Jueves, 19 Noviembre 2020 05:48

Para qué filosofía en tiempos de pandemia

Para qué filosofía en tiempos de pandemia

En un año en el que la pandemia del nuevo coronavirus ha marcado a la humanidad, y coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Filosofía, nada resulta más oportuno que mostrar al público de qué manera la filosofía puede resultar útil e, incluso, necesaria en tiempos turbulentos. En épocas de gran incertidumbre como la que atravesamos, las principales contribuciones de la filosofía pueden resumirse en dos.

La primera aportación es su capacidad de formular preguntas poderosas. La etimología de la palabra pregunta remite al verbo latino percontare, que en latín clásico significa usar el contus. El contus era una lanza de punta aguzada que los jinetes sármatas utilizaban como arma de combate o instrumento de caza, aunque para los romanos también tenía otros usos. Así, hacía referencia a la vara utilizada por el marinero para medir la profundidad del mar cuando se acercaba a la costa a fin de evitar encallar, pero también se refería al palo gracias al cual las personas ciegas encontraban la ruta adecuada. Tanto el marinero como el ciego echaban mano del contus para tratar de encontrar el mejor camino. De este modo, quien pregunta debe aprender a conducirse, a recorrer caminos que pueden estar llenos de obstáculos. Mediante el acto de preguntar, la filosofía facilita que las personas encuentren caminos transitables y, para ello, nos invita a cuestionar ideas, creencias y valores.

En momentos de crisis planetaria como el actual, necesitamos más que nunca "preguntas fuertes", como las califica Boaventura de Sousa Santos. Se trata de preguntas curiosas, osadas o sorprendentes que dejan al descubierto las raíces históricas y culturales que en un determinado momento condicionan nuestra forma de ser y vivir. Por ejemplo, la pregunta fuerte que el mundo cristiano y colonial moderno se hacía era: ¿cómo podemos convertir a los indios al cristianismo? Luego se impuso la pregunta fuerte de la sociedad industrial y capitalista: ¿cómo podemos crecer más y más? Una pregunta ampliamente rebatida, pero que aún predomina en el imaginario económico desarrollista. En la misma línea, la pregunta fuerte de todo patriarcado es: ¿cómo podemos los varones (especialmente los blancos y heterosexuales) seguir manteniendo nuestro sistema masculino de privilegios?

En el caso del coronavirus, algunas de las preguntas fuertes que pretenden arrojar luz sobre la crisis que ha desatado son: ¿cuál es el futuro reservado a la humanidad? ¿Es posible y deseable regresar a la anterior normalidad de nuestras vidas? ¿Quién se está beneficiando de la pandemia? ¿A quién está perjudicando más? ¿Cuál es la responsabilidad de los humanos en todo esto? El problema es que vivimos en un tiempo en el que predominan las preguntas de baja intensidad, aquellas que se formulan dentro de los límites del orden dominante. Son preguntas que no tienen ningún interés en cuestionar los fallos estructurales del sistema que permiten que haya epidemias y rebrotes capaces de poner en riesgo la salud colectiva. Mafalda, el lúcido personaje infantil creado por Quino, decía que cuando las respuestas no funcionan, es necesario cambiar las preguntas. Las preguntas fuertes son las que nos dan respuestas de largo alcance frente al cortoplacismo en el que estamos instalados.

La segunda gran aportación de la filosofía es su poder para ampliar nuestros horizontes, para ayudarnos a expandir nuestras mentes, nuestra mirada y nuestras emociones, algo particularmente necesario ante un futuro cada vez más complejo e imprevisible. María Zambrano lo explica bien cuando afirma que "la filosofía es mirada creadora de horizonte". Para Zambrano, "lo más humano del hombre es ese abrir el futuro, ensanchando la herida por donde irrumpe la luz, la luz que revela y forma lo que aún no dio la cara, el misterio de las cosas". Debo precisar, sin embargo, que cuando hablo aquí de horizontes no me refiero a un límite visible que el observador tiene forzosamente delante de él. Esta es una perspectiva fruto de una comprensión lineal del tiempo que sitúa el futuro delante y el pasado detrás de las personas. Los pueblos aimaras, por ejemplo, invierten esta relación. Para ellos el pasado se sitúa delante y el futuro detrás del individuo. El pasado está delante porque resulta familiar, es algo que las personas pueden recordar, como una especie de pantalla colocada delante de los ojos cuyas imágenes pueden almacenarse en la memoria visual. El pasado, por el contrario, se localiza detrás porque es incierto y enigmático; es el espacio de lo invisible. Si se piensa bien, la lógica es aplastante: nadie puede contemplar el futuro porque lo único cierto y visible es aquello que ya se ha vivido.

En términos metafóricos, la filosofía se parece a un barco que navega en un mar de preguntas tratando de no naufragar. En ocasiones, la travesía obligará al capitán a detenerse para mirar hacia atrás o hacia delante, para observar horizontes del pasado que quizá nos guiarán mejor hacia los horizontes del futuro. Como nos recuerda el gran Ralph Waldo Emerson: "La salud de la vista parece pedir un horizonte. Nunca nos cansamos, mientras podemos ver bastante". Tal vez la búsqueda de ese horizonte no nos granjeará riqueza, ni fama, ni poder, pero puede que nos proporcione algo infinitamente más valioso que todo lo anterior: una forma de ser, de vivir y de conducirse en un mundo con cada vez menos horizontes, pero, paradójicamente, y al mismo tiempo, en un mundo con cada vez más fronteras.

Por Antoni Aguiló

Filósofo del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra

19/11/2020

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Jueves, 19 Noviembre 2020 05:31

Más Platón y menos Instagram

'La escuela de Atenas', fresco de Rafael Sanzio, en el Vaticano.

Este 19 de noviembre se celebra el día mundial de la filosofía, una (sino la que más) de las disciplinas más antiguas de nuestra sociedad. Aquella que dio luz y encumbró los valores de los que hoy hacemos gala: la democracia, la libertad, la racionalidad, el deber etc. Sin embargo, y a pesar de este extenso currículum, la filosofía (al menos en nuestro país) no pasa por su mejor momento. Un cambio de paradigma, que denosta las humanidades por improductivas y que entiende la escuela como propedéutica para el mercado, ha relegado a la filosofía a los márgenes de nuestras aulas. La asignatura que está llamada a ser la cuna del pensamiento crítico entre nuestros alumnos (para que así hagan un mundo mejor) es tratada por políticos y medios como un saber de anticuario, como un objeto de museo o acaso un saber sin utilidad práctica.

Y es que, ¿acaso no está todo en ruinas? Nuestra generación, la tan injuriada generación millenial, ha sido testigo de la mayor estafa en la historia reciente (además de la crisis de 2008): la ruptura del pacto intergeneracional. Un acuerdo tácito que nos decía que estudiáramos porque, si lo hacíamos, íbamos a poder progresar y vivir mejor que nuestros padres (como ellos lo hicieron con respecto a nuestros abuelos). Hoy, rozando o ya pasados los 30, somos la generación más preparada pero también la que más poder adquisitivo ha perdido, la que más tarde se va a independizar y la que menos estabilidad va a tener. No es de extrañar entonces los datos sobre salud mental y nuestra generación: hoy alrededor de 117 millones de niños y adolescentes en todo el mundo han sufrido un trastorno de ansiedad  según el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos y cada año aumentan los casos de depresión entre los adolescentes (en torno al 21,6% según la FAD en 2018). Todo esto en un clima de derrumbe de los valores de nuestra sociedad. Nosotras, que vimos crecer las redes sociales desde Metroflog o Tuenti (¡y vimos sus peligros!), asistimos ahora a una generalización de la pantalla donde la prensa ha renunciado a su función crítica (la mitad de las noticias que circulen en 2022 serán falsas). Ante este desolado panorama ¿qué sentido tiene nuestra vida ahora?

