Martes, 23 Octubre 2012 20:03

Rafael Pombo, poeta nacional

Es muy raro el colombiano que no conoce a Rafael Pombo o que no sepa un fragmento al menos de alguno de sus cuentos infantiles, por lo que realmente se lo recuerda. En el imaginario del colombiano está presente este poeta y esos cuentos. Pero es muy importante recordarlo en lo multifacético que fue, además de poeta, como traductor, pedagogo, defensor de la mujer, el que luchó por la construcción de una nación, el poeta antiimperialista, matemático, ingeniero y diplomático, en fin, el poeta romántico y figura cimera de la literatura colombiana. ¿Se puede decir que, después de 100 años de muerto, Pombo hace parte del imaginario de lo que significa ser colombiano?

José Rafael Pombo y Rebolledo nació en Bogotá en 1833 y murió a los 79 años, el 5 de mayo de 1912, en la misma ciudad. De familia que representó a la aristocracia de Bogotá y Popayán, de donde eran sus padres, además de provenir de importantes familias españolas. Participó en la Sociedad Filotémica de Conservadores contra el gobierno de Hilario López, en 1851, y en 1854 combatió contra el gobierno de Melo. En 1855 viajó a los Estados Unidos, donde vivió durante 17 años. Su origen y sus posiciones políticas no desdicen de su significado para la cultura nacional colombiana. Rafael Pombo hace parte de esa cultura y del ser colombiano.

Su obra está representada en 14.000 poemas, en seis tomos, no todos ellos de importancia literaria; son básicamente acrósticos, y felicitaciones matrimoniales o de bautizos, pero hay allí importantes trabajos sobre la mentalidad predominante en el siglo XIX de Bogotá, como dijo Darío Jaramillo Agudelo, pero aun así fue un gran poeta.

Fue un vate romántico, según dicen sus críticos, tal vez de los más grandes de América, pues vivió en los tiempos de José Asunción Silva y su “Nocturno”: “Una noche,/ una noche toda llena de murmullos,/ de perfumes y de músicas de alas”. De su amigo poeta antioqueño Gregorio Gutiérrez González, autor de Memorias sobre el cultivo del maíz”: “la flor de la batatilla, la flor sencilla, la modesta flor, y de Diego Fallón y su poema “La luna”:

Ya del oriente en su confín profundo
la luna aparta el tenebroso velo;
y leve sienta en el dormido mundo
su casto pie con virginal recelo

Para muchos, el mejor poema de la literatura colombiana, por encima de Pombo y Silva, que es mucho decir.

Pero Pombo ideó un poema donde imagina cómo serían los sentimientos de una mujer enamorada.

Ese poema es “Edda”, que comienza así:

Mi amor
Era mi vida el lóbrego vacío:
Era mi corazón la estéril nada;
Pero me viste tú, dulce amor mío
Que creome un universo tu mirada.
A ese golpe mis ojos encontraron
Bella la tierra, el ánima divina;
Mundos de sentimientos en mí brotaron
Y fue tu sombra el sol que me ilumina.
Si esto es amor, oh, joven, yo te amo.
Y si esto es gratitud, yo te bendigo,
Yo, mi adorado, mi señor, te llamo,
Que otras te den el titulo de amigo.

Pombo es el único poeta que logra la auténtica expresión de lo romántico:

la duda,
la angustia, el desarraigo,
la búsqueda del ideal, el misticismo.
El grandioso poema “Hora de
tinieblas”, de 1855, es el más
romántico y existencial de los poemas colombianos y
latinoamericanos:

“¿Quien te hizo, Dios?
¿por qué, di,
cómo, dónde y cuándo vino
privilegio tan leonino
a corresponderte a ti?
¿Por qué no me tocó a mí
ese poder de poderes?
¡Ay! Siendo lo que tú eres,
no fuera el mundo cual es
o aplastara con mis pies
tan triste enjambre de seres”.

Junto con los poemas “La noche”
y “Noche de diciembre”:
Noche como esta, y contemplada a solas
No la puede sufrir mi corazón:
Da un dolor de hermosura irresistible
un miedo profundísimo de Dios.

