China aprobó una Ley de Seguridad para Hong Kong

Tras días de protestas en la ciudad semiautónoma

La norma modificará la Ley Básica de este territorio para exigirle que cumpla las medidas decididas por la Asamblea Nacional Popular de China. 

 

La Asamblea Nacional Popular (APN) de China aprobó una nueva Ley de Seguridad para Hong Kong ignorando las protestas en la ciudad semiautónoma. La norma modificará la Ley Básica de este territorio para exigirle que cumpla las medidas decididas por el comité permanente de la APN. Los críticos a la normativa consideran que viola el principio de “un país, dos sistemas”, pactado entre China y el Reino Unido en 1997. Además sostienen que le otorga el gobierno chino mayor control sobre Hong Kong tras 11 meses de protestas.

La norma fue aprobada en China por 2.878 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones. La APN es el máximo órgano legislativo de la República Popular China, controlado por el partido gobernante. Este maneja la mayor parte del trabajo legislativo. El primer ministro chino Li Keqiang, número dos del país, defendió la ley y dijo que es consistente con las promesas de Beijing. “La ley está diseñada para la implementación constante de 'un país, dos sistemas' y la prosperidad a largo plazo de Hong Kong", sostuvo Li.

Los activistas hongkoneses advierten que la norma socavará la autonomía prometida a la ex colonia británica cuando fue devuelta a China. Además señalan que podría utilizarse para suprimir la actividad política. El miércoles miles de manifestantes que protestaban contra la norma fueron reprimidos por la policía. La jornada dejó un saldo de 300 detenidos. Las movilizaciones en la ciudad semiautónoma se remontan a 2014 cuando dio inició la denominada "Revolución de los paraguas". En ese momento el gobierno chino había permitido que allí se elija el líder de la ciudad entre candidatos impuestos por Beijing.

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Hong Kong, algo más que una ficha en la disputa de China por la hegemonía global

Los medios occidentales amplifican las protestas en Hong Kong, un “problema interno” de China que confluye con los temores del establishment a que las sociedades europeas simpaticen más con el país dirigido por Xi Jinping.

 

La Unión Europea ha hablado de emitir una respuesta “contundente” ante lo que considera los derechos y libertades amenazados por el despliegue de miles de policías chinos en Hong Kong destinado a sofocar un movimiento de protestas que ha resurgido en los últimos días. La movilización en la isla, provocada inicialmente por una reglamentación que prohíbe “reírse” del himno chino, se enmarca en el contexto más amplio de una ley de Seguridad Nacional que se superpondrá a las leyes específicas de la isla y que está planteada para perseguir el secesionismo, el terrorismo y la subversión. 

Pero el mensaje de la UE, emitido por su comisario de política exterior, Josep Borrell, se produce también en mitad de un desencuentro global con China. La potencia ha mostrado los dientes a distintos países durante la crisis del covid-19. Sea por un movimiento defensivo ante las críticas de los medios occidentales sobre su responsabilidad en la difusión del virus o por una nueva estrategia global, la escalada de la tensión en Hong Kong está siendo utilizada por Estados Unidos y sus aliados para atacar a China.

Se sabe, porque lo ha dicho la policía china, que ya hay cientos de detenidos por “asamblea ilegal” y que se han disparado gases pimienta para sofocar las protestas. También que los principales medios occidentales están haciendo un seguimiento importante del conflicto, en cuanto la crisis gravita también sobre la guerra comercial —y en la disputa sobre la hegemonía mundial— que enfrenta a la administración de Donald Trump y al régimen chino de Xi Jinping. Una guerra exacerbada a raíz del covid-19 en la que los aranceles son solo un instrumento ya que, como explican Rubén Martínez e Isidro López en Ctxt, se trata de un conflicto entre distintos modelos de proteccionismo ante la crisis de los mercados financieros abierta desde 2008.

Por más que no se hayan salido del tono frío y burocrático habitual, las protestas de Borrell sobre las “reglas del orden internacional” contrastan con el silencio de la UE ante lo que pasa en otros países como Filipinas, donde el presidente Rodrigo Duterte ha instado a las fuerzas armadas y la policía a “disparar a matar” a quienes no cumplan con la cuarentena estricta impuesta desde el 17 de marzo. Tampoco se espera que la Unión Europea emita ninguna respuesta sobre la garantía de derechos y libertades en Estados Unidos, un país que en los últimos cuatro años ha emitido hasta 116 leyes “antiprotestas”, según un informe de PEN America.

En cualquier caso, las protestas son, por el momento, el principal reto del Partido Comunista de China (PCCh) en cuanto a su política “interna”. Una herida abierta desde 2014, con la llamada “revolución de los paraguas” que se transformó, cinco años después en propuestas masivas contra el proyecto de ley de extradición que habría permitido entregar a presuntos delincuentes a las autoridades de la China continental. 

Los meses de julio y agosto de 2019 fueron los del auge de un movimiento que mostraba el descontento de una generación ante la escalada de los precios de la vivienda y las condiciones de precariedad, inéditas hasta hace poco en un país-isla que se constituyó como un nodo de los intercambios financieros entre China y el resto del mundo. Un enclave que, por encima de otras consideraciones, tenía un nivel adquisitivo muy superior al de la China continental. Un peso específico que como señalaba el pasado verano el periodista Carl Zha, ha declinado significativamente: el PIB de Hong Kong, que en 1993 era el 23% de toda China hoy sólo representa el 2,9%.

Ese descontento de los hijos de la etapa más próspera de la historia de Hong Kong, sumado al interés por parte de las contrapartes en el mapa global (Estados Unidos y Reino Unido) genera en el régimen chino una problemática relativamente nueva: no puede extralimitarse en sus métodos de control —represión— de la insurgencia porque está en el foco de la opinión pública internacional.

Pero la potencia considera que la independencia de Hong Kong —un cántico  en las manifestaciones que no tiene encarnación en un movimiento político de masas, al menos por el momento— es innegociable y que el acuerdo que supuso la reintegración de Hong Kong —basado en la máxima “un país, dos sistemas” y una carta constitucional llamada Ley Básica— ha quedado desfasado a medida que China ha dado su otro salto adelante del siglo XXI.

Una evolución que ha hecho crecer los salarios en el gigante asiático (se han triplicado en once años), el alcance del sistema sanitario, que de 2008 a 2014 ha significado que ha pasado del 30 al 95% el porcentaje de población cubierto por el sistema público de salud, y ha aprovechado su papel como “fábrica del mundo”, para obtener una transferencia tecnológica que le permite comenzar a competir en los sectores en los que sigue siendo dependiente, como la alta tecnología o la industria aeronáutica.

Con la aprobación de la ley de Seguridad Nacional que será refrendada hoy jueves por Pekin y cuya aprobación definitiva en Hong Kong debe tener lugar este verano, China quiere terminar con la fase intermedia e integrar completamente a la isla en su programa político.

Pero las cargas contra las personas que protestan en Hong Kong no son las únicas muestras de la mano dura del Gobierno de Pekín. Esta semana, un artículo de The New York Times volvía a incidir en la rápida mejora que están experimentando los sistemas de vigilancia a raíz de las App de salud para rastrear el paso del coronavirus sobre la población china mediante un sistema de asignación por colores. Una mejora que ha abierto entre parte de la intelectualidad dudas el debate sobre el potencial uso de big data para la discriminación de población, en este caso, por motivos de salud. Una aplicación que coincide en el tiempo de la implantación del sistema de crédito social en todo el territorio, una medida de control social mediante el reparto de premios al buen comportamiento y castigo a quienes se muestren asociales.

 

Disputar la hegemonía

 

En el plano internacional, la tensión en Hong Kong es también un pretexto para que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, haya amenazado con presentar en las próximas horas nuevas sanciones contra China. Aunque el presidente solo dijo que serían sanciones “interesantes” se ha especulado que estas consistan en controlar las transacciones y congelar los activos de los funcionarios y las empresas chinas en Estados Unidos. Una amenaza que se produce un año y medio después de la detención de Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, en una prisión canadiense desde entonces.

A pesar de que en enero de 2020 se produjo una pequeña tregua en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con la firma de un acuerdo que ponía fin a dos años de batalla arancelaria —acuerdo que tiene una dimensión de “ahorro” en aranceles de 140.000 millones de euros—, el objetivo de Trump sigue siendo cerrar en la medida de lo posible la expansión de China, muy especialmente de sus infraestructuras tecnológicas de quinta generación (5G).

A raíz de las protestas en Hong Kong, Estados Unidos ha requerido el apoyo de la Unión Europea, reacia a imponer sanciones a la que ya es la primera potencia económica mundial. Pero la puesta en marcha de las redes 5G —que Huawei tiene mucho más adelantada que las compañías estadounidenses— es la principal preocupación de Trump. En enero, Reino Unido abrió la puerta a Huawei, aunque su presidente Boris Johnson ha reculado en las últimas semanas. Los ataques por parte de EE UU se extienden a los dos partidos: demócratas y republicanos alertan de la “amenaza” por igual.

El tabloide Global Times —versión clickbait del Diario del Pueblo, medio oficial del Partido Comunista de China— explicaba esta semana en un editorial que la rivalidad a “largo plazo” entre China y Estados Unidos “es inevitable”.

