Trump logró que TikTok deje de ser exclusivamente china

Dio su aval al acuerdo para que las norteamericanas Oracle Corp y Waltmart compartan la empresa con ByteDance

 

Donal Trump dio su último toque para que la masiva aplicación TikTok deje de ser un éxito exclusivo del mercado chino. Esta tarde, el presidente estadounidense dio su "bendición" para que las empresas norteamericanas Oracle Corp y Waltmart se asocien con la asiática ByteDance, y de esta manera se revierta la prohibición que a partir de mañana regiría para que la app no pueda operar en los Estados Unidos.

La confirmación fue hecha esta tarde durante una conferencia en la Casa Blanca, donde Trump calificó de “fantástico” al acuerdo entre las firmas china y estadounidense, que pone paños fríos a la larga guerra comercial entre ambos países.

"Pienso que será un acuerdo fantástico" y por eso “le he dado mi bendición al acuerdo”, dijo el mandatario. “Si lo concretan será genial”, agregó y definió que, si todo llega al buen puerto que él lo llevó, la aplicación seguirá llamándose como ahora pero “no tendrá nada que ver con China”.

La inminente asociación se precipitó a solo un día de que el propio Trump anunciara que TikTok dejaría de operar en los Estados Unidos desde mañana domingo, alegando supuestas razones de “seguridad nacional” que se verían amenazadas por el funcionamiento de esa popular aplicación oriunda del principal enemigo comercial de Washington.

El contrapunto entre TikTok y Trump escaló luego de que la empresa de capitales chinos hiciera caer las ofertas de asociación o venta con varias megacompañías estadounidenses, como por ejemplo Microsoft. Desde entonces, las presiones de la Casa Blanca contra la app se incrementaron hasta la paz alcanzada en las últimas horas.

Si el acuerdo se firma en las próximas horas o si hay garantías certeras de que se lo hará sin marchas atrás, TikTok podrá seguir operando en los Estados Unidos a partir de la entrega de sus códigos guardados bajo siete llaves a Oracle Corp.

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Viernes, 18 Septiembre 2020 06:15

Si no pagas por el producto, eres el producto

Si no pagas por el producto, eres el producto

Cuentan que Silicon Valley es la Alejandría digital donde mentes privilegiadas deciden la conducta de 2.000 millones de internautas. Sus ideólogos son ingenieros reconvertidos en humanistas de la conducta.

 

Según Cathy O’neil, los algoritmos son "opiniones incrustadas en un código". En el docudrama El dilema de las redes sociales, su director Jeff Orlowski aborda los métodos del gran mercado para generar adicción a los megusta, y las consecuencias sobre el combustible más vulnerable de este juego: las jóvenes y las niñas. En el documental aparecen chamanes de la industria como Tristan Harris (ética de diseño, Google), Chamath Palihatipiya (ex de Facebook), Jeff Seibert (Twitter), Tim Kendall, Joe Toscano, Sandy Parakyllas (Facebook, Uber), Sean Parker (Facebook) y otros jóvenes dotados con el don de la profecía de la conducta y la predicción. A todos les une la necesidad de desenmascarar al monstruo de las redes emancipado de sus creadores, como un mito en crecimiento constante que se alimenta de las vulnerabilidades. Por eso, la socióloga Shoshana Zuboff considera que "se trafica con humanos a gran escala".

Son mercados que construyen modelos predictivos de crecimiento constante "entre dos usuarios solo es necesario un tercero". "Hemos creado una sociedad donde el significado de comunicar es la manipulación", dice Jaron Lanier, autor de Diez razones para dejar las redes sociales. Los sentimientos y anhelos generan una gran cantidad de información. Una vez iniciado este proceso, se entra en un bucle de necesidades insatisfechas.

Solo en EE. UU. y desde el 2010, las autolesiones han aumentado entre las adolescentes un 62% y un 70% los suicidios. Pero donde se ceban estos patrones auto destructivos es entre las niñas preadolescentes (182% autolesiones y 150% más suicidios respecto al 2010). Hasta las relaciones amorosas y el número de carnés de conducir han descendido. Tal vez nadie esperaba esto, pero la pestaña Me Gusta es un Punto G nunca satisfecho.

La redención de este elenco de personajes tiene un punto de patetismo. Son prestidigitadores fascinados por sus propias magias algorítmicas.

Facebook, Google, Pinterest, Twitter, Instagram, Snapchat; muestran la pretensión de la democracia: transparente, del pueblo libre para opinar. Sin embargo, esta alegoría tecnológica sucumbe al exhibicionismo, la violencia, la pornografía y el control de masas. Porque tal vez la red está en manos de un lumpen mafioso al que no le importa la salud mental de los niños, sometidos a todo tipo de estímulos bestiales. El poder político ni tan siquiera opina, se limita a apuntar las transacciones como los administradores de la propiedad.

Las llaves de la democracia están en los mercados, y sus herramientas preferidas son las redes. Además, son capaces de polarizar para modificar los resultados electorales. La verdad es un difícil consenso entre las partes enfrentadas. ¿Qué sucede cuando ese compromiso entre sectas no se logra?: "Wikipedia ofrece una definición para cada término. Imagina que la wiki diera un significado diferente en función de la región de residencia: eso sucede con Google o Facebook", señala Jaron Lanier. ¿Cómo ofrecer una versión unificada de un acontecimiento? Teclear "cambio climático" en Google llevaría a un resultado diferente en función del país o continente. Google es un espejo de los deseos y prejuicios. Lo único que hace es confirmarlos. De lo contrario, no sería el buscador que es.

El cortocircuito de la conciencia conlleva a la predicción de estándares de comportamiento. La opinión no es consecuencia de un ejercicio de meditación donde se toma de diferentes fuentes hasta alcanzar una síntesis. La opinión es idéntica a los deseos

Señala el empresario e inversor en tecnología Roger Mcnamee, que al comienzo se vendía software y hardware. Luego el producto fueron las personas, o más bien su privacidad. La metáfora es una supercomputadora, y los usuarios neuronas movidas por una gran Inteligencia Artificial.

Hay que reconocer cierta puerilidad en ese pensamiento, porque para que una manipulación se produzca es necesario algún tipo de complementariedad con el usuario afectado.

Las llaves de la democracia la tienen las plataformas. Ayudan a materializar los deseos alimentados por el capitalismo de los datos personales. Los sentimientos son una fuente inagotable de energía renovable donde se exponen las vulnerabilidades.

Buscar la riqueza en las profundidades de una mina es una cosa de siglos pasados. El valor de las cosas está en la cantidad de información capaz de generar a lo largo de una vida útil. Dicen los sabios de Silicon Valley que el deseo de llamar la atención mantiene vivas las redes sociales, lo que es muy difícil de evitar en la conducta humana.

Parece que es imposible cambiar un modelo apodado capitalismo de vigilancia. En todo caso es consentido por los usuarios. Este modelo de poder es pura coacción: la reputación de los individuos, su prosperidad, están controlados por las tecnológicas. Es difícil imaginar una tiranía mayor. Los posicionamientos políticos, sociales y opiniones son vigilados por una gran inteligencia orgánica que también es humana. Esta situación supera cualquier profecía.

Señala Shoshana Zuboff que, si los mercados de esclavos se prohibieron, ¿por qué no este modo de explotar la vulnerabilidad de la gente?

Otra opción es gravar el uso de datos a las tecnológicas para limitar su voracidad. Que coticen por una actividad que no es ética. Hasta para esto es ya tarde.

Por Javier López Astilleros

Documentalista

18/09/2020

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El fin de la realidad ¿Qué son los «deepfakes»?

La izquierda quería transformar la realidad. La tecnología ha ayudado a burlarla. La inteligencia artificial ha permitido que un político de la India hable idiomas que no habla, ha conducido a la creación de videos pornográficos falsos de celebridades mundiales y hasta ha colaborado a que en Gabón (donde se dio por enfermo al presidente) se produzca un fallido golpe de estado. A través de los deepfakes, Internet está diseminando una nueva amenaza fantasma: que, a través de la imitación de rostros y sonidos de las personas, nunca más sepamos qué es verdad. La realidad está siendo hackeada.

 

En menos de seis años, el desarrollo de la inteligencia artificial puso a disposición de casi cualquiera la posibilidad de crear imágenes falsas indistinguibles de la realidad. Del negocio del porno a un golpe de Estado en Gabón, Internet está diseminando una nueva amenaza fantasma: que nunca más sepamos qué es verdad.

