El primer ministro electo, Kyriakos Mitsotakis (derecha), recibe el saludo del presidente de Grecia, Prokopis Pavlopoulos / Foto: Afp, Luisa Gouliamaki

Cuatro años y medio duró lo que en sus inicios prometía ser una experiencia completamente novedosa en Europa: un gobierno dirigido por un partido a la izquierda de la socialdemocracia. Tras su rendición incondicional ante aquello que prometía combatir, acabó en un fiasco de una magnitud equivalente a las esperanzas que levantó.

 

El lunes asumió en Atenas un nuevo gobierno, el primero monocolor en varias décadas. Nueva Democracia, el partido conservador dirigido por Kyriakos Mitsotakis, ganó las elecciones legislativas anticipadas del domingo 7 con casi el 40 por ciento de los votos, y en virtud de un sistema electoral que premia a los vencedores con un plus de 50 diputados consiguió 158 bancas, siete más de las necesarias para la mayoría absoluta y 80 más de las que tenía hasta ahora. La Coalición de Izquierda Radical (Syriza), del jefe del gobierno saliente Alexis Tsipras, llegó a 31,5 por ciento y obtuvo 86 bancas (tenía 144). Luego llegaron los socialdemócratas de Kinal y los comunistas, con 22 y 15 diputados, respectivamente. Las grandes novedades fueron el ingreso al parlamento de Mera25, una escisión por izquierda de Syriza, encabezada por el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, y la salida de los ultraderechistas de Amanecer Dorado, que no alcanzaron el mínimo de 3 por ciento para tener representación en el congreso. Habrá, de todas maneras, otro partido de extrema derecha en el parlamento. La participación electoral fue muy baja: 57 por ciento, de las peores de la historia política reciente del país.

Mitsotakis, un economista formado en Harvard, es integrante de una vieja dinastía política griega y dirigente de un partido corresponsable de una de las mayores crisis económicas y sociales del país. Su gobierno estará integrado en su mayoría por tecnócratas e incluirá a políticos surgidos en partidos de extrema derecha. Apenas tendrá mujeres. El nuevo primer ministro prometió convertir a Grecia en “paraíso de los inversores”, limitar el poder de los sindicatos, reducir las cargas de las empresas y de los más ricos y los impuestos de las “clases medias”, retomar el programa de privatizaciones (de empresas públicas, del sistema de pensiones), congelado por Syriza. Un retorno pleno a los años previos a la victoria de la llamada izquierda radical en 2015.

 

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“Ahora sí la izquierda”, fue el principal eslogan de campaña de Syriza en las elecciones de enero de 2015. Grecia tenía entonces índices “tercermundistas”: más de un tercio de la población en situación de pobreza, un desempleo que rondaba el 30 por ciento, niveles astronómicos de endeudamiento externo, un producto bruto interno que se había contraído 25 por ciento en seis años, emigración récord, sobre todo de jóvenes, una corrupción endémica de la dirigencia política tradicional… Los responsables de esa situación eran los partidos que se habían alternado en el poder en las últimas décadas (el Pasok socialdemócrata y Nueva Democracia), siempre en alianza, entre ellos o con partidos menores, incluida la emergente extrema derecha. Syriza aparecía entonces como la única alternativa de ruptura con ese estado de cosas para las clases populares. Máxime cuando contaba con el apoyo, directo o de hecho, de los animadores de movilizaciones sociales como el país no había vivido desde la salida de la dictadura de los coroneles (1967-1974). Como España y sus indignados, Grecia había tenido su “revolución de las plazas”, que incluso había costado muertes.

El obstáculo principal que se le presentaba a la coalición “radical” era el miedo: la derecha y el Pasok agitaban el fantasma de que Grecia quedaría fuera de la Unión Europea (UE) si Syriza llegaba al gobierno y aplicaba su programa, que preveía una auditoría de la deuda externa para renegociar la “parte justa” del endeudamiento y medidas para recuperar el nivel de vida “de las grandes mayorías nacionales” y redistribuir la riqueza. El Pasok agregaba: nosotros querríamos, pero “no existe alternativa”, las cosas son así y punto.

El contexto regional también era hostil: la derecha gobernaba en la gran mayoría de los países de la UE y las instituciones regionales habían advertido, antes de las elecciones griegas, con Alemania y el Banco Europeo a la cabeza, que no tolerarían que ningún país miembro (más aun uno pequeño y superendeudado como Grecia) se saliera de la norma de austeridad presupuestaria y reformas liberalizadoras. Cuando no era la derecha la que gobernaba en la región, lo hacían “socialistas” como el francés François Hollande, que tras un comienzo de gestión teñido de rojillo había virado a un rosa cada vez más difuminado hasta compartir valores, política y horizontes con conservadores y liberales. Syriza no tenía aliados a la vista, e incluso países tanto o más endeudados que Grecia eran más realistas que el rey y aplicaban las recetas “austericidas” de los organismos internacionales con fruición lacayuna.

Pero Syriza se mantuvo en sus trece y desafió a la troika de la UE, el Fmi y el Banco Central Europeo, y a la todopoderosa Alemania. No pagaría la deuda así como estaba sin una reestructura y sí aplicaría su programa de freno a las privatizaciones de empresas públicas, de reforma fiscal y de recuperación de la producción nacional, del poder adquisitivo y de las condiciones de vida de los más desposeídos. El tira y afloja duró seis meses, durante los cuales la situación se fue deteriorando cada vez más para los griegos, privados de recursos y de acceso al crédito en el mercado internacional. Hasta que el primer ministro Alexis Tsipras convocó, en julio, a un referéndum para que los griegos le dijeran si continuaba en ese camino o si cedía ante la troika. Tendría, en cualquier caso, el respaldo “del pueblo”, “esa categoría que los burócratas y tecnócratas de Bruselas ignoran por completo”, según dijo por entonces el primer ministro. Los griegos lo respaldaron masivamente: 61 por ciento votó por seguir plantando cara a los acreedores. Pero no pasaron dos días para que Tsipras capitulara y se decidiera a aceptar un nuevo “rescate” a cambio de un programa de “reformas estructurales” más draconiano que los que habían llevado adelante conservadores y socialdemócratas en años anteriores. Las esperanzas de un cambio de fondo, conducido por un gobierno a la izquierda de la socialdemocracia y en un país pequeño del sur europeo, se esfumaron. Votantes de Syriza recuerdan aún aquella mañana en que Tsipras convirtió su no al neoliberalismo en una rendición con todas las letras como uno de los días más amargos de sus vidas.

 

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La impostura del nuevo primer ministro Mitsotakis es total: las “clases medias” a las que dice defender y a las que les quitaría carga impositiva son las mismas a las que Tsipras se vio obligado a castigar porque no pudo realizar la reforma fiscal que se proponía después de que la troika (respaldada por el mismísimo líder de Nueva Democracia) se lo negó. Pero al líder de Syriza, el millón de electores que abandonó a la coalición entre 2015 y 2019 no le perdonó su propia impostura, dice la doctora en ciencias políticas por la Universidad de Atenas Filippa Chatzistavrou. La gestión de Syriza, su capitulación ante los acreedores y los poderes económicos, el hecho de que aceptara aplicar una política contra la que había luchado tantos años, o incluso que Tsipras no renunciara al ver que no podía ganar su apuesta de derrotar al Goliat, provocaron en Grecia “un desencanto político, ético, social, moral, tremendo”, dijo la politóloga al portal francés Mediapart (5-VII-18).

Tsipras festejó unos meses atrás que tras cuatro años de ajustes permanentes había logrado finalmente salir de la lógica de los rescates y mejorar las cifras macroeconómicas: dijo, por ejemplo, que Grecia retomó el crecimiento, que el desempleo se redujo de 28 a 18 por ciento, que volvieron los inversores, que se crean empresas otra vez. Y que pudo poner en práctica algunas políticas sociales “novedosas”: gratuidad de la salud y del transporte para los más pobres, ayudas para vivienda, bonos de alimentación de entre 100 y 500 euros según los ingresos, extensión del seguro de paro, aumento del salario mínimo a 740 euros mensuales… Pero fueron sólo paliativos, y, aunque permitieron limitar las injusticias, en el fondo las cosas no cambiaron, destacó Chatzistavrou. “Los índices de pobreza se mantienen, crece el empleo, pero es precario y en negro, sigue la fuga de cerebros, el acceso de los pobres a la salud no es aún el mismo que el que se conocía antes de la crisis”, y los capitalistas ganan y ganan, dijo. Christos Giovanopoulos, un ex votante de Syriza y militante social, y uno de los coordinadores de los colectivos solidarios (desde ollas populares hasta redes de distribución de medicamentos, útiles escolares, ropa) que se multiplicaron en Grecia entre 2011 y 2015, apunta que durante la administración de Tsipras se amplió la brecha entre pobres y ricos. “La política social del gobierno griego fue pagada por la gente de bajos ingresos y las capas medias asalariadas”, no por los ricos, dice Giovanopoulos. Petros Linardos, un economista que formó parte del Instituto del Trabajo, equivalente para los sindicatos griegos al Cuesta Duarte uruguayo, advertía en mayo pasado que el gobierno de Syriza carecía de “estrategia a largo plazo y de modelo alternativo al desarrollo de los servicios y del turismo”. “El horizonte de Syriza son los años ochenta del Pasok,un modelo de desarrollo basado en el consumo” (Mediapart, 6-V-19). Un modelo, piensa Linardos, que ya no es sostenible desde ningún punto de vista, empezando por el ambiental, un plano en el que Syriza poco y nada hizo. Al contrario: eliminó la exigencia de un estudio ambiental previo a la instalación de megaproyectos de trasnacionales. Con tal de que vengan, les hacemos un tren, habrán pensado Tsipras y los suyos.

 

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Fabien Escalona es un joven politólogo francés que en Mediapart se ha especializado en el seguimiento a los partidos de la “izquierda radical”. Es también autor del libro La reconversion partisane de la social-démocratie européenne. Du régime social-démocrate keynésien au régime social-démocrate de marché. En un artículo publicado en enero de 2015, apenas confirmado el triunfo de Syriza en las elecciones griegas, Escalona advertía sobre el riesgo principal que corría ese partido y otros a la izquierda de la izquierda europea que se encontraban en ascenso (Podemos, en España, y lo que sería luego Francia Insumisa, al otro lado de los Pirineos): que en su asalto a los cielos de las instituciones de gobierno se olvidaran de los movimientos sociales, que habían sido su catapulta. Con (fuertes) diferencias de época, esos movimientos, situados en un punto intermedio entre la socialdemocracia y la extrema izquierda revolucionaria, decía Escalona, comparten corpus ideológico con la corriente eurocomunista que había prendido en los países de la Europa mediterránea en los setenta y ochenta, ubicándose tan lejos del “ruido a botas” del socialismo cuartelero de los países del este como del “arrastrar de pantuflas” de la socialdemocracia occidental, según resumió en su momento el francés Jean-Pierre Chevènement. “El corazón de la izquierda radical europea heredó del eurocomunismo su rechazo a la marginalidad política y una comprensión del carácter plural de las relaciones de dominación”, escribió el francés por estos días (Mediapart, 8-VII-19).

