Jueves, 23 Junio 2016 07:09

Ciudadano Saramago

Escrito por J. Ignacio Chavez G.
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Ciudadano SaramagopaterasalSur

 

Comprometido, optimista, informado y memorioso

 
Hace seis años, el dieciocho de junio de dos mil diez, nos dejaba una de las personas que más y mejor entendió el papel de la ciudadanía en la construcción de la democracia. En fechas repletas de movimientos estratégicos por detentar el poder, uno, el que sea, porque en el fondo a la mayoría lo que les importa es tenerlo, conviene no perder de vista algunas de sus palabras:


“Ésta es una sociedad falsa. Quiero decir... inexistente. Pienso que para que una sociedad exista, debe darse una cierta unión entre sus miembros, no un continuo estado de competencia. Lo que hoy vivimos es la tiranía de un sistema que ha conseguido que el hombre que se mueve dentro de él sea fácilmente desechable.”


Era un gran escritor y un buen periodista que analizaba la realidad con optimismo, a pesar de las muchas desgracias que azotaban y azotan el panorama mundial, pero con aguda mirada y sin perder de vista la memoria


“¿Qué es eso de una sociedad mejor? ¿Qué significa eso? Hay que relacionar la sociedad concreta con sus medios. Hace dos siglos no se podían resolver problemas para los cuales tenemos ahora remedio. La cuestión es saber si los medios de que disponemos los usamos para responder los problemas de ahora, de hoy, de nuestro tiempo. No tiene sentido que la gente se siga muriendo de hambre. No me interesa si la sociedad de ahora es mejor o peor. Lo que verifico es que no es mejor de lo que podría ser.”


José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 y murió en Tías (Tenerife, España) el 18 de junio de 2010. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1998 “por permitirnos, a través de parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, aprehender una realidad esquiva”.

 


De la lucidez a la ceguera


Sus reflexiones sobre la lucidez y la ceguera son profundas muestras sobre el conocimiento de una política hueca en una sociedad huera, al menos esa mitad mal llamada desarrollada que parece no tener más afán que consumir y morir enriquecida por el empobrecimiento de la otra mitad.


Las enfermedades mentales transmutan en físicas para narrar lo débil y falso de un sistema que ha convertido en incompetentes las relaciones humanas y sus instituciones. Tal como él decía: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”


En estos años desde que se fue, su memoria, sus ideas y sus acciones siguen tan vivas y actuales como cuando estaba entre nosotros. Y si no, revisen, por ejemplo, sus Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) cuando nos decía:


“Si el centro no va a la periferia, irá la periferia al centro. Con otras palabras: Europa está hoy “cercada” por aquellos a quienes abandonó después de haberlos explotado hasta las propias raíces de la vida.”


Que tan acertada visión de lo que por estos días se han encargado de publicitar y vender, pretendiendo crear conciencia, estados varios y ciertos organismos internacionales con motivo del día de la persona refugiada (insistiendo además en el masculino “día del refugiado”, cuando la mayoría son mujeres y niñas).


El año de su muerte le dediqué un tardío y póstumo homenaje en la página 25 del número 12 del renovado Tribuna, órgano de expresión de la Federación de Servicios al a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras, curiosamente esa ciudadanía a la que él tan bien leyó y a la que tanto sirvió.


Su literatura nos enriqueció, “era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras”. Sus discursos nos motivaron, como el que ofreció hace diez años, el 17 de junio de 2005, en la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Tras explicar cómo en España, unos años antes, le habían reunido junto a un grupo de personas para que presentaran propuestas para el milenio, que se convirtieron en puro delirio, Saramago nombró la décima suya: “regresar a la filosofía”. Todo eso para invitar a los asistentes a pensar: “Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.”

 


Un político comprometido


Fue un comunista de pura cepa, un ateo militante, un defensor de la justicia social y de las causas justas, aunque pudieran parecer utópicas, que no significa que estuvieran perdidas.


Fue una simiente que dio muchos frutos, sus más de cuarenta obras publicadas, que nos han llevado a tierras de pecado; al cerco de Lisboa; a la caverna; a releer la existencia de Jesucristo o la vida errante de Caín; a la isla desconocida; a viajar con un elefante o en una balsa de piedra; a levantarnos del suelo; al memorial de un convento; a pensar en el hombre duplicado; a no vernos en la lucidez, o a dejarnos deslumbrar por la ceguera. Todas ellas ocupan, por mérito propio, las más destacadas bibliotecas contemporáneas.


Un revolucionario pacífico que era lo que Edward Said, otro de los grandes pensadores éticos, llamaba un intelectual comprometido, que tienen que usar su lugar destacado en la sociedad para luchar contra el statu quo, para criticar a los poderes y a los medios que intentan moldear a la ciudadanía a través de conformar la mal llamada opinión pública.


Como miembro del Parlamento Internacional de Escritores se atrevió a comparar la situación de la población palestina en los territorios ocupados con el campo de concentración nazi en Auschwitz, declarando tras una visita a Ramala que “Un sentimiento de impunidad caracteriza hoy al pueblo israelí y a su ejército. Se han convertido en rentistas del holocausto. Con todo el respeto por la gente asesinada, torturada y gaseada.”


Y un enemigo de las guerras que defendía que no se manipulara la paz para justificar aquéllas, como dejo claro en el manifiesto de 2003 contra la guerra de Irak.


“Sin paz, sin una paz auténtica, justa y respetuosa, no habrá derechos humanos. Y sin derechos humanos – todos ellos, uno por uno – la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo. Los que estamos aquí somos una parte de la nueva gran potencia mundial. Asumimos nuestras responsabilidades. Vamos a luchar con el corazón y el cerebro, con la voluntad y la ilusión. Sabemos que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ellos (no necesito ahora decir sus nombres) han elegido lo peor. Nosotros hemos elegido lo mejor.”

 


Sus pequeñas cosas


Podemos conocerle más y mejor visitando la exposición permanente en la Fundación José Saramago (Casa dos Bicos en Lisboa), la Biblioteca Saramago en Tías (Lanzarote) o la delegación en su Azinhaga natal.


Yo les recomiendo, al margen de esos grandes ensayos que son sus novelas, esa pequeña metáfora, obra maestra sobre el derecho de soñar y de buscar la libertad, que es El cuento de la isla desconocida y también el texto que sirvió de guión a un hermoso cortometraje de animación, que yo utilizo en clase para hablar de educación, comunicación y ciudadanía, La flor más grande del mundo, “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde tanto tiempo venimos enseñando?”


A este mundo insolidario, materialista, grosero y jodón le hacen falta personas como Saramago, gente ética, comprometida y con criterio que piense, que nos haga pensar y que nos invite a la acción tras la reflexión.


Afirmaba: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.”


Le podemos buscar en sus poemas


Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
Como a lua nao faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chao a ordem que decide
A uniao dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me doi de magoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouco a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros.

 


Y “escucharle” en la voz de Luis Pastor para seguirle pensando.

 

Ergo Uma Rosa (Saramago, Luis Pastor, María Pagés) 

 

O verle y oírle en esos fragmentos inéditos que ha montado el director Miguel Gonçalves Mendes en “José e Pilar”

 

 

José e Pilar- Fragmentos 

 

 

Información adicional

  • Autor:J. Ignacio Chavez G.
  • País:España
  • Fuente:paterasalSur
Visto 2307 vecesModificado por última vez en Jueves, 23 Junio 2016 10:36

Medios

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