En las últimas elecciones legislativas de Nueva Delhi, el candidato Manoj Tiwari sorprendió a sus electores con un video hablando en hindi, otro en inglés y otro en haryanvi. Antes de ser la principal figura del Partido Popular Indio (BJP, por sus siglas en hindi) en la capital del país, Tiwari fue actor, cantante popular y estrella de un reality show, pero nadie sospechaba que hablara en inglés (capital valioso para las clases urbanas) y mucho menos el dialecto de la zona de Haryana. Días después se supo la verdad: una agencia publicitaria le había propuesto al BJP, al cual pertenece el primer ministro Narendra Modi, ampliar la oferta electoral utilizando inteligencia artificial para crear deepfakes de Tiwari. Con grabaciones anteriores y software de punta, pusieron en su boca palabras que desconocía y llevaron su mensaje por WhatsApp a votantes fuera de sus núcleos de apoyo. No es la primera vez que un candidato imposta su voz para acercarse a nuevos conciudadanos. Ni la primera que se utiliza inteligencia artificial en política. Sí, hasta donde se sabe, es la primera vez que un candidato cambia su propio cuerpo y voz con deep learning para mejorar su performance.

Los deepfakes aparecieron por primera vez en 2017, uno de los años del boom de las fake news. El usuario de reddit /r/deepfakes publicó sus primeras creaciones pornográficas utilizando algoritmos y librerías de imágenes de libre acceso con resultados asombrosos. En sincronía con la aparición de TikTok y las apps de envejecimiento o rejuvenecimiento facial, la técnica de este usuario anónimo se popularizó y pronto surgió la primera app abierta para incorporar un rostro cualquiera a un video existente. Desde Bolsonaro como el Chapulín colorado hasta Cristina Kirchner como una Drag Queen de Ru Paul, Internet se llenó de videos con propósitos básicamente humorísticos, aunque la abrumadora mayoría seguían siendo pornográficos. Lo más notable, a tres años de su aparición, es la mejora de su calidad. En agosto, un fan publicó su propia versión de las escenas de Robert De Niro joven en The Irishman. La comparación entre el trabajo de CGI de Netflix y el deepfake de este usuario de YouTube (y los millones de dólares de diferencia) da la pauta de la accesibilidad y potencial eficacia de esta herramienta.

Para estas creaciones se utiliza un autocodificador, que crea una imagen latente con solo algunas variables (parámetros de sonrisa, ceño fruncido, etc.) y repone con otras la imagen final (los mismos gestos con otro rostro, o el mismo rostro con otro discurso, por ejemplo). Pero no estamos hablando solo de imágenes fijas o en movimiento, sino también de sonido. La falsa primicia basada en un audio viral sobre el supuesto pase de Lionel Messi al Manchester City podría haber prescindido de un imitador talentoso. El audio bien podría haberse creado con un software como el que utiliza el Boston Chlidren’s Hospital para reecrear la voz de quienes perdieron el habla. En septiembre se conoció la primera gran estafa de un deepfake: según el Wall Street Journal, el CEO de una compañía inglesa transfirió 220.000 euros por orden de un software que imitaba la voz de su jefe alemán.

La mera existencia de esta tecnología no solo habilita la posibilidad de crear fakes -con consecuencias políticas y sociales inusitadas- sino desbancar a la realidad de su status: si lo que existe realmente puede ser adulterado o directamente inventado, todo el mundo tiene derecho a desconfiar. El ejemplo más paradigmático de este problema, relató Rob Toews en la revista Forbes, ocurrió en Gabón. Durante largos meses de 2018, su presidente, Ali Bongo, no apareció públicamente. Los rumores sobre su estado de salud e incluso su muerte obligaron al gobierno a revelar que Bongo había sufrido un accidente cerebro vascular, pero que estaba recuperándose y que daría un discurso para Año Nuevo. La rigidez y aparente artificialidad de los movimientos del líder en el mensaje grabado rápidamente despertaron la psicosis de la oposición: el video es falso, exclamaron. Una semana después, y apoyándose en la aparente acefalía, una fracción del Ejército quiso dar un golpe de Estado en Gabón, aunque luego fue reprimido... por el propio Bongo, que sigue al frente del gobierno. El video no había sido alterado.

Nada más que la verdad

La pandemia llevó nuestra relación con las imágenes virtuales a niveles insospechados. Entrevistas laborales, clases, bautismos, consultas médicas, audiencias judiciales, sesiones legislativas, y hasta sexo. La «presencia» es un requisito cada vez más prescindible en los rituales e instituciones que nos constituyen como sociedad. A la inversa, la identidad virtual, su «huella digital», se vuelve cada vez más relevante, y no solo en términos jurídicos sino también prácticos. Allí donde la vida cotidiana encuentra su cauce solo a través de una proyección digital, su autenticación es vital. Lo saben los niños de todas las latitudes que, igual que el senador argentino Esteban Bullrich lo hiciera en el Congreso, ya aprendieron a burlar a sus profesores poniendo imágenes en loop en una clase virtual.

Los deepfakes presentan problemas más complicados. La inteligencia artificial (IA) ya se utiliza en la creación masiva de comentarios para posicionar un producto o servicio en plataformas de e-commerce, y también para fines políticos, como se comprobó durante la campaña presidencial argentina en 2019. ¿Por qué no imaginar protestas o movilizaciones masivas, ejecuciones sumarias, represiones, crímenes callejeros y demás registros visuales inventados? Si las «campañas de desprestigio”» son ya una herramienta consolidada, tanto para quienes la ejercen como para quienes la enarbolan como excusa, ¿qué posibilidades abren los deepfakes? ¿Qué niveles de miseria política puede arrastrar la posibilidad de que un registro visual sea falso?

Según un un análisis del Crime Science Journal, los deepfakes con propósito criminal son el delito basado en inteligencia artificial con mayor poder de daño (o lucro) de su especie y el más difícil de derrotar. Entre sus modalidades se encuentran la falsificación extorsiva de secuestros mediante la imitación de voz o imagen en video, la imitación por voz para acceder a sistemas seguros y una amplia gama de extorsiones con videos falsos.

Estas preocupaciones ya dispararon algunas reacciones. China prohibió la difusión de deepfakes sin su correspondiente advertencia y el Estado de California prohibió su utilización con fines políticos en periodos electorales. En octubre, Facebook creó un fondo de 10 millones de dólares para desarrollar herramientas que detecten rápidamente las imágenes falsas. Microsoft, por su parte, acaba de presentar su «Video Authenticator», una herramienta para detectar deepfakes. E incluso apareció Sensity, la «primera compañía de inteligencia sobre amenazas visuales», que combina monitoreo y detección algorítmica de deepfakes.

Según Sensity, hasta julio de 2019 había menos de 15.000 deepfakes circulando por la web. Un año después, la cifra creció a casi 50.000. El 96% son pornográficos y en lo que va de 2020 ya se subieron más de mil deepfakes por mes solo en sitios de porografía, donde aparecen con cada vez más frecuencia supuestos «videos prohibidos» de celebridades e influencers. «Las compañías detrás de la web porno no consideran que esto sea un problema», le dijo a Wired el CEO de Sensity, Giorgio Patrini. Más bien al contrario. Un deepfake de Emma Watson tiene 23 millones de vistas en Xvideos, Xnxx y xHamster, tres de los mayores sitios porno del mundo, cuya lógica de monetización consiste en la derivación de tráfico masivo a contenidos pagos.

Entre las especulaciones más retorcidas se cuenta el cruce entre deepfakes y realidad virtual, donde personas reales (celebrities o no) puedan cobrar vida como esclavas sexuales virtuales de un usuario. No debería ser la preocupación principal para sociedades como las latinoamericanas, donde ni siquiera está garantizado el acceso a Internet. Pero los últimos años demuestran que el futuro nunca está demasiado lejos.

Nadie lo puede negar

Deepfake no es cualquier tipo de edición de video, sino la aplicación de una tecnología específica para un fin específico: deep learning (aprendizaje profundo) en un registro falso. A su vez, el deep learning no es cualquier tipo de inteligencia artificial. Según la definición del libro homónimo de Ian Goodfellow (2014), Deep Learning busca «resolver las tareas que son fáciles de realizar por un humano pero difíciles de describir formalmente». Por ejemplo, reconocer una imagen. El desarrollo de la informática fue en sentido contrario: ya en 1997, la computadora de IBM Deep Blue logró vencer al mejor ajedrecista vivo del mundo. Pero es mucho más reciente la capacidad de las computadoras para interpretar un estado de ánimo, distinguir a un perro de un gato o directamente «hablar», tareas que cualquier ser humano silvestre puede realizar sin entrenamiento específico. La ironía está encerrada en algunos captcha: «Demuestre que es un humano identificando este semáforo». Qué gran habilidad, señor humano. Felicitaciones.

Ian Goodfellow ya había causado revuelo entre sus colegas con su libro cuando ese mismo año ideó el invento que lo colocó en el panteón global de las mentes fundamentales de la inteligencia artificial: las redes generativas antagónicas (GAN, por sus siglas en inglés), un modelo algorítmico que posibilitó, entre otras cosas, la aparición de los deepfakes. El actual director de Machine Learning en Apple y ex investigador principal en Google Brain (quien todavía no cumplió 35 años) estaba tomando cerveza en un bar de Montreal mientras discutía con unos amigos sobre la capacidad de la inteligencia artificial para generar fotos realistas. El alcohol propulsó una idea que hubiera descartado bajo los efectos de la sobriedad.

