos de validación social; prefiero creer que los vínculos se tejen de otra manera. Hoy se habla de las burbujas informativas como una novedad, es decir, le pongo likes a los que piensan como yo y borro a los que lo hacen distinto. El diario de Irigoyen era un poco eso. La moraleja: seamos cautos con comunicar revoluciones, especialmente, cuando todavía no suceden.

//Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.">Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lunes, 12 Agosto 2019 06:09

Contundente derrota de Macri

Contundente derrota de Macri

Mauricio Macri recibió un contundente rechazo en las urnas este domingo y será muy difícil que logre la reelección como presidente de Argentina. La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner alcanzó el 47% de los votos y lo superó por quince puntos, dejando al peronismo a un paso de volver a la Casa Rosada. "Hemos tenido una mala elección", reconoció el actual mandatario que habló antes de que se difundan los datos oficiales. También aseguró que inmediatamente se pondrá a trabajar para revertir estos resultados en Octubre, cuando se realicen las elecciones generales y vinculantes. La tarea será cuesta arriba, su partido también perdió por 17 puntos los comicios para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país, y apenas logró imponerse en Córdoba y la Capital Federal, cuna política de Macri.

"Gracias a todos y a todas las argentinas que confiaron, gracias de corazón, porque estábamos seguros que la Argentina necesitaba terminar con este tiempo y construir otra historia", señaló Alberto Fernández minutos después de conocerse los resultados. "A partir de hoy se acabó el concepto de venganza y de grieta", destacó en seguida anticipándose a un discurso del oficialismo que seguramente busque extremar la polarización antes de los comicios de Octubre para convencer a los votantes que prefirieron otras fuerzas políticas. "No venimos a derrotar un regimen, sino a crear una nueva Argentina", concluyó ante un enfervorizado auditorio de más de cuatro mil personas que colmó la sede del Frente de Todos, el espacio político que logró nuclear a casi todo el amplio espectro peronista.

Un tono muy parecido había usado un rato antes la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, que habló primero y cuya intervención se transmitió por pantalla gigante, ya que se encontraba en Río Gallegos, capital de la austral provincia de Santa Cruz. Allí tiene residencia y por tanto allí debía votar. "Sabemos que tenemos que llegar a todos y a todas. A los que nos votaron y a los que no", explicó. "Todos debemos escuchar la voz de las urnas para intentar que la Argentina tenga la posibilidad de ser una opción mejor, más feliz", agregó.

Como contó eldiario.es, Cristina fue la gran protagonista del triunfo de ayer. La mujer que hace cuatro años dejó la Casa Rosada nunca cedió el centro de la escena política e incluso fue quien nominó a Alberto Fernández como candidato a presidente. También fue el centro de las críticas de la alianza electoral de Macri durante la campaña. Algo que seguro se profundizará en los próximos días aprovechando las causas judiciales por corrupción que aún tiene abiertas.

Pero las elecciones del domingo no solo avizoran un cambio presidencial y de gobernador en la Provincia de Buenos Aires. También se votaron candidatos para disputar 130 bancas de diputados nacionales y 24 de senadores (Argentina tiene un sistema bicameral como Estados Unidos). Si se repitieran los comicios en Octubre el peronismo podría alcanzar el quórum propio, es decir, el número mínimo de legisladores necesario para debatir y votar los proyectos de ley. Esto podría sacar al Congreso de la parálisis que vivió este año en el que Cambiemos evitó pasar por el recinto medidas que podían afectar su imagen.

El peronismo también pudo cerrar el día festejando un rotundo triunfo en la única elección vinculante de la jornada. Alicia Kirchner, hermana del fallecido ex presidente y cuñada de la actual candidata a vice, reeligió como gobernadora de la provincia de Santa Cruz.

Y mientras el peronismo celebraba, el oficialismo se sumía en la preocupación. Anoche ya improvisaron una reunión de funcionarios jerárquicos en la sede de campaña de Cambiemos y comenzaron a circular versiones de posibles cambios en el gabinete. El gobierno sabe que tiene dos meses todavía, pero la diferencia parece irremontable aún para los más optimistas.

¿Para el gobierno aún hay esperanza?

