Ciudad del Vaticano, 4 de julio. El Vaticano cerró sus cuentas de 2008 en números rojos, al registrar un déficit mayor a los 21 millones de dólares, indicó este sábado un comunicado de prensa de la sede apostólica.

“Como todo Estado también el Vaticano ha sufrido las repercusiones de la crisis económica-financiera cerrando con un déficit de 21 millones 388 mil 598 dólares”, sostiene la nota firmada por el Consejo de Cardenales para los Problemas Organizativos y Económicos, organismo que certifica los balances de la sede apostólica.

El consejo dio a conocer este sábado los datos tras una reunión celebrada entre el miércoles y viernes pasados.

El presupuesto está dividido en dos sectores: por un lado la Curia Romana o Santa Sede, que apoya al Papa en su trabajo para la Iglesia universal y que incluye los dicasterios o ministerios, así como las nunciaturas (embajadas por el mundo), y por otro, el Estado Vaticano, responsable de la gestión de las 44 hectáreas de territorio físico en la capital italiana, donde se encuentra la basílica de San Pedro y los Museos Vaticanos.
En el Estado del Vaticano, el más pequeño del mundo con apenas 439 kilómetros cuadrados (44 hectáreas), trabajan mil 894 personas, entre ellas 31 religiosos, 28 religiosas, mil 558 laicos y 277 laicas.

Las pérdidas registradas se deben a las obras realizadas para la colocación de un sistema fotovoltaico en el techo del Aula Pablo VI y la restauración del patrimonio artístico de la Santa Sede, entre ellas la Capilla Paulina y las basílicas de Santa María La Mayor y San Pablo Extramuros, así como la Biblioteca Apostólica Vaticana, precisa la nota.

La modernización del sistema informático y de Internet también ha repercutido en las cuentas, sostiene el comunicado.
 

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Domingo, 24 Mayo 2009 10:44

El hundimiento del dólar

Cuando el premier Wen Jiabao de China dijo en marzo de 2009 que estaba un poquito preocupado por la situación del dólar estadunidense, se hacía eco de los sentimientos de estados, empresas e individuos por todo el mundo. Él hizo un llamado a Estados Unidos para que mantenga su buen crédito, honre sus promesas y garantice la seguridad de los activos de China.

Apenas hace cinco años, esto habría parecido una petición muy presuntuosa. Ahora parece entendible aun para Janet Yellen, presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, pese a que considera que las propuestas de China acerca de la divisa mundial de reserva está lejos de ser una alternativa práctica.

Hay sólo dos maneras de almacenar riqueza: en estructuras físicas concretas y en alguna forma de dinero (divisas, bonos, oro). Ambas implican riesgos para el poseedor. Las estructuras físicas se deterioran a menos que se utilicen, lo que implica costos. Utilizar tales estructuras para obtener ingresos y como tal ganancias, depende del mercado –es decir, de la disponibilidad de compradores que deseen adquirir lo que las estructuras físicas puedan producir.

Las estructuras físicas son, por lo menos, tangibles. El dinero (que se denomina con cifras nominales) es meramente una reclamación potencial ante las estructuras físicas. Si varía un pequeño monto, casi nadie lo nota. Pero si varía considerablemente y con frecuencia, sus poseedores pueden ganar o perder mucha riqueza, en ocasiones bastante rápido.

En términos económicos una divisa de reserva es la forma más confiable de dinero, la que varía menos. Es entonces el lugar más seguro para almacenar cualquier riqueza que uno tenga, que no asuma la forma de estructuras físicas. Desde por lo menos 1945, la divisa mundial de reserva ha sido el dólar estadunidense. Es todavía el dólar estadunidense.

El país que emite la divisa de reserva tiene una ventaja singular sobre los otros países. Es el único que puede legalmente imprimir la divisa, siempre que piense que es a favor de su interés hacerlo.

Todas las divisas tienen una tasa de cambio con las otras divisas. Desde que en 1973 Estados Unidos puso fin a su tasa fija de cambio con el oro, el dólar ha fluctuado con respecto a otras divisas, subiendo y bajando. Cuando su divisa ha bajado con respecto a otra, se ha vuelto más fácil vender sus exportaciones porque el comprador de las exportaciones requiere menos de sus propias divisas. Pero también ha hecho más cara la importación, debido a que requiere más dólares para pagar el artículo importado.

En el corto plazo, una divisa debilitada puede incrementar el empleo al interior de un país. Pero esto es, cuando mucho, una ventaja de corto plazo. En el mediano plazo, hay mayores ventajas de contar con una divisa considerada fuerte. Esto significa que el poseedor de tales divisas tiene más control de la riqueza del mundo medida en productos y estructuras físicas.

Más allá del mediano plazo, las divisas de reserva son fuertes y quieren seguir siéndolo. La fortaleza de una divisa de reserva se deriva no sólo de su control sobre la riqueza del mundo sino del poder político que le ofrece al sistema-mundo. Es por eso que la divisa mundial de reserva tiende a ser la divisa del poder hegemónico en el mundo, aun si se trata de una potencia hegemónica en decadencia.

