Esta imagen, publicada en 2017 por Nature Communication, muestra al planeta a través del tiempo: rojo, muerto y seco a la izquierda, y el mismo paisaje cubierto de agua, al principio de la historia del cuerpo celeste, hace más de 3 mil millones de años.Foto Afp

Electrolizador de salmuera proveerá 25 veces más de ese gas que Moxie, equipo que la NASA tiene programado utilizar

 

La NASA pretende aterrizar astronautas en Marte en la década de 2030, pero ahí el oxígeno es sólo 0.13 por ciento de la atmósfera, en comparación con el 21 de la terrestre y no es viable transportar suficiente oxígeno y combustible en una nave.

La forma en que la NASA planea abordar el problema es mediante Moxie (Mars Oxygen In-Situ Resource Utilization Experiment), un cubo del tamaño de una batería de auto, que pesa alrededor de 17 kilos y su principal objetivo es producir oxígeno a partir de la atmósfera marciana. El sistema está en fase de prueba en el robot Mars Perseverance, lanzado en julio. Convertirá el dióxido de carbono, que constituye 96 por ciento del gas en la atmósfera, en oxígeno.

Sin emargo, esta semana se presentó en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, un sistema de electrolisis para salmuera que ha demostrado la capacidad de extraer oxígeno e hidrógeno en las condiciones simuladas de la superficie marciana: -36 grados Celsius.

El planeta rojo es muy frío; el agua que no está congelada está casi con certeza llena de sal, lo que reduce su temperatura de congelación y complica la extracción de sus componentes fundamentales para sostener la vida o producir combustible.

Nuestro electrolizador de salmuera marciana cambia radicalmente la estimación logística de las misiones a Marte y más allá, señaló Vijay Ramani, líder del equipo de la Universidad de Washington en Saint Louis, autor del estudio.

Esta tecnología es igualmente útil en la Tierra, donde abre los océanos como una fuente viable de oxígeno y combustible, agregó en un comunicado.

Desde 2008 Mars Express, de la Agencia Espacial Europea, ha descubierto varios estanques subterráneos que permanecen en estado líquido gracias a la presencia de sal (perclorato de magnesio).

El sistema desarrollado en el laboratorio de Ramani puede producir 25 veces más oxígeno que Moxie usando la misma cantidad de energía, al mismo tiempo que hidrógeno, que podría usarse como combustible para el viaje de retorno de los astronautas.

Nuestro electrolizador de salmuera incorpora un ánodo de pirocloro de rutenato de plomo desarrollado por nuestro equipo junto con un cátodo de platino sobre carbono. Estos componentes, cuidadosamente diseñados, junto con el uso óptimo de los principios tradicionales de la ingeniería electroquímica, han producido este alto rendimiento, precisó Ramani.

Representación de la misión ClearSpace-1 de captura de una pieza de basura espacial. — ESA

La ESA toma la iniciativa al contratar a una pequeña empresa tecnológica suiza con la que colaborará la española Deimos.

Un vehículo espacial provisto de una pinza de cuatro dedos intentará atrapar un trozo grande de basura espacial a centenares de kilómetros de altura para quitarlo de en medio y que termine quemándose en la atmósfera. La primera operación de este tipo en el mundo, por ahora, está en marcha tras encargarla la Agencia Europea del Espacio (ESA) mediante un contrato a una pequeña empresa suiza por valor de 86 millones de euros.

"El mayor peligro para las misiones en órbita baja son las grandes piezas, las etapas de cohetes y adaptadores que llevaron a los satélites donde están", explicó Jan Woerner, director general de la ESA, en la presentación de la misión. "El espacio es nuestra infraestructura y la tenemos que mantener limpia, pero además es el mercado del futuro".

La ESA nunca había contratado servicios antes, así que el acuerdo con la empresa Clear Space también es un primer paso hacia un mercado espacial. "Es un nuevo papel para la ESA, la de cliente para servicios especiales. Convencimos a nuestros países socios para hacerlo y Suiza y otros siete países van a poner dinero en el proyecto. No queremos hacer una demostración sino una misión real", detalla Woerner.

Por eso se ha seleccionado un objetivo concreto, el adaptador cónico utilizado para el lanzamiento de dos satélites en 2013 en un cohete Vega y que tiene el tamaño de una lavadora y una masa de poco más de 100 kilogramos. Está ahora en una órbita elíptica de 800 por 660 kilómetros.

Clear Space es una empresa que nace del prestigioso EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana). Su fundador, Luc Piguet, explica que tras esta primera misión, prevista para 2025, esperan desarrollar nuevas posibilidades, como la de recoger varios trozos de basura espacial de una vez y también dar servicio a satélites en órbita para alargar su vida o repararlos.

La misión es atractiva pero arriesgada, explica Louisa Innocenti, de la oficina Clean Space, creada en ESA para reducir el impacto ambiental de las misiones espaciales: "Podemos detectar el trozo de basura espacial pero no sabemos cómo se mueve, hay que subir y observarlo a distancia. Cogerlo es todavía más difícil. Estamos cooperando con la industria y con universidades y es un sueño para todos nosotros". El plan es lanzar el vehículo ClearSpace-1 con un cohete Vega hasta los 500 kilómetros de altura, desde donde perseguirá al objeto a capturar.

La misión ClearSpace-1 se aprobó el pasado mes de noviembre en la reunión de nivel ministerial de los 22 países miembros de la ESA que se celebró en Sevilla. Al proyecto se han apuntado ya ocho países. España no está entre ellos pero Deimos, una empresa española de ingeniería espacial, estará presente en el consorcio que se está definiendo, a través de sus filiales en varios de los países participantes. El presupuesto total es de 100 millones de euros, de los que 86 millones pagará la ESA y el resto empresas e instituciones.

