Carta desde... Finlandia, la paradoja de la felicidad

Cada mañana, en la pequeña calle en la que vivo a las afueras de Helsinki, se repite la misma escena adorable. Los niños caminan al colegio, algunos solos, otros en grupos de dos o tres, con las mochilas balanceándose en sus espaldas. Los más pequeños tienen siete años y su mochila es casi tan grande como ellos mismos.


Camino a la escuela, hay un paso de peatones. Los conductores reducen la velocidad y, cuando ven a los niños, se detienen para cederles el paso. Quien no se detiene para dejar pasar a un niño es considerado maleducado. Pero en la mayoría de los casos, el niño cruza, saluda con la mano al conductor y sigue caminando hacia uno de los mejores sistemas de escuelas primarias del mundo.


El área metropolitana de Helsinki tiene una población de más de un millón de personas. Pero los niños de siete años van solos a la escuela. Por segundo año consecutivo, Finlandia ha sido elegido el país más feliz del mundo y todo se reduce a esto: lo segura que es aquí la vida.


La sociedad también es segura y, sobre todo, estable. En general, la gente es honesta. Si se te cae la cartera en la calle, es bastante probable que la recuperes con todo lo que tenías dentro. En cuanto a la corrupción, Finlandia también encabeza el ránking de honestidad. El campo no está contaminado y es muy sencillo estar en contacto con la naturaleza. La mayoría de finlandeses viven a no más de 30 minutos del bosque.


La riqueza está distribuida de forma muy equitativa, en términos globales, aunque entre los finlandeses no exista esta percepción. Cada año se publican las declaraciones de la renta del ejercicio anterior y, entonces, los medios de comunicación arden y la gente se horroriza de la cantidad de gente rica que hay en el país. Los finlandeses más listos simplemente se ríen y lo llaman el Día de la Envidia Nacional. Todo el mundo saca el móvil y lee artículos sobre declaraciones de la renta de otras personas.


Las declaraciones de la renta son públicas porque la población cree de verdad que el acceso abierto a la información da buenos resultados. Cualquiera que lo considere importante, puede averiguar cuánto dinero gana su vecino, su primo o sus colegas. Sin embargo, nadie cree que, en comparación con otros países, los finlandeses ganen mucho dinero. Por lo menos, no tanto como los suecos o los daneses, y ni hablar de los noruegos. Nos va bien y ya está.


Finlandia es una sorprendente historia de éxito en la periferia norte de Europa, y es sorprendente porque no había mucho con lo que empezar. La segunda estrofa de nuestro himno nacional, escrito en los años 1840, comienza así: "nuestra patria es pobre y así permanecerá". Aunque no se suele cantar esta segunda estrofa.


En la década de 1860, Finlandia sufrió la última hambruna europea debida a causas naturales. Cuando Finlandia se independizó en 1917, la consecuencia inmediata fue una guerra civil, que resultó una de las más sangrientas y crueles. Hace cien años Finlandia tenía casi todas las características de un país abocado al fracaso. Pero muchas cosas han mejorado desde el entonces hasta hoy, que somos la nación más feliz del mundo.


Pero, ¿realmente lo somos?


Finlandia también sufre de un extraño conflicto que le es familiar a muchos otros países europeos. Algo que podría llamarse la paradoja de la felicidad.
La gran mayoría de los habitantes, en términos objetivos, tiene una calidad de vida mejor que la de casi todo el resto del mundo, de cualquier época de la historia. Década tras década, el nivel educativo de la población ha progresado y la gente es más sana y vive más tiempo.


Sin embargo, existe también un perturbador clima de insatisfacción.


Finlandia es un país basado en una democracia progresista y una economía de mercado. Todo país pequeño debe tener apertura y una estrategia internacional.


Puede que a las personas que han nacido en países grandes les cueste comprender esto. Quizá Alemania o Francia se las puedan arreglar solos, y el Reino Unido está planeando intentarlo, pero Finlandia, con su población de 5,5 millones de habitantes, no puede darse ese lujo.


