Insólito "nacionalismo" del "GAFAT" de Silicon Valley

Ante el cataclismo del globalismo neoliberal brota todo tipo de nacionalismos: político/económico/étnico/religioso y ahora hasta la variante tecnológica del GAFAT (Google/ Apple/Facebook/Amazon/Twitter).

Chris Hughes, cofundador de Facebook, aboga la fractura de la triada monopólica Facebook/WhatsApp/Instagram, pero advierte que "la atomización de Facebook o de otras trasnacionales tecnológicas de EU pudiera ser un problema a la seguridad nacional, ya que los avances en la inteligencia artificial requieren inmensas cantidades de datos y poder computacional cuando solamente trasnacionales como Facebook, Google y Amazon pueden procurar tales inversiones" (https://bit.ly/2LCGzOU).

La connivencia del Pentágono y el GAFAT es circular: desde su génesis del DARPA/ARPANET hasta la rama Defense Innovation Board (DIB) que preside el israelí estadunidense Joshua Marcuse, donde se encuentran los principales dirigentes de las joyas estratégicas de Silicon Valley que tienen como finalidad, sino destruir a sus competidores más eficientes de China, por lo menos contenerlos.

Sheryl Sandberg, ejecutiva de Facebook, comentó que la fractura de la triada Facebook/WhatsApp/Instagram debilitaría a EU en su batalla tecnológica con China, mientras Pekín no hará lo mismo con sus empresas tecnológicas (https://cnb.cx/2Ywd0jF).

Según Sherisse Pham, la restricción de la empresa tecnológica china Huawei por Google a su sistema operativo Android, debido a la "lista negra" de Trump por pretextos de "seguridad nacional", es un "tremendo golpe", ya que Huawei tenía contemplado colocarse como "la primera marca de teléfonos inteligentes a finales de 2020" (https://cnn.it/2HvcAo5).

Las empresas de EU no podrán vender los celulares Huawei sin licencia del gobierno.Huawei depende de los servicios GOOGLE para sus dispositivos como el sistema Android y Google Play.

Un grave problema para Huawei y su cadena de suministros es el retraso en todo el mundo de los servicios de su tan temido 5G (http://tiny.cc/8vm46y).

La guerra tecnológica de Trump/Google contra Huawei tomó un dramático vuelco nacionalista cuando en China los usuarios empiezan a boicotear los productos de EU (https://bit.ly/2HR1LeH).

Conor Sen –columnista de Bloomberg y gerente de portafolios de New River Investments de Atlanta– sustenta que "Silicon Valley contempla las virtudes (sic) del nacionalismo" ante la alternativa de su atomización, cuando el GAFAT "proclamará que son clave para la seguridad nacional de EU contra sus rivales como China" (https://bloom.bg/2HyHlbO).

Para Conor Sen la era de las joyas estratégicas de Silicon Valley no habían crecido con este nuevo "género de cultura nacional" ya que la "era del Internet de Silicon Valley coincidió con el pico de la globalización" cuando el objetivo se centraba en "conectar al mundo y hacer las fronteras nacionales menos importantes".

Hoy las fronteras "nacionales" han regresado con sus muros inexpugnables.

el columnista comenta que no es gratuito que Amazon haya instalado su segunda matriz de "Norteamérica" al norte de Virginia, "cerca del FBI (¡mega-sic!), el Pentágono y otros centros de espionaje".

Así las cosas, según Conor Sen,"el gobierno y la seguridad nacional se están convirtiendo en un círculo pleno para Silicon Valley".

sen concluye que "la industria tecnológica de EU puede decidir que abrazar el nacionalismo estadunidense y acoplarse con la administración Trump representa su mejor opción".

La realidad es que, en la fase de acelerada desglobalización en los dos ejes anglosajones –desde el Brexit hasta el trumpismo y su "proteccionismo nacionalista económico"–, la catástrofe del globalismo neoliberal hizo resucitar las características de supervivencia de la aplastante mayoría del planeta que se expresan en sus caleidoscópicos nacionalismos.

Lo único que hacen las joyas estratégicas del GAFAT de Silicon Valley es cambiarse de piel ante el ascenso geoestratégico irresistible de China y Rusia para dejar atrás su caduco globalismo neoliberal por la modalidad del "nacionalismo tecnológico".

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Cuando las fronteras del vivir son las fronteras del ser y del no ser

¿Vivimos en un tiempo de abolición de fronteras o en un tiempo de construcción de fronteras? Si tenemos en cuenta dos de los poderes o instrumentos que más minuciosamente gobiernan nuestras vidas (el capital financiero e Internet) es ineludible la conclusión de que vivimos en un mundo sin fronteras. Cualquier intento de cualquiera de los 195 Estados que existen en el mundo para regular estos poderes será considerado ridículo. En el actual contexto internacional, la evaluación no será muy diferente si la regulación se lleva a cabo por conjuntos de Estados, por más ominoso que sea el probable desenlace de la falta de regulación.

Por otro lado, si se tiene en cuenta la incesante construcción o reafirmación de muros fronterizos, fácilmente concluimos que, por el contrario, nunca las fronteras se han movilizado tanto para delimitar pertenencias y crear exclusiones. Los muros entre Estados Unidos y México, entre Israel y Palestina, entre Hungría y Serbia, entre Crimea y Ucrania, entre Marruecos y el pueblo saharaui, entre Marruecos y Ceuta/Melilla, están afirmando el dramático impacto de las fronteras en las oportunidades de vida de quienes buscan atravesarlas.

Esta ambivalencia o dualidad de nuestro tiempo no es nueva. Acotándonos al mundo occidental, podemos decir que existe desde el siglo XV, en el momento en que la expansión transatlántica europea obliga a alinear los poderes gemelos de eliminar y crear fronteras. El Tratado de Tordesillas de 1494 regulaba la libertad marítima de los reinos de Portugal y Castilla, al mismo tiempo que excluía a los demás países del comercio oceánico, el mare clausum. Cuando en 1604 le contrapone la doctrina del mare liberum, Hugo Grotius tiene en vista disputar las fronteras existentes para sustituirlas por otras, más acordes con las aspiraciones de la Holanda emergente. En la misma lógica de conveniencias, Francisco de Vitória, al mismo tiempo que defendía la soberanía de los países ibéricos, defendía que el derecho de libre comercio prevalecía sobre cualquier pretensión de soberanía de los pueblos de las Américas.

Desde el Renacimiento en el siglo XV hasta la Ilustración en el siglo XVIII se va afirmando la universalidad sin fronteras de la humanidad y del conocimiento, al mismo tiempo que se van levantando las fronteras entre civilizados y salvajes, entre colonizadores y colonizados, entre libres y esclavos, entre hombres y mujeres, entre blancos y negros. Un siglo después de que Europa se hubiera parcelado en países soberanos con el ordenamiento que surgió del Tratado de Westfalia de 1648, Immanuel Kant aboga por la idea del Estado universal, cuna de todo el cosmopolitismo eurocéntrico. Esa fue la única forma de garantizar la coexistencia pacífica entre poderes y religiones que se habían enfrentado de modo bárbaro en la Guerra de los Treinta Años, en la que murió un millón de personas. Un siglo después de Kant, las potencias europeas, resueltas a garantizar la expansión sin límites del capitalismo emergente, se reúnen en Berlín para diseñar las fronteras en el reparto de África, sin que obviamente los africanos sean escuchados.


