Lunes, 08 Abril 2019 06:33

Inaguantable

Inaguantable

La noticia empezó a circular la noche del viernes, cuando el régimen de Trump presentó ante un tribunal en San Diego su propuesta para cumplir con una orden judicial donde indica que calcula tardar entre uno y dos años para encontrar y empezar a reunificar a miles de niños que el gobierno separó por la fuerza de sus padres y familiares. Tardará todo ese tiempo porque ahorita no sabe dónde están miles de esos menores.

Fue hace justo un año cuando oficialmente se implementó la política de "cero tolerancia", anunciada por el entonces procurador general Jeff Sessions. El régimen de Trump argumentó que la ley los obligaba a separar familias. Pero no existe tal ley. Fue una decisión política de impulsar una medida para arrestar a casi todo inmigrante indocumentado capturado cruzando la frontera, acompañado o no por niños. Como el Departamento de Justicia no puede procesar penalmente a menores de edad junto con sus padres, éstos fueron separados; así, los adultos fueron internados en centros de detención y los niños clasificados como menores no acompañados colocados en centros y albergues operados por contrato con el Departamento de Salud y posteriormente muchos fueron entregados a familiares o, bueno, no se sabe exactamente. Casi 2 mil menores de edad fueron separados en sólo un periodo de seis semanas entre abril y mayo de 2018, según cifras oficiales.

Ante una ola de protesta cada vez mayor de diversos sectores, incluidos algunos conservadores, junto con asociaciones nacionales de pediatras y sicólogos, entre otros, Trump y su gente buscaron distanciarse de la política que ellos mismos impulsaron; primero, el presidente insiste en que sólo estaba cumpliendo con leyes "horribles" promulgadas por demócratas (falso) y segundo, asegura: "odio que los niños sean llevados a otro lugar". Su secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen (quien este domingo presentó su renuncia después de múltiples críticas del presidente de ser demasiado "débil" para controlar la migración), declaró sin ninguna vergüenza: "no tenemos una política de separar familias en la frontera. Punto". Pocos días después su jefe se vio obligado, ante la ola de condenas, a suspender esa misma política que supuestamente no existía; cinco días más tarde un juez federal ordenó el fin de esa política.

Una demanda legal presentada por la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) culminó con una orden judicial federal para que el régimen reunificara a los 2 mil 737 niños que fueron separados de sus padres.

Pero resulta que son muchos, potencialmente miles, de niños más. Con la propuesta presentada ante el tribunal el pasado viernes, el régimen, en efecto, confesó que no sabe cuántas familias separó, y agregó que por ello podría necesitar entre 12 y 24 meses para identificar a "todos", al revisar unos 47 mil casos de "menores no acompañados" que estaban bajo custodia del gobierno en algún momento entre julio de 2017 y junio de 2018. El mes pasado, el inspector general del Departamento de Salud informó que hay muchos más casos de niños separados de los que anteriormente se han registrado, y que no tenían ni un cálculo sobre cuántos son.

Lee Gelernt, abogado principal de la ACLU encargado del caso, criticó la propuesta al afirmar que "el gobierno fue capaz de juntar rápidamente los recursos para arrancar a estos niños de sus padres y ahora necesitan reunir los recursos para reparar el daño".

Ni un solo gobierno de los países donde nacen, crecen y viajan estos niños se ha atrevido a denunciar todo esto, mucho menos a pedir que el régimen estadunidense rinda cuentas. Todos vieron las imágenes de pequeños en jaulas, todos pudieron escuchar los gritos y el llanto de los menores arrancados de los brazos de sus padres, todos podían leer los testimonios de víctimas, de madres y padres enloquecidos por saber dónde estaban sus hijos, de reportes sobre el trauma tal vez permanente que esto les ha ocasionado.

Es inaguantable, ¿no? ¿Entonces? ¿Qué nos pasa?

"El carácter verdadero de una sociedad es revelado en cómo trata a sus niños": Nelson Mandela, 1997.

 

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Marzo 2019 06:42

La breitbartización de la política

La breitbartización de la política

Breitbart.com era una web de noticias fundada por Andrew Breitbart, que venía a representar la opinión de la derecha estadunidense clásica. En 2012, tras la muerte de su fundador, Steve Bannon pasó a ser su director ejecutivo, transformando la web en un portal de noticias cuyo objetivo era, y es, convertirse en la plataforma de la derecha nacionalista, la ahora famosa alt-right.

La alt-right, o derecha alternativa, no es más que un eufemismo para nombrar a posiciones de ultraderecha en el panorama político estadunidense, donde caben desde los nacionalistas económicos a los supremacistas blancos.


El paso de Steve Bannon de director de Breitbart a jefe de gabinete de la administración Trump simboliza muy bien lo que pasó en 8 años, donde se pasó del primer presidente negro de la historia de Estados Unidos a un personaje como Trump.


Las guerras culturales que han dado pie al ascenso de Trump y la alt-right han supuesto una breitbartización de la política, donde lo que importa ya no son los hechos en sí, sino el relato. Y ahí, la derecha ha sabido construir un relato y adaptarse muy bien al mundo del Internet y las redes sociales.


Dice el sociólogo Manuel Castells que la clave del poder hoy es la constante interacción y lucha en torno a quien controla información, y cómo se permite o no y para quién y de qué manera, la comunicación. Otro sociólogo que viene estudiando el momento de las redes sociales como una era de fragilización social, César Rendueles, plantea que después de la crisis del capitalismo de 2007/2008 ya nadie cree demasiado en la capacidad del mercado para resolver conflictos políticos (más bien los acelera), por lo que la gente deposita en la tecnología la fe en que dé lugar al surgimiento de algún tipo de nuevo orden.


El poder por tanto está hoy en disputa en torno a la información y la tecnología, y eso fue muy bien entendido por la alt-right. Mientras la izquierda seguía inmersa en dar la batalla a la industria cultural hegemónica (o en no dejarse absorber por ella), la derecha ya estaba haciendo contenido instantáneo que impactaba entre los sectores más jóvenes, nuevos votantes en muchos casos. La izquierda estadunidense intentaba disputar contenido progre en Hollywood, mientras la derecha se dedicaba a hacer memes y en una sola imagen sintetizaba el odio al establishment.


La historia nos enseña que el neoliberalismo se apropió en primer lugar del multiculturalismo, convirtiéndolo en la expresión posmoderna del capitalismo en el ámbito cultural. Después, se apropió del feminismo, e hizo de Hillary Clinton el paradigma de feminismo liberal del 1 por ciento que tan bien critica Nancy Fraser desde el corazón del imperio.


Pero la alt-right desecha la corrección política, apropiándose de la estética de la transgresión y la contracultura, que han sido expresiones habituales de la izquierda. El mejor ejemplo podría ser la revista Vice, definida por Angela Nagle como una imagen de marca construida gracias a la combinación degenerada de vacua estética hípster y transgresión pornificada. Nagle escribió Kill all Normies, disecciona las guerras culturales que han dado lugar al surgimiento de la alt-right y Trump, un troll de Twitter con un botón nuclear al alcance de su mano.
Una alt-right que se sustenta en una guerra contra el marxismo cultural y la ideología de género y que por eso encontró en Trump el ariete, el personaje ideal para encarnarla, el paradigma de la incorrección política, el supremacismo blanco y el machismo.


Y en este escenario tanto Steve Bannon como Breitbart han jugado un papel clave para ganar la batalla cultural. Bannon ha sido el estratega para lograr pasar del activismo de clic al voto, sin pasar por las calles que tanto añora la izquierda. En una sociedad en la que ya no hay emisores y receptores, sino en la que todas y todos somos emisores y receptores a la vez, la sociedad-red de Castells, o la sociedad-enjambre de Byung-Chul Han, las estrategias de comunicación deben responder a los sueños e imaginarios de la gente, pero también a los insomnios y emociones de una sociedad destrozada socialmente por el neoliberalismo, no sólo como proyecto económico, sino, sobre todo, cultural.


Bannon sabe interpretar el momento. En una de sus recientes entrevistas, y haciendo referencia al fenómeno mediático de la demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, Bannon afirmar haber interpelado a los republicanos: “Necesitamos más camareros y menos abogados”.
Para ello, Bannon ha creado The Movement, una plataforma política para articular a l

a derecha populista, nacionalista y tradicionalista, plataforma que define como un motor evangelizador sustentado en los pilares del soberanismo, la seguridad, y la economía, algo que podemos traducir como una apuesta por un neoliberalismo nacionalista en lo económico, y un neoliberalismo excluyente en lo social, que defiende el modelo de familia tradicional y apela a la xenofobia antinmigrante.


Pero la alt-right, que por medio de The Movement ya está articulando una Internacional Populista de ultraderecha para tener una fuerte presencia en el próximo Parlamento Europeo, que ya cuenta con dos cabezas de playa en los gobiernos de Trump y Bolsonaro en Brasil, ha podido conquistar estos avances a partir de una blitzkrieg en la net war, donde el uso de las redes sociales, las fake news, y la inteligencia artificial, ha sido clave para esta guerra relámpago.


