¿Ganará Trump otra vez? Lo que dicen las encuestas y la experiencia

El modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país

La última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en 1952, pero los datos económicos son muy buenos

La mayoría de los votantes no pulsa "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente, pero sí su cuenta corriente

 

 

 Donald Trump arrancó anoche su campaña para la reelección con un mitin multitudinario en un estadio de la NBA. No había mucho suspense sobre su decisión de presentarse porque siempre había dicho que quería quedarse ocho años, pero la gran incógnita sigue abierta: ¿le darán los votantes la oportunidad de repetir? Vamos a por los datos.

Trump tiene el viento a favor

Hay una dura realidad: un presidente que se presenta a la reelección casi siempre gana, eso es estadísticamente cierto. Hace ya 30 años desde la última vez que un presidente perdió sus segundas elecciones y, en el último siglo, solamente cuatro personas han perdido unas elecciones viviendo en la Casa Blanca. Así que Trump, solo por eso, ya tiene ventaja. Durante las últimas décadas, el modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país. Y en lo de la economía, también a Trump le va bien.

Hay que asumir que la gran mayoría de los votantes estadounidenses no están pulsando "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente. De hecho, la gente que decide las elecciones no suele leer The New York Times, pero sí que lee muy habitualmente el extracto de su cuenta corriente. Y la economía estadounidense de la era Trump va como un tiro: el paro está en el 3,6%, el más bajo de los últimos 50 años. Wall Street, donde medio país tiene invertido el dinero de su futura jubilación, ha subido un 33% desde el día en que tomó posesión. Y para encontrar un momento de mayor crecimiento económico, hay que viajar dos décadas al pasado. Por supuesto, se puede argumentar que todo esto no es obra suya o que hay nubarrones en el futuro por su guerra comercial contra China, pero de nuevo debemos recordar que la mayoría de los votantes no profundiza tanto. ¿Con Trump vivimos bien? Con Trump vivimos bien.

¿Qué dicen las encuestas?

Las encuestas dicen muchas cosas y todas hay que mirarlas con cautela. Empecemos por la popularidad de Trump, por su nivel de aprobación: en el último año, las cifras se han mantenido bastante estables y podemos decir que algo más de la mitad de la gente le da un suspenso, mientras que entorno al 40% le aprueban ¿Qué significa esto? Pues pinta un mal panorama para Trump, porque la última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en... 1952. Además si miramos a los 'match-ups', es decir, las encuestas que miden cómo lo haría Trump en una elección frente a cada uno de los candidatos demócratas a sucederle, vemos que pierde con casi todos ¿Eso quiere decir que ya está muerto y enterrado? No, nada de eso.

Para empezar, es todavía muy pronto. Queda casi año y medio para las elecciones y, a estas alturas de la película, en su día Obama era un perfecto desconocido y Trump poco más que un chiste. La inmensa mayoría de los votantes no ha empezado a prestar atención y en las encuestas brillan los nombres más conocidos. Además, y esto es enormemente importante, Trump todavía no tiene un rival. Es prácticamente seguro que él será el candidato republicano, pero los demócratas aún tienen que elegir en primarias entre una veintena de aspirantes que quieren enfrentarse al presidente en noviembre de 2020. Si en algo es bueno Trump, es en definir a sus adversarios: les pone motes, les provoca, explota sus puntos débiles... Aún no ha lanzado todo su arsenal contra uno de ellos porque no sabe todavía con quién se las verá, pero es seguro que el elegido sufrirá más en las encuestas cuando lleve encima el peso de la candidatura demócrata.

Una oposición dividida y una base sólida

Los republicanos llevan una década a la greña: una batalla cruenta de radicales contra moderados en la que, una y otra vez, los radicales de ayer acaban por convertirse en los moderados de hoy. El punto de mayor violencia se produjo en las elecciones de 2016 que ganó Trump, cuando buena parte del establishment del partido rechazaba abierta o soterradamente a su candidato. Sin embargo, eso se acabó. La victoria de Trump es total, el partido es suyo.

En torno al 90% de los republicanos aprueban la gestión del presidente y un 96% de los estadounidenses que le votaron no se arrepienten de haberlo hecho. Eso es una base sólida de cara a las próximas elecciones y, lo que es más importante, bien repartida geográficamente. Recordemos que las elecciones en EEUU no las gana el que saca más votos, sino el que logra la mayoría en un complicado sistema que beneficia a los estados con menos población. Hillary Clinton logró unos tres millones más de votos pero, si los demócratas no logran arrebatar a Trump la victoria en al menos tres estados medianos, podrían estar otros cuatro años llorando amargamente por el sistema electoral.

Los demócratas, al contrario que los republicanos, llegan a estas elecciones mucho más divididos que de costumbre. En lugar de tener dos o tres candidatos fuertes en primarias como ha sucedido en las últimas décadas, esta vez tienen que elegir entre 23 personas. Y aunque el partido está unido en su rechazo a Trump, surgen diferencias entorno a cómo lograrlo (impeachment sí, impeachment no) y también sobre si electoralmente es mejor el giro al centro o proponer medidas más izquierdistas.

En resumen: ¿ganará Trump otra vez?

Es imposible saberlo, pero tiene más posibilidades de las que uno diría a primera vista cuando le ve ir de escándalo en escándalo. A pesar de todos sus defectos, Trump fue un gran candidato y tiene una conexión profunda con muchos de sus votantes. Si a esto le sumamos la buena marcha de la economía y el simple hecho de que EEUU suele reelegir a sus presidentes, hay que andarse con cuidado de aquí al 3 de noviembre de 2020.

 

Por Carlos Hernández-Echevarría

19/06/2019 - 09:26h

 

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Experimento en Japón: la fatiga del capitalismo

Hace dos días concluyó la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del Grupo de los 20 (G20). La reunión se llevó a cabo en Fukuoka, Japón, excelente localidad para ese tipo de reuniones. Después de todo, Japón podría ser catalogado como el mejor laboratorio para economías capitalistas avanzadas. Y si el experimento japonés, que ya dura unos 30 años, nos dice algo, es que la fatiga del capitalismo conduce al estancamiento.


