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Domingo, 26 Noviembre 2017 07:26

Una bestia magnífica

Escrito por Agustina Craviotto Corbellini y Joaquín Venturini Corbellini
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Investigador argentino Edgardo Castro / Foto: Mercedes RuvitusoInvestigador argentino Edgardo Castro / Foto: Mercedes Ruvituso

 

Entrevista con el investigador argentino Edgardo Castro entorno a Foucault.

 

Michel Foucault es uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. A pesar de su prematura muerte a los 57 años de edad, su obra es tan voluminosa como heterogénea en los problemas que aborda. Desde la historia de la psicología hasta la arqueología de las ciencias humanas, desde la historia de la medicina moderna hasta las prácticas de subjetivación occidentales ancladas en la antigüedad clásica, Foucault sorprende por la ambición de sus investigaciones y la aparente diversidad de sus inquietudes. De la implosión de sus nuevas publicaciones en los últimos años y del archivo Foucault, de su amplia recepción en el campo intelectual y en el ámbito de la cultura como filósofo del poder, del interés que suscita la cuestión biopolítica y de la actualidad de Foucault para pensar lo político en el mundo contemporáneo, hablamos con el investigador argentino Edgardo Castro.1

 

—Desde hace algunos años, al menos diez, aparecen regularmente nuevos escritos de Foucault. Entre los más relevantes, sus cursos en el Collège de France, cuya edición concluyó en 2015. Pero también otros textos; por ejemplo, la serie Fragmentos Foucaultianos. ¿Cómo es el panorama actual de sus publicaciones?

—En una carta que fue considerada como su última voluntad, es decir, como su testamento, Foucault establecía que no quería publicaciones póstumas. Esta última expresión fue interpretada con diferentes matices y alcances. Obviamente no impedía la aparición en forma de compilación de los trabajos que ya habían sido publicados en vida del autor. Así, en 1994 apareció la compilación Dichos y escritos (“Dits et écrits”), originariamente en cuatro volúmenes, que reúne gran parte de sus artículos, conferencias e intervenciones dispersos en diferentes publicaciones. Poco después se interpretó que sus cursos en el Colegio de Francia podían ser considerados como ya publicados, en este caso oralmente, y por consiguiente que se podían desgrabar sus clases y publicarlas de manera impresa. De este modo, entre 1997 y 2015 se publicaron sus cursos en el Colegio de Francia y también otros cursos, como en Bélgica y sobre todo en Estados Unidos. También aparecieron conferencias, otros textos no incluidos en Dichos y escritos, el primer volumen de su tesis complementaria de doctorado sobre la antropología de Kant (publicado en español como Una lectura de Kant). Para los primeros meses de 2018 está anunciada la aparición de Las confesiones de la carne, el cuarto volumen de la Historia de la sexualidad. Es cierto que Foucault lo había destinado a la publicación, pero no había aparecido en vida pues la transcripción de su manuscrito preparada para la imprenta no lo satisfizo, y ya no tenía fuerzas ni tiempo para corregirla.

La voluntad de que no hubiese publicaciones póstumas, como digo, fue interpretada con diferentes matices, cada vez más amplios, hasta ingresar en el territorio de lo inédito. Y las páginas de escritos foucaultianos se multiplicaron, con, al menos, dos grandes dificultades para el lector. En primer lugar, no existe todavía un plan completo de edición de sus trabajos. En segundo lugar, el juego de las traducciones y retraducciones. Por ejemplo, algunos de sus cursos en Estados Unidos ya circulaban en inglés, y a partir de ellos se hicieron algunas traducciones a otros idiomas, pero no existían en francés. Ahora aparecen las versiones en francés de esos cursos, en general más completas, pues se hicieron teniendo en cuenta los borradores de Foucault y con criterios editoriales más rigurosos. La labor, por ejemplo, de Daniele Lorenzini, en la editorial parisina Vrin, ha sido determinante en este trabajo. Estas versiones más completas son traducidas ahora a diferentes idiomas, incluso el inglés, en el que ya circulaban versiones preliminares. La proliferación de textos es por ello, al mismo tiempo, una riqueza y un desafío para el lector. Es necesario poder orientarse. La calidad de las ediciones (las notas, las presentaciones), tanto en francés como en los otros idiomas, es un factor determinante.


—¿En qué consiste la serie Fragmentos Foucaultianos?