El único dato alentador para Macri es que para casi todos los cargos en juego los comicios no fueron vinculantes. Se trató de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo creado en el año 2009 para permitir que todos los votantes participen de las internas de los partidos para elegir sus candidatos sin necesidad de que estén afiliados. Sin embargo, como todas las fuerzas políticas presentaron listas únicas para los cargos nacionales, lo que se vio fue la encuesta electoral más representativa posible. De hecho, votó un 75,85% del padrón, una proporción mayor a la que participó de las elecciones generales españolas (71,76%).

Si bien es un número considerable, para la Argentina es inferior al que habitualmente vota en las elecciones generales. En los comicios presidenciales de 2015, por ejemplo, de las PASO participó un 74, 91% del padrón y en las generales la cifra llegó al 81, 07%. Eso significó que se sumaran dos millones de votantes nuevos que en aquel momento fueron muy útiles para la estrategia macrista. Los encuestadores caracterizan a este grupo como "desencantado de los partidos". Una línea permeable a inclinarse por Cambiemos ya que suele apelar a un discurso considerado "apolítico".

En aquella instancia a Macri le funcionó. Había quedado a ocho puntos de Daniel Scioli, el candidato del peronismo, en las PASO (30% vs 38%). Y logró achicar esa diferencia a tres (34% vs 37%). Eso forzó a un desempate entre los dos principales rivales y terminó dándole un triunfo a Macri con el 51% de los votos. El recuerdo ilusiona al entorno del actual presidente, pero la remontada en esta oportunidad deberá duplicar a la anterior. Y lo que más preocupa es que esta vez quedaron a más de 2,3 millones de votos de diferencia. Asi que ni siquiera consiguiendo que todos los que se quedaron en sus casas ahora los voten a ellos les alcanzaría.

Su estrategia, entonces, deberá apuntar a lograr que aquellos que hayan elegido otros partidos cambien su decisión en Octubre y lo acompañen. Por eso apuntará a polarizar la elección apelando al "voto útil" y continuará la campaña de demonización del kirchnerismo. La semana pasada ya había iniciado ese camino con mensajes en su cuenta de Twitter en los que se planteaba un antagonismo entre su propuesta y la de los "mafiosos, corruptos, delincuentes y narcotraficantes". La dificultad con la que se encontrará es que ahora deberá explicarle a quienes no lo votaron en las PASO que no se refería también a ellos.

Una jornada de votación tranquila y las dudas sobre el manejo de la información

La jornada electoral transcurrió sin mayores controversias. El único dato que llamó la atención durante los comicios fueron las denuncias de que las boletas de Cambiemos llegaron a varias escuelas dobladas ocultando el tramo que correspondía al candidato presidencial. Esta estrategia buscó evitar que la imagen de Mauricio Macri afecte el resultado de los demás candidatos de su partido que van pegados a él en la boleta. Pero no resultó efectiva al final.

Lo que dejó más lugar a dudas fue el desempeño del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda en su tarea de llevar a cabo el recuento de votos. La entrega de datos se demoró una hora y media más del tiempo previsto. Incluso los primeros datos oficiales se publicaron quince minutos después de que Macri hubiera reconocido la derrota. La pregunta que quedó en el ambiente es si contaba con información antes que los demás.

El ministro Rogelio Frigerio dijo que no. Que probablemente se había expresado sobre bocas de urna y datos de los fiscales distribuidos por los colegios donde se realizó la votación. Argumentó que la demora en hacer públicos los datos oficiales fue a raíz de que la Justicia Electoral les había pedido que dieran difusión a los resultados provisorios recién cuando contaran al menos con un 10% del padrón procesado de los cuatro distritos principales (Córdoba, Santa Fe, Provincia de Buenos Aires y la Capital Federal). Desde el Ministerio dijeron que la demora fue específicamente porque aguardaban los datos de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo cuando los hicieron públicos ya estaba procesado el 39,36% de esa jurisdicción.

Los funcionarios se negaron a responder al respecto. Apenas felicitaron a la fuerza política ganadora y repitieron lo que había dicho el presidente minutos antes: que les tocaba escuchar a las urnas y trabajar para revertir la situación. Al parecer les queda poco tiempo.

Por Javier Borelli- Periodista en Tiempo Argentino

12/08/2019 - 10:45h

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