Partidarios del clérigo iraquí Moqtada Sadr se reúnen en la capital, Bagdad, Irak para exigir el fin de la presencia de las fuerzas estadounidenses en su país. Foto Afp

Bagdad. Con banderas nacionales y pancartas criticando al presidente estadunidense Donald Trump, decenas de miles de iraquíes marcharon pacíficamente el viernes por las calles de Bagdad para exigir que los soldados de Estados Unidos abandonen el país. La protesta fue convocada por un importante clérigo chií.

La muestra de fuerza de los seguidores de Muqtada al-Sadr y de las milicias respaldadas por Irán se produjo en medio de fuertes tensiones, luego de un ataque con dron perpetrado por Estados Unidos a principios de mes que provocó la muerte de un importante general iraní en la capital de Irak, lo que avivó los sentimientos contra los estadunidenses.

No había cifras disponibles del total de asistentes y los organizadores proporcionaron números diferentes, pero estaba claro que se había quedado corta de la marcha de “millones de hombres” que había sido convocada por al-Sadr.

Las autoridades y expertos señalaron que la muestra de fuerza fue un intento del clérigo para capitalizar un estado de ánimo que se está gestando contra los estadunidenses y mostrar que tiene la preferencia de los iraquíes, mientras las élites políticas debaten quién debería ser el próximo primer ministro.

Grandes multitudes se congregaron en el día musulmán de oración mientras los altavoces de la plaza central reproducían la frase: “¡No a Estados Unidos!”. Algunos de los seguidores de al-Sadr vestían capas blancas para simbolizar el hecho de que estaban listos para morir por la causa.

“¡Eh, Trump! No permitiremos que conviertas a Irak en un campo de batalla”, se leía en un cartel. Un niño sostenía otro con la frase: “Muerte a Estados Unidos. Muerte a Israel”.

Tratando de mostrar control, los simpatizantes del clérigo no chocaron con la fuerte presencia policial ni atacaron las protestas contra el gobierno que se llevaban a cabo en la Plaza Tahrir, algo que los activistas temían que ocurriera.

En su sermón semanal de los viernes, el gran ayatolá Ali al-Sistani, el clérigo chií más venerado de Irak, pidió a los partidos políticos que salieran de su estancamiento y avanzaran en las negociaciones.

“La formación de un nuevo gobierno está constitucionalmente atrasado, y es necesario que cooperen los partidos involucrados”, manifestó al-Sistani en un sermón entregado a través de un representante. “Es un paso importante para resolver la crisis actual”.

Ap | viernes, 24 ene 2020 12:44

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Manifestantes cierran las calles mientras las fuerzas de seguridad usan gases lacrimógenos durante una protesta en el centro de Bagdad, Irak.Foto Ap

La confrontación de Estados Unidos contra Irán, que lleva 41 años, se centra hoy en Irak.

EU manipuló la guerra de Irak –gobernada por el sunnita Saddam Hussein– contra Irán de 1980 a 1988 cuando abastecía de armas en forma perversa a ambas partes para que se debilitaran y así beneficiar al irredentismo de Israel.

Dejó de lado la cooperación clandestina del "Irán-Contras (1985-1987)" entre los republicanos Reagan/Oliver North y la teocracia chiíta.

La primera guerra de Daddy Bush contra Irak en 1991 fue para controlar su pletórico petróleo.

La segunda guerra de EU en 2003 contra Irak, mediante las "mentiras (sic) de destrucción masiva" de Baby Bush, derrocó al sunita Saddam Hussein y consolidó la conectividad de Irán con sus correligionarios chiítas que conforman 75 por ciento del país árabe de Irak, donde se encuentran dos sitios sagrados de la cosmogonía esotérica chiíta: su capital espiritual Najaf (donde está enterrado el Imam Alí) y Karbala (sitio del martirio de Hussein, nieto del profeta Mahoma).

Hoy la estrategia conjunta de EU e Israel (vía el cuarteto Trump/Mike Pence/Jared Kushner/Netanyahu) todavía consiste en balcanizar a Irak en tres pedazos: chiíta, sunita y kurdo (https://bit.ly/2GarcYj).

En un abordaje multidimensional, que tome en cuenta la hipercomplejidad no-lineal con los multiniveles del "Gran Medio Oriente", en general, y de Irak, en particular, el asesinato del icónico general iraní Soleimani en Bagdad expuso en un nivel transcendental el macabro plan de Trump y el "evangelista sionista" Mike Pompeo (https://bit.ly/2uoJ5zS) de controlar el pletórico petróleo de Irak e impedir su venta a China, además de descarrilar la Ruta de la Seda.

Soleimani –quien pasará a la historia por haber contribuido a la derrota de los yihadistas sunitas en Siria/Líbano y, sobre todo, en la región kurda de Irak– tuvo una etapa de colaboración con el ejército de EU, durante la fase de Obama, lo cual finiquitó Trump en forma dramática.

Después de 17 años de ocupación ininterrumpida bajo todos los pretextos del mundo, hoy Trump en forma desvergonzada reclama 50 por ciento (¡mega-súper-sic!) de los ingresos del petróleo de Irak como compensación a su ocupación(https://bit.ly/2NQ3JjA).

Los ingresos de petróleo de Irak, segundo productor de la OPEP, arrojó 112 mil millones de dólares en 2019.

Hoy Irak se encuentra el borde del colapso bajo la amenaza de las sanciones de Trump y del bloqueo a sus cuentas abiertas por el Banco Central de Irak en la Federal Reserve Bank en Nueva York, donde Bagdad guarda sus ingresos vigilados de petróleo que conforman 90 por ciento de su presupuesto nacional (https://bit.ly/3avRkuN) –en represalias por la exigencia del Parlamento iraquí de expulsar a 5 mil 200 soldados de EU.

Pero, ¿A quién se le ocurre depositar cuentas estatales en el Federal Reserve Bank de Nueva York?

Las sanciones financieras y el secuestro de los depósitos ajenos están resultando en manos de Trump un arma tan deletérea como sus bombas nucleares.

Las confesiones del saliente primer mnistro iraquí, Adil Abdul-Mahdi, exponen el diseño de Trump en el "Gran Medio-Oriente" y su doble trampa para asesinar a Soleimani (https://bit.ly/2TJzWN9).

Trump y Mike Pence no perdonaron la visita del primer ministro iraquí, Adil Abdul-Mahdi, a Pekín del 19 al 23 de septiembre de 2019, donde se ve radiante el mandarín Xi (https://bit.ly/36ky28x) –tres meses antes del asesinato de Soleimani quien acudió a Bagdad en una misión de paz (https://dailym.ai/2TJYHsE).

Bajo el creativo esquema "Petróleo por Reconstrucción", Irak exportaría 100 mil barriles diarios a China, que a cambio se haría cargo de su reconstrucción y, de paso, conectaría al desahuciado Irak a la mirífica Ruta de la Seda (https://bit.ly/37hvxVt).

Una semana antes del asesinato de Soleimani ocurrieron los ejercicios militares de Rusia, China e Irán en el golfo de Omán/océano Índico (https://bit.ly/36heyRQ).

El asesinato del icónico Soleimani, más que dañar a Irán, que ahora restaña sus heridas, perjudicó sobre todo a Irak e intenta poner en jaque a China y a Rusia quienes no se quedarán con los brazos cruzados.

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Una doliente coloca flores junto a fotos de víctimas del avión derribado de Ukraine Airlines.Foto Afp

“En tiempos de guerra” le dijo célebremente Churchill a Stalin, “la verdad es tan preciosa que la debería cuidar en todo momento un guardaespaldas de mentiras”. Dijo esto en noviembre de 1943 –que casualmente era su cumpleaños 69– en un esfuerzo por transmitir al líder soviético la importancia de los engaños que hubo en la planeación del Día D. De hecho, los aliados sí engañaron a los alemanes, cuyos comandantes de la Wehrmacht pensaron que los desembarcos serían en el norte de Francia en vez de en las playas de Normandía.

Pero el significado de la verdad y las mentiras –e incluso el de la expresión “tiempos de guerra”– han cambiado tanto en sentido y utilidad en la historia reciente de Medio Oriente, que es casi imposible aplicar hoy en día la cita de Churchill.

