Martes, 20 Agosto 2013 11:27

Banksy, el graffiti como (bella) arte

Banksy, el graffiti como (bella) arte

Hay obras que quieren durar años, centurias, acaso para siempre. Es el delirio de sus autores o padres. Las obras que quieren durar centurias quieren ser apreciadas por miles y millones Y hay también obras que sólo duran minutos. O un par de horas. En el mejor de los casos, unos días. Ahí se sitúa el graffiti. Borrados poco después por empleados públicos de limpieza, o por la policía, o por los servicios de seguridad privada. Obras que sólo alcanzan a ser apreciadas por unas cuantas personas.

 

Es justamente con respecto a obras de alta caducidad y poca permanencia cuando entra en juego y cobra todo su valor el análisis de Walter Benjamin: "La obra de arte en la época de la reproducción técnica". Pues bien, es gracias a los registros que la obra pasajera se hace duradera en el tiempo.

 

Un ejemplo diáfano: el teatro; pero también la danza. Y esas formas que son el performance, los happening, las video-instalación, los juegos de rol, las citas del arte, los flashmob, y sí: con total seguridad, el graffiti. Arte perecedero, arte del instante, el instante siempre, por definición, pasajero.

 

Pero viéndolo bien, no hay nada infame en esto. Si no, vale recordar los famosos jardines zen en Japón, Corea y China (principalmente). El arte y la estética zen en los que, en este contexto, cabe resaltar el ikebana, el origami, varios de los budō, y ante todo los jardines zen ("karesansui"). Jardines secos. Arte que se destruye para poner en evidencia la futilidad de la vida humana.

 

En otro plano y parámetro, Sartre: "El hombre, una pasión inútil". Sí, pero pasión, al fin y al cabo.

 

Pues bien, el graffiti, nacido en metrópolis y grandes urbes, en barrios de hacinamiento y marginalidad, en calles nocturnas con ambientes opacos, es como una contracara del espíritu zen. Eso: contra-cara.

 

Nueva York o Brasilia, México D.F. o Caracas, Bogotá o Buenos Aires, por ejemplo, esconden incluso calles de graffiti, y se organizan ya circuitos académicos y turísticos alrededor de ellos. Cabe echar una mirada a una avanzada conspicua de la estética del graffiti: Banksy.

 

Banksy: un nombre. Durante un tiempo, el misterio de un equipo, el sueño de un colectivo, acaso como en matemáticas el caso de Bourbaki. Un grafitero que crea un lenguaje, un arte compuesto de altos y finos ingredientes.

 

Veamos la pintada que acompaña a este texto. Sobre una montaña de armamentos, una pareja de niños —la inocencia y el futuro—, cada uno abrazado a su muñeco de peluche favorito, conversan. Así como sólo lo saben hacer los niños. Con esa facilidad y esa espontaneidad única en la existencia. (¡Se hacen amigos tan fácilmente entre los niños! Los adultos no aprenden de verlos...). Y un globo en forma de corazón, en rojo naturalmente, para marcar el contraste, se eleva, inhiesto, por el aire. Sensibilidad fina. Una síntesis perfecta de nuestro mundo... y la vida. El futuro que emerge y se contrapone al pasado y al presente.

 

La técnica es conocida y de elementos económicos: pinturas con aerosol, con tiza, esténcil, materiales urbanos. Sin título, enmarcados en el paisaje urbano mismo. (Al tiempo rápido del graffiti y a la economía de sus medios no faltará quien diga, con algo de acierto, que el graffiti se corresponde con los tiempos y la cultura del fast food. Bueno: fast food y, por tanto, junk food).

 

 

Arte del graffiti. Toda una expresión alternativa, una contracultura. Los muros como páginas de la ciudad. El aerosol como el pincel del cemento y el ladrillo. Y siempre el color. En fin, los muros, el lienzo urbano por excelencia.

 

Los muros como el caballete improvisado y aprovechado. Las calles de la ciudad, usualmente impersonales, se convierten, intramuros, en voces que claman y quieren ser escuchadas. La voz anónima de muchos grafiteros cuya firma sólo es conocida por los "insiders". Para los "outsiders" es "un grafitero más". Eso: anónimo. El autor no importa: análogamente a como en la Edad Media. Antes que se inventara al individuo, y por tanto al autor, o al artista.

 

Los muros son el terreno de controversia y debate entre la publicidad oficial y mercantilmente correcta, y la reacción y resistencia de quienes aguantan y no se dejan vencer. Quienes verdaderamente afean nuestras ciudades, calles y muros son las compañías, medianas y grandes, que, para decirlo de manera breve, generan contaminación visual. Contaminación e hiperconsumismo. Hiperconsumismo y dependencia.

 

Graffiti: manchas y gritos, espasmos de pintura e hiperventilación visual y colorida.

 

Graffiti con plantillas prediseñadas, en cartón o plástico. O una idea concebida algún tiempo antes y plasmada en la pared, o en el piso. O un marasmo y suspiro largo aprovechando el momento, haciendo de la oportunidad una eternidad pasajera.

 

Arte que, en el caso de Banksy, se hace en cuestión de largos segundos o cortos minutos. La transgresión tiene su propio tiempo oportuno. El tiempo oportuno: ese tiempo que no tiene tiempo.

 

Y ese rasgo desafiante de Banksy, la inmensa mayoría de sus personajes —adultos o niños, mucamas o policías, ratas o textos— miran de frente, sin ambages, al espectador. Interpelación directa y sin dilaciones. La bola cae en el campo del espectador: le corresponde a él o ella jugar ahora. Claro, si entiende el juego. ¡La mayoría de la gente (ya) no juega!

 

Bien vale la pena, aunque de manera rápida, echar un vistazo (detenido) por varios de las pintadas de Banksy.

 

El protestador que se cubre el rostro con un pañuelo y lanza flores —verosímilmente— contra la policía. La niña que abraza una bomba, y la ama, aplacando así la destrucción de la bomba. Los dos policías hombres —el símbolo de la fuerza y la machía en el mundo— abrazados, besándose, declarando su amor en sincero abrazo. El policía que "snifea" un hilo largo de cocaína a lo largo de muchas calles, atravesando el espacio público. El guardia de policía de la realeza dejando su fusil a un lado y capturado in fraganti orinando, mirando a "la cámara". O el mismo guardia trazando la clásica "A" en círculo de los movimientos anarquistas, o escribiendo, en otra escena, "Dios salve a la reina", un graffiti, a su vez.

