Sábado, 03 Marzo 2018 17:53

¿De qué vamos a trabajar mañana?

¿De qué vamos a trabajar mañana?

La incorporación de la robótica y la informática a los procesos productivos destruye algunos empleos y crea otros. Aunque es difícil decir cuáles sobrevivirán, sí se pueden anticipar ciertos problemas y desafíos de un futuro en el que no está claro si habrá trabajo para todos.

 

La pregunta por el trabajo del futuro –qué vamos a estar haciendo, si esa actividad será más o menos digna, cómo nos distribuiremos las tareas y si en definitiva los 2.000 millones de almas más que se supone habitaremos la tierra en 2050 tendremos o no un empleo– es tan vieja como la luz. Ya en 1811 un grupo de artesanos ingleses, los luditas, protestaron contra las máquinas que amenazaban con reemplazar su trabajo y las destruyeron a mazazos. Sin embargo, noticias como el acelerado reemplazo de humanos por robots en Foxconn1 (la mayor ensambladora de smartphones del mundo, con sede en China) reinstalan un debate también signado por tendencias en principio imparables, como la deslocalización productiva y una concentración de mercado tal que, a fuerza de megafusiones y adquisiciones, cristaliza en una “hegemonía laboral desreguladora”2, fenómeno que entre otras cosas promueve una uberización de las relaciones laborales, esto es: trabajaremos desde nuestras casas y sin jefes, pero sin garantías ni derechos.

 

El trabajo es importante para la economía, pero también –y de una forma muy esencial– para los individuos, porque es tanto un medio de subsistencia como una vía para la realización personal y, al fin y al cabo, el cimiento sobre el cual descansa gran parte de la organización social. Los avances impresionantes en la robótica explican algunas de las sacudidas que se presume sufrirá el mundo laboral, pero en realidad son muchas las fuerzas capaces de transformarlo. Es más: resulta difícil prever si habrá empleo o no y de qué calidad, sin imaginar en paralelo cuestiones como dónde vamos a vivir, qué vamos a comer, cómo nos vamos a vestir o a mover y de qué nos vamos a enfermar. Y en ese camino de cruzar variables y trazar escenarios, no todo aparece tan lineal. Entonces se vuelve necesario, por ejemplo, pensar qué sucedería si el petróleo empieza a dar muestras más certeras de agotamiento (si es que todavía no lo es, la necesidad de extraerlo de piedras enterradas a más de 300 metros de profundidad). Claro que las energías solar y eólica podrán hacer funcionar una casa, un auto y hasta una fábrica entera pero ¿alcanzarán los paneles y los molinos para soportar unas necesidades energéticas como las actuales? ¿De qué forma se moverían los buques portacontenedores post Panamax que, con sus 400 metros de eslora, constituyen hoy una pieza clave de los procesos de deslocalización? ¿Podría esto afectar la lógica bajo la cual funcionan las economías de escala? ¿Deberíamos volver a producir localmente productos que hoy se importan? ¿O la posibilidad de fabricar lo que quisiéramos mediante impresoras 3D ayudaría a enfrentar este dilema?

 

El documental británico Will work for free3 explica cómo la mayoría de los trabajos que hoy llevan a cabo los seres humanos serán cada vez menos necesarios, conforme avanza el desarrollo tecnológico. Muestra algunos ejemplos bastante verosímiles –los vehículos autónomos que posiblemente terminarán suplantando a choferes y repartidores– y otros más improbables, como el sistema automático de rieles que llevaría los platos de la cocina a la mesa en un restaurant, y eliminaría así la función de los camareros. Sam Vallely, su director, asegura que no hay un solo político que hoy comprenda las implicancias del desempleo tecnológico. Pero menciona también el tránsito hacia una nueva economía sostenible, diseñada sobre la base de una inteligencia más evolucionada y capaz de orientar científicamente la distribución de recursos. “En el medio pueden sobrevenir períodos de pobreza extrema y hambrunas, y nada impide que continuemos aferrándonos a esta economía obsoleta. Como sea, el crecimiento perpetuo es insostenible”, concluye en el cierre de su film.

 

Desde esta perspectiva, ya no importa tanto si la cantidad de puestos de trabajo desciende de una manera drástica porque viviendo más simple, consumiendo menos, compartiendo más y sin la dependencia de la acumulación de bienes para construir nuestra identidad no será necesario que nos deslomemos durante ocho horas al día. Que las máquinas se encarguen de ese trabajo que nadie más quiere hacer. Y distribuyámonos los humanos las tareas que quedan, promoviendo al mismo tiempo un modelo de consumo en el cual no estemos obsesionados con la propiedad. Suena provechoso, alentador y hasta matemáticamente viable, pero poco asequible en un planeta donde 700 millones de personas todavía no alcanzan a consumir lo esencial.

 

Otra oportunidad

 

A Sergio Kaufman, presidente de la consultora especializada en servicios empresariales Accenture Argentina y Sudamérica Hispana, la automatización no lo asusta en absoluto. “Uno tiende a decir: ‘no con mi trabajo’, pero cuando vemos que el arado pasó de empujarse por personas a ser movido con tractores, lo tomamos como una evolución. A veces pareciera que perdemos humanidad en manos de las máquinas, pero también definimos como poco humano el trabajo mecánico que debíamos hacer antes”, explica. No por nada ingresar a las oficinas centrales que la consultora tiene en el microcentro porteño es un poco como estar adentro de un capítulo de la serie Black Mirror: el proceso de registro se hace frente a enormes pantallas donde se conversa con una recepcionista virtual mientras el documento es escaneado mediante una solución tecnológica, todo con la idea de centralizar la recepción de personas en todos los edificios que la corporación tiene en el país, sumando incluso la capacidad de trabajar remotamente para el extranjero.

 

En aras de dilucidar cuáles son las tareas que corren el riesgo de ser total o parcialmente automatizadas, Kaufman cita un estudio de la Reserva Federal de Estados Unidos que analizó la evolución entre 1985 y 2015 de cuatro categorías de empleo: el manual rutinario (que cae abruptamente); el cognitivo rutinario (tareas de administración o incluso de diagnóstico de enfermedades, básicamente del reconocimiento de patrones, que cae en menor proporción); el manual no rutinario (como el que hacen enfermeros o peluqueros, que aproximadamente crece como la población); y el cognitivo no rutinario (que es el de la creatividad, el análisis complejo, la innovación y la inteligencia social, y es el único que crece en forma acentuada tanto en países desarrollados como emergentes). “La información indica que en términos absolutos el empleo no cae, porque la cantidad de puestos en el cognitivo no rutinario es mayor a la de los dos rutinarios. El tema, claro, es cómo pasar de un sector a otro”, señala.

 

El auto eléctrico ya alcanza una autonomía de 300 kilómetros y tiene cerca de 1.500 piezas móviles contra las diez mil de los modelos de combustión interna, y esto lo vuelve mucho más fácil de armar y mantener, en parte porque no tiene caños de escape, ni bujías, ni radiador ni tampoco frenos. Requiere, por lo tanto, menos trabajadores para su fabricación. “Las terminales probablemente se van a adaptar muy fácil a este cambio, porque sólo ensamblan. A lo sumo, simplificarán su proceso. Pero la pyme que desde hace 50 años fabrica radiadores en San Justo va a tener que empezar a pensar su reconversión ahora, cosa difícil porque en general les falta gerenciamiento y capital. Ya no hablamos de tareas que son reemplazadas, sino de ramas industriales enteras que no harán falta y entonces desaparecerán. Los desafíos son enormes”, marca Kaufman, que de todos modos advierte: “Es un simplismo hablar de que solo los ingenieros en informática van a tener trabajo, porque hay toda una serie de tareas que no requieren alta calificación, que tienen que ver con la empatía y que van a seguir existiendo”.

 

El drama de la mediana edad

 

“Si tuviera una fábrica de faxes, no funcionaría.” Sin rodeos y al límite de la crudeza, el empresario Gustavo Grobocopatel definió en esos términos la inevitabilidad de la muerte de determinadas actividades que sin embargo –asegura– siempre terminan compensándose con otras nuevas. “En una hectárea tengo un tractorista arriba de un vehículo que viene de una fábrica donde trabajan mil personas, y que a la vez consume insumos electrónicos de otra fábrica con cien personas. Mi papá dice: ‘Antes éramos cien en el campo y diez en la oficina, y hoy es al revés’. Claro, pero son ingenieros agrónomos y contadores. En esos cambios hay mucha gente que queda afuera y otra que se integra. El debate es cómo ayudamos a esas empresas a reciclarse”, reflexionaba hace unos meses el productor sojero durante una entrevista con el diario Perfil4.


Para Juan Graña, economista, investigador del Conicet e integrante del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, la automatización no parecería destruir empleo en términos agregados. “Por lo menos, no por ahora –dice–; por un lado, porque la contratendencia es que aparecen sectores nuevos, por caso todo el de la informática; pero también porque podría suceder que la escala siga creciendo, y entonces una empresa puede agregar una máquina que reemplace trabajo humano, aunque si tiene que producir diez veces más, así y todo va a seguir necesitando trabajadores. De hecho, eso fue lo que sucedió en la posguerra”.

