Viernes, 21 Febrero 2020 06:11

Aceleracionismo: por un control proletario de las tecnologías de producción

Escrito por Jorge León Casero
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Aceleracionismo: por un control proletario de las tecnologías de producción

En lugar de enfrentarnos al capitalismo desde un mítico exterior que ya no existe, el aceleracionismo de Alex Williams y Nick Srnicek apuesta por una apropiación común de la ciencia y la tecnología de plataforma como única forma de poder subvertir el sistema capitalista desde su interior.

 

Desde que Alex Williams y Nick Srnicek publicaron su Manifiesto por una Política Aceleracionista en 2013, la recepción del aceleracionismo por parte de los intelectuales y movimientos sociales de izquierda ha terminado por dividirse en dos posturas claramente divergentes. Por una parte están todos aquellos que lo consideran una propuesta excesivamente academicista que en realidad estaría jugando a favor del capitalismo. Entre otros, este sería el caso de filósofo y sociólogo alemán discípulo de Axel Honneth, Hartmut Rosa, según el cual la aceleración sería un fenómeno inherentemente capitalista, moderno y totalitario que únicamente puede alienarnos y desconectarnos de las experiencias vitales ligadas al mundo material.

Por la otra, existe una gran cantidad de autores y autoras que han intentado precisar y desarrollar algunas tesis aceleracionistas desde ámbitos tan variados como la estética, la teoría del conocimiento, el análisis del trabajo, la organización de clase o el feminismo, como por ejemplo son el Xenofeminismo de Laboria Cuboniks y Helen Hester, o el post-operaísmo de Bifo Berardi y Antonio Negri. Concretamente, para este último, el aceleracionismo propuesto por Williams y Srnicek mantiene afirmaciones propias del operaísmo como es la de “liberar la potencia del trabajo cognitivo dentro de la evolución del capital, [debido a que] la causa de las crisis está en la obstrucción de las capacidades productivas”. Mientras que en el caso de Hartmut Rosa, la aceleración es vinculada unilateralmente con una necesidad permanente de optimización y maximización de los procesos productivos que sería exclusivamente capitalista; aceleracionismo, post-operaísmo y xenofeminismo plantean, por el contrario, que la forma de producción capitalista no es una máquina perfecta que únicamente trabaja en su propio beneficio, sino que para obtener este último necesita liberar e implementar algunas fuerzas cruciales que pueden ser re-apropiadas por el proletariado y utilizadas en su contra. Estas fuerzas son la ciencia y la tecnología.

ACELERACIONISMO Y DESTERRITORIALIZACIÓN

Gran parte de la oposición a las propuestas de Williams y Srnicek derivan de una comprensión alterada de qué es exactamente lo que proponen con “acelerar”. Concretamente, la que ha terminado siendo la comprensión más habitual del aceleracionismo lo entiende como una exhortación a intensificar cualquier tipo de proceso capitalista existente, con la (ilusoria) esperanza de que esto llevará al sistema a un colapso definitivo que es necesario alcanzar para poder instaurar un nuevo sistema más justo y equitativo.

Frente a esta tergiversación y simplificación es necesario recordar que el origen y fundamento de la propuesta aceleracionista se encuentra en uno de los fragmentos más discutidos que Gilles Deleuze y Félix Guattari escribieron en el Anti-Edipo, cuando se preguntaron “entonces, ¿qué solución hay, qué vía revolucionaria? […] ¿Retirarse del mercado mundial como aconseja Samir Amin a los países del tercer mundo, en una curiosa renovación de la ‘solución económica’ fascista? ¿O bien ir en sentido contrario? Es decir, ir aún más lejos en el movimiento del mercado, de la descodificación y la desterritorialización. Pues tal vez los flujos no están aún bastante desterritorializados, bastante descodificados […] No retirarse del proceso, sino ir más lejos, acelerar el proceso”.

Según Deleuze y Guattari, el principal problema del capitalismo es que si bien aparenta ser una fuerza que desterritorializa y descodifica las relaciones sociales y económicas propias de las sociedades tradicionales, clasistas y heteropatriarcales, ello es debido a que únicamente lo hace con la intención de volver a re-territorializarlas y recodificarlas dentro de un sistema socioeconómico que se ajuste perfectamente a sus necesidades y objetivos. En este sentido, desterritorializa el régimen de propiedad de la tierra propio del feudalismo para reterritorializarlo bajo la primacía de la propiedad de los nuevos medios de producción, industriales y cognitivos. Del mismo modo, descodifica las relaciones sociales heteropatriarcales basadas en el parentesco para recodificarlas como relaciones laborales con asimetría de género.

Dado que este proceso de desterritorialización y posterior reterritorialización sigue funcionando de múltiples modos, lo que afirma el aceleracionismo es que hemos de incrementar o “acelerar” los procesos de desterritorialización y descodificación hasta un punto de no-retorno que impida su re-territorialización y recodificación capitalista. Desde este punto de vista, lo que hay que acelerar no es el capitalismo en sí, sino únicamente la descodificación que promueve antes de volver a recodificarla. Ahora bien, es precisamente en este punto donde el aceleracionismo se bifurca en una concepción marxista defendida por Williams y Srnicek, y otra (anarco)liberal mantenida por reconocidos antimarxistas como Nick Land, fundador en 1995 de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética junto a la filósofa Sadie Plant.

