Martes, 23 Octubre 2012 06:13

Lance Amstrong, al basurero del ciclismo

Lance Amstrong, al basurero del ciclismo
Ginebra, 22 de octubre. La leyenda terminó. El mito del ciclismo, Lance Armstrong, acabó diluido en uno de los mayores escándalos de la historia del deporte, a medio camino entre una investigación dura y una trama casi novelística. El capítulo que cierra el caso estuvo a cargo de la Unión Ciclista Internacional (UCI), la cual hoy borró de los libros la gesta del excepcional texano en la Tour de Francia.


El organismo rector decidió quitar al estadunidense sus siete triunfos en la vuelta francesa, después de aceptar las pruebas de dopaje presentadas contra él hace menos de dos semanas en un extenso informe de la Agencia Antidopaje Estadunidense (USADA). Las pruebas fueron convalidadas y el nombre de quien fue considerado un héroe en el deporte y en la vida –su biografía era inseparable de la lucha contra el cáncer que padeció– desaparecieron.


“La UCI suspenderá a Lance Armstrong de por vida y le quitará los triunfos en la Tour de Francia”, dijo hoy en una abarrotada rueda de prensa, en el hotel Starling del aeropuerto de Ginebra, el presidente de la UCI, el irlandés Pat McQuaid, quien dio el anuncio y reconoció que se sintió asqueado durante la lectura del informe de USADA que condujo a este fallo. “Lance Armstrong no tiene lugar en el ciclismo; merece ser olvidado”, agregó.


El estadunidense, que nunca dio positivo en los 218 controles a los que fue sometido y siempre negó las acusaciones, perderá los premios que logró de 1999 a 2005. Nadie ganó tantas veces como Armstrong en la carrera más importante del mundo en ese terreno.


La UCI decidirá el viernes si concede el triunfo a otro corredor, recorriendo la clasificación y declarando campeones a los segundos calificados entre 1999 y 2005, o si deja desiertos los podios, como pide la organización de la Tour de Francia. Lo hará durante una reunión extraordinaria en la que también discutirá si exige al texano la devolución del dinero de los premios.


“Hoy es un día histórico para el deporte limpio”, dijo el jefe de la USADA, Travis Tygart, erigido en una suerte de sabueso que dirigió una minuciosa investigación para delatar el mayor caso de dopaje en la historia deportiva. “La UCI tomó la decisión correcta”, añadió el funcionario, quien advirtió, sin embargo, que la lucha contra el dopaje aún no se ha ganado y alentó al ciclismo a perseguir a los “muchos médicos y jefes de equipo corruptos”.


Durante los últimos 12 días, Armstrong no sólo vio cómo se derrumbaba su mito ante varios frentes que cuestionaban los éxitos de su carrera –tuvo incluso que dimitir como presidente de su fundación de lucha contra el cáncer–, sino también perdió el apoyo de prácticamente todos sus patrocinadores, entre ellos la poderosa Nike y, hoy mismo, la fabricante de gafas para sol Oakley.
“Sobre la devolución de los premios ganados, el reglamento de la UCI es claro: cuando a un corredor se le quita un lugar que le reportó dinero, tiene que rembolsarlo”, dijo hoy el jefe de la Tour, Christian Prudhomme, en París, donde el miércoles se presentará el trazado de la edición número 100 de la carrera.


Según cálculos del diario L’Equipe, Armstrong ganó en total casi tres millones de euros (unos cuatro millones de dólares) por sus éxitos en la Tour. Además, sobrevuela sobre su cabeza la amenaza de un proceso penal por perjurio que podríía llevarlo a la cárcel, pues en 2005 aseguró ante un juez, bajo juramento, que nunca se había dopado.


La USADA publicó el 10 de octubre un demoledor expediente de más de mil páginas de informes y apéndices documentales donde desnudaba las prácticas dopantes llevadas a cabo por el US Postal y el Discovery Channel de Armstrong, al que acusó de poner en pie el “más sofisticado, profesional y exitoso sistema de dopajr jamás visto en el deporte”.


Once ex compañeros de Armstrong fueron testigos de cargo; sus testimonios hablan de uso y posesión de EPO, transfusiones de sangre, testosterona, hormonas de crecimiento y sustancias enmascaradoras en los equipos del texano, además de tráfico con otros ciclistas.


Armstrong exigió que sus colegas de equipo utilizaran productos dopantes para apoyar sus objetivos, señala el informe, y acusa al corredor de haber creado un “pequeño ejército de ayudantes y médicos de dopaje y traficantes”.


El informe de la USADA fue también un golpe frontal a la UCI, a la que algunos testimonios acusan de complacencia o de abierta complicidad con Armstrong, de quien ocultaron resultados positivos en las pruebas antidopajes. McQuaid lo negó, rechazó dimitir como presidente y defendió también a su polémico antecesor, el holandés Hein Verbruggen.


“Por supuesto que siempre se puede decir que podríamos haber hecho más”, dijo el jefe de la UCI. “Pero sólo se puede hacer lo que permite el sistema que está en vigor”, apuntó.


El problema al que se enfrenta ahora la UCI es que la mayoría de los ciclistas que subieron al podio con el estadunidense, si deciden declarar nuevos ganadores de la Tour, están salpicados por casos de dopaje, como los alemanes Jan Ullrich y Andreas Klöden, el español Joseba Beloki o el italiano Ivan Basso.


Prudhomme abogó hoy de nuevo por que el palmarés quede desierto: “Aquella época debe ser señalada como la época en la que no hubo vencedores”.


Agencias

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Lunes, 10 Septiembre 2012 06:16

Burlesque democrático

Burlesque democrático
Después de las convenciones de los dos partidos políticos nacionales, uno se queda con una serie de impresiones que –más allá del análisis de los discursos y de la coreografía de cada espectáculo– no necesariamente tienen algún valor político ni sirven para pronosticar nada, pero tal vez ofrecen algunos vistazos detrás del telón.


Stephen Colbert, el gran cómico satírico, comentó que, después de presenciar estos espectáculos y saludar a tantos políticos y tantos ricos, lo primero que uno desea hacer es lavarse las manos con jabón antibacteriológico.