Hace 30 años colapsó el mercado de bienes raíces en Japón. Los precios de casas, locales y terrenos habían estado aumentando de manera acelerada, pero a finales de la década de 1980 la burbuja reventó y la economía japonesa entró en crisis deflacionaria. A lo largo de los años 1990 se comenzó a hablar de la década perdida de ese país, pero la situación de estancamiento se ha mantenido durante tres décadas. Para tratar de revertir la situación, las autoridades japonesas han intentado todo, desde estímulos fiscales hasta política monetaria no convencional. De hecho, Japón fue el primer país en introducir la flexibilización cuantitativa en la política monetaria. A pesar que el primer ministro, Shinzo Abe, ha tratado de combinar políticas macroeconómicas de corte keynesiano con medidas típicas del neoliberalismo, el resultado ha sido el mismo y la economía japonesa se ha mantenido en estado letárgico.


Ya es casi un lugar común señalar que algo parecido ha comenzado a ocurrir en las economías capitalistas desarrolladas. El comunicado final de la reunión de ministros de finanzas en Fukuoka señala que los indicadores sugieren que hacia finales del año el crecimiento de la economía mundial podría estar estabilizándose. Los mercaderes de ilusiones que escriben estos comunicados son unos magos cuando se trata de recurrir a eufemismos. Estabilizar es una bonita palabra. Cuando se está saliendo de una crisis, estabilizarse puede ser una buena noticia. Pero esa palabra puede decir muchas otras cosas. Por ejemplo, en este contexto sería más apropiado interpretarla en sentido negativo: la expansión está frenándose y los nubarrones amenazan con desatar una recesión.


Las principales economías del G20 muestran claros síntomas de perder impulso. Por ejemplo, China ya tiene la tasa de crecimiento más baja (6.2 por ciento) de los últimos 10 años. La tendencia declinante del comercio internacional no es una buena señal para la economía del gigante asiático.


Alemania experimenta ya una caída en sus exportaciones, y en 2018 su tasa de crecimiento (1.5 por ciento) fue la más baja desde 2013. Para 2019 se pronostica una tasa de expansión de 0.6 por ciento. Definitivamente, el estancamiento económico se ha instalado en la economía más fuerte de la eurozona.


La economía de Estados Unidos mantiene una expansión positiva récord, que arrancó desde que se inició la recuperación en 2009. Pero los ciclos no duran para siempre y hoy se multiplican los síntomas de que ese periodo de expansión está a punto de concluir. Por cierto, si alguien menciona que la tasa de desempleo es baja (3.8 por ciento) hay que recordarle que ese indicador siempre ha mantenido un nivel muy bajo justo antes de que comience una recesión. La Reserva Federal ya dio marcha atrás en su programa de normalización de las tasas de interés para combatir la ralentización.


Las perspectivas de endurecimiento de la guerra comercial con China no ayudan a mejorar el panorama. La rivalidad por la hegemonía no se va a detener. La guerra de los aranceles con China no busca corregir un desequilibrio comercial. Washington (y no sólo Trump) quiere doblegar a su adversario y obligarlo a abandonar su estrategia de desarrollo industrial, científico y tecnológico. Eso no lo va a poder hacer, así que la guerra comercial promete recrudecerse. Eso va a perturbar gravemente la economía mundial.


Por cierto, uno de los rasgos característicos de las economías capitalistas desarrolladas es el envejecimiento de su población. Además de presentar un problema macroeconómico por el lado del financiamiento de la seguridad social, eso conlleva un lento crecimiento. Es difícil para una economía crecer rápidamente cuando su fuerza de trabajo se expande muy lentamente. En los años 1970 la fuerza de trabajo en Estados Unidos crecía a 2.6 por ciento, y hoy apenas alcanza 0.2 por ciento. Los flujos de migrantes son clave para mantener la tasa de crecimiento de las economías capitalistas avanzadas. En la medida en que hoy se arremete contra los flujos de migración, se está garantizando la ralentización de la economía mañana.


Después del frenesí de la globalización neoliberal, la economía capitalista mundial podría estar adentrándose en una trayectoria similar a la de Japón en los últimos tres decenios. Las consecuencias serán muy graves, pues significa que la promesa de que el capitalismo puede seguir mejorando el nivel de vida de las grandes masas no se va a materializar. El desencanto político de grandes segmentos de la población va a incrementarse.


Twitter: @anadaloficial

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La tecnología 5G, herramienta estratégica para los países

La preponderancia económica para este siglo parte del desarrollo de las telecomunicaciones, en particular de la 5G –quinta generación de tecnología móvil. La amplitud de esta herramienta va de la automatización de procesos en las manufacturas, el campo, la explotación petrolera y los procedimientos médicos, a algunos servicios.

"Es un conjunto de tecnología que va a ser una herramienta estratégica para los países. Será la base para la cuarta transformación industrial, la conectividad hipermasiva, omnipresente. La visión de consenso en la producción", sostuvo en entrevista Alejando Adamowicz, director de tecnología de la Asociación GSM.

Su cualidad es que no sólo implica "un salto de velocidad" en los desarrollos que hay a la fecha, sino también tiene baja latencia –lo que tarda la señal en ir de un punto a otro– y alta confiabilidad. Respuestas de red en un milisegundo, que implicarían una ‘comunicación’ entre las máquinas equiparable con la velocidad de intervención del pensamiento humano.

"Eso (la latencia) es irrelevante si lo que quieres es enviar un mensaje de texto. Si llega un segundo tarde es irrelevante, dos segundos tarde no pasa nada. Pero si quieres hacer una aplicación para controlar un proceso industrial o un vínculo conectado tiene que tener una capacidad de respuesta compatible con el cerebro humano", explicó.

Los esbozos hasta ahora más avanzados son los vehículos autónomos. La capacidad de las máquinas para frenar en seco si una persona atraviesa, si lo hace otro auto o hay un obstáculo. En el campo, cuando se quiere hacer control de cultivos para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar. Eventualmente en la industria petrolera, cuando se está controlando una máquina perforadora que está a 500 kilómetros.

Todo ello es "la toma de decisiones en tiempo real. Para eso necesitas una red que sea ultraconfiable" y que responda en milisegundos, explica el investigador.

Pero también una de las características más importantes de la tecnología 5G es su masividad, qué tantos dispositivos (cámaras inteligentes, teléfonos, sensores de movimiento) pueden estar conectados al mismo tiempo. Lo que se conoce como el Internet de las cosas (OiT, por sus siglas en inglés), la capacidad de transferir datos entre máquinas sin requerir la intervención humana.

