El Pentágono y la agencia ICE preparan instalaciones para albergar a 20 mil indocumentados

Los testimonios de padres y niños migrantes tratando desesperadamente de encontrarse después de ser forzosamente separados por el régimen de Donald Trump se han multiplicado, mientras el presidente calificó ayer de falsas las historias de tristeza que cuentan sus críticos sobre los menores.

La confusión impera entre funcionarios y abogados que, desesperadamente también, tratan de entender si hubo o no un cambio de política y sus implicaciones, después de la firma de la orden ejecutiva para poner fin a las separaciones e instrucciones del mandatario para que se reunificaran las familias separadas. Si procede, la nueva disposición cambia una de separación de familias por una de encarcelamiento de familias.

Pero el primer obstáculo para reunificar a esas familias es que nadie sabe bien dónde están muchos de los más de 2 mil 500 niños que han sido separados de sus padres sólo en los pasados dos meses (más de 4 mil durante el último año).

Se supone que se encuentran entre los más de 11 mil menores de edad clasificados como no acompañados que están internados en unos 100 albergues en por lo menos 16 estados.

Sin embargo, nadie parece saber en cuáles ni cuántos han sido colocados con familiares de este país o con guardas. Incluso, si fueron deportados o finalmente reunificados con sus familias.

Abogados y oficiales narran que madres y padres detenidos preguntan –con lágrimas y furia– una y otra vez por la ubicación de sus hijos, cuándo los verán de nuevo, y que una y otra vez tienen que responder que no saben. Erik Hanshew, defensor público en El Paso, dijo al Washington Post que en los procesos judiciales para adultos detenidos interrogó ante el juez a un agente de Migración, a quien preguntó si sabía dónde estaba la niña de cuatro años que estaba con su cliente cuando fueron detenidos. La respuesta de los agentes es siempre negativa. Ni se le proporcionó información al padre sobre cómo ubicar a su hija. Durante el interrogatorio, el juez enfureció e incrédulo comentó que cuando te procesan en una cárcel y te quitan tu cartera, te dan un recibo, pero si te quitan a tus hijos, ¿no te dan nada? ¿Ni una hoja de papel?

La red de albergues para menores de edad migrantes, que en realidad se trata de centros de detención, son operados de manera privada, bajo contrato con el Departamento de Salud y Servicios Humanos, en lo que es un negocio multimillonario, el cual se está ampliando con las nuevas políticas de Trump de crear centros para menores de 13 años –incluso hay bebés– y ciudades de carpas para alojar a cientos más.

Por otro lado, se reportó ayer que la agencia migratoria ICE está buscando ampliar su capacidad de detención para acomodar a unas 15 mil familias. Se informó que el Pentágono está preparando lugares en bases militares para unos 20 mil migrantes detenidos, se supone que con niños.

El costo de alojar a un niño en estas ciudades de carpas es de 775 dólares la noche (más que muchos hoteles de lujo), mientras mantenerlos en albergues más tradicionales cuesta 258, reportó NBC News citando fuentes oficiales. La estancia promedio en esas instalaciones es de casi dos meses.

Todos los medios nacionales están repletos de crónicas sobre la agonía de madres y padres buscando a sus hijos, de los cuales fueron separados dentro de un complicado gigantesco laberinto burocrático, más aún por falta de coordinación entre agencias, barreras de idioma y por el caos generado desde lo más alto.

Ayer, Trump intentó descalificar esas historias declarando que los demócratas están difundiendo cuentos falsos de tristeza y dolor. Reiteró que las leyes de inmigración son débiles y por tanto la necesidad de una frontera sureña fortalecida, ya que “no podemos permitir que nuestro país sea abrumado por migrantes ilegales”.

Poco después intentó cambiar la narrativa –tras su derrota por niños migrantes– al acusar que las verdaderas víctimas de lo que llama la crisis de migración son estadunidenses. Sostuvo una reunión, en la cual tuiteó: “Estamos reunidos para escuchar directamente a las víctimas americanas de la migración ilegal. Estos son ciudadanos americanos permanentemente separados de sus seres queridos, porque fueron asesinados por criminales extranjeros ilegales”.

En el encuentro agregó que esos ciudadanos están permanentemente separados de sus seres queridos. No por un día o dos, sino permanentemente, porque fueron asesinados por extranjeros criminales e ilegales.

Pero críticos y activistas continuaron denunciando como cruel la política de Trump. Esta es una crisis humanitaria de proporciones épicas, que fue creada por el presidente Trump, acusó el abogado David Leopold, ex presidente de la Asociación Americana de Abogados de Inmigración. Señaló que la orden ejecutiva no resuelve esa crisis. Se realizará una acción de protesta nacional el 30 de junio, mientras el torrente de denuncias continúa por todo el país.

Mientras tanto, relatores especiales sobre derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas expresaron que la orden ejecutiva del presidente no resuelve el problema de fondo de mantener a niños en detención, sea separados o con sus familias, y llamaron a que el gobierno estadunidense los libere. La detención de niños es punitiva, daña severamente su desarrollo y, en algunos casos, podría llegar a ser tortura (https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/Display News.aspx?NewsID=23245&LangID=E).

En medio de todo esto, con el régimen de Trump nutriendo la ola antimigrante, una nueva encuesta de Gallup reveló que 75 por ciento de estadunidenses –nivel récord– opina que la migración es algo positivo para el país. Sólo 19 por ciento opina lo contrario.

Más información en http://www.jornada.com.mx/sin- fronteras

Sábado 23 de junio de 2018
Nueva York

Publicado enInternacional
Lunes, 18 Junio 2018 06:27

Alerta amber

Pediatras y sicólogos han advertido sobre el daño irreparable que se provoca a los niños al separarlos de sus padres, política que el gobierno del presidente Donald Trump está aplicando a todas las familias que cruzan la frontera estadunidense sin documentos. En la imagen, una niña hondureña de 2 años que fue separada de su madre. Gráficas como esta se viralizaron y una fue portada del Daily News.