Es justamente aquí donde nuestra generación puede (y debe) darse la mano con la filosofía para formular preguntas, para encontrar respuestas y para -incluso- dudar de estas últimas. Es por el camino de la filosofía donde se recupera esa actitud crítica ante la vida que no encontramos ya ni en nuestros dirigentes, ni tan siquiera en nosotros mismos -que nos hemos aferrado a ideologías y las defendemos como holligans-. Y aquí, entra la filosofía para recordarnos que "para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas" (Descartes)  o que "en todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras" (Bertrand Russell). Este es, en definitiva, el imperativo de la actitud crítica ante la vida. Este posicionamiento ante la realidad nos permitirá discernir el sentido de la misma -si acaso tuviese algún sentido en términos universales- o, incluso, darle un valor o sentido a nuestra vida más allá del puramente material -respirar, caminar, comer…-, a saber, el de ser críticos con nuestra realidad presente, con nuestra historia y con nuestro porvenir. Esto es, amigos, la filosofía.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo empezar tan ardua y extensa tarea: la de la crítica de nuestra realidad en pos de un mundo mejor? Vamos con unos ejemplos. Con Lévinas podríamos darnos cuenta de la contradicción que existe cuando nos relacionamos con los otros: a pesar de que son personas radicalmente ajenas a mí sólo las puedo conocer subsumiéndolas en mi mundo e intereses (mi amiga, el panadero que vi ayer etc.). Con la filosofía de Marx, en cambio, podríamos, entre otras muchas cosas, darnos cuenta y señalar que todas las explicaciones que esconden la realidad económica son explicaciones con un fuerte interés de clase (como esa que dice nos vamos a otros países a trabajar porque nos gusta viajar) algo a lo que Marx llamó ideología. Podríamos viajar más atrás en el tiempo y entonces Aristóteles nos ayudaría a discernir quiénes de nuestros 793 amigos de Facebook son nuestros verdaderos amigos: frente a la amistad por utilidad o por interés, la verdadera amistad es aquella que nos impulsa a la nobleza del alma. Por último, y ante la crisis ecológica que ya está entre nosotros, el imperativo categórico de Kant nos puede dar una buena solución ante los retos que se nos vienen: si una acción no es universalizable, si no puede concebirse realizándose por todo el mundo, entonces no es una acción moral (¿será entonces moral tener un coche o gastar la energía que gastamos?).

Y, ¿cómo llegar a estos contenidos? ¿Cómo acceder a los sedimentos de sabiduría que nuestra sociedad ha ido depositando y que hoy nos hace más falta que nunca? Acostumbradas al consumo inmediato y rápido de información, a los contenidos escuetos, cortos, es necesario crear espacios y momentos que alienten la pausa en estos tiempos tan acelerados y de prisas. Espacios que supongan una ruptura y que potencien la reflexión recogiendo la historia de la filosofía y utilizando esta herramienta para analizar nuestro momento actual. Espacios así se pueden encontrar en múltiples coordenadas de nuestro hábitat cotidiano: espacios en redes sociales, librerías, instituciones culturales, en libros, etc. Desde los muchos eventos que organiza la librería Traficantes de Sueños hasta las clases grabadas en Youtube por Ernesto Castro. Desde el famoso y ya clásico El mundo de Sofía hasta nuestro nuevo libro Mentes Inquietas: contrarrefranes y cultura popular donde revisamos la cultura popular a través de los refranes dándoles la vuelta y proponiendo una lectura filosófica de ellos y relacionándolos con dilemas o problemáticas actuales.

En fin, la famosa frase atribuida a Sócrates ("sólo sé que no se nada") debe servirnos como primer paso para un pensamiento crítico. El filósofo, el intelectual, el crítico, no es el que sabe (¡justamente Sócrates reconoce que no sabe!) sino el que es consciente de su propia ignorancia. Frente a los dioses (que ya lo saben todo) y frente al ignorante (que ignora que es ignorante y cree que sabe todo), el filósofo admite su ignorancia y la establece como punto de partida para una vida llena de aprendizajes. Así, en los tiempos de la sobreinformación: humildad, aprendizaje y visión crítica. En los tiempos del consumo masivo: pausa, lectura y participación ciudadana.

Por Javier Correa Román y Myriam Rodríguez del Real

Fundadores de Colectivo Mentes Inquietas, un espacio de divulgación de la filosofía en redes sociales y autores de: 'Y pensar ¿para cuándo? Filosofía de jóvenes para jóvenes' (Autografía, 2018) y 'Mentes Inquietas. Contrarrefranes y cultura popular' (Punto de vista editores, 2020)

19/11/2020

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También Henry Ford apoyó a Stalin (aunque amaba a Hitler)

Sobre el papel de los intelectuales

 

En un panel de la III Conferencia Global 2020 de Nueva York se nos propuso volver sobre el viejo tema de “El rol de los intelectuales hoy”. Para comenzar debo reconocer que nos produce pudor y nos incomoda cada vez que nos presentan con ese título tan elástico y desprestigiado.

Pero me parece mucho más importante analizar este pudor y este desprestigio como resultado de la lógica de los poderes globales dominantes. Quienes tienen el poder político, quienes manejan ejércitos y son dueños de los capitales gestores del mundo son considerados moderados, realistas y pragmáticos. Aquellos que deben conformarse con el uso de las palabras y las ideas, son acusados de peligrosos extremistas, aparte de ser bombardeados con múltiples In: Inmaduros, Inconvenientes, Innecesarios, Inútiles, Insensatos... Pero cuando veas a los intelectuales críticos agrupados de un lado, mira hacia el otro para saber dónde está el verdadero poder y sus mayordomos, los intelectuales orgánicos.

De todas las acusaciones que se les arroja encima, la más popular es la de considerarse iluminados, destructores, autores o cómplices de regímenes catastróficos. Por una razón para nada misteriosa, los nuevos clérigos, los intelectuales orgánicos, los razonables, no acusan ni a religiosos ni a militares ni a poderosos hombres de negocios de lo mismo. De hecho se acepta, como una virtud, que un religioso se autoproclame iluminado, elegido, o salvado, como se acepta que un general se golpee el pecho lleno de condecoraciones por haber salvado la patria y el honor, como si algo de todo eso fuese algo más que ficción criminal.

No, a pesar de que han sido generales (apoyados por el clero tradicional y en beneficio de los dueños del capital) quienes, por ejemplo en América Latina, han implantado decenas de dictaduras genocidas a lo largo y ancho de la historia. No, a pesar de que son rarísimos los regímenes de intelectuales no orgánicos persiguiendo a militares, a clérigos y a hombres de negocios. La inversa ha sido la constante, la norma.

Sí, el trabajo de los intelectuales no es el de sermonear y menos el de gobernar. Hubo intelectuales mandatarios como fue, por ejemplo, el caso de varios de los llamados Padres Fundadores de Estados Unidos, más allá de sus graves contradicciones e hipocresías raciales y de clase. O el caso de Nicolas Solomon, Pi i Margall y otros que formaron la Primera República en España en 1873, una isla hundida en poco más de un año en un mar de fanáticos conservadores. O el caso del profesor de filosofía José Arevalo, presidente de la primera democracia en Guatemala en 1944, destruida diez años después por un complot de la United Fruit Company, la CIA y el ejército estadounidense que dejaría 200.000 masacrados en cuarenta años de brutales dictaduras (todos militares y, sobre todo, pragmáticos y exitosos hombres de negocios) y cuya cultura de la impunidad continúa hoy, como en otros países.

