Andrei Konchalovsky declara la guerra al "cine moderno"

El veterano cineasta ruso ganó el León de Plata a la Mejor Dirección en Venecia con 'El cartero de las noches blancas', una película que el artista retiró voluntariamente de la carrera por el Oscar y con la que planta cara "al cine moderno".

 

"He empezado a entender la esencia contemplativa del cine", aseguró en el Festival de Venecia el veterano Andrei Konchalovsky, un cineasta sorprendente, con una trayectoria exótica que le ha llevado de Tarkovsky a Chejov y Turguénev, pasando por Sylvester Stallone y Kurt Russell. Ahora, con su nueva película, 'El cartero de las noches blancas' (León de Plata a la Mejor Dirección en la Mostra), vuelve a mirar hacia Rusia para plasmar el desconcierto de los habitantes de un mundo a punto de desaparecer.

Rodada en el Norte de Rusia, en una población asentada a las orillas del lago Kenozero y con los residentes reales de ese lugar, la película muestra el paso de los días en un mundo en el que parece haberse detenido el tiempo. Un universo amenazado. Conectados con la Rusia continental solamente por una lancha, los vecinos del pueblo viven ahora casi de la misma forma que sus antepasados, aunque en este siglo XXI están a unos pocos kilómetros de un centro de lanzamiento espacial, a un paso de la desintegración.

El cartero del pueblo, Liokha, es el vínculo diario con la ciudad. Aleksey Tryaptisyn, el auténtico cartero de la localidad, es el protagonista del filme y, aunque debutante, fue una de las apuestas en el festival italiano para alzarse con el premio de interpretación.


Las malas influencias del cine de Hollywood


Un año y medio vivió Andrei Konchalovsky en ese pueblo antes de comenzar el rodaje de la película. Una producción que él retiró voluntariamente de la lista de títulos en la carrera por el Oscar. "Luchar por recibir un premio de Hollywood, me parece simplemente ridículo –dijo a la agencia ITAR-TASS -. En los últimos años he criticado duramente la 'hollywoodización' del mercado ruso, las malas influencias del cine comercial estadounidense en la formación de los gustos y las preferencias de nuestros espectadores. En cambio, los griegos con la crisis han demostrado ser originales".

'El cartero de las noches blancas' nace, de hecho, de su propia contrariedad ante la deriva del cine actual. "Desde hace pocos años, he comenzado a pensar que el cine moderno trata de impedir que el público se concentre en la contemplación", escribe el cineasta en las notas de dirección de la película. "Durante todo ese tiempo he vivido en la incertidumbre de saber si realmente había comprendido la esencia del cine. Este filme es mi intento por descubrir las nuevas posibilidades que ofrecen las imágenes en movimiento unidas por el sonido. Un intento por estudiar la vida sin ninguna prisa. La contemplación es el momento en que una persona asume su unidad con el Universo".


Cine para gente que come palomitas


Decidido a hacer la guerra al "cine de hoy", apuesta por volver la mirada a sus inicios, a un momento en que la cultura no estaba sometida a las reglas del mercado. "El cine ha dejado de responder a las preguntas. Toda la verdad está a un golpe de click, aunque sea una verdad banalizada", sentenció hace unos años en Segovia, en el homenaje que recibió en la Muestra de Cine Europeo. "Ahora que todo el mundo puede hacer cine con un iPhone, cambia la forma del cine, pero también cambia la conciencia humana".

'El cartero de las noches blancas' es una prueba real con la que el cineasta refuerza la afirmación que ha hecho varias veces de que él no hace películas "para gente que come palomitas. No se puede apreciar un filme mientras se está comiendo". Y, en esta línea, ahora reniega de uno de sus títulos más conocidos, 'Tango & Cash', la película que rodó con Sylvester Stallone y Kurt Russell y que abandonó finalmente por su enfrentamiento con el productor. "Como todas las películas de Hollywood, esa película es para gente incapaz de leer", declaró a The Guardian.


La competencia de McDonald's


El recorrido de Andrei Konchalovsky le ha llevado de vuelta a Rusia y al teatro y la ópera. 'Edipo Rey', de Sófocles, en los escenarios italianos es el nuevo proyecto de este cineasta de origen aristocrático. Descendiente lejano de Tolstoi, es hermano de Nikita Mijalkov, otro hito del cine de aquel país. Hijo de Sergei Mikhalkov, autor de la letra del himno nacional soviético y el himno nacional ruso, y de la escritora Natalia Konchalovskaya, es bisnieto y nieto de los pintores Vasili Súrikov y Piotr Konchalovsky. Estudiante de Música, cambió ésta por el cine, donde inmediatamente conoció al gran Tarkovski, con quien escribió 'La infancia de Iván'.

La filmografía de este cineasta ha recorrido desde entonces diferentes caminos, en los que ha dejado grandes títulos, muchos de ellos premiados, como 'Siberiada' (Gran Premio de Cannes en 1979), 'La Odisea' (Premios Emmy), 'Tío Vania' (Concha de Oro en San Sebastián), 'La casa de los engaños' (Gran Premio Especial del Jurado en Venecia), 'Homer y Eddie' (Concha de Oro en San Sebastián)... películas muy conocidas, algunas de gran éxito, rodadas en su época americana, como 'Los amantes de María', 'El tren del infierno' o la mencionada 'Tango & Cash'... y las más recientes, la adaptación de 'El cascanueces. La historia jamás contada' y 'El cartero de las noches blancas'.

Cine y cultura para un artista que ahora se ha aliado con su propio hermano (Mijalkov) para luchar contra la invasión americana... y no solo en el cine. Los cineastas se han convertido en propietarios de la cadena de cafetería Comemos en Casa, "una alternativa a las cadenas de comida rápida occidentales y a los McDonald's". Su intención es participar con los beneficios de este negocio en proyectos sociales, "colaborar con orfanatos, colegios internados y otras organizaciones".

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"Siento que he hecho cosas que podríamos llamar errores"

Al Pacino tiene tanto carisma que inevitablemente se hace cargo de cada habitación, cada set de filmación y cada escenario teatral en el que aparece. "Soy una estrella de cine", dispara en un momento, y no quiere que nadie lo olvide. Aun a los 75 años, tiene la temeraria confianza de la juventud, y las escapadas de antaño proveen el eco necesario para su discurso. El actor realiza sus saltos hacia el pasado con la voracidad del Doctor Who. Hablando del director de su nueva película Manglehorn, señala: "Cuando David Gordon Green se me acercó con el guión, pensé que sería interesante trabajar en cualquier película que realizara un director tan bueno". Y luego sale de su propia voluntad de trabajo: "En la primera El Padrino, Francis Ford Coppola me quería a mí y a nadie más que a mí. Los estudios no me querían, nadie me conocía, y creo que cuando un director se muestra interesado yo tengo la tendencia a avanzar más que a echarme atrás, aun cuando ni sabía qué era lo que iba a hacer con ese personaje".


El personaje epónimo que interpreta en Manglehorn es un hombre que vive en el pasado, que aún escribe cartas a una mujer que amó y perdió muchos años atrás, y que entra en un área de confusión a causa de Dawn, una cajera de banco que se interesa en sus excentricidades. Al analizar la película, Pacino se entusiasma hablando de obsesiones y la pertinencia de Holly Hunter interpretando a Dawn, y luego vuelve a volcarse en elogios hacia el director, antes de terminar la parrafada con un comentario sobre su método de actuación: "Traté de que la performance llegara desde el inconsciente. Cuando la veo ahora, creo que es lo que hice. No suelo trabajar así. Desearía haber intentado eso antes".


El peligro de entrevistar a Al Pacino es dejarlo que se salga con la suya. Es conocido por haber descerrajado en algunos reportajes soliloquios shakespeareanos de veinte minutos. Con lo que parece apropiado lanzar preguntas más directas, con la esperanza de que funcionen como una especie de balde de agua fría. Algo así como si se arrepiente de alguna de sus películas. ¿El Padrino Parte III, por ejemplo? "¿Qué se supone que significa eso?", dice como rápida y corta respuesta, con lo que hay que repetir la pregunta omitiendo el ejemplo de El Padrino, y sin mencionar buena parte del trabajo que ha hecho en la gran pantalla desde el comienzo del milenio: Pacino dejó de tener nominaciones al Oscar en 1993, luego del algo sobrevalorado impacto en 1993 con Perfume de mujer. "No me arrepiento de nada", dice con el tono desafiante que puede esperarse de alguien tan temerario. Luego vuelve a pensar. "Siento que he hecho cosas que podríamos llamar errores. Elegí la película equivocada, o no exploré a fondo un personaje, pero todo lo que hacés es parte de tu personalidad, y siempre sacás algo de ello. Apropiándose de la idea y la excitación de estar en esas situaciones y lugares, son más que sólo memorias: forman parte de tu vida."


Uno de los roles más famosos que Pacino rechazó (ver aparte) fue el de Han Solo en Star Wars. A pesar de todo, eso quizá fue una buena cosa: es difícil imaginárselo como el adorable pirata espacial que terminó asumiendo Harrison Ford. Pero sí hay un director al que rechazó, y parece arrepentirse de no haber trabajado con él: Manglehorn fue filmada en Austin, hogar del reclusivo realizador Terrence Malick. Pacino y su coprotagonista Hunter se encontraban con Malick en las pausas de filmación. "Hace mucho tiempo, Terry me pidió estar en una película... ése es otro de mis errores, y siempre deseé que hubiera una especie de museo de mis equivocaciones, todas las películas que rechacé hacer." Pacino prefirió hacer Bobby Deerfield, uno de los trabajos menores de Sidney Pollack, en lugar de Badlands de Malick. Y también rechazó Kramer vs. Kramer, Mujer bonita y Duro de matar.


La grandeza de sus actuaciones significa que a veces los roles que interpretó tomaron vida propia. Esto nunca fue tan real como con Scarface, en la que fue Tony Montana, un inmigrante cubano convertido en barón de la droga. El personaje y la vida que vivió se convirtieron en una suerte de modelo para criminales y fue celebrado por una plétora de gangsta rappers estadounidenses. La historia de mendigo-a-millonario en clave de drogas ha sido utilizada para glorificar la violencia. ¿Siente Pacino que esa película impactó en la cultura de un modo negativo? "No sé qué decir sobre eso, realmente", señala, pero su momento sin opinión tiene corta vida. "Veo Scarface y no la pienso como una metáfora. Veo lo que Brian De Palma quería decir cuando la hizo. Eran los locos ochenta, la década de la avaricia y la codicia, y cómo se estaba presentando al mundo: que la codicia era buena cosa, toda esa cosa de Gordon Gecko en Wall Street. Yo pensé que era una declaración bien sociopolítica, y creo que por eso los raperos la retoman. La gente del hip hop está fascinada con Scarface. Conozco un montón de gente que no trafica drogas y se siente inspirada con ella. Tiene cierta ingenuidad, eso de venir desde el fondo y ascender, que es por lo que la original me resultaba tan inspiradora. Y hay algo más que parece disparar otras cosas, que es esa sensación de sus ideales como outsider."


