Los neandertales tenían un "sistema de comunicación vocal tan complejo y eficaz como el lenguaje humano"

Los neandertales tenían un sistema auditivo tan agudo como el Homo sapiens, lo que podría suponer una prueba adicional de que contaban con una capacidad de comunicación tan eficaz como los humanos modernos, según un estudio publicado el lunes.

Si bien algunos expertos defienden la idea de que solamente el Homo sapiens desarrolló la capacidad de concebir símbolos y de comunicarlos mediante el lenguaje, la profesora Mercedes Conde-Valverde, de la Universidad de Alcalá, en Madrid, y responsable del estudio, recordó que la ciencia cada vez aporta más pruebas de "comportamientos complejos de los neandertales".

Por ejemplo, se ha demostrado que esta especie, que desapareció hace unos 40 mil años, inhumaba a sus muertos, sabía ornamentar los cuerpos y fabricar instrumentos sofisticados.

Para establecer si los neandertales podían tener un lenguaje, había que determinar si podían simbolizar conceptos y si tenían la capacidad anatómica necesaria para expresarlos, según el estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution.

Para ello, reconstituyeron virtualmente los canales auditivos externos y medianos de cinco especímenes que vivieron hace entre 130 mil y 45 mil años.

Después midieron su capacidad para captar sonidos y su gama de frecuencia, puesto que "cuanto más amplia es ésta, más variados son los sonidos y más eficaz la comunicación", sostuvo Conde-Valverde, especialista en bioacústica.

Finalmente, compararon todos esos valores con sendos grupos de humanos modernos y de especímenes de los primeros ancestros de los neandertales hallados en la Sima de los Huesos, en España, y fechados hace 430 mil años.

 

Capacidad auditiva

 

Su conclusión es que esta especie tenía las mismas capacidades auditivas que el Homo sapiens, en especial, la de percibir sonidos de frecuencia más elevada que sus ancestros.

Las altas frecuencias están relacionadas con la producción de consonantes, característica importante del lenguaje humano, que lo distingue del modo de comunicación de los chimpancés y de casi todos los mamíferos.

El estudio subraya que las consonantes son "especialmente importantes para determinar el sentido de las palabras".

Deduce además que si el oído del neandertal se desarrolló para captarlas es porque sabía producirlas y apunta a la existencia de un "sistema de comunicación vocal tan complejo y eficaz como el lenguaje humano".

Según Conde-Valverde, el neandertal "era capaz de transmitir una información oral rápidamente y con una tasa de error muy baja". Cree incluso que "si escucháramos a dos neandertales hablar detrás de una cortina sin poderlos ver, pensaríamos que se trata de dos personas de otro país que hablan una lengua extranjera".

El neurocientífico Alysson Muotri con una placa de organoides cerebrales

Un experimento que mezcla la especie extinguida con la actual da pistas sobre lo que nos hace humanos.

Preguntarse qué fue cambiando en el cerebro que hizo a los humanos modernos tan diferentes de sus parientes más próximos en la evolución, los neandertales y los denisovanos, forma parte de la curiosidad natural, de los especialistas desde luego, pero también de cualquiera que esté interesado en lo que somos.

Ahora existe la posibilidad de experimentar en laboratorio con los genes y las células madre para dar lugar a los llamados organoides cerebrales o neuronales. En este aspecto concreto, los científicos han empezado por introducir un solo gen de neandertal para ver cómo influye en el neurodesarrollo inicial.

Según una definición, los organoides, en general, son órganos en miniatura desarrollados en el laboratorio para la investigación de enfermedades y nuevos tratamientos. Otra los define como cultivos tridimensionales derivados de células madre que presentan una estructura y funcionamiento similares a los órganos. Los cerebrales a veces se llaman de forma simplificada cerebros in vitro o de laboratorio, aunque no lo sean.

Como los cerebros son órganos que no pueden fosilizarse, los paleontólogos ven limitada su capacidad de conocer cómo era el cerebro de un neandertal, por ejemplo. Así que han entrado los biólogos para desarrollar organoides cerebrales con células madre de nuestra especie, el Homo sapiens, pero con el añadido de un gen característico de los neandertales, una especie extinguida.

NOVA1, el gen arcaico que cambia el cerebro humano

El resultado ha sido espectacular, en el sentido de que los organoides cerebrales humanos con la variante neandertal de un solo gen han resultado ser muy distintos de los que no lo tienen, aunque esto por sí solo no signifique mucho. Este gen arcaico, llamando NOVA1, sigue existiendo en los humanos actuales, pero es ligerísimamente diferente (solo cambia un nucleótido entre varios miles de pares de bases) y se sabe que ejerce el control de otros muchos durante el desarrollo temprano del cerebro.

Es uno de los 61 genes hallados que son diferentes en los humanos actuales y los parientes más cercanos extinguidos. Con la nueva y poderosa técnica CRISPR de edición genética se introdujo en células madre la mutación tipo neandertal y de ellas se derivaron células cerebrales hasta formar un organoide. Estos "minicerebros" que se cultivan en placas Petri resultaron ser muy distintos, incluso a la vista, de los humanos no modificados, resalta la Universidad de California, donde trabaja el director del experimento, Alysson Muotri.

Este investigador asegura que "es fascinante ver cómo la alteración de un solo par de bases en el ADN humano puede cambiar las conexiones cerebrales. No sabemos exactamente cuándo y cómo ocurrió este cambio en nuestra historia evolutiva, pero parece ser significativo y podría explicar algunas de nuestras capacidades modernas en el comportamiento social, el lenguaje, la adaptación, la creatividad y el uso de la tecnología".

El especialista ha hecho el trabajo, que se publica en la revista Science, en colaboración con un amplio equipo de investigadores de otros países e instituciones.

Los neandertales y denisovanos vivieron en diversas regiones, entre ellas Europa, en el Pleistoceno, y parece que los denisovanos son más antiguos que los neandertales, que se extinguieron hace solo 11.700 años, pero también más parecidos entre ellos que a los humanos modernos. Los organoides cultivados en este experimento son más pequeños y rugosos que los puramente humanos y también son diferentes en aspectos morfológicos como la proliferación de las células neuronales y la conexión entre ellas, así como en su actividad eléctrica.

"Parece que cualquiera de las cosas que han podido medir ha dado resultados diferentes", comenta en la misma revista Arnold Kriegstein, que no ha participado en el trabajo. Sin embargo, añade, como los organoides representan únicamente los primeros estadios de desarrollo de un órgano, en este caso el cerebro, es difícil saber cómo se manifestarían los cambios en un cerebro más maduro. Que los organoides resultantes de la mezcla sirvan para saber algo del cerebro neandertal tampoco está claro, porque la variante humana actual sería el resultado de muchas mutaciones y quitarla puede hacer inviable el desarrollo cerebral, como señala Gray Camp, de la Universidad de Basilea, en la revista Nature, que se ha hecho eco del estudio.

Solo se ha insertado un gen arcaico, por lo que lo obtenido es también solo un indicio de la forma en que la sustitución de genes antiguos por otros similares condicionó la evolución de nuestra especie. En realidad, lo que los investigadores presentan, con precaución e ilusión, es una plataforma científico tecnológica que permitirá ir añadiendo, solos o en compañía, los otros 60 genes que diferencian a los neandertales de los humanos para saber algo más de por qué estas dos especies fueron tan parecidas y al mismo tiempo tan diferentes.

 

madrid

16/02/2021 07:15

Por Malen Ruiz de Elvira

Miércoles, 27 Enero 2021 08:18

¿Ante la derrota de la humanidad?

¿Ante la derrota de la humanidad?

Estamos ante un sueño nunca superado ni derrotado. Vivimos en reforzamiento de uno de los mayores sueños de Occidente, el mismo que ha propiciado la hasta ahora incontenible crisis ambiental que tiene en el precipicio al planeta y con él a todas las especies vivas que lo habitan. Estamos ante la persistencia del sueño de la razón, presente desde el origen mismo de la actual civilización, el mismo que llevó al ser humano a convencerse de ser superior entre todos los seres vivos y, por tanto, rey y amo de la naturaleza, la que sería sometida a sus ambiciones, necesidades y mandatos.

La preeminencia y la persistencia de este sueño, aunque presente en todo el modelo de desarrollo imperante, y que por su larga perduración le parece lo más normal a la mayoría de la población, ahora, con el salto del covid-19 a los cuerpos humanos, rasga las telas que lo ocultan por ratos y se instala ante los ojos de la humanidad. Son un salto y una evidencia que, de manera paradójica, no lleva a que la humanidad como un todo entre en reflexión, y busque el porqué de este salto y por la manera de 1. Superarlo, y, 2. Actuar para que no vuelva a suceder.

Contrario a ello, lo que hace la clase dominante alrededor del globo, en proceder suicida, es centrar sus acciones en los efectos de la crisis y no en sus causas. En el decir popular, “buscan la fiebre en las sábanas”.

