Martes, 11 Diciembre 2018 05:01

Teoría de la desmoralización inducida

Teoría de la desmoralización inducida

Se sabe, desde siempre, que un modo (entre muchos combinados y desiguales) para derrotar a un enemigo u oponente, radica en hacerle perder todo lo que de confianza hubiera podido abrigar respecto a su victoria. Arrebatarle su certeza, su dignidad y sus destrezas convenciéndolo (antes, durante o después de la batalla) de su insolvencia, su pequeñez, sus complejos y su inferioridad: desmoralizarlo pues. Y para ese fin se han estudiado, y se estudian, mil modos de precipitar la derrota del oponente desde las más cotidianas, y aparentemente intrascendentes, burlas, desprecios, calumnias... hasta las más sofisticadas agresiones, verbales o simbólicas, entrenadas en laboratorios de guerra psicológica. Aquí se entiende la moral como la entendía Adolfo Sánchez Vázquez. 

Bajo el capitalismo el repertorio de las “contiendas” es muy variado aunque en su base esté la manía monopólica sustancial de quién quiere eliminar del escenario toda competencia que complique la dictadura de los precios. Pero en escala mayor, la madre de todas las luchas es la lucha de clases y de ella -y para ella- se prodiga toda forma de combate desembozado o disfrazado, capaz de asegurar un “triunfo” que, además de imponer hegemonía económica esclavista sea, al mismo tiempo, rentable. Y no les importa si eso resulta ser un retroceso o descalabro monumental contra la humanidad.


Su sueño dorado sería que, en la dinámica de la lucha, los opresores pudiesen ahorrar en armas y soldados, economizar en todo lo posible y lograr que el enemigo se derrote a sí mismo (producto del engaño, la manipulación ideológica, el odio contra sus pares...) y por añadidura -no tan azarosa- sacar ganancias de ello. Sería apoteósico, no importa si con ello se despliegan las conductas más obscenas y los anti-valores más degradantes. Como las guerras.


Desarmar al enemigo antes de que se entere, hacerle creer que lucha con denuedo y luego probable su impotencia para arrodillarlo y que, además, lo agradezca... que le otorgue la razón a su opresor y que haga de la derrota una herencia “honrosa” para su prole. En las escuelas o teorías de guerra se insiste en la importancia de golpetear al enemigo hasta que pierda todo ímpetu pero, como en no pocos casos, la pérdida del ímpetu no es sinónimo del abandono de la resistencia, el capitalismo en su fase imperial pretende que el pueblo, desmoralizado, también sirva como agente de combate contra su propia clase. Para eso sirven los “medios de comunicación” que en realidad son armas de guerra ideológica. Hoy baluartes del sueño invasor más ambicioso que consiste en dominar la capacidad de ubicuidad y de velocidad. Como las “agencias de noticias” que en realidad son fábricas de falacias y linchamientos políticos.


Además de todos los repertorios de gestos gruñidos y vociferaciones intimidatorias, las estratagemas desmoralizadoras recurren a muchos de los baluartes estéticos de sus industrias culturales. Como las agencias de publicidad. Dicen que “lo lindo vende” y para sus fines de belicismo desmoralizador, inventan por ejemplo, bellezas discriminatorias que desmoralizan a quien no tiene atributos similares al estereotipo burgués. El belicismo del “lujo” no es una forma cándida de exhibir tentaciones o fetiches de ricos... es una metralla desmoralizadora que golpea la autoestima del desposeído que por serlo se siente nada.


La idea burguesa de que “en la guerra todo se vale” no es más que la legitimación de una deformación ética al servicio de la canallada. Cuando los pueblos luchan no repiten la lógica de los opresores ni reproducen sus valores de combate. Principalmente porque no luchan por negocios. Aunque la burguesía quiera convencernos de sus métodos de lucha son los mismos que “cualquiera usaría” si se dieran las condiciones, lo cierto es que la Moral de Batalla en manos de los pueblos se funda en objetivos humanistas y de justicia social cuya organización y resultados muy otros. Simplemente porque no somos lo mismo en el sentido de clase más riguroso.


Ellos, los oligarcas, mantienen su moral de lucha basados en las ganancias y en el odio de clase que aprendieron a cultivar desde hace siglos. Ellos alimentan su despareció de clase sabedores de que “el otro” es su enemigo histórico, que constituye una mayoría y que en cualquier momento asciende la conciencia de su fuerza organizándose. Y para impedir su ascenso, acicatean una crisis de dirección revolucionaria en la que las ganas y las fuerzas de la lucha se disipen. A cualquier precio. Para ellos es una inversión.


Para salvarnos como especie, y para salvar al planeta, necesitamos consolidar nuestra conciencia de clase y nuestras fuerzas simbólicas enmarcadas por un programa revolucionario y humanista de nuevo género capaz de desmenuzar toda estrategia desmoralizadora y profundizar los baluartes de nuestra moral y no la de ellos. Cuando se asume conscientemente un conjunto de principios (que se profundizan y perfeccionan en el crisol de la praxis) nada puede quebrantar la moral emancipadora. Por ejemplo: 1. Al trabajador no se lo explota. 2. La propiedad privada es obscena en un mundo de desposeídos. 3. La tierra es de quien la trabaja. 4. Prohibido manipular la educación, la conciencia y el estado de ánimo de los pueblos 5. A cada cual según sus necesidades. Las verdaderas victorias son un motor de conciencia y de moral invencibles. Son patrimonio que no admite fronteras y que anidan en los corazones de los pueblos. Ni un paso atrás. Ni un espacio descuidado. Ni una claudicación.


Combatir la Desmoralización Inducida de ninguna manera significa suspender la crítica. Todo lo contrario. Implica el ejercicio de la crítica responsable y fundamentada que salvaguarda la unidad y no le simplifica al enemigo el trabajo de destruimos. Desmoralizados somos nada. En todo caso, está por fuente nutricia la convicción de que debemos rescatar a la especie humana y al planeta del sistema económico más depredador y criminal de la historia. Está la alegría por salvar la alegría de las personas. El amor por el amor en todas sus expresiones, la importancia de la justicia social y la vida buena para todos. Está la lucha de grandes hombres, de los indispensables, que siempre es social y siempre es histórica. Está el futuro que es posible y urgente sin amos, sin miedos, sin clases sociales y sin amargura. Esta la herencia del ejemplo heredado por los pueblos y sus luchas victoriosas, antídotos todos magníficos que cultivados en colectivo son certeza de vida buena.

