MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

“Un sistema financiero sin control nos lleva al precipicio”

Susan George se levanta de la elegante mesa de madera de su silencioso apartamento parisiense, taza de té en mano, y se acerca a la biblioteca. Rebusca entre sus libros. Entresaca El Minotauro global,del economista griego Yanis Varoufakis. “Aquí está”, dice, satisfecha. “Pero esto solo es para yonquis interesados en las finanzas, como yo”, bromea. Sí, el mundo de las finanzas. Una de sus obsesiones, uno de sus caballos de batalla. La politóloga, filósofa y escritora norteamericana, afincada en París desde 1954, lleva toda la vida luchando, agitando conciencias. En los noventa lo hizo desde Greenpeace. Entre 1999 y 2006, como vicepresidenta en Francia de la Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras y la Ayuda al Ciudadano, organización que promueve el control de los mercados financieros. “Más vale que pongamos bajo control a estos locos”, dice en alusión a los banqueros en un momento de la entrevista, “¡hacen lo que quieren y los Gobiernos les animan a seguir haciéndolo!”.


 
A sus 79 años, Susan George es una mujer elegante y cultivada que habla desde la indignación. Exclama constantemente. Una especie de sistemático “¡será posible!” late bajo sus afirmaciones cuando analiza cómo funciona la sociedad en la que vivimos.


 
Con esa visión panorámica que le otorga su recorrido vital, la autora de El informe Lugano II (editado por Deusto) clama su verdad frente a un mundo que avanza, en su opinión, en dirección equivocada.


 
Pregunta. ¿Qué está pasando en este mundo en el que vivimos?


 
Respuesta. ¿Dispone usted de tres horas? Bueno, es relativamente simple. Hemos permitido al capitalismo hacerse, virtualmente, con cada aspecto de la existencia humana; tenemos un sistema financiero que está completamente fuera de control, y ninguna autoridad parece querer controlarlo; hay una carrera entre las compañías multinacionales para hacerse con los recursos que quedan, ya sea energía, comida, tierra, agua, metales, oro... Y hace 10 años parecía que se estaba produciendo una toma de conciencia ecológica, pero eso parece haber desaparecido completamente.


 
P. ¿Y cómo explica usted la crisis en la que nos hallamos inmersos?


 
R. Tenemos una crisis generalizada, una convergencia de varias crisis: la financiera, la de la creciente desigualdad engendrada por el capitalismo y la ecológica. Hay una crisis alimentaria y de agua que afecta cada vez a más gente, no solo a aquello que llamábamos el Tercer Mundo, también a los países ricos. Y por encima de todo ello está la crisis de la democracia: autoridades ilegítimas que no han sido elegidas por los ciudadanos son las que crean las reglas del juego. Hacia eso camina el mundo, y no es una dirección demasiado bella…


P. En su libro Sus crisis, nuestras soluciones, escribe usted: “La mayoría de las personas no necesitan más pruebas, ven perfectamente que el sistema no funciona ni para ellos, ni para sus familias, amigos o país”.
 


R. Bueno, depende de para quién. Para el 1% del 1% funciona. Y ese 1% del 1% ha decidido, desgraciadamente, que debemos tener desempleo, austeridad, sufrimiento de la población y pérdida de aquello que la clase trabajadora conquistó a lo largo de los últimos 50 años.


 
P. ¿El 1% del 1% es lo que usted denomina como “el grupo de Davos”, los poderosos del mundo que se reúnen cada año en la localidad suiza? ¿Son ellos los que deciden realmente, o eso es una teoría conspirativa?


 
R. No, yo no creo en conspiraciones, yo creo en el manejo de las situaciones en favor de determinados intereses. No es que ellos se reúnan y digan: “Bueno, vamos a derribar los derechos que la gente ha conquistado en los últimos 50 años”. No, ellos se reúnen y dicen: “Tenemos demasiadas cargas sociales; hemos ganado 10 puntos del PIB en los últimos años y ahora queremos otros 10”. Se trata de una convergencia de intereses. Luego la ideología neoliberal genera ideas que la gente se acaba creyendo, como esa que tanto se ha escuchado en España de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¡Eso es una tontería!

 


P. ¿Podría explicar por qué es una tontería?


 
R. El Estado español no pidió prestado para mejorar la educación, la sanidad, la cultura o cosas que beneficiaran a la población en general; pidió para salvar al sistema bancario tras la crisis inmobiliaria. España no estaba tan endeudada antes de la crisis. Proporcionalmente, estaba menos endeudada que los virtuosos alemanes, que son los que han sacado uno de esos números mágicos que aparecen en el Tratado de Maastricht: hay una cifra, el 3%, que marca el límite de déficit que los países no deben superar; la otra indica que no hay que endeudarse en más de un 60% del PIB. Nadie sabe de dónde vienen esas cifras; del Bundesbank, probablemente; pero ¿por qué es un 3% en vez de un 4%, o un 60% en vez de un 65%? Son cifras arbitrarias que además han sido rebatidas. Hace poco el FMI dijo que nos equivocamos con el rescate griego. La ATTAC ha publicado un estudio que muestra que de los 200.000 millones de dólares (153.000 millones de euros) que se entregaron a Grecia, el 77%, al menos, fue a parar a los bancos. Todo eso está basado en ideología. El sustento de la austeridad es una patraña. Sí, una patraña matemática y económica.


 
P. ¿Y qué habría que hacer para reinventarse el mundo?

 


R. Lo primero es poner el sistema financiero bajo control. Está operando conforme a sus propias reglas y nos va a llevar más allá del borde del precipicio. Los banqueros usan un lenguaje que los líderes políticos quieren creer, o no comprenden, no sé. Pero el caso es que acaban haciendo lo que les viene en gana. Y no serán penalizados, ni irán a la cárcel, ni serán multados; seguirán haciendo locuras.


 
P. ¿Son ellos los que detentan el poder real?


 
R. Sí, claro. Podríamos tener carteles electorales en las calles que digan: “Vote a Goldman Sachs, ¡elimine al intermediario!”. La banca es demasiado grande para quebrar, demasiado grande para que encarcelen a sus responsables; si es así, ¡es demasiado grande para existir! Mejor sería que por un lado estuviera la banca minorista, y por otro, la banca de inversiones, no las dos bajo un mismo techo. Y si la banca de inversión quiebra, que quiebre, ¡pero que no jueguen con nuestro dinero!


 
P. ¿Y qué más habría que hacer?


 
R. Una vez controladas las entidades financieras, obligar a los bancos a contribuir a la transición verde. Esta es la idea central. Eso, además, permitiría crear empleo. Hay que controlar a la banca para que la gente no pierda sus ahorros, sus seguros, su salario… [RISAS]Probablemente[/RISAS] la gente esté más interesada en que se controle a estos bastardos por estos motivos. La otra razón es que hay que construir una sociedad sostenible, hacer la transición verde en transporte, hogares, agricultura. La humanidad se está yendo a tomar viento por las demandas de capital de un sistema productivo estúpido, mal organizado, que permite tremendas desigualdades. Tenemos que parar el calentamiento tan rápidamente como podamos; salvar las pequeñas granjas, dar la producción de alimentos a pequeños agricultores ecológicos… Hay que buscar la manera de sobrevivir. Estamos hablando del futuro de la humanidad. Ninguna generación en la historia, desde el Homo sapiens, ha estado enfrentada a un problema de semejante magnitud. Los Gobiernos miran a otro lado, los presidentes de las empresas piensan que esto ocurrirá cuando ellos ya no estén aquí… El capitalismo es un sistema que no permite pensar a largo plazo.

 


Susan George suelta su larga parrafada consciente de que acaba de encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que quería explicar. Considera que es fundamental profundizar en nuevas formas de democracia participativa. “La democracia está aplastada por la especulación”, dice, “y los ciudadanos pueden hacer muy poquita cosa con un simple voto”.


 
Su análisis se vuelve sombrío cuando sobrevuela Europa. Sostiene que la idea que guía a la Unión Europea es la de las grandes bondades de la privatización. “Acabaremos con un régimen extremadamente cruel; un régimen de las grandes multinacionales no se va a preocupar demasiado de la población. Excluirán a la gente como nunca se ha hecho hasta ahora”. También le preocupa el ocaso del Estado de bienestar. “El año que viene cumpliré 80 años y no quiero morir en una Francia gobernada por el Frente Nacional”, espeta.


 
P. ¿Y cree que eso puede suceder?


 
R. Creo que están preparando la cama para los fascistas, les están preparando el bulevar. Mire Aurora Dorada en Grecia. ¡Eche la vista atrás, a los años treinta! Hitler fue elegido, no lo olvidemos. En el caso italiano, hubo un golpe, pero Mussolini gozaba del apoyo de buena parte de la población; y Berlusconi no está muy lejos de Mussolini.

 

 Por Joseba Elola Paris 4 AGO 2013 - 00:05 CET98

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Domingo, 04 Agosto 2013 06:02

No les gusta que los espíen

No les gusta que los espíen

Se asiste a un vuelco inesperado de la opinión pública en EE.UU.: cada vez disgustan más los programas de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) que Edward Snowden está dando a conocer por intermedio del periodista Glenn Greenwald en el diario británico The Guardian. Una reciente encuesta del Pew Research Center revela que un 56 por ciento de la población opina que “los tribunales federales han fracasado en poner límites adecuados a la recolección de datos telefónicos y de Internet por parte del gobierno como un elemento de sus esfuerzos antiterroristas” (www.people-press.org, 26-7-13).