Así que, ¿ por qué está un poquito preocupado el primer ministro Wen? Es claro que es porque durante las últimas cuantas décadas, la tasa de cambio del dólar estadunidense ha estado fluctuando bastante pero a fin de cuentas va descendiendo lentamente. Uno de los factores principales ha sido la deuda global increíblemente creciente del gobierno de Estados Unidos. Existen dos modos principales mediante los cuales Estados Unidos ha podido balancear su contabilidad. Imprime dinero y vende bonos del tesoro estadunidense, primordialmente a otros gobiernos (los llamados fondos soberanos de inversión).

No es secreto que en años recientes el mayor comprador de bonos del tesoro estadunidense haya sido China. No es el único. Japón y Corea del Sur, Arabia Saudita y Abu Dhabi, India y Noruega, han comprado, todos, bonos del tesoro de Estados Unidos. Pero China es hoy el mayor comprador, y dada la presente contracción del crédito, China es uno de los pocos probables compradores en el futuro inmediato.

El dilema para China, como para otros que invirtieron en bonos del tesoro estadunidenses, es que si el dólar baja aún más o si hay una inflación significativa por el hecho de que Estados Unidos imprime dinero, su inversión en bonos del tesoro puede hacerlos perder dinero. Por otro lado, ¿qué alternativas tienen China o los demás?

La conclusión de políticas que China (y otros compradores) sacan es que hay un discreto desposeimiento constante. No quieren que sea tan rápido que ocasione un pánico bancario, pero que tampoco sea tan lento que uno termine siendo el último fuera de la puerta antes de la estampida, como tituló su artículo Joseph Stroupe en el Asia Times.

China está reduciendo la cantidad de bonos del tesoro estadunidense que está comprando, y ahora prefiere comprar unos de plazo más corto en lugar de aquellos de plazo más largo. China incursiona en el cambalache o trueque de divisas con otros países, como Argentina, de tal modo que ninguno tenga que usar dólares en sus transacciones. Y China está haciendo un llamado a la creación de una divisa de reserva alterna basada en los Derechos Especiales de Giro (DEG) creados por el Fondo Monetario Internacional, con base en una canasta de monedas. Rusia ya respaldó el llamado.

Estados Unidos no está seguro de cómo responder. Cuando el secretario del Tesoro Timothy Geithner dijo que el gobierno estadunidense está bastante abierto a la propuesta de China de incrementar el uso de los DEG, de inmediato bajó el dólar en el mercado de divisas. Así que Geithner clarificó entonces lo que había dicho. El dólar permanecería como divisa de reserva dominante en el mundo y es probable que continúe así por un periodo prolongado de tiempo. Aseguró que hará lo necesario para garantizar que mantenemos la confianza en nuestros mercados financieros, y en la capacidad productiva de este país y en nuestros fundamentos de largo plazo.

¿Será que Geithner sólo está aparentando calma? Y más importante, ¿quién cree que lo que dice es plausible? La clave de la fuerza de una divisa no son los llamados fundamentos sino la fe en la realidad de esos fundamentos.

Todos los actores principales están confiando que pueda haber una aterrizaje suave, una transición ordenada hacia algo que se aparte del dólar estadunidense. Nadie quiere precipitar una caída libre, porque nadie está seguro de salir adelante si eso ocurre. Pero si el estímulo de Estados Unidos resulta ser la última de las burbujas, el dólar bien puede desinflarse repentinamente en la forma más caótica. El modo de decir estampida en francés es “sauve-qui-peut”, que se traduce literalmente como sálvese quien pueda.

 

Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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De visita en Madrid para entrevistarse con José Luis Rodríguez Zapatero, Zoellick no tiene reparos en reconocer que las autoridades políticas -y él mismo- suelen exagerar los riesgos que se ciernen sobre la economía para evitar que esas amenazas se materialicen, en una suerte de guerra preventiva. Pero los peligros están ahí: la crisis financiera que estalló hace casi dos años mutó en crisis económica y, de la mano del desempleo, puede convertirse en una "grave crisis humana y social" de consecuencias políticas imprevisibles.
 
Pregunta. Los más optimistas dicen que lo peor ha quedado atrás en el mundo desarrollado. ¿También entre los emergentes?

Respuesta. Los mercados financieros se han recuperado un poco y en algunos países, tanto desarrollados como emergentes, las Bolsas han empezado a subir. Pero hay que tener cuidado porque la utilización de la capacidad de producción sigue muy, muy baja. Y ésa es una señal de alerta. Los ministros de Finanzas del G-7 y del G-20 transmiten cierto alivio porque se ha frenado la caída: aunque podamos tener un crecimiento bajo o negativo, el escenario es menos malo. Pero los economistas y la gente de la industria son conscientes de que la recuperación tardará en llegar y será más lenta de lo previsto.


P.
¿Y qué opina usted?

R. Que nadie lo sabe con seguridad. Hay un elevado grado de incertidumbre, de riesgo. Y una institución financiera dedicada al desarrollo debe centrarse en no ignorar los riesgos.


