Escuelita zapatista: Aprender autonomía estando en ella

"Compañeeera", la dulce dicción del tzeltal, que arrastra ligeramente las e, suena puntual a las 5 de la mañana. Mi guardiana, Elisa, con el bebé ya fajado en el reboso, me despierta. Primera lección zapatista: la puntualidad no es una obsesión capitalista tendiente al control. Más bien no es sólo eso, en comunidad es también una buena costumbre que ayuda a la organización para hacer cosas en común.

 

Y a las 5 hay que levantarse para la cocina. Mi anfitriona a esa hora ya ha retirado el nixtamal, ha ido por agua y su marido por leña. El nixtamal debe ser molido dos veces y las tortillas preparadas, mientras el agua del café que ayer terminó de secarse y en la noche se tostó y molió, hierve. Mi anfitriona –no me atrevo a decirle "mi mamá" como hacen mis compañeros más jóvenes con las mujeres que las hospedan en sus casas, porque Irma tiene tres años menos que yo- me sienta alrededor de una mesa pegada al fogón. En el Caracol de Morelia, en la comunidad cuyo nombre es un compuesto de nombres de respeto de lo más creativo, Moisés Gandhi, por la mañana hace mucho frío. Entonces inicia mi segundo aprendizaje: la belleza es cotidiana, se despliega desde un acto y es efímera. Irma me extiende un círculo de plástico, me enseña a ponerle una bolita de masa en el centro y a dibujar una margarita perfecta, ese ojo de día cuyo disco central está en relieve y los pétalos parecen rayos. O es un sol. De todas formas, el dibujo de sus dedos en la masa es perfecto, bellísimo y dura el tiempo de ser preparado y luego ser aplastado por el palmo de la mano que extiende la tortilla. Una, dos, treinta veces, todas las mañana, la tortilla es el más puro de los mandalas.

 

Nuestras familias y nuestras guardianas (también hay guardianes, porque en la organización zapatista el estricto respeto del 50% de participación de compañeeeros y compañeeeras se extiende a todas las funciones políticas, incluidas la educación y la salud) son nuestras maestras de autonomía en este cuarto ciclo del primer grado de la Escuelita Zapatista al que fui invitada. Como lo presentí en los inicios de mi vida feminista hace cuatro décadas, hay un nexo entre autonomía y no dependencia económica. Las comunidades zapatistas saben que la construcción de un mundo no capitalista pasa por la producción de sus medios de sustento. No depender económicamente de nadie menos de sí mismos, personal y colectivamente, es un prerrequisito de la libertad de pensamiento, acción y organización. El vínculo entre autonomía y sustento es obvio y su eje por tanto es el autoabastecimiento. Recibir donaciones, aceptar financiamientos, asumir proyectos externos es un riesgo que no vale la pena correr, porque implica dependencia.

 

En las comunidades zapatistas el lema "Todo para todos, nada para nosotros" es tan profundamente incorporado a las prácticas vivenciales que ni siquiera podremos dejarle un regalo a nuestras familias, todo lo que entra a una comunidad se comparte y el afecto se construye sin vínculos de dependencia. Así a todo trabajo colectivo para la comercialización de café, ganado, maíz, pollos o frutas corresponde un precio justo cuyo ingreso va a arcas comunes para la construcción de escuelas autónomas, sin correspondencia ni incorporación a los programas de la Secretaría de Educación Pública, de centros de salud locales y aún de bancos, el zapatista y el de mujeres, para garantizarse los préstamos para las emergencias.

 

Las escuelitas zapatistas subrayan la relación entre diversidad en la educación y propuestas políticas de no alineación –y no enajenación- con la globalización hegemónica. Participé en la cuarta etapa de las escuelitas, después de que algunas estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México me comentaron su experiencia y aprendizajes. Sus palabras fueron estímulos que hoy agradezco desde lo más profundo del corazón. Organizadas para la convivencia entre "alumnas y alumnos" (las y los zapatistas nunca olvidan mencionar a las mujeres y los hombres, saben muy bien cuál es el precio de la exclusión de la mitad de la población de la visibilidad y la toma de decisiones), las escuelitas han dispersado en cuatro ocasiones a personas de México y de diversas partes del mundo en cinco Caracoles, algo así como regiones con municipios autónomos y comunidades autorganizadas en tres niveles políticos (local, municipal y de Junta de Buen Gobierno) que se despliegan desde un centro al que vuelven concéntricamente, creciendo alrededor de un eje, lenta y constantemente: Oventic, Morelia, La Realidad , Roberto Barrios y La Garrucha. En los Caracoles conviven pueblos tzeltales, tzotziles y tojolabales y hay todo tipo de clima y de producción, desde el frío que cobija al maíz y los camotes hasta las cálidas áreas del café y los mangos.