El editorial muestra las distintas amenazas que el Gobierno chino teme: desde el enfrentamiento militar, al que el editorialista responde con un “China sabría defenderse”, a la intervención mediante ataques financieros, algo que “dañará la integridad del sistema financiero que lidera”, vaticina este editorial: “Si una guerra financiera se sale de control, son los Estados Unidos los que más sufrirán. Con la reducción de su economía real, la economía de Estados Unidos depende en gran medida del sector financiero, lo que significa que lanzar una guerra financiera equivale a hacerse daño a sí mismos”. La amenaza, poco sutil, remite al papel de China como el principal comprador de deuda pública estadounidense, una posición desde la que puede ejercer presión sobre el dólar, a día de hoy principal baza de Estados Unidos —junto con su potencia militar— para sostener la hegemonía mundial. También a la situación del dólar, moneda hegemónica en el globalizado sector de las finanzas pero en crisis en un interior de Estados Unidos inmerso en una depresión que ha aflorado a raíz del coronavirus.

 

Relaciones con la UE

 

Bajo el prisma de una disputa por la hegemonía que ha acelerado el covid-19 —inclinando la balanza a favor de China—, el papel de la Unión Europea es de interés para las dos potencias. Desde el final de la II Guerra Mundial, y bajo el programa del anticomunismo impulsado desde la administración Truman, Estados Unidos ha intervenido en la política de la Europa occidental con poca oposición (solo la de Francia, que estuvo fuera “simbólicamente” de la OTAN durante 43 años). Los tiempos, no obstante, están cambiando.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta —también llamada “nueva ruta de la seda”— o un conjunto de infraestructuras marítimas y ferroviarias para conectar China y Europa es un plan lanzado en 2013 por el Gobierno de Xi Jinping que amenaza con perturbar ocho décadas de armonioso entendimiento entre EE UU y los poderes europeos y europeístas. Al menos así lo han interpretado Washington y Bruselas. Hace ahora un año, Italia llegaba a un acuerdo para integrar esa iniciativa a cambio de una importante inversión por parte de China. El acuerdo dejaba en suspenso la entrada de Huawei en el país alpino, pero el mensaje caló hondo en Bruselas y Washington.

El fondo de reuperación puesto en marcha a iniciativa de Alemania y Francia y presentado ayer, 27 de mayo, por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, incluye una cláusula específica para prohibir inversiones de “terceros países” en sectores estratégicos, como medio de evitar que se reproduzca una nueva ronda de compra de activos y ampliación de mercados como la que tuvo lugar desde 2008, que ha situado a China en posición de poder en 40 puertos internacionales, entre ellos los de Valencia, Algeciras, Barcelona y Cartagena.

España, no obstante, es uno de los países con menor dependencia en este momento de las inversiones chinas. Muy por debajo del Reino Unido, Alemania y la propia Italia. El Real Instituto Elcano, think tank en el que confluyen las políticas internacionales de Gobiernos del PP y del PSOE, publicó un informe a finales de abril en el que reseñaba que en los últimos dos años la percepción de China como una amenaza ha aumentado entre la población española. Al mismo tiempo, un 34% considera a este país como el aliado preferido fuera de la UE por detrás, eso sí, de Estados Unidos, que es el aliado perfecto para el 54% y por delante de América Latina (22%).

Los autores del artículo destacan tres factores que pueden suponer una tensión en las relaciones: la dependencia de suministros y tecnologías (en salud y redes 5g), la evolución de la política interna, con un Vox subsidiario de la política de ultraderecha estadounidense y polarizado hacia el racismo (sus líderes han hablado de “los malditos virus chinos” o “la peste china” para referirse al covid-19) y, en último lugar, las dudas que puede generar en el Gobierno acercar posiciones con China respecto a las relaciones de España “con sus aliados tradicionales”.

 

Cambio de actitud

 

El editorialista de Financial Times Wolfgang Münchau recordaba esta semana que el euroescepticismo crece en Alemania e Italia al mismo tiempo que aumenta el porcentaje de población que considera a China un socio más fiable que Estados Unidos: “La represión de Beijing en Hong Kong y el papel del gobierno chino en la supresión del flujo libre de información sobre covid-19 parece haber tenido poco efecto en la opinión pública en Europa”, se lamentaba.

En otra línea completamente distinta, el portal Politico especulaba recientemente con las razones de la ofensiva diplomática que China está siguiendo en el continente, que ha estado salpicada de críticas hacia la gestión de la pandemia por parte de los países europeos y de intentos de controlar los mensajes que acusan al país de provocar la expansión del virus.

Distintos medios han publicado de que los aranceles impuestos a la cebada y la carne australiana fueran una represalia por las palabras del premier australiano, el negacionista climático Scott Morrison, pidiendo una “investigación independiente” sobre el origen del virus. Esos aranceles —con un coste anual estimado de 500 millones de dólares— serían un aviso a navegantes a los socios europeos de China para que no extralimitasen sus comentarios sobre el papel de China en la pandemia.

Otra controversia ha tenido lugar en una declaración que paradójicamente quería celebrar la relación comercial entre China y la UE: el “partido” envió una versión sin referencia alguna al coronavirus y países como Francia optaron por publicar la versión “censurada” por el Gobierno asiático. Comparados con los ataques de Trump, que ha declarado que hay que abolir la Organización Mundial de la Salud por ser una marioneta de China, las advertencias y sospechas de la UE parecen caricias, pero los medios europeos están sorprendidos ante el cambio de posición de los dirigentes del PCCh, que ha pasado de la conciliación a posiciones más hostiles.

Uno de los posibles motivos que apunta Politico es el puro pánico a que el conflicto social provocado por el covid-19 pueda expandirse por la China continental, algo potencialmente más peligroso que las protestas en Hong Kong. La segunda conjetura es que los “ataques” a los países europeos sean simplemente una forma de hostigar a los aliados de Estados Unidos. La tercera de esas interpretaciones se basa en el hecho de que Europa necesita más a China que China a Europa y que tensar la cuerda con asuntos como la represión en Hong Kong o las distintas acusaciones sobre la expansión del virus no son más que fruto de un cálculo político.

Sea por miedo, ira o estrategia, el Gobierno chino ha acelerado en los últimos meses su agenda internacional ante los problemas serios que enfrentan los gobiernos occidentales en forma de desempleo y crisis social. Terminar con la adhesión de Hong Kong es solo un paso más en un programa de vigilancia y recorte de libertades, pero también de políticas keynesianas de estímulo de la demanda, que comenzó tras la crisis anterior y que, hasta ahora, está funcionando como un reloj.

Pablo Elorduy

@pelorduy

28 may 2020 06:51

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La integración de la región Asia-Pacífico, el rompeolas donde mueren las ambiciones del Pentágono

Con razón se dice que el siglo XXI será, o está siendo, el "siglo asiático", como reconoce la publicación estadounidense 'Foreign Policy'.

Incluso la población de países aliados de Washington en la Unión Europea aprecia que la alianza con China es por lo menos tan importante para su futuro como la que mantienen desde hace más de medio siglo con Estados Unidos

En tanto, el Pentágono tiene listas sus posiciones para realizar ataques aéreos de precisión contra China, como destaca la publicación Military Watch. La flota de bombarderos pesados B-1B Lancer está "reseteando" su orientación, para "proporcionar apoyo a las operaciones de proyección de potencia estadounidenses en el Pacífico".

Se trata del único bombardero supersónico occidental en servicio destinado al lugar más caliente del planeta, el Mar del Sur de China, donde ambas potencias "se están acercando peligrosamente a una colisión", ya que se registraron "al menos nueve" incidentes de encuentros "inseguros" entre las fuerzas armadas de las dos partes desde marzo, según el Pentágono.

En un reciente informe al Congreso, la Casa Blanca argumenta que Pekín participa "en actividades militares y paramilitares provocativas y coercitivas en el Mar Amarillo, los mares del este y sur de China, el estrecho de Taiwán y las zonas fronterizas sino-indias".

Para contrarrestar lo que considera como "expansionismo", el Pentágono busca el apoyo de otros países de la región, en particular la India, para enfrentar el creciente poderío naval del Dragón en el Mar del Sur de China. Tanto en los gobiernos como en los medios, la palabra "guerra" se utiliza con cada vez mayor frecuencia, y no sólo en referencia a una guerra comercial.

El punto central de esta situación prebélica, es que Estados Unidos necesita de aliados poderosos en la región Asia Pacífico para contener a China. No sólo no los tiene, sino que la creciente integración económica regional es un muro de contención de las posibilidades reales de frenar el crecimiento global de China. Los estrategas estadounidenses saben que no pueden ganar una guerra sólo con armas, para lo que necesitan legitimidad entre sus potenciales aliados.

El analista de Asia Times, David Goldman, registra un doble proceso, pos pandemia: "un aumento constante de la integración económica asiática" y una fuerte "des-americanización de las cadenas de suministro" en la industria de los semiconductores, que es una de las llaves de la superioridad tecnológica.

El desacople crece de una forma exponencial a raíz de la pandemia de coronavirus. "Taiwán, Vietnam, Tailandia e Indonesia compraron aproximadamente un 50% más de productos chinos en abril de 2020 que en el mes anterior, mientras "las importaciones de China desde Asia también aumentaron bruscamente".

Según Goldman, un "fuerte aumento del comercio intra-asiático puede reflejar el reinicio de las economías asiáticas". Un ejemplo es que ahora Japón envía más semiconductores a China que a Estados Unidos, mientras en 2014 vendió tres veces más semiconductores a los Estados Unidos que a China.

Otro buen ejemplo es la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Corp (TSMC), que compró equipos estadounidenses para fabricar productos para Huawei y otras compañías chinas y se convirtió en el mayor fabricante del mundo. Pero Huawei es ahora el mayor cliente de TSMC, superando a Apple.

