Domingo, 17 Junio 2018 06:01

Una historia de traición

Una historia de traición

El 24 de enero de 1980 fue un jueves. Ese día viajé por primera vez a la Nicaragua sandinista. La revolución que tumbó a Anastasio Somoza llevaba exactos seis meses y cinco días.


De la entonces Junta de Gobierno yo había tenido contacto con el único civil que la integraba, el escritor Sergio Ramírez, una amistad que permaneció intacta a lo largo de todos esos largos años.


Los otros cuatro venían de la guerrilla que había liquidado la dinastía que saqueaba y sofocaba aquel bello y ensangrentado país.


En los nueve años siguientes mis lazos con la revolución sandinista se fortalecieron más en cada visita, que fueron muchísimas. Eran mis años jóvenes, y nosotros, extranjeros que apoyábamos la revolución, tuvimos bastante contacto con varios de los integrantes del gobierno. Unos más expansivos, otros menos.


Daniel Ortega me parecía un hombre cerrado, de mirada desconfiada. Una vez, en 1986, me habló de su hermano Camilo, muerto en combate con las fuerzas del dictador Anastasio Somoza. También dijo que de los 15 a los 34 años jamás tuvo casa; vivió en la clandestinidad.


Al oírlo contar que había vivido clandestino más de la mitad de su vida hasta el triunfo de la revolución, por primera y única vez sentí algo de humano en aquella figura de piedra.
A mediados de 1991 me contaron de la piñata sandinista, un saqueo con ferocidad de buitres. La imagen de una piñata quedó grabada en mi memoria como un insulto a la revolución, a quienes murieron por ella, a quienes creyeron en ella. Dudé mucho en aceptar como verdad lo que verdad era.


Años después, supe más: que, en realidad, la piñata sandinista surgió cuando la revolución todavía existía y los nicaragüenses mantenían aquel fuego de esperanza, mientras su país era sofocado por Ronald Reagan desde afuera y por los traidores desde adentro.


Supe que el mítico Tomás Borge, último sobreviviente del quinteto que en 1961 fundó el Frente Sandinista, y en cuya casa me hospedé varias veces –a Tomás le gustaba ser amigo de escritores, y en la misma casa recibió a Eduardo Galeano, Jorge Enrique Adoum, Julio Cortázar y Mario Benedetti, entre otros– fue beneficiado por la citada piñata antes aún de la derrota electoral de 1990. Recordé las veces en que el comandante nos llevó a lo que decía ser mi asador, como digo yo cuando recibo amigos en Río y los llevo a mi restaurante. La diferencia es que aquel asador era efectivamente de Tomás, y de míos los restaurantes a que me gustaba ir en Río sólo tienen mi presencia...


Supe también que al incautar propiedades de somocistas y pasarlas al Estado, Daniel Ortega se reservó una sonante cantidad de inmuebles en Managua. Varias de las casas de protocolo en el barrio Las Colinas, antiguo reducto de ricos muy ricos, incautadas por la revolución y reservadas para hospedar a visitantes extranjeros, eran en realidad propiedades de Daniel. Y me puse a pensar que a lo mejor habíamos sido huéspedes de él y no del gobierno.


Aquella ha sido la última revolución de mi generación y, en su modelo, la última de la historia. En muchos momentos sentíamos que los nicaragüenses y su revolución sandinista llegarían a realizar sueños imposibles, a rozar el cielo con las manos.


Guardaré para siempre en lo mejor de mi memoria aquellos años de luminosidad absoluta, de la esperanzo imponiéndose a la vida. Pero la revolución fue traicionada de manera vil, imperdonable.


Derrotó a la dinastía de los Somoza para ser sucedida por otra, igualmente perversa, abusadora: la dinastía de Daniel Ortega y su señora esposa, Rosario Murillo.


Por esos días se murió el cardenal Miguel Obando y Bravo, quien fue arzobispo de Managua y un enemigo feroz de aquel proceso, en clarísima alianza con los somocistas derrocados y los que se oponían a los sandinistas.


A cierta altura de la guerra abierta entre los sandinistas y los contrarespaldados por Washington, Obando llegó a ser nombrado integrante del gobierno en el exilio. Al amparo de su púlpito, fue más eficaz vocero de la contra-revolución.


Pasado el tiempo, el mismo monseñor Obando se transformó en aliado fidelísimo del mismo Daniel que se instaló en el gobierno aliado con la derecha más feroz y el empresariado más avaro, y que desde 2006 se elige y relige en elecciones claramente manipuladas.


El Daniel que ahora encabeza una nueva dinastía, la dinastía de una pareja, que mata y trucida muchachos como lo era su hermano Camilo cuando fue asesinado por la dinastía anterior, la de los Somoza.


Desde abril centenares de jóvenes nicaragüenses, todos o casi todos, nacidos después del final de aquella revolución traicionada, son muertos por un gobierno aislado y que carece de legitimidad.


Un traidor es y siempre será un traidor.


Pero hay traidores de peor calaña.


José Daniel Ortega Saavedra pertenece, con méritos, a esa especie.

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Muere impune el exdictador guatemalteco Efraín Ríos Montt

El general, de 91 años, fue considerado como uno de los militares más sanguinarios de América Latina

El exdictador José Efraín Ríos Montt, uno de los militares más sanguinarios de América Latina y quien dirigiera con mano de hierro los destinos de Guatemala entre el 23 de marzo de 1982 y el 8 de agosto de 1983, ha muerto este domingo en la Ciudad de Guatemala, a los 91 años.


Según confirmaron personas allegadas a Ríos Montt, falleció a primera hora de la mañana de este domingo por un paro cardiaco. Su salud se había deteriorado en los últimos meses. Ya en julio de 2015 fue declarado "mentalmente incapaz" para enfrentar un nuevo juicio en su contra, al que quedó sujeto tras la anulación del proceso en el que fuera condenado a 80 años de prisión por genocidio y otros crímenes de lesa humanidad, en mayo de 2013.


"(Ríos Montt) presenta un cuadro de deterioro que le impide rendir adecuadamente desde el punto de vista de pensamiento y juicio (...) No se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales..." reza el informe médico del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif, dependiente de la Fiscalía).


Tahúr de la política, el viejo militar, que guste o no manejó a su sabor y antojo los destinos de Guatemala durante la etapa final del siglo XX y la primera década del siglo XXI, murió sin conocer la cárcel, pese a haber sido condenado en mayo de 2013. No pudo evitar, eso sí, saberse condenado por la historia y tener que soportar, a lo largo del proceso, los testimonios de decenas de sobrevivientes del conflicto, quienes durante el juicio pusieron ante los ojos del mundo las atrocidades cometidas por el Ejército durante la guerra civil que ensangrentó Guatemala entre 1960 y 1996, y que alcanzó sus más altas cotas de salvajismo durante el Gobierno riosmonttista.


Desde su calabozo en un cuartel militar, donde tras su condena permaneció dos noches, Ríos maniobró con habilidad extrema para que el Constitucional, en un dictamen sin ninguna legitimidad por razones de competencia, anulara la condena y ordenara repetir el juicio. En la actualidad, y sin la presencia de Ríos, un tribunal de alto impacto conocía nuevamente el caso.


El sátrapa se benefició de todas las garantías procesales propias del Estado de derecho, que él negó a sus víctimas. Durante su Gobierno, 15 personas fueron fusiladas tras ser condenadas por jueces sin rostro en juicios sumarísimos. Los últimos cinco —tres civiles y dos militares de baja graduación— fueron pasados por las armas en la víspera de la visita del Juan Pablo II, la primera vez en la historia que un Papa visitaba Guatemala, lo que motivó un escándalo a nivel mundial. Oficialmente se dijo que los ejecutados habían admitido la comisión de los delitos que se les imputaban —integrar una banda de asaltantes y violadores—, extremo que sus abogados negaron ante la prensa local, señalando que habían sido obligados a aceptar la culpa en medio de salvajes torturas.


Ríos y sus abogados encontraron en la figura de genocidio la clave para revertir la sentencia. Explicaron a los poderes fácticos que ese delito abría las puertas para que algunos empresarios, particularmente de la patronal agraria que financiaron los operativos del Ejército y pusieron a disposición de los militares sus aeronaves para apoyar las operaciones de represión, pudieran ser igualmente procesados.