La “nueva izquierda radical” le agregó a aquella corriente que terminó en la ruina, además de un aire irreverente y un funcionamiento más horizontal, un contacto más íntimo con los movimientos emancipatorios que se fueron desarrollando desde los sesenta (antipatriarcales, antiproductivistas, antirracistas e, incluso, anticapitalistas) y una llegada a sectores sociales amenazados por la precarización. Pero padece de “una estrategia incompleta para hacer frente a instituciones nacionales y europeas capaces de absorber sus críticas. Es grande la tentación de ocupar el espacio dejado vacante por la socialdemocracia, cuando un proyecto keynesiano no está ya a la altura de la crisis estructural actual”, concluía el investigador francés.

En 2015, Syriza no sólo fue a la guerra con la troika con un tenedor, se “olvidó” por el camino de los movimientos sociales y de los sindicatos, a los que adrede desmovilizó. Éric Toussaint, un historiador y politólogo belga que fundó el Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas, criticó en su momento la manera en que el ministro de Economía Yanis Varoufakis, que pasaba por un “radical” en el equipo de Tsipras (abandonó su cargo tras la capitulación del jefe del gobierno), llevó a cabo las negociaciones con los acreedores. Más allá de su gestualidad confrontativa, señala Toussaint, Varoufakis alimentaba la ilusión de que las elites europeas terminarían siendo razonables y marcó distancia con la base de Syriza, dejada como espectadora de un enfrentamiento que se iba traduciendo en renuncias sucesivas a la plataforma que había llevado a la coalición al gobierno. Fabien Escalona echa mano también a otros intelectuales críticos, el canadiense Leo Panitch y el ruso Sam Gindin, que, en su libro The Socialist Challenge Today: Syriza, Sanders, Corbyn, subrayan “el grave déficit de ‘organización’ de la izquierda radical ante el poder estatal”. “Todo partido que pretenda superar el orden neoliberal, ni que hablar el orden capitalista”, escribe el francés citando a Panitch y a Gindin, “debe abordar los lugares del poder con cuadros formados y competentes, cuidándose de mantener a todo precio un pie en el movimiento social para presionar en favor de políticas alternativas”. Lejos estuvo de ser ese el caso de Grecia.

12 julio, 2019

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En el mundo, mil 300 millones de personas enfrentan pobreza multidimensional: PNUD

Mil 300 millones de personas en todo el mundo son "multidimensionalmente pobres", señaló el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su Índice de pobreza multidimensional global 2019.

 

El PNUD estudió a 101 países, 31 de bajos ingresos, 68 de ingresos medios y dos de altos ingresos, para establecer su índice de pobreza multidimensional, lo que significa que la pobreza está definida no sólo por el ingreso, sino por varios indicadores, incluyendo mala salud, mala calidad laboral y la amenaza de la violencia. Existen enormes desigualdades entre países y entre los segmentos más pobres de las sociedades, indicó el PNUD.

 

"La acción contra la pobreza es necesaria en todas las regiones en desarrollo", añadió, y destacó que África subsahariana y el sur de Asia son las zonas con la mayor proporción de pobres, con cerca de 84.5 por ciento. En estas regiones, el nivel de desigualdad es descrito como "inmenso". En África subsahariana va de 6.3 por ciento en Sudáfrica hasta 91.9 por ciento en Sudán del Sur. La disparidad en el sur de Asia va de 0.8 por ciento en las Maldivas hasta 55.9 por ciento en Afganistán.

 

Muchos de los países estudiados en el informe muestran "amplios" niveles internos de desigualdad. En Uganda, por ejemplo, la incidencia de la pobreza multidimensional en las diferentes provincias va de 6 por ciento en Kampala a 96.3 por ciento en Karamoja.

 

Más de la mitad de los mil 300 millones de personas identificadas como pobres, o cerca de 663 millones, son menores de 18 años y alrededor de un tercio, o 428 millones, tienen menos de 10 años de edad.

 

La enorme mayoría de estos niños, cerca de 85 por ciento, viven en el sur de Asia y en África subsahariana, divididos casi en partes iguales entre las dos regiones.

 

Una sección del informe evalúa el avance logrado en cuanto al Objetivo Uno de la Agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible: poner fin a la pobreza "en todas sus formas y en todas partes".

 

El informe identificó 10 países, con una población combinada de cerca de 2 mil millones de personas, para ilustrar el nivel de reducción de la pobreza, y todos mostraron un avance significativo en términos estadísticos en cuanto al avance hacia el Objetivo Uno. Las reducciones más aceleradas se vieron en India, Camboya y Bangladesh.

 

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Lo que los mayores medios de información no están contando sobre EEUU

Se están produciendo grandes cambios en EEUU que apenas han sido dados a conocer en España por parte de los mayores medios de información que, en su intento de informar a los españoles sobre la situación política en aquel país, se centran en presentar (y predominantemente ridiculizar) la figura del presidente Trump, comentando sus extravagancias y falsedades. Tal atención a la figura de Trump crea una percepción errónea de que el mayor problema que tiene EEUU es su presidente, ignorando que el problema real, apenas citado por los medios, es que la mayoría de la clase trabajadora de raza blanca (que es la mayoría de la clase trabajadora en EEUU) vota a Trump y, muy probablemente, continuará votándolo en el futuro (es interesante señalar, por las razones que citaré más adelante, que parece haber un redescubrimiento en aquel país de la clase trabajadora, a la que se había dado por desaparecida u olvidada, siendo sustituida por las clases medias.) Y es también interesante señalar que, aun cuando Trump ha sido votado por amplios sectores de la burguesía y la clase media, el hecho es que, sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, no habría sido elegido presidente de EEUU. En realidad, es incluso probable que sea reelegido de nuevo en 2020, y ello a pesar de que la mayoría de ciudadanos desaprueban su gestión. El sistema electoral de EEUU (que favorece a las fuerzas conservadoras), la enorme lealtad de sus votantes (el 82% de aquellos que lo votaron, volverían a hacerlo), y el desánimo y el rechazo de la clase trabajadora y de amplios sectores de las clases medias hacia el Partido Demócrata (que en su día se llamaba el Partido del Pueblo -the People’s Party­-, considerado, con una enorme generosidad, como el partido de izquierdas frente al partido de derechas, el Partido Republicano) son factores a favor de su reelección.

¿Por qué la clase trabajadora está votando a la ultraderecha? Por la misma razón que en Europa también lo hace

Tal como también ha ocurrido en Europa, el movimiento hacia la ultraderecha de votantes de la clase trabajadora se debe, en gran parte, al abandono por parte de los partidos de centroizquierda o izquierda de las políticas “labor friendly”, es decir, de las políticas públicas redistributivas que los habían caracterizado (y que habían favorecido al mundo del trabajo). Tal abandono ha ido acompañado de la adopción de políticas públicas de sensibilidad neoliberal que han incluido medidas que han debilitado mucho el mundo del trabajo, tales como las reformas laborales regresivas que han causado un gran aumento de las desigualdades (alcanzando niveles que nunca se habían conocido en los últimos cuarenta años y que han causado un claro deterioro de la calidad de vida y el bienestar de la clase trabajadora y demás componentes de las clases populares). Tales políticas neoliberales fueron iniciadas por el presidente Reagan en EEUU y por la Sra. Thatcher en el Reino Unido, habiendo sido continuadas más tarde incluso por partidos gobernantes que se definían de centroizquierda o izquierda, como en los gobiernos de Clinton y Obama en EEUU, y Blair, Schröder y Zapatero en Europa.

De estas observaciones se deduce que el foco principal de la atención mediática debería ser el comportamiento de estos partidos gobernantes, intentando entender por qué sus bases electorales los han abandonado. Si hicieran esto, verían que los datos muestran claramente que fueron estas políticas neoliberales las que crearon una enorme crisis social que ha afectado sobre todo a las clases populares. Y es esta realidad la que el establishment político-mediático en EEUU ignora, enfatizando en su lugar las excelencias del modelo económico liberal de aquel país, mostrando su continuo crecimiento económico como mejor prueba de ello. Otros indicadores que también utilizan para mostrar la excelencia del modelo liberal estadounidense es la evolución de los indicadores tradicionales de eficiencia económica, tales como la tasa de desempleo, sin tener en cuenta que la gran mayoría de empleo nuevo es precario y temporal.

La falsedad del éxito del modelo económico neoliberal en EEUU

La tasa de desempleo en EEUU más divulgada en los mayores medios de información es, en teoría, muy baja (3,6% en mayo de 2019), y es la que el presidente Trump utiliza constantemente. También es la que los grandes medios de información españoles reproducen. Pero esta cifra es de escaso valor para conocer el estado del mercado de trabajo estadounidense. Una tasa más realista es la publicada por la Agencia de Estadísticas Laborales (US Bureau of Labor Statistics, cuadro A-15, en “The employment situation – May 2019”) del gobierno federal, que utiliza la cifra de 7,1%, siendo mucho mayor para las personas con una educación inferior a la secundaria (que incluye la mayoría de la clase trabajadora no cualificada) y que es del 16% entre blancos y del 28% entre afroamericanos. Pero, además de la elevada tasa de desempleo, hay también una muy alta precariedad en el empleo, así como un proceso de uberización del mismo (es decir, la externalización de la relación laboral, pasando de ser empleado de una empresa a un autónomo, perdiendo así el trabajador toda capacidad de negociar los salarios y derechos laborales). Como consecuencia de estos hechos, ha habido un descenso de los salarios durante el período definido como “exitoso”. Para los trabajadores no cualificados, el salario por hora ha descendido desde 1973 un 17%.

Las consecuencias de estos cambios en unas cifras vitales para la población se muestran con toda claridad. Lo que los medios de información no dicen es que han aumentado de una manera muy notable las enfermedades y muertes por desesperación (“diseases of despair”) entre estos trabajadores no cualificados, incluyendo epidemias de consumo de opiáceos (habiendo crecido 17 veces el número de muertes por adicción a las drogas), epidemias de alcoholismo (causando tantos muertos en un año como el número de soldados muertos en las guerras de Corea y Vietnam), y así un largo etcétera.

