Representación artística del robot al momento de descender en el cuerpo celeste a investigarFoto Afp

Recolectar alrededor de 60 gramos de partículas del cuerpo celeste, el objetivo // La masa exacta se conocerá hasta el sábado

 

Washington. La sonda estadunidense Osiris-Rex entró brevemente en contacto este martes con el asteroide Bennu, tal como estaba previsto, confirmó la NASA, aunque el nivel del éxito de la operación de toma de muestras no se conocerá hasta dentro de algunos días.

"Aterrizaje confirmado", "Muestreo terminado", anunció la agencia espacial durante la retransmisión en vivo de las operaciones, arrancando una ovación entre el equipo al terminar esta intervención de algunos segundos, que llega más de cuatro años después del lanzamiento de la sonda.

"Todo fue perfecto", explicó minutos más tarde Dante Lauretta, jefe de la misión, emocionado.

"Escribimos una página de la historia esta tarde", añadió.

Tras arrojar nitrógeno comprimido a la superficie de Bennu, el brazo del robot debía recoger las partículas de menos de 2 centímetros de diámetro. El objetivo era acumular al menos 60 gramos durante esos pocos segundos, lo que sería la mayor muestra extraterrestre recogida desde las misiones lunares Apolo.

Sin embargo, la masa exacta de la muestra no se conocerá hasta sábado.

Hasta ahora, Osiris-Rex sólo ha podido enviar mensajes de confirmación, pero ninguna imagen: la sonda apenas lo hizo la noche del martes al miércoles, en cuanto regrese a su órbita y se encuentre a distancia segura del asteroide, tras cargar las baterías.

En las próximas horas y días, enviará numerosos datos e imágenes que darán una estimación del resultado de la toma de muestras.

Existe la posibilidad de que el brazo de la sonda no se haya podido posar sobre una superficie plana y aspirar el polvo, por ejemplo si ha caído sobre una gran roca.

En caso de fracaso, se podría decidir hacer un nuevo intento, en otro punto, en enero.

"En realidad no podemos aterrizar en la superficie de Bennu, así que sólo se besó la superficie", agregó Beth Buck, de Lockheed Martin.

El interés de analizar la composición de los asteroides del sistema solar se basa en que están hechos de los mismos materiales que formaron los planetas.

Es "casi una piedra Rosetta, algo que está ahí fuera y cuenta la historia de toda nuestra Tierra, del sistema solar durante los pasados miles de millones de años", aseguró Thomas Zurbuchen, científico jefe de la NASA.

Las muestras regresarán a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, con un aterrizaje planeado en el desierto de Utah. Con ese material, los laboratorios podrán llevar a cabo análisis mucho más potentes de sus características físicas y químicas, informó Lori Glaze, directora de la división de ciencia planetaria de la agencia espacial estadunidense.

Bennu no es un asteroide liso, cubierto por una "playa" inofensiva de arena fina, que esperaba la NASA. En realidad, se eligió porque está convenientemente cerca y es antiguo: los científicos estiman que se formó en los primeros 10 millones de años de la historia del sistema solar, hace 4 mil 500 millones de años.

(Con información de Ap)

Unsplash/Nicolas Lobos, CC BY-SA

Hace décadas que el gran divulgador Carl Sagan imaginó magistralmente diferentes ambientes para la vida en un sistema solar que poco a poco íbamos descubriendo. En tiempos recientes, las especulaciones han ido dejando paso a evidencias firmes de que algunos de estos entornos tienen el potencial de albergar hábitats extraños pero sospechosamente familiares. Los últimos datos científicos nos permiten enfocar la búsqueda hacia los lugares que parecen más probables.

En las últimas semanas, varias noticias han dibujado tres situaciones muy distintas. El fosfano en Venus nos invita a pensar en formas de vida suspendidas a gran altura, en un hábitat completamente aéreo. Apenas unos días más tarde se anunciaban nuevos resultados sobre Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que enfatizaban la idea de un océano encapsulado. Finalmente, Marte volvió a presentar su candidatura para la habitabilidad con la confirmación de lagos de agua líquida y salada bajo su superficie.

¿Vida en las nubes, en un océano atrapado por el hielo o en lagos subterráneos? No son lugares tan extraños como podría parecer.

