Marx, Piketty y los ladrones de conceptos

Louis Althusser tras ejecutar su famoso –y problemático− "corte epistemológico" que en su obra tardía mutó en una “tensión permanente entre el ‘joven’ y el ‘viejo’ Marx” (bit.ly/2Ad2ruS), reformuló también famosamente dentro del marxismo – and with a little help of his “ friends”: Freud & Spinoza (P. Anderson, Considerations on western marxism, 1976, p. 84-85)− el concepto de la ideología.

Viéndola más allá de la "falsa consciencia" como un campo en que las prácticas e instituciones materiales del Estado están representadas de forma imaginaria con tal de asegurar la reproducción de estructuras socioeconómicas existentes, Althusser argumentaba que 1. "La ideología representa una relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de vida" y que 2. "La ideología tiene una existencia material" (véase: On the reproduction of capitalism. Ideology and ideological state apparatuses, 1970, 288pp).

Pese a deficiencias, su modelo se mantiene. Comprender como formamos nuestras ideas "influenciados" por nuestras instituciones –"aparatos ideológicos del Estado"− es crucial para comprender por qué seguimos reproduciendo el sistema que nos está explotando (bit.ly/3cQ5A23).

Los que piensan que algo de esto –en forma de refutación, debate "de un marxista al otro" (p.ej. Miliband vs Poulantzas) e incluso un ataque (p.ej. E. P. Thompson vs Althusser)− estaría en el nuevo y “monumental opus magnum” del “gran economista super star” –todas las comillas son como siempre muy intencionales− Thomas Piketty titulado El capital y la ideología (2019, 1200pp.), seguramente pensaban y/o siguen pensando que Piketty en su anterior y “monumental opus magnum” El capital en el siglo XXI (2013, 696pp) “actualizaba a El capital”, “avanzaba la teoría marxista para ‘la era de las desigualdades’” o que incluso era "el moderno sucesor de Marx" −no, no estoy inventando estos absurdos−, mientras ni él ni sus libros no tienen nada que ver con Marx ni marxismo (bit.ly/3goikzn , bit.ly/2Z8GqrF), son "una decepción intelectual y política apoyada por los medios" (bit.ly/35XowJQ) o, en el mejor de los casos −sin tener idea del concepto del "capital" introducido por Marx y poniéndolo en la portada de su libro e ignorar cuestiones como la explotación del trabajo, el valor o la tasa de ganancia− un "robo de título" (véase: Marx, Piketty y los ladrones de títulos, bit.ly/367YqUp).

Tras más de seis años, Piketty no sólo continúa sin entender el concepto del "capital" (una "relación social", no "un conjunto de bienes, propiedades y riqueza"), sino − ¡suprise, suprise!− tampoco entiende el concepto de la ideología (véase: Althusser, no "un conjunto de ideas que profesamos conscientemente"). Tras no haber leído El capital –como él mismo ha asegurado (bit.ly/2B2Ux7K)− para hablar del "capital en el siglo XXI", ahora − ¡suprise, suprise!− Piketty no ha leído nada sobre la ideología para hablar del "capital y la ideología".

“Lo más alucinante –le decía Frédéric Lordon debatiendo con él “de un economista marxista a un mainstream− es la manera en la que te lanzas lleno de entusiasmo a uno de los temas más populares en ciencias sociales en los pasados 150 años sin ninguna referencia y sin citar a un solo autor...” (¡sic!) ¿Marx y Engels con su Ideología alemana? ¿Adorno, Horkheimer y la Escuela de Frankfurt? ¿Alguien otro de la tradición marxista de la ideología (de ‘A’ como Althusser a ‘Z’ como Zizek)? ¿Weber? ¿Bourdieu con su "violencia simbólica" con la que “sustituía el concepto de la ‘ideología’, pero para preservarlo”? "Pero no, no hay nada. Nada. Y esto es muy desconcertante..." –le decía (bit.ly/2LurMTr).

En vez de esto hay un festival de lugares comunes y confusiones (y por supuesto "una impresionante masa de datos"). Dándole la espalda al materialismo y retrocediendo a posiciones idealistas –¡vaya "sucesor de Marx"...!− Piketty ve a las ideas, no p.ej., ¡ejem...!, la lucha de clases, como "el motor del mundo". Para él las desigualdades "son ante todo ideológicas" y "justificadas por la ideología" −como hoy por la "sacralización de la propiedad"− una "explicación" que se queda dolorosamente en la superficie. Proponiendo la circulación de bienes "para superar el capitalismo" (sic) y una suerte de "socialismo participativo" (sic) para, mediante los impuestos, “compartir ‘el capital’ (la riqueza) acumulado por los ricos” y... generado por el mismo sistema sin expropiarlos o sustituirlo con otro modo de producción, Piketty no nota como su "remedio" reproduce la misma lógica capitalista y desemboca en mero reformismo revelando inconscientemente como el propio concepto de la "desigualdad" en vías de absorción por intelectuales, políticos e instituciones dominantes, y lejos de ser ya algo subversivo se vuelve parte orgánica de la ideología burguesa para ir oscureciendo los verdaderos mecanismos del capitalismo y "salvarlo de sí mismo".

“La desigualdad −bien apunta G. M. Tamas− es un problema sociológico, mientras la explotación (algo que ningún gobierno ni la clase capitalista puede remediar como quieren p.ej. los socialdemócratas), no. Transformar la reificación, el fetichismo de la mercancía, la explotación en ‘desigualdad’ (o sea, ‘un problema político posible de solucionar gradualmente’), es, desde el punto de vista marxista, un absurdo” (bit.ly/2ZDi35r). Igual lo es hablar de la "ideología" sin entender la hondura del concepto.

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Jueves, 12 Marzo 2020 06:01

Domingo viralizado

Domingo viralizado

Domingo. Tocan la puerta de casa. Atiendo “¿Está enterado que hay una peste mundial de coronavirus?” “Sí”. “Por eso mismo, no sé si sabe que aquí en la Biblia --es una mujer de vestimentas austeras, frugales, imperativas--, ya estaba todo previsto”. “Ah”. “Venimos entonces a ofrecérsela como bálsamo y explicación”. No sé si repito con exactitud la expresión de la predicadora, que ya había sacado una reproducción del Apocalipsis de su repleto bolso. Estábamos ante un tema donde la Biblia perdía todo su interés pues se convierte en predictiva, clausurando sus paradojas y metáforas. Pasaba a dictaminar sin eslabones intermedios, sobre las complejas maquinarias que producen el pánico mundial. Sin embargo, a condición de respetar la necesaria distancia con las alegorías y la lógica internas de los lenguajes --sea el de la infectología o el de la teología--, todo puede conducirnos a interpretar creativamente hechos aún no sucedidos. La fuerza de esos lenguajes --de todo lenguaje--, es precisamente el respeto de lo imprevisible. No obstante, no se lo dije a la catequista. Los criterios de interpretación surgidos de pensamientos mesiánicos, milenaristas o escatológicos son atractivos, porque ahorran los pasos desconocidos inherentes a todo pensamiento. Apoyándose en un uso meramente literal de la Biblia, ella pierde el encanto inmemorial de no predecir nada. La retiran entonces de lo más valioso que tiene, hacer que toda lengua esté en estado de disquisición permanente. A la lectura rígidamente profética de la Biblia puede desde siempre oponérsele la lectura que indaga en los múltiples senderos en que se bifurcan sus magníficas metáforas y relatos.

A la vuelta de casa hay un lavadero atendido por una pareja de nacionalidad china, que viajaron a su país y aun no retornaron. Un pesado tejido de sospechas, hablados en voz baja, rodea esta circunstancia que podría tener múltiples significaciones. Pero sabemos que ahora hay solo una. Como con la interpretación de la Biblia bajo un pavor determinista, tomada por un providencialismo sin gracia, un virus anunciaría a toda la humanidad que habría un camino unívoco de salvación, que de tan estrecho y claustrofóbico, necesitaría de la proliferación de actitudes de sospecha, de prejuicios que serían imprescindibles para la expulsión del mal. Por cierto, hay un problema médico, los virus son misteriosos, pequeñas partículas que para algunos encierran el secreto del origen de la vida, y que alojadas en bondadosos huéspedes --un mosquito, una rata, un murciélago--, pueden dispersarse o diseminarse afectando los cuadros celulares establecidos, en principio del cuerpo humano. Que se contaminan entre sí. He aquí un dilema, que afecta las bases universales de convivencia. Si el calentamiento global se presenta como el peligro del productivismo voraz, la dispersión fatal de un virus puede verse como la absurda inmovilización de la vida productiva ¿No son necesarios, entonces, mejores acercamientos a lo que ahora expondría a nuevos riesgos las bases generales de la civilización humana? Algo ocurre cuando el dengue es solo una amenaza social, y el coronavirus se gradúa según la metafísica de la peste. Y cuando un virus es noticia, pero toda noticia tiene forma de “viralización”.

Deberíamos percibir entonces la necesidad de una nueva visita a las doctrinas de la culpa. No la podemos suponer en el que involuntariamente transmite un bacilo, en la infracción de un impensado portador que tos en un avión o del que escupe en el ascensor ignorando que está “prohibido escupir en el suelo desde 1903”. Ascendida a la categoría de pecado, la capacidad que tiene el virus de desmadejar o desmantelar un cuadro humano asociativo es pavorosa. Interesa como profecía, no como evento de la salud pública. En el primer caso interesa por ser un equivalente de la contaminación mística, en el segundo por la posible diferencia con el dengue, al ser un virus de los “tirifilos”. Mientras escribo esto recrudecen en mi computadora los avisos, irrumpiendo sistemáticamente, como asaltantes descuidistas de la pantalla, advirtiendo que “usted puede tener un virus” ¿Yo? Millones en el mundo deben estar recibiendo el mismo sermón. Aprendimos que la red informática contiene como concepto central el de virus --como la infectología y quizás toda la medicina--, dándole otra dimensión al peso que tiene el contagio y la infección en el modo masivo de existencialidad contemporánea.

Ya, nos conduce al hecho de que hay infecciones en una doble bifurcación, biológica e informática. Si el tono general de los medios de comunicación es la magnificación de catástrofes, el de la medicina o del poder médico en general, no debe ser el de manejo de poblaciones a través de normas y protocolos inmunizadores que parecen siempre aceptables. Sin duda lo son, taparse la boca ante un acceso de tos, cuidarse al dar las manos, medidas que parecen minúsculas, pero tienen profundo calado disociativo en las relaciones diarias. La cuarentena, ancestral método que aísla totalmente a poblaciones o conjuntos humanos, puede ser aceptable, pero no podemos pasar por alto que la inevitabilidad de estas medidas, amparadas en la costumbre y en la ciencia popular ya establecida, no pueden pasar por alto que no solo la venta de medicamentos, sino la venta de noticias, exige demasiado la invocación de una calamidad cercana. El esquema de la calamidad con su salida utópica, difícil pero “para usted posible”, es un encuadre que gobierna noticias, conversaciones e ideologías mediáticas. Un ejemplo es la noticia de que “en un planeta lejano a cien mil años luz las condiciones de vida son iguales a las de la tierra”. Perfecto, hay peligro de calentamiento o de virus, pero hay solución. Lógicamente demorada por esa ingente cantidad de luz que habría que recorrer. Con paciencia usted lo logra.

