La ONG israelí B’Tselem desnuda el apartheid y "supremacía judía" del río Jordán al Mediterráneo

 Mucho antes que el demoledor reporte de Human Rights Watch (https://bit.ly/3vcH58x) y la inquietante declaración del canciller francés Jean-Yves Le Drian (https://bit.ly/3fO6wXs), sobre el apartheid del gobierno del saliente premier Benjamin Netanyahu, la ONG israelí B’Tselem (a imagen de Dios, en hebreo), con sede en Jerusalén y filial en Washington DC, se había atrevido a publicar su sonoro reporte a principios de este año: U n régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo: Esto es apartheid (https://bit.ly/3umTllN).

No faltarán perfeccionistas que critiquen que B’Tselem se tardó 32 años, cuando muchos ya habíamos denunciado desde hace bastante tiempo el flagrante apartheid y neo-malthusianismo demográfico de Israel para atomizar y segregar a 6 millones de palestinos que todavía quedan del río Jordán al mar Mediterráneo (https://youtu.be/fr7FGtv6eek).

B’Tselem se dio a conocer hace ocho años por su reporte La política israelí en el área C en Cisjordania (https://bit.ly/3uyzike). El "área C" aludida abarca más de 60 por ciento (sic) de Cisjordania, totalmente bajo control militar de Israel, donde han asentado sus reales 400 mil colonos supremacistas judíos –sin contar los más de 200 mil colonos israelíes que han despojado a los palestinos autóctonos en 12 barrios de Jerusalén Oriental, Al-Quds, y de la que buscan su judaización total.

La aplastante mayoría de los colonos israelíes son ashkenazis: jázaros de origen mongol centroasiático conversos a la religión judía, según Shlomo Sand, historiador emérito de la Universidad de Tel-Aviv (https://amzn.to/3vmqq2x), y Arthur Koestler, autor de La decimotercera tribu (https://amzn.to/34q34No).

El explosivo reporte de B’Tselem no dista mucho de mi anatomía sobre "Las cuatro Palestinas" (https://bit.ly/3v3h1fW) y "Los cuatro subtipos de palestinos" (https://bit.ly/3whsQPX): “el régimen israelí ha dividido la zona en varias unidades ( sic) que define y gobierna en forma diferente. División relevante sólo para palestinos.

El espacio geográfico, contiguo al de los judíos, es un mosaico (sic) fragmentado para los palestinos como se aprecia en Conquista y divide; (https://bit.ly/3fA8aNP).

Según el perturbador reporte,“Israel otorga a los palestinos un diferente paquete (sic) de derechos en cada unidad –que son inferiores (sic) comparados a los derechos de los judíos–, cuando "el objetivo del supremacismo (sic) hebreo es avanzar en forma diferente en cada unidad" mediante "cuatro métodos": 1) Restringir la migración a los no-judíos y enajenar los terrenos palestinos para la construcción de comunidades judías. 2) Relegar a los palestinos a pequeños enclaves de ultra-centrifugación demográfica de hacinamiento antihigiénico. 3) Restricciones drásticas al movimiento de los palestinos no ciudadanos. 4) Negación de los derechos políticos.

La masiva inmigración de judíos a Palestina inició en 1882. Ya hace 13 años, Jewish Agency and Absorption Ministry (https://bit.ly/3p47G5p) señaló que desde 1948 (creación de Israel) más de 3 millones de "olim (migrantes)" de más de 90 ( sic) países –cuya mayoría provino de la ex Unión Soviética– se instalaron en Israel y en los territorios colonizados (https://bit.ly/3fwXPSJ).

B’Tselem toca un punto nodal sobre la selectiva inmigración a Israel que es legalizada "únicamente para judíos", en detrimento de los palestinos autóctonos” cuando la permisividad selectiva a judíos contrasta con la discriminación a los palestinos. LA ONG pone el dedo en la llaga sobre la Ley Básica de Israel (https://bit.ly/3wFpUN9), que consagra la supremacía del Estado judío por encima de los indefensos palestinos carentes de derechos ciudadanos, no se diga humanos.

Desde hace 73 años, la crono-demografía enfatiza la "guerra demográfica" y neo-malthusiana en curso: llegada masiva de la ex Unión Soviética de más de 3 millones de migrantes jázaros ashkenazis no-semitas a Israel, mientras han sido expoliados 6 millones de palestinos autóctonos, arrumbados en los países aledaños a Israel.

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El ejército colombiano asesinó a 6402 civiles 

Mil quinientos militares las presentaron como muertes en combate entre 2002 y 2008

Del trabajo de la Jurisdicción Especial para la Paz se desprende que la cifra de víctimas es el triple de lo que se creía. Casi todas las muertes ocurrieron durante la presidencia de Álvaro Uribe. 

 

El mecanismo de Justicia colombiano que investiga los crímenes cometidos en el conflicto entre el Estado y los grupos armados elevó a 6.402 el número de civiles asesinados por militares y presentados como combatientes entre 2002 y 2008. Los llamados "falsos positivos", que constituyen uno de los capítulos más oscuros del conflicto interno que arrastra Colombia desde la década del 60, involucran a unos 1.500 militares. Del trabajo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) se desprende que la cifra de víctimas es el triple de lo que se creía y que durante la presidencia de Álvaro Uribe se registró el 78 por ciento del total de esas muertes. 

Aunque el alto mando militar siempre negó que se tratara de una práctica sistemática, algunos oficiales y soldados ya confesaron su participación en los crímenes. De todas formas, el tribunal de paz todavía no emitió ninguna condena desde su entrada en funcionamiento en 2018. "Esperamos que este ejercicio permita identificar a los máximos responsables, es decir a quienes diseñaron la estrategia y dieron la orden para que las unidades militares la implementaran de manera sistemática y atroz", declaró a Página/12 Luis Alfonso Castillo, vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE).

El Caso 03 está caratulado como "Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes de Estado". Al empezar a indagar en este terreno, la JEP recibió un informe de la Fiscalía General que cifraba en 2.248 los falsos positivos. Sin embargo, este mecanismo especial de justicia ahora reconoce que las ejecuciones extrajudiciales triplican ese número. 

"La JEP establece que por lo menos 6.402 personas fueron asesinadas para ser presentadas como bajas en combate en todo el territorio nacional entre 2002 y 2008", planteó este jueves la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad del tribunal que investiga el caso."No deja de inquietar la gran diferencia entre las cifras proporcionadas por el gobierno y los hallazgos de la JEP", aseguró Castillo. "Sin embargo, las ejecuciones extrajudiciales fueron parte de una política impartida por las fuerzas militares colombianas a lo largo y ancho del país", agregó el vocero del MOVICE.

Los falsos positivos salpican a alrededor de 1.500 militares que engañaban a los civiles para asesinarlos y presentar mejores resultados a sus superiores en medio de un combate encarnizado con la guerrilla. De esta forma obtenían permisos, premios y otros beneficios. Las víctimas de esa maquinaria macabra fueron inicialmente habitantes de zonas rurales de 29 de los 32 departamentos del país, aunque posteriormente el fenómeno se replicó en zonas urbanas, personas en situación de calle, trabajadores informales e incluso discapacitados.

