Se multiplican las barricadas en barrios de la capital de Nicaragua

Opositores al gobierno de Ortega llaman a la resistencia y a organizarse en la lucha pacífica

Las barricadas se multiplicaron en la capital de Nicaragua tras el llamado opositor a organizarse en lucha pacífica contra el gobierno, mientras reportes extraoficiales daban cuenta de dos muertos en ataques de presuntos paramilitares en la norteña ciudad de Sébaco, y organismos de derechos humanos elevaban la cifra de muertos a 139.

Las barricadas de adoquines se levantaron en populosos barrios de Managua como La Luz, Ducualí y El Edén, que se sumaron así a otros sectores de la capital donde los pobladores intentan contrarrestar el asedio de encapuchados que disparan en las noches desde camionetas sin matrícula.

Una caravana de varios kilómetros de largo recorrió este domingo Managua llamando a la resistencia pacífica de los ciudadanos y a "organizarse para enfrentar la represión de los paramilitares que cada noche siembran el terror en Managua y matan a los jóvenes".

Los manifestantes repartieron volantes con indicaciones para crear en cada barrio los comités Azul y Blanco, que buscan principalmente evitar saqueos, la detención de jóvenes por parte de la policía y frenar el paso de paramilitares.

La jornada transcurrió en calma en casi todo el país, excepto en Sébaco, donde se reportó el ataque contra un tranque (barricadas) de manifestantes, con saldo de dos fallecidos, de acuerdo con diversos reportes de prensa.

En Jinotega se reportó además el incendio de una oficina gubernamental, hecho que el portal oficialista El 19 Digital atribuyó a "delincuentes de la derecha".

"¡Nicaragua mía, me duele verte herida y saqueada! Te sueño libre, sin tiranos ni víctimas, como una casa grande en la que todos y todas vivamos alegres, sin lágrimas ni sangre, en libertad y justicia social, orgullosos de ser nicaragüenses por gracia de Dios! #GritoPorNicaragua", tuiteó hoy monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua.

En tanto el politólogo y académico opositor Félix Maradiaga, acusado de ser el "cabecilla de una red criminal" que dirige las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega, suspendió su regreso al país desde Estados Unidos debido una supuesta orden de captura en su contra.

En tanto, el gobierno pidió el apoyo de sus simpatizantes por medio de las cuentas de Twitter, participando en una campaña denominada Un tuitazo por la paz, y celebró una jornada de oración "por la Paz en la Nación" en la Plaza de la República de Managua.

La cifra de muertos en Nicaragua a causa de la crisis que estremece al país desde abril pasado asciende ya a 139, informó este domingo el no gubernamental Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

La crisis en Nicaragua inició el pasado 17 de abril con una protesta de estudiantes contra una reforma al sistema del Seguro Social, que fue derogada, pero las protestas continuaron.

Tras 54 días de manifestaciones, con más de 125 tramos de carreteras del país bloqueados por tranques, la población ahora exige la renuncia de Ortega y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

Publicado enInternacional
Sábado, 09 Junio 2018 04:52

Nicaragua y Latinoamérica

Nicaragua y Latinoamérica

Siempre es difícil aprehender de un manotazo todas las facetas de un fenómeno social en marcha. Los actores se mueven rápido. Evolucionan como un resorte y a veces involucionan de forma inesperada. Nada está quieto ni nada está dado ni finiquitado. Los escenarios estrenan cada mañana un nuevo formato.


Eso es lo que está sucediendo en Nicaragua, donde el régimen político nicaragüense está fracturado desde su base.


Después del inicio de las acciones represivas contra la emergencia estudiantil a partir del 19 de abril (y que han continuado hasta este día, solo que ahora ya tienen más destinatarios), la situación política en Nicaragua es ahora de máxima inestabilidad y de pronóstico reservado.


La opción de choque frontal frente a la amplia movilización estudiantil y popular ha dado lugar a un cuadro inesperado de resolución al límite.


Lo que ha eclosionado en Nicaragua de un modo un tanto espontáneo y diverso desde el 19 de abril es un auténtico proceso de insubordinación social, que en la región centroamericana actual comporta una compleja novedad. La idea de que todo esto es un montaje de intereses ajenos a Nicaragua no es más que una cortina de humo que pretende tapar el sol con un dedo.


La forma de gestión política en Nicaragua está deslegitimada y esto explica la amplia repulsa ciudadana, que las gigantescas movilizaciones convalidan. Aunque el detonante podría situarse en las reformas de abril al Seguro Social, a estas alturas lo que hay es una clara tendencia hacia la redefinición estratégica de la esfera de poder estatal. Lo que está en juego ya no es solo unas demandas sociales sino que está sobre la mesa y en las calles el cese abrupto del actual gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN. Y este es el punto neurálgico que definirá el curso de acción en lo inmediato.


La salida sin condiciones de las dos cabezas principales de ese gobierno facilitaría las cosas, pero no las resolvería, puesto que lo que requiere Nicaragua es una profunda remoción institucional. Desde el heterogéneo campo de la ciudadanía insubordinada las tareas están encaminadas en esa dirección. Incluso, en el llamado diálogo nacional esa es la posición: buscar el modo más rápido y efectivo para iniciar la recomposición nacional.


No obstante que se ha activado una amplia mayoría ciudadana organizada y movilizada en diferentes puntos del país y que adversa con manifestaciones y con cortes de ruta al actual gobierno del FSLN, también es cierto que ese gobierno ha establecido una línea clara para el manejo de la actual tensión, y que puede resumirse así: represión selectiva, diálogo nacional sin avanzar en ninguna dirección, generación del terror al promover y facilitar actos vandálicos y concesiones mínimas frente a la presión internacional.


Si el gobierno de Nicaragua no hubiese optado por la represión brutal y desde el primer momento se hubiera abocado a la exploración de interlocuciones confiables quizá se habría desactivado el descontento y este grave momento no existiría. Pero ya es tarde para eso, porque los más de cien muertos en menos de dos meses provocados por la represión sitúan las cosas en un punto de no retorno.


Daniel Ortega, cabeza del gobierno nicaragüense, no se irá del solio presidencial por su propia voluntad.


Sin embargo, existen al menos dos caminos para torcer esto: el primero, sería que los apoyos con los que aún cuenta, y lo sostienen, comenzaran a hacerse los desentendidos (el Ejército, al menos, se ha convertido en mudo testigo), y ya en un aislamiento definitivo, pues aquello cedería de cualquier manera; el segundo, mucho más complicado y que implicaría una nueva cuota de sangramiento para Nicaragua, consistiría en que la insubordinación social ampliara su escala, y sus modalidades de intervención y sus tácticas de calle y generase un cuadro generalizado en todo el país de alzamiento y resistencia populares que paralizara el país. Un paroxismo de masas, pues.


Para los países centroamericanos los acontecimientos nicaragüenses, como en los tiempos de la invasión filibustera de William Walker a mediados del siglo diecinueve, como cuando Augusto C. Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua entre 1927 y 1934 lucharon contra la intervención extranjera, como cuando el FSLN (original, no este) entre 1977 y 1979 logró ponerse al frente de la amplia coalición nacional que derrocó a la dictadura somocista, de igual manera hoy, con el actual alzamiento generalizado, es indudable que significará un capítulo político de gran valor para los propios quehaceres locales.


* Director de REGION Centro de Investigaciones.