De acuerdo con los informes Guatemala, Nunca Más, del malogrado obispo Juan Gerardi, y Guatemala, Memoria del Silencio, de la Comisión de Esclarecimiento Histórico patrocinada por la ONU, fue durante el mandato de Ríos Montt cuando se cometieron la mayoría de masacres de población civil desarmada. Unos 10.000 guatemaltecos, en su mayoría indios, fueron ejecutados extrajudicialmente y el número de refugiados ascendió a 100.000. El Informe de Esclarecimiento Histórico de la ONU eleva a 448 el número de aldeas borradas del mapa en los 17 meses de gestión riosmonttista.


Con el retorno a la democracia en 1985, Ríos aprovechó la disciplina prusiana impuesta a su grupo parlamentario para inclinar a favor de sus intereses la balanza en aquellas leyes que requieren del voto de dos terceras partes de la totalidad de escaños, extremo que le facilitó negociar exitosamente la impunidad que le permitió burlar los procesos en su contra.


Su mayor logro político fue llevar a su partido a la Presidencia de la República en el periodo comprendido entre el 14 de enero de 2000 y la misma fecha de 2004. Como la Constitución de Guatemala prohíbe a los golpistas aspirar al poder –ocupó la jefatura del Estado tras derrocar al también general Romeo Lucas García, Ríos encontró en Alfonso Portillo al hombre que le permitió gobernar a su antojo desde la Presidencia del Legislativo.


El gobierno Portillo-Riosmonttista está considerado como uno de los más corruptos de la historia de Guatemala, solo superado por el gobierno del Partido Patriota, cuyos máximos líderes, el expresidente Otto Pérez Molina y quien fuera su vicepresidenta, Roxana Baldetti, acumulan procesos en la prisión preventiva a la que están sometidos.
Trayectoria sangrienta


Efraín Ríos Montt fue demandado en 1999 ante la Audiencia Nacional española por la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, acusado de delitos de lesa humanidad como genocidio, torturas, desapariciones forzadas y terrorismo de Estado. Gracias a la inmunidad que le garantizó su condición de diputado, el viejo general logró evadir su enjuiciamiento.


Con su muerte, Ríos se suma a los también fallecidos generales Romeo Lucas García, presidente de Guatemala entre 1978 y 1982, y Germán Chupina Barahona, jefe de la Policía durante el mismo periodo, considerados, con Ríos, como los mayores violadores de los derechos del hombre en Guatemala. Lucas y Chupina fueron los responsables intelectuales del asalto y quema de la Embajada de España en Guatemala, el 31 de enero de 1980.

 

Por JOSÉ ELÍAS
Guatemala 2 ABR 2018 - 05:24 COT

 

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Irma Velásquez: “En un país en posguerra las partes siempre van a estar en pelea por la memoria”

La experta en pueblos indígenas Irma Alicia Velásquez Nimatuj fue la encargada del peritaje en el caso Sepur Zarco, un hito en la batalla por la memoria de Guatemala.


La guatemalteca Irma Alicia Velásquez Nimatuj es doctora y máster en Antropología Social por la Universidad de Texas (Austin) y licenciada en periodismo por la Universidad de San Carlos de Guatemala.


Experta en pueblos indígenas, fue la encargada del peritaje en el caso Sepur Zarco, un hito en la batalla por la memoria de Guatemala por varios motivos.
En primer lugar, fue el primer caso de violencia sexual relacionada con el conflicto impugnado en virtud del código penal de Guatemala. Además, por primera vez un tribunal nacional en cualquier parte del mundo se pronuncia sobre acusaciones de esclavitud sexual durante un conflicto armado, que es un delito tipificado por el derecho internacional.


En la sentencia pionera, el tribunal guatemalteco señaló que la violencia sexual contra once indígenas maya quechí formó parte de una estrategia deliberada por parte del ejército de Guatemala y condenó a dos militares.


A pocos días del 8 de Marzo, ¿dirías que el feminismo es hoy un agente que puede cambiarlo todo?

Las mujeres son fundamentales. Quizá la diferencia en Guatemala es que las mujeres indígenas somos la mayoría, y las mujeres indígenas son críticas con el feminismo blanco y clásico, o más oficial. Porque realmente el feminismo desde esa perspectiva no ve a las mujeres indígenas con ojos de aceptar la crítica que estas mujeres hacen al feminismo.


Quizá por eso no hemos visto esas manifestaciones en Guatemala, porque las mujeres indígenas participan pero no desbordan, porque tiene límites. Tienen límites con él hasta dónde tienen en común algunas coincidencia pero también están claras en qué aspectos son totalmente distintas.


¿Es una asignatura pendiente la de integrar el elemento de la raza en el feminismo?

Diría que la asignatura es de las mujeres blancas el tratar de comprender la postura, las luchas y demandas de las mujeres indígenas. El feminismo lo que quiere es que las mujeres indígenas vengan y acepten sus planteamientos, y eso es muy difícil. En América Latina vemos que no todas las mujeres indígenas se identifican como feministas y tienen una crítica a ese feminismo que no ve la opresión racial como una de las opresiones fundamentales, ligadas sobre todo al tema del territorio.


El tema del territorio traspasa el posicionamiento de las mujeres indígenas. Nosotras nos vemos como parte de la madre tierra, y la madre tierra tiene relación con los alimentos, el espacio en el que vivimos, donde reproducimos nuestras cultura, donde estuvieron nuestros padres y abuelos. Tiene una conexión histórica, futura y una relación fuerte con el oponernos al extractivismo que está de moda en América Latina desde países europeos, y desde EE UU y canadá, que ven América como la posibilidad de seguir extrayendo los recursos que posee.


Esa extracción no es nueva, es parte de colonialismo: la colonialidad española ya nos mostró cómo fueron capaces de extraer todo el oro que pudieron. Hoy vemos esa nueva colonialidad, y ahí las mujeres indígenas tenemos una voz muy fuerte. No queremos la destrucción de nuestros territorios, a la madre tierra no la destruyes, la vas a cuidar.


El colonialismo español fue un esclavismo impresionante del que nuestros países no se libraron hasta hace poco. Bolivia lo logra cuando llega Evo Morales. En Guatemala estamos con toda la problemática. En México, el levantamiento zapatista tiene relación con ese extractivismo que deja a los indígenas sin nada. Y ahí ves a las mujeres zapatistas con posicionamientos muy claros.


En Guatemala vemos una enorme cantidad de mujeres indígenas defendiendo los territorios: tenemos 1.200 conflictos por problemas de extractivismo, en un país de 108.000 kilómetros cuadrados. Y todas las empresas son canadienses, estadounidenses, españolas, alemanas… La presión sobre nuestros territorios es impresionante, es un conflicto fuerte y las mujeres están en primera línea.


Estos días en el curso de La Casa Encendida hablas del feminicidio y la racialización del cuerpo de las mujeres. ¿Qué ocurre cuando al feminicidio se le suma la cuestión racial?

El resultado es lo que tenemos en Guatemala y otros pueblos indígenas en América Latina. Vemos poblaciones que quedaron al frente de mujeres porque los hombres fueron asesinadas, masacrados, torturados o desaparecidos, poblaciones que han sacado adelante durante 35 años procesos por justicia, por reparación, por conocer la verdad en condiciones adversas porque es un sistema de justicia que no tiene relación con el sistema de ellas.


Es un sistema que no corresponde con su lógica, el idioma que se usa no es el suyo, y además tiene en contra de ellas una cantidad de jueces y juezas que no son sensibles a la realidad de los pueblos indígenas. Se va con todas las de perder, pero a pesar de ello son mujeres que no han dejado de luchar. Guatemala es un espacio perfecto para poder ver cómo las mujeres indígenas, pobres, rurales, analfabetas, monolingües, agricultoras quedaron realmente desoladas por las masacres que el Estado cometió en contra de sus pueblos, de sus hijos, de sus padres.

Esa fuerza la encontraron desde el mismo momento en que el ejército se va de su comunidad. En ejército llega a Sepur Zarco en 1982. Guatemala está viviendo un conflicto armado, y este conflicto armado se concentra en la región de occidente. Pese a que ellas viven en el oriente, donde no está la guerrilla, el ejército instala seis campamentos en esta región.


Cuando esta investigación avanza, nos damos cuenta de que son los finqueros están a su alrededor los que invitan al ejército, porque quieren controlar la tierra que esta comunidad indígena posee, y una forma de controlarlo es aniquilando a quienes están haciendo todo el trabajo de gestión de la tierra y usando los Tribunales Agrarios. Lo que hacen es que llega el ejército y acaba con todos los hombres, y empieza el proceso de violencia sexual.