Después de que uno de sus misiles antiaéreos destruyó el vuelo 752 de Ukranian Airways este mes, la mentira inicial de Irán –que la caída se debió a problemas con el motor– se pronunció no para “atentar” contra la verdad sino para proteger al régimen iraní de las acusaciones en caso de que su pueblo descubriera la verdad... que fue lo que, desde luego, ocurrió muy pronto.

Hubo un tiempo en que podía uno salir limpio de este tipo de mentira gigantesca. En la era pretecnológica, casi cualquier catástrofe podía ocultarse: aún hablamos de desastres “envueltos en misterio”. Pero con las cámaras de los teléfonos, los rastreadores de misiles, los radares de alto alcance y los satélites, las mentiras quedan al descubierto rápidamente. La pérdida del vuelo MH370 de Malaysia Airlines de hace casi seis años es la única excepción que se me ocurre ahora.

Cierto, Mubarak rodeó las instalaciones de la televisión de El Cairo con tanques en 2011, en un intento antidiluviano de detener la revolución impulsada por mensajes de teléfonos móviles. Pero la Guardia Revolucionaria y el ejército iraníes son tan avezados en cuestiones de computación que es improbable que no hayan entendido lo que le hicieron al avión ucranio. La idea, que aún repite el régimen, de que hubo problemas de “comunicación” (sí, durante tres días, por amor de Dios) es absurda.

Lo que en realidad pasó, sospecho, es que tanto el presidente Hassan Rouhani como el ayatolá Alí Jamenei supieron la verdad una hora después de lo ocurrido, pero estaban tan impactados de lo que había hecho su país que no supieron cómo responder. Su nación, en cuyo nombre se define como “islámic”a y cuya supuestamente venerada (pero en realidad corrupta) Guardia Revolucionaria se ha vendido como impecable y temerosa de Dios. No supieron qué decir, y dijeron una mentira. De esta forma la imagen de la inmaculada teología que supuestamente sostiene la imagen de Irán fue destrozada por un error… y por su deshonestidad.

No es de extrañar que los iraníes volvieran a las calles.

Irán cometió un error, pero el conjugar un yerro trágico con una falsedad descarada que después admitió está muy cerca del pecado original. El pueblo no está a punto de derrocar al régimen, como sugieren los acólitos de Trump y los “expertos” estadunidenses de siempre. Pero Irán ha cambiado para siempre.

Sus líderes ya no pueden adjudicarse una infalibilidad papal. Si mienten sobre haber matado a inocentes pasajeros de un avión ucranio –la mayoría de ellos iraníes– seguramente su jurisprudencia es igualmente mentirosa. Quienes exigen obediencia de sus leales seguidores no pueden esperar que su audiencia acepte sus futuros pronunciamientos –acerca de Trump o de Dios– con la misma confianza sagrada.

Durante un tiempo, la Guardia Revolucionaria que solía presentar a sus integrantes como potenciales mártires del islam ahora serán conocidos como “Los tipos que dispararon el misil”.

Recordemos que en Occidente nos hemos acostumbrado tanto a nuestra deshonestidad y a que nos descubran, que apenas y chistamos ante la palabra “mentira”. Permítanme hacer una pregunta franca: salvo por las moscas que revolotean alrededor de Trump ¿alguien de verdad cree que hay información de” inteligencia” sobre los planes de Qasem Soleimani para atacar o hacer estallar cuatro embajadas estadunidenses (o cinco, o seis o las que sean)?

Tal vez es cierto. Tal vez no. Pero a juzgar por las burdas respuestas de Mark Esper, secretario de Defensa, y sus amigos, yo me atrevería a apostar que eso no es más que una novela barata de Trump; mezcla de Hollywood, confusión mental y un tuit matutino. ¿A quién le importa si es verdad o no? Soleimani era un mal tipo. Levante la mano alguien en Occidente a quien le moleste que haya sido asesinado (al menos usemos esa palabra una vez por hoy)? Hasta Boris Johnson dijo que no iba a lamentar la muerte de Soleimani, pese a que nadie le pidió su opinión. Seguramente hubiera dicho lo mismo –y probablemente lohará– si Estados Unidos, Israel, o ambos, asesinaran al líder libanés de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah.

El problema es que nos hemos acostumbrado tanto a las mentiras –sobre el Brexit, sobre Medio Oriente, sobre lo que ustedes digan– que ya ni nos importan.

Podemos ir a la guerra por armas de destrucción masiva, por advertencias de 45 minutos y promesas de democracia para Irak y lo que resulta es medio millón de muertos, un millón o un cuarto de millón. ¿Ven cómo se puede jugar con las almas de los muertos en esta parte del mundo? No protegemos la verdad con guardaespaldas ¿No está mejor el mundo sin Qasem Soleimani? ¿No está mejor el mundo sin Saddam?

Pero esto sólo funciona hasta cierto punto. ¿O alguien realmente piensa que la mezcolanza de Boris Johnson sobre un nuevo tratado nuclear con Irán es algo más que una concesión a Trump? Había un acuerdo y, en teoría, como nos lo recuerdan los iraníes constantemente, sigue habiéndolo. Los iraníes están listos para retomarlo… o al menos eso dicen.

Claramente, los estadunidenses sufrirán en días, semanas o meses próximos. Esas bases en el desierto iraquí se ven cada vez menos como los “lirios acuáticos” con los que los comparó alguna vez Donald Rumsfeld, y parecen cada vez más potenciales trampas de muerte.

Lo extraño es que cuando los estadunidenses originalmen-te acusaron a los iraníes de es-tar detrás de los ataques de guerrilla contra sus tropasde ocupación durante la invasión de 2003, los iraquíes sabían que esto no era cierto. Irak tenía suficientes armas y expertos muy bien entrenados; todos ellos provenientes del viejo y abandonado ejército de Saddam, y no necesitaban a Soleimani para enseñarles lo que ya sabían. Nadie debe dudar de su apoyo, pero sugerir que el general encabezaba la resistencia iraquí –otra de las razones que dan para asesinarlo– es ridículo.

Lo irónico es que cuando Estados Unidos afirmó que los iraníes estaban detrás de los ataques contra sus soldados en Irak, probablemente no lo estaban.

Y ahora los estadunidenses han matado al comandante de las fuerzas Al Qods de la Guardia Revolucionaria, los iraníes están, de hecho, detrás de los ataques a las bases estadunidenses. Así lo admitieron, como una notable verdad dicha incluso cuando mentían sobre la destrucción del avión ucranio.

Es evidente el por qué Trump está tan confundido. Hasta ahora, los estadunidenses tuvieron el monopolio del engaño. Su plan para Medio Oriente destruye cualquier posibilidad de dar a los palestinos una nación y Estado propios; es la antítesis del Acuerdo de Oslo, suponiendo que éste tuviera realmente la intención de dar a los palestinos un país propio. Las políticas de Trump (si es que se les puede llamar así) llevarán inevitablemente a una ocupación israelí permanente de Cisjordania y al despojo de los palestinos. Aún así, se supone que debemos creer –lo mismo que los árabes e incluso los mismos palestinos– que la continua colonización en Cisjordania, sin mencionar la existencia de una nueva embajada estadunidense en Jerusalén, tienen la intención de pacificar la región. Simplemente al discutir este absurdo escenario, estamos ayudando a propagar la mentira.

Lo raro es que en un mundo en que el asesinato de un comandante militar no es considerado un acto de guerra, comenzamos a aceptar estas mentiras. Se han vuelto normales, incluso se han convertido en una especie de rutina. Occidente, por supuesto, espera que su mentiroso en jefe termine su presidencia el próximo año. Yo no estoy tan seguro. Pero ¿qué hay de la otra nación que se regodea en mentiras? Me refiero al Estado que nunca jamás ha enviado a sus fuerzas especiales a Ucrania, que nunca tuvo nada que ver, ni de la forma más remota, en derribar a ese otro avión, el vuelo MH17 de Malaysia Airlines.

En comparación con todo esto, los iraníes parecen rechinar de limpios. Después de todo, su régimen sagrado confesó al final. Pero antes de hacerlo descubrieron el pecado original. Eso es toda una experiencia.