TSMC es una de las tres empresas capaces de fabricar chips de 10 nanómetros o menos y produce 12 millones de obleas de silicio al año. En 2011 TSMC se asoció con Apple, para quien fabricaba el grueso de su producción en una planta que cuenta con 30.000 empleados. Pero con la dependencia de la empresa taiwanesa del mercado chino, las sanciones de EEUU a Huawei sólo se le vuelven en contra, alejándole aliados imprescindibles.

En la medida en que la reactivación asiática es más veloz que la de Occidente, con tasas de infección mucho más bajas y un control temprano de la pandemia, Goldman fecha el comienzo del "siglo asiático" en mayo de 2020. Sostiene que "Asia actúa como un bloque económico cohesionado", al mismo nivel que la Unión Europea.

Los datos son elocuentes. "El 60% del comercio de los países asiáticos se realiza dentro de Asia", en una proporción similar a la de la UE. Más aún: las exportaciones de China hacia el continente asiático crecen más rápido que el comercio con EEUU, estancado desde 2014.

A mi modo de ver, este es el talón de Aquiles de Washington y del Pentágono, y es el punto fuerte de China. Por el contrario, los aspectos más débiles de China no están en el terreno tecnológico ni en el desarrollo científico, sino en dos herencias coloniales como Hong Kong y Taiwán. Situaciones que no podrá resolver en el terreno de la disciplina impuesta, sino ofreciendo un tipo de sociedad atractiva para sus poblaciones, algo que aún no parece estar de condiciones de ofrecer.

En todo caso, la creciente integración económica de Asia Pacífico es un escollo insuperable para la "contención" de China que pretende EEUU.

En primer lugar, ningún país va a someterse a una guerra —fría, comercial o real— con aquel país que tiene una fuerte integración económica y que le ofrece un amplio mercado para sus productos. En el pasado, las guerras han sido provocadas por la situación opuesta, por la competencia entre países para conquistar mercados. Pero el entorno de China ya vive una fuerte integración a costa precisamente del declive de EEUU.

El editor jefe de Global Times, Hu Xijin, sostiene en un reciente artículo: "Lo que Estados Unidos quiere es que China deje de crecer y se asegure de que China adopte una actitud similar a la de Japón hacia Estados Unidos, para eliminar por completo las preocupaciones estratégicas de Estados Unidos sobre el ascenso de China".

La diferencia entre China y otros países, es que sus elites dirigentes están firmemente ancladas en la soberanía nacional, que ponen por delante de cualquier ambición personal o sectorial. La sumisión de Japón a los intereses de EEUU, lo ha llevado a coartar sus posibilidades como nación independiente y soberana.

En segundo lugar, los países de Asia Pacífico no pueden ahora amputar sus lazos comerciales y tecnológicos con China sin sufrir una desaceleración de sus economías y, previsiblemente, una decadencia similar a la que conoce Japón desde hace ya dos décadas. Mientras Pekín siga ofreciendo una ruta de prosperidad a sus vecinos, no habrá modo de que las ofensivas del Pentágono consigan sus objetivos.

13:56 GMT 26.05.2020(actualizada a las 16:51 GMT 26.05.2020) URL corto

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Foto: Celebración del Día de Jerusalén que conmemora el 52 aniversario de la captura de Jerusalén Este por Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967. 2 de junio de 2019 (Yonatan Sindel/Flash 90)

 

Un paso más en el proyecto colonial israelí

Las pasadas semanas, muchos lectores de los medios de comunicación mayoritarios se habrán hecho la impresión de que Israel se está preparando para poner en marcha un drástico plan de anexión de la Cisjordania ocupada, tras firmar el acuerdo de coalición de gobierno y conocer el llamado “Acuerdo del Siglo” de Estados Unidos.

Pero los palestinos saben demasiado bien que la anexión anunciada por Israel no supone ninguna novedad espectacular. Si acaso, les indigna que la comunidad internacional haya reaccionado con tanto asombro.

Para comprender el abismo entre los titulares informativos y la realidad sobre el terreno, hay que ponerse en la piel de un ciudadano israelí que decida viajar desde su apartamento en Tel Aviv hasta el Mar Muerto, atravesando territorios ocupados de Cisjordania.

Dicho ciudadano solo tendrá que tomar una carretera que se dirige al este para llegar en menos de media hora a la orilla del río Jordán. No hay puestos de control ni es necesario cambiar de ruta en ese breve recorrido (tampoco existe indicador alguno que informe de que el viajero ha entrado en Cisjordania). A lo largo de toda la ruta las señales de carretera están escritas en hebreo, la policía israelí vigila que se cumplan las normas de tráfico y la Autoridad de Parques nacionales da la bienvenida a los visitantes que se dirigen a puntos de interés cercanos.

El conductor israelí deberá tener cuidado para no entrar por error en las zonas donde viven los palestinos residentes en Cisjordania. Pero eso no ofrece ninguna dificultad, pues tras los Acuerdos de Oslo el ejército colocó grandes carteles rojos a la entrada de las poblaciones palestinas, advirtiendo a los israelíes que penetrar dichas áreas es peligroso. Por su parte, un palestino que se encuentre al otro lado de estos carteles no puede tomar esa misma carretera para ir a Israel ni visitar esos centros turísticos del Mar Muerto a los que se dirige el conductor israelí.

En realidad, a pesar de las aparentemente complejas estructuras políticas del territorio, el mapa físico de Palestina-Israel en 2020 es muy simple: pese a la existencia de unos pocos enclaves palestinos semiautónomos en Cisjordania y la Franja de Gaza, es Israel quien controla todo, de norte a sur y de este a oeste.

Esa es la realidad que ha estado presente durante décadas. Y, a pesar de ello, el mundo se muestra alarmado porque Israel quiera hacer “oficial” la realidad mediante una anexión formal. Lo que la comunidad internacional considera un movimiento ilegal por parte de un ocupante militar, o como una disputa territorial  sobre fronteras entre dos gobiernos, los palestinos lo ven como un paso más en el proyecto colonial de asentamientos que Israel lleva un siglo practicando.

El error demográfico

La exclusión y el control, que siempre han sido rasgos esenciales del sionismo, son los elementos básicos de la geografía del territorio. La meta de crear un país solo para judíos en el que residen otros pueblos ha supuesto la interminable opresión de los palestinos. El sionismo les planteó dos opciones: o bien la expulsión y el exilio o bien aceptar el dominio de Israel sin tener ningún derecho. Todos los palestinos, con independencia del lugar del mundo en qué se encuentren, están sujetos a uno de estos dos destinos.

Cuando se fundó el Estado en 1948, muchos israelíes quedaron decepcionados porque ciudades como Hebrón, Nablus o la antigua Jerusalén, consideradas lugares sagrados por los judíos, quedaran fuera. Pero ese anhelo fue finalmente satisfecho en 1967, cuando Israel tomó el control de la totalidad del territorio del Mandato Británico de Palestina. Pero, exceptuando Jerusalén Este, el Estado nunca llegó a anexionar esos territorios bajo la ley israelí.

Hasta el día de hoy, Israel siempre ha lamentado el error demográfico que cometió al ofrecer en 1948 la ciudadanía israelí a algunos palestinos. Situados bajo la ley militar hasta 1966 y siempre discriminados, la simple existencia de ciudadanos palestinos ha frustrado los planes de Israel: crear un Estado exclusivamente judío. En ese sentido, siempre se les ha recordado que no son deseados: Netanyahu declaró claramente el año pasado que “Israel no es un Estado para todos sus ciudadanos”, y el “Acuerdo del Siglo” se atreve a proponer el traslado de sus comunidades a una futura entidad palestina.

Obsesionado por su error, Israel decidió llevar a cabo una política de “provisionalidad permanente” en Cisjordania y Gaza: su táctica de escape fue la anexión de facto a falta de una anexión de jure. Así, creó nuevas categorías para esa población indeseada: tarjetas de “residencia permanente” para los habitantes de Jerusalén Este (miles de las cuales han sido revocadas desde 1967), y tarjetas de identidad naranjas o verdes para quienes viven en Gaza o en Cisjordania, todas ellas bajo el control del Ministerio de Defensa.

Al mismo tiempo, el Estado animó a la población judía a instalarse en los territorios ocupados. A medida que progresaban los asentamientos, Israel fue construyendo carreteras de circunvalación, muros y vallas, no solo para asegurar que estos quedaran interconectados entre sí y con Israel, sino también como un instrumento para controlar y limitar los movimientos de la población palestina.

Entonces, ¿por qué tras más de cincuenta años de “provisionalidad permanente” Israel ha decidido hacer oficial esta realidad? ¿Cuál debería ser la respuesta de los palestinos?

La respuesta palestina

Tal vez esas preguntas se resuelvan cuando Israel anuncie su plan definitivo: no solo la incorporación de los asentamientos y tierras circundantes, que ya tiene bajo su control, sino también la limpieza étnica de los palestinos que permanecen en dichas áreas. Ese plan lleva años desarrollándose en lugares como el valle del Jordán, E1 y las colinas de Hebrón Sur, pero podría proseguir a más velocidad una vez se declare la anexión formal.

Dada la impunidad con la que Israel ha violado el derecho internacional en los territorios ocupados, los palestinos no tendrán mejor oportunidad para abandonar el discurso legalista de la “ocupación”. Durante mucho tiempo, los palestinos han dado a este marco internacional la oportunidad de contribuir a su lucha, a pesar de su limitación y la tergiversación de su causa, pero ha sido en vano.

