Viernes, 23 Junio 2017 15:13

Un don excepcional

Un don excepcional

En esta cinta dirigida por Marc Webb, tenemos como co-protagonista a Chris Evans, y podríamos pensar en términos comerciales que la participación del actor es un gancho publicitario para atraer más público; Evans alcanzó un máximo reconocimiento por su personaje de ‘Capitán América’ en ‘Los Vengadores’, además de su caracterización de la ‘Antorcha humana’ en la reconocida cinta ‘Los 4 fantásticos’. Ahora es la oportunidad para ver a Evans fuera del Universo Marvel, y encontrarlo en un contexto de una familia no tradicional.

 

Y aunque parte de la crítica ha catalogado la película como un melodrama que pretende manipular emocionalmente a los espectadores, hay que decir que está muy bien manejado por Webb, al no caer en la cursilería o en lo sensiblero que sólo enternece; el filme logra presentarnos un dilema moral y llevarnos más allá del melodrama que evoca sentimientos de compasión.

 

“Un don excepcional” nos presenta la historia de ‘Mary’, una niña huérfana (su madre se ha suicidado) con un talento extraordinario por las matemáticas, quien se encuentra al cuidado de su tío Frank desde hace siete años, tiempo durante el cual éste ha sido no sólo el cuidador sino también el educador, creando un ambiente en el que la niña disfrute de su infancia normalmente, alejándola del estereotipo de “genio”; protegiéndola de la manipulación de otros, quienes la ven como una oportunidad que no puede ser desaprovechada.

 

El drama familiar empieza cuando la abuela de Mary entra en conflicto con el tío Frank por la educación no especializada que está recibiendo la pequeña, entrando también a discutir por la calidad de vida que lleva con su tío. El conflicto inevitablemente es llevado a la Corte, para resolver si es la abuela con planes exitosos de vida para Mary quien debe quedarse con ella, o si debe triunfar el respeto a vivir una niñez normal como lo quiere Frank para su sobrina.

 

La construcción dramática de la película nos invita a reflexionar y hacernos preguntas sobre el dilema moral planteado, sucediéndose giros interesantes e inesperados en los personajes, que se alejan del encasillamiento que podríamos ver en otros dramas que manejan el mismo argumento de esta cinta.

 

El director logra que nos enfrentemos a los diferentes puntos de vista que despierta la decisión de resolver el futuro de otro, y en este caso; arrebatar o no, la niñez de un “prodigio” por asegurar un éxito profesional y dejar de lado la faceta de ser humano.

 

“Un don excepcional” resulta una película amena, y funciona como historia que pretende conmover con personajes y situaciones que quizá, en algún momento podrían parecernos cliché, pero que en esta cinta funciona, pues como ya la mencionaba no resulta sensiblera ni empalagosa como pasa en la mayoría de melodramas.

 

También es importante destacar las actuaciones, por una parte, la de Chris Evans, que logra en esta cinta hacer una buena caracterización y dejar de lado el rótulo de personaje de superhéroe. La enorme actuación de la niña Mckenna Grace como Mary es espectacular y logra darle esa trascendencia y credibilidad a la historia. La participación de la reconocida Octavia Spencer le da cuerpo al elenco y nos deja ver una vez más la gran actriz que conocemos.

 

* “Un don excepcional” estará en cartelera en las principales ciudades del país desde el 29 de junio, en las siguientes salas de cine: Royal Films, Cine Colombia, Cinemark.

 


 

Recuadro


Título original: Gifted
Año: 2017
País: Estados Unidos
Director: Marc Webb
Guión: Tom Flynn
Reparto: Mckenna Grace, Chris Evans, Octavia Spencer
Duración: 101 minutos
Sinopsis: Ambientada en un pueblo costero de Florida, Gifted cuenta la historia de Frank Adler, un hombre soltero que cría a su sobrina Mary tras el fallecimiento de su madre. La niña tiene una gran habilidad para las matemáticas y su abuela Evelyn lo sabe bien. Mientras que su tío intenta que la vida de la pequeña sea lo más normal posible y que disfrute de su infancia, Evelyn tiene otros planes para su nieta. Como consecuencia, Frank se verá obligado a luchar desesperadamente por su custodia.

Publicado enEdición Nº236
Crisis de migrantes centroamericanos en México

La crisis humanitaria olvidada de esta ola migratoria alimenta el oscuro panorama en México, donde los asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias carcomen al país desde hace una década.
El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios en EE.UU.

México enfrenta en su propio territorio una crisis humanitaria que nace en Honduras, El Salvador y Guatemala, países que cada año expulsan a medio millón de personas que, en su mayoría, intentan llegar a Estados Unidos. Sin embargo, cada vez es mayor el número de migrantes que pretende quedarse en México, y el número de solicitudes de asilo pasó de 1,100 en 2011 a unas nueve mil en 2016. Para este año de estima que las peticiones podrían llegar a 20 mil refugiados, de acuerdo con estimaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF), que ayer presentó el informe “Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica”.

MSF considera una crisis humanitaria olvidada a esta ola migratoria, motivada por la extrema violencia que se vive en Honduras, El Salvador y Guatemala, la que además alimenta la crisis humanitaria en México, donde los asesinatos, los secuestros, las desapariciones forzadas, las ejecuciones sumarias y la impunidad carcomen al país desde hace una década. A pregunta expresa, el director de operaciones de MSF para América Latina, Marc Bosch, consideró preocupante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretenda utilizar el flujo migratorio centroamericano como moneda de cambio para negociar su relación política y comercial con la administración de Donald Trump durante la próxima cumbre sobre indocumentados, anunciada a finales de marzo pasado por John Kelly, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El encuentro se programa para realizarse en Miami y sería copresidido por Estados Unidos y México, con representantes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA): Honduras, El Salvador y Guatemala. En esta reunión también participarían Canadá y Colombia en calidad de observadores.

El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios, detenciones y expulsiones desde Norteamérica que podrían “empujar a más refugiados y migrantes a las redes de tráfico de personas y de organizaciones criminales”. Así, México podría convertirse no sólo en un inmenso muro de contención de migración centroamericana hacia Estados Unidos, sino un país receptor de estos flujos.

Y si bien aún existe un elevado índice de migración económica, al menos el 50 por ciento de los centroamericanos que se internan en México lo hacen huyendo de situaciones que se encuentran en cualquier país en guerra, aunque para ello deban llegar a un país donde la violencia ha alcanzado niveles sólo superados por Siria. México registró 23 mil asesinatos en 2016, superando a Iraq y Afganistán, según un reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos dado a conocer el martes pasado. De hecho, un mapa de las desapariciones en México coincidiría con las rutas de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, dice Rita Robles Domínguez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba, con sede en Tapachula, Chiapas.

MSF realizó un sondeo con 467 migrantes procedentes del TNCA. Para el 39.2 por ciento, “las principales razones para abandonar su país” fueron ataques directos o amenazas a ellos o sus familias, así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales. De ellos, arriba de dos tercios fueron recibidos en México con más actos de violencia.

Nueve de cada 10 migrantes atendidos por MSF entre 2015 y 2016 sufrieron al menos un episodio de violencia en sus países de origen y/o durante su tránsito por México hacia Estados Unidos.

De por sí, “la implacable violencia y el sufrimiento emocional” padecido por estos migrantes “no es diferente a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, dice Bertrand Rossier, coordinador general de la organización en México. Los países del TNCA registran 150 mil asesinatos en los últimos 10 años.

Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por “actores armados no estatales”, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada se encuentran en la lista de situaciones de violencia que padecen los migrantes centroamericanos en su paso por México. Todas ellas “son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas están sufriendo”.

De hecho, aún mucho antes de que iniciara la era Trump, México desató una cacería de migrantes a partir de implementación del Programa Integral Frontera Sur, anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto en julio de 2014. “Se vendió como un plan para proteger la integridad de los migrantes y combatir a los grupos criminales que los atacan; en la práctica, se convirtió en una verdadera cacería de migrantes”, dice Alonso Hernández, director del Albergue Paso FM4 de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco y miembro del Comité Ciudadano del Instituto Nacional de Migración.

Los migrantes saben de la violencia que les espera en México, y aun así vienen, lo cual habla de la dimensión de la violencia de la que huyen desde Honduras, El Salvador y Guatemala, subrayó Elena Estrada Cocina, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF.

MSF hizo un llamado a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala, así como a los de México, Estados Unidos y Canadá, para que garanticen alternativas a las detenciones masivas de migrantes y para que se adhieran a los principios de no expulsión. “Estamos ante una crisis humanitaria continuada” desde los países de origen de los migrantes hasta su tránsito por México e incluso su arribo a Estados Unidos, dice Marc Bosch. Poco se puede hacer ante estas realidades, como no sea acompañarlas, reconoce, pues “la solución a las crisis humanitarias no está en la sociedad civil, se necesitan respuestas claras de los gobiernos”.