Miles de niños, en su mayoría mexicanos y centroamericanos, han sido secuestrados en Estados Unidos y colocados en jaulas y centros de detención. Muchos padres no saben dónde están. No son víctimas del crimen organizado, sino del gobierno de Estados Unidos.


El régimen de Donald Trump ha decidido criminalizar a todo inmigrante que intente cruzar la frontera sin visa, aun a los que se presentan ante autoridades en la frontera para solicitar asilo –derecho protegido por las leyes nacionales e internacionales– y arrancar de sus brazos a sus hijos. Por lo menos 4 mil menores de edad han sido separados por esta política durante el ultimo año y medio, unos 2 mil de ellos sólo en semanas recientes.


Las historias diarias son inaguantables (mejor dicho, deberían serlo). Una foto que ha dado la vuelta al país, de una niña hondureña de 2 años llorando mientras agentes de la Patrulla Fronteriza esculcan a su madre, revela la brutalidad que se está permitiendo. Mientras los padres son criminalmente procesados, sus hijos son separados y clasificados ahora como menores de edad no acompañados, los cuales se suman al total de 11 mil 432 menores de edad inmigrantes (la mayoría ingresaron solos) bajo custodia del gobierno federal.


La cascada de testimonios es constante: padres deportados que no saben dónde están sus hijos ni cuándo los verán de nuevo después de que fueron separados; cientos de niños alejados de sus padres que están alojados en una serie de jaulas formadas por rejas de metal; una adolescente en uno de estos centros que le enseñaba a otros reos cómo cambiar los pañales de una pequeña que no conocía y que estaba tan traumatizada que no hablaba, sólo estaba enrollada como una bola, describió Michelle Brane, de la Comisión de Mujeres Refugiadas; la pediatra Colleen Kraft, presidenta de la Academia Americana de Pediatría, quien visitó un centro para niños menores de 12 años separados de sus padres, donde encontró una niña de unos 2 años que estaba gritando y golpeando con sus puños, y aunque una empleada intentó ofrecerle juguetes para tranquilizarla y deseaba consolarla, no podía porque la regla es que no pida tocar, ni abrazar ni levantar a la niña, quien había sido separada de su madre la noche anterior.


Pediatras y sicólogos han alertado del daño irreparable de estas prácticas para los niños. Más de 4 mil 500 profesionales de salud mental y 90 organizaciones están solicitando al gobierno frenar las separaciones de inmediato. Pretender que niños separados no crecen con la metralla de esta experiencia traumática en sus mentes es no reconocer todo lo que sabemos del desarrollo de menores de edad, el cerebro y el trauma, afirman en la petición.


Esta práctica que ha sido condenada por la ONU, la Iglesia Católica y otras denominaciones, por las principales organizaciones de derechos humanos, y, es tan atroz que el propio Trump rehusa aceptar responsabilidad por ella. Mintiendo, para variar, acusó que sólo se está aplicando una ley que es culpa de la agenda legislativa horrible y cruel de los demócratas, pero no existe ley que ordene la separación de familias inmigrantes. Afirmó que todo esto se puede resolver sólo con los demócratas aceptando aprobar sus propuestas para la construcción de un muro y una reducción de la inmigración legal, entre otras medidas. A la vez, otros dentro de la Casa Blanca han afirmado que el propósito central es la disuasión par reducir el flujo migratorio.


O sea, el régimen de Trump está usando a niños migrantes como rehenes para su agenda política.


Va creciendo el repudio general a estas medidas dentro de este país, con líderes políticos, religiosos, defensores de derechos humanos y civiles, artistas, periodistas y más a través de actos de protesta, documentación y presión.


Pero aquí aún no se sabe de condenas y menos acciones por los gobiernos, los candidatos políticos, los intelectuales y otros para proteger a los niños de nuestros países, a pesar de esta masiva alerta amber.

Publicado enInternacional
Lunes, 04 Junio 2018 07:29

La línea

La línea

Cruzan una línea y de repente sus hijos son arrebatados de sus brazos por agentes uniformados. No son casos aislados (van más de mil 200 de estos actos hasta donde se sabe a la fecha), ni es abuso de autoridad, no se trata de una aberración. Es la política oficial de Estados Unidos.

Frente a esto, hay otra línea que se está cruzando, una muy clara y definida para todos de ambos lados de la frontera. Una línea que define si aún existe la conciencia o si ya estamos tan abrumados de tanta violencia, tan acostumbrados al horror, que ya no reaccionamos ante esta barbaridad, otra más.

Estos niños son encarcelados temporalmente –a veces eso implica varios meses y en algunos casos más de un año– en centros de detención, mientras otra burocracia busca colocarlos en hogares, frecuentemente con familiares si éstos existen y se atreven a presentarse (corren el riesgo de ser detenidos si no tienen papeles)

En algunos de estos centros los niños separados de sus padres, o los que llegaron no acompañados, viven con cientos de menores esperando ser procesados. Son ofrecidos algunos servicios médicos y hay cientos de oficiales que muestran compasión, pero a fin de cuentas son niños enjaulados sin sus padres, algunos menores de 4 años.

Vale señalar que todo esto no empezó con Trump, sino que frente a la llamada crisis de los menores de edad que inmigran no acompañados hace unos años, el gobierno de Barack Obama ya los alojaba en centros de detención (aunque no se llamaban formalmente así). El Arizona Republic consiguió en 2014 algunas de las primeras imágenes de un centro de detención especializado para niños en Nogales, donde se ven durmiendo en el piso de un almacén organizado en jaulas.

Pero ahora, la política oficial es la separación de menores de edad de sus familias al cruzar la línea fronteriza con México. Hoy día, estos centros han llegado a 90 por ciento de su capacidad, y las autoridades están buscando nuevos lugares para depositar a los menores de edad porque pronto ya no habrá espacio, y entre las opciones están algunas bases militares.