El ideal del poder es que los intelectuales críticos se dediquen a la poesía de alcoba o al análisis del subjuntivo en García Márquez. De hecho, las agencias secretas han invertido fortunas con este objetivo. Pero la neutralidad de un intelectual en los temas sociales es indiferencia, oportunismo o complicidad. La neutralidad, como la remuneración del intelectual orgánico y la condena al intelectual crítico son productos que exuda un sistema dominante. Si un soldado está en desacuerdo con un general, las posibilidades de que articule una crítica completa y exhaustiva son mínimas. Lo mismo para cualquier honesto asalariado, desde el gerente de una gran compañía hasta el empleado más humilde de un supermercado. Una crítica menor a sus superiores puede pasar como el impuesto que la compañía y el jefe superior toleran para ser considerados democráticos y tolerantes. Claro que no existen las compañías democráticas. Cuando la crítica cruza ciertos límites, siempre habrá una buena razón para que ese empleado sea despedido.

Más allá de todas las leyes laborales que existan en cualquier país, un hombre de negocios siempre tendrá el poder de contratar y despedir. Sólo este poder ya es una coacción sobre las críticas, las opiniones y el pensamiento de los subordinados. No por casualidad, este poder de coacción suele estar en manos de aquellos hombres de negocios que sostienen y celebran un determinado sistema (por ejemplo, el sistema capitalista y su variación neoliberal). Si alguien depende de la voluntad o de los deseos de un jefe para sobrevivir, nunca lo criticará de forma radical como puede hacerlo un maldito intelectual.

La opinión pública no sólo es creada de forma deliberada por agencias de publicidad y por los medios dominantes sino que es, además, una consecuencia natural del poder. Los malditos, los inmaduros, los fracasados intelectuales no pueden presionar. La única fuerza de un intelectual son sus ideas, no la manipulación de la necesidad ajena. Los intelectuales no tienen poder de coacción.

Bastaría con poner un ejemplo clásico de la crítica orgánica, de los mayordomos del poder internacional. Los intelectuales que se equivocaron apoyando a Stalin son crucificados cada día, pero pocos logran mencionar alguno de aquellos muchos que, aún resistiendo la brutalidad del histórico fascismo en el hemisferio, se opusieron al mismo régimen. Los orgánicos no se cansan de repetir que el filósofo frances Jean Paul Sartre apoyó a Stalin. Fue un apoyo de palabra, un apoyo en base a sus ideas, que es lo más que puede dar un intelectual. ¿Se equivocó? Yo creo que sí, y feo, aunque es más fácil decirlo ahora que hace sesenta años. Pocos recuerdan, y nadie repite en los grandes medios, que venerados hombres de negocios como Henry Ford apoyaron a Hitler y a Stalin no sólo de palabra sino con recursos económicos, técnicos y logísticos. Hitler y Stalin reconocieron y retribuyeron al talentoso y racista empedernido de Ford.

El poder no dice “los inversores son una calamidad que se creen iluminados”. Por el contrario, los mayordomos vuelven siempre sobre el argumento de que “las alternativas al capitalismo nunca funcionaron”. Algunas funcionaron, pero fueron destruidas o arrinconadas a la miseria.

Ahora, cualquier alternativa que hubiese vencido (militar y económicamente) se habría erigido como el “modelo insustituible”, no sólo moral sino económico. Porque es mucho más fácil ser un exitoso país capitalista que puede acosar al resto del mundo que ser un pobre país capitalista que debe sufrir la gracia del acoso militar y económico de los ganadores. Ni que hablar de opciones diferentes. Como en un torneo medieval, se confunde triunfo con verdad y poder con justicia. Es como si los cristianos se burlasen de Jesús por haber sido un perdedor, torturado, ejecutado y desaparecido por el Imperio de turno como un criminal más. Lo mismo Sócrates, José Artigas, Simón Bolívar y José Martí, entre otros.

Pero los poderes hegemónicos no sólo escriben la historia sino que se presentan como quieren. El mismo sistema que inventó la idea de que nuestro mundo fue creado y es mantenido por los capitalistas y los hombres de negocios, ha despreciado y neutralizado la actividad del intelectual crítica mientras secuestraba siglos de inventos y descubrimientos de asalariados, de genios que nada tenían que ver con la obsesión del capital. Sin esos siglos de intelectuales (filósofos, artistas, científicos, humanistas, rebeldes sociales) no existiría lo mejor de nuestro mundo. Seguramente tendríamos alguna forma de Edad Media, más o menos como esa a la que nos dirigimos ahora con fanático orgullo.

Por Jorge Majfud, escritor uruguayo-estadounidense. Profesor en la Jacksonville University.

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Un grupo de amigos cercanos de Ernesto Cardenal protege el féretro.Carlos Herrera

Simpatizantes del Gobierno nicaragüense de Daniel Ortega invadieron este martes el funeral del poeta Ernesto Cardenal, referente de la poesía iberoamericana y figura clave de la Teología de la Liberación, en la Catedral Metropolitana de Managua. Más de un centenar de mujeres y hombres uniformados con pañuelos rojos y negros (los colores del Frente Sandinista) llamaron “traidor” al difunto y a quienes lo acompañaron, y luego acosaron a personalidades como la escritora Gioconda Belli, además de golpear y asaltar a cinco periodistas que daban cobertura a las exequias.

Fue una jornada tensa en la catedral. Los simpatizantes gubernamentales –conocidos popularmente como turbas– llegaron al templo antes que el féretro. Cuando el ataúd de Cardenal ingresó, las turbas gritaron consignas: “Queremos la paz” y “no pudieron ni podrán”; esta última en referencia a los ciudadanos y opositores que protagonizaron las protestas sociales de 2018 y a quienes el régimen acusa de una intentona golpista frustrada.

En paralelo a la misa, la maquinaria del Gobierno titulaba en sus medios: “Nicaragüenses rinden homenaje al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal”. Un ejemplo claro de la disociación del discurso oficial al hecho. La propaganda mostraba una foto de las turbas uniformadas con el pañuelo, las que supuestamente asistieron a la misa “por admiración al ejemplo” del sacerdote trapense.

Sin embargo, en la catedral los seguidores del Gobierno atacaban a las personalidades y ciudadanos vestidos de azul y blanco que portaban pancartas con la figura de Cardenal con uno de sus versos: “Pensá en los que murieron”. “Que viva Daniel Ortega”, le gritó un simpatizante al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, cuando el diplomático intentaba calmar los ánimos.

El poeta Ernesto Cardenal falleció el domingo a los 95 años de edad debido a complicaciones de salud acordes a su edad. El poeta era uno de los críticos más acérrimos de la Administración de Ortega, razón por la cual el régimen orquestó una persecución política en su contra durante los últimos años. Sin embargo, ante su muerte, la presidencia decretó luto nacional por tres días. Aunque la propia vicepresidenta elogió a Cardenal este lunes, lo cierto es que las exequias del poeta han sido empañadas. Primero la policía militarizó la funeraria donde se realizó su velatorio por miedo a una protesta ciudadana, y este martes los simpatizantes gubernamentales decían en Catedral que “Ernesto Cardenal es cultura, pero era un traidor”.