Para que una red neuronal aprenda a crear una imagen no solo tiene que observar millones de imágenes sino saber si lo que haya creado está bien o mal. Para resolver este problema, Goodfellow propuso enfrentar a dos redes en una competencia: una red «generadora», entrenada para crear las imágenes, y una red «discriminadora», entrenada específicamente para detectar las diferencias entre una imagen real y otra creada artificialmente. A través de sucesivos rounds, las redes mejoran automáticamente los parámetros sobre los que cumplen su tarea. Y eventualmente, la red discriminadora ya no podrá detectar qué es real y qué falso. La teoría de Goodfellow se comprobó en la práctica y, entre otros usos menos publicitados, los deepfakes asomaron en los suburbios de Internet.

El invento de Goodfellow entraña una lógica fáustica: serás capaz de crear lo real, pero ya no sabrás qué es lo real. En una entrevista con la MIT Technology Review, admite que no habrá solución técnica al problema de la autenticación, sino que será un requisito social educar y concientizar a la población sobre los peligros de esta tecnología y la posibilidad de que las imágenes que observamos pueden o no ser reales. «¿Cómo probarías que eres un humano y no un robot?», le preguntó Lex Fridman en su podcast. «De acuerdo a mi propia metodología de investigación no hay manera de saberlo a esta altura», respondió Goodfellow, quien desde su apellido (que significa «buen compañero») hasta su tono monocorde y precisión discursiva podría pasar por androide. «Probar que algo es real por su propio contenido es muy difícil. Somos capaces de simular casi cualquier cosa, así que habría que servirse de algo más allá del contenido para probar que algo es real», siguió Goodfellow.

La mala reputación de la simulación, sin embargo, no debería eclipsar su potencial: el testeo de drogas simuladas sobre órganos simulados, afectados por enfermedades simuladas; la experimentación subatómica para el desarrollo de energías alternativas; la proyección algorítmica de los viajes espaciales; aplicaciones industriales, agroalimentarias, e incluso artísticas. La mayoría de estas disciplinas requieren una capacidad computacional inmensa (y en ese terreno la mayor apuesta es la computación cuántica), pero lo interesante es la premisa que subyace. Goodfellow busca que las redes «comprendan el mundo en función de una jerarquía de conceptos, cada uno de ellos definidos a partir de conceptos más simples», provenientes de la experiencia.

Si las redes neuronales de inteligencia artificial continúan con este ritmo de aceleración, la humanidad tendrá a su disposición herramientas capaces de dislocar su experiencia con el mundo. Para siempre. A diferencia de otras tecnologías, la «democratización» no resolverá los dilemas que presentan los deepfakes. ¿A quién le reclamaremos la verdad? Quizás habrá que acostumbrarse a vivir sin ella.

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La presión de Trump surte efecto y TikTok elige a Oracle para su negocio en EE.UU.

El presidente estadounidense había amenazado a la red social china con retirarle la licencia para operar en su país por considerarla un herramienta de espionaje

 

La presión del presidente de EE.UU., Donald Trump, ha surtido efecto. ByteDance, la empresa china propietaria de la popular red social TikTok, eligió a la estadounidense Oracle para ser su socio tecnológico de confianza en el país norteamericano, según trascendió este domingo.

Trump, que considera la propiedad china de TikTok una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU., había dado a ByteDance un plazo que vence el 15 de septiembre para vender sus operaciones en el país a una empresa local o abandonar el país. Con este movimiento, los datos personales generados por los usuarios estadounidenses permanecerán en el país.

TikTok seguirá en EEUU

Con lo conocido este domingo, la opción de que TikTok se viese forzada a cerrar sus operaciones en EE.UU. quedaría en principio descartada, aunque todavía falta tanto la aprobación de la operación por parte del Gobierno estadounidense como del de China, que ya en el pasado ha mostrado su disconformidad con la presión ejercida por Trump.

La elección de Oracle no implica que vaya a producirse una venta en términos estrictos del negocio de ByteDance en EE.UU., sino que esta tendrá a Oracle como socio en el país, algo que ambas compañías consideran que satisface los requerimientos impuestos por el presidente.

TikTok, que en EE.UU. tiene más de 80 millones de usuarios, es una de las redes sociales que más ha crecido en los últimos años, que se ha convertido en el principal entretenimiento para muchos adolescentes y un canal de márketing para importantes celebridades.

Fuertes vínculos entre Oracle y Trump

Oracle, con sede en Redwood City (California) y fundada en 1977, es una de las empresas pioneras de Silicon Valley, y pese a no tener un nombre tan reconocido para el gran público como Apple o Google, su software es usado por millones de empresas en todo el mundo.

El presidente ejecutivo y cofundador de Oracle, Larry Ellison –la quinta mayor fortuna del mundo, según Forbes– es uno de los pocos destacados ejecutivos de la industria tecnológica que ha expresado públicamente su apoyo a Trump, e incluso celebró un acto de recaudación de fondos para la campaña de reelección del presidente en febrero.

En las últimas semanas, se había especulado con que precisamente esta buena sintonía entre Ellison y Trump podía decantar la balanza a favor de Oracle, ya que el principal objetivo de ByteDance es tener garantizado el funcionamiento de sus operaciones en EE.UU. con el beneplácito del mandatario.

Microsoft admite la derrota

El mayor rival de Oracle en esta puja era precisamente su competidor en el mundo del software Microsoft (en esta industria, Microsoft ostenta el número 1 y Oracle, el número 2 en volumen de ventas a nivel mundial), que unas horas antes de que se conociese la elección de Oracle ya admitió la derrota en un comunicado.

"ByteDance nos ha dicho que no nos venderá sus operaciones en EE.UU. Tenemos confianza en que nuestra propuesta hubiese sido buena para los usuarios de TikTok, y a la vez habría protegido los intereses de seguridad de EE.UU.", apuntó la compañía propietaria del sistema operativo Windows.

Microsoft era visto desde principios de agosto como el favorito para hacerse con el negocio de ByteDance en EE.UU., y la firma de Redmond (estado de Washington) había llegado a asociarse con la cadena de grandes almacenes Walmart para este fin.

Walmart, la mayor compañía del mundo tanto en facturación anual como en número de empleados, veía en TikTok una oportunidad para avanzar en su apuesta estratégica por el comercio electrónico y la publicidad on-line.

EFE

14 de septiembre de 2020 08:50h

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n fotoperiodista cubre las protestas y disturbios raciales en Portlan, Oregón, EEUU.-REUTERS/Carlos Barria

La UNESCO alerta en su último informe de una preocupante tendencia de la que responsabiliza a dirigentes políticos, policía y fuerzas de seguridad. Señalamientos, agresiones, detenciones, secuestros y uso de munición real y no letal son los aspectos más preocupantes para la organización.

 

Desde 2015 hasta junio de 2020, 125 periodistas han sido atacados o arrestados cuando realizaban su trabajo cubriendo protestas en 65 países del mundo, y al menos diez profesionales fueron asesinados, según el último informe de la UNESCO titulado "Seguridad de los periodistas que cubren protestas: preservar la libertad de prensa en tiempos de disturbios".

En el estudio, basado en documentación "confiable" de organismos asociados, informes de prensa y de las oficinas de la institución, se alerta de una "clara tendencia creciente en el número de ataques sufridos por los periodistas que cubren protestas". Concretamente, 15 de estas detenciones o ataques ocurrieron en 2015, 16 en 2016, 21 en 2017, 20 en 2018, 32 en 2019 y 21 solo en la primera mitad de 2020.

A tenor de los resultados en su investigación sobre la salud de la libertad de expresión, prensa e información, la organización  ha concluido que los líderes políticos y sociales de los Estados "deben evitar hacer declaraciones que puedan contribuir a generar un ambiente de hostilidad e intolerancia contra la prensa que pueda traducirse en ataques físicos de civiles a los periodistas", tal y como ya han advertido las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Policía y fuerzas de seguridad, principales responsables

El estudio concluye que "la mayoría de los ataques fueron realizados por la policía y las fuerzas de seguridad" al utilizar munición tanto letal como no letal. Desde balas de goma hasta balas de pimienta, que han provocado lesiones a decenas de reporteros, entre los que varios han perdido la visión de un ojo—; o nuevos proyectiles como flash balls (bolas de caucho o espuma condensada que impactan a gran velocidad) o butterfly bullets (balas expansivas, diseñadas para producir una pequeña descarga o desplegar una metralla tras el impacto), que causaron daño a un alto número de periodistas.

