Sofia

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Lunes, 08 Abril 2013 06:30

Carnicería de la OTAN:

Carnicería de la OTAN:

Un bombardeo de la OTAN ha causado la muerte de diez niños y una mujer en Afganistán, un nuevo suceso que puede complicar las relaciones entre la Alianza y el país asiático en plena retirada de las tropas internacionales.

 

"Once civiles, entre ellos diez niños, murieron en la operación de las tropas internacionales", ha asegurado a Efe Wasifullah Wasifi, portavoz del gobernador de la provincia afgana de Kunar. Según la fuente, cuatro mujeres más resultaron heridas en una operación conjunta de las tropas afganas y de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán (ISAF) realizada la mañana del sábado en el pueblo de Sonu, en el distrito de Shigal.

 

De acuerdo con la agencia local AIP, las víctimas se encontraban en el interior de sus casas cuando éstas fueron alcanzadas por el bombardeo, y la cifra de fallecidos podría aumentar dado que no se ha terminado de retirar los escombros. Wasifi señaló que seis talibanes, entre ellos dos comandantes, murieron en estos hechos.

 

Un portavoz de la ISAF ha corroborado a Efe que las tropas internacionales participaron en un bombardeo de apoyo a las fuerzas afganas en un enfrentamiento con talibanes en Kunar el sábado, pero no el fallecimiento de civiles. "Estamos investigando la situación, de momento no tenemos confirmación de la muerte de civiles", ha manifestado el portavoz.

 

El presidente adjunto de la Asamblea Provincial de Kunar, Muhammad Ismail, elevó a 17 la cifra de civiles fallecidos en declaraciones a la agencia afgana AIP. Ismail condena la tragedia y demanda al presidente afgano, Hamid Karzai, que tome medidas para poner fin a la muerte de civiles. De hecho, la muerte de civiles en acciones de la OTAN es uno de los principales puntos de fricción entre las tropas extranjeras y el Gobierno de Afganistán.

 

Karzai ha emitido el pasado febrero una orden que prohibía al Ejército nacional solicitar asistencia aérea a las fuerzas internacionales durante ofensivas militares en zonas habitadas, tras un bombardeo en el que resultaron heridos varios niños y mujeres. Según un informe de la ONU, la guerra en Afganistán causó en 2012 la muerte de 2.759 civiles y otros 4.805 heridos, el 81 % de ellos por acciones perpetradas por los insurgentes.

 

A finales de febrero otro bombardeo aliado se cobró la vida de dos niños afganos en la provincia meridional de Uruzgán. El jefe de la ISAF, Joseph Dunford, ofreció disculpas por el incidente, en el que según su versión las tropas mataron accidentalmente a dos niños afganos al confundirlos con "insurgentes". Un mes después un nuevo ataque aéreo de la OTAN causó la muerte de dos civiles afganos e hirió a otros siete en la provincia central de Ghazni, según denunció Kabul.

 

La OTAN comenzó en 2011 a retirarse de Afganistán y a transferir gradualmente la competencia de la seguridad al Ejército y Policía autóctonos, un proceso no exento de tensiones. Karzai pidió en febrero a las fuerzas especiales estadounidenses que abandonasen la provincia central afgana de Wardak tras recibir denuncias de que practican arrestos forzosos. Finalmente, la ISAF y Kabul llegaron a un acuerdo y las tropas estadounidenses continúan operando en Wardak. El proceso de retirada, que debe concluir en 2014, transcurre en uno de los momentos más sangrientos de la guerra afgana, doce años después de la invasión estadounidense y caída del régimen integrista talibán.

Otra política, muy otra: los zapatistas del siglo XXI*

En primer lugar, propongo que enviemos un mensaje de solidaridad al extraordinario comunicado que publicaron el 30 de diciembre el Comité Clandestino Revolucionario Indígena y la Comandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es un documento de enorme importancia.

 

Al venir aquí estaba pensando cómo se vincula su sentido a los cambios que ha habido en este tipo de encuentros. Los cambios se han dado en varios sentidos, particularmente en el énfasis cada vez mayor que se está poniendo en la categoría de capitalismo corporativo. Es una categoría que nos permite un análisis mucho más profundo y preciso que la categoría del poder desvinculada del poder del gran capital, y sin articulación con el “complejo empresarial, militar, político y mediático”, que maneja un proceso mundial llamado “globalización”.

 

Por otra parte, me vino nuevamente al pensamiento lo mucho que he aprendido oyendo las reflexiones de los compañeros, producto de la memoria de sus luchas, de la práctica de sus teorías y del encuentro con las que vienen de los movimientos de liberación y emancipación de otros mundos, en particular del mundo occidental, pero también de África y Asia, así como de las luchas de liberación en los años sesenta y setenta en América Latina.

 

Al llegar aquí me pareció interesante destacar también cómo los zapatistas han enriquecido y precisado el discurso de lo uno y lo diverso, de lo constante y lo cambiante en la historia y la geografía activa y cognitiva. Esas fueron algunas de mis rememoraciones. Pero hace unos momentos pensé que era importante preguntar a un compañero tzotzil: “¿Cómo leyeron el comunicado?” Porque cada uno de nosotros lo leyó e interpretó de una manera determinada o predeterminada. Lo que contestó me ayuda a darme cuenta que uno lee de una manera que se puede enriquecer con la manera de lo que otros leen.

 

El hermano tzotzil me respondió: “No lo leímos como si nos dijera ‘¿quién eres?’, sino ‘¿cómo te vas a ver en este mundo de diferencias y que no es en todo diferente?’ Como si nos dijera: “tenemos que encontrarnos y que actuar juntos”. Su respuesta se relacionó con algo que vi en el comunicado: el vínculo más estrecho que se proponen los zapatistas con la organización nacional de los pueblos indígenas, así como el intento de aumentar los vínculos con los “adherentes” a su movimiento, y también de ampliarlos y fortalecerlos con otros movimientos sociales de México y el mundo.

 

El comunicado y la respuesta del hermano tzotzil me permitieron replantear el problema de que les quiero hablar brevemente.

 

Ésta es la oportunidad para pensar y organizar una inmensa Red de Colectivos en Defensa del Territorio, y de la Tierra –y de la tierra con “t” minúscula y con “T” mayúscula. Es una tarea fundamental, si se piensa en “la otra política desde abajo y desde la izquierda”, y si pensamos en la “dialéctica de las necesidades inmediatas”, en que éstas muchas veces frenan o se oponen a las grandes luchas de largo plazo –que las organizaciones de los pueblos más oprimidos logran superar cuando ven cómo les quitan tierras y territorios y la posibilidad misma de vivir.

 

Hay muchos pueblos en los que se juntan los proyectos inmediatos y los de largo plazo, circunstancia que de una manera u otra los lleva a crear, con la junta de las viejas y las nuevas resistencias y combates, una nueva política –muy nueva– que escapa a la vieja alternativa de reforma o revolución.

 

En realidad su planteamiento político corresponde a una creación histórica tan nueva que es difícil de entender por quienes viven el presente como si fuera el pasado. El problema no es exclusivo de quienes están movidos por un pensamiento conservador, sino de aquellos que, viniendo del comunismo, de la socialdemocracia o del nacionalismo revolucionario, están acostumbrados a hacer política de partidos electorales, política institucional al estilo del siglo XX.

 

La posibilidad de crear una Organización Mundial en Defensa del Territorio y de las tierras y la Tierra constituye la posibilidad de enfrentar una política cuyos poderosos dirigentes se están yendo en los hechos a la extrema derecha del capital corporativo y de los complejos empresariales, militares, mediáticos y políticos, mientras la izquierda electoral ha dejado de ofrecer lo que antes ofrecía, o hace ofrecimientos que no cumple, porque no tiene la menor fuerza para cumplir, ni para construir la necesaria fuerza que exige un programa mínimo –efectivo– contra el neoliberalismo y la globalización.

 

La creación histórica de los nuevos movimientos sociales de los despojados, desregulados, subrogados, se enfrenta a una política de recolonización del mundo por los complejos empresariales militares, políticos y mediáticos, que usan dos elementos del poder: la propiedad y la fuerza; el dominio y la soberanía, “el poder de compra” del propietario y el “imperio” del poderoso, la megaprivatización como despojo legalizado de naciones y sociedades, y una conquista del mundo legalizada y disimulada que se apoya en las fuerzas militares y financieras y en los políticos, aliados, subordinados y coludidos o cooptados.

 

Privatización y ocupación financiera y militar de estados y mercados son dos medidas, de que el capital corporativo y sus complejos se valen para ocupar –como propietarios, acreedores o como colonizadores liberadores que en tiempos pasados se llaman civilizadores. Entre los países privatizados incluyen a sus propios países sede y, por supuesto, al resto del mundo. Con las más variadas medidas financieras, militares, mediáticas han refuncionalizado o anulado numerosos intentos de reforma al capitalismo o de revolución frente al capitalismo.

 

La refuncionalización de los estados-nación y de los sistemas políticos es tal, que los han destrozado en sus estructuras y organizaciones, en sus sentidos de la vida pública y en sus antiguas luchas, programas y medidas que entre crecientes contradicciones buscaban por lo menos algo del interés general y el bien común. Hoy con el gobernar convertido en gobernanza facilitadora de las megaempresas siguen destrozando, sometiendo y desmantelando de tal manera a los pueblos que cualquier crítico mínimo del actual sistema de dominación y acumulación capitalista no puede seguir pensando y actuando como antes.

 

Un deseo mínimo de saber en qué mundo vivimos nos lleva hoy a registrar en nuestros conceptos y nuestra conducta que el capitalismo corporativo y sus “complejos” están destruyendo cada vez más las mediaciones que les resultaban útiles en la posguerra, a las que dieron un fuerte impulso con el fin político de vencer al bloque soviético y chino, y con el económico de aumentar la demanda agregada mediante el “desarrollo estabilizador” de la producción, los servicios y el consumo, nacionales, públicos y sociales.

 

Las mediaciones destruidas y en proceso de destrucción por el neoliberalismo y la “globalización” contribuyeron a debilitar y acabar con distintos proyectos de las fuerzas emancipadoras. Muchas de éstas pensaban lograr el socialismo y la democracia a través de reformas. Sus partidarios defendían ideologías y programas cuya efectividad se comprobaba con el “Estado social” y el “desarrollista”. Sus partidarios pensaban que por ese camino podían alcanzar lo que otros seguían planteando como la revolución necesaria, al estilo del 48 del siglo XIX, o como la había planteado Lenin al vincular la lucha de los trabajadores con la lucha contra el capital monopólico e imperialismo en una revolución armada concebida como parte de la revolución mundial.

 

Las restructuraciones y refuncionalizaciones impuestas por las fuerzas hoy dominantes fueron limitando la política de partidos electorales y parlamentarios hasta suplantar la política de reformas con la de contrarreformas llamadas “reformas”, y la guerra de contrainsurgencia con la guerra de recolonización, llamada de globalización.

 

Mientras gran número de las fuerzas progresistas continuaron en la lucha legal y parlamentaria, buen número de los movimientos opositores optaron por la vía armada. En todo caso la acumulación de fuerzas electorales por los partidos logró subsistir hasta hoy, y predominar en las corrientes socialistas y comunistas, y lo hizo y sigue haciendo cuando cada vez están más privadas de sus programas y doctrinas y no defienden ninguno mínimamente coherente en las palabras y los hechos.

 

Los antecedentes y evolución de este proceso son conocidos. La revolución de principios del siglo XX no estalló en los países hegemónicos del mundo capitalista y llegó cuando la mayoría de los partidos comunistas, en general los prosoviéticos, decidieron luchar como partidos políticos con dos objetivos: el de acumulación de fuerzas y el de incrementar la solidaridad con los países del bloque soviético. En esas circunstancias, las corporaciones y complejos combinaron cada vez más la “inmediación violenta” con la mediación y mediatización política de sus enemigos de la guerra fría. Durante décadas permitieron o se vieron obligados a permitir el “desarrollo estabilizador”, junto con la descolonización formal de parte de África, Medio Oriente y los países árabes. Así actuaron hasta que, desde los años sesenta, se inició la gran crisis recurrente y sistémica que una y otra vez dan por superada, lo que en los hechos revela ser del todo falso.

 

En el curso de la prolongada crisis la posición hegemónica de las corporaciones consistió en abandonar las políticas “anticíclicas” del Estado social y en pasar al “adelgazamiento”, desmantelamiento, refuncionalización y recolonización del propio Estado metropolitano y de los estados periféricos.

 

El capital corporativo impuso políticas financieras, políticas militares, ideológicas, económicas, sociales, educativas, culturales, ecológicas, así como empresariales de dominación y apropiación de estados y mercados. Combinó y perfeccionó las viejas armas combinadas de la represión y la corrupción y dio un salto en sus organizaciones monopolistas para su integración en complejos militares-empresariales-políticos y mediáticos. Buscando dar la máxima efectividad posible a sus megaorganizaciones, recurrió a las nuevas técnicas y ciencias electrónicas, digitales, cibernéticas, altamente funcionales a la organización de sus políticas de expansión “global”.

 

La magna organización mundial del capital corporativo y de los complejos empresariales militares les permitió dominar a un mundo que paradójicamente se volvió cada vez más irracional en el inmenso entorno o contexto en que opera, efecto llamado “lateral” en un mundo al que sus expertos consideran siempre como “externalidades”, las que en el mejor de los casos sólo se analizan para mejor desarmarlas, dominarlas y explotarlas.