Después de que se instalan, empieza el proceso de poner a las mujeres a obligarlas a prestar lo que ellos llamaban servicios para el ejército, que implicaba ser las esclavas sexuales, las que hacían la comida. Esto se da durante seis años. Cuando terminan los seis años, de 1982 a 1988, entonces las mujeres empiezan a buscar a sus familiares. No es que tuvo que pasar tiempo, y no fue solo para Seur Zarzo, fue en todas las comunidades indígenas.


Buscaban, es una necesidad humana saber qué pasó con tu papá, con tu esposo, con tus hijos. Tenían la esperanza de que los iban a encontrar vivos. Empezaron de manera local, luego regional, y finalmente nacional. El problema es que nadie las escuchaba porque eran mujeres indias. No es que esperaran a tener un espacio en el cual pudieran hablar, es que nadie las escuchaba.


Finalmente, logran encontrar apoyo a través de varias organizaciones y, ya con una estrategia muy bien planteada, se empieza a empujar este proceso hasta llevarlo hasta el juicio, que es histórica, en 2016. La primera declaración, las mujeres no la hacen frente al juez, sino en un espacio separado, por el temor que tenían. Las mujeres se quitan sus trajes cuando van a los tribunales, porque tienen temor. Hablan quiché. Varias de las intérpretes eran niñas que sobrevivieron estas atrocidades, y que luego fueron a la escuela y al ser bilingües se convirtieron en intérpretes.


Guatemala no sabía qué era Sepur Zarco, como hoy no saben de muchas comunidades más. La capital vive en su burbuja y piensa que lo importante solo ocurren en la capital. Fuera, no importa nada. En 2011 se empieza a escuchar sobre Sepur Zarco, y el juicio logró sensibilizar sobre todo a gente joven.


Algo que fue fundamental fue el trabajo de la prensa internacional porque, cuando empieza a cubrir esto, a la prensa nacional no le queda más que cubrirlo. Esto es fundamental. Entonces se sabía más fuera que dentro.


Yo no puede estar en el juicio, yo era perito y solo entré al peritaje, pero trabajé con ellas durante tres años. Construí un peritaje no en dos semanas, ni en tres semanas, ni en un mes. Durante tres años me enfoqué en tratar de entender vida por vida. Cada vida era distinta a pesar de que tenía elementos comunes. Quería entender cómo habían logrado sobrevivir, pero también qué perdieron durante este conflicto, como mujeres quekchí.


Fue una experiencia fuerte, dolorosa, porque veía en cada mujer a mi madre, a mis hermanas mayores, abuelas. Al tiempo que ser mujer indígena te permite una interpretación más amplia, también te duele más. El peritaje fue una de las grandes lecciones de mi vida, de la fuerza que tienen las mujeres, la valentía, y de que no son víctimas perpetuas, son víctimas en ese momento. Pero se despojan de eso y continúan.


¿Qué fue lo más complicado?

Al principio, lo más difícil fue crear niveles de confianza con ellas. Aunque yo soy indígena también, vengo de otra región, no hablo el idioma de ellas. Se trataba de conseguir que no me vieran como una perita sino como una hermana, y como una mujer menor que ellas: ellas son mayores y yo tengo que respetarlas. Y tengo que trabajar de una manera respetuoso y siguiendo los patrones de lo que hay en el mundo maya. Esos patrones tienen que ver con que ellas tienen el poder en la entrevista, en el trabajo, ellas toman decisiones y si ellas sentían que era muy duro reconstruir sus vidas, íbamos a parar, y todo iba a ser revisado por ellas. Bajo esas reglas fue mucho más fácil crear esos lazos de conexión.


El día que me tocó declarar ante los tribunales, yo estaba afuera de Guatemala, fui a declarar y salí inmediatamente por mi seguridad. Ese día almorcé con ellas y les dije, qué quieres que diga. Y ellas dijeron: tú ya sabes, ve y di lo que hemos trabajado.


Ese juicio se ganó y se condenó a dos militares. ¿Es esta sentencia una piedra en la reconstrucción de la memoria de Guatemala?

En Guatemala tenemos varias luchas. Una de ellas es la lucha por la memoria. Quién escribe la memoria es una de las luchas, porque somos un país de posguerra. Y en un país en posguerra las partes siempre van a estar en pelea por la memoria. Los militares están peleando por que en la memoria del país no quede escrita todas las atrocidades que ellos cometieron.


Y los pueblos mayas están peleando porque en la memoria nacional quede escrito, con toda la complejidad, las atrocidades que se cometieron. Y en medio hay otros actores: el Estado, el Gobierno de esos momentos tampoco quiere que quede la memoria así, y es una lucha impresionante que diría que ha dividido colegas, amigos.
Tengo amigos a los que jamás volví a hablar a raíz de nuestros posicionamientos frente a esto. Y así ves cómo la guerra divide antes, durante y después. Esa pelea por la memoria es también por la educación: cómo va a quedar escrito en la currícula y cómo se va a enseñar, cómo va a quedar o no registrado en comunidades.


Diría que es un momento hermoso en nuestro país, por muy doloroso que sea, porque Guatemala ha vivido múltiples genocidios, y este es el primero que se lleva a tribunales, y el primero en el que la memoria juega un papel fundamental. Tenemos los otros genocidios como parte de nuestra memoria social, pero no los tenemos documentados dentro de la historia del país, porque no hubo oportunidad de hacerlo por los procesos de represión, por las condiciones en las que vivíamos, por las leyes.


Pero ahora veo un cambio profundo. Mis abuelos no fueron a estudiar, mi madre solo fue un año a la escuela, no pudo ir a estudiar con su traje... Hoy, hay escuelas completas donde las niñas están con su corte, con su huipil, y hablando su idioma. Yo no pude hacer eso. Y hoy tenemos un espacio público, tenemos un voz, hemos llevado 18 anteproyectos de ley al Congreso de la República…. ninguno ha sido aprobado pero no importa, lo estamos haciendo y llevamos proyectos de calidad, que tienen que ver con ampliación de educación bilingüe, con el derecho a la consulta de los pueblos indígenas, con que se legisle sobre el racismo. Hemos hecho trabajo y el estado no puede decir que los pueblos indígenas somos una carga. Soy maya quiché, soy parte del pueblo de Guatemala y siento un responsabilidad con estos procesos, y he acompañado los que he podido.


Esta tarde reflexionas con Karina Bidaseca y Mercedes Hernández sobre feminicidio en una mesa redonda. ¿Qué tres autoras dirías que son imprescindible para comprender el feminicidio?

Para entender el feminicidio de Guatemala, especialmente desde el mundo indígena, hay que leer a Aura Cumes. Y hay que leer a Emma Chirix, también cakchiquel, que también ha hecho y análisis muy fuerte desde la sexualidad También a Gladys Tzul Tzul, que es quiché, y ha hecho un trabajo desde la opresión de las mujeres conectada con toda la comunidad y cómo la comunidad es un factor importante para liberar o para oprimir a las mujeres.

 

David Fernández
Patricia Reguero
@Des_bordes
2018-03-15 16:25:00

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Miércoles, 10 Enero 2018 06:17

La república pendiente

La república pendiente

Hace 40 años, la mañana del 10 de enero de 1968, el periodista Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado por sicarios de la dictadura de la familia Somoza. Iba solo, ajeno como era a guardaespaldas, al volante de su propio vehículo, cuando los asesinos a sueldo lo emboscaron en un paraje desolado de las ruinas de Managua, devastada por el terremoto de 1972 y le dispararon con una escopeta y llenaron su cuerpo de perdigones.

Una frase suya lo define como pocas: "Cada quien es dueño de su propio miedo". Recibía constantemente amenazas de muerte porque en sus editoriales del diario La Prensa, que dirigía, se mostraba inflexible con el sistema somocista que a lo largo de casi medio siglo había desmantelado las instituciones y sometido al país a la violencia represiva, la abyección, el fraude electoral y la corrupción que, ejercida desde arriba, carcomía el andamiaje social.

Pero no eran denuncias huecas, sino que llevaban los nombres y apellidos de quienes a la sombra del Estado lucraban de negocios inmorales, la familia reinante a la cabeza, pues no había letra del alfabeto donde los Somoza no tuvieran empresas privilegiadas: desde el arroz de la A, a la Z de zapatos, pasando por la X que correspondía a negocios desconocidos.

