Sábado, 09 Julio 2016 12:36

Estéticas en Colombia siglo XX, Tomo 4

Estéticas  en Colombia siglo XX,  Tomo 4

Este cuarto tomo compila ensayos de algunos de los más destacados escritores y pensadores colombianos del siglo XX que consagraron su vida y su obra a reflexionar sobre los problemas del arte, la estética y la cultura colombiana en medio de las diferentes violencias económico-políticas, religiosas, sociales y culturales del pasado siglo.

Edición 2016. Formato: 22 x 22 cm, 250 páginas
P.V.P.: $ 42.000, USD $ 13, ISBN: 978-958-8926-13-1

Viernes, 24 Junio 2016 15:40

Rutina teatral

Rutina teatral

A propósito de la celebración de los cincuenta años del grupo teatral La Candelaria, que por estos días se festeja, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención. Ir más allá de la invención, hacia la heurística –el arte de la invención–.

Las imágenes teatrales de La Candelaria tienen un valor universal. En esa medida cualquier público resulta interpelado en su experiencia humana cuando asiste a sus espectáculos y goza como lo hace el grupo, al elaborar esa presencia de lo humano en la obra teatral.

La gracia del teatro auténtico consiste en presentar lo humano en el escenario para regocijo de público y actores. Al hacerlo le permite a cada espectador pensar el tiempo como realidad simbólica intrínseca a la experiencia humana. En El diálogo del rebusque esa característica propia de la imagen teatral la expone el Diablo mayor cuando autoriza al Buscón para contar su historia personal. Le dice: “Cuenta tu historia ante ese público. Te doy un tiempo prudencial para hacerlo. De todas maneras en este terreno (señala el escenario) no se puede permanecer sino un tiempo muy medido, que no es el de la vida que es de ellos, ni de la muerte que es lo nuestro”.

Ese tiempo que el dramaturgo construye y que cristaliza en la imagen teatral realizada colectivamente por el grupo, es el mismo que actualiza el público cuando el espectáculo transcurre en el escenario. El pasado, el presente y el futuro se presentan en el modo de realidades sin vínculo de precedencia o consecuencia. El futuro puede ser anterior a un acontecimiento puesto en presente y el pasado suceder a uno puesto en futuro.

En el escenario tenemos a lo humano presentado en primer plano. Ahora, en la génesis de la obra hay que abordar lo teatral de la experiencia humana. Ese es el compromiso del actor y del grupo. ¿Cómo surge ese proceso, cuáles son los momentos del mismo y como al final cristaliza en la imagen teatral que surge en el escenario en los intercambios simbólicos entre grupo y público? Ese proceso de creación es el que ha conceptualizado Santiago García en sus tres tomos de Teatro y práctica del teatro y en otros textos.

¿Qué hay de tradición y qué de innovación en ese proceso de trabajo de La Candelaria? Tomemos una obra: El Quijote. El año pasado se cumplieron cuatrocientos años de la publicación (1615) de la segunda parte. La primera se publicó en 1605 y ya dos años después El Quijote fue presentado por un tal Luis de Córdoba en unas fiestas de carnaval.

Y a García, finalizando el tercer milenio –en 1999–, se le ocurrió dramatizar El Quijote. Sobre la génesis de ese proceso dice: “Cuando asumo la tarea de dramaturgo, es decir el proyecto de inventar un espectáculo teatral desde sus orígenes, en general no parto de un libro o de un texto cualquiera que sea, sino que, de pronto, en las lecturas que frecuento, me hallo con algunos aspectos que me han estado rondando, en la rutina teatral, con los cuales se entrevé la posibilidad que de ese texto, o textos que estoy leyendo originen un futuro libreto de teatro. Eso fue lo que me sucedió con Quevedo y su Buscón o con Nabokov y su novela Invitado a una decapitación o últimamente con El Quijote”.

Y agrega: “[...] el dramaturgo puede jugar a su antojo con lo que es inexorable e imposible de detener, acelerar o retroceder, que es la realidad. Ese aspecto que se presenta como una unidad espacio-temporal (crono-topo) en la vida real, por virtud y ‘arte’ del teatro puede dilatarse, estrecharse, alargarse o detenerse. El autor del espectáculo tiene, pues, en sus manos una ‘máquina’ a la que a su antojo, puede otorgar los mismísimos poderes con los que los dioses juegan con las criaturas humanas”.

En este texto García precisa la tensión que nutre el proceso creativo de la obra teatral: rutina teatral e invención. Me pregunto: ¿estamos frente al dilema de la tradición o la innovación?

A ese respecto quiero traer a cuento lo siguiente sobre este dilema. Hace cien años, a principios de siglo XX cuando se inventó el cine, algunos declararon la práctica del teatro una tradición sin presente ni futuro. Luego, en la década del cincuenta del siglo XX, algunos declararon la práctica del cine como una tradición sin presente ni futuro porque se había inventado la televisión. En Colombia, en la década del 60 del siglo pasado, algunos afirmaron que nuestra actividad teatral era un intento de resucitar una práctica abolida y, en ese sentido, era muestra del más anacrónico anacronismo. Y se recitaba, para rematar, el versito de Julio Flórez: “todo nos llega tarde, hasta la muerte”.

Me parece que, a propósito de la celebración de los cincuenta años de La Candelaria, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención, e ir más allá de la invención, hacia la heurística (el arte de la invención). Así la rutina teatral y la invención podrán ser reconocidas como la tensión catalizadora del proceso de creación colectiva. Esa tensión tiene hoy exigencias propias: las de elaborar estéticamente, en diálogo con el público, las múltiples alienaciones a que nos somete el tecnocapitalismo planetario hoy.

Publicado enEdición Nº225
Viernes, 24 Junio 2016 15:10

El arte de seducir al tiempo

El arte de seducir al tiempo

Escribir es del quehacer humano de los más complejos, bellos y dicientes del espíritu de los hombres que durante siglos han dedicado inimaginables esfuerzos a encontrar en la palabra un nicho de sabiduría. La escritura es el arte de reflexionar, de imaginar, de contar, y explicitar aquello que nos desborda, aquello que nos constituye como seres pensantes capaces de seducir al tiempo con una idea escrita, para que sea inmortal en un legado que como el de Aristóteles por ejemplo, pueda llegar a ser universal y atemporal.

