Eusebio Leal, Historiador de La Habana. Foto: Yander Zamora/ La Tiza

 “El que conoce lo bello, y la moral que viene de él,

 no puede vivir luego sin moral y sin belleza”.

José Martí

 

Frente al Historiador de La Habana, Eusebio Leal, se han sentado decenas de personas con el propósito de entrevistarle; de incontables formas se ha recabado su opinión acerca de “lo humano y lo divino”, lo inmaterial y lo tangible. Cuando una sabe que tendrá la posibilidad de estar en ese rol, al inmenso honor se le suma una igual dosis de ansiedad.

¿Qué pregunta, entre todas las deseadas, presentarle? ¿Cuál, que no sea reiterativa? ¿Cómo deslindar y establecer en tan poco tiempo un puente entre su obra de rescate patrimonial y la promoción de una cultura de diseño en el entorno visual del Centro Histórico habanero?

Ante la condicionante de su escaso tiempo es preciso ir a las esencias y centrarnos en el factor común que caracteriza el trabajo de la Oficina del Historiador al intervenir un inmueble, un espacio abierto o editar una publicación: la estética de lo bien hecho.

 La belleza, en su relación con el diseño, no es resultado de una acción cosmética, de una convocatoria a destiempo para poner “lindas” las cosas. En cambio, un producto de buen diseño irradia belleza en la armonía que integran su expresión material, el uso al que invita, las ideas que representa. ¿Cómo se forma en usted la noción de lo bello?

— Para empezar, habría que tomar como exergo ese hermoso poema cantado de Silvio Rodríguez, cuando pide que el rabo de nube se lleve lo feo y deje con nosotros lo bello.

“Lo bello siempre es una relación misteriosa entre nosotros y lo que admiramos, pero no cabe duda de que eso también es fruto de una educación y de la interacción con una serie de señales que nos van marcando pautas.

“Cuando era niño, en la escuela se nos pedía hacer diseños con papelitos de colores, algo parecido al origami japonés. Aquello era una sugerencia para el uso del color y de la forma, para la búsqueda de una estética de la vida cotidiana, que es para mí la cuestión fundamental.

“Hay una necesidad de transmitir a todas las generaciones ese culto a la belleza. Para ello el diseño debe entrar en el universo del hogar y estar presente en los cubiertos, la loza, el vestuario.

“Hace años una gran amiga, Nisia Agüero, realizó grandes esfuerzos por llevar el arte y el diseño a los tejidos. Enseñanzas como esa ayudaron a formar en nosotros —la Oficina del Historiador— una urgencia por decir nuestra palabra a partir de una política: incorporar el diseño a las diferentes esferas de nuestro quehacer. Así lo hicimos con las publicaciones, es algo en lo cual ha trabajado mucho (Carlos Alberto) Masvidal, Premio Nacional de Diseño y que se ejemplifica en los títulos de nuestra casa editora Boloña o en los números de la revista que testimonia nuestra labor, Opus Habana.

“También hemos integrado el diseño a la concepción de una moderna versión del museo que trasciende la muestra de la colección y apuesta por la interactividad; es lo que hemos desarrollado en el Palacio del Segundo Cabo.

“De igual manera, en la nueva museología didáctica dirigida a los niños y jóvenes del Centro a+ espacios adolescentes, hay todo un diseño que aprovecha los códigos de la antigua fábrica que existía donde hoy está enclavada la institución, para hacer un discurso de la belleza en el mundo fabril.

“Hemos tratado de incorporar estos principios en la concepción de una vivienda decorosa y digna, para lo cual hacemos algo más que levantar paredes, dentro de los límites que imponen las carestías. Soy de los que creen que con poco se puede hacer mucho”.

Sin necesidad de pausas para rebuscar en el pasado, Eusebio elige entre sus memorias una vivencia muy peculiar, que ejemplifica su afirmación.

“En la antigua casa de la Obrapía, que no era lo que conocemos hoy sino un edificio habitado, un gran solar lleno de barbacoas y laberintos, vivían unos amigos que precisamente trabajaban en una revista. Un día me invitaron a que comiera en su hogar y, al llegar, me encontré algo inconcebible. Habían arreglado todo usando cajas y otros objetos que las personas desechaban, armonizando colores; tenían una jaula de güin con un canario, una mesita con sus cuatro sillas diferentes… Ellos me demostraron que era posible, con escasos medios, construir un pequeño espacio de felicidad. Con poco se puede hacer algo útil y bello, siempre y cuando bien se utilice.

La Oficina del Historiador ha apostado por expresar ese maridaje entre forma y función a través de obras de alto impacto social. Así vemos viviendas, escuelas, centros de atención a adultos mayores o a menores de edad que son referentes tanto estéticos como en los servicios que prestan. ¿Cómo se llega a este concepto?

— Es el resultado de una evolución; siempre he negado que sea la obra de un iluminado, rechazo para mí el protagonismo absoluto en estas cuestiones. Tenemos varios puntos desde los cuales florecen iniciativas que se expresan en proyectos como el de “a+”, uno de los más importantes, en mi opinión.

“La manzana donde se ubica el Centro —delimitada por las calles Teniente Rey, Habana, Muralla y Compostela— era un amasijo en el que se encontraban una antigua fábrica de medicamentos, otra de envases, unos depósitos de alcohol; lo que había sido el colegio de José de la Luz y Caballero1 se había convertido en un taller de reparación de vehículos… Todo aquello había sido anarquizado, nada tiraba en una sola dirección.

“El nuevo proyecto se concibió como un desarrollo armónico en el cual habría viviendas, se restauraría la farmacia, rescataríamos la huella positiva del pasado que era la escuela, pero quedaba una piedra por solucionar: la vieja fábrica.

“Ahí se diseñó el Centro de Adolescentes. La dirección de Arquitectura y Urbanismo de la Oficina del Historiador, particularmente ese equipo que trabajó con el arquitecto (Orlando) Inclán, hizo un trabajo precioso, dejando toda la maquinaria industrial a la vista, la viga de hierro transformada con un cambio de color, las ruedas dentadas… Rescatar y mostrar el patrimonio industrial es importantísimo”.

De la descripción del proyecto hecho realidad Leal pasa, casi sin transición, a hablarnos de un nuevo anhelo; como si para él no hubiera posibilidad de conformarse mientras exista un lugar relevante opacado por el deterioro o la infrautilización.