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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Sábado, 04 Agosto 2018 07:01

El dolor es político

El dolor es político

“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines. La convocatoria era sencilla, contundente, más abierta imposible. ¿Quién que sufre no quiere parar de sufrir? Y allí iban, para entrar en el trance de la adoración al pastor los que en ese mismo movimiento de encomendarse a las leyes intrincadas de eso llamado destino, abandonaban en simultáneo la perspectiva política del sufrimiento.


Claro que podemos hablar de angustia existencial, de neurosis, de miedo a la libertad, de fobia a la equidad, de la contingencia de la existencia humana, que es la única especie que tiene conciencia de su propia finitud. Pero quiero especificar a qué tipo de sufrimiento me refiero, porque el capitalismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por privatizar también el sufrimiento que provocan sus políticas.


Vivió en mi casa, cuando mi hija era chica y yo volvía muy tarde del diario, una chica boliviana que era pastora evangelista. Su iglesia no era electrónica ni estaba instalada en un ex cine, pero presencié en poco tiempo cómo la lógica de su vida entró de lleno en la lectura religiosa de cada cosa que le pasaba. Jesús no se le había revelado en un momento cualquiera, sino cuando estaba por quitarse la vida en las vías del tren. Fue un impulso de supervivencia. No quiero interpretar algo tan personal. Lo cierto es que siguió viviendo y consagrada a la lectura de la Biblia en cada momento libre.


Pero esto había empezado antes, cuando ella perdió las ganas de vivir. Hacía tres años que había venido de Bolivia porque era la Bolivia de antes de Evo, y necesitaba mandar dinero para una operación que tenía que hacerse su padre. Dejó allá a un novio al que amaba mucho. Cuando la conocí me dijo que estaba de novia, me habló de él, de sus sueños, de sus proyectos, aunque hacía tres años que no se veían, porque él nunca juntaba la plata para venir a verla, y porque ella cambiaba a dólares casi todo su sueldo y lo mandaba a la casa de sus padres.


Alguna vez me pregunté con escepticismo qué pasaría con ese amor expuesto a tanta distancia. Y poco después ella se enteró que él se había casado con otra mujer. Por eso aquella noche estaba caminando por las vías. Porque se le habían roto todos esos sueños y proyectos, y el motor del esfuerzo de trabajar y vivir tan pobremente para poder pagarle esa operación cardíaca al padre, se cayó. Pero cuando estaba a punto de tirarse, me contó que vio a Jesús. No tengo por qué dudar de eso. La salvó esa visión, aunque a partir de entonces fue una especie de fanática obsesiva que hizo la convivencia muy difícil. Todo era leído en clave divina. Que es lo que hacen superlativamente las nuevas iglesias neopentecostales, entre otras, que ya manejan buena parte de la educación pública en Perú, Colombia, Guatemala y otros países de la región.


El nuevo sujeto, la nueva criatura humana que buscan generar destruyendo la educación pública tiene, desde la base inicial hasta los niveles universitarios más altos, esa impronta. A través de ese tipo de religión o del conocimiento como marketing, buscan parir culturalmente a personas que busquen la explicación de su sufrimiento en motivos totalmente separados de la política.


Cada vez que recuerdo la historia de esa chica boliviana con la que conviví varios años, me pregunto cómo era posible que no pasara por su mente que esa separación fue por razones políticas. Fue por pobreza. Fue por falta de salud pública. Fue por vivir en la periferia del mundo. Fue porque sólo separándose ella podía hacerse cargo de la difícil situación familiar. Y sin embargo, cuando se lo insinuaba, eso no podía ser comprendido. Era Dios el que los había puesto a prueba, y él no la había amado tanto como para esperarla.


El discurso del amor romántico empapelaba la faz de la vida íntima, la más profunda y personal, con misterios insondables, con designios y maldiciones, con embrujos, y la volvía reactiva a advertir que su pobreza era una manera de estar, y no una manera de ser. Y que su angustia tan intensa, finalmente, era el resultado de haber nacido en un país que todavía era colonia, y donde alguien como ella, como casi todxs sus compatriotas, debía emigrar a atender niños extranjeros cuyas madres eran jefas de hogar para pagar, a miles de kilómetros de su hogar, la operación de corazón que necesitaba su padre.


“Pare de sufrir”. Una frase sintética y tan voluminosa en el interior de millones de personas vulnerables, un imperativo en momentos como éste que vivimos ahora. Porque el sufrimiento se ha multiplicado, se ha hecho intenso, insoportable. La actriz Mónica Cabrera subió esta semana a su muro una foto suya encapuchada adentro de su casa. Se muere de frío y no puede pagar el gas. Escribió un texto en un tono diferente al de los videos que sube regularmente. Después de contar su situación, terminaba: “Me están arruinando el último tramo de mi vida”.


El sufrimiento argentino no es resultado de ningún designio, ninguna tormenta, ningún defecto de ningún sufriente. Es un sufrimiento de origen político que nadie le puede pedir a un pueblo que lo acepte como su destino. No es el destino. Es Macri.

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Psicología, brutalidad policial y construcción de paz en Colombia

La brutalidad policial se está naturalizando en Colombia. El salvajismo, la violencia extrema, la deshumanización y la impunidad con que actúa, gran parte de las veces la Policía Nacional, están llegando a unos niveles sumamente preocupantes por los posibles efectos psicológicos, sociales y antropológicos que pueden llegar a desatar.

Lo que antes solo llegaba a través de fotos, muchas veces tras varios días de haber ocurrido, ahora, servidos de las redes sociales, lo verifican en tiempo real miles de miles, comprobando el actuar violento de los agentes del Estado en contra la población civil indefensa.