Pacino nació en Nueva York en 1940. Sus padres, ítaloamericanos, se divorciaron cuando él tenía dos años. Empezó a fumar y a beber de muy joven, y tomó algunos trabajos serviles para financiar su sueño de convertirse en actor. Tomó clases con Lee Strasberg. Empezó a actuar a fines de los años sesenta, y fue su interpretación de un adicto a la heroína en Pánico en el parque lo que atrajo la atención de Coppola. Los setenta, dice, son una especie de niebla: las películas de éxito, la vida rápida. Explica que nunca escribió una biografía porque no recuerda mucho de la década que lo vio en Espantapájaros, Serpico, Tarde de perros y El Padrino. "Uno no piensa en esos papeles como logros –dice sobre esos días de alta intensidad–. Imaginate un actor diciendo 'No quiero hacer más películas porque no puedo mejorar la última que hice'. En todo caso debería retirarme ahora. Pero a eso le llamamos descansar en los laureles. No se supone que hagas eso. Yo estoy a favor de eso, descansar en los laureles, tomar otra profesión, pero por alguna razón siempre quise seguir haciendo esto que hago."


El actor luchó para lidiar con la fama y la adulación que aparecieron en los años setenta a través de la botella. El alcoholismo empezó a afectar su carrera y llegó a un punto en el que estaba más fuera del trabajo que dentro. "Me ganó una especie de locura –dice sobre el tiempo anterior a que cambiara sus costumbres–. Ahora no bebo, no fumo, no tomo drogas."


Los ochenta trajeron la primera depresión de su carrera. Se tomó una pausa de cuatro años de las filmaciones luego del épico fracaso que significó Revolución (Hugh Hudson), ambientada poco después de la Declaración de Independencia estadounidense; sin embargo, siguió trabajando en el escenario teatral. Su amor por Ricardo III y Salomé lo llevó a hacer películas que abrevaron en esos textos teatrales. Nunca se casó pero tiene tres hijos, el primero con su entrenadora actoral Jan Tarrant en 1989, y luego mellizos con la actriz Beverly D'Angelo. Se lo ha relacionado con una cadena de sus coprotagonistas, incluyendo un affaire de veinte años (con pausas intermedias) con la coestrella de El Padrino Diane Keaton. En su autobiografía Then Again, Keaton dice de Pacino: "Le gustaban las cosas simples. A veces juraría que Al debe haber sido criado por lobos.

Había cosas muy sencillas con las que no se relacionaba, como la idea de disfrutar una cena en la compañía de otros. El es más de quedarse en casa, comiendo solo, haciendo sus cosas". Desde 2007 tiene una relación con la actriz argentina Lucila Sola, de quien lo separan casi cuarenta años.


En sus días de gloria, Pacino ganaba unos 14 millones de dólares por película. En 2011 recibió una multa de 188 mil dólares por olvidarse de pagar sus impuestos en 2008 y 2009. Su manager de negocios en ese momento era Kenneth Starr, que fue sentenciado a siete años de prisión por su participación en la "estafa Ponzi". Pacino pagó inmediatamente sus deudas e hizo una especie de predicación financiera al interpretarse a sí mismo en la comedia de Adam Sandler Jack y Jill. Es quizás el punto más bajo de su carrera. Parece a años luz de cuando hizo Heat, Donnie Brasco y Carlito's Way en los años noventa. Pero recientemente Pacino parece haber renovado sus instintos para hacer películas y elegir personajes que se ajustan a su talento.

Además de Manglehorn es protagonista de Danny Collins, inspirada en la historia real del cantante folk Steve Tiltson, y decidió tomar un personaje para la adaptación de The Humbling (2009), novela sobre un actor que sufre raptos de demencia. "Perdón por trabajar tanto –bromea–. Pero no he trabajado por algunos años. EN HBO, en televisión, conseguí buen trabajo, como los retratos de Phil Spector y Angeles en América. Hago aquello en lo que encuentro y siento que puedo contribuir de algún modo, y sentir que haciéndolo, signifique lo que signifique eso, estoy expresando algo que de alguna manera exprese mi talento, y ayude a comunicar algo como ser humano –explica–. Yo no suelo hablar de política, de filosofía o cosas por el estilo, pero si se mira mi trabajo puede hallarse una expresión de mí como persona. Creo que es algo que todos hacemos."


En cuanto al futuro, "hay cosas que en este momento están en pleno desarrollo". Una de ellas es The Trap, la nueva película de su compañero de Manglehorn Harmony Korine. Y todavía no descarta del todo participar en The Irishman, la película en la que Martin Scorsese lleva trabajando largo tiempo. Es algo que pondría a Pacino bajo las órdenes de uno de los grandes directores con los que nunca trabajó, y junto a Robert De Niro y Joe Pesci. No puede menos que esperarse que eso se concrete. "En realidad, siempre estoy tratando de abrirme del show business. Aun creo que hay algo para mí en ello, pero se vuelve cada vez más duro." Aun así, todavía no quiere considerar la posibilidad de colgar los guantes. "No voy a decir la palabra 'retiro'. Philip Roth dejó de escribir y dice que es feliz. Se abrió y hace lo que hace. Puedo entender eso, la cuestión de buscar cosas diferentes. Para mí, eso es el director que quiere usar tu trabajo, los riesgos que tomás, el desafío, el hecho de que a veces caés, te levantás y seguís adelante. Cuando lo hacés por un tiempo suficiente, querés seguir haciéndolo. Querés ese desafío."


Su mayor desafío parece ser estar actuando contra su propio pasado, como en El último despertar. "Tenemos que lidiar con nuestra imagen; aun cuando jugamos diferentes personajes, tenemos que lidiar con nuestra imagen, y en parte por eso hay cierta pretenciosidad en decir que sos un artista, porque sos una estrella de cine. Eso también está de más, también es pretencioso decir 'soy una estrella de cine', pero entonces... ¿Qué decís?". Y agrega: "Hay días en los que realmente lo disfruto. Tengo una vida y hago un montón de cosas, y hasta aquí mi trabajo ha sido mi vida. Si fuera un pintor nadie cuestionaría mi edad. Soy un artista, odio decir eso. Hay una cosa que aprendí muy temprano: una mujer con la que vivía dijo 'hagas lo que hagas, no le digas a nadie que sos un artista'. Yo dije 'no lo haré, voy a evitarlo'. Y he estado varios años evitando decirlo. Pongámoslo de esta manera: creo que soy un artista. Espero serlo".


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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"Ha fracasado Europa, la Democracia, la UE, el sistema monetario"

El escritor y ensayista Félix de Azúa acaba de ser elegido para ocupar el sillón "H" de la Real Academia Española. De su manera de entender el mundo ha ido dando cuenta en obras como "Autobiografía de papel", a raíz de la cual mantuvimos en su día una conversación que recuperamos ahora para entender sus claves. Dice Félix de Azúa en ese libro que aún estamos "emergiendo del Antiguo Régimen del mundo industrial, en el cual los grandes relatos y las utopías (la venta de felicidad) sosegaban la ausencia de sentido"; "que aún estamos ensayando cómo se sobrevive en una sociedad sin dios y sin ayuda externa, después de veinte siglos de religión cristiana y sobreprotección divina".

 

Analiza el autor los cambios vertiginosos experimentados en la cultura, concretamente en los distintos ámbitos en los que se ha desenvuelto su carrera como escritor: la poesía, la novela, el ensayo y el periodismo. Es una original manera de hablar de sí mismo y de su generación, tal vez la última que creyó en la fuerza, en el poder sagrado de la palabra artística.

 

Un viaje hacia el pasado que permite mirar por una pequeña rendija el nuevo paisaje por venir, un paisaje altamente tecnificado donde los jóvenes del futuro han de reinventar el significado de palabras como libertad. Contar las verdades, provocar al lector, enfrentándolo a prejuicios y mitos asumidos, es la manera que Azúa pone en práctica tanto en este ensayo como en "Contra Jeremías", un volumen publicado por Debate que reúne gran parte de sus artículos periodísticos. Unos artículos que, "buscan al lector que quiera encontrar algún consuelo en una posición totalmente marginal, la de no creer una sola palabra gubernamental y construir su propia vida como si no existiera la España oficial". Una defensa del individualismo que se convierte en el tronco central de su pensamiento.

 

– ¿Es "Autobiografía de papel" el retrato de un hombre decepcionado?

- Para nada. En este libro he intentado ser lo más objetivo posible, no dejarme engañar por nada y si tenía que ser un poco cruel, pues lo era, pero sin ninguna decepción. El mundo, la vida, no sólo no me ha decepcionado, sino todo lo contrario. Me ha llenado de gozo y de alegría. Para mí la vida es una fiesta; dicho lo cual no me puedo engañar en absoluto sobre las condiciones en las que se desarrolla esa vida, que no tiene nada de fácil. Una cosa es que yo no esté decepcionado y otra que no sepa exactamente cuáles son las condiciones que se imponen de una manera férrea desde el exterior. Dicho incluso de una manera más simple: no hay decepción porque todo el mensaje del libro es: "Hazme el favor de creer en ti, deja de creer en colectivos, cosas gregarias, ideologías, partidos, religiones. Haz el favor de creer en ti..."

 

– Pero, ¿no es cierto que vivimos con una sensación de fracaso permanente: fracasados como sociedad, fracasados como país, fracasados como europeos...?

– Bueno, sí, pero ¡ojo!, porque esta sensación la ha habido siempre, aunque tendamos a olvidarlo porque también existen pequeños momentos de fiesta. No te quiero decir la sensación de fracaso que teníamos los de mi generación cuando vivíamos en Madrid con 20 o 30 años, esa sí que era una sensación de fracaso. ¿Qué hago yo aquí, bajo este paraguas de militares y curas? La sensación de fracaso nunca es verdadera. Hay momentos difíciles, claro, y son los momentos en los que hay que inventar cosas. Precisamente en la España de Franco, aquella España espantosa, yo y la mayoría de mis amigos y compañeros de generación nos fuimos fuera, aprendimos francés e inglés fuera de nuestro país y vimos cómo funcionaba Europa cuando España era África. Luego todo eso se aplicó. En el momento eufórico, cuando Felipe González ganó las elecciones en el 82, mucha de la gente con la que contó, venía de esa experiencia.Maravall había estado conmigo en Oxford dos años antes... Ese momento de euforia duró un tiempo y nos hizo olvidar el fracaso, pero luego llegó el episodio de los GAL y recuperamos la misma sensación ácida. Decíamos que la izquierda había fracasado, que aquello era un desastre. Todo es un ir y venir y ahora estamos de nuevo metidos de lleno en la pérdida de la euforia. Lo que sucede es que es mucho más grave porque es global. Antes estábamos acostumbrados a echar toda la culpa a España, a Franco, al presidente de turno. Ahora estamos en un momento en el que la infelicidad es general, global. Ha llegado a toda Europa, también a EEUU, aunque lo disimulen mejor... Es algo muy gigantesco; la sensación de fracaso es enorme.