Sin influencias foráneas, nuestro país se pudriría en su propia excelencia imaginada, y sin una industria de exportación todavía estaríamos tejiendo calcetines en la oscuridad de los inviernos sin luz eléctrica. Finlandia es uno de los campeones de la democracia progresista, la economía de mercado, la globalización y la integración europea. Y sin embargo, hay algo que cruje: la paradoja de la felicidad.


El escritor indio Pankaj Mishra llamó a nuestra época la Era de la Furia. En su libro de 2007 con el mismo título, utilizó la palabra francesa ressentiment. Quizá un término demasiado sofisticado que proviene de los textos del propio Friedrich Nietzsche. El filósofo alemán hablaba de "hombres de resentimiento" que operaban en "el tembloroso imperio terreno de la venganza subterránea, inagotable e insaciable en estallidos".


Casi parece que Nietzsche hubiera predicho el surgimiento de las redes sociales donde, desde ahora, los estallidos de furia podrían considerarse como un acompañamiento constante. La gran pregunta es cuán a menudo irrumpen en la vida real.


Se ha dicho y escrito mucho sobre la turbulencia en Europa. Los principios esenciales son los mismos en todos lados, pero en cada país esta turbulencia se manifiesta de forma diferente. El resentimiento finlandés se expresa prominentemente en forma de xenofobia. Proporcionalmente, Finlandia tiene menos inmigrantes que, por ejemplo, Suecia, Reino Unido o Alemania, y aún así los finlandeses se han colado entre los más xenófobos de Europa.


Hace poco, tras la celebración de las elecciones en Finlandia, el paisaje político comenzó a fragmentarse de una forma que recuerda a Holanda. El Partidos de los Finlandeses, la formación nacionalista en contra de la inmigración, obtuvo el 17,5% de los votos. Su consigna electoral podría traducirse como "Recuperemos Finlandia".


También se espera que a este partido le vaya bien en las elecciones europeas de mayo. Así que así es como Finlandia, el país más feliz del mundo, hará su pequeña contribución al fenómeno que Matteo Salvini espera que se traduzca en una "primavera europea".


Sería engañoso y simplista decir que sólo las formaciones populistas desahogan sus frustraciones, aunque sea una característica que se atribuyen de buen grado. Sin embargo, estos resultados ni siquiera tienen en cuenta el hecho de que un cuarto de los finlandeses no se molesta en ir a votar. Y esa cifra es de las elecciones nacionales: en las elecciones europeas, la participación es aún menor.


En general, los finlandeses parecen tener una insatisfacción mística hacia todo. Cada vez que se producen cambios de gran magnitud (como la reforma del sistema de sanidad), tienden a pensar que el resultado será un problema, no una solución.


Y esta actitud no se limita a soluciones que cuestan decenas de miles de millones de euros. Incluso el más insignificante problema puede convertirse en una batalla apocalíptica, como las comidas escolares. En Finlandia, hace décadas las escuelas ofrecen comida gratuita y ahora, con los cambios en las preferencias, se ha abierto un debate feroz en los Ayuntamientos sobre la proporción correcta de carne, pescado, comidas vegetarianas o veganas.


En medio de estas discusiones, es fácil olvidar qué gran logro es que una sociedad se haga cargo de las comidas escolares. La tragedia del país más feliz del mundo puede ser su incapacidad de recordar que es feliz.


Un abrazo,


Heikki.

Heikki Aittokoski, periodista del diario Helsingin Sanomat

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Miércoles, 06 Marzo 2019 06:25

Me importa un pepino

Me importa un pepino

Sandra Massoni sostiene que los comunicadores hoy caminan en círculos y se esfuerzan por transformar su mundo pero encadenados a la noria de la palabra escindida y vacía de comunicación.