Ahí también, Bannon y la plataforma Cambridge Analytics han jugado un papel fundamental, que diseccionaremos en el próximo artículo.

Katu Arkonada, politólogo especialista en América Latina

 

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Publicado enPolítica
La ultraderecha mundial pasa al ataque

El pasado martes 5 de febrero, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, afirmó que “la amenaza más grande que en este momento tiene la humanidad” es la ley de género, la enseñanza de género y la “ideología de género”, que calificó de “imposición dictatorial”, “liberticida” y “de corte estalinista”. Una vez más, la expresión “ideología de género” servía para cargar contra el movimiento feminista, como viene haciendo Vox desde su irrupción en la política española.

Pero no se trata de un fenómeno español: en Colombia, las iglesias evangélicas llamaron desde los púlpitos a votar “no” en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el Estado y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en octubre de 2016, argumentando que tales acuerdos estaban teñidos de “ideología de género”. Y Jair Bolsonaro, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de Brasil el 1 de enero, fue tajante: “Prometo combatir la ideología de género conservando nuestros valores”.


No es una novedad que la derecha y la Iglesia unan sus fuerzas para sabotear los avances de las mujeres en la conquista de sus derechos; la dictadura franquista es buena muestra de ello. Más reciente, pero tampoco novedosa, es la expresión “ideología de género” que el Papa Benedicto XVI definió como “el objetivo de liberar al ser humano de su biología”. Hace veinte años, Monseñor Óscar Alzamora Revoredo, obispo auxiliar en Lima, escribía que detrás del uso de la palabra género “se esconde también una ideología que busca hacer salir el pensamiento de los seres humanos de esta estructura bipolar” que los divide en hombres y mujeres, y calificaba de “revolucionario” este planteamiento.


Pero es en los últimos años, al calor de la fuerza de un movimiento feminista que se ha mostrado imparable a escala internacional, cuando ha cobrado relevancia la expresión “ideología de género”. Así explica este fenómeno la politóloga argentina Verónica Gago, una de las impulsoras del movimiento ‘Ni Una Menos‘ en Argentina: “Ideología de género es un concepto impulsado por la Iglesia católica que pretende organizar una contrainsurgencia sobre la fuerza y la potencia del feminismo”.


Hablar de contrainsurgencia implica la invención y demonización de un enemigo interno: en este caso, las feministas, supuestamente enemigas de los hombres, la familia y la religión Con Donald Trump al frente de Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Vox avanzando en España y partidos neofascistas –si asumimos que nos sirve esa categoría; el historiador Federico Finchelstein preferiría hablar de “populismo de derechas”–, ya existen pocas dudas de que la ultraderecha avanza en todo el mundo, y parece evidente también de que las feministas, junto a los y las migrantes, están en el centro de su diana. Esa estrategia global convive con variantes locales: en Francia, Marie Le Pen arremete contra la migración al tiempo que se autoproclama feminista y agita el miedo a que “la crisis migratoria acabe con los derechos de la mujer”.


En cualquier caso, lo habitual es que el antifeminismo conviva con la xenofobia y la defensa de los “valores tradicionales”. Vox pide la expulsión de los migrantes con la misma visceralidad que la supresión de la ley de violencia de género, al tiempo que dice apostar “por los valores, la familia y la vida”; Trump exhibe su misoginia junto a un ardiente discurso antimigratorio; en el Congreso brasileño, los diputados evangélicos se aliaron con los ruralistas –vinculados a los intereses de los terratenientes– y con quienes apoyan las armas, en la llamada “bancada BBB”: Buey, Biblia y Bala. Y, en Ecuador, el presidente Lenin Moreno aprovechó el femicidio de una mujer embarazada cometido por un migrante venezolano para agitar la xenofobia: “Les hemos abierto las puertas, pero no vamos a sacrificar la seguridad de nadie”, afirmó. En la misma operación, criminalizaba a la comunidad venezolana al tiempo que negaba la violencia machista entre sus congéneres.


Mujeres en defensa de los territorios


“La derecha está leyendo la potencia del feminismo en temas estratégicos, mientras las izquierdas tradicionales siguen infantilizando nuestra capacidad política. Incluso a nosotras nos cuesta dimensionar la potencia de ese internacionalismo de nuevo cuño que está surgiendo”, sostiene Verónica Gago. Pero, ¿por qué el feminismo se ha convertido en el principal enemigo a combatir de las derechas de todo el mundo? La politóloga lo resume en dos palabras: masividad y radicalidad.


“El movimiento feminista ha logrado ser masivo y radical al mismo tiempo, y eso lo convierte en una amenaza para los poderosos, porque pone en jaque las relaciones de obediencia en todos los ámbitos de la vida colectiva y el sistema político no está a salvo”. El feminismo ha logrado desbordar la temática de género: se ha incardinado, y esto es muy visible en América Latina, en el núcleo mismo de las luchas indigenistas y anticapitalistas, y “en la capacidad de modificar relaciones concretas en los sindicatos, las escuelas, la familia, la pareja o la fábrica”.


Así, “el feminismo fue saliendo del ‘gueto’ de la cuestión de género; y lo hizo no desde una posición de exterioridad, sino que se convierte en una dimensión interna de cada una de las luchas para radicalizarlas desde adentro, a la vez que produce planos de coordinación entre una conflictividad social en aumento”, añade Gago.


Esta capacidad para radicalizar las luchas se percibe en la efervescencia de los feminismos comunitarios e indígenas, y se encarna en el protagonismo femenino en las luchas contra proyectos extractivos como la megaminería, las grandes hidroeléctricas o los monocultivos.


Como ha señalado la antropóloga Rita Segato, el asesinato de la hondureña Berta Cáceres, como el de tantas mujeres latinoamericanas en defensa de sus territorios, fue un femicidio, pues aunque a los hombres se los mata también por resistir al avance de la frontera extractiva, en el caso de las mujeres se pretende eliminar “un estilo de hacer política, una politicidad propia de las mujeres” que, entre otras, es capaz de conectar la conquista de los territorios que habitan estas comunidades con la violencia contra los cuerpos de las mujeres.
Así lo expresó la añorada Berta Cáceres: “Si las mujeres no hablan de sus cuerpos entre sí, si no reconocen sus derechos al placer y a no sufrir violencia, no podrán entender que la militarización es una práctica de invasión territorial que se vincula con la violencia contra las mujeres, al utilizar las violaciones sexuales como arma de guerra”.


Esto sucede en los territorios que defienden las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, pero también en las ciudades: el pasado septiembre, en Buenos Aires secuestraron y torturaron a una maestra en cuyo vientre escribieron con un punzón: “Ollas no”. Su crimen había sido organizar ollas [asambleas] populares en los barrios y, con ello, sacar el trabajo reproductivo de su confinamiento doméstico y “visibilizar que son las mujeres las que se están haciendo cargo de la crisis de reproducción social que genera el neoliberalismo”, argumenta Gago.


La violencia machista se combina así con su dimensión clasista, racista y colonial, a semejanza de lo que ocurre en Europa, donde, en las elecciones andaluzas, un vídeo promocional de Vox, con Santiago Abascal y sus hombres a caballo, agitaba el símbolo de la Reconquista que finalizó en Granada el mismo año que los conquistadores españoles llegaron a América. “Lo que antes se negaba hoy aparece con exhibicionismo”, apunta Gago, y abre así el feminismo a “preguntas que van al núcleo de la crítica anticapitalista y descolonial, que deja de ser meramente ideológica para ser concreta”, como concretas son las escenas de violencia patriarcal, racista y colonial que se viven en los territorios rurales y urbanos.
En un momento de ascenso de la ultraderecha, esa nueva hegemonía se traduce en los discursos de los políticos y diarios de derechas. A primeros de febrero, Pablo Casado utilizó el pago de las pensiones para justificar su intención de derogar la ley que facilita el aborto en España: “Hay que tener más niños, no abortarlos”, afirmó, con un argumento propio de El cuento de la criada.


El 1 de febrero, el diario argentino La Nación publicó un polémico editorial titulado Niñas madres con mayúsculas, en el que ensalza el supuesto espíritu maternal de niñas embarazadas con 12 o 13 años. Pocos días antes, en la provincia de Jujuy, moría el bebé de una niña de 12 años que fue violada y a la que se le impidió abortar. Antes de la muerte del bebé, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, había anunciado que una familia “importante” tenía intención de adoptar al bebé; llevaba así a la memoria de muchos argentinos las reminiscencias del robo de bebés que fue masivo durante la dictadura militar de 1976-83.


Pero, ¿por qué esta deriva neofascista? “Creo que el neoliberalismo no logra estabilizar unos modos de obediencia, no logra que se toleren los niveles de violencia que requiere la actual fase de acumulación del capital; y las derechas han leído la capacidad de desestabilización del mundo que tiene el movimiento feminista; por eso el fascismo, en los gobiernos y como micropolítica, promete una forma de estabilización para el neoliberalismo”, sostiene Gago. La italiana Silvia Federici, que en Calibán y la bruja explicó la relación entre la caza de brujas y la acumulación originaria en los orígenes del capitalismo, lleva tiempo alertando de que hoy vivimos una nueva caza de brujas, más aguda allá donde la lucha de clases es más acentuada.