El relato podría continuar con la inestabilidad crónica de las fronteras de Europa del Este y de los Balcanes y el forzoso desplazamiento masivo de poblaciones derivadas del colapso del Imperio otomano. A su vez, en nuestros días, el espacio Schengen ilustra cómo el mismo poder, simultáneamente, puede eliminar y crear fronteras. Mientras que para los europeos incluidos este espacio convirtió las fronteras internas en un anticuado impedimento felizmente superado, para los no europeos las fronteras externas se convirtieron en un muro opaco y burocrático, cuando no en una pesadilla kafkiana.

Todas las situaciones conducen a la misma conclusión: las fronteras son instrumentales y son siempre expresión del poder de quien las define. Por su parte, la violación de las fronteras o es expresión de un poder emergente que se pretende imponer al poder existente, o es expresión de quienes, sin tener poder para redefinir o eliminar las fronteras, las atraviesan sin autorización de quien las controla.

Dado su carácter instrumental, las fronteras son mucho más que líneas divisorias geopolíticas. Son formas de sociabilidad, exploración de nuevas posibilidades, momentos dramáticos de travesía, experiencias de vida fronteriza, líneas abisales de exclusión entre ser y no ser, muros de separación entre la humanidad y la subhumanidad, tiempos-espacios de ejercicio de poder arbitrario y violento. En este ámbito, lo que mejor caracteriza nuestro tiempo es la diversidad de experiencias fronterizas, la aceleración de los procesos sociales, políticos y culturales que erigen y derriban fronteras, la valoración epistemológica del vivir y el pensar fronterizos y los modos de resistencia contra fronteras consideradas arbitrarias o injustas.

Veamos algunas situaciones paradigmáticas. La travesía de las fronteras puede ser tanto una experiencia banal, casi irrelevante, como una experiencia violenta, degradante, en la que el horror cotidiano es la única banalidad. En el primer caso son paradigmáticas las travesías cotidianas, para fines de comercio y convivialidad, de las comunidades africanas que fueron separadas por fronteras arbitrarias después de la Conferencia de Berlín en 1894-95; de los pueblos indígenas de la Amazonia, que tienen parientes en ambos lados de la frontera de los varios países amazónicos; o de las “gentes da raia” entre Portugal y España (sobre todo en Galicia). En el segundo caso, hay que distinguir entre travesías cotidianas y de doble sentido, y las travesías singulares o las experiencias reiteradas y frustradas de travesías imaginadas, unas y otras como de sentido único. De las primeras son paradigmáticas las travesías cotidianas de los palestinos que van a su trabajo en Israel, a través de los infames check-points, donde pueden estar horas o directamente no pasar, en cualquier caso víctimas del mismo poder violento, arbitrario y totalmente opaco. De las segundas son paradigmáticas las travesías logradas o frustradas de millares de emigrantes o, mejor, de fugitivos del hambre, de la miseria, de las guerras y de los cambios climáticos que atraviesan América Central rumbo a los Estados Unidos, o naufragan en el Mediterráneo al intentar cruzarlo en su camino hacia Europa.

En estas travesías, las temporalidades históricas tanto se dramatizan como pierden sentido. Estos peregrinos de la desheredad moderna, capitalista, colonial y patriarcal, ¿huyen hacia el futuro o huyen del futuro? ¿Vienen del pasado o van hacia el pasado? ¿Son hijos de la expoliación colonial que intentan liberarse de la devastación que ella creó o son proyectos de carne joven para re-esclavizar, esta vez en el seno de las fachadas de las avenidas del glamour metropolitano, y ya no en los campos de exterminio en las plantaciones de las colonias?

La sociabilidad de frontera tanto puede resultar del ejercicio permanente de desplazamiento de las fronteras, como de la vida detenida junto a fronteras fijas y bloqueadas, muros de cemento o redes de alambre de púas. En el primer caso, la frontera es definida y desplazada por quien tiene el poder para hacerlo. Es paradigmática la experiencia de pioneros, expedicionarios, emigrantes que, durante siglos de expansión colonial, fueron invadiendo y colonizando los territorios de los pueblos nativos. Al haber acontecido en un contexto supuestamente poscolonial, la experiencia del Far West norteamericano es particularmente reveladora de la línea abisal que la frontera va diseñando entre las zonas de ser y las zonas de no ser, como diría Frantz Fanon. De este lado de la línea, siempre en movimiento, está la sociabilidad de los pioneros, una sociabilidad de nuevo tipo caracterizada por el uso selectivo e instrumental de las tradiciones y su mezcla con la creatividad de los inventos de convivencia exigidos por el nuevo contexto, por la pluralidad de poderes y jerarquías débiles entre los diferentes grupos de pioneros, por la fluidez de las relaciones sociales y la promiscuidad entre extraños e íntimos. Del otro lado de la línea están los indios, los dueños del territorio, que los pioneros convierten en seres inferiores, indignos de tanta abundancia, obstáculos al progreso, a ser superados con la inexorable conquista del Oeste. De un lado de la frontera, la convivencia; del otro, la violencia. La matriz moderna de la construcción paralela de humanidad y de inhumanidad tiene aquí una de sus ilustraciones más dramáticas y violentas.

A su vez, la sociabilidad de las fronteras bloqueadas está muy presente hoy en día en los campos de refugiados que se van multiplicando en varios países europeos y en países asociados para el efecto, como es el caso de Turquía. Son, en verdad, campos de concentración de los nuevos presos políticos de nuestro tiempo, los presos políticos del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado, poblaciones consideradas desechables o sobrantes para estas tres formas de dominación moderna que hoy parecen más agresivas que nunca.
Las fronteras son las heridas incurables y expuestas de un mundo sin fronteras. El único motivo de esperanza que ellas nos permiten es la emergencia de movimientos y asociaciones de jóvenes que se rebelan contra las fronteras y se solidarizan activamente con las luchas de los migrantes y refugiados. No practican ayuda humanitaria, sino que se involucran en sus luchas, facilitan la comunicación entre los migrantes, exploran medios legales e ilegales para liberarlos de esas prisiones infames. Estos jóvenes constituyen la mejor manifestación de la desesperada esperanza de nuestro tiempo.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Un millón de razones para no irse de Europa

Un millón de personas se manifestaron ayer en Londres y otras ciudades británicas a favor de un nuevo referendo, más de cuatro millones firmaron una petición para revocar el artículo 50 y así evitar la salida británica de la Unión Europea (UE), todo a menos de tres semanas del 12 de abril, la nueva fecha que la UE le otorgó al Reino Unido para el Brexit. 

El destino de la manifestación probablemente no sea distinto del que sufrió en 2003 la marcha más multitudinaria de la historia británica para oponerse a la guerra contra Irak: un fuerte impacto político que no cambió el curso de las cosas. En tal caso, contribuyó a la erosión que viene viviendo la democracia a nivel global en uno de sus baluartes históricos, donde en el siglo XIII se crearon la Carta Magna y el parlamento. No se puede decir que el sistema tenga fecha de vencimiento, pero habrá que chequear si no está empezando a sufrir señales de arterosclerosis.