Parte de este fracaso se debe a los propios líderes palestinos. Hasta finales de la década de los 80, la dirección nacional palestina consideraba a Israel como un Estado colonial que usurpaba las tierras palestinas; exigía el retorno de los refugiados y estaba a favor de un único Estado democrático para todos. Pero desde entonces la Organización para la Liberación de Palestina ha reconocido formalmente a Israel y adoptado la solución de los dos estados, en buena medida para satisfacer el punto de vista de la comunidad internacional, que actúa bajo la falsa premisa de un “conflicto” entre dos partes iguales.

Este entramado político vino a sustituir a la demanda de descolonización del Mandato Británico de Palestina y aceptó la Línea Verde como frontera dentro de la cual encerrar a los palestinos en un cuasi-estado. Casi treinta años después de los Acuerdos de Oslo, los programas de asentamiento de colonos siguen tratando a los palestinos como el mismo grupo indeseado y colonizado, ya sean ciudadanos de Israel, sujetos ocupados o refugiados expulsados.

El presidente palestino Mahmud Abbas parece reconocer este hecho cuando amenaza una y otra vez con el desmantelamiento de la Autoridad Palestina o la retirada de los llamados acuerdos de seguridad con Israel. Pero nunca ha tenido el suficiente coraje como para llevar adelante sus amenazas. Si la Autoridad Palestina no hace nada por rectificar sus errores, se limitará a aceptar los planes de Israel y a gobernar en los reducidos enclaves en nombre del Estado.

Así pues, mientras Israel afina la siguiente fase de su proyecto colonialista, es hora de que los palestinos vuelvan a reivindicar la descolonización total y un único Estado democrático en el que todos los seres humanos tengan los mismos derechos, además de diseñar nuevas estrategias para conseguir dicha meta. Hasta entonces, la comunidad internacional no tiene derecho a lamentarse por la próxima anexión, fruto de los esfuerzos coloniales de Israel, que la propia comunidad internacional nunca hizo nada por detener.

 

Por Ahmad al-Bazz | 23/05/2020

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.972mag.com/israel-settler-colonial-annexation/

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Diez lecciones sobre la Otra Economía, antipatriarcal y anticapitalista

La semana pasada recibí una clase magistral de “economía política desde abajo”. Relataron las relaciones para cuidar y reproducir la vida, que se tejen en los canales invisibles de la sociedad. No es ninguna casualidad que fueran cuatro mujeres las encargadas de desvelar ese mundo, todas integrantes de asambleas territoriales nacidas durante la revuelta chilena.

Dos de ellas viven en Valparaíso, donde la lógica de construcción no es barrial sino de cerros, que rubrican la geografía urbana. Además de unas 20 asambleas en otros tantos cerros, formaron cordones territoriales que las conectan, un nombre que remite a los “cordones industriales” de Santiago bajo el gobierno de Salvador Allende.

Otras dos son integrantes de la Asamblea de Villa Olímpica y de la Red de Abastecimiento nacida en esa geografía, pero extendida a buena parte de Santiago. Una ciudad que ha visto nacer casi 200 asambleas que se mantienen activas, ya no en la calle sino enhebrando la vida de las comunas y barrios de una capital infestada de carabineros y militares.

Lección 1:Hacernos cargo de la vida

– Todos los aspectos de la vida están en crisis, salud, educación, alimentación. La revuelta generó conciencia colectiva, defendernos entre nosotras, mucha creatividad organizativa, que bajo la pandemia nos permite activarnos de otros modos. Nos cuidamos juntos y juntas, cuidamos a los más vulnerables, con redes de abastecimiento, compras colectivas, huertos urbanos…

(Nelly, de las asambleas territoriales de Valparaíso)

– Este contexto evidencia cómo el gobierno asesino no se hace cargo de la vida del pueblo, sólo militariza para salvar sus negocios. La sostenibilidad de la vida está en nosotras, en nuestras organizaciones y cuerpos, porque ellos sólo nos van a reprimir, quieren naturalizar una dictadura en democracia. Sólo nos queda “el pueblo cuida al pueblo”, porque se nos viene algo grave, como la falta de agua (Beatriz, asamblea Villa Olímpica).

– Lo que vivimos es una militarización desatada del territorio, en esta situación donde el gobierno sólo nos reprime, tenemos que hacernos cargo de la vida, de la sostenibilidad de la vida.

(Pamela, comunicación de las asambleas territoriales de Valparaíso)

Lección 2: Empatía con la tierra

– Los huertos urbanos son un proceso muy lento, si se pretende alimentar todo un barrio no es posible. Pero crean una relación diferente con la naturaleza, con el consumo, porque generan experiencias de nuevo tipo, como el compostaje que lleva a que los vecinos clasifiquen la basura y se hagan cargo de sus desperdicios para llevar al huerto comunitario. Se va formando una relación de empatía con la tierra que es muy diferente a ir a comprar al supermercado. Además creamos vínculos entre nosotras, hacemos comunidad.

(Pamela)

Lección 3: Huir del super-mercado, haciendo comunidad

– Las asambleas hacen una compra directa a los agricultores sin pasar por intermediarios, para el abastecimiento de los barrios. Hicimos un catastro de personas en riesgo, de adultos mayores y gente postrada o con problemas económicos, para que tengan acceso a una canasta básica. (Pamela)

– La red de abastecimiento empezó hace cuatro años para colectivizar las compras, saltarse intermediarios para bajar los precios pero además para hacer comunidad en algo tan importante como alimentarse. Empezamos con compras colectivas de verduras. La red creció y nos contactamos con otras redes de la ciudad par proveer verduras, abarrotes, proteínas, carnes, artículos de aseo. Eso permite que la gente de la red no vaya al supermercado, que es un foco de contagio. En mi casa toda la alimentación se compra a través de la red, sin acudir al mercado.

(Siujen, red de abastecimiento Villa Olímpica, Santiago)

Lección 5: Redistribuir en vez de acumular

– Como comunidad asumimos una cuota que nos permite ayudar a personas que no pueden pagar la cesta. Con la cuota vamos generando un ahorro pequeño, que nos transforma en una especie de mini banco para prestar a la gente que tiene más problema económico, porque pensamos que el momento más álgido será después, cuando no haya trabajo y todo sea precario. La mayor parte de los que integran la red trabajan en precario (Siujen).

– La idea de que el pueblo ayuda al pueblo es lo primordial. Formamos un fondo común y rotativamente lo asignamos a la familia de la red que más necesita, la más vulnerable, luego de una discusión sobre los criterios. Ahora tenemos que pensar cómo vamos a apoyar a la gente que se enferma, porque ha habido una explosión de casos y el sistema no va a responder. Lo único que saben hacer es sacar a los militares a la calle (Beatriz).

Lección 6: Las mujeres o la red de redes

– Somos las mamás las cuidadoras y criadoras las que sostenemos todo, a través del trueque, del apoyo mutuo, sin dinero. En la red se cruzan tres o cuatro redes y la Villa Olímpica se convirtió en un zonal de distribución de toda una zona de Santiago (Siujen).

Lección 7: Cara a cara, sin intermediarios

– Hacemos la distribución de las redes La Canasta y Pueblo a Pueblo que reparten verduras sin intermediarios, en contacto directo con proveedores, con gente que produce fuera de Santiago y tiene que traer al conurbano. Decidimos que sólo sustentamos a los intermediarios cuyo único ingreso es esa compra-venta de productos. Buscamos ahora cosas nuevas, semillas, granos, algo que no teníamos hasta ahora (Siujen).

Lección 8: Cuidar-nos en comunidad

– Estoy contagiada de Covid desde hace dos semanas y en mi casa no falta nada, las compañeras y compañeros poniendo la cuerpa vienen hasta mi casa a dejarme los alimentos. Es un ejemplo de cómo la solidaridad y las redes amigas están permitiendo que la vida no se degrade tanto (Beatriz).

Lección 9: Pobre es quien está sola

– La real precariedad es la de aquellas personas que no están conectadas con redes solidarias, la soledad y el despojo, porque el dinero no te sirve de nada si no tienes una red que te lleve la comida (Beatriz).

Lección 10:La revuelta, la madre del mundo nuevo

– Le llamamos revuelta porque estallido lo acuñó la clase dominante, porque la protesta les estalló de sorpresa (Nelly).

– Ay de nosotras si la revuelta no hubiera pasado por nuestras vidas multiplicando nuestros contactos y redes (Beatriz)

– Agradecemos la revuelta porque sin ese proceso la pandemia hubiera sido muy cruda, no hubiéramos tenido los lazos de confianza ni conocido a otras organizaciones. La revuelta nunca acabó, tomó otros caminos. Generamos herramientas que no hubiéramos creado sin la pandemia. No hay forma de que en Chile la revuelta no siga (Siujen).

– La revuelta nos pasó por el cuerpo, no nos hemos olvidado de los muertos y de los más de 400 mutilados oculares, algo que fue intencional. Lo que hacemos en las asambleas es cuestionar la vida que hemos sostenido hasta ahora. El otro mundo posible lo estamos haciendo ahora y nadie puede sacarnos de ese lugar, Chile está cambiando (Nelly).

– En este contexto oscuro, lo que nos va a salvar es lo que siempre nos ha salvado como pueblo: la calidad de nuestros vínculos, el valor para enfrentar la adversidad, la profunda valentía que hay en cada mujer que sale a hacer la compra o a embolsar la harina que se compra a granel y se reparte en la red. Ni la pandemia ni la represión, ni las torturas ni los asesinatos, nos van a destruir ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones. La revuelta nos conectó con los siglos de resistencia profunda de nuestro pueblo (Beatriz).