P.
¿Cuáles son los más peligrosos?

R. Muchos. Tal vez el principal es que hay que seguir saneando el sistema financiero: EE UU ha dado pasos en la buena dirección, pero aún hay bancos con serias dificultades relacionadas con los préstamos al consumo, las tarjetas de crédito o el sector inmobiliario. Además, EE UU depende más que Europa del mercado de titulizaciones, y ese mercado aún no se ha recuperado.


P.
El Banco Mundial suele atacar también el proteccionismo y ha advertido de las dificultades en varias áreas económicas.

R. Existen riesgos adicionales. América Latina se ha mantenido razonablemente bien, aunque México y Centroamérica están bajo tensión porque dependen mucho del mercado estadounidense. Europa del Este está en una situación delicada, especialmente los países del Báltico y otros como Rumania. Otras zonas de penumbra son tanto el peligro asociado al proteccionismo como la deuda privada en el mundo emergente, a pesar de las ayudas del FMI. Y luego existe lo que llamo el factor X, eso que nunca se ve venir -como la gripe A-. Ya sé que todo el mundo está discutiendo si hay brotes verdes o no. Mi opinión es que con este panorama nadie sabe con certeza lo que va a suceder y lo mejor es estar preparados para cualquier imprevisto.


P.
¿El este de Europa puede desatar una nueva tormenta?

R. La crisis ha provocado problemas, con consecuencias sobre la banca. Seis grandes bancos europeos poseen el 90% del sistema financiero de la región, y si retiraran su capital el efecto multiplicador sería muy negativo. De ahí los 31.000 millones de dólares que hemos puesto a disposición de los bancos y la aportación de la UE, que ascenderá a unos 20.000 millones de euros más.


P.
Pese a esas incertidumbres, ¿para cuándo fijaría el inicio de la recuperación?

R. Hay gente que maneja finales de 2009, otros dicen que a principios de 2010. En cualquier caso va a ser una recuperación de baja intensidad durante un tiempo prolongado, porque hay mucha capacidad sin utilizar en la industria y el paro va a seguir subiendo. Y ése es un buen caldo de cultivo para políticas populistas y proteccionistas. Entre los países emergentes hay grandes diferencias: China puede sorprender al alza, ha obtenido buenos resultados con el plan de estímulo; para países como México y Brasil, la principal amenaza es no tener acceso a la financiación. Luego hay un buen puñado de países africanos, como Liberia, Costa de Marfil y otros, que son Estados frágiles y ven peligrar sus avances. Y hay una crisis alimentaria larvada, que no se ha calmado tanto como la gente cree.


P.
¿El riesgo de que se repita una depresión como la de los años treinta ha quedado definitivamente atrás?

R. La probabilidad es baja, pero nunca nula. Las dos grandes diferencias con los años treinta son la distinta reacción de los bancos centrales -que han sido muy activos y en los años treinta fueron parte del problema- y el proteccionismo, que entonces cerró los mercados. No creo que una depresión sea probable, pero si pasa sería terrible. Para países en desarrollo de rentas medias como Colombia o Perú, que han estado haciendo un buen trabajo, la persistencia de esta crisis durante años tendría un coste social inmenso, y debemos trabajar para que eso no suceda. En la crisis asiática de 1997, todo el mundo se preguntaba si China superaría ese escollo y ahora es una de las fuentes de crecimiento global. Cuantas más fuentes tengamos, mejor le irá a la economía mundial.


P.
Tras el incremento vertiginoso del desempleo y las protestas que han aparecido ya en muchos países, ¿ve riesgos de una crisis social?

R. Puede ser. Lo que empezó como una gran crisis financiera y se convirtió en una profunda crisis económica, ahora está derivando en una gran crisis del desempleo y, si no tomamos medidas, hay riesgo de que llegue a ser una grave crisis humana y social, con implicaciones políticas muy importantes. La clave pueden ser las medidas de estímulo. Si tomamos como ejemplo China en 1998, la inversión en infraestructuras sirvió para crear empleo, pero también para sentar las bases de la productividad y el crecimiento futuro. Si creamos infraestructuras que pongan a la gente a trabajar, ésa puede ser una forma de unir retos de corto plazo con estrategias de largo plazo.


P.
El mundo desarrollado se ha pasado años escatimando ayudas al desarrollo, pero con la crisis se han movilizado recursos públicos a toda velocidad para rescatar a la banca. ¿Eso le decepciona?

R. El presidente brasileño Lula dijo en el G-20 que lo más importante para los emergentes era que las economías de los países desarrollados retomaran el crecimiento. Vivimos en una economía global. México y Centroamérica no pueden crecer si no lo hace EE UU. Si Europa no sale del túnel eso tiene repercusiones sobre África y el resto del mundo. Así que tiene sentido dedicar el primer dinero a los planes de estímulo y a sanear los activos tóxicos de los bancos. El siguiente paso es seguir presionando para hacer más por los países desarrollados, más allá del FMI. El Fondo está ahí para resolver crisis de balanzas de pagos y crisis financieras. Pero es el Banco Mundial quien se debe ocupar de los programas sanitarios, de seguridad alimentaria, de producción agrícola y de inversión en infraestructuras.