Se han detonado protestas en decenas de ciudades del país, organizaciones como la Unión Americana de Libertades Civiles y otras más han impulsado demandas legales ante tribunales nacionales y hasta en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, otros promueven peticiones o campañas de cabildeo ante el Congreso para exigir el fin a esta prácticas, tal como lo ha reportado La Jornada en estos días.

Pero ante la crueldad extrema de esta política –y sus obvias consecuencias de traumatizar a refugiados e inmigrantes que huyen de la violencia, atraviesan uno o varios países en condiciones extremadamente peligrosas, sólo para ser criminalizados y separados de los hijos que buscaban proteger por el régimen de Trump, tras sus grandes escapes– se esperaría una respuesta mucho más masiva y universal, tanto aquí como de los países de donde provienen o cruzan, ¿o no? (En este mismo espacio la semana pasada también se abordó este mismo asunto, con esta misma pregunta. Una semana después, con disculpas al lector por insistir, se tiene que repetir).

No se necesita mucho para imaginarse –está detallado en reportajes y hasta fotografiado– los gritos de angustia y dolor, de terror. Una y otra vez, agentes de migración, algunos que, se supone, también tienen hijos, están arrebatando a niños gritando y llorando de los brazos de sus madres, y al fin del día han de llegar a cenar con sus familias, algunos seguramente abrazan a sus hijos; sólo están cumpliendo órdenes de trabajo de Washington. Muchos han comentado –incluso familiares de víctimas– que esto mismo lo hacían los nazis. Una pancarta en una protesta reciente señalaba: Por favor, no seamos buenos alemanes, en referencia a cómo oficiales, burócratas y militares de bajo rango nazi justificaban sus crueles tareas argumentando que eran gente patriota y buena que sólo estaba cumpliendo órdenes (urge leer de nuevo a Hannah Arendt, quien exploró todo esto).

El peor terror que un niño puede padecer es ser arrebatado a sus padres. ¿Niños rubios con ojos azules jamás serían tratados tan brutalmente en nuestras fronteras? No, el trumpismo es racismo, Dios mío, ¿en que nos hemos convertido?, preguntó por tuit el actor y cómico Jim Carrey (muchos comediantes se han convertido en los portavoces de la conciencia en este país).

Tristemente, este tipo de prácticas no son nuevas en este país. Miles de niños de comunidades indígenas fueron separados por las autoridades y enviados a escuelas de indios a miles de kilómetros de sus pueblos donde sistemáticamente se anulaba su idioma, su cultura, su historia, a veces acompañado con castigo físico y abusos de todo tipo; una práctica que empezó en el siglo XIX y se extendió a lo largo de un siglo hasta 1970.

También los niños de esclavos africanos y sus descendientes fueron robados a sus madres por sus amos. Día y noche, uno podía escuchar a hombres y mujeres gritando... sus familiares eran arrebatados sin ningún aviso... La gente siempre se estaba muriendo con un corazón roto, recordó en una entrevista en 1938 una testigo a las subastas de esclavos. Un ex esclavo narró en 1849 cómo un niño fue arrebatado de los brazos de su madre ante los chillidos más desgarradores entre madre e hijo por un lado, y las declaraciones amargas y latigazos crueles de los tiranos por el otro, antes de que la madre fuera vendida al postor más alto, según documenta una exhibición en el Museo de Historia Afroamericana del Smithsonian en Washington llamada Tiempo de llanto, reportó el Washington Post.

No, no es algo nuevo, pero sí es un momento en el que uno tiene que decidir sobre si ya se cruzó o no una línea que debería ser absoluta y rígida: son nuestros niños, hijos de todos, de ambos lados de la frontera.

Publicado enInternacional
La educación popular  como alternativa de futuro juvenil

La ciudad no está pensada para la juventud, mucho menos para los adolescentes. Ellos, desde el plano cotidiano, están obligados a seguir unas pautas de comportamiento y acción que establece el sistema educativo y el familiar: ir de la casa al colegio y del colegio a la casa... En sus tiempos libres, dedican sus energías a las redes sociales, video juegos o a divertirse con sus amigos. Sin embargo, no hay posibilidades para ellos, de verdad convocantes, más allá de eso.

 

La juventud está permeada por la cultura capitalista y sus cánones consumistas, reflejada en los medios de comunicación: programas basura que elogian al idiota, supuesto popular, al tiempo que promueve el bulling y muestra como “ñoño” al inteligente o al que le gusta el estudio. Apología de las drogas, sexo y narcotráfico, realitys shows dedicados a la competencia despiadada, la sexualización de la infancia y la juventud a partir de la música, la radio, el internet y las redes sociales.

 

La juventud del no futuro

 

Este no futuro es una característica de la sociedad colombiana. No es novedoso encontrar preadolescentes consumiendo pegante en las calles de cualquiera de nuestras grandes ciudaes, incluso dentro del sistema de transporte público. Niños y niñas que no les importa el futuro (no tienen presente, mucho menos porvenir), mientras los demás observan la escena de forma morbosa e indiferente, pero nunca con el ánimo de ayudar.

 

Muchos de ellos/ellas no cuentan con condiciones económicas y sociales favorables, lo que los va excluyendo, sacando del sistema educativo o del mundo laboral bien reconocido y remunerado. Sin opciones que vitalicen su diario vivir, encuentran en las drogas una alternativa –escapismo–; enrolados en combos o galladas para su consumo, terminan en la delincuencia como opción para levantar unos pocos pesos con los cuales sostener el propio vicio, que cada día será más intenso.

