Lunes, 30 Marzo 2020 06:42

El coronavirus en América Latina

El coronavirus en América Latina

A los problemas sanitarios de los países, se le suman dificultades económicas estructurales, como las limitaciones productivas de su industria nacional y la escasez

de divisas.

Crisis profunda

Por Matías Vernengo *

Los números de casos en América Latina todavía son bajos en términos relativos pero comienzan a crecer rápidamente. Hay un creciente consenso de que la crisis del coronavirus será profunda, y que las medidas drásticas de distanciamiento social son esenciales para evitar la saturación del sistema de salud. De la misma manera, la mayoría de los gobiernos, en los países afectados, han determinado que paquetes fiscales y monetarios de salvataje de la economía son esenciales.

Estados Unidos, con el mayor número de casos reconocidos, pasó un paquete fiscal de alrededor de 2,2 billones de dólares, que corresponde a diez por ciento del producto, tres veces más que el salvataje después de la crisis del 2008. Eso sin contar el anuncio de compras de bonos del Tesoro, y otros activos, por la Reserva Federal. Si bien es verdad que Estados Unidos tiene muchos problemas, impensados para una economía desarrollada, por ejemplo, tiene casi el 10 por ciento de la población sin cobertura médica, costos médicos muy por encima de otros países con ingresos similares, y una legislación laboral que no requiere licencias por enfermedad, todos elementos que sin duda tendrán consecuencias durante la pandemia, también es verdad que la posición privilegiada del dólar le permite gastar sin límites durante la crisis, algo que no es posible en la mayoría de los países de América Latina.

En el caso de América Latina hay varios agravantes que pueden dificultar la respuesta a la pandemia. Por ejemplo, los bajos gastos con la salud pública, que según datos del Banco Mundial sería del orden de cuatro por ciento del producto, por debajo de los diez por ciento de la media de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), con la excepción de Cuba, que tiene niveles equivalentes. A eso se podría agregar los números relativamente bajos de camas por mil habitantes, y las deficiencias en el acceso a sanidad básica, en particular para poblaciones en contextos de elevada pobreza. La alta incidencia de enfermedades contagiosas, como la epidemia de dengue que asola a la región, y que puede complicar el tratamiento del COVID-19. La única ventaja de la región parecería ser la población relativamente joven.

Sin embargo, a estos problemas que los epidemiólogos y especialistas en salud pública han notado, habría que superponer los problemas económicos estructurales de la región. Para algunos países los problemas externos, y las dificultades asociadas para la importación de bienes esenciales, como respiradores automáticos, máscaras y material de protección, pueden tener efectos catastróficos. Además, en el caso de Cuba y Venezuela las sanciones estadounidenses crean problemas adicionales. Por presión del gobierno estadounidense, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le negó recientemente al gobierno de Maduro un préstamo para hacer frente a la pandemia.

Además, la capacidad productiva de las industrias nacionales, allí donde esta se desarrollo, fue golpeada duramente por décadas de ajuste neoliberales, y costaría más en la región reconvertir la producción nacional de acuerdo con las necesidades de la pandemia, como ha hecho Trump al forzar a General Motors a fabricar respiradores automáticos utilizando una ley de los años 50 sobre las necesidades productivas por razones de defensa nacional. La capacidad de los estados en la región para enfrentar la crisis es bastante limitada, más en donde las ideas neoliberales son muy arraigadas.

Mientras en algunos países, como en la Argentina, medidas enérgicas han sido tomadas desde temprano, en algunos casos, como en Brasil y en México, los presidentes de turno la han minimizado, y han insistido en políticas de austeridad fiscal, qué si ya eran inadecuadas antes de la pandemia, ahora parecen simplemente disparatadas.

*Profesor de Economía, Bucknell University.

Aceleración de los tiempos

Por Eduardo Crespo **

La pandemia del coronavirus funciona como un experimento social a gran escala. En pocas semanas asistimos a medidas de gobierno, dilemas y conflictos difíciles de imaginar en otras circunstancias. A muchos de quienes analizamos la sociedad nos sorprenden los diferentes grados de efectividad estatal ante la crisis. El caso chino es paradigmático. Pese a que inicialmente las autoridades de la región de Wuhan, donde se inició la pandemia, censuraron al primer médico que alertó sobre el virus y optaron por ocultar información, cuando se decidieron a actuar lo hicieron con una contundencia y operatividad formidables: construyeron hospitales en tiempo récord, colocaron en cuarentena a toda la ciudad y controlaron con inteligencia artificial a todos los sospechosos de infección. Hoy casi no tienen nuevos infectados y en el macabro ranking de los muertos China pierde posiciones a manos de países occidentales. Resultados similares se observaron en otras sociedades de Asia Oriental, como Japón, Corea del Sur y Taiwán. Algunas sociedades de Occidente, en cambio, están sumergidas en la catástrofe. Son los casos de Italia, España, Estados Unidos y próximamente varios países de América Latina.

Algunos se apresuran a explicar estas diferencias aludiendo al ‘autoritarismo’ inherente a las culturas de Asia Oriental o a las tradiciones verticalistas del ‘confucianismo’. Entendemos que esta lectura es inconducente. Basta observar el modo como la policía reprime protestas políticas en Estados Unidos, Brasil, Chile o Bolivia, para comprobar que en Occidente no existe nada semejante a un déficit de represión. Lo que diferencia a Asia Oriental es aquello que Michael Mann denomina ‘poder infraestructural’, es decir, la capacidad logística de los Estados para intervenir en un territorio través de su población, con el objetivo de imponer la ley, comunicar y educar, prevenir y curar. La mayoría de los estudios señalan que durante las últimas décadas los Estados de Asia Oriental fueron más eficaces que la mayoría de los países de Occidente para intervenir en casi todas las áreas de incumbencia, sea para alcanzar elevados niveles de educación o el catch up tecnológico con los países más desarrollados. El Coronavirus no fue la excepción.