“Sueño con el gran edificio de la fábrica de electricidad2 convertido en un centro de arte moderno, donde toda esa antigua tecnología pueda dar una explicación de sí misma y nos introduzca a un mundo donde ya no habite el silencio sino la cultura, la conferencia, el trasiego de las personas de un lugar a otro. Lograr introducir esos códigos en las nuevas generaciones es trascendental, sobre todo ante el avance de una degradación de la ciudad.

“En distintos lugares vemos cómo va surgiendo un tipo de arquitectura desorientada donde la gente busca resolver sus problemas, pero no hay una palabra que le diga ‘esta es la línea, este es el pequeño espacio de caminar, aquella el área verde, así la fachada’. Se trata de una arrabalización que ignora lo bello como necesidad incorporada a la necesidad elemental de tener un techo”.

 Ante esa proliferación de ambientes anárquicos, ¿cuán necesario resulta hacer del diseño un componente más activo en el modelo de prosperidad que queremos construir?

— Primero he de decir que no se puede convertir en consigna o en esquema grabado en lápida algo tan serio como aspirar a un socialismo próspero y sostenible. ¿Cómo puede ser próspero y sostenible nuestro modelo, si no se desatan las manos de la creatividad, si no se establece un diálogo perenne con la realidad. ¿De qué manera lograrlo si primero no se pone la mano en el corazón de la necesidad, si de pronto un acontecimiento extraordinario —como el tornado que castigó gran parte de capital cubana el pasado 27 de enero— nos pone de manifiesto y nos tira sobre la mesa las enormes necesidades acumuladas en la gran concentración que la ciudad supone, quizás una de las más grandes en esta latitud de las Antillas?

“Cuando yo hablo de la monumentalidad de La Habana nunca me refiero al Centro Histórico, porque siempre he afirmado que tiene muchos centros históricos, como Luyanó, otros espacios de Diez de Octubre, La Lisa… En cada uno de ellos se ha manifestado la originalidad y la creatividad de generaciones para construir un diseño orgánicamente previsto desde el día en que nace la ciudad, cuando se orienta que las calles deben caminar de norte a sur, buscando los vientos; la plaza será lugar de reunión; la fuente servirá para buscar el agua, lavar la ropa y dar una imagen de tranquilidad en la relación del hombre con el agua.

“Creo que esa noble aspiración a la que todos queremos contribuir (el socialismo próspero y sostenible) tiene que basarse sobre esos parámetros. La ciudad no es un campamento, es algo más; precisamente, el campamento ha quedado atrás, la ciudad es una expresión superior; hay una racionalidad en su diseño que no puede ser omitida, ni tampoco pretender que sea homogénea. Cada barrio tiene su personalidad, cada invisible frontera aporta un carácter diferente, una forma de conducirse, de expresarse, de ver el mundo.

“Hay una síntesis de ese diseño en el gran paseo de la 5ta. Avenida, donde cada cierto tiempo los árboles cambian, cada tramo tiene su especificidad; por un momento vemos las palmas de corojo, luego aparecen las palmas barrigonas, en un punto están las acacias nudosas, en otro lado la araucaria… esa es la ciudad”.

La media hora acaba. Otros compromisos esperan por Eusebio. Nos despedimos reticentes. Una siente que a este entrevistado excepcional habría que haberle preguntado por el decoro, la Patria, la humildad, la migración, la escuela, los pregones, las tradiciones o el café; por La Habana Vieja que renace o La Habana nueva que envejece. Del otro lado, con la hidalguía indeclinable que su eterno traje gris no puede esconder, habríamos recibido siempre una respuesta generosa, sabia, intensa.

Pero una comienza y termina hablando de “lo bello” porque, como dijera a La Tiza el Premio Nacional de Diseño, Carlos Alberto Masvidal, en la Oficina del Historiador la belleza funciona, y bella es la obra de conservación patrimonial emprendida por esta institución, la cual nos permite amar y vivir una ciudad de 500 años con su bullicio, su eclecticismo y sus sábanas multicolores —ya nunca más solo blancas— izadas en los balcones. Porque bello es el legado de este Historiador dedicado a la restauración de las esencias de una urbe y de los sueños de quienes la habitan. Porque bello es ser leal al propósito de levantarse cada día para hacer de Cuba un país mejor, ser leal desde la médula, desde el apellido.

 

17 agosto 2019 |

Notas:

1 Antiguo colegio El Salvador, hoy escuela primaria. 

2 Edificación de Tallapiedra.

(Tomado de La Tiza)

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Martes, 22 Mayo 2018 06:55

Trumpismo: el arte del insulto

Trumpismo: el arte del insulto

Desde que llegó a presidente, Donald Trump ha insultado casi a todas las personas con las que ha interactuado. Parece que la única excepción son los miembros de su familia cercana. A ellos no los insulta, pero cuando caen de su gracia simplemente los ignora. También ha insultado a todos los países del globo, con la posible excepción de Israel.


Los insultos parecen ser un instrumento que define al trumpismo, uno que utiliza y saborea constantemente. Hay entonces dos cuestiones para el analista de Trump. ¿Por qué los profiere? ¿Le funcionan?


Algunos analistas atribuyen estos incesantes insultos, que son recurrentes aunque varíen a quien van dirigidos, a algún tipo de defecto mental. Es un megalómano hipersensible, dicen. No puede refrenarse. No tiene autocontrol.


Discrepo. Pienso que los insultos son parte de una estrategia deliberada, que Trump piensa que le ayudarán a impulsar: 1) su dominación de Estados Unidos y del escenario mundial y 2) la implementación de sus políticas.


¿Qué puede pensar Trump que consigue del juego de los insultos? Cuando insulta a una persona o a un país, los fuerza a tomar una decisión. Pueden contestar el golpe y arriesgarse a la voluntad de Trump de lastimarles de algún modo importante para ellos. O pueden buscar retener su favor haciendo alguna concesión importante para Trump. En cualquier caso, la relación se centra en torno a Trump.


Desde su punto de vista, esto lo vuelve el perro alfa. Es más, él no sólo quiere estar en la cima de la escala mundial de poder, quiere que la gente vea que está ahí. Los insultos sirven a dicho propósito.


