Jueves, 06 Mayo 2021 06:26

EU: ¿guerra o emergencia climática?

EU: ¿guerra o emergencia climática?

Al parecer la intensa emergencia climática no impacta a Biden ocupado en bombardear y operar en "estado de excepción". En camino a una delicada negociación planetaria, Estado Unidos prosigue con el manejo colonial-imperial. El bombardeo a Siria se operó en un contexto de ilegal unilateralismo rusofóbico y chinofóbico generando tensión e incertidumbre en un planeta en que persiste un torrente de gases de efecto invernadero (GEI) que retiene energía solar a un ritmo diario estimado por James Hansen en el equivalente a la explosión de 400 mil bombas atómicas tipoHiroshima.

Sus devastadores impactos por los torrentes e inundaciones del deshielo de glaciares del Himalaya ya causaron 12 mil muertes ( The Guardian 2/4/21). Por la ausencia de freno a los GEI, los científicos de EU y el mundo advierten riesgos de "cambio climático abrupto e irreversible" despuntando con enormes incendios forestales en California y, desde los años 90, en la acelerada aridificación del suroeste de América del Norte.

En medio del deterioro bioecológio, Leonado Boff advirtió que en la base de "la generalizada violencia contra opositores al régimen ultraderechista que azota Brasil" está, el proyecto de recolonizar América Latina y obligarla a ser solamente exportadora de commodities (carne, alimentos, minerales)… en esa estrategia perversa, Brasil es central por su enorme "reserva de bienes naturales que faltan en el mundo."

Es una profunda crisis existencial y de civilización. Ante el deterioro de EU en lo productivo, comercial y tecnológico, incluyendo la máquina herramienta (en costo, calidad de desempeño) se hace sentir el pesado fardo del complejo bélico-industrial acostumbrado a los sobrecostos e inadmisibles subsidios, retrocediendo ante productos de mejor precio, diseño y calidad chinos, rusos, alemanes, japoneses etcétera, parte de una diversificada competencia civil y militar.

El hegemón opta por el puño militar y una ilegal unilateralidad de atroces sanciones contra Venezuela en tiempos de epidemia, todo un crimen de lesa humanidad por el petróleo y los minerales, saqueando, además, los bienes y depósitos bancarios del gobierno venezolano, entregando miles de millones a un "autodeclarado presidente". Eso es despojo vil.

EU actúa en la unilateralidad desde el inicio del siglo XXI. Su retiro del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM), junto a ventas armamentistas al por mayor del tipo antibalístico en países a las orillas de las fronteras de Rusia, acentúa el riesgo de guerra entre potencias centrales de grave implicación para la estabilidad estratégica.

Urge una cumbre entre Putin y Biden cuyos países manejan 92 por ciento del arsenal nuclear del mundo que incluya la aprobación de la iniciativa demócrata liderada por Elizabeth Warren y John Adams para prohibir la estrategia nuclear de primer ataque por el alto riesgo terminal que conlleva .

Dicha estrategia fue revelada en 2017 por Daniel Ellsberg ex diseñador de escenarios de guerra nuclear durante el gobierno de Kennedy, ( The Doomsday Machine, Bloomsbury, 2017) En medio de este muy riesgoso desbarajuste estratégico y de estado de excepción desde 2003, EU se declara en esa condición bajo cubierta de los ataques del 11/S. Sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, Bush Jr atacó a Irak en marzo 2003. Fue una ruptura del contrato social internacional derivado de la Segunda Guerra Mundial que conllevó el ataque y ocupación de Afganistán e Irak prácticamente hasta estos días.

Téngase presente que para Jean Jacques Rousseau "el derecho de una guerra de conquista no tiene otra fundamentación que el derecho del más fuerte" planteado desde mediados del siglo XVIII al reflexionar sobre el tema en El contrato social, aseveración que calza al milímetro con la guerra y ocupación de corte mercantil e imperialista, de abierto saqueo de recursos minerales y combustibles fósiles de alto valor.

Hasta hace poco tiempo, Donald Trump planteó mantener las tropas de ocupación en Afganistán. En Democracy Now se develó la razón: la existencia de un remanente mineral estimado en una cifra cercana al billón ( trillion) de dólares. El tipo de ofensiva desplegada por Bush configuró crímenes de guerra. Nadie olvide que Bush amenazó con bombardear a la Corte Penal Internacional si se le sometía a juicio.

Hoy más que nunca es obligado recordar que durante los juicios de Nuremberg, y en la normatividad derivada de ellos, se considera de manera explícita que la "guerra de autodefensa preventiva" –"doctrina" tras la cual la Casa Blanca escuda su unilateralismo agresivo– es un crimen de guerra. No existe justificación para estas guerras que sin evidencia ni autorización del Consejo de Seguridad de la ONU persisten. Nadie olvide que el presidente Biden, recién llegado a la Oficina Oval, ordenó un bombardeo contra una indefensa población al margen de toda normatividad internacional.

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Jueves, 06 Mayo 2021 05:29

La pandemia y la angustia social

La pandemia y la angustia social

El valor traumático de la crisis sanitaria

Esta pandemia abarcativa a nivel planetario y omnipresente me lleva a evocar lo que Freud llama “angustia social”[1]. No es casual que se haya referido a ella luego de la primera guerra mundial, guerra que no vio de lejos, ya que ella atravesó su vida: sus tres hijos participaron en las acciones bélicas, durante años su práctica como analista se vio condenada a la ruina y Sophie, la hija favorita murió a causa de su vulnerabilidad a la infección provocada por los desastres. En ninguna otra contienda en el mundo hubo una matanza semejante a la de Verdún entre los años 14-18. Su valor traumático se recorta aún más si se piensa en su acontecer luego de lo que se llamó el siglo de las delicias y también “du grandennui”, del gran aburrimiento, del gran tedio y de la gran prosperidad de la clase media.

Hoy podemos decir que el valor traumático de esta pandemia que nos toca vivir es la de emerger en la era del cálculo, de la planificación, de la creencia en la ciencia y en los ideales del mundo globalizado. Pero así como para Freud la guerra lo llevó a la teorización de la pulsión de muerte, el real que nos acecha en nuestros días demuestra la fragilidad del neoliberalismo, la inconsistencia de los líderes mundiales y lo ilusorio de un progreso ascendente. Para determinada clase social, todo parecía posible, viajar, radicarse en mejores lugares, consumir, inventarse cada día, confiar en la ciencia como nuevo dios. La pandemia hace vacilar todos los discursos: de pronto algo que se afirma se relativiza al día siguiente, un dato parece darse por seguro y luego se desmiente, las informaciones son a veces contradictorias. Como ejemplo: inicialmente se decía que no había peligro para los jóvenes y luego fue relativizado, que para los ancianos el virus era letal pero después, con gran sorpresa, longevos de más de 90 se salvaron y ello dio lugar a diversas teorías: que habían contraído el virus en su juventud y por ello tenían inmunidad o que, al contrario, por su sistema inmune bajo no había resistencia inflamatoria y ello era mejor, que el virus da inmunidad o que puede reaparecer... Estas ideas fueron dadas por científicos, ni que hablar por las emitidas por legos o por presidentes o ministros de grandes potencias. Hoy son las vacunas, aun sin total seguridad, las que proporcionan alivio y llegar a ellas es vivido como un suspiro del que sí valen fotos. No solo no es localizable el virus, sino la verdad certera sobre el mismo y sobre tal imprecisión giran ideas diversas. Ante tal situación comparecen los extremismos: hay gente que no sale nunca de su casa, o hay quienes niegan el asunto minimizando al covid, y toman las medidas del gobierno acerca del cuidado como coercitivas respecto a la “libertad. Si el covid ha profundizado la grieta es también porque los sujetos se adhieren a posiciones extremas ante el vacío, ignorando incluso a veces, su sentido político. Así, la angustia frente a la incertidumbre conduce a algunos a aferrarse a posiciones inconmovibles.

El trauma siempre perfora los semblantes, hiere nuestras creencias, aguijonea nuestras defensas, pero también... enseña. Las atrocidades de la primera guerra mundial marcaron no solo la vida de Freud sino a su propia teoría. Ella --dijo-- había degenerado en un conflicto más sangriento que cualquiera de los anteriores y había producido un “fenómeno prácticamente inconcebible”, ese estallido de odio y desprecio al otro. Hoy no estamos lejos de estas apreciaciones, piénsese la manera paranoica en la que se tomaron los dichos de nuestro presidente acerca del relajamiento del sistema médico durante el “veranito”. Una comunicadora llegó a afirmar que con esto se estaba escupiendo al personal de salud, tomando así una palabra como plena de sentido en lugar de un entender lo serio del mensaje y su significación portadora que era la de aumentar los cuidados. La declinación de los discursos va de la mano con que la palabra tome el sentido de una injuria y de un agravio. Más allá de la clara intención política opositora al gobierno, se trata de pensar en el ocaso de los discursos, cuando la palabra es aprisionada en su instantaneidad, fuera de la modalidad en la que es proferida. Y, más allá de ese ámbito educativo: ¿No notamos acaso de qué forma ella se sobreentiende inmediatamente al ser confinada al grupo partidario de donde supuestamente proviene, a los intereses que la gobiernan, a los propósitos implícitos que la empujan? Resuena aquí la célebre observación de Heidegger[2] acerca del parpadeo nietzscheano como manifestación del “último hombre”. Es esa percepción que comprende demasiado pronto, es la mirada que solo capta la superficie de las cosas y que en el instante inmoviliza el sentido. Es el eterno presente como congelación del devenir. Y negación de la hondura que ese devenir atesora.

Sin embargo, a Freud los horrores de la contienda le aportaron también saber para la vida, fue justamente en uno de sus trabajos sobre la guerra que, siguiendo el adagio latino dijo: “Si vis vital para mortem” (“Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”)[3], anunciando así que tal preparación es requisito y no obstáculo, de vivificación. Quedará por ver que nos enseña esta pandemia, podemos recordar a Kierkegaard,[4] quien se refirió a un aprendizaje por la angustia.

Por Silvia Ons, psicoanalista.

 

Notas:

[1] Freud, S.,(1976) “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, trad. José Etcheverry, T. XVIII, Bs. As., Amorrortu editores

[2] En ¿Qué significa pensar? Heidegger se refiere a la parte 5 del Prólogo de Nietzsche de Así hablabaZaratrustra,Bs. As., Alianza, 2009:

‘Qué es el amor? ¿Qué es la creación? ¿Qué es el anhelo? ¿Qué es la estrella?-Así pregunta el último hombre, y parpadea.

La tierra se ha vuelto pequeña entonces y sobre ella da saltos el último hombre,que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más vive.

Nosotros hemos inventado la felicidad-dicen los últimos hombres y parpadean”

[3]Freud, S.,(1976) “De guerra y de muerte”, en Obras completas, t. XIV, Buenos Aires, Amorrortu, 1976,p. 301

[4]Kierkegaard,S., (1984) El concepto de la angustia ,Orbis, Madrid, p.191 

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“En todo el barrio están dando bala”

“[…] íbamos marchando por la Avenida de Los Cerros, cuando empezaron a dispararnos bala, gases … desde un helicóptero también caían gases y todos comenzamos a correr hacia el barrio…”. Así narra un joven del popular Siloé de Cali la situación vivida en la noche del 3 de mayo, cuando se sumaron al alzamiento juvenil que conmociona a Colombia.

Según narra, en procura de proteger la vida se resguardan en sus viviendas o en cualquiera donde encontraban una puerta abierta; Kevin Agudelo, de escasos 19 años de edad, estudiante del Sena y quien hacía parte de la protesta, quien estaba acompañado de su novia, se resguarda en una panadería del barrio donde fue alcanzado por las balas disparadas por sus perseguidores, perdiendo de inmediato la vida.

Las voces de denuncia de los habitantes de este popular barrio caleño indican que otros dos jóvenes también fueron asesinados, pero no tienen sus nombres y la denuncia queda en manos de los organismos de derechos humanos para que la verifiquen, denuncia que indica que los heridos suman más de una decena.

La acción represiva de la policía, acompañada de unidades del ejército, sobre el grupo de jóvenes, permite visualizar que la potencia de fuego era enorme y la decisión tomada de acallar la protesta a como de lugar es evidente, disparando a diestra y siniestra, “en todo el barrio están dando bala”, como si fuera una zona de guerra, comenta uno de sus jóvenes pobladores.