Entre los manifestantes y en la multi-partidista participación de líderes políticos, diputados, alcaldes, concejales, ONG y grupos extra-parlamentarios había una mezcla de desafío y expectativa. En las columnas que serpenteaban por el centro de Londres, un ex ministro laborista, Lord Andrew Adonis, explicaba que la salida pasaba porque el parlamento se haga cargo del proceso. “Theresa May no tiene un derecho divino a presuponer qué pensamos y qué queremos. No queremos este acuerdo que nos dejará más pobres y aislados. No queremos este gobierno que nos ha humillado internacionalmente y nos ha debilitado a nivel doméstico. Nuestro mensaje a los parlamentarios es que llegó la hora de que se hagan cargo del proceso”, indicó Adonis.


El referendo de 2016 mostró un claro desequilibrio etario - los mayores de 60 a favor de la salida de la UE, los menores de 35 en contra. Hoy unos dos millones de británicos que no pudieron votar entonces, podrían hacerlo. Según las encuestas, tres cuartas partes se inclinarían por permanecer en la UE, suficientes para dar vuelta el resultado.


Lara Spirit, co-presidenta de “Our Future, Our Choice”, un grupo juvenil formado frente a la última consulta, opinó que estaba en juego la credibilidad democrática del Reino. “El Brexit va a dañar nuestro futuro, nos va a empobrecer. La enorme mayoría de los jóvenes se opusieron en 2016 y muchos más aún, se oponen hoy. Yo era muy joven en la época de las protestas contra la guerra en Irak. Esa manifestación no evitó la guerra, algo que marca un déficit en la dinámica democrática, pero volvió mucho más difícil la repetición de una guerra. Los políticos que ignoren esta manifestación, terminarán pagando un altísimo costo”, señaló Spirit.


El problema es que el Brexit ha desmadrado la dinámica política británica. El parlamento está fragmentado en tribus muchas veces inconciliables y May ha perdido todo control sobre su partido. El acuerdo que negoció con la UE fue derrotado dos veces en el parlamento, pero el plan gubernamental es llevarlo a una tercera votación esta semana si el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, lo autoriza y si ella misma calcula que tiene alguna chance de ganar.


En el caso improbable de que el mismo parlamento que rechazó el acuerdo por 230 y 149 votos en enero y marzo cambiara de parecer este lunes o martes, el Reino Unido seguiría en el bloque europeo hasta el 22 de mayo para permitir que se apruebe toda la legislación británica necesaria para proceder con la salida de la EU. Pero si no hay votación o el acuerdo es rechazado por una tercera vez, la salida sería el 12 de abril, es decir en poco menos de tres semanas. En este período el parlamento tendría la posibilidad de realizar “votos indicativos” sobre el tipo de salida que buscaría a la actual crisis a la espera de que, si hay consenso, la misma EU extienda el período de gracia más allá del 12 de abril.


Estos “votos indicativos” tienen sabores para todos los gustos. Un nuevo referendo como el exigido en la manifestación, la derogación del artículo 50 (que dejaría al Reino Unido en la UE), petición de los independentistas escoceses, una unión aduanera que evitaría el problema fronterizo irlandés y un brutal salto tarifario comercial con Europa, propuesta laborista con cierto consenso interpartidario o la salida sin acuerdo de los euroescépticos duros.


El voto es “indicativo”, es decir, no tiene fuerza de ley. May podría negarse a adoptar esa política, aunque gatillaría una crisis constitucional que podría terminar con su mandato que, de todas maneras, tiene los días, las semanas o los meses contados. Pero además no hay mucho tiempo para el debate y existe la posibilidad de que ninguna de estas opciones comande el apoyo de una mayoría parlamentaria. Pasó hace más de una década con la negociación para reformar la Cámara de los Lores: el parlamento estaba de acuerdo en su necesidad, pero no llegó a un consenso sobre qué vía adoptar.


La negociación inter-partidaria será fundamental para evitar una repetición de este fiasco que ahora tendría consecuencias mucho más devastadoras. En medio de esta selva, es cada vez más grande el peligro de que un error, un cortocircuito, un malentendido terminen consagrando una involuntaria salida sin acuerdo de la Unión Europea, el Hard Brexit, que busca el ala dura de los conservadores.

Por Marcelo Justo
Desde Londres

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Angela Merkel y Emmanuel Macron firman el Tratado de Aquisgrán: ¿A tiempo o muy tarde?

Cuando la Unión Europea sufre los embates de la desglobalización y el ascenso de los nacionalismos centrífugas,World Socialist Web Site (WSWS), pese a su sesgo trotskista, desmenuza el nuevo tratado franco-alemán de Aquistrán de los alicaídos Emmanuel Macron y Angela Merkel (http://bit.ly/2Thg8h1).

 

WSWS impugna su "agenda agresiva e impopular para imponer en toda Europa regímenes de Estados-policiacos", cuando en medio de "las amenazas de guerra comercial de EU, las relaciones trasatlánticas se están desintegrando y Alemania trata de remilitarizar (sic) su política exterior", mientras Macron exhorta a que “Europa debe estar preparada para enfrentar a Rusia’, China o EU”. ¿A los tres? ¡Qué temeridad!

 

Le Monde enuncia que "Macron y Merkel desean relanzar la cooperación franco-germana" en Aix-la-Chapelle (Nota: Aachenen alemán y Aquisgrán en español), que es "repudiada por la extrema derecha de los dos países que critican su pérdida de soberanía nacional" (https://lemde.fr/2TeL4hP). Esta es una verdad a medias ya que Jean-LucMélenchon, líder del partido Francia Insumisa –que según la esquizofrénica lingüística neoliberal es de la "extrema-izquierda populista (sic)"'– fustigó el carácter neoliberal del pacto: "un paso atrás para nuestra soberanía" y un "retroceso social y ambiental".

 

Le Monde diagnostica correctamente el "ascenso de los nacionalismos" y no se clava en el término peyorativo de "populismo".

 

Llama la atención la coordinación franco-alemana en la investigación sobre inteligencia artificial y "otras innovaciones de vanguardia", quizá en alusión al arma supersónica Avangard de Rusia.

 

El nuevo PACTO debe "completar" el previo Tratado del Eliseo de hace 56 (sic) años entre el general Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, quienes concretizaron la reconciliación franco-alemana. Aquí discrepo, porque no son comparables a la magnificencia del general De Gaulle y de Adenauer, ni veo cómo estos dos hubieran avalado el caníbal neoliberalismo de Macron, apadrinado por la banca Rothschild, ni el monetarismo centralbanquista de Merkel, dependiente de Deutsche Bank y Goldman Sachs. El nuevo tratado de Aquisgrán/Aachen/Aix-la-Chapelle –que debería empezar por tener un sólo nombre–, prevé una convergencia de las políticas de defensa, económica y extranjera, la cooperación transfronteriza y "una Asamblea Parlamentaria común de 100 diputados".