Pero su poesía evoluciona más allá, a la sátira contra la sociedad, la rebeldía religiosa, sus temas populares y nacionalistas, sus cuentos infantiles y de lecciones escolares. Como el poema para enseñar a leer bien, sobre todo a los tartajosos o tartamudos como “Doña Pánfaga” lleno de esdrújulas.

Utilizó el costumbrismo como una manera de oponerse a lo foráneo, que en Pombo, que vivió en los Estados unidos, en Nueva York, cuando ese país se preparaba para ser imperialista, lo marcó y desarrolló posiciones nacionalistas y antiimperialistas. Véase el poema “Los filibusteros”, de 1856, en que se opone al pragmatismo, el materialismo y la carencia de sentimientos de honor, y lo enfrenta a las cualidades latinas de espiritualismo e individualismo. O el poema “El bambuco”, costumbrista y nacionalista:

“Para conjurar el tedio
De este vivir tan maluco
Dios me depare un bambuco
Y al punto, santo remedio…”

¿Entonces, que significan, “Los cuentos pintados” y “Los cuentos morales para niños formales”? “Los cuentos pintados” son los más conocidos: “El pardillo”, Simón el bobito”, “Pastorcita”, “Juan Chunguero”, “La pobre viejecita”, “El gato bandido”, “El renacuajo paseador”. Todos, llenos de musicalidad y auténticos elementos populares que le dan riqueza a la cultura nacional.

Se ha dicho que son copias, cuando en realidad “Simón el bobito” y “El renacuajo paseador” son adaptaciones de cuentos en inglés, pero extraordinarios. Fue adaptador, no imitador, como dice Facio Lince: “Un traductor es un coautor”. O Borges: ”El error consiste en que no se tiene en cuenta que cada idioma es un modo de sentir el universo o de percibir el universo”. Sus fábulas refieren sobre todo la manera de ser del colombiano, y por eso son crónicas de las mentalidades, como de Bogotá.

Para algunos fue o es lo que para los franceses Lafontaine, el fabulista, y hoy lo que sería en competencia con los comics y los juegos electrónicos para niños. En 2008 se publicó el CD “Pombo musical”, en homenaje al poeta, producido por Carlos Vives, quien junto con varios artistas canta los poemas del poeta bogotano.

La obra de Pombo es de crisis, como era de crisis la sociedad que avanzaba inevitablemente del semifeudalismo al capitalismo, a la necesidad del lucro y la modernidad, pero también es de optimismo y de mostrar que, si bien se venía el cambio, también se mantienen ciertas tradiciones. Gran sensibilidad, imaginación e inspiración hicieron de Rafael Pombo el poeta nacional.

Para consultar y conocer la obra de Pombo
18 poemas de Rafael Pombo, selección de Darío Jaramillo Agudelo.
“Cuentos pintados y morales”, “Cajón de Cuentos”, Panamericana, diciembre 2008.
Manual de Historia de Colombia, tomo III, 1979, Bogotá.
Rafael Pombo, La vida de un poeta, Beatriz Helena Robledo, 2005, Vergara.

Publicado enEdición 185
Cuando uno envejece, deja de tenerle miedo a la duda. La duda ya no te controla. Uno se saca de adentro esa agonía. ¿Qué te pueden hacer después de que cumpliste setenta años?

Hay que guiarse por la primera impresión. Como dijo Jerry Fielding: “Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Mi padre tuvo un par de hijos al principio de la Depresión. No había mucho trabajo. No había ayuda del Estado. La gente apenas salía adelante. La gente era mucho más dura y resistente entonces.

Vivimos en una generación mucho más maricona, donde todo el mundo se acostumbró a decir: “Bueno, ¿y cómo manejamos esto psicológicamente?”. En aquellos días, solamente le dabas un puñetazo al que te molestaba y te lo sacabas de encima. Incluso si el tipo era mayor y te podía empujar, al menos se te respetaba por enfrentarlo, y a partir de entonces te dejaban tranquilo.

No puedo decirte exactamente cuándo empezó la generación maricona. A lo mejor cuando la gente se empezó a preguntar sobre el sentido de la vida.

De haber sido más disciplinado, me habría dedicado a la música.

Uno se pregunta a veces, ¿qué haríamos si pasa algo realmente grande? Miren qué rápido, sólo siete años, y la gente ha sido capaz de olvidar el 11 de septiembre. Quizá lo recuerden los que perdieron a un pariente o a un ser querido. Pero nadie se olvidó rápido de Pearl Harbour.