Las posibilidades de Venus han sido muy comentadas recientemente. Los autores del descubrimiento de fosfano han mostrado también un posible ciclo de vida que permitiría el mantenimiento de microbios en una biosfera aérea. Esta hipótesis ya había sido discutida con anterioridad y permite abrir diversas líneas de investigación en el ambiente terrestre. Las hipótesis que se manejan para Venus implican la vida contenida en el interior de las gotas de las nubes para compensar tanto la acidez como la enorme falta de agua en nuestro vecino.

Encélado es una luna compuesta básicamente por agua, cubierta de hielo en el exterior. En su interior, la fricción generada por las mareas de Saturno proporcionarían la fuente de energía necesaria para crear un gigantesco océano encapsulado. Esta situación sería similar a la de otros satélites, como Europa, en Júpiter.

En 2005, la sonda Cassini detectó la presencia de un géiser de agua. Desde entonces se ha intentado determinar por diferentes métodos cuál es la proporción de ingredientes como sal, urea, o amoníaco tanto por favorecer como por perjudicar la posible presencia de seres vivos.

Un reanálisis profundo de los datos acumulados durante 13 años por Cassini ha permitido detectar regiones más finas y jóvenes alrededor de las "rayas de tigre" que muestra Encélado. Estas zonas podrían estar relacionadas con puntos calientes en el océano profundo, tal vez, como en la Tierra, volcanes o fumarolas.

El ambiente volcánico submarino ha sido señalado como el posible origen de la vida en la Tierra y es el sueño de cualquier astrobiólogo, dado que permite tanto buscar vida fuera de la Tierra como estudiar nuestro propio origen. El análogo terrestre más cercano sería el lago Vostok, en la Antártida. Si recordamos el enorme esfuerzo que supuso acceder al propio lago bajo apenas un par de kilómetros de hielo queda clara la enorme complejidad de acceder al posible hábitat de Encélado, bajo una corteza tal vez diez veces más gruesa.

Marte, el eterno candidato

Por último, Marte aparece siempre en la astrobiología, no solo por las más que firmes pruebas de la presencia continuada de agua líquida en su superficie, sino también porque la exploración de sus potenciales hábitats, tanto presentes como pasados, es quizá una de las más sencillas.

Recientemente, la misión Mars Express ha confirmado la detección previa de lagos enterrados un kilómetro y medio bajo la superficie. Aunque se sigue debatiendo la interpretación de las observaciones, agua con una elevada salinidad podría permanecer líquida en esas condiciones, al abrigo de algunas de las dificultades que ofrece la superficie del planeta rojo, como son los cambios extremos de temperatura y la indefensión ante la radiación solar.

Las posibilidades marcianas de los organismos halófilos, adictos a los ambientes salados, se han estudiado por su potencial para generar metano, el gas biomarcador que parece haber sido detectado en el planeta rojo.

Estos tres ambientes, tan aparentemente diferentes, tienen en común sus analogías con la Tierra y son por lo tanto escenarios muy sugerentes donde buscar formas de vida sencilla en nuestro vecindario galáctico. Todos ellos cuentan con sus propias limitaciones, pero también con un gran potencial para incrementar nuestro conocimiento sobre cómo la vida pudo prender y prosperar en nuestro propio planeta.

 

Por Santiago Pérez Hoyos

Investigador Doctor Permanente - Astronomía y Astrofísica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

17/10/2020  

Firman ocho países los Acuerdos Artemis para la exploración de la Luna

Buscan determinar zonas de seguridad para evitar conflictos entre las naciones que operen en el satélite y se permitiría a empresas privadas que sean propietarias de los recursos que extraigan

 

Washington. Ocho países firmaron un pacto internacional para la exploración lunar llamado Acuerdos Artemis, anunció la NASA ayer, en un momento en que ésta busca fijar los estándares para edificar asentamientos a largo plazo en la superficie del satélite terrestre.

Los acuerdos, que reciben su nombre del programa lunar Artemis de la NASA, buscan ampliar la ley espacial internacional vigente, estableciendo zonas de seguridad que rodearían a futuras bases lunares para evitar conflictos entre los estados que operen allí, al tiempo que permitirían que compañías privadas sean propietarias de los recursos que extraigan.

Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Luxemburgo, Italia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos firmaron los acuerdos bilaterales durante una conferencia anual espacial, tras meses de negociaciones en un intento estadunidense de crear aliados bajo su plan de volver a enviar astronautas a la Luna en 2024.

Lo que intentamos hacer es determinar normas de comportamiento que puedan aceptar todas las naciones, sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, a los medios. Según indicó, los acuerdos son coherentes con un tratado de 1967 que indica que la Luna y otros cuerpos celestes están exentos de reclamaciones nacionales de propiedad.