Creo que es lo que quiso decir Albert Camus con La Peste, donde deseó palpar un humanismo moral con forma de una rebeldía contra el poder anónimo de la desesperanza. Eligió, según recuerdo, el sacrificio de un puñado de médicos que no se rendía ante la evidencia de ese apocalipsis, de esa “revelación de la peste” en la ciudad argelina de Orán. Que ocurriera en una ciudad localizable, daba cierto realismo a esta fábula moral, inspirada en el Diario de la Peste de Daniel Defoe, este sí un escrito alcanzado por una increíble actualidad. Va recogiendo los datos de los afectados puntuales y de cómo los rodea el rumor y la fábula. No había diarios cuando ocurre esa peste en Londres en el silgo XVII. En Milán, la peste del 1600 la describe Manzoni en el clásico Los novios, como trasfondo del episodio amoroso central. La peste bubónica de Buenos Aires en 1871 debido al mosquito Aedes Aegypti -el del dengue, entonces no identificado-, es un dramático espacio histórico para reflexionar sobre lo que hoy ocurre. La fiebre amarilla modificó Buenos Aires, se consideró la peste como resultado de la guerra contra Paraguay y flotaba en el ambiente la culpabilidad presunta de los inmigrantes italianos. Se incluía la demonización de los conventillos de San Telmo. Queda el gran cuadro mitológico de Blanes, con el doctor Argerich inclinándose con su fúnebre galera ritual, ante la muerte de una inmigrante

En la novela de Camus, el sacerdote Paneloux pontifica diciendo que la peste, transmitida por las ratas, no afectará a los creyentes. Fulminará solo a los ateos. Los médicos laicos, en tanto, debaten con su propio sacerdocio. Las incógnitas éticas ante el peligro de la vida humana colectiva, y sobre los dilemas científicos cuando no alcanzan para definir lo que exige, en verdad, el concurso de un sentido de resistencia y solidaridad. Todo ocurre en Orán inspirado en una peste real ocurrida a mediados del siglo XIX.

Fabulísticamente, la historia de la humanidad es la historia de sus pestes, catástrofes y también de los miedos ante el Cordero abriendo los Siete Sellos para revelar el destino humano. La ciencia médica podrá decir, esperemos la próxima vacuna y la consecuente mutación del virus. Todos esperamos. Pero falta analizar el modo paralelo de la aparición de la lengua de los virus, esa suerte de anticristo de las computadoras y redes, planificado en las fábricas de Antivirus. El lenguaje de los grandes medios comunicacionales se presenta con una aparente inmediatez. Al suprimir ilusoriamente las mediaciones, las lejanías y el tiempo real, que es amorfo y brumosamente cotidiano, todo virus puede asumir el modo de una diseminación total. Por eso le digo, señora catequista, que usted tiene razón, no desprecio el arte escéptico de las profecías, pero no del modo panfletario en que las presenta. Ningún problema de la biología humana es solo biológico, pero si evitamos tratarlo apocalípticamente, es también muy fácil encontrarlo en los vocabularios de la diferencia social, la dominación financiera y el control de las naciones. 

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Iglesias evangélicas, franquicias de fe neoliberal

Llegadas desde los EE UU en los años 70 del siglo pasado, el avance de las iglesias neopentecostales —también llamadas evangélicas— en América Latina en las últimas décadas parece imparable.

El actual presidente de El Salvador, Nayib Bukele, político oriundo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), acaba de protagonizar un autogolpe cívico-militar y lo ha hecho con la fe del converso. Después de ingresar en el parlamento rodeado de policías y militares, se sentó en la silla presidencial y ordenó el inicio de la sesión “amparado por un derecho divino”, según propias palabras. A renglón seguido se entregó a una oración, después de lo cual abandonó la sala para salir al encuentro de cientos de seguidores que lo vitoreaban en el exterior del recinto. El mandatario ha venido contando con el apoyo explícito de las iglesias evangélicas salvadoreñas.

Asimismo, en las recientes elecciones presidenciales peruanas el Frente Popular Agrícola del Perú (FREPAP), brazo político de la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (AEMINPU) saltó al plano institucional consagrándose como la segunda sigla más votada. Poco antes, durante el golpe militar en Bolivia, la presidenta de facto —Jeanine Añez— asumió el cargo biblia en mano con una explícita declaración de fe: “Dios ha permitido que la Biblia vuelva a entrar a Palacio. Que Él nos bendiga”, proclamó. Mientras, un coronel del ejército boliviano —entre vítores— afirmaba en un vídeo “reivindico y consagro a las fuerzas armadas de Bolivia para Jesucristo”. El hecho de que, desde su Constitución de 2009, Bolivia se asuma como un estado laico, amplifica la gravedad del gesto destituyente de ambos.

La concatenación de estos episodios señala –en la esfera religiosa- una creciente influencia de las iglesias neopentecostales y el paralelo eclipse del catolicismo y, en el plano político y cultural, la cada vez más firme implantación de aquellas. Lo analiza detalladamente el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) en su informe “Iglesias evangélicas y el poder conservador en Latinoamérica”. Estas expresiones hacen gala de un discurso conservador y ultraderechista, de corte autoritario. Y se posicionan como alternativa antagónica a los movimientos populares en favor de la (re)conquista de derechos sociales y políticos perdidos y otros por conseguir en favor de sectores de reciente visibilidad, como el feminismo, el movimiento LGTBI, minorías racializadas, y excluidos en general.

Este evangelismo oficia de soporte de gobiernos neoliberales como los de Sebastián Piñera (Chile), Jair Bolsonaro (Brasil), Lenin Moreno (Ecuador), Iván Duque (Colombia), Mauricio Macri (Argentina) y al actual golpismo boliviano. Y su influencia crece de forma sostenida en República Dominicana, Costa Rica, México, Guatemala y Perú. Sus mensajes se transmiten por radio, televisión y redes sociales, a través de un aparato mediático que se financia con aportes de los feligreses y, en algunos casos, de grupos empresariales.

Para analizar las causas y alcances del fenómeno, El Salto ha consultado a Marcelo Mendes Facundes, doctor en Psicología y profesor de Psicología, Procesos Psicosociales Básicos y Psicología de la Salud en el centro universitario María Cristina de El Escorial, perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Este académico hizo su tesis doctoral y ha publicado y dado conferencias sobre el tema.

 

EL EVANGELISMO NEOPENTECOSTAL Y EL NEGOCIO DE LA FE

Mendes explica que en su implantación originaria en América Latina —inicios de los 70 del siglo pasado—, el neopentecostalismo ofició de dique de contención al avance de la Teología de la Liberación. Esta rama del catolicismo —en sintonía con los procesos revolucionarios del continente— defendía el legítimo derecho de los pobres a gozar de una existencia digna, pese a su condición de tales. En la calzada opuesta, el obispo Edir Macedo, fundador de la brasileña Iglesia Universal del Reino de Dios y promotor de la Teología de la Prosperidad (sic), sostiene: “nosotros queremos que ese hombre sea rico, que ascienda en la escala social, no queremos un pobre que acepte su pobreza”.

El entrevistado da una clave de conexión de sentido entre los valores claves del neoliberalismo y la fe evangélica: “así como hemos aprendido con Weber que el protestantismo tiene un encaje con el capitalismo, el neopentecostalismo va a tenerlo con el neoliberalismo, porque genera un ‘sujeto hecho a sí mismo’, donde el Estado no interviene”. Explica que este evangelismo se acopla de tal modo incluso a la prédica neoliberal en favor del emprendedor que admite el derecho de los fieles a abrir su propia iglesia y se autodenominen ‘pastor por revelación’ —el elemento teológico que justifica ese paso— y se conviertan en pastores evangélicos, “esto se inscribe en la lógica del capital y el consumo; cada uno puede crear su propio business neopentecostal”, aclara.

Y, en esa expansión, explica Mendes, hace gala de la misma labilidad que el neoliberalismo: “Continuamente están surgiendo nuevas iglesias evangélicas, el movimiento ha trascendido sus orígenes en la Iglesia Universal del Reino del Dios, de Edir Macedo y no se subordina jerárquicamente a ella, que tiene su propio sistema de franquiciado, un dispositivo muy parecido a las franquicias comerciales”.

 

LA MARGINACIÓN SOCIAL, CLAVE PARA LA CAPTACIÓN DE ADEPTOS

La ausencia de derechos y la marginación social unidos a la carencia de asistencia pública son datos clave para la implantación del pentecostalismo. Este opera sobre colectivos abandonados, que no tienen un espacio de existencia, y les construye ese lugar, “crea redes de apoyo mutuo entre los fieles que, al final, funcionan y hacen que, objetivamente, mejoren. Y así va tomando el espacio que debería ocupar la gestión pública”. Y agrega: “a veces operan como hospitales espirituales. Gente muy deprimida que no funcionó en los sistemas de salud y va a uno de estos sitios y se siente bien. Deja los antidepresivos y encima no está sola, tiene teatro, cine, la ficción que necesita para lidiar con la realidad, lo tiene todo ahí”.

Sin embargo, aunque actúan en “lo social”, lo hacen con una lógica antagónica a cualquier promoción de protagonismo del oprimido, todo se juega en el ámbito individual, “en el pentecostalismo hay una división cosmológica: por una parte, está ‘el mundo’, que pertenece al diablo, y por lo tanto las derivadas sociales que en él se expresan no interpelan a la iglesia, esta solo se va a ocupar del ámbito individual, donde ‘no existe’ lo social”, ilustra Marcelo Mendes. “Su formato (...) se ha mercantilizado de un modo tan potente, que es difícil discernir dónde termina lo sagrado y empieza lo profano”.

Pero, es claro que ese sujeto masacrado reacciona, sea bajo la forma de alcoholismo y drogodependencia, o de matriz delictiva, o como culpa, miedo y padecimiento. Este último estamento es candidato por excelencia a entrar en el reino de dios. Para ellos hay un repertorio expresivo con antecedentes escénicos —entre otros— en el espiritismo, a través de la práctica de rituales colectivos, donde los fieles son “poseídos” por fuerzas que no controlan, “es algo de corte medieval que traducen como posesión demoníaca —un fenómeno del cuerpo— del que ellos se hacen cargo, lo contienen y le otorgan un sentido, que en otros espacios religiosos no le dan. Ahora se les escucha y se les da un reconocimiento social. Y eso es muy potente y es la base para entender este movimiento”, agrega.

Pero el evangelismo no se limita a estas prácticas, también utiliza otros vehículos de subjetivación, algunos de matriz artística. “Siempre ha habido un prejuicio de que el pobre no necesita arte y sin embargo, estas iglesias revelan una demanda de arte, son auténticas performances con canto, ballet, música. Y es en las periferias más duras. El catolicismo clásico lo tiene muy difícil para competir con esto”, observa Marcelo.