La escritura es ante todo una reflexión que cautiva por su textura, su delicada pero drástica manera de expresar aquello que en la desnudez del pensamiento es auténtico y considerado como relevante para que nazca al mundo, por ello se insiste tanto en que al develarnos como escritores, elijamos muy bien las palabras y apreciemos qué es digno de ser contado y cómo, en qué tono y con qué silencios contarlo. Y es que pese a la rigurosidad con que debemos escribir ésta no es el limitante de lo que queremos decir, sino el compás que nos permite decir las cosas con belleza. Como quien elige las notas para hacer una melodía memorable, así la trama argumentativa es el resultado de la impetuosidad que expone un texto límpido y gustoso de ser leído. Creo que esto es a lo que refiere Platón cuando en el Fedro Sócrates nombra a aquel discurso que “se escribe con ciencia en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo, y sabiendo con quien hablar y ante quienes callarse”.

El discurso escrito se convierte en un fenómeno al que acude la consciencia y la reflexión desde antes de su creación, en la formación y disciplina de quien escribe, siendo entonces constituciones del texto esta conciencia y reflexión que le permite surcar e invadir el pensamiento de quien lo lee, defenderse y acusar desde su más autónomo sigilo, logrando además despertar en los niños la curiosidad por el saber, en los jóvenes las ansias por acudir a las utopías, en los adultos las ganas por dejar mella en el mundo y en los viejos la memoria. Así la importancia de una escritura reflexiva consiste en ser un canal que transmita saberes, impresiones, pensamientos y todo aquello que aspiremos a transmitir, que simiente y provoque afecciones en quien las recibe y pueda llegar a ser movido a cultivar en el grado más alto y con la más devota convicción en los jardines de las letras.

Sin embargo este ejercicio de escritura reflexiva que abona los jardines, ha sido relegado por la superproducción en serie de textos que informan o persuaden en una vaguedad altiva propiciada por la presión que prescriben los marcos de la composición de textos académicos, el comercio de la palabra como un autor de estas cordilleras llamo en alguna ocasión al compra-vende de textos.

Parece profética la apreciación que de la escritura hacía Thamus, habiéndose inundado las revistas, los libros y demás, con textos que funcionan como fármacos para la memoria, “(las escrituras) es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde afuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos”. Esto indica que en la mayoría de los casos los estudiantes no tienen una formación en escritura, en estilo, en la forma, las pautas, la sustentación y el uso de puntuación para que el texto respire, sino que se ven obligados a hincar todos sus esfuerzos en dar cuenta de los conceptos, los autores, y la información a la que acudieron para darle un contenido, creando textos que tienden a ser una recopilación de información y no textos críticos que dan cuenta de una reflexión.

La escritura académica se centra entonces en lo que se dice y no en el cómo se dice, y es precisamente este cómo lo que resalta a un texto, así como en el discurso oral habrá que tener convicción y tono para presentar la fuerza de un argumento, en la escritura el cómo componerlo es la voz que hace memorable un escrito.

Claro, tampoco podemos hacer a un lado el imperio de la imagen y la oralidad que a partir del siglo XX se consolidan como constitutivos de lo social y que ha traído como consecuencia el desdén por la escritura. La facilidad para acercarnos a la imagen que no cuestiona, ni pone a prueba nuestros conocimientos es más atrayente que el mismo ejercicio de escritura. Es por ello que la escritura hoy en día tendría que ser ante todo no una obligación académica, sino, una actividad que inspire, en la cual nos regocijemos y liberemos aquellas cosas que nos atraganta y nos desespera al punto tal de no poder reprimirlas y tengamos que acudir a un papel para escribirlas, haciendo de la escritura un ejercicio de reflexión individual consiente.

El deleite de escribir es propio del individuo que escribe por gusto, por los placeres más mundanos que se albergan en él cuando escribe, cuando ve aparecer ante si las palabras que se le representan y toman su vida propia, su momento oportuno para nacer al mundo. Las palabras en su concepción más ínfima, son un producto del espíritu y los impulsos que encuentran en el papel la manera de esculpir un argumento y ser en el mundo bajo el clímax del tiempo, un reflejo revestido de autonomía de la explicites de un hombre que piensa.

La escritura reflexiva como testigo de seres críticos, cumple un papel sumamente importante que las instituciones políticas no desconocen. No es casualidad que en las distopías literarias, a los hombres convertidos en la extensión de la máquina o del partido, se les prohíba escribir ya que este ejercicio se considera peligroso y se le señala directamente como un crimen, porque escribir conlleva al ejercicio crítico y audaz de crear un mundo paralelo donde nada es prohibido y todo es permitido. El ejercicio creativo de la escritura hace que personajes como D-503 protagonista de Nosotros, y Smith de 1984 que son fieles servidores de la firme y omnisciente macroestructura, se conviertan en un peligro que debe ser eliminado por poner en duda todo aquello de lo que no se puede ni se tiene porque dudar. Así, autores como Orwell o Zamiatín, afirman en sus obras que los individuos escriben y reflexionan pero los autómatas escuchan y obedecen, valdría la pena fijarnos si estas premisas son factibles en nuestro entorno.

Por último, cabe señalar que la escritura como arte que seduce al tiempo, despliega la fuerza del pensamiento sedicioso que es, a su vez, un constructo crítico en donde el resultado de la reflexión es el valor de la misma escritura.

Publicado enEdición Nº225
HipHop Ciudad- Entrega #1 :  Desde el 12 de Octubre: Lunaticoz Crew

El Hip-Hop es actualmente, sin duda alguna, uno de los movimientos culturales con mayor difusión a nivel internacional. En Colombia lleva cerca de 30 años de recorrido, y al igual que en otras partes del mundo, no solo ha logrado un desarrollo en los elementos artísticos de la cultura (mc, DJ, bboying, grafiti), sino que quienes lo asumen, practican y difunden han asumido una posición política con la que le apuestan al arte como posibilidad para visibilizar, reivindicar y/o transformar las situaciones de marginalidad, violencia y pobreza, en las que vive una gran parte de la población.

 

Esta posición, que ha ido tomando forma desde cuando el Hip Hop se consolido como movimiento en la ciudad de New York , no es homogénea en todos los representantes del movimiento, ni en lo nacional ni en lo internacional. Sin embargo, tal posición no deja de ser llamativa en tanto convierte esta expresión artística en uno de los pocos movimientos de carácter internacional que en la actualidad no solo le apuesta a generar arte con un contenido reivindicativo sino que lo piensan y trabajan en términos concretos frente a las situaciones que pretenden visibilizar.