"Es cierto que hay Internet de las cosas desde la segunda generación (de tecnología móvil). No es algo nuevo, pero lo que trae la 5G es masividad. Podrán conectarse hasta un millón de dispositivos por kilómetro cuadrado. Eso aún no es posible", expresa.

El tecnólogo explicó que por ahora es un desarrollo en ciernes. Para 2025 se estima que 15 por ciento de la conectividad a escala mundial se realizará por medio de ella, y en América Latina dicho cálculo llega apenas a 8 por ciento. Además, 5G no implicará una erosión de las tecnologías anteriores. Primero, porque es costoso. Segundo, porque hasta ahora, para las personas en actividades cotidianas, 4G es suficiente y en la región aún existen brechas de cobertura en este último.

"Desde la ecuación económica, los operadores, que son quienes intervienen en esto, deben identificar si hay negocio o no". Así que no se estima que su despliegue o se llegue a las narrativas futuristas para este primer tramo del siglo. "Sí vamos a ver lanzamientos, pero no masivamente en los próximos cinco años", declaró.

Desempleo tecnológico

Adamowicz admitió que como todo cambio relevante en los medios de producción, la incursión masiva de la tecnología implicará el desempleo tecnológico en sectores menos capacitados.

"La inteligencia artificial no va a desplazar a las personas. Por supuesto, en ciertos trabajos repetitivos sí. Eso ocurrió también cuando la máquina de vapor remplazó los carruajes. Lo que vamos a ver es un cambio en la demanda del empleo", advirtió.

Con rezago en la región, que también arrastra desempleados de otros cambios en los procesos productivos, admitió que la capacitación todavía se ve lejana.

“Vamos un poco más tarde que los países centrales, como siempre, pero hay una ventaja ahí (…) El estar en la segunda ola te permite aprender y quedarte con las mejores prácticas”, expresó.

Si bien ahora estamos atrás, la condición demográfica de la región, con una población joven y un bono demográfico que aún es más relevante que en otros lugares, garantiza un bloque de "nativos ultradigitales y si hay buenas políticas públicas es muy probable que Latinoamérica tenga una buena oportunidad hacia 2030", apuntó.

Adicionalmente, el tema de la educación formal perderá peso si se toma en cuenta que una vez que se garantice la conectividad ello implicará el aprendizaje autodidacta. “Obviamente tendrá que haber otras cosas, como que haya acceso, y por eso tenemos que insistir mucho en la inclusión digital. Es muy importante. Porque si hay, eso baja las barreras de la educación. Una persona en un lugar remoto tiene las mismas oportunidades de acceder a una educación de calidad que quien está en la Ciudad de México.

"Por eso no es cuestión económica. La cobertura de tecnología digital iguala oportunidades. Por ello es fundamental nivelarlas", concluyó.

 

Viernes, 07 Junio 2019 06:02

Se abre el telón en El Salvador

Se abre el telón en El Salvador

El pasado sábado 1º de junio fue la toma de posesión del nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se estrenó con un discurso cortito, lleno de guiños personales, pero frágil, ingrávido, y que no deja de causar un poco de miedo. Sí, miedo, porque los problemas que este país tiene son horribles y una gestión política, que arranca con la mesa limpia, debe agarrar el toro por las astas.

Que el discurso haya sido escueto no es el problema, de hecho ahí está el maravilloso cuento "El dinosaurio" de Tito Monterroso para disipar dudas, puesto que todo sigue allí. Lo preocupante es que estos asuntos públicos urgentes –en el país del poeta Roque Dalton inmolado en 1975– exigen exposiciones de motivos inobjetables, porque de otra manera, como de algún modo lo insinuó el mismo Bukele en su comparecencia, quizás un desencanto más ya no lo aguante la paciente ciudadanía salvadoreña.


Moverse en el filo de la navaja, tal y como lo viene haciendo El Salvador desde hace muchos años –y no hay exageración en esto porque es casi literal– ha causado graves estragos para la convivencia ciudadana.


La Policía Nacional Civil, uno de los resultados más notables y esperanzadores de la negociación estratégica que puso fin a la guerra civil en 1992, es ahora un estropajo ensangrentado. Ha sido corroída por la corrupción, infiltrada por el crimen organizado y de ribete ha sido lanzada al combate frontal contra las pandillas, casi como el último recurso para contener este fenómeno social de cobertura nacional, guadaña macabra que todos los días descuaja vidas de compatriotas.


Dirigentes políticos tradicionales, diputados, personeros de organismos internacionales y funcionarios de los gobiernos anteriores al parecer no han logrado comprender que no se trata de un problema de inseguridad, categoría que da poca cuenta de la compleja realidad de este país. El problema es de convivencia social. Por asumir la premisa de la inseguridad el país se ha inundado del negocio de las agencias de seguridad privada (para proteger bienes estatales, empresas privadas y hasta desarrollos urbanísticos), y del negocio de la video vigilancia que se promociona como panacea.


El giro estratégico habría que hacerlo a partir de la noción de reconstitución del tejido social. Empero, esto será apenas propósito vano si se cree que la intervención en los territorios, ahora bajo control, asedio y presión de las redes pandilleriles, será efectiva si el aparato gubernamental se vuelca allí. Es un paso importante, pero un diseño de ese tipo deja por fuera a otros actores clave, tal vez con menos recursos, pero de mayor impronta en el imaginario colectivo. Hay que pasar de reparar cositas a reconstituir escenarios económicos, sociales, culturales y hasta político-organizativos.


En este punto, el flamante gobierno encabezado por Nayib Bukele se juega su destino. Se ha ensayado ya bastante, y mal, porque se ha creído que hay un buen camino y un mal camino, y que el éxito está en atraer al buen camino a los jóvenes extraviados en el mal camino. Si las cosas del mundo fueran así, las soluciones estarían a la vuelta de la esquina.


