El mundo a través de una pantalla: juventud y sociedad en la era digital

La adicción a lo audiovisual limita la capacidad de reflexión.
Giovanni Sartori, Homo Videns

 

Vivimos lo que se puede llamar la era de la comunicación. Las sociedades humanas que habitan el planeta están interconectadas de manera global. Las redes de información son un valor en alza y estar enlazados a ellas se ha convertido en una necesidad. Una de las consecuencias de este hecho es que nos hace vulnerables. Tener predominio en los medios confiere un poder de control y manipulación sobre la sociedad que hace real el omnipresente Big Brother que Orwell alcanzó a prever.


A este incremento de las posibilidades de información/comunicación, y su consiguiente penetración social, han contribuido las tecnologías desarrolladas desde la segunda mitad del siglo pasado. Sin duda, los medios han evolucionado deprisa en las últimas décadas y lo han hecho de una forma que nos es difícil procesar. Inmersos en el frenético devenir diario, sometidos por un trabajo que nos deja pocos momentos de descanso y presionados por la demanda de atención de las nuevas tecnologías, no tenemos tiempo para evaluar las consecuencias que este cambio está generando en nuestras vidas, ni lo que puede suceder a mediano o largo plazo.


Cuando activamos nuestra terminal electrónica, no nos detenemos a reflexionar que estamos accesibles, entretenidos y olvidados de nosotros mismos. Este proceso afecta sobre todo a las nuevas generaciones, educadas en un escenario que antes no existía. La juventud vive vinculada a los medios digitales y es su promotora ante el resto de la sociedad, que va adaptándose a las costumbres impuestas por el avance tecnológico.

 

¿Cómo llegamos hasta aquí?

 

Modelamos nuestras herramientas y luego éstas nos modelan a nosotros.
M. McLuhan, Comprender los medios

 

El desarrollo y la propagación de las nuevas tecnologías han supuesto un hecho histórico tan determinante como la imprenta o la revolución industrial. El cambio producido afecta nuestras relaciones, perturba los sistemas de valores y convulsiona la propia estructura social. La tecnología nos ha modificado las costumbres, la vida y hasta la manera de pensar.


La historia de la comunicación va paralela al desarrollo de la civilización humana. La actual revolución tecnológica permite la transmisión de datos con tal repercusión que se ha corroborado el concepto de “aldea global” enunciado por Marshall McLuhan en La Galaxia Gutenberg (1962): “La nueva interdependencia electrónica vuelve a crear el mundo a imagen de una aldea global.” El pensador canadiense también alertó sobre el determinismo tecnológico al expresar que “el medio es el mensaje”.


Las posibilidades de comunicarnos y emitir información se han multiplicado sin cesar. El sistema de correos tradicional se vio reforzado a principios del siglo XIX con la invención del primer medio electrónico de comunicación: el telégrafo. Años más tarde, el teléfono entró en nuestras vidas para hacer realidad la conexión distante en tiempo real. Durante el siglo XX se desarrolló un conjunto de instrumentos tecnológicos que se introdujeron en los hogares para transmitir información: radio, televisión y reproductores de música experimentaron una acelerada metamorfosis, al igual que las cámaras fotográficas y las grabadoras de imágenes y sonidos. A partir de la década de los ochenta vivimos la expansión informática y la computadora se ha impuesto como el medio más eficaz para almacenar, procesar y difundir datos de todo tipo.


En los últimos veinte años se produjo la consolidación de internet, una red de redes global formada por computadoras interconectadas. La Red se ha intercalado en todos los sectores de la vida social y, en la actualidad, gracias a una sofisticada tecnología, nos mantiene virtualmente conectados con todo lo que pasa en el planeta. La mayoría de la población posee una terminal digital con la que puede obtener información, escribir, producir y acceder a material audiovisual, publicarlo y comunicarse con cualquiera persona o entidad que también la posea.


Hay muchas cosas que ahora nos parecen normales pero que hace cuarenta años eran poco menos que impensables. La juventud de entonces sentía la urgente necesidad de modificar costumbres y valores sociales, pero, cuando el cambio se produjo, los jóvenes sólo aportaron su espíritu renovador: el timón nunca estuvo en sus manos, la dirección fue marcada por una clase empresarial mundial que sólo atendía intereses económicos y políticos, un poder desproporcionado que mantiene el control y arrastra a la humanidad al desequilibrio.

 

Los tiempos cambian

 

La tecnología está aquí para quedarse, con todas las maravillas que aporta, pero es el momento de considerar cómo afecta a otras cosas que apreciamos.
Sherry Turkle, Reclaiming Conversation

En la era digital todo está mediatizado y en pocas décadas han cambiado nuestras costumbres cotidianas. Hay aspectos de la vida humana que han sido afectados, positiva o negativamente, por la revolución tecnológica. El desarrollo de internet ha transformado la sociedad y trajo consigo otra manera de hacer las cosas. La Red maneja la economía, la política y la cultura; en definitiva, la sociedad global depende de ella. La llamada nube de información (cloud computing) que se está configurando, parece haber encontrado su sitio en algún lugar virtual de la atmósfera terrestre. El ser social, en cuerpo y mente, está atrapado en una niebla de redes inalámbricas que lo rodea día y noche. La nube administra y domina nuestras vidas, nos pasamos horas pendientes del correo electrónico, de las redes sociales, de mensajes y noticias. Vivimos obsesionados por la información y la comunicación, desconectarse es cada vez más difícil y no queremos hacerlo por temor a perdernos algo importante.


En el campo de los valores y sentimientos también ha habido cambios. En especial entre los jóvenes, que se han criado en estos parámetros tecnológicos. Cuando los observamos ensimismados en la realidad virtual, nos llegan las preguntas: ¿Qué buscan ahora los jóvenes, cuáles son sus sueños, por qué estarían dispuestos a luchar, a dar la vida? ¿Les sigue motivando alcanzar una sociedad más justa e igualitaria como a la juventud del siglo pasado?


No hay indicios de que hayan surgido nuevos planteamientos que combinen y equilibren la realidad evolutiva con la ética natural, en busca de objetivos comunes al margen de fanatismos políticos, sociales o imposiciones divinas. Se tiene la sensación de que, para la mayoría de la juventud, esa línea de pensamiento orientada hacia la consecución de un ideal humano ha sido abandonada, bloqueada por modelos individualistas, de culto a la imagen. Permanecen embelesados por el perfil público que ellos mismos diseñan y proyectan, confirmando así la metáfora esencial del libro Comprender los medios de comunicación (Understanding Media), de McLuhan: el mito de Narciso. No existe un debate social abierto ni se plantean alternativas, no parece haber ganas de ponerse a razonar o a valorar, más bien se aprecia una indolencia convenida, reforzada por la tendencia a dejarse llevar por estímulos cada vez más virtuales.


A este “remolino caótico” que es la sociedad actual sólo se le podrá encontrar sentido a través de la observación: ver quiénes somos, en dónde estamos ubicados, qué nos está pasando y qué necesitamos. Es importante hacernos conscientes del vacío que nos rodea y descubrir hacia dónde se dirige este camino que estamos recorriendo. La pregunta fundamental es saber si realmente hemos elegido transitarlo o se trata de una imposición. ¿Podríamos ejercer el libre albedrío, decir no, aunque sea a nivel personal, y abrir otras brechas por dónde caminar? ¿Existe realmente la probabilidad de hacerlo o el sistema nos pondría toda clase de trabas? La respuesta tiene que darla cada uno, pero sospecho que la mayoría no cree que sea posible y adopta una actitud de dejarse llevar, de justificar su entrega para seguir encomendados a un ente superior, en este caso tecnológico, que excluye toda reflexión o duda.

 

Consecuencias y perspectivas

 

Debido a que el presente es siempre un período de penoso cambio, cada generación tiene una visión del mundo en el pasado.
B. R. Powers

 

En definitiva, los cambios han sido notables: entre las formas de comunicarse que existían hace cien años y las actuales hay un abismo. Las nuevas tecnologías nos han invadido súbitamente, produciendo transformaciones sociales y culturales que afectan nuestros círculos más próximos: el trabajo, la educación, la familia...; su manejo en cualquier ámbito se hace imprescindible. Las sociedades contemporáneas dependen de la tecnología para funcionar en todos sus estratos. Hoy en día, los medios audiovisuales son los canales de socialización más importantes; quien los controle puede influir de forma decisiva sobre los puntos de vista y el criterio de las audiencias.


Las relaciones interpersonales y los comportamientos sociales se han modificado desde que manejamos equipos digitales. Nuestra actividad en períodos de descanso sería diferente si tuviésemos desconectada nuestra terminal móvil; hacerlo sería para muchos inconcebible. La dependencia de los dispositivos y sus prestaciones es cada vez mayor. Utilizarlos nos hace vivir pendientes de ellos y en consecuencia desconectados de nuestra realidad: limitan el tiempo de reposo y la atención para relacionarnos. Un buen ejercicio sería recordar qué cosas hacíamos antes y ver qué hacemos ahora, para distinguir con claridad lo que ha cambiado en nuestras vidas.