 

Un panorama al que no logra darle acertada respuesta las mediocre políticas juvenil proyectada por nuestros malos gobernantes. Es notoria la ausencia de una política juvenil desde la cual se piense y discutan cuestiones que aquejan a esta capa de la sociedad, aspectos como las drogas, el alcohol, la política, el sexo, las fiestas, el barrismo, el futuro productivo, el servicio militar obligatorio, los valores y las costumbres tradicionales de sus propios barrios, su historia en la comunidad etcétera. Todos estos temas y problemáticas son escenarios de discusión que normalmente se dejan de lado hasta dentro de las charlas familiares, lo que ocasiona un vacío, el cual se piensa llenar con la opinión o experiencia –no importa si buena o mala– de otras personas.

 

La educación popular

 

Vacío que en parte llenan los y las educadoras populares que van a los barrios y desde la autonomía abren espacios de participación e intercambio para los jóvenes, niños y niñas alrededor de distintos intereses. Escuelas de fútbol, clases de música, circo, tejido, escuelas de rap, esténcil y grafiti, refuerzos, preicfes gratuitos y populares. Proyectos que se convierten en alternativas y muchas veces puertas de cambio para los jóvenes, al sentirse reconocidos y valorados, concitados ante y para sus propias vidas, al reconocerse dentro de una comunidad, dueños de distintos saberes funcionales y transformadores.

 

En un sistema excluyente como el nuestro, en donde la juventud no tiene cabida en los escenarios de liderazgo; donde su voz, voto u opinión no son tenidos en cuenta en/para la construcción de una Colombia para ellos, sino que se continúan reproduciendo los mismos vacíos reinantes en muchas cuestiones cotidianas, los escenarios de participación e interacción que puede abrir un proceso de educación popular, da la bienvenida a la realidad de la juventud, para acercarse a nuevas formas de entender, cuestionar y transformar sus propias formas de percibir la vida.

Publicado enEdición Nº244
Alejandra Kollontai. Las relaciones sexuales y la lucha de clases. El comunismo y la familia

Alejandra Kollontai es una figura principal en la historia de la Revolución Rusa y en la historia del feminismo radical, al cual aportó la idea que la revolución político-sexual es parte indispensable del camino hacia la liberación de la sociedad. 

En el seno del Consejo de los Soviets pugnó por el derecho de las mujeres al aborto y a la ayuda materno-infantil, por el fin del matrimonio y el derecho al placer, así como por el trabajo retribuido en igualdad con los hombres.

"Cuatro de cada 10 venezolanos piensan irse de Venezuela": Encuesta Datos Group

Cuatro de cada 10 venezolanos planean irse de Venezuela en los próximos 12 meses para escapar de la grave crisis económica, según un estudio de la encuestadora Datos Group.

"La gente se va porque no puede comer", dijo este lunes el director de la empresa, Luis Maturén, al explicar a la AFP los resultados del sondeo.

Los venezolanos enfrentan una crisis que combina escasez de todo tipo de bienes básicos, y una hiperinflación que según el FMI podría escalar a 13.000% en 2018.

"Viene una diáspora muy importante, pues cuatro de cada 10 venezolanos afirmaron que se irán del país en los próximos 12 meses", señaló Maturén.

La migración se relaciona con la búsqueda de ingresos en moneda extranjera para sostener a los miembros del grupo familiar que se quedan en el país, ante el hundimiento de la moneda local, el bolívar.

De acuerdo con la investigación, en la actualidad las remesas se ubican en unos 289 millones de dólares al año, lo que equivale al 0,1% del Producto Interno Bruto.

"El 42% viene de Europa y el 40% de Norteamérica, y vamos a estar viendo un incremento de Latinoamérica", subrayó Maturén.

El sondeo, realizado entre el 4 de enero y el 2 de febrero entre 2.074 personas, estima que unos tres millones de venezolanos reciben dinero de familiares en el extranjero, lo que representa 14% de la población.

Además, 5% "dijo que había recibido medicinas y alimentos del exterior", anotó el encuestador.

El volumen de remesas de Venezuela aún es bajo, pero los pronósticos apuntan a que para 2018 se duplique, añadió.

A su juicio, la pérdida de poder adquisitivo divide al país entre quienes reciben divisas y los que sobreviven con bolívares.

Pulverizado por la hiperinflación, el ingreso mínimo, de 1.307.646 bolívares, equivale a 36,6 dólares a la cotización oficial y a 6,1 dólares en el mercado negro.

La crisis política no figura entre las principales preocupaciones de los venezolanos.

"La prioridad es sobrevivir, pues 40% manifestó como principal preocupación el alto costo de la vida y 29% el desabastecimiento", afirmó el experto.

Tomás Páez, sociólogo especialista en migración, asegura que entre 400.000 y 500.000 venezolanos han abandonado el país en los dos últimos años.

Durante ese período se profundizó la crisis, especialmente por la caída de los precios del petróleo -fuente de 96% de los ingresos- y el férreo control de la economía por parte del gobierno, según economistas.

 

Por: Agencias | Lunes, 05/03/2018 04:11 PM |

Publicado enInternacional
Sábado, 10 Febrero 2018 06:43

La homosexualidad y las urnas

La homosexualidad y las urnas

Ambos se llaman Alvarado, son periodistas y cuarentones. En la votación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, el pasado domingo, el pueblo puso frente a frente en la segunda vuelta a Fabricio Alvarado, del ultraconservador Partido Restauración Nacional (Prn) –con 24,91 por ciento de los votos–, y a Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana (Pac, de centro, oficialista), con 21,66 por ciento. Hace apenas dos meses ambos sumaban menos de un 5 por ciento en las encuestas de intención de voto.