Enfrentada a optar entre dos respuestas indeseables al insulto, la persona o la nación insultadas pueden intentar hacer una alianza con otros que son insultados de modos semejantes o al mismo tiempo. Pero resulta que los aliados potenciales están sosteniendo el mismo debate de qué hacer para lidiar con los insultos. Y el aliado potencial puede optar por una respuesta muy diferente.


En este punto, la persona o el país insultado pueden intentar persuadir al aliado potencial que cambie de táctica. O puede buscar otros aliados potenciales. En cualquier caso, más que enfocarse en cómo lidiar con los insultos de Trump, se enfocan ahora en conseguir aliados. Se desvían así del asunto principal, el beneficio de Trump.


Trump puede entonces variar sus tácticas. Puede ofrecer alguna concesión parcial a la persona o al país insultado. Puede hacerlo de un modo que sea ambiguo o por tiempo limitado. La persona o el país implicados deben entonces escoger entre tragarse su reciente humillación y ofrecerle gratitud por la concesión, o considerar insuficiente la concesión.


Si optan por la gratitud, la persona o el país viven bajo la espada de Damocles de que el insulto vuelva a ocurrir, pese a todo. O puede sufrir la ira de Trump. En cualquier caso, Trump logra lo que quiere.


Puede utilizar esta táctica para apaciguar a los críticos situados a su derecha o a su izquierda. En realidad, esto le ayuda a emerger como el centro razonable, sin importar qué políticas esté emprendiendo.


Una última ventaja. Dado que los tuits de Trump son inconsistentes, puede reclamar el crédito cuando el resultado le es favorable (merezco el Premio Nobel). Pero siempre que el resultado no sea tan favorable como esperaba, culpa a alguien o a todos los de su círculo cercano, afirmando que no siguieron sus instrucciones.
Debemos ahora responder la cuestión de si los insultos funcionan. ¿Logran los beneficios que Trump esperaba obtener? Debemos comenzar con lo que Trump debe encontrar preocupante. Tiene unos índices de impopularidad muy altos en las encuestas de opinión en Estados Unidos. Y en la vasta mayoría de las naciones la opinión respecto de Trump es muy negativa.


Está bastante inseguro de ganar las elecciones de 2018 y de 2020. Su base conservadora está descontenta, lo que puede conducir a abstenciones de su parte, o a ponerle menos esfuerzo a conseguir el voto conservador.


No obstante, pese a esta débil muestra, el juego de los insultos parece haber incrementado, cuando menos ligeramente, su nivel de apoyo. ¿Es esto suficiente para su propósito primario, inmediato, de relegirse? Necesita mostrar a los votantes y a otras naciones algunos logros.


Tiene unos pocos. En el escenario estadunidense, tiene el proyecto de ley de reducción de impuestos. Y en el escenario mundial, tiene (hasta ahora) la próxima reunión con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. Pero también tiene fracasos. No ha podido (hasta ahora) conseguir sus planeadas medidas de inmigración ni el dinero para el muro. Y a escala mundial su rechazo del acuerdo con Irán ha consternado a la mayoría de las naciones.


La pregunta es si la respuesta a los insultos se inclinará seriamente en su contra. Es difícil decirlo. Puede llegar repentinamente. O puede reptar por entre el pantano. El punto real es que lo que le consiguen los insultos no puede seguir para siempre. Esto resulta de que demasiada gente y demasiadas naciones pierden demasiado.


La pregunta, entonces, no es si habrá una reacción en su contra, sino cuándo. Este es el juego que estamos jugando todos cada día, en las elecciones a todos los niveles concebibles, en las alianzas reformuladas por todo el mundo. No si ocurrirá, sino cuándo.


Traducción: Ramón Vera-Herrera

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“Ojalá sea una fuerza para algo positivo”

Gracias a su traslación al cine, su obra más conocida es Lo que queda del día, pero hay mucho para descubrir en el universo del japonés que vive en el Reino Unido desde los seis años. “Es un magnífico honor seguir los pasos de los grandes autores que han existido”, dijo ayer.

 

El artesano británico, el orfebre de las palabras que a veces experimenta de manera atrevida con las formas, se siente “asombrosamente halagado” por el Premio Nobel de Literatura. El escritor Kazuo Ishiguro –que como no fue contactado por la Academia Sueca temió que fuera una “falsa” noticia o una broma– sucede a otro orfebre de la palabra cantada: Bob Dylan. Los dos comparten una naturaleza huidiza; no son figuras de tediosa exhibición mediática como Mario Vargas Llosa, sino más bien criaturas que prefieren el silencio y no les gusta dar entrevistas. Afirmar que el galardón recupera su brillo es sumarse al coro de retrógrados que han rechazado a Dylan por no ser un escritor “puro”. El lenguaje traiciona o revela lo que hay en las cabezas de muchos escribas. Otro cantar es la actitud del autor de “Blowin’ in the wind”, quien tardó demasiado en dar señales de vida y contestar si aceptaba o no. El “bueno” de Ishiguro –nacido en Nagasaki, Japón, en 1954, con residencia en Inglaterra desde los seis años, donde adoptó el inglés como lengua literaria–, autor de siete novelas, un puñado de cuentos y guiones cinematográficos, muy british en sus modales, reconoció a la BBC que es un “magnífico honor” recibir el premio porque está siguiendo “los pasos de los grandes autores que han existido”.


El autor de Lo que queda del día (1989), que fue llevada al cine con memorables interpretaciones de Anthony Hopkins –como el mayordomo Stevens– y Emma Thompson –en el rol de la señorita Kenton–, ha sido definido por Rodrigo Fresán como escritor de la exactitud o “realista de lo irreal”. A los 62 años, Ishiguro intenta aprovechar el protagonismo universal que le concede el Nobel para expresar su temor ante las circunstancias de un presente demasiado vacilante. “El mundo está en un momento muy incierto y espero que los premios Nobel sean al menos una fuerza para algo positivo”, dijo el escritor a la BBC. “Me sentiría especialmente emocionado si pudiera de algún modo contribuir a crear una atmósfera más positiva en estos tiempos de incertidumbre”, añadió el autor de Nunca me abandones. A pesar de su carácter esquivo, esta especie de “Bartleby británico” objetó el Brexit y manifestó su deseo de que Gran Bretaña permanezca dentro de la Unión Europea en un comentado artículo del Financial Times: “Desde el viernes pasado estoy enfadado. Me siento terriblemente enfadado por los que votaron a favor de la salida y especialmente por David Cameron, por permitir que un asunto tan complejo y decisivo para nuestro destino se resolviera no por los cauces parlamentarios, sino por un referéndum que pidieron unos pocos y cuyas reglas no estaban claras”. Desde entonces denuncia la metamorfosis de Gran Bretaña en “la Pequeña Inglaterra”, la creciente hostilidad contra los inmigrantes y la creación del clima “más favorable a los grupos nazis desde la Europa de los 30”.