A pesar de que se trate de un contrato de servicios, la ESA se va a implicar en el proyecto dando soporte, debido a la importancia del tema. En Suiza se considera una oportunidad para desarrollar tecnología para el futuro mercado de limpiar la órbita baja de la Tierra, un mercado todavía por definir pero que nadie duda de que vaya a existir, si se tiene en cuenta la gran cantidad de basura espacial que se ha ido acumulando sin que hasta ahora se hayan establecido normas para evitar su aumento.

La misión ahora contratada es modesta pero indica una tendencia, la de que ya no se puede ignorar el peligro para todas las misiones espaciales de los 34.000 trozos de desechos de hasta varios metros que se estima que existen, a los que se suman más de un millón de diminutos residuos de entre diez y un centímetros y 128 millones todavía más pequeños. Las grandes piezas, incluidos los satélites que ya no funcionan, son consideradas las más peligrosas porque si chocan dos de ellas, como ya ha pasado, dan lugar a numerosísimos fragmentos.

El problema es grave. Se han lanzado a lo largo de la historia espacial (desde 1957) casi 6.000 cohetes, que han situado en el espacio unos 10.500 satélites, de los cuales permanecen en órbita casi 7.000 aunque solo unos 3.300 funcionan.

Además, se están empezando a lanzar enormes grupos de pequeños satélites para dar servicio de Internet, las llamadas megaconstelaciones, que van a suponer un gran dolor de cabeza tanto para las demás misiones espaciales como para los astrónomos. El director general de la ESA afirma que está tratando de convencer a las restantes agencias espaciales de que se obligue a los operadores a que cuenten con una solución para el caso de que falle el satélite: un sistema automático de salida de órbita, un contrato para sacarlo o que tengan que depositar en una de las agencias la cantidad suficiente para que se realice la operación. "Todavía no les he convencido de que es necesaria una regulación internacional pero la situación es insostenible y es necesario que nos pongamos de acuerdo", afirma.

Se espera que la mayor parte de los satélites y etapas de lanzadores futuros dispongan de sistemas automáticos para caer una vez concluida su vida útil o en caso de malfuncionamiento, pero la basura espacial ya existente sigue siendo un gran problema. Los expertos están especialmente preocupados por el satélite Envisat que precisamente lanzó la ESA y que no funciona desde 2012. Pesa ocho toneladas, es tan grande como un autobús y está en una zona densamente poblada de la órbita terrestre baja (a partir de los 600 kilómetros de altura) sin que se pueda manejar en absoluto.

Mucho más arriba, en la órbita geoestacionaria donde se encuentran los grandes satélites de telecomunicaciones, la situación no es mucho mejor, pero la densidad es mucho menor y los satélites son de mayor tamaño y se intentan trasladar a una órbita de aparcamiento cuando terminan su vida útil, lo que permite un mejor control.

madrid

08/12/2020 22:39

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

Aterriza una cápsula espacial con pistas sobre el origen del Sistema Solar. — EFE/EPA

 

La sonda Hayabusa2 fue lanzada al espacio en 2014 con el objetivo de alcanzar un asteroide de más de 4.600 millones de años. Éste tiene unas características muy ventajosas para poder conocer más detalles sobre la formación de nuestro planeta.

 

Tras recorrer unos 5.200 millones de kilómetros, la sonda nipona Hayabusa2 trajo este domingo a la Tierra una cantidad minúscula de muestras de un remoto asteroide que puede guardar muchos secretos del Sistema Solar, en una operación en la que, según dijeron sus responsables, "todo fue perfecto".

Hayabusa2 fue lanzada al espacio el 3 de diciembre de 2014 con un primer objetivo: alcanzar el asteroide Ryugu, que se formó hace unos 4.600 millones de años y que tiene unas características ventajosas para conocer la formación de nuestro Planeta.

Ryugu –nombre de un palacio mágico submarino del folclore nipón– tiene unos 900 metros de diámetro y una forma ligeramente cúbica y, como otros planetas menores, está considerado entre los cuerpos más antiguos del Sistema Solar.

Con un peso de unos 600 kilos y un tamaño de 1,6 metros en su lado mayor, Hayabusa2, al acercarse a la Tierra, se desprendió el sábado de una cápsula con muestras tomadas en Ryugu, y el aparato aterrizó este domingo en una zona desértica del sur de Australia.

"En el espacio todo fue perfecto. Y con el trabajo del equipo que recogió la cápsula todo fue perfecto", afirmó en una rueda de prensa catorce horas después del aterrizaje de la cápsula el director del proyecto Hayabusa2 de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), Yuichi Tsuda.

Hayabusa2 se ha pasado seis años navegando alrededor del Sol y su primer momento clave fue el 22 de febrero de 2019, cuando aterrizó por primera vez en Ryugu para tomar las primeras muestras de la superficie del asteroide.

Volvió a hacerlo el 11 de julio de 2019, después de que desde su órbita lanzara un proyectil para abrir un pequeño cráter en la superficie de Ryugu y, gracias a ello, poder tomar muestras subterráneas.

Aunque el peso total de las muestras no llega a un gramo, el hecho de que sean restos de la superficie y subterráneos puede permitir a los científicos tener mejores pistas sobre su composición, al no haber estado expuestas a los elementos las pruebas subterráneas.

De acuerdo con los científicos, en la formación de la Tierra el planeta estuvo demasiado próximo al Sol para que el agua pudiera condensarse, pero una vez se enfrió tanto agua como materiales orgánicos llegaron a la Tierra procedentes de asteroides como Ryugu.