Actuar violento que tiene como telón de fondo una sofisticada trama de criminalización de la protesta social que ha llegado a límites extremos como lo sucedido meses atrás en la región de Tumaco, en donde fueron asesinados 9 campesinos que luchaban por el cumplimiento de lo pactado en La Habana sobre sustitución no violenta de cultivos1. O el triste caso del joven Nicolás Neira2, destrozado a golpes a manos de un nutrido grupo de agentes del Esmad3 cuando participaba de una marcha del Primero de Mayo en el año.

Los efectos psico-socio-antropológicos son bastante preocupantes, sobre todo en lo referido a la desaparición lenta de los referentes morales y de la legitimidad de un Estado que se supone protector de los derechos humanos. Cuando esto sucede se abren las puertas para todo tipo de violencias e impunidades y, al mismo tiempo, se cierran las posibilidades de construcción de una paz estable y duradera pues, quiérase o no, la violencia estatal da lugar a múltiples reacciones.

Dicha estrategia estatal de brutalidad policial, hace parte de las modalidades de guerra psicológica para generar miedo colectivo, tortura cotidiana y terror individual-comunitario a través de distintas expresiones de micro-fascismos, instaladas al interior de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas.

El proceso de tortura psicológica con la población inicia con el desprecio y la humillación verbal. Le siguen empujones, requisas indignantes, detenciones arbitrarias y tratos inhumanos de diversa índole. Finalmente, viene el uso brutal de la fuerza física con la ayuda de instrumentos estatales como las motocicletas, patrullas y camiones blindados, con los que se embiste a la población. Por supuesto, allí también se usan armas legales –estatales– para disparar gases lacrimógenos y fusiles de largo alcance, como si se tratará de una ofensiva militar contra un enemigo externo.

Estamos ante todo un proceso formativo, con el cual han construido un delicado proceso de deshumanización: el policía no ve al ciudadano como persona, lo ve como enemigo, como objetivo a ser eliminado. Es común ver grabaciones donde los agentes disfrutan su labor de violentar y reprimir con el uso excesivo de la fuerza. A mayor violencia, mayor sentimiento del deber cumplido.

Desde la psicología pueden implementarse algunas estrategias para desmontar esta política estatal atroz y contribuir con la paz, que tanto necesita el pueblo colombiano. Veamos algunas posibilidades:

Es urgente desarrollar procesos investigativos transdisciplinarios que permitan comprender la estructuración psico-socio-antropológica de la deshumanización, llevada a cabo con agentes de la Policía Nacional. Desinstalar la brutalidad implica tener una propuesta concreta de rehumanización para los agentes policiales, en su visión de sí mismos, que ellos se conciban como servidores y vean la población como objetivo de su servicio.

Impulsar una campaña nacional de prevención psicosocial hacía la desmilitarización y desparamilitarización de la vida cotidiana. Aquí debe incluirse la desvinculación de los niños y los jóvenes del conflicto armado, tal como sucede cuando se disfraza a un niño de policía o militar. Lo mismo pasa con el uso de material bélico para campañas publicitarias dirigidas a los jóvenes, tal como sucedió con el cantante vallenato Silvestre Dangond en una de sus giras nacionales.
Otra tarea urgente para la Psicología tiene que ver con su decidido compromiso de lucha ética contra cualquier forma de tortura psicológica. De tal tenor es la detención arbitraria de alguien, mediante exceso de fuerza, aislarlo sin derecho a alimento o cobija; insultarle y asustarle con amenazas o golpes físicos. También es una tortura psicológica para la familia del detenido que queda en un limbo informativo construido por la propia Policía, para dificultar la ubicación y condiciones de la detención. Un ejemplo de primera mano sucedió durante el encuentro de Psicólogas y Psicólogos por la Paz, celebrado en Bogotá en junio de 2017, uno de los psicólogos participantes fue agredido por dos agentes de policía. Durante el altercado, el colega fue acusado de “alto grado de exaltación”, y conducido en por varios CAI con el fin de dificultar el seguimiento que inmediatamente se inició por parte de sus compañeros. El colega narró posteriormente una experiencia de terror ya que fue testigo de la violencia que los agentes ejercían sobre los “habitantes de calle”, jóvenes indocumentados o borrachos caídos en las redadas.

Acompañamiento decidido y valiente a las víctimas de brutalidad y tortura psicológica por entes policiales. Sistematizar las experiencias exitosas de acompañamiento psicosocial. Evaluar la experiencia de éxito para decodificar los elementos que la componen para incluirlos en los procesos de formación psicológica, adaptada a las realidades nacionales, como lo expresa la investigación que dio lugar al libro La Psicología como engaño4.

Todo el saber de la Psicología ser dispuesta a favor de este tipo de propósitos. Desnaturalizar la violencia y la brutalidad y vivenciar la confianza en los otros. Des-incorporar el gusto con el sufrimiento del propio hermano e inventar nuevas formas de amar, valorar y cuidar a los demás.

Esa nueva afectividad política implica desarrollar una nueva ética despatriarcal y antimachista. Una nueva pedagogía de reconocimiento efectivo de los otros como hermanas y hermanos luchadores. Una nueva psicología despatoligizante, colectiva, comunitaria y política. La brutalidad policial no es una enfermedad de quienes la practican. Es una construcción social fríamente diseñada e implementada en el cuerpo y el corazón de seres humanos que tenían la posibilidad de ser algo distinto.

La construcción de la paz en Colombia es algo que va más allá de los acuerdos con la insurgencia. Básicamente significa negarnos a seguir siendo eso que la guerra nos impuso. Supone todo un desmonte de costumbres, valores, creencias, imaginarios, mentiras, impunidades, injusticias, etcétera, producidas al calor de la guerra. La Psicología puede y debe comprometerse con dicho desmontaje y al mismo tiempo puede ayudar desde sus conocimientos a promover otros tipos de subjetividades basadas en la confianza, el respeto, la justicia social, la autonomía afectiva, intelectual y relacional.

