Miércoles, 03 Octubre 2018 07:38

Aterciopelados: "La discriminación por razones de género es terrible y parece instintiva"

Escrito por henrique mariño
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Aterciopelados: "La discriminación por razones de género es terrible y parece instintiva"

Andrea Echeverri y Héctor Buitrago regresan con el disco 'Claroscura', donde la artista colombiana denuncia el ideal de belleza femenina impuesto por la sociedad, lanza un alegato contra la violencia de género y llama al empoderamiento de la mujer.

La música aparentemente sedosa de Aterciopelados rasca. Pioneros de la fusión entre el folclore y el rock, el dúo colombiano regresa diez años después con Claroscura (Sony Music), un álbum donde Andrea Echeverri le canta al cuerpo real para denunciar el ideal de belleza impuesto por la sociedad y, de paso, lanza un alegato contra la violencia de género y llama al empoderamiento de la mujer.

Su música parte de la raíz, pero horada la tierra para transmitir un mensaje contra las injusticias, sean estas sociales, políticas o medioambientales. Detrás de una gran mujer, hay un gran Héctor Buitrago, también letrista, compositor y responsable del viraje electrónico de una banda que pronto trascendería las fronteras hispanoamericanas.
Andrea Echeverri luce una camiseta negra con el lema “Yo amo mis tetas”. Alude a la canción Piernas, incluida en su último disco, coproducido por su compañero de batallas, un declarado indigenista. La del feminismo no es la primera ni será la última, pues la combatividad del grupo viene de lejos y tiene mecha para rato.

¿Están como de quince? ¿Algún secreto para su eterna juventud?

Andrea: ¡La muuúsica! [risas].

Héctor: Y el espíritu. Yo me siento de treinta, aunque luego me miro al espejo y me digo: “¡Ay, pero no...!”.

Andrea: ¡Yo me siento revieeeja! Te lo juro. Hasta tengo una canción en el disco titulada Vieja.

Hay quien defiende que la edad ideal para hacer rock va de la posadolescencia a la tierna mocedad. ¿Lo creen así o la juventud está en la cabeza?

Héctor: Hay que mantener la irreverencia, la curiosidad y también, por qué no decirlo, la inocencia. Yo no me siento físicamente joven, porque ya han empezado los achaques [risas], pero sí liviano. Lejos del espejo, no he perdido la espontaneidad.

Metieron en una batidora el rock y el folclore colombiano. Unos pioneros, incomprendidos en su día. Veinticinco años después, la cumbia es para algunos el no va más, si bien entonces toparon con la resistencia de cierta crítica musical.

Héctor: En aquel momento se permitían ese tipo de atrevimientos. Nosotros veníamos del punk y del folclore. Y, como no éramos músicos profesionales ni académicos, nos lanzamos a hacer lo que sentíamos y rompimos unas estructuras muy cerradas. Ésa fue una de las razones de nuestro éxito, si bien algunos de los experimentos fracasaron. En cambio, otras fusiones que no funcionaron en su día crecieron muchísimo con los años. Es el caso de Maligno, donde llegamos a incorporar el tango.

Héctor, usted venía del grupo punk La Pestilencia, eminentemente contestatario. Musicalmente, menudo cambio…

Andrea: Total, pero era lo que él quería, porque estaba aburrido de la escena hardcorera. Cuando tocaban en locales, rompían las sillas durante unos shows realmente violentos.
Héctor: Aunque luego nos tocaba pagar los daños [risas].

Andrea: Yo, cuando me enamoré de Héctor, fui a un concierto de La Pestilencia y salí con un chichón enorme [risas]. Era un ambiente ingrato y bien heavy. Quedaba claro que él quería otra cosa...

Héctor: Todo se resume en el título del recopilatorio que publicamos en 2002: Evolución. No queremos estancarnos ni quedarnos en lo que ya hemos encontrado.