El tercer paso clave de la misión se completó en las últimas horas al aterrizar en el sur de Australia la cápsula de la que se desprendió Hayabusa2 el sábado, y que entró a la atmósfera este domingo por la madrugada resistiendo temperaturas próximas a los 3.000 grados centígrados.

Gracias a una radiobaliza que portaba, la cápsula generó señales para su localización al aterrizar cayendo asistida por un paracaídas, y, al amanecer, un helicóptero la encontró al lado de un arbusto, esperando a ser recogida.

El aparato, de unos 30 centímetros de distancia, fue trasladado a instalaciones de la localidad australiana de Woomera, antes de que emprenda el viaje de regreso a Japón para que las muestras de Ryugu sean investigadas minuciosamente.

Tsuda dijo que durante la misión estaba confiado de su éxito, aunque no con exceso de confianza, revisando "cuidadosamente cada paso".

No contaban los responsables de la misión con la lluvia y los vientos fuertes que había en la zona del aterrizaje el sábado, un día antes de que llegara la cápsula, pero el tiempo mejoró y pudo completarse la misión con éxito.

En la misión han cooperado distintas instituciones internacionales, entre ellas la Agencia Espacial de Australia, cuya directora, Megan Clark, en declaraciones a los periodistas desde Woomera expresó su esperanza de que las muestras que llegaron del espacio permitan saber "cómo llegó el agua a nuestra Tierra".

Hayabusa2 llegó a acercarse a la Tierra hasta unos 7.000 kilómetros de distancia, pero después de desprenderse de la cápsula siguió con otra misión y un nuevo rumbo, esta vez hacia otro asteroide, este con el nombre de 1998KY26

Por Agustín de Gracia (EFE)

Trazan en Australia atlas del universo en sólo 300 horas

El Pathfinder, radiotelescopio de matriz de kilómetros cuadrados (Askap) de la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (Csiro), de Australia, trazó un atlas del universo con 3 millones de galaxias en sólo 300 horas.

Es como un mapa de Google del universo en el que la mayoría de los millones de puntos con forma de estrella son galaxias distantes; nunca habíamos visto alrededor de un millón.

Larry Marshall, director ejecutivo de Csiro, explicó en un comunicado que Pathfinder reunió una infraestructura de clase mundial con experiencia científica y de ingeniería para descubrir los secretos más profundos del universo.

"Aplica lo más reciente en ciencia y tecnología a antiguas preguntas sobre los misterios del universo y equipa a los astrónomos con nuevos avances para resolver sus desafíos", destacó.

“Todo está habilitado por receptores innovadores desarrollados por Csiro que cuentan con tecnología de alimentación de matriz en fase, que permite que el radiotelescopio genere más datos sin procesar a un ritmo más rápido que todo el tráfico de Internet de Australia.

"En un momento en el que tenemos acceso a más datos que nunca, el radiotelescopio y las supercomputadoras que lo respaldan brindan conocimientos incomparables y manejan las herramientas que apoyarán nuestro futuro impulsado por los datos para mejorar la vida de todos."

La característica clave del telescopio es su amplio campo de visión, generado por los nuevos receptores diseñados por Csiro, que le permiten tomar fotografías panorámicas del cielo con un detalle asombroso.

El resultado de la investigación abre nuevas oportunidades de descubrimiento.

Fuentes: El viejo topo

Entrevista a Álvaro de Rújula sobre Disfruta de tu universo, no tienes otra opción (I)

 

Álvaro de Rújula nació en Madrid, donde estudió Física y obtuvo su doctorado. Ha trabajo en Italia (Centro Internacional de Física Teórica, Trieste), Francia (Instituto de Estudios Científicos Avanzados), Estados Unidos (Universidades de Harvard y de Boston, MIT) y en la Organización Europea para la Investigación nuclear, el CERN (desde estudiante de verano hasta director de la División de Teoría). Actualmente también forma parte del Instituto de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid (IFT/UAM/CSIC).

En los años setenta del pasado siglo, el profesor de Rújula contribuyó a la consolidación del modelo estándar de la física de partículas, principalmente la cromodinámica cuántica y sus quarks encantados. También ha realizado trabajos sobre neutrinos (las mediciones de la masa y la tomografía de la Tierra), la ausencia de antimateria en el universo, cómo encontrar el bosón de Higgs, etc.

En Los Libros de la Catarata (junto con la Fundación Areces y la Real Sociedad Española de Física) ha publicado recientemente Disfruta de tu universo, no tienes otras opción.

Disfruta de tu universo, no tienes otra opción, es el hermoso y epicúreo título de tu último libro. ¿Es imprescindible saber ciencia para disfrutar de nuestro universo y de tu libro?

Para disfrutar de nuestro universo ciertamente no es imprescindible. Espero que no lo sea para disfrutar de mi libro. Es una de las razones por las que lo escribí.

¿Pero cuánta ciencia habría que saber?

Para disfrutar de mi libro espero que muy muy poca. Para disfrutar del universo, cuanta más, mejor.

El “tu” del título: ¿hace referencia a un universo personal o el universo es igual para todos?

Quizás todos tengamos un universo personal. Pero, si así fuese, yo sólo he estado en el mío. El Universo con mayúscula es igual o muy parecido para todos los científicos… serios.

¿Y qué condiciones debe tener un científico para ser serio? ¿Hay científicos o científicas que no lo son?

Debería de haber dicho bueno, íntegro u honesto. Evidentemente en todas las profesiones los hay que no lo son. En la ciencia el sistema para detectarlos, esencialmente el “arbitraje por los pares”, funciona relativamente bien, pero está lejos de ser perfecto. Hay feudos inexpugnables, intereses económicos espurios, etc. Como en todas partes, pero mucho menos.