En su más reciente libro, Reclaiming Conversation (2015), la psicóloga Sherry Turkle, que estudia estos temas desde hace años (Vida en pantalla, 1997; Alone together, 2011), al referir a que estamos perdiendo la capacidad de conversar afirma que “se nos ha olvidado que hay una nueva generación que ha crecido sin saber lo que es una conversación ininterrumpida”. Cuando la conversación se produce se ve interrumpida constantemente porque mantenemos abiertos canales virtuales de relación que atendemos con descaro estemos con quien estemos. De esta costumbre emerge un nuevo concepto: phubbing, que hace referencia al acto de ignorar a alguien al mirar el teléfono en lugar de prestarle atención.


Las nuevas tecnologías nos mantienen conectados pero no nos comunican realmente, se nos escapa el mundo de las experiencias directas y los vínculos afectivos, no sentimos los latidos de nuestra propia vida. ¿Podrá la electrónica sustituir el –hasta ahora– necesario contacto físico?


El consumo tecnológico en aparatos y en tiempo se expande, lo que puede convertirse en una barrera para establecer relaciones cordiales, abiertas, creativas. Las redes sociales, a pesar de su capacidad de ser plataformas para ejercer la libertad de expresión y luchar por el bien común, se vuelven espejo de los nuevos tiempos, donde se refleja una imagen proyectada, un escaparate más en el centro comercial del culto al ego.


Las consecuencias del uso de las nuevas tecnologías suscitan más preguntas que respuestas porque todavía están sin analizar. Se habla del tema pero no se reflexiona sobre la manera en que afectan la cultura y el arte, los valores sociales, a niños y jóvenes que se están formando. El porcentaje de uso de equipos móviles entre la juventud es el más elevado y eso deja secuelas.


¿Qué bagaje trae la juventud? Las nuevas generaciones han crecido en esta dinámica de relación que implica otro esquema de valores. El mundo virtual les resulta más cercano, inmediato y conocido, incluso más natural; una realidad donde enfrentan menos problemas porque tienen el control. Las terminales digitales móviles –para qué seguir llamándolas teléfonos– se han convertido en una extensión de los sentidos y nos provocan problemas de atención y omisiones de conciencia.


Ante la evidencia del predominio del ambiente virtual entre los jóvenes, se nos plantea una cuestión que puede ser vital para el futuro de la sociedad: ¿las nuevas generaciones serán capaces de frenar el ímpetu tecnológico que está cambiando nuestra visión del mundo y encontrar alternativas donde confluyan los nuevos tiempos con la realidad física cotidiana tal como ahora la conocemos?


La pregunta queda en el aire, sólo el tiempo podrá darnos la respuesta. Mientras tanto, convendría recordar lo que Marshall McLuhan afirmaba: “No hay absolutamente nada que no pueda evitarse mientras exista el deseo de contemplar lo que está ocurriendo.” (The Medium is the Massage, 1967). Tenemos que mantener la esperanza y creer que, por medio del análisis y reconocimiento de pautas de relación, conseguiremos entender la realidad social y sus circunstancias, afrontarla y armonizarnos con ella •

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"Cuba no termina de amoldarse a la palabra cambio"

Aleida Guevara, la hija del Che, visitó Argentina para promover el programa sanitario Operación Milagro, que cura de forma gratuita la ceguera leve a pacientes pobres latinoamericanos. Habla sobre la transición política y la apertura económica en marcha y brinda pistas y nombres sobre los posibles sucesores de Raúl Castro.

 

La similitud física de la alergóloga y pediatra Aleida Guevara con su padre es llamativa. La coordinadora del programa continental cubano Operación Milagro no necesita presentar documento para demostrar que lleva la sangre del líder revolucionario argentino-cubano en sus venas. Sin embargo, Aleida recuerda con mucho humor una anécdota donde su semejanza con el Che fue puesta en tela de juicio por una criatura de 6 años. "En una oportunidad, una paciente intentó llamar la atención de su hijo y le dijo: '¿Sabías que la doctora es la hija del Che?'; 'Imposible, mamá. ¿La hija del Che, tan gorda?'", rememora Aleida y estalla en una carcajada que le achina los ojos. Pelo rubio trigal hasta la altura de las orejas, ojos café, sencilla en su vestimenta, verborrágica, distendida en el trato, estuvo casi tres semanas en Argentina para inaugurar el Hospital Escuela Ernesto Che Guevara en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba e impulsar como madrina política las brigadas militantes que coordinan la Operación Milagro y el programa de alfabetización Yo sí Puedo en el litoral y la Patagonia.


—Vine al país por invitación de la fundación Un Mundo Mejor es Posible (Ummep), para reimpulsar las misiones solidarias de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) en Argentina, que son la Operación Milagro y el programa (de alfabetización) Yo sí Puedo. De alguna manera, la misión alfabetizadora es la madre de la Operación Milagro. Cuando comenzamos a trabajar con el Yo sí Puedo encontramos cierta resistencia en algunas personas. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que la dificultad en la formación de la lectura provenía de su mala visión. Entonces decidimos caminar conjuntamente con las dos misiones, porque nadie puede aprender a leer si tiene problemas en sus ojos. En estos días, además, tuve el privilegio de encontrarme con jóvenes médicos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana (Elam). Ellos son como mis hijos, su carácter y resistencia me da mucha energía.


 

—¿En qué consiste la Operación Milagro?


 

—Para contar qué es la Operación Milagro primero tengo que hablar de la Brigada Che Guevara. La brigada surgió como una idea para reagrupar a todos los egresados argentinos de la Elam. La mayoría trabaja en hospitales públicos y en zonas vulnerables, pero como Argentina es un país tan grande, hacía mucho tiempo que no se encontraban. Para reencontrarnos, entonces, fuimos a trabajar en la prevención de la afección de cataratas a un pueblo de Chubut muy chiquito, que se llama Gan Gan. La catarata es una ceguera leve y prevenible pero mucha gente sin cobertura de salud pierde la vista por no tratarla a tiempo. Uno de los primeros pacientes beneficiados con este programa, cuando recuperó plenamente la visión gritó emocionado: "Esto es un milagro". El nombre viene de ahí, de ese pequeño milagro que podemos alumbrar. En la última década, Cuba operó gratuitamente a más de 2 millones de personas con problemas de salud visual en toda la región. De ellos, 48 mil son argentinos. Cuando los egresados de la Elam no podían ejercer su título por un litigio con el colegio médico local, los doctores trataban a los pacientes argentinos en hospitales bolivianos fronterizos gracias a un acuerdo con Evo Morales. Ahora el hospital Ernesto Guevara, ubicado estratégicamente en Córdoba, a mitad de camino entre el norte y el sur, busca concentrar la atención de todos los argentinos con este problema visual.

 


—También en Brasil la llegada de médicos cubanos para trabajar en zonas vulnerables despertó críticas de la corporación médica. ¿Cómo viven esta situación?
—En Brasil hay cerca de 12 mil médicos cubanos, y queremos llegar a 14 mil. En Venezuela tenemos cerca de 11 mil médicos trabajando en misiones solidarias, como Barrio Adentro. La idea es llegar a zonas donde la cobertura sanitaria es muy floja. Por eso insisto en que nuestro objetivo no es desplazar a ningún colega. Todo lo contrario, la salud cubana intenta ocupar espacios vacíos, donde los más pobres de Latinoamérica sólo ven a los médicos en las series de televisión.

 


—¿Qué opina de los cambios anunciados en la política macroeconómica de Cuba? ¿La "perestroika" de su país se asemejará al abrupto giro económico instrumentado por otros gobiernos comunistas, como el chino o el vietnamita? ¿Cómo observa, en definitiva, la transición política iniciada por Raúl Castro?
—Para nosotros la palabra cambio es un poco difícil de aceptar. Porque cambio podría implicar que cambiamos de sistema político, que abandonamos el socialismo, y eso es inaceptable. Lo que estamos buscando son nuevas soluciones a viejos problemas, corregir políticas públicas que ya no resultan eficaces. Y lo hacemos de forma lenta, porque no podemos darnos el lujo de equivocarnos. En Cuba es muy importante la conciencia social, sin esa mística desaparecemos como país. Los cambios en economía no implican abandonar la formación política de los ciudadanos. Las dos cosas caminan de la mano. Son cambios lentos pero firmes. Por ejemplo, ahora se pueden vender las viviendas. Sólo la parte construida, porque la tierra, el lote, sigue siendo propiedad estatal.

 


—¿Los autos también entran en la lógica de compraventa?


 

—Claro, también podemos cambiar nuestros carros por dinero. En ese sentido la población tiene más posibilidades. Pero, insisto, esa puerta no está abierta del todo. Porque, ¿qué pasa? Ahora las familias adineradas de Miami buscan inundar La Habana con dólares, y eso podría disparar los precios de los inmuebles o de los autos. Esa situación no la podemos permitir.

 


—¿El liderazgo de Raúl Castro es muy diferente al de Fidel? ¿Qué ocurre con el desafío generacional de renovar los cuadros políticos de la revolución?

 


—Son parte del mismo proyecto. La personalidad de cada uno, en todo caso, es una anécdota. La cuestión generacional es un desafío porque Fidel, Raúl, en su momento el Che, han puesto la vara muy alta. Será muy difícil remplazarlos, pero ese camino ya está iniciado. Seguramente Raúl Castro dejará el gobierno en unos tres años, él ya anunció que este es su último período.