Publicado enInternacional
Jueves, 31 Mayo 2018 06:11

Incesante repudio a Daniel Ortega

Incesante repudio a Daniel Ortega

Cientos de miles de nicaragüenses, en su mayoría madres de familia, marcharon este miércoles en las calles de esta capital para exigir "justicia" por los jóvenes que murieron durante las recientes protestas antigubernamentales y pedir la renuncia del presidente Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta, Rosario Murillo. La Policía Nacional reportó dos muertos y 10 heridos al término de la movilización.

Ortega replicó que permanecerá al frente del Ejecutivo. "Nicaragua nos pertenece a todos y aquí nos quedamos todos", aseveró ante miles de seguidores en esta capital.

La manifestación fue encabezada por más de 100 mujeres que portaban retratos de sus hijos, sobrinos y nietos fallecidos, y una inmensa manta negra con letras blancas en la cual se leía: "Exigimos justicia".

La marcha se realizó en el contexto del Día de las Madres, que se celebra cada 30 de mayo, aunque varias de las asistentes a la marcha coincidieron en afirmar: "No tenemos nada qué celebrar".

Fueron seguidas por manifestantes vestidos de negro con banderas nicaragüenses que corearon consignas contra el presidente y su esposa: "De que se van, se van" o "Que se rinda tu madre (Ortega)".

"Justicia para las víctimas, cárcel para los asesinos" y "Ortega asesino", eran algunos mensajes escritos en cartulinas que portaron jóvenes, profesionistas, desempleados y campesinos, todos encabezados por Francisca Ramírez, dirigente de los tranques (bloqueos carreteros).

Al cierre de esta edición se reportó que la Universidad Centroamericana (UCA) donde concluyó la movilización iniciada en la glorieta Jean Paul Genie, fue atacada por manifestantes, el Canal 15, crítico con el gobierno, y Radio Ya, corrieron la misma suerte. No se informó de heridos.

Diez manifestantes resultaron lesionados por impactos de bala o petardos disparados por presuntos grupos orteguistas para sabotear la marcha, reportaron el diario La Prensa y los canales 15 y 23.

Varios generales retirados del ejército, incluidos los ex jefes Joaquín Cuadra, Javier Carrión y Manuel Salvatierra, se sumaron a la protesta.

La movilización comenzó en la rotonda Jean Paul Genie y concluyó con un mitin en la jesuita Universidad Centroamericana.

En esa institución comenzaron las manifestaciones el 18 de abril, en rechazo a una polémica reforma del Seguro Social que afectaba a miles de trabajadores y jubilados, y que fue derogada.

Según los organizadores un millón de personas acudieron a la manifestación. Las autoridades no brindaron un reporte de los asistentes, aunque las agencias de prensa refirieron cientos de miles de participantes.

De acuerdo con Amnistía Internacional, 83 personas han muerto en estas protestas. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos reportó 79 fallecidos, 860 heridos y 438 detenidos, hasta el 24 de mayo pasado. El gobierno sólo reconoce 23 muertos.

Este miércoles una persona murió y 27 resultaron heridas, una de ellas por impacto de bala en la cabeza, durante un ataque contra una caravana de vehículos que trasladaba a simpatizantes del gobierno del departamento de Estelí a Managua, informó Francisco Valenzuela, alcalde de esa localidad.

La policía informó que el ataque fue lanzado por manifestantes que mantienen bloqueado el paso en una carretera del municipio de La Trinidad, 200 kilómetros al norte de Managua.

En este contexto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Organización de los Estados Americanos y el gobierno de Nicaragua anunciaron en un comunicado conjunto la creación un grupo interdisciplinario de expertos independientes para investigar la violencia en el país.

El Consejo Superior de la Empresa Privada anunció que han suspendido todas las reuniones con el gobierno en "rechazo a la represión", mientras Carlos Pellas, presidente del consorcio privado más poderoso del país, pidió adelantar las elecciones presidenciales, previstas para 2021, con la finalidad de lograr "una salida ordenada" a la crisis política.

 

Publicado enInternacional
Daniel Ortega endurece la represión en Nicaragua pero se dice dispuesto a negociar

Una nueva jornada de violencia deja al menos un muerto, 20 heridos, agresiones a periodistas y una radio progubernamental incendiada


Nicaragua vivió este lunes una de las jornadas más violentas desde el inicio de la crisis, en abril, cuando comenzaron las manifestaciones contra el presidente Daniel Ortega. Los enfrentamientos de ayer entre estudiantes, antidisturbios y grupos parapoliciales dejaron por lo menos un muerto y más de 20 heridos, una radioemisora progubernamental incendiada y agresiones a periodistas, incluyendo un equipo de la agencia EFE que daba cobertura a los disturbios. Estos comenzaron por la mañana, cuando un grupo de estudiantes anunció que había tomado en protesta la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), importante centro de estudios hasta ahora controlado por el Gobierno del presidente Ortega.


La respuesta del Ejecutivo fue brutal. Ordenó asediar al campus y reventar el atrincheramiento de los universitarios en rebeldía, que respondieron con bombas artesanales y piedras. Por la tarde, mientras los hospitales trataban a los heridos, el mandatario sandinista anunciaba que estaba dispuesto a reanudar las negociaciones para hallar una solución a la crisis, pero sin cumplir con el cese de la represión, una de las exigencias de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), mediadora del proceso.


Este país centroamericano cumplió 41 días de protestas y violencia, que han dejado más de 70 muertos. Las manifestaciones comenzaron el 18 de abril, después de que Ortega impusiera una reforma a la Seguridad Social sin consenso. El presidente reprimió con ferocidad las protestas. Los días más cruentos de la represión fueron el 19, 20 y 21 de abril, con un saldo de decenas de jóvenes asesinados. Muchos de ellos murieron por impacto de bala que recibieron en la cabeza, cuello o pecho.


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), tras una visita a Nicaragua para conocer la situación de los derechos humanos, afirmó en su informe que recibió denuncias de que en la represión habrían sido usados francotiradores, lo que abría la posibilidad de ejecuciones extrajudiciales. También denunció el empleo de agrupaciones parapoliciales para reprimir las manifestaciones.


La violencia del lunes afectó el centro de negocios de Managua, la capital, donde están los campus de la UNI y de la jesuita Universidad Centroamericana, que ya había sido atacada la noche del domingo. Hasta esta zona capitalina fueron enviados oficiales antidisturbios, que se emplearon con dureza para sofocar los enfrentamientos: vídeos transmitidos a través de las redes sociales muestran a los oficiales montados en camionetas y disparando. Es una las zonas más activas de la capital, donde confluyen todos los días decenas de miles de ciudadanos y está llena de comercios, bancos, bares y restaurantes.


Las personas que estaban en el lugar se mostraron horrorizadas ante el ataque de los oficiales y las huestes del Gobierno. Los obispos habían exigido al presidente Ortega que “retirara a sus cuarteles” a los antidisturbios como un requerimiento para continuar el diálogo. “Espero que las fuerzas antimotines no provoquen más dolor en Nicaragua. ¡No más represión violenta ni más muertes!”, escribió este lunes en su cuenta de Twitter Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua y una de las voces más críticas de la Iglesia contra el Gobierno de Ortega.