Su formato, consustancial y mimético con el neoliberalismo, “se ha mercantilizado de un modo tan potente, que es difícil discernir dónde termina lo sagrado y empieza lo profano. El credo, después de haberse separado de las lógicas del Estado, ahora vuelve a unirse y sin que nadie se dé cuenta. De repente, casi sin percibirlo, estás consumiendo música religiosa en la calle, en la TV, es un avance muy silencioso”, describe. Y explica que el propio catolicismo, en su preocupación por no perder definitivamente la batalla, intenta aggiornarse a través de la Renovación Carismática Católica, que no es sino la neopentecostalización de la iglesia. Reacciona por la vía de generar toda una generación de nuevos curas, cantantes, presentadores de TV, que cumplen todos los criterios de este movimiento evangélico.

 

LOS ORÍGENES ANGLOSAJONES DEL FENÓMENO. EL CASO DE ARETHA FRANKLiN

El pentecostalismo forma parte de la vieja historia del cristianismo, pero en torno a 1920 aparece en Los Ángeles (EE UU) un movimiento que introduce un cambio profundo. Nace en la iglesia metodista un fenómeno que da protagonismo a gente que no tenía visibilidad social, “en la época era muy raro que una mujer, un negro o un latino ocupasen lugares de poder social, aún en el espacio de las organizaciones religiosas”, señala Marcelo Mendes. Y, en simultáneo, el espacio religioso se convirtió en una especie de hospital social, donde se curaba de enfermedades que el sistema público o privado de salud no atendía, “aunque numéricamente no fue tan importante, sí fue significativo desde el punto de vista de los fundamentos, hizo tambalear los cimientos de la iglesia metodista, la llevó a reconfigurarse y se formó un nuevo grupo”, puntualiza.

“El de Aretha Franklin fue un caso paradigmático”, recuerda Mendes. En una época en los EEUU donde era imposible que una mujer tuviera un lugar de protagonismo, “gana primero un lugar de destaque dentro de su iglesia y cuando consigue mostrar que es una cantante excepcional, la Universal compra el producto y lo lanza, pero ella ya tenía su público”, explica.

 

CHILE Y BRASIL, PUERTAS DE ENTRADA PRIVILEGIADAS DEL PENTACOSTALISMO

Este movimiento se revigorizó en los EE UU en los años 70, en simultaneidad con dictaduras latinoamericanas, como la de Pinochet en Chile y de los militares en Brasil. Desde el punto de vista sociopolítico, a estos regímenes les interesó su implantación porque, a diferencia del catolicismo y el protestantismo, no cuestiona el orden social. Pinochet autorizó su registro oficial como confesión religiosa y, según investigaciones que Mendes referencia, en Chile activó la recuperación de valores tradicionales perdidos. Al actualizar relaciones cuasi feudales existentes en el campo, “estas iglesias conseguían reproducir en la periferia de las ciudades chilenas las relaciones existentes en las haciendas. De cierta forma, estos vínculos de dominación y sumisión estaban ya dados, formaban parte del repertorio subjetivo de esos sujetos. Era algo ‘familiar’, conocido”, comenta.

En la misma época el pentecostalismo llegó a Brasil y estableció el primer contacto con la Iglesia Asamblea de Dios, en Belén, capital del estado de Pará. Pero en ese país, había dos fuerzas religiosas preexistentes, la católica que se ejercía a través de la Teología de la Liberación y las de raíz afrobrasileña. Este hecho, dificultó su implantación inicial y lo obligó a operar una renovación que cuajó en el neopentecostalismo. Después de reciclarse bajo esta nueva versión, consigue fuerte implantación local e, incluso, exporta el credo a otros países donde el flujo inmigratorio le ha servido de correa de transmisión.

Quizá Brasil sea el país donde el neopentecostalismo ha alcanzado mayor implantación y capacidad de influencia política. Se calcula que controla un 16% de la población, es decir, unos 30 millones de personas y con dinámica al alza. Marcelo Mendes describe: “tiene un canal de TV propio, la TV Record, así como en los EE UU posee la CBS. Y Bolsonaro fue elegido gracias al maquiavelismo de la bancada evangélica”. Curiosamente, como todo tiene su contrapunto, dentro del movimiento —aunque poco numerosa— también hay presencia de izquierdas, como es el caso de la diputada Benedita Da Silva, una pentecostal clásica y de Mônica Francisco del PSOL, entre otras.

 

PRESENCIA DEL PENTECOSTALISMO EN MADRID

“Lo que sucede más allá de la M-30 poco importa a los poderes y a los partidos, pero la presencia del fenómeno en la periferia madrileña es enorme. En cada boca de metro de todos los barrios hay de dos a tres iglesias evangélicas. Algunas proceden de Brasil, otras de Perú u otros sitios, dependiendo del grupo al que se dirijan”, señala Marcelo. Y ya empiezan a aparecer dentro del anillo de la M-30. La Iglesia Universal del Reino de Dios adquirió el espacio que ocupaba un cine en Atocha y abrió una sede que fue adoptando diferentes nombres hasta llegar al actual, Familia Unida, “porque ven la fuerza del concepto de familia en España, intentan capitalizar la reacción ante las políticas a favor del casamiento homosexual y las políticas LGTBI y aparecer como una iglesia que defiende a la familia tradicional española”. Mendes acrecienta, “empiezan a venir para dentro de la M-30, en la Estación Chamartín hay una para ricos, se llama Iglesia Alagoinha y es una franquicia. También hay otra en un hotel boutique que se abrió en la calle Velázquez”. 

Explica Mendes que esta iglesia se asienta en la población inmigrante y también en la gitana, aunque esta tiene su propia iglesia pentecostal —la de Filadelfia— dominada por otras lógicas internas al incorporar la cultura gitana, “aunque es la misma matriz de sujeción al sistema”. Y concluye: “Si analizamos lo que surgió en Los Ángeles en los años 20, en Chile y Brasil en los 70 y ahora aquí, encontramos parecidos: gente sin lugar ni espacio social, desamparados, sin posibilidad de construcción de una identidad propia. El evangelismo llega y se expande creando redes de apoyo donde consiguen trabajo, incluso los sin papeles, mejoran su autoestima, consiguen sobrellevar los tres años que necesitan para obtener el documento por arraigo social. Además, ofrece una asistencia mucho más potente que Cáritas. No solo da comida y abrigo, trabaja a nivel psicológico, como un coach en plan ‘tú eres hijo de dios, te ha elegido y estás aquí para crecer’. Crea un microempresario, un emprendedor y ya no se trata de un simple albañil desempleado. Son todos ‘hermanos’ que se van ayudando. Y funciona porque la gente acaba consiguiendo asistencia y decodificando las lógicas de una sociedad europea, que son muy diferentes a las de una latina”, describe.

En cuanto a su incidencia en la población española, Marcelo observa que “por el momento, su incidencia es poca. Aunque cuidado porque en Brasil, al ser de culto popular, al principio sucedía lo mismo, hasta que en los 90 se crearon las iglesias neopentecostales burguesas. Aún no sabemos si irá a funcionar, a largo plazo puede que sí, por aquello de tener un espacio para que el sujeto pueda plantearse cosas de orden psicológico da manera rápida, práctica y sin grandes compromisos”.

 

Por Alberto Azcárate

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Jueves, 06 Febrero 2020 05:42

La desesperación por ser feliz

Maneki ineko, obra de Elisa Insúa.

La promesa de felicidad capitalista, la autoayuda y el psicoanálisis

A diferencia de la autoayuda --y de los laboratorios y la religión-- el psicoanálisis no promete la felicidad, advierte el autor. En rigor, agrega, no promete nada y ahí radica su potencia, su posibilidad.

 

Nadie sabe qué es ser feliz a menos que la felicidad se defina en la triste versión de ser como todo el mundo.

Jacques Lacan

El programa que nos impone el principio de placer, el de ser felices, es irrealizable.

Sigmund Freud

Y hay que impedir que juegues para el enemigo.

Luis Alberto Spinetta

Podríamos preguntarnos para qué sirven las narrativas de autoayuda cada vez más presentes en el mercado. Un mercado necesitado de ofrecer nuevos objetos de consumo que renueven la cada vez más deteriorada promesa de felicidad que el capitalismo --junto a su gran aliado, la tecnociencia-- busca mantener viva a través de una proliferación de objetos de uso que agotan su fascinación con la velocidad con la que van aumentando las exigencias de navegación web. La respuesta podría ser: sirven para “agarrarse de algo”. “Agarrarse” es un término, un significante que nos interesa porque acentúa el carácter del objeto y su presencia en el mundo, en tanto “el mundo” --al decir siempre velado de la discursividad neoliberal-- siempre es el mundo capitalista, y más específicamente, el financiero. Dentro de ese “mundo” están los objetos que nos reenvían al sentido, en la medida en que las velocidades digitales de las operaciones financieras y los movimientos espasmódicos de las valorizaciones de bolsa y de bonos son el modelo alienante con el que se “modeliza” lo que se denomina “el estado de ánimo”. Esto muchas veces --o todas-- se lleva hacia el terreno delimitado por otro significante ultrapresente: la “autoestima”. Agarrarse de algo para recomponer una autoestima –diríamos-- completamente sometida a los vaivenes de la cotización en bolsa y la especulación financiera, tal como si el “ánimo” se hubiera convertido en una acción más altamente volátil a los vaivenes de los logros o los fracasos “productivos”. Teniendo al dinero como fetiche, todo se reduce a una escala de valorización en esos términos. Se trata de agarrarse de algo, entonces, como en la religión, cuando dios tiende una mano a través de sus consejeros en la tierra. Exactamente eso: consejeros de una religión “sin cielo”, es decir, sin fe.

También sirven para mantener la ilusión de que la felicidad es posible por medio de un aprendizaje o por medio de recetas: es una pedagogía. Luego, sirven para crear la idea de que somos todos iguales y que la felicidad sólo depende de factores “objetivos” e independientes de los condicionamientos sociales, históricos, políticos. En ese sentido se sostienen en pretensiones a-políticas. Sirven para sostener que uno mismo puede ser el artífice de su vida --paradójico desde el momento en que está necesitando el libro escrito por otro--.

Sirven también para sostener una promesa y una esperanza. Y las esperanzas son lo primero que habría que perder. La ficción pone a jugar una verdad en relación a la esperanza. Por ejemplo Zama, de Antonio Di Benedetto, que por fin encuentra lo más parecido a la libertad ahí donde alguien dijo No a sus esperanzas o Sara Gallardo en Los galgos, Los galgos cuando dice “congoja y contrición sin esperanza, y en eso reside el único consuelo”. Lacan decía que había visto a la esperanza llevar a gente al suicidio. Tan sólo algunos ejemplos en los que la esperanza sólo eternizaría una ilusión que nunca se concreta, cifrando la peor atadura y dependencia a un Ideal. La autoayuda, en ese sentido, proporciona la tranquilidad --momentánea y precaria-- de que se podría suprimir el dolor de existir, que se podría vivir sin afectación. Aunque más que tranquilidad, proporcionan una anestesia, un adormecimiento que, lejos de liberarnos, nos encorseta aún más.