Mientras preparo mi conferencia sobre “Comunicación y Buen vivir”, las pantallas muestran a una abuela tratando de recolectar las berenjenas que quedaron esparcidas entre las botas de los policías. Mientras planteo ejes y preguntas alternativas para mi presentación, una y otra vez aparecen las imágenes vergonzosas de estas fuerzas de choque, armadas como para la guerra y rociando gas pimienta a los huerteros. Voy a Quito a disertar en el marco de un seminario latinoamericano que intenta repensar a la comunicación en el convivir y el bien transformar. Me cuesta elegir sólo dos o tres líneas de tensión en una enorme lista de interrogantes posibles. ¿Hasta cuándo insistiremos sólo y tercamente con estas retóricas mezquinas para la vincularidad? ¿Hasta cuándo trataremos sólo con la palabra? Y en la radio suena una canción: Tú que puedes vuélvete, me dijo el río llorando… Soñé que el río me hablaba… ¿El río habla?


El trabajo de los comunicadores en estos días me parece un esfuerzo que camina en círculos como un pobre burro atado a la rueda de su molino. Y este burro en particular se esfuerza por transformar su mundo, pero lo hace encadenado a la noria de la palabra escindida–vacía de comunicación– y, por lo mismo, no logra nunca salir del círculo. A veces parece que lo tiene todo tan bien pensado –y rebuzna alto, fuerte, claro– como si eso resultara suficiente para saltar de nivel. La radio insiste: Tú que puedes…


En la Teoría de la Comunicación Estratégica Enactiva, la experiencia de la multidimensionalidad de lo comunicacional no es solo ni tampoco siempre principalmente simbólica. Porque la empatía prescinde del lenguaje. Porque la emoción es anterior al lenguaje. Lo vivo no necesita ser hablado. Pero sí necesita, en cambio, ser transitado y compartido para ser habitado... Por eso la comunicación es encuentro en la diversidad y requiere una mirada que logre prescindir de esa jerarquización escindida en la que se opera un puro dominio a partir del lenguaje como punto de vista.

 


Los memes y los chistes que empiezan a circular en las redes juegan con que cómo se les ocurre a los huerteros pretender vender lechugas sin pagar impuestos: ¿se creerán sojeros? ¿se creerán mineros?


Tú que puedes... ¿será que puedes?


Nuestros pueblos originarios, con sus profundos saberes ancestrales nos han enseñado que convivir bien es saber vivir en comunidad con todos y con todo. Somos la Pacha, somos la vida. En la comunicación habitada que propiciamos desde el despliegue de estrategias de comunicación las vibraciones son resonancias que rebasan lo narrativo. No es sólo nombre, ni es sólo forma. Soy yo sintiendo, pensando y actuando frente a esto que nos ocurre a nosotros hoy. Y en esa acción comunicacional, el gozo o la congoja surgen en el corazón, que late por el trayecto compartido, sabiendo que todo siempre seguirá mutando, porque el mundo es fluido.


Tú que puedes...


Pero no sé si me animo… Sería casi impertinente, casi como preguntarle a un pez –que está nadando– si está rodeado de agua. Imagino su respuesta, boqueando, mientras piensa y nada y nada y nada…”¿Agua? ¿Qué agua?”


Me importa un pepino, mejor tomo como eje de mi conferencia en Ecuador para hablar de la comunicación desde lo vivo a Mandelbrot y la fractalidad de lo social…


* Directora de la Maestría en Comunicación Estratégica de la UNR. Experta en comunicación y nuevos paradigmas www.sandramassoni.com.ar

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Danny Yen Sin Wong (Malasia). Ganador categoría Open Color.

Con inscripciones de fotógrafos de más de 100 países en sus 11 categorías, el jurado de la segunda edición de los Siena International Photo Awards ha tenido material de sobra para seleccionar las imágenes ganadoras. Los premiados fueron revelados en una ceremonia celebrada en Siena, Italia el 29 de octubre y los vencedores tendrán sus imágenes expuestas hasta el 30 de noviembre en la exposición Beyond the Lens organizada durante el Siena Art Photo Travel Festival.