P.
¿Hay dinero suficiente?

R. En estos momentos estamos bien capitalizados, pero no hay suficiente dinero público para hacer frente a todos los problemas: sólo hay que echar un vistazo a los déficit para saber por qué. Así que estamos aplicando vías novedosas para atraer capital privado, como los fondos de pensiones o los fondos soberanos, para invertir en los países emergentes. Hasta ahora se pensaba que estos países conllevaban mucho riesgo, pero después de lo que ha pasado hay que empezar a pensar que tal vez los mayores peligros no estaban ahí.


P.
¿Cuánto dinero necesita el Banco?

R. Eso depende de lo que dure la crisis. En estos momentos, queremos asegurarnos de que los países no den marcha atrás en las políticas de ayuda al desarrollo. Suelo citar a España como ejemplo de país que sufre una fuerte desaceleración económica pero intenta mantener e incluso aumentar su ayuda. Estamos tratando de crear un Fondo de Vulnerabilidad, al que los Gobiernos destinen el 0,7% de sus planes de estímulo, lo que supondría unos ingresos de entre 12.000 y 13.000 millones de dólares, a los que habría que sumar otros fondos procedentes de Alemania, Japón y tal vez de Suecia.


P.
¿Cómo van las promesas que se hicieron en el G-20?

R. Creo que las últimas reuniones del G-20 son un hito. La cumbre de Londres aportó soluciones muy positivas sobre planes de estímulo o sobre la amenaza proteccionista. El reto es ahora poner el foco en las necesidades específicas de los países en desarrollo en la próxima reunión, que se celebrará en septiembre en Nueva York.

ALICIA GONZÁLEZ / CLAUDI PÉREZ- Madrid - 24/05/2009

 
 
 
 
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El secretario del Tesoro de EE UU, Timothy Geithner, se ha mostrado este jueves optimista con los resultados arrojados por el test de estrés al que ha sometido el Gobierno estadounidense a los diecinueve principales bancos del país y que muestra que diez de ellos necesitan captar 75.000 millones de dólares (casi 56.000 millones de euros) para hacer frente a un posible recrudecimiento de la crisis. Estos resultados, ha afirmado, "ayudarán a restablecer la confianza y harán posible que fluya más dinero en el sistema bancario", aunque todavía, advierte, "hay mucho camino por recorrer".
     
"Esto es sólo el principio, y tenemos que seguir trabajando para hacer más seguro el actual sistema financiero, pero es lo suficientemente fuerte como para poder proveer [a la economía estadounidense] del crédito que necesita para su recuperación", ha apuntado Geithner al presentar unos resultados que arrojan que estas diez entidades necesitan mucho menos capital de lo que algunos analistas habían pronosticado en los últimos días, según informa The New York Times.

El más expuesto es Bank of America, que necesita 34.000 millones de dólares (unos 25.500 millones de euros) de capital adicional para recuperar la solidez perdida tras el estallido de la burbuja hipotecaria. Si el banco no fuera capaz de recaudar esa cifra a través de inversores privados, el Ejecutivo tendría que volver a salir al rescate, algo que ya hizo con una inyección de 45.000 millones de euros. Citigroup, que se ha beneficiado de tres rescates públicos, es otro de los que se encuentra en dificultades y necesitaría, según este test de estrés, otros 5.500 millones de dólares (unos 4.100 millones de euros). El segundo y tercer lugar de la lista lo ocupan, sin embargo, Wells Fargo y GMAC, con 13.400 y con 11.500 millones de dólares, respectivamente (unos 10.000 y unos 8.600 millones de euros).

Las entidades tendrán ahora hasta el 8 de junio para desarrollar un plan de acción que deberá ser aprobado posteriorente por las autoridades.

Por el contrario, entidades como J.P. Morgan, Goldman Sachs, MetLife, American Express, Bank of New York y Capital One no necesitarán aumentar su capital, según este test, lo que ha aliviado el temor de los inversores ante un eventual rosario de nacionalizaciones en el sector que atenazaba a los mercados a principios de año.
En el peor de los escenarios posibles -que esta prueba concreta en una tasa de desempleo del 10,3%, una contracción de la economía del 3,3% y una caída de los precios de la vivienda del 22%-, las pérdidas generadas por el total de estos 19 bancos podría ascender este año a 600 millones de dólares (448 millones de euros), recoge The New York Times.
ELPAÍS.com / AGENCIAS - Madrid / Washington - 08/05/2009
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Es el hombre de finanzas africano más conocido y respetado en el extranjero, el que lleva las cuentas de la economía más rica de África y el político más poderoso de su país. Trevor Manuel, ministro de Finanzas de Suráfrica desde 1996, lo deja muy claro: el continente más pobre de la tierra, en vías de desaparecer de las agendas de los países ricos, es el más vulnerable a la crisis económica mundial. Si las grandes potencias no desarrollan una estrategia global para enfrentar la crisis, si recurren al aislamiento y al proteccionismo, África correrá el riesgo de caer en el caos político.
 