Estamos haciendo operativo el Tratado del Espacio Exterior con el propósito de crear la coalición humana más amplia, inclusiva y grande de viajes espaciales en la historia de la humanidad, destacó Bridenstine.

El gobierno de Donald Trump y otros países con capacidad de vuelo espacial ven la Luna como un activo estratégico. También tiene valor para una investigación científica a largo plazo que podría permitir futuras misiones a Marte, actividades que entran bajo el régimen de la ley espacial internacional, considerada en general como desfasada.

En 2019, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, dio instrucciones a la NASA para el regreso de astronautas a la Luna en 2024 –reduciendo a la mitad el cronograma previo de la agencia– y establecer una presencia humana a largo plazo en el satélite.

Italia contribuirá al programa con el suministro de módulos habitables para la tripulación y con la prestación de servicios de telecomunicación.

Según Riccardo Fraccaro, subsecretario del Consejo de Ministros de Italia, es “una firma histórica, porque abre un capítulo nuevo y apasionante en la exploración espacial, 50 años después del primer desembarco en la Luna.

Este documento nos permitirá a nosotros y a las generaciones futuras una exploración pacífica, segura y sostenible del espacio para mejorar la vida en la Tierra, añadió.

Ensayan en Texas tecnología de alunizaje

Por otro lado, la empresa Blue Origin, de Jeff Bezos, lanzó ayer un cohete New Shepard por séptima vez desde un rincón remoto de Texas para ensayar una nueva tecnología de alunizaje de la NASA.

El vuelo, que alcanzó una altura máxima de 106 kilómetros, duró 10 minutos. El cohete impulsor regresó al centro de lanzamiento y lo siguió la cápsula, que cayó en paracaídas en el desierto.

La cápsula transportó experimentos científicos, además de 1.2 millones de semillas de tomate que serán entregadas a niños de Estados Unidos y Canadá, así como decenas de miles de tarjetas postales con dibujos de temática espacial que serán devueltos a los jóvenes remitentes.

El cohete impulsor llevaba equipo de navegación de la NASA para futuros alunizajes. Los sensores y la computadora –ensayados durante el descenso de la nave– tendrán un nuevo viaje suborbital con Blue Origin. Es parte del programa Artemis de la NASA que busca enviar a la primera mujer y un hombre a la Luna.

(Con información de Ap y Sputnik)

El Nobel de Física, a Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez por sus trabajos sobre los agujeros negros

 

Sus investigaciones han contribuido a revelar el secreto más oscuro de la Vía Láctea, declaró el jurado

 

Estocolmo. El británico Roger Penrose, el alemán Reinhard Genzel y la estadunidense Andrea Ghez fueron galardonados este martes con el premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre "los agujeros negros", de los que nada se escapa, ni siquiera la luz.

La Real Academia de las Ciencias sueca concedió la mitad del premio a Penrose, de 89 años, por demostrar "que la formación de un agujero negro es una predicción sólida de la teoría de la relatividad general" y la otra mitad a Genzel, de 68, y Ghez, de 55, por descubrir "un objeto compacto y extremadamente pesado en el centro de nuestra galaxia", explicó el jurado.

Ghez es la cuarta mujer que gana un Nobel de Física, el más masculino de los seis prestigiosos galardones, una distinción que la científica afirmó tomarse "muy en serio".

"Estoy encantada de poder servir de modelo para las mujeres jóvenes que se plantean ir hacia este ámbito", sostuvo.

Aunque a muchos nos fascina, "muy pocas personas entienden lo que es un agujero negro. Las leyes de la física cerca de uno son tan diferentes de las que operan en la Tierra, es muy difícil de conceptualizar", admitió la astrónoma, quien reside en California.

Entidad de la que nada escapa

Penrose ha utilizado desde 1965 las matemáticas para probar que los agujeros negros pueden formarse y convertirse en una entidad de la que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Sus cálculos demostraron que son una consecuencia directa de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein.

El científico británico era cercano a su célebre compatriota astrofísico Stephen Hawking, fallecido en 2018. Un Nobel para él habría sido "bien merecido", comentó el profesor en una rueda de prensa.

Juntos "probaron matemáticamente que cuando una estrella muy masiva colapsa, termina en agujero negro", explicó Luc Blanchet, del Instituto de Astrofísica de París.

Desde los años 90, Genzel y Ghez han investigado conjuntamente el centro de la Vía Láctea, donde comprobaron la existencia de un agujero negro supermasivo, bautizado Sagitario A*.