Entre las más de 220 diligencias de la JEP en este caso declararon el general retirado Mario Montoya Uribe, excomandante del Ejército y el general retirado Paulino Coronado, así como 51 soldados, 38 suboficiales, 32 oficiales subalternos, 10 oficiales con rango de Mayor y 7 con rango de coronel. Gracias a estas diligencias el tribunal de paz pudo recuperar los cuerpos de 71 personas que fueron presentados como bajas en combate por parte de agentes del Estado en el departamento de Antioquia.

El 17 de febrero de 2020 la JEP entregó a sus familiares el cuerpo de Edison Lezcano Hurtado, un joven agricultor y padre de 23 años, el primero en ser identificado de los restos exhumados en el cementerio Las Mercedes de Dabeiba, Antioquia. Además, el pasado 10 de noviembre los restos de otras cuatro víctimas del conflicto armado, entre ellas dos menores de edad, fueron entregados por la JEP a sus familiares.

Tras la nueva cifra de falsos positivos aportada por la justicia colombiana, la imputación de cargos y responsabilidades se iniciará por los mandos medios, es decir por los que habrían ejecutado estos delitos. Luego se pasarán a los altos mandos militares, que habrían ordenaron las ejecuciones extrajudiciales. Alejandro Restrepo, coordinador del área de investigación de la Fundación Paz y Reconciliación, confía en que la JEP "pueda avanzar en el esclarecimiento de la responsabilidad judicial" pese a que el tribunal de paz "tiene una batalla muy difícil que librar contra los sectores que hoy están en el gobierno y han emprendido una guerra directa contra los procesos de justicia".

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En el centro de Santiago se manifestaron ayer integrantes de comunidades mapuches que exigieron la libertad de sus líderes y en repudio al racismo, al cumplirse 528 años de la llegada de Cristóbal Colón al continente. La movilización culminó con disturbios por la participación de encapuchados.Foto Afp

Desde Chile hasta la costa este de EU se reportaron marchas, pintas y derribo de estatuas

 

Santiago. A lo largo del continente, desde Chile pasando por Brasil, Venezuela, Colombia, Nicaragua hasta la costa este de Estados Unidos, movilizaciones indígenas marcaron ayer el 528 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América.

En Chile, donde la fecha se celebra como el Día del Descubrimiento de Dos Mundos y es feriado, se reportaron protestas de organizaciones mapuches en todo el país.

Cientos de indígenas se concentraron en la Plaza Dignidad de Santiago para exigir la libertad de sus líderes, entre los que se encuentra el machi Celestino Córdova, condenado a 18 años de prisión por la muerte de un matrimonio, a quien los mapuches consideran un preso político.

Vestidos con sus tradicionales trajes los mapuches se manifestaron "por los presos políticos, contra el racismo y la colonización", en una protesta que se repite cada año y que concentra en la capital a los dirigentes de diversas comunidades.

La manifestación inició su avance por la avenida Alameda –principal arteria de la capital chilena–, donde encapuchados incendiaron paraderos del transporte público, destruyeron señales de tránsito y lanzaron piedras a las fuerzas antidisturbios, según imágenes de Afptv.

Los agentes respondieron con gas lacrimógeno y chorros de agua para replegar a los manifestantes.

La protestas en la capital chilena se llevan a cabo en esta fecha cada año en apoyo a los mapuches, la mayor etnia del país, que mantiene un conflicto histórico con el Estado, al cual demanda tierras en el sur del territorio, las cuales consideran propias por derecho ancestral y que las autoridades entregaron a capitales privados, principalmente empresas madereras.

La mayoría de las comunidades mapuches se encuentran en la región de la Araucanía (sur), donde se han llevado a cabo ataques incendiarios a predios privados y camiones, que han sido reivindicados por grupos extremistas que apoyan las demandas de los mapuches, pero donde también se han realizado autoataques para cobrar seguros.

La protestas se recrudecen a una semana de que se cumpla un año del estallido social, y mientras los chilenos se preparan para el crucial plebiscito del 25 de octubre para decidir si se cambia la actual Constitución, heredada de la dictadura de Augusto Pinochet, que duró de 1973 a 1990.

En Colombia, donde también es feriado el Día de la Raza, cientos de indígenas de la zona del Jamundí, en el Valle del Cauca, en el suroeste del país, marcharon en las primeras horas de ayer hacia el sur de Cali con la exigencia de que los reciba el presidente Iván Duque y se mostraron decididos a continuar hoy su camino hacia Bogotá si el mandatario no se reúne con ellos. Exigen que cese la violencia contra las comunidades indígenas, la plena implementación del acuerdo de paz firmado en 2016 con la desarticulada guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, así como el derecho a ser consultados acerca de la realización de megaproyectos en sus territorios.

Mientras, en el Día de la Resistencia Indígena, como se le llama en Venezuela, el presidente Nicolás Maduro exhortó al rey de España, Felipe VI, a dejar de celebrar el 12 de octubre como una fiesta nacional y en su lugar pida perdón a América Latina por el genocidio indígena.

"Al rey Felipe VI le hago un llamado para que reflexione como hombre joven del siglo XXI y haga una rectificación histórica y le pida perdón a las madres, a los padres, a los hijos, a los nietos, y a aquellos hombres y mujeres de los pueblos indígenas que fueron arrasados durante tres siglos por el colonialismo español", señaló Maduro.

En Bolivia no es feriado, pero el festejo por el Día de la Descolonización en el Estado Plurinacional incluyó diversas expresiones, como la pinta con que amaneció ayer la estatua de Cristóbal Colón en La Paz.

"El monumento en el centro de la ciudad andina tiene pintura roja en distintas partes y una calavera con una cruz encima. El nombre de Colón aparece tachado en el monumento de mármol", informó el canal televisivo Cable Noticias.

Con celebraciones y protestas de menor porte, el resto de América celebra el Día de la Raza en Paraguay y El Salvador, el Día de la Resistencia Indígena en Guatemala, el Día de la Resistencia Indígena, Negra y Popular en Nicaragua, el Día de la Identidad y la Diversidad Popular en República Dominicana y el Día de las Américas en Uruguay.

Otros países vinculan la celebración del descubrimiento con el desarrollo cultural.

En Perú se celebra el Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural; en Costa Rica, el Día de las Culturas y en Ecuador el Día de la Interculturalidad.

Panamá, Cuba y Brasil no lo celebran, pero en este último país también es feriado, ya que se festeja el Día de la Virgen Aparecida, con celebraciones religiosas que reúnen a miles de personas en la ciudad de Sao Paulo.

En Portland, Oregon, manifestantes derribaron el domingo por la noche estatuas de los ex presidentes Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln, como parte de "una declaración de ira" por la celebración del Día del Descubrimiento de América, conocido ahí como Día de Colón.

Los inconformes rodearon con cadenas la estatua de Roosevelt. Lanzaron pintura roja sobre la figura y empezaron a utilizar un soplete en la base de la estatua, reportaron algunos medios.