Intereses económicos espurios, feudos inexpugnables… ¿Nos puedes dar algún ejemplo?

Las investigaciones en farmacia y ocasionalmente en biología tienen subvenciones directas, o indirectas, de compañías farmacéuticas. Eso tiene sus peligros evidentes. Algunas revistas científicas de prestigio tienen también sus peculiaridades. Un ejemplo: Nature, en donde he publicado algunos artículos de investigación o de comentario (con tendencia a que me cambiaran el título sin mi permiso). Si quieres publicar en Nature un artículo criticando otro que hayan ya publicado y proponiendo una alternativa, la revista exige que tu artículo sea primero aceptado por los autores del artículo criticado. Muy honestos tienen realmente que ser dichos autores para no disfrutar de su inviolabilidad automática. Los hay que no lo son.

Como en todas partes, dices, pero mucho menos. ¿Por qué mucho menos? ¿Ser científico exige un grado de honradez inexistente en las otras profesiones o trabajos? ¿No estás mirando tu profesión con ojos  demasiado generosos?

Para no meterme en camisas de once varas, quizás debería de haber dicho “rigor”, en lugar de honradez. El juez definitivo e infalible en la ciencia es lo observable en la naturaleza. El arbitraje de los pares puede no ser riguroso, pero a la larga la verdad científica (en su acuerdo con lo repetida y precisamente observado) prevalece. Pero no siempre los datos se manejan con rigor o se atribuyen las ideas a su primer autor o autores. De ahí que dijera mucho menos y no muchísimo menos.

¿Qué es la ciencia para un científico investigador como tú?

En sentido estricto las ciencias como la química o la biología —y sobre todo la física— son aquellas en las que quienes las practican pueden llegar a un acuerdo basado en realidades comprobables observacionalmente. Las matemáticas también son una ciencia, pero sus criterios de veracidad son lógicos, no experimentales. La economía emplea hoy en día métodos científicos pero no es una ciencia. Razón: trata con demasiadas variables no medibles. Prueba: los economistas jamás se ponen de acuerdo, por mucho que manejen los mismos datos.

Para mí la ciencia es un apasionante hobby que de paso me da de comer. Y de cuando en cuando, satisfacción. Por ejemplo cuando creo saber —o mis colaboradores y yo creemos saber— algo que en este planeta nadie más sabe. Y resulta ser cierto.

Lo que apuntas de la economía, ¿se puede decir también del resto de disciplinas que forman parte de las ciencias sociales?

Temo que sí.

¿Será porque en estas disciplinas la ideología de los científicos está más presente?

En la diana.

¿Nos puedes dar algún ejemplo de alguna cosa que tus colaboradores y tú hayáis creído saber y que nadie más sabía, y que además era cierta?

Un ejemplo fácil de entender: el universo visible no está hecho de grandes “continentes”, unos con estrellas y planetas de materia “ordinaria” y otros de antimateria. Demostrado con mis colegas Andy Cohen y Shelly Glashow.

Más difícil de explicar brevemente: las interacciones entre quarks están caracterizadas por una escala de energía o, equivalentemente, de distancias. Dicha escala cromodinámica podía deducirse a mediados de los 70 del siglo pasado empleando datos ya existentes. Yo fui el primero en hacerlo y conocer su valor; ningún otro físico teórico ha sido el primero en determinar una constante “fundamental” de la naturaleza.

Y un ejemplo que no entenderás: es posible acotar la masa de los neutrinos empleando procesos de captura “débil” de electrones; trabajos en parte en colaboración con mi colega Maurizio Lusignoli.

Paro aquí, me he pasado ya varios pueblos dándome autobombo. Te atribuyo a ti toda la culpa.

Haces bien, asumo toda la culpa y acepto también mi dificultad para entender el último ejemplo que has dado. Estudio, me documento.

¿Qué relación hay, desde tu punto de vista, entre ciencia y verdad?

La ciencia no busca la “Verdad” con mayúscula. Pero sí descubre aproximaciones cada vez más precisas a la verdad (científica, claro).

¿Quiénes buscarían entonces la Verdad con mayúscula?

Soy físico, no tertuliano. No tengo respuestas ex-cátedra a todas las preguntas. ¿Y a quién podría interesarle mi opinión sobre una pregunta de la que todo el mundo sabe la respuesta?

A mí por ejemplo y no sé si todo el mundo sabe la respuesta.

Menosprecias a tus lectores. Malo, malo.

Intento no hacerlo. ¿Qué caracteriza a la verdad científica, la que escribes con minúscula?

Lo he dicho: es una aproximación, pero es verificable. Las hay que no parecen aproximaciones, por ejemplo que el espacio tiene tres dimensiones. Pero hasta esto es, en cierto sentido, una aproximación, ya que existe la posibilidad —no excluida— de que cada cosa que nosotros consideramos un punto sea como una bolita con sus propias dimensiones “internas”. Pues bien, habitantes de civilizaciones distintas que nunca hayan tenido un contacto anterior llegarán a la misma conclusión: es verdad que hay tres dimensiones espaciales “grandes”: esas que van de adelante a atrás; del lado del corazón al otro; y de arriba a abajo.

Sobre lo que es Verdad con mayúscula, raro sería que dos civilizaciones distintas se pusieran de acuerdo por medios no violentos.

¿La ciencia es el único conocimiento sólido o hay otros tipos de conocimientos, no estrictamente científicos, que no merecen ni deben ser menospreciados?

Por supuesto que, en mi opinión, los hay. Por ejemplo todas las artes. Aunque conocimiento “sólido” no sea la mejor manera de calificarlas. A pesar de que Michelangelo ya supiera de antemano qué estatua, bien sólida, le aguardaba dentro de una enorme losa de mármol de Carrara.