En Tampa, mientras los delegados y candidatos del Partido Republicano hablaban de Dios, Patria y Familia, y los valores cristianos, y ordenaban a las mujeres portarse bien, en los numerosos antros para "caballeros" cada noche los esperaban las strippers, y parece que la Convención Republicana fue un gran éxito para estos negocios. Pero tal vez los más atractivos fueron donde algunas strippers se disfrazaron de Sarah Palin, la ex candidata republicana a la vicepresidencia hace cuatro años y heroína de los ultraconservadores. Al parecer, para algunos no hay mayor fantasía que ver a una cristiana ultraconservadora bailar y desnudarse, y que se aproxime para ofrecer un table dance íntimo.


Por cierto, también hubo buen negocio para estos antros en Charlotte. De hecho, la estrella de ese show, Bill Clinton, es recordado tanto por sus logros políticos como por sus hazañas sexuales en la Casa Blanca.


Lo cual hace pensar que no hay mucha diferencia entre estos antros y lo que sucedía dentro de las convenciones: son dos tipos de burlesque, donde en cada uno, a cambio de dinero, hay grandes ilusiones que tiene que ver con seducciones falsas. De hecho, los antros para caballeros son mucho más honestos que las convenciones. En los primeros nadie pretende nada, sólo jugar al sexo, la atracción a cambio de lana. En los segundos, se juega algo mucho más peligroso: a cambio de lana se pretende que todo esto es para el bien del país y del mundo, cuando sólo sirve a los que pagan.


La pornografía real estaba en las convenciones, donde los políticos más poderosos se presentaban en público como representantes del pueblo pero detrás de las cortinas acudían a cocteles y fiestas donde los multimillonarios los convocaban para diálogos privados, fuera de la vista de la plebe, sobre cómo conducir los "intereses" del país y a cambio estos ricos invierten millones en lo que será la elección más cara de la historia.


Y las consecuencias y lo que está en juego es mucho más grave y complicado de lo que pasa en un antro para caballeros.


La posición reaccionaria –para evitar una palabra aún más alarmante– de los republicanos directamente amenaza, de hecho propone, revertir décadas de logros sociales, como programas de asistencia social, la educación pública, derechos laborales, derechos de la mujer y, ni hablar, los recientes derechos obtenidos por la lucha de la comunidad gay. Las expresiones racistas y antimigrantes están cristalizadas en medidas para revertir las luchas del movimiento de derechos civiles, como la expresa xenofobia contra los que llegan de países no blancos en las propuestas de control de migración. Todo esto, y más, ha hecho huir del partido a varios republicanos tradicionales, alarmados porque el partido ha sido capturado por fuerzas extremistas.


Por el lado de los demócratas, no cabe duda de que llegar del mar blanco de asistentes en Tampa –donde tal vez el único oasis de diversidad eran los periodistas extranjeros– al mosaico estadunidense multicolor y multilingüe congregado en Charlotte fue un retorno a algo más civilizado, aunque de nuevo era un espectáculo más, o sea, estaba prefabricado. Sin embargo, las tensiones entre las corrientes demócratas –sindicatos, ambientalistas, fuerzas progresistas antiguerra, los latinos y afroestadunidenses, mujeres, gays, entre otros– expresaban algo más real, más humano, aunque a ninguna voz disidente se le permitió expresarse desde el podio: eso sería demasiada democracia.


Pero tal vez porque era más real y humano fue también más contrastante lo que se decía y lo que se sabe. Por ejemplo, escuchar a Barack Obama hablar de cómo ha llevado a cabo su promesa de concluir las guerras de Irak y Afganistán, mientras todos saben que ahora hay operaciones militares estadunidenses en más lugares del mundo que durante la presidencia de su antecesor. O escuchar frases elegantemente formuladas sobre cómo "todos tienen que jugar con las mismas reglas", ricos y pobres, mientras todos saben que los titanes de la industria financiera que provocaron un desastre dejando a millones sin empleo, sin casa y sin futuro aún gozan con arrogante impunidad sus delitos y engaños, y que casi ningún político se atreve a llevarlos a la justicia; de eso, ni una sola palabra por Obama.


La indisputable estrella del espectáculo, el ex presidente Bill Clinton, ofreció una magnífica condena a las políticas republicanas y a su "irresponsabilidad" pero jamás mencionó que fueron él y su equipo económico –cuando estaba en la Casa Blanca– quienes facilitaron que esta crisis estallara al anular una ley conocida como Glass-Steagall, una de las reformas más importantes después de la gran depresión, que separó a los bancos comerciales de los bancos inversionistas. Al anular esa ley, los grandes bancos comerciales y de inversión se fusionaron, y eso en parte llevó a la detonación y la gravedad de lo que ahora se llama la gran recesión.


La buena política retórica no necesariamente tiene que ver con la verdad. Aunque el mensaje de los demócratas era mucho más "progresista" que el de los republicanos, al final también hay acuerdos básicos entre ambos: eso de asegurar que este país es "la mejor nación del planeta", que ambos se comprometen a mantenerlo como el "más poderoso", y que el libre mercado y el libre comercio son ingredientes básicos de lo que llaman "libertad".


Al comparar espectáculos, en los hechos la verdad no se desnudaba en las convenciones, mientras en los antros la verdad es irrelevante, pero por lo menos había algo desnudo.
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Martes, 07 Agosto 2012 06:47

¿De qué sirven los megaeventos?

¿De qué sirven los megaeventos?
Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no sólo ponen a Gran Bretaña bajo los reflectores, sino también llaman la atención sobre preguntas relativas al valor económico de los “megaeventos” en general. Medir el impacto neto de tales acontecimientos en las economías que los albergan está envuelto en complicaciones, y en los países que se postulan para ser anfitriones existe la tentación de exagerar los beneficios esperados. El legado en términos de inversión de infraestructura y renovación urbana tiene valor perdurable, pero los argumentos en pro de realizarlos, en términos económicos, siguen sin ser concluyentes.

 
Una de las grandes paradojas de los megaeventos es que la justificación económica para efectuarlos dista de ser clara, pero la política impulsa a los presuntos anfitriones a enfatizar tales beneficios. Abundan las historias de Juegos Olímpicos que perdieron dinero, en tanto ciertos textos académicos cuestionan si los megaeventos cumplen sus promesas económicas y si los organizadores son lo bastante críticos y objetivos al evaluar su impacto. Los escépticos alegan a menudo que ser anfitrión de megaeventos es asunto de prestigio nacional tanto como de economía, y que la teoría del “beneficio económico” sencillamente está diseñada para legitimar lo que parece un costoso ejercicio de relaciones públicas.