 

Otras opiniones apuntan en la misma dirección, pero tal vez convenga antes señalar que Snowden usó una estrategia diferente a la de Assange: brindó la información en exclusiva a un solo periódico importante y no a cinco, como hizo el último; al parecer, sus resultados son más contundentes y no sólo por la diversa densidad de lo que cada uno filtró.

 

La mayoría de los encuestados por el Pew Center, un 70 por ciento, sospecha que el gobierno espía a todos y usa esos datos con otros fines que la lucha antiterrorista y un 63 por ciento piensa que el gobierno acumula información sobre el contenido de las conversaciones telefónicas y de los correos electrónicos y no se limita al acopio de los llamados “metadatos”, como afirman los funcionarios, es decir, sólo de los números de teléfono y de las direcciones de email. Lo cual entraña un fuerte rechazo a las afirmaciones oficiales en defensa de tales programas: que están sujetos a una supervisión adecuada, que no se investiga el contenido de las comunicaciones y que su único propósito consiste en reforzar la seguridad del país.

 

“Es la primera vez en su actividad encuestadora sobre el tema, iniciada en el 2004, que el Pew Center registra que la mayoría expresó más preocupación por las libertades civiles que por el terrorismo.” Apoya esta afirmación en un cuadro-síntesis de sus investigaciones: en el 2004, el 49 por ciento opinaba que el gobierno “no había hecho lo suficiente para proteger al país” contra un 29 por ciento que declaraba exactamente lo contrario. En el 2013, las tendencias se invirtieron: el 47 por ciento considera que el gobierno ha ido muy lejos en materia de restricción de las libertades civiles contra el 35 por ciento en la posición adversa.

 

Se trata, en definitiva, de dirimir si estas medidas de seguridad son más importantes que el derecho civil a la privacidad personal. Hasta la mayoría de los interrogados que pertenecen al ultraconservador republicano Tea Party juzga que al gobierno se le ha ido la mano con los programas de la NSA: 47 por ciento contra el 35. Esta situación repercute en los representantes y senadores nacionales. El miércoles 31 se produjo un acalorado debate en la sesión del Comité de Inteligencia del Senado: dirigentes de los dos partidos cuestionaron la veracidad de las informaciones que la comunidad de espías de EE.UU. proporciona (www.theguardian.com, 31-7-13).

 

La NSA había afirmado que, gracias al programa de acopio de datos telefónicos y al que se ocupa de espiar los hábitos y el uso de las computadoras, se habían desbaratado 54 complots terroristas. En la sesión del miércoles del comité senatorial, sin embargo, el subdirector de la NSA, John Inglis, concedió que a lo sumo una sola conjuración terrorista fue impedida merced al espionaje telefónico. Los senadores demócratas Ron Wyden y Mark Udall, miembros del Comité de Inteligencia, siempre han reiterado que no hay evidencias de que dicho programa haya servido para detectar algún complot. La presidenta del Comité, la demócrata Dianne Feinstein, declaró: “Pondríamos a la nación en peligro si anulamos estos programas”.

 

El prestigioso periodista Dave Kravets documentó la relación entre el apoyo a la NSA de muchos parlamentarios con el dinero que reciben de las industrias del ramo contratadas por la Agencia (www.wired.com, 26-7-13). En particular, señala Greenwald, los que presiden los dos comités de inteligencia –Feinstein en el Senado, el republicano Mike Rogers en la Cámara de Representantes– “son tan absolutamente leales a la NSA... que habitualmente es imposible diferenciar sus conductas, posiciones y comentarios de los que caracterizan a los funcionarios de la NSA” (www.theguardian.com, 29-7-13).

 

Los jóvenes son los más preocupados por la invasión de la privacidad que practica la NSA, según la encuesta del Pew Center: una mayoría del 60 por ciento evalúa que el gobierno se ha excedido en las restricciones a las libertades civiles con sus políticas antiterroristas. No pocos parlamentarios han comenzado a pensar en sus votantes.

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Domingo, 21 Julio 2013 05:49

Este Snowden, qué molestia

Este Snowden, qué molestia

Se ha convertido en un elemento que irrita las relaciones EE.UU./

 

Rusia. Washington sigue reclamando a Moscú la captura y entrega inmediata de Edward Snowden, todavía habitante del aeropuerto moscovita Sheremetyevo, quien ha solicitado formalmente asilo temporal a Rusia. No es apenas una demanda a las calladas que Obama ha formulado discretamente a Putin por teléfono: el subsecretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, vocero de los estados de ánimo presidenciales, advirtió que el hecho podría crear “problemas a largo plazo” con el Kremlin.

 

El miércoles pasado, Carney sugirió con deliberada vaguedad que Obama podría cancelar su entrevista cara a cara con Putin, solicitada por éste, y hasta, suspender su viaje a San Petersburgo donde a principios de septiembre tendrá lugar una reunión del G-20. Lo primero sería una bofetada personal y pública al mandatario ruso; lo último, un acto político de magnitud. Putin insiste en que el mandatario estadounidense pase por alto esta situación y ha reiterado que la cuestión del asilo temporal atañe a las autoridades de Migración. Pero el martes declaró a Snowden “un obsequio no bienvenido” de EE.UU. y subrayó que el whistleblower en inglés o soplón en castellano, lengua en la que suena despectivamente, no estaría anclado en Rusia si Washington no hubiera cancelado su pasaporte e impidiera que los países de la Unión Europea abrieran su espacio aéreo para un probable viaje a América latina (www.denverpost.com, 16-7-13).

 

Hay otras propuestas de acción. El senador republicano Lindsey Graham declaró que EE.UU. debería boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno del año próximo que se realizarán en la ciudad rusa de Sochi: “Si le dan asilo a una persona que, a mi juicio, traicionó a EE.UU., el tema pasa a otro nivel” (//nbcpolitics.nbcnews.com, 15-7-13). Y eso que el senador “ama las Olimpíadas”.

 

Snowden se comprometió a no filtrar más documentos si el asilo ruso llega. En un e-mail que envió a uno de sus más prominentes defensores, el ex senador republicano Gordon J. Humphrey, Snowden señala que no ha hecho pública “ninguna información que dañaría a nuestro pueblo y no tengo la intención de hacerlo”. Y agrega: “Por otra parte, ningún servicio de inteligencia –ni siquiera uno nuestro– tiene la capacidad de vulnerar los secretos que sigo protegiendo. Aunque no se ha difundido en los medios, una de mis especialidades fue enseñar a nuestra gente del DIA (el organismo de inteligencia de Defensa) cómo impedir que esa información fuera vulnerable incluso para los ámbitos de contrainteligencia más peligrosos (por ejemplo, China). No se preocupe, no pueden obligarme a revelar esa información ni bajo tortura” (www.guardian.co.uk, 16-7-13).

 

El ex senador republicano, que ocupó su banca doce años y fue miembro del Comité de Relaciones Exteriores, el Comité de Servicios Armados y el Comité Jurídico de ese cuerpo legislativo, considera a Snowden “un whistleblower valiente por exponer lo que consideró una violación masiva de la Constitución de Estados Unidos”.

 

El tema Snowden es espinoso para los dos países. Putin desea el encuentro con Obama, es una oportunidad de fortalecer el comercio con EE.UU. y de afirmar su potestad ante las continuas manifestaciones en su contra de quienes exigen la liberación de los detenidos el año pasado por oponerse a su elección. El líder ruso dejó en claro que “las relaciones bilaterales, en mi opinión, son mucho más importantes que las reyertas por las actividades de los servicios secretos” (Reuters, 17-7-13).

 

Sería embarazoso para Putin que Obama suspendiera la reunión entre ambos, pero también sería para Obama un paso arriesgado, pues depende de la cooperación de Rusia en los problemas Siria, Irán y Corea del Norte. Obama también espera convencer a Putin de que reduzca 500 armas de su arsenal nuclear como parte de una iniciativa que propuso en Berlín (www.huffingtonpost.19-6-13).

 

Los expertos en temas internacionales se dividen en dos: los que aseguran que Putin entregará a Snowden y los que se muestran escépticos ante esa posibilidad. Para Moscú, hacerlo a cambio de algún favorcito estadounidense sería perder la cara y reconocer implícitamente que se doblega ante la superpotencia mundial. Por ese camino van los dichos de Putin. Andrew Weiss, ex experto en Rusia de la Casa Blanca con Clinton, opina que “la idea de que podemos negociar con las autoridades rusas una posible salida (de Snowden) de su territorio parece improbable. Aunque el gobierno ruso comprueba que tiene una papa caliente en las manos, preocupa a Putin –un ex agente de inteligencia– el precedente que sentará entregándolo a EE.UU.”.

 

En tanto, el profesor sueco Stefan Swallfors propuso a Snowden como candidato al Premio Nobel de la Paz 2013 por su “esfuerzo heroico de gran costo personal”. Esto, agregó, podría salvar al Premio “de la apresurada e indecorosa decisión de otorgárselo a Barack Obama en 2009”. ¿Sería así?

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Miércoles, 17 Julio 2013 16:05

Espiar al mejor amigo incondicional

Espiar al mejor amigo incondicional

El espionaje se lleva a cabo contra enemigos o bien contra gente que no es de confianza en manera alguna. Pues bien, el Estado colombiano no es de ninguna confianza para los intereses de los EE. UU. Y por eso exactamente hay que espiarlo.