 

La mucama que oculta la mugre bajo un mantel, de manera furtiva pero mirando al espectador, acaso en actitud desafiante. O el empleo de carteles, sellos y signos oficiales para invertirlos autorizando el área para lugar de graffiti. Y claro, otros grafiteros interactuando, dialogando, consecuentemente. O las diversas "área de picnic", "área de protestas", en lugares inverosímiles y prohibidos. La inversión del orden. Inversión completa: upside-down. Las áreas de recorte para oponerse a muros y valladas, a lugares sucios e inmundos, por ejemplo.

 

La vida cotidiana y privada, el momento histórico y la conciencia ecológica, la tecnología y la política, los movimientos sociales y la iniciativa personal; son muchos los motivos de la obra de Banksy. Porque, en el caso de este artista, así se llama ya: obra. Con los elementos —a veces cuestionables— de lo que hace una obra en la línea de los estudios de Danto.

 

Y mucha sensibilidad también. Buen humor, sensibilidad y cultura: los ingredientes o marcos de una buena inteligencia.

 

 

Sin embargo, lo que hay en Banksy es además una fina sensibilidad que va más allá —bastante más allá, de hecho— del estilo, del tagging o hitting o del throw up. En estilo formal, el de Banksy es una mezcla de art graffiti y lema.

 

Un ejemplo de la sensibilidad puede apreciarse en esa pintura de una niña, en perfil blanco y negro a la que el viento le arrebata un globo rojo mientras su mano se extiende en dirección a la esfera que se escapa. Pero con seguridad el contraste más fuerte se puede ver en algún poema de Banksy (love poem) o en alguna de las breves historietas, como la de la abejita laboriosa y el oso mielero. Para no mencionar esa clase de aforismos que el artista plasma ocasionalmente aquí y allá. "La clave para hacer buen arte consiste en la composición", por ejemplo. O: "Preocúpate por las estupideces" (Mind the crap), significativamente pintado a la entrada de la muy prestigiosa galería Tate.

 

Hay humor en Banksy, mucho humor. ¿No se ha dicho que la buena inteligencia siempre va acompañada de buen humor, y que es lejana al espíritu adusto y de gravidez? Los ejemplos aquí son numerosos. Basta con echar una mirada, desprevenidamente a su obra. A propósito, ese estupendo libro que es Banksy. Wall and Piece (2006). Paradigmática-contradictoriamente publicado por Century, una división editorial de Random House. El libro contiene menos graffiti del que está disponible en internet. El establecimiento. Personalmente no veo ninguna incompatibilidad. La justificación queda para otro espacio. (El sitio es en realidad la respuesta a un mal video que circula por internet de/sobre Banksy mismo).

 

Pues bueno, buena parte de ese humor tiene que ver con la burla al sistema de control y espionaje de las cámaras y los circuitos cerrados de televisión. Frente a la sociedad y al estado panóptico antes, e incluso más radicalmente que, la protesta, está la burla. La burla y la ironía. Los poderes siempre, históricamente, han sido impotentes frente a ambas. Véase esa magnífica historia de Banksy sobre los dos pintores de la corte.

 

De Sócrates a Voltaire, de Shakespeare a Banksy; para no hacer aquí una lista.

 

El graffiti y Banksy, la voz de los sin voz, la presencia de los invisibles, la belleza de lo subterráneo. La irrupción de lo inesperado. Una reencarnación de Heráclito, el Oscuro de Éfeso. Con Banksy y los grafiteros, en efecto, cabe recordar a Heráclito: sólo quien espera lo inesperado hallará. Pues el modo de existencia es exactamente ese: la sorpresa y el asalto, la irrupción y la emergencia. La novedad y lo inesperado. Frente al mundo regular, estable, controlado y predecible de la normalidad. En donde, en rigor, estrictamente, ya no hay vida.

 

No en vano, la casi omnipresencia de las ratas en muchos de los graffiti de Banksy. ¡Las ratas, esa maravilla de la adaptación por lo demás! ¡Enorme ventaja selectiva, por tanto! (Es inevitable pensar en este contexto en Paul Auster, en esa pequeña joya que es El país de las últimas cosas, por ejemplo. Humor y contingencia).

 

El graffiti, el distanciamiento (análogamente como en Brecht) del aburrimiento. Del espíritu de pesadez, de esa insoportable levedad del ser (Kundera), o del desasosiego (Pessoa). En fin el graffiti, ese arte maldito; exactamente en la misma longitud de onda de la literatura maldita (Genet, otro de ellos, olvidado o proscrito, a veces).

 

Las ratas, esa especie maldita, justamente, y que si alguien reivindica como actor propio, ni siquiera como alusión o evocación, es Banksy. Las ratas, como bien diría Nietzsche, ese animal que produce rechazo e histeria en las mentes afeminadas —en el fuerte sentido nietzscheano, justamente—. Ratas que pintan o advierten, que juegan o irrumpen, ratas o ratones transgresores; esa especie tan mal comprendida sólo porque no es una especie carismática. Excepto, claro, cuando son objeto de investigación en los laboratorios. En fin, las ratas, el anagrama del arte.

 

El graffiti en una palabra: ese arte del desparpajo. Facilidad para esparcir, en este caso, mensajes y formas, expresiones y gritos, composiciones y espacios. Esparcir, regar al viento, dejar que las cosas germinen a su ritmo. Tiempo propio, ausencia de desespero. Juego con la aporía, en realidad: libertad de las paradojas. La antípoda del pensamiento analítico y jerárquico, clasificador y formal.

 

Como bien sostiene el propio Banksy, el graffiti es peligroso tan sólo para tres tipos de personas: los políticos, los ejecutivos del mercadeo y la publicidad, y los escritores o pintores de graffiti.

 

Y por otra parte, "algunos se hacen policías porque quieren un mundo mejor. Otros se hacen vándalos [grafiteros] porque quieren que el mundo sea un mejor lugar para ver".

 

El graffiti significa y comporta la vez, la importancia y el significado de la emergencia. El significado y la importancia de la autoorganización. Unos grafiteros que superponen trazos a pinturas anteriores.

 

Política, estéticamente, el graffiti es la mejor expresión de la iniciativa de la sociedad civil. Pues la policía siempre va a la zaga. La policía y los servicios de pintura y lavado de fachadas.