Aunque sólo es la segunda edición del concurso, la amplitud y calidad de las fotografías ya lo ha convertido en un elemento esencial de la comunidad fotográfica internacional. Viajes, naturaleza, personas y retrato, arquitectura, vida salvaje, son sólo algunas de las categorías que agrupan las fotografías. Algunas, como The Power of Nature de Giuseppe Mario Famiani, demuestran la increíble fuerza de nuestro entorno, mientras que otras, como Refugee Stream, de Jacob Ehrbahn, captan el triunfo del espíritu humano sobre la adversidad. A continuación destacamos algunas de nuestras favoritas del impresionante concurso de este año.

 

Leyla Emektar (Turquía). Ganador categoría Travel.

 



Giuseppe Mario Famiani (Italia). Ganador categoría Nature.




Greg Lecoeur (Francia). Siena Photographer of the Year.

 

Marcin Ryczek (Polonia). Ganador categoría Open Monochrome.

 

Audun Rikardsen (Noruega). Ganador categoría Wildlife.

 


Audun Rikardsen (Noruega). Ganador categoría Sport.

 

Jacob Ehrbahn (Dinamarca). Ganador categoría Storyboard.

 


Gianluca De Bartolo (Italia). Ganador categoría Wine.

Mike Hollman (Nueva Zelanda). Ganador categoría Architecture.

 


Jiming Lv (China). Ganador categoría People & Portrait.

 


Krishna Vr (Mexico). Ganador categoría Under 20.

 


Antonius Andre Tjiu. Tercer puesto categoría Travel.

Isa Ebrahim. Mención de honor categoría Travel.

 

Hong Ding. Mención de honor categoría Travel.

Isa Ebrahim. Tercer puesto categoría Open Color.

 


Fuyang Zhou. Premio extraordinaro categoría Open Color.

Ali Al Jajri. Finalista categoría Architecture.

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Martes, 07 Abril 2015 19:03

La vida cotidiana de Palestina

La vida cotidiana de Palestina

Desde una mujer recogiendo aceitunas de sus olivos en Cisjordania hasta una familia refugiándose de la lluvia en la ciudad de Gaza, los fotógrafos de la agencia AP capturan a diario las más diversas escenas de la vida cotidiana de Palestina.

 

Cubadebate les ofrece una selección de las imágenes más recientes publicadas por la agencia.

 

Un palestino reza en una mezquita en Beit Lahiya, norte de la Franja de Gaza. (Foto AP / Lefteris Pitarakis)

 

 

Naeema Abu Shaweesh, derrama agua sobre sus hijos fuera de su casa en la ciudad de Gaza. (Foto AP / Hatem Moussa)

Niños palestinos salen de la escuela. (Foto AP / Bernat Armangue)

 

Un trabajador agrícola trepa a un árbol de palma. (Foto AP / Hatem Moussa)

 

Una mujer palestina ordena aceitunas durante la recogida de la aceituna en la aldea cisjordana de Kabatyeh, cerca de Jenin, 08 de octubre de 2012. (Foto AP / Mohammed Ballas)

 


Una mujer palestina recoge aceitunas de sus olivos en la aldea cisjordana de Qariout, cerca de Naplusa el 13 de noviembre de 2009. (Foto AP / Muhammed Muheisen)

 

 

Palestino Eyad Umm, 45, vierte las aceitunas de un cubo cogió antes de la clasificación de las hojas, durante la cosecha en las afueras de la ciudad cisjordana de Ramallah, el 27 de septiembre de 2010. (Foto AP / Muhammed Muheisen)

 

 

Imanes para la venta se muestran en el coche de un hombre palestino en el puesto de control de Kalandia, entre Jerusalén y la ciudad cisjordana de Ramallah, el 13 de agosto de 2010. (Foto AP / Bernat Armangue)

 

Una niña palestina lee el Corán en la primera de Shaban mes en la ciudad cisjordana de Nablus, Palestina el 1 de junio de 2014. (Foto AP / Nasser Ishtayeh)

 

Una familia palestina cubre a sí mismos de la lluvia en el puerto de Gaza, en la ciudad de Gaza, 15 de febrero de 2014. (Foto AP / Hatem Moussa)

 