"Tenemos una pistola apuntándonos a la cabeza", dice Manuel, que recuerda que durante la primera mitad de 2008, la extraordinaria demanda mundial de materia prima africana, especialmente petróleo y minerales, había alimentado expectativas de crecimiento optimistas. "No es cuestión de llorar, sino de buscar soluciones conjuntas, africanas y, ante todo, globales. Pero la realidad hoy es que el fantasma de la inestabilidad política se presenta como una seria posibilidad".
 
Manuel, la figura dominante de un nuevo colectivo financiero africano llamado el C-10, explica que los lazos vitales que unen la economía africana con el resto del mundo se están rompiendo. "China necesitaba crear empleos para 10 millones de personas al año y, para lograrlo, dependía de la fabricación de productos que los estadounidenses compraban en sus grandes almacenes. Casi todos nosotros tenemos los recursos minerales de los que dependía la superproducción china, y por eso en los últimos cinco años hemos vivido una época de bonanza sin precedentes". Pero la demanda estadounidense disminuye, la producción china cae y África se hunde.
 
Manuel, ex preso político y miembro destacado del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela, cita el ejemplo de Zambia para demostrar la volatilidad de la inversión extranjera en África y la persistencia de lo que él llama "la antigua relación colonial". "Zambia es un gran productor de cobre. Hace 12 meses, 140 millones de personas se desplazaban por China para celebrar el año nuevo con sus familias. La gente se movilizaba de las grandes ciudades al campo. Pero hubo mucha nieve y, ante unos terribles problemas de abastecimiento eléctrico, muchos trenes dejaron de operar y mucha gente no llegó a su destino. Los chinos se abastecieron urgentemente de enormes cantidades de cobre zambiano para expandir su red eléctrica. Pero hoy tienen almacenado más de lo que necesitan. Y las consecuencias para Zambia, cuya economía depende de la exportación de este metal, amenazan con ser muy graves". Todos los países africanos sufren variantes del mismo síndrome. "La gente en el mundo rico no compra casas ni coches nuevos, lo cual implica que todo tipo de productos cuya fabricación depende de, por ejemplo, el cobalto o el aluminio, ya no tienen mercados".
 
África ha tenido un par de seguros de vida en los últimos años. Las remesas de los que han emigrado a EE UU y a Europa, y la cooperación externa. En ambos casos el panorama es desalentador. "En los tiempos de los esclavos se llevaban a los grandes y los fuertes, y dejaban atrás a los débiles y los enfermos. Hoy, los grandes y los fuertes se van por su propia voluntad, viven un infierno para atravesar el Mediterráneo y llegar al sur de Europa, encontrar un trabajo y un lugar para dormir. Con suerte empiezan a enviar remesas a casa. Pero ahora que de repente los europeos se ven obligados a competir por los mismos puestos de trabajo con los inmigrantes africanos, veremos desempleo y xenofobia, y las remesas caerán de manera drástica. El resultado es el empobrecimiento de los débiles que se han quedado en casa".
 
En cuanto a la cooperación, Manuel señala que los países del G-8 han cumplido sólo la mitad de los compromisos que firmaron en una cumbre celebrada en 2002. "Si ya se olvidaron parcialmente en tiempos de abundancia, no debe sorprendernos que el mundo rico demuestre poco apetito por cumplir sus compromisos hoy. Nadie va a declarar que es hora de olvidar la ayuda a los países pobres, pero muchos jefes de Gobierno europeos esperarán que ante las urgencias nacionales el tema caiga en la amnesia".
 
El dinero olvidado no sólo se destinaría a satisfacer necesidades humanas básicas, sino también a generar riqueza. "La idea era poder construir, por ejemplo, carreteras que lleguen al interior rural de Kenia. Si llega la carretera, llega el fertilizante, llega el almacenaje en frío. Tu vida puede cambiar, ya que de repente puedes vender espárragos en los supermercados europeos. Pero sin la carretera, sin el fertilizante y sin el almacén, estás muerto".
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Los Gobiernos de los países miembros del G-20, más España y Holanda, ponen este sábado sobre la mesa sus propuestas para reformar la arquitectura financiera mundial, aunque sin mucho más consenso que la determinación para salir de la crisis. Los participantes en la cumbre asistieron anoche a la una cena organizada por Bush en la Casa Blanca, en la que el presidente estadounidense alertó de que la crisis financiera que azota a las economías de todos los continentes "no se resolverá en un día".

Estados Unidos y Europa llegan a esta primera Cumbre de los Mercados Financieros dispuestos a sentar las bases que guíen las futuras reformas financieras y frenar futuras turbulencias, pero con distintas sugerencias para conseguirlo. El Gobierno de George W. Bush quiere preservar el espíritu de libre mercado y evitar una excesiva intervención del Estado, pese a que en las últimas semanas ha roto sus propias creencias al nacionalizar gigantes financieros como AIG y volcar en el sistema cientos de millones de dólares para reactivar la economía. La Unión Europea, por el contrario, busca que de estas reuniones salga un compromiso para que los distintos gobiernos ejerzan un mayor control sobre sus sistemas financieros, la única manera posible de evitar los excesos que han llevado al actual desastre económico.

