Lunes, 24 Noviembre 2014 16:10

El amor está vivo en la poesía

El amor está vivo en la poesía

La Casa de Poesía Silva, organizó este año un concurso que tituló El amor en la poesía. El único requisito era escribir un poema y enviarlo a los organizadores. Un jurado de lujo, conformado por los poetas Eduardo Uribe, de la Universidad de los Andes, Carmen Millán, del Instituto Caro y Cuervo y Giovanni Quessep, el veterano y respetado poeta radicado en Popayán se encargó de leer y evaluar los poemas presentados. Con lo que no contaba la Casa de Poesía y los jurados fue la inmensa acogida que tuvo la convocatoria. Más de dos mil quinientos poemas llegaron para disputarse los cinco premios de dos millones de pesos cada uno. El 23 de octubre pasado el jurado otorgó cinco premios y cinco menciones. Todos los poemas ganadores alcanzaron una excelente factura. No es fácil producir versos de amor en nuestra época actual sin caer en el lugar común, en lo trivial, en lo melodramático.

Compartimos aquí, en estas páginas tres poemas de los diez destacados por el jurado. El poema ganador, "El amor como un río", tiene evocaciones de Aurelio Arturo y una cadencia insistente de reclamo, de añoranza, de desbordada ansiedad. El segundo premio, el poema titulado "Despacio", es una lenta y mesurada despedida, económica en lenguaje, en metáforas pero intensa en la vivencia. La segunda mención, "Noviembre en poniente", es una larga meditación, en el ocaso de la vida, sobre el amor que fue, del ser que amó intensamente a su pareja y que hoy vive la nostalgia en medio de una lluvia que no cesa.

 

EL AMOR COMO UN RÍO


Cristina Maya

El amor como un río sin fronteras ni límites,
el desvelado amor que aún palpita en el vacío de la noche,
en el rincón oscuro, en el refugio donde el fuego se aviva,
en la inquietante ondulación del aire.
Amor que no se atreve, que mira de soslayo, que se esconde,
amor de la mirada, que ansía, que deleita y delira,
amor que aguarda siempre, que olvida las palabras,
que solo pronuncia un mismo nombre repetido.
Amor a la distancia estando cerca, amor sombrío, el de la noche extinta.
Amor que imagina lejanos mares,
naufragado en una playa de noches siderales, "de lejanos relámpagos,"
el siempre ausente, el que vuelve y se aleja:
"Como otra nave entre tus naves, regresa siempre mi nostalgia."
El que divaga en tumultuosas calles, en extranjeros mundos.
El de las tierras desiertas, el de la muerte.
El de las noches con "una estrella de menta que enciende toda sangre."
Amor taciturno, como una flecha hincada en la piel,
aprisionado en la estancia secreta,
en un bosque de almendros donde la primavera nunca muere,
amor que no claudica, el que se vierte en la primera sangre
y aguarda en la alcoba entre los blancos velos.
Amor traicionado, tormentoso, el de los amantes furtivos,
el que se niega, y se oculta...
Amor perdido, ignorado,
olvidado por siempre entre las fechas de un oscuro almanaque.
El que nos punza y nos hiere,
el que nos acoge y redime.
El amor como un río,
que no cesa,
que no cesa...

 

DESPACIO


Andrea Halaby Fernández

Te voy a olvidar despacio.
Te voy a ir borrando como se borran
las palabras sordas en una carta de
amor, con cautela para no romper la
hoja o dejar marcas. Te voy a ir
soltando de los hilos que nos tejen,
de uno en uno, deshaciendo nudos y
deshilachando hebras, despacio,
con suavidad precavida. Te voy a
dejar ir por las ranuras de mis dedos
entreabiertos, como la arena que se
escapa de a poquitos,
grano a grano,
segundo a segundo.
Te voy a olvidar despacio, aunque
me demore una vida entera.

 

NOVIEMBRE EN PONIENTE


Philip Potdevin


L´amore piu non è quella tempesta.
GIUSEPPE UNGARETTI

 

Y el vello del fruto que tortura
los dedos del amor
YANNIS RITSOS

 

Tu non m'abbandonare mia tristeza
sulla strada
EUGENIO MONTALE

 

 

NOVIEMBRE y sus tripas no se saciarán jamás
Se hermanaron con esta comarca hace tres meses... ¿o cuatro?
Como el huésped que se rehúsa a marchar a pesar de la escasez
Como la dolencia que se acomoda para ser cargada en un largo viaje.
No hay cabida para más cruces en la hoja del almanaque
Como víctimas de la pandemia que se procrean sin fin.

Estos setos no se riegan con líquidos vestigios
Estos parques no se cierran a las rejas de la noche
Estos bosques no se talan con hachazos al alma
Estos jardines se podan con el granizo de mediodía.

Noviembre se atravesó en el camino de los vientos y se detuvo
En el lodazal de la cordillera que escurre por los desfiladeros
Como un largo suicidio que no termina de triunfar.
El ancho agosto parió noviembre, monstruoso, acéfalo, ruin
... hay sospecha que diciembre no germinará, y por su lado
Enero aguarda agazapado en las grutas de los conspiradores.

El cielo ha tendido el manto de las nubes en su patio trasero
El cielo ha represado la catarata para llenar la alberca con el solsticio
El cielo: inmóvil, pesado, plomizo, obstinado e indiferente.
Las encías del cielo supuran la sanguaza dulzona de la garúa
Que se cuela por entre los pañolones y las franelas y las conciencias
Y frutece en el licor que nos embriaga de coléricas evocaciones.

Se respira la borrasca que asfixia el sendero
Y amenaza fulminar el aleteo de las ideas.
Las raíces del sol se pudren en el pantano de aquellas Victorias' Regias
A la espera de un resquicio de luz filtrado por la fisura del verbo divino.
Un manojo de rosas marchitan el pergamino de la frente resquebrajada
Sin siquiera enterarse del rocío del Aleluya.
Y el sol claudica la canícula
Al lacayo ciego que preconiza la Era de las Tempestades.

Estos años...
Estos años de frenesí y dolor crecieron a la sombra de un alcaparro dorado.
Estos años vieron cosechar la vid avinagrada de hojas grandes y manchadas.
Alguien dijo, a tu lado y casi en murmullo:
El amor,
El amor, duro y reseco como las hebras de una picadura deshidratada.
El amor de los arreboles de octubre se ha olvidado del silencio de la casa.

Y...¿qué fue de octubre y septiembre?
¡Siguieron de largo sin reparar en esta estación!
Solo noviembre se aclimata en los Anales de este hogar
Con sus madrugadas de jaquecas y agrieras.
Son treinta, cuarenta, cincuenta y tantos carnavales
Con sus miércoles de ceniza y cuaresmas y domingos de Resurrección
Con gusto a aceitunas rancias abandonadas en un platillo sobre el mesón.
Los astros chupan con avidez las colillas de las luciérnagas
Para impedir que la noche se derrumbe invicta sobre el techo de la casa.
En inútil esfuerzo pues el cielorraso desfondado ya inventó la Vía Láctea.

¿Viste?
Tu pareja se ha ausentado de tu lado
Para refugiarse en las antípodas de la casa.
Ha marchado por un café que hierve desde el amanecer,
Ha marchado por una revista sin carátula leída mil y cien veces en el retrete.
Ha preguntado antes de izarse desde la mecedora: ¿Llamaron?
Escribieron, dices, pero desde que llegó noviembre no abro el correo.
Diles, dice, que de tanto extrañarlos reinventamos sus caras, sus manos, sus voces.
Las imágenes de infancia perdieron su color y hoy son casi daguerrotipos.

Escucha.
Son dos almas que conversan sin palabras. Que se adivinan en gestos
Que reclaman con una mirada
E insultan sin hablar.

Calla.
Entran dos filas de lagartijas y sapos a entonar su cantata profana
Juntos han orquestado los versos de Safo y Catulo y los goliardos
Para reclamar a la noche el contrapunto del amor desenfrenado.
El cascarón baboso de la cigarra caerá del tronco lavado por la lluvia
Sin dejar huella de dónde solfeó en pretéritos equinoccios.
¿Es acaso ese el sol detenido a quince grados sobre el horizonte?
¿Se levanta o se pone?
Se pone, la rosa de los vientos marca el poniente,
Siempre el poniente.
Aguarda.
El amor reivindica la posesión del cuerpo
Ese cuerpo extenso ha prescrito a tu favor
tras años de uso, con ánimo de señor y dueño
...posesión tranquila e ininterrumpida.

¿Acaso lo olvidaste, hermano mío?
¿Acaso niegas el silbido, el ulular, el clímax, las cumbres y los valles?
Portas como medallas las manchas de las sábanas aposentadas tras cada batalla.
El placer ha hipotecado sus salmos a los acreedores de la noche
El placer se ha enmohecido como un mudo video erótico
En busca inútil de dos cuerpos fofos, foscos, fláccidos
Como el cuello de una tortuga que sobrevive al paso de los conquistadores
Que mide un tiempo sin tiempo, que espera un día sin esperanza.

¡Ay! de los albaricoques de los años mozos
¡Ay! del fragor de los cuerpos lacerados a mordiscos
Resaca de los invidentes que brindan en la última cena
Olvido del caníbal saciado de las vísceras de su prójimo,
Deseo del anciano tras el efebo que se escurre de la multitud.

Apenas sobreviven postales, retratos mutilados, reclamos de infidelidades,
Los juramentos y promesas han muerto enredados en los atrapasueños.
La casa se deshoja en el deslío de noviembre.
Cada hijo marchó con un catre, un libro, una taza.
Ya no hay libros.
Cada amigo se llevó tres, cuatro.
El último huésped ayer tomó prestados los siete que quedaban.
Ya no hay vida más allá de la agonía de las revistas de poesía.
El esqueleto de las bibliotecas bailotea en las sombras del candil
Y no importa,
A los casi ciegos nos estorban los libros.

Hace dos noches encendía el fuego con la obra inédita
Si bien es cierto que todo valía la pena...para el fuego.
El fuego ha celebrado y brincado hasta el amanecer
Los versos eróticos, los que mejor crepitan en las brasas.
Los versos épicos han humedecido y se niegan a arder,
Los versos a los amigos se abrazan en llamas azuladas.

Noviembre desdentado masca su papilla de recuerdos y sollozos.
Quizá alcance a escucharse tras su rumiar el clamor de mi bramido:
¡Yo amé!

La llanura del muro alguna vez vestido de blanco ostenta una plantilla
De allí cuelga una cintica tricolor que da fe que de allí colgó un tiple
Entonaba las guabinas y los pasillos y la contradanza y el bunde.
Yo sentado en las rodillas de mi abuelo aunque el murió en el treinta y tres
Y yo nací en el cincuenta y algo.
Y aun así recuerdo cada nota.

Abro la ventana y ha cesado de llover.
Cada charco refleja una luna diferente
Cada charco atrapa una nota de lejanía
Cada cristal añora el repiqueteo de la lluvia.
El abrazo, el gesto, la prenda, el beso, la caricia, el gemido.
Todos salen a celebrar con su canturreo el fin de noviembre.
Noviembre partió y ha dejado sus lodos secos y pestilentes
Como el pescado rancio en un congelador descompuesto.

Estas llagas no se cicatrizan con caricias.
Estas arrugas no se bruñen con el sol venidero,
Estas lágrimas no se enjuagan con la risa de infantes.
Estas manos se deshacen en tristeza y desapego.

¡Yo amé!