El deterioro de la calidad de vida de las clases populares

Este deterioro, sin ser tan acentuado ahora como a principios del siglo XX, en los años 30 (durante la Gran Depresión), ha creado una enorme crisis de legitimidad del sistema liberal económico y de su establishment político-mediático. Y es esta crisis la que no se está analizando en los grandes medios y sobre la que no se está informando, lo cual es grave, porque sin entenderlo no se puede explicar el auge de la ultraderecha –representada por Trump– (que ha aparecido también en Europa por causas semejantes). Esta ultraderecha tiene características comunes con el fascismo, tales como un nacionalismo extremo y autoritario, una demonización y represión de las minorías y de los inmigrantes, una homofobia y machismo muy extremos, una narrativa antiestablishment que considera que el Estado está captado por las minorías raciales, un desprecio por el sistema parlamentario y por las instituciones representativas, un deseo de control de los medios de comunicación con intolerancia a la crítica, unas promesas de recuperar un pasado idealizado con eslóganes que contienen enormes promesas de imposible ejecución, un culto al líder al que se considera dotado de cualidades sobrehumanas, así como un canto a la fuerza, al orden y a la seguridad, con un ejercicio de la fuerza y la violencia sin frenos. Su gran agresividad, sin embargo, no aparece en forma de intervenciones militares (ya que son conscientes de los desastres que supusieron intervenciones previas de este tipo), sino en forma de bloqueos económicos como han sido los casos de Irán y Venezuela (que han provocado más muertos que los que hubiera habido en caso de conflicto armado). No hay duda de que el desarrollo y continuidad de tales políticas podrían llevar a un desastre.

Existe una diferencia, sin embargo, entre la ultraderecha gobernante en EEUU y el fascismo europeo en cuanto a sus políticas económicas. El fascismo conocido en Europa (y que era la defensa de la estructura del poder capitalista frente a la amenaza del socialismo y del comunismo) no era anti-Estado. Tenía un barniz social, con el cual intentaba llegar a la clase trabajadora. Así, el nacionalsocialismo era un intento de derivar a la derecha el enfado popular hacia el sistema capitalista. No así la ultraderecha actual en EEUU, que es profundamente anti-Estado, teniendo características del libertarismo. Vox ejemplifica en España el trumpismo, a diferencia de la ultraderecha francesa, por ejemplo, liderada por el partido de Le Pen.

Las limitaciones políticas de carácter identitario de lo “políticamente correcto”

Frente a esta amenaza, la estrategia de la izquierda estadounidense, a través del Partido Demócrata, fue enfatizar las políticas antidiscriminatorias de género y de raza, encaminadas a la integración de las mujeres y minorías en el establishment político-mediático del país. Se seguía una estrategia basada en lo “políticamente correcto”, es decir, con unas prácticas y un lenguaje antidiscriminatorio focalizados en políticas públicas de afirmación identitaria (repito, fundamentadas en el género y la raza).

Tales intervenciones, sin embargo, aunque importantes, han sido insuficientes. Su falta de atención hacia la discriminación de clase (es decir, hacia la discriminación contra las clases populares) ha sido su gran punto flaco. El fracaso de esta estrategia, en el caso del mayor movimiento feminista en EEUU (NOW), se ve claramente en que la mayoría de mujeres de clase trabajadora (la mayoría de mujeres) no votaron a la candidata feminista, Hillary Clinton, sino a Trump. El supuesto de que el movimiento feminista estaba hablando en nombre y en defensa de todas las mujeres no convenció a muchas mujeres, incluyendo la mayoría de mujeres de la clase trabajadora, que no votaron por la candidata de NOW, sino por Trump, que se presentó como el candidato antiestablishment neoliberal, centrado –según él- en el Estado federal.

La discriminación olvidada: la discriminación de clase

Las mujeres, como los hombres, pertenecen a distintas clases sociales, cada una de las cuales sufre distintas formas de discriminación, sosteniendo intereses distintos e incluso opuestos. Y la realidad es que parte de las dirigentes del movimiento feminista son mujeres de clase media alta ilustrada (es decir, con titulación universitaria) cuyas propuestas y cuyo discurso no atrae a las mujeres de clase trabajadora, o no las atrae con suficiente fuerza para superar su identidad de clase. Como cualquier ser humano, las mujeres tienen varias identidades, una de ellas la de ser mujer. Pero tiene también otras identidades, como la de la clase social a la cual pertenecen. Y esta última define también cómo se expresa la identidad como mujer. La mujer liberal burguesa (de clase alta) por ejemplo, tiene una visión de “ser mujer” distinta a la visión de la mujer trabajadora. Y esta realidad queda ocultada, sin embargo, cuando las primeras se presentan como representantes de todas las mujeres. Lo que ha ocurrido en las últimas elecciones presidenciales en EEUU es un claro ejemplo de ello.

Los derechos políticos y sociales están muy determinados por los derechos económicos

El discurso identitario se ha centrado en EEUU principalmente en los derechos políticos y sociales (como por ejemplo los derechos de representación, puestos de poder ocupados por las personas discriminadas, sean estas mujeres o minorías), pero muy poco en los derechos económicos.

Más concretamente, el discurso identitario en EEUU se ha centrado en corregir la discriminación de las minorías y de las mujeres, con propuestas para facilitar la integración de dichas personas discriminadas en la estructura del poder actual, asumiendo que tal integración ayudaría a todas las mujeres o miembros de las minorías. En este sentido, la estrategia feminista se ha centrado en los temas identitarios, facilitando la integración político-social de los sectores discriminados, con un énfasis en el desarrollo de los derechos políticos y sociales de representatividad, tanto en la esfera pública como en la privada. Sin embargo, ha ofrecido una atención muy limitada a los derechos económicos (los derechos que centran la atención de las clases populares -mujeres y hombres- tales como el trabajo y los salarios dignos, el acceso a la sanidad, a la educación, a la vivienda, a la jubilación digna, etc.). Al centrarse en combatir las discriminaciones por raza o género, han olvidado la discriminación por clase, facilitando así la imagen de que el objetivo de la estrategia del Partido Demócrata era la supuesta captura del Estado federal por parte de las minorías y las mujeres. Y así lo han percibido las clases discriminadas. El Partido Demócrata, por ejemplo, ha dejado de estar liderado por hombres blancos, siendo estos sustituidos ahora por mujeres y afroamericanos (la mayoría de clase media ilustrada, es decir, con formación académica), que continúan imponiendo políticas neoliberales como por ejemplo el estímulo de la movilidad de capitales e inversiones -la odiada globalización- que ha dañado a las clases populares. La Sra. Clinton, líder feminista, era la mejor promotora, como ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, de la globalización del capital estadounidense, lo que facilitó la desindustrialización de EEUU y dañó a la clase trabajadora industrial, eje del apoyo a Trump.

El socialismo como ideología transversal

Esta orientación exclusivamente identitaria evitó la transversalidad que ofrecía el concepto de clase social, lo cual habría permitido relacionar los distintos movimientos identitarios, mostrando su relación e interdependencia. De ahí la novedad y atractivo del socialismo: un proyecto basado en la universalización de los derechos sociales y de los derechos económicos, que mejore la calidad de vida de las clases populares (en su distinta y variada composición de género y raza) a través de un proyecto de empoderamiento y emancipación que una las distintas luchas para disminuir y erradicar la explotación con un hilo conductor, utilizando las instituciones representativas y las movilizaciones sociales para alcanzar su objetivo.

Y este es el proyecto que Bernie Sanders anunció en la presentación de su candidatura en Washington D.C. Habló del socialismo democrático como la continuación del New Deal iniciado por el presidente más popular que haya tenido EEUU, el presidente Franklin D. Roosevelt. Fue este el que habló de la necesidad de que el Estado federal garantizara, junto a los derechos sociales y políticos (la libertad de expresión, de asamblea y de religión, de participación en el proceso electoral, de acceso a la información y de organización, entre otros) los derechos económicos y sociales (como el derecho al trabajo digno y bien remunerado, a los servicios sanitarios, a la salud, a la educación -desde escuelas de infancia a la universidad-, a la vivienda digna y confortable, a un medioambiente de calidad y a la jubilación -también digna y satisfactoria-, entre otros).

La materialización de tales derechos exigía un cambio sustancial de las políticas públicas que, como había denunciado el presidente Roosevelt antes y Martin Luther King más tarde, habían sido favorables a ofrecer todo tipo de ayudas públicas a las rentas del capital y de las clases pudientes (el “socialismo para los ricos y para el mundo empresarial”, corporate socialism). España se podría haber añadido el socialismo bancario (por haber recibido la banca la ayuda pública más importante que el Estado haya hecho, con 60.000 millones de euros).

El socialismo para los ricos y el mundo empresarial

Lo que era necesario (según había apuntado Roosevelt) era un cambio de 180º en el tipo de socialismo. El socialismo democrático popular tenía que sustituir al “socialismo de las élites financieras y económicas”, socialismo este último que había sido un desastre y estaba (está) llevando a EEUU a la “barbarie”, forzando, como bien predijo Karl Marx, a tener que escoger entre “barbarie o socialismo”. Y la realidad lo está demostrando hoy también. Actualmente existe un gran rechazo hacia el capitalismo salvaje (el socialismo de los ricos) que Trump representa. La gran mayoría de los jóvenes y de las mujeres (los dos grupos con peores condiciones económicas) preferirían vivir en un socialismo democrático que no el capitalismo actual. En un país donde el 1% de la población estadounidense posee el 92% de todas las acciones bancarias y en el que el director ejecutivo de la compañía comercial más grande, Walmart (que tenía a la Sra. Clinton en su dirección), gana más de mil veces más que uno de sus empleados medios, no es sorprendente que las clases populares estén enfadadas. Y todo esto queda ocultado con el énfasis en Trump. Lo que es prácticamente nuevo en EEUU es que grupos que han sido víctimas del sistema, intenten romper con la monopolización de su victimismo para coordinarse e incluso unirse en un proyecto común que favorezca a todos los amplios sectores de la población que están explotados y discriminados. Para entender el elemento de transversalidad en su estrategia unitaria, hay que recuperar el concepto de poder de clase y el significado del socialismo. Este hecho, que es lo más importante en EEUU, es lo que el establishment político-mediático español quiere ocultar.

 

Por Vicenç Navarro

julio 11, 2019

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University

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Bolsonaro bebe vino durante la ceremonia religiosa. Imagen: AFP

Hacia un Estado ( "terriblemente" ) confesional. Jair Bolsonaro participó en una ceremonia religiosa celebrada por el Frente Parlamentario Evangélico en la Cámara de Diputados. Ese bloque, conocido popularmente como la Bancada de la Biblia, reúne a congresistas de varios partidos, en general de derecha, y cuenta con un centenar de miembros es decir cerca del 20 por ciento de la Cámara baja.