 

Colombia es, de lejos, el aliado más incondicional de toda América Latina con los Estados Unidos. Es el único país que de manera absoluta ha participado en todas las guerras y misiones militares que los E.U. han organizado.

 

Le declaró la guerra a Alemania en la Segunda guerra Mundial (un dato que no muchos conocen). Estuvo en la guerra de Corea, antes de que E.U. fuera derrotado, por primera vez allá (en Bogotá existía una escultura pública en homenaje a esa ignominiosa participación). Luego participó en la guerra de Vietnam con otras tropas. Mandó tropas al Sinaí y ahí mantiene algunas. Ha enviado soldados del Estado y mercenarios a las dos guerras de Irak. Fue el único país que estuvo con los Estados Unidos y en contra de Argentina en la guerra de las Malvinas (esa que los británicos llaman la guerra de Falkland).

 

(Los nuevos soldados tienden a ser cada vez más mercenarios. El retorno a la vieja Roma imperial y decadente. Aunque se trata, desde luego, de soldados formados profesionalmente en los campos de Colombia, para las guerras alrededor del mundo).

 

Existen en política dos caras que indican en blanco y negro, sin ambages, si alguien es verdaderamente amigo o aliado. Todo lo demás es subsidario y baladí. Una es la de las alianzas, información, formación e incondicionalidad militar. Y la otra, sin duda alguna, es la economía. Vayamos por pasos.

 

En materia militar, se trata del hecho de que la soldadezca, desde los niveles más inferiores hasta los superiores, se formen exactamente en términos de la Doctrina. Así: con mayúsculas. Y la Doctrina la dicta, en últimas, el Departamento de Estado y sus satélites de formación militar. En Colombia en el plano militar, como en la teología de Roma, por ejemplo, la Doctrina es algo que se acata y se sigue, sin cuestionamientos. Ella determina, literalmente, la estrategia y la táctica. Todo lo demás es lo de menos y se deriva de esto.

 

Veamos un contraejemplo: Cuando el gobierno de Chávez decide, hace ya varios lustros, cortar toda la ayuda militar norteamericana, eso significa expulsar a los agregados militares y, literalmente, suspender toda la información —¡toda!— que se toma y existe al interior de las fuerzas militares. Es, sin lugar a dudas, la más radical de las decisiones en materia estratégica. (Digamos, en passant, que los demás gobiernos de Mercosur no han hecho jamás algo semejante. Por esa razón representan menos riesgos para el gobierno de los E.U., y por esa razón no forman parte del llamado "eje del mal", como sí lo es Venezuela. Al mismo nivel de Cuba, Irán y Corea del Norte, Libia y Siria).

 

Y en el plano económico, evidentemente, se trata del hecho de que las políticas económicas nacionales se siguen o están ajustadas exactamente a los intereses de, para decirlo de manera eufemística, las leyes del libre mercado. Bajo proteccionismo nacional, firmas de TLC que afectan estructuralmente la soberanía nacional, manejo cambiario acorde a los organismos financieros internacionales, en fin, seguimiento al pie de la letra de los dictámenes del FMI, el Banco Mundial y la Organización Internacional del Comercio. La maldita trinidad, como lo llama un autor conspicuo (Richard Peet, La maldita trinidad, Ed. Laetoli, Pamplona).

 

No es suficiente con que se le ordenen las políticas nacionales e internacionales, las políticas económicas y financieras, las políticas militares y de seguridad, por ejemplo. Además hay que espiar para confirmar si se hace lo que se ha decidido. Espionaje–por–si–acaso.

 

Pero no nos llamemos a dudas: el espionaje se lleva a cabo contra enemigos o bien contra gente que no es de confianza en manera alguna. Pues bien, en plata blanca: el gobierno nacional, mejor aún: el Estado colombiano no es de ninguna confianza para los intereses de los E.U. Y por eso exactamente hay que espiarlo. De tantas formas como sea posible, todo el tiempo que sea necesario.

 

Así se acumulan pruebas contra políticos, magistrados, empresarios y líderes que en algún momento puedan salirse de los dictados de los E.U. Así se acumulan evidencias que se pueden sacar a la luz púbica cuándo y cómo sea necesario. Que para eso, notablemente, tienen a todos los grandes medios de comunicación a su servicio.

 

Acumular información y usarla de manera contundente: destruir el "buen" nombre, el good-will de cualquier dirigente actual o futuro. Del gobierno o de la oposición.

 

Sin olvidar que se trata de información. Y físicamente, la información no pesa nada. Se guarda en unidades giga, peta, y otras. Por el tiempo que sea necesario, a diferencia de los papeles.

 

Se ratifica ese hecho: en política —en el sentido más amplio y fuerte de la palabra— no hay, nunca, amigos. Sólo aliados. Y los aliados son susceptibles de desconfianza por principio. A los aliados hay que seguirlos y tenerlos cerca: con base en información obtenida por medio de espionaje.

 

No nos llamemos a engaños. A la oposición se la espía constantemente. Líderes políticos y campesinos, académicos e intelectuales, obreros y ONG. Eso no es nuevo para nada. Pero lo verdaderamente importante es que el espionaje en este caso es contra el propio establecimiento, contra la institucionalidad colombiana. Pues espiar significa prevenir. Y controlar equivale a anticipar.

 

El espionaje al Estado colombiano viene de tiempo atrás. ¿Habrá alguna reacción de parte del gobierno o del Estado colombiano?

 

De este gobierno o de los próximos gobiernos nacionales de Colombia no cabe esperar absolutamente ninguna acción en contra del espionaje, largo, sostenido, estructural y sistémico, contra el país. Menos aún de parte del Congreso, el cual sólo se preocupa por sus dádivas económicas. Las élites políticas y económicas nacionales no harán nada. Porque no les preocupa en lo más mínimo. Y porque, la verdad, nada pueden hacer. A un ultraje se responde con argumentos religiosos como paciencia y aceptación. Pasividad —en toda la línea de la palabra—. A lo sumo algún comunicado diplomático; punto. Han pedido explicaciones, pero como quien pregunta por el menú en un restaurante.

 

A una violación se agradece con un beso y un te amo. Al estupro se responde con un: "vuélvelo a hacer cuando quieras. Le estoy comenzando a sacar gusto". La total patología. Síndrome de Estocolmo, síndrome de Snowden, síndrome de NSA. Se escuchan propuestas de identificación para esta anomalía.

 

O como dicen las señoras: "Así paga el diablo a quien bien le sirve".

 

Publicado el Miércoles, 17 Julio 2013 12:55

 

Fuente: http://www.palmiguia.com/opinion/turbulencias/702-espiar-al-mejor-amigo-incondicional

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Snowden y Assange: ¿conque Washington nos espía?

Las buenas novelas de espionaje responden al principio básico de las grandes agencias de inteligencia: que ficción y realidad se confundan para que el lector (¿el enemigo?) infiera conclusiones con base en las medias verdades y medias mentiras de la trama.

 

La crítica especializada sostiene que el punch se logra cuando la trama remite, por asociación, a hechos históricos o de la realidad. Durante la guerra fría, el género pegó un salto de calidad. Pienso en John Le Carré, maestro de maestros, que antes de ser famoso trabajó varios años en los servicios de inteligencia británicos.

 

Los personajes de Le Carré muestran a veteranos agentes (inteligentísimos y estupendamente reaccionarios) que, así como el mítico George Smiley, son “…individuos derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella”. Pero a quienes los agentes jóvenes consultan porque sus jefes han devenido en burócratas sin luces, trepadores amorales u oportunistas despiadados.

 

La fama de Le Carré llegó con la novela El espía que vino del frío (1963), año en que Allen Dulles (jefe de la CIA en los “años pico” de la guerra fría) publicó El arte de la inteligencia. Con menores dotes literarias, Dulles fue un profeta del neoliberalismo: “En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios…”

 

Sigue: “La honradez y la honestidad serán ridiculizadas como innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. […] Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos…”

 

En el otro bando, menudeaban actitudes quizá no tan cínicas y perversas, aunque igualmente letales. Como aquel embajador de la ex Checoslovaquia (elegante bebedor, por cierto) cuando, revisando sin ganas documentos que le había acercado sobre los derechos humanos en América Latina, se le nublaron los ojos con alcohólica ternura: “Me recuerdas al joven que fui, cuando luchaba contra los nazis…”

 

Plagada de escritores que en el siglo pasado sondearon las tribulaciones de una civilización crecientemente acorralada, los críticos aseguran que la obra de Le Carré guarda similitud con las novelas de Kafka y Orwell, donde no hay buenos ni malos, y todos estamos alienados, manipulados… vigilados. Por consiguiente, luchar por la justicia sería ingenuidad.

 


En un filme que al uso de la non-fiction novel (olvidé el nombre) narra la historia de la CIA desde su fundación hasta la implosión de lo que dio en llamarse “países socialistas”, un ex agente que había pertenecido a los “idealistas” de la corporación pregunta a su jefe: “¿para qué luchamos?” Y con golpe preciso a una pelota de golf, el jefe responde: “Poco importa… ¡Ganamos!”