Publicado enEdición 208
Viernes, 28 Noviembre 2014 10:29

La cultura que lleva organización

La cultura que lleva organización

Al sur de Bogotá, en lo alto de los Cerros Orientales, existe un barrio que limita entre lo rural y lo forestal, el barrio San Rafael. Al llegar a él, por calles empinadas, quien asciende avanza por granulada lluvia que da la sensación de inicio del páramo. Como cualquier otro suburbio urbano, sus pobladores viven en condiciones económicas y sociales desfavorables. Sus casas, autoconstruidas, toman forma sobre calles a medio construir.

En este barrio, bello mirador bogotano, un grupo de jóvenes realizan arto arte. Los integrantes son residentes cercanos del sector, pero para ellos no importa si toca pintar en Usme, en el Humedal de Tibabuyes o en pleno centro de la ciudad. Su objetivo es descentralizar el arte.

Arto Arte surge en 2007 entramado en las relaciones de confianza y amistad con personas y colectivos vinculados a la historia de la organización local. Son un grupo de amigos que un día decidieron abordar temas y problemáticas buscando soluciones distintas. Así lo expresa "El negro" como le dicen a Jesús David Suárez: "Arto Arte es una excusa de un grupo de amigos para sacar adelante proyectos de diversa índole, donde desarrollan sus potencialidades. Pero por el camino se encuentran razones y desarrollan una filosofía que pesa. Deja de ser una sencilla mochila para convertirse en una maleta grande que camina entre signos y palabras para transmitir cosas".

Frente al conjunto de organizaciones políticas y espacios de articulación expresan: "No queremos seguir en mesas y espacios. Hay otras herramientas para intervenir estos lugares. No somos muralistas, somos un colectivo que utiliza el arte para desarrollar diferentes lenguajes".

El parche también lo integran Fabio Ramírez –´el periodista´–, Freddy Triana Vargas –que también explora las artes gastronómicas–, Jhony Pinzón –realizador de animaciones–, los más jóvenes como Jhon Lara y Ángel Serrano –con el registro visual–, y los apasionados del ruido chatarrero del punk como Jordan Rodríguez y Humberto Urquijo. Con la intervención artística y las prácticas culturales buscan integrar la comunidad revindicando la identidad local y memoria histórica. Su innovadora intervención gráfica de andenes y espacios públicos con murales alusivos a lo ancestral, a la flora y fauna, junto a la utilización del baldosín y vidrios para crear mosaicos en fachadas de casas, no sólo generan agradables estéticas sino que animan a la comunidad a cuidar y mejorar su entorno.

Quieren trascender lo territorial, de ahí el uso continuo del blog. "Nosotros no queremos quedarnos sólo en lo local. Es clave pero también es primordial abrirnos a otros espacios, queremos mostrarlo más allá de las fronteras locales. De esa manera buscamos escapar del aislamiento territorial de organizaciones que de manera cerrada cuentan sus propias historias entre sí".

Nosotros no queremos que este espacio se institucionalice; chévere aprovechar las ayudas institucionales para desarrollar el trabajo, siempre y cuando conservemos nuestra autonomía. Es verdad que esto se ha vuelto más grande, pero preferimos la ambigüedad, y de algún modo la informalidad, porque de allí surge cierta libertad que permite generar preguntas interesantes que la misma gente debe contestarse y no responder nosotros". La apuesta es llevar esta filosofía, y para ello hay que tener Arto Arte.

Publicado enEdición 208
La creatividad de las mujeres, un hecho que incorpora las trabas y da cauce a las fantasías

esas mujeres guerreras

como un solo hilo
surgieron de más allá del río
hacen trabajo ordinario
por ser tus devotas
sus manos lastiman con fuego purificador


Enjeduana, 2354 a.C.

 

Para iniciar repetiré lo que las artistas visuales han comenzado a decir en la década de 1970: el arte de las mujeres en la historia es un hecho que ha necesitado de una historia del arte feminista para ser percibido.


La invisibilidad de aquello hacia lo cual no enfocamos nuestra mirada es absoluta. Lo que no aprendemos a ver no lo vemos, a menos que colectivamente no aprendamos a enfocar lo que está en la sombra. La visión de águila de una, si no encuentra eco en la voluntad de mirar de otras, se convierte en una excentricidad. La humanidad de los enemigos durante una guerra, la historia moderna de los pueblos indígenas de América, la espiritualidad de las religiones ajenas, tanto como la escultura de las mujeres, el ritmo de la puntada, el contacto de la alfarera con la cerámica y el mensaje del color en el bordado, la autorepresentación en la confección de muñecas, la poética del canto de nana y el hecho histórico que en 2354 antes de la era occidental una mujer, Enjeduana, hija de Sargón de Agada y sacerdotisa de la diosa Inana, escribió los primeros versos que nos han llegado, los primeros versos escritos de la humanidad, son hechos sobre los que se nos ha enseñado a no dirigir la mirada.


La oftalmología contemporánea asume que la visión se desarrolla desde el nacimiento, para ello la vista debe ejercitarse. Si las niñas y los niños no tienen oportunidad de jugar en espacios abiertos, sus ojos no aprenderán a ver de lejos; la miopía es por lo tanto fomentada por los espacios cerrados como las aulas, los departamentos de interés social, los confinamientos. Estoy convencida de que existen pocos espacios que la educación haya cerrado más que aquellos relativos al quehacer de las mujeres en los campos donde el examen enfoca los artefactos, ideas y emociones de una actividad que la sociedad heteropatriarcal ha ofrecido/impuestos a los hombres como obligación y responsabilidad propia de su sexo-género.


El arte occidental, aún más que la investigación científica, al apelar a una supuesta emotividad que conmueve y suscita respuestas en todos los seres humanos, excluye a las mujeres y sus quehaceres porque no son representativos de la totalidad humana. Por supuesto, descarta de su historia y de su mercado también las artes de los hombres de pueblos que no acepta que integren la sociedad evolucionada que se supone el arte representa. Quien está educado a dominar no puede tolerar la plena igualdad de quien no reconoce igual. El arte occidental se revela en sus preferencias y en sus supresiones como un instrumento de abuso y sojuzgamiento, más que como emanación de una conciencia suprasensible.


Como lo viene estudiando desde hace década Eli Bartra, conocer el papel de las mujeres dentro del arte visual, y yo diría de cualquier arte, implica enfocar la vista a través de ampliar el conocimiento. La creatividad femenina, dice la filósofa mexicana, debe ser identificada como tal para convertirse en un elemento de la cultura de la inclusión y la no discriminación, pues es un modelo estimulante. Bartra, además, estudia como arte de las mujeres el arte que los discursos feministas actuales no toman en consideración, porque es arte popular que no prescinde de la reflexión acerca de la economía de las mujeres en el núcleo de convivencia y en la cultura de un pueblo. Confronta por ello el saber neutro y busca enfocar el arte desde fuera de la ciencia androcéntrica. Y subraya la importancia del enfoque para que la visión se abra: "... el solo hecho de tomar en consideración el género de las personas involucradas a lo largo de todo el proceso de conocimiento no significa per se que sea una investigación feminista si no implica transformación". Abrirse a la mirada del arte de las mujeres, es por lo tanto asumir la crítica de la realidad social estudiada desde los lugares de poder, es una revolución epistémica.


El arte androcéntrico y culto no tolera la plena igualdad cuando se define como una producción que da trascendencia a un grupo de autores especializados supuestamente neutros en términos de género, de pertenencia étnica y clase social, los "artistas".


Visualizar la creatividad de las mujeres en su lugar social y genérico, en la tensión entre aceptación y socavamiento de los valores estéticos y morales de género, en la persistencia de su acción a pesar de la invisibilidad a la cual la relegó la academia, puede dar por resultado el descubrimiento de la creatividad de aquellas que se disponen a realizar un anhelo. Perfeccionando la puntada, la bordadora expresa sus emociones; aprendiendo a cantar, la madre toma distancia de las normas que la obligan al silencio y entona una elegía a la vida diminuta de su recién nacida; la imaginación de la cocinera independiza la necesidad de alimentarse del gusto; la originalidad de la tejedora ofrece un lenguaje propio a la tela que recubre a las personas. De ser que el arte fuera realmente, como rezan los manuales de historia del arte, una actividad humana con reglas propias que se aprende y perfecciona, que toma distancia de las normas y que se abre a la subjetividad, la imaginación y la inspiración para lograr originalidad, gusto, emociones y lenguajes propios en un continuo fluir e intercambio de tradiciones, tejedoras, bordadoras, madres, cocineras serían artistas cuya creatividad nadie pondría en duda.


Pero no. El vínculo entre creatividad y arte es innegable, pero el arte de las mujeres por el contrario es negado y la propia creatividad de las mujeres es puesta en entredicho. Decenas de tesis de estudiantes de diversos cursos de estudios de género o de estudios de las mujeres, en instituciones de toda América latina, repiten un discurso emanado de las universidades estadounidenses: que no es lo mismo el arte de las mujeres que el arte feminista, que las mujeres pueden ser brutales con lo que le sucede al cuerpo de otra, que son insensibles a las violaciones, los abusos, la doble moral social. Si bien es cierto que las mujeres que no cuestionan el sistema de género tienden a ser repetidoras de la androfilia social dominante, en el arte de las mujeres he encontrado siempre, consciente o no, una mirada hacia la humanidad específica que las mujeres representan y que es una humanidad mayoritaria e invisibilizada, es decir no exaltada por los medios de construcción y reconocimiento de los conocimientos: la educación, la representación simbólica, la religión y el mercado.


Es sabido que en su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina (1950), la escritora mexicana Rosario Castellanos se preguntaba acerca de la existencia de una cultura de las mujeres y sostenía que las mujeres hacen cultura cuando no son madres, como si las dos actividades fueran incompatibles. Generar ideas es incompatible con generar las condiciones de sobrevivencia de una persona recién nacida.


La historia desmiente el hecho. Teresa Margareda da Silva e Orta, quien en 1752 escribió la primera novela de Brasil, era madre de 8 hijos. Françoise de Graffigny, seguramente la escritora más famosa del siglo XVIII, autora de Lettres d'une péruvienne, tuvo tres hijos, logró la separación de un marido que la golpeaba y mantuvo relaciones de amistad y de amor con varios hombres. Mary Pix, la autora de The Inhumane Cardinal (1696), tuvo dos hijos. La princesa de Cleves, que fue la primera novela histórica en francés, y una de las primeras novelas modernas en la historia de la literatura, fue escrita en 1678 por la madre de dos hijos, Marie Madeleine de Lafayette. La mayoría de las mujeres que han escrito a lo largo de la historia occidental, asiática, africana y americana son o han sido madres. Es cierto que las escritoras siempre tuvieron más visibilidad que las pintoras y las compositoras, eclipsadas por el taller paterno o del marido, interpretando la música del hermano, del padre o del marido; no obstante, la maternidad no parece haber sido un impedimento para la inventiva, el pensamiento original y la imaginación de ninguna mujer. Las alfareras y las tejedoras de todo el mundo lo prueban.

 

Ahora bien, el derecho a construir la propia subjetividad sin la obligación moral de aceptar o confrontar la maternidad, aceptarla o negarla, es uno de los puntos clave de la reivindicación de ponerle fin a un sistema de género que nos encasilla en una lectura fija de lo que es propio de cada persona nacida con un tipo particular de genitales. Ser mujer no es ser madre y ser madre puede no resultar del ser femenina, entendiendo este adjetivo como propio de la persona construida para el servicio a otras personas. Los productos de la creatividad de las mujeres, sea en las artes visuales que en la literatura y la música, así como en otras actividades que implican autonomía de pensamiento y expresión como la filosofía, la cocina, la didáctica, la exploración geográfica y los viajes, demuestran tanto la ruptura como la continuidad de la reflexión sobre qué es el sujeto femenino, rechazando las miradas convencionales sobre el cuerpo de las mujeres y el deber ser de su sexualidad.


