La transformación del escenario en un templo ritual contra la violencia de Estado

Durante la semana de la "Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz", desarrollada entre el 6 y el 12 de abril pasados, el teatro jugó un rol primordial. Diecisiete grupos latinoamericanos se movilizaron como parte de la Cumbre para ofrecer a un público masivo una mirada múltiple sobre el conflicto. Artistas que apostaron juntos a partir de la convicción de Patricia Ariza –directora de la Corporación Colombiana de Teatro e iniciadora del festival– de que "El arte puede transformar el dolor en fuerza".

La obra de la mexicana Violeta Luna, "Vírgenes y diosas", fue una de las puestas en escena. Una ilustración punzante en un momento en que su país sufre más que nunca la violencia de Estado, cuyo más reciente hecho aún no deja de concitar a la opinión pública nacional e internacional: la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Pero, ¿cómo explicar esta obra? Las palabras hacen falta para describir tanta belleza mística. Violeta Luna hizo suya la estética mexicana de la muerte y la feminidad azteca para crear, frente al espectador fascinado, un ritual sincrético mezclando lo divino y lo profano para evocar la memoria de los desaparecidos.
Transfigurándose de diosa en diosa, por un juego impresionante de trajes. Mostró vida y muerte de la muerte misma.

El primer cuadro aparece con una falda negra tradicional, sentada en el centro del escenario, divina y espantada, el pecho pintado, su abundante pelo blanco cargado de flores rojas y los brazos y las piernas heridas por pinzas que la aprietan.

El inquietante silencio que ronda el escenario es roto por una música jadeante que acompaña su extraña invocación, como un acto sexual oculto y violento –los combates quizás– que la lleva a parir ante nuestros ojos atemorizados ante la muerte furiosa –el crimen quizás–: un cráneo dorado de ojos rojos, que sale de sus piernas, como vivo, para amenazar al público.

Luego, impera la calma. El cráneo depositado en el suelo, la diosa, en un gesto ritual, viene a encerrarlo en un círculo de tierra. La muerte da espacio al duelo y ahora es una diosa-madre la que tenemos al frente de nosotros. Ella contiene toda la tristeza del mundo en sus ojos y bajo un velo –de mentiras– viene a descubrir la verdadera imagen de la muerte: un cráneo con la figura de cada uno de los desaparecidos.

-¿Alguien tiene una piedra?, pidió.

Y con toda la gravedad de una ceremonia mortuoria, algunos entre el público se levantan para ir a depositar consecutivamente, y en silencio, las piedras blancas en su falda –en memoria de los desaparecidos.

En fin, agotada, se limpia de sus pinturas de guerras y de la sangre en su mano, recitando los nombres de los desaparecidos. La muerte expiada, la diosa se va, retira su corona y su vestido majestuoso, y deja espacio al mundo de los vivos, a una mexicana que se queda cuando los otros son muertos, y desaparece en la sombra dejando hablar el silencio de la muerte.

La obra se acaba, o mas bien se acaba el ritual, y la artista aparece por fin después de sus transfiguraciones. La obra no le ha quitado el dolor que llevaba en sus ojos pero que supo apozar en este dolor con una fuerza artística vibrante, y estéticamente maravillosa, al servio de un acto purgatorio de memoria colectiva contra la violencia de Estado.

 

De forjadores de sueños

 

Yolanda Puyana Villamizar

 (Profesora de la Escuela de estudios de género, Universidad Nacional)

“Los artistas pueden mirar mil prismas y mil posibilidades para poder construir, crear y tener relaciones productivas, especialmente con los jóvenes para que cambien de proyectos de vida, en los que no sea simplemente la guerra sino que se planteen otras salidas distintas en la vida. Se han hecho pruebas muy bonitas en las comunas de Medellín, que vale la pena seguir promoviendo y profundizando”.

 

Soraya Bayuelo

(Coordinadora del Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María)

“La creación audiovisual, en la construcción de la paz, es fundamental, desde el punto de vista de la comunicación transformadora, la comunicación para el cambio social, por que desarrolla un papel mediador que visibiliza la voz política-pública de la gente que está en este concepto de comunicación para el cambio social.

Diferente a la comunicación tradicional, masiva, que a veces no le da la autonomía al sujeto que está haciendo la transformación, y ya eso es un principio de autonomía para construir la paz. Cuando tienes el derecho a la palabra, cuando quieres contar a través de los medios, llámese prensa, televisión, radio o cualquier otro medio alternativo, lo que tu crees, lo que tu piensas para transformar esa realidad, y eso se da en ese ciclo comunicativo, es un papel fundamental de la comunicación. Creo que es clave, absolutamente, para construir la paz, para construir valores, para construir una nueva sociedad.

Publicado enEdición Nº 212
Jueves, 23 Abril 2015 15:40

“Como vamos, vamos mal”

“Como vamos, vamos mal”

Abril abrió su calendario con nuevos aires. Durante su segunda semana (6-12), Bogotá fue el escenario de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz, a la que asistieron más de 130 mil personas, para escuchar, ver, compartir y discutir visiones sobre la paz con académicos y actores sociales de diferentes procedencias, tanto del país como del exterior.

Las actividades fueron diversas, como lo es nuestra cultura. Danza, música, cantos, teatro, todas las expresiones artísticas hicieron parte de esta gran Cumbre que llevó a diferentes conclusiones, pero que propició un espacio reflexivo hasta no visto. Un lugar para discutir sobre el significado de la tan mencionada palabra paz, y descubrir cómo la valoran y proyectan desde diferentes ángulos.

La educación y la paz

La educación es un tema central en la construcción de un país, más aún cuando la pretensión es alcanzar la paz. Es por eso que en esta Cumbre no podía faltar este importante tema. Fueron dos sesiones las organizadas para tratar la educación, en los que se evidenció lo que muchos ya saben: en nuestra sociedad, la cultura, las artes, la música y hasta el juego son ajenos a la formación de la mayoría de sus miembros.

Experiencias en educación artística

El lunes 6 tuvo lugar un encuentro de experiencias sobre la educación artística en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán –TJEG. Los invitados fueron Evert Peña, músico fundador de la Escuela de Puertas Abiertas de Música Tradicional, espacio de enseñanza de la marimba como forma de resistencia "Semillas del Litoral" en El Charco, Nariño; Ramiro Noriega, exagregado cultural de Ecuador en Francia, ministro y viceministro; y Carlos Miñana, doctor en antropología social y cultural, magister en educación y licenciado en pedagogía musical. Ellos compartieron sus experiencias desde diferentes puntos de partida.

Evert Peña, un hombre alto, con sombrero de paja y de piel negra, dio a conocer los avances en la educación de la Marimba y destacó la música como parte fundamental de su cultura, desde que nacen hasta que mueren. Ramiro Noriega, habló sobre cómo le están apostando en Ecuador a que el arte y los artistas hagan parte de la universidad, para dejar de ser simples invitados a distintos eventos.

Carlos Miñana, planteó que es una falacia pensar en la música como formadora de paz, pues con ella también se partió hacia distintas guerras, pero también la han utilizado para engañar gente y violentar a otros. La música es una herramienta que es posible de utilizar para lo bueno y lo malo, la decisión de qué hacer con ella es de cada uno; fue su mensaje.

Finalmente, sobre una investigación que realizó a diferentes iniciativas de educación artística en el país, compartió su conclusión: no existe fórmula para enseñar la música y el arte en general, una fórmula que conlleve a la construcción de paz, todo depende de la gente, de la historia, de los conflictos, de las costumbres, todo depende del contexto.

Arte y educación

Al día siguiente, el martes 7, en el mismo escenario –TJEG–, un panel con cuatro invitados discertó sobre el arte en la educación: Jesús Martín Barbero, teórico de la educación y la cultura; Mario Hernández, médico y el candidato ganador de las elecciones entre estudiantes y funcionarios para ser el rector de la Universidad Nacional; Renato Ortíz, teórico en cultura, diversidad y globalización; y Patricia Ariza, dramaturga, directora de la Corporación Colombiana de Teatro.

Uno a uno, opinaron desde su experiencia, señalaron y propusieron los aspectos que consideran están ausentes en la educación colombiana para la formación de sujetos activos. Sus apreciaciones fueron aplaudidas por los asistentes que llenaron el teatro y que salieron con más argumentos para sostener la premisa que muchos ya han pronunciado y que sintetizó Hernández en una frase: "Como vamos, vamos mal". Pero aún más importante, salieron con varias ideas, propuestas, y con la convicción que el país requiere un cambio, que su concreción debe ser lo más pronto posible.

La sensibilidad humana, el arte y la paz

Jesús Martín Barbero enfocó su ponencia sobre la importancia de la sensibilidad en el ser humano. De la cual se desprende la creatividad, el gusto por la lectura y la escritura, y básicamente la posibilidad de formar sujetos modernos.

La escuela, después del kínder se convierte en algo ajeno al juego, dijo, "se acabó el mundo expresivo, se acabó el mundo de los sentidos, y de los sentires. Al maestro le importa un carajo lo que le pase a los sentidos de sus alumnos [...] porque enseñan un saber racional. Resulta que la dimensión del sentir es la dimensión del gozo y del dolor que pasa por el cuerpo, no solo por la cabeza, y eso lo sabemos los latinoamericanos mejor que nadie".

Los aplausos para el profesor llegaron sin espera. El discurso, que realizó con tono fuerte, resaltó que sin la estimulación de los sentidos es imposible el arte, así como es imposible lograr la paz.

"Antes de que se hablara de modernidad, un filósofo alemán ya planteó que la formación estética, la formación de la expresividad y de la creatividad era la clave de formación del ciudadano. Es decir, sin formación de la subjetividad no hay sujeto moderno [...]. María Teresa Uribe Hincapié –tuvo que ser una mujer la que se atrevió a decirlo: miren, ¿saben por qué Colombia está tan atrasada?, porque su escuela no fue capaz de gestar sujetos modernos. El sujeto moderno no es solo el que piensa con la cabeza sino el que siente con su propio cuerpo, con sus propios sentidos".

En concordancia con su intervención, preguntó: "¿Qué vamos a hacer con este cuento en el que se ha metido el gobierno pero no sabe de qué habla: transformar la educación en Colombia? [...] O la escuela crea autores o crea meros imitadores. [...]", agregó.

Y terminó con la importancia de la imaginación: "Necesitamos mucha imaginación para que la memoria de este país deje de ser una memoria vengativa. La memoria que necesitamos es la que sea capaz de hacer el duelo por todos los muertos, por todos los desplazados, por todos los trastornados [...]. Solo una ciudadanía abierta al riesgo, abierta a la improvisación, abierta a la negociación va a entender qué tipo de memoria va a necesitar la negociación de La Habana para hacer posible un país nuevo, un país reconciliado".

Contra la lógica del "sálvese quien pueda"

Mario Hernández trató de responder al interrogante, ¿Cuál educación es aquella que contribuye a construir paz en una sociedad concreta como la colombiana?

En primer lugar recordó que la firma de un acuerdo en La Habano no implica tener una sociedad en paz, "de hecho la mejor expresión para lo que sigue debería ser la expresión postacuerdo como muchos lo han propuesto y no postconflicto".

Fue enfático en criticar el "individualismo liberal": "Una sociedad que a falta de pactos políticos respetados y sólidos en el largo plazo aprendió a vivir bajo la lógica del "sálvese quien pueda", del "cómo voy yo ahí" y del "más vale ser rico y sano que pobre y enfermo", como dijo Pambelé".

Para él, cambiar esa lógica afectaría todo: las relaciones políticas, las estructuras en las instituciones, toda relación humana, disminuyendo considerablemente las reacciones violentas y creando sociedad.

"Una sociedad en paz significa una forma de organización solidaria e interdependiente que combina el reconocimiento de las diferencias con la redistribución de recursos para superar desigualdades injustas a partir de procesos, reglas y escenarios de participación para el ejercicio democrático de todos. Esa sociedad, seguramente no podrá seguir atada al comportamiento depredatorio del capitalismo y tendrá que afectar las formas de poder, económico, político y militar, que reproducen la trayectoria de la sociedad colombiana", agregó.

La educación, dijo, debería llegar a todos como derecho fundamental, pero también, debería darse sobre la premisa de que todos somos diferentes, por lo cual se debe estimular cada proyecto, sin importar lo diversos que puedan llegar a ser. No homogeneizar a través de la repetición.

La educación debería dejar de establecerse sobre "La asociación cada vez más marcada entre el acceso y la capacidad de pago de las familias, y así mismo a la calidad", dijo.

"Esa lógica dinero-calidad se consolida en el PND pero con dos elementos más, la concepción de pobres buenos, pobres malos, que tiene que ver con el esfuerzo de cada uno, de portarse bien y el fomento entre instituciones públicas y privadas en un mercado regulado por sellos de acreditación en el cual, quien no logre adaptarse y autosostenerse desaparece. Y eso está pasando en la Universidad Nacional, por eso reeligieron a Mantilla, con quien han podido instalar este tema".