La multitud derribó la estatua poco después de las 21 horas. El grupo se dirigió entonces a la estatua de Lincoln, que derribó unos ocho minutos después.

Los manifestantes escribieron "Dakota 38" en la base de la estatua de Lincoln, en referencia a los 38 hombres dakotas a los que autorizó ahorcar tras un conflicto con colonos blancos en Minnesota.

Tras derribar las estatuas, los manifestantes rompieron las ventanas de la Sociedad Histórica de Oregon y más tarde fueron a la oficina de Seguridad Pública del campus de la Universidad Estatal de Portland.

Otras estatuas fueron derribadas en el contexto de las protestas desatadas tras la muerte el 25 de mayo de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis.

No se informó si hubo detenciones, pero el presidente Donald Trump aprovechó la ocasión y en un tuit pidió ayer: "pongan a estos animales en la cárcel ahora" y advirtió sobre "activistas radicales" que buscan manchar el legado de Colón.

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¿Celebrar el 12 de octubre? "Fue un proceso del cual nadie se debería sentir orgulloso"

 

En España se celebra el 12 de octubre como el Día Nacional o el Día de la Hispanidad. Pero en el otro lado del Atlántico esta fecha tiene un significado diametralmente opuesto: es un día de conmemoración, dolor y resistencia porque marcó el inicio de siglos de despojo y saqueos.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano resumía el proceso de colonización de América Latina así:

"Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: 'cierren los ojos y recen'. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia".

Se calcula que desde que el 12 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a América, creyendo que había llegado a las Indias, aproximadamente 56 millones de indígenas murieron.

Desde esa fecha hasta un siglo después, entre un 75% y un 80% de la población indígena que existía en el momento, perdió la vida. Una parte murió masacrada, otros debido a tratos crueles y otros más debido a enfermedadesimportadas desde Europa para las que los pueblos originarios no tenían inmunidad.

Algunos autores también han estimado que con las toneladas de oro y plata que se llevaron de América Latina "se pudo construir un puente desde Potosí a España, también se pudo construir un puente de huesos con los miles de millones de nuestros abuelos que murieron en las minas", como lo recordó y denunció en 2007 el entonces canciller boliviano, David Choquehuanca.

A 528 años de la conquista de América aún es mucha la polémica que genera este episodio de la historia, que algunos científicos sociales no han dudado en denunciar como uno de los mayores etnocidios que haya vivido la humanidad.

Sputnik conversa sobre este tema con el antropólogo húngaro-venezolano, Esteban Emilio Mosonyi, Premio Nacional de Cultura de Venezuela en 1999 y uno de los más reconocidos investigadores en el área de la lingüística indígena latinoamericana; con Ronny Velásquez, antropólogo hondureño-venezolano, cuyas investigaciones han tenido amplio reconocimiento internacional; y con el periodista mexicano del diario La Jornada, Luis Hernández Navarro, especializado en temas indígenas y latinoamericanos.

—¿El 12 de octubre hay algo que celebrar?

—Esteban Emilio Mosonyi: Conmemorar sí porque se introdujo, para bien o para mal, un cambio objetivo en la historia que, de alguna manera, hay que saber entender e interpretar, por eso que conmemorar sí. Ahora, celebrar, no. Celebrar sería si solamente algo positivo o algo bueno hubiera dejado, donde nadie sufrió, donde solo fue un ganar y ganar, pero esto no fue precisamente lo que pasó.

—Luis Hernández Navarro: No hay nada que celebrar. Es una fecha para conmemorar lo que fue simultáneamente un proceso de colonización, un proceso de aniquilamiento de los pueblos indígenas, pero también de su resistencia. Lo que acaban de decir los zapatistas con mucha claridad es que no nos conquistaron, la resistencia sigue. Creo que para América Latina ese es el sentido profundo de esta fecha.

—Ronny Velásquez: No hay nada que celebrar. Por eso en Venezuela en el año 2002 se aprobó llamar ese día como el Día de la Resistencia Indígena. No hay nada que celebrar porque fue un dolor, un desespero lo que vivieron nuestros pueblos. A nuestros indígenas los agarraron de esclavos, los metían a las minas a trabajar, sin importar si se morían, si se ahogaban en el mar sacando perlas, como ocurrió en la isla de Cubagua en Venezuela, no les importaba que se murieran en los socavones mientras sacaban el oro o la plata del Potosí en Bolivia.

—¿Cómo se ve desde América Latina la celebración del 12 de octubre que todos los años se hace en España?

—Luis Hernández Navarro: Es la imagen de una fiesta a la que no estamos invitados. Muestra que España, como reino, sigue pensando que América Latina es su colonia y que tienen derecho para intervenir de cualquier manera, como lo hemos visto en sus intervenciones empresariales, diplomáticas en distintos países. Mantienen viva la mentalidad colonial. Recordemos que ese proceso fue realmente un genocidio. La viruela causó estragos frente a las poblaciones indígenas, se destruyeron religiones, culturas, formas de ver el mundo, lenguas. La colonización fue un proceso del cual nadie se debería sentir orgulloso. Si se reivindica eso, debería ser el motivo para sentirse culpable. Es seguir manteniendo viva esa relación colonial que justifica las barbaridades que se han venido cometiendo.

—Hasta hace poco también en América Latina se celebraba el 12 de octubre como el Día de la Raza, como luego se demostró que no existían razas, entonces se cambió al "Día del encuentro entre los dos mundos". ¿Fue un encuentro?

Esteban Emilio Mosonyi: Pudo haberlo sido en el caso de que los europeos hubiesen llegado con buenos propósitos, sin esclavizar, sin explotar, sin matar, sin obligar a cambiar de religión, de ideología, etc. Si hubieran llegado en esa tónica perfectamente habría sido la visita de un continente a otro, así como un equipo de fútbol visita a otro equipo. Pudo haber sido, pero lamentablemente fue todo lo contrario, y condujo a una cifra absolutamente elevada de muertes humanas y la supresión, la desnaturalización de muchas culturas y civilizaciones que estaban en pleno apogeo, en plena configuración en nuestro continente. Lamentablemente eso no pudo seguir pasando porque se impusieron otras ideas, otra manera de vivir.

—Y ¿qué pasó a partir del 12 de octubre de 1492?

—Esteban Emilio Mosonyi: Lamentablemente, la conquista europea, incluyendo la española y otras, como la inglesa y la holandesa, condujo a una desaparición prematura, a una transformación excesiva de una cantidad de poblaciones que tenían sus culturas propias, su manera de entender el mundo, de organizar sus vidas. Entonces eso colapsó por la extrema violencia, también multiplicada por las enfermedades. Fueron demasiadas cosas juntas. No solamente desaparecieron imperios latinoamericanos como el incaico, el maya, el azteca, sino también sociedades como los pueblos caribes, arahuacos, los pueblos del amazonas. Lamentablemente ahí colapsaron muchas sociedades, murió mucha gente, hubo mucha crueldad.

