Jaime Durán Barba sobre las elecciones en Ecuador: “Creo que va a ganar Guillermo Lasso por unos cinco puntos”

Aseguró que el gobierno de Lenín Moreno "es el más impopular de la historia del país”

El consultor y analista político ecuatoriano, Jaime Durán Barba, se refirió este sábado a las elecciones previstas para el 11 de abril en su país y consideró que ganará el candidato Guillermo Lasso por “unos cinco puntos”. A su vez, habló sobre la situación política en Argentina y manifestó que “el macrismo y el kirchnerismo deben repensar sus proyectos porque sino aparecerá una tercera fuerza que los barrerá”.

En diálogo con AM 750, Durán Barba aseguró desde su departamento situado en Quito, que se encuentra “encerrado, hipocondríaco y asustado por la pandemia” y consideró que la gente está atravesando un momento de cambio, en el que se volvió “más autónoma y pasa por encima de las instituciones”.

Al referirse a las elecciones de Ecuador, cuya segunda vuelta se realizará el próximo 11 de abril, dijo que “hay distintas variables en juego” y aseguró que el gobierno nacional, al mando de Lenín Moreno, es el “más impopular de la historia del país”. “Se dedicó a perseguir de manera absurda a Rafael Correa y eso ayudó al candidato del expresidente, Andrés Arauz. Nunca hubo un gobierno con tanto rechazo, ni tampoco uno que se haya dedicado tanto a perseguir a un político”, detalló.

 “A Moreno le fue espantosamente mal, pero a su vez la gente tiene un recuerdo complejo de Correa, quien vivió un momento económico estupendo del país con el petróleo a 100 dólares, pero su temperamento, su violencia y sus amenazas fastidiaron a los electores. Ese es el elemento negativo más fuerte. Correa tiene un 23% de apoyo y un 65% de personas que no lo votarían jamás”, agregó.

Sobre Arauz, quien resultó ganador en la primera cita en las urnas el pasado 7 de febrero con 32,72% de los votos, dijo que hizo una buena campaña en la que le funcionó “ser distinto” y explicó que “si un político es igual a los que vivían hacen 30 años, no se tiene ningún futuro”. “Arauz hizo una campaña bonita y su juventud le favoreció mucho. Sin embargo, Correa estropeó su avance, no por mala fe, sino por su temperamento”, analizó.

A su vez, sostuvo que de “no ocurrir algo muy imprevisto que importe a los electores”, cree que las elecciones las terminará ganando por unos cinco puntos Lasso, quien fue el segundo en las primeras elecciones con el 19,74% de los votos, seguido de muy cerca por el candidato indígena Yaku Pérez, apenas 35 décimas por debajo del banquero.

Respecto a Yaku Perez, dijo que el candidato “hizo algo rarísimo”, que fue “asomar varias veces tocando el saxo en sus videos y bailando de una manera muy occidental”. “Esto le dio una entrada muy importante en sectores juveniles y urbanos del país. Yaku terminó siendo una mezcla del voto indigena más el de los electores del siglo XXI, con ideas ambientalistas. El resto tiene sensaciones mezcladas”, detalló.

Tras hablar sobre la estrategia de Yaku en las redes sociales, consideró importante “estudiar la política de clicks” y dijo que “el tema del Internet es mucho más difundido de lo que creemos los académicos. Hubo una experiencia con el expresidente de Argentina, Mauricio Macri, cuando fue a visitar a un grupo indígena y le pidieron una foto para subir a Facebook y él no entendía cómo iba a hacerlo. Ahora los pibes indígenas tienen su teléfono y navegan por las redes.

Luego, al hablar sobre la situación política en Argentina, Durán Barba dijo que la discusión en nuestro país está “muy atrasada” y aseguró que “el macrismo y el kirchnerismo deben repensar sus proyectos porque sino aparecerá una tercera fuerza que los barrerá”.

 “Ni el macrismo ni el kirchnerismo se han reformulado. Yo creo que, si no repiensan su situación, se va a sumar un tercer grupo que los barra”, aseguró. Y cuestionó que el país esté “todavía discutiendo cosas del siglo XX”. “No digo que Ecuador esté mejor, pero estamos muy atrasados, muy convencidos de que cuando se produjo el Big Bang, ya estaban las 10 verdades peronistas. No es así, son mucho más recientes”, agregó.

Al concluir, consideró que “hay que pensar en un mundo distinto que incorpore la tecnología, sin que la tecnología mate a la gente, porque es un gran progreso que también implica riesgos. Hay que reformular la revolución, el cambio. La clase obrera va extinguirse en 10 años, hay que pensar qué hacemos ahora”.

Ecuador entra esta semana en la recta final de la campaña electoral, en la que los candidatos presidenciales al balotaje, Arauz y Lasso, dejaron de lado el discurso polarizador y los vínculos partidistas e incorporaron propuestas más inclusivas para captar a los más de cuatro millones de ecuatorianos que votaron por otras opciones en la primera vuelta.

En la primera cita a las urnas, el último 7 de febrero, Arauz resultó ganador con 32,72% de los votos, insuficientes para evitar el balotaje. Por su parte, Lasso fue segundo con 19,74%, seguido por Pérez, apenas 35 décimas por debajo. En el cuarto puesto, figuró Xavier Hervas, con 15,68% de los sufragios. 

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Plataformas digitales, la nueva fase del capitalismo

Las plataformas digitales de trabajo se han multiplicado por cinco en el último decenio.

El crecimiento de las plataformas digitales conlleva oportunidades y problemas para los trabajadores y las empresas, señala la edición más reciente del informe de la OIT Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo 2021.  Este crecimiento ha puesto de manifiesto la necesidad de un diálogo internacional sobre políticas y cooperación en materia de reglamentación, que permita una actuación más coherente en favor de oportunidades de trabajo decente y el impulso del crecimiento de empresas sostenibles.

 El informe hace hincapié en torno a dos tipos principales de plataformas digitales de trabajo: las plataformas web, en las que los trabajadores realizan sus tareas en línea y de modo remoto, y las plataformas basadas en la localización, en las que unas personas, como choferes de taxis o repartidores, ejecutan su trabajo en una localización geográfica determinada.

Nuevos problemas para los trabajadores y las empresas

Los problemas para los trabajadores de las plataformas guardan relación con las condiciones laborales, la regularidad del trabajo y de los ingresos, y la imposibilidad de gozar de los derechos a la protección social, la libertad de asociación y de negociación colectiva. Las horas de trabajo suelen ser prolongadas e imprevisibles. La mitad de los trabajadores de plataformas digitales ganan menos de dos dólares por hora. Además, en algunas plataformas hay brechas notables de remuneración. El informe señala que la pandemia de Covid-19 ha puesto muchas de estas cuestiones aún más en evidencia.

Muchas empresas se topan con el problema de la competencia desleal, la falta de transparencia con respecto a los datos y la fijación de precios, además de comisiones costosas. Por su parte, las pequeñas y medianas empresas (pymes) tienen dificultades para acceder a financiación y a infraestructura digital.

Es un hecho, que las nuevas oportunidades creadas por las plataformas digitales de trabajo están volviendo cada vez más difusa la clara distinción que solía haber entre asalariados y autónomos. Las condiciones laborales en general vienen determinadas por los términos del contrato de servicios, que suelen definirse unilateralmente. Cada vez es más frecuente que las tareas de asignar y evaluar el trabajo, y de gestionar y supervisar a los trabajadores dependan de algoritmos, y no de seres humanos.

El informe apunta a la necesidad de políticas coherentes y coordinadas frente al hecho de que las plataformas operan en distintas jurisdicciones, para conseguir que ofrezcan oportunidades de trabajo decente e impulsen el crecimiento de empresas sostenibles. 

Mientras tanto el Director General de la OIT, Guy Ryder señala que  “Las plataformas digitales de trabajo están abriendo oportunidades que antes no existían, en particular para las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y los colectivos marginados en todo el mundo. Es un factor positivo.».
Añade que «Los problemas nuevos que plantean deben solucionarse mediante el diálogo social internacional a fin de que los trabajadores, los empleadores y los gobiernos puedan beneficiarse plenamente y por igual de estos avances. Con independencia de su situación contractual, todos los trabajadores tienen que poder ejercer sus derechos laborales fundamentales».

La brecha digital

La distribución de los costos y beneficios de las plataformas digitales en el mundo es muy desigual. El 96 por ciento de las inversiones en este tipo de plataformas se concentra en Asia, América del Norte y Europa. El 70 por ciento de las ganancias se concentra en solo dos países: Estados Unidos y China.

 El trabajo en plataformas digitales web es externalizado por empresas del Norte y realizado por trabajadores del Sur, que ganan menos que sus homólogos de los países desarrollados. Esta desigualdad de crecimiento de la economía digital perpetúa la brecha digital y podría agravar las desigualdades.

Muchos gobiernos, empresas y representantes de trabajadores, entre otros los sindicatos, han comenzado a ocuparse de algunas de estas cuestiones, pero las respuestas son diversas y ello provoca incertidumbre para todas las partes.

El hecho de que las plataformas digitales de trabajo operen en varias jurisdicciones plantea la necesidad de diálogo y coordinación a nivel internacional en torno a las políticas, a efectos de conseguir la seguridad reglamentaria y la aplicación de las normas internacionales del trabajo, puntualiza el informe.

