Una escena de El séptimo sello, del maestro Ingmar Bergman.

 

Una reseña histórica desde los inicios hasta la actualidad sobre las películas que han tomado el universo de los trebejos como objeto de análisis, accesorio o simplemente como musa inspiradora desde los más diversos ángulos: el humor, el drama, la política, la ciencia ficción.

 

 

A lo largo de los años, se ha definido al ajedrez ya meramente como un juego, ya como juego y arte, ya como juego, arte y ciencia, conceptualizándolo conforme apreciaciones subjetivas de su significado. Todas esas apreciaciones, por supuesto, son valederas. Tal vez por sus atractivas formas externas, o acaso por la complejidad de la combinación de sus movimientos, o por la sensación de magia que crean en el tablero los grandes ajedrecistas, se ha utilizado reiteradamente al ajedrez como un modelo para establecer analogías o utilizarlo como metáfora de distintas disciplinas del quehacer humano.

 

En este contexto, es interesante observar de qué manera el Cine ha permitido observar a nuestro juego desde ópticas distintas y se ha valido del mismo como motivo, ya sea principal o accesorio, de muchas de las historias de la pantalla grande. Un breve repaso, que ni de cerca agota el tema ni en extensión ni en profundidad, es el siguiente:


Ya en los tempranos inicios del cine, el ajedrez visto desde el humorismo fue el eje central de un cortometraje de algo más de un minuto: “A chess dispute” (“Una disputa de ajedrez”), es una película muda inglesa, rodada en 1903, donde dos señores sentados ante un tablero en un café, terminan a las trompadas luego de unas pocas jugadas. Pocos años más tarde, en 1925 y con motivo de la celebración del famoso Torneo de Moscú de ese año, el ruso Pudovkin filmó “La fiebre del ajedrez” que retrata la pasión que el torneo y la concurrencia al mismo de los mejores jugadores del mundo, despertó en la población soviética. El film, de 19 minutos, es francamente muy divertido y como condimento, tiene una breve actuación del mismísimo Capablanca, así como las apariciones de Reti, Grunfeld y Marshall y otros grandes jugadores de la época.


Mucho más adelante, en el año 1957 el genial cineasta sueco Ingmar Bergman se valió del ajedrez como hilo conductor de su largometraje El séptimo sello, que ha sido considerado un gran clásico del cine universal. En el mismo, un caballero cruzado juega una partida con la “muerte”, a fin de prolongar su vida. Metáfora sobre sentido de la vida, el enigma de la muerte y la misión del arte, la película lleva al ajedrez a un plano filosófico.


Con el correr de los años fueron apareciendo, cierto es que con cuentagotas, nuevas películas con el juego-ciencia ya sea como tema principal o accesorio. La literatura de ficción aportó lo suyo en distintas épocas, y literatura, cine y ajedrez se unieron para conformar películas de mérito: “Una novela de ajedrez” (Alemania, 1960), adaptación de la novela homónima de Stephan Zweig (acaso la mejor que se haya escrito sobre el tema ajedrez), “Uncovered” (Inglaterra, 1994), sobre “La Tabla de Flandes” de Arturo Pérez Reverte y “The Luzhin Defence” (traducido al castellano como “Alexander y Natalia”, Inglaterra, 2001) de la novela de Nabokov del mismo nombre, son tres films emblemáticos de esta simbiosis de las tres artes.


La crítica social no ha estado ausente en esta relación ajedrez y cinematografía: en 1977, el director indio Shatranj Ke Khiladi, filmó “Los jugadores de ajedrez”, en la que dos nobles ociosos se enfrascan en interminables partidas, ausentes de las necesidades y avatares del pueblo. Más adelante, en 2013, se estrenó la norteamericana “La vida de un Rey” y en 2014 la neozelandesa “El caballo negro”, ambas relativas a ajedrecistas dedicados a utilizar el juego para alejar de los peligros de la calle a adolescentes en situación de riesgo.

 

Cuando hoy en día hablamos de la informática aplicada a nuestro juego, lo hacemos de una disciplina que, sobre todo los más jóvenes, consideran ligada al ajedrez de forma poco menos que indispensable. Pero hace no tanto, pensar en inteligencia artificial y en computadoras que jugaran con éxito contra el hombre, era solamente un proyecto en la cabeza de algunos intrépidos investigadores y científicos (y aquí, sin dudarlo, hay que nombrar a Botvinnik como un esclarecido precursor). En el cine, también este tema ha resultado motivo de menciones, como la de la obra máxima de Stanley Kubrick “2001, una Odisea del espacio” que, si bien no es una película de tema ajedrecístico, prefigura en una escena memorable, ya en 1968: el triunfo de la máquina sobre el hombre, en la partida que el computador HAL9000 le gana al astronauta Poole. Y en 2013, la estadounidense “Computer Chess” ambientada en 1980, relata en tono de comedia un match entre humanos y computadoras programadas por expertos informáticos.

 

La política y más concretamente las Guerra Fría, ha estado también presente en la relación cine-ajedrez: en 1984, se presentó la película suiza “La diagonale du fou” (“La diagonal del loco”), una bien lograda realización en donde un Campeón Mundial soviético, leal al régimen imperante en su país, se enfrenta con su retador, un ruso exiliado. El relato tiene tintes relativos a la lucha de Viktor Kortchnoi, el disidente soviético, contra el campeón Anatoly Karpov y es una de los largometrajes más logrados desde el punto de vista ajedrecístico.


También algunos hechos biográficos han sido adaptados y llevados al cine: “Capablanca” (Cuba, 1987) dramatiza el episodio del viaje a Moscú, en 1925, del entonces Campeón Mundial, del que mas allá de sus triunfos sobre el tablero, nacerá una relación amorosa. En 1993 se estrenó “Searching for Bobby Fischer” (“Jaque a la inocencia” según su retitulado en castellano), que narra la precoz relación del niño Josh Waitzkin con el ajedrez y de la pertinaz insistencia de su padre para el logro de sus objetivos deportivos. Y por fin, la reciente “Pawn sacrifice” (retitulada “La jugada maestra), que historia en clave de drama, el período en el que el mítico Bobby Fischer alcanzó la cumbre de su carrera y su legendario encuentro con Boris Spassky.


El cine incluso ha logrado, con su ingenio ilimitado, pergeñar un relato de crimen y suspenso donde un asesino serial construye un andamiaje de problemas ajedrecísticos para marcar patrones que solamente ajedrecistas destacados podrán desentrañar, con el Campeón Mundial de ajedrez a la cabeza. La película se llama “Knight moves” y, otra vez, la magia de los retitulados la convirtió en “Enigma mortal”; es norteamericana y se estrenó en 1992. En la misma sintonía de intriga, en Canadá se produce desde 2011 una serie para TV, en capítulos, donde un ex campeón de ajedrez padece de agorafobia y, recluido en su habitación de hotel, se dedica a la investigación de crímenes casi imposibles de resolver, aprovechando su gran capacidad de análisis.