Desde que a finales de la década de 1960, en Francia las feministas empezaron a repensar el trabajo de las mujeres, las artistas de diversos países revisaron las narrativas sobre el cuerpo, los roles, la sexualidad, la moral, la violencia y los compromisos de las mujeres, produciendo conocimientos críticos a través del arte. Tres décadas después, la grafitera colombiana que se hace llamar Bastardilla afirma que la lucha social por los derechos de las mujeres se expresa en los sentimientos de miedo, identidad, libertad, angustia y conocimiento interno. A la par, la artista urbana Deeedee Cheriel, de Chile, declara que su expresión está en los muros y es ilegal, sin permiso y vandálica como la fuerza que defiende su igualdad de quien la quiere dominar.


La recuperación de todo el espacio como propio de las mujeres nos devuelve a la cuestión de la creación. ¿Qué hay del uso del ganchillo y los hierros de tejer para crear espacios más habitables en lugares públicos, recuperados sin solicitar permiso, como lo hace el colectivo Teje La Araña? ¿O de las acciones de Luz Interruptus cuando utiliza la electricidad como elemento de instalaciones de denuncia de la opresión y discriminación que sufren las mujeres?


Como escritora sé que no me escapo de mi esquema corporal, es decir no me salvo de la representación mental de mi cuerpo y su capacidad para interactuar con las personas y el entorno. En mi construcción histórica como mujer, y en particular como mujer bisexual que empezó a rebelarse contra los roles de género, de clase y de racialización al alcanzar la mayoría de edad, fue en una incipiente adultez que imaginé modificar mi cuerpo al ritmo de una utopía. Una figuración poética me permitió intervenir en los cambios corporales que me han llevado a deshilar la construcción de género.


Cuando dejé de usar tacones, aproximadamente a los 25 años, me sentí más chaparra y necesité descubrir que caminaba con mayor comodidad. Por un periodo perdí la confianza en mi elegancia sin percibir el enorme beneficio que lograba con ello. Entonces me predispuse a imaginar una manera diferente de caminar. Así mi arte tuvo que transitar por la creación del abandono de la masculinidad: deshacerme de los papeles nocturnos, los enfrentamientos, la agresividad de los héroes y los amantes, el poder de la palabra que avasalla y la necesidad de reconocimiento. Nada fácil si además le suman que cambié de lengua de expresión y empecé a escribir literatura en el castellano de México cuando ya había terminado mis estudios universitarios de licenciatura.


Fui torpe como las púberes cuando cambian de cuerpo y se le caen las cosas de las manos o se tropiezan. En mis primeros cuentos, me llevaba por delante la escuela donde nunca me hablaban ni de feminismo ni de mujeres creadoras. Buscaba, inventaba, redefinía mi grupo social de mujeres en un área de la que me apropiaba para concretar historias, construyendo un nuevo imaginario del ser humano con tetas, molestias en el bus, extensión del horizonte, libertades improvisas, búsqueda de trabajo, presión para ejercer la maternidad, enamoramientos.


La creatividad de las mujeres no puede evitar la representación del lugar que las mujeres ocupamos en la historia y en la cotidianidad, nuestras historias personales de aceptación, tolerancia o rechazo. No es lo mismo sentirse parte del mundo que no estar integradas a él. Para interactuar con el mundo sin representar la esfera en la que nos recluyen la falta de aceptación o el rechazo, las mujeres creamos decantando la serie de situaciones e historias personales, enfermedades, países, familias, embarazos, sexualidades, violencias que nos han construido y nos la arreglamos para disolver los hábitos que producen el control de nuestros cuerpos.


La estructura de la violencia patriarcal está en el arte de los hombres, el arte de las mujeres refleja entonces una aproximación a otro campo del aprendizaje y el perfeccionamiento. Se inventa una confianza en sí misma y afianza con ella su percepción de la justicia, la educación y la seguridad. Ser mujer deja de ser así una discapacidad o un valor de mercado, se convierte en una realidad abordada desde la propia percepción de la realidad y la construcción no solo de la subjetividad de la propia comunidad sino también de cada una de nosotras. La palabra que circula y el escucha/lectura de otras nos reconocen otras formas de ser miembro de la sociedad. Las escritoras fijamos en palabras un imaginario que construimos a contracorriente con la economía del mercado de las editoriales. Las pintoras, antes de las grafiteras y las performanceras, han roto dogmas al reproducir una realidad que los espacios públicos no solicitaban mostrar. Desde un momento histórico y una capacidad de empatía con el sentir de otras, no solo con el reconocido sentir y expresarse de otros, las mujeres creamos. Con las palabras exigimos el fin de la discriminación, con las imágenes nos hacemos integrantes de una sociedad, con los giros verbales y los actos de todos los días resignificamos los que tocamos. Describimos la molestia de estar en el mundo con un cuerpo que la androfilia dominante permite que sea agredido; para ello debemos crear, necesariamente inventar, usos de todo lo que hasta ahora ha estado en boca, manos y mercado de la sociedad que nos convertía en un incómodo trámite para acceder a su reproducción.


La epistemología feminista refleja la aproximación de las mujeres al campo de saber que le permite cuestionar los patrones científicos de su exclusión. De ahí que cuestione la lectura de toda la experiencia del mundo, si no hay un desenfoque de la mirada sobre la importancia de lo masculino. Tener nombre, dar nombre, pintar las imágenes de la vida de colores propios (las mujeres tenemos una mayor percepción del color, no sólo somos infinitamente menos las daltónicas que los daltónicos, 0.05% de las mujeres contra el 20% de hombres) es adquirir presencia y hacerse visibles. Por ello, en un primer momento las mujeres nos expresamos casi desde lo más primitivo de la expresión: historias sencillas, recuentos de hechos, reconocimientos de trabajos invisibilizados y de deseos de belleza y de la dificultad de realizarlos, han hecho efectivos los derechos de las mujeres a su propia creatividad.


Por supuesto somos sumamente vulnerables a la crítica. El arte androfílico reconocido no se interesa por la condición de ser de las mujeres, que es la de un ser expuesto al riesgo. Al hablar estamos trazándonos como sujetos, al actuar examinamos los datos que nos conciernen, al pintar nos diferenciamos para definir la humanidad. Puesto que la condición de riesgo de la violencia de género es ser mujer, la violencia con que nuestras obras son recibida es brutal: o te amoldas o te inscribes en uno de los discursos feministas de reivindicación estructurada. La libertad de expresión de las mujeres es tan frágil como el fenómeno mismo de la creatividad en tiempos de exceso de intelectualización y cientificismo.


Como amantes de la pintura, siempre quedo sorprendida (y ofendida) por la ignorancia de la historia del arte realizado por las pintoras mexicanas durante el siglo XX. Muchas artistas que se inscriben en ciertas corrientes del arte feminista, y que creen que están descubriendo el hilo negro al transformar fotografías de prensa en dibujos animados, no conocen la obra de una Andrea Gómez, la grabadora que denunció al mundo que la primera víctima de una guerra es siempre la población civil que una madre y sus hijas encarnan.


No la conocen porque desprecian lo que han obedecido desconocer y no visibilizar. En el feminismo mirar hacia otra mujer y su estar en el mundo es la base de la ruptura del paradigma androcéntrico, es el primer acto para el reconocimiento de otra manera de crear. Por ello no me parece extraño que una de las expresiones de la creatividad de las mujeres es la de mapear su presencia. Desde lo maravilloso a lo terrible, desde el ingreso a los museos y a los parlamentos hasta la movilización social por sus derechos y la muerte por feminicidio. Mapeamos en la literatura que nos concierne, en la radio, el cine y sobre todo en el video para el internet. Nos trazamos presentes en las plazas, nos tejemos la presencia en las escuelas, nos describimos en las cocinas y en los quirófanos. Entrevistamos a madres, a pacifistas, a ingenieras en crisis, a ministras que renuncian, a mineras extraviadas, a activistas del ambientalismo que descubren que su tradicionalidad es revolucionaria. Los cuerpos de las mujeres en la historia no son ya mensajes que se transmiten los grupos de hombres con poder, son exposiciones de la realidad en sí, una manera de dejar de solicitar permiso de ser.


Alba Carosio, la filósofa feminista venezolana, afirma contundentemente que "el arte de las mujeres es otra forma de hacer feminismo". Es una idea que coincide con las prácticas artísticas feministas de la mexicana Mónica Mayer, performancera, dibujante, crítica de arte, creadora de un archivo del arte feminista mexicano de nombre extraordinario, Pinto mi Raya, que trabaja reivindicando dos nombres que según ella están siendo considerados como pasados de moda o cargados de significados negativos, los de Feminista y de Artista.

Artista y feminista, Mónica Mayer participa desde sus quehaceres en los movimientos sociales mexicanos, a la vez que revitaliza desde lo visual las demandas del movimiento feminista. "La maternidad secuestrada", por ejemplo, fue un acto de performance que en 2012 se desplazó del internet a las calles, impulsando a las personas que hacen arte o que lo siguen (el 80% de las personas que se inscriben a cursos de arte o de sensibilización artística en México son mujeres) a expresar visualmente con su presencia en la plaza central, el Zócalo, cuál es su idea de que la maternidad es a la vez impuesta y secuestrada por el control que se ejerce sobre las mujeres desde la cultura. Cada una dijo en un cartel, una máscara, un refrán grabado, una indumentaria, qué es para ella la maternidad secuestrada, lo cual en un país donde el secuestro es un delito común y casi impune, se reveló como un acto de resignificación de la palabra, a la vez que incidió en la denuncia del delito.


Según Mónica, la creatividad feminista es difícil de concretar porque las mujeres somos producto de una historia y estamos en el tiempo de esa historia. A la vez, la artista asume que entre creatividad y sociedad a transformar el lazo es el de la cotidianidad de la transformación crítica: ".... para mí, la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer, por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo...tenemos chamba pa rato".


El artivismo, o las expresiones gráficas creativas de las mujeres que se apropian de espacios considerados propios de la manifestación política de características masculina como la protesta y la denuncia, está siendo muy activo en América latina. El racismo, el clasismo, el sexismo son visualizados en exposiciones en espacios públicos sin solicitar permisos, descontrolando los espacios vedados a las mujeres. Los grafitis y la pintura mural, en este sentido, son el giro más evidentes al anonimato de la creadora, que es reivindicada desde el acto de subvertir la invisibilidad exponiéndola, criticando con ello el egocentrismo del artista masculino sacralizado.


El 7 de octubre recién pasado, Pinto mi Raya y el Museo de Arte de las Mujeres MUMA, organizaron en el Museo Carrillo Gil una jornada sobre el arte feminista y la participación de las artivistas en la sociedad. El cambio inmediatamente perceptible de actitud frente a lo que es el arte fue la calidad dialógica de las mesas. Sentadas una frente a otra, las artistas jamás se arrebataron la palabra. No debatían, dialogaban; es decir, se escuchaban para entenderse, para hacer crecer la idea sobre su acción, para que ya no haya una definición fija, comprable y transmisible como saber codificado, de lo que es la creatividad. En lugar de escuchar a la otra para contradecir o cuestionar su palabra, se entendían mutuamente, aunque no dijeran lo mismo. En particular, durante la primera mesa "Arte, activismo y feminismo", donde participaron Natalia Eguiluz, Edith López Ovalle, Laura Valencia y Minerva Valenzuela, las artistas moderada por Mónica Mayer dijeron que el arte de las mujeres tiene que ver con la sociedad en general. Cuando se cae el telón de la representación de lo ordenado, la creatividad de quien ha sido impedida a articularse hace posible lo imaginado desde los márgenes. El arte de las mujeres es, por lo tanto un gesto creativo que se origina al interior de las circunstancias en la que están los cuerpos sexuados por la tradición heterosexual, y que mediante la creación resignifica la memoria de la disidencia que la cultura oficial intenta con todos sus medios invisibilizar.