 Y se exhorta al diálogo social y la cooperación internacional en materia de reglamentación entre las plataformas digitales de trabajo, los trabajadores y los gobiernos, para lograr con el tiempo la aplicación de una estrategia más eficaz y congruente.

La otra cara de la moneda: ¡navega sin normas ni recomendaciones!

 Es poco aliciente que un organismo como la OIT conformado por 187 Estados miembros, destacado por ser un órgano tripartito del sistema de Naciones Unidas, limite su rol al conjunto de informes, recomendaciones y normas laborales, navegando entre lo abstracto de la filosofía del derecho y de la coyuntural acción partisana.

Y es esta, una de las paradojas más desafiantes de nuestro tiempo: la contradicción entre el bienintencionado discurso sobre la justicia social que producen estos organismos internacionales y los Estados nacionales y la desdichada realidad de las libertades ciudadanas.

 Este es el dramático contraste entre la teoría y la práctica, entre el derecho y la vida cotidiana, un sentimiento que nos revive cada informe, pleno de buenas intenciones, pero sin poner acento en el núcleo central del problema que es el propio sistema capitalista.

Después de un período de más de cuatro décadas caracterizado por la globalización y un conjunto de políticas que han disparado entre otras cosas el drama de la desigualdad global, dislocando las instituciones que cohesionaban la sociedad y quebrado las bases naturales que sostienen la vida humana, como bien lo señalan muchos de estos informes.

Las reformas de los mercados han traído como resultado un poder creciente para las grandes corporaciones y nuevos monopolios digitales.  A partir de éstos, está emergiendo un nuevo orden fruto de la reestructuración que ha experimentado el capitalismo global tras la última crisis, en la que adquieren un papel preponderante las tecnologías de la información. La dominación digital global de las principales corporaciones del ramo, han logrado posicionarse como monopolios naturales.

 Las aplicaciones de Google se aceptan como si fueran un servicio público, y universidades e instituciones de todo el mundo firman acuerdos para que esta corporación gestione sus sistemas de correo. Mientras tanto, Facebook y Twitter capitalizan el grueso de la comunicación social en la Red, y sus logos son incluidos gratuitamente en programas de televisión o acompañando a la publicidad de otros productos.

Los teléfonos inteligentes se venden con aplicaciones de fábrica diseñadas para recopilar masivamente datos sobre y de sus usuarios. Miles de millones de consumidores de todo el mundo, cualquiera sea su estatus, aceptan con normalidad situaciones en las que son intensamente monitorizados por empresas privadas. Más grave aún la sociedad en su conjunto ha sucumbido a los cantos de sirena y renunciado a protegerse contra las nuevas formas de control digital. Esta sumisión se explica porque las corporaciones digitales son vistas como agentes del progreso tecnológico, dando la impresión de que aceptar su tutela es la única forma de disfrutar las ventajas prácticas de la tecnología; es estar acorde con el mundo actual del progreso.

 Pero, esta ideología de progreso tiene un profundo rasgo neoliberal, en tanto que se nos pide que aceptemos que los ganadores del juego económico se conviertan, desde su posición de monopolio, en árbitros de éste.  Ahora, empresas de cualquier sector y tamaño compiten por llegar a la gente en Facebook o posicionarse en Google, pero nadie está en condiciones de competir contra quienes han logrado dominar de forma incontestable el mercado de la atención en la red.

El capitalismo digital es la fase  de la economía en la que el mercado es impulsado y dinamizado por plataformas digitales que generan nuevos ciclos de acumulación de capital. Estos sistemas se caracterizan por su extraordinaria escalabilidad, es decir, su capacidad para amplificar la oferta de un servicio sin modificar sus condiciones de producción. Inicialmente, el lanzamiento de un proyecto digital implica una gran inversión de capital, pero una vez desarrollado puede ofrecerse globalmente con una inversión estable en infraestructura. 

En otras palabras, alcanzado cierto umbral las posibilidades de facturación crecen exponencialmente mientras los costes lo hacen aritméticamente, generando oportunidades de rentabilidad nunca vistas en la historia económica. En la práctica, las ratios de productividad de estas compañías – según algunos expertos – superan con facilidad el millón de dólares por empleado contratado.
El amplio margen de beneficios que prometen estas plataformas hace de ellas un vehículo privilegiado de inversión para los fondos financieros, ávidos por encontrar nuevos caladeros de rentabilidad. 
Por eso nunca escasean fondos de capital de riesgo para auspiciar el desarrollo de nuevas empresas digitales, y por eso las que ya están consolidadas negocian con holgura la atracción de nuevos capitales. Surge así una alianza estructural entre la élite financiera y la tecnológica, en la que la primera pierde progresivamente su hegemonía, al tiempo que la segunda se afirma en la posición dominante. 
En otras palabras, los emprendedores tecnológicos cuentan con una inédita posición de poder frente a los representantes del capital financiero, quienes se ven obligados a apostar por cualquier opción que les prometa aumentar la rentabilidad de sus inversiones. 
Por su parte, las plataformas digitales satisfacen ampliamente esta necesidad, haciendo uso de su inigualable capacidad para organizar e influir en las actividades de miles de millones de usuarios en todo el mundo.

Desde el punto de vista histórico, cada nueva etapa del capitalismo supone una mejora en la capacidad de acumulación. Al igual que el capitalismo financiero se construyó sobre el industrial apoyándose en una nueva capa de abstracción económica (las finanzas), el capitalismo digital lo hace sobre el financiero haciendo aún más complejo el sistema de extracción de plusvalías.

 En definitiva, es una evolución guiada por la huida hacia adelante del capital para escapar de la tasa de rendimientos decrecientes, como lo enseñaba Karl Marx. En el siglo XIX, cuando las posibilidades del mercado nacional comenzaron a agotarse, el capitalismo industrial precisó abrir nuevos mercados y las potencias occidentales intensificaron la conquista violenta de otros territorios. A riesgo de pasar por trasnochados diremos alto y fuerte que el imperialismo sigue siendo la fase superior del capitalismo porque en la búsqueda constante de beneficio, que es su motivación sistémica, crea la esencia de una necesidad estructural expansionista.

 A finales del siglo pasado, cuando el ciclo de crecimiento económico posterior a las guerras mundiales desaceleró, el capitalismo se reinventó a sí mismo con la financialización de la economía y la oleada de políticas neoliberales que aplanaron el pensamiento global.

 En la actualidad, cuando empieza a cuestionarse la capacidad de la especulación financiera para mantener el ritmo de crecimiento, el capitalismo se reinventa de nuevo gracias a las plataformas y sus mercados digitales. En otras palabras, después de que el mercado se haya expandido por toda la capa física del planeta, se orienta hacia la búsqueda de nuevos horizontes.

Y los encuentra en la colonización de la mente humana, cuya atención atrapa con una oferta infinita de contenidos e interfaces diseñados para enganchar con actualizaciones y recompensas virtuales.  En su grado actual de desarrollo, las tecnologías de la comunicación demuestran su potencial como tecnologías del pensamiento y como piedra angular del sistema económico y social. 

En este sentido, la era digital es un capítulo más de la historia del capitalismo, no un episodio al margen de él, como ciertos revisionistas pretende hacer creer. El capitalismo a lo largo de su historia ha logrado captar innumerables aspectos de la realidad ajenos a la esfera comercial para convertirlos en mercancías. Los cercamientos de los bienes comunes o la creación de “mercancías ficticias” son buenos ejemplos de ello.
Vivimos demasiada desigualdad, explotación, mercantilización y alienación, concentración del poder y devastación social y ecológica asociada a la economía digital como para pensar que su desarrollo nos ha acercado mínimamente a un horizonte poscapitalista, como pretenden algunos. 
En realidad no son las tecnologías las que determinan la evolución del orden social, sino al contrario. Debemos estar atentos ya que el capitalismo digital ofrece más de lo mismo, cuando no peor.

Por Eduardo Camín* | 02/03/2021

*Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Economía y política a comienzos del 2021 Incertidumbres en la economía mundial

No hay que esperar grandes cambios en la economía mundial del 2021 respecto de lo acontecido el pasado año e incluso, de los inmediatos anteriores, aun cuando pesa y mucho el impacto del COVID19 en el 2020, lo que agravó el proceso recesivo, o de desaceleración, verificable desde la gran crisis del 2007/09, o si se quiere desde el 2001 estadounidense. En aquella oportunidad todo se resolvió con mayor emisión y deuda pública, lo que se repitió a los pocos años y volvió a potenciarse y extenderse en el presente, con una deuda que alcanza al 110% del PIB estadounidense. Al lado de los usos monetarios se desplegó la ofensiva militarista para sostener la dominación estadounidense y “ordenar” el sistema capitalista en función de la lógica de acumulación de sus capitales de origen. Un “orden” que con Trump empezó a mutar en “desorden”, uno “norma” que no podrán superar los demócratas en la nueva gestión gubernamental. EEUU no puede frenar los cambios que operan en el orden mundial capitalista y solo puede intentar demorar su pérdida de peso relativo, con las formas específicas de Biden o de Trump. Este no es un loco enajenado, sino expresión de las dificultades de la economía capitalista estadounidense.