La obra del Nobel podría ser interpretada como variaciones acerca de un mismo tópico: el acto de hacer, deshacer o rehacer la memoria. El nudo gordiano de su narrativa se construye a partir de la tensa relación entre memoria y olvido. Quizá por eso, en sus libros hay personajes perdidos que buscan su lugar en el mundo. Las dos primeras novelas de Ishiguro, Pálida luz en las colinas (1982) y Un artista del mundo flotante (1986), transcurren en Japón. Después llegaría la consagratoria Lo que queda del día –originalmente traducida como Los restos del día–, un bellísimo ejercicio de memoria narrado en primera persona por Stevens, el mayordomo de la mansión Darlington Hall, que fue propiedad de un aristócrata inglés, con la que obtuvo el prestigioso Premio Man Booker. En Los inconsolables (1995) pivotea sobre Ryder, un famoso pianista amnésico que desplaza por un mundo donde el tiempo, el espacio y la memoria aparecen alterados. Los críticos y los lectores manifestaron su desconcierto –quizá sea una novela demasiado “experimental”– y no les tembló el pulso a la hora de etiquetar a Ishiguro como un “eficaz y más ligero Henry James” de fin de milenio. En Cuando fuimos huérfanos coquetea con la novela detectivesca clásica. Christopher Banks es el más célebre detective de Londres. El enigma gordiano que resulta casi imposible de resolver no está en la alta sociedad londinense de los 30, sino en su propio pasado: la misteriosa desaparición de sus padres en Shanghái, cuando era un niño, tal vez secuestrados por la mafia china o por un asunto relacionado con el tráfico de opio. Boyd Tonkin, crítico del Independent, dio en el clavo de una cuestión medular al plantear que Ishiguro ha ido creando un universo literario propio, “un territorio que podríamos llamar Ishiguiria, un escenario desasosegante, hecho de recuerdos y amenazas, sueños y desarraigo, tan inconfundible a su manera como la Greenland de Graham Greene”.


En una entrevista con Fresán –publicada en el suplemento Radar Libros en 2001– Ishiguro aseguró que no piensa si le gustan o no los personajes de sus novelas. “Los considero como si fueran parientes, ahí están, vienen en el paquete. A muchos de mis lectores el detective Christopher Banks les pareció un ser insoportable. No me molesta. Me gusta que alguien que no existe pueda irritar a alguien que sí existe. Es una forma de elogio y es algo que, por suerte, distingue a las novelas de buena parte del cine que se hace en Hollywood: no es obligatorio un personaje querible. La literatura es uno de los pocos lugares que quedan para relacionarse con gente a la que uno jamás le dirigiría la palabra en la vida real”. Al escritor británico le impactó la lectura de Fiódor Dostoievski y le gusta mucho Anton Chéjov. “Estos dos rusos configuran un poco el Ying y el Yang de mi sistema literario. Me interesa encontrar un balance entre esos dos extremos”, reconoció el autor de Nunca me abandones, una distopía tan melancólica como extraña por esa especie de crueldad en la utilización de los humanos, narrada por un personaje difícil de olvidar: Kathy, quien recuerda sus experiencias con otros adolescentes en Hailsham, un centro educativo y de reclutamiento donde se retienen a los clones que podrán servir de auxilio a las “personas normales” del mundo exterior.


“Ishiguro está como al margen de la sociedad literaria. Me contó su agente que cuando le dijeron que había ganado el Nobel contestó ‘¿qué premio?’, ni se lo imaginaba”, contó Jorge Herralde de Anagrama, editorial que publicó todos los libros del escritor, siete novelas y la colección de relatos Nocturnos: cinco historias de música y crepúsculo. Herralde afirmó que en la editorial están “felicísimos” y que les parece un galardón “tan inesperado” como “merecido” porque el narrador es de “una sutileza, elegancia y profundidad asombrosa”. “Me recuerda el caso de Patrick Modiano, que siempre había publicado como en sordina libros excelentes y cuando le dieron el Nobel la secretaria que leyó el fallo dijo que ‘era el triunfo de la gran literatura’. En Ishiguro eso se redobla”.


El gigante enterrado (2015), su última novela, conduce a los lectores a la Edad Media, a una Inglaterra desmemoriada, asediada por una niebla que produce amnesia, y con los britanos y sajones divididos. Los héroes son dos ancianos, Axl y Beatrice, que viven en una aldea en donde se los desprecia por ser viejos y deciden emprender un viaje para buscar a su hijo. Wistan, guerrero sajón y uno de los personajes cruciales, postula la necesidad de una compleja pero necesaria articulación entre memoria e identidad a través de una palabra, el odio, que ha tenido y tendrá “mala” prensa. “Si muero en combate antes de transmitirte mis conocimientos, prométeme que darás cabida a este odio en tu corazón. Y si alguna vez flaquea o amenaza con desaparecer, protégelo cuidadosamente hasta que la llama reviva”. Muchos predicadores del olvido –tan de moda en estos tiempos aciagos– intentan apagar la llama de la memoria para convertir a los miembros de la sociedad en fantasmas sin raíces. Como pocos escritores, Ishiguro hunde su cuchillo en las viejas heridas de la humanidad.

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Correa carga contra Moreno y defiende su legado en Ecuador

En apenas mes y medio, la ruptura entre el Gobierno de Lenín Moreno y su precedesor, Rafael Correa, se ha vuelto tan explícita que aún es difícil calcular cuál será la factura para la llamada revolución ciudadana. El expresidente, que gobernó Ecuador durante 10 años, no aguantó más y el miércoles reveló su decepción con la nueva Administración a través de un mensaje envenenado en Twitter: “Entrega sede por 100 años a Conaie [una organización indígena], otro innecesario desaire a mi Gobierno. Estrategia de ‘diferenciarse’ no sólo es desleal, es mediocre”.