Fue siempre así: las mujeres desobedientes, antes llamadas brujas, hoy feminazis, tuvieron y tienen la capacidad de desestabilizar el sistema. En este contexto, concluye Gago, “la pregunta que debemos hacernos es qué significa cuidar esa fuerza del movimiento”. Y es ahí que se abre todo un campo de experimentación, que abarca desde las alianzas estratégicas hasta las tácticas de autodefensa, pasando por la alerta ante las distintas formas de cooptación del movimiento, como las que despliega el mercado en su propuesta de un feminismo compatible con el capitalismo.

27 febrero, 2019

Publicado enSociedad
“No hay un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo”

Motivado por historias cercanas, Bauzá, doctor en Filosofía e investigador del Conicet, decidió indagar sobre los motivos que llevan a algunas personas a provocarse la muerte. Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Stefan Zweig, Sylvia Plath aparecen entre los protagonistas.

 

El prestigioso doctor en Filosofía Hugo Francisco Bauzá recuerda como si fuera hoy algunos episodios que transcurrieron durante su infancia. Cuando tenía seis años se había mudado con sus padres a una casa grande y como había que hacer unas reformas, su padre contrató a un carpintero, un señor mayor de barba larga que “parecía un profeta bíblico y se llamaba Juan”, apunta el escritor. Bauzá recuerda que mientras ese hombre trabajaba con su garlopa, también lloraba. “Yo, azorado, desde un ángulo de la habitación lo miraba en silencio, pero eso le extrañaba”. El padre le dijo a Bauzá que ese hombre lloraba porque se le había muerto un hijo. “Después añadió que era el único hijo y, con el tiempo, supe que se había suicidado”. Esa, reconoce el escritor “fue una pequeña marca” que lo llevó muchos años después a estudiar el suicidio. Pero hubo otra: una tía de su madre murió trágicamente y el tema del suicidio “era tabú, no se podía mencionar, se desfiguraban las causas de la muerte porque daba la sensación que una muerte por suicidio no sólo enlutaba a la familia sino que, en cierto modo, la culpaba: la familia no se había percatado, no había sabido ayudarla, no se había dado cuenta de la resolución que estaba por tomar”, comenta Bauzá sobre cómo se veía el suicidio en aquella época. Cuando estudiaba en la Facultad, se mató una compañera de Bauzá por razones sentimentales mediante la ingestión de barbitúricos. “Cuando de joven leí sobre Werther en la famosa novela, basada en un supuesto epistolario de Goethe, del prerromanticismo alemán, vi que la muerte que se da Werther es una muerte espectacular que para todo joven de catorce, quince años, es un punto, un hito en su conformación espiritual. Recordemos que cuando apareció esta novela provocó una ola de suicidios, a tal punto que en algunas ciudades alemanas fue prohibida. Así que mucha gente que tenía una cuestión amorosa no resuelta e imposible de consumar, como la del joven Werther, en lugar de tratar de encontrar una solución, optaron por el suicido”, sostiene Bauzá. Lo relatado lo llevó a estudiar el tema en Miradas sobre el suicidio (Fondo de Cultura Económica), donde el autor analiza por qué razón hay seres humanos que, en lugar de aguardar la muerte de manera natural, deciden anticiparla provocándosela ellos mismos. Y lo hace desde un riguroso estudio literario, mitológico e histórico presentando casos famosos y no desde la psicología.


–Si se estudia el tema de la muerte, ¿cuánto influyen las cuestiones religiosas?


–Eso varía. Primero que lo vemos en la cultura occidental. Hace muy poco viajé a la India y a Nepal y ahí nuestras estructuras mentales son totalmente distintas. Hay una concepción distinta de la vida y de la muerte. En Occidente da la sensación que la muerte fuera una finitud, salvo los casos religiosos, mientras que en Oriente la muerte es algo así como entrar a otro estado de vida.


–Como si fuera una transición.


–Correcto. Es la muerte para que haya más vida.


–¿Cómo era el caso de los suicidios en el Medioevo? ¿La creencia era que esas almas pagaban por el acto cometido?


–Claro, la Iglesia en el 542, en el Concilio de Arlés, considera anatema a todo aquel que atenta contra su vida porque es atentar contra el don más preciado que es la vida, y no tiene posibilidad de redimirse puesto que ya está muerto. En consecuencia, para la Iglesia (me refiero al cristianismo) el suicidio es una cosa totalmente tabú. Incluso, no se los enterraba en Tierra Santa. No solamente los cristianos. Según la tradición judía, al suicida se lo entierra del lado del muro, no del lado central de lo que puede ser un cementerio israelita.


–¿Los suicidas en la época del Medioevo no podían ser enterrados?


–Podían ser enterrados pero no en zona cristiana, entendiendo como zona cristiana al camposanto, lo que hoy llamaríamos un cementerio.


–Usted menciona en el libro una estadística que indica que una tercera parte de las personas que se quitan la vida lo hacen por depresión ¿Cree que la vida moderna, llena de exigencias, favorece conductas suicidas?


–Probablemente sí. De todos modos, descreo un poco de las estadísticas. Hay algunos países donde hay un índice elevado y que suelen no dar la difusión de esas estadísticas. Es el caso, por ejemplo, de Japón, incluso Suecia y los países nórdico-europeos, donde tal vez por razones climáticas hay una tendencia a la depresión y es como un camino previo a un suicidio. En Japón, el hecho de que alguien esté al margen de una relación laboral, que no encajó en la empresa o donde fuere, hace que esa persona se sienta marginada del campo de lo social y, por lo tanto, el atentar contra la vida es una posibilidad de escape.


–¿Por qué algunas culturas o religiones consideran al suicidio un acto venerable y para otras es una deshonra?


–No sé si para algunas religiones es realmente un acto venerable, sí para algunas corrientes filosóficas. Por ejemplo, para el estoicismo todo aquel que no logra llevar una vida acorde con preceptos morales o con una norma ética, la solución es el suicidio; es decir, que para los estoicos el suicidio desde la antigüedad fue una cosa honorable cuando las condiciones de vida no eran respetables.


–¿Y en el caso de quienes lo consideran una deshonra?


–Justamente es porque tienen una especie de prurito religioso y, en consecuencia, no se puede atentar contra la vida porque para esas corrientes de corte espiritualista el suicidio va contra algo que le es dado al hombre porque uno no es propiamente dueño de su cuerpo. Esta es una línea que, en el caso de Occidente, arranca con el orfismo, después con Pitágoras. Y es una línea que caló hondamente en Platón y deriva después en el cristianismo. Así que habría una línea de corte espiritualista para la cual el suicidio es negativo y, en cambio, en oposición para los epicúreos y los estoicos la cosa es diferente. Para los epicúreos, que tienen una visión materialista del mundo, el alma perece con el cuerpo y, en consecuencia, no habría inconveniente en dejar la vida cuando no es posible llevarla dignamente.


–A diferencia de la época medieval, hoy gracias al psicoanálisis se puede tratar a una persona con ideas suicidas...


–Sí, ciertamente. El psicoanálisis ha aportado un influjo considerable porque posibilita que emerjan una serie de fantasmas que uno, a veces, tiene en el inconsciente y que no sabe dominarlo. No es que uno piensa los fantasmas sino que el psicoanálisis permite una convivencia relativamente armónica con esos fantasmas que nos tienen arrojados.


–¿Cree en eso que figura en el imaginario colectivo de quien dice que quiere matarse no se mata o esto es un mito?


–No sé exactamente qué asidero científico puede tener esa reflexión pero hay casos de las dos formas. Hay quienes hacen intentos de suicidio como un llamado de atención y, en cambio, hay quienes hacen intentos de suicidio hasta que finalmente se suicidan por motu proprio. Pienso el caso de Sylvia Plath, la famosa poeta norteamericana que tuvo tres intentos de suicidio hasta que finalmente terminó ahogándose con gas. Todo eso lo narra, de alguna manera, prefiguradamente en la novela autobiográfica La campana de cristal. Su suicidio –que fue muy famoso por la trascendencia que tuvo y por el papel cultural que representaba su poesía–, habría sido algo extraño porque ella se suicidó con gas y horas después llegó una mucama que se iba a ocupar de los hijos con la idea de ocuparse de la casa y la encontró muerta. El problema es que ella había mandado una carta anunciando ese intento de suicidio y por error de la posta la carta llegó uno o dos días más tarde. Así que nunca terminaremos de saber a ciencia cierta si fue verdaderamente un suicidio provocado o fue un intento más de suicidio como los tres que ya había tenido. Un escritor muy famoso, Al Alvarez, escribió una obra de arte extraordinaria llamada El dios salvaje, que es un estudio muy profundo de Sylvia Plath.