Faltando 25 días para la elección estalló el tema que monopolizaría la campaña electoral y que marcó la decisión final de los votantes (la abstención fue del 34,34 por ciento): el matrimonio igualitario y los derechos de las personas Lgbt. El predicador evangélico Fabricio Alvarado, quien hasta ese momento tenía tan sólo 3 por ciento de intención de voto, desconoció la opinión consultiva emitida el 9 de enero pasado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), favorable al matrimonio homosexual, y que indicaba que Costa Rica debía asegurar el cumplimiento de los derechos de todas las personas, sin importar su orientación sexual. Fabricio Alvarado instó por televisión a la gente a rechazar la opinión de la Cidh mediante su voto en las elecciones: “Hagamos vinculante nuestra opinión, este será nuestro referéndum, el momento definitivo para demostrar que Costa Rica es pro vida y está a favor del matrimonio entre hombre y mujer”.


Pronto el candidato alcanzó el segundo lugar en las encuestas y su ascenso fue imparable. Según el politólogo Rubén Rojas, el apoyo al predicador indica que la sociedad costarricense sigue siendo “sumamente conservadora”.


El gobernante Pac y el emergente Prn medirán fuerzas en el balotaje del 1 de abril, y ambos buscan aliados políticos. Para Restauración Nacional el panorama es más accesible, puesto que los partidos conservadores, y que impulsan la llamada “defensa de la familia”, fueron los cuatro que le siguieron en popularidad en la votación. Paralelamente, el Alvarado oficialista ofreció un “gabinete multipartidista” para derrotar al actual diputado y ganador de la primera vuelta.


Lo que ya está escrito es que el ala progresista en la Asamblea Legislativa se redujo notablemente, frente al auge conservador. Los cinco partidos conservadores tienen, juntos, mayoría en el parlamento, lo cual les permitirá hacer reformas constitucionales: suman 46 diputados, frente a 11 de los dos partidos progresistas, Acción Ciudadana y Frente Amplio.

Publicado enPolítica
Viernes, 08 Septiembre 2017 07:35

Amor & Feminismo

Amor & Feminismo

 

Del feminismo aprendimos a cuestionar lo heredado y a analizar críticamente el presente, nunca esperamos un manual sobre cómo querer. En manos de cada una está la posibilidad de conseguirlo, y en la de todas, luchar porque sea más fácil.

 

He vivido en espacios contraculturales, como okupas, y he formado –y formo– parte de eso que se llama difusamente “movimientos sociales” en el entorno de la autonomía política. En esos espacios, he estado rodeada de gente que se cuestionaba las relaciones amorosas “tradicionales” casi como imperativo vital.

He sido testigo de relaciones abiertas, tríos amorosos, relaciones simultáneas –eso que ahora llaman poliamor– y otras variables de relación donde se podía repensar cada una de las cuestiones que se supone que vienen asociadas a ese dispositivo social que llamamos “amor”, o que llamamos “pareja”. He tenido entre mis brazos a un amigo triste que necesitaba consuelo porque su novia se había ido de vacaciones con otra mujer que era la novia de su novia. He visto a gente luchar contra los celos, o mentirse a sí misma diciendo que no los sentía. He tenido que fingir que no me importase que mi novio –compañero, decimos– me hablase de su último ligue.

Lo he pasado algo mal y algo he aprendido de estas experiencias. Por supuesto, he conocido también a parejas felices que compartían amantes sin ningún tipo de problema.

Quizás esta matemática de los cuerpos es la parte más folclórica y llamativa del todo el asunto. La parte difícil era la de construir día a día relaciones duraderas poniendo en cuestión los roles sociales asignados y los que cada uno acaba asumiendo en la pareja; la de intentar respetar los espacios de cada cual en un compromiso virtuoso sin dependencias obscenas ni sentirse abandonado en los momentos difíciles; o la de construir interacciones igualitarias, sin regodearse en la capacidad de dominio que te proporciona el que alguien te necesite. Amarse, al fin, con libertad, pero al mismo tiempo, apoyo, compromiso, mutua responsabilidad.

Eso ha sido infinitamente más difícil. Una amiga sabia de aquel tiempo siempre me decía que habíamos derribado todos los muros, habíamos puesto todo en cuestión, habíamos deconstruido el amor y las relaciones, pero no pudimos conseguir un modelo alternativo sólido o sostenible. (Mi amiga ahora está en un matrimonio bastante convencional. Tiene un marido celoso. Lo lleva regular).

 

Lo que aprendimos en esa época, lo aprendimos del feminismo

 

En buena parte, todas estas experiencias estaban marcadas por las enseñanzas del feminismo, también por un cierto influjo de la liberación del deseo y de la puesta en cuestión de los roles de género que aportaban las luchas LGTBI. Si jugábamos en fiestas y talleres a actuar con el género cambiado, o si convivíamos con transexuales que hacían relatos espectaculares y profundos de sus transiciones, estos roles se evidenciaban más claramente en su condición de performance.

Del feminismo aprendimos, por ejemplo, que emanciparnos como mujeres solo se podría lograr si nos desprendíamos del ideal del amor romántico. Aquí cada una hizo su camino. Para muchas, entre las que me cuento, esto no significaba dejar de enamorarse o de disfrutar de las emociones que provoca el enamoramiento por más que estén “históricamente determinadas” o “socialmente construidas”. Quería decir cosas como que tu felicidad en la relación es más importante que la relación misma, por más intensidad que te recorra. Que si no te hace feliz estar con esa persona, pues la relación no sirve.

Que el amor no es suficiente para sostener nada, hace falta componerse de esas otras mil maneras que hacen posible la vida en común. Que el amor no puede ser jamás una relación de dominio ni un intento de control sobre el otro por más miedo que te dé perder a esa persona. Y no siempre es fácil, claro. A veces nos sentimos tan solas, somos tan frágiles. En esa época, aprendimos cómo estaban vinculados el amor romántico y la violencia en la pareja. Pocos obstáculos hay tan grandes para la igualdad de la mujer –y la felicidad humana en general– como el modelo tradicional de romance, donde los celos, la necesidad de posesión y el ser a través de la vinculación con el otro están tan relacionados con la reproducción de la violencia machista. Sin embargo, esos roles patriarcales, como dice bell hooks, pueden ser asumidos también por mujeres tanto en parejas homosexuales como heterosexuales cuando usan ese amor para someter y dominar.