—La colección Fragmentos Foucaultianos de Siglo XXI Editores, de Argentina, surgió originariamente de la idea de hacer accesible al lector de lengua española el material de Dichos y escritos que no estaba incluido en otras compilaciones del autor en español, o era de difícil acceso o circulaba en traducciones poco cuidadas. Posteriormente se decidió incluir otros textos que no forman parte de Dichos y escritos pero que aparecieron en francés póstumamente: su tesis sobre Kant, un curso en Bélgica (“Obrar mal, decir la verdad”), varios cursos en Estados Unidos y algunas conferencias. De este modo la colección Fragmentos Foucaultianos reúne parte de Dichos y escritos, toda la serie de textos de Foucault publicados en Francia por la editorial Vrin (como El origen de la hermenéutica de sí) y el curso en Bélgica sobre la confesión “Obrar mal, decir la verdad”. La recepción de esta colección ha sido, afortunadamente, muy favorable.

La noción de fragmento, que da nombre a la colección, remite al modo en que el propio Foucault concebía su trabajo, una serie de investigaciones fragmentarias, y a veces incluso repetitivas. No se trata, en todo caso, de una noción negativa, como si fuesen sólo las partes de un todo que está ausente. Para Foucault la tarea del pensamiento no es pensar alguna totalidad, sino diagnosticar el presente a partir de problematizaciones circunscritas en el tiempo y en el espacio, sin pretender situarse por encima de la historia. Su pensamiento, por ello, no tiene la forma de lo acabado, sino de lo abierto. Sus escritos, según una metáfora culinaria empleada por el propio autor, deben ser pensados como un queso gruyer, es decir, llenos de agujeros para dejarle al lector su propio lugar (un gruyer obviamente francés; pues el suizo, es muy importante aclararlo, carece de agujeros).

 

—La Biblioteca Nacional de Francia ha adquirido recientemente el archivo Foucault, lo que la prensa francesa llama el “tesoro Foucault”. ¿Qué material contiene?

—Estos fondos de archivo contienen los diferentes borradores de sus libros, el registro de sus lecturas (sobre Nietzsche, Heidegger, los economistas clásicos y los neoliberales, los psiquiatras, los padres de la Iglesia...), borradores de sus cursos (como una introducción a “Las palabras y las cosas” y una continuación del mismo), de libros o trabajos que nunca fueron publicados, una serie de 29 cuadernos que constituyen una especie de diario intelectual del filósofo desde 1960 hasta la época, etcétera. Si bien no es infinito, se trata de un territorio inmenso, apasionante, todavía inexplorado.

 

La recepción de Foucault

 

—Con Vigilar y castigar (1975) Foucault ha trascendido en el mundo de la cultura como el filósofo del poder. ¿En qué consiste la novedad de su análisis?

—Junto con Microfísica del poder (una recopilación de textos que no existe en lengua francesa), Vigilar y castigar ha sido uno de los trabajos de Foucault que más influencia han tenido en Latinoamérica. Se trata, como sabemos, de un análisis de la sociedad disciplinaria, cuya forma paradigmática es la cárcel. Publicado en 1975 y rápidamente traducido, el tema resultaba atractivo y fecundo en el contexto de las dictaduras que por ese entonces dominaban el panorama latinoamericano.

Vigilar y castigar introduce varias novedades. En relación con los libros del autor, es el primero que tiene como principal objetivo el análisis del funcionamiento del poder. En relación con la teoría política, este análisis no es llevado a cabo a partir de una teoría del Estado o de la centralidad de la ley; no se sitúa a nivel del aparato o de las instituciones estatales, sino de la sociedad. Tampoco parte de la noción de ideología. Piensa el poder en relación con los cuerpos, en este caso con el disciplinamiento de los cuerpos individuales. Para ello Foucault se sirve de un concepto que tendrá una amplia repercusión en el campo de las ciencias sociales: “dispositivo”. Las disciplinas son vistas como dispositivos, es decir, como un conjunto de elementos heterogéneos (reglamentos, teorías, leyes, edificios, etcétera) que forman una red en relación con determinado objetivo. En este caso, la producción de cuerpos políticamente dóciles y económicamente rentables.

La cárcel, la escuela, las fábricas, los hospitales son vistos, precisamente, como dispositivos disciplinarios. Y el panóptico (una forma de distribución de la mirada en el espacio, que parte de un eje central y se dirige hacia toda la extensión de un espacio perimetral reticulado) como su forma más general, su matriz o paradigma.