Son décadas, entre 2001 y 2021, de bajo crecimiento y acumulación de serios problemas en la situación mundial del capitalismo. La algarabía de los 90, ruptura de la bipolaridad entre socialismo y capitalismo, del Siglo XX encontró sus límites materiales en la valorización de los capitales, con la emergencia de nuevos territorios para la acumulación, especialmente China, que si hace 40 años apenas existía en la ponderación de la producción mundial, hoy disputa la primacía con EEUU. Hacia el 2001, con EEUU en crisis, China recién iniciaba su estrategia de proyección internacional en el marco de la liberalización empujada por EEUU desde la restauración conservadora de Reagan en 1980. EEUU aceleró entonces la intervención estatal desde las políticas monetarias sustentadas desde el Tesoro y la Reserva Federal, cuando China y su política de modernización aventajaba con años de planificación estatal e inversiones científicas, técnicas y tecnológicas que ahora hacen visible una tendencia a la ofensiva en el control de la innovación y la producción mundial. Es un proceso que involucra de manera acelerada la internacionalización de la moneda china en desmedro de la hegemonía del dólar establecida desde 1944/45.

Por eso, al pensar los problemas del capitalismo contemporáneo, reconocemos, por un lado, la merma del poderío relativo de EEUU, que inaugura nueva administración desde enero y con expectativas de cambios en la regulación financiera y la reanimación de la economía bajo la gestión Biden-Yellen. Algunos imaginan, como si ello fuera posible, una nueva ronda de políticas keynesianas, con importante intervención estatal en las pautas macroeconómicas, obviando que el problema trasciende la esfera de la macroeconomía y se asienta en la falsedad de la liberalización del mundo empresario, o de la microeconomía, tal como les gusta a los profesores de manuales explicar el funcionamiento de la economía. La macro bajo dominio del Estado, la micro bajo las decisiones del capital privado. Una ilusión hace un siglo y mucho más en la actualidad. Por eso también insistimos que el otro fenómeno en la economía mundial es la emergencia de China, la que creció de manera destacada en este lapso, para competir en la actualidad no solo la primacía económica en el ámbito global, sino la potencia de un nuevo ciclo de dominación mundial.

Ambos fenómenos de la trayectoria de EEUU y de China en estas décadas, más allá de la guerra comercial y monetaria entre ambos países, actualizan la agenda de discusión sobre la producción y circulación de bienes y servicios, tanto como las alianzas internacionales, algo verificado en el reciente acuerdo comercial entre China y la Unión Europea, ahora menguada con la salida británica por el Brexit, que induce nuevos problemas a la dinámica de la circulación capitalista europea y global. Del orden emergente del 45 del siglo pasado al desorden contemporáneo se pueden observar los movimientos de una compleja estrategia de renovación del capitalismo mundial. Hemos sostenido que las crisis mundiales renuevan las formas de expresión de los mecanismos esenciales de la explotación de la fuerza de trabajo y los mecanismos extra-económicos de apropiación de la riqueza socialmente generada, exacerbando en el presente el papel de la renta, del suelo, petrolera, minera, financiera, etc. La producción capitalista se resignificó en cada crisis mundial, hacia 1870, 1930, 1971 y claramente en este presente continuo entre 2001 y 2021.

El tema es grave, por eso, aquellos que imaginaron un rebote rápido de la economía mundial deberán esperar, según afirman las distintas valoraciones sobre el presente año de los organismos internacionales y otros ámbitos de estudio sobre la coyuntura de la economía mundial. Más allá de los pronósticos, nadie aventura hoy una rápida recuperación, con un horizonte incierto sobre los impactos económicos y sociales, incluso de temas estratégicos como el cambio climático, los cambios regresivos en cuestión de empleo y la creciente desigualdad en la apropiación del ingreso y la riqueza[1]. Dice el BM: “Se espera que la economía mundial se expanda un 4 % en 2021, suponiendo que la distribución inicial de las vacunas contra la COVID-19 (coronavirus) se amplíe a lo largo del año.” Suponiendo dice el informe, un vocablo que no otorga seguridad y anima lo que denominamos “incertidumbre”. Continúa el organismo: “Para superar los impactos de la pandemia y contrarrestar los factores adversos que afectan las inversiones, es necesario dar un gran impulso a la mejora del entorno empresarial, aumentar la flexibilidad del mercado laboral y de productos, y reforzar la transparencia y la gobernanza”. Leemos el énfasis en la micro, a lograr con flexibilidad laboral, o sea, todo a la ganancia y en contra del ingreso salarial y sus condiciones de trabajo y de vida. Nada nuevo en la reconversión capitalista para relanzarse luego de la crisis en curso. Ni siquiera la aparición de vacunas en el presente resuelven en el corto plazo la inmunidad sanitaria de la población, haciendo más compleja la recuperación plena de la capacidad instalada de la producción mundial. La desigualdad creciente posterga toda visión optimista sobre objetivos socio económicos establecidos y avizora la emergencia de una conflictividad social en la demanda de derechos socio económicos deliberadamente restringidos en casi medio siglo de reaccionarias reformas a nombre de la libertad de mercado.

Una libertad cuestionada por la inmensa intervención estatal en el salvataje de la economía, proceso enfatizado en los países de mayor desarrollo capitalista, aun bajo distintos gobiernos, tanto en EEUU, como en Europa o Japón, también China (obvio). La intervención del Estado resulta esencial para explicar que la situación no sea más grave de lo que la realidad muestra con dramáticos datos que afectan a millones de personas desfavorecidas, no solo por razones sanitarias, caso del COVID19, sino por la marginación social, el desempleo, la pobreza y la indigencia. La intervención estatal no se discute, sino, en favor de qué sectores socioeconómicos y para atender cuáles demandas. El eje central del accionar del Estado capitalista está en el restablecimiento de la lógica de la ganancia, por lo que crece la preocupación sociopolítica del pensamiento crítico por atender las demandas sociales y económicas de la mayoría de la población marginada de la mercantilización creciente de la vida cotidiana.

Premisas para un horizonte alternativo

El problema es continuar haciendo aquello cuyos resultados conocemos y con regresivos resultados. Hace ya medio siglo que las políticas hegemónicas inducen un desmantelamiento de la seguridad social gestada en el medio siglo precedente en los países capitalistas, quienes confrontaban desde 1930 con las condiciones sociales de la reorganización civilizatoria expresada por el socialismo en ciernes desde la revolución rusa en 1917. El desarme de los derechos sociales es un fenómeno exacerbado en las últimas tres décadas luego de la ruptura de la bipolaridad en el sistema mundial. Es una tarea inacabada en este comienzo de la tercera década del Siglo XXI, cuya tendencia se agudizó en los últimos años, aun con algunas ventanas de esperanza, abiertas a contramano, caso del cambio político operado en la primera década de este siglo en Nuestramérica. Un proceso que fue contrarrestado con fuerte intervención mediática y propagandística, sin menoscabar otras fuentes tradicionales de intervención para revertir procesos cuestionadores a la liberalización y mercantilización de la cotidianeidad.

La experiencia del cambio político debe ser discutida, muy especialmente en lo relativo al cambio económico, a la potencialidad de reformas en las relaciones económico sociales más allá de la intervención estatal, donde destaca la orientación hacia formas comunitarias y cooperativas de larga tradición en la región y en el mundo. Es un tema que recogió el nuevo constitucionalismo en Nuestramérica, muy especialmente en las reformas del 2009 en Bolivia y en Ecuador. Son referencias institucionales que requieren pasar a constituirse en política del Estado y de la Sociedad, con gran participación social en la toma de decisiones para la discusión sobre el sentido de la producción y la distribución, los que supone analizar los sujetos económicos del cambio social y político. En rigor, supone discutir un marco referencial diferente para la situación actual de la economía en la región y en el mundo. Los análisis de la CEPAL insisten en las desventajas de la región para la producción y el comercio mundial, incluso la escasa expectativa en ser receptores de inversión externa, salvo para profundizar el saqueo sobre los bienes comunes y una mayor explotación de la fuerza de trabajo.

Un nuevo paradigma de producción se requiere para satisfacer las demandas sociales de los pueblos en nuestra región y en el mundo. Las experiencias recientes, de la primera década del Siglo XXI dejaron un conjunto de instituciones que constituyen programa para pensar en respuestas creativas en nuestro tiempo. Se trata de una orientación hacia políticas soberanas en materia de alimentación, energía, o finanzas. En este último caso implica la posibilidad de transitar una nueva arquitectura financiera que ponga freno a la fuga de recursos generados socialmente con el esfuerzo del trabajo de nuestros pueblos. Cuando en Davos se discute el “reinicio” luego de la crisis, los pueblos necesitan recrear el programa alternativo, en contra y más allá del capitalismo.

La crisis convoca a renovar al capitalismo, pero también a desafiar el orden civilizatorio sustentado en la explotación y el saqueo, que afecta a los seres humanos y a la propia naturaleza. El COVID19 es expresión de ese fenómeno, del modelo productivo capitalista. Por ello es que se debe pensar y actuar críticamente, en la búsqueda de un nuevo orden económico social sustentado en el cuidado de la naturaleza y la satisfacción de las amplias necesidades sociales. El orden capitalista y sus incertidumbres del presente solo auguran mayores miserias para los pueblos del mundo e impone la necesaria construcción de otro orden social No se trata de resetear al capitalismo, sino que se requiere combatirlo y desplegar nuevas relaciones socioeconómicas entre las personas. Como siempre sostenemos, no es solo economía, sino política, dos esferas de la actividad humana indisociables.