 
Separar el impacto económico de los megaeventos, haciendo abstracción de los efectos de otras variables, es complicado. Eventos como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial de futbol conllevan grandes costos de oportunidad. La construcción de estadios, instalaciones e infraestructura de transporte puede desviar la inversión de otros proyectos tanto o más importantes. El incremento del turismo y del gasto de consumo durante el evento puede verse contrarrestado por un descenso en la llegada de turistas no ligados a él (los cuales pueden optar por ir a otro lado para evitar las multitudes) y por una reducción del gasto doméstico en otros bienes y servicios o en otros lugares (por ejemplo, los consumidores británicos que acuden a uno de los eventos de Londres 2012 probablemente supriman algunos de sus gastos normales en diversión para poder pagar su excursión olímpica).

 
Esos costos de oportunidad están, casi por definición, sujetos a que se reúnan ciertas condiciones, lo que dificulta determinar cuánto se habría beneficiado una economía si el megaevento en cuestión no se hubiera llevado a cabo. Los estudios previos de impacto económico invariablemente proyectan la cantidad de inversión y el ingreso turístico que un evento atraerá, el número de empleos que creará, pero éstos pueden presentarse en una base general que pase por alto el desplazamiento de una actividad económica por otra. La construcción de estadios, por ejemplo, crea una escasez de empleos en la industria de la construcción que impide continuar otros proyectos o incrementa sus costos laborales. Por lo menos un documento académico ha hecho la interesante observación de que los estudios previos a los eventos tienden a ser más numerosos que los posteriores, porque el incentivo de ganar una postulación es la principal razón para encargarlos.

 
Hay otras razones que dificultan medir el impacto de los megaeventos. A menudo se presenta la renovación urbana como una de las justificaciones para la fuerte inversión en infraestructura. Sin embargo, algunas renovaciones se hubieran concretado de cualquier manera y no deben atribuirse al evento. Dicho esto, la impostergable fecha de entrega para un megaevento puede ayudar a acelerar inversión muy necesaria en zonas degradadas, o asegurar que el financiamiento se mantenga aunque la economía en general se deteriore. (La Copa del Mundo 2010 en Sudáfrica aceleró la inversión en infraestructura.)

 
Persiste el peligro de que la inversión en estadios –pese a las protestas de los gobiernos– deje un magro legado económico una vez que el megaevento pasa, y de que esas instalaciones después tengan poco uso y resulten elefantes blancos de oneroso mantenimiento. Los países que construyen menos estadios nuevos y gastan más en renovación urbana pueden tener mejores legados de sus eventos. De hecho, mientras mejor se combine la infraestructura con los requerimientos generales de la economía anfitriona, más probable es que ofrezcan un genuino beneficio a largo plazo. A menudo se considera a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 como unos de los más exitosos desde este punto de vista. Según un estudio, las instalaciones deportivas representaron apenas 9% de la inversión en construcción, y la mayor parte del resto se destinó a renovación urbana general.


Tal vez sean más complejos los aspectos que rodean a la infraestructura de transporte. El argumento tradicional de los críticos es que construir caminos y vías férreas hacia los estadios desvía el gasto en transporte para la población local que tiene mayor actividad en tiempos normales. Sin embargo, las instalaciones de transporte que se planean con cuidado pueden rendir un beneficio duradero a la comunidad. En otras palabras, un megaevento es de dudosa utilidad si todo lo que hace es propiciar inversiones en rutas de transporte que sobre todo conducen a estadios y no a zonas comerciales o residenciales. Pero si se evita este peligro, la infraestructura en transporte relativa al evento puede dejar un legado importante.
 

Nuevo clima
 


Se puede sostener que la resaca de la crisis financiera de 2008-09 añadió dos dimensiones al debate sobre la economía de los megaeventos. La primera es que el deterioro de las finanzas públicas de los países ricos podría aumentar la presión sobre los gobiernos para rendir cuentas sobre el dinero de los contribuyentes, tarea que, como se indicó arriba, se complica cuando se trata de demostrar que la inversión en megaeventos es el mejor uso del dinero público. El paquete de financiamiento del sector público para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se ha disparado de su presupuesto original de 2 mil 400 millones de libras (3 mil 800 mdd) a 9 mil 300 millones (14 mil 600 mdd).

 
La segunda dimensión es que los países ricos con problemas de liquidez podrían sentirse menos inclinados en lo futuro a postularse para megaeventos demasiado costosos, lo cual podría alentar a economías emergentes más sanas a buscar ser anfitrionas. La advertencia de cautela en este argumento es que Brasil, China y Rusia albergarán o han albergado megaeventos en fechas recientes. (India, la otra economía principal del BRIC, quedó en vergüenza por el mal manejo de los Juegos de la Mancomunidad 2010, y tal vez no desee nuevas desventuras.) Si bien las naciones en desarrollo podrían no tener restricciones fiscales tan severas como algunas economías avanzadas en dificultades, puede que para ellas sea más fuerte el argumento a favor de un análisis costo-beneficio crítico y objetivo: gastar en la construcción de proyectos triunfales podría desplazar a la inversión en infraestructura básica.
 

Panorama para Londres

 
El primer ministro británico, David Cameron, ha dicho que Londres 2012 dará un impulso de más de 13 mil millones de libras en el curso de cuatro años, aunque no está claro qué significa eso exactamente. Sin duda, EIU no prevé un impulso al PIB británico a corto plazo como resultado de los juegos. Creemos que la economía se recuperará un tanto en el tercer trimestre, luego de los muy pobres datos del PIB del segundo trimestre dados a conocer el 25 de julio. Sin embargo, esto se deberá en su mayor parte a efectos de calendario y no se puede atribuir directamente a los juegos, cuyo impacto en todo caso probablemente será demasiado pequeño para afectar en forma significativa los macroindicadores en una economía de 1.6 billones de libras. Más bien, creemos que cualquier impulso relacionado con los juegos ya ha ocurrido en su mayor parte en el sector de la construcción en años pasados, lo que posiblemente ayude a explicar el razonable desempeño del sector con posterioridad a la crisis, entre 2009 y mediados de 2011 (la producción del sector ha estado en caída libre desde principios de 2012).
 

