Jueves, 03 Julio 2014 05:52

El ritmo no para en Brasil

El ritmo no para en Brasil

Después de la fase de grupos del Mundial alabé el ritmo rápido y el estilo valiente y ofensivo que se mostró, pero predije que la táctica prevalecería en los octavos de final.


Esto sucedió quizá con unos pocos equipos, pero ¿y todos los demás? El ritmo vertiginoso aún estaba ahí, así como la estrategia ofensiva. Como si eso fuera poco, hubo muchos partidos decididos en los minutos finales. ¡Y vimos cinco de ocho partidos que fueron al alargue! En dos casos, se decidió en una tanda de penales.


En anteriores Copas del Mundo, la ronda de octavos dejó resultados muy claros y separó la paja del trigo. Hoy en día, países como Costa Rica y Colombia alcanzaron los octavos y ahora avanzaron de forma admirable. Eso no puede ser alabado de forma suficiente.


Todavía creo que las selecciones latinoamericanas se prepararon de forma especialmente intensa para el torneo. Tan intensa que incluso el normalmente dominante Brasil, después de ganar una dramática tanda de penales ante Chile, tiene ahora que tener respeto por Colombia. Los brasileños –y Neymar por encima de todos ellos– lloraron lágrimas de alivio, emoción y cansancio después de su victoria sobre Chile.

Antes de su partido de cuartos de final ante Colombia, los brasileños deberían probablemente reconsiderar su estilo de juego. Muchos de ellos son individualistas, y Brasil no vive de su trabajo en equipo, sino más bien de la gran clase de sus jugadores individuales. Pero si querés convertirte en campeón del mundo, es la clase del equipo entero, no la individual, la que es decisiva. El entusiasmo de las tribunas locales sigue siendo enorme y eso también debería ser una ayuda. Los brasileños pueden superar el siguiente obstáculo siempre que mejoren notablemente. Y siempre y cuando James Rodríguez, la superestrella de Colombia con 22 años, no vuelva a brillar con esa magia que mostró en su artístico gol en la victoria por 2-0 sobre Uruguay.


Para Alemania, los octavos de final también fueron de todo menos cómodos. Ante Francia, no podemos permitirnos otra vez correr tan poco y renunciar a tantas pelotas como en la primera parte con Argelia. En la segunda mitad los alemanes tuvieron el partido algo más bajo control y sólo era cuestión de tiempo que los goles de Alemania comenzaran a llegar, incluso si eso significaba esperar al alargue.


En medio de todo el debate y los elogios está el arquero del Bayern Munich, Manuel Neuer. Sus acciones hasta el momento fuera del área posiblemente incluso evitaron que Alemania se pusiera por detrás en el marcador. Algunos periodistas están describiendo a Neuer como una combinación de Sepp Maier, nuestro arquero, y yo, cuando fuimos campeones del mundo en 1974. Ellos quieren decir que con Neuer renació la posición de líbero.


Preferiría ponerlo de esta manera: Neuer es un hombre escoba, un muy destacado hombre escoba. Pero no un líbero, porque esa posición también significa realizar tareas ofensivas. Oliver Kahn, un predecesor de Neuer y por sus súper atajadas nombrado el mejor jugador del Mundial 2002, calificó las acciones de Neuer como una especie de harakiri. En dos ocasiones ante Argelia el peligro estuvo realmente muy cerca. Si Neuer hubiera hecho su entrada fuera del área una fracción de segundo más tarde, habría visto la tarjeta roja. Realmente tenía que estar muy seguro de que llegaría a la pelota antes que su oponente.


Aunque Francia parece más fuerte que Argelia, creo que el equipo alemán lo tendrá algo más fácil en los cuartos de final. Porque conocen a Francia y porque desde el primer minuto cada jugador estará mucho más centrado que en otros partidos.


Uno tiene permitido derramar unas cuantas lágrimas por los sorprendentemente fuertes mexicanos, que al término de la fase de grupos tenían el mismo número de puntos que Brasil. Tuvieron mala suerte en el modo en que Holanda dio vuelta al partido, con goles en los últimos minutos. Holanda debería ahora ser capaz de lidiar con Costa Rica. En contraste con torneos anteriores, los holandeses ya no se embriagan con su propio estilo, sino que están jugando un fútbol considerablemente más fresco, pragmático, eficiente y racional.


Las lágrimas por Suiza también están a la orden. El equipo de Ottmar Hitzfeld jugó bien y luchó de forma fantástica en el último partido de su gran entrenador. Y estuvieron cerca de batir a los argentinos, entre otros factores porque tuvieron a Lionel Messi bajo control. Messi tuvo dificultades para entrar en el partido. Duele mucho cuando te marcan en el minuto 118, y luego Suiza no tuvo suerte cuando después dio al palo, ese tipo de suerte que necesitás en un torneo de estas características. Por supuesto que ver a Suiza alcanzando los cuartos de final habría sido una gran sensación, algo que realmente me habría gustado por Ottmar, pues hubiera significado posponer un poquito su retiro.
Y las últimas lágrimas fueron para Estados Unidos. Fue una gran batalla la que tuvieron contra los técnicamente cualificados belgas. Al final, una derrota por 2-1 para Estados Unidos, pero el entrenador Jürgen Klinsmann logró que el país del fútbol americano y del básquetbol se interesara por el fútbol. Incluido el presidente Barack Obama.

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Miércoles, 02 Julio 2014 05:51

Ha sido un mundial de los arqueros

De los ocho que pasan a la etapa siguiente, uno será el campeón. En los partidos de los dos últimos días por fin prevaleció la lógica, o lo que se supone que pueda ser lógico en un Mundial. Pero por muy poco. Alemania, Holanda, Argentina, Bélgica, Costa Rica y Francia se clasificaron entre el domingo y lunes. Pero al menos cuatro de esos clasificados –Holanda, Argentina, Alemania y Bélgica–, por más que fuesen considerados favoritos, casi quedaron a mitad del camino.


Costa Rica se mantuvo como el equipo revelación del Mundial, pero tuvo mucha dificultad en superar a Grecia. Francia también sufrió para derrotar a Nigeria. Brasil logró superar a Chile a base de puros rezos. De los ocho, el de Colombia ha sido el único equipo que pasó sin mayores inconvenientes por su adversario, un Uruguay todavía traumatizado por la punición aplicada a Luis Suárez.