Comparto con ellas, desde la escritura que hurga en las ciencias y las relaciones interpersonales, que las acciones de arte nos juntan, dan pretexto para la fantasía (que se expande fantaseando).


Estoy convencida de que a las artistas nos fortalecen las miradas feministas sobre nuestro quehacer, porque nos evitan estar expuestas a la fragilidad que provoca la invisibilidad. Que nos vean otras mujeres, que nos lean, que nos comenten y con nuestras fantasías alimenten las suyas, es empezar a reconocer que lo que unas hacen crea ideas sobre ese hacer. La creación, como gesto, como momento de posibilidad de lo que antes no era, a las mujeres nos permite expresar lo que deseamos que acontezca. Nuestro interior, como dice la pintora poblana Rosa Borrás, revela la inexistencia de la seguridad de ser; con la fotografía, el grafito, el carbón se le registra como ausencia en los gestos y se construye como actividad nutricia. Mientras tanto, en lo exterior, desanda el laberinto y se improvisa literatura, danza, gesto, gráfica, teatro. El arte está ahí, como dice Mónica Mayer, para que lo vayamos definiendo, no para que limite qué estamos haciendo.

 

Ciudad de México, UAM-Xochimilco, 27 de octubre de 2014

Publicado enCultura
Viernes, 10 Octubre 2014 15:36

En el país de la memoria

En el país de la memoria


Mide casi dos metros, pero nadie lo veía como candidato al Nobel. Patrick Modiano, con sus novelas sobre la identidad de las personas y la amnesia de la historia, parece candidato a ser uno de esos escritores que el Nobel despierta y los lectores agradecen.

 

 

El escritor francés no figuraba ni a placé en el sitio de apuestas Ladbrokes para el Nobel, donde hace semanas estaba instalado como inamovible favorito el keniano Ngugi wa Thiong'o, y tallaban la bielorrusa Svetlana Alexievich, Haruki Murakami, Joyce Carol Oates y Philip Roth en opción estadounidense, o el poeta sirio Adonais (mi candidato posible, dado que en mi corazón persiste el portugués Lobo Antunes).


Aunque imprevisto, Patrick Modiano no es un Nobel exótico por el que habrá que esperar que lleguen las traducciones en sellos heroicos de la industria editorial española. Premio Goncourt en 1978, Modiano estaba algo lejos de los reflectores, menos comentado quizá que Pascal Quignard, su compañero de generación y según versiones olvidado en Suecia, donde hace años que no era traducido al idioma de premiación. En Montevideo, en cambio, sus libros están disponibles en la colección Narrativas de Anagrama, y la página de Gussi, su distribuidor, muestra nueve títulos del francés entre los que destaca su Trilogía de la ocupación, las clásicas Calle de las tiendas oscuras (que le dio el Goncourt) y En el café de la juventud perdida y la más reciente La hierba de las noches (2012).


Los caminos del Nobel no son insondables. Se me hace que este premio, que para algunos desequilibra la balanza de rotación en favor de Francia, tiene también sus razones de estrategia geopolítica y no evita aquella polémica disposición del testamento de Alfred Nobel que explícitamente mandataba premiar una literatura que fuese "idealista" y aportase algo a los hombres. Es posible que este premio tenga sus sondables razones como un premio que responde a una Europa en crisis, habitada por el miedo y con rebrotes xenófobos.


HABLA MEMORIA

 

Patrick Modiano nació, como predestinado a lo que habría de escribir obsesivamente, en 1945. Fue un hijo de la posguerra, un babyboomer. Su apellido denuncia el origen italiano de Módena, de donde llegaron sus ancestros, pero fue por su condición de judío que su padre debió esconderse para evitar ser enviado a los campos. Por "revelar el universo de la ocupación" a través "de un arte de la memoria capaz de evocar los más ina-sibles destinos humanos", argumentó el comité de la Academia Sueca, recuperando una memoria para Europa. Modiano "es el poeta de la ocupación y la voz de los desaparecidos", dice con felicidad Rupert Thomson en el Guardian.


En Calle de las tiendas oscuras la acción se ubica en los años sesenta y el protagonista, Jean, reiterado álter ego del autor, es un detective amnésico que busca conocer su pasado. Sus investigaciones lo llevan al tiempo de la ocupación y al gran trauma moral del colaboracionismo. Modiano parece haber necesitado siempre de una perspectiva histórica para su literatura, y esa mirada al pasado es lo que paradójicamente le da actualidad. Trabaja el pasado como un secreto que se resiste a ser entregado. En 2009 respondía sobre el ocultamiento histórico de los hechos: "Francia ha tenido tabúes sobre la ocupación nazi y la guerra de Argelia, básicamente. Lo que me impresiona siempre es que esos tabúes históricos los encontramos reproducidos a pequeña escala, en las vidas individuales, en los casos concretos de la gente que olvida aspectos de su biografía. Y sin llegar a la amnesia, si usted pregunta a alguien por su pasado, lo va a transformar sin darse cuenta. Esos falsos testimonios me fascinan. Es novelesco, es novela negra. El novelista es un detective". En la novela hay un pianista que, al estilo de Casablanca, toca "Que reste-t-il de nos amours?", una canción que hace la pregunta que la novela busca responder. La pregunta histórica se superpone a la personal. Modiano dedicó la novela a su padre porque al terminarla supo que había muerto y ya hacía diez años que no sabía nada de él. El ajuste de cuentas con el padre lo hizo el autor en Un pedigrí, una memoria autobiográfica sobre su infancia y primera juventud que publicó en 2005 y está también disponible en Uruguay. Cuenta la muerte de su hermano Rudy, dos años menor y que murió apenas con 10. A Rudy le dedicó cada uno de sus ocho primeros libros. Confiesa que, aunque lo que cuenta en esa breve memoria está disperso en sus otros libros como ficción, precisó que transcurriesen cuarenta años para poder hablar de esa intimidad y que pudo hacerlo cuando ya esos recuerdos no precisaban ser resguardados y lo que contaba era ya la vida de otro, y pudo contarla con una piedad que no necesitaba excusas. El premio ha resucitado de los archivos de los periódicos franceses la anécdota de cuando un Patrick Modiano de 18 años falsificó su carné de identidad para poder pasearse libremente en las noches parisinas. Con sagacidad, el periodista de L'Express postula que más que para pasar por mayor de edad, la verdadera razón estuvo en darse a sí mismo la edad de Rudy, el hermano, y anular así su muerte y vivir con y por él.


UNA TRADICIÓN

 

Si su padre marca su literatura desde la ausencia, hay un padre elegido en el universo Modiano: Raymond Queneau, el poeta, matemático y escritor vanguardista del Oulipo que lo amparó en su carrera literaria. Queneau lo conoció en el liceo Henri IV, un centro de enseñanza media productor de elites, y se hicieron amigos. Fue su testigo de casamiento y quien lo presentó a Gallimard cuando editó su primera novela. En el consagratorio Cahier de l'Herne que se le dedicó en 2012 se publicaron algunas cartas de Queneau; en una, de cuando le salió de testigo, le comenta a su esposa divertido que por la novia sale de testigo uno que lleva el nombre de André Malraux. Lo que es exacto y revela ese otro pedigrí cultural del autor. Como escritor de la memoria no es raro que Modiano reivindique a Proust, a quien dedicó un ensayo llamándolo "Mártir literario", pero en una lista más amplia de sus diez libros favoritos, la tradición se ensancha a otras lenguas e incluye al Dickens de Grandes esperanzas, el Mann de La montaña mágica, el Lowry de Bajo el volcán, presididos, eso sí, por un clásico francés, Tristán e Isolda. Más recientemente declaró su admiración por Peter Handke, un nobelizable a quien condena su posición favorable a Serbia cuando la guerra de los Balcanes. La lista de afinidades electivas debe completarse con cierta afición al policial. Previniendo deserciones, Eric Sarner, el escritor francés radicado en Uruguay y traductor de Idea Vilariño, celebró en Facebook un poco provocativamente el hecho de que el nuevo Nobel no sea "un experimentador de la prosa". Modiano explica por qué prefiere escribir sus historias lejos del barroquismo verbal y en una prosa directa y de frases breves: "porque para dar esa impresión de un sueño interrumpido, en el que entra alguien por sorpresa, necesito frases muy concretas, al igual que en algunos cuadros surrealistas, como los de Magritte, todo es muy preciso pero la impresión global es de sueño". También va en ese sentido su apego al policial: "los policiales me interesan como formas abstractas, por algo se los filma en blanco y negro". Casi todo en Modiano es un artificio que se confunde con lo real. Es el gran escritor actual de París, se ha escrito, pero de un París, dice él, "que ya no existe sino en mi memoria", el de su juventud.


Su mundo está hecho de identidades inciertas e historias ocultas. Sus libros son rompecabezas para armar pero también elegías, porque esos puzles raramente se arman, comparte con la novela negra la fascinación por el misterio, pero no tiene fe en que sea posible encontrar una solución.


Seguramente ocurra con otros muchos lugares en el mundo, pero es seguro que historias como la que cuenta en Dora Bruder sobre el caso real de una chica de 15 años, desaparecida y enviada a Auschwitz, o la escucha del pasado que otros no quieren oír, encuentre interés en lectores que han pasado por la experiencia de las dictaduras del Cono Sur. Es probable que un escritor que es definido como un "arqueólogo del pasado" y que crea personajes acuciados por entender quiénes son y quiénes han sido, tenga algo que decirnos.

 


 

Buscando al viejo hombre nuevo


Una escritora bielorrusa –cuyo nombre estuvo hasta ayer entre los favoritos a ganar el Nobel de Literatura 2014– recorrió la antigua Urss con un grabador. Buscaba un retrato hablado del hombre soviético. El resultado es un híbrido entre la antropología y la literatura. Puro periodismo.

 

"Seremos como el Che", dicen, todavía, los niños cubanos al recibir su pañuelo de pioneros en el patio de una escuela. Son los restos de un naufragio que el mar ha dejado en la playa. El naufragio de un intento que recorrió el mundo desde aquel primer cañonazo del crucero Aurora en el Petrogrado de 1917. El intento ya no de crear un nuevo sistema político o una sociedad de nuevo tipo, sino el hercúleo –y herético– intento de crear un hombre nuevo: altruista y forjado como el acero para construir y sostener un mundo más justo. Un intento que revelaría su imposibilidad y daría lugar a su parodia: el "Homo sovieticus", indiferente y apegado a la ley del menor esfuerzo.


Ahora que el principal impulsor de la utopía de un humano de nuevo tipo, León Trotsky, yace en una tumba mexicana después de que un agente de Stalin le partiera el cráneo con una piqueta de alpinista; ahora que el escritor disidente que acuñó la parodia, Aleksandr Zinóviev, al ver en qué se había convertido su país tras la caída de la Unión Soviética (Urss) pasó los últimos años de su vida en luna de miel con el neocomunismo, volviéndose un activista contra la occidentalización del abatido gigante; ahora entonces, a semanas del cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín, ¿qué ha quedado de ese hombre nuevo y su parodia?