Desesperación y anestesia

En ese sentido, más que una idea de la felicidad, estas narrativas tienen una buena idea de la desesperación. Hay mucha desesperación, y para el mercado, es como echarale nafta al fuego del consumo. ¿Desesperación por qué? Por agarrarse de algo. Tal vez esa desesperación se retroalimenta en la medida en que se le ofrezcan objetos como promesas de calma, sobre los que se repite el acto de consumo, sin tener en cuenta --porque queda siempre velado-- que la desesperación se presenta porque ningún consumo satisface algo de lo que se llama consumación, o realización del deseo. Es interesante lo que Freud dice respecto de los sueños que interpreta: son realizaciones de deseo. Pero eso sucede en la noche, en esa “otra vida” u “otra escena” en la que el sujeto suspende forzosamente la compulsión al consumo. Durante el día, desesperarse por ser feliz, accionar y accionar, producir y producir, cumplir con el deber, ser un soldado de la felicidad. Y la noche le muestra la solución, solamente por tener un sueño: más que consumir, consumar, realizar, satisfacer algo de ese deseo que necesita de un sueño en la clandestinidad de la noche para manifestarse, para tener lugar.

Vivimos en una época de discursos higienistas que pretenden una especie de asepsia emocional, se pretende vivir rechazando la afectación. Se pretende que la toxicidad siempre es del otro, es de afuera. Hoy se escucha que ante cualquier dificultad se recomienda “un clona”, “un rivo”, “un cuartito”. En esos nombres, en esos apodos, hay un gesto de banalización absoluta, hay una ilusoria domesticación de la medicación y, a la vez, de la angustia. Hay muchísima bibliografía actual que intenta leer los efectos de este consumo masificado y sin control de ansiolíticos, el consumo como primera opción --no estamos hablando de casos en los que sí se requiere medicación--. También la ficción, que siempre está un paso adelante leyendo estos efectos, pone en evidencia la constante pretensión de anestesiar los cuerpos y los efectos nefastos de ello. Empezando por la clásica Un mundo feliz, pasando por la película Equilibrium --que narra un mundo en el que es obligatorio por ley la inyección diaria de un fármaco que suprime emociones-- o la más reciente Black Mirror (por mencionar tan sólo algunos de los ejemplos), muestran los peligros de un mundo que, sin emociones, entre otras cosas, deja vía libre a los discursos totales y absolutos. El humor, en su filo político, también viene a subrayar un estado de cosas: los más recientes: Capusotto con Rovotril o con Nicolino Roche y sus pasteros; o el humorista Martín Garabal con el video llamado Rivo Chill-Clonazeparty.

La idea de felicidad, entonces, no está para nada desprendida de la ideología, es netamente ideológica. De hecho, Franco Berardi la llama “ideología felicista” que, además, está en total relación con el modelo productivo. Sara Ahmed, en La promesa de la felicidad, muestra el modo en que la noción de felicidad entró, en los últimos años, en los gobiernos y en las promesas de campaña. Se trata, nada menos, que de un nuevo imperativo: el de la superación personal y la voluntad. Como bien señala la autora, no deja de ser un nuevo mandato y una técnica disciplinaria. A su vez, es un paradigma normalizador ahí donde señala, siempre desde la moral, qué es lo correcto y qué no, qué es “normal” y qué no lo es.

El psicoanalista no desespera

La relación entre psicoanálisis y felicidad es muy estrecha dado que, como Freud señaló en El Malestar en la cultura, el fin y el propósito de los hombres es aspirar a la felicidad, ser felices y no dejar de serlo. Lo que sugiere Freud es que la felicidad no está en los planes de la Creación, o, como dice Lacan leyendo a Freud “para esa felicidad no hay absolutamente nada preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos”. Por otra parte, Lacan advierte que la demanda de las personas que nos consultan es una demanda de felicidad --aunque se manifiesta bajo formas diversas--. Ahí, el psicoanálisis es un poco aguafiestas y resultaría deseable que los analistas estemos advertidos de ello. Porque la apuesta analítica se encuentra en las antípodas de la promesa de la felicidad. A diferencia de la autoayuda --y de los laboratorios y la religión-- el psicoanálisis no promete la felicidad. En rigor, no promete nada y ahí radica su potencia, su posibilidad. El encuentro con un análisis quizás haga vacilar certezas que creíamos inamovibles y suscite una vida un poco menos atada a algo que suponíamos nuestro destino. Algo fundamental que vino a mostrar el psicoanálisis es que no hay deseo sin angustia. No hay posibilidad de habitar una vida más acorde a un deseo sin pasar por la angustia. La angustia es el único afecto que no engaña, decía Lacan, en el sentido en que nos posiciona en coordenadas subjetivas un poco más verdaderas y menos alienadas al Ideal. Es ahí que pueden aparecer ciertos efectos felices. Lejos de hacer una apología del malestar o de poner en juego una mirada escéptica, y mucho menos cínica, el psicoanálisis viene a darnos la posibilidad de que cese la obligatoriedad del mandato de felicidad. Es por eso que un analista no desespera, porque no consume nada de lo que el analizante le ofrece. Suspende la desesperación por la felicidad capitalista y hace de su acto la mínima acción de sostenerse en un dispositivo que se abstiene de convertirse en una gran boca que chupa o en un gran culo que caga, o en una tremenda mirada que absorbe, o en la voz de dios que se entretiene con sus modulaciones. El analista es un lugar agujereado. La no desesperación del analista aguarda sin esperar nada más que la palabra del analizante. Al final, el psicoanálisis nos posibilita la experiencia anti-capitalista de que es posible vivir sin desesperación. Y que si algo tiene que ver con la felicidad, eso sería poder salirse de la fila desesperada para ser tomado como objeto de consumo, para evaporarse en el “horno” de la línea de montaje, incluso en sus versiones digitales. El campo concentracionario de la vida diaria que --al modo de Phillip Dick-- se revela ante sus ojos como si se cayera un decorado y el “detrás de escena” quedara a cielo abierto. Cuando Freud dijo que el psicoanálisis hace de las miserias neuróticas infortunios cotidianos, mostró las escasas pretensiones de la praxis. Y es ahí donde radica el alivio de un análisis. Porque le quita al sufrimiento su épica, saca a alguien del lugar coagulado de víctima de su historia. Pasar de las miserias neuróticas al infortunio cotidiano es, finalmente, hacer que algo pase ahí donde no pasaba nada. Finalmente, la libertad tendrá algo que ver con haberse librado, al menos en parte, de lo que el capitalismo ha naturalizado después de instaurarlo con éxito: la desesperación por ser feliz.

Alguna vez Lacan dijo, y se puede leer en ese mismo sentido, que no hay que empujar un análisis muy lejos, que “cuando un analizante piensa que él es feliz de vivir, es suficiente”. Y ese feliz de vivir no es vivir feliz, sino vivir un poco más consecuentemente con lo que uno cree que desea; es vivir sin melancolizarse en la idea de que la felicidad es una fiesta de los otros a los que nunca estamos invitados, esa fiesta que siempre nos deja afuera. Feliz de vivir es aceptar la fragilidad de vivir sin garantías. 

José Luis Juresa y Alexandra Kohan son psicoanalistas.

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Martes, 11 Diciembre 2018 05:01

Teoría de la desmoralización inducida

Teoría de la desmoralización inducida

Se sabe, desde siempre, que un modo (entre muchos combinados y desiguales) para derrotar a un enemigo u oponente, radica en hacerle perder todo lo que de confianza hubiera podido abrigar respecto a su victoria. Arrebatarle su certeza, su dignidad y sus destrezas convenciéndolo (antes, durante o después de la batalla) de su insolvencia, su pequeñez, sus complejos y su inferioridad: desmoralizarlo pues. Y para ese fin se han estudiado, y se estudian, mil modos de precipitar la derrota del oponente desde las más cotidianas, y aparentemente intrascendentes, burlas, desprecios, calumnias... hasta las más sofisticadas agresiones, verbales o simbólicas, entrenadas en laboratorios de guerra psicológica. Aquí se entiende la moral como la entendía Adolfo Sánchez Vázquez. 

Bajo el capitalismo el repertorio de las “contiendas” es muy variado aunque en su base esté la manía monopólica sustancial de quién quiere eliminar del escenario toda competencia que complique la dictadura de los precios. Pero en escala mayor, la madre de todas las luchas es la lucha de clases y de ella -y para ella- se prodiga toda forma de combate desembozado o disfrazado, capaz de asegurar un “triunfo” que, además de imponer hegemonía económica esclavista sea, al mismo tiempo, rentable. Y no les importa si eso resulta ser un retroceso o descalabro monumental contra la humanidad.


Su sueño dorado sería que, en la dinámica de la lucha, los opresores pudiesen ahorrar en armas y soldados, economizar en todo lo posible y lograr que el enemigo se derrote a sí mismo (producto del engaño, la manipulación ideológica, el odio contra sus pares...) y por añadidura -no tan azarosa- sacar ganancias de ello. Sería apoteósico, no importa si con ello se despliegan las conductas más obscenas y los anti-valores más degradantes. Como las guerras.


Desarmar al enemigo antes de que se entere, hacerle creer que lucha con denuedo y luego probable su impotencia para arrodillarlo y que, además, lo agradezca... que le otorgue la razón a su opresor y que haga de la derrota una herencia “honrosa” para su prole. En las escuelas o teorías de guerra se insiste en la importancia de golpetear al enemigo hasta que pierda todo ímpetu pero, como en no pocos casos, la pérdida del ímpetu no es sinónimo del abandono de la resistencia, el capitalismo en su fase imperial pretende que el pueblo, desmoralizado, también sirva como agente de combate contra su propia clase. Para eso sirven los “medios de comunicación” que en realidad son armas de guerra ideológica. Hoy baluartes del sueño invasor más ambicioso que consiste en dominar la capacidad de ubicuidad y de velocidad. Como las “agencias de noticias” que en realidad son fábricas de falacias y linchamientos políticos.


Además de todos los repertorios de gestos gruñidos y vociferaciones intimidatorias, las estratagemas desmoralizadoras recurren a muchos de los baluartes estéticos de sus industrias culturales. Como las agencias de publicidad. Dicen que “lo lindo vende” y para sus fines de belicismo desmoralizador, inventan por ejemplo, bellezas discriminatorias que desmoralizan a quien no tiene atributos similares al estereotipo burgués. El belicismo del “lujo” no es una forma cándida de exhibir tentaciones o fetiches de ricos... es una metralla desmoralizadora que golpea la autoestima del desposeído que por serlo se siente nada.


La idea burguesa de que “en la guerra todo se vale” no es más que la legitimación de una deformación ética al servicio de la canallada. Cuando los pueblos luchan no repiten la lógica de los opresores ni reproducen sus valores de combate. Principalmente porque no luchan por negocios. Aunque la burguesía quiera convencernos de sus métodos de lucha son los mismos que “cualquiera usaría” si se dieran las condiciones, lo cierto es que la Moral de Batalla en manos de los pueblos se funda en objetivos humanistas y de justicia social cuya organización y resultados muy otros. Simplemente porque no somos lo mismo en el sentido de clase más riguroso.