Escribes en el prefacio de tu libro: “Pocos no científicos se adhieren con entusiasmo a la opinión de que entender el universo en el que estamos, o sencillamente intentarlo, también es muy divertido. “No entiendo nada” es una reacción frecuente a cualquier texto científico. En mi opinión, la razón fundamental no es que la ciencia sea aburrida o indescifrable, sino que, en la mayoría de los casos, no se enseña adecuadamente.” ¿Quiénes no la enseñan adecuadamente?

Muchos —aunque no todos— los maestros o profesores, desde el jardín de infancia hasta la universidad.

¿Por desconocimiento, por falta de habilidad pedagógica, por la compleja matemática que rodea a algunos resultados científicos, por excesivo teoricismo…?

Supongamos que un profesor de tenis no haya jugado nunca al tenis. Olvidemos la compleja matemática, que en el tenis lo es mucho. Este profe tendría también las otras carencias que citas. De modo análogo, para enseñar bien ciencia es casi imprescindible haber hecho un poco de investigación o, como mínimo, haber presenciado como la hacen quienes la hacen. Un ejemplo: grupos de profesores de primaria y secundaria de muchos países visitan con regularidad el CERN. Lo más útil de esas visitas son las sesiones en las que participan con investigadores en, por ejemplo, un análisis de datos. Es como si el profe de tenis se decidiera finalmente un buen día a jugar un poco. Aunque más le hubiera valido empezar ya de pequeñito.

¿No es casi socialmente imposible, una especie de utopía pedagógica, que todo el profesorado que enseña ciencia deba haber hecho un poco de investigación o presenciado como la hacen quienes las hacen? ¿No exigiría lo que señalas y defiendes una verdadera revolución (la palabra no está de más) en la formación de nuestros maestros y profesores de ciencias?

En mi opinión los maestros son los pilares de la sociedad. Y la revolución a la que te refieres se puede costear. Por ejemplo, profesores universitarios de reconocida calidad investigadora y docente podrían pasar una fracción de su tiempo enseñando a maestros o haciendo de maestros. Pagándoles bien por ello, claro. Muchos laboratorios y universidades podrían hacer cosas como las que el CERN y otros laboratorios como Fermilab (cerca de Chicago) ya hacen. Hay que poner las “manos en la masa”, algo que escribo con mayúsculas porque es una manera, que explico en el libro, de enseñar a niños como actuar y colaborar como científicos.

Por último, bueno sería que la de maestro fuese una profesión extremadamente competitiva, socialmente respetadísima y muy bien pagada. Nada de esto me parece utópico.

Déjame dar una referencia, que tomo de tu libro, de ese programa de enseñanza al que aludes (“Hands on): “Looking Back: Innovative Programs of the Fermilab Education Office”https://ed.fnal.gov/office/marge/retro.html. Tomemos un descanso si te parece.

De acuerdo.

Por Salvador López Arnal | 10/11/2020

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2020

La Estación Espacial Internacional vista desde el Atlantis el 23 de mayo de 2010.Foto Ap

 Del tamaño de una cancha de futbol y de 453 toneladas, la central da vueltas a la Tierra 16 veces al día a 28 mil km/h

 

Ayer se cumplieron 20 años de presencia humana ininterrumpida en la Estación Espacial Internacional (EEI), con la llegada en 2000 de la Expedición 1, primera de larga duración en el complejo.

La EEI es la nave espacial más grande que ha construido la humanidad: mide unos 109 metros de largo (casi como una cancha de futbol) y pesa alrededor de 453 toneladas. Da vueltas a la Tierra 16 veces al día, a unos 28 mil kilómetros por hora y va tomándole fotos desde una perspectiva única. A la vez, es el laboratorio a más altura creado por el hombre, ya que orbita el planeta a cerca de 400 kilómetros.

Las primeras piezas para la construcción salieron al espacio en 1998 y este 2 de noviembre la EEI suma un hito más a su existencia: se cumplen 20 años de que recibió a sus primeros huéspedes y de que empezó a estar habitada de manera continua.

Desde que el estadunidense Bill Shepherd y los rusos Yuri Guidzenko y Serguéi Krikaliov se hospedaron ahí, siempre ha estado ocupada por 241 personas (en total, en distintos momentos) de 19 países.

La construcción de la EEI requirió la colaboración de 15 naciones y ahora las principales agencias a cargo son la estadunidense NASA, la Espacial Europea, la rusa Roscosmos, la japonesa Jaxa y la Espacial Canadiense.

Además, 108 países han realizado más de 2 mil 700 investigaciones en la central, de acuerdo con la NASA.

La tripulación de la primera expedición estaba formada por un comandante estadunidense: Shepherd, quien había estado en el espacio tres veces antes en misiones de transbordadores de una semana de duración como máximo, y los rusos Guidzenko y Krikaliov tenían experiencia en vuelos espaciales de larga duración en la estación Mir; el segundo estuvo cerca de un año completo en el espacio.

La Expedición 1 empezó cuando la tripulación se acopló a la estación a bordo de la nave rusa Soyuz TM-31, que había partido dos días antes. Durante los 136 días de la misión, la tripulación activó varios sistemas en el complejo, desempacó equipos que se habían enviado y alojó a tres tripulaciones de transbordadores STS y dos vehículos rusos Progress de reabastecimiento no tripulados.

Los tres transbordadores llevaron equipos, suministros y componentes clave a la estación espacial. El primero, STS-97, se acopló a principios de diciembre de 2000 y llevó el primer par de grandes paneles fotovoltaicos hechos en Estados Unidos, lo que incrementó cinco veces la capacidad de potencia de las células.