 

Posición reflejada en aspectos como, por ejemplo, la declaración de paz del Hip Hop, firmada ante Naciones Unidas el 16 de Mayo del 2001. O en el accionar de colectivos y escuelas de Hip Hop en el país, como por ejemplo la Familia Ayara –por solo nombrar una de las más conocidas (http://ayara.com.co/)

 

Por este motivo decidimos crear esta columna, la cual tiene como objetivo acercar al público en general al trabajo que artistas, agrupaciones y organizaciones llevan a cabo en diferentes partes del país. Además, esperando que los contenidos generados también sean de utilidad para la comunidad Hip Hop en lo que respecta a su reflexión ante el trabajo que están realizando y su incidencia en la sociedad.

 


 

 

Primera Entrega 

 

 

Desde el 12 de Octubre: Lunaticoz Crew

 

 

Por invitación de una amiga tuvimos la oportunidad de estar el pasado 30 de abril celebrando el día de la danza y el niño en el parque Biblioteca 12 de Octubre. El evento fue organizado por Lunaticoz Crew (http://bit.ly/1TBawX1 ) agrupación de bboys y bgirls con sede en la Comuna 6 (Doce de Octubre) de la ciudad de Medellín.

 

Al evento, en el que además de baile hubo actividades manuales, juegos y un taller de malabares, llegamos a la hora del baile, pues la lluvia que por esta época cae en Medellín obligó a que los organizadores adelantaran un poco las actividades. Pese a esto lograron lo principal: propiciar que las personas, especialmente los niños, se encontraran y disfrutaran de un espacio de reunión en torno al arte.

 

 

Hacia el final de la jornada tuvimos la oportunidad de hablar con los integrantes de Lunaticoz, allí presentes. La conversación fue amplia, teniendo la oportunidad de preguntarles por diferentes temas, desde cómo había surgido el evento hasta cómo ven el HipHop.

 

Les compartimos el video de la entrevista: Lunaticoz Crew Break Dance Medellín Colombia.

 

 

 

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Jueves, 28 Abril 2016 14:03

Novela, historia, memoria y ficción

 

                   

      

           

 

 

 

 

Martes, 26 Enero 2016 19:02

Simplemente José

Simplemente José

Todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que vivió él. En Colombia millones de personas han sido desplazadas por causa de la guerra. José, como usted o como yo, reencarna estas millones de personas, es una víctima más de éste inagotable conflicto, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.


"Simplemente José" obra teatral del grupo X2 Teatro de Manizales se presentó durante el "Encuentro de monólogos. Enero teatral", en el Teatro Matacandelas de Medellín. Este monólogo, está interpretado, y a su vez dirigido, por Giovany Largo León; hasta la fecha ha recorrido varios países con más de 170 funciones. El tema central de la obra es el desplazamiento a causa del conflicto armado, y es narrada a través de un personaje propio de los pueblos colombianos.


Con una maleta a rastras y una armónica, José deambula por lo que parece ser el mismo infierno, una hostil y sórdida ciudad, después de haber gozado de las mieles del paraíso en el campo colombiano. Con la sinceridad, ingenio, espontaneidad y humor que solo puede tener éste personaje, José narra su vida hasta el presente. Una conmovedora historia que a pesar de ser una tragedia esta llena de chispas de humor, de picardía e inocencia, críticas a la religión, a la indolencia de las ciudades, y por supuesto al abuso del poder, a la violencia y lo absurdo de la guerra. Por su parte, José también representa la voz del campesino raso que, como miles de desplazados, anhelan regresar a su terruño y poder seguir viviendo en paz. Un personaje que en últimas, constituye aquella cara "ajena" (y muchas veces indeseada), del desplazado sobreviviendo las crudas realidades de las ciudades.


Finalmente, la obra es fruto de una investigación que realizó Giovany en su pueblo natal (Riosucio, Caldas), una historia que ocurrió en la vida real. Lamentablemente, como tantas veces ha sucedido (y como tanta veces hemos repetido): esto nos pudo pasar a usted o a mí, porque todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que él vivió. Porque José es una víctima más de la guerra, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.

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Estéticas de la denuncia y emociones que redimen la presencia y la vida

Me aterra la nueva moda de considerar que el arte y la cultura no sirven de nada. Un domingo por la mañana salí a pasear por Coyoacán y acompañar al Museo de Culturas Populares a unos amigos de visita. Casi me da un ataque de llanto cuando vi a una muchacha muy ufana bailar en la plaza con una camiseta a la moda que decía: NI ARTE NI CULTURA. De no ser una tendencia habría pensado que era una irresponsable y ya, pero existen en la actualidad marcas de ropa y ministros de educación que anteponen la ingeniería, la genómica y la física al arte y la literatura. El mensaje que lanzan es que si eres una artista eres una fracasada, alguien volcado al hambre. Claro, es parte de una ideología que mina las emociones propias, los recuerdos, memoria y capacidad creativa de las personas. Sin arte es más fácil transformar a los humanos en máquinas. Sin cultura la violencia no se explica, no hay forma de ubicarla en el lugar de las acciones producidas por un sistema que nos quiere aterradas y sin capacidad de respuesta colectiva.

 

Barajémosla más despacio. Como actividad enfocada al despertar de emociones desde la palabra, el movimiento y la representación visual, el arte está sufriendo diversos y repetidos ataques. Las autoridades educativas desaconsejan los estudios de arte y humanidades por motivos de utilidad, los museos dan más peso a las curadurías que a las obras, los medios de comunicación no reportan propuestas estéticas que no estén avaladas por grandes presupuestos. Algunos artistas (porque eso son las performanceras, las poetas, los actores, los bailarines, etcétera) han llegado a criticar la denominación de artista por su clasismo, su etnocentrismo o su esnobismo. Es fácil que en los discursos comunes se tilde el arte de farsa o fraude.


En las páginas de los periódicos a nivel mundial, hay desprecio por la literatura, exaltación del consumismo, descalificación de las obras plásticas, desinterés por el trabajo y las técnicas. No obstante, los pueblos kurdo, sirio e iraquí se sienten consolados por los bailes y las canciones que desafían el orden de muerte del Estado Islámico; las víctimas de atentados y asesinatos masivos leen poesía y reconocen su dolor en obras de teatro; las madres, padres, hermanas, esposos, amigas de desaparecidos reciben fuerza de dibujantes, pintoras, escultores, grafiteras, bordadores, grabadoras, performanceras, moneros, ceramistas que denuncian la falta que les hacen los seres queridos que les fueron arrebatados nadie sabe por quién, ninguna autoridad quiere decir por quién, ninguna pista de investigación conduce a quién.