 

¿Será un Parlamento binacional dentro del europeo donde se avecina el tsunami nacionalista en las elecciones de mayo?

 

Marine Le Pen, dirigente de Agrupación Nacional, (anterior Frente Nacional) de "extrema derecha" acusó al jefe de Estado galo de desear compartir con Alemania al asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual ha sido negado por Macron. Sepa Dios si es cierto o no, en esta fase de la post verdad y los fake news, pero Alemania desde hace mucho merece su asiento en el caduco formato del Consejo de Seguridad, como India y otros.

 

Le Pen fue muy dura contra la cooperación de la industria de defensa con Alemania porque perjudicaría los intereses exportadores de armas galas: "Los franceses tendremos que pedir permiso al Bundestag (Parlamento alemán)".

 

En Alemania, Alice Weidel de la extrema derecha del partido AfD criticó el tratado por supeditar a Alemania a los intereses franceses que sólo beneficiaría a los contratistas militares galos.

 

En Davos, Mike Pompeo celebró el nuevo eje nacionalista global del trumpismo/Brasil (con Bolsonaro) /Italia (con Salvini), mientras, el primer italiano Giuseppe Conte arremetía contra el tratado donde Francia y Alemania "sólo piensan en sus intereses nacionales" en forma "hipócrita". Respecto al asiento de Berlín en el Consejo de Seguridad, Conte preguntó en forma sarcástica "si Alemania había perdido o ganado la Segunda Guerra Mundial".

 

Merkel nunca ha ocultado su desdén por las "soberanías" ajenas (http://bit.ly/2Atjd6k), mientras Mike Pompeo, secretario de Estado y ex director de la CIA, acaba de sentenciar "la muerte del globalismo" en el sepelio de Davos ( http://bit.ly/2ThrNwe). ¿No habrá llegado muy tarde el Tratado de Aquisgrán?

 

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Miércoles, 23 Enero 2019 06:36

Brexit y el futuro del capitalismo

Brexit y el futuro del capitalismo

En junio de 2016 el pueblo en Inglaterra escogió abandonar la Unión Europea (UE). El Brexit tomó por sorpresa a las élites del capitalismo inglés. Las fuerzas que promovieron la salida de la UE recurrieron a las banderas de miedo a la migración y el rencor contra la euroburocracia en Bruselas.


Durante 2013 y hasta febrero de 2016 el gobierno de James Cameron trató de renegociar un acuerdo integral con la UE para aplacar a los euroescépticos en Inglaterra. Además de lograr que el acuerdo de Schengen sobre circulación de personas no se aplicara en Inglaterra en los mismos términos que en los demás países de la UE, Cameron obtuvo concesiones para restringir los beneficios para migrantes. Su gobierno presentó eso como el logro más significativo del nuevo acuerdo con la UE. Además, el nuevo trato daba garantías para que la libra esterlina no se convirtiera en una moneda de segunda categoría en la esfera de la eurozona, lo cual tenía grandes implicaciones para el sector de servicios financieros en la City. Finalmente, el acuerdo reconocía que Inglaterra no tendría que comprometerse con una integración política más profunda en Europa. Muy confiado en el resultado, Cameron cometió el error más vistoso en la historia política de Inglaterra al convocar al referendo de 2016 sobre la permanencia en la Unión Europea.


El Brexit tiene muchas facetas, pero la más significativa es que tanto los que promovieron la salida como los que deseaban la permanencia recurrieron al miedo como su principal argumento. Paradójicamente, la campaña de miedo a los migrantes triunfó con márgenes decisivos en las regiones donde no hay migrantes: zonas rurales y áreas como el País de Gales. En favor votó la mayoría de la población cercana a los polos urbanos, como Londres y Manchester, así como la del sur de Inglaterra, que mantiene niveles de ingreso superiores a la media. Pero ese voto estuvo animado por el miedo a un supuesto colapso económico y desempleo masivo, pronosticado por el gobierno y sus aliados. El resultado no fue suficiente para hacer contrapeso. Es normal, en las ciudades la precariedad del empleo ya representa suficiente caos para millones de personas. El balance de la jornada del referendo fue una votación dividida en las conclusiones, pero unida bajo la bandera del miedo.


Durante los pasados dos años el gobierno inglés trató de definir los términos de la separación con la Unión Europea. La semana pasada el parlamento rechazó la propuesta de la primera ministra, Teresa May, arrojando por la ventana su plan de divorcio. El balance final es un descalabro para el proyecto neoliberal sobre el que se funda la Unión Europea desde los tratados de Maastricht y Lisboa. También lo es para el capitalismo neoliberal que se aplica en Inglaterra desde los años de Margaret Thatcher. Sin duda el Brexity sus secuelas son una marca infamante para el neoliberalismo, pero surge la pregunta de si también son señal sobre el futuro del capitalismo. Quizá la respuesta está en las implicaciones del Brexit para el sector financiero.


Avizorando los peligros que rodeaban la desindustrialización y aprovechando hábilmente la coyuntura del colapso de Bretton Woods, el capitalismo inglés construyó un señorío financiero sobre las ruinas del antiguo imperio británico. Desde las islas Cayman hasta Chipre, la Cityconsolidó un nuevo espacio transfronterizo, en el que la libra esterlina pudiera reinar sin ser perturbada. Esa plataforma del poder financiero ha servido para el asombroso desarrollo de la especulación y los mercados financieros de divisas, títulos y derivados. Hoy, la prioridad de ese nuevo imperio financiero es conservar su integridad frente al desafío del Brexit.


El mercado mundial de divisas tiene varios espacios que fungen como cámaras de compensación y la City es de los más importantes. Una de las principales divisas que circulan en esa cámara de compensación es el euro, lo que ha otorgado a la City un lugar preponderante en el corazón de una unión monetaria a la que Inglaterra no pertenece.


El desarrollo de la City se hizo al amparo de importantes economías de escala en el sector bancario que permitieron la aglomeración de bancos y casas de cambio en una sola localidad. Pero esas economías de escala pueden perderse si se ven perturbados los acuerdos sobre convertibilidad que les dan vida. Y es aquí donde el caos del Brexit acarrea serias consecuencias para ese imperio financiero por el posible desplazamiento de actividades bancarias que amenazaría las economías de escala sobre las que se construyó el imperio financiero.


En el drama del Brexit las clases desfavorecidas no son las únicas que tienen miedo. La cima del capitalismo financiero también tiene dudas existenciales. La incertidumbre no respeta fronteras ni clases sociales. Pero una cosa es cierta: ningún sistema social puede sobrevivir cuando está fincado en el miedo. Y hoy la evolución del capitalismo no está marcada por la promesa de un porvenir luminoso, sino por el temor y el desasosiego.


Twitter: @anadaloficial

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Steve Bannon, el mito detrás de los monstruos

Un fantasma recorre la globalización neoliberal en descomposición, el fantasma del populismo de ultraderecha.