Buenos Aires, 20 de enero de 2021

[1] Puede leerse: a) FMI. Perspectivas de la Economía Mundial, en: https://www.imf.org/es/Publications/WEO; b) Banco Mundial. La economía mundial se expandirá en un 4 % en 2021, en: https://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2021/01/05/global-economy-to-expand-by-4-percent-in-2021-vaccine-deployment-and-investment-key-to-sustaining-the-recovery ; c) Foro económico Mundial. Riesgos globales 2021: futuro fracturado, en: http://reports.weforum.org/global-risks-report-2021/global-risks-2021-fractured-future/

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Sábado, 23 Enero 2021 06:05

Sin perezagruzka

Sin perezagruzka

El anterior inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, a pesar de la supuesta química que se suponía había con su homólogo Vladimir Putin, dejó la relación bilateral entre Estados Unidos y Rusia en estado francamente deplorable y causó en el Kremlin, que estuvo esperando en vano cuatro años que las lisonjas hacia el presidente ruso se concretaran en hechos, una profunda decepción.

Con la reciente toma de posesión de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, las perspectivas son igual de sombrías, y la designación en su equipo de colaboradores cercanos de varios connotados halcones con la mirada puesta en Rusia, como Jake Sullivan y Andrea Kendall-Taylor, en el Consejo de Seguridad Nacional, y Victoria Nuland, en el Departamento de Estado, que influirán, con matices diferentes, sobre la línea a seguir respecto de Moscú, sugiere que no habrá una nueva perezagruzka (el reinicio, o reset en inglés, que propuso la administración de Barack Obama en 2009) de la relación bilateral. Todos los asesores de Biden coinciden en que Rusia no debe considerarse un aliado estratégico.

A diferencia de Trump, cuya política hacia Rusia era completamente imprevisible, Biden conoce a fondo este país, no va a dar bandazos y, por el contrario, ejercerá una creciente presión sobre Moscú, promoverá la aplicación de nuevas y más fuertes sanciones, respaldará la expansión de la OTAN en torno a Rusia y brindará apoyo moral y de otra índole a la oposición rusa.

Biden no muestra ninguna simpatía hacia Putin y su opinión personal del gobernante ruso, que es del dominio público, después de tratar cara a cara con él en 2011 y de ir a reunirse con figuras de la oposición local, dejó en el Kremlin una desagradable sensación difícil de olvidar.

Pero es lo que hay y Moscú es consciente de que en los próximos cuatro años nada bueno podrá esperar de su deteriorada relación con Washington, salvo que Biden, una de los impulsores del tratado de limitación de armamento estratégico que vence dentro de 14 días, acepte prorrogar el pacto cinco años como primer paso para negociar el control de armamentos y el desarme, lo que durante años constituyó el eje de la relación bilateral desde que Mijail Gorbachov y Ronald Reagan aceptaron reunirse en Reikiavik, Islandia, para enterrar la llamada guerra fría.

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Un trabajador con mascarilla, en el exterior de un edificio en construcción en Pekín (China). REUTERS/Thomas Peter

Llegó a su término la Conferencia Central sobre Trabajo Económico, celebrada en la capital china entre los días 16 y 18 de diciembre. La importancia de esta cita en el calendario político ha ido creciendo en significación a lo largo de los años. En este peculiar 2020, se ha visto complementada con la celebración de la primera conferencia central sobre el trabajo relacionado con la gobernanza integral basada en la ley en la historia del PCCh, que se celebró entre el 16 y el 17 de noviembre pasado. Ambas piezas forman parte de una misma agenda que debe marcar el rumbo de China en los próximos años tanto en lo político como en lo económico.

Se esperaba que la conferencia económica de este año destacara el concepto de "circulación dual" y revelara más detalles sobre la orientación del XIV Plan Quinquenal. Sin embargo, unos días antes llamó poderosamente la atención un editorial del Diario del Pueblo criticando a los gigantes nacionales de Internet "por estar demasiado concentrados en el éxito rápido y obsesionados con monetizar su gran base de usuarios cuando lo que deberían hacer es invertir en innovación tecnológica y obtener mayores beneficios dentro de ese sector". El diario oficial del PCCh daba un fuerte tirón de orejas para que "hagan más por asumir la responsabilidad en la promoción de la innovación en ciencia y tecnología, fundamental responsabilidad social de ese tipo de empresas". Y reiteraba la importancia de los nuevos reglamentos en curso para "erradicar el monopolio de la industria, con 27 empresas, entre ellas Alibaba, Tencent y JD.com en la lista".

El editorial venía precedido de la reunión del Buró Político del 11 de diciembre en la que se subrayó el "papel estratégico de la ciencia y la tecnología", al tiempo que se pidió el "fortalecimiento de los esfuerzos antimonopolios y la prevención de la insalubre expansión del capital".

Es imposible no relacionar estos mensajes con la situación vivida recientemente por Alibaba y la rama financiera de Ant Group que se vio obligada abruptamente a retrasar las ofertas públicas iniciales previstas en Shanghái y Hong Kong.

En paralelo, cabe destacar igualmente el incremento de la vigilancia sobre los casos "demasiado grandes para fracasar", multiplicando los controles para evitar riesgos sistémicos asociados a las empresas tecnológicas y el mercado de micropagos. Se avizora una regulación más estricta en este campo en una estrategia diseñada para fortalecer los esfuerzos antimonopolio y la prevención de lo que el Diario del Pueblo llamó la "insalubre expansión de capital".

En la Conferencia Central de Trabajo Económico se enunció el objetivo de fortalecer las tecnologías estratégicas nacionales con esfuerzos que incluyen aprovechar al máximo el papel del Estado en la organización de las principales innovaciones científicas y tecnológicas. Es decir, el sector público va a desempeñar en el futuro un papel de mayor significación en este ámbito. Las iniciativas del PCCh apuntan claramente a limitar el poder de las grandes empresas privadas del sector a través del impulso de regulaciones restrictivas que afectarán tanto a su tamaño como a sus actividades a fin de que no pongan en riesgo ni la seguridad financiera ni económica ni política del país.

Nuevo paradigma de desarrollo

La conferencia insistió en que el nuevo patrón de desarrollo de "circulación dual" se basa en que los mercados interno y externo pueden reforzarse mutuamente, con el mercado interno como pilar. La lógica subsistente es impulsar la transformación de una economía basada en las exportaciones y las inversiones a otra centrada en la demanda interna. Y mediante la expansión de la demanda interna, el mercado chino puede convertirse en un destino de exportación más atractivo para productos de bienes y servicios de otras economías, asegura el comunicado final.

Además de los tópicos generales, los puntos destacados por la dirigencia china a propósito del XIV Plan Quinquenal son el 5G, la inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, ciencias de la vida y reproducción biológica o tecnología aeroespacial. Este plan debe establecer las bases de un nuevo impulso de desarrollo con el doble horizonte de 2035 y 2049.

Por XULIO RÍOS

Director del Observatorio de la Política China

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Sábado, 19 Diciembre 2020 05:57

2020, el año que vivimos peligrosamente

2020, el año que vivimos peligrosamente

Termina un año de crisis pandémica y comienza una larga marcha de vacunación y crisis económica, con el desempleo creciendo y la producción y el turismo descendiendo.

Pocas cosas positivas podemos escribir a modo de balance de este 2020. Quizá la principal sea que la grave crisis de salud asociada a la pandemia ha dejado en nuestras sociedades una reivindicación de la necesidad de la vuelta del Estado después del desmantelamiento neoliberal de lo público.

La pandemia que asola al mundo podemos calificarla, tomando la caracterización de los sociólogos Marcel Mauss y Norbert Elías, de “hecho social total”, la superposición de la estructura social y la estructura emotiva, en un hecho que pone en juego la totalidad de la sociedad y sus instituciones, y modifica tanto lo micro como lo macro de un mundo globalizado que ya estaba en crisis antes de 2020.

Pero de todo lo negativo, y más allá de lo evidente, la crisis de salud que ha dejado ya más de un millón y medio de muertos en el mundo, es necesario sub-rayar el aumento de la desigualdad que nos deja la pandemia. Según Naciones Unidas1, 142 millones de personas en América Latina, una cuarta parte de la población de la región, se halla en riesgo de contraer Covid-19 por la falta de acceso al agua potable, el uso de combustibles nocivos dentro de los hogares, y la desnutrición. Al mismo tiempo un informe de Oxfam2, señala que la fortuna de las 73 personas que en América Latina tienen más de mil millones de dólares ha crecido en más de 50 mil millones de dólares desde el comienzo de la pandemia.

A la crisis económica se le une un caos geopolítico sin ningún liderazgo regional ni mucho menos global (Naciones Unidas ni está ni se le espera), en un mundo donde no sólo se agota el modelo neoliberal como paradigma, sino incluso el concepto de democracia, un mundo donde crece la polarización y se da un auge de la ultraderecha ante la falta de propuestas desde la izquierda para salir de la crisis.

Y por si esto no fuera poco, las crisis previas a 2020 se siguen profundizando. El cambio climático es ya una realidad y si no hacemos algo pronto, estamos a punto de alcanzar el punto de no retorno y el calentamiento global hará que en no tantos años sea inviable vivir en una buena parte del planeta, comenzando por las costas, alrededor de las cuales vive 50 por ciento de la población del planeta. Pero no va a ser necesario esperar muchos años para ver grandes migraciones, que ya son una realidad en América Latina, África o Asia.

Es probable que ya no volvamos a la normalidad que conocíamos. La pandemia ha golpeado el modo de producción y nuestro sistema de vida en general. Hemos visto a lo largo de 2020 como el home office se instalaba en nuestras vidas, lo que acelera la revolución tecnológica y la implementación del 5G, pero también abre la puerta a que GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) tengan mucha más presencia en nuestras vidas que el propio Estado.