A la par de esto, el nuevo gobierno deberá ingeniárselas para desatar, fomentar y facilitar dinámicas de actividad económica que impacten sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto. Otra perspectiva será de poca ayuda. Sin embargo, esas nuevas dinámicas gestoras de otro rumbo económico chocan desde el arranque mismo con los seculares desequilibrios estructurales salvadoreños, que, de no atenderse al menos los que tienen que ver con el modelo productivo (no el modo de producción, que son palabras mayores), el déficit de la balanza comercial seguirá delatando con nitidez: 5904.5 millones de dólares (exportaciones) frente a 11.725.8 millones de dólares (importaciones). Si en esto no hay cambios apreciables, equivaldrá a seguir hablando de nada y el futuro de El Salvador seguirá sombrío.


Los dos grandes asuntos anteriores –convivencia y economía– deberán despegar con cierto éxito o al menos con algún ímpetu que permita atisbar algo distinto, para que temas como el de la prioridad nacional de la primera infancia, que traería la paz social a El Salvador, puedan realizarse.
Y paremos de contar. Por ahora.

Jaime Barba, de REGION Centro de Investigaciones de El Salvador.

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Bolivia frente al “no hay alternativa”

La fuerte restricción externa que acecha a Latinoamérica desde hace varios años ha puesto en tensión a la mayoría de los modelos económicos, con independencia del signo político que los gestione. Salvo en contadas excepciones, la mayoría de las economías no ha sabido conducir el nuevo ciclo a la baja del precio de los commodities. La caída de las divisas procedente de la venta de materias primas ha resultado, finalmente, ser el principal adversario electoral para muchos gobiernos de la región, que siguen buscando la fórmula para superar un frente externo tan adverso.


La ecuación se hace cada vez más compleja. ¿Cómo contentar a todos los sectores de la economía en un marco de escasez de divisas? ¿Cómo sostener la política de derechos sociales en aquellos países que no están dispuestos a renunciar a ello, a pesar del frente externo desfavorable? ¿Cómo reactivar economías altamente extranjerizadas si no hay divisas? ¿Cómo cambiar el modelo productivo si hay una elevada dependencia de los insumos productivos importados? Son preguntas que no tienen respuestas sencillas. Y es en este contexto donde pretende imponerse el “no hay alternativa”. Es habitual que, ante la generalizada falta de previsión por la caída de divisas, aparezca el gran prestamista que está dispuesto a entregar dólares únicamente a cambio de la implementación de sus políticas económicas, las llamadas “pragmáticas”, las únicas posibles, esto es, todas las medidas económicas neoliberales que ya conocemos.


Es así como juntan “el hambre con las ganas de comer”. Por un lado, ganan los que se beneficiaron del exceso de liquidez propiciado por la megaemisión monetaria realizada en el periodo 2008-2015 en Estados Unidos y Europa; y, por el otro lado, están los necesitados de divisas. El caso argentino, seguramente, es el más emblemático por la velocidad de implementación del programa made in FMI. Algo similar se está haciendo también en Ecuador. Te presto dólares a cambio de no tomar otra salida que no sea la neoliberal.


De esta forma, la restauración conservadora procura ganar el pulso geopolítico regional con el “no hay alternativa” como bandera. Y, sin embargo, les salió un incómodo caso que contradice todo su relato. Se les olvida, adrede, lo que pasa en Bolivia, donde sí hubo alternativa, y aún la hay. De hecho, muy exitosa. Y, además, con el aval y satisfacción de la mayoría. En la encuesta realizada por CELAG en marzo de este año, 6 de cada 10 personas creen que ha habido una mejora de las condiciones de vida gracias al actual modelo económico.


En la fórmula económica boliviana se parte de un principio básico: no sólo es posible conciliar la justicia social con la eficacia económica, sino que, además, crean sinergia entre sí. La demanda interna es la base sólida del crecimiento económico que permite, asimismo, tener capacidad de amortiguar cualquier shock externo adverso. Las políticas redistributivas en materia de derechos sociales en Bolivia (Bono Juancito Pinto, Bono Juana Azurduy de Padilla, Renta Dignidad) fueron fundamentales para constituir una robusta demanda interna sostenida en el tiempo. Esas políticas sociales se lograron financiar con recursos que antes se iban del país. Gracias a la nacionalización se evitó esa fuga y, además, se demostró que lo estatal, si se hacen bien las cosas, es capaz de presentar un funcionamiento eficaz y eficiente en clave económica. La mayoría de las empresas públicas nacionalizadas en sectores estratégicos (YPFB, Entel o Boa) revalorizaron su patrimonio y tienen un flujo de caja con un saldo muy positivo, que permite mayor inversión pública productiva, así como garantizar derechos sociales. En reciente estudio de CELAG se demostró que, si no se hubiera producido nacionalización, Bolivia hubiera dejado de generar riqueza económica por un valor de 74.000 millones de dólares (que, por ejemplo, representa 2 veces el PIB del año 2017).


Bolivia ha demostrado que sí se puede tener una inserción soberana e inteligente contra la restricción externa. Que se puede desdolarizar la economía y tener, al mismo tiempo, un sistema financiero sólido. En la actualidad, el sistema financiero se ha bolivianizado; por ejemplo, más del 95 por ciento de los depósitos se hacen en moneda nacional. Que se puede tener estable el nivel de precios al mismo tiempo que los ingresos y el consumo crece. Que se pueden reducir la desigualdad y la pobreza mientras la economía sigue creciendo a tasas récord en Latinoamérica. Que se puede mejorar notablemente el bienestar social en condiciones macroeconómicas sólidas.


Que se puede y se debe. Es así como Bolivia le viene la ganando la partida al “no hay alternativa”, demostrando que, con una forma diferente de hacer política económica, soberana y ordenada, con justicia y eficiencia, se ven los buenos resultados, que se visualizan tanto en las cifras como en cualquier aspecto de la vida cotidiana del pueblo boliviano.


Por Alfredo Serrano Mancilla, director Celag, Doctor en Economía.

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La colcha de retazos del Plan de Desarrollo

El plan de desarrollo, Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, que finalmente aprobó el Congreso es una colcha de retazos. Los 349 artículos no tienen consistencia, y no se derivan del diagnóstico presentado en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo. Lo lógico sería que el plan tuvieran los ejes definidos en el diagnóstico. Esta secuencia no existe, y las Bases tienen muy poca relación con el conjunto de los artículos. Los temas que se mencionan en la versión final son variados y tocan una multiplicidad de asuntos. La financiación de los programas no es clara. En fin, el Plan de Desarrollo no es una guía para la acción del gobierno. No es un Plan. Es una infinidad de propósitos dispersos.