—Luis Hernández Navarro: En el caso de los pueblos indígenas, lo que sufrieron fue la destrucción de su cultura, de su identidad y fue el inicio de un largo proceso de resistencia y de reconstrucción de ellos como pueblos, que es lo que hemos visto de manera muy vital en los últimos 30 años en América Latina.

—Ronny Velásquez: La conquista lo que trajo a este continente fue muerte, dolor, lágrimas, desesperanza. Además, los españoles que vinieron fueron personas non gratas para los pueblos indígenas, pero al principio, y está demostrado, los indígenas con sus mitologías, concepciones y cosmovisión religiosa consideraron a los españoles como los dioses que venían, pero pronto se dieron cuenta que no podían ser dioses si eran tan sanguinarios. Los españoles lo que veían en los indígenas era el oro colgado en sus cuellos, en sus orejas, muñecas, tobillos, porque para ellos el oro significaba las lágrimas del sol, era la representación simbólica del sol, y la plata, que también la utilizaban en países como México y Bolivia, la consideraban como las lágrimas de la luna. Pero ¿qué ocurrió? Que los españoles lo que hicieron fue despojarlos de sus riquezas, de todo, hasta el nombre le cambiaron a nuestro continente, que era llamado por los pueblos indígenas Abya Yala y que significa continente en expansión, le pusieron América por Américo Vespucio, el cosmógrafo italiano que vino en el segundo viaje de Colón. Yo no acuso a Colón porque él no fue el que hizo la destrucción total, pero abrió el camino.

—¿Qué ganó España con la conquista?

—Esteban Emilio Mosonyi: La verdad es que el pueblo español, como tal, ganó muy poco porque, lamentablemente, todo eso se quedó en manos de unas élites, de los reyes, de la gran nobleza, ni siquiera la burguesía española. El pueblo español, como tal, ganó muy poco.

—¿Y los indígenas qué ganaron? Porque algunos en España han asegurado que no todo fue tan malo porque la conquista trajo la civilización para los pueblos originarios.

—Ronny Velásquez: No trajeron ninguna civilización. Eso fue una gran mentira. Aquí había una gente más preparada y educada que los que vinieron. Aquí vino gente ignorante. Pizarro, el que conquistó Perú, era un analfabeto, que no escribía y firmaba con un dedo de la mano porque no sabía ni leer ni escribir y se encontró con Atahualpa y lo sentenció a la hoguera. ¿Qué civilización le pudieron dar a los pueblos indígenas? Ninguna. Ellos pensaban que los indígenas eran tan brutos que necesitaban que los educaran y ¿cómo los educaban? A través de la religión. Ese es un acicate muy duro, se les imponía la cruz o la espada y ese fue el sistema de colonización de los españoles con los indígenas de este continente: o aceptan la Biblia o la espada, o te meto en la horca o te quemo.

—Esteban Emilio Mosonyi: En América Latina ha habido al menos cinco, seis, siete procesos civilizatorios que más bien fueron frustrados, porque fueron desviados completamente de sus propios valores por la imposición de otras ideas, de otra ideología, de una economía distinta y en general, prácticamente, introduciendo un pensamiento único. Entonces, lejos de civilizar a los indígenas, les suprimieron, les quitaron las civilizaciones que ya tenían.

—En 2019, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, pidió a la Corona española y al Vaticano que pidieran perdón por los crímenes cometidos durante la conquista. ¿Hay que pedir perdón?

—Esteban Emilio Mosonyi: En este particular yo estoy de acuerdo con López Obrador porque hay que pedir perdón. Pero, los países independientes nuestros, como Venezuela, Colombia, Argentina, México, etc, también deberían pedir perdón porque luego de la independencia continuó la persecución a los indígenas, igualito. Los países independientes siguieron maltratando a los indígenas. Todavía persiste el problema. Ese perdón debería ser de España, de otros países europeos y también de los países latinoamericanos, un perdón universal como lo dijo el Papa Francisco.

 

—Luis Hernández Navarro: Ese reino, responsable de la conquista de América no es el actual reino. Puede reivindicar de ese pasado, puede reivindicar una línea de continuidad, pero, como decía, España como tal no existía. Creo que es mucho más importante exigir relaciones justas hoy, el impedir que haya desplantes como el del rey Juan Carlos I con el presidente Hugo Chávez o como lo que hacen empresas como Repsol en América Latina. Impedir ese tipo de relaciones y de trato es mucho más importante que pedir perdón por un pasado que ya se fue, que ya no está, cuando el responsable de eso fue un ente, un sujeto político que no es el actual, por más que se quiera ver una línea de continuidad.

—El Gobierno español respondió esta carta y dijo que "no se puede tratar de juzgar lo que ocurrió hace 500 años con categorías del presente" y la entonces portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, dijo que "el revisionismo está fuera de lugar".

—Ronny Velásquez: Muchos españoles todavía no tienen consciencia, y yo lo siento muchísimo, del mal que hicieron a todos los pueblos de este continente: una destrucción total y absoluta.

—Muchos se preguntan ¿Por qué hablar de algo que pasó hace más de 500 años?

—Esteban Emilio Mosonyi: Porque la historia se repite. Todo lo que pasó ahí se está continuando. Si no aprendemos de la historia, la repetimos. Todas esas locuras, esas anomalías que pasaron hace 500 años la estamos repitiendo con creces porque ahora tenemos bombas atómicas. Si no queremos aprender del pasado, entonces aprendamos del presente, pero ni siquiera eso.

Lo cierto, es que América Latina sigue siendo un continente con "las venas abiertas", como lo definió Galeano, y que 528 años después del inicio de la conquista son cada vez más las voces que fuera y dentro de España reivindican que los 12 de octubre "no hay nada que celebrar".

Oscar Del Pozo

08:00 GMT 12.10.2020URL corto

Por Karen Méndez Loffredo

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Miércoles, 05 Agosto 2020 05:34

Hiroshima, Nagasaki, nosotros

Hiroshima, Nagasaki, nosotros

En 75 años, ¿aprendimos algo?

 

El 6 de agosto de 1945 se soltó la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Al tercer día no resucitó nadie: se soltó la segunda atómica, sobre Nagasaki. Dos bombas ¿preventivas?, dos escarmientos ¿pacifistas? Más de 260 mil muertos en un par de ratitos: el equivalente en vidas a 88 Torres Gemelas.

Con aquellos 6 y 9 de agosto, ¿empezó una nueva Era? La condición humana ¿subió al menos un escalón? ¿El respeto al diferente superó a la tolerancia? ¿Desarrollamos algo más que el músculo de la hipocresía? En fin: más allá del prodigioso crecimiento de ciencia y técnica, ¿conseguimos que guerras y enfermedades endémicas y hambrunas y genocidios y analfabetización dejaran de ser inevitables costumbres humanas?

Venimos cumpliendo años, pero en lo primordial, ¿hemos crecido? No hay caso: siempre asoma impúdico el desfasaje entre la evolución científica y el cretinismo moral. Nada aprendimos del atroz genocidio judío, nada del ninguneado genocidio armenio. Los genocidios preventivos no cesan. Pedaleamos sin cadena. Mientras tanto, suicidamos al planeta.