Otro factor relevante son los diferentes niveles de desigualdad social y los modos como se institucionaliza la disputa por la apropiación del excedente. En sociedades donde se impusieron con más fuerza los principios neoliberales, el sistema de salud está debilitado y el fracaso para proteger a la población está naturalizado. Se refleja en el falso dilema “Economía versus Salud” que buscan imponer algunas usinas ideológicas. Cuanto más desigual una sociedad, menor el valor otorgado a la vida humana: “¿Unos pocos miles de ancianos valen lo mismo que la economía del país?” repiten los simpatizantes de Bolsonaro en Brasil. Desde un punto de vista macroeconómico este argumento es ridículo, ¿alguien seriamente imagina que habilitar actividades informales en Buenos Aires o Rio de Janeiro podrán aislarnos de una recesión en Estados Unidos, China y Europa? Detrás de estos planteos se esconden intereses y temores de clase. Durante décadas las elites dominantes promovieron la precarización, la flexibilidad de leyes laborales y el sálvese quien pueda a través del mercado. Ahora se encuentran forzadas a admitir subsidios en tiempo récord a millones de informales para evitar la explosión social. No debe creerse que se trate del temor a las consecuencias de medidas temporarias. Desconfían, en cambio, de los efectos duraderos del coronavirus. ¿Y si a los excluidos reclaman que los derechos transitorios a la subsistencia sean preservados terminada la crisis? ¿Y si las intervenciones estatales se vuelven permanentes? Aunque lo tengan que aceptar como inevitable, no debería sorprender que en las próximas semanas abunden discursos para dividir a la sociedad argentina con descripciones apocalípticas del keynesianismo de guerra.

** Profesor de la UFRJ (Universidad Federal de Rio de Janeiro) y de la UNM (Universidad Nacional de Moreno).

 

Por Matías Vernengo y Eduardo Crespo

Producción: Javier Lewkowicz

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FMI: está claro que la economía global entró en recesión

Washington. La pandemia por el nuevo coronavirus llevó a la economía mundial a una recesión y serán necesarios fondos masivos para ayudar a las naciones en desarrollo, manifestó ayer la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

"Está claro que hemos entrado en recesión", que será peor que la ocurrida en 2009, como consecuencia de la crisis financiera mundial, subrayó.

La recesión suma una inmensa presión sobre los países de desarrollo medio, llamados emergentes –entre los cuales se incluye a México–, que sufren por la caída del comercio, la reducción de las exportaciones y las salidas masivas de capital.

Con la "parada repentina" de la actividad económica global "nuestra estimación actual para las necesidades financieras generales de los mercados emergentes es de 2.5 billones de dólares", dijo Georgieva. Advirtió que la previsión "está en el extremo inferior".

El monto calculado por la directora gerente del FMI es comparable con 1.4 veces el valor de la economía mexicana.

Los gobiernos de las naciones emergentes, que han sufrido un éxodo de capitales por más de 83 mil millones de dólares en semanas recientes, pueden cubrir gran parte de esas necesidades, pero no tendrán recursos suficientes, especialmente porque muchos estaban fuertemente endeudados antes de la crisis.

Las reservas y los préstamos en los mercados locales serán insuficientes para cubrir esas necesidades, por lo que se requerirá un financiamiento sustancial del FMI, otras instituciones y acreedores bilaterales, agregó.

Muchos países emergentes aún no han sentido el impacto total de la pandemia, pero se verán impactados a mediano plazo, aseveró.

Explicó que el FMI recibió recientemente 81 solicitudes de asistencia, 50 de naciones pobres y 31 de naciones de ingresos medios.

Añadió que el FMI apunta a reforzar su respuesta "para hacer más, mejor y más rápido que nunca".

Georgieva habló con periodistas en una videoconferencia después de una reunión virtual con el comité directivo del FMI, con sede en Washington, en la cual solicitó oficialmente un aumento a los instrumentos de emergencia de rápido despliegue del Fondo, que actualmente están en un nivel de 50 mil millones de dólares.

La directora gerente del FMI saludó el paquete de unos 2 billones de dólares de estímulo económico de Estados Unidos aprobado por el Congreso y que promulgó el presidente Donald Trump. "Es absolutamente necesario proteger la economía más grande del mundo de una caída abrupta de las actividades económicas", enfatizó.

Además, destacó la importancia de las estrictas medidas para controlar la pandemia, que según afirmó permitirían una fuerte recuperación económica en 2021.

Georgieva dijo a la cadena de televisión CNBC que la comunidad global se está coordinando para responder a la crisis con medidas fiscales contundentes y que estas acciones han sido más vastas que las tomadas durante la debacle financiera de 2009.

Sin embargo, advirtió que no es sensato dejar atrás rápidamente las medidas de contención. "No hay forma de que tengamos una recuperación sólida sin una contención estricta", destacó.

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Coronavirus y crisis: ¿cómo afectará a la economía en la región?

Informe de la Cepal sobre el impacto de la pandemia en América latina

La debacle económica derivada de las medidas de restricción sanitarias llega a América latina a través de varios canales. Para la Cepal, la región caería este año 1,8 por ciento.

La crisis del coronavirus se encamina a convertirse en un evento económico tanto o más grave que el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, en 2008. Así lo consideran varios organismos internacionales, entre ellos la Cepal, cuya secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena, señaló que la actual crisis “pasará a la historia como una de las peores que el mundo ha vivido”. Bárcena detalló cómo América latina se verá afectada económicamente y pidió mayor cooperación global.

 “América Latina y el Caribe, así como otras regiones emergentes, se verá afectada negativamente a través de cinco canales. Un primer canal de transmisión de esta crisis es el efecto de la disminución de la actividad económica de varios de los principales socios comerciales en las exportaciones de bienes de los países de la región. China, por ejemplo, es un destino importante para las exportaciones de varias economías latinoamericanas y la Cepal estima que las exportaciones de la región a ese destino podrían caer hasta 10,7 por ciento en valor”, explicó Bárcena.

“Un segundo canal proviene de la caída en la demanda de servicios de turismo, que impactaría más severamente a los países del Caribe. Se calcula que si la prohibición de viajes a causa del virus se prolonga por uno, dos, o tres meses, la actividad turística en el Caribe, por ejemplo, en 2020 se contraería en 8, 17 y 25 por ciento, respectivamente”, agregó la titular de la Cepal. El tercer canal de transmisión se vincula a la “interrupción de las cadenas globales de valor” que afectaría en primer lugar a México y Brasil, países que importan partes y bienes intermedios desde China para sus sectores manufactureros.

La cuarta vía de impacto se relaciona con la caída de los precios de los commodities, como por ejemplo la soja, que es un producto central de la canasta exportadora argentina. En tanto, un quinto canal de transmisión se deriva de la mayor aversión al riesgo de los inversionistas y el empeoramiento de las condiciones financieras globales.