O de la mezcla de ambos, los verdaderos hombres y mujeres que crecieron en el corto siglo soviético.


Esa pregunta se la hizo la escritora bielorrusa Svetlana Alexievitch, y para contestarla realizó una investigación literaria con mucho de eso que en periodismo se conoce como "gran reportaje". Tal vez la nueva aparición de su nombre entre los favoritos a ganar el Nobel de literatura motive a los editores de habla hispana a pagar por la traducción del libro resultante. Por ahora sólo disponemos de su versión en francés, La fin de l'homme rouge. Ou le temps du desenchantement (El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto), traducción del título original en ruso que, de manera literal, sería "Tiempos second hand. El fin del hombre rojo".


Mucho les dice ese "second hand" a los que vivían detrás de la cortina de hierro. La promesa del fin de los escaparates vacíos que todos esperaron con esperanza después de 1991 se transformó demasiado pronto en la realidad del consumo para unos pocos. La gran mayoría debió conformarse con la ropa usada de segunda mano, y las tiendas de second hand se reprodujeron como hongos en el antiguo campo socialista.


Entrevistada en marzo de este año por la periodista española Pilar Bonet, la autora bielorrusa opinó que el "hombre soviético", producto del plan para transformar la naturaleza humana en el laboratorio del marxismo-leninismo, sigue existiendo en Rusia, Bielorrusia, Turkmenistán, Ucrania, Kazajistán, y el resto del territorio de lo que fue la Urss. "Creo que conozco a este hombre, que lo conozco muy bien, que he vivido con él muchos años. Él soy yo, yo y mis conocidos, amigos, padres (...). Ahora vivimos en distintos estados, hablamos en distintas lenguas, pero no nos puedes confundir con nadie. Nos reconocerás enseguida. Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte (...) estamos llenos de envidia y de prejuicios. Venimos de allí donde existió el Gulag...", escribió Alexievitch en el segmento del prólogo de su libro que cita Bonet en su artículo de El País de Madrid.


LA GRAN DEPRESIÓN

 

El desafío –destaca Bonet– de reconciliarse con la pérdida del gran proyecto que supuso la Urss, y de pasar de la "gran historia" a la "existencia individual", ha sido un golpe cultural que no siempre fue resuelto de la mejor manera. Alexievitch atribuye la abundancia de suicidas a la incapacidad de resolverlo, de reciclar para la paz lo que la bielorrusa llama una psicología de la guerra ("Somos guerreros. O luchamos o nos preparamos para la guerra. Nunca vivimos de otro modo. De ahí la psicología de guerra"), Guerra Fría, pero guerra al fin. Por eso la generación del poeta Evgueni Evtushenko, la de quienes habían sido evacuados a las aldeas siberianas durante la Segunda Guerra Mundial, creció con la sensación de haber "nacido tarde". Listos desde niños para la alarma antiaérea y para transformar las estaciones de metro en refugios antinucleares, no estaban preparados para lo que verdaderamente terminó ocurriendo.


Esa abundancia de suicidios ya había sido detectada por los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), que en 1999 habían registrado cómo un número creciente de ex soviéticos se quitaban la vida al verse sumergidos en la pobreza, literalmente de la noche a la mañana. Téngase en cuenta que en 1989 quienes vivían con menos de cuatro dólares por día en el campo socialista eran 14 millones, pero a mediados de los noventa esa cifra se había multiplicado por diez, llegando a 142 millones de personas en los mismos países. Eso, sumado al corte de la mayor parte de los beneficios sociales y el final de la seguridad del "trabajo para toda la vida", dio por resultado un panorama económico de la "primera década de libertad" que el Banco Mundial comparó con la Gran Depresión de los años treinta en Estados Unidos. La diferencia fue que la pérdida en el nivel de producción en la ex Urss fue el doble que la que sufrió Estados Unidos tras el derrumbe de Wall Street de 1929; y en algunas repúblicas ex soviéticas, como Georgia, se perdió casi el triple.


COCINAS LABORATORIO

 

El impacto de esos números en la lectura que las personas hacen de su propia vida (pero no solamente de esos números, también de lo que no puede medirse) es el centro de la investigación literaria de Svetlana Alexievitch.

 

En sus páginas hay algunas joyas. Como el fragmento de la generación de las cocinas. Si para Occidente la del 68 fue la generación de las luchas estudiantiles en las calles, para los soviéticos fue la generación de las cocinas. En la década del 60, cuenta Alexievitch, comenzó a masificarse la vivienda individual y los soviéticos pudieron dejar la cocina comunitaria y tener su propio lugar para preparar los alimentos. "La cocina para nosotros no fue entonces solamente un lugar de nutrición, era también un lugar de trabajo y una tribuna. Ahí uno podía criticar al poder, escuchar a la Bbc. En las cocinas nació la Perestroika. Pero no sólo. ¡Las ideas y proyectos fantásticos que nacieron en las cocinas! Ahí pasábamos nuestro tiempo bebiendo té, café, vodka. Y en los setenta ron cubano. Todos adorábamos a Fidel Castro. La revolución cubana. El Che con su boina. Una verdadera vedette de Hollywood. No dejábamos de parlotear. Y en lo mejor de la conversación siempre había alguien que miraba la llave de luz o el enchufe y preguntaba '¿Comprendió, camarada general?'. Esa sensación de riesgo... era como un juego. Sólo unos pocos se rebelaron abiertamente. La mayoría de nosotros éramos 'disidentes de cocina'."


Entonces llegó 1991. Y de las cocinas salieron a las calles. Sólo para comprender, registra Alexievitch en su testimonio coral, que si no tenías dinero no eras nadie. "La democracia era un animal que nos resultaba totalmente desconocido. No éramos antisoviéticos. Sólo queríamos una vida mejor. Poder comprar bluejeans, un video, y el sueño mayor, un automóvil. Todos queríamos usar vestimenta de colores y comer buenas cosas."
La imposibilidad de ese sueño volvió a muchos contra aquel que lo había alimentado. Enseguida del testimonio anterior, en contrapunto, el trabajo casi antropológico de Alexievitch en su libro hace surgir otra voz: "Gorbachov nos ha traicionado. Sí, nosotros hacíamos cola para conseguir pollos que azuleaban y papas podridas, pero esta era mi patria. Y yo la amaba. Era un gran país. Rusia siempre ha sido un enemigo temido por Occidente. Teníamos una civilización sin trapos y sin mercachifles. La civilización soviética. Tarde o temprano Gorbachov será juzgado. Espero que ese Judas viva largo tiempo para conocer la cólera del pueblo. En vez de una patria, ahora tenemos un inmenso supermercado".


El Washington Post reconoció recientemente que este sentimiento anti Gorbachov está muy extendido en Rusia, "especialmente entre los más ancianos y pobres". Una afirmación consistente con el estudio del Centro Yuriy Levada, que detectó que el 85 por ciento de los jubilados y el 79 por ciento de los ciudadanos de bajos ingresos preferirían que la Urss no se hubiera disuelto, opinión que en la media de la población era del 60 por ciento. Tanto es así que en los días posteriores a la anexión de Crimea, en marzo de este año, un grupo de legisladores oficialistas presentó una querella contra el padre de la Perestroika. Lo acusan por la de-sintegración de la Urss y por no haber respetado un referéndum en el cual la mayoría de la población soviética votó en contra de esa medida. El actual mandatario, Vladimir Putin, sin embargo, no se ha mostrado particularmente entusiasta con un eventual encarcelamiento del último premier soviético.


REVIVAL

 

Luego de la crisis de Crimea se produjeron las declaraciones de independencia de otras dos regiones que pertenecían a Ucrania, Lugansk y Donetsk, fronterizas con Rusia, dando lugar a una corta pero intensa guerra civil que llevó al límite las tensiones entre Washington y Moscú.
En los reportes periodísticos desde la zona de combates era frecuente ver banderas con hoces y martillos entre una variada simbología soviética en el bando separatista. Sus manifestaciones al pie de las estatuas de Lenin y su discurso profundamente antioccidental dieron al conflicto un aire de los años de la Guerra Fría.


Quizás el episodio más emblemático de ese regreso al pasado fue la resurrección de un tanque.


En junio se conoció la noticia –y se pudo ver el video en Youtube– de que un IS-3 de la Segunda Guerra Mundial, que estaba congelado como monumento en una plaza en la ciudad de Kostiantynivka, fue bajado de su pedestal, se lo hizo arrancar, y se lo puso nuevamente en servicio. Eso no sería nada si no se le hubiera pintado en el blindaje el nombre de Josip Stalin.
Así bautizado, el carro de combate volvió a disparar sus proyectiles de 122 milímetros, ya no contra los blindados alemanes pero –rizando un poco más el rizo– contra un ejército de Ucrania de sospechosas simpatías hacia la corta temporada en que los nazis fueron dueños del país.


Cuando debieron retirarse hacia sus últimos dos bastiones, los separatistas se llevaron su tanque. Y cuando lograron cambiar el curso de la guerra –según Kiev con apoyo militar ruso– y poner en desbandada a los ucranianos empujándolos hacia el Mar de Azov, volvieron a llevarlo como su arma talismán.


El nombre dado al tanque se suma a otros episodios, como los trolley decorados con la imagen de Stalin en varias ciudades de provincia, o la peculiar casualidad de que justo la manzana de la casa natal del ex hombre fuerte del Kremlin haya quedado intacta durante la guerra relámpago de Georgia (se dice que por expreso mandato de Putin).


Cuando Pilar Bonet le pregunta por el peso de la figura de Stalin en la memoria de los protagonistas de su libro El fin del hombre rojo..., Svetlana Alexievitch responde con dos palabras: "Está vivo".


INFANCIA PERDIDA

 

En su poema "Adiós, bandera roja nuestra", Evtushenko entreteje reclamos y compasión por su vieja patria. Una bandera que, "como una cortina roja", ocultaba tras de sí "al Gulag repleto de cadáveres helados".


En la estrofa final el poeta, que habla en nombre de quienes "nacimos en un país que ya no existe", un poeta que no es "lo que llamarías un comunista", refleja la nostalgia que Svetlana Alexievitch encontró en la mayor parte de sus testimonios. La nostalgia por el mundo de la infancia. Por esa porción perdida de paraíso. Porque "en aquella Atlántida estuvimos vivos y fuimos amados".


Lo mismo opina otra escritora, Zhanna Sribnaya, de 37 años. "Todos tenemos una cierta nostalgia de la Urss, en especial cuando miramos hacia nuestra infancia. Tiempos felices en los que un helado costaba siete kopeks y todo el mundo podía ir en verano a las playas del Mar Negro con los campamentos de pioneros. Ahora sólo la gente con dinero puede tomar esas vacaciones."


Entre quienes más han escrito sobre lo que significa haber vivido la niñez en la era soviética se destaca en primer lugar Zajar Prilepin, a quien la revista Newsweek considera "probablemente el escritor más importante de la Rusia actual". Nacido en 1975, ganó en 2008 el premio al mejor libro ruso con Pecado, donde aborda la realidad pos Perestroika, novela que en 2011 le dio el premio a la mejor obra en prosa de la década anterior.


"La enfermera corría detrás de mí para ponerme una vacuna, la vecina me cuidaba cuando era pequeño sin pedirles a mis padres dinero a cambio, la bibliotecaria me miraba de vez en cuando para decirme que había venido Elektronik (el personaje de unos dibujos animados de los años setenta) de la ciudad, el cocinero en la escuela me servía los trozos más apetitosos, nunca he visto a un policía en la aldea porque no había peleas, nadie robaba, no había gamberros. Nuestra enorme parentela se reunía y durante dos y a veces, incluso, cuatro semanas, se divertía, olvidando por completo sus deberes y preocupaciones; el fatigado país nos miraba desde lo alto y en su mirada no se percibía ni crueldad ni frialdad", reinventa –más que recuerda– Prilepin.