 

Sin embargo, Graña sostiene que no todo trabajo pasible de ser automatizado será necesariamente reemplazado por un robot. “¿Cuándo es que se introduce la máquina? Cuando es más barata que los sueldos a los que reemplaza. Esa es la ecuación. Las prendas, por ejemplo, se confeccionan igual que hace cien años, las plantas de Bangladesh funcionan con personas de carne y hueso frente a sus máquinas de coser. Y no es que eso no se automatice porque no está la tecnología, sino porque no rinde económicamente. El sueldo que se paga es tan bajo que no se justifica”.

 

El drama, entonces, no pareciera pasar tanto por la cantidad de empleos que se van a perder sino más bien por cómo las fuerzas que afectan al mundo laboral operan sobre cada país, cada sector y cada colectivo de trabajadores en particular. ¿Qué harán las personas de 30, 40 o 50 años cuyos puestos de trabajo desaparezcan en un contexto en el que, a la vez, se discute retrasar la edad de jubilación? ¿Es que deben encarar por sí mismas la labor de recalificarse? “Una cuestión esencial pasa por pensar qué se hace con quienes están en la mitad de la trayectoria –advierte Graña–, porque a los nuevos es más fácil ubicarlos en la senda laboral que va a existir. Pero por algo en Estados Unidos se ve gente de 50 años trabajando en McDonald’s: son los que no pudieron dar el salto pero igual tenían que trabajar, y tal vez pasaron de ganar 25 dólares la hora a ganar diez”.


Para comprobar esta clase de infortunios personales tampoco hace falta viajar tan lejos; y de hecho, muchas localidades de la provincia de Buenos Aires abundan en ejemplos elocuentes. El cierre de fábricas de los años 90 y la transformación del agro, abrió la puerta a nuevos sectores, como los emprendimientos turísticos, aunque en el proceso surgieron también determinados conflictos, como aquel caso –tal vez leyenda– del mozo vestido de gaucho que harto de todo le revoleó una tira de asado a un porteño que se había puesto particularmente quejoso. Bajo determinada matriz cultural servir asado a los turistas puede parecer un trabajo más, pero no lo es para aquellas personas que tenían un oficio y un camino recorrido y que, frente al cambio en el modelo productivo, debieron tirar sus saberes por la borda. “La ortodoxia suele plantear que las condiciones laborales son genéricas, y entonces daría lo mismo conseguir trabajo de una u otra cosa. Sin embargo, el cambio sectorial es difícil. Y en términos sociales puede ser una catástrofe”, advierte Graña.

 

“Capacitar a las nuevas generaciones, de cara a la nueva economía es central –remata–, pero al mismo tiempo hay que seguir construyendo una vieja economía que funcione para todos, porque hay quienes no están en condiciones de cambiar de paradigma. Al que logre saltar solo, protejámoslo. Pero todavía necesitamos contar con una economía industrial que genere puestos de calidad, para que los hijos de quienes se desempeñan en ella puedan ir al colegio, comer bien, estudiar en la universidad y entrever que una trayectoria personal de capacitación y trabajo tiene alguna perspectiva. Me parece que hay que trabajar en dos velocidades.”

 

¿Cuál es el plan?

 

Dicen los economistas que la cuarta revolución industrial será la de la inteligencia artificial y la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, los robots integrados en sistemas ciberfísicos (aquellos que combinan infraestructura física con software y sensores) y la llamada “internet de las cosas”. Resulta bastante claro que las implicancias de estos desarrollos pueden ser enormes, aunque tampoco es posible hacer futurología: nadie sabe a ciencia cierta qué sectores desaparecerán y qué trabajos humanos serán reemplazados por robots. Tal vez todos los empleos estén potencialmente amenazados y advenga entonces el fin de la sociedad salarial. O tal vez sólo debamos dedicarnos a crear la nueva generación de máquinas que en cada instancia alcanzarán a reproducir la capacidad intelectual que los humanos tengan en ese momento. Por lo pronto, la sola pregunta acerca de qué puede ser automatizado y qué no resulta de por sí reveladora al ponernos frente a lo que podría suceder en nuestro país, sector y actividad y empujarnos también a delinear un plan que nos permita navegar en la nueva economía con una trayectoria viable.

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cumplirá cien años en 2019 y con ese motivo como excusa, decidió impulsar una reflexión de alcance mundial sobre el futuro del trabajo. En una investigación reciente5, el organismo reconoció que el cambio tecnológico es un proceso complejo, incierto y en absoluto lineal, que llega en oleadas y que produce tanto fases de destrucción como de creación de empleos. Pero tal vez lo más relevante es que ese devenir no sucede de una manera automática y mucho menos homogénea, sino que está condicionado por fuerzas económicas, políticas, sociales y culturales. “El futuro no está decidido, no es inevitable”, indicó el director general de la OIT, Guy Ryder. “No es la tecnología la que por sí sola decide, ni es la demografía la que por sí sola decide. Estamos acá para construirlo”, sostuvo, agregando otra de las razones por las que se pueden intuir muchas cosas pero no adivinar el futuro: aún nos queda algún margen para poder construir lo que viene.

 

 

* Periodista.
© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, 08/2017.
1 www.pagina12.com.ar/23788-el-mercado-laboral-del-futuro.
2 Ver el editorial “Capital y trabajo en tiempos de Macri”, en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, Nº 216, junio de 2017.
3 www.youtube.com/watch?v=0177DLSUtH4.
4 www.perfil.com/economia/si-yo-tuviera-una-fabrica-de-faxes-no-funcionaria.phtml.
5 www.ilo.org/global/research/publications/WCMS_544189/lang--es/index.htm.

Publicado enEdición Nº243
Miércoles, 29 Noviembre 2017 18:19

La farándula de la ciencia

La farándula de la ciencia

Para argumentar la importancia de divulgar la ciencia en Colombia se compara, como siempre, con Europa y EE.UU, dejando de lado las condiciones que llevaron a estos países a esa posición de vanguardia. Por ejemplo, la inversión en CyT allí supera el 2.5 por ciento del PIB, mientras que en Colombia es el 0.3.

Desde hace un par de años en Colombia aumenta la divulgación y visibilización de la ciencia a tal punto que ahora se realizan eventos para enseñar a la comunidad académica a explicar sus publicaciones ante el público en general. Esto, basado en la idea de que en Colombia sí hay ciencia pero hace falta divulgarla. Sin embargo, esta idea lo que hace es ocultar dos realidades evidentes: 1. Colciencias nunca ha tenido un presupuesto adecuado para el reto de desarrollar la Ciencia y Tecnología (CyT desde ahora) en nuestro país y 2. Colciencias ha inflado los índices de medición del GrupLac para estar bien posicionado en las mediciones internacionales.

Para argumentar la importancia de divulgar la ciencia en Colombia se compara, como siempre, con Europa y EE.UU, dejando de lado las condiciones que llevaron a estos países a esa posición de vanguardia. Por ejemplo, la inversión en CyT allí supera el 2.5 por ciento del PIB, mientras que en Colombia es del 0.3. Además, aquellos países y grupos de tales, han sostenido esos porcentajes durante décadas y sin descanso, dado que desde hace décadas comprendieron que solo en el largo plazo esta prioridad logra los propósitos buscados. Así pues, estos cambios no se consiguen en un periodo presidencial.

Algunos científicos del país, en su afán de mostrar los avances de sus investigaciones se han ido convirtiendo de a poco en “instagramers” y “tuiteros” de las redes sociales en los que muestran algunas gráficas o imágenes en centros de investigación con leyendas del tipo: “Aquí aprendiendo de los mejores con los mejores” refiriéndose, claro está, a algún amigo suyo. Hay una inmensa preocupación, por mostrar la pertinencia de la CyT en el país, pero una poca preocupación por desarrollarla adecuadamente, a tal punto que nos parece que estamos avanzando cuando compramos un instrumento de laboratorio que sabemos manejar pero que no entendemos el detalle de su funcionamiento para así producir algo nuevo con él. Perspectiva científica que nos sigue manteniendo en el subdesarrollo económico, pues un par de años después tendremos que pagarle al vendedor por el mantenimiento o reparación cuyo valor, en algunos casos, excede el precio que se pagó por el instrumento.

Una muestra de lo anotado es la idea del director actual de Colciencias, Dr. César Ocampo, que propone poner en órbita cinco satélites para monitorear el medio ambiente y el territorio colombiano, esto es sin duda una gran idea. Sin embargo, al leer el artículo publicado por El Tiempo sobre los detalles del proyecto, lo que en realidad se quiere hacer es contratar una compañía extranjera que construya satélites, los ponga en órbita y nos entregue las imágenes o datos para ser analizados. Lo que convierte la gran oportunidad de darle al país un envión para que entre en la era espacial, en un plan para hacer un análisis de imágenes que luego serán puestas en las redes sociales para hacer farándula científica.