Utilizando los mayores telescopios para estudiar las órbitas de las estrellas cercanas, comprobaron matemáticamente mediante la atracción gravitacional la existencia de un objeto invisible y con una masa equivalente a unas 4 millones de veces la del Sol.

Los estudios de estos científicos han contribuido a conocer "el secreto más oscuro de la Vía Láctea", aclamó el jurado.

La canciller alemana, Angela Merkel, a través de su portavoz, expresó su "gran agradecimiento" a su compatriota Genzel por su "trabajo pionero".

En el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre, Genzel contó haber derramado "algunas lágrimas", pensando que debía esperar muchos años para la distinción. "Una de las cualidades que un investigador necesita para ganar un Nobel es vivir mucho", bromeó.

Los agujeros negros supermasivos son un enigma de la astrofísica, sobre todo por la manera en que llegan a ser tan grandes, y su formación centra muchas investigaciones. Los científicos piensan que devoran, a una velocidad inaudita, todos los gases interestelares que los rodean.

Una primera imagen revolucionaria de estos fenómenos cósmicos fue revelada al mundo en abril de 2019 por un equipo internacional del Event Horizon Telescope, que registro las radiaciones emitidas por el disco de acreción que rodea al agujero negro en el centro de la Galaxia M87, a más de 50 millones de años luz de la Tierra.

"Es la edad de oro para la investigación sobre los agujeros negros", declaró Shep Doeleman, director del proyecto.

En 2019, el Nobel de Física fue para tres cosmólogos, el canadiense-estadunidense James Peebles, quien siguió los pasos de Einstein para aclarar los orígenes del universo, y los suizos Michel Mayor y Didier Queloz, quienes revelaron la existencia de un planeta fuera del sistema solar.

Los Nobel se están anunciando esta semana como estaba previsto, pero debido a la pandemia se canceló la ceremonia de entrega de los premios, programada para el 10 de diciembre en Estocolmo.

Los galardonados recibirán el premio en su país de residencia.

El lunes, el de Medicina fue otorgado a los estadunidenses Harvey Alter y Charles Rice, con el británico Michael Houghton, por su sus hallazgos sobre el virus causante de la hepatitis C. Este miércoles se anunciará el de Química, el jueves el de Literatura, el viernes el de la Paz y el lunes el de Economía.

© Foto : Pixabay/geralt

Cosmólogos de la Universidad de California en Riverside utilizaron una serie de herramientas y una nueva técnica para calcular cuánta materia hay en el universo.

 

Para calcularla, los científicos primero contaron la materia en una sola galaxia observando cómo órbita las galaxias vecinas, y luego escalaron la cantidad para todo el universo. 

El equipo descubrió que la materia constituye el 31% del universo, el resto es energía oscura, una "forma desconocida de energía" que los científicos aún no entienden.

Según los autores del estudio, de ese 31%, el 80% lo constituye la materia oscura, una sustancia que solo se detecta a través de sus interacciones gravitacionales con otra materia. La cantidad de materia conocida —el gas, el polvo, las estrellas, las galaxias y los planetas— constituye solo el 20%.

Determinar exactamente cuánta materia hay en el universo no es una tarea fácil, explicaron los cosmólogos, al indicar que depende tanto de las observaciones como de las simulaciones.

"Hemos tenido éxito en hacer una de las medidas más precisas jamás hechas usando la técnica de cúmulos de galaxias", afirmó la coautora Gillian Wilson.

Este fue el primer uso de la técnica de la órbita de las galaxias, que implica determinar la cantidad de materia en una sola galaxia mirando cómo orbita otras galaxias. 

Como parte de su medición, el equipo comparó sus resultados con otras predicciones y simulaciones para obtener una cifra que "parecía perfecta".

"Un mayor porcentaje de materia daría como resultado más cúmulos", explicó el autor principal, Mohamed Abdullah.

"Pero es difícil medir la masa de cualquier cúmulo de galaxias con precisión porque la mayor parte de la materia es oscura y no podemos verla con telescopios", agregó.

La materia oscura es una sustancia relativamente desconocida que se cree que es el pegamento gravitacional que mantiene las galaxias juntas. Los cálculos muestran que muchas galaxias se separarían en lugar de rotar si no se mantuvieran unidas por una gran cantidad de materia oscura. Nunca ha sido observada directamente y solo puede ser vista a través de su interacción gravitacional con otras formas de materia. 