Ellos, los oligarcas, mantienen su moral de lucha basados en las ganancias y en el odio de clase que aprendieron a cultivar desde hace siglos. Ellos alimentan su despareció de clase sabedores de que “el otro” es su enemigo histórico, que constituye una mayoría y que en cualquier momento asciende la conciencia de su fuerza organizándose. Y para impedir su ascenso, acicatean una crisis de dirección revolucionaria en la que las ganas y las fuerzas de la lucha se disipen. A cualquier precio. Para ellos es una inversión.


Para salvarnos como especie, y para salvar al planeta, necesitamos consolidar nuestra conciencia de clase y nuestras fuerzas simbólicas enmarcadas por un programa revolucionario y humanista de nuevo género capaz de desmenuzar toda estrategia desmoralizadora y profundizar los baluartes de nuestra moral y no la de ellos. Cuando se asume conscientemente un conjunto de principios (que se profundizan y perfeccionan en el crisol de la praxis) nada puede quebrantar la moral emancipadora. Por ejemplo: 1. Al trabajador no se lo explota. 2. La propiedad privada es obscena en un mundo de desposeídos. 3. La tierra es de quien la trabaja. 4. Prohibido manipular la educación, la conciencia y el estado de ánimo de los pueblos 5. A cada cual según sus necesidades. Las verdaderas victorias son un motor de conciencia y de moral invencibles. Son patrimonio que no admite fronteras y que anidan en los corazones de los pueblos. Ni un paso atrás. Ni un espacio descuidado. Ni una claudicación.


Combatir la Desmoralización Inducida de ninguna manera significa suspender la crítica. Todo lo contrario. Implica el ejercicio de la crítica responsable y fundamentada que salvaguarda la unidad y no le simplifica al enemigo el trabajo de destruimos. Desmoralizados somos nada. En todo caso, está por fuente nutricia la convicción de que debemos rescatar a la especie humana y al planeta del sistema económico más depredador y criminal de la historia. Está la alegría por salvar la alegría de las personas. El amor por el amor en todas sus expresiones, la importancia de la justicia social y la vida buena para todos. Está la lucha de grandes hombres, de los indispensables, que siempre es social y siempre es histórica. Está el futuro que es posible y urgente sin amos, sin miedos, sin clases sociales y sin amargura. Esta la herencia del ejemplo heredado por los pueblos y sus luchas victoriosas, antídotos todos magníficos que cultivados en colectivo son certeza de vida buena.

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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Sábado, 04 Agosto 2018 07:01

El dolor es político

El dolor es político

“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines. La convocatoria era sencilla, contundente, más abierta imposible. ¿Quién que sufre no quiere parar de sufrir? Y allí iban, para entrar en el trance de la adoración al pastor los que en ese mismo movimiento de encomendarse a las leyes intrincadas de eso llamado destino, abandonaban en simultáneo la perspectiva política del sufrimiento.


Claro que podemos hablar de angustia existencial, de neurosis, de miedo a la libertad, de fobia a la equidad, de la contingencia de la existencia humana, que es la única especie que tiene conciencia de su propia finitud. Pero quiero especificar a qué tipo de sufrimiento me refiero, porque el capitalismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por privatizar también el sufrimiento que provocan sus políticas.


Vivió en mi casa, cuando mi hija era chica y yo volvía muy tarde del diario, una chica boliviana que era pastora evangelista. Su iglesia no era electrónica ni estaba instalada en un ex cine, pero presencié en poco tiempo cómo la lógica de su vida entró de lleno en la lectura religiosa de cada cosa que le pasaba. Jesús no se le había revelado en un momento cualquiera, sino cuando estaba por quitarse la vida en las vías del tren. Fue un impulso de supervivencia. No quiero interpretar algo tan personal. Lo cierto es que siguió viviendo y consagrada a la lectura de la Biblia en cada momento libre.


Pero esto había empezado antes, cuando ella perdió las ganas de vivir. Hacía tres años que había venido de Bolivia porque era la Bolivia de antes de Evo, y necesitaba mandar dinero para una operación que tenía que hacerse su padre. Dejó allá a un novio al que amaba mucho. Cuando la conocí me dijo que estaba de novia, me habló de él, de sus sueños, de sus proyectos, aunque hacía tres años que no se veían, porque él nunca juntaba la plata para venir a verla, y porque ella cambiaba a dólares casi todo su sueldo y lo mandaba a la casa de sus padres.


Alguna vez me pregunté con escepticismo qué pasaría con ese amor expuesto a tanta distancia. Y poco después ella se enteró que él se había casado con otra mujer. Por eso aquella noche estaba caminando por las vías. Porque se le habían roto todos esos sueños y proyectos, y el motor del esfuerzo de trabajar y vivir tan pobremente para poder pagarle esa operación cardíaca al padre, se cayó. Pero cuando estaba a punto de tirarse, me contó que vio a Jesús. No tengo por qué dudar de eso. La salvó esa visión, aunque a partir de entonces fue una especie de fanática obsesiva que hizo la convivencia muy difícil. Todo era leído en clave divina. Que es lo que hacen superlativamente las nuevas iglesias neopentecostales, entre otras, que ya manejan buena parte de la educación pública en Perú, Colombia, Guatemala y otros países de la región.


El nuevo sujeto, la nueva criatura humana que buscan generar destruyendo la educación pública tiene, desde la base inicial hasta los niveles universitarios más altos, esa impronta. A través de ese tipo de religión o del conocimiento como marketing, buscan parir culturalmente a personas que busquen la explicación de su sufrimiento en motivos totalmente separados de la política.


Cada vez que recuerdo la historia de esa chica boliviana con la que conviví varios años, me pregunto cómo era posible que no pasara por su mente que esa separación fue por razones políticas. Fue por pobreza. Fue por falta de salud pública. Fue por vivir en la periferia del mundo. Fue porque sólo separándose ella podía hacerse cargo de la difícil situación familiar. Y sin embargo, cuando se lo insinuaba, eso no podía ser comprendido. Era Dios el que los había puesto a prueba, y él no la había amado tanto como para esperarla.


El discurso del amor romántico empapelaba la faz de la vida íntima, la más profunda y personal, con misterios insondables, con designios y maldiciones, con embrujos, y la volvía reactiva a advertir que su pobreza era una manera de estar, y no una manera de ser. Y que su angustia tan intensa, finalmente, era el resultado de haber nacido en un país que todavía era colonia, y donde alguien como ella, como casi todxs sus compatriotas, debía emigrar a atender niños extranjeros cuyas madres eran jefas de hogar para pagar, a miles de kilómetros de su hogar, la operación de corazón que necesitaba su padre.


“Pare de sufrir”. Una frase sintética y tan voluminosa en el interior de millones de personas vulnerables, un imperativo en momentos como éste que vivimos ahora. Porque el sufrimiento se ha multiplicado, se ha hecho intenso, insoportable. La actriz Mónica Cabrera subió esta semana a su muro una foto suya encapuchada adentro de su casa. Se muere de frío y no puede pagar el gas. Escribió un texto en un tono diferente al de los videos que sube regularmente. Después de contar su situación, terminaba: “Me están arruinando el último tramo de mi vida”.


El sufrimiento argentino no es resultado de ningún designio, ninguna tormenta, ningún defecto de ningún sufriente. Es un sufrimiento de origen político que nadie le puede pedir a un pueblo que lo acepte como su destino. No es el destino. Es Macri.

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Psicología, brutalidad policial y construcción de paz en Colombia

La brutalidad policial se está naturalizando en Colombia. El salvajismo, la violencia extrema, la deshumanización y la impunidad con que actúa, gran parte de las veces la Policía Nacional, están llegando a unos niveles sumamente preocupantes por los posibles efectos psicológicos, sociales y antropológicos que pueden llegar a desatar.

Lo que antes solo llegaba a través de fotos, muchas veces tras varios días de haber ocurrido, ahora, servidos de las redes sociales, lo verifican en tiempo real miles de miles, comprobando el actuar violento de los agentes del Estado en contra la población civil indefensa.

Actuar violento que tiene como telón de fondo una sofisticada trama de criminalización de la protesta social que ha llegado a límites extremos como lo sucedido meses atrás en la región de Tumaco, en donde fueron asesinados 9 campesinos que luchaban por el cumplimiento de lo pactado en La Habana sobre sustitución no violenta de cultivos1. O el triste caso del joven Nicolás Neira2, destrozado a golpes a manos de un nutrido grupo de agentes del Esmad3 cuando participaba de una marcha del Primero de Mayo en el año.

Los efectos psico-socio-antropológicos son bastante preocupantes, sobre todo en lo referido a la desaparición lenta de los referentes morales y de la legitimidad de un Estado que se supone protector de los derechos humanos. Cuando esto sucede se abren las puertas para todo tipo de violencias e impunidades y, al mismo tiempo, se cierran las posibilidades de construcción de una paz estable y duradera pues, quiérase o no, la violencia estatal da lugar a múltiples reacciones.

Dicha estrategia estatal de brutalidad policial, hace parte de las modalidades de guerra psicológica para generar miedo colectivo, tortura cotidiana y terror individual-comunitario a través de distintas expresiones de micro-fascismos, instaladas al interior de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas.

El proceso de tortura psicológica con la población inicia con el desprecio y la humillación verbal. Le siguen empujones, requisas indignantes, detenciones arbitrarias y tratos inhumanos de diversa índole. Finalmente, viene el uso brutal de la fuerza física con la ayuda de instrumentos estatales como las motocicletas, patrullas y camiones blindados, con los que se embiste a la población. Por supuesto, allí también se usan armas legales –estatales– para disparar gases lacrimógenos y fusiles de largo alcance, como si se tratará de una ofensiva militar contra un enemigo externo.

Estamos ante todo un proceso formativo, con el cual han construido un delicado proceso de deshumanización: el policía no ve al ciudadano como persona, lo ve como enemigo, como objetivo a ser eliminado. Es común ver grabaciones donde los agentes disfrutan su labor de violentar y reprimir con el uso excesivo de la fuerza. A mayor violencia, mayor sentimiento del deber cumplido.

Desde la psicología pueden implementarse algunas estrategias para desmontar esta política estatal atroz y contribuir con la paz, que tanto necesita el pueblo colombiano. Veamos algunas posibilidades:

Es urgente desarrollar procesos investigativos transdisciplinarios que permitan comprender la estructuración psico-socio-antropológica de la deshumanización, llevada a cabo con agentes de la Policía Nacional. Desinstalar la brutalidad implica tener una propuesta concreta de rehumanización para los agentes policiales, en su visión de sí mismos, que ellos se conciban como servidores y vean la población como objetivo de su servicio.