Mientras tanto, en Estados Unidos se da un cambio de partido, que no de gobierno, pues van a seguir gobernando Wall Street y el complejo industrial-militar, y aunque va a continuar siendo la mayor potencia financiera y militar del mundo, dueño de los océanos (con flotas en cada uno de ellos) y del espacio, su hegemonía está en declive. El maquillaje es claro: un negro a cargo del Pentágono, una mujer dirigiendo la comunidad de inteligencia y un latino al frente de Seguridad Nacional. Pero la política seguirá siendo la misma, quizá con un pequeño y soft ( power) maquillaje en los casos de Venezuela, y sobre todo, Cuba.

Pero el movimiento Black Lives Ma-tters continúa ahí, latente, planteando sus demandas antirracistas, al igual que las revueltas antineoliberales y antipatriarcales (la ola verde feminista) que surcan América Latina y el Caribe.

Una región, nuestra América, que la Cepal calcula va a recuperar los niveles económicos prepandemia hasta 2024, y si el crecimiento se estanca, la mejora no se va a producir en toda la década que comenzamos. La propia Cepal reconoce que la contracción que sufrimos es la peor de los últimos 120 años.

Ante esto, sólo queda apostar por dejar lo más atrás posible el modelo de desarrollo neoliberal, e impulsar modelos de justicia social, ambiental y de género que nos permitan, junto con otro modelo de desarrollo, poder vivir la nueva normalidad del siglo XXI pospandemia.

1 Covid, hambre, pobreza y desigualdad: la combinación mortal que enfrenta América Latinahttps://news.un.org/ es/story/2020/07/1477571

2 Aumentan los milmillonarios de América Latina a medida que la región más desigual del mundo se hunde bajo el impacto del coronavirushttps://www.oxfam.org/es/notas -prensa/aumentan-los-mil-millonarios-de-america -latina-medida-que-la-region-mas-desigual

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Antony Beevor: "Rezo para que mis predicciones sobre la pandemia sean erróneas... pero me temo que no lo son"

Para entender el mundo que viene, nada mejor que hablar con alguien que conoce muy bien nuestro pasado. Charlamos con el historiador británico sobre las consecuencias de la pandemia, y sus reflexiones son inquietantes. Nuestras democracias, la paz y la vida tal como la conocemos están en riesgo. 

Ningún historiador militar del mundo tiene tanto prestigio y lectores como Antony Beevor (Londres, 73 años). Con más de ocho millones de libros vendidos en 33 idiomas, Beevor transmite en cada página el terror y la violencia de las grandes batallas del siglo XX, entretejiendo miles de testimonios que ha recopilado en archivos con frecuencia vedados a los investigadores. Por eso, nadie mejor que el historiador británico para analizar el pulso entre el coronavirus y la humanidad. Beevor describe en esta entrevista los posibles escenarios de futuro y lo hace fiel a su estilo: con rigor y sin contemplaciones. Entre sus obras imprescindibles figuran Stalingrado y El día D. La batalla de Normandía (ambas, en Crítica). Y Pasado & Presente acaba de publicar La Segunda Guerra Mundial. Una adaptación ilustrada de su monumental ensayo sobre el conflicto.

XLSemanal. ¿Escribirá usted algún día la historia de la pandemia?

Antony Beevor. No. Por dos razones. Una es que me resulta muy difícil ‘disparar’ a piezas que no están quietas. Y la pandemia es todavía un blanco en movimiento. Y la segunda es que los historiadores lo van a tener muy difícil, por no decir imposible, para documentar el presente porque, con los archivos electrónicos, los gobiernos podrán mantener información relevante oculta o modificarla a su conveniencia. Será muy difícil acceder a ella.

  1. ¿Pero no le tienta desentrañar el que puede ser el punto de inflexión de este siglo?

A.B. No creo que la pandemia marque un punto de inflexión porque eso implicaría un cambio de dirección. La globalización económica no está llegando a su fin. Creo que veremos las consecuencias de la COVID como un terrible acelerador de la lógica determinista a la que la sociedad y la tecnología ya se estaban encaminando.

  1. Se compara la pandemia con la Segunda Guerra Mundial.

A.B. Es un error. Los líderes políticos y los medios de comunicación trazan paralelismos históricos en tiempos de crisis para explicar, simplificar o dramatizar una situación compleja, pero es algo peligrosamente engañoso.

  1. ¿No hay ningún periodo que nos sirva de referente?

A.B. La Guerra Fría, cuando toda la humanidad estaba en peligro por la amenaza de guerra nuclear. Desde entonces nos hemos ido convirtiendo, cada vez más, en una sociedad de la salud y la seguridad, que evita obsesivamente el riesgo. Pero ahora tenemos que mirar a la muerte de nuevo como una lotería impredecible.

  1. ¿Hemos aprendido alguna lección de todo este sufrimiento?

A.B. Por desgracia, el efecto de la pandemia ha sido provocar más división entre países y más competición entre ellos. Hemos visto cómo la búsqueda de una vacuna, en algunos casos, se ha convertido simplemente en una carrera a la mayor gloria del prestigio nacional.

  1. ¿Ha llegado la hora de repensar las instituciones internacionales o estamos ante el fin del multilateralismo?

A.B. Antes del brote, Trump, Putin y otros líderes autoritarios ya hacían todo lo posible por socavar las instituciones internacionales, como la OTAN, la Unión Europea, la ONU y la Organización Mundial de la Salud. Así que el mundo está en un lugar más peligroso; en especial, con una China emergente, decidida a revertir las humillaciones del siglo XIX infligidas por las potencias occidentales. China, furiosa por los recordatorios de su responsabilidad en la propagación global de la COVID-19, ejerce su influencia mundial a través de la diplomacia ‘de la trampa de la deuda’ (el país acreedor utiliza la deuda que tienen con él otros países para conseguir sus objetivos estratégicos) y aumentando su poder militar para obtener un control total sobre el mar de China Meridional y Oriental, así como en otros lugares.

  1. ¿Saldrá un nuevo orden mundial de esta pandemia?

A.B. Lo que estamos viendo puede que forme parte del síndrome del poder emergente y el poder menguante. O puede que no. Pero los líderes militares estadounidenses, en privado, están esperando una guerra con China en los próximos cinco años. Esto es aterrador. Es fácil empezar una guerra, ¿pero cómo diablos se termina una guerra con China, que tiene una actitud totalmente diferente hacia las bajas humanas de la que tiene un gobierno occidental? China tampoco tiene escrúpulos morales sobre el uso de armas completamente autónomas que van mucho más allá de los drones asesinos operados a distancia por Estados Unidos y otros países. Esto le daría a China una inmensa ventaja.

  1. Los economistas no se ponen de acuerdo sobre cómo saldremos de la crisis… Describen escenarios en ‘L’ (estancamiento), en ‘V’ (caída y recuperación) y ahora en ‘K’ (unos se recuperarán y otros caerán). ¿Cómo lo ve usted?

A.B. La depresión económica tendrá efectos profundos. La escasez de empleo para los jóvenes aumentará las migraciones tanto hacia Europa como dentro de Europa. Y esto, por supuesto, se sumará a las migraciones que ya están aumentando por el cambio climático y los conflictos en África y Oriente Medio.

  1. ¿Cómo afectará a los jóvenes?

A.B. Deberíamos considerar cómo contribuye la demografía a los conflictos. Este fue un factor que se pasó por alto en los orígenes de la Guerra Civil española. El baby boom en algunas regiones de España debido al repentino aumento de las ganancias durante la Primera Guerra Mundial significó que a muchos jóvenes, 18 años más tarde, les resultara muy difícil encontrar empleo durante la crisis económica mundial. Hoy, el problema de los jóvenes airados y frustrados es particularmente agudo a lo largo de la costa del norte de África y del África subsahariana, donde no pueden permitirse formar su propio hogar y, por tanto, se les dificulta casarse y tener su propia identidad. Esto también, en gran medida, va a ser verdad para Europa.

  1. Europa ha reaccionado con ayudas masivas para que el parón económico no deje secuelas irreversibles. ¿Será suficiente?

A.B. En el interior de casi todos los países económicamente avanzados veremos una amplia gama de problemas, sobre todo para los jóvenes, quienes ya están enfadados con las limitaciones impuestas a su vida social. Ignorarán a la autoridad o se rebelarán contra ella. Habrá también una brecha creciente entre los pocos, comparativamente, que conseguirán los trabajos que quieren, y los desempleados, o aquellos obligados a aceptar las penosas condiciones de la creciente gig economy (trabajos esporádicos de corta duración).

  1. ¿Se avecinan revueltas?

A.B. Para aquellos que hayan pedido préstamos para pagar sus estudios universitarios y que no puedan encontrar nada que coincida con su cualificación, el trago será amargo. Su enojo los llevará en muchos casos a un mayor activismo político o incluso a una acción directa más extrema.

  1. La rápida adopción del teletrabajo ha salvado muchas empresas…

A.B. Pero el declive del espacio tradicional de oficina y la vida de oficina está teniendo un efecto devastador en las tiendas y bares del centro de las ciudades, al tiempo que produce un aumento de los vendedores on-line, lo cual, a su vez, aumenta la precariedad. En los Estados Unidos, las corporaciones están acelerando la robotización de sus fábricas para que puedan seguir produciendo en el futuro durante los brotes de COVID u otras pandemias.