Golpizas y más insultos

El féretro del poeta Cardenal era resguardado por familiares y amigos cercanos, como la escritora Gioconda Belli. “Claro que tenemos miedo que profonen el ataúd”, lamentó Belli. La asistente personal del cardenal, Luz Marina Acosta, repudió la invasión de las turbas en la eucaristía. “No deberían estarle gritando barbaridades a Ernesto. Él ya descansa en paz. Como él era religioso, por eso lo trajimos a misa. Yo contaba que solo vendría gente que ama a Ernesto Cardenal, que es mucha, pero mandaron a toda esta gente. Esta no es gente espontánea. Ya sabemos quiénes los mandaron”, dijo Acosta en referencia al Gobierno.

Al finalizar la misa, los familiares decidieron sacar lo antes posible de la iglesia el ataúd del poeta ante el aumento de la tensión. No pudieron hacerlo por la puerta principal. Tuvieron que sacarlo por una lateral de Catedral, bajo el griterío de las turbas. Luego de que el ataúd fue retirado en la carroza fúnebre del recinto religioso, los simpatizantes y reporteros de medios de comunicación del Gobierno acosaron a Gioconda Belli y a otros asistentes.

Cinco periodistas fueron asaltados y vapuleados, entre ellos reporteros de La Prensa y otros portales. El más afectado fue el periodista Hans Lawrence, de la publicación Nicaragua Investiga. Aunque intentó protegerse en la casa cural de catedral, los simpatizantes del gobierno rompieron los portones y continuaron con la golpiza. Lawrence acabó en un hospital de Managua vomitando sangre, aunque luego fue estabilizado por los médicos.

El sábado las cenizas del poeta se trasladarán al archipiélago de Solentiname, en el Gran Lago Cocibolca, en la comunidad que él fundó junto a sus “hijos espirituales” que cayeron en la lucha contra la dictadura de Somoza.

Destacan legado poético y ético

Los asistentes al velatorio, entre los que se encontraba el embajador de la Unión Europea, Pelayo Castro, destacaron el legado poético ético de Cardenal, así como su impronta poética. El sacerdote es considerado un referente de la poesía en español y un faro moral en Nicaragua, ya que desde sus días como revolucionario hasta su muerte se mantuvieron inamovibles sus principios contra las dictaduras en el país y su ahínco impulsando la justicia social.

“El padre Cardenal es un baluarte de la lucha por la democracia. En sus poemas pueden verse las denuncias contra las arbitrariedades cometidas por el régimen”, definió el exministro de Educación Carlos Tünnermann. “Es una poesía muy accesible que toma como temas la historia de su país, y la lucha de los indígenas. Y luego dirige su poesía al universo. Lleva a la ciencia poesía. Hace la ciencia poesía. Esa noche, cuando levantemos nuestra cabeza hacia el firmamento, veremos una estrella nueva. Será el alma de Ernesto Cardenal que ya se reintegró al universo y al creador”.

Managua - 04 Mar 2020 - 03:30COT

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Reconfigurar subjetividades críticas desde las reautorías

La reautoría es reivindicación de una margen de creación de la propia vida. Es un movimiento que introduce un hiato en la disposición de la vida como vida dada, que la abre y la muestra como apertura. Por ese hueco se cuela el reconocimiento de la vida como asumida de otro modo, y la reconsideración de sí mismo como proyecto y como promesa.

 

Benjamín Berlanga Gallardo. Especialista en Educación Media Superior (México), asesor internacional en Educación Rural; Maestro de la Universidad campesina-indígena en Red de Puebla, y del centro de estudios, para el desarrollo rural-promoción y desarrollo.

El antifeminismo de Mujica y los silencios de las izquierdas

El semanario Voces publicó el 19 de diciembre una larga entrevista al ex presidente José Mujica, en la que vierte críticas despectivas hacia las mujeres y las sexualidades disidentes. En su opinión, el feminismo es “inútil” y la agenda de derechos “es una expresión de la estupidez humana”, frase que encabeza la portada del semanario.

Siguiendo el hilo de la entrevista, Mujica repasa muchos aspectos de la realidad mundial y regional, pero cuando se le pregunta por los migrantes negros, responde: “No somos racistas pero mejor que estén lejos”. Luego menciona la agenda de derechos para detenerse en su crítica al feminismo.

“Es bastante inútil el feminismo, porque creo que el machismo es un hecho y que la agenda de derechos de la equiparación es inobjetable. Pero la estridencia también termina jodiendo a la causa de la mujer, porque crea una antípoda quejosa. Excita lo reaccionario de la propia sociedad, que está ahí. Ahí te salen los Maninis y los otros”, señala en referencia al líder de Cabildo Abierto que cosechó el 11% de los votos y movió el tablero de la política uruguaya al posicionarse en la ultraderecha.

Mujica agrega dos conceptos más. “Me resisto a que el feminismo pueda sustituir a la lucha de clases”, es la primera. La segunda dice: “La mujer siempre es una madre. Y nosotros andamos por el mundo siempre precisando una, porque, si no, no sabés dónde tenés la camisa”.

Se sabe desde siempre que Mujica profesa ideas conservadoras, no sólo en la cuestión de género y de los colectivos LGBTT, sino también en materia económica y ambiental (“hay que hacerle un monumento a la soja”, dijo cuando era presidente). Debe reconocerse que tiene el valor de decir lo que piensa de las feministas y cabe destacar que no vetó leyes sobre derechos como hizo Tabaré Vázquez con la ley de aborto en su primer gobierno.

Sin embargo, la forma como expresó sus diferencias y cómo valora el papel de las mujeres en la sociedad, merecen la censura por apuntalar la discriminación y la violencia. En particular, cuando se refiere a la senadora Constanza Moreira como “burra”. El grupo Mujeres al Frente consideró que sus expresiones se enmarcan en “violencia política” y señaló que el partido “no puede mirar para el costado cuando se suscitan estas violencias, vengan de quien vengan”.

Una de las afirmaciones más censurables de Mujica, consiste en culpar a las mujeres del ascenso de la ultraderecha. Dice que sus demandas excitan lo que ha de reaccionario en nuestras sociedades. De ese modo, sintoniza con una idea consistente en no protestar, no elevar demandas, como forma de evitar que la nueva derecha crezca. Por ese camino, nunca se hubiera conseguido nada para los trabajadores.

Pero si siguiéramos la lógica de Mujica, que deduce que el crecimiento de la ultraderecha se debe a la “estridencia” del feminismo (como si ese crecimiento no tuviera relación con el avance del extractivismo), podríamos decir que de forma indirecta sus declaraciones favorecen o encubren los feminicidios; cosa que por cierto no pienso.

Pero creo, como él mismo lo dice, que sus argumentos tienen un punto de anclaje que es necesario desnudar: la lucha por el poder estatal. Le molestan el feminismo y la agenda de derechos, porque provocan un ascenso de la derecha, sin reflexionar sobre la justicia de tales demandas o las razones de fondo de la mentada “estridencia” de las mujeres.

La segunda cuestión irritante es su visión simplista que dice: o lucha de clases o lucha feminista, estableciendo una jerarquía que siempre perjudica a las y los oprimidos, sean mujeres, gays, lesbianas, indígenas o negros. Establecer jerarquías entre las diversas opresiones es tanto como remachar la subordinación de los más débiles, las personas y sectores sociales que no ocupan el centro de la escena política.

La tercera es el lugar de madre que otorga a la mujer. Pensaba que este tipo de razonamiento había sido desplazado del mundo de las izquierdas, luego de más de medio siglo de feminismo. Sin embargo, Mujica conecta con las ideas y actitudes más retrogradas en nuestras sociedades, las que enarbola la derecha conservadora, a la que le ofrece argumentos desde una supuesta izquierda.