 

– Pero hay otra variante importante. Cuando hablas de la España de Franco, de la dictadura, en esa etapa existía la esperanza del cambio, de ir hacia un modelo de Estado diferente; pero ahora sabemos que no; que el problema no es la crisis económica sino el pudrimiento de todo el sistema. Y desde los poderes establecidos se ponen todo tipo de cortapisas al recambio, a la transformación...

– Estoy de acuerdo: no hemos fracasado nosotros. Ha fracasado Europa, la Democracia, la Unión Europea, el sistema monetario. Es una enormidad. ¿Y eso qué quiere decir? Quiere decir que estamos cambiando de paradigma, como se decía antes, de era, de civilización. Estamos yendo hacia otra cosa. Seguro que esa otra cosa les provocará a los más jóvenes un momento de euforia tarde o temprano, pero todavía no ha aparecido. Por eso yo insisto siempre en estos libros que pueden parecer tan negativos: "Cuidado, lo que tienes que hacer es cuidar de ti mismo. Es verdad que los tiempos son malos, pero eso lo que exige es simplemente más esfuerzo, más imaginación y menos queja".

 

- En la "Autobiografía de papel" dices que "algo está feneciendo y una cosa nueva está a punto de nacer". Viéndolo así parece muy estimulante. ¿Te lo parece?

– Por supuesto que sí, que me parece estimulante. A la gente que me dice que yo lo veo todo muy negro les contesto que está equivocada. No lo veo negro, todo lo contrario. Es verdad que hay mucho dolor, mucho sacrificio, pero, por otro lado, me parece una época interesantísima. Cada cinco años el mundo cambia a una velocidad de vértigo. Yo me acuerdo de lo que era viajar en avión hace nada, 15 años. Era algo elegante, lujoso. Pero ahora los aviones parecen autobuses de línea donde la gente va como ganado. Ahora lo lujoso realmente es ir en tren. Y si esto, que parece tan simple, ha pegado este cambiazo, no tenemos ni idea de lo que va a suceder dentro de 10 años.

 

– El placer de viajar en tren es como una vuelta al pasado. ¿El cambio puede venir recuperando cosas del pasado que ya dábamos por inútiles, por perdidas?

– Sí. Puede suceder que lo que llamamos pasado sea el futuro. Vayamos a la Venecia del Renacimiento. El Renacimiento es una época muy curiosa. Los humanistas eran unos tipos de la Italia del Norte, florentinos, milaneses, que veían un futuro esplendoroso, pero con la forma del pasado. Entonces empezaron a hacer cosas muy graciosas. Se iban, por ejemplo, a los montes, por los Alpes, medio muertos de frío, para llegar a monasterios donde compraban las viejas ediciones manuscritas de las obras grecolatinas. Y lo hacían porque su idea del futuro tenía la forma del pasado. Eso puede volver a suceder. Uno de los errores más grandes de la izquierda que tenemos, y que ha perdido todas las ideas y toda la capacidad de pensar, es el progresismo mecánico que ha aplicado sin tregua. Eso ha sido un error, una falacia, la práctica de un lenguaje de la Guerra Fría. No todo lo del pasado es horrible. Al cargarse el pasado y la Historia, han maltratado la educación y la han dejado en manos del totalitarismo nacionalista. En el Renacimiento sucedió todo lo contrario y puede aparecer de nuevo, perfectamente, una forma de hacer futuro utilizando cosas del pasado. ¿Por qué no?...

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Miércoles, 17 Junio 2015 06:12

Cuadro rojo con Malevich

Cuadro rojo con Malevich

¿Somos capaces de reconocer en las formas más simples, como cuadrados y círculos, toda la variedad de expresiones?

"Las plazas son nuestra paleta". Esto decían los muros de Vitebsk, según cuenta Sergei Eisenstein en sus memorias, cuando regresaba a Moscú desde el frente occidental de la guerra civil rusa, donde había participado en el trabajo de los trenes de agitación propagandística, en septiembre de 1920. El director de cine detalla que por esta antigua ciudad de provincias había pasado el pincel de Kazimir Malevich.


El tradicional ladrillo rojo de las calles principales, común a tantas otras ciudades de la región occidental, se encontraba cubierto por pintura blanca. Círculos verdes, cuadrados naranjas, rectángulos azules y trapecios verdes destacaban sobre el fondo blanco, en una decoración suprematista que mostraba la huella móvil de Malevich.


En 1915, hace justo cien años, el pintor ucraniano había mostrado su ideal artístico en un lienzo titulado Cuadrado rojo. Realismo pictórico de una campesina en dos dimensiones, donde una simple forma geométrica similar a un trapecio de color rojo domina sobre una superficie blanca, sin más aditamentos.


Una pintura tan sencilla lo dice todo. Por un lado, aunque se afirme que es un cuadrado, en realidad presenta una ligera deformación hasta convertirlo en un trapecio, casi imperceptible a primera vista. Por otro lado, tenemos los colores. Sobre el blanco monárquico surge el rojo, el color histórico del campesinado ruso, que parece anunciar la guerra, las revueltas y las huelgas generales.


Una lección nos queda: ¿somos capaces de reconocer en las formas más simples –cuadrados y círculos, por ejemplo– toda la variedad de expresiones? En ese trapecio rojo yo veo el retrato perfecto de esa campesina rusa. Y veo a Malevich. Y la historia del siglo XX, y el comienzo de una esperanza, y me veo a mí mismo, contigo, lectora o lector. Sólo hay que saber mirar. Rojo sobre blanco, todo sobre nada, el porvenir sobre el pasado.

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La transformación del escenario en un templo ritual contra la violencia de Estado

Durante la semana de la "Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz", desarrollada entre el 6 y el 12 de abril pasados, el teatro jugó un rol primordial. Diecisiete grupos latinoamericanos se movilizaron como parte de la Cumbre para ofrecer a un público masivo una mirada múltiple sobre el conflicto. Artistas que apostaron juntos a partir de la convicción de Patricia Ariza –directora de la Corporación Colombiana de Teatro e iniciadora del festival– de que "El arte puede transformar el dolor en fuerza".

La obra de la mexicana Violeta Luna, "Vírgenes y diosas", fue una de las puestas en escena. Una ilustración punzante en un momento en que su país sufre más que nunca la violencia de Estado, cuyo más reciente hecho aún no deja de concitar a la opinión pública nacional e internacional: la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Pero, ¿cómo explicar esta obra? Las palabras hacen falta para describir tanta belleza mística. Violeta Luna hizo suya la estética mexicana de la muerte y la feminidad azteca para crear, frente al espectador fascinado, un ritual sincrético mezclando lo divino y lo profano para evocar la memoria de los desaparecidos.
Transfigurándose de diosa en diosa, por un juego impresionante de trajes. Mostró vida y muerte de la muerte misma.

El primer cuadro aparece con una falda negra tradicional, sentada en el centro del escenario, divina y espantada, el pecho pintado, su abundante pelo blanco cargado de flores rojas y los brazos y las piernas heridas por pinzas que la aprietan.

El inquietante silencio que ronda el escenario es roto por una música jadeante que acompaña su extraña invocación, como un acto sexual oculto y violento –los combates quizás– que la lleva a parir ante nuestros ojos atemorizados ante la muerte furiosa –el crimen quizás–: un cráneo dorado de ojos rojos, que sale de sus piernas, como vivo, para amenazar al público.

Luego, impera la calma. El cráneo depositado en el suelo, la diosa, en un gesto ritual, viene a encerrarlo en un círculo de tierra. La muerte da espacio al duelo y ahora es una diosa-madre la que tenemos al frente de nosotros. Ella contiene toda la tristeza del mundo en sus ojos y bajo un velo –de mentiras– viene a descubrir la verdadera imagen de la muerte: un cráneo con la figura de cada uno de los desaparecidos.

-¿Alguien tiene una piedra?, pidió.

Y con toda la gravedad de una ceremonia mortuoria, algunos entre el público se levantan para ir a depositar consecutivamente, y en silencio, las piedras blancas en su falda –en memoria de los desaparecidos.

En fin, agotada, se limpia de sus pinturas de guerras y de la sangre en su mano, recitando los nombres de los desaparecidos. La muerte expiada, la diosa se va, retira su corona y su vestido majestuoso, y deja espacio al mundo de los vivos, a una mexicana que se queda cuando los otros son muertos, y desaparece en la sombra dejando hablar el silencio de la muerte.

La obra se acaba, o mas bien se acaba el ritual, y la artista aparece por fin después de sus transfiguraciones. La obra no le ha quitado el dolor que llevaba en sus ojos pero que supo apozar en este dolor con una fuerza artística vibrante, y estéticamente maravillosa, al servio de un acto purgatorio de memoria colectiva contra la violencia de Estado.

 

De forjadores de sueños

 

Yolanda Puyana Villamizar

 (Profesora de la Escuela de estudios de género, Universidad Nacional)

“Los artistas pueden mirar mil prismas y mil posibilidades para poder construir, crear y tener relaciones productivas, especialmente con los jóvenes para que cambien de proyectos de vida, en los que no sea simplemente la guerra sino que se planteen otras salidas distintas en la vida. Se han hecho pruebas muy bonitas en las comunas de Medellín, que vale la pena seguir promoviendo y profundizando”.

 

Soraya Bayuelo

(Coordinadora del Colectivo de Comunicaciones de los Montes de María)

“La creación audiovisual, en la construcción de la paz, es fundamental, desde el punto de vista de la comunicación transformadora, la comunicación para el cambio social, por que desarrolla un papel mediador que visibiliza la voz política-pública de la gente que está en este concepto de comunicación para el cambio social.

Diferente a la comunicación tradicional, masiva, que a veces no le da la autonomía al sujeto que está haciendo la transformación, y ya eso es un principio de autonomía para construir la paz. Cuando tienes el derecho a la palabra, cuando quieres contar a través de los medios, llámese prensa, televisión, radio o cualquier otro medio alternativo, lo que tu crees, lo que tu piensas para transformar esa realidad, y eso se da en ese ciclo comunicativo, es un papel fundamental de la comunicación. Creo que es clave, absolutamente, para construir la paz, para construir valores, para construir una nueva sociedad.

Publicado enEdición Nº 212
Jueves, 23 Abril 2015 15:40

“Como vamos, vamos mal”

“Como vamos, vamos mal”

Abril abrió su calendario con nuevos aires. Durante su segunda semana (6-12), Bogotá fue el escenario de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz, a la que asistieron más de 130 mil personas, para escuchar, ver, compartir y discutir visiones sobre la paz con académicos y actores sociales de diferentes procedencias, tanto del país como del exterior.

Las actividades fueron diversas, como lo es nuestra cultura. Danza, música, cantos, teatro, todas las expresiones artísticas hicieron parte de esta gran Cumbre que llevó a diferentes conclusiones, pero que propició un espacio reflexivo hasta no visto. Un lugar para discutir sobre el significado de la tan mencionada palabra paz, y descubrir cómo la valoran y proyectan desde diferentes ángulos.