Valdría la pena, en una perspectiva de largo plazo, iniciar con ese dinero el plan Colombia Espacial e iniciar la construcción y puesta en marcha del primer satélite colombiano en órbita. Esto no se haría en un año sino en 5 o 10, pero nos daría la oportunidad de poner en un proyecto de esa magnitud a los mejores científicos e ingenieros del país, pues la complejidad de este tipo de proyectos es alta, cosa que sabe muy bien el Dr. Ocampo por su experiencia en la NASA. Luego, cuando logremos el primero, los siguientes serán cuestión de tiempo y lograremos una capacidad que estaría a la par de México, Argentina y Brasil. En ese momento, nos podríamos dedicar a divulgar los resultados mediante aplicaciones para teléfonos celulares y, si se quiere, programas de ciencia ciudadana donde sea la gente la que haga el análisis de las imágenes en línea con una página web destinadas para esto, y así contribuir al conocimiento de nuestro país.


No podemos seguir siendo importadores de ciencia que sabemos usar pero que solo entendemos para “mejorar” los registros de Colciencias. Los científicos del país tenemos la obligación de ponerle un freno a esta tendencia que premia los índices y castiga las investigaciones a largo plazo, porque no producen artículos rápidamente. Recuerden: las fotos con rectores y personalidades no son publicables.

Quien tutele la inteligencia artificial y los drones dominará el mundo: el zar Vlady Putin

Antecedentes: Vale la pena retomar la definición sobre el "poder"del británico Correlli Barnett: "El Poder de un país no consiste solamente en su fuerza armada, también en sus recursos económicos y tecnológicos; en la destreza, previsión y resolución con que se conduce su política exterior; en la eficiencia de sus organizaciones políticas y sociales. Consiste en la nación misma, su gente, habilidades, energía, ambición, disciplina, iniciativa, creencias, mitos e ilusiones.Y además, en la forma en que todos estos factores están relacionados entre sí".

Entre los 14 puntos de la dominación global de Occidente que retoma Samuel Huntington en su libro Choque de civilizaciones, el "poder" se centra en las finanzas y la economía de los puntos 1 al 5, donde destaca(ba) EU ( https://goo.gl/xUBVzs): 1. Pertenencia y operación del sistema bancario internacional; 2. Control de las principales divisas; 3. Principal cliente del mundo; 4. Provee la mayoría de los productos terminados del mundo y, 5. Domina los mercados internacionales de capital.

En forma anómala, Huntington coloca en los últimos sitiales, del 9 al 14, a las investigaciones tecnológicas: 9. Conduce las investigaciones y más avanzados desarrollos científicos y tecnológicos; 10. Controla la educación técnica de vanguardia; 11. Domina el acceso al espacio; 12. Domina la industria aeroespacial; 13. Domina los medios de comunicación internacionales y, 14. Domina el high-tech de la industria armamentista.

Se trata del viejo poder cuando aflora el nuevo poder de la inteligencia artificial.

Hechos: alumnos de varias regiones de Rusia charlaron con el zar Vlady Putin, quien los conminó a concentrarse en las áreas prometedoras de estudios para que Rusia no "se quede al final de la cola en el futuro".

El zar aseveró que "quien consiga un avance en el desarrollo de la inteligencia artificial dominará al mundo".

Estamos lejos de la definición monetarista de Nathan Mayer Rothschild: "quien controla el dinero, controla el mundo".

Para el zar, tal avance "comporta oportunidades colosales y amenazas" y advirtió sobre "cualquiera que desee obtener una posición monopólica".

El zar prometió compartir el conocimiento científico de la inteligencia artificial y los drones con los países que lo deseen y vaticinó que las guerras del futuro serían libradas por drones: "cuando los drones de una de las partes son destruidos por los drones de la otra parte, no tendrá más remedio que rendirse".

El portal Russia Today dio vuelo a sus declaraciones: "La inteligencia artificial es el futuro, no sólo para Rusia, sino para toda la humanidad. Viene con oportunidades colosales, pero también con amenazas que son difíciles de predecir. Quienquiera que se convierta en su líder se convertirá en el gobernante del mundo".

Putin matizó que no le gustaría que nadie monopolizara el campo: "Si nosotros llegamos a ser líderes, compartiremos el conocimiento tal y como hacemos al día de hoy con nuestras tecnologías nucleares".

Además de la inteligencia artificial y los drones, un área a profundizar son las ciencias cognitivas: "el estudio científico de la mente y sus procesos, que examina su naturaleza, sus tareas y las funciones de la cognición" en una "combinación de varios estudios: capacidades cerebrales, capacidades de movimientos oculares para el manejo y control de varios sistemas, y el análisis de la conducta humana en situaciones extremas, incluyendo el espacio. Este estudio no tiene límites ni horizontes".

Agregó que las innovaciones tecnológicas crearán nuevos empleos, pero que también convertirán una buena parte del trabajo humano como obsoleta: "por consecuente, debemos pensar con antelación donde trabajará toda esta gente. Como debemos reentrenarlos y en que esferas redireccionarlos. Esta es una tarea socio-económica extremadamente vital, que el país inevitablemente enfrentará mientras implementa los planes que acaban de escuchar" pero que "si se actúa en solidaridad (súper sic), el país será capaz de conseguir el efecto necesario".

¡Rusia entra de lleno a la revolución tecnológica del siglo 21 en las principales áreas de la inteligencia artificial, drones y ciencias cognitivas!

El zar colige la transición evolucionaria con sus grandes logros e inmensos daños colaterales frente a la competencia que ya inició ( https://goo.gl/hZ4eb9 ).

Elon Musk –fundador de Tesla y SpaceX– replicó con un twitt sin mencionar al mandatario ruso donde afirmó que la inteligencia artificial provocará la Tercera Guerra Mundial ya que podría incidir en "un ataque preventivo" que aseguraría la victoria.

Elon Musk considera que "China, Rusia, pronto serán países con poderosa ciencia computacional. La competencia por la superioridad de la inteligencia artificial a escala nacional probablemente provoque la Tercera Guerra Mundial" ( https://goo.gl/vPi9nV ).

Elon Musk se ha caracterizado por alertar sobre los potenciales peligros de la inteligencia artificial que considera "la más grave amenaza para la supervivencia de la raza humana", como exclamó en una entrevista durante el Simposio AeroAstro Centennial del MIT, donde se pronunció por "una vigilancia regulatoria, quizá a escala nacional e internacional, para asegurarse de que no hagamos algo muy loco" ya que la creación de la inteligencia artificiañ "está llamando al demonio" ( https://goo.gl/aTMh7H).

El inconmensurable astrofísico británico Stephen Hawking se ha sumado a la angustiante advertencia de Elon Musk al reclamar la abolición de los "robots asesinos" (https://goo.gl/VQbsuC).

¿Estamos aún a tiempo para detener la carrera global de las armas de la inteligencia artificial?

Según Elsevier, "China produce inmensas cantidades de publicaciones en el área de la inteligencia artificial, pero que carecen de calidad" (https://goo.gl/yNksvG ). ¿Será?

En términos de publicaciones voluminosas, en el periodo de 2011 a 2015, China ostenta el doble de EU, mientras Japón viene en tercer lugar y Gran Bretaña en cuarto sitial.

Entre los 10 principales países con publicaciones en investigación de inteligencia artificial, Alemania se sitúa en el quinto lugar, India sexto, España(súper sic) séptimo, Francia octavo, Sudcorea noveno e Italia décimo.

¡Es lamentable la ausencia jerárquica de Latinoamérica!

HackerRank ( https://goo.gl/pNTNSs) cataloga a los países con los mejores programas del mundo: China y Rusia ostentan a los "desarrolladores más talentosos cuando se analizan 15 diferentes dominios (matemáticas, programación funcional, algoritmos, etcétera)".

Llama la atención que en el rubro de la inteligencia artificial, los cinco primeros países sean: 1. Japon; 2. Bélgica; 3. Vietnam (súper sic); 4. Rusia; y 5. Irlanda.

P. W. Singer, investigador de New America Foundation, estudió el "futuro de la guerra" en su ominoso libro Conexión con la guerra: la revolución robótica y el conflicto en el siglo 21” ( https://goo.gl/JpbzHt).

Conclusión: la robótica no solamente transformará la guerra per se, sino que, en especial, afectará todo su medio circundante desde la política pasando por la economía hasta las leyes.

El israelí-estadunidense Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, arremetió contra las lúgubres advertencias de Musk que catalogó como "irresponsables".

El problema de Zuckerberg , a juicio del mismo Musk, es que tiene una "limitada comprensión" de la inteligencia artificial, por lo que su opinión peca de cándida frente a un gigante de la talla del británico astrofísico Stephen Hawking.