En esta misma ciudad, queda registrada otra evidencia más que relevante sobre la mentalidad militarista que domina a los cuerpos armados del Estado, sin miramiento alguno con los derechos humanos (palabra que les debe sonar extraña), en la manera como “atendieron” una comisión verificadora de la situación que viven algunos de los jóvenes presos y que fueron recluidos en la estación de Fray Damián (ubicada en el centro de la ciudad). Al llegar la misma a este lugar es recibida inicialmente por un policía y luego por otros varios de sus compañeros que  con insultos, amenazas, disparos e incluso una bomba aturdidora lanzada por el Esmad, les obligan a retirarse del lugar. Según los atacados lograron salir ilesos por la protección que les prestaron varios “habitantes de calle”. La comisión estaba integrada por delegados de la Defensoría del Pueblo, Procuraduría, Alta Comisionada de Naciones Unidas, organizaciones de derechos humanos de la sociedad civil (como la alianza “Defender la libertad Asunto de todas), la Cut, la Arquidiócesis de Cali, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, es atendida inicialmente

Por todo el país

Mientras la población de Siloé vivía la situación referida, en otros muchos lugares del país grupos de jóvenes alzaban su voz para reclamar un gobierno diferente, con una realidad social y económica que permita dejar a un lado las penurias, y acceder a derechos tales como educación universitaria o superior, vivienda, salud, transporte, y otros muchos más que por ahora solo figuran en el papel o accede a los mismos quien tiene con que comprarlos.

Así ocurrió en Floriblanca, ciudad conurbana con Bucaramanga, donde la protesta juvenil, luego de ser reprimida por la mal llamada “fuerza pública” dejó como salto 15 heridos, 4 de ellos graves, entre estos uno con la mandíbula destruida, además de 57 detenidos. Por redes sociales los manifestantes circularon un video donde Cristian Barrios, joven estudiante, cae al suelo luego de ser atacado, seguramente por una descarga de pistola taser. Los lo lesionan son 4 policías que circulan en moto y que así evidencian el tipo de formación que reciben, su disposición para desatar violencia y para llegar, incluso, al máximo grado de la misma.

Más al sur del país, en Popayán, una marcha que recorría el centro de la ciudad sufre la ofensiva policial de la cual queda un saldo de 53 heridos.

En otras ciudades como Armenia, Tunja, Pasto, Bogotá, también se registran protestas, aunque no en todas la acción represiva toma forma-

Cierres de vías

Mientras los jóvenes reclaman en la calle derechos inexistentes, e incluso otro gobierno, en varias autopistas del país los camioneros interponen sus vehículos e impiden el paso normal de automotores. Demandan reivindicaciones propias, aunque ahora las suman a la dinámica que caldea al país.

Es una situación reinante en Cundinamarca en municipios como Facatativá, Gachancipá, Nemocon, Cajicá, Fusagasugá, Choachí, Ubaté, Sibaté, Caqueza-, En Antioquia, a la altura del municipio de Santuario. En Boyacá en las vías que llevan hacia Santander.

En el municipio de Zulia, cercano a Cúcuta, con cierres en las vías que llevan hacia Ocaña y Tibú, pero en este caso por acción liderada por campesinos campesinos que rechazan las fumigaciones con glifosato y exigen la implementación del Acuerdo de Paz. Una acción que también lleva a cabo en Nariño indígenas yasingas y pastos.

Otras regiones del país también tienen sus vías cerradas y las quejas del empresariado, en procura de solución, se escucharon sin cesar: en Pasto, dicen, se agota la gasolina; las granjas avícolas alertan que millones de pollos morirán por falta de alimento; los lecheros avisan que están perdiendo el producto de su trabajo pues no pueden llevarlo a las plantas procesadoras. En las ciudades los comerciantes se lamentan por las pérdidas que dejan las protestas y diversos almacenas de cadena informan del límite a que van llegando sus existencias.  Como si fuera poco, ante la renuncia del Ministro de Hacienda el dólar se dispara y con él la deuda pública, y las agencias calificadoras de riesgos avisan de la decaída en la confianza que tenían en el país. Es decir, la economía al piso.

Una realidad, la económica, que atrae con energía de imán, a las diversas expresiones del establecimiento que llaman a un pronto acuerdo de la crisis.

Sin pisarse los cayos

El alzamiento juvenil y social se va ampliando como mancha de aceite, y en la medida que esto sucede, como evidencia de su debilidad y desespero que lo descuaderna, el gobierno militariza más y más. Su actuar desbocado puede terminar en cualquier desfiladero: una mayor masacre, un autogolpe, o cosa similar. Una recurso al cual no renunciará, aunque por lo pronto y como quedó evidente a lo largo del día 4 de mayo, acudió al llamado a un Acuerdo Nacional al cual respondieron de manera favorable, y en primera instancia, los partidos tradicionales en sus distintas vertientes. Personajes como Juan Manuel Santos, quien ha liderado una acción subrepticia para descuadernarlo y por su conducto acorralar al innombrable, tampoco se negó. El tamaño de la crisis es tal, así como la necesidad a que se enfrenta el establecimiento para resolverlo en el menor tiempo posible, que hasta tres de las universidades privadas del país de mayor reconocimiento le dieron el miércoles 5 de mayo libre a sus estudiantes y los invitaron a sumarse a la protesta contra el mal gobierno. Una medida que responde, es claro, a las fuerzas subterráneas que actúan, desde el propio establecimiento, contra el gobierno Duque.

Queda por conocerse la manera como procederán las fuerzas llamadas alternativas y los diversos movimientos sociales, entre ellos indígenas y sindicalistas, y unos actores claves de la coyuntura: los jóvenes, aunque con una dificultad mayor: ¿quién los representa, quién o quiénes pueden asumir una vocería legitima como totalidad?

Un escenario realmente complicado para las fuerzas alternativas, que desde hace dos años han tratado de llevar al gobierno a una negociación abierta de un inmenso pliego de reivindicaciones el cual ahora sí podría ser negociado. El dilema es claro: Si se participa de la negociación se le brinda a Duque el aire necesario para dilatar la crisis, pero si no se participa será testigos mudos de la negociación que haga el establecimiento con el establecimiento o los mismos con las mismas.

La dificultad para resolver el dilema está en la postura expresada por algunas de estas fuerzas que demandan como precondición para un posible diálogo: la desmilitarización del país, el cese de la violencia represiva, renuncia de la cúpula policiva-militar, entre algunas de sus exigencias.

Mientras así cierra el día siete del alzamiento juvenil/popular, y termina el 4 de mayo, la luz se dirige al siguiente día donde el país está llamado a una inmensa manifestación de repudió en contra del régimen y del gobierno. Una jornada donde el movimiento indígena incorpora sus fuerzas y ampliará los bloqueos de autopistas.El desenlace de la jornada podría dar pistas sobre lo que está por venir.

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La sociedad anestesiada por la fobia al dolor

El sociólogo Miguel Ángel Forte analiza La sociedad paliativa, nuevo libro de Byung-Chul Han

Un reciente ensayo del filósofo surcoreano mete el bisturí en el concepto de dolor, un sentimiento que se pretende eliminar en una sociedad entregada a los paliativos optimistas y la dictadura del like.

En su libro La sociedad paliativa (Herder) el filósofoByung-Chul Han parte de la idea del dolor para atravesar los conceptos de toda su obra. Su tesis es que en la sociedad impera una fobia al dolor, el cual se trata de eliminar a toda costa, incluso allí donde es constituyente de la existencia humana como en el amor, la política, el arte y la psicología. Miguel Ángel Forte es profesor titular plenario de Sociología General (UBA) y director de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso, donde dicta el seminario Byung-Chul Han y Carlos Marx: las cadenas radicales del panóptico digital.

--Según Han, en la actual sociedad del rendimiento el dolor es considerado síntoma de debilidad. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y pule, hasta eliminarle su aspereza y resultar agradable. “El like es el signo y el analgésico del presente”. Y desde Facebook pasaría a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

--Facebook con sus selfies y likes da una solo apariencia de las cosas: tengo 5000 amigos ¿pero qué puede salir de ahí más allá de algunos encuentros concretos? Casi todo queda allí. El covid fue el virus justo para esta época que se nutre de vínculos digitales. El tuiteo era la forma de hacer política de Trump. Pues el secreto del poder contemporáneo es no generar ningún tipo de vínculo interpersonal. Una de las cosas que puso de relieve la pandemia es el individualismo radical de cierta gente, capaz de desafiar a la propia biología: no se cuidan ni a sí mismos.

--En su reivindicación de la negatividad del sufrimiento, Han dice que olvidamos que el dolor purifica y opera como catarsis: “el exceso de positividad aplasta y asfixia”. Y terminaríamos aplanados por la cultura de la complacencia sumidos en el infierno de lo igual, esa zona paliativa de bienestar. Plantea que “el dolor ha dejado de ser un cauce navegable que lleva al hombre al mar: es un callejón sin salida”. Lo trágico sería necesario para afirmar la vida, a pesar del dolor.

--En tanto el dolor es paradigma de la negatividad, el sujeto de rendimiento contemporáneo pretende eliminarlo. Ignora que el padecimientote lleva a una dimensión metafísica que permite dar sentido y ubicar tu posición en el cosmos y la sociedad. Para Han, no hay felicidad sin dolor, ya que esta aparece fragmentada: el dolor se sostiene en la felicidad, que es también algo doliente: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Lo necesitamos para una felicidad profunda. La vida es un juego de opuestos: sos feliz de alguna manera, porque una vez no lo fuiste. Sin conocer el sufrimiento no podés conocer a su Otro, que es la felicidad. Ciertas psicologías positivas --u optimistas-- trabajan sobre la negación del sufrimiento. En cambio, el psicoanálisis necesita que el paciente reconozca su padecer para comenzar el tratamiento. El otro camino para alcanzar la tranquilidad en la sociedad paliativa son los psicofármacos: el sujeto no quiere sufrir y en lugar de enfrentarse al sufrimiento, lo obtura con medicación.

--Freud descubrió la necesidad de abrir la herida.

--Si no tenés capacidad de enfrentar ese sufrimiento profundo, solo están a tu alcance las psicologías rápidas que buscan reemplazar pensamientos negativos por “positivos”. Pero apenas desplazan el problema, vuelve. Son técnicas funcionales al neoliberalismo: buscan la eficacia del sujeto que debe volver a la producción. Para eso inflacionan el narcisismo en lugar de escarbar y replantearse: te ponen en mejores condiciones para rendir sacándote del apuro, apelando al “vos podés” escribiendo metas cada mañana en el espejo del baño. El gran descubrimiento de Han es que el capitalismo entendió que es mucho más productivo el individuo autoexplotado, que el explotado clásico en la fábrica de la sociedad disciplinaria. Se pasa de la coacción del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

--Toda coincidencia con la política argentina es mera casualidad.

--Je je... Si hay alguien que entendió bien esto, fue Durán Barba. Dice Han que hoy predomina una política paliativa: comprar y votar se parecen cada vez más. En las democracias paliativas --al menos en el primer mundo que parece analizar él-- no se enfrentan posturas políticas ni grandes disputas de sentido. Tenderíamos a elegir entre tecnócratas parecidos que solo gestionan: no hay polis, en el sentido griego. La política busca satisfacer el deseo del votante: no hay verdaderos opuestos y el infierno de lo igual ingresa en la política, que pretende evitar el conflicto que produce dolor. El Big Brother con su cámara de tortura muta en Big Data amable que bucea en los deseos del votante inmerso en su smartphone como confesionario móvil, quien se expone a la vigilancia: en este nuevo panóptico se siente libre y quiere que lo vean. La minería de datos permite conformar un producto político que se le ofrece al votante-cliente. La pugna central consiste en ganar el centro político limado de asperezas para conformar las necesidades del “comprador”.

--Las derechas entienden bien esto: en lugar de hacer eje en cuidar la salud, se ofrecen como guardianes de su libertad.

--Es una degradación de la política a ver quién me deja ir a la cervecería o a correr. La búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Dice Han que no hay más revolución: hay depresión y antidepersivos. Todo lo que te sucede no sería un problema social sino personal, un tema psíquico que tenés que resolver sólo. La política paliativa implica “no puedo solucionarte nada de fondo pero intento darte tranquilidad”.