 

Con la gran crisis de las mediaciones del Estado anterior, los partidos políticos dejaron de distinguirse claramente en programas y políticas, y todos o casi todos actuaron al mismo son. El “menosmalismo”, como lógica política hegemónica, se impuso en situaciones cada vez peores. Y con la restauración del capitalismo, tanto en el bloque soviético como en el chino las teorías de la revolución y –también– las de la “acumulación de fuerzas” comunistas, socialistas y socialdemócratas se llegaron a olvidar completamente. Se impuso la lógica de “juntar fuerzas a como dé lugar”, de limitarse a ganar votos con cuanto partido se pudiera y de reclutar ciudadanos con la meta de lograr puestos de “representación popular”, que cada vez fueron menos “representativos” y llegaron a ser nada populares.

 

Semejante lógica y sus beneficiarios dominaron la subcultura de la inmensa mayoría de “la clase política”. A esa lógica se aferraron también quienes venían del nacionalismo revolucionario y ya lo habían abandonado con el desarrollismo, así como la mayoría de la nueva izquierda del 68 que los había enjuiciado y que al madurar y podrirse se comportaría como ellos, en triste transformación.

 

Hoy tenemos, en primer término, que darnos cuenta de que tres grandes corrientes del pensamiento revolucionario, que querían lograr la democracia y el socialismo mediante la revolución, han sido prácticamente anuladas. Muchos de sus integrantes muestran no sólo cierta incapacidad crítica para organizar un proceso de acumulación de fuerzas contra el capitalismo corporativo, lo que se confirma leyendo y oyendo sus programas, sus discursos, sus discusiones, sus enfados. Muchos descendientes de la antigua y de la nueva izquierda, en una inmensa mayoría, ya ni siquiera plantean una política contra el neoliberalismo.

 

Ante semejante crisis de la autollamada izquierda surge un nuevo movimiento que cambia la geometría política, y que, en México y el mundo, encabezan los zapatistas al enarbolar la bandera de la soberanía nacional, el rojo y negro de la lucha internacional, y las metas emancipadoras que ellos redefinen tanto en las palabras como en los hechos, al clamor de “libertad, democracia, justicia”. Para aclarar su posición, la geometría política de los zapatistas ya no sólo tiene centro, derecha e izquierda, sino abajo y arriba. Con ella quieren indicar que están a la izquierda con los de abajo. Pero, además, su geometría no es sólo bidimensional. En la práctica es una geometría móvil con redes y entramados de colectividades y colectivos presentes y a distancia, unos descentralizados y autónomos; otros –como el ejército defensivo, integrado alternativamente, por todos los “comuneros”–, con facultades autónomas para ciertas acciones que se les señalan y que pueblo y ejército respetan con una gran disciplina, y con conciencia de que son el pueblo del ejército y que con su ejército-como comunidad se protege de las invasiones, inundaciones, quemas, crímenes y despojos de que sin éste como fuerza defensiva sería fácil víctima.

 

Las redes de colectivos y colectividades no sólo son redes de comunicación, sino de acción y también de información y diálogo. La mayoría de ellas está entregada a la cooperación para la producción, para la distribución, para los servicios de alimentación, salud, educación, construcción de infraestructuras y viviendas, cultura.

 

En esas redes los conceptos se definen con actos y también con palabras, lo que fortalece a unas y otras. En palabras y actos aparece la “otra democracia, muy otra”, la otra justicia muy otra, la libertad practicada con el saber de los pueblos que hoy combinan las técnicas digitales y cibernéticas con las tradicionales. El proyecto está muy lejos de ser “primitivo” o “aldeano”: es solidario, patriótico y humano. Nace en un momento histórico en que el gran capital ha ampliado “lo no negociable”, esa expresión que de hecho expresa la dictadura del capital y en ésta su objetivo invariable de recolonizar el mundo, con la combinación de políticas de represión, corrupción y enajenación mental, sentimental y volitiva. El complejo y tecnocrático proyecto está provocando esa otra crisis de dominación y acumulación en que el mundo vive, y a la que los expertos y sus superiores responden con proyectos de espectro amplio de corrupción y represión, de confusión y terror, que perfeccionan las guerras llamadas por el Pentágono de “espectro amplio”.

 

La guerra y crisis de espectro amplio incluye mucho más que las guerras y crisis financieras y económicas. No corresponde a una crisis coyuntural que se vaya a resolver en uno o dos años, como dicen muchos gobernantes –que constantemente se están equivocando–. Enfrenta y vive una crisis que no es cíclica, no es de corta duración, ni siquiera de “larga duración”. Es una crisis del modo de dominación y acumulación llamado capitalista, movido por la maximización de utilidades y la minimización de riesgos. Y aun es más: es una crisis de civilización que con las ciudades mercantiles, usureras e industriales, desde el siglo XIV empezó a construir una sociedad, una economía, una política, una cultura, una ecología y una ciencia que hoy están en un estado de crisis tan desastrosa para la humanidad y para ellos mismos que hasta se enceguecen ante los horrores que causan y ante los peligros que corren por su sevicia y su codicia desenfrenadas, los que con un improvisado fanatismo atribuyen a un orden darwinista y hasta divino muy parecido al racismo genocida de los nazis, pero mucho más “sofisticado” con su inclusión de “negros”, “latinos” y “mahometanos” en el gobierno de las televisiones y acciones de exterminio que presenta a esos pueblos como fanáticos, débiles mentales, corrompidos y terroristas.

 

No ver lo que ocurre ni entender que sus causas se hallan en el actual modo de dominación y acumulación es el más grave yerro de las ciencias hegemónicas. La contribución a la inadvertencia del mundo realmente existente y sus causas no sólo se da en la en econometría y en las ciencias de la “opción racional” –disciplinas dedicadas a maximizar las utilidades y minimizar los riesgos del capital corporativo–, sino en todas las ciencias de la materia, de la vida y de la humanidad que ocultan y se ocultan las hazañas que sus superiores realizan bajo nuevas y viejas formas de depredación, de ocupación de territorios, de violación de derechos nacionales e internacionales, naturales y humanos, sino en las formas de que se sirven para ocultar la irracionalidad de un sistema que hace sufrir –sin la menor duda– a la inmensa mayoría de la humanidad y que amenaza la existencia de toda la humanidad. De que hechos y efectos están comprobados no hay duda, como no la hay tampoco de sus causas. Ambos se ocultan sistemáticamente.

 

En realidad vivimos una crisis que no siempre alcanzamos a entender porque es la crisis de una era y el nacimiento de otra. En nuestra práctica de la teoría no teníamos los elementos mínimos para pensar en el futuro de una historia mundial que nos llevó a la restauración del capitalismo. El error fue gravísimo para muchos de nosotros. Nunca penamos que esfuerzos como los de Lenin y Mao iban a acabar en el desastre en que han acabado, ni que el heroico pueblo de Vietnam iba a terminar donde terminó.

 

Si, por otra parte, vemos este desenlace de evoluciones y revoluciones como enseñanzas, advertimos que por fortuna hay nuevas formas de plantear los problemas y las alternativas para construir un mundo que deje de ser injusto y autodestructivo. Estas nuevas formas, en sus manifestaciones más positivas y creadoras, guardan memoria de sus experiencias anteriores de emancipación; de las que tuvieron éxito y deben impulsarse y de las que implicaron fracasos que hoy se pueden evitar. También enfrentan nuevos y crueles asedios y despojos de corporaciones y complejos. Si son millones los que sufren la ofensiva de la globalización depredadora, privatizadora, y desnacionalizadora, también se cuentan así los nuevos movimientos de resistencia de campesinos, trabajadores, empleados y pueblos. Muchos enfrentan las políticas de despojo de tierras de labor y recursos naturales, de pérdida de derechos laborales, sociales, políticos, educativos y culturales, o de territorios enteros desertificados, deforestados o invadidos por las compañías y sus fuerzas de choque paramilitares, criminales y policiales. Todos, en mayor o menor medida, sufren las políticas de “descrecimiento” del consumo, de “descrecimiento” que deja sin empleo, sin techo y sin pan a un número creciente de los “sectores medios” y “bajos”. Muchos son víctimas de la caída de la producción nacional y social a que dieron y dan traste corporaciones y complejos con las nuevas políticas de descrecimiento industrial y tecnológico social y nacional, y con la cesión obligada, negociada y corrompida de recursos y mercados a las grandes empresas y sus asociados y subrogados que se encargan de enganchar a los miserables, depauperados, despojados, desplazados, desempleados, desaparecidos, secuestrados, migrantes, sin papeles, sobrevivientes, a los que “levantan” y venden o emplean como esclavos, asalariados de “sudaderos” y prostíbulos listos para ser eliminados y enterrados en fosas comunes cuando ya no pueden o no quieren servir. Si semejantes atropellos generan mundos de terror global, también van generando –en medio del dolor que se alcanza a resistir y de la superación del miedo, que se llama rabia y valor, o coraje– nuevas respuestas que por encima de las tradicionales o meramente críticas no sólo están creando formas de lucha mucho más efectivas para resistir, sino formas de resistencia y de organización más efectivas para construir y preservar la libertad, la justicia, la democracia, la autonomía, la independencia, la fraternidad con los semejantes y con los diferentes, en religión o ideología, en cultura, nacionalidad o etnia.

 


Entre los nuevos movimientos destacan los de las comunidades que han enfrentado durante siglos las políticas de colonización y hoy enfrentan las de privatización como recolonización. A esos movimientos que vienen desde muy muy abajo se añaden los de esa nueva categoría política y revolucionaria que es la juventud.

 

Las luchas de la juventud sin educación, sin empleo y sin futuro, más temprano que tarde descubren su inmenso peso cuando articulan sus luchas estudiantiles y juveniles con las demás fuerzas emancipadoras y con metas y programas mínimos de organizaciones en red y de colectivos y colectividades.

 

Los nuevos movimientos emancipadores se distinguen también porque en muchos de ellos están mezclados quienes poseen distintos niveles de educación y distintas experiencias de lucha. Es de ver y no creer cómo combinan y enriquecen sus conocimientos y experiencias para alcanzar objetivos comunes.

 

Entre esos nuevos movimientos –a escala mundial– destaca el que tiene su origen en una región del mundo que está en el sureste mexicano y que ocupan los antiguos pueblos mayas. En esa región del mundo nació, a fines del siglo XX, un proyecto universal que, desde el principio, fue un proyecto que en la diversidad encontró la unidad, y en la variedad los objetivos comunes de la emancipación humana. El movimiento no se planteó una nueva política asistencial, indianista o indigenista. En el curso de su gestación se fue planteando cada vez más un proyecto dispuesto a defender su transición pacífica para organizar, en el propio movimiento, la sociedad a que sus habitantes aspiraban, y una política mínima de la resistencia para vivir, para defender el territorio, la tierra, el agua, el bosque y la vida, sin limitarse a un concepto aldeano, ni sólo maya ni sólo nacional, y reclamando los derechos a la autonomía de sus comunidades al tiempo que se organiza en éstas el poder de decisión de sus pueblos, que son los que mandan a quienes de entre ellos comisionan o son comisionados en tareas determinadas, sin abandonar todo el tiempo o para siempre las tareas agrícolas, artesanales o caseras, sino volviendo a ellas cada vez que su comisión termina o en el tiempo que la comisión lo permite.

 

Según el último comunicado, los compañeros y hermanos zapatistas han logrado –en medio de asedios– que en su territorio los niños tengan escuela, los enfermos medicina y hospital, y todos sus habitantes, lo mínimo necesario para vivir. Han logrado que en su territorio no haya narcotráfico ni alcoholismo, ni esa inseguridad genocida que con la corrupción individual y colectiva ataca aquí y allá en el resto del país y el mundo.

 

En los hechos, los zapatistas confirman que el suyo es un nuevo proyecto de emancipación, construida, que no sólo difiere de movimientos anteriores, como el de Lenin o el de Mao, sino también de otros, como la mayoría de las guerrillas de los años sesenta y setenta.

 

El gigantesco y modesto éxito de “los pequeños entre los pequeños” induce a pensar a un nivel mundial en la historia reciente de los éxitos y fracasos de la transición a lo que hoy llamamos “otro mundo posible”. Al caer el inmenso bloque soviético y chino y restaurarse en esos países el capitalismo con sus contradicciones estatales, empresariales, mercantiles, sociales y ecológicas, una pequeña isla llamada Cuba, que tenía 7 millones de habitantes al empezar su revolución, está allí entera, luchando por el socialismo y la libertad. Podemos pensar que la resistencia de Cuba es un milagro, pero si nos limitamos a un análisis político, tenemos que preguntarnos qué ocurrió en esa pequeña isla, que sigue resistiendo a la potencia imperialista más poderosa y agresiva del mundo.

 

Debe haber algo. Por más que han sufrido en su contra las campañas más espantosas, padecido un cruel bloqueo, que ya dura más de medio siglo, y enfrentando cuanto tipo de intervenciones legales y criminales existe en la historia del colonialismo, este “algo” que hay en Cuba muestra ser una mezcla de la enorme cultura de la lucha por la independencia y de la lucha de clases, pero de “otra lucha por la independencia” y “otra lucha de clases”… Ya Toussant L’Ouverture, y su hazaña de los esclavos insurgentes en Haití, demostró, en medio de la tragedia, que el esclavo que se libera en un país colonial no se libera, pues siempre vienen los ejércitos de los napoleones a acabar con el proyecto liberador del esclavo.