Lo que se vio el lunes en las canchas ha sido un duelo de angustias. Difícil decir cuál de los dos partidos fue más desesperante para las hinchadas. Bélgica, por ejemplo, superó ampliamente a Estados Unidos, pero tropezó con un arquero increíble, Howard, y ya en la prórroga casi fue atropellada por el ímpetu con que los rivales se lanzaron al juego. Antes, frente a Suiza, Argentina contó, una vez más, con un jugador que hace toda la diferencia en la cancha: Lionel Messi.


Se confirmó, entre otras vertientes curiosas, que este es el Mundial de los arqueros. En el segundo encuentro, por ejemplo, quedó claro que en Estados Unidos el apellido Ochoa se pronuncia Howard. Y el lunes entendimos todos que en Argelia, Julio César se pronuncia Rais M'Bolhi.
Mientras conocemos curiosidades como esas, los brasileños tratamos todos de enterarnos qué pasa por la cabeza de Felipao y, principalmente, de los jugadores.


Llegó un refuerzo de última hora en la finca Comary, donde está concentrada la verdeamarela, en la sierra vecina a Río. No se trata de alguien capacitado para arreglar el inexistente mediocampo, y tampoco de un compañero de ataque para ayudar a Fred y Neymar. Quien llegó fue Regina Brandao, cuyo currículo indica un doctorado en Ciencia del Deporte (¿alguien sabía que tal ciencia existía?) por la prestigiada Unicamp brasileña y un post-doctorado, vaya elegancia, por el Instituto Superior de Cultura Física de La Habana, Cuba. Su misión: trazar, hasta el jueves, un perfil de cada jugador, preparar un informe sucinto para Felipao y orientarlo sobre la manera de mantener un diálogo especialmente destinado de uno en uno. Tres días.


Es decir: en lugar de entrar a la cancha con Felipao, los jugadores que buscan el sexto título mundial primero se estirarán en el diván del entrenador, que seguirá el esquema táctico de urgencia especialmente diseñado por la doctora Brandao. Definitivamente, son otros tiempos esos que vivimos en el Mundial realizado en Brasil luego de 64 años de la tragedia del maracanazo.


Los diarios, los programas de televisión y radio, todos discuten cómo atender las almas de las estrellas de la selección. Hay sugerencias de todo tipo. Y de repente Brasil descubre que además de 173 millones 408 mil expertos altamente especializados en futbol, cuenta también con alrededor de 173 millones 406 mil sicólogos altamente especializados en jugadores. Los 2 mil faltantes seguramente están siendo atendidos por sus propios terapeutas. De todo lo que se lee en la prensa, se oye en la radio y se discute en los cafés y plazas, la sugerencia que cuenta con mayores adhesiones se refiere a convencer a los muchachos que lo peor ya pasó; es decir, no sufrimos el vejamen extremo de caer en los octavos de final. Claro que caer en la primera etapa clasificatoria sería un caso de suicidio colectivo. Así que hasta aquí llegamos, y lo único a hacer es seguir adelante.

También están los que se dicen convencidos de que lo que efectivamente les pasa a los jugadores en la cancha es que corren demasiado y piensan muy poco. Corren tanto, y tan sin rumbo, que la serenidad se les cae del alma y queda perdida por el césped, sin lograr rencontrarlos. También grande es el pelotón de expertos en futbol que instantáneamente se transformaron en sicólogos especializados en jugadores que aseguran que hay síntomas evidentes de síndrome de persecución aguda. Es decir, todos persiguen a nuestros jugadores, y no me refiero a los zagueros adversarios: son perseguidos por los árbitros, los burócratas del futbol, la prensa nacional e internacional, la misma hinchada y, claro, mexicanos, croatas, chilenos y los de Camerún.


Mientras nadie aclara qué diablos le pasa a la selección, surge otro misterio: ¿con qué formación Felipao pretende enfrentar a Colombia?
Las dificultades de alemanes, argentinos, holandeses, belgas –en fin, de casi todos– no han sido de gran utilidad para calmar a los brasileños en general y a los de la selección en particular.


Ahora, hay que preocuparse con dos tácticas, la del entrenador y la de la sicóloga. Vaya tensión. Antes, se hablaba de buscar la forma de mantener una formación y un esquema de juego estables. Ahora se habla de intentar estabilizar a los jugadores.


Me siento muy, muy inclinado a, terminado el Mundial, ingresar en el muy emocionante y movido mundo del golf. O del dominó. ¿Habrá un Mundial de dominó? ¿O de damas? Trataré de informarme lo más pronto posible. Mientras, pedí horas extras de hoy al viernes en el sicólogo.

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Martes, 01 Julio 2014 05:41

De locura

Sin temor ni rindiendo pleitesías salió Argelia, y le puso un gramo de locura a Brasil 2014.


La historia decía que estos zorros del desierto se metieron a un campo minado, muy peligroso, al tener que verse las caras con una selección que desde antes de su arribo al país sudamericano ya olía, para muchos, nuevamente una final de Copa del Mundo.

Pero los misiles alemanes estallaron sin herir al debutante en octavos de final durante el tiempo reglamentario. Algo impensado la víspera. Su pesadilla concluyó hasta la prórroga.


Hace 32 años Alemania también provocó la eliminación de Argelia. Pero el tongo, el partido de la vergüenza, con Austria nunca lo podrá superar. No faltará quien les recuerde las monedas que les lanzaron al campo o los gritos ¡que se besen, que se besen!, por pactar el resultado.
Otro campeón, Francia, únicamente se mostró implacable en el tramo final del trámite. Su retador se quebró con el error del gran arquero Enyeama, y después ya no hubo tiempo ni para la cuenta de protección con el autogol. Terminó siendo un nocaut, aunque no de los fulminantes.


La aventura para los nigerianos en Brasil no fue fácil. Tuvieron otra pelea fuera de la cancha, y hasta el mismo presidente Goodluck Jonathan tuvo que intervenir para que se presentaran a este combate de octavos de final.


Las súper águilas reclamaron el pago de las primas convenidas por superar la primera ronda. No deseaban ser de los que tropiezan con la misma piedra dos veces, luego de que la federación de futbol de su país únicamente trató de darles la mitad de lo acordado por la Copa Confederaciones de Brasil del año pasado.


No sólo de futbol vive el hombre. Y las alternativas para llevar dinero a casa pueden ser difíciles de encontrar, como para el mismísimo Lionel Messi.