Esa sombra fantasmal, en un inicio difusa y hoy más nítida, tuvo su primer éxito con la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, y terminó de solidificarse con la llegada de Jair Bolsonaro a Brasil. Un tercer vértice de este triángulo lo encontramos en la Europa de Matteo Salvini (Italia), Víktor Orban (Hungría), Marine Le Pen (Francia) y Vox (España).
Y como articulador de este fenómeno monstruoso, encontramos un nombre: Steve Bannon, quien fue durante siete meses el jefe de estrategia y asesor presidencial de la Casa Blanca de Donald Trump.


¿Quién es Steve Bannon? Ex banquero, fue conocido por ser el director ejecutivo de Breitbart News, la web referencia de la ultraderecha antiestablishment en Estados Unidos, desde donde se impulsó la creación del movimiento Alt-right (derecha alternativa, un eufemismo para nombrar al supremacismo blanco), y que lo catapultó para ser el jefe de campaña de Trump, y posterior hombre fuerte de la Casa Blanca hasta su dimisión en agosto de 2017.


Pero en realidad esa dimisión fue el momento de despegue para un Bannon que ha sabido leer y aprovechar muy bien el momento gramsciano donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Un momento histórico de crisis terminal del capitalismo en un mundo multipolar donde el proyecto de globalización neoliberal de las élites económicas ha entrado en crisis, y donde surgen, en ese claroscuro, los monstruos.


Hasta entonces, Bannon había comenzado a testear algunas ideas mediante Cambridge Analytics, la consultora que succionó datos de 50 millones de usuarios de Facebook y los utilizó para manipular psicológicamente la elección que dio la victoria a Trump en Estados Unidos.


Pero es un año después, en agosto de 2018, que Bannon se reúne con Eduardo Bolsonaro, actualmente el diputado federal más votado de la historia de Brasil con casi 2 millones de sufragios, y acuerdan colaborar para llevar a su padre, Jair Messias Bolsonaro, a la presidencia de Brasil.


El resultado es por todos conocido, y Bolsonaro representa el triunfo de un monstruo de ultraderecha en el país más grande de América Latina.


De nuevo otra red social, como sucedió en EU, en este caso Whatsapp (propiedad también de Facebook), resultó determinante en la amplia ventaja que obtuvo Bolsonaro en la primera vuelta, y en el resultado final de la segunda, creando todo un ecosistema de fake news que se transmitían por el sistema de mensajería, y mediante la micro segmentación y el uso del big data, terminaron deconstruyendo la realidad política al mismo tiempo que construían una paralela en el imaginario de la población.


Tanto en Estados Unidos como en Brasil, el mensaje que se iba alentando era similar (con las especifidades propias de cada país): la lucha contra el marxismo cultural y la ideología de género, además de un discurso crítico con los medios de comunicación masivos parte del establishment (sean estos CNN o Globo), apelando a los miedos y aspiraciones de los sectores populares.
A partir de esta ideología de ultraderecha, de la experiencia en Breitbart y como forma de articular y expandir la Alt-right, Bannon creó The Movement (El Movimiento) y puso su mirada en una Europa donde por mucho tiempo el único partido de ultraderecha con músculo político era el Frente Nacional, de Marine Le Pen (que llegó a ganar unas elecciones europeas en Francia con el voto antiinmigrante de la clase obrera blanca).


The Movement nace en Bruselas, nada es casualidad, pues desde ahí opera su aliado Partido Popular Belga, y tiene su sede el Parlamento Europeo, el próximo objetivo de Bannon, quien intentará crear un grupo de euroescépticos y populistas de ultraderecha, tras las elecciones europeas de mayo de este año.


Los primeros que conformarán este Eurogrupo son los partidos de los primeros ministros de Italia, Matteo Salvini, y Hungría, Víktor Orban, así como el partido ultraderechista español Vox, cuyo contacto con Bannon es Rafael Bardají, ex asesor de la fundación FAES de José María Aznar. Vox acaba de obtener 10 por ciento de los votos en las elecciones en Andalucía (cuyo tamaño es similar al de Portugal), siendo decisivo para desbancar al PSOE y darle la presidencia al PP, y puede ser la gran sorpresa en las próximas elecciones europeas en España.


Pero, además, los tentáculos de The Movement ya tienen ramificaciones en Alemania (AfD), Austria (FPO), Polonia (PiS), Suecia (SD), Finlandia (Perussuomalaiset) o Reino Unido (Ukip).


El Eurogrupo que surja tras las elecciones de mayo podría ser el segundo más numeroso, con un programa radical de ultraderecha contra la migración, el islam y el feminismo, y en defensa de la seguridad y las fronteras.


Con este nuevo mapa político en la Unión Europea, junto con los Estados Unidos de Donald Trump y el Brasil de Bolsonaro, se conforma un trivotelleno de monstruos. Y detrás de estos monstruos, la figura de Steve Bannon crece, articulando una alternativa global de ultraderecha a la globalización neoliberal.
En nuestras manos está construir no sólo una resistencia a este movimiento, sino enfrentarlo con propuestas y alternativas a este mundo fragmentado y en crisis en que nos ha tocado vivir.


*Politólogo expecialista en América Latina

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Jueves, 29 Noviembre 2018 05:22

El precio del Brexit

El precio del Brexit

Según un informe del gobierno británico, con o sin acuerdo de salida en la economía habrá un crecimiento menor al que tendría si continuara siendo parte de la Unión Europea.

La economía británica tendrá un crecimiento menor en los próximos años a raíz de su salida de la Unión Europea (UE), según un informe publicado ayer por el gobierno británico. Sin embargo, Londres defiende el acuerdo alcanzado con Bruselas como el menos costoso para el país. El documento señala que una salida brutal del bloque sin ningún tipo de acuerdo implicaría que dentro de 15 años el Producto Interno Bruto (PIB) británico sea un 9,3 por ciento inferior a la proyección de crecimiento bajo las condiciones actuales. La economía británica, reconoce el informe, también sufriría asumiendo que se establezca la futura relación comercial prevista bajo el actual acuerdo sellado con la UE y los tratados de libre comercio tan anhelados con otros países. Sin embargo, en ese caso la pérdida sería sólo de 3,9 por ciento del PIB previsto en 2034. Casi tres años después del referéndum de 2016 en que 52 por ciento de los británicos votó a favor del Brexit, el país debe salir de la UE el próximo 29 de marzo, con o sin un acuerrdo que garantice una retirada ordenada como si no.

Horas después de publicado el informe, también el Banco de Inglaterra dio a conocer una evaluación de diferentes escenarios de salida de la UE, en el que prevé que un divorcio sin acuerdo provocaría una caída del 25 por ciento de la libra esterlina. El banco central británico considera, asimismo, que en ese escenario el PIB en 2024 sería entre 7,8 y 10,5 puntos inferior a la proyección de crecimiento bajo las condiciones actuales. Advirtió igualmente de que en caso de Brexit duro el desempleo aumentaría hasta el 7,5 por ciento –actualmente es de 4,1– y la inflación a 6,5 mientras los precios de la vivienda caerían un 30 por ciento. En opinión de esta institución, si se mantienen unas estrechas relaciones con la UE, lo que se conoce como un Brexit blando, el PIB se vería amputado entre 1,2 y 3,8 por ciento en los cinco años entre 2019 a 2024.