 

Arte político, en efecto, pero no de política militante, sino política de vida. Que aquella instrumentaliza y es pasajera. Esta se proyecta en el tiempo, como el tiempo mismo.

 

Las izquierdas del mundo no llegaron en el pasado nunca, y no han llegado aún, a reconocer el carácter libertario, revolucionario, libre e ilimitado del movimiento de los grafiteros. La izquierda tradicional, con sus métodos de organización anquilosados y siempre tayloristas y fordistas, contradictoriamente. Esa izquierda de carné y militancia. La estética de los grafiteros la superaron: lo cual supone para aquella actualizarse y nutrirse de más y mejor pensamiento.

 

Y en el otro extremo, puede decirse, esos grafiteros de tiza en el piso; más artísticos a plena luz del día. Para no mencionar, la pixação brasileira, que merece, dada su riqueza, un espacio propio, aparte.

 

Como bien lo ha señalado Bajtin: los graffiti son heteroglósicos. Dependen del contexto. Es acción local en el horizonte del mundo. Por eso mismo el graffiti de una ciudad o país no se entiende enteramente en otro país o ciudad. Incluso no de una época o momento al otro. Con lo cual cabe perfectamente hablar ya, como es efectivamente el caso, de una historia del graffiti.

 

No hay nada qué hacerle: el graffiti es, efectivamente, clandestino y subversivo, contestatario y alternativo. Pero no por sí mismo; sino, como sucede siempre en la sociedad, por los modos normales de la cultura. La normalidad y la institucionalidad son la madre del levantamiento y la protesta, de la subversión y la resistencia.

 

"La gente que se levanta temprano en la mañana son causantes de guerras, muerte y hambrunas", afirma Banksy. Comprender que nuestras acciones, todas, tienen consecuencias, consecuencias de largo alcance, generalmente imprevistas. Eso se llama Karma.

 

Siempre los muros. Arrugados o lisos, cerrados o anónimos. Sin olvidar jamás, después de la caída del Muro de Berlín, el muro que rodea al territorio palestino: motivo de numerosos graffiti: necesariamente.

 

Un lugar propio merecen esos agujeros de luz y espacio en los muros, allí donde no existen, creando la sensación (no ilusión) de libertad y negación de la facticidad. Esa es una de las mejores posibilidades del arte. Contra los muros de la infamia.

 

En cualquier caso, el graffiti significa la distancia con respecto a obras de arte (relativamente) icónicas. Contra el arte elitista y la elitización del arte. Cuyo cenit es la llamada obra de arte única e irrepetible. (Un tema ciertamente difícil). Y también una distancia contra la posesión única del arte, y los coleccionistas. Cuando la gente va a las galerías de arte, se trata en realidad de turistas que están mirando el gabinete de trofeos de los millonarios, sostiene con agudeza el artista.

 

No hay nada que hacerle: mientras el cine ha sido perjudicado por la televisión, y la pintura por la fotografía, el graffiti, sostiene Banksy, permanece inalterado por el progreso. Con el tiempo, en el caso de Banksy, varias de sus obras se venden en subastas en Sotheby's, o han comenzado a entrar en colecciones permanentes —que es una puerta de entrada para tantos, numerosos grafiteros en el mundo entero—, mientras siguen siendo considerados como tolerancia cero. Y muchos de ellos asesinados por los cuerpos policiales y las evidencias alteradas.

 

Mientras tanto, Greenpeace ha usado alguna obra de Banksy para sus campañas. Es arte con impacto social; una esfera más amplia y fuerte que el simple impacto académico, científico o artístico. Que es lo mejor que le puede suceder a un artista o autor: ser, en el mejor de los sentidos, usado. (En la academia existe un eufemismo para lo mismo: ser citado).

 

Hay tanto graffiti como barra o pandilla (gang), grupo o calle (casi). Desde esos tiempos idílicos de West Side Story. Y hace de los muros y paredes su lienzo y caballete. Las paredes y muros que son siempre símbolos de límites y fronteras, de distancia y anonimato, de defensa y seguridad. Sin olvidar incluso, como en el caso de Banksy, a las vacas pintadas. Vacas y cerdos. Y cubiertas de barcos. Rocas y cuadros inventados en lugares adustos. La superficie en fin convertida en calidez y significación. En mensaje y medio, en medio y fin.

 

El graffiti es la transvaloración de la pared y el muro, de la superficie misma. Transvaloración que, en este caso, apunta al arte, y a la vida.

 

Lo que molesta del graffiti a las buenas conciencias no son las pintas en las paredes —"que las ensucian"—, sino que es una estética de vandalismo simbólico.

 

Y los consejos acerca de la pintura con esténcil. No precisamente técnicos: es, si cabe, el manifiesto político del graffiti. O una propuesta. Exactamente en el espíritu y la letra de Anonymous.

 

De la pintada a la pintura. Ulteriormente, el graffiti como una de las bellas artes.

 

http://www.revistamilmesetas.com/banksy-el-graffiti-como-bella-arte

 

Sobre Banksy

http://www.banksy.co.uk

 

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Carlos Eduardo Maldonado. Profesor titular de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia. Autor de numerosos libros, artículos y ensayos sobre ciencia, política y cultura. Ph.D. en Filosofía por la Universidad Católica de Leuven (KU Leuven, Bélgica). Postdoctorados en Universidad de Cambridge, Universidad Católica de América (Washington, D. C.), Universidad de Pittsburgh.

Publicado enColombia
Sábado, 22 Junio 2013 15:19

El Teatro La Candelaria en sus 47 años

Maestro Santiago García

Han transcurrido 47 años desde que el Teatro La Candelaria presentó su primera obra: "Soldados", adaptación de Carlos José Reyes de la novela "La casa grande" de Álvaro Cepeda Zamudio. Era el año 1966 y un grupo de artistas e intelectuales, entre los que se contaban los aún actores del Teatro: Fernando Mendoza, Francisco Martínez, Patricia Ariza y el director y dramaturgo Santiago García, fundaban la Casa de la Cultura en la Carrera 13 con calle 20 en el centro de Bogotá. Este lugar se convierte en el primer escenario de los "Candelarios" y de la movida cultural e intelectual de Bogotá, Años después se trasladan a la reconocida casa de la calle 12 con 2 en el Barrio La Candelaria..