Pese a las diferencias que les separan, todos los Gobiernos representados en la cumbre, los de los países industrializados y los de las economías emergentes, planean incrementar el gasto público para salir de la crisis. Lo más complicado es alcanzar un consenso para reformar las reglas de los mercados financieros internacionales, algo que no se espera que salga de la reunión de este sábado.


Sentar nuevas bases

Todos coinciden en que habrá que esperar a la próxima cumbre, que se celebrará a finales de febrero o principios de marzo, cuando el presidente electo de EEUU, el demócrata Barack Obama, haya tomado ya posesión del cargo. Por su parte, el presidente electo de Estados Unidos ha instado este sábado al Congreso estadounidense a aprobar, con la mayor celeridad posible, "al menos un avance" del plan de rescate previsto para solventar los efectos de la crisis financiera

Los jefes de Estado que se reunirán esta tarde en el Museo Nacional de la Construcción, en Washington, se esforzarán, no obstante, por dar un mensaje de optimismo al mundo, presionados por el deterioro que se está produciendo en las economías de los cinco continentes. Además de sentar las bases del nuevo edificio financiero interncional, discutirán las medidas que se deben tomar a corto plazo para reactivar las economías. El Reino Unido, Alemania y China han anunciado ya medidas de estímulo fiscal.

Una de las propuestas que ha calado entre los Gobiernos del G-20 es la de crear una red de agencias de supervisión, que puedan controlar a los gigantes bancarios que actúan en todos los puntos del planeta. El Gobierno de Bush apoya esta propuesta, que fue formulada por el Gobierno británico. Es un proyecto mucho más modesto que el establecimiento de una agencia única de regulación internacional adelantada por Francia y a la que se oponía Estados Unidos.

Uno de los resultados tangibles de la cumbre probablemente será un aumento de las contribuciones al Fondo Monetario Internacional (FMI), para que cuente con una mayor capacidad de maniobra para apagar los fuegos iniciales de la crisis. El organismo cuenta con 200.000 millones de dólares y puede obtener fácilmente otros 50.000 millones, pero si un país grande como Polonia o Turquía se viera en problemas, sus reservas se evaporarían.

El presidente estadounidense también adelantó esta semana que otro de los resultados de la cumbre podría ser el compromiso para elaborar unas normas estándar de contabilidad financiera y crear reglas comunes para los productos derivados financieros más sofisticados.

Salgan o no adelante estas propuestas, en lo que sí coinciden todos los mandatarios de los países del G-20, que agrupan al 85% de la economía mundial, es en la necesidad de volverse a reunir en el futuro.

ELPAÍS.com/AGENCIAS - Madrid/Washington - 15/11/2008
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Jueves, 20 Noviembre 2008 20:33

Crisis 2009. ¡Del miedo al pánico!

En el mundo real y globalizado, las malas noticias difícilmente pueden ocultarse. En las crisis estalla en explosiones violentas la contradicción entre la producción social y la apropiación capitalista. En efecto, las bolsas de valores de los principales mercados han caído en lo corrido de 2008 en un 40 por ciento; el petróleo se encuentra con el precio más bajo de los últimos 20 meses (US$ 56 el barril); la estanflación se manifiesta con fuerza en todas las economías del orbe (inflación unida a la contracción de la producción y la demanda); en el mercado laboral internacional, entre enero de 2008 y diciembre de 2009, se perderán 20 millones más de puestos de trabajo, afirma la OIT, con lo cual el número de desempleados aumentará de 190 millones en 2007 a 210 millones al finalizar 2009; producto del alza en el precio de los alimentos, el hambre afecta, según la FAO, a 80 millones de nuevas personas; el Banco Mundial estima que habrá 40 millones de pobres más en el mundo (de 480 millones de personas que viven bajo situación de pobreza se pasará a 520). En paralelo, las monedas de los países periféricos presentan fuertes pérdidas de valor frente al dólar; el crédito internacional se restringe, la financiación externa es más costosa y los proyectos de inversión se aplazan de manera indefinida.

En picada. Las previsiones de los organismos multilaterales (FMI, BM, OIC) están conduciendo a los agentes económicos del miedo al pánico. El miedo es la perturbación angustiosa del ánimo ante un riesgo o un daño, real o imaginario; el pánico es el terror producido por la amenaza de un peligro inminente, con frecuencia colectivo y contagioso.

Realidad mundializada y efectos locales negativos, así no lo quiera aceptar el Ejecutivo ni su Ministro del Ramo. Contrario a lo que expresa el alto gobierno, el reciente informe de la Junta Directiva del Banco de la República sobre la inflación en Colombia no deja dudas sobre la gravedad de la situación (septiembre de 2008, ISSN-1657-7973). Para este año, el rango meta de inflación establecido fue de 3,5 y 4,5 por ciento; en septiembre, la inflación anual se ubicó en 7,6 por ciento. No sólo la inflación era diferente de lo esperado; todo el panorama macroeconómico refleja las malas perspectivas de crecimiento mundial, y los indicadores domésticos le dan fundamento al pesimismo.