No faltan los colectivos y las personas que están conscientes de la libertad del arte para revelar lo que la ideología de la producción desmemoriada esconde. Artistas creativas, indignados, presentes inventan formas de alumbrar la realidad que la gran mentira mediática busca minimizar.


Cristina Rivera Garza se ha hecho portavoz del silencio que pesa. Su literatura más reciente socorre una sociedad paralizada por el miedo devolviéndole la palabra poética, nutriendo la resilencia con descripciones precisas. Está convencida de que es fácil reconocer la relación escritura-muerte y que las metáforas se sostienen en las experiencias concretas de la gente. Para ella, el compromiso de la escritura tiene que ver con un lenguaje que presta su voz a los muertos y a todos aquellos cuya vida cotidiana ha sido transformada por el dolor. Desde 2013 publica contra la violencia, contra el desinterés público hacia el dolor del otro. En Los Muertos Indóciles. Necroescrituras y Desaprovación recupera no sólo unos versos de Roque Dalton escritos durante la represión en El Salvador ("Los muertos están cada día más indóciles./ Antes era fácil con ellos:/ les dábamos un cuello duro una flor/ loábamos sus nombres en una larga lista"), sino que pone la literatura al servicio de la ética, cuestiona las relaciones de poder y devuelve a las personas que leen la fuerza filosófica de la política. En Dolerse y en Con/Dolerse, libros escritos inmediatamente después junto con jóvenes poetas, narradores y cronistas, ensaya el consuelo de la comprensión a través de una poesía documental y una crítica estéticamente inmediata de las condiciones de violencia que se viven en México.

 


Antes de morir, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda se había comprometido vitalmente con las denuncias de las madres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. El teatro mexicano con él se convirtió en un lugar del justo saber. Por ello Cristina Michaus, Enrique Mijares, Alan Aguilar, Demetrio Ávila, Antonio Zúñiga, Juan Tovar, Edelberto Galindo, Ernesto García, Cruz Robles y Virginia Hernández decidieron acompañarlo en el rescate de pánicos supersticiosos, rabias rebeldes, denuncias angustiantes y escribieron 11 obras, reunidas en el libro Hotel Juárez. Dramaturgia de feminicidios para que el arte volviera a poner la denuncia, evidenciar, ubicar la realidad en su dimensión caníbal o excelsa (aunque no la pudiera probar y fuera negada por los administradores de justicia como constructora de la verdad). Una vez más la solidaridad de las y los artistas con las condiciones de vida de quien no tiene poder ni conoce derechos se convirtió en el porqué del arte mismo.


Las y los actores mexicanos, así como algunas directoras/es, estuvieron a la altura de los dramaturgos y asumieron posiciones muy valientes en la denuncia de las desapariciones de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural "Isidro Burgos" de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Algunos de ellos, venían de haber acompañado el movimiento por la paz, con sus largas marchas de familiares y amigos de desaparecidos y asesinados, que se agrupó alrededor de la figura de Javier Sicilia, poeta al que le asesinaron el hijo en 2011.

 

 


El arte da miedo al sistema. Y con razón. El arte es capacidad de inventar y reconocerse, de experimentar emociones y de permitir que se expresen. Sobre todo, el arte es crítica: desobedece las reglas y desconecta los controles para discernir lo que hay detrás de ellos.


Francisco Toledo, pintor y promotor de las formas de cultura que su tierra y su gente anhelan y producen, ha revelado, en el centenar de piezas de Duelo en el Museo de Arte Moderno, que la plástica es sentir de un horror colectivo que es también una advertencia: no podemos tolerar nada más. La vida es vida, la sangre mancha la tierra, la desaparición es una violencia indecente, la corrupción es aberrante en cuanto recrea constantemente la desigualdad social. Sus cerámicas urgentes, sus ollas con sangre, sus patios de muerte son la visión del México de 2015 y afirman contundentemente un ¡Ya basta!

 

 


Cuando el 13 de abril de 2011, Javier Sicilia llamó a la gente a manifestarse contra la violencia, a su grito de dolor lo sostuvo la rabia y el deseo de justicia de un pueblo con más de 100 mil muertos y 24000 desaparecidos. Durante su marcha a la Ciudad de México, nacieron colectivos de denuncia visual, el primero entre ellos Fuentes Rojas.


Según la fotógrafa Elia Andrade, la ciudadanía empezó a organizar acciones que hicieran visible el rechazo a la impunidad y su malestar. Así nació la iniciativa Paremos las balas, pintemos las fuentes, que después deviniera en el colectivo Fuentes Rojas. Éste lanzó una convocatoria abierta para una acción concreta: pintar el agua de las fuentes públicas de color rojo, el color de la sangre que ahoga México.


Bordando por la Paz y la Memoria. Una víctima, un pañuelo surgió después y se mantiene hasta la fecha. Se trata de una acción pacífica y constante, de colectivos que bordan sentados en un espacio público los casos que escritores y activistas recogen y documentan. Su objetivo es rendir homenaje a las víctimas de asesinato y desaparición que se han multiplicado durante la "guerra contra el narcotráfico". Exponiendo en tendederos improvisados pañuelos blancos bordados con hilo color rojo-sangre para las personas asesinadas, con hilo color verde-esperanza para las desaparecidas y con hilos morados para los casos de feminicidio se interviene en la conciencia colectiva de la población mexicana e internacional.


Se trata invariablemente de acciones de arte y denuncia que suceden en el espacio público, que lo ocupan y lo devuelven a la ciudadanía que ha sido despojada del derecho a la calle, a la noche, a la seguridad. Acciones de memoria en el lugar del tránsito y la convivencia.


Una de las más impactantes seguramente fue la siembra de un "antimonumento" de tres piezas de placa de metal recubierta con esmalte acrílico rojo de 3.50 por 5 metros, el 26 de abril de 2015 en el centro de la Ciudad de México. Las tres piezas están conformadas por un signo de "más" y por las dos cifras de 43 y están acompañadas de una tira de metal calada en laser con la frase de Rosario Ibarra de Piedra: Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Más 43 hace referencia a los estudiantes secuestrados y desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, que fueron a sumarse a los casi 30 000 desaparecidos que los antecedieron.

