Pese al avance de la tecnología, prefiero las salas de cine: Scorsese

Oviedo. España. El sentimiento de división es muy peligroso y va contra la idea básica de lo que es Estados Unidos, país que creado por inmigrantes, aseguró el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2018, Martin Scorsese.

El multipremiado cineasta destacó que en la Estatua de la Libertad de Nueva York puede leerse "Traednos a los que no tienen casa", por lo que confió en que pase la discriminación hacia los migrantes impuesta por el presidente Donald Trump "y podamos trabajar todos juntos para cambiarla".

Incluso, dijo que si esa política hubiera empezado en 1909, "yo no estaría aquí ni tampoco la mayoría de los estadunidenses".

Recordó su película Gangs of New York aborda la reacción contra los inmigrantes irlandeses en Nueva York, a los que se odiaba por su catolicismo, aunque, insistió, a Estados Unidos lo crearon los nacidos en otras tierras.

"La migración es un experimento; todo mundo habla una lengua distinta, hay religiones distintas, todos viven juntos. Estamos intentando convivir, nunca va a ser fácil, pero es muy triste que ahora esté pasando esto, y es trágico en muchos casos", dijo.

Scorsese, director de las célebres películas Taxi driver, Buenos Muchachos y El lobo de Wall Street, entre otras, se refirió a la polémica que se ha generado con la plataforma Netflix, que producirá su próxima cinta The Irishman, con la participación de Robert de Niro, Joe Pesci y Al Pacino.

"Tenemos que proteger el respeto por el cine como arte, de modo que pueda ser apreciado por los públicos que asisten a las salas todo el tiempo posible; sin embargo, hay un factor muy importante en muchas películas, y es que no están apoyadas ya por los estudios", asentó.

Puntualizó: "Los que ponen el dinero ahora son Netflix o Amazon, y es esencial a tomar en cuenta de dónde va a salir el dinero para financiar las películas, ya que las becas o las fundaciones, no son suficientes".

Habló del mexicano Alfonso Cuarón, cuya película Roma, premiada con el León de Oro en la muestra de cine de Venecia, también es producida por Netflix.

A mí me pasó igual, agregó. "Netflix nos ha apoyado y esta película con De Niro, Pesci, Al Pacino y demás, no tenía financiamiento de otra manera".

No obstante, subrayó que la cuestión clave actual y lo que hay que proteger es la experiencia teatral que se produce al ver una película. "El cine del que yo vengo, o que intento mantener, restaurar y respetar, necesita ser visto con un público; eso no significa que las películas no se puedan ver en casa, con grandes pantallas. Creo que se trata de ambas cosas".

Llamó a trabajar para que, aunque una cinta sea producida por Netflix o cualquier otra plataforma, antes tenga tiempo suficiente en las salas de cine y luego ya se pueda ver en casa.

Scorsese, quien recibirá el Premio Princesa de Asturias de las Artes el próximo viernes, de manos del rey Felipe VI, en el Teatro Campoamor, de Oviedo, aseveró que “estamos viviendo una revolución extraordinaria.

"No sabemos hacia dónde se dirige el cine; no sabemos en qué se va a convertir la imagen en movimiento. Han pasado 100 años de su historia y a lo mejor el cine es lo que ha sido hasta ahora y ahora entramos a una nueva fase", anotó.

Scorsese citó a George Lucas y expresó que “tal vez vamos a tener 15 años de un agujero negro; no sabemos a dónde nos vamos a dirigir con toda la tecnología a nuestra disposición.

"Nuestros hijos están teniendo una experiencia de cine completamente distinta y a lo mejor esa experiencia es en casa, pero yo prefiero las salas", apuntó.

Publicado enCultura
Viernes, 27 Abril 2018 19:26

Sin orgasmos no hay revolución

Sin orgasmos no hay revolución

La discusión sobre lo corporal nos lleva a pensar, desde esa relación armónica generada entre células diversas para construir un ser vivo, hasta las distintas teorizaciones y experiencias existentes y vividas sobre este particular. Como humanos ampliamos la complejidad de dicho concepto a partir de las distintas maneras en que experienciamos la vida, y es a partir de este nutrirse de visiones que reconocemos la implicación de los diversos sistemas de opresión en la configuración de los cuerpos, unos capaces de amar y ser amados (abstractos e idealizados) y otros sentenciados a la muerte, tortura, discriminación, burla y humillación por no hacer parte de ese estereotipo blanco, europeo, adinerado, heterosexual.