Asistimos a la Era de los eufemismos. Nuestra historia después de la Segunda Guerra Mundial explícita, podría ser contada eslabonando eufemismos. Somos unos hijos de los eufemismos desalmados, tales como: Daños colateralesMisiles inteligentesEn situación de calleRacionalización de personalDepartamento de Relaciones humanas, Guerras preventivas, Analfabetismo (por analfabetización). El colmo del cinismo se consagra cuando a la insoportable tortura se la nombra como Interrogatorios exigentes.

Naturalizados por los medios de (des)comunicación, los eufemismos amortiguan, minimizan, caretean, licuan, absuelven a las atrocidades y a la globalización de la esclavitud. Son los eufemismos la forma más vaselina de la impunidad. Las asesinaciones masivas, en Hiroshima y Nagasaki, fueron informadas al mundo con eufemismos contenidos en frases campantes: Tuvimos que soltar la bomba –dijeron– “para conseguir la paz antes”. La frasecita justificó y encima absolvió una bomba, y otra más. Las conciencias de la condición humana se amortizaron.

¿Y quiénes consumaron la barbarie? No fueron monstruos; esa denominación los absuelve: fueron seres humanos… Cuando llegan noticias de asesinos seriales que en colegios de EE.UU. se despachan a decenas de compañeros, brota la pregunta: ¿cómo, cómo es posible? Es posible porque emergen de una sociedad que asimiló el eufemismo de aquellas bombas con una naturalidad que hoy les hace encarnar la paranoia en ideología. A la matanza en una cervecería la caratulan “incidente crítico”. Un personaje borgiano diría: “Cosa de muchachos.” La paranoia desmadra. Apogea el cinismo.

Revisemos detalles de aquellos bombazos sobre Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades inermes. A las bombas las “soltaron” no las “arrojaron”. Los autores no carecían de ternura: las bombas fueron bautizadas “Little boy” (Pequeño niño) y “Fat man” (Hombre gordo). Al avioncito que transportó la hazaña se lo bautizó “Enola Gay”, en homenaje a la madre que parió al piloto. Al padre lo olvidaron.

Seres derechos y humanos, sin duda. Y ahí tenemos a Charles Donald Albury, el copiloto del bombardero que consolidó el escarmiento pacifista en Nagasaki. El muchacho posa rozagante, sonriente, bonachón. Joder, ¡qué cara de pelotudo feliz tiene!

El episodio atómico tuvo otros rasgos humanitarios. Por ejemplo: se había elegido a Kioto como blanco para la primera atómica, pero el Secretario de Guerra, Henry Stimson, amaba a Kioto: en Kioto había relinchado su luna de miel. Ese recuerdo salvó a Kioto de ser calcinada. Se eligió a Hiroshima como blanco, a las 8.15, tempranito, porque era “más conveniente en términos publicitarios.”

Tras esto, ¿a qué le llamamos civilización? Nuestra condición humana está pendiente. Hiroshima y Nagasaki siguen crepitando. Moralmente, somos un paupérrimo simulacro.

Nos cuenta Johsie, una sobreviviente 

Pronunciamos Hiroshima, y suena lejanísima. Para acortar esa distancia que lleva a la indiferencia activa, comparto ahora unas líneas de un reportaje que le hice a una sobreviviente de Hiroshima. La entrevisté hace 38 años en su casa de Vicente López. Escuchemos a Yoshie Kamioke en su empeñoso castellano:

–“Yo tenía 17 años y cayó boma. Bomba Hiroshima 6 agosto, cumpleaños mío 10 agosto. Pasé el cumpleaños durmiendo. La bomba me había cansado mucho el cuerpo. Recuerdo ese día y duele corazón. Esa mañana salgo para oficina, tranvía no viene, camino 45 minutos, llego a la estación y ruido de avión ¡y bomba! Estaba yo a veinte cuadras, pero cuando cayó bomba no sentí dolor, no sentí nada. Pobre Hiroshima mía. Bomba sin ruido. Bomba como viento fuerte, viento con rayo, resplandor amarillo. No escucho ruido, sólo viento y mucho amarillo y día es noche. Todo oscuro, gritos ¡auxilio! Me levanto, mi cuerpo chiquito pesa muuucho. Busco mi casa. De mi ropa sólo blusa blanca queda sana. Cara arde, no sé que falta mucho pelo en cabeza. Camino y caigo, veo gente desnuda y con pelo todo blanco. Yo muy cansada y asustada, yo poquito tonta. Tres horas y llego a casa. Garganta y ojos arden, pero más siento cansancio. No puedo tragar agua. Mi madre saca la blusa con tijera, me acuesta. Vienen moscas  y mi madre pone tul. Duermo cincuenta días, hasta que me levanto. Y sigo viviendo yo…”

Yoshíe Kamioke tenía 29 años al llegar a la Argentina. Me dijo con orgullo: “Pero hoy Hiroshima lindo, con flores, con árboles. Cuando la muerte cierre mis ojos, el recuerdo de bomba terminará…”

La conversación con Yoshie sucedió en una mañana soleada, de pleno invierno. Por momentos Yoshie pensaba en voz alta:

– “¿Por qué la guera? Con guerra mueren hijos… gente sorda sin brazos sin piernas, gente ciega. Con guera sólo feliz la muerte.”

PosdataEstamos sembrados de misiles “inteligentes”, de hambrientos analfabetizados. ¿Cómo resistir la lógica irreparable de los gerentes del planeta? Aprendiendo por fin que nada hay menos liberal que el autodenominado (neo)liberalismo.

La memoria no es retroceso, semilla futuro. Quienes “hacen feliz a la muerte” no descansan ni en los días de guardar. Ojo al piojo: los Bolsonaro y los Trump se reproducen a rajacincha porque la paranoia se volvió la más eficaz de las ideologías. A merced de la desatada absurdidad, el planeta (con nosotros encima) va camino de convertirse en una Hiroshima, en un puñadito de indefensas cenizas envueltas en el celofán de los eufemismos que ni el viento se llevará. Cenizas nosotros, cenizas el planeta.

Salgamos de la indiferencia activa. Madremía madretuya madrenuestra, que estás en la Tierra.

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Renunciaron dos académicos por el Nobel a Peter Handke

"La literatura no está por encima de la política", dicen

 

La relación entre literatura y política es conflictiva. Las tensiones están a la orden del día. ¿Cómo se vinculan las prácticas lingüísticas con las intervenciones políticas? ¿Cuáles son los efectos políticos de un texto literario? ¿Qué consecuencias tendrían las políticas en las materialidades literarias? Estos y otros interrogantes podrían ampliar el campo de batalla de una polémica que regresa. Cuando se conoció que el ganador del Premio Nobel de Literatura 2019 era el escritor austríaco Peter Handke, la disputa sobre el pasado reciente –la Guerra de los Balcanes- volvió a escena. Para unos el autor de Carta breve para un largo adiós es un apologista de los crímenes cometidos en nombre del nacionalismo serbio, mientras que para otros es un intelectual que se atrevió a luchar contra la demonización de los serbios como causantes de todos los males en la antigua Yugoslavia.