 


No obstante, esa no ha sido la única ni la primera intervención artística pública, anónima y colectiva con carácter permanente. En la ciudad de Chihuahua, frente al Palacio Municipal, las madres de las mujeres asesinadas y los y las defensoras de los derechos humanos locales habían sembrado una placa conmemorativa en el lugar donde fue asesinada Marisela Escobedo Ortiz, el 16 de septiembre de 2010, por estar reclamando justicia para su hija. En la misma ciudad, la escultura El árbol de la vida reúne una decena de cruces que simbolizan los feminicidios que no han sido resueltos. La placa por Marisela ha inspirado a los colectivos de defensa de los derechos humanos y artistas populares que en la Ciudad de México instalaron placas por la vida de las personas desaparecidas y asesinadas en la controversial Estela de la Luz, monumento impuesto por Felipe Calderón al dejar su sangrienta presidencia.


Igualmente, en Monterrey, capital del estado de Nuevo León, se realizó una importante protesta contra el secuestro, la detención y la desaparición de personas en las cuarenta hectáreas de la Macroplaza, la cuarta plaza más grande del mundo.


La construcción de la Macroplaza implicó la destrucción de casi 400 edificios y simbolizó el poder del gobierno de Alfonso Martínez Domínguez, quien en el sexenio de 1979 a 1985 impulsó su construcción como un proyecto de regeneración urbana. El paseo que conduce a ella fue inaugurado el 15 de septiembre de 2007 por el presidente de la República Felipe Calderón, quien además de halagar a los regiomontanos por la importancia económica de la ciudad, reafirmó su compromiso personal con la seguridad en el estado. "Hemos mostrado que tenemos una determinación plena para poner un alto a la inseguridad", dijo tras nueve meses de haber declarado esa guerra contra el narcotráfico que le costó al país más de 100 mil muertos. Ahí, el 11 de enero de 2014, en un punto de la plaza llamado el Breve Espacio, decenas de personas se reunieron al grito de justicia y bajo el lema #AMiMeFaltaRoy. Conmemoraban los tres años de la ausencia de Roy: 3 años de injusticia, 3 años de lucha. Roy, hijo de Irma Leticia Hidalgo —mejor conocida como Letty—, desapareció el 11 de enero de 2011, cuando cerca de 10 hombres encapuchados, con armas en mano y chalecos de la Policía de Escobedo, entraron a su casa. Lo que al principio parecía un robo, pues se llevaron computadoras, joyas, celulares y camionetas, terminó en el secuestro del joven estudiante de lenguas extranjeras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien estaba por cumplir 19 años.


El Breve Espacio es una zona hundida cuyas escalinatas desembocan en una fuente que cubre casi todo el lugar, como una piscina. Ahí los familiares de Roy y aquellos que se han organizado en las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (FUNDENL), levantaron globos de Cantoya pintados, cantaron y expusieron sus bordados para hacer valer su derecho a la memoria. Tomaron la plaza en nombre de la Esperanza, la de ver regresar a su gente. El Breve Espacio se convirtió así en el sitio de exposición de la exigencia de justicia, recibiendo el nombre de Plaza de los Desaparecidos.


Ahora bien, estas acciones se insertan en una historia de reclamos de justicia que es parte fundamental de la historia del arte mexicana, en particular de la historia del grabado. El grabado tiene una conexión directa con la denuncia. Desde el taller de litografía que José Guadalupe Posada abrió en la Ciudad de México en 1888, célebre por sus dibujos y grabados de crítica socio-política que evidenciaban la falta de justicia y la desigualdad en la sociedad porfiriana, el grabado reveló su carácter inmediato de imputación de responsabilidades públicas. Después de la Revolución Mexicana, el Taller de Gráfica Popular, con Leopoldo Méndez y O 'Higgins, amplió la denuncia de la represión y el rescate de la cultura popular, apoyando las políticas de educación pública del gobierno de Lázaro Cárdenas, la expropiación petrolera y el sostén del campo. El Taller de Gráfica Popular también hizo arte en solidaridad con los pueblos, contra el fascismo y el franquismo y a favor de la República Española. Similar en ciertas expresiones a la producción antibélica del expresionismo alemán, en particular de Käthe Kollwits, el TGP se transformó en las revueltas estudiantiles de 1968 y desembocó en las propuestas de arte activista de la década de 1980, en particular las de Rini Templeton.


Hoy esta tradición muestra su vitalidad en una obra reciente, la del escultor y grabador Alfredo López Casanova, quien quiere dejar impresas las Huellas de la Memoria para señalar la ausencia presente de los y las desaparecidas en el país.
Para el grabador, Huellas de la Memoria apelan a un objeto incómodo que lucha contra el olvido. De hecho, son marcas de la Memoria Incómoda como instrumento de la eterna lucha contra la indiferencia.


El 10 de mayo 2013 en la Ciudad de México las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos realizan una vez más su marcha del Monumento a la Madre a la Glorieta del Ángel. Es una marcha triste, de mucho llanto, mucha rabia, indignación y denuncia.


Sentado en las escalinatas, está el grabador que las ha acompañado siempre en silencio. A eso de las dos de la tarde, el sol está bravo, el grabador pone su mano como visera en la frente y mira. Como si fuera el lente de una cámara de video, su mirada da un paneo de norte a sur de la glorieta y de pronto baja la mirada a ras de piso. Sus ojos por alguna razón se detienen en la hilera de zapatos, huaraches y tenis que las mujeres se han quitado esperando tomar el micrófono para compartir su dolor. Vienen de un largo caminar en búsqueda de sus familiares. Vienen de todas partes del país. Los ojos del grabador se detienen un largo rato en esos zapatos, pues en ellos se refleja la gente del país, son un pedazo de la patria que se desmorona de a poquito, dejando una larga estela de dolor por todos lados.


El grabador percibe el vacío contenido en los zapatos, ve la ausencia que se registra en el desgaste de las suelas de quien busca. El peso corporal y emocional tiene una razón al corroer la horma. El zapato por sí solo es un objeto simbólico, pero la marcha lo dota de información. En la suela, con un grabado, el artista lo convierte en un objeto incómodo que reproduce la denuncia y exige justicia.


El grabador desde el momento que efectúa su paneo de la hilera de zapatos, visualiza cuántos registros han pasado por la marcha de las madres de desaparecidos que cada año se realiza entre el Monumento a la Madre y el Ángel de la Independencia. Piensa que si sus zapatos tuvieran la capacidad de revelar en cada pisada la información y las emociones que produce la búsqueda, podrían decirle a todo mundo qué sentimientos carga el camino.