La crisis internacional


En el frente externo, la burbuja especulativa que venía inflándose durante la última década estalló a finales de 2007. La incertidumbre generada por los “bonos tóxicos” del mercado hipotecario estadounidense terminaron infectando todo el sistema económico, provocando la pérdida de confianza entre las entidades financieras. El pánico financiero mostró las carencias de liquidez y las excesivas necesidades de capital de estas entidades, tanto en los Estados Unidos como en Europa y Asia, gestando la peor crisis financiera desde la gran depresión de 1929. La quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers desencadenó el estrés financiero desde el 15 de septiembre, seguido de Goldman Sachs y Morgan Stanley, entre otros. Esta explosión en cadena dio fin a la era de la banca de inversiones independiente de Wall Street. La quiebra del gigante mundial de los seguros, American International Group, acabó de enturbiar el panorama, y el pánico se extendió a las economías europeas, asiáticas y latinoamericanas. La estrategia del gobierno de Estados Unidos de un plan de salvamento por US$ 700 mil millones tuvo resultados nimios: no se logró restablecer los canales financieros ni que disminuyeran los costos de los endeudamientos.

Efectos desastrosos. En lo corrido del año 2008, Estados Unidos ha perdido 1,2 millones de empleos. Los estadounidenses han recortado 7.741 empleos diarios. La tasa de desempleo de octubre, 6,5 por ciento, superó los registros de la recesión de 2001 y es la más abultada desde marzo de 1994. En total, 284.000 empleos fueron eliminados en octubre. Las pérdidas fueron generalizadas. Las fábricas eliminaron 90.000 empleos, las empresas constructoras 49.000, las detallistas 38.000, y el sector de servicios profesionales y empresariales 45.000, mientras el financiero restó 24.000, y el sector del turismo y el entretenimiento 16.000.

En general, las cifras sobre el crecimiento económico mundial muestran una recesión que se extiende más allá de las primeras manifestaciones de la crisis financiera. El crecimiento real de la economía mundial fue de 5,1 por ciento en 2006; 5,0 en 2007; 3,9 en 2008, y se proyecta que con dificultad alcanzará el 3 en 2009. Para 2008, las economías estadounidense y europea crecerán ligeramente por encima del 1 por ciento, y para 2009 la recesión se expresará con fuerza al mostrar cifras negativas cercanas a 1 por ciento. Al final del año 2008 los gobiernos de la Unión Europea reconocieron que sus economías entraron el recesión con una caída anual del 0,2%.

La crisis doméstica


La caída de las bolsas internacionales ha hecho cambiar la idea de que países como Colombia están blindados frente a la crisis mundial. Durante 2008, el índice general de la bolsa de valores de Colombia ha caído en 40 por ciento y se estima que puede alcanzar a una pérdida del 70 en 2009. Los cuatro canales de transmisión de la crisis internacional se presentan a través de: i) contagio por choques globales (cambios que afectan a la economía como un todo: menor crecimiento, crisis financiera, caídas en los precios de los bienes básicos –commodities–, modificaciones en la postura monetaria de los países industrializados); ii) contagio por vínculos comerciales y de competitividad (ataques cambiarios); iii) contagio por flujos financieros directos (caída de la inversión extranjera directa, baja de remesas de trabajadores y elevación de tasas de interés de financiación externa); iv)cambio en el comportamiento de los inversionistas (pánico financiero, pérdida de confianza, incremento de la aversión al riesgo, lo cual termina generando ataques especulativos sobre las monedas y los activos de los países que experimentan la salida de capitales).
La economía colombiana, que creció a una cifra espectacular del 7,7 por ciento en 2007, un año después caerá a menos de la mitad: 3,5 por ciento, y el Banco de la República pronostica que en 2009 esta desaceleración se mantendrá en 1 por ciento. Los principales supuestos en los que se sustentan los pronósticos del Banco de la República son: i) una caída marcada en los precios de los productos básicos de exportación; ii) un menor ritmo de expansión en los socios comerciales, incluyendo una contracción económica en los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador; iii) una reducción en la remesa de los trabajadores (los cuatro millones de migrantes envían remesas anuales cercanas a los 4,5 millones de dólares, utilizados para financiar el gasto corriente de los hogares); iv) un gasto público (gobierno central y gobiernos locales), tanto en consumo como en inversión, altamente incierto.

Los efectos se sienten. La recesión de la economía colombiana ha impactado negativamente a los trabajadores. En 2008, la tasa de desempleo se elevó a 11,4 por ciento, cambiando la tendencia descendente que traía desde 2007 (en 2006, esta tasa fue de 12,7 en el nivel nacional, y en 2007 de 10,9), sustentado principalmente en el empleo no asalariado, en especial los cuenta propia. Cada punto en la elevación de la tasa de desempleo significa un aumento de más de 200.000 personas desempleadas. La caída pronosticada de la economía colombiana a 1 por ciento en 2009 causará una elevación de dos puntos en la tasa de desempleo, llegando a 13 por ciento, esto es, que durante 2008 y 2009 se perderán alrededor de 600.000 empleos (ver gráfico). Lo más preocupante es que la informalidad no cedió ni siquiera durante los años de ‘bonanza’: ésta se mantuvo alrededor del 55 por ciento, y por tanto se trata de una economía que genera poco empleo, y en condiciones de inestabilidad, precariedad y sobreexplotación. Hay que subrayar que en la actualidad, Colombia es el país sudamericano que registra la mayor tasa de desempleo, por encima de Ecuador, Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia, Argentina y Chile, que presentan tasas por debajo del 8 por ciento. Además, los trabajadores asalariados presentan una permanente pérdida de participación en relación al PIB, con una disminución acumulada de 11 puntos porcentuales entre 1980 y 2008: a principios de 1980, los salarios representaban un 43 por ciento del PIB, y en 2008 sólo participan con el 32 por ciento.