Para superar esta dificultad, los astrónomos desarrollaron GalWeight, una herramienta cosmológica para medir la masa de un cúmulo de galaxias usando las órbitas de sus galaxias miembros.

Con ayuda de esta herramienta, los investigadores crearon un catálogo de cúmulos de galaxias. Finalmente, compararon el número de cúmulos en su nuevo catálogo con simulaciones para determinar la cantidad total de materia en el universo. 

"Una gran ventaja de usar nuestra técnica de órbita de galaxias GalWeight fue que nuestro equipo pudo determinar una masa para cada cúmulo individualmente en lugar de depender de métodos estadísticos más indirectos", reveló el tercer coautor, Anatoli Klipin.

04:05 GMT 30.09.2020URL corto

Los hallazgos se han publicado en el Astrophysical Journal. 

La superficie del segundo planeta del sistema solar está a 864º F (462º C), ¡tan caliente como para derretir plomo! Foto: dottedhippo/iStock.

Este lunes se dio a conocer que en lo alto de la atmósfera de Venus se halló fosfina (PH3), uno de los potenciales marcadores biológicos y sustancias químicas que pueden evidenciar la presencia de organismos microbianos. Los científicos no afirman que su descubrimiento signifique que en las capas altas de la atmósfera de Venus hay vida y solo indican que la presencia de la fosfina muestra que en el planeta puede haber procesos químicos desconocidos para la ciencia.

La fosfina es un gas tóxico que no tiene color ni olor en estado puro, y en la Tierra está asociado con entes orgánicos. La inhalación de este gas, y sobre todo la exposición prolongada al mismo, puede causar náuseas, vómitos, bronquitis, falta de aliento, convulsiones, edema pulmonar, daño del hígado, problemas de la vista y del habla e incluso la muerte.

Se conocen solo dos formas de obtener la fosfina: en el proceso industrial —el gas se produjo para su uso como agente de guerra química en la Primera Guerra Mundial—, y como parte de algún tipo de función poco conocida en animales y microbios. Algunos científicos lo consideran un producto de desecho, mientras que otros no.

Los productos de fosfina, utilizada hoy en día en las industrias de los plásticos y semiconductores y también como insecticida en granos almacenados y para fabricar retardantes de llamas, huelen a ajo o a pescado podrido.

La Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EE.UU. (ATSDR, por sus siglas en inglés) indica que la fosfina puede inflamarse y explotar a temperatura ambiente, y en pequeñas cantidades puede surgir de forma natural a partir de la degradación de materia orgánica.

¿Qué tiene que ver con la vida extraterrestre?

Como en la Tierra la fosfina puede ser producto de microorganismos anaerobios, en 2019 la propusieron para considerar como una biofirma para buscar la vida en exoplanetas. El gas cumple con la mayoría de los criterios para ser catalogado de esta manera, pero su detección es bastante difícil.

La atmósfera de Venus contiene muchos compuestos de azufre y prácticamente carece de vapor de agua y oxígeno, lo que la convierte en un lugar extremadamente inadecuado para la aparición de formas de vida proteínicas, pero existen teorías que aceptan la posibilidad de que algunos microorganismos podrían adaptarse a las condiciones tan extremas y vivir en las capas altas de la atmósfera del planeta gracias a complejas reacciones químicas.

Las biofirmas —y la presencia de la fosfina sigue siendo un potencial marcador biológico— pueden ayudar a confirmar o refutar esta hipótesis. En el caso de Venus, los propios investigadores que formaron parte del estudio subrayaron que la detección de este gas no puede considerarse como una evidencia sólida de la presencia de vida microbiana, y únicamente apunta a procesos geológicos o químicos potencialmente desconocidos para la comunidad científica.

No obstante, el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, ha calificado el hallazgo de un "avance más significativo hasta ahora en sustanciar el caso de la vida fuera de la Tierra". "Hace unos diez años la NASA descubrió vida microbiana a 120.000 pies en la atmósfera superior de la Tierra. Es hora de dar prioridad a Venus", escribió en su cuenta de Twitter.

15 septiembre 2020

(Con información de AP y RT)

Simulación de una fusión de agujero negro binario.Foto Afp

 

Descubren la colisión de dos hoyos negros que creó uno nuevo de tamaño jamás visto // Tardó 7 mil millones de años en revelarse a la ciencia

 

Washington. Los agujeros negros no dejan de causar extrañeza, incluso a los astrónomos. Acaban de detectar la señal de una antiquísima colisión violenta de dos de ellos que creó uno nuevo de tamaño jamás visto.