  1. ¿Acelerará la pandemia la automatización?

A.B. No es descabellado pronosticar un futuro deshumanizado que sea invulnerable a cualquier virus, excepto a los electrónicos: fábricas sin trabajadores, transporte sin conductores, almacenes sin operarios y reparto de productos con drones. Es el gran sueño capitalista.

  1. ¿Cómo sobrevive una sociedad con menos trabajo a repartir?

A.B. Aldous Huxley publicó en 1931 Un mundo feliz, una novela distópica que tiene grandes posibilidades de estar muy cerca de la verdad, con grandes masas de población adormecida con drogas y entretenida con películas.

  1. ¿Hay margen para reaccionar?

A.B. La reacción está siendo igual de alarmante. La COVID ha acelerado espectacularmente la propagación de teorías conspiratorias y noticias falsas. Vídeos en línea de la predicadora suiza Christina von Dreien son vistos por cientos de miles de personas. Ella, al igual que otros propagandistas antigubernamentales, explota la desconfianza hacia las instituciones democráticas y afirma que la COVID es un engaño con el propósito de propiciar que una élite de ‘gobernantes secretos’ aumente su control. Insinúa que las dos guerras mundiales fueron producto de un complot internacional contra Alemania, lo que contribuye al resurgimiento de los puntos de vista neonazis. En Gran Bretaña hemos tenido sabotajes contra las torres de telefonía como resultado de las afirmaciones del teórico de la conspiración David Icke y otros que afirman que la tecnología 5G transmite el coronavirus a través de las ondas de radio.

  1. ¿Cómo explica que teorías tan disparatadas tengan tanta acogida?

A.B. Este asalto deliberado a la verdad científica funciona bien en un mundo de políticas identitarias. Nunca se debe olvidar que fueron los seguidores de la Iglesia de la cienciología los que acuñaron el eslogan: «Si tú crees que es verdad, es que es verdad». Y funciona aún mejor como acicate de la rabia moral de aquellos que se consideran a sí mismos ‘los oprimidos’. El Estado es visto como opresor, junto con cualquier ‘gobernante secreto’, como los medios de comunicación o los banqueros judíos.

  1. ¿Peligra la democracia?

A.B. Quizá la consecuencia más dañina a largo plazo de la COVID es la fragmentación causada por las sospechas infundadas y los resentimientos, y que puede socavar aún más la aceptación del gobierno democrático. Habrá otras pandemias si los humanos continúan explotando el mundo animal y desencadenando infecciones entre especies. Los resultados podrían ser incluso más devastadores, para el medioambiente y para la salud global, pero las consecuencias más peligrosas serán las políticas, las nacionales y las sociales.

  1. Ojalá que no acierte ni una…

A.B. Yo rezo para que estas predicciones resulten ser exageradas o erróneas, pero me temo que no lo son.

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Brecha intergeneracional tras fin de la globalización e inicio de la era del desorden

Un "Estudio 2020" del Deutsche Bank demuestra que el fin de la globalización da inicio a la "era del desorden" (https://bit.ly/2Sj64Fh). Desde los varios puntos seminales que aborda como nueva dinámica –entre ellos la inevitabilidad del ascenso geoeconómico de China–, Deutsche Bank se enfo-ca en la "brecha intergeneracional" en el G-7 entre los baby boomers y la generación Z ( centennials)/generación Y ( millennials) que marcará la pauta política en la próxima década, con tendencia a la "izquierda" tipo Bernie Sanders (EU; https://bit.ly/34h72ru)/ Jean-Luc Mélenchon (Francia)/Jeremy Corbin (Gran Bretaña).

El banquero investigador Jim Reid (JR), gerente de dirección y estratega de Deutsche Bank (https://bit.ly/3nkNwTJ), expone el conflicto generacional entre los desposeídos jóvenes centennials (generación Z)/ millennials (generación Y) y los pudientes baby boomers (https://bit.ly/3d4fG0x) prevalente en el G-7 que impuso su modelo fenecido de la globalización, mientras envejecía, y propició la "desigualdad" que constituye un "área multifacética"; una de cuyas subáreas del desorden imperante se acentuará con la "división intergeneracional" que "se ha ensanchado en años recientes" y se instalará como uno de los temas principales en el “futuro inmediato (https://bit.ly/34kEsFt)”.

Los centennials/millennials "han ya experimentado los choques gemelos de la crisis financiera global y ahora la pandemia del Covid-19: los dos peores choques económicos desde la Gran Depresión en la década de 1930".

Aquí hemos expuesto in extenso la grave crisis que sufren los jóvenes en EU, extensivo al G-7, y dramáticamente en Latinoamérica/África/Medio Oriente, con poblaciones promedio básicamente juveniles que heredarán los lastres de las deudas nacionales acumuladas que les han legado sus antecesores o progenitores.

Conforme los jóvenes del G-7 se animen a participar en las votaciones, a las que han sido reacios por no creer en sus fraudulentos sistemas políticos, en la próxima década tenderán a imponer su cosmogonía que difiere de los fracasos plutocráticos de los baby boomers que se despacharon con la cuchara grande mediante los artificios de la globalización financierista.

Se escenificará un choque brutal debido a los exagerados altos precios de la vivienda, literalmente inalcanzables para los ingresos de los jóvenes que sufren un desempleo asfixiante, no se diga con salarios de hambruna, lo cual crea coraje y resentimiento (https://bit.ly/3l6cOTu). !Con justa razón!

JR vaticina, con lujo de gráficas, que la "demografía juvenil podría pronto movilizarse a una mayoría electoral", lo cual infligirá una "potencial y disruptiva reversión" en la correlación de fuerzas cuando "será muy difícil tender puentes en forma natural a la brecha de los ingresos y la riqueza", por lo que existe "la posibilidad de un cambio telúrico (sic) en la política y en las elecciones".

Este esquema dinámico del G-7 es aún mas válido y trágico para un país como México, que tiene un promedio de edad de 29.3 años y cuya pirámide demográfica ostenta 26 por ciento en el rango de 0 a 14 años y 17 por ciento en el de 15 a 24 años: es decir, de 0 a 24 años, el porcentaje arroja 43 por ciento cuando 42 por ciento (en el rango de 25 a 54 años) incorpora al grupo millennial (generación Y) que va de 24 a 40 años (https://bit.ly/2HR3swC). Se pudiera aducir que México es un país donde predominan la generación Z ( centennials) y la Y ( millennials).

Por cierto, la pirámide demográfica de Brasil es muy similar a la de México (https://bit.ly/3nf5qXV), cuando ambos conforman un poco más de la mitad de la población de toda Latinoamérica.

A mi juicio, el devenir de México y Brasil será determinante por su demografía, no se diga con el ascendente segmento de los "mexicanos guadalupanos (incluidos los latinos no-mexicanos)" en EU, que exhibirá su mayor estallido poblacional y colocará a los latinos como su principal minoría étnica: hoy despreciada por los hegemónicos partidos Demócrata y Republicano (https://bit.ly/2HMomwF).

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Un informe de la ONU enumera las principales esperanzas y temores de la humanidad de cara al futuro

El organismo señala que la encuesta global que llevó a cabo en enero de 2020 ha sido su "esfuerzo más ambicioso" hasta la fecha para "comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

 

Con motivo de la conmemoración del 75.º aniversario de la creación de la ONU, que se desarrolla bajo el lema 'El futuro que queremos, la ONU que necesitamos', este lunes se han publicado los resultados de la encuesta global que realizó la organización en enero de 2020 para descubrir las esperanzas y los temores de la humanidad frente al futuro.

"Al 21 de septiembre de 2020, habían participado más de un millón de personas de todos los países y todas las condiciones sociales. Sus respuestas brindan información única sobre lo que el público quiere en este momento difícil para el mundo", reza su comunicado de prensa, asegurando que se trata del "esfuerzo más ambicioso de la ONU hasta la fecha para comprender las expectativas frente la cooperación internacional y la ONU en particular".

Según los datos revelados, a día de hoy las primeras necesidades de prioridad inmediata consisten, para gran parte de la población mundial, en una mejora del acceso a los servicios básicos, como atención médica, agua potable, saneamiento y educación, seguida de "una mayor solidaridad internacional y un mayor apoyo a los más afectados". "Esto incluye abordar las desigualdades y reconstruir una economía más inclusiva", señala el informe.

Sin embargo, cerca de 300.000 participantes expresaron que la atención médica también es una prioridad a largo plazo. "El cuidado de la salud es también un área en la que la gente espera ver una mejora en los próximos 25 años", comunicaron los autores del estudio, agregando que el 72 % de los encuestados cree que el acceso a los servicios de salud "seguirá siendo el mismo o mejorará en el futuro".

La crisis climática y la corrupción 

Por otra parte, la encuesta mostró que, de cara al futuro, las principales preocupaciones para la humanidad son la crisis climática y la destrucción del medio ambiente, mientras que "garantizar un mayor respeto por los derechos humanos, resolver conflictos, combatir la pobreza y reducir la corrupción" fueron otras de las relevantes prioridades para la sociedad mundial.

"La mayoría de los participantes en todas las regiones están preocupados por el futuro impacto del cambio climático. Nuestra inhabilidad para detener la crisis climática y la destrucción ambiental son vistas por los encuestados como su mayor temor a medio y largo plazo", comunica el informe, revelando que el 49 % de las respuestas apuntan a que la situación ecológica del planeta empeorará, igual que la situación de la corrupción, según otro 41 %.