 

El primer grado de la escuelita zapatista se estableció a los diez años de la organización de los Caracoles y sus Juntas de Buen Gobierno, eso es a los veinte años de la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y a más de treinta de su conformación en la clandestinidad. La escuelita, a pesar de que su rector sea el sub-comandante insurgente Marcos, es fruto de una organización civil y no militar de las y los zapatistas. Mujeres y hombres de base, muchas y muchos de ellos nacidos durante los treinta años de formación y presencia del neo-zapatismo en Chiapas, se han preparado para referirnos sus conocimientos prácticos acerca de los temas principales de la organización civil del zapatismo: el gobierno autónomo, la participación de las mujeres en el gobierno autónomo y la resistencia. Y sus enseñanzas son sinceras, hasta dolorosamente: nunca se ahorran una crítica a sus propios errores, así como son capaces de hacer balances de sus aciertos, sus problemas y de la búsqueda dialogada de sus soluciones. Sin lugar a dudas hay zapatistas que han defeccionado a lo largo de veinte años, hasta hay menos tierras colectivas que inmediatamente después de las recuperaciones de fincas y municipios después del levantamiento armado de enero de 1994, pero quienes han permanecido en el zapatismo saben hoy cuál es el valor de la construcción colectiva de una alternativa a la violencia social y sexual, del control policiaco de las acciones ciudadanas, de la censura a la libertad de pensamiento, de lo que hace falta en el camino para la justicia.

 

En la comunidad de Moisés Gandhi, en el Municipio Autónomo de Lucio Cabañas, Caracol de Morelia, llegué con maestras, estudiantes y trabajadores mestizos mexicanos, así como con una mujer Quich'é que había entregado su bastón de mando de autoridad de los 48 cantones de Totonicapán el día anterior a su viaje para Chiapas y con un joven Plains Cree, de 27 años y con un doctorado en Estudios sobre Pueblos Indígenas obtenido en Canadá. Del 2 al 8 de enero, maestras y maestros zapatistas, haciendo pan o mostrándonos la organización de su vida colectiva, desde la ganadería en tierras comunales, hasta la pisca de café, el funcionamiento de las escuelas secundarias, los turnos en la atención de salud, nos han explicado en los tiempos lentos de la vida diurna el trabajo de autonomía que el EZLN ha realizado en sus comunidades desde hace dos décadas. No se bebe alcohol en los territorios autónomos y la drogadicción está prohibida. No obstante, nadie vive estos límites como restricciones, sino como prácticas para evitar la violencia, en particular la violencia doméstica que no es considerada un problema privado sino de la colectividad. En cuanto a la sexualidad, en teoría no hay discriminación, en la práctica sólo nos encontramos con familias heterosexuales, organizadas en función de roles de género tradicionales.

 

Cuatro libros, llamados Cuadernos de Texto de primer grado del curso de "La libertad según [email protected] zapatistas", fueron nuestra lectura indispensable, a realizar durante los días de aprendizaje: Gobierno Autónomo I y II, Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo y Resistencia Autónoma. En ellos aprendimos qué es el mal gobierno, qué son las autoridades que se autonombran para enfrentar las necesidades que toda comunidad tiene, qué es la resistencia, qué es la voluntad política de una práctica de superación de la marginación de y por género. Nuestras guardianas, así como las maestras y maestros que respondieron a nuestras preguntas el último día de clases, en las salas de reunión de nuestros Caracoles, contestaron de manera coordinada a todas las preguntas que quisimos hacer sobre los temas tratados por los libros y la escuela. A las preguntas que no se centraban en los temas de la escuelita, simplemente las desecharon.

 

Así me retuve de hacer preguntas sobre la superación de los roles de género en la vida cotidiana de las mujeres. Debido a la decisión política de las Juntas de Buen Gobierno, los cambios en la participación política de las mujeres tzeltales, tzotziles y tojolabales son evidentes, pero no así los cambios en la obligatoriedad de los roles de género. Aún hoy las mujeres son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse en cada casa de sus comunidades, debido a la cantidad de tareas no reconocidas que realizan. En mi Caracol (aunque por lo visto no es así en La Garrucha) no hay mujeres vaqueras porque eso implica demasiado esfuerzo físico. Las tareas que implican convivencia nunca son mixtas, sino siempre separadas (aunque equivalentes) entre grupos de mujeres y grupos de hombres (por ejemplo, en la atención de las clínicas los turnos son de 15 días por dos hombres y 15 días por dos mujeres, sucesivamente), cual si la enseñanza de la heterosexualidad y sus normas implicara una total falta de dudas acerca de la "natural" atracción entre mujeres y hombres.