La idea que subyace es que la manera en la que se ha construido socialmente ese sentimiento legitima cosas como leer los mensajes del móvil de nuestra pareja o utilizar la violencia “pasional”. Aunque hemos avanzado mucho, resulta alarmante cuánta gente todavía piensa que los celos son una expresión de amor. Dice hooks: “Por amor” las mujeres nos aferramos a situaciones de maltrato, abuso y explotación. Somos capaces de humillarnos ‘por amor’ y, a la vez, de presumir de nuestra intensa capacidad de amar”. Por supuesto, en el día a día, pareja, amor y condiciones materiales de existencia tejen su propia red. Cuando muchas mujeres además dejan sus trabajos para dedicarse a las tareas de cuidado y del hogar, se generan dependencias económicas que a veces atan más que el ideal romántico.

 

El amor tiene más formas que las nubes

 

Somos frágiles, a veces, nos sentimos tan solas. Decía. El feminismo nos habló de interdependencia. El ideal de persona independiente del capitalismo liberal no sirve y además invisibiliza toda la trama de cuidados –pagados o no– que sostienen esas vidas. Nadie puede vivir sin ayuda de otros, ya sea en la enfermedad, o en situaciones difíciles, ya sea en determinados momentos de la vida: infancia, vejez. También hay muchas personas con diversidad funcional que necesitan a otras. Por no decir qué tipo de vida sería una, donde no sostenerse nunca en nadie significaría no apoyar tampoco a los demás.

No existe, pero tampoco es deseable. No es deseable pagar por todo lo que necesitamos ni está al alcance de todas las clases sociales. (Así como tampoco es justo que cuidar recaiga en las mujeres ya sea retribuido o “por amor”.) Por eso, somos frágiles, como toda vida humana. Por eso, seguimos formando familias, y todavía la mayoría son nucleares –papá, mamá, hijos– aunque cada vez menos.

En aquel entonces, hablábamos de comunidades alternativas. La okupación nos permitía sentir que teníamos una especie de familia elegida porque convivíamos intensamente con otros. Decíamos: “sororidad”, o “amistades fuertes capaces de conformar redes de cuidados”. La pareja no es imprescindible, existen vínculos afectivos que pueden sustituirla. O al menos, concluíamos, hacernos más fuertes frente a dependencias amorosas que pueden llegar a ser dañinas.

De todas formas, el modelo convivencial –elegir con quién vives, vivir con amigos– por cómo se organiza el mercado de la vivienda es difícilmente generalizable. Tampoco es sencillo. De aquel tiempo quedan amigos, pero un tanto por ciento muy pequeño. Y la familia, que en algún momento nos pudo pesar, sigue sosteniéndonos. Algún que otro colega redescubrió a su familia cuando tuvo que irse a vivir con los padres durante la crisis. Pese a todos los cambios, la institución familiar resiste. Muta de innumerables maneras, se adapta, pero ahí sigue. Todavía funciona a su manera porque no parece que hayamos encontrado una manera de sustituirla.

Aun así, sabemos que la familia nuclear o patriarcal –papá, mamá, niños–, e incluso sus variantes homosexuales, puede ser un pozo de profundas insatisfacciones. Sobre todo cuando se cierra sobre sí misma, y sirve para reforzar la autoridad paterna, la dependencia femenina y de los hijos. Sin embargo, también constituye un refugio para el viento helado de la individuación capitalista.

 

El amor en los tiempos de Tinder

 

Así, aunque la familia nuclear esté en crisis no es porque esté dando lugar masivamente a nuevas comunidades alternativas basadas en otro tipo de vínculos, sino a algo más parecido a un individualismo exacerbado. Cambiar la dependencia de la pareja por la independencia del mercado no parece una alternativa emancipadora. Cada vez hay más divorcios y menos relaciones a largo plazo, pero más singles –como estilo de vida–, y la pareja se vive culturalmente como un estorbo a la libertad personal más que como un apoyo en las propias dificultades. Algunas feministas como Arlie Russell Hochschild hablan no solo de mercantilización de los cuidados, sino de mercantilización de la propia vida íntima, de la vida familiar y de las emociones.

El compromiso de por vida también está siendo sustituido por los valores de mercado: novedad, reemplazo continuo, miedo al aburrimiento y a la repetición. Como dice Eva Illouz, las antiguas exigencias de fidelidad o compromiso entran en contradicción con el culto a la intensidad de la experiencia siempre nueva. No es extraño así que para algunas personas el mito del amor romántico pueda constituir incluso una suerte de refugio en busca de autenticidad o estabilidad. Quizás por eso este mito siga teniendo tanto protagonismo en los productos de la industria cultural. Que los cambios culturales impulsados por las feministas sean también funcionales a nuevos nichos de mercado es una de las contradicciones con las que tenemos que convivir.

En el capitalismo contemporáneo, las libertades conquistadas producen valor. Las feministas caminamos por el filo de estas contradicciones sin un plano tratando de construir vínculos duraderos y compromisos en libertad que nos hagan felices. Del feminismo aprendimos a cuestionarnos lo heredado y a analizar críticamente el presente, nunca esperamos un mapa detallado o un manual de instrucciones sobre cómo amar.

En manos de cada una está la posibilidad de conseguirlo, y en la de todas, luchar porque eso sea más fácil en una sociedad más justa e igualitaria.

 

 

Publicado enSociedad
Mujeres rurales rompen las barreras machistas y se encargan de gestionar el agua en Nicaragua

Hablamos con Walkiria Castillo, que participa en el comité encargado de facilitar el acceso al agua potable en su aldea, azotada por la sequía y la pobreza.


Mientras las mujeres abastecen de agua a los hogares, las tareas más valoradas como construir y mantener los sistemas son vistas como "propias de hombres".