 

Reconocemos que esta transmisión de opresiones nos ha relegado a ser opresores-oprimidas como única manera de existir o ser con otros; un ejemplo de esto es que pareciera que no pudiéramos concebir otras maneras de ver la sexualidad más allá de lo establecido, alejados de los dictámenes de la industria pornográfica y sus esquemas narrativos.

 

Nos hemos enfrentado a ser hipersexualizados por el sistema heteropatriarcal con el fin de dominarnos, de interiorizarnos y negarnos un espectro amplio de posibilidades, condenados a ser eternamente jóvenes, delgados, sin cualquier tipo de discapacidad física, adinerados, etcétera, o de lo contrario arriesgarnos a no ser amados o respetados en general.

 

Una historia de violencias que marca nuestros cuerpos y sexualidades

El machismo, como le llamamos coloquialmente, ha encarcelado los cuerpos en un modelo de identidades binarias en las que todas las personas debemos encajar; las mujeres deben asumir unas sexualidades sumisas, calladas, entregadas y serviciales disponiendo su cuerpo para la mirada y el disfrute masculino. De esta manera la sexualidad femenina activa es sancionada socialmente, a diferencia de la sexualidad masculina que tiene un lugar de depredación e insaciabilidad para justificar las rupturas a sus acuerdos de fidelidad y compromiso establecidas en su contrato heterosexual.

Es así como la heterosexualidad, como modelo, determina a los hombres como sujetos activos y penetradores y a las mujeres pasivas y penetradas, delimitando la experiencia sexual a prácticas meramente genitales penetrativas, encaminadas a la reproducción o limitadas al orgasmo masculino.

Por otra parte, y como clara expresión del poder realmente existente y la cultura dominante, las personas que no se ajustan a esos parámetros de sexualidad sufren múltiples violencias: personas trans, no binarias, marikas y lesbianas que viven fuera de ese modelo hegemónico no pueden acceder fácilmente a educación, trabajo, salud, reconocimiento y validez social, lo que termina confiándonos a sufrir diversos tipos de opresión y exclusión, así como de violencia sexual. Por esta vía, y como manifestación de uno de los tipos de opresión padecidos, la colonialidad y el racismo nos somete a estereotipos de belleza blancos y eurocentrados que alimentan percepciones destructivas hacia nuestros propios cuerpos.

 

¿Cómo cambiar esta situación?

 

Al igual que sucede con las células, reconocemos que solo uniéndonos, trabajando organizadamente en el encuentro más diverso de grupos, lograremos concretar un mundo sin opresores ni oprimidas, resistiendo de esta manera a la muerte y a la negación sistemática de las vidas; desde el respeto, la horizontalidad, la autonomía y el afecto revolucionario.

 

De esta manera, alineándonos con aportes de los movimientos feministas, reconocemos la importancia de destruir la visión machista que marca a las personas como objetos sexuales y que, por lo tanto, nos obliga a someternos a sexualidades egoístas y penetrativas, lo que limita y/o reduce nuestras múltiples maneras de vivir las prácticas sexuales y los placeres del cuerpo reduciéndolos al servicio y limitantes del machismo.

 

En el marco del capitalismo nuestros cuerpos han sido reducidos a simples mercancías para vender, comprar, usar y desechar; contrario a lo cual consideramos que es posible embarcarnos en prácticas en las que nos demos cariño, cuidado y placer.

 

No existen muchas posibilidades de libre acceso para conocer otras maneras de experimentación corporal y sexual; las industrias de la pornografía industrial, heteropatriarcal y hegemónica han delimitado nuestros orgasmos y los han secuestrado de nuestra creatividad y nuestras relaciones vitales configurando nuestros deseos y placeres. Iniciativas como el posporno, por ejemplo, son una propuesta por deconstruir el deseo y plantear rutas concretas desde nuestros cuerpos, modos de querer y sentir para ejercer resistencia a la construcción masculina, patriarcal y capitalista que reduce el contacto con otros a un acto de consumo, violento, penetrativo y distante.

 

Por eso creemos necesario permitirnos conocer esas otras posturas, esas otras posibilidades para la vida. Una opción en esta perspectiva es la “Muestra audiovisual Arrecheras heterodisidentes”, por presentarse éste 28 de abril a las 7pm en Video Roma en Chapinero, Bogotá (para más info. buscar en Facebook), para visibilizar un poco más las producciones audiovisuales que están reflexionando sobre el posporno, las sexualidades, géneros y cuerpos en América Latina.