Los antidisturbios agredieron a periodistas que se habían refugiado en una gasolinera de la zona. Los periodistas denunciaron que los oficiales dispararon contra el local. Mientras, la agencia Efe informó de que su equipo compuesto por el fotógrafo Jorge Torres y la camarógrafa Reneé Lucía Ramos, fueron agredidos mientras daban cobertura a los hechos de violencia. “Cuando la Policía comenzó a disparar balines y balas de goma contra los manifestantes, los profesionales de la Agencia Efe se cubrieron detrás de las llantas de un coche estacionado, pero dos agentes que los descubrieron les exigieron que se incorporaran al grito de "¡que se levanten hijueputas!" mientras les propinaron algunas patadas y les zarandearon”, informó la agencia en un comunicado. En uno de los vídeos que circularon por las redes sociales, la cámara de Efe suplica a los antidisturbios mientras les grita que es periodista. “¡Justicia! ¡Justicia!”, clama desesperada la reportera.


Horas antes había sido incendiada la entrada de la Radio Ya, emisora progubernamental, desde la que el Gobierno critica a los manifestantes, llamándolos “vándalos” y “golpistas”. La radioemisora fue incendiada según un comunicado de la Policía Nacional por “delincuentes”, aunque las autoridades no dieron más detalles de lo sucedido en el medio de comunicación. El incendio pudo ser sofocado a tiempo, sin que se registraran daños a los equipos o personal de la emisora. Una delegación de Amnistía Internacional que está en Managua para presentar un informe de derechos humanos presenció el ataque a la radio y a la Universidad Nacional de Ingeniería. "Hemos documentado en vivo el ataque armado de turbas sandinistas en contra de jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería en Managua", escribió en Twitter Erika Guevara-Rosas, publicó la directora para las Américas de Amnistía Internacional.


La mayoría de los heridos fueron atendidos en hospitales privados, dado el temor de los estudiantes a ser trasladados a centros de atención pública. En el Hospital Bautista falleció Gerardo Morales, de 24 años. En ese centro médico se atendían la noche del lunes otras decenas de heridos.


Mientras Managua vivía escenas de caos, el Gobierno anunciaba que estaba dispuesto a reanudar las negociaciones para hallar una salida a la crisis política, que además de las decenas de muertos y centenares de heridos, comienza a golpear la frágil economía nicaragüense. Reportes del Banco Central cifran en casi 300 millones de dólares las pérdidas, mientras que una cifra similar ha sido retirada del sistema financiero del país, lo que demuestra el nerviosismo de inversionistas y de quienes cuentan con sus ahorros en los bancos de Nicaragua. La Iglesia dijo que Ortega accedió a discutir los temas propuestos en la llamada Mesa del Diálogo Nacional, que pasan por implementar profundas reformas para democratizar el país.


El Gobierno, sin embargo, pidió a la llamada Alianza Cívica que participa en las negociaciones –conformada por estudiantes, representantes de la sociedad civil, empresarios y académicos– que hicieran un llamado público para que se levanten los bloqueos de carreteras que desde hace dos semanas se mantienen en puntos importantes de Nicaragua. Las negociaciones fueron suspendidas la semana pasada, tras la intransigencia del Ejecutivo de discutir las reformas para recuperar la institucionalidad del país. Está por verse hasta dónde está dispuesto a ceder el presidente, asediado por masivas manifestaciones que exigen el fin de once años de gobierno autoritario.

Managua 29 MAY 2018 - 03:32 COT

Publicado enInternacional
Mayo de 1968:  La revolución cultural

La década de 1960, en todo el mundo, fue de transformaciones y revoluciones en lo político, lo cultural y los modos de pensar. 1968 fue un año de revolución, un año libertario, un evento histórico-universal, donde los seres humanos fueron más pensantes y más conscientes. Fue un año, antimperialista, anticapitalista y alegre que recordaba a Marx con eso de “la felicidad es la lucha”.

 

Aunque la década del sesenta fue una de las más movidas de la historia del siglo veinte, tiene un pasado que puede verse desde distintas revoluciones: la China de 1949, la boliviana de 1952, la vietnamita de 1954, la cubana de 1959, la Gran revolución cultural proletaria de 1966, la ofensiva del Tet, el auge de los movimientos chicanos en EEUU, las luchas estudiantiles de Tlatelolco, el Cordobazo argentino, el otoño haitiano, el Movimiento de Sengakuren de Japón, la primavera de Praga, la Comuna de Shanghái, los distintos movimientos de masas en Latinoamérica y el proceso de descolonización africano; movimientos, estos y otros, que extendieron su furor hasta la década de 1970.

 

Contexto pre 68 en Francia y el mundo

 

El tren capitalista pos Segunda Guerra Mundial parecía avanzar a toda máquina, de los cual daban cuenta “los treinta años gloriosos” (1945-1975) con crecimiento económico y prosperidad en los Estados Unidos y Europa. También se presentaban inicios de calamidades; huelgas de mineros en 1963, dos millones de trabajadores que ganaban el salario mínimo; surgían barrios pobres o bidón-villes como en Nanterre.

 

Francia tuvo un antecedente muy especial relacionado con su derrota en la guerra de Indochina, en particular la batalla de Dien-Bien-Phu que dio el triunfo a Vietnam del Norte en 1954. Con el orgullo colonialista herido las clases dominantes francesas no iban a perder Argelia, así que en 1961 los argelinos que vivían en Francia, apoyados por parisinos, le dieron forma a una manifestación de protesta que las fuerzas especiales francesas reprimieron salvajemente: 2.000 cadáveres de activistas fueron arrojados al río Sena y en 1962 otros muertos en charonne, todo lo cual llevó a la formación del Frente Unido Antifascista y a la conformación de organizaciones estudiantiles. Argelia fue liberada. Las huelgas de mineros y otros obreros en Inglaterra, Italia y Alemania tenían también caldeado el ambiente político y económico.

 

En otra parte del mundo, en los Estados Unidos, toman forma movilizaciones como no se habían visto antes, protestas de gran calado lideradas por sectores populares en contra de la guerra de Vietnam, levantamientos por los derechos civiles de los afro-americanos, los inmigrantes y las mujeres; en sentido más amplio, movilizaciones por los derechos democráticos fundamentales.

 

Vestigio de otro mundo posible

 

Aunque hubo luchas de tipo económico laboral, el aspecto principal de las luchas fue cultural e ideológico, en contra de los sistemas educativos y universitarios autoritarios y antidemocráticos. En ese momento se estaba viviendo un cambio en la educación superior, pasando de la universidad elitista a la universidad masificada, lo que generó una transformación en las concepciones de ser estudiante.

 

Estamos, entonces, ante un levantamiento social-popular con eco en todos los continentes y países del mundo, pero también en todos los órdenes del saber. Se presentaron duras luchas por la libertad de expresión, se manifestó una gran creación en el arte –música, pintura, afiches, murales, esculturas, literatura, cine, teatro, dramaturgia– en las demandas respecto de la libertad sexual, en la filosofía, psiquiatría, psicología, sociología, antropología, economía, medicina y demás aspectos del saber. Por eso la consigna “prohibido prohibir”.

 

Cambio cultural. La sociedad se organizaba de nuevas formas, se creaban comunas, viviendas colectivas, cooperativas, talleres, centros para mujeres maltratadas, guarderías comunitarias, medios de comunicación alternativos; se ocuparon tierras, edificios; se tomó el control de fábricas. Todo esto a partir de distintas formas de lucha como las barricadas, las huelgas generales, la toma de universidades y colegios, las sentadas, los carnavales, las fiestas y conciertos. Y algo fundamental: en todas partes la alianza entre los estudiantes y los obreros.

 

Por eso, si bien es verdad que fue una revolución cultural, no fue únicamente de las ideas, sino de ellas en unas duras luchas políticas y culturales, revolucionarias. Fue una revolución por un nuevo orden diferente al capitalista, no fue una acción cultural liberal. Por ello la consigna “la imaginación al poder”.