"Ustedes saben como las familias fueron atacadas por los últimos gobiernos, ustedes fueron decisivos en el rescate de los valores familiares", sentenció Bolsonaro.

"Cuántos intentaron dejarnos de lado diciendo que el Estado es laico, sí el Estado es laico pero nosotros somos cristianos, o plagiando a la querida Damares, somos terriblemente cristianos", dijo citando a la ministra Damares Alves, la pastora a cargo de la cartera de Mujer, Familia y Derechos Humanos.

Durante el culto, en el que también intervino un pastor, los asistentes celebraban las frases más tocantes extendiendo sus manos al cielo.

En Brasil el mandatario tiene la atribución de presentar al Congreso los nombres de candidatos al Supremo Tribunal Federal cada vez que un integrante del mismo se jubila o renuncia.

Hasta el 31 diciembre de 2021, cuando finaliza el actual mandato, se jubilarán dos magistrados de la máxima Corte.

Al referirse a ese tema anticipó que "entre los dos cupos que tendré que indicar para el Supremo Tribunal Federal uno de ellos será para un juez terriblemente evangélico".

La misma promesa había sido formulada el mes pasado cuando criticó a los jueces del Supremo por haber determinado que la homofobia es un delito equivalente al del racismo, condenado con prisión.

A pesar de ser católico el ocupante del Palacio del Planalto no esconde sus diferencias con el papa Francisco --profundizadas debido a las opiniones de Bergoglio en defensa de la Amazonia-- y su simpatía por el poderoso movimiento neopentecostal del cual recibió apoyo en los comicios del año pasado. A través de la prédica de miles de pastores las principales corrientes pentecostales, como la Iglesia Universal del Reino de Dios, orientaron a sus fieles para votar al candidato de ultraderecha contra el "pecaminoso" Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

Para agradecer ese voto duro el mes pasado participó en la multitudinaria Marcha por Jesús realizada cada año en San Pablo, siendo el primer presidente que toma parte en esa movilización religiosa.

Contrario al aborto, la "ideología de género" y la criminalización de la homofobia Jair Messias Bolsonaro fue bautizado por un pastor las aguas del rio Jordán, en Israel, en 2016.

Al tomar parte de acto religioso realizado ayer en el Parlamento el capitán retirado dio otro paso de una alianza cuyo correlato internacional ha sido su aproximación al movimiento cristiano-sionista que patrocina tanto a Donald Trump como al premier israelí Benjamin Netanyahu.

El secretario de Estado Mike Pompeo, representante del lobby cristiano-sionista, fue el enviado de Trump a la ceremonia de toma de posesión del mandatario brasileño en enero pasado y uno de los arquitectos de la cumbre Trump-Bolsonaro en la Casa Blanca celebrada en marzo.

Fue durante esa visita a Washington que Bolsonaro se reunió con el pastor-electrónico Pat Robertson, propietario de la cadena Christian´s Broadcast Nework y mundialmente famoso desde su apoyo a la cruzada anticomunista de Ronald Reagan en la década del 80.

Pat Robertson y su hijo Gordon pidieron a Dios que Washington y Brasilia "estén cada vez más próximos" y manifestaron su intención de apoyar a Brasil en su "ayuda humanitaria" destinada a Venezuela.

Bolsonaro, que aspira a tener un imperio mediático que responda orgánicamente a su proyecto reeleccionista en 2021, habló ayer de su deseo de encontrarse en breve con el obispo Edir Macedo dueño del multimedios Record y de visitar el Templo de Salomón, construido en 2014, perteneciente a la Iglesia Universal del Reino de Dios la cual fue homenajeada ayer al cumplir 42 años.

La visita de Bolsonaro al Legislativo dejó dos mensajes:uno hacia la Bancada de la Biblia, sustenada por los dipu-pastores, y otro hacia la Bancada de la Bala, cuyos miembros son en su mayoría policías estaduales y federales, entre quienes hay presuntos simpatizantes de las "milicias" paramilitares.

A estos últimos les prometió un régimen especial, que los pone a salvo de la draconiana reforma previsional que comenzó a ser tratada este miércoles en el Plenario de la Cámara baja.

Se trata de un proyecto redactado por el ministro de Economía Paulo Guedes, inspirado en la reforma previsional del dictador Augusto Pinochet, con cuyo gobierno colaboró a fines de los años 70.

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Médicos y maestros plantan cara al Gobierno de Hernández en Honduras

Tres meses de protestas han dejado seis muertos y más de 80 heridos por la represión contra las manifestaciones

 

Carlos Salinas Maldonado

México 8 JUL 2019 - 17:36 COT

La dermatóloga Ligia Ramos y sus colegas de la Plataforma Por la Defensa de la Salud y Educación en Honduras hacían el domingo una pausa en las protestas contra el Gobierno del presidente Juan Orlando Hernández para analizar los datos de la epidemia de dengue que afecta al país centroamericano. Los médicos culpan al Ejecutivo por la negligencia en el manejo de la emergencia, que ha dejado decenas de muertos, la mayoría niños. Desde hace tres meses el sector de la salud y los maestros se han tomado las calles de Tegucigalpa y otras ciudades importantes del país en contra de un proceso de reformas impulsadas por Hernández que, dicen, pretenden privatizar los servicios públicos. La pausa por la peste de dengue sirve, también, para analizar los pasos a seguir en unas protestas que reclaman la renuncia del mandatario, que fue reelecto en 2017 en unas elecciones consideradas fraudulentas por la oposición. “Continuamos en movilización, pero con más precaución, porque no queremos más muertos y heridos”, afirma Ramos.

La médica hace referencia a las seis víctimas mortales y los más de 80 heridos por la represión que el Gobierno desató contra los manifestantes. Un informe de Amnistía Internacional publicado el viernes denuncia que el Ejecutivo de Hernández hizo uso de “la fuerza excesiva” para reventar las protestas, incluso ordenó el despliegue del Ejército, alegando motivos de seguridad. Los militares ingresaron a la Universidad Nacional violentando su autonomía y dispararon contra estudiantes. Hernández cuenta con la lealtad de las fuerzas militares y la élite económica que prefiere apostar por una estabilidad garantizada por la deriva autoritaria del mandatario. Las protestas, sin embargo, han continuado y analistas consultados en Tegucigalpa temen que el régimen aumente la represión.

La Conferencia Episcopal de Honduras ha afirmado en un comunicado publicado el sábado, que el Estado ha manejado de “forma incorrecta” la crisis, a la vez que acusó al Gobierno de violar la Constitución “cuantas veces convenga”. También señaló a los poderes del Estado de falta de independencia, con un Congreso “que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo”. Los obispos exigen a las autoridades hallar una solución a través del diálogo. Este, sin embargo, se mantiene en la incertidumbre luego que médicos, maestros y estudiantes denunciaran el incumplimiento de nueve puntos que exigieron al Gobierno para sentarse a negociar, entre los que están el regreso de los militares a sus cuarteles, el cese de la represión, juicios justos y apegados a derechos para los detenidos en el marco de las protestas y la presencia de interlocutores extranjeros en la mesa de negociación.

“No hay disposición de negociar”, afirma Ramos. “Hernández impulsa un proyecto de privatización, pero ha encontrado una resistencia muy fuerte del sector salud y del magisterio. Este movimiento comenzó hace dos meses, la lucha ha sido fuerte y ahora la población, que esta en hartazgo porque no tiene garantías mínimas de sus derechos básicos, se ha unido. Por eso el movimiento ha agarrado mayor fuerza y pide la salida de Juan Orlando Hernández”.

Aunque el movimiento de médicos y maestros se ha montado sobre los hombros de los sindicatos organizados, observadores independientes ven difícil la supervivencia de la movilización social que se les unió para exigir la dimisión de Hernández, dada la falta de organización y liderazgo. “No ves un poder acompañando las protestas, como en el caso de Nicaragua, donde una parte de los empresarios y la Iglesia apoyan a los estudiantes que protestaron contra Ortega. La élite lo tiene muy a su favor todavía. Y más cuando cuentan con Estados Unidos como un aliado”, explica Eugenio Soza, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. “El ciclo ya va a bajar, pero en el futuro puede haber nuevas olas de protestas por el rechazo a Hernández, un enorme malestar que está listo a que se encienda la llama de nuevo”, asegura en conversación telefónica con EL PAÍS.

Al analista le preocupa la demostración de fuerza del Ejecutivo de Hernández frente a las manifestaciones. Asegura que desde 2009, cuando fue derrocado en un golpe de Estado el expresidente Manuel Zelaya, "las manifestaciones cada vez son más radicales", pero también la respuesta del régimen “ha sido más agresiva”. Antes, dice, no se disparaba abiertamente a quienes protestaban, pero desde el golpe han muerto 117 personas en el marco de la violencia contra las movilizaciones. “Eso demuestra que el régimen está más dispuesto a reprimir”. En su informe del viernes Amnistía Internacional —que documentó las muertes en el marco de la represión a las últimas protestas— afirma que “el uso de las fuerzas militares para controlar las manifestaciones en todo el país ha dejado un saldo profundamente preocupante para los derechos humanos”, con el uso de “armas de fuego y armas menos letales, como gases lacrimógenos o balas de goma, provocando lesiones en decenas de personas. En total, seis personas han perdido la vida en este contexto desde el mes de abril, cuatro de ellas por arma de fuego a manos de las fuerzas de seguridad”.

El Gobierno de Hernández, afirma el analista Soza, “se sostiene porque tiene un excesivo control de las instituciones, las fuerzas armadas y la Policía, pero además cuenta con el poder mediático, empresarial y el apoyo de Estados Unidos, porque Honduras es de los países donde las élites están más subordinados a la embajada estadounidense, que ha permitido que Hernández llegue hasta donde está”. A pesar de ese contexto difícil, la médica Ramos asegura que continuarán con la presión en la calle. “La Plataforma es un proyecto para largo plazo, porque el objetivo es luchar por la calidad de la educación y salud pública en Honduras”.

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Martes, 09 Julio 2019 06:10

China. Un país, dos sueños

China. Un país, dos sueños

Las protestas vividas recientemente en Hong Kong contra la propuesta de una ley de extradición que permitiría la entrega de fugitivos al gobierno central, evidencian un claro aumento de la fractura entre el nacionalismo Han, hoy sustentado en el programa del Partido Comunista para lograr la revitalización de la nación china, y las demandas democráticas que afloran en su periferia territorial. Igualmente, ponen de manifiesto el carácter estructural de una protesta que en tres episodios (2003, 2014 y 2019) plasman una severa advertencia a Beijing de los riesgos asociados a las políticas recentralizadoras en curso en los últimos años.