Al igual que en muchas partes del mundo, en las áridas comunidades rurales al norte de Nicaragua las mujeres recorren varios kilómetros para conseguir agua para sus casas. De ellas, y solo de ellas, depende que la familia tenga agua potable a diario para beber, cocinar, bañarse o limpiar. Una tarea vista socialmente como "propia de mujeres" siempre y cuando implique obtener este bien tan básico de forma precaria, acarreando en su cabeza pesados bidones desde el río o el pozo de la zona.

Al igual que en muchas partes del mundo, en las áridas comunidades rurales al norte de Nicaragua las mujeres recorren varios kilómetros para conseguir agua para sus casas. De ellas, y solo de ellas, depende que la familia tenga agua potable a diario para beber, cocinar, bañarse o limpiar. Una tarea vista socialmente como "propia de mujeres" siempre y cuando implique obtener este bien tan básico de forma precaria, acarreando en su cabeza pesados bidones desde el río o el pozo de la zona.

Pero desde hace algún tiempo hay mujeres que están rompiendo estas barreras. Walkiria Castillo es una de ellas. Hace casi dos años que participa en el Comité de Agua y Saneamiento de su pequeña comunidad en el municipio Villanueva, cerca de la frontera con Honduras.


Estos órganos se encargan de la gestión comunitaria del agua potable, es decir, trabajan para que la instalación llegue a todas las viviendas y no haya problemas de acceso: en la comunidad de Walkiria, amenazada por problemas de sequía y de pobreza, solo 50 de los 76 hogares están conectados a la red y ya están haciendo las gestiones con el Gobierno municipal para ampliarla.


Entre sus funciones, Walkiria ejerce de secretaria y también cobra el agua mensualmente a sus vecinos. "Si hay tubos rotos tengo que estar pendiente. Convoco las reuniones y las asambleas, llevo el informe mensual del pago y también leo los medidores para cobrar el agua, es mucha carga de trabajo", explica en una conversación con eldiario.es.
También ha llegado a examinar, con laboratorios portátiles, la calidad del agua. Cerca de su municipio hay una explotación minera de oro, y aunque están pendientes de que se realice un examen químico, sospechan que su agua puede estar contaminada. "Necesitamos un estudio para saber si nuestra agua se puede tomar, porque desde hace cuatro años que hicimos la conexión no se ha analizado. Hacen exploraciones con cianuro y una debe estar pendiente de qué estamos tomando", sostiene.


"Quiero que mis compañeras se fijen en mi espejo"


Walkiria tiene 34 años y se incorporó al comité dos meses antes de dar a luz a su último hijo. Nunca había trabajado fuera de casa, donde estaba al cuidado de sus siete hijos y su madre. "Nadie quería asumir el cargo porque hay que dedicarle tiempo. La mujer, cuando también tiene que trabajar en casa, no tiene tiempo para esto. Y yo pensé: '¿Por qué en una comunidad tan pequeña no hay mujeres capaces de desempeñar este rol que todos piensan que no podemos hacer?' Así que entré en el comité, quería experimentar, me gustan los retos", recuerda.


Aunque apenas recibe remuneración a cambio –500 córdobas mensuales (unos 14 euros)– ya que se considera una labor para la comunidad, participar en el órgano ha venido acompañado, dice, de todo un cambio personal. "Decía que yo no podía, pero sí pude. Ahora me pregunto cómo lo hice, porque no había un hombre que me apoyara, siempre fui madre soltera y siempre desarrollé el papel de que todo era carga mía", afirma.


"En mi comunidad, las mujeres formales son las que están en su casa, las que se dedican a lo comunitario no tienen oficio ni fundamento. Antes, yo pensaba así, pero ahora creo que las mujeres también podemos hacer lo que hacen los varones. Claro que podemos", recalca. "Y somos más responsables y reclamamos inmediatamente lo que no nos gusta. También administramos mejor. Debe haber más mujeres para que nos enseñemos y nos digamos que tenemos derechos. Quiero que las demás compañeras se fijen en mi espejo: he podido hacerlo", concluye.


Junto a Walkiria trabajan dos compañeras más: una en el cargo de tesorera y otra como fiscal. Aunque avanzan, la división machista del trabajo sigue presente en los comités, donde aún hay cargos "reservados" para los hombres, como el de presidente. En los 10 comités en el municipio cercano de Somotillo a los que la ONG Alianza por la Solidaridad brinda apoyo, 30 de los 58 miembros son mujeres. En una de las comunidades, incluso, el comité está formado por mujeres porque la mayoría de los hombres han emigrado a Honduras. Sin embargo, solo hay cuatro presidentas.


"Por el hecho de ser mujer piensan que no podemos asumir un cargo importante. Por la actitud machista, la propia comunidad, que decide quién es su presidente, prefiere que sea un hombre. Es difícil encontrar presidentas", resume Walkiria. Otro de estos cargos "adecuados para hombres", según los estereotipos machistas, es el de la fontanería, que requiere formación técnica y casi siempre es remunerado. Un esquema que, por ejemplo, ha roto Maricela, fontanera del comité de Vado Ancho, al norte del municipio de Chinandega.


"Que estas mujeres se empoderen va proyectando la idea de que la gestión del agua no es una cosa solo de hombres y se va avanzando en la brecha. Al inicio, los comités estaban copados principalmente por varones", indica Lenoshka Ingram, coordinadora técnica de Alianza por la Solidaridad para el proyecto. "Es normal que algunas que son propuestas por las asambleas sientan temores al principio, porque supone enfrentarse a los espacios públicos de decisión dominados por los hombres. Pero muchas asumen el reto y van aprendiendo en el camino", prosigue.