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Sábado, 31 Diciembre 2016 07:51

Alepo: el currículum oculto

Alepo: el currículum oculto

La terrible y fatal batalla de Alepo reitera, una vez más, que el poder moderno no parece ser capaz de desprenderse del síndrome que lo persigue desde la Segunda Guerra Mundial: en última instancia, la nuda vida reaparece como la cosa en sí que define a las esclusas de su extenuante legitimidad. Meses de bombardeos de la población civil, incluidos niños, viejos y mujeres embarazadas; de destrucción sistemática de todo aquello que hace a la vida posible en su último grado de peligro –hospitales, ambulancias, pozos de agua, silos de granos–; de devastación de todo lo que es emblemático del arraigo y la identidad –Alepo reunía vestigios invaluables de todas las civilizaciones antiguas que la ocuparon–, hablan de una guerra cruzada no por el vértigo de la derrota del enemigo, sino de su exterminio, y con él, de la población en la que se asienta. Tal vez todo comenzó en Lídice y en Guernika hace más de ocho décadas, pero Alepo y sus cenizas anticipan, una vez más, las ruinas no de ésta o aquella franja ideológica o religiosa, sino de la modernidad misma y sus tecnologías de dominación. Cuando la única certeza del control se asienta en la política del Lebensraum (destrucción del espacio de vida), lo que queda ya no es una victoria ni una derrota, sino el grado cero de la existencia. Como si lo único posible a ser reducido al control fuera el vacío mismo.


Imposible saber si la disputa por lo que ya no queda de Alepo marca el fin de una guerra civil que se ha prolongado durante más de cuatro años en Siria, pero es evidente que se trata de esa economía política de la muerte con que las grandes potencias actuales pueden reducir a cualquier nación, en un abrir y cerrar de ojos, a su condición de escombro.


En Vida precaria. El poder del duelo y la violencia, Judith Butler se hace la pregunta, a propósito de la invasión estadunidense de Irak en 2002, de en qué medida la vulnerabilidad del otro es una condición de la cual nadie puede deshacerse, así sea de ese otro que no conozco ni conoceré. En un texto posterior, Marcos de guerra, detalla la forma en que el ejército estadunidense blindó las imágenes más devastadoras de la guerra para desvanecer el efecto de esta vulnerabilidad y lograr reducir al máximo el síndrome mediático de Vietnam, en el que la población occidental fue expuesta sistemáticamente durante años a sus propias pérdidas y atrocidades.


En la guerra de Siria la escena ha sido exactamente la inversa. Los medios occidentales se han esmerado en la puesta en escena del drama hasta sus últimos y minuciosos detalles. La razón es sencilla: ahora son sus rivales, Rusia y el gobierno de Assad, por un lado, y el Estado Islámico por el otro, los cuales serían los exclusivos perpetradores de la masacre. Y bien, ni aun así. Ni aun expuesta a la más desorbitada devastación humana, la opinión y la política occidentales parecen hoy conmoverse o, al menos, ser capaces de reaccionar ante la más precaria de todas las vulnerabilidades del otro: el exterminio.


En ese desierto no hay ilusos. El crimen de Alepo envuelve a todas y cada una de las potencias actuales. La hace directa y fatalmente responsables. Estados Unidos y varios países de la OTAN bombardearon las posiciones de Assad durante años, y nunca dejaron de proporcionar armas y financiamiento a sus enemigos. Rusia (¿y acaso China?) apoyaron al régimen oficial. Y sin embargo, la población occidental parece hoy mucho más preocupada con el hecho de que sean Putin y Turquía, y no Europa y Estados Unidos, los que fijen los términos del conflicto.


Es evidente que Moscú ingresó al conflicto por dos razones: a) se trata de la expansión del Islam radical en sus fronteras, y b) el fracaso de la política de Washington para resolver los problemas de la región. La pregunta es, realmente, si no nos encontramos frente a un relevo de la función que han ejercido las grandes potencias hasta la fecha. ¿Será Moscú la nueva fuerza de intervención global frente a la creciente incapacidad de Estados Unidos para ejercer este papel?


Por lo pronto, el Estado ruso ha mostrado, una vez más, como lo hizo en Chechenia, en Georgia y en Ucrania, que tiene a su disponibilidad un arma con la cual no cuenta ningún otro país occidental: un ejército y una población dispuestos a responder al llamado de la guerra. Y en política internacional, ésta es acaso la más poderosa de todas las armas.

Publicado enInternacional
Domingo, 18 Diciembre 2016 05:55

Adiós, 2016. ¿Qué será de 2017?

Adiós, 2016. ¿Qué será de 2017?

Falta poquito, poquito, para el final del año. Y por una vasta serie de razones, todas o casi todas negativas, 2016 quedará en la memoria de los brasileños, principalmente la de los 54 millones 581 mil que en 2014 reeligieron Dilma Rousseff para seguir en la presidencia del país, como un año que terminó sin haber empezado.


Ella ha sido, es cierto, una presidenta inhábil, que escuchaba sin oír, que no supo establecer un diálogo mínimamente fluido con el Congreso y los políticos en general. Y también ha sido la presidenta que, sin prueba alguna de que haya cometido irregularidad, fue destituida, a nombre de la moralidad, por una pandilla de corruptos ineptos, de bucaneros que amenazan con llevar el país a sepultar su pasado y fulminar su futuro.


Este es un año que se irá sin dejar casi ningún buen recuerdo. Y sobran indicios que los tradicionales deseos de ‘Feliz Año Nuevo’ serán meramente simbólicos: 2017 viene con todos los ingredientes para ser otro año de infelicidad nacional. Serán más días y días de torbellino e intranquilidad, de inestabilidad política y desastres económicos y sociales.


Días y más días en que el país vivirá la exasperante angustia de saberse en un laberinto obscuro, del cual, si logra escapar, caerá en callejón sin salida.


¿Cómo reinventar el futuro, cómo reinventarse como país?


No, no se trata de pesimismo: se trata de ser realista. Con hechos y datos concretos no se debe discutir. Cuando el escenario político es desalentador y el panorama económico es asombroso, cuando la justicia se muestra irremediablemente injusta, politizada, y la política, judicializada, cuando una manga de pandilleros se instala en el poder bajo el silencio cómplice de las clases medias idiotizadas por los grandes medios de comunicación, hay que cuidarse.


Las elites agrupadas alrededor de un partido político que miente hasta en el nombre - PSDB quiere decir Partido de la Socialdemocracia Brasileña, y de socialdemócrata no tiene ni barniz de resquicio de vestigio - lograron conquistar el poder que les fue negado en cuatro elecciones seguidas.


Los verdaderos artífices del golpe, el playboy provinciano Aécio Neves, senador de la República, y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, movieron a un títere de palabreado pomposo y ausencia total de ética, Michel Temer, para el lugar de Dilma Rousseff. El golpe ha triunfado.


¿Todos satisfechos? No, no y no.


Temer, el ilegítimo, armó una especie de sindicato de mediocridades, una pandilla desclasificada a que él llama de ‘ministerio’, de ‘gobierno’. Y terminó de hundir una economía que ya venía malherida.


De manera tan acelerada como indecente, está destruyendo el país. Sus reformas son la alegría del capital. Quiere destrozar el sistema de jubilaciones, destrozar todo lo que se construyó a lo largo de los años de Lula da Silva y de Dilma Rousseff.


Imponer un tope a los gastos públicos suena a algo necesario y urgente en un país cuya economía padece déficits fiscales peligrosísimos. El problema es que la medicina prescripta matará al enfermo.


¿Recortes de gastos públicos? Bien, se puede discutir. Pero cuando se considera que presupuestos de educación y salud públicas son ‘gastos’, y no inversiones sociales, todo se complica.


Para eliminar el déficit se podría, por ejemplo, actuar frente a los grandes autores de olímpica evasión fiscal, o tributar las grandes fortunas, o incluir en el tope del ‘gasto público’ los miles de millones que se pagan de interés de la deuda pública.
Se podría, por supuesto. Y también para evitar esa posibilidad se dio el golpe. Si se puede volver a espoliar a los espoliados de siempre, a despreciar a los despreciados de siempre, ¿para qué amenazar a los dueños del dinero y de todo.
Mi país sigue siendo el reino de la desigualdad y de los abusos. A lo largo de trece años se luchó para cambiar ese escenario. A veces con logros incontestables, a veces con equívocos absurdos. Ahora, ni eso.


El año melancólico llega a un melancólico final. Es la peor recesión de al menos los últimos 35 años. Muchos analistas dicen que la peor recesión de la historia de esa república, o sea, de los últimos 127 años.


Son 12 millones de desempleados, en una economía agónica. Proyecciones cautelosas indican que serán al menos 15 millones en 2017.


La generación que vivió el golpe militar de 1964, las generaciones que vivieron y crecieron bajo los 21 años de dictadura, se creían inmunes a repetir lo vivido. Y lo están repitiendo. Y peor: de manera desalentada.


Duermen a la intemperie, con sus sueños deshechos, con las esperanzas transformadas en harapos. Esperanzas bañadas por la luz de un sol negro, opaco, que ni alumbra ni calienta.


Excepto por un sector de la población: los jóvenes. Los jóvenes estudiantes. Y también por algunos valiosos veteranos de batallas pasadas que perdieron todo, o casi todo: no perdieron, por tercos y por dignos, la esperanza.


No, no: 2016 no dejará buenos recuerdos. Y 2017 se anuncia como un año siniestro, asustador.


¿Pesimista, yo? No, no: realista. Es un cuadro gris, feo.