Traducción de textos: Jorge Anaya

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Lunes, 23 Julio 2012 07:01

Vampiros

Vampiros
La sangre de niños y jóvenes corrió por la sala mientras en la pantalla un hombre murciélago trataba de defender a su metrópoli de las fuerzas oscuras. Ese día en Aurora, Colorado, Batman fracasó.


El enemigo es tan feroz que ni el presidente, el gobernador, el Pentágono, un líder legislativo y, aparentemente, ni un superhéroe se atreven a desafiarlo, y todos se limitaron a expresar su profunda tristeza, lamentar el saldo del asalto mortal y pedir a todos “orar”.


“No necesitamos simpatía, sino acción”, fue la respuesta de la Campaña Brady para Detener la Violencia Armada, principal organización nacional dedicada a promover mayor control sobre el acceso a las armas de fuego en este país. Sin embargo, ningún experto o activista cree que la tragedia en el suburbio de clase media de Denver cambiará las cosas en este país.


A pesar de que esta escena se ha repetido tantas veces, hoy día hay menos control sobre las armas en manos privadas, lo que permite que se repitan estas escenas. Es como si estos espectáculos de sangre nutrieran algo enfermo en este país, como si fuera un vampiro.


Desde que asesinaron a balazos a Martin Luther King y Robert Kennedy, en 1968, más de un millón de estadunidenses han muerto por violencia de armas de fuego en este país, según el Fondo para la Defensa de los Niños. Durante las últimas décadas, hay más vidas perdidas en este país por violencia de armas de fuego que el total de muertos estadunidenses en todas las guerras que ha librado Estados Unidos, señala el veterano periodista Bill Moyers.


Aun así, aquí se permite que casi cualquiera pueda adquirir más instrumentos de sangre y muerte, como lo hizo el responsable del multihomicidio en Aurora, quien compró un rifle de asalto AK-15, dos pistolas Glock y una escopeta en una tienda sin ningún problema. Todo legal. Eso se puede hacer a lo largo y ancho del país. Cada año se celebran aproximadamente cinco mil ferias de armas, donde incluso hay menos regulaciones para adquirirlas. Uno de cada cuatro adultos estadunidenses es dueño de armas de fuego.


De hecho, esta sociedad civil, la más armada del planeta, compra más de 4.5 millones de armas de fuego cada año. Hoy día hay suficientes pistolas, rifles y escopetas en manos privadas como para armar a cada estadunidense adulto (casi 300 millones de armas de fuego).


¿Cómo explicar que existen menos controles sobre las armas a lo largo de estos últimos años, a pesar de las balaceras en Virginia Tech hace cinco años; en la preparatoria Columbine hace 13, otra en un preparatoria de Ohio en febrero de este año, la muerte de Trayvon Martin en Florida, entre otras, más los tiroteos mortales que se reportan diariamente en Chicago, así como en otras grandes ciudades, más las noticias de todas las armas estadunidenses que provocan muertes en México y otros países? ¿Cómo explicar que, ante todo esto, la opinión pública estadunidense se oponga cada vez más a tener mayores controles sobre las armas en manos privadas (según los sondeos de Gallup, el porcentaje de estadunidenses que favorece leyes más estrictas se desplomó de 78 por ciento en 1990 a 44 por ciento en 2010, reportó Reuters)? ¿Cómo entender todo esto, no obstante que cada año en este país mueren aproximadamente 30 mil personas por armas de fuego, 87 en promedio cada día? ¿Cómo explicar que 49 de los 50 estados tienen alguna ley que permite a las personas portar armas ocultas fuera de sus casas para su “defensa”?


Parte de la explicación gira en torno a la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con más de 4 millones de miembros, una de las organizaciones más poderosas de este país. A través de su intenso cabildeo, en el que invierte millones para “cultivar” políticos y promover medidas contra todo control a las armas de fuego, han logrado tener una influencia casi sin paralelo. Junto a otras organizaciones, la industria de armas y aliados poderosos ha logrado definir el acceso a las armas como derecho constitucional y una “libertad” individual sagrada. Insiste en que “las armas no matan; matan las personas”.


De hecho, cuando políticos o activistas mexicanos exigen mayor control a la venta de armas en Estados Unidos, estas agrupaciones y sus aliados políticos acusan que esto implica una violación de un derecho protegido por la Constitución.

Tan efectivo es todo esto, que el derecho a las armas es considerado por gran parte de la población y por políticos como una “libertad” intocable. Cuando Barack Obama era legislador estatal y después senador federal, fue un ferviente promotor de mayor control de armas, pero desde que llegó a la Casa Blanca, e incluso ahora ante esta tragedia, no menciona tal cosa, ajustándose, afirman analistas, a la “realidad política”. El viernes Obama sólo se atrevió a declarar: “si hay algo que sacar de esta tragedia, es el recordatorio de que la vida es muy frágil”.


La NRA puede movilizar a miles para oponerse a todo intento de mayor control, como apoyar o atacar a políticos con su presupuesto anual de cientos de millones de dólares (ha gastado decenas de millones para atacar a Obama). Por ello, especialmente durante un año electoral, ni el presidente ni casi ningún político mencionará y menos promoverá un mayor control de armas en este país (especialmente cuando ciertos estados muy inclinados a las armas serán claves para decidir la elección federal en noviembre). El Congreso no ha adoptado ninguna nueva ley importante sobre control de armas desde 1994, mientras la NRA logró su objetivo de anular la prohibición de algunos rifles semiautomáticos –los que se suelen encontrar en crímenes en México– en 2004. Dos tercios de los estadunidenses tienen una opinión favorable de la NRA, según una encuesta de Reuters-Ipsos en abril.


Moyers afirma: “que la ley permita a un lunático enfurecido adquirir fácilmente armas asesinas y no esperar consecuencias asesinas” es engañarnos.


Por ahora, los murciélagos vampiros están felices de que esta película continúe. Mientras tanto, algunos cines están ahora bajo protección armada.

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¿No es una pena que se persiga el dopaje deportivo? Ahora que los dirigentes –públicos y privados- de la sociedad de consumo han conseguido que millones de ciudadanos de a pie rindan culto a unos cuantos dioses apolíneos, resulta que ciertos remilgos sobre la liturgia deportiva han ocasionado un enorme disgusto a los adoradores.

¿Acaso los atletas ahora denostados cada vez corren menos, acaso se han negado a proporcionar espectáculo día tras día, no ponen –incluso- su salud en peligro por mor de su grey y hasta de la bandera nacional? Es justo lo contrario: se les ha exigido más y más, han cumplido y se han hecho merecedores de dinero y adoración. Dioses –o marionetas- para chicos y grandes, aunque bien pagados.