El objeto incómodo tiene identidad, es parte de un ser que cruza de manera tangencial la realidad del país y puede registrarla de norte a sur. El tipo de zapato que se usa en el norte pertenece a una realidad social distinta de la que destapan los zapatos de quien busca en el sur. La tragedia es la misma, las historias familiares cargan con identidades distintas que confluyen en el horror nacional porque la guerra ha cruzado todo el país y sus condiciones.


Recuperar estas historias de resistencia caminada y de denuncia andada mediante el grabado es usar las herramientas del arte para producir objetos incómodos que evidencien lo que se oculta. Hoy, reivindicar el grabado es recuperar la sensación de las texturas y la artesanía de la denuncia. El grabado no simula; el proyecto de Huellas de la Memoria hace sentir el peso corporal de la pisada en la calle, registra en papel la impresión del peso y la voluntad de una memoria.


Desde que en México volvió a incrementarse la desaparición de personas (tal y como sucedió después de 1968), la lucha por la memoria ha englobado distintos tipos de acciones para evitar el olvido y la impunidad que permiten la repetición de los actos de desmemoria y represión. En todas ellas, las y los artistas han tenido un papel de aglutinadores. Han sostenido a la gente que trabaja para mantener la memoria viva, actual en el presente, paralela a los hechos. Se trata de artistas de muchas áreas, teatro, música, grabado, que producen y reproducen cosas que reflejan los hechos. El arte como soporte de la denuncia es contundente porque queda, porque evoca y retiene. Como lo demuestran los treinta grabados realizados por López Casanova en las suelas de los zapatos de quien camina en búsqueda de sus desaparecidos, la imagen puede ser un objeto que disgusta a los represores. A la vez, los grabados reproducidos de diversas maneras por los activistas en las redes sociales contienen textos que se traducen y transcriben. La gente que entrega sus zapatos cree que la acción tiene fuerza para la memoria que busca la justicia. Para ella el arte es importante.

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Viernes, 25 Diciembre 2015 06:47

El arte en la era de las rentabilidades

El arte en la era de las rentabilidades

"La idea de lo efímero de todas las cosas se hace sentir en buena parte de la obra de esas antenas supersensibles que son los artistas". La frase de Aldo Pellegrini nos envía a pensar en la imposibilidad de permanencia y de durabilidad de los objetos en el mundo del consumo y de la obra de arte en la era de las mercancías simbólicas. Está claro que en la actualidad el arte asume las mismas lógicas del mercado. Del genio romántico, vanguardista, extraño, marginado y rebelde, el cual proyectaba una pulsión crítica desde la imaginación, el sueño, la poesía, la pasión y la angustia por la existencia, hemos pasado al genio de los negocios, que sólo busca éxito bursátil, dinero y celebridad. La oferta y la demanda manejan al artista como cualquier producto de uso y de cambio. De allí su proceso de exposición constante en los medios para cotizar cada vez más su imagen. El valor de su obra –que ahora es artefacto u objeto de consumo– está determinado por la promoción mediática y la difusión masiva que de ésta se realiza. Es el arte no de las propuestas filosóficas trascendentales, ni de las estéticas de la revuelta, sino el arte de los mercaderes. Ante el artista rebelde se impone un artista del confort.

 

Estas son las condiciones donde se mueven tanto el artista, la obra, el público, el crítico, el museo, las subastas y todas las instituciones que conforman el llamado "mundo del arte". Así, por ejemplo, el museo ha dejado de ser el centro del arte moderno para constituirse en centro comercial del arte mercantilizado.

 

Museos espectáculos, museos-escultura, seductores; museos-tiendas, museos franquicias, museos de marca, donde es más importante la arquitectura fascinante de los mismos que las obras que en ellos se exponen. Los museos han adoptado las lógicas comerciales del capitalismo, con las estrategias de captación de públicos consumidores. El turista cultural, voraz, visitante de los museos, no tiene tiempo para contemplar, sólo tiene tiempo para consumir. Realiza su paseo rápido por estos antiguos templos del arte. No son viajeros que habitan los espacios, son turistas que consumen en los espacios que transitan.

 

El predominio del valor económico sobre el valor simbólico es hoy por hoy determinante. Desde esta perspectiva, la mutación del sentimiento moderno respecto al arte y la cultura es demasiado enorme en las estructuras de la concepción intelectual del presente. Con el pensamiento crítico en crisis, la labor del pensador-creador se resiente. La globalización económica capitalista ha creado artistas e intelectuales espectacularizados, legitimadores del establecimiento, estrellas fugaces con un pensamiento conciliador. Se impone un intelectual académico turista, de viaje por las universidades neoliberales. Tanto para los medios como para el mercado estos son los nuevos cánones del pensamiento. De por sí, los periodistas reemplazan a los pensadores creadores y críticos. Fin de la era del espíritu, sepultura de las grandes propuestas ideológicas, filosóficas y metafísicas. Así, el contexto socio político y cultural no puede ser más desalentador.

 

Este pasar con ligereza y levedad sobre las grandes piedras del espíritu es lo que nos sitúa en la pérdida de importancia del arte, el cual se asume con una desfachatez despreocupada, fácil y vacacional: más divertimento, más goce instantáneo, menos tensión crítica. Al arte se le observa como figura decorativa, como un Neo Art Deco de distracción y animación temporal. Ya no provoca ni proyecta innovación, no es esencial para las transformaciones individuales ni colectivas. Ya no se asume como un gran peligro que puede impactar en nuestras vidas. Se le considera un ornamento que no causa estragos, ni catástrofes espirituales. De allí su aceptación, su transformación en artefacto efímero, consumible, agradable. El escaparate global es su sitio más preciado. Entre más seductor y lumínico mucho mejor; entre más espectacular y fascinante mayor será su aprecio –y precio–.

 

De manera que lo más reprobable y mediocre convive pacíficamente con el arte de alta calidad, y éste a la vez se complace con ser considerado un objeto que hace agradable lo cotidiano. Pero esto ya no produce escozor, a casi nadie le importa. Por lo demás, el "objeto artístico" es valorado más por el consumo que por su valor estético; está sujeto a las variables de la economía mundial, a la inflación, recesión, devaluación, a los ingresos, distribución, ventas, así como a ciertos cambios políticos tanto internos como globales. El lenguaje ecónomo empresarial le impone reglas comerciales, y nociones tales como precio, competencia, efectividad, eficacia, rentabilidad, marca comercial, publicidad, flexibilidad; corredores de arte desplazan a conceptos como creatividad, autenticidad, sublimidad, originalidad, emancipación, subversión, experiencia poética. En este juego de precios y valores que rige al arte, a mayor promoción mediática del objeto mayor es su precio. Con esto aumentan sus ganancias tanto los corredores o vendedores de arte, como las subastadoras globales y los grandes coleccionistas e inversionistas.