 

Para entonces (y paradójicamente), la CIA y corporaciones menos conocidas, como la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), habían dejado de ser (si alguna vez lo fueron…) políticamente “inteligentes”. Y hoy, sus mayores esfuerzos se concentran en la rebatiña de las partidas multimillonarias que los gobiernos imperialistas (totalmente en manos de las corporaciones económicas y mediáticas) destinan a la “seguridad”.

 

En América Latina, la CIA cosechó varios “éxitos”. Que posiblemente hubieran sido menos dolorosos sin el apoyo de sociedades derechizadas y ejércitos nacionales asesinos. Pero en los conflictos de las “grandes ligas” (Cuba, Vietnam, Angola, Sudáfrica, así como hoy en Irán y Siria) las cosas fueron y son distintas: de fracaso en fracaso, los imperialistas sufrieron y sufren derrotas políticas y militares sin cuento.

 

En el primer decenio del siglo, los medios hegemónicos occidentales consagraron a Saddam Hussein y Bin Laden como los personajes más malos del mundo. Y a inicios del segundo, el caudillo de Wikileaks Julian Assange y el réprobo de la CIA y la NSA Edward Snowden pasaron a ser los más buenos.

 

La trayectoria de los primeros es conocida. Aunque en el caso de Bin Laden los historiadores tendrán dificultades para reconstruir su probable asesinato en Pakistán (2010), pues casi todos los miembros del comando de marines que lo asesinó perecieron luego en distintas circunstancias. Por el contrario, la de Assange es una nube de pedos, en tanto la de Snowden lo que los medios hegemónicos, la irresponsable Wikipedia y él mismo dicen que fue o es.

 

Así es que, a falta de más, prefiero guardar fuerzas para el acontecimiento noticioso mundial que, seguramente, viene en camino. Mas por ahora me gustaría saber algo más del joven Snowden, quien a los 21 años ingresó como raso a las fuerzas especiales del Pentágono, y a los 29 se las arregló para tener, según The Guardian, “…acceso a todos los que trabajaban en la NSA, a toda la comunidad de inteligencia y a los bienes encubiertos en todo el mundo, las ubicaciones de cada sede, lo que estaban haciendo, etcétera”.

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Cómo opera Estados Unidos en América Latina

Un ex topo de la CIA destapó un peligroso programa de espionaje e intervención política en la región. Quiénes y cómo trabajan para desestabilizar a los gobiernos populares de la Unasur. Edward Snowden no es un héroe, pero la humanidad le debe un enorme favor. Los documentos que el ex topo de la CIA filtró al mundo demuestran lo que hasta acá la política global sabía pero no se atrevía a denunciar: que Estados Unidos no ahorrará en crímenes para seguir siendo lo que es. Un imperio voraz.

 

Los habitantes de América latina podríamos presumir que no necesitábamos de Snowden para saberlo. En esta región, Estados Unidos propició golpes, dictaduras genocidas, políticas económicas predatorias y elites financieras mafiosas con el evidente objetivo de succionar sus recursos naturales, materiales y humanos. La intervención fue tan vasta y letal que en la diplomacia regional aún se intercambia un viejo chiste: “¿Sabe por qué en Estados Unidos no hay golpes de Estado? Porque allí Estados Unidos no tiene embajada”.

 

A pesar de las evidencias históricas, en varios países de Latinoamérica, como la Argentina, abundan quienes creen que la intervención estadounidense en asuntos domésticos es pura ficción. El equívoco fue alimentado por formadores de opinión aliados o cooptados por la diplomacia estadounidense, como lo revelaron los cables difundidos por Wikileaks, donde abundan referencias a los vínculos entre La Embajada y el sistema tradicional de medios que en nuestro país conduce el multimedios Clarín. Un detalle: referirse a la sede diplomática estadounidense como “La Embajada” explicita hasta qué punto se naturalizó a EE.UU. como faro político. Pero no son las sedes diplomáticas las únicas que perpetran las actividades intervencionistas de EE.UU. en la región. El país del Norte cuenta con una compleja red de organismos que, con fachadas varias, fueron y son utilizados para tareas sucias que van desde el espionaje y la formación de cuadros dirigenciales adictos hasta la desestabilización de gobiernos y economías con su consecuente costo político y social.

 

Una de las organizaciones más activas es la United States Agency International Development (USAID), un organismo que EE.UU. creó con la proclamada intención de desplegar tareas humanitarias en los países del Tercer Mundo. Su origen se remonta a la Alianza para el Progreso, creada el 13 de marzo de 1961 por los mismos funcionarios que varios años antes habían alumbrado el Plan Marshall con la intención de poner a su país a la cabeza de la reconstrucción de la Europa de posguerra. La Alianza fracasó a poco de nacer luego de que los países de la región rechazaran las condiciones de la “revolución pacífica y democrática” que pretendía imponer EE.UU. a cambio de los 20.000 millones que prometía invertir. Pero antes de que fuera cancelada, en noviembre de 1961 se fundó la USAID, una de sus agencias que, en las formas, debía vehiculizar parte de las inversiones a programas de desarrollo humanitario, fachada que se mantiene hasta hoy.

 

La fantasía filantrópica le permitió forjar, a través de generosos aportes financieros, una red de fundaciones y ONGs destinadas a difundir los beneficios del alineamiento con EE.UU. y su “american way of life” mediante propaganda y programas de formación. Pero esa es apenas la cara amable de su tarea. Apenas maquillado, el verdadero rostro de la agencia es más hostil: intervenir en los procesos políticos de la región con el pretexto de proteger la seguridad nacional de su país.

 

La militarización de los objetivos de la USAID tocó cumbre en 2010 cuando el presidente Barack Obama incluyó al general Jeam Smith –un estratega militar que estuvo en la OTAN– en el Consejo de Seguridad sólo para que atendiera los programas de “asistencia social” que llevaba adelante la agencia. Y como director adjunto se nombró a Mark Feierstein, cuya hoja de servicios encajaba con los desafíos que EE.UU. percibe en la región: experto en guerras de cuarta generación –o campañas de desinformación–, y dueño de Greenbarg Quinlan Rosler, una firma que ofrece orientación estratégica sobre campañas electorales, debates, programación e investigación.

 

Alérgico a los gobiernos populares que se extienden por América latina, Feierstein probó la eficacia de su método como asesor de Gonzalo Sánchez de Lozada durante la campaña que lo depositó en la presidencia de Bolivia. Goñi, como lo llamaban en su patria, fue el paroxismo del coloniaje político que EE.UU. impartió en los noventa sobre los países del Sur. Criado, educado y formado en suelo estadounidense, Sánchez de Lozada volvió a su tierra de nacimiento para ser presidente de la mano de Feierstein. Duró en el cargo algo más de un año: la denominada “Masacre del Gas”, en 2003, donde murieron más de sesenta personas, lo eyectó del poder y lo devolvió a EE.UU., donde vive como prófugo de la Justicia boliviana amparado por el gobierno que nombró a su amigo Feierstein al frente de la USAID.

 

Las correrías de su director no es lo único que liga a la agencia con Bolivia. El pasado 1 de mayo, el presidente Evo Morales no sabía que el escándalo Snowden lo llevaría a protagonizar una vergonzosa detención en Europa (ver nota aparte). Pero sí sabía de lo que la USAID era capaz. Por eso, en esa jornada emblemática donde los trabajadores celebran su día, el presidente anunció que expulsaba a la agencia de suelo boliviano por “injerencia política” y “conspiración”. Días después, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, detalló: “No se trata de una agencia inocente de cooperación filantrópica de Estados Unidos a Bolivia y al mundo. La agencia estadounidense sirvió para legitimar las dictaduras entre 1964 y 1982, para promover el neoliberalismo entre 1985 y 2005, además es un factor externo que alimenta la inestabilidad en el país desde 2006”.

 

Uno de los hechos que llamó la atención del gobierno boliviano fue la materialización, en 2007, de un convenio entre el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, y la USAID para llevar adelante “programas sociales” en Bolpedra, Cobija y El Porvenir. El apoyo logístico estuvo a cargo del Comando Sur y la cobertura institucional de la Iniciativa de Conservación de la Cuenca Amazónica. Otro episodio que motivó la expulsión fue la activa participación de la agencia estadounidense vía Wildlife Conservation Society (Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre) en la disputa violenta entre los pobladores de Caranavi y Palos Blancos por el lugar de instalación de una planta procesadora de frutas en enero de 2010, a pocos días de que Evo Morales asumiera su primer mandato dentro del Estado Plurinacional.

 

La utilización de fundaciones y ONGs para tercerizar operaciones es una práctica habitual de la USAID. En la Argentina, por caso, hay una decena de fundaciones que operan por cuenta y orden de la agencia estadounidense. Que los movimientos sean más sigilosos no implica que sean menos potentes. Un ejemplo: entre el 8 y el 12 de abril de este año, la USAID financió una cumbre de la derecha internacional. Organizada por la Fundación Libertad –el tentáculo predilecto de la agencia en nuestro país–, a la cita concurrieron el Nobel Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro –reactivos a los gobiernos populares que habitan la región–; José María Aznar –ex presidente español que impulsó la invasión a Irak–; el pinochetista Joaquín Lavín; Marcel Granier, presidente de la emisora venezolana RCTV que apoyó e impulsó el golpe a Hugo Chávez en 2002, y la cubana anticastrista Yoani Sánchez, quien a último momento desistió de la visita.