La gente se ha vuelto loca de verdad. Ahora se enfadan con las marionetas –o los dioses- por haber hecho lo que se les ha pedido: entrenamientos de tortura y carreras de galgos (anticipando deliciosamente el nombre de la operación mediática, perdón, judicial, en curso).

El éxtasis entre lo hortera y lo patriótico experimentado por millones en cada competición queda hoy ridiculizado. Los mismos millones no aciertan a reflexionar sobre la esencia del disparatado espectáculo que pagaban con gusto y ahora les sustraen.

Como si los atletas fueran hoy peores o mejores que ayer, como si verles correr una centésima o incluso un segundo más despacio tuviera alguna importancia para sus vidas normalmente antideportivas (el 17% de españoles sufre obesidad y el 55% sobrepeso, según los datos de 2010 de la OCDE). Como si el mismo espectáculo sin sangre alterada fuese sustancialmente diferente.

Es el momento de ponerles convenientemente delante un nuevo asunto morboso –en este caso sobre atletas famosos y traficantes- para distraerles una vez más y tapar todo lo demás.

¿No quería el pueblo tener un puñado de elegidos para realizar en su nombre un moderno sacrificio sobrehumano, casi sobrenatural, no quería entrar en trance gracias a sus médium en pantalón corto?

Pues entonces no es razonable ponerse ahora a discutir sobre si lo hacen así o asá. ¿En qué cabeza cabe que un mozo se ponga a correr 42 kilómetros sin parar a una velocidad media de 3 minutos por kilómetro “por deporte”? Probablemente en la misma que cabe que el PSOE acaba de descubrir, como se deduce de las palabras de sus altos cargos en las instituciones deportivas, algunos con más veinte años de servicio, que las medallas en un espectáculo se dan al que mejor cumple el papel y no al mejor deportista.

Antes descubrió que televisar deporte todos los días a todas horas se parece mucho a prometer el cielo durante la misa pero con resultados instantáneos. No le importó, al contrario, que ver competiciones deportivas en la televisión, adorar en el bar a los dioses que realizan sus milagros sobre el tartán, soñar en horas de trabajo con glorias ajenas y ondear banderas en la calle al paso de unos chicos encaramados en un autobús con fanfarria, no tiene nada que ver con el deporte.

¿Qué hace que unas personas se entusiasmen hasta el paroxismo en grupo con hazañas físicas, cuya teoría y práctica apenas entienden y que por supuesto son incapaces de imitar siquiera de lejos ni maldita falta que hace?

Quizás la gente ha sido hábilmente inducida a sustituir religión por deporte. El diccionario de la Real Academia identifica religión con “creencias y dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor (…) principalmente la oración y el sacrifico para darle culto”, mientras que el deporte lo define como “ recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre” en su segunda acepción. Añade que hacer algo “por deporte” es hacerlo “por gusto, desinteresadamente”.

El deporte espectáculo de masas, una nueva religión, no puede ser nada bueno, de otro modo ni los gobiernos ni los mercados lo promocionarían.

Por Agustín Velloso
Rebelión
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Casi todo el mundo tomó demasiado en serio la reunión del G-20 en Londres, el 2 de abril. Los expertos y los críticos la han analizado como si hubiera sido diseñada para lograr algún cambio en las políticas de los estados que participaron. El hecho es que todos los que fueron sabían desde antes que nada que tuviera alguna significación cambiaría como resultado de reunirse, y que los cambios menores que fueron adoptados podrían muy fácilmente haberse arreglado sin dicha reunión.

El punto de la reunión –para Estados Unidos, para Francia y Alemania, para China– fue mostrar a sus públicos en casa que estaban “haciendo algo” acerca de la calamitosa situación económica mundial cuando de hecho no hacían nada que de algún modo significativo salvara el barco del hundimiento.

Probablemente la reunión fue de lo más importante para el presidente Obama. Él fue a demostrar tres cosas: que era popular en lo personal por todo el mundo; que se presentaría a sí mismo con un estilo diplomático muy diferente de aquel de George W. Bush; que esas dos cosas juntas harían la diferencia.

Obama ciertamente demostró las dos primeras. Fue aclamado por las multitudes en todas partes –en Londres, en París, en Estrasburgo, en Alemania, en Praga y en Turquía, así como por los soldados estadunidenses en Irak. También lo hicieron con Michelle Obama. Y ciertamente empleó un estilo diplomático diferente. Todos sus interlocutores dijeron que los tomaba en serio, que los escuchaba con atención, que admitió los errores pasados y limitaciones de Estados Unidos, y que pareció abierto a soluciones de compromiso en cuanto a las disputas diplomáticas –nada de lo que podrían haber acusado a Bush.

¿Pero hizo esto alguna diferencia en lograr los objetivos diplomáticos estadunidenses? Es difícil verlo de este modo. No se resolvió en lo absoluto el debate entre, por un lado, el enfoque estadunidense de reavivar la economía-mundo (con más “estimulo”), enfoque apoyado por Gran Bretaña y Japón, y, por otro lado, el enfoque germano-francés (más “regulación” internacional de las instituciones financieras). Más allá de los méritos de ambos argumentos, ambos lados se plantaron en su postura y el comunicado simplemente obvió las diferencias.

Es cierto que el G-20 accedió a reunir un paquete de 1.1 billones de dólares para otorgarlo al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que emita los llamados Derechos Especiales de Giro (DEG) como parte de un “plan global de recuperación a una escala sin precedentes”. Pero como han señalado muchos comentaristas, la escala del esfuerzo es mucho menor de lo que está implicado. Primero que nada, parte de esto no es dinero nuevo. Segundo, esto es para financiar y no necesariamente gastar. Tercero, 60 por ciento de los DEG se irán para Estados Unidos, Europa y China, que no los necesitan. Y cuarto, 1.1 billones no es tanto cuando se les coloca junto a los 5 billones que ya fueron destinados a los planes de estímulos fiscales por todo el globo.

Todos salieron contra el proteccionismo y propusieron hacer cosas al respecto. Pero no se adoptaron medidas vinculantes. Además, hay tres clases diferentes de proteccionismo en cuestión.