Es importante señalar que en gran medida la caída que presenta la economía colombiana, por el lado de la demanda, se debe en especial a factores domésticos y no sólo a los choques globales. El cuadro  (Evolución consumo) deja ver serias disminuciones en el consumo de los hogares (producto del sobreendeudamiento, el desempleo y la caída en los ingresos), del consumo del gobierno y la inversión, y un déficit comercial creciente que debe financiarse con crédito externo, ahora costoso y escaso. A diferencia del resto de América Latina, Colombia tiene un déficit en cuenta corriente alto (4 por ciento del PIB), por encima de la media regional. Si la crisis externa se acentúa y desemboca en un encarecimiento del crédito, Colombia, que lo necesita para financiar este déficit, pudiera sufrir más que otros.

Por el lado de las oferta, la crisis se explica por un modelo económico que ha privilegiado la especulación, el rentismo, las ganancias de las transnacionales y las actividades poco generadoras de empleo. El sector financiero, por ejemplo, ha crecido a un ritmo cercano al 7 por ciento durante los últimos tres años; a la par, la explotación de minas y canteras elevó su crecimiento de 3,2 por ciento en 2006 a 7,6 en el segundo trimestre de 2008. Al contrario, los sectores reales muestran un lánguido y negativo crecimiento: mientras la agricultura crece al 3,6, la industria ha registrado un verdadero descalabro al caer en un 9 por ciento en el tercer trimestre de 2008, razón por la cual viene destruyendo puestos de trabajo desde mayo de 2008 (en agosto, los ocupados disminuían en 2,8 por ciento) y ya no se concentra únicamente en el empleo temporal sino que también abarca al permanente.

Así vamos, de mal a peor. Cada crisis general precipita la destrucción masiva de capitales más débiles y ataques reforzados contra el trabajo, lo cual contribuye a restaurar la acumulación aumentando la centralización y la concentración, y elevando globalmente los beneficios. Tales son los mecanismos ‘naturales’ de recuperación del sistema. Los sectores dominantes buscan descargar el peso de la crisis sobre los trabajadores y los sectores populares. El conflicto social estalla y el conflicto de clases se exacerba.

Evolución consumo
 
 


1. Consumo final      
  1.1 Consumo de los hogares       
  1.2 Consumo del Gobierno       
   2. Formación bruta de capital       
    Demanda Final Interna      
    Exportaciones totales       
    Importaciones totales      
    Producto Interno Bruto      
2007
6,5 
6,7 
5,9
20,6
9,7 
11,9
19,0
7,7 
2008
2,8
3,0
2,9
8,5
4,2
6,7
8,3
3,5
Fuente: Dane (proyectado).

Crisis sistémicas del mundo capitalista


Desde 1825, año en que estalla la primera crisis general, no pasan 10 años seguidos sin que todo el mundo industrial y comercial, la producción y el intercambio de todas las metrópolis y de los países periféricos, se salga de quicio.

De 1825 a 1890, la historia se repite seis veces. La crisis de 1870 a 1890 fue la más profunda y larga del siglo XIX. La segunda gran crisis ocurrió en el lapso 1929-1944. Estas dos últimas crisis tuvieron alcances exclusivamente intercontinentales. La primera de las señaladas afectó tan solo a Europa Occidental; la segunda, que fue de alcances más amplios pero apenas intercontinentales, impactó, además de Europa y Estados Unidos, a los países asiáticos, como Japón.

La tercera gran crisis en el desarrollo del capitalismo moderno es la de mayores dimensiones geoeconómicas. Se inicia con la crisis estructural global del sistema del capital en los inicios de los 70, y, con algunos ciclos intermedios, estalla con fuerza desde finales de 2007. Esta crisis es de alcances propiamente mundializados. Se presenta como una triple crisis ambiental, energética y de acumulación con graves consecuencias sociales, políticas y culturales.

El capitalismo implementó tres agresivos mecanismos de contratendencia para contrarrestarla y apuntalar su poder planetario: i) la configuración neoliberal del Estado, ii) la derrota con el “libre comercio” de los monopolios defensivos que edificaron las economías periféricas, y iii) la revolución tecnológica, absolutizando la subordinación capitalista del proceso de trabajo. Derrota, crisis, tragedia. Solamente un movimiento de masas socialista, reconstituido radicalmente, puede afrontar el gran desafío histórico que tenemos que encarar frente a esta crisis estructural global del sistema mundo capitalista.
Publicado enEdición 140