Dos de los cinco miembros externos del comité del Nobel de Literatura –con los que la academia sueca pretendía renovar las bases de la selección del premio- anunciaron sus renuncias. Una de ellos, la escritora sueca Gun-Britt Sundström, señaló al diario Dagens Nyheter que “la elección no se limitó a recompensar simplemente el peso de una obra literaria, sino que también se interpretó, tanto dentro como fuera de la Academia, como una toma de posición que coloca a la literatura por encima de la política. Esta ideología no es la mía”.

A casi una semana de la ceremonia de entrega de los premios a la polaca Olga Tokarczuk, ganadora del Nobel de Literatura 2018, y a Handke (2019), el próximo martes 10 de diciembre en Estocolmo, la Academia no descarta que pueda haber grupos de manifestantes en el exterior del edificio que reclamen contra la concesión del premio al escritor austríaco, lo que empañaría tanto la imagen ya de por sí maltrecha de la institución como la propia ceremonia.

Entre los manifestantes podría estar la principal asociación de víctimas del genocidio en la ciudad bosnia de Srebrenica, Munira Subasic, presidenta de la Asociación de Madres de Srebrenica, quien en octubre pasado pidió que se le retirara el Nobel de Literatura a Handke por “defender a responsables de crímenes de guerra”. La alusión era hacia Slobodan Milosevic (1941-2006), llamado “el carnicero de los Balcanes”, apelativo que compartía con Ratko Mladic y Radovan Karadzic. En Srebrenica milicias serbobosnias asesinaron en 1995 a 8000 musulmanes durante la guerra en Bosnia, un acto que la Justicia Internacional calificó de genocidio. El posicionamiento del autor de La mujer zurda, en sintonía con Serbia, reabrió las viejas heridas en los Balcanes occidentales, un territorio traumatizado aún por las consecuencias de las guerras de desintegración de la antigua Yugoslavia; un ámbito donde hay una lucha por las memorias en pugna.

Handke negó que minimizara la matanza de Srebrenica y aclaró que su intención era matizar la maniquea imagen ofrecida por los medios de comunicación internacionales que consistía en presentar a los serbios como los “malvados” y a los bosniomusulmanes como los “buenos”. La lucha por lograr la potestad efectiva sobre el lenguaje se dirime en el uso de ciertas palabras. Durante los bombardeos de la OTAN en 1999 contra la entonces Yugoslavia, Handke aseguró que la Alianza Atlántica (OTAN) pretendía crear “un nuevo Auschwitz”, en referencia a uno de los campos de concentración y exterminio de la Alemania nazi. La comparación hirió más sensibilidades y el escritor se disculpó por usar esa expresión.

Pero la mayor herejía del Premio Nobel de Literatura no fue pronunciar “Auschwitz” sino cuestionar el papel de la OTAN y los grandes medios para demostrar cómo la propaganda internacional había logrado generar una opinión pública favorable a cualquier intervención contra Serbia. El nudo más difícil de la polémica tiene que ver con Milosevic. Handke lo visitó en la cárcel de La Haya en 2004, cuando era juzgado como criminal de guerra –diez años después de su muerte, en 2016, Milosevic fue exonerado- y asistió al funeral, el 18 de marzo de 2006. “Vengo aquí en defensa de la dignidad humana”, confesó Handke y generó un escándalo lo llevó a renunciar al premio literario Heinrich Heine, concedido por la ciudad de Düsseldorf.

Para la académica que renunció, Gun-Britt Sundström, “la literatura no está por encima de la política”. El cineasta y músico serbio Emir Kusturica, en cambio, planteó que “la lucha política (de Handke) ha sido la continuación de su literatura”. El debate entre el lenguaje de la política y la política de lengua, quizá de manera inevitable, continuará.

 

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Una mujer sostiene una pluma de águila durante el acto de presentación de la investigación estatal por el genocidio de las mujeres indígenas, en Quebec, Canadá. / REUTERS - CHRIS WATTIE

La comisaria de la investigación ha alertado de que la desaparición y muerte de mujeres indígenas supone una "emergencia nacional".

Una comisión oficial de investigación ha denunciado después de tres años de trabajo la complicidad de las autoridades canadienses en lo que ha calificado de genocidio perpetrado contra mujeres y niñas indígenas en los últimos años. La investigación se puso en marcha tras la muerte de más de un millar de mujeres y niñas indígenas en las últimas décadas.
Las conclusiones han sido presentadas este lunes en Ottawa e incluyen un amplio abanico de recomendaciones para el Gobierno, la Policía y la población en general para atajar los niveles "endémicos" de violencia contra las mujeres indígenas y también contra personas estigmatizadas por su orientación sexual.


La comisaria jefa de la investigación, Marion Buller, ha defendido las conclusiones no como recomendaciones sino como "imperativos legales" necesarios para poner fin a la espiral de violencia. "Este informe trata del bello pueblo indígena y de factores sistémicos que llevan a que pierda su dignidad, la humanidad y, en demasiados casos, la vida", ha argumentado Buller, la primera indígena que ha llegado a juez de un tribunal provincial canadiense, según recoge la televisión pública canadiense CBC.


"Este informe trata de un genocidio deliberado por motivo de raza, identidad y orientación sexual", ha remachado, al tiempo que ha alertado de que la desaparición y muerte de mujeres indígenas supone una "emergencia nacional".


Entre las medidas concretas que propone, el informe plantea dar reconocimiento oficial a los idiomas indígenas, una renta mínima, profundas reformas del sistema judicial y de la Policía y un agravamiento de las penas para casos de violencia de género.


Así, denuncia que las investigaciones de asesinatos y desapariciones de mujeres indígenas se tratan de forma diferente a los demás casos y por tanto hay menos casos resueltos. Cuando hay opciones razonables de condena, es demasiado frecuente que se alcancen acuerdos de inculpación a cambio de reducciones de condena, que a veces incluso quedan por debajo del mínimo de 10 o 25 años de prisión en los casos de los delitos más graves.


En respuesta propone incorporar más indígenas como jueces, instructores y policías y plantea incluso la creación de una jurisdicción diferenciada para los casos penales con indígenas implicados.


"Los críticos tendrán miedo y se quejarán del coste de la reconstrucción, de que ya se ha hecho bastante, que ya se ha gastado bastante. A ellos les diré que como nación no podemos permitirnos el no reconstruir. De lo contrario, estaremos permitiendo que continúe este genocidio en nuestro propio país y con pleno conocimiento", ha argumentado.
Los indígenas canadienses suponen apenas un 4% de la población de Canadá, pero sus tasas de implicación en crímenes violentos, pobreza y drogadicción son muy superiores a la media.

04/06/2019 10:00 Actualizado: 04/06/2019 10:00

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¿En la era del perdón o de la agresión?