La primera es la protección de las industrias propias, algo que virtualmente todos los miembros del G-20 ya hacían y que probablemente seguirán haciendo. La segunda es la regulación de los fondos de cobertura y de las agencias de calificación crediticia. Los chinos se alegran por esto, mientras que Estados Unidos y Europa occidental están dudosos. La tercera es regular los paraísos fiscales. Los europeos impulsan esto, los chinos permanecen inmutables y Estados Unidos se halla entre ambos. Nada cambió en Londres.

Pareció que los franceses y los alemanes utilizaron la reunión de Londres más para demostrar que los compromisos geopolíticos que rehusaron hacer con Bush también se rehusarán a hacerlos con Obama. El diario alemán Der Spiegel fue rudo en su juicio. Dijo que la causa del desastre financiero era que George W. Bush era un “cultivador de amapola” que había “inundado el mundo entero [con dólares baratos], creando un crecimiento falso y causando una burbuja especulativa”. Y lo peor: “el cambio en el gobierno de Washington no ha traído un regreso a una autorrestricción y una solidez. Por el contrario, conduce a más abandono”. Su conclusión fue: la canciller alemana Angela Merker tiene razón. “Occidente bien puede estarse inyectando una sobredosis fatal.”

En el ámbito geopolítico, el enfoque franco-alemán hacia Afganistán se mantuvo sin cambio –respaldo verbal de los objetivos estadunidenses, pero no más tropas. ¿Recibirían a los prisioneros liberados de Guantánamo? Alemania continúa diciendo que no. Francia accedió, con gran magnanimidad, a aceptar uno –sí, uno.

Obama dio un discurso importante en Praga delineando un llamado al desarme nuclear –supuestamente un gran cambio con respecto a la posición de Bush. El diario conservador francés Le Figaro informa que la célula diplomática del círculo interno de Sarkozy asumió un punto de vista muy “abrasivo” acerca del discurso. Meras relaciones públicas, dijeron, que enmascaran el hecho de que las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia sobre la cuestión no están llegando a ningún lado. Es más, Francia ya no va a aceptar reprimendas morales de los estadunidenses. En eso se resume el nuevo estilo diplomático de Obama que intenta apaciguar a los europeos occidentales.

En otros lados, tampoco le funcionó mucho mejor con las poblaciones de Europa centro-oriental, donde el primer ministro saliente, conservador, de la República Checa, Mirek Topolanek, denunció las propuestas de Obama, de más estímulo, como “un camino al infierno”. El discurso de Obama en el parlamento turco le ganó gran aplauso de todas las facciones (excepto de la derecha protofascista) por su enfoque concreto y modulado relativo a las cuestiones turcas. Pero los observadores anotaron que el lenguaje en torno a las cuestiones de Medio Oriente fue tradicional y vago.

Lo que China quería de la reunión del G-20 es que ocurriera esta reunión. China quería ser incluido en el círculo interno de quienes toman las decisiones en el mundo. Celebrar una reunión del G-20 hizo posible esta nueva realidad. Cuando el G-20 decidió reunirse de nuevo, confirmó el lugar de China. ¿Se volverá a reunir el G-8 alguna vez? Dicho esto, China mostró su reserva acerca de las decisiones que ocurrieron, en muchas formas. Ofreció una cantidad irrisoria al nuevo paquete del FMI. Después de todo, no le dieron garantías de que habrá una reforma real de la gobernanza del FMI, que podría acordar un papel apropiado para China.
En suma lo que podemos decir es que los principales actores desfilaron por la escena mundial. ¿Alguna vez tuvieron la intención de hacer algo más que eso? Probablemente no. El declinar económico mundial continúa su camino tendido, como si la reunión del G-20 nunca hubiera ocurrido.

Por, Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 09 Enero 2009 08:19

Gaza salpica los estadios


"Saludé con el brazo en alto porque es un gesto de camarada a camaradas". Este es el banal argumento que utilizó Paolo Di Canio, futbolista del Lazio, para justificar su saludo fascista hacia la grada ocupada por los ultras de su equipo después de un derbi romano disputado en diciembre de 2005. Aquella tarde, el veterano jugador reprodujo un símbolo que evocaba directamente a la época más oscura y amarga de la historia de Italia. "Es un poco exhibicionista, pero es un buen chico", razonó el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. "Fue un gesto de emoción", alegó, por su parte, el presidente lacial, Claudio Lotito, en defensa de un futbolista que no dudó en exponer públicamente su afinidad hacia el régimen pregonado por Mussolini un siglo atrás. Pero el caso de Di Canio no es una excepción. Han sido muchos los deportistas que se han posicionado a favor de una determinada causa política o un problema social. El último, Frederic Kanouté, integrante del Sevilla.

Nacido en Francia, pero con pasaporte malí, el ariete del conjunto andaluz se refugió en el Islam a una edad temprana "porque contestaba a todas mis preguntas". Pero más allá de sus profundas convicciones religiosas y la fe que profesa por Alá, Kanouté ha demostrado en diversas ocasiones que es una persona comprometida. Pese a haber podido jugar en una referencia futbolística como la selección francesa, Fredy (así le conocen sus allegados) optó por Mali como respuesta a su sensibilidad hacia el continente africano. Allí, en Bamako, ha desarrollado un proyecto solidario para que los niños más desfavorecidos del país puedan estudiar y jugar al fútbol. Concienciado por el conflicto que azota a Gaza, el pasado miércoles Kanouté dio un paso más en su lucha. Tras marcar el segundo gol del Sevilla frente al Deportivo en un partido de Copa, exhibió una camiseta reivindicativa a favor de Palestina.

Sobre un fondo negro salpicado de letras blancas y en cuatro idiomas, quiso enviar un mensaje a favor de la histórica región de Oriente Próximo, asolada desde finales de enero por los continuos bombardeos de Israel. El futbolista no se ha quedado solo. Un día después, la embajada palestina en España respaldó su acción. "Es un paso muy importante hacia delante. El delantero del Sevilla ha demostrado ser una persona muy valiente apoyando a nuestro pueblo en un acto público. Los deportistas son seres humanos y no pueden reprimir sus sentimientos. Seguro que los niños palestinos, que aman el fútbol español, se alegran por este gesto". Mientras, el técnico del Valencia, Unai Emery, reclamaba desde la sala de prensa de la ciudad deportiva de Paterna el final del conflicto. "No sé si es el lugar apropiado para hacerlo, pero al 2009 le pido que se termine esta guerra, que dura ya demasiados años".