Hay, también, películas no referidas al ajedrez en concreto, pero que contienen escenas que, al menos para los ajedrecistas, resultan memorables. Hemos mencionado más arriba a la computadora derrotando al humano en “2001 Odisea del espacio” y no podemos dejar de hacerlo con esa inolvidable escena de la mítica “Casablanca” con Humprey Bogart (en el fascinante personaje de Rick) sentado frente a un tablero de ajedrez, conversando con el personaje interpretado por Peter Lorre. Bogart era un avezado jugador y según cuentan, influyó sobre el director para incluir esa escena en la película.


En el largometraje de la saga de James Bond “De Rusia con Amor”, una de las primeras escenas muestra a dos maestros jugando una partida de torneo; no sería nada remarcable si no fuera porque la posición que se deja ver brevemente en el tablero corresponde a una partida verdadera, hecho demostrativo del cuidado que el director (o alguien!) puso en los detalles. Se trata nada menos que de la partida Spassky-Bronstein, Leningrado 1960, ganada en estilo brillante por el primero, luego de un original sacrificio de torre.


Entre otras, hay escenas de ajedrez también en las muy conocidas “El affaire de Thomas Crown”, “Spectre” (también de la saga Bond) y “Atraco perfecto”.


Así entonces, esta breve reseña, que reiteramos no agota el tema, es un pequeño aporte a una visión de la forma en que la industria cinematográfica y el juego de ajedrez han unido su arte para el desarrollo de relatos en campos tan diversos como el humorismo, la historia, la filosofía, la investigación policial, la informática y la política.


En definitiva, ambas actividades comparten en alguna forma, su componente lúdico, artístico y científico.

 

 

 

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El diálogo entre las ciencias y las disciplinas

 

La discusión aquí resumida, es parte integral del debate que su autor propone en su más reciente libro: Complejidad de las ciencias sociales. Y de otras ciencias y disciplinas. Una reflexión de punta que abre un debate entre científicos y académicos de las más diversas procedencias. Pero que también debe permear a los movimientos sociales, si de verdad pretender cambiar el entorno donde se sitúan, que es parte del mundo que, producto de la revolución tecnocientífica en marcha, vive una compleja y dinámica transformación.

 

 

Un problema

 

La interdisciplinariedad parece ser una palabra de moda, o un llamado al entendimiento. Pero la verdad es que hay más confusión que claridad al respecto. Literalmente, la interdisciplinariedad es un representante del búho de Minerva que emprende su vuelo cuando ya cae la tarde.

 

Tres términos contiguos, pero diferentes, tres enfoques distintos pero un mismo espíritu de familia: la inter, la trans, y la multidisciplinariedad. Originarias en realidad en los años 60 del siglo XX, se trata de la expresión de una crisis, a saber: la crisis de la disciplinariedad y la disciplinarización de las ciencias y el conocimiento.

 

 

Modernidad y ciencia

 

En verdad, la historia de la modernidad es la historia misma de la división, clasificación y especialización de las ciencias y las disciplinas. Una vez hecho el tránsito del Renacimiento hacia la Modernidad son creadas las Academias –La Royal Academy of Sciences, en Inglaterra; la Académie Française des Sciences, en París; die Preussische Akademie der Wissensshaften, en Prusia–, y con estas se avanza hacia la consolidación de una organización social del conocimiento. Ulteriormente, el conocimiento considerado como oficial, y el que no lo es.


La Modernidad es el triunfo de la física en primer lugar. Y a la luz o a la sombra de ella, tiene lugar el nacimiento de las ciencias sociales y humanas, las cuales debían ser “ciencias” en analogía a la mecánica clásica que había alcanzado su epítome con la obra de I. Newton. En realidad, en perspectiva histórica, se trató de la emergencia de una nueva forma de comprender en general a la realidad, al mundo y a la sociedad, en sus diferentes niveles y escalas.

 

La historia subsiguiente fue al mismo tiempo la de una verdadera eclosión de ciencias, disciplinas, saberes y prácticas que continuó hasta la segunda mitad del siglo XX, y el proceso de división, clasificación especialización y sub-especialización del conocimiento en general. La modernidad terminó sabiendo mucho, demasiado de cada vez menos.

 

 

El problema de la interdisciplinariedad

 

De manera atávica, se considera entre la mayoría de académicos, científicos y gestores del conocimiento que existe interdisciplinariedad cuando, por ejemplo, la física dialoga con la química, o cuando las matemáticas interactúan con la computación. Exactamente en el mismo sentido, se cree que hay interdisciplinariedad cuando la geografía interactúa con la política, o las relaciones internacionales con la psicología o los temas urbanísticos, por ejemplo. Como si la interdisciplinariedad consistiera en el diálogo y el trabajo al interior de familias de ciencias; las ciencias físicas y naturales de un lado, y las ciencias sociales y humanas de otro. Se trata, en ambos casos, de crasos errores.

 

La verdadera interdisciplinariedad sucede cuando existe un cruce de familias y de tradiciones. Específicamente, cuando la sociología dialoga con las matemáticas, o la física con la política, o acaso también la antropología con la bioquímica, o incluso cuando la economía dialoga con la termodinámica, por ejemplo.


En otras palabras, la auténtica interdisciplinariedad tiene lugar por fuera de los lugares de confort de las propias ciencias sociales y humanas, o del otro lado, del lado de las ciencias exactas y positivas. Cuando el diálogo se cierra al interior de una familia dada, no hay verdadero aprendizaje, y por consiguiente, los retos y desafíos son bajos. Por el contrario, la verdadera interdisciplinariedad implica la capacidad de prender otros lenguajes, otros enfoques, otras metodologías y técnicas que los habituales al interior de cada familia de ciencias y disciplinas.

 

 

Ciencias y artes, ciencias y humanidades

 

La complejidad del mundo consiste en una pluralidad de enfoques, significaciones y perspectivas. En numerosas ocasiones no existen convergencias entre esos enfoques o significaciones y en numerosas ocasiones, las divergencias se acentúan con tonos y modos singulares.

 

El reto de los académicos, científicos e investigadores consiste en que el mundo entero nos quepa en la cabeza. Una expresión que se dice fácil pero es endemoniadamente difícil de llevar a cabo. Así las cosas, la interdisciplinariedad consiste en la posibilidad de que haya cruces y puentes entre comprensiones diferentes provenientes, de un lado, de las ciencias exactas, y de otra parte de las ciencia sociales y humanas. Pero en ambas confluencias, debe ser igualmente posible un espacio común para las humanidades y las artes.

 

Esta idea consiste sencillamente en dos consideraciones. De un lado, se trata de evitar el cientificismo, en toda la línea de la palabra. Y de otra parte, se trata de reconocer que el proceso de aprendizaje no conoce límites ni fronteras, y que la vida es posible de tantas formas como sea imaginable y siempre, adicionalmente, de forma imprevista.

 

El conocimiento del mundo y de la realidad implica absolutamente la idea –altamente difícil– según la cual existen y son necesarios distintos tipos de conocimientos, así: conocimientos útiles, aplicados, experimentales, fundamentales, pero también conocimientos que son esencialmente inútiles o sin ninguna utilidad inmediata. Y sí, hay campos ‘inútiles’, tales como la música, la poesía, las matemáticas puras o la filosofía, por ejemplo.