Publicado enInternacional
“En el aborto hay algo potente: rompe el control de la dominación masculina”

Doctora en antropología, Susana Rostagnol estudia desde hace años las prácticas y representaciones en torno al aborto voluntario, cómo éstas son el resultado de las relaciones de género y cómo actúan para modificar o perpetuar esos vínculos. Entre juezas de concepciones puras y objetores de conciencia, la académica no duda: el éxito será mantener el derecho conquistado.

 

Casi diez años después de terminar el trabajo de campo, Susana Rostagnol parió 285 páginas que celebran su implicancia como antropóloga feminista y describen cómo el aborto “condensa relaciones de poder que corresponden a la dominación masculina”.


Su nuevo libro1 –presentado a fines de marzo– repasa el extenso trabajo de campo que realizó entre 2003 y 2007 –es decir, mientras el aborto era ilegal– en policlínicas barriales y en el hospital Pereira Rossell2 en una coyuntura que conjugó debates parlamentarios, la ordenanza 369/04,3 el veto de Tabaré Vázquez en 2008 a los artículos que legalizaban el aborto en la ley 18.426 de defensa de la salud sexual y reproductiva, y se extiende hasta el presente, tras aprobarse la ley de interrupción voluntaria del embarazo (Ive) en 2012.


“Mi subjetividad estuvo en juego durante todo el proceso de investigación. Mi compromiso político y académico con el proyecto de transformación social, y con la legalización del aborto en especial, me encorsetaron más de una vez. Las utopías exigen certezas (el feminismo tiene su propia utopía); la academia exige dudas”, confiesa en la introducción de su libro.


En el líving de su casa, con muebles y cuadros en tonos pasteles y celestes, que huele a sándalo y vainilla, Rostagnol recibe a Brecha y afirma: “Me tuve que separar un poco (de médicos y usuarias de salud) para poder escribir el trabajo. Tuve como una especie de saturación del tema y ahora volví desde otro lugar, no ya a observar tanto la atención en policlínica o en consultorio, sino con nudos como la objeción de conciencia”, de la que hacen uso algunos ginecólogos para no habilitar abortos legales.


Su implicancia con el objeto de estudio incluyó acompañar a mujeres en sus procesos de aborto, “con sus desesperaciones o con sus miedos”. Acompañar “es estar ahí. Y aprendí mucho, sobre todo de acompañar a mujeres que estaban y están en contra del aborto, aun después de haber interrumpido su embarazo”.


“Yo me sentí interpelada en muchas cosas. Al principio le adjudicaba al aborto –antes de saber mucho de él– un momento de empoderamiento de las mujeres. Y después me di cuenta de que para muchas no lo era. Incluso era todo lo contrario. Cada aborto es único, no es algo generalizable. Para algunas es un trámite, para otras es algo más difícil. Ninguna lo va a utilizar como método anticonceptivo”.

VÍNCULOS.


El libro aborda distintas relaciones de género que se producen entre pacientes, entre ginecólogos y entre ginecólogos y pacientes, a partir de la experiencia del aborto voluntario.


Entre sus notas del diario de campo que llevó a lo largo de su observación participante, la académica anota: “Los ginecólogos reparan sólo en aspectos estrictamente físicos, ignoran secretos familiares (que pueda acarrear la mujer al decidir abortar). Nadie le preguntó cómo se sintió frente al producto de la expulsión”, ni por los dolores o sensaciones que manifestó tener una adolescente de 17 años que había utilizado 26 pastillas y esperaba ser atendida. “Rara vez preguntan (a las mujeres que están pasando por una situación de aborto) cómo se sienten”, escribe, y más adelante analiza: “Los discursos médicos no hacen referencia a una mujer titular de derechos cuando están hablando de una en situación de aborto”.


Estas anotaciones se dan más en el Pereira Rossell que en las policlínicas barriales, donde los equipos de salud interdisciplinarios (compuestos por médicos, psicólogas, trabajadoras sociales) conocen las trayectorias reproductivas de las usuarias y las historias de vida de ellas y de sus familias: “Allí las ginecólogas saben si la mujer tuvo episodios de violencia, saben qué vínculo tiene con su pareja, cuántos hijos tiene, cómo y dónde vive. Hay un compromiso con la gente, que no está en el Pereira porque la gente cambia todo el tiempo, es imposible sostener un vínculo de mayor confianza”, comenta Rostagnol en la charla. Además porque en la sala de espera de la policlínica conviven todas: la que está embarazada, la que va a controlarse, la que va a abortar.


Rostagnol anota en su diario que el ginecólogo le habla “amablemente” y que no ejerce el “habitus médico de manera autoritaria”, aunque le cuestiona a la paciente: “Escuchame, chiquita, ¿por qué no usaste condón?”. Recordando esta escena ella enfatiza que estas relaciones de poder médico-paciente “no sólo están atravesadas por relaciones de género, sino también de clase, e incluso de raza-etnia”, por lo que deben ser estudiadas desde la interseccionalidad.


A esto le suma: “Hay que ver ciertos actos de subordinación como estrategias de resistencia, desde una aparente subordinación de las mujeres hacia los ginecólogos. Por ejemplo cuando una le dice a su médico: ‘Sí, sí, voy a hacer tal cosa’, y luego no lo hace y opta por tomar sus propias decisiones. En un primer momento puede leerse como un acto de subordinación porque no se sienten con fuerza como para responder, pero a la vez es un ejercicio de resistencia: no hago lo que me dicen, hago lo que yo quiero, pero no me enfrento”.


A la vez, durante sus observaciones en la sala de espera para recibir asesoramiento pre y pos aborto, destaca que se producía una suerte decommunitas: una comunidad entre esas mujeres. “Las veías como si fueran amigas de toda la vida, aunque después no se vieran más. El estar compartiendo una experiencia fuerte las unía”, dice. En su diario pone en valor esta capacidad de tejer redes, compartir sabidurías y “desdramatizar el momento vital que están atravesando”, a través de charlas, de compartir sus experiencias de aborto y sobre el uso del misoprostol que comenzaba a extenderse –e incluso a venderse clandestinamente en esas salas de espera.


Recordando sus observaciones a los ginecólogos, Rostagnol describe cómo operan las jerarquías en sus relaciones de poder: “Haciendo este trabajo tuve la impresión de que la medicina como profesión, convertirte en médico, es de una jerarquía súper estricta, similar a la de un régimen militar. El residente de primer año es el escalón más bajo, no puede tomar ninguna decisión, y la obediencia la cumple sin cuestionar. Está muy claro que quien ocupa el puesto más alto en el escalafón es quien está lidiando con vidas, no puede hacer ensayo y error. No sé si se podría hacer de otra manera, pero el tema es que es así”.


En tanto se sigue viendo el cuerpo de la mujer como “cuerpo de madre”, existe un “control patrimonial de los cuerpos”, dice la antropóloga uruguaya, retomando a Giulia Tamayo, y explica: “Patrimonial en el sentido patriarcal, pero también como cosa que tiene un valor. El cuerpo como patrimonio del macho”.

RIESGO DE QUÉ.


Rostagnol analiza el modelo de reducción de riesgos y daños implementado en nuestro país por Iniciativas Sanitarias, y critica que éste parta de la base de que el aborto es algo riesgoso para la salud.“Es tomar la parte por el todo, dejando al aborto como una cuestión epidemiológica, bajo el control ginecológico”, que lo vuelve “un acto de medicalización de la reproducción y del cuerpo de la mujer”. Un ejemplo del control patrimonial del cuerpo que “no promueve la libertad ni la expansión del derecho de la mujer como sujeto moral capaz de tomar sus propias decisiones”.


Abordarlo epidemiológicamente es otra estrategia del “biopoder sobre el cuerpo de las mujeres”, de “control de la población”, afirma, y no duda en calificar a la ginecología como una disciplina masculina, en su lógica y en su estatus, “independientemente del sexo” de la persona que ejerza la profesión: “La voz ginecológica es masculina”. Así como hay ginecólogas y ginecólogos que generan empatía con las mujeres, hay otros y otras que ejercen mucho control y dominación sobre las usuarias, “más del que ellos creen”.


“Muchas veces, hablando con ginecólogos fuera del consultorio, ellos te cuentan cómo están empoderando a las mujeres, pero luego los ves en acción y no lo hacen. Tienen sus mejores intenciones, pensando que las están respetando, y no: les están ordenando hacer algo; pero todos decimos que actuamos de una manera y a veces lo hacemos al revés. No son hipócritas ni están mintiendo. Somos gente contradictoria. También es cierto que en estos vínculos, que son de a dos, muchas veces las usuarias van esperando que les digan qué hacer. No van esperando tener una relación horizontal, donde ellas van a decidir qué hacer. E incluso se infantilizan porque no obedecieron a lo que el médico les indicó. Es un vínculo complicado que hay que deconstruir”, señala.