–¿Por qué suele asociarse al artista con la locura y, en consecuencia, con la posibilidad de matarse?


–Es un muy viejo tema en Occidente. Existe una obra, durante muchos siglos atribuida a Aristóteles, que hoy se sabe que no es de Aristóteles pero sí de sus continuadores, los peripatéticos, que se llama Problémata, que en español sería “Los problemas”. Y al comienzo de la obra, el autor se pregunta por qué todos los hombres que han estado presos de melancolía han sido personas que han descollado en el campo de las artes. Después, deriva hacia el tema del suicidio porque se hablaba de los distintos humores: el melancólico, el flemático, el colérico, etcétera. Y el melancólico era el que estaba poseso por lo que los latinos tradujeron como “atrabilis”, es decir, la bilis negra. Se hablaba de que quienes tenían abundancia de la bilis negra, de cuya existencia nadie dudaba aunque nadie la había visto, tenían una propensión a la melancolía. Habría que distinguir: una cosa es el estado melancólico por el que pasamos todos en algún momento de pequeña depresión, por angustias, por un tormento y otra cosa es la melancolía como una patología profunda que, de un modo extremo, llevaría al suicidio.


–En esto de los artistas y la locura, Ernesto Sabato decía que la diferencia entre el artista y el loco es que el artista puede transitar por los caminos de la locura pero puede volver…

–Correcto, vuelve y el otro no. Ya que usted menciona el texto de los artistas que se suicidan, en el campo de la plástica me acuerdo del caso de Rothko y el Greco. Toda la obra de Rothko gira sobre el rojo pero paulatinamente el rojo deviene negro. Es el comienzo, la prefiguración de la muerte. El caso del Greco es muy famoso: un personaje tan anárquico, tan particular y tan brillante en muchos aspectos convocó a una reunión para su suicidio. Sus amigos pensaron que era otra broma sarcástica del Greco y efectivamente se suicidó a la hora y el lugar indicado. En el caso de la literatura me vienen a la mente el caso de Horacio Quiroga que se suicidó porque tenía una crisis depresiva y porque, además, Quiroga procedía de una familia de suicidas. Y también porque tenía una enfermedad terminal. El estaba internado en el antiguo Hospital de Clínicas, su fin era inminente, logró una salida muy transitoria para recorrer la ciudad y uno de sus compañeros le proveyó arsénico o cianuro y terminó su vida. Trascartón se dio la muerte también trágica de Leopoldo Lugones, que se suicidó con whisky con arsénico en el Paseo del Tigre. En Lugones se dieron varias situaciones: un fracaso en el orden de lo político ya que había girado de un anarquismo originario hacia un modelo totalitario; fue uno de los artífices de la revolución del 30 y uno de los que supuestamente habría escrito la famosa proclama. También sufrió un gran desengaño amoroso. El hijo de Lugones, cuando se enteró que el padre tenía una relación sentimental muy profunda con una jovencita advirtió al padre de la chica sobre la historia y le dijo: “Si usted no pone fin a esta historia dramática, mañana esto sale en los diarios”. Hablando en grosero fue una muy mala postura, innoble del hijo y, entonces, cuando Lugones tomó conciencia del desengaño político, del desengaño amoroso parece que optó por el suicidio. También está el caso de Alfonsina Storni, que se suicidó. Ella era amiga de Quiroga. La muerte de Quiroga la sumió en una gran depresión. Y en Alfonsina también se dieron varias causas: madre soltera en un momento en que eso era un pecado, y una enfermedad grave. Ella había estado protegida por Botana, que la había llevado unos días a la estancia Los Granados, pero ella en determinado momento decidió tirarse al mar. No poéticamente como se dice que penetró en las aguas sino que se sabe bien por la pericia judicial que subió hasta la escollera, llegó casi a la punta a unos doscientos metros y desde allí se arrojó. En la punta de la escollera quedó prendido uno de sus zapatos. El cuerpo flotaba y fue descubierto por dos obreros portuarios. Uno fue a dar aviso a la Policía y el otro que nadaba bien se arrojó al agua para traer el cuerpo.

–¿Cree que alguien puede matarse en pos de sus ideales como hacían algunos poetas románticos?


–Sí, por supuesto. Hay muchos que lo han hecho, pero yo creo que siempre hay un estado depresivo previo que lleva a esa especie de enajenación. Recuerdo en el caso de Argentina a la joven Delfina Tiscornia, que creo que tenía treinta años, cuando dejó un poemario extraordinario y en él sobrevuela la idea de la muerte buscada. Es un poemario desgarrador.

–Los dadaístas creían en el acto de la muerte como espectáculo como, por ejemplo, Jacques Rigaut, quien consideraba al suicidio como una vocación.


–Sí, dentro de los surrealistas hay una gama muy variada de ver el suicidio como espectáculo, pero tal vez no se pueda generalizar porque en cada uno de ellos hay opiniones y actitudes diferentes que los han llevado a cometer ese acto.


–¿Dostoievski provocaba el suicidio de algunos personajes de sus novelas porque su religión le impedía matarse?


–Claro, Dostoievski era ortodoxo. Así que él, de algún modo, defendía la vida, pero si uno ve la novelística de Dostoievski, incluso sus cuentos, hay muchos personajes que se suicidan. Se habla del suicidio lógico, en el sentido de que quien no tiene la posibilidad de sobrellevar una vida dignamente no le cabe más remedio que el suicidio. Entre los primeros cuentos de Dostoievski, hay dos muy transitados por los lectores donde los personajes se suicidan.


–¿La muerte en la ficción puede presagiar la muerte en la realidad tal como se menciona el caso de Virginia Woolf?


–Sí, evidentemente hay escritores que en su obra uno advierte que, paulatinamente, hay un camino al suicidio que, a veces llegan a cometerlo y, a veces, no, pero está como prefigurado. Se pueden plantear algunos casos. Por ejemplo, el poeta Heinrich Wilhelm von Kleist que en su obra se advierten datos suicidas y él se suicidó. Además, tuvo un suicidio espectacular porque no lo hizo por su amada sino con su amada. Luego de haber tenido una noche orgiástica de pleno goce ambos se dieron mutuamente la muerte. El le pegó un tiro y luego él se mató, con consentimiento de la pareja. Un pacto suicida. Ocurrió más tarde con el caso del famoso novelista Stefan Zweig: se mató con su mujer, su segunda esposa en la ciudad de Petrópolis. Se dieron varias causas: él tuvo que huir de Europa a causa del nazismo, se había refugiado en Petrópolis, después de una pequeña estancia en Gran Bretaña. Estando en Petrópolis llegó a recibir tristes informes de que la persecución nazi llegaría a Latinoamérica, así que desesperado por esa causa y por la enfermedad de su mujer decidieron darse la muerte.


–¿Cómo surgió el interés de Albert Camus por abordar el tema del suicidio?


–Camus era un vitalista, estaba contra el suicidio. Decía que aun cuando uno no sepa lo que es la vida (porque en el fondo la vida es misterio) tiene la obligación de asumirla y de vivirla perpetuamente. Es por ejemplo lo que se ve en el mito de Sísifo, que acepta el castigo no porque sea una imposición sino porque por su propia voluntad debía asumirlo.

–Otro autor que trabajó el tema del suicidio fue el argentino Antonio di Benedetto…


–Sí, este famoso novelista mendocino cuyo padre se suicidó cuando él tenía alrededor de catorce años, tenía una huella suicida. Es autor de la obra Los suicidas, donde naturalmente elucubra sobre este tema. También sucedió con Quiroga y Lugones. Margaux Hemingway escribió la biografía de su abuela y contó siete suicidios en su familia. Parece ser que fuera como una huella. No digo que haya un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo.

Jueves, 24 Enero 2019 06:36

El machismo en el ocaso del padre

El machismo en el ocaso del padre

El machismo presente en la violencia contra el sexo femenino es signo de la decadencia patriarcal ya que se apela a la fuerza cuando no hay autoridad, plantea la autora, que explica y resalta la importancia de diferenciar ambos términos. “Hay machismo cuando no hay padre”, concluye.

La violencia contra las mujeres está lamentablemente a la hora del día y, si bien ella no es nueva, cabe ubicarla bajo la perspectiva de ciertos ángulos de nuestra contemporaneidad. Históricamente en la Argentina las cifras oficiales a nivel nacional sobre violencia contra las mujeres fueron escasas. Los únicos registros al alcance consistieron en aquellos provistos por organizaciones de la sociedad civil, que recolectaban datos de noticias policiales en medios. Pero desde hace pocos años es posible saber –oficialmente– que una mujer muere por día víctima de femicidio en algún punto del país. Se dirá que la violencia contra las mujeres ha existido siempre y que la dominación sobre ellas es una constante en el marco del sistema patriarcal, pero la particularidad de la violencia actual estaría dada por el ocaso de ese régimen y –según nuestra idea– es ese ocaso el que da forma a la brutalidad con la que emerge. Detengámonos en la palabra “ocaso” para precisar que no es el equivalente a “desaparición” sino afín a declinación en la que algo pervive pero ya no reviste el valor de antaño.