 

El mismo problema se plantea a otra escala, no sólo en las comunidades de origen indígena de la primera conquista, sino en las comunidades nacionales: el problema de combinar las luchas de las comunidades por la autonomía con las luchas por la independencia de las naciones. Pues ni unas ni otras se liberan si no se juntan.

 

En el caso de Cuba, la solución aparece en la conjunción muy seria y profunda de Marx y de Martí. Así como los zapatistas toman la palabra y el concepto de dignidad como forma de enfrentarse a la dictadura del poder, así los cubanos dan a la moral un sentido político de organización de la resistencia y de moral de lucha que integra la articulación, cooperación, solidaridad, fraternidad o de hermandad practicadas, que no se queda en un decir, que no se queda en la moralina de la que hablaba Benedetti, sino que se vuelve una realidad capaz de enfrentar sus propias contradicciones y las que activa el enemigo.

 

La gente que en política no tiene esta práctica de la moral cree que todo esto son tonteras, o que nada más estamos hablando. Pero ahí está una realidad que no podemos ignorar… La moral de la lucha por la independencia organizada con la lucha de clases y con la lucha por el socialismo y la libertad. Y, volviendo a nuestro tema y su situación actual, advertimos cómo al abrirse y articularse a la diversidad del mundo y de México, como lo acaba de hacer el movimiento zapatista, tenemos que plantearnos el problema de las resistencias frente a la nueva ofensiva de cooptación, corrupción e intimidación de las corporaciones y complejos y de sus asociados y subordinados. Si éstos durante un tiempo privilegiarán el diálogo para la cooptación, no por sus dulces voces dejarán de tener escondido un gran garrote, como dijo aquél. Mantener la dignidad con la capacidad de diálogo y la firmeza con la capacidad de lucha emancipadora será crucial.

 

Por las experiencias anteriores vamos también a confirmar que, aparte de las características de recolonización del mundo que muestra el capitalismo, su crisis va acompañada de una crisis de la moneda, del salario, del crédito y del modo de acumulación. Con eso no quiero decir que vaya a otro modo de acumulación, o que se va a repetir lo que ocurrió en crisis anteriores, sino muestra una y otra vez su tendencia a las políticas de depredación, depauperación, privatización, desnacionalización, que por sentido común enajenado están llevando a los “ejecutivos” de corporaciones y a los “ejecutivos de gobiernos” a posiciones cada vez más agresivas, corruptoras, privatizadoras y desreguladoras...

 

En crisis anteriores también existió una combinación de los modos de acumulación depredadora con los modos de acumulación salarial. La depredación o la explotación de colonias, la ocupación de territorios y países enteros se hizo en crisis anteriores. Ahora es mucho más serio que se haga porque la contradicción entre el modo de dominación y acumulación capitalista enfrenta una crisis de sus propias soluciones.

 

Por una parte está en crisis el proyecto del imperialismo único o dominante que durante un tiempo tuvo Estados Unidos. Ese proyecto falló –como lo ha analizado y demostrado Wallerstein– y está en crisis irreversible. Se están formando dos bloques, informes todavía, pero uno y otro manejados por aquello que Roosevelt temía mucho. El presidente Roosevelt dijo alguna vez: “Le temo más a los negocios organizados que al crimen organizado”. Se quedó corto, porque ahora se juntó el negocio organizado con el crimen organizado.

 

Todo revela una crisis muy fuerte que no sólo se da en Estados Unidos o Europa, sino en Rusia y en China, cuya capacidad de producción es inmensa y cuya capacidad de destrucción también es fatal. En la teoría del Pentágono se habló desde los cuarentas de la guerra atómica como “guerra de destrucción mutua asegurada”. No se trataba de una “doctrina” como algunos de sus “expertos” pretenden hoy era y es un hecho. Ya era un hecho entonces y es mucho peor ahora. Si se ha dejado de hablar del mismo no es porque sea menor, sino porque es peor. Hace más de medio siglo las bombas atómicas fueron superadas en su poder letal por las nucleares, y en todo este tiempo se mejoraron los sistemas de lanzamiento terrestre y extraterrestre, aéreo y marítimo, así como los mecanismos autodirigidos. Y no sólo proliferaron las bombas en tierras, cielos y mares, sino en el número de países que disponen de ellas, y en el tamaño cada vez más pequeño a que las nuevas tecnologías han contribuido.

 

Si la producción para una guerra nuclear supuestamente defensiva “sigue su marcha” es porque las bombas nucleares y todos los aparatos que sirven para la guerra son un negocio gigantesco, y son el motor principal de la economía de las grandes potencias. Controlar las crisis recurrentes con una guerra mundial es el imposible que no se puede hacer posible.

 

Hay otra crisis, la de la sociedad del conocimiento. Es la crisis del conocimiento de los rulers, de los dueños y señores de corporaciones y complejos, ya sean gerentes de las megaempresas, o jefes de gobiernos reducidos a gerentes de sus países. Todos ellos buscan que venga el capital “corporativo a salvarnos”, porque dizque “va a crear empleo”, cuando ya se sabe que por cada empleo que las corporaciones crean se pierden cientos entre los pequeñas y medianas empresas y hasta en los trabajos de los artesanos y vendedores de la calle. A sabiendas de eso el mentiroso argumento se usa hasta por los gobiernos que se dicen socialistas, que ponen en marcha políticas para “ser competitivos” a costa de los trabajadores y las juventudes y de los habitantes de la tierra, de los suelos y subsuelos, de las fuentes de agua y las fuentes de vida. El arte globalizado de gobernar consiste en ocultar la realidad para construir la sociedad del desconocimiento.

 

No sólo se da la crisis de la corrupción y la represión, de la política perfeccionada de “la zanahoria y el garrote”, de las armas y la economía de guerra, sino del conjunto de la vida y del proyecto humanista religioso o laico. Y es en esas circunstancias que el zapatismo, con sus comunidades y los adherentes que se suman a los de abajo y a la izquierda del mundo entero, busca deshacerse de las cadenas posmodernas del capital monopólico y sus panegiristas.

 

En el nuevo encuentro con México y el mundo tenemos que darnos cuenta de que no podemos exigir a todas las fuerzas que luchan por la libertad humana que luchen con la misma posición política que tenemos. Como se puede advertir en la lectura que se hizo del comunicado, hay elementos particulares en este país que no se dan en otros países y otros que sí se dan.

 

Dentro de la gama de la resistencia universal vemos cómo la más avanzada es Cuba que, más que la última revolución marxista, es la primera del nuevo tipo, en la que… si el proceso se inicia desde arriba y a la izquierda, crea la lógica revolucionaria de que el Estado y quienes lo construyen tienen un papel pedagógico muy significativo para que todo el pueblo sepa lo que saben las vanguardias y para que estas aprendan lo que saben sus pueblos. Nunca debemos olvidarlo: si en 1959 había unos cientos de seres humanos que sabían de todos estos problemas, ahora son millones de cubanos los que saben de todos estos problemas, y eso no es cualquier cosa.

 

A partir de un movimiento emancipador, indudable en la importancia que da a la construcción del poder del pueblo trabajador, podemos ver a otros países, como el nuestro, y ver lo que de particular y general hay en otros movimientos. El EZLN, primero se levantó en armas y tomó varias ciudades; después aceptó dialogar. Antes de los diálogos de San Andrés tomó una medida extraordinaria –que en gran parte se debe a don Samuel Ruiz– quien contribuyó a que se suspendiera el fuego en una guerra que apenas estaba por empezar. Ese hecho fue en verdad extraordinario y en él, y siempre, el EZLN mostró su vocación de paz.

 

Es lo más raro en la historia de la humanidad que dos ejércitos que están a punto de iniciar una guerra firmen un pacto de no agresión y digan “vamos a hablar”. Vinieron los diálogos de Catedral primero. Después los diálogos en el ejido de San Miguel. Después los diálogos de San Andrés. Hubo un momento en que se aceptó la lucha en el terreno de la paz. Pero, ¿qué pasó con esa lucha? La traicionaron todos los partidos y también la traicionó el gobierno.

 

Entonces el EZLN dijo “ahora nos encerramos”, pero nunca su proyecto fue nada más luchar abajo y a la izquierda. No, si podemos luchar arriba, también vamos a luchar arriba. El problema es mantener los principios fundamentales de la dignidad y la autonomía, de la democracia como gobierno del pueblo con el pueblo y sus luchas por la justicia y libertad, y de mantener, con esos principios, una gran disciplina como la que mostraron los zapatistas en el desfile organizado y desarmado que hicieron como una nueva carta de presentación de su vocación de paz. El orden impecable que mostraron el 2l de diciembre confirmó una diferencia fundamental con la manifestación de los jóvenes estudiantes, en cuyas filas se pudieron meter los tradicionales agentes provocadores. En estas filas no se podía meter ni un insecto provocador.

 

Los cambios que se dan en los movimientos de que es pionero el EZLN no provienen de posiciones teóricas o emocionales, sino de teorías experimentadas y de experiencias pensadas. En este momento histórico confirman la posibilidad de definir la lucha como un proyecto de democracia organizada, de autonomía organizada, de libertad que fortalece y cuida la organización del pensamiento, de la dignidad y de la voluntad colectiva y combativa, y en que todos los actores cumplen con su palabras.

 

En un proceso semejante y distinto de los nuevos movimientos de liberación se encuentran otros países que están en la resistencia frente al proyecto colonizador de las corporaciones y los complejos. Entre ellos, a la cabeza, está Venezuela –puedo equivocarme–; también se encuentra Bolivia –con más contradicciones y dificultades–, y quizás Ecuador. Pero hay otros que están resistiendo, como Uruguay, con la gran fuerza de una democracia muy vinculada a la cultura socialista y marxista. Se encuentran también quienes en Argentina de pronto se enfrentan a la toma de las islas Malvinas por el imperio británico, y no sólo se enfrentan a la deuda externa, sino cancelan la deuda externa. Se trata de resistencias nuevas en las que no estamos insertos, pero que tenemos que respetar y alentar para el triunfo sobre sus contradicciones internas y externas con la formación de un Estado-pueblo en que se organicen, hasta tener la inmensa mayoría, la fuerza de la independencia de los trabajadores, de las comunidades y de la juventud, todos listos a triunfar sobre la corrupción y la intimidación.

 

Tenemos que aprender a acercarnos a un mundo que es diverso, que es distinto, pero que tiene problemas parecidos y que puede luchar de maneras diferentes. También tenemos que seguir superando nociones como la del poder en abstracto, y pensar que si el poder es nuestro, lo vamos a hacer muy distinto de quienes lo tienen. Por eso es que el subcomandante habla, con esa capacidad de expresión que domina, de “otra democracia muy otra”. Vamos a hacer un muy otro poder. “Muy otro” no tiene nada que ver con el poder de las corporaciones y el poder del crimen organizado, o con el poder de los paramilitares y con el que le da la “subrogación” de trabajadores a las corporaciones… Es otro poder: el poder del mundo moral y combativo.

 

No podría detenerme sin decirles lo agradecido que estoy con los compañeros de esta universidad magnífica, y sin pedirles que estudiemos mucho más a fondo el pensamiento de los zapatistas como un pensamiento que viene de la experiencia universal del ser humano y de la experiencia que ellos, como descendientes de los pueblos mayas y de las rebeliones universales han tenido y tienen en su lucha por la democracia, por la justicia y la libertad.

 

*Palabras de Pablo González Casanova en el seminario Planeta Tierra: movimientos antisistémicos en el Cideci, Chiapas, el 1º de enero de 2013

Guatemala y Honduras: ¿bantustanes para ricos? (I)

Con mirada retronostálgica, aún es posible caminar por el centro de ciudad de México y los barrios con historia” de Buenos Aires, Quito, Montevideo, La Paz, Río de Janeiro. En cambio, los de Lima, Bogotá, Santiago, Panamá, Caracas, apenas conservan vestigios de añejas lozanías urbanas.

 

Tampoco hay que idealizar, pues las “encantadoras” ciudades coloniales, virreinales y republicanas de América Latina trasuntan la historia de sus clases dominantes. En la primera mitad del siglo pasado, los urbanistas ya bosquejaban sus proyectos en función de la imparable producción de automóviles para uso particular, y hacia 1980, con la imposición del modelo neoliberal, empezaron a brotar espacios urbanos enemigos de lo público y de acceso restringido para el ciudadano corriente.

 

Hace unos días, por ejemplo, visité a un funcionario en un barrio exclusivo. Al entrar, un cartel colgado del grueso portón metálico: “Deténgase. Apague el motor. Encienda las luces. Identifíquese”. Y al salir, la inevitable bronca con un guardia malencarado que me ordenó abrir el baúl para cerciorarse de que no había secuestrado a mi anfitrión, con fines inconfesables.

 

En las antípodas de la utopía urbana anarcosocialista, la distopía anarcocapitalista empieza a concretar sus ideales: ciudades “sin Dios, Estado ni ley” y administradas por magnates que, en el caso de países como Guatemala y Honduras y así como sus abuelos, delegan en el Comando Sur la “resolución” de los problemas sociales del país. Y donde sus exclusivas y excluyentes “cartas constitucionales” se rigen invariablemente por un solo principio: “seguridad”.