En todos estos años de debate, la discusión sobre el aborto ha quedado cada vez más vinculada a lo legislativo, a lo legal y a modelos de políticas públicas de salud sexual y reproductiva como “formas de controlar y normalizar” los cuerpos de las mujeres, en detrimento de considerar sus decisiones reproductivas.


El aborto voluntario “rompe el control de la dominación masculina”, evidencia una práctica sexual y, a nivel individual, supone una“subversión” de la mujer contra el control patrimonial que el biopoder ejerce sobre ella. “Acá hay algo muy potente –dice la antropóloga–: la mujer que aborta está decidiendo no ser madre, no cumplir con ese mandato, con ese atributo social asignado, no se subordina a ese supuesto destino de las mujeres de ser las reproductoras, se deslinda de eso y muestra que la vida de nadie se resume en ser madre.”


Sin embargo, ella sabe que aunque ahora abortar puede ser una decisión “más libre”, sigue habiendo distintos grados de aceptación respecto del aborto, en especial si es voluntario. “Todavía cuesta aceptar, e incluso entre nosotras nos cuesta escuchar, cuando una mujer manifiesta que no quiere ser madre. Otra cosa es si esgrime razones económicas, coyunturales, familiares, por las que en ese momento no puede llevar adelante un embarazo no esperado”.

CONDENADO, TOLERADO, NEGADO.


En Uruguay el aborto “siempre tuvo condena, tolerancia y negación”, afirma el trabajo de Rostagnol. “Yo creo que la condena empezó a acabar desde los años noventa. Antes de la dictadura creo que era otra cosa, pero no conozco bien; creo que había más libertad, por algunos cuentos y relatos. Pero sí podemos decir que hasta fines del siglo pasado el aborto era una acción socialmente condenada e individualmente tolerada. Y la manera de compatibilizar la condena social y la tolerancia individual era negando el hecho. A mí me parece que la ordenanza 369 cumple un papel fundamental, casi mayor que la ley de la Ive, en el sentido de que permitió que se hablara del aborto sin temor a represalias legales. Con la ordenanza el aborto toma estado público y se asegura que los médicos puedan guardar el secreto profesional. A esto se le suma, tiempo después, la denuncia de un médico a una paciente y se arma una movida de juntar firmas y apoyar a esta mujer”.

POS LEY, POS CRUCIFIXIÓN.

Según Rostagnol, cumplir con la ley 18.987“casi que parece una carrera de obstáculos”. “Se puede hacer, pero no es fácil, porque sigue habiendo dificultad para acceder a los servicios de interrupción voluntaria del embarazo, hay dificultades para que el equipo interdisciplinario se reúna y atienda de manera simultánea a la mujer que quiere abortar, hay altos porcentajes de objetores de conciencia en varios departamentos del país”, enumera.


“Antes –estoy pensando en las mujeres del Interior– quizás sabían de alguna clínica clandestina y se venían hasta Montevideo para abortar, porque no querían que alguien se enterase. Se me ocurre que ahora, como la práctica sigue estigmatizada, muchas mujeres no van tampoco a su lugar más cercano a hacerse un aborto (legal, en el sistema de salud), porque no quieren que su entorno lo sepa, entonces se hacen un aborto clandestino”, opina.
Ante los altos porcentajes de objetores de conciencia detectados en varios departamentos del país, en ciudades como Salto o Young, donde llegan al 100 por ciento de los ginecólogos,4 Rostagol subraya: “La mujer tiene el derecho legal y moral de hacerse un aborto. La objeción de conciencia en sí misma no es un derecho sino una práctica para resguardar su pensamiento o sus creencias. Cabe decir que si todos los médicos dijeran que objetan, estarían invalidando la ley y, por lo tanto, no estarían cumpliendo con el acceso a la salud”.


“El médico es un servidor público que tiene que bregar por hacer cumplir una ley sobre el derecho a la salud. En un caso extremo, es una desobediencia civil porque no está cumpliendo con su ejercicio como servidor público, y está negándole a una ciudadana su derecho a su cuerpo, a su decisión, a su libertad..., le está negando su libertad. Los médicos deben saber que (atender a una mujer que aborta) es parte de su trabajo, y que si no (quieren hacerlo) deberían cambiar de trabajo. Es un nudo. A veces se malentiende el uso de la objeción de conciencia por parte de los objetores.”


Sobre el presente, la antropóloga concluye: “Estamos en un momento bastante complicado. Los grupos neoconservadores antiderechos están teniendo más fuerza a nivel global. Esperemos ir a más, recuperando el aborto como un derecho de las mujeres, no sólo como un tema de salud pública, pero lo poco que tenemos en derechos reproductivos es tan frágil, que mantener lo alcanzado en estos años es un éxito en este momento. Alcanza con ver lo que ocurrió en Mercedes (véase “Amparo contra una ley”, Brecha, 03-III-17) con una jueza que dio lugar a un recurso de amparo al supuesto progenitor para impedir la interrupción legal de un embarazo y que hablaba de los derechos de un embrión. Estos cuestionamientos no han sucedido con otras leyes. Tenemos que pensar qué estrategias armar para sostener lo frágil de estas leyes que tanto nos han costado conseguir”.


1. Aborto voluntario y relaciones de género. Políticas del cuerpo y de la reproducción. Universidad de la República, Ediciones Universitarias, Montevideo, 2016.

2. En salas de espera, consultorios, salas de internación, emergencia y cuartos médicos del Hospital de la Mujer Doctora Paulina Luisi, del Centro Hospitalario Pereira Rossell, y en policlínicas públicas de atención primaria en barrios periféricos, así como en ateneos médicos y seminarios para residentes de ginecotología.

3. Ordenanza 369/04 del Ministerio de Salud: “Asesoramiento para una maternidad segura. Medidas de protección materna frente al aborto provocado en condiciones de riesgo”.

4. “Salud sexual y reproductiva y aborto en Río Negro, Soriano y Paysandú”, Mysu, Montevideo, 2015.

Publicado enSociedad
En 9,8% han crecido envíos de dinero desde Estados Unidos

Contrario a lo que se creía, la llegada de Donald J. Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero pasado no desató una baja en los envíos de dinero desde Estados Unidos hacia Colombia.


Aunque es prematuro sacar conclusiones sobre qué significará la presidencia de Donald Trump para los vecinos y socios comerciales de Estados Unidos, pero con todo lo que se dice los latinoamericanos que tienen familiares al norte de sus fronteras no están esperando mucho para obtener una respuesta.


Los dólares que envían los migrantes a sus países de origen en Centro y Suramérica y en el Caribe se incrementaron a fines del año pasado en anticipación a la elección de Trump y han experimentado un abrupto aumento a partir de entonces.


Cifras de Bloomberg señalan que Colombia registró un aumento de 9,8% en el flujo de dineros desde Estados Unidos hacia el país.


Para el 2016, el Banco de la República reportó que las remesas alcanzaron un récord histórico para el país con US$4.800 millones.


Es cierto que parte de eso obedece a inferencias económicas. La recuperación del mercado laboral de Estados Unidos ha permitido a los trabajadores migrantes enviar algo más de dinero a su país de origen.


Los dineros procedentes de Norteamérica por Colombianos que residen es esa zona del mundo llegan en su mayoría al Eje Cafetero, Valle del Cauca y en menor magnitud las áreas metropolitanas de Medellín, Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla. Le siguen en orden de importancia España y Venezuela, con efectos más concentrados en Valle del Cauca y el Eje Cafetero, en el primer caso, y Norte de Santander y la región Caribe.


En México, las remesas en dólares crecieron 25 por ciento en noviembre respecto de igual mes del año anterior -el nivel más alto en 10 años-, luego aumentaron otro 6 por ciento en diciembre, para alcanzar en enero los US$2.055 millones, un récord mensual.


Los datos de la agencia internacional indicaron incrementos similares de las remesas a partir de octubre en Guatemala, con un aumento récord de 22% en el año hasta febrero, Nicaragua 12%, Colombia 9,8% y Ecuador (8,1 %).

Remesas e ingresos


El desempeño económico de los países receptores de migrantes también tiene un efecto positivo sobre el ingreso total de los hogares, lo que se explica en gran medida por el aumento en los ingresos laborales, dice un estudio del Banco de la República.


La mayor parte de los efectos estimados sobre ingresos son positivos y significativos, con coeficientes sistemáticamente mayores para los ingresos laborales que para los ingresos no laborales (distintos a las remesas).