Si un oyente hubiese hibernado o permanecido durante unos años en una isla desierta, se toparía con la electrónica, porque nunca han dejado de incorporar estilos, hasta el punto de que podría suponer un shock para ese fan criogenizado de su etapa inicial ¿Qué nos ha dado la tecnología? ¿Y, sobre todo, qué nos ha quitado?

Héctor: Yo creo que nos ha dado más que quitado [responde lento y pensativo, arrastrando cada palabra]. La evolución de la música es inevitable.

Quiero decir: si ampliamos esa visión a la sociedad en general, ¿estamos atados a la tecnología? ¿Somos tecnodependientes o, si lo prefieren, tecnoadictos?

Andrea: Yo extraño la escasez, porque la abundancia nos tiene…

¿Está a favor del decrecimiento?

Andrea: Antes, cuando tenías una casete, te la sabías de memoria, rulaba por ahí y mantenías con ese objeto una relación muy profunda. ¿Qué relación tenemos hoy con un aparatico que almacena más canciones de las que podrás escuchar en tu vida?

Héctor: Antes apreciábamos más las cosas, mientras que ahora estamos inundados por la sobreinformación.
Andrea: Todo es desechable. Incluso los productos culturales envejecen en una semana. Con las nuevas tecnologías, parece que estamos conectados con muchísima gente, pero en realidad estamos cada vez más solos.

Andrea, usted fue una pionera de la lucha feminista en un entorno eminentemente machista. ¿Ha dado sus frutos?

Andrea: La desigualdad entre hombres y mujeres es muy profunda y sigue presente, como reflejan las reivindicaciones de los movimientos recientes. Es como si esa discriminación por razones de género fuese instintiva, algo terrible… No sé, piensa en las empresas de Silicon Valley, cuyos directivos son hombres blancos y jóvenes. ¿Dónde queda la apertura y la inclusión?
Detrás de sus canciones, hay conciencia. ¿Concebirían su música sin mensaje?

Andrea: Yo creo que no, pero Héctor sí: piensa que seríamos reguetoneros [risas].

Héctor: Ojo, aunque no por su mensaje. Hay canciones, incluso instrumentales, que logran transmitir sentimientos no necesariamente con las letras. La conexión, la magia y la comunión también te llegan adentro, y eso es algo que se busca con la música.

Sus reivindicaciones siempre han corrido en paralelo a las luchas sociales, como la de la tierra y, en general, la del medio ambiente. En alguna ocasión, se adelantaron a movimientos que, con el tiempo, han terminado cobrando fuerza, léase la defensa a ultranza de la igualdad, los derechos de las mujeres y la denuncia de la violencia de género.

Andrea: Yo no concibo esas canciones sin mensaje.

¿Aterciopelados es un grupo más femenino o más masculino?

Héctor: Claroscura, por su temática, tira más hacia lo femenino.

Me refiero no tanto al nuevo disco, como al grupo.

Héctor: Yo diría que es más femenino.

Andrea: Siendo yo a veces más masculina [risas].

¿Aterciopelados son uno o son dos? ¿O dos en uno?

Andrea: Somos dos en dos, ¿noooh? [risas] Me encanta que en la portada del disco haya una grieta entre ambos, aunque de ella salen florecitas.

Han colaborado con Amnistía Internacional y, ahora, han emprendido una batalla contra los plásticos de la mano de Greenpeace. ¿Creen que la destrucción del medio ambiente y el cambio climático son dos de los principales problemas que debe afrontar con urgencia el ser humano o anteponen otros frentes?

Héctor: Todos los problemas están entretejidos, pero el deterioro del planeta está generando más movilizaciones entre una población concienciada porque las consecuencias que provoca la intervención del ser humano son evidentes.
Urge hacer cambios, y algunos ya se están produciendo. En Colombia, por ejemplo, los bares y restaurantes están reduciendo el uso de pajitas para sorber las bebidas.

Andrea: Pero es que usted es muy optimista, Héctor, porque las pajitas son unas cositas chiquititas.

Bueno, depende de cuántos bebedores haya, ¿no?