El primer capítulo está centrado en el presupuesto, y se destacan tres aspectos: i) El alto nivel de agregación. Con este tipo de presentación, no es posible precisar ni el destino de los recursos, ni las fuentes. ii) La dependencia de los recursos del sector privado. El 33,1% de la financiación debe ser aportado por los privados a través de las alianzas público-privadas (APP). Esta confianza del Plan en la financiación privada es ingenua. iii) La dependencia de los recursos de los gobiernos locales. El 11% de la financiación le correspondería a los municipios y a los departamentos. Esta alternativa no tiene ninguna razón de ser porque los gobiernos locales ya están ejecutando sus planes de desarrollo. El gobierno supone, sin más, que estos planes locales son compatibles con el plan nacional, y de manera arbitraria contabiliza las finanzas locales como parte del presupuesto del plan nacional.

El segundo capítulo se refiere a los mecanismos de ejecución del plan, y se le da especial importancia a la legalidad, que cubre un abanico amplio, que va desde la “protección social”, hasta la regulación de las actividades relacionadas con la minería y el medio ambiente. Sin duda, los propósitos son loables, y el más relevante es el control a la desforestación.

En el Plan se propone fortalecer a la Superintendencia de Servicios Públicos. Además, en el art. 19, se fija una nueva contribución para financiar las comisiones de regulación. Claramente, esta norma tributaria, y otras más que se incluyen en el articulado, no guarda relación con los ejes del plan de desarrollo, y debería declararse inconstitucional. Siempre ha sido claro que los tributos requieren una norma especial, y no pueden ser incluidos en la ley del plan. En varios artículos se introducen normas tributarias.

En este capítulo también se incluye la financiación de los sistemas de transporte masivo. Se reconoce que la tarifa al usuario no es suficiente para sostener la operación. Por tanto, es necesario recurrir a subsidios, pero se advierte que su financiación no se puede hacer con recursos del gobierno nacional, sino con ingresos de la propia unidad territorial (departamentos y municipios). Es positivo que se acepte de manera explícita que se requieren subsidios. Los municipios tienen que ir aceptando que es indispensable subir los impuestos, con criterio progresivo, sobre todo el predial.

En otra sección del segundo capítulo se menciona la conversión de Colciencias en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Según el gobierno, con esta cambio institucional se avanza en la consolidación de la ciencia en el país. Realmente no es así porque el nuevo ministerio funcionaría con el mismo presupuesto de Colciencias, que es pírrico.

En el capítulo tercero se introduce el pacto por la equidad, que incluye, educación, salud, subsidios.

Se recuerdan los compromisos adquiridos por el gobierno para financiar la educación superior. La agregación de los valores no es clara.

Se propone, además, la creación de una comisión que evalúe los cambios que se le deban hacer al Sistema General de Participaciones, de tal forma que se logre mayor equidad y cobertura.


Se crea una Mesa de Equidad, que debe vigilar los logros que se consigan en la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Después de las críticas que se le hicieron a la primera versión del articulado por la poca relevancia que se le daba a la paz, en la versión final se ordena la creación del trazador presupuestal para la paz, que debe velar para que la ejecución del gasto efectivamente contribuya a la consolidación de la paz. En el Plan no se ofrecen mayores detalles sobre la forma como operaría.

En la parte relacionada con la salud, se dan algunas pistas de la forma como se financiaría el déficit del sistema que es cercano a los 10 billones de pesos. Falta claridad sobre las particularidades del cierre financiero.

El desorden del plan de desarrollo no permitió definir una ruta, así que el país continuará tomando decisiones con criterios de corto plazo, y sin una visión estratégica. Mientras tanto, persisten las amenazas contra la paz, y el país seguirá con la misma senda económica, caracterizada por la dependencia creciente de hidrocarburos y minerales. Con el desorden de opciones del Plan, es imposible dar pasos reales hacia el cambio de la matriz energética.

 

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16 de mayo de 2019.

Publicado enColombia
La colcha de retazos del Plan de Desarrollo

El plan de desarrollo, Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, que finalmente aprobó el Congreso es una colcha de retazos. Los 349 artículos no tienen consistencia, y no se derivan del diagnóstico presentado en las Bases del Plan Nacional de Desarrollo. Lo lógico sería que el plan tuvieran los ejes definidos en el diagnóstico. Esta secuencia no existe, y las Bases tienen muy poca relación con el conjunto de los artículos. Los temas que se mencionan en la versión final son variados y tocan una multiplicidad de asuntos. La financiación de los programas no es clara. En fin, el Plan de Desarrollo no es una guía para la acción del gobierno. No es un Plan. Es una infinidad de propósitos dispersos.

El primer capítulo está centrado en el presupuesto, y se destacan tres aspectos: i) El alto nivel de agregación. Con este tipo de presentación, no es posible precisar ni el destino de los recursos, ni las fuentes. ii) La dependencia de los recursos del sector privado. El 33,1% de la financiación debe ser aportado por los privados a través de las alianzas público-privadas (APP). Esta confianza del Plan en la financiación privada es ingenua. iii) La dependencia de los recursos de los gobiernos locales. El 11% de la financiación le correspondería a los municipios y a los departamentos. Esta alternativa no tiene ninguna razón de ser porque los gobiernos locales ya están ejecutando sus planes de desarrollo. El gobierno supone, sin más, que estos planes locales son compatibles con el plan nacional, y de manera arbitraria contabiliza las finanzas locales como parte del presupuesto del plan nacional.

El segundo capítulo se refiere a los mecanismos de ejecución del plan, y se le da especial importancia a la legalidad, que cubre un abanico amplio, que va desde la “protección social”, hasta la regulación de las actividades relacionadas con la minería y el medio ambiente. Sin duda, los propósitos son loables, y el más relevante es el control a la desforestación.

En el Plan se propone fortalecer a la Superintendencia de Servicios Públicos. Además, en el art. 19, se fija una nueva contribución para financiar las comisiones de regulación. Claramente, esta norma tributaria, y otras más que se incluyen en el articulado, no guarda relación con los ejes del plan de desarrollo, y debería declararse inconstitucional. Siempre ha sido claro que los tributos requieren una norma especial, y no pueden ser incluidos en la ley del plan. En varios artículos se introducen normas tributarias.