Los efectos de Estados Unidos superan los $10 mil mensuales por punto porcentual de crecimiento en el Eje Cafetero, Valle del Cauca y las áreas metropolitanas de Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Barranquilla. El impacto más grande se registra en el área metropolitana de Pereira, en donde cada punto porcentual adicional de crecimiento de los Estados Unidos se traduce en $26.079 en el ingreso per cápita de los hogares, equivalentes a un aumento de 5,5% con respecto al promedio nacional. Le sigue en orden de magnitud España, con efectos entre $8 mil y $15 mil pesos en Valle del Cauca y el Eje Cafetero, alcanzando su máximo también en el área metropolitana de Pereira.


Al examinar los resultados por países, se encuentra que en la muestra completa los efectos de Estados Unidos sólo son estadísticamente significativos para la probabilidad de ser asalariado y los ingresos laborales de los adultos no-jefe de hogar.


El efecto sobre los ingresos laborales más grande lo registra Estados Unidos en el grupo de los no-jefes, con un coeficiente estimado de 21,409, que es hasta cinco veces mayores a los de España o Venezuela. Al excluir los años de la recesión, Estados Unidos deja de tener un efecto importante sobre las decisiones laborales de los jefes de hogar. Esto muestra que durante la crisis, se vieron afectados todos los adultos, mientras que en el periodo de recuperación los jefes han reaccionado menos elásticamente.

 

Panorama regional


Basta con considerar que dos terceras partes de los migrantes mexicanos enviaron dólares a su país el año pasado, en comparación con 50 por ciento que lo hizo en 2015. Muchos trabajadores extranjeros, sin embargo, podrían actuar de manera preventiva y enviar fondos con la mayor rapidez posible antes de que Trump, que ha hablado de gravar las remesas para solventar su muro fronterizo, pueda embargar sus dólares con destino al exterior o, peor aún, someter a deportaciones masivas a quienes se encuentran en Estados Unidos de forma ilegal.


Esas sombrías consecuencias podrían o no concretarse. Independientemente de ello, sin embargo, la bonanza de remesas destaca también un desafío mayor que se le plantea a América Latina: cómo usar las remesas para impulsar el desarrollo y mejorar la productividad local.


Para muchos de los países más incultos del hemisferio, después de todo, las remesas son la gallina de los huevos de oro: México recibe en la actualidad más dólares procedentes de trabajadores residentes en el exterior que de las exportaciones petroleras.


Los US$17 mil millones que América Central recibió en 2015 por parte de migrantes representaron casi 50% de los ingresos de unos 3,5 millones de hogares, según Manuel Orozco, un investigador del programa de migración, remesas y desarrollo de Dialogo Interamericano.


En total, esos hogares tuvieron ahorros colectivos de US$3 mil millones ese año. "Eso es muy bueno para las familias receptoras y también para los gobiernos", dijo Alberto Ramos, un analista de mercados en vías de desarrollo de Goldman Sachs. "Se trata de dinero que llega a hogares de bajos ingresos, que mejora la cuenta corriente nacional y que, con una orientación adecuada, puede aprovecharse en el plano interno".


Eso es precisamente lo que pensaba el ministro de Finanzas de Guatemala, Julio Héctor Estrada, cuando propuso vender bonos con denominación en dólares en el país para absorber parte del monto sin precedentes de US$7.100 millones que los migrantes guatemaltecos enviaron a su país el año pasado.


Los funcionarios gubernamentales esperan disuadir a los receptores de convertir el total de esa moneda dura a quetzales -lo cual, temen las autoridades, podría impulsar la inflación- y convencerlos, en cambio, de volcar parte de esa suma a proyectos de desarrollo.


"El desafío es impulsar la creación de riqueza en América Latina, y eso implica invertir en capital humano y en la economía del conocimiento", dijo Orozco. Antes, sin embargo, la región tendrá que repensar la estrategia de desarrollo.

 

Bogotá
Abril 17, 2017 - 05:45 AM

Publicado enColombia
Sábado, 25 Marzo 2017 10:16

Nuestra hermana pequeña

Nuestra hermana pequeña

La invitación que hace el director Hirokazu Koreeda a través del filme puede ser cierta incitación a la audiencia a dejar de lado por unos minutos la tensión propia de las grandes urbes y permitirse viajar con él en el contexto de una pequeña ciudad tranquila, donde las rutinas se hacen menos anodinas cuando se trata de atravesar en bicicleta un túnel de cerezos en flor o de una caminata regular en la playa.

 

Donde las intensas conversaciones familiares se desarrollan mejor en torno a la comida y a esos rituales en la preparación de recetas que pasan generacionalmente. Imágenes cinematográficas que el director logra hilvanar muy bien con la historia y dejan percibir las identidades de los personajes.

 

“Nuestra hermana pequeña” muestra el cuadro comprendido por 3 hermanas en edades más o menos contemporáneas entre 20 y 28 años y la llegada de una tercera (medio hermana), una joven de 13 años que llega a entenderse como parte de un núcleo afectivo.

 

Este entorno que nos plantea el director puede verse como la pregunta al significado de lo que consideramos lazos familiares y cómo estos pueden ser percibidos de manera distinta según un contexto determinado.

 

Existe un drama familiar que une a estas cuatro mujeres, que si bien no es constante y no define totalmente la relación entre ellas, sí se deja ver como un recuerdo de lo que pudo haber sido o de lo que se pudo haber hecho. El padre de las cuatro constituye el elemento que las une, pero afortunadamente la película se sacude un poco el tema y pone como centro la relación y cercanía que se van constituyendo entre las hermanas.

 

Las características de cada una parecen bastante particulares y determinadas, como si tuvieran que encajar en algún cliché para que la historia sea más atractiva, pero termina siendo un poco más predecible y de algún modo, limitado; personajes encasillados de alguna historieta de manga. ‘Shachi’ (la mayor, la cuidadora y controladora, haciendo las veces de madre y jefe de familia), ‘Yoshino’ (la más sociable, la fiestera) ‘Chika’ (la más tranquila, el puente conciliador entre Shachi y Yoshino) y la más pequeña; ‘Suzu’ (viviendo su adolescencia y adaptándose tranquilamente a la nueva vida con sus hermanas).

 

“Nuestra hermana pequeña” resulta una gran celebración de la familia y de aquellos lazos afectivos tan necesarios en la vida de un individuo. La película tiene ese lado emotivo y dulce sin caer en lo sensiblero; una historia que atrapa los 128 minutos y nos detiene en ‘Kamakura’, una pequeña y apacible ciudad japonesa.

 

* La película ‘Nuestra hermana pequeña’ estará disponible desde el 9 de marzo en las siguientes salas de cine de las principales ciudades del país y tendrá un tiempo estimado de 3 semanas en cartelera.
Cine Colombia:
http://www.cinecolombia.com/bogota
(Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali...).
Cinemas Procinal
http://www.procinal.com.co/proximos-estrenos (Bogotá, Cartagena, Villavicencio, Barrancabermeja).

 


 

Título original: Umimachi Diary- Our Little sister
Año: 2015
País: Japón
Director: Hirokazu Koreeda
Guión: Hirokazu Koreeda basado en el manga de Akimi Yoshida
Actores: Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Suzu Hirose
Duración: 28 min
Sinopsis: Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas que viven en Kamakura (Japón), en la casa de su abuela. Un día reciben la noticia de la muerte de su padre, que las abandonó cuando eran pequeñas. En el funeral conocen a la hija que su padre tuvo trece años antes y pronto las cuatro hermanas deciden vivir juntas.

Publicado enEdición Nº233
Domingo, 25 Septiembre 2016 06:03

Europa y su memoria

Europa y su memoria

Se ha llamado sociedades memoria a aquellas donde la aldea y el grupo familiar aseguraban la transmisión espontánea de los recuerdos por generaciones. Nada más lejano de la realidad vertiginosa del mundo contemporáneo. Sin embargo, Régine Robin merecería ser calificada como un personaje-memoria. Nacida en Polonia, con la guerra, en el seno de una familia judía, estudiosa y testigo de los grandes acontecimientos del siglo. En su vasta obra –de la que conocemos La Memoria Saturada editada en Buenos Aires– mezcla la historia con la ficción, la crítica del arte con el ensayo literario y la reflexión sobre el Holocausto, que ocupa un lugar central. Robin, que hoy alterna su trabajo académico entre París y Québec, estuvo una semana en Buenos Aires invitada por el Centro de Estudio sobre Memoria e Historia del Tiempo Presente de la UNTREF, dictando un seminario que trató algunos de los temas abordados en este diálogo.


–Recién en las últimas décadas la memoria se vuelve tema central del discurso político y objeto de una nueva disciplina académica, pero usted tiene una obra anterior como historiadora. Entre muchos otros textos que vienen después, destacamos dos fuertemente referidos a la tradición de izquierda. El realismo socialista, una estética imposible (1987) refleja un consenso crítico muy instalado en la intelectualidad europea, pero el anterior El Caballo blanco de Lenin o la otra historia (1977) ya muestra un fuerte sesgo autobiográfico que lo vincula con sus trabajos posteriores sobre la memoria. ¿Cómo se planteó usted ese recorrido?