América latina y el Caribe creció a una tasa estimada de apenas el 0,1 por ciento en 2019 y antes de la crisis del coronavirus se estimaba que 2020 registrara una mejora del 1,3 por ciento. Sin embargo, la Cepal aclaró que “las proyecciones han sido revisadas a la baja significativamente en el actual escenario”. Ahora se calcula una contracción del 1,8 por ciento en la economía regional, “lo que podría llevar a que el desempleo en la región crezca en diez puntos porcentuales y el número de pobres suba de 185 a 220 millones de personas”.

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FMI: "La recesión por el coronavirus será al menos tan grave como la crisis financiera mundial o algo peor"

La directora gerente del FMI avisa del impacto de la crisis del coronavirus en los países emergentes donde "los inversores ya han retirado 83.000 millones de dólares de los mercados emergentes desde el comienzo de la crisis, la mayor salida de capital jamás registrada"

Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha señalado que debido al impacto económico del coronavirus "las perspectivas de crecimiento mundial: para el año 2020 son negativas, una recesión al menos tan grave como durante la crisis financiera mundial o algo peor. Pero esperamos la recuperación en 2021", en la rueda de prensa posterior al encuentro telemático del G20, la reunión de los países ricos y emergentes más importantes del mundo. 

"Es fundamental dar prioridad a la contención de la epidemia y fortalecer los sistemas de salud. El impacto económico es y será grave, pero cuanto más rápido se detenga el virus, más rápido y fuerte la recuperación será", ha señalado Georgieva.

La directora gerente del FMI ha avisado del fuerte descalabro que pueden sufrir las economías emergentes por la crisis económica de la pandemia cuando "los inversores ya han retirado 83.000 millones de dólares de los mercados emergentes desde el comienzo de la crisis, la mayor salida de capital jamás registrada. Estamos particularmente preocupados por los países de bajos ingresos con una crisis de deuda, una cuestión en la que estamos trabajando estrechamente con el Banco Mundial".

Ante la situación económica, la directora gerente del Fondo ha comentado que el organismo multilateral "va a aumentar masivamente la financiación de emergencia, que ya  casi 80 países están solicitando" y ha recordado que disponen de "una capacidad de préstamo de 1 billón de dólares", que ya anunció el pasado 16 de marzo.

"La crisis de liquidez mundial se afianza, necesitamos se proporcionen líneas de intercambio adicionales", ha resaltado Georgieva que ha añadido que el FMI busca que sus países miembros amplíen las líneas de liquides y que el organismo multilateral va a proponer "una red más amplia de líneas de intercambio".

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, ha afirmado que los países "necesitan moverse rápido para incrementar su gasto sanitario, fortalecer sus redes de seguridad social, apoyar al sector privado y revertir la interrupción de los mercados financieros", según informa Europa Press.

Malpass, que también ha intervenido en la teleconferencia del G20, ha solicitado a los países presentes que consideren que suspendan el cobro de deudas soberanas hasta que el Banco Mundial y el FMI hayan hecho una valoración plena de sus necesidad de financiación ante el coronavirus.

23/03/2020 - 18:11h

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El presidente Emmanuel Macron anunció que Francia enfrenta una guerra sanitaria.Foto Afp

Hassan Nasrala, líder del Hezbolá libanés, calificó la pandemia del Covid-19 como una "guerra" (https://bit.ly/39427up).

Luego fue imitado por el presidente galo Emmanuel Macron, quien, en medio de la toma de adecuadas medidas preventivas –muy por debajo de las restricciones de su vecina Italia–, pronunció que Francia enfrenta una "guerra sanitaria".

Durante el debate por la nominación del antidemocrático Partido Demócrata entre el ex vicepresidente Joe Biden y Bernie Sanders, el primero dejó entrever que EU puede adoptar una intervención del ejército. Trump también señaló (https://bit.ly/2QmETZV) que "el mundo se encuentra en guerra contra un enemigo oculto (sic)".

Gran Bretaña no se queda atrás y su ejército está listo a intervenir en caso de que se rompan las frágiles cadenas de cohesión de su sociedad civil (https://bit.ly/33oCXVU).

¿Vamos a una militarización sanitaria?

CNBC comentó que el anuncio de Emmanuel Macron se realizó después de que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, avisó el cierre de sus fronteras a todos los extranjeros, con excepción de los de EU” (https://cnb.cx/2QDVlVR).

Le Monde, portavoz de la cancillería gala, reportó que Macron sentenció que Francia se encontraba "en guerra" cuando la epidemia se expande en forma "inquietante", por lo que decidió imponer un confinamiento en toda Francia (https://bit.ly/2Qmz0vN).

Por seis veces Macron martilló en tono marcial (sic) que Francia estaba en guerra contra un "enemigo (...) invisible e inasible": "Nunca Francia había tomado tales decisiones en tiempos de paz", por lo que el presidente galo sonó la "movilización general".

¿Qué sabrán de más el libanés líder del Hezbolá y el presidente galo?

Francia sigue el ejemplo "latino" de imponer un régimen de excepción a la par de Italia y España.

Fueron los muy prestigiados médicos galos –no los teóricos epidemiólogos que no atienden pacientes– quienes sonaron la alarma.

Resulta y resalta que entramos a una nueva era planetaria donde se han conjugado varios factores adversos ampliamente conocidos y que han llevado a una fractura en la toma de decisiones dependiendo de las regiones y los países, lo cual (en)marca el fortalecimiento de una imparable resurrección del nacionalismo en sus diferentes variantes y subtipos.

Antes de la eclosión misteriosa del Covid-19 (https://bit.ly/2vxTvym) –que cada día se asienta más la teoría de provenir de un "arma biológica" de laboratorio sea de EU, sea de Israel (sic), sea de China, según Philip Giraldi, ex funcionario de inteligencia militar de la CIA (https://bit.ly/2TVOAAD)–, la globalización financierista estaba ya fenecida –al unísono del renacimiento nacionalista a los dos lados del noratlántico mediante el Brexit y el trumpismo que dejaron atrás sus modelos caducos y disfuncionales del thatcherismo y el reaganomics–, lo cual fue plenamente exhibido durante la guerra comercial de EU y China: las dos principales superpotencias geoeconómicas del planeta.

Así que la pandemia del Covid-19 sólo asesta el último clavo al féretro del neoliberalismo global.