 

—¿Se anima a dar nombres para alistar en la posible sucesión?


 

—El vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel es un hombre muy respetado por el pueblo y un guevarista de pura cepa. Humilde, inteligente y con mucho carácter. Los cubanos ya ven en él un recambio posible, se sienten seguros con su continuidad.


 

—Es inevitable preguntarle por su padre. ¿Le resultó incómodo, en algún momento de su vida, ser la hija de un ícono revolucionario global?


 

—Todo lo contrario. La gente siempre me pregunta por el Che y entonces surgen los recuerdos personales que tengo de Ernesto Guevara papá. Yo tengo muy pocos recuerdos con papá, porque también fue poco el tiempo compartido. Él partió para el Congo cuando yo tenía 4 años. Sin embargo, esos momentos familiares fueron muy lindos. Papá era muy mimoso conmigo y mis hermanos, besaba muy apretado, casi que ni respirábamos cuando nos abrazaba. Así soy yo con mis hijos. Cuando llega la noche, mi hijo mulatico siempre me dice: "Mamá, ya estoy preparado para la sesión de besos". Y eso me quedó de mi papá, que era demasiado exigente con él mismo y con nosotros, pero también era muy tierno (dice Aleida con los ojos brillosos).


—¿Cómo está Fidel Castro? ¿Qué se sabe de él en la isla?


 

—A ver, primero quiero decir que estoy muy herida con ciertas informaciones malintencionadas que circulan sobre mi tío, porque yo a mi tío lo quiero tanto como a mi papá.


 

—¿Está hablando de Fidel cuando menciona a su tío?


 

—Claro, desde que soy bebé le digo tío. Realmente nos queremos mucho. A veces discutimos. Él es un poco terco, pero yo lo soy más. Por ejemplo, me insistía con que le pusiera Victoria a mi hija, en homenaje a una fecha revolucionaria que coincidía con el día de su nacimiento. Pero yo le di la discusión y la gané. La nombré Estefanía, y todos contentos igual. Ahora Estefanía le dice abuelo a Fidel. Una vez la maestra de la escuela me recriminó que Estefanía había insistido en clase con que tenía tres abuelos. Y yo le contesté cuál es el problema, está mi suegro, el Che, y Fidel, que es su tercer abuelo. Le expliqué la situación a la docente, que Fidel Castro había hablado con ella la noche anterior, y que él habla con ella como su abuelo. "Ah, entonces no hay ningún problema", me contestó apurada (risas). Lamentablemente hace mucho que no lo veo a Fidel, y lo extraño. Sé que está trabajando en el estudio de plantas medicinales y escribiendo sobre los peligros de una tercera guerra mundial nuclear, que él ve como muy próxima por el conflicto entre Rusia y Europa por Ucrania, esa es su última obsesión. Lamentablemente, la alta intromisión de Estados Unidos con la Otan cerca de Moscú le está dando algo de razón.


 

—Ya que lo menciona, ¿la administración de Barack Obama modificó el vínculo con Cuba? ¿Su gobierno es menos injerencista que sus colegas republicanos en el cargo?

 


—No, lamentablemente, la relación empeoró. Con la toma de poder de Obama pensábamos que un hombre negro, vamos, debería tener cierta sensibilidad social. Nos equivocamos radicalmente. El bloqueo comercial durante la era Obama ha sido peor. Hace poco tiempo atrás la Casa Blanca inició una persecución comercial a un banco francés por decidir abrir una línea de créditos para afianzar negocios en la isla. Lo mismo sucedió con un banco suizo, que afronta una multa millonaria comercial por intentar saltar el cerco económico contra Cuba.

 


—Cristina Fernández viene sosteniendo una posición política muy fuerte contra Estados Unidos en el contexto del litigio con los fondos buitre. ¿Cómo lee la posición argentina en este conflicto?


 

—Pienso que el mundo atraviesa un momento muy particular. Lo que el gobierno argentino intenta hacer en el caso de los fondos buitre es abrir un camino para otros países de la región. Por eso acompaño las palabras de la presidenta argentina. No nos pueden seguir robando nuestro futuro. No somos hombres y mujeres ignorantes, somos gente con cultura, y sobre todo somos pueblos con ganas de defender lo nuestro.

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"La juventud como categoría social está muriendo de éxito"

"Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que el resto de nosotros: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda?". La voz en off de Harrison Ford en Blade Runner trata de explicar por qué el cazador de replicantes ha sido perdonado por el último replicante. Esa reflexión peliculera sirve de punto de partida para entrar en el trabajo de Carles Feixa, doctor en antropología social por la Universidad de Barcelona y autor de varios libros sobre la juventud, el último de ellos De la generació[email protected] a la #generación. La juventud en la era digital. Para Feixa, "la gran contradicción de nuestra sociedad es que los jóvenes quieren ser adultos y no les dejan, y los adultos quieren ser jóvenes y no pueden". Eso nos emparenta con los replicantes y los cazadores de replicantes de Blade Runner: los jóvenes son perseguidos por los adultos, que los aman y los temen. Conversamos con Feixa sobre esta relación esquizofrénica.


Un siglo después de que naciese este concepto, ¿qué significa ser joven?


Una de las citas que abre el libro es de un manifiesto surgido a partir del 15M que se centra en la crítica al concepto de juventud. Los jóvenes actuales se resisten o impugnan la noción de juventud como el mito de la imposibilidad de transitar al mundo adulto, como la permanencia en un estado de moratoria social, como se definió hace un siglo en los inicios de la psicología actual. Stanley Hall fue un psicólogo norteamericano que publicó hace un siglo un libro sobre la adolescencia en el que definía la juventud como una nueva etapa vital. Él lo veía como algo positivo en sus efectos aunque no en sus manifestaciones. Hall definía la juventud como una crisis de identidad. Otro Hall, Stuart Hall, que es un referente en estudios subculturales, en los 70 y 80, junto a otros compañeros de la escuela de Birmingham redefinió la noción de juventud como categoría cultural. Para Stanley Hall era una categoría biológica, para Stuart Hall, Tony Jefferson, etc., era una construcción cultural del capitalismo avanzado que respondía por una parte a unas necesidades del mercado de consumo y de las industrias culturales, y por otra a una autodefinición de los propios jóvenes. Por ello investigaron las llamadas subculturas, y contraculturas de los 60 y 70: hippies, rockers, mods, etc.


Mi libro es un intento de hacer una tercera fase de reflexión sobre la noción de juventud en la era de la red. De alguna manera, tras el nacimiento de la juventud a comienzos del siglo XX y su apogeo en los 60-70 se anuncia una muerte de esta categoría social. Se trata de una muerte de éxito. La juventud como categoría, que empezó siendo una etapa transitoria relativamente corta, centrada en la educación y cuyo apogeo consistió en ser la reina del mercado, se eterniza en la era digital, la era de la información y la era de la precariedad laboral. Se eterniza hasta el punto de que se convierte en la etapa más duradera de la vida y, por tanto, pierde su sentido porque deja de ser un etapa transitoria y se convierte en algo intransitivo. Esto tiene aspectos positivos en cuanto a la flexibilidad cultural y en cuanto a la capacidad innovadora de los jóvenes, pero también aspectos dramáticos como su exclusión del mercado laboral y de la toma de decisiones políticas de grandes ámbitos de la sociedad.


¿Cómo delimitamos hoy día esta etapa vital?


Stanley Hall delimitaba esta fase de los 14 a los 21 o a los 26 años. Las encuestas del Injuve que se dan hoy llegan hasta los 34 e incluso a veces hasta los 39. Obviamente, ha aumentado mucho la esperanza de vida pero, además, el ciclo vital industrial está en profunda crisis. En parte por las transformaciones del sistema productivo, porque el sistema profesional ya no es para toda la vida sino que es un constante flujo. Esta vía lineal se convierte en una vía en bucle. La formación hoy ya dura toda la vida. No hay ninguna profesión, menos las intelectuales, en las que lo que has aprendido de joven te sirva toda la vida. Al mismo tiempo el ocio, o el descanso, que era el objetivo de los ancianos, ya es una característica central de la sociedad. Todos los grupos sociales necesitan un tiempo para divertirse, para consumir, para disfrutar del tiempo libre. En cambio, el trabajo, que se había convertido primero en un castigo del capitalismo, es ahora un privilegio de unos pocos. Si no se replantea profundamente hay una crisis social que no se puede sostener.


De momento, los jóvenes han sido las víctimas de esta primera reestructuración. La noción del "precariado" en cierta manera recupera la noción del lumpen-proletariado marxista del siglo XIX. Ésta se basaba en una división de clases que marcaba las diferencias sociales. En el siglo XXI, la clase no ha desaparecido pero la división central de acceso a los recursos, a los salarios y a los derechos sociales es la edad. La reforma que se está produciendo es en perjuicio de los jóvenes y en beneficio de unas élites que están saliendo de la crisis sin adaptarse a este reto. Creo que en el futuro esto no va a ser sostenible. No tiene sentido que los adultos trabajemos cada vez más horas y nos jubilemos más tarde mientras que hay una capa de jóvenes pre-parados, con mayor formación, más y mejor información y, sin embargo, con unas dificultades enormes de acceso al mercado laboral y, sobre todo, con una precariedad y una desigualdad salarial que en otras circunstancias serían el motor de una revolución. Esa revolución no se da –aunque se producen microrevoluciones– porque la gran diferencia es que las clases duraban para siempre; en cambio, se supone que los jóvenes algún día dejarán de ser jóvenes. Lo que es engañoso porque esta categoría temporal es cada vez más permanente. Para los jóvenes actuales cada vez es más difícil abandonar el estigma que supone la inestabilidad emocional, vital y laboral.