La cuarta cuestión es probablemente la más importante. Hubiera esperado reacciones fuertes de la izquierda, entre ellas las de quienes criticaron con extrema dureza a la feminista y antropóloga argentina Rita Segato, por sus opiniones críticas hacia Evo Morales. Sin embargo, pasan los días y se registraron sólo reacciones puntuales dentro de Uruguay, lo que configura un panorama que contrasta vivamente con los ataques sufridos por Segato.

Encuentro dos razones para explicar los silencios de hoy, como la batahola de ayer. Una es el “mandato de masculinidad” que Segato denuncia desde hace ya mucho tiempo. Los varones estamos ante un desafío mayor: desmontar el papel asignado por el sistema, que obliga al hombre a exhibir su potencia masculina para que lo consideren merecedor de ese lugar. En suma, “ser hombre=ser macho”.

Es evidente que la mayor parte de la izquierda, sobre todo la más “radical” (en Uruguay la corriente tupamara), no ha avanzado en una dirección emancipatoria. Prueba de ello es que sólo Jorge Zabalza, entre los principales referentes de esa corriente, ha declarado explícitamente su apoyo a las feministas. Los dirigentes del partido de Mujica (el MPP) están haciendo honor al “mandato de masculinidad” al mantener riguroso silencio sobre sus declaraciones.

Pero hay otro elemento que me parece más grave aún. El pragmatismo está haciendo estragos ya que inhibe el debate franco y abierto, como ya sucedió respecto a Evo Morales, cuando le gritería sustituyó los intercambios de ideas. Lo que predomina es una cultura política de apoyo incondicional a caudillos o, por el contrario, la crítica feroz a esos mismos caudillos. Pero en ambos casos sin debatir sobre qué tipo de sociedad queremos, ni sobre qué tipo de activistas necesitamos.

Por Raúl Zibechi

23 diciembre 2019 0

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Walter Tello (Cortesía del autor)

Un legado innegable del pensamiento de Marx a la historia de la filosofía fue el contenido preciso que le dio a la crítica. Marx no sólo bebió de la tradición, sino que ejemplificó con su crítica del capitalismo el poder de la misma entendida como demolición y de construcción conceptual concretas. Lo mismo puede decirse de la filosofía, pues ésta deja de ser en el filósofo alemán un mero producto de la cabeza de los humanos y se convierte en una fuerza material. Veamos en qué consistió esta operación de re-semantización de la crítica y de la filosofía en Marx.

1) Como filósofo ilustrado, el autor de El capital está vinculado a la época de la crítica tal como la describió Kant en una nota al pie en el Prólogo a la primera edición de la Crítica de la razón pura, donde decía:

Nuestra época es, de modo especial, la de la crítica. Todo ha de someterse a ella. Pero la religión y la legislación pretenden de ordinario escapar a la misma. La primera a causa de su santidad y la segunda a causa de su majestad. Sin embargo, al hacerlo, despiertan contra sí mismas sospechas justificadas y no pueden exigir un respeto sincero, respeto que la razón sólo concede a lo que es capaz de resistir un examen público y libre (1).

Marx participa de esta actitud moderna que, a decir verdad, había tomado fuerza con la crítica de Francis Bacon a la vieja filosofía, al obsoleto método de demostración de la escolástica que impedía el avance del saber; igualmente con su rechazo del principio de autoridad y con su cuestionamiento de la tradición. En Bacon, es la razón la que examina los impedimentos del entendimiento para alcanzar la verdad, ya sean los obstáculos puestos por la naturaleza humana misma, los prejuicios personales y la educación recibida, los conceptos mal formados por el comercio con el lenguaje y las malas demostraciones; o, lo que es lo mismo, la famosa crítica de los cuatro ídolos. Por eso, frente al logro de la verdad por consenso sostuvo: “el verdadero consenso es el que surge de la libertad de juicio coincidente en un mismo resultado, después de un examen previo de la cosa” (2), de ahí que Kant, en la Crítica lo haya reconocido como uno de los pilares del nuevo saber.


La Ilustración, como crítica, es ante todo una actitud, que consiste en sospechar, en dudar de las verdades y las cosas, tal como las hemos recibido. Esta sospecha no es posible sin una dosis de escepticismo, el cual permite encarar el dogmatismo, la tradición y el principio de autoridad.

2) La Ilustración está asociada a la luz, al siglo de las luces. Y es justamente la luz la que permite ver, aclarar, esclarecer, iluminar, transparentar. La crítica, como ilustración, implica no sólo la libertad de juicio o libre examen de la cosa, como decían Bacon y Kant, sino que permite comprender. Esta comprensión es aclaración y es lo que posibilita ir a la raíz de lo dado; es, por eso, evidenciar y hacer ver cómo las cosas son como son, y por ello también es una explicitación de nuestro presente. No olvidemos, como ha mostrado Giorgio Agamben, que la idea de una “arqueología filosófica” la planteó Kant en 1791 (3). Este reconocimiento no implica igualarla con el método de Nietzsche o de Michel Foucault.


La crítica, pues, es una actitud, la que termina por convertirse en un hábito, en un haber, que empieza a formar parte del sujeto, del vivir diario; llega a ser una segunda naturaleza. La crítica implica un ejercicio permanente, es el instrumento del filósofo, pero no sólo de él. Con ella, el filósofo reflexiona y “camina en la noche, pero precedido de una luz” (4).

3) La crítica en Marx es destrucción, desmonte, demolición; es desnaturalización de las concepciones marmolizadas ancladas en la vida cotidiana; es la des-mixtificación de las concepciones petrificadas que sostienen un orden social y económico determinado. En Marx, la crítica opera de manera disolvente. Específicamente, opera como una anatomía de los conceptos y las relaciones de la sociedad burguesa. La anatomía que él realiza del capitalismo es, pues, el ejemplo paradigmático de la crítica. Son los anteriores sentidos de crítica los que encontramos en textos como La sagrada familia o Crítica de la crítica crítica; son los sentidos presentes en la Contribución a la crítica de la Economía Política o Crítica de la filosofía del derecho de Hegel. En el caso más notorio, en la crítica de la economía política, el capitalismo es puesto bajo sospecha radical, es desnudado de sus fetiches y ocultaciones. Es la deconstrucción de lo que aparece como evidente. Por eso en Los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 nos dice:

“La economía parte del hecho de la propiedad privada; no la explica. Concibe el proceso material de la propiedad privada, como ocurre en la realidad, en fórmulas generales y abstractas que sirven entonces como leyes. No comprende estas leyes […] lo que debe explicarse se da por supuesto” (5).

De ahí que en Marx la crítica es parte de la esencia de la filosofía. Sin embargo, su concepción de la misma rebasa ampliamente esta labor, pues la filosofía no se limita a la crítica, también:
4) Tiene un compromiso con la transformación del mundo. Por eso Marx critica la filosofía especulativa de su tiempo, la de Hegel y la de los jóvenes hegelianos, por ser mistificaciones, por no auto-comprenderse como producto de las relaciones materiales, por verse sólo como pensamiento puro. De ahí su distancia con la realidad y con su transformación. En Marx la filosofía actúa sobre la realidad, es una toma de partido. Como ha dicho Luis Eduardo Gama en la Introducción al libro Diálogos con Marx:

La filosofía convertida en crítica no solamente tiene esta función de esclarecimiento o desmitificación […] La filosofía interviene en la realidad mundana y toma posición en medio de la conflictividad social. Por eso Marx no sólo cambia el contenido de la actividad filosófica, sino también su propósito: de la acción contemplativa de la vida teórica se pasa al filosofar práctico que participa, de manera inmanente, en las encrucijadas de la vida social” (6).