El sucesor de Correa en la presidencia y el movimiento Alianza PAÍS, Lenín Moreno, quiso atajar la polémica de manera conciliadora, también en redes sociales: “El diálogo continúa. Seguimos empeñados en reconciliar al país. Para el odio, no cuenten conmigo”. Pero ayer, ante la escalada de ataques, recurrió a la ironía y publicó otro mensaje con la definición de síndrome de abstinencia, en alusión al protagonismo que sigue alimentando Correa con su nuevo rol de tuitero compulsivo. El detonante fue un gesto de Moreno con la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), a la que le devolvió un edificio que Corr

ea quiso arrebatarles por usarlo supuestamente para fines políticos; 44 días después del cambio de mando y sin haber adoptado aún decisiones de gran trascendencia económica o política, la pugna entre el pasado y el presente de la izquierda ecuatoriana se mantiene. Correa atacó el núcleo de la nueva estrategia gubernamental: el diálogo.
“Todos creemos en el diálogo, nuestra revolución es una revolución de amor, no de odio, pero jamás debemos olvidar con quién nos sentamos a la mesa, a riesgo de legitimar a los que saquearon...”, volvió a publicar Correa en su cuenta. Y para no limitarse a los 140 caracteres de la red social, acudió a dos entrevistas —que no estaban programadas previamente— en televisión. En un tono similar al de sus intervenciones como presidente, cuando daba cuenta de sus logros como mandatario y exponía con degradaciones a sus detractores, el expresidente comenzó hablando de lo alcanzado. Pero no pudo evitar la polémica. Correa fue cuestionado sobre por qué ahora hay dos corrientes en su movimiento, la de los leninistas y la de los correístas.


“Desacuerdos normales”


“Lo que hay son desacuerdos normales en un proceso democrático. Lo que me asusta es cuando se pasan ciertas líneas rojas. Usted puede llamar al diálogo a muchas personas, pero yo no puedo olvidar que esos Gobiernos desaparecieron a nuestros jóvenes. Usted ya sabe con quién se sienta a la mesa. Está legitimando el pasado”, respondió Correa al entrevistador y comenzó una retahíla de reproches, recordó gestos de toma de distancia del que hasta hace semanas era su delfín en la revolución ciudadana. “La fórmula del éxito no la conozco, pero el fracaso es tratar de contentar a todo el mundo. Y sí, yo tengo que expresar mi desazón, mi dolor, porque es clara la estrategia de diferenciarse de mi Gobierno, de diferenciarse de Correa. Y para eso se ha caído en deslealtades y en mediocridad”, prosiguió.


Finalmente, el expresidente sentenció la ruptura: “Imagínate que yo vuelva en el año 2021, que no es mi intención, y lo primero que hago es decir que no habrá diálogo con los corruptos y le echo lodo a Lenín. ¿Qué necesidad tengo de eso? Actuaré como tenga que actuar sin necesidad de deslegitimar lo anterior”. “Aquí hay una estrategia muy clara de diferenciación y yo también quiero dejar muy claro que me quiero diferenciar del actual Gobierno porque no estoy de acuerdo con lo que están haciendo”, agregó.
Y con este clima, con la herida abierta en las filas de Alianza PAÍS, con el incalculable desgaste para un Gobierno que ahora parece tener más comprensión entre los opositores que internamente, el expresidente Correa se retirará. El próximo 10 de julio viajará a Bélgica para retomar la vida con su familia y, según dice, para no volver.

 

Guayaquil 6 JUL 2017 - 21:08 COT

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Viernes, 02 Diciembre 2016 06:31

El ajedrez y la política

El ajedrez y la política

En el campeonato mundial de ajedrez que acaba de celebrarse en Nueva York parecía que no pasaba nada fuera de la tempestad cuadriculada que barre puntualmente los tableros, pero por detrás, como casi siempre en el ajedrez, estaban pasando muchas cosas. Más allá de los jugadores, el público, los entrenadores, los equipos de analistas y el ronroneo de los ordenadores, se adivinaban las sombras y vaivenes del mundo: la audaz jugada de Putin para que Rusia recobrara el cetro de la hegemonía mundial como en los viejos tiempos de la Unión Soviética. Se dice que el joven aspirante, Sergey Karjakin, es un simple peón del mandatario ruso, un alfil infiltrado en pleno corazón de la Gran Manzana para arrebatarle el título al último amo indiscutible de las 64 casillas, el noruego Magnus Carlsen.


Por supuesto, ante el tablero, Karjakin es mucho más que eso: ha resultado un adversario peligrosísimo, gélido y casi invencible que a punto estuvo de arrebatar la corona a Carlsen. En un match previsto a doce partidas, hizo tablas en las primeras siete, en algunas de ellas con defensas casi acrobáticas, y de repente, en la octava, rompió los pronósticos al imponerse ante el noruego comandando las piezas negras. Sin embargo, cuando la catástrofe se cernía sobre él, a falta de cuatro partidas Carlsen demostró su temple: entabló la novena y empató el match con una brillante victoria en la décima. Tras las tablas de la undécima, todos los aficionados esperaban un gran ataque con blancas por parte del campeón en la última partida, pero el noruego prefirió amarrar el resultado y reservarse para un desempate de infarto.


Así, la tarde del miércoles, impuso su maestría en un tiroteo feroz de cuatro partidas semirrápidas, donde Karjakin, a pesar de los apuros de tiempo, entabló la primera e hizo juegos malabares en una posición inverosímil en la segunda, aunque no pudo evitar que en la tercera Carlsen lo apuntillara a coces con un caballo incrustado en la tercera fila. En la cuarta y última, como si fuese el guión de una película, Karjakin se decidió por una defensa siciliana, intentando arriesgar por primera vez en el match, pero el noruego fue exprimiendo más y más su ventaja hasta rematar su victoria con un mate de antología: un sacrificio de dama contra el enroque negro en h6 que, como dice mi amigo Mario Iglesias, parece una jugada de otra época.