 

A "Soldados" le siguieron títulos memorables como "Maravilla estar", "El paso", "El Quijote", "Los diez días que estremecieron al mundo", "La trasescena", "Guadalupe años sin cuenta" y "Antígona". En general, el Teatro La Candelaria ha presentado a diversos públicos de Colombia y del mundo algo más de 50 obras, entre repertorio original y obras clásicas, piezas que le han valido el reconocimiento de la cultura colombiana y de América Latina por su dramaturgia inteligente, mordaz, con gran solidez actoral y el difundido método de la Creación colectiva.

 

La gran vocación del Teatro La Candelaria ha sido, desde siempre, escenificar un teatro popular que le hable a los colombianos de sus problemas cotidianos, que reflexione sobre la realidad del país. De ahí el reconocimiento que le hacen con permanencia los teatreros de todo el mundo.

 

En la actualidad el Teatro La Candelaria está conformado por 12 actores y actrices que han resistido con profunda convicción y amor por el teatro "las duras y las maduras" pero manteniendo el ritual que bien relata Santiago García en el libro de Adriana Llano "Candelaria adentro" (2008):

 

"Todas las mañanas nos reunimos a crear; y casi todas las semanas, de miércoles a sábado llegamos a las 6 de la tarde a preparar las funciones de temporada. La mayoría de las veces la sala está llena; trabajamos con la metodología de la creación colectiva, que para nosotros, más que un método es una actitud; la actitud de creer y crear con el otro y con la otra, de respetarse y en la total divergencia".

 

En junio

 

"El paso, o la parábola del camino" (1987) será la obra con que se conmemora el aniversario 47 del Teatro La Candelaria. Es una de las obras más apreciadas dentro de la dramaturgia colombiana, una creación colectiva dirigida por Santiago García.

 

Con 25 años en las tablas, esta cruda y humana pieza teatral explora el tema de la llegada del narcotráfico a Colombia. El encuentro del mundo campesino y nostálgico con el mundo de los personajes oscuros que llegan a una lejana cantina.

 

"El paso" estará en temporada desde el miércoles 19 al sábado 22 de junio, manteniendo el espíritu que la obra mostró en su estreno en 1987.

 

* Teatro La Candelaria, Calle 12 N° 2 – 59

Teléfono: 2 814 814.

Taquilla: $10.000 estudiantes y $20.000 general

Publicado enEdición 192
Sábado, 25 Mayo 2013 10:38

Julio Flórez: el poeta del pueblo

Julio Flórez: el poeta del pueblo

Nos emociona para siempre el hombre, el poeta que soñó para su tumba este epitafio: Julio Flórez, colombiano.

Eduardo Carranza

 

Se cumplen 90 años de la muerte de Julio Flórez, acaecida el 7 de febrero de 1923 en Usiacurí, Atlántico, y quien había nacido 56 años atrás –1867–, en la ciudad de Chiquinquirá, Boyacá.

 

Quien descollara años después por su lírica, era una persona de provincia, de familia liberal poco acomodada, que llega a la capital del país, donde la opresión política a la que fue sometido alimenta su rebeldía contra el orden cultural imperante. Con los años y las experiencias vividas se consuma como un impenitente que no se deja encasillar por la Iglesia ni por la política. El cansancio y la melancolía, junto con su rebeldía, fueron elementos de su creación literaria como expresión de su tiempo: las guerras civiles, como las de 1885 y la de los Mil Días, pero también la pérdida de Panamá.

 

Por su escritura e irreverencia con el poder, fue llamado depravado, morboso, blasfemo y ateo. Fue condenado al ostracismo por sus consideraciones políticas, y por presión del Presidente Rafael Reyes fue obligado a vagar, sin rumbo fijo, por Centroamérica y Europa.

 

Para entender a Flórez se deben revisar las guerras civil que una y otra vez desangran el país y enfrentan al pueblo contra el pueblo, para beneficio de una casta; para comprenderlo se debe tomar en cuenta el hambre que padecen las mayorías del campo, y con todo ello, comprender el sufrimiento que embarga al pueblo.

 

Así, con este contexto, se puede entender el sufrimiento de Flórez por su país y por los desposeídos. De ahí que su público preferido sean las sirvientas, los lustrabotas, los indígenas y campesinos, las lavanderas de los ríos, el chino de los mandados, el “indio de la zorra”, el de los caballos, y los “nieblunos”, casta de pobres rumbo a la ruina. Los artesanos, sastres, modistas, ebanistas, talabarteros, los colonos y los pescadores llevaban sus poemas a otras regiones del país, y también a otros países. Sus versos se cantaban en esa incomunicada, semicolonial y feudal Colombia. Por eso ese pueblo olvidado lo consideró su poeta.

 

Fue excomulgado por el obispo de Bogotá por considerar blasfemos sus versos, “La muerte de José Asunción Silva”, leído el día del entierro del suicida:

 

“Lejos de las paredes envejecidas
Que guardan el silencio del campo santo,
Lejos de las plegarias, lejos del llanto,
Se ven las sepulturas de los suicidas.
[…] Bien hiciste en matarte: sirve de abono
Y, a la tierra fecunda. Si no hay clemencia
Para ti, nada importa: ¡yo te perdono!”.

 

Pero no sólo esto. Fue censurado por Miguel Antonio Caro, cuando en 1885, en una velada de caridad en el teatro Colón, Flórez quiso leer un poema titulado ¡Oh, poetas!:

 

“¡Nosotros, los cansados de la vida,
Los pálidos, los tristes,
Los que vamos sin rumbo en el mar hondo
De la duda, entre escollos y entre sirtes”.

 

Su popularidad era inocultable. Sus poemas no solo se publicaban en revistas y periódicos sino también en almanaques, postales, y hojas sueltas. Era un intelectual que no cuadraba dentro de lo que se suponía que era un intelectual, y por ello decían que no era poeta sino trovero popular, el “poeta de las sirvientas”.

 

Sin duda, era otra de las maneras en que el poder se vengaba de su pluma irreverente y no sometida. Pero él no la dejaba secar. Cuando conoció Bogotá en todas sus facetas –las guerras, el acomodamiento, la miseria, la discriminación social–, sufrió de pesimismo que él mismo describió: “Me cansé de encontrar mezquindad en todas partes, fealdad moral, pocioncillas peores que las grandes pasiones, de ahí el inmenso pesimismo de mi obra conocida”.