Y continúa: "La tranquila Unión navegaba a la par de mi infancia como una sombra grande y pesada. Cargada de hierro y de construcciones complejas fue encallando casi imperceptiblemente. Ahora permanece pesada y entumecida, inofensiva y herrumbrosa con sólo sombras en su interior, con sólo pequeños alevines, sólo una corriente indolente y glacial.
Imaginar cómo era la Unión para mí no es una tarea compleja.


Me viene a la mente por ejemplo la siguiente imagen. Una tarde en la aldea. ¿Se puede imaginar lo que es una tarde de aldea, invernal, fría y negra? No, seguro que ni se lo imagina.
Tengo 5 años y mi hermana 11.
Y silencio alrededor, sólo se oye el crujir de la balaustrada de la casa. Y nadie, alrededor sólo la Unión Soviética, inmensa, silenciosa y cubierta de nieve".

 

*Svetlana Alexievitch

 

Es bielorrusa. Pero nació en la Ucrania soviética en 1948, de padre bielorruso y madre ucraniana. Toda su carrera, periodística y literaria, la hizo en Minsk, hasta que la persecución del régimen de Aleksander Lukashenko la obligó al exilio. Vivió entonces en París, Gotemburgo y Berlín. Hace tres años regresó a su tierra y escribió el que probablemente sea su libro más importante hasta el momento: El fin del hombre rojo. O el tiempo del desencanto. Ahí cultiva al extremo un estilo de testimonios corales que ya había ensayado en sus obras anteriores: La guerra no tiene rostro de mujer, El último testigo (ambos sobre la Segunda Guerra Mundial), El chico de cinc (sobre la invasión soviética a Afganistán) y Voces de Chernóbil (su único libro disponible en español).

 


 Miradas orientales

 

 

No es inusual, al hablar con miembros o ex miembros del Partido Comunista uruguayo, que admitan algo similar a lo que Svetlana Alexievitch encontró al recorrer la ex Urss. Cierto espejo de ese "nos reconocerás enseguida.

Somos la gente del socialismo, iguales y diferentes del resto de la gente, tenemos nuestro léxico, nuestras ideas del bien y del mal, de los héroes y los mártires, tenemos una relación particular con la muerte".

Como si fuera una extensión del grabador de la escritora bielorrusa, Brecha registró una charla en una casa de Montevideo. Aunque parcialísima en relación con la diversidad de voces que podrían recogerse si se intentara mostrar la visión de los hombres y mujeres rojos de esta parte del mundo, bien podría insertarse en el libro de Svetlana.

Hablaron de eso de lo que casi nunca se habla, lo vivido en la cárcel y la tortura. Recordaron un reciente viaje al departamento de Colonia, a un homenaje a Nibia Sabalsagaray. Contaron historias jocosas, como la vez que entró un pequeño ratón a una celda y las luchadoras de Así se templó el acero versión Paso Molino se treparon espantadas a los catres del celdario. También historias de las otras.

Repasaron ese léxico de que habla Alexievitch, rescatando de la memoria palabras ya perdidas. Se rieron de sí mismos con algo de amargura. Iba a ser sólo una entrevista, terminó siendo el comienzo de un libro que ya lleva más de cien páginas escritas.

—Éramos muy inocentes también. De lo mal que iban las cosas en el campo socialista, por ejemplo, nadie decía nada.
—No, tampoco era así. Arismendi era el que no decía nada. Me acuerdo de que cuando fui a una reunión en Praga, que fue en el 83, a una especie de Comité Central ampliado, ya como para preparar el regreso, ahí Enrique Rodríguez hizo un informe y señaló muchas cosas críticas. Muy al estilo del partido, diciendo que el campo socialista tenía que resolver determinados dilemas, pero leyendo entre líneas uno se daba cuenta de que no todo estaba bien. Lo que pasa es que para los dirigentes, estando en un país socialista, no era fácil decir "esto se viene abajo".—Me acuerdo de un compañero que vino de la Rda y contó de un tipo que habían nombrado obrero destacado en una fábrica y agarró la medalla y se la tiró así en la cara al que le había dado la condecoración.—¿Cómo los afectaba a ustedes en plena época de la dictadura uruguaya?—No nos afectaba para nada, porque nosotros estábamos convencidos de que el campo socialista era mucho más fuerte de lo que después se vio que era. Me acuerdo de que tuve una conversación con un dirigente exiliado en La Habana y me dijo: "Lo que pasa es que en el socialismo la gente no trabaja, chau".—A mí en el 88 me mandaron del diario La Hora a la Unión Soviética, en tiempos de la Perestroika, y yo me quería morir. Después de que había estado en Cuba y había visto a la gente haciendo cola, llegabas a la Unión Soviética, la patria del socialismo, y volvías a ver a la gente haciendo cola. Yo qué sé...—No atender esas cosas fue un error tremendo del socialismo, fatal.—Igual te digo que ahora no están nada conformes con lo que vino después. Hace poco leía una entrevista a uno de los opositores de Rusia y fue durísimo con Putin. El tipo dijo: "Después de que se cayó el socialismo acá lo único que le han dado al pueblo es vod-ka". Es un capitalismo salvaje. Fíjate que la expectativa de vida cayó a 55 años, una barbaridad.

 

 

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David Fincher se ríe de nuestra degenerada cultura mediática

"Soy el director oscuro que coquetea con lo supuestamente siniestro de la mente humana. Soy un gran manipulador", ha declarado el cineasta David Fincher (Se7en, El club de la lucha, La red social, Zodiac) en Argentina a propósito de su nueva película, Perdida (Gone Girl), una adaptación al cine del best-seller de Gillian Flynn con la que construye, justamente, un apasionante retrato del arte de la manipulación y la falsificación. Ben Affleck y Rosamund Pike son los protagonistas de este juego cinematográfico, con el que el director, además de revelar un sentido del humor perverso, dibuja un certero mapa de la cobertura maliciosa que hacen hoy los medios de comunicación. Finche

r hace la fotografía a todo color de la degenerada cultura mediática que nos domina y se ríe sin disimulo del resultado.
Un misterio policial que se va transformando en thriller psicológico y culmina en sátira social. Es el recorrido que hace Fincher con este trabajo, en el que propone al espectador que disfrute con la farsa que le ofrece y que no se detenga demasiado en intentar desentrañar la investigación criminal. Aquí el 'cómo' sucedieron los acontecimientos o, incluso, el 'quién' no es tan importante como el 'por qué' ocurrió todo.


Vampirización de la tragedia


Ambientada en la Norteamérica de la recesión, la historia comienza en Nueva York para desplazarse a una pequeña localidad del Medio Oeste, es decir, a la normalidad. La mañana del quinto aniversario de su matrimonio, Nick Dunne llama a la Policía porque su esposa Amy ha desaparecido. La imagen de pareja feliz se va desmoronando a medida que la presión mediática crece. Y el marido abrumado del comienzo pasa a ser un tipo sospechoso del que todo el mundo se pregunta si ha asesinado a su mujer.

"No es una sátira de los medios de comunicación, es una historia de la vampirización de la tragedia, que es una cosa muy diferente", dijo en la radio pública de Estados Unidos el director, que descarga toda su malicia en el dibujo de los personajes de las presentadoras que manipulan el caso de Amy y Nick Dunne. La misoginia y la violencia de género planean sobre la historia y se acrecientan cuando estos personajes aparecen. Una nube de periodistas rodea la casa del protagonista casi desde el comienzo de la historia y hasta el final.


Vivimos en un "mundo sediento de revelaciones", escribe el cineasta en el dossier de su película, donde explica que su personaje masculino "se ve succionado por el torbellino de la ira pública". Y entonces, Nick Dunne muta en una persona completamente diferente de la que era, la persona en la que le han convertido los medios de comunicación con la complicidad de la sociedad abducida por estos.


Sátira del matrimonio

"Soy el tío que te salva de toda esta fabulosidad", dice Nick Dunne a Amy en los primeros minutos del relato. Están en una fiesta neoyorquina, ambos son escritores, ingeniosos, brillantes... No parecen ni de lejos los mismos personajes que viven poco después, cuando la crisis les ha alcanzado, en esa pequeña localidad del Medio Oeste. Y ahí está la otra gran declaración de intenciones de Fincher, que reconoce que su película "trata sobre las proyecciones narcisistas que hacemos de nosotros mismos para seducir. Cuando estás en la etapa de enamoramiento no te imaginas que en tres o cuatro años estarás aburrido, o que te enfrentarás con alguien que no tenías ni idea de que existe". En palabras de la actriz Rosamund Pike: "Todos estamos vendiendo una versión de nosotros mismos".


Versión que con el tiempo se va debilitando. En la pareja llega un momento en que la máscara cae y la imagen construida con tanto esmero desaparece. "Lo que me interesó de la novela es que hablaba de ese reflejo de nosotros mismos en el que tanto nos gusta mirarnos hasta que, pasados los años, el reflejo empieza a desdibujarse, provocando en nosotros una enorme ira y desconcierto, porque al dejar de reconocernos en el otro descubrimos que se ha convertido en un perfecto extraño", explicó el cineasta en Madrid, en la inauguración del curso de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI

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Fincher deja cinco años de convivencia a sus personajes y entonces ataca con toda su ironía y sarcasmo. Y presenta en Perdida la construcción de una incisiva sátira del matrimonio. "¿Qué pasa cuando uno decide romper la imagen de cónyuge perfecto, cuando uno dice 'no pretendo ser tu alma gemela'?" es la pregunta que se hace el director y que lanza al espectador para incitarle a reflexionar sobre el matrimonio en esta edad moderna.

El resultado, desde su punto de vista, no es nada tranquilizador. De hecho, el mismísimo Stephen King dijo, refiriéndose a este aspecto de la película, que en ella se hacía "un retrato hilarantemente aterrador del matrimonio, que hará reflexionar al lector sobre quién es en realidad la persona que duerme al otro lado de la cama".

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Gustavo Cerati: "Sos el ángel inquieto que sobrevuela la ciudad de la furia"

Las tazas sobre el mantel

la lluvia derramada...
un poco de miel
un poco de miel
no basta

El eclipse no fue parcial
y cegó nuestras miradas
te vi que llorabas
te vi que llorabas
por él

Té para tres
Un sorbo de distracción
buscando descifrarnos
no hay nada mejor
no hay nada mejor
que casa

Té para tres

El título de esta nota hace parte de los versos de Luis Alberto Spinetta, compuestos para "el músico del rock del futuro", el cantante, guitarrista y compositor, fundador de la banda "Soda Stereo", Gustavo Cerati, cuyo deceso acaeció el pasado 4 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires, a sus 55 años de vida, y tras una larga agonía de 4 que pasó en coma producto de un accidente cerebro vascular.

Tremendo músico, sobre todo con la guitarra, cantante y compositor fecundo. Lúcido y visionario uno de los mejores intérpretes del rock de América-latina. Incursionó en variadas formas del rock y otros estilos; la influencia de sus canciones quedó patente en 2007 cuando en la última gira de "Soda Stereo" –"Me veras volver"–, movilizó a un millón de personas en varios países de América Latina, llenando en Argentina seis veces el estadio de River Plate.