En este capítulo también se incluye la financiación de los sistemas de transporte masivo. Se reconoce que la tarifa al usuario no es suficiente para sostener la operación. Por tanto, es necesario recurrir a subsidios, pero se advierte que su financiación no se puede hacer con recursos del gobierno nacional, sino con ingresos de la propia unidad territorial (departamentos y municipios). Es positivo que se acepte de manera explícita que se requieren subsidios. Los municipios tienen que ir aceptando que es indispensable subir los impuestos, con criterio progresivo, sobre todo el predial.

En otra sección del segundo capítulo se menciona la conversión de Colciencias en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Según el gobierno, con esta cambio institucional se avanza en la consolidación de la ciencia en el país. Realmente no es así porque el nuevo ministerio funcionaría con el mismo presupuesto de Colciencias, que es pírrico.

En el capítulo tercero se introduce el pacto por la equidad, que incluye, educación, salud, subsidios.

Se recuerdan los compromisos adquiridos por el gobierno para financiar la educación superior. La agregación de los valores no es clara.

Se propone, además, la creación de una comisión que evalúe los cambios que se le deban hacer al Sistema General de Participaciones, de tal forma que se logre mayor equidad y cobertura.


Se crea una Mesa de Equidad, que debe vigilar los logros que se consigan en la lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.

Después de las críticas que se le hicieron a la primera versión del articulado por la poca relevancia que se le daba a la paz, en la versión final se ordena la creación del trazador presupuestal para la paz, que debe velar para que la ejecución del gasto efectivamente contribuya a la consolidación de la paz. En el Plan no se ofrecen mayores detalles sobre la forma como operaría.

En la parte relacionada con la salud, se dan algunas pistas de la forma como se financiaría el déficit del sistema que es cercano a los 10 billones de pesos. Falta claridad sobre las particularidades del cierre financiero.

El desorden del plan de desarrollo no permitió definir una ruta, así que el país continuará tomando decisiones con criterios de corto plazo, y sin una visión estratégica. Mientras tanto, persisten las amenazas contra la paz, y el país seguirá con la misma senda económica, caracterizada por la dependencia creciente de hidrocarburos y minerales. Con el desorden de opciones del Plan, es imposible dar pasos reales hacia el cambio de la matriz energética.

 

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16 de mayo de 2019.

Publicado enEdición Nº257
Sábado, 01 Junio 2019 06:34

Electricidad con el Sol las 24 horas

Un campo de espejos concentra la radiación solar sobre un punto en lo alto de la torre

Según cuenta la leyenda, Arquímedes –el matemático y físico que defendió la ciudad griega de Siracusa– asesoró al rey para que cada soldado enfocara su escudo, cual espejo, hacia las naves romanas para así quemarlas, al igual que hoy día sucede con los rayos de Sol cuando los concentramos en un punto con una lupa. Aunque la anécdota tal vez no sea cierta, se ha quedado en el imaginario popular, y actualmente es una realidad porque hoy sí es posible enfocar cientos de miles de espejos que siguen al Sol y concentrarlos, por ejemplo, en una gran torre central para alcanzar elevadas temperaturas (de más de 500 grados centígrados).

Además de aprovechar el calor del Sol para calentar el agua, cocinar y secar las frutas y verduras, se puede emplear para producir electricidad en las grandes centrales termosolares.

Existen dos tipos de centrales que aprovechan el calor del Sol: las primeras emplean un conjunto de espejos cilíndrico-parabólicos que concentran el calor a lo largo de un tubo, y ahí se calienta directa o indirectamente el agua. Cuando se hace en forma indirecta, se pueden calentar directamente sales, aceite o algún otro fluido. Y a su vezesas sales, aceite o fluido calientan el agua –mediante un intercambiador de calor–. El vapor de agua así obtenido tiene la temperatura suficiente para mover una turbina; esta última, unida a un generador, produce electricidad. El Instituto de Ingeniería de la UNAM tiene una planta experimental con este modelo.

El segundo tipo son plantas de heliostatos –espejos– de concentración del calor solar. En ellas, se ha llegado a tener más de 300 mil espejos que reflejan la luz del Sol para que llegue lo más perpendicular posible con ayuda de una computadora que mueve los espejos en dos direcciones –espejos con seguimiento del Sol– para dirigirlos a una torre central de más de 100 metros de altura en un terreno que ocupa, por ejemplo, 400 hectáreas.

El calor que se concentra en la torre sirve para fundir sales de nitrato de sodio y de potasio que, por un lado, calientan el agua mediante un intercam-biador de calor y a la vez las sales fundidas se almacenan en uno o varios tanques que están muy bien aislados y permiten guardar el calor durante alrededor de 18 horas –es decir, cuando no hay Sol–, de esta manera producen vapor de agua a lo largo del día y la noche para que funcione un turbogenerador, ¡y así producir electricidad las 24 horas del día!

A lo largo de muchos años se ha señalado que dos de las principales desventajas de la energía solar son su costo y su intermitencia. En relación con el costo, hoy podemos decir que la energía solar fotovoltaica es más barata que las centrales de gas natural, y que las plantas termosolares están cerca de lograrlo. Se espera que éstas bajen 50 por ciento sus costos de producción para el año 2025. La Asociación Europea de Electricidad Termosolar (Estela, por sus siglas en inglés) señala que las plantas termosolares serán competitivas con las de gas para 2020, y que en 2050, 11 por ciento de la electricidad mundial se generará con dichas plantas, que producirán mil 600 gigawats. Si queremos que México forme parte de ello, se tendrían que contruir, de 2020 a 2050, poco más de 7 mil megawats (MW) de plantas termosolares, lo que equivale a construir al año una planta de un poco más de 200 MW.

En México se tiene la experiencia de la planta híbrida Agua Prieta II, en Sonora, de gas y solar con concentradores cilíndrico-parabólicos que ya genera 14 MW de electricidad. Y a finales del 2019 se inaugurará en Chile la planta Cerro Dominador, en el desierto de Atacama, que será la primera planta termosolar de heliostatos en Latinoamérica, la cual, con el uso de sales fundidas, será capaz de generar 100 MW las 24 horas del día, es decir, podrá generar electricidad de día y de noche.

Tanto el Instituto de Energías Renovables como el Instituto de Ingeniería de la UNAM, el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias y la Universidad de Sonora, entre otras, tienen experiencia al respecto.