–Yo quería hacer una biografía de mi padre, militante comunista polaco que había querido incorporarse a las tropas soviéticas que combatían en las cercanías de Varsovia a comienzos de los años 20. Según la memoria familiar, mi padre fue rechazado cuando quiso sumarse al Ejército Rojo: uno de los responsables le dijo: eres polaco y debes quedarte aquí, tienes que ser bolchevique en Polonia. La leyenda fue creciendo y no sólo volvía cada vez más importante al dirigente soviético que tuvo ese diálogo con mi padre sino que éste aparecía viendo a Lenin que se desplazaba majestuoso en un caballo blanco. Considerando esta memoria familiar no es rara mi obsesión por escribir esa biografía. Podía haber hecho un trabajo de investigación histórica pero eso no me interesó especialmente. En aquellos tiempos –mediados de los 70– estaba de moda la historia oral y cómo había sobrevivientes de la aldea paterna pensé que era bueno entrevistarlos. Finalmente salió un relato que tiene mucho de testimonio pero también materiales de archivo, fotos y textos de ficción. Desde entonces, seguirían otras ficciones y también un estudio sobre Kafka y otros textos de lingüística o filosofía, pero gradualmente fue afirmándose mi interés por la Memoria. Me atrajo también que este tema facilitara o requiriera el recurso a una multiplicidad de saberes.


–Esa hibridez, esa vocación transdiciplinaria, recorre su obra, pero hay también una marca muy fuerte de la historia personal de alguien que ha vivido todos los grandes conflictos del siglo XX.


–Es cierto. Nací con la guerra y desde entonces he sido tomada de punta a rabo por los dramas y esperanzas del siglo. Si a los 20 años alguien me hubiera dicho que la URSS iba a desaparecer lo hubiera tomado por loco. Tuve las mismas ilusiones que ustedes aquí en Argentina aunque no estuve presa, mi desilusión fue tal vez menos dramática.


–¿Cuándo aparece su acercamiento a los temas del genocidio nazi? Se ha sostenido que en las primeras décadas posteriores a la Shoah no existió una marcado interés por este acontecimiento, que no era considerado en su especificidad sino sólo como uno de los grandes crímenes nazis.


–Por mi edad yo no hubiera podido escribir sobre el tema de la Shoah en esos primeros tiempos. Por otro lado, en cuanto pude trabajar como historiadora, era tal el interés por una rápida asimilación que elegí un tema bien francés: la revolución de 1789. Pero en mi familia se hablaba mucho del Holocausto, tal vez demasiado, considerando lo que podía comprender una niña pequeña. Siempre estuve muy cerca de ese acontecimiento y en mis primeras obras, sobre todo en las ficciones, ha estado muy presente. Mi último libro sobre Alemania –que se publica en París el mes próximo– combina el ensayo con la ficción. Allí dejo de ser polaca para imaginarme como una judía alemana del Este, alguien que, como portadora de esas identidades, vive muy intensamente todos los conflictos y discriminaciones.


–Usted hizo en el seminario una afirmación fuerte: “la Shoah sirve de paradigma actualmente para todas las memorias”. Nunca existió tanta vigilancia contra los negacionistas, pero nunca fue la memoria tan museificada, sacralizada, judicializada, conmemorada, banalizada e intrumentalizada. ¿Cómo desarrollar formas de hacer memoria fuera de la rutina y el ritual?


–La conmemoración actúa sobre los sentimientos, las emociones, sin evocar las causas. En algún museo, como el del Holocausto de Washington, se advierte un intento de evocar las causas, pero es muy somero. Hay gente que las plantea, los historiadores como Ian Kershaw, cuyo último y voluminoso libro acabo de ver en las librerías de Buenos Aires. Existen muchos trabajos importantes, pero la conmemoración se limita a las emociones y los ritos solemnes. Eso es lo que quise advertir.


–Existe un discurso muy expandido sobre la memoria del Holocausto que cada vez más se despega de cualquier intento de explicación histórica, sociológica, política o cualquier otra reflexión. Es cierto que ningún determinismo estructural puede agotar la explicación de un acontecimiento como la Shoah, pero no se entiende por qué rechazar el aporte de estudios y abordajes que puedan ayudar a comprender lo que ocurrió.


–Es cierto, un sector de la comunidad judía y de intelectuales, sólo un sector pero con amplia influencia, sostienen una cierta sacralización de la Shoah. Era la posición de Eli Wiesel, recientemente fallecido, quien consideraba al Holocausto como algo único, que no puede compararse con otras masacres y se coloca así prácticamente fuera de la historia.

–Algunos han dicho que se trata de un acontecimiento inefable, del que no se puede hablar. Claude Lanzmann sostuvo, después de presentar Shoah, su muy importante película, que la pretensión de comprender resultaba obscena...

–Sí, llegó a decir que si hubiera encontrado materiales de archivo sobre los campos, lejos de utilizarlos en su película, los hubiera destruido. Esto muestra una especie de memoria inmemorial, que se ha extendido. Debemos decir, también, que cuando más se habla de memoria, menos se habla de ideología. Esta se ha transformado en una palabra obscena, mientras se celebra el fin de las ideologías después de la caída del muro, como si el neoliberalismo no fuera hoy una gran ideología. Pero, sobre todo, se vive el fin del horizonte, del porvenir. Desde esta perspectiva, el refugio en el pasado, la exaltación de la memoria tiene que ver con este rechazo de la ideología y de los valores que pueden fundar un porvenir.

–Qué distinto al caso argentino, porque aquí el reciente auge de la memoria tiene que ver con un momento de radicalización político, la afirmación de un proyecto de futuro por el que el pasado se siente convocado, en los términos de Walter Benjamin. En Europa, este cambio en el modo de entender la relación con el pasado, tuvo un momento culminante, creo, en ocasión del Bicentenario de la Revolución Francesa, en 1989. Cuando Francois Furet proclama el fin de ese gran acontecimiento, se manifiesta la crisis de la izquierda francesa que había visto siempre a la Revolución como un proceso inacabado del que socialistas y comunistas se consideraban herederos y continuadores.

–Furet es un gran símbolo y muestra muy bien la hegemonía de un pensamiento conservador y la derrota del pensamiento revolucionario y de las ideas socialistas en Francia. Pero atención porque hoy estamos gobernados por socialistas, pero yo me refiero al sentido fuerte del término. Hay otro momento simbólico también en relación al Bicentenario: cuando Francois Miterrand organiza los grandes espectáculos de celebración, el evento Revolución aparece casi vaciado. Estaba presente pero no era lo que prevalecía. Lo que sí se manifestaba con fuerza era un multiculturalismo que tal vez refleje bien a la Francia de hoy, pero poco tenía que ver con la Revolución. Esta estaba ausente, porque la derecha la seguía rechazando, mientras la izquierda trocaba su legado en multiculturalismo.

–No parece que la izquierda haya recuperado su influencia. Usted habló de la crisis del discurso nacional francés, que tenía como centro la Revolución de 1789 y la tradición de izquierda tenía mucho que ver con eso.

–Es así, la izquierda no se ha recuperado. De lo contrario no enfrentaríamos la aterradora perspectiva de una próxima elección entre la derecha y la ultraderecha. Sin embargo, hay puntos de esperanza, una efervescencia intelectual más que interesante que no se refleja en los medios ni es aquello de lo que más se habla.

–Días pasados, nos señalaba que esto se manifestaba especialmente en el teatro.

–Sí, un joven director, Joël Pommerat, presenta un espectáculo sobre la Revolución que es una interpelación a los franceses de hoy: ¿qué nos diría Robespierre, que nos diría Saint Just frente a esta realidad? Tuvo un notable éxito, como si hubiera en el tejido social una espera para estos planteamientos. No la he visto todavía, tenía entradas pero la función se suspendió por el último gran atentado en el Bataclan de París. Todos los días se impide un atentado, pero algún día tal vez no puedan impedirlo. No quiero hablar mucho de este tema. La situación política es deprimente pero hay puntos de resistencia. Durante meses, existió un movimiento llamado “Noche de pie”. Mucha gente, sobre todo jóvenes, se reunía en la Plaza de la República para discutir, como en una asamblea general. También había muchos pequeños grupos. Me acerqué a uno en el que un profesor de historia hablaba a sus alumnos sobre 1848 y les explicaba que además de la revolución democrática de febrero, en junio de ese año se produjo una insurrección obrera contra el capitalismo, que fue salvajemente reprimida. Un chico de no más de 17 años, expresó entonces con cara de asombro: “si ya en 1848 se intentó terminar con el capitalismo y no pudieron, entonces hay que apurarse”.