Concluyó, "Bajo este modelo no se logra la equidad, menos a través de esa educación [...]. No podrá ir más allá de un acuerdo de paz con una parte de la insurgencia. Se requiere un nuevo pacto social y político en que podamos afectar las estructuras que reproducen las causas de la guerra".

La cultura como espacio de poder

El brasilero Renato Ortiz habló sobre la esfera de la política y la cultura. Su idea principal fue la cultura como lugar de poder y los cambios generados desde ella sin que seamos conscientes.

"Voy a poner un ejemplo: en París, Mayo del 68, en los grafittis en el metro estaba escrito Métro, Bouleau, Dodo –metro, trabajo y sueño–, lo que quiere decir la gente sale de casa, toma el metro, va a trabaja, vuelve al metro, va a la casa, duerme y al día siguiente una repetición infernal de este ciclo. Entonces, estamos hablando de prácticas sociales cotidianas y al tematizar las prácticas sistematizan relaciones de poder que no pasarían sobre el tema de la consciencia".

De igual manera, expuso como ejemplo la transformación del concepto de diversidad, cómo en la globalización se convirtió en un tema de gran importancia, y cómo los actores sociales colaboran en esta.

"Por cada movilización, la problemática de la diversidad pasa a tener una importancia icónica en el mundo contemporáneo. Eso significa que en este mundo existen los movimientos, un movimiento de globalización, pero también una valorización de lo particular en el proceso de globalización. La diversidad está asociada con la pluralidad, democracia, tolerancia".

¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

Patricia Ariza finalizó el panel. Su ponencia estuvo acompañada de un video en el cual demostró cómo el arte puede transformar el dolor y cómo todos pueden colaborar para ello. Se centró en el drama del desplazamiento, y cómo han sido las personas desplazadas, las que han transformado la cotidianidad colombiana, especialmente en Bogotá, pero también cómo han sido víctimas del conflicto cultural.

"Cuando una persona se desplaza, se desplaza una historia, se desplaza un relato, se desplaza una canción. Bogotá, por ejemplo, creo que tiene una deuda enorme con la población en situación de desplazamiento [...]. Bogotá era una ciudad gris, donde toda la gente andaba con abrigo negro, donde la gente no sabía bailar, ahora, en esta ciudad se baila muy bien, se come chontaduro, la gente se viste de color. Bogotá es una ciudad distinta, entonces es la gente en situación de desplazamiento a la que le debemos la transformación cultural".

Fue enfática al resaltar la necesidad del cese al fuego cultural para llegar a verdaderos acuerdos en La Habana. Asímismo, hizo críticas a los medios de comunicación, a la televisión, por los valores que transmiten, dejando de lado la cultura, basándose solo en la farándula.

Y formuló una pregunta que tiene algunas respuestas, pero no las suficientes, ¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

El video que compartió con la concurrencia, fue sobre la construcción de una obra de teatro en la que la mitad de los participantes eran víctimas y representaban escenas que ellos ya habían vivido en sus calvarios. "En la Corporación de teatro trabajamos con las víctimas, han trabajado la transformación del dolor, han comprendido que en esas personas hay unos saberes muy complejos, son los saberes de esas regiones [...]".

Finalizó diciendo que a través de ese trabajo pudo ver, "Cómo el dolor se permuta de saberes, cómo juntos pueden hacer un trabajo común".

 

De forjadores de sueños

“Somos hijos de la violencia, desde hace setenta años Colombia no concilia un solo día de paz”. Hablar de paz es una utopia, y quienes más la reflexionan e intentan acercarse desde distintas miradas a la misma, son los artistas, a continuación presentamos diversas reflexiones de artistas (poetas, dramaturgos y cineastas), que en el marco de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia, respondieron la pregunta: ¿Qué papel desempeña el arte en la construcción de la paz?*

*    Ver video Arte, conflicto y paz, con más entrevistas y muestras de obras de diferentes artistas, en nuestra página www.desdeabajo.info o en el canal de Youtube desdeabajo

Carlos Satizabal

(Dramaturgo y poeta)

“El teatro tiene un lugar muy importante en la construcción de la paz porque explora los conflictos humanos, nos expone las fuerzas en pugna de la sociedad. En esa lucha, el teatro construye metáforas para pensar quiénes hemos sido, quiénes somos y cómo podemos construir otro mundo posible.

La potencia esencial de las artes es que le conceden a la humanidad la posibilidad de transformar el dolor en poesía, en fuerza, en resistencia, en afirmación de la vida. Como decía el filosofo Espinoza, el ser persevera en existir, y lo puede hacer gracias a los dones de la poesía”.

 

Juan Carlos Moyano

(Dramaturgo y director)

“El teatro colombiano siempre ha tenido un lugar de cercanía con la realidad del país, y por eso estoy convencido que el papel que ha jugado, que está jugando y que puede jugar, en un sentido optimista, es decisivo (en la construcción de la paz); porque el teatro ha logrado relacionarse con la gente, tratar temáticas cercanas al imaginario colectivo y ha permitido elaborar elementos de creación en ámbitos donde lo destructivo ha sido predominante.

Desde hace décadas el teatro colombiano acompaña los procesos de la historia, y creo que precisamente ahora, como nunca, está destinado a ser una herramienta de sensibilización, de construcción de circunstancias que permitan reconciliarse. El teatro es una enseñanza permanente, respecto a la oportunidad de que los seres humanos podamos tener nuevas formas de comunicarnos sin el inconveniente de la violencia o de la confrontación física.

El drama en un país trágico debe florecer, para que precisamente esa tragedia amaine y podamos encontrar nuevos sentidos, nuevos significados. El teatro, la historia y la gente son convergencias necesarias”.

 

Roxana Pineda

(Dramaturga y directora de teatro, Cuba)

“El tipo de teatro, no el complaciente, que se arriesga a construir la imagen que queremos de un país, que se arriesga a investigar la espiritualidad y el dolor de éste, es un escenario imprescindible para contribuir, junto a otros espacios, a tener una paz con justicia, una paz real, solidaria y profunda; donde el individuo, sin olvidar su memoria, pueda construir sus sueños, un país diferente, donde todas las voces tengan espacio, donde la muerte sea un destino lógico y no una condena por las circunstancias.

Es un privilegio que desde el teatro podamos denunciar muchas cosas en vivo, en directo, sin censura, sin ambages; desligándonos de los discursos de turno, con otro lenguaje, la fuerza de la imagen artística, que compromete, que sacude, que conmueve, que permite activar la participación, una participación más activa, más conmovedora”.

 

Víctor Viviescas

(Dramaturgo y director)

“Cada vez siento más claro que la paz es algo que tenemos que construir entre todas y todos los colombianos, y dentro de este proceso el artista es un ciudadano más, es decir, los artistas tenemos las mismas tareas que tienen las y los ciudadanos en ese compromiso con la construcción de la paz.

Vamos a seguir haciendo teatro en la dirección de reconstruir la memoria, este ha sido un aspecto fundamental en el teatro colombiano; seguiremos haciendo teatro provocando un diálogo con la comunidad, es decir, poniendo en la esfera pública el debate de cómo se construye esta paz; vamos a seguir haciendo teatro como un instrumento que pueden utilizar las comunidades para apropiarse de él, y hacer que su historia emerja, que sea compartida; porque finalmente, el teatro tiene esa cosa conveniente: crear un espacio donde lo público se puede compartir y debatir”.

 

María Gamboa (Cineasta)

“El cine contribuye a la construcción de paz de distintas maneras. El simple hecho de hacer espacios donde se puedan proyectar películas, videos, o que las personas puedan hablar, registrar, archivar su historia, ya es un aporte inmenso.

Creo también que la mejor manera de construir la paz es mostrando salidas. Hacer películas de paz, en donde se pueda mostrar un conflicto y el dolor, pero que además de mostrar, salga de ahí, que logre de alguna manera redimir el dolor y muestre su transformación”.

 

Patricia Ariza,

(Dramaturga, Directora de la Corporación Colombiana de Teatro)

“El arte ha contribuido en Colombia de muchas maneras, pero esa contribución está dispersa, necesitamos conformar un verdadero movimiento cultural y resignificar, tanto a nivel del Estado como de la sociedad, el valor tan grande que tiene el arte en un cambio social”.

 

Carlos Sánchez

(Dramaturgo y director)

“Universalmente el teatro siempre ha jugado un papel muy importante en la construcción de la paz, por un lado reflejando las contradicciones internas, reflejando un poco lo terrible, el dolor, la injusticia que crea la guerra, pero por otro lado formulando una visión más esperanzadora, una visión reconciliadora.

Los que nos hemos dedicado a este oficio, estamos tratando de recomponer un rompecabezas que es esta crisis social, que son muchas violencias, no es solo la violencia política, sino la violencia que se da en todos los niveles de la sociedad, la violencia intrafamiliar, el sexismo, la falta de respeto por la opinión de los otros, o sea, que no es solamente la guerra de las balas, sino que son los conflictos del espíritu humano.

El teatro siempre tendrá que aportarle a la paz, a la convivencia y a la reconciliación de los seres humanos en la sociedad”.

 

Ricardo Restrepo

(Productor de Pathos Audiovisual)

“Todas las artes, sobre todo el cine y más el documental, aportan muchísimo al entendimiento, a la construcción de esa historia presente y a la reflexión sobre lo que pasará; porque nos tenemos que narrar, nos tenemos que conocer; conocer nuestro pasado para no repetir la misma historia.

Espacios como las salas alternas o centros culturales son importantísimos porque no hay otra manera de difundir las películas documentales o películas alternativas. Entonces, creo que este tipo de escenarios no solamente son claves sino que deberían multiplicarse. Quisiera ver que todas las películas fueran vistas no solamente en un centro cultural sino en todos los municipios y que hubiera un centro de difusión para que la gente, los chicos, sobre todo en los colegios, pudieran tener acceso a las películas nacionales”.

Publicado enEdición Nº 212
Derraman alcohol ilegal durante la Ley Seca, Detroit, 1929.

La historia se escribe en los libros, pero se capta mucho mejor en las imágenes. Las fotografías son capaces de plasmar realidades de lo más variopintas y aun más cuando uno echa atrás la mirada. A continuación Cubadebate les ofrece una serie de imágenes que quizá no conocía.

 

Dueño de un hotel vierte ácido en la piscina mientras unas personas negras disfrutaban de su baño, 1964.

 

Cargando el primer disco duro de 5 megabytes en un avión de PanAm, 1956

 

Comedor de los trabajadores de Disney en 1961

 

El Che y Fidel pescando, 1960.

 

Primer partido internacional en Wimbledon, 1883.

 

El sello intacto de la tumba de Tutankamón, 1922. 3.245 años sin ser manipulado.

 

El verdadero Winnie the Pooh y Christopher Robin, 1928.

 

Filmando la famosa escena de los créditos de la Metro-Goldwyn-Mayer, el comienzo de la era de Hollywood, 1928.

 

Las gafas que John Lennon llevaba cuando fue asesinado, 1980.

 

Los Beatles tocando para 18 personas en el club de Aldershot, en diciembre de 1961. Todavía tardarían año y medio en convertirse en leyenda.

 

Oficial afroamericano protegiendo a un miembro del Ku Klux Klan de los manifestantes, 1983.

 

Primer tren de la mañana en Japón, 1964.

 

Spielberg haciendo la primera película de Indiana Jones en 1980.

 

Apple transporta el primer satélite de la India, 1981.

 

Trasladan un edificio de 7 600 toneladas para crear un bulevar en Alba Iulia, Rumania, 1987.

 

Un hombre que trabaja en una computadora analógica, 1968.

 

Un mendigo corriendo junto al carruaje del rey Jorge V, 1920.

 

Un simulador de vuelo, 1942.

 

Una madre oculta su cara por vergüenza después de poner a sus hijos a la venta, Chicago, 1948.

 

Una mujer con un cochecito antigás para su hijo, Inglaterra, 1938.

 

Una piscina móvil en la ciudad de Nueva York, 1960

Publicado enFotorreportajes
Lunes, 24 Noviembre 2014 16:10

El amor está vivo en la poesía

El amor está vivo en la poesía

La Casa de Poesía Silva, organizó este año un concurso que tituló El amor en la poesía. El único requisito era escribir un poema y enviarlo a los organizadores. Un jurado de lujo, conformado por los poetas Eduardo Uribe, de la Universidad de los Andes, Carmen Millán, del Instituto Caro y Cuervo y Giovanni Quessep, el veterano y respetado poeta radicado en Popayán se encargó de leer y evaluar los poemas presentados. Con lo que no contaba la Casa de Poesía y los jurados fue la inmensa acogida que tuvo la convocatoria. Más de dos mil quinientos poemas llegaron para disputarse los cinco premios de dos millones de pesos cada uno. El 23 de octubre pasado el jurado otorgó cinco premios y cinco menciones. Todos los poemas ganadores alcanzaron una excelente factura. No es fácil producir versos de amor en nuestra época actual sin caer en el lugar común, en lo trivial, en lo melodramático.