En la letra S se hallaba el más infame de todos, el de la sangre, que Pedro Joaquín no cesaba de denunciar. La compañía Plasmaféresis, de la que Anastasio Somoza Debayle era socio mayoritario, compraba la sangre a los menesterosos para exportar el plasma a los mercados extranjeros. Lo manejaba un personaje de origen cubano llamado Pedro Ramos, quien huyó de Nicaragua hacia Miami al consumarse el asesinato.

Dueño de su miedo, con el que supo vivir hasta su muerte, nunca se detuvo y se convirtió así en la conciencia del país en tiempos de desidia, temor y silencio, de conformismo y desánimo. Y su muerte atroz fue capaz de acabar con el silencio y el temor. Cada quien supo a partir de entonces que también era dueño de su propio miedo, y que era necesario tomar conciencia del miedo para acabar con el miedo.

Fue el principio del fin de la dictadura. Miles acompañaron su ataúd desde la morgue hasta su casa, miles más lo siguieron hasta el cementerio, y la indignación popular se desbordó en las calles cuando era velado en las instalaciones de La Prensa en la carretera norte. Y llena de ese furor que acabaría destronando a la dictadura, la gente incendió Plasmaféresis y otros negocios de la familia en las vecindades. Una ola de fuego que ya nadie detendría.

Esto de haber sido en vida la conciencia del país, y el detonante de la insurrección popular con su muerte, es algo que la historia oficial le escatima con absurda mezquindad. Es cierto que en 2012 la Asamblea Nacional lo declaró por unanimidad héroe nacional; pero en el cerrado santoral de la lucha revolucionaria, Pedro Joaquín no figura. La mano del poder lo ha excluido.

Para el relato oficial sigue siendo una figura complementaria aceptada con reticencia, porque no proviene de las filas partidarias; y colocarlo en el lugar central que de verdad tiene en el desencadenamiento de la insurrección nacional que empezó con su asesinato, significaría alterar el discurso publicitario que asigna papeles de acuerdo con los intereses de quienes hoy tienen el poder político. De ese mismo santoral han sido excluidos, o colocados también en papeles complementarios, dirigentes guerrilleros de las mismas filas sandinistas porque han caído en desgracia una vez convertidos en adversarios, no pocos de ellos calificados de traidores.

Esta exclusión de una figura tan cimera como la de Pedro Joaquín demuestra también que campea una filosofía de fondo en la historia oficial, elaborada desde arriba, a la hora de explicar la revolución. La verdad es que se trató de una gesta nacional en que concurrieron nicaragüenses de muy diferentes tendencias, empezando por las tres en las que estuvo dividido el propio sandinismo hasta pocos meses antes de la caída de los Somoza, marxistas de diferentes signos y acentos, con concepciones diferentes de la lucha, lo cual fue, en resumidas cuentas, un asunto de cúpulas intelectuales.

Pero ya a campo abierto, en la calle y en las áreas rurales, en las universidades, en los centros de trabajo, quienes juntaron esfuerzos, con las armas o sin ellas, para poner fin a la dictadura, formaban un amplio y complejo mosaico ideológico en el que había marxistas, cristianos de la teología de la liberación, y también cristianos tradicionales; socialistas, socialdemócratas, liberales, conservadores, socialcristianos, y otros muchos que sólo ansiaban vivir en un país libre y diferente. Conforme a esa base se integró el primer gobierno de la revolución.

Claro que se necesitaban cambios profundos, y que la revolución no era sólo un trámite para seguir en lo mismo de antes. La consigna que guió la lucha armada hasta el final, de rechazar el somocismo sin Somoza, siempre fue justa e imprescindible.

Y no hay duda de que el primero que habría respaldado esta determinación es el propio Pedro Joaquín, quien toda su vida se supo colocar en una posición frontal y abierta contra el somocismo, tanto que llegó a tomar las armas 20 años atrás, cuando vio todos los caminos democráticos cerrados; sufrió cárcel y exilio, y nunca dejó, a riesgo constante de su vida, de ser el opositor por excelencia a la dictadura, desnudando sus vicios y atrocidades.

Quienes piensan que habría querido un cambio a medias, se equivocan. Pero quienes piensan que ese cambio pasaba por negar la democracia, y por establecer una sola ideología desde el poder, también se equivocan. Siempre habría sido un fiscal implacable del ejercicio de las libertades públicas y de la institucionalidad democrática.

Si tantas veces le escuchamos decir que cada quien era dueño de su propio miedo, también nunca se cansó de repetir que Nicaragua volvería a ser república. Y esa es una tarea aún pendiente.

Masatepe, enero 2018

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Jueves, 28 Diciembre 2017 05:11

Huellas de una voz literaria

Huellas de una voz literaria

Con varios estudios monográficos y breves ensayos, la edición realizada por el centenario del escritor paraguayo abre un ciclo que contempla el lanzamiento de títulos que recopilan artículos periodísticos y varios cuentos y poemas inéditos.

El escritor paraguayo, que nunca dejó de definirse como un campesino –“utilizo la palabra ‘campesino’ con cierto orgullo, porque en mi obra he procurado recuperar la dignidad de ese término–, capturó el choque entre las culturas indígenas y extranjeras en su país, y la rebelión y tenacidad del pueblo guaraní a través de una de sus obras maestras, Yo el Supremo, publicada en 1974 cuando todavía vivía exiliado en Buenos Aires. Dos años después, la dictadura cívico-militar incorporó la novela a una larga lista de obras consideradas subversivas y su autor tuvo que enfrentar un segundo exilio en Francia. En el año en que se cumplió el centenario del nacimiento de Augusto Roa Bastos (1917-2005), se presentó una edición conmemorativa de la novela preparada por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale).


La edición conmemorativa de Yo el Supremo (Alfaguara) incluye varios estudios monográficos y breves ensayos de los especialistas Darío Villanueva, Ramiro Domínguez, Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone y Francisco Pérez-Maricevich, así como una sección final titulada “Otras revelaciones roabastianas”, con contribuciones de Susana Santos, Esther González Palacios, el uruguayo Wilfredo Penco, Roberto Ferro, Antonio Carmona y Milagros Ezquerro. También hay una bibliografía básica del escritor paraguayo, un índice onomástico y un glosario de voces utilizadas en la novela, a los que se agrega una cronología de los sucesos históricos que se produjeron en el período final de la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia. “Roa Bastos ha dejado una obra fundamental para el desarrollo de nuestra narrativa”, dijo Darío Villanueva, director de la RAE. El escritor y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), Gonzalo Celorio, ubicó la novela de Roa Bastos en la novelística hispanoamericana al postular que Yo el Supremo se inscribe en la corriente del dictador latinoamericano, que empieza con Ramón del Valle-Inclán y su Tirano Banderas, publicado en 1926.


Renée Ferrer, presidenta de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, (Aparle), destacó la “excelente prosa” del escritor paraguayo, el permanente “compromiso con la condición humana” y una “defensa de la libertad” que le permitió tener una “clara conciencia de las injusticias infringidas por los poderosos”. “El exilio marcó a fuego el alma de Roa Bastos, pero también lo puso en contacto con importantes polos de cultura que influyeron en su destino personal y, por ende, en el de la literatura paraguaya”, agregó la académica paraguaya. El germen de Yo el Supremo viene de una invitación que le hicieron el peruano Mario Vargas Llosa y el mexicano Carlos Fuentes al escritor paraguayo. Le propusieron que escribiera un retrato de Gaspar Rodríguez de Francia, el supremo dictador paraguayo durante veintiséis años, entre 1814 y 1840, para una obra con perfiles de dictadores latinoamericanos que se llamaría Los padres de la patria. Aunque el proyecto no prosperó, Roa Bastos trabajó durante seis años en la creación de la voz del Supremo. La novela pronto cosechó elogios. Tomás Eloy Martínez aseguró que se trataba de “uno de esos grandes libros-madre a partir del cual nacerá la literatura de los años venideros”. Ricardo Piglia escribió: “Si se quiere ver qué niveles puede alcanzar una práctica revolucionaria en literatura, léase Yo el Supremo, de Roa Bastos: esa novela admirable, sin duda la mejor que ha producido la narrativa latinoamericana desde La vida breve (Juan Carlos Onetti)”. Onetti definía a Roa Bastos como un “prosista admirable”. “Es tan bueno el libro que historiadores abundantes en talento y fantasía afirman que Yo el Supremo no pudo ser escrito por Roa Bastos. Aseguran tener pruebas de que cuando el falso autor inició la escritura del libro, José Gaspar de Francia lo hizo fusilar frente a un naranjo enano”, decía Onetti.