Conviene también diferenciar patriarcado de machismo, términos que se confunden en los estudios dedicados a esta problemática y que urge distinguirlos tal como lo haremos en este libro. En principio la palabra “patriarcal” alude a “padre” mientras que el vocablo “machismo” alude a “macho”, es decir que no son equivalentes. Si el padre tiene un estatuto simbólico que sobrepasa la reproducción: padre de una idea, de una Nación, de un movimiento, de una doctrina etc., macho solo remite a un animal de sexo masculino o a un hombre en el que se destacan las cualidades tradicionalmente consideradas masculinas como la fuerza, la virilidad o el vigor. Podemos adelantar que el machismo presente en la violencia contra el sexo femenino es signo de la decadencia patriarcal ya que se apela a la fuerza cuando no hay autoridad. Conviene diferenciar ambos términos y recordar que justamente Lacan consideró a la exaltación viril como... femenina1. No cabe entender esta afirmación bajo la forma de una desvalorización de la mujer sino que Lacan quiso indicar que es de “poco hombre” tal mostración.


Tal exaltación se muestra bajo el ejercicio de la violencia y aquí los ejemplos abundan desde esos jóvenes entrenados en boxeo que exhiben las marcas de su “coraje viril” cometiendo asesinatos, las barras bravas que alardean agresividad y aguante como signos de atributos de macho, la cruda vigencia de las guerras pautadas por los hombres y sus códigos hasta los negocios encarados con estrategias bélicas y los autos conducidos cual balas fálicas etc. Podríamos agregar la violencia contra el sexo femenino y toda aquella que se ejerce como demostración de “poder”. Es que incluso, sin circunscribirnos a la violencia callejera sin precedentes o a la que brota de la más brutal segregación, la violencia también está presente en el mundo de la economía y de los negocios. Obsérvese que sus héroes son impiadosos, depredadores tal como lo expresa la película En buena compañía, de Paul Weitz, en la que un joven ejecutivo, para conseguir el cargo al que aspira, promete a su jefe: “Iré por ese mercado y lo conquistaré sin tomar prisioneros, eliminaré a todos los enemigos”.


¿Cómo se concilian tales observaciones con la mentada caída de la virilidad, anunciada por los discursos contemporáneos? Al respecto, cabe señalar que no fue sólo el psicoanálisis el que señalo tal descenso, sino que además de la sociología, fue la filosofía la que por boca hegeliana preanunció la progresiva desvirilización del mundo.


Cuando Kojève2 lee el libro de Francoise Sagan Bonjour tristesse afirma que en las playas de la Costa Azul descriptas por la joven escritora se pasean los varones del nuevo mundo, el de la posguerra. Hombres que tienen la molesta tendencia de ofrecerse a la mirada, desnudos, pero obligatoriamente musculosos. Las referencias al “mundo nuevo” con el tropel vanguardista de este perfil de “machos”, no dejan de tener resonancias hegelianas, incluso el título del artículo se llama: “Sagan: el último mundo nuevo”. Parece pues aludir al mundo que nace en los albores del fin de la historia preconizada por Hegel, por Kojève como su discípulo y más recientemente por Fukuyama. Este autor japonés ha sido muy controvertido, a veces se lo critica por desconocerlo, suponiendo que había creído en una culminación apocalíptica del devenir. Otras, se lo acusa de conservador por vaticinar el fin de las ideologías, es decir la universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano3.


En su lectura del caso Juanito, Lacan4 se apoya en el texto de Kojève para referirse a la futura virilidad de ese niño, augurándole un lugar pasivo en sus lazos heterosexuales. Pero más allá del caso en cuestión, Lacan, en correspondencia con el filósofo, acentúa el tema de la desvirilización epocal. Miller5 afirma que la idea del declive viril, incluso su desaparición del mundo contemporáneo, no es pensable sin el declive del padre. ¿Van entonces al unísono padre y virilidad, al punto donde la caída de uno se identifique con la caída del otro?


Freud6 considera que el niño deja el complejo de Edipo a partir de la amenaza de castración proveniente del padre, o de un sustituto capaz de portar esa autoridad para la madre. El infante es presa de una elección forzada: debe elegir entre el enlace libidinal con la madre y el interés narcisista por conservar su pene, por la amenaza de castración vence este último poder. En una suerte de disyunción entre la bolsa y la vida, el pequeño aprende que optar por la bolsa que representa el incesto implica perder la vida, cabe recordar que Lacan habla del falo real en términos de turgencia vital.


El pene entonces está excluido en el circuito sexual edípico, elegir a la madre es elegir esa omisión, mientras que si se opta por la prevalencia del pene, ello implica mantener esa parte renunciando al todo. La masculinidad está pues necesariamente marcada por el padre, bajo la forma de esa amenaza que no es otra que la de la instauración de la disyunción lógica, en la que algo se perderá inevitablemente.


Freud y Schopenhauer


Dijimos que la virilidad se afirma como consecuencia de una delimitación operada por el padre, pero también debemos agregar que el triunfo del pene sobre el incesto lleva también el sesgo de algo que trasciende al pene mismo, en el que se prefigura la paternidad futura del ahora niño. Es que el pene, para Freud, debe su investidura narcisista extraordinariamente alta a su significación orgánica para la supervivencia de la especie, entonces: “se puede concebir la catástrofe del complejo de Edipo –el extrañamiento del incesto, la institución de la conciencia moral y de la moral misma– como un triunfo de la generación sobre el individuo”7. Imposible no retrotraernos a la influencia de Schopenhauer en Freud, este filósofo extrema de tal manera el valor del genio de la especie sobre el individuo, que considera que el amor mismo es una argucia de la que ese espíritu se vale para encaminarlo a sus fines reproductivos8.


Y si nos remitimos al creador del psicoanálisis, notaremos que el énfasis puesto en la procreación indica la acentuación de un interés narcisista que paradójicamente excede al yo mismo, al servicio, entonces, de un orden que lo traspasa. Se trata aquí de una virilidad que lleva la impronta de lo que la rebasa, y que en una suerte de trascendencia inmanente conjuga dos polos en general inconciliables: el individuo y la especie.


“El individuo lleva realmente una existencia doble, en cuanto fin para sí mismo y eslabón dentro de una cadena de la cual es tributario contra su voluntad o, al menos, sin que medie esta. El tiene a la sexualidad por uno de sus propósitos, mientras que otra consideración lo muestra como mero apéndice de su plasma germinal, a cuya disposición pone sus fuerzas a cambio de un premio de placer; es el portador mortal de una sustancia –quizás inmortal, como un mayorazgo no es sino el derechohabiente temporario de una institución que lo sobrevive. La separación de las pulsiones sexuales respecto de las yoicas no haría sino reflejar esta doble función del individuo”9.


Lo masculino aúna esa dualidad, portando la semilla de “una institución que lo sobrevive”. ¿Más allá de la fecundación de un hijo, no se llama acaso “gran hombre” al que ha sido padre? Padre de la patria, padre de una doctrina, padre de un movimiento, padre de una fórmula, padre, en fin, de una idea.


Los significantes no tienen el mismo valor, ya en los comienzo de su enseñanza Lacan delimitó la importancia del decir fundante y luego en “Subversión del sujeto...”10 expresó a manera de adagio: “Lo dicho primero decreta, legisla, aforiza, es oráculo, confiere al otro real su oscura autoridad.”


Ese dicho se recorta de los otros, tomando necesaria relevancia, separándose así del conjunto, trazando lo real del padre en el sitial donde se yergue lo enigmático de su poder. Si esa autoridad conferida tiene algo de oscuro es porque nunca podrá ser asimilada al registro transitivo de lo fraterno, si luego del asesinato y el acto canibalístico el padre sigue existiendo en la figura del tótem, es porque de él queda un resto imposible de incorporar por la fratria. Si en las fórmulas de la sexuación Lacan consideró al mito de Tótem y tabú y no tanto al mito edípico, es porque se trata de un mito que al mostrar el fracaso del crimen perfecto, ilustra en esa falla la real extimidad del padre. En el Seminario 2011 con las fórmulas de la sexuación, el padre real halla su localización específica a nivel de la excepción que posibilita la constitución del todo.


El padre, negador de la esencia fálica


El hombre en tanto todo se inscribe mediante la función fálica gracias a un límite en la existencia de una x que niega la función, y ello no es otra cosa que la función paterna. La castración, como operación real, se ubica en torno a ese “algo que dice no a la función fálica” comportando para el hombre la “posibilidad de que goce del cuerpo de la mujer, en otras palabras, de que haga el amor”12.