Hasta la revista F oreign Policy –fundada por el supremacista blanco Samuel Huntington y vinculada con el irrendentista Carnegie Endowment for International Peace, hoy relacionada con The Washington Post y Newsweek por medio de Graham Holdings Company– formula, en la pluma de Philippe Legrain, que "el coronavirus está matando a la globalización como la conocemos" cuando "el brote ha sido un regalo (sic) a los nacionalistas nativistas (sic) y proteccionistas (sic) y es probable que tendrá un impacto en el largo plazo sobre el libre movimiento de personas y bienes" (https://bit.ly/2Wn7XUI). Por lo pronto ya es ganancia que los fracasados globalistas se acuerden de las "personas" cuando sólo les importa(ba) el libre paso de "bienes y servicios" bajo las anticientíficas "leyes del mercado" de las "manos invisibles" de Wall Street y la City.

A confesión de parte, relevo de prueba, reza el axioma penal: la"nueva Era post-Covid-19" será nacionalista humanista o no lo será.

www.alfredojalife.com

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Crisis mundial, coronavirus y capitalismo moribundo: un cóctel mortal

Sería demasiado ingenuo creer que la crisis financiera y los terremotos económicos que vamos a padecer por una larga temporada son sólo consecuencia del corona-virus. La economía capitalista está tocada desde hace bastante tiempo. El crecimiento anual a escala mundial se ha ralentizado en torno al 2,5%. EE.UU. creció al 2%, mientras que Europa y Japón lo hicieron al 1%. En concreto Italia ha venido arrastrando 17 meses consecutivos de declive en la actividad manufacturera. Parecida contracción que en Francia, donde la actividad de las empresas (índice PMI) cayó 1.3 puntos, hasta 49.8 (por debajo de 50 significa que más de la mitad de las empresas no tienen ganancias).

La deuda global en relación al PIB ha crecido un 322% en el último cuarto de 2019, sobrepasando los 253 billones $. Simplemente una recesión mediana conllevaría que la deuda de las corporaciones capitalistas, de más de 19 billones $, sería sencillamente impagable para muchas de ellas. Las empresas "zombi", aquellas que quebrarían solamente con subirse los tipos de interés, se estiman en un 10% a escala mundial. Según Bloomberg, las obligaciones de muchos Estados y la salud de los fondos de inversión no es precisamente mejor.

Toda esa desaceleración, sin embargo, fue acompañada una vez más, de la estúpida euforia de las Bolsas, mostrando toda la irrealidad de la economía capitalista y haciendo presagiar desde hace tiempo un considerable estallido de burbuja.

Los Bancos Centrales ya no saben qué hacer para "salvar" a la economía: desde inyectar "dinero mágico" inventado de la nada, a poner los intereses en negativo, bajar al mínimo los costos laborales (salarios), hacer grandes recortes sociales... Pero aun así el enfermo no reacciona. Y no reacciona porque la inversión capitalista está paralizada (en torno al 22% del PIB). La cual a su vez lo está porque no obtiene suficientes beneficios, y no los obtiene porque padece un grave problema de pérdida de valor provocado por una sobreacumulación de capital (debido a la sustitución de personas por máquinas).

Es decir, que estamos desde hace tiempo inmersos en una "crisis sistémica" que afecta la capacidad del capital de reproducirse. Entonces, y de la forma más sorprendentemente extraña posible surge algo inverosímil: una pandemia que mata sobre todo a la población menos "productiva" y con mayor incidencia en el gasto público. Una pandemia salida de... ¿dónde?

El 18 de octubre de 2019, el Johns Hopkins Center for Health Security, en Baltimore (EE.UU.), llevó a cabo una cuidada simulación de una epidemia tipo "corona-virus", titulada nCoV-2019. Incluso la OMS, que ha actuado más como agente comercial de las transnacionales farmacéuticas que como velador de la salud de las poblaciones del mundo, dio primero al virus el mismo acrónimo que el del experimento, para cambiarlo finalmente por el de COVID-19. En la simulación 201 se llegaba a la conclusión de que el 15% de los mercados financieros colapsaría y que alrededor de 65 millones de personas en el mundo perderían la vida. Participaron en esa simulación la Fundación Gates, el Foro Económico Mundial, así como las corporaciones Johnson & Johnson y Henry Schein (líder mundial de la producción de material médico). Ese mismo mes se celebraron los Juegos Mundiales Militares, del 18 al 27, en Wuhan, con amplia participación de militares estadounidenses. Hoy, muertes que desde entonces se creyeron por influenza en EE.UU. están siendo revisadas como posibles decesos por corona-virus; pero ese país americano no encuentra a su "paciente cero". Lo que sí está claro es que muchos de los rasgos de la simulación han ocurrido en enero de 2020, y ese 15% de desplome bursátil es el que realmente se ha producido a finales de febrero de este año. En Wall Street se tuvo que intervenir la Bolsa para que no se hundiera.

Pero más allá del que sea el origen real de este "oportuno" virus (y el hacinamiento industrial de miles de millones de animales no augura nada bueno para el futuro en ese sentido), veamos algunas otras de las claves que enfrentamos:

  • El COVID-19 no sólo ataca duramente a economías estatales, como la italiana o la española. El "modo pánico" en que ha entrado el mercado mundial está golpeando las cadenas de producción y suministros, afectando de plano el conjunto de las cadenas mundiales del valor. Jamás, ni en los momentos de guerra, el consumo se ha visto sometido a tal disciplina de choque. El círculo vicioso es el clásico: se detiene la actividad comercial, se frena la producción, se dispara el desempleo, se desploma el consumo. Esto es ya catastrófico, pero lo será mucho para todos los indicadores económicos (hasta el 10% de bajada en el PIB y una disminución del crecimiento anual de la producción mundial del 6,5%, se están ya pronosticando –por lo bajo-). Pero atención, los indicadores sociales pueden ser peores, especialmente cuando el virus golpee con fuerza a países con escasos recursos sanitarios. En el caso concreto del Reino de España, el asunto es muy grave, pues nos pilla sin soberanía alimentaria ni industrial (además de monetaria y fiscal). Dependemos enormemente de lo que produzcan otros. Si por cualquier razón se obstaculizan las cadenas de suministros, no lo vamos a pasar nada bien.
  • Estamos asistiendo de forma traumática a un cambio de ruta del sistema, para el cual se precisa acometer una limpieza de capitales sin precedentes en "tiempo de paz". Es decir, el corona-virus está llamado a cumplir las funciones de una guerra de importantes dimensiones. Empezamos un nuevo tiempo del capitalismo, (¿su lenta y larga agonía?), que será de barbarización generalizada para la mayor parte de la humanidad (ver El Público, https://blogs.publico.es/dominiopublico/30412/empiezan-los-20-losterribles-20/).
  • Como toda crisis, ésta será también una oportunidad para algunos especuladores. Provocará un reacomodo del mercado, para dar comienzo también a otro tipo de tecnologías (el cuento para las poblaciones será a buen seguro el de acabar con la producción contaminante, para empezar a hacer un "capitalismo sostenible", oxímoron donde los haya que no tiene más misión que la de acomodar conciencias a lo que viene).
  • Cualquier salida a esta crisis traerá una nueva y dura vuelta de tuerca a los mercados laborales en detrimento de la población trabajadora, así como redoblados ajustes sociales y recortes. Esto es, conllevará una recomposición de la relación de las clases dominantes con sus sociedades, abundando en el perjuicio de estas últimas. De igual manera, se reestructurará el poder entre la propia clase capitalista global.
  • En este sentido, por ejemplo, la fracción más globalista-financiera de EE.UU. parece haberle preparado una encerrona a Trump. Su pésima gestión de la epidemia (es casi imposible gestionarla bien en un país con un sistema de salud pública prácticamente inexistente) bien puede costarle una reelección que hasta ahora tenía prácticamente ganada. Pero si entran los demócratas en la Casa Blanca habrán más amenazas de guerra, pues están buscando el enfrentamiento militar, sobre todo con Rusia. En general, por todas partes, la crisis corona-vírica se llevará por medio "gobiernos de izquierda" (de coalición con las burguesías), donde las "izquierdas integradas" en el sistema soñaban, o esa decían a la sociedad, con que el capitalismo se dejaría endulzar socialmente.
  • Más allá de que haya sido pretendido desde el principio o no (como manifestación de una "guerra bacteriológica"), estamos delante de un experimento de grandes dimensiones mundiales: el control y confinamiento de poblaciones en una escala sin precedente. También un ensayo de psicología colectiva tipo "Guerra de los Mundos" pero a lo grande. ¿Se está preparando con ello el terreno para dinámicas de choque propias de tiempos de guerra social y militar?

La campaña mediática para generar psicosis global y permanente puede ayudar a justificarlo todo. ¿Nos imaginamos que cada día los media reportaran los contagios y las muertes por malaria, ébola, cólera o gripe normal? Claro, este virus mata europeos y eso es "más preocupante", pero aun así también los mataba la gripe, el cáncer y los suicidios (alrededor de seis cada hora en la UE).

Ya antes de los estados de alerta, por puro miedo la gente estaba dejando de viajar, se suspendían eventos, no sólo actividades productivas y comerciales, sino también sociales. De tal manera que en 2020 el crecimiento de la demanda mundial de petróleo se estima por la OPEP un 30% inferior de lo previsto; lo que quiere decir que el aumento del consumo se limitará a 825 mil barriles al día  (hecho que no sólo está desmoronando el precio del petróleo –y haciendo subir las primas de riesgo de sus bonos-, sino de todo el sector energético).

Esta parece ser la única manera en que se haga algo real por el clima: a la fuerza. Los golpes de crisis son hasta ahora los únicos momentos en que se han rebajado las emisiones de efecto invernadero en la civilización capitalista. Esto muestra que si las cosas volvieran a la normalidad seguiríamos con nuestro suicidio ecológico-climático, volveríamos en masa, como si nada, a coger aviones para irnos a sitios remotos, a lanzarnos sobre nuestros coches para quemar petróleo, a producir mercancías sin apenas utilidad y con una programada obsolescencia, a consumir recursos sin parar...

Pero si un virus puede paralizar la economía capitalista, ¿no deberíamos preguntarnos de una vez qué tipo de economía tenemos? ¿Es la competencia de todos contra todos y el exclusivo lucro privado los que pueden salvar a la humanidad de su autodestrucción, de pandemias, del cambio climático, del hambre, de la guerra? Parece evidente que no. Quizás es hora de prestar atención a China que, con todos sus defectos (¿quién no los tiene?), está mostrando otro camino.

No lo perdamos de vista. Fueron medicamentos cubanos, sobre todo el interferon Alfa 2B, los que llegaron a China para comenzar la lucha contra el corona-virus. Por su parte, este país ha demostrado al mundo cómo una economía planificada, en la que cada quien no va a la suya para sacar más beneficios que sus rivales, es capaz de poner de rodillas un virus desconocido en un tiempo récord. Y ahora personal sanitario chino y cubano (y venezolano) llega a Italia a colaborar en el combate contra el COVID-19. España ya ha reconocido también la necesidad de su ayuda.

Mientras, la UE, más preocupada de nuevo por preservar de la crisis a la Banca y a las grandes transnacionales que a las poblaciones, ha mostrado una vez más su fracaso como entidad política, dejando 27 modalidades diferentes de salvarse cada quien como pueda, sin ni siquiera colaborar de forma efectiva en la emergencia sanitaria de Italia (¿y ahora tampoco en la de España?). Mientras, en la mayoría de Europa nos hemos quedado con unos sistemas de salud cada vez más precarizados, con menos personal sanitario y recursos. Mientras, las principales farmacéuticas compiten por ver quién saca antes la vacuna en vez de colaborar a escala mundial, y suben los precios de los productos de protección. Mientras, EE.UU. sigue bloqueando económica y sanitariamente más de 10 países, algunos tan golpeados por el virus como Irán.

Y mientras, gran parte de las poblaciones europeas ya no se acuerdan de las calamidades y guerras que la UE provoca en otros lugares, ni de los refugiados y desahuciados causados... ni de que siguen llegando más uniformados estadounidenses a Europa (maniobras Defender 20), aumentando el peligro de enfrentarnos contra Rusia.

Por Andrés Piqueras

Profesor de Sociología y Antropología Social. Universidad Jaume I

17/03/2020

Publicado enEconomía
COVID-19, desmundialización y rivalidad estratégica

La crisis del coronavirus está resultando en una seria amenaza a la economía mundial y pone sobre el tablero la vulnerabilidad de la mundialización, el paradigma de desarrollo de los últimos treinta años. No falta quien apunta a la necesidad de repensar las estrategias de producción y, sobre todo, a reducir la dependencia de la "fábrica del mundo". En este sentido, el COVID-19 viene a alimentar la idea de algunos sectores que abogan por la desconexión entre las economías capitalistas de Occidente y China.