 

Al fin y al cabo, las redes del conocimiento son análogas a las de la vida misma. De esta suerte, de la misma forma como en ecología se llegó a comprender que no existe absolutamente ninguna especie clave, sino, por el contrario, lo más adecuado consiste en identificar especies sombrilla, en el mismo sentido, en la esfera social o del conocimiento ninguna disciplina o ciencia es más fundamental que otra, y ciertamente no cuando queremos alcanzar un cuadro completo de la realidad y el universo.

 

En la naturaleza no existen jerarquías. Concomitantemente, no existen tampoco, contra toda la tradición occidental desde la Grecia antigua, ninguna forma de conocimiento que sea verdadera a priori sobre todas las demás. El fundamento de la vida es plural: la biodiversidad –consistente en diversidad genética, diversidad biológica y diversidad cultural–. Pues bien, en el mismo sentido, la interdisciplinariedad es el reconocimiento explícito de que los saberes y las prácticas, por ejemplo, existen al mismo nivel que las ciencias y las disciplinas.

 

 

Coda final

 

Es cierto: lo que emerge de las líneas anteriores tiene consecuencias éticas, sociales y políticas. Algunos desempeñan una función en la sociedad. Pero no más que eso. Nadie, absolutamente nadie es mejor que otros, y todos coexisten en la multiplicidad de redes y nexos que van conformando según las necesidades. Una nueva democracia debe ser posible. Al fin y al cabo la organización (lógica o metodológica) del conocimiento no es un fenómeno ajeno a la propia organización social del conocimiento.

 

Una nota final: la interdisciplinariedad es en realidad un buen intento, epistemológico y social. Pero es insuficiente. La verdad es que recientemente han surgido ciencias (¡en plural!) que se fundan a partir de problemas de frontera. Estas son genéricamente llamadas ciencias de frontera. A título descriptivo, algunas de estas ciencias son: las ciencias cognitivas, las ciencias del espacio, las ciencias de la tierra, la ciencias de la salud, las ciencias de la vida, las ciencias de materiales, las ciencias de la complejidad.

 

Pero esta ya es otra historia.

 

 

*Profesor Titular Universidad del Rosario

 

 Informes del Libro: Transv 22 N 53D-42. Int 102    Tel: 345 18 08 / 217 89 92 (Bogotà)

                            Carrera 48 N 59-52 Of. 105      Tel: 291 09 69 ( Medellìn)

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enEdición Nº226
Miércoles, 27 Julio 2016 17:59

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes
 
 
Capítulo 3

 

La casa de Eliseo Zubiria y Martha Braun está ubicada en el barrio Colina, al occidente de la ciudad, en un condominio cerrado formado por un conjunto de casas blancas de dos pisos, con techos de tejas rojas en forma triangular. Después de identificarse en la entrada y de esperar por algunos minutos, Marlowe es autorizado a seguir. El portero le indica la ubicación de la casa y le dice que puede estacionar el auto en el garaje de la propiedad. El cielo ya se ha puesto negro de nuevo y es probable que empiece a llover en cualquier momento. Antes de bajarse del auto, Marlowe piensa en lo difícil que se pondrá el tráfico cuando tenga que regresar al centro en medio de la lluvia.

 

Una empleada vestida con uniforme gris abre la puerta y le pide para esperar en la sala. “La señora ya baja”, dice. “¿Quiere tomar algo, un café, agua?”. “No, gracias”, dice Marlowe mientras observa un cuadro que ocupa casi toda la pared del fondo de la sala. En el cuadro el cuerpo desmembrado de un hombre reposa sobre una pequeña mesa de metal. El fondo de la pintura es de un rojo intenso. Alrededor del cuerpo aparecen algunas figuras abstractas que remiten a animales mitológicos y objetos litúrgicos. “Es un regalo del pintor”, dice una voz femenina. Marlowe se voltea. “Philip Marlowe, detective de la policía metropolitana”. “Martha Braun”, dice la mujer mientras aprieta firmemente la mano de Marlowe.

 

Martha Braun es una mujer alta, de tez blanca y cuerpo delgado pero compacto, como el de una mujer que practica algún deporte o va al gimnasio con frecuencia. Está vestida enteramente de negro y lleva gafas oscuras. Las uñas de ambas manos están pintadas de negro. Su rostro y su cuerpo aparentan dureza, pero en el fondo, piensa Marlowe, parece como si estuviera a punto de derrumbarse. “¿En qué le puedo ayudar detective?”. “Sé que es un momento difícil señora Braun, pero quisiera saber si el señor Zubiria había recibido alguna amenaza, si había notado algo sospechoso en los últimos días”. La señora Braun se sienta en el sofá de la sala y se queda mirando en silencio hacia el frente. Marlowe no sabe si mira el cuadro o si tiene los ojos cerrados. Pasan algunos segundos en que el silencio parece abarcar la atmósfera por completo. De repente la señora Braun dice: “No sabía de ninguna amenaza. Eliseo siempre fue un hombre pacífico. Odiaba la violencia. No entiendo por qué alguien quisiera asesinarlo.” “¿No tenía problemas políticos?”. La señora Braun esboza una leve sonrisa. “¿Políticos? Ustedes del gobierno creen que toda persona pensante es un terrorista ¿no es cierto?”. Marlowe no sabe qué responder. Odia tanto el gobierno como sus enemigos más acérrimos. “No, Eliseo no era ningún terrorista, era sólo un hombre con ideales, quizás era eso, demasiado idealista”. “¿Tenía problemas con algún colega de la universidad?”. “Siempre los hay. La academia está llena de enfrentamientos. Pero son luchas teóricas. No es motivo para asesinar a nadie.” Marlowe piensa que cualquier motivo es suficiente para asesinar a alguien, pero no dice nada. “¿Su marido frecuentaba algún grupo, algún lugar en particular?”. “Iba algunas veces a un grupo de estudio con algunos colegas y estudiantes. Discutían filosofía y estética. No sé si es eso a lo que se refiere. Eliseo no salía mucho y últimamente no viajábamos a causa de su enfermedad.” “¿Enfermedad?”, pregunta Marlowe interesado. “Eliseo había sido diagnosticado con cáncer de pulmón, estaba muy avanzado cuando lo descubrieron...”. Después de estas palabras la señora Braun mueve la cabeza de un lado a otro. De repente se lleva las manos al rostro y empieza a sollozar. Marlowe la observa en silencio. Ella señala con el brazo una sala contigua. “Puede revisar su estudio. Me disculpa”. Se levanta del sofá, camina un tanto apresada por el corredor y sube las escaleras hacia el segundo piso.

 

El estudio de Zubiria es un espacio amplio e iluminado. Las paredes están llenas de estantes con libros que llegan hasta el techo. En un extremo hay un escritorio de madera con algunos libros y papeles encima. Marlowe se acerca a los estantes. Ve algunos títulos que reconoce pero la gran mayoría son libros desconocidos para él.