--El concepto “infierno de lo igual” sugiere que vamos perdiendo el espacio para la exploración fenomenológica --el darle sentido a las cosas-- y el lugar para una dialéctica, entendida como juego de opuestos que en el enfrentamiento genera una síntesis superadora. Iríamos hacia una homogeneización que expulsa lo distinto en rechazo a su negatividad. También el arte sería aplastado por lo paliativo.

--La lisura de la positividad se traslada al arte y lo termina anestesiando, al someterlo a la presión del consumo: busca ser siempre agradable, lindero con lo decorativo. Es un arte indoloro, sin conflicto ni ruptura estética. Y el diseño de los productos pasa a ser más importante que su valor de uso: los bienes de consumo se presentan como obra de arte. El filósofo subraya que los artistas se ven obligados a registrarse como marca. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y la complacencia conduce siempre a lo mismo. Han rescata la definición de Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte tiene que poder doler. La negatividad de lo distinto entra por el espacio que abre el dolor.

--En su genealogía del dolor, Hanremite a Foucault. En tiempos monárquicos existía un teatro de la crueldad que torturaba y exponía ejecuciones: el dolor era un medio de poder. Pero la sociedad disciplinaria industrial cambió su relación con el dolor: lo aplicó de manera discreta y limitada a las prisiones, más acorde a la necesidad productiva. Había que sujetar al trabajador a la máquina mediante la obediencia, sin cadenas. Pero en la sociedad de rendimiento, uno termina siendo su propio panóptico y se infringe dolor. La violencia no ha desaparecido: es neuronal y se interioriza e invisibiliza, desde que se la hace coincidir con la idea de libertad y autosuperación, motivando la productividad a través del consumo. Pasamos de una biopolíticadel cuerpo a una psicopolíticade la mente basada en el autocontrol.

--En la era posindustrial hay un cuerpo hedonista que se gusta y rechaza el dolor: no le ve utilidad. El sujeto de rendimiento carece de obligaciones y prohibiciones: tiene motivaciones. Los espacios disciplinarios como la escuela, el manicomio o la fábrica son sustituidos por formas y rincones de bienestar. Y desde la pandemia, la oficina tiende a ser reemplazada por la casa. El dolor es despolitizado y queda reducido a asunto médico. El poder se vuelve elegante, desvinculado del dolor. No se impone: es permisivo y seductor.

--Pero el dolor está siempre. Dice Han que las enfermedades paradigmáticas del siglo XXI --antes de la pandemia-- eran la depresión, el síndrome de burnout, el déficit de atención. El dolor brota de adentro. Lo que duele es el persistente sinsentido de la vida; si el dolor es reprimido, se acumula pero no desaparece.

--El dolor es autoproducido por la violencia de la positividad. No solo viene de los otros sino del superrendimiento y la hipercomunicacion: “son dolores de sobrecarga”. El sujeto autoexplotado no se detiene hasta derrumbarse de cansancio, como un siervo que arrebata el látigo al amo para flagelarse. Esto explicaría la costumbre global de autolesionarse para subir el video a Internet. Son personas que se generan cortes profundos o se someten a retos suicidas. Estas serían las nuevas imágenes del dolor, intentos vanos de librarse de la carga de un ego hipernarcisista, el reverso sangriento de las selfies; intentos desesperados de un Yo depresivo embotado en el infierno de lo igual, que necesita sentir su cuerpo. Sin dolor se aliviana la sensación de existir. Esas personas buscan algo intenso que los reviva. Por eso el auge de deportes extremos: la sociedad paliativa genera extremistas. Es una sociedad anestesiada que necesita estimulantes cada vez más enérgicos para despertar la experiencia del yo.

--¿Hay un dispositivo de felicidad inherente al neoliberalismo?

--Hay un imperativo de ser feliz. Esa positividad de la felicidad debe suplantar a la negatividad del dolor. La felicidad “es un capital emocional que aumenta el rendimiento”, muy eficaz en términos productivos: genera una presión más devastadora que la antigua obediencia. Pero ese sujeto queda corriendo en una rueda de hámster. El sometido no es consiente del sometimiento y se explota voluntariamente: cree que se está realizando. La felicidad estaría en la absolutización del trabajo, o sea,de la vita activa en desmedro de la contemplativa. Es vivir para trabajar: la jornada se extiende sin límite por el carácter coactivo de las tecnologías que convierten a todo momento y lugar, en un tiempo y ámbito de trabajo. Esto se potenció con la pandemia. La psicopolítica neoliberal convierte al trabajo en una fiesta y ese discurso neocorporativo se traslada a la política.

--Dice Han que el dispositivo neoliberal de felicidad invisibiliza el dominio, llevándonos a la introspección anímica como reacción ante el dolor por exceso de explotación. No hay que mejorar las relaciones laborales sino el estado anímico.

--Cuando el sujeto de rendimiento se deprime al fracasar --y no ve un posible cambio en el afuera--, implota en lugar de rebelarse. Se responsabiliza a sí mismo. Los nuevos líderes no son revolucionarios, sino entrenadores motivacionales que atajan el descontento con técnicas de autoayuda que intentan convertirlo en oportunidad. También los calmantes proscritos masivamente taponan situaciones sociales causantes de dolor. Las redes sociales y los videogames adictivos operan como paliativos que aíslan. El dispositivo de felicidad aísla y despolitiza, atenuando la solidaridad. Cada quien se preocupa de su felicidad como un asunto privado: “el fermento de la revolución es el dolor sentido en común”. En la sociedad del cansancio, ese agotamiento es apolítico, es un cansancio del Yo emprendedor. Este es el auge de la idea “todos somos empresarios”, cuando somos meros monotributistas de un Estado.

--Para Han, el sujeto de rendimiento narcisista abocado al éxito --expuesto al panóptico digital para aumentar su valor-- solo puede amarse a sí mismo y sufre el dolor de la agonía de su Eros. En tiempos de Tinder, así como el trabajo es positivado para quitarle su rasgo de explotación, lo mismo sucede en el amor: se elimina el riesgo de la herida.

--El dolor brota cuando un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor. No existe posibilidad de una relación profunda, si se rechaza de plano la posibilidad de sufrir. Por eso se busca llevar al Eros a una zona paliativa y controlada. El Otro es cosificado como objeto, al que solo se lo puede consumir. El Eros es el anhelo de lo distinto. La pretensión de un mundo sin dolor y anestesiado conduce al infierno de lo igual. El dolor es necesario para percibir la realidad, es esa resistencia que duele, sin la cual no sentiríamos nada. El mundo desmaterializado en la digitalidad reduce esa resistencia eliminando la fricción, llevándonos a una era posfáctica y apática: “El orden digital es anestésico y provoca el olvido del ser”.

--Lo único que nos puede sacar de allí es un gran shock, como en la película Melancolía de Lars von Trier: una joven sufre el dolor de no poder amar y sale de su depresión al enterarse que un meteorito está por destruir la tierra.

--O un shock como el virus actual que nos regresó de lleno a una realidad antes muy paliativa --que ocultaba la muerte--, la cual ahora se nos apareció de lleno con millones de muertos. Dice Han que hoy la realidad se nos hizo notar en la forma de una fricción viral. Y toma la historia de Simbad, el marino que cree estar en una isla, pero pisa el dorso de un gran pez. Esta sería la metáfora de la ignorancia humana. Nos creemos a salvo, pero de golpe somos arrastrados al abismo. La pandemia subrayó esto: la violencia que ejercemos contra la naturaleza contraataca con una fuerza mayor. El virus conmociona al capitalismo pero no lo elimina. La globalización había levantado todas las barreras para acelerar el flujo del capital. El shock pandémico paralizó las economías y los gobiernos en pánico cerraron las fronteras. Su efecto fue como el del terrorismo. El peligro sería que, a la larga, se instaure a nivel global un régimen policial biopolítico de control a la manera china: este sería el fin del liberalismo, que habrá sido un mero episodio histórico: “la psicolítica digital hace fracasar la idea liberal de libertad”.

--Han reivindica la vida contemplativa, el amor profundo y el Eros por sobre el porno, los rituales ante la instrumentalidad, el contacto físico y la política como espacio de conflicto. No es ningún posmoderno sino un romántico, un hombre de la modernidad algo fuera de época que no usa celular ni tiene redes sociales. Y un hipercrítico del neoliberalismo con su coacción digital. Hasta parece un continuador de la escuela crítica de Frankfurt. Y es un poco absolutista en sus afirmaciones.

--Sí. Su postura pasa por la ruptura de la homogeneización del mundo y la búsqueda de superar el narcicismo para encontrarse con los otros, de manera colectiva en el ritual. Reivindica la política y lo comunitario como polarización de opuestos. En Europa los partidos dejaron de ser clubes de amigos cuando ingresaron al parlamento los socialistas y trajeron la diferencia. Hasta entonces, habían sido todos aristócratas que vivían de otra cosa. El político profesional surgió con los parlamentarios de clase obrera diciendo algo distinto que incomodaba al status quo: introdujeron la negatividad opuesta. Creo que Han es un romántico, un romántico algo pesimista y apocalíptico, que dice cosas interesantísimas. 

Por Julián Varsavsky

03 de mayo de 2021

Publicado enCultura
Manifestación a favor de Bolsonaro en Brasilia.. Imagen: AFP

El presidente de Brasil sobrevoló las manifestaciones en un helicóptero

 

A bordo de un helicóptero, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sobrevoló una manifestación realizada por simpatizantes del oficialismo en la capital Brasilia. Las muestras de apoyo al gobierno fueron realizadas sin reparar en las medidas de distanciamiento para frenar la pandemia de coronavirus mientras el país supera los 400 mil muertos por la enfermedad.

También se realizaron concentraciones bolsonaristas en las principales ciudades del país como San Pablo y Río de Janeiro, donde cientos de manifestantes se congregaron en la icónica playa de Copacabana para exigir una intervención militar que refuerce los poderes del mandatario. Uno de los lemas de los manifestantes fue “yo autorizo” o “autorizo a Bolsonaro”, en alusión a una autorización para que el presidente de la ultraderecha brasileña envíe el Ejército a las calles. Al norte del país, también registraron manifestaciones que respondían al llamado de “yo autorizo al presidente” en las ciudades de Belém, Belo Horizonte, Natal y Salvador.

Bolsonaro actualmente está bajo investigación junto a miembros de su gabinete por sus acciones y omisiones en el combate de la pandemia de covid-19 que en Brasil suma más de 14,6 millones de casos y 406.437 muertes. Una de las principales razones es la variante P1, más contagiosa y que surgió del descontrol sanitario en Manaos, capital del estado de Amazonas.  Sin embargo, el mandatario aún se mantiene escéptico sobre la gravedad de la pandemia.

Bolsonaro compartió el video de una manifestación realizada en San Pablo donde se ven a miles de personas aglomeradas sobre la avenida Paulista, la mayoría vestidas de amarillo y verde, los colores de la bandera de Brasil. “Te debemos lealtad”, aseguró el mandatario en su cuenta de Twitter.

"Antes, el Primero de Mayo, había banderas rojas como si fuéramos un país socialista. Estoy contento de ver banderas verdes y amarillas por todo el país, con gente trabajando de verdad", dijo Bolsonaro este sábado durante una videoconferencia en un evento agrícola.

"Este es un momento crítico y Bolsonaro necesita el apoyo del pueblo", dijo Edvaldo de Paulo, un hombre de 60 años que asistió a las manifestaciones en Brasilia.

El hijo de presidente, el diputado Eduardo Bolsonaro, estuvo en la manifestación que su padre sobrevoló en Brasilia donde se reunieron unos cinco mil seguidores del mandatario. El diputado que protagonizó la frase "métanse el barbijo en el culo", llegó con el barbijo colgado cerca del cuello, saludó y se tomó fotos con simpatizantes que también tenían la cara descubierta.

El presidente Jair Bolsonaro mantiene una postura en contra de las restricciones para frenar la circulación del virus. Hace unas semanas dijo estar en espera de una señal de la gente para tomar medidas para terminar con las restricciones que intentan controlar la propagación del coronavirus. Sin embargo, en el país ya murieron más de 400 mil personas de covid-19 y la mutación P1 surgida en Manaos es probable que pueda eludir la inmunidad adquirida por la infección con otras cepas, según un estudio de la revista Science.