Impulsar una campaña nacional de prevención psicosocial hacía la desmilitarización y desparamilitarización de la vida cotidiana. Aquí debe incluirse la desvinculación de los niños y los jóvenes del conflicto armado, tal como sucede cuando se disfraza a un niño de policía o militar. Lo mismo pasa con el uso de material bélico para campañas publicitarias dirigidas a los jóvenes, tal como sucedió con el cantante vallenato Silvestre Dangond en una de sus giras nacionales.
Otra tarea urgente para la Psicología tiene que ver con su decidido compromiso de lucha ética contra cualquier forma de tortura psicológica. De tal tenor es la detención arbitraria de alguien, mediante exceso de fuerza, aislarlo sin derecho a alimento o cobija; insultarle y asustarle con amenazas o golpes físicos. También es una tortura psicológica para la familia del detenido que queda en un limbo informativo construido por la propia Policía, para dificultar la ubicación y condiciones de la detención. Un ejemplo de primera mano sucedió durante el encuentro de Psicólogas y Psicólogos por la Paz, celebrado en Bogotá en junio de 2017, uno de los psicólogos participantes fue agredido por dos agentes de policía. Durante el altercado, el colega fue acusado de “alto grado de exaltación”, y conducido en por varios CAI con el fin de dificultar el seguimiento que inmediatamente se inició por parte de sus compañeros. El colega narró posteriormente una experiencia de terror ya que fue testigo de la violencia que los agentes ejercían sobre los “habitantes de calle”, jóvenes indocumentados o borrachos caídos en las redadas.

Acompañamiento decidido y valiente a las víctimas de brutalidad y tortura psicológica por entes policiales. Sistematizar las experiencias exitosas de acompañamiento psicosocial. Evaluar la experiencia de éxito para decodificar los elementos que la componen para incluirlos en los procesos de formación psicológica, adaptada a las realidades nacionales, como lo expresa la investigación que dio lugar al libro La Psicología como engaño4.

Todo el saber de la Psicología ser dispuesta a favor de este tipo de propósitos. Desnaturalizar la violencia y la brutalidad y vivenciar la confianza en los otros. Des-incorporar el gusto con el sufrimiento del propio hermano e inventar nuevas formas de amar, valorar y cuidar a los demás.

Esa nueva afectividad política implica desarrollar una nueva ética despatriarcal y antimachista. Una nueva pedagogía de reconocimiento efectivo de los otros como hermanas y hermanos luchadores. Una nueva psicología despatoligizante, colectiva, comunitaria y política. La brutalidad policial no es una enfermedad de quienes la practican. Es una construcción social fríamente diseñada e implementada en el cuerpo y el corazón de seres humanos que tenían la posibilidad de ser algo distinto.

La construcción de la paz en Colombia es algo que va más allá de los acuerdos con la insurgencia. Básicamente significa negarnos a seguir siendo eso que la guerra nos impuso. Supone todo un desmonte de costumbres, valores, creencias, imaginarios, mentiras, impunidades, injusticias, etcétera, producidas al calor de la guerra. La Psicología puede y debe comprometerse con dicho desmontaje y al mismo tiempo puede ayudar desde sus conocimientos a promover otros tipos de subjetividades basadas en la confianza, el respeto, la justicia social, la autonomía afectiva, intelectual y relacional.

 

* Director www.catedralibremartinbaro.org
1 https://www.telesurtv.net/news/Nueve-campesinos-muertos-y-18-heridos-en-Tumaco-Colombia-20171005-0068.html
2 https://www.colectivodeabogados.org/?10-anos-del-asesinato-de-Nicolas-Neira-Entrevista-a-Yuri-Neira
3 https://www.elespectador.com/opinion/esmad-columna-698823

 
4 Disponible de libre acceso en: www.catedralibremartinbaro.o

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Sábado, 16 Julio 2016 06:21

Escuela educativa

Escuela educativa

 

Es explicable que el título de este artículo genere diversas reacciones. A algunos puede hacerles levantar la ceja; a otros, quizá, esbozar una sonrisa burlona: ¿escuela educativa? Sin duda hay escuelas que educan, pero también las hay –y muchas– que deseducan; esto lo saben bien quienes han visto con ojos críticos sus propias experiencias escolares y lo que ocurre a su derredor.

 

Los críticos de la escuela que no educa han sido muchos; algunos de los más conocidos son Iván Illich, quien abogó por la desaparición de la escuela, y Louis Althusser, quien consideró a la escuela como el "aparato ideológico número uno del Estado". Otros críticos notables fueron, por ejemplo, Célestin Freinet y María Montessori, quienes además formularon magníficos proyectos para superar los efectos antieducativos de la escuela tradicional. Son sólo algunos ejemplos de innumerables educadores de diversas latitudes. Muchos años antes, en el siglo XIX, en nuestro país distinguidos liberales hicieron críticas muy sólidas a la escuela entonces dominante, entre ellos Ignacio Manuel Altamirano e Ignacio Ramírez; sus valiosos textos son vigentes porque la escuela deseducadora que ellos abominaron subsiste.

 

Ahora los "reformadores de la educación", como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Secretaría de Educación Pública, Mexicanos Primero, Aurelio Nuño y compañía, se afanan en meter en cintura a los maestros para que las escuelas funcionen "como debe ser", que se cumpla "con la formalidad mínima", esto es, que se cumplan horarios y calendarios, que se cumplan los programas, que los maestros no falten, que "no se suspendan las clases", que se obedezca la ley. Para estos supuestos reformadores, educación es igual a escuela y escuela es igual a clases y evaluaciones (ahora extendidas a los maestros). Esta paupérrima y anacrónica visión de la cuestión educativa ha sido avalada y apoyada por el quinteto de supuestos educadores que dirigen el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). La cortedad de su horizonte lo confirma el comunicado emitido por este quinteto el pasado 7 de julio, en el cual ratifica que su preocupación y compromiso es pugnar por que la escuela garantice "aprendizajes de calidad".

 

Hoy más que nunca es urgente que la escuela vaya más allá de la pretensión de que los niños y jóvenes aprendan conocimientos y competencias. La escuela tiene que asumir la responsabilidad de educar, de "extraer" de cada niño y joven sus mejores valores y sentimientos, de generar en ellos actitudes, gustos y pasiones (¿hay algo de esto en los "reactivos validados técnicamente" por el INEE?); además, sin esto no habrá aprendizajes sólidos ni significativos. Ni la escuela puede seguir siendo un espacio burocrático evaluado con indicadores cuantitativos, ni los maestros pueden aceptar ser reducidos a la condición de instructores anodinos proletarizados.

 

Para que la escuela sea educadora, es necesario que se reconozca la educación como un complejo proceso humano entre humanos, entre personas, entre sujetos que aspiran a ser pensantes y conscientes. Nada más opuesto a esto que imponer un sistema en el que los maestros son controlados mediante el miedo y el soborno. La confianza en el ser humano es el sustrato básico de la educación; sin ella, los "educadores" se vuelven policías (como hemos visto). La escuela es uno de los pocos refugios donde hoy puede (y debe) pugnarse por combatir los antivalores que dominan a la sociedad capitalista actual: ambición, competencia, competitividad, rivalidad, ganancia, beneficio individual, consumismo, ostentación, engreimiento y frivolidad. La falsa "reforma educativa" actual "privatiza" a la escuela mexicana al introducir en ella todos estos antivalores de la llamada "iniciativa privada" (el capitalismo).

 

Es indiscutible la creciente desgana de los educandos por la escuela en sus varias manifestaciones; unas evidentes, como la "deserción" formal (en los niveles en los que los estudiantes pueden decidir por sí mismos no ir más a la escuela); otras, como el desinterés por aprender que se revela en los pobres resultados desde prescolar hasta posgrado. Esto constituye un fenómeno "cultural" que no se va a resolver sobornando a los estudiantes con becas y más becas ni sometiendo a los maestros con el auxilio de la policía y la gendarmería, porque la "causa eficaz" no son los maestros y las becas son sólo un paliativo a un problema socioeconómico irresuelto.

 

La escuela tradicional, burocrática, autoritaria, industrializada, "informadora" e informatizada nada tiene que ofrecer en un mundo como el actual, en el que la información y los conocimientos fluyen masiva y rápidamente por muchas vías. Si no pudiera cumplir con su función educadora, más valdría que desapareciera, como demandaba Illich. Pero por supuesto que puede cumplir con otra misión, con una misión trascendental: la de prefigurar y preparar otro mundo que es posible y necesario.

 

Es falso que no haya otro camino (otro mundo), como postuló la señora Margaret Tatcher y hoy dócilmente repiten los administradores y economistas que manejan este país. Ya se ha señalado que a los graves daños económicos y materiales que ha producido el neoliberalismo hay que añadir el daño "cultural", consistente en el empobrecimiento intelectual, en la reducción del horizonte humano a un economicismo que domina hoy incluso al ámbito educativo.

 

La escuela educadora tiene que trabajar a contracorriente. Uno de sus retos es generar en el estudiante la perseverancia necesaria para vencer múltiples obstáculos de diversa naturaleza: económicos, burocráticos, físicos (como el traslado). Pero sobre todo tiene que vencer el obstáculo que significan para los educandos la falta de sentido del conocimiento y la cultura en el mundo actual y la formidable tentación de la alienación en el entretenimiento y la diversión; obstáculo que podrán vencer sólo si, junto con sus maestros, asumen el reto de formarse una cultura propia y pugnar por la construcción de otro mundo.

 

 

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Miércoles, 11 Febrero 2015 07:21

Ron pa' todo el mundo

Ron pa' todo el mundo

"A medida que Venezuela se inclina a la izquierda, un magnate del ron extiende la mano a los pobres." THE WASHINGTON POST

1. Educación y semiótica libertaria

 

Los pedagogos trabajamos con las ideas, el conocimiento, las prácticas y la cultura; identificamos los rasgos morales de cada momento histórico y los tensionamos respecto a los denominados valores universales, así como las formas de opresión y las ideologías de dominación encriptadas en los mensajes, el arte, la propaganda y la publicidad.

Los profesionales de la docencia trabajamos de manera compartida la construcción de conciencia ciudadana y el lenguaje detrás de cada forma de comunicación. Esta perspectiva se nutre de lo que hemos aprendido, entre otros de los estudios culturales realizados por Henry Giroux (1943- ), la semiótica en general de Ferdinand de Sausurre (1857-1913) y la emancipadora de Fernando Buen Abad (1956- ), la resistencia docente de Bill Ayers (1944- ), el análisis semiológico de Roland Barthes (1915-1980), el currículo oculto de Jurjo Torres Santomé (1951- ), o la biopolítica de Michel Foucault (1925-1984), para solo citar a algunos de los estudiosos de estos temas a través del tiempo. En este trabajo consideramos importante que en los procesos de formación inicial de los docentes, la formación continua en el ejercicio y en la repedagogización de los docentes, sean incluidos contenidos, perspectivas de análisis y paradigmas que le posibiliten al magisterio el estudio de la publicidad a la que se ven sometidos los ciudadanos de todas las edades. La escuela es un espacio para liberar las mentes de todo tipo de prisión, incluida las que atrapan los pensamientos, los sueños, las decisiones y las conciencias condenando a los seres humanos a patrones hegemónicos y formas de vida impuestas por la ideología.