Las previsiones económicas se dieron a conocer dos semanas antes de la fecha en la que el Parlamento debe votar sobre la ratificación del acuerdo que Londres selló el domingo con los otros 27 miembros de la UE en una cumbre extraordinaria en Bruselas. La oposición al texto es fuerte entre los diputados, incluso en las filas del Partido Conservador de la primera ministra Theresa May. Por ello, pese a los esfuerzos del gobierno la votación del 11 de diciembre se anuncia incierta.


Ayer, tras la publicación del informe gubernamental, la premier compareció ante la Cámara de los Comunes, a la que se esfuerza por convencer de que respalde el acuerdo fruto de 17 meses de negociaciones con Bruselas. “Este análisis no muestra que seremos más pobres en el futuro de lo que somos hoy”, subrayó. “Muestra que nuestra situación será mejor con este acuerdo.” O, por lo menos, menos mala, como había reconocido por la mañana el ministro de Finanzas Philip Hammond, en declaraciones a la radio BBC. “Desde un punto de vista económico, la salida de la UE tendrá un costo lo que la primera ministra está tratando de minimizar ese costo”, admitió.


Sin embargo, las críticas que el texto volvió a recibir ayer en la Cámara de los Comunes, donde euroescépticos y proeuropeos se oponen a él por motivos diferentes, dejaron en claro que la jefa de gobierno tendrá que superar muchas resistencias para lograr el voto mayoritario al que ha presentado como el único acuerdo posible de Brexit. “No es difícil que sea el mejor acuerdo si es el único acuerdo”, ironizó el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn. “Por definición, es también el peor acuerdo”, agregó, antes de afirmar que había llegado la hora de trabajar en otro plan. Sin embargo la primera ministra y sus socios europeos ya han dejado muy claro que no habrá posibilidad de negociar otras condiciones. Frente a este panorama, en un intento de ganarse el respaldo de la opinión pública, May está viajando estos días por el país, hasta Irlanda del Norte, Escocia y Gales, con la esperanza de que unos británicos cansados del interminable debate por su salida de la UE y preocupados por sus posibles consecuencias presionen a sus diputados para que ratifiquen el acuerdo.


Ayer, en territorio escocés, la primera ministra se comprometió a que el Reino Unido recupere el control total sobre sus aguas y cuotas de pesca cuando el país salga de la UE y abandone así la Política Pesquera Común, que tantas enojos produce en el sector. “Por fin, volveremos a ser un estado costero independiente. Recuperaremos el control soberano total sobre nuestras aguas y tendremos la libertad de decidir por nosotros mismos a quién permitimos pescar en nuestras aguas”, afirmó May. Sin embargo, el Partido Nacionalista Escocés, que gobierna en Escocia, ya adelantó que votará en contra del acuerdo.

 

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Quemar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para abonar una nueva agenda común global

Una minoría creciente de los movimientos sociales creemos que estamos frente a una auténtica crisis sistémica y global o, para ser más exactos, ante una civilización fallida en fase de colapso. ¿Cómo debe ser la agenda para afrontar el futuro?

En octubre se celebró el Encuentro Islas Encendidas, un evento impulsado por la iniciativa Quórum Global con el objetivo de impulsar un proceso de confluencia desde abajo frente a la crisis democrática y ecosocial. Allí nos reunimos cerca de tres centenares de personas procedentes en su mayoría de ONG, pero también del movimiento feminista, antirracista, ecologista, vecinal, etc.


El Encuentro transcurrió en un clima de gran afinidad entre las personas y organizaciones participantes en torno a una idea central que fue repetida a lo largo de los tres días, “la necesidad de poner la vida en el centro frente a la lógica neoliberal y la emergencia de los fascismos”. Sin embargo, bajo este aparente consenso emergió una cuestión que resultó polémica, la relativa a si la nueva Agenda Internacional 2030 marcada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es un buen marco de referencia desde el que trabajar juntas para lograr ese objetivo común.


Una controversia que refleja, en esencia, la existencia de al menos dos interpretaciones radicalmente distintas de la crisis que estamos viviendo y que, en consecuencia, plantea hojas de ruta también diferentes que, lejos de poder confluir, comienzan a ser divergentes desde el mismo punto de partida: el diagnóstico. Mientras una mayoría de las organizaciones y los movimientos sociales aún consideran que lo que enfrentamos es básicamente una estafa económica, una minoría creciente entendemos que estamos frente a una auténtica crisis sistémica y global o, para ser más exactos, ante una civilización fallida en fase de colapso.
Los ODS un documento sin diagnóstico


Lo primero que llama la atención cuando se analizan los ODS es que carecen de un diagnóstico acerca de las realidades sobre las que se quiere actuar, proponiendo 17 objetivos y 169 metas, sin el más mínimo argumento que los justifique y permita comprender su razón de ser. No hay nada, ni siquiera un somero diagnóstico que nos ayude a comprender cuáles son las causas que hay detrás de fenómenos como la pobreza, el hambre, las enfermedades, las desigualdades entre géneros o económicas, la degradación del medioambiente o el cambio climático. Y, ¿cómo no tener en cuenta las causas de esos problemas? ¿Acaso se quiere dar respuesta sólo a los síntomas?


Los ODS trazan el camino: más crecimiento e industrialización


Por otra parte, como bien argumenta Manuel Casal en “La Agenda 2030, misión imposible” existe una “preocupante mezcla entre fines y medios”. Mientras que “lo adecuado hubiera sido establecer unos fines, permitiendo flexibilidad en los medios”, se opta por “poner determinados medios a la misma altura que los fines, lo que genera confusión, contradicciones y rigidez”. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, con el “crecimiento económico” (O8) y “la industrialización” (O9) que son instrumentos convertidos en objetivos, marcando así el camino a seguir para alcanzar los verdaderos fines, como son “poner fin a la pobreza (O1) y al hambre (O2)” o “lograr la igualdad entre los géneros (O5)”.


Esta imposición de medios para la consecución de fines resulta especialmente alarmante cuando la Agenda se presenta además en ausencia de un diagnóstico. ¿Cómo justificar más crecimiento e industrialización? ¿Aceptaríamos un tratamiento médico sin antes conocer sus posibles riesgos, contraindicaciones y efectos secundarios? ¿Cómo valorar la idoneidad de este tratamiento? ¿Qué hace la diferencia? Ahí van algunas suposiciones: 1) Predomina una fe ciega bienintencionada sobre el documento al que no se le pide justificación; 2) Esta falta de justificación pasa desapercibida, pues los medios que se proponen como objetivos (O8 y O9) son mitos de nuestras sociedades modernas y 3) Los agentes sociales dependen económicamente de que los gobiernos destinen anualmente fondos renovados en el desarrollo de esta agenda, por lo que ¿quién se atreve a morder la mano que le da de comer?


La falacia “sostenible” e “inclusiva”


Habrá quien argumente que lo que la Agenda 2030 propone no es cualquier tipo de crecimiento económico e industrialización, sino sólo de aquellos que resultan ser “sostenibles” e “inclusivos”. Sin embargo, la tozuda realidad demuestra que ambos conceptos son auténticos oximorones en el contexto actual.