“Es la explosión más violenta desde el Big Bang que haya observado la humanidad”, señaló Alan Weinstein, del Instituto Tecnológico de California y miembro del equipo que efectuó el descubrimiento.

Demoró 7 mil millones de años en revelarse a la ciencia: un agujero negro masivo de un nuevo tipo, fruto de la fusión de dos agujeros negros, fue observado directamente por primera vez gracias a las ondas gravitacionales, anunciaron ayer dos estudios.

Este hallazgo constituye la primera prueba directa de la existencia de agujeros negros de masa intermedia (entre 100 y 100 mil veces más masivos que el Sol) y podría explicar uno de los enigmas de la cosmología, esto es, la formación de estos objetos supermasivos presentes en varias galaxias, incluida la Vía Láctea.

¡Es una puerta que se abre sobre un nuevo paisaje cósmico!, se felicitó en rueda de prensa Stavros Katsanevas, director de Virgo, uno de los dos detectores de ondas gravitacionales que captaron las señales de este nuevo agujero negro.

Se trata de regiones del espacio tan densas que ni siquiera dejan escapar la luz. Los observados hasta ahora eran de dos tamaños en general. Unos son “pequeños”, llamados agujeros negros estelares, formados cuando se colapsa una estrella y su tamaño es alrededor del de una ciudad pequeña. Los otros son los supermasivos, millones o miles de millones de veces más masivos que el Sol, en torno de los cuales giran galaxias enteras.

Según estimaciones de los astrónomos, no tenía sentido que los hubiera de dimensiones intermedias porque las estrellas que crecían demasiado antes de colapsar se consumen sin dejar agujeros negros.

Según los científicos, el colapso de una estrella no podía crear un agujero negro estelar mucho mayor que 70 veces la masa de nuestro Sol, explicó Nelson Christensen, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

Sin embargo, en mayo de 2019 dos detectores captaron una señal que resultó ser la energía de dos agujeros negros estelares –cada uno de ellos demasiado grande para ser un estelar– que chocaban entre sí. Uno tenía 66 veces la masa de nuestro Sol y el otro 85 veces.

Resultado de ello fue el primer agujero negro intermedio que se haya descubierto con 142 veces la masa del Sol.

En la colisión se perdió una enorme cantidad de energía bajo la forma de una onda gravitatoria, que viaja por el espacio a la velocidad de la luz. Esa es la onda que captaron el año pasado los físicos en Estados Unidos y Europa por medio de detectores llamados LIGO y Virgo. Tras descifrar la señal y verificar el trabajo, los científicos publicaron los resultados este miércoles en las revistas Physical Review Letters y Astrophysical Journal Letters.

Debido a que los detectores permiten captar las ondas gravitatorias como señales de audio, los científicos pudieron escuchar la colisión, que por ser tan violenta y dramática, duró apenas una décima de segundo.

“Suena como un golpe sordo, no como gran cosa en un parlante”, concluyó Weinstein.

(Con información de Afp)

Hicieron una importante contribución al planeta azul en su formación. La gráfica fue tomada de un video captado por un conjunto de radiómetros de imágenes infrarrojas visibles. Foto Afp

 

Hallaron en condritas de enstatita suficiente hidrógeno como para proveer con al menos tres veces la masa del líquido de sus océanos

 

 El agua cubre 70 por ciento de la superficie de la Tierra y es una sustancia crucial para la vida, pero cómo llegó el líquido hasta aquí sigue siendo materia de debate científico.

Equipo de científicos franceses dio un paso para solucionar este añejo acertijo tras el anuncio en una publicación en la revista Science de que logró identificar las rocas espaciales que pudieron traer el agua a la Tierra.

La cosmoquímica Laurette Piani, quien lideró la investigación, señaló que, al contrario de teorías prevalecientes, el agua del planeta podría haber estado contenida en sus bloques esenciales.

Según los primeros modelos que explican la formación del sistema solar, los grandes discos de gas y polvo que se arremolinaban alrededor del Sol y terminaron formando los planetas interiores estaban demasiado calientes como para formar hielo.

Esto podría explicar las condiciones de esterilidad de Mercurio, Venus y Marte, pero no del planeta azul, con sus vastos océanos, una atmósfera húmeda y su geología bien hidratada.