Compartimos aquí, en estas páginas tres poemas de los diez destacados por el jurado. El poema ganador, "El amor como un río", tiene evocaciones de Aurelio Arturo y una cadencia insistente de reclamo, de añoranza, de desbordada ansiedad. El segundo premio, el poema titulado "Despacio", es una lenta y mesurada despedida, económica en lenguaje, en metáforas pero intensa en la vivencia. La segunda mención, "Noviembre en poniente", es una larga meditación, en el ocaso de la vida, sobre el amor que fue, del ser que amó intensamente a su pareja y que hoy vive la nostalgia en medio de una lluvia que no cesa.

 

EL AMOR COMO UN RÍO


Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, "de lejanos relámpagos,"
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
"Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia."
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con "una estrella de menta que enciende toda sangre."
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta...
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa...

 

DESPACIO


Andrea Halaby Fernández

Te voy a olvidar despacio.
Te voy a ir borrando como se borran
las palabras sordas en una carta de
amor, con cautela para no romper la
hoja o dejar marcas. Te voy a ir
soltando de los hilos que nos tejen,
de uno en uno, deshaciendo nudos y
deshilachando hebras, despacio,
con suavidad precavida. Te voy a
dejar ir por las ranuras de mis dedos
entreabiertos, como la arena que se
escapa de a poquitos,
grano a grano,
segundo a segundo.
Te voy a olvidar despacio, aunque
me demore una vida entera.

 

NOVIEMBRE EN PONIENTE


Philip Potdevin


L´amore piu non è quella tempesta.
GIUSEPPE UNGARETTI

 

Y el vello del fruto que tortura
los dedos del amor
YANNIS RITSOS

 

Tu non m'abbandonare mia tristeza
sulla strada
EUGENIO MONTALE

 

 

NOVIEMBRE y sus tripas no se saciarán jamás
Se hermanaron con esta comarca hace tres meses... ¿o cuatro?
Como el huésped que se rehúsa a marchar a pesar de la escasez
Como la dolencia que se acomoda para ser cargada en un largo viaje.
No hay cabida para más cruces en la hoja del almanaque
Como víctimas de la pandemia que se procrean sin fin.

Estos setos no se riegan con líquidos vestigios
Estos parques no se cierran a las rejas de la noche
Estos bosques no se talan con hachazos al alma
Estos jardines se podan con el granizo de mediodía.

Noviembre se atravesó en el camino de los vientos y se detuvo
En el lodazal de la cordillera que escurre por los desfiladeros
Como un largo suicidio que no termina de triunfar.
El ancho agosto parió noviembre, monstruoso, acéfalo, ruin
... hay sospecha que diciembre no germinará, y por su lado
Enero aguarda agazapado en las grutas de los conspiradores.

El cielo ha tendido el manto de las nubes en su patio trasero
El cielo ha represado la catarata para llenar la alberca con el solsticio
El cielo: inmóvil, pesado, plomizo, obstinado e indiferente.
Las encías del cielo supuran la sanguaza dulzona de la garúa
Que se cuela por entre los pañolones y las franelas y las conciencias
Y frutece en el licor que nos embriaga de coléricas evocaciones.

Se respira la borrasca que asfixia el sendero
Y amenaza fulminar el aleteo de las ideas.
Las raíces del sol se pudren en el pantano de aquellas Victorias' Regias
A la espera de un resquicio de luz filtrado por la fisura del verbo divino.
Un manojo de rosas marchitan el pergamino de la frente resquebrajada
Sin siquiera enterarse del rocío del Aleluya.
Y el sol claudica la canícula
Al lacayo ciego que preconiza la Era de las Tempestades.

Estos años...
Estos años de frenesí y dolor crecieron a la sombra de un alcaparro dorado.
Estos años vieron cosechar la vid avinagrada de hojas grandes y manchadas.
Alguien dijo, a tu lado y casi en murmullo:
El amor,
El amor, duro y reseco como las hebras de una picadura deshidratada.
El amor de los arreboles de octubre se ha olvidado del silencio de la casa.

Y...¿qué fue de octubre y septiembre?
¡Siguieron de largo sin reparar en esta estación!
Solo noviembre se aclimata en los Anales de este hogar
Con sus madrugadas de jaquecas y agrieras.
Son treinta, cuarenta, cincuenta y tantos carnavales
Con sus miércoles de ceniza y cuaresmas y domingos de Resurrección
Con gusto a aceitunas rancias abandonadas en un platillo sobre el mesón.
Los astros chupan con avidez las colillas de las luciérnagas
Para impedir que la noche se derrumbe invicta sobre el techo de la casa.
En inútil esfuerzo pues el cielorraso desfondado ya inventó la Vía Láctea.

¿Viste?
Tu pareja se ha ausentado de tu lado
Para refugiarse en las antípodas de la casa.
Ha marchado por un café que hierve desde el amanecer,
Ha marchado por una revista sin carátula leída mil y cien veces en el retrete.
Ha preguntado antes de izarse desde la mecedora: ¿Llamaron?
Escribieron, dices, pero desde que llegó noviembre no abro el correo.
Diles, dice, que de tanto extrañarlos reinventamos sus caras, sus manos, sus voces.
Las imágenes de infancia perdieron su color y hoy son casi daguerrotipos.

Escucha.
Son dos almas que conversan sin palabras. Que se adivinan en gestos
Que reclaman con una mirada
E insultan sin hablar.

Calla.
Entran dos filas de lagartijas y sapos a entonar su cantata profana
Juntos han orquestado los versos de Safo y Catulo y los goliardos
Para reclamar a la noche el contrapunto del amor desenfrenado.
El cascarón baboso de la cigarra caerá del tronco lavado por la lluvia
Sin dejar huella de dónde solfeó en pretéritos equinoccios.
¿Es acaso ese el sol detenido a quince grados sobre el horizonte?
¿Se levanta o se pone?
Se pone, la rosa de los vientos marca el poniente,
Siempre el poniente.
Aguarda.
El amor reivindica la posesión del cuerpo
Ese cuerpo extenso ha prescrito a tu favor
tras años de uso, con ánimo de señor y dueño
...posesión tranquila e ininterrumpida.

¿Acaso lo olvidaste, hermano mío?
¿Acaso niegas el silbido, el ulular, el clímax, las cumbres y los valles?
Portas como medallas las manchas de las sábanas aposentadas tras cada batalla.
El placer ha hipotecado sus salmos a los acreedores de la noche
El placer se ha enmohecido como un mudo video erótico
En busca inútil de dos cuerpos fofos, foscos, fláccidos
Como el cuello de una tortuga que sobrevive al paso de los conquistadores
Que mide un tiempo sin tiempo, que espera un día sin esperanza.

¡Ay! de los albaricoques de los años mozos
¡Ay! del fragor de los cuerpos lacerados a mordiscos
Resaca de los invidentes que brindan en la última cena
Olvido del caníbal saciado de las vísceras de su prójimo,
Deseo del anciano tras el efebo que se escurre de la multitud.

Apenas sobreviven postales, retratos mutilados, reclamos de infidelidades,
Los juramentos y promesas han muerto enredados en los atrapasueños.
La casa se deshoja en el deslío de noviembre.
Cada hijo marchó con un catre, un libro, una taza.
Ya no hay libros.
Cada amigo se llevó tres, cuatro.
El último huésped ayer tomó prestados los siete que quedaban.
Ya no hay vida más allá de la agonía de las revistas de poesía.
El esqueleto de las bibliotecas bailotea en las sombras del candil
Y no importa,
A los casi ciegos nos estorban los libros.

Hace dos noches encendía el fuego con la obra inédita
Si bien es cierto que todo valía la pena...para el fuego.
El fuego ha celebrado y brincado hasta el amanecer
Los versos eróticos, los que mejor crepitan en las brasas.
Los versos épicos han humedecido y se niegan a arder,
Los versos a los amigos se abrazan en llamas azuladas.

Noviembre desdentado masca su papilla de recuerdos y sollozos.
Quizá alcance a escucharse tras su rumiar el clamor de mi bramido:
¡Yo amé!

La llanura del muro alguna vez vestido de blanco ostenta una plantilla
De allí cuelga una cintica tricolor que da fe que de allí colgó un tiple
Entonaba las guabinas y los pasillos y la contradanza y el bunde.
Yo sentado en las rodillas de mi abuelo aunque el murió en el treinta y tres
Y yo nací en el cincuenta y algo.
Y aun así recuerdo cada nota.

Abro la ventana y ha cesado de llover.
Cada charco refleja una luna diferente
Cada charco atrapa una nota de lejanía
Cada cristal añora el repiqueteo de la lluvia.
El abrazo, el gesto, la prenda, el beso, la caricia, el gemido.
Todos salen a celebrar con su canturreo el fin de noviembre.
Noviembre partió y ha dejado sus lodos secos y pestilentes
Como el pescado rancio en un congelador descompuesto.

Estas llagas no se cicatrizan con caricias.
Estas arrugas no se bruñen con el sol venidero,
Estas lágrimas no se enjuagan con la risa de infantes.
Estas manos se deshacen en tristeza y desapego.

¡Yo amé!

Publicado enEdición 208
Viernes, 28 Noviembre 2014 10:29

La cultura que lleva organización

La cultura que lleva organización

Al sur de Bogotá, en lo alto de los Cerros Orientales, existe un barrio que limita entre lo rural y lo forestal, el barrio San Rafael. Al llegar a él, por calles empinadas, quien asciende avanza por granulada lluvia que da la sensación de inicio del páramo. Como cualquier otro suburbio urbano, sus pobladores viven en condiciones económicas y sociales desfavorables. Sus casas, autoconstruidas, toman forma sobre calles a medio construir.

En este barrio, bello mirador bogotano, un grupo de jóvenes realizan arto arte. Los integrantes son residentes cercanos del sector, pero para ellos no importa si toca pintar en Usme, en el Humedal de Tibabuyes o en pleno centro de la ciudad. Su objetivo es descentralizar el arte.

Arto Arte surge en 2007 entramado en las relaciones de confianza y amistad con personas y colectivos vinculados a la historia de la organización local. Son un grupo de amigos que un día decidieron abordar temas y problemáticas buscando soluciones distintas. Así lo expresa "El negro" como le dicen a Jesús David Suárez: "Arto Arte es una excusa de un grupo de amigos para sacar adelante proyectos de diversa índole, donde desarrollan sus potencialidades. Pero por el camino se encuentran razones y desarrollan una filosofía que pesa. Deja de ser una sencilla mochila para convertirse en una maleta grande que camina entre signos y palabras para transmitir cosas".

Frente al conjunto de organizaciones políticas y espacios de articulación expresan: "No queremos seguir en mesas y espacios. Hay otras herramientas para intervenir estos lugares. No somos muralistas, somos un colectivo que utiliza el arte para desarrollar diferentes lenguajes".

El parche también lo integran Fabio Ramírez –´el periodista´–, Freddy Triana Vargas –que también explora las artes gastronómicas–, Jhony Pinzón –realizador de animaciones–, los más jóvenes como Jhon Lara y Ángel Serrano –con el registro visual–, y los apasionados del ruido chatarrero del punk como Jordan Rodríguez y Humberto Urquijo. Con la intervención artística y las prácticas culturales buscan integrar la comunidad revindicando la identidad local y memoria histórica. Su innovadora intervención gráfica de andenes y espacios públicos con murales alusivos a lo ancestral, a la flora y fauna, junto a la utilización del baldosín y vidrios para crear mosaicos en fachadas de casas, no sólo generan agradables estéticas sino que animan a la comunidad a cuidar y mejorar su entorno.

Quieren trascender lo territorial, de ahí el uso continuo del blog. "Nosotros no queremos quedarnos sólo en lo local. Es clave pero también es primordial abrirnos a otros espacios, queremos mostrarlo más allá de las fronteras locales. De esa manera buscamos escapar del aislamiento territorial de organizaciones que de manera cerrada cuentan sus propias historias entre sí".

Nosotros no queremos que este espacio se institucionalice; chévere aprovechar las ayudas institucionales para desarrollar el trabajo, siempre y cuando conservemos nuestra autonomía. Es verdad que esto se ha vuelto más grande, pero preferimos la ambigüedad, y de algún modo la informalidad, porque de allí surge cierta libertad que permite generar preguntas interesantes que la misma gente debe contestarse y no responder nosotros". La apuesta es llevar esta filosofía, y para ello hay que tener Arto Arte.