 

Mayo del 68 en Francia

 

En Paris de 1968, el 10 de mayo sucedió la “noche de las barricadas”, la represión violenta, aunque sin muertos, sí fue dura, de lo cual quedó como testimonio los numerosos heridos en el barrio latino. Como repuesta a la actitud policial del gobierno De Gaulle, los estudiantes de universidades y liceos, junto a profesores, intelectuales, obreros organizados o no, organizaciones revolucionarias de varias tendencias, se movilizaron para protagonizar la huelga general más grande en la historia de Europa Occidental, con más de 10 millones de participantes en condiciones casi de insurrección popular.

 

Los revolucionarios se manifestaron en Paris, Nanterre, Nantes, Le Mans, Boulogne-Billancourt; ocuparon fábricas y promovieron el control obrero; en las huelgas participaron controladores aéreos, mineros del carbón, obreros del transporte, gas, electricidad, automotrices; periodistas de radio y televisión. Se realizaron cortes de rutas por obreros y campesinos como en Nantes; los revolucionarios controlaron los precios de los productos y las tiendas podían atender con permiso del comité de huelga. Durante unos días, Francia conoció un poder obrero y revolucionario.

 

No hay acción sin reacción, lo cual quedó concretado por la marcha de la derecha, con más de 300.000 movilizados por la “defensa de la república” apoyando al presidente De Gaulle. El 30 de mayo, cuando el movimiento revolucionario estaba a punto de ser derrotado y seguían las negociaciones y luchas callejeras, De Gaulle habló por radio, disolvió el Parlamento, y convocó a elecciones para el mes de junio. El 12 de junio De Gaulle ilegaliza el movimiento revolucionario, disuelve las organizaciones de izquierda, prohíbe las protestas callejeras, envía a la cárcel a los activistas y censura a los periódicos de izquierda. El 15 de junio quedan en libertad 50 paramilitares de la OAS* y los convierten en “grupos de acción ciudadana” para el control de población, el 23 y 30 de junio elecciones, gana De Gaulle.

 

Lecciones del 68: nuevas formas de organización y de lucha

 

La revolución cultural de la década de 1960, en especial Mayo 68, nos dejó el movimiento obrero de base anticapitalista, antimperialista e internacionalista; el movimiento medio ambiental, el movimiento de mujeres y el feminismo; la crítica a la moral burguesa, el rechazo al marxismo tipo soviético, al Estado y al militarismo; el movimiento estudiantil antiautoritario, las organizaciones sociales y de masas radicales; teorías y prácticas de economía y sociedades alternativas, donde el arte y la cultura son fundamentales; debates sobre el poder, los partidos y los tipos de revolución.

 

Una experiencia histórica que nos dejó una lección, para decirlo en los términos de Marx: sin una revolución comunista nada tendrá el pueblo.

 

* Organización del Ejército Secreto.

Publicado enEdición Nº246
Mayo del 68: ¡es posible cambiar el mundo!

La historia del marxismo es lo suficientemente amplia para que ni siquiera toda una vida de estudio pueda agotar su riqueza. El Mayo francés de 1968 es uno de los momentos más particulares de esta historia, junto a la Revolución bolchevique y la Revolución cubana, por ejemplo, traza una línea que impone nuevos retos y que altera una única melodía, al aparecer como una pieza disonante en el mundo de la Guerra Fría y del Socialismo Real. Los meses de mayo y junio de 1968 son testigos de una de las posibilidades revolucionarias más importantes del siglo XX. En medio del ocaso de las sociedades del bienestar europeas construidas después de la Segunda Guerra Mundial, algo que palpitaba en el centro de Europa mostró su rostro al mundo entero. Lo que en principio se dio sólo como una seguidilla de protestas estudiantiles se vio fortalecido por la adhesión de los trabajadores y la intelectualidad francesa.

 

De oídas quizás todos sepamos que en aquellas jornadas de Mayo del 68 en París, estudiantes y fuerzas armadas del Estado se enfrentaron convirtiendo las calles en un campo de batalla. Las mismas calles que prestaron sus adoquines para la construcción de improvisadas barricadas en el Barrio Latino –uno de los más famosos y representativos de París– y que soportaron durante varios días las marchas y consignas de la juventud francesa que veía en su espontánea afrenta al capitalismo la posibilidad de convertir su sociedad en algo diferente de lo ya establecido. Así, lo que comenzó como una protesta contra la normatividad de la institución universitaria fue tomando cada vez más fuerza, hasta desembocar en un movimiento general de protesta que puso al gobierno francés contra las cuerdas. A 50 años de aquel momento histórico, tomamos unos minutos de nuestro tiempo para esta breve reseña. En ella no se tratará de relatar en detalle lo sucedido, más bien pretende tomarlo como excusa para mostrar que sí es posible cambiar el mundo, y que un diálogo provechoso con aquel momento pasa más por entender su espíritu que por retratar infructuosamente los hechos y los datos que ha dejado.

 

Según el historiador inglés Eric Hobsbawm, hubo dos momentos fundamentales en la movilización de protestas revolucionarias en el Mayo francés. Entre el 3 y el 11 de aquel mes se movilizaron los estudiantes, activistas que no tuvieron gran oposición y que rápidamente aglutinaron a la totalidad de la población estudiantil de París. La opinión pública ofreció un importante reconocimiento a estas movilizaciones y el gobierno de Charles De Gaulle decidió no prestar demasiada atención a los estudiantes y al así obrar no se dio cuenta que, lejos de dejarlo pasar de largo en el transcurso de los días, contribuía con ello a la intensificación del movimiento que encontró su decisiva fortaleza en el apoyo de clase trabajadora francesa. En un segundo momento, entre el 14 y 27 del mismo mes, se propagó una huelga general espontánea que terminó con el rechazo, por parte de los trabajadores en huelga, de los acuerdos que los grupos sindicales y el gobierno adelantaron en pleno movimiento de protesta. Además de esto, Hobsbawm señala que en realidad sólo el segundo momento, el de la huelga general, tuvo posibilidades reales de hacer una revolución, pues los estudiantes en soledad sólo conformaban una gran tensión, pero ningún peligro político.

 

La hostilidad que manifestaban los estudiantes hacia el gaullismo era de la misma intensidad que la que manifestaban hacia el partido comunista. Las consignas que marcaron los muros de la universidad de La Sorbona apelaban a los ciudadanos que encontraban más seductora una revolución cultural que una revolución política. La famosa consigna de “Imaginación al poder”, ponía en entredicho las formas tradicionales de elaborar la política, una nueva formación social basada en la experiencia juvenil del pueblo francés era la promesa revolucionaria de los estudiantes, aquellos que propagaron rápidamente su revuelta hasta otros círculos sociales y que con la misma rapidez vieron apagar la llama revolucionaria con el llamado por parte del presidente De Gaulle a las elecciones legislativas a finales de junio de 1968. Después de estas elecciones, que fueron la respuesta a la inestabilidad de Francia ocasionada por el movimiento estudiantil y los trabajadores, la estrategia política esta vez vería fortalecido al partido gaullista Unión de Demócratas por la República que para el año siguiente emprendería una serie de reformas que, paulatinamente harían desaparecer los residuos del malestar social que ardió algunos días bajo el cielo francés.