La educación y la paz

La educación es un tema central en la construcción de un país, más aún cuando la pretensión es alcanzar la paz. Es por eso que en esta Cumbre no podía faltar este importante tema. Fueron dos sesiones las organizadas para tratar la educación, en los que se evidenció lo que muchos ya saben: en nuestra sociedad, la cultura, las artes, la música y hasta el juego son ajenos a la formación de la mayoría de sus miembros.

Experiencias en educación artística

El lunes 6 tuvo lugar un encuentro de experiencias sobre la educación artística en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán –TJEG. Los invitados fueron Evert Peña, músico fundador de la Escuela de Puertas Abiertas de Música Tradicional, espacio de enseñanza de la marimba como forma de resistencia "Semillas del Litoral" en El Charco, Nariño; Ramiro Noriega, exagregado cultural de Ecuador en Francia, ministro y viceministro; y Carlos Miñana, doctor en antropología social y cultural, magister en educación y licenciado en pedagogía musical. Ellos compartieron sus experiencias desde diferentes puntos de partida.

Evert Peña, un hombre alto, con sombrero de paja y de piel negra, dio a conocer los avances en la educación de la Marimba y destacó la música como parte fundamental de su cultura, desde que nacen hasta que mueren. Ramiro Noriega, habló sobre cómo le están apostando en Ecuador a que el arte y los artistas hagan parte de la universidad, para dejar de ser simples invitados a distintos eventos.

Carlos Miñana, planteó que es una falacia pensar en la música como formadora de paz, pues con ella también se partió hacia distintas guerras, pero también la han utilizado para engañar gente y violentar a otros. La música es una herramienta que es posible de utilizar para lo bueno y lo malo, la decisión de qué hacer con ella es de cada uno; fue su mensaje.

Finalmente, sobre una investigación que realizó a diferentes iniciativas de educación artística en el país, compartió su conclusión: no existe fórmula para enseñar la música y el arte en general, una fórmula que conlleve a la construcción de paz, todo depende de la gente, de la historia, de los conflictos, de las costumbres, todo depende del contexto.

Arte y educación

Al día siguiente, el martes 7, en el mismo escenario –TJEG–, un panel con cuatro invitados discertó sobre el arte en la educación: Jesús Martín Barbero, teórico de la educación y la cultura; Mario Hernández, médico y el candidato ganador de las elecciones entre estudiantes y funcionarios para ser el rector de la Universidad Nacional; Renato Ortíz, teórico en cultura, diversidad y globalización; y Patricia Ariza, dramaturga, directora de la Corporación Colombiana de Teatro.

Uno a uno, opinaron desde su experiencia, señalaron y propusieron los aspectos que consideran están ausentes en la educación colombiana para la formación de sujetos activos. Sus apreciaciones fueron aplaudidas por los asistentes que llenaron el teatro y que salieron con más argumentos para sostener la premisa que muchos ya han pronunciado y que sintetizó Hernández en una frase: "Como vamos, vamos mal". Pero aún más importante, salieron con varias ideas, propuestas, y con la convicción que el país requiere un cambio, que su concreción debe ser lo más pronto posible.

La sensibilidad humana, el arte y la paz

Jesús Martín Barbero enfocó su ponencia sobre la importancia de la sensibilidad en el ser humano. De la cual se desprende la creatividad, el gusto por la lectura y la escritura, y básicamente la posibilidad de formar sujetos modernos.

La escuela, después del kínder se convierte en algo ajeno al juego, dijo, "se acabó el mundo expresivo, se acabó el mundo de los sentidos, y de los sentires. Al maestro le importa un carajo lo que le pase a los sentidos de sus alumnos [...] porque enseñan un saber racional. Resulta que la dimensión del sentir es la dimensión del gozo y del dolor que pasa por el cuerpo, no solo por la cabeza, y eso lo sabemos los latinoamericanos mejor que nadie".

Los aplausos para el profesor llegaron sin espera. El discurso, que realizó con tono fuerte, resaltó que sin la estimulación de los sentidos es imposible el arte, así como es imposible lograr la paz.

"Antes de que se hablara de modernidad, un filósofo alemán ya planteó que la formación estética, la formación de la expresividad y de la creatividad era la clave de formación del ciudadano. Es decir, sin formación de la subjetividad no hay sujeto moderno [...]. María Teresa Uribe Hincapié –tuvo que ser una mujer la que se atrevió a decirlo: miren, ¿saben por qué Colombia está tan atrasada?, porque su escuela no fue capaz de gestar sujetos modernos. El sujeto moderno no es solo el que piensa con la cabeza sino el que siente con su propio cuerpo, con sus propios sentidos".

En concordancia con su intervención, preguntó: "¿Qué vamos a hacer con este cuento en el que se ha metido el gobierno pero no sabe de qué habla: transformar la educación en Colombia? [...] O la escuela crea autores o crea meros imitadores. [...]", agregó.

Y terminó con la importancia de la imaginación: "Necesitamos mucha imaginación para que la memoria de este país deje de ser una memoria vengativa. La memoria que necesitamos es la que sea capaz de hacer el duelo por todos los muertos, por todos los desplazados, por todos los trastornados [...]. Solo una ciudadanía abierta al riesgo, abierta a la improvisación, abierta a la negociación va a entender qué tipo de memoria va a necesitar la negociación de La Habana para hacer posible un país nuevo, un país reconciliado".

Contra la lógica del "sálvese quien pueda"

Mario Hernández trató de responder al interrogante, ¿Cuál educación es aquella que contribuye a construir paz en una sociedad concreta como la colombiana?

En primer lugar recordó que la firma de un acuerdo en La Habano no implica tener una sociedad en paz, "de hecho la mejor expresión para lo que sigue debería ser la expresión postacuerdo como muchos lo han propuesto y no postconflicto".

Fue enfático en criticar el "individualismo liberal": "Una sociedad que a falta de pactos políticos respetados y sólidos en el largo plazo aprendió a vivir bajo la lógica del "sálvese quien pueda", del "cómo voy yo ahí" y del "más vale ser rico y sano que pobre y enfermo", como dijo Pambelé".

Para él, cambiar esa lógica afectaría todo: las relaciones políticas, las estructuras en las instituciones, toda relación humana, disminuyendo considerablemente las reacciones violentas y creando sociedad.

"Una sociedad en paz significa una forma de organización solidaria e interdependiente que combina el reconocimiento de las diferencias con la redistribución de recursos para superar desigualdades injustas a partir de procesos, reglas y escenarios de participación para el ejercicio democrático de todos. Esa sociedad, seguramente no podrá seguir atada al comportamiento depredatorio del capitalismo y tendrá que afectar las formas de poder, económico, político y militar, que reproducen la trayectoria de la sociedad colombiana", agregó.

La educación, dijo, debería llegar a todos como derecho fundamental, pero también, debería darse sobre la premisa de que todos somos diferentes, por lo cual se debe estimular cada proyecto, sin importar lo diversos que puedan llegar a ser. No homogeneizar a través de la repetición.

La educación debería dejar de establecerse sobre "La asociación cada vez más marcada entre el acceso y la capacidad de pago de las familias, y así mismo a la calidad", dijo.

"Esa lógica dinero-calidad se consolida en el PND pero con dos elementos más, la concepción de pobres buenos, pobres malos, que tiene que ver con el esfuerzo de cada uno, de portarse bien y el fomento entre instituciones públicas y privadas en un mercado regulado por sellos de acreditación en el cual, quien no logre adaptarse y autosostenerse desaparece. Y eso está pasando en la Universidad Nacional, por eso reeligieron a Mantilla, con quien han podido instalar este tema".

Concluyó, "Bajo este modelo no se logra la equidad, menos a través de esa educación [...]. No podrá ir más allá de un acuerdo de paz con una parte de la insurgencia. Se requiere un nuevo pacto social y político en que podamos afectar las estructuras que reproducen las causas de la guerra".

La cultura como espacio de poder

El brasilero Renato Ortiz habló sobre la esfera de la política y la cultura. Su idea principal fue la cultura como lugar de poder y los cambios generados desde ella sin que seamos conscientes.

"Voy a poner un ejemplo: en París, Mayo del 68, en los grafittis en el metro estaba escrito Métro, Bouleau, Dodo –metro, trabajo y sueño–, lo que quiere decir la gente sale de casa, toma el metro, va a trabaja, vuelve al metro, va a la casa, duerme y al día siguiente una repetición infernal de este ciclo. Entonces, estamos hablando de prácticas sociales cotidianas y al tematizar las prácticas sistematizan relaciones de poder que no pasarían sobre el tema de la consciencia".

De igual manera, expuso como ejemplo la transformación del concepto de diversidad, cómo en la globalización se convirtió en un tema de gran importancia, y cómo los actores sociales colaboran en esta.

"Por cada movilización, la problemática de la diversidad pasa a tener una importancia icónica en el mundo contemporáneo. Eso significa que en este mundo existen los movimientos, un movimiento de globalización, pero también una valorización de lo particular en el proceso de globalización. La diversidad está asociada con la pluralidad, democracia, tolerancia".

¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

Patricia Ariza finalizó el panel. Su ponencia estuvo acompañada de un video en el cual demostró cómo el arte puede transformar el dolor y cómo todos pueden colaborar para ello. Se centró en el drama del desplazamiento, y cómo han sido las personas desplazadas, las que han transformado la cotidianidad colombiana, especialmente en Bogotá, pero también cómo han sido víctimas del conflicto cultural.

"Cuando una persona se desplaza, se desplaza una historia, se desplaza un relato, se desplaza una canción. Bogotá, por ejemplo, creo que tiene una deuda enorme con la población en situación de desplazamiento [...]. Bogotá era una ciudad gris, donde toda la gente andaba con abrigo negro, donde la gente no sabía bailar, ahora, en esta ciudad se baila muy bien, se come chontaduro, la gente se viste de color. Bogotá es una ciudad distinta, entonces es la gente en situación de desplazamiento a la que le debemos la transformación cultural".

Fue enfática al resaltar la necesidad del cese al fuego cultural para llegar a verdaderos acuerdos en La Habana. Asímismo, hizo críticas a los medios de comunicación, a la televisión, por los valores que transmiten, dejando de lado la cultura, basándose solo en la farándula.

Y formuló una pregunta que tiene algunas respuestas, pero no las suficientes, ¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

El video que compartió con la concurrencia, fue sobre la construcción de una obra de teatro en la que la mitad de los participantes eran víctimas y representaban escenas que ellos ya habían vivido en sus calvarios. "En la Corporación de teatro trabajamos con las víctimas, han trabajado la transformación del dolor, han comprendido que en esas personas hay unos saberes muy complejos, son los saberes de esas regiones [...]".

Finalizó diciendo que a través de ese trabajo pudo ver, "Cómo el dolor se permuta de saberes, cómo juntos pueden hacer un trabajo común".