La desigualdad y la pobreza

Además, según los datos publicados, la gente desea que en el mundo haya "más solidaridad internacional y un aumento del apoyo a los lugares más afectados por la pandemia. Eso incluye luchar contra la pobreza y las desigualdades y estimular el empleo". A la pregunta sobre los objetivos establecidos a largo plazo, muchos nombraron "el acceso universal a la educación e igualdad de derechos para las mujeres".

El informe destaca que más del 87% de la población confía en que la cooperación internacional es vital para hacer frente a los desafíos actuales, como la lucha contra la pandemia, a la vez que el 74 % ve a la ONU como "esencial" para abordarlos.

Publicado:22 sep 2020 08:41 GMT

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Lunes, 24 Febrero 2020 08:24

Cinco tendencias para un nuevo decenio

Óscar Pinto,  “Caja”, 150 x 150 cm., óleo sobre lienzo (Cortesía del autor)

El modelo actual ha llegado al límite de sus propias contradicciones. Ante ello, hay derroteros que señalan caminos a seguir.

 

La artista y ensayista Hito Steyerl cita en su libro Arte duty free (1) la escena de Al filo del mañana donde Tom Cruise y Emily Blunt se ven atrapados en un loop al tratar de liberar la Tierra de un ataque alienígena. Los Mimics, especie semisalvaje los asesina una y otra. Cada amanecer los protagonistas reengendran para morir antes de finalizar el día y entrar en una repetición pavorosa. La única forma de romper el loop es encontrar y destruir al jefe de los Mimics que eventualmente descubrirán se esconde debajo de la pirámide del Louvre.


¿Cuál es el significado y sentido del loop? Giorgio Agamben, partiendo a la vez de Hannah Arendt, que acuñó en 1963 la expresión “guerra civil mundial”, se ha interesado en el término griego stasis, que significa guerra civil y, a la vez, inmovilidad. En la stasis convive la agitación y lo inmutable. La guerra civil no termina nunca, el conflicto se da no para resolverlo sino para prolongarlo indefinidamente. Así es la stasis, una fuente inagotable, una crisis estancada, un trance del cual es difícil salir por cuanto genera múltiples posibilidades, utilidades y ganancias a los que están envueltos en él. Arendt parece tener claro las cosas, hablando sobre revolución y guerra civil, al afirmar: “Las revoluciones son los únicos acontecimientos políticos que nos enfrentan directa e inevitablemente con el problema de un nuevo comienzo” (2).


Este nuevo comienzo parece la coyuntura que presenta el inicio de la década. Asistimos a la crisis de un modelo político, económico y social que ha alcanzado el límite de sus contradicciones internas; vemos unos pueblos forzosamente globalizados que luchan por sacudirse de la desterritorialización; presenciamos estados democráticos que pierden su esencia y giran hacia nuevas formas de autoritarismo –un mundo de democracias salvajes y barbaries mercantiles, como afirma Keucheyan–; vivimos en una economía capitalista que se adapta, como un virus mutante, a los cambios de la sociedad y saca provecho de los nuevos entornos y tecnologías; convivimos con nuevas formas de oposición beligerante: “tribus urbanas”, “nuevos barbaros”, “minorías sediciosas”, hackers, mercenarios, movimientos sociales, inconformes, ambientalistas, feministas (la lista es larga …); y, por último, padecemos una sociedad donde los gobiernos no buscan mantener el orden sino gestionar el desorden (3), es decir, ya no se pretende impedir el delito sino evitar la reincidencia.


La tarea hacia ese nuevo comienzo que nos permita salir del loop es ardua: el neoliberalismo o hipercapitalismo –como lo denomina Picketty en su reciente Capital e ideología–, aún es fuerte y se resiste a deponer las armas. El capitalismo ha demostrado a través de todas las fases y crisis que ha atravesado, lo hábil que es para sobrevivir gracias a que no es una ideología monolítica sino un conjunto de principios flexibles y adaptativos, una serie de algoritmos que detecta, monitorea e interpreta datos, tendencias y predice escenarios y comportamientos. Por otra parte, el capitalismo se retroalimenta de indicadores macroeconómicos que enmascaran la desigualdad que no quiere reconocer. Además, campea en los grandes países desarrollados, o al menos en sus altos círculos sociales y económicos donde los poderosos son ajenos o miopes a un entorno aquejado de los problemas que padece la mayoría. Y por último, no ayuda para vislumbrar ese nuevo comienzo, la proverbial y prolongada dificultad de la izquierda, tras el colapso de Muro de Berlín, y aún antes, de postular un gran relato comparable en fuerza y viabilidad al capitalismo.


Dicho lo anterior, sabemos que las grandes crisis encierran reacciones de autodefensa por parte de la sociedad. No es sino mirar la historia y ver cómo la sociedad civil siempre sale a hacer valer su autonomía y autoridad frente a gobernantes y sistemas que han hecho agua con sus modelos, desde la Revolución Francesa, hasta los movimientos nacionalistas que surgieron tras la caída del comunismo soviético.


En esa línea de pensamiento, el horizonte parece iluminar la capacidad de cambio de la actual sociedad manteniendo cierto orden social y a la vez, sabiendo qué es lo que se debe cambiar, y qué debe permanecer. La visión unificadora del pensamiento crítico parece alinearse en torno a un postcapitalismo que adapte o encuentre nuevas formas de asociación política, económica, social y solidaria que conduzcan a replantear y resolver, principalmente, los tres megaproblemas que aquejan al planeta hoy día: el casi irreversible cambio climático, la desigualdad incremental entre unos pocos poderosos y la mayor parte de la población y la progresiva invasión por la tecnología a las esferas más íntimas del ser humano donde la inteligencia artificial es la que guía la decisión humana.


En este sentido surgen propuestas de pensamiento y acción (teoría y praxis) que se enfrentan y oponen a la hegemonía neoliberal como una guerra civil planetaria; chocan en la stasis que se repite y renueva incansablemente. ¿Cómo romper la stasis, en analogía a la situación que viven los protagonistas de Al filo del mañana? Ahí la pregunta que muchos pensadores –la intelectualidad orgánica– se empeñan en resolver del brazo de una sociedad que cree que es posible otra democracia. Desde distintos sectores se postulan caminos que puedan conducir, más temprano que tarde, al tan anhelado postcapitalismo postindustrial.


Aceleracionismo


El aceleracionismo parte de un contrasentido. En lugar de recalcar que el camino es atacar al neoliberalismo, descalificarlo o simplemente esperar que colapse por causa de sus propias contradicciones, esta reciente postura filosófica apoya la idea de aceleración que reside en el corazón del capitalismo. Es necesario, entonces, acelerar las tendencias de desarraigo, alienación, descodificación y abstracción del capitalismo para llevarlo al límite y que esto conduzca a una sociedad postcapitalista. Se trata de una idea, al parecer, contraintuitiva pero que busca alinearse con el principio marxista del vínculo intrínseco que existe entre las fuerzas transformadoras y las axiomáticas del valor de cambio y de la acumulación capitalista que rigen el mundo moderno. Partiendo de Marx y su Fragmento sobre las máquinas, el aceleracionismo cree que el capitalismo no hay que revertirlo sino analizarlo, intervenirlo y acelerarlo para que, a pesar de toda su corrupción intrínseca y sus mecanismos de explotación que hay que soportar en el entretanto, dé lugar a otro modelo. Por ello, en lugar de rechazar los avances de la tecnología característicos del capitalismo contemporáneo, esta propuesta de acción social y política construye sobre la premisa, de que estos, primero, son irreversibles, y segundo, son deseables hasta cierto punto, a fines de lograr los objetivos postcapitalistas. En esa línea, el aceleracionismo cree firmemente que no estamos ante el fin de la historia sino al comienzo de un proyecto político prometeico y humanista.


La tesis aceleracionista, desarrollada en el Manifiesto para una política aceleracionista por Alex Williams y Nick Srnicek (2015) (4) esboza un qué hacer, basado en tres objetivos: a) construir una infraestructura intelectual que contenga una ideología con nuevos modelos económicos y sociales, y “una visión de lo que es bueno, para reemplazar y superar los paupérrimos ideales que hoy rigen nuestro mundo”; b) una reforma de los medios de comunicación a gran escala, acercar estos órganos al control popular para desmontar el actual discurso hegemónico de las grandes narrativas abanderadas por los medios económicos y de poder; y c) reconstruir diversas formas del poder de clase, buscando la manera de integrar una serie dispar de identidades proletarias parciales que son de cuño postfordistas y representan siempre formas de trabajo precario.


Solidarismo


Desde el siglo diecinueve se sentaron las bases del solidarismo como alternativa al capitalismo y al estatismo sobre los principios de convertir la empresa en ejemplo vivo de convivencia humana, de fortalecer las relaciones de solidaridad y buena voluntad entre trabajadores y empleadores, de promover el progreso económico y el desarrollo integral de los trabajadores, mejorando el nivel de vida de sus familias y comunidad, fomentar la conciencia social para mayor solidaridad y mejor entendimiento entre trabajadores y empleadores, fomentar la productividad y el rendimiento de la empresa para beneficio de todos los integrantes, defender el concepto de libre empresa como el mejor sistema de producción y riqueza, y, por último, alentar la formulación de programas orientados a fortalecer el desarrollo integral de los trabajadores, su familia su comunidad y su empresa (5).