Un gato duerme junto a un arma Kalashnikov en un puesto de control de seguridad de Hamas en Ciudad de Gaza, 30 de octubre de 2012. (Foto AP / Bernat Armangue)

 

Los palestinos se reúnen en la azotea de un edificio en el que se detuvo la construcción y que fue bombardeado en enero de 2009 durante la ofensiva militar israelí en Beit Lahiya, norte de la Franja de Gaza el 16 de septiembre de 2011. (Foto AP / Bernat Armangue)

Un agricultor palestino se toma un descanso para fumar un cigarrillo mientras cosecha de maíz en Jabaliya, norte de la Franja de Gaza, 12 de mayo de 2010. (Foto AP / Tara Todras-Whitehill)

 

Las mujeres palestinas llevan montones de paja después de la cosecha de trigo en su campo en las afueras de la ciudad cisjordana de Ramallah, 10 de junio de 2009. (Foto AP / Muhammed Muheisen)

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Lunes, 31 Marzo 2014 07:44

Disonancias

Disonancias

El discurso y debate oficial en este país a veces logra llegar a tales niveles de disonancia que uno no puede más que preguntarse si los protagonistas están conscientes de que lo que están diciendo choca frontalmente con algo llamado verdad o realidad. Estos últimos días no fueron excepcionales en manifestar lo que algunos sugieren es lo normal, pero que otros consideran que son sintomáticos de cierto tipo de esquizofrenia. Pero tal vez, en la política oficial, la locura es normal.


La semana pasada el presidente Barack Obama realizó una gira por Europa con el enfoque en la respuesta de los países de la OTAN a las acciones de Rusia en torno a Ucrania.


La retórica de Obama en su gira se centró en el respeto a los principios y leyes que rigen el ámbito internacional. Mientras acusó a Moscú de violarlos e instó a la comunidad internacional a defender esos principios, se atrevió a presentar la invasión estadunidense de Irak como algo que contrasta con lo que hace Rusia: "Pero aun en Irak, America (sic) buscó trabajar dentro del sistema internacional. No tomamos ni anexamos territorio de Irak. No arrancamos sus recursos para nuestra ventaja. En lugar de ello, acabamos nuestra guerra y dejamos a Irak y a su pueblo con un Estado plenamente soberano que puede tomar decisiones sobre su propio futuro".


Justo por esos días el Comité de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas emitió un informe deplorando la actuación del gobierno estadunidense en varios rubros, como el espionaje masivo, la tortura, el uso de drones, el fracaso en clausurar Guantánamo, y otras violaciones del derecho internacional.


El informe del Comité de Derechos Humanos, encargado de vigilar la implementación y cumplimiento de la Convención Internacional sobre Derechos Civiles y Políticas que ha estado vigente desde los 70, criticó que la vigilancia masiva de la Agencia de Seguridad Nacional había tenido impactos adversos sobre el derecho a la privacidad. Las conclusiones sobre el espionaje masivo fueron notables no sólo porque es la primera vez que esta entidad aborda el tema, sino porque rechazó el argumento oficial estadunidense de que Washington no tiene ninguna obligación conforme a la ley internacional de respetar los derechos de privacidad de los extranjeros fuera de sus fronteras.


El comité también denunció la impunidad de altos oficiales militares y civiles, como contratistas, por su participación en tortura, desapariciones forzadas y asesinatos en la guerra contra el terror. Expresó preocupación de que sólo ha sido enjuiciado un número muy reducido de oficiales de bajo rango e instó al gobierno a asegurar que todos estos casos sean investigados de manera independiente e imparcial y que los responsables, en particular en puestos de mando, sean procesados y sancionados.


A la vez, el comité expresó su desaprobación a la aplicación de la pena de muerte, el número de muertes ocasionadas por algunas fuerzas policiacas (citando en particular Chicago) y la disparidad racial en la población encarcelada. También destacó abusos de los derechos de inmigrantes, mujeres e indígenas en Estados Unidos.