El padre, entonces, instaura un universo masculino que no se cierra en sí mismo, ya que la existencia de la excepción, que niega la esencia fálica, abre en ese universo la apertura hacia una mujer. Tanto Freud como Lacan pensaron la posición masculina en términos de una cesión, por ello en el saber popular “caballero” es quien cede un lugar a una mujer. Si nos remitimos al texto “Introducción del narcisismo”, comprenderemos que Lacan formalizó aquello que Freud afirma cuando sitúa que el pleno amor de objeto según el tipo de apuntalamiento es característico del hombre: “Exhibe esa llamativa sobrestimación sexual que sin duda proviene del narcisismo originario del niño y, así, corresponde a la transferencia de ese narcisismo sobre el objeto sexual”.


El “empobrecimiento libidinal del yo en beneficio del objeto” supone en Freud la operación paterna que, al conmover el narcisismo originario, da lugar a que el mismo se desplace al objeto. Nótese la correspondencia: lo que en Freud es pérdida del narcisismo, en Lacan es negación de la esencia fálica.


La declinación paterna puede entonces pensarse como desaparición de la excepción, en un mundo en el que se suprimen las diferencias y se borran las singularidades. ¿Cuál es su consecuencia a nivel de la masculinidad? Si no hay universo masculino sin un padre que, al constituirse como excepción, lo afirme al negarlo como conjunto cerrado, ¿podemos pensar una virilidad sin padre? Ella adoptaría distintas formas en las que leeríamos las consecuencias de la ausencia del “al menos uno que dice que no”. Podríamos localizar sus efectos en esa “virilidad” de la que habla Kojève, la del cuerpo que se muestra cual oropel en el exhibicionismo “macho”, el hombre que no porta emblemas de un ideal que lo trasciende, sino que gusta ofrecerse como objeto en la pasarela de las vanidades musculosas, o que quiere mostrar su poder en el ejercicio de la violencia. Notamos aquí la ineficacia de un padre para negar la esencia fálica, se infiere pues que hay machismo cuando no hay padre.


* Psicoanalista, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.


1 Ello no equivale a una feminización del mundo sino a una, si cabe la palabra “falicización” que si toca en todo caso a lo femenino es en tanto ellas son expertas en su mascarada pero la esencia no deja de ser fálica. Esta precisión se aclara teniendo en cuenta la siguiente afirmación de Lacan: “El hecho de que la femineidad encuentre su refugio en esa máscara por el hecho de la Verdrängung inherente a la marca fálica del deseo, acarrea la curiosa consecuencia de hacer que en el ser humano la ostentación viril misma parezca femenina”. “La significación del falo”. Escritos 2, Bs. As. Siglo veintiuno editores, trad. Tomás Segovia,1987,p.675.
2 Kojève, A.F; “Sagan: El último mundo nuevo”. Descartes. n° 14, 1996.
3 No creo que este planteo se aleje demasiado del de Lacan cuando dijo “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”, “Proposición del 9 de octubre”, Momentos cruciales de la experiencia analítica, Bs. As., Manantial, 1987, p. 22. Con esto Lacan sigue a Kojève como también lo hace el propio Fukuyama ya que en ambos, la lectura de Hegel proviene de esta influencia.
4 Lacan, J; “La relación de objeto”, Libro IV, El Seminario, Bs. As, Paidós, 1988, pp. 418-420.
5 Freud, S; “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, op.cit, T XIX, Bs. As.; 1976, p. 275.
6 Freud, S., “El sepultamiento del complejo de Edipo”, Obras Completas, T XIV, trad. José Etcheverry, Bs. As., Amorrortu, 1990, p. 76.
7 Freud, S; “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, op.cit, T XIX, Bs. As.; 1976, p. 275.
8 Schopenhauer, A., El amor, las mujeres y la muerte, trad. Miguel Urquiola, Biblioteca Edaf, Bs. As., 2003, p. 81.
9 Freud, S.; “Introducción al narcisismo”, op.cit.; T XIV, p. 76.
10 Lacan; J; “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, Escritos II , trad. Tomás Segovia, Siglo veintiuno editores, Argentina, 1985, p. 787.
11 Lacan. J., “Aún”, El Seminario, Libro 20 , trad. Diana Rabinovich, Demont-Mauri y Julieta Sucre, Ed. Paidós, Bs. As ,1981, p. 95-8.
12 Ibíd., p. 88.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:37

El barco fantasma

El barco fantasma

El velero de cuatro palos amanece anclado en las quietas aguas de la bahía de San Juan del Sur, y los fuertes vientos de finales de diciembre lo hacen girar desde el costado de estribor hasta dejarlo de proa a la costa. Es el Sea Cloud, un buque para cruceros de lujo que puede alojar a 60 pasajeros.


Los folletos hablan de él como de una leyenda romántica, con sus camarotes que conservan el estuco historiado en las paredes, los muebles de teca, sus ricos tapices, baños y chimeneas de mármol, y las llaves de los grifos de oro puro,” la magnificencia de los grandes palacios franceses”. La lista de pasajeros es un secreto bien guardado, y hay entre ellos “poderosos empresarios y altos directivos de multinacionales”.


Cuando llega la noche de despedida de año, el Sea Cloud parece arder con toda su arboladura encendida con ristras luces, pero el viento no trae música de fiesta, contrario a su vieja tradición, pues en un tiempo fue un cabaret flotante, cuando se llamaba Angelita y el mascarón de proa era una feroz águila dorada.


Fue botado en Bremen en 1931, encargo del magnate financiero Edward F. Hutton y su cónyuge, Marjorie Post, dueña de General Foods y emperadora del cornflake. El presidente Franklin Delano Roosevelt y su esposa Eleonora pasaron allí su luna de miel. Su primer nombre fue Hussar V, con 110 metros de eslora, el yate más grande del mundo para entonces.
Pero en 1955 lo compró el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, presidente vitalicio de la República Dominicana, Padre de la Patria Nueva, Invicto de los Ejércitos Dominicanos, Primer Anticomunista de América, entre sus más de 20 títulos oficiales. Se propuso él mismo para Premio Nobel de la Paz, pero con nula fortuna.


El velero llegó a puerto en Ciudad Trujillo, la capital, al tiempo de celebrarse la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre, montada para conmemorar sus 25 años en el poder, y lo bautizó con el nombre de su hija Angelita. Fue coronada reina de la feria en medio del calor infernal del Caribe vistiendo un abrigo hecho de 600 pieles de armiño ruso que valía 80 mil dólares.


Quien más disfrutaba del barco era, sin embargo, Ramfis, el primogénito: coronel a los cinco años de edad, general de brigada a los nueve y generalísimo a los 10, figuraba a la cabeza de La Cofradía, un grupo de alegres disolutos del que formaba parte su cuñado Porfirio Rubirosa, el más famoso playboy internacional de aquel tiempo, casado con Flor de Oro Trujillo, otra de las hijas del Paladín de la Libertad.


Las fiestas hasta el amanecer eran continuas, con el velero anclado o en travesía. Se alternaban las orquestas románticas y las que tocaban merengues ripiaos, y no era raro ver en ellas a Yul Brynner, Kim Novak o Zsa Zsa Gabor. Algunas veces comparecía el propio Salvador de la Dignidad Nacional, y hay quien atestigua haberlo visto pasearse en cueros por la cubierta, deseoso de mostrar sus atributos masculinos delante de la concurrencia.


No faltaba Radamés, hermano menor de Ramfis, bautizados ambos con nombres de personajes de la ópera Aída de Verdi; tampoco otros miembros de aquella fauna que buscaba blanquearse la piel porque les horrorizaba el color atezado que los denunciaba como mulatos: los hermanos del Protector de Todos los Obreros, Héctor Bienvenido, alias Negro (para su mala fortuna), o Amable Romeo, alias Pipí, patrón de burdeles, los que sólo podían funcionar al amparo de la “tarjeta de Pipí” que él extendía.


El Campeón de la Democracia Continental fue muerto a tiros el 30 de mayo de 1961, y el 18 de mayo del mismo año Ramfis cargó el ataúd en el velero, e igual hizo subir a bordo numerosos cajones llenos de billetes, tras saquear el Banco Central. Partieron rumbo a Cannes, pero cerca de las Azores el barco fue interceptado por la marina de Portugal, y obligado a regresar al puerto de origen con su carga, cadáver y dinero.


La inmensa fortuna familiar conseguida en base a robos, estafas y desmanes de poder se disipó para siempre. Ramfis murió en un accidente de automóvil en España, conduciendo un Ferrari; Rubirosa murió en París, cuando chocó al volante de otro Ferrari; a Radamés le pasaron la cuenta sicarios del narcotráfico en Colombia. Amable Romeo, Pipí, vio desaparecer su imperio de burdeles y murió añorando sus gallos de pelea en Miami.


Angelita tiene una estación de gasolina en Miami y predica en las esquinas la llegada del reino.


Cuando me asomo a la bahía la mañana del 2 de enero, el Sea Cloudha desaparecido del paisaje. Un barco fantasma, me digo, que llega a las costas de Nicaragua cada fin de año y me lo imagino alzando velas para seguir paseando por los mares, hasta el fin de los siglos, el féretro del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, dictador perpetuo.