En una entrevista para el diario español La Vanguardia, el 22 de marzo de 2007, el delantero argentino confesó: Siempre pensé en jugar (al futbol) y luché por conseguirlo. Si no, hubiese tenido que buscarme la vida, no sé de qué, porque lo siguiente que más me gusta es dormir y no creo que nadie me pagara por eso.


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Sábado, 28 Junio 2014 20:25

Sin jugar bien, Brasil avanzó

Sin jugar bien, Brasil avanzó

En el estadio Mineirao de Belo Horizonte, este 28 de junio, Brasil le ganó a Chile luego de 120 minutos disputados; en el tiempo regular quedaron empatados 1-1 y en penales el equipo anfitrión consiguió la victoria por 3-2, pasando a los cuartos de final del torneo mundialista.


El partido tuvo un inicio parejo, con el balón repartido para ambos equipos. En el medio del campo la disputa fue intensa, con bastante presión, con ambos equipos buscando recuperar el balón, pretendiendo agarrar al equipo contrario mal parado y tener salidas verticales a gran velocidad, dando buen uso a los jugadores veloces que poseen para el ataque.


Precisamente, fue gracias a un balón parado donde el partido pudo desnivelarse. En el minuto 17, Brasil llegó al gol por medio de un tiro de esquina cobrado por su jugador estrella, Neymar, que Thiago Silva peinó para que llegara David Luiz y la embocara en el arco chileno, decretando la ventaja para el equipo brasilero. El empate llegaría al minuto 32, cuando presionando en cancha contraria, característica particular del equipo chileno, lograron recuperar el balón mientras Brasil buscaba salir jugando, dejando a Sánchez frente al arco, logrando así el empate para los australes. El gol llegó en un momento complicado del partido, cuando Chile no lograba jugar cómodo y el partido ganaba en fricción.


En el segundo tiempo, el partido se nubló y las oportunidades de gol fueron reducidas. Los equipos intentaron resguardarse y ser cautelosos por largos lapsos de la segunda etapa, sabiendo que cualquier error significaba la eliminación. Solamente hasta los últimos diez minutos Brasil logró apurar y hacer figura al arquero Claudio Bravo. Dos llegadas consecutivas elevaron la emoción del cotejo, en los pies de Neymar y Hulk, pero que no significaron un desnivel en el marcador.


El partido debió prolongarse en tiempo suplementario. Minutos en los cuales el equipo chileno evidenció un mayor resto físico que su oponente. Quienes jugaban de local sufrieron más de la cuenta, y durante los 30 minutos suplementarios se contuvieron de ir al ataque, previniendo una catástrofe futbolística que bajara la moral nacional brasilera de cara a las próximas dos semanas. El susto mayor estuvo en el minuto 120 cuando Mauricio Pinilla, de Chile, estrelló el balón en el larguero, que detuvo por un momento los corazones de los asistentes al primer partido de octavos de final.


El azar terminó definiendo el partido, por la vía de los penales. El error fue lo característico: para Brasil fallaron dos jugadores, Willian y Hulk; para Chile erraron Pinilla, Sánchez y Jara. Los goles los anotaron David Luiz, Marcelo y Neymar, para los locales; en Chile marcaron Aránguiz y Díaz. Es así como este duelo termina siendo la tercera vez consecutiva (1998, 2010, 2014) en que Brasil elimina en octavos de final a la selección chilena, cortándole sus aspiraciones de llegar más lejos en una copa mundialista.

 

Victoria injusta


Desde 1994 el fútbol brasilero sufrió un giro en su modo de practicarlo. Cuando el equipo de Carlos Alberto Parreira renunció a jugar bien, con el único objetivo de conseguir el título mundial, casi que condenó a los hacedores del fútbol en su expresión más lírica a darle prioridad al resultado sobre el buen juego. Desde aquella época, hasta la actual selección brasilera, la única que logró desplegar buen fútbol fue la que dirigía Mario "Lobo" Zagallo, en 1998, pero que no consiguió el título mundial. Luego de eso Brasil ganó un título más, con Luiz Felipe Scolari, actual entrenador, en el año 2002, sin regalar un gran juego.


En este 2014, el equipo anfitrión no ha dado muestra de aquello que lo caracterizó culturalmente en torno al juego. Incluso, puede decirse, que pone en práctica un fútbol antagónico al que la historia mundialista de Brasil, anterior a 1994, demostraba. Su juego expresa pragmatismo: el objetivo final es el resultado; es un modo de jugar en el que ganar es lo importante, sin importar el cómo.


Chile, por otro lado, afirma que los equipos mal llamados "sin historia", "pequeños", aislado de las grandes páginas escritas en los mundiales, son los llamados a quedarse con el corazón del hincha. Desde que el "Loco" Bielsa asumió a 'La roja', se desprendió de cualquier pudor en la cancha, del culto al resultado, convenciéndose de que lo importante es jugar bien y pararse al frente de cualquier equipo, con capacidad de irrespetarlo en el verde césped. Ahora, el equipo de Sampaoli sale por la puerta grande: sólo el azar lo deja por fuera, porque logró arrebatarle el fútbol a los forjadores del "jogo bonito".

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Jueves, 26 Junio 2014 06:21

Goles mesiánicos y millones voladores

Goles mesiánicos y millones voladores

A cada gol –y ayer fueron dos, espectaculares– Messi más se parece al Mesías para la Selección Argentina. El chiste es obvio, poco brillante y nada inteligente. Pero encanta a los brasileños.


¿Y Ghana? ¿Qué gana Ghana para jugar el último partido que le toca en este Mundial? Pues gana mucho.


La verdad es que, hasta ayer, el paso de Ghana por el Mundial ha sido más bien discreto. El empate con Alemania sorprendió, pero no a punto de poner a los ghaneses como destaque especial. Pues, de repente, el equipo concentró atenciones, gracias a una jugada colectiva que se dio fuera de la cancha. Temiendo no cobrar las gratificaciones prometidas, los jugadores anunciaron una huelga. No entrenaron el martes y avisaron que no entrarían a la cancha hoy para enfrentar a Portugal a menos que les pagasen. Y en efectivo. La Federación de Fútbol de Ghana prometió depositar el dinero en las cuentas bancarias de cada jugador, pero ni modo: o les pagan en efectivo, o no habrá juego.