Las reclamaciones de disculpa y de indemnización por atrocidades cometidas en las relaciones entre pueblos o países fueron frecuentes a lo largo del siglo XX. Son ejemplo de ello las iniciativas de Alemania en el caso del holocausto y de Estados Unidos en el caso de los japoneses estadounidenses presos durante la Segunda Guerra Mundial. El siglo XXI ha sido particularmente insistente en la exigencia (no siempre atendida) de reclamaciones de disculpa por crímenes, atrocidades y violencias cometidas en el pasado más o menos lejano en el contexto del colonialismo europeo.

En ocasiones, las reclamaciones de disculpa se acompañan de la solicitud de reparaciones o indemnizaciones. He aquí algunos ejemplos. En 2004, el Gobierno alemán reconoció la atrocidad cometida contra el pueblo de Namibia, el genocidio de 65.000 personas de etnia herero que se habían rebelado contra el colonizador en 1904. En 2018, el gobierno de Namibia exigía la solicitud formal de disculpas y la reparación financiera por el mal cometido, lo que fue rechazado por el gobierno alemán. En 2008, en visita a Libia, el por entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió formalmente disculpas al pueblo libio por las "profundas heridas" causadas por los treinta años de la colonización italiana y prometió una inversión de 5000 millones de dólares como compensación. Poco tiempo después, Libia era invadida y destruida por las "fuerzas aliadas" de las que Italia formaba parte. En 2014, la Comunidad del Caribe aprobó una propuesta de la Comisión de Reparaciones a fin de impartir justicia a las víctimas del genocidio, la esclavitud, el tráfico de esclavos y el apartheid racial considerados por la Comisión como crímenes contra la humanidad. La propuesta estaba dirigida a los principales países esclavistas en la región (Holanda, Reino Unido y Francia), pero abarcaba potencialmente a otros países. Se trataba de una propuesta muy amplia que incorporaba un plan de acción con las siguientes dimensiones: perdón formal, repatriación, programa de desarrollo de los pueblos nativos, instituciones culturales, salud pública, erradicación del analfabetismo,programa de promoción de los conocimientos africanos, rehabilitación psicológica, transferencia de tecnología. En 2015, en visita a Jamaica, David Cameron, entonces primer ministro de Reino Unido, excluyó cualquier posibilidad de reparación. Dos años antes, el mismo David Cameron, en visita a la India, reconocía que la masacre en 1919 de 1000 indios desarmados que protestaban contra el colonialismo británico había sido "profundamente vergonzosa", pero no pidió formalmente disculpas ni accedió a pagar indemnizaciones. Presionado por una acción judicial, en 2013 Reino Unido accedió a pagar 2600 libras a cada uno de los 5.000 kenianos, integrantes del movimiento Mau Mau, presos y torturados en la década de 1950 por su resistencia contra el colonialismo británico y a "lamentar sinceramente” lo sucedido. Sin embargo, cerca de 44.000 kenianos vienen exigiendo la misma indemnización por los malos tratos recibidos en el periodo colonial. En 2017, Emmanuel Macron, entonces candidato a la presidencia de la república de Francia, reconoció que la colonización de Argelia había sido un crimen contra la humanidad.


Más recientemente, al señalar los quinientos años de la colonización de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó al rey de España y al papa que pidieran formalmente disculpas por las atrocidades cometidas contra los pueblos indígenas durante el periodo colonial, comprometiéndose a hacer lo mismo como descendiente de los colonizadores. La petición fue terminantemente rechazada por el Estado español, pero el Gobierno de Cataluña se apresuró a reconocer los abusos, las muertes de millones de personas y la destrucción de culturas enteras cometidas por el colonialismo español. Más recientemente aún, el pasado 4 de abril, el Gobierno belga pidió disculpas a los "mestizos belgas", miles de niños hijos de padre belga y madre congoleña, nacidos al final de la colonización belga (entre 1940 y 1950), que fueron sustraídos a las familias e internados compulsivamente en orfanatos y a veces enviados a Bélgica.


¿Cuál es el significado de este movimiento de justicia histórica que, de hecho, se ha ramificado? En la actualidad incluye la reclamación de la devolución de los objetos de arte traídos (¿con qué derecho?) de las colonias europeas y exhibidos en los museos del Norte global. También incluye la devolución de tierras, por ejemplo, en Zimbabue y más recientemente en Sudáfrica con referencia al periodo del apartheid, una forma específica de colonialismo, y también en Australia. Los argumentos jurídicos o éticos en uno u otro sentido no parecen servir de mucho. Obviamente no se trata de encontrar razones para responsabilizar a las generaciones actuales de los países colonizadores por los crímenes que han cometido. El problema es político y emerge como resultado de un conjunto de factores de los cuales el más importante es la coexistencia de la independencia política con la continuidad de la dependencia colonial. Las luchas de liberación colonial en América Latina (siglo XIX) y en África y Asia (siglo XX) tenían por objetivo luchar por la justicia histórica, devolver los territorios a sus pueblos y permitirles construir un futuro propio.


Lo cierto es que nada de esto sucedió, como quedó patente de la manera más dramática en la primera liberación colonial, la de Haití, en 1804. Las condiciones impuestas a los esclavos liberados para superar el aislamiento internacional al que se vieron sometidos fueron brutales (tan brutales como las condiciones del ajuste estructural que el FMI sigue imponiendo impunemente en el Sur global) y el resultado es bien patente en el Haití de hoy. Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana, denunció brillantemente la continuidad de la dependencia colonial en 1965 al acuñar el término neocolonialismo, una realidad tan vigente entonces como hoy. El pillaje de los recursos naturales que caracterizó al colonialismo continúa hoy, llevado a cabo por empresas multinacionales del Norte global con la complicidad de las élites locales que, en el caso de América Latina, son descendientes de los colonos. La reclamación de la justicia histórica no es más que una forma adicional de legitimar la lucha contra la injusticia y la desigualdad que siguen caracterizando las relaciones entre los países centrales y los países periféricos. Y cuando la respuesta se traduce en meras reclamaciones de disculpa, sean estas aceptadas o no, no pasan de rituales legitimadores de quien los exige o acepta para que todo siga igual. Es decir, el colonialismo no terminó con las independencias políticas. Terminó solo el colonialismo de ocupación territorial por una potencia extranjera. No obstante, continúa hoy bajo otras formas, algunas más brutales que las del colonialismo histórico. Tal y como la esclavitud continúa hoy bajo la forma vergonzosa del "trabajo análogo al trabajo esclavo", para usar la terminología de la ONU, el colonialismo continúa hoy no solo en forma de dependencia económica, sino también en forma de racismo, xenofobia, apartheid racial, brutalidad policial contra la juventud negra, islamofobia, "crisis de los refugiados", "guerra contra el terrorismo", asesinatos de líderes sociales en lucha por la defensa de sus territorios contra la invasión de las empresas mineras, de extracción de madera o de agricultura industrial, desastres ambientales contra poblaciones desechables, viviendo en lugares asumidos como "zonas de sacrificio", etc.