 

Paralelamente, el gobierno autónomo sólo asume que las mujeres trabajan cuando tienen una actividad económicamente equivalente a la de los hombres en los trabajos colectivos, cual la cría de pollos que corresponde a las faenas masculinas en la ganadería. El trabajo propiamente femenino de subsistencia colectiva, que tiene que ver con la afectividad, el cuidado y la presencia, aún entre [email protected] zapatistas no está totalmente entendido en su importancia. Por supuesto, y de ello como feminista estoy convencida, eso tiene que ver con la diferencia que hay entre participar de una comunidad y construir la propia autonomía de mujer al interior de un colectivo mixto de mujeres y hombres.

Publicado enEdición Nº198
Martes, 23 Octubre 2012 20:03

Rafael Pombo, poeta nacional

Es muy raro el colombiano que no conoce a Rafael Pombo o que no sepa un fragmento al menos de alguno de sus cuentos infantiles, por lo que realmente se lo recuerda. En el imaginario del colombiano está presente este poeta y esos cuentos. Pero es muy importante recordarlo en lo multifacético que fue, además de poeta, como traductor, pedagogo, defensor de la mujer, el que luchó por la construcción de una nación, el poeta antiimperialista, matemático, ingeniero y diplomático, en fin, el poeta romántico y figura cimera de la literatura colombiana. ¿Se puede decir que, después de 100 años de muerto, Pombo hace parte del imaginario de lo que significa ser colombiano?

José Rafael Pombo y Rebolledo nació en Bogotá en 1833 y murió a los 79 años, el 5 de mayo de 1912, en la misma ciudad. De familia que representó a la aristocracia de Bogotá y Popayán, de donde eran sus padres, además de provenir de importantes familias españolas. Participó en la Sociedad Filotémica de Conservadores contra el gobierno de Hilario López, en 1851, y en 1854 combatió contra el gobierno de Melo. En 1855 viajó a los Estados Unidos, donde vivió durante 17 años. Su origen y sus posiciones políticas no desdicen de su significado para la cultura nacional colombiana. Rafael Pombo hace parte de esa cultura y del ser colombiano.

Su obra está representada en 14.000 poemas, en seis tomos, no todos ellos de importancia literaria; son básicamente acrósticos, y felicitaciones matrimoniales o de bautizos, pero hay allí importantes trabajos sobre la mentalidad predominante en el siglo XIX de Bogotá, como dijo Darío Jaramillo Agudelo, pero aun así fue un gran poeta.

Fue un vate romántico, según dicen sus críticos, tal vez de los más grandes de América, pues vivió en los tiempos de José Asunción Silva y su “Nocturno”: “Una noche,/ una noche toda llena de murmullos,/ de perfumes y de músicas de alas”. De su amigo poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, autor de Memorias sobre el cultivo del maíz”: “la flor de la batatilla, la flor sencilla, la modesta flor, y de Diego Fallón y su poema “La luna”:

Ya del oriente en su confín profundo
la luna aparta el tenebroso velo;
y leve sienta en el dormido mundo
su casto pie con virginal recelo

Para muchos, el mejor poema de la literatura colombiana, por encima de Pombo y Silva, que es mucho decir.

Pero Pombo ideó un poema donde imagina cómo serían los sentimientos de una mujer enamorada.

Ese poema es “Edda”, que comienza así:

Mi amor
Era mi vida el lóbrego vacío:
Era mi corazón la estéril nada;
Pero me viste tú, dulce amor mío
Que creome un universo tu mirada.
A ese golpe mis ojos encontraron
Bella la tierra, el ánima divina;
Mundos de sentimientos en mí brotaron
Y fue tu sombra el sol que me ilumina.
Si esto es amor, oh, joven, yo te amo.
Y si esto es gratitud, yo te bendigo,
Yo, mi adorado, mi señor, te llamo,
Que otras te den el titulo de amigo.

Pombo es el único poeta que logra la auténtica expresión de lo romántico:

la duda,
la angustia, el desarraigo,
la búsqueda del ideal, el misticismo.
El grandioso poema “Hora de
tinieblas”, de 1855, es el más
romántico y existencial de los poemas colombianos y
latinoamericanos:

“¿Quien te hizo, Dios?
¿por qué, di,
cómo, dónde y cuándo vino
privilegio tan leonino
a corresponderte a ti?
¿Por qué no me tocó a mí
ese poder de poderes?
¡Ay! Siendo lo que tú eres,
no fuera el mundo cual es
o aplastara con mis pies
tan triste enjambre de seres”.