 

Tal es la situación del arte hoy. La globalización neoliberal lo integra a la industria del diseño, a la publicidad, a las marcas, al vedetismo, al gourmet, al turismo como un bien y un servicio más de consumo. Prisionero de las lógicas de la globalización económica y de la mundialización cultural las industrias del ocio y del entretenimiento han convertido al arte en un asunto de uso reemplazable, en botadero estético. El desecho sensacional y excitante es el nuevo modelo. Lo que no se consume no da placer. Los resultados son desastrosos: homogenización del arte y rechazo a toda actitud de excepción.

 

Así por ejemplo, bajo estas lógicas empresariales, las artes visuales y los artistas han cambiado sus concepciones de creación. "Su formación es diferente, la manera de producir su obra es distinta, otros son los itinerarios que se definen con sus viajes", nos dice Andrea Giunta. Gran parte de los artistas bienalizados circulan por el mundo con sus mismas obras y son casi siempre los mismos invitados con temas repetidos y recurrentes. Son artistas multi-locales, que buscan ser subsidiados por programas internacionales y aceptan lo que quieren las exposiciones globales. Heterogéneos en sus exhibiciones, según lo exigen las bienales, adaptados y adaptables, son artistas que realizan su obra por encargo, con lo que pierden autonomía de creación crítica y propositiva respecto al valor de cambio y de uso de su arte. Sin embargo, cínicamente, esto los tiene sin cuidado. Se convierten, en cambio, en viajeros del mercado, donde, como lo asegura Giunta, "el viaje ya no supone un desarraigo traumático o exitoso, genera un artista capaz de articular su obra en distintos contextos. El vídeo, la instalación, la intervención en el espacio urbano, público, museográfico, son las estructuras más funcionales para la era global. No es necesario que ésta se transporte: se arma en el lugar, con materiales del sitio [...]. En estas condiciones, el tradicional viaje modernista, que el artista emprendía para completar su formación y traer lo nuevo a su país de origen, tiene nuevas formas de inscripción. Es una forma de nomadismo global en el que el artista opera desde una o más ciudades de base y viaja a montar su obra en los más inesperados lugares del planeta" (1). Los modelos globales de la franquicia, el toyotismo y el pos-fortdismo se manifiestan en estas condiciones artísticas.

 

Manipulado por una bienalización permanente, que determina el tipo de arte acorde a los modelos que rigen en la moda artística y el mercado, el artista puede en un momento trabajar sobre las problemáticas de un país (la violencia en Colombia, por ejemplo) y en otro momento estar montando una instalación sobre los inmigrantes en España. De modo que la localidad exclusiva desaparece, produciéndose la multilocalidad artística itinerante. Las nociones de identidad nacional y de nacionalismo, surgidas en la modernidad, desaparecen, instalándose un pluralismo geopolítico y geoestético. El arte ha entrado en una esfera de dislocaciones y multilocaciones glocalizadas. Heterogeneidad glocal frente a unidimensionalidad local.

 

Insistimos: al arte se le asume ya no como un proyecto fundamental para "elevar" el espíritu del hombre, sino como un componente junto a los objetos que se consumen y se desechan, necesarios sólo como acto decorativo. Las obras de arte antaño "revolucionarias" ahora son un asunto seductor para promover cursos en las universidades, reducidas a suvenires turísticos que se compran y se venden como algo atractivo, original y exclusivo. El arte que antes chocaba, y era un peligro para las sensibilidades, hoy por hoy encanta por su fascinante forma de entrega a una causa perdida. El mundo del arte entra a las esferas de la conciliación.

 

Hace años que vivimos bajo una sensibilidad mercantil que ha puesto fin a toda excelencia artística y a los proyectos de confrontación estéticos. Ante la euforia de la bolsa y la usura de los banqueros, y recobrando las palabras de Aldo Pellegrini, no podemos olvidar que el verdadero artista debe ser "un vigía alerta en la abigarrada movilidad de un medio", y que su gran satisfacción está en "la posibilidad de provocar una explosión en el espíritu de un ser humano que lo arranque de su vivir indiferente, que lo lleve a ese estado en que la vida se impregna de fervor".

 

1 Giunta, Andrea, Escribir las imágenes. Ensayos sobre arte argentino y latinoamericano, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2011, pp. 259-260.
2 Pellegrini, Aldo, Para contribuir a la confusión general, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 1987, p. 96.
* Poeta, ensayista. Docente Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá.

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Martes, 15 Diciembre 2015 08:33

Jardín se viste de cine y de cultura

Jardín se viste de cine y de cultura

El pasado sábado 12 de diciembre se llevó a cabo la inauguración oficial de lo que será el nuevo Festival de Cine de Jardín, en el suroeste antioqueño.

El Festival surge producto de la acción de la recién creada Corporación Antioquia Audiovisual (CAA). Su equipo creativo , el mismo que dio a luz y conservado por quince años uno de los más importantes festivales de cine del país, el de Santa Fe de Antioquia, abre de esta manera las puertas del mundo del séptimo arte, y la cultura en general, al municipio de Jardín, y como efecto inmediato a todo el suroeste antioqueño.


"Nosotros hemos decidido no renunciar a esta vocación naciente que nos hace falta ejercer: seguir haciendo cultura a través del cine [...]" dice Víctor Gaviria, cineasta y fundador de la CAA, el día del lanzamiento a propósito del distanciamiento con las directivas del Festival de Santa Fe de Antioquia. De igual manera, dirigiéndose a toda la comunidad jardineña e invocando el recuerdo de escritores de esta región como Manuel Mejía Vallejo y Gonzalo Arango, presentó públicamente la Corporación, aprovechando para invitar al primer Festival de Cine de Jardín, por efectuarse a partir del 20 de Julio de 2016.


Para esta primera citación la temática central versará sobre los posconflictos en el cine del mundo: "El paso de los hermanos sin discordia a la reconciliación". Dice Víctor: "son las películas realizadas en todas las épocas y en todos los lugares, acerca de este momento único de madures de los pueblos". Adicional a las proyecciones se realizarán conversatorios con pensadores, artistas y personas cercanas al tema del posconflicto.