El mismo presidente de Ghana, John Mahama, intervino. Un avión zarpó ayer de Acra, la capital, rumbo a Brasilia, cargando unos tres millones de dólares en billetes cuidadosamente contados, apilados y atados. Confirmada la noticia de los millones voladores, un nuevo percance: para entrar legalmente a Brasil, cualquier cantidad superior a cinco mil dólares tiene que ser declarada. No hay tasa ni tributo, pero los valores tienen que ser verificados. O sea, hay que contar billete por billete. Y a la hora de salir, lo mismo. En caso de que no ocurra ese proceso, el dinero puede ser legalmente confiscado. El partido está previsto para la una de la tarde de hoy, en la capital brasileña. Habrá tensión hasta la última hora: sin cobrar, nadie juega. Sin cumplir todos los trámites, el dinero no entra. ¿Qué pasará?


Urgencia en lograr dólares para los de Ghana, urgencia en lograr muchachas –digamos– de vida alegre para los turistas. Hay de todo, para todos los gustos y bolsillos. En Copacabana, los alrededores de la plaza Lido, tradicional zona de prostitución, están ardiendo. A partir de las once de la noche largas filas se forman en las puertas de los dos o tres clubes nocturnos, área de caza. Las profesionales que suelen trabajar por esa zona recibieron refuerzos venidos de distintos puntos del país. La demanda extrapoló la oferta habitual y la solución fue importar mano de obra. Los precios subieron, aprovechando la distancia entre oferta y demanda. Para latinoamericanos, considerados mezquinos, cien dólares.

Para gringos en general (tanto vale de Europa o Estados Unidos o Corea o lo que fuera), a partir de doscientos. Menos, bastante menos, de lo que cobran las profesionales que, en San Pablo, a 420 kilómetros de distancia, atienden preferencialmente a altas autoridades de la FIFA, ejecutivos de empresas patrocinadoras del Mundial o invitados especiales en hoteles lujosos: 900 dólares la hora. La diferencia se justifica: son muchachas de alta estampa, manejan automóviles de buena marca y hablan más de un idioma.


Millones de dólares voladores que salen de Ghana, centenares de miles que circulan alrededor de lechos fugaces. Y mientras tanto, sigue el fútbol. Ahora, los brasileños tratan de concentrarse en las selecciones de otros países, posibles adversarios en las próximas etapas. Mucha atención con Argentina, con Colombia y Uruguay. Y pensando más adelante, con Francia, Holanda, Alemania. Esos equipos son considerados los más peligrosos. Claro que siempre hay sorpresas, pero existe una cierta lógica, una cierta tradición.


Ayer, contra Nigeria, Argentina acaparó atenciones. Los africanos se mostraron bien organizados, bien articulados, pero evidentemente inferiores al adversario. Si Argentina todavía no convenció totalmente a los brasileños, la fiesta que hicieron las decenas de miles de compatriotas que vinieron a ver su equipo comprueba que están cada vez más convencidos de las bondades del juego. Los dos goles anotados por Messi lo igualan a Neymar en la tabla de artilleros. El próximo juego de Argentina será contra Suiza, un adversario duro pero no tan difícil como el que Brasil tendrá por delante, Chile.


Ecuador empató sin goles con Francia, y ha sido el primer sudamericano en quedar fuera de la Copa. Honduras cayó frente a Suiza y también vuelve a casa. ¿Cuáles serán los próximos?


Brasil tendrá que pasar con Chile y luego enfrentar a otro sudamericano, Uruguay o Colombia. Una verdadera Copa América para llegar a las semifinales. Las apuestas, antes de que el torneo empezara, indicaban como adversarios en ese tramo a Italia, España, Inglaterra... Pero en el fútbol no hay nada previsible, especialmente en un Mundial.


A la nochecita de ayer, esa y otras preguntas circulaban por los ámbitos brasileños. Una pregunta en especial se hacía común en muchos bares de Río: ¿Quién depende más de un solo jugador? ¿Argentina de Messi o Brasil de Neymar?


Hasta ahora, los goles de Messi han asombrado a los brasileños. Los de Neymar también. El gran temor es que le pase algo. Su juego desconcertante y sus goles hicieron que el equipo todo dependa de él. Más, quizá, de lo que Argentina depende de Messi y sus goles milagrosos.


Esas eran algunas de las muchas preocupaciones y dudas de los brasileños ayer. Bastante diferentes, por cierto, de la ansiedad de los de Ghana, con los ojos puestos en sus dólares voladores, y de las muchachas de la noche, con los ojos puestos en los turistas caminadores.

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Domingo, 18 Mayo 2014 06:11

Protestas mundialistas bajo control

Protestas mundialistas bajo control

El secretario general de la Presidencia de Brasil, Gilberto Carvalho, descartó que el país sea presa del desorden por las protestas durante el Mundial de Fútbol. "Se dice que va a ser un caos. No lo será", aseguró ayer el funcionario durante una conferencia de prensa en Porto Alegre, cuyo estadio Beira Rio recibirá cinco partidos durante la cita deportiva. A 26 días del inicio del Mundial, Brasil enfrenta una serie de protestas que el gobierno espera que disminuyan conforme se acerca la fecha. El último de los enfrentamientos ocurrió en la noche del viernes en San Pablo, sede de la inauguración del Mundial, cerca del aeropuerto internacional de Guarulhos. Cincuenta personas reclamaban mejoras en las vías de acceso a su barrio y, según la policía paulista, un grupo saqueó una tienda de fuegos artificiales y empezó a lanzarlos contra las fuerzas de seguridad. Como consecuencia del ataque, varios vehículos fueron destrozados y la policía lanzó bombas lacrimógenas y balas de goma.

Según dijo recientemente el ministro de Deporte, Aldo Rebelo, estas protestas no se relacionan directamente con el Mundial, van a disminuir y el país irá adoptando un clima de fiesta conforme se acerque la fecha de inauguración. La presidenta Dilma Rousseff, que aspira a ser reelecta en los comicios de octubre, dijo que el certamen futbolístico será la Copa de las Copas. Y anticipó que no permitirá ningún acto de vandalismo que dañe el torneo. "Quien se quiera manifestar puede hacerlo, pero no puede perjudicar la Copa", dijo, y aseguró que "una conjunción de fuerzas", que incluyen a la Policía Federal, las fuerzas armadas y las policías militares, garantizará la seguridad.