"Cientos de periodistas fueron acosados, golpeados, intimidados, arrestados,vigilados y secuestrados en todo el mundo"

Otros trabajadores de la información resultaron heridos, algunos de gravedad, por disparos de munición real efectuados por la policía, que también arrestó, golpeó y, en algunos casos, humilló a los periodistas, obligándolos, por ejemplo, a quitarse la camisa y tirarse al suelo mientras les pegaban y les realizaban preguntas humillantes, destaca el informe. Al menos 15 periodistas sufrieron graves lesiones por el uso de munición viva o balas letales durante el período analizado.

"Cientos de periodistas fueron acosados, golpeados, intimidados, arrestados,
vigilados y secuestrados en todo el mundo, además de haber sufrido la destrucción de sus equipos mientras intentaban cubrir protestas. Otros fueron incomunicados, humillados, asfixiados y recibieron disparos, tanto de munición no letal como de munición viva", especifica la UNESCO.

Su directora general, Audrey Azoulay, recuerda que "la tarea de los periodistas es esencial para informar y dar a conocer al público los movimientos de las manifestaciones", y pide a la comunidad internacional a todas las autoridades
competentes que "garanticen el respeto de estos derechos fundamentales".

Periodistas detenidos y factores de género

Las detenciones policiales se produjeron en países de Asia, África Subsahariana, América del Norte, Europa, América Latina, África septentrional y Oriente Medio. "Algunos de estos arrestos fueron temporales y, o bien no se presentaron cargos, o fueron desestimados por las autoridades", afirma el informe, mientras que en algunas ocasiones los periodistas sufrieron arrestos individuales o en grupo.

En EEUU, Europa y Oriente Medio, algunos reporteros han sido acusados ante la justicia penal por cubrir protestas presuntamente ilegales o contra el gobierno de turno por corrupción o la aprobación de medidas económicas leoninas o contra abusos policiales.

El documento destacada además la irrupción de factores de género, ya que en los últimos años se han registrado varios casos de mujeres periodistas víctimas de violencia a manos de las fuerzas de seguridad o de los manifestantes. En los peores casos, afirma la UNESCO, las profesionales "fueron perseguidas de forma deliberada y atacadas debido a su género".

Destaca el caso de una periodista francesa cuyo coche fue rodeado por los manifestantes, que amenazaron con violarla, durante una protesta de los chalecos Amarillos. En otra ocasión documentada por la UNESCO, dos mujeres periodistas y un colega fueron arrestados por las fuerzas de seguridad, pese a exhibir sus credenciales, "con la excusa de que habían violado una orden de toque de queda" y, una vez detenidas, "las mujeres habrían sido obligadas a desnudarse y fueron humilladas por los oficiales", quienes hoy enfrentan una denuncia por violencia sexual. Otro caso destacable es el de una periodista que fue agredida por manifestantes, llegando a arrancarle la ropa.

Al mismo tiempo, la ola de protestas raciales en EEUU bajo el lema Black Lives Matter, tras el asesinato de George Floyd por la policía, "han puesto de manifiesto la carga que pesa sobre de los periodistas negros y de color" y la "discriminación" que padecen en el ejercicio de su profesión. Un ejemplo que subraya la UNESCO es la detención de un reportero de la CNN de origen afrolatino mientras realizaba una conexión en directo, mientras que sus colegas blancos pudieron seguir informando.

El 'doxxing': señalar a periodistas y dar información personal

La UNESCO también pone en su diana la peligrosa práctica conocida como doxxing, que vincula con funcionarios de gobiernos locales. Consiste en obtener y hacer pública información privada e identificable de los periodistas, "llegando incluso a compartir sus direcciones y los nombres de sus hijos", al tiempo que critican su cobertura de las protestas.

"Algunas autoridades de gobierno censuraron o clausuraron medios de comunicación impresos, de radiodifusión o bloquearon sitios web en Internet, así como los SMS o los mensajes de texto que se envían a través de los teléfonos", lamenta el estudio, que también destaca acciones censurables por parte de los manifestantes.

"Clausuraron de forma temporal algunos medios de comunicación al ocupar las instalaciones para utilizar sus antenas para realizar radiotransmisiones y sacarlos del aire", precisa. En otras ocasiones, algunas autoridades ordenaron la "colocación de dispositivos de rastreo en las computadoras de los periodistas, otras sometieron a los periodistas a vigilancia física, electrónica o ambas", denuncia.

En la mayoría de estos casos, prosigue la UNESCO, "sin importar quién o qué grupo pueda ser responsable, la impunidad ha seguido siendo la norma en los últimos años en lo que respecta a los ataques a los periodistas que cubren protestas".

Los diez periodistas asesinados durante protestas

*Según el Observatorio de Periodistas Asesinados de la UNESCO

 

Ferzat Jarban,camarógrafo independiente, fue arrestado después de filmar protestas contra el gobierno en al-Qasir en 2016. A la mañana siguiente encontraron su cuerpo gravemente mutilado. Fue el primer periodista reportado como asesinado en un período de ocho meses de medidas severas contra las protestas a favor de la democracia en la República Árabe de Siria.

Elidio Ramos Zárate, periodista el diario El Sur, fue abatido de un disparo en 2016 en la ciudad de Juchitan de Zaragoza (estado de Oaxaca, México), mientras cubría protestas y enfrentamientos.

Yaser Murtaja fue herido de muerte por un disparo cuando cubría protestas palestinas en la frontera con Israel en 2018.

Ángel Eduardo Gahona, le dispararon durante la transmisión en directo para su programa de noticias de la televisión local, El Meridiano, en abril de 2018, en la ciudad de Bluefields, al este de Nicaragua.

Lyra McKee, escritora y periodista de investigación independiente, de 29 años, que trabajaba para los sitios web Mediagazer y BuzzFeed News, fue asesinada a tiros en 2019, mientras cubría enfrentamientos en Creggan, un suburbio de Londonderry (Derry), en Irlanda del Norte, Reino Unido.

Precious Owolabi fue asesinado a tiros en 2019 mientras cubría unas manifestaciones para Channels Television, en Nigeria, que terminaron en enfrentamientos entre los manifestantes y la policía.

Al periodista Ahmed Abdul Samad y al camarógrafo Safaa Ghali, les dispararon en 2020 mientras escapaban de las protestas en la ciudad de Basra, al sur de Iraq, que habían estado cubriendo para el canal iraquí de televisión por satélite Dijlah TV.

Alex Ogbu, reportero gráfico y de sitios web para el Regent Africa Times, le dispararon en 2020 cuando la policía dispersaba una manifestación del Movimiento Islámico de Nigeria en Abuya (Nigeria).

Ahmed Muhana Al-Lami, era un fotógrafo de noticias iraquí que trabajaba de manera independiente. El 6 de diciembre de 2019, mientras cubría una manifestación en una plaza pública de Bagdad recibió un disparo de bala y murió al poco rato en el hospital.

14/09/2020 10:30

Por JAIRO VARGAS

 

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La estrategia del miedo: el espejismo con el que Trump intenta ganar las elecciones

Los robos y homicidios han aumentado en las grandes ciudades, pero siguen en cifras récord a la baja respecto a la violencia en las calles cuando Nixon o Reagan llegaron al poder

 

Quedan menos de dos meses para las elecciones y Donald Trump cree saber cómo ganar. Quiere presentarse como "el candidato de la ley y el orden" frente a los "agitadores anarquistas" de "las ciudades demócratas infestadas de crimen". Confía en que el bombardeo de imágenes de protestas y contraprotestas, de disturbios y abusos policiales, ponga otra vez de moda una canción que los republicanos llevan interpretando con éxito desde hace décadas: aquí lo que hace falta es mano dura.

El planteamiento puede funcionar, pero tiene varios problemas fundamentales. El primero es que cuando Trump promete "ley y orden", a diferencia de Nixon en 1968 o Reagan en 1980, él ya es presidente. Normalmente uno denuncia que hay caos cuando está en la oposición, no cuando está en el gobierno y debería ser capaz de solucionarlo. El segundo problema de su estrategia es que, aunque se esfuerce cada día en pintar un panorama apocalíptico de crimen y violencia, los datos no respaldan una realidad tan extrema y menos aún que sea consecuencia de las protestas antirracistas.

Más muertes, pero... ¿por qué?

No hay una ola de crimen comparada a la décadas pasadas, pero el número de asesinatos está creciendo en las grandes ciudades respecto al año pasado, en algunos lugares por encima del 20%. Los robos y los homicidios han aumentado en las metrópolis tras los meses más duros de confinamiento, en particular a partir de mayo, aunque hay que tener en cuenta que 2019 fue un año de récord a la baja en la tasa de asesinatos en las grandes ciudades.

A pesar de esto, no hay ninguna evidencia de que ese aumento en las muertes violentas esté relacionado con las manifestaciones de Black Lives Matter o con los disturbios que a veces las suceden. Esos homicidios, salvo en casos contados, suceden en lugares y contextos completamente diferentes a los de las protestas y pueden tener otras explicaciones.