[Carcajadas]

Hace veinte años, un dream team de la música latinoamericana alternativa recorrió España durante la gira Calaveras y diablitos: los argentinos Fabulosos Cadillacs, los mexicanos Maldita Vecindad y Julieta Venegas —quien luego tendría un gran éxito en España—, y ustedes mismos. Aquellos conciertos fueron gloriosos, como el que tuvo lugar en la madrileña plaza de Salvador Dalí. El rock latino —que partía de las tradiciones de cada país, tamizadas por el punk, el rock y otros géneros de ascendencia anglosajona— era entonces un arma cargada de futuro. ¿En qué quedó la misión explosiva de aquellos embajadores llegados del otro lado del charco?

Héctor: En una bomba cuya explosión parecía que iba a ser mayor de lo que realmente fue.

Andrea: A nivel comercial, quieres decir.

Héctor: Claro, porque la herencia está ahí, véase el legado del que está bebiendo la música latina actual. No fue un fenómeno tan masivo como pretendían las discográficas, pero el poso ha sido enorme.

Víctor Coyote y Santiago Auserón —luego transmutado en Juan Perro— fueron los pioneros del rock latino en España. Sin embargo, en su día fueron incomprendidos y tendrían que pasar varios años hasta que el género de fusión caló en España.

Héctor: Claro, fue cuando surgieron grupos como Amparanoia o Macaco, sin olvidarnos de Manu Chao, otro pionero del mestizaje.

¡Qué tiempos estos! Resulta curioso que alguna plataforma digital advierta del "contenido explícito" de dos canciones de Claroscura, cuyas letras son tan naturales, humanas y terrenales como un ser desnudo. Sin embargo… ¡padres del mundo, tengan cuidado con Aterciopelados!

Andrea: ¿Y del reguetón no dicen nada? Al contrario, lo recomiendan… [carcajadas].

Sorprende que el aviso pese sobre una canción, Piernas, que habla del cuerpo de la mujer para denunciar el ideal de belleza impuesto por la moda y los medios: “Contenido explícito”.

Andrea: Es que yo todavía no he visto ese “tengan cuidado: material peligroso” [risas]. No escucho música a través de internet, sino que sigo usando cedés. Quizás esas advertencias en las canciones Piernas y Vieja sean contraproducentes e inciten precisamente a escucharlas: “Fíjese… A ver, muéstremelas”.

Héctor: Quizás sea obra de Spotify Colombia. En Latinoamérica, a pesar de todo, seguimos siendo muy puritanos y esas palabras todavía chocan.

Ojo, que en España te procesan por un “me cago en Dios”...

Andrea: Y también dicen: “Me cago en la leche de la virgen” [carcajadas].

Héctor: ¿¡Cómo!?

Andrea: Te lo juro: ¡me lo dijo un taxista! [risas].


Ambos se conocieron en la universidad cuando Andrea estudiaba Bellas Artes: ¿cuál es el arte más bello?

Héctor: Sin duda, la música.

¿Y qué tiene la música que no tengan otras artes?

Andrea: Ojo, para mí el arte más bello es la cerámica, corazoncito [ella se licenció en Bellas Artes en la Universidad de los Andes de Bogotá, donde lo conoció a él, quien entonces cursaba Biología, carrera que abandonaría para dedicarse por entero a la música; entonces, fueron pareja y fundaron la banda Delia y los Aminoácidos; tras su ruptura, sentimental y artística, en 1993 fundaron Aterciopelados, donde han compartido hasta hoy amistad y creación].

El grupo y la cerámica me dan cosas muy distintas. Hacer música es bonito, pero pertenecer a la farándula y el show business tiene cosas muy feas, como los estereotipos, el culto al cuerpo, la alfombra roja…

Yo soy tímida y en ese mundo me siento como mosco en leche [fuera de lugar]. En cambio, para mí la cerámica es sinónimo de privacidad. Cuando estoy embarrada, soy feliz.