 

Sobre el escritorio de madera ve varios libros en inglés de un autor que no conoce, un par de diccionarios, un block de notas y una agenda. Abre la agenda y revisa las anotaciones de los últimos días. Reuniones en la universidad, visitas al médico y una sigla, CFI, que se repite varios jueves en la noche. Toma la agenda y el block de anotaciones e instintivamente los guarda en un bolsillo de su chaqueta. Sale del estudio y busca a la señora Braun o a la empleada de uniforme pero no ve a nadie. La puerta de entrada no tiene llave, así que la abre, sube a su auto y va a enfrentarse con el tráfico caótico de la ciudad mientras gotas enormes comienzan a precipitarse desde lo alto como un castigo divino.

 


Capítulos 1 y 2 : http://www.desdeabajo.info/ediciones/item/28864-crimines-sublimes.html

 

 

 

Publicado enEdición Nº226
Sábado, 09 Julio 2016 12:36

Estéticas en Colombia siglo XX, Tomo 4

Estéticas  en Colombia siglo XX,  Tomo 4

Este cuarto tomo compila ensayos de algunos de los más destacados escritores y pensadores colombianos del siglo XX que consagraron su vida y su obra a reflexionar sobre los problemas del arte, la estética y la cultura colombiana en medio de las diferentes violencias económico-políticas, religiosas, sociales y culturales del pasado siglo.

Edición 2016. Formato: 22 x 22 cm, 250 páginas
P.V.P.: $ 42.000, USD $ 13, ISBN: 978-958-8926-13-1

Viernes, 24 Junio 2016 15:40

Rutina teatral

Rutina teatral

A propósito de la celebración de los cincuenta años del grupo teatral La Candelaria, que por estos días se festeja, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención. Ir más allá de la invención, hacia la heurística –el arte de la invención–.

Las imágenes teatrales de La Candelaria tienen un valor universal. En esa medida cualquier público resulta interpelado en su experiencia humana cuando asiste a sus espectáculos y goza como lo hace el grupo, al elaborar esa presencia de lo humano en la obra teatral.

La gracia del teatro auténtico consiste en presentar lo humano en el escenario para regocijo de público y actores. Al hacerlo le permite a cada espectador pensar el tiempo como realidad simbólica intrínseca a la experiencia humana. En El diálogo del rebusque esa característica propia de la imagen teatral la expone el Diablo mayor cuando autoriza al Buscón para contar su historia personal. Le dice: “Cuenta tu historia ante ese público. Te doy un tiempo prudencial para hacerlo. De todas maneras en este terreno (señala el escenario) no se puede permanecer sino un tiempo muy medido, que no es el de la vida que es de ellos, ni de la muerte que es lo nuestro”.

Ese tiempo que el dramaturgo construye y que cristaliza en la imagen teatral realizada colectivamente por el grupo, es el mismo que actualiza el público cuando el espectáculo transcurre en el escenario. El pasado, el presente y el futuro se presentan en el modo de realidades sin vínculo de precedencia o consecuencia. El futuro puede ser anterior a un acontecimiento puesto en presente y el pasado suceder a uno puesto en futuro.

En el escenario tenemos a lo humano presentado en primer plano. Ahora, en la génesis de la obra hay que abordar lo teatral de la experiencia humana. Ese es el compromiso del actor y del grupo. ¿Cómo surge ese proceso, cuáles son los momentos del mismo y como al final cristaliza en la imagen teatral que surge en el escenario en los intercambios simbólicos entre grupo y público? Ese proceso de creación es el que ha conceptualizado Santiago García en sus tres tomos de Teatro y práctica del teatro y en otros textos.

¿Qué hay de tradición y qué de innovación en ese proceso de trabajo de La Candelaria? Tomemos una obra: El Quijote. El año pasado se cumplieron cuatrocientos años de la publicación (1615) de la segunda parte. La primera se publicó en 1605 y ya dos años después El Quijote fue presentado por un tal Luis de Córdoba en unas fiestas de carnaval.

Y a García, finalizando el tercer milenio –en 1999–, se le ocurrió dramatizar El Quijote. Sobre la génesis de ese proceso dice: “Cuando asumo la tarea de dramaturgo, es decir el proyecto de inventar un espectáculo teatral desde sus orígenes, en general no parto de un libro o de un texto cualquiera que sea, sino que, de pronto, en las lecturas que frecuento, me hallo con algunos aspectos que me han estado rondando, en la rutina teatral, con los cuales se entrevé la posibilidad que de ese texto, o textos que estoy leyendo originen un futuro libreto de teatro. Eso fue lo que me sucedió con Quevedo y su Buscón o con Nabokov y su novela Invitado a una decapitación o últimamente con El Quijote”.

Y agrega: “[...] el dramaturgo puede jugar a su antojo con lo que es inexorable e imposible de detener, acelerar o retroceder, que es la realidad. Ese aspecto que se presenta como una unidad espacio-temporal (crono-topo) en la vida real, por virtud y ‘arte’ del teatro puede dilatarse, estrecharse, alargarse o detenerse. El autor del espectáculo tiene, pues, en sus manos una ‘máquina’ a la que a su antojo, puede otorgar los mismísimos poderes con los que los dioses juegan con las criaturas humanas”.

En este texto García precisa la tensión que nutre el proceso creativo de la obra teatral: rutina teatral e invención. Me pregunto: ¿estamos frente al dilema de la tradición o la innovación?

A ese respecto quiero traer a cuento lo siguiente sobre este dilema. Hace cien años, a principios de siglo XX cuando se inventó el cine, algunos declararon la práctica del teatro una tradición sin presente ni futuro. Luego, en la década del cincuenta del siglo XX, algunos declararon la práctica del cine como una tradición sin presente ni futuro porque se había inventado la televisión. En Colombia, en la década del 60 del siglo pasado, algunos afirmaron que nuestra actividad teatral era un intento de resucitar una práctica abolida y, en ese sentido, era muestra del más anacrónico anacronismo. Y se recitaba, para rematar, el versito de Julio Flórez: “todo nos llega tarde, hasta la muerte”.

Me parece que, a propósito de la celebración de los cincuenta años de La Candelaria, en lugar del dilema tradición o innovación, sería más productivo pensar y teorizar el vínculo entre rutina teatral e invención, e ir más allá de la invención, hacia la heurística (el arte de la invención). Así la rutina teatral y la invención podrán ser reconocidas como la tensión catalizadora del proceso de creación colectiva. Esa tensión tiene hoy exigencias propias: las de elaborar estéticamente, en diálogo con el público, las múltiples alienaciones a que nos somete el tecnocapitalismo planetario hoy.

Publicado enEdición Nº225
Viernes, 24 Junio 2016 15:10

El arte de seducir al tiempo

El arte de seducir al tiempo

Escribir es del quehacer humano de los más complejos, bellos y dicientes del espíritu de los hombres que durante siglos han dedicado inimaginables esfuerzos a encontrar en la palabra un nicho de sabiduría. La escritura es el arte de reflexionar, de imaginar, de contar, y explicitar aquello que nos desborda, aquello que nos constituye como seres pensantes capaces de seducir al tiempo con una idea escrita, para que sea inmortal en un legado que como el de Aristóteles por ejemplo, pueda llegar a ser universal y atemporal.