¿Por qué hablas de la transexualización de la nueva generación?


La crisis de la identidad juvenil, según Stanley Hall, era una doble crisis, la crisis de la masculinidad y la crisis de la feminidad. En los 60 y 70 hay una primera feminización de la cultura juvenil. Esto se produce, no sólo por una razón objetiva como es la píldora, que permite separar la reproducción de la sexualidad, sino también porque hay un camino paralelo entre el feminismo y los movimientos contraculturales. El cambio en las formas de vida aúna a ambos colectivos. Por otro lado, los estilos de vida que introducen las culturas juveniles, aunque en principio eran masculinistas (rockers, sobre todo), pasan a ser más equitativos e incluso andróginos, como por ejemplo el movimiento punk, donde lo femenino y lo masculino no desaparecen pero se metamorfosean. En la era digital, en teoría, es posible una superación de las divisiones de género que habían marcado este tránsito a la vida adulta, en parte porque el mercado laboral ya no depende de la fuerza física, por los cambios en la biomedicina, que permiten unos viajes de transexualización no sólo simbólica sino real, y finalmente porque hay una confusión de los géneros. Había unas etiquetas, unos ritos de paso, unas aperturas del armario, que dejaban claro a cada uno cuál era su recorrido. En la actualidad los jóvenes están en la incertidumbre, es la era de la no definición, y por tanto hay que inventar. De hecho en el mundo digital, las minorías sexuales son las más activas. Eso no significa que vayan a desaparecer los sexos ni tampoco que vaya a desparecer la masculinidad. De hecho puede haber un reflujo: en algunos sectores hay una recuperación de ciertas retóricas de la división sexual que pensábamos superadas pero que no lo están tanto.


Otro de los aspectos que definen a la juventud es el nomadismo: una ruptura sin precedentes de la noción de espacio y de pertenencia.

 

Hablo de 'nomadismo', un término de Michel Maffesoli, pero también de 'translocalismo', que utiliza la autora mexicana Rossana Regui¬llo. No es sólo la movilidad geográfica y física de los jóvenes –por ejemplo la 'generación erasmus'–, sino que es sobre todo una metáfora de la inestabilidad laboral, del flujo de roles profesionales y educativos y la inestabilidad emocional en la que se ven sumergidos. Si lo aplicamos a los movimientos sociales, supone una vuelta a lo más próximo. Pensa¬mos que la era digital suponía la máxima distancia cuando en realidad el uso que hacen los jóvenes de las redes tecnológicas es muy personalizado, lo convierten en una parte de su cuerpo. Por eso cuando acampan en Plaza de Catalunya, Sol, o Tahrir hay una máxima cercanía, hasta el punto de que Madrid se convierte en una pequeña "micrópolis". No en una metrópolis, sino en una pequeña ciudad en la que todo el mundo se conoce, como en las polis griegas. Pero con una conciencia de que esa micrópolis forma parte de la aldea global. Hay una conexión que para otras generaciones resulta más compleja entre lo local y lo global, y es una conexión que se produce a diario. Lo local y lo global se yuxtaponen y se hibridan en esa noción de 'glocalismo'. Con todo lo bueno y lo malo que esto supone, porque en ocasiones el viaje a lo global es una escapatoria de los problemas de lo local y al mismo tiempo, como es imposible una revolución 'glocal' –todo cambio debe estar anclado en algún sitio– los efectos no son inmediatos. En ninguno de los países las protestas han tenido efectos inmediatos y en algunos países ha habido una vuelta atrás. Pero sí hay una oleada que va acompañando un cambio de ciclo en la percepción cultural que los jóvenes tienen de su participación en el mundo.


Dices que una generación concluye cuando los acontecimientos históricos vacían de sentido al sistema previo. La conclusión del libro es que estamos en ese momento.


Estamos en un cruce de caminos y, cuando te desorientas en el cruce de caminos, estás perdido. No está claro hacia dónde vamos. En un sentido geográfico creo que, no sólo España, sino todo el sur de Europa, está a caballo de las transformaciones que se están produciendo en el norte y el sur, transformaciones que la crisis no ha causado pero que ha hecho más visibles y lacerantes, como son los cambios en la noción de trabajo, esta desigualdad generacional en salarios y otras muchas cuestiones. Uso la imagen del replicante no tanto en relación con la tecnología sino para explicar esta nueva manera de crecer. El replicante es mitad humano-mitad máquina de la misma manera que los jóvenes no son niños pero tampoco son adultos y esto, que en el pasado era un tránsito rápido, era un sarampión, hoy parece que es un virus que se ha convertido en algo crónico. La única manera que tienen los jóvenes de superar esta situación es la que han tenido siempre las subculturas: convertir el estigma en emblema. Convertir algo que es negativo y paralizante en algo que puede ser un juego, que puede ser algo con lo que aprender. Mientras no nos dejen ser adultos, hagamos cosas: juguemos, viajemos, protestemos y dediquemos nuestro tiempo a este mundo digital que de entrada parece un juego pero que quizá en el futuro acabe siendo productivo. De hecho, en los inicios de la salida de la crisis estamos viendo muchas iniciativas, sobre todo juveniles, no tanto de nuevo empresariado sino de reestructuración del espacio y el tiempo y de la condición social muy innovadoras.


¿Qué herramientas necesitamos para esta nueva transformación?


Creo que claramente tiene que haber un contrato social. De entrada por una cuestión de supervivencia de la seguridad social. [Este contrato] no puede producirse como una imposición de los poderosos –los adultos– sobre los que no lo son –los jubilados y jóvenes– si no que tiene que haber un tipo de acuerdo en el que todos salgamos beneficiados. En segundo lugar tiene que haber un cambio cultural en la percepción de que el ciclo vital de las personas ya no es lineal sino que es en bucle y en espiral. Hasta ahora esto se ha visto solo como algo negativo: precariedad, ines¬tabilidad, tiempo parcial... pero puede verse también como un recurso que hace más flexibles los espacios y los tiempos de la vida cotidiana. Por ejemplo, debe haber una transformación de los horarios. Debe irse a un tipo de actividad por tarea, por producción, que nos permita trabajar menos horas. Los jóvenes son los que están innovando en ese sentido. También la jerarquía laboral debe reconstruirse en base a relaciones más horizontales o relaciones en red. La red no es amorfa pero tampoco es una pirámide. La sociedad digital no puede funcionar como una sociedad jerárquica. Si funciona así está condenada al fracaso.



La evolución de la juventud


Nacimiento


En 1904 Stanley Hall publica el primer tratado sobre la juventud contemporánea. Inspirado en Darwin, Hall considera la juventud como una nueva etapa vital que no había existido en sociedades primitivas o en otras culturas. Se tiene como una fase de formación.


Militarizadas


El fascismo da un nuevo estatus a la juventud, con base a las experiencias surgidas en los 20 y por medio de los boy scouts de Baden Powell. Las juventudes hitlerianas, la Falange y los Balilla italianos utilizan a la juventud como fuerza de choque. Desde la cárcel, el comunista italiano Antonio Gramsci dedica parte de sus cuadernos a la cuestión de los jóvenes.


Rock and roll


Los 40, que en España dieron lugar a lo que José Luis Aranguren llamó "la generación abatida", dan paso en los 50 a la generación rock and roll, la primera generación globalizada de la historia.


Mayo del 68


La contracultura se convierte en un paradigma que tiene influencia en todo el mundo. El mercado aprende y aprehende el núcleo de las reivindicaciones juveniles, que toman visos revolucionarios en algunos países.


No hay futuro


Del "no hay futuro" al "fin de la historia" se suceden dos décadas en los que la juventud se convierte en la reina del mercado. En el 76 se publica Rituales de resistencia, de Stuart Hall y Tony Jefferson, el estudio más importante sobre subculturas juveniles.


Antiglobalización


El levantamiento zapatista utiliza la potencia de internet para conectar con una nueva generación de activistas. Posteriormente el movimiento antiglobalización articula nuevas formas de protesta.

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La generación Z, con un tren cerebral de alta velocidad que va del ojo al pulgar

La generación Z, que ha crecido con los videojuegos y los teléfonos móviles, ha ganado aptitudes cerebrales en lo que se refiere a la velocidad y los automatismos, en detrimento de otras como el razonamiento y el autocontrol, explica el profesor de sicología Olivier Houdé.


La generación Z, apresurada, pragmática, autónoma y testaruda. Esos 2 mil millones de jóvenes nacidos después de 1995, con Internet, están decididos a construirse una vida alejada de los códigos y de las aspiraciones de sus mayores. Son mutantes, como los llaman algunos investigadores fascinados por su fusión con el mundo digital. Navegan en varias pantallas y están acostumbrados al todo, ahora mismo, en todas partes. Les resulta normal pagar mucho dinero por el teléfono inteligente más reciente, pero también conseguir de manera gratuita películas y música en la red.