–La vitalidad de la vida cultural no bastaría para fundar un gran optimismo, porque usted misma ha recordado que en el Berlín de 1933, en vísperas del ascenso de Hitler, la vida cultural alemana no era menos floreciente.

–Es cierto y lo recuerdo con frecuencia cuando alguien se entusiasma en exceso. Pero aquello de 1933 no se explica sin el terror que sucedió. No creo que nuestra situación sea comparable a la del fascismo alemán. No es eso lo que hoy nos amenaza sino algo así como la disolución del pensamiento político. Como si la política hubiera devenido en la mera gestión, sólo se habla de competitividad. Parece que aquí es lo mismo, he visto en los diarios que se habla de flexibilización laboral, como entre nosotros.

–En relación con la Shoah se planteó en su momento una gran discusión acerca de la legitimidad de los abordajes artístico-literarios de estos acontecimientos. Aunque en buena medida es una discusión superada, porque las artes siguieron haciendo su camino. Cuando discutíamos sobre la posmemoria, la rememoración que hacen quienes no conocieron o no fueron contemporáneos de los hechos, usted señalaba que en ese caso la literatura, las artes visuales, la arquitectura eran formas privilegiadas para esa evocación.

–Es una discusión que no tiene sentido respecto de la historia, sólo se plantea en relación con las artes. Es mejor no hablar de representación, sino de evocación del acontecimiento. En principio había un acuerdo general en rechazar la mera reconstitución de lo ocurrido y, en el límite de la representación, buscar formas de evocación. Estas pueden ser muchísimas. En Berlín se ven muchos cuadrados de metal con el nombre de las víctimas trasladados a los campos y la fecha de la deportación. Tienen un nombre particular que podríamos traducir como “piedras para tropezar”, se supone que el transeúnte no puede seguir caminando, que tropieza con ellas.

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Miércoles, 21 Septiembre 2016 08:26

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

¿Es la familia el núcleo de la sociedad?

 

Edición 2013.Formato 22 x 27 cm.56 páginas.
P.V.P: $20.000  ISBN:978-958-58826-2-1

 

Reseña:

Estamos en un escenario de luchas, fuerzas y necesidades económicas, políticas e ideológicas que dan nacimiento a un nuevo campo histórico de profundos impactos en la sociedad, del cual no escapan la familia y sus diversas variables.Las transformaciones en la estructura demográfica, por ejemplo el aumento de madres solteras, madres adolescentes, padres solos, familias reconstruidas, familias diversas, familias que no están unidas por parentesco o consanguinidad, son un hecho social incontrovertible, así sigan existiendo múltiples resistencias que persisten en ideas en torno al modelo tradicional de familia, aferradas a valores morales que quieren seguir imponiendo esa moralidad en los ordenes públicos y legales

 


 

Indice.

 

Familias, cambio social y resistencia (Carlos Iván Pacheco)

Mis dudas políticas acerca de la familia como una entidad necesaria a la convivencia social. (Francesca Garallo Celentani)

Cultura, amor y monogamia (Norma Mogrovejo)

Cultura patriarcal, amor romántico y monogamia (Julia Antivilo)

Sexualidad humana y revolución feminista ( Helio Gallardo)

 

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Más de 26.000 niños sin compañía fueron detenidos en la frontera de EE.UU. en seis meses

Otros 16.000 niños más, no acompañados y originarios de Guatemala, El Salvador y Honduras mayoritariamente, fueron detenidos en la frontera mexicana

 

Más de 26.000 menores no acompañados han sido detenidos en la frontera de Estados Unidos en los primeros seis meses de 2016, la mayoría de ellos provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras, según denunció hoy Unicef.


Otras 29.700 personas que viajaban en grupos familiares, la mayoría mujeres y niños pequeños, también fueron retenidas en ese mismo periodo en la frontera, según un informe de la organización divulgado hoy.


Y 16.000 niños más, no acompañados y originarios de los tres países centroamericanos, nunca lograron alcanzar EEUU y fueron detenidos en la frontera mexicana en el primer semestre del año.


Este dato coincide con un momento en el que la inmigración procedente de la frontera mexicana ha ocupado un lugar central en la campaña a la presidencia estadounidense gracias al plan de Donald Trump de construir un muro a lo lardo de la frontera. No obstante, parece que ahora el candidato republicano está moderando su postura.


La campaña de Trump ha dejado entrever que estudia suavizar su plan sobre los inmigrantes indocumentados, cuya expulsión de EE.UU. es un punto clave en su programa, mientras el aspirante presidencial republicano negó haber cambiado de opinión, pero sugirió una solución más “justa”.


Trump tiene previsto ofrecer este jueves en Colorado un discurso con detalles sobre su plan migratorio, que desde el inicio de su campaña ha girado en torno a la construcción de un muro en la frontera con México para frenar la inmigración ilegal y a crear una “fuerza de deportación” para expulsar a los millones de indocumentados que viven en EEUU.


No obstante, tanto la campaña como el propio Trump han dado señales de que están, al menos, evaluando una propuesta más “justa” y “humana” de la que han defendido hasta ahora. “Tenemos que ser muy firmes, muy fuertes, con las personas que vienen (a Estados Unidos) ilegalmente”, argumentó hoy Trump en declaraciones a la cadena conservadora Fox.


El magnate dijo que él y su campaña están trabajando “con muchas personas de la comunidad hispana” para tratar de encontrar una “respuesta” al problema de la inmigración ilegal y de los indocumentados que residen en EEUU.


Trump rechazó haber cambiado de opinión sobre su plan migratorio, aunque a continuación puntualizó: “Queremos llegar a una respuesta muy firme pero justa (...) Tiene que ser firme, pero también queremos llegar a algo justo”.


El magnate se reunió el sábado en Nueva York con varios líderes hispanos, algunos de los cuales revelaron al término del encuentro que el candidato ha suavizado su discurso sobre los inmigrantes indocumentados.


Jacob Monty, un abogado de inmigración que preside la Alianza Judío-Latina, explicó a la cadena Univision que Trump admitió en esa reunión que hay un “gran problema” con los más de 11 millones de indocumentados que residen en EEUU y que deportarles “no es posible ni es humano”.


Mientras, la nueva jefa de campaña de Trump, Kellyanne Conway, comentó el domingo a la cadena CNN que los planes para la deportación masiva de millones de indocumentados “están por determinar” y serán desarrollados “en las próximas semanas”. “Lo que Trump respalda es asegurar que se aplique la ley, que seamos respetuosos con esos estadounidenses que están buscando empleos bien remunerados y que somos justos y humanos con aquellos que viven entre nosotros”, afirmó Conway.


El discurso xenófobo de Trump, que ha calificado a los inmigrantes procedentes de México de “violadores” y “criminales”, y su promesa de construir un muro en la frontera le han dado votos entre las bases republicanas y lo ayudaron a ganar la candidatura a la Casa Blanca.


Pero, por otro lado, esa misma retórica le ha distanciado de los votantes hispanos, cada vez más numerosos y que fueron fundamentales para las victorias electorales del actual presidente de EEUU, Barack Obama, en 2008 y 2012.
Varios sondeos nacionales sitúan a Trump hasta 60 puntos por debajo de la candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton, en intención de voto entre los hispanos, cuyo creciente peso demográfico hace que su apoyo sea vital para vencer en estados clave en las elecciones de noviembre próximo.


La semana pasada, Trump reestructuró su equipo de campaña con la incorporación de Conway y de Stephen Bannon, directivo del portal de noticias conservador Breibart News y defensor del estilo populista del magnate. Uno de los objetivos de esa remodelación es tratar de recuperarse de la caída en las encuestas de intención de voto, donde desde comienzos de mes Clinton saca ventaja a Trump a nivel nacional y en varios estados de los considerados “bisagra”.


A la espera de si estos cambios en la campaña se traducen también en una propuesta migratoria más “justa”, lo que se ha visto ya es algo inédito en Trump: mostrar arrepentimiento por cosas que ha dicho “en caliente” durante la campaña electoral, especialmente aquellas que han causado “dolor personal”.

Ginebra / Washington
23/08/2016 11:27 | Actualizado a 23/08/2016 11:55

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Martes, 16 Agosto 2016 19:12

Contra la predestinación.

Contra la predestinación.

Se anuncia desde antes de nacer cómo será nuestra existencia. Padres, instituciones de todas las clases y formas, valores, cultura, política, economía y hasta el territorio donde nacerá un persona son los limitantes de ese “cómo será”. La predestinación de los individuos es un fenómeno a todos los niveles que es fundamental en la consolidación de una sociedad.

Los valores que subyacen a una comunidad son los que por costumbres y tradiciones se insertan en la persona. Estos valores son adoptados por el individuo antes de que pueda cuestionarlos. La moral del individuo es en este sentido una reproducción de su contexto.