5) Por eso, la filosofía que permanece separada del mundo debe ser superada. Esto quiere decir, que la filosofía clásica alemana debe ser superada por la filosofía revolucionaria, pero la superación implica la realización de ésta última. Por eso dice Marx en la Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel: “En una palabra: no podeís superar la filosofía, sin realizarla” (7). El sujeto histórico encargado de realizar la filosofía revolucionaria, produciendo su desaparición, es el proletariado. Sin embargo, debe entenderse, la realización de la filosofía revolucionaria no implica, a mi juicio, la desaparición de toda filosofía, pues se ha generado un debate en torno a si la postura de Marx sobre la auto-supresión del proletariado como clase y la realización de la filosofía, es una declaración más sobre la “muerte de la filosofía”. Creo que nada hay en él que permita afirmar que con la superación del capitalismo y con el advenimiento de una nueva forma de vida, la filosofía como tal desaparezca. Lo que desaparecen son ciertas formas históricas de la filosofía, a saber, la filosofía “separada”, abstracta, y la filosofía revolucionaria misma.

6) Marx nos invita a pensar en la historicidad y en la relatividad de los sistemas filosóficos, del pensamiento. La filosofía dominante, por ejemplo, puede sostener una determinada época histórica, tal como la filosofía cristiana del mundo sostuvo la Edad Media. Marx nos pone de presente algo que por la misma época Augusto Comte enfatizó, a saber, que cada época histórica es, a la vez, un “régimen mental” o un “régimen intelectual” (8). En Comte, no lo olvidemos, al estadio positivo corresponde la filosofía positiva, la cual es producto de la superación del sentimiento y la imaginación y el aumento de las capacidades lógicas del ser humano. Por eso, el estado positivo es fruto de una evolución, de un determinado nivel de desarrollo racional. Así las cosas, la sociedad burguesa capitalista está sostenida y justificada por lo que podríamos llamar el régimen intelectual burgués. Es decir, en cada época hay una filosofía hegemónica que legitima el mundo, a la vez que el pensamiento está “condicionado” (que no determinado totalmente) por ese mundo. Esto es plenamente compatible con la aserción de Marx y Engels según la cual:

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante […] Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas (9).

El gran problema consiste en no ver que las ideas, la religión o las filosofías son expresión de un mundo concreto; el error es separarlas, es darles autonomía. Cuando esto sucede es cuando naturalizamos las maneras de pensar, de ver las cosas: damos por eterno lo que sólo es expresión o traducción de ciertas relaciones de dominio. Des-historizamos lo que es histórico. Por eso mismo, terminamos enajenados, es decir, dominados por los productos de nuestros propios cerebros, por la ideología. Pero lo que nos enseña Marx es que es posible superar tal enajenación, lo cual se logra eliminando las relaciones materiales, las condiciones de vida y de existencia, que hacen posible tal existencia alienada. Por ejemplo, si la religión es la “expresión de la miseria real y protesta contra la miseria real”; si es la “queja de la criatura en pena”, la lucha contra la religión es “una lucha contra ese mundo al que [ella] le da su aroma espiritual” (10); igualmente, la eliminación de la sociedad de clases, elimina la filosofía dominante, hegemónica.


Este problema de la historicidad de la filosofía es clave. Las filosofías, como sostuvo Karl Korsch al aludir a la tesis 11, no son meras fantasmagorías, pues son “realidades sociales muy prácticas, muy objetivas que en consecuencia deben ser superadas de un modo práctico-objetivo” (11). Por eso hoy, si queremos superar el régimen neoliberal, sostenido por sus “tanques de pensamiento”, sostenido por lo que podríamos llamar su “régimen intelectual neoliberal”, no sólo tenemos que desmontarlo críticamente, para deslegitimarlo, sino que también debemos superarlo prácticamente, corporalizando los nuevos modos de vida y guiando la existencia por nuevos valores, pues la “disolución de las viejas ideas marcha a la par con la disolución de las antiguas condiciones de vida” (12).


7) Hay que tener en cuenta, entonces, que no hay en Marx determinismo histórico, sino que, más bien, se presenta una libertad relativa, con la cual basta para transformar el mundo, eso sí, bajo ciertas condiciones objetivas y subjetivas. De ahí que diga en El 18 brumario de Luis Bonaparte:

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado (13).

Diciéndolo de otro modo: “Las circunstancias hacen al hombre en la misma medida en que éste hace las circunstancias” (14). Y el camino inicia, podemos decir, siendo la “conciencia malvada” de nuestro tiempo, como decía Nietzsche (15). Yo diría que un eco fundamental de Marx, que retumba en nuestra época, es que debemos perturbar de manera radical la comprensión que tenemos del presente. Y para perturbarla, la conciencia malvada implica que “a partir de la reflexión crítica sobre lo real”, como dice Löwy, se desprenden posibilidades, y es a partir éstas, con realismo y análisis concretos, como podemos proyectar acciones transformadoras para construir mundos posibles (16). Ya dijo el propio Marx que todo nuevo mundo brota de las premisas y posibilidades del viejo mundo o, para decirlo de otra manera, que la nueva forma de vida debe nacer de las entrañas del presente en crisis.

8) A estas notas sobre la filosofía en Marx debe añadirse el tono polémico de la misma. En Marx la filosofía usa la polémica como instrumento. La polémica está, como bien lo sostuvo el crítico y polemista colombiano Rafael Gutiérrez Girardot, relacionada con la palabra polemos, esto es, guerra, más precisamente, guerra intelectual o refutación (17). La polémica en Marx no busca protagonismo, ni aplauso del público, tiene como fin hacer avanzar el conocimiento mediante la argumentación, la crítica y la controversia. Está puesta al servicio del conocimiento y del proyecto filosófico-político. Esta polémica, está lograda, como en todo buen polemista, con una ingeniosa y mordaz pluma, apoyada en la ironía y en el humor para aniquilar; una pluma que actúa como dardo, como flecha, sobre el lugar, el tópico en torno al cual el contrincante no tiene razón. Me parece que el Preámbulo de La miseria de la filosofía pone en guardia al lector, para que asista a la guerra intelectual que su autor va a establecer contra Proudhon:

El señor Proudhon tiene la desgracia de ser absolutamente desconocido en Europa. En Francia tiene derecho a ser mal economista porque pasa por ser buen filósofo alemán. En Alemania tiene derecho a ser mal filósofo porque pasa por ser economista francés de los más importantes. Nosotros, en nuestra calidad de alemán y de economista a la vez, hemos querido protestar contra este doble error (18).


Según Marx, por ejemplo, Proudhon no entendió nunca la dialéctica hegeliana, si bien hacía alarde de ella en la exposición de los temas económicos. Igualmente, este tono polémico traspasa La ideología alemana. Son notorias las páginas dedicadas a Karl Grün, el autoproclamado maestro de Proudhon, de quien dijo Marx que no sabía, ni tenía dominio de lo que enseñaba. Sobre él dice: “La amena literatura del señor Grün no adorna la ciencia del verdadero socialismo, sino que la ciencia es verdaderamente el relleno entre estas chácharas literarias” (19). Por eso, en el libro las presuntas novedades que muestra Grün son desmontadas una por una, a la vez que es reducido a un plagiario que ha sabido ocultar sus deficiencias por medio de variados artilugios.


Lo dicho aquí sobre la crítica y la filosofía en Marx es uno de sus ecos más presentes, muy necesarios hoy y verdaderas armas en un mundo que necesita re-crearse.