Algunas de las posibles razones que se han dado para el aumento de los asesinatos tienen que ver con el coronavirus: el aumento repentino de la pobreza, los jóvenes sin colegio durante meses, las familias conviviendo muchas más horas de lo habitual, el aumento espectacular de la venta de armas durante la pandemia o la puesta en libertad de algunos presos por temor a que se contagien en las cárceles. A pesar de las generalizaciones de Trump, no está nada claro. Los crímenes suelen crecer con la llegada del verano y en grandes ciudades como Nueva York o Chicago, el aumento de los asesinatos pasó antes que las protestas.

El único vínculo razonable que se ha propuesto entre el aumento de la violencia y las manifestaciones antirracistas es la posibilidad de que el crecimiento de los asesinatos tenga que ver con una menor vigilancia policial. La teoría viene a decir que, al haber más agentes ocupados en vigilar las protestas o aplacar los disturbios, están dejando de hacer parte del trabajo policial que evitaba esas muertes. También está la posibilidad, poco agradable de contemplar, de que cuando los agentes se conciencian tras una desgracia y emplean menos violencia, eso haga subir la criminalidad. Es un fenómeno que se ha estudiado después de casos de brutalidad policial en Ferguson o en Baltimore.

Una mentira histórica

En cualquier caso, el discurso apocalíptico que Trump ha heredado de Nixon y Reagan resiste mal la comparación histórica. Sus dos antecesores prometían cambios profundos en momentos complicados (la guerra de Vietnam y la segunda crisis del petróleo), mientras que Trump ha presidido una gestión desastrosa de la COVID-19. El énfasis de Nixon por la “ley y el orden” tenía algo más de sentido ya que cuando llegó al poder la incidencia de crímenes violentos se había duplicado en menos de una década. Del mismo modo, la tasa de asesinatos por habitante en Estados Unidos nunca había estado tan alta como el año que Reagan ganó las elecciones. La situación actual de la criminalidad, por mucho que insista Trump, tiene poco que ver. 

En los últimos 27 años, la tasa de crímenes violentos en EEUU se ha reducido a la mitad. Incluso en esas “ciudades demócratas” que Trump demoniza y donde efectivamente están empeorando ahora las cifras, estamos muy lejos de vivir una emergencia: en Nueva York subieron los asesinatos el año pasado, pero se produjeron menos de la mitad que en el año 2000. Chicago ha tenido un verano complicado, pero el año pasado tuvo un 25% menos de muertes que el año que Nixon ganó y un 43% menos que en el de la victoria de Reagan.

Un mensaje para un público

Las cifras son elocuentes, pero Trump sabe que muchos de los votantes no tienen esas estadísticas en la cabeza. De aquí a las elecciones va a intentar transmitir esa idea de que todo se desmorona y de que es culpa de los alcaldes demócratas, que gobiernan la inmensa mayoría de las grandes urbes y que, según el relato del presidente, están empeñados en no pedirle ayuda. Él dice que está listo para intervenir, aplicar mano dura y acabar con las protestas, pero que no le invitan. El mensaje, en definitiva, es que su rival Joe Biden está en manos de los radicales demócratas y que si gana habrá cuatro años de desorden, incendios y saqueos. 

Trump se dirige fundamentalmente a un público muy concreto de votantes blancos, particularmente mujeres, que le votaron en las elecciones de 2016 y que ahora se han planteado abandonarlo. Espera convencerlas de nuevo con un argumento que los republicanos han usado en muchas ocasiones: “mira cómo están las ciudades, gobernadas por demócratas, ¿quieres que esa violencia llegue a tu urbanización a las afueras?”. Durante décadas esas zonas residenciales conocidas como suburbs han sido la clave del poder republicano, el hogar de millones de estadounidenses blancos que huyeron de la ciudad, y ahora Trump las necesita para seguir en el cargo. 

Joe Biden cree que puede demostrarle a esos votantes que es un demócrata diferente, un moderado que no tiene nada que ver con el retrato que le hace Trump cada día. Los demócratas también piensan que los suburbs de hoy son más diversos y más difíciles de aterrorizar que los de hace 40 años. Veremos quién resulta más convincente.

Por Carlos Hernández-Echevarría

@carlos_hem

10 de septiembre de 2020 23:41h

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Manifestantes durante la protesta contra el racismo que se llevó a cabo el domingo por la noche afuera de un recinto policial en Portland, Oregon.Foto Ap

El presidente califica de grandes patriotas a miembros de milicias // El magnate quiere visitar hoy Kenosha, pese a que el alcalde y el gobernador de Wisconsin le piden no hacerlo

 

Nueva York., El presidente Donald Trump y sus bases ultraderechistas están fomentando confrontaciones violentas contra manifestantes que luchan por la justicia social como Black Lives Matter, apostando a la violencia (que ellos generan y fomentan) como herramienta clave para su estrategia de relección cuyo tema central es "la ley y el orden"

En los últimos días, Trump ha intensificado su ataque retórico contra lo que llama "izquierda radical", centrando su mensaje de su campaña en "salvar" al país de lo que califica de "violencia" en las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policiaca en varias ciudades como Portland, Oregon; Minneapolis y Kenosha, Wisconsin, y Chicago.

Esto continúa con la narrativa que ofreció al aceptar la nominación republicana la semana pasada, cuando declaró: "tu voto decidirá si protegemos a los estadunidenses que obedecen la ley, o si daremos cuerda suelta a los anarquistas violentos, agitadores y criminales". Casi todos los días amenaza con enviar más fuerzas federales armadas para reprimir a manifestantes.

El pasado fin de semana en Portland hubo enfrentamientos entre activistas de justicia social y derechistas fieles a Trump, con una caravana de autos y camionetas protrumpista decorados con banderas nacionales desde donde se dispararon bolas de pintura y gas pimienta contra los manifestantes. Hubo altercados y un hombre de las milicias murió (aún no hay detalles de quién fue responsable). El presidente retuiteó un video mostrando las acciones de sus simpatizantes escribiendo: "era de esperarse"; o sea, justificando la violencia de sus partidarios.

Trump ha expresado de manera abierta su apoyo a los actos de sus simpatizantes este fin de semana –al igual que a lo largo de su presidencia–, algunos de los cuales se identifican como parte de milicias, incluso los llama "grandes patriotas". Eso, incluso después del incidente en Kenosha, donde un joven de 17 años que se identificó como miembro de una milicia pro-Trump mató a dos manifestantes e hirió a otro con un rifle semiautomático la semana pasada.

La Casa Blanca reitera que "sólo el presidente Trump ha demostrado la valentía y el liderazgo para imponer la ley y el orden".

Pero la abrumadora mayoría de la "violencia" por la cual Trump responsabiliza a la "izquierda radical" proviene de la derecha.

De hecho, los incidentes más violentos en tiempos recientes han sido perpetrados por derechistas –neonazis y del Ku Klux Klan, entre otros– que apoyan a Trump, como el del tiroteo masivo en El Paso hace un año, que buscó matar a mexicanos para "frenar la invasión hispana" en Texas, el supremacista blanco que condujo su auto contra una manifestación antiderecha racista en Charlottesville, Virginia, matando a una mujer, y muchos más. En casi todos, el presidente ha manifestado su simpatía y ha rehusado condenar a los responsables.

"Extremistas del ala derecha cometieron dos tercios de los atentados y complots (terroristas) en Estados Unidos en 2019 y más de 90 por ciento de los perpetrados entre enero y el 8 de mayo de 2020", concluye una investigación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. El "terrorismo" de extrema derecha dentro de Estados Unidos es responsable de la mayoría de todos los incidentes "terroristas" en el país desde 1994, agrega.

Alerta que este tipo de "terrorismo en Estados Unidos probablemente se incrementará a lo largo del año", incluso en respuesta a la elección presidencial en la cual "antes y después, extremistas podrían recurrir a la violencia, dependiendo de los resultados de la elección".

Se han detectado por lo menos 497 instancias de agrupaciones de extrema derecha que buscan confrontar manifestaciones de Black Lives Matter desde el asesinato de George Floyd hace tres meses, con 64 casos de agresión física, 38 ataques con automóvil y nueve casos de disparos contra manifestaciones, según una investigación del Centro de Análisis de la Derecha Radical publicada en Huffpost.

Más aún, mientras extremistas de derecha han matado a cientos de personas, los "extremistas" de izquierda no han matado a nadie con su actos violentos en los últimos años.

Además, un ex agente de la FBI, Michael German, ha documentado la infiltración de supremacistas blancos en las filas de las fuerzas de la policía en por lo menos 12 estados, en su investigación para el Brennan Center of Justice.

La FBI designó este año la violencia "de odio" doméstica como prioridad de seguridad nacional, igual a la que otorga a agrupaciones terroristas como Isis.