Por otra parte, las manifestaciones en contra de la gestión de Bolsonaro iban a realizarse en su mayoría a través de streaming con la participación del expresidente Lula da Silva. "Este es un Primero de Mayo triste para los trabajadores de nuestro país, un día de luto por las 400.000 vidas perdidas a causa del covid-19, muchas de ellas porque el gobierno de Bolsonaro se negó a comprar las vacunas que se ofrecían", declaró Lula.

02 de mayo de 2021

Publicado enInternacional
Sábado, 01 Mayo 2021 06:42

Los tiempos de barbarie exigen osadía

Los tiempos de barbarie exigen osadía

Entevista a Michael Löwy

El fascismo y la crisis ecológica se recrudecen en todo el mundo. En esta entrevista, el militante y pensador ecosocialista Michael Löwy nos explica cómo la convergencia de fuerzas en el campo anticapitalista podría ayudarnos a superar los desafíos que tenemos por delante.

La pandemia de coronavirus se presentó como un desafío global y expuso las enormes desigualdades que existen entre los distintos países, desigualdades que van desde el acceso a un sistema de salud justo y de calidad hasta los distintos abordajes de la pandemia según los gobiernos de turno. Las crisis, inevitablemente, están relacionadas con las fronteras por su naturaleza internacional y por las dinámicas económicas y geopolíticas que generan disputas sobre proyectos y recursos entre distintos países. No es posible hablar, por ejemplo, de la crisis de Venezuela sin considerar los elementos externos a Venezuela. No se puede comprender el bolsonarismo sin notar la influencia ideológica de la derecha estadounidense y las dinámicas de desmonte y privatización en Brasil que complacen a una burguesía internacional.

La inminente catástrofe ecológica que, si bien excede al cambio climático, encuentra en él su mayor catalizador, nos urge a desplegar nuestra capacidad de movilización contra el capitalismo y sus falsas soluciones, mientras perseguimos al mismo tiempo la autonomía de los pueblos oprimidos. Esta conversación con Michael Löwy, militante e intelectual ecosocialista, ilumina posibles caminos para la acción.

SF: Michael, me gustaría comenzar con un pequeño debate sobre cómo se plantea la cuestión de las fronteras en el contexto específico del siglo XXI. Parece que los cambios climáticos evidencian a veces el carácter artificial de las fronteras entre los países. Sin embargo, otras veces muestran lo importantes que son en relación con la disputa geopolítica sobre los posibles rumbos del planeta.

ML: De hecho, la crisis ecológica y el cambio climático no conocen fronteras. Por eso el internacionalismo, la organización de un movimiento planetario contra la oligarquía fósil y, en última instancia, contra el sistema capitalista –que es, como reconoce el Papa Francisco, intrínsecamente perverso– son más decisivos que nunca.

Esto no impide que las potencias capitalistas, en tanto promueven la globalización neoliberal, estimulada activamente por el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio –todos comprometidos con la industria fósil y el ecocidio– disputen los distintos sectores del mercado mundial e intenten imponer su hegemonía imperial. La verdad es que asistimos a un fenómeno nuevo, el «nacional-liberalismo», con Donald Trump, Bolsonaro, Shizo Abe en Japón, Boris Johnson y otros, que proclaman un nacionalismo agresivo y un neoliberalismo brutal a la vez, lo que no es para nada contradictorio. A pesar de que las fronteras sean cada vez más artificiales, los distintos gobiernos de las potencias imperialistas intentan, por todos los medios, construir muros, barreras con alambres de púas electrificados, e instalan patrullas policiales para impedir el acceso de los inmigrantes desesperados que intentan escapar de sus países para sobrevivir.

¿No había explicado Marx que el sistema capitalista no puede existir sin formas de dominación violentas y bárbaras?

SF: Es interesante, porque la derecha liberal, que ayudó a fortalecer a figuras como Bolsonaro, ahora finge ser diferente. Por ejemplo, en la medida en que la extrema derecha exhibe este fuerte tenor nacionalista y de conservadurismo social, los liberales intentan distanciarse de la imagen negativa de Bolsonaro. Pero sabemos que en realidad no tienen ningún problema en seguir apoyando las políticas de Paulo Guedes, en caso de que lleguen nuevamente al Ejecutivo. Como decías, este vínculo no es para nada contradictorio. Los estudios serios sobre la historia del liberalismo prueban su relación con los sistemas más perversos, como la esclavitud. ¿Será que lo que vivimos hoy es un modo de capitalismo que busca garantizar las ganancias sin importar los medios a los que tenga que recurrir? Lo cual valdría tanto para los gobiernos que muestran alguna preocupación por los derechos humanos como para gobiernos que parecen adquirir rasgos cada vez más autoritarios. ¿Es esta la tendencia de esta década?

ML: Efectivamente, a los capitalistas, a la oligarquía financiera, a los grandes industriales y al agronegocio solo les interesa garantizar sus ganancias. El resto son detalles sin mucha importancia. Si el gobierno garantiza una agenda económica neoliberal, como la de Paulo Guedes, contará con el apoyo –activo en algunos sectores, pasivo en otros– de las clases dominantes. Es cierto que los miembros más cultos de las élites, o más liberales en el sentido político, pueden sentirse incómodos con las locuras y el autoritarismo neofascista de Bolsonaro, pero, ¿asumirán una oposición consecuente? Hasta ahora esto no sucedió… En Estados Unidos la situación es diferente. Un sector de la élite dominante, asociada al Partido Demócrata, está dispuesta a ponerle fin al episodio delirante de Trump.

Nada de esto es nuevo. El capitalismo puede adaptarse a casi todo: esclavitud, trabajo «libre», democracia parlamentaria, fascismo, dictadura militar, gobiernos liberales, socialdemócratas, nacionalistas o autoritarios. Lo esencial es que se garantice la tasa de ganancia y la acumulación del capital.

SF: Las grandes potencias poseen una doctrina imperialista que concibe a sus propias fronteras como impenetrables, pero a las de los otros países como blancos a ser penetrados o demolidos. ¿Cómo se manifiesta esto en la construcción de la resistencia en los países periféricos?

ML: Las intervenciones imperialistas se multiplicaron en las últimas décadas, tanto en América Latina como en Medio Oriente. Tenemos que combatir estas intervenciones, que obedecen exclusivamente a los intereses económicos y geopolíticos de esas potencias, en especial los Estados Unidos, sin que eso nos lleve a apoyar los regímenes dictatoriales que se encuentran en conflicto con el imperio, en particular en Medio Oriente.

La cuestión es diferente en América Latina, donde los gobiernos son progresistas, por ejemplo, en Venezuela, en Bolivia y en Cuba, que, con todos sus límites, enfrentan la intervención imperialista estadounidense. En estos casos, la solidaridad internacional con la resistencia antimperialista es importante.

SF: Creo que uno de los grandes méritos de la dialéctica marxista, especialmente en la interpretación del marxismo humanista, es romper con una visión dualista, según la cual los problemas estaría solamente en el individuo, que debería transformar su propia microrrealidad, o totalmente localizados en la estructura, al punto de negar la agencia de los individuos. Aun así, siento que todavía es difícil transmitir nuestros esfuerzos de politización, sobre todo porque la doctrina neoliberal hace recaer la responsabilidad simplemente sobre el individuo y algunos grupos socialistas niegan la importancia de la agencia y de la libertad individuales. ¿La conciencia ecológica puede ser un terreno fértil para unir estos campos de batalla?

ML: En los escritos del joven Marx encontramos una concepción dialéctica humanista que rompe tanto con el individualismo liberal como con el organicismo conservador. En efecto, la lucha socioecológica es un buen ejemplo de la necesidad de una visión marxista dialéctica de la agencia individual y colectiva. Eso se traduce en dos niveles: uno es la complementariedad entre las iniciativas individuales, por ejemplo, la alimentación vegetariana, y las transformaciones estructurales como el fin de los subsidios a la industria de la carne, o la defensa de las selvas contra le expansión destructora de la ganadería. Para los ecosocialistas no se trata de oponer una iniciativa a otra, sino de ganar a los vegetarianos para las luchas sociales. Las movilizaciones socioecológicas, y un posible procesos revolucionario de transición al ecosocialismo, no son posibles sin que un gran número de individuos se unan a ese combate colectivo.

Sin duda esa lucha exige una amplia coalición social de fuerzas: trabajadores del campo y de la ciudad (de ambos sexos), juventud rebelde, comunidades indígenas, comunidades cristianas, población negra, mujeres, intelectuales, artistas y mucho más. Pero estos grupos o estas clases están compuestos de individuos, cada uno con su historia, su cultura, su conciencia. Su motivación puede ser cristiana, socialistas, ecológica, feminista, o una convergencia de todas. Puede ser también resultado de una experiencia directa de destrucción ambiental.

Marielle Franco era una persona única, singular, por su compromiso irreductible con el pueblo negro de las favelas, con las mujeres oprimidas, con el socialismo y con la ecología; pero, al mismo tiempo, era parte de varios colectivos, de organizaciones y de un partido combativo, el PSOL.

En la primera línea de combate ecológico se encuentran las víctimas directas de los desastres provocados por la voracidad destructora del capitalismo: comunidades indígenas, mujeres, movimientos, campesinos. Pero también en este caso son individuos los que encarnan el combate. Individuos que muchas veces pagan con sus vidas ese compromiso, como fue el caso, entre tantos otros, de Berta Cáceres, dirigente indígena en Honduras, víctima de la violencia paramilitar por encabezar la resistencia a los proyectos ecocidas.

No es casualidad que en estos dos ejemplos se trate de dos mujeres, que representan la dignidad y el coraje del combate sociológico: no es que exista una esencia femenina abstracta, sino que su condición social concreta hace más sensibles a las mujeres frente a los estragos ambientales que provoca el sistema.

SF: Esa convergencia de motivaciones es algo muy fuerte en el movimiento ecosocialista. Vemos personas que se reúnen a partir de las preocupaciones más diversas. ¿El ecosocialismo es un gran punto de convergencia de las luchas sociales a partir del materialismo histórico? ¿Una síntesis socialista que, al poner la naturaleza en primer plano, suma la potencia de todas las luchas? Esto me recuerda lo que suele decir Sônia Guajajara: la lucha por la Madre Tierra es la madre de todas las luchas. Me parece que negar, como lo hacen algunas organizaciones socialistas, que la naturaleza atraviesa todas nuestras luchas representa un gran atraso.

ML: El ecosocialismo puede contribuir a la convergencia de las luchas, al revelar, con ayuda del materialismo histórico, la íntima relación que existe entre la explotación capitalista, el racismo, la dominación patriarcal y la destrucción de la naturaleza. Pero esa convergencia debe respetar la autonomía de los movimientos y de las luchas sociales, sus respectivas agendas, sus objetivos. La convergencia no está dada inmediatamente, debe ser pacientemente construida por medio del diálogo y de las experiencias de lucha. El Foro Social Mundial, con todos sus límites, fue una experiencia interesante de convergencia de este tipo.

La cuestión ecológica, la relación con la Madre Tierra, es actualmente –y lo será más todavía– la cuestión política decisiva de nuestra época. En los próximos años, en la lucha para impedir la catástrofe del cambio climático irreversible, se decidirá el futuro que enfrentará la humanidad durante los siglos, si no durante los milenios futuros. Es muy decepcionante que tantos compañeros socialistas todavía no se den cuenta de este desafío: todavía no les cayó la ficha, como se decía en mi época, cuando todavía había teléfonos con fichas. Es nuestra tarea, como ecosocialistas, criticar esa ceguera política e intentar pacientemente convencer a nuestros compañeros.

SF: Recientemente me topé con algunos análisis sobre el «ecofascismo», que me recuerda a ciertos elementos del movimiento ambiental más misántropo, especialmente de fines del siglo XX. Incluye desde debates que culpan al ser humano como especie, en vez de al conjunto del modo de producción y al patrón «civilizatorio», hasta discusiones alarmistas sobre el crecimiento poblacional y el miedo a los refugiados. En el fondo, me pregunto si las conclusiones de tales movimientos y personas no se conforman con una salida fácil, que parte al mismo tiempo de una respuesta equivocada. ¿Enfrentamos el riesgo de que la lucha ambiental sea cooptada, no solamente por los ecocapitalistas y sus soluciones de mercado, sino también por los conservadores de la extrema derecha?