En la primera edición, Foucault no sólo da la impresión de que nuestras sociedades, independientemente de la ideología que sostengan o a la que se remitan, constituyen un “archipiélago carcelar”. El eco del trabajo de Aleksandr Solzhenitsyn, publicado en Francia en 1973, es fácilmente perceptible. Esta imagen ha marcado la recepción de la obra.

Por otro lado, las ciencias humanas, y en particular las ciencias que comienzan con “psi”, son vistas por Foucault como la otra cara de la sociedad disciplinar. No porque se opongan a ella. Al contrario, porque la construyen. Ciencias humanas y dispositivos disciplinarios son las caras de la misma moneda.

Pero Vigilar y castigar no es el horizonte último de su filosofía analítica del poder. A la descripción de las disciplinas es necesario sumarle las investigaciones sobre la biopolítica y sobre las formas de gobierno de sí mismo y de los otros.

 

—En 1979 Foucault dedicó dos cursos al liberalismo y el neoliberalismo. ¿Cómo se vinculan estos cursos con la analítica del poder?

—Son fundamentales. Hay un momento liberal y neoliberal de Foucault, en el que toman forma sus investigaciones en torno a las nociones de gubernamentalidad y de gobierno. ¿A qué responde este momento? A dos razones fundamentales: al antiautoritarismo francés de la década de 1970, incluyendo la crisis de la izquierda durante esos años, y a ciertas consonancias, o si se quiere coincidencias, entre algunos teóricos neoliberales y las ideas libertarias y antihumanistas de Foucault. Para comprender el pensamiento foucaultiano es imprescindible tomar en serio los cursos donde aborda el liberalismo y el neoliberalismo, seguridad, territorio, población y nacimiento de la biopolítica. Puede resultar llamativo e incluso provocador, pero por esa época hay en Foucault una oscilación, para expresarlo de algún modo, entre Mao y Milton Friedman. Es un momento de fecunda efervescencia en el pensamiento de Foucault.

El libro de Geofroy de Lagasnerie La última lección de Michel Foucault (que ha tenido, lamentable e injustamente –ridículamente incluso–, alguna recepción negativa en Argentina) me parece, sin embargo, muy esclarecedor y significativo. De Lagasnerie, por ejemplo, pone el foco en una cuestión central para comprender esos cursos: la relación entre el análisis foucaultiano del liberalismo y la crisis de la izquierda en Francia. Estos cursos de Foucault, en efecto, pueden y deben ser vistos como su respuesta a la tarea de pensar una izquierda no estatista. Hay otros trabajos que van en la misma dirección que el de De Lagasnerie, como el de Serge Audier, Penser le néoliberalisme (creo que no ha sido traducido). Pero este me resulta demasiado repetitivo y con una argumentación mucho menos llana.

Me doy cuenta de que el momento liberal y neoliberal de Foucault va contra una imagen de su pensamiento instalada desde hace tiempo y bastante difundida. Pero ya es hora de abandonarla. El mapa del pensamiento de Foucault es mucho más complejo de lo que suele pensarse. Por ejemplo, en sus últimos cursos, y como se verá más claramente con la publicación de Las confesiones de la carne, hay un Foucault filósofo del cristianismo del que todavía queda mucho por publicar y por leer. Su genealogía de nosotros mismos, de nuestra modernidad, no se reduce a la descripción de los dispositivos disciplinarios, y mucho menos a ser un denunciador serial de cualquier forma de poder.


La recepción biopolítica de Foucault


—La biopolítica es uno de los temas foucaultianos de mayor interés. ¿Por qué?

—Hay varias razones, sin duda. Sobre todo porque el tema es de actualidad: la población, el medio, la ciudad, la dimensión biológica de la especie humana, etcétera. Pero también influyó mucho la cronología de la edición de los cursos de Foucault. Por ejemplo, en 1995 Giorgio Agamben publica en Italia el trabajo que lo hizo mundialmente reconocido, Homo sacer. El poder soberano y la vida desnuda. El tema central de este trabajo es la relación del poder con la vida a través del ejercicio de la soberanía. Para Agamben, ser soberano es producir vida desnuda, es decir, expuesta a la muerte violenta sin estar protegida por ninguna ley, ni de los hombres ni de los dioses. La experiencia de Auschwitz está en el centro de esta idea. La ejemplifica y la clarifica. Para Agamben, los campos de concentración son, en efecto, los espacios de producción de vida desnuda por antonomasia, y por lo tanto, de la biopolítica. El libro de Agamben tuvo un gran impacto. Ahora bien, los cursos biopolíticos de Foucault, los dos que mencionamos antes y “Defender la sociedad”, se publicaron después de Homo sacer... En 1997 este último y en 2004 los antes mencionados. Podríamos decir, por ello, que hubo una especie de gran expectativa respecto de los trabajos de Foucault sobre el tema, generada a partir de obras como la de Agamben, que, de ese modo, contribuyó grandemente al interés por sus cursos. Y también condicionó su lectura.