 

Pesimismo al que también contribuyó el régimen represivo de Arístides Fernández –el cabo de la policía elevado a gran señor– Ministro de justicia: en los clubes, o bares populares no se podía hablar de política so pena de ir a parar al panóptico, como le sucedió a Flórez y a su amigo, el músico Emilio Murillo. A ese personaje le escribió unos versos, que en parte dicen:

 

Al chacal de mi patria


“Lástima que mi estrofa a ti descienda
Y tenga que azotar tus desnudeces,
Porque, di: ¿no es verdad que no mereces
Tanto, en esta fatídica contienda?”

 

Sin embargo, se consideran los siguientes versos como una verdadera declaración de la manera de pensar y sentir la vida por parte del colombiano:

 

Todo me llega tarde

 

Todo nos llega tarde ¡hasta la muerte!
nunca se satisface ni se alcanza la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más fuerte.

 

Todo puede llegar, pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia; la alabanza, cuando está ya la inspiración inerte.

 

La justicia nos muestra su balanza
cuando los siglos en la historia vierte
el tiempo mudo que en el orbe avanza.

 

Y la gloria, esa ninfa de la suerte,
sólo en las viejas sepulturas danza.
¡Todo nos llega tarde, hasta la muerte!

 

Julio Flórez fue fundador de La Gruta Simbólica, con poetas como Diego Uribe, Maximiliano Grillo, Luis María Mora, Roberto Mac-Douall, Clímaco Soto Borda, Enrique Álvarez Henao y Víctor M. Londoño. La anécdota de su fundación refleja la condición política del momento: siete amigos fueron detenidos por andar charlando, en horas de la noche, por la calle, caminar y charla sin salvoconducto, sabiendo que el país estaba en estado de sitio. Logran no ser llevados a la cárcel sino a la casa de un amigo, donde pasaron la noche en tertulia literaria, tomando vino moscatel.

 

Entre los poetas de su corriente fue el más pesimista de todos, pues todos ellos bohemios por gusto, sentimiento y política, hablan del desengaño, la amargura, mezclados con arrebatos místicos y bellezas ideales, no solo de los amores sino de la sociedad y la condición que les tocó vivir. Flórez era más romántico que modernista, cuando el capitalismo alzaba vuelo en el país y, por lo tanto, se suponía que lo romántico no tenía sentido.

 

Su trabajo literario está recopilado en diez libros: Horas (1883), Casta de lotos y manojo de Zarzas (1906), Cardos y lirios (1907), Fronda lirica (1910), Gotas de ajenjo (1909 –publicado en 1943), Oro y ébano (publicado en 1943), Haz de espinas, Flecha roja, y De pie los muertos; también aparece Mi retiro, Año harmónico y La voz del río. En todo caso, otros muchos poemas quedaron por ahí volando, unos con música de pasillo o bambuco, varios con firma de otros artistas de Colombia y del extranjero. Tuvo la literaria influencia del español Gustavo Adolfo Bécquer y del francés Víctor Hugo.

 

Su libro más famoso “Gotas de Ajenjo”, agrupa versos aún hoy recordados. Como no traer a la memoria su inmortal pasillo, letra y música,

 

“Mis flores negras”:

 

“Oye; bajo las ruinas de mis pasiones,
En el fondo de esta alma que ya no alegras,
Entre polvo de sueños y de ilusiones
Brotan entumecidas mis flores negras”.

 

Pero también, esa belleza de poema-canción, titulado “Tus ojos”:

 

“Ojos indefinibles, ojos grandes,
Como el cielo y el mar, hondos y puros;
Ojos como las selvas de los Andes:
Misteriosos, fantásticos y obscuros”.

 

Sus poemas más famosos –además de lo ya relacionados– todavía recordados hoy: La araña, A mi madre, Abstracción, Resurrecciones, Ley implacable, ¿Ves esa vieja?, Idilio eterno, y Boda negra. Sin olvidar los versos recogidos en su último libro “Oro y Ébano”, un trabajo más elaborado.

 

Como cualidad que puede lograr el escritor, el literato, el poeta, Julio Flórez también logró representar la colombianidad, ya que sus versos resumen el sentimiento del pueblo que habitaba el país, como su esperanza, pero también la rebeldía, melancolía y pasión. Y el pueblo se identificó con él. Cuando fue coronado de laureles en Usiacurí –Atlántico–, lo hicieron reconociéndolo como el poeta nacional popular. Según Rafael Maya, “Todos veían en Flórez a un especie de iluminado y de profeta, que sabia decir salvajemente sus amores, y que cantaba con abundancia tropical cosas que estaban en el corazón de todo el mundo, pero que nadie vertía de manera tan evidente e inmediato como aquel hombre de finos mostachos y de ojos incurablemente tristes, que manejaba la retórica del dolor y de la desesperación con insuperable precisión dramática”.

 

Y en su verso lo reafirma el poeta:

 

En el monte

 

“[…] A mi patria, sumida en sus tristezas,
Mi lira de oro y ébano le di,
Ella a mi no me ha dado ni riquezas,
Ni honores, no, pero su llanto sí”.

 

Referencias:


Julio Flórez, “Todo nos llega tarde”, Gloria Serpa-Florez de Kolbe, Planeta, Bogotá, 1994.
Julio Flórez, “Obra poética”, Ed. Minerva, Bogotá, 1970.
Julio Flórez, “Cuadernillos de poesía”, Ed. Panamericana, Bogotá, 1997.
Julio Flórez, “Poesía escogida”, Ancora Ed., Bogotá, 1988 (prólogo y selección de Harold Alvarado Tenorio).

Publicado enEdición 191
Sábado, 25 Mayo 2013 10:33

Colores que se mueven entre sombras*

Colores que se mueven entre sombras*

Un breve recorrido por la vida y obra del artista plástico palmirano Eduardo Esparza, quien generosamente nos abrió las puertas de su taller, y que al son de Richie Ray, entre anécdotas, piruetas de trompo y pandebono, nos enseñó su prolífica y sugestiva obra, que al igual, dice, que los expresionistas: “somos los artistas que pintamos con las entrañas, con el sentimiento, con la berraquera, de cómo interpretamos esta sociedad, de que es lo que nos duele, de que es lo que nos atormenta… pero no solo pintamos el dolor…también la rumba, también la vida, también el goce, también el erotismo”.

 

“Los artistas somos las antenitas sensibles del latir de este país” decía Eduardo Esparza en su taller en Tabio, municipio cercano a Bogotá, mientras aplicaba una capa de tinta sobre una pieza de madera minuciosamente labrada, para luego, tal como un sello, dejar impresa una huella en la memoria colectiva del país. Así fue, por medio de la xilografía1, que las más grandes obras de los expresionistas alemanes, contaban las atrocidades de las guerras sufridas. Y que Esparza, sumergido en su taller, trabaja en su más reciente serie: Los Visibles (o la danza de las desapariciones2).