Traducción: Gabriela Fonseca

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 Las antiguas ruinas de Persépolis, donde los líderes occidentales y la realeza británica viajaron alguna vez para celebrar con el sah los 2 mil 500 años del imperio persa.Foto Francesco Bandarin/Página de Internet de la Unesco
Hay algo profundamente ritual, además de ultrajante, sobre nuestra cobertura en torno a la comedia del absurdo de Medio Oriente. El presidente de Estados Unidos lanza otro tuit al mundo y –sin importar qué tan infantil o clínicamente enfermo sea su contenido– lo tratamos como un pronunciamiento político serio. Luego, millones marchan por las calles del mundo árabe al grito de muerte a Estados Unidos y muerte a Israel, y reportamos estas consignas –que he escuchado en Medio Oriente por décadas– y que son en realidad producto de un debate político serio. Sus consignas son comprensibles, pero no dan ninguna indicación de cuál será la reacción futura de Irán al asesinato de Qasem Soleimani.

Entonces, los canales internacionales disfrazan toda esta verborrea de periodismo de crisis –siendo escrupulosamente justos con ambas partes mendaces– y abren un viejo manual de vocabulario periodístico: escalada, represalia, repercusiones, venganza, odio; la crisis más grave desde la última crisis más grave, sea cual sea.

Esto es territorio conocido y me recuerda los primeros días de la guerra en Irlanda del Norte, cuando jugábamos los mismos absurdos e infantiles juegos de palabras.

En uno de sus exasperados poemas de principios de los 70, Seamus Heaney, el futuro premio Nobel y ahora, lamentabemente, el difunto Seamus, expresó una furia casi idéntica. Escribió sobre los periodistas de Belfast “que probaron su pulso: ‘escalación’/ ‘repercusión’/ y ‘medidas enérgicas’…/ ‘Polarización’ y ‘odio arraigado’…”

El poema de Heany titulado Lo que sea que usted diga no dice nada, es muy aplicable. Entre más términos periodísticos pronunciamos, más banales nos volvemos. Y cuanto más banal se vuelve, menos entendemos. O, más precisamente: menos se supone que debemos entender.

Porque nosotros constatamos que estas palabras que llevamos en el pulso conspiran con los conflictos sobre los que escribimos. Somos componentes esenciales del falso drama. El asesinado Soleimani es un ícono barbado, un oponente empedernido de Estados Unidos; cosa muy peligrosa ahora que Trump ha ejecutado un salto dramático en la escala del recrudecimiento. Y así seguimos, y seguimos. Y seguimos.

Ciertamente, esta jerga de la crisis es muy adictiva. Comencemos con la sugerencia trumpista de que podría haber futuros objetivos para el ejército estadunidense importantes para la cultura iraní. La manada en Washington de inmediato señaló que usar como blancos sitios culturales constituye un crimen de guerra, al menos según las convenciones firmadas en Ginebra y La Haya, sin mencionar la resolución de 2017 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condena la destrucción de sitios culturales.

Los iraníes dijeron tonterías sobre Genghis Khan (que es exagerar un poco) y Hitler, que tiene mucho más qué ver, pese a que los clérigos chiítas no son normalmente expertos en jurisprudencia de la Segunda Guerra Mundial.

Y luego todo fue analizar lo que Trump dijo o quiso decir. Desde luego estaba muy claro. Proponía un culturicidio”. Ésta era una palabra que usábamos en Bosnia cuando los croatas o los serbios o los bosnios deliberadamente hacían estallar los puentes otomanos, mezquitas antiguas e iglesias y cavaban las tumbas de antiguos cementerios para vengarse unos de otros.

El culturicidio es lo que viene en segundo lugar después del genocidio. No se asesina masivamente a una raza de personas; se destruye el legado pasado y futuro de una raza de personas de manera que las generaciones por venir no puedan experimentar o disfrutar la prueba histórica de su propia existencia. Cuando el genocidio no funciona (como ocurre a veces) esta es la opción que sí se logra.

Los nazis eran expertos en culturicidio. ¿Qué otra cosa fue quemar 267 sinagogas durante la Noche de los Cristales? ¿O la destrucción de 427 museos rusos en Smolensk, Poltava, Estalingrado, Novogorod y Leningrado por parte de la SS alemana en 1941? ¿O prender fuego al almacén temporal del Louvre en el castillo de Valencay en 1944, por parte de la segunda División Panzer de la SS del Reich? ¿O lo que pasó, unos meses después, cuando Hitler mandó destruir lo que quedaba de Varsovia, y hacer que el comando Spreng volara en pedazos el Castillo Real polaco y derribara la iglesia en la que alguna vez estuvo sepultado el corazón de Chopin?

Es esencial recordar estos actos de barbarie si queremos comprender lo que propuso Trump. No porque esté cuerdo –está completamente loco–, sino porque muchos de los que ordenaron un culturicidio han estado tan dementes como el presidente estadunidense. Goering dijo al presidente checo Hacha que destruiría Praga si el anciano no aceptaba la ocupación nazi, pues Hitler estaba impaciente. Hacha se dio cuenta de que lo nazis no estaban jugando y entendió el mensaje.

Pero este culturicidio –el atacar lugares importantes para la cultura, según las palabras inmortales de Trump– no es algo que se pueda englobar limpiamente en unos cuantos años. En 1914 el ejército alemán que invadió Bélgica incendió deliberadamente la gran biblioteca de la universidad Lovaina (Leuven), destruyendo 300 mil libros, muchos de ellos manuscritos medievales. Tampoco olvidemos la quema de bibliotecas armenias, iglesias cristianas y antigüedades romanas –piensen en Palmira, que fue obra de Isis.

Tampoco debemos hacer de lado el recuerdo del mariscal de las fuerzas armadas reales, Sir Arthur Garris, quien subió al tejado del ministerio aéreo de Londres la noche del 29 de diciembre de 1940 para mirar los incendios que provocó el bombardeo nazi y el cielo sobre la capital. En sólo seis semanas la fuerza aérea alemana destruyó el centro de Coventry y su catedral medieval.

En su autobiografía, Harris describe cómo, al dar la espalda a los incendios, le dijo a su jefe, el comandante aéreo (y capitán de bombarderos) Sir Charles Portal: Bueno, están arando en el viento. Sobre los alemanes que bombardeaban Londres, Harris citó Hosea 8:7 errónemente, pues la frase real es cosechar un remolino. Lo que vino después, desde luego, fueron tormentas de fuego sobre Hamburgo y Dresde, cuando Harris encabezó a los bombarderos.

De nada sirve decir que Dresde no fue un ataque de venganza. Se logró cerrar vías ferroviarias y la industria gracias al avance de las fuerzas rusas. Pero se eligió a Dresde y a Hamburgo porque las bombas incendiarias destruían fácilmente casas medievales aún habitadas por civiles, pues eran de madera. Fueron tan efectivas que los incendios en Dresde, que recibió el impacto de 650 mil bombas incendarias, destruyeron la gran iglesia de Nuestra Señora, del siglo XVIII. Y liquidó al pueblo de Dresde.

Qué raro que no se dijo nada de la Noche de los Cristales, de Poltava, Novogorod, Leningrado, Lovaina, del castillo de Valencay y del pobre y viejo presidente Hacha después del tuit de Trump. Unos cuantos pulsos sobre Isis y Dresde fueron toda la memoria histórica que se manifestó.

Pero olvidamos otro elemento notable: la espuria exigencia de venganza. Los nazis alegaron que la Noche de los Cristales de 1938 fue una represalia por el asesinato de un diplomático alemán a manos de un judío en Berlín. Los museos rusos fueron destruidos porque las fuerzas soviéticas seguían resistiéndose a la Wehrmacht. El castillo del Louvre fue atacado porque la SS culpó a los franceses de ayudar a los aliados en el desembarco en Normandía. Los alemanes destruyeron el centro de Varsovia por órdenes de Hitler porque sus habitantes se atrevieron a alzarse contra la ocupación. Praga fue amenazada porque la tardanza de Hacha exasperó al führer. Los alemanes quemaron Lovaina después de que sus tropas fueron atacadas por francotiradores belgas. Hamburgo y Dresde vinieron después de la primera destrucción nazi de Varsovia en 1939 y luego Coventry en 1940.