A estas alturas, lo de menos es ya que va pasar con la ley de extradición o el futuro de Carrie Lam, a quien le reclaman la dimisión. Ambos han sido finiquitados, aunque no pueda admitirse públicamente para no perder la cara. Aun así, el problema de fondo radica en la pérdida de confianza de buena parte de la población local no solo en la jefa de esta región administrativa o en su Consejo Legislativo sino, sobre todo, en la sabiduría y mano izquierda del poder central para lidiar con estas situaciones. Y en ello debieran meditar las autoridades de Beijing a la hora de reconducir su política de “frente unido”, la tercera arma mágica del Partido, según Mao.

En origen, la fórmula “un país, dos sistemas” fue otra genialidad de Deng Xiaoping; no una concesión graciosa sino un imperativo necesario para preservar la condición de Hong Kong como ventana abierta al mundo. Deng se comprometió a preservar su singularidad tras la retrocesión por cincuenta años. “Lo que decimos lo cumplimos”, apostilló. Ahora corre peligro. Incluso buena parte de la sociedad continental no entiende de qué se quejan los hongkoneses (como tampoco las nacionalidades minoritarias díscolas); a fin de cuentas, ellos gozan de “privilegios” que a la mayoría le son negados. Y por si fuera poco, protestan. Que en dicho contexto se alcen voces reclamando la implantación de un solo sistema (al igual que la eliminación de las autonomías de las nacionalidades minoritarias), no es de extrañar. ¿Renunciará China a su compromiso? En la situación actual, ni las condiciones ciertamente poco democráticas del colonialismo británico le pueden servir de ayuda ante una generación de jóvenes muy movilizados que no vivió esa época.

Pero la iniciativa para favorecer las extradiciones no es un hecho aislado. Otras propuestas abundan en la idea de atar en corto Hong Kong al continente. Ya hablemos del tren de alta velocidad inaugurado el año pasado y que conecta al ex enclave británico con 44 ciudades chinas o el nuevo puente sobre el delta del río de las Perlas que une Hong Kong a Macao y Zhuhai, un asombroso ejemplo de la ingeniería civil china, se enmarcan en el proyecto de la Gran Bahía de Zhuhai que Beijing ansía convertir en una gran área económica pero también más homologable en lo político. Estos proyectos anclarán definitivamente a Hong Kong en el continente hasta diluirlo. Las diferencias en términos de desarrollo económico que en su día pudieron servir de justificación para admitir un status especial pronto perderían su razón de ser.

Probablemente Beijing ha cometido un enorme error de cálculo al no calibrar la capacidad de indignación política de los hongkoneses. Pero también en el exterior se ha cometido otro error similar al considerar irremediable que el continente evolucionaría hacia la adopción de un modelo similar al vigente en Hong Kong. El gobierno central no cejará en su empeño para promover un amorfismo centrado en la mejora general de vida al margen de las peripecias políticas mientras avanza su mayor control de forma sostenida.

La percepción no ya de ausencia de progresos sino de una lenta erosión de ciertos derechos básicos afea a China en su propia casa primero e internacionalmente después, cundiendo la duda acerca de sus intenciones últimas a propósito del rechazo de las experiencias liberales, cualquiera que sea su signo o emplazamiento. Sobre Hong Kong ejerce una soberanía indiscutible pero no debiera pasar por alto que el eco de sus acciones y de su impaciencia trasciende su territorio inmediato. Y en un momento en que se le señala con el dedo por las más diversas razones, un torpe manejo de este asunto dando rienda suelta a las posiciones más hostiles, ignorando los anhelos expresados por miles de personas contra las derivas autocráticas, pudiera depararle mayores costos de los estimados. Y no solo en términos de imagen global.

Dos personas pueden dormir en la misma cama y no compartir el mismo sueño, dice un refrán chino. El arraigo de las convicciones democráticas en Hong Kong no debiera infravalorarse, so pena de agrandar el foso que separa a significados sectores sociales del resto del continente. Nadie puede discutir que Hong Kong sea parte de China pero a los hongkoneses les preocupa que el sueño chino suponga una merma en sus derechos fundamentales. No reniegan de su pertenencia a la etnia china pero políticamente se sienten diferentes y desmienten con su protesta la propagada máxima de que esos derechos que estimamos universales deben ser tamizados a la luz del relativismo cultural.

 

Por Xulio Ríos. Observatorio de la Política china

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El poder descomunal del Big Pharma es de tal magnitud, que Trump se dispone a ejercer una "orden ejecutiva" que exaspera a sus congéneres del Partido Republicano, adictos al libre mercado al precio que fuere, y que se aproxima más a la postura del Partido Demócrata.

Trump basa su relección en tres ejes: 1) la migración –que ya "resolvió" en su muy peculiar estilo con México–; 2) el auge económico que posponga recesión (https://bit.ly/2Ux9Qh2), cuyo punto estelar ha sido el alza bursátil, y 3) la disminución del precio de los medicamentos de patentes que se encuentran por las nubes y que constituyó otra de sus promesas de campaña.

 

Trump prepara una "orden ejecutiva" que declare la "Cláusula de Naciones Favorecidas para precios de los medicamentos y así Estados Unidos no pague más que el país con menores precios".

 

Trump Inquirió la razón por la cual Canadá, al unísono de otros países, "pagan menos" que Estados Unidos por los mismos medicamentos (https://bit.ly/2LEwoYl).

 

Después de su diatriba, el Índice Bursátil de Medicamentos periclitó 1.6 por ciento (https://cnb.cx/2YDfRYi).

 

Tres días antes, The Washington Post señaló el deseo de Trump de disminuir los altos precios de los medicamentos de patente y abrazó la propuesta de Ron DeSantis, gobernador de Florida –donde probablemente se decida la reelección–, para importar medicamentos de Canadá que tienen menor precio (https://wapo.st/2FZmmgT).

 

El libanés-estadunidense Alex Michael Azar II, hoy secretario de Salud y Servicios Humanos (sic) –anterior subsecretario en la misma secretaría con Baby Bush–, fue presidente de la trasnacional Eli Lilly –décimo lugar del pulpo farmacéutico global “Big Pharma (https://bit.ly/2S1GWC1)” y productora de la insulina para la diabetes tipo 1 que duplicó su precio en sólo cuatro años –y fue miembro del consejo de administración de la entelequia cabildera Biotechnology Innovation Organization.

 

El secretario de Salud arguye que la importación de medicamentos será inefectiva para disminuir los precios, lo cual llevará "a problemas de seguridad, ya que no existe manera de impedir el redireccionamiento de los falsos medicamentos (de otros países) que pasen por Canadá".

 

La Federal Drug Administration (FDA) de Estados Unidos ha facilitado la adopción de "medicamentos genéricos" para intentar aplacar la avaricia del oligopólico Big Pharma.

 

El secretario de Salud no es San Jorge, ni aspira a serlo, para aniquilar al dragón del cartel farmacéutico que se encuentra entre los principales cinco magnos negocios globales, con ingresos de casi un billón de dólares (952 mil 510 millones de dólares), prácticamente equiparable al PIB de México, y que lo colocan con los otros cuatro grandes rubros: los hidrocarburos, los estupefacientes, la venta de armas y la trata de personas.

 

El ranking del “ Top 10 (https://bit.ly/2XtUtUj)” de las trasnacionales farmacéuticas, por su “participación de mercado (market share)”: 1) Pfizer Inc (Estados Unidos); 2) Novartis (Suiza) –que, por cierto, vende el medicamento más caro del mundo en 2,12 millones de dólares para la atrofia muscular espinal (¡por fortuna, es de una sola toma!); 3) F Hoffmann-La Roche Ltd (Suiza); 4) Merck & Co Inc/MSD (Estados Unidos); 5) Johnson and Johnson (Estados Unidos); 6) GlaxoSmithKline Plc (Gran Bretaña); 7) Sanofi (Francia); 8) AbbVie Inc (Estados Unidos); 9) Bayer AG (Alemania), y 10-Eli Lilly and Co (Estados Unidos).

 

El Partido Demócrata, en búsqueda de adeptos para la elección, presiona con plausibles propuestas para importar medicamentos de menor costo de Canadá, así como negociar los precios de los medicamentos de los Seguros Médicos (Medicare).

 

Pese al abordaje bipartidista para intentar someter al cartel farmacéutico, la FDA sólo ha conseguido facilitar la aprobación récord de "medicamentos genéricos".

 

El poder descomunal del Big Pharma es de tal magnitud, que Trump se dispone a ejercer una "orden ejecutiva" que exaspera a sus congéneres del Partido Republicano, adictos al libre mercado al precio que fuere, y que se aproxima más a la postura del Partido Demócrata.

 

The Washington Post cita a allegados de Trump quienes señalan que tanto la esterilidad de la diplomacia negociadora con el Big Pharma como su "frustración por la carencia de herramientas del Poder Ejecutivo para disminuir los precios de los medicamentos" se ha vuelto su “obsesión (sic)”.

 

Mas bien, la relección es su verdadera "obsesión" sicológica.

 

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Tsipras: el líder que se alejó de la realidad

El primer ministro griego llegó al poder como una promesa contra los recortes de Bruselas. Cuatro años después, la ciudadanía está decepcionada por sus cambios de guion

 

La tarde del 26 de mayo, triple jornada electoral en Grecia —europeas, regionales y locales—, un equipo de cinco personas analizaba sus propios sondeos en el palacio Maximou, La Moncloa ateniense. Alrededor de Alexis Tsipras y un sanedrín de fieles, cada vez más limitado desde que llegó al poder en 2015, los expertos insistían en la victoria de Syriza, la coalición de izquierda radical: “Vamos ganando… Ganamos… Hemos ganado, sin duda”. Aunque televisiones y medios digitales daban para entonces la versión opuesta —una derrota, por nueve puntos de diferencia, frente a la conservadora Nueva Democracia (ND)—, los analistas de datos no dejaban de cantar victoria. Tsipras, encerrado en el castillo del poder, había perdido definitivamente el contacto con la realidad.