 

El espontaneísmo revolucionario del movimiento estudiantil en Francia mostró en un par de meses todo el poderío de sus nuevas formas de entender la sociedad, de sus nuevas concepciones sobre la política y del surgimiento de lo que se dio en llamar La Nueva Izquierda. Ésta, claramente en resistencia y rechazo de los tradicionales partidos políticos tanto de derecha como de izquierda, supuso una gran renovación del marxismo y terminó por desatar a Marx del dominio soviético que lo había convertido a él y su obra en un evangelio. Las nuevas comprensiones del marxismo después del Mayo francés pusieron en tela de juicio la configuración del mundo del marxismo a partir de la normatividad soviética, y encontraron nuevas formas que hoy hacen factible continuar pensando en las posibilidades de hacerle frente al capitalismo sin el dogma autoritario que privilegiaba las condiciones materiales de los individuos a cambio de la pérdida paulatina de sus capacidades espirituales, de la imposibilidad de pensar diferente, de crear el mundo y de movilizar todas sus energías en función del despliegue vital, artístico e intelectual de la humanidad.

 

Mayo de 1968 fue un evento histórico del pensamiento revolucionario en la medida en que puso en jaque al poder, en la medida en que también hizo emerger la ocasión para una reelaboración del marxismo, de los movimientos de protesta, de la unión social y de las formas de articular reclamaciones de diversos niveles con miras a la transformación social de un pueblo entero. El suspenso de este momento revolucionario hace que hoy posemos nuevamente nuestros ojos en las irrenunciables posibilidades de transformación del mundo.

 

Transcurridos cincuenta años de aquellas jornadas emancipatorias, las recientes fotografías de los diarios que muestran el apretón de manos entre los actuales presidentes de Francia y de los Estados Unidos, pueden ver debilitado el espíritu revolucionario de aquel Mayo que parece desaparecer lentamente entre todos los que hoy resistimos a las formas degradantes de un mundo en función de la acumulación de capital y la destrucción del mundo humano y natural sobre la Tierra. Sin embargo, hoy más que nunca debe insistirse en la idea de una segunda nueva izquierda, creativa, activista y revolucionaria que cuestione con todas sus armas la configuración de un mundo en medio de las bombas, de la exclusión política y de las deshilachadas democracias que maquillan los espacios políticos a los cuales hoy nos toca asistir.

Publicado enEdición Nº246
Sábado, 19 Mayo 2018 06:48

Pactan tregua de 48 horas en Nicaragua

Pactan tregua de 48 horas en Nicaragua

El gobierno de Nicaragua se comprometió ayer a retirar de las calles a policías, fuerzas de choque y activistas sandinistas, como parte de una tregua por 48 horas acordada con los manifestantes, quienes comenzaron protestas hace un mes.

Esto ocurrió luego de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos, exigió al presidente Daniel Ortega el cese de la represión de las protestas. Ello, en la primera declaración pública de una delegación que arribó al país.

El texto del acuerdo fue anunciado por el cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la conferencia espiscopal, al concluir la primera sesión de trabajo del diálogo nacional, instalado el pasado miércoles, del cual los obispos son mediadores. “Todos los sectores se comprometen a realizar una tregua el sábado 19 y domingo 20.

Por su parte, la sociedad civil deberá aunar esfuerzos para propiciar mejores condiciones para el diálogo, normalizar el tránsito y continuar (las conversaciones) en un mejor clima el lunes 21 mayo, agregó.

En su primera intervención, la misión de la CIDH, encabezada por la relatora especial de derechos humanos para Nicaragua, Antonia Urrejola, exigió a Managua tomar medidas urgentes para garantizar las libertades públicas.

El organismo reiteró su condena a las muertes, desapariciones y detenciones arbitrarias de manifestantes, activistas y periodistas que se han registrado en el país desde el inicio de las protestas, e instó a las autoridades a investigar esos hechos, juzgar y sancionar a los responsables y reparar a las víctimas.

La misión de la CIDH llegó el jueves a Managua tras obtener la anuencia de Ortega para realizar una visita de campo de cuatro días, con el fin de observar la situación de los derechos humanos en el contexto de las protestas.

Al tiempo que la CIDH realizaba su trabajo en el país, manifestantes protestaron en la capital, frente a la sede donde se realiza el diálogo nacional, y demandaron justicia para las víctimas de la violencia, y se registraron enfrentamientos entre policías antimotines y manifestantes en la norteña ciudad de Jinotega.

Tambiém hubo choques en otros puntos del país, pese al diálogo entre gobierno, estudiantes, empresarios y grupos de la sociedad civil, con mediación de la Iglesia católica.

Publicado enInternacional
Cien años de la revuelta estudiantil de Córdoba.

Hubo un tiempo, una región y una generación en que los términos “reforma” y “revolución” se fundieron hasta la sinonimia. Así sucedió con el “movimiento estudiantil latinoamericano de reforma universitaria”, como se lo llamó, aunque aspiraba a reformar mucho más que la universidad. Se cumple un siglo desde su episodio más notable: la revuelta de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba en 1918.


La radicalidad de los estudiantes cordobeses, el carácter ultra clerical-conservador de los poderes universitarios y políticos contra los que se sublevaron, la virulencia de la represión que sufrieron y la potencia literaria de su célebre “Manifiesto liminar” hicieron de Córdoba el acontecimiento que produjo un salto cualitativo en el movimiento con innumerables efectos multiplicadores en el resto del continente. Acaso por esto, muchos de los estudios posteriores sobre el tema alimentaron un equívoco frecuente: la idea de que todo comenzó en 1918. Esto impide observar toda una trama estudiantil latinoamericana forjada al menos desde una década antes. Entre 1908 y 1918 se sucedieron congresos estudiantiles en Montevideo, Buenos Aires y Lima en los que se fue forjando la base del programa reformista y se fueron consolidando las redes estudiantiles e intelectuales que habrían de impulsarlo. Desde una década antes, también, los estudiantes se encontraban en torno al impulso de la extensión universitaria o la puesta en marcha de medios de prensa y propaganda estudiantil. De todo eso estaba hecha la “hora americana”1 que anunció Deodoro Roca el 21 de junio de 1918.


El humanismo de la ideología reformista se evidencia en sus maestros: Rodó, Vasconcelos, Ingenieros, Ortega y Gasset, Altamira. Ha sido recurrente el debate sobre el alcance y radicalidad del movimiento. En 1959 el Che Guevara llamó la atención de los estudiantes cubanos sobre la deriva reaccionaria que terminaron adoptando muchos dirigentes del 18. Y destacados estudiosos del tema, como Portantiero, han subrayado su origen pequeñoburgués. Sin embargo, basta centrar la mirada en el movimiento al calor de su acontecer indeterminado para reconocer su enorme radicalidad política.2 En cualquier caso, parece clara la coexistencia, entre los reformistas, de un componente liberal modernizador y uno revolucionario que convocó el apoyo entusiasta de intelectuales y militantes socialistas, marxistas y anarquistas como Mariátegui, Lazarte, Ponce o Mella, entre otros. Ambos componentes tenían en común una fe en la educación y la cultura como factor de emancipación humana. Sentían que el movimiento estudiantil estaba llamado a cumplir una misión de tipo moral. El Ariel de Rodó era el símbolo que los convocaba contra el Calibán positivista-utilitarista del imperialismo estadounidense. Gritaron: “Basta de profesionales sin sentido moral. Basta de pseudoaristócratas del pensamiento. Basta de mercaderes diplomados. La ciencia para todos, la belleza para todos”.3 Al calor del entusiasmo internacionalista que provocaba la Revolución Rusa, el movimiento pronto trascendió la problemática universitaria y se acercó a las luchas obreras. Pensaban que “las menudas conquistas del reglamento o del estatuto no son más que instrumentos subalternos ante la soberana belleza del propósito: preparar, desde la cátedra, el advenimiento triunfante de la democracia proletaria”.4 La narración que reduce el movimiento a un puñado de reformas antiautoritarias de la universidad nos dice más del presente que del pasado.