El Isis pulverizó iglesias y antigüedades porque ofendían las interpretaciones literales del islam.

El intento ridículo de Trump de perpetrar culturicidio –si bien pudo haber sido mucho más serio– fue hecho para advertir de una represalia estadunidense que pudo ser respuesta a una represalia iraní, que aún no se ha materializado, por el asesinato de Soleimani. Dicho asesinato, a su vez, fue la venganza de Estados Unidos por los soldados estadunidenses muertos en Irak que fueron ahí para vengar el inexistente papel del presidente iraquí Saddam Hussein en el 9/11.

Y ahora, según periodistas que deberían dar las noticias como si fueran un show de comedia, dicen que el asesinato de Soleimani fue, según el vicepresidente Mike Pence, una represalia por su ayuda en el traslado clandestino de entre 10 y 12 terroristas que perpetraron los ataques del 11 de septiembre. Sin embargo, se trató de 19 asesinos de los cuales se comprobó que 15 eran sauditas a quienes les hubiera encantado ver muerto a Soleimani.

Eso es a lo que yo llamo una mentira obvia y enorme. Casi tan tan descarada como George W. Bush diciendo hace 19 años que Saddam estuvo involucrado en el 9/11 ¿se acuerdan? y que por lo tanto tenía que invadir Irak. Esto, en la escala del uno al 10 es exactamente igual a Hitler alegando que la invasión de 1939 a Polonia era su obligación porque Polonia intentaba invadir Alemania. ¡Esto es exactamente lo que Hitler dijo!

Estas son señales, desde luego, de que algunos de los militares estadunidenses de más alto rango están un poquito espantados de que su comandante en jefe los lleve por el camino de injustificables crímenes de guerra. El Pentágono se está mostrando algo distante de la Casa Blanca en este tema. Esto me lo contó personal árabe militar que habla regularmente con el ejército estadunidense en el golfo, cuyos representantes son dos funcionarios estadunidenses de alto nivel radicados en la región.

Es un problema simple. Los Trumps del mundo vienen y se van –aun cuando tengamos que aguantarlos otros cuatro años como sucederá con el verdadero Trump– pero los tenientes coroneles se vuelven generales que aún estarán esperando un retiro honorable cuando un abogado internacional toque a su puerta dentro de 10 años.

No cuenten con sus soldados, ni con sus servicios de inteligencia. Me dicen fuentes muy confiables que los estadunidenses trataron de matar con un dron a Solemani en Siria hace unos 18 meses y fallaron.¿Qué hubiera pasado si lo hubiesen asesinado entonces? No hubiéramos podido decir que el asesinato se debió a las próximas elecciones estadunidenses o a que Trump enfrenta un proceso de impeachment. Pero esperen, ¿no habría coincidido el asesinato, entonces, con la investigación de Mueller de los contactos entre Trump y los rusos durante las elecciones de 2016?

Sólo dos detalles más antes de que dejemos este tema sórdido y empapado de mentiras. Uno es que fue Qasem Soleimani quien acordó con el Hezbolá libanés que el grupo intentaría poner fin a las protestas laicas en el centro de Beirut antes de Navidad en las que chiítas, sunitas y cristianos exigían un gobierno no religioso. Vi a jóvenes del Hezbolá, a quienes muchos consideran héroes de las guerras antisraelíes del sur de Líbano, golpeando y maltratando a los inocentes manifestantes. No son más defensores de Líbano.

En Irak, los hombres armados de Soleimani, iraquíes que formaban parte de la gran milicia chiíta iraní del país, reprimían otra manifestación justa que exigía poner fin a un gobierno de corrupción. Dispararon contra cientos de sus propios correligionarios en Bagdad y en la ciudad más sagrada de Irak. Incluso el poderoso ayatola Sistani objetó la interferencia de Irán. Este no fue el momento más honorable de Soleimani. Y así, los estadunidenses lo mataron justo cuando su campaña para promover el poderío iraní estaba fracasando. ¿Fue esto simplemente estupidez o hay algo que no sabemos?

De cualquier forma, he aquí un breve cuestionario: Todos nos hemos sumado al asustadizo debate de cuándo responderá Irán, pero no hemos decidido cuál sitio cultural. Los trumpistas atacarán Irán para vengarse por ___? Ustedes pueden responder a la pregunta escribiendo en la línea la afrenta que les plazca.

Como posibles objetivos están, por ejemplo, las antiguas ruinas de Persépolis, desde luego, donde los líderes occidentales y la realeza británica viajaron alguna vez para celebrar con el sah los 2 mil 500 años del imperio persa. Nixon, Pompidou, el duque de Edimburgo, la princesa Ana. Toda la crema y nata. Entonces supongo que debo incluir las grandes mezquitas de Isfajan y Mashad.

Pero tengo una sospecha sobre el tipo de sitio cultural que el presidente loco de Estados Unidos tiene en mente. Está en el mismo centro de Teherán. Tiene paredes de concreto, es feo , está repleto de eslóganes anacrónicos y fue abandonado hace mucho por sus ocupantes originales. Los iraníes lo llaman la guarida del espionaje.

Se trata de la embajada de Estados Unidos en Teherán donde fueron tomados en rehenes 52 estadunidenses en noviembre de 1979. Durante mucho tiempo el inmueble ha sido un símbolo de humillación para Estados Unidos. Es el complejo cuya captura por parte de los así llamados estudiantes del ayatola Jomeini comenzaron toda la catástrofe estadunidense-iraní; o como diría Seamus Heaney, el odio arraigado. El edificio juega un papel activamente pernicioso que está en el centro de las vidas políticas iraní y estadunidense. Es, potencialmente, el edificio cultural más importante de toda la capital.

¿No sería esto muy atractivo para Trump? Presidente loco de Estados Unidos ordena que dron sin piloto haga estallar embajada estadunidense vacía.

Eso sí sería de importancia cultural.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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No hay paz para un Caribe colombiano que aún espera al Estado

La desatención del Estado en la Sierra Nevada de Santa Marta ofrece vía libre para que estructuras criminales impongan su ley. A sus habitantes no les queda más alternativa que sostenerlas, mientras dejan un rastro de sangre detrás de sí.

 Si los días 14 no existiesen, los días previos no serían tan duros para Saida García. “Quisiera que se borrara este número de todos los meses del calendario”, dice cuando se cumple un año del asesinato de su marido. Ella, lideresa social de Perico Aguao, pueblo que se encuentra dentro del caribeño Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, renuncia a ocultar su identidad tal y como había hecho en otras ocasiones: “Wilton [Orrego] y miles de víctimas que quedan en la impunidad en Colombia lo merecen”.


Las personas defensoras de derechos humanos, y por ende sus familias, viven en alerta permanente en Colombia, que se erige como el país latinoamericano que registra más asesinatos a este colectivo. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), desde la firma de los acuerdos entre las FARC y el Gobierno, hasta el 8 de septiembre de 2019, ya serían 666. En La Lengüeta, sector de la Sierra Nevada donde se encuentra Perico Aguao, estos tres años de postacuerdo no han alterado “en nada” las dinámicas de ilegalidad, asegura Luis Trejos, director del Centro de Pensamiento UNCaribe.


La organización guerrillera nunca llegó a ejercer control en la zona, ya que se lo impidieron las autodefensas y los paramilitares de extrema derecha que ahora, bajo nuevas denominaciones (los Pachenca y el Clan del Golfo), vestidos de civil, con armas cortas y con importantes líderes extraditados a Estados Unidos, siguen manteniendo su dominio sobre el territorio. “Ofrecen seguridad, administran justicia y posibilitan la ampliación de la oferta turística a cambio de extorsión”, según Trejos, que asegura que aquellas personas que no pagan son sancionadas “con violencia directa contra ellas o sus bienes”.


Quienes regentan negocios no hablan de estas dinámicas a los cuatro vientos y, de hecho, a primera vista no son fáciles de detectar, pero la prudencia generalizada encuentra sus grietas. “No hay otra, toca aceptarlo y punto”, dicen con resignación algunos ciudadanos. Ante la falta de alternativas, se ha dado una normalización de este día a día, sin que ello implique necesariamente un apoyo explícito. “El Estado ha dejado la zona en el olvido y la gente necesita una seguridad que estos grupos, de cierta forma, les subministra”, apunta un trabajador de la zona.