* * *

“Agricultura alelopática”, exclama Doricel del otro lado del teléfono. Lo repite varias veces. Y nada.

No queda otra que recurrir al diccionario. Bueno, a Wikipedia.

Intenta explicar porqué en los barrios periféricos de Popayán, donde estudiantes y vecinos emprendieron la agricultura urbana y comedores populares, optaron por huertas circulares pese a la inicial resistencia de algunos.

“Es el sistema que utilizan los pueblos originarios y nosotros lo hacemos porque es más eficiente y para abrir la mente a otras posibilidades que no sean la cuadrícula”, explica. Por un lado, permite aprovechar mejor el agua, ya que sólo se utiliza un 30% de lo que hacen otros cultivos lineales.

“Además el nuestro es un sistema muy diverso, hortalizas, legumbres, aromáticas, la cebolla y el ajo, y eso nos permite podemos hacer un sistema alelopático. Las plantas que no resisten a los insectos, son protegidas por las aromáticas que cultivamos en el círculo siguiente. La diversidad repele a los insectos y las aromáticas atraen a los polinizadores. Buscamos la complementariedad”.

Las huertas circulares se relacionan con la cosmovisión indígena que establece una conectividad entre la tierra y el universo. Por último, explica Doricel, “con esta técnica se afianza más el tejido social, porque permite a las comunidades trabajar de manera más cooperativa”.

Varones y mujeres que cultivan las huertas de la periferia urbana de Popayán, llevan pequeños trapos y cintas rojas. En las grandes ciudades las autoridades pidieron a los pobladores que pasaban necesidades que colgaran un trapo rojo en las ventanas. “Aquí resignificamos los trapos rojos, al convertirlos en elementos de resistencia, de dignidad”, apunta Doricel, recordando que su ciudad el 84% de la población tiene trabajo informal.

* * *

La población volvió a las calles, en Santiago y en Puerto Príncipe, en Atenas y en Montevideo, en varias ciudades asediadas por la cuarentena y el hambre. Una oleada de dignidad está empezando a barrer nuestro continente. Masivos caceroleos en Santiago, barricadas y pedreas en El Bosque, La Victoria y La Legua, comunas cansadas del encierro y la miseria, denuncian la incompetencia del gobierno. El 18 de mayo se rompió el silencio, recuperando la calle.

20 mayo 2020

 

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Serie: PUEBLOS EN MOVIMIENTO

https://www.youtube.com/watch?v=BDJ0lSpRY70&list=PLXSRA_SQHRlwNsYmQE6dk85EiBezVuJiB

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Palestina dio por finalizados los acuerdos con Israel y Estados Unidos

Ante el avance de Israel en Cisjordania

El presidente Mahmud Abbas manifestó que Israel no está respetando los acuerdos de paz de Oslo de 1993, y en consecuencia los palestinos tampoco lo harán

 

El presidente de Palestina Mahmud Abbas decidió poner fin a todos los acuerdos con Israel y Estados Unidos. Sus declaraciones tienen lugar en un momento de tensión, con el avance de los planes israelíes de anexionar parte del territorio ocupado de Cisjordania. El plan de paz propuesto por Washington el pasado enero avala el avance israelí. Abbas manifestó que Israel no está respetando los acuerdos de paz de Oslo de 1993, y por tanto los palestinos tampoco lo harán. Hace algunos días asumió el nuevo gobierno de coalición israelí entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y su ex rival electoral Benny Gantz.

La decisión del gobierno palestino fue publicada por la agencia estatal Wafa. "La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado de Palestina quedan desde hoy absueltos de todos los acuerdos y entendimientos con los gobiernos americano e israelí y todas las obligaciones contempladas en estos, incluyendo las de seguridad", sostuvo el ejecutivo palestino. Abbas pidió que Israel cumpla con lo pactado en la legislación internacional. "Con todas las consecuencias y repercusiones en base a la ley internacional y humanitaria, en particular la Cuarta Convención de Ginebra", sostuvo el gobierno palestino. La misma establece responsabilidades sobre la seguridad de la población civil ocupada y sus propiedades, prohíbe el castigo colectivo, el robo de recursos, la anexión de tierras y transferencias de población del ocupante al ocupado, ya que suponen graves violaciones y crímenes de guerra.

El presidente palestino ya había adelantado la ruptura de relaciones con ambos países después del anuncio del plan de paz de Washington para Medio Oriente. En este caso Abbas reiteró su rechazo a la propuesta norteamericana. También condenó la decisión de la administración Trump de trasladar su embajada a Jerusalén y reconocer la ciudad como capital israelí. El mandatario insistió en la necesidad de apoyar a un estado palestino independiente, contiguo y soberano en las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como su capital. "Una paz justa y completa basada en la solución de dos estados”, sostuvo el presidente. En Cisjordania viven 2,7 millones de palestinos. En tanto que 450 mil israelíes residen allí en colonias consideradas ilegales por el derecho internacional.

Por su parte, el emisario de Naciones Unidas para el conflicto de Oriente Próximo, Nickolay Mladenov, dijo que Israel debe abandonar sus amenazas de anexiones. También pidió a los dirigentes palestinos retomar conversaciones con los países implicados en el proceso de paz en la región. Se espera que el nuevo gobierno israelí se pronuncie sobre la estrategia para llevar a cabo el plan de Trump a partir del 1 de julio.

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Sábado, 16 Mayo 2020 06:26

Tres historias berlinesas

Jóvenes alemanes celebran la reunificación del país frente a la Puerta de Brandeburgo en la ciudad de Berlín en octubre de 1990 / Foto: Afp, Gilles Leimdorfer

A 30 años de la reunificación alemana.

Mientras la Rfa completaba la anexión de la Rda, la vida de los alemanes cambió para siempre. Un punk, una estudiante y un soldado recuerdan cómo vivieron aquellos días turbulentos y reflexionan sobre la herencia agridulce de aquel proceso de unión, que aún condiciona a la Alemania actual.

 

Desde Berlín

A lo largo de 1990, las dos Alemanias suscribieron una serie de acuerdos que concretaron su reunificación tras la caída, el año anterior, del Muro de Berlín. El 18 de mayo se cumplirán 30 años de la firma del tratado de unión monetaria, económica y social, que significó que la República Democrática Alemana (Rda) adoptara la economía de mercado y el marco alemán. Separada por 45 años después de la Segunda Guerra Mundial, Berlín, testigo y protagonista de esta historia, conserva las huellas del pasado como si fueran tatuajes en el cuerpo: un diario de vida estilizado que se expone orgullosamente ante los demás.

 

UN REBELDE COOL DE BERLÍN ORIENTAL.

 

Sven Marquardt también concibe sus propios tatuajes como un diario de vida: una manera de llevarse imágenes y citas hasta el día de su muerte, según expresa en su autobiografía Die Nacht ist Leben (La noche es la vida), publicada en 2014. Sven Marquardt es portero del legendario club (discoteca) berlinés Berghain, conocido por su estricta política de admisión. También es fotógrafo y hasta el día de hoy se mantiene fiel a su preferencia por los retratos. Si alguna vez Berlín fue declarada “la ciudad más cool de Europa”, eso también se debe a figuras emblemáticas como Sven Marquardt.

Nacido en Berlín Oriental en 1962, Marquardt forjó su juventud en la Rda. “Pasé mucho tiempo en los llamados Interhotels de Berlín [Oriental], en el Metropol y el Berolina. El ambiente allí era cosmopolita, porque entre los huéspedes había alemanes occidentales y otros extranjeros que traían moneda fuerte. Me despertaba a menudo en una cama de hotel. Los hombres con los que me iba voluntariamente tenían 30 o 40 años, el doble de mi edad”, cuenta.

Si bien la homosexualidad en la Rda fue tempranamente despenalizada, en 1968, a los homosexuales se les impedía tener locales propios, asociaciones y revistas, y todavía en los ochenta la Stasi los vigilaba como si fueran criminales. La moral del Partido Socialista Unificado (Sed, por sus siglas en alemán) quería familias nucleares con padre y madre trabajadores. La patria no eran los homosexuales. Marquardt, además, era un joven punk en el Berlín Oriental de los años ochenta. Debido a sus intentos de suicidio, el Ejército lo declaró “inútil” (en alemán: ausgemustert) y así pudo evitar el servicio militar obligatorio. “Nueva York está donde nosotros estamos” era una de las máximas en su grupo de amigos, recuerda. Como no podían viajar a la vibrante atmósfera de la metrópoli estadounidense, reinventaron una actitud ante la vida inspirada en ella y vivieron de la forma menos convencional posible en su propia ciudad. Jóvenes punks en la Rda, el Estado de los trabajadores y los campesinos.

 

BERLÍN OCCIDENTAL Y EL LUGAR DEL OTRO.

 

Distinta era la situación del otro lado del muro. “Berlín era considerado un espacio de libertad, incluso algo exótico para muchos jóvenes de Alemania Occidental. Era una ciudad de jóvenes y jubilados, prácticamente sin sectores medios, cuya agitación política y diversidad cultural no hubiera sido posible sin la existencia del muro”, me explica Susanne Klengel en su despacho del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, donde hoy es catedrática de literatura latinoamericana.