La música de Cerati y de "Soda Stéreo" tiene mucho que ver con las realidades del rock argentino, con sus particularidades respecto al de otros países de la región. Comenzando por lo que en la década de 1960 fue llamado el "rock nacional" argentino por ejemplo "Los gatos", "Almendra", "Manal", "Vox Dei", "Sui generis". Siempre existió la rivalidad del tango y el rock que marcaría también los procesos de las nuevas músicas.

De la relación con la "invasión inglesa" y la "invasión uruguaya" fue forjándose ese rock en español que era la gran novedad hace unas décadas, poco aceptada por las disqueras y por la sociedad. Pero ese rock estaba marcado por dos tendencias: una más popular, salida de los barrios obreros de la periferia de Buenos Aires, representada en Sandro "el irreverente", por Palito Ortega y Leonardo Favio, que usaron el pop y el folclore. Se la llamó "música complaciente" y de manera peyorativa les decían los "grasas". Mientras que el otro rock era el de clase media, el llamado "rock progresivo" de la ciudad de Buenos Aires, de Rosario, La plata y Mar del Plata. A esta última tendencia perteneció Cerati por un tiempo, aunque en alguna ocasión comentó que se inició en música con el "rock complaciente", pero que él no era de ningún lado.

Debe enfatizarse que el rock en la Argentina se desarrolló en la década de 1970 durante las dictaduras, expresando la protesta social no sólo contra la represión militar sino contra la represión cultural. La represión contra el rock fue muy fuerte pues cultivar este género musical era sinónimo de ser guerrillero.

"Soda Stereo surge en un momento muy especial: 1982, guerra de Las Malvinas –efervescencia nacionalista–, fin de la dictadura militar e inicio de la apertura política o democrática. La guerra había distanciado a los sureños de los ingleses, pese a lo cual las bandas que influenciaron a Cerati, Zeta Bosio y Alberti en la interpretación de la guitarra, la voz, el vestuario y la puesta en escena fueran inglesas: The Police, Queen, y Deep Purple, The Cure, inclusive Led Zepellin.

Influencias que deben matizarse por lo dicho por Cerati: "Influencias hubo. Se habla mucho de la música inglesa como única influencia (pero la hubo) de muchos discos de tendencias ambients-trance. También del rock nacional casi en su totalidad, con sus diferentes tendencias, desde Spinetta hasta La Biblia de Vox Dei". Y la música andina.

La principal crítica de "Soda Stereo" fue contra el hedonismo vivido en aquellos momentos por los argentinos, en su nueva condición política, pero también económica, y de tranquilidad social. Lo sucedido en 1988, al celebrar "Los tres días por la democracia", como apoteosis musical en la Avenida 9 de julio trasluce el estado emocional de los gauchos y su apertura a nuevos sonidos y estéticas, los que encontrarían rápida y positiva recepción en los restantes países de la región, aportando a su vez con sus particularidades.

Esa nueva estética musical de Gustavo Cerati lo llevó a tener un punto de vista sobre la función social del arte. Así se expresaba al hablar de sus discos: "[...] como la mayoría de mis letras, no necesariamente se ajustan a una realidad concreta que haya vivido sino que son producto de la mentira, la imaginación, la fábula y a veces de las cosas reales. La honestidad para mi está relacionada con hacer un proceso sin ponerle tapas en el medio y largar lo que uno siente. Pero no necesariamente tiene que ver con la verdad, no necesariamente tiene que dar un mensaje de ayuda humanitaria, o político, o lo que sea, para mí todo eso no tiene ningún sentido y no tiene nada que ver con el arte. O sea, el arte puede ser mentira también y me gusta que sea así. Lo mío puede ser mucho más real que lo de aquellos que parecen un noticiero cantado. Si una canción te sirve para hacer el amor, ¿es menos real que una que te dice que te están robando?".

Cerati tomó la música como la más importante de las artes, siguiendo a Hegel que decía que era la forma más elevada y pura del arte, "es mi forma de comunicación y de relación". Esta visión lo llevó a tener una manera de tratarla con visión futurista

Y por ello mismo tuvo una visión muy interesante sobre la relación entre arte y tecnología, no dejándose absorber por ésta pero usándola en la experimentación musical.

Gustavo Cerati fue escéptico, existencialista: "Todo es mentira ya veras, la poesía es la única verdad" (Dejàvu). Vivir el aquí y el ahora. Ecléctico en la composición pues integró diferentes géneros musicales en su trabajo. Hizo una música que logró posicionar diversidad de temas, entre ellos: "Música ligera", "En la ciudad de la furia", "Paseo inmoral", "Canción animal" "Puente", "Médium", "Crimen", "Fuerza natural", "Dejavu", "Bocanada", "Raíz"; pero ante todo fue un músico de perspectiva pues el estilo y las propuestas que dejó para la música serán parte del futuro: "Me verás volar sobre la ciudad de la furia donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos".

 

Referencias:

"Orígenes del rock argentino", Wikipedia.com
Paseo inmoral, vida y obra de Gustavo Cerati, rock.com.ar,
Cerati en primera persona (La palabra de Gustavo en un relato único), una investigación de Maitena Aboitiz, Ediciones B, Buenos Aires, 2012.

Publicado enEdición Nº206
Miércoles, 24 Septiembre 2014 10:49

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar?

¿Cómo te va, Julio Cortázar de veinte años, maestro de escuela, lector furibundo del vanguardismo francés que lo cambió todo hace un siglo? Si vivieras no podrías parar de reír, socarrón, ante los homenajes de las adolescentes cautivadas por tus frases amorosas en internet, ante los académicos solemnes quienes de España a México, de Colombia hasta Argentina te celebran leyendo discursos hechos con piedras.

¿Cómo te va, Julio de cincuenta años, compañero, camarada que escribiera el panfleto más lúdico, más literario en lengua española, Fantomas contra los vampiros multinacionales, así como una novela política sin ninguna clase de pudor, Libro de Manuel? Hoy la gente de izquierdas se toma muy en serio, nunca sonríe y quizás desea parecerse a sus contrincantes, la gente de derechas –interesada en instrumentalizarte, en volverte un escritor inofensivo, simpático-.

Arriba hay personas y la internet y la tv, con sus lecturas pausadas, escasas, de Rayuela y de algunos cuentos tuyos que no terminan de entender. Hoy debemos entenderlo todo, Julio, para sacarle jugo a las cosas. Nada goza del privilegio de la inutilidad. Si en La vuelta al día en ochenta mundos aparece la famosa máquina que escribe literatura, ella sola, algún industrial reclamará su patente y conseguirá venderla bajo lemas relacionados con ahorrar tiempo. Los profesores, psicólogos y publicistas intentan sacarle enseñanzas a tus relatos. El Manual de instrucciones perteneciente a Historias de Cronopios y de Famas es una manifestación del estrés y la desesperación colectiva en la cual nos hundimos, dicen. Ómnibus, Los buenos servicios, son reportajes disfrazados de cuentos y sirven a la hora de entender el caos dentro de la contemporaneidad, continúan. Concluyen: Pameos y Meopas –tus poemas que pueden leerse de arriba a abajo y de abajo a arriba– lucen perfectos si quiere hacerse un performance con ellos.

Hay Cortázar para enamorar, levantar discursos políticos o entretenerse un rato antes de volver a las oficinas, al trabajo de ocho horas y a la supervivencia. Asimismo hay Cortázar para programas musicales –el jazz de Ornette Coleman por un lado, los tangos por otro. Pero de prisa. Antes de saltar a otra emoción, otra imagen audiovisual que encabrite nuestra atención.


Abajo hay la internet, la tv y las personas. Algunas ignoran que redactaste un proyecto ambicioso, quizás angustioso, de libro misceláneo –mezcla de géneros, del ensayo al cuento, de la novela al teatro–, 62/modelo para armar, donde puede verse tu rostro real, el de un intelectual voraz que había leído todos los libros, observado todo el cine, oído todas las músicas, con el único pretexto de jugar. Y jugar en serio, como Calac y Polanco, personajes de ese libro, con una convicción digna del guerrero o del místico. Si la realidad es lo táctil, lo inmediato, nos recordaste el otro lado, los otros lados: tu gato tenía trato con fantasmas, un hombre es asesinado por su propio pulóver, un tigre ronda las habitaciones de cierta casa familiar, a una orquesta se la come viva su público. ¿Para qué sirve eso? Para nada, esencialmente. Y para todo, si nos tomamos el tiempo necesario con intención de asimilarlo.

 

Explorador y coleccionista. Eso fuiste. Eso eres.

 

Han pasado cien años desde tu nacimiento. Le importas a muchos debido al pretexto más simple: diviertes con tus textos breves. Sin embargo, no olvidamos lo poco citado, lo desapercibido. Al brindarnos mundos que niegan o colman de plenitud a este nuestro mundo tan plano y uniforme, nos diste credenciales, documentos y sobre todo licencia para crear y habitar los propios rincones bajo otras perspectivas, similares a las del juego de estatuas en la línea férrea de Final del juego, a las del infinito trancón o atasco automovilístico de Autopista al sur.

Entre tanta floritura por tu aniversario, tanto sentimentalismo y cursilería, solo esperamos que la policía no te haya atrapado mientras leías los poemas de Pedro Salinas en la noche de un parque.

Le decías "Bicho" a Alejandra Pizarnik. Una evocación lejana de aquel insecto que tú mismo eras en Divertimento. Palabra cálida, sobrenombre humorístico y tierno que aproxima y hermana. Cuando escribías, las inmensas distancias entre lector y autor empezaban a diluirse. Apelamos a tus propias palabras: Este último texto [...] no es un adiós entre el que habla y los que lo escuchan sino todo lo contrario, una voluntad de seguir estando allí, cerca, esperando, ayudando a la esperanza, con todo lo que se tiene. Hoy te decimos "Bicho".

Tú que invocaste al poeta francés Robert Desnos, muerto en el campo de concentración Terezín, y al poeta guerrillero Javier Héraud, asesinado en combate.

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la tv, abajo hay la tv y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Édith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

("Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana...")

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ése que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

("Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron, para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente...lo llevaré, toda la guerra...")

¿Cómo te va hoy, Julio Cortázar?

Publicado enEdición Nº206
Sábado, 20 Septiembre 2014 08:41

Las mejores imágenes de astronomía de 2014

Las mejores imágenes de astronomía de 2014

Cada año, el Real Museo de Greenwich convoca un concurso para elegir al mejor fotógrafo de astronomía del año. Las imágenes de esta edición son tan buenas que algunas parecen completamente irreales, pero no hay Photoshop detrás. Solo el espacio, una cámara, y no pocas dosis de talento. Cubadebate comparte los premios de esta edición.

 

Ganador de la categoría: Tierra y Espacio

Aurora sobre un lago de glaciares. James Woodend, Reino Unido. Foto tomada con una Canon 5D Mk III, lentes de 33mm f/3.2 lens, ISO 1000. 10 segundos de exposición.
 

Ganador de la categoría: Nuestro Sistema Solar

Ondas en el estanque. Alexandra Hart, Reino Unido. Foto tomada con un refractor TEC140, montura EQ6, lentes Solarscope DSF 100mm f/18, y cámara PGR Grasshopper 3.

 

Ganador de la categoría: Espacio Profundo

Nebulosa Cabeza de Caballo (IC434), Bill Snyder, Reino Unido. Foto tomada con un telescopio Planewave de 17 pulgadas, montura Paramount, y cámara Apogee U16 camera con lentes f/6.8.

 

Ganador de la categoría: Joven Fotógrafo Joven

 

Nebulosa Cabeza de Caballo (IC434), Shishir y Shashank Dholakia (15 años), Estados Unidos. Foto tomada con un refractor triple Astro-Tech 111mm f/7, montura Orion Atlas EQ-G, y cámara SBIG ST-8300M, varios tiempos de exposición.