La idea más frecuente es que el agua apareció en una etapa posterior, traída por un objeto extraterrestre, y los principales sospechosos son los meteoritos que poseen el líquido en abundancia, conocidos como condritas carbonáceas.

El problema, sin embargo, era que su composición química no coincide plenamente con la de las rocas de la Tierra.

Además, esas condritas se formaron en las afueras del sistema solar, lo que baja su probabilidad de haber golpeado al planeta cuando era joven.

Bloques fundamentales

Otro tipo de meteoritos, llamado condritas de enstatita, posee una composición química mucho más cercana, lo que indica que constituyen los bloques fundamentales que formaron la Tierra y los otros planetas interiores.

De estas rocas, que se formaron cerca del Sol, se asumía que eran demasiado secas para justificar las enormes reservas de agua del planeta.

Para probar si esa presunción era cierta, Piani y sus colegas de la Universidad de Lorraine utilizaron una técnica de medición llamada espectrometría de masas para cuantificar el contenido de hidrógeno en 13 condritas de enstatita.

Hallaron que las rocas contenían suficiente hidrógeno como para proveer a la Tierra con al menos tres veces la masa de agua de sus océanos.

También midieron los dos tipos de hidrógeno, conocidos como isótopos, porque la proporción relativa de éstos es muy diferente entre distintos cuerpos del sistema solar.

"Encontramos que la composición de hidrógeno isotópico de las condritas de enstatita es similar a la del agua almacenada en el manto terrestre", destacó Piani, quien comparó el hallazgo a una coincidencia en el ADN.

La investigación no excluye que más agua haya llegado luego de otras fuentes, como cometas, pero indica que las condritas de enstatita realizaron un aporte significativo a la cantidad del líquido de la Tierra en su etapa de formación.

El hallazgo "aporta un elemento crucial a este rompecabezas", escribió Anne Peslier, científica de la NASA, en una editorial que acompaña la publicación.

Vista global simulada por computadora del cuerpo celeste, elaborada en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA

Residen dentro de las gotas de las nubes // El planeta tiene una atmósfera similar a la de la Tierra

 

Un nuevo estudio astrobiológico concluye que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido en la atmósfera de Venus, que les permitirá sobrevivir durante quizá millones de años.

Con un demoledor efecto invernadero, una presión superficial aplastante y nubes de ácido sulfúrico, Venus ciertamente no es amigable para la vida tal como la conocemos, y las pocas naves espaciales que la humanidad ha enviado a su superficie sólo han resistido unos minutos.

Pero a unos 40 a 60 kilómetros sobre la superficie, la atmósfera de Venus es la más parecida a la de la Tierra que a la de cualquier otro lugar del Sistema Solar. Allí, ese planeta tiene una presión de aire de alrededor 1 bar y temperaturas en el rango de cero a 50 grados Celsius.

La pregunta de si los microbios podrían sobrevivir allí ha sido especulada durante mucho tiempo por científicos, desde Carl Sagan en 1967. Un estudio en 2004 analizó cómo el azufre podría ser utilizado por microbios como un medio para convertir la luz ultravioleta en otras longitudes de onda de luz que podrían usarse para la fotosíntesis. Uno más, en 2018, planteó que las manchas oscuras que aparecen en la atmósfera del planeta podrían ser algo similar a las floraciones de algas que ocurren de forma rutinaria en los lagos y océanos de la Tierra, informó Universe Today.

Análisis anteriores

Sin embargo, la mayoría de los estudios anteriores concluyeron que los posibles microbios en la atmósfera de Venus podrían tener sólo una vida útil corta: caerían a través de las nubes hacia la capa de neblina inferior y terminarían incinerados y/o aplastados por la presión atmosférica más alta que está más cerca de la superficie.

Un nuevo estudio de la astrobióloga Sara Seager, profesora en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, sugiere que los microbios podrían tener un "ciclo de vida" sostenido, que les permitirá sobrevivir quizá millones de años.

Ella investigó la posibilidad de que los microbios puedan vivir dentro de las gotas de la nube de ácido sulfúrico. "Suponiendo que la vida debe residir dentro de las gotas de las nubes, resolvemos el enigma posterior de las que se depositan gravitacionalmente y alcanzan regiones más calientes e inhabitables al proponer un ciclo de vida venusiano en el que es un paso crítico. Los microbios se secan para convertirse en esporas al alcanzar la capa de neblina inferior relativamente estancada, que llamamos un depósito con fugas. Las esporas secas residirían allí hasta que algunas puedan ser transportadas de regreso a las capas de nubes templadas y habitables, donde actuarían para promover la formación de nubes, y quedarían envueltas en gotas de nubes para continuar el ciclo de vida", escribió Seager en su artículo, publicado en la revista Astrobiology.