Jardín será la plaza en donde se debatirá, a propósito del cine, el momento histórico en que está sumergida Colombia: "Tiempos de diálogos, reformas y cambios profundos que será, Dios lo quiera, el comienzo de un nuevo país [...]" dice Gaviria, además de valorar el cine y la cultura como medios que permiten aportar a la construcción de un nuevo país. Según él, "un país que debería tener una consigna sencilla: romper el aislamiento, para volver a contactarnos y conocernos".


"El objetivo de este Primer Festival es invitar a los jóvenes de este país a que viajen y conozcan el suroeste antioqueño y Jardín" y, sobre todo, que este sea un encuentro para aprender a convivir: "aprender a disfrutar y no ha desperdiciar las invaluables mieles de convivir, de conversar, de encontrarnos a disfrutar de lo que somos y hemos sido, aprovechar todos los mundos negros y blancos por los que hemos pasado, queriendo y sin querer".


Recuadro


Con motivo del lanzamiento del Festival de Cine de Jardín, se rindió homenaje a Ramiro Meneses. En diálogo entre el cineasta Víctor Gaviria y el poeta Luis Fernando Calderón, sirvió para reconocer su vida y obra. Se conversó de su experiencia en la actuación: en su iniciación como actor natural en la película Rodrigo D No Futuro, además de novelas que lo sacaron a la luz pública como Los victorinos y Vuelo secreto, como también de las diferentes películas de factura más recientes en que ha actuado.


El énfasis de lo dicho permite recordar que más que actor, Ramiro Meneses es un multifacético y talentoso personaje. Además de la actuación, se desempeña como fotógrafo, director de cine, músico y pintor.


Para evidenciar parte de lo hecho por él, se proyectó un cortometraje que dirigió; pasando luego a un toque con su grupo de música y, finalmente, un diálogo con los jóvenes jardineños a propósito de la actuación.

 

Galería de fotos

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El cine que hace existir a los excluidos del planeta

Naomi Kawase y Jacques Audiard hacen protagonistas de sus películas, 'Una pastelería en Tokio' y 'Dheepan', a las mujeres y hombres que siempre están en la sombra. Excluidos o inadaptados, las víctimas de los informativos son los héroes del cine de autor


MADRID.- Los excluidos, los inadaptados, los personajes que suelen estar en segundo plano "en la vida y en la ficción", son los héroes del cine de autor de hoy. Dos grandes y muy singulares cineastas, la japonesa Naomi Kawase y el francés Jacques Audiard, hacen protagonistas de sus nuevas películas a estas mujeres y hombres que siempre están en la sombra.

Son trabajos, por cierto, merecidamente recompensados: 'Una pastelería en Tokio', por la que su autora ha ganado la Espiga a la Mejor Dirección en la Seminci, y 'Dheepan', con la que Audiard se alzó con la flamante Palma de Oro en Cannes.

'Una pastelería en Tokio'


Pocas veces se ve salir de una sala de cine, en una proyección matinal para la prensa, a los periodistas con los ojos húmedos. Y no es una anécdota, la experiencia se vivió en Cannes y se ha repetido ahora en las proyecciones en la Seminci. Llorar de emoción es una de las conquistas más excepcionales del cine. Sentaro, Tokue y Wakana, los personajes de 'Una pastelería en Tokio', conmueven al espectador con un relato que refleja con precisión la filosofía de su creadora: "Suelo pensar de forma negativa en la muerte y con alegría de la vida".

"Intento interpretar lo invisible", dice Kawase, la más joven de los ganadores de la Cámara de Oro en toda la historia de Cannes, una cineasta que con su obra celebra la vida y que con esta película lo hace de una manera especial. "En este mundo hay siempre gente que recibe poco, son los que están siempre fuera de foco, pero ellos también tienen una vida y tienen emociones. He querido poner el énfasis en estas personas, hacerles existir y poner de manifiesto que es maravilloso ese simple hecho de existir", añade la directora sobre sus personajes.

Sentaro tiene una pequeñísima pastelería donde sirve dorayakis, un dulce tradicional en Japón (pasteles rellenos de pasta de judías rojas). Un día, Tokue, una anciana con las manos deformadas, le pide trabajo. A pesar de las reticencias del primero, el sabor de la pasta de judías que ella hace le convence. Son dos solitarios, marginados de la 'normalidad' por razones diferentes. A ellos se une Wakana, una joven estudiante que necesita atención.

"Con mis películas, pero con ésta de una manera más evidente, quiero decir que el mundo es bello, poner de manifiesto esa belleza y decir que hay esperanza", sentencia Naomi Kawase, que ha construido buena parte de su filmografía sobre su propia autobiografía. "Esta película es, muy claramente, una mirada de mujer y de madre".


'Dheepan'


Y si la cineasta japonesa apuesta por la vida en sus películas, Jacques Audiard es un tenaz rastreador de humanidad en su cine. En 'Dheepan' cuenta una historia de amor y de familia, pero sobre todo del 'desconcierto de la inmigración'. Jesuthasan Antonythasan, un ex guerrillero tamil que escapó de la muerte en Sri Lanka y en Francia se convirtió en escritor, ahora es actor y el protagonista de esta historia, donde interpreta parte de su propia vida.


Un ex guerrillero, una mujer y una niña que no se conocen se hacen pasar por una familia para huir de la guerra civil en Sri Lanka. En Francia, él comienza a trabajar en los suburbios, en un barrio dominado por bandas de traficantes de droga. Mientras los tres aprenden a quererse, mientras nace una historia de amor entre los dos adultos, la violencia de la calle devuelve a Dheepan el recuerdo de la ferocidad.

"El cine comercial ha abandonado la realidad, porque ya no la necesita, mientras que los demás seguimos usando el cine como una herramienta. Hasta la generación posterior a la mía, el cine era una garantía, lo que se decía en el cine era verdad, nos hemos educado con el cine.

Eso ya no es así", sentencia Audiard, que explica que para él el cine es, entre otras cosas, "una manera de dar una identidad a algunas personas"."Se trata de identificar a las personas sin rostro, las que parece que solo son una masa, sin pensamiento y sin alma", añade, refiriéndose a su protagonista Dheepan, como símbolo hoy de los refugiados sirios que huyen de su guerra. "Con 'Un profeta' quería mostrar a los árabes

 

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