En La torre herida por el rayo, una novela absolutamente prodigiosa, Arrabal dictamina que el ajedrez siempre ha sido un reflejo de la política. De ahí que la apertura española, favorita del mejor jugador de entonces, el humanista extremeño Ruy López de Segura, se popularizase en tiempos del imperio de Felipe II. O que, en vísperas de la Revolución Francesa, el gran Philidor asegurase que “los peones son el alma del ajedrez”. La comparación parece bastante traída de los pelos en los tiempos de Morphy, Anderssen, Steinitz, Lasker, Capablanca o Alekhine, pero se vuelve transparente con el dominio de los tableros en la era soviética (Botvinnik, Smyslov, Tal, Petrossian, Spassky) y con la aparición fulgurante de Bobby Fischer que profetizó la caída de la URSS con décadas de adelanto. Las peleas a muerte entre Karpov y Korchnoi, que incluyeron todo tipo de juego sucio (parapsicólogos, sectas religiosas, mensajes en yogures y acusaciones de secuestro de la familia de Korchnoi por parte de la cúpula soviética) escenificaron la lucha entre el comunismo y la disidencia, hasta que llegó Kasparov, el mensajero de la perestroika.


La guerra prosigue hoy día, ya que Kasparov, enemigo declarado de Putin, no sólo es uno de los entrenadores de Carlsen, el joven prodigio que anuncia coches deportivos y marcas de ropa, sino que también dijo poco antes del match que el bisoño Karjakin no tenía la menor oportunidad frente al campeón mundial. En sus declaraciones, más que el rigor ajedrecístico, asomaba el rencor contra un muchacho que prefirió olvidar su origen ucraniano y nacionalizarse ruso para intentar devolver el título a la escuela soviética.


Retransmitido en directo por el canal chess24, con los divertidos y precisos comentarios de los maestros David Antón, Pepe Cuenca y David Martínez, las cuatro horas y pico que duró el desempate transcurrieron con tanta emoción que Karjakin llegó a ser trending topic en Madrid gracias a su formidable tenacidad defensiva. Mucha más expectación había en Moscú, donde una muchedumbre inundó la Plaza Roja para contemplar en las pantallas gigantes la belleza silente y feroz de una batalla eterna.

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Las partidas de desempate decidirán el título mundial

Las partidas de desempate que se jugarán el miércoles decidirán quién es el próximo campeón del mundo de ajedrez después de que el 12º y último juego entre el noruego Magnus Carlsen y el ruso Serguei Karjakin, aspirante, concluyera en tablas en 30 movimientos tras 35 minutos de aparente lucha. El marcador, tras el resultado de hoy, se sitúa en 6-6.

Ninguno de los dos grandes maestros arriesgó lo más mínimo, y desde la apertura se dedicaron a cambiar piezas para llegar lo antes posible a la jugada 30, con la idea de no ser sancionados por falta de combatividad. La organización, en vista de lo que pagaron los espectadores (entre 190 y 470 euros) y el pobre espectáculo que vieron, compensó a estos con entradas para la sesión del miércoles. "No tenía buenas sensaciones; cuando termine el mundial ya explicaré porque me interesaba llegar al desempate", manifestó Carlsen para justificar sus rápidas tablas pese a tener la ligera ventaja de conducir las piezas blancas.


Cuesta imaginar a Fischer, Kasparov o Karpov, salvo por un problema médico, no apretar con blancas al adversario, más si cabe cuando se es un genio en el arte de las microventajas. Jugárselo todo al cara o cruz de los desempates, pese a que a priori Carlsen es el favorito, es asumir muchos riesgos. El noruego es más nervioso que el ruso, un tempano de hielo como ha demostrado a lo largo de todo el duelo, y también es humano aunque a veces parezca que tiene una computadora en el cerebro. Karjakin, por su parte, estaba contento con el reparto del punto y confiaba en sus posibilidades: "Carlsen era el favorito y sin embargo hemos terminado 6-6".


Después de experimentos más de bien de ludopatía que de ajedrez, como dilucidar el vencedor del Hubner-Smyslov a rojo y negro en el casino de Velden (Austria) en 1983, la Federación Internacional (FIDE) fue perfeccionando el método hasta adoptar el actual que consiste en 4 semirrápidas (25 minutos + 10 segundos adicionales por movimiento), y si aún persistiese la igualdad 2 rápidas (5+3) hasta un máximo de cinco series de dos partidas. En caso de que el tanteador todavía siguiera equilibrado, tendría lugar la muerte súbita, un único juego con 5 minutos para las blancas y 4 para las negras en el que las tablas darían al conductor de las piezas negras el título mundial.

CARLSEN-KARJAKIN

Campeonato del mundo, 12ª

1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ab5 Cf6 4.0-0 Cxe4 5.Te1 Cd6 6.Cxe5 Ae7 7.Af1 Cxe5 8.Txe5 0-0 9.d4 Af6 10.Te1 Te8 11.Af4 Txe1 12.Dxe1 Ce8 13.c3 d5 14.Ad3 g6 15.Ca3 (Novedad; lo conocido era 15.Cd2, como había jugado ya Carlsen contra Kramnik y Anand) 15... c6 16.Cc2 Cg7 17.Dd2 Af5 (Comienzan las simplificaciones) 18.Axf5 Cxf5 19.Ce3 Cxe3 20.Dxe3 De7 21.Dxe7 Axe7 (Aquí se podía haber firmado el empate, pero los jugadores se hubieran expuesto a una multa por hacerlo antes de 30 movimientos) 22.Te1 Af8 23.Rf1 f6 24.g4 Rf7 25.h3 Te8 (El resto es continuar moviendo madera) 26.Txe8 Rxe8 27.Re2 Rd7 28.Rd3 Re6 29.a4 a6 30.f3 Ae7, tablas. (0,5-0,5).

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"Con Rulfo hallé nuevas formas de ver y abordar la realidad"

“Pedro Páramo, una manzana de oro que ya nadie puede tocar”, sentenció

Sólo García Márquez pudo hacer esa literatura, aseguró. Ambos, libros venerables, que "aún nos dicen cosas nuevas"

Guadalajara, Jal.

En la mesa dedicada al boom latinoamericano que organizó el Fondo de Cultura Económica (FCE), el escritor Sergio Ramírez se dijo absolutamente sorprendido de cómo autores como Juan Rulfo vinieron a reivindicar la literatura de esta región del planeta con estructuras totalmente novedosas en temáticas que parecían agotadas.