 

El seminario abundó en críticas contra los procesos emancipadores de la región. Y los expositores, sin sutilezas, pidieron terminar con los gobiernos populares en curso para reemplazarlos por otros más “modernos”, a tono con los conceptos de “democracia” que EE.UU. impuso como doctrina global. No fue, por cierto, un planteo original. Cinco años atrás, en el mismo escenario empachado de prosperidad sojera, se había realizado un seminario similar, con el propio Vargas Llosa como animador principal.

 

Aquel seminario contó con varios “expertos” alineados con las políticas del Consenso de Washington como el periodista de La Nación Carlos Pagni, el ex candidato presidencial Ricardo López Murphy, y Mauricio Macri, regente del Pro y de la Fundación Pensar, co-organizadora del evento.

 

Estas fundaciones, como otras similares que operan en la región, cuentan con el aval financiero del National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), financiada oficialmente por el Congreso norteamericano. Pero la vinculación no se agota en los aportes. En los ochenta, mucho antes de ser director de la USAID, el inefable Feierstein trabajó para la NED en Nicaragua. Su objetivo: evitar el triunfo del sandinista Daniel Ortega. Lo logró patrocinando la candidatura de Violeta Chamorro.

 

Las operaciones de la dupla USAID-NED en América latina fueron reveladas por Wikileaks, el sitio que difundió millones de telegramas internos del Departamento de Estado. En uno de ellos, el ex embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, reveló cómo su país alimentó la oposición a Hugo Chávez con ideas y millones. El telegrama, enviado desde la embajada de EE.UU. en Caracas en noviembre de 2006, detallaba cómo docenas de organizaciones no gubernamentales recibían financiamiento del gobierno norteamericano por intermedio de la USAID y de la Oficina de Iniciativas de Transición (Office of Transition Initiatives –OTI–). Este operativo incluyó “más de 300 organizaciones de la sociedad civil venezolana”, que iban desde defensores de los discapacitados hasta programas educativos.

 

En apariencia, esos programas tenían objetivos humanitarios, pero fue el propio embajador Brownfield quien detalló los objetivos reales de esas inversiones: “La infiltración en la base política de Chávez... la división del chavismo... la protección de los intereses vitales de EE.UU... y el aislamiento internacional de Chávez”.

 

Brownfield escribió que el “objetivo estratégico” de desarrollar “organizaciones de la sociedad civil alineadas con la oposición representa la mayor parte del trabajo de USAID/OTI en Venezuela”. A confesión de partes…

 

En una excepción a su modus operandi, en Paraguay la agencia hizo el trabajo sucio sin intermediarios. Invirtió 65 millones de dólares en el proyecto “Umbral”, un programa que incluyó la confección de un Manual Policial, lo que le permitió hacer pie en una institución que resultaría clave en el devenir político del país. Fue la policía, con una brutal e injustificada represión rural, la que sirvió en bandeja la excusa para derrocar al presidente Fernando Lugo. Ya lo predijo el ministro de la Corte argentina Raúl Zaffaroni: sepultado el partido militar, son las fuerzas de seguridad quienes ejercerán el rol de fuerza de choque de los poderes fácticos de la región interesados en interrumpir procesos políticos que contraríen sus intereses.

 

Las operaciones de la agencia revelan que la verdadera amenaza para la consolidación del proceso político de la región no es el espionaje, sino las decisiones que EE.UU. tome a partir de esa información. Como se demostró en Irak –donde el Pentágono utilizó información falsa para justificar la invasión–, ni siquiera es necesario que los datos sean fiables. Basta con que la CIA o algún organismo similar evalúe que algún país de América latina representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense para que se avance con ataques preventivos hacia esa nación. La avanzada puede ser brutal, como en Irak, o más sofisticada, ejecutando tareas que desestabilicen a un gobierno popular. Una conspiración que nunca descansa.

 

Todos bajo la lupa

 

A partir de las revelaciones de Edward Snowden, el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, se descubrió un manto que confirma la red de espionaje del gobierno de Barack Obama. Todo comenzó cuando le ofreció a The Guardian y The Washington Post la publicación de documentos e información confidencial. Siguió con el episodio del secuestro del presidente Evo Morales luego de visitar Rusia, donde se suponía que estaba Snowden, cuando no le permitieron usar el espacio aéreo de España, Italia, Portugal y Francia por sospechar que estaba escondido en su avión. El hecho mereció el repudio de todos los mandatarios de la Unasur que se reunieron en forma urgente en Bolivia, para brindar apoyo a Evo. Mientras Snowden buscaba asilo político y con Estados Unidos tratando de cazarlo en todo el planeta, hace pocos días volvió a revelar nuevos documentos, esta vez fueron publicados en el diario brasileño O Globo. Se conoció que la red de espionaje de Estados Unidos se expandió por toda América latina, operando fuertemente en Brasil, México y Colombia, pero con una rigurosa vigilancia en países como la Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, Perú y Panamá. Los datos confirman el espionaje vía satélite de comunicaciones telefónicas, correos electrónicos y conversaciones online, hasta por lo menos marzo de este año. El monitoreo se realizaba a través de los programas de software: el Prism (Prisma) que permite el acceso a e-mails, conversaciones online y llamadas de voz de usuarios de Google, Microsoft y Facebook y el Boundless Informant (Informante Sin Límites), que permitían violar toda clase de comunicaciones internacionales, faxes, e-mails, entre otros. Los temas más controlados por los espías fueron petróleo y acciones militares en Venezuela, energía y drogas en México, un mapeo de los movimientos de las FARC en Colombia, además de la agonía y muerte de Hugo Chávez.

 

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner mostró su preocupación en el acto del 9 de julio en Tucumán y señaló: “Me corre frío por la espalda cuando nos enteramos que nos están espiando a todos a través de sus servicios de informaciones. Más que revelaciones, son confirmaciones que teníamos de lo que estaba pasando”. De paso, aprovechó para hacer un llamado de atención: “Los gobernantes de los pueblos de la América del Sur, que hemos dado batalla en esta década incluyendo a millones de compatriotas, tenemos el deber de mirar lo que está pasando y unir nuestras fuerzas”. El viernes se reúnen los representantes del Mercosur y la Presidenta espera “un fuerte pronunciamiento y pedido de explicaciones” al gobierno de Obama.

 


Por Adrián Murano
Revista Veintitrés

Publicado enInternacional
Domingo, 07 Julio 2013 06:43

Bajo la vigilancia de los Cinco Ojos

Bajo la vigilancia de los Cinco Ojos

La opinión pública y la clase política de Gran Bretaña y Estados Unidos quizá no quieran llegar a comprender nunca del todo la importancia del torrente de revelaciones sobre las escuchas electrónicas en todo el mundo que ha denunciado el exespía fugitivo Edward Snowden, pero para el resto del mundo, y en especial para Europa, es un momento trascendental.

 

Los líderes políticos europeos deben hacerse una serie de preguntas: ¿Desde cuándo los derechos humanos no son universales? ¿Cuándo y cómo decidió el mundo no anglosajón renunciar a los derechos de propiedad intelectual, la confidencialidad comercial y la privacidad personal a cambio del privilegio de almacenar o procesar sus datos en Estados Unidos?

 

Los documentos filtrados revelan el secreto del que se rodearon Estados Unidos y Gran Bretaña para concederse poderes legales que les autorizaban a espiar todas las comunicaciones personales y comerciales de cualquier sistema mundial de telecomunicaciones que estuviera a su alcance. Que las comunicaciones intervenidas tuvieran o no alguna relación con el terrorismo o la delincuencia era algo desconocido e irrelevante. Todo era susceptible de ser examinado. Sin órdenes judiciales.

 

Dicho de otra forma, los servicios secretos británicos han prostituido la situación geográfica del país y la facilidad que le proporcionaba para reunir datos europeos con el fin de reivindicar un poder secreto: el hecho de que el Reino Unido se ha convertido en una superpotencia mayor que Estados Unidos en espionaje de Internet.

 

Los Cinco Ojos son los servicios de inteligencia de señales (SIGINT) de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Engloban la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) y el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno británico (GCHQ). En los documentos se encuentran numerosos comentarios informales que demuestran que la mayor satisfacción, para los agentes de los servicios de inteligencia, es vigilar todo, franquear el mayor número posible de sistemas de privacidad.

 

Los papeles muestran que los miembros de los Cinco Ojos parecen competir entre sí por ser los más poderosos en su mundo supranacional y secreto. También enseñan que, aunque se aplican con precisión las normas legales cuando intervienen comunicaciones de sus propios ciudadanos, no tienen ese cuidado, en absoluto, cuando se trata de ciudadanos extranjeros.

 

Según los documentos filtrados por Snowden, hoy, mañana y todos los días desde hace tres años, cualquier dato, correo electrónico, archivo o mensaje de texto que sale de Europa para su tratamiento en Estados Unidos tiene muchas probabilidades de que lo copie y lo analice un sistema de vigilancia británico cuyo nombre en clave es Tempora.

 

La vigilancia abarca redes de correo electrónico de empresas estadounidenses como Google y Microsoft y el sistema de telefonía por ordenador Skype, además de llamadas telefónicas corrientes que se dirigen a Estados Unidos o cruzan el país debido a la enorme capacidad de tráfico de datos a través del Atlántico norte.