 

2. Uso del tiempo y alienación


Para el capitalismo el tiempo del hombre y la mujer constituyen un espacio de especial interés. Para el mercado y el flujo de mercancías el tiempo humano se distribuye en (a) productivo (trabajo material e inmaterial, estudio) visto este desde el momento que se sale de la casa para ir al sitio del trabajo hasta regresar a la misma; (b) ocio (familia, deporte, cultura, diversión, entre otros) visto éste como el espacio de tiempo que los seres humanos de manera activa convivimos como máquinas de consumo; y (c) el llamado tiempo muerto o el periodo en el cual dormimos.


En la perspectiva capitalista, para cada uno de estos segmentos se establece una estrategia de venta de las mercancías para que sean consumidas como necesidades inducidas o creadas. El consumo guiado ha invadido todos los espacios y esferas estando omnipresente en la realidad social. Esto construye hegemonía ideológica más allá de las resistencias concretas o de las simples declaraciones en contra.


Se consume en el lugar de trabajo, tanto productos materiales como inmateriales. El uso del tiempo de descanso en el trabajo es invadido por las cadenas de comida rápida que consideran al ser humano como un aparato que requiere el combustible que le permita moverse con el menor coste posible y la mayor ganancia; los medios de comunicación de masas (especialmente radio, tv y prensa) con su carga de publicidad y de construcción de una percepción de la realidad que coadyuve a la supremacía de la lógica capitalista; el capitalismo promueve la organización de los trabajadores en diversas formas –clubes, círculos de auto ayuda– que eviten o limiten la organización sindical que les pueda disputar a los ricos –por parte de los obreros– el plus valor por su trabajo.


El tiempo de trabajo hace al hombre y la mujer que trabajan máquinas que reciben órdenes, que ensamblan partes, que tienen la falsa percepción de producción como alienación del trabajo. Finalmente, la cotidianidad de su familia y entorno inmediato es bombardeada con estereotipos de éxito y felicidad que le hacen añorar, desear, comprar y trabajar para comprar los objetos que son sinónimos de logro y para intentar ser ese otro que se le presenta como ideal. El discurso del esfuerzo personal y colectivo se convierte en antítesis de la conciencia de la explotación en el trabajo y la apropiación del excedente de ganancia por parte de unos pocos, así como de la idea de derrota personal como sustituto de la miseria que genera el capitalismo.


El éxito representado por el empresario triunfador se vende como el ideal de persona con sus valores, costumbres e ideología. A su vez el logro de los trabajadores pasa a ser una externalidad determinada por el patrono quienes a través de diversos sistemas de recompensa determinan quien lo hace bien y quién no. El capitalismo genera seres esquizoides que usan el cuerpo y el pensamiento para intentar ser otros, y en ese proceso se les va la vida como autómatas que resisten lo menos posible. En contraposición la educación y la pedagogía liberadora deben convertirse en herramientas de construcción compartida de conciencia crítica.

 

3. Diversión y cultura del consumo del licor


Para el capitalismo neoliberal el tiempo no dedicado al trabajo alienante es un periodo potencialmente orientado al consumo. En contraposición -históricamente hablando- el humanismo ha promovido el uso del tiempo libre para el acceso a la cultura, el deporte o el compartir socialmente con la familia, amigos y colegas como sociabilidad liberadora.


El licor como cualquiera de las drogas existente antes de la industrialización y cartelización de las sustancias estupefacientes y psicotrópicas era un mecanismo para la eventual evasión ante el peso abrumador de la realidad que no se controlaba, que no se dominaba; era también un espacio para el desarrollo de formas de espiritualidad o para algunas celebraciones colectivas. Es decir, sólo en ocasiones el licor y el tiempo de ocio se cruzaban.


Al mercantilizarse la producción de alcohol se puso en marcha una potente industria cultural que fue asociando todo tiempo de ocio al consumo de estas drogas lícitas. Esto generó una cultura de la presencia permanente del consumo del licor en la mayor cantidad de actividades de ocio: la inmanencia permanente del licor en la diversión supera la trascendencia del encuentro social de la diversión y convierte su consumo en un hecho natural, cotidiano y casi obligatorio en lo social.


Enormes cantidades de ganancias generadas del consumo de licor en toda actividad de ocio –playa, encuentro familiar, deportes, efemérides, reuniones, fin de jornada laboral semanal o presentación de examen- van a manos de los capitalistas de las empresas de licores al imponerse la inmanencia del licor en el disfrute. Ello genera un sentido de la diversión que embrutece, limita las posibilidades de desarrollo de la conciencia al hacerse continúo su consumo y que arranca del bolsillo de los trabajadores el limitado fruto del plus trabajo al cual accedieron.

 

4. Licores y estratificación social


En el capitalismo neoliberal la vida se convierte en una práctica de consumo. Las mercancías se estratifican conforme las clases sociales y su capacidad de compra. Así es como uno u otro licor comienzan a ser signos distintivos de las clases sociales, el sexo o el origen geográfico; y se estratifican incluso por profesiones en esas clases sociales, por regiones o género. El consumo se estereotipa para garantizar la división de clases sociales.


En esa perspectiva el consumo de whisky suele estar asociado a los gerentes, los empresarios, los banqueros, a las capas sociales más altas. Por su parte el vino suele vincularse a los intelectuales, académicas, a los artistas es decir aquellos que trabajan con la creación. La cerveza, al igual que el anís o el ron suelen estar asociados a los trabajadores, a los obreros, es decir a las mayorías. Y el licor puro, denominado miche o caña blanca suele estar asociado a los campesinos, a los trabajadores de faenas muy fuertes en lugares inhóspitos; aunque ahora este estereotipo migró hacia los jóvenes con menos ingresos económicos o quienes lo mezclan con otras sustancias. Es decir, cada licor tiene su sello de identidad de clase asignada por el mercado capitalista.

 

5. Pugna de mercados e ideología


Los precios de los licores no sólo están asociados a los costos de producción y la etiqueta de la clase social que mayoritariamente la consume, sino al prestigio implícito que genera su consumo. En el marco de la crisis general del capitalismo, que ha implicado una reconfiguración de las posibilidades de consumo, estas premisas comienzan a ser revisadas en las estrategias de marketing.


Por ejemplo, en Venezuela el whisky se consume mucho más en el este de la ciudad capital que en el oeste de Caracas, es consumido más los profesionales de altos rangos, las élites financieras y la clase media alta. Por su parte, el ron es un licor que suele estar asociado a la clase media baja, a los trabajadores a los jóvenes, compitiendo ese mercado los productores y comerciantes de la cerveza. El beisbol, las bolas criollas, las parrillas familiares y los fines de semana en la playa generan un consumo inducido de cerveza, ron y las llamadas bebidas espirituosas en la clase media y los proletarios.


La elevación de los precios del whisky en los últimos años, les abre las puertas a los productores y comerciantes del Ron para competir con una franja importante de su mercado. Así el Ron comienza a ser publicitado como una bebida que la consumen los jugadores de juegos elitescos –apenas conocidos en Venezuela– como el Rugby , que son sinónimo de burgueses triunfadores y de buenos líderes sociales. Evidentemente, en una perspectiva clasista la publicidad del ron comienza a trabajar el mercado de los dueños del capital y la clase media alta. Una reconocida marca de Ron coloca en su portal la siguiente leyenda: "Dado que descubrimos la capacidad del rugby para mejorar la vida de la gente, no hemos dejado de tenerlo muy cerca; tan cerca que incluso hemos montado un campo de rugby dentro de nuestra hacienda" (sitio web).

 

 

6. Un trago de ron convierte la crisis en oportunidad


De hecho, la frase que subtitula este numeral, la encontramos en el portal de la empresa licorera que hemos utilizado como campo de estudio en este artículo, la cual ilustra perfectamente esta orientación. Esta empresa perteneciente a una de las más añejas familias burguesas venezolanas viene lanzando una estrategia comunicacional, que procura ganar el mercado que viene perdiendo el whisky, como resultado de los altos precios de este licor en los anaqueles. Esto sería un episodio más de la "libre competencia" entre capitalistas, si los contenidos y el diseño de la campaña publicitaria no llevaran codificada toda una concepción de clase, de ideal de ciudadanía, que incluso bordea temas de derechos ciudadanos y el propio papel del Estado en la supremacía de lo público.

Analicemos algunas de las vallas publicitarias que han colocado en distintos lugares de Caracas, así como en medios digitales. Una de ellas señala "En nuestra finca podrás perder un diente pero jamás la sonrisa". En una sola frase e imagen están reflejada una posición política, ideológica y social. Veamos cada uno de sus componentes

 

 

¿Quién es el emisor del mensaje?, ¿cuál es el lugar de enunciación de clase de esta publicidad? La expresión En nuestra finca responde estas interrogantes; quienes hablan son los propietarios, los dueños, uno de los amos del valle. Esto no es fortuito, por el contrario intenta crear identidad entre productor-propietario y el sector de clase social que se procura cambie sus gustos de consumo cuya ideología suele ser la propiedad privada, el éxito empresarial y la jerarquización del mando. La estrategia publicitaria gira alrededor no de algún deporte nacional jugado por las mayorías, sino por un deporte de élites en el país –el rugby– practicado y traído por colonos culturales del siglo XXI.

¿A quién va dirigido? Evidentemente a la población que aún no tiene gustos consolidados, es decir a los más jóvenes; así como también a aquellos que están prisioneros de la ideología de la etiqueta de clase.


El meta mensaje es que la producción del Ron no es dirigida por la gente de pie descalzo, sino por una de las familias históricamente burguesas del país; si tu lo consumes puedes estar tranquilo(a) que es un producto con el glamour de la burguesía.


El rostro que acompaña la publicidad es de un hombre de color a quien le falta un diente en la parte superior. Este es el estereotipo clásico de pobre que tiene la burguesía venezolana. Todo pobre, todo trabajador se puede resumir en la imagen de un "negro desdentado" en oposición al burgués caucásico. Desde la conquista y la colonia el amo era representado por un blanco europeo y el nativo mezclado con el esclavo representado por un negro. La pobreza que imposibilitaba al trabajador contar con una adecuada asistencia médico odontológica cerraba el anillo del imaginario de dominado: negro sin dentadura.


El meta mensaje aquí es que el trabajador en la finca es el que produce, pero al señalar "podrá perder un diente pero no la sonrisa" nos refiere a la aceptación de la dominación con felicidad; al buen esclavo que quizá pudiera llegar a entrar a la casa del amo en los tiempos coloniales. Es decir, el trabajador que considera un éxito el poder contar con un puesto de trabajo, sin preocuparse por el tema de la explotación.


En esta misma imagen se presenta al hombre de color, vestido con un uniforme de Rugby, el deporte del burgués que es asimilado por el trabajador. Es el trabajador que en sus ratos libres juega un deporte "el rugby" cuyo origen ingles, está asociado en el imaginario popular a Escocía, cuya analogía con el buen whisky escocés es más que evidente.