 

De forjadores de sueños

“Somos hijos de la violencia, desde hace setenta años Colombia no concilia un solo día de paz”. Hablar de paz es una utopia, y quienes más la reflexionan e intentan acercarse desde distintas miradas a la misma, son los artistas, a continuación presentamos diversas reflexiones de artistas (poetas, dramaturgos y cineastas), que en el marco de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia, respondieron la pregunta: ¿Qué papel desempeña el arte en la construcción de la paz?*

*    Ver video Arte, conflicto y paz, con más entrevistas y muestras de obras de diferentes artistas, en nuestra página www.desdeabajo.info o en el canal de Youtube desdeabajo

Carlos Satizabal

(Dramaturgo y poeta)

“El teatro tiene un lugar muy importante en la construcción de la paz porque explora los conflictos humanos, nos expone las fuerzas en pugna de la sociedad. En esa lucha, el teatro construye metáforas para pensar quiénes hemos sido, quiénes somos y cómo podemos construir otro mundo posible.

La potencia esencial de las artes es que le conceden a la humanidad la posibilidad de transformar el dolor en poesía, en fuerza, en resistencia, en afirmación de la vida. Como decía el filosofo Espinoza, el ser persevera en existir, y lo puede hacer gracias a los dones de la poesía”.

 

Juan Carlos Moyano

(Dramaturgo y director)

“El teatro colombiano siempre ha tenido un lugar de cercanía con la realidad del país, y por eso estoy convencido que el papel que ha jugado, que está jugando y que puede jugar, en un sentido optimista, es decisivo (en la construcción de la paz); porque el teatro ha logrado relacionarse con la gente, tratar temáticas cercanas al imaginario colectivo y ha permitido elaborar elementos de creación en ámbitos donde lo destructivo ha sido predominante.

Desde hace décadas el teatro colombiano acompaña los procesos de la historia, y creo que precisamente ahora, como nunca, está destinado a ser una herramienta de sensibilización, de construcción de circunstancias que permitan reconciliarse. El teatro es una enseñanza permanente, respecto a la oportunidad de que los seres humanos podamos tener nuevas formas de comunicarnos sin el inconveniente de la violencia o de la confrontación física.

El drama en un país trágico debe florecer, para que precisamente esa tragedia amaine y podamos encontrar nuevos sentidos, nuevos significados. El teatro, la historia y la gente son convergencias necesarias”.

 

Roxana Pineda

(Dramaturga y directora de teatro, Cuba)

“El tipo de teatro, no el complaciente, que se arriesga a construir la imagen que queremos de un país, que se arriesga a investigar la espiritualidad y el dolor de éste, es un escenario imprescindible para contribuir, junto a otros espacios, a tener una paz con justicia, una paz real, solidaria y profunda; donde el individuo, sin olvidar su memoria, pueda construir sus sueños, un país diferente, donde todas las voces tengan espacio, donde la muerte sea un destino lógico y no una condena por las circunstancias.

Es un privilegio que desde el teatro podamos denunciar muchas cosas en vivo, en directo, sin censura, sin ambages; desligándonos de los discursos de turno, con otro lenguaje, la fuerza de la imagen artística, que compromete, que sacude, que conmueve, que permite activar la participación, una participación más activa, más conmovedora”.

 

Víctor Viviescas

(Dramaturgo y director)

“Cada vez siento más claro que la paz es algo que tenemos que construir entre todas y todos los colombianos, y dentro de este proceso el artista es un ciudadano más, es decir, los artistas tenemos las mismas tareas que tienen las y los ciudadanos en ese compromiso con la construcción de la paz.

Vamos a seguir haciendo teatro en la dirección de reconstruir la memoria, este ha sido un aspecto fundamental en el teatro colombiano; seguiremos haciendo teatro provocando un diálogo con la comunidad, es decir, poniendo en la esfera pública el debate de cómo se construye esta paz; vamos a seguir haciendo teatro como un instrumento que pueden utilizar las comunidades para apropiarse de él, y hacer que su historia emerja, que sea compartida; porque finalmente, el teatro tiene esa cosa conveniente: crear un espacio donde lo público se puede compartir y debatir”.

 

María Gamboa (Cineasta)

“El cine contribuye a la construcción de paz de distintas maneras. El simple hecho de hacer espacios donde se puedan proyectar películas, videos, o que las personas puedan hablar, registrar, archivar su historia, ya es un aporte inmenso.

Creo también que la mejor manera de construir la paz es mostrando salidas. Hacer películas de paz, en donde se pueda mostrar un conflicto y el dolor, pero que además de mostrar, salga de ahí, que logre de alguna manera redimir el dolor y muestre su transformación”.

 

Patricia Ariza,

(Dramaturga, Directora de la Corporación Colombiana de Teatro)

“El arte ha contribuido en Colombia de muchas maneras, pero esa contribución está dispersa, necesitamos conformar un verdadero movimiento cultural y resignificar, tanto a nivel del Estado como de la sociedad, el valor tan grande que tiene el arte en un cambio social”.

 

Carlos Sánchez

(Dramaturgo y director)

“Universalmente el teatro siempre ha jugado un papel muy importante en la construcción de la paz, por un lado reflejando las contradicciones internas, reflejando un poco lo terrible, el dolor, la injusticia que crea la guerra, pero por otro lado formulando una visión más esperanzadora, una visión reconciliadora.

Los que nos hemos dedicado a este oficio, estamos tratando de recomponer un rompecabezas que es esta crisis social, que son muchas violencias, no es solo la violencia política, sino la violencia que se da en todos los niveles de la sociedad, la violencia intrafamiliar, el sexismo, la falta de respeto por la opinión de los otros, o sea, que no es solamente la guerra de las balas, sino que son los conflictos del espíritu humano.

El teatro siempre tendrá que aportarle a la paz, a la convivencia y a la reconciliación de los seres humanos en la sociedad”.

 

Ricardo Restrepo

(Productor de Pathos Audiovisual)

“Todas las artes, sobre todo el cine y más el documental, aportan muchísimo al entendimiento, a la construcción de esa historia presente y a la reflexión sobre lo que pasará; porque nos tenemos que narrar, nos tenemos que conocer; conocer nuestro pasado para no repetir la misma historia.

Espacios como las salas alternas o centros culturales son importantísimos porque no hay otra manera de difundir las películas documentales o películas alternativas. Entonces, creo que este tipo de escenarios no solamente son claves sino que deberían multiplicarse. Quisiera ver que todas las películas fueran vistas no solamente en un centro cultural sino en todos los municipios y que hubiera un centro de difusión para que la gente, los chicos, sobre todo en los colegios, pudieran tener acceso a las películas nacionales”.

Publicado enEdición Nº 212
Derraman alcohol ilegal durante la Ley Seca, Detroit, 1929.

La historia se escribe en los libros, pero se capta mucho mejor en las imágenes. Las fotografías son capaces de plasmar realidades de lo más variopintas y aun más cuando uno echa atrás la mirada. A continuación Cubadebate les ofrece una serie de imágenes que quizá no conocía.

 

Dueño de un hotel vierte ácido en la piscina mientras unas personas negras disfrutaban de su baño, 1964.

 

Cargando el primer disco duro de 5 megabytes en un avión de PanAm, 1956

 

Comedor de los trabajadores de Disney en 1961

 

El Che y Fidel pescando, 1960.

 

Primer partido internacional en Wimbledon, 1883.

 

El sello intacto de la tumba de Tutankamón, 1922. 3.245 años sin ser manipulado.

 

El verdadero Winnie the Pooh y Christopher Robin, 1928.

 

Filmando la famosa escena de los créditos de la Metro-Goldwyn-Mayer, el comienzo de la era de Hollywood, 1928.

 

Las gafas que John Lennon llevaba cuando fue asesinado, 1980.

 

Los Beatles tocando para 18 personas en el club de Aldershot, en diciembre de 1961. Todavía tardarían año y medio en convertirse en leyenda.

 

Oficial afroamericano protegiendo a un miembro del Ku Klux Klan de los manifestantes, 1983.

 

Primer tren de la mañana en Japón, 1964.

 

Spielberg haciendo la primera película de Indiana Jones en 1980.

 

Apple transporta el primer satélite de la India, 1981.

 

Trasladan un edificio de 7 600 toneladas para crear un bulevar en Alba Iulia, Rumania, 1987.

 

Un hombre que trabaja en una computadora analógica, 1968.

 

Un mendigo corriendo junto al carruaje del rey Jorge V, 1920.

 

Un simulador de vuelo, 1942.

 

Una madre oculta su cara por vergüenza después de poner a sus hijos a la venta, Chicago, 1948.

 

Una mujer con un cochecito antigás para su hijo, Inglaterra, 1938.

 

Una piscina móvil en la ciudad de Nueva York, 1960

Publicado enFotorreportajes
Lunes, 24 Noviembre 2014 16:10

El amor está vivo en la poesía

El amor está vivo en la poesía

La Casa de Poesía Silva, organizó este año un concurso que tituló El amor en la poesía. El único requisito era escribir un poema y enviarlo a los organizadores. Un jurado de lujo, conformado por los poetas Eduardo Uribe, de la Universidad de los Andes, Carmen Millán, del Instituto Caro y Cuervo y Giovanni Quessep, el veterano y respetado poeta radicado en Popayán se encargó de leer y evaluar los poemas presentados. Con lo que no contaba la Casa de Poesía y los jurados fue la inmensa acogida que tuvo la convocatoria. Más de dos mil quinientos poemas llegaron para disputarse los cinco premios de dos millones de pesos cada uno. El 23 de octubre pasado el jurado otorgó cinco premios y cinco menciones. Todos los poemas ganadores alcanzaron una excelente factura. No es fácil producir versos de amor en nuestra época actual sin caer en el lugar común, en lo trivial, en lo melodramático.

Compartimos aquí, en estas páginas tres poemas de los diez destacados por el jurado. El poema ganador, "El amor como un río", tiene evocaciones de Aurelio Arturo y una cadencia insistente de reclamo, de añoranza, de desbordada ansiedad. El segundo premio, el poema titulado "Despacio", es una lenta y mesurada despedida, económica en lenguaje, en metáforas pero intensa en la vivencia. La segunda mención, "Noviembre en poniente", es una larga meditación, en el ocaso de la vida, sobre el amor que fue, del ser que amó intensamente a su pareja y que hoy vive la nostalgia en medio de una lluvia que no cesa.

 

EL AMOR COMO UN RÍO


Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, "de lejanos relámpagos,"
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
"Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia."
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con "una estrella de menta que enciende toda sangre."
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta...
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa...

 

DESPACIO


Andrea Halaby Fernández

Te voy a olvidar despacio.
Te voy a ir borrando como se borran
las palabras sordas en una carta de
amor, con cautela para no romper la
hoja o dejar marcas. Te voy a ir
soltando de los hilos que nos tejen,
de uno en uno, deshaciendo nudos y
deshilachando hebras, despacio,
con suavidad precavida. Te voy a
dejar ir por las ranuras de mis dedos
entreabiertos, como la arena que se
escapa de a poquitos,
grano a grano,
segundo a segundo.
Te voy a olvidar despacio, aunque
me demore una vida entera.