Para algunos analistas, el de-senlace de esta Copa puede afectar las intenciones de reelección de Rousseff. "El tema no es sólo contra la Copa, sino por mejores salarios y otras reivindicaciones. Ahora el gobierno está discutiendo qué va a hacer. El mensaje fue enviado: tiene que resolver cuestiones pendientes", aseguró André César, analista político de la Consultora Perspectiva.


El secretario general de la Presidencia brasileña tiene una mirada diferente sobre las manifestaciones. En su opinión, a medida que las obras comiencen a ser entregadas, la población reconocerá los beneficios del Mundial. Como ejemplo, Carvalho mencionó a Brasilia. Sostuvo que después de que fueron entregadas las obras viales de acceso al aeropuerto, el clima cambió en esa ciudad. "Quedó atrás esa historia del Brasil 'pordiosero' que no consigue hacer las cosas, en el que todo es una desgracia", afirmó el funcionario.


Lejos del millón de personas que tomaron la calle en junio de 2013, durante la Copa Confederaciones, en demanda de mejoras en salud, educación y transporte, las protestas de los últimos días terminaron en violencia y destrozos. Un sector de la policía militar (a cargo de la seguridad ciudadana) del estado de Recife, otra sede mundialista, se declaró en huelga esta semana, pero suspendió la medida por saqueos en la ciudad.


Si bien hasta hace unas semanas la mayoría de las protestas se realizaba bajo la consigna "Nao vai ter Copa" (No habrá Copa), a estas manifestaciones se sumaron reivindicaciones laborales.


"Hasta 2010, los brasileños se beneficiaron de un sistema que estimulaba el consumo, se sentían bien. Pero ese modelo se fue agotando y el gobierno no supo enfrentar la situación", consideró César.


Luego de un crecimiento del PIB de 7,5 por ciento en 2010, la economía creció al 2,7 por ciento en 2011; 1 por ciento en 2012 y 2,3 por ciento en 2013. Para el 2014 se prevé una expansión de un 2 por ciento.

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Jueves, 15 Mayo 2014 06:05

El planeta se dará cita en Brasil

El planeta se dará cita en Brasil

Cuando yo era presidente puse mucho empeño en llevar a Brasil la Copa del Mundo de Fútbol 2014. Lo que me movía no eran tanto los intereses económicos o políticos, sino principalmente lo que el fútbol significa para la gente en todo el mundo, y sobre todo para los brasileños. El pueblo de Brasil apoyó con entusiasmo la idea, rechazando el sesgo elitista de que un acontecimiento así "es solo para países ricos", puesto que de ese modo se olvida que Uruguay, Chile, México, Argentina, Sudáfrica y el propio Brasil ya organizaron antes ese campeonato. El fútbol es el único deporte auténticamente universal, querido y practicado en casi todos los países, por personas de diversas clases sociales, grupos étnicos, culturas y religiones.


Quizá ninguna otra identidad nacional esté tan estrechamente ligada al fútbol como la brasileña. El fútbol no solo lo han asimilado diversas razas sino que, de diversas maneras, su gracilidad y su mezcla lo han transformado. A los pies de los jugadores de origen africano el fútbol incorporó un ritmo, una belleza y un arte nuevos. Durante muchos años fue uno de los pocos ámbitos, junto al de la música popular, en el que los afrobrasileños podían desplegar sus talentos, enfrentándose a la discriminación racial con un júbilo libertario. El fútbol y la música suelen ser las primeras cosas que los visitantes recuerdan cuando hablan de Brasil.


Para nosotros, el fútbol es más que un deporte: es una pasión nacional, que va mucho más allá de los clubes profesionales. Todos los días, millones de aficionados juegan al fútbol: en patios traseros, solares vacíos, playas, parques o plazas y calles de la periferia de las grandes ciudades, en patios de colegio y fábricas. Allí donde haya algo de espacio, por reducido que sea, habrá un partido. Si no hay balón de cuero, bastará una pelota de plástico, de goma o de tela. Si no hay nada mejor, una lata vacía servirá.

En la Suecia de 1958, el espectacular equipo nacional brasileño encandiló al planeta, obteniendo nuestro primer título mundial. Yo tenía 12 años y me reuní con un grupo de amigos y un diminuto transistor en un pequeño campo que había junto a una ribera. Nuestra imaginación compensó con creces la falta de imágenes, alzándose por encima de la voz del locutor. Nos transportó, como una alfombra mágica, hasta el estadio Rasunda de Estocolmo, donde no solo fuimos espectadores sino jugadores. Yo soñaba con ser jugador de fútbol, no presidente de Brasil.


Como ha señalado el magnífico escritor Nelson Rodrigues, uno de nuestros mejores dramaturgos, con esa victoria, obtenida por genios de la pelota como Pelé, Garrincha y Didi, Brasil superó su "complejo de perro descarriado". ¿Y cuál es ese complejo? Según Rodrigues: "Es la actitud de inferioridad que el brasileño adopta voluntariamente cuando está ante el resto del mundo". Al atreverse a ser campeón, fue como si Brasil se dijera tanto a sí mismo como al resto del mundo: "Sí, podemos ser tan buenos como cualquiera".


En esa época, Brasil acababa de comenzar a industrializarse, habíamos creado nuestra propia compañía petrolífera y un banco de desarrollo, y las clases obreras estaban exigiendo democráticamente mejores condiciones de vida y una mayor presencia en las decisiones del país. Sin embargo, las clases privilegiadas proclamaron que esas iniciativas habían sido un grave error, alentado por la "politización" y el "izquierdismo", porque se había demostrado que Brasil carecía de petróleo y que, por tanto, no había necesidad alguna de inclusión social o política, ni desde luego de industria nacional.


Algunos llegaban incluso a afirmar que un país como el nuestro —retrasado, "mestizo" e "ignorante y perezoso", según un tópico muy extendido, tanto dentro como fuera de Brasil— debía rendirse ante su destino y limitarse a servir, sin abrigar sueños imposibles de progreso económico y justicia social.


No es fácil superar el complejo de perro descarriado. Durante más de 320 años fuimos una colonia, cuyo peor legado es la persistencia de la actitud de servidumbre voluntaria que deja la mentalidad colonial.


Entre 1958 y 2010 ganamos cuatro Copas del Mundo de fútbol. Ningún otro país ha obtenido tantas. Pero lo mejor de todo es que la saludable audacia del pueblo brasileño no se limita al deporte.