 

¿Ciudades sin ciudadanos? Visitemos Paseo Cayalá, plástico y artificial remedo de urbe “colonial” situada a escasos kilómetros de la ciudad de Guatemala. Por ahora, Cayalá tiene 14 hectáreas. Según el corresponsal de Associated Press en Guatemala, la élite de Cayalá está compuesta por jóvenes profesionales y parejas recién casadas que viven detrás de grandes muros para sentirse “seguras” frente a la inaudita pobreza, delincuencia y criminalidad del país centroamericano.

 

El único acceso a Cayalá se realiza mediante un garaje subterráneo, donde los residentes y visitantes usan escaleras mecánicas decoradas al estilo art nouveau de las paradas del Metro de París. El cronista observó calles empedradas, clubes nocturnos, restaurantes, cafeterías, boutiques de lujo y policías con armas ocultas que se movilizan en patinetas motorizadas Segway.

 

En caso de una denuncia, la policía nacional de Guatemala necesita orden judicial para ingresar a la “ciudad”. Y todos los problemas son tratados por la asociación de propietarios, que discuten en un “edificio de columnas inspiradas en el Monumento a Abraham Lincoln de Washington y en el Partenón griego”.


Los constructores de Cayalá compraron la tierra en la década de 1980, época en que las matanzas y despojos de tierras de indígenas fueron más despiadadas que las narradas por el cronista Bernal Díaz del Castillo. Y luego de los “acuerdos de paz” con la guerrilla, las castas divinas de la oligarquía guatemalteca volvieron, por vía “democrática”, a los mejores años de la Mamita Yunai y la invasión yanqui de 1954.

 

Mientras, en la vecina Honduras (patria de Francisco Morazán), el espíritu del mercenario William Walter (“presidente” de Nicaragua en 1856-57) y del rey de la banana Sam Zemurray (1911) resucitaba en los políticos que en Tegucigalpa derrocaron al presidente Manuel Zelaya en septiembre de 2009.

 

Los arquitectos guatemaltecos y hondureños enrolados en el llamado “nuevo urbanismo” (que promueve la creación de barrios por donde se pueda caminar) hablan de impulsar “estilos de vida más cosmopolitas”.

 

¿Cuáles serían? ¿Los de Singapur, Hong Kong, Macao, Eurovegas, Jerusalén este? Porque en Estados Unidos y Europa existen férreos marcos regulatorios que desalientan las prácticas especulativas asociadas a la compraventa de tierras urbanas.

 

Los anarcocapitalistas pescan en los ríos revueltos de los estados débiles, o en países “asegurados” por el Pentágono que, como en el caso de Honduras, registran un largo y crónico historial de corrupción institucional, entreguismo y cesión de soberanía.

 

Y allí pusieron el ojo seudoempresas como Free Cities Group, de Paul Thiel (fundador de PayPal), la Future Cities Development Corporation, de Patri Friedman (nieto del gurú neoliberal Milton Friedman), o inversionistas virtuales, como el economista Paul Romer, quien después de fracasar en Madagascar y Mauritania consiguió que los políticos hondureños prestaran oídos a sus proyectos para construir charter cities (ciudades modelo).

 

Las distopías urbanas de las charter cities serían el revés de los “bantustanes” concebidos por los racistas de Sudáfrica y Namibia para los negros. Reservas con independencia nominal (Transkei, Venda, Ciskei), que alojaban y concentraban en su interior poblaciones étnicamente homogéneas, y que los sionistas de Israel prevén para los palestinos de Gaza y Cisjordania.

 

Se agota la moneda Eagle de plata en EU y Azerbayán repatria su oro de JP Morgan

Mientras se intensifica la guerra global del gas, uno de cuyos teatros es el muy cantado efecto dominó” de Libia-Malí-Argelia, son momentos trepidantes de las geofinanzas, cuando se perfilan nuevos posicionamientos después del estruendoso anuncio de la repatriación del oro alemán (segunda reserva mundial) de las bóvedas de la rama neoyorquina de la Reserva Federal –a siete extensos años–, de su quinta parte supuestamente depositada, y cuya existencia es cada vez más puesta en tela de juicio (ver Bajo la Lupa, 20/1/13).

 

El surrealismo se ha apoderado de personalidades políticas y financieras de primer nivel quienes exigen una independiente auditoría formal (válgase la tautología) para cerciorarse de la existencia física del legendario oro de Fort Knox.

 

Las reverberaciones son vibrantes desde Estados Unidos hasta Azerbayán

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En Estados Unidos se suspendió en forma dramática la acuñación de la moneda de plata Eagle hasta el 28 de enero, al haberse disparado la demanda. El día de la suspensión se habían vendido un millón de monedas (6 millones en el lapso de dos semanas).

 

No tendrá mucho efecto en los mercados por su relativa insignificancia, pero cobra relevancia simbólica en la coyuntura presente, cuando la república islámica de Azerbaiyán (potencia gasera/petrolera nada despreciable) ha iniciado la repatriación de su oro de las arcas muy controvertidas del banco de inversiones JP Morgan: primer tenedor de los especulativos “derivados financieros” del planeta (¡que sólo supera el PIB global en forma insólita!).

 

Por el momento, el Fondo de Petróleo Estatal (SOFAZ, por sus siglas en inglés) de Azerbayán solamente retiró una magra tonelada áurea del almacén de JP Morgan en Londres, para colocarla en las bóvedas caucásicas, más seguras, del banco central de Bakú (su capital).

 

El problema no subyace en la microscópica repatriación del oro azerí, sino en su efecto imitativo, que la sesgada prensa anglosajona califica de “contagio”, como si fuera una enfermedad, en lugar de una loable curación a las metástasis del incurable cáncer de la desregulada globalización financierista anglosajona.

 

Para escrudiñar la verdadera evolución de las geofinanzas, una de las obligadas gráficas a seguir es la tenencia de las reservas auríferas de los países, según las estadísticas del muy solvente Consejo Mundial del Oro (WGC: www.gold.org), que son imprescindibles para sopesar dialécticamente la delicada situación global.

 

Un estudio de investigación muy atractivo del WGC versa sobre El oro, el renminbi y el sistema de reservas de multi-divisas, que un servidor entronizaría más correctamente, por su ineludible connotación geopolítica, como “sistema multipolar de divisas”.

 

WGC cita al Foro de Instituciones Oficiales Financieras y Monetarias (OMFIF, por sus siglas en inglés): “La demanda del oro probablemente se incrementará conforme el mundo se encamina a un sistema de reserva de multi-divisas bajo el impacto de la incertidumbre sobre la estabilidad del dólar y el euro, los principales activos que poseen los bancos centrales y los fondos soberanos de riqueza” (WSF, por sus siglas en inglés).

 

El inédito sistema multipolar de las divisas en vías de formación, a mi juicio, representa un genuino sistema tripolar (hasta nueva orden): el dólar, el yuan y el euro (si no es balcanizado antes por las plazas financieras anglosajonas de La City y Wall Street y ahora por la trampa plantada de Al Qaeda en el Sahara/Sahel), donde salen sobrando los sobredimensionados yen nipón y libra esterlina, que todavía el agónico FMI conserva anacrónicamente como insustentables divisas de reservas del ancien régime.

 

De hecho, son pocas las divisas que cumplen con los mínimos requisitos para su intercambio global.


Se fragua, by the time being, más que un nuevo orden geofinanciero –sea bipolar (sin el euro) o tripolar (con el euro)–, un ajuste inevitable con la llegada de un tercer invitado: el resplandeciente renminbi.

 

A colación, los jerarcas rusos abogan por un sistema hexapolar de las divisas (Bajo la Lupa, 21/7/10), donde agregan a la tripolaridad conocida (dólar, euro y renminbi) el rublo, el dólar australiano y el dólar canadiense (por sus materias primas).

 

Por cierto, Rusia prepara un plan contra la “guerra financiera” de Occidente (Russia Today, 21/1/13), cuando la Academia Rusa intenta blindarse ante un desplome deliberado del petróleo, que la hace muy vulnerable debido a “la dependencia de la economía rusa de las divisas extranjeras (léase: el dólar y el euro)”.

 

OMFIF considera que “empujado por el deseo de China de aumentar su influencia financiera, el renminbi es probable que emerja gradualmente (¡súper sic!) como una genuina divisa internacional conforme Pekín levanta las restricciones sobre su uso en transacciones e inversiones foráneas, pero es improbable que represente una amenaza inmediata al dólar”. ¡De acuerdo!

 

El gradualismo se adapta más a la cosmogonía china, ya no se diga su realismo geoconómico, cuando pronto superará al Atlántico norte sin necesidad de disparar una sola bala. El peligro proviene de los sectores neoliberales teológicos de la banca anglosajona, que buscan provocar una tercera guerra mundial –más en la región norasiática que en el Medio Oriente, al cual abandonaron a su trágica suerte de las llamas que incendiaron–, para preservar sus privilegios.

 

A propósito, el portavoz oficioso de los intereses neoliberales hiperradicales de La City, Ambrose Evans-Pritchard (The Daily Telegraph, 17/1/13 y 21/1/13), maniobra entre el retorno al patrón oro (en sincronía a la hegemonía del dolarcentrismo) y el hoy ominoso laboratorio de experimentación que se escenifica en Japón, lo cual ya empezó a provocar turbulencias globales, mediante la “guerra de las divisas”: devaluación artificial del yen nipón para estimular sus alicaídas exportaciones, al unísono de polémicas medidas fiscalistas y monetaristas.

 

Muy sensato por esta vez, OMFIF sentencia que “el mundo se encamina a las aguas sin navegar de un sistema de reserva de multidivisas durable (sic), donde el dólar compartirá su papel pivote (¡súper sic!) con un rango de otras divisas, que incluyen al renminbi”. ¡También de acuerdo! ¿Cuáles serán esas otras divisas que no cita OMFIF?

 

Lo interesante radica en el prólogo de lord Meghnad Desai, presidente del Consejo Consultivo del OMFIF, quien sopesa varios escenarios entre 2013 y 2018, entre los cuales se encuentra “una plena (¡súper sic!) crisis con el fin (¡súper sic!) del euro” o, en su defecto, “su recuperación” (sic): en cualquier caso, “el papel del oro será más significativo”.

 

Lo incontrovertible, por lo pronto, yace en el cada vez más relevante papel del oro, que no necesariamente suplirá a todo el sistema, debido a que no existe suficiente cantidad en el planeta.

 

Aquí es donde pueden coparticipar los otros metales preciosos como el platino, el paladio y la plata, lo cual beneficiaría al “México eterno” (primer productor mundial), siempre y cuando recupere su control despojado por los piratas anglosajones por la vía de Canadá sin ningún beneficio a cambio; ni siquiera de visas.

 

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Domingo, 20 Enero 2013 06:42

Europa va a la guerra en el Sahel

Europa va a la guerra en el Sahel

Malí, uno de los 25 países más pobres del mundo, nacido en 1960 como Federación de Malí a raíz de la independencia de Sudán y Senegal, era hasta hace apenas 12 meses un modelo de democracia africana. Con 15,5 millones de habitantes y una extensión vastísima, más del doble que Francia —con el Sáhara al norte, la sabana saheliana en el centro y los cultivos en el sur sudanés regado por el Níger—, el país donde Miquel Barceló pasaba varios meses cada año investigando con la arcilla y las termitas, y pintando sus acuarelas resonaba en los oídos occidentales como el último —o en fin, el penúltimo— paraíso perdido.


 
Músicos dotados de duende, talento y conciencia como Toumani y Mamadou Diabaté —los genios mandingas de la kora—, Ali Farka Tuoré y Salif Keita creaban marca Malí en todo el mundo; el gran Kanouté goleaba y ganaba títulos en España, los turistas fluían a millares hacia la milenaria Tombuctú para visitar los santuarios y las casas de adobe, y los musulmanes —el 90% de la población— acataban sin problemas el sistema constitucional laico moldeado en París para Alpha Konaré (ganador de las elecciones de 1992 y 1997) y prolongado luego por Amadou Touré, que fue investido presidente en unos comicios homologados por la comunidad internacional en 2002 y reelegido en 2007.


 
Todo cambió en 2011, cuando acabó la guerra de Libia. Los milicianos independentistas tuaregs de Ansar Dine, que habían permanecido marginados pero más o menos tranquilos durante décadas, lucharon como mercenarios para las tropas leales a Gaddafi, y regresaron a casa en sus veloces camionetas sin techo, armados hasta los dientes con trastos de todos los calibres y pesos posibles (metralletas, cañones, blindados, baterías antiaéreas…), adquiridos a buen precio en el enloquecido bazar libio.


 
Tras aliarse con los yihadistas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), que controlan un círculo inmenso de arena que va desde el Atlántico hasta Chad y desde Níger al sur de Túnez, y con el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), los tuaregs lanzaron la rebelión en enero de 2012; en unas semanas conquistaron tres regiones del norte y declararon la sharía, la ley islámica. Enseguida empezaron las lapidaciones, las amputaciones y la destrucción del patrimonio histórico. Cientos de miles de malienses huyeron al sur y a los países vecinos, agudizando así la hambruna de millones de personas en el Sahel.


 
Descontentos con la débil respuesta del presidente, soldados del Ejército regular, que habían sido entrenados por Estados Unidos, que invirtió 500 millones de euros en su formación, se pasaron al enemigo con armas y bagajes, y depusieron a Touré. La mediación de la CEDEAO, la Comunidad Económica de Estados del África Occidental, consiguió en abril colocar al civil Dioncounda Traoré como presidente de un Gobierno de unidad nacional provisional. Pero una turba atacó al nuevo líder, que tuvo que volar hasta París y necesitó dos meses para recuperarse del susto y las heridas antes de volver a Bamako.