Desde los años 80, China se hizo progresivamente un hueco relevante en las cadenas globales de producción. Ello resultó de la política denguista de apertura al exterior, de la laxa legislación interna y del afán crematista de las grandes multinacionales occidentales que tiraron ventaja de los bajos salarios y la abundante mano de obra. Estos factores han pasado a mejor vida en China. La mano de obra tiende a escasear, los salarios suben, la legislación interna se refuerza y China ahora quiere ser el gran centro tecnológico mundial. Lo que no cambia es la apertura. Al contrario.

Por otra parte, en el actual contexto, no podemos quejarnos de que las autoridades chinas hayan puesto por delante la salud de su población ante los imperativos económicos inmediatos. Quizá alguien prefería otro orden de prioridades. Durante mucho tiempo se criticó el "capitalismo salvaje" que en forma de ingentes sacrificios permitió el acelerado proceso de acumulación chino que le catapultó a la condición de segunda economía del mundo. Paradójicamente, aquí se invoca el "impacto" para desaconsejar ciertas medidas draconianas como las tomadas en China para atajar la epidemia. Allí parece haberles funcionado, aunque la factura no será pequeña. Siempre es más fácil cerrar escuelas que fábricas. Aquí veremos qué pasa y cuál es la factura final del camino elegido. Ahora bien: paciencia, comprensión y solidaridad, poca.

El proceso de deslocalización que en su día vivieron las economías occidentales a favor de China (y otros países), lo vive la propia China desde hace algunos años a favor de Bangladesh, Vietnam, Myanmar o Camboya, por citar algunos casos. El COVID-19 puede acelerarlo. La fuga de empresas extranjeras tendría en esto otro motivo adicional, además de la guerra comercial o los crecientes costes laborales. Aún así, el riesgo de desorganización que conlleva la fragmentación del proceso de producción a nivel mundial no es evitable del todo y tampoco puede consumarse de la noche a la mañana. Hoy es un virus, mañana es un terremoto, unas inundaciones, etc. El nivel de exposición aumenta. Indudablemente, el gigantismo de China le confiere una posición difícilmente evitable y de mayor peso, y por eso mismo no es tanto la desmundialización en sí lo que está en cuestión como el estoque al modelo China de los últimos lustros. Para China, todo esto supone otro acicate adicional para acelerar su tránsito hacia el nuevo modelo de desarrollo y revela su urgencia.

El retraso en el regreso al trabajo a consecuencia del coronavirus afecta a millones de empresas en todo el mundo, no solo a las implantadas en China. Limitar la dependencia de China es una tentación lógica en este contexto. Algunas multinacionales estadounidenses y europeas calibran diversificar sus operaciones y retirar las cadenas de suministro de China. Ahora bien, las mismas empresas pueden hallar en la respuesta de Beijing a esta crisis un ejemplo inimitable en cualquier otro país. Y también saben que se pondrán las pilas como en ninguna otra parte. Esa garantía podría no ser suficiente pero ya veremos cómo se gestiona aquí una situación similar. Y lo que dura. Y lo que cuesta.

La crisis del COVID-19 se suma al elenco de divergencias con China de los últimos tiempos, nutriendo la desconfianza y la rivalidad económica y tecnológica además de la ideológica, diplomática y militar. La mundialización puede tomar otro rumbo o desdoblarse, también incorporar ajustes de diversa naturaleza pero la vuelta a la situación anterior no se antoja muy verosímil. No obstante, si frente a la lógica de la cooperación internacional, que debiera primar en esta crisis, se antepone el imperativo de conveniencia de la rivalidad estratégica para quitar ventaja, bien podríamos hallarnos ante un empujón sustancial a la desconexión que algunos ansían como talismán para preservar la hegemonía del mundo occidental en general y de EEUU en particular.

La cuestión es si esa desconexión que tanto preconizan algunos para yugular la emergencia china, simplemente les deja atrás. Entre otros porque quien más tira del crecimiento de la economía mundial es China. Y a pesar del COVID-19, todo indica que lo seguirá haciendo.

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China

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Arabia Saudí contra Rusia: la guerra del petróleo por la hegemonía global

Incluso los medios conservadores y proestadounidenses del mundo consideran la actitud de Arabia Saudí como un chantaje para forzar a Rusia a negociar un acuerdo de reducción de la oferta. "Riad chantajea a Rusia con desatar la estrategia del caos", titula El Economista.

La caída de los precios del crudo en un 31% arrastró a las bolsas del planeta con mucha mayor fuerza que la crisis desatada por el coronavirus y en muchísimo menor tiempo.

El régimen saudí se encuentra desde hace por lo menos seis años en una situación compleja, tanto a nivel doméstico como internacional.

Brevemente, Riad vive un fuerte aislamiento internacional, agravado en los últimos años por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Estambul en octubre de 2018 y por la brutal intervención en la guerra en Yemen, que ha causado una tragedia humanitaria sin precedentes donde 16 millones necesitan asistencia sanitaria urgente.

A esta realidad global debe sumarse la casi permanente crisis interna, con intrigas palaciegas que llevaron a purgas al más alto nivel. El mismo día en que Riad comenzó su guerra petrolera contra Rusia, el 7 de marzo, se difundía que el rey Salman bin Abdulaziz promovía "la detención de varios miembros de la casa real", mientras "se dispararan los rumores sobre el estado de salud del monarca".

Según medios estadounidenses, las detenciones del hermano menor del rey y de su sobrino "fueron atribuidas a una orden del actual príncipe heredero, Mohamed bin Salman, quien funge como jefe de Gobierno de facto del reino".

La tercera cuestión se relaciona directamente con el petróleo. Desde 2014, la monarquía había establecido una alianza con Moscú para defender su cuota de mercado ante el avance del petróleo por fracking de Estados Unidos y Canadá.

"Los dos mayores productores del mundo formaron la OPEP+ para coordinar la política de producción y de precios para detener la expansión de la cuota de mercado del crudo norteamericano. Pero Rusia, que ha llegado a superar a Arabia Saudí en producción de petróleo, ha sido durante todo este tiempo un competidor directo del reino saudita por el trono del petróleo", explicaEl Economista.

En suma, una alianza de conveniencia, ya que el petróleo procedente del fracking estaba llevando a los norteamericanos a aumentar seriamente su cuota de mercado, poniendo en riesgo la hegemonía saudí que data de hace casi 80 años.