Mirta Roa, la hija del escritor, confirmó que la Fundación Roa Bastos ya tiene preparado un volumen que recopila los artículos sobre literatura y democracia que el autor de El trueno entre las hojas (1953), Hijo de hombre (1960) y El baldío, entre otros libros de cuentos y novelas, publicó en el diario español El País entre 1982 y 1993. También anunció que llegarán a las librerías “los cuentos inéditos y las poesías inéditas de los años primeros”, aunque no especificó la fecha de publicación.

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:27

Revolución y democracia

Revolución y democracia

Vengo escribiendo que uno de los desarrollos políticos más fatales de los últimos cien años ha sido la separación e incluso contradicción entre revolución y democracia como dos paradigmas de transformación social. He afirmado que este hecho es, en parte, responsable de la situación de impasse en la que nos encontramos. Mientras que a principios del siglo XX disponíamos de dos paradigmas de transformación social y los conflictos entre ellos eran intensos, hoy, a comienzos del siglo XXI, no disponemos de ninguno de ellos. La revolución no está en la agenda política y la democracia ha perdido todo el impulso reformista que tenía, habiéndose transformado en un arma del imperialismo y estando secuestrada en muchos países por antidemócratas.

Esta tensión entre revolución y democracia recorrió todo el siglo XIX europeo, pero fue en la Revolución rusa que la separación, o incluso incompatibilidad, tomó forma política. Es discutible la fecha exacta en la que esto ocurrió, pero lo más probable es que fuera en enero de 1918, cuando Lenin ordenó la disolución de la Asamblea Constituyente en la que el Partido Bolchevique no tenía mayoría. La gran revolucionaria Rosa Luxemburgo fue la primera en alertar sobre el peligro de la ruptura entre revolución y democracia. En la prisión, Rosa Luxemburgo escribió en 1919 un panfleto sobre la Revolución rusa cuyo destino fue turbulento, pues solo mucho más tarde se publicó en su totalidad. En este texto, Rosa Luxemburgo escribe de manera lapidaria que la libertad solo para los partidarios del Gobierno o solo para los miembros de un partido no es libertad. La libertad es siempre y exclusivamente la de los que piensan diferentemente, y añade: “Con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los sóviets [1] también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que solo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública y gobiernan unos pocos dirigentes partidarios de energía inagotable y gran experiencia. Entre ellos, en realidad, dirige solo un grupo pequeño de notables, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado, sino la de un grupo de políticos. [...] Esas condiciones deben causar inevitablemente una brutalización de la vida pública: intentos de asesinato, caza de rehenes, etc.” [2]. Un texto premonitorio de alguien que sería, ella misma, asesinada dos años después.


Vivimos un tiempo de posibilidades desfiguradas. La revolución siguió una trayectoria que fue dando cada vez más razón a las previsiones de Rosa Luxemburgo y fue llevando a cabo una transición que, en vez de transitar al socialismo, acabó por transitar al capitalismo, como bien ilustra hoy el caso de China. Por su parte, la democracia (reducida progresivamente a la democracia liberal) perdió el impulso reformista y demostró no ser capaz de defenderse de los fascistas, como lo puso de manifiesto la elección democrática de Adolf Hitler. Además, el “olvido” de la injusticia socioeconómica (además de otras, como la injusticia histórica, racial, sexual, cultural y ambiental) hace que la mayoría de la población viva hoy en sociedades políticamente democráticas, pero socialmente fascistas.


Si el drama político del siglo XX fue separar revolución y democracia, me atrevo a pensar que el siglo XXI solo comenzará políticamente en el momento en el que revolución y democracia vuelvan a unirse. La tarea puede resumirse así: democratizar la revolución y revolucionar la democracia. Veamos cómo. Dadas las limitaciones de espacio, las orientaciones se formulan en términos de principios con escasa explicación.


Democratizar la revolución. En primer lugar, a veces son necesarias rupturas que rompen el orden político existente. Este, cuando se autodesigna democrático, es ciertamente una democracia de minorías para las minorías, en suma, una falsa democracia o una democracia de bajísima intensidad. La ruptura solo se justifica cuando no hay otro recurso para poner fin a este estado de cosas y su objetivo principal es el de construir una democracia digna del nombre, una democracia de alta intensidad para las mayorías, respetuosa con el encaje de las minorías. La revolución no puede correr el riesgo de pervertirse en la sustitución de una minoría por otra.


En segundo lugar, la ruptura, como el nombre indica, rompe con un determinado orden, pero romper no significa hacerlo con violencia física. El día de la toma del Palacio de Invierno murieron pocas personas y los teatros funcionaron con normalidad. Tal como en la Revolución del 25 de abril de 1974 en Portugal, en la que murieron cuatro personas y hubo un herido de gravedad.


En tercer lugar, los fines nunca justifican los medios. La coherencia entre unos y otros no es mecánica, pero deben ser equivalentes en los tipos de acción y de sociabilidad política que promueven. En este sentido, no es admisible que se sacrifiquen generaciones enteras en nombre de un futuro luminoso que hipotéticamente vendrá. Quienes más necesitan de la revolución son las mayorías empobrecidas excluidas, discriminadas y arrojadas por la sociedad injusta en zonas de sacrificio. Su futuro es mañana y es mañana que deben comenzar a sentir los efectos benéficos de la revolución.


En cuarto lugar, históricamente muchas revoluciones fueron rápidas en despolarizar sus diferencias con los enemigos y las antiguas clases dominantes, al mismo tiempo que polarizaban, a veces de manera brutal, sus diferencias con grupos revolucionarios, cuya línea política fue derrotada. Eso se llamó sectarismo y dogmatismo. Esta perversión dominó toda la izquierda política del siglo XX.


En quinto lugar, la lucha de clases es una lucha importante, pero no es la única. Las luchas contra las injusticias y discriminaciones raciales (colonialismo) y sexuales (heteropatriarcado) son igualmente importantes, y la lucha de clases nunca tendrá éxito si las otras tampoco lo tienen. Vivimos en sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales, y las tres formas de dominación actúan articuladamente. Al contrario, los hombres y las mujeres que luchan contra la injusticia se concentran, en general, en una de las luchas, descuidando las otras. Y en tanto las luchas se mantengan separadas, nunca tendrán éxito significativo.
Por último, no hay una única forma de emancipación social. Hay múltiples formas y, por eso, la liberación o es intercultural o nunca será.


Revolucionar la democracia. Primero, no hay democracia: hay democratización progresiva de la sociedad y del Estado. Segundo, no existe una forma legítima de democracia: hay varias y en su conjunto forman lo que designo como demodiversidad [3]. Tal como no podemos vivir sin biodiversidad, tampoco podemos vivir sin demodiversidad.


Tercero, en los distintos espacios-tiempos de nuestra vida colectiva, las tareas de democratización deben llevarse a cabo de modo diferente, y los tipos de democracia serán igualmente distintos. No es posible la democratización del Estado sin la democratización de la sociedad. Distingo seis espacios-tiempo principales: familia, producción, comunidad, mercado, ciudadanía y mundo [4]. En cada uno la necesidad de democratización es la misma, pero los tipos y los ejercicios de democracia son diferentes.


Cuarto, siguiendo el pensamiento político del liberalismo, las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en las que vivimos redujeron la democracia al espacio-tiempo de la ciudadanía, el espacio que designamos como político, cuanto todos los otros son igualmente políticos. Por eso la democracia liberal es una isla democrática en un archipiélago de despotismos.


Quinto, incluso restringida al espacio de la ciudadanía, la democracia liberal, también conocida como representativa, es frágil, porque no puede defenderse fácilmente de los antidemócratas y de los fascistas. Para ser sostenible, debe complementarse y articularse con la democracia participativa, o sea, con la participación organizada y apartidaria de ciudadanos y ciudadanas en la vida política mucho más allá del ejercicio del derecho al voto, que obviamente es muy valioso, pero no suficiente.