Es así como deciden, ellos, amos y señores en el planeta y sobre la naturaleza, que vencerán el covid-19 con una vacuna. Al fin y al cabo, “su saber científico y técnico les permite controlar a los demás seres vivos que pueblan este mismo territorio”. Y si su saber científico les permite contar con tal vacuna, mientras la tienen en punto, que muera el que tenga que morir y que la producción no pare ni decaiga. El fetichismo mercantil merece un altar: que la vida espere.

Y así proceden Trump, Bolsonaro, pero también las restantes cabezas de gobierno en todo el mundo, incluido Duque. La única diferencia entre los primeros y el resto es que aquellos hablan y defienden el imperio de la razón sin medias tintas y sin vergüenza de lo que son y representan, mientras los restantes tratan de disimular tanta desvergüenza.

Los primeros, como los segundos, están convencidos de que la razón, ahora resumida en una ciencia que les permite explorar el universo, les facilitará seguir como si nada estuviera sucediendo y nada cuestionara su visión y su comprensión de la vida en general. Se trata de un actuar, contrariamente a lo que piensan, irracional y que controvierte el proceder del cuerpo científico en general, sometido ante el afán de las multinacionales de todo orden y en particular por el afán de las farmacéuticas por crear el remedio contra el covid-19, de una manera que transforma a los miembros de la humanidad en ratones de laboratorio para demostrar la eficacia de su líquido vital, y así perfeccionarlo.

Es, pues, un proceder, con silencio de estudiosos y científicos, que permite que la sociedad global prosiga por el camino de su autodestrucción. Finalmente, piensan unos y otros: “Podremos controlar todo efecto negativo de nuestro modelo de desarrollo”. Es así como el aumento de la temperatura sobre el planeta tendrá su remedio, como también la ruptura de la capa de ozono, la contaminación de todo tipo, la disminución de los recursos hídricos potables y cualquier otro mal que afecte a la humanidad.

Así, con una ciencia y un cuerpo científico dominado y controlado por el capital, lo que fue y es sueño –mejorar la calidad de vida de toda la especie– se traduce en pesadilla. Es un sueño que no tiene mucho de novedoso, ya que, como lo recuerdan obras como Frankenstein, el sueño (¿la pesadilla?) de la razón implica el total control de la vida, aunque sus productos rompan los protocolos de seguridad de los laboratorios, salgan de ellos y penetren los organismos humanos, como ahora mismo sucede. O simplemente los productos generados en esos laboratorios, en vez de mejorar la calidad de vida de los humanos y el estadio de la naturaleza como conjunto, terminen por afectar a unas y otro al eliminar o reducir de manera notable, por ejemplo, la diversidad en las especies vegetales, poblando inmensas zonas rurales de una sola variedad agrícola, sometiendo a la agricultura, por demás, a manipulaciones biogenéticas que amenazan al mismo tiempo con colonizar diversidad de cultivos, al tiempo que robarle a la humanidad el saber colectivo, reunido y acumulado en la amplia variedad de especies vegetales que alguna vez poblaron el planeta. La imposición de las semillas terminator es el producto más denunciado de este proceder.

Imperio de la razón, antropocentrismo puro y duro, y con ello el culto al saber científico (el mismo que siempre despreció y descalificó los modelos de vida y las lógicas de los pueblos originarios) que le lleva a sentenciar a investigadores científicos: “Está muy extendido entre los científicos el cientificismo, según el cual lo más importante del hombre es la ciencia, y los demás aspectos humanos son secundarios, de menor peso, es decir, que todo gira alrededor de la ciencia como los planetas alrededor del Sol”.

 

Silencio incomprensible

 

Que así actúen los defensores y los promotores del reino de la razón es apenas obvio, pero es incomprensible que, en medio de tal desafuero, no actúen por vía contraria quienes dicen propugnar por otro modelo civilizatorio, en la base del cual resida la plena convivencia con la naturaleza.

Incomprensible e incoherente. Es un actuar que les ha dejado todo el terreno de la opinión pública a sus contradictores. Resalta en ello cómo durante este año de pandemia, teniendo a la mano todas las evidencias para demostrar lo antinatural e insostenible del modelo de vida imperante, estos sectores no hayan potenciado el necesario debate público que evidencie que el problema no es la vacuna en sí misma –pues ella ataca el efecto pero no la causa de la actual crisis– ni algo que se le asemeje; por el contrario, se trata precisamente de transformar el modelo de vida y de producción imperante, cuestionado por la crisis sistémica que sobrelleva la humanidad desde años atrás pero que ahora recibe una nueva evidencia, innegable, temida, pues ha hecho entrar en pánico a la sociedad como una totalidad.

La transformación del modelo de vida y producción dominante no podrá ser concretada sino por la vía de una inmensa y global insurgencia de la sociedad; sin falta, de todos aquellos que sienten y son parte de la inmensa mayoría, los de abajo, arrinconados y negados en sus derechos por la ínfima minoría que determina y se lucra del (mal) destino de la humanidad. Los mismos que ahora, en medio de la crisis de salud pública que sacude a la sociedad global, también resultan más afectados, en todos los planos; y, claro, de su clase proviene la mayoría de quienes pierden la vida por efecto del virus.

En pos de tal giro, nada mejor que esta misma coyuntura. Partiendo de la evidencia, identificando sus factores causales, resaltando la irracional ruta emprendida por la humanidad desde siglos atrás, con prolongación hasta el presente, recalcando en males de todo tipo que sufre el planeta, producto del proceder de quienes someten a la naturaleza a sus mezquinos y limitados intereses, por medio de ello y otros recursos a que pueda acudirse, concitar la acción de resistencia, coordinación e insurgencia global, como debe ser, para no permitir una reconstrucción de este mismo sistema dominante, que ha demostrado la capacidad que tiene de reconstruirse allí donde ha sido derrotado; reconstrucción que se logra como producto del control de los canales y las dinámicas sobre las que la vida humana se prolonga.

De ahí el reto: sin romper por todas partes esos canales y dinámicas, el capital parecerá desaparecer pero se regenerará. Es una pesadilla, como la que proyectan algunas películas de ficción por medio de androides que son enviados a nuestro planeta con misiones particulares. Por momentos, los llamados de esos sectores, con mirada cortoplacista pero sin nada de mediano y largo plazo, se centra también en lo evidente y necesario de hacer inmediatamente para que las mayorías no vivan en peores condiciones; por ejemplo, redistribuyendo con programas especiales la renta nacional, pero se niegan a emplazar a la dirigencia nacional y global, enrostrarles el no futuro de su modelo de vida, desplegando por el país y por todo el mundo un mensaje educativo, agitador y movilizador que atice la necesaria insurgencia de la humanidad.

Hay que defender la vida. Pero la manera de hacerlo no es guardándonos en la casa, lo cual pueden hacerlo por largos períodos quienes tienen ingresos fijos, no las mayorías sociales, negadas precisamente de esa seguridad. La vida se debe defender confrontando la muerte, y para ello recurriendo a todos los medios, mecanismos y espacios a la mano, los ya conocidos y los nuevos a que dé paso la actual crisis que abate a la humanidad.

En medio de ello, como soporte de la acción de ruptura con el actual sistema, es necesario acudir a la elaboración resumida y su difusión, del modelo de vida necesario y posible; no es permisible postergar este reto por más tiempo; la comunicación y la coordinación con otros por todo el país y el planeta tampoco. La denuncia de la sinrazón del imperio de la razón, también. El diseño de otro modelo de ciencia, no sometido al capital, claro que sí. Airear otros modelos de comprensión de la vida, como la vivenciada por los pueblos originarios, de todo tipo y coordinada, también debe encontrar espacio.

El reto es inmediato. Se han perdido meses preciosos. No proceder por esta vía es permitir que se consuma la derrota de la humanidad, sepultada por el sueño de la razón, antropocentrista, y su materialización en una civilización moribunda como la occidental.

Publicado enColombia
El primer acontecimiento global en la historia de la humanidad

A pesar de que algunos analistas consideran que ha comenzado un fenómeno de desglobalización, la pandemia muestra todo lo contrario. Esta crisis impulsará la globalización del trabajo.

La actual pandemia es el primer acontecimiento global en la historia de la especie humana. Cuando digo «global» quiero decir que ha afectado a casi todos, sin importar cuál sea su país de residencia o clase social. Si en un par de años –cuando, esperemos, la pandemia haya concluido y hayamos sobrevivido– nos encontramos con amigos de cualquier rincón de la tierra, todos compartiremos las mismas historias: miedo, tedio, aislamiento, puestos de trabajo y salarios perdidos, cuarentenas, restricciones gubernamentales y máscaras. Ningún otro acontecimiento se le ha acercado.


Las guerras, incluso las mundiales, fueron limitadas: la gente en Suiza, ni hablar en Nueva Zelanda, no tuvo historias significativas sobre la guerra para compartir con los habitantes de Polonia, Yugoslavia, Alemania o Japón. Y en los últimos 75 años las guerras fueron locales. Mucha gente joven puede haberse manifestado contra la Guerra de Vietnam, pero la mayoría no experimentó ninguno de sus efectos. La gente se horrorizó con el sitio a Sarajevo, el bombardeo a Gaza o la estrategia de «conmoción y pavor» en Iraq. Pero para 99,9% de la humanidad ese espanto no cambió en nada su vida diaria: siguió levantándose temprano para ir a estudiar o trabajar, se rio con sus compañeros de trabajo, quizás salió a beber y terminó en un karaoke. No tuvo historias para compartir con los residentes de Sarajevo, Gaza o Bagdad, absolutamente nada en común.