Pero he sobrevivido a otros temporales. Mi país también, mi país también. Y así seguiremos.

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Miércoles, 17 Agosto 2016 06:00

Utopías y utopías

Utopías y utopías

Disconformes con lo que veían y cuyos detestables defectos padecían o, más calmos, registraban, ciertos espíritus esclarecidos, comprobado que no estaba en sus manos corregirlos, imaginaron dos tipos de conducta. El primero, Platón es el ejemplo, sugerir, suplicar, recomendar, convocar a los dueños del poder a que hicieran algo para que la sociedad fuera un poco mejor, más equilibrada o más justa, según lo que entendían por justicia. Como el caso que les hicieron, otra vez Platón es un ejemplo, fue nulo, adoptaron el otro camino, la otra conducta: imaginar mundos perfectos en los que la injusticia, la infelicidad, el dolor, la incomodidad y aun la muerte, estuvieran prohibidas, desterradas, abominadas.
Esas construcciones, como no estaban en ninguna parte, salvo en las mentes y los escritos de quienes las concebían, fueron llamadas utopías y a lo largo de los siglos lo fueron de todos los colores. San Agustín imaginó la “Ciudad de Dios”, pura armonía y esperanza de vida eterna; Tomás Moore algo más mundano y terrenal, tal vez inspirado por los relatos de Marco Polo que observó que todo andaba muy bien en los dominios del Gran Can, donde incluso se comía pasta, y así otros, el deseo de una existencia mejor no cesó hasta llegar al siglo XX.


Tal vez se hayan seguido concibiendo esos mundos perfectos, no sólo imaginándolos: la experiencia soviética de 1917 puede muy bien ser eso, terminó como terminó pero todavía sigue siendo visto como un modelo posible de concreción de la utopía. Siguiendo esa huella, u otras de diverso signo, tal vez en alguna medida y para algunos, la perfección, o su búsqueda, no sea tan utópica gracias a la formidable expansión tecnológica que día a día ofrece soluciones hasta hace pocos años impensadas y que mejoran, sin duda, un vivir lleno de problemas, de enfermedades y de molestias. Es claro que se trataría de otra clase de utopía, que no es necesario poner en un libro, pero que se empieza a ver en usos y prácticas.


Pero, volviendo a las utopías clásicas, en ninguna de ellas, por empezar a distinguir peculiaridades, se propone un regreso a la naturaleza, a alimentarse con los frutos que cuelgan de los árboles ni a fornicar libremente, cuando se tengan ganas: son raros los que se vanaglorian de vivir en pleno campo, sin luz eléctrica, sin teléfono, sin televisión, sin drenaje ni agua corriente pero algunos hay sin que sean necesariamente hippies. Al contrario, las utopías descansan sobre estructuras racionales y urbanas, su objetivo es la satisfacción y su condición la regla, algo así como un mundo de semáforos en el cual lo único que tendría sentido es el movimiento y la circulación, no todas esas demoras en las que los seres humanos creen que vale la pena vivir y que traen tantas complicaciones, la conversación, la amistad, el amor, el pensamiento, el placer, la lectura y todo lo que es propio de este mundo perturbado e injusto. Pero, pese a esa condición general, también hay utopías, o intentos utópicos, que preconizan un regreso a la naturaleza; fueron pensadas por espíritus anarquistas y en ellas las reglas eran abolidas, así como el interés material e incluso la avidez productiva: Macedonio Fernández y algunos amigos lo intentaron en algún lugar del Paraguay pero los mosquitos y las víboras limitaron esa bella libertad.


Una de esas construcciones, acaso la más desesperanzada y brillante, fue Un mundo feliz, de Aldous Huxley. No es difícil advertir la ironía que respira la descripción de tanta perfección: la ciencia, pero qué ciencia, atiende a todo, acude a las necesidades más elementales y el conjunto de satisfactores exime de toda rebeldía y hasta de la imaginación, pero también del hambre y, solución extraordinaria, con una droga llamada “soma”, del orgasmo que se obtiene a pedido sin necesidad de cortejo, de seducción o aún de ganas, no hablemos de amor.


En ese mundo perfecto, para evitar ideas raras y ocurrencias extravagantes, no hay libros: como están prohibidos parece que no hacen falta, se castiga todo intento de tenerlos y, por supuesto, de leer. Pero, ¿no hay libros? Queda uno, es un Shakespeare –de quien sale la expresión “mundo feliz”– que se salvó de la barredora y que, gastado por el uso, aparta de la felicidad organizada a su poseedor.


Huxley muestra con esta novela –se trata de una utopía– que es un visionario por partida doble. Por un lado, vislumbra lo que puede ser un mundo en el que, apoyada en la ciencia aplicada, la cultura capitalista –entre producción y consumo–, procura, aunque no llegue a tan radical perfección, y, por el otro, la destrucción que le espera. Salvo, por cierto también, lo que salva, si no a ese mundo al menos a los seres que se resisten a sus espejismos: es el solitario volumen, el libro, el LIBRO se diría.


Así, pues, lo que queda, lo que siempre queda luego de todo proyecto o intento de absoluto, es saber qué pasó, por qué fracasó y el hecho de que necesariamente se concreta en un escrito, un libro, con sus contradicciones y oscuridades, con lo que sustrae y ofrece y que entra en acorde con los precedentes y los futuros. Comprobación algo tristona pero, por otro lado, esperanzada si no se pretenden soluciones sino la percepción de una llamita que emana de la escritura y que, sorprendentemente, tiene el poder de iluminar.


¿A qué viene todo esto y este resurgimiento de un libro que cuando salió, hace casi un siglo, debió parecer producto de un sueño de un inglés neurótico que, a lo mejor, preveía que un hiper desarrollo científico y tecnológico podría destruir lo humano envolviéndolo de presuntos bienes por los que ni siquiera tendría que luchar? ¿Habremos llegado, aunque a los tropezones, en los espejismos de la confusa oferta con que nos sacuden a diario, un subproducto pervertido de la ecuación “producción-consumo”, a algo cercano a esa nefasta utopía?


Es innecesario decirlo: ¿quién puede discutir que es legítimo que los seres humanos, sobre todo los que tienen poco, quieran vivir mejor, siempre mejor? Responder a ese deseo entra en el campo de lo político y genera diferencias entre proyectos y capacidad de llevarlos a cabo con éxito, pero ahí no termina la cosa: cuando quienes tienen todo quieren “vivir mejor”, “más mejor” se diría; el cambio es notorio, se produce una acumulación de bienestar inmediato y material, no es que quieran leer más o escuchar mejor música, se pierde la noción del contraste, se razona en relación con lo que uno es capaz de permitirse –restaurantes caros, viajes a países remotos e igualmente caros– porque se lo puede pagar, el futuro deviene un campo de batalla en el que el texto del triunfo se escribe en la ropa de marca y en las tarjetas de crédito, los suspiros de satisfacción brotan de los bienes que se poseen y terminan por sustituir los bramidos del orgasmo, como si ejecutivos, políticos, industriales, comerciantes, abogados y otros miembros de esa clase, refugiados en utópicos y bellos reductos, consumieran, cuando no cocaína, el “soma” que había imaginado Huxley y que prometía el placer sin necesidad de moverse.


De eso, precisamente, se trata. Una encantadora vendedora de medicamentes de una farmacia céntrica me dice, mirándome significativamente, que los antihistamínicos, los antiarrítmicos, los antigripales, los antiácidos, que hasta hace unos años encabezaban la lista de los más pedidos han sido desalojados de los primeros puestos que ahora ocupa, soberanamente, el Viagra, y quienes más lo compran son jóvenes, no esos ancianos anhelantes que gracias a esa droga mágica buscan lo que puede ser el último y glorioso suspiro.


¿Cómo entenderlo sin preguntar? ¿Será solamente un querer más de quien en principio disfruta de una sexualidad joven y en principio también, sana, a la manera de ese anhelante “más” que se emite entre espasmos en el momento culminante del encuentro pero obtenido ahora, gracias a la química? Puede ser, habría que ver, habría que ser un Kinsey o un Masters y Johnson para determinarlo pero yo, osadamente, lo entiendo como manifestación de ese cansancio que sobreviene cuando se lo tiene todo y han desaparecido los estímulos para lograr un poco. En otras palabras, sería algo así como el final de una modesta utopía, la que ofrece la increíble revolución tecnológica que nos asombra y oscurece cada día.

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“¿Viva la paz, viva la paz?” ¡Viva la paz!


El proceso de paz ha llegado a buen puerto, así sea como ese proceso desangelado, enclaustrado, ajeno, que ha venido siendo impulsado de forma paradojal por una sumatoria de debilidades de quienes lo han venido asumiendo directamente incluso como oposición, y en un escenario nacional de enormes precariedades de la imaginación política, pleno de ladinismos y desconexionesentre la gente urbana, la juventud y el campo, de arrogancias de los agentes del desarrollo extractivista, de implacables cinismos empresariales, y de heroísmos y tenacidades campesinas;donde a punta de incredulidades apenas se escucha, o mejor, se alcanza a sentir el respirar profundo del león dormido de la opinión, tímidamente convocado de antemano para la refrendación de lo pactado,con el mínimo umbral electoral, en una medianía política necesaria pero patética que acuña e institucionaliza en el mayor momento constituyente de fundar ese bien público por excelencia, la paz, con base en la constante histórica de la abstención...