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Hay 12 mil 800 menores migrantes en detención, cifra sin precedente en EU

La detención de niños migrantes alcanzó índices jamás vistos: 2 mil 400 menores estaban detenidos en mayo de 2017, cifra que subió a 12 mil 800 este mes, informó este lunes el diario The New York Times.

El incremento que ha puesto a prueba la capacidad de los refugios, no se debe al aumento de menores entrando por la frontera, sino a una reducción en el número de infantes que son liberados, sugiere una investigación del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.

Trabajadores sociales aseguran que el cuello de botella está poniendo demasiada tensión lo mismo en los menores migrantes que en el sistema que cuida de ellos.

Actualmente, los refugios operan a 90 por ciento de su capacidad; en mayo de 2017 operaban a 30 por ciento.

Muchos cruzaron la frontera sin sus padres y fueron enviados a más de 100 refugios distribuidos principalmente en el suroeste de Estados Unidos.

Los datos recopilados y reportados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos al Congreso dan cuenta de que a pesar de los esfuerzos de la administración del presidente Donald Trump para desalentar la migración de centroamericanos, no ha variado el flujo de menores que cruzan la frontera; la única diferencia es que ahora menos familiares y responsables de los menores acuden para hacerse cargo de ellos por miedo a la estricta aplicación de las leyes migratorias, derivada de la política de tolerancia cero dispuesta por Trump.

En tanto, la Unión para las Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU), advirtió en un informe publicado este miércoles que el muro que la administración de Trump pretende construir en la frontera con México aumentará la cifra de muertes de indocumentados, pero no reducirá el flujo migratorio.

En el informe Muerte, daño, fracaso: Impactos pasados y futuros de los muros en la frontera México-Estados Unidos, la ACLU destacó que la construcción de más bardas fronterizas "sería un tremendo derroche de dólares provenientes de los impuestos, agravaría el daño a las comunidades vecinas y al medio ambiente, y aumentaría la tasa anual de muertes de migrantes".

En tanto, el senador Jeff Merkley, de Oregon, dio a conocer documentos del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que muestran que la administración Trump desvió 9.8 millones de dólares de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias hacia la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas para incrementar la detención de migrantes.

El senador Merkley calificó el hecho de "escandaloso", y añadió "no fue suficiente con separar a miles de menores de sus padres, el gobierno eligió pagar por este horrendo programa a cambio de disminuir su capacidad de respuesta ante la devastadora temporada de huracanes que se avecina".

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Cuatro palabras que cambiaron el curso de la historia

-¿También bebés?

-También bebés.


Estas cuatro palabras, emitidas por la cadena de noticias CBS en 1969, tuvieron un profundo impacto en la opinión pública estadounidense, en la presidencia de Nixon y en el curso de la Guerra de Vietnam. Esta semana, la pregunta sobre los bebés volvió a escucharse en la Casa Blanca, esta vez en torno a los miles de niños inmigrantes, algunos de apenas unos meses, arrancados de los brazos de sus madres y padres y encarcelados en jaulas por orden del presidente Donald Trump.


La pregunta “¿También bebés?” fue planteada hace medio siglo por el experimentado periodista de investigación Mike Wallace a un joven veterano de guerra de Vietnam llamado Paul Meadlo. “También bebés”, respondió Meadlo, un soldado raso del ejército que, junto con muchos otros soldados estadounidenses, había llevado a cabo una incursión contra un poblado vietnamita llamado My Lai el 16 de marzo de 1968.


Lo que siguió llegó a conocerse como la Masacre de My Lai. Los soldados estadounidenses masacraron a más de 500 civiles en el transcurso del día. “Suplicaban y decían: ‘No, no’. Y las madres abrazaban a sus hijos y… bueno, seguimos disparando. Ellos agitaban los brazos y suplicaban”, le declaró Meadlo a Wallace.


Meadlo llegó a la entrevista con CBS gracias a un joven periodista independiente llamado Seymour Hersh, que estaba investigando la masacre. Hersh localizó a Meadlo, obtuvo su testimonio y lo convenció de hacer la entrevista para CBS . Lo que el periodista descubrió sobre la masacre de My Lai lo atormenta hasta el día de hoy. En una entrevista para Democracy Now! sobre su nuevo libro, Reporter: A Memoir (Periodista: una autobiografía, en español), Hersh expresó: “En lugar de encontrarse con el enemigo, en el poblado solo había familias, mujeres, niños y ancianos. Y entonces comenzaron a asesinarlos. Los arrojaron a una zanja, violaron a las mujeres, los mataron. Arrojaban a los bebés y les disparaban con bayonetas. Esto fue difícil de procesar para mí, fue muy difícil en el primer año. Algunas de las cosas que mantuve fuera del artículo inicial eran simplemente horrendas”.


En cuanto a la aparición de Meadlo en CBS , Hersh recordó: “Mike Wallace, que era fuerte como un toro, le preguntó cinco veces en esa entrevista, ‘¿También bebés?’ y siguió repitiendo ‘¿También bebés?’”.


Más adelante, Hersh publicó el informe sobre la masacre en la pequeña agencia de noticias antibélicas Dispatch News Service, después de que varios de los principales medios estadounidenses la rechazaran. En 1970 recibió el Premio Pulitzer por esta investigación. Hersh considera que existen paralelismos entre aquella situación y la cobertura que finalmente está haciendo la prensa sobre la actual crisis de separación de familias inmigrantes. “Esto podría ser un punto de inflexión”, opinó Hersh.


Hoy vemos fotos de niños y niñas llorando junto a sus padres y madres esposados, y hemos podido escuchar una grabación publicada por el medio ProPublica donde se escucha a los niños gritar “¡Mamá! ¡Papi!” mientras un guardia se burla de ellos, diciéndoles “Bueno, aquí tenemos una orquesta. Solo falta el director”. Autoridades electas y medios de comunicación se han congregado en la región fronteriza de Estados Unidos y México para exigir el acceso a los centros de detención. La secretaria de Seguridad Nacional,Kirstjen Nielsen, fue interrogada en una conferencia de prensa en la Casa Blanca acerca de por qué su departamento solo había publicado fotos de niños de más de 10 años de edad encarcelados en jaulas y ninguna foto de niñas o niños pequeños. “¿Dónde están las niñas? ¿Dónde están los bebés?”, le preguntaron varias veces. La confusión de la secretaria Nielsen sobre el paradero de bebés y niñas desató reacciones aún más fuertes.


La política de Trump de “tolerancia cero” hacia inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo en la frontera sur de Estados Unidos, anunciada por el fiscal general Jeff Sessions el pasado 6 de abril, permitió que el Departamento de Seguridad Nacional, con su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y su Patrulla Fronteriza, arrestara a los adultos sospechosos de cruzar la frontera sin la documentación adecuada, y los separara de sus hijos. La cantidad de niños y niñas secuestrados por estos organismos es mayor a 2.300. La revista electrónica The Intercept estima que han sido más de 3.700 desde octubre.


Decenas de activistas defensores de los derechos de los inmigrantes han organizado protestas en todo el país contra la orden de Trump desde el mismo día de su emisión. El movimiento se fue multiplicando. Muchos congresistas exigieron ver a los niños encarcelados. Gobernadores demócratas y republicanos comenzaron a emitir órdenes ejecutivas para retirar o impedir que las tropas de la Guardia Nacional dependientes de sus estados acudan a la frontera para ayudar al Departamento de Seguridad Nacional. Varias aerolíneas se unieron en su rechazo de transportar a los niños separados de sus padres. El miércoles, finalmente, Trump emitió una orden ejecutiva que revierte su propia decisión. Desde ahora, las familias ya no serán separadas al atravesar la frontera.


Sin embargo, eso no soluciona la crisis de los miles de niños y niñas que ya han sido arrancados de los brazos de sus padres. No se generó un mecanismo para reunir a los padres, de los cuales algunos ya han sido deportados, con sus hijos, que todavía están en jaulas, cárceles y campamentos de emergencia establecidos a lo largo de todo el país en 17 estados.


Hace cincuenta años, cuatro palabras escuchadas en todo el país cambiaron el curso de la Guerra de Vietnam: la pregunta “¿También bebés?” y la respuesta “También bebés”. Cuatro palabras que se escucharon esta semana, “Mamá, mamá. Papi, papi”, expusieron la crueldad del gobierno de Trump y cambiaron poderosamente el curso del debate sobre la inmigración.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El Pentágono y la agencia ICE preparan instalaciones para albergar a 20 mil indocumentados

Los testimonios de padres y niños migrantes tratando desesperadamente de encontrarse después de ser forzosamente separados por el régimen de Donald Trump se han multiplicado, mientras el presidente calificó ayer de falsas las historias de tristeza que cuentan sus críticos sobre los menores.

La confusión impera entre funcionarios y abogados que, desesperadamente también, tratan de entender si hubo o no un cambio de política y sus implicaciones, después de la firma de la orden ejecutiva para poner fin a las separaciones e instrucciones del mandatario para que se reunificaran las familias separadas. Si procede, la nueva disposición cambia una de separación de familias por una de encarcelamiento de familias.