La coordinadora explica que también existen brechas en la participación en las asambleas de los comités, uno de los principales espacios de decisión sobre cómo se gestiona el agua: aunque van muchas mujeres, participan menos. "Las mujeres sí asisten, el asunto es que muchas veces van solo a escuchar, cuando tienen buenas propuestas. Por los miedos de hablar en público no opinan. Pero al ver que también hay mujeres en la junta directiva, se va de a poquito incidiendo en los cambios de roles y de la idea de que el espacio público es una cuestión de hombres", comenta.


"He aprendido a valorarme y a ser libre"


Por esta razón, "son importantes", asegura la cooperante, los espacios donde las mujeres intercambian a solas opiniones y experiencias. Tres o cuatro veces al mes, Walkiria acude a Chinandega a una escuela de lideresas de comités de agua. Esta iniciativa también forma parte del proyecto Paragua, promovido por ONG locales junto a otras como Alianza, Amigos de la Tierra y Ecología y Desarrollo (ECODES).


"Muchas pensamos que, tal vez, los demás nos están vigilando y criticando por nuestra labor. Pero ir la escuela nos reafirma en lo que pensamos, que nuestros sentimientos sobre lo que debemos ser es lo que tendría que ser", dice Walkiria. "En la escuela he aprendido a valorarme a mí misma como mujer. Y que el cuidado no depende solo de mí como madre, sino de todos. He aprendido a ser libre, a tener tiempo para meditar para mí misma, porque por la fatiga del día nunca me dedicaba un tiempo para concentrarme en mí", continúa.


Ahora, sus hijos adolescentes, cuenta, han aprendido a cocinar, a limpiar y a cuidar de los más pequeños. "Les enseño que el hombre no tiene que ser machista, que también tiene que lavar los peroles". Menciona a su hija mayor Yuri, de 14 años. ¿Qué le dice ahora que se ha rebelado contra lo que esperaban de usted? Walkiria sonríe y se toma un par de segundos. "Le digo que tiene que aprender a romper el esquema de que la mujer es para la casa. Que puede ser emprendedora y desempeñar un trabajo de esos que dicen que solo los hombres pueden hacer, como las ingenierías", sentencia. E insiste, quiere que quede claro: "Las mujeres también podemos".

Publicado enSociedad
México y EU detuvieron a 100 mil 234 menores centroamericanos en 2016

El número de menores de edad (niñas, niños y adolescentes) que migraron desde países centroamericanos hacia México, o de dichos países y de aquí hacia Estados Unidos, llegó a su máximo histórico en 2016, cuando más de 100 mil fueron aprehendidos por autoridades migratorias de ambos países, indica el anuario de migración y remesas México 2017 elaborado por la Fundación Bancomer y el Consejo Nacional de Población (Conapo).


Detalla que el año pasado fueron detenidos 100 mil 234 menores (59 mil 692 en Estados Unidos y 40 mil 542 en México) en su intento por migrar a alguno de los dos países, incremento de 9.3 por ciento frente al máximo histórico previo, que era de 91 mil 637 aprehensiones en 2014 (de las cuales 68 mil 541 fueron en Estados Unidos y 23 mil 96 en México).


En nuestro país el aseguramiento de menores extranjeros por las autoridades migratorias se incrementó más de 900 por ciento en los recientes seis años, al pasar de 4 mil 43 detenidos en 2010 a 40 mil 542 al cierre del año pasado, según cifras preliminares.


El 44 por ciento de los menores migrantes detenidos en el país el año pasado (17 mil 889) iban sin compañía de un adulto.


De acuerdo con el reporte, elaborado con base en datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob) y en información registrada por el Instituto Nacional de Migración (INM) en los lugares de aseguramiento, casi la mitad de los detenidos en 2016 correspondió a guatemaltecos (41.6 por ciento), hondureños (28.8) y salvadoreños (24.7 por ciento).


La mayoría de las detenciones de menores extranjeros correspondió a varones adolescentes de entre 12 y 17 años (40 por ciento), pero los datos del informe muestran que entre 2010 y el año pasado el grupo etario que más creció fue el de niñas de cero a 11 años, que pasó de 8.3 a 19.8 por ciento de total.


Los datos mensuales sobre arrestos de menores extranjeros por las autoridades migratorias mexicanas muestran una tendencia al alza, con tres cúspides muy notorias: 3 mil 714 hechos en junio de 2014; 4 mil 224 en noviembre de 2015 y 5 mil 80 en octubre de 2016.


En el caso de Estados Unidos, de acuerdo con el informe, el año pasado las autoridades de ese país detuvieron a 59 mil 692 menores que intentaban migrar sin compañía de sus padres, casi 50 por ciento más que 39 mil 970 registrados en 2015, según cifras de la Patrulla Fronteriza.


Sin embargo, el pico máximo de detenciones de menores extranjeros ocurrió en 2014, cuando las autoridades estadunidenses detuvieron a 68 mil 541 menores, incremento de más de dos y media veces respecto de 18 mil 411 detenidos apenas cuatro años antes, en 2010.


La mayoría de los menores aprehendidos en territorio estadunidense el año pasado era de Guatemala (18 mil 913), seguidos de El Salvador (17 mil 512), México (11 mil 926) y Honduras (10 mil 468).


De los menores no acompañados aprehendidos en Estados Unidos 68 por cinto tienen entre 15 a 17 años y 33 por ciento son mujeres.


En el año fiscal 2016 (que se refiere al periodo que va de octubre del año previo a septiembre del año de referencia) la mayoría de los menores no acompañados (67 por ciento) fueron aprehendidos en Río Grande Valley, frontera con Tamaulipas, aunque muchas de las detenciones se dieron también en Tucson y Yuma (en la frontera con Sonora).


El anuario también documenta que el número de deportaciones de niñas, niños y adolescentes desde Estados Unidos subió ligeramente el año pasado respecto de 2015 (al pasar de 11 mil 743 a 13 mil 746 casos) pero disminuyó de manera importante frente al número de casos registrados en 2010 (que fue de 20 mil 438 deportaciones).

Publicado enInternacional