 

En septiembre, Traoré pidió ayuda a la comunidad internacional alegando que los rebeldes seguían ganando posiciones. La ejemplar democracia maliense no controlaba su territorio. Había sucumbido al terror.


 
Mientras todo esto pasaba, en Francia hubo elecciones. Y ganó François Hollande.


 
La doctrina de François Hollande sobre África es una especie de revolución que trata de sanear las muy corruptas y podridas alcantarillas del neocolonialismo francés. Consiste en afirmar que la Administración ha dejado atrás para siempre los hábitos de la Françafrique, ese término despectivo que describe la complicidad de Francia con los dictadores títere para esquilmar a conciencia las materias primas de la zona y financiar luego bajo cuerda las necesidades, personales o partidarias, del sistema político de París. El mensaje es que la larga fase histórica marcada por las maletas llenas de billetes llegando al Elíseo es cosa del pasado. Que África es adulta y debe gestionar y decidir su futuro. Y que las intervenciones más o menos caprichosas de las tropas francesas asentadas en las bases de Chad, Burkina Fasso, Níger o Costa de Marfil, por citar solo algunas, son cosa del pasado.

 


al Gobierno de Malí a frenar el avance de la rebelión “terrorista” con tropas estrictamente africanas, reclutadas por la CEDEAO y puestas bajo el mando de un general nigeriano asesorado por un puñado de oficiales franceses. Estas tropas se unirían al desmoralizado y muy impopular Ejército regular maliense para reconquistar el norte, y en vez de ser instruidas por EE UU —visto el éxito obtenido— estarían formadas por 450 instructores europeos. La UE, la ONU, la Unión Africana, e incluso Rusia y China, consideraron que podía servir, y el Consejo de Seguridad aprobó en diciembre la resolución 2.085 autorizando el despliegue.


 
Pero todo se precipitó de nuevo el 10 de enero. Ese día, los grupos islamistas y otros parientes tomaron Konna. Situada en el centro del país y a escasos kilómetros de un aeropuerto, se trata de un lugar demasiado peligroso y estratégico como para haber sido elegido al azar. La ofensiva de los terroristas hacia Bamako había empezado.

 


Tras debatir con su Estado Mayor y los jefes de los servicios de inteligencia interior y exterior, Hollande reunió el día 11 al Consejo de Defensa en el Elíseo y dio la orden de ataque a los aviones Mirage aparcados en la base de Chad, muy cerca de la capital, Djamena. En ese momento, según ha escrito Christophe Barbier en L’Express, Hollande decidió “ser comandante en jefe para convertirse, finalmente, en jefe de Estado”.


 
En unas horas, la metamorfosis del presidente al que muchos apodan Flanby por su blandura asombra a los franceses. No solo rectifica su flamante política africana no intervencionista sobre la marcha para “asegurar la existencia del Estado de Malí”. También, explica con determinación ante las cámaras, ha dado la orden de enviar un comando de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE) a Somalia.


 
Francia tiene allí a un espía (seudónimo Denis Allex) secuestrado por la milicia yihadista Al Shabab desde hace tres años y medio. El asalto de las fuerzas especiales, cinco helicópteros y 50 militares, fracasa en el intento de liberar al rehén. Mueren dos soldados franceses, otros seis resultan heridos, y Allex es asesinado por sus captores. Según París, el asalto acaba también con la vida de 17 terroristas. El mismo día, Francia sufre la primera baja en Malí, un piloto de helicóptero del regimiento de Pau.


 
Pese al desastre inicial, Hollande envía un doble o triple mensaje de firmeza. Al “islamogansterismo”, a los socios euroatlánticos que se permiten menospreciar a Francia en la ONU o la UE, y a sus asustados conciudadanos que temen haber elegido a un jefe de Estado incapaz de gestionar las crisis importantes. El recado dice: “No nos chantajearéis con los secuestros, no os dejaremos destruir las precarias democracias africanas, Francia sigue siendo mucha Francia”, y su Ejército, señala Barbier, “está preparado para adaptarse a los peligros contemporáneos y las nuevas amenazas”.


 
Si hace diez años Jacques Chirac prefirió eximir a sus paisanos de la guerra de Irak, Hollande, asesorado ahora por el nuevo equipo de comunicación del Elíseo, fichado en diciembre para tratar de remontar la popularidad hundida en los primeros meses de su mandato —un 35%—, comparece ante el país solemne, firme, determinado. Los partidos, sin excepción, aprueban sus decisiones, se forma un raro clima de unidad nacional —durará apenas una semana—. Pero pronto queda claro que su nuevo traje no gusta en Europa. Alemania, Reino Unido y España prefieren mirar hacia otro lado ante la petición de colaboración francesa y se convierten en el enemigo en casa.

 


Dos medios conservadores, Financial Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung, lideran la corriente de opinión. Al intervenir en solitario en Malí, afirman: Hollande ha cambiado sus principios sobre la marcha, resucita viejas actitudes colonialistas y defiende intereses económicos más o menos ocultos, además de lo obvio, intentar ganar popularidad con una intervención armada.


 
Hollande replica a las críticas. Afirma que Francia no tiene la menor intención “de quedarse” en su excolonia, y asegura que la operación en Malí, que solo busca defender a los ciudadanos franceses, será “una excepción” a la regla general. Ese nuevo Hollande, que parece menos sincero de lo habitual, desdeña incluso las afirmaciones que señalan que la intervención busca proteger a las compañías que, como el gigante nuclear Areva, extraen materias primas baratas en la zona, entre otras el uranio de la vecina Níger, tan útil para las centrales francesas.


 
“No estamos en Malí para defender a nuestras empresas”, afirma el presidente, que se pliega a la versión oficial de los tres objetivos: “Primero, frenar la agresión terrorista, que buscaba hacerse con el control de todo el país, incluida Bamako. Después proteger la capital, donde viven varios miles de ciudadanos franceses. Y finalmente, permitir a Malí recuperar la integridad territorial”.


 
El especialista en África occidental René Otayek, profesor de Science Po en Burdeos, cree que “no es absurdo decir que Francia ha actuado para defender a los miles de franceses que viven en Bamako, aunque no es menos cierto añadir que gran parte de esos ciudadanos trabaja para empresas francesas asentadas en la zona y que es lógico que Francia las defienda. Las minas de Areva en Níger suponen el mayor suministro de uranio para Francia, pero también hay explotaciones petroleras y muchas otras compañías que operan en Mauritania, Malí, Burkina Faso… El Sahel es un lugar estratégico para Francia, y es incontestable que intente impedir que los terroristas amenacen las minas de uranio y sus otros intereses”.


 
Aunque sea incontestable, esta realidad política, comercial y económica parece estar en la raíz de la escasa implicación de los socios naturales en la primera aventura bélica de Hollande. El eurodiputado ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit resumió con toda crudeza el malestar por la deserción europea al decirle a Catherine Ashton: “Madame Ashton, usted ha dicho que nos concierne a todos. Todos nos dicen lo mismo. Pero no hay más que soldados franceses allí. Y lo que se nos está diciendo es: "Nosotros os mandamos unas enfermeras, y a vosotros que os maten”.


 
Le Monde reveló que en la reunión de ministros de Exteriores celebrada el jueves en Bruselas, el francés Laurent Fabius se sintió también molesto porque sus homólogos español y alemán le preguntaron “qué busca exactamente Francia en Malí”. En cuanto a la Administración de Barack Obama, su lenguaraz embajadora Susan Rice ha dejado claro que París es el único responsable directo de la intervención al afirmar que la petición de ayuda enviada a Naciones Unidas por el presidente maliense se podía resumir con la expresión “¡socorro, Francia!”.
 


Así, a pesar de la oleada de apoyo moral que Francia ha recibido estos días, Hollande deberá conformarse, de momento, con formar una coalición eminentemente francófona y europea. Hoy por hoy, solo Bélgica entre los 27 países de la UE se ha comprometido a enviar tropas —unos 70 soldados que colaborarán en tareas de transporte y mantenimiento— a la zona. Los compañeros de viaje de Francia estarán en la fuerza multinacional de países africanos occidentales, la Misión Internacional de Apoyo a Malí (MISMA, en francés). Ese contingente de 3.300 soldados, de los que 2.200 deberían estar sobre el terreno hoy domingo, y los 2.000 soldados que enviará Chad serán por ahora el único consuelo a la soledad de los 2.500 militares franceses que lucharán contra un enemigo formado, según los cálculos del ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, por unos 3.000 yihadistas y tuaregs.

 


La MISMA estará liderará por la anglófona y no siempre eficaz Nigeria (la excepción a la regla francófona aportará 900 soldados y el general al mando), y en ella militan también Togo (540 soldados), Níger (500), Senegal (450), Burkina Faso y Benín (300 cada uno), Ghana (180) y Guinea, que enviará 145 militares.


 
Solo un miembro secundario del Gobierno, el ministro de Relaciones con el Parlamento, Alain Vidalies, se ha atrevido a deplorar en público “la mínima movilización de Europa”. Vidalies citó “algunas ausencias lamentables”, sin dar nombres, y enfatizó que “Francia no ha decidido actuar en solitario sino que han sido los acontecimientos los que han dictado la respuesta”. Pero el sabio profesor Gilles Kepel ha escrito esta semana en Le Monde que “la soledad de Francia no es sostenible salvo que se vacíe de sentido a la UE”.


 
Y el problema es que la actitud de sus principales socios, Alemania y Reino Unido, parece revelar que Europa todavía no es consciente de que este episodio de la guerra de las democracias contra el terrorismo es el más europeo de los que se han librado hasta ahora. Con Canarias a 1.800 kilómetros del teatro de operaciones y Argelia a tiro de piedra de España, las deserciones europeas del frente han causado estupor y escozor en Francia. Algunos diputados socialistas han criticado con dureza la negativa de Berlín a enviar tropas. “La crisis de Europa parecía financiera, pero es política”, afirmó Malek Boutih, que acusó a los alemanes de “debilitar la solidaridad europea”.


 
El profesor Otayek cree que no es momento de dramatizar sino de sumar. “Es verdad y mentira a la vez que Francia esté sola en el Sahel. Alemania solo envía tropas al exterior de forma excepcional, aunque es verdad que si lo hiciera ahora sería un apoyo político muy simbólico. España y Gran Bretaña también han dado apoyo moral y logístico, como Estados Unidos... De momento, la guerra de Malí es quizá la intervención francesa más consensuada de la historia, incluso en la opinión pública nacional. Pero eso puede cambiar si la operación terrestre causa muchas bajas, si el conflicto se alarga y se afganistaniza”, advierte.


 
Lo que todo el mundo parece tener claro es que la guerra de Malí será larga. El profesor René Otayek recuerda que “terminar la operación en el Sahel requerirá varios años y enormes medios humanos, logísticos y materiales, que exceden con mucho la capacidad de un solo país”.


 
El impresionante ataque terrorista a la planta de BP en el sur de Argelia, que ha conmocionado al mundo esta semana, ha resonado como un aviso palmario de que el Sahel y sus ramificaciones son demasiado grandes y peligrosas como para que Francia pueda ocuparse sola de todo. Otayek piensa que “el secuestro habrá convencido a algunos, al menos a Reino Unido, Noruega y Holanda, de que van a tener que ayudar mucho más a Francia de lo que querían”.


 
“El contexto de esta guerra es totalmente distinto del pasado”, dice el profesor de Science Po. “Francia tiene por primera vez el apoyo de toda la región, y también es la primera vez que se forma una coalición panafricana para luchar sobre el terreno, aunque la UE y la Unión Africana trabajaban en esta idea desde hace tiempo. Pero creo que Europa y Estados Unidos entenderán que Occidente se juega en el Sahel mucho más que una guerra y que la inestabilidad de esa zona no se puede conjurar solo con las armas. Para quitar el espacio a los traficantes de toda índole hace falta política, energía, dinero. Y también mano izquierda para integrar a las minorías tuaregs. Si no, nunca habrá paz”.
 


El imperio colonizado
 
Malí se convirtió en territorio colonial francés en 1898. El que fuera corazón de varios imperios, con Tombuctú, como resplandeciente centro intelectual, artístico y religioso hasta el siglo XVI, fue considerado por sus dominadores como un territorio muy inferior económica y políticamente a otros bajo su influencia, como Senegal y Costa de Marfil. En 1960 el país se independizó y llegaron décadas convulsas. Un cruento golpe militar dirigido por Moussa Traoré dio al traste en 1968 con el Gobierno socialista radical del líder marxista Modibo Keita. Una dictadura militar rigió el destino del país por 23 años, que estuvieron plagados de revueltas sociales, sequías y tres intentos de acabar con el régimen. A principios de los noventa, los tuaregs del norte iniciaron una rebelión en reclamo de su cultura y de su tierra. En 1991 el clamor por la democracia tomó las ciudades del país. La respuesta fue otro golpe de Estado y un Gobierno militar que facilitó la celebración de elecciones en 1992. La lacra de una débil economía y la rebeldía tuareg fueron los caballos de batalla de los sucesivos Gobiernos democráticos. En 2007, el conflicto de los hombre azules se exacerbó y ganó fuerza en 2011, con el flujo de armas y de combatientes que lucharon en la Guerra Civil libia. Mientras tanto, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM) se hacía cada vez más fuerte en Malí y en países del entorno.
 