En el caso del crecimiento económico, su sostenibilidad no es realista por múltiples razones, siendo la principal que nos encontramos ya en un momento en el que hemos superado el cénit mundial de extracción del petróleo convencional siendo lo que tenemos por delante un descenso energético que hará imposible nuevos crecimientos económicos globales, teniendo en cuenta que las energías renovables presentan grandes limitaciones incluso para poder mantener el sistema económico en un estado estacionario.


Pero es que además el crecimiento económico es siempre insostenible. De hecho, los crecimientos “verdes” no llegan siquiera a producir una disminución total del consumo material y energético, ya que las mejoras en eficiencia sólo se traducen en una disminución relativa, es decir, en una reducción del consumo material y energético por unidad producida. Por ejemplo, los coches modernos consumen menos materia y energía que los más antiguos.


Sin embargo, en una economía adicta al crecimiento, el imperativo del crecimiento económico obliga al aumento de las ventas de coches y de sus desplazamientos, de modo que no es posible un crecimiento económico desacoplado de la degradación del medio ambiente y las emisiones de gases de efecto invernadero, porque sencillamente cuanto más crecen la producción y el consumo, más materia y energía se necesitan extraer de nuestra corteza terrestre y más emisiones se generan.


En cuanto a la inclusividad social del crecimiento, resulta ingenuo pensar que, ahora que nos adentramos en un escenario global de creciente escasez, se vaya a producir la reducción de los niveles de pobreza y desigualdad que no se logró cuando el crecimiento gozaba de buena salud y existía mayor abundancia.


Por otro lado, en el caso de la industrialización, no se entiende muy bien a qué se refiere cuando se la apellida de “inclusiva” y “sostenible”, en un contexto en el que los gobiernos y las corporaciones transnacionales están trabajando juntos en el desarrollo de la cuarta revolución industrial (4RI). Una disrupción tecnológica que, incluso según sus propios promotores, amenaza con incrementar las desigualdades y los procesos de exclusión, bajo el riesgo de crear una desigualdad masiva entre una clase tecnológica rica y una inmensa clase marginal, tanto en el interior de los países como entre ellos, mediante una robotización en clara competencia con las generaciones presentes y futuras.


Pero es que, además, la 4RI tampoco es sostenible tal y como analiza detalladamente José Halloy: “En términos de energía y materiales, las tecnologías informáticas actuales no son sostenibles a largo plazo”. De modo que podemos afirmar que la cacareada industrialización 4.0 sólo puede presentarse como una oportunidad si se invisibiliza su insostenibilidad ecológica e indeseabilidad social.


Perseguir el crecimiento y la industrialización abona el fascismo


Insistir entonces en el crecimiento y la industrialización en este contexto global de creciente escasez energética y material es una vía genocida y ecosuicida que nos conduce directamente a la guerra por los recursos y al caos climático a través del desarrollo de agendas fascistas.


Un fascismo que ya estamos viendo emerger en las grandes potencias económicas y que se expresa en dos estrategias narrativas complementarias: Por un lado, mediante la idea de “Mi país primero” que busca sostener el crecimiento económico permitiendo la entrada de ingentes cantidades de energía y materiales procedentes en su mayoría de la expoliación neocolonial, mientras se impide la entrada —cuando no se expulsa— a las poblaciones inmigrantes y refugiadas, en su mayoría huérfanas de una vida digna en sus territorios, ocupados y degradados por las guerras, el extractivismo y el cambio climático.


Y, por otro lado, mediante el discurso que da centralidad al “Hombre Blanco Heterosexual y Nacional” con la que se busca fortalecer el orden heteropatriarcal y colonial, devolviéndole un cierto protagonismo a la vieja clase trabajadora industrial nacional, empobrecida y precarizada, y desplazar su ira contra otros colectivos sociales (pobres, inmigrantes, mujeres, homosexuales, etc.).


En resumen, como bien argumenta Luis I. Prádanos, “la crisis ecosocial no requiere ni del catastrofismo apocalíptico (al que nos conduce el imperativo del crecimiento económico), ni del tecno-optimismo (fomentado desde la cuarta revolución industrial)”, sino de nuevos ecosistemas culturales y socio-económicos capaces de prosperar sin crecimiento, poniendo la defensa y el cuidado de la vida en el centro.


Por una nueva Agenda Común Global


A estas alturas del Siglo XXI no habrá gobierno, organización o movimiento social que pueda argumentar que el actual proceso de colapso de nuestras sociedades modernas les pilló por sorpresa, pues hace más de 45 años que nuestra civilización industrial lleva recibiendo avisos sobre el abismo al que nos conduce el imperativo del crecimiento ilimitado.
Sin embargo, a pesar de dichos avisos, nada significativo se ha hecho hasta la fecha para cambiar de rumbo. El proyecto civilizatorio impulsado por la globalización de la Modernidad Capitalista está llegando a su fin y la lucha por todo aquello que amamos depende, ahora más que nunca, de que las grandes mayorías sociales seamos capaces de presionar a nuestros gobiernos para que abandonen el objetivo del crecimiento económico e impulsar medidas de emergencia social y ecológica capaces de favorecer nuevas formas de organización ecosocial que permitan adaptarnos de forma rápida y justa a un escenario de creciente escasez energética y material.


Muchas personas, grupos y comunidades locales de todo el mundo ya han comenzado a organizarse con el fin de satisfacer sus necesidades de un modo más justo y resiliente fuera de la lógica industrial y la búsqueda del beneficio económico: la agroecología, la permacultura, los sistemas de movilidad sostenible, la bioconstrucción, los sistemas de trueque en comunidad, los mercados sociales, la economía social y solidaria, los barrios y municipios en transición… son modelos que ya han demostrado su capacidad de satisfacer las necesidades de las personas en equilibrio con los límites de los ecosistemas. Sin embargo, para que dejen de ser marginales y se conviertan en verdaderas alternativas necesitan de un apoyo social masivo y de políticas activas de los gobiernos.


Si los Objetivos de Desarrollo Sostenible disfrutan todavía de legitimidad es porque aún la mayoría de los Agentes Sociales siguen sin cuestionar en profundidad las bases de la civilización industrial y su lógica de crecimiento ilimitado. Mientras los ricos traman cómo abandonar el barco, nosotros parecemos empeñados en seguir remando y mantener a toda la tripulación abordo, con esperanzas de mejorar nuestras condiciones como tripulantes.


Por ello, antes de que naufraguemos y los ODS sean papel mojado, quemémoslos y con sus cenizas abonemos el desarrollo de una nueva agenda común global. Una nueva hoja de ruta feminista, antihomófoba, queer, antirracista, decolonial, antimilitarista, municipalista y ecologista que, con un diagnóstico comprensivo de las complejas realidades que enfrentamos, nos permita una salida justa y ordenada ante el hundimiento de este Titanic, evitando así la catástrofe del fascismo, las guerras por los recursos y el caos climático. Nos jugamos la vida en ello.