Los códigos de los adultos les parecen desfasados; les gustan las marcas rebeldes y se informan, sobre todo, a través de las redes sociales, según comprueban estudios realizados en Europa y Estados Unidos por grandes compañías, como BNP y Ford, que quieren entender a sus futuros clientes. Esos jóvenes, de entre 13 y 20 años, se consideran abiertos de mente e innovadores, pero reconocen que son impacientes y testarudos.


Adoptan modas de Internet


Adoptan las modas que se propagan por Internet en todo el planeta, desde los taquillazos estadunidenses como Los juegos del hambre o Divergente hasta el K-Pop coreano. Su vocabulario está lleno de acrónimos y de anglicismos.
Sus ídolos son estrellas de Internet, como el sueco PewDiePie, comentarista de videojuegos que tiene más de 30 millones de seguidores en YouTube.


Director del laboratorio de sicología del desarrollo y educación infantil del CNRS-La Sorbona y autor del libro Aprender a resistir, Houdé preconiza un aprendizaje adaptado a estas mutaciones.


–¿Es diferente el cerebro de los niños nacidos en la era digital?


–El cerebro es el mismo, pero los circuitos utilizados cambian. Frente a las pantallas, y en la vida en general, los nativos digitales tienen una especie de tren de alta velocidad cerebral que va del ojo al pulgar. Utilizan sobre todo una zona del cerebro, el córtex prefrontal, para mejorar esa rapidez de decisión y de adaptación multitarea ligada a las emociones. Sin embargo, esto se hace en detrimento de otra función de esta zona, más lenta, de distanciamiento, de síntesis personal y de resistencia cognitiva.


–¿A qué llama usted resistencia cognitiva?


–Hay tres sistemas en el cerebro humano. Uno es rápido, automático e intuitivo, altamente requerido en el uso de pantallas. El otro es más lento, lógico y reflexivo. Un tercer sistema en el córtex prefrontal permite arbitrar entre los dos primeros: el corazón de la inteligencia. Permite inhibir los automatismos del pensamiento cuando se hace necesaria la aplicación de la lógica o de la moral. Es la resistencia cognitiva. Inhibir es resistir. Los nativos digitales deben reaprender a resistir para pensar mejor.


–¿Cómo puede traducirse esto en la vida de los niños?


–Es un proceso de adaptación notable, de toma de distancia, que permite resistir las respuestas impulsivas. Pero la maduración de este proceso es lenta en el curso del desarrollo del niño y del adolescente. Por eso hay que educarlo y entrenarlo intensamente en el colegio. Es lo que yo llamo 'aprender a resistir', una pedagogía del control cognitivo. Nosotros lo hemos demostrado en el laboratorio, pero aún falta por demostrar sus aplicaciones en la escuela. Es útil para el razonamiento y la categorización, pero también para la lectura o las matemáticas.


–¿Y puede tener una utilidad social este mecanismo cerebral?


–Permite, por ejemplo, evitar decisiones absurdas, a veces de manera colectiva, en una empresa. Permite también resistir, en nuestras democracias, las creencias erróneas: las teorías del complot, por ejemplo, o estereotipos muy anclados. Y la resistencia cognitiva es también un factor de tolerancia. Permite la inteligencia interpersonal, es decir, la capacidad de callar su propio punto de vista para favorecer el del otro. Cuando los atentados de París llevan a hablar de 'desradicalización', de lo que se trata es de esa resistencia cognitiva. Educar el cerebro es enseñarle a resistir a su propia sinrazón. Un verdadero desafío para las ciencias cognitivas y para la sociedad actual.
Sumire, una joven de 18 años


Desde que se despierta, Sumire, una joven de 18 años, habla con sus amigas por Internet, ya sea durante las clases, mientras se baña e incluso en el retrete. Como la mayoría de jóvenes japoneses, está las 24 horas conectada, lo que preocupa cada vez más a los profesionales de la salud.


En cuanto tengo un momento, me conecto, desde que me levanto hasta que me acuesto. Supongo que me siento sola cuando no estoy en Internet, como desconectada, explica a la Afp.


En todas partes y en cualquier circunstancia, dialogo con amigos en línea, una aplicación de mensajería instantánea en la que 90 por ciento de los estudiantes de secundaria japoneses tienen una cuenta.


Según una investigación gubernamental de 2013, 60 por ciento de los alumnos de secundaria, que han tenido contacto con el mundo digital desde edad muy temprana, mostraban señales fuertes de adicción a Internet, cuando se ha disparado el uso de la red y se han multiplicado las pantallas (teléfonos inteligentes, tablets, etcétera).
Tecnoadictos


El problema preocupa a los profesionales de la salud. Estas prácticas tienen un impacto neurológico comparable al de la dependencia del alcohol o de la cocaína, según reveló un reciente estudio del centro de investigación sobre salud mental de Shanghai, que analizó datos cerebrales de jóvenes tecnoadictos. Incluso se ha creado una especialidad para desenganchar a los jóvenes de este opio digital.


La dependencia es más difícil de detectar. Con los teléfonos inteligentes, ya no es necesario encerrarse en una habitación (para acceder a un ordenador). Así que resulta más difícil darse cuenta de que alguien tiene un problema, explica el siquiatra Takashi Sumioka. El número de casos tratados por este especialista se triplicó entre 2007 y 2013.


Sumioka ofrece un programa de desintoxicación digital a los pacientes. Les pide que redacten un diario para ver hasta qué punto están sometidos a su teléfono inteligente y a su conexión a Internet. Se necesitan unos seis meses para lograr una curación, asegura.


Este tipo de obsesión está provocado por el temor de ser dejado de lado o incluso acosado en un grupo si no se responde con suficiente rapidez a los mensajes, advierte Sumioka.

Lunes, 17 Marzo 2014 05:57

El futuro

El futuro

El futuro de Estados Unidos se puede ver hoy en la generación de jóvenes más diversa en raza, cultura y origen, que para 2043 transformará este país en uno donde por primera vez los blancos pasarán a ser una minoría más, algo que invita cambios bienvenidos por muchos, pero que también asusta a otros y que en parte explica algunas de las tensiones políticas y sociales hoy día.

La llamada generación de los milenarios, como se ha apodado a los nacidos después de 1980, se distingue no sólo por su diversidad racial y/o étnica, sino también por lo que comparten entre sí, incluyendo una mayor desconfianza en instituciones políticas y sociales, como por crecer con la revolución cibernética y sus implicaciones, y por una visión más liberal en asuntos sociales, según registra una extensa investigación sobre ellos del Centro de Investigación Pew.

Según el análisis, los milenarios –de 18 a 33 años– se distinguen de generaciones anteriores por estar relativamente desvinculados de política y religión organizada, vinculados por medios sociales, aguantando una carga de deuda, desconfiados de la gente, sin prisa por casarse y optimistas sobre el futuro, resume Pew. También son la generación más racialmente diversa de Estados Unidos.


Según los sondeos de Pew, más de la mitad de los milenarios se describen como independientes en su política (o sea, ni demócratas ni republicanos ni de ningún partido) y 29 por ciento (3 de cada 10) dice no practicar ninguna religión. Estos son entre los niveles más altos de desafiliación política y religiosa jamás registrados para una generación en los 25 años que Pew ha hecho sondeos sobre estos temas.


Esta es una generación generalmente liberal, notable por su amplio apoyo a los demócratas y por posiciones liberales sobre una amplia gana de temas políticos y sociales, desde apoyo a un gobierno activista para promover bienestar social, como a favor del matrimonio gay, el matrimonio interracial, la reforma migratoria y la legalización de la mariguana, según Pew. Pero vale la pena señalar que no son muy diferentes a las generaciones más viejas en sus opiniones sobre el control de armas y el aborto.


Sin embargo, estas inclinaciones liberales los convirtieron en un sector clave en los triunfos de Barack Obama. Ahora también comparten los mismos niveles de desencanto que otras generaciones con el presidente.


A la vez, esta es la primera generación a la que se puede clasificar como nativos digitales. No se han tenido que adaptar al mundo cibernético, y a la vez son la vanguardia de esta nueva edad digital, incluyendo el uso de Internet, redes sociales y aparatos móviles con los cuales construyen sus relaciones de amigos, colegas y grupos de interés común.


La generación más diversa racialmente es resultado en parte del flujo inmigrante de latinos y asiáticos en las ultimas décadas –muchos son hijos nacidos aquí de éstos. Un 43 por ciento de los milenarios no son blancos –el nivel más alto de cualquier generación anterior. Hoy día, la mitad de los recién nacidos en este país son no blancos. Esta diversidad, indica Pew, explica en parte sus posiciones políticamente liberales.
Vale recordar que la Oficina del Censo de Estados Unidos calcula que la población estadunidense alcanzará un punto alrededor del año 2043, cuando la mayoría no será blanca por primera vez en la historia de esta nación.