La epidemia de coronavirus que está impactando en la economía global y en particular en China, hizo prever a los analistas del mercado, como Goldman Sachs, que los precios del barril se despeñarían en los próximos meses por debajo de los 30 dólares. "Hacía cerca de 30 años, desde 1991, que el precio del petróleo no sufría un descalabro de la magnitud del vivido hoy", escribe la prensa especializada.

Ante esa previsión, los países de la OPEP liderados por Arabia Saudí, propusieron a Rusia una reducción aún mayor del bombeo, estimado en 1.5 millones de barriles diarios. En este punto, los saudíes pretendieron actuar del mismo modo que ante el avance del petróleo del fracking, es decir, con un estilo monárquico autoritario de imponer a sus aliados una determinada política.

La decisión de la monarquía ante la negativa de Rusia fue hundir más aún los precios. El crudo, que estaba en unos 60 dólares a mediados de febrero, cayó a 50 a comienzos de marzo, en gran medida por la previsión de contracción de la economía global y terminó por hundirse hasta 35 este lunes 9.

Saudi Aramco dio un giro completo anunciando un aumento de la producción para generar caos y la caída abrupta de los precios, con la esperanza de chantajear de ese modo a Rusia. Con esa medida espera "eliminar competidores", algo que suena sencillo, pero es difícil de concretar.

Los tres mayores productores de petróleo del mundo son Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí, pero esta viene perdiendo cuota de mercado y aunque tiene margen porque sus precios de producción son menores a los de sus competidores, esa medida puede afectar sobre todo al fracking, que deja de ser rentable con precios muy bajos.

Como señala el español El País, la monarquía parece haber olvidado su fracaso anterior: "A los inversores la situación les recuerda demasiado a 2014, cuando los saudíes abrieron el grifo para tratar de expulsar a parte de los productores de fracking de Texas y el botín obtenido fue mucho menor de lo esperado: quebraron muchas firmas dedicadas a la obtención de crudo por fracturación hidráulica, pero Washington acabó saliendo reforzado como primer productor mundial".

Ahora puede estar sucediendo algo similar. El mismo diario reconoce que las finanzas públicas de Rusia "son suficientemente sólidas como para convivir con los precios actuales". En efecto, Rusia se viene preparando desde hace tiempo para enfrentar eventualidades como las actuales, previendo una escalada de tensiones en el mundo.

Una de esas medidas ha sido la compra masiva de oro y la venta de dólares de sus reservas. Rusia ha cuadruplicado las reservas de oro en la última década. "Solo en 2018, el valor del oro depositado en el búnker de su banco central aumentó un 42% hasta los 109.500 millones de dólares, según datos de Bloomberg".

Por otro lado, Rusia tiene un mercado de hidrocarburos asegurado. En efecto, el gasoducto Fuerza de Siberia suministra gas al norte de China desde la región de Yakutia, en Siberia.

Según la BBC, el llamado 'acuerdo del siglo' entre el grupo Gazprom de Rusia y la Corporación Nacional de Petróleo de China implicó una inversión de 55.000 millones de dólares.

La impresión es que Rusia está preparada para una situación tensa y difícil como la actual. Con precios muy bajos y un mercado caótico, va a sufrir, pero no será puesta de rodillas como pretende la monarquía saudí. En los últimos años, los aliados de Moscú, como China e Irán, se vienen fortaleciendo pese a las presiones y chantajes.

Mal que nos pese, estamos en guerra. Ganará quien tenga mayor resistencia, porque se trata de una carrera de largo aliento.

Jornada

06:27 GMT 10.03.2020(actualizada a las 06:30 GMT 10.03.2020) URL corto

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Sábado, 07 Marzo 2020 05:54

Una visita al amigo americano

Una visita al amigo americano

Gira de Bolsonaro en EE.UU. para discutir Venezuela con Trump

El temario muestra la cercanía de los dos derechistas y hasta incluye firmar un acuerdo sobre seguridad con el Comando Sur norteamericano.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, inicia mañana una gira norteamericana en el sur de Florida, que incluirá un encuentro con su homólogo Donald Trump, con quien discutirá la crisis de Venezuela, y la firma de un acuerdo de defensa en el Comando Sur. "Vamos a cenar en Mar-a-Lago. Él quería cenar en Florida", dijo Trump a la prensa este viernes. "El presidente va a usar esta reunión como una oportunidad de agradecer a Brasil por su estrecha alianza con Estados Unidos", agregó la Casa Blanca en un comunicado. Además de las "oportunidades para restablecer la democracia en Venezuela", los presidentes hablarán de la paz en Medio Oriente, de políticas comerciales e inversión en infraestructura.

Apodado el "Trump del Trópico", el presidente ultraderechista brasileño se reconoce como un gran admirador de su par estadounidense. Ambos lideran las medidas de presión contra el gobierno venezolano y son parte del medio centenar de países que consideran ilegítimo al mandatario Nicolás Maduro y, en cambio, reconocen como presidente encargado al líder de la oposición, Juan Guaidó. El jueves, el gobierno de Brasil ordenó el retiro de todos sus diplomáticos y funcionarios del servicio exterior en Venezuela y pidió a Maduro que retirara los suyos del territorio brasileño.

Este domingo, Bolsonaro hará su primera visita el Comando Sur estadounidense, en la ciudad de Doral, vecina a Miami, que dirige las operaciones militares en el Caribe, Centro y Suramérica. Allí firmará junto al almirante Craig Faller un "Acuerdo de proyectos de investigación, pruebas y evaluación que expandirá las oportunidades de ambos países de colaborar y compartir información en el desarrollo de nuevas capacidades de defensa".

El lunes y el martes, Bolsonaro tiene previsto encuentros con empresarios, primero en el Seminario Empresarial Brasil-Estados Unidos en Florida y al día siguiente en la Conferencia Internacional Brasil-Estados Unidos, ambos en Miami. Bolsonaro "está viajando a Miami en gran parte para asegurarle a los inversores que Brasil está abierto para los negocios", dijo Anya Prusa, especialista en relaciones EEUU-Brasil del Instituto Brasileño del Centro Wilson. "El país ha pasado muchas dificultades los últimos cinco o seis años desde el punto de vista económico", añadió, detallando que si bien salió de la recesión, oficialmente en 2017, su crecimiento ha sido "lento y débil".