De ese alejamiento ya había dado muestras, por ejemplo ante el incendio mortal de Mati en 2018, e incluso antes, según algunos analistas, cuando en 2015 vivió la traumática ruptura de su partido tras aceptar el tercer rescate y él se hizo más fuerte en una formación que desde entonces se convirtió en su sombra. “Syriza es Tsipras. El partido ha perdido capacidad desde 2015, hoy es más débil que entonces, y cabe preguntarse qué ocurrirá si el domingo [por hoy] perdemos las elecciones por una diferencia mayor que en mayo. No descarto que pueda disolverse”, admite Dimitris Rapidis, consejero de comunicación. En la campaña de su principal contrincante, y favorito en las encuestas, el conservador Kyriakos Mitsotakis, lo resumen con una frase: “Estas elecciones no son una batalla entre Nueva Democracia y Syriza, sino entre Nueva Democracia y Tsipras”.

Con ese marcado personalismo, al jefe del Gobierno griego en funciones se le podría colgar la etiqueta de hiperlíder: aquel que, según la definición del centro de estudios Cidob, reúne unipersonalismo, desprecio al pluralismo y centralidad de la comunicación. Porque no se mueve una hoja sin su permiso en un mandato que comenzó populista, airado, y concluye desdibujado. Un hiperlíder, por definición, tiene rasgos congruentes con el populismo, pero el experimento heleno, que inauguró la tendencia hace cuatro años en Europa, se diluye hoy en el arroyo mainstream, con Syriza cada vez más embebida en el sistema.

Con todo, Tsipras muestra tics que bien podrían considerarse populistas, como su reivindicación de la figura de Andreas Papandreu, el carismático líder socialista de los años ochenta que seducía a propios y ajenos. Pero no todos los analistas están de acuerdo. “Es muy difícil situar a Syriza entre los partidos populistas que vemos en otras partes. La combinación de pensamiento elitista y explotación de las emociones de la masa para ganar poder, las cínicas tácticas usadas para mantenerlo, hacen de él un producto típico de la política griega más que ninguna otra cosa: el exitoso uso del oportunismo y la improvisación que puede funcionar durante un rato pero no aporta nada sustancial al país”, opina el analista Nikos Konstandaras.

Yannis Mavrís, director de la encuestadora Public Issue —que clavó los pronósticos del 26 de mayo y hoy prevé una diferencia del 15% a favor de ND—, considera que Syriza no va a perder ahora porque empezó a perder con el referéndum del sí pero no de julio de 2015: el alarde populista de su mandato, cuando consultó al pueblo sobre las condiciones de Bruselas para el tercer rescate para luego aceptar otro más gravoso. “El bloque más social que sustentaba ideológicamente a Syriza en 2015 empezó a alejarse tras ese volantazo. Su intento de ampliar la base electoral desde entonces, hacia el centro, incluido el desembarco de antiguos cargos del Pasok, no ha dado resultado, porque ha sido un movimiento de cuadros, ajeno a la base. Sus votantes de entonces le reprochan hoy la gestión del rescate y el acuerdo con Macedonia del Norte”. Entre el 60% y el 70% de los griegos rechazan el pacto con Skopje, que selló 27 años de contencioso sobre el uso del nombre Macedonia por la antigua república yugoslava.

“No hay organización política porque ya no tiene epicentro social”, incide Mavrís, que subraya un movimiento muy criticado: reproducir ciertos hábitos de los dos partidos tradicionales, la conservadora ND y el socialdemócrata Pasok, refundado como Movimiento para el Cambio (Kinal, en sus siglas griegas). “Ha habido un trasvase general de sus dirigentes a las estructuras del Estado, es decir, usar la Administración para colocar a sus miembros. La diferencia es que mientras ND y Pasok tardaron décadas en conseguirlo, Syriza lo ha hecho en un corto espacio de tiempo. Syriza ha alumbrado un nuevo sistema neoclientelar”. En la última sesión de la legislatura, en junio, intentó endosar como personal al Parlamento a decenas de empleados públicos, algunos de ellos familiares directos de destacados dirigentes del partido.

De la decena de cuadros de Syriza contactados, responde Kostas Duzinas, que repite candidatura al Parlamento. “Cierto es que hemos cometido algunos errores, por ejemplo de comunicación y capacidad de escuchar, así como cierta bisoñez al inicio, pero podemos decir que, en cualquier sector, Grecia está hoy mucho mejor que en 2015, sobre todo en cuanto al alivio de la crisis humanitaria, porque ayudamos a todos los que lo requerían con urgencia; en el sistema de la salud, en los hospitales… Nos encontramos la caja vacía y la dejamos con superávit, pero la propaganda propala la idea de que no hemos hecho nada bien y de que Tsipras es Satanás”. Corrobora Cristos Simis, secretario general de Comunicación: “Los ciudadanos sabrán discernir y valorar el esfuerzo que hicimos para levantar el país, para dar seguridad a los que no la tenían”.

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Hacia un Nuevo Orden Mundial de la Cultura y la Comunicación

 

Toda organización política (y, por lo tanto, toda organización) debe tener en su “agenda” la problemática histórica actual en materia de Cultura y Comunicación. No es mucho pedir y no hay escapatorias. Ya tuvimos tiempo de sobra para aprender que, entre todas las batallas que la humanidad libra hacia su emancipación, los “territorios” de la Cultura y la Comunicación han sido especialmente colonizados y mayormente plagados con derrotas muy severas.

Pero no se trata de priorizar a la Cultura y a la Comunicación en una “agenda” donde se las entienda exclusivamente como “espectáculo”, “entretenimiento” o “curiosidad”… como suele hacer cierto sector de las oligarquías y sus burocracias. No se trata de fingir, con discursos, que nos ocupa o preocupa la “diversidad” expresiva de los pueblos. No se trata de repetir la mueca clientelista que reparte becas, o subsidios, a los amigos y a los amigos de los amigos. No se trata de convencernos con sesudas disquisiciones academicistas ni convenciones internacionales plagadas con naderías en la práctica. De lo que sí se trata es de habilitar, profundizar y ensanchar el ejercicio de derechos humanos inalienables como son el Derecho a la Cultura y el Derecho a la Comunicación, no sólo en igualdad de “oportunidades” sino, principalmente, en igualdad de condiciones.

Una “agenda” de Cultura y Comunicación para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratización de las herramientas de producción, distribución e interlocución del “sentido”. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semántica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los ámbitos (ciencias, artes, filosofías, tecnologías…) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de “espectador” sometido por un sector social acaparador e históricamente opresor de las mayorías. Tal “agenda” debe interesarse, (inter, multi y transdisciplinariamente) por erradicar los medios y los modos con que los pueblos han sido infiltrados con “valores” o “antivalores” que sólo convienen el statu quo y que han inoculado núcleos de “falsa conciencia” redituables a la ignorancia funcional, al mundo de la mentira como verdad, al sometimiento de consciencias y al mercantilismo desaforado infectado de individualismo y consumismo.

De las fuerzas políticas actuales (que dicen ser emanación de la voluntad popular o de las clases trabajadoras) no podemos espera menos que un modelo comprensivo y dinámico que, en materia de Cultura y Comunicación, se disponga a corregir las asimetrías en el campo de la disputa por el sentido. Que sepa desarrollar un arsenal de herramientas para la crítica (en todos los “sentidos”) ante la hegemonía de la “Iniciativa Privada”; contra el burocratismo clientelista y contra el silenciamiento de las comunidades semánticas más variadas que, además de diversas, son mayoría abrumadora. Que, además de las herramientas para la crítica ponga al alcance de todos los cuerpos legales, las fuentes metodológicas, los espacios de formación, las herramientas de producción, las infraestructuras de transmisión, los modelos de evaluación y la dinámica de la retroalimentación. Abiertas, participativas, auto gestionadas, autónomas y de revocabilidad consensuada desde las bases. Para empezar.

No es posible aceptar políticas de Cultura y Comunicación sin consultas desde las bases y desde la historia. No es aceptable abandonarse a los caprichos del mecenazgo, no es recomendable aspirar al mundo feliz de las “industrias culturales” reproductoras de la lógica de la mercancía en el campo de las ideas y las emociones sociales. Cultura y Comunicación no son mercancías, son Derechos Humanos Fundamentales y al Estado compete su desarrollo, ensanchamiento y profundización. O será nada.

Una organización política que en su “agenda” no contenga, como prioridad de corto plazo, el desarrollo de una Política de Cultura y Comunicación, descolonizadora y transformadora, debe revisarse a fondo contrastándose con los hechos duros y crudos que han venido amenazando a las democracias en las décadas recientes, tal como lo advirtió el Informe MacBride de 1980. No es que falten casos ejemplo, autores denunciantes ni amarguras realmente existentes en el escenario actual donde la Cultura y la Comunicación han sido secuestradas por los poderes monopólicos trasnacionales. Lo que sí está faltando es la decisión política de fuerzas organizadas, con mandato de la clase trabajadora, para desplegar una experiencia nueva y renovadora atenta a las exigencias de los tiempos actuales y del futro inmediato.

“Se requieren nuevos discursos y enfoques que sirvan de referencia a las políticas culturales” ya reclamaba Irina Bokova de la UNESCO. En su reclamo, desde luego están las exigencias cualitativas y cuantitativas, están las consideraciones administrativas y de gestión gubernamental, además de estar a expectativa geopolítica acentuada en una visión Sur-Sur. Y lo que está faltando es la ordenación de las acciones que garanticen un cambio de paradigmas, a fondo, por cuanto compete a la comprensión teórica y práctica de la Cultura y la Comunicación no sólo como expresiones “reflejo”, “espejo” del pensar y el “sentir” social sino como instrumentos para la acción transformadora directa. Hay que romper con resabios y taras de las “culturas” desarrolladas por los colonialismos para contar con pueblos mansos y tributarios de la riqueza para los “amos”.

Hace falta sepultar a la andanada mercantilistas creadora de las “culturas” de la adicción (como el alcoholismo, la farmacodependencia y todas las adicciones autodestructivas). Hay que romper con todo lo que oprime y deprime a los pueblos, obligándolos a resignarse a una cultura de esclavo, a una moral de súbditos y a una estética colonizada que derivan siempre en beneficios comerciales para las clases opresoras. Eso le falta a las Políticas de Cultura y Comunicación que han de nacer en esta etapa y en el seno de las organizaciones políticas que quieran ser respetadas por su respeto histórico a las luchas de sus pueblos. Cultura y Comunicación para la emancipación. Nuevo orden.