Publicado enEdición 208
La creatividad de las mujeres, un hecho que incorpora las trabas y da cauce a las fantasías

esas mujeres guerreras

como un solo hilo
surgieron de más allá del río
hacen trabajo ordinario
por ser tus devotas
sus manos lastiman con fuego purificador


Enjeduana, 2354 a.C.

 

Para iniciar repetiré lo que las artistas visuales han comenzado a decir en la década de 1970: el arte de las mujeres en la historia es un hecho que ha necesitado de una historia del arte feminista para ser percibido.


La invisibilidad de aquello hacia lo cual no enfocamos nuestra mirada es absoluta. Lo que no aprendemos a ver no lo vemos, a menos que colectivamente no aprendamos a enfocar lo que está en la sombra. La visión de águila de una, si no encuentra eco en la voluntad de mirar de otras, se convierte en una excentricidad. La humanidad de los enemigos durante una guerra, la historia moderna de los pueblos indígenas de América, la espiritualidad de las religiones ajenas, tanto como la escultura de las mujeres, el ritmo de la puntada, el contacto de la alfarera con la cerámica y el mensaje del color en el bordado, la autorepresentación en la confección de muñecas, la poética del canto de nana y el hecho histórico que en 2354 antes de la era occidental una mujer, Enjeduana, hija de Sargón de Agada y sacerdotisa de la diosa Inana, escribió los primeros versos que nos han llegado, los primeros versos escritos de la humanidad, son hechos sobre los que se nos ha enseñado a no dirigir la mirada.


La oftalmología contemporánea asume que la visión se desarrolla desde el nacimiento, para ello la vista debe ejercitarse. Si las niñas y los niños no tienen oportunidad de jugar en espacios abiertos, sus ojos no aprenderán a ver de lejos; la miopía es por lo tanto fomentada por los espacios cerrados como las aulas, los departamentos de interés social, los confinamientos. Estoy convencida de que existen pocos espacios que la educación haya cerrado más que aquellos relativos al quehacer de las mujeres en los campos donde el examen enfoca los artefactos, ideas y emociones de una actividad que la sociedad heteropatriarcal ha ofrecido/impuestos a los hombres como obligación y responsabilidad propia de su sexo-género.


El arte occidental, aún más que la investigación científica, al apelar a una supuesta emotividad que conmueve y suscita respuestas en todos los seres humanos, excluye a las mujeres y sus quehaceres porque no son representativos de la totalidad humana. Por supuesto, descarta de su historia y de su mercado también las artes de los hombres de pueblos que no acepta que integren la sociedad evolucionada que se supone el arte representa. Quien está educado a dominar no puede tolerar la plena igualdad de quien no reconoce igual. El arte occidental se revela en sus preferencias y en sus supresiones como un instrumento de abuso y sojuzgamiento, más que como emanación de una conciencia suprasensible.


Como lo viene estudiando desde hace década Eli Bartra, conocer el papel de las mujeres dentro del arte visual, y yo diría de cualquier arte, implica enfocar la vista a través de ampliar el conocimiento. La creatividad femenina, dice la filósofa mexicana, debe ser identificada como tal para convertirse en un elemento de la cultura de la inclusión y la no discriminación, pues es un modelo estimulante. Bartra, además, estudia como arte de las mujeres el arte que los discursos feministas actuales no toman en consideración, porque es arte popular que no prescinde de la reflexión acerca de la economía de las mujeres en el núcleo de convivencia y en la cultura de un pueblo. Confronta por ello el saber neutro y busca enfocar el arte desde fuera de la ciencia androcéntrica. Y subraya la importancia del enfoque para que la visión se abra: "... el solo hecho de tomar en consideración el género de las personas involucradas a lo largo de todo el proceso de conocimiento no significa per se que sea una investigación feminista si no implica transformación". Abrirse a la mirada del arte de las mujeres, es por lo tanto asumir la crítica de la realidad social estudiada desde los lugares de poder, es una revolución epistémica.


El arte androcéntrico y culto no tolera la plena igualdad cuando se define como una producción que da trascendencia a un grupo de autores especializados supuestamente neutros en términos de género, de pertenencia étnica y clase social, los "artistas".


Visualizar la creatividad de las mujeres en su lugar social y genérico, en la tensión entre aceptación y socavamiento de los valores estéticos y morales de género, en la persistencia de su acción a pesar de la invisibilidad a la cual la relegó la academia, puede dar por resultado el descubrimiento de la creatividad de aquellas que se disponen a realizar un anhelo. Perfeccionando la puntada, la bordadora expresa sus emociones; aprendiendo a cantar, la madre toma distancia de las normas que la obligan al silencio y entona una elegía a la vida diminuta de su recién nacida; la imaginación de la cocinera independiza la necesidad de alimentarse del gusto; la originalidad de la tejedora ofrece un lenguaje propio a la tela que recubre a las personas. De ser que el arte fuera realmente, como rezan los manuales de historia del arte, una actividad humana con reglas propias que se aprende y perfecciona, que toma distancia de las normas y que se abre a la subjetividad, la imaginación y la inspiración para lograr originalidad, gusto, emociones y lenguajes propios en un continuo fluir e intercambio de tradiciones, tejedoras, bordadoras, madres, cocineras serían artistas cuya creatividad nadie pondría en duda.


Pero no. El vínculo entre creatividad y arte es innegable, pero el arte de las mujeres por el contrario es negado y la propia creatividad de las mujeres es puesta en entredicho. Decenas de tesis de estudiantes de diversos cursos de estudios de género o de estudios de las mujeres, en instituciones de toda América latina, repiten un discurso emanado de las universidades estadounidenses: que no es lo mismo el arte de las mujeres que el arte feminista, que las mujeres pueden ser brutales con lo que le sucede al cuerpo de otra, que son insensibles a las violaciones, los abusos, la doble moral social. Si bien es cierto que las mujeres que no cuestionan el sistema de género tienden a ser repetidoras de la androfilia social dominante, en el arte de las mujeres he encontrado siempre, consciente o no, una mirada hacia la humanidad específica que las mujeres representan y que es una humanidad mayoritaria e invisibilizada, es decir no exaltada por los medios de construcción y reconocimiento de los conocimientos: la educación, la representación simbólica, la religión y el mercado.


Es sabido que en su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina (1950), la escritora mexicana Rosario Castellanos se preguntaba acerca de la existencia de una cultura de las mujeres y sostenía que las mujeres hacen cultura cuando no son madres, como si las dos actividades fueran incompatibles. Generar ideas es incompatible con generar las condiciones de sobrevivencia de una persona recién nacida.


La historia desmiente el hecho. Teresa Margareda da Silva e Orta, quien en 1752 escribió la primera novela de Brasil, era madre de 8 hijos. Françoise de Graffigny, seguramente la escritora más famosa del siglo XVIII, autora de Lettres d'une péruvienne, tuvo tres hijos, logró la separación de un marido que la golpeaba y mantuvo relaciones de amistad y de amor con varios hombres. Mary Pix, la autora de The Inhumane Cardinal (1696), tuvo dos hijos. La princesa de Cleves, que fue la primera novela histórica en francés, y una de las primeras novelas modernas en la historia de la literatura, fue escrita en 1678 por la madre de dos hijos, Marie Madeleine de Lafayette. La mayoría de las mujeres que han escrito a lo largo de la historia occidental, asiática, africana y americana son o han sido madres. Es cierto que las escritoras siempre tuvieron más visibilidad que las pintoras y las compositoras, eclipsadas por el taller paterno o del marido, interpretando la música del hermano, del padre o del marido; no obstante, la maternidad no parece haber sido un impedimento para la inventiva, el pensamiento original y la imaginación de ninguna mujer. Las alfareras y las tejedoras de todo el mundo lo prueban.

 

Ahora bien, el derecho a construir la propia subjetividad sin la obligación moral de aceptar o confrontar la maternidad, aceptarla o negarla, es uno de los puntos clave de la reivindicación de ponerle fin a un sistema de género que nos encasilla en una lectura fija de lo que es propio de cada persona nacida con un tipo particular de genitales. Ser mujer no es ser madre y ser madre puede no resultar del ser femenina, entendiendo este adjetivo como propio de la persona construida para el servicio a otras personas. Los productos de la creatividad de las mujeres, sea en las artes visuales que en la literatura y la música, así como en otras actividades que implican autonomía de pensamiento y expresión como la filosofía, la cocina, la didáctica, la exploración geográfica y los viajes, demuestran tanto la ruptura como la continuidad de la reflexión sobre qué es el sujeto femenino, rechazando las miradas convencionales sobre el cuerpo de las mujeres y el deber ser de su sexualidad.


Desde que a finales de la década de 1960, en Francia las feministas empezaron a repensar el trabajo de las mujeres, las artistas de diversos países revisaron las narrativas sobre el cuerpo, los roles, la sexualidad, la moral, la violencia y los compromisos de las mujeres, produciendo conocimientos críticos a través del arte. Tres décadas después, la grafitera colombiana que se hace llamar Bastardilla afirma que la lucha social por los derechos de las mujeres se expresa en los sentimientos de miedo, identidad, libertad, angustia y conocimiento interno. A la par, la artista urbana Deeedee Cheriel, de Chile, declara que su expresión está en los muros y es ilegal, sin permiso y vandálica como la fuerza que defiende su igualdad de quien la quiere dominar.


La recuperación de todo el espacio como propio de las mujeres nos devuelve a la cuestión de la creación. ¿Qué hay del uso del ganchillo y los hierros de tejer para crear espacios más habitables en lugares públicos, recuperados sin solicitar permiso, como lo hace el colectivo Teje La Araña? ¿O de las acciones de Luz Interruptus cuando utiliza la electricidad como elemento de instalaciones de denuncia de la opresión y discriminación que sufren las mujeres?


Como escritora sé que no me escapo de mi esquema corporal, es decir no me salvo de la representación mental de mi cuerpo y su capacidad para interactuar con las personas y el entorno. En mi construcción histórica como mujer, y en particular como mujer bisexual que empezó a rebelarse contra los roles de género, de clase y de racialización al alcanzar la mayoría de edad, fue en una incipiente adultez que imaginé modificar mi cuerpo al ritmo de una utopía. Una figuración poética me permitió intervenir en los cambios corporales que me han llevado a deshilar la construcción de género.


Cuando dejé de usar tacones, aproximadamente a los 25 años, me sentí más chaparra y necesité descubrir que caminaba con mayor comodidad. Por un periodo perdí la confianza en mi elegancia sin percibir el enorme beneficio que lograba con ello. Entonces me predispuse a imaginar una manera diferente de caminar. Así mi arte tuvo que transitar por la creación del abandono de la masculinidad: deshacerme de los papeles nocturnos, los enfrentamientos, la agresividad de los héroes y los amantes, el poder de la palabra que avasalla y la necesidad de reconocimiento. Nada fácil si además le suman que cambié de lengua de expresión y empecé a escribir literatura en el castellano de México cuando ya había terminado mis estudios universitarios de licenciatura.


Fui torpe como las púberes cuando cambian de cuerpo y se le caen las cosas de las manos o se tropiezan. En mis primeros cuentos, me llevaba por delante la escuela donde nunca me hablaban ni de feminismo ni de mujeres creadoras. Buscaba, inventaba, redefinía mi grupo social de mujeres en un área de la que me apropiaba para concretar historias, construyendo un nuevo imaginario del ser humano con tetas, molestias en el bus, extensión del horizonte, libertades improvisas, búsqueda de trabajo, presión para ejercer la maternidad, enamoramientos.


La creatividad de las mujeres no puede evitar la representación del lugar que las mujeres ocupamos en la historia y en la cotidianidad, nuestras historias personales de aceptación, tolerancia o rechazo. No es lo mismo sentirse parte del mundo que no estar integradas a él. Para interactuar con el mundo sin representar la esfera en la que nos recluyen la falta de aceptación o el rechazo, las mujeres creamos decantando la serie de situaciones e historias personales, enfermedades, países, familias, embarazos, sexualidades, violencias que nos han construido y nos la arreglamos para disolver los hábitos que producen el control de nuestros cuerpos.