El Brasil que el mundo podrá conocer mejor después del 12 de junio es un país muy diferente al que albergó la Copa del Mundo en 1950, en cuya final perdió ante Uruguay. Como en cualquier otro país, hay problemas y desafíos, algunos muy complejos, pero ya no somos la eterna "tierra del futuro". El país actual es más próspero y equitativo que el de hace seis décadas. Ello se debe en gran medida a que nuestra gente —sobre todo la que vive en los "estratos inferiores" de la sociedad— se ha liberado de los prejuicios elitistas y colonialistas y ha comenzado a creer en sí misma y en el potencial de su país. Ha descubierto que, además de ganar campeonatos de fútbol, puede también superar el hambre, la pobreza, la falta de productividad y la desigualdad social. Ha descubierto que el mestizaje, lejos de constituir una barrera —o peor aún, un estigma— es una de nuestras grandes riquezas.


Este es el país que albergará la Copa del Mundo de Fútbol, el nuevo Brasil, el que ahora constituye la séptima economía del mundo y el que, en poco más de 10 años, ha sacado a 36 millones de ciudadanos de la pobreza, engrosando en 42 millones las clases medias. Es el país que ha alcanzado las cifras de desempleo más bajas de nuestra historia. El mismo que, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), figura, en los últimos 10 años, entre los que más están incrementando su inversión en educación. Estamos orgullosos de nuestros éxitos, pero eso no significa que escondamos nuestros problemas o que no nos esforcemos para solucionarlos.


Últimamente la Copa del Mundo ha sido objeto de un virulento debate político y electoral en nuestro país. Al irse aproximando las elecciones presidenciales de octubre, los ataques contra ese acontecimiento se han ido tornando cada vez más sectarios e irracionales. Evidentemente, la crítica forma parte de la vida democrática. Cuando se hace de buena fe puede ayudar a mejorar nuestros esfuerzos colectivos. Pero parece que ciertos grupos confían en que la Copa sea un fracaso, como si sus posibilidades en las urnas fueran a beneficiarse de ello. No dudan en difundir informaciones falsas que ha llegado a reflejar hasta la prensa internacional, sin tomarse la molestia de comprobar su veracidad. Sin embargo, el país está listo —dentro y fuera del campo de juego— para albergar una gran Copa del Mundo. Y así lo haremos.


El equipo nacional brasileño de fútbol es el único que ha participado en las 19 Copas del Mundo. Allí donde hemos jugado siempre nos hemos sentido muy bien recibidos y ahora ha llegado el momento de que la hospitalidad y la alegría brasileñas hagan lo propio. Las entradas han tenido mucha demanda, ya que se han recibido solicitudes de más de 200 países. Esto supone una extraordinaria oportunidad para que miles de visitantes acudan a conocer lo mejor que Brasil tiene que ofrecer: su gente.


La relevancia de la Copa del Mundo no es solo económica o comercial. El mundo se dará cita en Brasil invitado por el fútbol. Comprobaremos una vez más que la idea de una comunidad internacional reunida en paz y fraternidad no es solo una utopía.

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Teatro iberoamericano, entre el carnaval y la resistencia

Pocas veces un golpe de peluquería cobró tanto significado escénico. Es difícil desligar al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, uno de los más grandes y populares del mundo, del culto a la imagen de su creadora y gestora hasta 2008, la argentina Fanny Mikey, actriz, directora y empresaria cuyo pelo rojo simbolizó durante décadas ese "acto de fe en Colombia" que rezaba el primer eslogan del festival, ideado en 1988 junto a Ramiro Osorio. Tras su muerte, a Mikey la sustituyó al frente su eterna ayudante y colaboradora, Anamarta de Pizarro, quien, al año del fallecimiento de su jefa y amiga tomó, una decisión polémica: teñirse el pelo de azul. Un gesto a lo Eva Harrington que fue cuestionado en su día pero que ahora, con un festival consolidado que apela al orgullo patrio, no es más que otro ingrediente del nuevo culto a la nueva directora de este monstruo escénico que atrae cada dos años y durante 17 días a compañías de todo el mundo. En esta edición, el número de espectáculos suma 190 y las funciones, 1100 (entre obras de sala, de calle, parques y plazas). Y el país invitado, Brasil, una superpotencia en artes escénicas, garantiza con su metralla carnal el éxito de la apuesta.

 

El festival sigue su curso con naturalidad pese a que este reinado bicéfalo -rojo y azul, celestial y terrenal- pueda provocar cierta esquizofrenia en el recién llegado. El programa, aunque se cimenta en el teatro, fagocita todo: música, danza... Mientras un concierto de la Filarmónica de Bogotá ofrecía en la plaza Simón Bolívar su homenaje a las víctimas (cuyo día se celebró el miércoles con marchas de miles de campesinos desheredados que reclaman recuperar sus tierras), 24 horas después abría sus puertas en el Museo del Arte del Banco de la República una impagable retrospectiva del artista sudafricano William Kentridge, cuyo Ubú y la comisión de la verdad para la Handspring Puppet Company recrea el lamento de otras víctimas: las del apartheid. Considerado como un espectáculo político ya histórico, pondrá el broche la próxima semana con su sobrecogedor diálogo entre animación, marionetas y actores.


Entre un extremo y otro, en un viejo edificio colonial que mantiene el encanto descascarillado de las elegantes ruinas, la compañía colombiana Mapa Teatro ofrece un montaje-collage, Los incontados: un tríptico, que nadie quiere perderse: su exuberancia plástica y su narración desatada sobre los estragos de la violencia en este país elevan el teatro documento a la categoría de la alta experiencia estética. A partir del discurso político que se encontró en la camisa del narcotraficante Pablo Escobar el día que lo mataron y que supuestamente fue clasificado por la CIA, el grupo reflexiona sobre la legalización de las drogas y los excesos de los reyes de una mafia fatalmente pegada al subconsciente del país.


El narco, mago y maestro de ceremonias, observa los efectos de sus desmanes. A su alrededor, mujeres y hombres revolcados en confeti, disfrazados, acelerados... "hay que ser de aquí para sentir placer con el dolor", dice un personaje. Un cantante de hip-hop recita los nombres de los criminales (paramilitares, narcotraficantes y guerrilleros) y un tipo absurdo fumiga una saltarina planta de coca. Finalmente, en un ambiente que cruza la videoinstalación con la performance, una mujer aúlla: "Que se acabe el carnaval y empiece la revolución".