Es decir, este es un deporte que nació en la misma región donde se produce uno de los mejores whiskys, por ello, debemos hacernos sentir al beber este producto, el estar tomando el mejor de los licores cuando tomamos el ron producido en "nuestra finca".


Los muchachos que juegan rugby se representan como escoceses asimilados que producirán un ron con calidad de whisky. De hecho una de las frases publicitarias señala: "Jugamos Rugby hacemos Ron".


El sello de clase queda ratificado en la siguiente nota periodística reseñada en el portal de la empresa: "En Venezuela, un heredero abre las puertas de sus terrenos familiares a los pobres."[+] ESPN RUGBY

 

 

7. Si invaden nuestras propiedades invadimos sus mentes


"No se trata de rones añejos, ni de rones jóvenes. Se trata de encontrar, como en la vida misma, el equilibrio perfecto entre unos y otros. Así hacemos ron en Santa Teresa, mezclando lo mejor de los dos mundos: la vitalidad y la chispa de los jóvenes con el carácter y la robustez de los más viejos" (sitio web)

Cuando revisaba las publicidades para este artículo me volví a encontrar con el Proyecto Alcatraz que desarrolla la misma empresa licorera en Venezuela. El Proyecto Alcatraz según comentan sus promotores, ha sido objeto por parte del Reino Unido (nuevamente la región escocesa) de la distinción con el Premio Beyond Sport Award (2009) como: "mejor iniciativa de inclusión social por el uso del deporte como herramienta para promover el cambio social". Además continúan informando los promotores de Alcatraz, éste proyecto fue seleccionado por el "Banco Mundial como modelo a replicar en otros países en su lucha contra la pobreza (Conferencia sobre Juventud, Paz y Desarrollo en Sarajevo, Bosnia, 2004)".


Además señalan en la web que han "contado con el apoyo del Banco Mundial y la Bolsa de Valores de Caracas, la Alcaldía del Municipio Revenga, la Alberto Vollmer Foundation, el Banco Interamericano de Desarrollo, Produvisa, AC Fundación Venezuela sin Límites y cuenta con el decidido apoyo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) a través de su Oficina de Relaciones Externas", lo cual evidencia una excelente capacidad para alcanzar financiamiento internacional para el logro de una importante meta social. Pero respecto al Proyecto Alcatraz quiero expresar algunas preocupaciones en la misma orientación de este artículo:


En ninguna parte conseguí referencia al porqué del nombre del proyecto, razón por la cual no pude impedir asociar la denominación a la tristemente célebre prisión de alcatraz , famosa por la épica fuga que demostró que era falsa su invulnerabilidad, plasmada magistralmente en un texto que leí cuando era solo un adolescente. Espero que al indagar más al respecto, encuentre que el nombre se debe a otro tema, por lo cual pido excusas anticipadas aunque no se me pueda acusar por ello de ignorancia supina. Quizá mi posible error lo alimenta otra frase presente en dicho portal. "Proyecto Alcatraz: de villanos a caballeros"


Según refieren sus mentores, hace años "un grupo de jóvenes integrantes de una banda pretendieron atracar a mano armada a un inspector de seguridad de la compañía. Tras ser capturados, se les dio a elegir entre ir a la cárcel o pagar su delito con trabajo en la hacienda. Decidieron aprovechar esta nueva oportunidad. Y sorprendentemente, también pidieron incorporar al resto de la banda" (Extraído del sitio web de la empresa) Ello dio origen al proyecto cuya filosofía empresarial queda plasmada en la siguiente publicidad.

 

Evidentemente un consumidor ideal pareciera no tener mucho que reflexionar; eso que acostumbran a hacer mucho los libre pensadores quienes siempre han tratado de cambiar la injusticia en el mundo. Como lo señalara en una charla la profesora Liliana Luzón "la poca filosofía pareciera entonces referirse a la escaza reflexión sobre la esencia de la vida, las propiedades de los fenómenos sociales, las causas y efectos de los actos, mucho menos respecto al hombre y su papel en la construcción social. Si hay poca filosofía cada vez tendremos menos hombres que se interesen por los problemas fundamentales, desarrollando saberes y conocimientos emancipadores".


Pero volvamos al Proyecto alcatraz. Allí se muestra un discurso y práctica asociada a la responsabilidad social empresarial. Esta perspectiva de compromiso social de los sectores económicos y culturales poderosos ha sido una exigencia, una aspiración permanente del proceso bolivariano. En un mundo dominado por el consumo, la ganancia desmedida y el individualismo, toda acción que contribuya a mejorar la calidad de vida de otros seres humanos resulta ejemplarizante.


Sin embargo, como diría Santo Tomas de Aquino (1225-1274) en su Summa contra gentiles, estamos obligados a revisar las acciones que se nos presentan como buenos actos. La preocupación y voz de alerta contra cualquier utilización malsana de las urgencias ha sido reflejada en la literatura universal en todos los tiempos. Solo basta recordar la lucha entre la justicia y la perversidad, entre el bien y el mal, encubiertas en disfraces diversos que tan bien relatara el Génesis respecto al paraíso y el drama de Caín y Abel cuando el primero le responde al creador ¿ Acaso soy yo el custodio de mi hermano?, o en el Marqués de Sade (1740-1814) y la tragedia de Juliete y Justine, o en Engels (1820-1895) en su texto magistral "La familia, la propiedad privada y el Estado (1884).


Pero en términos menos literarios-filosóficos y más terrenales, surgen algunas interrogantes a partir de la declaración de inicio del proyecto Alcatraz. ¿Este procedimiento fue tutelado por el Estado venezolano y resultado de una decisión de órganos jurisdiccionales competentes? o ¿una persona de derecho privado se subrogó el derecho y el deber del Estado de administrar justicia o fue acordado mutuamente?


Esto no es un asunto menor en general y mucho menos en el proceso de construcción de un "Estado en revolución". Quien califica un delito y coloca la pena o redención de la misma son los tribunales de la República; en un Estado laico y de derecho, esta facultad es intransferible. Apuesto y confío de corazón que esto haya sido así, pero lamentablemente en el portal donde se publicita el proyecto no encontré información al respecto, que pudiera ser tomada como jurisprudencia para otros casos similares en cualquier lugar del territorio patrio. Lo recomendable seria que con el mismo orgullo que señalan las instituciones que han premiado el proyecto y los organismos internacionales que lo financian, colocaran las instituciones del Estado venezolano con las cuales están coordinando este programa.


En casi todos mis artículos planteo la urgencia de trabajar en el desmontaje de las concepciones, procedimientos y perspectiva que instaló el neoliberalismo en la década de los noventa respecto al papel del Estado, que se impulsó con fuerza a partir de libros como los de Marcel Granier (1941- ) "La generación de relevo vs. El estado omnipotente" (1984) y "Más y mejor democracia" (1987) los cuales iniciaron un desmantelamiento del Estado en América Latina y el Caribe, pretendiendo sustituirlos por las corporaciones empresariales, la llamada "responsabilidad ciudadana" y el mercado.


En el mismo portal al que venimos refiriéndonos una frase nos lleva a reflexionar: "Proyecto Alcatraz: de villanos a caballeros" (sitio web), pues la misma establece una teleología del sistema jurídico "novedosa" que sustituye la noción de ciudadanía por la de caballero. Además crea la categoría de villano, usada de manera tan amplia en la literatura mundial para identificar el delito del vasallo contra el señor dueño de la tierra. Si como dice el portal nunca fueron juzgados, ¿quién establece la categoría de villano a un ciudadano de la República?


Respecto a la administración de la "pena" o el "acuerdo privado", para la redención de la falta se establece que "Setenta y cinco jóvenes permanecen en el programa, a los cuales se les exige realizar trabajos escolares, aprender habilidades de trabajo y jugar al rugby organizado, la pasión de Vollmer" [+] THE WALL STREET JOURNAL (extraído de la web sit de RST). Ante lo cual agregan "Mr Vollmer ha convertido a este deporte de contacto extremo en parte del curriculum, pensando que era una forma en que los jóvenes delincuentes puedan descargar energía mientras aprenden el valor de la cooperación y el coraje" [+] THE WALL STREET JOURNAL (fuente citada). Amplían de la siguiente manera: "Desde aquel día [que tomaron la decisión de trabajar en la finca] , los jóvenes que antes las formaban [las bandas] y que deseaban dar un cambio a sus vidas, ahora trabajan juntos y juegan rugby en el mismo equipo; y más de 1.800 niños y jóvenes han pasado por el equipo del Proyecto Alcatraz o por el programa de Rugby Escolar Comunitario.


Mi pregunta es, que institución del Estado supervisa esta labor, para evaluarla de manera sistemática, apoyarla en lo que corresponda, sugerir modificaciones de ser necesario y registrarla debidamente para replicarla si se considera una experiencia positiva o evitar su multiplicación si ocurre lo contrario?


Si bien es una odiosa generalización señalar que todo empresario carece de compromiso social igualmente resulta preocupante cualquier generalización que estereotipe a toda una comunidad, al señalar "Antes los chicos del barrio nos veían con pistolas y jugaban con pistolas. Ahora nos ven con balones de rugby y juegan al rugby"


Así mismo, establecen unos indicadores de logro de la "redención de la pena" o el cumplimiento del "acuerdo privado" en los siguientes términos: "Pero en el tiempo que estuvieron en la Hacienda Santa Teresa no solo se dedicaron a trabajar. También jugaron rugby. Y jugando, aprendieron sus valores; y a comprometerse; a trabajar en equipo; a levantarse cada vez que caían; y a intentar mejorar siempre en todo lo que hacían". Para lo cual identifican un modelo de integración entre trabajo y deporte que plantea "en un campo donde se juega al rugby encuentras pilares, talonadores, extremos, zagueros y medio centros, entre otros jugadores. En una hacienda donde se elabora ron encuentras cortadores de caña, conductores, toneleros y maestros roneros, entre otros trabajadores. Como ves, todo es cuestión de equipo". Puntualizando que "por tratarse de un deporte de alto contacto, el rugby contribuye a canalizar la energía de los integrantes de Proyecto Alcatraz en acciones positivas para su beneficio y el de la comunidad"

Como toda acción de formación de talento humano al final se señala que "al término de este programa, los egresados de Proyecto Alcatraz pueden optar por un empleo formal en Ron Santa Teresa, en otras empresas aliadas, o continuar su formación en el Taller del Constructor Popular y en Café Alcatraz"

Un desafío presente de la educación popular, de los sistemas escolares y de la pedagogía comprometida con un proyecto emancipatorio esta en trabajar para que la melodía interpretada por Joe Arroyo (1955-2011) -que seguramente bailaremos en carnaval- no se convierta en profecía auto cumplida del capitalismo neoliberal. Por ello, en momentos de especiales retos en las construcciones de nuestras patrias y la consolidación de la patria grande, desde la pedagogía rebelde preferimos analizar las implicaciones ideológicas de la producción de 'Ron pa´ todo el mundo! ; antes que ceder pasivamente ante el avasallante peso de la publicidad capitalista.

@Luis_Bonilla_M

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