La campaña de Trump está intentando presentar los incidentes violentos en las calles como ejemplo de lo que será Estados Unidos con un presidente demócrata, a pesar de que las imágenes que está utilizando suceden en un Estados Unidos bajo el gobierno republicano del magnate.

Historiadores y expertos sobre maniobras políticas repiten que estas tácticas de fomento de violencia para provocar algo que pueda calificarse de "crisis de seguridad pública" siempre han sido empleadas por políticos autoritarios como Trump, que prometen ser los que pueden "salvar" al país e imponer "orden".

Trump está considerando visitar Kenosha ese martes, a pesar de que tanto el gobernador de Wisconsin como el alcalde de esa ciudad, ambos demócratas, le han solicitando que no lo haga. El candidato presidencial demócrata Joe Biden también está contemplando una visita.

Demócratas denuncian que es el presidente quien está incitando la violencia en las calles del país. El alcalde de Portland, Ted Wheeler, acusó a Trump de ser "el que ha creado el odio y la división" que ha llevado a incidentes de violencia no vistos en décadas.

Biden condenó la violencia de cualquier especie, pero atacó a Trump al calificarlo de "presencia tóxica" que amenaza la seguridad de todos en el país al incitar la violencia mientras fracasa en el manejo de la pandemia.

Los demócratas desean evitar que el enfoque de la elección sea la "violencia", ya que esa es justo la estrategia de Trump para distraer del tema de la pandemia (Estados Unidos acaba de registrar 6 millones de contagiados y más de 180 mil muertos por Covid-19, por mucho el líder mundial), y de la crisis económica, ambos no convenientes para su relección.

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Trump no perdió tiempo con los moderados y movilizó a su tropa buscando un triunfo en el colegio electoral.  ________________________________________ Imagen: EFE

Movilizó a su base electoral y desafió a los demócratas 

 En busca de la reelección, los republicanos copiaron lo mejor de la convención demócrata y agregaron toques propios. 

 

Qué hemos aprendido? Después de dos convenciones de fiestas, ocho noches de discursos, un presidente en funciones, un exvicepresidente y un sinfín de comentarios en las redes sociales, ¿qué hemos descubierto realmente?

Más importante aún, ¿Donald Trump ha revelado si puede vencer a Joe Biden? La respuesta corta es sí. La respuesta un poco más larga es sí, probablemente lo hizo.

Las convenciones de nominación de partidos son algo extraño en cualquier momento. Es cuando el partido tiene que ponerse sus ropas más elegantes, peinarse y hacer que él y su candidato estén presentables ante la mayor cantidad de gente posible.

Esto es increíblemente difícil. En una nación donde solo hay dos partidos principales, si la gente se va a molestar en votar, es probable que sea por los republicanos o por los demócratas. Muchas, muchas personas votan de la misma manera que sus padres.

De cualquier manera, una vez cada cuatro años el partido tiene que encontrar un candidato que pueda atraer a la mayor cantidad de gente posible. O bien, dar forma y presentar a ese candidato de una manera que tenga el mayor atractivo. Al menos, así es como suele funcionar.

Las cosas han sido mucho más difíciles durante la pandemia. Habiendo tomado la decisión de transmitir en vivo todos sus eventos, siendo la celebración socialmente distanciada en ese estacionamiento de Delaware la posible excepción, los demócratas hicieron un trabajo hábil al mudarse al terreno virtual.

Varias personas dijeron que pudieron escuchar a los oradores con mayor claridad, que había una "disciplina de mensajes" eficaz y que tanto el candidato a presidente Joe Biden como su compañera de fórmula Kamala Harris dieron la información que importaba en sus discursos de apertura.

Los republicanos han mezclado más las cosas. Con una combinación de eventos en vivo y videos pregrabados, parece que el Partido Republicano vio a los demócratas, copió las mejores partes y luego agregó algunas propias. En cada presentación, Donald Trump se insertó, ya sea como participante o como espectador, ante un público ansioso por cuatro años más de su administración.

Puede ser que las convenciones no hayan movido mucho la aguja, lo que actualmente apunta claramente a favor de Biden. Pero quizás solo el 15 por ciento de los votantes vieron estos eventos, y probablemente fueron los más partidistas. El número de votantes independientes o indecisos que decidieron su voto por lo que vieron en las convenciones puede haber sido muy pequeño.

“La convención republicana se conectó con la base republicana, que es entusiastamente pro-Trump”, dijo un reconocido analista de la cadena CNN. Hubo poco o ningún atractivo para los independientes y moderados. Trump está en el 41-42 por ciento de intención de voto y quiere subir hasta el 47-48 por ciento, solo un poco mejor que su 46 por ciento en 2016, y eso debería ser suficiente para conseguir el Colegio Electoral nuevamente. En este escenario, el voto popular es irrelevante.

Entonces, ¿qué ha hecho Donald Trump para demostrar que podía vencer a Joe Biden? Simplemente ha sido él mismo, solo que más. Él y sus sustitutos han dicho mentiras, hablado falsedades, han tratado de generar miedo y pánico y han tratado repetidamente de socavar la integridad de las elecciones.

El presidente  hizo uso de los adornos del gobierno: la Oficina Oval, el Rose Garden, el Monumento Nacional Fort McHenry, los fuegos artificiales sobre el Monumento a Washington y una ceremonia de naturalización, para montar su espectáculo. Incluso Barack Obama, que habló desde el Museo de la Revolución Americana en Filadelfia, en el marco de las palabras “Nosotros, el Pueblo”, no pudo competir con eso.

En las infames palabras de la asesora saliente Kellyanne Conway, quien de alguna manera mantuvo la cara seria al afirmarlo, Trump es un defensor de las mujeres. A pesar de la abrumadora evidencia de su misoginia, hay hechos y luego hay "hechos alternativos". Todos pueden darle un giro a las cosas.

El miércoles por la noche, cuando el número de muertos por el coronavirus había pasado los 180.000,  el candidato a vice Mike Pence afirmó que el presidente había "reunido todos los recursos del gobierno federal" para abordar la pandemia. Fue como si hubiéramos entrado en una tierra de fantasía. Sin duda, muchos demócratas dijeron cosas para adaptarse a su público, pero nada en la escala de esto.

"Había tantas mentiras", dice Christina Greer, profesora de política en la Universidad Fordham de Nueva York. "Los republicanos se han convertido en un partido de mentirosos".

Donald Trump ha subrayado que utilizará todos los trucos para asegurar su reelección en noviembre. Habiéndose rodeado de un pequeño culto de miembros de la familia y fanáticos, en realidad puede creerlo. De cualquier manera, ha trazado una línea en la arena y desafió a los demócratas a desalojarlo.

“Esta elección decidirá si salvamos el sueño americano o si permitimos que una agenda socialista demuele nuestro querido destino”, dijo Trump en la cuarta y última noche de la Convención Nacional Republicana indicando, la oscura y fea campaña que se avecina.

Por Andrew Buncombe

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12

Traducción: Celita Doyhambéhère

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Sábado, 29 Agosto 2020 05:26

La era de TikTok

La era de TikTok

Política, guerra y nuevo lenguaje de masas

 

Por primera vez en la historia de Internet, una red social proveniente de China conquista a los usuarios de Occidente. TikTok se ha convertido en un verdadero experimento que divide a Estados Unidos de China, pero que, además, se cuela en guerras y campañas políticas. ¿De qué se trata esta red social? ¿Por qué en política ganan los que primero llegan a ella y no los que mejor la usan? ¿Qué está pensando la izquierda (si es que está pensando algo) sobre TikTok?

TikTok está en boca de periodistas, analistas internacionales, políticos y empresarios de todo el mundo. No podría ser de otra manera. Por primera vez en la historia de eso que llamamos internet, una red social proveniente de China (en este caso, propiedad de la empresa china ByteDance), conquista las mentes de los usuarios en Occidente. Pero el 6 de agosto, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impuso 90 días para que ByteDance venda sus operaciones con TikTok en Estados Unidos a una empresa nativa, por considerarla una amenaza a la seguridad nacional. El establishment de Estados Unidos está desesperado ante los avances de China en tecnologías de la información y la comunicación, y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para no perder totalmente el control de la situación.

Mientras tanto, cosas aparentemente extrañas e incomprensibles para quienes no forman parte de la «Generación Z» (nacidos entre 1994 y 2010, es decir, los que siguen a los millennials) en TikTok, como el éxito ultra-viral en base al método de lip sync (mecanismo principal de generación de contenido en esa red, junto a los challenges) sobre la base de una publicidad rusa que ha inundado los celulares de todo el mundo: mi pan su chállenles sum. El lip sync no es más que la sincronización de movimientos labiales con vocales habladas o cantadas, simulando así el cantar o hablar en vivo.