Y el himno nacional del siglo XIX...¡ahí! (Cuán ridículo sonó y se vio en esa austera ceremonia de La Habana del 23 de junio pasado). Y el chiste patéticamente bueno: “Cesó la Uribe noche”. Y el inconsciente colectivo convocado plenamente hasta en la circunstancia geográfica, cuando se ha hecho realidad aquel juego infantil que rezaba: “De La Habana viene un barco cargado de...”, y ya todos podemos gritar: de Paz.


La colombianidad plena, como quien dice... Pero afortunadamente y por primera vez,no trágica.(Aunque el discurso de Timochenko – ¡quénombre anacrónico!–faltaba en el párrafo de arriba sobre el escenario, la palabra Anacronismos,estuvo cargado de alusiones al asesinato de cuatro jóvenes esa semana en Barrancabermeja, a la violencia presente en las regiones, a la detención provocadora del reinsertado Carlos Arturo Velandia).


Pero en fin, una fiesta, sí, estamos de fiesta y no nos estamos matando al mismo tiempo, y además estamos diciendo que no queremos ni debemos matarnos más. Una fiesta de colombianos sin llanto y sin tragedia. (Aunque sigue siendo tragicómica, pues los resentidos siguen vociferando y amenazando –esperamos que su debilidad sea proporcional a su estilo desencajado de los últimos meses–, o porque las manipulaciones de siempre ya son más que evidentes (cfr. Claudia López en el set de RCN, el mismo día).


En fin, aún con una escritura a la cual se le imponen los paréntesis y los guiones, los adjetivos y los signos de admiración o de interrogación, los suspensivos,podemos decir que aquí está otra vez entre nosotros la Esperanza.Sin duda se ha vuelto a levantar y a encender en el país el pabilo de la esperanza, así aflore la paradoja también en el sentimiento, pues de inmediato se hace inevitable preguntar(se): ¿Esperanza en qué?


Tal vez esperanza porque al empezar a faltar en el escenario nacional ese elemento de lo que ya es una identidad colectiva, el conflicto armado (al menos en el origen campesino del mismo,puesfaltaría, otra vez,¿faltarían cinco pa’l peso?, el componente de ese conflicto que tuvo un origen diferente en sectores de la clase media, en la lucha estudiantil, en la radicalización mesiánica y religiosa, presentes en el nudo aún por desatar del ELN); y porque quizás por primera vez en la historia del país en una coyuntura decisiva como ésta, se le conocen todas las caras a los “enemigos agazapados de la paz” (ya se sabe públicamente quiénes son los ideólogos, los financiadores, los sicarios, los líderes, los candidatos y los candidotes); ahora sí podremos, podríamos, debemos, deberíamosencontrarun camino real de transformación de esa otra paradoja nacional: ¡somos conservadores y acomodados hasta en la forma de cambiar!


Y podremos, podríamos, dar un mentís a la sátira decimonónica del Tuerto López que se hizo eco de ese otro momento en el primer tercio del siglo XX, cuando se intentó dejar atrás “La Guerra de los Mil Días”, en un momento como este en el cual intentamos dejar atrás una “guerrilla” de 52 años!:


Fabulita


"¡Paz nobis!" Wilson

"¡Viva la paz, viva la paz!"
Así
trinaba alegremente un colibrí
sentimental, sencillo de flor en flor...
Y el pobre pajarillo
trinaba tan feliz sobre el anillo
feroz de una culebra mapaná.

Mientras que en un papayo
reía gravemente un guacamayo
bisojo y medio cínico:
-¡Cúa, Cúa!

 

 

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George Steiner: “Estamos matando los sueños de nuestros niños”
A sus 88 años, el gran filósofo y ensayista denuncia en una lúcida entrevista que la mala educación amenaza el futuro de los jóvenes
 

Primero fue un fax. Nadie respondió a la arqueológica intentona. Luego, una carta postal (sí, aquellas reliquias consistentes en un papel escrito y metido en un sobre). “No les contestará, está enfermo”, previno alguien que le conoce bien. A los pocos días llegó la respuesta. Carta por avión con el matasellos del Royal Mail y el perfil de la Reina de Inglaterra. En el encabezado ponía: Churchill College. Cambridge.

El breve texto decía así:


“Querido Señor,
El año 88 y una salud incierta. Pero su visita sería un honor. Con mis mejores deseos.
George Steiner”.


Dos meses después, el viejo profesor había dicho “sí”, poniendo provisional coto a su proverbial aversión a las entrevistas.


El catedrático de literatura comparada, el lector de latín y griego, la eminencia de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge; el hijo de judíos vieneses que huyeron del nazismo primero a París y luego a Nueva York; el filósofo de las cosas del ayer, del hoy y del mañana; el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001, el polemista y mitólogo políglota y el autor de libros capitales del pensamiento moderno, la historia y la semiótica como Errata, Nostalgia del absoluto, La idea de Europa, Tolstoi o Dostoievski o La poesía del pensamiento abría a EL PAÍS las puertas de su preciosa casita de Barrow Road.


El pretexto: los dos libros que la editorial Siruela ha publicado recientemente en español. Por un lado Fragmentos, un minúsculo aunque denso compendio de algunas de las cuestiones que obsesionan al autor como la muerte y la eutanasia, la amistad y el amor, la religión y sus peligros, el poder del dinero o las difusas fronteras entre el bien y el mal. Por el otro, Un largo sábado, embriagador libro de conversaciones entre Steiner y la periodista y filóloga francesa Laure Adler.


El motivo real: hablar de lo que fuera surgiendo.


Es una mañana de lluvia en la campiña de Cambridge. Zara, la encantadora esposa de George Steiner (París, 1929), trae café y pastas. El profesor y sus 12.000 libros miran de frente al visitante.


PREGUNTA. Profesor Steiner, la primera pregunta es ¿cómo está su salud?


RESPUESTA. Oooh, muy mal, por desgracia. Tengo ya 88 años y la cosa no va bien, pero no pasa nada. He tenido y tengo mucha suerte en la vida y ahora la cosa va mal, aunque todavía paso algunos días buenos.


P. Cuando uno se siente mal... ¿es inevitable sentir nostalgia de los días felices? ¿Huye usted de la nostalgia o puede ser un refugio?


R. No, lo que uno tiene es la impresión de haber dejado de hacer muchas cosas importantes en la vida. Y de no haber comprendido del todo hasta qué punto la vejez es un problema, ese debilitamiento progresivo. Lo que me perturba más es el miedo a la demencia. A nuestro alrededor el Alzhéimer hace estragos. Así que yo, para luchar contra eso, hago todos los días unos ejercicios de memoria y de atención.


P. ¿Y en qué consisten?


R. Lo que le voy a contar le va a divertir. Me levanto, voy a mi pequeño estudio de trabajo y elijo un libro, no importa cuál, al azar, y traduzco un pasaje a mis cuatro idiomas. Lo hago sobre todo para mantener la seguridad de que conservo mi carácter políglota, que es para mí lo más importante, lo que define mi trayectoria y mi trabajo. Trato de hacerlo todos los días... y desde luego parece que ayuda.


P. Inglés, francés, alemán e italiano...


R. Eso es.


P. ¿Sigue leyendo a Parménides cada mañana?


R. Parménides, claro... bueno, u otro filósofo. O un poeta. La poesía me ayuda a concentrarme, porque ayuda a aprender de memoria, y yo siempre, como profesor, he reivindicado el aprendizaje de memoria. Lo adoro. Llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo, las otras vidas de mi vida.


P. La poesía vive... o mejor dicho, en este mundo de hoy sobrevive. Algunos la consideran casi sospechosa.


R. Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.


P. ¿Es optimista con respecto al futuro de la poesía?


R. Enormemente optimista. Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle... prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo... de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.


P. El ruido y la prisa... ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo... ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?

 


R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo... pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.


P. Habla usted de la utopía y de su contrario, la dictadura de la certidumbre...

 


R. Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.


P. No se sabe bien por qué el error tiene tan mala prensa, pero el caso es que en estas sociedades exacerbadamente utilitarias y competitivas la tiene.


R. El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos jamás podremos asumir los grandes retos, los riesgos. ¿Es que el error volverá? Es posible, es posible, hay algunos atisbos. Pero ser joven hoy no es fácil. ¿Qué les estamos dejando? Nada. Incluida Europa, que ya no tiene nada que proponerles. El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor... hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, solo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.


P. No le cae muy simpático el psicoanálisis, es lo menos que pude decirse.


R. El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.


P. Y Sigmund Freud...


R... Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario.


En ese momento, George Steiner se levanta, avanza lentamente hacia su inmensa biblioteca y de dentro de un viejo volumen extrae una tarjeta de visita amarillenta escrita a mano en alemán: es una felicitación de boda de Sigmund Freud a los padres de Steiner. “Mi padre lo conoció, paseaban juntos por la orilla del río”.