La central más grande hasta ahora construida es Ivanpah en la frontera de California y Nevada, en Estados Unidos, de 392 MW, que empezó a funcionar en febrero de este año. Hasta ahora, hay alrededor de 120 plantas termosolares en todo el mundo y se están construyendo 42 más, entre ellas una de 2 mil MW en el desierto de Mongolia.

Así que para contribuir al desarrollo sustentable de México y a una tecnología que se puede dominar, bien podríamos probar la construcción de una o varias plantas "Zapata" o "Villa" Termosolares de Heliostatos de alrededor de 200 MW con almacenamiento de sales durante 18 horas, y tener electricidad con el Sol las 24 horas del día sin depender del gas o el petróleo.

Por Juan Tonda. Instituto de Energías, Renovables. Temixco, Morelos.

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La economía brasileña entra en terreno negativo por primera vez desde finales de 2016

El PIB se contrae un 0,2% en el primer trimestre del año y deja al gigante sudamericano al borde de la recesión técnica, elevando la presión sobre Bolsonaro


La economía brasileña retrocedió un 0,2% en el primer trimestre del año respecto a los tres últimos meses de 2018, según datos divulgados este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge). El resultado, el primero negativo desde el tramo final de 2016, sitúa al país más grande y poblado de América Latina al borde de la llamada recesión técnica, un término que en Brasil se conoce por un periodo de dos trimestres consecutivos con el PIB a la baja. La economía brasileña había avanzado un 0,1% en el último trimestre del año pasado, pero ese resultado aún está sujeto a revisión, que podría ser a la baja. El mal dato eleva la presión sobre Jair Bolsonaro, que hizo de la recuperación económica una de sus grandes banderas en campaña.


El cuarto trimestre de 2016 fue el último de la recesión en la que se vio sumida la economía brasileña durante dos años. Esta vez, en cambio, la cifra en rojo tiene que ver, en gran medida, con los retrocesos registrados en la industria (-0,7%) y en el sector agropecuario (-0,5%). También con la fuerte caída registrada en las industrias extractivas (-6,3%), en buena medida por el accidente en la represa de la minera Vale en Brumadinho (sureste) el pasado 25 de enero, en el que murieron casi 300 personas. Vale es una de las mayores exportadoras del país. “El accidente de Brumadinho y el consecuente estado de alerta de otros puntos de minería afectaron todo el sector”, informa la gerente de cuentas nacionales del Ibge, Claudia Dionísio, en la nota explicativa que acompaña al dato.


El fantasma de la recesión ronda a Brasil desde que se conoció el registro del último trimestre de 2018 –un escasísimo crecimiento del 0,1% en comparación con el trimestre anterior–, que aún puede ser revisado a la baja. La dificultad del Gobierno de Jair Bolsonaro de convencer al Congreso para que apruebe la reforma del sistema de pensiones, su principal bandera económica, y el clima de inseguridad política alimentado en este inicio de mandato han hecho mella sobre el gigante sudamericano. A estos factores se suma el severo ajuste fiscal, que inhibe uno de los motores en los que descansa toda economía y que frena las inversiones públicas.


Algunas señales que emite la economía brasileña preocupan especialmente a los economistas. Las inversiones de las empresas, un rubro en el que se incluyen las compras de maquinaria y los proyectos de expansión, sufrieron una merma del 1,7% respecto al cuarto trimestre del año pasado. Con esta caída son ya seis meses consecutivos con la inversión privada a la baja. "Eso indica que la baja tasa de interés [6,5%, el nivel más bajo en lo que va de siglo] no está encontrando adherencia en la realidad y el optimismo empresarial con el nuevo Gobierno no se traduce en inversiones", explica André Perfeito, economista jefe de Necton Inversiones. Las familias, sin embargo, siguen comprando. Aunque con moderación: según IBGE, el consumo privado creció un modesto 0,3% intertrimestral.


La inseguridad de los empresarios es una variable crítica, observa João Luiz Mascolo, profesor de economía de la universidad Insper. “Las inversiones están mediocres porque falta confianza en el futuro”, explica. Así, es más fácil invertir en Bolsa que en proyectos productivos, añade. La reforma de las pensiones, agrega, es una vía para el retorno de la confianza, una variable crítica en economía.


Pero el desempleo sigue siendo la mayor preocupación: alcanza ya a más de 13 millones de personas y los especialistas ponen el acento en su efecto de inhibición del consumo por el temor de los brasileños a ser los próximos en perder el empleo. La inseguridad en la oferta y en la demanda es uno de los factores decisivos en el frenazo de la economía, pero hay quien apuesta a que los próximos meses serán mejores. El Ejecutivo entrante apuesta por incentivar el sistema productivo con medidas de apoyo a proyectos de infraestructura, por ejemplo, y con un plan para reducir la burocracia empresarial para facilitar su inversión. Sus efectos están aún por ver.


El resultado presentado por la economía brasileña no ha sorprendido al mercado ni al Gobierno ya que se esperaba que entrara en terreno negativo. El propio ministro de Economía, Paulo Guedes, lo ha reconocido. "Hemos dicho que la economía brasileña está estancada. El modelo intervencionista derribó la tasa de crecimiento de Brasil. Nuestro promedio de crecimiento ha sido del 0,6% en los últimos ocho años. La economía está parada a la espera de las reformas", declara.


Sin embargo, los números ponen más presión al presidente Jair Bolsonaro, que en los últimos meses ha realizado una serie de recortes en el presupuesto público para intentar equilibrar las cuentas. La gran apuesta del presidente brasileño —y también del mercado— para intentar impulsar la economía es aprobar en el Congreso la reforma de pensiones. Lo que se espera es que dicha reforma pueda equilibrar las cuentas públicas a largo plazo. La aprobación sería una señal importante para el mercado, pues aumentaría la capacidad de inversión del Gobierno y, con ello, también el clima de confianza. "Desde el punto de vista del resultado fiscal, la reforma va a tardar un poco para dar resultado. Y en el corto plazo, no hace diferencia en el déficit público. Lo positivo es la señalización, lo que puede ayudar en la aprobación de otras reformas, como la tributaria", afirma João Luiz Mascolo, profesor de economía del Insper.