En estos momentos, Oracle (líder en software para empresas que van desde base de datos hasta sistemas de gestión), Microsoft (que casi no existe en el mercado de las redes sociales, y apenas posee Skype y LinkedIn), y también Twitter, se encuentran en una carrera furiosa dentro del mundo corporativo para quedarse con TikTok. Oracle es el favorito de Trump, por las relaciones de su dueño con el actual presidente republicano.

TikTok es una plataforma de microvideos que acaba de cerrar el primer semestre de 2020 con más de 2.000 millones de descargas en todo el mundo. La pandemia ha sido el clímax de una explosión cultural y social liderada por esta red a escala global, y también en Latinoamérica. TikTok llegó a la política para quedarse, como conflicto geopolítico y corporativo, pero también como la expresión del nuevo lenguaje de las masas hiperconectadas. Un nuevo lenguaje que, por supuesto, ya se viene incubando en YouTube y las stories de Instagram, pero que ha dado un salto específico en TikTok al tratarse de una red puramente basada en videos verticales, que ocupan toda la pantalla y que se guían por un algoritmo más agresivo que no se basa en los seguimientos (órdenes conscientes) sino en el tiempo que cada usuario pasa frente a los videos (interés inconsciente). Por eso, Zuckerberg presentó el 5 de agosto una nueva función para Instagram, llamada Reels, como punta de lanza para contener a una audiencia en fuga.

Como si todo esto fuera poco, TikTok ha sido el vehículo de una humillación política personal para Trump, con un espectacular sabotage fans del pop coreano (k-popers) y usuarios de TikTok enfurecidos por la represión policial de las protestas de #BlackLiveMatters tras el asesinato de George Floyd. Los organizadores del primer acto de campaña de Trump presumían de tener más de un millón de solicitudes para el pabellón de 19.000 personas. Brad Parscale, jefe de campaña de Trump, puso un escenario exterior para que su jefe pudiese dirigirse también a los ciudadanos que no habían logrado entrar en el abarrotado BOK Center de Oklahoma, en Tulsa. Como comentó la prensa, la sorpresa vino cuando Trump se encontró con miles de butacas libres y una pista medio vacía. Del aforo de 19.000 personas, solo acudieron 6.200, según las cifras del Departamento de Bomberos de la ciudad de Tulsa.

Antes de Estados Unidos, el uso de TikTok en la campaña presidencial de la India ya había sido significativo (como ya había ocurrido con WhatsApp): en mayo de 2019, durante las presidenciales, millones de adolescentes disputaron la campaña sin ningún tipo de participación oficial con diferentes hashtags. Pero esto ya es cosa del pasado, pues al calor del conflicto militar entre China e India por Cachemira, el gobierno prohibió en julio de 2020 a TikTok y 59 aplicaciones más provenientes de China. Uno de los principales beneficiarios es Mark Zuckerberg, que está acaparando una enorme cantidad de esa gigantesca audiencia ahora huérfana. TikTok tenía en India 120 millones de usuarios y por este bloqueo sus pérdidas podrían alcanzar los 6000 millones de dólares.

Pero no solo Trump desconfía de TikTok. El asesor general de Biden, Dana Remus, dijo a los empleados en un correo electrónico que deberían «abstenerse de descargar y usar TikTok en el trabajo y dispositivos personales», citando preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de los datos. Aaron Presman, en su newsletter Data Sheet, de la revista Fortune, imagina que Obama también estaría de acuerdo con lo que está haciendo Trump. Sin embargo, afirma que «el problema de las políticas unilaterales de Internet de China y los esfuerzos aún más aterradores requieren una respuesta global seria y unificada. Quizás el próximo habitante de la Casa Blanca esté más a la altura de la tarea».

A diferencia de Biden, //www.tiktok.com/@bernie">Bernie Sanders tiene en TikTok un espacio personal muy bien llevado a partir de contribuciones de sus jóvenes seguidores. Alexandria Ocasio-Cortez no tiene un perfil oficial pero contenidos sobre ella son furor en la red. El caso más destellante es el de Matt Little, un senador por el estado de Minnesota prácticamente desconocido hasta hace poco y //www.tiktok.com/@littlesenator?referer_url=https%3A%2F%2Fwww.businessinsider.com%2Ftrump-tiktok-ban-minnesota-state-senator-matt-little-140000-followers-2020-8&;referer_video_id=6820841093433658629">que como tiktoker ha acumulado más de 143.000 seguidores desde que abrió su cuenta en febrero. Aquí la grieta tiene que ver con una cuestión generacional, no partidaria: el público objetivo de cada uno marca la diferencia.

Diciembre de 2018 es el punto de partida de este proceso de beligerancia digital, político y económico que tuvo su primer highlight con la crisis en torno a Huawei y el 5G, que continúa hasta hoy. A escala mundial, solo la empresa china Huawei puede ofrecer un servicio que complete de tramo a tramo la instalación de la nueva tecnología 5G. El 5G hará mucho más fluida la banda ancha al aumentar la velocidad de conexión (entre 10 y 500 veces más), allanando el camino para las «ciudades inteligentes» y el «internet de las cosas». De esta manera China ya viene poniendo en entredicho la dominación de Estados Unidos sobre la infraestructura que dominará el futuro de Internet, lo cual le valió el apoyo de los proveedores de servicios de telecomunicación («telcos») en esta cruzada de Trump. Detrás de Estados Unidos se conforma un bloque junto a Japón, Australia y el Reino Unido, que bloquean a Huawei. Trump se atribuye explícitamente haber logrado que el primer ministro Boris Johnson anunciara, el pasado 14 de julio, prohibir a las «telcos» que operan en terreno británico la compra de equipos de Huawei a partir de 2021. Esto es lo mismo que ha filtrado el propio Johnson.

Pero el caso con TikTok marca un aumento en el conflicto sino-estadounidense, porque como explicó Juan Elman, «TikTok no es Huawei». La empresa que lidera el desarrollo global en 5G juega un rol vital para su economía doméstica y sus proyectos de expansión. La relación con el Partido Comunista Chino, además, es mucho más estrecha que en el caso de ByteDance, que ha tenido roces con el aparato de seguridad por contenidos políticos sensibles. Ni TikTok ni su empresa madre son socios estratégicos de Beijing.

La compañía propietaria de la aplicación, ByteDance, ha negado reiteradamente las acusaciones contra TikTok sobre excesos en la recopilación de información. Las acusaciones del establishment estadounidense contra China no tienen nada que envidiar a las denuncias de Edward Snowden de hace mucho tiempo atrás, y la realidad es que es TikTok es incluso menos agresivo que Zuckerberg en el tratamiento de los datos. ByteDance buscó incesantemente limpiar su imagen en Estados Unidos (y en el mundo). Creó nuevos puestos de trabajo con el objetivo de llegar a 10.000 empleados y contrató más de 35 lobistas para conseguir llegada a las personas más influyentes en Estados Unidos. Además, abrieron centros de transparencia en Los Ángeles y Washington para mostrar a expertos como trabajan y contrataron como CEO a Kevin Mayer (antiguo jefe de Direct-to-Consumer & International, una división empresarial de Walt Disney donde dirigía los servicios de streaming) para que no puedan decir que los dirigen desde China.

El miércoles 29 de julio, Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook/Instagram/WhatsApp), Sundar Pinchai (Google) y Tim Cook (Apple) comparecieron ante el congreso de Estados Unidos. En China, la historia de las GAFA (como se conoce a estas empresas) es jugosa y está llena de idas y vueltas. Zuckerberg llegó a aprender mandarín para poder seducir a Xi Jinping y penetrar en ese mercado, pero no lo logró y desde hace un tiempo, frustrado, es un activo opositor del Partido Comunista Chino. De este modo, busca presentarse como un garante de los intereses estadounidenses, como ya lo dejó en claro en una audiencia anterior luego del escándalo de Cambridge Analytica. Preguntados sobre si el gobierno de Xi Jinping les roba información a las GAFA, Zuckerberg fue el único que contribuyó claramente a acentuar la escalada que Trump encabeza: «Creo que está bien documentado que el gobierno chino roba tecnología a empresas estadounidenses».

TikTok ya no se trata solamente un fenómeno púber e infanto-juvenil. Las audiencias son cada vez más impacientes y se cansan cada vez más rápido, debido a la sobresaturación de contenido. Para impactar hay que ir a las referencias más básicas (música, emojis), que es lo que expresa TikTok: una suerte de Blitzkrieg por la atención humana. Además, los contenidos que se suben a TikTok después se consumen en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, porque la empresa no tiene una política de limitar sino más bien de impulsar el derrame. En ese sentido, también funciona como un editor de contenido. Los videos de un minuto hace tiempo resultan viejos y extenuantes.

El progresismo de habla hispana tiende a llegar tarde a estos cambios y debe ponerse en guardia. Así lo explica Iago Moreno, joven experto en música y comunicación política que ha realizado un original análisis sobre el impacto de TikTok en la política de India, Israel, Brasil y España. Moreno sostiene que «por muy importante que sea entender el modo en el que el tecnopopulismo explota las redes sociales, es aún más necesario que no confundamos el síntoma con la causa».