 

Cada elemento de información enviado a través de los enlaces intervenidos se copia y se retiene durante tres días mientras los ordenadores de los servicios de inteligencia británicos lo examinan y extraen la información sobre los remitentes y los destinatarios. Luego se selecciona el contenido de algunas comunicaciones concretas para guardarlo de manera indefinida.

 

El resto, la información sobre quién ha llamado a quién o quién se ha conectado con quién, se filtra y se transfiere a otro sistema de almacenamiento informático. Después de clasificarla y filtrarla, la información de Tempora pasa a formar parte de una gigantesca base de datos común sobre quién ha llamado a quién o quién se ha conectado con quién en cualquier momento y desde cualquier lugar.

 

Puede existir aún cierto grado de protección para una minoría de comunicaciones que circulan por cables submarinos que no llegan a Gran Bretaña, sino directamente de Norteamérica al continente europeo, a las costas de Francia, España y Portugal. No sabemos. Snowden seguramente sí, pero todavía no ha revelado si esos cables, cuando tocan tierra en Estados Unidos y Canadá, también están intervenidos y permiten que se capturen y procesen sus datos allí. Parece probable, dadas las costumbres de las agencias colaboradoras en otros tiempos.

 

La dimensión y la ubicuidad de este programa de vigilancia suscita un interrogante real e inmediato para los países y las instituciones europeas, porque las revelaciones de Snowden confirman también que ninguna cosa que llegue a través de Internet del extranjero a Estados Unidos o los proveedores estadounidenses de Internet va a poder seguir siendo privada.

 

Desde hace meses están en marcha unas delicadas y complejas negociaciones entre la UE y Estados Unidos sobre la protección de datos en la nube de almacenamiento y procesamiento remoto de datos. Con las revelaciones, se han sumido en el caos.

 

Los activistas británicos, alemanes y holandeses llevan mucho tiempo intentando alertar al mundo sobre la importancia de una ley actualizada que aprobó Estados Unidos en 2008 y que autoriza al gobierno federal a emitir órdenes judiciales secretas para exigir a las empresas de Internet que entreguen todos sus datos originados en el extranjero.

 

La nueva ley se aprobó en parte para legalizar la vigilancia secreta de las redes de telefonía dentro y fuera de Estados Unidos, que el Gobierno norteamericano emprendió poco después del 11-S. El sistema se conoce como "escuchas sin orden judicial". Las nuevas normas concedían a las empresas estadounidenses que hubieran cumplido las demandas secretas del gobierno de entregar los datos inmunidad procesal frente a posibles querellas de los clientes cuyos datos se copiaran.

 

El presidente Obama, que entonces era senador, votó a favor.

 

La nueva norma es la Ley de Enmienda de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISAAA, en sus siglas en inglés), aprobada en 2008. Es la versión revisada de una ley de 1978, aprobada después de que las investigaciones sobre el Watergate sacaran al descubierto programas de espionaje ilegal por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses. Las informaciones dieron pie a que el senador Frank Church, que presidía el principal comité investigador, advirtiera de que el poder de la NSA le daba "la capacidad... de implantar una tiranía total".

 

Treinta años más tarde, da la impresión de que ese era el plan.

 

No solo FISAAA no exige que la vigilancia se lleve a cabo exclusivamente en casos de terrorismo o crímenes graves, sino que especifica que autoriza todas las formas de espionaje político y económico de ciudadanos extranjeros. FISAAA protege a los estadounidenses del espionaje generalizado y sin orden judicial, pero a nadie más. En concreto, autoriza la recogida de datos sobre cualquier "organización política de origen extranjero" o que tenga que ver con cualquier "territorio extranjero y que esté relacionada con la política exterior de Estados Unidos". En la práctica, a no ser que uno sea ciudadano estadounidense y viva en Estados Unidos, no hay ningún límite.

 

El hecho de que Estados Unidos siempre ha llevado a cabo ese espionaje lo reconoció en marzo de 2000 el exdirector de la CIA James Woolsey cuando respondió al informe del Parlamento Europeo sobre la red Echelon de espionaje de los satélites comerciales de comunicaciones (yo fui el autor de dicho informe).

 

Al explicar "por qué espiamos a nuestros aliados", Woolsey bramó y añadió: "Sí, amigos del continente europeo, os hemos espiado. Y es verdad que usamos ordenadores para clasificar los datos mediante palabras clave". Dijo que lo hacían porque, en su opinión, las empresas europeas pagaban sobornos.

 

El informe sobre Echelon derivó en la presentación de numerosas recomendaciones de sobre protección de la privacidad y seguridad comercial en el Parlamento Europeo. Todas se aprobaron en 2001. Seis días después, los terroristas golpearon Nueva York y Washington. Y las recomendaciones quedaron olvidadas, hasta ahora.

 

Los defensores europeos de los derechos digitales alegan que FISAAA autoriza "la vigilancia general de ciudadanos no estadounidenses por parte de servicios de seguridad estadounidenses" y que es incompatible con los derechos fundamentales establecidos en la Carta Europea de los Derechos Fundamentales y el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

 

En vista del caso Echelon y otras controversias anteriores, la comunidad internacional sospecha desde hace decenios que la organización global de escuchas electrónicas dirigida por los anglosajones ha obtenido acceso secreto a prácticamente todas las comunicaciones civiles y militares del mundo y con fines muy diversos; no solo para combatir el terrorismo y el crimen, que están dispuestos a confesar, sino también para obtener informaciones económicas, políticas y personales de todo tipo.

 

Estas sospechas se han visto confirmadas por la abundancia de documentos ultrasecretos que Snowden ha entregado a los periódicos británicos y estadounidenses. Políticos alemanes de todas las áreas del espectro político, incluida la ministra de Justicia Sabine Leutheusser-Schnarrenberger, han calificado las acciones de británicos y estadounidenses de "catástrofe".

 

Las revelaciones de Snowden confirman hasta qué punto los servicios de SIGINT han integrado a su personal, sus sistemas de vigilancia y sus actividades de espionaje. Aunque Snowden es estadounidense y trabajaba en Hawai, al parecer tenía acceso a una gran variedad de documentos ultrasecretos que eran obra y parte del GCHQ británico. Entre ellos están los informes de una gran operación de vigilancia contra las delegaciones invitadas a la cumbre del G20 celebrada en Londres en 2009. Los blancos del espionaje eran, todos, socios de Estados Unidos y Gran Bretaña, además de otros Estados más pequeños como Turquía y Suráfrica.

 

El gobierno británico ha puesto como condición para conceder licencias de cables submarinos que, cuando esos cables lleguen a suelo británico, haya siempre dos conexiones en la costa. Un enlace va al teléfono o la red de internet normales; el otro va en secreto a unos centros de inteligencia situados en Buda, en la costa oeste de Cornualles, o a la sede el GCHQ en Cheltenham, en el centro de Inglaterra. Otras bases de recogida de datos están situadas en Chipre y en la Isla de la Ascensión, en el Atlántico sur.

 

Otra gran base más de escucha que posee en Estados Unidos se encuentra en el norte de Inglaterra, en Menwith Hill, Yorkshire. Está especializada en interceptación de satélites, y al parecer logró intervenir las llamadas del presidente ruso Putin durante su asistencia a la cumbre de 2009.

 

Snowden ha dado a conocer asimismo detalles de un programa de la NSA llamado Prisma, que permite a los agentes de Estados Unidos y los demás países de los Cinco Ojos tener acceso a los historiales completos y el contenido de nueve grandes empresas de servicios de Internet, entre ellas Google y Facebook.

 

Los ciudadanos estadounidenses se han enterado, gracias a las revelaciones, de que sus comunicaciones privadas no han quedado totalmente a salvo de la vigilancia de la NSA. El primer dato que se dio a conocer fue una orden judicial secreta, renovada de forma automática cada tres meses, que exige que la compañía telefónica Verizon entregue todos los registros de llamadas al FBI y la NSA. La filtración de la orden confirmó que las empresas telefónicas de Estados Unidos han estado entregando sistemáticamente toda la información sobre todas las llamadas de teléfono hechas y recibidas en Estados Unidos. La costumbre, que comenzó por orden del presidente Bush tras el 11-S, ha continuado y se ha ampliado con el presidente Obama.

 

Si bien las autoridades británicas y estadounidenses alegan que han actuado dentro de la ley y para proteger a la sociedad, no parecen muy interesadas por el daño que hacen a las sociedades democráticas y la libertad de expresión solo con la existencia de su sistema de espionaje. La vigilancia generalizada y sin objetivos específicos conduce de inmediato a la autocensura, la inhibición de la disidencia y, en los casos más extremos, la restricción de la libertad de reunión y la libertad de comunicación.

 

Las peores víctimas son el discurso democrático y la participación ciudadana. Los activistas como el experto británico en privacidad Caspar Bowden dicen que "todavía estamos a tiempo de despertarnos e interrumpir nuestra larga marcha sonámbula hacia una irreversible pérdida de soberanía sobre nuestros datos en la nube". Para que sea así, las instituciones de la UE tendrán que actuar de manera decisiva y detener la invasión de nuestra privacidad que nos llega del otro lado del canal de la Mancha.

 

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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Obama no cree que se haya violado el derecho a la privacidad en EU

El presidente estadunidense, Barack Obama, no cree que el recientemente revelado programa secreto de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) para vigilar registros telefónicos y datos de Internet haya violado los derechos a la privacidad de los estadunidenses, afirmó hoy Denis McDonough, su jefe de gabinete.