La sombra alargada de Di Canio

Como fenómenos de masas, la política y el deporte han mantenido un nexo encubierto, más allá de las gradas, que registra casos especialmente singulares. Deportistas de élite que toman partido. La estampa de Di Canio con el brazo alzado en el Olímpico de Roma es uno de los exponentes más claros en los últimos tiempos. Al margen del saludo fascista, el jugador exhibe con orgullo un tatuaje en el que hace referencia al Dux (Duce, caudillo italiano). "Soy fascista, no un racista", declaró. "El saludo era para mi gente. Con el brazo en alto no quiero incitar a la violencia y mucho menos al odio racial". Antes de ser futbolista, en plena adolescencia, era él quien ocupaba un hueco entre la facción más dura de los ultras del Lazio, adheridos a la extrema derecha. Quizá por eso, el partido ultraderechista Alianza Nacional propuso una colecta entre los aficionados para pagar la sanción que le impuso la federación italiana (un partido y 10.000 euros de multa).

Su compatriota Gianluigi Buffon fue menos expresivo, pero más enigmático. En el inicio de su carrera, en las filas del Parma, el flamante portero de la selección italiana mostró una camiseta en la que se podía leer el eslogan Boia chi molla (Verdugo al que afloja), el grito de batalla preferido por Mussolini y los camisas negras. Ante el aluvión de acusaciones que le relacionaban con el fascismo, él apeló a la cotidianeidad de la expresión entre los habitantes de su región de origen (la Emilia Romagna), aunque poco después, Buffon no tuvo mejor idea que escoger el dorsal 88 para su camiseta, un número que los neonazis alemanes emplean para expresar Heil Hitler! (la h es la octava letra del alfabeto).

Frente a la ambigüedad del guardameta y el patriotismo exacerbado de Di Canio, en Italia existe otro futbolista de gran calado político que festeja sus goles puño en alto. Cristiano Lucarelli es uno de los estandartes del comunismo en el Calcio. Nacido en Livorno, cuna del Partido Comunista italiano, mostró la efigie del Che Guevara en 1997 tras marcar un gol con la selección sub21'. Jamás volvió a ser convocado. En 2003, a Lucarelli se le presentó la oportunidad de jugar para el equipo de sus amores. A pesar de tener sobre la mesa ofertas de otros equipos de la Serie A y contratos con muchos ceros, él se decantó por el Livorno, la Serie B y un salario muy inferior al que le ofrecían en otros sitios. Allí, en su ciudad natal, colaboró en la fundación de un periódico con el objetivo de generar empleo y difundir ideas. "Mi ciudad está en crisis y mi deseo siempre ha sido crear puestos de trabajo. Sólo con el diario ya suman dieciocho", expuso.

El 'Black Power' se reivindica en México

Alejados de los terrenos de juego, sobre las pistas de atletismo, Tommie Smith y John Carlos, atletas estadounidenses de raza negra, convulsionaron al mundo con su protesta contra el racismo en los Juegos Olímpicos de México de 1868. La estampa de los dos velocistas en el podio con sus puños enfundados en dos guantes negros pasará a la historia como uno de los grandes iconos del Black Power. Smith, motor de la reivindicación, era el séptimo hijo de los doce que tenía un recogedor de algodón de Texas. Hastiado de los abusos, la discriminación y las vejaciones que tuvo que padecer su familia, encontró en el deporte el canal idóneo para expandir su mensaje. "John, ha llegado el momento. Aquí están todos estos años de sufrimiento, de miedo. Yo voy a hacerlo. Tú decides lo que quieras", dijo. "Tommie, si alguien dispara, ya conoces el sonido. Muévete rápido", respondió Carlos.

En las elecciones americanas de este año, Smith pidió el voto para Obama, al igual que muchos otros deportistas afroamericanos del país. En Eindhoven, el nadador serbio Milorad Cavic fue expulsado de los Europeos de natación por lucir una camiseta con el lema "Kosovo es Serbia". Más cercano, el conflicto de las selecciones autonómicas experimentó un nuevo episodio en diciembre cuando 165 futbolistas y ex futbolistas vascos firmaron un manifiesto para jugar bajo la denominación de Euskal Herria. La ofensiva de Israel sobre Gaza tampoco ha quedado al margen de las canchas de baloncesto. El pasado martes, el partido entre el Turk Telecom y el equipo israelí Bnei Hasharon tuvo que ser suspendido debido a los incidentes protagonizados por el público turco, que profirió gritos como "¡Dios es grande!" o "¡Israel asesino!". Los jugadores visitantes tuvieron que abandonar el pabellón entre insultos y escoltados por las fuerzas de seguridad.

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La barca perdida en el océano de nuestro tiempo


Los “Rostros del autoritarismo” contemporáneo son muchos y diversos. De esos múltiples rostros está hecho nuestro tiempo. La conversión de todo en espectáculo, la fuga del pensamiento crítico del escenario de la cultura, la insolidaridad hiper-egoísta, el desentendimiento de lo político, la evaporación de las ideologías de compromiso social y solidaridad humana, la liquidez de todo tipo de vínculo, incluido el amoroso y familiar, la banalidad, la velocidad de todo en la que nada está llamado a perdurar, la implosión que desjerarquiza el mundo y todo lo deja reducido a un mismo nivel de importancia, la saturación informática, el “show” omnipresente de la vida íntima como mercancía de consumo, en fin. En estos textos de Carlos Fajardo Fajardo, quedan sin piedad desnudados, debajo de su pellejo invisible, los que el autor denomina “rostros del autoritarismo” contemporáneo.

De la lectura de estos breves pero contundentes ejercicios ensayísticos, queda un agridulce sabor. Ya no es posible hacer casi nada en contra del dulce despotismo que caracteriza nuestro tiempo. Pero hay al parecer en estos documentos una propuesta, para no perder del todo la esperanza: el artista debe denunciar ante los ciegos tales rostros, su modo de operar en la sociedad y en la cultura; debe por lo tanto ejercer la crítica. Este es quizás el único lado optimista que se adivina, en medio del panorama desolador que el autor nos presenta a propósito de los principales rasgos de nuestro tiempo. Al artista y al intelectual les queda una tarea por hacer. Y, mientras haya tarea pendiente de realizar en este mundo, habrá esperanza.