LA PARTE BUENA Y LA VERDAD


“¿Quieres saber la parte buena del turismo o la verdad?”, se le escapaba al calor de un día festivo de finales de 2018, a un policía de Palomino, localidad vecina de Perico Aguao y destino al cual se dirigían estas pasadas Navidades Natalia Jiménez y Rodrigo Monsalve. La pareja, que estaba celebrando su luna de miel, nunca llegó al pueblo y sus cuerpos sin vida fueron encontrados a escasos tres kilómetros de la tumba de Orrego. Habían sido víctimas de un robo, según la versión de la Fiscalía.


“Llama mucho la atención que un país con altos índices de impunidad resolviera en pocos días este crimen”, asevera Trejos. Si prácticamente la totalidad de actividades turísticas y comerciales pagan extorsiones a cambio de seguridad, ¿por qué una pareja recién casada es hallada muerta? Según la principal asociación de hoteles de la zona, fueron víctimas de un “hecho aislado que no define a este territorio”. En ese caso, ¿el asesinato de Orrego solo fue un hecho aislado más?


Los motivos de estos crímenes se funden entre el cuchicheo y las teorías de la gente del territorio, pero diversos analistas coinciden en que lo más probable es que el asesinato de Jiménez y Monsalve se debiera a su actividad como ambientalistas.


Lo cierto es que no solo la pareja y Orrego, guardabosque de la Sierra Nevada desde 2015, ya no recorren este sector del parque nacional. En noviembre se supo que el director del área protegida, Tito Rodríguez, se había exiliado a Canadá. Ante estos hechos, otro trabajador de la institución, que pide mantener el anonimato, asegura no saber si va a seguir con sus tareas: “Me he sentido bastante abatido todo el año”, afirma. La preocupación y la sensación de amenaza vienen de largo. En su caso, hace ya unos años vio cosas relacionadas con el narcotráfico mientras trabajaba que “no tendría que haber presenciado”.


Hablar de la Sierra Nevada es hablar de una ruta estratégica para el tráfico de cocaína, que tiene el privilegio de conectar con embarcaderos desde donde es distribuida. Pero es que además, el 90% de este espacio natural es reserva de los pueblos indígenas Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo y, como la mayoría de los Parques Nacionales de Colombia, tiene problemas de uso, tenencia y ocupación del territorio. En concreto, en La Lengüeta, donde se encontraron los cuerpos de Jiménez y Monsalve, y donde se produjo el atentado que acabó con la vida de Orrego.


LA LENGÜETA: INCUMPLIMIENTOS QUE MATAN


El hasta hace poco director del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, y ahora solicitante de asilo, ya no acepta entrevistas. Le preocupan las consecuencias que sus palabras puedan tener sobre los compañeros que siguen sobre el terreno. En 2018, en su oficina de Santa Marta explicaba que si la situación en La Lengüeta hubiese continuado como cuando él empezó como dirigente en 2013, “indudablemente” se podría estar hablado de “funcionarios muertos”.

El asesinato de Orrego, unas semanas más tarde, cogió por sorpresa y fue un golpe muy duro para el tejido social y, en especial, para la comunidad campesina de este área de la Sierra Nevada a la cual pertenecía el exguardabosque. Su padre, Amilcar Orrego, es una de las cabezas visibles del colectivo, así como García, su esposa, que sigue siendo una de las lideresas del mismo y que afirma sentirse bajo amenaza. Se debe, sobre todo, al hecho de no saber por qué le mataron: “Hasta el momento no ha habido ni un solo pronunciamiento”.


La organización de las familias campesinas en La Lengüeta empezó con la torpe llegada del Estado en 2005 cuando, por primera vez, funcionarios de Parques Nacionales Naturales comunicaron a los habitantes del área que vivían en una zona protegida y que allí no podían ni construir, ni cultivar. “Hasta ese momento, aquí no sabíamos qué era que llegaran proyectos del Estado ni sus instituciones”, explicaba García en su casa unas semanas antes del asesinato de su marido. “Hay familias que llevan más de ochenta años aquí, cuando ni siquiera existía la Troncal del Caribe”, aseguraba refiriéndose a la vía principal de la costa del norte de Colombia.


Pero a lo largo de los cuatro años que precedieron a la muerte de Orrego se llevó a cabo un proceso de diálogo, que Rodríguez aseguraba que había conseguido “resultados muy grandes”. De hecho, el mismo Orrego empezó a trabajar como guardabosque en 2015, dejando atrás su dedicación a la tala de madera. Eso sí, ya en esos días de finales de 2018, el director del parque alertaba de que estaban ante un “momento muy crucial” porque la gente no veía “respuestas efectivas del Estado” y por la presión sobre el territorio de unos intereses “desaforados” del sector turístico. A los pocos días de estas afirmaciones a puerta cerrada, una de las sedes de Parques Nacionales Naturales, ubicada en La Lengüeta, era incendiada.


Hay que tener en cuenta que la comunidad campesina no ha dejado de ver cómo los Gobiernos nacionales se suceden sin que ninguno cumpla con un antiguo compromiso: pagarles sus propiedades para que, así, el área protegida quede libre del actual impacto a la flora y la fauna, y para que los pueblos indígenas puedan gozar de su territorio ancestral. El reiterado incumplimiento deja poco margen de maniobra a unas familias vulnerables que deben seguir viviendo en este entorno con muchas limitaciones.


Fuentes internas de Parques Nacionales Naturales apuntan que está en juego el modelo de desarrollo de la región. Uno de sus trabajadores afirma que “hay muchos intereses asociados a la construcción de hoteles en el área protegida”, e invita a poner más el foco en el poder y la influencia que tienen ciertas familias del Caribe. No solo “la bandita y el criminal” son una amenaza para el territorio, manifiesta.


El 14 de enero de 2019 muchos planes de futuro fueron sepultados en La Lengüeta. García tiene claro su mayor deseo para el año que acaba de empezar: que se haga justicia. En 2019 a la Sierra Nevada le arrebataron a Wilton Orrego, pero los recuerdos no se arrebatan ni pueden imponerse con violencia. Con las palabras de su marido en la cabeza, una lideresa social del Caribe colombiano resurge más empoderada para encarar el 2020: “Él siempre tuvo bien claro como tenía que comportarse en cada lugar”.

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Irán admitió que derribó al avión ucraniano por "error humano"

El presidente Rohani prometió que se juzgará a los responsables

 

Las Fuerzas Armadas de Irán reconocieron este sábado que derribaron el avión ucraniano con 176 personas a bordo "involuntariamente y por un error humano". Según el comunicado, el error se debió a que "en esa situación muy delicada y de crisis" el Boeing 737 se situó cerca de un centro militar de los Guardianes de la Revolución con "una altura y una posición de vuelo de un objetivo enemigo".

Las Fuerzas Armadas explicaron que tras las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y comandantes de ese país de "tomar como objetivo una serie de lugares en el territorio de la República Islámica en caso de que haya una operación recíproca (...) estaban en el más alto nivel de alerta".

Poco antes del derribo del avión ucraniano, Irán había efectuado un ataque con misiles contra una base aérea en Irak que alberga a tropas estadounidenses, en venganza por el asesinato días antes del general Qasem Soleimani en un bombardeo selectivo de EE.UU.

La nota también apuntó que el error estuvo motivado por "el aumento sin precedentes de los movimientos aéreos en la región", en especial de "vuelos de guerra de las fuerzas estadounidenses alrededor del país".

"En esa situación, por un error humano e involuntariamente el avión fue atacado y se provocó el martirio de un grupo de nuestros compatriotas y algunos extranjeros", admitieron las Fuerzas Armadas.

En el avión de Ukranian International Airlines (UIA) viajaban 169 pasajeros, entre ellos 82 iraníes y 63 canadienses, aunque estos últimos en su mayoría de origen iraní, y nueve tripulantes ucranianos.

El aparato se estrelló al sur de Teherán el pasado miércoles poco después de despegar del aeropuerto internacional Imán Jomeiní con destino a Kiev, causando la muerte de sus 176 ocupantes.