 

“En nuestro país, con tanta tragedia y tanta muerte, la izquierda perdió la risa” continuaba Esparza, tal vez inspirado por un disco de Richie Rey y Bobby Cruz, Sonido bestial, que sonaba de fondo. “(…) pero yo creo que habría que volver a recuperar eso. Nosotros éramos mamagallistas… somos mamagallistas!”, tras cavilar un rato, y sin parar de aplicar tinta a su pieza de madera grabada, continúo: “yo creo que tenemos que empezar por renovar nuestro lenguaje (…) el término izquierda y derecha… esa vaina la venimos usando desde hace más de cien años!… tenemos que empezar a hablar del ser humano, de humanismo, de solidaridad, de demócratas (…)”. Al mismo tiempo que terminó de hablar, se detuvo en su labor y nos dijo: “bueno yo creo que esta vaina ya está!”. Calcó la pieza de madera en un papel especial, Fabriano, rico en algodón y que según cuenta, lo han elaborado los italianos por más de doscientos años. Se retiró a un rincón del taller y recogió una cuchara de madera, que según él, se la dio Jorge Velosa, y que ahora le sirve para frotar la hoja puesta sobre la pieza de madera impregnada en tinta. Antes de empezar a frotar, sonó el ritmo de clave (ta-ta-ta-ta-ta) con la cuchara al son de Ana Mile del Grupo Niche. Y nos contó que cuando la cuchara no está en el taller haciendo música o frottage, está en la cocina revolviendo el sancocho… Una vez terminado el traspaso de la huella al papel, impecable trabajo de filigrana, puso su firma junto con la serie y nos mostró la obra: “Esparza, Visibles 35, 2013”3.

 

Subimos al segundo piso del taller, donde tenía sus más recientes obras, y que gustosamente compartió con nosotros. Cada obra tenía su historia, su vida propia, su propio universo… fue un espléndido viaje lleno colores intensos y expresivos, donde predominaban formas volátiles, encendidas, insinuantes y punzantes. Y que contrastaban con su última serie, a blanco y negro, los visibles: flotantes sombras mutiladas que pareciera que se resistieran a extinguir, una especie de muerte resurgida, de luces entre sombras, de memoria y de esperanza…

 

Finalmente, ya de vuelta al primer piso, apasionado y esperanzado como su obra, nos cuenta que últimamente ha empezado a reencontrarse con sus amigos escritores, pintores, músicos, teatreros… que por largo tiempo, a causa de su marginación, exclusión y falta de oportunidades, se han visto obligados a refugiarse en sus talleres o por fuera del país, pero que ahora, juntos de nuevo, atraídos quizá por un mismo destino, y que, como lo hicieron las vanguardias en su tiempo, se están fortaleciendo colectivamente en su trabajo, para seguramente dejar más que una marca en la historia del país.

 

“(…) y ahí están, Augusto Rendón, Pedro Alcántara, Ángel Loochkartt, Umberto Giangrandi… y los que seguimos detrás… (…). No nos han podido matar nuestra alegría y nuestra vida, nuestra capacidad de soñar… seguimos soñando, seguimos creyendo en nuestros proyectos… y eso es lo que nos mantiene vivos”.

 

* Tomado de la serie: Artistas, vida y obra: Eduardo Esparza, dirigida por Carlos Fajardo y realizada por desde abajo televisión (daTV), que busca, principalmente, acercar a los lectores y televidentes, con artistas plásticos, escritores, poetas, entre otros personajes “sensibles al latir de nuestra realidad”; a fin de visibilizar y fortalecer la gran labor que realizan éstos a nuestras sociedades, y que por una u otra razón, solemos denominar peyorativamente como locos o vagos.


Valorando el significado que tiene poner en común de la sociedad la obra y pensamiento de estos magníficos seres, en su sentido sensibilizador y forjador de conocimiento, además del insumo histórico que esto representa para las generaciones venideras.

 

Para ver la serie, visita el portal: www.desdeabajo.info o a través de nuestro canal http://www.youtube.com/user/periodicodesdeabajo

 

1 Técnica de impresión con plancha de madera, originaria de China, que con el concepto de positivo y negativo, traspasa una huella, de una placa de madera tallada a un soporte cualquiera.

2. Tomado de un texto escrito por Carlos Fajardo Fajardo, a cerca de la obra Los Visibles.
3 Esta obra se expuso, junto con las obras de otros artistas colombianos, en una galería en París, La Vaca Azul, el mes de mayo.

 

Biografía

Eduardo Esparza, Palmira (Valle) 1956

Estudios:

Taller de Artes Aplicadas, Palmira.
Escuela Departamental de Arte y Cultura, Cali.
Facultad de Bellas Artes, Universidad del Tolima, Ibagué.
Corporación Prográfica, Cali.
Arte Dos Gráfico, Bogotá.
Taller Umberto Giangrandi, Bogotá.
Taller Experimental de Gráfica de La Habana, Cuba.
Taller de Escultura en Pasta de Papel, Heberth Cruz, Anemasse, Francia.

 

Premios

Ganador de la XI Bienal Internacional de Grabado. José de Ribera, Xàtiv a- Valencia- España.

Mención de honor:

Octava Trienal Mundial de Grabado, AMAC, 2010. Chamelieres, Francia.*

 

* Conoce las obras de Esparza http://www.eduardoesparza.com.

 

 

Publicado enEdición 191
Manu Chao "Ya acepto los chistes sobre mí"

Pregunta.¿Un músico que deja el mercado discográfico?

Respuesta. ¿Por qué publicar discos? Me siento más artista que nunca, más seguro de mi voz y de mi guitarra.

 

P. ¿No editará más discos?

R. No lo sé. De momento prefiero tocar en bares. Llego a menos gente pero se crean ambientes mágicos. La vida real es fabulosa.

 

P. Pese a la globalización todo es cada vez más pequeño: salas, giras, ventas, público...

R. Sí, y buscar una solución global está fuera de mi alcance, me rindo; pero existen soluciones a escala local.

 

P. Deme un ejemplo.

R. El huerto. Es autoabastecimiento, trueque, relación humana, es revolución. Tocar en bares es otro ejemplo. La semana pasada toqué en tres.