Ambos presidentes "tienen una buena relación personal que no siempre se ha traducido en políticas estadounidenses que beneficien a Brasil, aunque a nivel personal parecen llevarse bien. Bolsonaro es bastante 'fan' del presidente Trump y eso ayuda", añadió la experta.

El miércoles, el instituto oficial de estadísticas IBGE mostró que la economía de Brasil creció sólo 1,1 por ciento en 2019, lo cual representó una caída respecto a la expansión de 1,3 del PIB de la mayor economía latinoamericana en 2017 y 2018. Esto frustró las expectativas de despegue rápido creadas por el programa liberal de Bolsonaro.

El presidente dijo en un tuit el mes pasado que buscará durante su gira asegurarse un acuerdo con el fabricante de vehículos eléctricos Tesla para la instalación de una planta en Brasil. Bolsonaro visitará además, el martes, la planta del fabricante brasileño de aviones Embraer en la ciudad de Jacksonville, casi 600 Km al norte de Miami.

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Coronavirus, la coartada perfecta para esconder una enfermedad terminal

La FED baja los tipos de interés, el BCE anuncia que está preparado para tomar medidas, pero esta enfermedad parece no tener cura. La economía ya estaba enferma, el coronavirus solo es una prueba más de que solo se mantiene a base de un dopaje contínuo. 

as bolsas caían en picado y necesitaban las palabras mágicas que tranquilizaran a los mercados. Aquel “haré todo lo posible para salvar al euro” de Draghi en el 2012, se ha convertido en un “usaremos nuestras herramientas y actuaremos para apoyar a la economía”. Esas fueron las palabras de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de EE UU, este pasado viernes. Surtieron efecto, las bolsas rebotaron, pero no era suficiente. Parece que nada es suficiente y ahí, posiblemente, reside el problema.

Mientras escribía estas líneas, Powell ha dado el paso: “El coronavirus plantea riesgos en la evolución de la actividad económica. Frente a estos riesgos, la FED ha decidido reducir las tasas de intereses”. Un virus que ha nacido en el otro lado del planeta, en casa de su oponente en la batalla por la hegemonía mundial, ha conseguido que la FED haga lo que Trump, el tejido industrial estadounidense, los lamentos de los países emergentes u otros bancos centrales habían exigido a Powell.

Ese canto tuvo sus coros unísonos en todo el planeta. El Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y, en última instancia, el Banco Central Europeo (BCE), también han declarado que harán lo que sea necesario para mantener a flote la economía y paliar los efectos del virus, pero ¿es en realidad un problema provocado por la pandemia? ¿Es proporcional la reacción de los mercados? ¿No será que, como pasa con otros virus, este ataca y mata antes a quien ya está enfermo?

Los rumores, las alertas sanitarias, los estallidos de burbujas o quiebras de pequeños países o conflictos políticos graves siempre habían afectado a los mercados de una manera u otra. Pero que un virus que, de momento, ha matado menos que otras gripes comunes haga tambalear la economía mundial nos indica que quien está enferma es esa economía y el sistema que la sustenta.

No me voy a extender mucho en explicar algo sobre lo que ya se ha escrito mucho en este medio: el capital ya no encuentra mercados que le ofrezcan grandes rentabilidades. Las empresas zombies, aquellas que posiblemente quiebren si los tipos de interés suben, representan cerca del 10% a nivel mundial, según cálculos (optimistas desde mi punto de vista) de la OCDE. Las medidas para revitalizar la economía tras la crisis financiera de hace una década lo único que han conseguido ha sido asistir a la economía como un enfermo al que mantienen en coma a la espera de que alguien encuentre la cura a su enfermedad.

Al igual que algunas gripes, los enfermos, bajos de defensas y atiborrados de antibióticos, son los que tienen un mayor riesgo de ver como su salud colapsa. Así se encuentra ahora mismo la economía mundial: enferma. Ni todas las recetas del FMI o el Banco Mundial, ni las transfusiones de dinero de Draghi y Lagarde, ni las medicinas alternativas de China son capaces de sanar una economía que ya no encuentra dónde expandirse, dónde extraer nuevas rentas, dónde ganar algo de tiempo. El sistema económico global es un enfermo al que cualquier virus lo puede matar.

De Guindos ya ha dicho que el BCE está “listo para actuar contra el coronavirus”. Listo debe significar que están dispuestos a doblar esfuerzos con la maquinita del dinero, porque los tipos de interés los pueden bajar, pero no es mucho el margen que les queda. Qué raro que la Unión Europea y el BCE no hayan tenido la misma determinación para darle a la maquinita de los billetes con la finalidad de paliar la grave crisis de refugiados, que han dejado (y dejan) muchas más víctimas que el coronavirus en esa gran fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo y que cuando se hace sea para aumentar el presupuesto de ese ejército europeo de fronteras llamado Frontex o para pagar acuerdos vergonzosos con líderes totalitaristas de la talla de Erdogan.

También es alucinante que las subidas de los tipos de interés del dólar hicieran temblar la economía mundial, al golpear de lleno a países emergentes como Turquía, Brasil o Argentina. Estos países tienen gran parte de su deuda externa referenciada en dólares. Una subida de esos tipos, parte también de la guerra comercial de Estados Unidos, desequilibra por completo la economía de esos países y, por contagio, la de todo el planeta. Poco le importó a la Reserva hacer temblar la economía mundial y condenar a la pobreza (o a no salir de ella) a millones de personas en esos países. El virus lo ha conseguido. No deja de ser paradójico.

Al final, el capitalismo encuentra su chivo expiatorio para maquillar sus culpas. El coronavirus se ha convertido en la nueva excusa. Luego solo hace falta aplicar un poco de la doctrina del shock, que diría Naomi Klein, inundando los noticieros, dando un lugar privilegiado a la psicosis, mostrando la imagen de ese asqueroso virus y, entre vuelos cancelados y farmacias colapsadas, ya tienen carta blanca para redoblar las cantidad de medicamento que se le va a aplicar a una economía que no acaba de morir, porque su muerte significará que todos los esfuerzos (que hemos hecho mayoritariamente los de abajo), todo su discurso y política liberal, todos los recursos utilizados para “refundar el capitalismo” en vez de para rescatar a la gente, no habrán servido de nada. Las decisiones tomadas estos días son una nueva patada adelante a un sistema capitalista en crisis, a una muerte anunciada, al fin de una era en la que la financiarización de nuestra vidas ha dado como resultado un sistema en coma profundo. Si no es este virus, será el siguiente.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

3 mar 2020 18:01

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