El consultor en comunicación política Antoni Gutiérrez Rubi remarcó con claridad las reglas de una intervención exitosa en TikTok: «Activismo lúdico. Hacer del activismo una experiencia festiva y divertida. La música es el lenguaje central (...) introducir la música, el canto y el baile como expresiones genuinas y vitales de los contenidos políticos cotidianos, la imitación y el juego de rol. Usar la parodia como una poderosa estrategia de deconstrucción de personajes y canalizador de crítica y propuesta política. El talento de las multitudes. La mejor campaña es la que hace la gente anónima (...) Abrirse al desborde creativo de las multitudes y explorar el ARTivismo ciudadano. Pasar de la perfecta publicidad al poderoso atractivo de lo amateur, de lo imperfecto, de lo natural, de lo diverso. La campaña es una fiesta. Usar TikTok como parte de un ejercicio de creación de clima movilizador en los equipos de campaña y en el voluntariado».

A fuerza de golpes, la intelligentsia emanada de las costumbres sociales y culturales de los siglos XIX y XX ha comprendido que tiene que seguir con atención los vaivenes del mercado digital. Ahí es donde se está librando una guerra por el poder. Más allá de cualquier posicionamiento político, esto es lo que está demostrando, por ejemplo, la significativa demanda de la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner contra Google.

TikTok se ha abierto paso en América Latina. Ya tiene más de 5 millones de usuarios en la Argentina y el 45% de ellos tiene entre 13 y 26 años. Como en muchos otros casos, la diferencia en este punto la marca el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el primero de su tipo en toda Latinoamérica que //www.tiktok.com/@buenosaires">abrió una cuenta institucional para informar sobre prevención en torno al coronavirus. Rodríguez Larreta, ubicado en la centroderecha, se rodea de un equipo altamente profesional, que cuida de mostrarlo descontracturado y divertido, pero sin exponerlo al cringe como algunos creen que ha ocurrido con la cuenta de la presidenta de su propio partido (PRO), //www.tiktok.com/@patriciabullrich">Patricia Bullrich (el cringe refiere al sentimiento de vergüenza, aversión o reticencia ajena ante alguien). Otra incursión significativa es la de //www.tiktok.com/@joseantoniokast">José Antonio Kast, el presidente del Partido Republicano de Chile y ex candidato a presidente ubicado en la extrema derecha.

El caso de España es una muestra de lo que podría ocurrir en las próximas campañas políticas de América Latina, especialmente en aquellos países más politizados. Allí, según releva El Confidencial, TikTok ya ha sido descargada más de 14 millones de veces y todos los grandes partidos tienen cuenta en esta red, pero de momento (como en el resto del mundo) la mayor guerra se da entre comunidades de simpatizantes, en su mayoría adolescentes. La llamada Generación Z es, de hecho, la que constituye el núcleo de TikTok. El emergente partido de extrema derecha Vox ha llegado primero aquí y está tomando la delantera. No tiene desperdicio observar algunas figuras del ecosistema de Vox en TikTok, como la niña //www.tiktok.com/@micaelaesdevox">@micaelaesdevox, aunque puede resultar estremecedor.

Más allá de quien se quede con TikTok en Estados Unidos, en el resto del mundo, ha llegado para quedarse. Como ha explicado Al Ries, el creador del concepto de posicionamiento en 1972 y uno de los más destacados cerebros del marketing, «es mejor ser el primero que ser el mejor».

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Sábado, 08 Agosto 2020 06:09

Las lenguas son territorios

Las lenguas son territorios

Una lengua nace con cada persona que la aprende. Cuando la mente pueril se comienza a llenar de palabras, a configurarse en ellas (a “formatearse” diría el barbarismo tecnológico en uso), ocurre algo fascinante: la mente piensa, nombra, pronuncia cada parte del mundo que experimenta, de un modo preciso, exclusivo de la lengua que se trate. Nadie necesita leerla o escribirla para identificarla de inmediato y abrirse a la conversación, el canto, la plegaria. Da forma y contenido a la memoria.

Cada lengua es como una biblioteca. Un compendio de los seres, las cosas y sus interconexiones profundas. Si mueren sus hablantes y se extingue, es como si se incendiara la biblioteca de Alejandría nuevamente, decía Elías Canetti, y todo lo que hubo allí se disipa en cenizas y permanece en dos o tres vocablos heredados a otra lengua.

En el curso de su historia hablada, y a veces escrita, cada lengua es un portento colectivo que se renueva y se extiende cuando puede. Lo terrible es que en Babel, como en todas partes, existen idiomas sometidos, negados y prohibidos.

La riqueza de una lengua no está en el número de palabras y tiempos verbales, sino en sus combinaciones, como sucede con la poesía. Las invasiones, las conquistas, las hambrunas y las guerras merman las lenguas originarias alrededor del mundo, las asedian para exterminarlas. La historia del hemisferio americano abunda en ejemplos, desde hace cinco siglos la multitud de idiomas podía concentrarse en territorios compartidos, o coexistidos, vecinos y sin embargo ininteligibles para el otro. Dos casos idílicos en el continente precolombino son la costa pacífica de la actual California y las selvas amazónicas, ricas regiones consteladas de pueblos distintos, completamente entregados a la naturaleza, hablando idiomas propios a pocos kilómetros unos de los otros.

Y el mundo era un coro de pájaros. Sin embargo, cientos, quizás miles de lenguas y sus dialectos, sufren el destino de los taínos, cuya lengua se hablaba en las islas del mar Caribe a fines del siglo XV. La primera con la que tuvieron contacto Cristóbal Colón y los que lo acompañaban. Según diversas estimaciones, hacia 1492 había entre medio millón y cuatro millones de personas en las Antillas (taínos, macaríes, ciguyayos). Bartolomé de Las Casas los calculó en un millón en ese año. Para 1508, el cálculo lascasiano era 60 mil. El último registro taíno se pierde en 1570, menos de un siglo después, cuando quedaban 150 entre los 500 últimos indígenas originarios de las islas. Hasta ahí llegan los registros.

El efecto del “descubrimiento” de La Española fue demoledor, un holocausto o “solución final” que logró exterminar las lenguas, la identidad y los pueblos de un subcontinente. Pero el taíno era una lengua tan adánica y preciosa como otra cualquiera, llena de originalidad sonora y conceptual, que infiltró al castellano y otras lenguas imperiales europeas con palabras clave para entender que en este mundo siempre hay y siempre hubo otros mundos: maíz, canoa, barbacoa, cacique, hamaca, iguana, comején, huracán, cayuco, caribe, enagua, sabana, macana.

En más de un sentido, cada lengua es un territorio. Del mismo modo que la tierra, e incluso más versátil y móvil, la lengua de uno es donde mejor se está. También por eso el odio de los fuertes contra Babel es anterior al mito bíblico y se extiende hasta el presente. El idioma del “otro”, despreciable y amedrentador, debe ser erradicado.

En la actualidad se estima que existen mil lenguas originarias en el continente. Tan sólo en México se contabilizan 68 lenguas y unas 400 variantes dialectales, que en algunos casos son más que meras variantes, como en el tronco nahua o la heredad del imperio zapoteca. En América del Sur ocurre con el quechua, el aymara, el mapungundún.

Las lenguas coloniales son unas cuantas: castellano, inglés, portugués, francés. El espectro hispanoparlante y el anglófono son tan vastos como el chino. Históricamente su dominio ha significado el saqueo y la destrucción de las demás lenguas. Violencia, educación, adoctrinamiento, represión, racismo y miseria son las armas de exterminio contra las lenguas colonizadas. Los colonizadores de antes y de hoy así se adjudican los territorios.

No deja de resultar portentosa entonces la resistencia vital de centenares de pueblos desde el territorio de sus lenguas. Aún los despojados y expulsados, los arrinconados en las orillas de las ciudades conservan y enarbolan la flor de sus lenguas. Sea en México, Tehuacán, Oaxaca, Tijuana, Nueva York o Los Ángeles, siguen en pie las refinadas construcciones de un mundo único, específico y maravilloso, capaz de ser bilingüe y trilingüe en el vientre de la ballena. Noam Chomsky ha subrayado que las lenguas no necesitan escribirse para sobrevivir siglos y milenios. Esto es cierto para el inuktitut, el mazateco o el yanomani, como lo fue para el arameo bíblico. La “bibliotecas de Alejandría” que siguen en pie son la belleza y el tesoro oculto de pueblos amenazados y perseguidos sin reposo por la espada, la cruz, el signo de dólares y la voracidad “redentora” del progreso. De la duración de sus territorios dependen la pervivencia, la soberanía de los territorios físicos de los pueblos y el genio vivo del verbo humano.

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