Algunos observadores han repetido que la transformación que representa esta generación –sólo en términos demográficos y sociales– es parte de lo que nutre la ola antimigrante de los últimos años, así como movimientos ultraconservadores que buscan rescatar al país y que ven su fin en un futuro que cada vez se parece menos de su imagen (blanca, anglosajona y protestante) que ellos tienen de su país.


Esto también explica en parte la severa derechización de la política en entidades como Arizona y los estados del profundo sur, entre otros, donde las cúpulas políticas tradicionales se sienten amenazadas por los cambios generacionales y demográficos. Por ejemplo, varios analistas –y sólo la semana pasada un reportaje del Wall Street Journal– advierten que en un futuro cercano esto puede implicar que Texas, ahora bastión republicano conservador, se vuelva cada vez más demócrata como resultado de la combinación de cambios demográficos (sobre todo la presencia y participación de latinos) y generacionales.


Mientras tanto, los milenarios también enfrentan desafíos económicos y políticos. En el ámbito económico, viven en momentos de la peor desigualdad desde la gran depresión con una movilidad socioeconómica paralizada, para ellos, el sueño americano por ahora está anulado. A la vez, padecen altos índices de desocupación, empleos peor renumerados que los de generaciones anteriores y cambios dramáticos en el sector laboral, que incluye menos protección sindical. No sólo esto, sino que esta generación está aplastada por una carga de deuda estudiantil sin precedente (el total se calcula en más de un billón de dólares).


De lado político y social, es una generación que si no participó, creció en época de guerras interminables con el esquema de la guerra contra el terror que suprime expresiones de disidencia. Y como nativos digitales también son sujetos, bajo esta justificación de seguridad nacional, a la vigilancia electrónica y la anulación de la privacidad. También padece de una doctrina de educación –llamada reforma– que regresa a dar prioridad a un currículum definido por exámenes estandarizados donde se premia la docilidad y cumplimiento de lo ordenado. Cuando los jóvenes se han atrevido a expresarse en las calles –sea lo manifestado por Ocupa Wall Street o los Dreamers (jóvenes inmigrantes activistas), o contra abusos de autoridades– frecuentemente han sido víctimas de represiones violentas o intimidación judicial.


El futuro de este país dependerá en gran medida de si esta nueva generación logra superar todo esto para cumplir con su promesa de cambio.

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Siete retos para los jóvenes de América Latina


El tema que me han pedido desarrollar me parece muy procedente, porque junto al conocimiento y la confraternidad entre los participantes, las accione de solidaridad y demás actividades, estos Festivales son también espacios donde se examinan y debaten cuestiones fundamentales para los jóvenes que trabajan por la creación de un mundo de justicia y libertad para todos.


Quisiera exponer siete desafíos que a mi juicio deben enfrentar los jóvenes de América Latina y el Caribe. Sin dudas hay más retos, y la formulación general no puede tener en cuenta los ámbitos específicos que condicionan la identificación de las realidades, los modos de comprender y sentir, las contradicciones y los conflictos que se enfrentan, los objetivos e instrumentos que se privilegian. Además, seré sintético, como corresponde al tiempo disponible.


Primer reto. Los jóvenes tienen características generales en cuanto tales que no debemos olvidar nunca; ellas siempre son importantes, y pueden llegar a ser decisivas. Pero no existen los jóvenes en general. El primer reto parte de la realidad de que una gran parte de los jóvenes de nuestro continente se enfrentan todos los días al desafío de sobrevivir y encontrar un lugar en el mundo. Padecen hambre o carecen de alimentación suficiente, de servicios de educación y de salud, de empleo, y viven en familias precarias. Saben del trabajo infantil, de la delincuencia de los pobres, la prostitución y el consumo de drogas baratas. Esos jóvenes no están aquí, no conocen lo que hacemos ni nuestros escritos –muchos no podrían leerlos–, ni es probable que les interesen. No suelen votar, porque no sienten suya la política que existe en sus países. Por consiguiente, muchos pueden ser acarreados precisamente por los culpables de la vida que llevan, si les resuelven algunas de sus necesidades perentorias.


El primer reto ante nosotros es romper esa terrible división, que es una de las fuerzas mayores de los enemigos de la Humanidad. Debemos ir a ellos, conocerlos realmente en vez de creer que los representamos, acompañarlos en sus vidas y sus afanes, con el fin de ayudarlos a ser rebeldes y pelear por ideales, ganarnos el derecho a conducirlos en el prolongado y difícil proceso de cambiar sus vidas y las sociedades de explotación, desigualdades, exclusión y opresiones.


Segundo reto. Lograr combinar las tareas y las satisfacciones personales –el amor, el trabajo, el estudio, las inclinaciones particulares– con intereses cívicos, con la necesidad de conocer el mundo en que vivimos y sus problemas. Darles lugar en nosotros a ideales que hacen crecer las dimensiones humanas y brindan una riqueza personal que trasciende, y lograr gobernar la esfera de los egoísmos. Ir más allá de las reacciones esporádicas ante incidentes y los entusiasmos efímeros.


Tercer reto. Tomar conciencia de las claves fundamentales del sistema capitalista y la manera de vivir que genera, difunde y mantiene. Conocer sus hechos, sus instrumentos, su criminalidad despiadada, su conversión de los individuos en agresores entre sí y en indiferentes ante las desgracias ajenas. Conocer las funciones sociales de dominación que cumplen los atractivos que en realidad posee el capitalismo, y que ese sistema constituye un complejo orgánico, lo cual permitirá situarse mejor ante sus manifestaciones. Salir del control que ejerce su sistema de información, formación de opinión pública, entretenimiento y gustos. Pensar las contradicciones y los conflictos, y buscar sus causas. Pero no basta con conocer: en realidad los sentimientos que concentran energías y fomentan motivaciones, y que desatan actitudes y actuaciones, son tan importantes como las ideas y los conocimientos.


Cuarto reto. Vivir la conciencia que se está adquiriendo como un conjunto de ideales, convicciones e ideas que llevan a la actuación. Reunir las capacidades personales, la necesidad de participar en causas justas, los deseos de goces y satisfacciones, los impulsos de rebeldía, los conocimientos que se adquieren, para integrar con el conjunto a una joven o un joven consciente y rebelde.


Quinto reto. Darles permanencia a esas transformaciones conquistadas y convertirlas en guía de los juicios y motor de la actividad, tanto de la vida cotidiana como de las jornadas trascendentes. Es decir, aprender a luchar y a ser militante revolucionario.


Sexto reto. Poner una gran parte de sus esfuerzos, capacidades y sentimientos dentro del cauce de un colectivo, lo que implica ceder una parte del albedrío y de la libertad del individuo, al mismo tiempo que puede crear un instrumento organizativo que multiplique las fuerzas y las cualidades de cada uno y las posibilidades de victoria. Las organizaciones revolucionarias no son una panacea: sus realidades y su historia lo muestran claramente. Por eso, precisamente, no temer a entrar en ellas constituye un reto para los jóvenes revolucionarios, y aún mayor es el reto de no estar dentro de ellas para perder cualidades y asumir rituales vacíos, sino para contribuir a transformarlas en nuevas organizaciones capaces de ser realmente revolucionarias. El desafío está en comprender que la organización y la política son indispensables, y a partir de esa comprensión y la actuación consecuente inventar nuevas formas revolucionarias eficaces de hacer política.


Séptimo reto. Practicar la solidaridad como ley primera de los intercambios humanos y las relaciones sociales. Al actuar y pensar en política, el contenido concreto del medio en que cada uno viva y se mueva serán determinantes, y por consiguiente debe ser priorizado. Pero no podemos olvidar en ningún momento las cuestiones más generales, sus características y sus implicaciones, y los condicionamientos que pone a nuestra acción: tener en cuenta el movimiento en su conjunto. El capitalismo ha logrado universalizarse y universalizar su cultura, y esgrime con gran fuerza esos logros contra la humanidad y el planeta. Pero nos ha enseñado, primero, que podíamos tener dimensiones universales para enfrentarlo, y después, que solo universalizando nuestros combates contra él y por la creación de sociedades libres y justas seremos capaces de hacer permanentes nuestros logros y llegar, entre todos, a vencerlo.

Ser internacionalista es triunfar sobre un desafío vital. El colonialismo ha sido el modo criminal y devastador de mundializarnos del capitalismo, la liberación nacional antimperialista es la ley de la creación de nuevos seres humanos y de sociedades libres. La unión del patriotismo y el internacionalismo es el camino seguro para que ese proceso de creaciones no pueda ser detenido ni derrotado. Es forjar la dimensión que nos une a través y por encima de todas las diferencias y todas las fronteras.


Termino invocando a un individuo cuyo nombre y rostro son como un esperanto para nuestras lenguas y un denominador común para nuestros ideales, porque logró triunfar sobre todos los retos, ascender al escalón más alto de la especie humana y dejarnos a todos un legado invaluable de ejemplos, acciones y pensamiento. Ernesto –que poseía una belleza física y una inteligencia ostensibles– quiso ser profesional, como le era posible a un joven de su medio social, pero al mismo tiempo darse a los más desvalidos y curar leprosos en Perú o en África. Leyó novelas desde niño y filosofía y tratados políticos desde adolescente, albergó el deseo de conocer París, pero caminó a lo largo de su continente para conocer a los pueblos oprimidos y acendró una vocación de entregarse a ellos. Encontró una noche su destino con Fidel y la guerra cubana y supo tomar la decisión más importante antes de que amaneciera. Dio un prodigioso salto hacia delante mediante la práctica revolucionaria consciente y organizada, avance tan grande que hasta le cambiaron su nombre. El Che fue uno de los más grandes y amados dirigentes de la Revolución cubana, pero supo dejar sus cargos y volver al combate internacionalista, hasta dar su vida como comandante cubano y latinoamericano.