 

Fuente: Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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“La ecología debiera ser le medicina que trate la gran enfermedad de la tierra: la destrucción ecológica”: Enrique Dussel

Enrique Dussel se define a sí mismo como “Filósofo”, además de ser historiador y crítico teológico. Nació el 24 de diciembre de 1934 en La Paz, un pequeño pueblo de la provincia de Mendoza en la Argentina. Cosmopolita y de espíritu inquieto, luego de graduarse de Filósofo en la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) vivió en varios países de Europa con la finalidad de continuar sus estudios (España, Francia y Alemania, entre otros) y en Israel. Volvió años después habiéndose doctorado en Filosofía, en Historia y con estudios en Ciencias de la Religión, para establecerse otra vez en su país. El 2 de octubre del año 1973 -por sus vínculos ideológicos con los movimientos revolucionarios argentinos- un grupo de tareas atentó contra su vida al colocar una bomba en su propia casa. Desde entonces vive en México, donde se nacionalizó y ha producido la mayor parte de su obra. La misma cuenta hoy con más de 50 libros y más de 400 artículos traducidos a varias lenguas, lo que ha generado una gran cantidad de disertaciones sobre un pensamiento ético-crítico y transformador en todo el planeta.

El afamado Filósofo, reconocido como uno de los creadores de la Filosofía de la Liberación e inspirador de miles de militantes y pensadores en todo el mundo, fue recientemente nombrado miembro de la Academia de Ciencias y Artes en los Estados Unidos y ha recibido reconocimientos similares en todos los rincones del mundo. Nos recibió en su casa en la Ciudad de México, para conversar sobre diversos temas: la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el cambio climático y los posibles destinos no sólo de América Latina sino del mundo y la humanidad en general. Presentamos a continuación la excepcional charla.

 

P: En su Ética de la liberación del 1998 cita usted a Humberto Maturana. El afamado biólogo chileno suele comentar que “no es que exista algo así como “la vida” en sentido abstracto, o a manera de entelequia, sino que existen seres vivos autopoiéticos”. ¿Qué piensa usted de tal afirmación?

ED: Bueno realmente lo que propone Maturana tiene mucho que ver con la ética como yo la concibo. La vida es autopoiética. Las plantas y los animales van reproduciendo la vida y en un proceso como anti entrópico porque van sacando lo más de lo menos. EL mundo físico, astronómico, va gastando energía y se va degradando. En cambio la vida es como un proceso anti entrópico porque van creando cosas nuevas, etapas cualitativas superiores. Alrededor de lo humano la vida ha logrado su mayor complejidad y un desarrollo todavía indefinido hacia el futuro. Esto si es que cambiamos los usos de la civilización, que ha empezado en cambio ya un proceso entrópico geométricamente desarrollado que va a llevar a la extinción de la especie humana. Ya 5 veces la vida mató más del noventa por ciento de los vivientes y la última fue la etapa de los dinosaurios. Estamos en la quinta etapa pero el antropoceno -la etapa del ser humano- parece que está terminando si seguimos el camino que hemos emprendido. Vamos a destruir la vida humana y también gran parte de la vida que es parasitaria de nuestra vida. Por lo tanto empezamos quizás a augurar una sexta etapa de la vida, que no será el fin de la vida ya que de las cucarachas y los ratones y otros tipos de insectos y animales pequeños es posible que salga la próxima etapa de la vida donde el Homo Sapiens habrá desaparecido porque se produjo un proceso suicida. Estamos en el tema vida muerte.

Y respecto al tema de la vida, central en la Filosofía de la Liberación, ¿podría usted ofrecernos alguna definición de la “vida humana” en particular?

La muerte y la vida de la que hablamos no es el concepto de vida, ni la buena vida, sino fácticamente el hecho de vivir y esto no necesita definición. Un niño sabe muy bien si uno le muestra figuritas: una piedra, una casa, un árbol y una flor a un niño de 4 años y le dice: a ver dime de estas figuritas cuáles son de seres vivos. No se le escapa una, sabe lo que es un ser viviente. La vida es el punto de partida de todo lo humano. La política tiene que ver con la afirmación de la vida. La economía tiene que ver con la afirmación de la vida. Podemos decir que la vida es la condición absoluta y universal de todo lo que hace el ser humano. Si matamos las condiciones que permiten reproducirse y crecer la vida entonces es un acto malo, y es un acto bueno sí permite la reproducción y crecimiento de la vida. Pero claro, a veces unos explotan a otros y viven también de los otros. Esa sería la injusticia económica por ejemplo pero sigue siendo un tema de la afirmación o negación de la vida. Lo malo sería necrófilo, el que ama la muerte. Y biófilo sería el que ama la vida.

La concepción médica occidental piensa “la vida” del ser humano en sentido dualista, el cuerpo (soma) por un lado y la mente (psique) por otro, cada cual de forma separada con sus respectivos “síntomas” y “padecimientos”. Además lo aísla de su contexto histórico, social, cultural, político y filosófico. ¿Piensa usted que la medicina moderna debiera modificar tal antropología de raíz griega-cartesiana y pensar al ser humano desde otra perspectiva?

La medicina igual que todas las ciencias toca directamente el tema de la vida. Es el arte de curar, es decir evitar la enfermedad para prolongar la vida. Esta debiera ser la esencia de la medicina. Pero como el ejercicio de la afirmación de la vida se da en estructuras ideológicas, políticas, económicas y demás, tenemos que ver que la propia medicina primero responde a un concepto de la vida. Entre los griegos el cuerpo era la vida. El alma daba la vida al cuerpo pero la medicina un poco sanaba al cuerpo. Claro que decía: una mente sana en cuerpo sano. Pero la mente no era objeto propio de la medicina sino más bien el cuerpo. Y muchas veces la medicina actual por el modo de intervención también sigue pensando que el tema fundamental es la corporalidad sufriente-como enfermedad- que supone una vida no cumplida. Y entonces a la medicina yo la podría definir como una ciencia, una institución e instrumentos que afirma la vida y lucha contra la enfermedad. Pero a su vez, la enfermedad también va definiéndose de otra manera en la historia. En la Edad Media se pensaba que un enfermo podía ser sujeto de una acción demoníaca. Entonces se hacía un exorcismo del demonio para sanar a alguien porque el mal era habitado por un espíritu maligno. Nosotros más bien vamos hacia una visión más material. No digo corporal porque eso es distinto.

¿Cuáles piensa que son los factores e intereses que determinan las nociones de Enfermedad y Salud en la actualidad?

Hay como una gran influencia de la farmacología. Se dan fármacos que son producidos por una industria que sana la enfermedad con una intervención a veces violenta del médico. Ahora lo que no pensamos muchas veces es que esos fármacos forman un sistema de transnacionales- por ejemplo Bayer- que producen no solo granos de semillas transgénicas sino también fármacos. Pero al ser una transnacional capitalista su finalidad de fondo es sacar ganancias. Entonces yo podría decir que la farmacología es algo así como la técnica por la que el capital logra ganancia a través de la explotación de la enfermedad. Es así que los pobres no pueden comprar las medicinas más exquisitas para poder sanar las enfermedades nuevas que se producen. Quiere decir entonces que también hay un problema económico que determina el uso de la medicina y el médico en cierta manera es un instrumento de un gran sistema de explotación de la enfermedad.

Habría que empezar a ver cómo funciona eso. Hoy un médico normalmente cobra una visita lo que cueste o trabaja para una clínica. Laín Entralgo que fue un médico español tiene una historia de la medicina. ¿Desde cuándo cobra privadamente un médico a un cliente enfermo? ¿Desde cuándo y por qué lo hace? ¿Acontecía eso en todas las culturas? ¿Acontecía eso más allá de la Edad Media? ¿Desde cuándo se cuantifica económicamente el servicio de un Médico?

Usted fue Rector de la UACM y es Profesor Universitario. ¿Cuál es el rol de la formación Universitaria y de la producción de conocimiento en estos temas?

El servicio del médico funciona para evitar la enfermedad. Y por lo tanto el médico se transforma en instrumento de un sistema. En la Facultad de Medicina se estudia la anatomía, la fisiología y una cantidad de partes de la ciencia médica para luchar contra la enfermedad. Pero no se estudia todo el sistema de la explotación de la enfermedad. Eso ya sería metafísica, o ética, y parece que no corresponde a la Medicina. Pero es justo el tema. El médico es un instrumento del capital, y por eso hay una medicina para las clases altas que pueden pagar y una “medicina masiva” para los que no pueden pagar, que por supuesto se mueren antes aunque la vida haya crecido en cuanto a su duración cuantitativa.

Lo cual crea a su vez otro problema, de pronto la tierra se hace pequeña para una expansión de la especie Homo. Ya no fue hecha la Tierra para esa cantidad de personas, empezamos a ser demasiados. Claro, la manera en que hoy se soluciona el tema es que los pobres mueran. En realidad lo racional sería no concebir tantos nuevos natos para que bajáramos la demografía y la tierra volviera a crecer. Hay situaciones políticas y económicas que determinan la Medicina y ésta a veces no capta toda esa complejidad. Por eso el tema ético en la medicina y de la formación de profesionales de la salud es volver al origen. Afirmar la vida del ser humano y no tanto explotar la enfermedad que puede parecer lo mismo pero no es lo mismo porque la explotación de la enfermedad se hace cada vez más cara para los que enfrentan los últimos días de la vida. Pero al mismo tiempo el sistema económico produce pobres que mueren antes de tiempo porque no pueden realmente pagar ese tipo de Medicina. Claro, hay que de alguna manera socializar la Medicina. Quiere decir que hay un problema de injusticia en cuanto a las lucha contra la enfermedad.

¿Cómo podría descolonizarse el discurso occidental-moderno en el campo de la Salud- condicionado como ya mencionó por fuertes intereses económicos- desde una mirada propia de las mayorías populares y desde la perspectiva de la Filosofía de la Liberación?

Para la Filosofía de la Liberación, el primer principio ético válido para todas las acciones humanas y también para la medicina sería ocuparse de afirmar la vida y efectivamente prolongarla en el tiempo de una manera feliz. Eso es el principio material de la ética. El segundo principio es cómo afirmaremos la vida y ahí viene ya el consenso, la organización política que se formula en un principio democrático. No es asunto que el dictador diga cómo se afirma la vida sino que el pueblo pueda definir cómo va a distribuir esa vida. Y después el tercer principio es el de factibilidad, es decir que sea posible eso que se ha decidido de cómo hay que afirmar la vida. Esos tres principios en la Medicina funcionan muy bien, pero como dijimos hay injusticia. Ahí tenemos una cantidad de problemas que guían una reflexión sobre la transformación del sistema de la salud: que es afirmación de la vida y lucha contra la enfermedad pero dentro de una distribución justa de los medios para llegar a esos fines.