"Cuando uno ve un bordado ve las flores bonitas, pero cuando se asoma al otro lado del bastidor lo que ve son las puntadas y uno, como escritor, es eso lo que busca. Yo las encontré con Rulfo, de la literatura que veníamos era la vernácula, localista regionalista", dijo.

Recordó que en la literatura anterior a los años 50 del siglo pasado, cuando los campesinos o los indígenas hablaban en las historias, el autor solía poner sus palabras entre comillas, una forma de tomar distancia y remarcar que el escritor no era el que hablaba así.

“Rulfo borra completamente esa distancia; para mí esa fue una nueva manera de ver y abordar nuestra realidad. Cuando uno se fija en la maravilla que es Pedro Páramo, libro pequeñito que no era La guerra y la paz o El conde de Montecristo, nota que es un libro breve, que para unos escritores está lleno de muchísimas enseñanzas”, explicó.

Dijo que la sencillez con que se inicia la narración de Pedro Páramo, la voz de un arriero que dice haber llegado a Comala porque le dijeron que ahí vivía un tal Pedro Páramo, poco a poco adquiere otro sentido cuando el lector se da cuenta de que todos los que hablan están muertos, que es un libro contado por muertos, por voces de gente enterrada, que por aburrimiento se pone a contar cosas del pueblo.

“Se trató de una manera absolutamente distinta de narrar y de la cual se podía aprender muchísimo, pero entre la última gran novela vernácula que se escribe en América Latina, que es Pedro Páramo, y la primera urbana, que es La región más transparente, de Carlos Fuentes, sólo median dos o tres años.”

En su reflexión, Ramírez recordó que Fuentes escribió alguna vez diciendo que Pedro Páramo era como "una manzana de oro" y que ya nadie podría volver a tocarla, pues con esa obra se había cerrado esa literatura.

“El único que pudo abrir otra vez ese cofre cerrado fue Gabriel García Márquez con Cien años de soledad, novela absolutamente rural con los mismos elementos tradicionales de guerras civiles. Así como tuvimos un ciclo de novela bananera en la primera mitad del siglo, porque la United Fruit Company reinaba, también podríamos decir que Cien años de soledad es bananera, por la masacre de la ciénega ejecutada por el ejército de Colombia”, agregó.

Señaló que por eso, aunque sea la misma materia prima, el lenguaje y estructura de ambas obras es lo que las hizo diferentes; nuevas novelas, a pesar que se trata, a estas alturas, de libros muy venerables, que forman parte del canon universal, pues, aunque una ya cumplió 60 años y la otra está por cumplir 50, "nos siguen diciendo cosas nuevas".

El escritor nicaragüense dijo que para los escritores Cien años de soledad fue “veneno puro, ya que la influencia de García Márquez va más allá de simple influencia y logra que se le trate de imitar, como ha habido muchísimos ejemplos, sobre todo en la literatura europea reciente.

“Pero un escritor del que nunca tuve temor de contaminarme es de Mario Vargas Llosa, porque él siempre enseñaba cómo están las puntadas al revés del bordado; es toda una escuela de estructura y de aprender a escribir. La modernidad, realmente, de cómo comenzar a escribir en espacios y tiempos continuos, estaba en Vargas Llosa, y ya no se diga en Conversación en la catedral o La casa verde, grandes obras maestras.”

Deuda impagable

En su disertación, Ramírez estuvo acompañado por Adriana Romero Nieto, Fernando Iwasaki y Guadalupe Nettel, quienes señalaron la importancia que Vargas Llosa y García Márquez tuvieron para definir su vocación de escritores y afirmar su gusto por la lectura.

"Fuimos abducidos por la magia de la literatura. La deuda que tenemos con esa generación es impagable", expresó Iwasaki.

Nettel, en cambio, quien se dijo seducida por la primera novela que leyó, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, encontró entre los claroscuros del boom latinoamericano el impulso viril de esa literatura, una "actitud profundamente machista" dentro de ese movimiento, pues no hubo escritoras que formaran parte de él.

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Domingo, 06 Noviembre 2016 06:49

La vanguardia del ajedrez

La vanguardia del ajedrez

El próximo viernes arranca en Nueva York un duelo apasionante por el título mundial de a especialidad


El próximo 11 de noviembre el mundo del ajedrez se viste de gala para inaugurar en Nueva York el encuentro por el título mundial entre Magnus Carlsen y Sergei Karjakin. La contienda se desarrollará en un emblemático enclave de la Gran Manzana, el antiguo edificio del Fulton Market, a escasos minutos de Wall Street. Los organizadores prometen un espectáculo futurista, con un sistema de cámaras de realidad virtual con vistas panorámicas (360º VR) que pretende convertir a los miles de seguidores de la retransmisión por internet, en testigos casi presenciales de la acción. El encuentro presenta muchos ingredientes atractivos: la popularidad mediática de Carlsen y su halo de invencibilidad; el excelente momento deportivo de Karjakin, que contará además con el apoyo de la poderosa maquinaria del ajedrez ruso, tal como declaró el mismísimo Vladímir Putin, que anunció su deseo de que la corona vuelva a Rusia.


También resulta atractivo el hecho de ver enfrentados a dos jóvenes de la misma generación (25 y 26 años), pero de muy diferente procedencia. En un momento de clara tensión política entre Rusia y Estados Unidos, surge la tentación incluso de plantear este duelo como un nuevo episodio de la guerra fría, rememorando el histórico Match del siglo celebrado en Reikiavik en 1972 entre Bobby Fischer y Boris Spassky. Pero lo cierto es que ya entonces a Spassky le preocupaba muy poco proteger la reputación de la Unión Soviética, solo la suya propia, mientras que el propio Fischer estaba muy lejos de poder ser considerado un patriota. Del mismo modo, 44 años después, Carlsen y Karjakin se encuentran alejados de cualquier reivindicación de carácter político, y se limitan a concentrarse en la vertiente deportiva del evento.