Se puede calibrar el legado reformista por sueños o por sus conquistas. Si los primeros, que persiguieron “el milagro de redención de la humanidad”,5 se frustraron las más de las veces, las segundas fueron muy importantes en lo que refiere a la reforma universitaria. Una visión de conjunto permite distinguir dos órdenes de democratización de la universidad reformista respecto a su antecesora decimonónica: hacia el interior (con el cogobierno autonómico, la libertad de cátedra, el acceso a la docencia por concurso, los cursos y cátedras libres, la crítica de los métodos de enseñanza) y hacia afuera (la democratización del acceso, la gratuidad, la extensión universitaria, la investigación de “los grandes problemas nacionales”, la creación cultural con vocación latinoamericana y un sentido general de compromiso social de la universidad contrapuesto a la mera “fábrica de profesionales”). Con todo lo inacabado y nunca plenamente alcanzado que contienen estas orientaciones, permitieron construcciones que constituyen hoy, en buena medida, las libertades que quedan.


Un siglo después de Córdoba el panorama universitario, político y cultural de nuestro continente es, por cierto, muy diferente. El acceso a la enseñanza terciaria se ha masificado (aunque insuficientemente), pero se ha producido una segmentación mercantilizada de la oferta que reproduce las desigualdades. La ciencia y la tecnología han alcanzado una importancia inédita en la mundialización capitalista y la división internacional del trabajo, reconfigurando el lugar y el papel de las universidades y de los propios estados-nación. Sólo la multinacional Monsanto cuenta con un ejército de 22 mil científicos, cifra comparable al total de científicos de México (28 mil) e incomparable a los 1.750 categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Existen universidades financiadas total o parcialmente por empresas mineras. El Banco Santander organiza reuniones académicas “iberoamericanas” en las que participan y firman declaraciones comedidos o resignados rectores y decanos. El neoliberalismo ha producido su propia contrarreforma universitaria, con todas las formas y gradientes de la mercantilización de la oferta, administración, currículo, agendas de investigación y políticas de vinculación de las universidades, autónomas de otros poderes que los del mercado. Nos han convencido de que el productivismo académico en un régimen de competencia por estímulos económicos es la vía rápida a un parnaso sin poetas llamado “calidad”. Ariel se debate entre el multiculturalismo académico y los cursos de autoayuda. Calibán se define emprendedor.


Como señala Cúneo,6 independientemente de los logros efectivamente alcanzados, el movimiento de reforma universitaria fue capaz de proponer un “orden de anticipación” a los problemas de su tiempo, forjando un ideario y proyectando un programa dirigido a refundar la universidad y sus misiones en un sentido popular y democrático. La tarea del presente puede ser planteada en términos similares. Decía Carlevaro: “Queremos una universidad siempre cambiante pero que no obstante siga siendo siempre igual a sí misma”.7 Pasados los homenajes, en esa dialéctica nos interpelará el legado de Córdoba. Necesitamos construir un nuevo “orden de anticipación” para los problemas de nuestro tiempo. Hoy que en el continente hay más tinieblas que luces, resuena otra vez la sentencia del “Manifiesto liminar”: “Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Ya vendrá el movimiento que vuelva a suprimir la distancia entre reforma y revolución. Y ese será, también, el mejor modo de defender las libertades que quedan.

1. “Manifiesto liminar” de Córdoba, 1918.
2. Ver, en apoyo a esta lectura, los “Apuntes reformistas” de Diego Tatián o el artículo de Bustelo y Domínguez: “Radicalizar la Reforma Universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922”. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, volumen 44, número 2, 2017.
3. Estudiantes de La Plata, “Manifiesto a la hora del triunfo”, 1920.
4. Aníbal Ponce, “El año 1918 y América Latina”, 1924.
5. Carlos Quijano en Ariel, 1919.
6. Dardo Cúneo, La Reforma Universitaria 1918-1930, 1988.
7. Pablo Carlevaro, “Comentarios sobre la Universidad Latinoamericana”, 2002.

Publicado enCultura
El grito en las calles de Nicaragua: “¡Que se vaya Ortega!”

Aumenta la presión popular para que el presidente nicaragüense deje el Gobierno. Manifestaciones multitudinarias en Nicaragua retan el poder del exguerrillero sandinista


A sus 17 años Max dice que ha perdido el miedo. Este joven estudiante de Administración Turística en la Universidad de Managua participó el miércoles en una multitudinaria manifestación en la capital nicaragüense, en la que la principal exigencia era la salida del poder del presidente Daniel Ortega. A Max le duelen los jóvenes que fueron asesinados en abril, cuando el mandatario desató una cruenta represión que dejó al menos 46 muertos, la mayoría jóvenes menores de 25 años.


“No es justo que nosotros, estudiantes universitarios, salgamos a las calles con solo nuestras voces, nuestras ganas de expresarnos, y vengan los antidisturbios con balas a asesinar estudiantes”, dijo el joven, que hacía pintadas contra Ortega en la céntrica Rotonda Rubén Darío, donde comenzó la manifestación del miércoles. Muy delgado, de huesos largos, llevaba el rostro y la cabeza cubierta. Junto a otros chicos tan jóvenes como él exigía la salida del mandatario nicaragüense. “Queremos libertad en Nicaragua”, dijo Max. “Que Ortega se vaya y que pague por los pecados cometidos, porque asesinar a tu mismo pueblo no tiene perdón de Dios. Lo queremos fuera del poder”, agregó el muchacho.


Decenas de miles de nicaragüenses volvieron a marchar por las principales ciudades del país el miércoles. La manifestación más grande se registró en Managua, donde cubrió al menos tres kilómetros de las principales avenidas de la ciudad. Al caer la tarde algunos cálculos hablaban al que al menos unas 200 mil personas participaron en la protesta de la capital. A los capitalinos se unieron miles de campesinos que se trasladaron desde el sur de Nicaragua. Ellos exigen también que se derogue la concesión para la construcción de un Canal Interoceánico, entregada a un empresario chino.


Es la tercera manifestación de esta magnitud que se organiza contra el Gobierno de Ortega en un país caldeado tras la muerte de jóvenes en las protestas de abril, cuando se alzaron en contra una reforma al Seguro Social que el mandatario impuso sin consenso. Ortega derogó la reforma, pero la dura represión generó un sentimiento generalizado de indignación nacional, que ha mantenido a los nicaragüenses movilizados en las calles durante tres semanas, sin agotarse, exigiendo ahora el fin del régimen.


El Gobierno también convocó a una manifestación a su favor, a la que movilizó a miles de trabajadores del Estado para demostrar fuerza. La noche del martes el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), la principal cámara empresarial del país, exigió al Ejecutivo sandinista que garantizara la “protección y seguridad” de todos los manifestantes que participarían en la manifestación contra Ortega y que evitara cualquier tipo de provocación. “La garantía y seguridad por parte de la autoridad a la manifestación y protesta cívica de los ciudadanos es indispensable para crear un clima de confianza. Reiteramos nuestro llamado a que cese todo acto de represión y violencia contra la población”, dijeron los empresarios. El COSEP también exigió abrir una investigación “independiente y creíble” para esclarecer “los crímenes ocurridos durante las protestas de abril”.