La escritura es ante todo una reflexión que cautiva por su textura, su delicada pero drástica manera de expresar aquello que en la desnudez del pensamiento es auténtico y considerado como relevante para que nazca al mundo, por ello se insiste tanto en que al develarnos como escritores, elijamos muy bien las palabras y apreciemos qué es digno de ser contado y cómo, en qué tono y con qué silencios contarlo. Y es que pese a la rigurosidad con que debemos escribir ésta no es el limitante de lo que queremos decir, sino el compás que nos permite decir las cosas con belleza. Como quien elige las notas para hacer una melodía memorable, así la trama argumentativa es el resultado de la impetuosidad que expone un texto límpido y gustoso de ser leído. Creo que esto es a lo que refiere Platón cuando en el Fedro Sócrates nombra a aquel discurso que “se escribe con ciencia en el alma del que aprende; capaz de defenderse a sí mismo, y sabiendo con quien hablar y ante quienes callarse”.

El discurso escrito se convierte en un fenómeno al que acude la consciencia y la reflexión desde antes de su creación, en la formación y disciplina de quien escribe, siendo entonces constituciones del texto esta conciencia y reflexión que le permite surcar e invadir el pensamiento de quien lo lee, defenderse y acusar desde su más autónomo sigilo, logrando además despertar en los niños la curiosidad por el saber, en los jóvenes las ansias por acudir a las utopías, en los adultos las ganas por dejar mella en el mundo y en los viejos la memoria. Así la importancia de una escritura reflexiva consiste en ser un canal que transmita saberes, impresiones, pensamientos y todo aquello que aspiremos a transmitir, que simiente y provoque afecciones en quien las recibe y pueda llegar a ser movido a cultivar en el grado más alto y con la más devota convicción en los jardines de las letras.

Sin embargo este ejercicio de escritura reflexiva que abona los jardines, ha sido relegado por la superproducción en serie de textos que informan o persuaden en una vaguedad altiva propiciada por la presión que prescriben los marcos de la composición de textos académicos, el comercio de la palabra como un autor de estas cordilleras llamo en alguna ocasión al compra-vende de textos.

Parece profética la apreciación que de la escritura hacía Thamus, habiéndose inundado las revistas, los libros y demás, con textos que funcionan como fármacos para la memoria, “(las escrituras) es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde afuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos”. Esto indica que en la mayoría de los casos los estudiantes no tienen una formación en escritura, en estilo, en la forma, las pautas, la sustentación y el uso de puntuación para que el texto respire, sino que se ven obligados a hincar todos sus esfuerzos en dar cuenta de los conceptos, los autores, y la información a la que acudieron para darle un contenido, creando textos que tienden a ser una recopilación de información y no textos críticos que dan cuenta de una reflexión.

La escritura académica se centra entonces en lo que se dice y no en el cómo se dice, y es precisamente este cómo lo que resalta a un texto, así como en el discurso oral habrá que tener convicción y tono para presentar la fuerza de un argumento, en la escritura el cómo componerlo es la voz que hace memorable un escrito.

Claro, tampoco podemos hacer a un lado el imperio de la imagen y la oralidad que a partir del siglo XX se consolidan como constitutivos de lo social y que ha traído como consecuencia el desdén por la escritura. La facilidad para acercarnos a la imagen que no cuestiona, ni pone a prueba nuestros conocimientos es más atrayente que el mismo ejercicio de escritura. Es por ello que la escritura hoy en día tendría que ser ante todo no una obligación académica, sino, una actividad que inspire, en la cual nos regocijemos y liberemos aquellas cosas que nos atraganta y nos desespera al punto tal de no poder reprimirlas y tengamos que acudir a un papel para escribirlas, haciendo de la escritura un ejercicio de reflexión individual consiente.

El deleite de escribir es propio del individuo que escribe por gusto, por los placeres más mundanos que se albergan en él cuando escribe, cuando ve aparecer ante si las palabras que se le representan y toman su vida propia, su momento oportuno para nacer al mundo. Las palabras en su concepción más ínfima, son un producto del espíritu y los impulsos que encuentran en el papel la manera de esculpir un argumento y ser en el mundo bajo el clímax del tiempo, un reflejo revestido de autonomía de la explicites de un hombre que piensa.

La escritura reflexiva como testigo de seres críticos, cumple un papel sumamente importante que las instituciones políticas no desconocen. No es casualidad que en las distopías literarias, a los hombres convertidos en la extensión de la máquina o del partido, se les prohíba escribir ya que este ejercicio se considera peligroso y se le señala directamente como un crimen, porque escribir conlleva al ejercicio crítico y audaz de crear un mundo paralelo donde nada es prohibido y todo es permitido. El ejercicio creativo de la escritura hace que personajes como D-503 protagonista de Nosotros, y Smith de 1984 que son fieles servidores de la firme y omnisciente macroestructura, se conviertan en un peligro que debe ser eliminado por poner en duda todo aquello de lo que no se puede ni se tiene porque dudar. Así, autores como Orwell o Zamiatín, afirman en sus obras que los individuos escriben y reflexionan pero los autómatas escuchan y obedecen, valdría la pena fijarnos si estas premisas son factibles en nuestro entorno.

Por último, cabe señalar que la escritura como arte que seduce al tiempo, despliega la fuerza del pensamiento sedicioso que es, a su vez, un constructo crítico en donde el resultado de la reflexión es el valor de la misma escritura.

Publicado enEdición Nº225
HipHop Ciudad- Entrega #1 :  Desde el 12 de Octubre: Lunaticoz Crew

El Hip-Hop es actualmente, sin duda alguna, uno de los movimientos culturales con mayor difusión a nivel internacional. En Colombia lleva cerca de 30 años de recorrido, y al igual que en otras partes del mundo, no solo ha logrado un desarrollo en los elementos artísticos de la cultura (mc, DJ, bboying, grafiti), sino que quienes lo asumen, practican y difunden han asumido una posición política con la que le apuestan al arte como posibilidad para visibilizar, reivindicar y/o transformar las situaciones de marginalidad, violencia y pobreza, en las que vive una gran parte de la población.

 

Esta posición, que ha ido tomando forma desde cuando el Hip Hop se consolido como movimiento en la ciudad de New York , no es homogénea en todos los representantes del movimiento, ni en lo nacional ni en lo internacional. Sin embargo, tal posición no deja de ser llamativa en tanto convierte esta expresión artística en uno de los pocos movimientos de carácter internacional que en la actualidad no solo le apuesta a generar arte con un contenido reivindicativo sino que lo piensan y trabajan en términos concretos frente a las situaciones que pretenden visibilizar.