 

Proponemos además, en esta búsqueda-resistencia alternativa, la autogestión: explorarnos nosotros mismos, así como la posibilidad de explorarnos con la ayuda de otros en prácticas que avancen en la construcción de sexualidades más colectivas, más placenteras y menos dominadas por la violencia heteropatriarcal, el miedo al cuerpo, el castigo a la sexualidad y la desnudez mediante la expansión sensorial, desde el reconocer nuestros cuerpos, olores, texturas, temperaturas, sonidos y un sin fin de ejercicios colectivo-individuales que implican no solo pensar en nuestro placer egoístamente, sino en pensarnos lo que implica el consenso y la importancia de la comunicación, diversas maneras de consentirnos, amarnos entre todas y a nosotras mismas.

 

Publicado enSociedad
Siete mitos sobre las mujeres y la masturbación que tenemos que desaprender ya

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. La periodista Suzannah Weiss desmonta siete mitos sobre la masturbación femenina.

 —Creo que me masturbo más cuando estoy estresada. 

—¿Te masturbas?

Esta conversación, que tuve con un amigo, encarna la sorpresa que expresan muchas personas cuando descubren no solo que te masturbas, sino que además lo admites sin complejos.

Porque aunque este amigo y yo hablábamos de sexo todo el rato y sabía que era sexualmente activa en mis relaciones, la idea de que tuviera sexo conmigo misma no se le había pasado por la cabeza.

Eso se debe a que nos han enseñado que la sexualidad de las mujeres solo existe para otras personas.

Desde que descubrí la masturbación accidentalmente cuando era una niña, ha sido algo que he hecho como respuesta a mis propios deseos, no como espectáculo para calentar a nadie.

No me interesan las poses sexis ni hago ruidos seductores. No enciendo velas ni me meto en la bañera. En resumen, no sigo un proceso diferente al que sigue cualquier otra persona, hombres incluidos. Y parece que eso también sorprende a la gente.

Ya que la mayoría de las representaciones de mujeres que se masturban o bien son pornográficas o bien son parte de algún discurso de empoderamiento feminista, la gente se sorprende cuando las mujeres tratan la masturbación como una actividad normal y cotidiana.

Que veamos que los hábitos de masturbación son diferentes según los géneros contribuye a que veamos la sexualidad como algo intrínsecamente diferente según el género.

Y cuando mantenemos esta creencia, fomentamos la mentalidad “los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus (y los géneros no binarios no existen)”, que sustituye a la gente real por estereotipos.

Además, llevamos a la sociedad a ver a las mujeres como criaturas exóticas, en lugar de congéneres con los que empatizar. Esa división artificial hace que las relaciones comiencen con mal pie, al igual que ocurre con la idea de que la sexualidad de la mujer es un espectáculo para los demás, en lugar de un atributo intrínseco a ella.

Un apunte rápido: muchas de las ideas que tenemos de las mujeres y la masturbación están relacionadas con mitos sobre la vagina. Muchos de los conceptos que tenemos sobre las mujeres están equivocados, muchos de los conceptos que tenemos sobre la vagina están equivocados, y la idea de que las dos están conectadas de forma inherente es errónea.

Algunos de los mitos acerca de las mujeres, la vagina y la masturbación se aplican a cualquiera que tenga vagina; otros, se aplican a cualquiera que se identifique como mujer, pero a menudo se dirigen a mujeres cis, aunque solo sea porque la sociedad, en general, tiene una perspectiva limitada.

Por tanto, este artículo se va a centrar en mitos sobre mujeres cis, porque esa es la experiencia de la que puedo hablar. Pero se debería escribir más sobre la mitología que rodea los hábitos de masturbación de las personas transexuales también, y esa conversación se debería ubicar dentro de esas experiencias.

Así que, desde mi punto de vista, aquí hay algunos mitos que deberíamos desaprender sobre las mujeres cis y la masturbación si queremos entender mejor la sexualidad de las mujeres reales, y no solo una versión exótica y cosificada de la misma.


MITO 1: LAS MUJERES NO SE MASTURBAN


Mucha gente en las culturas occidentales da por sentado que los hombres se masturban. No se considera correcto hablar sobre el tema, pero se ve como algo normal e inevitable.

Para las mujeres, no tanto.