La estructura de la violencia patriarcal está en el arte de los hombres, el arte de las mujeres refleja entonces una aproximación a otro campo del aprendizaje y el perfeccionamiento. Se inventa una confianza en sí misma y afianza con ella su percepción de la justicia, la educación y la seguridad. Ser mujer deja de ser así una discapacidad o un valor de mercado, se convierte en una realidad abordada desde la propia percepción de la realidad y la construcción no solo de la subjetividad de la propia comunidad sino también de cada una de nosotras. La palabra que circula y el escucha/lectura de otras nos reconocen otras formas de ser miembro de la sociedad. Las escritoras fijamos en palabras un imaginario que construimos a contracorriente con la economía del mercado de las editoriales. Las pintoras, antes de las grafiteras y las performanceras, han roto dogmas al reproducir una realidad que los espacios públicos no solicitaban mostrar. Desde un momento histórico y una capacidad de empatía con el sentir de otras, no solo con el reconocido sentir y expresarse de otros, las mujeres creamos. Con las palabras exigimos el fin de la discriminación, con las imágenes nos hacemos integrantes de una sociedad, con los giros verbales y los actos de todos los días resignificamos los que tocamos. Describimos la molestia de estar en el mundo con un cuerpo que la androfilia dominante permite que sea agredido; para ello debemos crear, necesariamente inventar, usos de todo lo que hasta ahora ha estado en boca, manos y mercado de la sociedad que nos convertía en un incómodo trámite para acceder a su reproducción.


La epistemología feminista refleja la aproximación de las mujeres al campo de saber que le permite cuestionar los patrones científicos de su exclusión. De ahí que cuestione la lectura de toda la experiencia del mundo, si no hay un desenfoque de la mirada sobre la importancia de lo masculino. Tener nombre, dar nombre, pintar las imágenes de la vida de colores propios (las mujeres tenemos una mayor percepción del color, no sólo somos infinitamente menos las daltónicas que los daltónicos, 0.05% de las mujeres contra el 20% de hombres) es adquirir presencia y hacerse visibles. Por ello, en un primer momento las mujeres nos expresamos casi desde lo más primitivo de la expresión: historias sencillas, recuentos de hechos, reconocimientos de trabajos invisibilizados y de deseos de belleza y de la dificultad de realizarlos, han hecho efectivos los derechos de las mujeres a su propia creatividad.


Por supuesto somos sumamente vulnerables a la crítica. El arte androfílico reconocido no se interesa por la condición de ser de las mujeres, que es la de un ser expuesto al riesgo. Al hablar estamos trazándonos como sujetos, al actuar examinamos los datos que nos conciernen, al pintar nos diferenciamos para definir la humanidad. Puesto que la condición de riesgo de la violencia de género es ser mujer, la violencia con que nuestras obras son recibida es brutal: o te amoldas o te inscribes en uno de los discursos feministas de reivindicación estructurada. La libertad de expresión de las mujeres es tan frágil como el fenómeno mismo de la creatividad en tiempos de exceso de intelectualización y cientificismo.


Como amantes de la pintura, siempre quedo sorprendida (y ofendida) por la ignorancia de la historia del arte realizado por las pintoras mexicanas durante el siglo XX. Muchas artistas que se inscriben en ciertas corrientes del arte feminista, y que creen que están descubriendo el hilo negro al transformar fotografías de prensa en dibujos animados, no conocen la obra de una Andrea Gómez, la grabadora que denunció al mundo que la primera víctima de una guerra es siempre la población civil que una madre y sus hijas encarnan.


No la conocen porque desprecian lo que han obedecido desconocer y no visibilizar. En el feminismo mirar hacia otra mujer y su estar en el mundo es la base de la ruptura del paradigma androcéntrico, es el primer acto para el reconocimiento de otra manera de crear. Por ello no me parece extraño que una de las expresiones de la creatividad de las mujeres es la de mapear su presencia. Desde lo maravilloso a lo terrible, desde el ingreso a los museos y a los parlamentos hasta la movilización social por sus derechos y la muerte por feminicidio. Mapeamos en la literatura que nos concierne, en la radio, el cine y sobre todo en el video para el internet. Nos trazamos presentes en las plazas, nos tejemos la presencia en las escuelas, nos describimos en las cocinas y en los quirófanos. Entrevistamos a madres, a pacifistas, a ingenieras en crisis, a ministras que renuncian, a mineras extraviadas, a activistas del ambientalismo que descubren que su tradicionalidad es revolucionaria. Los cuerpos de las mujeres en la historia no son ya mensajes que se transmiten los grupos de hombres con poder, son exposiciones de la realidad en sí, una manera de dejar de solicitar permiso de ser.


Alba Carosio, la filósofa feminista venezolana, afirma contundentemente que "el arte de las mujeres es otra forma de hacer feminismo". Es una idea que coincide con las prácticas artísticas feministas de la mexicana Mónica Mayer, performancera, dibujante, crítica de arte, creadora de un archivo del arte feminista mexicano de nombre extraordinario, Pinto mi Raya, que trabaja reivindicando dos nombres que según ella están siendo considerados como pasados de moda o cargados de significados negativos, los de Feminista y de Artista.

Artista y feminista, Mónica Mayer participa desde sus quehaceres en los movimientos sociales mexicanos, a la vez que revitaliza desde lo visual las demandas del movimiento feminista. "La maternidad secuestrada", por ejemplo, fue un acto de performance que en 2012 se desplazó del internet a las calles, impulsando a las personas que hacen arte o que lo siguen (el 80% de las personas que se inscriben a cursos de arte o de sensibilización artística en México son mujeres) a expresar visualmente con su presencia en la plaza central, el Zócalo, cuál es su idea de que la maternidad es a la vez impuesta y secuestrada por el control que se ejerce sobre las mujeres desde la cultura. Cada una dijo en un cartel, una máscara, un refrán grabado, una indumentaria, qué es para ella la maternidad secuestrada, lo cual en un país donde el secuestro es un delito común y casi impune, se reveló como un acto de resignificación de la palabra, a la vez que incidió en la denuncia del delito.


Según Mónica, la creatividad feminista es difícil de concretar porque las mujeres somos producto de una historia y estamos en el tiempo de esa historia. A la vez, la artista asume que entre creatividad y sociedad a transformar el lazo es el de la cotidianidad de la transformación crítica: ".... para mí, la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer, por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo...tenemos chamba pa rato".


El artivismo, o las expresiones gráficas creativas de las mujeres que se apropian de espacios considerados propios de la manifestación política de características masculina como la protesta y la denuncia, está siendo muy activo en América latina. El racismo, el clasismo, el sexismo son visualizados en exposiciones en espacios públicos sin solicitar permisos, descontrolando los espacios vedados a las mujeres. Los grafitis y la pintura mural, en este sentido, son el giro más evidentes al anonimato de la creadora, que es reivindicada desde el acto de subvertir la invisibilidad exponiéndola, criticando con ello el egocentrismo del artista masculino sacralizado.


El 7 de octubre recién pasado, Pinto mi Raya y el Museo de Arte de las Mujeres MUMA, organizaron en el Museo Carrillo Gil una jornada sobre el arte feminista y la participación de las artivistas en la sociedad. El cambio inmediatamente perceptible de actitud frente a lo que es el arte fue la calidad dialógica de las mesas. Sentadas una frente a otra, las artistas jamás se arrebataron la palabra. No debatían, dialogaban; es decir, se escuchaban para entenderse, para hacer crecer la idea sobre su acción, para que ya no haya una definición fija, comprable y transmisible como saber codificado, de lo que es la creatividad. En lugar de escuchar a la otra para contradecir o cuestionar su palabra, se entendían mutuamente, aunque no dijeran lo mismo. En particular, durante la primera mesa "Arte, activismo y feminismo", donde participaron Natalia Eguiluz, Edith López Ovalle, Laura Valencia y Minerva Valenzuela, las artistas moderada por Mónica Mayer dijeron que el arte de las mujeres tiene que ver con la sociedad en general. Cuando se cae el telón de la representación de lo ordenado, la creatividad de quien ha sido impedida a articularse hace posible lo imaginado desde los márgenes. El arte de las mujeres es, por lo tanto un gesto creativo que se origina al interior de las circunstancias en la que están los cuerpos sexuados por la tradición heterosexual, y que mediante la creación resignifica la memoria de la disidencia que la cultura oficial intenta con todos sus medios invisibilizar.


Comparto con ellas, desde la escritura que hurga en las ciencias y las relaciones interpersonales, que las acciones de arte nos juntan, dan pretexto para la fantasía (que se expande fantaseando).


Estoy convencida de que a las artistas nos fortalecen las miradas feministas sobre nuestro quehacer, porque nos evitan estar expuestas a la fragilidad que provoca la invisibilidad. Que nos vean otras mujeres, que nos lean, que nos comenten y con nuestras fantasías alimenten las suyas, es empezar a reconocer que lo que unas hacen crea ideas sobre ese hacer. La creación, como gesto, como momento de posibilidad de lo que antes no era, a las mujeres nos permite expresar lo que deseamos que acontezca. Nuestro interior, como dice la pintora poblana Rosa Borrás, revela la inexistencia de la seguridad de ser; con la fotografía, el grafito, el carbón se le registra como ausencia en los gestos y se construye como actividad nutricia. Mientras tanto, en lo exterior, desanda el laberinto y se improvisa literatura, danza, gesto, gráfica, teatro. El arte está ahí, como dice Mónica Mayer, para que lo vayamos definiendo, no para que limite qué estamos haciendo.

 

Ciudad de México, UAM-Xochimilco, 27 de octubre de 2014

Publicado enCultura
Viernes, 10 Octubre 2014 15:36

En el país de la memoria

En el país de la memoria


Mide casi dos metros, pero nadie lo veía como candidato al Nobel. Patrick Modiano, con sus novelas sobre la identidad de las personas y la amnesia de la historia, parece candidato a ser uno de esos escritores que el Nobel despierta y los lectores agradecen.

 

 

El escritor francés no figuraba ni a placé en el sitio de apuestas Ladbrokes para el Nobel, donde hace semanas estaba instalado como inamovible favorito el keniano Ngugi wa Thiong'o, y tallaban la bielorrusa Svetlana Alexievich, Haruki Murakami, Joyce Carol Oates y Philip Roth en opción estadounidense, o el poeta sirio Adonais (mi candidato posible, dado que en mi corazón persiste el portugués Lobo Antunes).


Aunque imprevisto, Patrick Modiano no es un Nobel exótico por el que habrá que esperar que lleguen las traducciones en sellos heroicos de la industria editorial española. Premio Goncourt en 1978, Modiano estaba algo lejos de los reflectores, menos comentado quizá que Pascal Quignard, su compañero de generación y según versiones olvidado en Suecia, donde hace años que no era traducido al idioma de premiación. En Montevideo, en cambio, sus libros están disponibles en la colección Narrativas de Anagrama, y la página de Gussi, su distribuidor, muestra nueve títulos del francés entre los que destaca su Trilogía de la ocupación, las clásicas Calle de las tiendas oscuras (que le dio el Goncourt) y En el café de la juventud perdida y la más reciente La hierba de las noches (2012).


Los caminos del Nobel no son insondables. Se me hace que este premio, que para algunos desequilibra la balanza de rotación en favor de Francia, tiene también sus razones de estrategia geopolítica y no evita aquella polémica disposición del testamento de Alfred Nobel que explícitamente mandataba premiar una literatura que fuese "idealista" y aportase algo a los hombres. Es posible que este premio tenga sus sondables razones como un premio que responde a una Europa en crisis, habitada por el miedo y con rebrotes xenófobos.


HABLA MEMORIA

 

Patrick Modiano nació, como predestinado a lo que habría de escribir obsesivamente, en 1945. Fue un hijo de la posguerra, un babyboomer. Su apellido denuncia el origen italiano de Módena, de donde llegaron sus ancestros, pero fue por su condición de judío que su padre debió esconderse para evitar ser enviado a los campos. Por "revelar el universo de la ocupación" a través "de un arte de la memoria capaz de evocar los más ina-sibles destinos humanos", argumentó el comité de la Academia Sueca, recuperando una memoria para Europa. Modiano "es el poeta de la ocupación y la voz de los desaparecidos", dice con felicidad Rupert Thomson en el Guardian.