Ni siquiera el fútbol puede competir, aunque sus enfervorizados simpatizantes se digan a sí mismos que los acontecimientos mundiales imitan al fútbol. La última final de la Copa del Mundo fue vista por 1.100 millones de personas, aproximadamente uno de cada seis habitantes del planeta. Hubo todavía muchos que ignoraron su existencia y a quienes no les importó en lo más mínimo qué equipo ganó o perdió.


Entrar en los libros de historia


El covid-19 entrará en los libros de historia como el primer acontecimiento verdaderamente global también en virtud de nuestro desarrollo tecnológico: no solo podemos comunicarnos a través de todo el mundo, sino que también podemos seguir en tiempo real lo que está ocurriendo prácticamente en cualquier lugar. Dado que la infección, la enfermedad y una posible incapacidad y muerte nos amenazan a todos, incluso quienes por otras razones no tienen mucho interés en las noticias chequean sus teléfonos inteligentes para obtener actualizaciones sobre fallecimientos, tasas de infección, vacunas o nuevas terapias.


El propio covid-19 parece haber sido diseñado para esa función. Aunque su nivel de mortalidad se incrementa con la edad, sus efectos son tan inciertos que incluso buena parte de la población más joven y saludable no está totalmente libre de preocupación. Si el covid-19 hubiese sido menos aleatorio, habría causado menos temor. Sin embargo, este acontecimiento global es al mismo tiempo extraño. Requiere que la gente no interactúe físicamente entre sí, y de ese modo trae como consecuencia otra dimensión, una novedosa. Nuestro primer acontecimiento global habrá sido aquel en el que no nos encontramos cara a cara en tiempo real con otra gente que también lo experimentó.


Si reflexionamos sobre esto, tiene sentido. Para ser global, el acontecimiento tiene que ser vivido más o menos de la misma forma y al mismo tiempo por todo el mundo. Si nos limitamos al contacto físico o la presencia, sin embargo, no podemos llegar a muchas personas, simplemente porque no es posible para cada uno de nosotros encontrarse con miles, y menos aún cientos de miles de otras personas. Por lo tanto e irónicamente, el primer acontecimiento humano global estuvo desprovisto de cualquier de humano y físico: tuvo que ser experimentado en forma virtual.


Es por esto también que esta pandemia es diferente de la de un siglo atrás. En ese entonces, la información no se podía transmitir o compartir con facilidad. Para cuando la gente estaba muriendo en la India por la gripe española, Europa se estaba recuperando y desconocía o se mostraba indiferente frente a las muertes en la India. Y la India tampoco había tenido noticia de las muertes en Europa hasta que la pandemia la invadió.


Globalización del trabajo


¿Qué quedará de este acontecimiento global, más allá de las memorias de la gente? Hay solo unas pocas cosas que podemos decir con alguna certeza.


La pandemia habrá acelerado la globalización en el segundo factor de la producción: el trabajo. (El primer factor, el capital, ya está globalizado gracias a la apertura de cuentas nacionales de capital y la capacidad técnica de mover enormes sumas de dinero por todo el mundo y de construir fábricas y oficinas en todas partes). Es probable que el covid-19 nos haga avanzar casi una década en la conciencia de las posibilidades de desacoplar el trabajo de la presencia física en el ámbito laboral. Aunque en muchas actividades podamos, una vez que la pandemia termine, volver a compartir oficinas físicas, a trabajar en fábricas, en muchos otros casos no será así. Esto no solo tendrá efectos en la gente que trabaje desde su casa, el cambió será mucho más profundo. Verá la luz un nuevo mercado laboral global sin necesidad de migración. En algunos segmentos de la economía mundial (como los centros de atención telefónica o el diseño de software), ese mercado ya existe, pero se volverá mucho más habitual. La pandemia implicará un salto gigante hacia la «movilidad» del trabajo, una movilidad peculiar, en la que los trabajadores y las trabajadoras individuales no se moverán de su lugar de residencia, sino que trabajarán en «oficinas» o «fábricas» a kilómetros de distancia.


Quienes se preocupan porque la globalización podría retroceder se van a sorprender. Debido a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las cadenas globales de valor y el comercio podrían sufrir un revés temporario. Pero en términos de movilidad laboral o, más precisamente, de competencia laboral –que es extraordinariamente importante–, la globalización avanzará.


 
Traducción: María Alejandra Cucchi
Fuente: IPS y Social Europe

Publicado enInternacional
Martes, 26 Enero 2021 16:35

¿Ante la derrota de la humanidad?

¿Ante la derrota de la humanidad?

Estamos ante un sueño nunca superado ni derrotado. Vivimos en reforzamiento de uno de los mayores sueños de Occidente, el mismo que ha propiciado la hasta ahora incontenible crisis ambiental que tiene en el precipicio al planeta y con él a todas las especies vivas que lo habitan. Estamos ante la persistencia del sueño de la razón, presente desde el origen mismo de la actual civilización, el mismo que llevó al ser humano a convencerse de ser superior entre todos los seres vivos y, por tanto, rey y amo de la naturaleza, la que sería sometida a sus ambiciones, necesidades y mandatos.

La preeminencia y la persistencia de este sueño, aunque presente en todo el modelo de desarrollo imperante, y que por su larga perduración le parece lo más normal a la mayoría de la población, ahora, con el salto del covid-19 a los cuerpos humanos, rasga las telas que lo ocultan por ratos y se instala ante los ojos de la humanidad. Son un salto y una evidencia que, de manera paradójica, no lleva a que la humanidad como un todo entre en reflexión, y busque el porqué de este salto y por la manera de 1. Superarlo, y, 2. Actuar para que no vuelva a suceder.

Contrario a ello, lo que hace la clase dominante alrededor del globo, en proceder suicida, es centrar sus acciones en los efectos de la crisis y no en sus causas. En el decir popular, “buscan la fiebre en las sábanas”.

Es así como deciden, ellos, amos y señores en el planeta y sobre la naturaleza, que vencerán el covid-19 con una vacuna. Al fin y al cabo, “su saber científico y técnico les permite controlar a los demás seres vivos que pueblan este mismo territorio”. Y si su saber científico les permite contar con tal vacuna, mientras la tienen en punto, que muera el que tenga que morir y que la producción no pare ni decaiga. El fetichismo mercantil merece un altar: que la vida espere.

Y así proceden Trump, Bolsonaro, pero también las restantes cabezas de gobierno en todo el mundo, incluido Duque. La única diferencia entre los primeros y el resto es que aquellos hablan y defienden el imperio de la razón sin medias tintas y sin vergüenza de lo que son y representan, mientras los restantes tratan de disimular tanta desvergüenza.

Los primeros, como los segundos, están convencidos de que la razón, ahora resumida en una ciencia que les permite explorar el universo, les facilitará seguir como si nada estuviera sucediendo y nada cuestionara su visión y su comprensión de la vida en general. Se trata de un actuar, contrariamente a lo que piensan, irracional y que controvierte el proceder del cuerpo científico en general, sometido ante el afán de las multinacionales de todo orden y en particular por el afán de las farmacéuticas por crear el remedio contra el covid-19, de una manera que transforma a los miembros de la humanidad en ratones de laboratorio para demostrar la eficacia de su líquido vital, y así perfeccionarlo.

Es, pues, un proceder, con silencio de estudiosos y científicos, que permite que la sociedad global prosiga por el camino de su autodestrucción. Finalmente, piensan unos y otros: “Podremos controlar todo efecto negativo de nuestro modelo de desarrollo”. Es así como el aumento de la temperatura sobre el planeta tendrá su remedio, como también la ruptura de la capa de ozono, la contaminación de todo tipo, la disminución de los recursos hídricos potables y cualquier otro mal que afecte a la humanidad.

Así, con una ciencia y un cuerpo científico dominado y controlado por el capital, lo que fue y es sueño –mejorar la calidad de vida de toda la especie– se traduce en pesadilla. Es un sueño que no tiene mucho de novedoso, ya que, como lo recuerdan obras como Frankenstein, el sueño (¿la pesadilla?) de la razón implica el total control de la vida, aunque sus productos rompan los protocolos de seguridad de los laboratorios, salgan de ellos y penetren los organismos humanos, como ahora mismo sucede. O simplemente los productos generados en esos laboratorios, en vez de mejorar la calidad de vida de los humanos y el estadio de la naturaleza como conjunto, terminen por afectar a unas y otro al eliminar o reducir de manera notable, por ejemplo, la diversidad en las especies vegetales, poblando inmensas zonas rurales de una sola variedad agrícola, sometiendo a la agricultura, por demás, a manipulaciones biogenéticas que amenazan al mismo tiempo con colonizar diversidad de cultivos, al tiempo que robarle a la humanidad el saber colectivo, reunido y acumulado en la amplia variedad de especies vegetales que alguna vez poblaron el planeta. La imposición de las semillas terminator es el producto más denunciado de este proceder.