ML: Sin duda, ese peligro existe. Hay ecologistas «fundamentalistas que denuncian a la especie humana como responsable por la catástrofe ecológica. Otros, sin ir más lejos, piensan que el problema principal es el exceso de población. Unos pocos llegan al extremo de proponer una especie de dictadura ecológica, idea con la que especuló un filósofo ecologista del siglo pasado, Hans Jonas. Pero son pocos los que representan un verdadero «ecofascismo»: se trata, al menos por el momento, de un fenómeno marginal. La extrema derecha «fascistizante», en Europa por ejemplo, insiste en que la ecología no interesa, en que el verdadero problema son los refugiados y los inmigrantes. Manifiestan un odio exacerbado hacia figuras como Greta Thunberg, a la que algunos acusan de ser una peligrosa «hechicera», una comunista, una enemiga de la civilización occidental, etc.

Los principales representantes del neofascismo del siglo XXI, personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, son fanáticamente antiecológicos, niegan el peligro del cambio climático y buscan, por todos los medios, promover los intereses ecocidas de la oligarquía fósil en Estados Unidos y del agronegocio en Brasil. Terminar con los regímenes de estos personajes siniestros es un imperativo categórico y, al mismo tiempo, inseparablemente social y ecológico. Lo que están haciendo es, simplemente, acelerar al máximo el tren suicida de la civilización capitalista industrial en dirección al abismo del cambio climático. Por su parte, los «razonables», los capitalistas «ecológicos», proponen pintar de verde la locomotora.

SF: Veo que varios capitalistas intervinieron en los debates como el Green New Deal para garantizar que cualquier proyecto de ley aprobado en ese sentido sea favorable a sus inversiones. Como muestra Naomi Klein en Esto lo cambia todo, hay hasta grandes burgueses de la industria de los combustibles fósiles que invierten en renovables. ¿Cuál es la magnitud del desafío que enfrentamos a la hora de poner la ecología en el centro del debate, si los mismos capitalistas mueven todo su aparato para avanzar un paso más en la mercantilización de la naturaleza? La financierización de la naturaleza es una realidad en el mercado global.

ML: De hecho, hace muchos años que existe un «capitalismo verde», que está interesado en el mercado de las energías renovables, y gobiernos que proponen políticas de «desarrollo sustentables». Hasta el Fondo Monetario Internacional jura que promoverá una economía ecológica. ¿Cuál es el resultado de todo esto? ¡Nada! O peor: a medida que los discursos se vuelven cada vez más verdes, el cielo se vuelve cada vez más gris… Las emisiones de gases fósiles no solo no disminuyeron, sino que continúan aumentando, y los científicos, cada vez más preocupados, hacen sonar señales de alarma. Bajo el pretexto de «proteger» la naturaleza, se desarrollan políticas de privatización de las selvas y los bosques. Se desarrollan enormes mercados de derechos de emisión, que son un negocio óptimo para los bancos y las empresas, pero pésimo para el medioambiente.

Existen excelentes trabajos de pensadores ecosocialistas que desmitifican estas propuestas: Lo imposible del capitalismo verde, de Daniel Tanuro, y El Dios que fracasó: el capitalismo verde, de Richard Smith. El capitalismo no puede existir sin una expansión ilimitada, sin el productivismo y el consumismo, y depende, hace dos siglos, de las energías fósiles. Solo una batalla socioecológica intransigente puede hacerlo retroceder, en un primer momento, antes de superarlo con otro modo de producción, o mejor, con otro modo de vida.

SF: ¿Podría comentar cómo la colonización sigue siendo un factor central en la reproducción económica, cultural y militar de América Latina? Hay regiones ricas en bienes naturales que parecen ser muy vulnerables a la dominación extranjera, especialmente cuando existen relaciones de opresión históricas. Pienso, por ejemplo, en las mineras canadienses y en el rol destructivo que tienen en nuestra región. Actúan también de forma contradictoria en Canadá, que es un símbolo del desarrollo aunque sigue expropiando territorios a los pueblos originarios del norte.

ML: José Carlos Mariátegui, el genial fundador del marxismo latinoamericano, advirtió en 1928: si no hay una alternativa socialista indoamericana (hoy diríamos afroindoamericana), los países de América Latina están condenados a ser semicolonias del imperio norteamericano. Es lo que vemos hasta el día de hoy, bajo formas «modernizadas»: para retomar la famosa imagen de Eduardo Galeano, las venas de nuestra América siguen abiertas, y nuestras economías siguen sometidas a los imperativos del mercado mundial, controlado por Nueva York, Londres, Berlín, etc.

Y no se trata solamente del pillaje de nuestras riquezas naturales: se trata de la destrucción sistemática del medioambiente, de los bosques y las selvas, del envenenamiento de los ríos. El caso de la multinacional petrolera Chevron en Ecuador, que dejó un inmenso territorio completamente contaminado y destruido, es solo un ejemplo entre muchos. Todo esto sucedió, bien entendido, con la complicidad activa de los varios gobiernos neoliberales que se sucedieron en América Latina durante las últimas décadas. La excepción fue Cuba, desde 1959, y, de forma parcial, algunas experiencias antimperialistas en el continente, como la de Hugo Chávez en Venezuela. Marx había previsto, en El capital, que el «progreso» capitalista es un progreso sobre la ruina de dos fuentes de riqueza: la tierra y el trabajador. América Latina es un bello ejemplo de esa regla.

Está claro que las multinacionales yanquis no son las únicas que promueven la destrucción ambiental. Las canadienses no se quedan atrás, en términos de devastación de nuestro continente, y enfrentan, en muchos casos, tenaces resistencias populares. Es el caso, por ejemplo, de Perú, en donde la población de Cajamarca se opuso a una empresa minera canadiense que pretendía explotar una mina de oro utilizando el agua de los ríos. Bajo la consigna «¡Agua sí, oro no!», se inició una movilización popular contra este proyecto destructivo.

Incluso en Canadá, las multinacionales que explotan el petróleo más sucio del planeta, en términos de emisiones de CO2, y las llamadas «áreas bituminosas», intentan expropiar las tierras indígenas y construir enormes oleoductos en sus territorios. James Hansen, el famoso científico del clima estadounidense, dijo que, si ese petróleo llega a ser extraído y exportado por los oleoductos, la lucha contra el cambio climático estará perdida. Las comunidades indígenas de Canadá desplegaron una lucha audaz contra estos siniestros proyectos de «desarrollo», con apoyo de socialistas, ecologistas y sindicalistas. Al defender sus territorios ancestrales y sus ríos, esas comunidades están en la primera línea del combate de la humanidad para prevenir la catástrofe ecológica planetaria.

Los anticolonialistas se movilizan en todo el mundo en solidaridad con los indígenas de Canadá. Recientemente se publicó en varias lenguas un manifiesto internacional de apoyo a su lucha, firmado por alrededor de doscientos artistas y poetas surrealistas de decenas de países.

SF: En uno de tus textos recientes se habla de la «racionalidad democrática de las clases populares». Una visión tradicional y elitista de la política afirma con frecuencia que la mayor parte de la población tiene prejuicios que le impiden participar en política más allá del voto, pero creo que se trata de un problema de tiempo y de organización política. Una mujer de la periferia trabaja ocho horas al día fuera de su casa, pasa tres horas en el transporte público y además realiza las tareas domésticas. Si no participa de las decisiones políticas cotidianas no es necesariamente por falta de interés, sino por cansancio. ¿Qué políticas pueden ayudarnos a romper las barreras temporales de disponibilidad para facilitar el florecimiento de esa racionalidad democrática?

ML: La racionalidad democrática de las clases populares es una apuesta de los revolucionarios. No siempre el comportamiento de la población obedece a tal criterio pero, en última instancia, nuestra esperanza es que esa racionalidad se vuelva hegemónica.

En la lucha para permitir que los sectores oprimidos, en particular las mujeres, puedan participar de la vida política, la exigencia de la reducción de la jornada laboral juega un papel muy importante. Con menos horas de trabajo y más tiempo libre se generan condiciones para una efectiva participación democrática. No es casualidad si Marx escribió en El capital que la reducción de la jornada laboral era el primer paso para instituir el reino de la libertad. En el caso de las mujeres, es esencial la lucha por los servicios públicos dirigidos a las infancias, como las guarderías, y la repartición igualitaria de tareas domésticas entre los sexos.

Con todo, aun en las difíciles condiciones actuales, y en las últimas décadas, no faltaron momentos en que la irrupción de las masas populares, de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres, logró colocar en el orden del día una agenda democrática y popular: las grandes huelgas del ABC en 1978-1979, la fundación del PT en 1980 y del MST algunos años después, la movilización por las «Directas ya» en 1984, la campaña por el impeachment de Collor, y así hasta llegar a las jornadas de 2013. No tengo duda de que volverá a suceder lo mismo, tarde o temprano, frente la banda neofascista que actualmente gobierna Brasil.

SF: En el caso de 2013, tuvimos un desafío. Las jornadas tuvieron al comienzo rasgos populares, especialmente la reivindicación por el derecho a la ciudad, pero la despolitización creció a medida que las calles se llenaban. Veo que existe hoy en la izquierda un cierto miedo hacia los movimientos masivos sin direcciones centralizadas, pues la derecha, sobre todo a través de los grandes medios, tiene una capacidad de cooptación enorme. Al mismo tiempo, Bolsonaro y Trump alimentan la desconfianza contra los grandes medios que no los favorecen, pero con la intención de promover fake news que son todavía más despolitizadoras. ¿Cómo desplegar una batalla por la comunicación y por medios más democráticos en este contexto?

ML: Es muy importante que la izquierda y las fuerzas populares construyan sus propios medios y utilicen las redes sociales para difundir su mensaje. En Brasil, un sector importante de la Iglesia es solidario con los movimientos sociales y utiliza sus propias redes de comunicación. Existen también algunos espacios en los grandes medios que pueden ser utilizados, sobre todo cuando estos se ven obligados a oponerse al gobierno, como sucede en Brasil. Tenemos que utilizar todos los medios para combatir las fake news que siempre fueron, desde Joseph Goebbels, el método favorito de los fascistas.

La batalla por la comunicación en Brasil no pasa solamente por los medios. ¡El Carnaval es un espacio fundamental y la actuación de las Escolas de Samba de izquierda el año pasado fue un gran avance! Lo mismo vale para las hinchadas de fútbol, que este año asumieron la vanguardia en la protesta contra Bolsonaro.

Es verdad que la derecha logró hegemonizar las protestas callejeras de 2014 a 2016, pero es improbable que esto suceda de nuevo dado que la capacidad de movilización del bolsonarismo está en franca decadencia.

SF: Cuando se declaró la pandemia de coronavirus, se habló mucho en los grandes medios sobre una «nueva normalidad», en la que las personas se sentirían más conectadas y revisarían sus posturas frente a la muerte y al sufrimiento. Sin embargo, el sistema parece haberse adaptado una vez más. ¿Es posible que un gran acontecimiento global funcione como catalizador de un cambio civilizatorio, sin que este sea consecuencia directa de una campaña ecosocialista?

ML: No puedo prever si habrá o no acontecimientos catalizadores en el futuro. Pero no podemos esperar a una catástrofe o epidemia para luchar por un cambio civilizatorio. Necesitamos comenzar ya mismo a popularizar nuestro programa ecosocialista. Es muy importante difundir conferencias, panfletos, libros y multiplicar las iniciativas en las redes sociales para explicar nuestra propuesta, la imposibilidad de un «capitalismo verde» y la necesidad de una transición ecológica revolucionaria. No es casualidad que el interés por el ecosocialismo esté creciendo en Brasil y en todo el mundo. Por cierto, acaba de fundarse una Red Global Ecosocialista (Global Ecosocialist Network) que se propone establecer vínculos entre los ecosocialistas del Norte y del Sur globales.

Mientras tanto, el principal punto de partida son las luchas socioecológicas concretas que se enfrentan con la lógica del sistema. Por ejemplo, las luchas de las comunidades indígenas en el Amazonas y en otras regiones del país contra la devastación de nuestras selvas y nuestros ríos que ocasionan la megaminería, el agronegocio, la expansión de la ganadería y la soja; la lucha del MST contra los pesticidas y por una reforma agraria que favorezca la agricultura orgánica, y la lucha de la juventud de las grandes ciudades por el transporte público gratuito. Podría multiplicar los ejemplos. Es en estas luchas que se desarrolla la conciencia anticapitalista, como también la comprensión de la necesidad de la autorganización desde abajo y la conciencia de que solamente mediante el combate colectivo se consigue imponer las exigencias de los oprimidos y de los explotados.