1. Kant, I. Crítica de la razón pura, (Estudio Introductorio de José Luis Villacañas). Madrid: Gredos, 2010, p. 9.
2. Bacon, F. La gran restauración (Novum Organum). Madrid: Editorial Tecnos, 2011, aforismo LXXVII.
3. Agamben, G. Signatura rerum. Sobre el método. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2009
4. Diderot y D’Alambert. Artículos políticos de la Enciclopedia. Barcelona: Altaya, 1994, p. 60.
5. Marx, K. (2011). “Manuscritos económico-filosóficos”, en: Marx y su concepto del hombre de Erich Fromm, México: Fondo de Cultura Económica, p. 103.
6. Gama, Luis Eduardo. “Introducción”. En: Diálogos con Marx (Luis Eduardo Gama, Diego Paredes Goicochea y Andrés Parra Ayala, Comps.). Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2018, p. 15
7. Marx, Karl. Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Valencia: Pre-Textos, 2014, p. 57.
8. Comte, Augusto. Discurso sobre el espíritu positivo. Madrid: Altaya, 1995, pp. 58, 60.
9. Marx, Karl y Engels, Friedrich. La ideología alemana. Madrid: Akal, 2014, p. 39.
10. Marx, Karl. Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, op. cit., p. 43.
11. Korsch, Korsch. Marxismo y filosofía, Barcelona: Ariel, 1978, p. 122.
12. Marx, Karl y Engels, Friedrich. Manifiesto del partido comunista. Pekín: Edición en Lenguas Extranjeras, 1968, p. 58.
13. Marx, Karl., y Engels, Friedrich. Obras escogidas. Tomo I. Moscú: Editorial Progreso, 1975, p. 40.
14. Marx, Karl y Engels, Friedrich. La ideología alemana, op. cit., p. 32.
15. Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Madrid: Alianza Editorial, 1997, p. 167, aforismo 212.
16. Cf. Löwy, Michel. La teoría de la revolución en el joven Marx. Buenos Aires: Herramienta y El Colectivo, 2010 .
17. Gutiérrez Girardot, Rafael. “Polémica y crítica”. En: La identidad hispanoamericana y otras polémicas (Antología y Estudio de Damián Pachón), Universidad Santo Tomás, 2012.
18. Marx, Karl. La miseria de la filosofía. Madrid: Carpe, 1984, p. 45.
19. Marx, Karl y Engels, Friedrich. La ideología alemana, op. cit., p. 439.

* Doctor en Filosofía, Profesor Escuela de Trabajo Social, Universidad Industrial de Santander. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Primer Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Pensamiento Crítico y decolonialidad

-¿Con qué objetivo nace el Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos & del Caribe? ¿Qué esperan de este encuentro?
El congreso es una iniciativa colectiva. La idea se fraguó hace más de un año y se logró en un trabajo conjunto entre REC, la Universidad del Norte y la Universidad del Atlántico que sirviera de envión para un trabajo investigativo más fresco, sin tantas ataduras formales y que redundara en beneficio de la región caribe colombiana. Siempre supimos que tenía que ser en Barranquilla; ciudad con tradición de intelectuales públicos de la talla de Julio Enrique Blanco o Luís Eduardo Nieto Arteta. Uno de los objetivos que nos planteamos fue consolidar una red de trabajo para reflexionar acerca de una región aquejada por profundas brechas sociales y olvidada por las clases dirigentes del centro del país, así como lo expone Alberto Abello en su libro “La isla encallada”.


Un segundo motivo se dirige al hecho de que la academia hoy se encuentra sumida en una especie de “encierro” propio de la lógica que imponen los estándares de calidad. Lógica que no se puede desligar del discurso neoliberal. En esta economía prima la hiperproducción de textos, el ritmo frenético de trabajo, la hiperespecialización, la competencia como forma de ascenso, la jerarquización y segregación académica. Una lógica que termina, por supuesto, por reducir y estrechar los espacios de reflexión auténticos. No pretendemos reproducir un modelo en el que se habla de “Latinoamérica” o del “Caribe” como objetos de estudio, más bien lo que queremos es abrir puentes para que las experiencias políticas, estéticas, literarias, pedagógicas y académicas, que ya se realizan, se puedan juntar en un espacio de trabajo en red, alrededor de la amistad y buscando formas de colaboración que vayan más allá de las dinámicas neoliberales que acabamos de mencionar.


-En este I Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos & del Caribe se dialogará "sobre temas urgentes de América Latina y el Caribe". ¿Cuáles son las necesidades que tiene ahora mismo a Latinoamérica y que urge tratar?
Tenemos que dejar claro que cualquier respuesta a esta pregunta es parcial. Aun así, nos parece que hay cuatro temas “urgentes” que están en la agenda del pensamiento crítico en nuestros contextos. El primero de ellos tiene que ver con la desigualdad que impera en nuestra región. Por traer solo un ejemplo, los altos índices de inequidad en un país como Colombia solo pueden catalogarse de obscenos (el 1% más rico concentra el 20% de la riqueza nacional). Las desigualdades, en países como los nuestros cabalgan junto a formas de violencias extremas y suplicios corporales donde el blasón del poder es el asesinato, la masacre y la desaparición forzosa. Narcotráfico, crueldad y neoliberalismo están presentes en Juárez en México, en el Cauca colombiano o en Brasilia, tal como lo señala Rita Laura Segato.


El segundo punto se dirige al asunto de la raza. Nos parece clave pensar el problema de racial se incorpora en buena parte de un sentido común conservador que se despliega en lo micro; en las prácticas cotidianas más inmediatas. Las poblaciones afros e indígenas en diferentes partes del continente son racializados para ser poblaciones funcionales a formas de poder. Pensar esos mecanismos de racialización y la forma en la que las comunidades reformulan estas experiencias no es una tarea nimia.


El tercer tema que urge tratar es el del feminismo decolonial y negro que ha venido avanzando con mucha potencia y fuerza en nuestra región; tanto en el registro académico como en el militante. Nos parece que una lucha frontal contra el patriarcado es un asunto acuciante y fundamental en cualquier agenda crítica. El movimiento feminista ya ha allanado el camino al desplazar las barreras del sentido común y ha transformado las preguntas que hoy ocupan la agenda política, cultural y filosófica.


Finalmente, en cuarto lugar, creemos que en la agenda tiene que estar presente el problema del territorio y de los ecosistemas esenciales para la vida. Se trata de pensar la vinculación entre la experiencia de la vida humana y la forma como esta se relaciona con el entorno. Los movimientos indígenas se hacen preguntas sobre la relación entre lo humano y lo natural que no podemos soslayar; no solo como un cambio epistémico, sino como una experiencia de carácter político-ético. Se trata de pensar la biodiversidad en clave regional y de pensar —de manera urgente— un diálogo con diferentes disciplinas como la biología y la ecología para producir reflexiones novedosas y creativas. 


-¿Por qué la importancia de tratar estos asuntos desde la perspectiva del pensamiento? ¿Qué puede hacer la filosofía por ellos?
Nos parece que la filosofía consiste en dos movimientos. Por un lado, tiene que ver un ejercicio de desnaturalización, de cuestionamiento de las verdades que han sido sedimentadas y sobre las cuales se han producido discursos que someten y restringen el pensamiento; esta vena es la vocación crítica de la filosofía. Por otro lado, creemos que la filosofía tiene que ser creativa, debe producir un campo exterior a sí misma (negarse), un campo que esté lejos del campo de la hiperespecialización imperante en buena parte de los departamentos de filosofía del mundo. Nosotros apostamos por una filosofía que se pregunte por esos problemas apremiantes, situados e inmediatos. Esos que nos duelen y que se nos imponen; acá está parte del carácter propio de la tradición latinoamericana que nos jalona. 