Quizá tanto ustedes como yo, recuerden el famoso “Mundo feliz” de Huxley. De ser así me gustaría que imagináramos la escena dónde los recién nacidos divididos por colores, secciones y futuros roles sociales, están todo el tiempo escuchando las grabaciones por las cuales se programa en ellos su visión de mundo. No pretendo aquí hacer un paralelismo entre nuestras sociedades y las que se nos muestran en las distopías. Lo que me interesa es resaltar la relevancia de la predestinación que la sociedad ejerce sobre las personas en favor del mantenimiento y prolongación de la misma. Sobre todo en sociedades donde sus individuos no hacen parte de ella por simpatía, necesidad mutua o elección, sociedades dónde sus individuos pertenecen por resignación, parquedad o miedo.

Los dispositivos para que un individuo se adhiera con todo su ser a su comunidad son infinitos. Los más sofisticados fueron hijos del siglo anterior, de los cuales la psiquiatría destaca con torturas propias. Parece que la predestinación no es entonces el principio de nuestra existencia, parece que es la existencia misma. Sujetos designados como “anormales” son aquellos que no tienen una conciencia común de su realidad delimitada por fijaciones espacio-temporales. De aquí que las preguntas de rigor en los psiquiátricos para sus huéspedes sean dos: “¿Qué fecha es hoy?” “¿Por qué está en éste lugar?” Pues la noción compartida de fechas y lugares dan testimonio de que estamos bien adaptados, bien sometidos, bien subordinados y que en éste caso, la predestinación ha vuelto a ser completada. Esquizofrenia, paranoia, dismorfias, etc, todas tratadas como patologías de individuos mentalmente inestables ¿vitalmente enfermos? Claro que no, son individuos a los cuales se les determinan patrones de comportamiento aislados y fuera de lo que la comunidad espera de ellos. Tampoco vamos a satanizar ni a divinizar la locura o la cordura. Vivimos en una realidad impuesta, predeterminada y es ello lo que no corresponde a la individualidad. Si nuestras visiones de mundo son diferentes a la programada por las voces que los recién nacidos escucharon en las cunas de la obra de Huxley, o a las dictaminadas por las Instituciones, por los padres, por la sociedad, pasamos por ser diagnosticados como enfermos, atacando así las consecuencias y no el origen de la dificultad, a saber, que por más determinada que sea la realidad, es imposible decir que solo hay una correspondiente a una única visión de mundo, pues claramente las visiones que tenemos del mundo y de la realidad misma son múltiples, incluso ante los mismos ojos. De hecho hablar de determinaciones fijas es apelar a una visión mecanicista del mundo. Esta visión imperó durante muchos siglos siendo aceptada gratamente por los intelectuales del siglo XVII y por Hobbes, padre del Estado moderno.

Para sobreponernos a las determinaciones morales, emocionales, naturales, sociales o políticas (por nombrar solo algunas) hace falta sabernos también animales. No es “el imperio de la razón” quién asegurará que el uso de nuestra voluntad nos permitirá salir del “imperio de los sentidos”, es decir, no es nuestra razón quien nos ayudará o ayuda a sobreponernos a nuestras limitaciones naturales. La razón ha tratado al hombre como objeto, ha cosificado en su afán dominador y cientificista a toda la naturaleza incluso, a la parte natural que constituye al hombre como ser vivo.
Algunos pensadores contemporáneos hablan del “fracaso del hombre como animal”. Es a ese fracaso al que hemos llegado al usar en exceso la “razón dominadora”.

No se trata de sacralizar a la naturaleza y exponer una perspectiva minimalista del hombre, todo lo contrario. Ante la predestinación y contra la predestinación hay que armarnos con todas nuestras facultades. Escuchar al entendimiento, sentir nuestro instinto, hablar con la claridad del pensamiento, tocar sin supuestos, abrir los ojos a la comprensión y olfatear el misterio del sabernos animales, seres vivos.

Contra la predestinación hay que adueñarse de sí mismo, combatir los determinismos a sabiendas de que no se ganará la guerra, pero si se aprenderá en las batallas sobre nosotros mismos.

En este sentido de autoconocimiento reflexivo contra la predestinación, tanto los valores sociales como las subordinaciones culturales que practicamos por costumbres y que cargamos como el rastrero de lo que no somos y que nos han impuesto desde el nacimiento, son develadas en la práctica del descubrimiento de sí, del devenir caos, del devenir anárquico, del devenir todo lo que somos y que ahora no somos sino solo aparentamos, porque en una vida predestinada no aparece lo que somos sino que “parecemos” e incluso perecemos en esa apariencia.
Luchar contra la predestinación es luchar por nosotros mismos.

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¿Por qué hoy es el Día Internacional de la Mujer?

En 1975, la asamblea general de la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. El origen no está muy claro y existen varias versiones. La más verosímil es que fue un 8 de marzo del año 1857 cuando un grupo de trabajadoras textiles decidió salir a las calles de Nueva York para protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Sería una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos laborales. Distintos movimientos y sucesos se sucedieron a partir de esa fecha.


La fecha siempre ha estado ligada a movimientos de izquierda en defensa de la igualdad de género y de la emancipación de las féminas.


Uno de los más destacados ocurrió el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes que tenían entre 14 y 23 años. Fue el desastre industrial más mortífera de la historia de la ciudad y suposo la introducción de nuevas normas de seguridad y salud laboral en EEUU.


Luego, el 28 de febrero de 1909 Nueva York y Chicago acogieron un acto que bautizaron con el nombre de ‘Día de la Mujer’, organizado por destacadas mujeres socialistas como Corinne Brown y Gertrude Breslau-Hunt.


En Europa, fue en 1910 cuando durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague con la asistencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, se decidió proclamar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Detrás de esta iniciativa estaban defensoras de los derechos de las mujeres como Clara Zetkin o Rosa Luxemburgo. No fijaron una fecha concreta, pero sí el mes: marzo.


Como consecuencia de esa cumbre de Copenhague, el mes de marzo de 1911 se celebró por primera vez el Día de la Mujer en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Se organizaron mítines en los que las mujeres reclamaron derecho a votar, a ocupar cargos públicos, a trabajar, a la formación profesional y a la no discriminación laboral. Coincidiendo con la primera guerra mundial, la fecha se aprovechó en toda Europa para protestar por las consecuencias de la guerra.


La celebración se fue ampliando progresivamente a más países. Rusia adoptó el Día de la Mujer tras la Revolución Socialista de 1917. Le siguieron muchos países. En China se celebra desde 1922, mientras que en Cuba se hace desde 1931. El acto tuvo por sede el Centro Obrero que radicaba en la capital y fue organizado por la Central Nacional Obrera de Cuba y la Federación Obrera de La Habana. En España se celebró por primera vez en 1936, cuando estaba en el poder la República que golpeara el dictador Franco.


Sin embargo, no fue hasta 1975 cuando la ONU institucionalizó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Con un objetivo, que hoy en día sigue vigente: luchar en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. “El Día Internacional de la Mujer se refiere a las mujeres corrientes como artífices de la historia y hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre”, recuerda la ONU.


(Con información de El Periódico/Cubadebate)


Continúa brecha salarial entre hombres y mujeres


Dos décadas después de que la mayor reunión de mujeres a nivel mundial adoptara un programa ambicioso para promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, la situación apenas ha mejorado con respecto a la igualdad en el trabajo.


“Las mujeres que trabajan, ¿se encuentran en una posición mejor que hace 20 años?”, dijo el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder. “La respuesta es un sí condicional. ¿Este progreso ha satisfecho nuestras expectativas? La respuesta es decididamente no. Necesitamos ser innovadores para reformular el debate y concentrarnos en garantizar los derechos de las mujeres en el trabajo, promover la igualdad de género y el empoderamiento económico de las mujeres”.


Los progresos alcanzados en la puesta en práctica de la Declaración y la Plataforma de Acción adoptados en la Cuarta Conferencia de la Mujer en Beijing en 1995 son heterogéneos, señala la OIT en una nota informativa preparada para el Día Internacional de la Mujer .


Al mismo tiempo, la OIT ha publicado un nuevo documento de trabajo sobre la “brecha salarial relacionada con la maternidad”, que además con frecuencia penaliza a las mujeres por encima de la diferencia salarial que ya experimentan.
De acuerdo con The motherhood pay gap: A review of the issues, theory and international evidence (La brecha salarial relacionada con la maternidad: Un análisis de los problemas, teorías y datos internacionales), las madres con frecuencia ganan menos que las mujeres sin hijos, según el lugar dónde viven y cuántos niños tienen.