Sexto, los propios partidos deben reinventarse como entidades que combinan dentro de sí formas de democracia participativa entre sus militantes y simpatizantes, en especial en la formulación de los programas de los partidos y en la selección de candidatos a cargos electivos.
Séptimo, la democracia de alta intensidad debe distinguir entre legalidad y legitimidad, entre la primacía del derecho (que incluye los derechos fundamentales y los derechos humanos) y la primacía de la ley (derecho positivo), o sea, entre rule of law y rule by law. La primacía de la ley (rule by law) puede ser respetada por dictadores, no así la primacía del derecho (rule of law).


Octavo, hoy en día gobernar democráticamente significa gobernar contra la corriente, ya que las sociedades nacionales están sujetas a un doble constitucionalismo: el constitucionalismo nacional, que garantiza los derechos de los ciudadanos y las instituciones democráticas, y el constitucionalismo global de las empresas multinacionales, de los tratados de libre comercio y del capital financiero. Entre los dos constitucionalismos hay enormes contradicciones, ya que el constitucionalismo global no reconoce la democracia como un valor civilizatorio. Y lo más grave es que, en la mayoría de las situaciones, en caso de conflicto entre ellos, el constitucionalismo global es el que prevalece. Quien controla el poder del gobierno no es necesariamente quien controla el poder social y económico. Es lo que sucede con los gobiernos de izquierda. Para que estos se sostengan, no pueden confiar exclusivamente en las instituciones. Deben saber articularse con la sociedad civil organizada y con los movimientos sociales interesados en profundizar la democracia; y disponer de medios de comunicación propios que compitan con los medios corporativos, en general subordinados a los dictámenes del constitucionalismo global.


Democratizar la revolución y revolucionar la democracia no son tareas sencillas, pero constituyen la única vía para frenar el camino al crecimiento de las fuerzas de extrema derecha y fascistas que van ocupando el campo democrático, aprovechándose de las debilidades estructurales de la democracia liberal. La miseria de la libertad será patente cuando la gran mayoría de la población solo tenga libertad para ser miserable.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
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NOTAS


[1] El poder popular o los consejos de obreros, campesinos y soldados.
[2] Luxemburgo, R., Obras escogidas, Ediciones digitales Izquierda Revolucionaria, 2008, p. 402.
[3] Véase Santos, B. S. y Mendes, J. M., (eds.), Demodiversidad. Imaginar nuevas posibilidades democráticas, Akal, Madrid y México, 2017.
[4] Véase Santos, B. S., Crítica de la razón indolente. Contra el desperdicio de la experiencia. Para un nuevo sentido común: la ciencia, el derecho y la política en la transición paradigmática, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003.

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Alegría afuera del tribunal en Buenos Aires donde concluyó el juicio por crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura (1976-1983) en el centro clandestino de detención de la ESMA

 

La megacausa aglutinó 789 casos; en el centro de exterminio desaparecieron 5 mil personas

 

Buenos Aires.

 

En un día histórico para los derechos humanos, fueron condenados a prisión perpetua los principales responsables de crímenes de lesa humanidad perpetrados en el centro clandestino de detención y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) durante la pasada dictadura militar en Argentina. Jorge El Tigre Acosta y Alfredo Astiz, el Ángel de la Muerte, están entre los 54 militares sentenciados, lo que hizo estallar de alegría a familiares y representantes de organismos humanitarios; hubo abrazos, llanto y un reconocimiento a los sobrevivientes que, a pesar de lo que significaba recordar una y otra vez el horror vivido, rindieron testimonio cada vez que se les citó.

Los genocidas fueron juzgados por 789 casos investigados en una megacausa, ya que la ESMA fue uno de los lugares donde desaparecieron unas 5 mil personas y ahí nacieron hijos de detenidos-desaparecidos que fueron robados por los militares en un plan sistemático, varios de los cuales han sido recuperados gracias al trabajo inclaudicable de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Durante casi cuatro horas, el Tribunal Federal cinco leyó por orden alfabético las condenas. Acosta, quien fue jefe del grupo de tarea y uno de los más temibles represores, Alfredo Astiz, Ricardo Cavallo y Juan Antonio Azic, son algunos de los 29 condenados a prisión perpetua.

También impactó la condena del médico militar Jorge Luis Magnasco, conocido como El partero de la maternidad clandestina de la ESMA, sentenciado a 24 años. Dos de los pilotos de los vuelos de la muerte cumplirán también la pena máxima.

Uno de ellos, Julio Poch, fue absuelto. Otro de los que se beneficiaron fue Juan Alemann, ex secretario de Hacienda de José Alfredo Martínez de Hoz, además de Ricardo Jorge Lynch Jones, Roque Ángel Martello, Ernesto Alemann y Rubén Ricardo Ormello, lo que desató fuertes polémicas.

Además de Acosta y Astiz fueron condenados a cadena perpetua: Randolfo Agusti Scacchi, Mario Daniel Arru, Juan Antonio Azic, Ricardo Miguel Cavallo, Rodolfo Cionchi, Daniel Néstor Cuomo, Alejandro Domingo D’Agostino, Hugo Enrique Damario, Francisco Di Paola, Adolfo Miguel Donda, Miguel Ángel García Velasco, Pablo Eduardo García Velasco, Alberto E. González, Orlando González y Rogelio José Martínez Pizarro. Otros 19 recibieron condenas de ocho a 25 años.

Este juicio de la ESMA III ha sido el proceso más prolongado en la historia del sistema penal argentino, el debate oral y público duró cinco años con 410 audiencias, tiempo en que fallecieron 11 de los 65 imputados originalmente y tres fueron apartados por razones de salud.

El primer juicio no llegó a su fin debido a que el único imputado, Héctor Febres, murió antes de conocerse la sentencia, en 2007, y el segundo finalizó el 26 de octubre de 2011 con 16 condenas a prisión perpetua, penas entre 18 y 25 años y dos absoluciones.

Hubo dolor entre los sobrevivientes por aquellos compañeros que vieron el comienzo del juicio, pero murieron por distintas causas. Aún así la decisión del tribunal superó las expectativas de buena parte de los familiares y los sobrevivientes. También han muerto Madres y Abuelas de Plaza de Mayo sin ver este momento histórico y hoy se les recordaba en medio de la alegría en tiempos en que se vive un retroceso en la justicia y los derechos humanos. Había temor de que declaraciones del gobierno de Mauricio Macri y de varios funcionarios influenciaran a los jueces.

El juicio de ESMA III comenzó en 2012 y se analizaron 789 delitos de lesa humanidad, entre ellos varios casos referidos a los denominados vuelos de la muerte.

Es la primera vez que la justicia de un Estado procesa una causa por crímenes de lesa humanidad de tal magnitud y duración, ya que para analizar casos como los genocidios de Ruanda y la ex Yugoslavia se constituyeron tribunales internacionales, señaló Alejandra Dandán, la periodista de Página 12 que ha seguido prácticamente todos los juicios.

En un fallo reciente, la Sala I de la Cámara de Casación liberó a ocho ex policías federales por crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1977, con el argumento de que pudieron no saber que integraban una estructura abocada a la represión ilegal.

En este juicio se probó el uso de aviones Skywan en los vuelos de la muerte, y que el 14 de diciembre de 1977 se realizó el vuelo desde el que arrojaron al mar, estando vivas y drogadas, a las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet, y a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco.

Durante el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007) la ESMA fue recuperada para los organismos de derechos humanos y se transformó en un sitio de Memoria, además de preservar sus lugares, especialmente el que fue el Casino de Oficiales, donde funcionó la estructura más terrible de ese centro y decenas de detenidos murieron torturados. También el caso de Dajmar Hagelin, una joven sueca que iba a visitar una amiga que pertenecía a una organización política revolucionaria y fue asesinada por Astiz y desaparecida. Nadie olvida que Astiz fue quien se infiltró entre las Madres cuando daban sus primeros pasos de lucha por sus hijos en 1977 y las entregó besándolas una a una en la iglesia de Santa Cruz, de donde las llevaron para desaparecerlas.

Fue este un día muy complicado, ya que además el gobierno aumentó presiones sobre el juez que investiga el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel, en Río Negro, y criticó su forma de dialogar con la comunidad indígena.

Lo que trascendió de Macri es muy grave, porque además dijo que los prefectos no deberían haber intentado llamar para pedir permiso antes de abrir fuego con balas de plomo: deberían haberlo hecho sin consultar. Hasta ahora las fuerzas de seguridad eran tan sospechadas como los delincuentes. Necesitamos correr esa raya cultural, aseguró el presidente.