En Calle de las tiendas oscuras la acción se ubica en los años sesenta y el protagonista, Jean, reiterado álter ego del autor, es un detective amnésico que busca conocer su pasado. Sus investigaciones lo llevan al tiempo de la ocupación y al gran trauma moral del colaboracionismo. Modiano parece haber necesitado siempre de una perspectiva histórica para su literatura, y esa mirada al pasado es lo que paradójicamente le da actualidad. Trabaja el pasado como un secreto que se resiste a ser entregado. En 2009 respondía sobre el ocultamiento histórico de los hechos: "Francia ha tenido tabúes sobre la ocupación nazi y la guerra de Argelia, básicamente. Lo que me impresiona siempre es que esos tabúes históricos los encontramos reproducidos a pequeña escala, en las vidas individuales, en los casos concretos de la gente que olvida aspectos de su biografía. Y sin llegar a la amnesia, si usted pregunta a alguien por su pasado, lo va a transformar sin darse cuenta. Esos falsos testimonios me fascinan. Es novelesco, es novela negra. El novelista es un detective". En la novela hay un pianista que, al estilo de Casablanca, toca "Que reste-t-il de nos amours?", una canción que hace la pregunta que la novela busca responder. La pregunta histórica se superpone a la personal. Modiano dedicó la novela a su padre porque al terminarla supo que había muerto y ya hacía diez años que no sabía nada de él. El ajuste de cuentas con el padre lo hizo el autor en Un pedigrí, una memoria autobiográfica sobre su infancia y primera juventud que publicó en 2005 y está también disponible en Uruguay. Cuenta la muerte de su hermano Rudy, dos años menor y que murió apenas con 10. A Rudy le dedicó cada uno de sus ocho primeros libros. Confiesa que, aunque lo que cuenta en esa breve memoria está disperso en sus otros libros como ficción, precisó que transcurriesen cuarenta años para poder hablar de esa intimidad y que pudo hacerlo cuando ya esos recuerdos no precisaban ser resguardados y lo que contaba era ya la vida de otro, y pudo contarla con una piedad que no necesitaba excusas. El premio ha resucitado de los archivos de los periódicos franceses la anécdota de cuando un Patrick Modiano de 18 años falsificó su carné de identidad para poder pasearse libremente en las noches parisinas. Con sagacidad, el periodista de L'Express postula que más que para pasar por mayor de edad, la verdadera razón estuvo en darse a sí mismo la edad de Rudy, el hermano, y anular así su muerte y vivir con y por él.


UNA TRADICIÓN

 

Si su padre marca su literatura desde la ausencia, hay un padre elegido en el universo Modiano: Raymond Queneau, el poeta, matemático y escritor vanguardista del Oulipo que lo amparó en su carrera literaria. Queneau lo conoció en el liceo Henri IV, un centro de enseñanza media productor de elites, y se hicieron amigos. Fue su testigo de casamiento y quien lo presentó a Gallimard cuando editó su primera novela. En el consagratorio Cahier de l'Herne que se le dedicó en 2012 se publicaron algunas cartas de Queneau; en una, de cuando le salió de testigo, le comenta a su esposa divertido que por la novia sale de testigo uno que lleva el nombre de André Malraux. Lo que es exacto y revela ese otro pedigrí cultural del autor. Como escritor de la memoria no es raro que Modiano reivindique a Proust, a quien dedicó un ensayo llamándolo "Mártir literario", pero en una lista más amplia de sus diez libros favoritos, la tradición se ensancha a otras lenguas e incluye al Dickens de Grandes esperanzas, el Mann de La montaña mágica, el Lowry de Bajo el volcán, presididos, eso sí, por un clásico francés, Tristán e Isolda. Más recientemente declaró su admiración por Peter Handke, un nobelizable a quien condena su posición favorable a Serbia cuando la guerra de los Balcanes. La lista de afinidades electivas debe completarse con cierta afición al policial. Previniendo deserciones, Eric Sarner, el escritor francés radicado en Uruguay y traductor de Idea Vilariño, celebró en Facebook un poco provocativamente el hecho de que el nuevo Nobel no sea "un experimentador de la prosa". Modiano explica por qué prefiere escribir sus historias lejos del barroquismo verbal y en una prosa directa y de frases breves: "porque para dar esa impresión de un sueño interrumpido, en el que entra alguien por sorpresa, necesito frases muy concretas, al igual que en algunos cuadros surrealistas, como los de Magritte, todo es muy preciso pero la impresión global es de sueño". También va en ese sentido su apego al policial: "los policiales me interesan como formas abstractas, por algo se los filma en blanco y negro". Casi todo en Modiano es un artificio que se confunde con lo real. Es el gran escritor actual de París, se ha escrito, pero de un París, dice él, "que ya no existe sino en mi memoria", el de su juventud.


Su mundo está hecho de identidades inciertas e historias ocultas. Sus libros son rompecabezas para armar pero también elegías, porque esos puzles raramente se arman, comparte con la novela negra la fascinación por el misterio, pero no tiene fe en que sea posible encontrar una solución.


Seguramente ocurra con otros muchos lugares en el mundo, pero es seguro que historias como la que cuenta en Dora Bruder sobre el caso real de una chica de 15 años, desaparecida y enviada a Auschwitz, o la escucha del pasado que otros no quieren oír, encuentre interés en lectores que han pasado por la experiencia de las dictaduras del Cono Sur. Es probable que un escritor que es definido como un "arqueólogo del pasado" y que crea personajes acuciados por entender quiénes son y quiénes han sido, tenga algo que decirnos.

 


 

Buscando al viejo hombre nuevo


Una escritora bielorrusa –cuyo nombre estuvo hasta ayer entre los favoritos a ganar el Nobel de Literatura 2014– recorrió la antigua Urss con un grabador. Buscaba un retrato hablado del hombre soviético. El resultado es un híbrido entre la antropología y la literatura. Puro periodismo.

 

"Seremos como el Che", dicen, todavía, los niños cubanos al recibir su pañuelo de pioneros en el patio de una escuela. Son los restos de un naufragio que el mar ha dejado en la playa. El naufragio de un intento que recorrió el mundo desde aquel primer cañonazo del crucero Aurora en el Petrogrado de 1917. El intento ya no de crear un nuevo sistema político o una sociedad de nuevo tipo, sino el hercúleo –y herético– intento de crear un hombre nuevo: altruista y forjado como el acero para construir y sostener un mundo más justo. Un intento que revelaría su imposibilidad y daría lugar a su parodia: el "Homo sovieticus", indiferente y apegado a la ley del menor esfuerzo.


Ahora que el principal impulsor de la utopía de un humano de nuevo tipo, León Trotsky, yace en una tumba mexicana después de que un agente de Stalin le partiera el cráneo con una piqueta de alpinista; ahora que el escritor disidente que acuñó la parodia, Aleksandr Zinóviev, al ver en qué se había convertido su país tras la caída de la Unión Soviética (Urss) pasó los últimos años de su vida en luna de miel con el neocomunismo, volviéndose un activista contra la occidentalización del abatido gigante; ahora entonces, a semanas del cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín, ¿qué ha quedado de ese hombre nuevo y su parodia?


O de la mezcla de ambos, los verdaderos hombres y mujeres que crecieron en el corto siglo soviético.


Esa pregunta se la hizo la escritora bielorrusa Svetlana Alexievitch, y para contestarla realizó una investigación literaria con mucho de eso que en periodismo se conoce como "gran reportaje". Tal vez la nueva aparición de su nombre entre los favoritos a ganar el Nobel de literatura motive a los editores de habla hispana a pagar por la traducción del libro resultante. Por ahora sólo disponemos de su versión en francés, La fin de l'homme rouge. Ou le temps du desenchantement (El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto), traducción del título original en ruso que, de manera literal, sería "Tiempos second hand. El fin del hombre rojo".


Mucho les dice ese "second hand" a los que vivían detrás de la cortina de hierro. La promesa del fin de los escaparates vacíos que todos esperaron con esperanza después de 1991 se transformó demasiado pronto en la realidad del consumo para unos pocos. La gran mayoría debió conformarse con la ropa usada de segunda mano, y las tiendas de second hand se reprodujeron como hongos en el antiguo campo socialista.


Entrevistada en marzo de este año por la periodista española Pilar Bonet, la autora bielorrusa opinó que el "hombre soviético", producto del plan para transformar la naturaleza humana en el laboratorio del marxismo-leninismo, sigue existiendo en Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán, Ucrania, Kazajistán, y el resto del territorio de lo que fue la Urss. "Creo que conozco a este hombre, que lo conozco muy bien, que he vivido con él muchos años. Él soy yo, yo y mis conocidos, amigos, padres (...). Ahora vivimos en distintos estados, hablamos en distintas lenguas, pero no nos puedes confundir con nadie. Nos reconocerás enseguida. Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte (...) estamos llenos de envidia y de prejuicios. Venimos de allí donde existió el Gulag...", escribió Alexievitch en el segmento del prólogo de su libro que cita Bonet en su artículo de El País de Madrid.


LA GRAN DEPRESIÓN

 

El desafío –destaca Bonet– de reconciliarse con la pérdida del gran proyecto que supuso la Urss, y de pasar de la "gran historia" a la "existencia individual", ha sido un golpe cultural que no siempre fue resuelto de la mejor manera. Alexievitch atribuye la abundancia de suicidas a la incapacidad de resolverlo, de reciclar para la paz lo que la bielorrusa llama una psicología de la guerra ("Somos guerreros. O luchamos o nos preparamos para la guerra. Nunca vivimos de otro modo. De ahí la psicología de guerra"), Guerra Fría, pero guerra al fin. Por eso la generación del poeta Evgueni Evtushenko, la de quienes habían sido evacuados a las aldeas siberianas durante la Segunda Guerra Mundial, creció con la sensación de haber "nacido tarde". Listos desde niños para la alarma antiaérea y para transformar las estaciones de metro en refugios antinucleares, no estaban preparados para lo que verdaderamente terminó ocurriendo.


Esa abundancia de suicidios ya había sido detectada por los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que en 1999 habían registrado cómo un número creciente de ex soviéticos se quitaban la vida al verse sumergidos en la pobreza, literalmente de la noche a la mañana. Téngase en cuenta que en 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones, pero a mediados de los noventa esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Eso, sumado al corte de la mayor parte de los beneficios sociales y el final de la seguridad del "trabajo para toda la vida", dio por resultado un panorama económico de la "primera década de libertad" que el Banco Mundial comparó con la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. La diferencia fue que la pérdida en el nivel de producción en la ex Urss fue el doble que la que sufrió Estados Unidos tras el derrumbe de Wall Street de 1929; y en algunas repúblicas ex soviéticas, como Georgia, se perdió casi el triple.


COCINAS LABORATORIO

 

El impacto de esos números en la lectura que las personas hacen de su propia vida (pero no solamente de esos números, también de lo que no puede medirse) es el centro de la investigación literaria de Svetlana Alexievitch.

 

En sus páginas hay algunas joyas. Como el fragmento de la generación de las cocinas. Si para Occidente la del 68 fue la generación de las luchas estudiantiles en las calles, para los soviéticos fue la generación de las cocinas. En la década del 60, cuenta Alexievitch, comenzó a masificarse la vivienda individual y los soviéticos pudieron dejar la cocina comunitaria y tener su propio lugar para preparar los alimentos. "La cocina para nosotros no fue entonces solamente un lugar de nutrición, era también un lugar de trabajo y una tribuna. Ahí uno podía criticar al poder, escuchar a la Bbc. En las cocinas nació la Perestroika. Pero no sólo. ¡Las ideas y proyectos fantásticos que nacieron en las cocinas! Ahí pasábamos nuestro tiempo bebiendo té, café, vodka. Y en los setenta ron cubano. Todos adorábamos a Fidel Castro. La revolución cubana. El Che con su boina. Una verdadera vedette de Hollywood. No dejábamos de parlotear. Y en lo mejor de la conversación siempre había alguien que miraba la llave de luz o el enchufe y preguntaba '¿Comprendió, camarada general?'. Esa sensación de riesgo... era como un juego. Sólo unos pocos se rebelaron abiertamente. La mayoría de nosotros éramos 'disidentes de cocina'."


Entonces llegó 1991. Y de las cocinas salieron a las calles. Sólo para comprender, registra Alexievitch en su testimonio coral, que si no tenías dinero no eras nadie. "La democracia era un animal que nos resultaba totalmente desconocido. No éramos antisoviéticos. Sólo queríamos una vida mejor. Poder comprar bluejeans, un video, y el sueño mayor, un automóvil. Todos queríamos usar vestimenta de colores y comer buenas cosas."
La imposibilidad de ese sueño volvió a muchos contra aquel que lo había alimentado. Enseguida del testimonio anterior, en contrapunto, el trabajo casi antropológico de Alexievitch en su libro hace surgir otra voz: "Gorbachov nos ha traicionado. Sí, nosotros hacíamos cola para conseguir pollos que azuleaban y papas podridas, pero esta era mi patria. Y yo la amaba. Era un gran país. Rusia siempre ha sido un enemigo temido por Occidente. Teníamos una civilización sin trapos y sin mercachifles. La civilización soviética. Tarde o temprano Gorbachov será juzgado. Espero que ese Judas viva largo tiempo para conocer la cólera del pueblo. En vez de una patria, ahora tenemos un inmenso supermercado".


El Washington Post reconoció recientemente que este sentimiento anti Gorbachov está muy extendido en Rusia, "especialmente entre los más ancianos y pobres". Una afirmación consistente con el estudio del Centro Yuriy Levada, que detectó que el 85 por ciento de los jubilados y el 79 por ciento de los ciudadanos de bajos ingresos preferirían que la Urss no se hubiera disuelto, opinión que en la media de la población era del 60 por ciento. Tanto es así que en los días posteriores a la anexión de Crimea, en marzo de este año, un grupo de legisladores oficialistas presentó una querella contra el padre de la Perestroika. Lo acusan por la de-sintegración de la Urss y por no haber respetado un referéndum en el cual la mayoría de la población soviética votó en contra de esa medida. El actual mandatario, Vladimir Putin, sin embargo, no se ha mostrado particularmente entusiasta con un eventual encarcelamiento del último premier soviético.