Malí ocupa el puesto 175º en el Índice de Desarrollo Humano.
 
La esperanza de vida es de 51,4 años.
 
El 90% de los 15,5 millones de habitantes es musulmán.
 
El 65% de su territorio es desértico o semidesético.
 
En PIB per capita ocupa el puesto 160º de 181 países.

 


Por Miguel Mora 20 ENE 2013 - 00:00 CET

Viernes, 18 Enero 2013 07:37

La búsqueda del olvido

La búsqueda del olvido

“El deseo de medicarse es tal vez el rasgo principal que distingue al hombre de los animales”
Sir William Osler


“Toda adicción es mala, ya sea la droga, el alcohol, la morfina o el idealismo”
Carl Jung


“Mitsubishis”, “007”, “Palomas”, “New Yorkers”, “Amanecer de California”, “M&Ms”, “Amenazas Dennis”, “Ruibarbo y natillas”, “Bolas de nieve”, “Mariposas azules”, “McDonalds”, “Flatliners”, “Tréboles”, “Cisnes”, “Golondrinas”, “Turbos”, “Cuatro fases”, “Refrescos”, “Corazones de amor”, “Acertijos”, “Elefantes rosas”, estos son algunos de los atractivos nombres de marca con que aparece el éxtasis en el mercado ilícito de las drogas en Gran Bretaña a comienzos del siglo XXI. Los ingredientes de la pequeña píldora varían de acuerdo con el color, el tamaño y los pictogramas inscritos en ella. La diversidad de marcas demuestra el vigor de este negocio y el dinamismo de su mercado.


El negocio internacional de las drogas ilícitas genera anualmente 400,000 millones de dólares, según estimaciones recientes de las Naciones Unidas. Esto representa 8% de todo el comercio internacional, aproximadamente el mismo porcentaje que el turismo y la industria del petróleo. Sin embargo, muchas de las principales sustancias involucradas en este negocio ilícito han sido empleadas durante miles de años para tratar el dolor físico o los trastornos nerviosos, y también para el placer.


Este libro investiga cómo los que una vez fueron medicamentos legales se convirtieron en el producto del mayor negocio ilícito del mundo.
La embriaguez no es contraria a la naturaleza ni tampoco es una aberración. La absoluta sobriedad no es un estado natural o primario en el hombre. Las drogas se ingieren, se fuman, se inyectan y se aspiran de modo diverso. Aunque a veces políticos y periodistas hablen o escriban sobre ellas como si todas tuvieran las mismas características genéricas, las drogas pueden clasificarse en categorías bien delimitadas, con diferentes poderes y efectos.


Los narcóticos alivian el dolor, provocan euforia y crean dependencia física. Los más conocidos son el opio, la morfina, la heroína y la codeína.
Los hipnóticos ocasionan sueño y estupor; por ejemplo, el cloral, el sulfonal, los barbitúricos y las benzodiacepinas. Su uso es adictivo y puede tener efectos perjudiciales. Los mismos efectos secundarios pueden ser provocados por los tranquilizantes, cuyo propósito es reducir la ansiedad sin ocasionar sueño.


Los estimulantes ocasionan excitación y aumentan la energía física y mental, pero crean dependencia y pueden ocasionar trastornos sicóticos. La cocaína y las anfetaminas son los principales estimulantes, pero también está la cafeína, el tabaco, el betel, el té, el café, el chocolate, el qat y el pituri, entre otros.


Los embriagantes se obtienen mediante síntesis química: el alcohol, el cloroformo, el éter, la bencina, los disolventes y otros reactivos volátiles.
Los alucinógenos ocasionan perturbaciones complejas en la percepción visual, auditiva y otras, y posiblemente también trastornos sicóticos agudos. El alucinógeno más empleado es el cannabis (la mariguana). Otros son el LSD, la mescalina, ciertos hongos, el beleño y la belladona.
Hace sólo tres décadas que los investigadores empezaron a comprender correctamente la acción de estas sustancias. El cerebro humano transmite impulsos eléctricos a través de las fibras nerviosas que conectan entre sí dos células nerviosas o neuronas. Estas células son la base de la actividad nerviosa del cerebro. La transmisión de la señal de una célula a otra involucra a los neurotransmisores, que no son más que impulsos de moléculas portando una señal química determinada. Los neurotransmisores excitan o inhiben la emisión en las células nerviosas, y son reconocidos individualmente por las proteínas especializadas que se encuentran en la membrana celular de las células receptoras. Las sustancias químicas neurotransmisoras se liberan en cantidades diminutas: la serotonina, que provoca que la gente se sienta satisfecha; la dopamina, que despierta sensaciones de placer, y la noradrenalina son neurotransmisores esenciales en la acción de muchas drogas controvertidas. Por ejemplo, si el uso de la cocaína y las anfetaminas puede ser placentero es porque hace que los neurotransmisores liberen noradrenalina y dopamina. La morfina actúa sobre tres receptores diferentes –que responden al nombre genérico de receptores de opiáceos–, los cuales no fueron descubiertos hasta la década de 1970. En esa misma década se descubrió que un grupo de neurotransmisores, llamados genéricamente endorfinas, actuaban como receptores de opiáceos y detenían el dolor sensorial y emocional.


Resulta fácil explicar estos hechos; pero no así las pasiones que las drogas despiertan. La gama de sensaciones abarca desde la risa tonta y la indiferencia hasta el profundo terror de la corrupción, la violencia, la contaminación y la muerte. A menudo las drogas son un recurso para quienes están aburridos, tristes o enojados, es decir, son parte del repertorio de necesidades y estados de ánimo propios del ser humano. La gente las emplea para apartarse de un medio ambiente brutal, como bálsamo contra la culpa y la angustia o como un truco para fastidiar a los mayores. Los opiáceos le dan a uno la posibilidad de reinventarse a sí mismo como un ser superior, distante y despiadado. Proporcionan un control aparente pero también una degradación real. Sirven a quienes ven la existencia como un enemigo implacable. Al ingerirse juntos estimulantes, alucinógeneos, tranquilizantes y analgésicos proporcionan toda exacerbación posible, desde el ímpetu amoroso hasta los deseos de muerte, deseos de apertura y clausura, de reconstrucción y demolición, de energía externa e implosión interna, de búsqueda de un destino y negación del futuro. Las drogas están llenas de abrumadoras incongruencias y contradicciones, e ilustran la máxima del físico danés Niels Bohr (1885-1962), según la cual las verdades profundas se reconocen por el hecho de que lo contrario también es una verdad profunda, a diferencia de las trivialidades, en las que los contrarios son un absurdo. Toda sustancia que tiene el poder de hacer bien, tiene asimismo el poder de hacer mal.


El “estar en la droga” puede presentarse como un apetito depravado, una desdichada obsesión, un consuelo de escapistas; o como una búsqueda de visiones trascendentales y de excitación mística. Los consumidores de drogas emplean códigos cifrados e inventan sus propias mitologías fabulosas. Del consumo de drogas puede decirse que es una búsqueda de protocolos utópicos o la ruta segura hacia un desierto de la ética. Los efectos secundarios tóxicos parecen un juego para algunos consumidores. Muchos de ellos son puestos bajo vigilancia y se les rehuye como parte de una clase social subterránea y peligrosa; pero a unos pocos (como las estrellas del rock, las modelos del momento o los poetas) se les concede un estatus aristocrático.


Este libro es la historia del consumo de drogas y, por tanto, una historia de los extremos emocionales. Su narración abarca cinco siglos de adictos y consumidores: monarcas, ministros, grandes escritores y compositores, soldados heridos, médicos estresados, amas de casa oprimidas, trabajadores exhaustos, hombres de negocios con gran poder, tarambanas, trabajadoras del sexo, estrellas del pop, perdedores en ciernes, adolescentes angustiados, escolares rebeldes, víctimas del gueto y jóvenes felices en mitad de una juerga. El escenario de los últimos capítulos son las ciudades y suburbios de Estados Unidos, Londres y París, así como casi cualquier parte del mundo, especialmente Sudamérica, Europa del Este, el noroeste de África y el sureste asiático. Aunque es ante todo una historia de gentes y lugares, también es la historia de un pésimo concepto: la prohibición.


Este libro muestra cómo las políticas prohibitivas han convertido medicamentos legales, aunque peligrosos, en el mercado negro más lucrativo y mejor organizado del mundo. La prohibición ha sido, esencialmente, una técnica de colonización cultural informal de Estados Unidos. Ya en 1875 la ciudad de San Francisco reaccionó con una ordenanza prohibitiva frente al auge del consumo de opio por jóvenes de clase media en las casas de opio frecuentadas por trabajadores chinos y alguno que otro personaje del bajo mundo. Otras ciudades y estados del oeste de Estados Unidos aprobaron legislaciones similares durante 1876-1890. Estas leyes fueron las primeras en tratar como delincuentes a quienes consumían drogas –la gente que administraba o frecuentaba las tiendas de opio–, en lugar de controlar el suministro de las sustancias. Al consumo de opio por delincuentes sociales o adolescentes rebeldes en Estados Unidos siguió el consumo igualmente ilícito y recreativo de la cocaína en las ciudades estadunidenses en la década de 1890. El uso social de la cocaína por personajes del bajo mundo y delincuentes juveniles que se enfrentaban con las tensiones de la adolescencia comenzó a transformar nuestra imagen de los consumidores de drogas en unos excéntricos con un vicio específico, en la de criminales maliciosos y enemigos peligrosos de la sociedad. La ley estadunidense de Exclusión del Opio de 1909 comenzó a cambiar el hábito, comparativamente inocuo, de fumar opio por el uso intravenoso, y más destructivo, de la heroína. La ley estadunidense de Narcóticos de Harrison de 1914 aportó el modelo legislativo para la prohibición de las drogas en el mundo occidental. Hacia principios de la década de 1920, la concepción del narcómano estaba dejando de ser la de una víctima de clase media con una adicción adquirida accidentalmente por el uso de un medicamento para convertirse en la de un criminal pervertido que empleaba narcóticos (o estimulantes) para su placer. Las políticas de la Agencia Federal de Narcóticos promovieron el auge de los bajos fondos y de las subculturas criminales. Proporcionaron a los delincuentes un producto nuevo con el que traficar tras la implantación de la Ley Seca. La ortodoxia oficial de Estados Unidos no pasaba de ser una verdad a medias, muy generalizada, que suprimía el hecho objetivo de que algunos consumidores de drogas lograban controlar su hábito, conservar un buen empleo y triunfar en la vida, mientras imponía al resto de los narcómanos el papel de criaturas degradadas y moribundas que la sociedad les exigía representar. Las actitudes y políticas estadunidenses que la ley Harrison generó fueron torpes y contraproducentes.


EU reclama liderazgo mundial


Estados Unidos reclama el liderazgo mundial de las guerras antidrogas desde 1909, y su legislación prohibicionista ha aportado el modelo de los acuerdos internacionales para el control de las drogas. Las políticas prohibicionistas estadunidenses han ido ganando terreno hasta convertirse a escala global en las guerras contra las drogas, asociadas desde 1969 con las administraciones Nixon, Reagan y Bush padre. El enfoque estadunidense puede resumirse así: exige la rendición incondicional de traficantes, vendedores, adictos y ocasionales consumidores por diversión. Esta rendición aún no se ha producido. Las políticas prohibicionistas estadunidenses han fracasado una y otra vez y continúan fracasando. A pesar de su falta de éxito. El Departamento Estadunidense Antidrogas (DEA) ha convencido a los gobiernos de todo el mundo de que posee una experiencia inigualable. Las sucesivas administraciones de Washington han engatusado a los Estados europeos para que adopten estas tácticas fallidas, y las han impuesto en el Tercer Mundo.


En Gran Bretaña, antes de 1914, el suministro de drogas era controlado por las leyes de Farmacia, pero no estaba severamente reprimido. Al comienzo de los combates en Flandes, las mujeres de la alta sociedad introducían granos de morfina partidos por la mitad entre los pañuelos y libros que se les enviaban a los soldados en el frente. En los catálogos de los grandes almacenes figuraban aun las tabletas de morfina y heroína. Dejando a un lado las legislaciones emergentes de tiempos de guerra, en Gran Bretaña las leyes contra la posesión ilícita de drogas datan de 1920, y sus problemas con la moda del uso recreativo de las drogas no comenzaron hasta 1950. Los momentos más críticos en la evolución del escenario de las drogas en Gran Bretaña ocurrieron cuando las autoridades británicas adoptaron las estrategias punitivas estadunidenses a mediados de la década de 1970 y a principios de la de 1980. El mal comportamiento o la rebeldía de los jóvenes británicos que comenzaron a imitar las gracias de los jóvenes estadunidenses fue un elemento secundario durante estas etapas.
He aquí algunos hechos que demuestran lo que pueden lograr 80 años de prohibición.


● El Programa de las Naciones Unidas para el Control de Drogas informó en 1997 que 141 millones de personas habían consumido mariguana durante el año anterior (cerca del 3% de la población mundial). Había 30 millones de consumidores de anfetaminas, 13 millones de consumidores de cocaína y 8 millones de consumidores de heroína.


● La producción mundial de opio se triplicó y la de coca se duplicó entre 1985 y 1996.


● Entre el 10% y el 15% de la heroína ilícita y el 30% de la cocaína ilícita resultan interceptados. Los traficantes de drogas obtienen márgenes de beneficios brutos de hasta 300%. Sería necesario interceptar por lo menos el 75% de los cargamentos ilícitos de droga antes de que los traficantes dejaran de obtener beneficios.