Reclamó: hay que volver a la época en la que dar la voz de alto significaba que había que entregarse. Más grave aún fue conocer que el Ministerio de Seguridad emitió una resolución que permite a las fuerzas federales ignorar las órdenes de los jueces cuando consideren que no son legales. Esto constituye para los organismos de derechos humanos una forma de retorno al terrorismo de Estado.

Con una multitudinaria marcha que congregó a unas 300 mil personas frente al Congreso Nacional, las principales centrales sindicales rechazaron la reforma laboral, previsional y tributaria que impulsa el gobierno de Macri y propusieron ampliar la unidad para luchar contra el fuerte ajuste que intenta el gobierno y la nueva ola de despidos que anuncia.

La mañana de este miércoles juró como senadora, con otros 23, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, al tiempo que continúa la búsqueda desesperada del submarino ARA San Juan, y el vocero de la Armada, Enrique Balbi, negó que haya sido localizado este miércoles, como aseguraron algunos medios.

 

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Miércoles, 29 Noviembre 2017 07:03

El poder para siempre no existe

El poder para siempre no existe

En junio de 1972, la célebre periodista italiana Oriana Fallaci logró entrevistar en su palacio amurallado de Addis Abeba al emperador de Etiopía, Haile Selassie, el León de Judá, quien se proclamaba descendiente de la reina de Saba y el rey Salomón. Al final ella le preguntó: “¿cómo mira a la muerte? El emperador, que tenía 80 años y le faltaban tres para morir, pareció no entender: "¿A qué? ¿A qué?" "A la muerte, Majestad", insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano: "¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Que quiere de mí? ¡Fuera, basta!"

No cabía en su mente que su poder no estuviera ligado a la inmortalidad. Pero no fue siempre un hombre distraído de la realidad, porque en un tiempo se puso a la cabeza de la lucha en contra de las tropas de Mussolini que invadieron Etiopía. Y al final, depuesto por un golpe militar, no pudo imaginar la clase de muerte que tendría, estrangulado en su propia cama, y enterrado bajo el piso de un baño en su propio palacio imperial.

Me ha venido a la cabeza esta historia de alguien que desde su trono eterno se indigna cuando le hablan de la muerte, ante las noticias de la caída del dictador de Zimbabue Robert Mugabe, gracias a otro golpe militar, tras su permanencia en la presidencia durante casi cuatro décadas. Mugabe, un tanto más práctico a sus 93 años, sí aceptaba que un día habría de morir, desde luego que escogió como sucesora a su esposa y antigua secretaria, Gracia Marufu, mucho más joven que él, y a quien la gente llamaba en secreto Desgracia Marufu. También, en lugar del título de primera dama, le daban el de "primera compradora", pues se escapaba a París o Londres en excursiones por las boutiques de lujo para hacerse de decenas de trajes y zapatos exclusivos. Dueña del monopolio de producción y distribución de los productos lácteos en el país, alegaba que sus gustos se los pagaba con su propio dinero. La Universidad de Zimbabue le otorgó un doctorado, sin haber puesto nunca un pie en las aulas, siendo el propio Mugabe quien le colocó el birrete en la ceremonia de graduación. Ambiciosa y astuta, mientras su anciano marido se dormía en las reuniones de gabinete, ella iba tejiendo su propia urdimbre de poder.

La tentación de quien contempla la historia personal de un dictador, es verla como la de alguien que desde el principio alberga las intenciones de usar el poder para beneficio personal, y quedarse para siempre en el mando a costas de lo que sea, asesinatos, cárcel, exilio de quienes se le oponen, establecer un régimen familiar y designar como sucesor a uno de sus hijos, o a su propia esposa.

Pero la vida es más compleja. Tal como Haile Selassie, Mugabe, líder guerrillero del Ejército de Liberación Nacional Africano de Zimbabue (Zanla, por sus siglas en inglés), condujo la lucha de su pueblo para librarse del dominio de la minoría blanca que había establecido un régimen racista igual al de África del Sur. De las penurias del combate pasó a la ruindad de la tiranía, el crimen, el fraude electoral repetido, la corrupción y la opulencia, ya convertido en primer ministro, luego presidente, y al mismo tiempo jefe vitalicio del partido oficial, el ZANU-PF.

Y su discurso de los tiempos guerrilleros nunca cambió. Aunque arruinó al país, destruyó la economía, y la inflación llegó a una increíble cota de 231 millones por ciento, no dejó de proclamarse socialista, en lucha abierta contra los demonios del capitalismo y el colonialismo.

El paraíso socialista de Mugabe no fue sino un infierno. A su caída, el desempleo alcanza 95 por ciento; 72 por ciento de la población vive en la pobreza, sin acceso a la electricidad y al agua potable; sólo 6 por ciento llega al tercer grado de primaria, y la esperanza de vida es de apenas 56 años. Su pretendida reforma agraria destruyó la organización productiva de las fincas, y sólo trajo escasez y desabasto crónicos.

Cualquiera que lo criticara se volvía de inmediato un traidor, algo que en su ya obsoleta retórica revolucionara podía significar una orden de ejecución. Y también tenía a su servicio fuerzas paramilitares entrenadas para garrotear y asesinar disidentes. En 2008 perdió las elecciones ante su oponente Morgan Tsvangirai, y entonces proclamó que "solamente Dios" podía apartarlo de la presidencia. Dios a su servicio personal de católico practicante que comulgaba devotamente en la catedral de Harare, la capital.

Al celebrar sus 91 años, Gracia le organizó una fiesta para 20 mil invitados, que llenaron un estadio de futbol. Por supuesto, los empleados públicos debieron asistir obligatoriamente, bajo pena de despido, pagando su cuota. Se sirvió una parrillada gigante, donde podía elegirse entre lomos de elefante, entrecotes de búfalo, piernas de impala y costillas de antílopes negros, todo un zoológico sobre las brasas. Por lo visto, la dentadura del anciano seguía sana.

Ahora todo ha terminado para la pareja. Mugabe destituyó al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, buscando dejar libre el camino a su esposa, y el ejército, que él mismo forjó, los detuvo a ambos y los puso con la casa por cárcel. El anciano fue destituido como jefe del partido, y a ella la expulsaron de sus filas. Por último, los militares lo obligaron a renunciar a la presidencia. El júbilo estalló en las calles.

Mnangagwa es el nuevo hombre fuerte, con lo cual las sombras ominosas vuelven a cerrarse sobre el país, igual que tras la deposición de Haile Selassie, cuando asumió el poder un nuevo dictador, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, cabeza del golpe de Estado. Mnangagwa, apodado El cocodrilo, por la fama de su crueldad, fue jefe de espionaje de la guerrilla durante la lucha de independencia, y luego ministro de Seguridad, y como tal, jefe de la policía secreta.

Pésima costumbre que tiene la historia de repetirse.

Guadalajara, noviembre 2017

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Investigarán el terrorismo de Estado de las dictaduras

Evo Morales nombró a los integrantes de la comisión para que informe sobre violaciones a los DD.HH. entre 1964 y 1982.

 

Bolivia estableció ayer una comisión de la verdad para investigar las violaciones a los derechos humanos cometidos durante gobiernos militares en las décadas 1960, 1970 y 1980, aunque las Fuerzas Armadas señalaron que existe poca información sobre esos años en sus archivos.


El presidente Evo Morales, en el poder desde 2006, nombró por decreto a cinco miembros de la comisión, entre ellos el veterano exlíder minero Edgar Ramírez, quienes tomaron posesión de su nuevo cargo en un acto público celebrado en el Palacio de Gobierno. La comisión nace casi 35 años después del último gobierno militar, que entregó el poder a uno civil tras esporádicas administraciones democráticas.


Morales señaló que, según la información histórica existente, entre 1964 y 1982 se registraron “al menos 1.392 políticos asesinados, 486 desaparecidos y 2.868 exiliados y confinados”.


El ícono de los desaparecidos es el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, muerto en 1980 durante el golpe encabezado por el entonces general Luis García Meza, hoy preso con una sentencia de 30 años.


La comisión era una exigencia de las víctimas y familiares de las dictaduras militares, para que la historia boliviana dilucide esos oscuros momentos políticos.
El presidente de la organizaci¢n Plataforma de Luchadores Sociales contra la Impunidad, por la Justicia y la Memoria Histórica del Pueblo Boliviano, Julio Llanos, dijo recientemente que la instancia debe ser para “un resarcimiento integral a las víctimas, para establecer una verdad histórica de los hechos”.