 

* Director www.catedralibremartinbaro.org
1 https://www.telesurtv.net/news/Nueve-campesinos-muertos-y-18-heridos-en-Tumaco-Colombia-20171005-0068.html
2 https://www.colectivodeabogados.org/?10-anos-del-asesinato-de-Nicolas-Neira-Entrevista-a-Yuri-Neira
3 https://www.elespectador.com/opinion/esmad-columna-698823

 
4 Disponible de libre acceso en: www.catedralibremartinbaro.o

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Sábado, 16 Julio 2016 06:21

Escuela educativa

Escuela educativa

 

Es explicable que el título de este artículo genere diversas reacciones. A algunos puede hacerles levantar la ceja; a otros, quizá, esbozar una sonrisa burlona: ¿escuela educativa? Sin duda hay escuelas que educan, pero también las hay –y muchas– que deseducan; esto lo saben bien quienes han visto con ojos críticos sus propias experiencias escolares y lo que ocurre a su derredor.

 

Los críticos de la escuela que no educa han sido muchos; algunos de los más conocidos son Iván Illich, quien abogó por la desaparición de la escuela, y Louis Althusser, quien consideró a la escuela como el "aparato ideológico número uno del Estado". Otros críticos notables fueron, por ejemplo, Célestin Freinet y María Montessori, quienes además formularon magníficos proyectos para superar los efectos antieducativos de la escuela tradicional. Son sólo algunos ejemplos de innumerables educadores de diversas latitudes. Muchos años antes, en el siglo XIX, en nuestro país distinguidos liberales hicieron críticas muy sólidas a la escuela entonces dominante, entre ellos Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez; sus valiosos textos son vigentes porque la escuela deseducadora que ellos abominaron subsiste.

 

Ahora los "reformadores de la educación", como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Secretaría de Educación Pública, Mexicanos Primero, Aurelio Nuño y compañía, se afanan en meter en cintura a los maestros para que las escuelas funcionen "como debe ser", que se cumpla "con la formalidad mínima", esto es, que se cumplan horarios y calendarios, que se cumplan los programas, que los maestros no falten, que "no se suspendan las clases", que se obedezca la ley. Para estos supuestos reformadores, educación es igual a escuela y escuela es igual a clases y evaluaciones (ahora extendidas a los maestros). Esta paupérrima y anacrónica visión de la cuestión educativa ha sido avalada y apoyada por el quinteto de supuestos educadores que dirigen el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). La cortedad de su horizonte lo confirma el comunicado emitido por este quinteto el pasado 7 de julio, en el cual ratifica que su preocupación y compromiso es pugnar por que la escuela garantice "aprendizajes de calidad".

 

Hoy más que nunca es urgente que la escuela vaya más allá de la pretensión de que los niños y jóvenes aprendan conocimientos y competencias. La escuela tiene que asumir la responsabilidad de educar, de "extraer" de cada niño y joven sus mejores valores y sentimientos, de generar en ellos actitudes, gustos y pasiones (¿hay algo de esto en los "reactivos validados técnicamente" por el INEE?); además, sin esto no habrá aprendizajes sólidos ni significativos. Ni la escuela puede seguir siendo un espacio burocrático evaluado con indicadores cuantitativos, ni los maestros pueden aceptar ser reducidos a la condición de instructores anodinos proletarizados.

 

Para que la escuela sea educadora, es necesario que se reconozca la educación como un complejo proceso humano entre humanos, entre personas, entre sujetos que aspiran a ser pensantes y conscientes. Nada más opuesto a esto que imponer un sistema en el que los maestros son controlados mediante el miedo y el soborno. La confianza en el ser humano es el sustrato básico de la educación; sin ella, los "educadores" se vuelven policías (como hemos visto). La escuela es uno de los pocos refugios donde hoy puede (y debe) pugnarse por combatir los antivalores que dominan a la sociedad capitalista actual: ambición, competencia, competitividad, rivalidad, ganancia, beneficio individual, consumismo, ostentación, engreimiento y frivolidad. La falsa "reforma educativa" actual "privatiza" a la escuela mexicana al introducir en ella todos estos antivalores de la llamada "iniciativa privada" (el capitalismo).

 

Es indiscutible la creciente desgana de los educandos por la escuela en sus varias manifestaciones; unas evidentes, como la "deserción" formal (en los niveles en los que los estudiantes pueden decidir por sí mismos no ir más a la escuela); otras, como el desinterés por aprender que se revela en los pobres resultados desde prescolar hasta posgrado. Esto constituye un fenómeno "cultural" que no se va a resolver sobornando a los estudiantes con becas y más becas ni sometiendo a los maestros con el auxilio de la policía y la gendarmería, porque la "causa eficaz" no son los maestros y las becas son sólo un paliativo a un problema socioeconómico irresuelto.

 

La escuela tradicional, burocrática, autoritaria, industrializada, "informadora" e informatizada nada tiene que ofrecer en un mundo como el actual, en el que la información y los conocimientos fluyen masiva y rápidamente por muchas vías. Si no pudiera cumplir con su función educadora, más valdría que desapareciera, como demandaba Illich. Pero por supuesto que puede cumplir con otra misión, con una misión trascendental: la de prefigurar y preparar otro mundo que es posible y necesario.

 

Es falso que no haya otro camino (otro mundo), como postuló la señora Margaret Tatcher y hoy dócilmente repiten los administradores y economistas que manejan este país. Ya se ha señalado que a los graves daños económicos y materiales que ha producido el neoliberalismo hay que añadir el daño "cultural", consistente en el empobrecimiento intelectual, en la reducción del horizonte humano a un economicismo que domina hoy incluso al ámbito educativo.

 

La escuela educadora tiene que trabajar a contracorriente. Uno de sus retos es generar en el estudiante la perseverancia necesaria para vencer múltiples obstáculos de diversa naturaleza: económicos, burocráticos, físicos (como el traslado). Pero sobre todo tiene que vencer el obstáculo que significan para los educandos la falta de sentido del conocimiento y la cultura en el mundo actual y la formidable tentación de la alienación en el entretenimiento y la diversión; obstáculo que podrán vencer sólo si, junto con sus maestros, asumen el reto de formarse una cultura propia y pugnar por la construcción de otro mundo.