P. Volvamos a la cuestión del poder del dinero. ¿Tiene usted una explicación válida desde un punto de vista filosófico de por qué en su día los electores de Italia y hoy de España decidieron y deciden llevar al poder a partidos políticos enfangados en la corrupción?


R. Porque hay una enorme abdicación de la política. La política pierde terreno en todo el mundo, la gente ya no cree en ella y eso es muy muy peligroso. Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.


P. La vieja pero hoy tan vigente figura del idiotes aristotélico...


R. Exacto, una figura muy actual. Bien, pues yo siento vergüenza de haber gozado de este lujo privado de estudiar y escribir y de no haber querido entrar en el ágora. Me pregunto qué va a pasar con el fenómeno de las estructuras políticas en sí mismas. Triunfan por todos lados el regionalismo, el localismo, el nacionalismo... vuelve el villorrio. Cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.


P. ¿Cómo contempla una hipotética victoria de Trump?


R. No ocurrirá, Hillary ganará. Pero será una triste victoria, porque esta mujer está agotada, quemada interiormente. ¿Y qué me dice de Putin? La violencia de alguien como él parece tranquilizar a la gente que ya no cree en la política, les reconforta. Eso es porque el despotismo es lo contrario a la política.


P. ¿Y la política y la cultura? ¿Cómo se llevan? Y otra cuestión: ¿comparte usted la sensación –muy personal y subjetiva, por otra parte- de que la cultura, entendida como ‘las artes’, está estancada, al contrario que los avances científicos, imparables?

 


R. A ver cómo hablamos de esto, es delicado. Estamos usted y yo en una pequeña ciudad inglesa como Cambridge en la que, desde el siglo XII, cada generación ha producido gigantes de la ciencia. Hay ahora mismo 11 premios Nobel aquí. De aquí salieron Newton, Darwin, Hawking... Para mí, el símbolo del avance imparable de las ciencias es Stephen Hawking. Apenas mueve la esquina de una de sus cejas, pero su mente nos ha llevado al extremo del universo. Ningún novelista, dramaturgo, poeta o artista, ni siquiera el mismísimo Shakespeare, habría osado inventar a Stephen Hawking. Bien. Si usted y yo fuéramos científicos, el tono de nuestra charla sería distinto, sería mucho más optimista, porque hoy, cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque-, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin... sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!


P. ¿Establece usted diferencias entre “alta” y “baja” cultura, como han hecho algunos intelectuales de renombre, visiblemente incómodos ante formas de cultura popular como los cómics, el arte urbano, el pop o el rock, a los que se llegó a poner la etiqueta de “civilización del espectáculo”?

 


R. Yo le digo una cosa: Shakespeare habría adorado la televisión. Habría escrito para la televisión. Y no, no hago esas distinciones. A mí lo que de verdad me entristece es que las pequeñas librerías, los teatros de barrio y las tiendas de discos cierren. Eso sí, los museos están cada día más llenos, la muchedumbre colapsa las grandes exposiciones, las salas de conciertos están llenas... así que atención, porque estos procesos son muy complejos y diversos como para establecer juicios globales. El señor Mohammed Ali era también un fenómeno estético. Era como un dios griego. Homero habría entendido a la perfección a Mohammed Ali.


P. ¿Cree que asistiremos a la muerte de la cultura como contenedor de formas clásicas ya manidas y su sustitución por otras nuevas?


R. Puede... puede que esté muriendo una cultura clásica de carácter patriarcal y esté surgiendo otra de formas nuevas e intermedias, una cultura hermafrodita, bisexual, transexual y en la que desde luego la mujer contribuirá de forma muy especial a recuperar los sueños y las utopías... Por cierto, una vez más, hablando de transexuales y bisexuales... ¡Freud ni los vio venir!


P. Usted ha dicho alguna vez que se arrepentía de no haberse arriesgado a lanzarse al mundo de la creación. ¿Es una espina clavada?


R. En efecto. Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía. Y he dicho también –y algunos no me lo han perdonado nunca- que el más grande de los críticos es minúsculo comparado con cualquier creador. Así que hablemos claro y no nos hagamos ilusiones. Yo soy tan solo un cartero, soy Il Postino. Y estoy muy orgulloso de eso, de haber llevado el correo bien a tantos y tantos alumnos. Pero no nos hagamos ilusiones.


P. ¿Quién no le perdonó? ¿Colegas suyos de universidad?


R. Así es. Es que en la universidad hay una vanidad descomunal. Y les sienta mal que les digas claramente que son parásitos. Parásitos en la melena del león.


P. El creciente desdén político por las humanidades es desolador. Al menos en España. La filosofía, la literatura o la historia son progresivamente ninguneadas en los planes educativos.



R. En Inglaterra también pasa, aunque quedan algunas excepciones en escuelas privadas para élites. Pero el sentido de la élite es ya inaceptable en la retórica de la democracia. Si usted supiera cómo era la educación en las escuelas inglesas antes de 1914... pero es que entre agosto de 1914 y abril de 1945 unos 72 millones de hombres, mujeres y niños fueron masacrados en Europa y el oeste de Rusia. ¡Es un milagro que todavía exista Europa! Y le diré algo respecto a eso: una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue. Sé que cabrearé a unos cuantos antisemitas, pero la vida universitaria alemana nunca fue ya la misma sin esos judíos. Una civilización que mata a sus judíos está matando el futuro. Pero bueno, hoy hay 13 millones de judíos en el mundo, más que antes del Holocausto.


P. Resulta increíble, es cierto.


R. ¡Resulta escandaloso! Un magnífico escándalo.


P. Profesor Steiner, ¿qué es ser judío?


R. Un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor.


P. ¿Cómo ve el futuro del ser humano? ¿Es optimista o pesimista?



R. El futuro... no sé. Toda profecía es simplemente memoria activa, no se puede prever nada, solo mirar en el retrovisor de la historia y contarnos historias sobre el futuro. Eso sí: habrá dos tres descubrimientos científicos en el campo de la genética que van a plantear problemas morales terriblemente complejos. Por ejemplo, ¿permitiremos que se manipulen las células del feto?


P. También será un problema moral poner freno al avance científico...


R. Exactamente. ¿Qué derecho tenemos? Yo soy, por ejemplo, firme partidario de la eutanasia. Los viejos destruimos a menudo la vida de los jóvenes que tienen que cargar con nosotros. ¡Me gustaría tanto tener el derecho de decir “Gracias, todo ha sido magnífico, ahora basta”. Eso llegará. En Holanda y en Escandinavia ya está pasando... No tenemos ya recursos para mantener en vida a tanta gente senil o demente, va contra la felicidad de mucha gente, no es justo.


P. ¿Qué momentos o hechos cree que forjaron más su forma de ser? Entiendo que tener que huir del nazismo junto a sus padres y saltar de París a Nueva York –magistralmente evocado en su libro Errata- es uno de los fundamentales teniendo en cuenta que...


R. Le diré algo que le impactará: ¡Yo le debo todo a Hitler! Mis escuelas, mis idiomas, mis lecturas, mis viajes... todo. En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria. “Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mí? Porque nos enseña que somos los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y si hay que partir, partir. Y no quejarse.

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El Banco Mundial alerta del alza de los riesgos y las divergencias globales

El Banco Mundial recorta de nuevo sus previsiones para la economía global. Ahora proyecta una expansión del 2,4% este año, medio punto menos que lo anticipado hace solo seis meses. La fuerte contracción de América Latina explica en gran medida la rebaja: caerá un 1,3% en el ejercicio en curso, cuando en enero se hablaba de estancamiento. El organismo alerta de que los riesgos van al alza y critica la “ensalada” de políticas monetarias emprendidas, que no funcionan.


La economía mundial, como señalan los relatores del informe de perspectivas, sigue atrapada en un “equilibro de bajo crecimiento”. Los técnicos dejan claro, además, que esta situación no debe ser vista como una recesión planetaria porque los datos reflejan un crecimiento, aunque muy débil. La recuperación, insisten en Washington, continúa pero a un ritmo que deja mucho que desear.


La revisión a la baja se explica por las dificultades que arrastran las economías avanzadas siete años después de acabar con la recesión, a la persistencia del bajo precio de las materias primas, la debilidad del comercio internacional y la moderación en los flujos de capital. Los países emergentes y, en concreto los que exportan energía y commodities, están teniendo muy complicado adaptarse.


De hecho, la mitad del recorte se debe a estos países y eso preocupa al presidente del organismo, Jim Yong Kim, porque esta situación pone una zancadilla todo el proceso para reducir la pobreza. El Banco Mundial señala, además, que los beneficios del bajo precio de la energía y las materias primas para los países importadores no se están materializando tan rápido como se esperaba.


El frenazo de estos países explica que la contracción que se proyecta para América Latina este año doble la recesión del 0,7% que sufrió la región en el conjunto de 2015. Hacía tres décadas que no se encadenaban dos años en negativo. Los técnicos del organismo anticipan que la recuperación será gradual, al repuntar al 1,2% a lo largo de 2017. De ahí progresará hasta un crecimiento del 2% un año después.