● Un kilogramo de heroína en Pakistán costaba una media de 2,720 dólares en 2000. El mismo kilogramo puede ser vendido por 129,380 dólares en Estados Unidos.


● Un kilogramo de base de coca en Colombia cuesta por término medio 950 dólares estadunidenses. Su precio en Estados Unidos en 1997 era aproximadamente de 25,000 dólares, y el precio en las calles oscilaba entre 20 y 90 dólares el gramo.


● Las Naciones Unidas informaron en 1999 que durante la década anterior los precios de la cocaína y la heroína en Europa occidental, alterados por la inflación, cayeron el 45 y el 60%, respectivamente. Las cifras en Estados Unidos registraron una caída del 50% para la cocaína y del 70% para la heroína.


● Llegados al final del siglo XX, encarcelar a los infractores de las leyes antidrogas le cuesta a Estados Unidos 8,600 millones de dólares al año.


● A pesar del aumento del presupuesto federal de Estados Unidos para la guerra contra las drogas, de 1,650 millones de dólares en 1982 a 17,700 millones de dólares en 1999, más de la mitad de los adolescentes de los Estados Unidos han probado alguna droga ilícita antes de terminar la enseñanza secundaria.


● Se estima que 14.8 millones de estadunidenses consumían drogas ilícitas en 1999. El mayor número de consumidores de drogas ilícitas se dio en 1979, cuando la estimación fue de 25.4 millones.


● El 10.9 % de jóvenes de 12 a 17 años en Estados Unidos había consumido drogas ilícitas durante los últimos 30 días en 1999. Una vez más, la cifra fue mayor en 1979, con el 16.3%.


● Se calcula que, en 1999, 208,000 estadunidenses consumían heroína: tres veces la cifra registrada en 1993. La edad media de los consumidores de heroína en el momento de su primera dosis es de 21 años.


● Unas 991,000 personas usaban inhalantes en Estados Unidos en 1998. Esta cifra había aumentado el 154% desde 1990. En 1998 el 62% de quienes usaban inhalantes por primera vez tenían entre 12 y 17 años.


● Como mínimo, 45 millones de europeos (el 18% de las personas entre 15 y 64 años) han probado la mariguana al menos una vez; 15 millones han consumido mariguana durante los últimos 12 meses.


● En la Unión Europea, hasta el 5% de las personas de entre 16 y 34 años ha consumido anfetaminas y/o éxtasis, y el 6% ha probado la cocaína al menos una vez; pero la experiencia de la heroína la ha tenido menos del 2% de los jóvenes adultos de Europa.


● La mayoría de las muertes relacionadas con el uso intensivo de las drogas en Europa involucra a los opiáceos, combinados frecuentemente con alcohol o con sedantes. Algunos gobiernos europeos hablan de un número significativo de muertes entre los adolescentes, producto de la inhalación de sustancia volátiles, pero en toda Europa son poco comunes las muertes como consecuencia de la cocaína, las anfetaminas y el éxtasis.


● Las diferencias en las estadísticas del consumo de drogas en los países miembros de la Unión Europea indican que hay poca relación directa entre el consumo de drogas ilícitas y la política nacional: los países parecen tener similares índices de consumo con frecuencia moderados, independientemente de tener o no una legislación restrictiva.


● Respecto a la posesión de drogas ilícitas, Gran Bretaña tiene un régimen mucho más severo que la mayoría de los países de Europa, pero asimismo tiene uno de los mayores índices de consumo. El 40% de sus adultos jóvenes ha consumido mariguana (el más alto porcentaje de Europa junto con Dinamarca); el 16% de sus adultos jóvenes ha probado las anfetaminas, y el 8% el éxtasis.


● Cerca del 25% de la población británica ha probado alguna sustancia ilegal en algún momento entre los 16 y los 69 años: esto representa aproximadamente 10 millones de personas.


● El consumo de drogas entre los jóvenes de Gran Bretaña ha venido incrementándose hasta principios de la década de 1990, pero actualmente ha decrecido.


Abstinencia forzosa y tratamiento punitivo, ineficaces


Este es un libro de historia, no de controversia contemporánea; pero presenta pruebas que contradicen muchas de las presunciones de los prohibicionistas. Sugiere que no es la droga en sí lo que conduce al narcómano a delinquir, sino el ansia de la droga. No es el suministro de una droga lo que convierte al consumidor en un delincuente, sino la ilegalidad de ese suministro. La abstinencia forzosa y el tratamiento punitivo de los consumidores son, por lo general, ineficaces. Los suministradores de drogas jamás se han quejado de los riesgos impuestos por las fuerzas del orden, dado que un mayor riesgo siempre supone un mayor beneficio potencial. Puede que las sanciones establecidas contra el tráfico de drogas sean bienintencionadas, y puede que tengan éxito en determinado momento o lugar, pero a la larga su función primordial es la de un incentivo comercial. La prohibición crea una oportunidad irresistiblemente lucrativa para los empresarios que estén dispuestos a moverse en la ilegalidad. Es una política de idealistas que no logran comprender que el consumo de drogas es muchas veces el reflejo de otros ideales del hombre: la humana perfectibilidad, el anhelo de un instante perfecto, la paz que concede el olvido.


Por Richard Davenport-Hines, miembro de la Royal Historical Society, ganador del Wolfson Prize de Historia y colaborador habitual de The New York Times, The Sunday Times y The Independent. Ha publicado, entre otros libros, Gothic: Four Hundred Years of Excess, Horror, Evil and Ruin (2000), Vice: An Anthology (1994) y Sex, Death and Punishment: Attitudes to Sex and Sexuality in Britain since the Renaissance (1990).
Con autorización de las editoriales Turner y Fondo de Cultura Económica, se reproduce el prólogo del libro La búsqueda del olvido, historia global de las drogas, 1500-2000

Evo califica la legalización del acullico como un triunfo de la unidad boliviana

El presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó este lunes en un masivo acto en Cochamba (centro del país) que el reconocimiento del masticado de coca por parte de la comunidad internacional “es un triunfo de la unidad del pueblo boliviano y la revolución democrática y pacífica” que encabeza.


 
El primer mandatario resaltó en un acto en apoyo a la decisión de la Organización de las Naciones Unidas de admitir como legal el masticado de coca (acullico) que esto es un triunfo de “la unidad del pueblo para defender su cultura, medicina y alimento, que está representado en la hoja de coca”.


 
Además remarcó que el reingreso del país a la Convención de Viena sobre estupefacientes bajo la reserva de que se acepte al acullico es “una misión cumplida para las futuras generaciones”.


 
Agregó que esta “es una victoria de la identidad boliviana que se consigue cuando hay unidad y claridad ideológica, programática y cultural” y subrayó que cuando “los derechos son violados por tratados internacionales, los pueblos se levantan”.


 
“Durante muchos años, Estados Unidos y los gobiernos neoliberales de nuestro país intentaron eliminar el cultivo y masticado de la hoja de coca después de que se los prohibiera en 1961 y decidieran erradicarlos en 25 años. Sin embargo, ahora la comunidad internacional reconoce como una actividad lícita el consumo y cultivo de hoja coca, lo que significa una victoria de esta revolución cultural que llevamos a cabo”, indicó.


 
“Uno de los logros de esta revolución pacífica fue lograr esto, nunca Bolivia se había atrevido a cambiar los tratados internacionales. Los distintos gobiernos de las dictaduras o democracia pactada no denunciaron sino que atacaron con los protocolos para acabar con la hoja de coca en toda la región andina”, recordó.


 
En ese sentido, resaltó, que durante la batalla por que el masticado o acullico sea declarado legal murieron muchas personas y fueron heridas otras tantas para que la hoja de coca deje ser considerada como un veneno o estupefaciente y sea tenida en cuenta como parte de la vida y cultura del pueblo boliviano.


 
Destacó como otro logro que el cultivo también sea aceptado por la comunidad internacional, hecho que antes era “utilizado por la DEA norteamericana para mandar a nuestras fuerzas militares y policiales, lo que fue eliminado cuando llegamos al gobierno para terminar con nuestra sumisión al imperialismo norteamericano”.


 
“Hoy nuestros campesinos controlan el límite del cultivo de la hoja de coca para evitar que sean utilizados para cocaína”, observó luego de remarcar que la lucha contra el narcotráfico del Estado boliviano es reconocida, incluso, por ONG internacionales.


 
Morales también sostuvo que antes los productores de hoja de coca y los consumidores eran calificados como narcotraficantes y drogadictos. “Ahora dejarán de ser considerados como criminales”, expresó.


 
Jornadas de júbilo


 
Multitudinarias marchas y actos en esta capital y en Cochabamba dieron inicio este lunes a la jornada de regocijo por el retorno de Bolivia a la Convención de Viena y la despenalización del masticado de hoja de coca.


 
Elaboradores de la hoja en La Paz y representantes de organizaciones sociales se concentraron frente a la oficina de la Asociación de Productores de Coca (Adepcoca) para una gran marcha hacia el centro de la ciudad.


 
El corresponsal de teleSUR en Bolivia informó que “en La Paz productores de coca de Los Yungas marcharon por el centro de la ciudad y obsequiaron la hoja a los transeúntes”.


 
Durante el acto para festejar la despenalización del masticado de la hoja de coca en Cochabamba, el mandatario boliviano, Morales, aseguró que la concentración de este lunes es un éxito a nivel local e internacional.


 
“Me han informado que en esta concentración hay tres kilómetros de concentración, es decir que logramos que esta batalla se libre no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional”.


 
“Saludamos la participación a nivel internacional. Queremos mantenernos unidos como hermanos y así seguiremos”, aseguró el jefe de Estado boliviano.


 


Añadió que su gobierno siempre ponderará la decisión del pueblo por encima de cualquier otro interés.
 
“Por algo hemos ganado tantas elecciones, porque hemos decidido combinar conciencia con lucha para la liberación de los pueblos, no solo en Bolivia sino en América Latina y esto no ha sido casualidad”, recordó Morales.


 
“Que viva el pueblo boliviano, la lucha por nuestra identidad. Misión cumplida ante el pueblo y las nuevas generaciones que están por venir”, concluyó el acto el mandatario boliviano.

 

14 Enero 2013


 
(Con información de Telesur)

Miércoles, 02 Enero 2013 11:55

“Obama es un lobo con piel de cordero”

 “Obama es un lobo con piel de cordero”

“Actualmente el gobierno de Estados Unidos intercepta más de 1,7 millones de mensajes al día de los estadounidenses. Correos electrónicos, llamadas telefónicas y otras formas de comunicación”. El cineasta Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick consideran que Barack Obama ha empeorado la difícil situación heredada de su predecesor, George W. Bush.
 


Los estadounidenses están viviendo en un Estado orwelliano, afirmaron el director de cine Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick en una entrevista exclusiva concedida al canal Actualidad RT. Stone habló acerca del libro y la serie documental que produjo en colaboración con Kuznick, titulada The Untold History of the United States (La historia no contada de EE.UU).

 

Millones de mensajes interceptados a diario

 


Ambos hablaron acerca de la política exterior de EEUU, la indiferencia del gobierno de Obama hacia el estado de derecho y la vigilancia que ejerce su administración sobre los ciudadanos.

 

“Es un Estado orwelliano. Puede que no sea opresivo en la superficie, pero no hay lugar donde esconderse. Una parte de tí terminará en alguna base de datos”, dijo Stone.

 

“Actualmente el gobierno de Estados Unidos intercepta más de 1,7 millones de mensajes al día de los estadounidenses. Correos electrónicos, llamadas telefónicas y otras formas de comunicación”, dijo Kuznick, quien describió la situación como una especie de pesadilla al estilo de la novela de George Orwell ‘1984’.

 

Obama, “lobo con piel de cordero”

 


Tanto en el libro como en la serie, el director de cine critica duramente al mandatario estadounidense, acusándolo de haber empeorado la difícil situación que heredó de su predecesor, George W. Bush.

 

“Creo que bajo el disfraz de piel de cordero ha sido un lobo. Debido a la pesadilla de la presidencia de Bush que le precedió, la gente le perdonó mucho. Fue una gran esperanza para el cambio. El color de su piel, su educación, el internacionalismo, la globalización, todo parecía evidente. Y es un hombre inteligente”, señaló Stone. No obstante, en su opinión, la administración de Obama no respeta la ley y los fundamentos del sistema pese a que es abogado constitucional.

 

Kuznick recordó que, cuando era candidato, Obama prometió convertirse en un presidente transparente, pero lamentó que en realidad no hay transparencia y ni cambió las medidas políticas que tantas críticas despertaron durante la administración Bush.

 

“La vigilancia no ha cesado, el encarcelamiento sin juicio no se ha detenido. Así que esas políticas han continuado”, dijo el historiador, que también indicó que siguen en vigencia las políticas de guerra y militarización.

 

Respecto a la debatida política de utilizar aviones no tripulados (drones), Kuznick recordó que en sus primeros ocho meses en el cargo, el actual mandatario llevó a cabo más ataques con drones que Bush durante toda su presidencia y que estas operaciones “tienen una legalidad internacional muy dudosa”.

 

La vigilancia no ha cesado, tampoco el encarcelamiento sin juicio

 


De acuerdo con el historiador, durante los años que gobernó Bush, los ciudadanos se quejaban de que su administración estaba llevando a cabo vigilancia sin autorización judicial. Sin embargo, subrayó que “Obama está matando personas sin autorización judicial”, algo que calificó de “grave”.