Recuerdo haber comprado un viejo hotel en Carmel. Entré en el ático y vi que todas las ventanas estaban pintadas de negro. “¿Qué está pasando acá?”, les pregunté a los anteriores dueños. Me dijeron que pensaban que los japoneses navegaban frente a la costa durante la guerra.

En El sustituto traté de mostrar algo que rara vez se ve estos días —un chico sentado mirando la radio—. Sólo sentado frente a la radio, escuchando. Tu mente hace el resto.

Recuerdo haber visitado una cascada gigante en un glaciar de Islandia. La gente estaba ahí sobre una plataforma de roca para verla. Estaban con sus chicos. El lugar no estaba cerrado, sólo había un cable que prohibía pasar de un determinado punto. Me dije a mí mismo: “En Estados Unidos tendrían un cerco a prueba de huracanes, porque tendrían miedo a ser demandados y recibir la visita de un abogado”. Allí la mentalidad era como solía ser en EE.UU. en los viejos tiempos: si te caés es porque sos estúpido.

No se puede evitar que las cosas sucedan. Pero en Estados Unidos lo intentamos, ciertamente. Si un auto no tiene cuatrocientas bolsas de aire adentro, entonces no sirve.

Tuve un tema con la municipalidad. Fui y me encontré a una mujer sentada ahí tejiendo, nunca levantaba la vista. Yo pensaba: esto no puede ser. Cuando te eligieron para un cargo público, al menos tenés que fingir que te interesa lo que va a reclamar la gente.

Fui intendente de Carmel para asegurar que las palabras “servidor público” no fueran olvidadas. El hecho de que no necesitara serlo me hizo pensar que podía hacer más. La gente que me resulta sospechosa es la que lo necesita.

Alguien como Barack Obama era inimaginable cuando yo era chico. Count Basie y muchas grandes bandas venían a Seattle cuando era yo era joven. Podían tocar en el club, pero no podían frecuentar ni ser clientes del lugar.

Uno debería llegar a conocer a alguien realmente, realmente ser un amigo. Mi esposa es mi mejor amiga. Seguro, ella me atrae de todas las maneras posibles, pero ésa no es la respuesta. Porque me he sentido atraído por otra gente, pero después de un tiempo no pude soportarlas más.

Tengo hijos de otras mujeres que no son mi esposa. Tengo que darle el crédito a Dina por reunir a todos. Nunca tuvo el rollo de ego de la segunda esposa. Tiene una relación amistosa con mi primera esposa y con mis ex novias. Ha sido extremadamente influyente en mi vida.

No soy uno de esos tipos que han sido terriblemente activos en las religiones organizadas. Pero no les falto el respeto. Nunca trataría de imponerle mis dudas a otra persona.

Los chicos te enseñan que uno puede sentirse humilde ante la vida, que puede aprender algo nuevo todo el tiempo. Ese es el secreto de la vida, realmente, nunca dejar de aprender. Es el secreto de una carrera. Sigo trabajando porque aprendo algo nuevo todo el tiempo. Es el secreto de las relaciones: nunca creer que se tiene todo.

Los chicos que se hacen piercings, en la cara, en la lengua: ¿qué tipo de masoquismo es ése? ¿Es para demostrar que pueden soportarlo?

Estábamos haciendo En la línea de fuego y John Malkovich estaba en lo más alto de un edificio y me tenía en una situación muy precaria. Mi personaje está enloquecido y saca un arma y la entierra en la cara de John, y John rodea con la boca el cañón del arma. No sé qué tipo de símbolo loco fue ése. Ciertamente no ensayamos nada como eso. Estoy seguro de que él no lo pensó cuando lo estábamos practicando. Solamente estaba ahí. Como cuando Sir Edmund Hillary habla sobre por qué se hacen las cosas: porque están ahí. Por eso se escala el Everest. Es como un pequeño momento en el tiempo, y tan rápido como entra en tu cerebro, uno lo arroja y descarta. Hay que hacerlo antes de descartarlo. Así es como el arte verdadero tiene una oportunidad de entrar en juego.


Así respondió en diciembre Clint Eastwood a la célebre sección “Lo que sé” de la revista norteamericana Esquire.

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