En mi adolescencia y preadolescencia, me sentía pervertida, autocomplaciente y culpable por masturbarme. No se lo había contado a nadie hasta que jugamos a “atrevimiento o verdad” cuando tenía unos quince años. Me tocó ‘verdad’ y la pregunta era: “¿Cuál es tu mayor secreto?”.

El mío era (resuello) que me masturbaba. “Yo también”, dijeron las dos amigas con las que estaba. Lo habíamos estado ocultando porque no creíamos que fuera normal.

En realidad, según un estudio, el 92% de las mujeres de entre 18 y 22 años se masturba habitualmente.

Pero independientemente de cuál sera la cifra real (que puede estar sesgada debido al mismo sentimiento de vergüenza que yo tenía), es muy normal y no hay que avergonzarse de ello.

Hay quien ve a las mujeres que experimentan placer sexual o se excitan ellas solas de la misma manera que los niños a los profesores fuera del colegio. No consideran que exista una sexualidad femenina más allá de las relaciones.

Pero la sexualidad es intrínseca a muchas de nosotras y se puede ejercitar sin que nadie más participe.


MITO 2: LA MASTURBACIÓN DE LAS MUJERES ES UN GRAN ESPECTÁCULO


¡Poneos todos en fila para comprar las entradas, está a punto de masturbarse!

A veces me parece que este anuncio se reproduce cada vez que me subo a la cama. Se ha creado un espectáculo enorme sobre la masturbación de las mujeres en el porno y en las pocas películas en que aparece.

Desde el sensual desnudo y las caricias corporales de Shannon Elizabeth en American Pie a los jadeos y el rostro eufórico que, literalmente, dan color al mundo en Pleasantville [en la imagen de más arriba], la masturbación femenina está diseñada para que sea un espectáculo.

Cuando los hombres se masturban en las películas, generalmente no se ha optimizado para que el público se excite o para que parezca delicado y bonito. Volviendo al ejemplo de American Pie, la escena en que Jason Biggs se masturba se presenta como algo vergonzoso, no como algo sexy. Se supone que el porno que está viendo es sexy, pero él mismo no lo es.

Porque la gente cree que los hombres se masturban como respuesta a sus propios deseos, mientras que las mujeres lo hacen para provocar el deseo de los demás.

La representación de la masturbación femenina en la interpretación saca a las mujeres de sus cuerpos y las lleva a cosificarse a ellas mismas incluso mientras se masturban, un momento generalmente indicado para centrarnos en nosotras mismas y no en cómo nos ve nadie más.

Como he sido expuesta a cada vez más representaciones sexuales en los medios de comunicación, incluso en supuestos artículos de empoderamiento y vídeos sobre el placer de las mujeres, he empezado a imaginarme cómo me percibiría un compañero mientras me masturbo, controlando las expresiones de mi cara y practicando ruidos de orgasmo, aunque soy silenciosa por naturaleza.

A esto nos lleva la cosificación.

Por supuesto, la masturbación se puede hacer frente a otra persona. Pero cuando a las mujeres se les enseña a estar pendientes de su apariencia, de lo que transmiten, de los sonidos que emiten durante el acto, se las saca del momento y el placer resulta más difícil de conseguir.

No es sorprendente que el 32% de las mujeres diga que cuando tienen problemas para llegar al orgasmo es porque le están dando vueltas a la cabeza o están concentradas en su apariencia. Eso nunca debería ser un problema, especialmente cuando no hay nadie mirando.

MITO 3: LAS MUJERES QUE SE MASTURBAN SON UNAS “FULANAS”


Gracias a la percepción de que la autoestimulación femenina es para otras personas, a la mujer que se masturba se la percibe como sexualmente promiscua, como si se dedicara a masturbarse para ser una estrella del porno y no para darse placer a sí misma, simplemente.

Además, gracias a la percepción de que las mujeres no se masturban por naturaleza, se considera que cualquier mujer que se masturba es una pervertida, atrevida o estrafalaria. Y si habla del tema, está en otro nivel totalmente distinto de perversión; no es que esté siendo honesta, sino que debe ser que quiere excitar a los hombres.

Cuando hablo de la masturbación con hombres, a menudo tengo miedo de que lo entiendan como una invitación. He visto a hombres que consideran que una mujer sexualmente abierta está abierta a tener sexo con cualquiera, por esa misma idea de que la sexualidad femenina solo existe para otras personas.