 

 

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Miércoles, 11 Febrero 2015 07:21

Ron pa' todo el mundo

Ron pa' todo el mundo

"A medida que Venezuela se inclina a la izquierda, un magnate del ron extiende la mano a los pobres." THE WASHINGTON POST

1. Educación y semiótica libertaria

 

Los pedagogos trabajamos con las ideas, el conocimiento, las prácticas y la cultura; identificamos los rasgos morales de cada momento histórico y los tensionamos respecto a los denominados valores universales, así como las formas de opresión y las ideologías de dominación encriptadas en los mensajes, el arte, la propaganda y la publicidad.

Los profesionales de la docencia trabajamos de manera compartida la construcción de conciencia ciudadana y el lenguaje detrás de cada forma de comunicación. Esta perspectiva se nutre de lo que hemos aprendido, entre otros de los estudios culturales realizados por Henry Giroux (1943- ), la semiótica en general de Ferdinand de Sausurre (1857-1913) y la emancipadora de Fernando Buen Abad (1956- ), la resistencia docente de Bill Ayers (1944- ), el análisis semiológico de Roland Barthes (1915-1980), el currículo oculto de Jurjo Torres Santomé (1951- ), o la biopolítica de Michel Foucault (1925-1984), para solo citar a algunos de los estudiosos de estos temas a través del tiempo. En este trabajo consideramos importante que en los procesos de formación inicial de los docentes, la formación continua en el ejercicio y en la repedagogización de los docentes, sean incluidos contenidos, perspectivas de análisis y paradigmas que le posibiliten al magisterio el estudio de la publicidad a la que se ven sometidos los ciudadanos de todas las edades. La escuela es un espacio para liberar las mentes de todo tipo de prisión, incluida las que atrapan los pensamientos, los sueños, las decisiones y las conciencias condenando a los seres humanos a patrones hegemónicos y formas de vida impuestas por la ideología.

 

2. Uso del tiempo y alienación


Para el capitalismo el tiempo del hombre y la mujer constituyen un espacio de especial interés. Para el mercado y el flujo de mercancías el tiempo humano se distribuye en (a) productivo (trabajo material e inmaterial, estudio) visto este desde el momento que se sale de la casa para ir al sitio del trabajo hasta regresar a la misma; (b) ocio (familia, deporte, cultura, diversión, entre otros) visto éste como el espacio de tiempo que los seres humanos de manera activa convivimos como máquinas de consumo; y (c) el llamado tiempo muerto o el periodo en el cual dormimos.


En la perspectiva capitalista, para cada uno de estos segmentos se establece una estrategia de venta de las mercancías para que sean consumidas como necesidades inducidas o creadas. El consumo guiado ha invadido todos los espacios y esferas estando omnipresente en la realidad social. Esto construye hegemonía ideológica más allá de las resistencias concretas o de las simples declaraciones en contra.


Se consume en el lugar de trabajo, tanto productos materiales como inmateriales. El uso del tiempo de descanso en el trabajo es invadido por las cadenas de comida rápida que consideran al ser humano como un aparato que requiere el combustible que le permita moverse con el menor coste posible y la mayor ganancia; los medios de comunicación de masas (especialmente radio, tv y prensa) con su carga de publicidad y de construcción de una percepción de la realidad que coadyuve a la supremacía de la lógica capitalista; el capitalismo promueve la organización de los trabajadores en diversas formas –clubes, círculos de auto ayuda– que eviten o limiten la organización sindical que les pueda disputar a los ricos –por parte de los obreros– el plus valor por su trabajo.


El tiempo de trabajo hace al hombre y la mujer que trabajan máquinas que reciben órdenes, que ensamblan partes, que tienen la falsa percepción de producción como alienación del trabajo. Finalmente, la cotidianidad de su familia y entorno inmediato es bombardeada con estereotipos de éxito y felicidad que le hacen añorar, desear, comprar y trabajar para comprar los objetos que son sinónimos de logro y para intentar ser ese otro que se le presenta como ideal. El discurso del esfuerzo personal y colectivo se convierte en antítesis de la conciencia de la explotación en el trabajo y la apropiación del excedente de ganancia por parte de unos pocos, así como de la idea de derrota personal como sustituto de la miseria que genera el capitalismo.


El éxito representado por el empresario triunfador se vende como el ideal de persona con sus valores, costumbres e ideología. A su vez el logro de los trabajadores pasa a ser una externalidad determinada por el patrono quienes a través de diversos sistemas de recompensa determinan quien lo hace bien y quién no. El capitalismo genera seres esquizoides que usan el cuerpo y el pensamiento para intentar ser otros, y en ese proceso se les va la vida como autómatas que resisten lo menos posible. En contraposición la educación y la pedagogía liberadora deben convertirse en herramientas de construcción compartida de conciencia crítica.

 

3. Diversión y cultura del consumo del licor


Para el capitalismo neoliberal el tiempo no dedicado al trabajo alienante es un periodo potencialmente orientado al consumo. En contraposición -históricamente hablando- el humanismo ha promovido el uso del tiempo libre para el acceso a la cultura, el deporte o el compartir socialmente con la familia, amigos y colegas como sociabilidad liberadora.


El licor como cualquiera de las drogas existente antes de la industrialización y cartelización de las sustancias estupefacientes y psicotrópicas era un mecanismo para la eventual evasión ante el peso abrumador de la realidad que no se controlaba, que no se dominaba; era también un espacio para el desarrollo de formas de espiritualidad o para algunas celebraciones colectivas. Es decir, sólo en ocasiones el licor y el tiempo de ocio se cruzaban.


Al mercantilizarse la producción de alcohol se puso en marcha una potente industria cultural que fue asociando todo tiempo de ocio al consumo de estas drogas lícitas. Esto generó una cultura de la presencia permanente del consumo del licor en la mayor cantidad de actividades de ocio: la inmanencia permanente del licor en la diversión supera la trascendencia del encuentro social de la diversión y convierte su consumo en un hecho natural, cotidiano y casi obligatorio en lo social.