A pesar del paso del tiempo, o tal vez por ello mismo, es una propuesta que hoy día sobresale entre las opciones más viables al sistema capitalista. El solidarismo parte de la confianza que genera el asociarse con un número relativamente pequeño de personas, alrededor de cien, en las que todo individuo suele y puede confiar. Esta confianza mutua permite emprender colectiva y comunitariamente proyectos de solidaridad, llámense cooperativistas, de asociación, pymes o microempresas. El solidarismo parte de un principio antropológico que establece tres niveles de conciencia en el ser humano: la individualista, aquella que se ocupa del cuidado de sí mismo; la comunitarista o cooperativista, en la que el individuo confía en grupos de amigos o conocidos y, tercero, la universalista, que apunta a un referente más amplio: el bien general.


El solidarismo además es una alternativa a la crisis de confianza mutua entre Estado y ciudadanos. El Estado trata a todos los ciudadanos como sospechosos y eventuales criminales (de allí el incremento de medidas de seguridad, cámaras de vigilancia y controles biométricos) y los ciudadanos desconfían profundamente de políticos, representantes democráticamente elegidos y de las instituciones, en general. El solidarismo regresa a círculos estrechamente determinados donde se puede depositar la confianza tan resquebrajada en otras esferas.


Por supuesto, ya existen múltiples casos de economías solidarias en las que, primero, se aplican actividades autónomas y colectivas como respuesta directa a necesidades de supervivencia económicas, organizadas según un principio igualitario y, segundo, donde parten de una conciencia clara del carácter injusto del sistema dominante y de la necesidad de superarlo.


Persuasión


Es claro que para lograr cambiar el modelo político y económico de una sociedad hay que hacerlo por la vía más efectiva. Gramsci cita tres elementos presentes cada vez que el mundo ha cambiado un modelo político y económico: primero, está el pueblo, como factor de movilización masiva; segundo, el desarrollo de una alta cultura de élite intelectual, y tercero, la intervención de los que tienen el poder del Estado. El pensador italiano advierte que cuando los movimientos populares no se asocian a un desarrollo de alta cultura, es decir, a una elite intelectual que desarrolle un modelo ideológico, estos terminan desgastándose y eventualmente desaparecen. Advertencia importante para muchos de los movimientos sociales que se gestan hoy día en Latinoamérica.


En la misma línea, Pablo Razeto, director del Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad de Chile, sostiene que de las tres formas básicas de cambiar las cosas, primero, la fuerza o la revolución genera bajos niveles de gobernabilidad; segundo, la votación a través del sistema de partidos políticos se ha desgastado y desprestigiado; la tercera, la persuasión, es la que genera mayor niveles de efectividad.


Se trata de persuadir a aquellos que están en el poder o tienen acceso a él a cambiar sus mentes para que adopten las ideas de lo que es necesario mudar en la sociedad (6). Y claro está, una forma actual y efectiva es a través de las medios y redes sociales. Ejemplos de líderes que han trabajado la persuasión abundan, entre ellos, Gandhi, Mandela, Martin Luther King, quienes hicieron triunfar sus ideas no por la fuerza o la vía de los partidos políticos. No fue necesario tomarse el poder, la tarea fue persuadir a los que lo detentaban para generar el cambio social y político deseado. Para ello, quienes impulsan dicha persuasión deben comenzar por el ejemplo, la llamada persuasión intelectual vivencial. Es decir, deben partir de si mismo., como lo hicieron los personaje citados y más recientemente, Pepe Mujica, en Uruguay. Cambiar la sociedad comienza por un cambio en la forma propia de vivir. Así, la propuesta política es coherente.


Nihilismo


Nuestra época, desde sus antecedentes en el pensamiento nietzscheano, está nimbada de una nube nihilista. Hay que remontarse a Stirner, con su célebre El único y su propiedad, y a Turgueniev, en la novela Padres e hijos para encontrar las raíces del pensamiento nihilista. Cumplidas dos décadas del siglo actual, el pensamiento nihilista –a pesar de ser esencialmente “equívoco”, pues el pensar la nada ya presenta de por sí una dificultad– parece más vivo que hace ciento cincuenta años cuando Nietzsche decretó la muerte de la escatología cristiana y abrió camino al vitalismo (7). Recordemos que para el filósofo alemán el nihilismo es el “rechazo radical de valor, sentido, deseabilidad” (8). Después vendrían Heidegger, Wittgenstein, Merleau-Ponty, Jean Luc Nancy, Agamben, entre muchos, para prolongar tal ideario.


El nihilismo se debate entre dos extremos, uno activo y otro pasivo, entre la destrucción y la extinción. Mientras el primero derrumba ídolos, verdades, creencias, pero también sistemas y Estados, el segundo busca un retraerse, un aislarse y cerrarse al ruido de la sociedad. En cierto sentido, el segundo es un refugio del ser en su interioridad a modo de los orientales que buscan el Nirvana en la quietud y la contemplación.


Bien sea por destrucción o extinción, la postura nihilista parece revestir el tedio de parte de la sociedad que no ve ni se matricula en utopías o que simplemente cae en la autocomplacencia martillada por el pensamiento de derecha que insiste en afirmar que vivimos “en el mejor de todos los mundos posibles”; el otro abismo es cuando el individuo cae en las enfermedades de la sociedad del cansancio delineada por el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han (9).


Neoanarquismo


De cierta forma emparentado con el nihilismo, el neoanarquismo también se erige como una refutación a la lógica de dominación que la sociedad neoliberal va estrechando sobre las esferas de la libertad humana. El neoanarquismo rechaza todo tipo de dominación, política, económica, social, de conducta o de pensamiento. El sujeto político, en toda su dimensionalidad, llámese individuo o multitud, en su sabiduría intrínseca, tiene clara la percepción de la injusticia, su autoconsciencia lo habilita a resistir la dominación. De este modo el sujeto parte de elementos como la singularidad, la libertad, la autonomía y la lucha contra la dominación para sacudirse, de múltiples maneras, desde la resistencia pasiva hasta la “propaganda por el hecho” todo tipo de dominación sobre él. En esa línea, Etienne Balibar habla sobre “la necesidad cívica de la sublevación” apelando a medios de antiviolencia o civilidad y reconociendo la existencia de la violencia extrema en todas sus dimensiones, desde el terrorismo y el fascismo, hasta la violencia estructural inserta en el empobrecimiento de la población, en la exclusión, en la desigualdad (10).


A diferencia del anarquismo del siglo XIX y de la primera mitad del XX, no todo impulso o movimiento neoanarquista busca deponer gobiernos o implantar una sociedad utópica. En ese sentido el neoanarquismo no es ingenuo. Por ser hijo de la posmodernidad y del posestructuralismo, se aleja de querer convertirse en ideología legitimadora de la modernidad y de las concepciones esencialistas de la naturaleza humana. El neoanarquismo supera la ira, el odio, el resentimiento, el acto violento y busca sacudirse la dominación por medios racionales, reflexivos y pacíficos. En últimas, todas las expresiones neoanarquistas actuales van dejando una huella en los gobiernos y en los sistemas políticos. El mensaje es claro: el ser humano repele y está dispuesto a luchar por su autonomía, su libre elección, su estilo y forma de vivir. Al otro lado, en la guerra civil planetaria, el neoliberalismo va en contravía de este deseo supremo del individuo.


En resumen, el decenio que abre el 2020 seguramente estará caracterizado por tendencias que llevarán el modelo hipercapitalista a su extremo y lo harán desembocar en un postcapitalismo que comienza a definir contornos cada vez más discretos. Igualmente, no es improbable que el nuevo decenio esté marcado por aun mayores agites sociales que el anterior. El hipercapitalismo será puesto a prueba en sus más profundas convicciones y veremos emerger un nuevo prometeísmo; un humanismo que se resiste a sucumbir a los asedios de un capitalismo en connivencia con las más sofisticadas tecnologías. El loop de la “guerra civil planetaria”, aquel que mantiene a la sociedad moderna a medio camino entre la agitación y la inacción debe romperse y dejar abiertos caminos hacia otra sociedad. Todo es posible.

 

1. Steyerl, H. Arte Duty Free, El arte en la era de la guerra civil planetaria, Caja Negra, Buenos Aires, 2018
2. Citado por Agamben, G. en Stasis, la guerra civil como paradigma político, Adriana Hidalgo ceditora, Buenos Aires, 2015, p. 13.
3. Agamben, G. “El gobierno de la inseguridad”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011
4. Williams, A., Srnicek, N., “Manifiesto para una política aceleracionista”, en Avanassian, A y Reus, M., Aceleracionismo, estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, Caja Negra, Buenos Aires, 2017.
5. ¿Qué es solidarismo?, en http://mjmrenred09.obolog.es/solidarismo-307802
6. Razeto, P. Congreso del futuro 2020: Debate sobe como conducir sociedades mas complejas, en https://youtu.be/n2EGVPJSFUk
7. Uno de los lugares de pensamiento filosófico más activos hoy es el Centro de Estudios sobre el Nihilismo Contemporáneo, Cenic, que produce cantidad de contenidos de corte nihilista como base para la reflexión profunda y la articulación entre idea y práctica.
8. Nietzsche, F. La gaya ciencia, Madrid, Akal. 2010.
9. La depresión, el síndrome de déficit de atención e hiperactividad AD/HA), la bipolaridad y el síndrome de burnout, en La sociedad del cansancio, Herder, Madrid, 2011.
10. Balibar, E. “La necesidad cívica de la sublevación”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011

*Escritor. Integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

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