La tarea de los ecosocialistas es participar de estas luchas, apoyarlas, ayudarlas, organizarlas e integrar en ellas la propuesta ecosocialista.

SF: Si lo «normal» era parte del problema y la «nueva normalidad» es más de lo mismo, especialmente cuando consideramos el enriquecimiento del que se beneficiaron los multimillonarios durante los períodos más duros que enfrentó la población mundial, ¿qué medidas inmediatas serían útiles para unir las demandas generales y desafiar ese orden que vuelve a imponerse?

ML: En efecto, las clases dominantes, apenas la pandemia se los permita, intentarán retomar la normalidad de los negocios, volver a lo mismo de siempre, al paraíso de los explotadores, en el que una decena de multimillonarios posee el equivalente de la riqueza de la mitad de la humanidad.

Elaborar un programa de reivindicaciones es una tarea colectiva, no puedo dar una respuesta concreta. Pero creo que un programa de este tipo, en Brasil, debería incluir, entre otros objetivos, una profunda reforma fiscal que termina con los escandalosos privilegios de una ínfima minoría de oligarcas; una reforma agraria radical, con criterios ecológicos, que favorezca la agricultura campesina y orgánica contra el agronegocio ecocida; la defensa del Amazonas y de los pueblos que viven en ella contra la saña destructora de las mineras y de los terratenientes, y la reducción de la jornada laboral, sin disminución del salario, como solución al dramático crecimiento del desempleo.

SF: Frente a todo esto, ¿es posible mantener «el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad»? Mientras el coaching liberal promueve la búsqueda del «lado bueno de las cosas», es fácil para nosotros desanimarnos con las derrotas. ¿Qué habría que decirle a alguien que se siente desanimado políticamente en este momento?

ML: Las derrotas, como las victorias, forman parte de la historia del socialismo y de las luchas sociales. El pesimismo de la razón nos advierte sobre la gravedad de la situación, el peligro creciente de la catástrofe ecológica y el gran poder de nuestros adversarios, los neofascistas y los neoliberales (¡o los dos al mismo tiempo!). Pero también hay señales de esperanza: el socialismo nunca tuvo tantos partidarios y simpatizantes en Estados Unidos y en Inglaterra como hoy. La movilización de la juventud contra el cambio climático, inspirada por Greta Thunberg, logró el apoyo de millones de personas en todo el mundo. Podríamos multiplicar los ejemplos, incluso en Brasil. Obviamente, no hay ninguna garantía de que el ecosocialismo vencerá, ni de que la humanidad logrará escapar a la catástrofe. Esta es, como dirían Lucien Goldmann, mi maestro, y Daniel Bensaïd, mi compañero, una apuesta en la cual se nos va la vida, en términos individuales y colectivos. Si los revolucionarios solo se movilizaran cuando están seguros de la victoria, nunca habría habido una revolución. Entonces, se trata del optimismo de la voluntad: como decía Brecht, quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.

Por Sabrina Fernandes | 01/05/2021

Sobre la entrevistadora:

Sabrina Fernandes es doctora en Sociología y militante ecosocialista. Es colaboradora y editora en Jacobin Magazine y consultora editorial de Jacobin Brasil. Está realizando un posdoctorado en el Grupo Internacional de Investigación sobre Autoritarismo y Contraestrategias de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Universidad de Brasilia. Genera contenidos para el canal de izquierda radical de YouTube Tese Onze.

Traducción: Valentín Huarte

Publicado enSociedad
Las promesas de Biden y el intento de revertir la degradada hegemonía estadounidense

A poco de cumplir los 100 días de mandato Joe Biden dio en la noche de este miércoles un discurso en el Congreso estadounidense. Tres planes de rescate y acción, muchas promesas, su "momento populista" y el intento de restaurar una hegemonía imperialista que lleva años de declive.

 

En su primer discurso ante el Congreso, Biden desveló por fin las partes restantes del triple plan de acción de su administración, tanto para reconstruir Estados Unidos tras la pandemia y la consiguiente crisis económica, como para continuar con el proyecto de intentar restaurar la hegemonía estadounidense tras la crisis abierta en 2008. El Plan de Familias Estadounidenses y el Plan de Empleos Estadounidenses son la hoja de ruta que Biden y sectores del capital sostienen es necesaria para dar estabilidad al capitalismo estadounidense: reducir la pobreza y la desigualdad, crear puestos de trabajo y hacer frente al cambio climático.

De hecho, como muchos analistas señalaron primero en la campaña y en los primeros 100 días de la presidencia de Biden, sus propuestas representan los planes más "progresistas" de los últimos 30 o 40 años en EE. UU. Su proyecto de build back better (reconstruir mejor) ha sido comparado hasta la saciedad con el Great Society (Gran Sociedad) de Lindon Johnson y el New Deal de Franklin Delano Roosvelt.

La reconstrucción en el frente interno tiene el propósito superior de sentar las bases del Make America Great Again (hacer grande a Estados Unidos nuevamente, el lema de Trump) en el ámbito internacional. La retirada de las instituciones multilaterales y las alianzas internacionales escenificadas por Trump se están revirtiendo gradualmente con la intención de restaurar el papel de Estados Unidos como "líder del mundo libre".

Desde el principio Biden comenzó a enviar señales y amenazas a China y Rusia como continuación de la pelea que mantuvo con Trump en la campaña electoral. A la luz de esto, es comprensible que el mayor contaminante del mundo haya sido el anfitrión de la cumbre del clima, un intento de greenwashing del capitalismo estadounidense y también presionar a China para que siga a Estados Unidos en la llamada transición verde. La tecnología menos contaminante suele ser más cara, por lo que podría enlentecer, aunque sea un poco, la incesante carrera de China para convertirse en la mayor economía del mundo. O pagar el precio político si no lo hace. Por no hablar del hecho de que las empresas del sector de las energías renovables pagan menos y prácticamente no tienen sindicatos en comparación con los sectores tradicionales del petróleo y el gas y el carbón.

Las promesas de Biden de "defender los intereses estadounidenses en todos los ámbitos" de la geopolítica muestran un compromiso renovado, no sólo con las áreas tradicionales de la intervención imperialista de Estados Unidos, sino también para hacer que Estados Unidos vuelva a ser competitivo entre sus aliados y rivales históricos: gran parte de la justificación de sus propuestas para revisar la infraestructura y "devolver los puestos de trabajo a Estados Unidos" están dirigidas a alcanzar a China y garantizar que la potencia imperialista dominante en el mundo, aunque debilitada, no se quede atrás con respecto a otras potencias mundiales que han sido más rápidas en la creación de empleo.

Como se preveía, gran parte del discurso de Biden estuvo dedicado a la gestión de la pandemia, después de tomar el control de la Casa Blanca en medio de las mayores tasas de infecciones y muertes por Covid-19 desde que el virus arrasó con Estados Unidos en la primavera de 2020. Biden explicó que su administración distribuyó 220 millones de vacunas contra el COVID en 100 días y pregonó la aprobación del Plan de Rescate Americano.

En marcado contraste con la supuesta vuelta a la normalidad en el país, está el papel que el "nacionalismo de las vacunas" desempeña para que el coronavirus arrase en países que no tienen ni acceso ni recursos para obtener, producir o distribuir vacunas. Mientras que los adultos mayores en Estados Unidos pueden “abrazar a sus hijos y nietos", los habitantes de la India o Brasil ni siquiera tienen el lujo de despedirse de sus seres queridos a través de la ventana de un hospital. Los casos de coronavirus en la India se han disparado en los últimos meses, debido en gran medida a la horrible respuesta del régimen de Modi, pero también mostrando los efectos devastadores de las patentes que crean enormes beneficios para las empresas farmacéuticas que sirven a las potencias imperialistas, mientras restringen el acceso a la investigación de vacunas vitales para el resto del mundo.

Biden no dijo nada sobre los millones de vacunas compradas y acaparadas por Estados Unidos para poder hacer de maestro en la distribución de vacunas (varias de las cuales no están aprobadas para su uso en Estados Unidos) a sus aliados y a los que espera acercar a ellos para aislar a China y Rusia.

El discurso de Biden y las propuestas que expuso como prioridades internas de su administración en el próximo período señalan un posible cambio de la lógica neoliberal de desmantelar la red de seguridad social en favor de la "elección individual", o más bien del dominio total de los mercados en todos los aspectos de la vida. Desde el aumento del salario mínimo hasta la cura del cáncer, Biden hizo una promesa tras otra de carácter populista para mejorar las condiciones de vida de todos los desamparados del sueño americano. Biden pintó un cuadro de "gobierno grande" del tipo que se ocupa de la gente, que muestra que el capitalismo puede "autocorregirse" tras las crisis que crea y mitigar los antagonismos cada vez más profundos entre los intereses capitalistas a los que sirve y los trabajadores que hacen funcionar la sociedad.

Por supuesto, queda por ver qué parte de estos planes podrá aprobar Biden ante la oposición casi unánime de los republicanos y qué disposiciones para los trabajadores y los pobres se quedarán probablemente en el tintero, o si está dispuesto a sacrificar su compromiso con el "bipartidismo" para sacar adelante los planes (como amenazó en su discurso ante el Congreso, diciendo que "no hacer nada no es una opción"). Sin embargo, el discurso muestra que un sector del capital y sus representantes en el Estado se han unido en torno a la idea de que las condiciones sociales producidas por años de austeridad neoliberal y el terreno cambiante de la economía y la geopolítica mundial requieren concesiones significativas a la clase trabajadora y los oprimidos de la sociedad estadounidense.

En ninguna parte es esto más evidente que en la parte más drástica del programa de Biden, el Plan de Familias Americanas de 1.8 billones de dólares, que expuso en detalle en el pleno del Congreso el miércoles por la noche. Este plan de "infraestructura social" ampliaría el acceso a la educación y la educación preescolar universal, además de proporcionar financiación para el cuidado de los niños y créditos fiscales para los padres. También crearía subsidios en el marco de la Ley de Atención Sanitaria Asequible y un permiso familiar federal remunerado.

Durante muchos años, el país más rico del mundo se ha distinguido entre las potencias mundiales por su negativa a proporcionar incluso una ayuda básica a las personas con hijos u otros seres queridos a los que cuidar. Aunque sólo sea por eso, el Plan de Familias Estadounidenses muestran lo limitados de los programas sociales en el país desde hace décadas. La pandemia no ha hecho más que arrojar luz sobre el costo de estas políticas: sin un acceso fiable al cuidado de los niños, decenas de millones de personas -la mayoría de ellas mujeres, en particular mujeres de color- perdieron sus empleos para cuidar a sus familiares en casa.

El miércoles por la noche, Biden expuso una lógica similar al defender la aprobación del Plan de Empleo Estadounidense que la Casa Blanca anunció a principios de este mes. Biden hizo un llamamiento directo, no sólo al sector de la clase trabajadora de la base del Partido Demócrata, sino también a un sector de la base de Trump en el Rust Belt y otras áreas devastadas mientras los bancos y las grandes corporaciones fueron rescatados después de 2008, diciendo que "Wall Street no construyó este país". Dirigido a las altas tasas de desempleo, el proyecto de ley de infraestructuras crearía millones de nuevos puestos de trabajo en zonas del país devastadas por décadas de neoliberalismo, lo que se traduciría en más carreteras, puentes y escuelas, así como en el acceso al agua para comunidades que hoy carecen de todo ello.

El plan de Biden para "remodelar" Estados Unidos se completó con un llamamiento para que se apruebe la Ley de Justicia Policial George Floyd, que el presidente quiere tener en su despacho antes del primer aniversario del brutal asesinato de George Floyd, en mayo de 2020. Propone una serie de reformas policiales que se limitan a abordar los medios más atroces por los que el Estado permite el terror policial, al tiempo que ignora las principales demandas del movimiento antirracista. Este intento de reducir la impunidad con la que la policía (mal) trata a los negros y latinos es un reconocimiento de la fuerza del movimiento BLM y del miedo que inspira a las élites. Sin embargo, como muestran los comentarios de Biden sobre los "buenos" policías que "sirven honorablemente a sus comunidades", el motivo más oscuro detrás de los proyectos de ley es la relegitimación del trabajo policial a los ojos de la sociedad. Como dijo Biden, el objetivo principal del Estado con el proyecto de ley no es detener el asesinato sistemático de negros y latinos, sino más bien "reconstruir la confianza entre" -u obediencia a- "las fuerzas del orden y las personas a las que sirven", asegurándose de que la Policía pueda seguir actuando como la última línea de defensa del Estado.