Nacida en Múnich en 1960, Klengel llegó a Berlín Occidental en 1980. Allí participó activamente en el movimiento feminista, en los incipientes círculos de interés sobre América Latina (como la todavía existente librería Andenbuch, fundada por el germano-uruguayo Thomas Rübens en 1986). Cuando su presupuesto de estudiante se lo permitía, tramitaba la visa para cruzar la frontera. “Había cierto voyerismo occidental al visitar Berlín Oriental, sin dudas, pero también había una apertura y una curiosidad sinceras. No éramos meros turistas. Percibíamos algo muy extraño y muy cercano del otro lado del muro”, recuerda y se levanta para poner un letrero en la puerta de su despacho que dice: “Prüfung, bitte nicht stören!” (examen, por favor, no moleste). “Para que no toquen más a la puerta”, me dice y sonríe

.

LA CAÍDA DEL MURO.

 

Poco antes del 9 de noviembre de 1989, Sven Marquardt cruzó a Berlín Occidental. Tuvo la oportunidad de viajar al sur de Francia para un festival de fotografía a través de la Asociación de Artistas de la Rda. Sin embargo, no llegó más que a Kreuzberg: “Estar de pronto del otro lado tenía algo melancólico y algo bastante absurdo. Me dije a mí mismo: imagináte quedarte acá, sin poder volver nunca más a casa”. ¿Por qué debería viajar al sur de Francia si ya tenía bastante con entender su propia ciudad dividida? Marquardt volvió a la parte este. Unos meses después, se caía el Muro de Berlín: “Esa misma noche tuvo lugar el estreno de Coming Out en la Rda, una película de Heiner Carow que trata de un joven profesor gay de Berlín Oriental. […] Desde la perspectiva actual, el título de la película tuvo una gran connotación para ese día. Porque también un país entero se destapaba el 9 de noviembre. Coming Out fue el título para una nueva era”.

A las siete de la tarde fue cuando Susanne Klengel, en Berlín Occidental, vio por televisión la histórica conferencia de prensa en la que Günter Schabowski anunció sorpresivamente la apertura de la frontera amurallada. “Lo escuché, pero no podía creerlo. Para mí, eso era algo tan irreal que luego apagué la televisión y me fui a dormir. Al día siguiente fui al centro de la ciudad y el subte estaba repleto de gente. De pronto una persona se me acercó y me preguntó, con un inconfundible acento berlinés, cómo ir a Ku’damm. ¿Qué hace un berlinés preguntando cómo llegar a una de las avenidas más famosas de la ciudad?, pensé. Ahí me di cuenta de que el muro se había caído.” El encuentro presagiaba la reunificación.

La caída del muro fue un evento que ni la propia Rda pudo prever. Así me lo cuenta Jan Steffen, quien, al contrario de Sven Marquardt, sí ingresó al Ejército de la Rda. En 1988 se enroló, con 18 años, en las Grenztruppen, las Tropas de Frontera. Me reuní con él en un café de Prenzlauer Berg, su barrio natal en Berlín, y allí me contó cómo vivió ese día histórico: “El 9 de noviembre, mi turno iba hasta las diez de la noche. Volví al cuartel y nadie se había enterado de la conferencia de prensa. A la una de la mañana nos despertaron con alarma, nos ordenaron vestirnos y buscar el arma porque algo había sucedido en la frontera, pero no recibimos ninguna información de los oficiales. Mientras esperábamos para salir, encendimos la radio y finalmente comprendimos que la frontera había sido abierta. Sin embargo, a las seis de la mañana tuve que salir a patrullar y desde allí divisé una inmensa fila de autos que iba hacia Berlín Occidental. Fue en ese momento cuando sentí que se había hecho posible aquello que nunca lo había sido. Ahora sí habría un cambio”. Steffen me narra detalladamente cada uno de los sucesos y escucha atentamente mis preguntas, aunque a veces yo me demore un poquito más de la cuenta expresándome en alemán. Desde hace más de 20 años Steffen enseña su idioma materno como lengua extranjera.

 

¿LA RECONCILIACIÓN DE DOS PAÍSES?

 

Poco tiempo después de la reunificación, aún quedaba mucho tiempo por delante para que los alemanes se re-conocieran a sí mismos. Steffen me relató la ocasión, a mediados de los noventa, en la que fue a un cumpleaños en Wuppertal (Alemania Occidental) donde sólo había alemanes del oeste. Era el 2 de octubre y, en determinado momento, se dieron cuenta de que el día siguiente era feriado y todavía debían hacer algunas compras. Alguien preguntó qué feriado era, pero nadie supo la respuesta. Steffen nunca lo olvidará: “Para ellos, el 3 de octubre, el Día de la Unidad Alemana, era un evento muy lejano”. Al mismo tiempo, era algo que él no les podía reprochar, porque “para ellos sólo se agrandó su país”.

En 1993 conoció a su ahora exesposa, oriunda de la Renania del Norte, y así empezó a viajar a Alemania Occidental para visitar a su nueva familia. Eso le dio la oportunidad de conocer aquel país que había imaginado tantos años desde el otro lado de la Cortina de Hierro. “Muy conveniente: la mayoría de mis amigos de Alemania Oriental sólo viajaban por una o dos semanas de vacaciones, pero no conocieron realmente Alemania Occidental”, comenta Steffen irónicamente. ¿Reconciliación entre dos países? A Steffen no le parece acertada la palabra “reconciliación”. En cualquier caso, lo que sí hubo fue amor interalemán.

BAILANDO LA REUNIFICACIÓN.

La vocación artística de Sven Marquardt experimentó una ruptura con la reunificación. Tras la caída del Muro de Berlín, el entonces joven de 27 años trabajaba ocasionalmente como fotógrafo, pero rápidamente perdió el interés en su oficio y se entregó por completo a la vida nocturna de la capital reunificada. Allí encontró un refugio para aplazar los desafíos impuestos a su nueva identidad. “La Rda dejó de existir. ¿Significaba eso que tenía que reinventarme también? ¿Qué nos deparaba ese nuevo país, cómo sería nuestra vida? Con la misma vehemencia con que el tiempo pasado llegaba a su fin, el nuevo lo relevaba. No hubo período de prueba para nosotros”, reflexiona Marquardt en su autobiografía.

A través de su hermano Oliver, que tocaba en los clubes de la capital, Marquardt consiguió su primer trabajo como portero en un boliche. A comienzos de los noventa, sin escasez de viviendas, gentrificación ni turismo masivo, como en 2020, Berlín era un espacio anárquico con edificios desocupados y bloques de apartamentos en ruinas. En ese mundo surgió la Clubkultur berlinesa, la cultura de clubes nocturnos que ha redefinido la identidad de la ciudad desde el cambio de milenio. Desde hace 15 años, Marquardt controla el ingreso al club de música tecno (en alemán: Techno-Club) más famoso de esa movida, el Berghain. Sin embargo, hace ya un cuarto de siglo que él es parte de ese mundo. Tal vez allí las metamorfosis de su vida –el rebelde cool de Berlín Oriental, el joven que experimentó su coming out en la Rda, el artista–no sucumben a la exigencia de presentar una síntesis biográfica como identidad propia hacia los demás. “La noche, embarazada de drogas y euforia –explica Marquardt– nos permite experimentar a la gente de forma pura. Las máscaras caen, hay dramas y comedias.” La vida nocturna también fue una manera de experimentar la reunificación.

LIBERTAS MAGISTRA VITAE.

Poco antes de la reunificación, el entonces canciller, Helmut Kohl, prometió que el este de Alemania se transformaría en blühende Landschaften, “paisajes florecientes” de rápido crecimiento económico. Pero la promesa tuvo un impacto negativo. Según el informe anual que hace el gobierno sobre la unificación, la economía de Alemania Oriental sigue demasiado fragmentada y las tasas de desocupación todavía son mayores que en Alemania Occidental. El 57 por ciento de los alemanes del este aún se consideran ciudadanos de segunda clase, porque tienen peores sueldos, peores jubilaciones y están subrepresentados en muchos ámbitos de la sociedad, incluso en las altas esferas de los negocios y la política. La equiparación de los niveles de vida entre el este y el oeste necesita más tiempo, pero, de todos modos, el progreso alcanzado ya es bastante importante.

Sin embargo, hoy el problema es otro. Los índices de aprobación de la democracia en Alemania del Este son “preocupantes”, destaca el informe oficial. El descontento de la población también se manifiesta en los resultados electorales de los últimos años. La mayoría de los votantes de Alternativa para Alemania (Afd, por sus siglas en alemán), el partido de ultraderecha con representación en el Bundestag desde 2017, proviene de los estados del este. Me pregunto si no es una ironía de la historia que muchos de esos votantes, cuyas biografías aún albergan el pasado de la dictadura del Sed, hoy se decidan por un partido marcadamente autoritario como Afd. Treinta años después, ¿acaso aquella sensación de libertad tras la caída del muro no se les ha vuelto en su contra?

Susanne Klengel es más escéptica al respecto: “Sinceramente, no sé en qué consistía ese sentimiento de libertad. ¿En poder viajar o comprar cosas con la nueva moneda? ¿En decir abiertamente lo que se piensa? La libertad tiene distintos niveles. Y si hoy está constreñida en algún sentido; yo más bien diría que por razones materiales. El problema es la desigualdad”. Jan Steffen, por su parte, reflexiona sobre la libertad en su dimensión más personal: “Cuando por primera vez estuve en el extranjero ‘de Occidente’, en Suecia, Dinamarca y luego en París, me di cuenta de que si la Rda hubiera seguido existiendo, probablemente yo no hubiera tenido la posibilidad de conocer y estudiar en otros países, como efectivamente la tuve años después. Eso sólo se logra con libertad. Con la caída de la Rda y la reunificación obtuve libertad personal. Y, con el paso de los años, he comprendido lo valiosa que es esa libertad para mí”.