Recordemos su grandeza de revolucionario y su tranquilo optimismo cuando, a la hora de otra decisión trascendental de su vida, le escribió a Fidel, nos escribió a todos: hasta la victoria siempre.


*Intervención en la presentación de la Red de Redes En Defensa de la Humanidad, durante el 18º Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Quito, Ecuador, 12 de diciembre de 2013.
(Tomado de La pupila insomne)

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Martes, 23 Julio 2013 06:26

“Traer la voz de los jóvenes”

“Traer la voz de los jóvenes”

Son las once de la mañana en esta ciudad y el único fantasma que asusta es el calor: el termómetro marca 35 grados y el pronóstico no augura que eso vaya a cambiar. En el jardín del palacete de Linares funciona una confitería y, en una mesa a la sombra, el argentino Alejo Ramírez, secretario general de la Organización Iberoamericana de Juventud, ultima detalles para la ceremonia de presentación de la 1ª Encuesta Iberoamericana de Juventudes, que se llevará a cabo algunas horas más tarde en el auditorio del lugar. “Esta encuesta implica traer la voz de los jóvenes”, afirma Ramírez. En una de las esquinas más emblemáticas de Madrid, frente a la Fuente de Cibeles, se encuentra el Palacio de Linares, un edificio barroco del 1900 que, dice un mito popular, está habitado por los fantasmas de sus ocupantes originales, que murieron de forma trágica luego de una historia de amor prohibido. Sin embargo, no son espíritus los que recorren ahora los salones: allí funciona, desde hace dos décadas, la Casa de América, una institución dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores español, dedicada a estrechar lazos entre ambos lados del Atlántico.

 

El estudio sobre la juventud, que anticipó el domingo Página/12, es la conclusión del análisis de más de veinte mil encuestas en los veinte países de la región, y es el primero en su tipo. Entre preparativos, Ramírez dialogó con este diario acerca de los resultados de la encuesta y otros temas relacionados con la juventud, la participación política y los desafíos hacia futuro:

 

–¿Dónde reside la importancia de esta encuesta?

 

–Los estudios que se hacen sobre juventud en general van sobre lo que los jóvenes no tienen: indagan sobre la falta de empleo o la baja calidad educativa, indagan que no tienen paz, y nos parecía que hacía falta hacer un estudio en el que no se les pregunte si van o no van a la escuela, sino sobre cuáles son sus percepciones sobre esa realidad. No les preguntamos si tienen empleo, sino cuál es su visión sobre la cuestión empleo, amén de si son empleados, subempleados o desocupados. ¿Creen que el empleo es un camino para desarrollarse? ¿Lo ven como algo para toda la vida? Sus percepciones sobre la realidad. La sensación que tenemos es que los índices de desempleo, o los NINI, son importantísimos en términos sociodemográficos, pero terminan estigmatizándolos, afectando la percepción que tiene la sociedad sobre ellos. Esta encuesta implica traer la voz de los jóvenes y además empezar a hablar de otras cosas.

 

–Con los resultados en la mano, ¿qué fue lo que más llamó su atención?

 

–Hay tres cosas que me sorprendieron. Uno, es el optimismo. Me sorprendió que el 70 por ciento de los jóvenes crea que va a estar mejor de acá a cinco años. El segundo tema es Brasil, que pareciera estar jugando a otro juego y se diferencia del resto en casi todo. El tercer tema es que los jóvenes se han mostrado más conservadores de lo que creía en temas como aborto o marihuana.

 

–¿Cómo interpreta el hecho de que los jóvenes españoles, en un contexto de crisis, parezcan tan optimistas como los latinoamericanos?

 

–Esta encuesta habla de que los contextos de crisis económica no son determinantes respecto de las expectativas de futuro y hay otras variables “blandas”, como puede ser el acceso a la salud o la percepción respecto de la ecología. Ahí yo creo que está el hallazgo del índice: que no se basa solamente en datos duros, no es sólo comparar PIB o acceso a la educación o la vivienda, sino también entran otras variables en juego. Todavía hay que profundizar ese análisis para entenderlo mejor.

 

–¿Qué lectura hace de la irrupción de la juventud como un actor político en algunos países de la región?

 

–Nuestro análisis de la juventud, desde la OIJ, está basado en tres palabras: la juventud es compleja, es diversa y es desigual. Es compleja, porque hay paradojas: es la generación más formada y a la vez la que más desempleados tiene, es global pero también migra; es diversa porque las realidades son muy distintas, entre el campo y la ciudad, el que tiene acceso a la educación universitaria y el que no, que más que una juventud se puede hablar de juventudes, y el tercer punto tiene que ver con la desigualdad que es un eje transversal que atraviesa a toda la juventud. En ese contexto, mi análisis es que los gobiernos del Cono Sur han comprendido mejor que nadie eso, y desde ahí han planteado un vínculo muchas veces directo entre los jefes de Estado y las juventudes. Primero se comprendió y después se dialogó. No se fue sobre lugares comunes. Se abrieron canales de participación y de comunicación y eso se plasma no solamente en dejar algunos cargos clave en manos de jóvenes sino también en políticas públicas.

 

–¿Cuáles son las políticas públicas más efectivas en relación con la juventud?

 

–En el caso de Brasil, se destacan dos: el ProJoven, sobre capacitación laboral y acceso a empleo, y el ProUni, un programa revolucionario que permitió un aumento tremendo en el acceso de los jóvenes a la universidad. En el caso de Uruguay, Compromiso Educativo y el Plan Ceibal son dos planes estupendos. En el caso de la Argentina, Conectar Igualdad y la Asignación Universal, que si bien no es un programa específicamente juvenil, ha revalorizado el rol del joven en la familia. Esas son iniciativas destacables porque parten de la premisa de que no solamente es necesario invertir en los jóvenes sino que en ese proceso los jóvenes tengan protagonismo.

 

–¿Por qué en estos países puede verse tanta resistencia hacia la emergencia de la juventud como actor político?

 

–Yo creo que en el fondo lo que se estigmatiza no es la juventud sino las ideas y proyectos que están llevando adelante. En el caso de Argentina, particularmente, no es un problema con los jóvenes, sino con las políticas que están llevando adelante. Cuando se tocan determinados intereses, así lo hagan jóvenes o viejos, se va a atacar a los que llevan esa bandera, porque no pueden discutir las políticas de fondo.

 

–El título de la encuesta es “El futuro ya llegó”. Entonces, ¿qué viene después?

 

–Más allá de las políticas públicas, el desafío es integrarlas y volverlas más transversales. Nuestros países necesitan organismos de juventud que estén en un lugar políticamente clave y desde ahí se articule con el resto de las áreas del gobierno. No podemos tener el área de juventud encerrada en la órbita de un ministerio determinado. Tienen que tener una mirada panóptica y desde ahí articular. Creo que es necesario en esta etapa usar más las orejas que la voz, escuchar lo que los jóvenes están planteando: hoy en muchos aspectos los jóvenes están un paso más allá que los gobiernos y eso es algo positivo.

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Lunes, 18 Abril 2011 09:24

Cuba. Los Debates del Congreso

Escuché hoy domingo, a las 10 de la mañana, los debates de los delegados al Sexto Congreso del Partido. Eran tantas las Comisiones que, como es lógico, no pude escuchar a todos los que hablaron.

Se habían reunido en cinco Comisiones para discutir numerosos temas. Desde luego que yo también aprovechaba los recesos para respirar con calma y consumir algún portador energético de procedencia agrícola. Ellos seguramente con más apetito por su trabajo y su edad.

Me asombraba la preparación de esta nueva generación, con tan elevado nivel cultural, tan diferente a la que se alfabetizaba precisamente en 1961, cuando los aviones yankis de bombardeo, en manos mercenarias, atacaban la Patria. La mayor parte de los delegados al Congreso del Partido eran niños, o no habían nacido.

No me importaba tanto lo que decían, como la forma en que lo decían. Estaban tan preparados y era tan rico su vocabulario, que yo casi no los entendía. Discutían cada palabra, y hasta la presencia o la ausencia de una coma en el párrafo discutido.

Su tarea es todavía más difícil que la asumida por nuestra generación cuando se proclamó el socialismo en Cuba, a 90 millas de Estados Unidos.

Por ello, persistir en los principios revolucionarios es, a mi juicio, el principal legado que podemos dejarle. No hay margen para el error en este instante de la historia humana. Nadie debe desconocer esa realidad.

La dirección del Partido debe ser la suma de los mejores talentos políticos de nuestro pueblo, capaz de enfrentarse a la política del imperio que pone en peligro a la especie humana y genera gansters como los de la OTAN, capaces de lanzar en solo 29 días, desde el inglorioso "Amanecer de la Odisea", más de 4 mil misiones de bombardeo sobre una nación de África.