Enormes cantidades de ganancias generadas del consumo de licor en toda actividad de ocio –playa, encuentro familiar, deportes, efemérides, reuniones, fin de jornada laboral semanal o presentación de examen- van a manos de los capitalistas de las empresas de licores al imponerse la inmanencia del licor en el disfrute. Ello genera un sentido de la diversión que embrutece, limita las posibilidades de desarrollo de la conciencia al hacerse continúo su consumo y que arranca del bolsillo de los trabajadores el limitado fruto del plus trabajo al cual accedieron.

 

4. Licores y estratificación social


En el capitalismo neoliberal la vida se convierte en una práctica de consumo. Las mercancías se estratifican conforme las clases sociales y su capacidad de compra. Así es como uno u otro licor comienzan a ser signos distintivos de las clases sociales, el sexo o el origen geográfico; y se estratifican incluso por profesiones en esas clases sociales, por regiones o género. El consumo se estereotipa para garantizar la división de clases sociales.


En esa perspectiva el consumo de whisky suele estar asociado a los gerentes, los empresarios, los banqueros, a las capas sociales más altas. Por su parte el vino suele vincularse a los intelectuales, académicas, a los artistas es decir aquellos que trabajan con la creación. La cerveza, al igual que el anís o el ron suelen estar asociados a los trabajadores, a los obreros, es decir a las mayorías. Y el licor puro, denominado miche o caña blanca suele estar asociado a los campesinos, a los trabajadores de faenas muy fuertes en lugares inhóspitos; aunque ahora este estereotipo migró hacia los jóvenes con menos ingresos económicos o quienes lo mezclan con otras sustancias. Es decir, cada licor tiene su sello de identidad de clase asignada por el mercado capitalista.

 

5. Pugna de mercados e ideología


Los precios de los licores no sólo están asociados a los costos de producción y la etiqueta de la clase social que mayoritariamente la consume, sino al prestigio implícito que genera su consumo. En el marco de la crisis general del capitalismo, que ha implicado una reconfiguración de las posibilidades de consumo, estas premisas comienzan a ser revisadas en las estrategias de marketing.


Por ejemplo, en Venezuela el whisky se consume mucho más en el este de la ciudad capital que en el oeste de Caracas, es consumido más los profesionales de altos rangos, las élites financieras y la clase media alta. Por su parte, el ron es un licor que suele estar asociado a la clase media baja, a los trabajadores a los jóvenes, compitiendo ese mercado los productores y comerciantes de la cerveza. El beisbol, las bolas criollas, las parrillas familiares y los fines de semana en la playa generan un consumo inducido de cerveza, ron y las llamadas bebidas espirituosas en la clase media y los proletarios.


La elevación de los precios del whisky en los últimos años, les abre las puertas a los productores y comerciantes del Ron para competir con una franja importante de su mercado. Así el Ron comienza a ser publicitado como una bebida que la consumen los jugadores de juegos elitescos –apenas conocidos en Venezuela– como el Rugby , que son sinónimo de burgueses triunfadores y de buenos líderes sociales. Evidentemente, en una perspectiva clasista la publicidad del ron comienza a trabajar el mercado de los dueños del capital y la clase media alta. Una reconocida marca de Ron coloca en su portal la siguiente leyenda: "Dado que descubrimos la capacidad del rugby para mejorar la vida de la gente, no hemos dejado de tenerlo muy cerca; tan cerca que incluso hemos montado un campo de rugby dentro de nuestra hacienda" (sitio web).

 

 

6. Un trago de ron convierte la crisis en oportunidad


De hecho, la frase que subtitula este numeral, la encontramos en el portal de la empresa licorera que hemos utilizado como campo de estudio en este artículo, la cual ilustra perfectamente esta orientación. Esta empresa perteneciente a una de las más añejas familias burguesas venezolanas viene lanzando una estrategia comunicacional, que procura ganar el mercado que viene perdiendo el whisky, como resultado de los altos precios de este licor en los anaqueles. Esto sería un episodio más de la "libre competencia" entre capitalistas, si los contenidos y el diseño de la campaña publicitaria no llevaran codificada toda una concepción de clase, de ideal de ciudadanía, que incluso bordea temas de derechos ciudadanos y el propio papel del Estado en la supremacía de lo público.

Analicemos algunas de las vallas publicitarias que han colocado en distintos lugares de Caracas, así como en medios digitales. Una de ellas señala "En nuestra finca podrás perder un diente pero jamás la sonrisa". En una sola frase e imagen están reflejada una posición política, ideológica y social. Veamos cada uno de sus componentes

 

 

¿Quién es el emisor del mensaje?, ¿cuál es el lugar de enunciación de clase de esta publicidad? La expresión En nuestra finca responde estas interrogantes; quienes hablan son los propietarios, los dueños, uno de los amos del valle. Esto no es fortuito, por el contrario intenta crear identidad entre productor-propietario y el sector de clase social que se procura cambie sus gustos de consumo cuya ideología suele ser la propiedad privada, el éxito empresarial y la jerarquización del mando. La estrategia publicitaria gira alrededor no de algún deporte nacional jugado por las mayorías, sino por un deporte de élites en el país –el rugby– practicado y traído por colonos culturales del siglo XXI.

¿A quién va dirigido? Evidentemente a la población que aún no tiene gustos consolidados, es decir a los más jóvenes; así como también a aquellos que están prisioneros de la ideología de la etiqueta de clase.


El meta mensaje es que la producción del Ron no es dirigida por la gente de pie descalzo, sino por una de las familias históricamente burguesas del país; si tu lo consumes puedes estar tranquilo(a) que es un producto con el glamour de la burguesía.


El rostro que acompaña la publicidad es de un hombre de color a quien le falta un diente en la parte superior. Este es el estereotipo clásico de pobre que tiene la burguesía venezolana. Todo pobre, todo trabajador se puede resumir en la imagen de un "negro desdentado" en oposición al burgués caucásico. Desde la conquista y la colonia el amo era representado por un blanco europeo y el nativo mezclado con el esclavo representado por un negro. La pobreza que imposibilitaba al trabajador contar con una adecuada asistencia médico odontológica cerraba el anillo del imaginario de dominado: negro sin dentadura.