 

NOVIEMBRE EN PONIENTE


Philip Potdevin


L´amore piu non è quella tempesta.
GIUSEPPE UNGARETTI

 

Y el vello del fruto que tortura
los dedos del amor
YANNIS RITSOS

 

Tu non m'abbandonare mia tristeza
sulla strada
EUGENIO MONTALE

 

 

NOVIEMBRE y sus tripas no se saciarán jamás
Se hermanaron con esta comarca hace tres meses... ¿o cuatro?
Como el huésped que se rehúsa a marchar a pesar de la escasez
Como la dolencia que se acomoda para ser cargada en un largo viaje.
No hay cabida para más cruces en la hoja del almanaque
Como víctimas de la pandemia que se procrean sin fin.

Estos setos no se riegan con líquidos vestigios
Estos parques no se cierran a las rejas de la noche
Estos bosques no se talan con hachazos al alma
Estos jardines se podan con el granizo de mediodía.

Noviembre se atravesó en el camino de los vientos y se detuvo
En el lodazal de la cordillera que escurre por los desfiladeros
Como un largo suicidio que no termina de triunfar.
El ancho agosto parió noviembre, monstruoso, acéfalo, ruin
... hay sospecha que diciembre no germinará, y por su lado
Enero aguarda agazapado en las grutas de los conspiradores.

El cielo ha tendido el manto de las nubes en su patio trasero
El cielo ha represado la catarata para llenar la alberca con el solsticio
El cielo: inmóvil, pesado, plomizo, obstinado e indiferente.
Las encías del cielo supuran la sanguaza dulzona de la garúa
Que se cuela por entre los pañolones y las franelas y las conciencias
Y frutece en el licor que nos embriaga de coléricas evocaciones.

Se respira la borrasca que asfixia el sendero
Y amenaza fulminar el aleteo de las ideas.
Las raíces del sol se pudren en el pantano de aquellas Victorias' Regias
A la espera de un resquicio de luz filtrado por la fisura del verbo divino.
Un manojo de rosas marchitan el pergamino de la frente resquebrajada
Sin siquiera enterarse del rocío del Aleluya.
Y el sol claudica la canícula
Al lacayo ciego que preconiza la Era de las Tempestades.

Estos años...
Estos años de frenesí y dolor crecieron a la sombra de un alcaparro dorado.
Estos años vieron cosechar la vid avinagrada de hojas grandes y manchadas.
Alguien dijo, a tu lado y casi en murmullo:
El amor,
El amor, duro y reseco como las hebras de una picadura deshidratada.
El amor de los arreboles de octubre se ha olvidado del silencio de la casa.

Y...¿qué fue de octubre y septiembre?
¡Siguieron de largo sin reparar en esta estación!
Solo noviembre se aclimata en los Anales de este hogar
Con sus madrugadas de jaquecas y agrieras.
Son treinta, cuarenta, cincuenta y tantos carnavales
Con sus miércoles de ceniza y cuaresmas y domingos de Resurrección
Con gusto a aceitunas rancias abandonadas en un platillo sobre el mesón.
Los astros chupan con avidez las colillas de las luciérnagas
Para impedir que la noche se derrumbe invicta sobre el techo de la casa.
En inútil esfuerzo pues el cielorraso desfondado ya inventó la Vía Láctea.

¿Viste?
Tu pareja se ha ausentado de tu lado
Para refugiarse en las antípodas de la casa.
Ha marchado por un café que hierve desde el amanecer,
Ha marchado por una revista sin carátula leída mil y cien veces en el retrete.
Ha preguntado antes de izarse desde la mecedora: ¿Llamaron?
Escribieron, dices, pero desde que llegó noviembre no abro el correo.
Diles, dice, que de tanto extrañarlos reinventamos sus caras, sus manos, sus voces.
Las imágenes de infancia perdieron su color y hoy son casi daguerrotipos.

Escucha.
Son dos almas que conversan sin palabras. Que se adivinan en gestos
Que reclaman con una mirada
E insultan sin hablar.

Calla.
Entran dos filas de lagartijas y sapos a entonar su cantata profana
Juntos han orquestado los versos de Safo y Catulo y los goliardos
Para reclamar a la noche el contrapunto del amor desenfrenado.
El cascarón baboso de la cigarra caerá del tronco lavado por la lluvia
Sin dejar huella de dónde solfeó en pretéritos equinoccios.
¿Es acaso ese el sol detenido a quince grados sobre el horizonte?
¿Se levanta o se pone?
Se pone, la rosa de los vientos marca el poniente,
Siempre el poniente.
Aguarda.
El amor reivindica la posesión del cuerpo
Ese cuerpo extenso ha prescrito a tu favor
tras años de uso, con ánimo de señor y dueño
...posesión tranquila e ininterrumpida.

¿Acaso lo olvidaste, hermano mío?
¿Acaso niegas el silbido, el ulular, el clímax, las cumbres y los valles?
Portas como medallas las manchas de las sábanas aposentadas tras cada batalla.
El placer ha hipotecado sus salmos a los acreedores de la noche
El placer se ha enmohecido como un mudo video erótico
En busca inútil de dos cuerpos fofos, foscos, fláccidos
Como el cuello de una tortuga que sobrevive al paso de los conquistadores
Que mide un tiempo sin tiempo, que espera un día sin esperanza.

¡Ay! de los albaricoques de los años mozos
¡Ay! del fragor de los cuerpos lacerados a mordiscos
Resaca de los invidentes que brindan en la última cena
Olvido del caníbal saciado de las vísceras de su prójimo,
Deseo del anciano tras el efebo que se escurre de la multitud.

Apenas sobreviven postales, retratos mutilados, reclamos de infidelidades,
Los juramentos y promesas han muerto enredados en los atrapasueños.
La casa se deshoja en el deslío de noviembre.
Cada hijo marchó con un catre, un libro, una taza.
Ya no hay libros.
Cada amigo se llevó tres, cuatro.
El último huésped ayer tomó prestados los siete que quedaban.
Ya no hay vida más allá de la agonía de las revistas de poesía.
El esqueleto de las bibliotecas bailotea en las sombras del candil
Y no importa,
A los casi ciegos nos estorban los libros.

Hace dos noches encendía el fuego con la obra inédita
Si bien es cierto que todo valía la pena...para el fuego.
El fuego ha celebrado y brincado hasta el amanecer
Los versos eróticos, los que mejor crepitan en las brasas.
Los versos épicos han humedecido y se niegan a arder,
Los versos a los amigos se abrazan en llamas azuladas.

Noviembre desdentado masca su papilla de recuerdos y sollozos.
Quizá alcance a escucharse tras su rumiar el clamor de mi bramido:
¡Yo amé!

La llanura del muro alguna vez vestido de blanco ostenta una plantilla
De allí cuelga una cintica tricolor que da fe que de allí colgó un tiple
Entonaba las guabinas y los pasillos y la contradanza y el bunde.
Yo sentado en las rodillas de mi abuelo aunque el murió en el treinta y tres
Y yo nací en el cincuenta y algo.
Y aun así recuerdo cada nota.

Abro la ventana y ha cesado de llover.
Cada charco refleja una luna diferente
Cada charco atrapa una nota de lejanía
Cada cristal añora el repiqueteo de la lluvia.
El abrazo, el gesto, la prenda, el beso, la caricia, el gemido.
Todos salen a celebrar con su canturreo el fin de noviembre.
Noviembre partió y ha dejado sus lodos secos y pestilentes
Como el pescado rancio en un congelador descompuesto.

Estas llagas no se cicatrizan con caricias.
Estas arrugas no se bruñen con el sol venidero,
Estas lágrimas no se enjuagan con la risa de infantes.
Estas manos se deshacen en tristeza y desapego.

¡Yo amé!

Publicado enEdición 208
Viernes, 28 Noviembre 2014 10:29

La cultura que lleva organización

La cultura que lleva organización

Al sur de Bogotá, en lo alto de los Cerros Orientales, existe un barrio que limita entre lo rural y lo forestal, el barrio San Rafael. Al llegar a él, por calles empinadas, quien asciende avanza por granulada lluvia que da la sensación de inicio del páramo. Como cualquier otro suburbio urbano, sus pobladores viven en condiciones económicas y sociales desfavorables. Sus casas, autoconstruidas, toman forma sobre calles a medio construir.

En este barrio, bello mirador bogotano, un grupo de jóvenes realizan arto arte. Los integrantes son residentes cercanos del sector, pero para ellos no importa si toca pintar en Usme, en el Humedal de Tibabuyes o en pleno centro de la ciudad. Su objetivo es descentralizar el arte.

Arto Arte surge en 2007 entramado en las relaciones de confianza y amistad con personas y colectivos vinculados a la historia de la organización local. Son un grupo de amigos que un día decidieron abordar temas y problemáticas buscando soluciones distintas. Así lo expresa "El negro" como le dicen a Jesús David Suárez: "Arto Arte es una excusa de un grupo de amigos para sacar adelante proyectos de diversa índole, donde desarrollan sus potencialidades. Pero por el camino se encuentran razones y desarrollan una filosofía que pesa. Deja de ser una sencilla mochila para convertirse en una maleta grande que camina entre signos y palabras para transmitir cosas".

Frente al conjunto de organizaciones políticas y espacios de articulación expresan: "No queremos seguir en mesas y espacios. Hay otras herramientas para intervenir estos lugares. No somos muralistas, somos un colectivo que utiliza el arte para desarrollar diferentes lenguajes".

El parche también lo integran Fabio Ramírez –´el periodista´–, Freddy Triana Vargas –que también explora las artes gastronómicas–, Jhony Pinzón –realizador de animaciones–, los más jóvenes como Jhon Lara y Ángel Serrano –con el registro visual–, y los apasionados del ruido chatarrero del punk como Jordan Rodríguez y Humberto Urquijo. Con la intervención artística y las prácticas culturales buscan integrar la comunidad revindicando la identidad local y memoria histórica. Su innovadora intervención gráfica de andenes y espacios públicos con murales alusivos a lo ancestral, a la flora y fauna, junto a la utilización del baldosín y vidrios para crear mosaicos en fachadas de casas, no sólo generan agradables estéticas sino que animan a la comunidad a cuidar y mejorar su entorno.

Quieren trascender lo territorial, de ahí el uso continuo del blog. "Nosotros no queremos quedarnos sólo en lo local. Es clave pero también es primordial abrirnos a otros espacios, queremos mostrarlo más allá de las fronteras locales. De esa manera buscamos escapar del aislamiento territorial de organizaciones que de manera cerrada cuentan sus propias historias entre sí".