Imperio de la razón, antropocentrismo puro y duro, y con ello el culto al saber científico (el mismo que siempre despreció y descalificó los modelos de vida y las lógicas de los pueblos originarios) que le lleva a sentenciar a investigadores científicos: “Está muy extendido entre los científicos el cientificismo, según el cual lo más importante del hombre es la ciencia, y los demás aspectos humanos son secundarios, de menor peso, es decir, que todo gira alrededor de la ciencia como los planetas alrededor del Sol”.

 

Silencio incomprensible

 

Que así actúen los defensores y los promotores del reino de la razón es apenas obvio, pero es incomprensible que, en medio de tal desafuero, no actúen por vía contraria quienes dicen propugnar por otro modelo civilizatorio, en la base del cual resida la plena convivencia con la naturaleza.

Incomprensible e incoherente. Es un actuar que les ha dejado todo el terreno de la opinión pública a sus contradictores. Resalta en ello cómo durante este año de pandemia, teniendo a la mano todas las evidencias para demostrar lo antinatural e insostenible del modelo de vida imperante, estos sectores no hayan potenciado el necesario debate público que evidencie que el problema no es la vacuna en sí misma –pues ella ataca el efecto pero no la causa de la actual crisis– ni algo que se le asemeje; por el contrario, se trata precisamente de transformar el modelo de vida y de producción imperante, cuestionado por la crisis sistémica que sobrelleva la humanidad desde años atrás pero que ahora recibe una nueva evidencia, innegable, temida, pues ha hecho entrar en pánico a la sociedad como una totalidad.

La transformación del modelo de vida y producción dominante no podrá ser concretada sino por la vía de una inmensa y global insurgencia de la sociedad; sin falta, de todos aquellos que sienten y son parte de la inmensa mayoría, los de abajo, arrinconados y negados en sus derechos por la ínfima minoría que determina y se lucra del (mal) destino de la humanidad. Los mismos que ahora, en medio de la crisis de salud pública que sacude a la sociedad global, también resultan más afectados, en todos los planos; y, claro, de su clase proviene la mayoría de quienes pierden la vida por efecto del virus.

En pos de tal giro, nada mejor que esta misma coyuntura. Partiendo de la evidencia, identificando sus factores causales, resaltando la irracional ruta emprendida por la humanidad desde siglos atrás, con prolongación hasta el presente, recalcando en males de todo tipo que sufre el planeta, producto del proceder de quienes someten a la naturaleza a sus mezquinos y limitados intereses, por medio de ello y otros recursos a que pueda acudirse, concitar la acción de resistencia, coordinación e insurgencia global, como debe ser, para no permitir una reconstrucción de este mismo sistema dominante, que ha demostrado la capacidad que tiene de reconstruirse allí donde ha sido derrotado; reconstrucción que se logra como producto del control de los canales y las dinámicas sobre las que la vida humana se prolonga.

De ahí el reto: sin romper por todas partes esos canales y dinámicas, el capital parecerá desaparecer pero se regenerará. Es una pesadilla, como la que proyectan algunas películas de ficción por medio de androides que son enviados a nuestro planeta con misiones particulares. Por momentos, los llamados de esos sectores, con mirada cortoplacista pero sin nada de mediano y largo plazo, se centra también en lo evidente y necesario de hacer inmediatamente para que las mayorías no vivan en peores condiciones; por ejemplo, redistribuyendo con programas especiales la renta nacional, pero se niegan a emplazar a la dirigencia nacional y global, enrostrarles el no futuro de su modelo de vida, desplegando por el país y por todo el mundo un mensaje educativo, agitador y movilizador que atice la necesaria insurgencia de la humanidad.

Hay que defender la vida. Pero la manera de hacerlo no es guardándonos en la casa, lo cual pueden hacerlo por largos períodos quienes tienen ingresos fijos, no las mayorías sociales, negadas precisamente de esa seguridad. La vida se debe defender confrontando la muerte, y para ello recurriendo a todos los medios, mecanismos y espacios a la mano, los ya conocidos y los nuevos a que dé paso la actual crisis que abate a la humanidad.

En medio de ello, como soporte de la acción de ruptura con el actual sistema, es necesario acudir a la elaboración resumida y su difusión, del modelo de vida necesario y posible; no es permisible postergar este reto por más tiempo; la comunicación y la coordinación con otros por todo el país y el planeta tampoco. La denuncia de la sinrazón del imperio de la razón, también. El diseño de otro modelo de ciencia, no sometido al capital, claro que sí. Airear otros modelos de comprensión de la vida, como la vivenciada por los pueblos originarios, de todo tipo y coordinada, también debe encontrar espacio.

El reto es inmediato. Se han perdido meses preciosos. No proceder por esta vía es permitir que se consuma la derrota de la humanidad, sepultada por el sueño de la razón, antropocentrista, y su materialización en una civilización moribunda como la occidental.

Publicado enEdición Nº275
Los giros subtropicales, cuyas aguas se mueven en sentido horario en el hemisferio norte y antihorario en el hemisferio sur, dominan las regiones centrales de los océanos. Arnold Gordon / Britannica

 

El cambio de década nos trae el regalo de la Década de la Ciencia Oceánica para el Desarrollo Sostenible. Es muy oportuno, por tanto, destacar que los océanos no solo son el elemento esencial y central de la vida en nuestro planeta, son también los grandes reguladores del cambio climático.

Una de las claves del control climático planetario yace en la circulación global profunda, también conocida como la cinta transportadora global, una gran corriente que alcanza las regiones abisales de todos los océanos del planeta.

Esta corriente planetaria se origina en aguas superficiales a altas latitudes en el Atlántico Norte y alrededor del continente antártico. Cada invierno, estas aguas frías y saladas se hunden, iniciando así la cinta transportadora global. En pocas semanas se produce la inyección de 1 500 billones de metros cúbicos de agua hacia las profundidades del océano. Esto supone un promedio anual de unos 48 millones de metros cúbicos por segundo, más de 200 veces el caudal medio del río Amazonas.

El inicio de esta circulación global viene acompañado, también en invierno, por otro hundimiento de aguas superficiales. Este bombeo está ocasionado por el viento y ocurre en latitudes medias y altas. Allí, las aguas se sumergen hasta unos 1 500 m, ocasionando que la temperatura y otras propiedades varíen en profundidad de forma análoga a como lo hacen con la latitud.

Estas aguas realizan un viaje submarino transoceánico, delimitando los grandes giros subtropicales. Se trata de grandes sistemas de corrientes oceánicas influidas por los vientos y el movimiento de rotación de la Tierra. El resultado es lo que se conoce como circulación termoclina.

El sistema circulatorio de la Tierra

La cinta transportadora global y la circulación termoclina pueden imaginarse como el sistema circulatorio de la Tierra.

El circuito termoclino recorre los giros transoceánicos, distribuyendo continuamente la energía y regenerando los nutrientes en el sistema. Cada varios años, las aguas regresan a la superficie y se intercambian gases con la atmósfera, como si fuera el circuito pulmonar de nuestro planeta vivo.

En contraste, la cinta global tarda cientos e incluso miles de años en recorrer todo el planeta, manteniendo la memoria de climas pasados.

Las aguas frías que se hunden a latitudes altas del Atlántico Norte son eventualmente reemplazadas por el ramal de retorno de la cinta transportadora global, aguas cálidas y ricas en nutrientes provenientes de regiones tropicales y subtropicales.

El resultado es un flujo de calor y nutrientes que se dirige hacia las altas latitudes del Atlántico Norte. El calor allí liberado mantiene el clima moderado del norte de Europa y el suministro de nutrientes inorgánicos sostiene la espectacular floración primaveral del océano Atlántico Norte.

Corrientes y clima

El clima de la Tierra está condicionado en gran medida por el equilibrio radiativo local, que depende de la reflexión de la radiación solar (albedo) y de la fracción de radiación emitida por la Tierra que no puede atravesar la atmósfera (efecto invernadero).

Pero igualmente importante es la transferencia de calor desde los trópicos hacia altas latitudes, que ocurre gracias a los vientos atmosféricos y las corrientes oceánicas. En el océano esto queda determinado por la intensidad de la cinta transportadora global y del circuito termoclino.

La fuerza y extensión vertical de la cinta transportadora global del Atlántico no siempre ha sido la misma. Los indicadores paleoceanográficos en sedimentos indican que hace unos 20 000 años la cinta transportadora del Atlántico Norte era mucho más débil y menos profunda. Como consecuencia, el transporte de calor hacia altas latitudes era menor y la Tierra experimentó un máximo glacial.

Las predicciones sugieren que a lo largo de este siglo la región subpolar se calentará y salinizará, esto último debido a la intrusión de aguas saladas subtropicales. El pronóstico es que la cinta transportadora global se ralentizará, aunque la competencia de los flujos de calor y agua dulce genera grandes incertidumbres.