El meta mensaje aquí es que el trabajador en la finca es el que produce, pero al señalar "podrá perder un diente pero no la sonrisa" nos refiere a la aceptación de la dominación con felicidad; al buen esclavo que quizá pudiera llegar a entrar a la casa del amo en los tiempos coloniales. Es decir, el trabajador que considera un éxito el poder contar con un puesto de trabajo, sin preocuparse por el tema de la explotación.


En esta misma imagen se presenta al hombre de color, vestido con un uniforme de Rugby, el deporte del burgués que es asimilado por el trabajador. Es el trabajador que en sus ratos libres juega un deporte "el rugby" cuyo origen ingles, está asociado en el imaginario popular a Escocía, cuya analogía con el buen whisky escocés es más que evidente.


Es decir, este es un deporte que nació en la misma región donde se produce uno de los mejores whiskys, por ello, debemos hacernos sentir al beber este producto, el estar tomando el mejor de los licores cuando tomamos el ron producido en "nuestra finca".


Los muchachos que juegan rugby se representan como escoceses asimilados que producirán un ron con calidad de whisky. De hecho una de las frases publicitarias señala: "Jugamos Rugby hacemos Ron".


El sello de clase queda ratificado en la siguiente nota periodística reseñada en el portal de la empresa: "En Venezuela, un heredero abre las puertas de sus terrenos familiares a los pobres."[+] ESPN RUGBY

 

 

7. Si invaden nuestras propiedades invadimos sus mentes


"No se trata de rones añejos, ni de rones jóvenes. Se trata de encontrar, como en la vida misma, el equilibrio perfecto entre unos y otros. Así hacemos ron en Santa Teresa, mezclando lo mejor de los dos mundos: la vitalidad y la chispa de los jóvenes con el carácter y la robustez de los más viejos" (sitio web)

Cuando revisaba las publicidades para este artículo me volví a encontrar con el Proyecto Alcatraz que desarrolla la misma empresa licorera en Venezuela. El Proyecto Alcatraz según comentan sus promotores, ha sido objeto por parte del Reino Unido (nuevamente la región escocesa) de la distinción con el Premio Beyond Sport Award (2009) como: "mejor iniciativa de inclusión social por el uso del deporte como herramienta para promover el cambio social". Además continúan informando los promotores de Alcatraz, éste proyecto fue seleccionado por el "Banco Mundial como modelo a replicar en otros países en su lucha contra la pobreza (Conferencia sobre Juventud, Paz y Desarrollo en Sarajevo, Bosnia, 2004)".


Además señalan en la web que han "contado con el apoyo del Banco Mundial y la Bolsa de Valores de Caracas, la Alcaldía del Municipio Revenga, la Alberto Vollmer Foundation, el Banco Interamericano de Desarrollo, Produvisa, AC Fundación Venezuela sin Límites y cuenta con el decidido apoyo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) a través de su Oficina de Relaciones Externas", lo cual evidencia una excelente capacidad para alcanzar financiamiento internacional para el logro de una importante meta social. Pero respecto al Proyecto Alcatraz quiero expresar algunas preocupaciones en la misma orientación de este artículo:


En ninguna parte conseguí referencia al porqué del nombre del proyecto, razón por la cual no pude impedir asociar la denominación a la tristemente célebre prisión de alcatraz , famosa por la épica fuga que demostró que era falsa su invulnerabilidad, plasmada magistralmente en un texto que leí cuando era solo un adolescente. Espero que al indagar más al respecto, encuentre que el nombre se debe a otro tema, por lo cual pido excusas anticipadas aunque no se me pueda acusar por ello de ignorancia supina. Quizá mi posible error lo alimenta otra frase presente en dicho portal. "Proyecto Alcatraz: de villanos a caballeros"


Según refieren sus mentores, hace años "un grupo de jóvenes integrantes de una banda pretendieron atracar a mano armada a un inspector de seguridad de la compañía. Tras ser capturados, se les dio a elegir entre ir a la cárcel o pagar su delito con trabajo en la hacienda. Decidieron aprovechar esta nueva oportunidad. Y sorprendentemente, también pidieron incorporar al resto de la banda" (Extraído del sitio web de la empresa) Ello dio origen al proyecto cuya filosofía empresarial queda plasmada en la siguiente publicidad.

 

Evidentemente un consumidor ideal pareciera no tener mucho que reflexionar; eso que acostumbran a hacer mucho los libre pensadores quienes siempre han tratado de cambiar la injusticia en el mundo. Como lo señalara en una charla la profesora Liliana Luzón "la poca filosofía pareciera entonces referirse a la escaza reflexión sobre la esencia de la vida, las propiedades de los fenómenos sociales, las causas y efectos de los actos, mucho menos respecto al hombre y su papel en la construcción social. Si hay poca filosofía cada vez tendremos menos hombres que se interesen por los problemas fundamentales, desarrollando saberes y conocimientos emancipadores".


Pero volvamos al Proyecto alcatraz. Allí se muestra un discurso y práctica asociada a la responsabilidad social empresarial. Esta perspectiva de compromiso social de los sectores económicos y culturales poderosos ha sido una exigencia, una aspiración permanente del proceso bolivariano. En un mundo dominado por el consumo, la ganancia desmedida y el individualismo, toda acción que contribuya a mejorar la calidad de vida de otros seres humanos resulta ejemplarizante.


Sin embargo, como diría Santo Tomas de Aquino (1225-1274) en su Summa contra gentiles, estamos obligados a revisar las acciones que se nos presentan como buenos actos. La preocupación y voz de alerta contra cualquier utilización malsana de las urgencias ha sido reflejada en la literatura universal en todos los tiempos. Solo basta recordar la lucha entre la justicia y la perversidad, entre el bien y el mal, encubiertas en disfraces diversos que tan bien relatara el Génesis respecto al paraíso y el drama de Caín y Abel cuando el primero le responde al creador ¿ Acaso soy yo el custodio de mi hermano?, o en el Marqués de Sade (1740-1814) y la tragedia de Juliete y Justine, o en Engels (1820-1895) en su texto magistral "La familia, la propiedad privada y el Estado (1884).