 

P. ¿Los bares cambian?

R. Sí, ahora hay móviles. Me fastidia ver a la gente grabando, es algo desesperante, terrible para la fiesta. Hay una mesa de cinco y no gritan o bailan, graban. Y no uno para los demás, ¡graban los cinco! Tengo que escribir una canción sobre ello.

 

P. ¿Hace planes a largo plazo?

R. A tres meses. No más allá, el mundo cambia muy rápido.

 

P. Fuerce su previsión, ¿cómo se ve a los 60?

R. Mi plan es estar en forma, tener salud. Juego tres partidillos de fútbol a la semana con los del barrio y procuro comer sano. Y dejando los grandes escenarios. Con 60 años no me veo dando botes sino en los bares, trabajando más con la emoción que con el físico.

 

P. Si le pagan por promocionar productos ecológicos, ¿qué dice?

R. Sospecho del dinero, la publicidad es dinero. Diría que no. Ya no visto camisetas de fútbol, me cansé de borrarles la publicidad.

 

P. Le nombran jefe de Gobierno. Primera medida.

R. La educación. En eso se ha de trabajar mucho. Hay que rearmar la educación pública y que esta amplíe su campo de acción. Debemos educar de otra manera: alimentación, salud, consumo responsable...

 

P. ¿Qué le diría al Gobierno?

R. Que se está siendo muy cruel con la gente. Hay que garantizar al pueblo un mínimo de dignidad, una casa y trabajo. Si no se creará resentimiento, radicalización, rabia y, al final, violencia.

 

P. ¿Y a un desahuciado?

R. No sé. Le cantaría El circo caliente de Gato Pérez. No solucionaría nada pero esa es la tarea del músico: acompañar y aliviar en los malos momentos.

 

P. Hábleme de sustancias tóxicas.

R. El azúcar. Mata a muchísima gente y nos lo meten en todo.

 

P. ¿Y el peor hábito?

R. El consumismo, solo agota los recursos. Una sociedad cuya máxima es consumir tiene algo que falla. De ahí los huertos, permiten que la verdura producida sea verdura que el barrio no compra a la industria agroalimentaria. Y es mejor y más barata. Es un detalle, pero tocas los huevos más que de mani. El sistema se pone tenso cuando no compras.

 

P. Pero la ecología se está convirtiendo en moda.

R. Resulta tan evidente como que no te puedes plantear ningún futuro sin principios ecológicos.

 

P. ¿Hay comida para todos?

R. No soy un experto, pero creo que comiendo mejor, repartiendo mejor y cultivando con respeto la tierra, sí. Si el camino lo marca la industria agroalimentaria, en 20 años nos lo comemos todo.

 

P. ¿Cuando se comió la última hamburguesa?

R. No me acuerdo, pero también las como, ¡eh! De vez en cuando mola una buena guarrada.

 

P. ¿Tiene distancia sobre sí mismo?

R. Sí, he aprendido con el tiempo. De joven te tomas muy en serio, pero acabas aprendiendo a reírte de ti mismo, de lo que eres. Desde que acepto los chistes sobre mí me siento mejor.

 

P. Me parece que debe ser difícil trabajar con usted.

R. Lo fue, pero ahora no tanto, he aprendido a relativizar y acepto mejor los defectos de los demás.

 

P. ¿Sigue leyendo Le Monde Diplomatique?

R. Sí, ahí está mi padre, Ramón Chao, colaborando. Me gusta.

 

P. ¿Y no le deprime?

R. La lucidez siempre tiene un punto depresivo.

 

P. ¿Se da cuenta que habla como una persona mayor?

R. Sí claro, es que lo soy. Mayor y feliz de la vida, me siento superbien, equilibrado, en paz conmigo mismo.



Perfil

Manu Chao, nacido en París como la Revolución Francesa, comenzó con Mano Negra recogiendo la vitalidad de los sonidos callejeros. Hoy, a sus 52 años, vive entre Fortaleza (Brasil) y Barcelona, actúa en bares —la sublimación de las calles— y sigue componiendo canciones que solo suenan en sus directos, pues no edita discos desde hace seis años. Los próximos conciertos, en Salamanca (día 14) y Rivas-Vaciamadrid (día 17).

 

Publicado enInternacional
Sábado, 16 Febrero 2013 07:01

Los desafíos del cine colombiano

Los desafíos del cine colombiano

El panorama del cine colombiano a comienzos de la década pasada era peligrosamente similar al argentino en los primeros años de los ’90, con una industria lánguida generadora de un puñadito de films anuales carentes de ambición artística o curiosidad por la exploración de nuevos lenguajes. El público, a su vez, se empalagaba con producciones norteamericanas. Y al igual que ocurrió aquí, la solución llegó de la mano de una Ley de Cine que, en 2003, creó un Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, alimentado por aportes de exhibidores, productores y distribuidores sobre la taquilla, además de diversos estímulos tributarios para incentivar la producción. Así, la cinematografía comenzó un proceso de crecimiento constante: de los cuatro estrenos nacionales por año durante los ’90 a los 16 y 23 en 2011 y 2012, respectivamente. “Fue un trabajo de todos los sectores que nos permitió trabajar de forma muy armónica y equilibrada”, afirma ante Página/12 la directora de Cinematografía del Ministerio de Cultura de aquel país, Adelfa Martínez Bonilla, quien pasó por la Argentina para presentar, junto al escritor y director de cine, teatro y televisión Sandro Romero Rey, diversas producciones audiovisuales en el ciclo cultural Colombia en Buenos Aires, que culminará hoy.

 

Aquella batería de medidas se complementó con una nueva normativa reglamentada hace algunas semanas, en las que se estableció una serie de beneficios económicos a los productores de películas que filmen en Colombia, como por ejemplo la devolución de una parte de las inversiones en servicios nacionales de preproducción producción y posproducción y de los gastos logísticos. “En el Fondo creado en 2003, el dinero era una suma proveniente del aporte de las distintas áreas de la industria para que luego el Estado reinvierta en el mismo sector. La segunda, en cambio, se basa en los recursos del presupuesto nacional que cada año el gobierno defina. Este segundo fondo será administrado por el Ministerio de Comercio y dirigido a través de un comité conformado por representantes de esa área junto con algunos de Cultura, del sector cinematográfico y de la entidad colombiana encargada de la promoción del país en el exterior”, explica la Ejecutiva.

 

–¿El dinero del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico se reinvierte sólo en producción?