La aprobación del nuevo sistema de pensiones, sin embargo, necesita eludir un desafío importante: los hechos del propio Bolsonaro. El presidente brasileño, que ha adoptado un discurso agresivo contra el Congreso, acusa a los congresistas de intentar timar al Gobierno a cambio de cargos. El conflicto entre él y los diputados y senadores ha resultado en la dificultad de avanzar con la reforma. El pasado miércoles, tras la presión por la inmovilidad del tema en el Congreso, Bolsonaro fue a una cita con los líderes de la Cámara y del Senado, además del presidente del Supremo Tribunal Federal. El objetivo era elaborar un pacto de no agresión entre los tres poderes en favor de las medidas necesarias para recuperar la economía, pero no hubo un acuerdo entre ellos.

Por Regiane Oliveira
São Paulo 30 MAY 2019 - 15:57 COT

 

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La mayor huelga general contra Mauricio Macri paraliza Argentina

El quinto paro desde 2015 fortalece el cerco opositor contra el presidente en el inicio de la campaña electoral

Argentina estuvo hoy paralizada. No circularon buses, trenes, aviones ni barcos. En Buenos Aires, donde viven 15 millones de personas, tampoco funcionó el metro. Las escuelas, comercios y bancos no abrieron y los hospitales atendieron sólo las urgencias. La quinta huelga general contra Mauricio Macri encontró a todo el sindicalismo y los movimientos sociales unidos contra la política económica oficial. El presidente no sólo padece la presión de la calle. La caída de su popularidad activó reclamos intestinos en Cambiemos, la alianza de Gobierno, de grupos que no creen que Macri sea la mejor opción para disputar las elecciones generales de octubre.


"Estamos hartos de los paros", dijo la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ocupada en que los grupos de izquierda que se sumaron a la convocatoria sindical no cortasen los accesos a la capital. "Esto ya es como una especie de rutina. Le impiden a la gente que viaje. Es una situación en contra de la libertad y el trabajo", agregó. Bullrich fue la única voz oficial contra la protesta. Macri participó en un acto por el día el Ejército sin siquiera mencionarla. Y desde el ministerio de Hacienda sólo dijeron que la huelga costó a Argentina unos 900 millones de dólares. Las grandes ciudades, mientras tanto, estuvieron desiertas.


La singularidad de la huelga fue la unidad sindical, algo poco común en Argentina. "Es el paro más fuerte y de mayor contundencia en la era de Macri, gracias a que lo convocamos todas las centrales de trabajadores y lo apoyaron todas las organizaciones empresariales, pymes, más todos los movimientos sociales del país", dijo Hugo Yaski, secretario general de la CTA, una central de perfil combativo que no pertenece a la CGT, la gran confederación de gremios peronistas.


El regreso de Hugo Moyano, líder del poderoso sindicato de los camioneros, fortaleció aún más el golpe. Moyano es un dirigente a tener en cuenta. Apoyó al kirchnerismo, luego hizo campaña por Macri y ahora volvió al kirchnerismo. Su poder de movilización es enorme: no hubo reparto de alimentos, faltó combustible y dinero en los cajeros automáticos y no hubo recolección de basura.


Con la huelga, el sindicalismo argentino ingresó por la puerta grande en la campaña electoral. Macri había logrado mantener a raya a la CGT con acuerdos salariales acordes con la inflación, pero el deterioro de la situación económica en 2018 le quitó poder en las negociaciones. La presión de los gremios más duros, sobre todo los alineados con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, terminó por inclinar la balanza a favor de la protesta. El sindical no es, sin embargo, el único frente con que debe lidiar Macri.


Cambiemos, la alianza oficialista, cruje. La Unión Cívica Radical (UCR), el partido de los expresidentes Raúl Alfonsín (1983-1989) y Fernando de la Rúa (1999-2001), exigió a Macri que someta su candidatura a las elecciones primarias que se celebrarán en agosto. Sus líderes consideraron que la caída de popularidad del presidente es un lastre que pone en riesgo su reelección. En un documento firmado durante una convención del partido, celebrada el lunes, advirtieron también que intentarán abrir Cambiemos a otras fuerzas políticas. La presa a capturar es el peronismo federal, "no kirchnerista". Sus líderes, entre los que se cuentan gobernadores con peso en el interior del país, están hoy enfrascados en una discusión sobre el mejor nombre para enfrentar a Alberto Fernández, el hombre al que Cristina Fernández Kirchner acompañará como candidata a vicepresidenta.


Los sondeos dan a la fórmula Fernández -Fernández un cómodo triunfo en la primera vuelta, prevista para el 27 de octubre, pero insuficiente para ganar sin necesidad de un balotaje en noviembre. En la segunda vuelta, las cuentas son más ajustadas, con una leve ventaja para Macri. El apoyo del peronismo no kirchnerista será la clave de un triunfo oficialista en segunda vuelta. No es descabellado pensar que Macri logre ese apoyo. El líder del peronismo federal, el recién reelecto gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, se considera amigo personal del presidente, mientras que su par salteño Juan Urtubey mantuvo inmejorables relaciones con la Casa Rosada. La pieza suelta se llama Sergio Massa, un exjefe de Gabinete de Cristina Kirchner que no decidió aún si juega a la interna del peronismo federal o negocia algún tipo de alianza con su exjefa política.
A la expectativa


Mauricio Macri, entre tanto, espera. Mientras sus portavoces advierten que la candidatura a la reelección no está en discusión, el presidente confía en un repunte económico que le regale un poco de oxígeno. Las cifras le han dado, al menos, un respiro. El peso lleva un mes estable en su relación con el dólar, después de perder casi la mitad de su valor durante 2018.


Cuando el peso no se derrumba, la inflación, el gran mal de los argentinos, al menos se ralentiza. El IPC subió un 4,7% en marzo y un 3,4% en abril, una curva descendente que, de persistir, permitirá a Argentina cerrar 2019 con una inflación que rondará el 40%. Será clave que los números acompañen a Macri: la popularidad del presidente cae cuando sube la inflación, y viceversa. Con poco que ofrecer en materia económica, la otra pata de la campaña oficialista ha sido hasta ahora más tradicional, con cortes de cinta en grandes obras de infraestructura y ataques directos al kirchnerismo, el gran enemigo a vencer en octubre.

Buenos Aires 30 MAY 2019 - 04:18 COT

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