Promesa de juicio

El presidente iraní, Hasan Rohani, aseguró este sábado que se juzgará a los responsables del derribo involuntario del avión y urgió a revisar los sistemas de defensa del país.

Rohani lamentó en un comunicado la muerte de tantas "personas inocentes debido a errores humanos y disparos equivocados" y señaló que "este doloroso accidente no es algo que pueda pasarse por alto fácilmente".

"Se necesita más investigación para identificar todas las causas y raíces de esta tragedia y enjuiciar a los responsables de este error imperdonable", subrayó el presidente. También señaló que es necesario adoptar medidas para "abordar las debilidades de los sistemas de defensa del país para garantizar que tal desastre nunca se repita", según Rohaní, que culpó en cierto modo a Estados Unidos de la tragedia por sus "amenazas e intimidaciones".

El papel de Estados Unidos

"Para defendernos de posibles ataques del Ejército estadounidense, las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán estaban en alerta total, lo que desafortunadamente llevó a esta terrible catástrofe", indicó.

Poco antes del derribo del avión ucraniano, Irán había efectuado un ataque con misiles contra una base aérea en Irak que alberga a tropas estadounidenses, en venganza por el asesinato días antes del general Qasem Soleimani, por lo que esperaban una acción de represalia de EE.UU.

Las Fuerzas Armadas de Irán explicaron que el derribo fue por "un error humano" y que se debió a que el Boeing 737 se situó cerca de un centro militar de los Guardianes de la Revolución con "una altura y una posición de vuelo de un objetivo enemigo".

También el ministro iraní de Exteriores, Mohamad Yavad Zarif, alegó que "el error humano en un momento de la crisis causada por la temeridad política estadounidense condujo al desastre". "Un día triste", escribió en Twitter Zarif, quien expresó su "arrepentimiento, disculpas y condolencias" al pueblo de Irán, las familias de las víctimas y todas las naciones afectadas.

Reclamo de Ucrania

El presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, espera de Irán un "pleno reconocimiento de culpabilidad" por haber derribado el avión con 176 personas a bordo, así como que lleve a los responsables ante la Justicia y que pague una indemnización.

"La mañana ha traído la verdad. Ucrania insiste en un pleno reconocimiento de la culpabilidad. Esperamos de Irán que lleve a los responsables ante la Justicia, devuelva los cuerpos, pague una indemnización y publique una disculpa oficial. La investigación tiene que ser completa, abierta y debe continuar sin retrasos o obstáculos", señaló en un mensaje de su cuenta de Twitter.

Zelenski respondió así al reconocimiento por parte de las Fuerzas Armadas de Irán de que derribaron el Boeing 737 "involuntariamente y por un error humano", después de dos jornadas de negación de esta hipótesis, planteada por varios países.

El director de la aerolínea Ukraine International Airlines (UIA), a la que pertenecía el avión derribado, Evgeny Dykhne, afirmó en Facebook que no había dudado "ni un segundo" de la tripulación ni se había creído que algún fallo en el avión pudiera haber causado la tragedia.

De acuerdo con Teherán, el error se debió a que "en esa situación muy delicada y de crisis" el avión se situó cerca de un centro militar de los Guardianes de la Revolución con "una altura y una posición de vuelo de un objetivo enemigo".

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Sábado, 11 Enero 2020 07:06

La verdad sobre Soleimani

La verdad sobre Soleimani

Hay un momento sombrío en extremo en la versión fílmica de 1967 de A Man for All Seasons, el épico argumento de Robert Bolt sobre la negativa del canciller Tomás Moro a apoyar el divorcio de Enrique VIII: cuando Thomas Cromwell recluta al joven y arrogante maestro de escuela Richard Rich para que sea su espía. Más tarde Rich obtendrá la evidencia espuria que enviará a Moro al cadalso. Pero en esta primera reunión –en un pub londinense–, Cromwell ofrece a Rich un ascenso (y la consiguiente riqueza) a cambio de la mínima brizna de información que pueda usarse contra el nuevo lord canciller del rey Enrique.

Siempre he sospechado que las conjuras de los Tudor tienen algo en común con el mundo oscuro y extremadamente hipócrita de la política en Medio Oriente. Tal vez las obras de ficción de Saddam Hussein y Muammar Kadafi carezcan de la esencia de la Utopía humanista o de la música renacentista de milord Enrique, pero las feroces rivalidades y el temor a una muerte terrible que aflige a muchos líderes y a sus partidarios entre el Mediterráneo e Irán tienen mucho en común con las ambiciones personales que corrían como electricidad en la Inglaterra de Enrique.

Los puritanismos del nacionalismo espurio de Medio Oriente, así como su religión –junto con las superpotencias, felices de sacar ventaja de esas tonterías– se trasladan bastante bien cuando retrocedemos medio milenio. Para los crueles dictadores y prelados islámicos y sus facilitadores –palabra a la que volveré más tarde–, el apoyo de Wa­shington o Moscú es de suma importancia. El verdadero Moro estaba dispuesto a firmar de cuando en cuando la sentencia de algún obispo a la hoguera, en tanto Enrique, que disfrutaba de la espada, envió al patíbulo en la Torre de Londres tanto a Moro como, más tarde, a Cromwell. En vez de Estados Unidos y Rusia, léase el Papa y España.

Pero volvamos a esa escalofriante reunión en el pub de Londres donde Cromwell, representado sin afectación por Leo McKern, explica por qué humildes administradores como él tienen tantas dificultades para ayudar a que su rey consiga un divorcio que le permita un nuevo matrimonio del que pueda nacer un heredero, lo cual es, por casualidad, una constante preocupación de nuestros actuales príncipes y tiranos en Medio Oriente.

Nuestra función como administradores, dice un irritado Cromwell a Rich (el joven John Hurt), es minimizar los inconvenientes que esto va a causar.

La palabra clave, por supuesto, es in­convenientes, como Cromwell deja en claro. “Es nuestra única función, Rich: minimizar los inconvenientes de las cosas. Una ocupación inofensiva, dirías, pero no. A los administradores nadie nos quiere, Rich. No somos populares…”

Siempre sonrío cuando la película llega a este punto. He pasado toda una vida escuchando a funcionarios árabes e iraníes explicar la validez de su causa, los inconvenientes que impone a sus renuentes amos… y las enormes cargas y riesgos que ese trabajo significa para ellos. Un resbalón y el hacha del verdugo se alza en la Torre… o el dron llega en las primeras horas al aeropuerto internacional de Bagdad.

Vale la pena en estos días releer la notable serie de documentos iraníes de inteligencia que el sitio The Intercept y el New York Times publicaron hace menos de dos meses. Su procedencia no está clara todavía, y puedo ver por qué los escépticos afirman que fueron sembrados. Sugieren que Irán tiene mucho mayor poder económico y político sobre líderes árabes de lo que antes se sabía, y luego retratan a Qasem Soleimani no tanto como un monstruoso fabricante de reyes, sino como un facilitador, alguien que hace (o hacía) que las ruedas del poder giraran a favor de Irán.

Los retratos fotográficos extremadamente vanidosos que Soleimani usaba –para incrementar su estatus supuestamente icónico y quizá sus probabilidades de alcanzar la presidencia iraní– recuerdan el hábito renacentista de alcanzar la idolatría intelectual por medio del retrato. A Soleimani no le hubiera gustado la furtiva semejanza de Thomas Cromwell a sus cuarenta y tantos años en el retrato de Holbein el Joven, con la cara mofletuda y los ojos bizcos. En cambio, el retrato del mismo Holbein del embajador francés en Londres, Jean de Dinteville –el tipo a la izquierda en Los embajadores–, habría sido muy del gusto de Soleimani, quien habría admirado la alfombra de Medio Oriente en la que Dinteville se apoya… incluso con lo que se supone que es la figura de un cráneo en la parte inferior de la pintura.

Pero no adornemos el mundo de Soleimani con tal conocimiento. La descripción que el general David Petraeus hizo de él como una figura en verdad maligna, después de la invasión de Irak en 2003, no es lo bastante buena: más cercana es la del comandante canadiense en Afganistán, el general Rick Hillier, quien llamaba montón de escoria a sus enemigos talibanes.