 

En declaraciones al programa Face The Nation de la cadena CBS, McDonough también señaló que no conoce el paradero de Edward Snowden, el ex contratista de la NSA y ex agente de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) quien dijo ser la fuente de reportes del diario británico The Guardian y del Washington Post sobre el programa de la agencia conocido como PRISM.

 

Cuando se le preguntó si Obama siente que ha violado la privacidad de los estadunidenses, McDonough declaró: “No, él no lo siente así”.

 

Si bien defendió el plan de vigilancia, McDonough dijo que “la existencia de estos programas obviamente ha puesto nerviosa a mucha gente”. Indicó que Obama “recibe con beneplácito el debate público sobre este tema porque él cree que debemos hallar el equilibrio correcto, y no nos mantendremos perpetuamente en pie de guerra”.

 

“Si pudieran ver la cantidad de complots frustrados”

 

Las revelaciones del programa de supervisión de datos telefónicos y de Internet de la NSA han motivado críticas contra el gobierno de Obama de que habría ampliado el aparato que el republicano George W. Bush construyó después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

 

“Le debemos al pueblo estadunidense un debate pleno y abierto sobre la extensión de estos programas”, dijo el senador demócrata Mark Udall, crítico de larga data de los planes de vigilancia, en el programa Meet the Press de NBC.

 

Al describir las actividades que supervisa la secreta Corte de Vigilancia de Inteligencia Internacional, Udall dijo: “no creo que este sea el enfoque estadunidense ante un mundo en el que tenemos grandes amenazas. Mi primera meta es proteger al pueblo estadunidense, pero podemos hacerlo de una forma que también respete nuestras libertades civiles”.

 

El presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Rogers, defensor de los esfuerzos de vigilancia, indicó a la cadena CNN que la NSA entregará información sobre amenazas terroristas que fueron evitadas por el programa.

 

“Nosotros sabemos que hay decenas de ellas, y la razón por la que están siendo cuidadosos es porque queremos que cada una de estas instancias sean dadas a conocer, ojalá, a principios de la próxima semana para ser tan precisos como podamos y no revelar una fuente o método de cómo interrumpimos el ataque exactamente”, dijo Rogers.

 


“Si pudieras ver tan sólo el número de casos en que hemos podido detener un complot, creo que los estadunidenses llegarían a una conclusión diferente de toda la retórica engañosa que he escuchado durante las últimas semanas”, aseveró Rogers, quien agregó que espera que Snowden, cuya última ubicación conocida es Hong Kong, aún se encuentre en algún lugar de China.

 

El ex vicepresidente republicano Dick Cheney defendió este domingo los programas de espionaje de comunicaciones al asegurar que son necesarios para prevenir ataques.

 

Cheney desempeñó un papel clave durante el gobierno de Bush, que desarrolló y aprobó los programas de vigilancia de la NSA.

 

“La razón por la cual comenzamos con eso, es que fuimos atacados, peor que Pearl Harbor”, afirmó Cheney a la cadena Fox News, al referirse al 11 de septiembre de 2001.

 

En cuanto a las críticas contra los programas, Cheney sostuvo: “Existe la idea de que obtuvimos información personal sobre la tía Fanny o Chris Wallace o quienquiera que sea. Pero no es verdad, así no funcionan las cosas” y calificó a Snowden de “traidor”, al indicar que “cometió crímenes y violó acuerdos dada la posición que tenía”.

 

A todo esto, el diario británico The Guardian informó este domingo que el gobierno británico ordenó espiar las llamadas telefónicas de políticos extranjeros que participaron en la cumbre del Grupo de los 20 (G-20) en Londres en 2009, entre ellos el entonces presidente ruso Dmitri Medvediev.

 

Los documentos secretos de la NSA filtrados por Snowden y obtenidos por el rotativo revelan que durante las reuniones del G-20 en abril y septiembre de 2009 el servicio de inteligencia británica Government Communications Headquarters, utilizó “métodos innovadores de espionaje” para interceptar las comunicaciones de las delegaciones extranjeras que acudieron al encuentro.

 

Los documentos sugieren que la operación fue aprobada al más alto nivel, directamente por la administración del entonces primer ministro Gordon Brown.

 

Esta filtración ocurre en momentos en que se alista la cumbre de los países del Grupo de los Ocho (G-8), que tendrá lugar este lunes en Irlanda del Norte, lo que podría provocar cierta tensión entre los delegados que tendrán la oportunidad de preguntarle al primer ministro británico, David Cameron, por qué fueron espiados en 2009 y si esto va a repetirse, según algunos analistas.

 

Reuters, Notimex y Afp

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Ciberespionaje financiero por Prisma/NSA/Israel/Grupo Carlyle

El superescándalo or­we­lliano Prisma –hurto de datos privados sin el obvio consentimiento de los inermes ciudadanos globales mediante la colusión cibernética entre EU e Israel (Bajo la Lupa, 12/6/13)– ha ultrajado a muchos países afectados, como India, China y la Unión Europea (UE).

 

Hasta ahora no ha salido ninguna protesta informal, menos formal, del “México neoliberal itamita” cooptado con la presunta presencia de un topo en Cofetel bajo la ignominiosa “ley Telecom” que entrega la ciberseguridad nacional al cibercomando de EU, cuyo director es el mismo de la NSA: encargada del desciframiento criptológico de datos sensibles, que incluyen la base de datos funancieros susceptibles de alterar el curso de las cotizaciones bursátiles. El ultraje global hace bola de nieve y el nuevo ciberhéroe Edward Snowden vuelve a atizar el superfuego de Prisma al revelar el ciberespionaje de Estados Unidos (EU) a varios sitios estratégicos de China ( Foreign Policy: 10/6/13; SCMP: 12/6/13, y Global Times/ People’s Daily: 13/6/13), en colusión con la mafia china Tríada, lo cual profundiza las acusaciones mutuas que se han desencadenado entre Washington y Pekín.

 

Mientras el gran periodista Glenn Greenwald, de The Guarͭdian (que desató la tormenta perfecta), promete mayores revelaciones estrujantes, una parte del escándalo orwelliano de Prisma que versa sobre la captura de los secretos financieros, ha sido poco abordada debido a su carácter especializado y que ya había adelantado con la instrumentación del SOPA/CISPA (“Ciberseguridad: ‘Momento Pre-11/9’, según el Pentágono”, Bajo la Lupa, 21/10/12) y el manejo oligopólico de las supercomputadoras y sus cotizaciones en nanosegundos mediante el llamado high frecuency trade (HFT: mercado de alta frecuencia) del que dependen 60 por ciento los intercambios accionarios en EU y la UE: hoy instantáneamente preprogramados con algoritmos.

 

En mi ponencia premonitoria “La Internet: el control geopolítico de EU” en la UAM-X (Ba­jo la Lupa, 21/10/12) advertí que “el senador demócrata Ron Wyden condenó a CISPA por crear un ‘complejo ciberindustrial’ que permitirá al gobierno y al big business lucrar con la información personal (sic) de cualquier ciudadano con conexión a Internet”. Wyden afirmó que “la industria de ciberseguridad se beneficia del miedo y secuestra los datos privados de los ciudadanos”. Snowden, tras haber laborado para la CIA, acaba de ser despedido de la sede en Hong Kong de la misteriosa “consultora” Booz Allen Hamilton, asentada en Virginia (no muy lejos de la matriz de la “central de espionaje”) –que no pocos señalamos como excrecencia de la legendaria CIA– que “asesoró” a los gobiernos panistas de la entreguista dupla Fox/Calderón.

 

Ahora resulta que el polémico Grupo Carlyle –firma de inversiones ( equity firm) que maneja 176 mil millones de dólares (¡uf!) a mayoría texana controlada por el nepotismo dinástico de los Bush con el ex premier británico John Mayor, a quien se le deben muchos favores militares “globales”–, es el principal tenedor de las acciones (69 por ciento) de la misteriosa consultora Booz Allen Hamilton (Dealbook/NYT, 10/6/13; The Washington Post, 11/6/13 y The New American, 13/6/13).

 

Llama la atención que el polémico Luis Téllez Kuenzler, presidente de la Bolsa Mexicana de Valores –donde han ocurrido varias interrupciones extrañas del sistema operativo que naturalemente benefician a “alguien” y perjudican a “otros” en sus cotizaciones volátiles– haya pertenecido al siniestro Grupo Carlyle. ¿Forman parte del operativo Prisma tanto Téllez como Cofetel con su presunto “topo” muy expuesto y entrenado en Israel?

 

The Washington Post señala que “las revelaciones de NSA colocan a Booz Allen Hamilton y al Grupo Carlyle bajo una inconfortable luz pública”. Grupo Carlyle se nutre del sector militar y se consagra a comprar y vender de todo: desde refinerías hasta ferroviarias. La principal característica de la dupla Booz Allen Hamilton/Grupo Carlyle: “convierten los secretos del gobierno en ganancias”. ¡Así cualquiera!

 


Booz Allen Hamilton, con 24 mil 500 empleados (¡supersic!), que acaba de abrir una oficina en Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos) para la lucrativa venta de armas en el Golfo Pérsico, fue adquirida en 2 mil 540 millones de dólares por Grupo Carlyle en medio de la crisis de 2008 y obtuvo ingresos por 5 mil 800 millones de dólares al cierre del reciente año fiscal. Son evidentes los nexos del ciberespionaje Prisma con los complejos militares de EU e Israel.