La comisión es el resultado de una ley que el mismo Morales aprobó en 2016. No obstante, las víctimas se habían quejado del retraso en la designación de los integrantes para llevar a cabo la investigaci¢n.


“Cuando hablamos de dictaduras y de golpes de Estado, hablamos de Estados Unidos y de todo un programa que obedece a una cuestión geopolítica de dominio y un dominio para saqueo de los recursos naturales”, afirmó el gobernante durante el acto oficial.


De acuerdo a la legislación, este comité‚ investigará asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, detenciones arbitrarias y violencia sexual, cuando Bolivia estuvo gobernada por varios regímenes militares de la derecha en décadas pasadas. El fin es también identificar a los responsables y sugerir eventuales procesos legales.


El exlíder minero Ramírez, actualmente director del archivo de la estatal Corporación Minera de Bolivia (Comibol), subrayó en su discurso que “la comisión de la verdad es para desentrañar lo que verdaderamente ocurrió en Bolivia, que ha sido lacerado por varias dictaduras”.


La ley obliga a que el Ministerio de Defensa, las Fuerzas Armadas e instituciones públicas y privadas permitan el acceso a toda la documentación existente sobre esos años, según indic¢ el titular del área Reymi Ferreira. Empero, los militares reiteraron ayer que la información es escasa.


El jefe de las Fuerzas Armadas, Luis Ariñez, dijo que debe haber alguna información, pero descartó que en los archivos esté “toda la historia”. “Es posible que todos esos archivos hayan sido destruidos en su momento”, aunque aseguró que entregarán el material “que dispongamos”.


Morales tomó la decisión de crear la comisión tras un primer proceso para indemnizar a las víctimas, luego de una revisión de datos que realizó el Ministerio de Justicia. Pero las víctimas exigían la verdad histórica de los hechos y una indemnización integral, pues consideran que los montos cancelados eran irrisorios frente a los vejámenes sufridos.


La instancia investigadora es el segundo intento de Bolivia para averiguar qué ocurrió desde 1964 hasta 1982. La primera vez fue impulsada en 1982 por el entonces presidente izquierdista Hernán Siles, apenas instalado en el poder. La nueva comisión de la verdad esta integrada por Ramírez, Nila Heredia, exministra de Salud de Evo Morales; el exasesor jurídico de Gobierno, Eusebio Gironda; el exdirigente sindical Teodoro Barrientos, y la activista Isabel Viscarra.

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Jueves, 27 Julio 2017 06:02

Un mago de feria

Un mago de feria

Hace medio siglo, en 1967, Miguel Ángel Asturias recibió el Premio Nobel de Literatura, cinco años antes que su íntimo amigo Pablo Neruda, "por sus logros literarios vivos, fuertemente arraigados en los rasgos nacionales y las tradiciones de los pueblos indígenas de América Latina".

Tras tanto tiempo pasado, y mucha agua corrido bajo el puente de la literatura hispanoamericana, hay preguntas que no dejan de flotar en el aire: el mundo imaginativo y verbal de Asturias, ¿está aún vigente? ¿El lenguaje que buscó inventar, sobrevive? ¿Es capaz de transmitirnos, en una relectura, algo nuevo? Los clásicos, dice Ítalo Calvino, son aquellos que admiten sucesivas lecturas, de una generación a otra, y siempre tienen algo nuevo que decirnos.

Invitado a hablar en el acto de inauguración de la Feria Internacional del Libro de Guatemala, dedicada a Asturias con motivo del aniversario del premio, cumplí con el ejercicio previo de releerlo, y de nuevo me sentí seducido por ese mundo asfixiante y cerrado de El señor Presidente, por la pirotecnia verbal de Hombres de maíz, y la gracia picaresca de Mulata de Tal.

Su afán de crear un universo verbal distinto del verdadero, aparece como una herencia del surrealismo que conoció durante su primera temporada en Francia en la década de los 20, cuando fue a encontrarse en la Sorbona con los secretos del mundo maya que, paradójicamente, había dejado atrás en Guatemala. Un doble descubrimiento.

Asturias arrastró hasta el final esa doble cauda, como el alquimista que envejece recordando sus primeras cábalas y sus primeros asombros. Vuelve a sus instrumentos primeros de Leyendas de Guatemala, celebrada por Paul Valéry; y quién duda que a partir de entonces la visión europea del Caribe, y sobre todo la francesa, sería definida por ese pequeño primer libro, un reinado que habría de durar hasta la aparición de Cien años de soledad casi 40 años después.

Lejos de convertirse en una abstracción, el lenguaje en Asturias busca transformar las cosas concretas que va tocando; no sólo las evocaciones de la tradición indígena, y el acervo de mitos sagrados, historias y leyendas, sino lo que está en sus recuerdos visuales del país, paisajes, montes, cabildos, plazas, portales, cantinas, iglesias, y procura hacerlas brillar con deslumbres distintos.

Mano a mano con Alejo Carpentier hizo surgir en aquellos años de París esa aura que se llamó primero real maravilloso, y luego realismo mágico, y que está muy lejos de su ciclo político antimperialista de la trilogía del banano: El Papa Verde, Los ojos de los enterrados, y Viento fuerte.

En esa trilogía pone énfasis en la denuncia de la explotación y de la dominación, y del compromiso social con los oprimidos. Pero no es allí donde se encuentra su fortaleza narrativa, sino cuando sus personajes ganan complejidad y su escritura entra tanto debajo de la piel de los mestizos como de los indígenas enfrentados por la tierra.

El señor Presidente es una novela sobre el poder absoluto del caudillo, la peor de las herencias que reflejan nuestra realidad rural, que está en nuestros orígenes y que sigue dominando nuestra historia. Pero Hombres de maíz no refleja esa realidad rural, sino que lo encarna. Es su esencia y a la vez su escenario. Un mundo rural que no es exclusivamente indígena.

La Guatemala que entra en sus páginas es arcaica, y eso incluye, además de lo indígena, lo ladino. Su visión es la del ladino, lo que le permite explorar, recrear y reconstruir el mundo indígena desde el lenguaje. O reinventarlo.

Ladinos e indígenas están arraigados en el territorio rural que comparten, y en el que chocan en un fuego cruzado de lenguas, pero quien entra a narrar ese territorio no puede excluir ni a los unos ni a los otros sin cometer un acto de mutilación.

El mundo rural de Asturias es un mundo derrotado, pero vivo, con todos sus rasgos del pasado que van acumulándose hasta dejarle encima una pátina de antigüedad, una costra de lodo, una capa de polvo, sobre las que luego se impregnará la sangre que aún hoy no se seca.

Este es el territorio cultural donde se encuentran los textos sagrados maya quichés, las lenguas indígenas en sus infinitas variantes, la lengua colonial de los cronistas, las tradiciones verbales, los cuentos de camino, los romances memorizados, el bullicio sonoro de las plazas y los mercados que también es verbal, junto a la vasta realidad de desamparo, atraso y miseria, segregación y opresión, y luego rebeliones, aldeas exterminadas, cementerios clandestinos.

Un escritor que busca entrar en este mundo para vivir en él, es por fuerza un mago callejero que bajo el sol crudo de la plaza en feria va sacando sorpresas del sombrero, una tras otra, sin amago ni pausas. El lector, al final de la experiencia, queda exhausto de invenciones, magias y sorpresas.

Asturias nos enseña que hay que contar la historia, aunque sea en sus crudezas, como los cuentos que se oyen de boca de los peones a la luz de la lumbre en las haciendas, o en las tardes de ocio en las barberías de los pueblos centroamericanos, en boca de los léperos irreverentes que recogen una historia inventada y la vuelven a inventar en un proceso sin fin.

Mulata de Tal es una fiesta verbal, que hunde sus raíces dichosas en la picaresca del siglo de oro. ¿Qué otra cosa puede decirse de una novela que empieza con la entrada de su protagonista, Celestino Yumí, a la iglesia de San Martín Chile Verde con la bragueta abierta, en plena misa mayor de fiesta patronal cantada por tres curas gordos, porque así se lo ha ordenado al diablo Tazol, con quien anda en pactos?

Y ése es el mejor embrujo y la mejor magia, la de los demonios burladores, brujos concupiscentes, compadres envidiosos, mulatas encandiladas, curas malandrines y sacristanes redomados, urdida en palabras que chisporrotean sollamando los cielos tal si el mundo fuera a acabarse en encantamientos.

Lima, julio 2017

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