—La biopolítica tiene en Agamben un registro negativo. No parece ser la postura de Foucault.

—Es exactamente así. En Foucault la biopolítica, el gobierno de la vida biológica de la población, no es necesariamente una idea o una dimensión negativa. El surgimiento de una biopolítica a partir del siglo XVIII responde, según sus análisis, a la necesidad de gobernar los procesos biológicos del hombre en su dimensión poblacional: tasas de natalidad, de mortalidad, control de las epidemias en las formaciones urbanas, etcétera. Se trata, al menos en principio, de maximizar la vida, no de eliminarla. Una vez constituidos los mecanismos de gobierno de la dimensión biológica de la población, estos, sin embargo, pueden ser utilizados para la producción de muerte. Es lo que ocurre, precisamente, en los campos de concentración. Para Foucault esto tiene lugar cuando la función soberana de hacer morir se apropia y se sirve de esos mecanismos. En ese momento la biopolítica, la política de la vida, se convierte en una tanatopolítica, en una política de muerte. Pero esto no significa que la biopolítica sea en sí misma y necesariamente una tanatopolítica, que la biopolítica se superponga con el poder soberano de hacer morir.

Sobre este tema la relación entre Foucault y Agamben podría resumirse diciendo que, en Foucault, la biopolítica explica Auschwitz; en Agamben, en cambio, es al revés, Auschwitz explica la biopolítica. En Foucault la biopolítica es una condición necesaria, pero no suficiente, de los campos de exterminio biológico de la población. En Agamben, en cambio, biopolítica y campo son sinónimos.


Actualidad de Foucault


—¿Qué actualidad tiene Foucault?

—Los trabajos de Foucault son una cantera teórica para pensar las cuestiones que forman parte de nuestra actualidad. El tema de la biopolítica, al que acabamos de referirnos, es un ejemplo de ello. Pero también la cuestión del neoliberalismo. Y también –a lo que están dedicados los últimos trabajos de Foucault– las formas en que nos constituimos a nosotros mismo como sujetos. Sus problemas son todavía los nuestros. Pero es necesario señalar que esta cantera no es un reservorio de respuestas ya hechas, o que basta con repetirlas, eximiéndonos de la tarea de pensar. No es o no debería ser un cuerpo doctrinal. En los trabajos de Foucault nos encontramos, precisamente, con una incitación a seguir pensando, incluso contra él. También esto forma parte de su actualidad.

 

—Foucault ha negado a veces ser un filósofo. ¿A qué se debe esta desafiliación?

—No hay que tomarlo demasiado en serio. Las declaraciones de Foucault acerca de sí mismo se contradicen con sus propias declaraciones o con los hechos. Por ejemplo, afirma no haber usado nunca el término “estructura” en Las palabras y las cosas, pero aparece allí más de cien veces. Foucault ha dicho no ser muchas cosas, entre ellas filósofo; pero, con no menor énfasis, también ha dicho exactamente lo contrario.

 

1. Edgardo Castro es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (Conicet) y profesor universitario. Su Diccionario Foucault y su Introducción a Foucault constituyen dos obras de referencia sobre el tema. Es el editor de la serie Fragmentos Foucaultianos (Siglo XXI Editores), integrada por cuatro volúmenes: El poder, una bestia magnífica (2012), La inquietud por la verdad (2012), ¿Qué es usted, profesor Foucault? (2013) y Obrar mal, decir la verdad (2014). Cabe mencionar también su labor como responsable de la revisión técnica de la edición en castellano de Una lectura de Kant (2009), el primer volumen de la tesis complementaria de doctorado de Foucault, orientada por George Canguilhem, también en Siglo XXI Editores. En las recientes Jornadas Académicas de la Facultad de Humanidades, Edgardo Castro dictó una de las conferencias centrales y participó en grupos de discusión en la Udelar y en el Isef.

 

 

Información adicional

  • Autor:Agustina Craviotto Corbellini y Joaquín Venturini Corbellini
  • Región:Internacional
  • Fuente:Brecha
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