Nosotros no queremos que este espacio se institucionalice; chévere aprovechar las ayudas institucionales para desarrollar el trabajo, siempre y cuando conservemos nuestra autonomía. Es verdad que esto se ha vuelto más grande, pero preferimos la ambigüedad, y de algún modo la informalidad, porque de allí surge cierta libertad que permite generar preguntas interesantes que la misma gente debe contestarse y no responder nosotros". La apuesta es llevar esta filosofía, y para ello hay que tener Arto Arte.

Publicado enEdición 208
La creatividad de las mujeres, un hecho que incorpora las trabas y da cauce a las fantasías

esas mujeres guerreras

como un solo hilo
surgieron de más allá del río
hacen trabajo ordinario
por ser tus devotas
sus manos lastiman con fuego purificador


Enjeduana, 2354 a.C.

 

Para iniciar repetiré lo que las artistas visuales han comenzado a decir en la década de 1970: el arte de las mujeres en la historia es un hecho que ha necesitado de una historia del arte feminista para ser percibido.


La invisibilidad de aquello hacia lo cual no enfocamos nuestra mirada es absoluta. Lo que no aprendemos a ver no lo vemos, a menos que colectivamente no aprendamos a enfocar lo que está en la sombra. La visión de águila de una, si no encuentra eco en la voluntad de mirar de otras, se convierte en una excentricidad. La humanidad de los enemigos durante una guerra, la historia moderna de los pueblos indígenas de América, la espiritualidad de las religiones ajenas, tanto como la escultura de las mujeres, el ritmo de la puntada, el contacto de la alfarera con la cerámica y el mensaje del color en el bordado, la autorepresentación en la confección de muñecas, la poética del canto de nana y el hecho histórico que en 2354 antes de la era occidental una mujer, Enjeduana, hija de Sargón de Agada y sacerdotisa de la diosa Inana, escribió los primeros versos que nos han llegado, los primeros versos escritos de la humanidad, son hechos sobre los que se nos ha enseñado a no dirigir la mirada.


La oftalmología contemporánea asume que la visión se desarrolla desde el nacimiento, para ello la vista debe ejercitarse. Si las niñas y los niños no tienen oportunidad de jugar en espacios abiertos, sus ojos no aprenderán a ver de lejos; la miopía es por lo tanto fomentada por los espacios cerrados como las aulas, los departamentos de interés social, los confinamientos. Estoy convencida de que existen pocos espacios que la educación haya cerrado más que aquellos relativos al quehacer de las mujeres en los campos donde el examen enfoca los artefactos, ideas y emociones de una actividad que la sociedad heteropatriarcal ha ofrecido/impuestos a los hombres como obligación y responsabilidad propia de su sexo-género.


El arte occidental, aún más que la investigación científica, al apelar a una supuesta emotividad que conmueve y suscita respuestas en todos los seres humanos, excluye a las mujeres y sus quehaceres porque no son representativos de la totalidad humana. Por supuesto, descarta de su historia y de su mercado también las artes de los hombres de pueblos que no acepta que integren la sociedad evolucionada que se supone el arte representa. Quien está educado a dominar no puede tolerar la plena igualdad de quien no reconoce igual. El arte occidental se revela en sus preferencias y en sus supresiones como un instrumento de abuso y sojuzgamiento, más que como emanación de una conciencia suprasensible.


Como lo viene estudiando desde hace década Eli Bartra, conocer el papel de las mujeres dentro del arte visual, y yo diría de cualquier arte, implica enfocar la vista a través de ampliar el conocimiento. La creatividad femenina, dice la filósofa mexicana, debe ser identificada como tal para convertirse en un elemento de la cultura de la inclusión y la no discriminación, pues es un modelo estimulante. Bartra, además, estudia como arte de las mujeres el arte que los discursos feministas actuales no toman en consideración, porque es arte popular que no prescinde de la reflexión acerca de la economía de las mujeres en el núcleo de convivencia y en la cultura de un pueblo. Confronta por ello el saber neutro y busca enfocar el arte desde fuera de la ciencia androcéntrica. Y subraya la importancia del enfoque para que la visión se abra: "... el solo hecho de tomar en consideración el género de las personas involucradas a lo largo de todo el proceso de conocimiento no significa per se que sea una investigación feminista si no implica transformación". Abrirse a la mirada del arte de las mujeres, es por lo tanto asumir la crítica de la realidad social estudiada desde los lugares de poder, es una revolución epistémica.


El arte androcéntrico y culto no tolera la plena igualdad cuando se define como una producción que da trascendencia a un grupo de autores especializados supuestamente neutros en términos de género, de pertenencia étnica y clase social, los "artistas".


Visualizar la creatividad de las mujeres en su lugar social y genérico, en la tensión entre aceptación y socavamiento de los valores estéticos y morales de género, en la persistencia de su acción a pesar de la invisibilidad a la cual la relegó la academia, puede dar por resultado el descubrimiento de la creatividad de aquellas que se disponen a realizar un anhelo. Perfeccionando la puntada, la bordadora expresa sus emociones; aprendiendo a cantar, la madre toma distancia de las normas que la obligan al silencio y entona una elegía a la vida diminuta de su recién nacida; la imaginación de la cocinera independiza la necesidad de alimentarse del gusto; la originalidad de la tejedora ofrece un lenguaje propio a la tela que recubre a las personas. De ser que el arte fuera realmente, como rezan los manuales de historia del arte, una actividad humana con reglas propias que se aprende y perfecciona, que toma distancia de las normas y que se abre a la subjetividad, la imaginación y la inspiración para lograr originalidad, gusto, emociones y lenguajes propios en un continuo fluir e intercambio de tradiciones, tejedoras, bordadoras, madres, cocineras serían artistas cuya creatividad nadie pondría en duda.


Pero no. El vínculo entre creatividad y arte es innegable, pero el arte de las mujeres por el contrario es negado y la propia creatividad de las mujeres es puesta en entredicho. Decenas de tesis de estudiantes de diversos cursos de estudios de género o de estudios de las mujeres, en instituciones de toda América latina, repiten un discurso emanado de las universidades estadounidenses: que no es lo mismo el arte de las mujeres que el arte feminista, que las mujeres pueden ser brutales con lo que le sucede al cuerpo de otra, que son insensibles a las violaciones, los abusos, la doble moral social. Si bien es cierto que las mujeres que no cuestionan el sistema de género tienden a ser repetidoras de la androfilia social dominante, en el arte de las mujeres he encontrado siempre, consciente o no, una mirada hacia la humanidad específica que las mujeres representan y que es una humanidad mayoritaria e invisibilizada, es decir no exaltada por los medios de construcción y reconocimiento de los conocimientos: la educación, la representación simbólica, la religión y el mercado.


Es sabido que en su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina (1950), la escritora mexicana Rosario Castellanos se preguntaba acerca de la existencia de una cultura de las mujeres y sostenía que las mujeres hacen cultura cuando no son madres, como si las dos actividades fueran incompatibles. Generar ideas es incompatible con generar las condiciones de sobrevivencia de una persona recién nacida.


La historia desmiente el hecho. Teresa Margareda da Silva e Orta, quien en 1752 escribió la primera novela de Brasil, era madre de 8 hijos. Françoise de Graffigny, seguramente la escritora más famosa del siglo XVIII, autora de Lettres d'une péruvienne, tuvo tres hijos, logró la separación de un marido que la golpeaba y mantuvo relaciones de amistad y de amor con varios hombres. Mary Pix, la autora de The Inhumane Cardinal (1696), tuvo dos hijos. La princesa de Cleves, que fue la primera novela histórica en francés, y una de las primeras novelas modernas en la historia de la literatura, fue escrita en 1678 por la madre de dos hijos, Marie Madeleine de Lafayette. La mayoría de las mujeres que han escrito a lo largo de la historia occidental, asiática, africana y americana son o han sido madres. Es cierto que las escritoras siempre tuvieron más visibilidad que las pintoras y las compositoras, eclipsadas por el taller paterno o del marido, interpretando la música del hermano, del padre o del marido; no obstante, la maternidad no parece haber sido un impedimento para la inventiva, el pensamiento original y la imaginación de ninguna mujer. Las alfareras y las tejedoras de todo el mundo lo prueban.

 

Ahora bien, el derecho a construir la propia subjetividad sin la obligación moral de aceptar o confrontar la maternidad, aceptarla o negarla, es uno de los puntos clave de la reivindicación de ponerle fin a un sistema de género que nos encasilla en una lectura fija de lo que es propio de cada persona nacida con un tipo particular de genitales. Ser mujer no es ser madre y ser madre puede no resultar del ser femenina, entendiendo este adjetivo como propio de la persona construida para el servicio a otras personas. Los productos de la creatividad de las mujeres, sea en las artes visuales que en la literatura y la música, así como en otras actividades que implican autonomía de pensamiento y expresión como la filosofía, la cocina, la didáctica, la exploración geográfica y los viajes, demuestran tanto la ruptura como la continuidad de la reflexión sobre qué es el sujeto femenino, rechazando las miradas convencionales sobre el cuerpo de las mujeres y el deber ser de su sexualidad.


Desde que a finales de la década de 1960, en Francia las feministas empezaron a repensar el trabajo de las mujeres, las artistas de diversos países revisaron las narrativas sobre el cuerpo, los roles, la sexualidad, la moral, la violencia y los compromisos de las mujeres, produciendo conocimientos críticos a través del arte. Tres décadas después, la grafitera colombiana que se hace llamar Bastardilla afirma que la lucha social por los derechos de las mujeres se expresa en los sentimientos de miedo, identidad, libertad, angustia y conocimiento interno. A la par, la artista urbana Deeedee Cheriel, de Chile, declara que su expresión está en los muros y es ilegal, sin permiso y vandálica como la fuerza que defiende su igualdad de quien la quiere dominar.


La recuperación de todo el espacio como propio de las mujeres nos devuelve a la cuestión de la creación. ¿Qué hay del uso del ganchillo y los hierros de tejer para crear espacios más habitables en lugares públicos, recuperados sin solicitar permiso, como lo hace el colectivo Teje La Araña? ¿O de las acciones de Luz Interruptus cuando utiliza la electricidad como elemento de instalaciones de denuncia de la opresión y discriminación que sufren las mujeres?


Como escritora sé que no me escapo de mi esquema corporal, es decir no me salvo de la representación mental de mi cuerpo y su capacidad para interactuar con las personas y el entorno. En mi construcción histórica como mujer, y en particular como mujer bisexual que empezó a rebelarse contra los roles de género, de clase y de racialización al alcanzar la mayoría de edad, fue en una incipiente adultez que imaginé modificar mi cuerpo al ritmo de una utopía. Una figuración poética me permitió intervenir en los cambios corporales que me han llevado a deshilar la construcción de género.


Cuando dejé de usar tacones, aproximadamente a los 25 años, me sentí más chaparra y necesité descubrir que caminaba con mayor comodidad. Por un periodo perdí la confianza en mi elegancia sin percibir el enorme beneficio que lograba con ello. Entonces me predispuse a imaginar una manera diferente de caminar. Así mi arte tuvo que transitar por la creación del abandono de la masculinidad: deshacerme de los papeles nocturnos, los enfrentamientos, la agresividad de los héroes y los amantes, el poder de la palabra que avasalla y la necesidad de reconocimiento. Nada fácil si además le suman que cambié de lengua de expresión y empecé a escribir literatura en el castellano de México cuando ya había terminado mis estudios universitarios de licenciatura.