Aguas con menos oxígeno y más ácidas

A los factores físicos que controlan el clima se les une la autorregulación del planeta vivo, en continua evolución hacia un estado optimizado.

Dos ejemplos de interacción entre clima y vida son el control del dióxido de carbono mediante cambios en producción primaria y la influencia del plancton marino en la formación de nubes.

Otro ejemplo es la expansión de las regiones oceánicas hipóxicas, o zonas de bajo oxígeno. Estas ocurren en el margen oriental de todos los grandes océanos, en regiones relativamente aisladas entre los giros subtropicales y tropicales. Su expansión puede deberse a cambios en los patrones de circulación, el calentamiento de las aguas y el aumento de la producción primaria.

Los océanos también han incorporado alrededor del 40 % del dióxido de carbono antropogénico emitido a la atmósfera, ocasionando una acidificación significativa. Como consecuencia, han disminuido las profundidades de saturación de calcita y aragonita, lo que reduce las regiones donde pueden crecer los organismos calcáreos.

La unión de estos factores estresantes (calentamiento, salinización, desoxigenación, acidificación, contaminación, sobrepesca) representa una amenaza significativa para muchas especies marinas, con un impacto alto en la biodiversidad marina y en la evolución del propio planeta.

Consecuencias del Antropoceno

El Holoceno, el cálido periodo interglacial que ha caracterizado a nuestro planeta durante los últimos 12 mil años, está siendo alterado por la humanidad.

La emisión de grandes cantidades de dióxido de carbono ha modificado el equilibrio radiativo y ha llevado a la Tierra hacia un nuevo estado metabólico, el Antropoceno.

Un efecto importante ha sido que la temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado en 1,2 °C  desde el periodo preindustrial, a mediados del siglo XIX, hasta la actualidad. Esto ha sucedido a pesar de la elevada capacidad reguladora de los océanos, que han absorbido alrededor del 90 % del exceso de calor antropogénico en el sistema terrestre con un aumento en su temperatura media de apenas 0,15 °C.

Si no fuera por el efecto antropogénico, la Tierra ya hubiera entrado lentamente en un período glacial, que se iría acentuando hasta encontrar su enfriamiento máximo dentro de unos 60 mil años.

Sin embargo, los modelos nos dicen que el clima interglacial actual se fortalecerá por otros 20 o 25 mil años. El próximo máximo glacial no tendrá lugar hasta dentro de unos 110 mil años.

¿Un resultado impredecible?

Las observaciones y los modelos nos dicen que el clima de la Tierra ha cambiado y seguirá cambiando. Grandes extensiones de nuestro planeta experimentan el aumento del nivel del mar, fuertes sequías o lluvias torrenciales, huracanes intensos más frecuentes, agudas olas de calor, pérdida de biodiversidad e incremento en las enfermedades infecciosas.

No podemos predecir con certeza el futuro. La extrema complejidad del océano viviente, la interacción de los procesos físicos y biogeoquímicos en todas las escalas espaciales y temporales hace que el sistema pueda tomar caminos inesperados.

Sin embargo, la ciencia de forma casi unánime nos advierte que se requiere una acción inminente si queremos mantener un clima favorable para la humanidad. Es imperativo definir unos límites planetarios y es tarea de todos respetarlos.

Nuestro planeta vivo, con el océano como componente central y esencial, es robusto y tiene una elevada capacidad reguladora. Su resiliencia ha sido probada a lo largo de la historia de nuestro planeta. La conjunción de mecanismos vivos y no vivos ha provocado su baja entropía y alta complejidad.

Esta elevada complejidad, resultado de la infinitud de procesos que sostienen y conforman la propia vida, convierte a un sistema terrestre potencialmente frágil en un ser vivo, dinámico y robusto. Gaia evolucionará y se desplegará en beneficio de todo el sistema y no de una de sus partes. Está en nuestras manos lograr que la humanidad se mantenga en armonía con esta evolución.

 

Por Josep Lluís Pelegrí Llopart

Oceanógrafo y profesor de investigación, actualmente director del centro, Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC)

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Geopolítica, pandemia y tecnología: la dictadura global

“Hace años, aprendí una frase en México que practico cada día: prefiero morir de pie que vivir arrodillada”, señala la española Cristina Martín Jiménez, doctora en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Salamanca, experta en geopolítica y periodista científica que destaca por ser la primera que escribió un libro ampliamente documentado sobre el Club Bilderberg, que empezó siendo su tesis doctoral, obteniendo calificación 'cum laude'. Su más reciente libro, 'La verdad de la pandemia' (Mr, Planeta, 2020), cimbra hasta al más escéptico y aborda concretamente la relación entre el Covid-19, que ha trastocado la vida como la conocíamos antes de febrero de 2020, y el antes citado Club.

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-En el libro demuestro que la pandemia tiene como objetivo imponer una dictadura global tecnológica, gestionada por los filántropos y sus vigilantes, que serán, principalmente, los políticos, la prensa y los educadores. Estos últimos constituirían una clase de sacerdotes de la nueva sociedad que, ayudados por una parte de los ciudadanos, mantendrán el orden público estable. El concepto de libertad desaparecerá. No sería necesaria en el Felicismo, que es como llaman a su nuevo orden mundial, presentado en la ONU por el nieto de Nelson Mandela el pasado año. Si no eres feliz en su paraíso, serás declarado un enfermo, por inadaptado. El secretario de la ONU acaba de decir que necesitamos un gobierno mundial formado por la familia de la ONU, los grandes financieros y los bloques regionales. Como se ve, la democracia parlamentaria ya no entra en sus planes. La “plandemia” es el chantaje de los grandes oligarcas reconvertidos en filántropos. Ellos aseguran: “si no hacéis lo que decimos, vendrán otras pandemias”. Ya tienen preparada la siguiente, será una crisis climática.

La autora menciona la censura que ha padecido. Wikipedia retiró su semblanza y, posteriormente, la retomó… para volverla a omitir en días recientes. Todo cuanto aparece es una fotografía en blanco y negro. Cristina no se enfrenta a una sociedad secreta, como pudiera pensarse: sus miembros son figuras públicas, y entre ellas se encuentran Bill Gates y otros tantos relacionados con las redes sociales.

–Con la pandemia se está cumpliendo lo que escribí en mi libro de 2010, Los amos del mundo están al acecho, censurado durante siete años en España. Me censuran en los grandes medios de comunicación, quitan mis videos de YouTube, borran mis comentarios en las redes. El poder nos ha declarado una guerra silenciosa, impide que conozcamos sus sofisticadas armas para que así no podamos defendernos. Yo revelo sus perversas intenciones y metodología demostrándolo con el periodismo de investigación y con mi tesis doctoral sobre estas estructuras de poder. Como una Prometea contemporánea, les robo el conocimiento para entregarlo a todos.

–¿Por qué siempre China? Lo vimos con la pandemia de gripe A en 2009 y ahora otra vez: todo tiene su origen en el gigante asiático. ¿Es esto casual o China juega un papel central en este proceso hacia la “nueva normalidad”?

–En los años setenta, David Rockefeller y Henry Kissinger, promotores de este nuevo orden mundial, se enamoraron de la dictadura china. Es el modelo que el poder pretende implantar en el mundo: una élite gobernante capitalista que maneja los destinos de una sociedad socialista-comunista, sin libertad de ninguna índole. Con el Covid-19, el gobierno de España ha dado pasos de gigante hacia una dictadura. Ha decretado leyes por las que la policía puede entrar en nuestras casas con la excusa de la enfermedad y anulado los derechos fundamentales recogidos en la Constitución, como la libertad de prensa o de reunión. La televisión es un Show de Truman que no refleja la verdad de las personas ni de los hospitales. Sólo pueden hablar en los medios los afines a la versión oficial, el resto es vilmente atacado. Sánchez está al servicio de este plan de dominio internacional.

–¿Podría ahondar un poco más en el asunto de las pruebas chinas de Covid-19 que arrojan falsos positivos?

–Numerosos grupos de médicos y biólogos de todo el mundo están denunciando el uso de pruebas no específicas de Covid-19, que reflejan otros tipos de virus similares. Eso significa que las estadísticas publicadas son erróneas y los medios de comunicación oficialistas censuran la voz de estos médicos. Y, ni aún haciendo trampas, consiguen subir las estadísticas para justificar las medidas abusivas que piden la OMS y sus propietarios, como Bill Gates. Se confinan ciudades, arruinan países, matan a personas con protocolos inadecuados.