En el caso de América latina, en el que las independencias fueron conquistadas por los descendientes de los colonizadores, la continuidad del colonialismo asumió una forma específica, el colonialismo interno al que fueron sometidos los pueblos indígenas y los pueblos de matriz africana, descendientes de esclavizados. Los "modelos de desarrollo" de los últimos 150 años han ignorado sistemáticamente los intereses, las aspiraciones y las culturas de estos pueblos.


Si López Obrador insiste en cualquier variante de estos modelos no puede sorprenderse si, en lugar de disculpas, los pueblos indígenas le exigen respeto efectivo por sus culturas y territorios, así como el abandono de megaproyectos y de políticas neoextractivistas una vez rechazados por las poblaciones después de ser previamente consultadas de manera informada y de buena fe. Al reclamar disculpas al colonizador y al comprometerse su gobierno en el mismo proceso, López Obrador trae algo nuevo a la polémica sobre la justicia histórica. Asume la estatura de una sinceridad política trágica en el sentido de la tragedia griega. Se mueve en el filo de una navaja que lo puede desequilibrar hacia la caída en el propio movimiento de levantarse. Sabe, quizá mejor que nadie, que presenta hoy el máximo de conciencia social posible de un modelo de desarrollo de vocación antisocial destinado a crear rentabilidades que en gran proporción irán a los bolsillos de intereses capitalistas globales. Sabe que el capitalismo de hoy, dominado por el capital financiero, solo acepta negociar los términos del saqueo si el pillaje no se cuestiona. Sabe que, con una u otra variante, este modelo fracasó en otros países de América Latina en tiempos muy recientes (Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela). Tiene al norte un muro imperial, vergonzoso, demasiado sólido para derretirse con la sangre de quien intenta pasar a través de él. En él está depositada la esperanza que queda en un continente desgarrado por el imperialismo estadounidense y europeo con la complicidad de las élites locales que nunca toleraron que las clases populares, los de abajo, soñaran con el fin del colonialismo. En estas condiciones, quien es responsable de la esperanza lo es también de la frustración. La respuesta del rey de España no fue un buen presagio. Pero también es verdad que de un rey de nada no se puede esperar todo.

Traducción de Antoni Aguiló

 

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Sábado, 23 Marzo 2019 06:00

Las Madres de Mayo

Las Madres de Mayo

¿Cuántas rondas habrán dado las Madres de Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada durante 43 años? Este jueves 21 de marzo, tres días antes de que se cumpla un aniversario más del día más trágico de sus vidas, una ronda más de madres, familiares y acompañantes volvió a la plaza, como todos los jueves desde el mes de abril de 1977, fecha en la que por primera vez se reunieron 14 mujeres en este lugar para iniciar el camino más doloroso del que tienen memoria: buscar a sus hijos e hijas detenidos y/o desaparecidos en la dictadura más cruenta que ha vivido Argentina.

CON MÁS DE cuatro décadas de lucha, las Madres de Plaza de Mayo son una de las organizaciones más emblemáticas de derechos humanos del mundo. "Muchos abrazos hemos recibido en todo este tiempo", dice Mirta Acuña de Baravalle, una de las 14 fundadoras que aún vive y con sus 94 años a cuestas no deja de asistir a la simbólica ronda.

MIRTA PIDE QUE se le permita no tocar otro tema de la coyuntura nacional que no sea el recuerdo de aquel 24 de marzo de 1976, fecha siniestra en la que un Golpe de Estado cívico-militar y eclesiástico le arrebató a su hija Ana María Baravalle, secuestrada en agosto de 1976, embarazada de 5 meses.

A LAS MADRES en Argentina se les pidió perdonar a los verdugos de sus 30 mil hijos e hijas. Y al finalizar cada ronda reiteran su negativa: "No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos". Hoy, dice Mirta, "estamos aquí para hacer presente ese genocidio". No están solas y agradecen el acompañamiento de cada jueves en la plaza, "pese a las lluvias, vientos, temperaturas que arden y fríos que entumecen".

"DARLES PRESENCIA A los hijos que sacaron de nuestras vidas", es el objetivo de la ronda. Las madres saben que hay mucho camino por recorrer, pues, dice Mirta, "teníamos la ilusión de que la entrega de nuestros hijos no iba a ser en vano, pero se demora mucho la conquista de igualdad y dignidad para todos y todas".

EN ESTOS DÍAS de aniversario del golpe, cierra Mirta: "nos arrinconamos un poco en nuestros propios recuerdos y dolores"; trae, como cada jueves, la memoria de dos de ellos, y cierra con el grito: "30 mil detenidos-desparecidos. Presentes. Ahora y siempre".

www.desinformemonos.org

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EU procesará a jueces de la CPI si actúan contra sus soldados en Afganistán

Estados Unidos amenazó este lunes con arrestar y procesar a jueces y a otros funcionarios de la Corte Penal Internacional (CPI) si el tribunal emprende acciones por crímenes de guerra contra estadunidenses que lucharon en Afganistán, afirmó que esa instancia “está muerta para nosotros” y la calificó de ilegítima.

“Vamos a impedir a esos jueces y fiscales la entrada a Estados Unidos. Vamos a aplicar sanciones contra sus bienes en el sistema financiero estadunidense y vamos a entablar querellas contra ellos en nuestro sistema judicial”, advirtió John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos.


“Haremos lo mismo con cualquier compañía o Estado que ayude a una investigación de la CPI en contra de los estadunidenses”, dijo ante la organización conservadora Federalist Society, en Washington.
Bolton acusó a la corte internacional encargada de juzgar principalmente crímenes de guerra y de lesa humanidad de ser “ineficaz, irresponsable y francamente peligrosa para Estados Unidos, Israel y otros aliados”.


Para Estados Unidos cualquier iniciativa sobre las acciones de efectivos de seguridad suyos sería “una investigación completamente infundada e injustificable”.


A principios de noviembre de 2017, la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, anunció que pediría a los jueces la autorización para investigar crímenes de guerra cometidos presuntamente en el conflicto armado afgano, principalmente por el ejército estadunidense.


En Afganistán, Estados Unidos sigue a la cabeza de una coalición militar que depuso al régimen talibán en 2001.


“En cualquier momento la CPI podría anunciar la apertura de una investigación formal contra esos patriotas estadunidenses”, explicó el consejero de Donald Trump.


Y le dirigió un mensaje sin ambigüedad a la corte: “Estados Unidos utilizará todos los medios necesarios para proteger a nuestros conciudadanos y los de nuestros aliados, de enjuiciamientos injustos por parte de esta corte ilegítima”.


La Corte Penal Internacional se rige por el Estatuto de Roma, un tratado ratificado por 123 países. Su fiscal puede abrir sus propias investigaciones sin permiso de los jueces, siempre y cuando impliquen a un país miembro, en este caso, Afganistán.


Bolton, quien fue embajador de Washington en la ONU durante el gobierno de George W. Bush, dijo que la principal objeción de la administración Trump es la idea de que la CPI podría tener mayor autoridad que la Constitución de Estados Unidos y su soberanía.

 

 

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