Por Mateo Dieste

15 mayo, 2020

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Viernes, 15 Mayo 2020 06:41

El "Colonavirus"

El "Colonavirus"

“Si el coronavirus discrimina –bien apuntaba Rebecca Solnit, una ensayista estadunidense (bit.ly/3f3Pdkf)− es porque los seres humanos discriminan: la gente que sufre el racismo, el sexismo y la desigualdad es más propicia a enfermarse (y/o a morir)” (bit.ly/2xNlU4v). "Y el colonialismo..., ¡no nos olvidemos del colonialismo!" –suena de repente la voz en off.

"Y el colonialismo... y el colonialismo..." –resuena todavía el eco, mientras una mano (¿serán efectos secundarios del día 43 del confinamiento?) pasa un papelito donde se lee: ‘todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales’ en el cual ‘a los cuerpos racializados no se les reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes los dominan’ y que ‘son existencialmente considerados como inferiores en la escala de ser’” (bit.ly/2Ydmm6S).

En Estados Unidos los afroestadunidenses son los más vulnerables. El racismo sistemático significa peor acceso a la salud, agua limpia, alimentación o vivienda; la población carcelaria –en gran parte negra− es particularmente expuesta. Diabetes o tensión alta, asma o problemas respiratorios −por habitar áreas industriales− significan más chances de desarrollar complicaciones. En Chicago casi 70 por ciento de muertos por SARS-Cov-2 son negros, a pesar de constituir sólo 30 por ciento de la población ( wapo.st/3eYTnK7). Integrantes de grupos indígenas –allí donde quedan propiamente catalogados− igualmente mueren en proporciones alarmantes, pero más a menudo quedan tildados como "otros" (bit.ly/2KsqGqZ), algo que tras siglos de exterminación, despojo y colonialismo de asentamientos ( settler colonialism) los degrada y vuelve aún más invisibles.

Uno de los primeros efectos del coronavirus –aparte de miles de muertos y millones de desempleados– fue exacerbar el típicamente trumpiano odio racista blanco hacia dentro y hacia afuera (los asiáticos, los refugiados). Pero esto está lejos de ser un american excepcionalism: el Covid-19 exacerbó igual −bien apunta Joseph Massad, intelectual palestino y discípulo del gran E. W. Said, al margen de su análisis sobre el american hate (bit.ly/2xXofdq)− el odio israelí hacia los palestinos colonizados. El cuerpo palestino considerado "inferior en la escala del ser" pasó por un lado de "una amenaza terrorista" a "una amenaza epidemiológica" y, por otro, a un objeto de una bizarra guerra biológica. En Cisjordania ocupada, los soldados y colonos israelíes empezaron a escupir masivamente a los palestinos y sus propiedades con la esperanza de contagiarlos (bit.ly/3azPLe3). En Gaza, "la más grande cárcel al aire abierto en el mundo" (allí están también los presos palestinos en cárceles israelíes confinados en condiciones alarmantes), la situación sanitaria, falta de agua limpia e insumos médicos a causa del inhumano bloqueo israelí y las periódicas "operaciones punitivas" es una tragedia por consumarse (algo que también está ocurriendo en campos de refugiados palestinos).

“¡He aquí tu quintaesencial ‘población colonizada, dominada por razones etnorraciales’”! – suena otra vez la voz en off.

"Razones etnorraciales... razones etnorraciales...", resuena todavía el eco mientras una mano (¡caray!, los gajes del confinamiento) pasa otro papelito donde se lee: “la línea abisal (que separa los cuerpos racializados y ‘blancos’) no cesó con el fin del colonialismo de ocupaciónterritorial y permanece igual que el ‘colonialismo bajo nuevas formas’ que justifica hoy el racismo, la xenofobia, la islamofobia, el encarcelamiento masivo de los jóvenes negros estadunidenses, el tratamiento inhumano de refugiados o ‘la solución final’ de Palestina” (bit.ly/3cXZdtq).

Corrección: el colonialismo territorial no llegó a su fin. Está "vivito y coleando" en Palestina, acelerado de hecho hoy por el virus. Israel −el último residuo del colonialismo de asentamientos− usa la contingencia para seguir asesinando a los palestinos, demoler sus casas –clínicas para el Covid-19 incluidas (bit.ly/2VQpTFu)− y despojarlos de sus tierras empujando la anexión ilegal de un 30 por ciento de Cisjordania en el marco de The Deal of the Century trumpiano (bit.ly/2Wa3bsf). Concebido a finales del siglo XIX –la cumbre de las "ciencias raciales" y el colonialismo−, el sionismo, bien apunta Massad en otro lugar, "aprendió" de ambos y aún se guía por sus principios (bit.ly/3eVSJwW). Así, el coronavirus agrava aún más la discriminación en Palestina haciendo de la respuesta israelí "una culminación de sus políticas racistas y colonialistas, no algo separado de ellas" (bit.ly/2S4Y1fL).

Viendo como Benjamin Netanyahu trató de aplicarles a los israelíes portadores del virus el mismo panóptico digital "antiterrorista" aplicado a los palestinos colonizados (bit.ly/2xmQe5V) o como Donald Trump designó a su yerno, Jared Kushner, el "arquitecto" de The Deal of the Century aka. "la solución final de Palestina" que con ignorancia y prepotencia colonial decimonónica decidió sobre la suerte de los palestinos, para "combatir la pandemia" (bit.ly/2zFaIHD) y decidir ahora −igualmente gracias al nepotismo, no sus competencias (bit.ly/3eAcZUJ)− sobre la suerte de los cuerpos estadunidenses, uno casi tiene que contenerse para no sentir un Schadenfreude.

"La violencia colonial siempre retorna a la casa", remarcó al estallar la Primera Guerra Mundial Rosa Luxemburgo. ¿Por qué los tiempos del coronavirus tendrían que ser diferentes?

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Foto: Soldados israelíes toman posición mientras los manifestantes palestinos se reúnen en protesta contra la expansión de los asentamientos israelíes en la aldea cisjordana de Beita, 2 de marzo de 2020. Majdi Mohammed, AP

¿De qué tiene miedo el campo de centro izquierda de Israel cuando se trata de anexión? ¿Por qué la Unión Europea y otros países fingen tal clamor contra este próximo plan?

La anexión siempre se ha presentado como la madre de todos los desastres, pero tenemos que dejar de temerla, e incluso decir que sí. Se perfila como la única forma de salir del punto muerto, la única sacudida posible que podría terminar con este statu quo de desesperación en el que nos hemos quedado atrapados y que ya no puede llevar a ningún lado bueno.

La anexión es, de hecho, un premio intolerable para el ocupante y un castigo escandaloso para los ocupados. Legitima los crímenes más graves y destruye los sueños más justos, pero la alternativa es aún peor. Eternizaría la situación criminal que se perpetúa desde hace mucho tiempo. Asentaría la realidad del apartheid que ya existe desde hace bastante tiempo.

Pero la anexión también pondría fin a las mentiras y exigiría que todos miraran la verdad a los ojos. Y la verdad es que la ocupación llegó para quedarse, nunca hubo intenciones de hacer lo contrario. Ya ha creado una situación irreversible, unos 700.000 colonos,  incluidos los de Jerusalén Este, que nunca serán removidos y sin su remoción los palestinos no tendrán más que bantustanes, ni un Estado ni siquiera una caricatura de un Estado.

Esto es lo que temen los opositores a la anexión, sin un proceso declaratorio y legal, sería posible continuar sembrando engaños siempre. La anexión amenazaría la vida falaz de la Autoridad Palestina, que continúa comportándose como si fuera un Estado libre con soberanía a la vuelta de la esquina; del campo de paz israelí, que sigue creyendo que todavía existe la posibilidad de una solución de dos estados y de la Unión Europea, que cree que es suficiente emitir (¡Fuerte!) condenas a Israel y luego sentarse y no hacer nada contra el apartheid, financiarlo, armarlo y declamar sus «valores comunes» con Israel. La anexión desafiaría a los negadores de la realidad que nunca han sido desafiados en sus vidas. Por lo tanto, deberíamos estar a favor a pesar de la injusticia y los desastres que puedan surgir. A largo plazo el precio será menor que el de la situación existente.

Es precisamente el acérrimo opositor de la anexión Shaul Arieli quien mejor describió sus ventajas. En un artículo reciente (Haaretz, edición hebrea, 24 de abril), señaló cómo colapsaría la Autoridad Palestina, se cancelarían los Acuerdos de Oslo, la imagen de Israel sufriría daños y es probable que estallase otro ciclo de derramamiento de sangre. Estos son peligros reales que no se pueden tomar a la ligera, pero dice: «El paso de la anexión sería un gran golpe para los puntos de apoyo de la situación actual y alteraría su frágil equilibrio». ¿Y qué más podemos pedir, Shaul Arieli? La estabilidad que ha creado la ocupación, su rutina de normalidad, son los grandes enemigos de cualquier esperanza para ponerle fin. No tienes que ser anarquista o marxista para ver la oportunidad latente en esta terrible visión. Después de todo la anexión es más reversible que las colonias, la política de anexión puede algún día convertirse en democracia.