La tecnología se ha infiltrado ferozmente en nuestras vidas. Quienes en algún momento la dosificamos o, de plano, la eliminamos porque nos quitaba tiempo, nos hemos visto socialmente presionados para alienarnos a ella… y cabe esperar que de ésta se derive otra clase de tecnología relacionada con la detección del Covid-19, como se menciona en este libro. La llaman tecnología de ‘vigilancia intrusiva’ y es un precio que tendremos que pagar, según Alex Pentland, inventor de las cámaras de reconocimiento facial, por estar con nuestras familias y amigos. Mujeres y hombres robots, desconectados de su alma, cerebros escaneados y hackeados, el internet de las personas y de las cosas. Es tener un ojo que todo lo ve dentro de tu cuerpo, en tu casa, en tu coche, en el trabajo. Si no cumples con las normas, criticas a los gobernantes o protestas, serás eliminado ipso facto. Por eso es importante que nos rebelemos ahora ante este futuro infame. Cuando las leyes son injustas, desobedecer es un imperativo moral.

–¿Qué relación existe entre el coronavirus y el “exceso” de población que todo el tiempo sale a relucir en los discursos de los filántropos mencionados en sus libros?

–La élite tiene una ideología eugenésica. Eso significa que se conciben a sí mismos como la clase superior y el resto somos una clase inferior. Su postura supremacista es criminal y depravada. No es casual que los ancianos sean el setenta por ciento de los muertos. Les sobran. Y han advertido que los pobres serán más perjudicados aún. ¿A cuántos van a matar para construir su utopía? Bill Gates afirmó, en una conferencia en 2010, que el problema de la superpoblación se solucionaría con vacunas y ahora pretende vacunarnos a todos. Si alguien cree que esto es casual, simplemente está desinformado.

–Para concluir: ha sido un verdadero triunfo obtener un ejemplar físico de su libro. Nos han querido imponer el libro electrónico como alternativa para prevenir el virus, aunque considero que es una medida extrema. Quienes no podemos o no queremos leer libros en la pantalla la hemos pasado muy mal. ¿Diría que alejarnos de la lectura, a quienes crecimos tocando y oliendo los libros, es otra estrategia para hacernos entrar al redil?

–Los hijos de los megarricos no usan tabletas ni libros digitales ni ordenadores porque sus padres saben, basándose en lo científicamente demostrado, que la escritura a mano y la lectura de libros en papel potencia la inteligencia. Están generando a propósito un distanciamiento enorme entre clases sociales desde la escuela. Pregonan la igualdad, pero no para ellos.

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Filosofía, historia y emancipación humana. 200 años de Friedrich Engels

Friedrich Engels (1820-1895), filósofo, historiador, sociólogo y politólogo, colaborador conspicuo de Karl Marx, es sin duda una de las mentes más brillantes en la historia de Occidente, cuya obra tuvo, y tiene, una enorme trascendencia en la comprensión de la civilización humana. “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876), prefacio a "Tres formas fundamentales de esclavización", es motivo de análisis en este ensayo que bien sirve para conmemorar los doscientos años de su nacimiento.

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“El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” (1876) era parte de la Introducción a un escrito llamado Tres formas fundamentales de esclavización. Estas serían las experimentadas en la historia humana: 1) las imposiciones de la naturaleza sobre el ser humano; 2) las de seres humanos sobre otros seres humanos, y 3) las del ser humano sobre la naturaleza. En las tres, el metabolismo dialéctico naturaleza-humano-naturaleza no ha sido armonizado por las sociedades humanas, sino que se ha desenvuelto con antagonismos, pero se vislumbra la posibilidad de superarlas debido a las condiciones objetivas y subjetivas desarrolladas dentro de la sociedad capitalista: 1) con el desarrollo de la ciencia-técnica humana manifestada en el trabajo automatizado, y 2) con el desarrollo de la organización y la conciencia de los trabajadores. Ambos son producto histórico de la praxis humana, corazón del proceso de trabajo, por lo que, en dicho régimen capitalista, se posibilita un proceso de verdadera emancipación, si y sólo sí el metabolismo se encamina a su armonización, poniendo bajo control colectivo humano, y no del capital que conjunta y exacerba las esclavizaciones, su propio proceso de trabajo desplegado como ciencia-técnica y como organización-conciencia ecológica social, o bien como órganos sociales de la producción de la vida y de la voluntad humanas (K. Marx).

En su texto de 1876, a Engels le interesa esbozar los pasos que va dando el ser humano en la dialéctica del trabajo, que va abriendo necesidades y capacidades nuevas y relativamente progresivas, desde la hominización (transformación del simio en homo, pasando por los homínidos), sapientización (transformación del homo en homo sapiens) y en la humanización, que potencialmente culminaría en la revolución y la sociedad comunista (hacia lo plenamente humano u homo plenus).

Cabe aclarar que su concepto de proceso de trabajo implica un proceso multidimensional, no sólo meramente instrumental y laborante (homo faber, homo laborans), sino incluyendo lo productivo, reproductivo, social, medioambiental, político, lúdico, simbólico y cultural (homo politicus, homo ecologicus, homo ludens, homo demens, homo loquax).

Para Engels, de lo que se trata con ello es de aprender las lecciones y comprender los errores antiecológicos-antisociales de las praxis humanas poco conscientes o no planeadas suficientemente. Su finalidad será ejercer el trabajo, la técnica, la producción, las relaciones sociales y, en general, todos los actos humanos, conforme a su naturaleza no animalesca, es decir conforme a las cualidades humanas formadas, desplegadas en el surgimiento del género homo y propiamente en la especie sapiens, con el propósito de no seguir cayendo en efectos contraproducentes sino superarlos en la emancipación y realización de la vida humana futura.

Los pasos decisivos del despliegue histórico práxico

 Veamos la argumentación de Engels; primero las premisas y luego, de manera secuencial, los ocho pasos decisivos de la precesualidad histórica:

  1. Para Engels, la naturaleza es la proveedora de los materiales que el trabajo humano convierte en riqueza y el trabajo humano es “la condición básica y fundamental de toda la vida humana” a tal grado que, dice, “hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio humano”. Aquí señala que Charles Darwin (The Descent of Man, 1871) dio una descripción aproximada de una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada, que residió en algún lugar de la zona tropical, vivía en los árboles y formaba manadas.
  2. Este mono, al caminar por el suelo, “se fue acostumbrando a prescindir de las manos” y entonces empezaron a adoptar más y más una posición erecta. Primero fue una norma y luego una necesidad, por lo que en aquel entonces las manos tenían que ejecutar funciones cada vez más variadas, desarrollándose la división de funciones entre pies y manos. Así, Engels describe las tareas más numerosas de las manos: recoger y sostener alimentos, construir nidos y tejadillos en los árboles, asir garrotes, aventar frutos y piedras y realizar operaciones sencillas, semejantes a las que realizan los monos. Sin embargo, dice Engels, la mano de cualquier mono es incapaz de ejecutar los cientos de operaciones que realiza la mano humana como tal, “perfeccionada por el trabajo durante centenares de miles de años”. Y ejemplifica: “Ni una sola mano simiesca ha construido jamás un cuchillo de piedra por tosco que fuese.” Traduciéndolo a los conocimientos actuales, los primates superiores antropomorfos no desarrollaron jamás ninguna industria lítica o modo técnico. La explicación que proporciona Engels es que hubo un proceso evolutivo de operaciones sencillas a operaciones complejas y consistió en que “nuestros antepasados fueron adaptando poco a poco sus manos durante muchos miles de años de transición”.
  3. La mano se hizo libre ya que pudo adquirir cada vez más habilidad, destreza y flexibilidad, que se “transmitía por herencia y se acrecía de generación en generación”. La mano liberada y perfeccionada (anatómica y fisiológicamente) se convirtió en “el [primer] órgano del trabajo” y fue producto o resultado de éste mediante cada vez más aplicaciones a funciones nuevas y cada vez más complejas. Con ello, lo que beneficiaba a la mano beneficiaba correlaciones de formas (Darwin dixit) a todo el cuerpo y organismo, en dos aspectos: el interno, digamos en la columna vertebral-cráneo-cerebro (foramen magnum), visión, pelvis-húmero, termorregulación, ajuste de órganos, posición del pie y modo de caminar, etcétera, y el externo, repercusiones sociales de unos sujetos sobre otros, así como sobre el conjunto: ayuda/actividad mutua y reforzamiento de lazos; progreso sobre el dominio sobre la naturaleza, ya que el trabajo iba ampliando horizontes, haciéndole descubrir en los objetos nuevas propiedades desconocidas.
  4. La necesidad de mayor comunicación verbal, transmitiéndose información psicoafectiva, relacional, ecológica y técnica significativa y cada vez más precisa de los unos a los otros. Modulaciones y articulaciones del sonido, teniendo un papel central la laringe y demás órganos anatómicos del aparato fonador. Respecto a esto, nos señala la máxima de J.B. Lamarck: “la necesidad hizo al órgano”. La laringe y los órganos vocales formados dialécticamente resultaron ser apropiados para el lenguaje articulado; así, la explicación de su origen sólo es posible “a partir del proceso de trabajo y con el proceso de trabajo” (en las inter-acciones que provoca, retroalimenta y va enriqueciendo).