REVIVAL

 

Luego de la crisis de Crimea se produjeron las declaraciones de independencia de otras dos regiones que pertenecían a Ucrania, Lugansk y Donetsk, fronterizas con Rusia, dando lugar a una corta pero intensa guerra civil que llevó al límite las tensiones entre Washington y Moscú.
En los reportes periodísticos desde la zona de combates era frecuente ver banderas con hoces y martillos entre una variada simbología soviética en el bando separatista. Sus manifestaciones al pie de las estatuas de Lenin y su discurso profundamente antioccidental dieron al conflicto un aire de los años de la Guerra Fría.


Quizás el episodio más emblemático de ese regreso al pasado fue la resurrección de un tanque.


En junio se conoció la noticia –y se pudo ver el video en Youtube– de que un IS-3 de la Segunda Guerra Mundial, que estaba congelado como monumento en una plaza en la ciudad de Kostiantynivka, fue bajado de su pedestal, se lo hizo arrancar, y se lo puso nuevamente en servicio. Eso no sería nada si no se le hubiera pintado en el blindaje el nombre de Josip Stalin.
Así bautizado, el carro de combate volvió a disparar sus proyectiles de 122 milímetros, ya no contra los blindados alemanes pero –rizando un poco más el rizo– contra un ejército de Ucrania de sospechosas simpatías hacia la corta temporada en que los nazis fueron dueños del país.


Cuando debieron retirarse hacia sus últimos dos bastiones, los separatistas se llevaron su tanque. Y cuando lograron cambiar el curso de la guerra –según Kiev con apoyo militar ruso– y poner en desbandada a los ucranianos empujándolos hacia el Mar de Azov, volvieron a llevarlo como su arma talismán.


El nombre dado al tanque se suma a otros episodios, como los trolley decorados con la imagen de Stalin en varias ciudades de provincia, o la peculiar casualidad de que justo la manzana de la casa natal del ex hombre fuerte del Kremlin haya quedado intacta durante la guerra relámpago de Georgia (se dice que por expreso mandato de Putin).


Cuando Pilar Bonet le pregunta por el peso de la figura de Stalin en la memoria de los protagonistas de su libro El fin del hombre rojo..., Svetlana Alexievitch responde con dos palabras: "Está vivo".


INFANCIA PERDIDA

 

En su poema "Adiós, bandera roja nuestra", Evtushenko entreteje reclamos y compasión por su vieja patria. Una bandera que, "como una cortina roja", ocultaba tras de sí "al Gulag repleto de cadáveres helados".


En la estrofa final el poeta, que habla en nombre de quienes "nacimos en un país que ya no existe", un poeta que no es "lo que llamarías un comunista", refleja la nostalgia que Svetlana Alexievitch encontró en la mayor parte de sus testimonios. La nostalgia por el mundo de la infancia. Por esa porción perdida de paraíso. Porque "en aquella Atlántida estuvimos vivos y fuimos amados".


Lo mismo opina otra escritora, Zhanna Sribnaya, de 37 años. "Todos tenemos una cierta nostalgia de la Urss, en especial cuando miramos hacia nuestra infancia. Tiempos felices en los que un helado costaba siete kopeks y todo el mundo podía ir en verano a las playas del Mar Negro con los campamentos de pioneros. Ahora sólo la gente con dinero puede tomar esas vacaciones."


Entre quienes más han escrito sobre lo que significa haber vivido la niñez en la era soviética se destaca en primer lugar Zajar Prilepin, a quien la revista Newsweek considera "probablemente el escritor más importante de la Rusia actual". Nacido en 1975, ganó en 2008 el premio al mejor libro ruso con Pecado, donde aborda la realidad pos Perestroika, novela que en 2011 le dio el premio a la mejor obra en prosa de la década anterior.


"La enfermera corría detrás de mí para ponerme una vacuna, la vecina me cuidaba cuando era pequeño sin pedirles a mis padres dinero a cambio, la bibliotecaria me miraba de vez en cuando para decirme que había venido Elektronik (el personaje de unos dibujos animados de los años setenta) de la ciudad, el cocinero en la escuela me servía los trozos más apetitosos, nunca he visto a un policía en la aldea porque no había peleas, nadie robaba, no había gamberros. Nuestra enorme parentela se reunía y durante dos y a veces, incluso, cuatro semanas, se divertía, olvidando por completo sus deberes y preocupaciones; el fatigado país nos miraba desde lo alto y en su mirada no se percibía ni crueldad ni frialdad", reinventa –más que recuerda– Prilepin.


Y continúa: "La tranquila Unión navegaba a la par de mi infancia como una sombra grande y pesada. Cargada de hierro y de construcciones complejas fue encallando casi imperceptiblemente. Ahora permanece pesada y entumecida, inofensiva y herrumbrosa con sólo sombras en su interior, con sólo pequeños alevines, sólo una corriente indolente y glacial.
Imaginar cómo era la Unión para mí no es una tarea compleja.


Me viene a la mente por ejemplo la siguiente imagen. Una tarde en la aldea. ¿Se puede imaginar lo que es una tarde de aldea, invernal, fría y negra? No, seguro que ni se lo imagina.
Tengo 5 años y mi hermana 11.
Y silencio alrededor, sólo se oye el crujir de la balaustrada de la casa. Y nadie, alrededor sólo la Unión Soviética, inmensa, silenciosa y cubierta de nieve".

 

*Svetlana Alexievitch

 

Es bielorrusa. Pero nació en la Ucrania soviética en 1948, de padre bielorruso y madre ucraniana. Toda su carrera, periodística y literaria, la hizo en Minsk, hasta que la persecución del régimen de Aleksander Lukashenko la obligó al exilio. Vivió entonces en París, Gotemburgo y Berlín. Hace tres años regresó a su tierra y escribió el que probablemente sea su libro más importante hasta el momento: El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto. Ahí cultiva al extremo un estilo de testimonios corales que ya había ensayado en sus obras anteriores: La guerra no tiene rostro de mujer, El último testigo (ambos sobre la Segunda Guerra Mundial), El chico de cinc (sobre la invasión soviética a Afganistán) y Voces de Chernóbil (su único libro disponible en español).

 


 Miradas orientales

 

 

No es inusual, al hablar con miembros o ex miembros del Partido Comunista uruguayo, que admitan algo similar a lo que Svetlana Alexievitch encontró al recorrer la ex Urss. Cierto espejo de ese "nos reconocerás enseguida.

Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte".

Como si fuera una extensión del grabador de la escritora bielorrusa, Brecha registró una charla en una casa de Montevideo. Aunque parcialísima en relación con la diversidad de voces que podrían recogerse si se intentara mostrar la visión de los hombres y mujeres rojos de esta parte del mundo, bien podría insertarse en el libro de Svetlana.

Hablaron de eso de lo que casi nunca se habla, lo vivido en la cárcel y la tortura. Recordaron un reciente viaje al departamento de Colonia, a un homenaje a Nibia Sabalsagaray. Contaron historias jocosas, como la vez que entró un pequeño ratón a una celda y las luchadoras de Así se templó el acero versión Paso Molino se treparon espantadas a los catres del celdario. También historias de las otras.

Repasaron ese léxico de que habla Alexievitch, rescatando de la memoria palabras ya perdidas. Se rieron de sí mismos con algo de amargura. Iba a ser sólo una entrevista, terminó siendo el comienzo de un libro que ya lleva más de cien páginas escritas.

—Éramos muy inocentes también. De lo mal que iban las cosas en el campo socialista, por ejemplo, nadie decía nada.
—No, tampoco era así. Arismendi era el que no decía nada. Me acuerdo de que cuando fui a una reunión en Praga, que fue en el 83, a una especie de Comité Central ampliado, ya como para preparar el regreso, ahí Enrique Rodríguez hizo un informe y señaló muchas cosas críticas. Muy al estilo del partido, diciendo que el campo socialista tenía que resolver determinados dilemas, pero leyendo entre líneas uno se daba cuenta de que no todo estaba bien. Lo que pasa es que para los dirigentes, estando en un país socialista, no era fácil decir "esto se viene abajo".—Me acuerdo de un compañero que vino de la Rda y contó de un tipo que habían nombrado obrero destacado en una fábrica y agarró la medalla y se la tiró así en la cara al que le había dado la condecoración.—¿Cómo los afectaba a ustedes en plena época de la dictadura uruguaya?—No nos afectaba para nada, porque nosotros estábamos convencidos de que el campo socialista era mucho más fuerte de lo que después se vio que era. Me acuerdo de que tuve una conversación con un dirigente exiliado en La Habana y me dijo: "Lo que pasa es que en el socialismo la gente no trabaja, chau".—A mí en el 88 me mandaron del diario La Hora a la Unión Soviética, en tiempos de la Perestroika, y yo me quería morir. Después de que había estado en Cuba y había visto a la gente haciendo cola, llegabas a la Unión Soviética, la patria del socialismo, y volvías a ver a la gente haciendo cola. Yo qué sé...—No atender esas cosas fue un error tremendo del socialismo, fatal.—Igual te digo que ahora no están nada conformes con lo que vino después. Hace poco leía una entrevista a uno de los opositores de Rusia y fue durísimo con Putin. El tipo dijo: "Después de que se cayó el socialismo acá lo único que le han dado al pueblo es vod-ka". Es un capitalismo salvaje. Fíjate que la expectativa de vida cayó a 55 años, una barbaridad.

 

 

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David Fincher se ríe de nuestra degenerada cultura mediática

"Soy el director oscuro que coquetea con lo supuestamente siniestro de la mente humana. Soy un gran manipulador", ha declarado el cineasta David Fincher (Se7en, El club de la lucha, La red social, Zodiac) en Argentina a propósito de su nueva película, Perdida (Gone Girl), una adaptación al cine del best-seller de Gillian Flynn con la que construye, justamente, un apasionante retrato del arte de la manipulación y la falsificación. Ben Affleck y Rosamund Pike son los protagonistas de este juego cinematográfico, con el que el director, además de revelar un sentido del humor perverso, dibuja un certero mapa de la cobertura maliciosa que hacen hoy los medios de comunicación. Finche

r hace la fotografía a todo color de la degenerada cultura mediática que nos domina y se ríe sin disimulo del resultado.
Un misterio policial que se va transformando en thriller psicológico y culmina en sátira social. Es el recorrido que hace Fincher con este trabajo, en el que propone al espectador que disfrute con la farsa que le ofrece y que no se detenga demasiado en intentar desentrañar la investigación criminal. Aquí el 'cómo' sucedieron los acontecimientos o, incluso, el 'quién' no es tan importante como el 'por qué' ocurrió todo.


Vampirización de la tragedia


Ambientada en la Norteamérica de la recesión, la historia comienza en Nueva York para desplazarse a una pequeña localidad del Medio Oeste, es decir, a la normalidad. La mañana del quinto aniversario de su matrimonio, Nick Dunne llama a la Policía porque su esposa Amy ha desaparecido. La imagen de pareja feliz se va desmoronando a medida que la presión mediática crece. Y el marido abrumado del comienzo pasa a ser un tipo sospechoso del que todo el mundo se pregunta si ha asesinado a su mujer.

"No es una sátira de los medios de comunicación, es una historia de la vampirización de la tragedia, que es una cosa muy diferente", dijo en la radio pública de Estados Unidos el director, que descarga toda su malicia en el dibujo de los personajes de las presentadoras que manipulan el caso de Amy y Nick Dunne. La misoginia y la violencia de género planean sobre la historia y se acrecientan cuando estos personajes aparecen. Una nube de periodistas rodea la casa del protagonista casi desde el comienzo de la historia y hasta el final.


Vivimos en un "mundo sediento de revelaciones", escribe el cineasta en el dossier de su película, donde explica que su personaje masculino "se ve succionado por el torbellino de la ira pública". Y entonces, Nick Dunne muta en una persona completamente diferente de la que era, la persona en la que le han convertido los medios de comunicación con la complicidad de la sociedad abducida por estos.


Sátira del matrimonio

"Soy el tío que te salva de toda esta fabulosidad", dice Nick Dunne a Amy en los primeros minutos del relato. Están en una fiesta neoyorquina, ambos son escritores, ingeniosos, brillantes... No parecen ni de lejos los mismos personajes que viven poco después, cuando la crisis les ha alcanzado, en esa pequeña localidad del Medio Oeste. Y ahí está la otra gran declaración de intenciones de Fincher, que reconoce que su película "trata sobre las proyecciones narcisistas que hacemos de nosotros mismos para seducir. Cuando estás en la etapa de enamoramiento no te imaginas que en tres o cuatro años estarás aburrido, o que te enfrentarás con alguien que no tenías ni idea de que existe". En palabras de la actriz Rosamund Pike: "Todos estamos vendiendo una versión de nosotros mismos".