El papel de Soleimani era bastante claro: poner los cimientos de un ­vínculo inquebrantable entre los chiítas de Irak, Siria (los alawitas) y Líbano, que los subordinase a Irán. Se dedicó a ello con determinación, con ingente trabajo y considerable inmisericordia, absorbiendo a ex agentes de la CIA –al parecer junto con sus contactos en Estados Unidos– mientras disfrutaba de la estima de los ministros iraquíes (y por consiguiente de los estadunidenses que los apoyaban) por atacar al Isis en Faluya y Mosul.

Soleimani podía ser obsequioso en extremo. Según uno de los documentos iraníes, que abarcan el periodo 2013-2015, buscó autorización del ministro iraquí de transporte para enviar provisiones humanitarias a Siria a través del espacio aéreo iraquí. Cuando el ministro accedió, relata él mismo, Soleimani se levantó, se acercó y me besó en la frente.

En cambio, otros documentos sugieren que los iraquíes, en especial los sunitas, estaban furiosos con Soleimani, a quien pintaban como un peligroso promotor de sí mismo, publicando retratos suyos en diferentes redes sociales. Tal vez aprendió sus técnicas de autopromoción del presidente de Estados Unidos.

También era demasiado cercano a los agentes de inteligencia en países no árabes, Turquía en particular. Pero su pecado más grave fue permitir sangrientas peleas sectarias entre milicias chiítas patrocinadas por Irán y árabes –tanto chiítas como sunitas– en aquellos países con los que Irán quería hacer causa común.

A los sirios a veces les costaba trabajo digerir la retórica de Soleimani. Recuerdo a un joven oficial del ejército sirio que me dijo, con una mezcla de respeto a Irán y cinismo: nos gusta que nuestros hermanos iraníes vengan a pelear por Siria, pero cuando nos dicen que han venido a morir, me pregunto qué quieren decir. No queremos que mueran: queremos que peleen. Y, desde luego, los iraníes sí peleaban, pero no en los números que afirmaban.

Los sirios se cansaron de los iraníes de Soleimani cuando alardeaban de victorias en las que no habían tenido parte. Cuando Soleimani se ufanó del papel iraní en la recaptura de Alepo –esta información no está en los documentos iraníes–, el ejército sirio enfureció. No hubo fuerzas iraníes en esa batalla. El Hezbolá libanés sin duda contribuyó en gran medida a la causa del régimen sirio, pero el propio comandante y presidente de Hezbolá, Sayed Hassan Nasrallah, declinó permitir que Soleimani tomara el control de los chiítas libaneses… y Soleimani sabía que era mejor no intentarlo.

Su verdadero error fue apoyar –como general del Estado, que es lo que era– a las milicias chiítas en Irak que estaban dispuestas a torturar o matar a sus enemigos (prisioneros sunitas, librepensadores chiítas, lo que fuera) para mantener el poder de Irán sobre el régimen. Esto es lo que en verdad significa minimizar los inconvenientes, porque los aliados de Soleimani en Irak se oponían a las manifestaciones contra la corrupción del Estado y dieron muerte a miles de manifestantes. Hasta el consulado iraní en el sur de Irak fue incendiado.

También Hezbolá en Líbano trató de reprimir las manifestaciones contra la corrupción, que no sólo pretendían poner fin al sectarismo, sino demandaban específicamente terminar con la interferencia extranjera. No es extraño que nadie quisiera a los administradores. Lo suyo no era ocupación inofensiva.

Esto, porque el legado de Soleimani fue un intento de realinear a las milicias chiítas, no del lado de la libertad o contra la corrupción –y ni siquiera del antisionismo–, sino del lado de un Irán cuyo poder era más importante que sus supuestas virtudes morales. En uno de sus últimos mensajes desde Abbottabad, Osama bin Laden se refirió a la necesidad de salvar a los musulmanes chiítas en la guerra de Al Qaeda contra Occidente. Los documentos iraníes registran cómo los servicios de inteligencia de Irán (los que trabajaban para el ministerio del interior) discutían ese mismo tema… en relación con el sufrimiento de los sunitas a manos de las milicias chiítas.

¿Qué más queda por decir? Bueno, recordemos tan sólo que Thomas Cromwell terminó igual que su víctima Tomás Moro: con la cabeza en el tocón.

Todo lo que quedó de Soleimani, en uno de sus dedos, fue un anillo con el que ponía sellos. En cambio, Richard Rich –y esas son las últimas palabras de la película– murió en su cama.

Traducción: Jorge Anaya

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El Parlamento de Irak exigió la retirada de tropas de EE.UU.

El Parlamento de Irak le exigió al gobierno que ponga fin a la presencia de tropas estadounidense en el país. Así lo había solicitado previamente el primer ministro, Adel Abdelmahdi, en la primera sesión de la Cámara desde el ataque de Estados Unidos contra el comandante iraní Qasem Soleimani. Por la noche, se registró un nuevo ataque con misiles en las cercanías de la embajada de Estados Unidos en Bagdad.


El Parlamento aprobó una moción en la que solicita al Ejecutivo que "trabaje para acabar con la presencia de cualquier fuerza extranjera en el país". Asimismo, el texto solicita al gobierno que anule "la petición de ayuda a la coalición internacional para luchar contra el (grupo terrorista) Estado Islámico" porque considera que las operaciones militares contra los extremistas ya concluyeron en Irak.


El Parlamento también llamó al gobierno a presentar una queja urgente a la ONU y al Consejo de Seguridad contra Estados Unidos por "violar la soberanía y seguridad de Irak". Además, pidió al Ejecutivo llevar a cabo "una investigación de alto nivel para conocer las circunstancias del bombardeo estadounidense e informar a la Cámara de los resultados en un plazo de siete días".


En la votación estuvieron presentes 168 diputados de los 329, debido a la ausencia de partidos kurdos y sunitas. Previo al inicio de la sesión, el primer ministro renunciante, Adel Abdelmahdi, pidió adoptar "medidas urgentes" y "llevar a cabo las gestiones" necesarias para acabar con la presencia de fuerzas extranjeras en el país.

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Sábado, 04 Enero 2020 07:02

¿Guerra por accidente o por designio?

¿Guerra por accidente o por designio?

¿Es esta una guerra por accidente o por designio? Todos hemos dicho que en Medio Oriente es posible empezar una guerra por accidente, pero a nadie se le ocurrió que Trump se iría a la yugular de este modo. Matar al general Qasem Soleimani es una espada en el corazón de Irán, sin duda. ¿Y por cuenta de quién?


Trump alardea de su relación con el rey saudiárabe, quien ha hablado de cortar la cabeza a la serpiente iraní y cuyas instalaciones petroleras fueron atacadas con misiles disparados por drones el año pasado, acto del que Estados Unidos acusa a Irán. ¿O será de Israel? ¿O es sólo una decisión más tomada por el orate presidente estadunidense, con resultados incalculables?


Sólo imaginemos lo que ocurriría si un general estadounidense de primer orden –o dos, puesto que Abu Mahdi al-Muhandis era una figura prominente en Irak– fuera volado en pedazos durante una gira por Medio Oriente. Habría bombardeos aéreos, ataques a los centros nucleares iraníes, amenazas de Washington de cerrar todo el tráfico entre Irán y el mundo exterior. La muerte de un estadunidense en Bagdad, el viernes pasado, y los disturbios frente a la embajada de Washington en Bagdad no justifican ataques estadunidenses en esta escala.


Qasem Soleimani era uno de los hombres más poderosos de Irán, aunque la Guardia Revolucionaria Al Qods, de la que era dirigente, no es el ejército de élite del que a Irán le gusta alardear. Soleimani, según sus colegas en el mando, solía afrontar riesgos en los distintos frentes de Siria y sus hombres lo admiraban por su valor bajo fuego, así que por lo regular esperaba morir. Pero el aeropuerto internacional de Bagdad era el último lugar en el que uno esperaría ver que un dron estadunidense le diera muerte junto con Al Muhandis.