De esta forma, la conexión del trabajo con el lenguaje estimuló el desarrollo del cerebro humano (y todo el sistema nervioso) e igualmente “los instrumentos más inmediatos” de éste: los órganos de los sentidos (vista, olfato, gusto, oído y tacto). Con del desarrollo interactivo y mutuo de ambos se fue generando a) mayor claridad de conciencia, b) mayor capacidad de abstracción y c) mayor grado de discernimiento, formando con ello una doble recursividad dialéctica de mutuas influencias entre, por una parte 1) el trabajo y el lenguaje y, por otra, 2) entre el cerebro y los sentidos.

  1. Este circuito dialéctico conforma el primer avance de lo que Engels denomina la sociedad humana, que desde esta base (trabajo-socialidad-lenguaje-conciencia-sentidos) se expresa en su desarrollo multidireccional y diverso en distintos pueblos, con adelantos y retrocesos en esta procesualidad que hoy llamaríamos desarrollo sociocultural en general (destacando el logro del desarrollo civilizacional).
  2. A partir de aquí, haciendo uso de a) su mayor inteligencia y b) su mayor capacidad de adaptación (o, mejor, de adaptabilidad), en las diversas zonas de alimentación, los sapiens ampliaron el rango de plantas comestibles, con lo que lograron una alimentación con mayor variedad de nuevas sustancias nutricionales, con lo cual “creaban las condiciones químicas”, fisiológicas y corporales para constituir una “dieta propiamente humana”, cuyas bases serían 1) despliegue en la elaboración de instrumentos de trabajo (que a la vez fueron utilizados como armas) para hacerse de nuevos alimentos, 2) creación de herramientas para la pesca y la caza, con lo que se posibilitó 3) el tránsito de la alimentación propiamente vegetal a la alimentación mixta (vegetal-animal), 4) el consumo de carne, que ofreció ingredientes esenciales para el mejor desempeño de las funciones de su organismo, especialmente en la potenciación funcional y el crecimiento de su cerebro; y también 5) trajo dos nuevos avances decisivos: el uso del fuego, que redujo el proceso de digestión, y la domesticación de animales, que multiplicó la reserva de carne y de leche para obtenerlas de manera más regular, así como 6) el combinar la carne con la dieta vegetal (bases del omnivorismo) contribuyó poderosamente –dice Engels– a dar fuerza física y mental al humano al brindarle –en vías de consolidación– su (relativa) “independencia” respecto de la naturaleza.

La voluntad de dominio y sus repercusiones

  1. El sexto paso decisivo fue su extensión geoclimático-ecológica, pues por su propia iniciativa se fue expandiendo y adaptando-transformando a los diferentes climas de los continentes y ecosistemas (latitudes, alturas, temperaturas, etcétera). Ello obligó a los seres humanos a realizar nuevas actividades y a generar nuevas necesidades de abrigo, vivienda, vestimenta…, creándose nuevas esferas cada vez más complejas, diversificadas y perfeccionadas (civilizacionales) de trabajo material, cultural, semiótico, político y espiritual: ganadería, pesca, agricultura, alfarería, hilado, tejido, metales, navegación, comercio, artes y ciencias, posteriormente también el desarrollo de las naciones, el Estado y, con ello, el derecho, la política y la religión.

Estas últimas, así como el origen de la explotación del propio trabajo y en general el progreso de la civilización, son producto de la dinámica de las necesidades materiales “reflejadas en la cabeza del ser humano que así cobra conciencia de ellas”, y no se deben –como cree la concepción idealista del mundo– exclusivamente al desarrollo y a la actividad cerebral.

Se trata de la concepción materialista dialéctico-histórica de los orígenes y de desarrollo/progreso del sapiens y de sus productos sociales, políticos y culturales materiales e institucionales, con base en la complejización de proceso de trabajo y el crecimiento/diversificación de las necesidades, que fue llevando a los humanos a “plantearse y a alcanzar objetivos cada vez más elevados”. Dicha concepción, dice Engels, es diferente y crítica respecto del materialismo naturalista de la escuela darwiniana, cuyos representantes no son capaces de ver “el papel [histórico-genético] desempeñado por el proceso de trabajo”.

El signo esencialmente diferente de los humanos respecto de los animales reside en que: “Ni un solo acto planificado de ningún animal ha podido imprimir en la naturaleza ‘el sello de su voluntad’. Sólo el humano ha podido hacerlo”. Las acciones de los humanos sobre la naturaleza imprimen, material y espiritualmente, sus diversas y crecientes necesidades y fines, y sus efectos son escalares: ecológicos, geológicos, energéticos y mentales. Los animales utilizan la naturaleza exterior y la modifican por el mero hecho de su presencia en ella. El humano, en cambio, transforma la naturaleza y la obliga así a servirle (servicio no forzosamente utilitario), la domina (no necesariamente utilitariamente) por efecto del proceso de trabajo.

Sin embargo, Engels plantea que, si dicho dominio se toma como si se tratara de “victorias” sobre la naturaleza, en las repercusiones imprevistas o negativas que se manifiestan –no necesariamente de manera inmediata sino en segunda o tercera instancia, después de lo que se obtuvo con previsión o en primera instancia– “la naturaleza toma venganza”. Por lo tanto, esos hechos nos recuerdan que “nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado”, pues “nosotros como humanos estamos en su seno y pertenecemos a la naturaleza”. Por consiguiente, “todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y aplicarlas adecuadamente”.

  1. Para F. Engels existe un gran avance científico, principalmente de las Ciencias Naturales de la segunda mitad del siglo XIX, del conocimiento y comprensión de las leyes de la naturaleza. Por eso se ha dado un importante paso para conocer tanto los efectos inmediatos como los no inmediatos de “nuestra intromisión en el curso natural de desarrollo”. El meollo para Engels es que dichos avances científicos (y técnicos) posibilitan la prevención y el control cada vez mejor de las repercusiones no inmediatas a prever y, por lo tanto, permiten controlar cada vez mejor las “remotas consecuencias naturales de nuestros actos en la producción”. De esta manera, cuanto más sea esto una realidad, los hombres no sólo sentirán de nuevo y en creciente grado su unidad con la naturaleza, sino que la comprenderán más (y lo mismo su propia naturaleza, construida también en el trabajo y con su trabajo); por ende, “más inconcebible será esa idea absurda y antinatural de la antítesis entre el espíritu y la materia, el hombre y la naturaleza y el alma y el cuerpo”.

Para dejar clara su perspectiva unitaria de superación de las antítesis, Engels plantea que igualmente se trata de prever no sólo las indirectas y remotas consecuencias del dominio y de la producción humana sobre la naturaleza exterior, sino las repercusiones sociales de esas mismas acciones. Para lograr cabalmente todo ello es fundamental: a) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias directas e inmediatas a nivel natural y social de la producción, y b) el conocimiento, control y dominio de las consecuencias indirectas y remotas a nivel natural y social de la producción humana.

  1. Se trataría, entonces de construir un octavo paso decisivo plenamente emancipador pues, enfatiza Engels: “hace falta una revolución que transforme por completo el modo de producción existente hasta hoy día” (el capitalismo) y, con él, el orden social productivista, inmediatista, antiecológico y antisocial vigente. Se trata, dice, de realizar una revolución que cree un nuevo orden natural-social productivo, en donde el proceso de trabajo tendrá un nuevo papel en la transformación del humano en verdadera y plenamente humano, un orden diferente a los anteriores que tenga integrado realmente en su actuar social la planificación, prevención y control de la producción (siendo una gran palanca de ayuda una ciencia-técnica crítica, liberada y emancipadora), que siga las leyes de la naturaleza y sea capaz de superar realmente sus utilitarismos y limitaciones de toda índole.
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A los pueblos que luchan: A las personas que luchan en los cinco continentes

Primero de Enero del año 2021.

A LOS PUEBLOS DEL MUNDO:
A LAS PERSONAS QUE LUCHAN EN LOS CINCO CONTINENTES:

[email protected] Y COMPAÑ[email protected]:

Durante estos meses previos, hemos establecido contacto entre [email protected] por diversos medios. Somos mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, queer y más, hombres, grupos, colectivos, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, pueblos originarios, asociaciones barriales, comunidades y un largo etcétera que nos da identidad.

Nos diferencian y distancian tierras, cielos, montañas, valles, estepas, selvas, desiertos, océanos, lagos, ríos, arroyos, lagunas, razas, culturas, idiomas, historias, edades, geografías, identidades sexuales y no, raíces, fronteras, formas de organización, clases sociales, poder adquisitivo, prestigio social, fama, popularidad, seguidores, likes, monedas, grado de escolaridad, formas de ser, quehaceres, virtudes, defectos, pros, contras, peros, sin embargos, rivalidades, enemistades, concepciones, argumentaciones, contra argumentaciones, debates, diferendos, denuncias, acusaciones, desprecios, fobias, filias, elogios, repudios, abucheos, aplausos, divinidades, demonios, dogmas, herejías, gustos, disgustos, modos, y un largo etcétera que nos hace distintos y, no pocas veces, contrarios.

Sólo nos unen muy pocas cosas:

El que hacemos nuestros los dolores de la tierra: la violencia contra las mujeres; la persecución y desprecio a los diferentes en su identidad afectiva, emocional, sexual; el aniquilamiento de la niñez; el genocidio contra los originarios; el racismo; el militarismo; la explotación; el despojo; la destrucción de la naturaleza.