Por Marcos Rivero Cuadrado 

Solidaridad Internacional Andalucía

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Lunes, 22 Octubre 2018 06:18

Como la humedad

Como la humedad

El rasgo más decisivo de la globalización económica es la libertad prácticamente absoluta del movimiento de los capitales. De ahí se prenden las modalidades del libre comercio, que en realidad está ampliamente regulado y sometido a convenios y tratados de diversa naturaleza. Y lo mismo ocurre con los flujos de mano de obra legales e ilegales y, cada vez más, de migrantes.

El dinero se convierte de una divisa a otra con el mero toque de una tecla de computadora, así se pueden comprar también las acciones de las empresas que cotizan en las bolsas del mundo.

De tal manera se alteran las tasas de interés, los tipos de cambio, el nivel de los precios, igualmente se mueve el valor de las empresas y su propiedad literalmente; todo en tiempo real.

Una parte de los movimientos de capitales se expresa en inversiones en plantas y equipos, pero la actividad financiera recae en una medida muy grande y predominante en actividades de especulación.

La especulación se extiende por los mercados como la humedad: una cosa es la entrada del agua y otra puede ser el lugar por donde se filtra y aparecen la goteras o de plano las inundaciones.

La especulación financiera sostenida en hipotecas chatarra y luego convertidas en títulos de deuda llamados derivados, en los que se aglomeraban calidades distintas de esas deudas, cada vez más riesgosas, fue el centro de la crisis de 2008.

Lejos de atemperar esas prácticas, la gestión de la crisis principalmente con la política monetaria de muy bajas tasas de interés, instrumentada por la Reserva Federal (Fed), impulsó nuevas rondas especulativas en los pasados 10 años. Entre los activos preponderantes de la especulación estuvieron las acciones, la deuda de los gobiernos y, otra vez, los bienes raíces. Por necesidad, esos movimientos de capitales inciden en el valor de las monedas.

Ahora los especuladores que operan a partir de las expectativas que ellos mismos provocan y que suelen convertirse en profecías autocumplidas se lanzan a vender y desplazan el dinero colocado en acciones hacia títulos más seguros y líquidos (es decir, de los que se pueden deshacer con mayor facilidad), como son los bonos del Tesoro estadunidense, o sea, la deuda pública del gobierno.

Los flujos crecen en la medida en que la Fed eleva las tasas de interés –cinco veces en lo que va de este año– y altera así los precios relativos de los activos, sean las inversiones productivas y, especialmente, las operaciones de índole financiera.

En su más reciente reunión de septiembre, la tasa de los fondos federales se fijó en 2.25 por ciento y se espera que en los próximos meses siga creciendo. La expectativa es, pues, que la inestabilidad prevalezca en los mercados de capitales.

La humedad se extiende. En China se deprecia la moneda, la producción creció menos de lo previsto y las cotizaciones en las bolsas tienden hacia abajo.

En Italia, el gobierno ha previsto un déficit fiscal por encima de las pautas establecidas por la Unión Europea. La deuda pública se elevará y las tasas de interés también, pues los acreedores exigen mayor rendimiento. Esto aumenta el riesgo para los bancos, que son los que poseen la mayor parte de esa deuda. Una mayor fragilidad en los bancos sólo puede acarrear más inestabilidad.

En México, el banco central ha subido la tasa de interés de referencia (tasa de interés interbancaria de equilibrio-TIIE a 91 días) en 75 puntos porcentuales o tres cuartos por ciento en lo que va del año.

La presión en las tasas desde 2016 se aprecia en que a principios de ese año la TIIE era de 3.59 por ciento y a mediados de octubre era de 8.1.

La expectativa es que la subida de la tasa de la Fed se exprese en un alza en México, lo que incide en un mayor costo de la deuda de personas, empresas y gobiernos federal, estatales y locales, más inflación y volatilidad del tipo de cambio.

Las previsiones presupuestarias del nuevo gobierno tienen que adaptarse a estos costos y asignar de la manera más eficiente los recursos fiscales. El escenario debe contemplar la volatilidad del tipo de cambio.

El escenario es complejo y los márgenes de maniobra de la política monetaria y fiscal son estrechos. Las primeras decisiones de ingresos, gastos y financiamiento de la nueva administración serán muy relevantes para el cumplimiento de los objetivos económicos y sociales del sexenio.

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El Santander tiene más ingresos que Colombia y Telefónica más que Rumanía

157 multinacionales están entre las 200 “entidades” más ricas del mundo, en una lista que incluye a los Estados soberanos. La multinacional de la distribución Walmart es la compañía más rica, por debajo de nueve países.

 

Las diez multinacionales más grandes de la tierra acumulan, combinadas, más riqueza que los 196 Estados menos prósperos. Walmart, State Grid, Sinopec Group, China National Petroleum, Royal Dutch Shell, Toyota, Volkswagen, BP, Exxon Mobile y Berkshire Hathaway ingresan, cada una, más dinero que los 196 Estados menos ricos de las 222 países del mundo.


Un año más, el informe de Global Justice Now!, combinando la lista de riquezas de la revista Fortune y el “libro de hechos” de la CIA sitúa a la multinacional de la distribución Walmart como la décima entidad más rica, por encima de España, que ocupa el undécimo puesto en ingresos con 492 billones de dólares (492.400.000.000 euros).


Estados Unidos, con ingresos por valor de 3.336.000.000.000 —tres mil trillones— y China, 2.500 trillones, son las principales potencias de la lista. No obstante, es importante destacar el control por parte del Gobierno chino de tres de las cuatro principales corporaciones más ricas del mundo.


Con la notable excepción de Walmart, las principales compañías del mundo se dedican al sector energético o a la automoción. Apple, en el puesto 29, y más rica que Suiza o Noruega, es la primera de las tecnológicas. Amazon, la que más ha subido respecto a los datos publicados en 2017, en un año ha pasado del puesto 73 al 40.


Santander, primera entidad española


Entre las multinacionales con origen español, el Santander ocupa el puesto 109, con unos ingresos el año pasado de 87 mil millones de euros, más que los de Colombia o Irlanda. Telefónica se encuentra cien puestos más abajo, por delante de Rumanía. El BBVA está en el puesto 278, Repsol en el 318, ACS en el 341, Iberdrola en el 391 —por encima de Ecuador—, Gas Natural en el puesto 491 y Mapfre en el 503 —con más ingresos que Marruecos—.


Global Justice Now! realiza este ránking a modo de denuncia de la acumulación por parte de las corporaciones. Uno de sus portavoces, Nick Dearden, señala cómo ese poder está "en el corazón" de problemas comunes a la humanidad como la desigualdad y el cambio climático. Asimismo, critica la presión de estas corporaciones del tamaño de Gobiernos para evitar la rendición de cuentas en términos de violación de derechos humanos o una mayor regulación de su actividad fiscal.


Esta semana se celebra en Ginebra la cuarta reunión del grupo de trabajo intergubernamental encargado de elaborar un instrumento jurídicamente vinculante para obligar a las transnacionales a respetar los derechos humanos por todo el mundo, un tratado al que se opone la Unión Europea y países como México o Rusia. Estados Unidos ha declinado trabajar en este grupo de trabajo desde un principio.

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