La exigencia de justicia por los muertos fue uno de los objetivos de la manifestación de este miércoles. Nora Pérez, quien llevaba colgada al cuello la bandera nicaragüense y gritaba consignas contra Ortega, dijo que las muertes de abril no deben quedar impunes. “Estamos luchando por la libertad de Nicaragua. Que los muertos no queden olvidados. Sus muertes no pueden quedar impunes. ¡Pedimos justicia, pedimos justicia”, dijo la mujer. “Estamos recordando a todos los estudiantes que dieron la sangre por nosotros. Queremos democracia. Queremos que Daniel Ortega deje el poder, que se vaya”, agregó.


La manifestación avanzó bajo el bochorno de la tarde en Managua. La gente agitaba la bandera nacional, reivindicada en el país por los manifestantes, mientras sonaban bocinas y música de protesta. En algunos puntos la avenida era tan estrecha y el avance de la gente tan lento que el ambiente era sofocante. Cada vez que de algunos parlantes localizados en diferentes zonas del recorrido se escuchaba “Me gustan los estudiantes” –vieja canción que ha animado los movimientos estudiantiles de toda América Latina–, la muchedumbre gritaba y bailaba. La tonada se ha convertido en la banda sonora de las protestas en la Nicaragua del siglo veintiuno. Un homenaje a los estudiantes que pagaron con muerte su exigencia de libertad bajo el régimen de Ortega. Que vivan los estudiantes / Jardín de nuestra alegría / Son aves que no se asustan / De animal ni policía / Y no le asustan las balas / Ni el ladrar de la jauría.


Max, joven estudiante de Administración de la Universidad de Managua que protestaba contra el Gobierno, lo tiene claro. “Estamos hartos de la corrupción, de la violencia que nos han impuesto a los universitarios. No queremos más asesinatos de nuestros hermanos nicaragüenses. Queremos que se vaya ese dictador del poder”, dijo. A su lado opinaba igual Michelle Cortés, graduada de Economía de la Universidad Politécnica –uno de los bastiones de la protesta universitaria contra el régimen. “Marcho por la injusticia que hay en nuestro país. Estamos cansados de tener a una dictadura. Estábamos en silencio por miedo, miedo a Daniel Ortega y a la vicepresidenta Rosario Murillo, pero hoy rompimos el miedo, entendemos que somos una juventud que podemos defender nuestros derechos. Si ellos (Ortega y Murillo) me están escuchando, que sepan que la juventud va a luchar. No importa lo que nos hagan, queremos que nuestros futuros hijos puedan gozar de una Nicaragua libre, en democracia”, dijo la joven.

Managua 9 MAY 2018

Publicado enInternacional
“Seamos realistas, sigamos pidiendo lo imposible”

La “noche de las barricadas”, el 10 de mayo de 1968, fue la constatación de que las calles pueden ser de la ciudadanía. Una nueva Comuna de París casi un siglo después de aquella primera en la que un movimiento popular llegó a gobernar la capital francesa.


Todavía hoy podemos y debemos soñar las utopías que nos mantienen vivos medio siglo después de unos hechos que las pintadas marcaron en la historia y que buscaban un cambio social que aún permanece encerrado bajo los adoquines.


La realidad hoy es tan dura como virtual, por ello es pertinente continuar soñando. Es tiempo de creer en ideales que nos sitúen en un horizonte de ilusión para combatir la indecencia de un sistema que nos oprime mientras nos hace creer que tenemos algo. Pero ese algo nos cuesta tanto que no merece la pena contar con ello. Nos venden humo y compramos quimeras, por eso es mejor perseguir las utopías que hace ahora cincuenta años movilizaron una sociedad que se negaba a seguir tragando anzuelos.


Aunque los poderes nos lo sigan negando, hay que continuar insistiendo. Porque somos las ciudadanías de las resistencias y las insistencias. En un mundo que se pliega en banda ignorando las injusticias y las exclusiones, en sociedades que protegen al poderoso mientras persiguen al oprimido, hay que persistir y gritar “prohibido prohibir”, “la imaginación al poder” y todas aquellas arengas de las que ahora se cumplen cinco décadas y que supusieron un grito contra las autoridades, el sistema y el poder establecido.


Podemos poner en cuestión los resultados y las consecuencias, pero el significado de aquél movimiento estudiantil y obrero en un París adormecido y aburguesado, y sus reflejos en otras latitudes, son parte destacada de la historia del mundo. Allá se juntaron el “a las barricadas” anarquista de la Guerra Civil española con el “cambiar la vida” de Rimbaud y con el “transformar la sociedad” de Marx. El mayo francés fue un oasis en un desierto. Un lugar en donde la belleza estaba en la calle y en el que los muros hablaban. Pintadas y más pintadas inundaban las paredes exclamando y gritando consignas políticas y eslóganes sociales, pero también poemas y canciones libertarias y reivindicativas que propugnaban otra existencia y una manera distinta de vivir.


En ese mes de movilizaciones hubo una “semana rabiosa” de trece días en la que se concentraron la mayoría de los eventos destacados de las acciones estudiantiles que contaron después con el apoyo de la clase trabajadora y con la simpatía y respaldo de la ciudadanía en general. La movilización inicia el 3 de mayo en el patio de la Universidad de La Sorbona en solidaridad con sus compañeros de la de Nanterre.


El lunes 6 de mayo más de medio millón de estudiantes secunda la huelga general convocada. El martes 7 se produce una multitudinaria manifestación tras una pancarta que reza “Viva la Comuna”, el barrio Latino está en estado de sitio, los sindicatos comienzan a “pellizcarse” y la solidaridad con el movimiento crece tanto en el interior del país como en el extranjero.


Al principio, la propia izquierda no entendía al movimiento estudiantil. Marchais, del Partido Comunista Francés, los denunciaba en L´Humanite y pedía “Es necesario combatirlos y aislarlos…, se trata, en general, de hijos de grandes burgueses… son pseudo revolucionarios.”


Daniel Cohn-Bendit, entonces uno de los líderes estudiantiles de la Universidad de Nanterre, donde comenzó todo, declaraba a Le Nouvel Observateur que “Es al sistema en conjunto al que atacamos en nuestras reivindicaciones: al poder político, al capitalismo, a su concepción de la Universidad.”


El día 10 de mayo de 1968 es recordado como “la noche de las barricadas”, un punto de inflexión en un conflicto que venía palpitando desde que se creara en la citada universidad el “Movimiento 22 de marzo” en contra de las reformas universitarias y que contenía el malestar de una juventud estudiantil que veía con asombro y preocupación cómo la Francia gaullista iba decayendo social, económica y políticamente. La represión policial fue contundente y la resistencia de las y los manifestantes heroica. Según datos oficiales de la época hubo más de quinientos detenidos, cerca de mil personas heridas y el barrio Latino quedó prácticamente arrasado. Fue la mecha que prendió el movimiento popular favorable al estudiantado y sus propuestas.


Para el lunes 13 de mayo se plantea una huelga general en toda Francia. Ese día tuvo lugar la manifestación más grande desde la Liberación al finalizar la Segunda Guerra Mundial, casi un millón de personas desfilaron por las calles de París desde la plaza de la República hasta la de Denfert-Rochereau.