 

Posición reflejada en aspectos como, por ejemplo, la declaración de paz del Hip Hop, firmada ante Naciones Unidas el 16 de Mayo del 2001. O en el accionar de colectivos y escuelas de Hip Hop en el país, como por ejemplo la Familia Ayara –por solo nombrar una de las más conocidas (http://ayara.com.co/)

 

Por este motivo decidimos crear esta columna, la cual tiene como objetivo acercar al público en general al trabajo que artistas, agrupaciones y organizaciones llevan a cabo en diferentes partes del país. Además, esperando que los contenidos generados también sean de utilidad para la comunidad Hip Hop en lo que respecta a su reflexión ante el trabajo que están realizando y su incidencia en la sociedad.

 


 

 

Primera Entrega 

 

 

Desde el 12 de Octubre: Lunaticoz Crew

 

 

Por invitación de una amiga tuvimos la oportunidad de estar el pasado 30 de abril celebrando el día de la danza y el niño en el parque Biblioteca 12 de Octubre. El evento fue organizado por Lunaticoz Crew (http://bit.ly/1TBawX1 ) agrupación de bboys y bgirls con sede en la Comuna 6 (Doce de Octubre) de la ciudad de Medellín.

 

Al evento, en el que además de baile hubo actividades manuales, juegos y un taller de malabares, llegamos a la hora del baile, pues la lluvia que por esta época cae en Medellín obligó a que los organizadores adelantaran un poco las actividades. Pese a esto lograron lo principal: propiciar que las personas, especialmente los niños, se encontraran y disfrutaran de un espacio de reunión en torno al arte.

 

 

Hacia el final de la jornada tuvimos la oportunidad de hablar con los integrantes de Lunaticoz, allí presentes. La conversación fue amplia, teniendo la oportunidad de preguntarles por diferentes temas, desde cómo había surgido el evento hasta cómo ven el HipHop.

 

Les compartimos el video de la entrevista: Lunaticoz Crew Break Dance Medellín Colombia.

 

 

 

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Jueves, 28 Abril 2016 14:03

Novela, historia, memoria y ficción

 

                   

      

           

 

 

 

 

Martes, 26 Enero 2016 19:02

Simplemente José

Simplemente José

Todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que vivió él. En Colombia millones de personas han sido desplazadas por causa de la guerra. José, como usted o como yo, reencarna estas millones de personas, es una víctima más de éste inagotable conflicto, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.


"Simplemente José" obra teatral del grupo X2 Teatro de Manizales se presentó durante el "Encuentro de monólogos. Enero teatral", en el Teatro Matacandelas de Medellín. Este monólogo, está interpretado, y a su vez dirigido, por Giovany Largo León; hasta la fecha ha recorrido varios países con más de 170 funciones. El tema central de la obra es el desplazamiento a causa del conflicto armado, y es narrada a través de un personaje propio de los pueblos colombianos.


Con una maleta a rastras y una armónica, José deambula por lo que parece ser el mismo infierno, una hostil y sórdida ciudad, después de haber gozado de las mieles del paraíso en el campo colombiano. Con la sinceridad, ingenio, espontaneidad y humor que solo puede tener éste personaje, José narra su vida hasta el presente. Una conmovedora historia que a pesar de ser una tragedia esta llena de chispas de humor, de picardía e inocencia, críticas a la religión, a la indolencia de las ciudades, y por supuesto al abuso del poder, a la violencia y lo absurdo de la guerra. Por su parte, José también representa la voz del campesino raso que, como miles de desplazados, anhelan regresar a su terruño y poder seguir viviendo en paz. Un personaje que en últimas, constituye aquella cara "ajena" (y muchas veces indeseada), del desplazado sobreviviendo las crudas realidades de las ciudades.


Finalmente, la obra es fruto de una investigación que realizó Giovany en su pueblo natal (Riosucio, Caldas), una historia que ocurrió en la vida real. Lamentablemente, como tantas veces ha sucedido (y como tanta veces hemos repetido): esto nos pudo pasar a usted o a mí, porque todos pudimos llamarnos José (o Josefa) y vivir lo que él vivió. Porque José es una víctima más de la guerra, es un ejemplo que no queremos volver a ver, ni vivir nunca más.

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Estéticas de la denuncia y emociones que redimen la presencia y la vida

Me aterra la nueva moda de considerar que el arte y la cultura no sirven de nada. Un domingo por la mañana salí a pasear por Coyoacán y acompañar al Museo de Culturas Populares a unos amigos de visita. Casi me da un ataque de llanto cuando vi a una muchacha muy ufana bailar en la plaza con una camiseta a la moda que decía: NI ARTE NI CULTURA. De no ser una tendencia habría pensado que era una irresponsable y ya, pero existen en la actualidad marcas de ropa y ministros de educación que anteponen la ingeniería, la genómica y la física al arte y la literatura. El mensaje que lanzan es que si eres una artista eres una fracasada, alguien volcado al hambre. Claro, es parte de una ideología que mina las emociones propias, los recuerdos, memoria y capacidad creativa de las personas. Sin arte es más fácil transformar a los humanos en máquinas. Sin cultura la violencia no se explica, no hay forma de ubicarla en el lugar de las acciones producidas por un sistema que nos quiere aterradas y sin capacidad de respuesta colectiva.

 

Barajémosla más despacio. Como actividad enfocada al despertar de emociones desde la palabra, el movimiento y la representación visual, el arte está sufriendo diversos y repetidos ataques. Las autoridades educativas desaconsejan los estudios de arte y humanidades por motivos de utilidad, los museos dan más peso a las curadurías que a las obras, los medios de comunicación no reportan propuestas estéticas que no estén avaladas por grandes presupuestos. Algunos artistas (porque eso son las performanceras, las poetas, los actores, los bailarines, etcétera) han llegado a criticar la denominación de artista por su clasismo, su etnocentrismo o su esnobismo. Es fácil que en los discursos comunes se tilde el arte de farsa o fraude.


En las páginas de los periódicos a nivel mundial, hay desprecio por la literatura, exaltación del consumismo, descalificación de las obras plásticas, desinterés por el trabajo y las técnicas. No obstante, los pueblos kurdo, sirio e iraquí se sienten consolados por los bailes y las canciones que desafían el orden de muerte del Estado Islámico; las víctimas de atentados y asesinatos masivos leen poesía y reconocen su dolor en obras de teatro; las madres, padres, hermanas, esposos, amigas de desaparecidos reciben fuerza de dibujantes, pintoras, escultores, grafiteras, bordadores, grabadoras, performanceras, moneros, ceramistas que denuncian la falta que les hacen los seres queridos que les fueron arrebatados nadie sabe por quién, ninguna autoridad quiere decir por quién, ninguna pista de investigación conduce a quién.


No faltan los colectivos y las personas que están conscientes de la libertad del arte para revelar lo que la ideología de la producción desmemoriada esconde. Artistas creativas, indignados, presentes inventan formas de alumbrar la realidad que la gran mentira mediática busca minimizar.