El hecho de masturbarnos o hablar sobre la masturbación no tiene nada que ver con cuántas parejas sexuales tenemos —de hecho, hay gente que se masturba como alternativa al sexo en pareja— por no hablar de con nuestra personalidad.

No consideramos que respirar o beber agua tenga ninguna carga sexual, y la masturbación es lo mismo: una manera de satisfacer una necesidad física. Cuando asumimos que a las mujeres que se masturban les debe encantar el sexo, dejamos a un lado el hecho de que la masturbación solo es una necesidad física básica para muchas personas, independientemente del género.

MITO 4: LA MASTURBACIÓN FEMENINA ES MÁS EMOCIONAL


Según la sabiduría popular, los hombres tienen fantasías rápidas y explícitas, mientras que las mujeres se imaginan a ellas mismas en relaciones amorosas, con diálogo y todo eso, cuando se corren. Ah, y también ponemos velas perfumadas y nos echamos crema en el cuerpo para crear un entorno sensual y aunar la mente, el cuerpo y el alma.

¡Ja!

Por supuesto, no tiene nada de malo hacer de la masturbación una experiencia profunda y sanadora, pero para muchas mujeres es tan simple como pasar unos minutos tocándonos cuando nos metemos en la cama, y luego nos dormimos.

Y sí, para que conste, tenemos pensamientos no aptos para menores. También podemos tener algunas fantasías bastante raras, al igual que muchos hombres, estoy segura. Con frecuencia me asalta el pensamiento “¿De dónde coño ha salido esa imagen?” justo después de terminar. Pero bueno, algunas cosas, mejor disfrutarlas que analizarlas.

MITO 5: LAS MUJERES NO VEN PORNO


Esto va junto con la creencia de que los hombres tienen una mente sexual, mientras que las mujeres son puras y solo disfrutan del sexo en su forma más enriquecedora emocionalmente. Siento sacaros de la burbuja, pero tengo algo que deciros: las mujeres vemos porno. Todo tipo de porno. ¡Horror!

A la gente le encanta decir que los hombres son más visuales, lo que mantiene un statu quo en el que la cosificación de las mujeres se considera natural. Esta consideración también protege a los hombres, que temen que ellos mismos sean cosificados si las mujeres somos, en efecto, visuales.

Pues lo somos.

Según ¿Qué quieren las mujeres?: Últimas revelaciones de la ciencia sobre el deseo sexual femenino, de Daniel Bergner, uno de cada tres consumidores de porno es mujer, los ojos de las mujeres se detienen en la imaginería erótica tanto como los de los hombres y las vaginas de las mujeres cis lubrican como respuesta a toda clase de vídeos sexuales.

Por desgracia, a pesar de la atracción que sienten muchas mujeres por las películas para adultos, la mayoría del porno se dirige a hombres heterosexuales y presenta a mujeres que está claro que no disfrutan, se las pone en situaciones potencialmente degradantes y la cámara las hace destacar como la persona a la que hay que mirar.

Pero los tiempos están cambiando. El porno feminista existe y tiene demanda.

A todas las mujeres no les ponen cachondas las mismas cosas, pero algo que muchas mujeres quieren es un porno centrado en el placer de la mujer. Y eso va a ser cada vez más común, a medida que vayamos admitiendo que las mujeres somos visuales y haya más mujeres detrás de las cámaras, en vez de en frente de ellas.


MITO 6: LA MASTURBACIÓN ES INNATA EN EL HOMBRE Y APRENDIDA EN LA MUJER


No hay duda de que la sexualidad de las mujeres se ha reprimido. Algunas mujeres no se permiten a sí mismas explorar su sexualidad hasta que ya tienen una edad.

Pero muchas descubren la masturbación muy pronto.

El 75% de las mujeres se ha masturbado antes de los 18 años y la mayoría descubre la masturbación por su cuenta. Si no me creéis, el libro de Nancy Friday comparte las historias de muchas mujeres que empezaron a experimentar el placer sexual siendo niñas.

Durante los últimos años, especialmente en el campus de mi antigua facultad y en otros, he notado un esfuerzo creciente de las feministas y las educadoras sexuales para educar a las mujeres en la anatomía sexual y los procedimientos, asumiendo a menudo que no los conocen.

No es malo educar a la gente acerca de sus cuerpos, aunque preferiría que se hiciera de un modo menos orientado al género, pero una educación de ese tipo se convierte en un problema cuando se dirige a las mujeres como bellas durmientes sexuales que necesitan que las despierten, ya sea su pareja o un experto.