Pero el primer obstáculo para reunificar a esas familias es que nadie sabe bien dónde están muchos de los más de 2 mil 500 niños que han sido separados de sus padres sólo en los pasados dos meses (más de 4 mil durante el último año).

Se supone que se encuentran entre los más de 11 mil menores de edad clasificados como no acompañados que están internados en unos 100 albergues en por lo menos 16 estados.

Sin embargo, nadie parece saber en cuáles ni cuántos han sido colocados con familiares de este país o con guardas. Incluso, si fueron deportados o finalmente reunificados con sus familias.

Abogados y oficiales narran que madres y padres detenidos preguntan –con lágrimas y furia– una y otra vez por la ubicación de sus hijos, cuándo los verán de nuevo, y que una y otra vez tienen que responder que no saben. Erik Hanshew, defensor público en El Paso, dijo al Washington Post que en los procesos judiciales para adultos detenidos interrogó ante el juez a un agente de Migración, a quien preguntó si sabía dónde estaba la niña de cuatro años que estaba con su cliente cuando fueron detenidos. La respuesta de los agentes es siempre negativa. Ni se le proporcionó información al padre sobre cómo ubicar a su hija. Durante el interrogatorio, el juez enfureció e incrédulo comentó que cuando te procesan en una cárcel y te quitan tu cartera, te dan un recibo, pero si te quitan a tus hijos, ¿no te dan nada? ¿Ni una hoja de papel?

La red de albergues para menores de edad migrantes, que en realidad se trata de centros de detención, son operados de manera privada, bajo contrato con el Departamento de Salud y Servicios Humanos, en lo que es un negocio multimillonario, el cual se está ampliando con las nuevas políticas de Trump de crear centros para menores de 13 años –incluso hay bebés– y ciudades de carpas para alojar a cientos más.

Por otro lado, se reportó ayer que la agencia migratoria ICE está buscando ampliar su capacidad de detención para acomodar a unas 15 mil familias. Se informó que el Pentágono está preparando lugares en bases militares para unos 20 mil migrantes detenidos, se supone que con niños.

El costo de alojar a un niño en estas ciudades de carpas es de 775 dólares la noche (más que muchos hoteles de lujo), mientras mantenerlos en albergues más tradicionales cuesta 258, reportó NBC News citando fuentes oficiales. La estancia promedio en esas instalaciones es de casi dos meses.

Todos los medios nacionales están repletos de crónicas sobre la agonía de madres y padres buscando a sus hijos, de los cuales fueron separados dentro de un complicado gigantesco laberinto burocrático, más aún por falta de coordinación entre agencias, barreras de idioma y por el caos generado desde lo más alto.

Ayer, Trump intentó descalificar esas historias declarando que los demócratas están difundiendo cuentos falsos de tristeza y dolor. Reiteró que las leyes de inmigración son débiles y por tanto la necesidad de una frontera sureña fortalecida, ya que “no podemos permitir que nuestro país sea abrumado por migrantes ilegales”.

Poco después intentó cambiar la narrativa –tras su derrota por niños migrantes– al acusar que las verdaderas víctimas de lo que llama la crisis de migración son estadunidenses. Sostuvo una reunión, en la cual tuiteó: “Estamos reunidos para escuchar directamente a las víctimas americanas de la migración ilegal. Estos son ciudadanos americanos permanentemente separados de sus seres queridos, porque fueron asesinados por criminales extranjeros ilegales”.

En el encuentro agregó que esos ciudadanos están permanentemente separados de sus seres queridos. No por un día o dos, sino permanentemente, porque fueron asesinados por extranjeros criminales e ilegales.

Pero críticos y activistas continuaron denunciando como cruel la política de Trump. Esta es una crisis humanitaria de proporciones épicas, que fue creada por el presidente Trump, acusó el abogado David Leopold, ex presidente de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración. Señaló que la orden ejecutiva no resuelve esa crisis. Se realizará una acción de protesta nacional el 30 de junio, mientras el torrente de denuncias continúa por todo el país.

Mientras tanto, relatores especiales sobre derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas expresaron que la orden ejecutiva del presidente no resuelve el problema de fondo de mantener a niños en detención, sea separados o con sus familias, y llamaron a que el gobierno estadunidense los libere. La detención de niños es punitiva, daña severamente su desarrollo y, en algunos casos, podría llegar a ser tortura (https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/Display News.aspx?NewsID=23245&LangID=E).

En medio de todo esto, con el régimen de Trump nutriendo la ola antimigrante, una nueva encuesta de Gallup reveló que 75 por ciento de estadunidenses –nivel récord– opina que la migración es algo positivo para el país. Sólo 19 por ciento opina lo contrario.

Más información en http://www.jornada.com.mx/sin- fronteras

Sábado 23 de junio de 2018
Nueva York

Publicado enInternacional
Lunes, 18 Junio 2018 06:27

Alerta amber

Pediatras y sicólogos han advertido sobre el daño irreparable que se provoca a los niños al separarlos de sus padres, política que el gobierno del presidente Donald Trump está aplicando a todas las familias que cruzan la frontera estadunidense sin documentos. En la imagen, una niña hondureña de 2 años que fue separada de su madre. Gráficas como esta se viralizaron y una fue portada del Daily News.

Miles de niños, en su mayoría mexicanos y centroamericanos, han sido secuestrados en Estados Unidos y colocados en jaulas y centros de detención. Muchos padres no saben dónde están. No son víctimas del crimen organizado, sino del gobierno de Estados Unidos.


El régimen de Donald Trump ha decidido criminalizar a todo inmigrante que intente cruzar la frontera sin visa, aun a los que se presentan ante autoridades en la frontera para solicitar asilo –derecho protegido por las leyes nacionales e internacionales– y arrancar de sus brazos a sus hijos. Por lo menos 4 mil menores de edad han sido separados por esta política durante el ultimo año y medio, unos 2 mil de ellos sólo en semanas recientes.


Las historias diarias son inaguantables (mejor dicho, deberían serlo). Una foto que ha dado la vuelta al país, de una niña hondureña de 2 años llorando mientras agentes de la Patrulla Fronteriza esculcan a su madre, revela la brutalidad que se está permitiendo. Mientras los padres son criminalmente procesados, sus hijos son separados y clasificados ahora como menores de edad no acompañados, los cuales se suman al total de 11 mil 432 menores de edad inmigrantes (la mayoría ingresaron solos) bajo custodia del gobierno federal.


La cascada de testimonios es constante: padres deportados que no saben dónde están sus hijos ni cuándo los verán de nuevo después de que fueron separados; cientos de niños alejados de sus padres que están alojados en una serie de jaulas formadas por rejas de metal; una adolescente en uno de estos centros que le enseñaba a otros reos cómo cambiar los pañales de una pequeña que no conocía y que estaba tan traumatizada que no hablaba, sólo estaba enrollada como una bola, describió Michelle Brane, de la Comisión de Mujeres Refugiadas; la pediatra Colleen Kraft, presidenta de la Academia Americana de Pediatría, quien visitó un centro para niños menores de 12 años separados de sus padres, donde encontró una niña de unos 2 años que estaba gritando y golpeando con sus puños, y aunque una empleada intentó ofrecerle juguetes para tranquilizarla y deseaba consolarla, no podía porque la regla es que no pida tocar, ni abrazar ni levantar a la niña, quien había sido separada de su madre la noche anterior.


Pediatras y sicólogos han alertado del daño irreparable de estas prácticas para los niños. Más de 4 mil 500 profesionales de salud mental y 90 organizaciones están solicitando al gobierno frenar las separaciones de inmediato. Pretender que niños separados no crecen con la metralla de esta experiencia traumática en sus mentes es no reconocer todo lo que sabemos del desarrollo de menores de edad, el cerebro y el trauma, afirman en la petición.


Esta práctica que ha sido condenada por la ONU, la Iglesia Católica y otras denominaciones, por las principales organizaciones de derechos humanos, y, es tan atroz que el propio Trump rehusa aceptar responsabilidad por ella. Mintiendo, para variar, acusó que sólo se está aplicando una ley que es culpa de la agenda legislativa horrible y cruel de los demócratas, pero no existe ley que ordene la separación de familias inmigrantes. Afirmó que todo esto se puede resolver sólo con los demócratas aceptando aprobar sus propuestas para la construcción de un muro y una reducción de la inmigración legal, entre otras medidas. A la vez, otros dentro de la Casa Blanca han afirmado que el propósito central es la disuasión par reducir el flujo migratorio.


O sea, el régimen de Trump está usando a niños migrantes como rehenes para su agenda política.


Va creciendo el repudio general a estas medidas dentro de este país, con líderes políticos, religiosos, defensores de derechos humanos y civiles, artistas, periodistas y más a través de actos de protesta, documentación y presión.


Pero aquí aún no se sabe de condenas y menos acciones por los gobiernos, los candidatos políticos, los intelectuales y otros para proteger a los niños de nuestros países, a pesar de esta masiva alerta amber.

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