Junto con los poemas “La noche”
y “Noche de diciembre”:
Noche como esta, y contemplada a solas
No la puede sufrir mi corazón:
Da un dolor de hermosura irresistible
un miedo profundísimo de Dios.

Pero su poesía evoluciona más allá, a la sátira contra la sociedad, la rebeldía religiosa, sus temas populares y nacionalistas, sus cuentos infantiles y de lecciones escolares. Como el poema para enseñar a leer bien, sobre todo a los tartajosos o tartamudos como “Doña Pánfaga” lleno de esdrújulas.

Utilizó el costumbrismo como una manera de oponerse a lo foráneo, que en Pombo, que vivió en los Estados unidos, en Nueva York, cuando ese país se preparaba para ser imperialista, lo marcó y desarrolló posiciones nacionalistas y antiimperialistas. Véase el poema “Los filibusteros”, de 1856, en que se opone al pragmatismo, el materialismo y la carencia de sentimientos de honor, y lo enfrenta a las cualidades latinas de espiritualismo e individualismo. O el poema “El bambuco”, costumbrista y nacionalista:

“Para conjurar el tedio
De este vivir tan maluco
Dios me depare un bambuco
Y al punto, santo remedio…”

¿Entonces, que significan, “Los cuentos pintados” y “Los cuentos morales para niños formales”? “Los cuentos pintados” son los más conocidos: “El pardillo”, Simón el bobito”, “Pastorcita”, “Juan Chunguero”, “La pobre viejecita”, “El gato bandido”, “El renacuajo paseador”. Todos, llenos de musicalidad y auténticos elementos populares que le dan riqueza a la cultura nacional.

Se ha dicho que son copias, cuando en realidad “Simón el bobito” y “El renacuajo paseador” son adaptaciones de cuentos en inglés, pero extraordinarios. Fue adaptador, no imitador, como dice Facio Lince: “Un traductor es un coautor”. O Borges: ”El error consiste en que no se tiene en cuenta que cada idioma es un modo de sentir el universo o de percibir el universo”. Sus fábulas refieren sobre todo la manera de ser del colombiano, y por eso son crónicas de las mentalidades, como de Bogotá.

Para algunos fue o es lo que para los franceses Lafontaine, el fabulista, y hoy lo que sería en competencia con los comics y los juegos electrónicos para niños. En 2008 se publicó el CD “Pombo musical”, en homenaje al poeta, producido por Carlos Vives, quien junto con varios artistas canta los poemas del poeta bogotano.

La obra de Pombo es de crisis, como era de crisis la sociedad que avanzaba inevitablemente del semifeudalismo al capitalismo, a la necesidad del lucro y la modernidad, pero también es de optimismo y de mostrar que, si bien se venía el cambio, también se mantienen ciertas tradiciones. Gran sensibilidad, imaginación e inspiración hicieron de Rafael Pombo el poeta nacional.

Para consultar y conocer la obra de Pombo
18 poemas de Rafael Pombo, selección de Darío Jaramillo Agudelo.
“Cuentos pintados y morales”, “Cajón de Cuentos”, Panamericana, diciembre 2008.
Manual de Historia de Colombia, tomo III, 1979, Bogotá.
Rafael Pombo, La vida de un poeta, Beatriz Helena Robledo, 2005, Vergara.

Publicado enEdición 185
Cuando uno envejece, deja de tenerle miedo a la duda. La duda ya no te controla. Uno se saca de adentro esa agonía. ¿Qué te pueden hacer después de que cumpliste setenta años?

Hay que guiarse por la primera impresión. Como dijo Jerry Fielding: “Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Mi padre tuvo un par de hijos al principio de la Depresión. No había mucho trabajo. No había ayuda del Estado. La gente apenas salía adelante. La gente era mucho más dura y resistente entonces.

Vivimos en una generación mucho más maricona, donde todo el mundo se acostumbró a decir: “Bueno, ¿y cómo manejamos esto psicológicamente?”. En aquellos días, solamente le dabas un puñetazo al que te molestaba y te lo sacabas de encima. Incluso si el tipo era mayor y te podía empujar, al menos se te respetaba por enfrentarlo, y a partir de entonces te dejaban tranquilo.

No puedo decirte exactamente cuándo empezó la generación maricona. A lo mejor cuando la gente se empezó a preguntar sobre el sentido de la vida.