La principal diferencia entre ambas posturas radica en que en el caso de Land el proceso concreto a acelerar coincide directamente con el tipo de des-codificación sociosimbólica posibilitada por Internet y las plataformas digitales tal y como eran en los años 90. En cambio, en el caso de Williams y Srnicek, la aceleración de los procesos de descodificación debe ser complementada con una reapropiación común y no necesariamente estatal de las tecnologías de plataforma que posibilite una re-organización antagonista eficaz de las relaciones productivas anti-capitalistas.

ACELERACIONISMO Y MARXISMO POST-OPERAÍSTA

El aceleracionismo marxista mantiene que la tecnología promueve dos tipos de procesos dentro del capitalismo que, a diferencia de lo que mantiene Hartmut Rosa, no pueden considerarse ni idénticos, ni inseparables. La necesidad de reducir el trabajo humano necesario para realizar una tarea (el incremento de productividad) y la necesidad de incrementar continuamente la cantidad de producción total de mercancías (lo que Unabomber llamaba la auto-expansividad de un sistema). Derivado de ello, la otra gran distinción que separa al aceleracionismo marxista de la teoría crítica consiste en su consideración de la tecnología como una herramienta susceptible de incrementar exponencialmente la efectividad social del trabajo y el conocimiento con vistas al empoderamiento de sus productores frente al capital. Más específicamente, cibernética y plataformas digitales son identificadas como la infraestructura básica que posibilitaría una autogestión efectiva y común de las luchas contra el capitalismo, y cuya reapropiación debería considerarse como uno de los objetivos fundamentales de cualquier tipo de lucha anticapitalista.

El último libro de Hardt y Negri proponía reorganizar el funcionamiento de los movimientos sociales a partir de un “liderazgo emprendedor” aplicable a aquellas tareas de tipo “táctico” que no necesiten ser evaluadas por una Asamblea que se limita a tomar las decisiones estratégicas principales. El aceleracionismo de Williams y Srnicek va un poco más allá, y mantiene que una lucha realmente efectiva contra el actual capitalismo de plataforma requiere poner a jugar a nuestro favor todos los procesos de automatización, Deep Learning e Inteligencia Artificial que podamos, para que realicen un sinnúmero de tareas tácticas, logísticas y repetitivas que nos liberen de la enorme carga de gestión que requieren.

Si bien Antonio Negri tiene razón cuando afirma que “el nombre de aceleracionismo es ciertamente infeliz” debido a la ingente cantidad de confusiones a las que ha dado lugar, ello no le impidió entender la propuesta de Williams y Srnicek como “un complemento postobrerista” que renueva la consigna “no al trabajo”. Aunque los actuales repuntes de un anarco-primitivismo radical como el propuesto por John Zerzan o Theodore Kaczynski nos han acostumbrado a aceptar que todos los males provienen de la tecnología, no por ello deberíamos identificar unilateralmente a esta última con el sistema industrial capitalista tan rápidamente como hacen ellos. Nos guste o no reconocerlo, la verdad es que tal y como afirman Williams y Srnicek, desde comienzos del siglo XXI los movimientos sociales han aglutinado y articulado la acción de una cantidad cada vez mayor de personas y sin embargo, aparte de frenar algunos procesos a nivel local y en lugares concretos, la triste realidad es que la precariedad y la redistribución desigual de la renta continúan incrementándose exponencialmente a nivel global. Debido a ello, tal vez sea el momento de plantearnos seriamente la necesidad de una reapropiación profunda y de masas de aquellas tecnologías que nos empoderen lo suficiente como para poder desarticular definitivamente las relaciones sociales de producción en las que se basa el capitalismo.

En este sentido, el aceleracionismo marxista no es tanto una pulsión irracional por incrementar la velocidad de un sistema que se cree condenado a su propia autodestrucción, como un proyecto orientado a la re-configuración de las principales fuerzas que dicho sistema ha desatado para emplearlas en su propia subversión y desmantelamiento. El problema al que esto nos enfrenta y que muchas veces no nos gusta, es que mientras que la mera resistencia exterior a un sistema opresor siempre es moralmente loable aun en los casos en los que conduce inexorablemente a la derrota, la decisión de utilizar sus propios recursos como única forma viable para destruirlo siempre está abierta a la traición, voluntariamente asumida o no, de los objetivos por los que fue iniciada la lucha. La apertura a la corrupción y/o tergiversación de los fines perseguidos es algo que siempre está presente en cualquier tipo de lucha por (o empleo de) el poder. A este respecto, lo que el aceleracionismo marxista nos está pidiendo es que salgamos de nuestra cómoda esfera de seguridad moral, y no temamos utilizar aquellas fuerzas que son necesarias para poder tener siquiera la oportunidad de hacer algo efectivo y duradero a escala global.

Por Jorge León Casero

Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza


publicado

2020-02-21 10:00

Información adicional

  • Antetítulo:Filosofía
  • Autor:Jorge León Casero
  • Fuente:El Salto diario
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