La intensa tradición del teatro político colombiano da para esto y para mucho más. Prueba de ello es otro festival, el de Teatro Alternativo, que corre en paralelo al Iberoamericano y que también dirige una mujer, la actriz, poeta y dramaturga Patricia Ariza. De Pizarro y Ariza participaron esta semana junto Faith Liddell, directora de festivales de Edimburgo, en una de las mesas organizadas en el marco del Congreso IPSA, International Society for the Performing Arts, que se celebra también estos días en Bogotá.


Bajo el techo de uno de los edificios más modernos de la Universidad Javeriana, Pizarro, Ariza y Liddell llevaron un frío encuentro sobre gestión a un imprevisto terreno emocional que dejó mudo -o directamente entre lágrimas- al personal. La sesión empezó con los apabullantes números que ofreció la escocesa ("los festivales de Edimburgo generan 406 millones de dólares [292 millones de euros] y superan al turismo del golf de toda Escocia, pero el impacto económico solo es una parte del éxito: los festivales han generado cohesión social, mayor educación e identidad nacional", dijo) para seguir con la experiencia mucho más joven, frágil y amenazada de las colombianas. "Antes del festival Iberoamericano lo más moderno que pasaba por Bogotá era la Zarzuela, el ballet clásico y el español", aseguró Anamarta de Pizarro, que recordó cómo los sectores más conservadores (indignados con la coincidencia del certamen con la Semana Santa) atacaron la primera edición. Un atentado con bomba en un teatro fue la bienvenida en 1988 a una cita que hoy, según sus datos, mueve a 380.000 personas y logra la mitad de su financiación con la taquilla (los precios oscilan entre los 60 y 25 euros). "Bogotá es hoy una ciudad más abierta y el festival ha jugado un papel fundamental", añadió la directora.


Frente a sus dos exitosas colegas, Patricia Ariza, no pudo poner sobre la mesa un solo dato económico positivo. La suya es una historia de pura resistencia a la sombra de los focos de su mimada ("por las instituciones y por la prensa", apuntó) hermana. Para Ariza (que puso en pie la sala con sus palabras dedicadas a un país de "antígonas errantes en busca de sus hermanos muertos") los grandes festivales representan hoy poder, pero poder de exclusión, y el ninguneo estatal, la negación de la existencia del "otro", solo es censura refundada. "Yo no vengo a pedir, vengo a exigir", proclamó después de aclarar que "el tema" no son los festivales de teatro sino "la política". "Porque ocurren en un lugar, aquí y ahora, y por eso hablamos de política y presupuestos del estado", afirmó. "Se hacen en esta ciudad donde acaba de destituirse a un alcalde elegido por voto popular, suceden en este país donde la paz se debate entre balas y se han expropiado 10 millones de hectáreas a los campesinos. Y a los que reclaman, los matan". "Pero algunos", prosiguió, "seguimos creyendo que en la fiesta está la resistencia y que necesitamos como ningún otro país ocuparnos del relato nacional, porque el conflicto que se nombra como armado también es cultural".


Esa idea de la fiesta como el territorio de la vida y de la muerte, como campo de la batalla cultural, es el karma de estos días. ¿Pero a quién pertenece la fiesta? Para el Taita Santos, portavoz del pueblo Kamëntsá, a todos. "No hay arte sin el otro", dijo el Taita después de arrastrar al salón de actos de la espléndida Biblioteca Virgilio Barco a una comunión de "energías" y de "vibra artística". "Solo hay igualdad desde la diferencia", concluyó. Siguieron sesiones con el dicharachero Carlos Vives, que desgranó su árbol genealógico musical con la ayuda de un power point y su banda, o con Henry Arteaga, referente juvenil y líder de la banda de Medellín de hip-hop Crew Peligrosos. Arteaga extendió, además de una invitación a su barrio de Aranjuez ("les aseguro que nunca será una oferta turística de este país"), cierta esperanza. Nadie le invitó a ninguna fiesta así que se inventó la suya propia: "Yo quería estudiar danza, tango, luego jazz, pero no. Hasta que descubrí el hip-hop, al fin encontraba algo que sí se parecía a mi mundo".


Pero no hay que engañarse con los poderes curativos del arte. Lo recordó el veterano coreógrafo y maestro Álvaro Restrepo. Ni con un buen puerto para los que nadan a contracorriente, como reconoció el actor César Badillo Pérez, miembro del Teatro La Candelaria: "Nos resistimos a que el teatro sea una industria. Nosotros creamos para un público ausente". Ni con la salvación para un pueblo que en palabras de otro gran colombiano, el fallecido dramaturgo Enrique Buenaventura, no consume sino que "es consumido". Eso sí, él creía que el teatro es revolucionario porque su naturaleza estará siempre, incluso cuando atrae a las masas, alejada de la cultura de masas. "Mientras por el lado del sistema los horizontes se nos cierran", escribió, "por el lado del hombre, de la vida y del arte se nos abren".

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En Brasil se acabó la fiesta, vuelve la realidad

Pasada la euforia por la tremenda paliza aplicada a España en pleno Maracaná renovado, Río de Janeiro volvió a la vida real. Y la vida real es la siguiente: la ciudad sigue sin estadios.

 

El Engenhao, cerrado desde marzo, estará en obras hasta noviembre del año que viene. Hay que aplicar refuerzos en la estructura de su cobertura. Es que había un error de proyecto: corregirlo costará millones de dólares y demandará un tiempo inmenso.

 

La cuestión está en la Justicia. Los integrantes del consorcio de constructoras que terminó la obra cubrirán los gastos de la reforma, pero se niegan a asumir la responsabilidad por el error. Quieren ser resarcidos. La constructora original, la Delta, que abandonó la construcción poco después de haberla iniciado, está involucrada en un sinfín de denuncias de corrupción. Su dueño es íntimo amigo del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral. Algunos de los costosos viajes del robusto gobernador a París fueron financiados –hoteles cinco estrellas y cenas con vinos de mil euros la botella inclusive– por la constructora.

 

Así andan las cosas en el gobierno carioca: un constructor corrupto, con vinculaciones políticas muy intensas e íntimas, no se percata de que en el proyecto original hay fallas aberrantes. Con tal de cobrar se lanza a la obra, cobra las primeras (y muy gordas) cuotas, y listo.