La cereza del postre es que el plan se financiará con una subida de impuestos para los ricos. Los amplios planes de infraestructuras que beneficiarían a los sectores más pobres de la población con una fracción de los beneficios de los sectores más ricos ha atraído la amplia aprobación de los demócratas -aunque no sin excepciones significativas- y la rotunda consternación de los republicanos. Mientras tanto, la medida cuenta con un apoyo mayoritario entre la población, según una reciente encuesta de Reuters/Ipsos que reveló que casi el 64% de los encuestados está de acuerdo en que los más ricos deben pagar más impuestos para financiar programas sociales. Aunque la propuesta de Biden de elevar el impuesto sobre el capital se limitaría a restablecer los tipos impositivos a la tasa de 2012 bajo la administración de Obama (y la administración de Bush antes de eso) a partir de los recortes del 20% realizados bajo la administración de Trump, esto señala una cambio en el enfoque de un sector creciente del capital -que responde al cambio de conciencia entre las masas- que sostiene la idea de que es necesario que las corporaciones y los ricos acepten un pequeño recorte en sus ganancias ahora para asegurar una mayor estabilidad para la obtención de beneficios en el futuro.

Al anunciar sus planes en los días previos al discurso ante el Congreso, Biden dijo que su programa creará la "economía más resistente e innovadora del mundo". Pero si esto no pudo lograrse durante los años en que la hegemonía estadounidense era indiscutible y Estados Unidos era la mayor superpotencia del mundo entonces, ¿por qué habría de hacerse realidad ahora?

Gran parte de las disposiciones anunciadas vienen a llenar los vacíos dejados por un sistema que hizo posible que uno de los países más ricos del mundo tuviera casi un 10% de tasa de pobreza y fuera más desigual que todos los países de Europa y tan desigual como la mayor parte de América Latina según las estimaciones del Banco Mundial sobre el índice de Gini. Y los planes de Biden, a pesar de su voluntad de gastar a lo grande en programas sociales para los sectores más desfavorecidos de la sociedad, son en su mayoría de carácter transitorio y se basan en la posibilidad de darlos de baja, cuando las condiciones sean más estables, como el ala progresista del Partido Demócrata se apresura a señalar. Pero, sobre todo, los planes de Biden pretenden apuntalar la economía sin cambiar fundamentalmente la estructura del capitalismo estadounidense.

No obstante, los planes representan un claro cambio respecto a las décadas de austeridad neoliberal, admitiendo que la obtención de beneficios capitalistas desenfrenados junto con los ataques a la clase trabajadora y a los pobres es insostenible. Van más allá de todo lo que Obama y sus predecesores neoliberales propusieron, y mucho menos aprobaron durante su mandato. El momento populista de Biden, un viejo político tradicional de establishment demócrata, se explica sobre todo por estas circunstancias, puestas de manifiesto con la crisis capitalista de 2008, que dio como resultado la profunda polarización política y social que llevaron a Trump a la presidencia, un resurgimiento de la lucha de clases en sentido amplio (que tuvo su momento más alto en la rebelión contra el racismo y la violencia policial por el asesinato de George Floyd) y la emergencia de fenómenos políticos novedosos que tomados de conjunto pueden preanunciar una mayor radicalización política.

La apuesta de la clase dominante y del Gobierno de Biden es la desviación y la cooptación a través de las diversas burocracias: de los sindicatos, del ala progresista del Partido Demócrata y de los movimientos sociales. Y, sobre todo, es una apuesta por restaurar la estabilidad capitalista, devolviendo la fe en el Estado y elevando el nivel de vida de la población estadounidense. Como dijo el presidente desde el Congreso: "Tenemos que demostrar que la democracia todavía funciona. Que nuestro gobierno todavía funciona - y puede cumplir con la gente".

Aunque las de Biden aún son promesas que deben convertirse en ley y enfrentar un acalorado debate parlamentario, ya dejan en evidencia que el imperio estadounidense se enfrenta a una realidad histórica, con una pobreza masiva, una infraestructura completamente derruida y crisis de su hegemonía, mientras que China está llamada a convertirse en la primera economía del mundo en 10 o 15 años

Por Nicolás Daneri / Madeleine Freeman

Jueves 29 de abril | 13:04
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Jair Bolsonaro amenaza con una represión militar

Dijo que tiene un plan para "sacar las FF.AA. a la calle" en Brasil

Ante las restricciones al movimiento y el comercio impuestas localmente por estados y ciudades para frenar la pandemia.

 

El presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó que "se seguirá la orden" si decide decirle a las fuerzas armadas del país que tomen las calles.  Dado que algunos ya temen que el ex capitán del ejército, que está bajo fuego en múltiples frentes, podría estar preparando el terreno para interrumpir un traspaso pacífico del poder durante las elecciones presidenciales del próximo año, Bolsonaro , dio este viernes la señal más clara de que estaba dispuesto a desplegar los militares en las calles del país.

Con la crisis del coronavirus creciendo en Brasil, su presidente ha desestimado tanto el virus en sí como las medidas para contenerlo, advirtiendo en las últimas semanas sobre el supuesto caos social y los disturbios que él atribuye a las restricciones al movimiento y el comercio impuestas localmente por estados y ciudades individuales. Hablando durante una entrevista televisiva, Bolsonaro dijo que "no entraría en detalles sobre lo que estoy preparando", pero advirtió que "si tuviéramos problemas, tenemos un plan de cómo entrar al campo. Las fuerzas algún día podrían salir a la calle ”.

Según Bolsonaro tal movimiento, sería para "restablecer el artículo 5 de la Constitución", que hace referencia a los derechos individuales de la población brasileña, informó O Globo. Los comentarios de Bolsonaro, quien durante mucho tiempo ha elogiado la dictadura militar de dos décadas de Brasil, harán poco para calmar a los críticos que están preocupados por su politización del ejército. A otros les preocupa su compromiso con un traspaso pacífico del poder en caso de un resultado ajustado en las elecciones presidenciales del próximo año.

Tras haber apoyado las conspiraciones de Donald Trump de una elección robada el año pasado, que culminó con el asalto fatal de los partidarios del expresidente de Estados Unidos al Capitolio en Washington DC, Bolsonaro también ha hecho acusaciones infundadas de futuro fraude electoral en Brasil desde su elección en 2018. Si bien no es ajeno a las críticas, Bolsonaro actualmente se encuentra cada vez más bajo fuego, con el Senado recientemente lanzando una investigación sobre su manejo de la pandemia y hablando cada vez más de su posible juicio político.

Mientras tanto, las estrellas parecen estar alineándose para que su rival político más peligroso, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, compita con el presidente en 2022., La Corte Suprema de Brasil confirmó esta semana la decisión del mes pasado de que el controvertido juez Sergio Moro, quien fue posteriormente nombrado ministro de Justicia de Bolsonaro, había sido parcial al condenar a Lula da Silva por cargos de corrupción en 2017. La condena, que impidió al político de izquierda desafiar a Bolsonaro en 2018, fue anulada por el tribunal por motivos de procedimiento en marzo, y un juez de la Corte Suprema calificó la investigación por corrupción de Lula da Silva como "el mayor escándalo judicial en la historia del país".

Días después, cuando una encuesta de opinión sugirió que Lula da Silva podría atraer  la mitad de los votos brasileños, y 12 puntos más que Bolsonaro, el expresidente criticó el enfoque de su actual sucesor sobre la pandemia como "idiota", afirmando: "este país no tiene ningún gobierno ”, y ridiculizando la falta de vacunas disponibles, que Bolsonaro ahora está tratando de conseguir con urgencia.

Con frecuencia enfrentando a sus partidarios contra la corte suprema y el senado, Bolsonaro ha tratado de afirmar un control cada vez mayor sobre las fuerzas armadas de Brasil durante su mandato, designando a varios oficiales militares para puestos en el gabinete y muchos más en todo el gobierno.

“Si también consideramos algunos puestos burocráticos de segundo y tercer nivel, estamos hablando de miles, o tal vez decenas de miles de militares, activos o retirados, que hoy están en el gobierno brasileño”, dijo Guilherme Casaroes, politólogo y profesor en la escuela de Administración Pública de la Fundación Getulio Vargas. “Esto es muy, muy diferente de lo que hemos tenido en los últimos 35 años. Una de las piedras angulares de nuestra democracia civil fue precisamente mantener a los militares fuera de la política. Entonces, al, traerlos de vuelta a la política, el propio Bolsonaro que es un ex capitán del ejército, creo que está tratando de enviar un mensaje a todos sus oponentes políticos,” precisó.

Pero las fuerzas armadas de Brasil están en crisis y los comandantes de su ejército, fuerza aérea y marina renunciaron el mes pasado, después de que Bolsonaro despidiera a su ministro de Defensa y aliado durante mucho tiempo, el general Fernando Azevedo e Silva. "Lo más probable es que lo que ordenó Bolsonaro fue poner a los militares en las calles en los estados o ciudades en que los gobernadores o los alcaldes decidieron sobre algún tipo de restricciones sociales locales", dijo el profesor Rezende.

25 de abril de 2021

*De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página12

Traducción: Celita Doyhambéhère

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Fuentes: IPS [Imagen: Mapa de los países que en los que se proyectan recortes de austeridad en 2021-2022, en términos del PIB, basado en las proyecciones fiscales del FMI. I. Ortiz y M. Cummins, 2021]

Entre el 5 y el 11 de abril los ministros de Finanzas del mundo se reunieron virtualmente en las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial para abordar la pandemia y la recuperación socioeconómica.

Sin embargo, un estudio global recién publicado por la Iniciativa para el Diálogo de la estadounidense Universidad de Columbia, sindicatos internacionales y organizaciones de la sociedad civil, alerta sobre una nueva ola de austeridad: la mayoría de los gobiernos están imponiendo recortes de presupuestos, precisamente en un momento en que los ciudadanos y las economías están más necesitados de apoyo público.

El análisis de las proyecciones fiscales del FMI muestra que se esperan recortes presupuestarios en 154 países este año, y hasta en 159 países en 2022. Esto significa que 6600 millones de personas o 85 % de la población mundial vivirá en condiciones de austeridad en el próximo año, tendencia que probablemente continuará hasta 2025.

Los altos niveles de gasto utilizados para hacer frente a la pandemia han dejado a los gobiernos con déficit fiscal y deuda. Y en lugar de explorar opciones de financiación para proporcionar el apoyo necesario para la recuperación socioeconómica, los gobiernos -asesorados por el FMI, el Grupo de los 20 (G20) y otros- están optando por la austeridad.

El shock fiscal pospandemia parece ser mucho más intenso que el que siguió a la crisis financiera mundial hace una década.

La contracción media del gasto en 2021 se estima en 3,3 % del producto interno bruto (PIB), casi el doble que en la crisis anterior.

Se prevé que más de 40 gobiernos gastaran menos que los (ya bajos) niveles prepandemia, reduciendo los presupuestos públicos más de 12 % de promedio en 2021-2022 en comparación de 2018-2019, incluidos países con altas necesidades de desarrollo como Ecuador, Guinea Ecuatorial, Kiribati, Liberia, Libia, República del Congo, Sudán del Sur, Yemen, Zambia y Zimbabwe.

Los peligros de recortes prematuros de austeridad se evidencian de la última década de ajuste.

Durante 2010-2019, miles de millones de personas se vieron afectadas por la reducción de las pensiones y  beneficios de la seguridad social; por la reducción de subsidios a alimentos, agricultura y combustible; por recortes a los salarios y al número de funcionarios en servicios públicos como la educación, la salud, el agua o el transporte público; por la racionalización y la focalización excesiva de los programas de protección social en los que sólo los más pobres recibieron beneficios cada vez más pequeños, mientras que la mayoría de las personas quedaron excluidas; y por la menor seguridad laboral para los trabajadores, al desmantelarse la normativa laboral.