Una vez más, vuelve a aparecer la suposición de que las mujeres son menos sexuales y son sexuales solo con la ayuda de los demás.

Algunas personas prueban la masturbación cuando aprenden qué es y otras tropiezan con ella sin querer. Pero parece condescendiente que nos digan que tenemos que aprender lo básico del funcionamiento de nuestro cuerpo. Tenemos que reconocer que muchas mujeres somos sexuales por naturaleza y no necesitamos a nadie que nos haga serlo.

MITO 7: LAS MUJERES TIENEN QUE MASTURBARSE PARA EMPODERARSE


Junto al discurso de las mujeres que se masturban como forma de seducción, hay otro de mujeres que se masturban como una declaración feminista. Esta última imagen puede parecer empoderadora, pero en realidad también cosifica a la mujer de varias maneras sutiles.

Un aspecto problemático de la idea de la masturbación como forma de empoderamiento de la mujer es que a menudo se propone como una manera para que las mujeres se sientan mejor con sus cuerpos. El razonamiento es que si puedes excitarte a ti misma y correrte, te vas a sentir sexy.

Pero no todo lo que las mujeres hacen tiene que está relacionado con el atractivo sexual.

La masturbación es una experiencia personal que se puede disfrutar incluso el día en que tienes la imagen personal más mierdosa. Nadie le dice a los hombres que se masturben para sentirse mejor con sus cuerpos, porque, de nuevo, la masturbación masculina no está asociada con su apariencia.

Además, al convertir la masturbación femenina en una declaración política, escondemos el hecho de que es algo que muchos de nuestros cuerpos hacen de forma natural y contribuye al estereotipo de que la masturbación es natural en los hombres y aprendida para las mujeres.

Más allá de eso, las mujeres no tenemos que masturbarnos para empoderarnos. No tenemos que hacer nada para empoderarnos. Solo tenemos que hacer lo que queramos.

Agradezco la intención de las feministas que abogan por la masturbación como una manera de hacer que la mujer se sienta “empoderada por sentirse capaz de darse placer a sí misma”. La masturbación puede ser un acto feminista si, al practicarla, rechazamos toda las tonterías que nos han enseñado sobre la (falta de) sexualidad de las mujeres.

Pero cuando me meto bajo las sábanas o en la ducha, en lo último que pienso es en el empoderamiento femenino, por regla general. Me entrego a mis propias fantasías, o al menos lo intento.

Cuando pienso en mi confianza o independencia gracias a todos esos discursos, esos pensamientos, como los que vienen de la cosificación de la masturbación femenina, me distraigo. De repente siento la presión de sentirme empoderada después, en lugar de sentir un alivio físico.

Así que vamos a evitar que las mujeres tengan la impresión de que tienen otra cosa más que hacer, ¿vale?

* * *

Lo que todos esos mitos tienen en común es que cogen una experiencia profundamente personal y la definen para otras personas. Nuestra rutina de masturbación es nuestra y solo nuestra, y puede ser lo que nosotras la hagamos.

Personas de todos los géneros se han apropiado de la masturbación femenina con diversos propósitos pero, en última instancia, no tiene por qué haber un propósito. No tienes que masturbarte como si fuera un espectáculo sexy, una exhibición de masculinidad o feminidad o como forma de emancipación. Puedes hacerlo simplemente porque te apetece.

A la sociedad y los medios de comunicación les encanta convertir las acciones femeninas en más de lo que son; y hacer a las mujeres más de lo que son. Pero no tenemos que serlo, especialmente en nuestros momentos más privados. No somos objetos ni encarnaciones de ningún ideal.

Por una vez, vamos a dejar que las mujeres sean personas que están haciendo sus cosas, sean las cosas que sean.

 

Por SUZANNAH WEISS
TRADUCCIÓN: ISABEL POZAS GONZÁLEZ

2018-04-11 06:00:00

 

SOBRE LA AUTORA
Suzannah Weiss contribuye con Everyday Feminism y es una escritora neoyorquina cuyo trabajo ha aparecido en The Washington Post, Salon, Seventeen, Buzzfeed, The Huffington Post, Bustle, y otros. Está titulada en Estudios de Género y Sexualidad, Cultura Moderna y Medios de Comunicación, y Neurociencia Cognitiva por la Universidad de Brown. La puedes seguir en Twitter en @suzannahweiss. Fuente original: Everyday Feminism

 

 

Publicado enCultura