Puntos negros


La divergencia entre países exportadores e importadores es clara en la región. Las economías de América del Sur se contraerán un 2,8% lastradas por Brasil. La proyección para este país, la mayor potencia regional, es de una contracción del 4% en 2016 por el efecto combinado del paro, la pérdida de renta y la incertidumbre política. En el mejor de los casos se estancaría el año próximo.


El otro punto negro es Venezuela. Se contraerá un 10%, el doble de lo esperado, para moderarse hasta el 2,3% en 2017. Argentina también estará en negativo, aunque en su caso la contracción será de solo el 0,5% para este año. Representa, de todas formas, un recorte de 1,2 puntos aunque se revisa al alza el crecimiento para el año próximo, hasta el 3,1% frente al 1,9% que se anticipó en enero.


México y los países de América Central crecerán, por el contrario, un 2,7% gracias a la expansión de su poderoso vecino del norte, EE UU, del 1,9%. La excepción es Ecuador, que sufrirá una caída del 4% tras empeorarse dos puntos sus perspectivas por el lastre del petróleo. Es el mismo problema que sufren de Columbia, Chile, Perú y Bolivia por la caída de las inversiones en materias primas. Aunque México es un país exportador neto de petróleo, su industria está más diversificada y la depreciación del peso le da una ventaja competitiva al sector manufacturero.


La pérdida de valor de las divisas latinoamericanas hizo que el volumen de exportaciones de la región creciera un 3,5%. Ahora representa el 7,4% del total de mercancías que se movieron en todo el mundo, frente al 5,3% en 2014.
Ensalada monetaria


Los riesgos a la baja, por tanto, son más pronunciados a escala global. Por si no bastara, la rápida expansión del crédito en el sector privado eleva el riesgo potencial para varios países emergentes, como advierte el economista jefe del Banco Mundial, Kaushik Basu. A esto hay que sumar las dudas sobre la efectividad de las políticas monetarias para apoyar el crecimiento y la volatilidad que ello genera.


“Los bancos centrales están experimentando cada uno por su cuenta con tipos de interés negativos. Parecía una buena idea pero en retrospectiva está ensalada de políticas sin coordinar no funciona”, advierte Basu. Por este motivo, el máximo responsable de análisis del organismo pide a las principales autoridades monetarias globales que asuman su “responsabilidad colectiva” para no minar la economía global.


El margen de acción en el ámbito fiscal y monetario es, de hecho, “estrecho”. Por eso, Basu insiste en la importancia de que los ahorros por el abaratamiento de la energía y las materias primas se destinen a infraestructuras, educación y formación. También emplaza a los exportadores a adoptar iniciativas que promuevan la diversificación económica y la liberalización del comercio.

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Los que vamos a nacer: declaración de sus derechos

Nosotros, futuros seres, que nos encargaremos de continuar la labor de los seres humanos en el mundo, que aún no hemos nacido, ni sido concebidos, nos dirigimos a ustedes, los que ya habitan este maravilloso planeta, para recordarles que desde ahora preexistimos y reclamamos algunos derechos que nos corresponden.

 

Reclamamos nuestro derecho:

 

  1. A ser concebidos por amor y no por ninguna otra pasión.
  2. A que ambos padres y no uno solo de ellos anhelen procrear
  3. A ser hijos de padre y madre con la edad y madurez requerida (al menos 20 años).
  4. A no nacer por un error de cálculo o por descuido y tardanza en ir al ginecólogo (venir al mundo a pesar de nuestras madres).
  5. A que el embarazo no sea un medio para subyugar a mamá ni para retener a papá (ser instrumento para solucionar problemas conyugales).
  6. A ser producto de una unión sólida y estable.
  7. A que nuestros padres sientan la unión sexual como algo de lo más hermoso de sus vidas y no un deber o algo intranscendente, necesitamos ser hijos también de la felicidad, la alegría y el placer.
  8. A que nuestros padres no solo quieran un bebito sino que están dispuestos a educar a un ciudadano socialmente útil, feliz y sano, a ello van a dedicar lo mejor de sí mismos en el futuro.
  9. A no servir de refugio, ni consuelo ni egoísmos, que no se nos pida lo que no podemos dar, que nuestros padres sean felices en el mundo. Así podremos aprender a serlo.
  10. A nacer de padres sanos física, social y espiritualmente y que el ambiente donde vamos a vivir los sea también. Son cruel veneno para nosotros las hieles que producen las miserias humanas.
  11. A que nuestros padres se preocupen por el ambiente material y moral donde voy a nacer y crecer. Que sea sano, próspero, alegre y limpio. Que refleje las cualidades positivas de los hombres.
  12. A que se luche por nuestra dignidad, entereza y bienestar con todas las fuerzas de la razón y el sentimiento. Así aprenderemos a luchar. Cuando decimos nuestra, es de todos los niños y no del egoísta hijito. En un mundo donde cada adulto se sienta padre o madre de todos los niños. Es fácil que los hombres sean hermanos.

 

No creemos estar exigiendo demasiado. Solo recordar que procrear no es únicamente la unión de un óvulo y un espermatozoide, ni el matrimonio un asunto de la pareja a cuyos designios debemos subordinarnos, nos guste o nos pese. Toda pareja lleva en potencia un hijo con él hay que contar. El presente contiene el porvenir.

Es este un código de dicha, plenitud y salud para ustedes y para nosotros. Cumplirlo no ha de ser obligación (la hipocresía también nos hace daño), sino placer. La dicha de los padres y de los hijos comienza a elaborarse desde antes de la concepción. El porvenir comienza el próximo segundo. Queremos tener condiciones óptimas para continuar la obra de los hombres.

 

Ciudadanos del futuro. Recibimiento de un nuevo ser humano

 

El planeta está de fiesta, un nuevo ser ha llegado a nosotros desde el infinito del amor y todos, ante la magia y el encanto sublime de este hecho inigualable, nos sentimos sobrecogidos de admiración y temor.

Admiración. Porque este nuevo ser reúne en sí todas las potencialidades de los dioses, su expresión y su sonrisa nos lo dicen bien claro. Cuando pasen los años, el podrá ser un creador en toda la extensión de esta palabra. Un eslabón más en la cadena del perfeccionamiento humano surge.

A mamá, a papá, a la familia y a todos nos asiste la tremenda responsabilidad de que este milagro se realice, es una verdadera lástima que la ciencia haya demostrado que sólo actualizamos una pequeña parte de nuestras potencialidades humanas.

Temor. Porque con demasiada frecuencia los anhelos de madres, padres, familiares y del mundo, se ven frustrados y, en lugar de un dios redentor, sólo se logra un ser que apenas es capaz de desplegar sus alas, temor por las potencialidades que perdemos y que todos anhelamos rescatar. Mañana, cuando el mundo haya cambiado su faz injusta, mercantil y usurera, podremos recibir a los nuevos seres humanos sin temor, sólo con admiración, para lograrlo hemos de tener en cuenta algunos aspectos.

  1. Que todos amemos profundamente a este niño y no sólo su mamá, su papá y su familia. No un padrino. Hemos de ser padrinos de todos los niños y hoy, en especial, de este.
  2. A mamá le toca un papel esencial en la realización de este ser, que sepa desde ahora que su propia dicha depende de la que sea capaz de darle. Para ello ha de luchar con todas las fuerzas de la razón y el sentimiento por ser feliz, digna y plena.
  3. No somos propietarios de este ser humano, y acaso de ninguna otra cosa en el mundo, el egoísmo no puede seguir siendo la ley del mundo y del cariño. Disfrutemos el placer de interactuar con él que de seguro hará lo mismo.
  4. La hipocresía, la insensibilidad, el mercantilismo, la concepción grosera y parcial de la vida, las frustraciones, la agresividad, y otras emociones negativas son enemigos recalcitrantes del desarrollo humano, tanto en las relaciones de padres e hijos como en la de los adultos que le rodean. Ellos sí se dan cuenta de lo que sienten quienes les rodean, mucho más que nosotros, y también se afectan más.
  5. El amor verdadero y consecuente, la solidaridad, la comunicación íntima, la confianza, las caricias tiernas, la alegría, el contacto directo con la naturaleza, la sensación de la belleza y la nobleza favorecen el crecimiento humano en todos los aspectos.
  6. La dicha de este ser comenzó a elaborarse desde antes de la concepción. Reflexionemos sobre lo que ha ocurrido en lo esencial e invisible y dispongámonos a mejorar la calidad del amor de los padres y de las relaciones humanas que van a rodearlo, este es el momento preciso.
  7. Seamos optimistas y confiemos en nuestras potencialidades para superar los obstáculos que se interpongan en el bregar cotidiano por la dicha y plenitud de este nuevo ser humano.

 

También nos comprometemos solemnemente a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para garantizar que este nuevo ser que responderá por el nombre de ________________________________________sea un digno representante de la especie humana.

Dado en _______________________a los ______ días del mes de _____________________ de ________________.

 

Y para que así conste firmamos todos los presentes y convocamos a los ausentes para que colaboren con nuestro empeño.

Publicado enEdición Nº224