De haber sido más disciplinado, me habría dedicado a la música.

Uno se pregunta a veces, ¿qué haríamos si pasa algo realmente grande? Miren qué rápido, sólo siete años, y la gente ha sido capaz de olvidar el 11 de septiembre. Quizá lo recuerden los que perdieron a un pariente o a un ser querido. Pero nadie se olvidó rápido de Pearl Harbour.

Recuerdo haber comprado un viejo hotel en Carmel. Entré en el ático y vi que todas las ventanas estaban pintadas de negro. “¿Qué está pasando acá?”, les pregunté a los anteriores dueños. Me dijeron que pensaban que los japoneses navegaban frente a la costa durante la guerra.

En El sustituto traté de mostrar algo que rara vez se ve estos días —un chico sentado mirando la radio—. Sólo sentado frente a la radio, escuchando. Tu mente hace el resto.

Recuerdo haber visitado una cascada gigante en un glaciar de Islandia. La gente estaba ahí sobre una plataforma de roca para verla. Estaban con sus chicos. El lugar no estaba cerrado, sólo había un cable que prohibía pasar de un determinado punto. Me dije a mí mismo: “En Estados Unidos tendrían un cerco a prueba de huracanes, porque tendrían miedo a ser demandados y recibir la visita de un abogado”. Allí la mentalidad era como solía ser en EE.UU. en los viejos tiempos: si te caés es porque sos estúpido.

No se puede evitar que las cosas sucedan. Pero en Estados Unidos lo intentamos, ciertamente. Si un auto no tiene cuatrocientas bolsas de aire adentro, entonces no sirve.

Tuve un tema con la municipalidad. Fui y me encontré a una mujer sentada ahí tejiendo, nunca levantaba la vista. Yo pensaba: esto no puede ser. Cuando te eligieron para un cargo público, al menos tenés que fingir que te interesa lo que va a reclamar la gente.

Fui intendente de Carmel para asegurar que las palabras “servidor público” no fueran olvidadas. El hecho de que no necesitara serlo me hizo pensar que podía hacer más. La gente que me resulta sospechosa es la que lo necesita.

Alguien como Barack Obama era inimaginable cuando yo era chico. Count Basie y muchas grandes bandas venían a Seattle cuando era yo era joven. Podían tocar en el club, pero no podían frecuentar ni ser clientes del lugar.

Uno debería llegar a conocer a alguien realmente, realmente ser un amigo. Mi esposa es mi mejor amiga. Seguro, ella me atrae de todas las maneras posibles, pero ésa no es la respuesta. Porque me he sentido atraído por otra gente, pero después de un tiempo no pude soportarlas más.

Tengo hijos de otras mujeres que no son mi esposa. Tengo que darle el crédito a Dina por reunir a todos. Nunca tuvo el rollo de ego de la segunda esposa. Tiene una relación amistosa con mi primera esposa y con mis ex novias. Ha sido extremadamente influyente en mi vida.

No soy uno de esos tipos que han sido terriblemente activos en las religiones organizadas. Pero no les falto el respeto. Nunca trataría de imponerle mis dudas a otra persona.

Los chicos te enseñan que uno puede sentirse humilde ante la vida, que puede aprender algo nuevo todo el tiempo. Ese es el secreto de la vida, realmente, nunca dejar de aprender. Es el secreto de una carrera. Sigo trabajando porque aprendo algo nuevo todo el tiempo. Es el secreto de las relaciones: nunca creer que se tiene todo.

Los chicos que se hacen piercings, en la cara, en la lengua: ¿qué tipo de masoquismo es ése? ¿Es para demostrar que pueden soportarlo?

Estábamos haciendo En la línea de fuego y John Malkovich estaba en lo más alto de un edificio y me tenía en una situación muy precaria. Mi personaje está enloquecido y saca un arma y la entierra en la cara de John, y John rodea con la boca el cañón del arma. No sé qué tipo de símbolo loco fue ése. Ciertamente no ensayamos nada como eso. Estoy seguro de que él no lo pensó cuando lo estábamos practicando. Solamente estaba ahí. Como cuando Sir Edmund Hillary habla sobre por qué se hacen las cosas: porque están ahí. Por eso se escala el Everest. Es como un pequeño momento en el tiempo, y tan rápido como entra en tu cerebro, uno lo arroja y descarta. Hay que hacerlo antes de descartarlo. Así es como el arte verdadero tiene una oportunidad de entrar en juego.


Así respondió en diciembre Clint Eastwood a la célebre sección “Lo que sé” de la revista norteamericana Esquire.

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