Los estadunideses se han acostumbrado desde hace mucho a montar ataques a bases de la milicia pro iraní en Irak y Siria. En meses recientes, estos ataques se han vuelto normales, regulares, igual que las frecuentes incursiones israelíes en Siria y Líbano. Pero también fue una operación militar estadunidense la que mató a Abu Bakr al-Baghdadi en Siria, un musulmán sunita que era enemigo de Teherán y a quien los iraníes habrían estado felices de eliminar.


Los estadunidenses han recurrido a esta suerte de asesinatos –]”o muertes de blancos determinados”, como los llaman los israelíes– para borrar del mapa a sus enemigos cuando lo desean. Osama Bin Laden fue el primero, Baghdadi el segundo y Soleimani el tercero. Tales asesinatos son cometidos con regularidad por Israel en Gaza, donde con frecuencia ejecutan a líderes de Hamas.


Sin embargo, es fácil dar a esos hombres la importancia que ellos creen tener. Por ejemplo, con frecuencia Estados Unidos exagera con mucho las fuerzas iraníes en Siria. Las afirmaciones sobre la presencia de 10 mil guardias revolucionarios Quds en Siria fueron descabelladamente imprecisas. Dos mil sería una cifra más exacta en cualquier momento. Cierto, hay hombres de inteligencia iraníes esparcidos por todo Medio Oriente, pero lo mismo pasa con los agentes estadunidenses.


Uno de los agentes de inteligencia de mayor rango de Teherán era Ghadanfar Rokon Abadi, quien era el hombre de Irán en Beirut y más tarde embajador allí. Probablemente sabía más que nadie acerca de Hezbolá y de Siria, y regresó a Teherán en 2014, no mucho después de que islamitas sunitas, según se dijo con apoyo saudita, lanzaron un ataque suicida contra su embajada, en el que perecieron 23 empleados, guardias de Hezbolá y civiles. Rokon Abadi se salvó; su principal guardaespaldas murió. Pero en 2016 hizo la peregrinación Haj a La Meca, donde 2 mil 300 personas –entre ellas 464 iraníes– murieron aplastadas en hechos de pánico y disturbios de los que Irán acusó a la monarquía saudita. Rokon Abadi fue una de las víctimas. Pasaron meses para que sus restos volvieran a Irán.


Pero en Medio Oriente los agentes de inteligencia siempre están en peligro. Un grupo satélite de Hezbolá llamado Yihad Islámica mató al jefe de la CIA en Beirut, William Buckley, y su presunto asesino –o el hombre que dio la orden–, Imad Moougnieh, fue muerto por un coche bomba en Damasco en 2008. En 1983 un atacante suicida voló su camión frente a la embajada estadunidense en Beirut, hecho en el que murieron 32 personas, y la mayoría de los agentes de la CIA que tenían una reunión allí fueron eliminados.


Ah, sí, hay algo más. ¿Acaso no viene una elección en Estados Unidos este año? ¿Y acaso Trump no la quiere ganar? Soleimani como blanco de un ataque en Bagdad funcionará muy bien con los republicanos. Irán siempre ha respondido a los insultos y ataques esperando y demorando sus represalias. ¿Recuerdan los dos buques cisternas llamados Adrian Darya y Stena Impero? Pero ahora el asunto se vuelve personal.


© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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La incansable lucha de una monja para que las víctimas de una masacre en Colombia no caigan en el olvido

Maritze Trigos ha dedicado su vida a que los asesinatos cometidos entre 1989 y 1994 por los paramilitares en la localidad de Trujillo no queden impunes

Un collar hecho a mano de cuentas naranjas y azules que termina en forma de cruz rodea el cuello de Maritze Trigos. Con poco más de metro y medio de estatura y 76 años, esta monja sube cuestas y escalones como si no tuviese más de 30. Su vida, dedicada por completo a los demás, quedó marcada para siempre por la masacre de Trujillo.


Entre 1989 y 1994, en este pueblo cafetero, además de en Riofrío y Bolívar, tres pueblos del norte de Colombia, hubo una serie de asesinatos, desapariciones y torturas, perpetrados por los narcotraficantes Diego Montoya y Henry Loiza —alias el Alacrán— junto a miembros del ejército y la policía. El objetivo, según los supervivientes, era amedrentar a la población civil y apropiarse de las tierras de los campesinos de manera ilegal. Una lacra que sigue afectando hoy a estas regiones dónde los indígenas batallan contra las multinacionales, el narco o la minería ilegal.


Como todas las mañanas, Teresita, otra monja dominica que convive con Trigos en una pequeña casa de dos plantas, baja a comprar arepas para el desayuno. Cada esquina de la localidad cuenta con un puesto de venta ambulante improvisado. Teresita las prefiere de harina y Maritze de choclo (maíz). Mientras come, Trigos narra, acompañada de fotos, la historia de varias de las víctimas y del sufrimiento de las familias después de que se produjesen los asesinatos. El nombre que más menciona es el de Tiberio Fernández, el sacerdote de la localidad, que fue mutilado y arrojado al río Cauca acusado de colaborar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Un actor del conflicto armado colombiano desde 1964, que se define como una organización de orientación marxista-leninista y prorrevolución cubana.


Según cuenta Trigos, al padre Tiberio no le interesaba la política ni la guerra. Su labor hasta entonces había sido impulsar cooperativas alimentarias entre los campesinos. “Para animarlos a independizarse de los terratenientes de forma pacífica y ser soberanos de la tierra, pero nada más”, relata la religiosa. Este hecho, junto a la acusación que arrastraba el párroco de ser simpatizante del movimiento marxista, levantó las asperezas entre latifundistas, Ejército y Gobierno que desembocaron en la matanza.


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia años más tarde. Y en 1995, el presidente por aquel entonces, Ernesto Samper, reconoció la responsabilidad del Gobierno en la masacre de Trujillo.


Casi 30 años después, la Asociación Familias de Víctimas de Trujillo-Valle (Afavit), que dirige Trigos, sigue luchando para que se reconozca la verdad, se haga justicia y los familiares reciban las ayudas económicas que les prometió el Gobierno. Por el momento, solo han sido condenados seis de los responsables de los asesinatos y, como añade la religiosa, “el grado de impunidad sigue siendo muy elevado”. Durante todo este tiempo, según recuerda Trigos, muchos han señalado su lucha como “la obsesión de cuatro locos”. La organización que aglutina a las víctimas y les da su apoyo es pequeña y no cuenta con muchos recursos.


Con la colaboración de algunos familiares y alguna partida económica gubernamental, Afavit ha conseguido levantar un parque monumento en una de las montañas de Trujillo en recuerdo de los campesinos asesinados. Las instalaciones, compuestas por 235 osarios, un centro de bienvenida a los turistas y estudiantes que quieren conocer esta parte de la historia de Colombia, y un mausoleo dedicado al padre Tiberio, soportan “ante la pasividad de la policía”, según Trigos, numerosos actos vandálicos. Sus integrantes han sido amenazados de muerte, han soportado un incendio, grafitis insultantes, o han tenido que sobrellevar la profanación de la tumba dedicada al párroco. “Pedimos a las autoridades y a la policía que se hagan cargo y se impliquen en la conservación de este patrimonio. No es una propiedad privada, es un monumento municipal que forma parte de la historia de Trujillo y parece que no tienen interés en que estos ataques cesen”, reivindica Trigos.


A principios de 2019, Trigos, considerada una líder social en Colombia, pasó en Madrid tres meses gracias al programa Madrid Protege que subvenciona el Ayuntamiento de Madrid y coordina la Fundación Mundubat, junto a la Red de ONGD de Madrid, Movimiento por la Paz, Acción Verapaz y Alianza por la solidaridad. El objetivo de este viaje fue alejarla de la situación de estrés y las amenazas a las que suele estar expuesta, junto a otras dos mujeres de otras regiones en su misma situación. “Es muy importante que la comunidad internacional tenga conocimiento de estos abusos”, asegura la religiosa. Nacho Murgui, concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento y parte de la delegación que viajó hasta Colombia para hacer seguimiento de estas líderes, le comentó a la religiosa que “sería interesante seguir en contacto y tomar ejemplo” en España de cómo esta comunidad defiende, pese a los pocos recursos, la memoria de sus víctimas. La lucha de esta monja sigue en el mismo punto y sus fuerzas intactas.

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