 

El Maracaná, que pasó por una reforma que costó más de 650 millones de dólares, está cerrado para que el consorcio que lo administra pueda “evaluar la situación”. No hay fecha para la reapertura. La verdad es que el estadio se inauguró faltando muchas obras. Funcionarios de la municipalidad trabajan en la complementación del entorno del estadio. El martes de la semana que viene la FIFA entregará ese icono del fútbol mundial a un consorcio privado. Es decir, pese al dineral público enterrado en esa obra, el estadio pasa a ser privado. Y no se sabe cuándo se abrirá efectivamente para el fútbol.

 

Resultado: los cuatro equipos de Río que disputan el campeonato brasileño no tienen dónde recibir a sus adversarios. El domingo, por ejemplo, Botafogo y Fluminense se enfrentarán en Recife, capital de Pernambuco, en el nordeste, a 2300 kilómetros de distancia. El clásico siguiente, entre Flamengo y Vasco –los dos equipos de mayor hinchada local–, será disputado en el Castelao de Fortaleza, capital de Ceará, a 2600 kilómetros. Otro partido del Flamengo, esta vez contra el Coritiba, será en el Mané Garrincha, en Brasilia, a unos 1500 kilómetros. Es decir: los equipos locales, aunque tengan el mando de campo, no tienen dónde jugar. Les queda el consuelo de contar con estadios recién inaugurados para la Copa Confederaciones.

 

A la hinchada no le queda otra que pagar viajes carísimos –los pasajes aéreos en Brasil tienen precios absurdos– o acompañar los partidos por la televisión.

 

El caso del Maracaná es más complejo. El estadio será entregado al consorcio privado el martes 9 de julio. Al vencer la subasta para las reformas millonarias, ese consorcio se obligó, por contrato, a negociar con por lo menos dos de los clubes de Río para que disputen, en los próximos 35 años, sus partidos en el Maracaná. El problema es que los dos interesados –Flamengo y Fluminense– no llegaron todavía a un acuerdo con el consorcio, que quiere pagar la mitad de lo que piden.

 

Todo eso, que quizá parezca un tema demasiado local, en realidad tiene un significado bastante más amplio. Los clubes de Río –al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en Buenos Aires– no disponen de canchas con capacidad suficiente para grandes públicos. La más grande, la de Vasco, puede albergar a unas 17 mil personas. Ese el tamaño del problema: una ciudad apasionada por el fútbol se queda sin estadio.

 

Otro punto importante es ver el descalabro que significa millones y millones de recursos públicos hundidos en obras faraónicas. Uno, el Engenhao, se sabe ahora, puso en riesgo la vida de miles de espectadores durante años. El otro, el Maracaná, llevó más tiempo –y a un costo mucho mayor– para ser reformado que para ser construido.

 

Los que aceptaron pagar los precios extorsivos cobrados por la FIFA pudieron ver en el Maracaná consagrar la selección de Neymar, Fred, Marcelo y compañía. A la hora de acompañar a sus equipos, tendrán que volar horas. Y quizá se estarán preguntando dónde fueron a parar las pirámides de dinero enterradas en estadios que deberían ser templos del fútbol y en realidad son mausoleos de una administración pública torpe e ineficaz.

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Miedo en Brasil a una “limpieza” de los sin techo por la celebración del Mundial

El Centro Nacional de Defensa de los Derechos Humanos, un organismo patrocinado por la Conferencia Episcopal de Brasil, se ha mostrado preocupado por una posible “limpieza social” de las personas sin techo, con motivo de la celebración del Mundial de Fútbol del próximo año.
 


Junto a esta asociación ha expuesto también sus temores al Gobierno, el Consejo Nacional de Procuradores Generales (CNPG). Representantes de ambos organismos se han encontrado ya con el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Gilberto Carvalho, para alertarle sobre sus temores. Se están observando especialmente las ciudades que acogerán los partidos de la Copa.
 


Las organizaciones temen que la llamada, “higienización” de los que viven en la calle por motivos diferentes, sea un eufemismo para dar mano suelta a los verdugos de las personas indefensas, invisibles para la sociedad, pero que podrían ser vistas por los millones de turistas que lleguen a Brasil el año que viene. Sin contar que el papa Francisco llega a Río dentro de tres meses y que estarán presentes en la capital carioca más de dos millones de personas con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.
 


En los últimos 15 meses han sido asesinados 195 vagabundos, la mayoría quemados por anónimos. El último de ellos es Jorge Affonso, de 49 años, asesinado este domingo en Jacupiranga, a 280 kilómetros de São Paulo.


 
A Goiânia, capital del estado de Goiás, a 200 kilómetros de Brasilia, ha sido enviada una comisión del Ministerio de Derechos Humanos para analizar los últimos 29 asesinatos de personas sin hogar.


 
Según datos oficiales del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) existen en Brasil no menos de 1,8 millones de personas viviendo en calles y plazas de las ciudades, y menos del 25% de las ciudades tienen políticas para ellas.
 


Sólo en São Paulo se calcula que unas 15.000 personas no tienen casa, 5.000 más que hace diez años. A pesar de que en 2009, el Gobierno del entonces presidente Lula da Silva lanzó el programa de Política Nacional a favor de los vagabundos, las autoridades suelen cerrar los ojos ante esa cruda realidad.
 


Y sin embargo, para el sociólogo Mauricio Botrel, del Centro Nacional de Derechos Humanos, son imprescindibles las políticas locales a favor de estas personas para evitar una “limpieza social” llevada a cabo generalmente en la oscuridad de la noche y aplaudida en silencio por las personas de bien.


 
El fiscal general del Estado de Río Grande do Sul, Eduardo Veiga, presidente del Grupo Nacional de Derechos Humanos, ha afirmado que los Ministerios Públicos de los Estados están siendo orientados a fiscalizar la implantación de comités municipales a favor de los sin techo en todo el país.


 
Que los temores de obispos y fiscales no son infundados lo revela además el precedente de Rio, cuando reporteros del diario Folha de São Paulo descubrieron en 2009 a la alcaldía de Rio recogiendo a vagabundos deprisa y corriendo en el trayecto de la comitiva de la Comisión del Comité Olímpico (COI) responsable de elaborar un informe sobre la presencia del Mundial en la capital carioca.


 
María Cristina Bore, presidenta nacional de las Políticas de la Calle, ha afirmado que una operación de limpieza social de los sin techo “está en la pauta del día”, con motivo del Mundial.


Por Juan Arias Río de Janeiro 29 ABR 2013 - 17:38 CET

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