Este proceso de evaluación "perfectamente ejemplificó el 'nombrar y avergonzar', táctica de derechos humanos ampliamente usada por el gobierno estadunidense contra otros estados, pero que casi nunca se emplea contra el mismo Estados Unidos. Aunque las conclusiones del comité no son legalmente vinculantes, llevan un peso moral importante y demuestran que la tolerancia internacional del 'excepcionalismo' estadunidense está en declive", comentó la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU) sobre el informe.


Sin embargo, Obama y su equipo, mientras viajaban por el mundo denunciando violaciones de Rusia y otros países y elogiando los principios y leyes internacionales, decidieron no aludir al informe (también fue notable que casi no ameritó mención en los grandes medios de este país). La verdad, cuando es inconveniente, es mejor ignorarla.


La gira de Obama por la defensa de la democracia, los derechos de los pueblos, y la ley y el orden internacional culminó en el lugar perfecto para constatar y consagrar tales principios supremos: en Arabia Saudita, con el presidente estadunidense sonriente junto al monarca.
La disonancia se manifestó también, como todos los días, en varios ámbitos más de la vida nacional aquí. Por ejemplo:


Los políticos de este país hablan de la santidad de la vida, y de la justicia y los derechos civiles básicos, pero un nuevo informe de Amnistía Internacional encontró que Estados Unidos ocupa el cuarto lugar en el mundo en ejecuciones (sólo China, Irak e Irán ejecutan a más de sus ciudadanos).


En el país campeón de la democracia electoral, por lo menos nueve estados han aprobado medidas para dificultar y obstaculizar el voto de comienzos de 2013 a la fecha, sobre todo para minorías y pobres, reportó el New York Times.


Y mientras Obama afirma que Estados Unidos es algo así como el velador mundial de la paz, nueve comandantes encargados de algunos de los miles de misiles nucleares intercontinentales fueron despedidos después de que se descubrió que decenas de sus subordinados habían hecho trampa en sus exámenes mensuales, o sea, los que tienen el dedo: en el gatillo del fin del mundo.


Los ejemplos no acaban, los ricos se hacen más ricos cada vez que los políticos hablan de oportunidad y empleo, las familias son destrozadas por políticas migratorias mientras los políticos hablan de valores familiares y describen este país como uno de inmigrantes, etc., etc. Lo de siempre, pues.


Nuestra disonancia nacional sigue causando estragos con periodistas que buscan hacer sentido de esta, escribió el legendario periodista Bill Moyers. Amén.

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Cuando uno envejece, deja de tenerle miedo a la duda. La duda ya no te controla. Uno se saca de adentro esa agonía. ¿Qué te pueden hacer después de que cumpliste setenta años?

Hay que guiarse por la primera impresión. Como dijo Jerry Fielding: “Llegamos hasta aquí, no lo arruinemos pensando”.

Mi padre tuvo un par de hijos al principio de la Depresión. No había mucho trabajo. No había ayuda del Estado. La gente apenas salía adelante. La gente era mucho más dura y resistente entonces.

Vivimos en una generación mucho más maricona, donde todo el mundo se acostumbró a decir: “Bueno, ¿y cómo manejamos esto psicológicamente?”. En aquellos días, solamente le dabas un puñetazo al que te molestaba y te lo sacabas de encima. Incluso si el tipo era mayor y te podía empujar, al menos se te respetaba por enfrentarlo, y a partir de entonces te dejaban tranquilo.

No puedo decirte exactamente cuándo empezó la generación maricona. A lo mejor cuando la gente se empezó a preguntar sobre el sentido de la vida.

De haber sido más disciplinado, me habría dedicado a la música.

Uno se pregunta a veces, ¿qué haríamos si pasa algo realmente grande? Miren qué rápido, sólo siete años, y la gente ha sido capaz de olvidar el 11 de septiembre. Quizá lo recuerden los que perdieron a un pariente o a un ser querido. Pero nadie se olvidó rápido de Pearl Harbour.

Recuerdo haber comprado un viejo hotel en Carmel. Entré en el ático y vi que todas las ventanas estaban pintadas de negro. “¿Qué está pasando acá?”, les pregunté a los anteriores dueños. Me dijeron que pensaban que los japoneses navegaban frente a la costa durante la guerra.