El entendimiento de que es un sistema el responsable de estos dolores. El verdugo es un sistema explotador, patriarcal, piramidal, racista, ladrón y criminal: el capitalismo.

El conocimiento de que no es posible reformar este sistema, educarlo, atenuarlo, limarlo, domesticarlo, humanizarlo.

El compromiso de luchar, en todas partes y a todas horas –cada quien en su terreno-, contra este sistema hasta destruirlo por completo. La supervivencia de la humanidad depende de la destrucción del capitalismo. No nos rendimos, no estamos a la venta y no claudicamos.

La certeza de que la lucha por la humanidad es mundial. Así como la destrucción en curso no reconoce fronteras, nacionalidades, banderas, lenguas, culturas, razas; así la lucha por la humanidad es en todas partes, todo el tiempo.

La convicción de que son muchos los mundos que viven y luchan en el mundo. Y que toda pretensión de homogeneidad y hegemonía atenta contra la esencia del ser humano: la libertad. La igualdad de la humanidad está en el respeto a la diferencia. En su diversidad está su semejanza.

La comprensión de que no es la pretensión de imponer nuestra mirada, nuestros pasos, compañías, caminos y destinos, lo que nos permitirá avanzar, sino la escucha y mirada de lo otro que, distinto y diferente, tiene la misma vocación de libertad y justicia.

Por estas coincidencias, y sin abandonar nuestras convicciones, ni dejar de ser lo que somos, hemos acordado:

Primero.- Realizar encuentros, diálogos, intercambios de ideas, experiencias, análisis y valoraciones entre quienes nos encontramos empeñados, desde distintas concepciones y en diferentes terrenos, en la lucha por la vida. Después, cada quien seguirá su camino o no. Mirar y escuchar lo otro tal vez nos ayudará o no en nuestro paso. Pero conocer lo diferente, es también parte de nuestra lucha y de nuestro empeño, de nuestra humanidad.

Segundo.- Que estos encuentros y actividades se realicen en los cinco continentes. Que, en lo que se refiere al continente europeo, se concreten en los meses de Julio, Agosto, Septiembre y Octubre del año 2021, con la participación directa de una delegación mexicana conformada por el CNI-CIG, el Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, y el EZLN. Y, en fechas posteriores por precisar, apoyar según nuestras posibilidades, para que se realicen en Asia, África, Oceanía y América.

Tercero.- Invitar a quienes comparten las mismas preocupaciones y luchas parecidas, a todas las personas honestas y a todos los abajos que se rebelan y resisten en los muchos rincones del mundo, a que se sumen, aporten, apoyen y participen en estos encuentros y actividades; y a que firmen y hagan suya esta declaración POR LA VIDA.

Desde uno de los puentes de dignidad que unen a los cinco continentes.

[email protected]

Planeta Tierra.

1 de enero del 2021.

Si usted (es) quiere (n) firmar esta Declaración, mandar su firma a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Por favor nombre completo de su grupo, colectivo, organización o lo que sea, en su idioma, y su geografía. Las firmas se irán agregando conforme vayan llegando.

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Miércoles, 23 Diciembre 2020 05:28

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por un Pacto Ecosocial con la desobediencia

Por definición un pacto plantea un acuerdo entre dos o más partes, muchas veces solemne, donde se establece una obediencia a cumplir los puntos establecidos en lo que puede ser o no un contrato formal, en ocasiones conseguido incluso debajo de la mesa.

Tan agobiante definición puede generar confusiones, más cuando erradamente se mete en un mismo saco a todos los pactos nacidos en estos convulsos tiempos. Pese a ello, el Pacto Ecosocial del Sur no plantea un acuerdo formal para cumplir una hoja de ruta cerrada ni propone un listado de demandas dirigidas a los gobernantes. No es un pacto con el poder, ni para acceder al poder; este pacto enuncia ideas de cambio de las fuerzas sociales que lo impulsan.

Vivimos la peor crisis moderna de la humanidad; una crisis que rebasa al azote sanitario del coronavirus pues se descubren las fracturas multifacéticas y sistémicas de la civilización dominante. En medio de esa crisis, y pese al aislamiento físico, un grupo de personas sintonizadas desde hace tiempo elaboró un documento corto proponiendo -lo que a mi juicio es- un pacto con la desobediencia, buscando alternativas sistémicas y concertadas con diversos procesos sociales.

En clave de transiciones (en plural), sin olvidar el horizonte utópico, se plantean nueve puntos de acción:

  • una transformación tributaria solidaria donde “quién tiene más, paga más”; anular las deudas externas estatales y construir una nueva arquitectura financiera global, como primer paso de reparación histórica de la deuda ecológica y social contraída por los países centrales desde la colonia;
  • crear sistemas nacionales y locales de cuidado donde la sostenibilidad de la vida sea el centro de nuestras sociedades, entendiendo al cuidado como un derecho que exige un papel más activo del Estado en consulta y corresponsabilidad permanente con pueblos y comunidades;
  • salir de la trampa de la pobreza extrema con una renta básica universal que sustituya las transferencias condicionadas focalizadas de herencia neoliberal;
  • impulsar la soberanía alimentaria combinada con políticas que redistribuyan la tierra, el acceso al agua y una profunda reforma agraria, alejándose de la agricultura industrial de exportación y sus nefastos efectos socioambientales;
  • construir economías y sociedades postextractivistas para proteger la diversidad cultural y natural desde una transición socioecológica radical, impulsando salidas ordenadas y progresivas de la dependencia del petróleo, carbón y gas, de la minería, y de los grandes monocultivos, frenando la deforestación masiva;
  • recuperar y fortalecer espacios de información y comunicación desde la sociedad, actualmente dominados por los medios de comunicación corporativos y las redes sociales que forman parte de las corporaciones más poderosas de nuestros tiempos, para disputar los sentidos históricos de convivencia;
  • fortalecer la autonomía y sostenibilidad de las comunidades locales frente a la fragilidad de las cadenas globales de producción, para potenciar la riqueza de los esfuerzos locales y nacionales;
  • y, concluyendo este listado siempre preliminar, propiciar una integración regional y mundial soberana favoreciendo los sistemas de intercambio local, nacional y regional, con autonomía del mercado mundial globalizado y enfrentando al monopolio global corporativo.

Muchas de estas ideas aparecen en otros documentos elaborados en estos años, no solo durante la pandemia. La diferencia radica en que este Pacto Ecosocial propone acciones concretas a corto plazo sin olvidar las utopías y la imperiosa necesidad de construir imaginarios colectivos, para acordar un rumbo compartido de transformaciones radicales y una base para caminar con plataformas de lucha en los más diversos ámbitos de nuestras sociedades.

La crisis desnudada por la pandemia ha potenciado las desigualdades y muestra, quizás con más brutalidad que antes la incertidumbre y fragilidad de nuestro futuro, siempre en juego. Nos toca enfrentar un mundo desigual e inequitativo en extremo, plagado de todo tipo de violencias (patriarcales, racistas, extractivistas…) que aumentan aceleradamente con la pandemia. Pero también es una enorme oportunidad para (re)construir nuestro futuro desde principios básicos para una vida digna: el cuidado, la redistribución oel reparto, la suficiencia y la reciprocidad, desde bases comunitarias y autonómicas antes que estatales. En concreto, el campo principal de acción aparece en donde podemos actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes: plurales y diversos, con igualdad y justicia, con horizontes construidos colectivamente, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente todas las alternativas posibles.

En realidad este Pacto viene desde abajo, desde los movimientos sociales y la Madre Tierra (origen y base de todos los derechos); eso sin ocultar la responsabilidad de quienes lo redactaron. Este Pacto surge, en definitiva, desde múltiples luchas de resistencia y de re-existencia en nuestra región, incluso se sintoniza con la larga memoria de los pueblos originarios, algunas de cuyas más importantes organizaciones lo respaldan.

Así, desde esas luchas, reflexiones y realidades se propone este Pacto Social, Ecológico, Económico e Intercultural desde el Sur, desde América Latina, desde Abya Yala y Afro-Latinoamérica, proyectándolo a los sures del mundo, convocando a desobedecer y confrontar al poder para enterrar al mundo del capital y crear un mundo nuevo. Y para conseguirlo, caminando desde el aquí y el ahora, quienes escribimos este Pacto buscamos horizontes de transformación civilizatoria, en esencia postcapitalistas, tanto para superar el antropocentrismo, como la colonialidad, los racismos y el patriarcado. El fin es construir un mundo donde quepan muchos mundos -un pluriverso- pensados desde las perspectivas, deseos y luchas de los pueblos y sus derechos.-

NOTA: este artículo fue publicado en el Boletín 74: “Activistas por la vida” de EntrePueblos / EntrePobles, diciembre 2020. https://www.entrepueblos.org/publicaciones/boletin-74/

Por Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Compañero de lucha de los movimientos sociales. Juez del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. Ministro de Energía y Minas del Ecuador (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador (2007-2008).

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