Los estudios en los astronautas a bordo de la EEI han ayudado a entender la pérdida ósea y muscular, pero no sólo a causa de la microgravedad del espacio, sino también en la Tierra, por razones como la edad, estilo de vida y algunas enfermedades, señaló la NASA.

Los científicos han estudiado las medidas para contrarrestar estas pérdidas por medio de ejercicios, alimentación e incluso de fármacos, tanto en el espacio como en la Tierra.

Las condiciones de microgravedad también han permitido estudiar males como el Alzheimer, el Parkinson, el asma, el cáncer y hasta problemas cardiacos en los laboratorios de la estación espacial, detalla la NASA.

En la EEI no se desperdicia prácticamente nada. La tecnología de reciclaje de agua se ha afinado. El sudor, la orina misma se reciclan y se convierten en agua potable.

El Sistema de Recuperación de Agua de la central permite reusar 93 por ciento del líquido de la nave, según la agencia estadunidense.

Esta tecnología será mucho más útil cuando los astronautas puedan emprender misiones más lejanas y más largas, como a la Luna o a Marte.

Representación artística del robot al momento de descender en el cuerpo celeste a investigarFoto Afp

Recolectar alrededor de 60 gramos de partículas del cuerpo celeste, el objetivo // La masa exacta se conocerá hasta el sábado

 

Washington. La sonda estadunidense Osiris-Rex entró brevemente en contacto este martes con el asteroide Bennu, tal como estaba previsto, confirmó la NASA, aunque el nivel del éxito de la operación de toma de muestras no se conocerá hasta dentro de algunos días.

"Aterrizaje confirmado", "Muestreo terminado", anunció la agencia espacial durante la retransmisión en vivo de las operaciones, arrancando una ovación entre el equipo al terminar esta intervención de algunos segundos, que llega más de cuatro años después del lanzamiento de la sonda.

"Todo fue perfecto", explicó minutos más tarde Dante Lauretta, jefe de la misión, emocionado.

"Escribimos una página de la historia esta tarde", añadió.

Tras arrojar nitrógeno comprimido a la superficie de Bennu, el brazo del robot debía recoger las partículas de menos de 2 centímetros de diámetro. El objetivo era acumular al menos 60 gramos durante esos pocos segundos, lo que sería la mayor muestra extraterrestre recogida desde las misiones lunares Apolo.

Sin embargo, la masa exacta de la muestra no se conocerá hasta sábado.

Hasta ahora, Osiris-Rex sólo ha podido enviar mensajes de confirmación, pero ninguna imagen: la sonda apenas lo hizo la noche del martes al miércoles, en cuanto regrese a su órbita y se encuentre a distancia segura del asteroide, tras cargar las baterías.

En las próximas horas y días, enviará numerosos datos e imágenes que darán una estimación del resultado de la toma de muestras.

Existe la posibilidad de que el brazo de la sonda no se haya podido posar sobre una superficie plana y aspirar el polvo, por ejemplo si ha caído sobre una gran roca.

En caso de fracaso, se podría decidir hacer un nuevo intento, en otro punto, en enero.

"En realidad no podemos aterrizar en la superficie de Bennu, así que sólo se besó la superficie", agregó Beth Buck, de Lockheed Martin.

El interés de analizar la composición de los asteroides del sistema solar se basa en que están hechos de los mismos materiales que formaron los planetas.

Es "casi una piedra Rosetta, algo que está ahí fuera y cuenta la historia de toda nuestra Tierra, del sistema solar durante los pasados miles de millones de años", aseguró Thomas Zurbuchen, científico jefe de la NASA.

Las muestras regresarán a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, con un aterrizaje planeado en el desierto de Utah. Con ese material, los laboratorios podrán llevar a cabo análisis mucho más potentes de sus características físicas y químicas, informó Lori Glaze, directora de la división de ciencia planetaria de la agencia espacial estadunidense.

Bennu no es un asteroide liso, cubierto por una "playa" inofensiva de arena fina, que esperaba la NASA. En realidad, se eligió porque está convenientemente cerca y es antiguo: los científicos estiman que se formó en los primeros 10 millones de años de la historia del sistema solar, hace 4 mil 500 millones de años.

(Con información de Ap)

Unsplash/Nicolas Lobos, CC BY-SA

Hace décadas que el gran divulgador Carl Sagan imaginó magistralmente diferentes ambientes para la vida en un sistema solar que poco a poco íbamos descubriendo. En tiempos recientes, las especulaciones han ido dejando paso a evidencias firmes de que algunos de estos entornos tienen el potencial de albergar hábitats extraños pero sospechosamente familiares. Los últimos datos científicos nos permiten enfocar la búsqueda hacia los lugares que parecen más probables.

En las últimas semanas, varias noticias han dibujado tres situaciones muy distintas. El fosfano en Venus nos invita a pensar en formas de vida suspendidas a gran altura, en un hábitat completamente aéreo. Apenas unos días más tarde se anunciaban nuevos resultados sobre Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que enfatizaban la idea de un océano encapsulado. Finalmente, Marte volvió a presentar su candidatura para la habitabilidad con la confirmación de lagos de agua líquida y salada bajo su superficie.

¿Vida en las nubes, en un océano atrapado por el hielo o en lagos subterráneos? No son lugares tan extraños como podría parecer.

Las posibilidades de Venus han sido muy comentadas recientemente. Los autores del descubrimiento de fosfano han mostrado también un posible ciclo de vida que permitiría el mantenimiento de microbios en una biosfera aérea. Esta hipótesis ya había sido discutida con anterioridad y permite abrir diversas líneas de investigación en el ambiente terrestre. Las hipótesis que se manejan para Venus implican la vida contenida en el interior de las gotas de las nubes para compensar tanto la acidez como la enorme falta de agua en nuestro vecino.