 

 

Ya repasamos el control de Ve­rint por el complejo cibermilitar de Israel, mientras Narus, otra trasnacional israelí implicada en Prisma, fue cofundada por Ori Cohen –anterior vicepresidente de VDONet–, cuenta con una supercomputadora instalada en el gigante de telecomunicaciones AT&T y tuvo como su director a William Crowell, anterior vicedirector de NSA, lo cual exhibe la ciberbidireccionalidad de EU/Israel. Narus fue comprada por Boeing, firma mayúscula del complejo militar-industrial de EU.

 

En forma perturbadora, Business Insider (12/6/13) expone cómo “la elite de mercaderes de acciones tienen acceso a los datos antes que nadie”. La agencia británica Thomson Reuters, en connivencia con la Universidad de Michigan, suple varios parámetros a sus selectos suscriptores mediante su “latencia ultrabaja” de información privilegiada de cinco minutos (sic) antes de que llegue al público cuando “dos segundos (sic) en el tiempo de HFT es una eternidad”. Moraleja: la divulgación selectiva de datos secretos privados/públicos capturados ilegalmente por el ciberespionaje dual de EU/Israel Prisma (Googgle, Face­­book, Yahoo, Microsoft, Skype, AOL, Apple) gracias a las hazañas y sañas de la CIA/NSA/Mossad ostentan además un valor descomunal agregado y multiplicado por la azorante tecnología de las supercomputadoras que cotizan mediante su imbatible HFT con sus fulminantes dados y dedos cargados.

 

Dedefensa.org (11/6/13), think tank europeo que ha consagrado mucho espacio al superescándalo Prisma –quizá el mayor de la historia de la humanidad por sus alcances totalitarios de orwelliana ciberpolicía global– expone el singular punto de vista de Max Keiser, anterior mercader de Wall Street que brinda su célebre Reporte Keiser para Russia Today (que tiene una audiencia excepcional en Youtube).

 

Dedefensa presenta a Keiser como “especialista de tecnologías virtualistas y del dinero virtual del circuito financiero (nota: el inescrutable bitcoin) y asesor de la prospectiva de los mercados bursátiles”. Keiser juzga que el asunto Prisma/Snowden es el “momento Cronkite” de la guerra contra el terror con sus consecuencias”. Cronkite fue el célebre comentarista de CBS quien definió en la primavera de 1968 que EU no podía ganar la guerra en Vietnam, lo que obligó al presidente Johnson a una graciosa fuga en do mayor.

 

En forma similar, a juicio de Keiser, la develación de Prisma socava la confianza en la capacidad de Obama para conducir su política interna/externa con la afectación concomitante del volátil mercado de Bonos del Tesoro.

 

Keiser devela el desprendimiento de buena parte de sus bonos por Bill Gross, director de Pimco (mayor tenedor de bonos del mundo), quien confesó haber participado en la “ingeniería de una puerta trasera para la base de datos y la información sensible (sic)de 50 empresas de EU para los manipuladores del mercado y el uso de HFT con el fin de alterar las cotizaciones” a conveniencia. ¡Demoledor!

 

El crimen muy bien organizado de la plutocracia global, apuntalado por el ciberespionaje dual de EU/Israel, gobierna las bolsas mundiales: otro totalitarismo financierista.

 

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Lunes, 10 Junio 2013 07:16

Hermano mayor

Hermano mayor

Esta columna muy posiblemente ya fue revisada por el gobierno de Estados Unidos antes de ser publicada y los lectores de este periódico, al igual que millones de personas en el planeta, que hayan utilizado servicios cibernéticos o telefónicos para comunicarse, ahora tendrán que suponer que también están bajo vigilancia.

 

El hermano mayor (Big Brother) nos escucha, nos observa cuando quiere, sin previo aviso, para ver si estamos creando algo, comentando algo, expresando ira o amor, bromas o propuestas o, peor, filtrando algo que no quiere que se sepa. Eso fue lo que se nos reveló la semana pasada.

 

Cuando The Guardian y el Washington Post divulgaron la noticia explosiva de que el gobierno de Barack Obama, específicamente la agencia de inteligencia más grande y más secreta, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), tenía la capacidad no sólo de revisar la entrada y salida de llamadas manejadas por la gigantesca empresa de telecomunicaciones Verizon para millones de sus clientes, sino que podía ver el contenido de cualquier comunicación –sea chat, correo, fotos, videos y más– que se maneja por nueve de las principales empresas del mundo cibernético: Microsoft, Google, Yahoo, Facebook, Skype, en este país reapareció el fantasma creado por George Orwell.

 

Tal vez la frase más escalofriante fue la del que filtró esta información, quien este domingo reveló su identidad en The Guardian: Edward Snowden, de 29 años, quien ha trabajado en la NSA durante cuatro años como contratista privado y decidió filtrar la información sobre el programa secreto porque estaba “horrorizado” por su alcance y su intrusión en la privacidad, y quien señaló al Post: “literalmente pueden observar cómo formas tus ideas mientras tecleas”.

 

Al estallar la controversia y alarma entre defensores de las libertades civiles, el gobierno de Obama fue obligado a confirmar la existencia de estos programas, aunque aseguraron que no tenían tal alcance, que el gobierno no obtiene esta información de manera unilateral, sino que las empresas cooperan por orden judicial (de un tribunal secreto), en consulta con legisladores y sólo cuando existe un propósito de “inteligencia extranjera”. Indicó que todo es legal de acuerdo con el Acta Patriota y que el programa ha sido “vital” para proteger la seguridad del país.

 

Obama defendió el programa con las mismas justificaciones que antes usaba George W. Bush, y que él mismo criticó como candidato: se tiene que hacer esto para defender al país del “terrorismo”. El presidente dijo que los ciudadanos “tienen que tomar decisiones” entre la privacidad y la seguridad, y aseguró: “nadie está escuchando tus llamadas telefónicas”. El colmo fue cuando se atrevió a afirmar: “confíen en mí, estamos haciendo lo correcto. Sabemos quiénes son los malos”.

 

La página editorial del New York Times, la más influyente del país, y una que suele apoyar a Obama, expresó, ante estos argumentos, que “este gobierno ha perdido toda credibilidad”, al afirmar que Obama está comprobando que el Ejecutivo “utilizará todo poder que le es otorgado y muy probablemente abusará de él”.


Recientemente, cuenta Jane Mayer, de The New Yorker, un ex oficial de la NSA decidió jubilarse porque temía que los programas de “minar datos” eran ya tan amplios que podrían “crear un estado orwelliano”.

 

Ante todo esto, el gobierno de Obama no sólo intentó defenderse, sino que, como siempre, también atacó a los mensajeros. Acusó que quienes filtran información hacen favores al “enemigo” y ponen en riesgo a su país. James Clapper, director de Inteligencia Nacional, no dudó en llamar las filtraciones “reprensibles” y acusó que “divulgar información sobre los métodos específicos que el gobierno utiliza para recaudar comunicaciones obviamente puede darle un manual a nuestros enemigos sobre cómo evadir la detección”.

 

Vale recordar que este gobierno actualmente procede penalmente contra el doble de filtradores que el total combinado de todos los presidentes en la historia. El de mayor perfil hoy día es la corte marcial contra Bradley Manning.

 

Y eso que Obama, cuando fue candidato presidencial, elogió a cualquier funcionario que actuaba para el bien público, considerando que éstos eran “actos de valentía y patriotismo” que no deberían ser reprimidos “como lo han sido durante el gobierno de Bush”.

 

Glenn Greenwald, uno de los periodistas de The Guardian que divulgó la información sobre los programas de espionaje de comunicaciones la semana pasada (y prometen más), escribió este fin de semana que los que filtran información están bajo ataque de este gobierno y “son héroes”, ya que “a gran riesgo personal y sacrificio lo hicieron por una gran razón: dar a conocer a sus conciudadanos lo que el gobierno realiza a oscuras. Su objetivo es educar, democratizar y hacer que los que están en el poder rindan cuentas”.

 

Greenwald denuncia que al amenazar “investigaciones”, el gobierno busca “disuadir e intimidar” a cualquiera que desea transparentar el poder. “La manera en que deben de funcionar las cosas es que nosotros deberíamos saber casi todo lo que ellos hacen: por eso se llaman servidores públicos. Ellos deberían saber casi nada de lo que nosotros hacemos: por eso nos llaman individuos privados. Esta dinámica –la definición de un sociedad saludable y libre– ha sido radicalmente revertida. Ahora ellos saben todo lo que hacemos… Mientras nosotros sabemos cada vez menos lo que ellos hacen”.

 

Unos seis años después de que Obama llegó a la Casa Blanca con la promesa de poner fin a las políticas abusivas de Bush y asegurar que encabezaría un gobierno transparente que respetara la privacidad individual y la libre expresión, hoy es cada vez más difícil identificar qué hay de diferente en este rubro.

 

De hecho, en un tuit, el ex secretario de prensa de Bush, Ari Fleischer, comentó: “ataques con drone, intervenciones de comunicaciones, Gitmo (Guantánamo). O está llevando a cabo el cuarto periodo (presidencial) de Bush”, refiriéndose a Obama.

 

Tal vez la diferencia es un secreto de Estado.

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