En El sustituto traté de mostrar algo que rara vez se ve estos días —un chico sentado mirando la radio—. Sólo sentado frente a la radio, escuchando. Tu mente hace el resto.

Recuerdo haber visitado una cascada gigante en un glaciar de Islandia. La gente estaba ahí sobre una plataforma de roca para verla. Estaban con sus chicos. El lugar no estaba cerrado, sólo había un cable que prohibía pasar de un determinado punto. Me dije a mí mismo: “En Estados Unidos tendrían un cerco a prueba de huracanes, porque tendrían miedo a ser demandados y recibir la visita de un abogado”. Allí la mentalidad era como solía ser en EE.UU. en los viejos tiempos: si te caés es porque sos estúpido.

No se puede evitar que las cosas sucedan. Pero en Estados Unidos lo intentamos, ciertamente. Si un auto no tiene cuatrocientas bolsas de aire adentro, entonces no sirve.

Tuve un tema con la municipalidad. Fui y me encontré a una mujer sentada ahí tejiendo, nunca levantaba la vista. Yo pensaba: esto no puede ser. Cuando te eligieron para un cargo público, al menos tenés que fingir que te interesa lo que va a reclamar la gente.

Fui intendente de Carmel para asegurar que las palabras “servidor público” no fueran olvidadas. El hecho de que no necesitara serlo me hizo pensar que podía hacer más. La gente que me resulta sospechosa es la que lo necesita.

Alguien como Barack Obama era inimaginable cuando yo era chico. Count Basie y muchas grandes bandas venían a Seattle cuando era yo era joven. Podían tocar en el club, pero no podían frecuentar ni ser clientes del lugar.

Uno debería llegar a conocer a alguien realmente, realmente ser un amigo. Mi esposa es mi mejor amiga. Seguro, ella me atrae de todas las maneras posibles, pero ésa no es la respuesta. Porque me he sentido atraído por otra gente, pero después de un tiempo no pude soportarlas más.

Tengo hijos de otras mujeres que no son mi esposa. Tengo que darle el crédito a Dina por reunir a todos. Nunca tuvo el rollo de ego de la segunda esposa. Tiene una relación amistosa con mi primera esposa y con mis ex novias. Ha sido extremadamente influyente en mi vida.

No soy uno de esos tipos que han sido terriblemente activos en las religiones organizadas. Pero no les falto el respeto. Nunca trataría de imponerle mis dudas a otra persona.

Los chicos te enseñan que uno puede sentirse humilde ante la vida, que puede aprender algo nuevo todo el tiempo. Ese es el secreto de la vida, realmente, nunca dejar de aprender. Es el secreto de una carrera. Sigo trabajando porque aprendo algo nuevo todo el tiempo. Es el secreto de las relaciones: nunca creer que se tiene todo.

Los chicos que se hacen piercings, en la cara, en la lengua: ¿qué tipo de masoquismo es ése? ¿Es para demostrar que pueden soportarlo?

Estábamos haciendo En la línea de fuego y John Malkovich estaba en lo más alto de un edificio y me tenía en una situación muy precaria. Mi personaje está enloquecido y saca un arma y la entierra en la cara de John, y John rodea con la boca el cañón del arma. No sé qué tipo de símbolo loco fue ése. Ciertamente no ensayamos nada como eso. Estoy seguro de que él no lo pensó cuando lo estábamos practicando. Solamente estaba ahí. Como cuando Sir Edmund Hillary habla sobre por qué se hacen las cosas: porque están ahí. Por eso se escala el Everest. Es como un pequeño momento en el tiempo, y tan rápido como entra en tu cerebro, uno lo arroja y descarta. Hay que hacerlo antes de descartarlo. Así es como el arte verdadero tiene una oportunidad de entrar en juego.


Así respondió en diciembre Clint Eastwood a la célebre sección “Lo que sé” de la revista norteamericana Esquire.

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