Hemos estado esperando este golpe para aterrizar. Es nuestra última esperanza. Quien conoce a Israel sabe que no hay posibilidad de que se despierte una mañana por su propia voluntad y diga: La ocupación no es agradable, acabemos  con ella.  Quien conoce a los palestinos sabe que nunca han estado tan débiles, aislados, fragmentados y desprovistos de cualquier espíritu de lucha. Y quien conoce el mundo sabe lo cansado que está del conflicto. Así que ahora Israel vendrá y con el aliento del conocido pacificador de Washington despertará esta realidad desde su sueño, la anexión. Es igual. En las colinas y en los valles, en el Área C y al final en toda Cisjordania.

Como nadie tiene la intención de otorgar los mismos derechos a los palestinos, Israel se declarará un Estado de apartheid. Dos pueblos, uno con todos los derechos y el otro sin ninguno, desde el podio de la Knéset y la ONU también. ¿Es demasiado ingenuo u optimista creer que la mayor parte del mundo no permanecería en silencio, así como un gran número de israelíes? ¿Hay alguna alternativa realista? Entonces dejad de tener miedo y dejad que se anexen.

Por Gideon Levy | 15/05/2020

Traducido del inglés para rebelión por J. M

Fuente: https://www.haaretz.com/opinion/.premium-let-israel-annex-the-west-bank-it-s-the-least-worst-option-for-palestinians-1.8833755

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Miércoles, 13 Mayo 2020 08:18

La calle es la clave

La calle es la clave

Las calles vacías han puesto en evidencia que el espacio público es imprescindible para la cohesión social y aquello que nos mantiene unidos como comunidad.

 

“La calle es la clave, la clave es la calle”

(Club de los Poetas Violentos) - La saga continúa 24/7 (1997)

 

Esta crisis sanitaria del Covid-19 había sido anunciada, y con esa misma esencia premonitoria está revelando de manera cruda tantas realidades e intuiciones que habían sido enunciadas por muchos las últimas décadas; desde la importancia vital de los servicios públicos a la interdependencia social para mantener los cuidados, pasando por la necesaria revisión de nuestra relación con el planeta. Pero hay una cuestión que me parece transcendental y absolutamente tranversal a casi todos los ámbitos a los que esta crisis afecta, y es la revelación del espacio público como mecanismo para la garantía de derechos, reequilibrio de oportunidades y cohesión social.

Con casi la mitad de la población mundial confinada en los momentos más duros de la pandemia, las calles vacías han puesto en evidencia cómo el espacio público es imprescindible para que tengan lugar todas aquellas actividades que favorecen la cohesión social y nos mantienen unidos como comunidad.

El espacio público se muestra más que nunca necesario para garantizar las relaciones sociales y equilibrar déficits y desigualdades entre las condiciones de la vivienda a la que cada persona tiene acceso, por desgracia mucho más precarias de lo que sería deseable, el espacio público es en estos casos, condición de reequilibrio de las posibles carencias: superficie, soleamiento, aire, o simplemente espacio para desenvolver encuentros que hoy en día no son posibles en muchas viviendas.

El acceso al espacio público es imprescindible especialmente para las personas más vulnerables, pequeñas y mayores. Para las primeras, es necesario para su desarrollo personal, su autonomía, su educación y aprendizaje. Basta recordar para entenderlo, todo aquello que cada uno de nosotros ha vivido y aprendido en el espacio público, individual o colectivamente, interactuando con los demás. Que este ámbito de crecimiento no desaparezca ni se limite sino que aumente y se enriquezca, es básico también para que la conciliación sea posible y la brecha de género no se dispare, especialmente en estos momentos de incertidumbre respecto a la asistencia escolar reglada o los nuevos modelos laborales. Un espacio público rico y seguro es clave para una educación plena.

En el caso de los mayores, el espacio público seguro, que garantice la accesibilidad universal, es clave para la independencia y la autonomía personal, clave para otro modelo vital distinto al de la residencias de ancianos al que hemos condenado a muchos de nuestros mayores. No olvidemos que las residencias que permiten una vida, son aquellas que cuentan con servicios básicos a su alrededor, y por lo tanto una conectividad natural con el espacio público que las circunda.

Son dos ejemplos, quizás los más extremos de como una ciudad que piensa en los más vulnerables es una ciudad pensada para todas las personas.

Todo apunta a que esta realidad pandémica, y la percepción social que ha generado, han venido para quedarse, cuando menos mientras no consigamos una vacuna con garantías, o hasta que llegue la siguiente ola. Esto debería hacernos estar alerta para que el argumento de la seguridad sanitaria no sea una razón para la desdemocratización del espacio público a través del control social, y pensar que las actuales circunstancias son una oportunidad para mejorar la calidad del espacio urbano y facilitar su uso. Una oportunidad para que se visibilice el desequilibrio existente en el uso del espacio público entre el coche y el peatón, y de como otro uso del espacio libre es posible, para que las modificaciones que se están realizando en el espacio público en muchas partes del mundo puedan convertirse en definitivas, consolidar un reparto más justo del escaso espacio de nuestras ciudades y marcar las pautas del diseño urbano en el futuro, especialmente en los barrios más densos con una menor proporción de zonas libres per cápita y habitualmente con unos estándares de vivienda más precarios.

La mejor manera de conseguir un uso verdaderamente democrático del espacio es a través de una ciudad que favorezca la proximidad, donde sea posible realizar una vida plena en tu entorno inmediato, desde el ocio al trabajo pasando por la educación, la salud o la consecución de bienes de primera necesidad. Para conseguir esa ciudad próxima es preciso ejecutar intervenciones en el espacio público que garanticen su uso seguro y cómodo para todas las personas, especialmente las más vulnerables, con actuaciones de mejora que entrelacen los espacios de uso diario (servicios locales, equipamiento, espacios de ocio ...) dando continuidad a las rutas peatonales principales y conectando las diferentes partes de la ciudad, especialmente los barrios periféricos entre si, barrios que muchas veces han sido aislados del resto de la ciudad y de su entorno inmediato por la construcción de grandes infraestructuras pensadas especialmente para el transporte privado. Esta búsqueda de la conectividad es clave para acabar con la dicotomía centro/periferia y la dependencia de usos y funciones que los barrios sufren por el modelo urbano predominante.

Para conseguir esta ciudad de proximidad es esencial el ámbito de la movilidad sostenible y segura. Para evitar la dependencia del vehículo privado, es necesario favorecer y potenciar todas las alternativas posibles de las que por orden de eficiencia, universalidad y economía de recursos. Enumero las tres que considero prioritarias:

Favorecer la movilidad peatonal, extendiendo la sección de aceras que soportan tráfico peatonal alto, peatonalizando aquellas calles donde es posible la desaparición o compatibilización del tráfico vehicular con los peatones, ampliando el espacio peatonal en los accesos y alrededores de equipamientos y servicios que conllevan una alta concentración de personas, garantizando la accesibilidad universal en el espacio público, con especial atención a la resolución de barreras arquitectónicas, especialmente al ensanchamiento de aceras estrechas que hacen imposible garantizar la distancia espacial entre las personas.

Potenciar el uso de la bicicleta, como medio de transporte sostenible unipersonal, posibilitando rutas seguras, aumentando las dotaciones y régimen de oferta para el estacionamiento, implementando servicios públicos de bicicleta con asistencia al pedaleo y garantizando la universalidad de su uso, favoreciendo el acceso a las personas más vulnerables, independientemente de su condición física o económica.

Garantizar acceso al transporte público colectivo, especialmente en las circunstancias actuales en las que se prevé una reducción en su uso debido a las cautelas sanitarias. Para suplir esa menor ocupación de los vehículos, es necesario un aumento de la oferta de transporte público, ya sea con una nueva flota móvil o con un mayor uso de la flota móvil existente, por medio de recorridos prioritarios y prioridad en las intersecciones, la reducción del impacto de la hora punta mediante la regulación de los horarios de entrada y salida de los principales centros de trabajo, grandes empresas, administraciones y centros educativos de cualquier ámbito, así como unos protocolos de desinfección de vehículos y medidas de higiene que eviten la desconfianza hacia estos medios de transporte.

La salida de esta crisis tiene que ser comunitaria y solidaria, como ya se está demostrando de manera empírica con el trabajo de todas esas personas, desde las cajeras a las transportistas, repartidoras o sanitarias, que están manteniendo la sociedad en equilibrio, en muchos casos a pesar de una gran precariedad propiciada por las políticas de austeridad de los últimos años. La potenciación de lo común tiene que ser el camino también respecto al espacio público, lo peor que nos podría pasar sería que en adelante prolifere el control social del espacio público o el modelo de comunidades cerradas y apartadas, más dañino social y ecológicamente.

La forma de la ciudad es el resultado de las luchas de intereses y las circunstancias del paso de la historia, pero los ejemplos positivos parten siempre de la construcción colectiva. Esta situación dejará su huella, en las ciudades ya lo está haciendo con multitud de intervenciones de reconquista del espacio libre a favor del peatón. Los conos y la pintura nos están demostrando empíricamente que cuanto más amable es la ciudad, cuanto más fácil es recorrerla sin depender del vehículo privado, menos necesario es este, y menos espacio libre consume. Un círculo virtuoso.

Aprovechemos la ola e intentemos que de alguna manera sea positiva, convirtiendo las actuaciones provisionales en definitivas, para que en el futuro tengamos más y mejor espacio público, libre y para todas.

Por XIAO VARELA GÓMEZ

ES ARQUITECTO Y EXCONCEJAL DE REGENERACIÓN URBANA Y DERECHO A LA VIVIENDA EN A CORUÑA POR LA MAREA ATLÁNTICA (2015-2019)

13 MAY 2020 06:51

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