Esto se puede hacer de muchas maneras, a través de lecturas diferentes de la historia de la filosofía, complejizando preguntas clásicas de la filosofía en contextos contemporáneos, y también se puede hacer de manera comprometida con apuestas políticas en un trabajo mucho más fluido con disciplinas de las ciencias sociales. Creemos que la filosofía debe profanar sus formas operación y debe abrir horizontes de trabajo colectivos que se opongan al modelo del filósofo sabio y solitario de la torre de marfil. Nosotros creemos en una filosofía jovial que la apueste a construcciones colectivas y que no tema a hacerle frente —así estén equivocados los caminos— a esas estructuras de desigualdad que movilizan privilegios. Nosotros somos herederos de una forma de hacer filosofía que es distinta a la tradición europea y eso tiene que pensarse, y relanzarse constantemente; no buscando una “autenticidad” propia del pensamiento latinoamericano, pero tampoco desconociendo esta sensibilidad. Más bien diríamos que tenemos que pensar filosóficamente nuestros problemas, nuestros contextos y nuestros padecimientos...y pensarlos con nuestro estilo; ¡un estilo bastante propio!


-¿Por qué ir a Barranquilla?
Antes que decir que contaremos con más de 24 conferencistas internacionales y nacionales de lujo, con más de 150 ponencias escogidas con rigor por un comité científico, con el lanzamiento de varios libros, nos parece más importante advertir que será un espacio privilegiado para escuchar muchos discursos, diversos y originales. Será un espacio para construir alrededor de la amistad. Creemos que debemos pensar una agenda investigativa incluyente y amplia, situada y con la mirada puesta en los problemas urgentes. Tendremos que encontrarnos no solo en los espacios más académicos, sino también en los ámbitos culturales y artísticos de Barranquilla; vivir la ciudad, porque quien la vive es quien la goza. Además, soñamos con servir de envión de un movimiento más grande, que funcione en red, que articule muchos esfuerzos y apuestas que ya tienen lugar en nuestro país y en el resto de América.


Acá les dejamos el link del evento: https://reclatinoamerica.com/congreso2/

 


 

Primer Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Pensamiento Crítico y decolonialidad

Barranquilla, 14, 15 y 16 de noviembre.

Organizan: Universidad del Norte, Universidad del Atlántico y REC-Latinoamérica. 

 


 

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Sábado, 02 Noviembre 2019 17:12

Lecciones de Teoría Crítica

Lecciones de Teoría Crítica

Lecciones de Teoría Crítica tiene como uno de sus objetivos principales, aunque no el único, el intento por establecer claramente algunas de las enseñanzas fundamentales que nos dan autores como Carlos Marx, Walter Benjamin, Fernand Braudel, Edward Palmer Thompson, Mijail Bajtín, Carlo Ginzburg e Immanuel Wallerstein, a quienes podemos considerar como parte de los principales representantes del pensamiento crítico.

Domingo, 20 Octubre 2019 06:12

El analista de arriba y la calle

El analista de arriba y la calle

 Los pueblos y los sectores populares, las mujeres y los varones de abajo, están ganando las calles en todo el mundo. En Barcelona y en Hong Kong, en París y en Quito, y en un largo etcétera imposible de abarcar en pocas líneas. A mi modo de ver, este sólo hecho da para celebrar, para el regocijo de quienes deseamos el fin del capitalismo, porque éste no sucederá sin confrontación y lucha de calles, entre otras formas similares de pelea.

La poderosa reorganización de los aparatos represivos los ha hecho casi invulnerables a la protesta, de modo que desbordes como los que vimos en periodos anteriores (siempre recuerdo el mítico Cordobazo de 1969, cuando obreros y estudiantes derrotaron en la calle a la policía del régimen militar), son cada vez más infrecuentes. Por eso la lucha de calles, es tan importante, como escuela y como horizonte.

Es cierto, por otro lado, que con marchas y acciones directas no es posible trascender el sistema, que hacen falta por lo menos dos cuestiones centrales: una crisis sistémica profunda, como las que se registraron en Europa hacia el final de la guerra de 1914-1918, y una potente organización de los pueblos, no sólo para afrontar la crisis, sino de modo muy especial para construir los mundos otros llamados a expandirse mientras vamos deshidratando la hidra capitalista.

Los pueblos organizados y los militantes celebramos las pequeñas victorias, la multiplicación de caracoles en Chiapas o el frenazo al paquetazo del FMI en Ecuador. Nos conmovemos con esos miles que arañaron las piedras, literalmente hasta sangrarse, para erigir barricadas con adoquines y trozos de edificios en Quito. Nos indignamos con la represión que provocó una decena de muertos y mil 300 heridos.

Festejamos los avances. "En Loja y Azuay se crearon asambleas populares autónomas, espacios organizativos de abajo para construir poder popular, dar continuidad al proceso y articular planes y acciones", nos dice un militante contra la minería del sur. Valora, de forma muy especial, que los 12 días de lucha hayan sido la primera experiencia para toda una generación, porque no está pensando en tomar el palacio, sino en la continuidad de la pelea.

Otros compas estiman la trascendencia de que haya emergido una nueva generación de militantes y dirigentes indígenas y populares, así como la importancia del protagonismo masivo de las mujeres. En paralelo, se emocionan con los estudiantes que armaron centros de acopio, albergues y cocinas comunitarias, "integrando así una lucha campo-ciudad".

Son los temas estratégicos que deberían preocuparnos, porque de ellos depende el futuro, y no si la acción favorece a tal o cual potencia global, a tal o cual político que quiere llegar o volver al palacio.

Por eso nos indigna, por lo menos a quien esto escribe, cuando el analista de arriba se limita, desde su escritorio, a censurar a los dirigentes, sean de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), del pueblo mapuche o del EZLN, porque no hicieron lo que ellos consideran oportuno o necesario.

Los pueblos no son acarreados por los dirigentes, como suele creer el analista de arriba, porque no se molesta en preguntar y, sobre todo, en escuchar razones de la gente común. Si lo hiciera, descubriría una lógica propia, diferente por cierto a la del académico o del político profesional, porque responde a necesidades concretas que no pasan por la academia y la literatura especializada.

Sinceramente, me parece insignificante, por decirlo en tono amable, si la lucha nuestra beneficia a China, a Rusia o a Estados Unidos. Son tres potencias imperiales que están dispuestas a masacrar pueblos, para seguir acumulando poder y capital.

Me parece igualmente poco importante si una lucha de abajo, con toda su cuota de dolor y sangre, termina beneficiando a tal o cual candidato a la presidencia. No es ése el camino de los pueblos. Todo lo que fortalezca el protagonismo y la organización de los de abajo es muy positivo, más allá de consecuencias que nunca se pueden medir a priori.

Hubo un tiempo en que el analista de arriba era, sistemáticamente, parte del sistema. En las pasadas décadas, sobre todo a partir de la caída del socialismo real y de las derrotas de la revoluciones centroamericanas, han surgido multitud de analistas que se dicen de izquierda, pero no se manchan las manos, ni ponen el cuerpo en las barricadas, ni escuchan a los pueblos.

Se sienten portadores de la verdad, cuando deberían ser apenas trasmisores del pensamiento y la acción colectivas. No puede haber análisis valederos que subestimen a los pueblos. Siempre fue y será una actitud propia de la derecha, funcional al sistema.

No se vale que unos pongan los muertos y otros usen los cuerpos ultrajados como escaleras, materiales o símbolos. "No queremos ser escaleras de ustedes", dicen los aymaras a los políticos corruptos. Sólo sirven los análisis nacidos del compromiso, no con los de abajo, sino abajo y a la izquierda.

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