Cristina Rivera Garza se ha hecho portavoz del silencio que pesa. Su literatura más reciente socorre una sociedad paralizada por el miedo devolviéndole la palabra poética, nutriendo la resilencia con descripciones precisas. Está convencida de que es fácil reconocer la relación escritura-muerte y que las metáforas se sostienen en las experiencias concretas de la gente. Para ella, el compromiso de la escritura tiene que ver con un lenguaje que presta su voz a los muertos y a todos aquellos cuya vida cotidiana ha sido transformada por el dolor. Desde 2013 publica contra la violencia, contra el desinterés público hacia el dolor del otro. En Los Muertos Indóciles. Necroescrituras y Desaprovación recupera no sólo unos versos de Roque Dalton escritos durante la represión en El Salvador ("Los muertos están cada día más indóciles./ Antes era fácil con ellos:/ les dábamos un cuello duro una flor/ loábamos sus nombres en una larga lista"), sino que pone la literatura al servicio de la ética, cuestiona las relaciones de poder y devuelve a las personas que leen la fuerza filosófica de la política. En Dolerse y en Con/Dolerse, libros escritos inmediatamente después junto con jóvenes poetas, narradores y cronistas, ensaya el consuelo de la comprensión a través de una poesía documental y una crítica estéticamente inmediata de las condiciones de violencia que se viven en México.

 


Antes de morir, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda se había comprometido vitalmente con las denuncias de las madres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. El teatro mexicano con él se convirtió en un lugar del justo saber. Por ello Cristina Michaus, Enrique Mijares, Alan Aguilar, Demetrio Ávila, Antonio Zúñiga, Juan Tovar, Edelberto Galindo, Ernesto García, Cruz Robles y Virginia Hernández decidieron acompañarlo en el rescate de pánicos supersticiosos, rabias rebeldes, denuncias angustiantes y escribieron 11 obras, reunidas en el libro Hotel Juárez. Dramaturgia de feminicidios para que el arte volviera a poner la denuncia, evidenciar, ubicar la realidad en su dimensión caníbal o excelsa (aunque no la pudiera probar y fuera negada por los administradores de justicia como constructora de la verdad). Una vez más la solidaridad de las y los artistas con las condiciones de vida de quien no tiene poder ni conoce derechos se convirtió en el porqué del arte mismo.


Las y los actores mexicanos, así como algunas directoras/es, estuvieron a la altura de los dramaturgos y asumieron posiciones muy valientes en la denuncia de las desapariciones de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural "Isidro Burgos" de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Algunos de ellos, venían de haber acompañado el movimiento por la paz, con sus largas marchas de familiares y amigos de desaparecidos y asesinados, que se agrupó alrededor de la figura de Javier Sicilia, poeta al que le asesinaron el hijo en 2011.

 

 


El arte da miedo al sistema. Y con razón. El arte es capacidad de inventar y reconocerse, de experimentar emociones y de permitir que se expresen. Sobre todo, el arte es crítica: desobedece las reglas y desconecta los controles para discernir lo que hay detrás de ellos.


Francisco Toledo, pintor y promotor de las formas de cultura que su tierra y su gente anhelan y producen, ha revelado, en el centenar de piezas de Duelo en el Museo de Arte Moderno, que la plástica es sentir de un horror colectivo que es también una advertencia: no podemos tolerar nada más. La vida es vida, la sangre mancha la tierra, la desaparición es una violencia indecente, la corrupción es aberrante en cuanto recrea constantemente la desigualdad social. Sus cerámicas urgentes, sus ollas con sangre, sus patios de muerte son la visión del México de 2015 y afirman contundentemente un ¡Ya basta!

 

 


Cuando el 13 de abril de 2011, Javier Sicilia llamó a la gente a manifestarse contra la violencia, a su grito de dolor lo sostuvo la rabia y el deseo de justicia de un pueblo con más de 100 mil muertos y 24000 desaparecidos. Durante su marcha a la Ciudad de México, nacieron colectivos de denuncia visual, el primero entre ellos Fuentes Rojas.


Según la fotógrafa Elia Andrade, la ciudadanía empezó a organizar acciones que hicieran visible el rechazo a la impunidad y su malestar. Así nació la iniciativa Paremos las balas, pintemos las fuentes, que después deviniera en el colectivo Fuentes Rojas. Éste lanzó una convocatoria abierta para una acción concreta: pintar el agua de las fuentes públicas de color rojo, el color de la sangre que ahoga México.


Bordando por la Paz y la Memoria. Una víctima, un pañuelo surgió después y se mantiene hasta la fecha. Se trata de una acción pacífica y constante, de colectivos que bordan sentados en un espacio público los casos que escritores y activistas recogen y documentan. Su objetivo es rendir homenaje a las víctimas de asesinato y desaparición que se han multiplicado durante la "guerra contra el narcotráfico". Exponiendo en tendederos improvisados pañuelos blancos bordados con hilo color rojo-sangre para las personas asesinadas, con hilo color verde-esperanza para las desaparecidas y con hilos morados para los casos de feminicidio se interviene en la conciencia colectiva de la población mexicana e internacional.


Se trata invariablemente de acciones de arte y denuncia que suceden en el espacio público, que lo ocupan y lo devuelven a la ciudadanía que ha sido despojada del derecho a la calle, a la noche, a la seguridad. Acciones de memoria en el lugar del tránsito y la convivencia.


Una de las más impactantes seguramente fue la siembra de un "antimonumento" de tres piezas de placa de metal recubierta con esmalte acrílico rojo de 3.50 por 5 metros, el 26 de abril de 2015 en el centro de la Ciudad de México. Las tres piezas están conformadas por un signo de "más" y por las dos cifras de 43 y están acompañadas de una tira de metal calada en laser con la frase de Rosario Ibarra de Piedra: Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Más 43 hace referencia a los estudiantes secuestrados y desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, que fueron a sumarse a los casi 30 000 desaparecidos que los antecedieron.

 


No obstante, esa no ha sido la única ni la primera intervención artística pública, anónima y colectiva con carácter permanente. En la ciudad de Chihuahua, frente al Palacio Municipal, las madres de las mujeres asesinadas y los y las defensoras de los derechos humanos locales habían sembrado una placa conmemorativa en el lugar donde fue asesinada Marisela Escobedo Ortiz, el 16 de septiembre de 2010, por estar reclamando justicia para su hija. En la misma ciudad, la escultura El árbol de la vida reúne una decena de cruces que simbolizan los feminicidios que no han sido resueltos. La placa por Marisela ha inspirado a los colectivos de defensa de los derechos humanos y artistas populares que en la Ciudad de México instalaron placas por la vida de las personas desaparecidas y asesinadas en la controversial Estela de la Luz, monumento impuesto por Felipe Calderón al dejar su sangrienta presidencia.


Igualmente, en Monterrey, capital del estado de Nuevo León, se realizó una importante protesta contra el secuestro, la detención y la desaparición de personas en las cuarenta hectáreas de la Macroplaza, la cuarta plaza más grande del mundo.