¿Qué arte no puede ser musicada? Andrea, usted que se especializó en cerámica, ¿quizás la escultura? ¿Acaso la literatura?

Andrea: Yo he intentado musicar la cerámica en Claroscura. De hecho, la tipografía de la portada y los títulos de las canciones que figuran en el libreto interior son piezas que primero modelé y luego fueron fotografiadas. Si te fijas, en la foto de la carátula también hay esculturas mías. Además, llevo meses diseñando sesenta tacitas claroscuras que regalaremos a las personas que han sido importantes en la realización de este disco.

Algunos artistas afirman que las esculturas pueden hablar, pero cantar…

Andrea: ¡Pues mira tú! [risas]. De hecho, modelo cantantes: son unos floreros muy bonitos con unas bocas abiertas que también alojan flores en su interior.

Ustedes debutaron en España como teloneros de Héroes del Silencio, quienes cosecharon grandes éxitos en varios países hispanomericanos, Sin embargo, los zaragozanos no empezaron con buen pie, porque cuando tocaron en México allá por 1992 los conciertos se vieron empañados por las celebraciones del llamado V Centenario del Descubrimiento de América. Descubrir, como si antes no hubiese nada. ¿Peor el verbo conquistar? ¿Cómo definirían aquel 1492?

Héctor: La historia de la humanidad ha sido la historia de las invasiones, que incluso siguen dándose actualmente.

Andrea: La historia de las invasiones, pero también la historia de las migraciones.

Han sido nominados a los Grammy como Mejor Álbum Alternativo por Claroscura y como Mejor Canción Alternativa, por Dúo. Mañana, ¿qué?

Héctor: Vivimos al día, por lo que ahora mismo estamos muy ilusionados con el videoclip de Dúo. Y, en breve, rodaremos otros dos. Realmente, no pensamos más allá.

Con Gozo se impusieron en los Grammy Latinos de 2001 a Manu Chao. En 2006, le tuvieron que hacer un hueco en la vitrina al segundo galardón, que recibieron por Oye. ¿Palabras mayores o los premios sólo son…?

Andrea: Los premios tienen una vertiente de herramienta promocional. Llevo muchos años tratando de protegerme, porque cuando tienes éxito o te lo ganas, perfecto; pero cuando no sucede, tienes que blindarte un poco. Aunque hemos ganado dos, mis experiencias con los Grammy han sido ingratas. ¡Una vez me ganó Laura Pausini!
Héctor: [Carcajadas]

Andrea: ¡Que te gane Laura Pausini un Grammy sí que es ofensivo!

No te rías, Héctor: para mí fue toda una ofensa [en 2006, la cantante italiana se llevó el Grammy al Mejor álbum de pop latino por Escucha, imponiéndose a la colombiana, quien había sido nominada por su primer disco en solitario, titulado Andrea Echeverri].

Por si fuera poco, a lo largo de mi vida he tenido acné, por lo que una vez llegué a la ceremonia de entrega de premios con unos barros así de grandes. ¿Quién me tocó al lado? ¡Paulina Rubio y Shakira! Te puedes imaginar que yo era invisible: sólo se veían mis espinillas.

En la ceremonia de 2001 estaba embarazada y se produjo el atentado de las Torres Gemelas… En otra ocasión, no lo ganamos, aunque figuramos en la lista de los peor vestidos [risas]. Por eso, cuando me dicen que tengo que ir a los Grammy, respondo: “¡No, por favor! ¿Tengo que volver de nuevo? ¡Aaargh!”.

En su día, frenaron en seco e hibernaron durante varios años. ¿Se impone, a veces, el recogimiento?

Andrea: Pero no hibernamos, sino que nos separamos y cada uno se sumergió en sus proyectos personales como solistas.

O sea, que no fue invierno, sino primavera.

Madrid
02/10/2018 07:09 Actualizado: 03/10/2018 08:24
henrique mariño
@solucionsalina

Andrea: Claro, se trató de un periodo de construcción y estructuración. Fue mi revolución femenina.

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