Encélado es una luna compuesta básicamente por agua, cubierta de hielo en el exterior. En su interior, la fricción generada por las mareas de Saturno proporcionarían la fuente de energía necesaria para crear un gigantesco océano encapsulado. Esta situación sería similar a la de otros satélites, como Europa, en Júpiter.

En 2005, la sonda Cassini detectó la presencia de un géiser de agua. Desde entonces se ha intentado determinar por diferentes métodos cuál es la proporción de ingredientes como sal, urea, o amoníaco tanto por favorecer como por perjudicar la posible presencia de seres vivos.

Un reanálisis profundo de los datos acumulados durante 13 años por Cassini ha permitido detectar regiones más finas y jóvenes alrededor de las "rayas de tigre" que muestra Encélado. Estas zonas podrían estar relacionadas con puntos calientes en el océano profundo, tal vez, como en la Tierra, volcanes o fumarolas.

El ambiente volcánico submarino ha sido señalado como el posible origen de la vida en la Tierra y es el sueño de cualquier astrobiólogo, dado que permite tanto buscar vida fuera de la Tierra como estudiar nuestro propio origen. El análogo terrestre más cercano sería el lago Vostok, en la Antártida. Si recordamos el enorme esfuerzo que supuso acceder al propio lago bajo apenas un par de kilómetros de hielo queda clara la enorme complejidad de acceder al posible hábitat de Encélado, bajo una corteza tal vez diez veces más gruesa.

Marte, el eterno candidato

Por último, Marte aparece siempre en la astrobiología, no solo por las más que firmes pruebas de la presencia continuada de agua líquida en su superficie, sino también porque la exploración de sus potenciales hábitats, tanto presentes como pasados, es quizá una de las más sencillas.

Recientemente, la misión Mars Express ha confirmado la detección previa de lagos enterrados un kilómetro y medio bajo la superficie. Aunque se sigue debatiendo la interpretación de las observaciones, agua con una elevada salinidad podría permanecer líquida en esas condiciones, al abrigo de algunas de las dificultades que ofrece la superficie del planeta rojo, como son los cambios extremos de temperatura y la indefensión ante la radiación solar.

Las posibilidades marcianas de los organismos halófilos, adictos a los ambientes salados, se han estudiado por su potencial para generar metano, el gas biomarcador que parece haber sido detectado en el planeta rojo.

Estos tres ambientes, tan aparentemente diferentes, tienen en común sus analogías con la Tierra y son por lo tanto escenarios muy sugerentes donde buscar formas de vida sencilla en nuestro vecindario galáctico. Todos ellos cuentan con sus propias limitaciones, pero también con un gran potencial para incrementar nuestro conocimiento sobre cómo la vida pudo prender y prosperar en nuestro propio planeta.

 

Por Santiago Pérez Hoyos

Investigador Doctor Permanente - Astronomía y Astrofísica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

17/10/2020  

Firman ocho países los Acuerdos Artemis para la exploración de la Luna

Buscan determinar zonas de seguridad para evitar conflictos entre las naciones que operen en el satélite y se permitiría a empresas privadas que sean propietarias de los recursos que extraigan

 

Washington. Ocho países firmaron un pacto internacional para la exploración lunar llamado Acuerdos Artemis, anunció la NASA ayer, en un momento en que ésta busca fijar los estándares para edificar asentamientos a largo plazo en la superficie del satélite terrestre.

Los acuerdos, que reciben su nombre del programa lunar Artemis de la NASA, buscan ampliar la ley espacial internacional vigente, estableciendo zonas de seguridad que rodearían a futuras bases lunares para evitar conflictos entre los estados que operen allí, al tiempo que permitirían que compañías privadas sean propietarias de los recursos que extraigan.

Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Luxemburgo, Italia, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos firmaron los acuerdos bilaterales durante una conferencia anual espacial, tras meses de negociaciones en un intento estadunidense de crear aliados bajo su plan de volver a enviar astronautas a la Luna en 2024.

Lo que intentamos hacer es determinar normas de comportamiento que puedan aceptar todas las naciones, sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, a los medios. Según indicó, los acuerdos son coherentes con un tratado de 1967 que indica que la Luna y otros cuerpos celestes están exentos de reclamaciones nacionales de propiedad.

Estamos haciendo operativo el Tratado del Espacio Exterior con el propósito de crear la coalición humana más amplia, inclusiva y grande de viajes espaciales en la historia de la humanidad, destacó Bridenstine.

El gobierno de Donald Trump y otros países con capacidad de vuelo espacial ven la Luna como un activo estratégico. También tiene valor para una investigación científica a largo plazo que podría permitir futuras misiones a Marte, actividades que entran bajo el régimen de la ley espacial internacional, considerada en general como desfasada.

En 2019, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, dio instrucciones a la NASA para el regreso de astronautas a la Luna en 2024 –reduciendo a la mitad el cronograma previo de la agencia– y establecer una presencia humana a largo plazo en el satélite.

Italia contribuirá al programa con el suministro de módulos habitables para la tripulación y con la prestación de servicios de telecomunicación.

Según Riccardo Fraccaro, subsecretario del Consejo de Ministros de Italia, es “una firma histórica, porque abre un capítulo nuevo y apasionante en la exploración espacial, 50 años después del primer desembarco en la Luna.

Este documento nos permitirá a nosotros y a las generaciones futuras una exploración pacífica, segura y sostenible del espacio para mejorar la vida en la Tierra, añadió.