Muchos gobiernos también introdujeron impuestos regresivos, como los impuestos al consumo, que redujeron más aún los ingresos familiares disponibles. En muchos países, los servicios públicos se redujeron o privatizaron.

La austeridad demostró ser una política mortal: el débil estado de los sistemas de salud pública, sobrecargados, con poca financiación e insuficiente personal debido a una década de austeridad, agravó las desigualdades en salud e hizo que las poblaciones fueran más vulnerables a la covid-19.

Es necesario asegurar que no hayan más medidas de austeridad. Después de los devastadores efectos de la pandemia de covid, la austeridad solo causará más sufrimiento innecesario para la población.

La austeridad es una mala política. Existen alternativas, incluso en los países más pobres. En lugar de recortar drásticamente el gasto, los gobiernos pueden y deben explorar opciones de financiación para incrementar los presupuestos públicos.

Primero, los gobiernos pueden aumentar los ingresos fiscales con impuestos a la riqueza, la propiedad, las ganancias corporativas o al sector financiero, que generalmente permanece sin o con baja tributación.

Por ejemplo, Bolivia, Mongolia y Zambia están financiando pensiones universales, prestaciones para niños y otros beneficios sociales con impuestos a la minería y al gas; Brasil introdujo un impuesto sobre las transacciones financieras para expandir la cobertura de la protección social.

Segundo, más de sesenta gobiernos han reestructurado/reducido con éxito sus obligaciones de deuda y así liberado recursos para el desarrollo.

Una tercera opción es eliminar los flujos financieros ilícitos, como la evasión fiscal y el blanqueo de capitales.

Cuarto, los gobiernos también pueden cambiar las prioridades de sus gastos, abandonar inversiones de bajo impacto social como el gasto en defensa y rescates a bancos/corporaciones; por ejemplo, Costa Rica y Tailandia redirigieron el gasto militar a la salud pública.

Quinto, otra opción de financiación es utilizar las reservas fiscales acumuladas en los Bancos Centrales.

Sexto, atraer transferencias/ayuda al desarrollo o préstamos en condiciones favorables.

Una séptima opción es adoptar marcos macroeconómicos más acomodaticios.

Y octavo, los gobiernos pueden formalizar a los trabajadores en la economía informal con buenos contratos y salarios, lo que aumenta el fondo de cotización y amplía la cobertura de la protección social.

Las decisiones sobre gasto y financiación afectan la vida de millones de personas, no pueden tomarse a puerta cerrada en el Ministerio de Finanzas: todas las opciones deben considerarse en un diálogo social nacional con representantes de sindicatos, empleadores, organizaciones de la sociedad civil y otros grupos relevantes.

#NoMasAusteridad es una campaña global para detener las medidas de austeridad con impactos sociales negativos.

Desde 2020, más de 500 organizaciones y académicos de 87 países han pedido al FMI y a los ministerios de Finanzas que abandonen de inmediato la austeridad y, en cambio, prioricen políticas que promuevan la justicia de género, reduzcan la desigualdad y pongan a las personas y al planeta en primer lugar.

Isabel Ortiz, directora del Programa Global de Justicia Social en la Iniciativa para el Diálogo de la Universidad de Columbia en Nueva York.

 Matthew Cummins,  execonomista principal en el PNUD, UNICEF y el Banco Mundial.

RV: EG

Por Isabel Ortiz, Matthew Cummins | 21/04/2021

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Fuentes: CTXT [Foto: Ferran Puig Vilar. Cedida por el entrevistado]

Entrevista a Ferran Puig Vilar, ingeniero y periodista

 

La gota que desborda el vaso. La última vez que el hacha golpea el árbol antes de caer. El último barril rentable de extraer en un pozo de petróleo. Hay tantos ejemplos de Tipping points (TP) como se quieran buscar. Son puntos de vuelco, de no retorno, y están de moda. Aunque menos de lo que debieran.

Múltiples informes llevan tiempo indicando que había que prestar atención a los que afectan a subsistemas climáticos como el Amazonas, el hielo de Groenlandia o el permafrost. Hace ya más de 20 años empezaron a provocar debates. Desde entonces, se han escrito miles de páginas describiendo sus interrelaciones, alertando del desastre venidero. Como en este paper en Nature de figuras clave en la ciencia climática, o este artículo de National Geographic. Sin embargo, y pese a la gravedad del asunto, el silencio mediático sigue siendo atronador. Incluso aún se oyen algunos berridos negacionistas en prime time.

En nuestro país, creo que no ha habido un trabajo de divulgación más valiente, desinteresado y completo, que el que lleva haciendo durante más de una década –por amor al arte y sobre todo al Ártico– el ingeniero y periodista Ferran Puig Vilar, que ahora está publicando información sobre el estado de esos puntos clave en su prestigioso blog, que fue reconocido con un premio entregado por la actual ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. 

¿Qué es un tipping point climático? 

Es un punto de vuelco, de inflexión en el equilibrio de un elemento o subsistema significativo (permafrost, Amazonas, corriente termohalina, Groenlandia) cuyo rebasamiento lo desestabiliza y genera un cambio de fase, llevando al sistema a un nuevo estado que puede –o no– ser de equilibrio. Hay 15 especificados y 9 de ellos están en fase de degradación o ya sobrepasados. Entre ellos se interrelacionan provocando cascadas de efectos.

¿Cuál es el estado de esos TP y cómo se relacionan?

Groenlandia está asumido que se va a fundir por completo. Ya no nieva tanto como se está deshelando. La Antártida occidental, con toda probabilidad, también. Entre esos dos, el nivel del mar ya subiría 10 metros. Pero, claro, si sólo fuera eso. Resulta que al verter el deshielo grandes cantidades de agua dulce  –por ejemplo en las costas de Groenlandia– esto afecta a las corrientes por factores de salinidad, densidad y temperatura. La corriente termohalina, ya ralentizándose mucho, incluso podría llegar a detenerse, acentuando los inviernos fríos en el norte. Además, como todo está conectado, la corriente termohalina influye también en el Pacífico, en los fenómenos de El Niño-Super Niño amplificándolos y haciéndolos más frecuentes. Estos eventos tienen asociados sequías –y por tanto megaincendios– en el Amazonas. Eso aumenta la deforestación acercando al propio Amazonas a su punto de no retorno, en el que se irá convirtiendo en sabana. Todo ello aumenta las emisiones de carbono, con lo cual el ciclo de realimentaciones se autorrefuerza. 

Y aún nos quedaría hablar, entre otros, del enorme problema del permafrost –esa bomba de relojería–. Hasta ahora se decía que sus emisiones no eran netas por el efecto limitado de fertilización del carbono –tan cacareado por la industria de los combustibles–. Eso ya ha cambiado. Hay un modelo reciente, desarrollado por gente de mucho prestigio como Jørgen Randers –uno de los firmantes del crucial informe a los límites del crecimiento de 1972 que tanto acertó–. Su modelo muestra que el permafrost se fundiría aunque mañana cesaran las emisiones. Es decir, muy probablemente, tipping point superado.   

¿Podríamos decir que son como los órganos de un cuerpo, es decir, si falla el hígado, el riñón, el resto de órganos, obviamente van a sufrir? 

Está bien visto, efectivamente. Se influyen mutuamente y dependen unos de otros. Y siguiendo con esa metáfora, ahora tenemos que dejar de ser los patógenos que degradan esos subsistemas u órganos de la Tierra y ser más bien glóbulos blancos, el sistema inmunitario. Regenerarlos, en la medida de lo posible. Dejar de degradar y comenzar a reparar. Y esperar que no sea demasiado tarde para evitar la cascada sistémica que supondría haber rebasado el punto de no retorno global, que nos llevaría a la Tierra Invernadero anticipada por algunos de los mejores científicos vivos que tenemos.

¿Hay relación directa entre la degradación de los TP y el aumento de los fenómenos extremos tipo Filomenas, DANAs, etc.? 

Si vas buscando la causa encuentras obviamente el aumento del CO2 y el aumento de la temperatura en todos esos fenómenos, es una causa indirecta. Las Filomenas se dan con más frecuencia por una debilidad de la corriente en chorro o Jet Stream que pierde su adherencia al polo norte y esto provoca que se desestabilice el patrón de temperaturas y fenómenos habituales también más al sur. 

Peor de lo esperado. Así ha definido una tendencia: que las previsiones científicas suelen pecar de conservadoras y son revisadas habitualmente a peor. Como ha ocurrido en el caso de los TP, que se pensaba que no se verían comprometidos hasta llegar a los 5º, luego a los 3º, a los 1’5º… ¿Por qué ocurre esto?

Están los factores inevitables, la ciencia no solo es un método, es un proceso, y a veces hay tanto debate, que se obvia el problema hasta que no haya una conclusión más consensuada. Por eso las opiniones más extremas no suelen considerarse. Empujar el conocimiento científico hacia adelante tiene riesgos; por ejemplo, si la ciencia fuese más atrevida, el negacionismo organizado aprovecharía para seguir retrasando el avance. Todo esto ayuda a que se den otros factores de autocensura que podrían ser más evitables. Y que ocurren también porque a según qué posiciones, muy contrarias a la “lógica” del sistema, no les renovarían los fondos de investigación si dicen cosas demasiado catastrofistas o revolucionarias. Es complicado, ellos mismos se preguntan si están fallándonos comunicativamente al resto.El sexto informe del IPCC es en 2021. Con semejante panorama ¿qué esperas?

De momento tenían que sacarlo en abril y lo han alargado hasta junio. Tienen un marrón. Los sucesivos informes han ido empeorando las previsiones gradualmente, pero ahora los cambios son muy sustantivos. La diferencia será más grande y más difícil de justificar. Hasta ahora los Acuerdos de París y demás se han basado en el informe de 2013, así que la actualización es importante.

Entremos en el tema de la biodiversidad y su relación con las pandemias, ¿esto evidencia que no es un problema simplemente de “emisiones” sino de un sistema que presiona excesivamente a los ecosistemas que lo sostienen? 

Sí, hablar de “biodiversidad” es el eufemismo para hablar del extraordinario ritmo de extinción de especies. La invasión del espacio natural por parte de la especie humana no puede tener otra consecuencia que la invasión de algunos aspectos no deseados –patógenos, pandemias, mosquitos transmisores, especies invasoras– del mundo natural en los hábitats de la especie humana.  

Hay valores que cuando uno los observa se estremece: En los últimos 50 años según el “Living Planet Report” de 2020 hemos liquidado nada menos que el 68% de todos los individuos vertebrados del mundo: mamíferos, pájaros, peces, anfibios y reptiles. Una masacre gigantesca en solo en 50 años. Y esta heroicidad del progreso mal entendido sí se podría detener mañana. Tenemos que reaprender nuestra relación con la Tierra, salir del dualismo y el mecanicismo.

Y esto evidencia que ni la geoingeniería ni los proyectos de secuestro y captura de carbono (BEECS) son soluciones. Acaso, quizá, ojalá, para una parte del problema, pero el problema es más amplio y cultural.

Sí, y no hemos hablado de los océanos, que también tienen su tipping point. Cada vez más acidificados, llenos de microplásticos que acaban en nuestros estómagos. Hay que ir entendiendo que la tecnología, y la producción tal y como las entendemos, lejos de ser la solución, son el problema. Desde la Ilustración, nos hemos ido creyendo que siempre más es mejor, que todo está en la razón. Y eso no es cierto. Quizá habría que recuperar lo que el romanticismo reabrió y cerró a la vez, un romanticismo 2.0 cuya óptica no sea sólo la del hombre occidental. Se me ocurren por ejemplo, las ideas de la filósofa Marina Garcés

La geoingeniería espero que se evite, sería el último estertor, la última arrogancia: creer que se puede dominar el conjunto del planeta. Es una ilusión de control. La cantidad de peligros, efectos no deseados que tienen es tal –estoy pensando en los sistemas de gestión de la radiación solar–, que mejor ni intentarlo. No estoy en contra de que se estudie, pero las soluciones no van por ahí.

En cuanto al secuestro de carbono, habría que retirar tanto –volver a entre 300 y 350 partes por millón de CO2– para estabilizar el clima, que de momento es una quimera absoluta, pretender enterrar mágicamente nuestros residuos es nuestra forma de esconder el problema debajo de la alfombra. Y de momento, los acuerdos de París y demás, se basan en esto. No tiene sentido. 

Por Juan Bordera | 20/04/2021

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