Es deber de la nueva generación de hombres y mujeres revolucionarios ser modelo de dirigentes modestos, estudiosos e incansables luchadores por el socialismo. Sin duda constituye un difícil desafío en la época bárbara de las sociedades de consumo, superar el sistema de producción capitalista, que fomenta y promueve los instintos egoístas del ser humano.

La nueva generación está llamada a rectificar y cambiar sin vacilación todo lo que debe ser rectificado y cambiado, y seguir demostrando que el socialismo es también el arte de realizar lo imposible: construir y llevar a cabo la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, y defenderla durante medio siglo de la más poderosa potencia que jamás existió.

Fidel Castro Ruz
Abril 17 de 2011
8 y 33 p.m.


Se romperá el modelo vertical: Raúl Castro


La Habana, 17 de abril. La reforma cubana rebasa la economía e implicará decisiones políticas de largo alcance, como la ruptura del modelo vertical que concentra en pocas manos la dirección de las empresas, el Estado y el partido único, para construir, en cambio, un sistema regido por instituciones, según el informe que presentó el sábado el presidente Raúl Castro.

Al iniciarse el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), Castro esbozó una transición gradual del Estado, que busca relaciones más horizontales, y que junto con la apertura económica pone a la isla en el campo de los regímenes socialistas que se reformaron, como China y Vietnam, y la separa del escenario de colapso en el que se hundieron la Unión Soviética y Europa del Este.

"Estamos convencidos de que lo único que puede hacer fracasar a la revolución y el socialismo en Cuba, poniendo en riesgo el futuro de la nación, es nuestra incapacidad para superar los errores que hemos cometido durante más de 50 años y los nuevos en que pudiéramos incurrir", dijo Castro.

Sin embargo, el presidente cubano estuvo consciente de que enfrentará una resistencia interna y por ello pidió reaccionar con sentido común "ante las violaciones y la disciplina de todos, en primer lugar de los cuadros de dirección", cambiar la mentalidad y "dejar de lado el formalismo y la fanfarria".

Separación de funciones

La clave de la reforma institucional está en la "separación precisa" de funciones entre las empresas, la administración pública y el partido único, señaló el mandatario, "asunto que por décadas se ha visto plagado de confusiones e improvisaciones".

Se trata también, agregó el presidente, "de despojar para siempre al partido de todas las actividades no propias de su carácter de organización política, en pocas palabras, liberarse de funciones administrativas y dedicarnos cada quien a lo que nos toca". Así podrá ejecutarse la "paulatina descentralización de facultades, desde el gobierno central hacia las administraciones locales y desde los ministerios y otras entidades nacionales en favor de la autonomía creciente de la empresa estatal socialista".

Esa línea pondría punto final a la práctica en la que han vivido generaciones enteras de cubanos, según la cual el PCC es una especie de poder fáctico de decisión o veto hasta en los más pequeños conglomerados, y los gerentes de empresas y funcionarios públicos de cualquier nivel tienen que subordinarse a la opinión partidaria.

Durante años, el PCC "se vio involucrado en tareas que no le corresponden, limitando y comprometiendo su papel", señaló Castro, y de inmediato puso un ejemplo de corrección: ya se está reduciendo "sustancialmente" el catálogo de nombramientos en cargos públicos nacionales, provinciales y municipales que hasta ahora tenía que aprobar el partido, para entregarle esa facultad a los ministerios y empresas.

A menudo el mandatario leyó citas de Fidel Castro de décadas atrás, para ilustrar cómo ciertas decisiones se tomaron, pero la práctica fue distinta. Raúl repitió el ejercicio en este caso, recordando un discurso de su hermano mayor, de hace 49 años, en el que se reclamaba la separación de funciones entre un ministro, un administrador y el partido único. Luego el presidente cubano sacó de la gaveta otra resolución, esta vez del PCC, de 1973, exactamente en la misma dirección.

Recordó que los acuerdos de los congresos partidistas suelen quedarse en el papel y anticipó candados para impedir que su proyecto corra la misma suerte. Habrá una comisión, que le reportará directamente al mandatario, para dar seguimiento a la reforma y preparar los cambios jurídicos indispensables y las enmiendas a la Constitución. Castro anunció que el PCC celebrará una conferencia nacional en enero de 2012, para revisar su vida interna

La construcción de un país de instituciones ya ha empezado, según la reseña de Castro, que recordó medidas recientes que reglamentan el funcionamiento del gobierno en varios niveles y la política de defender el valor de los contratos, las obligaciones de pago y cobro y la eliminación del exceso de reuniones de todo tipo.

Sesiona el congreso

El congreso sesionaba el domingo a puerta cerrada en cinco comisiones. El documento de base, el Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social, estaba siendo reconstruido, según el informe de Castro.

De 291 lineamientos originales, el 68 por ciento resultaron reformulados en la discusión nacional –entre diciembre y febrero pasados– y resultaron 311, reportó el mandatario. Algunas iniciativas no se reflejaron en la versión que discuten ahora los mil delegados, por diversas causas. Castro puso el ejemplo de 45 personas que pidieron autorizar la concentración de la propiedad, lo cual se desechó por "entrar en abierta contradicción con la esencia del socialismo".

Los puntos particulares más debatidos fueron la libreta de abastecimiento alimentario, la política de precios, el transporte de pasajeros, la educación, la unificación monetaria y la calidad del sistema de salud, añadió.

No tenemos una generación experta que entre al relevo, admite gobierno cubano


La Habana, 17 de abril. El presidente Raúl Castro reconoció que no existe una generación con experiencia y madurez que remplace a la máxima dirigencia cubana en el gobierno, el Estado y el partido único.

"A pesar de que no dejamos de hacer varios intentos para promover jóvenes a cargos principales, la vida demostró que no siempre las selecciones fueron acertadas", señaló Castro en la apertura del sexto congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) el sábado.

"Hoy afrontamos las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados" y será necesario solucionar el relevo durante los próximos cinco años, añadió el mandatario.

Castro deploró la "falta de rigor y visión que abrieron brechas a la promoción acelerada de cuadros inexpertos e inmaduros a golpe de simulación y oportunismo, actitudes alimentadas también por el erróneo concepto de que para ocupar un cargo de dirección se exigía, como requisito tácito, militar en el Partido o la Juventud Comunista".

El presidente cubano fue particularmente crítico al señalar la falta de promoción a cargos de primera línea en el PCC de mujeres, negros, mestizos y jóvenes, "sobre la base del mérito y las condiciones personales".

Apuntó que "no haber resuelto este último problema en más de medio siglo es una verdadera vergüenza, que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años", porque eran decisiones aprobadas por todos los congresos anteriores del PCC.

El sexto congreso concluirá el martes próximo, con la elección de un nuevo Comité Central, que elegirá entre sus miembros al Buró Político, el órgano ejecutivo permanente de la organización. Se espera que Raúl Castro sea elegido primer secretario, en remplazo de su hermano Fidel, quien se mantiene en el cargo desde la fundación del PCC, en 1965.

El actual Comité Central fue electo en el quinto congreso, en 1997 y originalmente tenía 150 integrantes, que a la fecha se han reducido a 125. El Buró Político tenía 24 miembros, que ahora son 19.

Raúl Castro dijo que como parte de la reforma tendrá que cambiar el funcionamiento de los órganos dirigentes del PCC, del Estado y del gobierno, "al tiempo que se garantice el rejuvenecimiento sistemático en toda la cadena de cargos administrativos y partidistas, desde la base hasta los compañeros que ocupan las principales responsabilidades, sin excluir al actual presidente de los Consejos de Estado y de Ministros ni al primer secretario del Comité Central que resulte electo en este congreso".

En ese punto expuso su iniciativa de limitar a dos periodos consecutivos de cinco años el ejercicio de "los cargos políticos y estatales fundamentales", aunque no elaboró más sobre el tema.

Fidel Castro retuvo durante décadas las posiciones principales en las fuerzas armadas, el gobierno, el Estado y el partido único. Era comandante en jefe desde la guerrilla de los 50 y mantuvo el rango al convertirse el Ejército Rebelde en las actuales Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El líder cubano ha aparecido en público en uniforme militar sin las insignias de comandante en jefe, pero todavía se le llama en público con ese rango. Por mandato constitucional, el jefe supremo de las fuerzas armadas es el jefe de Estado, en este caso Raúl Castro, quien, sin embargo, aún se mantiene con su antigua posición de general de ejército, segunda en el escalafón castrense.

Como jefe de gobierno, Fidel Castro fue designado primer ministro y se mantuvo en el puesto hasta la aparición de nuevas instituciones en 1976, cuando se convirtió en presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros (jefe de Estado y de gobierno).

En febrero de 2008 el parlamento designó a Raúl Castro como jefe de Estado y de gobierno.

Fidel estuvo al frente del Movimiento 26 de Julio, la fuerza política que encabezó la insurrección de los años 50. Tras el triunfo de la revolución, el líder fue también el máximo dirigente de dos agrupaciones temporales de coalición, las Organizaciones Revolucionarias Integradas y el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba, que finalmente se convirtió en el actual PCC.
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