 

Adelfa Martínez Bonilla: –La ley establece que el 70 por ciento debe ir a la producción. El Consejo de Cine encargado de administrarlo decidió orientar el resto a la promoción, al fortalecimiento del patrimonio fílmico y a las regulaciones para los derechos de autor, además de contribuir en la capacitación del sector. Los estímulos tributarios sí son específicamente para fortalecer proyectos en producción.

 

–¿Se financia algún tipo de cine en particular?

 

Sandro Romero Rey: –Ese es el desafío de este tipo de leyes: ¿qué tipo de cine incentivar? Hay mucha polémica en ese sentido porque muchos dicen que, al ser un país “subdesarrollado”, en Colombia no existe una cinematografía internacionalmente competitiva y no tiene sentido financiar cine si finalmente se harán películas menores y sin ningún tipo de trascendencia. Entonces el reto que tienen tanto quienes promulgan las leyes como quienes realizan películas es ver de qué manera se revierte o complementa artísticamente este tipo de incentivos. Además, si se crean esas ayudas es porque existe la necesidad de un lenguaje audiovisual propio y coherente. El cine no tiene que ser una herramienta para divulgar una imagen positiva, no es una oficina de turismo, sino que tiene que mostrar todas las complejidades de nuestra sociedad.

 

A. M. B.: –La idea es promover una creación libre y absolutamente independiente. No restringimos temáticas, tratamientos o contenidos. Nuestra idea es que los autores puedan crear libremente sin que nosotros ejerzamos ningún tipo de control de esa libertad.

 

–En ese sentido, Romero Rey remarcó en varias entrevistas que hoy lo difícil no es hacer películas, sino que el público las vea. ¿Qué ocurre con los espectadores?

 

A. M. B.: –Creo que es un reto no sólo de la industria cinematográfica colombiana, sino de las de todos los países. Nosotros tenemos un mercado muy orientado al consumo del cine norteamericano. Eso es una realidad en todo el mundo, incluso en Francia, que tiene políticas muy poderosas para la promoción y distribución de su cine. Uno de los retos más importantes es formar esos públicos para que estén dispuestos a conocer otras posibilidades, que aprendan a valorar nuestro cine. En Colombia tenemos una situación muy favorable porque el público creció en los últimos años. En 2012 tuvimos un total de 43 millones de espectadores, en 2011 habían sido 40 y el anterior, 37. Y en ese marco también creció la asistencia a nuestras películas. Pero también es cierto que tenemos que tener muy claro cuál es el tipo de cine orientado a los grandes públicos y cuál a otro más minoritario.

 

–La situación colombiana es bastante similar a la que vivió la Argentina en los ’90. Hoy, sin embargo, aquí se hacen más de cien películas anuales, cifra que ni el mercado ni el público está preparado para absorber. ¿Tienen alguna meta a nivel producción?

 

A. M. B.: –Cuando estábamos trabajando en el diseño de la ley, contratamos un estudio que proyectó que para que en Colombia exista una producción sostenible con un impacto económico positivo tendrían que hacerse un mínimo de catorce películas al año que lleven tres millones de espectadores. Eso logramos superarlo en 2011, así que estamos en un punto en el que podemos decir que hay productoras que están viviendo de hacer cine. Ahora es importante sostenerlo, pero es cierto que si esa cifra llegara a aumentar, seguramente la situación sería muy difícil de manejar.

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Martes, 05 Abril 2011 11:18

La colonia penitenciaria

La colonia penitenciaria

 

 

Edición 2011. Formato: 22 x 22 cm, 22 páginas. Ilustrado a color

P.VP: $20.000 USD: $7 ISBN: 978-958-8454-21-4

 

 

Reseña:

Clásico y bello cuento de Kafka, que retrata algunas de las manifestaciones más atroces del autoritarismo. Obra fundamental para que los jóvenes se inicien en lecturas matizadas por la filosofía y la psicología.

Ilustrado por: Luis Eduardo Sarmiento Ch.

 

Tienda Virtual:http://www.desdeabajo.info/libreria-virtual.html

 

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Hoy somos nosotros mismos, la constatación de cómo el gobierno Colombiano ejerce autoritaria e ilegalmente su poder. Hoy nosotros mismos padecemos como tantos otros compatriotas la tenebrosa ingeniería de la mentira y el engaño. A pesar del estéril panorama generado por la ausencia de una política estatal, destinada a estimular y promover a las expresiones libres y genuinas de la cultura popular, nuestra labor artística recibe al fin y muy a nuestro pesar la atención de estamentos oficiales del gobierno.

Hoy luego de 13 años de acompañar con nuestro canto distintas y variadas iniciativas para la construcción de una sociedad justa, equitativa y más humana; recibimos el único tratamiento que podríamos concebir del actual régimen... un tratamiento de guerra. Somos un proyecto cultural digno de la mirada oficial, no para exhibirnos como prueba que en Colombia la libre expresión es un derecho respetado; si para mostrarnos como artistas, ciudadanos que reúnen lo suficiente, para hacerse molestos y para ser acusados de terrorismo en virtud de su manifiesta discrepancia con el modelo de sociedad que se impone desde el gobierno. Todos aquellos y aquellas que han conocido de nuestro trabajo y coreado nuestras canciones saben también que como Colombianos no hemos ocultado nunca nuestra preocupación por la grave crisis humanitaria que acosa a nuestra nación.

Hemos manifestado en múltiples escenarios y foros nuestra disposición a sumar, para que se curen las dolorosas heridas que la injusticia, la impunidad y la guerra esparcen en todo el territorio colombiano. Hoy, desde aquí, tras los barrotes, frentamos una vez mas a los amantes soñadores de una Colombia para todos a que no desmayen en su esfuerzo por lograrlo. Nosotros, señalados por velos sin rostro, que esperan el pago arrojado por la fórmula de delación en que se ampara la política de seguridad democrática, reiteramos la invitación a que cada uno y cada una dedique lo mejor de sí para liberar a nuestra tierra y sus gentes del ensombrecido presente que pretende prolongar este imperio malsano del engaño. No les quepa duda que nosotros no desfalleceremos nunca en hacer lo que nos corresponde y todo como siempre será cantado. Fraternalmente y agradeciendo vuestra presencia y vuestro acompañamiento....

GRUPO PASAJEROS .... ENCANADOS..... QUE NUESTRO CANTO NO SE PIERDA

viernes, 18 de junio de 2004

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