Algunos avances, varios desafíos


En términos de políticas, legislación y ratificación de las normas internacionales del trabajo, se han registrado avances importantes. En 1995, por ejemplo, 126 Estados miembros de la OIT habían ratificado el Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100) y 122 el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111) . Hoy en día, las cifras son 171 y 172, respectivamente.


Sin embargo, las mujeres siguen enfrentando una discriminación y desigualdad generalizadas en el lugar de trabajo. En la mayoría de las regiones del mundo, las mujeres con frecuencia ocupan empleos infravalorados y mal remunerados; carecen de acceso a la educación, la formación o las oportunidades de trabajo; tienen un poder limitado de negociación y de toma de decisiones, y siguen cargando con la responsabilidad de la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado.


A nivel mundial, la disparidad de las tasas de participación en el mercado laboral entre hombres y mujeres disminuyó sólo ligeramente desde 1995. En la actualidad, alrededor de 50 por ciento del total de las mujeres trabaja, frente a 77 por ciento de los hombres. En 1995, estas cifras eran de 52 por ciento y 80 por ciento respectivamente. Se estima que reducir la brecha de la participación entre los hombres y las mujeres en los países del G20 para 2025 incorporaría a más de 100 millones de mujeres a la fuerza laboral.


El acceso a la protección de la maternidad ha mejorado, aunque muchas mujeres todavía están excluidas. Si bien, a nivel mundial, el porcentaje de países que ofrecen 14 semanas o más de licencia por maternidad, ha aumentado de 38 por ciento a 51 por ciento, más de 800 millones de trabajadoras, o 41 por ciento de todas las mujeres, aún no tienen una cobertura de adecuada de la maternidad.


Al mismo tiempo, los Estados reconocen cada vez más las responsabilidades familiares de los hombres. En 1994, 28 por ciento de los países examinados ofrecía alguna forma de licencia parental. Para 2013, esta cifra llegó a 47 por ciento.


Hoy día, las mujeres son propietarias y dirigen más de 30 por ciento de todas las empresas, pero tienden a estar concentradas en las micros y pequeñas empresas. Las mujeres ocupan puestos en los consejos de administración del 19 por ciento de las empresas a nivel mundial, y sólo cinco por ciento o menos de los directores ejecutivos de las mayores empresas del mundo son mujeres.


Si bien los hombres comienzan a asumir más responsabilidades familiares, las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo de cuidado, lo cual limita con frecuencia su acceso a un empleo remunerado del todo, o las confina en empleos a tiempo parcial, que en general no son tan bien remunerados. Por ejemplo, en la Unión Europea (UE), las mujeres dedican un promedio de 26 horas semanales a las actividades domésticas y de cuidado, frente a las nueve horas para los hombres.


La violencia sigue siendo un factor que mina la dignidad de las mujeres y el acceso al trabajo decente. Alrededor de 35 por ciento de las mujeres son víctimas de violencia física y/o sexual, que afecta su asistencia al trabajo.


Aún persiste la brecha salarial de género, tanto para las mujeres con y sin hijos. En general, las mujeres ganan en promedio 77 por ciento de lo que ganan los hombres, con la diferencia absoluta que se amplia para las mujeres mejor remuneradas. La OIT señala que al ritmo actual, sin una acción dirigida, la igualdad salarial entre hombres y mujeres no será alcanzada antes de 2086, es decir, dentro de al menos 71 años.


Además, la OIT sostiene que al parecer la diferencia de remuneración no ajustada relacionada con la maternidad tiende a ser mayor en los países en desarrollo que en los países desarrollados.


A nivel mundial, la brecha salarial relacionada con la maternidad aumenta con el número de niños que tiene la mujer. En muchos países europeos, por ejemplo, un solo hijo tiene sólo un pequeño efecto negativo, pero las mujeres con dos y, sobre todo, tres hijos experimentan una sanción salarial. En los países en desarrollo, los datos sugieren que el sexo de los hijos también puede ser importante, ya que es más probable que las hijas ayuden con las tareas domésticas y de cuidado, reduciendo la brecha relacionada con la maternidad.


“La conclusión principal 20 años después de la Conferencia de Beijing es que, a pesar de los progresos marginales, tendrán que pasar años o décadas antes de que las mujeres disfruten de los mismos derechos que los hombres en el trabajo”, declaró Shauna Olney, Jefa del Servicio de género, igualdad y diversidad de la OIT.


“La OIT lanzó la iniciativa del Centenario las mujeres en el trabajo a fin de acelerar sus esfuerzos dirigidos a apoyar la acción mundial para hacer frente a este desafío y cumplir con el programa de transformación sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres establecido en los objetivos de desarrollo sostenibles propuestos por la ONU. Este cambio no se producirá de manera automática. Para que esto ocurra, son necesarias intervenciones políticas específicas, concretas y valientes”.

Ni los países más “desarrollados” escapan de este problema. Se muestran datos de la desigualdad laboral en la Unión Europea. Autor: The Huffington Post.


(Con información de OIT Noticias)


Conseguir que se cumplan sus logros, siguiente paso del feminismo

Blanca Juárez

Periódico La Jornada

Ha sido una historia de más de 200 años: en 1782 Mary Wollstonecraft exigió que se reconociera la igualdad de sexos, y además se atrevió a publicar su propuesta; hoy día, en pleno siglo XXI, muchas se arriesgan a denunciar y luchar por impedir el asesinato sistemático de mujeres. El feminismo ha pasado por diferentes etapas y se ha diversificado en diversas corrientes. Actualmente, entre sus asuntos apremiantes están el aborto, el acoso callejero, el trabajo doméstico y el cuestionamiento sobre la existencia natural de sólo dos géneros.


Tras conseguir –en varios países– el derecho al voto, a la educación, al trabajo, a tener cargos políticos, al matrimonio consensuado e incluso a la libertad de indumentaria, entre otros, el siguiente paso ha sido pelear por que esos derechos se cumplan. Las pugnas se dan en las calles, en las familias y en los juzgados.


Las olas del movimiento


El feminismo es la revolución más exitosa de la historia, asevera en entrevista la investigadora Hortensia Moreno Esparza. Ha logrado, señala, grandes cambios sociales, y todos de manera pacífica. Algunos autores lo dividen en olas y, aparentemente, estamos en la cuarta, aunque es sólo desde una mirada europea y colonial, objeta la activista Luisa Velázquez Herrera. Para la antropóloga Márgara Millán, es mejor hablar de feminismos situados, como el indígena o el zapatista.
Feminismo académico, queer, indígena, institucional, anarcofeminismo y lesbofeminismo son algunas de las segmentaciones. Como sea, para muchos la sola palabra es casi un insulto o una etiqueta que da mala fama, así que regresan el agravio en el calificativo de feminazi.


Aunque varias mujeres la precedieron, la mayoría de los investigadores ubica el primer impulso en el siglo XVIII, cuando Wollstonecraft, madre de Mary Shelley, autora de Frankenstein, escribió Vindicación por los derechos de la mujer. Exigía el derecho a la educación y que se admitiera que ellas son seres racionales y sexualmente independientes.


La segunda ola abarca del siglo XIX hasta alrededor de 1950. El derecho al voto se vuelve una de las principales consignas, al tiempo que las afrodescendientes evidencian que la desigualdad no es sólo entre hombres y mujeres. En la tercera oleada, con la revolución sexual, la obra de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, se convierte en obra de referencia.


En los años 60, en la Ciudad de México, para que una mujer casada tramitara su pasaporte, debía llevar la autorización por escrito de su marido. Es absurdo, pero así era. Los cambios son visibles, y el pendiente es lograr una transformación cultural profunda que remonte la apreciación más allá de lo que se tenga entre las piernas, expresa Moreno Esparza.


Para proteger los avances hemos tenido que recurrir al ámbito judicial, agrega la feminista y sicóloga Elsa Conde. Otras, ante el despojo de tierras, la desaparición y criminalización de sus parejas, se han convertido en líderes indígenas, señala Millán, quien ha seguido de cerca la lucha zapatista. En ese movimiento, afirma, ellas participan y deciden. Su forma de vida es una alternativa, añade.


Al enfrentar la dominación masculina han tomado varios caminos y enfoques de lucha. Sin embargo, para Luisa Velázquez, de la organización Lesboterroristas, hay que cuestionar la heterosexualidad. Gran favor le hacen las parejas al capitalismo, asegura, en el que las mujeres trabajan gratis y el Estado no gasta. Al optar por el lesbianismo como postura política, en realidad no tiene que ver con quién se folle, pues las parejas gay también reproducen el modelo capitalista, sostiene.


Estamos en una cuarta y quizá hasta quinta ola. Desde hace mucho tiempo tomó, como otros movimientos críticos, una forma dispersa, múltiple, polivalente, apunta Millán. Así que ahora sería mejor hablar de feminismos situados, que se crean en ciudades o en comunidades indígenas y responden a su entorno.

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