Fui torpe como las púberes cuando cambian de cuerpo y se le caen las cosas de las manos o se tropiezan. En mis primeros cuentos, me llevaba por delante la escuela donde nunca me hablaban ni de feminismo ni de mujeres creadoras. Buscaba, inventaba, redefinía mi grupo social de mujeres en un área de la que me apropiaba para concretar historias, construyendo un nuevo imaginario del ser humano con tetas, molestias en el bus, extensión del horizonte, libertades improvisas, búsqueda de trabajo, presión para ejercer la maternidad, enamoramientos.


La creatividad de las mujeres no puede evitar la representación del lugar que las mujeres ocupamos en la historia y en la cotidianidad, nuestras historias personales de aceptación, tolerancia o rechazo. No es lo mismo sentirse parte del mundo que no estar integradas a él. Para interactuar con el mundo sin representar la esfera en la que nos recluyen la falta de aceptación o el rechazo, las mujeres creamos decantando la serie de situaciones e historias personales, enfermedades, países, familias, embarazos, sexualidades, violencias que nos han construido y nos la arreglamos para disolver los hábitos que producen el control de nuestros cuerpos.


La estructura de la violencia patriarcal está en el arte de los hombres, el arte de las mujeres refleja entonces una aproximación a otro campo del aprendizaje y el perfeccionamiento. Se inventa una confianza en sí misma y afianza con ella su percepción de la justicia, la educación y la seguridad. Ser mujer deja de ser así una discapacidad o un valor de mercado, se convierte en una realidad abordada desde la propia percepción de la realidad y la construcción no solo de la subjetividad de la propia comunidad sino también de cada una de nosotras. La palabra que circula y el escucha/lectura de otras nos reconocen otras formas de ser miembro de la sociedad. Las escritoras fijamos en palabras un imaginario que construimos a contracorriente con la economía del mercado de las editoriales. Las pintoras, antes de las grafiteras y las performanceras, han roto dogmas al reproducir una realidad que los espacios públicos no solicitaban mostrar. Desde un momento histórico y una capacidad de empatía con el sentir de otras, no solo con el reconocido sentir y expresarse de otros, las mujeres creamos. Con las palabras exigimos el fin de la discriminación, con las imágenes nos hacemos integrantes de una sociedad, con los giros verbales y los actos de todos los días resignificamos los que tocamos. Describimos la molestia de estar en el mundo con un cuerpo que la androfilia dominante permite que sea agredido; para ello debemos crear, necesariamente inventar, usos de todo lo que hasta ahora ha estado en boca, manos y mercado de la sociedad que nos convertía en un incómodo trámite para acceder a su reproducción.


La epistemología feminista refleja la aproximación de las mujeres al campo de saber que le permite cuestionar los patrones científicos de su exclusión. De ahí que cuestione la lectura de toda la experiencia del mundo, si no hay un desenfoque de la mirada sobre la importancia de lo masculino. Tener nombre, dar nombre, pintar las imágenes de la vida de colores propios (las mujeres tenemos una mayor percepción del color, no sólo somos infinitamente menos las daltónicas que los daltónicos, 0.05% de las mujeres contra el 20% de hombres) es adquirir presencia y hacerse visibles. Por ello, en un primer momento las mujeres nos expresamos casi desde lo más primitivo de la expresión: historias sencillas, recuentos de hechos, reconocimientos de trabajos invisibilizados y de deseos de belleza y de la dificultad de realizarlos, han hecho efectivos los derechos de las mujeres a su propia creatividad.


Por supuesto somos sumamente vulnerables a la crítica. El arte androfílico reconocido no se interesa por la condición de ser de las mujeres, que es la de un ser expuesto al riesgo. Al hablar estamos trazándonos como sujetos, al actuar examinamos los datos que nos conciernen, al pintar nos diferenciamos para definir la humanidad. Puesto que la condición de riesgo de la violencia de género es ser mujer, la violencia con que nuestras obras son recibida es brutal: o te amoldas o te inscribes en uno de los discursos feministas de reivindicación estructurada. La libertad de expresión de las mujeres es tan frágil como el fenómeno mismo de la creatividad en tiempos de exceso de intelectualización y cientificismo.


Como amantes de la pintura, siempre quedo sorprendida (y ofendida) por la ignorancia de la historia del arte realizado por las pintoras mexicanas durante el siglo XX. Muchas artistas que se inscriben en ciertas corrientes del arte feminista, y que creen que están descubriendo el hilo negro al transformar fotografías de prensa en dibujos animados, no conocen la obra de una Andrea Gómez, la grabadora que denunció al mundo que la primera víctima de una guerra es siempre la población civil que una madre y sus hijas encarnan.


No la conocen porque desprecian lo que han obedecido desconocer y no visibilizar. En el feminismo mirar hacia otra mujer y su estar en el mundo es la base de la ruptura del paradigma androcéntrico, es el primer acto para el reconocimiento de otra manera de crear. Por ello no me parece extraño que una de las expresiones de la creatividad de las mujeres es la de mapear su presencia. Desde lo maravilloso a lo terrible, desde el ingreso a los museos y a los parlamentos hasta la movilización social por sus derechos y la muerte por feminicidio. Mapeamos en la literatura que nos concierne, en la radio, el cine y sobre todo en el video para el internet. Nos trazamos presentes en las plazas, nos tejemos la presencia en las escuelas, nos describimos en las cocinas y en los quirófanos. Entrevistamos a madres, a pacifistas, a ingenieras en crisis, a ministras que renuncian, a mineras extraviadas, a activistas del ambientalismo que descubren que su tradicionalidad es revolucionaria. Los cuerpos de las mujeres en la historia no son ya mensajes que se transmiten los grupos de hombres con poder, son exposiciones de la realidad en sí, una manera de dejar de solicitar permiso de ser.


Alba Carosio, la filósofa feminista venezolana, afirma contundentemente que "el arte de las mujeres es otra forma de hacer feminismo". Es una idea que coincide con las prácticas artísticas feministas de la mexicana Mónica Mayer, performancera, dibujante, crítica de arte, creadora de un archivo del arte feminista mexicano de nombre extraordinario, Pinto mi Raya, que trabaja reivindicando dos nombres que según ella están siendo considerados como pasados de moda o cargados de significados negativos, los de Feminista y de Artista.

Artista y feminista, Mónica Mayer participa desde sus quehaceres en los movimientos sociales mexicanos, a la vez que revitaliza desde lo visual las demandas del movimiento feminista. "La maternidad secuestrada", por ejemplo, fue un acto de performance que en 2012 se desplazó del internet a las calles, impulsando a las personas que hacen arte o que lo siguen (el 80% de las personas que se inscriben a cursos de arte o de sensibilización artística en México son mujeres) a expresar visualmente con su presencia en la plaza central, el Zócalo, cuál es su idea de que la maternidad es a la vez impuesta y secuestrada por el control que se ejerce sobre las mujeres desde la cultura. Cada una dijo en un cartel, una máscara, un refrán grabado, una indumentaria, qué es para ella la maternidad secuestrada, lo cual en un país donde el secuestro es un delito común y casi impune, se reveló como un acto de resignificación de la palabra, a la vez que incidió en la denuncia del delito.


Según Mónica, la creatividad feminista es difícil de concretar porque las mujeres somos producto de una historia y estamos en el tiempo de esa historia. A la vez, la artista asume que entre creatividad y sociedad a transformar el lazo es el de la cotidianidad de la transformación crítica: ".... para mí, la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer, por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo...tenemos chamba pa rato".


El artivismo, o las expresiones gráficas creativas de las mujeres que se apropian de espacios considerados propios de la manifestación política de características masculina como la protesta y la denuncia, está siendo muy activo en América latina. El racismo, el clasismo, el sexismo son visualizados en exposiciones en espacios públicos sin solicitar permisos, descontrolando los espacios vedados a las mujeres. Los grafitis y la pintura mural, en este sentido, son el giro más evidentes al anonimato de la creadora, que es reivindicada desde el acto de subvertir la invisibilidad exponiéndola, criticando con ello el egocentrismo del artista masculino sacralizado.


El 7 de octubre recién pasado, Pinto mi Raya y el Museo de Arte de las Mujeres MUMA, organizaron en el Museo Carrillo Gil una jornada sobre el arte feminista y la participación de las artivistas en la sociedad. El cambio inmediatamente perceptible de actitud frente a lo que es el arte fue la calidad dialógica de las mesas. Sentadas una frente a otra, las artistas jamás se arrebataron la palabra. No debatían, dialogaban; es decir, se escuchaban para entenderse, para hacer crecer la idea sobre su acción, para que ya no haya una definición fija, comprable y transmisible como saber codificado, de lo que es la creatividad. En lugar de escuchar a la otra para contradecir o cuestionar su palabra, se entendían mutuamente, aunque no dijeran lo mismo. En particular, durante la primera mesa "Arte, activismo y feminismo", donde participaron Natalia Eguiluz, Edith López Ovalle, Laura Valencia y Minerva Valenzuela, las artistas moderada por Mónica Mayer dijeron que el arte de las mujeres tiene que ver con la sociedad en general. Cuando se cae el telón de la representación de lo ordenado, la creatividad de quien ha sido impedida a articularse hace posible lo imaginado desde los márgenes. El arte de las mujeres es, por lo tanto un gesto creativo que se origina al interior de las circunstancias en la que están los cuerpos sexuados por la tradición heterosexual, y que mediante la creación resignifica la memoria de la disidencia que la cultura oficial intenta con todos sus medios invisibilizar.


Comparto con ellas, desde la escritura que hurga en las ciencias y las relaciones interpersonales, que las acciones de arte nos juntan, dan pretexto para la fantasía (que se expande fantaseando).


Estoy convencida de que a las artistas nos fortalecen las miradas feministas sobre nuestro quehacer, porque nos evitan estar expuestas a la fragilidad que provoca la invisibilidad. Que nos vean otras mujeres, que nos lean, que nos comenten y con nuestras fantasías alimenten las suyas, es empezar a reconocer que lo que unas hacen crea ideas sobre ese hacer. La creación, como gesto, como momento de posibilidad de lo que antes no era, a las mujeres nos permite expresar lo que deseamos que acontezca. Nuestro interior, como dice la pintora poblana Rosa Borrás, revela la inexistencia de la seguridad de ser; con la fotografía, el grafito, el carbón se le registra como ausencia en los gestos y se construye como actividad nutricia. Mientras tanto, en lo exterior, desanda el laberinto y se improvisa literatura, danza, gesto, gráfica, teatro. El arte está ahí, como dice Mónica Mayer, para que lo vayamos definiendo, no para que limite qué estamos haciendo.

 

Ciudad de México, UAM-Xochimilco, 27 de octubre de 2014

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