Pero en términos menos literarios-filosóficos y más terrenales, surgen algunas interrogantes a partir de la declaración de inicio del proyecto Alcatraz. ¿Este procedimiento fue tutelado por el Estado venezolano y resultado de una decisión de órganos jurisdiccionales competentes? o ¿una persona de derecho privado se subrogó el derecho y el deber del Estado de administrar justicia o fue acordado mutuamente?


Esto no es un asunto menor en general y mucho menos en el proceso de construcción de un "Estado en revolución". Quien califica un delito y coloca la pena o redención de la misma son los tribunales de la República; en un Estado laico y de derecho, esta facultad es intransferible. Apuesto y confío de corazón que esto haya sido así, pero lamentablemente en el portal donde se publicita el proyecto no encontré información al respecto, que pudiera ser tomada como jurisprudencia para otros casos similares en cualquier lugar del territorio patrio. Lo recomendable seria que con el mismo orgullo que señalan las instituciones que han premiado el proyecto y los organismos internacionales que lo financian, colocaran las instituciones del Estado venezolano con las cuales están coordinando este programa.


En casi todos mis artículos planteo la urgencia de trabajar en el desmontaje de las concepciones, procedimientos y perspectiva que instaló el neoliberalismo en la década de los noventa respecto al papel del Estado, que se impulsó con fuerza a partir de libros como los de Marcel Granier (1941- ) "La generación de relevo vs. El estado omnipotente" (1984) y "Más y mejor democracia" (1987) los cuales iniciaron un desmantelamiento del Estado en América Latina y el Caribe, pretendiendo sustituirlos por las corporaciones empresariales, la llamada "responsabilidad ciudadana" y el mercado.


En el mismo portal al que venimos refiriéndonos una frase nos lleva a reflexionar: "Proyecto Alcatraz: de villanos a caballeros" (sitio web), pues la misma establece una teleología del sistema jurídico "novedosa" que sustituye la noción de ciudadanía por la de caballero. Además crea la categoría de villano, usada de manera tan amplia en la literatura mundial para identificar el delito del vasallo contra el señor dueño de la tierra. Si como dice el portal nunca fueron juzgados, ¿quién establece la categoría de villano a un ciudadano de la República?


Respecto a la administración de la "pena" o el "acuerdo privado", para la redención de la falta se establece que "Setenta y cinco jóvenes permanecen en el programa, a los cuales se les exige realizar trabajos escolares, aprender habilidades de trabajo y jugar al rugby organizado, la pasión de Vollmer" [+] THE WALL STREET JOURNAL (extraído de la web sit de RST). Ante lo cual agregan "Mr Vollmer ha convertido a este deporte de contacto extremo en parte del curriculum, pensando que era una forma en que los jóvenes delincuentes puedan descargar energía mientras aprenden el valor de la cooperación y el coraje" [+] THE WALL STREET JOURNAL (fuente citada). Amplían de la siguiente manera: "Desde aquel día [que tomaron la decisión de trabajar en la finca] , los jóvenes que antes las formaban [las bandas] y que deseaban dar un cambio a sus vidas, ahora trabajan juntos y juegan rugby en el mismo equipo; y más de 1.800 niños y jóvenes han pasado por el equipo del Proyecto Alcatraz o por el programa de Rugby Escolar Comunitario.


Mi pregunta es, que institución del Estado supervisa esta labor, para evaluarla de manera sistemática, apoyarla en lo que corresponda, sugerir modificaciones de ser necesario y registrarla debidamente para replicarla si se considera una experiencia positiva o evitar su multiplicación si ocurre lo contrario?


Si bien es una odiosa generalización señalar que todo empresario carece de compromiso social igualmente resulta preocupante cualquier generalización que estereotipe a toda una comunidad, al señalar "Antes los chicos del barrio nos veían con pistolas y jugaban con pistolas. Ahora nos ven con balones de rugby y juegan al rugby"


Así mismo, establecen unos indicadores de logro de la "redención de la pena" o el cumplimiento del "acuerdo privado" en los siguientes términos: "Pero en el tiempo que estuvieron en la Hacienda Santa Teresa no solo se dedicaron a trabajar. También jugaron rugby. Y jugando, aprendieron sus valores; y a comprometerse; a trabajar en equipo; a levantarse cada vez que caían; y a intentar mejorar siempre en todo lo que hacían". Para lo cual identifican un modelo de integración entre trabajo y deporte que plantea "en un campo donde se juega al rugby encuentras pilares, talonadores, extremos, zagueros y medio centros, entre otros jugadores. En una hacienda donde se elabora ron encuentras cortadores de caña, conductores, toneleros y maestros roneros, entre otros trabajadores. Como ves, todo es cuestión de equipo". Puntualizando que "por tratarse de un deporte de alto contacto, el rugby contribuye a canalizar la energía de los integrantes de Proyecto Alcatraz en acciones positivas para su beneficio y el de la comunidad"

Como toda acción de formación de talento humano al final se señala que "al término de este programa, los egresados de Proyecto Alcatraz pueden optar por un empleo formal en Ron Santa Teresa, en otras empresas aliadas, o continuar su formación en el Taller del Constructor Popular y en Café Alcatraz"

Un desafío presente de la educación popular, de los sistemas escolares y de la pedagogía comprometida con un proyecto emancipatorio esta en trabajar para que la melodía interpretada por Joe Arroyo (1955-2011) -que seguramente bailaremos en carnaval- no se convierta en profecía auto cumplida del capitalismo neoliberal. Por ello, en momentos de especiales retos en las construcciones de nuestras patrias y la consolidación de la patria grande, desde la pedagogía rebelde preferimos analizar las implicaciones ideológicas de la producción de 'Ron pa´ todo el mundo! ; antes que ceder pasivamente ante el avasallante peso de la publicidad capitalista.

@Luis_Bonilla_M

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