El encuentro, dotado con una bolsa de premios garantizada de 1 millón de euros, se disputará del 11 al 28 de noviembre, a la distancia de doce partidas. Resultará automáticamente ganador quien logre más de seis puntos. En caso de empate a seis –un resultado nada descabellado– se celebraría un encuentro de partidas rápidas el 30 de noviembre. Indudablemente, que la sede sea la megalópolis norteamericana, concede al evento una mayor exposición mediática. El controvertido presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) –quien hasta hace poco aparecía en la lista de rusos vetados por Estados Unidos por su participación en reuniones con Gadafi o Bashar el Assad– anunció la visita al torneo de figuras como Bill Gates o Marc Zuckerberg.


“¿Quién es Karjakin?”. Así contestó el legendario campeón Garri Kaspárov en una reciente entrevista en México, tras ser preguntado por las posibilidades de su compatriota ante Carlsen. “Lo de Karjakin es un accidente”, afirmó el excampeón mundial, refiriéndose a la clasificación lograda por el aspirante en el pasado torneo de candidatos, donde ganó el derecho a retar a Carlsen. “Salvo que Magnus tenga algún problema personal muy severo, Karjakin no tiene la menor posibilidad”, sentenció Kaspárov.


Aunque nadie puede poner en duda que Kaspárov sabe bien de lo que habla, los expertos conceden al menos un 30% de margen a la sorpresa. La diferencia entre el campeón y el aspirante es notable, como refleja el ranking mundial, donde Carlsen supera en 81 puntos a su rival, lo cual equivale a una expectativa matemática de 60%-40% en una partida aislada, diferencia que se ve acrecentada en un encuentro más largo.


El resultado particular entre ambos confirma el pronóstico. En 22 partidas disputadas a ritmo clásico en el periodo 2005-2016, el balance es ligeramente favorable al actual campeón: 4 victorias para Carlsen, 1 para Karjakin y 17 partidas finalizadas en tablas. Esto da una idea de la tónica que puede seguir el encuentro. En el último duelo entre ambos, en el mes de julio en Bilbao, Carlsen se impuso en la primera vuelta con las piezas blancas en una gran partida de ataque. En la segunda vuelta, Karjakin eludió el combate y eligió una línea de tablas, sin asumir el menor riesgo, estrategia que muchos expertos creen tendrá continuidad ahora en Nueva York.


Magnus Carlsen Híbrido letal hombre-máquina


Nació el 30 de noviembre de 1990 en Tønsberg, Noruega. Fue un niño brillante, pero al principio no se interesó mucho por el ajedrez, hasta que sus dos hermanas mayores empezaron a jugar y se activó su vena competitiva. A partir de los diez años empezó a participar en torneos en Noruega, y al poco tiempo su progreso fue tan notable que sus padres tomaron una decisión de gran trascendencia: abandonar su trabajo para viajar toda la familia en busca de retos más adecuados al nivel ajedrecístico de su hijo.


Carlsen no defraudó y a los 13 años obtuvo el título de Gran Maestro, dando la vuelta al mundo las tablas que logró frente a Garry Kaspárov en un torneo de partidas rápidas en Islandia. Tuve la oportunidad de enfrentarme a Carlsen en España en 2004, cuando contaba con 13 años. Fue una partida dura, le apreté con blancas, pero Carlsen se defendió bien y alcanzamos un final de tablas teóricas. El chiquillo era algo tímido: me pidió tablas con su suave vocecilla, se las di, y tras firmar la planilla salió disparado a jugar con la consola.


Desde el 2010 domina el ranking mundial, aunque tuvo que esperar al 22 de noviembre del 2013 para proclamarse campeón, tras derrotar claramente a Viswanathan Anand. En el 2014 se proclamó campeón mundial de las tres modalidades de ajedrez: Clásico, Rápido y Blitz (partidas a 5 minutos). En mayo del 2014 estableció la marca del ranking más alto de la historia, con 2.882 puntos, superando el récord de Kaspárov. Actualmente domina la lista con 2.853 puntos.

Fan declarado del Madrid, Magnus es un joven de su tiempo, que presta su imagen a marcas de ropa, bancos o aerolíneas. Su forma física es otro de sus puntos fuertes, y es habitual verle jugando al fútbol o al tenis. Según Kasparov, el estilo Carlsen vendría a ser una fusión entre Karpov y Fischer: combina la feroz tenacidad del cam-peón ruso con el talento natural del genio norteamericano. Integra la visión estratégica heredada con la capacidad de cálculo de los ordenadores. Su juego resulta un híbrido hombre-máquina letal.


Sergei Karjakin Prototipo de la vieja escuela soviética


Nació el 12 de enero de 1990 en Simferópol, Ucrania. Demostró un talento precoz para el ajedrez y obtuvo el título de gran maestro a los 12 años y siete meses, un logro que a día de hoy nadie ha superado. A esa edad se convirtió en el analista más joven de la historia al integrarse en el equipo de su compatriota Ruslán Ponomariov en el duelo que le daría a éste último el título de campeón mundial versión de la FIDE.


Ponomariov afirmó que a pesar de su corta edad, Karjakin era capaz de calcular como los mejores y que aportaba interesantes ideas nuevas en la fase de la apertura. Personalmente, tuve oportunidad de jugar con Karjakin en cuatro ocasiones en el periodo 2003-2005, llevando yo blancas en todas las partidas, pero no le pude ganar ninguna a aquel crío que en el 2003 tenía sólo 13 años. Aunque el ascenso de Karjakin a la élite ha sido más lento que el de Carlsen, puede afirmarse que a partir del 2012 ha realizado una progresión notable. Conquistó ese año el título de Campeón Mundial de Ajedrez Rápido.


Luego ganó el fuerte torneo Norway Chess en los años 2013 y 2014, en ambas ocasiones por delante de Carlsen. Siguió su línea ascendente ocupando el segundo puesto en el Torneo de Candidatos del 2014 y ganando la Copa del Mundo en el 2015, ante 128 jugadores. Por fin, logró la condición de retador a la corona mundial al imponerse en el Torneo de Candidatos en el 2016, por delante de los favoritos Caruana y Anand. Actualmente es noveno en la lista mundial, con 2.772 puntos. De nacionalidad rusa, aunque de origen ucraniano, Karjakin encaja con el prototipo de jugador de la vieja escuela soviética: preparado, con consistentes fundamentos teóricos y duro psicológicamente. Tiene un juego sólido y su principal virtud, al igual que Carlsen, es que comete pocos errores, aunque su juego es más simple y previsible.

 

06/11/2016 02:58 | Actualizado a 06/11/2016 09:39

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