La construcción de la Macroplaza implicó la destrucción de casi 400 edificios y simbolizó el poder del gobierno de Alfonso Martínez Domínguez, quien en el sexenio de 1979 a 1985 impulsó su construcción como un proyecto de regeneración urbana. El paseo que conduce a ella fue inaugurado el 15 de septiembre de 2007 por el presidente de la República Felipe Calderón, quien además de halagar a los regiomontanos por la importancia económica de la ciudad, reafirmó su compromiso personal con la seguridad en el estado. "Hemos mostrado que tenemos una determinación plena para poner un alto a la inseguridad", dijo tras nueve meses de haber declarado esa guerra contra el narcotráfico que le costó al país más de 100 mil muertos. Ahí, el 11 de enero de 2014, en un punto de la plaza llamado el Breve Espacio, decenas de personas se reunieron al grito de justicia y bajo el lema #AMiMeFaltaRoy. Conmemoraban los tres años de la ausencia de Roy: 3 años de injusticia, 3 años de lucha. Roy, hijo de Irma Leticia Hidalgo —mejor conocida como Letty—, desapareció el 11 de enero de 2011, cuando cerca de 10 hombres encapuchados, con armas en mano y chalecos de la Policía de Escobedo, entraron a su casa. Lo que al principio parecía un robo, pues se llevaron computadoras, joyas, celulares y camionetas, terminó en el secuestro del joven estudiante de lenguas extranjeras de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien estaba por cumplir 19 años.


El Breve Espacio es una zona hundida cuyas escalinatas desembocan en una fuente que cubre casi todo el lugar, como una piscina. Ahí los familiares de Roy y aquellos que se han organizado en las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Nuevo León (FUNDENL), levantaron globos de Cantoya pintados, cantaron y expusieron sus bordados para hacer valer su derecho a la memoria. Tomaron la plaza en nombre de la Esperanza, la de ver regresar a su gente. El Breve Espacio se convirtió así en el sitio de exposición de la exigencia de justicia, recibiendo el nombre de Plaza de los Desaparecidos.


Ahora bien, estas acciones se insertan en una historia de reclamos de justicia que es parte fundamental de la historia del arte mexicana, en particular de la historia del grabado. El grabado tiene una conexión directa con la denuncia. Desde el taller de litografía que José Guadalupe Posada abrió en la Ciudad de México en 1888, célebre por sus dibujos y grabados de crítica socio-política que evidenciaban la falta de justicia y la desigualdad en la sociedad porfiriana, el grabado reveló su carácter inmediato de imputación de responsabilidades públicas. Después de la Revolución Mexicana, el Taller de Gráfica Popular, con Leopoldo Méndez y O 'Higgins, amplió la denuncia de la represión y el rescate de la cultura popular, apoyando las políticas de educación pública del gobierno de Lázaro Cárdenas, la expropiación petrolera y el sostén del campo. El Taller de Gráfica Popular también hizo arte en solidaridad con los pueblos, contra el fascismo y el franquismo y a favor de la República Española. Similar en ciertas expresiones a la producción antibélica del expresionismo alemán, en particular de Käthe Kollwits, el TGP se transformó en las revueltas estudiantiles de 1968 y desembocó en las propuestas de arte activista de la década de 1980, en particular las de Rini Templeton.


Hoy esta tradición muestra su vitalidad en una obra reciente, la del escultor y grabador Alfredo López Casanova, quien quiere dejar impresas las Huellas de la Memoria para señalar la ausencia presente de los y las desaparecidas en el país.
Para el grabador, Huellas de la Memoria apelan a un objeto incómodo que lucha contra el olvido. De hecho, son marcas de la Memoria Incómoda como instrumento de la eterna lucha contra la indiferencia.


El 10 de mayo 2013 en la Ciudad de México las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos realizan una vez más su marcha del Monumento a la Madre a la Glorieta del Ángel. Es una marcha triste, de mucho llanto, mucha rabia, indignación y denuncia.


Sentado en las escalinatas, está el grabador que las ha acompañado siempre en silencio. A eso de las dos de la tarde, el sol está bravo, el grabador pone su mano como visera en la frente y mira. Como si fuera el lente de una cámara de video, su mirada da un paneo de norte a sur de la glorieta y de pronto baja la mirada a ras de piso. Sus ojos por alguna razón se detienen en la hilera de zapatos, huaraches y tenis que las mujeres se han quitado esperando tomar el micrófono para compartir su dolor. Vienen de un largo caminar en búsqueda de sus familiares. Vienen de todas partes del país. Los ojos del grabador se detienen un largo rato en esos zapatos, pues en ellos se refleja la gente del país, son un pedazo de la patria que se desmorona de a poquito, dejando una larga estela de dolor por todos lados.


El grabador percibe el vacío contenido en los zapatos, ve la ausencia que se registra en el desgaste de las suelas de quien busca. El peso corporal y emocional tiene una razón al corroer la horma. El zapato por sí solo es un objeto simbólico, pero la marcha lo dota de información. En la suela, con un grabado, el artista lo convierte en un objeto incómodo que reproduce la denuncia y exige justicia.


El grabador desde el momento que efectúa su paneo de la hilera de zapatos, visualiza cuántos registros han pasado por la marcha de las madres de desaparecidos que cada año se realiza entre el Monumento a la Madre y el Ángel de la Independencia. Piensa que si sus zapatos tuvieran la capacidad de revelar en cada pisada la información y las emociones que produce la búsqueda, podrían decirle a todo mundo qué sentimientos carga el camino.


El objeto incómodo tiene identidad, es parte de un ser que cruza de manera tangencial la realidad del país y puede registrarla de norte a sur. El tipo de zapato que se usa en el norte pertenece a una realidad social distinta de la que destapan los zapatos de quien busca en el sur. La tragedia es la misma, las historias familiares cargan con identidades distintas que confluyen en el horror nacional porque la guerra ha cruzado todo el país y sus condiciones.


Recuperar estas historias de resistencia caminada y de denuncia andada mediante el grabado es usar las herramientas del arte para producir objetos incómodos que evidencien lo que se oculta. Hoy, reivindicar el grabado es recuperar la sensación de las texturas y la artesanía de la denuncia. El grabado no simula; el proyecto de Huellas de la Memoria hace sentir el peso corporal de la pisada en la calle, registra en papel la impresión del peso y la voluntad de una memoria.


Desde que en México volvió a incrementarse la desaparición de personas (tal y como sucedió después de 1968), la lucha por la memoria ha englobado distintos tipos de acciones para evitar el olvido y la impunidad que permiten la repetición de los actos de desmemoria y represión. En todas ellas, las y los artistas han tenido un papel de aglutinadores. Han sostenido a la gente que trabaja para mantener la memoria viva, actual en el presente, paralela a los hechos. Se trata de artistas de muchas áreas, teatro, música, grabado, que producen y reproducen cosas que reflejan los hechos. El arte como soporte de la denuncia es contundente porque queda, porque evoca y retiene. Como lo demuestran los treinta grabados realizados por López Casanova en las suelas de los zapatos de quien camina en búsqueda de sus desaparecidos, la imagen puede ser un objeto que disgusta a los represores. A la vez, los grabados reproducidos de diversas maneras por los activistas en las redes sociales contienen textos que se traducen y transcriben. La gente que entrega sus zapatos cree que la acción tiene fuerza para la memoria que busca la justicia. Para ella el arte es importante.

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