Ingenieros y técnicos del Centro Espacial Kennedy, en Florida, trabajan en el robot, considerado el más avanzado de la NASA hasta el momento.Foto Ap

El robot de la NASA viajará en el Atlas 5, cuyo lanzamiento está previsto para hoy // Probarán equipamiento a fin de producir oxígeno en el planeta rojo a partir de su atmósfera

 

La NASA comenzará este jueves una misión ambiciosa a Marte, con el lanzamiento del cohete Atlas 5 que llevará al planeta rojo a Perseverance, un robot de última generación, encargado de desplegar un mini helicóptero, probar equipos para futuras misiones humanas y buscar rastros de vida en el pasado.

A bordo del cohete, producido en una asociación de Boeing y Lockheed denominada United Launch Alliance, Perseverance llegaría a Marte en febrero.

La nave, parte de una misión de 2 mil 400 millones de dólares, despegará, según se programó, de Cabo Cañaveral, en Florida. Se trata del noveno viaje de la agencia espacial estadunidense a la superficie marciana. Emiratos Árabes Unidos y China también lanzaron sondas al planeta rojo este mes.

Perseverance se posará en el cráter Jezero, lago extinto de 3 mil 500 millones de años de antiguedad que los científicos sospechan podría contener evidencia de vida microbiana en el pasado de Marte.

"Es la primera vez en la historia que iremos a Marte con la misión explícita de encontrar vida en otro mundo", sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, en una conferencia de prensa realizada ayer.

Uno de los siete experimentos de Perseverance abordará en específico futuras misiones humanas a Marte.

Moxie (Mars Oxygen In Situ Resource Utilization Experiment) ayudará a prepararse para esas primeras misiones al demostrar que es posible producir oxígeno en Marte a fin de utilizarlo como propulsor para cohetes y para la tripulación cuando pise suelo marciano.

Moxie fue propuesto y desarrollado a través de una colaboración entre investigadores del Observatorio Haystack del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de esa institución (AeroAstro), junto con ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

En la película de 2015 The Martian (de Ridley Scott), el astronauta Mark Watney (Matt Damon) se queda varado en Marte, donde logró sobrevivir el tiempo suficiente para coordinar una misión que le permitiera encontrar a la tripulación de la nave. A partir de la cinta se muestra el principio básico detrás de la utilización de recursos in situ, o ISRU, y Moxie representa un primer paso importante en ese sentido para futuros exploradores del planeta rojo.

"La gente y los cohetes necesitan oxígeno. Si estos últimos queman combustible, lo requieren", destacó Michael Hecht, investigador principal de Moxie y director de investigación en el MIT.

Los lanzamientos consumen una gran cantidad de combustible: impulsar una nave espacial para salir de la atracción gravitacional de la Tierra requiere una gran cantidad de energía, y regresar al planeta, también.

Además, los tanques a fin de transportar el oxígeno necesario para una misión determinada ocupan un valioso espacio en una nave espacial cuidadosamente calibrada. Aquí es donde entra en juego el enfoque ISRU.

"En lugar de llevarlo, ¿por qué no hacerlo cuando llegamos allí?", preguntó Hecht. "El oxígeno existe en Marte, pero no de forma que podamos usarlo. Ese es el problema que tratamos de resolver con Moxie".

Una fuente potencial de oxígeno es el hielo que hay debajo de la superficie marciana. Sin embargo, extraerlo requeriría maquinaria compleja; cavar y perforar provocaría un desgaste significativo en el equipo, lo cual es un problema cuando una persona de reparación está en un planeta de distancia. Por fortuna, había otro recurso potencial que el equipo puede aprovechar para generar oxígeno: la atmósfera.

"La atmósfera marciana es de alrededor de 96 por ciento de dióxido de carbono, por lo que construimos un pequeño árbol mecánico".

El objetivo es recolectar el dióxido de carbono, convertirlo en oxígeno y medir la pureza de éste. Después, el sistema filtra el polvo, lo comprime y lo introduce en el electrolizador de óxido sólido, elemento clave que toma dióxido de carbono a presión y utiliza una combinación de electricidad y química para dividir la molécula en oxígeno. y monóxido de carbono. Se analiza la pureza del oxígeno, y luego se devuelve a la atmósfera marciana.

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