 

“Gastamos tanto dinero en nuestra inteligencia de seguridad militar como el resto del mundo en total. ¿Tenemos realmente enemigos que nos hagan sentir tan amenazados? ¿Realmente necesitamos todo esto?”, se preguntó el historiador.

 

Mapocho Press / Actualidad RT / 31-12-2012

Fuente:
http://actualidad.rt.com/actualidad/view/82385-oliver-stone-rt-eeuu-se-convertido-orwelliano

 Cuarenta años después del informe al Club de Roma

En marzo de 1972, en respuesta a una petición de un think-tank con sede en Zurich (Suiza) –el Club de Roma-, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicaban The Limits to Growth, un informe que establecía un modelo de las posibles consecuencias de mantener el crecimiento económico a largo plazo. Al publicarse la última edición [francesa] de Limites à la croissance (Rue de l´Echiquier, colección “Initial(e)s DD, 2012), su primer autor, el físico norteamericano Dennis Meadows, de 69 años de edad, responde a Le Monde.


 
¿Qué balance hace usted del informe de 1972?


 
En primer lugar, no era un buen título. Todo científico comprende que hay límites al crecimiento de la población, del consumo energético, del PIB, etc. Las cuestiones interesantes estriban más bien en saber lo que causa este crecimiento y cuáles serán las consecuencias de toparse con los límites físicos del sistema.


 
Sin embargo, la idea común sigue siendo que no hay límites. Y cuando demuestras que los hay, te responden generalmente que no es grave, porque nos acercaremos a ellos de manera tranquila y ordenada para detenernos suavemente gracias a las leyes del mercado. Lo que demostramos en 1972, y sigue siendo válido cuarenta años después, es que esto no es posible: franquear los límites físicos del planeta conduce al hundimiento.


 
Con la crisis financiera, se ve el mismo mecanismo de franquear un límite, el del endeudamiento: y se ve que las cosas no suceden tan tranquilamente.


 
¿Qué entiende usted por hundimiento?


 
La respuesta técnica es que el hundimiento es un proceso que implica un “bucle de retroacción positiva”, es decir, un fenómeno que refuerza aquello que lo provoca. Por ejemplo, en Grecia: la población pierde su confianza en la moneda. Retira, por tanto, los fondos de sus bancos y, por tanto, se debilitan los bancos, por lo cual la gente retira todavía más dinero de los bancos, etc., lo que lleva al hundimiento.


 
Se puede dar una respuesta que no sea técnica: el hundimiento caracteriza a una sociedad que tiene cada vez menos capacidad de satisfacer necesidades elementales: alimentación, sanidad, educación, seguridad.


 
¿Se ven signos tangibles de este hundimiento?


 
Algunos países ya están en esa situación, como Somalia, por ejemplo. Del mismo modo, la “primavera árabe”, que se ha presentado un poco en todas partes como solución a los problemas, no es en realidad más que el síntoma de problemas que nunca se han resuelto. A estos países les falta  agua, deben importar sus alimentos, su energía, todo eso con una población que aumenta. En otros países, como los Estados Unidos, andan menos cerca del hundimiento, pero están en esa vía.


 
¿El crecimiento mundial va, por tanto, a detenerse ineluctablemente?


 
El crecimiento va a detenerse en parte en razón de la dinámica interna del sistema y en parte en razón de factores externos, como la energía. La energía tiene una influencia muy grande. La producción petrolera ha pasado su pico y va a comenzar a descender. Ahora bien, no hay substituto rápido del petróleo para los transportes, para la aviación…Los problemas económicos de los países occidentales se deben en parte a los elevados precios de la energía.


 
En los próximo veinte años, entre hoy y 2030 veremos más cambios de los que ha habido en un siglo, en la política, en el medio ambiente, la economía, la técnica. Los problemas de la zona euro no representan más que una pequeña parte de lo que vamos a ver. Y estos cambios no se llevarán a cabo de manera pacífica.


 
Sin embargo, China mantiene un elevado crecimiento…


 
Desconozco cuál será el futuro de China. Se engaña la gente que dice que, con un crecimiento de un 8% a un 10% anual, China será el país dominante en veinte años. Es imposible hacer que dure este género de crecimiento. En los años 80, Japón mantenía este tipo de ritmo y todo el mundo decía que dominaría el mundo. Desde luego, no ha pasado eso, se ha detenido. Y se detendrá en el caso de China. Una razón por la que el crecimiento es fortísimo en China es la política del hijo único, ha cambiado la estructura de la población de manera que ha cambiado la proporción entre la mano de obra y los que dependen de ella, es decir, los jóvenes y los viejos. Durante un periodo que va a durar hasta cerca de 2030, habrá un aumento de mano de obra. Y luego se detendrá.


 
Además, China ha deteriorado considerablemente su medio ambiente, particularmente sus recursos hídricos, y los impactos negativos del cambio climático sobre el país serán enormes. Algunos modelos climáticos sugieren así que en el horizonte de 2030 podría ser poco menos que imposible cultivar cualquier cosa en las regiones que proporcionan actualmente el 65% de las cosechas chinas… ¿Qué cree usted que harán entonces los chinos ? ¿Que se quedarán en casa sufriendo ellos solos el hambre ? ¿O que irán hacia el norte, hacia Rusia? No sabemos cómo reaccionará China a este género de situación.

 
¿Qué consejo les daría a François Hollande, Angela Merkel o Mario Monti ?


 
 Ninguno, porque les importa un bledo mi opinión, pero supongamos que yo fuera un mago: la primera cosa que haría sería alargar el horizonte de tiempo de los hombres políticos. Para que no se pregunten qué hacer de aquí a las próximas elecciones sino que se pregunten:  “Si hago esto, ¿qué consecuencias tendrá en treinta o cuarenta años ?” Si amplía el horizonte temporal, es más probable que la gente empiece a comportarse de un modo bueno.


 
¿Qué piensa usted de la “política de crecimiento” en la zona euro?


 
Si tu única política se funda en el crecimiento, no querrás oír ni hablar del fin del crecimiento. Porque eso significa que tienes que inventar algo nuevo. Los japoneses tienen un proverbio interesante:  “Si tu única herramienta consiste en un martillo, todo se parece a un clavo”. Para los economistas, la única herramienta es el crecimiento y todo se asemeja por tanto a una necesidad de crecimiento.


 
Igualmente, los políticos son elegidos para poco tiempo. Su propósito consiste en parecer buenos y eficaces durante su mandato; no se preocupan de lo que pasará después. Justo por eso se tienen tantas deudas: se pide prestado sobre el futuro, para tener beneficios inmediatos, y cuando se trata de devolver la deuda, quien la he contraído ya no se ocupa de las cosas.
 
 
 
 *Declaraciones recogidas en mayo de 2012 por Hervé Kempf y Stéphane Foucart, periodistas de Le Monde.
 
**Dennis L. Meadows (1942) es profesor emérito de la Universidad de Nueva Hampshire, presidente del Laboratory for Interactive Learning, y coautor con Donella H. Meadows, Joergen Randers y William W. Behrens III del celebérrimo Informe al Club de Roma, Los límites del crecimiento. En 2004 se publicó una versión actualizada Los límites del crecimiento: 30 años después (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2004).

 

Publicado por lalineadefuego el diciembre 27, 2012 · Dejar un comentario   Sin Permiso <www.sinpermiso.info>
 
16/12/12


 
Traducción para http://www.sinpermiso.info : Lucas Antón
  


 

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Límites del crecimiento

Álvaro Sanabria Duque

Lunes, 24 Diciembre 2012 08:04

Actos de gracia

En medio de matanzas, huracanes, crisis fiscales en donde políticos seleccionados por ricos debaten qué tan poco deben los ricos a sus sociedades mientras le pasan la cuenta a los más vulnerables, en medio de la histeria en la calles decoradas de luces para que no se vea tan feo el lucro obsceno en nombre de Cristo, o sea, en medio de todo lo que anula la luz en estos los días más oscuros del año, nos salvan –a veces literalmente– infinitos actos de gracia.

 

Jóvenes de Ocupa Wall Street, religiosos, bomberos, veteranos de guerra, policías, artistas y músicos continúan apareciendo en zonas devastadas por el huracán Sandy para ayudar a desconocidos a limpiar los escombros, apoyarlos en su desolación, tratar de resucitar vidas casi ahogadas por las aguas y los vientos, e insistir en que sus voces sean escuchadas por políticos distraídos por desastres inventados como el precipicio fiscal.

 

Mientras tanto, en otra esquina, en un pueblo de Connecticut no tan lejos de estas escenas ya concluyeron los ritos fúnebres de los 20 niños y seis adultos asesinados por armas legalmente obtenidas. Victoria Soto fue enterrada rodeada de flores y lágrimas, una maestra que, junto con sus compañeros, en un país donde se ha denostado, demonizado, y acusado a los maestros de ser los culpables de casi todo, dio su vida para salvar a sus estudiantes, los hijos de todos. No sólo lo hizo frente a las balas de un loco, sino de la locura de un país inundado de armas de fuego y que desde sus mandos más altos afirma que es legítimo disparar y matar para resolver conflictos y disputas aquí y en el extranjero.

 

Mi hermana dio su vida para salvar a sus estudiantes, y si eso no es fortaleza y heroísmo real, no sé qué es, dijo Carlee en el funeral, al cual asistió Paul Simon y cantó Los sonidos del silencio, la canción favorita de Soto.

 

Lo de Soto no se trata de un acto aislado. Todos los días los maestros se dedican a dos cosas que de cierta manera son una sola: la tarea humana más noble de compartir luz, y el rescate de las vidas. Si no fuera por esta escuela, yo estaría muerto, comentó un estudiante latino a Sarah, maestra y ahora asesora de escuelas públicas en Nueva York. No era la primera vez que lo había escuchado: varios jóvenes nacidos con un futuro anulado y descartado, bajo sospecha permanente por ser jóvenes y negros o latinos, o sólo por ser pobres, se lo habían dicho de varias maneras a lo largo de los años.

 

Millones de estudiantes, todos anónimos (algunos después se vuelven famosos) son rescatados todos los días por maestros aquí y en todo el mundo. Los maestros se dedican al ejercicio humano más noble: pasar el fuego de Prometeo, la manzana de Eva, la conciencia y la sabiduría humana colectiva y acumulada a la próxima generación. Obviamente no lo hacen por remuneración, ni por fama, ni por ambición (esa profesión es inútil para todo eso), sino por ser la labor esencial de la civilización. Pero al estar entre lo universal y lo particular, entre el cosmos y el estudiante, también son a veces los que con un consejo, con un abrazo, con un poema o con sus cuerpos salvan a otro ser humano. Nada de esto está en los exámenes estandarizados, no hay calificaciones para registrarlo, no hay un empresario de la educación que sepa, o pueda, girar instrucciones para todo eso.

 

Acaba de pasar por aquí tal vez una de las expresiones supremas de la educación en el mundo: la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, corona del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Cientos de miles, ya tienen que ser millones, de jóvenes anónimos, casi todos de barrios populares, de repente son rescatados por la música clásica universal, para, a su vez, rescatarnos a todos a través de su luz sonora.

 

Mientras tanto, en una esquina de Nueva York, Leo, quien trabaja en las escuelas públicas en asuntos de seguridad (tuvo una semana intensa después de lo ocurrido en Connecticut) se detiene para comer algo en una de las miles de pizzerías comunes en esta ciudad. Ahí ofrecen un paquete económico: un pedazo de pizza y un refresco por sólo 2.75 dólares. Leo ve que trae 8 dólares y decide que alcanza para pedir una para él y regalarle una pizza y un refresco a otros dos. Compra el suyo y se queda por la caja, y le dice al que sigue en la fila que su pizza y refresco ya están pagados. ¿De verdad?, pregunta el otro cliente, y Leo le dice que sí, y le desea una Feliz Navidad. Hace lo mismo con el que sigue, quien ya tenía su billete de 5 dólares para pagar, y éste le dice que muchas gracias, y le da el billete a Leo, diciéndole que lo use para los que siguen; uno de los siguientes tenía un billete de a 10 dólares para pagar lo suyo, acepta el regalo de Leo, y le entrega el billete para convidar a los que siguen. Y los que seguían también aceptaron el regalo, pero le dieron más, para lo mismo, para invitar a los próximos. Leo se quedo más de media ahora así, uno tras otro, para finalmente acabar con la fila de generosidad.

 

En el metro y en las calles aquí, todos los días se ofrecen regalos, algunos rescatan del olvido, otros son para olvidar lo que no es bello. Dos músicos, uno con guitarra, otro con banjo, ofrecen melodías de las montañas Appalachia, en un vagón un trío de Puebla ofrece la música de las montañas del otro lado de la frontera, un chino ofrece los ecos de sus montañas en un tipo de arpa, mientras un hombre con lentes oscuros ofrece Jimi Hendrix, un pianista ofrece Beethoven, una banda de metales ofrece algunas rolas navideñas mezcladas con un tantito de jazz.

 

Algunos de estos son actos heroicos, otros son pequeños aunque a veces capacitan, preparan y hasta convocan a nuevos actos magníficos (nunca se sabe). Otros sólo son para compartir belleza, para expresar solidaridad, para bailar un poco, para hacer latir un corazón.

 

Son actos de gracia que, a pesar de todo, prometen nueva luz.