Versión que con el tiempo se va debilitando. En la pareja llega un momento en que la máscara cae y la imagen construida con tanto esmero desaparece. "Lo que me interesó de la novela es que hablaba de ese reflejo de nosotros mismos en el que tanto nos gusta mirarnos hasta que, pasados los años, el reflejo empieza a desdibujarse, provocando en nosotros una enorme ira y desconcierto, porque al dejar de reconocernos en el otro descubrimos que se ha convertido en un perfecto extraño", explicó el cineasta en Madrid, en la inauguración del curso de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI

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Fincher deja cinco años de convivencia a sus personajes y entonces ataca con toda su ironía y sarcasmo. Y presenta en Perdida la construcción de una incisiva sátira del matrimonio. "¿Qué pasa cuando uno decide romper la imagen de cónyuge perfecto, cuando uno dice 'no pretendo ser tu alma gemela'?" es la pregunta que se hace el director y que lanza al espectador para incitarle a reflexionar sobre el matrimonio en esta edad moderna.

El resultado, desde su punto de vista, no es nada tranquilizador. De hecho, el mismísimo Stephen King dijo, refiriéndose a este aspecto de la película, que en ella se hacía "un retrato hilarantemente aterrador del matrimonio, que hará reflexionar al lector sobre quién es en realidad la persona que duerme al otro lado de la cama".

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Gustavo Cerati: "Sos el ángel inquieto que sobrevuela la ciudad de la furia"

Las tazas sobre el mantel

la lluvia derramada...
un poco de miel
un poco de miel
no basta

El eclipse no fue parcial
y cegó nuestras miradas
te vi que llorabas
te vi que llorabas
por él

Té para tres
Un sorbo de distracción
buscando descifrarnos
no hay nada mejor
no hay nada mejor
que casa

Té para tres

El título de esta nota hace parte de los versos de Luis Alberto Spinetta, compuestos para "el músico del rock del futuro", el cantante, guitarrista y compositor, fundador de la banda "Soda Stereo", Gustavo Cerati, cuyo deceso acaeció el pasado 4 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires, a sus 55 años de vida, y tras una larga agonía de 4 que pasó en coma producto de un accidente cerebro vascular.

Tremendo músico, sobre todo con la guitarra, cantante y compositor fecundo. Lúcido y visionario uno de los mejores intérpretes del rock de América-latina. Incursionó en variadas formas del rock y otros estilos; la influencia de sus canciones quedó patente en 2007 cuando en la última gira de "Soda Stereo" –"Me veras volver"–, movilizó a un millón de personas en varios países de América Latina, llenando en Argentina seis veces el estadio de River Plate.

La música de Cerati y de "Soda Stéreo" tiene mucho que ver con las realidades del rock argentino, con sus particularidades respecto al de otros países de la región. Comenzando por lo que en la década de 1960 fue llamado el "rock nacional" argentino por ejemplo "Los gatos", "Almendra", "Manal", "Vox Dei", "Sui generis". Siempre existió la rivalidad del tango y el rock que marcaría también los procesos de las nuevas músicas.

De la relación con la "invasión inglesa" y la "invasión uruguaya" fue forjándose ese rock en español que era la gran novedad hace unas décadas, poco aceptada por las disqueras y por la sociedad. Pero ese rock estaba marcado por dos tendencias: una más popular, salida de los barrios obreros de la periferia de Buenos Aires, representada en Sandro "el irreverente", por Palito Ortega y Leonardo Favio, que usaron el pop y el folclore. Se la llamó "música complaciente" y de manera peyorativa les decían los "grasas". Mientras que el otro rock era el de clase media, el llamado "rock progresivo" de la ciudad de Buenos Aires, de Rosario, La plata y Mar del Plata. A esta última tendencia perteneció Cerati por un tiempo, aunque en alguna ocasión comentó que se inició en música con el "rock complaciente", pero que él no era de ningún lado.

Debe enfatizarse que el rock en la Argentina se desarrolló en la década de 1970 durante las dictaduras, expresando la protesta social no sólo contra la represión militar sino contra la represión cultural. La represión contra el rock fue muy fuerte pues cultivar este género musical era sinónimo de ser guerrillero.

"Soda Stereo surge en un momento muy especial: 1982, guerra de Las Malvinas –efervescencia nacionalista–, fin de la dictadura militar e inicio de la apertura política o democrática. La guerra había distanciado a los sureños de los ingleses, pese a lo cual las bandas que influenciaron a Cerati, Zeta Bosio y Alberti en la interpretación de la guitarra, la voz, el vestuario y la puesta en escena fueran inglesas: The Police, Queen, y Deep Purple, The Cure, inclusive Led Zepellin.

Influencias que deben matizarse por lo dicho por Cerati: "Influencias hubo. Se habla mucho de la música inglesa como única influencia (pero la hubo) de muchos discos de tendencias ambients-trance. También del rock nacional casi en su totalidad, con sus diferentes tendencias, desde Spinetta hasta La Biblia de Vox Dei". Y la música andina.

La principal crítica de "Soda Stereo" fue contra el hedonismo vivido en aquellos momentos por los argentinos, en su nueva condición política, pero también económica, y de tranquilidad social. Lo sucedido en 1988, al celebrar "Los tres días por la democracia", como apoteosis musical en la Avenida 9 de julio trasluce el estado emocional de los gauchos y su apertura a nuevos sonidos y estéticas, los que encontrarían rápida y positiva recepción en los restantes países de la región, aportando a su vez con sus particularidades.

Esa nueva estética musical de Gustavo Cerati lo llevó a tener un punto de vista sobre la función social del arte. Así se expresaba al hablar de sus discos: "[...] como la mayoría de mis letras, no necesariamente se ajustan a una realidad concreta que haya vivido sino que son producto de la mentira, la imaginación, la fábula y a veces de las cosas reales. La honestidad para mi está relacionada con hacer un proceso sin ponerle tapas en el medio y largar lo que uno siente. Pero no necesariamente tiene que ver con la verdad, no necesariamente tiene que dar un mensaje de ayuda humanitaria, o político, o lo que sea, para mí todo eso no tiene ningún sentido y no tiene nada que ver con el arte. O sea, el arte puede ser mentira también y me gusta que sea así. Lo mío puede ser mucho más real que lo de aquellos que parecen un noticiero cantado. Si una canción te sirve para hacer el amor, ¿es menos real que una que te dice que te están robando?".

Cerati tomó la música como la más importante de las artes, siguiendo a Hegel que decía que era la forma más elevada y pura del arte, "es mi forma de comunicación y de relación". Esta visión lo llevó a tener una manera de tratarla con visión futurista

Y por ello mismo tuvo una visión muy interesante sobre la relación entre arte y tecnología, no dejándose absorber por ésta pero usándola en la experimentación musical.

Gustavo Cerati fue escéptico, existencialista: "Todo es mentira ya veras, la poesía es la única verdad" (Dejàvu). Vivir el aquí y el ahora. Ecléctico en la composición pues integró diferentes géneros musicales en su trabajo. Hizo una música que logró posicionar diversidad de temas, entre ellos: "Música ligera", "En la ciudad de la furia", "Paseo inmoral", "Canción animal" "Puente", "Médium", "Crimen", "Fuerza natural", "Dejavu", "Bocanada", "Raíz"; pero ante todo fue un músico de perspectiva pues el estilo y las propuestas que dejó para la música serán parte del futuro: "Me verás volar sobre la ciudad de la furia donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos".

 

Referencias:

"Orígenes del rock argentino", Wikipedia.com
Paseo inmoral, vida y obra de Gustavo Cerati, rock.com.ar,
Cerati en primera persona (La palabra de Gustavo en un relato único), una investigación de Maitena Aboitiz, Ediciones B, Buenos Aires, 2012.

Publicado enEdición Nº206
Miércoles, 24 Septiembre 2014 10:49

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar de veinte años, maestro de escuela, lector furibundo del vanguardismo francés que lo cambió todo hace un siglo? Si vivieras no podrías parar de reír, socarrón, ante los homenajes de las adolescentes cautivadas por tus frases amorosas en internet, ante los académicos solemnes quienes de España a México, de Colombia hasta Argentina te celebran leyendo discursos hechos con piedras.

¿Cómo te va, Julio de cincuenta años, compañero, camarada que escribiera el panfleto más lúdico, más literario en lengua española, Fantomas contra los vampiros multinacionales, así como una novela política sin ninguna clase de pudor, Libro de Manuel? Hoy la gente de izquierdas se toma muy en serio, nunca sonríe y quizás desea parecerse a sus contrincantes, la gente de derechas –interesada en instrumentalizarte, en volverte un escritor inofensivo, simpático-.

Arriba hay personas y la internet y la tv, con sus lecturas pausadas, escasas, de Rayuela y de algunos cuentos tuyos que no terminan de entender. Hoy debemos entenderlo todo, Julio, para sacarle jugo a las cosas. Nada goza del privilegio de la inutilidad. Si en La vuelta al día en ochenta mundos aparece la famosa máquina que escribe literatura, ella sola, algún industrial reclamará su patente y conseguirá venderla bajo lemas relacionados con ahorrar tiempo. Los profesores, psicólogos y publicistas intentan sacarle enseñanzas a tus relatos. El Manual de instrucciones perteneciente a Historias de Cronopios y de Famas es una manifestación del estrés y la desesperación colectiva en la cual nos hundimos, dicen. Ómnibus, Los buenos servicios, son reportajes disfrazados de cuentos y sirven a la hora de entender el caos dentro de la contemporaneidad, continúan. Concluyen: Pameos y Meopas –tus poemas que pueden leerse de arriba a abajo y de abajo a arriba– lucen perfectos si quiere hacerse un performance con ellos.

Hay Cortázar para enamorar, levantar discursos políticos o entretenerse un rato antes de volver a las oficinas, al trabajo de ocho horas y a la supervivencia. Asimismo hay Cortázar para programas musicales –el jazz de Ornette Coleman por un lado, los tangos por otro. Pero de prisa. Antes de saltar a otra emoción, otra imagen audiovisual que encabrite nuestra atención.


Abajo hay la internet, la tv y las personas. Algunas ignoran que redactaste un proyecto ambicioso, quizás angustioso, de libro misceláneo –mezcla de géneros, del ensayo al cuento, de la novela al teatro–, 62/modelo para armar, donde puede verse tu rostro real, el de un intelectual voraz que había leído todos los libros, observado todo el cine, oído todas las músicas, con el único pretexto de jugar. Y jugar en serio, como Calac y Polanco, personajes de ese libro, con una convicción digna del guerrero o del místico. Si la realidad es lo táctil, lo inmediato, nos recordaste el otro lado, los otros lados: tu gato tenía trato con fantasmas, un hombre es asesinado por su propio pulóver, un tigre ronda las habitaciones de cierta casa familiar, a una orquesta se la come viva su público. ¿Para qué sirve eso? Para nada, esencialmente. Y para todo, si nos tomamos el tiempo necesario con intención de asimilarlo.

 

Explorador y coleccionista. Eso fuiste. Eso eres.

 

Han pasado cien años desde tu nacimiento. Le importas a muchos debido al pretexto más simple: diviertes con tus textos breves. Sin embargo, no olvidamos lo poco citado, lo desapercibido. Al brindarnos mundos que niegan o colman de plenitud a este nuestro mundo tan plano y uniforme, nos diste credenciales, documentos y sobre todo licencia para crear y habitar los propios rincones bajo otras perspectivas, similares a las del juego de estatuas en la línea férrea de Final del juego, a las del infinito trancón o atasco automovilístico de Autopista al sur.

Entre tanta floritura por tu aniversario, tanto sentimentalismo y cursilería, solo esperamos que la policía no te haya atrapado mientras leías los poemas de Pedro Salinas en la noche de un parque.

Le decías "Bicho" a Alejandra Pizarnik. Una evocación lejana de aquel insecto que tú mismo eras en Divertimento. Palabra cálida, sobrenombre humorístico y tierno que aproxima y hermana. Cuando escribías, las inmensas distancias entre lector y autor empezaban a diluirse. Apelamos a tus propias palabras: Este último texto [...] no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando allí, cerca, esperando, ayudando a la esperanza, con todo lo que se tiene. Hoy te decimos "Bicho".

Tú que invocaste al poeta francés Robert Desnos, muerto en el campo de concentración Terezín, y al poeta guerrillero Javier Héraud, asesinado en combate.

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la tv, abajo hay la tv y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Édith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

("Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana...")

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ése que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

("Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron, para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente...lo llevaré, toda la guerra...")

¿Cómo te va hoy, Julio Cortázar?

Publicado enEdición Nº206