Ensayan en Texas tecnología de alunizaje

Por otro lado, la empresa Blue Origin, de Jeff Bezos, lanzó ayer un cohete New Shepard por séptima vez desde un rincón remoto de Texas para ensayar una nueva tecnología de alunizaje de la NASA.

El vuelo, que alcanzó una altura máxima de 106 kilómetros, duró 10 minutos. El cohete impulsor regresó al centro de lanzamiento y lo siguió la cápsula, que cayó en paracaídas en el desierto.

La cápsula transportó experimentos científicos, además de 1.2 millones de semillas de tomate que serán entregadas a niños de Estados Unidos y Canadá, así como decenas de miles de tarjetas postales con dibujos de temática espacial que serán devueltos a los jóvenes remitentes.

El cohete impulsor llevaba equipo de navegación de la NASA para futuros alunizajes. Los sensores y la computadora –ensayados durante el descenso de la nave– tendrán un nuevo viaje suborbital con Blue Origin. Es parte del programa Artemis de la NASA que busca enviar a la primera mujer y un hombre a la Luna.

(Con información de Ap y Sputnik)

El Nobel de Física, a Roger Penrose, Reinhard Genzel y Andrea Ghez por sus trabajos sobre los agujeros negros

 

Sus investigaciones han contribuido a revelar el secreto más oscuro de la Vía Láctea, declaró el jurado

 

Estocolmo. El británico Roger Penrose, el alemán Reinhard Genzel y la estadunidense Andrea Ghez fueron galardonados este martes con el premio Nobel de Física por sus investigaciones sobre "los agujeros negros", de los que nada se escapa, ni siquiera la luz.

La Real Academia de las Ciencias sueca concedió la mitad del premio a Penrose, de 89 años, por demostrar "que la formación de un agujero negro es una predicción sólida de la teoría de la relatividad general" y la otra mitad a Genzel, de 68, y Ghez, de 55, por descubrir "un objeto compacto y extremadamente pesado en el centro de nuestra galaxia", explicó el jurado.

Ghez es la cuarta mujer que gana un Nobel de Física, el más masculino de los seis prestigiosos galardones, una distinción que la científica afirmó tomarse "muy en serio".

"Estoy encantada de poder servir de modelo para las mujeres jóvenes que se plantean ir hacia este ámbito", sostuvo.

Aunque a muchos nos fascina, "muy pocas personas entienden lo que es un agujero negro. Las leyes de la física cerca de uno son tan diferentes de las que operan en la Tierra, es muy difícil de conceptualizar", admitió la astrónoma, quien reside en California.

Entidad de la que nada escapa

Penrose ha utilizado desde 1965 las matemáticas para probar que los agujeros negros pueden formarse y convertirse en una entidad de la que nada, ni siquiera la luz, puede escapar. Sus cálculos demostraron que son una consecuencia directa de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein.

El científico británico era cercano a su célebre compatriota astrofísico Stephen Hawking, fallecido en 2018. Un Nobel para él habría sido "bien merecido", comentó el profesor en una rueda de prensa.

Juntos "probaron matemáticamente que cuando una estrella muy masiva colapsa, termina en agujero negro", explicó Luc Blanchet, del Instituto de Astrofísica de París.

Desde los años 90, Genzel y Ghez han investigado conjuntamente el centro de la Vía Láctea, donde comprobaron la existencia de un agujero negro supermasivo, bautizado Sagitario A*.

Utilizando los mayores telescopios para estudiar las órbitas de las estrellas cercanas, comprobaron matemáticamente mediante la atracción gravitacional la existencia de un objeto invisible y con una masa equivalente a unas 4 millones de veces la del Sol.

Los estudios de estos científicos han contribuido a conocer "el secreto más oscuro de la Vía Láctea", aclamó el jurado.

La canciller alemana, Angela Merkel, a través de su portavoz, expresó su "gran agradecimiento" a su compatriota Genzel por su "trabajo pionero".

En el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre, Genzel contó haber derramado "algunas lágrimas", pensando que debía esperar muchos años para la distinción. "Una de las cualidades que un investigador necesita para ganar un Nobel es vivir mucho", bromeó.

Los agujeros negros supermasivos son un enigma de la astrofísica, sobre todo por la manera en que llegan a ser tan grandes, y su formación centra muchas investigaciones. Los científicos piensan que devoran, a una velocidad inaudita, todos los gases interestelares que los rodean.

Una primera imagen revolucionaria de estos fenómenos cósmicos fue revelada al mundo en abril de 2019 por un equipo internacional del Event Horizon Telescope, que registro las radiaciones emitidas por el disco de acreción que rodea al agujero negro en el centro de la Galaxia M87, a más de 50 millones de años luz de la Tierra.

"Es la edad de oro para la investigación sobre los agujeros negros", declaró Shep Doeleman, director del proyecto.

En 2019, el Nobel de Física fue para tres cosmólogos, el canadiense-estadunidense James Peebles, quien siguió los pasos de Einstein para aclarar los orígenes del universo, y los suizos Michel Mayor y Didier Queloz, quienes revelaron la existencia de un planeta fuera del sistema solar.

Los Nobel se están anunciando esta semana como estaba previsto, pero debido a la pandemia se canceló la ceremonia de entrega de los premios, programada para el 10 de diciembre en Estocolmo.

Los galardonados recibirán el premio en su país de residencia.

El lunes, el de Medicina fue otorgado a los estadunidenses Harvey Alter y Charles Rice, con el británico Michael Houghton, por su sus hallazgos sobre el virus causante de la hepatitis C. Este miércoles se anunciará el de Química, el jueves el de Literatura, el viernes el de la Paz y el lunes el de Economía.

Página 1 de 14