 

Ganador de la categoría: Gente y espacio

 

 Eclipse solar híbrido, Eugene Kamenew, Alemania. Foto tomada con una cámara Canon 5D Mk II, lente de 700mm f/22, ISO 400, 1/1600 segundos de exposición.

 

Premio especial Sir Patrick Moore al mejor fotógrafo novel

 

Autopistas de estrellas, Chris Murphy, Nueva Zelanda. Foto tomada con una cámara Nikon D600; lente 14–24mm f/2.8 a 17mm, ISO 3200, 20 segundos de exposición.

 

(Tomado de Gizmodo)

 

 

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Cerati, el músico que modernizó y popularizó el rock en Latinoamérica

Luego de cuatro años de agonía, tras el accidente cerebro vascular que sufrió después de un concierto en Caracas, y que desde entonces lo postró en una cama, Gustavo Cerati, uno de los exponentes fundamentales de la historia del rock en español, se despidió de este mundo para finalmente trascender hacia el Olimpo de los iconos del género. "Comunicamos que hoy en horas de la mañana falleció el paciente Gustavo Cerati como consecuencia de un paro respiratorio", informó ayer el médico Gustavo Barbalace de la Clínica ALCLA, donde estaba internado el cantautor argentino. "Lamentablemente, no pudimos revertirlo". Mientras que su familia, luego de trascender la noticia, advirtió en el perfil de Facebook del artista que, a partir de las 21.00 (hora local), en la Legislatura de Buenos Aires, ciudad de la que era oriundo el cantante y guitarrista, se le daría el último adiós.

A manera de paradoja, el artífice, que el 11 de agosto celebró sus 55 años sin ningún tipo de novedad con respecto a su estado de salud, por lo que la noticia de su muerte causó sorpresa y especialmente tristeza en la nación sudamericana, tuvo en el tema Adiós, compuesto junto a su hijo mayor, Benito Cerati, quien siguió sus pasos, e incluido en su disco Ahí vamos (2009), trabajo que consolidó su carrera en solitario, un pasaje que hoy podría considerarse un epitafio idóneo para su despedida. "Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor. Poder decir adiós: es crecer". Y es que si bien en vida ya era considerado una leyenda de la música popular de esta parte de Occidente, a partir de ahora será recordado como una figura revolucionaria y renovadora en la evolución del rock en América Latina, pues su olfato vanguardista, su capacidad de reinventarse constantemente y de saber adaptar a la idiosincrasia local las tendencias musicales del momento, se convirtieron en toda una universidad para su progenie y las subsiguientes generaciones de músicos.

Justo el día 27 del pasado mes se cumplieron 30 años del primer disco de Soda Stereo, titulado igual que el conjunto creado en 1982, con el que Cerati transformó los destinos del rock no sólo de Argentina, sino de América Latina. Si bien la escena de su país había cobrado fuerza a partir de la prohibición de pasar música en inglés durante la Guerra de Malvinas, el trío se tornó en un cachetazo al anacronismo al ofrecer un sonido contemporáneo y sofisticado, pero al mismo tiempo accesible a las masas. Lo que ratificó en su siguiente álbum, Nada personal, de 1985, con el que inauguró su desembarco en el resto del continente, incitado por su espíritu osado y aventurero. A pesar de que ya se conocía en otras latitudes el trabajo de exponentes de esa nación como Charly García, la banda que completaron el bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti fue realmente la responsable de la internacionalización y del prestigio que actualmente goza el rock argentino, pues, amén de su trayectoria, abrió las puertas para que otros colegas los secundaran en su cruzada.


Alumno insigne del camaleonismo bowiano, dueño de una de las muñecas guitarreras más prodigiosas del rock, poeta de la canción instantánea e instintiva, articulador del pop freestyler, apologista de la alusión, trabajólico taciturno, cazador de nuevos talentos, padre envidiable, y hombre generoso, Gustavo Cerati lanzó con Soda Stereo cinco álbumes más (del que destacó Canción animal, de 1990, con el que Latinoamérica se rindió a sus pies definitivamente) cuatro títulos en vivo y dos discos de corta duración, para luego iniciar su carrera solista. Aunque al principio sus fans y la prensa nacional y de la región lo castigaron por semejante acto de blasfemia, el músico, cuya hija más chica, Lisa, también heredó el legado artístico de su progenitor, avanzó a pesar de la adversidad y con la certeza de que algún día su decisión sería recompensada por la historia. Lo que sucedió recién 13 años después de editar su primer trabajo unipersonal, Amor amarillo, cuando puso a la venta el ya mentado Ahí vamos, con el que recobró su cualidad ultrahitera.


Una vez que hizo las paces con su presente, Cerati, aliviado y orgulloso, decidió regresar con Soda Stereo en 2007, a través de una de las giras más ambiciosas que se hayan realizado en la última década en el continente americano. No prometió volver con el trío, aunque tampoco lo desmintió. Poco le preocupaba eso en aquella ocasión, pues lo esperaba su nuevo disco en solitario, el quimérico Fuerza natural, de 2009, con el que salió a ver lo que el destino deparaba tras el equilibrio de su historia. Y vaya que sucedió lo impensable: el genio inmortal e inmoral cayó herido en la capital venezolana a causa de la sobredosis de trabajo. Muchos pensaron que lo mejor era que muriera en el acto, la forma más digna para una deidad de su talante, pero se quedó un ratito porque pudo más el amor de su madre Lilian, de sus hijos, y de sus fans, que el romántico imaginario del rock nocivo. Sin embargo, el "último moderno" de la Argentina no aguantó más. Ya estaba bien así. Ahora que finalmente descansa, es hora de devolverle al unísono esa frase que él mismo patentó: "¡Gracias totales!".

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Martes, 26 Agosto 2014 00:00

El misterioso origen de los cronopios

El misterioso origen de los cronopios

Lo saben sus lectores: Julio Cortázar –cuyo centenario recordamos hoy– murió hace 30 años y cada día escribe mejor.

 

Más allá de los ismos y del "boom latinoamericano", con los que se relaciona su obra, sus cuentos, novelas y poemas continúan atrayendo nuevos lectores con el poder magnético de sus palabras.


Hace tiempo escribí que las grandes obras crean su propia legislación, fijan sus reglas, crean sus propios universos. Permean el imaginario colectivo con atmósferas, frases, historias, personajes, imágenes poderosas que se vuelven indelebles.


Ya no es posible imaginar al mundo sin Don Quijote, sin Romeo y Julieta, sin el minotauro que habita el centro del laberinto. Tampoco sin los cronopios, los famas, los esperanzas, las manscupias o sin ese idioma en el que los amantes cifran sus pasiones y que Cortázar nos dio a conocer en el capítulo 68 de Rayuela: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes..."


Ese idioma se llama glíglico y todos, en algún momento, hemos recurrido a él inventando algunas palabras, resemantizando otras para tender esos puentes de entendimiento y complicidad que sólo pueden cifrar y descifrar quienes sostienen pláticas de sobrecama.


Todos sabemos qué es un cronopio aunque no podamos definirlo. Todos podemos entender el glíglico aunque tal vez seamos incapaces de poderlo escribir. Su importancia es tal que existen tesis académicas sobre ese idioma inexistente fijado magistralmente por Julio Cortázar.


Uno tiende a pensar que las nuevas palabras o los seres inventados por los escritores son producto de un laboratorio donde los ingredientes y las mezclas son minuciosamente preparados. En el caso de Julio Cortázar no es así:


Un día en un teatro de París durante el intervalo entre un acto y el siguiente tuvo la visión interior de unos seres que se paseaban en el aire y eran como globos verdes. Globos que tenían orejas y una figura humanoide aunque no eran exactamente seres humanos. Y así como tuvo la visión de esos seres redondos y verdosos le llegó su nombre: cronopios.


A Cortázar le divertía mucho ver cómo críticos sesudos descifraban la etimología de la palaba cronopio porque no tenía que ver con lo que elucubraban: naturalmente la relacionaban con Cronos, el dios del tiempo. Pero no tenían que ver nada con el tiempo, en absoluto. Días después aparecieron sus antagonistas: los famas.
Los cronopios comentó en algunas conferencias los sintió como unos seres muy libres, anárquicos, locos. Capaces de las peores tonterías y al mismo tiempo llenos de astucia, de sentido del humor, una cierta gracia. Y a los famas los vio con mucho cuello, mucha corbata, mucho sombrero y mucha importancia. Eran los representantes de la buena conducta, del deber ser, del mundo de las sanciones y los castigos.


El mundo de los cronopios, los famas y los esperanzas se fue articulando en algunos cuentos que formaron Historias de cronopios y de famas. Textos ligeros y lúdicos que algunos amigos le objetaron a Cortázar por ser demasiado lúdicos.


Sus críticos, amigos o no, no se habían dado cuenta que para Cortázar el juego era importante porque el escritor empieza jugando con las palabras al seleccionarlas, combinarlas o rechazarlas. Un juego serio e importante como el juego de los niños que berrean cuando los quieren sacar de ese mundo apasionado y fundamental. Aunque el juego divierte, su sentido es tan profundo que debemos tomárnoslo en serio. El juego es un territorio personal, un territorio que se comparte y se respeta y nos permite en su infinita combinatoria mirar las cosas de este mundo desde otra perspectiva.


No me extraña que le atrajera poderosamente el surrealismo en su juventud. El surrealismo fue para Julio Cortázar una gran lección. Lección más que literaria, metafísica: le mostró la posibilidad de enfrentar la realidad cotidiana no a partir de la lógica aristotélica sino a partir de los intersticios del mundo. Acercarse a las cosas a partir de las excepciones más que de las leyes. A partir de esas hendiduras secretas a las que accedemos gracias al amor y al humor, dos ejes del surrealismo. Muchas exposiciones de pintores surrealistas engendraron no pocos de sus cuentos fantásticos. No para copiar los temas de los cuadros sino por el estímulo que producían en el corazón creativo del Gran Cronopio.


Además de ser un gran escritor Julio Cortázar fue un estupendo lector. Por eso sabía que escribir y leer significan siempre interrogar y analizar la realidad. También luchar para cambiarla desde adentro, desde el pensamiento y la conciencia de los que escriben y de los que leen. No es forzoso, decía que esa literatura tuviera un contenido político: un poema de amor, un relato puramente imaginado bastaban para lograr ese cambio.


Desde 1958, según su correspondencia, Cortázar quería escribir una novela que fuera una especie de resumen de muchos deseos, de muchas nociones, de muchas esperanzas y también, por qué no, de muchos fracasos. La crónica de una locura. Estaba convencido de que nada ocurre de una cierta manera, sino que cada cosa es a la vez muchísimas cosas. Por eso quería construir una narración hecha desde múltiples ángulos. La primer versión de Rayuela que originalmente se iba a llamar Mandala estaba llena de materia explosiva, una especie de bomba atómica en el escenario de la literatura latinoamericana. Y no exageraba.


Desde sus primeros cuentos publicados en Bestiario en 1951 Julio Cortázar nos mostró que para él la literatura era un juego demasiado serio como para improvisarlo. Un juego donde la imaginación es su principal ingrediente y el lenguaje minuciosamente estructurado el único camino para provocarla.
Con los lectores de Julio Cortázar pasan los años, persisten los momentos. Momentos que son un cuento, el fragmento de una novela, la sombra de Charlie Parker en El perseguidor, los versos de un poema o la aparición de un cronopio que encontramos al doblar la esquina de cualquier calle y en cualquier lugar. Su juego está jugado, por eso cada día escribe mejor.

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