Se nos habla entonces de un artista crítico, de un  intelectual que toma distancia y denuncia en libertad, jamás “embarcados” ninguno de los dos en las lógicas perversas de su época, comprometidos sólo con el ejercicio del pensamiento. Muy bien. ¿Pero, me pregunto, tiene a quién dirigirse hoy en día el artista crítico, el intelectual que hace la denuncia? ¿Pueden el artista y el intelectual prometer algo hoy en día, cuando toda promesa suena a falsedad y la audiencia para estas voces disonantes ha desaparecido progresivamente de la sociedad y la cultura, hasta casi desaparecer?

Pienso que no.

El artista crítico, el intelectual que denuncia lo indebido no han desaparecido todavía de la sociedad y la cultura –Carlos Fajardo lo es él mismo–, por el simple hecho de haber dejado de existir, sino porque no tienen a nadie a quién decirle nada. Lo que ha desaparecido de la sociedad y la cultura contemporáneas es el interlocutor interesado en la crítica, lo que se ha esfumado es la audiencia del intelectual pensante e ilustrado que la modernidad produjo, y de los cuales quedamos por ahí algunos fósiles. El artista crítico que busca la complejidad estética y cognitiva de su obra, el intelectual ilustrado y libre en su autonomía se han quedado solos, han sido despojados de toda autoridad legítima por la banalidad contemporánea de quienes no se avergüenzan ahora de ser iletrados. Ser iletrado y banal es una buena carta de presentación. A los libros serios se les llama “pesados”, aburridos. Ningún ignorante hombre de negocios de nuestro tiempo, que ocupa las primeras páginas de los diarios y los primeros planos de la televisión en razón de su habilidad para crear riqueza, se avergüenza hoy de su condición iletrada. Nuestra cultura ya no es letrada sino basada en la imagen y el espectáculo mediático. Conozco grupos de personas que presumen de no complicarse la vida y se jactan de su actitud anti-intelectual; que se burlan y se compadecen de quienes leen agónicamente. El proyecto Ilustrado de la modernidad ha sido aparatosamente derrotado, pero no tanto porque los hombres ilustrados hayan desaparecido por completo, sino porque lo que se ha esfumado es el escenario de oidores que antes les otorgaba autoridad y legitimidad social y cultural. Los artistas críticos y los intelectuales ilustrados le hablan ahora al vacío. Su poder perturbador ha quedado por completo neutralizado del modo más eficaz e invisible que se hubiera podido imaginar: le han sustraído la audiencia, se la han trasladado al mercado de las imágenes, del “show”, del espectáculo.

Ahora la literatura ha quedado atrapada en las leyes del mercado. La principal ley del mercado consiste en descubrir que el consumidor tiene siempre la razón y que para venderle lo que él compra hay que ofrecerle lo que él quiere. Hubo un tiempo en que los artistas y los intelectuales no se preguntaban por lo que sus lectores querían leer. La lógica era absolutamente la inversa: el artista producía lo que su intención autónoma y rebelde en cuanto a los contenidos y las formas le indicaba, y el lector u observador se enfrentaban precisamente a los productos que los conmovían, que los perturbaban, que les corroían el piso. Ahí radicaba la fuerza estética o intelectual de la obra, y el editor o promotor se la jugaba y arriesgaba, teniendo en cuenta exactamente esa fuerza estética o esa complejidad teórica. Pero hoy ocurre lo opuesto.
Los “consumidores tienen la razón” y hay que satisfacerlos para que compren y consuman estas nuevas mercancías que son los libros de autoayuda o de aeropuerto, las imágenes televisivas del melodrama barato o del traqueto criminal mal-hablado, según las tetas del paraíso o las tijeras de Rosario; el cine de simples efectos o de trucos inocentes que insulta el gusto de cualquier persona medianamente inteligente. Hay entonces que envilecer ahora la fuerza estética hasta hacerla desaparecer, para garantizar el consumo masivo; hay que anularla, para que el consumidor deguste lo que le sea más simple, efectista, banal, ligero, “light”. Shakespeare habló a fondo de la maldad humana, de su condición abyecta y a la vez maravillosa, pero lo hizo de un modo tan serio, hermoso y profundo que lo instaló como punto de referencia indiscutible del cánon literario universal. La criminalidad humana a la colombiana se merece otro Shakespeare contemporáneo, otro Capote, otro Sade. Pero como esa grandeza estética carece por completo en nuestro tiempo de demanda mediática y lo que el circo en masa pide a gritos no es más que morbo y realismos sin elaboración, del peor gusto, los oportunistas “embarcados” en la lógica de los mercados terminan por sustituir a quienes todavía se proponen un estilo, la complejidad, el extrañamiento, el cuidado del lenguaje. El “chillen, putas” de Octavio Paz, relativo al trabajo del poeta que hace crujir el lenguaje en la creación, ya no es la preocupación del escritor “embarcado” en las leyes del mercado literario.

El artista crítico y el intelectual ilustrado han quedado entonces en el vacío por disolución social y cultural del auditorio, que ha sido trasladado al “show”, donde ya no hay exigencia mental sino pleno disfrute de la imagen, del espectáculo, de la intimidad humana convertida en mercancía, del crimen del bajo mundo transformado en golosina mediática, dizque con el pretexto de “mostrar la realidad”. Lo que no reconocen quienes trabajan en esta dirección que el marketing traza, es que la demanda y el mercado es la lógica que los embarca en la medianía o envilecimiento de sus “exitosos” productos. De este modo imperceptible pero progresivo, el país ha quedado atrapado en algo mucho más preocupante de lo que algunos reconocen: el aplastante dominio del mal gusto, que ha envilecido por completo la sensibilidad estética.

Estos textos de Carlos Fajardo Fajardo no sólo contribuyen a reconocer los múltiples rostros del autoritarismo contemporáneo, sino a des-velar el tejido cultural y social donde dicho autoritarismo se refugia. Tal como hace décadas lo explicó Michel Foucault, el poder con todos sus rostros, estrategias y dispositivos no se concentra sólo en el aparato de Estado, sino que se atomiza y disuelve por los vasos comunicantes de todo el tejido social y cultural. De igual manera lo hace el autoritarismo, como lo explica luminosamente el autor de estos textos, que invito a leer con todo el detenimiento que merecen, por su impecable nivel intelectual y por su espléndida escritura.

Fernando Cruz Kronfly