El encierro de trabajadores de la fábrica Renault en sus instalaciones, el miércoles 15 de mayo, da mayor fuerza al movimiento de huelga. Esa factoría se convierte en la “Nanterre obrera”. Sin la coordinación sindical de las grandes centrales, Francia se paraliza al unirse al paro diez millones de trabajadoras y trabajadores.
Por esos días, Herbert Marcuse declaraba a Le Monde y a Le Nouvel Observateur “Me identifico con las motivaciones profundas de una lucha estudiantil que ataca no sólo a las estructuras perimidas de la Universidad, sino a todo un orden social, donde la prosperidad y la cohesión tienen por fundamento la incentivación de la explotación, la competencia brutal y una moral hipócrita.” Y un grupo de escritores e intelectuales de la época, entre los que se encontraban Gorz, Lacan o Sartre, hacían una declaración pública en la que sostenían “Estamos dispuestos a afirmar que, frente al sistema establecido, el movimiento estudiantil es de una importancia capital y quizás decisiva, ya que, sin hacer promesas y, por el contrario, descartando toda afirmación prematura, opone y mantiene una potencia de rechazo capaz, creemos nosotros, de abrir un porvenir.”


Cinco décadas después, la pregunta podría ser ¿qué nos queda de aquél mayo francés del 68? Tal vez, como se afirma en la contraportada del libro de Serrat Crespo “Sed realistas, pedid lo imposible” (Barcelona, Edhasa 2008) “El recuerdo de un espectáculo de gritos y carreras y de imaginación desbordada que denunciaba una manera de ver la política y la vida.” Si asumimos que eso fue así, y que, por desgracia, sigue siendo así, la vida y la política actuales ameritan que sigamos gritando e imaginando que otro mundo es posible, mejor, por supuesto, y que tenemos que continuar la lucha hasta encontrarlo. No sabemos bien si será debajo de los adoquines, tras las fronteras que nos excluyen, al otro lado del océano o en la Luna. Pero en algún sitio está y la tarea es seguir buscando esa utopía.


Nos queda, en cualquier caso, la memoria y la esperanza de que sí se puede. Lo decían la juventud y el proletariado, lo recogieron las paredes en aquellas pintadas creativas y reivindicativas y está escrito en la historia: “La imaginación al poder”, “Quieren haceros creer que el ser es el tener”, “Amnistía: acto por el que los soberanos suelen perdonar las injusticias que ellos han cometido”, “Nadie llega a comprender si no respeta, conservando su propia naturaleza, la libre naturaleza del otro”, “La revolución debe hacerse en los hombres antes de realizarse en las cosas”, “El sueño es realidad”, “Desabrochad vuestro cerebro tan a menudo como vuestra bragueta”, “Solo puede haber revolución donde hay conciencia”, “Cambiad la vida, transformad su modo de empleo”, “No a la revolución con corbata”.


La imaginación, la creatividad y la rebeldía al servicio de la ilusión y la esperanza pintando la vida con los deseos perseguidos. Poesía y política para la reflexión y la acción. Esos muros franceses gritaban, y todavía hoy muchas paredes alrededor del mundo siguen clamando, por un cambio social que, por una vez y para siempre, favoreciera a esa mayoría que no cuenta, sean estudiantes, trabajadoras, obreros, pensionistas u otros colectivos explotados.


Dicen que las paredes tienen oídos, pero lo peor es que algunos oídos siguen teniendo paredes. Recordar sucesos y movimientos como el acaecido en aquel mayo francés continúa siendo necesario para la transformación de la realidad y la toma de conciencia, para seguir creyendo que lo que protestaban los muros es posible.


Antes y después del mayo francés hubo muchos movimientos sociales, luchas políticas y reivindicaciones: de Ghandi a Martin Luther King pasando por la revolución cubana, la primavera de Praga, los movimientos de liberación del denominado Tercer Mundo, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam o el movimiento estudiantil de México en ese mismo año. El París de 1968 puso ese poso de esperanza obrera y juvenil que alimentó las propuestas de lucha contra el capital y el liberalismo como los movimientos ecologistas, feministas o altermundistas, de los 15M al Ocuppy Wall Street pasando por Yosoy132 o la mal llamada primavera árabe.


Sin más bandera que la imaginación, la creatividad y la ilusión por cambiar un mundo que se sigue resistiendo a ser modificado; con la insistencia y la resistencia de las rebeliones populares de los de abajo, de quienes no son escuchados y quedan afónicos gritando sus ansias de libertad, independencia y soberanía, fue una semilla importante y para nada baladí en una época de indignación y reclamos sociales, desde las universidades a las fábricas.


Una gran parte de ese movimiento quedó plasmado en los muros de París al llenarlos de proclamas y demandas: “Las barricadas cierran las calles pero abren los caminos”, “Tomen sus deseos por realidades”, “El patriotismo es un egoismo de masa”, “Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa”, “Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, “Yo me propongo agitar e inquietar a las gentes. No vendo el pan, sino la levadura (Unamuno)”, “La libertad de los otros prolonga la mía hasta el infinito (Bakunin)”, “La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor (Breton)”, “Si usted piensa por los otros, los otros pensarán por usted”.


Las pintadas y aquella poética de las paredes inundaron una ciudad adormecida que despertó con las barricadas estudiantiles y con la recuperación de la utopía, buscando la arena de la playa bajo los adoquines. Como canta Ismael Serrano pidiendo a su papá que le narre esas luchas, las de los que siempre han perdido pero han resistido los embates de la historia, las peleas por la dignidad humana y por el reconocimiento.


Fue muy dura la derrota, todo lo que se soñaba / Se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas

 


Y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias / Pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza


Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis / Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París


Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual / Las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más


En París, en mayo de 1968, la belleza estaba en la calle y las demandas en las paredes. La fuerza de las pintadas, que siguen siendo parte de esa comunicación ciudadana, reivindicativa pero también festiva, política y callejera, social y popular, que nos transmite lo que una parte importante de la población piensa y siente y plasma en sus muros, en esos espacios públicos a la vista de todas aquellas personas que las quieran leer.


En Bogotá, en la sede centro de la Alianza Francesa han estado expuestos durante mes y medio, casualmente cerraron la exposición antes de que llegara el mes de mayo, los grafitis de tres artistas colombianos en conmemoración de ese mes de las flores en el París de hace medio siglo. Bajo el título “La beauté est dans la rue”, Keshava, Chócolo y Toxicómano han plasmado su particular homenaje a aquel momento histórico. Tres maneras distintas de abordar un hecho que nos dejó mucha historia precisamente en las pintadas, en los grafitis que poblaron las calles de la ciudad de la luz. Los juegos de palabras críticas de Keshava junto al humor negro de Chócolo y las propuestas transgresoras de Toxicómano. Tres contestarios de hoy para mantener viva la protesta de hace medio siglo. Junto a sus pinturas, una pequeña selección de algunos de los carteles más destacados de la movida de entonces: “L´etat cest chacun de nous” (el estado somos cada uno de nosotros), “La police s´affiche aux beaux arts, les beaux arts affichent dans la rue” (la policía se muestra en las bellas artes, las bellas artes se exhiben en la calle) o “Sois jeune et tais toi” (sé joven y cállate).


Tal vez fue casi una derrota y se perdieron muchos sueños y algunas esperanzas. Pero lo cierto es que una juventud inconforme y rebelde rompió el cascarón y llenó las calles de belleza buscando otra manera de estar y ser en el mundo. No encontraron la playa, pero movieron las arenas y las conciencias.


Para que nada dé igual y las hostias no sigan cayendo sobre los de siempre, salgamos a esas calles y llenémoslas de pintadas, embellezcámoslas con gritos que pidan lo imposible.


La lucha continúa.


09 May 2018

 

Publicado enSociedad