Eso supone también un estado que se ocupe de la salud como un derecho humano y que cree los instrumentos para que realmente llegue a la gente una medicina como debiera ser. El tema es que hay que cambiar las estructuras no sólo de la medicina sino de la economía, donde ya la finalidad no sería el aumento de la tasa de ganancia sino el aumento de la cualidad de la vida. Hay un dilema entre el aumento de la ganancia y el aumento de la calidad de vida, la felicidad. En Argentina hay un dicho que dice que un ladrón se acerca y le dice a alguien: la bolsa o la vida. La bolsa sería el dinero y la vida pues, le pego un tiro. Pero si la tomamos en serio a la propuesta, sería o la bolsa de Wall Street o la vida humana. El sistema mundial nos pone a todos un en la cabeza. Entonces de pronto la medicina se liga a la economía pero a su vez la economía se liga a la política porque cambiar hoy el sistema económico conlleva medidas políticas muy fuertes.

Esta realidad supone una nueva teoría y también claro se puede decir una ética pero no es una ética de los valores o una ética de una honestidad individual para decir que yo soy bueno. No, no. Tiene que ser una ética realmente pensada desde las estructuras reales. ¿Quién va a invertir un peso si no saca más porcentaje anual que si lo invirtiera en otra cosa? La racionalidad es el aumento de la tasa de ganancia, eso es real. Y el que no hace eso se funde, y si se funde pues la empresa que tenía cierra y los que trabajaban en esa empresa quedan sin trabajo. Entonces la cuestión es grave y es de conjunto, pero estamos llegando a límites y justamente la vida vuelve a estar en el Horizonte próximo porque ecológicamente estamos destruyendo las condiciones que posibilitan la reproducción de la vida. El aumento de la temperatura, el hueco de ozono, los plásticos que invaden los océanos. Ya ahora hasta el más rico súper millonario de Wall Street también va a respirar aire contaminado, va a tomar plástico y se va a morir como el último pobre. Claro, no tan rápido. Primero van a morir los pobres, pero los demás también. Y además cuando se mueran los pobres, ¿Qué van a hacer los otros? Estamos ante un tiempo apocalíptico, en el fin de los tiempos en un sentido medio mítico. Porque no hay mucho futuro para la humanidad si sigue cómo está y en eso ya entonces la medicina pasa a la ecología. La ecología se transforma como la medicina que ahora trata la enfermedad de la tierra que es la destrucción ecológica. Esa es la gran enfermedad. Y cómo lograr entonces que la vida continúe para las próximas generaciones. Por eso conmueve éticamente pero racionalmente la niñita de dieciséis años sueca que el otro día se dirigió a una asamblea de científicos. Eran como mil y la niñita en un inglés muy bueno dice nosotros las futuras generaciones le estamos pidiendo que cambien el orden o vamos a morir. Y cuando dijo eso a la niñita se le salió la lágrima. Entonces dijeron: esto es nuevo. Nunca había habido en la historia una rebelión de los niños. Pero no con chistecitos, sino al fondo del tema: nos van a destruir la Tierra y nosotros vamos a ser las víctimas. Eso supone una ética fuerte y una redefinición también de la Medicina.

¿Cómo evalúa la realidad de América Latina a la luz de estos debates? ¿Qué impacto podrá tener la irrupción del gobierno de AMLO en México y qué cosas se juegan en la elección presidencial de Argentina de fin de año?

México hoy está en medio de una batalla política y económica. Porque si toma cierta medida el capital se le retira, baja la moneda, entra en crisis el país y es una hecatombe. La política tiene que ver cómo maneja el tema económico. No es nada fácil hoy decir vamos a hacer lo que hizo Lenin, un estado donde los productores sean propietarios de la empresa y define el socialismo del siglo XX. Eso no es tan fácil, hoy el capital está muy organizado y ya conoce la experiencia y sabe cómo luchar contra ellos.

Al comienzo de este siglo hubo lo que llamamos una primavera política. Yo escribí mi librito “20 tesis de Política” diciendo que después de 500 años estamos viviendo una primavera política con las Madres de Plaza de Mayo, los piqueteros, los sin tierra, los cocaleros. También con los gobiernos de Ecuador con Correa, Bolivia con Evo Morales, Guatemala, el Foro Mundial de Porto Alegre. Néstor Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, Lula en Brasil. Bueno, parecía que estábamos en una nueva etapa. Y en poquitos años, Raff! Yo creo que hubo dos pasos adelante y uno atrás. Pero no es solamente nosotros, EEUU estaba distraído con el Medio Oriente queriendo chuparse todo el petróleo y cumpliendo las órdenes del Sionismo. No de Israel, pero sí del Sionismo haciendo añicos todo lo que podía ser un peligro para Israel. Y entonces se metió en Medio Oriente, ¡y salió derrotado! Porque no gano ninguna batalla y ahora sale y saca sus soldados de Irak y no ha ganado la batalla. En Siria tampoco. Ha destruido Libia, pero no la ha conquistado. Entonces dijo bueno ya hicimos bastante lío, volvamos a lo nuestro. Y por desgracia vuelve a América Latina y tenemos en frente al de siempre, al Imperio. Nos ha hecho retroceder, y siempre con nuevos métodos. Antes eran las dictaduras militares, ahora se las ha arreglado para corromper al sistema judicial. Y ahora los golpes de Estado son judiciales, ¿¡Quien lo hubiera dicho!? A Lula lo meten preso, a Cristina Kirchner la quieren meter presa también. Bueno, tendremos que ver cómo depuramos el sistema jurídico. Ha habido un paso atrás, pero ha sido desastroso también para el Neoliberalismo. Macri es un desastre, ¡Bolsonaro que hablar! Otro Trump. Y esto no tiene solución, porque se entregan a EEUU. Y EEUU no tiene ninguna corresponsabilidad y ya que se entregan los explota mejor. No tienen una doctrina a mediano plazo. Pero ahora se viene la inmigración de Centroamérica. ¡Que la produjo EEUU! Han hecho una dictadura en El Salvador. La piña de Costa Rica tiene un precio pésimo. Pagan muy bajo el valor del plátano en Guatemala. Entonces la pobreza se viene como inmigración.

Habíamos tenido un pequeño triunfo, pero ahora la derecha está apoyada por los EEUU sobre todo golpeando a Venezuela haciendo creer que Venezuela no ha solucionado nada. Pero a Venezuela los mismos EEUU le cortaron hasta el papel higiénico. Qué decir las medicinas. Y se lo atribuyen al Chavismo pero la verdadera causa es el bloqueo del Imperio ante un país chiquito que no puede defenderse.

Entonces tenemos un EEUU que se está reposicionando y un Trump que está cada vez más absurdo pero que muchos lo siguen porque hay una derechización del sentido común. Pero también ha perdido hegemonía en manos de China. Entonces estamos en medio de una grave crisis política y habrá que actuar con mucha inteligencia. No es posible una revolución rusa ni cubana. Es cómo llevamos adelante en este tapa dura de Estados Unidos una nueva posibilidad y es por eso que en México se está jugando algo muy importante que es la posibilidad de resistir sin ortodoxia porque aquí no funciona ya la ortodoxia socialista. No hay aquí Socialismo del Siglo XXI, ¡¿Qué va a haber?! Sería más bien un Neoliberalismo débil, lo cuál sería ya muy bueno. La factibilidad se hace fundamental y la defensa de lo propio es fruto de una gran inteligencia política. Pues eso es lo que está mostrando hoy López Obrador. Pero tiene muchísimos problemas internos: la criminalidad, la droga que tiene el mercado norteamericano, la matanza por las armas que exporta EEUU. O sea que la causa de los problemas de México son los EEUU, y ni siquiera se les puede recordar esto porque se vuelven histéricos. Pero el señor Trump no piensa que el problema es que están drogados todos los norteamericanos, son el mayor mercado de consumo de droga. Y es porque son un pueblo insatisfecho.

La situación es complicadísima y exige una filosofía política de gran realismo crítico. Con una ética muy fuerte por un lado, y por el otro de una inteligencia grande para poder jaquear al monstruo norteamericano. Ahora es un factor muy importante en América Latina porque México había jugado siempre en favor de los EEUU. Es fundamental por la relevancia de México y por sus dimensiones en el continente, y yo creo que en Argentina va a caer Macri y a Bolsonaro cuando le toque también va a caer. No subirá un gobierno revolucionario, subirá un gobierno que cambiará los huecos gigantescos que ha dejado Macri. La gente va tomando conciencia de que la situación es difícil y que hay que comprometerse. Estamos en la lucha por la Segunda Emancipación. La primera fue en 1810, y ahora estamos en la segunda. Lo decía José Martí, y también José Carlos Mariategui. ¿Y cómo luchar sino abriéndose militarmente a Rusia y económicamente a China? Al menos para jugar al tercer lugar, ni uno ni otro. La situación es muy difícil pero la historia continúa y los pueblos seguirán luchando.

Yo digo: no soy optimista, pero no pierdo la Esperanza. Cuando todo el mundo dijo esto es una catástrofe terminó la etapa progresista de América Latina yo dije que era una etapa en la que el progresismo recibió un golpe merecido porque también no hizo cuidado en la corrupción y otras cosas. Tampoco se desarrolló una teoría, como señala Frei Betto. Y bueno, ahora hay que hacer la autocrítica, pertrecharse y avanzar lentamente. El pueblo aprende por el sufrimiento, no hay otro. No es por clases. Los teóricos podemos formular para aclarar las causas de ese sufrimiento y darle un camino pero el que sufre tiene la inteligencia más abierta para entender quién es quién. Siempre y cuando los medios de comunicación no les tergiversen todas las categorías de interpretación y le hacen interpretar la realidad al revés. Pero en eso las redes mismas de los celulares van creando una mediocracia paralela que empieza a funcionar ya más fuerte. La gente no se traga todo tan fácil, pero todavía sigue siendo muy fuerte. Sería de esperar que si cae Macri, termine Clarín para siempre y los metan presos a todos de una vez por todas. Pero si los siguen queriendo mantener, los van a tener que seguir sufriendo.

Es el largo camino de la Historia. Solo que ahora ya estamos viendo el proceso, ya no nos enseñan los norteamericanos o los europeos. Tenemos una visión propia y hasta les podemos enseñar cómo se lucha contra el imperio. Los mismos Europeos están despistados. Vivían a la sombra de EEUU y se les movió el árbol y ahora quedaron al Sol y tienen que empezar ellos a hacer las cosas y se dan cuenta que están mal preparados. Y en eso tenemos más aliados. Yo tengo Esperanza, no soy optimista.

 

Manuel Fonseca*, Omar García Corona** y Facundo Tineo***

 

*Médico. Consejero Directo Facultad de Ciencias Médicas de La Plata. Director de la Cátedra Libre de Salud “Ramón Carrillo” de la UNLP.

**Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro de la Asociación de Filosofía y Liberación (AFyL México).

***Médico. Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

3 julio 2019 

 

Publicado enMedio Ambiente